Todos los que han ido al espacio dicen que los ha cambiado, expresa Jeff Bezos

 

Con el empresario volaron su hermano, un adolescente y una pionera de la aviación, de 82 años // Estos dos, el más joven y la más grande en viajar al cosmos

 

Texas. Jeff Bezos, fundador de Amazon, voló ayer al espacio en el primer vuelo de su empresa de turismo espacial con pasajeros a bordo, con lo que se volvió en el segundo multimillonario en una semana que viaja a los confines de la atmósfera terrestre en su propio cohete.

"¡El mejor día de todos!", afirmó el estadunidense Bezos cuando la cápsula aterrizó en el desierto al finalizar el viaje de 10 minutos.

Voló acompañado por un grupo que incluyó a su hermano menor, Mark; el adolescente holandés Oliver Daemen, y Wally Funk, pionera de la aviación, de 82 años de edad, estas dos últimas personas son la más joven y la más vieja que viajan al espacio.

El cohete New Shepard, de Blue Origin, que lleva el nombre del primer astronauta estadunidense, voló con su grupo ecléctico de pasajeros en el 52 aniversario del alunizaje del Apolo 11. Bezos eligió la fecha por su importancia histórica y se aferró a su decisión a pesar de que con ello permitió que Richard Branson, de Virgin Galactic, lo venciera por nueve días en la carrera por los dólares de los turistas espaciales, con su propio vuelo desde Nuevo México.

A diferencia del avión cohete pilotado de Branson, la cápsula de Bezos estaba completamente automatizada y no requirió tripulantes a bordo para el viaje de ida y vuelta. Virgin Galactic requiere dos pilotos.

La nave de Blue Origin llegó a una altura de 106 kilómetros, unos 16 más que el vuelo de Richard Branson del 11 de julio. El cohete de 18 metros aceleró a Mach 3 –o tres veces la velocidad del sonido– para llevar la cápsula a la altura deseada, antes de separarse y descender en posición vertical.

Los pasajeros tuvieron varios minutos de ingravidez y un video mostró a los cuatro flotando dentro de la espaciosa cápsula blanca. Se les vio dando saltos mortales, lanzando caramelos y pelotas. Se les escuchó dando vítores, gritos y exclamando "guau".

La cápsula descendió con la ayuda de paracaídas, y los pasajeros experimentaron brevemente una fuerza de gravedad de seis veces la normal en la Tierra.

Encabezados por Bezos, salieron muy sonrientes de la cápsula. "Mis expectativas eran altas y se vieron superadas espectacularmente", expresó el multimillonario más tarde. Su vuelo duró 10 minutos y 10 segundos, cinco minutos menos que el vuelo de Alan Shepard en 1961. Las hijas de este último, Laura y Julie, fueron presentadas en una conferencia de prensa realizada unas horas más tarde.

Wally Funk fue una de 13 pilotos que se entrenaron a principios de la década de 1960 para el proyecto Mercury de la NASA, pero que al final no llegaron al espacio.

"Esperé mucho tiempo para conseguirlo", comentó Funk después del vuelo. "Quiero ir de nuevo, rápido", agregó.

Junto a ella estuvo el primer cliente de pago de la compañía, Daemen, estudiante universitario cuyo padre fue uno de los postores de una subasta millonaria. El joven fue un sustituto de última hora del misterioso ganador de la subasta, quien optó por tomar un vuelo posterior. El padre del adolescente participó en la subasta y acordó pagar un precio más bajo no revelado la semana pasada, cuando Blue Origin ofreció a su hijo el asiento vacante.

Prepara dos más

En conferencia de prensa, Bezos anunció: "Vamos a realizar misiones humanas dos veces más este año. Aún no estoy seguro de lo que haremos el siguiente".

El multimillonario destacó que se quedó "atónito", al ver la belleza de la Tierra.

"Todos los que han estado en el espacio han dicho que los cambió y que se quedaron asombrados por la belleza de la Tierra, pero también por su fragilidad, y yo no podría estar más de acuerdo", sostuvo.

Añadió que, si bien la atmósfera parecía ser "tan grande" desde la superficie, cuando te elevas “ves que en realidad es increíblemente delgada, es una cosa diminuta y frágil, y a medida que nos movemos por el planeta la dañamos.

"Una cosa es reconocer eso intelectualmente, y otra verlo con tus propios ojos", destacó.

La tripulación se llevó varios recuerdos para el viaje de 10 minutos, incluido un trozo de tela del primer avión de los hermanos Wright, un medallón de bronce hecho para el primer vuelo en globo aerostático en 1783 y un par de gafas que pertenecían a la histórica aviadora estadunidense Amelia Earhart.

Bezos elogió el trabajo de su equipo de ingenieros y señaló que la arquitectura de diseño de New Shepard eventualmente se usaría como la segunda etapa de la nave New Glenn, mucho más grande.

Cuando se le preguntó si volvería a ir, respondió: "Demonios, sí, ¿qué tan rápido podemos reabastecer esa cosa? ¡Vamos!"

Las mayores fortunas subieron de 284 mil millones a 483 mil millones de dólares.. Imagen: AFP

Los mega ricos aumentaron su patrimonio en 200 mil millones de dólares

La tragedia de la covid aumentó la desigualdad en América latina. Ahora hay más empresarios con grandes fortunas y éstas crecieron un 70 por ciento.

 

La fortuna de los multimillonarios latinoamericanos creció un 70 por ciento durante 2020. En marzo del año pasado, cuando recién se empezaban a tomar medidas contra la covid en la región, integraban la lista 76 personas con un patrimonio de 284.000 millones de dólares. A un año y cuatro meses, ya hay 106 con fortunas acumuladas de 483.200 millones de dólares. 

Más de la mitad de los multimillonarios (66) tienen nacionalidad brasileña, aunque también hay 14 mexicanos, 9 chilenos, 6 peruanos, 5 argentinos, 5 colombianos y 1 venezolano. Solo 12 son mujeres.

La riqueza latinoamericana está concentrada en cuatro sectores: financiero, telecomunicaciones, medios digitales de pago y salud: “Estos son sectores intensivos en capital, que generan pocos puestos de trabajo”, explica Luis Felipe López-Calva, director regional del Programa de Naciones Unidas (PNUD) para América latina, que realizó un análisis de los datos que publica la Revista Forbes. 

Incluso entre los multimillonarios existen grandes disparidades. Mientras que el 40 por ciento tiene un patrimonio neto individual de entre 1 y 2 mil millones de dólares, los tres más ricos superan los 20 mil millones de dólares cada uno. El 80 por ciento del patrimonio lo acumulan los millonarios de México y Brasil.

La lista está encabezada por el mexicano Carlos Slim, dueño de América Móvil, que acumula una fortuna de 71.500 millones de dólares. Slim ocupa el número 15 del ranking mundial y es desde hace años quien concentra la mayor riqueza del continente. Le sigue el también mexicano Germán Larrea (Grupo México) que acumula un patrimonio de 26.100 millones de dólares. En tercer lugar se ubica la chilena Iris Fontbona que dirige la minera Antofagasta Plc y cuenta con una riqueza de 20.200 millones de dólares.

Los argentinos que integran el ranking son el fundador de Mercado Libre, Marcos Galperin, con una fortuna de 6.200 millones de dólares. Con 3.400 millones de dólares, le sigue el empresario petrolero Alejandro Bulgheroni, fundador de Pan American Energy. En tercer lugar se encuentra la familia Perez Companc, con 2.600 millones de dólares. Después aparece el dueño mayoritario de Laboratorios Roemmers, Alberto Roemmers, y por último Eduardo Eurnekian, con 1.400 millones de dólares.

El análisis lo realizaron técnicos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), quienes aseguran que la concentración de recursos en las manos de unos pocos es un problema que impacta en muchos frentes: “Cuando la concentración de recursos se traduce a una concentración del poder político, como muchas veces es el caso, puede provocar un círculo vicioso que perpetúa estos resultados y que distorsiona tanto las políticas como la asignación de recursos”, recuerdan.

Mientras las cuentas bancarias de los ricos suben, los pobres se empobrecen aún más: la Cepal afirmó que en 2020 la tasa de pobreza alcanzó al 33,7 por ciento de la población, y la de pobreza extrema al 12,5 por ciento, niveles que no se observaron en los últimos 12 y 20 años, respectivamente. En un contexto de encarecimiento de los productos básicos, este empeoramiento provocó, además, que el número de personas en situación de inseguridad alimentaria se haya triplicado desde el inicio de la crisis sanitaria y económica.

Gravar a los mas ricos

"Gravar a los más ricos podría proporcionar algunos de los recursos necesarios para promover ganancias sociales y económicas generalizadas", recomienda el PNUD. Las recomendaciones de política tributaria para evitar la brecha cada vez más grande entre ricos y pobres en la segunda región con más desigualdad del mundo suma cada vez más adherentes: el FMI, la Cepal, el Banco Mundial y la Ocde.

Un estudio reciente de investigadores de la Universidad de San Pablo encontró que, en Brasil, una política de protección social de transferencias monetarias mensuales de 23 dólares al 30 por ciento más pobre de la sociedad, financiado con impuestos al 1 por ciento más rico, podría generar un impacto positivo del 2,4 por ciento sobre el PIB a través de efectos multiplicadores del consumo. Otro ejemplo más cercano en el país fue el resultado del aporte de las grandes fortunas.

"A medida que la pandemia continúa en la región, esta ejerce una presión cada vez mayor sobre nuestros sistemas fiscales y expone las grietas existentes en nuestras redes de seguridad social. Ahora debemos reinventar un nuevo camino a seguir, uno que sea más equitativo y sostenible que aquel en el que nos encontrábamos antes" , explican desde el PNUD que aseguran que “necesitamos sistemas de salud y seguridad social universales, evitar que las empresas digitales se lleven todas las rentas y poner impuestos no solo a los flujos sino también a la riqueza acumulada. Pero la pregunta es cómo, porque donde se está intentando se ve que no es tan sencillo”.

20 de julio de 2021

Publicado enInternacional
Domingo, 20 Junio 2021 05:22

¿Unidos contra China?

¿Unidos contra China?

Por ahora, los poderes comunitarios siguen caminando por una línea muy fina en lo que respecta a la potencia oriental y siguen siendo cautelosos a considerar a China como su mayor rival geopolítico, como hace Estados Unidos.

 

Entre la cumbre del G7 en Cornualles (Reino Unido), la OTAN en Bruselas (Bélgica) y la reunión entre el presidente estadounidense, Joe Biden, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, en Ginebra (Suiza), ha tenido lugar la cumbre entre la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos (EE UU) con el fin de “renovar” la asociación transatlántica. La última tuvo lugar en 2017 con Donald Trump. En esta ocasión, Biden ha pretendido con su gira europea reclutar aliados para su política exterior y el enfrentamiento geopolítico con China y Rusia.

Al gobierno alemán le pareció tan relevante la visita que la canciller Angela Merkel envió a principios de junio un equipo negociador de alto nivel a Washington para preparar algunos de los asuntos más sensibles como la relación con China o la construcción del gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania. En mayo, Biden había retirado las sanciones a las empresa constructora, la suiza “Nord Stream 2 AG”, por colaborar con Putin, para tender la mano a Alemania. Para desactivar el conflicto, Merkel visitará a Biden en julio.

La cumbre UE-EE UU rebajó el tono en la disputa entre ambas potencias sobre las subvenciones que dan a los dos mayores fabricantes de aviones del mundo Boeing y Airbus.

El contencioso comercial de mayor duración en la historia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) ha estado en la mesa de tres presidentes estadounidenses, cinco representantes comerciales de EE UU y seis comisarios de comercio de la UE. Después de 17 años, miles de millones de euros en aranceles y otros tantos millones gastados en honorarios judiciales, ambas partes anunciaron la suspensión de los aranceles de represalia.

En 2004, la administración estadounidense inició un procedimiento en la OMC contra la UE, alegando que subvencionaba ilegalmente al fabricante de grandes aeronaves Airbus. La UE también presentó una denuncia contra los Estados Unidos en mayo de 2005 por sus ayudas ilegales a Boeing.

La OMC autorizó tanto los Estados Unidos —en octubre de 2019— así como la Unión —en noviembre de 2020— que impusieran aranceles punitivos a las exportaciones respectivas, afectando un valor total de 11.500 millones de dólares de intercambios comerciales entre ambas partes. Como consecuencia de ello, las empresas de la UE y de los EE UU han tenido que pagar aranceles por más de 3 300 millones de dólares, incluyendo los productos alimentarios europeos como quesos, aceite de oliva y aceitunas, carne de cerdo y licores.

Tregua de cinco años

En la mayoría de los medios de comunicación se ha celebrado la cumbre con titulares como “La UE y EE UU pactan el fin del conflicto Airbus-Boeing tras 17 años de disputa” (El País) o “Biden da una tregua a la UE en la guerra de aranceles a cambio de apoyo ante China” (Noticias de Navarra).

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, se felicitó por un “acuerdo histórico en política arancelaria” y un “buen resultado para la UE y para España”. “Bien hecho”, escribió la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, al comisario europeo de comercio, Valdis Dombrovskis a través Twitter. “El acuerdo para acabar con el conflicto entre Airbus y Boeing abre una nueva etapa en las relaciones transatlánticas”, según el grupo socialista en el Parlamento Europeo.

Pero detrás de las palmaditas en la espalda entre jefes de Estado y ministros y las declaraciones triunfalistas de un supuesto cambio de paradigma de “litigio a colaboración”, la verdad es que todavía no se ha concluido nada que ponga fin a la disputa de forma permanente.

En lo que Biden calificó de “gran avance”, la UE y los EE UU sólo han acordado aparcar los aranceles de represalia, dejando sin resolver por ahora las causas fundamentales de sus desacuerdos, y darse cinco años para resolver el lenguaje jurídico y llegar a un marco mutuamente aceptable sobre las subvenciones a los oligopolios aeronáuticos.

Se creará un “Grupo de Trabajo” cuyo objetivo será “analizar y superar los desacuerdos que puedan surgir entre las partes” en materia de aeronaves civiles. Este grupo se reunirá cada seis meses.

Las dos partes no cuestionan la legitimidad del apoyo gubernamental a sus empresas aeroespaciales sino el “entendimiento sobre un marco de cooperación para grandes aeronaves civiles” busca definir cuál es el nivel aceptable de subvención y las formas permitidas tales como ciertas medidas de investigación y desarrollo y préstamos en “condiciones de mercado”. Pero las dos partes no han llegado a un acuerdo sobre los subsidios al lanzamiento de aviones Airbus, que la OMC ha declarado ilegales y que EE UU reclama que se supriman por completo. Boeing dice que la UE se ha comprometido a abordar el asunto, pero no es verdad.

Gran parte de las negociaciones frenéticas y secretas en las últimas semanas se ha centrado en la transparencia de las subvenciones y en si los Estados sigan concediendo a Airbus créditos para desarrollar nuevos modelos de avión, en virtud de los cuales la aeronáutica devuelve más o menos dinero, dependiendo del éxito que haya tenido el prototipo.

Hasta ahora, los gobiernos de Francia, Alemania, el Reino Unido y España no han publicado los detalles de los contratos por los que conceden a Airbus estas ayudas. Algo que, por cierto, no es un tema de debate en España.

La UE, por su parte, quiere que el gobierno de EE UU deje de financiar el desarrollo de aviones civiles de Boeing en virtud de contratos secretos pagados con el presupuesto de defensa, una cuestión sobre la que Bruselas no consiguió pruebas suficientes para defender su causa en los muchos años de litigio que llevó contra Washington en la OMC.

30 años de subvenciones a la industria aeroespacial

El asunto se remonta a 1992, cuando se firmó el Acuerdo entre la Comunidad Económica Europea y el Gobierno de los Estados Unidos de América relativo a la aplicación del Acuerdo GATT sobre el comercio de aeronaves civiles al comercio de grandes aeronaves civiles que reconocía los subsidios a Airbus y Boeing. Nunca debería haber sido aprobado.

Desde entonces ningún gobierno ha tenido voluntad para cortar el grifo de dinero que las dos multinacionales llevan décadas cobrando ilegalmente. Es humillante que se ensalcen ahora los resultados de la cumbre UE-EE. UU. cuando se haya malversado miles de millones de euros y dólares para subvencionar un oligopolio responsable del cambio climático y el comercio de armas.

A fin de cuentas, la disputa sobre las subvenciones a la industria aeroespacial es un paradigma de cómo el capital transnacional ha puesto a su servicio las políticas económicas de los Estados. A su vez representa uno de estos “proyectos de progreso” que los gobiernos nos han vendido con el pleno condicionamiento de los principales grupos de poder económico. Se identifica como intereses generales lo que sólo son los intereses de una minoría. También desenmascara el argumento que el “libre comercio” nos ayudará “salir de la crisis” porque el dopaje de estas empresas privadas se ha pagado del bolsillo de los contribuyentes.

Recientemente, el gobierno de España ratificó su compromiso de apoyar al sector aeronáutico con más de 300 millones de euros a cargo principalmente de los fondos “Next Generation” de la UE y comprar aviones y helicópteros para el ejército y las fuerzas y cuerpos de seguridad. Pedro Sánchez se ha comprometido a lanzar un Plan Tecnológico Aeronáutico (PTA), dotado con un total de 185 millones de euros, y la constitución de un Fondo de Apoyo a la cadena de suministro dotado con un mínimo de 100 millones con la cooperación de Airbus y la Asociación Española de Tecnologías de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio (TEDAE).

Y a pesar de esta enorme sangría de recursos públicos, Airbus, en la que el Estado español mantiene una participación del 4,12% a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), ha anunciado el recorte de 1.611 puestos de trabajo en España y 15.000 en el mundo.

Cuando un escaso número de firmas se va apoderando del mercado mundial, la cooperación entre Boeing y Airbus les permite reforzar su influencia en los gobiernos y una estrategia común de la UE y EE UU “contra China” es parte de la planificación privada para blindar sus beneficios.

¿En tiempos de emergencia climática y necesidad para reforzar la salud pública, ¿no deberían suprimirse estas subvenciones a la industria aeroespacial? ¿No debería el Gobierno español dejar de financiar los programas militares de Airbus? ¿Alguien con responsabilidad institucional reclamará que se devuelvan íntegramente estas ayudas?

El objetivo era... China

Aunque la cumbre no pusiera fin a la disputa comercial, sí era una señal de que los aliados transatlánticos estaban dispuestos a apartar los litigios bilaterales para centrarse en lo que han calificado como “amenaza económica común”: China.

Es lo que realmente perseguía el gobierno estadounidense con la jugada: “EE UU y la UE suspenderán los aranceles durante cinco años y trabajarán juntos para desafiar y contrarrestar las prácticas no comerciales de China en este sector de manera específica que refleje nuestros estándares de competencia leal. Esto incluye la colaboración en la inversión interna y externa y la transferencia de tecnología”, dijo Biden.

Bruselas y Washington colaborarán para ”abordar las prácticas contrarias a la competencia por parte de terceros que puedan perjudicar a sus respectivas industrias de grandes aeronaves civiles“ en clara referencia a China. No han sido capaces de resolver su propia disputa en 17 años, pero quieren dar lecciones a los demás. Es un cinismo supremo.

El comunicado de la cumbre recoge así las mismas advertencias a China que el texto final de la reciente cumbre del G7: “Tenemos la intención de consultar y cooperar estrechamente en toda la gama de cuestiones (…) hacia China, que incluyen elementos de cooperación, competencia y rivalidad sistémica”. Se mencionan las violaciones de los derechos humanos en Xinjiang y el Tíbet; la erosión de la autonomía y los procesos democráticos en Hong Kong; la coerción económica; las campañas de desinformación; la situación en los mares de China Oriental y Meridional. También tienen la intención de coordinar con China cuestiones como el cambio climático y la no proliferación de armas.

Por supuesto, ni la UE ni los EE UU asumen compromisos para hacer frente a sus propios abusos de los derechos humanos.

Aun no hay unanimidad sobre China

Las posiciones de la UE y los EE.UU. sobre las relaciones con China han ido convergiendo desde su difícil comienzo en los primeros días de la administración Biden, provocado por la conclusión del Acuerdo General de Inversiones de la UE con China en diciembre de 2020. La imposición de sanciones por parte de China a personas europeas, entre ellas eurodiputados, en respuesta a las sanciones impuestas por la UE por el trato a los musulmanes uigures puso fin a cualquier perspectiva inmediata de ratificación del acuerdo, y endureció las relaciones entre la UE y China.

En la rueda de prensa posterior a la reunión con Biden ni la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ni el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, hicieron mención alguna a China.

Por ahora, los poderes comunitarios siguen caminando por una línea muy fina en lo que respecta a la potencia oriental y siguen siendo cautelosos a considerar a China como su mayor rival geopolítico, como hace Estados Unidos.

En particular la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron advirtieron que no se debía aislar a China en un momento en que se necesita su ayuda para hacer frente al cambio climático y la salida de la pandemia.

Una razón de fondo de los desacuerdos es que la mayor parte de la industria europea depende profundamente de la producción china, especialmente los sectores automovilístico, tecnológico (informática y telecomunicación) y energético, como muestra la crisis de desabastecimiento de semiconductores (microchips), pero también de sus recursos naturales —como las Tierras Raras para las instalaciones de energías renovables—, y de su mercado para vender productos. En una reciente encuesta de confianza empresarial, el 91% de las empresas extranjeras con negocios en China afirmó que mantendría sus inversiones en el país.

Por mucho que Biden intentara unir a sus aliados en el G7, la OTAN y la UE contra China, ha sido precisamente Alemania el estado de la UE más favorable a Pekín y está aplicando su propia estrategia. Tras doce viajes a la superpotencia asiática en dieciséis años como canciller, Merkel siempre ha intentado calmar las aguas con China y fue la líder europea que más ha presionando para cerrar el acuerdo de inversiones actuando de embajadora de la poderosa industria alemana. Eso se debe, entre otros, a su gran dependencia del mercado chino, tanto para exportar como para producir. En 2020, Alemania ha exportado a China mercancías por 96.000 millones de euros y China ha exportado bienes a Alemania por 117.000 millones de euros.

Después de la era Merkel puede que el tono con China será más duro

Paralelamente, la Comisión Europea quiere frenar la creciente influencia de China en el continente con nuevas regulaciones dirigidas a las empresas estatales extranjeras. Las medidas previstas buscan blindar a las empresas europeas ante su posible compra por compañías que reciban ayudas públicas de países de fuera de la UE y las empresas extranjeras podrían ser multadas si se han beneficiado injustamente de las subvenciones públicas. Pero aunque la UE intente bloquear algunas inversiones, está tratando de atraer otras aunque sin saber cómo impulsar la producción de semiconductores en Europa. Para fabricar chips de última generación, la UE probablemente tendrá que asociarse con empresas estadounidenses o taiwanesas como Intel o TSMC. Pero Intel ya ha dejado clara una condición que necesita para invertir en Europa: importantes subvenciones públicas.

El grupo de Socialistas y Demócratas del Parlamento Europeo indica que Bruselas y Washington deberían “cooperar estrechamente siempre que sea posible, para un enfoque estratégico conjunto hacia China, incluyendo una discusión sobre la fase estadounidense del acuerdo y el Acuerdo de Inversiones de la UE con China”, según un documento interno. El documento sugiere una “agenda comercial transatlántica progresiva”, con prioridades multilaterales y bilaterales y cooperar más con China.

En junio de 2020, la eurodiputada del PSOE, Isabel Rodríguez-Piñero se quejó, en una entrevista en Radio Nacional, de que China podría sacar tajada de la vulnerabilidad europea por la pandemia y quedarse con las empresas estratégicas europeas, al tiempo que reconoció que es un “socio comercial esencial para la UE”.

Volviendo a las subvenciones a la aeronáutica, también esta pugna hace ver las diferentes estrategias corporativas. Mientras Airbus teme la creciente competitividad de China, el desarrollo del avión chino C919 se ha visto facilitado por las ayudas estatales de entre 49.000 y 72.000 millones de dólares al fabricante público Comac, el fabricante de vehículos Volkswagen apuesta por la colaboración con China. De hecho fue una de las principales compañías detrás del lobby alemán para cerrar el acuerdo de inversión con China.

Pero, como se ha visto en las últimas semanas, no es imposible que Biden consiga mayor apoyo de la UE para enfrentarse a Pekín, concretamente en materia de disputas comerciales, reforma de la Organización Mundial de Salud (OMS) y cooperación tecnológica.

Sin avances en el acero y el aluminio ni en la OMC

En víspera de la cumbre bilateral, Valdis Dombrovskis intentó ser tajante al exigirle a Biden que “cumpla” y tome medidas concretas para deshacer los aranceles que envenenaron las relaciones transatlánticas bajo el mandato de Trump. “Queremos avanzar de forma decisiva para resolver nuestras disputas bilaterales sobre los aviones y las medidas de la Sección 232 de Estados Unidos sobre el acero y el aluminio”, dijo el comisario de Comercio en el Parlamento Europeo.

A mediados de mayo, Bruselas envió una señal al no aumentar los aranceles de represalia contra los aranceles sobre la importación de acero y aluminio.

Sin embargo, la UE no consiguió que EE UU eliminara los aranceles sobre el acero y el aluminio. Estos aranceles se introdujeron en 2018 por motivos de seguridad nacional bajo la administración Trump. El comunicado final es vago y sin compromiso.

La contienda sobre estos aranceles será aún más difícil de resolver que la cuestión de las subvenciones a los aviones y Biden no tiene prisa por derogarlos si no quiere enfadar a los sindicatos del metal en su país.

La UE se siente discriminada frente a los socios estadounidenses como Canadá o México que están exentos de esos aranceles aunque tuvieron que aceptar todas las condiciones de Trump en la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC, por sus siglas en inglés). Pero ninguna parte tiene voluntad de resolver el problema de la sobreproducción en la industria metalúrgica y la necesidad de pactar otro modelo de producción que no esté dominado por las empresas transnacionales como han demostrado los casos Alcoa o Nissan en España.

También el lenguaje del comunicado sobre la reforma de la OMC es muy impreciso y comparable a lo acordado en el G7. Bruselas quiere que Washington entre a negociar cambios en el Órgano de Apelación de la OMC pero no ha logrado un compromiso de Biden.

Otros resultados de la cumbre

Además del “marco de cooperación” sobre el conflicto Boeing-Airbus, uno de los principales resultados de la reunión es crear dos nuevos espacios de cooperación: un Consejo de Comercio y Tecnología y un Diálogo Conjunto sobre Competencia Tecnológica. La UE propuso la iniciativa en diciembre, aunque los funcionarios estadounidenses son escépticos sobre cómo funcionará realmente una vez que se establezcan.

El Consejo de Comercio y Tecnología estará formado por diez grupos de trabajo, cuya composición está aún por determinar en un momento en que no se han cubierto todos los puestos relevantes por Washington. Abordarán normas tecnológicas, clima y “tecnología limpia”, “cadenas de suministro seguras”, seguridad y competitividad de las tecnologías de la información y la comunicación, gobernanza de los datos y plataformas tecnológicas, “uso indebido de la tecnología que amenaza la seguridad y los derechos humanos”, cooperación en materia de control de las exportaciones, cooperación en materia de control de las inversiones, acceso y uso de la tecnología por parte de las PYME y, por último, “retos del comercio mundial”.

Según la Comisión Europea, el nuevo diálogo sobre competencia tecnológica se centrará en “desarrollar enfoques comunes y reforzar la cooperación en materia de política de competencia y aplicación de la ley en los sectores tecnológicos.” Si estos comités de cooperación reguladora están compuestos como en el Reino Unido, que ha publicado la composición de los grupos consultivos sobre comercio, copados por las grandes empresas, entonces es de temer que las regulaciones de las grandes plataformas de internet, que afectarían a muchas empresas estadounidenses, no se harán de forma transparente ni justa.

Asimismo habrá diálogos entre Estados Unidos y la UE sobre Rusia, las ciberamenazas y la migración, otro consejo sobre competencia, un grupo de trabajo sobre las cadenas de suministro de materiales sanitarios para combatir la covid-19, un grupo de trabajo sobre los aranceles del acero y aluminio y una alianza sobre “tecnología verde”. A la UE le encantan este tipo de cosas, pero es probable no se avanzará en resolver los grandes problemas porque necesitan soluciones políticas debatidas y decididas democráticamente.

¿Qué pasa con el TTIP?

¿Habrá una resurrección del Tratado Comercial Transatlántico (TTIP por sus siglas en inglés) que la movilización social logró parar? Al menos no durante los próximos dos años y puede que tampoco hasta el final del primer mandato de Biden. Por una parte, porque la UE quiere abrir los mercados de contratación pública en EE UU y Biden no parece dispuesto a ceder en esta ámbito. Estados Unidos, por otra parte, quiere incluir el sector agrícola en un acuerdo y la UE no se atreve hacerlo, por la oposiciones de países como Francia o Bélgica.

Lo que puede haber son acuerdos parciales en materia comercial como se ha visto con la cooperación en tecnología o la pesca. Todos estas “colaboraciones” son aun menos transparentes que la negociación de un gran acuerdo comercial.

Así ocurre por ejemplo con las importaciones de gas de esquisto de EE UU que han aumentado en los últimos años, siendo España particularmente irresponsable —desde un punto de vista acumulativo es el importador número uno de la UE—. Los informes trimestrales de la Comisión Europea dan cuenta que las importaciones de gas fósil han sido extremadamente altas en la mayor parte de 2019 y partes de 2020, incluso durante algunos meses los EE UU fueron el proveedor de gas Nº 1 a Europa. Tanto la UE como los Estados miembros, como España, están vulnerando sus propias legislaciones climáticas. No sirve de mucho prohibir los sondeos y prospecciones de gas con fracturación hidráulica (fracking) en España y permitir su comercialización.

La gira europea de Biden

Su gira comenzó en Cornualles (en inglés Cornwall, en córnico Kernow) donde se entrevistó con Boris Johnson del que le separan diferencias políticas. En una ocasión llamó al primer ministro británico un “clon físico y emocional” de Donald Trump. Biden le trajo un mensaje incómodo: evitar que los desacuerdos comerciales posbrexit entre la UE y el Reino Unido socaven el acuerdo de paz del Viernes Santo. El Acuerdo de Belfast de 1998 fue negociado por EE UU, entre otros, y puso fin a décadas de derramamiento de sangre entre los unionistas de Irlanda del Norte —de religión protestante y ultranacionalistas leales a la Corona británica— y los republicanos irlandeses, en su mayoría católicos y partidarios de la independencia o bien la reunificación irlandesa. La línea roja para la Administración de Biden es no imponer una frontera dura entre la República de Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte.


Antes de la cumbre del G7, Biden y Johnson acordaron revitalizar la Carta del Atlántico, suscrita en 1941 por Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill y que estableció sus objetivos de cooperación después de la Segunda Guerra Mundial, para adaptarla a los compromisos de ambas Estados con la alianza militar de la OTAN y los nuevos desafíos, como el cambio climático, los ciberataques o la pandemia.

EE UU marcó la agenda comercial del G7

La reunión del G7, el club de los estados más enriquecidos del mundo, igualmente reflejó la apuesta del actual gobierno de EE UU en relaciones internacionales: China, impuesto de sociedades, COVID-19 y cambio climático.

Por su parte, los gobiernos europeos del G7 querían tratar asuntos como la reactivación de la OMC, la reanudación de las negociaciones sobre el acuerdo comercial entre EE UU y el Reino Unido o la disputa sobre las subvenciones a Airbus y Boeing y los aranceles sobre el acero y el aluminio.

El G7 culminó sin sorpresas y la “Declaración de Carbis Bay” insiste en recetas fallidas de la globalización neoliberal como si no hubieran existido las recientes crisis globales: “prosperidad mediante el comercio y la inversión”, “poner fin a las innecesarias medidas comerciales restrictivas”, “apoyar cadenas de suministro abiertas”, reforzar las “normas de protección contra las prácticas desleales, como la transferencia forzada de tecnología” o “el robo de la propiedad intelectual” y el “desarrollo de infraestructuras”.

“Estamos unidos en nuestro compromiso con el comercio libre (…) Estamos de acuerdo en la necesidad de que el sistema comercial multilateral se reforme, con un reglamento modernizado y una Organización Mundial del Comercio (OMC) reformada en su centro”, reza la declaración.

De cara a la duodécima Conferencia Ministerial de la OMC, que se celebrará en noviembre, pretenden concluir la negociación multilateral sobre las subvenciones a la pesca y avanzar en las negociaciones sobre el comercio electrónico.

Con la necesidad de reforzar la alianza transatlántica una vez fuera del club comunitario, parece que el gobierno del Reino Unido elaboró unas conclusiones de la cumbre deliberadamente favorables a EE UU, y que la UE estuviera dispuesta a aceptarlas aunque no reflejaran plenamente las diferencias políticas.

“En lo que respecta a China, y a la competencia en la economía mundial, seguiremos consultando sobre los enfoques colectivos para desafiar las políticas y prácticas no comerciales que socavan el funcionamiento justo y transparente de la economía mundial”.

Aunque la Administración Biden logró incluir en el comunicado del G7 su demanda de un estudio sobre el origen de covid-19, “incluyendo China”, no alcanzó un consenso general sobre la potencia asiática, sino que emitió una declaración separada sobre el uso de trabajos forzados en Xinjiang. El comunicado final sí hizo referencia a la estabilidad en el Estrecho de Taiwán, las libertades y la autonomía en Hong Kong y “pidió a China que respetara los derechos humanos y las libertades fundamentales, especialmente en relación con Xinjiang”.

El G7 también busca impulsar otro plan desmesurado en infraestructuras “Reconstruir mejor para el mundo” con el apoyo del Fondo Monetario Internacional que generaría nuevos endeudamientos de los países bajos y medios, sobre todo de África, por mas de 100.000 millones de dólares.

El plan “Build back better for the world” pretende contrarrestar la iniciativa china “La Franja y la Ruta” (“One Belt, One Road”), una estrategia para dominar gran parte de las infraestructuras, recursos y rutas comerciales que ha sido interpretado por algunos como la táctica más audaz de Pekín en su afán de poder mundial. La iniciativa china, para la cual Xi Jinping ha comprometido más de 1 billón de dólares, es un ejemplo de gigantismo geopolítico que agravará la emergencia ecológica y social mundial. El impulso clave detrás de “La Franja y la Ruta” consiste en utilizar la capacidad excedente de China para producir para los mercados extranjeros con el fin de hacer que sus industrias sean rentables. De hecho este proceso de externalización de la capacidad de construcción excedente que ha estado ocurriendo durante bastante más de una década.

En relación a Rusia, el G7 planteó que “ponga fin a su comportamiento desestabilizador y a sus actividades malignas, incluida su injerencia en los sistemas democráticos de otros países”, que “investigue urgentemente y explique de forma creíble el uso de un arma química en su territorio, que ponga fin a su represión sistemática de la sociedad civil y los medios de comunicación independientes”, y que “desbarate” los ciberdelitos.

La lectura de un comunicado de una cumbre suele ser un ejercicio aburrido en el que pesa mas lo que se ha excluido. Por ejemplo, en el comunicado de los ministerios de comercio del G7, del 28 de mayo, no se dan detalles ni plazos sobre la renovación del órgano para la solución de diferencias en la OMC ni se mencionan iniciativas más polémicas, como el Mecanismo de Ajuste en Frontera de emisiones de Carbono de productos importados propuesto por la UE.

Las organizaciones sociales y ecologistas afirmaron que el G7 no ha estado a la altura de los retos a los que se enfrenta el mundo. El comunicado no contenía ningún calendario para poner fin a la quema del carbón o las subvenciones a los combustibles fósiles, sólo ofrecía ayudas económicas equivalentes a 613 millones de dosis contra el coronavirus para los países más vulnerables del mundo en los próximos 12 meses, cuando se necesitan 11.000 millones según la OMS.

La gente está cansada de tanta retórica y caridad colonialista. Hay que acabar con los monopolios de las grandes farmacéuticas.

20 jun 2021 05:32

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Activistas protestaron ayer en Cornwall con máscaras de los líderes de EU, Joe Biden; Francia, Emmanuel Macron; GB, Boris Johnson; Japón, Yoshihide Suga; Alemania, Angela Merkel, y de Canadá, Justin Trudeau . Foto Ap

Ecologistas consideran "insuficientes" los acuerdos ambientales// Ofrecen donar mil millones de vacunas, pero se requieren 10 mil millones más para inmunizar a 70% de la población mundial: OMS

 

Carbis Bay., Los líderes del Grupo de los Siete (G-7) se comprometieron ayer a ayudar al mundo a atajar la pandemia del Covid-19, frenar el cambio climático y enfrentar los desafíos planteados por China y Rusia, en la clausura de una cumbre que buscó mostrar su renovada unidad.

Al término de su primer encuentro en persona en casi dos años, en una playa del suroeste de Inglaterra, los jefes de Estado y de gobierno de Alemania, Angela Merkel; Canadá, Justin Trudeau; Estados Unidos, Joe Biden; Francia, Emmanuel Macron; Italia, Mario Draghi; Japón, Yoshihide Suga, y Reino Unido, Boris Johnson, publicaron una ambiciosa declaración de intenciones.

Ha sido una cumbre "extraordinariamente colaborativa y productiva", se congratuló Biden antes de dirigirse, acompañado de su esposa, Jill, al castillo de Windsor, cerca de Londres, para tomar el té con la reina Isabel II.

Al cabo de tres días de debates, las siete grandes economías se comprometieron a proteger 30 por ciento de la tierra y los océanos para 2030, buscando detener la pérdida de biodiversidad, y a reducir sus emisiones de carbono a la mitad, respecto de 2010.

Los ecologistas criticaron unas promesas que consideraron insuficientes. “Sin un acuerdo para poner fin a todos los nuevos proyectos de combustibles fósiles –algo que debe hacerse este año si queremos limitar el peligroso aumento de la temperatura global– este plan se queda muy corto”, denunció el director de Greenpeace en Reino Unido, John Sauven.

La cumbre abordó también la respuesta a la pandemia con una declaración para ayudar a prevenir futuras crisis sanitarias y la promesa de donar a países desfavorecidos mil millones de vacunas contra el Covid-19 –que ha matado a 3.7 millones de personas– a partir de agosto y hasta 2022.

El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, celebró el anuncio, pero destacó que para poner fin a la pandemia hacen falta 11 mil millones de dosis para inmunizar al menos a 70 por ciento de la población mundial para mediados de 2022.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, hizo hincapié en la necesidad de ayudar a los países en desarrollo a remontar la crisis económica provocada por el coronavirus, al advirtir sobre el riesgo de que haya "recuperaciones peligrosamente divergentes".

Los líderes del G-7 pidieron una investigación "oportuna, transparente, encabezada por científicos y basada en la ciencia" sobre los orígenes del Covid-19.

Anunciaron, además, un plan de infraestructuras impulsado por Estados Unidos para ayudar a los países de renta baja y media, desde América Latina hasta el Pacífico, a recuperarse de la pandemia.

El proyecto llamado Reconstruir un Mundo Mejor, estimado en cientos de miles de millones de dólares, tiene como objetivo rivalizar con un proyecto chino similar denominado "nuevas rutas de la seda".

Pero este será "mucho más justo", aseguró Biden, quien afirmó que "no busca conflicto" con Pekín.

El G-7 pidió un estudio más profundo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre los orígenes del Covid-19, con la participación de China, país al cual apremió a "respetar los derechos humanos" en la región de Xinjiang, hogar de la minoría musulmana uigur.

El resurgimiento de China como potencia mundial es considerado uno de los eventos geopolíticos más importantes de los últimos tiempos, junto con la caída de la Unión Soviética en 1991, que puso fin a la guerra fría.

El comunicado final de la cumbre llamó a Rusia a poner fin a sus "actividades desestabilizadoras", incluyendo la injerencia en los sistemas democráticos de otros países y los ciberataques con programas de robo de datos atribuidos a grupos de ese país.

También llamó a Moscú a cumplir sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, investigando de manera urgente el uso de armas químicas en su territorio y poniendo fin a "la represión sistemática de la sociedad civil y los medios de comunicación independientes".

La primera gira internacional de Biden como presidente culminará pasado mañana con un encuentro en Ginebra con su par ruso, Vladimir Putin, a quien prometió expresar de manera "muy clara" sus desacuerdos, si bien reconoció que las relaciones entre ambos países atraviesan un deterioro grave, como lo ha señalado el líder del Kremlin.

El mandatario ruso sostuvo entrevistas con la prensa rusa y medios estadunidenses. Declaró que aspira a restablecer contactos con Washington y expuso: "el presidente Biden es radicalmente distinto a (Donald) Trump porque es un hombre de carrera. Ha pasado prácticamente toda su edad adulta en la política. Basta pensar en la cantidad de años que pasó en el Senado. Es un tipo de persona diferente. Hay algunas ventajas y desventajas, pero tengo la gran esperanza en que, de su parte, no habrá ningún movimiento basado en el impulso".

Guerra de las salchichas

Las tensiones entre Reino Unido y la Unión Europea (UE) por el acuerdo del Brexit estallaron ayer en una guerra abierta de palabrasπ y ambas partes acusaron a la otra de sembrar discordia en la cumbre del G-7.

Desde que Reino Unido votó a favor de abandonar la UE en 2016, las dos partes han estado tratando de resolver el enigma sobre qué hacer con la provincia británica de Irlanda del Norte, que tiene frontera terrestre con Irlanda, integrante del grupo comunitario.

En última instancia, las conversaciones siguen volviendo al delicado mosaico de historia, nacionalismo, religión y geografía que se entrelazan en Irlanda del Norte, pero el último pulso está centrado en las salchichas.

Durante las conversaciones con Macron en la cumbre del G-7, Boris Johnson preguntó cómo reaccionaría el presidente francés si las salchichas de Toulouse no pudieran venderse en los mercados de París.

El periódico británico Telegraph informó que Macron respondió de manera incorrecta al decir que Irlanda del Norte no es parte de Reino Unido, algo que el canciller británico, Dominic Raab, calificó de "ofensivo".

"Es una falta de comprensión de los hechos. No hablaríamos de Cataluña y Barcelona, o de Córcega en Francia de esa manera", subrayó Raab a la BBC.

Macron sostuvo que el premier Johnson era "muy consciente" de las disposiciones que firmó en su protocolo de Irlanda del Norte y ahora debe implementarlas "con seriedad, calma y profesionalismo".

En una medida que podría provocar una guerra comercial a gran escala, Johnson amenazó con medidas de emergencia en el protocolo de Irlanda del Norte, incluido en el acuerdo de divorcio Brexit si no se encuentra una solución.

Una fuente diplomática francesa comentó que Macron quedó desconcertado por el hecho de que Johnson mencionara las salchichas, algo que el líder británico calificó de asunto crucial, pero que los franceses consideran una distracción del objetivo principal del G-7.

"Se necesitaron cuatro años para negociar este acuerdo", indicó la fuente. "No se puede decir que Reino Unido no sabía qué estaba firmando. No es muy profesional o es una distracción de los problemas reales".

Interrogado con insistencia por la prensa sobre los comentarios de Macron, Johnson mencionó que el Brexit ocupó una "pequeña proporción de nuestras deliberaciones" durante la cumbre del G-7.

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Más allá de la cueva de los murciélagos: la no “guerra fría” entre Estados Unidos y China

Estados Unidos vuelve a tensar las relaciones con China. Biden inicia una gira en la que defenderá que el país dirigido por Xi Jinping es una “amenaza” para occidente. La UE congeló en mayo el Acuerdo Global de Inversiones con China.

 

Hubo un tiempo en el que si Henry Kissinger hablaba, el resto del mundo contenía la respiración. El exsecretario de Estado de Estados Unidos durante la administración de Richard Nixon, el presidente que dio un giro de relaciones con respecto a China —con la llamada diplomacia ping-pong— emitió a principios del mes pasado una serie de juicios sobre las relaciones con el país gobernado por Xi Jinping que han revitalizado la idea de la “guerra fría” en curso entre las dos grandes potencias mundiales. 

“La confrontación de Estados Unidos y China es el principal problema para Washington; es el principal problema del mundo”, explicó Kissinger, que no rehusó la fórmula de la “guerra fría” que tanto Pekín como el Pentágono quieren eludir, al menos de momento.

La respuesta a Kissinger, el responsable de episodios históricos como el Plan Cóndor en Latinoamérica, llegó nada menos que del actual secretario de Estado, Antony Blinken. Pero Blinken no fue expeditivo, simplemente expresó que no le gusta “poner etiquetas” a una relación compleja para posteriormente entonar algunos de los mensajes que aparecen como excusa perfecta y recurrente por parte de EE UU: las referentes a los derechos humanos de la etnia Uigur en Sinkiang y el papel de China en Hong Kong durante la escalada represiva de la pasada primavera. 

Es cierto que la preocupación por los derechos humanos aumenta respecto a la etapa de Trump, pero también se debe tener en cuenta que, como se señala desde Estados Unidos, Biden ha ignorado sistemáticamente la situación de Colombia y el tratamiento de los derechos humanos por parte del Gobierno de Iván Duque.

El hecho es que el comité de relaciones exteriores estadounidense aprobó en mayo una “Ley de Competencia Estratégica de 2021”, que ha sido conocida desde entonces como la “Ley anti China”, en la que establece que la “Nación del centro” es competidora de EE UU en materia económica, tecnológica y militar.

El efecto de la ley no solo atañe a las fronteras exteriores de Estados Unidos, la Union of Concerned Scientists alertaba de que, en primer lugar, de que ese proyecto de ley “probablemente resultaría en la discriminación racial y la persecución de los estadounidenses de origen chino, así como de otros estadounidenses con vínculos personales, comerciales o profesionales con China”. 

Ese mismo grupo alertaba de que las consideraciones sobre las cuestiones de derechos humanos en el marco de esa norma se emplea como “un arma para ganar una contienda económica y geopolítica y es poco probable que ayude a las víctimas de derechos humanos”.

Así, la gira que ha comenzado Biden comienza con críticas a la “autocracia” de China y tratará temas tan delicados como la cuestión nuclear. El libreto es antiguo: Estados Unidos desea desafiar a China en el terreno militar, algo a lo que no se presta el imperio asiático, consciente de que la pandemia ha servido para acelerar la primacía económica de su modelo.

Laboratorios y murciélagos

Un mes después de las declaraciones de Kissinger, se cumplen las pautas de una escalada de hostilidad entre los dos países. El pasado viernes, 4 de junio, Financial Times publicaba que el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas y cara visible de la lucha contra el covid-19 en Estados Unidos, requería información adicional a sus homólogos chinos.

Fauci ha pedido los registros acerca de nueve personas que podrían haber entrado en contacto con el virus —según la hipótesis de que seis integrantes de un grupo de mineros contrajo la enfermedad en una incursión en una cueva de murciélagos en 2012— y tres en noviembre de 2019, dando lugar a la “fuga de laboratorio” de la enfermedad en Wuhan.

Es un tema, el del “escape de laboratorio” con el que se especula desde el comienzo de la pandemia y que fue descartado por una publicación de The Lancet en febrero de 2020, que solo recientemente ha sido puesta en duda por parte de la comunidad científica estadounidense. Un artículo en el prestigioso Boletín de Científicos Atómicos ha añadido la suficiente dosis de duda sobre las conclusiones emitidas por The Lancet.

 “Me gustaría ver los registros médicos de las tres personas que, según se informa, enfermaron en 2019. ¿Realmente se enfermaron y, de ser así, de qué se enfermaron?”, ha preguntado Fauci, en un movimiento que se coordina con el anuncio por parte de Joseph Biden de que ha puesto un límite de 90 días a las agencias de Inteligencia estadounidenses para dictaminar cuál de las dos teorías sobre el surgimiento del virus es la correcta: si la aceptada por la mayor parte de la comunidad científica sobre el salto de especies o si se trata de un accidente en el laboratorio de nivel de bioseguridad P4 de Wuhan.

De este modo, Biden ha retomado una de las melodías preferidas de su antecesor, Donald Trump, y se ha apoyado en la solicitud por parte del secretario de Salud estadounidense, Xavier Becerra, en el contexto de la Organización Mundial de la Salud para que la OMS retome la investigación sobre el origen del virus, a pesar de que a principios de año la oficina declaró que era altamente improbable la hipótesis de que el virus haya salido de un laboratorio. Estados Unidos ha contado con el apoyo de Reino Unido, Australia y Japón en este movimiento.

La respuesta de China ha sido atizar el fuego sobre la teoría que sitúa el “nacimiento” del virus en el laboratorio militar de Fort Detrick, Maryland, y su expansión en los juegos militares internacionales de octubre de 2019. “Si ven la teoría de la 'fuga de laboratorio' como una de las direcciones de la investigación, el Instituto de Virología de Wuhan no debería ser el único incluido”, ha publicado como editorial el medio Global Times, un importante órgano de expresión de la República Popular China.

“Desde 2019, el laboratorio biológico de Fort Detrick ha emitido muchas señales dignas de atención y debe incluirse en el primer grupo de objetivos para la investigación. Además, EE UU también ha construido una asombrosa cantidad de biolabs en Asia, e investigarlos es un proyecto urgente que debe agregarse en el rastreo de orígenes de covid-19”, ha sido la respuesta china.

El mar de fondo

La relación ha sufrido, de este modo, una degradación visible en las últimas semanas. Si hace un año Fauci negaba la “teoría de la conspiración” del laboratorio, hoy la mirada es distinta. La disputa ha llegado a la prensa mainstream y desde ahí, a la sociedad. Como se ha encargado de recordar Andre Damon en World Socialist Web Site, el autor de la nota en The Washington Post que dio el pistoletazo de salida a la escalada de preocupación gubernamental sobre el origen del Sars-Cov2 escribió también que Iraq poseía armas de destrucción masiva en 2002.

No se trata de la única controversia en torno a la pandemia. La carrera por las vacunas está siendo otro de los frentes. La República Popular China ha provisto de vacunas a 12 países de Latinoamérica, ante la mirada impotente de Estados Unidos, recelosa del 'soft power' desplegado por el Gobierno chino, que ya ha conseguido efectos como el levantamiento del veto a las redes 5G de Huawei en Brasil y República Dominicana o la reconsideración por parte de Honduras y Paraguay de su reconocimiento de Taiwán, teledirigido desde Washington. 

Desde Estados Unidos se ha mostrado “preocupación” ante esas supuestas contraprestaciones pero no se ha podido evitar que China haya puesto encima de la mesa más de la mitad de las dosis de los 143 millones de vacunas distribuidos en los diez mayores países de la región latinoamericana.

La ventaja en la carrera de las vacunas de China, que recientemente ha visto aprobada por la OMS Sinovac, su segunda fórmula tras Sinopharm, aprobada en mayo, habría sido uno de los detonantes del cambio de posición de Biden sobre la liberación de patentes, después de que EE UU rechazase formar parte de Covax, la iniciativa de la OMS para que las vacunas no tarden en llegar a países como India y Sudáfrica.

Nuevas armas

El cambio de foco desde Oriente Medio hasta Asia y a la potencia imperial china no es una casualidad, sino una tendencia de época. En conversación telefónica con El Salto, Tica Font, investigadora del Centre Delàs d'Estudis per la Pau, destaca el desplazamiento de la acción militar y diplomática occidental, corroborado por el adelanto de la salida de las tropas estadounidenses —no así de los contratistas privados— de Afganistán, tras la guerra fallida lanzada hace dos décadas.


Hay enormes diferencias, no obstante. La actual disputa entre Estados Unidos y China se centra en cuál va a ser el polo de hegemonía mundial. Pese a que el país dirigido por XI Jinping ha adelantado posiciones más rápido aun de lo que se esperaba, convirtiéndose en un centro de altos rendimientos para el capital atlántico, “invirtiendo billones en activos denominados en dólares y asegurando la 'gran moderación' de los salarios y precios de Estados Unidos“, como escribía Nancy Fraser en New Left Review en 2019, la pugna tecnológica convierte a China en el gran competidor en la búsqueda de vías de recuperación económica de occidente.

China, que ha incrementado su conocimiento y capital en las tecnologías de alta sofisticación representa o es visto como una amenaza para Estados Unidos y sus aliados, que han incrementado su presencia en el océano Pacífico. En ese sentido, no ha pasado por alto el “colosal” presupuesto militar aprobado por el Gobierno de Biden, de más de 753.000 millones de dólares, justificado en la necesidad de acumular “armas de largo alcance de última generación que son más adecuadas para las operaciones en el Pacífico” dentro de una estrategia que aboga abiertamente por “contrarrestar la acumulación militar de China en Asia”.

 “China no participará en una carrera armamentística con Estados Unidos. El aumento del presupuesto de Defensa y la fuerza militar de China es el resultado natural del desarrollo económico y el progreso tecnológico. Todo sucedió de forma natural y China no necesita tomar decisiones difíciles. China no tiene la voluntad de desafiar a Estados Unidos en todo el mundo, pero no podemos permitir que Estados Unidos actúe arbitrariamente en el Pacífico Occidental, especialmente en las aguas costeras de China, para dañar los intereses de China. La determinación de China también es inquebrantable, y el desarrollo de China y el aumento del gasto militar serán suficientes para respaldar nuestra voluntad”, advertía Global Times.

Se ha acusado a Xu Qiliang, oficial militar de más alto rango en China, de rechazar hasta en tres ocasiones reunirse con el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, pero el Gobierno chino se refuerza en la idea de que los contenidos de un encuentro de alto nivel deben abordar cuestiones no solo militares.

Relación tripolar

Cuestiones como la “tensión monetaria” son cruciales para entender la nueva fase en las relaciones sinoamericanas. China y Rusia, el inevitable tercer polo al que hay que remitirse para entender la actual “guerra fría”, han reforzado, especialmente desde 2014, las vías para una “desdolarización” de sus economías, algo que amenaza el punto central de la hegemonía de las finanzas estadounidenses.

Hasta ahora, los intentos de Estados Unidos de tejer una alianza con Rusia para controlar mejor a China se cuentan por fracasos. La “asociación estratégica” entre Xi Jinping y Vladimir Putin es un hecho y el pasado mes de marzo los responsables de Exteriores de ambos países coincidieron en pedir a Estados Unidos una reflexión “sobre el daño que ha hecho a la paz y el desarrollo mundiales en los últimos años, detener el acoso unilateral y dejar de entrometerse en los asuntos internos de otros países”. En la importante cita de marzo entre Sergei Lavrov y Wang Yi —titulares de Exteriores ruso y chino, respectivamente— se abordaron temas como las represalias contra Irán, la situación en Afganistán o el golpe de Myanmar.

Pekín quiere fomentar la expansión del yuan digital, en pruebas esta primavera en países de su entorno. Hong Kong, Tailandia o los Emiratos Árabes Unidos son opciones reales para esta moneda basada en la tecnología blockchain. Todo un desafío al dólar... y al bitcoin, que China no reconoce como moneda de intercambio.

Pero, tras las maniobras para eliminar progresivamente la dependencia del dólar como moneda de referencia internacional, se halla también el empeño por reducir la capacidad coercitiva que tiene Estados Unidos para imponer sanciones y medidas de bloqueo comercial.

El 7 de junio, Putin anunció un reforzamiento de las relaciones bilaterales con China que incrementará hasta 200 mil millones de dólares el volumen de comercio entre ambas potencias. El presidente de la Federación Rusa reseñó que cooperará con China para fabricación de aviones, investigación lunar, energía, protección ambiental e intercambio de población trabajadora. 

Otro de los aspectos que ha supuesto el acercamiento de Rusia hacia China es la iniciativa de la Franja y la Ruta, en un momento en el que los países de la Unión Europea han optado por su “enfriamiento”, tanto en el Parlamento Europeo como en los asuntos nacionales, en el caso de Italia, uno de los países que más avanzaron en un encuentro bilateral con el Gobierno de Xi Jinping.

Biden se reunirá con Putin el 16 de este mes en Ginebra, tras una gira que comenzó con la reunión del G7 y que se trata del primer acercamiento tras un comienzo de legislatura marcado por esa confrontación fría con China. 

Taiwán y alrededores

Las tensiones en torno a Taiwán, que alcanzaron un punto importante en 2020 con la simulación por parte de China de un ataque aéreo estadounidense, han continuado bajo la Administración Biden. En mayo, un destructor de misiles guiados de la marina estadounidense pasó por el Estrecho de Taiwán, que China reclama como propio y Estados Unidos quiere mantener como un paso internacional, es decir, bajo su influencia tácita.

Font sitúa en Taiwán uno de los focos del conflicto, si bien apunta también al paso del Ártico. En febrero, un carguero ruso atravesó la cuenca del Ártico con un cargamento de gas licuado. El efecto del calentamiento global ha convertido el punto más septentrional del planeta en un territorio en disputa. Rusia lo reclama y ha instalado nuevas bases científicas.

El paso puede dar un nuevo impulso a las relaciones entre Moscú y Pekín, que ve en las nuevas rutas una oportunidad para su economía de contenedores. También como un yacimiento de recursos naturales: petróleo y gas natural, principalmente.

La confrontación entre China y EE UU, para la investigadora del Centre Delàs, no será en ningún caso abierta: no tendrá lugar en la China continental ni en países centrales como China y Corea del Sur. En ese sentido, el Lloyd Austin, el secretario de Defensa de la Administración Biden ha anunciado que “la forma en que pelearemos en la próxima gran guerra será muy diferente a la forma en que peleamos las últimas”.

Más bien, valora Font, la chispa puede saltar en escenarios secundarios, “igual que Siria y Yemen han servido para el enfrentamiento entre Arabia Saudí e Irán”, compara Font, la conflagración puede darse en países débiles —como actualmente en Myanmar— que pueden desestabilizar el imperio de diversas formas, seguramente, la principal a través de los flujos migratorios que generan esas guerras. También si se tiene en cuenta que China cuenta con una serie de países que funcionan como sus “talleres”, en los que la población cobra salarios más bajos que en el centro de Asia. 

En el nivel armamentístico, las palabras de Lloyd Austin toman forma en la sustitución de las bombas de pequeño diámetro y los misiles Hellfire. Según el portal Military.com, el Pentágono ha destinado 161 millones de dólares a la adquisición de 12 armas de respuesta rápida lanzada desde el aire —arrw, que suena como flecha en inglés— entre otro armamento de nueva generación.

Señala Font que las principales naciones del mundo están desarrollando nuevos programas nucleares, ante la constatación de que las armas atómicas actuales carecen de capacidad disuasoria en cuanto se antoja improbable que sean usadas. Por tanto, se están fabricando armas más pequeñas, aprovechando los avances en inteligencia artificial, lo que está dando lugar a una nueva y preocupante fase en la fabricación de armamento nuclear, indica Font. 

El hecho de que en 2017 el premio Nobel de la Paz fuera para ICAN, la campaña para prohibir las armas nucleares a nivel internacional muestra que“ en el escenario político mundial hay miedo, se ve viable que alguien use la nuclear; no es una quimera de las organizaciones civiles, hay preocupación incluso en la ONU”, señala Font.

La preparación para operaciones en el Pacífico preocupa a parte de la sociedad civil estadounidense. 65 organizaciones no gubernamentales enviaron una carta en la que se expresan preocupados por la “cosmovisión peligrosamente miope que presenta a China como la amenaza existencial fundamental para la prosperidad y seguridad de Estados Unidos”

Preocupa el aumento de la carrera armamentística y su combinación con la crisis climática, un asunto trascendental según la agenda de Biden que quedaría en entredicho si se desarrolla la teoría de la contención con respecto a China. Así lo desarrollaba el profesor de estudios sobre paz y seguridad mundiales Michael T. Klare en un artículo para Counterpunch en el que recordaba que ambos países suman el 46% de las emisiones de efecto invernadero del planeta.

Para Klare, “realmente no debería haber lugar para el debate” cuando se trata de valorar “el impacto que una nueva guerra fría entre las dos grandes potencias del planeta tendría sobre las posibilidades de lograr una respuesta global con éxito ante un planeta que se calienta rápidamente”.

En el peor de los escenarios, indica este experto, “cualquier conflagración termonuclear a gran escala resultante probablemente causaría un invierno nuclear y la muerte de miles de millones de personas, haciendo que el peligro del cambio climático pasase a segundo plano. Pero incluso si no se emplean armas nucleares, una guerra entre las dos potencias podría resultar en una inmensa destrucción en el corazón industrial de China y de aliados clave de Estados Unidos como Japón y Corea del Sur. Los incendios provocados en el curso de la guerra, por supuesto, agregarían carbono adicional a la atmósfera, mientras que el posterior colapso de la actividad económica mundial pospondría por años cualquier transición hacia una economía verde”.

Para Klare, la cooperación en materia climática es imprescindible y disuasoria de la estrategia de guerra fría llevada a cabo en los primeros meses del mandato de Biden.

Lo que dice la UE

En la UE, hasta la fecha, se ha optado por lanzar mensajes en contra de un marco de confrontación aunque las relaciones han retrocedido desde la salida de Trump de la Casa Blanca. El Parlamento Europeo ha “congelado” un acuerdo comercial que a principios de año la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, colocaba entre sus objetivos, y el nuevo primer ministro italiano, Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo ha bloqueado los acuerdos de la “iniciativa de la ruta y la franja” firmados hace dos años.

No se estila considerar a China un “adversario”, si bien hasta la fecha Reino Unido y Francia han seguido la retórica sobre derechos humanos y respecto a las islas del Pacífico enarbolada desde Washington. “Las sanciones, las contra-sanciones y la situación internacional en general están llevando a un marco global que obliga a reflexionar sobre la relación con China y sobre cómo hacer evolucionar las cosas”, declaraba en mayo el director del think tank European Policy Centre, poniendo la letra a la música de la “congelación” del acuerdo comercial aprobada por el Parlamento Europeo con el pretexto de la preocupación por los derechos humanos.

La salida este año de la canciller Angela Merkel del poder en Alemania supone, asimismo, un posible cambio de las relaciones de la UE con China. Merkel ha defendido la menor dependencia de la UE y de su país hacia Estados Unidos, consciente de que la economía china es importante para la Unión: es el principal comprador de productos europeos y el segundo socio comercial. En 2019, Alemania exportó bienes, principalmente de la industria de la automoción por 94.000 millones a China.

La posición de España en este sentido es subsidiaria. Ni está ni se esperan pasos distintos a los que la diplomacia europea quieran avanzar en la pretensión de Biden de amarrar los apoyos de la UE en su pequeña escalada contra China. El 26 de mayo, Pedro Sánchez mantuvo una conversación con Xi Jinping de la que se reseñó que se busca “el clima de confianza necesario” para la ratificación del Acuerdo Global de Inversiones entre la UE y China.

Tras el huracán unilateral provocado por Trump, Biden se ha resuelto a invocar la multilateralidad para tratar de crear un frente común contra el que considera su adversario principal.

La llamada “Trampa de Tucídides”, por la que la tensión entre una potencia en declive y otra en ascenso puede conducirlas a una guerra hegemónica, es hoy en día una tentación para el imperio en declive, no así para China, que sigue insistiendo en que va a rehuir toda confrontación —aunque sigue reclamando sus derechos sobre el Tibet, Taiwán y las islas del pacífico sur—. Un aspecto como la crisis climática es lo suficientemente disuasorio para una solución a la vieja usanza, es decir, para la guerra. 


 El sueño de Tony Stark

Las nuevas armas y equipamientos militares ya están aquí. La inteligencia artificial y la robótica se han establecido como diferenciales en frentes de guerra como Nagorno Karabaj y Libia. La ONU publicó a finales de mayo un informe en el que se explicita que el Gobierno de Serraj Fayez Sarraj, que es apoyado por la UE y EE UU, empleó sistemas de armas autónomos letales (drones) en la guerra contra las tropas del autodenominado Ejército de Liberación Nacional que controla el este del país.

 

Por Pablo Elorduy

 @pelorduy

9 jun 2021 06:00

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Sábado, 05 Junio 2021 06:35

Pronto se sabrá

Pronto se sabrá

Prevista para el día 16 de este mes en Ginebra, la reunión de los presidentes Vladimir Putin, de Rusia, y Joe Biden, de Estados Unidos, dado el preocupante deterioro de la relación bilateral, por sí sola es ya un paso adelante para intentar remover los escombros (el canciller ruso, Serguei Lavrov, dixit), en que quedaron reducidos los pactos de desarme, convenios de cooperación en diversas áreas y canales de comunicación entre el Kremlin y la Casa Blanca.

Casi todo arruinado por la creciente confrontación, exhibición de poderío militar, aplicación de sanciones y contramedidas, desconfianza recíproca, gestos hostiles y hasta desafortunados insultos personales, no cabe esperar resultados espectaculares de la cumbre.

Pero toda vez que es imposible ganar una guerra nuclear, es de suponer que Putin y Biden estarán de acuerdo en comenzar la compleja negociación para tratar de mantener el equilibrio estratégico, sin que nadie pueda augurar una pronta solución de las controversias. Los presidentes podrían dar luz verde para reanudar el diálogo en materia de lucha contra el terrorismo, ecología, ciberespacio y solución de algunos conflictos regionales como Afganistán y, de hacer concesiones mutuas, no se debe excluir que opten por restablecer el nivel de las relaciones diplomáticas anteriores al retiro de embajadores, cierre de consulados y expulsión masiva de funcionarios.

A 11 días de la cita en Ginebra, todavía no es claro si los equipos de Putin y Biden podrán concordar una declaración conjunta. Moscú y Washington no coinciden en infinidad de asuntos y manejan agendas que contienen posiciones inadmisibles para el otro. No habrá ningún avance si Biden insiste en dar clases de moral o de derechos humanos a su interlocutor, ridícula pretensión proveniente de un inquilino de la Casa Blanca, como tampoco la habrá en caso de que Putin, con el solo argumento de su arsenal nuclear, reivindique la prerrogativa de hacer lo que le dé la gana en su zona de influencia.

De Putin y Biden depende que la cumbre termine como el enésimo intercambio de acusaciones o como una oportunidad aprovechada para, aun sin resolver sus discrepancias de fondo, lograr progresos en aquellos ámbitos que convienen a ambos países y, en términos de seguridad global, también al resto del mundo. Pronto se sabrá.

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El viceministro de Defensa ruso, el general coronel Alexánder FomínGrigori Sysoyev / Sputnik

El alto oficial considera que disminuye cada vez más "el papel de las organizaciones internacionales como herramientas" para adoptar decisiones en el ámbito de la seguridad.

 

Para el coronel general Alexánder Fomín, viceministro de Defensa ruso, hoy podemos "observar la formación de un nuevo orden mundial", según declaró en entrevista con RT.

"Vemos la tendencia de arrastrar a los países a una nueva guerra fría, dividir a los Estados en 'nosotros y los otros', mientras que esos otros se definen claramente en los documentos de doctrina como adversarios", afirmó, al ser preguntado sobre las principales amenazas a la seguridad regional.

Fomín destacó que actualmente "ocurre una destrucción sistemática del sistema establecido de relaciones internacionales, de la arquitectura de seguridad", mientras paralelamente disminuye "el papel de las organizaciones internacionales como herramientas para la adopción colectiva de decisiones en el ámbito de la seguridad".

El viceministro de Defensa destacó que "aparecen armas de un tipo fundamentalmente nuevo, que alteran radicalmente el equilibrio de poderes en el mundo moderno", con lo cual el enfrentamiento armado llega a nuevos ámbitos, como el espacio y ciberespacio, lo que cambia "los principios y métodos de guerra".

Las declaraciones de Fomín se producen en vísperas de la IX Conferencia sobre Seguridad Internacional, que se celebrará en Moscú entre el 22 y 24 de junio. El viceministro hizo hincapié en que el evento desempeña un papel de plataforma "para un diálogo franco, honesto y profesional", donde pueden intervenir también "países con los cuales la cooperación es mínima o igual a cero".

Altos mandos militares de 119 países fueron invitados a la conferencia, así como los jefes de la ONU, de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), de la Liga de los Estados Árabes y del Comité Internacional de la Cruz Roja, entre otros.

Publicado: 4 jun 2021 04:20 GMT

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Acuerdo estratégico de China e Irán por 25 (sic) años: Ruta de la Seda vs. el Gran Reset

La tercera semana de marzo se convulsionó la "estabilidad estratégica" de EU/Rusia/China (https://bit.ly/2NXhFLI), cuyas reverberaciones prosiguen con jugadas contraofensivas de los actores:

  1. Trascendental visita del canciller Lavrov a su homólogo chino Wang Yi en Beijing para profundizar la "asociación estratégica" de ambos países (https://bit.ly/3u6oqKR); 2. Entrevista virtual del presidente Biden, quien sufre los embates de una grave crisis migratoria en su transfrontera sureña (https://bit.ly/2PDPz8H), con el premier británico Boris Johnson con el fin de proyectar una alternativa a la creativa "Ruta de la Seda" de China (https://bit.ly/39CRX79), y 3. Notable acuerdo de Irán y China por 25 años, durante la gira del canciller chino Yi a seis países del Gran Medio Oriente: Turquía, Irán y varias petromonarquías árabes del Golfo Pérsico.

Hace ya casi nueve meses adelanté el "pacto secreto" de 25 años entre Irán y China contra EU con la bendición de Rusia (https://bit.ly/2Py9Ahd), que finalmente fue concretado durante la reciente visita de dos días del canciller chino Yi a Irán.

Después de haber visitado Turquía –de enorme influencia en las poblaciones centroasiáticas de origen mongol, en particular en la provincia autónoma de Xinjiang, en China, que ahora usan Biden y sus aliados para golpear a Beijing– el canciller chino Yi (https://bit.ly/31nTCsH) concretó el notable acuerdo de 25 años con Irán (https://bit.ly/3ruiTfk).

El presidente iraní Hasan Rohani, quien enfrenta relevantes elecciones, volvió a ofrecer la "Iniciativa de Paz de Ormuz" para mantener la paz en el candente golfo Pérsico (https://bit.ly/39ivE6w).

El pacto sino-persa valió la fijación de Reuters y del periódico israelí Haaretz, que "incluye inversiones chinas en los sectores de infraestructura y energía de Irán", pese a que ambos países padecen las sanciones de EU, igual con republicanos que con demócratas (https://bit.ly/2NXMT5p).

¿Cuántos países en el mundo sufren las sanciones de EU que han hecho de éstas una de sus principales armas disuasivas?

La importancia geoestratégica de Irán radica en que constituye un eslabón fundamental de una de las tres Rutas de la Seda (https://bit.ly/2PuFwCZ) que patrocina China, mientras Biden procura regresar al acuerdo del contencioso nuclear iraní del formato “5+1 (http://bit.ly/2NWJhj0

Detrás de la vibrante entrevista de Yi al rotativo saudita Al Arabya se insinúa la “cooperación con 19 (sic) países del Medio Oriente sobre la Ruta de la Seda (https://bit.ly/3cvmLsi)” cuando la muy pragmática diplomacia china opera creativamente con turcos, persas, árabes y hasta israelíes (https://bit.ly/2RdRAUY) con el fin de conectar los nodos de dos de las tres Rutas de la Seda (la continental y la marítima).

El muy influyente Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), con sede en Nueva York, ha entrado en pánico con las tres Rutas de la Seda chinas que busca descarrilar por todos los medios: desde Xinjiang, pasando por el Medio Oriente, hasta una de sus terminales en Alemania, en el mar Báltico (https://on.cfr.org/39lFgNC).

En esta delicada coyuntura de reajustes de EU/Rusia/China, impactó la salida simultánea a la superficie de tres (sic) submarinos nucleares rusos en el Ártico –una de las tres Rutas de la Seda: maniobra que fue catalogada por el Ministerio de Defensa ruso como la "primera" en la historia de los ejercicios navales (https://bit.ly/3fjYUNT), mientras el zar Vlady Putin se encuentra de "vacaciones (sic)" en la taiga acompañado de su ministro de Defensa, Sergey Shoygu (https://bit.ly/3dbMbKn).

Si por sus documentos (como el del CFR) y sus actos (como la entrevista entre Biden y el premier británico Boris Johnson) los juzgaréis, pues pareciera que las tres Rutas de la Seda –continental/marítima/Ártico– han puesto a la defensiva geopolítica a la dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña, que ha optado como contraofensiva balcanizadora a su muy polémico "Gran Reset" globalista del Foro Económico Mundial de Davos del dúo Soros/Klaus Schwab (https://bit.ly/39n2YJr)”.

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El bitcóin podría ser declarado ilegal en Estados Unidos: ¿Está en peligro la moneda?

El inversor multimillonario Ray Dalio, conocido entusiasta de las criptomonedas, dijo que el bitcóin podría ser declarado ilegal en Estados Unidos, como sucedió con el oro en 1934. Sus dichos reactivaron el temor sobre la independencia y el futuro de estos activos.

En marzo el bitcóin se robó todas las miradas: la moneda virtual cotizó por encima de los 61.000 dólares y alcanzó un nuevo récord. El activo digital creado en 2009, se caracteriza por su descentralización total y su completa independencia de Estados, bancos centrales u organismos internacionales de cualquier naturaleza.

Consultado por Sputnik, el economista Juan Valerdi, experto en políticas contra el lavado de activos y colaborador de la TAX Justice Network (Red de Justicia Tributaria) apuntó que una limitación o regulación de estas monedas en el futuro "es casi una certeza" debido a que "la burbuja del bitcóin" está impulsada por la liquidez en Estados Unidos.

"El descontrol que hay de liquidez de dólares hace que muchas cosas se inflen, las acciones en particular. Y bitcóin está retroalimentado con esas acciones. El problema para EEUU es que desarmar esa burbuja (…) puede llevar a un derrumbe de las acciones de las empresas y al derrumbe generalizado de todas sus cotizaciones", indicó.

Sin embargo, el trader de criptoactivos Camilo Rodríguez, docente en CR Academia, un espacio de formación en blockchain y criptomonedas, opinó lo contrario. "Sería como intentar prohibir internet", apuntó.

Uno de los lemas más importantes de bitcóin es que se pueden realizar intercambios 'de par a par'. Esto puede ser de persona a persona, de máquina a persona, o de persona a máquina. No importa cómo sea la transacción, aquí no puede entrar nadie a intervenir en la comunicación. La única manera en que bitcóin podría desaparecer, es que alguien tenga más del 51% del poder de cómputo de toda la red", explicó.

28 marz

(Con información de Sputnik

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En marzo de 2020 la cotización del bitcoin era menor a los 5 mil dólares; ahora tocó un pico de 60 mil.

Extraordinaria burbuja especulativa en el mercado de las monedas digitales

El precio del bitcoin superó por primera vez los 60 mil dólares para luego bajar a 54 mil. La novedad en las últimas semanas fue el auge de nuevos mecanismos de inversión con las monedas digitales como los NFT.

La volatilidad de las criptomonedas continúa sorprendiendo en el mercado financiero. El precio del bitcoin superó por primera vez los 60 mil dólares para luego bajar a 54 mil. La novedad en las últimas semanas fue el auge de nuevos mecanismos de inversión con las monedas digitales como los NFT que tienen todas las condiciones de mercado de burbuja. Las críticas por el gasto excesivo de energía se siguen multiplicando.

La criptomoneda más conocida que es el bitcoin pasó de 56 a casi 62 mil dólares para luego bajar al rango de los 54 en los últimos siete días. Se trata de cambios de precio de más del 10 por ciento en pocas jornadas que son usuales al evaluar la volatilidad de este activo digital.

De todas maneras el bitcoin continúa en valores picos cuando se revisa la evolución del último año. En marzo de 2020 la cotización era menor a los 5 mil dólares. A partir de ese momento junto a los cambios que trajo la pandemia la cotización de esta moneda subió por diez.

Las criptomonedas que replican parte de la tecnología del bitcoin pero intentan sumar nuevas funcionalidades tuvieron una performance similar. Entre estas se destacó la moneda de ethereum que durante el último año pasó de menos de 200 dólares a más de 1800.

Con la tecnología de Ethereum empezaron a masificarse distintos negocios que cada vez más analistas consideran una burbuja. Principalmente en las últimas semanas empezó a ganar volumen el mercado de tokens no divisibles ni reproducibles (NFT).

Estos tokens son simplemente una forma de certificar que determinado bien o servicio (real o virtual) es original y puede subastarse en forma online. Por ejemplo los dueños de Twitter subastaron sus primeros mensajes en la plataforma a través de esta tecnología recaudando más de 2 millones de dólares.

La semana pasada se concretó también una subasta de una obra de arte por 69 millones de dólares y distintos medios como Wall Street Journal mostraron la noticia como una de los grandes cambios que vienen para el mundo de las inversiones.

Especialistas del mercado calcularon que las subastas con esta tecnología –que no requieren un intermediario- crecieron por ocho veces en febrero respecto de enero y que se movieron más de 200 millones de dólares.

Este aumento de 750 por ciento de los volúmenes operados en pocas semanas no fue el único impactante. Los usuarios que participan en este tipo de subastas subieron de 89 a 367 mil el mes pasado. Y comienzan a participar del mercado grandes marcas que van desde equipos de fútbol (que subastan videos con jugadas únicas) hasta equipos de la NBA.

Para muchos analistas este tipo de tecnología –si bien es potente porque reemplaza a los intermediarios- está generando una euforia irracional en los inversores. Multimillonarios como Elon Musk lanzaron subastas de productos absurdos y recibieron ofertas por más de 1 millón de dólares. En definitiva están las condiciones de mercado de burbuja.

Otra de las críticas que siguen apareciendo en el ecosistema de las criptomonedas se vincula con el gasto de energía que requiere la red de bitcoin.

Nuevos estudios identificaron que si continúa la tendencia de esta moneda digital el consumo de energía que necesita para funcionar equivaldría a lo mismo que gastan todos los centros de datos del mundo. O puesto en otra escala tendría la misma huella de carbono que Londres.

En la revista Nature Climate Change se estimó además que -si el uso previsto del bitcoin sigue el ritmo de adopción de otras tecnologías- podrían producirse emisiones de carbono C02 como para elevar el calentamiento por encima de los 2 grados en sólo 30 años.

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