Represión provoca estampida de indocumentados en Vado Hondo

Caravana de miles de migrantes insiste en avanzar rumbo a EU // Más de mil 500 fueron deportados a Honduras // Lo tratan a uno como perro

 

Vado Hondo., Policías y soldados guatemaltecos dispersaron ayer con violencia a miles de migrantes hondureños apostados durante el fin de semana en el kilómetro 177 de la carretera de Vado Hondo, Chiquimula, quienes huyeron en diferentes direcciones, muchos de ellos con niños en brazos.

Más tarde, varios de ellos intentaron nuevamente penetrar el cordón de seguridad para llegar a México y así seguir su paso hacia Estados Unidos, informó la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) de Guatemala.

"Delegados de la PDH dialogan y brindan recomendaciones a miembros del ejército y la policía nacional civil de no usar la fuerza en Vado Hondo, donde indocumentados intentan romper el cordón de seguridad", tuiteó la institución.

La entidad que vela por las garantías ciudadanas y los derechos humanos en Guatemala tiene personal desplegado en el sureño departamento de Chiquimula, donde horas antes se reportaron enfrentamientos entre los migrantes y las fuerzas de seguridad.

Por la mañana, el contingente policial avanzó sobre la masa de indocumentados haciendo fuerte ruido mediante el golpe de sus macanas contra los escudos, logrando que muchos migrantes retrocedieran y otros corrieran hacia los lados, dispersándose dentro del pueblo, pero aún en territorio guatemalteco.

Algunos miembros de la caravana sufrieron leves lesiones en medio de la trifulca.

"No estábamos robando, somos gente de bien. Sólo queremos pasar", dijo a la agencia Afp, al borde del llanto, Angie, migrante hondureña de 21 años quien junto con miles de compatriotas anhela llegar a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.

La mujer estaba resignada a regresar a la frontera a tratar de documentar su ingreso y presentar una prueba negativa de Covid-19, requisitosde las autoridades guatemaltecas para internarse en el territorio. "Quiero seguir hasta Estados Unidos, no me quiero quedar en Guatemala", recalcó.

En el desalojo, varios de los caminantes lanzaron piedras a la policía, que respondió con gas lacrimógeno para seguir alejándolos en dirección a la frontera con Honduras, ubicada a unos 50 kilómetros.

El portavoz del ejército, Rubén Tellez, destacó que los soldados hicieron uso mínimo de fuerza y respetaron los derechos humanos y la integridad de los migrantes.

"Yo voy con mi hijo, en Honduras no tengo donde vivir", aseguró otra mujer al canal Guatevisión, luego de la estampida y mientras tomaba aliento al lado de un poste.

Unas 4 mil personas permanecían en ese grupo, de las 9 mil que se estima ingresaron con la caravana que partió el sábado de San Pedro Sula.

Otros 800 indocumentados han sido contenidos en un pueblo vecino, cientos se han dispersado por los alrededores y al menos mil 383 hondureños fueron retornados a su país antier y mil 568 ayer, entre ellos 208 menores, informaron el diario local Prensa Libre y la agencia de noticias Afp.

Las fuerzas de seguridad actuaron tras agotar un diálogo con los migrantes, a quienes se pedía despejar una vía del camino para permitir el avance del transporte de carga, cuya mercancía corría el riesgo de estropearse y había causado más de 30 kilómetros de fila de vehículos, informó Prensa Libre.

Por el contrario, un grupo se apoderó momentáneamente de tres camiones e intentó abrirse paso a marcha lenta, constató un equipo de Afp, lo que desencadenó la acción policial.

El ambiente ya estaba pesado desde el domingo, cuando los caminantes intentaron avanzar a empujones y fueron reprimidos con gases y aporreados por militares.

“Si tuviéramos pisto (dinero) no estaríamos aquí yéndonos al norte (Estados Unidos). Lo tratan a uno como perro, no tiene que ser así”, reprochó otra señora que llevaba a dos niñas, una tomada de cada mano.

Los migrantes se dispersaron en el área y, según medios locales, eran rastreados con drones de la policía.

Relatos de hondureños a la prensa denunciaron además que los comercios del poblado fueron obligados a cerrar para evitar que se abastecieran de alimentos.

Los uniformados actuaron ante el riesgo de más contagios de Covid-19, según un decreto del presidente guatemalteco, Alejandro Giammattei, que autoriza el uso de la fuerza, recurso que fue rechazado de manera tajante por organismos de derechos humanos.

Por lo pronto, 21 personas del grupo que pasaron por puestos de control sanitarios han dado positivo al nuevo coronavirus, y deberán guardar cuarentena en Guatemala antes del regreso a su país.

Los migrantes hondureños aseguran que escapan de la violencia, la pobreza, el desempleo y la falta de educación y salud, situación agravada por la pandemia y la destrucción que dejaron a su paso los huracanes Eta y Iota en noviembre.

El éxodo hondureño comenzó la madrugada del viernes desde San Pedro Sula y los caminantes ya dan muestras de cansancio. Durante la jornada, una pequeña caravana de 300 salvadoreños entró al país sin presentar documentos ni prueba negativa de Covid.

La caravana generó tensión entre Guatemala y Honduras, al punto que Tegucigalpa reclamó a su país vecino la acción represiva de los cuerpos de seguridad contra los migrantes, y le pidió una investigación de los hechos.

Guatemala reprochó a Honduras por no cumplir con sus compromisos asumidos hace unas semanas con el país, El Salvador, México Estados Unidos y la Organización de Naciones Unidas para contener la "salida masiva" que irrumpió de manera desordenada en la frontera entre viernes y sábado y que en dos ocasiones ha chocado con la fuerza pública.

Pandilleros "infiltrados"

Autoridades locales advirtieron que en el grupo caminan "infiltrados" miembros de pandillas. Las autoridades guatemaltecas también acusaron que muchos de los migrantes han sido engañados con falsas pruebas de Covid-19.

La caravana marchaba esperanzada de una posible flexibilización de las políticas migratorias en Estados Unidos, cuando el presidente electo, Joe Biden, asuma mañana, posibilidad que ya fue rechazada desde Washington.

"Instamos a Honduras a evaluar y fortalecer medidas de control fronterizo y protocolos de salud para prevenir futuras caravanas", dijo Michael Kozak, subsecretario interino para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado.

Desde octubre de 2018, más de una docena de caravanas, algunas con miles de migrantes, han salido de Honduras rumbo a Estados Unidos, pero la mayoría ha fracasado por el reforzamiento de los controles fronterizos.

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Alrededor de 9 mil hondureños que viajan a pie rumbo a Estados Unidos se desplazaron ayer por Guatemala (imagen), en su camino a México, cuyo gobierno llamó a los países de Centroamérica a aplicar con responsabilidad los protocolos migratorios y sanitarios, así como atender oportunamente y con responsabilidad estos flujos de personas para evitar que se repitan. Mientras, desplegó un amplio operativo de rescate humanitario con miles de elementos del orden del INM, organizados, equipados y entrenados para auxiliar en la frontera sur, con la instrucción de que no dejen pasar la caravana. Foto Afp / Fabiola Martínez, Agencias y Redacción

Camotán. Unos 9 mil migrantes que viajan a pie desde Honduras rumbo a Estados Unidos se desplazaron ayer por Guatemala, en camino a México, el próximo escollo a sortear en busca de mejores condiciones de vida, que esperan recibir del futuro gobierno del demócrata Joe Biden.

Pese a que un decreto facultaba a la policía utilizar la fuerza para contener el avance del viernes, la decisión de abrir el paso por la línea fronteriza en El Florido se tomó al constatar que en el grupo había muchas familias con niños, comentó un jefe policial a la agencia de noticias Afp.

Un último grupo cruzó ayer la frontera ordenadamente y sin resistencia, y al igual que el resto pasó por alto el requisito de presentar documentos y una prueba negativa de Covid-19. Tomas de video compartidas por el Instituto Guatemalteco de Migración (IGM)mostraban a gente que vitoreaba al ingresar mientras agentes fronterizos los veían e intentaban impedir que bloquearan el tránsito.

La dependencia, citada por la agencia de noticias Reuters, indicó que al llegar a Chiquimula los migrantes fueron detenidos en medio de forcejeos en un retén militar, donde se les requirió documentación y una prueba negativa de coronavirus.

"Es imposible que continúen su ruta. Las personas que se fueron y lograron pasar ya fueron detenidas allá adelante", dijo el director del IGM, Guillermo Díaz, a cientos de migrantes agrupados a orillas de una carretera en Vado Hondo, también en Chiquimula.

"Los invitamos a regresar, por favor. Tenemos camiones, buses para que retornen a su lugar de origen. Tenemos más de 20 puestos de control de aquí para Tecún Umán (en la frontera con México)", agregó Díaz, quien, a diferencia de varios de los migrantes, sí usaba cubrebocas.

El gobierno de Guatemala lamentó la "transgresión" de su soberanía nacional. "Algunos grupos han violentado la normativa vigente y lograron pasar nuestro territorio, violando las disposiciones legales".

En un comunicado, pidió a Honduras "contener la salida masiva de sus habitantes, mediante acciones preventivas de manera permanente", un reclamo que ya había hecho en octubre pasado cuando otra caravana de alrededor de 4 mil migrantes fue disuelta en Guatemala.

La caravana se adentró en territorio guatemalteco, llegando hasta Jocotán y Camotán, departamento de Chiquimula, fronterizo con Honduras. Algunos grupos fueron en busca de instituciones de respaldo al migrante, y otros recibieron apoyo de la Cruz Roja y del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados.

Casi todos llevan mochilas con sus pocas pertenencias y en su mayoría calzan sandalias. En el trayecto es común escucharlos corear "fuera JOH", iniciales del presidente hondureño Juan Orlando Hernández, a quien responsabilizan de su situación.

La mayoría partió la madrugada del viernes desde la estación de autobuses de San Pedro Sula, en el norte de Honduras, habitual génesis de las caravanas. Casi todos van a pie y algunos piden un aventón. En su trayecto aún se toparán con varios controles policiales dentro de Guatemala antes de llegar a la frontera con México.

Los migrantes argumentan que huyen de una Honduras fuertemente golpeada por el paso de los huracanes Eta y Iota, en noviembre pasado, y la falta de empleo causada por la pandemia de Covid-19, que se suman a los males endémicos de un país acribillado por la violencia asociada a las pandillas y el narcotráfico.


A punta de palos y gases frenan a seis mil migrantes en Guatemala

 

Vado Hondo. Miles de migrantes que ingresaron a pie a Guatemala en su viaje desde Honduras rumbo a Estados Unidos huyendo de la pobreza y la violencia fueron frenados ayer por la policía, que lanzó gas lacrimógeno, y militares que aporrearon a quienes insistían en avanzar.

Al cierre de esta edición, los migrantes estaban cercados en una carretera del poblado de Vado Hondo, en el departamento de Chiquimula, frontera con Honduras. Según cifras oficiales, hasta este lugar llegaron al menos 6 mil de las 9 mil personas que se estima ingresaron a Guatemala.

Tras cruzar por la fuerza el punto fronterizo Florido, miles de migrantes empezaron a concentrarse por la tarde del sábado en un retén militar en Vado Hondo, donde primero les pidieron documentos y una prueba negativa a Covid-19 en medio de forcejeos, que en la noche escalaron a choques.

Por lo pronto, al menos 21 de los migrantes de la caravana dieron positivo a la prueba de Covid-19, y ya fueron trasladados a los centros de bienestar respiratorio cercanos, indicó anoche el ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, publicó en su portal Prensa Libre.

El cruce hacia Vado Hondo, en el kilómetro 177 de la carretera al Atlántico, se llenó de migrantes hondureños que se toparon con un cordón del ejército.

Dos grupos que suman en total unos 6 mil migrantes y que pernoctaron en la zona, se unieron ayer temprano para tratar de atravesar la barricada de más de 3 mil policías y soldados, pero fueron repelidos, informó la autoridad migratoria guatemalteca.

"Esto es demasiado (la actitud de la policía). Venimos de forma humilde. No estamos haciendo mal a nadie", señaló a Afp la hondureña Marisol Domínguez, de 35 años. La mujer viaja con su esposo huyendo de la crítica situación económica en su país, agravada por el paso desastroso de los huracanes Iota y Eta, en noviembre.

Desde la noche del sábado los migrantes están varados a la intemperie en este punto estratégico a menos de 50 kilómetros de la frontera, pues es difícil continuar por otro lado ante la accidentada geografía del lugar.

A lo largo de la jornada algunas mujeres rezaron en voz alta frente al muro militar que los frenó, implorando ayuda divina para continuar la travesía, mientras por momentos los ánimos se caldearon y los migrantes parecían prepararse para nuevos intentos de pasar.

Imágenes de video compartidas por el gobierno de Guatemala mostraron a cientos de migrantes, muchos sin cubrebocas, presionando contra un muro de las fuerzas de seguridad, que usaban palos para repeler la oleada de personas. Muchos resultaron heridos, pero al cierre de esta edición no había cifras.

Las fuerzas de seguridad dispararon gas lacrimógeno y utilizaron una granada aturdidora para dispersar a la multitud, confirmó un fotógrafo de la agencia de noticias Reuters.

La orden de los uniformados fue evitar el paso ante el riesgo de contagios de Covid-19, de acuerdo con lo que dispuso el presidente Alejandro Giammattei al autorizar el uso de la fuerza para contener el éxodo.

"No somos delincuentes. No entiendo por qué nos están tratando mal", lamentó Carlos, de 26 años, originario de San Antonio de Cortés y quien viaja con su esposa y dos pequeñas hijas.

Dixón Vázquez, de 29 años, hondureño originario de La Lima, en el departamento de Cortés, suplicó a las autoridades guatemaltecas que los dejen seguir.

"No tienen corazón, estamos arriesgando la vida, no hay trabajo en Honduras"; comentó que los campos de plátano se perdieron con los huracanes.

La caravana arrancó el viernes pasado, a unos días de que el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, asuma el cargo.

Entre viernes y sábado Guatemala envió de regreso a mil 383 migrantes, entre ellos 192 niños, que ingresaron desde Honduras, dio a conocer la autoridad migratoria.

Aunque algunos migrantes dijeron estar alentados por una posible flexibilización de las políticas migratorias bajo una nueva administración en Estados Unidos, la dura respuesta sugiere que Biden podría beneficiarse de las medidas de línea dura del presidente republicano saliente Donald Trump.

"Lo que había dicho el presidente nuevo, Joe Biden, era que pasáramos todas las caravanas. Entonces, no me explico por qué está pasando esto, por qué los guatemaltecos se ponen a favor de los estadunidenses y los mexicanos", sostuvo el hondureño Joaquín Ortiz.

El director general de Migración guatemalteca, Guillermo Díaz, afirmó que los migrantes no pasarán. Quien quiera hacerlo debe mostrar los documentos pertinentes y presentar una prueba negativa de Covid-19.

Advirtió que, tras los incidentes en Vado Hondo, detectaron que marchan “infiltrados, elementos de maras (pandillas) de Honduras y del crimen organizado”.

Un funcionario del equipo de transición de Biden aconsejó a los migrantes no dirigirse a Estados Unidos. "Superar los desafíos creados por las políticas caóticas y crueles de los últimos cuatro años, y los presentados por Covid-19, llevará tiempo", admitió el funcionario, quien prefirió mantener su nombre en reserva, y agregó: "el viaje a Estados Unidos sigue siendo extraordinariamente peligroso".

Condenan uso de la fuerza

El Procurador de los Derechos Humanos (PDH) de Guatemala, Jordán Rodas, condenó la represión en la que varios migrantes resultaron heridos y consideró “deplorable el brutal uso de la fuerza.

"La migración es causada porque en nuestros países no existen condiciones mínimas para una vida digna", reclamó Rodas, y apremió a las instituciones guatemaltecas a "respetar" la integridad de todos los migrantes.

La PDH llamó a las autoridades de Guatemala a garantizar el cumplimiento de los estándares internacionales de derechos humanos, así como la seguridad de los menores de edad que integran la caravana, en especial los que viajan sin compañía de un adulto.

Roberto Herrera Cáceres, comisionado nacional de los derechos humanos de Honduras, anunció el pasado jueves la activación de un protocolo de seguridad para la protección de los migrantes irregulares de la nueva caravana, tuiteó la institución. En el mismo sentido se expresó Ricardo López, coordinador de la Defensoría Nacional de Personas Migrantes en Honduras.

Si esta caravana logra recorrer 450 o 664 kilómetros por Guatemala, según el trayecto que elijan, intentará entrar por el paso fronterizo de Tecún Umán (en la zona suroeste) a México, que ya blindó su frontera.

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"Soy cubano por los 64 costados, desde mis tatarabuelos al menos, y este es mi país y es mi cultura".

En su nueva novela, el autor de El hombre que amaba a los perros cuenta la historia de un grupo de amigos, llamado el Clan, atravesados por el exilio, el desarraigo y la dispersión. Explora el drama de esos jóvenes que asisten al colapso y desmoronamiento del mundo que conocían y cómo cada uno intentó sobrevivir quedándose o buscando empezar de nuevo en otro lugar. Padura es de los que se quedó. 

 

El hombre que ama a Cuba se define “cubano por los 64 costados”. Leonardo Padura, candidato al Premio Nobel de Literatura en 2020, publicó Como polvo en el viento (Tusquets), una novela en la que cuenta la historia de un grupo de amigos, llamado el Clan, atravesados por el exilio, el desarraigo, la dispersión. La generación de Clara, Bernardo, Elisa, Irving, Darío, Horacio, Fabio y Liuba --que es también la generación de Padura-- vivió el fin de las esperanzas cuando llegó el llamado “Período Especial” en los años noventa. Entonces el país se quedó sin aliados políticos, sin alimentos, sin petróleo. La realidad de la isla entró en “un túnel oscuro cuya salida no se vislumbraba”. El escritor cubano explora el drama de esos jóvenes que asisten al colapso y desmoronamiento del mundo que conocían y cómo cada uno intentó sobrevivir quedándose o buscando empezar de nuevo en otro lugar.

El título de la novela Como polvo en el viento es un guiño a la canción “Dust in the wind”, de Kansas. La historia –que va de los años 90 hasta 2016— sigue de cerca a los personajes en La Habana, Hialeah (Florida, Estados Unidos), Madrid, Buenos Aires, Barcelona y San Juan (Puerto Rico), entre otras ciudades. Dos fantasmas recorren la trama: el fantasma de Elisa, que un día desapareció y el Clan nunca volvió a saber de ella, y el fantasma de Walter, un pintor que murió “reventado contra el pavimento luego de volar desde un piso dieciocho”.

Padura (La Habana, 1955), creador del detective Mario Conde –que apareció por primera vez en Pasado perfecto y ha protagonizado ocho novelas, entre las que se destacan Vientos de cuaresma, Adiós, Hemingway, La neblina del ayer y La transparencia del tiempo— está viviendo la pandemia de Covid-19 confinado en su casa en Mantilla, la misma casa en la que nació. Como muchos otros escritores y artistas, tuvo que cancelar varias giras, incluida su visita a la Argentina. La virtualidad le ha permitido participar de conferencias y entrevistas. En 2020 recibió la Medalla Carlos Fuentes de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El escritor cubano confiesa en la entrevista con Página/12 que extraña el movimiento, pero el tiempo confinado lo aprovechó para trabajar más. “Para mí el trabajo, mi trabajo, es un júbilo, sobre todo cuando me sale bien, y no tengo obligación onerosa”, dice Padura, el autor de El hombre que amaba a los perros, formidable reconstrucción literaria de las trayectorias vitales de León Trotsky y Ramón Mercader.

--Una pregunta que aparece en la novela tiene que ver con la diáspora cubana: ¿por qué alguien se aleja de su país sin salir de él?, como sucedió con José María Heredia y tantos otros. Escribir “Como polvo en el viento”, hurgar en la ficción (como ya lo habías hecho en “La novela de mi vida”), ¿te permitió encontrar una respuesta a ese dilema de alejarse sin poder salir de Cuba?

--Más que una respuesta a un asunto tan complejo y visceral para los cubanos (y para los ciudadanos de muchas partes del mundo), lo que hice fue encontrar más preguntas, más dudas, más incertidumbres. Las reacciones de los hombres ante los desafíos de la vida social y de las circunstancias políticas son grandes temas de la filosofía, y la literatura, creo, solo puede encontrar y lanzar más preguntas que interrogarán a los lectores y los motivarán. Eso es lo que me propongo: inquietar a los que me leen, obligarlos a pensar. Y ya eso es bastante.

--“Entre viajar y emigrar existe un pozo insondable. Y entre emigrar y adquirir un oneroso permiso de ‘salida definitiva’, con la transmutación de ciudadano en apátrida, un horror parecido al desierto”, se dice en “Como polvo en el viento”. ¿Por qué decidiste no emigrar de Cuba? ¿El temor de ser un “apátrida”, de quedarte sin material para escribir, hizo que eligieras quedarte?

-En una ocasión le preguntaron algo así a nuestra gran poeta Dulce María Loynaz y ella respondió con contundente simpleza: “No me voy porque yo llegué primero”. Yo también. Soy cubano por los 64 costados, desde mis tatarabuelos al menos, y este es mi país y es mi cultura. Y yo necesito esa realidad para escribir. Si no hubiera sido escritor, quizás hubiera emigrado. Pero soy un escritor, un escritor cubano, un escritor cubano que necesita a Cuba para escribir.

--El impacto que genera en el Clan la lectura de “1984”, de George Orwell, a principios de los años 80, ¿le pasó también al joven Padura, entonces periodista de la revista literaria “El Caimán Barbudo”?

--Es absolutamente biográfico y también generacional. Nos pasó a muchos. Ver, aun en una novela, adónde puede llegar la sociedad perfecta, cerrada, uniforme, nos produjo pavor. Y lo peor es que, todavía hoy, me provoca la misma sensación. Cada vez que se proclama la unanimidad y la obediencia, siento el aliento de 1984.

--Uno de los personajes del Clan, Horacio, repite una frase de Fassbinder: “El miedo devora el alma”. Si como dice Irving, otro miembro del Clan, “cada uno arrastra sus miedos, solo que unos cargan más que otros”, ¿qué miedos tenía el joven Padura? ¿Y cómo aparecen esos miedos en la escritura?

--He pasado por muchos miedos… Voy a recordar algunos… En 1983, cuando me sacan de El Caimán Barbudo, la revista donde había comenzado mi vida laboral, tuve miedo de no poder volver a ser persona en Cuba, como le había pasado a muchos intelectuales en los años 1970. En Angola, cuando estuve como periodista, le tuve mucho miedo a la muerte: era la circunstancia más cercana en que había vivido esa posibilidad. Por años he tenido miedo a la marginación social e intelectual. Y ahora le tengo miedo a la vejez, que para un escritor puede ser un estado lamentable.

--En la novela se recuerda la demolición que significó el llamado “Período Especial” en Cuba. Uno de los miembros del Clan, Clara, ganaba tres dólares al mes, cuando en el mercado negro un pollo costaba un dólar o un dólar cincuenta, según el tamaño. Es decir que Clara, como se plantea en la novela, “ganaba dos pollos al mes”. ¿Cuántos pollos al mes puede comprar hoy un cubano con su salario?

--No puedo sacar la cuenta, menos ahora que se han modificado los salarios y los precios. Lo que sí te puedo decir es que, por años, desde esa década de 1990, la mayoría de los cubanos que ganan un salario del Estado (que aun hoy es el mayor empleador del país), no han podido vivir con su salario. Y eso lo ha reconocido el gobierno. Y esa realidad ha obligado a la gente a practicar muchas estrategias de supervivencia. Por ejemplo: vivir de remesas que envían de Estados Unidos sus familiares “apátridas”. Al vivir de los “gusanos”, muchos de los que se quedaron se convirtieron en “garrapatas”.

--Uno de los personajes femeninos que se fue de Cuba tiene una mirada muy negativa: “Cuba es un país maldito y los cubanos somos su peor maldición. Somos gentes que preferimos odiar y envidiar más que crecer con lo que tenemos”, dice. Si esto es una parte constitutiva de la idiosincrasia cubana, ¿de dónde viene esta maldición, este odio?

--Ese personaje, que es muy complejo, tiene sus razones, visibles y ocultas, para tener esa opinión (y como ella miente mucho, pues se puede dudar de lo que dice). En fin, no se trata de un axioma. Es una reacción personal. No obstante, en Cuba y fuera de Cuba los cubanos han practicado demasiado el odio. Desde el odio de clases, al odio del resentimiento, al odio alentado por la envidia o provocado por ella. Y sería bueno poder superar ese odio para tener un país de todos y para todos. En una época pensé que era posible esa superación. Ya no. O porque se ha enquistado ese odio, o porque es una maldición nacional, una especie de castigo divino.

--Aparece en la novela una crítica del Clan hacia la generación de los padres, hacia una parte de esos padres (el padre de Elisa, por ejemplo) que se decían comunistas íntegros, pero que tenían un accionar público y privado cuestionable. ¿Qué consecuencias tiene ese desencanto generacional?

--La primera consecuencia fue de índole ético. Mientras ese tipo de personas tenía un discurso público, su vida privada iba por otro camino, y eso fue bautizado como “doble moral”, cuando en realidad era no tener ninguna. Luego, el desengaño: prometieron muchas cosas que nunca se lograron y, mientras, exigieron obediencia. Muchos de los hijos de esos personajes hoy viven fuera de Cuba. Son parte de la diáspora que hemos vivido.

--Desde la perspectiva que despliega la novela, parecería que el desencanto se “radicaliza” y los hijos del Clan, los hijos de Clara, no dudan en irse de Cuba, mientras la madre es la única que se queda. Excepto porque no es escritora, se podría decir que entre todos los personajes de la novela, Clara es la que más se parece a Leonardo Padura, ¿no?

--Me identifico mucho con Clara, y también con el personaje de Irving, uno de los que se va de Cuba sin irse por completo de Cuba. Pero Clara es la resistencia, la permanencia, dos actitudes que yo he practicado. No solo porque yo haya llegado primero, sino porque tengo ese fuerte sentido de pertenencia. Como Clara, vivo en la casa donde nací, en el barrio en que nací, y he hecho de mi lugar, mi caracol. Desde aquí me asomo y veo el mundo, y de vez en cuando, salgo a recorrerlo, pero con mi casa a cuestas.

--Hay un tema que aparece a través de la historia de uno de los personajes y es la vergüenza por el origen de uno de los miembros del Clan, cuya madre fue violada, nunca supo quién fue su padre y tuvo una infancia marcada por la marginación y la pobreza. Y su bisabuelo fue un negro esclavo. ¿La esclavitud es negada por una parte de la sociedad cubana?

-Ese es un tema muy complejo, diría que medular de la historia cubana: el papel, la existencia del negro en la conformación del cuerpo nacional. Como en cualquier país del occidente, en Cuba ha habido racismo. Por suerte, desde hace décadas no hay discriminación racial y las manifestaciones de racismo son muy combatidas, pero no han desaparecido, por razones históricas, culturales, psicológicas incluso. Pero la integración del negro a la sociedad cubana es hoy mucho más plena que nunca en nuestra historia, por políticas domésticas y por el mismo peso de la evolución social. Y, entre los más jóvenes creo que casi no es un problema. Ojalá sea así.

--Uno de los personajes, hacia el final de la novela, se pregunta si “es posible la reconciliación nacional luego de tanta ofensa cruzada, de tanto odio acumulado y muy bien preservado”. ¿Qué respuesta podría barajar Leonardo Padura hoy?

--Algo te adelanté… Hoy soy muy pesimista al respecto. Los fundamentalismos parecen ser más fuertes que la racionalidad, incluso que el pragmatismo, y hay cabezas que se dedican a alimentarlo. Y hoy mismo está muy bien alimentado.

--Se anunció que Cuba tendrá una sola moneda de curso legal, el peso cubano (CUP), con una tasa de cambio de 24 unidades por dólar, desde el 1° de enero. ¿Qué ventajas traerá esta unificación a la economía cubana?

--La ventaja de que se unifiquen monedas y tipos de cambio, y eso provocará reacciones hacia el muy deformado y poco eficiente sistema económico cubano, es que a la larga puede ser favorable. La medida era muy esperada, era necesaria, pero hacia la vida cotidiana de los ciudadanos va a ser complicado, y no sé si podrá afectar hasta asfixiarlo al pequeño sector privado... Pero apenas se ha iniciado ese tránsito y sería necesario ver su desarrollo para hablar de efectos permanentes.

--¿Cómo creés que serán las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos a partir de la asunción de Joe Biden el próximo 20 de enero?

--No lo sé, la verdad. Solo creo que no podrán ser peores de lo que han sido en estos cuatro años de Trump. Esperemos a ver…

--¿Estás escribiendo una nueva novela de Mario Conde?

--Sí, es una historia con dos líneas más o menos confluyentes. Una en el presente de 2016, con una investigación policial que realiza Conde, y otra alrededor de 1910, centrada en una figura mítica, Alberto Yarini, el más famoso y polémico proxeneta cubano. Es otro intento de reflexión sobre los destinos y desafíos de la cubanía. Siempre escribo sobre mis obsesiones.

Actividad cultural y disidencia

Más de 300 jóvenes protagonizaron una manifestación frente al Ministerio de Cultura en La Habana, el pasado 27 de noviembre, como reacción al desalojo de miembros del Movimiento San Isidro (MSI) que estaba realizando una huelga de hambre en protesta por la detención del rapero Denís Solís. Esa manifestación, en la que se exigía libertad de expresión y creación, contó con el apoyo de figuras como el músico Silvio Rodríguez. El actor Jorge Perugorría y cineastas como Fernando Pérez y Ernesto Daranas expresaron su respaldo a la necesidad de dialogar. El Movimiento San Isidro, que está integrado por artistas, intelectuales y periodistas alternativos, nació en 2018 para cuestionar el decreto 349, que regula la actividad cultural en Cuba. Entre los integrantes está el escritor y periodista Carlos Manuel Álvarez, el artista Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Castillo, entre otros.

--¿Qué efectos está generando este movimiento en la cultura y la política cubana?

--El Movimiento San Isidro fue una expresión de descontento y disidencia y el grupo que se manifestó el 27 de noviembre frente al Ministerio de Cultura fue una expresión de una necesidad y una inconformidad. Lamentablemente creo que los efectos generados por ambas manifestaciones son los previsibles, los de siempre, al menos hasta ahora. Es como si dialogar fuera ceder y no avanzar. Y lo cierto, creo, es que sin diálogo no hay progreso.

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Sorprendió que Donald Trump incrementara en 78 porciento los sufragios por los republicanos en Los Ángeles y 60 por ciento en Houston .Foto Afp

Para las mentes maniqueas parecería "surrealista" el análisis detallado de la votación del New York Times –rotativo anti-Trump y pro-Soros– de cómo los latinos y asiáticos se volcaron por el aún presidente en "por lo menos 65 por ciento (¡mega-sic!)" de las grandes urbes como Los Ángeles, Chicago, Nueva York, Miami y Filadelfia (https://nyti.ms/2WJl2qq) .

Aquí comenté la exquisita diferenciación del voto "mexicano" entre los dos proyectos secesionistas del Calexit y Texit (https://bit.ly/3aJFhwz) –dos estados de mayoría "mexicana", pese a los malabarismos de la discriminativa Oficina del Censo de EU– cuando nuestros connacionales votaron por el boleto Biden/Harris en forma aplastante en California –donde sorprendió el 30 por ciento que favoreció a Trump–, mientras en Texas, especialmente en sus cuatro fronteras de 2 mil 18 kms. con México (Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas), se volcaron en forma masiva por Trump.

California (55 votos) y Texas (38 votos) son los estados con mayor número de sufragios electorales que definen la presidencia, mucho más que los votos dispersos de mexicanos y "latinos-no mexicanos" en el resto del país.

El abordaje del NYT difiere en cuanto maneja el voto "latino" en general con un enfoque en las grandes urbes, sin considerar la especificidad ponderada en el determinante Colegio Electoral.

La sesgada Oficina del Censo de EU, que aplica dos pesas y dos medidas, coloca en forma aberrante a la aplastante mayoría de los mexicanos, 62 por ciento, dentro del 18.3 por ciento muy discutible rubro de "latinos/hispanos" (https://bit.ly/38BywtY).

Mexicanos y "latinos no-mexicanos" ostentan diferentes historias y migraciones con EU: los primeros son eminentemente "guadalupanos" –mezcla idiosincrática de los cultos de Tonantzin, la diosa del Olimpo azteca, y la católica Virgen de Guadalupe–, mientras que los "latinos no-mexicanos" son "protestantes" en su gran mayoría.

NYT reconoce que pese a la desafección que benefició a Trump, el "total de votos de latinos y asiáticos" favorecieron a Biden, pero no en la misma medida del pasado con los candidatos a la presidencia del Partido Demócrata.

Llama la atención el desempeño de los votantes mexicanos –es decir, la aplastante mayoría de los "latinos"– en Los Ángeles y Houston donde, en el primero "Trump incrementó los votos republicanos en 78 por ciento", mientras que en Houston "Trump ganó 60 por ciento de los votos adicionales, comparado al 7 por ciento (sic) de Biden".

NYT comenta que "Trump se vio especialmente popular entre los votantes de origen cubano" en Florida "quienes tienden a ser más conservadores, incluyendo temas de religión y aborto", aunque "Biden ganó el condado de Miami-Dade con sólo 7 por ciento" de ventaja.

El análisis "urbano" del NYT, un rotativo portavoz de los demócratas, exhibe la vulnerabilidad del Partido Demócrata en atraer el voto de los migrantes, en particular de los "latinos y asiáticos".

Es evidente que por su naturaleza, el voto de migrantes, que van en búsqueda de la fortuna del hoy alicaído "sueño estadunidense", sea más reticente a los clamores "socialistas" de la llamada "ala izquierda" de la coalición demócrata –representada por Bernie Sanders y el “Squad (https://bit.ly/3aKVCkk)”– en una sociedad plutocrática cada vez más desigual.

Un defecto de los análisis electoreros ultra-reduccionistas es que homogeniza el sufragio en un país tan extenso, variado y multicultural como EU que comporta en sus entrañas a "11 naciones", según el clásico libro de Colin Woodard (https://bit.ly/34LtoCx).

A cada quien su prisma analítico, y aquí lo que más me llama la atención es la "mexicanización" del sufragio en el sur fronterizo de EU, primordialmente en sus estados con los dos primeros PIB del país: desde California y Texas, donde, por lo visto, el voto de nuestros connacionales se mimetiza con su ecosistema.

En caso de que no suceda una guerra civil (https://bit.ly/34OrcKu) o una secesión, quizá la futura gobernabilidad de EU pase por una alianza inevitable de los WASP ( White Anglo-Saxon Protestant) y los "mexicanos".

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Miércoles, 25 Noviembre 2020 05:54

El terror del silencio

Concentración contra la violencia machista. David F. Sabadell

Ojalá la violencia de género fuese tan fácil de erradicar como difícil es el 25N para quienes la hemos vivido. La indefensión queda como cicatriz, y me paraliza cuando siento que una sombra me sigue, cuando recibo un mensaje anónimo, cuando noto un velo extraño en los ojos de alguna amiga que no habla mucho de su pareja.

 

Pienso, mientras escucho a R., en lo que aprendí con Pelea de gallos de María Fernanda Ampuero: que el terror se encuentra en lo cotidiano, en las cuatro paredes de algo que un día llamamos hogar. En lo silenciado. Fíjense bien en estas cuatro palabras: el terror del silencio —de lo que pasa y no se oye, o de lo que se ve y no se cuenta—. Y observen cómo se atoran en sus gargantas, cuánto cuesta tragarlas.

R. nació en un país latinoamericano donde la droga corre por las televisiones, los ministerios, los barrios, las escuelas y los comercios. Me cuenta que una vieja amiga, B., tuvo que refugiarse al otro lado del océano porque unos sicarios tenían a toda su familia amenazada. Una de sus hermanas, S., se ennovió con un peligroso narcotraficante, y cuando le abandonó un par de miembros del cártel la mataron a quemarropa, enfrente de su hija que aún estaba echando los dientes de leche. Acto seguido acribillaron a la niña. Y entre las ropas de S. dejaron una nota: “vamos a por el resto de ustedes, uno por uno”.

Ahí está el terror: en un trozo de papel que alguien desliza sobre un cadáver, en unos trazos de tinta (¿rápidos?, ¿toscos?, ¿de qué color?, ¿qué palabras exactas hay escritas?), en dos vidas escapándose a diástoles. R. me describe todo sin escatimar en detalles que no he pedido y que me erizan: la calle a plena luz del día, la camioneta de la que bajaban S. y la niña, el tránsito rugiendo, y revivo la historia como si estuviera pasando bajo mi ventana, pero no oigo nada. Ni balazos horadando el eco de la ciudad ni gritos ni nada que alerte de que la normalidad urbana se ha quebrado.

Entonces, alguien —no un policía, porque la policía no se mete en ajustes de cuentas, y desde luego no otra mujer—se encarga de que desaparezcan S. y su hija de la escena del crimen como desaparecen sus historias, todo lo que una vez significaron, todo lo que fueron. Y no se habla de esto en los diarios locales. Me cuentan los paisanos, sin embargo, que esta es una realidad instalada con la que conviven a diario. Cinco años después de perder a su hermana, en 2020, B. regresa de visita. La estaban esperando. Unos secuaces del narco despechado la matan a ella y a su sobrino —el otro hijo de S., que se había salvado simplemente porque aquella otra vez no quiso salir de casa—, en la calle, de día y del mismo modo: balacera a bocajarro.

Dos semanas después de oír esta historia, mi amiga D., desde España, sube a una red social una foto con una antigua compañera de carrera, otra mujer latinoamericana que regresó a su país de origen. Por lo que escribe sé que A. ha desaparecido de un modo trágico, y que no ha sido un accidente ni una enfermedad. Es otro tipo de tragedia, de esas que algunas presentimos con una claridad salvaje. D. me cuenta por audio de WhatsApp —no se me ocurre un medio más impropio— que a A. la ha envenenado su expareja; y no solo a ella, también a su pequeño de cuatro años. Por el mismo motivo: dejarle y tener un hijo con otro hombre. D. reproduce como puede las palabras de la madre de A., que fue quien se puso en contacto con ella. Pienso en su capacidad sobrehumana para marcar un teléfono y contar qué pasó: no que A. murió, no que A. falleció, sino que a A. y a su pequeño los mataron.

Ojalá la violencia de género fuese tan fácil de erradicar como difícil es el 25N para quienes la hemos vivido. La indefensión queda como cicatriz, y me paraliza cuando siento que una sombra me sigue, cuando recibo un mensaje anónimo, cuando noto un velo extraño en los ojos de alguna amiga que no habla mucho de su pareja.

Me he prometido escribir estas historias por quienes no pueden contarlas. Con iniciales, porque, sí, tengo miedo. Porque día a día atestiguamos amenazas, insultos, acosos, vejaciones, palizas y violaciones; vemos lo que te puede pasar si eres una mujer que se defiende, que comunica, que escribe, que hace arte o activismo, que dice que no, que dice que sí. Que quiere libertad e igualdad. Que reclama lo que es suyo.

Duele mucho lo que nunca verás, veremos, porque nadie querrá ni podrá contarlo o no se atreverá, o no tendrá dónde, o lo contará pero mal, o restándole importancia. Y sobre todo duele el silencio que dejan las que un día dejan de ser un nombre para convertirse en un número de una lista; este silencio que es, de verdad, terrorífico.

Por Rocío Mareno

25 nov 2020 06:00

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Fósiles de pisadas animales en la superficie de Alathar, que se muestra a la derecha. Foto Afp

Las pisadas fueron descubiertas en un antiguo lago situado en lo que ahora es el norte de Arabia Saudita

 

Washington. Información paleoecológica de alta resolución obtenida de huellas fosilizadas, encontradas en un antiguo lecho de lago en el norte de Arabia, reveló que eran pisadas humanas y de animales de hace unos 120 mil años.

En lo que ahora es el norte de Arabia Saudita, un pequeño grupo de Homo sapiens se detuvo para beber y buscar comida en un lago poco profundo que también frecuentaban camellos, búfalos y elefantes más grandes que cualquier especie actual.

Los hallazgos, publicados en Science, representan la evidencia más temprana para los humanos en esta parte del mundo y muestran que sus movimientos y de los animales, así como el uso del paisaje, estaban muy relacionados.

Situada entre África y Eurasia, la península Arábiga es una región importante, pero poco estudiada para comprender la evolución humana en los continentes.

Una investigación reciente que destaca el papel de la península Arábiga en la prehistoria muestra que los humanos se dispersaron de forma repetida en el interior de la península en momentos en que sus desiertos se transformaban en exuberantes praderas. Sin embargo, la naturaleza y el momento de esas dispersiones siguen siendo difíciles de fechar, debido a la escasez de material datable.

Puede que los humanos cazaran a esos grandes mamíferos, pero no se quedaron allí mucho tiempo, y el lago sólo fue una parada en un viaje más largo.

Esa escena ha sido reconstruida por investigadores en un nuevo estudio publicado en Science Advances el miércoles pasado, a raíz del hallazgo de pisadas de humanos y animales en el desierto de Nefud que arrojan luz acerca de los caminos que recorrieron nuestros antepasados al salir de África.

La península Arábiga se caracteriza ahora por extensos y áridos desiertos que habrían sido inhóspitos para los primeros humanos y los animales que cazaban.

Sin embargo, las investigaciones de la pasada década mostraron que esa región no siempre fue así. Debido a variaciones climáticas naturales, tuvo unas condiciones mucho más verdes y húmedas en un periodo conocido como el último interglaciar.

La Arabia de esa época era más similar a las llanuras semiáridas de la actual sabana africana.

El principal autor del estudio, Mathew Stewart, del instituto alemán Max Planck de Ecología Química, señaló que las huellas fueron halladas durante el trabajo de campo de su doctorado realizado en 2017, tras la erosión de sedimentos superficiales en un antiguo lago apodado Alathar (el rastro, en árabe).

Las pisadas son una forma única de prueba fósil, porque aportan instantáneas de un momento, que representan generalmente unas pocas horas o días, información que no solemos obtener de otros registros, explicó.

Las huellas fueron fechadas utilizando una técnica llamada luminiscencia estimulada de forma óptica, que consiste en iluminar granos de cuarzo y medir la cantidad de energía que emiten.

Siete de los centenares de pisadas fueron identificadas como de humanos, incluidas cuatro que, dadas sus orientaciones similares, la distancia que las separaba y su diferencia de tamaño sugieren que eran de dos o tres personas que viajaban juntas.

Movimientos en la pandemia: agricultura urbana, autonomía alimentaria y huida de las ciudades

“La incertidumbre es diferente si estamos organizados y nos apropiamos de nuestros territorios en los barrios”, dicen en las asambleas reunidas en cabildos territoriales en Chile. “Sabemos cuidar la vida, mientras el Estado no tiene la menor idea”. Nueva entrega de la serie Movimientos en la pandemia, elaborada por el periodista y analista Raúl Zibechi.

 

obierno Wampis declara el cierre total de las fronteras territoriales para prevenirse del coronavirus”, destaca el titular del segundo número de Nukumak, definido como Boletín Informativo del Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampis.

El gobierno autónomo, situado en el norte de Perú, se gestó en 2015. Su máxima autoridad es la asamblea de 105 representantes de las comunidades de las diferentes cuencas de los ríos Kanus y Kankaim, en la Amazonia norte, que forman parte de un territorio de un millón de hectáreas y 15.000 habitantes, y está asesorado por un Consejo de Sabios. Cada cuenca cuenta además con una asamblea que es la máxima autoridad de cada zona.

El pamuk o jefe de gobierno, Wrays Pérez, dijo que el sistema estatal de salud no está implementado completamente ni cuenta con la infraestructura necesaria en sus territorios. Una de las primeras realizaciones del Gobierno Autónomo fue la creación del Parlamento wampis “como una instancia de deliberación política propia, así como el Sistema de Justicia wampis”, señala el primer número del Boletín.

En los últimos meses de 2019 se realizaron varios eventos importantes, entre ellos el I Congreso de las Mujeres Wampis y la XIII Cumbre del Gobierno Territorial Autónomo, donde se propuso la formación del Sistema Propio de la Educación Wampis.

Entre los avances más notables, figura la recuperación de conocimientos tradicionales en el manejo de cultivos y especies en proceso de extinción, proyecto liderado por las mujeres; una escuela de formación intercultural para lideres y lideresas; una emisora radial y la formación de periodistas; el desayuno escolar y el manejo de peces de las lagunas naturales.

Pese a la importancia que tiene la autonomía wampis, que se está multiplicando en los territorios amazónicos, quisiera centrarme en lo que viene sucediendo en el mundo urbano, donde van apareciendo alternativas pese a las enormes dificultades que implica construir vida soberana y digna, en las urbes que son el núcleo del poder del capital.

*  *  *

“Promover la agricultura urbana orgánica como estrategia a corto, mediano y largo plazo para enfrentar la hambruna y desarrollar economías regenerativas, revitalizar e impulsar la organización comunitaria”, es la propuesta de un grupo de jóvenes de la Universidad del Cauca que están desbrozando tierras en la zona norte de Popayán, en el barrio La Paz y en la vereda Lame.

Los trabajos comenzaron dos semanas atrás y se van incorporando vecinos que necesitan alimentos. Los terrenos que ocupan en el municipio de Popayán —capital del Cauca con 500 mil habitantes— estaban destinados a campos deportivos, pero acordaron con la Junta de Acción Comunal que la prioridad es conseguir alimentos. A mediano plazo buscarán más espacios para cultivar, en patios, solares, terrazas y cualquier lugar donde las familias puedan comenzar a transitar su autonomía alimentaria.

Doricel Osorio es ingeniera agropecuaria desocupada y una de las ocho que iniciaron el proyecto: “Se están sumando vecinos por pura necesidad”, explica del otro lado del teléfono. Además de superar la emergencia, intentan buscar colectivamente “alternativas al espíritu mendicante y dependiente que el Estado promueve entre los que sufrieron por la violencia o viven en circunstancias de exclusión, injusticia e inequidad social, porque estas situaciones son consecuencias del sistema económico extractivista”.

Esta semana comenzaron a construir una caseta para que funcione como comedor comunitario entre los vecinos que tienen más necesidades. “Nos gustaría que la gente retorne a la tierra, que pueda cultivar en los pequeños espacios urbanos que tenemos, que recuperemos saberes ya que nuestros padres y abuelos fueron agricultores”.

Los pocos recursos con los que cuentan provienen de vecinos solidarios, de algún comercio y de la Cooperativa del Sur del Cauca, cafeteros de la federación de campesinos, que les aporta 30 “mercados”, con lo que pueden sostener a otra tantas familias. “Del Estado nada. Llamamos a unos parlamentarios de la ciudad y nos dijeron que lamentablemente no tienen más dinero….”. Las risas suenan de un lado y otro del teléfono.

Los jóvenes que tomaron esta iniciativa la consideran, además, como una estrategia frente a la cuarentena: “liberarnos” del encierro y manejar las propias normas de distanciamiento social en acuerdo con las y los vecinos que, en general, son la última camada de desplazados de las áreas rurales por la guerra y el modelo de explotación.

En efecto, Popayán ha crecido de forma exponencial en las últimas décadas. En 1983, cuando el terremoto que causó grandes daños y 250 muertos, contaba con 120.000 habitantes. Hoy son alrededor de 500.000, en gran medida por la llegada de campesinos desplazados.

*  *  *

“El pueblo cuida al pueblo. Experiencias de organización de las asambleas territoriales de Valparaíso en tiempo de pandemia”, dicen las locutoras de Radio Placeres. Las personas que hacen este programa buscan interconectar lo que sucede en los “cordones territoriales” y difundir experiencias para que en otros barrios las puedan replicar. “Tratamos de dar cuenta de un proceso de aprendizaje colectivo de las asambleas”, dice la locutora.

En cada programa conectan a dos asambleas, nacidas durante el estallido de noviembre, que relatan sus experiencias bajo el estado de sitio. La Asamblea de Mujeres del Cerro Esperanza explica cómo hacen la identificación y mapeo de las familias que necesitan ayudas en alimentos, que compran directamente a pequeños productores. La Asamblea del Eje Ecuador creó una cooperativa de alimentos y un boletín vecinal cuyo titular reza: “Cuarentena Territorial Combativa”, con su doble versión electrónica y en papel. Crearon además un espacio de reciclaje, porque el municipio colapsó desde el estallido. Algunos vecinos se ofrecen para el cuidado de niñas y niños, otros impulsan el trueque y el apoyo mutuo, tanto para los alimentos como para los servicios.

 “Estamos siguiendo con todos los procesos que ya venían desde el estallido”, explican las asambleas. Como forma de solidaridad, distribuyen dos tipos de canastas: “Una es más cara y con ese precio subvencionamos la otra, porque no todos pueden pagar la totalidad de los productos”. Durante la pandemia están llegando a vecinos que nunca se había acercado a las asambleas. En gran medida, explican en Eje Ecuador, “porque queremos ser horizontales y nos auto-controlamos para no hablar demasiado, para no imponernos a vecinos que vienen por primera vez y tienen cierta desconfianza”.

Las asambleas han hecho de todo: campañas de desinfección colectiva de espacios públicos en Marimonjas, “porque las autoridades no se hacen cargo de cuidar la población y debemos cuidarnos entre nosotras”; compras comunitarias directas a productores en casi todos los barrios; fondos solidarios en la Asamblea El Descanso y la Resistencia; elaboración colectiva y manual de pan en Cerro Cordillera; cuadrillas de seguridad alimentaria en Playa Ancha.

“La incertidumbre es diferente si estamos organizados y nos apropiamos de nuestros territorios en los barrios”, concluyen las asambleas reunidas en cabildos territoriales. “Sabemos cuidar la vida, mientras el Estado no tiene la menor idea”, lanzan desde una de las asambleas que hace cine en la calle para seguir agrupando a los vecinos.

Dos hechos resultan notables. Uno, cómo las asambleas se mantienen y crecen en sus barrios, pese a las enormes dificultades que deben sortear. Dos, que las radios pueden jugar un papel destacado como difusoras y como nexos entre asambleas, cuando ya no pueden realizarse grandes reuniones presenciales. Recuerdo que las radios nasa, en el sur de Colombia, son también ejes de la resistencia en esta coyuntura crítica. Contribuyen a lo que Alberto Maturana denomina como “acoplamiento de conductas”.

*  *  *

La población de Lima está migrando masivamente a los pueblos de la sierra. Comenzaron pequeños grupos, a pie, en coches y camiones. Son tantos que el Estado abrió una página web para anotar a aquellos que quieran salir de Lima. Hasta el 5 de abril se anotaron 167.000 personas, de las cuales sólo fueron trasladadas unas 4.500. Apenas el 3%. Esa es la capacidad de respuesta del Estado.

Es evidente que son muchas más. Imposible saber cuántas, pero encarnan un sentimiento profundo. Huyen del hambre, de dormir en la calle y, sobre todo, de la soledad. “Mi hija y yo estamos pasando hambre en Lima, mientras mi mamá come pescado y verduras en su chacra”, comenta alguien retornando a su pueblo.

Por Raúl Zibechi

7 may 2020 08:58

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El retorno forzado de los migrantes venezolanos 

En un contexto de bloqueo económico, baja del precio del petróleo e hiperinflación

La gestión acertada, junto con la situación sanitaria de varios países de la región y episodios de discriminación, ha impulsado el regreso de 18 mil  venezolanos y se espera que lleguen más.

 

Comienza la séptima semana de cuarentena en Venezuela y la curva de la pandemia se mantiene aplanada: 325 casos confirmados, 137 personas recuperadas y 10 fallecidas. El pronóstico apocalíptico vaticinado por un sector de la oposición y por Estados Unidos no se cumplió, el gobierno ha desplegado una política acertada, en particular si se lo analiza respecto a los países vecinos.

Solo quedan pocas veces que digan lo contrario, y esas voces son de quienes desean y empujan la tragedia como estrategia golpista de acceso al poder político.

La gestión acertada, junto con la situación sanitaria de varios países de la región y episodios de discriminación, ha impulsado el regreso de venezolanos al país. Alrededor de 18 mil han ingresado por tierra por los tres principales estados fronterizos con Colombia, Zulia, Táchira y Apure, y se espera que lleguen más en los próximos días.

El retorno comenzó desde el primer día de la cuarentena y se ha mantenido a diario. Se trata en su gran mayoría de gente de bajos recursos. La respuesta del gobierno ha sido poner en marcha un despliegue médico y logístico para recibir de forma gratuita a quienes regresan, lo que ha fortalecido su imagen.

Así como existe un consenso mayoritario sobre la política anti pandemia, también lo hay acerca del cuadro económico que vuelve a arrojar niveles de preocupación altos con la cuarentena, los precios petroleros que se mantienen bajo, y el bloqueo económico que volvió a escalar.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, prohibió a las cinco grandes empresas petroleras norteamericanas restantes en Venezuela, en particular Chevron, extraer y comerciar petróleo en el país. El gobierno de Donald Trump sumó así otro golpe, articulado a las sanciones a PDVSA, a empresas que comercien crudo venezolano, y la prohibición de envío de gasolina al país.

La combinación de dificultades cotidianas es triple: desabastecimiento de gasolina, aumento del dólar paralelo y el oficial -que aumenta a una velocidad inferior, pero cercana al primero- y el aumento de los precios.

Esta situación generó escenarios de protestas en zonas periféricas del país, centralmente campesinas, pesqueras, mineras, dependientes de la gasolina para su funcionamiento. Si bien la oposición intentó maximizar públicamente la dimensión de las protestas y en algunos casos desencadenarlas, la aparición de estos episodios indicó la existencia de una escalada de las dificultades materiales.

El gobierno decidió tomar medidas ante ese cuadro y anunció la venta supervisada de productos de tres grandes empresas marcadoras de precios de forma especulativa -en particular del oligopolio Empresas Polar- la ocupación por 180 días de un consorcio oleaginoso, y el establecimiento de precios acordados para 27 productos.

Se trató del regreso de medidas que habían sido dejadas de lado durante más de un año, como el anuncio de regular precios. Los últimos tiempos estuvieron marcados por la liberación cambiaria, la restricción de emisión monetaria, y la circulación del dólar que se convirtió en la moneda de marcaje de precios y de uso diario en la calle para muchos sectores.

La oposición se opuso a las medidas, afirmó que volverá el desabastecimiento, al igual que dejó entrever la respuesta de Polar, que declaró que “la medida atenta contra el abastecimiento de alimentos”. El chavismo, por su parte, apoyó la decisión en vista de la impotencia/impunidad ante el aumento de precios.

La duda que atraviesa a muchos es si esta vez se logrará mantener el abastecimiento y los precios acordados, en vista de la imposibilidad de garantizarlo en oportunidades anteriores. La otra gran pregunta: ¿cómo lograr precios accesibles para quienes viven en bolívares?

Esta incertidumbre se asienta en el hecho de que las estructuras de costos de productores y comerciantes son de hecho en dólares, y los precios acordados se relacionan con el dólar oficial. Un aumento del oficial -como ha sido la tendencia- impactaría en los precios en bolívares y se reducirán los ya devaluados ingresos en moneda nacional.

La apuesta de la estrategia norteamericana es que no exista solución, y el conjunto de presiones económicas y de operaciones armadas encubiertas acorralen hasta el punto de generar un quiebre en el ámbito de la dirección civil o militar.

Para eso Elliot Abrams, encargado norteamericano en el plan hacia Venezuela, ha tomado un rol de exposición mediática y actualización de la “propuesta” norteamericana donde, según afirma, lo único no negociable es la salida de Nicolás Maduro del gobierno. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana, repite/promete, puede mantenerse en sus cargos durante el tiempo de transición.

El chavismo se encuentra así ante un escenario a tres tiempos: la pelea contra la pandemia, el bloqueo y crisis económica, y la estrategia de derrocamiento norteamericano en ofensiva. La oposición nacional, y en particular Juan Guaidó, ya casi no tienen incidencia.   

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Daniel Cabrera, colombiano confinado en Myanmar y uno de los líderes de esa comunidad

A raíz de la poca o nula ayuda por parte de la Cancillería de Colombia en solvencia económica, sanitaria o gestión de vuelos humanitarios que traigan de regreso a los colombianos atrapados por el mundo producto de la cuarentena declarada por diversidad de países, un grupo de colombianos con liderazgo, algunos en Colombia y otros atrapados en el extranjero, crearon la comunidad: Quiero regresar a casa, iniciativa independiente no gubernamental. 

Una iniciativa necesaria, toda vez que el gobierno de Iván Duque y la Cancillería, a cargo de Claudia Blum, no han atendido ni resuelto la situación que sufren miles de colombianos y colombianas que están en el limbo territorial y en situación de vulnerabilidad económica, mental, en salud y otros tópicos. Una realidad que desnuda la ausencia de voluntad política de un gobierno que no reacciona ante la demanda de una parte de sus gobernados, los mismos que ven como su situación llega a extremos inmanejables, situación que de así seguir cada día será peor.

Ante estas circunstancias, como evidencia de la energía que los llena y la esperanza que los motiva, los connacionales atrapados por el mundo crearon una alternativa para poder brindar apoyo a los colombianos que están en su misma situación.

desdeabajo entrevistó a Daniel Cabrera, líder de esta comunidad, confinado en Myanmar, quien contó: “Esta es una iniciativa que nace porque muchos colombianos atrapados por el mundo, y que están buscando ayuda, no encuentran una mano amiga por parte del gobierno. No quiero que esto sea una crítica al gobierno porque nadie se esperaba una pandemia pero ya se salió de control. Lamentablemente la respuesta de las embajadas colombianas no ha sido la mejor. Los colombianos nos sentimos en situación de vulnerabilidad, mientras vemos que ciudadanos de países en Europa o Estados Unidos sí tienen respuesta de sus gobiernos”.

¿Cuáles son los objetivos de esta comunidad?

Queremos hacer realidad tres objetivos, importantes e interdependientes: 1) poder regresar a Colombia, es el más importante y primordial de todos, pero para eso necesitamos de los otros objetivos, 2) Unir a los colombianos en el exterior que sufren de xenofobia, no tienen recursos y muchos no hablan el idioma donde están varados; unirnos con los connacionales que están en Colombia y que pueden apoyarlos mientras logramos volver al país. 3) Concentrar y canalizar las comunicaciones de todos, siendo una sola grande y fuerte voz.

¿Cuál es la estrategia para poder realizar esos objetivos?

La estrategia de unir estos dos mundos es lograr identificar los casos más graves que están sobrellevando muchos compatriotas y para eso nos reunimos varios líderes alrededor del mundo. Por ejemplo, si tú estás en Colombia y estás bien, y nos dices: soy abogado y podría ayudar legalmente, soy psicólogo y podría brindar terapias o dentro de mis posibilidades podría ayudar económicamente, entonces ingreso al portal web de: Quiero Regresar A Casa www.quieroregresaracasa.com para encontrar a todos los colombianos atrapados por el mundo en condición de vulnerabilidad y decido a cuál ayudar. Nosotros hacemos el enlace entre las dos personas, somos el canal de comunicación para conectar estos dos mundos.

¿Qué están realizando ahora?

En esta primera etapa estamos recibiendo los registros de muchos colombianos atrapados alrededor del mundo. No hacemos parte del gobierno, simplemente estamos acá para conectarlos con otras personas que los quieran ayudar. Esto es independiente, somos un equipo de personas que estamos detrás de esto, y por medio de la solidaridad y colaboración podemos lograr ayudar a los connacionales atrapados por el mundo, concluyó Daniel Cabrera.

Aparte de sufrir derechos humanos básicos como a la de salud, vida, igualdad, a no sufrir destierro y, por ello, poder regresar a casa cuando se necesita o quiere, se suma que la mayoría de los colombianos atrapados por el mundo están siendo rechazados por ser extranjeros. Como también hay colombianos en su propio país los rechazan y no quieren que vuelvan al territorio nacional pensando que pueden traer el virus covid-19.

Es el momento de unirnos y agrandar los lazos de solidaridad. Que su voz encuentre oídos prestos. Todas y todos somos país. Únase también a la campaña de desdeabajo Primero el ser humano. Para ver más aquí:

https://desdeabajo.info/sociedad/item/39406-lanzada-la-campana-primeroelserhumano.html

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Un grupo de migrantes venezolanos camina hacia la frontera de su país procedentes de Colombia. En vídeo, el éxodo de los migrantes. FOTO: FERNANDO VERGARA (AP) | VÍDEO: REUTERS

El fenómeno, incipiente frente a un éxodo de millones de personas, saca a la luz el debate sobre la atención a los migrantes en Colombia

Una migración masiva, miles de personas sin apenas recursos y los efectos de una pandemia que en todo el mundo golpea con mayor fuerza a los más vulnerables. El cóctel es la premisa de un fenómeno numéricamente incipiente, aunque significativo porque pone de manifiesto el debate sobre la atención a los migrantes venezolanos. Los reportes desde la porosa frontera entre Colombia y Venezuela, cerrada desde mediados de marzo como parte de los esfuerzos para contener el coronavirus, dan cuenta del retorno de más de un millar de personas, aunque según el chavismo son casi 4.000. Decidieron desandar sus pasos y regresar a su país, pues las medidas de aislamiento obligatorio decretadas por el Gobierno de Iván Duque hasta el 26 de abril les impiden ganarse la vida en las ciudades colombianas que los acogían.

Se trata de personas que habían optado por emigrar ante el colapso económico y de servicios que se agravó en Venezuela desde que Nicolás Maduro sucedió a Hugo Chávez, en 2013, y que no pueden ser atendidas por las autoridades colombianas. Al menos medio centenar de buses coordinados por gobernaciones, alcaldías y asociaciones de migrantes los han transportado en la última semana desde distintos lugares como Bucaramanga o Soacha –que colinda con Bogotá– hasta la ciudad de Cúcuta, fronteriza con el Estado Táchira. Incluso desde ciudades tan distantes como Pasto, la capital del departamento de Nariño que limita con Ecuador, en el otro extremo del país. Este jueves más de 300 migrantes fueron retenidos a la salida de la capital, que como el resto del país se encuentra en estricto régimen de confinamiento. En varias carreteras colombianas se observan grupos de caminantes, decididos a hacer a pie y autostop el largo trayecto hasta la frontera.

El número de retornados, que de momento es muy contenido frente a las abrumadoras cifras del éxodo venezolano, se enfrenta a un aumento si la comunidad internacional no incrementa su financiación para apoyar la respuesta del Gobierno colombiano ante la crisis sanitaria, ha advertido el Consejo Noruego para Refugiados (NRC). “Es algo que no hemos visto antes. Por supuesto, hay muchos más venezolanos que se quedan. No conocemos los números precisos”, explica a este periódico Dominika Arseniuk, directora del NRC en Colombia. Además de los siete cruces oficiales, a lo largo de la frontera de más de 2.200 kilómetros abundan los pasos ilegales conocidos como trochas. “Para muchos venezolanos no es seguro volver. La situación en Venezuela no ha cambiado y sigue empeorando. Entonces nosotros esperamos que los venezolanos que han venido a Colombia puedan quedarse, pero para esto necesitamos ayudarles a sobrevivir este periodo muy difícil para ellos”.

Colombia es por mucho el principal destino de una diáspora de casi cinco millones de venezolanos que huyeron de su país. Los que ahora retornan son una muy pequeña porción de los radicados en el país vecino, más de 1.825.000 hasta el 29 de febrero según los datos difundidos por Migración Colombia. En la última semana se abrió un corredor humanitario para cerca de 2.000 retornados, una cifra que palidece incluso frente a los más de 30.000 que pudieron regresar en los días siguientes al cierre de la frontera el pasado 14 de marzo, o a los más de 50.000 que cruzaban cada día la línea limítrofe antes de la pandemia.

Sin embargo, la emergencia sanitaria y las consecuentes medidas de aislamiento obligatorio han sacado a la luz el espinoso asunto de la atención a los venezolanos en Colombia. La prensa ha registrado la expulsión de familias migrantes de pensiones que no pueden pagar en plena cuarentena nacional. Muchos de los venezolanos afincados en Colombia forman parte de las franjas más vulnerables de la sociedad, y cerca de nueve de cada diez alimenta las filas de la informalidad. “Muchos ya han vuelto, muchos quieren volver y muchos que se quedan en Colombia también se han encontrado en situación de calle”, resume Arseniuk. Pese al gran esfuerzo de Colombia, algunos incluso regresaron a su país quejándose de malos tratos recibidos. Dentro de Venezuela, la noticia ha sido recibida con cierta incomodidad ante la posibilidad de que estén infectados, aunque el aparato chavista intenta sacar rédito político del fenómeno.

Política de acogida

Bajo una enorme presión, Colombia ha mantenido una política de acogida y flexibilidad migratoria elogiada internacionalmente, y busca continuarla pese a la contingencia de la Covid-19. A pesar de esos esfuerzos, los recursos con insuficientes. El Gobierno ha pedido con insistencia mayor cooperación de los organismos multilaterales. Lanzado en noviembre de 2019, el plan de ayuda regional de la ONU para responder a una inédita crisis migratoria que precede al coronavirus ha recibido apenas el 3% de los fondos solicitados.

“Ha sido una situación que ha puesto a prueba nuestras capacidades, aun así, se ha logrado responder frente a las circunstancias. Hace falta mucho, pero el compromiso del Gobierno por acoger e integrar a los migrantes no desfallece”, ha dicho Felipe Muñoz, gerente presidencial para la frontera. Su despacho coordina ahora mismo diversas acciones como la entrega de 200.000 bolsas de alimentos en 40 municipios del país para población migrante o reforzar –con el acompañamiento de Acnur– la capacidad del hospital de Maicao, otra de las poblaciones fronterizas más impactadas.

En tiempos de crisis, el origen de los fondos para ayudarlos con alimentación o auxilios de arrendamientos se ha convertido en un punto de fricción entre el Ejecutivo de Duque y algunos mandatarios locales. La reciente “peregrinación”, como la llamaron las autoridades en Cúcuta, capital del departamento de Norte de Santander, fue desordenada. Allí temen que cualquier embudo de personas en la frontera, justo en medio de las medidas de aislamiento obligatorio, sería el peor escenario posible y un potencial foco de contagio.

Colombia tiene hasta este viernes casi 2.500 casos confirmados de coronavirus y contabilizó 80 muertes. Venezuela reporta oficialmente 175, con 9 fallecidos. Muchos de estos emigrantes viven de lo que producen diariamente. Desesperados ante los problemas económicos y episodios de xenofobia, sin estatus legal, han decidido regresar como llegaron, tres años atrás. Sin lujos y, a menudo, caminando. Después de haber contemplado en silencio la brutal diáspora de personas que abandonó Venezuela por los pasos fronterizos con Colombia a partir de 2016 –rumbo también a Ecuador, Perú y Chile–, la jerarquía chavista ha reseñado con alborozo, aunque con cierta discreción, el retorno de estos días. Regresan a un país quebrado económicamente, metido en un conflicto político interminable y con una infraestructura sanitaria en ruinas.

Tan pronto cruzan la frontera, los retornados son recibidos por efectivos militares para ser interrogados. El canciller, Jorge Arreaza, informó a través de Twitter: “Estamos registrando y coordinando el regreso de miles de compatriotas desde Colombia. Todos son evaluados clínicamente y se les realizan pruebas de despistaje del coronavirus. Muchos están de tránsito, rumbo a los puestos fronterizos”. Esta semana el chavismo colocó una etiqueta en las redes cuyo llamado era “Bienvenidos a casa” para colocar en relieve esta inusual circunstancia.

Freddy Bernal, miembro de la dirección nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela, que actúa como “protector” del Estado fronterizo de Táchira –un cargo al margen de la Constitución que tiene en sus manos todo el poder político del cual carece la actual gobernadora electa, militante de la oposición– declaró que “a todos los venezolanos que por alguna circunstancia deciden volver a su patria, aquí en casa les estamos esperando”. “Con disciplina y consciencia les invitamos a cumplir las medidas sanitarias recomendadas (…) No están solos, su patria venezolana, presidida por Nicolás Maduro, está lista para recibirlos con amor y darles atención y abrigo”, insistió. Declaraciones similares han hecho en estos días miembros de las Fuerzas Armadas. En un intento por contrarrestar los devastadores efectos para la reputación del Gobierno de un éxodo sin precedentes, Maduro ya había comenzado a organizar el plan ”Vuelta a la Patria” que ha hecho retornar, en avión, unas 10.000 personas.

Bogotá / Caracas - 11 abr 2020 - 19:21 COT

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