¿Trump busca comprar Groenlandia para contener a Rusia y a China en el Ártico?

ANTECEDENTES: Desde hace 12 años sigo la geopolítica del Ártico donde Rusia y China han sembrado a EU: "La nueva guerra gélida por los hidrocarburos del Ártico" (https://bit.ly/308c3PH); "Rusia nacionaliza las aguas profundas del Ártico" (https://bit.ly/2NdAojo); "Rusia y China, juntos a la conquista del Ártico" (https://bit.ly/2YYbmMq); "La Ruta de la Seda polar de China: un país casi ártico" (https://bit.ly/2L4TQwj ); "Rusia y China impulsan la Ruta de la Seda del Ártico y siembran a EU" (https://bit.ly/2KFIT5h).

Recientemente abordé que "Rusia se posiciona en el Ártico con apoyo de China y la hostilidad de Estados Unidos y el Reino Unido" (https://bit.ly/2DLeL4w) y "EU niega el cambio climático y exaspera al Consejo del Ártico en la reunión de Finlandia" (https://bit.ly/2Yu8Cl0).

HECHOS: No es ninguna "broma", como se han burlado los políticos en el reino de Dinamarca, la oferta inmobiliaria de Trump para comprar Groenlandia.

The Wall Street Journal ( WSJ), muy cercano a Trump, reveló el interés del presidente por el "autónomo" territorio de más de 2.16 millones de kilómetros cuadrados (un poco más que México) con 56 mil habitantes nativos inuit, estratégicamente situado entre el Nor-Atlántico y el Ártico (https://on.wsj.com/31GW5wa).

WSJ comenta que Trump contempla a Groenlandia, de enorme "relevancia geopolítica", como pieza importante para los "intereses de seguridad nacional de EU" y con quien poseen un tratado añejo de defensa, extensivo a Dinamarca (miembro de la OTAN), donde destaca la base aérea Thule (desde 1952), donde espían a Rusia con sus radares.

EU busca descarrilar los esfuerzos chinos para tener un pie económico en Groenlandia, donde el Pentágono "bloqueó a China para financiar tres aeropuertos en la mayor isla del planeta".

No es la primera vez que EU "compra" territorios, cuando no los obtiene por la fuerza militar ( v. gr. con México, a quien le arrancó más de la mitad de su territorio en el siglo XIX): Louisiana (con 15 estados, comprada a Napoleón en 1803 por Thomas Jefferson), Alaska (comprada en 1867 a Rusia) y las Islas Vírgenes (vendidas, por cierto, por Dinamarca en 1916).

La motivación de Trump, según WSJ, radica en su deseo de tener "una adquisición tipo Alaska para su legado".

Trump se mueve en el linaje de Andrew Johnson y Truman quien en 1946 intentó comprar Groenlandia que ya había sido objeto de la codicia de EU desde 1867.

Más allá de las consabidas perogrulladas sobre los recursos primarios de Groenlandia –minerales de tierras raras, oro, carbón, zinc, cobre, hierro, uranio, diamantes, gas, petróleo, depósitos de pescados, "el agua más pura", etcétera–, Trump usa su "compra" para contrarrestar el nuevo dominio del binomio de Rusia y China en el super estratégico polo Ártico que con el cambio climático se transformará en una de las principales Tres Rutas de la Seda.

El legislador del Partido Republicano, Mike Gallagher, reclamó que se trata de "una jugada geopolítica inteligente" y recalcó que "EU tiene un irresistible (sic) interés estratégico en Groenlandia" (https://bit.ly/2KPhXyN).

The Economist aduce que su valor estratégico consiste en “controlar un vital punto de estrangulamiento ( choke point) marítimo”: el “corredor entre Groenlandia, Islandia y Gran Bretaña, conocido como la "brecha GIUK" que fue un importante conducto para los submarinos rusos que entraban al Átlántico durante la guerra fría”, donde ahora la "Flota Norte de Rusia ha incrementado 10 veces su patrullaje submarino" (https://econ.st/2YXingf).

CONCLUSIÓN: En medio de alarmantes sucesos en el Gran Tablero del Ajedrez Mundial contra China –guerra comercial de EU; anexión de Cachemira por India; venta de armas de EU a Taiwán; estímulo por Gran Bretaña a la secesión en Hong Kong (https://bit.ly/2HcfJZ9) etcétera–, la temeraria jugada estratégica de Trump es susceptible de provocar a Rusia, lo cual desembocaría en la militarización de la región del Ártico.

Los políticos daneses afirman que Groenlandia "no está en venta". Lo peor es que quizá no sepan que Trump va a arrebatar y/o "liberar" Groenlandia al estilo antimexicano del siglo XIX.

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Lunes, 12 Agosto 2019 05:57

Los señores de la guerra

John Bolton, asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, y Biniamin Netaniahu (derecha), primer ministro israelí, durante la visita del primero a Israel en agosto de 2018 / Foto: Afp, Pool, Sebastian Scheiner

En la búsqueda de un enemigo común con el que unificar a sus seguidores, la Casa Blanca acompaña su promoción de la xenofobia dentro de Estados Unidos con una política exterior cada vez más agresiva. A cargo de esta última tendencia está un grupo de creyentes en el “destino manifiesto” que, tras instigar la guerra de Irak en 2003, hoy impulsan las sanciones contra Venezuela y sueñan con una invasión a Irán.

 

El martes 6, durante la llamada Conferencia por la Democracia en Venezuela, realizada en Lima, John Bolton, asesor en seguridad nacional y uno de los hombres más escuchados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, repitió una de sus frases más habituales de los últimos tiempos: “El tiempo del diálogo ya pasó, ha llegado el momento de pasar a la acción”. La utilizó para anunciar un bloqueo a los bienes del gobierno venezolano y la amenaza de sanciones a cualquier empresa internacional que comercie con Caracas. Meses atrás la había empleado para barajar abiertamente la posibilidad de una intervención militar contra Venezuela, y antes y después para alentar una guerra contra Irán. Bolton es, junto al vice Mike Pence, el canciller Mike Pompeo, el secretario de Defensa Patrick Shanahan, y, fuera del gabinete de gobierno, figuras como los senadores Marco Rubio y Tom Cotton y el ex alcalde de Nueva York y abogado presidencial Rudy Giuliani, parte de los superhalcones que marcan la política exterior washingtoniana.

Con una tradición de duro entre los duros en todo puesto que haya ocupado (en el Departamento de Estado, en el Departamento de Justicia, en la Usaid, como embajador ante la Onu), el septuagenario hombre de los bigotes tan raros para la usanza local es uno de esos conservadores de pura cepa que cree en el “destino manifiesto” de Estados Unidos. Es también un convencido de que la “primera potencia mundialno puede esperar a que un conflicto estalle para involucrarse en él y correr el riesgo de hacerlo de manera tardía, sino que debe estar en el origen de conflictos preventivos que le permitan reafirmar permanentemente su poder”, según dijo años atrás en una de sus (muy bien pagas) columnas en el muy derechista canal Fox News, propiedad del multimillonario Rupert Murdoch, íntimo amigo de Donald Trump. Cuando ejerció como subsecretario de Estado, entre 2001 y 2005, bajo el gobierno de George W Bush, Bolton fue quien armó el retiro de Estados Unidos de la Corte Penal Internacional, con el argumento de que los soldados y gobernantes de “la primera potencia mundial” no pueden ser sometidos a control externo alguno por sus actuaciones en defensa del “mundo libre”. En el mismo período, estuvo entre los principales promotores de la invasión a Irak de 2003, y a él se le atribuye la política de fake news que la justificó, como el invento de la posesión de armas de destrucción masiva por el régimen de Sadam Hussein. Cuando, entre 2005 y 2006, fue embajador del gobierno de Bush ante la Onu (una paradoja tratándose de una “institución despreciable”, como la calificó, y de un defensor ardiente del unilateralismo estadounidense) promovió la aplicación de sanciones internacionales cada vez más duras contra Irán, Corea del Norte y Venezuela. Ya manejaba entonces Bolton la posibilidad de una intervención militar contra Teherán, una alternativa que con los años fue alentando con menos tapujos. En 2015 le propuso a Barack Obama que Estados Unidos bombardeara las instalaciones nucleares iraníes. Obama no lo escuchó y poco después su administración fue parte del acuerdo internacional a seis sobre el programa atómico de la república islámica, que Trump denunciaría en mayo de 2018, ya con Bolton incorporado al gobierno. Como otros halcones republicanos, Bolton está obsesionado con provocar un “cambio de régimen” en Irán antes del cierre de 2019, año del 40 aniversario de la caída del sha y de la “imperdonable afrenta” que significó para Estados Unidos la toma de su embajada en Teherán. Cuando en febrero pasado las autoridades de Irán conmemoraban la revolución de 1979, Bolton subió un video a la cuenta de Twitter de la Casa Blanca en el que amenazaba al gobierno de ese país: “No creo que lleguen a festejar otro aniversario”, les advertía.

SIMILITUDES. En mayo pasado, el New York Times reveló, basándose en fuentes del Pentágono, que durante una reunión de los principales asesores de seguridad de Trump, tanto Bolton como el entonces subsecretario de Defensa, Shanahan, defendieron el envío a Oriente Medio de “120 mil militares”, una cifra que se acerca mucho a la del contingente que invadió Irak 15 años atrás. Hay muchas similitudes entre aquella intervención y este proyecto de intervención, escribió en 2018 Peter Beinart, profesor de periodismo en la City University de Nueva York. “En los dos casos –apuntó en The Atlantic–, los dirigentes estadounidenses temían que un ex aliado en Oriente Medio se liberara de las cadenas que lo atenazaban. En los dos casos, esos dirigentes defendían una política más agresiva, apoyada en declaraciones que intentaban meter miedo sobre los programas nucleares del régimen en cuestión. En los dos casos, los inspectores internacionales contradecían esas declaraciones alarmistas. En los dos casos, los aliados europeos de Estados Unidos defendían a los inspectores y advertían sobre el caos que una política agresiva podría generar. En los dos casos, los halcones de Israel respondían desacreditando a las inspecciones. En los dos casos, los dirigentes actuantes eran Biniamin Netaniahu y John Bolton” (8-V-18). Año y pico después, el cuadro y los actores principales se repiten como un calco.

La perspectiva de un ataque a Irán, promovida también por el secretario de Estado, Mike Pompeo (“hay que lanzar 2 mil bombas” sobre Teherán, dijo tiempo atrás), fue justificada en las semanas pasadas por los incidentes entre fuerzas navales iraníes y petroleros estadounidenses y “aliados” en el estrecho de Ormuz y por el derribo de un dron estadounidense en el cielo iraní (“¿Qué tenía que hacer un dron estadounidense allá lejos? ¿Qué hubiera hecho Estados Unidos si un dron iraní sobrevolara nuestro cielo?”, se preguntó el senador demócrata –y socialista– Bernie Sanders), así como por “el desarrollo vertiginoso” (palabras de Bolton) del programa nuclear iraní. “El gobierno de Trump miente como ningún otro (…). El propio Bolton ha sido acusado en el pasado de falsificar informaciones de inteligencia para justificar acciones contra Irak y Cuba. La manera en que utiliza ahora la amenaza iraní recuerda (…) los episodios previos a la guerra de Irak”, escribió a su vez Max Boot, un neoconservador que en su momento defendió la intervención en Bagdad y es hoy uno de los editorialistas de derecha más críticos de la política agresiva de Estados Unidos (The Washington Post, 7-V-19).

A LA FUERZA. Bolton es también partidario de “liquidar” al gobierno norcoreano, un objetivo que el extraño idilio que mantiene Trump con Kim Jong-un ha por el momento postergado. Y tiene por supuesto a Cuba y a Venezuela entre ceja y ceja. Ha sido uno de los apoyos más constantes del opositor venezolano Juan Guaidó y uno de los primeros en lanzar la idea de una intervención militar “contra la dictadura de Maduro”. Venezuela “tiene el petróleo que necesitamos”, habría afirmado durante una reunión en la Casa Blanca. Andrew McCabe, ex número dos del Fbi despedido por Trump, cuenta en su reciente libro The Threat, publicado en febrero de este año, que el presidente formuló declaraciones similares en 2017. Venezuela –dijo Trump según McCabe– “es el país con el quedeberíamos estar en guerra. Tiene todo ese petróleo y están en nuestra puerta trasera”.

En la reunión de Lima de esta semana, Bolton estuvo acompañado, entre otros, por Elliott Abrams, el enviado de Trump para Venezuela. Diplomático de carrera desde hace cuatro décadas, Abrams participó en “muchos de los actos más horrorosos de Estados Unidos” en ese período, señaló la publicación digital The Intercept (1-II-19). Encubrió, por ejemplo, la masacre de El Mozote, en El Salvador, en 1981, en la que fuerzas militares entrenadas y financiadas por Estados Unidos asesinaron a unos 1.200 indígenas acusados de colaborar con la guerrilla, entre ellos unas 500 mujeres y niños. Fue también un protector del general y masacrador guatemalteco ya fallecido Efraín Ríos Montt, y un promotor, desde los primeros años ochenta, época del sandinismo “originario”, de una invasión a Nicaragua. En 2002 estuvo entre los autores intelectuales del golpe de Estado contra Hugo Chávez. Y es un mentiroso consuetudinario. En 1991, no tuvo problema alguno en admitir ante el Congreso que había ocultado información al declarar sobre el caso Irán-contras.

***

Poco después de haberlo designado asesor en seguridad, Donald Trump dijo de John Bolton, casi bromeando: “Algún día me llevará a hacer una guerra”. Por ese camino va el gobierno, afirma Max Boot, para quien es muy probable que Bolton y acólitos acentúen las provocaciones a sus enemigos (llámense Irán, Venezuela, Cuba) para desatar un conflicto. Lo único que entienden como estrategia diplomática es “la relación de fuerzas”,dice.Ni siquiera piensan en el día después, en lo que vendrá tras las guerras, más allá de los beneficios inmediatos que Estados Unidos, sus empresas y sus aliados más carnales (Israel o Arabia Saudita, para el caso de Oriente Medio) puedan obtener. ¿Qué pasaría a mediano plazo en Irán si la república islámica cayera?, se pregunta por ejemplo la investigadora Suzanne Maloney. Los precedentes de Irak y Libia, donde el caos que siguió al derrocamiento sangriento de los gobiernos respectivos se volvió incluso contra los propios occidentales, no son muy alentadores, concluye esta especialista en Irán en la Brookings Institution (Mediapart, 11-V-18).

Ilhan Omar, una de las cuatro legisladoras demócratas “rebeldes” a las que Trump invitó hace algunas semanas a “volver a su país” (ella nació en Somalia), dijo tiempo atrás que está en el Adn imperial de buena parte de los dirigentes estadounidenses intentar derrocar a gobiernos que no les son afines. Al interrogar en el Congreso a Elliot Abrams sobre la política hacia Venezuela, en febrero, Omar le preguntó: “¿Apoyaría a una facción armada en Venezuela que cometa crímenes de guerra, de lesa humanidad o genocidio si cree que beneficia los intereses de Estados Unidos, como hizo con Guatemala, El Salvador o Nicaragua?”. “No voy a responder a esa pregunta”, contestó el funcionario.

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Donald Trump felicita a Mark Esper, nuevo secretario de Defensa de EE.UU. / LEAH MILLIS (REUTERS)

«Si vis pacem, para bellum», con este lema, un discurso bélico y en medio del aumento de la tensión en el Golfo Pérsico, el halcón Mark Esper será la guinda puesta en el ya inquietante gabinete de Donald Trump. Agente directo del complejo militar-industrial, Esper, ex vicepresidente de Raytheon, una de las principales empresas de armas de EEUU, sustituye a Patrick Shanahan, un ejecutivo de la fabricante de aviones y misiles Boeing, en el Pentágono.

Mark Esper, un veterano de la primera guerra de EE.UU. contra Irak en 1991, trabajó durante siete años como secretario de las Fuerzas Armadas del Pentágono, haciendo de “persona influyente” para Raytheon (fabricante del sistema de misiles Patriot, y de los motores del avión de combate F-35, el programa de armas más caro del Pentágono), y conoció al exjefe de la CIA y el actual secretario de Estado, Mark Pompeo, en la Academia Militar. El compañero de Esper en Raytheon, Charles Faulkner, “incrustado” en el Departamento de Estado, fue obligado el mes pasado a dimitir por elaborar un plan que benefició con miles de millones de dólares a esta firma: aceleró la venta de bombas guiadas por láser Paveway a Arabia Saudí (los mismo utilizados para atacar a la nación yemení), eludiendo el control del Congreso. El lema de Raytheon es “El éxito del cliente es nuestra misión”, aunque sus clientes mucho éxito que digamos no han tenido en Yemen. Bajo el pretexto del “aumento de la tensión con Irán”, los hombres de esta compañía gestionaron la venta de un paquete de armas a los jeques saudíes y emiratíes por el valor de 8.000 millones de dólares.

Por cierto, a Esper le sustituye como secretario del Ejército Ryan McCarthy, un “comercial” del Lockheed Martin, la principal empresa de armas del planeta, que recibe hasta 50.000 millones de dólares en contratos gubernamentales.

La clave: puerta giratoria

Pasan seis décadas desde que el presidente Dwight D. Eisenhower advirtiera de la “influencia indebida” de un monstruo llamado “complejo militar-industrial” que estaba atrapando las instituciones civiles de EEUU. El propio Donald Trump, en una entrevista con Fox News del 20 de mayo, le señaló como la fuerza que impide la salida de las tropas de Siria porque “quiere guerra”. Su insaciable sed de ganar dinero vendiendo armas es uno de los principales motivos de la actual guerra de EEUU contra Irán.

Ahora, un Esper ascendido al puesto más alto de la Administración podrá decidir qué armas y a quién comprar, sobre qué nación descargar las viejas y sobre qué escuelas, bodas y funerales probar el impacto de las nuevas.

No se trata de “trabajadores” que deben pagar sus facturas , mantener a su familia y que simplemente ejecutan las órdenes de los políticos belicistas (banalizando el mal), sino del sector más criminal de la burguesía que aumenta su fortuna, controlando la política exterior del país, y lo hace a través de dos principales métodos: 1) invertir en las campañas electorales de los candidatos al Parlamento y a la Presidencia de EEUU, comprándolos; y 2) utilizar la puerta giratoria: colocar en el Pentágono a sus ejecutivos y contratar a los militares de alto rango parar dirigir sus compañías. Veamos: la secretaria de la Fuerza Aérea, Heather Wilson, fue consultora de Lockheed Martin; la subsecretaria de Defensa para Adquisición y Sostenimiento de armas (USD- A&S), Ellen Lord, fue directora ejecutiva de Textron Systems, un conglomerado industrial de aeronáutica, seguridad y tecnologías avanzadas; el jefe de personal del Consejo de Seguridad Nacional, el teniente Keith Kellogg, fue empleado de varias compañías militares y de inteligencia; o John Rood, subsecretario de Defensa, ha trabajado para Lockheed Martin y Raytheon.

Según The Project on Government Oversight (el Proyecto de Supervisión del Gobierno, POGO), solo en 2018, 645 funcionarios de alto rango trabajaron en la dirección de uno de los veinte principales contratistas militares: una pequeña pista de quién realmente dirige la política exterior del país más armado del mundo, y de por qué Trump ha eliminado la diplomacia de su Gobierno .

La línea de Esper

Para el nuevo secretario de Defensa, el principal desafío de la superpotencia occidental es contener a China y Rusia, y su receta es:

  1. a) Modernizar el Ejército y prepararlo para las futuras guerras cercanas contra dichas potencias, invirtiendo más dinero en el equipamiento de las Fuerzas Armadas, y aumentar el número de soldados por encima de 500.000.
  2. b) Construir armas específicas -como una artillería de precisión de gran alcance- para el «conflicto de alta intensidad» que sucederá con China y Rusia. Dice con razón el director de planificación de programas de Secure World Foundation, Brian Weeden, que EEUU se está preparando para un conflicto armado con China en lugar de evitarlo.

Y, para disipar la preocupación de los neocon antiiraní respecto a sus prioridades, propone defender con contundencia los intereses de EEUU en el Golfo Pérsico. El primer paso será formar una coalición con los aliados para “mantener la libertad de navegación alrededor del estrecho de Ormuz” militarizándolo, mientras su país impide ilegalmente la libre circulación de las petroleras iraníes. El propósito del ministro de «evitar la guerra con Irán» pasa por matarlo de hambre impidiendo que venda su petróleo. Al contrario de Mike Pompeo, Esper cree que no se puede utilizar la Ley Antiterrorista AUMF para atacar a Irán, siendo este un Estado –que no un grupo terrorista–, pero recalca que el presidente tiene derecho a “defenderse” contra un ataque iraní, sin la autorización del Congreso .

Para “derrotar la insurgencia”en Irak y Afganistán, propone renovar los vehículos militares y fabricar aeronaves especiales “adaptados” a dichos conflictos, para que esta carnicería que su país y sus aliados han montado allí perdure más años y sea más rentable en término monetarios.

Esper tendrá más desafíos como: ¿recuperar la alianza con Turquía o seguir con el proyecto de “ un estado kurdo ” desmantelando Irak y Siria? ¿Enviar tropas a Libia para expulsar a Turquía y Qatar, uniéndose a Rusia? ¿Qué más hacer para provocar caos en Venezuela ?, entre otros tantos. «Con el Ejército involucrado en más de 140 países de todo el mundo… nuestra preparación debe ser nuestra máxima prioridad»: a Ester le va un estado de guerra permanente, y Trump ha pedido al Congreso un aumento del 13% en el presupuesto militar para el ya astronómico de 700.000 millones de dólares.

Las compañías de armas han tenido un decisivo papel para que hoy no haya un movimiento global antimilitarista . La red Put People Over the Pentagon (Dar prioridad al pueblo por encima del Pentágono) ha reunido a una veintena de organizaciones progresistas para presionar a los candidatos presidenciales para que eliminen 200.000 millones de dólares del presupuesto de este Departamento. ¡Mucha suerte!

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Francia sueña con soldados voladores para su ejército

El campeón del mundo de jet-ski francés Franky Zapata fue el encargado de dar este domingo un impresionante espectáculo con motivo del desfile del 14 de julio al sobrevolar, en su plataforma volante y con un fusil en la mano, los Campos Elíseos de París.

 

Este artefacto, llamado Flyboard e inventado por el propio Zapata, está propulsado por cinco turboreactores de aire que permiten despegar y avanzar a hasta 190 km/h, con una autonomía de unos diez minutos. El Ejército francés se interesó en este diseño y está financiando su desarrollo para darle un uso militar.

Este aparato «permitirá probar diferentes usos, como por ejemplo, una plataforma logística volante o bien una plataforma de asalto» para los militares, había comentado poco antes la ministra del Ejército Florence Parly en la radio France Inter.

Zapata recibió financiamiento del gobierno de Francia por 1,3 millones de euros (casi 1,5 millones de dólares) para invertir y mejorar su invención ante la perspectiva de un posible uso militar.

El próximo 25 de julio, planea reescribir la hazaña de Louis Blériot, 110 años después, cruzando el Canal de la Mancha. Para este intento será necesario, por primera vez, repostar en vuelo.

Flyboard fue la apuesta militar francesa para celebrar la Fiesta Nacional, en la que no solo se incluyó la plataforma voladora sino también drones y robots, que mostraron las últimas tecnologías disponibles para las tropas.

Al igual que en otras ocasiones, la oportunidad fue la ideal para mostrar el poderío militar francés y parte de su armamento más novedoso.

En la Fiesta Nacional de Francia se recuerda el 14 de julio de 1789, cuando revolucionarios asaltaron y tomaron la fortaleza de la Bastilla, prisión y símbolo del poder real en el país, en un evento clave de lo que fue llamado la Revolución Francesa.

Este domingo, 230 años después de aquellos hechos que llevarían a la creación de la República Francesa, en las calles parisinas pudo observarse a diferentes sistemas de armas tradicionales y vanguardistas.

Los soldados franceses se mostraron con fusiles anti-drones DroneGun Tactical de la empresa australiana DroneShield, un arma con la capacidad de forzar el aterrizaje de vehículos no tripulados a un alcance máximo de dos kilómetros, al anular a su operador el control del aparato.

Domingo, 14 Julio 2019 06:10

Francia entra en la defensa espacial

Francia entra en la defensa espacial

El presidente Macron anuncia la creación de un “gran comando del espacio” integrado al Ejército del Aire

 

 

 Francia siempre ha defendido su condición de potencia militar —acaba de presentar con toda pompa su nuevo submarino nuclear de última generación— y está dispuesta a demostrarlo incluso más allá de la Tierra. El presidente, Emmanuel Macron, ha anunciado este sábado la próxima creación de un “gran comando del espacio” en el Ejército del Aire, que pasará a llamarse “del Aire y del Espacio”. Su objetivo: defender los intereses galos incluso más allá de la exosfera.

“Para garantizar el desarrollo y refuerzo de nuestras capacidades espaciales, el próximo septiembre se creará un gran comando del espacio”, reveló Macron en su tradicional discurso ante las Fuerzas Armadas, en vísperas de la fiesta nacional del 14 de julio, marcada por un gran desfile militar en París. Con este comando, “reforzaremos nuestro conocimiento de la situación espacial, protegeremos mejor nuestros satélites, incluso de una manera activa”, avanzó.

Es difícil valorar si con este paso Macron quiere emular a Estados Unidos, cuyo Gobierno ha anunciado la creación, para el año que viene, de una Fuerza Espacial, la sexta rama de sus Fuerzas Armadas. De hecho, por el momento no se conoce siquiera el presupuesto que estará dedicado a este proyecto. En su momento “se decidirán nuevas inversiones indispensables”, se limitó a decir el mandatario galo. En cualquier caso, el razonamiento francés no parece tan distinto del norteamericano: la convicción de que, como ha declarado Washington, el espacio es “el próximo campo de batalla”.

“Igual que en tierra, en mar, en el aire y el ciberespacio, el espacio exoatmosférico se ha convertido en el teatro de rivalidades de las grandes potencias. Y está convirtiéndose en su campo de operaciones”, advirtió en un discurso en septiembre del año pasado la ministra de Defensa, Florence Parly, de quien ha partido la idea de este comando espacial ahora oficializado.

En este sentido, contó el incidente que vivió en 2017 el satélite franco-italiano Athena-Fidus, que permite las comunicaciones militares seguras, con otro ruso. “Mientras que Athena-Fidus continuaba su rotación tranquilamente alrededor de la Tierra, un satélite se le acercó, cerca, demasiado cerca. Tan cerca que se habría creído que intentaba captar nuestras comunicaciones. Intentar escuchar a los vecinos no es solo un gesto poco amistoso. Es un acto de espionaje”, zanjó. El satélite demasiado curioso, agregó, era el ruso Louch-Olymp. “En el día de mañana, ¿quién sabe si no volverá a acercarse a uno de nuestros satélites? (…) Una defensa espacial es necesaria, es esencial” con el objetivo de poder “conservar nuestra libertad de apreciación, de acceso y de acción en el espacio mañana como hoy”.

Según la agencia Reuters, la OTAN también se prepara para declarar este mismo año el espacio como un campo de batalla.

Por Silvia Ayuso

París 13 JUL 2019 - 14:05 COT

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Francia presenta su nuevo submarino nuclear de ataque

El Suffren renovará la flota atómica subacuática francesa de los años ochenta

 

 

No todos los días se presenta un nuevo modelo de submarino. Sobre todo, cuando se trata de un submarino nuclear de ataque (SNA), una potente máquina de guerra —o de defensa— que solo poseen cuatro países además de Francia: Estados Unidos, Rusia, China y el Reino Unido. No es de sorprender, pues, que el presidente francés, Emmanuel Macron, quisiera estar presente en los astilleros de Cherburgo para la presentación del Suffren, la nave subacuática de propulsión atómica de nueva generación y de fabricación francesa llamada a renovar la flota nacional, a responder a los desafíos militares del siglo XXI y, de paso, a permitirle a Francia hacer gala de poderío castrense y de savoir faire tecnológico.

El Suffren es una “proeza industrial y tecnológica” que permite “seguir escribiendo la epopeya submarina francesa”, afirmó Macron, tras visitar los astilleros en la costa atlántica francesa donde se construyen estos nuevos sumergibles, cuyo significado va mucho más allá, subrayó, de una mera máquina militar. “Lo que se construye aquí es la independencia de Francia, nuestra soberanía, es nuestra libertad de acción, nuestra propia condición de gran potencia mundial”, sostuvo el mandatario. La última vez que Francia realizó una ceremonia de este tipo fue en 2008, para el lanzamiento del submarino estratégico nuclear Le Terrible.

El Suffren es más largo, más rápido, más discreto —su propulsión mediante un reactor nuclear compacto lo hace hasta 10 veces más silencioso y además no lleva un periscopio clásico— y, sobre todo, más potente y moderno que su predecesor, el Rubis, lanzado a comienzos de la década de los ochenta. “Es como pasar de un Peugeot 207 a la Fórmula 1”, explicó el portavoz de la Marina francesa, Bertrand Dumoulin, según la agencia France Presse.

De 99 metros de eslora de acero negro, aunque este viernes para la ceremonia su proa lucía la bandera tricolor francesa, el Suffren desplaza hasta 5.800 toneladas en inmersión, frente a las 2.670 del Rubis. Necesita menos tripulación —65 integrantes en vez de los 75 del Rubis— . Además, tiene autonomía plena para navegar entre 70 y 90 días a 350 metros de profundidad. Ello, unido a que no requiere más que una parada técnica de mantenimiento al año, en vez de trimestrales, le permitirá realizar misiones más largas y a mayor distancia “sean cuales sean las condiciones”, según el Ministerio de Defensa.

Su misión principal es la protección de otras joyas de la Marina francesa como sus portaaviones o los submarinos nucleares lanzadores de misiles (SNLE, por sus siglas en francés), así como localizar sumergibles enemigos o recopilar información lo más cerca de la costa enemiga.

Dispone además de un hangar de puente móvil que permitirá enganchar un pequeño submarino al Suffren, lo que a su vez hará posible enviar a comandos especiales a realizar misiones en tierra. “Es una base avanzada secreta y sumergida para los nadadores de combate y su equipo, incluido un mini-submarino”, explicó el portavoz naval.

Asimismo, tiene capacidad para lanzar misiles de crucero navales a objetivos terrestres situados hasta a 1.000 kilómetros de distancia. Es, en palabras de la ministra de Defensa, Florence Parly, una “joya tecnológica que va a permitirle a Francia mantener su estatus y su rango de potencia militar”.

Para ver al Suffren en acción habrá sin embargo que esperar un tiempo. La ceremonia de este viernes no fue más que la celebración del fin de la construcción del primero de los seis submarinos previstos bajo el programa Barracuda, que comenzó con tres años de retraso y de alto coste: en total, los seis Suffren previstos costarán 9.100 millones de euros. Las primeras pruebas en mar tendrán lugar el año que viene. Hasta 2030, los Suffren deberán haber reemplazado a los seis submarinos de clase Rubis desplegados desde los ochenta. El primero de ellos, el Saphir, llegó este viernes a Cherburgo para ser desarmado.

La fecha elegida para presentar el Suffren no es casual. Se realiza a dos días de la celebración de la fiesta nacional francesa, el 14 de julio, cuyo punto álgido es un gran desfile militar en París. Dedicado en esta ocasión a la iniciativa europea de defensa, este año están invitados a desfilar también más de cien militares españoles, entre otros. Pero este mes de julio se recuerda también el segundo aniversario del primer gran choque de Macron con la cúpula militar, cuando apenas llevaba dos meses en el poder. El entonces jefe del Estado Mayor, el general Pierre de Villiers, dimitió después de que el presidente le llamara la atención tras una disputa por el presupuesto militar. Dos años más tarde, y ante una fuerte representación militar, Macron defendió este viernes en Cherburgo el “esfuerzo sin precedentes” realizado para modernizar el Ejército francés.

Por Silvia Ayuso

París 12 JUL 2019 - 13:15 COT

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Trump fusiona en el Golfo Pérsico la doctrina Obama con la doctrina Carter

 

Si cualquier movimiento de los jugadores del tablero empeora la situación para todos, la única forma de ganar es no jugar”, diría la teoría de juego, aunque el imperialismo adicto a la guerra juega por inercia, porque forma parte de su naturaleza. Y la guerra que está preparando EEUU contra Irán será un juego de suma cero, puesto que involucra a un tercer jugador: a nadie menos que el coloso chino. Pues, más que en las vastas fronteras terrestres de Irán, sembradas de bases militares de EEUU, es en el Golfo Pérsico (GP) y el Océano indico donde están teniendo lugar las provocaciones para una guerra bélicas contra Irán, donde China tiene grandes intereses.

A pesar de que Donald Trump y Alí Jameneí insisten en que no buscan guerra, John Bolton lanzó un despliegue militar abrumador bajo el pretexto de un  informe del Masad (¡uno de los inventores de las armas de destrucción masiva de Irak!), para acusar a Irán de planear ataques terroristas en estas aguas. La tensión aumentó con el extraño suceso del 20 de junio, cuando un drone estadounidense (posiblemente) viola el espacio aéreo de Irán y los Guardianes de la Revolución Islámica (GRI) lo derriban. Cuando el mundo esperaba una reacción contundente de EEUU, su presidente vuelve a reírse de la inteligencia de su audiencia contando que ordenó el bombardeo de Irán, pero que diez minutos antes le preguntó a alguien que pasaba por allí «¿cuántos iraníes morirían?», «150, señor», le respondió este alguien. Pues, «¡Parar el bombardeo!» ordena el compasivo Trump (que ha matado a miles de civiles en Siria, Yemen e Irak sin pestañar), por ser “desproporcionado”, ya que Irán podría haber derribado un avión tripulado que le seguía al dron, pero no lo hizo, por lo que el mismísimo presidente de EEUU agradece a los iraníes. Preguntas:

. ¿Es posible que Trump ni había evaluado las bajas humanas, los daños materiales del bombardeo y la posible reacción de la armada iraní previo al orden?

.¿Es proporcional su amenaza de que sería el ‘fin oficial de Irán’ –o sea 80 millones de almas–, en caso de que Teherán abandone el acuerdo nuclear?

. ¿Es posible que el drone quisiera provocar una reacción militar de Irán, sin la autorización de Trump, y él impidiera una mayor escalada? También se rumorea en Irán que la acción imprudente de los GRI fue sin el permiso de Jamenei.

¿Por qué en el Golfo Pérsico?

La relación de Washington con esta región que alberga cerca de la mitad del petróleo del mundo ha pasado por varias etapas:

  1. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, un EEUU cuya economía no dependía del petróleo importado, estableció su control sobre el GP con dos objetivos:
  2. a) Obtener ventajas sobre la URSS (uno de los principales productores y exportadores mundiales de petróleo y gas) asegurando el acceso de sus aliados capitalistas a dichas reservas.
  3. b) Establecer el control sobre Europa y Japón, haciéndoles depender de su estatus de Policía del GP: sacrificará la vida de las gentes de esta región, con golpes de estado y guerras, para una Europa de bienestar.
  4. La derrota en Vietnam hará que EEUU se tome un tiempo sabático y reduzca su presencia militar en el GP: la doctrina Nixon propondrá el proyecto de Twin pillars (Doble Pilares) en el que Irán y Arabia Saudí, armados hasta los dientes, velarán por los intereses de EEUU. Sí, el llamado «mundo libre» versus países socialistas, incluía a semejantes dictaduras.
  5. Con la caída del Sha de Irán y la toma del poder por las fuerzas marxistas en Afganistán en 1978, un EEUU demócrata elaborara otra estrategia: declara el GP el feudo militar de EEUU. Así, la doctrina Carter pretendía impedir el efecto mariposa de los cambios producidos en la zona.

. El fin de la URSS en 1991 invita a Washington consolidar su dominio en el GP, sembrando la región de bases militares, además de desmantelar el estado iraquí y convertirlo en una colonia, entre otros objetivos. La ocupación de Afganistán,  bajo el pretexto del 11S sucede pocos meses después del nacimiento de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en julio del 2001, por iniciativa de China y Rusia, que puso fin al unilateralismo efímero de EEUU.

. En 2009, el presidente Obama elabora su estrategia: El regreso a Asia, santo y seña de contener a China, la única potencia capaz de arrebatarle a EEUU su estatus de superpotencia. Por lo que pacifica sus relaciones con Irán, firmando el acuerdo nuclear y arma a Israel y Arabia Saudí hasta los dientes, con la idea de llevarse a las tropas a rodear a China, hacerse con el control del Estrecho de Malaca, fortalecer su presencia en Afganistán,  impedir una alianza entre China e India (la temible Chindia), y cortar las venas que llevan el petróleo a éste país, lanzando guerras contra Sudán, Libia. No lo consigue del todo: Israel y Arabia harán todo lo posible para retener a las tropas de EEUU en la zona y seguir amenazando a Irán. La guerra contra Siria y Yemen, los incesantes atentados en Afganistán e Irak, y seguir acusando a Teherán de «ocultar» un programa nuclear secreto formó parte de este complot.

2016: un Donald Trump antichino y su equipo NeoCon antiiraní, pretenderán devolver a EEUU su hegemonía unilateral planetaria luchando contra China e Irán a la vez, desde el espacio que comparten ambos: el GP .

China no representa una amenaza militar para un EEUU con cerca de 900 bases militares fuera de su país, once flotas navales, casi un millón de efectivos ocupando otros países, y que con el 5% de la población mundial tiene un presupuesto militar siete veces mayor que el coloso asiático que alimenta al 20% de los seres humanos que viven en este planeta.

China en el Golfo Pérsico

Fue en 1978 cuando Deng Xiaoping, puso fin a la división maoísta del mundo entre “revolucionarios y antirrevolucionarios”, y desideologizó la política exterior de China, estableciendo relaciones diplomáticas con todo el mundo. Desde entonces, el GP cobra una nueva relevancia para China, en dos aspectos principales:

. Por sus reservas petrolíferas: El ritmo de crecimiento economía chino desde 1978, ha sido sin precedentes en la historia moderna. Desde el 2010 es el mayor consumidor de energía del mundo, y la mitad procede del GP. Las bicicletas son sustituidas por coches privados, aumentando la dependencia energética del país a más millones de barriles de otras naciones, que además los está comprando con el yuan asestando un duro golpe al petrodólar. La seguridad de Estrecho de Ormuz, por donde pasan cada día 20 millones de barriles del petróleo, rumbo Asia (China, Japón, India, Corea del sur, entre otros) es vital para sus destinatarios: Beijing agradece a EEUU por mantenerlo abierto, y no tienen ninguna intención en desafiar el poder militar de EEUU en la zona. La posible autosuficiencia energética de EEUU solo le protege de los vaivenes del mercado, no hará que pierda el control sobre las reservas mundiales. La singularidad de la política de Trump es que no quiere el petróleo de otros países, lo que busca es hacerse con sus clientes, entre ellos China.

. Por ser clave en la Iniciativa de la Ruta de la Seda (IRS). El nuevo modelo comercial chino, una especie de Plan Marshal, sin límite de tiempo, y con 1,4 trillón de dólares de inversión prevista, que incluye a unos 80 países significa una remodelación de los fundamentos del comercio a nivel global; está basada, afirma, en su filosofía de Taijí: “Todo me sirve a mí, y yo sirvo a todos”. Mediante la creación de asociaciones entre sus empresas y los estados, o el emparejamiento de las ciudades chinas con los países a base de la proximidad o la complementariedad en la producción de mercancías (como la provincia de Hebei con Kazajstán, la provincia de Gansu con Irán, la Hubei con Egipto, etc.), China deslocaliza su mega producción, beneficiando al desarrollo de su propio país, que no a las empresas privadas. En este avance, también ha entrado en la zona exclusiva de EEUU: los países del Consejo de del Golfo Pérsico (CCG), que le suministran petróleo y a cambio reciben todos lo que necesitan: desde el velo y turbante hasta la nanotecnología y armas: Riad le ha comprado misiles balísticos CSS2, eso sí, una vez que la CIA comprobase que no podrían transportar ojivos nucleares. De hecho, desde 2017, China supera a EEUU como el mayor socio comercial de Arabia Saudita, con el que ha firmado unos acuerdos por el valor de 65.000 millones de dólares. En Irak, colonia militar de EEUU, China firmó en 2019, una inversión de 10 mil millones de dólares. Su política de alquilar puertos estratégicos del mundo tiene nombre: Collar de perlas, que consiste en una cadena de puertos claves en el esparcidos por el mundo, desde el Gwadar de Paquistán (que le libera del estrecho de Malaca) hasta el Chabahar de Irán, que le otorga un lugar privilegiado respecto a la India. Así, crea interdependencia económica con su socio. Su estrategia se parece a la sigilosa Larga Marcha de Mao, aunque esta vez el recorrido tiene tamaño del planeta.

Las medidas de China para protegerse

Ante las amenazas de EEUU, China:

. Ha creado una asociación estratégica con Rusia. La política de Trump de  Nixon inverso, aliándose con Rusia contra China no ha dado resultados: desde Stalin nunca las relaciones entre las dos potencias han sido tan estrechas.

. Tiene la carta de ser el principal proveedor de tierras raras del mundo, además de 12.000 millones de dólares de bonos del Tesoro de EEUU.

. Ha almacenado unos 500 millones de barriles, por si acaso.

. Ha trazado varios gaseoductos y oleoductos desde Asia Central y Rusia hacia su territorio. De hecho, a pesar de que uno de los motivos de la ocupación de Afganistán por la OTAN ha sido hacerse con el gas de Turkmenistán –la cuarta reserva del mundo–, fue China que construyendo una tubería de 7000 kilómetros ha canalizado el Oro Azul turcomano hacia su territorio.

. Cuenta con el mayor parque de energía solar del mundo, y tiene planes para construir nuevas centrales nucleares.

Teherán entre EEUU y China

Irán se convirtió en 1970 en el primer país del GP en reconocer a la República Popular. Le siguieron los países árabes en los años ochenta y noventa principalmente para alejar a Beijing del régimen de ayatolá Jomeini, que recibía armas chinas (y estadounidenses y rusas) en su guerra contra Irak.

A pesar de que Irán es clave en la Estrategia del sur global china, y el petróleo iraní, comparando con el de los países árabes satélites de EEUU, es una apuesta más segura, el presidente Xi no va a enfrentarse a Trump, su principal socio comercial, por la República islámica, que representa solo el 1% del comercio exterior de China. Beijing apoyó las sanciones de EEUU contra Irán por su programa nuclear (tampoco vetó las que Bush impuso al pueblo iraquí en los años 90), y rechazó elevar su estatus de observador en OCS a ser miembro de plena derecho.

China avanza sin colonizar ni ocupar países. Consigue sus objetivos mediante el sereno y sutil método de acupuntura en vez de ataques quirúrgicos.

Trump, en su hazaña en el GP, no tiene un plan B: todas las opciones están encima de la mesa.

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Sábado, 06 Julio 2019 06:47

La guerra eterna es un buen negocio

La guerra eterna es un buen negocio

El mejor negocio que hicieron las fuerzas armadas de Estados Unidos en su vida fue la guerra contra el terror. Los extremistas que destruyeron las torres gemelas y Osama bin Laden le solucionaron a los militares un problema que parecía imposible, cómo hacer que los presupuestos de defensa aumentaran eternamente sin importar si había guerra o paz, si se combatía una amenaza existencial o una insurgencia. Desde 2001, Washington se considera en guerra y los demócratas decidieron ser tan “patriotas” como la derecha. El gasto militar norteamericano se fue totalmente de madre y nadie tiene la menor idea de cómo frenar un proceso ruinoso.

Las cifras involucradas en este proceso son espectaculares. El presupuesto de defensa votado en 2018 tocó la barrera simbólica de los 700.000.000.000 de dólares. En este 2019, propios y ajenos le levantaron la mano obedientes a Donald Trump y votaron 716.000 millones. Y para el año que viene ya se discute darle a los de uniforme 750.000. Esto es mucho, mucho más de lo que gastan en armarse las ocho siguientes naciones más gastadoras: China, Arabia Saudita, Rusia, Francia, India, Gran Bretaña, Alemania y Japón. Y eso que Rusia es el único país capaz de materialmente exterminar a los Estados Unidos con su arsenal nuclear.

Quienes defienden esta madre de todas las batallas presupuestarias señalan que el Tío Sam es tan rico que puede darse estos lujos y muchos más. Técnicamente, es cierto, porque el gasto en defensa apenas llega al cuatro por ciento del PBI nacional y en términos históricos es bajo. Hacia el final de la segunda guerra mundial, Estados Unidos gastaba el cuarenta por ciento del PBI en derrotar al Eje. En la guerra de Corea se gastaba nada menos que el quince por ciento, y al comienzo de la de Vietnam se ponía con el diez por ciento, una baja que mostraba cuánto había crecido la economía.

Pero esto, cierto como es, es también un truco contable. Para comenzar, hay que tener en cuenta que si un país tiene una buena década y crece, digamos, el treinta por ciento, no tiene por qué subir su gasto militar treinta puntos. Si no hay amenazas claras, puede seguir gastando la misma cifra fija y bajar el porcentaje del PBI que se le va en esas cosas. Es lo que explica la diferencia entre Corea y Vietnam: una década de gran crecimiento para los americanos. Y es lo que explica que al terminar Corea el ejército se achicó y el presupuesto bajó un veinte por ciento en dinero constante, como lo hizo un treinta después de Vietnam y 26 puntos al terminar la guerra fría en 1990. Esa reducción, junto a la eliminación de 600.000 tropas para ahorrar, fue llevada a cabo por halcones como George Bush padre, Dick Cheney y Colin Powell, nada menos.

Lo que sabían estos duros conservadores es que no importa realmente cuánto se gasta del PBI sino cuánto se gasta del presupuesto nacional. Y aquí viene el milagro: el gobierno de los Estados Unidos gasta ahora casi exactamente el 60 por ciento de su presupuesto de libre disponibilidad en los militares. Esto quiere decir que fuera de lo que está obligado a hacer por ley –pagar los sueldos, atender la deuda nacional, pagar las jubilaciones oficiales- sesenta centavos de cada dólar se van a los uniformes.

Hay que imaginar la situación: todo lo demás que hace un gobierno se lleva el vuelto. La Nasa, el FBI, la CIA, los parques nacionales, el servicio diplomático, la guardia costera, la guardia de fronteras, los entes de seguridad de alimentos, de telecomunicaciones y de medicamentos, los entes que supervisan aerolíneas, bancos y bolsas, toda la infraestructura nacional, la justicia federal, la ayuda humanitaria, migraciones y el largo etcétera de tareas de un gobierno nacional, viven de lo que les dejan los militares. A dólares valor constante, ajustados por inflación y corrigiendo el valor adquisitivo desde 1945, es de lejos el mayor presupuesto militar desde la rendición de Hirohito.

Y aquí hay que anotar que este presupuesto no incluye la vasta red de servicios médicos a los ex combatientes, que tiene su propia Secretaría y fondos, ni las importantes sumas que reciben universidades y otras instituciones públicas y privadas para investigar y desarrollar tecnologías de uso militar o mixto. Esto también se paga, y bien, por cuerda separada.

¿Cómo puede ser que se gaste tanto? Una razón es que Estados Unidos descubrió que defenderse, aunque sea de fantasmas, es un espectacular negocio para gente bien conectada. Así, un portaaviones nuclear llegó a costar trece mil millones de dólares, un trece seguido de nueve ceros. Un avión de combate F35, sale por apenas noventa millones, con lo que se compran como si fueran caramelos. Nadie tiene ya la menor idea de cuánto deberían valer estos sistemas de armamentos y cualquier comparación con armas similares rusas o chinas es descartado con un “los nuestros son mejores”. Es cierto, pero ¿tanto mejores?

El Estado no sólo es socio de la industria de armas como comprador y como inversor en el desarrollo técnico de estas armas, sino que vive presionando a propios y ajenos para que las compren. Eso explica que los sauditas, tan quemados últimamente, sean bien recibidos en la Casa Blanca, donde llegan portando enormes cheques para comprar armas que ellos tampoco necesitan.

La falta de límites a este desmadre económico es ya un sistema bien armado, en el que el Congreso sólo piensa en quedar bien con sus votantes locales. Es lo que explica que no se pueda cerrar una base en territorio soberano, aunque no sirva para nada, porque cada base provee empleo directo o indirecto a los vecinos. Y es lo que explica que los militares ya no sepan cómo pedirle al Congreso que deje de obligarlos a comprar tanques: ya tienen más de seis mil, muchos más de los que van a necesitar jamás, más de los que tenía Hitler para invadir la Unión Soviética. Cada tanque es caro de comprar, de mantener y hasta de usar.

Los militares, por su parte, se acostumbraron a este desmadre y ni se molesta en rendir cuenta. Ya en 1990, el primer presidente Bush firmó una ley que ordenaba a cada ministerio presentar una contabilidad exacta de sus gastos a partir de 1992. Los militares lo lograron recién el año pasado, después de hacerle un contrato a una firma civil de 450 millones de dólares. El informe muestra un panorama caótico, un Pentágono básicamente incapaz de saber cuánto gasta y en qué, con una burocracia monstruosa. Los norteamericanos tienen uno de los ejércitos menos eficientes del mundo y son casi campeones en eso de tener el mayor número de no combatientes respecto a las tropas de combate.

De alguna manera, no asombra que en los 18 años de guerra en Afganistán e Irak, Estados Unidos haya gastado más que en derrotar a los alemanes y los japoneses, incluyendo el desarrollo de la bomba atómica, nuevamente en dólares ajustados. Y tampoco asombra que después de tanto gasto, haya tan poco que mostrar como resultado.

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Sábado, 06 Julio 2019 06:30

Creciente riesgo

Creciente riesgo

Sucedió lo inevitable: cumplido el plazo de seis meses desde que Estados Unidos abandonó el Tratado de Fuerzas Nucleares Intermedias, Rusia hizo lo propio esta semana, con lo cual este tipo de armamento de corto y medio alcance ya no tiene impedimento legal para ser instalado de nuevo en Europa, donde en tiempos de la llamada Guerra Fría, la primera, los desplegaron la Unión Soviética y los países de la OTAN.

 

Otra herramienta esencial del desarme nuclear –el Tratado de Reducción de Armamento Estratégico–, cuya vigencia vence en 2021, puede acabar igual de mal, dado que Rusia y Estados Unidos aún no comienzan a negociar su prórroga para los siguientes cinco años. Al margen de las ya habituales acusaciones recíprocas de violar los términos pactados, Washington quiere incorporar a Pekín en un nuevo acuerdo, propuesta que no entusiasma a Moscú, decidido a que Rusia sea reconocida como la única contraparte de Estados Unidos en el tema del armamento nuclear.

 

No menos grave es que las armas nucleares tácticas –las bombas atómicas transportadas por aviones– carecen de un documento que prohíba su uso, más allá de las muestras de buena voluntad que se hicieron en el pasado como suprimirlas del equipamiento operativo de los ejércitos y guardarlas en bodegas, así como el retiro voluntario de esas bombas en Europa: al desaparecer la Unión Soviética, Rusia las sacó de los países del Pacto de Varsovia, Ucrania, Bielorrusia y Moldavia, en tanto Estados Unidos hizo lo mismo de Gran Bretaña y Grecia.

 

Ahora la confrontación vuelve a primar. Estados Unidos –que no confirma ni desmiente que tenga armas nucleares en otros países– según informaciones extraoficiales conserva cerca de 200 bombas atómicas en siete bases militares en Europa occidental y Turquía. Por su parte, también de acuerdo con versiones, Rusia posee entre 3 y 5 mil bombas de ese tipo y rechaza comenzar cualquier negociación al respecto, mientras Estados Unidos no acepte incluir las bombas que acumula en su territorio.

 

El riesgo de que estalle un conflicto nuclear irá en aumento mientras Rusia y Estados Unidos no retomen la senda del control y reducción del armamento nuclear, aunque hoy por hoy ni siquiera parecen dispuestos a firmar una declaración conjunta que exprese el convencimiento de que es imposible ganar una guerra nuclear.

 

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Trump se viene arriba y celebra el 4 de julio más militarizado que se recuerda

Rodeado de tanques y con un discurso con pausas para presenciar el sobrevuelo de diferentes tipos de aviones militares, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presumió del potencial militar en la celebración del Día de la Independencia del país en Washington.

"Durante más de 65 años, ninguna fuerza aérea enemiga ha logrado matar a un solo soldado estadounidense. Porque el cielo pertenece a Estados Unidos", se jactó Trump en un discurso frente al Monumento al expresidente Abraham Lincoln. También aseguró que el Ejército estadounidense está formado por "los mejores soldados de la Tierra".

"Al reunirnos este atardecer en la alegría de la libertad, recordamos que todos compartimos un patrimonio extraordinario. Juntos, somos parte de una de las mejores historias jamás contadas: la historia de Estados Unidos", apuntó.

Pese a que se había especulado con que Trump politizaría su discurso, el mandatario no se salió prácticamente de un guión centrado en ensalzar episodios y logros históricos de las Fuerzas Armadas del país.

El acto Saludo a Estados Unidos organizado por la Casa Blanca contó con la presencia de varios aviones y helicópteros militares que sobrevolaron la explanada del National Mall, uno de los lugares más emblemáticos de Washington.

Trump alabó también el "espíritu estadounidense que envalentonó a los padres fundadores", el grupo que lideró la Revolución de las Trece Colonias contra la Corona Británica y participó en la fundación de Estados Unidos en 1776. "Hasta el día de hoy, ese espíritu corre por las venas de cada patriota estadounidense. Vive en todos y cada uno de vosotros", señaló.

"Mientras nos mantengamos fieles a nuestra causa, mientras recordemos nuestra gran historia, y mientras no dejemos de luchar por un futuro mejor, entonces no habrá nada que Estados Unidos no pueda hacer", continuó Trump, que recibió un fuerte aplauso de sus seguidores.

Y entre esas cosas que Estados Unidos puede hacer está la de volver a la Luna y llegar a Marte, según anunció, a su estilo, Trump: "Vamos a ir otra vez a la Luna pronto, y plantaremos la bandera de Estados Unidos en Marte pronto", dijo. Trump no ofreció más detalles al respecto, pero aseguró que para los estadounidenses "no hay nada imposible", una frase que provocó un fuerte aplauso de los asistentes

Trump ya pidió en abril de 2017, tres meses después de asumir el cargo, que la NASA acelerara "un poco" sus planes de exploración espacial, cuya meta es enviar humanos a Marte en la década de 2030, para que un estadounidense pise el planeta rojo durante su primer mandato o, "en el peor de los casos", en un eventual segundo. 

El acto quedó empañado por la alta seguridad del Servicio Secreto y las vallas metálicas instaladas alrededor del icónico monumento a Lincoln, que fueron el centro de las críticas en las redes sociales, donde se recordó que hasta este año era posible sentarse en sus escaleras el 4 de julio para presenciar los fuegos artificiales.

Como cada año, miles de familias se congregaron en la explanada del National Mall de Washington a lo largo del día vistiendo todo tipo de piezas de ropa con los colores de la bandera estadounidense —rojo, azul y blanco—, aunque la intermitente lluvia alejó a muchas personas, según medios locales. 

Uno de los episodios más tensos de la jornada se vivió hoy enfrente de la Casa Blanca, cuando un hombre quemó una bandera estadounidense y fue detenido por el Servicio Secreto estadounidense, de acuerdo a medios locales.

washington

05/07/2019 09:48 Actualizado: 05/07/2019 09:50

Público | efe

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