A partir de 2012 será literalmente imposible estar fuera del alcance de las balas del Ejército estadounidense. Los soldados enviados a Irak y Afganistán serán los primeros en probar sobre el terreno el XM-25, un lanzagranadas inteligente capaz de variar la trayectoria de sus proyectiles para alcanzar cualquier objetivo, incluso los que están a cubierto, escondidos en una trinchera u ocultos tras una pared. Con la llegada de esta futurista arma portátil, fabricada por las compañía Heckler & Koch y Alliant Techsystems, el mando militar estadounidense pretende minimizar las más de 5.000 bajas que ya se ha cobrado la guerra de guerrillas en que se ha convertido su ofensiva global contra Al Qaeda.

"A lo largo de toda la historia, los soldados necesitaban estar uno en frente del otro para luchar, ya fuera con espadas o mosquetones. Eso se ha acabado", asegura el teniente coronel Christopher Lehner, jefe del proyecto. Gracias a un sistema de guiado por láser y un sensor térmico, cada bala puede ser programada individualmente para que explote a una distancia máxima de un metro del objetivo seleccionado, sin importar dónde se encuentra. "Ya no necesitamos tener un disparo claro para abatir al enemigo; simplemente programaremos la bala para que llegue a su altura, gire o caiga sobre él, y explote", explica Lehner en la web oficial del Ejército estadounidense Army.mil.

Además de un potente lanzagranadas capaz de alcanzar objetivos a una distancia de 700 metros, el XM-25 es letal en las distancias cortas. Funciona también como pistola, rifle, escopeta o ametralladora, y cada bala puede ser controlada individualmente o en ráfagas con una tecnología inalámbrica que permite programar los proyectiles por medio del láser para variar la trayectoria, asegurando una puntería cercana al 100%. El arma utiliza una familia completa de balas codificadas con colores según la situación deseada: entrenamiento, explosión, matar al enemigo o sólo aturdirlo.

Según el Ejército estadounidense, su desarrollo ha costado más de 300 millones de dólares y se ha prolongado durante más de una década. Cada unidad cuesta 25.000 dólares y los proyectiles, dependiendo de su función, entre 30 y 60 dólares. A principio de 2012, llegará a Irak el primer suministro de XM-25, unas 12.500 unidades, que irá a parar a las manos de los miembros de las fuerzas especiales.

Robot marciano

El XM-25 no es la única de las sorpresas que el ejército estadounidense tiene preparada para sus próximas ofensivas en Oriente Medio. Desde finales de 2009, está probando sobre el terreno tres unidades del denominado Robot Maars. Este soldado metálico a control remoto, muy similar a la sonda Spirit hoy varada en las arenas de Marte, va armado hasta los dientes. Cuenta con tres lanzagranadas y un subfusil con munición de gran calibre capaz de realizar 700 disparos por minuto. Además, puede lanzar bombas de humo o granadas de gas lacrimógeno.

Pero no todo son armas letales. El alto mando militar también trabaja en dispositivos no mortales que sirvan para aturdir o debilitar a los enemigos sin causar bajas. El más avanzado y futurista es el denominado Active Denial System (ADS), una suerte de antena gigante que libera una fuerte radiación y que produce una intensa sensación de calor en la piel, aunque sin producir quemaduras ni daños permanentes. Todo aquel que se encuentra en el radio de acción del ADS, unos 300 metros, siente que su piel arde a más de 55 grados centígrados. Sin embargo, el mayor problema del ADS es su falta de efectividad en condiciones climatológicas adversas. En los días lluviosos se dispersa por las gotas de agua, inutilizando el dispositivo.
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En el contexto del neo-pinochetismo hipócritamente tolerado por Washington en Honduras, ahora resulta que la proyectada instalación de siete bases militares de Estados Unidos en Colombia, que provocó masivo repudio en Latinoamérica, constituye la actualización de un nuevo acuerdo de seguridad mediante el arrendamiento de las bases existentes con el fin filantrópico de combatir a la narco-guerrilla fronteriza, según una ingeniosa interpretación de Obama expuesta a un grupo de reporteros hispanos (Reuters; 07/08/09), en vísperas de la desarticulada cumbre del ASPAN en Guadalajara, donde México no tiene nada que hacer ni debió participar desde su calamitosa génesis.
Nadie aprende en cabeza ajena y EU repite los mismos errores de la URSS, con una tríada de consecuencias devastadoras: sobrextensión imperial, guerra perpetua e insolvencia, que llevan a un probable colapso similar al de la anterior Unión Soviética, a juicio de Chalmers Johnson (Diez medidas para liquidar las bases militares de EU; Asia Times; 04/08/09).

Chalmers Johnson, profesor emérito de la Universidad de California (San Diego) y prolífico autor de libros notables, coloca en relieve el imperio global potencialmente ruinoso de bases militares que acompasa la larga dependencia en el imperialismo y el militarismo de EU en sus relaciones con otros países, además de “su hinchado establishment militar”.

En paralelo, Floyd Norris, analista financiero y económico de The New York Times (01/08/09), devela que el embarque de bienes duraderos civiles de EU se derrumbó mas de 20 por ciento durante la recesión, lo cual hubiera sido peor de no ser por la creciente producción de armas, que se disparó 123 por ciento (¡súper-sic!) por encima del promedio del año 2000 (inicio del militarismo bushiano que ha incrementado Obama con su máscara de cordero secuestrado por los lobos del Pentágono).

Norris comenta que todavía EU es primariamente una economía civil, cuando “el rubro militar representa alrededor de 8 por ciento de todos los bienes duraderos (en el año 2000 fue 3 por ciento), pero, a nuestro humilde entender, va que vuela a una economía preponderantemente militar, ya que muchos segmentos de su actividad civil se entrelazan con su consubstancial belicismo, como ha demostrado SIPRI, el excelso instituto pacifista sueco.

Según el inventario del Pentágono en 2008, citado por Johnson, el imperio de EU consiste de 865 instalaciones en más de 40 países, con un despliegue de más de 190 mil soldados en más de 46 países y territorios.

Johnson expone el caso singular de Japón y la base de Okinawa (por cierto, plagada de escándalos sexuales de los disolutos militares estadunidenses que llevan 64 años ininterrumpidos de ocupación).

Las siete bases militares adicionales de EU en Colombia elevarán su total planetario a 872, lo cual no tiene equivalente con ninguna potencia pasada y presente: ¡EU invadió literalmente al mundo!

Lo más relevante radica, a juicio de Johnson, en que tal despliegue es innecesario para la genuina defensa de EU, amén de provocar fricciones con otros países y su dispendioso mantenimiento global (250 mil millones de dólares por año, según Anita Dancs Foreign Policy in Focus): su único propósito es brindar a EU hegemonía, es decir, control o dominio sobre el mayor número posible de países en el planeta.

A juicio de Johnson, Obama no se ha percatado de que EU no tiene más la capacidad de ejercer su hegemonía global, mientras exhibe su lastimoso poder económico lisiado, cuando EU se encuentra en una decadencia sin precedente.

Expresa tres razones básicas para liquidar el imperio estadunidense: 1. Carece de los medios para un expansionismo de posguerra; 2. ”Va a perder la guerra en Afganistán, lo cual abultará más su quiebra”, y 3. acabar el vergonzoso secreto del imperio de nuestras bases militares.

Propone diez medidas:

1. Poner fin al severo daño ambiental causado por las bases y el cese del Acuerdo sobre el Estatuto de los Ejércitos (SOFA, por sus siglas en inglés) que de antemano impide a los países anfitriones ejercer su jurisdicción sobre los crímenes perpetrados por soldados estadunidenses, exentos de toda culpabilidad (en particular, la epidemia de violaciones sexuales en los paraísos militares).

2. Liquidación del imperio y aprovechar el costo de oportunidad para invertir en campos más creativos.

3. Lo anterior, indirectamente frenaría el abuso a los derechos humanos, ya que el imperialismo engendra el uso de la tortura, tan pletórico en Irak, Afganistán y la base de Guantánamo.

4. Recortar el inacabable listado de empleados civiles y dependientes del Departamento de Defensa, dotado de su lujoso hábitat (albercas, cursos de golf, clubes, etcétera).

5. Desmontar el mito, promovido por el complejo militar-industrial, de su valía en la creación de empleos y en la investigación científica, lo cual ha sido desacreditado por una investigación económica seria.

6. “Como país democrático que se respeta a sí mismo, EU debe cesar de ser el mayor exportador de armas y municiones del mundo y dejar de educar a los militares del Tercer Mundo (v.gr. militares de Latinoamérica en la Escuela de las Américas de Fort Benning, Georgia) en las técnicas de tortura, golpes militares y servicio como instrumentos de nuestro imperialismo.”

7. Debido a las limitaciones crecientes del presupuesto federal se deben abolir programas que promueven el militarismo en las escuelas, como el entrenamiento del Cuerpo de Oficiales de Reserva.

8. Restablecer la disciplina y la rendición de cuentas en las fuerzas armadas de EU, disminuyendo radicalmente la dependencia de los contratistas civiles, empresas militares privadas, y agentes que trabajan para el ejército fuera de la cadena de mando y el Código de Uniforme de la Justicia Militar. Cita al respecto el libro de Jeremy Scahill Blackwater: El ascenso del ejército mercenario más poderoso (sic) del mundo (Nation Books, 2007). A propósito, el holandés-estadunidense Eric Prince, fundador dimisionario de Blackwater y neo-cruzado de la extrema derecha cristiana del Partido Republicano (muy cercano al bushismo), acaba de ser implicado en un asesinato (The Nation; 04/08/09).

9. Reducir el tamaño del ejército de EU.

10. Cesar la dependencia inapropiada en la fuerza militar como medio principal para intentar conseguir metas de política exterior.

Su conclusión es realista: desafortunadamente, pocos imperios en el pasado abandonaron voluntariamente sus dominios para permanecer como entidades políticas independientes y autogobernables. Los dos importantes y recientes ejemplos son los imperios británico y soviético. Si no aprendemos de ellos, nuestra decadencia y caída estarán predeterminadas.

¿Tendrá curación la adicción de EU al militarismo por más de un siglo?

Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2009/08/09/index.php?section=opinion&article=014o1pol
 

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Gideon Levy, analista político del diario Haaretz, es el único periodista israelí que ha criticado la masacre de Gaza. Sus críticos le tachan de demasiado humanista, de no sentir la nación judía. Levy es duro, desprecia una sociedad militarista y ultranacionalista y ya no espera nada de ella. No ve futuro y, por tanto, no espera nada de las próximas elecciones.
 
–¿Qué va a pasar en estas elecciones? ¿Habrá un gobierno de ultraderecha con Likud, Israel Beitenu y Shas?
 
–No, pienso que ganará (Ben- jamin) Netanyahu, pero habrá un gobierno de unidad nacional, con los laboristas, Likud y Kadima. Y no habrá diferencia con los que están ahora. (Ehud) Barak y (Tzipi) Livni son extremistas, igual que Netanyahu. Sólo la retórica es diferente. No pienso que Netanyahu sea un demonio y el resto la gran esperanza. Ninguno es la esperanza. Las diferencias son mínimas, y principalmente en la retórica, no en las ideas.
 
–Pero la sociedad israelí cada vez se va más a la derecha.
 
–Este movimiento hacia la derecha comenzó hace 40 años, con el comienzo de la ocupación. En 2000, cuando falló la negociación en Campo David, empezaron los atentados contra civiles y todas las campañas pacifistas se acabaron, se estrellaron. No hay iniciativas pacifistas en Israel, sólo en grupos muy muy pequeños. Tras esta horrible guerra, todos se han convertido en extremistas y el Estado se ha vuelto muy nacionalista, muy militarista. Esta sociedad se ha vuelto muy peligrosa porque ahora es completamente indiferente al asesinato de niños y a todo lo que ha pasado en Gaza. Los israelíes piden ahora más y más guerra. Sin ninguna crítica, sin ninguna discusión.
 
–Existe un consenso nacional.
 
–Sí, un completo consenso nacional. Una sola voz. Sin ningún debate público, sin discutir qué estamos haciendo a los palestinos. Cuarenta años de deshumanización de los palestinos han forjado una sociedad absolutamente militarizada.
 
–¿Qué posibilidades tienen los partidos más cercanos a la paz en estas elecciones?
 
–Están Meretz y los comunistas, pero son demasiado pequeños. No tienen suficiente influencia. El primer plano político es para la extrema derecha. No tengo ninguna esperanza en estas elecciones.
 
–¿Cuál ha sido la influencia de la masacre en Gaza?
 
–No mucha, menos de la que se puede imaginar. Cuando hablamos de esta guerra, todos los candidatos estaban a favor. No hubo ningún debate ni ninguna discusión real.
 
–¿Es posible que Israel se siente a negociar con Hamas?
 
–No, pero depende de Estados Unidos. Si lo pide, quizá, pero no veo a los estadunidenses exigiendo eso. Puede haber negociaciones para la entrada de Hamas en la OLP, para un gobierno de unidad en Palestina. Pero no sé si lo conseguirán. No imagino a Israel hablando con Hamas en los próximos años.
 
–¿Cuál es el siguiente paso?
 
–Otra guerra. No creo en ninguna otra negociación nunca más; llevamos 50 años negociando sin conseguir nada. La sociedad israelí no está preparada para la paz.
 
–¿Cuándo será esa guerra? ¿En un mes, en dos, en tres?
 
–Pienso que sí. No lo sé. Aunque quizá en un año o en dos. No estoy seguro de cuándo será. Pero esto no es el fin de la ocupación, y sin poner fin a ésta no habrá paz.
 
–Entonces… ¿la situación en Gaza, con el bloqueo, es la misma que hace un año?
 
–Absolutamente. A menos que Barack Obama haga grandes cambios.
 
–¿Espera que los haga?
 
–Tengo muchas esperanzas, pero no estoy seguro.
 
–¿Qué pasa en Cisjordania?
 
–Cisjordania está muerta ahora. Está aplastada por el ejército israelí. Hasta que no aparezca una nueva generación más militante, la vida para los palestinos será media vida. Se limitarán a sobrevivir. Cisjordania no está preparada aún para una nueva intifada.
 
–Muchos afirman que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) abortó las protestas por esta masacre.
 
–Sí, la ANP e Israel han trabajado juntos contra Hamas en Cisjordania. Han colaborado. No pienso que pueda surgir nada de Cisjordania en un futuro cercano.
 
–¿Cuáles han sido las consecuencias de esta ofensiva?
 
–Ha hecho que el mundo vea peor a Israel. Ha hecho a la sociedad israelí más violenta, más nacionalista y más extremista, pero no ha cambiado demasiado. Estamos en la misma posición en la que estábamos antes de esta guerra. Salvo que han muerto mil 300 palestinos y que la franja de Gaza ha quedado destruida, no se ha conseguido nada. Hamas sigue ahí.
 
–¿No dará un impulso a los movimientos pacifistas, como en anteriores ocasiones?
 
–No. No veo que esté pasando eso. Soy pesimista. No hay líderes que puedan dirigir un movimiento así. Ojalá Estados Unidos cambie su posición, pero no estoy seguro.
 
–¿Qué hay de los árabes israelíes?
 
–No hay que olvidar que existen minorías. (Los árabes israelíes) pueden cambiar mucho. Van a estar más restringidos y pueden volverse más violentos. Pero estos procesos pueden durar años, ya que son un grupo muy reducido.
 
–¿Afirma que pueden estallar conflictos en ciudades como Haifa, donde la minoría árabe es importante?
 
–Eso es.
 
–¿Cómo frenarlos?
 
–Firmando la paz con los palestinos. Poniendo fin a la ocupación. Debemos crear una nueva atmósfera. Los palestinos que viven en Haifa están sentados viendo cómo matan a sus hermanos. ¿Qué esperas que hagan? Han visto las fotos, son su familia directa. Sin que llegue la solución importante, todos los pequeños problemas crecerán.
 
–¿Por qué ha empezado esta guerra?
 
–Para enseñar a la gente que hacen algo contra los Qassam. Los cohetes Qassam son el problema. En vez de optar por la vía diplomática, Israel ha escogido la guerra. Yo defiendo que la única solución es la vía diplomática.
 
–¿Qué futuro ve a las negociaciones en Egipto entre Hamas y Al Fatah?
 
–Creo que triunfarán porque les conviene a las dos partes. Habrá un acuerdo en un año o en año y medio.
 
–¿Qué pasa en esta sociedad que no se espanta tras una masacre así?
 
–Está militarizada, y todos los medios apoyaron la ofensiva.
 
Es usted una voz disidente. La única.
 
–Sí, ahora mismo soy el único. Es muy difícil. Estoy muy solo, pero tengo el apoyo de mi periódico.
 
–Entonces, ¿no cree que Liberman pueda llegar al gobierno?
 
–No estoy seguro, pero creo que no estará. Pienso que Netanyahu prefiere a los laboristas y al Kadima.
 
–¿Existe el riesgo de que la ultraderecha acabe con el proceso de paz?
 
–No, porque el proceso de paz no es nada. Oslo se terminó, ahora no hay nada.
 
–¿Qué peso tienen los colonos dentro de Israel?
 
–Los colonos son el grupo más fuerte en esta sociedad desde hace 40 años. Pueden hacer lo que quieren con cualquier gobierno. Construyen y construyen todo el tiempo.
 
Por, Alberto Pradilla y Aritz Intxusta (Especial para La Jornada)
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Sábado, 07 Febrero 2009 07:31

Crónica de un suicidio anunciado

El Estado de Israel proclamó su independencia a la medianoche del 15 de mayo de 1948. Naciones Unidas había votado establecer dos estados en lo que había sido la Palestina bajo el dominio británico. Se suponía que la ciudad de Jerusalén habría de ser una zona internacional bajo la jurisdicción de Naciones Unidas. La resolución de la ONU recibió mucho respaldo, específicamente el de Estados Unidos y la Unión Soviética. Todos los estados árabes votaron en contra.
 
En los 60 años de su existencia, el Estado de Israel ha dependido para su supervivencia y expansión de una estrategia general que combina tres elementos: militarismo macho, alianzas geopolíticas y relaciones públicas. El militarismo macho (lo que el actual primer ministro Ehud Olmert llama el “puño de hierro”) fue posible por el fervor nacionalista de los judíos israelíes, y eventualmente (aunque no al principio) por el muy fuerte respaldo de las comunidades judías de otras partes del mundo.
 
Geopolíticamente, Israel forjó primero una alianza con la Unión Soviética (que fue breve pero crucial), luego con Francia (que duró un poco más de tiempo y permitió a Israel convertirse en una potencia nuclear) y finalmente (y lo más importante) con Estados Unidos. Estos aliados, que también fueron patrocinadores, ofrecieron sobre todo un apoyo militar al proveerlo de armas. Pero también ofrecieron respaldo diplomático/político y, en el caso de Estados Unidos, un considerable apoyo económico.
 
Las relaciones públicas se dirigieron a obtener la simpatía de una amplia franja de la opinión pública, que en los primeros años tuvo como base el retrato de Israel como un David pionero contra el retrógrado Goliath, y que en los últimos 40 años ha tenido como base la culpa y la compasión por el masivo exterminio de los judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial.
 
Todos estos elementos de la estrategia israelí funcionaron muy bien desde 1948 hasta los años 80. De hecho, se fueron haciendo más efectivos. Pero en algún momento de los 80, el uso de estas tres tácticas comenzó a ser contraproducente. Israel ha entrado ahora en una fase de declive precipitado de su estrategia. Puede ser muy tarde para que Israel persiga una estrategia alternativa, en cuyo caso habrá cometido suicidio geopolítico. Rastreemos cómo fue que interactuaron los tres elementos de su estrategia, primero durante su envión hacia arriba, luego durante el lento declive del poder de Israel.
 
Durante los primeros 25 años de su existencia, Israel se involucró en cuatro guerras con los estados árabes. La primera fue en 1948-1949, para establecer el Estado judío. La declaración israelí de un Estado independiente no coincidió con una declaración palestina de establecer un Estado. En cambio, un número de gobiernos árabes le declararon la guerra a Israel. Inicialmente Israel estuvo en dificultades militares. Sin embargo, los militares israelíes estaban mejor entrenados que los de los países árabes, con la excepción de Transjordania. Y, lo que es crucial, obtuvieron armas de Checoslovaquia, que actuó como agente de la Unión Soviética.
 
Para el momento de la tregua en 1949, la disciplina de las fuerzas israelíes combinada con armas checoslovacas permitió a los israelíes ganar un territorio considerable no incluido en las propuestas de partición de Naciones Unidas, incluido Jerusalén occidental. Las otras áreas se incorporaron a partir de los estados árabes circundantes. Un gran número de árabes palestinos se fueron o los forzaron a abandonar áreas bajo el control de los israelíes y se volvieron refugiados en los países árabes circundantes, donde sus descendientes viven hasta la fecha en gran medida. La tierra que era de ellos fue arrebatada por los judíos israelíes.
 
La Unión Soviética pronto abandonó a Israel. Esto probablemente se debió principalmente a que sus líderes muy pronto sintieron miedo del impacto que tendría la creación del Estado en las actitudes de los judíos soviéticos, que parecían demasiado entusiastas y que por tanto eran potencialmente subversivos desde el punto de vista de Stalin. A cambio, Israel dejó de lado cualquier simpatía hacia el campo socialista con la guerra fría, y dejó claro su ferviente deseo de ser considerado miembro pleno del mundo occidental, política y culturalmente.
 
En ese tiempo Francia se enfrentaba a los movimientos de liberación nacional en sus tres colonias norafricanas, y vio a Israel como un aliado útil. Esto fue especialmente cierto después de que los argelinos lanzaron su guerra de independencia en 1954. Francia empezó a ayudar a Israel a armarse. En particular, Francia, que desarrollaba sus propias armas nucleares (contra los deseos estadunidenses), ayudó a Israel a hacer lo mismo. En 1956, Israel se unió con Francia y Gran Bretaña en una guerra contra Egipto. Desafortunadamente para Israel, esta guerra se lanzó contra la oposición de Estados Unidos, y Estados Unidos forzó a las tres potencias a ponerle fin. Después de que Argelia se independizara en 1962, Francia perdió interés en la conexión israelí, que ahora interfería con sus intentos de renovar relaciones más cercanas con los estados norafricanos que ahora se habían vuelto independientes. Fue en este punto en que Estados Unidos e Israel voltearon uno hacia el otro para forjar vínculos cercanos. En 1967, estalló la guerra entre Egipto e Israel, y otros estados árabes se unieron a Egipto. En ésta, llamada la Guerra de los Seis días, por primera vez Estados Unidos le brindó armamento militar a Israel.
 
La victoria israelí de 1967 cambió la situación básica en muchos aspectos. Israel había ganado la guerra con facilidad, ocupando todas aquellas partes del Mandato Británico de Palestina que ya había ocupado antes, más la península del Sinaí, de Egipto, y las Alturas del Golán, de Siria. Jurídicamente, hubo ahora un Estado de Israel más los territorios ocupados por Israel. Israel comenzó su política de establecer asentamientos judíos en los territorios ocupados.
 
La victoria israelí transformó la actitud de los judíos en el mundo, que ahora se despojaron de cualquier reserva que tuvieran acerca de la creación del Estado de Israel. Se pusieron orgullosos de sus logros y comenzaron a emprender campañas políticas importantes en Estados Unidos y Europa occidental para asegurarle respaldo político a Israel. La imagen de un Israel pionero que ponía el énfasis en las virtudes de los kibbutz fue abandonada en favor de un énfasis en el Holocausto como la justificación básica para buscarle respaldo mundial a Israel.
 
En 1973, los estado árabes buscaron reajustar la situación en la llamada guerra del Yom Kippur. De nuevo, esta vez, Israel ganó la guerra con apoyo de Estados Unidos. La guerra de 1973 marcó el final del papel central de los estados árabes. Israel pudo seguir buscando el reconocimiento de los estados árabes, y eventualmente lo logró con Egipto y Jordania, pero era muy tarde para que esto fuera una forma de asegurarle la existencia a Israel.
 
A partir de este punto, emergió un serio movimiento político palestino árabe, la Organización de Liberación de Palestina (OLP), que ahora se convirtió en el oponente clave de Israel, el único con el que Israel necesitaba llegar a un trato. Por mucho tiempo, Israel se rehusó a tratar con la OLP y con su líder Yasser Arafat, y prefirió el puño de hierro. Y al principio, obtuvo logros militares.
 
Los límites de la política del puño de hierro se hicieron evidentes por vez primera durante la primera intifada, un levantamiento espontáneo de palestinos árabes dentro de los territorios ocupados, que comenzó en 1987 y duró seis años. Fueron dos los logros básicos de la intifada. Forzó a los israelíes y a Estados Unidos a hablar con la OLP, un largo proceso que condujo a los llamado Acuerdos de Oslo de 1993, que ayudaron a la creación de la Autoridad Palestina en parte de los territorios ocupados.
 
En el largo plazo los Acuerdos de Oslo fueron menos importantes geopolíticamente que el impacto de la intifada en la opinión pública mundial. Por vez primera, la imagen de David y Goliath comenzó a invertirse. Por vez primera, comenzó a existir un respaldo serio en el mundo occidental a la llamada solución de los dos estados. Por vez primera, comenzó a haber una crítica seria al puño de hierro de Israel y sus prácticas vis-a-vis los palestinos árabes. Si Israel hubiera sido serio acerca de la solución de dos estados basada en la llamada Línea Verde –la línea de división al final de la guerra de 1948-1949– probablemente habría logrado un asentamiento.
 
Sin embargo, Israel siempre estaba un paso atrás. Cuando pudo haber negociado con Nasser, no quiso. Cuando pudo haber negociado con Arafat, no quiso. Cuando Arafat murió y lo sucedió el ineficaz Mahmoud Abbas, el más militante movimiento Hamas ganó las elecciones parlamentarias de 2006. Israel se negó a hablar con Hamas.
 
Ahora, Israel ha invadido Gaza, buscando destruir a Hamas. Si lo logra, ¿qué organización vendrá después? Y, como es lo más probable, si no logra destruir a Hamas, ¿será posible ahora una solución con dos estados? Tanto los palestinos como la opinión pública se mueven hacia una solución con un estados, y esto, por supuesto, es el fin del proyecto sionista. La estrategia de tres elementos de Israel se está descomponiendo. El puño de hierro ya no funciona, como no funcionó para George W. Bush en Irak. ¿Se mantendrá firme el vínculo con Estados Unidos? Lo dudo. ¿Continuará la opinión pública mirando con simpatía a Israel? No lo parece. ¿Puede Israel ahora cambiar a una estrategia alternativa de negociar con los representantes militantes de los palestinos árabes, como parte constituyente de Medio Oriente y no como puesto de avanzada de Europa? Parece bastante tarde para eso, y muy posiblemente sea demasiado tarde. Por eso, la crónica de un suicidio anunciado.
 
Por, Immanuel Wallerstein
 
Traducción: Ramón Vera Herrera
 
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