Lunes, 23 Marzo 2020 07:00

La pandemia del miedo

La pandemia del miedo

Con saldo de 11 mil muertos sobre una población global de unos 7 mil 800 millones, la denominada pandemia del coronavirus 2 (Covid-19) −síndrome respiratorio agudo grave, cuyos efectos sobre la vida social causan pánico colectivo y una situación de excepcionalidad, emergencia y alarma mundial− ha derivado en la virtual militarización de sociedades enteras, con la consiguiente aplicación de draconianas cuarentenas con vigilancia activa para intentar evitar el contagio.

Como señaló Giorgio Agamben en un artículo titulado "La invención de una epidemia", los medios de difusión masiva y las autoridades de países industrializados se esforzaron por difundir un "clima de pánico", provocando "un verdadero estado de excepción", con graves medidas de control que limitaron la libertad de movimientos y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida y trabajo en regiones enteras. "En un círculo vicioso perverso, la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerla", escribió Agamben.

Sin minimizar la gravedad de la epidemia, cuando había una recesión en ciernes y sistemas de salud colapsados por las políticas neoliberales, los lenguajes del poder −entre ellos los jurídicos, culturales y mediáticos− han venido adoptando un léxico médico y hasta epidemiológico, pero también militar con fines de control de población.

Así, tras las medidas de confinamiento social punitivas decretadas inicialmente por las autoridades chinas, seguidas de las de los gobiernos de Italia, Francia, España y Bélgica, se decretaron posteriores cierres de frontera xenófobos por Canadá y Estados Unidos, lo que vino a reforzar la patologización de los extranjeros y las segregaciones raciales ya en curso en América del Norte y Europa. Ello derivó en el aislamiento de 500 millones de personas en el mundo.

El miedo a la peste o la plaga y el pánico colectivo generado por el despliegue mediático en clave de "seguridad sanitaria", ha sido aprovechado de manera oportunista en América Latina −vía una suerte de biologización de la política como en la Alemania nazi−, por el régimen asesino de Sebastián Piñera en Chile, quien decretó un estado de sitio sanitario con prohibición de movilizaciones callejeras en vísperas del plebiscito nacional para reformar la Constitución, previsto para el 26 de abril; a lo que se sumó el aplazamiento indefinido de la elección presidencial en Bolivia, decretado por el régimen golpista de Jeanine Áñez, que debía verificarse el próximo 3 de mayo. En ambos casos, siguiendo de nuevo a Agamben, el poder soberano y la vida nula podrían explicar esos procedimientos del poder y convertir la emergencia (el estado de excepción) en norma, como advirtió de manera temprana Walter Benjamin.

Tras el bombardeo mediático, el esloveno Slavoj Zizek detectó ciertos elementos de "histeria racista" en el Covid-19 y también "epidemias de virus ideológicos" latentes en nuestras sociedades, entre ellos, las noticias falsas ( fake news) y teorías conspirativas paranoicas.

En febrero último, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich –en el pico de la lucha contra el coronavirus en Wuhan, provincia de Hubei−, las autoridades de Pekín consideraron a Estados Unidos una "amenaza" y a través del canciller, Wang Yi, deslizaron que desde los primeros casos de pacientes infectados estaban siendo sometidos a una "guerra híbrida" por el Pentágono.

El propio presidente Xi Jinping usó la palabra "guerra", y el vocero de la cancillería, Zhao Lijian, manejó en un tuit explosivo la posibilidad de que una delegación de 300 soldados del ejército de EU, que participaron en los Juegos Militares de Wuhan en octubre de 2019, hubieran introducido el virus en esa ciudad. Incluso, medios chinos han insistido en la presunta conexión entre el cierre, en agosto pasado, de un laboratorio militar de armas biológicas declarado "inseguro" en Fort Detrick, en Maryland, donde está el Comando Médico del Pentágono, con los juegos militares y la epidemia.

La propaganda de los medios occidentales, con eje en el miedo, el pánico y la incertidumbre tuvo como objetivo deliberado inicial a China, para aislarla y satanizarla en el marco de la guerra comercial con EU. El 1º de marzo, Michel Chossudovsky, de Global Research, preguntó si EU tenía conocimiento previo de la pandemia Covid-19 y sus probables impactos. Mencionó que el 18 de octubre pasado, dos meses antes del brote en Wuhan, el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud efectuó un "ejercicio de simulación" de una epidemia de coronavirus nCoV-2019, en la ciudad de Nueva York. En el Evento 201 Simulación, se simuló un colapso de 15 por ciento de los mercados financieros. El ejercicio fue patrocinado por la Agencia Central de Inteligencia, la Fundación Bill & Melinda Gates, el Foro Económico Mundial, Bloomberg y la Fundación Hopkins. El 17 de marzo, un grupo de científicos concluyó que el SARS-CoV-2, que provoca la enfermedad Covid-19, no se creó en un laboratorio ni es un virus manipulado de forma intencionada.

Vía el poder blando (softpower) de sus paquetes humanitarios a Europa y América Latina, China se ha reposicionado geopolíticamente, mientras, de cara al "virus extranjero", el eje Trump-Johnson-Bolsonaro viene impulsando una salida neomalthusiana inspirada en el darwinismo social.

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Lunes, 23 Marzo 2020 06:57

Usos del miedo

Usos del miedo

 Evitemos que el miedo se haga pánico. Necesitamos como nunca cabeza fría y corazón caliente.

El miedo es reacción sana ante amenazas. Nace en el sistema nervioso autónomo, como respuesta refleja y vital; es buena guía para actuar. El pánico es miedo excesivo sin fundamento que propicia comportamiento irracional.

Estamos ante amenazas sin precedente. Es útil aprender de la historia, pero no es la peste negra o la gripa española. Tampoco 1929 o cualquiera de las crisis anteriores. Ni siquiera puede aplicarse el término crisis; toda crisis tiene solución y ésta no la tiene.

No estamos ante una emergencia sanitaria. El coronavirus debería producir miedo razonable ante una amenaza manejable, no el pánico manipulable que se ha creado.

Es quizá inevitable que se contagie la mayoría de la población. La mayor parte de quienes se contagien no lo sabrán porque no tendrán síntoma; cuando más, cierta fatiga. Un pequeño grupo padecerá algo parecido a una gripa y sólo un grupo muy reducido tendrá padecimientos mayores, que pueden requerir hospitalización. Unos cuantos morirán.

No se trata de una amenaza general. Es importante precisar a quiénes afecta. No han muerto en parte alguna personas de menos de 15 años. En el grupo de 15 a 40 años murieron algunas personas con otros padecimientos serios. Lo mismo ocurre, en proporción mayor, en el grupo de 40 a 80 años. La mortandad principal se ha presentado en personas de más de 80 años. Murió 15 por ciento de las infectadas; tenían condiciones delicadas de salud y en su mayoría eran hombres. Hay excepciones a esto… como en todo.

Tomemos en serio tales datos. Para la mayor parte de la gente, en México, agresiones y accidentes seguirán siendo las principales causas de muerte. El coronavirus apenas contará.

Pertenezco al grupo de edad de más alto riesgo, quienes tenemos más de 80 años. Me he impuesto la cuarentena; me parece razonable hacerlo. En México, para nuestro grupo, el porcentaje de muertos será probablemente mayor a 15 por ciento, porque ni el gobierno ni el país están preparados para atender los casos que requieren hospitalización y atención especial. Aún así, se trata de una proporción normal para personas de mi edad.

El esfuerzo social y gubernamental, por el virus, debería estar concentrado en esas personas, ampliando y profundizando la atención que ha de darse a los ancianos. No se está haciendo. Y así se producirán tragedias, como las de Italia, con cientos de ancianos muertos.

El más perspicaz y conocedor de nuestros analistas económicos, Alejandro Nadal, que infortunadamente acaba de abandonarnos, nos lo dijo muchas veces: no sabíamos cuándo ni cómo, pero sabíamos que vendría y que sería peor que todo lo anterior.

Cae a pedazos el mundo que conocíamos, en particular la economía. Se extiende el colapso como reguero de pólvora. Como siempre, los que menos tienen sufrirán más. Mientras un número creciente de personas intenta acostumbrarse a vivir de nuevo en casa y con despensa, muchas más tendrán que salir a la calle para sobrevivir. Una parte muy grande de ellas ya no conseguirá lo que antes obtenía. Su única opción, a corto plazo, sería un ingreso universal… que no está a la vista todavía.

A voluntad o a fuerza la gente dejará de consumir casi todo, profundizando la parálisis económica. En 15 días se redujeron más consumos dañinos al ambiente que en 20 años de predicarlo. Poco a poco se abandonará la obsesión del coronavirus y será preciso enfrentar una realidad nueva. Para la mayoría, no habrá ya ingreso regular ni abasto apropiado. Empezará a ser evidente que la única opción realista consistirá en producir la propia vida. Las personas que menos tienen son las que están mejor preparadas para eso; no será fácil para clasemedieros con ingreso seguro y dependientes de las tiendas.

Arriba, dirigentes de gobiernos y corporaciones seguirán corriendo desatinadamente, encerrados todavía en su lógica muerta. Unos buscarán ganancias políticas o económicas adicionales a partir de las tragedias. Otros cometerán todo tipo de atropellos al intentar mayor control directo o indirecto de todo lo que se mueva. Prepararán así su propia extinción.

Muchas y muchos, abajo, nos preparamos para lo peor, aunque sigamos esperando lo mejor. Combatiremos el aislamiento y la individualización. Sabemos que sólo de la mano de otras y otros podremos enfrentar el desastre, pero nos enlazaremos con imaginación y sin amontonamientos. Confiaremos en el flamante liderazgo femenino, que llegó en buen momento. No se unirán individuos homogéneos en torno a banderas deshilachadas y vacías. Será el tejido fuerte de los nosotros forjados en el lazo cotidiano, en pequeños grupos de amigas y amigos o en el seno de barrios o comunidades; habrán nacido apenas ayer… o hace siglos. Buscaremos lo que no haga daño al planeta ni al tejido social. Regresaremos al presente, a construirlo con ánimo renovado.

Agamben tiene razón: el futuro ya no tiene futuro. Se lo robaron.

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Manifestante sostiene un letrero que dice "No más Esmad" tras una marcha en Bogotá. 10 de octubre 2019.Luisa Gonzalez / Reuters

En su informe anual, la oficina del Alto Comisionado de la ONU solicitó una reforma urgente al cuerpo del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), tras evidenciarse el uso desmedido de la fuerza para reprimir las protestas.

La oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) consideró urgente una reforma al cuerpo del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de Colombia, tras acusaciones sobre el uso desmedido de la fuerza para responder a las protestas contra el Gobierno del presidente Iván Duque. 

En su informe anual sobre la situación de los derechos humanos en Colombia, la oficina denunció que algunos miembros del Esmad no han cumplido con las "normas y estándares internacionales" en el uso de la fuerza.

La oficina del ACNUDH también documentó la "privación arbitraria de la vida" de un estudiante de 18 años, así como lesiones oculares o craneales causadas por proyectiles disparados por las fuerzas policiales. 

De igual forma, el organismo indicó que ese cuerpo represivo cometió "actos contra los manifestantes que podrían llegar a constituir malos tratos y/o tortura, tales como desnudez forzada, amenazas de muerte con matices racistas y repetidas golpizas".

En ese contexto, la instancia de Naciones Unidas urgió al Estado a iniciar "investigaciones exhaustivas, efectivas e independientes" sobre los casos de uso excesivo de la fuerza por parte del Esmad, e insistió en la necesidad de una "profunda transformación" de ese cuerpo, que pase por la revisión de protocolos de actuación "y de las armas y municiones menos letales para que cumplan con las normas y estándares internacionales".

A la par, la organización recomendó restringir "en la mayor medida posible" el uso del Ejército para labores de orden público, y recomendó trasladar la supervisión de las fuerzas de seguridad del Estado al Ministerio del Interior.

Desde el pasado 21 de noviembre iniciaron las protestas en contra del Gobierno de Duque, ante el descontento de sectores estudiantiles, obreros y universitarios. Durante las movilizaciones se denunciaron los excesos por la represión de uniformados del Esmad.

El más crucial fue el asesinato de Dilan Cruz, un joven de 18 años que participaba en una manifestación pacífica en el centro de Bogotá. Según Medicina Legal, el elemento que golpeó a Cruz en la cabeza fue un proyectil tipo 'bean bag', disparado por una escopeta calibre 12, un arma convencional usada por el escuadrón antidisturbios.

Pese a la cuestionada actuación de ese cuerpo, el gobierno colombiano presentó a finales del año pasado una política de seguridad que pretendía "reforzar" el Esmad, multiplicando el número de efectivos para "mejorar su respuesta, intensificar su entrenamiento, del mismo modo que la formación".

Publicado: 27 feb 2020 02:58 GMT

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Venezuela se muestra preparada ante posibles amenazas

En todo el país se realizaron ejercicios militares que fueron televisados

Pudo verse el despliegue de soldados, del sistema antiaéreo, el disparo de misiles desde buques de guerra, así como una operación para establecer centros de resistencias en Caracas en una hipótesis de ataque.

Los militares se desplegaron en Venezuela. No solamente en Caracas, donde pudieron verse armamento, soldados y milicianos, sino en todo el país. Cada uno de los cinco componentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) fue activado: la Guardia Nacional Boliviana, el Ejército Bolivariano, la Armada Bolivariana, la Aviación Militar Bolivariana, y la Milicia Bolivariana.

Se trató del ejercicio Escudo Bolivariano 2020 con la activación de 2.300.000 combatientes, anunciado por el presidente Nicolás Maduro el pasado viernes. La última operación de características similares había tenido lugar en el mes de septiembre, centrada en las zonas de fronteras, bajo el nombre de ejercicios Soberanía y Paz.

“El comando estratégico operacional de la FANB, las ocho regiones estratégicas de defensa integral, las veinte ocho zonas operativas de defensa integral, las noventa y nueve áreas de defensa integral, los agrupamientos y las bases populares de defensa integral, y las unidades populares de defensa integral, están todos desplegados en el territorio nacional”, afirmó el comandante estratégico operacional, Remigio Ceballos.

Los ejercicios fueron televisados y mostraron cómo sería un despliegue militar ante un escenario de agresión. Así pudo verse el despliegue de soldados, del sistema antiaéreo, el disparo de misiles desde buques de guerra, así como una operación para establecer centros de resistencias en Caracas en una hipótesis de ataque de bombardeo y tropas.

Uno de los elementos significativos dentro del Escudo Bolivariano fue la activación de la Milicia. El General en Jefe, Vladimir Padrino López, resaltó la importancia de ese componente: “la incorporación de la Milicia como componente especial de la FANB otorga un valor agregado a la defensa de la Nación (…) ellos son combatientes regulares, no son civiles armados”.

La Milicia Bolivariana ha sido objeto de diferentes ataques por parte de la oposición venezolana, quien ha oscilado entre ridiculizar a quienes forman parte de la Milicia y, por el otro lado, mostrar su preocupación por el incremento del número y formación de milicianos y milicianas.

Se trata de uno de los rasgos más distintivos del proceso político venezolano, que permite e incentiva la participación de la población en el proceso de defensa de la Nación bajo el artículo 130 de la Constitución. La Milicia integra en su mayoría a hombres y mujeres de los sectores populares, barriadas, zonas rurales, trabajadores, identificados con el chavismo y la necesidad de prepararse ante las amenazas actuales.

Esas amenazas están en un momento determinante en Venezuela luego de la gira que Estados Unidos le creó a Juan Guaidó, con las escenas centrales de su presencia en el discurso del estado de la unión, así como la reunión en la Casa Blanca con el presidente Trump.

No se trata únicamente de fotografías: un sector de la derecha venezolana pide de manera abierta que sean ejecutadas acciones de fuerza contra el gobierno venezolano. El trabajo de esa ala opositora es lograr esa operación a través del lobby que vienen realizando en Estados Unidos donde un sector del partido republicano y del Estado profundo trabaja sobre esa línea.

En ese marco el Escudo Bolivariano 2020 fue una acción de demostración de fuerzas, de apresto militar, y de disuasión tanto hacia Estados Unidos como hacia países vecinos, en particular Colombia y Brasil, con los cuales han existido escenarios de fuerte tensión.

No se trata de la única acción de defensa desarrollada por el gobierno, en particular dentro de las hipótesis de conflicto donde la de una acción militar regular parece la menos probable. El cuadro de posibilidades sugiere que las operaciones posibles se centran en maniobras vía paramilitares, mercenarios, con intentos de disparos quirúrgicos -como asesinatos o extracciones- o atentados que busquen conmociones sociales.

El ejercicio fue también una nueva reafirmación del mando de Nicolás Maduro y de la ficción de la presidencia de Juan Guaidó que, luego de su regreso, no ha dado anuncios concretos ni contundentes.

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Domingo, 16 Febrero 2020 05:56

En la silla equivocada

Miembros de las fuerzas armadas salvadoreñas entran a la Asamblea Legislativa en compañía del presidente Bukele / Foto: Afp, Str

La encrucijada de Nayib Bukele, presidente de El Salvador.

Como el parlamento, a su criterio, estaba demorando más de la cuenta la aprobación del presupuesto para seguridad, el presidente salvadoreño declaró el asunto “emergencia nacional”. Luego convocó una asamblea extraordinaria, entró a la sede legislativa flanqueado por soldados y policías, y pretendió dirigir la sesión. Como no lo logró, rezó. Aunque el hecho, evidentemente, no pasó desapercibido, tampoco resultó extraño si se tienen en cuenta las características tradicionales del sistema político salvadoreño.

Durante el siglo XX, muchos países latinoamericanos han sufrido serias dificultades para mantener un equilibrio entre los órganos del Estado, se han hecho grandes esfuerzos para que el presidente no acumule demasiado poder, y es ahí donde vienen a la mente nombres como el de Fulgencio Batista, Perón, Stroessner, Porfirio Díaz, Pinochet o, en el caso de El Salvador, Maximiliano Hernández Martínez. Son personajes que, de una u otra forma, manejaron o manipularon a los otros poderes del Estado para mantenerse en la presidencia. De ninguna forma se está asegurando que Nayib Bukele sea un dictador, más bien se trata de no dejar pasar un evento significativo de nuestras tradiciones políticas.

DONDE NO LO LLAMAN.

El Salvador es un país con serios problemas de seguridad pública, aunque también padece de falta de fortalecimiento institucional, extrema pobreza y sistemas de salud y educación deficientes. Sin embargo, las primeras décadas del siglo XXI dan señales de mejoras sustanciales. La guerra civil (1972-1992) dejó un sistema democrático bipartidista, en el que la derecha neoliberal quedó representada por Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y la ex guerrilla formó el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln). El primero gobernó por 20 años con cuatro presidentes distintos, y el Fmln logró la alternabilidad en 2009 y gobernó por ocho años.

En 2019 un joven empresario de ascendencia palestina apareció –luego de militar en el Fmln– como una opción fresca y nueva que ofrecía soluciones a los problemas del país. Este personaje aseguraba ser distinto a “los mismos de siempre”, como llamaba a los partidos tradicionales. El 1 de junio de 2019 Nayib Bukele llegó a la presidencia, aprovechando su política fresca y su simpatía construida en redes sociales, sin mayor oposición. No tuvo problema en ganarle al Fmln y Arena gracias a su campaña, pero también en gran medida gracias al desgaste de los partidos antes mencionados.

Aun con una victoria muy celebrada nacional e internacionalmente, la expectativa continúa a ocho meses de gobierno. La evaluación a 100 días de gobierno expuso las promesas incumplidas. Los medios de comunicación más críticos acusaron a Bukele de no lograr la extradición del expresidente Mauricio Funes de la vecina Nicaragua, quien es buscado por la justicia salvadoreña por enriquecimiento ilícito durante su mandato (2009-2014). Funes se nacionalizó nicaragüense para evitar ser extraditado.

Por otra parte, prometió perseguir la corrupción a través de una comisión, pero no la ha llevado a cabo. En ese sentido, sus antecesores dispusieron de una cantidad no especificada de dinero, para usarla a su criterio. Esa “partida secreta”, como se la denominó, fue muy criticada, y Bukele prometió desmantelar la estructura que promovía el clientelismo político. Pero hasta el momento no hay novedades. Su gestión, sin embargo, ha tenido una buena evaluación a nivel regional e internacional, porque se ha enfocado en la seguridad pública a través del combate a los homicidios en el país más peligroso y violento de América Latina, según cifras de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

Bukele lo ha logrado, al menos eso sostienen su gobierno y simpatizantes. En su primer mes lanzó un plan de seguridad de tres fases y logró bajar los asesinatos de 231 en junio a 87 en julio de 2019, según los estimados más altos. La primera fase del plan consistió en enfocar los esfuerzos de la policía en 12 localidades con altos niveles de violencia, así como atacar, en cierta medida, las redes de financiamiento de las pandillas. Además, se trasladó reos que dirigían operaciones ilícitas desde las cárceles y se interrumpió los servicios telefónicos en los centros penales. Con esto logró disminuirse la incidencia de los miembros de las pandillas, presos por sus crímenes. La segunda fase consistió en expandir el área de despliegue de la policía y el ejército a espacios concretos, como urbanizaciones y colonias que se veían afectadas por el accionar de las pandillas. Esta fase tuvo, al parecer, resultados favorables, aunque su alcance es aún materia de debate.

La tercera fase se ha complicado. Presentada en agosto de 2019, buscó modernizar y tecnificar a la policía y el ejército con equipo de última generación para que sus acciones fueran más eficientes. Pero Bukele no ha dado detalles, y los diputados exigen información; hasta ahora se sabe que se busca adquirir helicópteros, un barco, armas, chalecos antibalas, cascos de visión nocturna y cámaras de videovigilancia. Todo lo anterior con un presupuesto de 109 millones de dólares, por lo que el presidente urge la aprobación de la autorización para gestionar un préstamo con el Banco Centroamericano de Integración Económica. Los parlamentarios le han dado largas a las discusiones, aprobando y retractándose de su decisión, y Bukele se desesperó. El domingo 9 de febrero utilizó el poder del Ejecutivo para que su Consejo de Ministros convocara una sesión extraordinaria de la Asamblea Legislativa, con la justificación de una emergencia nacional ante el prolongado período de discusión del presupuesto para seguridad. Las acciones del domingo por la tarde no favorecieron al presidente: los diputados de Arena y del Fmln –los políticos peor calificados por la población salvadoreña– se rehusaron a asistir a la Asamblea y sólo se presentaron 29 de los 84 legisladores.

El presidente, que realizó un evento político afuera del parlamento, terminó entrando al salón de la Asamblea, flanqueado por medio centenar de soldados y policías armados que se tomaron la sede legislativa, y se sentó en la silla del presidente de la Asamblea. Desde allí llamó a sesión parlamentaria y, al darse cuenta de que no había suficientes diputados, se dispuso a orar: aseguró que Dios le había dicho que tuviera paciencia. En El Salvador, donde la enorme mayoría de la población es católica y evangélica, las acciones de Bukele fueron una burla a la religión. Al abandonar la sede parlamentaria, Bukele siguió señalando a los diputados como corruptos e irresponsables por no aprobar el presupuesto para seguridad pública.

Entre el lunes 10 y el miércoles 12 de febrero, los formadores de opinión –desde los diarios y noticieros– acusaron a Bukele de irrespetar la Constitución, la institucionalidad democrática y de dar muestras de autoritarismo. Pero vale recordar que estos males son, lamentablemente, características tradicionales del sistema político salvadoreño. Si bien después de la guerra civil se realizaron reformas importantes para evitarlos, nuestra sociedad tiende a su tradicional caudillismo, que fácilmente degenera en autoritarismo o incluso en dictaduras.

LÍMITES.

Las consecuencias no paran ahí. La sala de lo constitucional del órgano judicial emitió cuatro medidas cautelares contra el presidente y sus ministros: le prohibieron hacer convocatorias a la Asamblea emitidas por el Consejo de Ministros, suspender cualquier acuerdo tomado en la sesión del 9 de febrero de 2020, que el presidente se abstenga de hacer uso del ejército y la policía, y al ejército y la policía no acatar órdenes fuera de sus labores constitucionales. Así los equilibrios de poder republicanos parecen restablecerse, pero el sistema aún falla y necesita fortalecerse. La democracia no es un destino, sino una construcción constante que debe ser vigilada.

Las lecciones para aprender de este episodio de la vida republicana salvadoreña son importantes. Siguiendo la tradición caudillista, Bukele aprovechó su carisma y capital político para llegar a la presidencia. Tanto la Asamblea Legislativa, que tiene una mala aceptación a nivel nacional, como el Ejecutivo, que goza de una relativa aceptación por parte de la población, se vieron muy mal al insultarse públicamente y dañar la frágil institucionalidad del país. Por último, conviene decir que la sociedad civil es la llamada a mediar y exigir una discusión real y consensuada de los planes de gobierno y de la aprobación de préstamos a organismos internacionales, y a evitar la injerencia de un órgano de Estado en otro. Además, quedó demostrado que la Asamblea y los partidos de oposición ahí representados tienen fuerza y apoyo de sus bases para asumir, junto con la sociedad civil, el debido control de los gobiernos democráticamente elegidos.

Por Alfredo Ramirez

14 febrero, 2020

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Integrantes de la Policía Nacional Civil y de las fuerzas armadas, junto con diputados ofi cialistas, ingresaron al recinto para apuntalar una sesión extraordinaria convocada por el mandatario Nayib Bukele. El Ejecutivo llamó a sus seguidores a participar en una "insurrección" para forzar al Parlamento a aprobar un préstamo de 109 millones de dólares que destinaría a un programa de seguridad. El presidente entró al recinto y en el estrado se puso a orar. La oposición lo acusó de urdir un "autogolpe" de Estado. Foto Ap. / Agencias

El presidente exige a diputados aprobar la solicitud de un préstamo para su estrategia de seguridad interna

 

San Salvador., Efectivos de la Policía Nacional Civil y de las fuerzas armadas irrumpieron ayer en la sede de la Asamblea Legislativa con algunos de los diputados oficialistas que se presentaron para participar en una sesión extraordinaria convocada por el presidente Nayib Bukele.

El mandatario convocó a sus seguidores a rodear la sede del Legislativo e hizo un llamado a la insurrección para forzar al Parlamento a aprobar un préstamo de 109 millones de dólares que impulse la Fase tres del Plan Control Territorial, su estrategia de seguridad interna.

Bukele llegó al recinto, a cuya sesión sólo acudió una veintena de los 84 diputados.

La oposición a Bukele denunció un intento de autogolpe de Estado contra la Asamblea Legislativa con el argumento de que debe votar el préstamo.

Bukele lanzó un ultimátum de una semana a la Asamblea, de mayoría opositora, para que apruebe el préstamo para el rubro de seguridad, clave para el plan nacional de lucha contra las pandillas y epicentro del actual enfrentamiento entre ambos poderes.

Al dirigirse desde una tarima a seguidores y empleados estatales congregados en las cercanías, Bukele expresó: Les pido paciencia, si estos sinvergüenzas (los diputados) no aprueban esta semana el Plan Control Territorial los volvemos a convocar el domingo (que viene).

El crédito, que será usado para el equipamiento del ejército y la policía, es clave para avanzar en el plan del gobierno contra las violentas pandillas.

Momentos antes de lanzar el ultimátum, en un hecho insólito, Bukele ingresó al estrado que normalmente ocupa la directiva del Congreso en el salón de sesiones y se dispuso a orar: La decisión que vamos a tomar ahora la vamos a poner en manos de Dios. Vamos hacer una oración.

Luego se paró, salió del recinto y se dirigió a sus seguidores afuera del Congreso, a quienes aseguró que durante su oración Dios le dijo que tuviera paciencia con los legisladores. Desde su llegada al poder en junio de 2019, Bukele gobierna con una minoría en el Congreso unicamaral.

Cuando el mandatario se presentó al recinto, el Parlamento estaba inusualmente custodiado por efectivos militares provistos de chalecos antibalas y fusiles de asalto M-16.

Todo ocurrió a pesar de que el presidente de la Asamblea, Mario Ponce, convocó el sábado a los parlamentarios a sesionar sobre el polémico préstamo este lunes, luego de que fracasó esa noche un intento de celebrar una sesión extraordinaria.

El viernes surgió una confrontación entre Bukele y el Legislativo, cuando el presidente –apoyado en una resolución del consejo de ministros– llamó a la Asamblea a sesionar de manera extraordinaria el fin de semana para aprobar el préstamo.

En tanto, el partido derechista Alianza Republicana Nacionalista, que anunció que no votará a favor de la petición del gobierno, pidió al secretario general de la OEA que active los mecanismos establecidos en la Carta Democrática Interame ricana para evitar el rompimiento del orden constitucional.

Por su parte, el izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, en el cual alguna vez militó Bukele, exigió al mandatario frenar sus amenazas, propias de una dictadura.

La Unión Europea expresó en un comunicado la gran preocupación que ha causado el enfrentamiento entre las instituciones en el país centroamericano. Y la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social pidió el retiro de las fuerzas armadas del recinto legislativo, entre otras medidas, para desactivar la crisis.

Las pandillas son responsables de gran parte de la crisis social en El Salvador, uno de los países sin guerra más violentos del mundo, con un promedio anual de 35.6 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2019.

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Del Código Excalibur a las fuerzas anti alienígenas de Trump

En 1983 Ronald Reagan, un fanático religioso y actor del cine convertido en presidente de EEUU, lanzó su Guerra de las Galaxias con el código Excalibur: iba a enviar al espacio unos 2200 satélites equipados con unas armas portadoras de partículas subatómicas, aun por inventar, y que con una velocidad de la luz iban a destruir las cabezas nucleares soviéticas hipotéticamente disparadas en dirección a EEUU. El proyecto no se llevó a cabo: costaba unos 20.000 millones de dólares, y no servía más que para un video juego infantil.

Hoy, 34 años después, el Congreso de EEUU, de mayoría demócrata, ha aprobado un proyecto de ley de “defensa”, con un presupuesto de 738.000 millones de dólares que incluye la creación de la Fuerza Espacial (FE) propuesta por otro “presidente por accidente” llamado Donald Trump quien afirma que el espacio es el «nuevo dominio de combate».

Esta declaración de guerra al mundo, como de costumbre, va acompañada por una megamentira: que “EEUU ha perdido la supremacía militar en el espacio a Rusia y China” y no podría «sobrevivir a un ataque furtivo de China” o que el país de Mao «puede instalar una base militar en polo sur de la luna” y ¡convertir la Vía Láctea en la Ruta de Seda espacial! Pero ¿no es cierto -como afirma la versión oficial-, que el mayor ataque a EEUU, el 11S, fue realizado por una fuerza “llegada de la Edad de Piedra” que no con una “Espacial”?

Resulta que EEUU sigue liderando la capacidad satelital y la tecnología militar espacial, y posee unos 901 satélites (en comparación con 280 de China y los 150 de Rusia), y planea lanzar 1.300 satélites más.

El presidente Madman de rostro anaranjado de EEUU cree que las armas de destrucción masiva que hay en la Tierra no son suficientes para acabar con todos los seres vivos del cosmos.

La Odisea Espacial de Trump

Aunque desde 1982 ya existe el Comando Espacial en la Fuerza Aérea de EEUU, que emplea a 36.000 individuos, los motivos por los que Trump necesita crear otro, son:

  • Sobornar a la industria armamentísticaen la víspera de las elecciones del 2020. El Congreso, en un atraco sin precedente al dinero público aprobó un anticipo de 40.000 millones de dólares para la puesta en marcha de la FE, que contratará, inicialmente, a 16.000 personas. La dimensión de lo que va a ganar la industria militar sólo es comparable con lo que obtuvo con el 11S. y la farsa de la Guerra contra el Terror: el fin de la Guerra Fría le había cerrado el grifo y tuvieron que inventar un nuevo Coco contra quien luchar. El 12 de septiembre, es EEUU que golpea a sí mismo, otorgando sus rindas a unos pistoleros, que lanzaron operaciones militares ilimitadas, se deshicieron de las armas viejas, probaron las nuevas (como los drones), a costa de la destrucción de naciones enteras y la vida de cientos de millones de personas, entre muertas, heridas, mutiladas, desplazadas y refugiadas. Un dato revelador: Los cazas F-22, fabricados en los ochenta para enfrentarse a los cazas soviéticos semejantes (que ni se habían construido) nunca se utilizaron. ¿Qué más da? Lockheed Martin ahora está construyendo 2443 aviones F-35, por un valor de 323. 000 millones de dólares. El negocio de la “guerra perpetua”, trae ingresos perpetuos para este crimen organizado, y pérdidas perpetuas, no sólo para cientos de millones de personas de otros estados, sino para los propios ciudadanos de EEUU: según Children’s Defense Fund, en el país más rico del planeta, 40 millones de personas viven por debajo del umbral de pobreza -el doble que hace cincuenta años-, de ellos 13 millones son niños. El número de los menores sin hogar, 1.5 millones, es tres veces más que durante la Gran Depresión de la década de 1930.  Al presupuesto del Pentágono, que son 750.000 millones de dólares para 2020 se deben sumar los 70.000 millones destinados a las 16 agencias de inteligencia, otros 70.000 millones que va al Departamento de Seguridad Nacional, más 30.000 millones asignados al Departamento de Energía, los 200.000 millones para la Administración de Veteranos, y lo que se destina a otros departamentos para fines militares, como a de Justicia, que recibe miles de millones de dólares para buscar “terroristas” fantasmas contra quienes luchar: llegó a cambiar la definición del “terrorismo” para poder incluir a un mayor número de personas de todo el mundo. Este departamento está vinculado con la industria carcelera -cuyo negocio sin fronteras se extiende desde el Guantánamo en Cuba hasta el Bagram en Afganistán, pasando por Rumania y Polonia-, encargado de practicar la pedagogía del terror estadounidense. Muchos son los agujeros oscuros que absorben el pan, la salud y el techo de millones de personas de aquel país.
  • Mantener y ampliar la colosal máquina de matardel imperialismo de EEUU, ahora que va dejando de ser la superpotencia económica, comercial y tecnológica.
  • Privatizar el espacio, poniendo una puerta militar al cielo, y decidir qué países, qué corporaciones y en qué condiciones pueden acceder a él.
  • Convertir en un arma de guerra a la propia galaxia, que ya está militarizado, para mantener su dominio militar en la Tierra. De hecho, la FE será un comando geográfico al igual que el Comando Europeo (EUCOM), el Africano (AFRICOM), el Central (CENTCOM), el Pacífico (PACOM), el Norte (NORTHCOM), el Sur (SOUTHCOM) y el Estratégico (STRATCOM).
  • Colocar interceptores de misileso armas satelitales en el espacio, con el fin de bloquear o piratear las señales de los aparatos de otros países, ya no solo con las virguerías electrónicas sino también con armas antisatélite (y aviones de combate equipados con láser, e instalar ojivas nucleares en la órbita), atentando contra las comunicaciones, la navegación aérea, y otros servicios civiles de otras naciones.
  • Militarizar aun más la política exterior de EEUU: el cese de Rex Tillerson puso fin a la diplomacia en el gobierno de Trump.
  • Colar a Trump en alguna página de la historiapor algo tan grande como el tamaño del universo (ahora que no le vendieron Groenlandia) y también a la medida de la estupidez de quienes le aplauden ilusionados por “poner botas (militares) en la Luna” para 2024. ¡Es vital para la psique del estadounidense provinciano saber que está gobernando el mundo!

¿Y por qué los demócratas han apoyado el proyecto? En EEUU la economía basada en la guerra tiene un nexo directo con la dependencia política de EEUU del militarismo. Muchos gobernadores de ambos países no estarían en la Cámara sin el dinero de las compañías de armas de su región invertidos en sus campañas.

Así empezó el Star trek trampiano

La FE no es una ocurrencia de Donito Trumpolini  y su familia: él sólo tienen el encargo de llevar adelante esta nueva fase de la doctrina militar de EEUU. Fue después de la Segunda Guerra cuando Washington acogió a los científicos nazis quienes regalaron a los nuevos patrones su conocimiento técnico, empapado de la ideología supremacista: En Redstone Arsenal situado Huntsville, el corazón del militarismo espacial del mundo, fabricaron un misil balístico para transportar armas atómicas. Y cuando en 1957 la Unión Soviética lanzó Sputnik, exhibiendo su capacidad para explorar el espacio, EEUU aceleró el proyecto del presidente Eisenhower en crear la NASA en 1958, agencia de apariencia civil, que distraería la atención en los proyectos espaciales con fines militares.

En 1967, EEUU, la URSS y China y otros países firmaron el Tratado del Espacio Exterior, que autoriza la exploración y el uso del espacio exterior para todas las naciones y prohíbe que alguno pueda reclamar soberanía sobre él o desplegar armas de destrucción masiva, incluidas las nucleares, aunque se le olvidó impedir actividades militares en el Cielo.

En 2001, China propuso el Tratado de Prevención de una carrera Armamentista en el Espacio ante la ONU, sin conseguir que EEUU lo firme. Seis años después, el régimen de George W. Bush, formado por personas vinculadas con las compañías de armas y de petróleo, bloqueó la resolución de la ONU sobre el control de armas en el espacio, mientras derogó el Tratado sobre Misiles Anti-Balísticos firmado con la URSS en 1972. La Guerra del Golfo Pérsico de 1991 será la «primera guerra espacial»: en ella EEUU utilizará los satélites para atacar a Iraq con armas nuevas guiadas, como los drones.

Ahora, Trump rompe la primera medida del control de armas nucleares firmado en 1987 con la URSS (Tratado INF), y también el acuerdo nuclear con Irán, para tener las manos libres y ¿»Make America Great» con el asalto de la industria aeroespacial a la Casa Blanca y al Congreso?

EEUU no será más seguro: China basa su política exterior en coexistencia pacífica (el  respeto mutuo, no injerencia, negocio con beneficio mutuo) puede verse empujada a una carrera armamentística, como la URSS en los ochenta; lo que no solo perjudica a China y la economía mundial, sino también provocará lo que se llama el “Modelo espiral”: cuando un país aumenta sus fuerzas militares para garantizar su seguridad, provoca una mayor preocupación en otros estados, que por su parte se arman, disminuyendo la  seguridad del primero.

Con un multimillonario charlatán instalado en el Despacho Oval, la amenaza de una guerra espacial es muy seria. Y ¿saben por qué no existe un movimiento antimilitarista a nivel mundial?

Por Nazanín Armanian

31 DICIEMBRE 2019

Publicado enInternacional
https://www.eluniversal.com.mx/articulo/periodismo-de-investigacion/2017/05/27/110-suicidios-de-militares-durante-guerra-al-narco

Durante los últimos 16 años Colombia registró 1.155 suicidios, un promedio de 72 por año1. ¿Cuáles son las razones de este preceder? ¿Qué medidas toma el Ejército para lidiar con este preocupante fenómeno? ¿Qué posibilidades tienen los jóvenes que prestan el servicio militar obligatorio, o sus familias, para enfrentarse a esta situación?

 

El suicidio, un problema por décadas invisibilizado por parte de las Fuerzas Militares. Sucede en diversos países, entre ellos Colombia. Su motor, para nuestro caso, la presión del mando sobre los soldados, todo ello, producto del afán de buscar resultados –bajas– a como de lugar. La militarización, motor de este procedimiento, donde la ética no tiene espacio, es parte de la explicación del proceder de los suicidados, un proceder, como es lógico, que afecta a las familias de las víctimas e, incluso, a la misma institución militar.

Es muy probable que alguien que prestó el servicio militar, o ha sido parte de las fuerzas militares, haya conocido o escuchado sobre algún caso de suicidio al interior de un Batallón o unidad militar al que estaba asignado. El suicidio no es un proceder extraño, registra con frecuente dentro de estructuras militares que cumplen con ciertas características, como las que comportan los ejércitos de EE.UU, Filipinas, Brasil y Colombia. Cuatro aspectos hay en común dentro de esta problemática: Prácticas machistas enquistadas dentro del Ejército, altos niveles de militarización, militarismo e impunidad sobre estos casos.



Los efectos de aumentar el nivel de militarización



En primer lugar, los altos índices de militarismo llevan a las estructuras militares a introducir dentro de sus rutinas de instrucción prácticas en extremo violentas, encaminadas, según los manuales de entrenamiento, a moldear el carácter y la capacidad de respuesta violenta de los soldados. Estas rutinas, a pesar de ser cuestionadas, terminan siendo veladamente aceptadas por sociedades militaristas como la colombiana, donde se justifican estos hechos bajo premisas asociadas con el sacrificio, la disciplina, el honor o el temperamento, ignorando las múltiples implicaciones que generan estos procedimientos en la mente y los cuerpos de los jóvenes que las padecen e incorporan en su rutina diaria.

Son manuales y rutinas de entrenamiento que también se aplican en Ejércitos de otros países, los que registran porcentajes más bajos de suicidios, tal vez porque tienen niveles reducidos de militarización. Por eso, en segundo lugar, vale la pena aclarar que mientras el militarismo es un sistema de valores, la militarización es un fenómeno cuantificable, en el que uno de los factores claves es el aumento del pie de fuerza, razón por la cual los filtros psicológicos y procesos de selección se hacen menos rigurosos o en algunas ocasiones sencillamente se omiten, como ocurrió en el caso colombiano entre los años 2002-2010, período en el cual se documentaron cientos de casos en los que los jóvenes eran reclutados en procedimientos ilegales –como las batidas (detenciones arbitrarias con fin de reclutamiento)– luego de las cuales se practicaban exámenes psicológicos claramente deficientes, o en algunos casos no se realizaba ningún examen.

El filtro psicológico es determinante a la hora de prevenir acciones suicidas dentro de los batallones, pues permite identificar jóvenes con algún tipo de trastorno de personalidad, problemas familiares, depresión, antecedentes suicidas, baja autoestima, dolor crónico, falta de sueño, lesiones cerebrales y otros aspectos que al entrar en relación con el entrenamiento realizado en condiciones estresantes o degradantes, sumado a prácticas de abuso de autoridad, violencia física y psicológica, aumenta considerablemente el riesgo de suicidio. En definitiva, un alto nivel de militarización que implique aumentar las cuotas de reclutamiento, tiene una relación directa con el incremento en los índices de suicidio.

En tercer lugar, mencionamos el machismo dominante dentro de las instituciones castrenses. Aún bajo la presión del entrenamiento un joven podría construir al interior del Batallón una red de apoyo formada por sus compañeros, a partir de lazos de fraternidad y confianza que les permitan enfrentar esta y otras situaciones, pero aunque el Ejército habla permanentemente de sus esfuerzos para promover la hermandad y cooperación entre sus efectivos nada dista más de la realidad, pues en la cotidianidad, dentro de las unidades militares se presentan decenas de prácticas propias de una masculinidad hegemónica, basada en el estereotipo de un hombre que funciona casi como una máquina, que debe resolver todo con la fuerza, y sin expresar emociones, porque tal cosa sería vista como una palpable debilidad.

Matoneo, discriminación racial, hurto de pertenencias personales, acoso y abuso sexual, intimidación, extorsión, amenaza, feminización, aislamiento y otras prácticas asociadas a contextos fuertemente patriarcales, hacen que los soldados en lugar de protegerse o solidarizarse con las crisis experimentadas por sus compañeros, terminen empujándolos bajo una lógica de competencia e imposición de un tipo bastante nocivo de masculinidad, llevándolos a límites de estrés, miedo y tensión, tan fuertes, que en muchos casos los jóvenes desarrollan esquizofrenia, paranoia, depresión, o incurren en consumo de sustancias psicoactivas; condiciones que incrementan peligrosamente las probabilidades de cometer suicidio.



Los casos de suicidio en la impunidad

El pasado 7 de julio Noticias Uno dio a conocer el caso de Cristian Aldana2, un joven de 22 años cuyo sueño era prestar el servicio militar. En efecto, lo reclutaron, pero  mientras prestaba el servicio fue víctima de matoneo y abuso sexual por parte de dos sargentos, cuestión que lo llevó a intentar en varias ocasiones suicidio y ser diagnosticado con esquizofrenia paranoide. Actualmente el Ejército no reconoce los hechos y se niega, además, a suministrarle los medicamentos que requiere para el tratamiento de una patología que a todas luces adquirió durante la prestación del servicio militar.

Esto nos lleva al último punto, relacionado con los altos niveles de impunidad presentes dentro de la institución militar. Si bien es difícil encontrar personas dispuestas a denunciar este tipo de situaciones, debido principalmente a los códigos de silencio impuestos por una masculinidad que se considera socavada por contar lo que está ocurriendo, la cuestión empeora aún más al revisar que la cifra reconocida por el Ministerio de Defensa (1.155 suicidios en los últimos 16 años) puede estar muy por debajo de la realidad, pues como se ha podido observar recientemente, luego de las denuncias publicadas por el New York Times acerca de las presiones a las que son sometidos oficiales para obtener bajas a todas costa (práctica que disparó la cifra de “Falsos positivos” entre el 2004 y el 2010) el Ejército colombiano en lugar de realizar las modificaciones necesarias para transformar la situación, emprendió una brutal cacería tratando de ubicar a los efectivos que habían hablado con los medios. Si esta fue la decisión tomada contra oficiales de altos rangos, puede deducirse fácilmente que este mismo tipo de presiones para garantizar silencio son empleadas contra las familias que intentan indagar sobre los suicidios de sus hijos, como ocurrió en el año 2007 con el suicidio de Alexander Calderón Gómez, joven de 19 años de edad3, hecho sucedido al interior del Batallón Guardia Presidencial y denunciado por su padre, quien manifestó también en varias ocasiones haber sido sujeto de conversaciones y llamadas intimidantes por parte de efectivos del Ejército, que le advertían que de seguir indagando sobre lo ocurrido con su hijo habría consecuencias para él y otros integrantes de su familia.

Para este último ejemplo es importante recordar que en el Batallón Guardia Presidencial, ubicado en pleno centro de la ciudad de Bogotá, se han presentado 14 suicidios entre 1994 y el 2018, frente a los cuales valdría la pena preguntarse ¿cuáles son los resultados de las “investigaciones” realizadas para cada uno de los casos? Y, ¿cuáles son las prácticas o situaciones comunes entre los casos documentados? Práctica y rutinas necesarias de establecer pues se supone que este Batallón no aplica cursos o entrenamientos especiales que implican acciones de tortura física y psicológica, como las denunciadas recientemente para el Curso Unidades Básicas de Lanceros (Cubal) o los simulacros de secuestro realizados en la base militar El Fuerte - Amazonas II4.



La necesidad de revelar el secreto



Para empezar, es fundamental que el país empiece a problematizar este tipo de situaciones en lugar de tratarlas como un secreto a voces. Ninguna vida se va a salvar asumiendo que estas “son cosas que pasan” o que “el entrenamiento militar no es para todo el mundo”.

Por otro lado, la institución militar en cabeza del Ministerio de Defensa, debe empezar a implementar controles estrictos y cambios estructurales en rutinas, normas y cursos especiales de entrenamiento, que aumentan significativamente la probabilidad de que se presenten suicidios al interior de los batallones y bases militares ubicadas a lo largo y ancho del territorio nacional. También está en la competencia del Ministerio de Defensa asumir debidamente su propósito de transformar el Ejército, modernizando los procedimientos de entrenamiento y dándole sentido al objetivo N° 7 de su “Plan de Transformación Ejército de Futuro (Petef)” en el cual plantean “El fortalecimiento de la cultura de transparencia, que busca la aplicación de normas, generando cambios culturales y pedagógicos enmarcados en la ética y la transparencia institucional”5.

De así suceder, la ciudadanía podría entender que la modernización del Ejército es una realidad no solo en el marco de las multimillonarias adquisiciones en sistemas, equipos, vehículos y armas de combate que autorizadas con los presupuestos otorgados por el gobierno actual, sino también por el esfuerzo y los recursos que se deben comprometer para respetar y garantizar la vida de los soldados, ya que lo que está ocurriendo dista mucho de ser la “maravillosa experiencia” que prometen en la numerosa y frecuente publicidad promovida por el Comando de Reclutamiento (Corec) para que los jóvenes se vinculen a la institución.

Por último, como sociedad civil y organizaciones sociales, debemos asumir un rol más fuerte en el seguimiento, denuncia y exigencia de cambios estructurales a la institución militar. Cambios que pueden empezar por la eliminación del anacrónico y obsoleto modelo de servicio militar obligatorio, que solo entre el 2009 y el 2015 dejó 7.552 jóvenes afectados de por vida por daños físicos o mentales6 y la transición hacia un modelo de profesionalización de las fuerzas militares.

Es importante también que el Ejército (como lo ordena la Corte Constitucional) y las organizaciones sociales, promuevan masivamente el derecho fundamental a la objeción de conciencia, el cual le brindaría la posibilidad a cualquier joven que sienta que no puede prestar el servicio militar o que no debe seguir prestándolo, de ser desvinculado de la institución militar, sin por ello asumir implicaciones negativas contra su persona.

Precisamente, en el marco de estas alternativas a la militarización y la barbarie que la acompaña, Colombia será este año el anfitrión de la Conferencia Internacional “Antimilitarismos en movimiento: Narrativas de resistencia a la guerra”, por realizarse en Bogotá entre el 30 de julio y el 1 de agosto, Conferencia impulsada por la Internacional de Resistentes a la Guerra, la Red Antimilitarista de América Latina y el Caribe, y por las organizaciones en Colombia: Justapaz, Cuerpo Consciente, Acooc y Convivamos7.



1    Esta cifra la dio a conocer Gustavo Petro en un debate de control político realizado al Ministro de Defensa en la Comisión Primera del Senado el pasado 11 de junio. Consultado en: https://canal1.com.co/noticias/nacional/al-ano-se-suicidan-50-militares/amp/
2    Consultado en: https://canal1.com.co/noticias/madre-denuncia-que-su-hijo-fue-abusado-sexualmente-en-el-ejercito/
3    Consultado en: https://caracol.com.co/radio/2007/06/22/judicial/1182532620_443734.html
4    Consultado en: https://www.las2orillas.co/el-infierno-del-campo-de-entrenamiento-del-ejercito-colombiano-en-el-amazonas/
5    Consultado en: https://www.defensa.com/colombia/plan-transformacion-ejercito-colombia
6    Consultado en: file:///C:/Users/ALEJANDRO/Downloads/7812-Texto%20del%20art%C3%ADculo-20791-1-10-20180307.pdf
7    Para más información, pueden consultar en:
    https://www.wri-irg.org/es/

*    Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia-ACOOC, @objetoresyobjerorasdeconciencia
    @ AcoocObjecion

Publicado enEdición Nº259
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Durante los últimos 16 años Colombia registró 1.155 suicidios, un promedio de 72 por año1. ¿Cuáles son las razones de este preceder? ¿Qué medidas toma el Ejército para lidiar con este preocupante fenómeno? ¿Qué posibilidades tienen los jóvenes que prestan el servicio militar obligatorio, o sus familias, para enfrentarse a esta situación?

 

El suicidio, un problema por décadas invisibilizado por parte de las Fuerzas Militares. Sucede en diversos países, entre ellos Colombia. Su motor, para nuestro caso, la presión del mando sobre los soldados, todo ello, producto del afán de buscar resultados –bajas– a como de lugar. La militarización, motor de este procedimiento, donde la ética no tiene espacio, es parte de la explicación del proceder de los suicidados, un proceder, como es lógico, que afecta a las familias de las víctimas e, incluso, a la misma institución militar.

Es muy probable que alguien que prestó el servicio militar, o ha sido parte de las fuerzas militares, haya conocido o escuchado sobre algún caso de suicidio al interior de un Batallón o unidad militar al que estaba asignado. El suicidio no es un proceder extraño, registra con frecuente dentro de estructuras militares que cumplen con ciertas características, como las que comportan los ejércitos de EE.UU, Filipinas, Brasil y Colombia. Cuatro aspectos hay en común dentro de esta problemática: Prácticas machistas enquistadas dentro del Ejército, altos niveles de militarización, militarismo e impunidad sobre estos casos.



Los efectos de aumentar el nivel de militarización



En primer lugar, los altos índices de militarismo llevan a las estructuras militares a introducir dentro de sus rutinas de instrucción prácticas en extremo violentas, encaminadas, según los manuales de entrenamiento, a moldear el carácter y la capacidad de respuesta violenta de los soldados. Estas rutinas, a pesar de ser cuestionadas, terminan siendo veladamente aceptadas por sociedades militaristas como la colombiana, donde se justifican estos hechos bajo premisas asociadas con el sacrificio, la disciplina, el honor o el temperamento, ignorando las múltiples implicaciones que generan estos procedimientos en la mente y los cuerpos de los jóvenes que las padecen e incorporan en su rutina diaria.

Son manuales y rutinas de entrenamiento que también se aplican en Ejércitos de otros países, los que registran porcentajes más bajos de suicidios, tal vez porque tienen niveles reducidos de militarización. Por eso, en segundo lugar, vale la pena aclarar que mientras el militarismo es un sistema de valores, la militarización es un fenómeno cuantificable, en el que uno de los factores claves es el aumento del pie de fuerza, razón por la cual los filtros psicológicos y procesos de selección se hacen menos rigurosos o en algunas ocasiones sencillamente se omiten, como ocurrió en el caso colombiano entre los años 2002-2010, período en el cual se documentaron cientos de casos en los que los jóvenes eran reclutados en procedimientos ilegales –como las batidas (detenciones arbitrarias con fin de reclutamiento)– luego de las cuales se practicaban exámenes psicológicos claramente deficientes, o en algunos casos no se realizaba ningún examen.

El filtro psicológico es determinante a la hora de prevenir acciones suicidas dentro de los batallones, pues permite identificar jóvenes con algún tipo de trastorno de personalidad, problemas familiares, depresión, antecedentes suicidas, baja autoestima, dolor crónico, falta de sueño, lesiones cerebrales y otros aspectos que al entrar en relación con el entrenamiento realizado en condiciones estresantes o degradantes, sumado a prácticas de abuso de autoridad, violencia física y psicológica, aumenta considerablemente el riesgo de suicidio. En definitiva, un alto nivel de militarización que implique aumentar las cuotas de reclutamiento, tiene una relación directa con el incremento en los índices de suicidio.

En tercer lugar, mencionamos el machismo dominante dentro de las instituciones castrenses. Aún bajo la presión del entrenamiento un joven podría construir al interior del Batallón una red de apoyo formada por sus compañeros, a partir de lazos de fraternidad y confianza que les permitan enfrentar esta y otras situaciones, pero aunque el Ejército habla permanentemente de sus esfuerzos para promover la hermandad y cooperación entre sus efectivos nada dista más de la realidad, pues en la cotidianidad, dentro de las unidades militares se presentan decenas de prácticas propias de una masculinidad hegemónica, basada en el estereotipo de un hombre que funciona casi como una máquina, que debe resolver todo con la fuerza, y sin expresar emociones, porque tal cosa sería vista como una palpable debilidad.

Matoneo, discriminación racial, hurto de pertenencias personales, acoso y abuso sexual, intimidación, extorsión, amenaza, feminización, aislamiento y otras prácticas asociadas a contextos fuertemente patriarcales, hacen que los soldados en lugar de protegerse o solidarizarse con las crisis experimentadas por sus compañeros, terminen empujándolos bajo una lógica de competencia e imposición de un tipo bastante nocivo de masculinidad, llevándolos a límites de estrés, miedo y tensión, tan fuertes, que en muchos casos los jóvenes desarrollan esquizofrenia, paranoia, depresión, o incurren en consumo de sustancias psicoactivas; condiciones que incrementan peligrosamente las probabilidades de cometer suicidio.



Los casos de suicidio en la impunidad

El pasado 7 de julio Noticias Uno dio a conocer el caso de Cristian Aldana2, un joven de 22 años cuyo sueño era prestar el servicio militar. En efecto, lo reclutaron, pero  mientras prestaba el servicio fue víctima de matoneo y abuso sexual por parte de dos sargentos, cuestión que lo llevó a intentar en varias ocasiones suicidio y ser diagnosticado con esquizofrenia paranoide. Actualmente el Ejército no reconoce los hechos y se niega, además, a suministrarle los medicamentos que requiere para el tratamiento de una patología que a todas luces adquirió durante la prestación del servicio militar.

Esto nos lleva al último punto, relacionado con los altos niveles de impunidad presentes dentro de la institución militar. Si bien es difícil encontrar personas dispuestas a denunciar este tipo de situaciones, debido principalmente a los códigos de silencio impuestos por una masculinidad que se considera socavada por contar lo que está ocurriendo, la cuestión empeora aún más al revisar que la cifra reconocida por el Ministerio de Defensa (1.155 suicidios en los últimos 16 años) puede estar muy por debajo de la realidad, pues como se ha podido observar recientemente, luego de las denuncias publicadas por el New York Times acerca de las presiones a las que son sometidos oficiales para obtener bajas a todas costa (práctica que disparó la cifra de “Falsos positivos” entre el 2004 y el 2010) el Ejército colombiano en lugar de realizar las modificaciones necesarias para transformar la situación, emprendió una brutal cacería tratando de ubicar a los efectivos que habían hablado con los medios. Si esta fue la decisión tomada contra oficiales de altos rangos, puede deducirse fácilmente que este mismo tipo de presiones para garantizar silencio son empleadas contra las familias que intentan indagar sobre los suicidios de sus hijos, como ocurrió en el año 2007 con el suicidio de Alexander Calderón Gómez, joven de 19 años de edad3, hecho sucedido al interior del Batallón Guardia Presidencial y denunciado por su padre, quien manifestó también en varias ocasiones haber sido sujeto de conversaciones y llamadas intimidantes por parte de efectivos del Ejército, que le advertían que de seguir indagando sobre lo ocurrido con su hijo habría consecuencias para él y otros integrantes de su familia.

Para este último ejemplo es importante recordar que en el Batallón Guardia Presidencial, ubicado en pleno centro de la ciudad de Bogotá, se han presentado 14 suicidios entre 1994 y el 2018, frente a los cuales valdría la pena preguntarse ¿cuáles son los resultados de las “investigaciones” realizadas para cada uno de los casos? Y, ¿cuáles son las prácticas o situaciones comunes entre los casos documentados? Práctica y rutinas necesarias de establecer pues se supone que este Batallón no aplica cursos o entrenamientos especiales que implican acciones de tortura física y psicológica, como las denunciadas recientemente para el Curso Unidades Básicas de Lanceros (Cubal) o los simulacros de secuestro realizados en la base militar El Fuerte - Amazonas II4.



La necesidad de revelar el secreto



Para empezar, es fundamental que el país empiece a problematizar este tipo de situaciones en lugar de tratarlas como un secreto a voces. Ninguna vida se va a salvar asumiendo que estas “son cosas que pasan” o que “el entrenamiento militar no es para todo el mundo”.

Por otro lado, la institución militar en cabeza del Ministerio de Defensa, debe empezar a implementar controles estrictos y cambios estructurales en rutinas, normas y cursos especiales de entrenamiento, que aumentan significativamente la probabilidad de que se presenten suicidios al interior de los batallones y bases militares ubicadas a lo largo y ancho del territorio nacional. También está en la competencia del Ministerio de Defensa asumir debidamente su propósito de transformar el Ejército, modernizando los procedimientos de entrenamiento y dándole sentido al objetivo N° 7 de su “Plan de Transformación Ejército de Futuro (Petef)” en el cual plantean “El fortalecimiento de la cultura de transparencia, que busca la aplicación de normas, generando cambios culturales y pedagógicos enmarcados en la ética y la transparencia institucional”5.

De así suceder, la ciudadanía podría entender que la modernización del Ejército es una realidad no solo en el marco de las multimillonarias adquisiciones en sistemas, equipos, vehículos y armas de combate que autorizadas con los presupuestos otorgados por el gobierno actual, sino también por el esfuerzo y los recursos que se deben comprometer para respetar y garantizar la vida de los soldados, ya que lo que está ocurriendo dista mucho de ser la “maravillosa experiencia” que prometen en la numerosa y frecuente publicidad promovida por el Comando de Reclutamiento (Corec) para que los jóvenes se vinculen a la institución.

Por último, como sociedad civil y organizaciones sociales, debemos asumir un rol más fuerte en el seguimiento, denuncia y exigencia de cambios estructurales a la institución militar. Cambios que pueden empezar por la eliminación del anacrónico y obsoleto modelo de servicio militar obligatorio, que solo entre el 2009 y el 2015 dejó 7.552 jóvenes afectados de por vida por daños físicos o mentales6 y la transición hacia un modelo de profesionalización de las fuerzas militares.

Es importante también que el Ejército (como lo ordena la Corte Constitucional) y las organizaciones sociales, promuevan masivamente el derecho fundamental a la objeción de conciencia, el cual le brindaría la posibilidad a cualquier joven que sienta que no puede prestar el servicio militar o que no debe seguir prestándolo, de ser desvinculado de la institución militar, sin por ello asumir implicaciones negativas contra su persona.

Precisamente, en el marco de estas alternativas a la militarización y la barbarie que la acompaña, Colombia será este año el anfitrión de la Conferencia Internacional “Antimilitarismos en movimiento: Narrativas de resistencia a la guerra”, por realizarse en Bogotá entre el 30 de julio y el 1 de agosto, Conferencia impulsada por la Internacional de Resistentes a la Guerra, la Red Antimilitarista de América Latina y el Caribe, y por las organizaciones en Colombia: Justapaz, Cuerpo Consciente, Acooc y Convivamos7.



1    Esta cifra la dio a conocer Gustavo Petro en un debate de control político realizado al Ministro de Defensa en la Comisión Primera del Senado el pasado 11 de junio. Consultado en: https://canal1.com.co/noticias/nacional/al-ano-se-suicidan-50-militares/amp/
2    Consultado en: https://canal1.com.co/noticias/madre-denuncia-que-su-hijo-fue-abusado-sexualmente-en-el-ejercito/
3    Consultado en: https://caracol.com.co/radio/2007/06/22/judicial/1182532620_443734.html
4    Consultado en: https://www.las2orillas.co/el-infierno-del-campo-de-entrenamiento-del-ejercito-colombiano-en-el-amazonas/
5    Consultado en: https://www.defensa.com/colombia/plan-transformacion-ejercito-colombia
6    Consultado en: file:///C:/Users/ALEJANDRO/Downloads/7812-Texto%20del%20art%C3%ADculo-20791-1-10-20180307.pdf
7    Para más información, pueden consultar en:
    https://www.wri-irg.org/es/

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Publicado enColombia
Viernes, 09 Noviembre 2018 06:05

Decir "fascismo" confunde y despolitiza

Decir "fascismo" confunde y despolitiza

La extrema derecha actual es hija del extractivismo/cuarta guerra mundial, mientras el fascismo fue parido por el capitalismo monopolista en competencia por los mercados mundiales, por el colonialismo e imperialismo en su deriva racista, como señaló Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo.

Comprendo que en los debates apasionados contra esa derecha machista y racista que crece exponencialmente, hablemos de "fascistas" o "fachos" y utilicemos adjetivos similares. Muchos lo hacemos como forma de fustigarlos. Sin embargo, el análisis sereno que expide el pensamiento crítico debería ir más al fondo de la cuestión.

Una porción importante de tales analistas desgajan el crecimiento de esta ultraderecha de la realidad económica, social y cultural que vivimos, y atribuyen este proceso a la influencia de los medios, al papel del imperialismo y a otras cuestiones generales que no consiguen explicar el fenómeno y lo atribuyen o bien a causas exógenas o a fenómenos como las redes sociales que no explican nada. La Revolución Francesa no fue consecuencia de la expansión de la imprenta, ni la rusa fue hija de la electricidad o del cine, aunque estos desarrollos tecnológicos tuvieron su influencia.

Por otro lado, el capitalismo no fue siempre igual. No siempre pretendió eliminar a camadas enteras de la sociedad, como aspira hacerlo en estos tiempos. Hubo periodos en los cuales las clases dominantes buscaron integrar a las "clases peligrosas", y a esa política la denominamos estados del bienestar. Ahora se trata de explicar porqué han pasado de la integración a la segregación, para fantasear luego con el exterminio.

Para comprender el nazismo y el fascismo, Karl Polanyi se remontó a la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, analizando en detalle el cercamiento de los terrenos comunales (enclosures) en favor de los terratenientes. Ese proceso fue clave para promover la modernización, "liberando" a los campesinos de la tierra de la que fueron expulsados, sin más opción que ofrecer sus brazos a la naciente industria.

Pero la proletarización del campesinado fue un proceso traumático, que desarticuló la sociedad inglesa, como destaca Polanyi en La gran transformación, publicado en 1944. Con datos económicos, sociológicos y antropológicos, el autor concluye que el liberalismo económico y su "mercado autorregulado", destruyeron los cimientos materiales y espirituales de las sociedades.

En sus propias palabras, la economía de mercado procedió a "la demolición de las estructuras sociales para obtener mano de obra", y de las ruinas de la vida comunitaria nació la tentación fascista.

Las ultraderechas actuales tienen otra genealogía, aunque es evidente que hay puntos en común. Quiero destacar algunos aspectos que muestran las diferencias con el fascismo de los años 30 del siglo pasado y señalan también la necesidad de hurgar en nuestras sociedades para entender la deriva en curso.

Uno, el extractivismo expulsa a la mitad de la población (según regiones más o menos) de una vida digna, incluyendo salud, educación, vivienda, agua y seguridades mínimas. Esa población a la intemperie, debe ser controlada con nuevos modos: masificación de cámaras de seguridad, militarización, feminicidios, bandas de narcotraficantes, milicias parapoliciales, entre las más conocidas formas legales e ilegales.

Dos, el tipo de Estado que corresponde a este sistema de acumulación por despojo/cuarta guerra mundial, es el Estado policial, con sus correspondientes campos de concentración para los de abajo. Quien crea que exagero, que observe los entornos de la gran minería, de las megaobras de infraestructura y de los monocultivos, donde esto ya funciona. ¿Qué son las barriadas de las periferias urbanas, sin agua pero con abundancia de hombres armados, sino campos de concentración?

Tres, este sistema desborda violencia estructural, machista y racista, por todos sus poros. Sugiero dos lecturas. El reportaje de Katrin Beenhold en The New York Times sobre los varones de extrema derecha en Alemania del este (goo.gl/Y98L51), donde la violencia machista tiene un claro motivo sistémico; y "El laboratorio social de China en Xinjiang", en II Manifesto (goo.gl/bH9JTk), donde el poder ejerce "un control capilar" y diabólico sobre la población.

Los varones, desde Alemania hasta Brasil, no se vuelven feminicidas por su genética, sino porque perdieron muchas cosas, como consecuencia de un modo de acumulación que no reconoce fronteras. Entre lo que perdieron, está el "mandato de masculinidad", que analiza Rita Segato.

Cuatro, este sistema extractivo de guerra no puede ser desmontado paso a paso, ni desde adentro, porque sus instituciones no funcionan para la sociedad sino contra ella. No son las instituciones que conocimos durante el periodo del desarrollismo y el estado del bienestar que protegían a los ciudadanos. Las de ahora lo parasitan, en particular a quienes viven en la zona del no-ser: pobres y descartables, mujeres y jóvenes.

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