Los silos del principal granero de Líbano en Beirut quedaron destruidos por las devastadoras explosiones de 2 mil 750 toneladas de nitrato de amonio, las cuales se hallaban almacenadas en el puerto desde 2014. "No hay crisis de pan o harina. Aunque tenemos reservas para menos de un mes, ya vienen en camino naves para cubrir las necesidades", expuso Raoul Nehme, ministro de Economía. Foto Afp

Hay momentos en la historia de una nación que quedan congelados para siempre. Tal vez no sean las peores catástrofes que han abrumado a su gente, ni las más políticas. Sin embargo, capturan la interminable tragedia de una sociedad.

Viene a la mente Pompeya, cuando la confianza y corrupción imperial de Roma fueron abatidas por un acto de Dios, tan calamitoso que a partir de allí podemos contemplar la ruina de los ciudadanos, incluso sus cuerpos. Se necesita una imagen, algo que pueda enfocar nuestra atención por un breve segundo en la locura que yace detrás de una calamidad humana. Líbano acaba de proporcionarnos un momento así.

No son los números lo que importa en este contexto. El sufrimiento de Beirut esta semana no se acerca siquiera a un baño de sangre casual de la guerra civil en el país, ni al salvajismo casi cotidiano de la muerte en Siria, para el caso. Aun si se cuentan sus víctimas totales –de 10 a 60 y a 78 horas después de la tragedia–, apenas si alcanzarían registro en la escala de Richter de la guerra. No fue, al parecer, consecuencia de la guerra, en el sentido directo que ha sugerido uno de los líderes más dementes del mundo.

Lo que se recordará es la iconografía, y lo que todos sabemos que representa. En una tierra que apenas puede lidiar con una pandemia, que existe bajo la sombra del conflicto, que se enfrenta a la hambruna y espera la extinción. Las nubes gemelas sobre Beirut, una de las cuales dio obsceno nacimiento a la otra, monstruosa, jamás serán borradas. Las imágenes del fuego, el estallido y el apocalipsis que los equipos de video recogieron en Beirut se unen a las pinturas medievales que intentan capturar, a través de la imaginación, más que de la tecnología, los terrores de la peste, la guerra, el hambre y la muerte.

Todos sabemos el contexto, claro, el tan importante “trasfondo” sin el cual ningún sufrimiento está completo: un país en bancarrota que ha estado durante generaciones en manos de viejas familias venales, aplastado por sus vecinos, en el que los ricos esclavizan a los pobres y su sociedad es mantenida por el mismo sectarismo que la está destruyendo.

¿Podría haber un reflejo más simbólico de sus pecados que los venenosos explosivos almacenados de manera tan promiscua en el centro mismo de una de sus mayores metrópolis, cuyo primer ministro dice después que los “responsables” –no él, no el gobierno, ténganlo por seguro­– “pagarán el precio”? Y ni aun así han aprendido, ¿o sí?

Y, por supuesto, todos sabemos cómo esta “historia” se desenvolverá en las horas y días siguientes. La incipiente revolución libanesa de los ciudadanos jóvenes y cultivados debe sin duda adquirir nueva fuerza para derrocar a los gobernantes de Líbano, llamarlos a cuentas, construir un Estado moderno, no confesional, a partir de las ruinas de la “república” creada por los franceses en la que se les condenó sin piedad a nacer.

Pues bien, la tragedia en cualquier escala es un mal sustituto del cambio político. La promesa inmediata de Emanuel Macron después de los incendios del martes –que Francia “siempre” estará al lado de la nación baldada que con arrogancia imperial creó hace cien años– fue una de las ironías más punzantes de la tragedia, y no sólo porque el ministro francés del exterior apenas pocos días antes se había lavado las manos de la economía libanesa. Allá por la década de 1990, cuando planeábamos crear un Medio Oriente más después de la anexión de Kuwait por Saddam Hussein, militares estadunidenses (tres en mi caso, en el norte de Irak) empezaron a hablarnos de la “fatiga de la compasión”.

Aunque parezca escandaloso, lo que esto quería decir era que Occidente estaba en peligro de huir del sufrimiento humano. Ya era demasiado: todas esas guerras regionales, año tras año, y vendría un momento en que tendríamos que cerrar las puertas de la generosidad. Tal vez el momento llegó cuando los refugiados de la región comenzaron a marchar por cientos de miles a Europa, prefiriendo nuestra sociedad a la versión ofrecida por el Isis.

Pero regresemos a Líbano, donde la compasión en el terreno podría ser muy escasa. Siempre se puede evocar la perspectiva histórica para escondernos de la onda expansiva de las explosiones, de la nube hongo que se eleva y de la ciudad destrozada. Pompeya, dicen, costó solo 2 mil vidas. ¿Y qué hay del terrible lugar de la propia Beirut en la antigüedad? En el año 551, un terremoto sacudió Beritus, hogar de la flota imperial romana en el Mediterráneo, y destruyó la ciudad entera; según las estadísticas de ese tiempo, murieron 30 mil almas.

Todavía se pueden ver las columnas romanas en el lugar donde cayeron, postradas a escasos 800 metros de la explosión del martes. Incluso podríamos tomar nota de la locura de los antepasados de Líbano. Cuando la marejada se retiró, caminaron en el lecho marino para saquear navíos que habían naufragado tiempo antes… solo para ser engullidos por el tsunami que sobrevino.

Pero, ¿puede cualquier nación moderna –y uso conscientemente la palabra “moderno” en el caso de Líbano– restaurarse en medio de una combinación tan fétida de aflicciones? Aunque ha librado hasta ahora los fallecimientos en masa por Covid-19, el país enfrenta una peste con deplorables medios de auxilio.

Sus bancos se han robado los ahorros de la gente, su gobierno demuestra ser indigno de ese nombre, ya no digamos de sus ciudadanos. Gibrán Jalil, el más cáustico de sus poetas, nos llamó a tener piedad de “la nación cuyo estadista es un zorro, cuyo filósofo es un malabarista y cuyo arte es el arte de parchar e imitar”.

¿A quién pueden imitar los libaneses de hoy día? ¿Quién elegirá a los próximos zorros? Los ejércitos tienen la fama de meterse en los zapatos hechos a la medida de los potentados árabes; Líbano ya intentó eso antes en su historia, con dudosos resultados.

Este martes se nos llama a considerar esta monstruosa explosión como una tragedia nacional –digna, por tanto, de “un día de duelo”, sea cual fuere su significado–, aunque no dejé de advertir, entre aquellos a quienes llamé a Líbano después de lo ocurrido, que algunos señalaban que el sitio de la explosión, y del mayor daño, parecía estar en el sector cristiano de Beirut. Este martes murieron hombres y mujeres de todas las creencias, pero será un horror especial para una de las minorías más grandes del país.

En el pasado, después de numerosas guerras, el mundo –estadunidenses, franceses, la OTAN, la Unión Europea, incluso Irán– ha acordado volver a poner a Líbano de pie. A los estadunidenses y franceses los echaron a fuerza de bombazos suicidas. Pero ¿pueden los extranjeros restaurar una nación que parece irrecuperable?

Hay una opacidad en el lugar, una falta de responsabilidad política que es lo bastante endémica para convertirse en moda. Jamás en la historia de Líbano un atentado político –de presidentes, primeros o ex primeros ministros, parlamentarios o miembros de partidos políticos– ha sido resuelto.

Así pues, he aquí una de las naciones más cultas de la región, con el más talentoso y valiente de los pueblos –y de los más generosos y amables–, bendecida por nieves, montañas, ruinas romanas, excelsa comida, un gran intelecto y una historia milenaria. Y, sin embargo, incapaz de manejar su moneda, suministrar energía eléctrica, curar a sus enfermos o proteger a su pueblo.

¿Cómo es posible que se hayan almacenado durante tantos años 2 mil 700 toneladas de nitrato de amonio en un endeble edificio, después de retirarlas de un navío moldavo de camino a Mozambique en 2014, sin que quienes decidieron dejar este vil material en el centro mismo de su ciudad capital hayan tomado ninguna medida de seguridad?

Y, sin embargo, todos nos quedamos con este infierno colosal y su cancerosa onda blanca de choque, y luego la segunda nube en forma de hongo (no mencionemos ninguna otra). Este es el sustituto de Gibrán Jalil, la inscripción final de todas las guerras. Contiene el vacío del terror que aflige a todos cuantos viven en Medio Oriente. Y, por un instante, del modo más aterrador, el mundo entero lo vio.

Por Robert Fisk | miércoles, 05 ago

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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Un grupo de personas camina delante de edificios dañados por las explosiones en el barrio Achrafyeh Rmeil de Beirut.  ________________________________________ Imagen: EFE

La tragedia del Líbano contada en primera persona

Tras el estallido en el puerto de Beirut la onda expansiva llegó hasta la isla de Chipre ubicada a 200 km de la capital. "Estábamos con mi marido sentados en el balcón de casa y por el efecto de la bomba me caí de la silla", contó Noemí Made, tucumana que vive en Beirut hace 23 años.

 

Dos ráfagas explosivas sorprendieron a la ciudad de Beirut el martes pasado. La primera hizo que mucha gente abonadone sus labores para ver qué pasaba en la Suiza de Medio Oriente. La segunda, sumió al país en la tragedia. Tras el estallido un hongo de humo blanco se levantó en el puerto de Beirut. La onda expansiva llegó hasta la isla de Chipre ubicada a 200 km de la capital del Líbano. Noemí Made, tucamana que vive en Beirut desde hace 23 años, contó que la explosión hizo temblar a toda la ciudad. “Acá hubo ataques pero nunca vi algo de esta magnitud”, dijo Made en diálogo con Página/12.

"Vimos fuego y humo negro"

La explosión en el puerto de Beirut llegó en el peor momento para el Líbano, un pequeño país de Oriente Medio con costas bañadas por el Mediterráneo. Desde hace años viene sumido en una profunda crisis económica que estalló en junio de este año. La libra libanesa comenzó a devaluarse como hace mucho tiempo no pasaba. En el mercado negro el “dólar blue” se vende a casi cuatro o cinco veces su valor oficial. En el último año el precio de la canasta básica casi se duplicó. Según el Banco Mundial el 50 por ciento de la población del país ya se encuentra por debajo de la línea de la pobreza.

En ese contexto se produjo la explosión de una reserva de nitrato de amonio ubicada en el puerto de la capital. Hasta el momento el gobierno confirmó 135 muertos, más de 5.000 heridos y decenas de desaparecidos. Se estima que unas 350 mil personas tuvieron que abandonar sus hogares, en una ciudad donde viven 2,2 millones de almas. Los videos del estallido son impresionantes: en tiempo real puede verse como la onda expansiva va destruyendo todo a su paso. El piso de toda la ciudad tembló, según narró Made, que vive a 12 kilómetros del lugar del impacto. “Estábamos con mi marido sentados en el balcón de casa y por el efecto de la bomba me caí de la silla. Cuando fue la primera explosión miramos hacia la ciudad y vimos una columna de humo blanco. No pasaron dos segundos y sentimos otra explosión. Esta vez vimos fuego y humo negro", explicó Made.

En la cuidad de Jounieh, ubicada 20 kilómetros al norte de la capital, Jean Chaina Akiki de 25 años, trabajaba en un restaurante de la costa cuando sintió la explosión. “El sonido fue terrible. Temblaron los vidrios. Fue muy fuerte y una enorme sorpresa. Lo primero que pensamos es que había estallado el Parlamento o algún edificio del gobierno”, dijo Chaina. A la mañana siguiente todavía podían verse resabios de la explosión. “El viento trajo en el aire partículas y lo sentimos en los ojos. Se ve en la mesa del restaurant, tuvimos que limpiar varias veces. El aire está lleno de cosas”, contó el joven camarero.

Beirut es una ciudad lujosa, pero con contrastes. Cerca de la zona donde ocurrieron los estallidos hay actividad comercial y vida de noche. “Las explosiones fueron a las seis y eso creo que colaboró en que haya menos muertos, porque a las cinco la gente ya vuelve a sus casas. El problema con el puerto es que el movimiento no para, siempre hay gente”, contó Chaina. Los grandes edificios vidriados quedaron desnudos. Muchas personas salieron a las calles para levantar escombros. Nabin Emboz, un librero del centro, perdió casi todo. "Lo único que le pido a este sistema es que al menos haga pagar al responsable de todo esto", dijo Emboz a la agencia EFE.

 

"Los hospitales ya estaban al límite"

 

El combo entre crisis económica, coronavirus y ahora el desastre hicieron aparecer la solidaridad del pueblo libanés. El día después a las explosiones cientos de vecinos abrieron las puertas de sus casas para los miles abandonados en las calles. “Además se ofrecen habitaciones de hoteles gratis, con servicios. Por WhatsApp y Facebook llegan mensajes de lugares que brindan ayuda. Los monasterios también están dando una mano”, indicó Chaina. Desde Qatar llegaron en barco dos hospitales de campaña con 500 camas, respiradores y equipamiento sanitario. “Eso está ayudando muchísimo. Los hospitales estaban al límite por la pandemia. Y algunos quedaron destruidos. La sanidad está siendo uno de los problemas más graves”, contó Mabe. Ahora el peligro pasa por el desabastecimiento. Muchas personas se volcaron a los supermercados para hacerse de harina. “Teníamos fronteras cerradas por la pandemia y había muy poca reposición de alimentos. Acá todo es importado. Con esta situación vamos a estar mucho más complicados", informó la tucumana en Beirut.

Ante el desastre apareció la ayuda de las grandes potencias. Europa, de la mano del presidente de Francia Emmanuel Macron, anunció que enviará insumos. El bloque europeo en su conjunto dijo que dará ayuda económica. Sin embargo, hace unos meses el Líbano no aparecía en el mapa para el primer mundo. El país tenía bloqueados 11.000 millones de dólares de CEDRE, una conferencia celebrada en París en 2018. Los donantes internacionales pidieron a cambio del dinero una serie de reformas estructurales que Beirut no cumplió hasta el momento. De la misma manera actuó el Fondo Monetario Internacional (FMI). Las negociaciones con el organismo por 10.000 millones de dólares están estancadas desde mayo. Tal vez la explosión logre sensibilizarlos.

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Jueves, 06 Agosto 2020 06:10

Las zoonosis, entre humanos y animales

Las zoonosis, entre humanos y animales

El covid-19 puso nuevamente en primer plano las zoonosis, las enfermedades que pasan de animales a humanos. Son numerosas y algunas antiguas. Los mecanismos de transmisión son complejos. Pero todas estas enfermedades interpelan nuestra relación con un ecosistema cuya biodiversidad no dejamos de alterar. ¿Debe considerarse a la especie humana solo como una víctima, o es en cambio un actor importante de los ciclos epidemiológicos que la afectan?

 

Curiosamente, la palabra «zoonosis» no figura en el séptimo y último volumen del Nuevo Larousse ilustrado. Diccionario enciclopédico universal, publicado bajo la dirección de Claude Augé a comienzos del siglo xx (1904). Sin embargo, sería un gran error pensar que este tipo de enfermedades no existía en aquella época. La medicina y la microbiología comenzaban a consolidar sus bases y a enriquecer sus conceptos, pero la epidemiología era por entonces aún incipiente.

Al mismo tiempo, se construían las ciencias de la vida, como la ecología y el evolucionismo, al margen del enfoque médico, y viceversa. Sin embargo, en la actualidad el estudio y la comprensión de las enfermedades no pueden sino incitarnos a ampliar y enriquecer nuestra mirada acercando estas disciplinas.

Las zoonosis representan un grupo particular de enfermedades infecciosas y transmisibles, así como de enfermedades parasitarias. La Organización Mundial de la Salud (oms) ofrece al respecto la siguiente definición: «Se denomina zoonosis toda enfermedad o infección que se transmite naturalmente de los animales vertebrados a la especie humana y viceversa». El término «naturalmente» se opone a «experimentalmente» y a «excepcionalmente». Desde un punto de vista biológico, un microorganismo es específico de un huésped determinado o no lo es. Que uno de sus huéspedes predilectos sea la especie humana representa un detalle en el mundo de los seres vivos, aun cuando las consecuencias en términos de salud humana y de salud pública puedan ser graves. El mundo de los seres vivos no es antropocéntrico.

 

La vida en red

 

Recientemente, la mirada de los biólogos sobre el origen de la vida y sus desarrollos, aun en el campo de la salud, evolucionó de manera considerable. La unidad fundamental de los seres vivos está representada por la célula. Existen seres vivos unicelulares, pero las plantas y los animales que vemos son pluricelulares. Las primeras células debían ser procariotas, como las bacterias de hoy. Su cromosoma flota en su citoplasma. La célula eucariota, dotada de un núcleo que alberga sus cromosomas, podría haber nacido de la fusión de dos células procariotas, una bacteria y una arquea, por ejemplo, y una se convirtió en el núcleo del conjunto. Cabe imaginar entonces la importancia de los intercambios entre todas las numerosas formas de seres vivos a lo largo de las eras geológicas. Como solo las plantas dotadas de cloroplastos (antiguas bacterias devenidas simbiontes, indispensables en las plantas, a su vez incapaces de vivir sin ellas, en una asociación de beneficio mutuo) son autótrofas, es decir, capaces de generar su propia materia orgánica, el resto de los seres vivos, heterótrofos, deben consumir otro ser vivo, vegetal o animal, y tratar a su vez de no convertirse en presas. La depredación y la alimentación no representan la única vía de transmisión de gérmenes entre especies, pero ilustran una de las más frecuentes, ya que exigen el acercamiento de individuos de especies diferentes. Cabe señalar que el sistema inmunitario adaptativo aparece con los vertebrados con mandíbulas (gnatóstomos). El resto del reino animal solo dispone del sistema inmunitario innato. Resulta tentador relacionar esto con el riesgo de contagio por vía oral...

Lo cierto es que la vida funciona en redes, en interrelaciones, se trate de simbiosis, parasitismo, relaciones de tipo presa-depredador, etc. Cada individuo es en sí mismo una simbiosis. Un humano no puede vivir sin las bacterias y los virus de su microbiota, las mitocondrias (bacterias simbióticas) de sus células o las secuencias virales integradas a su genoma. Existe pues un vínculo entre biodiversidad, en su sentido más amplio, y salud, de los individuos, las poblaciones, las especies, los ecosistemas. Esta asociación permite la evolución y la adaptación de cada nivel de organización de los seres vivos frente a los cambios de cualquier tipo: geológicos, climáticos, poluciones, destrucciones o encuentros con nuevos microorganismos, especies, ecosistemas.

La especie humana es una entre muchas otras (518 especies de primates, 6.495 especies de mamíferos, según el último censo de 2018, decenas de miles de vertebrados, millones de especies animales). Ella misma proviene del mundo animal y deriva de los mismos fenómenos. Así, su microbiota y sus parásitos deben comprenderse y observarse pensando en sus presas, en sus depredadores, pero también en el resto de los seres vivos con los que se cruzan en los diferentes ecosistemas habitados a lo largo de su historia. Es necesario entonces distinguir los gérmenes responsables de las zoonosis propiamente dichas, en el sentido citado de la oms, y las enfermedades humanas debidas a microorganismos provenientes del mundo animal no humano, adaptados secundariamente a nuestra especie, «humanizados». En todos los casos, estas enfermedades son consecuencia de cierto espacio compartido y situado en el tiempo. Antiguamente, el espacio propicio para los encuentros se limitaba a los cotos de caza recorridos a pie; ahora es todo el planeta, con los criaderos, los mercados, las megalópolis, los animales de compañía, todos unidos por los intercambios comerciales cuyos volúmenes y cuya rapidez escapan a numerosos controles sanitarios. Todo ello puede conducir a exposiciones y contagios.

La evolución de la demografía humana debe colocarse en paralelo, sabiendo que el Homo sapiens tendría aproximadamente 300.000 años. El primer millardo de humanos se habría alcanzado alrededor del año 1800, y los ocho millardos se esperan para 2024. El periodo de dos siglos que llevó de 1.000 a 8.000 millones de seres humanos es casi insignificante, comparado con la duración de la existencia del Homo sapiens. Actualmente, tenemos la sensación de que las enfermedades emergentes son cada vez más numerosas. Pero ¿es realmente así, o se debe simplemente a que la población mundial se incrementó de manera espectacular? Paralelamente, la biodiversidad se desmorona. La biomasa de todos los mamíferos silvestres terrestres representa menos de 5% del total de la biomasa de los mamíferos domésticos y humanos en su conjunto.

Dado que la diversidad genética está localizada esencialmente en el nivel de los microorganismos presentes en todas partes del planeta y que en su gran mayoría son aún desconocidos, las sorpresas sanitarias deberían continuar.

 

Las vías de transmisión

 

Los pocos ejemplos de riesgos zoonóticos y enfermedades de origen animal aquí expuestos están agrupados por vías de contagio o causas que lo favorecen, según tres grandes esquemas: a) por contacto y cercanía, b) por vía oral y alimentación, y c) por vectores hematófagos. Esta categorización es en parte artificial, ya que la vida es creativa y no se deja catalogar muy fácilmente. Los microbios ponen en tela de juicio la mirada tradicional sobre los seres vivos que tiende a aislar a cada especie en un compartimento estanco con respecto a las demás, particularmente cuando se trata del Homo sapiens. Ahora bien, algunas actividades humanas, no siempre adaptadas ni responsables, son susceptibles de incrementar los riesgos de exposición. Por último, no existe evidentemente ninguna pretensión de exhaustividad en los ejemplos aquí propuestos. Aun cuando se perfilan algunas grandes tendencias, cada situación tiene características propias que la singularizan, según el microorganismo, el lugar, las especies en cuestión y el momento.

Para cada ejemplo, tratar de descubrir el comienzo de esta relación, cuándo tuvo lugar el paso del germen de una especie a otra, contribuye a esclarecer nuestras historias comunes. Puede ser un verdadero brote (la aparición de un nuevo microbio por evolución, mutación o recombinación de uno anterior) o solo corresponder al descubrimiento de un fenómeno mucho más antiguo, pero ignorado, confundido con otro o incomprendido. Antes de Louis Pasteur y Robert Koch, ¿cómo entender la rabia o la tuberculosis sin las nociones de virus, bacterias, exposición, contaminación, infección, contagio, transmisión, incubación, inmunidad, términos que en 2020 siguen siendo a veces muy mal utilizados? En 2020, ¿podemos pretender que ya no se ignore ningún concepto?

 

Contacto y cercanía

 

Hoy se reconoce que el virus responsable del sarampión (Morbillivirus de la familia Paramyxoviridae) es la adaptación a la especie humana del virus de la peste bovina. Este virus de los bovinos tal vez provenga del uro (Bos primigenius), extinguido en el siglo xvii, ancestro de todas las «vacas». El uro fue domesticado hace aproximadamente ocho milenios, y dio origen entonces a los bovinos domésticos (Bos taurus), las razas sin joroba en Oriente Medio y las razas con joroba o cebúes en el valle del Indo. El virus bovino se adaptó a los humanos al convertirse en el agente responsable de una nueva enfermedad, el sarampión, y perdió su carácter zoonótico. La experiencia de los últimos dos siglos de lucha contra la peste bovina, fuente de grandes pérdidas en la ganadería, permite afirmarlo. Sin duda, las condiciones del antiguo paso interespecífico no se han renovado, pero confirman que la especie humana intercambia microorganismos desde hace mucho tiempo con su entorno animal no humano. La domesticación tuvo numerosas ventajas para las antiguas civilizaciones que la practicaron, pero también fuertes secuelas sanitarias. La peste bovina fue oficialmente erradicada del planeta en 2011. No se trata sino de la segunda erradicación producto de la intervención humana, tras la erradicación de la viruela a fines de los años 1970. Inversamente, el sarampión humano parece estar regresando. En algunos países, parece más fácil vacunar a los bovinos que a los niños. El sarampión sigue causando muertes, incluso en Europa a comienzos del siglo xxi.

La historia de la tuberculosis, vieja enfermedad aún existente, también es muy rica, pero bastante compleja en sus relaciones con numerosas especies de mamíferos, entre ellas la especie humana. De hecho, más bien debe hablarse del complejo bacteriano Mycobacterium tuberculosis, que agrupa a varias «especies» que parecen remontarse a otra bacteria, Mycobacterium africanum, probablemente asociada al linaje humano incluso antes de su salida de África. Una rama se habría diversificado allí, adaptándose a otras especies de mamíferos, y otra habría salido de África con los humanos. En la actualidad, la tuberculosis bovina (Mycobacterium bovis) es entendida como una adaptación de la bacteria humana a los bovinos durante su domesticación, en un movimiento inverso al que explica el origen del sarampión. La lección que deriva de ello sugiere que los pasos entre especies están más ligados a la convivencia, como la domesticación, que a la proximidad filogenética.

Para terminar con las micobacterias, aún debe mencionarse la lepra, causada por dos especies del mismo género (Mycobacterium leprae y Mycobacterium lepromatosis), enfermedad muy presente en Europa hasta la Edad Media y lamentablemente aún activa en otras regiones del mundo. Hace pocos años, el descubrimiento de ardillas rojas (Sciurus vulgaris) británicas infectadas por una y otra fue una sorpresa. Los animales pueden ser portadores de lesiones o parecer sanos.

La rabia es el típico ejemplo de una zoonosis en el sentido estricto del término, con transmisión por contacto, por mordedura. No existen casos humanos sin una exposición a un animal portador de un virus del género Lyssavirus (familia Rhabdoviridae). Las pocas transmisiones entre humanos por trasplantes de órganos son muy particulares. En prácticamente todos los casos, el animal es un perro doméstico. Sin cuidado, sin tratamiento de los individuos contagiados, la evolución de la enfermedad es la misma, cualquiera sea la especie de mamífero, y conduce a la muerte del paciente. Textos muy antiguos aún accesibles describen una enfermedad ligada a los perros que se parece mucho a la rabia.

El perro (Canis familiaris), forma doméstica del lobo (Canis lupus), presente entre los humanos desde hace al menos 15.000 años, es responsable de tal vez 50.000 muertes por rabia anuales, cifra poco conocida y meramente estimativa. Numerosas especies de carnívoros salvajes pueden albergar este virus, pero sus contactos con los humanos siguen siendo excepcionales. Durante todos estos milenios, nunca hubo una adaptación de un Lyssavirus al Homo sapiens, mientras que cepas del virus de la rabia se adaptaron a los perros, a los zorros rojos (Vulpes vulpes), a los mapaches (Procyon lotor) o a diversas especies de mangostas, a veces de manera bastante reciente, según parece. Los murciélagos deben considerarse aparte, ya que albergan la mayor diversidad conocida de Lyssavirus con ciclos epidemiológicos únicos, pero prácticamente sin impacto en la salud pública. Los murciélagos parecen capaces de resistir la infección rábica.

Si bien los perros y los bovinos representan dos modelos antiguos de animales domésticos, algunas otras especies entraron de manera más reciente en nuestros hogares. Los roedores de compañía proponen esquemas epidemiológicos interesantes, en particular cuando los virus en cuestión se asemejan al de la viruela humana.

A comienzos de 2010, se observaron varios casos de lesiones cutáneas por cowpox, infección causada por un virus del género Orthopoxvirus (familia Poxviridae), en dueños de ratas de compañía (Rattus norvegicus) provenientes del mismo criadero situado en Europa central y distribuidas en diversas tiendas de mascotas de Europa occidental. Las lesiones estaban localizadas en las mejillas o en el cuello de los pacientes, ya que las personas cargaban a sus animales en los hombros, en contacto con la piel.

Unos años antes, en 2003, tuvo lugar un episodio bastante serio en Estados Unidos como consecuencia de la importación en Texas de 800 roedores silvestres africanos, de varias especies, todos provenientes de Ghana y destinados al comercio de mascotas. El virus identificado era el monkeypox, otro Orthopoxvirus (Poxviridae), probablemente más peligroso que el cowpox. Estos animales habían ingresado a eeuu legalmente, pero sin control sanitario.

La vía de transmisión del virus de los roedores africanos a los humanos es original. El virus pasó por los perritos de las praderas (ardillas terrestres, Cynomys spp.) norteamericanos, bastante populares como animales de compañía, en venta en las mismas tiendas de mascotas. Se contagiaron al entrar en contacto con roedores africanos de una jaula a otra. El virus circuló en los puntos de venta que ofrecían al público ambos grupos de roedores. Los perritos de las praderas desarrollaron la enfermedad y murieron, lo que permitió identificar el virus, mientras que nunca se lo pudo aislar a partir de los roedores africanos examinados a posteriori. Las lesiones observadas en las personas afectadas eran cutáneas y estaban ligadas a la manipulación de sus animales. El virus no se adaptó a los humanos, aun cuando haya habido al menos una transmisión entre humanos. Desde la desaparición de la viruela humana, el virus responsable del monkeypox es vigilado por la oms en África, ya que estos dos virus son bastante cercanos. Actualmente, las generaciones humanas más jóvenes, no vacunadas contra la viruela, podrían volverse receptivas y sensibles a otros Poxviridae de roedores o primates no humanos. Hasta el momento, afortunadamente los casos siguen siendo esporádicos. Las tiendas de mascotas exóticas permiten el contacto entre especies de diferentes continentes y ofrecen a sus microorganismos y parásitos posibilidades de intercambio y recombinaciones impensables en condiciones naturales.

¿Cómo anticipar todas las consecuencias posibles de intercambios comerciales cuestionables? En el caso de los poxvirus, ¿debe temerse la llegada de un sucedáneo de la viruela a partir de un reservorio animal o del comercio internacional y no controlado de mascotas exóticas? Todos estos virus son antiguos. Son nuestros comportamientos actuales los que los acercan a los humanos. El virus del ébola (familia Filoviridae) viene dando mucho que hablar desde comienzos del siglo xxi en África ecuatorial, única región del mundo donde existe. El esquema epidemiológico propuesto asocia reiterados brotes con epidemias que se autoalimentan en el seno de las poblaciones humanas antes de desaparecer, hasta el siguiente brote. El virus recién fue conocido a partir de la década de 1970, pero seguramente existía desde antes. El reservorio serían algunas especies de murciélagos frugívoros africanos (pteropódidos), pero hubo al parecer pocas transmisiones directas entre quirópteros y humanos. Otras especies de caza (grandes monos, antílopes forestales) parecen desempeñar el papel de vectores.

El virus se transmite por contacto directo con un animal virulento cazado o hallado muerto. Todos los fluidos de un enfermo son virulentos hasta 48 horas después de su muerte. El riesgo debe ser menor durante el consumo de carne de fauna silvestre, la «carne de caza», cuando esta sufrió diferentes tratamientos como el ahumado o la cocción. El virus no es tan resistente. Si bien siempre es difícil determinar el primer caso de cada epidemia, su evolución se explica luego por numerosos contactos entre humanos, entre familiares, con personal de salud. El regreso hacia el reservorio salvaje no parece realmente necesario para que una epidemia se mantenga. La importancia del episodio de 2014-2015 en África occidental (Guinea, Liberia, Sierra Leona) se explica mucho más por problemas de logística, de organización y de estructuras locales deficientes que por dificultades vinculadas al virus o a su epidemiología. En el caso del ébola en la actualidad, ¿debe temerse el reservorio salvaje, cualquiera sea, el comercio y el consumo de carne de caza, o las guerras civiles que destruyen el tejido social y las administraciones, la corrupción, la pérdida de confianza entre humanos de regiones enteras? La epidemia en curso en el este de la República Democrática del Congo ilustra todas estas cuestiones.

La historia del surgimiento de los lentivirus responsables del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) en los humanos comienza a conocerse mejor. Diversos virus se describen poco a poco, los vis (virus de inmunodeficiencia en simios), y asociados a algunas especies de primates no humanos africanos. Los virus humanos vih-1 y vih-2 resultan claramente provenientes de esos lentivirus de simios, en general bien soportados por las especies de monos infectadas, algo que no sucede con los vih en los humanos. Así, los virus vih-1 de los grupos m (responsable de la pandemia actual de sida) y n (algunos pocos casos conocidos) provendrían de vis de chimpancés, los de los grupos o (epidémico) y p (rarísimo) de vis de gorilas (a su vez provenientes de vis de chimpancés), y vih-2 de virus vis de mangabey. El contexto de estos pasos entre especies, con adaptación a la especie humana, sigue siendo objeto de numerosos estudios. Se piensa evidentemente en actividades de caza y en una contaminación sanguínea entre monos y cazadores, que se habría producido a comienzos del siglo xx. Pero ¿por qué una propagación de la enfermedad en el momento en que ocurrió? Estas preguntas quedan sin responder. Hoy el sida es una enfermedad humana que se mantiene sin pasar por el reservorio animal.

 

Vía oral y alimentación

 

La diversidad y la complejidad de los ciclos parasitarios comienzan a conocerse bastante bien. Nematodos (gusanos parásitos) como las triquinas (Trichinella spp.) han llevado su especialización bastante lejos con su ciclo solo entre mamíferos y sin fase libre en el medio ambiente.

Actualmente, el riesgo está controlado en la ganadería, pero subsiste en la fauna silvestre, se trate del jabalí (Sus scrofa) o de carnívoros salvajes. Para la salud humana, el control asociado corresponde a prácticas culinarias adaptadas posteriormente cuando se consume la carne de jabalí, fresca o después de ser congelada. En Europa, lo más sencillo sería no comer carne de carnívoros salvajes. Aunque no sea frecuente, el zorro a veces se consume. Los últimos casos publicados de contagio humano en Francia vinculados a la carne de carnívoros corresponden a una importación ilegal y al consumo de carne de oso negro americano (Ursus americanus) cazado legalmente en Canadá. Entre los humanos, los alimentos se cocinan no solo para bajar el riesgo de contaminación, sino por otras razones. Omnívora, la especie humana está expuesta desde hace mucho tiempo a parásitos de depredadores y herbívoros. El estudio minucioso de ciertos ciclos parasitarios lleva a considerar al Homo sapiens como la fuente de contagio de algunas especies animales tras haberlas domesticado, y no lo contrario. Este sería el caso de los cestodos humanos del género Taenia encontrados en forma larvaria en los bovinos y porcinos.

La encefalopatía espongiforme bovina (eeb), más conocida con el nombre de enfermedad de la vaca loca, presenta una forma epidemiológica particular. En todos los casos, los animales se contagiaron por vía alimentaria a partir de un alimento común, las harinas de carne y huesos (hch), hasta su prohibición definitiva en 2000. En este caso concreto, se habla de una anazootia, es decir, la contaminación de los bovinos a partir de una misma fuente alimentaria sin transmisión horizontal de vaca enferma a vaca sana. El esquema es pues diferente del de una epidemia. Los casos humanos fueron consecuencia del consumo de diversos órganos extraídos de bovinos contaminados e infecciosos. En este caso, puede hablarse entonces de anademia. La anazootia y la anademia correspondientes, oriundas del Reino Unido, duraron una veintena de años y provocaron una profunda crisis de confianza entre los consumidores, los productores de carne y los poderes públicos. Las consecuencias en términos biológicos son también importantes. El agente infeccioso incriminado, llamado prion, «proteína infecciosa», plantea algunas cuestiones fundamentales que actualmente siguen discutiéndose. Como no se ha encontrado ácido nucleico en él, el prion podría transmitir información mediante otros mecanismos. Se piensa que el prion bovino preexistía en un nivel muy bajo, sin haber sido nunca identificado. El reciclaje de los cadáveres bovinos en las hch, en ocasión de una modificación de las condiciones técnicas de fabricación en la década de 1980, habría permitido el comienzo de la anazootia, hoy finalizada.

Otro caso bastante demostrativo surgió con el episodio del síndrome respiratorio agudo grave (sars), debido al coronavirus sars-cov-1 a fines de 2002 y comienzos de 2003 en el sur de China. Tanto la vía de contagio como los factores que lo favorecen siguen siendo difíciles de determinar. Se piensa que los primeros contagios humanos tuvieron lugar a partir de civetas de las palmeras enmascaradas (Paguma larvata), pequeños mamíferos carnívoros de la familia Viverridae consumidos en el sur de China. Las primeras personas contagiadas no fueron ganaderos, cazadores, comerciantes, ni siquiera consumidores, sino cocineros de los restaurantes que los ofrecían en sus menús. Pero ¿cuál era la forma de contagio: vía oral, inhalación, contacto? El contagio entre personas tomó el relevo con un número importante de transmisiones nosocomiales del personal de salud en los diversos hospitales locales. El número de pacientes directamente contagiados e infectados por civetas, entre los 8.000 casos registrados en el mundo, no parece ser muy elevado. Rápidamente, se pasó de la situación «zoonosis» a una situación de «enfermedad humana de origen animal». Todos los virus identificados en los animales eran «sars-like», diferentes del virus patógeno para los humanos.

Los estudios ulteriores demostraron que el probable ancestro del virus del sars estaba presente en algunas especies de murciélagos locales, en las cuales nunca antes se había investigado el coronavirus, ni en Asia ni en otros lugares. El análisis de la epidemia permite excluir un contagio directo a partir del reservorio de quirópteros e indica que las civetas probablemente desempeñaron el papel de vector hacia la especie humana. Aún hoy, es imposible saber cuándo tuvo lugar el paso murciélago-civeta, ni dónde se produjo el paso de una forma no patógena o débilmente patógena del virus a una forma altamente patógena para los humanos. La noción de reservorio se complica, ya que el «verdadero» virus del sars solo se encontró en enfermos humanos. Los quirópteros albergan potenciales ancestros de formas patógenas, y las civetas una forma más cercana al virus patógeno humano, aunque diferente. ¿Había que temer a los virus alojados por los quirópteros o a la cría y el consumo de civetas? Releer la historia del sars-cov-1 en momentos en que el sars-cov-2 genera el confinamiento de la mitad de la humanidad es bastante perturbador. Es demasiado pronto para comprender el surgimiento del nuevo virus, dónde se produjo, a través de qué mecanismos comerciales, epidemiológicos, virales y moleculares. Es necesario sobre todo protegerse de la información falsa esperando conocer un día la realidad.

 

Contagio por vector hematófago

 

El ejemplo de la fiebre amarilla ilustra tanto el caso general como una excepción. Presente por supuesto en África ecuatorial, el agente de esta enfermedad, virus del género Flavivirus (familia Flaviviridae), se aloja en diferentes especies de primates no humanos, seguramente desde hace mucho tiempo. Algunas especies de mosquitos establecen la conexión con la especie humana. Los monos africanos, receptivos pero no sensibles, representan el reservorio.

Lamentablemente, el virus se introdujo en América durante la colonización del Nuevo Mundo por los europeos, a través del siniestro comercio triangular (Europa-África-América). La fiebre amarilla es en consecuencia endémica en África y surgió en América como producto de la actividad humana. Los monos sudamericanos, que evolucionaron independientemente de los monos africanos desde al menos mediados de la era terciaria, se volvieron receptivos y sensibles al virus. Mueren de la enfermedad. La mortalidad comprobada en ellos representa una señal de alerta para las poblaciones humanas cercanas. Las zonas forestales afectadas ya no deben visitarse, o solo deben hacerlo personas debidamente vacunadas. En el caso americano, se considera que los mosquitos forman parte del reservorio.

El ejemplo del paludismo puede ilustrar la diversidad de situaciones encontradas, así como la evolución posible en el largo plazo. Tradicionalmente, cuatro especies de parásitos del género Plasmodium se asocian a la especie humana: P. falciparumP. malariaeP. ovale y P. vivax. Sin embargo, la realidad podría ser más compleja, ya que en algunas regiones del Sudeste asiático los diagnósticos efectuados en frotis no permitían distinguir algunas especies de parásitos provenientes de primates no humanos de los de humanos. Así, el Plasmodium knowlesi suele ser confundido con el P. malariae, y el paludismo zoonótico asociado es probablemente muy subestimado. El desarrollo de las herramientas de la biología molecular en los laboratorios de análisis debería reducir los errores de diagnóstico. Por el momento, no existe al parecer transmisión de humano a humano del P. knowlesi a través de los anófeles, parásito que sigue siendo estrictamente zoonótico, con un reservorio conformado por varias especies de primates asiáticos. Lo mismo sucede con el P. cynomolgi de los monos asiáticos, que pudo confundirse en el microscopio con el P. vivax en el ser humano. Por otra parte, las dos especies de plasmodium que existen en los monos americanos, P. simium y P. brasilianum, serían descendientes del P. vivax, instalado en el Nuevo Mundo tras la llegada de los europeos y los esclavos africanos a América tropical. En ese caso, fueron los humanos los que originaron el contagio de los monos a través de los mosquitos locales. Finalmente, estudios recientes de filogenia parasitaria concluyeron que el P. falciparum sería el descendiente de un plasmodium de gorila que se habría «humanizado». En ese caso, el parásito de gorila hoy ya no es un agente de zoonosis, sino que da origen a la especie estrictamente humana en la que se convirtió el P. falciparum.

 

Conclusión

 

Los interrogantes planteados por las zoonosis y las enfermedades de origen animal son de dos órdenes. a) ¿Qué probabilidad hay de que un «microbio» pase exitosamente del reservorio animal a la especie humana? Esa probabilidad nunca es nula, pero parece baja teniendo en cuenta los acontecimientos pasados. b) ¿Cuáles son las consecuencias de ese paso a la especie humana? A priori, son poco previsibles, pero la influencia de factores antrópicos puede modificar los parámetros epidemiológicos. Los impactos sanitarios, económicos y sociales dependen de ello. Ahora bien, los comportamientos humanos son aún más difíciles de anticipar y modelizar que los parámetros epidemiológicos clásicos. ¿Debe insistirse en la probabilidad, nunca nula, de que una cepa microbiana se escape del reservorio vertebrado, o se debe tratar de controlar mejor las consecuencias sanitarias evidentes de la demografía humana, los avances tecnológicos, las desigualdades, la pobreza, la inestabilidad política y la mundialización? ¿Debe considerarse la especie humana solo como una víctima, o debe considerársela como un actor importante de los ciclos epidemiológicos que la afectan?

¿Y si el verdadero desafío fuera finalmente aprender a convivir? En la epidemiología de las zoonosis, los vertebrados permiten el mantenimiento de una vasta población microbiana y parasitaria, capaz de evolucionar a su vez y hacer que evolucionen sus huéspedes en reacción, frente a las diversas alteraciones encontradas en los ecosistemas habitados. Solo algunos gérmenes pueden generar problemas. Los vertebrados no mantienen esos microorganismos y esos parásitos para transmitirlos a la especie humana. Biodiversidad y salud: ¿deben considerarse amigas o enemigas?

La diversidad de los «microbios» solo puede comprenderse en el seno de una biodiversidad también vasta de huéspedes vertebrados, pero también invertebrados, hongos, vegetales, especies e individuos. Una noción interesante y debatida es la del posible «papel» de esa doble biodiversidad, parásitos y huéspedes, en la «dilución» de las cepas patógenas, lo que se traduciría en un efecto positivo de esa biodiversidad en la salud a escala planetaria. Un ecosistema poco modificado es rico en una gran diversidad de especies, contrariamente a una agricultura o una ganadería donde se cría una sola especie y cuyos individuos son lo más homogéneos posible. La llegada de un virus, una bacteria o un parásito patógeno a un individuo del cultivo o el criadero se traducirá probablemente en la invasión de todos los demás, y ello generará una epidemia. En una pradera natural, una sabana arbolada, una selva tropical, un pantano, un manglar, cada planta y cada animal están rodeados de numerosos individuos de otras numerosas especies. En ese contexto, el agente patógeno propio de una especie tiene mayor dificultad para pasar de huésped a huésped y se «perdería» en la biodiversidad local. Esta noción es debatida, ya que, según los estudios, los datos confirman o desmienten. Sin embargo, el ritmo actual de erosión de la biodiversidad es tal que, si alguna vez la hipótesis tuviera cierto fundamento, solo podría demostrarse a contrario, lo que representaría un pequeño consuelo. Por otro lado, imaginar que la especie humana sería ajena a los ecosistemas que habita, al punto de no actuar en los ciclos epidemiológicos con los que se cruza, sería irresponsable.

Es imposible responder a estos interrogantes por sí o por no. Una razón más para buscar criterios matizados, responsables, duraderos y comunes entre las diversas medicinas humanas y animales, entre todas las comunidades.

Nota: la versión original de este artículo en francés fue publicada con el título «Les zoonoses, entre humains et animaux» en La Vie des Idées, 1/5/2020, <https://laviedesidees.fr/Les-zoonoses-entre-humains-et-animaux.html>. Traducción: Gustavo Recalde.

Publicado enMedio Ambiente
Hiroshima o el genocidio como espectáculo

A 75 años del bombardeo atómico de EE.UU. a la ciudad japonesa

 

Hoy sigue viva la pregunta sobre cómo fue posible semejante ataque. La idiosincrasia violenta de Estados Unidos y su culto fetichista por las armas como telón de fondo.

 

Espanta la foto de un hombre, de espaldas, mirando la devastación. Piedra sobre piedra, solo ve muerte. Fue el 6 de agosto de 1945, a la hora de la mañana en que había más gente en la calle. Inesperadamente, un ataque atómico elevó la temperatura a 3.000 grados centígrados y todo ardió a cuatro kilómetros a la redondaComo se ufanaban los noticieros norteamericanos de la época “Hiroshima había sido borrada del mapa”.

Hoy, 75 años después, sigue viva la pregunta sobre cómo fue posible. ¿Cómo cientos de personas, aún conscientes del daño que provocaban, fabricaron, transportaron y cargaron una bomba atómica para que finalmente alguien la arrojara sobre una ciudad indefensa donde sólo había niños, mujeres y viejos porque los hombres estaban todos en el frente? ¿Cómo llega alguien a considerar eso un acto normal? ¿Cómo puede ser un genocidio deseable?

El historiador norteamericano H. Bruce Franklin buscó comprender las razones profundas de la idiosincrasia violenta de EE.UU. y su culto fetichista por las armas. En su libro War Stars. Guerra, ciencia ficción y hegemonía imperial, rastrea el origen de esa doctrina estructural para el pensamiento y la acción de EE.UU., según la cual para ayudar a un país hay que bombardearlo. “Incluso los responsables del bombardeo atómico en Hiroshima y Nagasaki –afirma- se convencieron a sí mismos de que sus actos fueron humanitarios, para salvar vidas y restablecer el reinado de la paz.”

El primero en promover el uso de un arma de altísima letalidad para instaurar un reino de paz y prosperidad fue Robert Fulton (1765-1815), pionero de la guerra submarina. A partir de allí –explica el historiador- se va consolidando lentamente una tríada macabra entre el desarrollo tecnológico-armamentista, la moral y la cultura. Sin una eficaz batalla cultural no es posible vencer el rechazo moral a los crímenes masivos (y el temor a la propia muerte) y sin haber superado ese límite el ciudadano común rechazaría no sólo el desarrollo científico de las armas, sino también que el dinero de sus impuestos vaya a parar al Pentágono.

Durante el siglo XIX y comienzos del XX las líneas rectoras de las obras de ficción fueron la agresión extranjera al país, la dominación mundial de EEUU, los terrores apocalípticos y la abolición de la guerra gracias a la existencia de una superarma definitiva. “Esa doctrina que moldeó nuestra política nacional fue presentada por primera vez en el imaginario cultural por las novelas de las guerras futuristas”, escribió Franklin, basado en el análisis de un amplio corpus literario y cinematográfico.

Un relato publicado en 1910 anticipa el exterminio de Nagasaki e Hiroshima. En “La invasión sin paralelo” de Jack London, la acción transcurre en 1976. China ha ascendido a primera potencia mundial y EEUU debe defenderse. La solución final es liquidar a todos los hombres, mujeres y niños chinos mediante el bombardeo de una “lluvia infecciosa”. Escribe Franklin: “Las hordas japonesas y chinas en los textos de la primera mitad del siglo XX plantean una amenaza tan grande que legitiman una guerra aérea genocida”.

Según el gobierno de Japón, aproximadamente 166.000 personas fueron asesinadas en Hiroshima y 60.000 en Nagasaki. La radiación dejó lesiones y cánceres de todo tipo. El aparato cultural norteamericano, una vez cometido el crimen en la vida real, puso toda la fuerza para minimizarlo. En el semidocumental El honor de su nombre (1952), por ejemplo, el horror y la tragedia humana quedan reducidos a la angustia doméstica de un matrimonio estadounidense. “El coronel Paul Tibtets (Robert Taylor), comandante del B-29, no le podía contar a su esposa (Eleonor Parker), acerca del arma secreta que se estaba preparando para lanzar sobre Hiroshima y esto arruinó temporalmente su vínculo. La película presenta un subtexto que insta a los civiles a aceptar el secreto, a no entrometerse en los asuntos militares y a estar agradecidos a la bomba”, analiza Franklin en su libro.

Antes de la Segunda Guerra Mundial el esfuerzo propagandístico se orientó a promover la actividad nuclear, después de la guerra, en hacer “amigable” la carrera armamentista.

En 1942, el Proyecto Manhattan logró la construcción de la primera bomba nuclear. En esa década, el gobierno y un amplio sector de la industria desplegaron una campaña masiva cuyo lema era “átomos por la paz”. Por entonces, la Comisión de Energía Atómica y la compañía General Electric preparaban los contenidos de exposiciones, películas y hasta textos para ciertas materias de la escuela secundaria. El padre de la bomba atómica, en persona, el general Leslie Groves, proveyó de información, para tiras de historieta para los diarios.

Después de 1945, las élites norteamericanas apelaron tanto al hard como en el soft-power a favor del aparato militar industrial. “Existió un sofisticado sistema de coacción y propaganda. Quienes cuestionaban, sobre todo en el influyente campo de la cultura, fueron acallados. Los textos u obras que se oponían a la carrera armamentista fueron proscriptas y hubo purgas en los medios de comunicación, en la educación y en los sindicatos” afirma Franklin, quien señala que Hollywood produjo sólo dos películas de contenido pacifista: Five, dirigida por Arch Oboler y El día que paralizaron la tierra, de Robert Wise, ambas de 1951. Todas las demás se prohibieron. “De 1952 a 1958, las películas sobre armas atómicas se volvieron panfletos a favor de la Guerra Fría”.

Mientras al ciudadano de a pie se le suministraban argumentos para que abandonara sus pruritos éticos, en la cúpula del poder el cinismo moral era descarnado. Esto se ve con claridad en el extraordinario documental de Errol Morris, “Fog of the War” (Niebla de la guerra), una expresión militar que alude a una particular situación de confusión mental que suelen padecer los soldados en medio de la guerra al punto que pierden todo punto de referencia y pueden encaminarse hacia el frente enemigo pensando que es el propio.

La película es una conversación con Robert McNamara. Ya octogenario, el ex ministro de Defensa de EEUU no sólo expone sus cavilaciones durante la guerra de Vietnam sino, que detalla los silogismos perversos que sustentaron los genocidios en Hiroshima y Nagasaki.

“En marzo de 1945 yo estaba en la isla de Guam. Analizaba cómo hacer los bombardeos más eficientes, no en el sentido de matar civiles sino de debilitar al adversario”, dice McNamara a la cámara. A los 29 años, la Fuerza Aérea lo había reclutado en la universidad por su mente brillante para las estadísticas. “En una noche quemamos vivos a cien mil japoneses; 135 kilómetros cuadrados de Tokio ardieron porque sus viviendas eran de madera y nosotros arrojamos bombas incendiarias. Yo fui parte de un mecanismo amplio que lo recomendó. ¿Era eso moral? ¿Fue necesario lanzar la bomba atómica cuando ya habíamos matado entre 50 y 90 % de las personas en 67 ciudades de Japón?”, se pregunta en el documental el genio de las estadísticas.

Aunque en Europa, la Alemania nazi había capitulado en mayo de 1945, Japón seguía en guerra. La historia oficial dice que el presidente Harry Truman ordenó lanzar dos bombas como forma de poner fin al conflicto. No obstante, la magnitud del ataque huele a represalia racista y mensaje mafioso.

No sin cinismo McNamara reflexiona ante la cámara: “Arrojamos dos bombas ¿Fue desproporcionado? Para algunos sí. El general que dio la orden nos decía que si hubiéramos perdido nos habrían juzgado como criminales de guerra por nuestros actos inmorales. ¿Por qué es inmoral si se pierde y no lo es si se gana?”

A 75 años de los peores crímenes contemporáneos es hora de un NUNCA MAS de Estados Unidos. En momentos difíciles de transición hegemónica, es hora de una profunda reflexión global a favor de la paz.

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Al menos 100 muertos y más de 4.000 heridos tras una fuerte explosión en el puerto de Beirut

La explosión se produjo en un almacén de explosivos precedida de un incendio en un hangar de silos de trigo.

 

Una fuerte explosión en un almacén de la zona del puerto de Beirut ha sacudido este martes la capital libanesa, sobre la que se eleva una gran columna de humo de color rojizo. La explosión que ha generado una enorme onda expansiva, se pudo sentir en toda la capital desde varios kilómetros de distancia. El incidente ha provocado la muerte al menos 100 personas y deja más de 4.000 heridos, según ha informado la Cruz Roja libanesa. Cientos de personas permanecen atrapadas entre los escombros cercanos a la zona del puerto y los hospitales están saturados.

De acuerdo con la Agencia Nacional de Noticias (ANN), la explosión se ha producido en un almacén de explosivos del puerto de Beirut y ha venido precedida de un incendio en un hangar de silos de trigo del puerto. La agencia dice que hay "heridos" y "grandes daños en las viviendas y vehículos en los alrededores" del lugar donde se produjo el estallido. 

Por su parte, el gobernador de Beirut, Maruán Abud, ha afirmado que las autoridades han perdido el contacto con varios bomberos que se habían desplazado al lugar tras la primera explosión, según la cadena libanesa LBC.

El director de la Seguridad General libanesa, Ibrahim Abbas, ha señalado a los medios en una visita al puerto de Beirut que "parece que la explosión ocurrió en un almacén con material altamente explosivo confiscado desde hace años", sin dar más detalles.

Imágenes difundidas en las redes sociales muestran la detonación y una gran nube con forma de hongo elevándose en el cielo, provocando una onda expansiva que ha afectado a varios barrios de la ciudad y ha provocado daños materiales.

El Ministerio de Salud ordenó a los hospitales "recibir a los heridos a cuenta del Ministerio", en un breve comunicado difundido en su cuenta oficial de Facebook, y la Cruz Roja libanesa está llamando a sus colaboradores a que se movilicen con urgencia.

Según el canal de televisión libanés Al Mayadín, afiliado al grupo chií Hizbulá, el almacén que explotó contenía gasolina.

BEIRUT

04/08/2020 18:11 ACTUALIZADO: 05/08/2020 09:49

AGENCIAS

(Con información de RT en Español)


Explosiones en Beirut son equivalentes a un terremoto de magnitud 4,5

5 agosto 2020 

Al menos dos fuertes explosiones se han registrado este martes en Beirut, la capital libanesa, causando decenas de muertos y miles de heridos, además de cuantiosos daños materiales.

Esto es lo que se sabe hasta el momento de la tragedia, que ha sido calificada por el gobernador de Beirut, Marwan Abboud, de "desastre nacional parecido a Hiroshima".

¿Qué pasó?

La primera explosión se produjo cerca del puerto de la ciudad poco después de las 18:00 (hora local). Pronto aparecieron informaciones de otra explosión cercana al lugar donde se registró la primera.

Los videos captaron la onda expansiva, que golpeó edificios a kilómetros de distancia, mientras una enorme nube de polvo y de escombros se elevaba por el cielo. 

Las víctimas

El Ministerio libanés de Salud sitúa en más de 73 los muertos y en 3.700 los heridos que deja el incidente. Entre los fallecidos se encuentra el secretario general del partido político de las Falanges Libanesas, Nazar Najarian.

Poco después de las explosiones, trascendió que los hospitales estaban saturados y que los heridos estaban siendo enviados a hospitales fuera de la capital.

El primer ministro del Líbano, Hassan Diab, ha decretado un día de luto nacional este miércoles por las víctimas de la explosión.

Los daños

Imágenes obtenidas por residentes locales evidencian los graves daños causados por las explosiones en el interior de edificios, así como calles devastadas. El gobernador de Beirut afirmó que las explosiones han afectado, aproximadamente, a la mitad de la capital.

Las detonaciones dañaron también el aeropuerto internacional situado a varios kilómetros de distancia del epicentro. El impacto del estruendo fue tal, que incluso se llegó a sentir en Limasol, Chipre. Por su parte, sismólogos jordanos compararon la potencia de la explosión con la de un terremoto de magnitud 4,5.

Las causas

En un primer momento, el ministro de Salud, Hamad Hassan, atribuyó las explosiones a un barco que transportaba fuegos artificiales. Sin embargo, las autoridades pertinentes descartaron la versión de la pirotecnia.

El jefe de seguridad interna del Líbano, Abbas Ibrahim, declaró que el suceso se produjo en una sección que albergaba materiales "altamente explosivos". Además, se negó a especular sobre la causa de la detonación, asegurando que "no se puede adelantar a las investigaciones".

Fuente: Cubadebate

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Una bomba nuclear estadounidense tipo &#039;Fat Man&#039;, que se utilizó en el bombardeo de Nagasaki

En agosto de 1945 la Alemania nazi ya había sido derrotada, pero EEUU necesitaba mandar un mensaje de supremacía al mundo, y así lo hizo.

 

Fue Harry Truman, presidente norteamericano, el encargado de dar la orden de utilizar armas de destrucción masiva contra Hiroshima y Nagasaki, llevando así a cabo un proyecto anhelado durante varios años por los Gobiernos de EEUU y Gran Bretaña.

En 1940, antes del ataque japonés a Pearl Harbor, la investigación científica para la guerra unió a EEUU y Gran Bretaña, y muchos de sus logros militares provienen de esa alianza, ya que al amparo de la misma se inició la investigación para desarrollar la bomba atómica.

Por cuanto que en ese momento Gran Bretaña estaba expuesta a ataques aéreos constantes y estaba amenazada por una posible invasión nazi, el primer ministro Churchill y el presidente Roosevelt acordaron que era prudente llevar a cabo el proyecto nuclear en EEUU.

La inteligencia soviética sabía que desde 1939 los científicos de Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Francia y otros países habían comenzado a tratar de cerca el problema de la fisión del núcleo atómico y trataban de obtener una nueva fuente de energía atómica.

Los informes sobre la intensificación del desarrollo de una nueva temible arma fue transmitida a la URSS en septiembre de 1941 por un miembro del famoso grupo de agentes prosoviéticos Cambridge Five, John Cairncross, quien logró obtener un informe secreto para el primer ministro británico Winston Churchill sobre los planes de crear armas atómicas de destrucción masiva, junto con EEUU.

 

Estudios secretos y víctimas silenciadas

 

La biblioteca de Truman cuenta en sus archivos digitales con un documento titulado Evaluación sobre bombardeos estratégicos de los Estados Unidos: los efectos de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, aunque no se detallan muchos aspectos, en especial el referido a los efectos de la radiación en los sobrevivientes.

Luego de la rendición japonesa, EEUU implantó una política del silencio sobre cualquier cosa relacionada con los bombardeos o los efectos de la radiación. La única investigación autorizada era realizada por la comisión sobre las víctimas de la bomba atómica —Atomic Bomb Casualty Commission (ABCC)—. Si bien dicha comisión realizó exámenes médicos, no suministró atención médica porque su misión tenía un mandato de no realizar curaciones o tratamiento, afirma Atomicheritage.

Según dicha organización el tratamiento en sí se convirtió en un problema político porque, a la vista del público, tratar y curar a los hibakusha (como se les llama a las víctimas de los bombardeos atómicos norteamericanos) podría haber constituido una expiación estadounidense por los bombardeos atómicos, es decir un reconocimiento del crimen masivo.

En una publicación del diario oficial de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, se relata sobre los estudios epidemiológicos y genéticos de los sobrevivientes y de sus hijos por parte de la ABCC y su sucesora, la fundación de investigación de efectos de la radiación (RERF). Pero las víctimas afirman que la información fue distorsionada y ocultada por parte de la ABCC y que nunca recibieron tratamiento, y solo fueron fotografiados y luego enviados a casa.

Peor aún, las víctimas estaban restringidas por su propia autocensura. Muchas se ocultaron durante años, sentían vergüenza por sus deformaciones, sus heridas, sus enfermedades y, sobre todo, un deseo de olvidar el pasado.

 

El ignominioso escuadrón japonés 731

 

La humanidad tampoco debe olvidar algunas acciones del Ejército imperial japonés, en especial las referidas a sus proyectos de creación de armas biológicas de destrucción masiva, para lo cual utilizaron seres vivos: humanos y animales.

La película Men Behind the Sun, controversial por sus crueles escenas, relata que presos chinos, coreanos y soviéticos eran sujeto de experimentos inhumanos a cargo del Escuadrón 731 del Ejército imperial japonés. 

Tales hechos serían difíciles de creer si hoy no conociéramos los registros del proceso de Jabárovsk llevado a cabo por los soviéticos en 1949 y por los documentos desclasificados por los norteamericanos.

El Mengele nipón, Ishii Shiro, a la cabeza del Escuadrón 731, tenía como misión desarrollar armas biológicas para su Gobierno, en la región de Harbin al norte de China, ocupada por los japoneses. Así lo relató durante el juicio en Jabárovsk, Yoshio Shinozuka, miembro del escuadrón, quien afirmó que habían criado pulgas infectadas de tifus en ratas, ántrax, peste y cólera para usar contra el Ejército soviético.

La Unión Soviética logró enjuiciar por crímenes de guerra a 12 militares japoneses del Escuadrón 731, pero no pudo enjuiciar a Ishii Shiro, porque simplemente se había esfumado.

Durante muchos años se negó la actividad de dicho escuadrón, pero EEUU fue desclasificando cientos de documentos que dan cuenta de los "experimentos de guerra biológica". El proceso de Jabárovsk permitió a los soviéticos conocer detalles dolorosos, inmorales y de altísima peligrosidad.

Uno de los enjuiciados fue K. Kawashima, jefe del departamento de producción en el destacamento 731, quien reconoció que "el departamento de producción estaba muy bien equipado para el cultivo de bacterias, lo que nos permitió producir mensualmente en forma pura hasta 300 kilogramos de bacterias de peste, o hasta 500-600 kilogramos de bacterias de ántrax, o hasta 800-900 kilogramos de bacterias tifoideas, paratifoideas o disenterías o hasta 1.000 kilogramos de bacterias del cólera".

A pesar de los intentos, los soviéticos no pudieron nunca capturar ni enjuiciar al cabecilla del escuadrón, Ishii Shiro. ¿Por qué? El hecho es que, la información sobre las armas biológicas que el Imperio japonés había acumulado durante los experimentos, fue utilizada posteriormente como herramienta de negociación con EEUU.

La potencia norteamericana decidió otorgar libertad e inmunidad a Ishii Shiro y a otros miembros del nefasto Escuadrón 731, a cambio de la información que poseían. Toda una canallada histórica e inmoral.

 

La relación entre EEUU y Japón

 

EEUU a lo largo de estas décadas ha sabido manejar y construir con Japón una relación compleja pero muy favorable a sus intereses. Entre los acuerdos y tratados firmados se puede destacar el Tratado de cooperación mutua y seguridad entre Japón y EEUU que otorgó a EEUU el uso de áreas e instalaciones japonesas por parte de sus fuerzas terrestre, aéreas y naval.

Las bases en Japón son relevantes para la estrategia estadounidense. El portaaviones USS Kitty Hawk con sede en Yokosuka participó en los conflictos en Afganistán e Irak. Los aviones de combate estacionados en Misawa y Kadena también se desplegaron en Irak a partir de 2003. Las bases en Okinawa en particular son cruciales para sus acciones en el océano Índico y Oriente Medio y durante la guerra de Vietnam jugaron un rol estratégico y logístico importante.

En mayo de 2016 cuando el presidente norteamericano Barack Obama visitó Hiroshima afirmó que los hechos en Hiroshima y Nagasaki "demostraron que la humanidad poseía los medios para destruirse a sí misma", es decir, atribuyó a toda la humanidad la posesión de esos medios de destrucción masiva, lo cual es un embuste.

Evidentemente, la presencia militar norteamericana en territorio japonés es una piedra angular para los intereses de EEUU en Asia y han sabido construirla de manera sostenida y firme a pesar de toda la historia precedente.

La amenaza del uso de armas de destrucción masiva se ha incrementado
Mientras tanto, hoy, en el mundo hay unas 22.000 armas nucleares y se han llevado a cabo más de 2.000 ensayos nucleares.

Los países han firmado varios tratados multilaterales para detener la carrera armamentista nuclear, entre ellos, el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) y en 2017 se avanzó hacia el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, donde cada Estado firmante se compromete a nunca y bajo ninguna circunstancia, desarrollar, ensayar, producir, adquirir, poseer o almacenar armas nucleares y a no usar o amenazar con usar armas nucleares.

Este tratado representa el único compromiso vinculante de desarme en un tratado multilateral por parte de los Estados poseedores de armas nucleares. Los países signatarios por ahora suman 82, pero sólo 40 lo han ratificado y para entrar en vigor necesita de 50.

Este año 2020 debía celebrarse la Conferencia Examen del Tratado de No Proliferación TNP, pero debido a la pandemia del COVID-19 lamentablemente debió posponerse hasta 2021.

Cuba por su parte nos recuerda y alerta que "las 1.750 ojivas nucleares desplegadas son más que suficientes para destruir la civilización varias veces. De ellas, más del 46% está en manos de EEUU".

La Segunda Guerra Mundial ha dejado muchas lecciones y eventos cruentos que no debemos olvidar ni permitir que las jóvenes generaciones desconozcan. Es importante refrescar la memoria para que no se repita.

2 agosto 2020 | 3

(Tomando de Sputnik)

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Sábado, 01 Agosto 2020 05:49

El modelo que no fue

Un vendedor frente a su comercio en el barrio antiguo del centro de Estocolmo, que se encuentra vacío por falta de turistas. AFP, ALI LORESTANI

LAS CONSECUENCIAS DE LA ESTRATEGIA SUECA CONTRA EL CORONAVIRUS

 

La singular gestión de la pandemia en Suecia (sin cuarentenas, con escuelas y negocios abiertos desde el comienzo) arroja resultados ambiguos. Aunque los hospitales no colapsaron y el gobierno pide paciencia, la mortalidad se disparó entre los grupos más vulnerables. Lo sucedido también es revelador de cómo funciona la gestión pública en ese país y de los efectos del retroceso del Estado de bienestar.

Cuando se desató la pandemia de covid-19, comenzaron a sonar las alarmas en el mundo entero. Pero, mientras se establecían confinamientos obligatorios, se cerraban escuelas, se decretaban toques de queda y por doquier policías y militares patrullaban las calles, en un pequeño país del norte se seguía escuchando el familiar y simpático sonido de la llegada del camión de helados a los barrios. Suecia había elegido otro camino.

Desde el extranjero no se ha dejado de observar con consternación, aunque inicialmente también con cierta curiosidad, lo que ocurre en este reino de 10 millones de habitantes, donde nunca se declaró la cuarentena obligatoria, ni el cierre general de escuelas, ni el de restaurantes, bares ni cafés, y donde la caja de herramientas para contener la propagación del virus incluyó, sobre todo, recomendaciones y exhortaciones a la población para que modificara sus hábitos. Los impulsores de esta estrategia sueca de «mano suave» la han defendido de manera inamovible desde su implementación.

Pero más de cuatro meses después de que la Organización Mundial de la Salud declarara la pandemia, Suecia se enfrenta a duras estadísticas: hoy es el sexto país del mundo (sin contar a los diminutos Andorra y San Marino) con más muertes por coronavirus per cápita, según los datos recopilados por la Universidad Johns Hopkins. La comparación de la situación en Suecia con la de sus pares nórdicos –que gozan de sistemas de protección social y de servicios de salud y cuidados similares– revela diferencias abismales en cuanto a la extensión y la mortalidad del virus. En Suecia, la mortalidad per cápita por coronavirus es más de cinco veces más alta que en Dinamarca, nueve veces más alta que en Finlandia y 11 veces más alta que en Noruega. Y, según datos de la propia Agencia de Salud Pública sueca, a mediados de abril la mortalidad registró un incremento de más del 50 por ciento en comparación con el mismo período en años previos.

EL EXPERIMENTO

A pesar de estos datos, la cara más visible de la estrategia sueca, el epidemiólogo de Estado Anders Tegnell, quien trabaja en la Agencia de Salud Pública –un organismo independiente del gobierno–, no ha dejado de afirmar que «la estrategia general no ha fallado» y que sus críticos no deberían apresurarse a hacer evaluaciones de las tasas de mortalidad, sino esperar a tener datos sobre un período más largo para sacar conclusiones. Pero ¿en qué consiste la tan debatida estrategia sueca?

Una vez que constataron que la propagación del virus estaba fuera de control en el país, las autoridades sanitarias suecas abandonaron la ambición de testear a todas las personas con síntomas del virus y de intentar rastrear todas las posibles vías de contagio. En lugar de testear los casos sospechosos, se recomendaba a las personas que tuvieran cualquier mínimo síntoma de resfrío que se quedaran en sus casas. Lo cierto es que hasta comienzos de junio Suecia aún no había desarrollado una capacidad de testeo de covid-19 para hacer pruebas a gran escala, por lo que muchos enfermos sospechosos de tener coronavirus, incluso en hogares de ancianos, nunca fueron testeados.

Por otro lado, Tegnell siempre descartó imponer una cuarentena obligatoria generalizada, con el argumento de que era necesario poder sostener cualquier medida en el tiempo, lo que, según él, no sería posible con medidas prohibitivas, como los toques de queda, ya que tarde o temprano tendrían que ser levantadas. A la larga, argumentaba, perderían su legitimidad popular.

El único grupo al que se le recomendó sistemáticamente limitar sus contactos físicos fue el de las personas mayores de 70 años, ya que pertenecen al grupo de riesgo más vulnerable al virus. Al resto de la población se la exhortó a lavarse las manos frecuentemente, mantener el distanciamiento social, recurrir al teletrabajo en los casos que fuera posible y evitar todos los viajes no necesarios dentro del país; los viajes al exterior ya habían sido desaconsejados por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Las escuelas y guarderías se mantuvieron abiertas, aunque los colegios secundarios y las universidades pasaron a un régimen de clases a distancia. También los restaurantes, bares y cafés podían permanecer abiertos siempre y cuando mantuviesen cierta distancia entre las mesas y no sirvieran comida o bebida en las barras. Al principio el gobierno prohibió las reuniones de más de quinientas personas, luego las de más de cincuenta y más tarde aún las visitas a los residenciales para mayores. Pero las leyes o los decretos fueron escasamente utilizados en comparación con otros países. La herramienta priorizada fue la de las recomendaciones.

Las dos principales metas de la estrategia, explicó Tegnell innumerables veces en las ruedas de prensa diarias de la Agencia de Salud Pública, eran, por un lado, asegurarse de que la necesidad de atención médica de la población no superara la capacidad del sistema («lo importante es aplanar la curva» fue el mantra de la Agencia) y, por otro, proteger de contagio a la población más vulnerable.

MORIR EN LA RESIDENCIA

La primera meta se alcanzó. Desde el inicio de la pandemia siempre hubo lugares vacantes en las salas de cuidados intensivos. La segunda no tanto… Nueve de cada diez personas que murieron por covid-19 en Suecia pertenecían precisamente al grupo vulnerable. Y de las ya más de 5.700 personas que murieron de coronavirus, un 47 por ciento residía en hogares de ancianos. El 30 de marzo, mientras desde Francia, Italia y España llegaban noticias sobre hogares de ancianos donde los residentes muertos por coronavirus se contaban por centenas, le pregunté a Tegnell si la Agencia de Salud Pública creía que la misma situación podría producirse en Suecia. «De momento pienso que en Suecia nos hemos arreglado bastante bien», respondió en una conferencia de prensa. Dos días más tarde, la radio estatal sueca, Sveriges Radio, reportaba que en un tercio de las 290 municipalidades del país ya se había constatado casos positivos en hogares de ancianos. Al día siguiente, la televisión estatal informaba que las residencias afectadas en la región de Estocolmo llegaban a 25 por ciento, y el porcentaje subió a 75 por ciento tres semanas después.

A mediados de abril, luego de que Suecia registrara un pico en el exceso de muertos (lo que en inglés se llama excess mortality: una cantidad de muertes por encima de lo que normalmente se espera en ese período del año) y luego de que 22 científicos suecos publicaran una columna de opinión en el diario Dagens Nyheter que criticaba duramente la estrategia de los expertos de la Agencia de Salud Pública, Tegnell admitió que la cantidad de muertes registradas en hogares de ancianos era «un fracaso para nuestra manera de proteger a nuestros mayores». Pero, insistió, «no es un fracaso de la estrategia general».

La gran cantidad de muertes por covid-19 en las residencias de ancianos produjo revuelo en el país y un debate público sobre el deterioro del sistema de cuidados, que durante mucho tiempo se presentó como un ejemplo para el resto del mundo por su alta cobertura y por su calidad y formalización. Mientras que este trabajo en muchos otros países es llevado a cabo por familiares o bien por trabajadoras domésticas, en Suecia se emplea a personal de salud con formación y especialización, y los servicios son regulados por las autoridades sanitarias públicas.

El primer escándalo que revelaron los medios fue que en muchos de estos hogares el personal no tenía acceso a equipos de protección, y se sospechaba que ese era el principal vehículo de contagio de los residentes. Según datos oficiales, solamente el 40 por ciento de ellos cumplía con las normas de higiene establecidas para evitar el contagio del virus y tenía acceso a material de protección.

Las noticias sobre los miles de muertos en las residencias de adultos mayores también sacaron a la luz las condiciones de trabajo cada vez más precarias de su personal. Comenzó a cuestionarse la alta rotación en estos hogares, que se debe a la contratación creciente de personal eventual o por hora en este sector, lo que elevó el riesgo de que el virus entrara por la puerta del personal y afectara a los residentes. Además, estos trabajadores no tienen derecho a licencia por enfermedad, por lo que a menudo siguen yendo a trabajar incluso en los casos en que presentan síntomas de resfrío y otras enfermedades leves, pero que podrían encubrir covid-19.

Los medios también revelaron que, en la región de Estocolmo –la que registró casi la mitad de todas las muertes por coronavirus del país–, la atención médica de los residentes de estos hogares también estaba en cuestión. En una investigación que llevé a cabo para el diario suecoDagens ETC, distintas fuentes me confirmaron que en varios hogares llegó a morir la mitad de los residentes de una misma sección sin haber sido atendidos por un médico. Hace décadas cada residencia especializada para mayores contaba con la presencia diaria y permanente de un mismo médico. Hoy, en la región de Estocolmo, el servicio médico de las residencias ha sido tercerizado a empresas privadas, y los médicos responsables de los residentes suelen visitar cada hogar una vez por semana. Un solo médico puede estar a cargo de entre doscientos y trescientos pacientes en diferentes hogares, la enorme mayoría con enfermedades múltiples.

Al compilar los datos sobre las muertes de residentes de los hogares de ancianos,Dagens Nyheter constató que en la mayoría de ellos habían fallecido en la residencia, no en el hospital. En la región de Estocolmo ese fenómeno es aún más extremo. Sólo el 10 por ciento de los enfermos graves de las residencias fallecieron en el hospital. Para evitar que se saturaran los servicios de salud, los funcionarios de la región de Estocolmo introdujeron muy temprano (el 30 de marzo) un nuevo sistema de prioridades que desviara a los enfermos de las residencias de los hospitales, para que el sistema sanitario no se saturara. La regla era que estos pacientes fueran tratados en los hogares de ancianos, aunque no hubiera médicos suficientes para hacerlo. En principio, el documento instruye a los médicos a no enviar ancianos con cierto grado de «fragilidad clínica» al hospital, salvo en el caso de que precisen una intervención quirúrgica de urgencia. Pero el nivel de fragilidad exigido era tan bajo que prácticamente excluía de atención hospitalaria a los ancianos con algún grado de demencia, así fuera muy leve. Cabe señalar que la mayoría de los residentes de hogares de este tipo en Suecia tienen algún grado de demencia senil. Las camas libres durante la pandemia muestran que, en efecto, se alcanzó el objetivo de no saturar el sistema.

UN GOBIERNO FRÁGIL

Sobre la estrategia sueca para combatir el coronavirus se han dicho muchas cosas en la prensa internacional. Una de ellas es que el país habría optado por darle prioridad a la economía frente a la salud pública y habría decidido no cerrar las escuelas o imponer una cuarentena que hubiese paralizado la actividad económica y precipitado la quiebra de empresas y el aumento del desempleo. Pero lo cierto es que esto ha sido desmentido, desde los inicios de la pandemia, por la Agencia de Salud Pública. A diferencia de muchos otros países europeos, donde los cargos políticos dentro de la administración son la regla y donde los ministros son los jefes máximos y últimos responsables de la administración pública, la Constitución sueca establece una separación entre la administración pública y la política. El aparato administrativo debe limitarse a aplicar las leyes de manera independiente. Por eso, salvo su director, los funcionarios de la Agencia de Salud Pública (al igual que en cualquier otra institución de la administración pública sueca) son designados por mérito profesional y permanecen en sus puestos cuando cambian los gobiernos. De hecho, no han faltado voces, dentro de Suecia, que le han reprochado al gobierno minoritario del socialdemócrata Stefan Löfven falta de liderazgo propio en materia de salud pública. «¿Cómo vamos a poder ganar esta batalla si los políticos electos se esconden detrás de funcionarios, que son quienes llevan las riendas? Funcionarios que hasta ahora no han demostrado ningún talento ni para predecir ni para limitar la deriva que estamos viviendo», escribían los 22 científicos críticos en una columna de opinión enDagens Nyheter.

La gestión de la pandemia del coronavirus en Suecia se ha caracterizado por ser altamente tecnocrática. De hecho, el gobierno de Löfven se ha alineado por completo con las recomendaciones de los expertos de la Agencia de Salud Pública y sólo ha aprobado medidas una vez que esas autoridades expertas se han expresado en la materia. Por varios motivos, no es de extrañar que haya sido así. Por un lado, existe en Suecia cierta tradición de consenso en el ámbito político, producto del sistema parlamentarista y del sistema electoral proporcional. Por otro lado, el actual gobierno nació débil, luego de meses de parálisis parlamentaria en un contexto de muy alta fragmentación política, causada por el espectacular avance electoral de la extrema derecha. El gobierno del socialdemócrata Löfven sigue siendo frágil. No sólo es un gobierno de coalición (con el Partido Verde), sino que el oficialismo sólo pudo conseguir la mayoría tras firmar un acuerdo con dos colaboradores muy improbables, los partidos más neoliberales del país: Liberales y el Partido del Centro, que durante décadas le hicieron la guerra a la socialdemocracia.

Frente a la incertidumbre que provocó la pandemia de un virus totalmente desconocido, el gobierno optó por no arriesgarse en un campo que no era el suyo y en el que fácilmente podría equivocarse. Vale la pena recordar que nadie sabía de antemano a ciencia cierta cuáles serían las políticas más eficaces y adecuadas para combatir el virus. Suecia es un país que no ha vivido ninguna guerra en su territorio en más de un siglo y medio, y su población no está acostumbrada a las medidas prohibitivas o autoritarias. Suponiendo que se hubiese opuesto a la línea de Tegnell, para proponer una estrategia diferente y salir vivo de esa confrontación, el primer ministro socialdemócrata habría precisado un apoyo político que los votantes no le dieron.

También en la prensa extranjera se dijo que la meta de la estrategia sueca era generar «inmunidad de rebaño» contra el covid-19. Ello consistiría en no impedir que la población se contagie, de modo que la población que no pertenece a ningún grupo de riesgo contraiga el virus para desarrollar anticuerpos que la protejan contra futuras infecciones, y así generar una masa crítica de personas inmunizadas para frenar la propagación del virus entre la población. Pero lo cierto es que Tegnell ha desmentido que la inmunidad de rebaño haya sido parte de la estrategia sueca, que se basaba en las dos metas ya señaladas: proteger a los adultos mayores y asegurar que la cantidad de enfermos con necesidad de atención médica siempre se mantuviera por debajo de la capacidad de los servicios de salud. Esta estrategia sí asume que es imposible frenar por completo la propagación del virus y por eso propone, según explicó Tegnell, una manera de vivir con el virus.

Sobre la hipótesis de generar una inmunidad de rebaño se ha hablado mucho en Suecia. Uno de sus principales promotores ha sido el antecesor de Tegnell en el puesto de epidemiólogo de Estado, el ahora retirado Johan Giesecke, quien en reiteradas ocasiones afirmó que pronto se alcanzará.

En los comentarios de Tegnell es posible interpretar cierta ambivalencia con respecto a la importancia que le ha dado a la idea de la inmunidad de rebaño. En la Agencia de Salud Pública, el equipo de Tegnell hacía simulaciones para predecir cuándo se alcanzaría tal inmunidad. Y el 16 de abril, en una entrevista con la televisión noruega NRK, Tegnell afirmó que esos cálculos indicaban que la inmunidad de rebaño se alcanzaría en Estocolmo en mayo, aunque precisó que después habría que ver si eso se confirmaba o no. Luego de que un primer estudio indicara que tan sólo el 7 por ciento de la población de Estocolmo tenía anticuerpos contra el coronavirus, comenzó a hablarse menos de la inmunidad de rebaño.

FIN DEL CONSENSO

Las miradas desde afuera no parecían afectar en lo más mínimo la percepción de los propios suecos de que las cosas no iban mal. Las encuestas de opinión que se han hecho de manera regular han mostrado que la Agencia de Salud Pública ha gozado de un alto grado de confianza. El 22 de abril, el 60 por ciento de los encuestados (encuesta Kantar/Sifo) expresaba que las medidas que se habían tomado representaban un buen balance entre la salud pública y la economía, y una mayoría indicaba haber modificado sus hábitos (por ejemplo, el 86 por ciento afirmaba lavarse las manos más a menudo y el 69 por ciento decía haber disminuido sus actividades sociales), según las recomendaciones. Pero en las últimas encuestas ha aumentado la proporción de personas que estiman que en las medidas no se ha tomado en cuenta suficientemente la salud pública.

Desde hace un tiempo, en Suecia están bajando las muertes diarias y las internaciones en las salas de cuidados intensivos de personas con covid-19. Pero la experiencia del coronavirus ha dejado sus marcas. Por un lado, el consenso y el silencio político sobre las medidas para manejar la pandemia se han roto. Jimmie Åkesson, el líder del partido de extrema derecha Demócratas de Suecia, quien se mantuvo bastante callado durante todo el período en que se discutieron las medidas contra la pandemia, salió a pedir la renuncia de Tegnell y ya está hablando de que se ha perpetrado una masacre. La líder ultraconservadora de Demócratas Cristianos, Ebba Busch Thor, cuya batalla consiste en no quedar fuera del Parlamento nacional en las próximas elecciones, también consideró que el tiempo era propicio para tensar la cuerda y afirmó, en un debate televisivo en junio, que el gobierno había dejado que el virus se propagara de manera intencional.

En la cobertura mediática sobre el coronavirus en el país se ven algunos leves cambios y una tendencia hacia el cuestionamiento de la estrategia. En vista de los más de 5.700 muertos, ya hay muchas voces que consideran que es hora de hacer un balance. Una de ellas fue la periodista Nike Nylander, del programa televisivo Agenda. El 14 de junio, le preguntó al primer ministro Löfven si no dudaba del éxito de la estrategia sueca y subrayó que mientras que varios países europeos han vuelto a abrir sus fronteras, varias fronteras vecinas siguen cerradas para los suecos. Pero Löfven no paraba de repetir el caballito de batalla de Tegnell: es muy temprano para hacer evaluaciones.

Por Florencia Rovira Torres

desde Estocolmo 
31 julio, 2020

(Una versión anterior de este artículo fue publicada por Nueva Sociedad bajo el título «Suecia, el modelo que no fue».)

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Manos de investigador o técnico manipulando muestras en un laboratorio EFE

El riesgo de que una o varias de las vacunas más prometedoras en estos momentos contra el coronavirus no lleguen a salir adelante ha llevado a que múltiples países inviertan miles de millones de euros en diferentes farmacéuticas

 

Los enormes daños sanitarios, sociales y económicos que el virus SARS–CoV–2 está causando a la humanidad en prácticamente todo el mundo están llevando a una urgencia inusitada en la investigación y desarrollo de potenciales vacunas. Hasta la fecha, el récord de velocidad en la obtención de una primera vacuna contra un virus reside en la vacuna contra las paperas, que requirió "tan solo" cuatro años. Todo parece indicar que este récord podría romperse en un futuro cercano gracias a una inversión económica descomunal –de miles de millones de euros– en más de 200 proyectos de vacunas diferentes y al esfuerzo global de multitud de investigadores. Si los pronósticos de diversos expertos sanitarios se cumplen, es posible que exista al menos una vacuna con seguridad y eficacia demostrada para finales de 2020 o comienzos de 2021.

La gran celeridad en el desarrollo de las vacunas contra el coronavirus y su potente inversión no son, ni mucho menos, los únicos elementos extraordinarios que rodean a estos tratamientos preventivos experimentales. Otras circunstancias que están teniendo lugar en su proceso de I + D son, hasta ahora, excepcionales en el mundo farmacéutico. AstraZeneca, la compañía farmacéutica que está detrás de una potencial vacuna contra el coronavirus, junto a la Universidad de Oxford, lleva ya tiempo fabricando en masa este producto para que en septiembre haya alrededor de un millón de dosis. CanSino Biologics, la biotecnológica china responsable de una de las vacunas en fases más avanzadas, comenzó en marzo la construcción de una fábrica para su producción masiva. La farmacéutica china Sinopharm también anunció recientemente que había finalizado la construcción de una nueva planta para producir más de 100 millones de dosis de su vacuna al año. Todas estas empresas tienen en común que sus vacunas son aún experimentales, en la fase III de ensayos clínicos, en la que se evalúa la efectividad de una vacuna sobre miles de personas sanas.

Belén Tarrafeta, farmacéutica experta en gestión sanitaria y acceso a medicamentos, explica que "lo normal es fabricar las cantidades necesarias para las pruebas clínicas y después para las agencias reguladoras (en la forma en la que se quieren comercializar)". Sin embargo, esta preparación para la producción masiva de vacunas o incluso el comienzo de la producción masiva antes de que finalicen los ensayos clínicos en fase III y se conozcan sus resultados resulta algo totalmente inaudito. Nunca se había destinado tanto esfuerzo y dinero en la producción masiva de vacunas sin tener garantías ni certezas sobre su eficacia. Aunque la fase III sea la última etapa experimental antes de la comercialización, el riesgo de que en esta fase no se demuestre una mínima eficacia protectora de una vacuna sigue presente. De hecho, son muchas las vacunas contra otros agentes patógenos (especialmente aquellas contra el VIH) las que han fracasado en esta fase y no han llegado a comercializarse.

¿Quién paga si las vacunas no son eficaces?

Precisamente, es el riesgo de que una o más de las vacunas más prometedoras en estos momentos contra el coronavirus no lleguen a salir adelante lo que ha llevado a que múltiples países inviertan miles de millones de euros en diferentes farmacéuticas. También se busca aumentar el acceso a la mayor cantidad posible de distintas vacunas efectivas, dada la enorme demanda y la aún limitada producción. El ejemplo de Estados Unidos es especialmente llamativo. Su presidente, Donald Trump, ha recibido grandes críticas por su gestión de la pandemia y, ahora mismo, su principal baza política está en conseguir la preciada vacuna contra la COVID–19 cuanto antes, a través de la Operación Warp Speed. El gobierno de este país ha destinado 1.700 millones de euros a Pfizer para comprar 100 millones de dosis antes de fin de año, casi 1.000 millones de dólares a Moderna por su vacuna265 millones de dólares a Fujifilm, 1,2 mil millones para dosis de la vacuna de AstraZeneca y la lista sigue y sigue... De forma similar, la Comisión Europea también ha diversificado su apuesta inversora hacia múltiples vacunas que podrían ser efectivas.

Este panorama inversor es una situación totalmente atípica. Tarrafeta reflexiona: "Creo que está en el margen de la legalidad respecto a la reglamentación farmacéutica de cualquier país, porque en principio no se pueden comprar medicamentos que no están registrados y no se puede registrar lo que no existe o lo que no cumple aún con criterios de registro. En algunas ocasiones se otorga un plazo de tiempo de registro en una licitación pública si es un medicamento nuevo, o un nuevo fabricante. Pero sobre medicamentos existentes, que ya tienen aprobación de alguna agencia reguladora estricta, no sobre medicamentos en desarrollo".

¿Qué ocurriría con aquellas vacunas que no siguieran adelante al finalizar la fase III y cuyo volumen de dosis ya fuera abundante? A la potente inversión en la producción masiva de una potencial vacuna fallida que caería en saco roto se uniría el coste de destruir todas las dosis. La destrucción de vacunas es un proceso muy caro, ya que se consideran residuos sanitarios y requieren plantas de tratamiento y procesos especiales para llevarlo a cabo. Además, las vacunas vivas y atenuadas se consideran residuos peligrosos o de riesgo, lo que implica mayores precauciones para su transporte, manejo y tratamiento.

¿Quiénes afrontarían el riesgo económico de destinar grandes sumas de dinero a la producción masiva o a la preparación para la producción masiva si finalmente fallase en la fase III? Como informa Tarrafeta, en general, hay mucho secretismo detrás de los acuerdos de gobiernos y agencias filantrópicas con estas empresas. "No se sabe tampoco lo que está negociando GAVI (Alianza para la Vacunación), para qué países o con qué precio. Lo cierto es que hay muy poca transparencia sobre los acuerdos que se están negociando, ni a qué precio se está negociando la vacuna, lo cual no es nada nuevo. Es lo que muchas organizaciones denuncian siempre de la industria farmacéutica: hablan de lo que se invierte en I+D sin mencionar la cantidad de esos fondos que viene del sector público, quién debería tener el derecho de patente, y los costes reales de la inversión. Lo que estamos viendo entre líneas es que las grandes (farmacéuticas) van a ganar, aunque pierdan".

Por Esther Samper

29 de julio de 2020 21:55h

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Una nueva gripe porcina con potencial de convertirse en pandemia pone en alerta a Brasil

Se trata de una variante del virus de la influenza A H1N2, cuyo primer caso se registró en un matadero de Paraná y se transmite de cerdos a humanos.

Investigadores del Instituto Oswaldo Cruz (IOC), en Río de Janeiro, Brasil, se mantienen en alerta por el potencial pandémico de una nueva variante de influenza A H1N2, que se transmite de los cerdos a los humanos, descubierta en el estado de Paraná, al sur de ese país.

"Desde 2005, la variante de influenza A H1N2 se ha encontrado otras 25 veces. Pero esta que identificamos en una muestra de Ibiporã, en Paraná, es diferente a todas los demás ya descubiertas en el mundo", dijo, en entrevista con O Globo, Marilda Siqueira, viróloga y directora del IOC, que es parte de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz).

Sin embargo, aunque es genómicamente diferente, aún no se sabe "qué significa eso, si le da más o menos riesgo"; por ello, están "buscando otros casos posibles" para ser estudiados, resaltó la especialista.

Siqueira detalló que el primer caso se registró en abril pasado, en una mujer de 22 años que trabajaba en un matadero en Ibiporã. El virus le "causó un caso leve de gripe", detalló la especialista, del que ya se recuperó por completo.

"Esta variante del virus de la influenza A H1N2 tiene un potencial pandémico, pero eso no significa que causará una pandemia", enfatizó.

Al decir que tiene "potencial pandémico", precisó, es porque "los virus de la influenza son muy contagiosos, y cada vez que surge uno nuevo causa preocupación, porque la población no tiene inmunidad contra él".

Explicó que tendría el mismo pontencial que el virus de influenza de la cepa G4, identificado en China; pero, a diferencia de este, que difícilmente se transmite a humanos, el brasileño ya se comprobó que sí puede llegar a las personas, aunque con dificultades y en particular para transmitirse de un humano a otro.

"Toda la evidencia que tenemos es que se transmite con dificultad del cerdo a los humanos, y no se transmite de una persona a otra. Por lo tanto, no se transmite fácilmente. Tendría que someterse a mutaciones que le dieran la capacidad no solo de saltar entre especies, sino de ser efectivamente transmisible en nuestra especie", resaltó Siqueira.

Pese a todo lo anterior, Siqueira señala que es preciso "mantener una vigilancia intensa y constante, porque las pandemias del H1N1 y del coronavirus Sars-CoV-2 hacen que resulte más que obvio cuán devastadores pueden ser los virus respiratorios. Por lo tanto, deben ser detectados y contenidos desde un principio".

Publicado: 27 jul 2020 22:46 GMT

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Jueves, 23 Julio 2020 06:30

Carta de 94 congresistas de EE.UU

Carta de 94 congresistas de EE.UU

Se deben respetar los mecanismos de autoprotección de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó y otras zonas humanitarias similares, incluido el apoyo brindado por los acompañantes internacionales, incluso durante la pandemia.

 

Muchas son las voces en el mundo que se han estado pronunciando en contra del Gobierno Colombiano por su incapacidad de proteger y velar por los derechos de los ciudadanos, pues la multiplicación de asesinatos de líderes sociales, de desmovilizados de las FARC y violaciones a menores de edad por la fuerza pública y el paramilitarismo ha llegado a lo más alto del cinismo. El pasado 6 de julio de 2020, 94 congresistas de los Estados Unidos, en una carta al Presidente Trump a través de su Secretario de Estado Mike Pompeo, le pidieron que presione al Presidente de Colombia, Iván Duque, para que proteja a los líderes sociales y a comunidades vulnerables como nuestra Comunidad de Paz, para la cual exigen respeto a sus mecanismos de autoprotección y que se nos permita el acompañamiento internacional incluso durante la pandemia. El texto de la Carta es el siguiente:

En la medida en que la pandemia del coronavirus expone y acentúa los problemas que existen en cada uno de los países que arrasa, nos preocupa especialmente su impacto sobre la seguridad de los valientes defensores de los derechos humanos y los líderes sociales en Colombia, quienes están arriesgando sus vidas para construir una paz duradera.

Nos dirigimos a usted para pedirle que inste a la Administración Duque a que renueve sus compromisos de implementar los históricos acuerdos de paz de 2016 y proteger a los amenazados defensores de los derechos humanos de Colombia, cuya vulnerabilidad se ha agudizado durante la cuarentena de la COVID-19.

Actualmente, Colombia es el país más peligroso del mundo para los defensores de los derechos humanos. Más de 400 defensores de los derechos humanos han sido asesinados desde que se firmó el Acuerdo de Paz, siendo esta una pérdida de líderes cívicos comprometidos y valientes que Colombia no puede permitirse.

La lentitud del Gobierno colombiano en la implementación del Acuerdo de Paz, el fracaso en llevar las instituciones civiles del estado a las zonas de conflicto y su persistente incapacidad para prevenir y judicializar los ataques contra los defensores han permitido que esta tragedia se desate sin control. Esto parece haberse agudizado, ya que los grupos armados ilegales aprovechan la pandemia al tiempo que el Gobierno no responde, lo que agrava aún más la vulnerabilidad de los defensores de los derechos humanos y los líderes locales que son objeto de persecución.

Por ejemplo, el 19 de marzo, tres hombres armados se presentaron en una reunión en la que campesinos discutían acuerdos voluntarios de erradicación de coca, y asesinaron al líder comunitario Marco Rivadeneira.

 Él promovía la paz e iniciativas de sustitución de coca en su comunidad, representaba a su región en la mesa de garantías para la protección de los defensores de derechos humanos y era miembro de la plataforma de derechos humanos nacional Coordinación Colombia Europa Estados Unidos. Las comunidades afrocolombianas, indígenas y de campesinos pobres, como la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, siguen sufriendo y se tornan aún más vulnerables por la presencia descontrolada de actores armados ilegales en sus territorios.

Marco Rivadeneira fue uno de los 23 líderes sociales asesinados entre el 15 de marzo y el 24 de abril, durante las primeras semanas de la cuarentena por la pandemia en Colombia. Según la ONG colombiana Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ), durante los primeros seis meses de 2020, fueron asesinados en Colombia 153 líderes y defensores sociales.

 Para poner fin a esta tragedia, le pedimos que inste a la Administración Duque a que:

  • • Mejore la protección de los defensores de los derechos humanos y de los líderes sociales, comenzando por la investigación eficaz de los ataques y amenazas en su contra, la identificación de quienes ordenaron estos delitos y la presentación pública de los resultados de estas investigaciones.
  • • Desarrolle una hoja de ruta de protección en consulta con los defensores del grupo de trabajo de garantías que incorpore los retos derivados de la pandemia, como la necesidad de equipos de bioseguridad.
  • • Financie y aplique medidas de protección colectiva con enfoques diferenciales de género y étnico en consulta con las comunidades y por medio de la Unidad de Protección Nacional. Se deben garantizar las medidas colectivas acordadas con las autoridades de las comunidades afrodescendientes e indígenas. Se deben respetar los mecanismos de autoprotección de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó y otras zonas humanitarias similares, incluido el apoyo brindado por los acompañantes internacionales, incluso durante la pandemia.
  • • Desmantele las redes de los sucesores de los paramilitares involucrados en el tráfico de drogas, ya que alimentan gran parte de la violencia ejercida contra los defensores de los derechos humanos y los líderes sociales. El Gobierno debe cumplir su compromiso de convocar periódicamente a la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, que fue creada por el Acuerdo con el objeto de desarrollar e implementar planes para desmantelar los grupos ilegales y proteger a las comunidades, los líderes sociales y los excombatientes.
  • • De manera eficaz, investigue, judicialice y presente los resultados relacionados con estas redes paramilitares y delictivas a través de la Unidad Especial de Investigación de la Fiscalía General de la Nación. Acogemos con agrado el nuevo acuerdo suscrito entre la Fiscalía General de la Nación y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia, que tiene por objeto capacitar a los fiscales y los investigadores para que aborden enérgicamente estos delitos contra los derechos humanos. Es fundamental que el Estado ponga fin a la impunidad de los asesinatos, las desapariciones, los ataques y las amenazas contra los defensores de los derechos humanos, los líderes sociales, los activistas por el derecho a la tierra y el medio ambiente, los periodistas, los sindicalistas y otros defensores.
  • • Responsabilice prontamente a los miembros de la inteligencia del Ejército Nacional de Colombia, incluidos los más altos rangos, que dieron la orden y llevaron a cabo el perfilamiento e inteligencia masiva de 130 periodistas (incluidos periodistas estadounidenses), defensores de los derechos humanos, líderes políticos, y militares quienes han denunciado abusos. Estados Unidos también debe procurar que la cooperación de seguridad e inteligencia estadounidense no contribuya, apoye ni incite actos de inteligencia ilegal, ni ahora ni en el futuro.
  • • Implemente decididamente el Acuerdo de Paz, lo que incluye financiar adecuadamente el sistema de justicia transicional, implementar plenamente el Capítulo Étnico, cumplir los compromisos relativos a la protección de los excombatientes y los proyectos productivos para que se reintegren a la vida civil, y honrar los compromisos de verdad, justicia, reparación y las garantías de no repetición para las víctimas del conflicto.

Sr. Secretario, le instamos a que vele para que todas las agencias de los Estados Unidos se expresen con una voz única y clara para condenar los cada vez más frecuentes asesinatos y para presionar a la Administración Duque a que emprenda las acciones necesarias para identificar y judicializar a los autores intelectuales de estos delitos y desmantelar las estructuras delictivas que los protegen.

Por último, le instamos a que continúe brindando la valiosa cooperación de los Estados Unidos a Colombia, para implementar el Acuerdo de Paz, prestar asistencia humanitaria a los refugiados venezolanos y a las comunidades que los reciben y abordar la crisis de salud y seguridad alimentaria causada por la pandemia de la COVID-19. Estados Unidos también debería aprovechar las oportunidades que ofrecen el Acuerdo de Paz para llevar a cabo la erradicación sostenible y duradera de los cultivos ilícitos actuando en colaboración con las comunidades a fin de sustituir la coca con medios de vida legales y desmantelar las redes de tráfico”.

[La Carta es firmada por 94 miembros del Parlamento de los Estados Unidos y encabezada por los Congresistas James Mc Govern y Mark Pocan]

Como Comunidad de Paz agradecemos de todo corazón a todas las personas y comunidades del país y del mundo que nos han acompañado en este duro camino que lleva más de 23 años de resistencia civil, los invitamos a seguir presionando con este tipo de peticiones a este Gobierno ciego y sordo que poco le ha importado la vida de quienes pensamos diferente en este país.

                                             Comunidad de Paz San José de Apartadó

                                                                  Julio 20 de 2020  

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