Oficiales de la Policía patrullas las calles de Cali, Colombia, el 22 de marzo de 2020.Luis Robayo / AFP

La familia de Carlos Esteban Brown Mosquera declaró que el joven se encontraba observando la escena desde la ventana de una vivienda, cuando una bala le impactó el rostro.

 

Un joven colombiano que soñaba con ser futbolista murió la madrugada del martes durante un polémico operativo policial en la ciudad de Cali, capital del departamento de Valle del Cauca, lo que ha provocado una nueva ola de indignación por los excesos de las fuerzas de seguridad.

La familia de Carlos Esteban Brown Mosquera denunció que el joven murió a manos de la Policía con un disparo que impactó en su cabeza, mientras el joven veía desde la ventana de su hogar el desarrollo de un operativo policial en el barrio Laureano Gómez, al oriente de Cali.

"Fue un tiro certero.Mi hijo medía más de 1.80 y el tiro fue directo a la cara", dijo Diana Sugey Castillo, madre de la víctima, según información de El Tiempo. "No quiero que el crimen quede impune y sigan matando jóvenes inocentes", agregó.

Postura oficial

La versión de la familia del joven difiere de la postura oficial. Según el comandante de la Policía Metropolitana de Cali, el general Manuel Vázquez Prada, los uniformados llegaron a atender un caso de riña entre dos mujeres, cuando se presentó una "asonada" contra los oficiales que terminó en los disparos que impactaron en Brown Mosquera.

"Se presentan disparos, y como consecuencia, una persona resulta lesionada, quien posteriormente fallece en centro hospitalario", dijo Vázquez Prada en un reporte a medios. 

La familia trasladó a Brown Mosquera al Hospital Carlos Holmes Trujillo de Cali, y posteriormente, el joven fue remitido al Centro Médico Imbanaco, en donde falleció.  

Indignación

Los vecinos y conocidos de la víctima protestaron el martes 13 de octubre en la estación de Policía El Vallado, para exigir el esclarecimiento del caso. 

"No era un vándalo, y no son manzanas podridas, son una banda criminal armada y pagada por nosotros", criticó una usuaria de Twitter sobre la actuación policial en la muerte de Brown Mosquera.

En medio de la polémica por los recientes casos de abuso policial en Colombia —que motivaron fuertes protestas contra el Gobierno de Duque—, el general de la Policía de Cali informó que se investigará internamente el caso, a la par de la pesquisa que desarrolle el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía General de la Nación.

"De tal forma que sean los jueces judiciales y administrativos los que se pronuncien de cara al esclarecimiento de este lamentable hecho", dijo Vázquez Prada. 

El violento actuar de las fuerzas de seguridad colombianas ha sido objeto de fuertes críticas en el país, principalmente tras el reciente homicidio del abogado Javier Ordóñez, a quien la Policía le aplicó descargas eléctricas en el suelo antes de llevarlo detenido a un Comando de Atención Inmediata (CAI), en donde la víctima falleció por politraumatismos.

El homicidio de Ordóñez a manos de la Policía provocó multitudinarias protestas en las principales ciudades colombianas, que dejaron un saldo de 13 fallecidos y más de 500 heridos, reavivando el debate sobre el abuso de la fuerzas de seguridad durante las manifestaciones sociales. 

El pasado 7 de octubre, el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, pidió disculpas por los excesos de la fuerza pública, en especial aquellos cometidos por los Escuadrones Móviles Antidisturbios de la Policía Nacional (ESMAD) durante las protestas, después de que el Tribunal Superior de Bogotá dictara un ultimátum para que el funcionario se pronunciase sobre el tema

Publicado: 14 oct 2020 21:10 GMT

Publicado enColombia
"La actuación de Carabineros no habría sido posible si el Ejecutivo hubiese ejercido un adecuado control sobre la institución", dijo Erika Guevara, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

Amnistía Internacional sostiene que esta conducta forma parte de "un patrón constante e histórico"

 

La organización exhortó al Gobierno a que investigue a la fuerza, cuyos altos mandos "habrían omitido deliberadamente tomar todas las medidas a su alcance" para prevenir las represiones. También señalan la ausencia de sanciones disciplinarias y el apoyo a la institución por parte del Gobierno de Piñera. 

A un año del estallido de las protestas sociales en Chile, Amnistía Internacional (AI) pidió a la Fiscalía chilena que investigue a los altos mandos del cuerpo policial de Carabineros por "permitir" que se cometieran violaciones a los derechos humanos. El presidente del país trasandino, Sebastián Piñera, convocó a una comisión para reformar la fuerza de seguridad.

"Tenemos elementos de convicción de que dichos mandos, a pesar de tener conocimiento de las graves violaciones a los derechos humanos que estaban cometiendo sus subalternos, habrían omitido deliberadamente tomar todas las medidas a su alcance para prevenirlas", dijo Erika Guevara, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

Según Guevara, "lejos de ser hechos aislados cometidos por funcionarios actuando por cuenta propia”, los actos de violencia hacia los manifestantes que salieron a las calles hace casi un año “se habrían cometido en base a una política cuyo fin último era desalentar la protesta social".

La organización no gubernamental realizó una investigación en la que señala al director general de Carabineros, Mario Rozas -cuya renuncia ha sido solicitada por la oposición en innumerables ocasiones-, así como al subdirector, Diego Olate, y al director de Orden y Seguridad, Ricardo Yáñez, como responsables de avalar la conducta de los agentes de la fuerza policial chilena.

Los integrantes de Amnistía Internacional señalaron que, a pesar de que existía un informe interno de Carabineros que mostraba la peligrosidad de los balines antidisturbios como herramienta para dispersar marchas y de las alertas de diversos organismos de derechos humanos, la institución nunca llegó a prohibirlos y tardó más de un mes en limitar su uso.

El 18 de octubre de 2019 estalló una ola de protestas, en principio encabezadas por estudiantes de Santiago de Chile y que luego se extendieron a otras ciudades y sectores sociales. Las manifestaciones son las más grandes que vio el país desde el fin de la dictadura que encabezó Augusto Pinochet (1973-1990), que dejaron una treintena de muertos y miles de heridos.

Los Carabineros reprimieron las protestas sociales iniciadas el año pasado con balines antidisturbios disparados hacia el rostro de los manifestantes. Las imágenes de jóvenes con los ojos ensangrentados tras recibir disparos de perdigones y bombas lacrimógenas en el rostro dieron la vuelta al mundo y provocaron también críticas de Naciones Unidas.

De acuerdo al Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), 460 personas resultaron con traumas oculares y dos de ellas quedaron totalmente ciegas.

El informe de Amnistía Internacional denuncia que la ausencia de sanciones disciplinarias y el apoyo a la institución por parte del Gobierno permitió que agentes involucrados en violaciones de derechos humanos "permanecieran en sus puestos" y "alentó la repetición de violaciones debido a la impunidad imperante".

"La actuación de Carabineros no habría sido posible si el Ejecutivo hubiese ejercido un adecuado control sobre la institución y, por ende, también se tienen que lindar todas las responsabilidades administrativas, políticas e incluso penales hasta el más alto nivel del Poder Ejecutivo", aseguró Guevara.

El accionar represivo de la fuerza de seguridad continúa hasta hoy. A principios de octubre, un miembro de Carabineros arrojó a un manifestante, Anthony Araya, al Río Mapocho provocándole heridas de gravedad.

Las marchas contra el Gobierno y la desigualdad social se suspendieron al inicio de la pandemia para respetar las medidas sanitarias, pero en las últimas semanas el pueblo chileno volvió a salir a las calles. El 25 de octubre se celebrará un histórico plebiscito para reformar la Constitución -la que está vigente es la que dejó Pinochet- y el Gobierno de Piñera espera que la medida apacigüe la protesta social.

Según Amnistía Internacional, los abusos de Carabineros forman parte de "un patrón constante e histórico que pone en evidencia la necesidad de realizar una reforma estructural y profunda de la fuerza policial".

La semana pasada, Piñera convocó a una comisión especial integrada por expertos independientes, que en un plazo de 90 días deberán presentar una propuesta de reforma estructural de Carabineros

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¿Por qué la cría intensiva de animales puede poner en jaque la medicina moderna?

 A partir de su descubrimiento y desarrollo en el Siglo XX, los antibióticos han logrado la cura de enfermedades y han aumentado significativamente la esperanza de vida. Sin embargo, su uso masivo tanto a nivel hospitalario como en la cría de animales para consumo, así como los residuos que se trasladan al ambiente, dieron lugar a un fenómeno que está poniendo en serio riesgo la salud de la humanidad: la resistencia antimicrobiana. La organización React Latinoamérica convocó un panel de especialistas para presentar las diferentes dimensiones de un problema que puede comprometer el éxito de las terapias contra el cáncer, las cirugías con prótesis o los trasplantes de órganos.

 

Con la moderación de la periodista argentina Soledad Barrutti, la organización React Latinoamérica transmitió en vivo el panel “Cría intensiva de animales y resistencia bacteriana a los antibióticos”. Seis especialistas de Perú, Ecuador, Reino Unido y Argentina trazaron un mapa para comprender porqué, en un futuro cercano, podríamos quedarnos sin medicamentos para el tratamiento de una gran cantidad de infecciones y cuál es la relación de este grave problema de salud pública con el modelo de producción agroindustrial y la contaminación que provoca en el ambiente.  

Todo lo que es vulnerado aprende a resistir 

“La propagación de las enfermedades infecciosas transmitidas de animales a humanos, llamadas zoonosis, así como la resistencia de las bacterias hacia los antibióticos, son dos asuntos que han contribuido a generar conciencia de que estamos conectados con las otras especies ya sea de manera  visible o invisible”. Con estas palabras comenzó su exposición la pediatra especializada en infectología, Carola Cedillo.

“En la actualidad resulta imposible negar el impacto de las intervenciones y actividades humanas sobre la salud del planeta. Esto se manifiesta objetivamente en el calentamiento global, en la contaminación del suelo, del aire, del agua y también de los alimentos. Todo esto impacta directamente a la salud de los seres humanos y a otras especies, incluyendo el aumento de la resistencia de las bacterias a los antibióticos”, advirtió. 

Pero ¿qué es la resistencia antimicrobiana? Cedillo la definió como “la capacidad de las bacterias para sobrevivir a concentraciones de antibióticos que inhiben a otras de la misma especie. Es decir que los antibióticos pierden la eficacia ante estas bacterias”. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la resistencia a los antimicrobianos se produce cuando los microorganismos, sean bacterias, virus, hongos o parásitos, sufren cambios que hacen que los medicamentos utilizados para curar las infecciones dejen de ser eficaces.

“El mundo está compuesto por varios millones de especies que conviven e interactúan. Entre ellas encontramos los microorganismos y los microbios, muchos de ellos necesarios para la vida humana y los suelos”, explicó la especialista. Y agregó: “Solamente un 1% de las bacterias son patógenas, es decir que causan enfermedad”. Los antibióticos son medicamentos que han contribuido a combatir las bacterias patógenas y han aumentado la esperanza de vida. Sin embargo, en palabras de la infectóloga, “todo ser que es vulnerado aprende  a resistir y esto también ocurre con las bacterias”. 

En este sentido, “se ha generado un aumento acelerado de la prevalencia de la resistencia hacia los antibióticos en medio de un ataque que hemos dado constantemente a través del abuso de los mismos en la salud humana y de los animales”. 

“El problema que hoy tenemos es que el uso masivo de antibióticos en salud humana y en crianza de animales para el consumo, la industria agropecuaria y los residuos de la industria farmacéutica aceleran los procesos de resistencia”, continuó su explicación Cedillo. La OMS asegura que infecciones comunes como la neumonía, la tuberculosis, la septicemia, la gonorrea o las enfermedades de transmisión alimentaria, son cada vez más difíciles —y a veces imposibles— de tratar, a medida que los antibióticos van perdiendo eficacia. Y advierte que de no tomarse medidas urgentes, en un futuro las lesiones menores volverán a ser potencialmente mortales.

En la misma línea, la médica ecuatoriana alertó: “Si no hay un cambio radical en el uso de antibióticos, la resistencia antimicrobiana se convertirá en una amenaza para la humanidad”.

¿Por qué se usan antibióticos en la cría intensiva de animales?

La veterinaria Francesca Schiaffino fue la segunda panelista del encuentro virtual que tuvo lugar el pasado 23 de septiembre. En su exposición presentó la clasificación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre los usos de los antibióticos en animales.

Según este organismo, existen tres propósitos terapéuticos para el uso de antibióticos en la cría de animales: el tratamiento, que es la administración de antibióticos debido a una infección activa en un animal o grupo de animales; la metafilaxis, que es la administración de antibióticos debido a una infección activa en uno o más animales dentro de un grupo (tratamiento y prevención); y la profilaxis, que es la administración de antibióticos a animales sanos pero en riesgo (prevención). Pero existe además un propósito no terapéutico para el uso de antibióticos, y es el de la promoción del crecimiento; es decir, la administración de antibióticos en dosis sub-terapéuticas para incrementar la tasa de crecimiento o ganancia del peso de los animales.

Al respecto, Soledad Barruti había manifestado que “en la medida en que los animales son criados más intensamente, los antibióticos van siendo un insumo necesario no solo para promover el engorde sino también para mantenerlos con vida o para tratar las infecciones recurrentes”. En este sentido, subrayó que “toda vez que se trata a los animales como cosas y se los mete en granjas industriales, se vuelve necesario crear ambientes artificiales que permitan esforzar sus cuerpos para que lleguen a dar lo que el sistema desea de ellos”.

Cuando se administran antibióticos a los animales –explicó Schiaffino-  mueren las bacterias susceptibles y sobreviven las bacterias resistentes. Estas bacterias son diseminadas a través de los productos alimenticios derivados de estos animales, a través de otros alimentos contaminados a través del agua, a través de superficies contaminadas y a través de las heces que estos animales dejan en el ambiente. Las personas consumimos estas bacterias a través de la comida contaminada o del ambiente y nos enfermamos, ya sea con un cuadro leve, moderado o mortal. 

¿Cómo llegan los antimicrobianos desde la producción animal al ambiente?

El tercer panelista de la jornada fue Lucas Alonso, doctor en Ciencias Exactas e investigador del CONICET.

Alonso aportó datos de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), según los cuales, entre el 52% y el 75%  de los antibióticos que se producen y se venden a nivel mundial se destinan al uso veterinario. “Se han reportado hasta 110.000 toneladas de estos compuestos en un año. Sin embargo, no hay datos de muchos países a nivel individual. En Argentina no hay datos de las cantidades de antibióticos que se destinan a la producción animal”, destacó.

En cuanto a la clasificación de los usos de los antibióticos, Alonso remarcó también que, si bien algunos son terapéuticos, hay además usos preventivos que “tratan de contrarrestar las condiciones de hacinamiento y baja higiene que tienen estos sistemas intensivos de cría, ya sea de pollos, bovinos o cerdos”. Y subrayó que existen también usos para la promoción del crecimiento cuyo fin es acelerar los tiempos de producción y comercialización y que por lo tanto, no responden a un uso del antibiótico como una herramienta de salud. 

En cuanto a cómo llegan los antimicrobianos de la producción animal al ambiente, Alonso destacó que gran parte de lo que el animal consume no es metabolizado y se elimina al ambiente a través de las excretas. “Hay estudios que indican que en China, para 36 antibióticos, se utilizaron en 2013 unas 92.700 toneladas de antibióticos; de las cuales 46.000 fueron excretadas por animales”, apuntó. Y agregó que “las excretas pueden alcanzar, por derrame, cuerpos de agua cercanos. También se utilizan como abono para los campos agrícolas. De estas dos maneras se genera contaminación por antibióticos a nivel ambiental”.

Una investigación realizada desde el Centro de Investigación del Medioambiente de la Universidad Nacional de La Plata ha demostrado que los sitios de cría -tanto de pollos, de vacas como de cerdos- terminan contaminando los cursos de agua que se encuentran alrededor. “Los cursos de agua presentan los niveles más altos de contaminación por antibióticos porque reciben la excreta cruda que es la que tiene la mayor carga de antibióticos”, explicó Alonso, uno de los responsables de ese trabajo.  

El científico remarcó que en Argentina existen escenarios donde los ríos y cursos de agua se encuentran rodeados de feedlots y granjas de crías de pollos. Fue justamente en esas zonas donde se encontraron las mayores concentraciones de antibióticos. Es de destacar que la investigación tomó muestras de más de 100 ríos  y arroyos de la región pampeana, donde se concentra esta producción animal.

Además de estudiar los cursos de agua, se analizó el uso de excretas como fertilizante sobre los suelos agrícolas, y se encontró que a partir de esta aplicación y desde el suelo, los antibióticos pueden moverse hacia los ríos y arroyos, así como filtrarse en el suelo hasta alcanzar aguas subterráneas. De esta manera, la fertilización con enmiendas animales dispersa a nivel regional la problemática de los antibióticos, ya que las excretas se cargan en camiones y se llevan a otras zonas de la región pampeana donde haya suelo agrícola.

Este grupo de científicos de la UNLP pudo comprobar además, que los antibióticos quedan retenidos en el suelo, a un nivel superficial, y esto aporta un potencial de acumulación a los cultivos que después se den a lugar en ese suelo. 

Mutar para ser mejor

“Tenemos una exposición alimentaria que debería ser discutida de manera urgente”, reclamó Damián Marino, otro de los miembros del Centro de Investigación del Medioambiente de la Universidad Nacional de La Plata. “Hay datos que preocupan, porque los antibióticos presentes en los suelos se toman desde las raíces y se traslocan a las plantas que consumimos: lechuga, tomate, espinaca”. 

“Hoy tenemos las resistencias antimicrobianas instaladas en los ambientes y en las personas, y tenemos también presencia de plaguicidas. Tenemos grandes empresas empujando el mercado, teniendo cautivos a los productores. Y una agricultura familiar en jaque que hay que defender”, analizó el especialista en contaminación ambiental. 

Ante este escenario, Marino aseveró que “la salida es el cambio de modelo”. ¿Cómo lograrlo? “Con políticas de Estado orientadas a reducir el uso de antibióticos de a poco y a desconcentrar los sistemas de producción; con desarrollo de tecnologías e investigaciones y sobre todo, promoviendo otro sistema de cría que no sea antibiótico-dependiente”. 

En el mismo sentido, Barruti finalizó con un llamado a considerar que existe cantidad de evidencia sobre las alternativas productivas ofrecidas por la agroecología, cuyos principios fundamentales son la diversidad productiva y una alimentación basada en la soberanía alimentaria.

El encuentro fue organizado por ReAct Latinoamérica junto a ReAct Norteamérica, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina, el Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario y otras organizaciones adherentes. Se transmitió el 23 de septiembre de 2020 a través de las redes sociales de ReAct Latinoamérica.

9 octubre 2020 

Analí López Almeyda. Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) con posgrados en Comunicación de Riesgos y en Género y Salud. Trabajadora de la salud y editora de ComAmbiental.

Publicado originalmente en Comunicación Ambiental

Imagen: AFP

Cómo tramita el sistema de salud la muerte y el duelo en pandemia

Con la crisis sanitaria, quedó excluido el devenir social y comunitario del tratamiento de la muerte. Los límites de los hospitales y el lugar de los cuidados paliativos.

 

Una doble bolsa la separaba del cuerpo de su marido. Entre lágrimas y acuclillada, pronunció que cuidaría de sus cinco hijos y prometió que serían todos buenas personas. Luego se detuvo un instante. Levantó la cabeza para alcanzar la mirada del encargado de la morgue, y sintiendo la impaciencia del hombre, volvió la mirada a la bolsa. Se levantó, y sin mirar a nadie en particular, dijo: “No puedo, no puedo abrir la bolsa. Discúlpenme. No tengo el coraje”. Comenzaba a sacarse el equipo de protección cuando el encargado de la morgue le indicó que lo hiciera afuera y lo descartara en el tacho de bolsa roja.

Una vez en el estacionamiento, su vecina, quien la acompañaba, insistió con la necesidad de ver el cuerpo: “Yo puedo hacerlo, no me impresiona”, dijo. Contaba en su vida ya muchas pérdidas y había pasado por esa situación antes. Por mi parte, pensaba que si tenía que volver y pedirle al encargado de la morgue que volviera a sacar el cuerpo para que lo reconociera la vecina me iba a mandar a la mierda. Les aseguré, tal y como me lo habían explicado, que el protocolo de reconocimiento del cuerpo sigue pautas muy estrictas y estaba garantizado por el hospital, que no teníamos dudas de que ese fuera el cuerpo. Sostenida por el mismo tono de voz, les dije que aquello era una despedida y que si veía o no al cuerpo de su marido no era el punto. Podía elegir no verlo. Aceptaron la explicación. ”Sé que era él, por el tamaño. Es que él era petiso, doctora”.

Las invité al jardín del hospital. Era un día de sol, y nos sentamos en uno de los bancos más alejados conservando cierta intimidad. Ella pudo decir del miedo a no saber con qué se iba a encontrar si abría la bolsa y el temor a quedar capturada por una imagen horrorosa. Miedo a que no fuera su marido, pero esta vez por la diferencia entre aquello que esperaba ver y lo que iba a encontrar. El recuerdo, la descomposición, la realidad, la imagen.

La diferencia entre un reconocimiento del cuerpo y una despedida es que mientras para el primero existen protocolos, para la segundo no.

“A veces, cuando una tiene a las personas con una no dice lo que siente, y entonces después las pierde y eso duele. Hay que decir. Yo pasé por muchas pérdidas, enterré a mi nieta de un año y medio, y ahora mi nuera está embarazada. La vida te da y te quita, es así. Duele y no se entiende. Pero es así cuando uno ama”.

Ella, atenta a las palabras de su vecina, llevó su mano al pecho.

--Gracias por permitirme decirle a mi marido eso que tenía acá. Ahora ya puede descansar.

La mujer del relato, como tantas otras personas, se despidió una tarde de su marido en la Unidad de Febriles del Hospital. Veinticinco días habían pasado desde entonces.

En el relato de los familiares en duelo advertimos el dolor y las dificultades que genera la imposibilidad de acompañar en los tratamientos, la falta de despedida y en muchos casos incluso la imposibilidad de reconocimiento del cuerpo. La incredulidad ante la muerte y la fantasía de errores que pudieran desmentirla son procesos característicos de la activación de mecanismos psíquicos de defensa frente a lo traumático de la pérdida. Estos escenarios se potencian por la imposibilidad de una participación sensible y activa de los familiares: imposibilidad de ver, decir, escuchar, asistir, tocar.

Cuidados Paliativos es una especialidad interdisciplinaria que produce su conocimiento en el acompañamiento de personas con enfermedades incurables, progresivas y amenazantes para la vida. Desde sus cimientos, esta especialidad entiende la muerte como un hecho de impacto fuertemente social y habla de “unidad de tratamiento”, lo que incluye al paciente y a su entorno significativo, reconociendo la importancia de dirigir las intervenciones en ambas direcciones.

Ver es fundamental para la inscripción de lo acontecido. Se sabe de la dificultad extrema en el duelo cuando, como es el caso de los desaparecidos, no hay un cuerpo efectiva y tangiblemente fallecido que soporte la idea de su muerte. De allí la importancia de los rituales funerarios. Pero en el funeral se compone además una elaboración social hecha de fragmentos, retazos y contrastes. Podríamos aventurar que la despedida de alguien depende de la construcción de un relato respecto de su existencia: ¿de qué existencia es este desenlace?

Para que ese relato exista, son necesarios testigos que puedan soportarlo. Es imprescindible que existan otros dispuestos a acompañar, escuchar, mirar, preguntar, conmoverse, afectarse y reírse. La participación sensible desborda la tarea de ver, tanto para los familiares como para los lazos comunitarios, incluidos allí los profesionales de la salud.

Esa mañana en el jardín del hospital improvisamos un funeral y compusimos una despedida.

Ante la multiplicación de los fallecimientos y contemplando tanto el impacto emocional como el enorme costo social de las dificultades en el proceso de duelo en los familiares se publicó recientemente un protocolo para posibilitar las visitas de familiares en situación crítica o ante la proximidad de la muerte. Pese a esto, no existe aún en todos los hospitales públicos la implementación sistematizada y de forma justa de esta tarea, teniendo por consecuencia transformar eso que podría ser un derecho, en el privilegio de algunos familiares que consiguen por insistencia, querella o empatía que les sea posibilitado, lo que para otros es inviable.

Quedan dudas respecto de la disponibilidad de equipos de protección suficientes y la posibilidad de llevar el protocolo adelante en salas donde los profesionales se encuentran desbordados de trabajo. Existe también en los profesionales de la salud la pregunta por los propios recursos de afrontamiento y la capacidad de brindar contención emocional ante la difícil tarea de ser testigos del dolor, ahora también el de los familiares.

Fueron muchas las transformaciones que produjo en la tarea asistencial la pandemia y la situación de aislamiento social, preventivo y obligatorio. Entre ellas, obligó a que el tratamiento de la muerte quedara prácticamente en forma exclusiva en manos del sistema de salud, recortando su devenir social y comunitario. Es esa participación la que hoy se reclama y se pone en el centro de escena, haciendo notar las consecuencias de su falta. Sin embargo, resulta necesario observar que el tránsito por esta situación extrema y excepcional pone en evidencia la actitud que caracteriza a nuestra época y cultura frente a la muerte, lo espinoso que resulta el tema y el tratamiento sintomático que en consecuencia hace de ella el sistema de salud. Habitamos un paradigma curativo y técnico, que tiende a colocar la lucha contra la enfermedad como su objetivo y a entender los límites que encuentra como fracaso. En este contexto la tarea de curar es privilegiada por encima de la de cuidar.

A la hora de poner en práctica los protocolos, se evidencia la insuficiente preparación de las instituciones hospitalarias y sus profesionales para afrontar la difícil tarea de asistir y acompañar en el proceso de morir. A su vez, en los programas de formación médica son escasas las referencias al entrenamiento en herramientas técnicas especialmente necesarias en casos de enfermedades limitantes para la vida: técnicas comunicacionales, estrategias de contención emocional, manejo de la empatía y compromiso personal, construcción de la alianza terapéutica y toma de decisiones difíciles.

Es habitual escuchar cómo el temor al desborde emocional y la percepción de falta de recursos para su contención por parte del personal sanitario deriva en actitudes de distanciamiento emocional y evitación. Philippe Ariès hace corresponder esta actitud con el tratamiento de la muerte que caracteriza nuestra época, en tanto que “si los médicos y las enfermeras retasan lo máximo posible el momento de avisar a la familia, y si jamás se deciden a alertar al propio enfermo, es por temor a verse comprometidos en una cadena de reacciones sentimentales que tanto a ellos como al enfermo o la familia, les harían perder el control de sí”.

En este tiempo se han reunido e implementado en muchos hospitales públicos equipos interdisciplinarios de cuidados integrales para la contención emocional y asistencia de pacientes y familiares; para ello, especialistas en Cuidados Paliativos hemos sido convocados por nuestra experiencia en la tarea. Desde ya, resultaría por demás beneficioso aumentar la disponibilidad de este recurso especializado, tanto durante la pandemia como más allá de ella, siendo que nos encontramos muy lejos de alcanzar el acceso a los cuidados paliativos a todo aquel que lo requiera, tal lo contemplado en la Ley de muerte digna sancionada en el año 2012. No obstante, podemos también reconocer en este escenario excepcional una invitación a repensar las representaciones que nos atraviesan culturalmente y en consecuencia a nuestro sistema de salud, para que estos saberes y prácticas de cuidado consigan instalarse como característica transversal de la tarea asistencial.

Ana Azrilevich es psicóloga especialista en Cuidados Paliativos.

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Diez razones para ser realistas sobre la vacuna de la covid-19 y no esperar un milagro

"A ver si sacan la vacuna ya y termina todo esto" es una de las frases más escuchadas de la pandemia. La gente está cansada de vivir con miedo y no poder salir a la calle con tranquilidad. Por ello, el hallazgo de un vacuna contra la COVID-19 que ponga fin a la crisis es una esperanza con la que sueñan miles de personas.

Actualmente hay más de 150 vacunas candidatas en desarrollo en el mundo, por lo que es posible que en algún momento aparezca una lo bastante efectiva como para frenar el número de contagios. Aunque sea parcialmente.

Sin embargo, aunque hay señales para ser optimistas, no hay garantías de que se vaya a encontrar en un futuro cercano una vacuna lo suficientemente buena como para parar la pandemia. Por este motivo, contemplar todos los posibles escenarios y tener en mente un plan B en el que no haya vacuna es un ejercicio necesario de responsabilidad y transparencia.

Lamentablemente, si de algo podemos estar casi seguros en esta pandemia es de que este coronavirus ha venido para quedarse.

Crear la falsa esperanza de que vamos a contar en breve con una vacuna o tratamiento efectivo contra la COVID-19 puede ser un alma de doble filo que podría causar una gran decepción si las expectativas no se cumplen. Anuncios que aseguren que tendremos una vacuna este año pueden suscitar desconfianza en la población si no se alcanzan los plazos prometidos.

Por otro lado, un exceso de optimismo podría crear una sensación de falsa seguridad y dar lugar a una relajación de las medidas de prevención y control del virus que sí se han demostrado eficaces para evitar su propagación.

No hay duda de que las vacunas son uno de los grandes avances de la historia de la humanidad y la mejor forma de prevenir y reducir las enfermedades infecciosas. De hecho, la Organización Mundial de la Salud estima que evitan de 2 a 3 millones de muertes al año.

Gracias a las vacunas se ha conseguido erradicar una enfermedad tan letal como la viruela y poner al borde de la extinción una dolencia tan temida y contagiosa como la poliomelitis. Por ello, no es de extrañar que al oír la palabra "vacuna" pensemos que será la solución perfecta para la COVID-19.

Una vacuna se podría definir como "cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos". Sobre el papel, desarrollar un candidato parece algo sencillo, pero a la hora de ponerlo en práctica es un proceso mucho más complejo.

El desarrollo de vacunas presenta muchos desafíos para lograr que sean seguras y efectivas, y este caso no es una excepción. Por ello, es importante conocer las limitaciones y problemas que se pueden encontrar para no caer en un exceso de confianza en su efectividad y plazos de entrega.

Estas son diez de las múltiples razones por las que hay que ser realistas y no esperar que aparezca una vacuna milagrosa que nos libre de esta pandemia de forma inmediata.

1. Las prisas no son buenas

El proceso normal para hacer una vacuna es de entre 10 y 15 años. No se puede esperar tener una perfecta en menos un año y que nos permita volver automáticamente a nuestra vida anterior.

Por ejemplo, el acortamiento que estamos viendo de la fase de investigación preclínica en la que se estudia la vacuna en cultivos celulares y en animales es algo inusual y un reflejo de la urgencia por dar con la vacuna.

2. Tiene que proteger en humanos

Es fácil de decir, pero es donde la mayoría de los candidatos suele fallar. Una vacuna puede estar muy bien diseñada, ser segura, proteger al 100 % en modelos animales e inducir una respuesta inmune fuerte y anticuerpos neutralizantes, pero ofrecer un nivel de protección mucho más bajo del esperado cuando se prueba en humanos.

3. Querer no siempre es poder

En 1984, cuando se identificó el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) como el responsable de la pandemia de sida, la secretaria de salud y servicios humanos de Estados Unidos declaró que la vacuna estaría disponible en un plazo de 2 años. Hoy, 36 años después, todavía no hay vacuna.

El desarrollo de vacunas no siempre da frutos. Aunque comparar el VIH con este nuevo coronavirus no sea lo más acertado porque son muy diferentes, hay veces en las que –por mucho que se busque– no se encuentra la manera de desarrollar una vacuna efectiva.

De hecho, aunque hay buenos candidatos a vacuna con resultados prometedores en modelos animales, hasta el momento no hay ninguna vacuna disponible para ninguno de los otros coronavirus que afectan a humanos.

Las razones son múltiples, desde falta de interés comercial hasta la observación de efectos adversos en los diferentes estudios. La buena noticia es que sí hay vacunas disponibles frente a diferentes coronavirus que infectan a animales.

4. Efectos adversos

Las vacunas, al igual que cualquier medicamento, pueden provocar efectos secundarios. Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los investigadores es la potenciación de la infección dependiente de anticuerpos, más conocida como ADE.

Se trata de una reacción no deseada en la que la generación de anticuerpos frente a un agente infeccioso, por ejemplo usando una vacuna, da lugar a síntomas mucho peores. Esto se traduce en que la enfermedad se vea potenciada en caso de infección por el virus.

Los mecanismos de ADE son aún muy poco conocidos y la buena noticia es que es bastante infrecuente. Se ha descrito frente al virus respiratorio sincitial y el del dengue. La mala noticia es que también se ha descrito en otros coronavirus, como el virus de la peritonitis infecciosa felina, y coronavirus que infectan a humanos, como los responsables del SARS y el MERS.

Por lo tanto, la posibilidad de que se produzca ADE es una preocupación real y se está evaluando activamente en las distintas fases de desarrollo. Principalmente en la fase 3, donde participa un número considerable de voluntarios..

5. Producción a gran escala

Uno de los principales retos que nos encontraremos si se obtiene una vacuna efectiva contra el coronavirus será su producción masiva a gran escala para que llegue a la mayor parte posible de la población mundial.

Estamos hablando de producir miles de millones de dosis. Eso sin tener en cuenta que muchas de las vacunas en estudio requieren de dos dosis por individuo. Además, otro problema añadido sería producir masivamente dosis suficientes sin afectar la producción de otras vacunas importantes.

6. Distribución de la vacuna

Imaginemos que se consigue desarrollar una vacuna efectiva contra el SARS-CoV-2 y se consigue producir a gran escala. El siguiente problema sería su entrega eficiente a miles de millones de personas en el mundo. De nada sirve tener una vacuna si no llega al usuario final.

Conseguir una distribución mundial eficiente plantea importantes problemas logísticos. Las empresas fabricantes de vacunas, los gobiernos de distintos países y las empresas de transporte deberían trabajar coordinadamente y ponerse de acuerdo.

Por lo general, la mayoría de vacunas deben mantenerse refrigeradas a una temperatura de entre 2 °C y 8 °C. Por esta razón, uno de los principales retos a superar consistiría en no romper la cadena de frío. Este problema podría agravarse, porque hay candidatos a vacuna que requieren una cadena de ultrafrío con temperaturas cercanas a -70 °C.

7. La inmunidad natural parece durar poco

Durante meses han circulado anuncios de posibles reinfecciones desde distintos lugares del mundo. Hoy es ya un hecho que personas que pasaron la enfermedad pueden volver a contagiarse. Esto es algo relativamente habitual en enfermedades infecciosas. De hecho, no existe ninguna enfermedad viral respiratoria descrita en la que no se produzcan reinfecciones.

Una posible explicación sería que, al igual que para otros coronavirus que infectan a humanos, la presencia de anticuerpos va desapareciendo paulatinamente en el transcurso de unos pocos meses después de la infección.

El principal problema de las reinfecciones es que, a pesar de que las vacunas suelen desarrollar una respuesta inmune más fuerte que la infección natural, los resultados esperables no serían los mejores si ya se sabe de antemano que la inmunidad natural es poco duradera.

Aunque aún falta por ver el papel que juega la respuesta celular en las vacunaciones y su relevancia en la protección frente a infecciones, todo parece indicar que muy probablemente habría que volver a vacunarse cada cierto tiempo.

8. La edad es importante

Un desafío para esta vacuna es que las personas de avanzada edad son más susceptibles a la infección y conllevan un riesgo particularmente alto de enfermedad grave o letal.

Por ello, proteger a los adultos mayores de 60 años de la COVID-19 es una de las metas más importantes de los investigadores. El principal problema es que, a medida que vamos envejeciendo, nuestro sistema inmune se vuelve menos eficiente y las vacunas son menos eficaces.

9. Tecnología demasiado reciente

La mayoría de las vacunas que utilizamos suponen la inyección de un virus debilitado, inactivado o simplemente componentes del virus que se producen y purifican en el laboratorio.

Sin embargo, muchos de los candidatos a vacuna que se están probando ahora en humanos están basados en tecnologías genéticas relativamente recientes. Son las conocidas como "vacunas genéticas", las cuales pueden ser de ADN o ARN.

En este caso, en lugar de inocular virus completos o subunidades del virus para inducir una respuesta inmunitaria como hacen las vacunas tradicionales, la idea es hacer que nuestro propio cuerpo produzca la proteína del virus.

Para ello, nos inyectarían directamente la parte del código genético viral que contiene las instrucciones para elaborar la proteína de interés. Finalmente, nuestras células producirían esta proteína alertando al sistema inmunológico.

Las vacunas genéticas tienen muchas ventajas. Por ejemplo, un menor coste y la necesidad de una infraestructura de producción mucho más reducida. El principal problema es que hasta el momento no se ha comercializado ninguna para humanos, por lo que su eficacia está aún por comprobar.

10. ¿Protección? Sí, pero parcial

Todo parece indicar que, en el caso de tener algún candidato exitoso, las primeras vacunas protegerían parcialmente frente a la infección, la inmunidad sería de corta duración y no funcionarían para todo el mundo.

Sin embargo, siempre es mejor tener una vacuna que funciona parcialmente que no tener ninguna. Sería muy útil para proteger a parte de la población y disminuir el ritmo creciente de infecciones. Además, al tener candidatos tan diferentes en desarrollo es posible que se pudieran cumplir distintos objetivos.

Por otro lado, es posible que en un futuro más lejano se desarrollen vacunas más complejas que consigan mejores resultados.

Por Ana María Ortega-Prieto

Research Fellow, Departamento de Enfermedades Infecciosas, King's College London

07/10/2020

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En riesgo de muerte, al menos dos tercios de ex guerrilleros de las FARC, advierte la ONU

Bogotá. La misión de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Colombia contabilizó 297 ataques contra antiguos guerrilleros desde la firma del acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el 24 de noviembre de 2018.

Un informe del secretario general de la ONU, António Guterres, notificó 224 asesinatos, 20 desapariciones y 53 intentos de homicidio. La Unidad Nacional de Protección puso en marcha hasta ahora 94 medidas urgentes de protección. Al menos 19 ex combatientes han sido asesinados mientras esperaban una respuesta a su solicitud.

El organismo denunció 42 matanzas y el asesinato de 48 líderes sociales y defensores de Derechos Humanos, incluidos nueve de co­mu­nidades indígenas y cinco mujeres, en 2020, en Colombia, y advirtió del riesgo de muerte que corren más de dos tercios de los 11 mil guerrilleros desmovilizados.

El escrito, basado en un reporte trimestral de la Misión de Verificación del Acuerdo de Paz en el país sudamericano, señala que, aunque han disminuido las tasas nacionales de homicidio durante el primer semestre de 2020, "la violencia en las regiones más afectadas por el conflicto aún continúa", y añadió que 13 presuntas masacres siguen en proceso de verificación, que se sumarían a las 42 confirmadas.

Guerrilla reconoce crímenes cometidos

Por otra parte, la ex guerrilla de las FARC reconoció ayer ante la justicia de paz su responsabilidad en varios crímenes que han estremecido a Colombia, entre ellos el del ex candidato presidencial conservador Álvaro Gómez, perpetrado por sicarios en Bogotá en 1995.

El tribunal, que investiga los peores delitos cometidos durante el conflicto colombiano, informó que recibió una carta de los antiguos rebeldes en la que ofrecen "aportar verdad, esclarecer los hechos ocurridos y asumir tempranamente la responsabilidad" en seis sonados casos.

Entre ellos los asesinatos de Gómez, del general retirado del ejército Fernando Landázabal, en 1998; del ex consejero de paz Jesús Antonio Bejarano, en 1999, y del diputado anticomunista Pablo Emilio Guarín, en 1987.

También admitieron su participación en los crímenes de José Fedor Rey (2002) y Hernando Pizarro (1995), quienes comandaron una disidencia de las FARC.

El anuncio de la ex guerrilla sobre el magnicidio de Gómez causó sorpresa, pues por muchos años se creyó que detrás del ataque contra el histórico líder conservador estuvieron políticos rivales aliados con militares y narcotraficantes.

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Araya yace en el lecho del Mapocho, luego de haber sido arrojado al río.  ________________________________________ Imagen: Twitter

Indignación contra el accionar de los Carabineros

 

Anthony Araya estuvo inconsciente, además sufrió fracturas en el cráneo y las muñecas. A pesar de los videos que incriminan a los agentes, el teniente coronel Rodrigo Soto insiste con negar su responsabilidad.  “Carabineros hace su trabajo, Carabineros está restableciendo el orden público”, alegó. La Comisión Interamericana de Derechos reclamó que se investigue el caso. 

Las protestas en Chile dejaron este viernes una imagen estremecedora: un joven de 16 años fue arrojado al Río Mapocho por efectivos de Carabineros, que pese a la existencia de videos que captan el momento, negaron la responsabilidad en lo sucedido. No obstante, más tarde la Fiscalía Centro Norte chilena anunció la detención del agente que provocó la caída del adolescente bajo la imputación de "homicidio frustrado".

El hecho sucedió en medio de una refriega entre policías y manifestantes, cuando en Chile falta menos de un mes para el plebiscito del 25 de octubre que determinará si habrá o no una nueva Constitución que reemplace a la de Augusto Pinochet. Los videos muestran cómo un efectivo de la Policía Nacional chilena tiró al menor de edad al río Mapocho.

El joven, identificado como Anthony Araya, estaba inconsciente cuando los rescatistas bajaron a buscarlo y recibió reanimación. Quedó internado y, de acuerdo a lo informado, su estado es grave pero estable, con fracturas en el cráneo y las muñecas. “Por ningún motivo Carabineros arrojó a esta persona al lecho del río”, aseguró el teniente coronel Rodrigo Soto, comisario de Providencia, pese a la evidencia en contra de sus palabras. “Carabineros hace su trabajo, Carabineros está restableciendo el orden público, Carabineros lo único que desea es que estemos tranquilos”, agregó Soto. 

Más tarde, Soto volvió a hablar. “Lo que Carabineros desmintió y vuelve a desmentir absolutamente es que se haya tomado de los pies o que haya sido botado al río por un carro lanzaaguas como inventaron testigos en redes sociales”. Y añadió: Afortunadamente existe un video que muestra que este lamentable accidente se produjo en un contexto intenso de detención de personas que causaban desórdenes”, al tiempo que aseguró que “el carabinero que aparece en el video está totalmente identificado”.

Carabineros está en la mira por su acción represiva como nunca antes desde la dictadura pinochetista. Se acumulan decenas y decenas de denuncias por la violencia desde que hace casi un año comenzó la revuelta popular. Una de las marcas de la represión han sido los perdigonazos a los rostros de que manifestantes, muchos de los cuales han perdido la visión de uno o ambos ojos. Según se denunció, ayer hubo no menos de diez carros hidrantes y gases. 

Tras lo ocurrido ayer, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos expresó su "firme condena" y llamó al gobierno de Sebastián Piñera a "realizar investigaciones con debida diligencia" así como a respetar los derechos de niños, niñas y adolescentes, "particularmente en el contexto de las películas". 

La oposición reclama la renuncia de Mario Rozas, titular de Carabineros, que ha sostenido el accionar de la fuerzas en los últimos meses. Mientras, esta mañana se registraron incidentes en la puerta de la clínica donde esta internado el adolescente: un grupo de carabineros fue a reprimir a quienes se congregaron en la entrada del centro de salud para saber la evolución del agredido.

La detención del carabinero

La Fiscalía chilena anunció a las pocas horas que el policía acusado por el hecho fue detenido por presunto "homicidio frustrado". Según explicó, la solicitud se presentó “tras múltiples diligencias que permitieron establecer que hay antecedentes de su responsabilidad en los hechos”.

El carabinero será trasladado el domingo a la Fiscalía de Alta Complejidad, a cargo de  Ximena Chong, quien habló de su responsabilidad en el hecho. Según Chong, el uniformado, “en el contexto de una arremetida realizada por personal de la Unidad de Control de Orden Público, habría impulsado al joven de 16 años, lo que habría provocado su caída, a una altura aproximada de siete metros”.

Siguiendo esta línea, la fiscal a cargo del caso determinó que la “evidencia audiovisual y testimonial dan cuenta de la existencia de una conducta, que a nuestro juicio, es de carácter dolosa”.

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AL, la región más afectada por la pandemia: Banco Mundial

El mayor riesgo es para aquellos que están menos capacitados y peor remunerados

 

América Latina es la región del mundo más afectada por la pandemia de Covid-19, con un impacto de salud tan fuerte como en los países avanzados, pero sin medios comparables para mitigar sus efectos sobre la actividad económica y el empleo, sostuvo el Banco Mundial (BM).

Es un escenario complejo, doloroso, en el que millones de personas padecen a diario las dificultades que atraviesa la región y sus consecuencias devastadoras sobre el mundo del trabajo, expuso.

"Los trabajadores informales han sido los más golpeados: si por las cuarentenas no pueden salir, no pueden generar ingresos para sus familias, y como no están cubiertos por seguros de desempleo y otros programas sociales, es difícil ayudarlos. Los empleos formales han resistido mejor hasta ahora, pero es posible que se vean fuertemente impactados en los meses que vienen, a medida que los problemas de liquidez de las empresas dificulten su solvencia y muchas deban cerrar", planteó el organismo en el reporte Efecto viral: la Covid-19 y la transformación acelerada del empleo en América Latina y el Caribe.

En la región, el empleo en el sector industrial se estancó en niveles inferiores a los de la economías avanzadas y los países emergentes del este asiático, mencionó ayer Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

La mayor parte del empleo en América Latina y el Caribe se encuentra en los servicios, un sector típicamente más informal y con una mayor participación del autoempleo. La transformación tecnológica amplifica estas tendencias, agregó Jaramillo.

Los gigantescos costos económicos y sociales de la pandemia han acelerado la transformación del mercado laboral y vuelven este desafío más urgente, comentó.

De acuerdo con el informe, los servicios que podían prestarse electrónicamente se han mantenido, e incluso han prosperado, mientras los sectores que requieren presencia física son los que han tenido mayores dificultades.

Si bien es posible que el número total de puestos de trabajo no disminuya de manera drástica, la tendencia podría acelerarse por las prácticas de distanciamiento social que fomenta la epidemia de Covid-19, advirtió. Son los trabajadores peor remunerados y menos capacitados, que realizan las tareas más sencillas y rutinarias, quienes corren el mayor riesgo de ser remplazados por máquinas, apuntó el funcionario.

De acuerdo con el enfoque basado en ocupaciones, Ecuador, Honduras, México y El Salvador tienen una mayor proporción de trabajadores empleados en labores que tienen más probabilidades de ser automatizadas. En el otro extremo, países como Argentina, Chile y Panamá parecen tener apenas menos puestos de trabajo en riesgo. El promedio de la región es de 50 por ciento, mismo rango en que se sitúa México.


El coronavirus aceleró los cambios que ya se estaban produciendo en el mundo del trabajo

El Banco Mundial alertó que los gobiernos de América Latina deben preparar a su población para la “cuarta revolución industrial” acelerada por el coronavirus

28 de Septiembre de 2020

América Latina y el Caribe se encuentra inmersa en su ‘cuarta revolución industrial’, que involucra un proceso de innovación tecnológica y que requiere mejorar la productividad del sector servicios, invertir en capital humano y reconfigurar la normativa laboral de la región ante la aparición de la automatización y sus consecuencias sobre el mercado laboral.

En un nuevo informe, el Banco Mundial concluye que la aparición de las tecnologías de la automatización, que amenazan con destruir un número sustancial de puestos de trabajo y provocar un desempleo masivo, plantea especial inquietud entre los responsables de la formulación de políticas y los trabajadores.

Aunque el análisis observa que el ‘desempleo tecnológico’ masivo es poco probable, el mercado laboral está experimentando una gran transformación y es necesaria una respuesta urgente por parte de los gobiernos para preparar a la fuerza laboral del futuro.

“Muchos puestos de trabajo en la región corren peligro debido a la menor demanda externa, un periodo prolongado de cuarentenas y aislamientos, problemas de solvencia empresarial y, en algunos casos, crisis financieras”, advierte el estudio.

Además, los precios de los productos primarios, que ayudaron a impulsar el crecimiento durante la llamada Década Dorada (2003-2013), es muy probable que se mantengan estables en el corto y medio plazo. Por lo tanto, la región necesita encontrar fuentes internas de crecimiento, lo que sugiere que se debería dar prioridad a un programa de reformas centrado en el crecimiento de la productividad.

Desindustrialización prematura

El organismo con sede en Washington explica que la región está entrando en la fase de desindustrialización con una mayor anticipación y alcanzando picos más bajos de participación industrial con relación a los países desarrollados.

Así, las economías más desarrolladas como Argentina y Chile han estado desindustrializándose durante décadas; mientras que Brasil, Colombia y México muestran estancamiento o ligeros aumentos en su participación del empleo industrial. Por su parte, el país menos desarrollado de la muestra, Bolivia, todavía se encuentra en fase de desarrollo de la industrialización.

 “En general, es probable que el sector industrial continúe contribuyendo positivamente al crecimiento de la productividad agregada y al valor agregado, pero no tanto a la creación de empleo, especialmente de mano de obra no cualificada”, destaca el informe.

De cara al futuro, el Banco Mundial aconseja para la región un programa de productividad centrado especialmente en el sector servicios. Se espera que este sector, que ya es el mayor empleador de la región con más del 60% de la fuerza laboral, crezca aún más y que desempeñe un papel cada vez más importante como proveedor de insumos para la economía en general.

Información de Infobae

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Miembros de la plataforma "Fridays for Future" Madrid se manifiesta a favor de la iniciativa internacional para conmemorar el Día de Acción Global por el clima, este viernes en Madrid. EFE/Emilio Naranjo

 

El deshielo alcanza un punto de no retorno, el fuego prende Siberia y los temporales se suceden con más frecuencia e intensidad. Frente a esto, la juventud por el clima y el movimiento ecologista tratan de construir un futuro alentador.

"Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores", decía Eduardo Galeano. Su frase toma fuerza en un momento en el que la crisis climática amenaza a la vida en todas sus formas. El Ártico se deshiela, la tundra de Siberia y la Amazonia arden en llamas, los huracanes azotan con insistencia la costa antillana y las cosechas de resecan ante un sol que se vuelve cada vez más intenso. Quizá por ello, el movimiento ecologista se aferra a la premisa planteada por el escritor uruguayo para así tratar de sortear la distopía anunciada por la ciencia y dar paso a un horizonte utópico. Un año después de la gran huelga climática en la que miles de jóvenes tomaron las calles, la situación parece halagüeña. Con una pandemia de por medio, consecuencia de la degradación ambiental provocada por el ser humano, el activismo aspira a seguir en la vía de la protesta, pero también a plantear un futuro alejado del miedo y apoyado en el optimismo.

Así lo entiende Pere Joan, portavoz del movimiento Juventud por el Clima, que reflexiona sobre la necesidad de, no sólo reclamar y protestar, sino imaginar el futuro. "Pretendemos una sociedad mucho más sostenible, más respetuosa con los límites de la tierra y que tenga en cuenta el patrimonio natural. Se trata de vivir en equilibrio", argumenta. El mero hecho de plantear una utopía –yendo, incluso, en contra de los pronósticos de la ciencia, que auguran un final de siglo XXI marcado por cierto caos ecososcial– supone ya un reto. Sin embargo, el joven va más allá y propone cambios concretos, estilos de vida diferentes requeridos por la coyuntura climática actual: "Por ejemplo, creemos que sería bueno alcanzar un ámbito laboral diferente, marcado por jornadas más reducidas y adaptado a las personas". Sin rehuir, este activista mallorquín se encamina a enumerar propuestas difíciles que van desde ciudades sin coches hasta un modelo agroalimentario de proximidad que reduzca la huella ecológica de la bolsa de la compra.

Este ejercicio propositivo parecía perdido, al igual que la idea de progreso. Andreu Escrivà, divulgador ambiental y autor del libro Y Ahora yo qué hago (Capitán Swing), achaca la visión distópica del futuro, no sólo a la crisis climática y las consecuencias reales que tendrá para la vida de las nuevas generaciones, sino también al triunfo de la revolución conservadora durante la década de los ochenta del siglo XX. "Con la llegada del tándem Reagan Thatcher se cambia por completo la idea de progreso, que deja de ser una construcción social para ser algo individual. Esto ha estado presente durante décadas, pero ahora se demuestra que esa visión, esa forma de actuar desde el yo en busca de la riqueza material no ha funcionado", opina.

"Por primera vez, hay una generación que no tiene una noción de futuro en la que se vean mejor que sus padres", agrega, para señalar cómo la crisis climática deja de ser un problema a futuro para ser algo con consecuencias en el propio presente: "Los jóvenes han percibido que van a vivir todo lo que dice la ciencia. Esto es algo nuevo, porque los que tenemos cierta edad sabíamos que, pese a todo, íbamos a poder vivir en unas condiciones más o menos buenas. Pero, los chavales de 15 y 16 años vivirán en 2100 y eso les hace ver que lo que para muchos era una distopía, para ellos va a ser una forma de vida". Sin embargo, para Escrivà, la juventud todavía está en una fase intermedia dominada, en cierta medida, por una acción basada en la rabia. 

Proponer una senda diferente a la recorrida durante décadas es un reto. En primer lugar porque el activismo actual debe sacudirse, antes de imaginar y proponer un futuro alternativo, la losa de la historia. "Nos encontramos en una sociedad donde la idea de progreso ha estado vinculada desde la posguerra a un desarrollo de la sociedad de consumo, entendida como tener más, mejor y a un precio cada vez más bajo. Esa noción de que el tiempo nos permitirá mejorar, sin embargo, está siendo cada vez más cuestionada. En primer lugar, porque no se cumple y, en segundo lugar, porque la crisis ecológica nos plantea que no existe un horizonte posible para una sociedad que produce a este ritmo", explica Jordi Mir García, doctor en Humanidades y experto en filosofía política. "Hoy, debido a la crisis climática, y sobre todo tras la pandemia, el ideal de progreso empieza a pasar por tener un sistema sanitario y educativo capaz de satisfacer nuestras necesidades como sociedad".

Con los jóvenes y el movimiento ecologista en las calles, Escrivá plantea la necesidad de hablar del futuro sin miedo. Sin temor al rechazo y a la ridiculización del argumento utópico. "¿Por qué resulta dan radical plantear, por ejemplo, una jornada laboral de cuatro días o una renta básica universal? Estamos ante un momento en el que nos asusta pensar en el futuro, porque evidentemente es muy negro, pero es el momento de preguntarnos cómo queremos vivir dentro treinta años", comenta. 

El reto de sortear el catastrofismo –que inmoviliza a buena parte de la sociedad– pasa por imaginar, pero también por movilizarse y abrazar lo común. Esto, a juicio de Mir es algo necesario en un escenario como el actual, donde el abismo ecosocial está cada vez más cerca. "El optimismo es fundamental, pero no un optimismo infundado e iluso, sino el optimismo de quien sabe que las cosas están muy mal. Dentro del debate sobre si hemos alcanzado o no el punto de no retorno, más allá de que pensemos que hay que trabajar, bien para gestionar el colapso, bien para revertirlo, es importante que se trate de construir algo desde el optimismo", plantea. 

Esta actitud del optimismo como combustible del activismo ecosocial es una de las premisas de la antropóloga Yayo Herrero, que en una entrevista con Público defendía que, en los peores momentos de la historia siempre ha habido motivos para seguir trabajando por un futuro alternativo, por muy utópico que parezca. "Durante siglos ha habido pueblos que han tenido que enfrentarse a crisis muy complejas y las personas han sabido organizarse y vivir de una forma más colectiva. La gente, al final, se seguía enamorando, seguía escribiendo poesía y seguía cuidando de la vida... Donde se viven los malestares y los bienestares es en la vida cotidiana y creo que esta crisis [climática] puede sorprendernos más por la aparición de valores que nos lleven al apoyo mutuo que por la aparición de valores que nos lleven a matar a nuestros propios vecinos. No sé si es optimismo o no, pero la tarea de crear esos valores y nuevas conciencias es hermosa", manifestaba la experta ecofeminista.

Esta idea de apoyo social es algo que tratan de reivindicar desde Juventud por el Clima. Pere Joan, defiende, precisamente como los lazos vecinales que han nacido durante la crisis de la covid, la búsqueda de un equilibrio social y económico ha servido para que los activistas maduren sus aspiraciones para edulcorar la protesta climática con ciertas ambiciones sociales, como es la simple defensa de una vida digna. Esto se debe, en definitiva, a que un año después de que el colectivo de Fridays For Future naciera ha aprendido, algo necesario en cualquier movimiento social, tal y como explica Mir García: "Cuando hablamos de movilización, pensamos que basta con salir a la calle a protestar o poner tuits y mensajes en las redes sociales. Pero el activismo, como todo en la vida, va ligado al aprendizaje, porque no vale de nada gritar en la calle sin articular un proyecto".

 27/09/2020 09:04

Por alejandro tena

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El laboratorio Sinovac en Beijing, China, es uno de los lugares que más ha avanzado con la vacuna.  ________________________________________ Imagen: AFP

La ONU intenta federar a los Estados para proveer a los países más pobres

El antídoto es un mesías reservado a la mesa de las potencias: China, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Australia, Alemania y Rusia buscan el "shot ganador".

 

Desde París. La vacuna para neutralizar el Covid-19 es el mesías del Siglo XXI. Hay quienes definen su investigación y producción como una competencia feroz entre Estados y grupos farmacéuticos, otros la analizan como una oportunidad política o un argumento de influencia geopolítica mundial (soft power). En medio de esta reyerta planetaria hay grupos que buscan un equilibrio y tratan de federar a los Estados para proveer la vacuna a los países más pobres. Es el caso de Covax (Covid-19 Vaccine Global Acces, Aceso Mundial a la vacuna contra el Covid-19). Se trata de una iniciativa que agrupa a 156 Estados (64 ricos) y que forma parte del Acelerador ACT, un dispositivo creado por la ONU y destinado a facilitar el acceso a las herramientas de lucha contra el Covid-19 (diagnóstico, tratamientos, vacunas). ACT está compuesto por gobiernos, científicos, empresas, sociedad civil, organismos filantrópicos y organizaciones multilaterales. Los fondos recaudados por Covax están muy lejos de responder a las necesidades mundiales. De los 32 mil millones de dólares necesarios se recaudaron sólo 2,5 mil millones. En las Naciones Unidas, América Latina y Australia reclamaron un acceso libre a las vacunas mientras que Estados Unidos, Europa y Japón y otro pequeño núcleo de países ya se han reservado más de la mitad de las dosis que saldrán al mercado. Esa es la posición que defendió el presidente Alberto Fernández en su primer discurso ante Naciones Unidas: "La vacuna contra el coronavirus tiene que ser un bien público global", dijo el jefe del Estado. La realidad competitiva está muy lejos de cumplir con ese enfoque. Suerie Moon, codirectora del Global Health Center del IHEID (Instituto de altos estudios internacionales y del desarrollo) con sede en Ginebra, dijo al diario Le Monde que “a algunos países ricos les cuesta renunciar a una parte de los recursos disponibles para ellos y ayudar a los otros”

En muy poco tiempo se pasó de la retórica solidaria a otro escenario: “Japón First”, “América First”, “Europa First”. Suerie Moon advierte que “muchos países ya se reservaron la mejor parte de la torta mediante acuerdos bilaterales. Pero la torta no es infinita”. La pandemia, por ahora, no tiene fin: 993.438 muertos (hasta ayer) desde diciembre, 32.622.490 millones de personas infectadas, de las cuales 22.360.200 están consideradas como “curadas”. En la última semana hubo 295.000 nuevos casos por día, lo que equivale a un tres por ciento más que la semana anterior (22 por ciento más en lo que atañe a Europa). El desarrollo de la vacuna se ha convertido en un “winning shot” (disparo ganador o tiro al blanco si se quiere) según la formula empleada por el escritor y columnista financiero británico Matthew Lynn. En este “winning shot” participan la China, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Australia, Alemania, Rusia más los otros países como México, Brasil o la Argentina que, mediante acuerdos con laboratorios, transferencia de tecnología o investigación local, se adentraron en la investigación y desarrollo de la vacuna. El antídoto, no obstante, sigue siendo un mesías reservado a la mesa de las potencias. El pasado 16 de septiembre, la ONG Oxfam publicó un informe con datos actualizados sobre la jerarquía de la vacuna: un grupo de países que representa el 13 por ciento de la población mundial se garantizó, con la firma de contratos, el 51 por ciento de la entrega adelantada de la vacuna. El grupo AstraZeneca y la Universidad de Oxford han firmado hasta hoy el mayor porcentaje de contratos públicos. Sanofi, Pfizer, Johnson & Johnson, la norteamericana Moderna, el laboratorio chino Sinovac y el instituto ruso Gamaleïa vendieron por anticipados cientos de millones de dosis (incluido los pactos con fabricantes locales). En total, 5,3 mil millones de dosis están ya comprometidas con los laboratorios cuyas pruebas pasaron la fase 3. Estados-Unidos, Gran Bretaña, la Unión Europea, Suiza, Israel, Japón, Hong Kong y Australia son, según la ONG, los mayores acaparadores de la vacuna. ”El acceso vital a las vacunas no debe depender del lugar donde se vive, ni del dinero de que se dispone”, lamenta Robert Silverman, miembro de Oxfam América. En el resultado de su análisis cruzado, Oxfam escribe: ”Los cálculos exponen un sistema roto que protege los monopolios y las ganancias de las corporaciones farmacéuticas y favorece a las naciones ricas, mientras que restringe artificialmente la producción y deja a la mayoría de la población mundial esperando más de lo necesario por una vacuna”.

El “nacionalismo sanitario” de las grandes potencias prima sobre el “bien público global”. El egoísmo sanitario es proporcional al rango del país. Por ejemplo, ni Estados Unidos ni China aceptaron formar parte del dispositivo Covax para facilitar el acceso a los dispositivos contra el Covid-19. Los 156 países que ingresaron al grupo equivalen al 64 por ciento de la población mundial. Pero las dos grandes potencias no están. Sin embargo, los 5 grupos cuyas experimentaciones con la vacuna están en un ciclo muy avanzado carecen de capacidades globales para suministrarla a la población mundial. El informe de Oxfam analizó los acuerdos vigentes y los porcentajes de la producción prevista. Su análisis conduce a la ONG a señalar que “las mismas empresas simplemente no tienen la capacidad de producir suficientes vacunas para todos los que las necesitan. Incluso en el caso extremadamente improbable de que las cinco vacunas tengan éxito, casi dos tercios (61 por ciento) de la población mundial no tendrá una vacuna hasta al menos 2022. Es mucho más probable que algunos de estos experimentos fracasen, dejando a una cantidad mayor de personas sin acceso”. Si las cinco vacunas resultan exitosas se podrían fabricar 5,94 mil millones de dosis, cifra que alcanzaría para 2,9 mil millones de seres humanos (se calcula que harán falta dos dosis por persona). Ya se acordaron suministros por 5.303 mil millones de dosis, de los cuales 2.728 mil millones (51 por ciento) fueron adquiridos por los países desarrollados. Quedan entonces 2. 575 mil millones de dosis cuya distribución fue prometida a los países en desarrollo. Los porcentajes entre las necesidades y la realidad no se juntan. A su vez, hay laboratorios como la biotecnológica norteamericana Moderna que fijô dos precios distintos para su vacuna: entre 12 y 16 dólares en Estados Unidos y 35 en el resto del mundo. La única solución para todos sería que los laboratorios compartan su tecnología sin que medien patentes. El antídoto pasaría entonces a ser “un bien público global” y no un nuevo objeto lucrativo. AstraZeneca adelantó que destinaría el 66 por ciento de su producción a los países en desarrollo y ya se comprometió a entregar 300 millones de dosis al circuito Covax. El Acelerador ACT cuenta con un Covid Tool a través del cual se calculó que la investigación, la fabricación, la adquisición y la distribución de una vacuna para cada habitante del planeta acarrea un costo de 70,6 mil millones de dólares. El presidente Alberto Fernández puso a la Argentina en el circuito de los convenios con los laboratorios más avanzados. Junto a México, la Argentina firmó un acuerdo para producir la vacuna que desarrolló el laboratorio AstraZeneca y la Universidad de Oxford. El país está entonces en ese espacio que los especialistas llaman “zona de anticipación segura”. No es el caso de naciones mucho más vulnerables. La vida de cientos de millones de personas en el mundo dependo de la ciencia, de la solidaridad y de que la ciencia no funcione como un negocio.

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