América Latina sufre la epidemia de dengue más grave de los últimos años

Mientras la preocupación del mundo está concentrada en la pandemia del coronavirus, América Latina es víctima de la epidemia de dengue más grave de los últimos años. Así lo informó en febrero 2020 la Organización Panamericana para la Salud, OPS, alertando que en el 2019 se registró el mayor número de casos en el continente: 3.139.335 personas infectadas y 1538 defunciones.

Triplicados los casos en algunos países

El último informe epidemiológico publicado por el ente sanitario internacional señala que, en las primeras 4 semanas del 2020 en la Región de las Américas se notificaron 125.514 casos de dengue, incluidas 27 defunciones, de los cuales 498 casos clasificados como dengue grave. Países como Bolivia, Honduras, México y Paraguay han reportado un incremento de dos a tres veces más casos de dengue en comparación al mismo periodo del año previo. La OPS indicó además que el número de casos reportados hasta la semana 52 de 2019 (3.139.335), es el mayor registrado en la historia de dengue en las Américas, superando en 30% al número de casos reportados en el año epidémico 2015, cuando se desató la epidemia de dengue más grande de la historia, cobrando la vida a casi 1400 personas.

Países más afectados

Según el informe de la OPS, en el 2019 se notificaron en Brasil 2.226.865 casos de dengue, incluidas 789 defunciones, mientras que México tuvo 268.458 casos, Nicaragua 186.173, Colombia 127.553 y Honduras 112.708.

La transmisión del virus

El virus del dengue se transmite con la picadura del mosquito hembra de la especie Aedes Aegypti y en menor grado, de A. albopictus. Los síntomas de la enfermedad son fiebre alta, dolores óseos y musculares, vómito. Se presenta en los climas tropicales y subtropicales de todo el planeta, sobre todo en las zonas urbanas y semiurbanas. Como señala la Organización Mundial de la Salud, “no hay tratamiento específico del dengue ni del dengue grave, pero la detección oportuna y el acceso a la asistencia médica adecuada disminuyen las tasas de mortalidad por debajo del 1%”. La forma más grave de dengue es el llamado “dengue hemorrágico” y como su nombre lo indica provoca la muerte por hemorragia interna. Actualmente, afecta a la mayor parte de los países de Asia y América Latina y se ha convertido en una de las causas principales de hospitalización y muerte en los niños y adultos de dichas regiones.

La incidencia mundial de la epidemia

La incidencia del dengue en el mundo ha aumentado enormemente en las últimas décadas. La Organización Mundial de la Salud precisa que según una reciente estimación se producen unos 390 millones de infecciones por dengue cada año.  Asimismo, la agencia especial de la ONU para la salud señala que el número de casos notificados pasó de 2,2 millones en 2010 a más de 3,4 millones en 2016. Antes del 1970 eran sólo nueve los países que habían sufrido graves epidemias de dengue, mientras que actualmente la enfermedad es “endémica” en más de 100 países de las regiones de África, las Américas, Mediterráneo Oriental, Asia Sudoriental y el Pacífico Occidental, siendo las regiones más duramente golpeadas por el virus las Américas, Asia Sudoriental y Pacífico Occidental. En Europa, la primera transmisión del virus se produjo en Francia y Croacia en el 2010; en 2012 se detectó un brote de dengue en el archipiélago de Madeira en Portugal y se registraron casos importados en otros 10 países europeos, además de Portugal continental.

19 marzo 2020 0

Publicado originalmente en Vaatican News

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El coronavirus no da tregua y Trump sigue atacando a China

Estados Unidos superó la barrera de los 10 mil contagios y ya son 154 los muertos

El mandatario habló de las bondades de la cloroquina, un medicamento eficaz contra la malaria, que podría ser util para combatir al Covid-19. Sin embargo, su implementación podría llevar mucho tiempo.

El coronavirus crece a pasos agigantados en Estados Unidos . El jueves superó la barrera de los 10 mil contagios y sumó 154 muertos, según un recuento de la Universidad Johns Hopkins usado como referencia nacional. Fiel a su estilo, el presidente Donald Trump consideró que el mundo está pagando "un alto precio" por la lentitud inicial de China a la hora de transmitir informaciones sobre la pandemia. También dijo, en una conferencia desde la Casa Blanca, que el país aprobó el uso de la cloroquina, un medicamento eficaz contra la malaria, para combatir al Covid-19. La locura desatada por la pandemia en Estados Unidos llevó a que el alcalde del estado de Baltimore, Jack Young, le pidiera a los habitantes que dejen de utilizar armas de fuego porque necesitan las camas de los hospitales para atender a los enfermos. Para hacer frente a la expansión del virus, el Departamento de Estado le sugirió a los ciudadanos estadounidenses que eviten viajar al extranjero y vuelvan al país de ser posible.

"Todo habría ido mucho mejor si nos hubiéramos enterado de todo esto unos meses antes, esto podría haberse contenido en una región de China de donde salió", afirmó Donald Trump. "El mundo paga un gran precio por lo que hicieron", agregó durante su rueda de prensa en la Casa Blanca, apuntando una vez más sus dardos hacia el gigante asiático.

El Covid-19 fue detectado por primera vez en diciembre pasado en Wuhan, China. Las autoridades del país fueron criticadas inicialmente por su falta de transparencia. Pero China tomó luego medidas drásticas de confinamiento de su población, lo cual le valió un claro enlentecimiento que contrasta con el crecimiento registrado por el virus en el extranjero, fundamentalmente en Europa .

El mandatario aprovechó su encuentro con periodistas para declarar que su país aprobó el uso de la cloroquina, un medicamento contra la malaria, como tratamiento para combatir el nuevo coronavirus. Las autoridades sanitarias, sin embargo, pusieron un freno al anuncio del mandatario, sugiriendo que esa opción podría llevar bastante tiempo, ya que su uso no ha sido autorizado para el tratamiento del coronavirus.

El tratamiento fue aprobado por la Food and Drug Administration (FDA), organismo que supervisa la comercialización de medicamentos en Estados Unidos. "Queremos hacerlo implementando un ensayo clínico extendido y pragmático para obtener informaciones y responder a todas las interrogantes que se plantean", dijo el director de la FDA, Stephen Hahn.

Se espera que el número de casos de coronavirus, que ya llega a los 10.755, aumente abruptamente en los próximos días debido a un incremento de las pruebas de diagnóstico, después de retrasos iniciales. En ese contexto, Washington instó a los ciudadanos estadounidenses a no viajar al extranjero bajo ningún pretexto, y a regresar a Estados Unidos de ser posible. El Departamento de Estado afirmó que los estadounidenses que no regresen al país "deberían prepararse a permanecer en el extranjero por un tiempo indefinido". 

La paranoia frente al nuevo virus tampoco parece tener fin. El aumento de venta de armas en todo el territorio llegó hasta el estado de Baltimore, que por el momento solo registra cinco víctimas fatales por el Covid-19. Su alcalde, Jack Young, debió pedirle a los vecinos que cesen los tiroteos con armas de fuego porque necesitan las camas de los hospitales para atender a los contagiados. "Podrían ser sus madres, sus abuelas o alguno de sus parientes, así que téngalo en cuenta", declaró.

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Un investigador maneja la vacuna desarrollada por EE UU en el primer día de su ensayo clínico, en Seattle (EE UU). En vídeo, la carrera por conseguir una vacuna para el coronavirus. TED S. WARREN (AP) / REUTERS

Los expertos advierten de que se necesita al menos un año para tener una solución que frene la epidemia

 

Al menos una veintena de grupos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo buscan la manera de desarrollar nuevas vacunas o antivirales que alivien la enfermedad que provoca el nuevo coronavirus. Los ingentes esfuerzos dedicados a su desarrollo permiten pensar que se acortarán los tiempos habituales, pero los expertos tienen serias dudas de que una vacuna viable llegue antes de 2021. Conseguirlo para entonces ya sería un pequeño milagro. Después, también hará falta tiempo y capacidad de producción para que esa vacuna útil llegue a los millones de personas de todo el mundo que pueden necesitarla.

“Las vacunas que hay en marcha están en sus primeras fases, algunas son prometedoras, pero tienen que ser eficaces y seguras, y tener capacidad de producción suficiente para las necesidades globales, así que será un periodo largo”, ha advertido hoy Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias sanitarias. “Que existan no quiere decir que estén disponibles”, ha añadido, en rueda de prensa.

Las dos vacunas que están más avanzadas son las que están desarrollando China y Estados Unidos. El país asiático anunció ayer que ha acelerado en la carrera por ser el primer país en encontrar un remedio para la Covid-19. El Ministerio de Defensa ha confirmado por medio de un comunicado emitido en la noche del martes que su primer prototipo de vacuna contra el coronavirus ya está listo para realizar ensayos clínicos. Este proyecto ha sido desarrollado por una empresa privada, CanSino Biologics, localizada en Tianjin –ciudad portuaria cercana a la capital–, en colaboración con la Academia Militar de Ciencias Médicas. Desde ayer, los responsables del proyecto buscan voluntarios para llevar a cabo las primeras pruebas en seres humanos: los candidatos deben ser sujetos sanos, con edades comprendidas entre los 18 y los 60 años y no haber padecido la dolencia en el pasado. No obstante, aun en caso de que los ensayos fueran exitosos, la vacuna no estaría lista para su comercialización hasta dentro de un mínimo de 12 meses.

El equipo de investigación está liderado por la bioingeniera y comandante Chen Wei, quien comenzó a trabajar en el proyecto cuando ella y su equipo llegaron a Wuhan, epicentro de la pandemia, a finales de enero. El resultado es una vacuna de subunidad, una fórmula de nueva generación que solo contiene ciertos antígenos específicos sin patógenos, por lo que es contemplada como más segura que las técnicas tradicionales. “La vacuna no tiene sustancias infecciosas, es muy segura y estable y requiere una sola inoculación”, explicaba el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Hubei en su reclamo en busca de voluntarios.

Este anuncio llega apenas un día después de que Estados Unidos comenzara la primera fase de los ensayos clínicos de su propia vacuna experimental. Se trata de un proyecto financiado por el Instituto Nacional de Salud y desarrollado por la biotecnológica Moderna. Este, a diferencia de la alternativa china, emplea una tecnología conocida como ARN mensajero (ARNm), la cual copia el código genético del virus en lugar de transmitir una versión atenuada del propio virus. Hasta la fecha, ninguna vacuna que emplee la fórmula ARNm ha sido aprobada para su uso en seres humanos. La vacuna consiste en dos pinchazos en el brazo, uno ahora y otro dentro de 28 días. El objetivo es observar la seguridad de diferentes dosis. Se espera que el ensayo haya terminado en unas seis semanas.

La proximidad de ambas fechas subraya el cariz competitivo que ha adoptado la búsqueda de una solución a la pandemia que ha paralizado al mundo. Así lo hacía explícito el Global Times, tabloide oficial chino, en las primeras líneas del artículo en el que informaba del avance. “Alrededor de 19 horas después de que EE UU anunciara que comenzaba las pruebas en humanos para la primera vacuna contra el coronavirus, China ha revelado sus propias pruebas (...), mostrando que las dos primeras economías van a la par en la carrera por solucionar esta crisis de salud pública”.

Esta cuestión reviste una gran importancia para el Partido Comunista Chino (PCCh), que busca aprovechar la positiva evolución de las infecciones en su territorio para cimentar su imagen de potencia global responsable y sacudirse cualquier responsabilidad en lo sucedido. El primer objetivo de esta ofensiva propagandística ha sido levantar una nueva narrativa que empieza por poner en duda el origen de la pandemia. Tanto es así que la semana pasada un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores llegó a lanzar la hipótesis de que el ejército norteamericano hubiera plantado el virus en Wuhan.

Este es uno de los motivos que explican el ímpetu por tomar la delantera en la búsqueda de un tratamiento contra la Covid-19. Hace dos semanas, el presidente chino, Xi Jinping, apremió a acelerar la producción de vacunas y medicamentos durante su inspección de la Academia Militar de Ciencias Médicas. Hasta 1.000 científicos chinos están participando en esta campaña nacional, con nueve proyectos en marcha recurriendo a cinco técnicas diferentes, como vacunas inactivadas, de vector viral o genéticas, las cuales se encuentran en diferentes fases de desarrollo. De esas nueve alternativas, el proyecto de CanSino y la Academia Militar de Ciencias Médicas es la más avanzada.

China también cuenta con un prototipo de vacuna ARNm, al estilo estadounidense, en la cual investigan un equipo conjunto del Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades, la Universidad Tongji de Shanghái y la empresa Stermina. Esta alternativa está siendo testada en animales y se espera que alcance la fase clínica a mediados de abril. “La capacidad de investigación y desarrollo de vacunas en China es, en términos generales, una de las más avanzadas del mundo”, afirmaba ayer en rueda de prensa Wang Junzhi, experto en control de calidad de productos biológicos e investigador en la Academia China de Ciencias Sociales. “No seremos más lentos que otros países”, sentenció.

Una cuestión de tiempo

El problema de la velocidad es fundamental. Donald Trump, reunido con los ejecutivos de las principales farmacéuticas de EE UU, pidió tener una vacuna lista para las elecciones presidenciales que se celebrarán en noviembre. Pero eso es imposible. Según apuntó Anthony Fauci, director del Instituto Nacional para las Alergias y las Enfermedades Infecciosas, al menos sería necesario un año y medio para tener lista una vacuna.

En condiciones normales, el desarrollo de una nueva vacuna puede tomar una década. En el caso de los esfuerzos para frenar el coronavirus, hay parte del camino hecho por la investigación sobre virus como el MERS o el SARS, que son de la misma familia, pero hay cuestiones como las pruebas de seguridad que requieren tiempo para ver los efectos del nuevo fármaco. Algunas vacunas prometedoras se quedan por el camino porque agravan la enfermedad que tratan de prevenir.

Por otro lado, hay que tener en cuenta factores económicos del desarrollo de las vacunas. La Coalición para las Innovaciones y Preparación para Epidemias (CEPI), una organización sin ánimo de lucro con sede en Oslo (Noruega), ha incrementado en más de 90 millones de dólares sus ayudas para impulsar el desarrollo de vacunas. Uno de los receptores de financiación de la CEPI es Moderna. El segundo, un laboratorio de la Universidad de Queensland (Australia), también tiene una posible vacuna que comenzará a probarse en humanos en los próximos meses. El propio Gobierno español ha dedicado 30 millones de euros a estas tareas. En total, se estima que llevar hasta el final de los ensayos clínicos de las tres vacunas más prometedoras para la CEPI requerirá una inversión de 1.800 millones de euros.

En España

España, por su parte, también está luchando por tener su propia vacuna. El Gobierno anunció ayer una inversión de 29,65 millones de euros para investigaciones sobre el nuevo coronavirus como una de las medidas económicas de urgencia contra la Covid 19. Uno de los equipos más avanzados en el desarrollo de vacunas contra coronavirus es el de Isabel Sola y José Luis Enjuanes en el Centro Nacional de Biotecnología de Madrid (CNB-CSIC), que recibirá 4,5 millones de euros, según lo anunciado ayer. Este equipo lleva más de 25 años estudiando los coronavirus y ha desarrollado su propia técnica para crear versiones sintéticas en el laboratorio por transcripción inversa. El coronavirus es un virus de ARN, una molécula intermediaria que lee el código genético escrito en el ADN e inicia la transcripción de proteínas virales. Cuando el coronavirus entra en nuestras células estas consideran que el ARN del virus es el suyo propio y comienzan a utilizarlo para producir proteínas virales. Cada vez que una partícula viral entra en una célula y la infecta se pueden producir hasta 100.000 copias del virus que se lanzarán después a secuestrar otras células, informa Nuño Domínguez.

El equipo de Sola le ha dado la vuelta a este proceso para traducir a ADN el ARN del virus y poder así crear una réplica exacta en el laboratorio haciendo una transcripción inversa de este proceso biológico. El equipo ha usado este sistema para desarrollar vacunas contra coronavirus que infectan a humanos como el SARS de 2003 y el MERS.

El real decreto también da permiso expreso al equipo del CNB para obtener la réplica atenuada del coronavirus SARS-CoV-2, que se encontraba en el periodo de consulta pública, y también la agilización de la investigación con otros organismos modificados genéticamente en el ámbito de la lucha contra la epidemia de coronavirus.

Una vacuna alemana para 2021

La empresa CureVac, con sede en Tubinga, participa en Alemania en la carrera por dar con la vacuna del coronavirus. CureVac trabaja junto con el instituto Paul Ehrlich de vacunas y biomedicina y calcula que a principios de verano tendrán lista una vacuna experimental, que podrían empezar a probar en humanos. De salir adelante, CureVac aseguró esta semana en una conferencia telefónica con medios internaciones, incluido este diario, que una vez determinada la dosis necesaria, estarían preparados para producir 10 millones de dosis. Tras recibir el compromiso de financiación europea –80 millones de euros–, CureVac construirá una nueva planta, en la que se podrían producir hasta mil millones de dosis. “Se trata de producir grandes cantidades para llegar más allá de Alemania y de Europa”, indicó un responsable de la empresa, informa Ana Carbajosa.

Dietmar Hoop, copropietario de la empresa consideró que para el otoño podría estar lista una vacuna. Algo parecido ha estimado esta semana la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El instituto Robert Koch alemán sin embargo calcula que habrá que esperar hasta el año que viene para poder contar con la vacuna. “Yo personalmente considero realista que será en primavera de 2021”, ha estimado este miércoles Lothar Wieler, presidente del instituto, quien pidió acelerar los trámites burocráticos, pero a la vez recordó que no es posible acortar los ensayos clínicos. “Las vacunas pueden tener efectos secundarios”, indicó.

CureVac fue invitada junto a otras empresas del mundo a la Casa Blanca a principios de mes “para discutir estrategias y oportunidades para el desarrollo rápido y la producción de una vacuna contra el coronavirus”, según un comunicado publicado por CureVac. Ante la publicación de informaciones asegurando que Trump aspiraba a hacerse con la vacuna alemana en exclusividad, la empresa lo negó el martes. En Berlín sin embargo, varias fuentes oficiales confirmaron la pugna y los esfuerzos del Ejecutivo por “que las vacunas contra el nuevo virus se desarrollen también en Alemania y en Europa”, según confirmó a este diario el ministerio de Sanidad alemán.

Pekín / Madrid - 19 mar 2020 - 03:29COT

El coronavirus expone las falencias del sistema de salud de EE.UU.

La pandemia se expande, así como el miedo a no poder pagar las costosas consultas y tratamientos 

Treinta millones de personas no poseen seguro médico y otros 40 millones sólo acceden a planes deficientes, con copagos y seguros de costos tan elevados que sólo pueden ser utilizados en situaciones extremas. 

 

"Es una gripe", decía Donald Trump sobre el coronavirus hace menos de un mes, con esa mezcla de ignorancia y soberbia que lo caracteriza. Pero desde esa definición a la fecha se sucedieron 69 muertes, 3.774 contagios y una declaración de emergencia nacional en Estados Unidos. La propagación de la pandemia exhibe como pocas veces las graves falencias del sistema de salud estadounidense: una buena parte de la población no tiene seguro médico, y no existe en muchos estados la licencia paga por enfermedad. Para colmo, surgieron dificultades a la hora de implementar los primeros tests de coronavirus en el ámbito público. Si bien la declaración de emergencia nacional pretende extender su aplicación en laboratorios privados, todavía no queda claro cuántos estadounidenses podrán hacer frente a los costos. Mientras tanto, los precandidatos demócratas a la presidencia, Bernie Sanders y Joe Biden, intentan capitalizar los errores de Trump y su gestión como plataforma para presentar sus programas de salud.

En sus primeras apariciones públicas tras los primeros casos de coronavirus en el país, Trump se mostró escéptico y le restó importancia al verdadero peso de la crisis. El presidente pasó de pensar que el coronavirus era un problema exclusivamente chino (lo llamó “un virus extranjero”) a descartarlo por considerarlo un engaño del partido demócrata.

El miércoles pasado, cuando ya llovían las quejas por el manejo gubernamental de la pandemia, Trump declaró la suspensión de entrada al país de los extranjeros que hayan estado en un total de 26 países europeos pertenecientes al espacio Schengen. El anuncio de emergencia nacional llegó sobre el cierre de una semana difícil para la bolsa estadounidense. A pesar de que el viernes registró una limitada recuperación, los principales índices bursátiles sufrieron su peor caída desde la crisis financiera de 2008. Esa parece ser la mayor preocupación del mandatario.

Salud en estado crítico

Apenas un elemento resulta suficiente para alimentar la hipótesis pesimista (pero realista) de que el coronavirus se continuará expandiendo en el país: la inexistencia de un sistema de salud público consolidado y progresivo.

En un interesante artículo publicado en The Guardian, el exsecretario de Trabajo durante el gobierno de Bill Clinton, Robert Reich, afirma que “En lugar de un sistema de salud público, tenemos un sistema privado con fines de lucro para las personas que tienen la suerte de pagarlo y un sistema de seguro social desvencijado para las personas que tienen la suerte de tener un trabajo a tiempo completo”.

En la actualidad, 30 millones de personas no poseen seguro médico, y otros 40 millones sólo acceden a planes deficientes, con copagos y seguros de costos tan elevados que sólo pueden ser utilizados en situaciones extremas, según la Kaiser Family Foundation, una organización dedicada a investigar temas de salud. El miedo a no poder pagar las costosas consultas y tratamientos puede impedir que se detecten contagios y el coronavirus siga propagándose.

Frente a ese contexto reaparecieron en la escena pública los programas de salud de los precandidatos demócratas Bernie Sanders y Joe Biden. El Medicare For All propuesto por Sanders es la base de su plataforma progresista. Su plan dejaría intacta la infraestructura actual de médicos, hospitales y otros proveedores de atención médica, pero nacionalizaría la industria de los seguros de salud. Casi todo el dinero que las personas y los empleadores pagan actualmente a través de las aseguradoras, así como gran parte del dinero que pagan los estados, según el plan de Sanders, pasaría a ser pagado por el gobierno federal.

El programa de Biden, en cambio, es menos ambicioso. No tocaría el actual Medicare, junto con las aseguradoras privadas que ofrecen los planes llamados Medicare Advantage, pero les daría a los estadounidenses más jóvenes la opción de inscribirse en una nueva póliza administrada por el gobierno. El foco puesto en la juventud, a diferencia de Sanders que cree que la prioridad son las personas de la tercera edad: no es casual que se trate del grupo etario más castigado por el coronavirus.

Falta de kits

Más allá del relato cínico de Trump, en Estados Unidos durante varias semanas no hubo suficiente stock de kits de diagnóstico para comprobar quién estaba infectado, lo que significa que muchos potenciales casos pueden haber pasado desapercibidos. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los principales institutos de salud pública del país, inicialmente sólo permitían realizar pruebas en sus propios laboratorios.

Durante más de un mes, cada estado debía enviar las muestras de posibles contagios por correo postal a la sede de los CDC en Atlanta, el único lugar autorizado para realizar las pruebas. Fue recién la semana pasada cuando los 50 estados del país empezaron a contar con la capacidad técnica para realizar los exámenes de manera autónoma.

Según cifras oficiales, hasta el martes pasado solo 79 laboratorios estatales o del sistema de salud pública contaban con capacidades para hacer las pruebas, en un país con más de 327 millones de habitantes. Con el giro de fondos tras la declaración de emergencia nacional, se espera que el trámite se agilice con la habilitación de laboratorios privados.

El alto costo de enfermarse

En teoría, los CDC ofrecen el test de coronavirus de manera gratuita, siempre y cuando esté prescripto por un médico. Y las grandes aseguradoras del país sostienen que tampoco cobrarán por el servicio en algunos estados. Pero esa supuesta gratuidad no es suficiente para esconder al resto de las dificultades.

Osmel Martinez Azcue le contó al Miami Heraldcómo, al volver con síntomas de gripe de un viaje a China, acudió a un hospital de Miami a hacerse las pruebas de coronavirus. Resultó que tenía una gripe. Pero también una factura de 3.270 dólares que lo esperaba apenas volvió a su casa. “¿Cómo se puede esperar que los ciudadanos contribuyamos a reducir el riesgo de contagio entre personas si los hospitales nos van a cobrar más de 3 mil dólares por un análisis de sangre y una muestra nasal?”, se preguntaba indignado este joven de origen cubano.

El caso de Shefali Luthra, miembro de la Kaiser Family Foundation, no fue tan doloroso aunque también expone las falencias del sistema y la falta de coordinación. Tres días después de volver de una conferencia en Nueva Orleans, a Luthra le avisaron que al menos uno de los asistentes había dado positivo en el test de coronavirus. “Como periodistas y divulgadores de la medicina estamos en teoría muy bien equipados para saber lo que ocurre. Pero en la vida real, descubrir si estamos en riesgo y hacernos la prueba es casi imposible. Resulta que tanto el consejo médico como el acceso a las pruebas varían dramáticamente dependiendo de dónde vives y quién eres, y no está claro cuál es el estándar”, relata en diálogo con PáginaI12.

Lo que además llamó la atención de Luthra fue una evidente discriminación. El congresista republicano Matt Gaetz fue el único de ese grupo de trabajo que consiguió ser evaluado. “Inicialmente no tenía los síntomas pero decidí que debía intentar hacerme la prueba, como lo hizo Gaetz. Después de todo, Trump prometió que las pruebas estarían disponibles para cualquiera que quisiera una…”, admite Luthra con un dejo de ironía. Al día de hoy y a pesar de gozar de un buen seguro médico, todavía no pudo acceder al preciado test.

La crisis del coronavirus también exhibe la fragilidad del sistema laboral nacional. El CDC le recomienda a todos los estadounidenses que se queden en casa si están enfermos. Pero ¿cómo podrían hacerlo, si en muchos casos eso significa que automáticamente dejen de cobrar sus sueldos? A diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de los países industrializados, en Estados Unidos ninguna ley federal obliga a las empresas a pagarles licencia por enfermedad a sus trabajadores.

Sherry Leiwant, copresidenta de A Better Balance, que hace campaña por una mayor protección en los lugares de trabajo, comenta a este diario: "Una buena cantidad de estudios demuestran que el contagio se puede contener con la licencia laboral con goce de sueldo”. Pero agrega que los trabajadores prefieren “no quedarse en casa para aislarse si de esa manera ponen en riesgo sus puestos de trabajo". Según una reciente encuesta de la firma YouGov, casi la mitad de los trabajadores admiten que el año pasado acudieron enfermos a su empleo.

Por primera vez en la historia y movido por la urgencia de la situación, el Congreso de Estados Unidos está abordando la problemática. El proyecto de ley aprobado el viernes prevé “10 días de licencia por enfermedad y 12 semanas de licencia pagas para aquellos que están enfermos de coronavirus o cuidando a un familiar cercano que esté en cuarentena o afectado por el cierre de escuelas”, detalla Leiwant. Pero la medida, que ahora pasará por el Senado, exime de esa responsabilidad a las grandes empresas del país: nuevamente, los mayores privilegiados serán los más poderosos.

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Italia: record de víctimas del coronavirus en un solo día

Se registraron 368 muertos en 24 horas; la región más afectada es Lombardía

Desde Roma. Mientras la cantidad de muertos por el coronavirus sigue aumentando y no se encuentran en los negocios los más elementales medios para protegerse como guantes descartables, alcohol en gel o barbijos, algunos italianos que todavía están en el exterior insisten en querer volver y los que están en Italia, cantan desde los balcones, aplauden a médicos y personal hospitalario, y tiran algunos fuegos artificiales como para distraerse después de casi una semana de encierro total ya que el gobierno prohibió salir a la calle para evitar contagios, a no ser por trabajo, para comprar alimentos o en casos de emergencia.

También para distraerse giran decenas de videos en los medios como Whatssapp o Facebook. Uno de ellos, que hizo reír hasta a los más preocupados, fue la mejor síntesis del día domingo en Italia: “Atención: paseo organizado para este domingo. Se parte a las 7.30hs de la puerta del baño. Luego se hará un breve picnic con el desayuno en el pasillo y finalmente se hará una visita guiada del comedor”.

Algunas fotos del aeropuerto de Fiumicino, en Roma, publicadas por la prensa muestran que sólo los aviones de Alitalia están estacionados junto a las mangas y dispuestos a partir. Sin embargo hay grupos de italianos repartidos en varios países que intentan, sin lograrlo, volver a su patria. Es que la mayoría de las compañías aéreas ha anulado sus vuelos a Italia a causa de la crisis del coronavirus y los pasajeros a veces ni siquiera pueden recuperar el dinero para poder comprar otros pasajes que al menos los acerque a la frontera italiana. 

Se trata de estudiantes del sistema Erasmus -un plan que permite el intercambio de estudiantes entre países de la Unión Europea- , de turistas, de profesionales e incluso de deportistas. En España, por ejemplo, que también ha impuesto una serie de medidas restrictivas, se habla de unos 5.600 italianos bloqueados que no saben cómo volver. Entre ellos algunos nadadores profesionales que en cambio lograron volver a Italia gracias a que la Federación de Natación les alquiló un auto.

El ministerio del exterior italiano, que está a cargo de Luigi Di Maio del Movimiento Cinco Estrellas, se ha movido en estos últimos días y está intentando organizar vuelos de retorno con Alitalia para toda esta gente bloqueada en distintos países.

Respecto a la pandemia, los datos dados a conocer este domingo, como cada día, por el comisario de la Protección Civil, Angelo Borrelli, son una vez más alarmantes. El total de casos infectados en todo el país ha pasado de 21.157 ayer a 24.747 hoy, de los cuales 20.603 son positivos al virus (ayer 17.750), 1.809 han muerto (ayer eran 1.441), 368 de ellos en las últimas 24 horas. y 2.335 (1.966 ayer)se han curado. De los 20.603 positivos, 9.268 se encuentran en aislamiento domiciliario sin síntomas o con síntomas leves. 1.672 están en terapia intensiva en las distintas regiones del país. El número de curados sigue siendo superior al de muertos, como siempre lo fue hasta ahora, si bien es cierto también que antes los curados eran casi el doble de los fallecidos y ahora no.

El gobierno de Giuseppe Conte, por su parte, que tiene que lidiar también con los problemas económicos y la falta de producción que esta crisis está arrastrando, está tomando medidas desesperadas para tratar de ayudar a las familias pero sobre todo a los hospitales. La situación es muy crítica dentro de los hospitales del norte de Italia, en particular Lombardía, la región italiana más afectada por el virus. Los hospitales no dan a basto, en particular cuando se trata de internar a los infectados en terapia intensiva. Y los médicos lo advierten cada día. Es así que surgieron campañas para reabrir viejos hospitales, que dejaron de funcionar hace algunos años, como el hospital Forlanini de Roma, que se espera poder preparar para recibir a muchos nuevos pacientes.

“Nuestra prioridad es hacer trabajar con seguridad a los médicos, enfermeras y todo el personal sanitario que con coraje y espíritu de abnegación se ha dedicado a la cura de los ciudadanos, dedicándose a esta emergencia sanitaria sin ahorrar energías”, dijo Conte a los periodistas cuando habló de sus intentos para proveer en poco tiempo a los hospitales todos los medios que exige este crítico momento. El quinto decreto del gobierno Conte referido al coronavirus y que podría ser aprobado el lunes por el Consejo de Ministros, prevé entre otras cosas potenciar el sistema sanitario nacional de manera que se pueda entregar a los hospitales las maquinarias especializadas y necesarias en los distintos servicios, pero especialmente para terapia intensiva. El decreto también destina una parte de los 350 mil millones de euros previstos, al apoyo de la ocupación y de los trabajadores en general, a fin de que ninguno pierda el trabajo a causa del coronavirus. Prevé asimismo la suspensión de las cuotas que pagan las familias por préstamos bancarios de todo tipo y la suspensión del pago de varias obligaciones fiscales.

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Empleados sanitarios se alistan para emprender un recorrido por hospitales en el contexto del brote de Covid-19, el viernes en Wuhan, centro de China.Foto Xinhua

Con las pandemias, como en las guerras, la primera víctima es la "verdad": se entra a un diagrama dual de "verdades y mentiras inverosímiles" y de "verdades y mentiras verosímiles", donde la percepción de la población es más importante que la realidad. Aquí cuenta mucho la velocidad y la calidad de la comunicación, como aprendió el Centro para el Control de las Enfermedades de EU (CDC, por sus siglas en inglés), tras haber sufrido el desastre de su desinformación y su pésima comunicación con el H1N1 (https://bit.ly/38X8bEY).

En EU fue notorio el choque entre Trump y el connotado infectólogo Tony Fauci. Debido a su origen y peculiar propagación del Covid-19, la expertise debe recaer en la tríada de infectólogos/inmunónologos/neumólogos, quienes son los que tratan a los pacientes, y no los epi­demiólogos que, por su limitada formación teórica sin práctica clínica, ignoran el cuidado de los enfermos. China acusó que el “ejército de EU podría haber llevado el virus (…) a la ciudad china de Wuhan”, lo cual no ocurrió en la previa pandemia del H1N1 cuando tampoco se desataron los demonios geopolíticos/geoeconómicos de ahora que concurrieron para conformar una "tormenta perfecta". Zhao Lijian, portavoz de la cancillería china, publicó un video de Robert Redfield, jefe del CDC de EU, donde señala que "se encontró coronavirus postmortem en varios estadunidenses que fueron diagnosticados con gripe".

Zhao reaccionó en forma virulenta al video de Redfield: “¿Cuándo apareció el paciente ‘cero’ en EU? ¿Cuántas personas están infectadas? ¿A qué hospitales los llevaron? Probablemente fueron militares estadunidenses quienes llevaron la epidemia a Wuhan. ¡Sean honestos! ¡Revelen los datos [sobre la infección con SARS-CoV-2 en EU]! ¡EU debe explicarnos todo! (https://bit.ly/2IMMhcL)”.

Una fuente del Departamento de Estado filtró a Reuters que EU había citado al embajador de China para aclarar los comentarios de su portavoz (https://reut.rs/2QeNWvV). Se desató una guerra de propaganda entre China y EU que se acusan mutuamente del origen del nuevo virus.

Mike Pompeo, secretario de Estado y ex director de la CIA, calificó al Covid-19 como "coronavirus Wuhan", en referencia al primer brote en la importante ciudad central de China (https://politi.co/2WdemBS). Ya enfilado, Pompeo fulminó contra la "desinformación china que ocultaba los verdaderos datos y el número real de infectados".

Hace 15 días comenté “las teorías sobre el accidente del coronavirus experimentado y/o sembrado como arma bacteriológica y de lo que se han acusado las tres superpotencias: EU, Rusia –con una aterradora excavación (https://bit.ly/2TaMQTH)– y China, cuyo máximo especialista afirma que el Covid-19 “pudo no haberse originado en China (https://bit.ly/2wRCjE5)”; agregué que “antes de fallecer, el genial astrofísico Stephen Hawking advirtió sobre las agresiones de las armas biológicas al género humano (https://cnet.co/2Towoy1)”, ya que el Covid-19 tiene todas las características de "arma biológica".

La pandemia ha provocado medidas preventivas en el planeta, mientras la "guerra de propaganda" para endosar el origen del coronavirus arrecia con furia en el Medio Oriente.

The Times of Israel, muy defensivo, resalta la postura del investigador de la Liga Anti-Difamación (ADL), Alex Friedfeld, que desecha la "teoría de la conspiración" de que los judíos (sic) crearon el virus”. Friedfeld juzga que “la más popular de todas es que "los judíos usan este virus como medio para enriquecerse" ya que fueron quienes "lo manufacturaron y tomarán ventaja del colapso de los mercados mediante su información privilegiada (insider trading)". Hasta ahora no existe evidencia al respecto (https://bit.ly/2UcXWXM).

Hassan Nasrala, líder del Hezbolá libanés, condenó a Trump y su administración como los "peores mentirosos" por ocultar la verdadera escala de la pandemia en EU, en medio de “una batalla que parece una guerra mundial (https://bit.ly/2U64ibb)”.

En la "Era de la posverdad", ¿sabremos algún día la "verdad"?

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Sábado, 14 Marzo 2020 06:23

El padre de la criatura

El padre de la criatura

China y EE.UU. se achacan el origen de la pandemia

Un vocero de la Cancillería china insistió hoy en que Estados Unidos podría haber desatado deliberadamente el brote de coronavirus en China, en medio de una creciente disputa entre Washington y Beijing por el origen de la pandemia de coronavirus. La disputa llega en momentos en que China busca descargase de culpa y presentarse como el país que tomó medidas decisivas que dieron tiempo el mundo para prepararse para la crisis, al poner en cuarentena a grandes porciones de su inmensa población.

Con los casos cayendo en China pero aumentando en el extranjero, Beijing ahora ha empezado a rechazar la idea de que la ciudad de Wuhan fue el lugar donde se originó la pandemia, que ya ha afectado a más de 135.000 personas en más de 110 países. El vocero de la Cancillería china, Zhao Lijian, fue un paso más allá al decir anoche por Twitter que "podría haber sido el Ejército de Estados Unidos el que trajo la epidemia a Wuhan", aunque no mostró ninguna prueba.

Hoy insistió en su afirmación al subir a su cuenta de Twitter un link con un artículo sacado de una página web conocida por sus teorías conspirativas sobre los atentados del 11-S. Censores de la actividad digital también han permitido a usuarios de redes sociales de China esparcir versiones similares de que Estados Unidos estuvo detrás del inicio del brote.

Un video que muestra a autoridades sanitarias estadounidenses diciendo que algunas víctimas de gripe en el país habían sido diagnosticadas de manera póstuma con la cepa Covid-19 fue tendencia esta semana en Weibo, la red social china similar a Twitter. Algunos usuarios dijeron que el video probaba que el virus se originó en Estados Unidos, y Zhao lo subió hoy a su cuenta de Twitter, informó la cadena de noticias CNN.

La teoría contradice las afirmaciones iniciales de la propia China sobre el origen del virus en Wuhan en diciembre pasado. El brote ha afectado a casi 81.000 personas en China, de las cuales más de 3.100 han muerto. Gao Fu, director del Centro Chino para la Prevención y el Control de Enfermedades, dijo en enero pasado que "ahora sabemos que la fuente del virus son animales que eran vendidos en un mercado" de Wuhan.

Las mismas autoridades chinas veían a Wuhan y el resto de la provincia de Hubei como una amenaza, ya que pusieron a los 56 millones de habitantes de la región bajo estricta cuarentena para contener la epidemia. Pero Beijing empezó a mostrar dudas a fines del mes pasado, cuando Zhong Nanshan, un respetado experto vinculado a la Comisión Nacional de Salud, dijo a periodistas que "la epidemia apareció primero en China, pero no se originó necesariamente en China".

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dicho que aunque no se sabe con exactitud como pasó el virus de su vector animal a los humanos, la Covid-19 era "desconocida antes del brote en Wuhan, China, de diciembre de 2019".

Estados Unidos, en tanto, ha indignado a China haciendo continuas referencias a que el virus se originó en el país comunista. El secretario de Estado, Mike Pompeo, lo ha llamado el "virus de Wuhan", lo que llevó a Beijing ha calificar el término de "despreciable" y de "falta de respeto a la ciencia".

El presidente estadounidense, Donald Trump, comenzó un discurso a la nación esta semana por la pandemia hablando del brote "que comenzó en China". El asesor de seguridad nacional estadounidense, Robert O'Brien, insistió ayer en que el virus se originó en Wuhan. 'Brien dijo que la pandemia se debió a una falta de cooperación de China y un encubrimiento del brote inicial, y agregó que esto ha "costado a la comunidad internacional dos meses de respuesta" a la amenaza. Beijing calificó sus comentarios de "extremadamente inmorales e irresponsables"

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Avanza el coronavirus en Italia: Ya murieron más de mil personas 

Se registraron además 15.000 contagios

 

El brote de coronavirus no da tregua en Italia, el país europeo más afectado por la pandemia. Este jueves la cifra de muertos ascendió a 1016, de los cuales 189 se produjeron en las últimas 24 horas. En tanto, los contagios llegaron a 15 mil. La región más afectada sigue siendo Lombardía, en el norte, que registra 744 muertes y 8.725 contagios. El país más afectado de Europa y el segundo en el mundo después de China tomó medidas drásticas con el cierre total de comercios, exceptuando bienes de primera necesidad y fármacos. Al cierre de locales se sumó el jueves el de todas las iglesias de la diócesis de Roma. El primer ministro Giuseppe Conte confía en que la política de aislamiento funcione e incluso sirva de "ejemplo positivo" para otras naciones.

Hasta el momento, apenas cinco de las 20 regiones del país no registraron casos fatales, pero las autoridades temen que el virus se expanda al sur de la península. En total, 60 millones de italianos permanecen aislados, especialmente después de que el gobierno decretara el miércoles el cierre de todos los comercios a excepción de supermercados y farmacias. Se trata de una medida inédita en la historia del país.

La mayoría de las ciudades italianas se encuentran desiertas. En Roma, Milán, Florencia y Venecia las calles, plazas y medios de transporte permanecen en un llamativo silencio. En algunos puntos del país la policía controla que se cumplan las estrictas disposiciones de permanecer encerrados en casa para evitar la propagación del virus.

El jueves se cerraron además todas las iglesias de la diócesis de Roma con el objetivo de ayudar a detener la pandemia de Covid-19. "Hasta el viernes tres de abril de 2020, el acceso a las iglesias" de Roma y, de una manera "general, a los locales de culto habilitados al público, quedan prohibidos a todos los fieles", señaló en un comunicado de prensa el cardenal italiano Angelo De Donatis, obispo vicario de Roma. Aunque las misas y cualquier otra reunión de personas ya habían sido prohibidas, las iglesias permanecían abiertas a los fieles que quisieran acceder a orar en ellas. 

El coronavirus es motivo de preocupación para la Iglesia y el Vaticano. El gobierno italiano incluyó las misas, las bodas y los funerales entre las congregaciones prohibidas, una medida "fuertemente restrictiva cuya aceptación supone sufrimiento y dificultades" para los sacerdotes y fieles, lamentó hace unos días la Conferencia Episcopal Italiana en su sitio web.

Italia, por lejos el país de Europa más afectado por la pandemia del Covid-19, superó el jueves la barrera de los mil muertos y acumula además más de 15 mil infectados, según cifras oficiales.

"Mañana, no sólo nos admirarán, sino que seremos un ejemplo positivo para el mundo", manifestó en las últimas horas el primer ministro Giuseppe Conte, convencido de que el estricto confinamiento es la medida fundamental para frenar el contagio de coronavirus en Italia.

Conte aseguró que los resultados del aislamiento serán visibles dentro de dos semanas. En China, las medidas de contención ayudaron a controlar la epidemia, pero en Italia esto aún es un misterio para los científicos.

"A diferencia de la situación en Wuhan, donde era posible evitar la epidemia mundial, Covid-19 ya se está extendiendo por todo el mundo", advirtió Paul Hunter, profesor de medicina de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra. "Entonces, cuando las restricciones en Italia se levanten, puede haber una gran cantidad de personas contagiadas en los países vecinos que podrían conducir a una nueva propagación en Italia", agregó.

La filtración a los medios el sábado del bloqueo previsto para varias regiones del norte provocó la fuga de miles de italianos hacia el sur, muchos de ellos estudiantes y trabajadores, que pueden haber llevado el virus a otras regiones donde los casos eran muy limitados.

Mientras la próspera región de Milán, la más afectada, tiene uno de los sistemas de salud más eficientes del mundo, el sur carece de instalaciones y equipos adecuados para un fenómeno de semejantes proporciones. Los médicos del norte temen inclusive el colapso del sistema por falta de plazas en los departamentos de terapia intensiva. En el sur la falta de personal calificado fue siempre uno de sus grandes males.

"El 40 por ciento de las salas de cuidados intensivos en el sur son virtuales, falta el personal y faltan los equipos", resumió en ese sentido el profesor Alessandro Vergallo, presidente del sindicato de reanimadores y anestesistas italianos

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Las lecciones que puede dar el coronavirus a la especie humana

Contemplamos a un diminuto virus desde lo alto del antropocentrismo, de Occidente, del neoliberalismo y de la globalización; pero tal vez podamos aprender algo de él.

En los últimos 6.000 años, pero sobre todo en los pasados 200 y, más concretamente, a partir de los años 50, las sociedades humanas han ido tomando altura. Mucha altura. Desde arriba, contemplamos a un diminuto virus y, tal vez, podamos aprender algo de él.

Desde lo alto del antropocentrismo

El ser humano primigenio era un predador que también podía ser cazado por otros predadores. Pero gracias a su increíble capacidad de coordinación y su desarrollo tecnológico ha conquistado la cúspide de la cadena trófica concibiéndose como invulnerable y todopoderoso.

Sin embargo, la vida surgió desde los seres vivos más minúsculos y sigue basándose en ellos. No en los superpredadores. El reino de lo pequeño es el que permite que exista la vida en el planeta. Sin las bacterias no habría suelo fértil y muchas otras cosas. De manera más general, sin ellas no sería posible la reutilización de los elementos (carbono, nitrógeno, fósforo, etc.) en grados de reciclaje inimaginables por la tecnología humana (del orden del 99,5-99,8%). No olvidemos que vivimos en un planeta en el que no entra materia nueva, que tenemos que apañarnos con lo que hay.

El coronavirus puede servir para hacernos recordar que lo minúsculo es determinante en la Tierra. Y que, en la trama de la vida, realmente somos prescindibles.

Desde lo alto del sistema agroindustrial

Para nuestro control de todos los seres vivos, el sistema agroindustrial resulta determinante. La domesticación de algunas especies animales y vegetales, y la transformación de los ecosistemas para que puedan medrar estas y no otras.

Desde el principio de la agricultura y la ganadería, esto ha provocado que distintos virus hayan saltado de otros animales a los seres humanos: de las vacas, el sarampión y la tuberculosis; de los cerdos, la tosferina; o de los patos, la gripe. Esto no ha dejado de ser así en las últimas décadas. Es más, es algo que se ha acelerado conforme se incrementaba la destrucción de distintos ecosistemas. Como refleja Sonia Shah: “Desde 1940, han aparecido o reaparecido centenares de microbios patógenos en regiones en las que, en algunos casos, nunca antes habían sido advertidos. Es el caso del VIH, del ébola en el oeste de África o del zika en el continente americano. La mayoría de ellos (60%) son de origen animal. Algunos provienen de animales domésticos o de ganado, pero principalmente (más de dos terceras partes) proceden de animales salvajes”. Este parece ser el caso del coronavirus, que puede tener como huésped original a los murciélagos.

Por otra parte, el sistema agroindustrial también es uno de los factores directores del cambio climático, como sabemos. Un reciente estudio muestra cómo el cambio climático ayuda a la transmisión de virus entre distintas especies de mamíferos. De este modo, en un mundo donde la disrupción ecosistémica es la norma, el ser humano no solo tiene cada vez menos defensas (por ejemplo, pierde potenciales principios farmacológicos, pues la mayoría de ellos provienen de otros seres vivos), sino que sufre amenazas crecientes. El desequilibrio ecosistémico es en todas las escalas, también la microbiana, y afecta de lleno a los seres humanos. Un ejemplo es el coronavirus.

Desde lo alto de Occidente

Entremos en las sociedades humanas, porque en ellas también se han producido escaladas de unas formas determinadas de organización social. La forma de vida occidental ha arrasado con todas las demás. Se ha convertido en la hegemónica, lo que ha supuesto una importante homogeneización social. Un ejemplo es la primacía de lo urbano, de lo moderno, de lo tecnológico. Una primacía que ha ido igualando los espacios de sociabilidad humana en todo el planeta pero que tiene, indudablemente, su epicentro en las regiones centrales.

El coronavirus pone en solfa esa primacía. La infección comenzó en el mundo urbano. En uno de sus territorios de mayor desarrollo y, desde ahí, se está expandiendo a sus equivalentes marcando casi a la perfección cuales son las venas por las que corre la globalización. En todo caso, también es determinante que en el Hemisferio norte es invierno (o como se soliera llamar a esta estación antes del cambio climático).

El virus se expande de manera sencilla porque hemos cercenado la diversidad humana en una “aldea global”. En la historia de la vida, la aparición de formas más complejas no ha conllevado la desaparición de las formas más simples, sino que se ha producido una reacomodación simbiótica (desde la perspectiva macro). Esto ha permitido a los sistemas tener más resiliencia. Sin embargo, en las sociedades dominadoras —y más en el capitalismo—, el incremento de complejidad ha destruido las formas menos complejas, perdiéndose diversidad cultural, económica y política.

Desde lo alto del neoliberalismo

El capitalismo ha llegado a su paroxismo con la globalización y con el neoliberalismo, aunque en realidad son dos caras del mismo proceso. 

Una de las expresiones de la victoria del neoliberalismo es el desmantelamiento de lo público. Tantos años de desmontaje de la sanidad pública para que ahora, de manera dramática, descubramos que es lo único que tiene alguna posibilidad de parar el coronavirus y, a la vez, el sistema más vulnerable a la infección, ese por el que se cierras escuelas, ciudades y países para que no colapse. Mientras, la sanidad privada está escudada tras sus cláusulas de no atención en caso de pandemias.

La segunda es el desmantelamiento de lo común. Más dramático que el desmoronamiento de lo público ha sido el de lo común. El de las redes de apoyo mutuo sociales que permiten procesos de autoorganización. Es la victoria del sálvese quién pueda. Del individualismo absoluto. La epidemia del coronavirus muestra lo absurdo de esa estrategia. Las sociedades humanas están basadas en la hipercooperación (asimétrica, muy asimétrica).

No hay posibilidad de que nadie se salve en solitario porque dependemos del trabajo de muchísimas otras personas. Nos creemos individuos porque ocultamos las relaciones de cooperación forzada (podemos llamarlas explotación) que sostienen nuestra “individualidad”. Pero el coronavirus llega más lejos. El aislamiento para no expandir el contagio es, probablemente, el torpedo a la línea de flotación de lo que somos como especie más importante de la situación que estamos viviendo.

Desde lo alto de la globalización

El sistema socioeconómico actual tiene elementos de resiliencia importantes. Uno es que la alta conectividad aumenta la capacidad de responder rápido ante los desafíos. Por ejemplo, si falla la cosecha en una región, el suministro alimentario se puede garantizar desde otro lugar del planeta —si es que interesa— y lo mismo se podría decir de una parte sustancial del sistema industrial.

Sin embargo, la conectividad también incrementa la vulnerabilidad del sistema, ya que, a partir de un umbral, no se pueden afrontar los desafíos y el colapso de distintas partes afecta al conjunto. El sistema funciona como un todo interdependiente y no como partes aisladas que puedan sobrevivir solas. A partir de un elemento cualquiera, como el colapso por saturación de los servicios de emergencia, esta carencia se transmite al conjunto. En este sentido, demasiadas interconexiones entre sistemas inestables pueden producir por sí mismas una cascada de fallos sistémicos. Además, una mayor conectividad implica que hay más nodos en los que se puede desencadenar el colapso.

Pero el capitalismo global no solo está interconectado, sino que es una red con unos pocos nodos centrales. El colapso de alguno de ellos sería casi imposible de subsanar y se transmitiría al resto del sistema. Algunos ejemplos son: i) Todo el entramado económico depende de la creación de dinero (crédito) por los bancos, en concreto de aquellos que son “demasiado grandes para caer”. Además, el sistema bancario se ha hecho más opaco y, por lo tanto, más vulnerable con la primacía del mercado en la sombra. ii) La producción en cadenas globales dominadas por unas pocas multinacionales hace que la economía dependa del mercado mundial. Estas cadenas funcionan just in time (con poco almacenaje), son fuertemente dependientes del crédito, de la energía barata y de muchos materiales distintos. iii) Las ciudades son espacios de alta vulnerabilidad por su dependencia de todo tipo de recursos externos que solo pueden adquirir gracias a grandes cantidades de energía concentrada y a un sistema económico que permita la succión de riqueza. Pero, a su vez, son un agente clave de todo el entramado tecnológico, social y económico.

El colapso de esta maraña interconectada no tendrá una única causa, sino que se producirá por la incapacidad del sistema de solventar una multiplicación de desafíos en distintos planos en una situación de falta de resiliencia. El colapso se da en situaciones de altos niveles de estrés en distintos planos del sistema. Igual que sucede con el coronavirus: las personas que mueren por la infección lo hacen porque ya tenían un cuadro de patologías previas.

Pero el Covid-19, más allá de una metáfora de la vulnerabilidad de los sistemas con múltiples desafíos, es un desafío más a este sistema, como argumenta Nafeez Ahmed. El capitalismo global ya estaba en crisis antes de la pandemia de coronavirus —se puede leer a Michael Roberts—, pero las medidas de salud pública que se están tomando la refuerzan. Primero, al reducir de manera importante el número de personas trabajando para la reproducción del capital. Segundo, disminuyendo el número de personas que dan salida a los bienes y servicios producidos (el turismo es un ejemplo claro). Tercero, porque la propia producción se ve comprometida por cortarse las cadenas de producción (falta de actividad en unos lugares, falta de transporte en otros).

Más allá de estos elementos generales indispensables para la reproducción del capital, hay elementos concretos en la actual coyuntura que son centrales. Las crisis capitalistas conllevan un incremento de competencia entre los entes económicos respaldados por sus Estados que puede ser fatal. Por ejemplo, en el campo energético, donde ya hay una situación de crisis profunda fruto de haber alcanzado el pico del petróleo convencional y de acercarse todos los demás, la lucha se ha recrudecido. Arabia Saudí ha hecho que se desplomen los precios del crudo (ya bajos por la crisis económica). Con esto trata de torcer la mano de Rusia, pero quien más puede sufrir por todo esto es EE UU.

De los tres gigantes de extracción de hidrocarburos, el último es, con diferencia, quien tiene los costes de extracción más altos y, por lo tanto, quien va a sufrir más por unos precios del crudo por los suelos. Y la cuestión no es solo de la industria petrolera estadounidense, sino de su industria financiera, no en vano la primera está sostenida por inversiones gigantescas de la segunda. Y decir que hay problemas con las finanzas de EEUU es decir en realidad que están comprometidas las del mundo. Recordemos el crac del 2007/2008.

La cuestión no es solo de una crisis del sistema económico, sino también de la organización política, del Estado. El Estado tiene cada vez menos capacidad de hacer frente a crisis de amplio espectro. El coronavirus significa una desafío que pone al límite (ya veremos si supera) al sistema de salud. Ahora entendemos en Europa la construcción en Wuhan de un hospital gigantesco a marchas forzadas.

Pero la cuestión no es solo del sistema de salud. También está el control social. Hasta ahora, el miedo al contagio y la responsabilidad cívica han permitido implantar medidas muy duras de control social. Lo que hemos visto en China no tiene precedentes, al menos en las últimas décadas. Pero en Europa se está tomando un camino similar (con las adaptaciones político-culturales pertinentes). ¿Hasta cuándo será eso posible? Por ejemplo, si la mezcla entre desescolarización infantil y cierre de empresas se prolonga, ¿cuánto tardaremos en ver estallidos de las poblaciones más vulnerables? No imaginemos estallidos organizados, sino más bien estallidos desorganizados en forma de pillajes de supermercados. Unos estallidos que podrían reactivar la expansión del coronavirus, añadiendo de paso más complejidad a todo.

Ante estos estallidos, podemos prever una respuesta muy virulenta —el adjetivo viene que ni pintado— de la pujante extrema derecha, que pueda acrecentar la guerra que tiene declarada a los grupos sociales más vulnerables. Esto podría complicar mucho más la desestabilización sistémica si no logra tener éxito.

Tiremos de más hilos. Sin lugar a dudas, el Estado intentará responder a todos estos desafíos. Pondrá dinero para sostener las industrias petroleras, pondrá dinero para sostener los fondos especulativos, pondrá dinero para reprimir a la población, pondrá dinero para amortiguar el golpe en las clases más protestonas… Hasta que deje de poder hacerlo. Esto puede ser más rápido que tarde en una situación de agotamiento de las medidas tomadas frente a la crisis del 2007/2008, que aquí no hay espacio de desarrollar.

Estos son solo algunos ejemplos, podríamos pensar en más. El resumen es que el coronavirus no es el factor que va a provocar el colapso de nuestro orden social, pero puede ser el que lo desencadene en un contexto de múltiples vulnerabilidades del sistema (crisis energética, climática, material, de biodiversidad, de desigualdades, agotamiento de los espacios de inversión, deslegitimación del Estado, etc.). Y si no es el coronavirus, será otra la gota que colme el vaso.

Desde lo alto de la tecnología

En el imaginario social está la idea de que, pase lo que pase, el ser humano será capaz de resolverlo gracias a la tecnología. No lo decimos así, pero creemos que la tecnología nos permite ser omniscientes y omnipotentes.

Sin embargo, esto no es cierto. La tecnología tiene múltiples límites. Uno central —pero ni mucho menos único— es que para su desarrollo necesita grandes cantidades de materia y energía, justo dos de los elementos centrales que están fallando en la crisis múltiple que estamos viviendo. En el pasado, los cambios climáticos y las pandemias fueron factores determinantes en la evolución poblacional humana. Si en la historia reciente esto no ha sido así, se ha debido a que hemos tenido a nuestra disposición grandes cantidades de energía que, transformada en tecnología, nos ha permitido sortear estos desafíos. Esta disponibilidad energética —y por ello tecnológica)—abundante va a dejar de ser una realidad para siempre.

Pero, más allá de eso, la tecnología no genera soluciones inmediatas. En el caso de las investigaciones médicas, diseñar una vacuna en casos óptimos puede llevar 12-18 meses. Y diseñar una vacuna no quiere decir tenerla disponible de manera universal, pues después habría que resolver los problemas de rentabilidad, financiación, fabricación y distribución, que no son nimios. Igual puede ser demasiado tarde para sortear una crisis sistémica. Cuando las sociedades se enfrentan a múltiples vulnerabilidades, el tiempo cuenta, y mucho.

Por todo ello, uno de los principales aprendizajes que podríamos adquirir del coronavirus es que los seres humanos somos vulnerables, vivimos en cuerpos que se pueden morir sin que podamos evitarlo.

Tomando tierra

En conclusión, igual lo que podemos aprender del coronavirus es que necesitamos tomar tierra. Bajar de las alturas del capitalismo hipertecnológico hasta entendernos como parte de la trama de la vida. Desterrar el antropocentrismo.

Desde una mirada ecocéntrica, para el conjunto de la vida, para Gaia —de la que no somos más que un simple organismo más—, el coronavirus es una excelente noticia. Está significando un parón en la actividad económica que implica un freno a la destrucción ambiental, la primera de todas la distorsión climática.

No nos engañemos, este tipo de frenazos en seco son los únicos que, a día de hoy, pueden evitar un cambio climático desbocado, que sería una catástrofe para el conjunto de la vida inimaginable. Este es el resultado de un trabajo reciente, en el que hemos mostrado cuáles podrían ser esas transiciones para la economía española. Lo único que permitiría tener opciones de sortear el desastre climático sería abordar rápidamente la triada decrecimiento-ruralización-localización con objeto de reintegrarnos de forma armónica en los ecosistemas. Ese es el camino que nos enseña el coronavirus.

El microorganismo también nos dice que para que esa reconversión se produzca con algo de garantía para las mayorías sociales son imprescindibles fuertes repartos del trabajo y de la riqueza.

Uno de los organismos que componen Gaia, debido a una mutación, se ha convertido en una pandemia que está poniéndola en serio riesgo. El coronavirus de Gaia son el antropocentrismo, el capitalismo o la tecnolatría. Por ello, hay que desterrarlos de forma urgente y tomando las medidas draconianas que sean necesarias.

Por Luis González Reyes

12 mar 2020 07:00

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Diomedes Sandoval, solicitante de asilo y líder social colombiano, en la terraza de la Parroquia San Carlos Borromeo de Entrevías, Madrid.- JAIRO VARGAS

Las apenas 600 peticiones de asilo de ciudadanos colombianos en 2016 se han disparado a más de 29.000 en 2019. Sólo se le concedió a 48 personas. En enero han sido la nacionalidad que más lo ha demandado, superando a los venezolanos, pero el proceso de paz y la diversidad de perfiles les cierran las puertas de la protección casi de forma automática. Mientras esperan la respuesta a sus peticiones, muchos se ven abocados a vivir en la calle durante días por la saturación del exiguo sistema de acogida español

Cuando Diomedes Sandoval aterrizó en Madrid el pasado noviembre pensó que todo iría bien. Este líder social colombiano, amenazado de muerte y superviviente de un intento de asesinato, pidió asilo en el aeropuerto de Barajas y los policías le dijeron que su caso "era de manual" y "bien documentado". Le dieron un papel que acreditaba que era solicitante de protección internacional, una tarjeta transporte con diez viajes y un consejo: "Que fuera al Samur Social si no tenía dónde dormir" mientras el Ministerio de Interior estudiaba su solicitud, recuerda.

Eso hizo, pero cuando vio la cantidad de gente en su misma situación y que no había hueco para todos en los albergues de Madrid empezó a sospechar que Europa, en cuanto a protección internacional, no era como se había imaginado en su Tolima natal. "Esa noche me quedé en un hostal. A la mañana siguiente, cuando salí de la ducha, me habían robado mi documentación y todo mi dinero", lamenta.

Sandoval relata su historia a Público mientras toma café en la parroquia San Carlos Borromeo de Entrevías. Es el único lugar de Madrid que considera un hogar, dice. "Aquí venimos muchos a pasar el día, a comer algo sin que nos cueste dinero, a buscar compañía", describe, porque no tiene aún permiso de trabajo ni nada que hacer además de esperar. El alojamiento que le ofrece el Ministerio de Migraciones, Inclusión y Seguridad Social sólo está abierto por las noches.

Más de tres meses después, sigue en la fase de acogida temporal para solicitantes de asilo sin recursos económicos, es decir, un albergue "en malísimas condiciones" que comparte con otros 120 demandantes de asilo en Vallecas. Este jueves, por fin, le darán la una plaza que ha quedado libre en Málaga. Pasará a la primera fase del programa de acogida estatal, aunque no sabe si esa plaza es una habitación en un piso compartido o en un centro. "Será mejor que esto, eso seguro, pero tiene que mejorar el sistema porque van a seguir viniendo", afirma.

Los colombianos triplican sus peticiones de asilo

Por paradójico que resulte, desde que se firmaron los acuerdos de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC en 2016, la violencia ha repuntado en casi todo el país. En la diana están personas de como Sandoval, los líderes comunitarios y defensores de derechos humanos, personas de referencia en las comunidades rurales, gente que denuncia la corrupción con fondos destinados a cumplir con la parte social de los acuerdos de paz, por ejemplo.

En 2019, más de 29.000 colombianos solicitaron protección internacional en España. En 2018 fueron tres veces menos, 8.800. En 2016, año de la firma de los acuerdos de paz, apenas superaron las 650. Solo en enero de este año ya han superado a los venezolanos, con 4.860, y son la nacionalidad que más protección pide en España, según el avance de datos del Ministerio del Interior, aunque también de las que menos la recibe.

"Es muy posible que este año superen a los venezolanos, la tendencia es muy clara, aunque el nivel de resoluciones favorables de sus solicitudes es muy bajo. Sólo se le ha dado el estatuto de refugiado a 48 personas de las 5.000 que se han estudiado. El resto han sido rechazadas", explica Paloma Favieres, directora de políticas y campañas de CEAR.

Reconoce que los casos que llegan son muy variados, aunque apuntala el problema de la persecución de los líderes sociales. "Son un grupo social bien definido y claramente amenazado y perseguido, deberían recibir más protección, a juzgar por las cifras", apunta. "Recibimos muchos casos de personas de Colombia que huyen de amenazas o la extorsión de bandas criminales, pero el Gobierno las rechaza alegando que no hay conflicto armado o que esa persecución o amenazas no están promovidas por autoridades o el Gobierno del país, que hay medidas judiciales y legislativas para perseguir este tipo de crimen", explica Favieres, que apunta que hay una gran discusión sobre esta circunstancia en los tribunales.

Sandoval, en cambio, apunta a la connivencia del Gobierno de Iván Duque con estos grupos armados. "Yo empecé a recibir amenazas cuando mi organización comenzó a denunciar el desvío de fondos para las víctimas del conflicto y para el desarrollo de infraestructuras", sostiene. "Tenía escoltas asignados pero decidí marcharme cuando sufrí un atentado por parte de sicarios del que salí con vida", recuerda mostrando los papeles que lo acreditan.

"Huí de la muerte pero no esperaba que, después de todo esto, en España me fuera a convertir en un mendigo, en un indigente. Nos ha pasado a muchos", señala este solicitante de asilo. Recuerda que algunas noches le tocó dormir en las calles de Madrid. "No había plazas en el Samur Social, no había plazas del Ministerio de Migraciones. Muchos días, tampoco en los albergues para personas sin hogar para la campaña del frío. Es indigno el trato que recibimos. No quiero pensar que estoy pasando por esto para que luego me denieguen el asilo y tenga que volver al lugar del que huyo", argumenta. Por eso prefiere que su rostro no aparezca en la fotografía. "Denunciar siempre trae problemas, en España o en Colombia", sentencia.

El mismo temor tienen Heber Erazo y su mujer, dos sexagenarios que llevan en Valencia casi un año y medio. Eran periodistas de Bogotá y de la región colombiana del Cauca, una de las más afectadas por la violencia de paramilitares, disidentes de las FARC, narcotraficantes y otros grupos armados. 

"Hemos presenciado y contado casi todo el conflicto. Siempre hemos alzado la voz, hemos sido testigo de masacres, hemos denunciado corrupción e irregularidades y nos ha costado ataques de todos los flancos: alcaldes, concejales, congresistas, gobernadores...", recuerda. Han recibido amenazas, el pasado año sufrieron un allanamiento de su vivienda en Bogotá, de donde desaparecieron "documentos sensibles y confidenciales, denuncias contra quienes les perseguían, miles de fotografías y los archivos originales de su periódico y fundación", entre otros episodios. "No nos ha matado porque hemos sido nómadas. Huimos por varias zonas de Colombia hasta que ya nos tuvimos que venir a España", aclara.

"Pero el acceso al sistema de protección es una carrera de obstáculos", denuncia. Se tarda en obtener citas para cada trámite burocrático, para obtener una respuesta, para recibir una plaza. Todo es siempre cuestión de meses.

Actualmente se encuentran en la fase dos del sistema. Reciben una ayuda para pagar el alquiler del piso en el que viven y una ayuda para manutención. Entre los dos llegan casi a los mil euros mensuales, pero la mitad se lo lleva el alquiler, describe. Antes pasaron medio año en una casa compartida, durante la fase uno del programa de acogida. "Se generaban problemas de convivencia constantes. Es normal, solo teníamos un baño para ocho personas, poco espacio y mucha tensión acumulada", recuerda, pero al menos tenían un baño, puntualiza.

"El sistema no está preparado. El colapso no está solo en Madrid. Nosotros tuvimos que dormir en la calle durante un tiempo", recuerda. Decidieron ir a Valencia porque allí tenían un conocido que les dio alojamiento durante los primeros meses, "pero son tantas las trabas administrativas que ya no pudo acogernos más y acabamos en situación de calle hasta que nos dieron una plaza", afirma.

El temor al rechazo de la solicitud

Ahora ve con miedo la próxima cita para renovar el permiso de residencia. "Cuando vayamos pueden decirnos que no nos conceden ningún tipo de protección y quitarnos el permiso de residencia. A los colombianos se nos está rechazando de forma masiva", advierte. "La diplomacia del Gobierno hace bien su trabajo. Dice que allí hay posconflicto, que hay paz, pero hay muertos cada día, por eso nos vemos obligados a irnos", sentencia.

Viendo las cifras de asilo para colombianos, no tiene mucha fe en que sus solicitudes sean aprobadas. Su mayor esperanza es que, en caso de rechazo, se les conceda el permiso de residencia por razones humanitarias, que no lleva aparejada ninguna ayuda económica, pero permite la estancia regular en el país durante un año con posibilidad de prórroga.

El Gobierno español comenzó a conceder este permiso el pasado año ante el drástico aumento de solicitantes de asilo venezolanos, aunque es difícil que lo obtengan los ciudadanos de otros países. "Aunque esa figura está recogida en la ley de asilo, en el caso de los venezolanos se está implementando de forma masiva para dar respuesta a una recomendación de la ONU por la crisis que atraviesa el país", explica la portavoz de CEAR, que recuerda que este permiso no se puede considerar una medida de protección internacional como tal.

Algunas organizaciones consideran que la situación en la mayoría del territorio colombiano no dista mucho de la que atraviesa Venezuela en cuanto a falta de servicios básicos, pobreza, índices de criminalidad y vulneraciones de los derechos humanos, por lo que piden al Ministerio del Interior español que aplique el mismo rasero. "El problema es que en España no se sabe qué es un líder social y el peligro que corre en Colombia. O quizás es que no quiere saber de forma intencionada", explica Sandoval.  

madrid

11/03/2020 22:39

Por jairo vargas

 

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