Denis Mukwege y Nadia Murad ganan el Nobel de la Paz por su lucha contra el uso de la violencia sexual como arma de guerra

El Comité Noruego destaca que el cirujano congoleño "ha dedicado su vida a defender a las víctimas" y el coraje de la activista yazidí, "testigo que cuenta los abusos perpetrados contra ella y contra otros".


El cirujano congoleño Denis Mukwege y la activista yazidí Nadia Murad han sido reconocidos con el premio Nobel de la Paz 2018. El Comité Noruego ha estacado, al anunciar el galardón, "sus esfuerzos para terminar con el uso de la violencia sexual como arma de guerra y en conflictos armados".


Mukwege (1955) "ha dedicado su vida a defender a las víctimas de violencia sexual en tiempos de guerra" y Murad "es el testigo que cuenta los abusos perpetrados contra ella y contra otros", argumentó el comité Nobel para conceder el galardón.


El médico Mukwege y su equipo "han tratado a miles de pacientes que fueron víctimas de esos asaltos", ha condenado "la impunidad de las violaciones masivas y ha criticado al gobierno del Congo y de otros países por no hacer lo suficiente para parar la violencia sexual contra las mujeres como estrategia y arma de guerra".


En cuanto a Murad (1995), el Comité Nobel recordó que es "una de las cerca de 3.000 niñas y mujeres que han sufrido abusos sexuales como parte de la estrategia militar de Estado Islámico que usaban ese tipo de violencia como un arma contra los yazidíes y otras minorías religiosas".


Además destacó que "tras tres meses de cautiverio logró escapar y empezó a denunciar los abusos que habían sufrido ella y otras mujeres". "Tuvo el extraordinario coraje de contar su propio sufrimiento y de ayudar a otras víctimas", dijo el Comité Nobel.


Mukwege y Murad suceden en el palmarés a la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), reconocida en 2017 por su activismo para alertar de las "catastróficas consecuencias humanitarias" del uso de este tipo de armamento. En 2016, el galardón recayó en el entonces presidente colombiano, Juan Manuel Santos, por su acuerdo de paz con las FARC, y un año antes el comité premió la labor del Cuarteto para el Diálogo Nacional de Túnez.


Para la edición de este año se habían presentado un total de 331 candidaturas, la segunda mayor cifra de la historia, solo superada por los datos de 2016. De los 331 aspirantes, 216 correspondían a personas, mientras que las 115 restantes eran de grupos u organizaciones, según los datos del comité.


El galardón de Medicina abrió el lunes la ronda de anuncios de la presente edición de estos prestigiosos premios, seguido por los de Física, Química y el de la Paz de este viernes y finalmente el de Economía, que se dará a conocer el próximo lunes. Cada uno de los galardones está dotado este año con nueve millones de coronas suecas (1,02 millones de dólares), a repartir en caso de que haya más de un premiado.


Los premios son entregados el 10 de diciembre, coincidiendo con el aniversario de la muerte de su fundador, Alfred Nobel, en una doble ceremonia en el Konserthus de Estocolmo y en el Ayuntamiento de Oslo, donde se otorga y entrega el de la Paz.


La presente edición de los Nobel es atípica, ya que no se entregará el galardón de Literatura, aplazado hasta el año que viene por el escándalo que rodea a la Academia Sueca, la institución que lo otorga.

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“El feminismo del 99% es la alternativa anticapitalista al feminismo liberal”

La feminista italiana Cinzia Arruzza es profesora de la New School of Social Research de Nueva York y autora del libro Las sin parte: matrimonios y divorcios entre marxismo y feminismo. Apoyó la huelga internacional de mujeres en Estados Unidos y acaba de terminar de escribir un manifiesto para un feminismo del 99 % junto con Nancy Fraser y Tithi Bhattacharya que será publicado en otoño. Le preguntamos sobre la relación entre capitalismo y patriarcado, género y clase, en la nueva ola del feminismo internacional.

 

-¿Cuál es el objetivo y la tesis principal del Manifiesto para un feminismo del 99 %?


El feminismo del 99% es la alternativa anticapitalista al feminismo liberal que se había vuelto hegemónico en las últimas décadas, debido al bajo nivel de luchas y movilizaciones alrededor del mundo. Lo que entendemos como feminismo liberal es un feminismo centrado en las libertades y la igualdad formal, que busca la eliminación de la desigualdad de género, pero a través de medios que sólo son accesibles a las mujeres de élite. Pensamos, por ejemplo, en el tipo de feminismo encarnado por mujeres como Hillary Clinton. O, también, el tipo de feminismo que en Europa se está convirtiendo en aliado de los Estados para el apoyo a políticas islamófobas "en nombre de los derechos de las mujeres", como detalla Sara Farris en su reciente libro (In the Name of Women′s Rights: The Rise of Femonationalism).


Para ser clara, es un tipo de feminismo que persigue la igualdad de género en el interior de una clase específica, la privilegiada, dejando atrás a la gran mayoría de las mujeres. El feminismo del 99% es una alternativa al feminismo liberal, ya que es abiertamente anticapitalista y antirracista: no separa la igualdad formal y la emancipación de la necesidad de transformar la sociedad y las relaciones sociales en su totalidad, de la necesidad de superar la explotación del trabajo, el saqueo de la naturaleza, el racismo, la guerra y el imperialismo. Finalmente, se posiciona directamente como parte del transfeminismo, defiende los derechos y necesidades de las trabajadoras sexuales y busca alianzas sociales y políticas con todos los movimientos que luchan por un mundo mejor para el 99%.


-¿Cree que el nuevo movimiento de mujeres que se está desarrollando en todo el mundo podría ser la avanzada de un retorno más general de la lucha de clases?


Esa es mi esperanza, y también mi apuesta. En primer lugar, esta nueva ola feminista es la única movilización transnacional existente que reúne a millones de mujeres y hombres de todo el mundo. En segundo lugar, en algunos países ya se hace difícil distinguir claramente la lucha de clases del movimiento feminista: pienso sobre todo en Argentina, por supuesto, pero también en España o Italia. Creo que quienes están sinceramente interesados en revivir la lucha de clases deberían dejar, de una vez por todas, las actitudes divisionistas y despectivas hacia esta nueva ola feminista; dejar de pensar que las movilizaciones feministas son una antítesis de la lucha de clases o, en el mejor de los casos, un complemento externo. Prefiero invitar a pensar en la nueva ola feminista como un proceso de radicalización y politización en el que la subjetividad de las trabajadoras –a menudo jóvenes, precarias, mal pagadas, no remuneradas, explotadas y acosadas sexualmente en el lugar de trabajo– está emergiendo como una subjetividad combativa y potencialmente anticapitalista.


- Parece que, en las luchas actuales y futuras de la clase obrera, las mujeres van a desempeñar un papel protagónico. ¿Ya lo están haciendo?


Hay un fenómeno interesante para tener en cuenta: estamos viendo un aumento significativo de huelgas y movilizaciones en los lugares de trabajo dentro del ámbito de la reproducción social. Pensemos en las huelgas de maestras en Estados Unidos (huelgas ilegales, que están cambiando significativamente la dinámica del movimiento obrero), la huelga de las trabajadoras de la sanidad en la India, o la de maestras en Brasil. Se trata de huelgas en las que las trabajadoras son mayoría y tienen un papel clave. Aunque no existe un vínculo explícito entre estas huelgas y la Huelga internacional de mujeres de los últimos años, creo que el movimiento feminista está desempeñando un papel en el empoderamiento de estas mujeres, demostrando que la rebelión es posible y necesaria.


-En las movilizaciones feministas (en España o Argentina) se escucha cada vez más: "Patriarcado y capital, alianza criminal". ¿Se reabre el debate sobre la relación entre la opresión de género y el capitalismo?


Bueno, creo que la razón es que estamos volviendo a pensar en fenómenos estructurales y en la complejidad de las relaciones sociales, mientras que en las últimas décadas la mayor parte del feminismo estaba inmerso en el llamado "giro lingüístico", centrándose especialmente en temas de lengua, cultura y relaciones interpersonales de poder. Desde este punto de vista, es una señal muy positiva que las jóvenes activistas y pensadoras feministas se interesen en comprender la conexión estructural entre la opresión de género y el capitalismo, en entender las causas profundas de nuestra situación actual.


-En varios artículos, polemiza con las tesis del "sistema dual", que definen al capitalismo y al patriarcado como sistemas autónomos. ¿Por qué considera incorrecta esa teoría y qué consecuencias prácticas tiene esto para el movimiento de mujeres?

Existen varias versiones de la teoría de los "sistemas duales", con diferentes consecuencias políticas. La más clásica, influenciada por el feminismo materialista francés, termina –de una manera u otra–conceptualizando la opresión racial y de género como sistemas de relaciones de explotación; por lo tanto, conceptualizan el sexo como clase. Estoy simplificando demasiado; la teoría ha tenido varios desarrollos en las últimas décadas, y ha llegado a conclusiones más matizadas en algunos autores. Sin embargo, mis objeciones son de dos tipos. Primero, si entendemos el sexo como clase, entonces también tenemos que interpretar la opresión sexual y de género como antagonismos de clase, lo que básicamente descarta las posibilidades de alianzas y luchas comunes (entre mujeres y hombres). Para decirlo simplemente: no haría una alianza con mi patrón. En segundo lugar, si sexo, raza y clase expresan tres sistemas autónomos que se entrecruzan o combinan, no queda claro en absoluto por qué lo hacen: ¿cuál es la razón? De hecho, la verdad es que en algunos casos las formas tradicionales de opresión de género entran literalmente en conflicto con los intereses capitalistas....


-En contraposición a las teorías “duales”, defiende la importancia del concepto de ‘reproducción social’ para una teoría feminista marxista…


La forma en que interpreto esta relación –junto con autores como Nancy Fraser, Tithi Bhattacharya, Sue Ferguson, Sara Farris, David McNally y otros– se basa en la noción de reproducción social. En pocas palabras, se refiere a las actividades y el trabajo que implica la reproducción biológica, cotidiana y generacional, de la fuerza de trabajo. Pero seamos claros: reproducir la fuerza de trabajo significa reproducir las personas y la vida. Esto no se limita a la mera subsistencia o las necesidades de supervivencia, sino también a la satisfacción de necesidades más complejas y la reproducción de habilidades que contribuyen a convertir la fuerza de trabajo en esa mercancía especial que se puede vender en el mercado capitalista.


Estamos, por tanto, hablando de la socialización de los niños, de la educación, pero también de la sanidad y los servicios sociales. La mano de obra en este tipo de actividades está fuertemente feminizada en dos sentidos: la gran mayoría de las trabajadoras (asalariadas y no asalariadas) son mujeres, y sus condiciones laborales se encuentran entre las más explotadas.


-¿Y cómo se relacionan opresión y explotación con la esfera de la reproducción social?


La clave para entender qué tiene que ver la reproducción social con la opresión de género (y en parte la opresión de raza), es que la reproducción social –bajo el capitalismo– está necesariamente subordinada a la producción en función de ganancias.


La paradoja es que el capitalismo necesita que haya reproducción social y que sea relativamente funcional, pero no quiere pagar el costo por ello. Especialmente porque todas las actividades de la reproducción social tienen baja tecnología y mano de obra intensiva, lo que significa que son costosas. La forma en que los capitalistas (y los estados) logran mantener estos costos lo más bajos posible varía, pero podemos identificar algunos fenómenos comunes: el aumento del uso de mano de obra migrante mal remunerada y no organizada en sectores privatizados (por ejemplo, los migrantes que cuidan a dependientes o ancianos); los recortes en el gasto social y en los servicios sociales que obligan a las mujeres y a las personas feminizadas a realizar esta labor gratuitamente en el hogar; la mercantilización de los aspectos más rentables del trabajo reproductivo social –cadenas de restaurantes, lavanderías, etc.– empleando, una vez más, mano de obra migrante barata.


-Podemos concluir que la explotación de clase, las opresiones de género y raza, forman una totalidad compleja en el capitalismo…


Hay mucho más que decir sobre estos procesos, la teoría de la reproducción social no lo explica todo, pero nos proporciona las herramientas teóricas para ver cómo fenómenos aparentemente desconectados tienen lugar en un contexto de relaciones sociales de producción y reproducción, que aprisionan la vida de las personas, limitan enormemente las opciones disponibles y organizan y restringen la temporalidad de nuestras vidas.


Por Josefina L. Martínez

CTXT

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Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo: Millones de argentinas y latinoamericanas ansían con esperanza ¡Que sea Ley!

Es un momento histórico importante. Los ojos y el corazón de millones de mujeres argentinas y latinoamericanas estarán puestos este 8A en el recinto del Senado de la Nación Argentina, en el que se debatirá la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, ya con media sanción en la Cámara de Diputados.

Una marea de mujeres de todas las edades se apresta a velar en las calles por su derecho a decidir, ataviadas con el mítico pañuelo verde que ya ondea como bandera en toda América Latina.


Una gran cantidad de argumentos fueron expuestos en el debate desarrollado durante las sesiones previas y las previstas para el tratamiento parlamentario de la Ley. La controversia – y como no había sucedido en ningún momento de la gestión macrista en el ejecutivo – transformó el parlamento en un verdadero foro y se constituyó en una extensa muestra de real discusión democrática, con participación de organizaciones y referentes sociales, de académicxs, de activistas, desde diversos ángulos y posturas de la sociedad.


Debate que logró unir adversarios políticos, aspecto imprevisto para un gobierno que hizo lugar a la instalación del tema para distraer y que apuntó a dividir a potenciales aliados para evitar una contundente oposición a su programa antisocial.


La estrategia gubernamental se dirigió a clavar una cuña entre las agrupaciones opositoras de raigambre católica, en particular en el peronismo. El tiro por elevación se dirigió también contra los movimientos sociales de base que la iglesia romana está apoyando para reinstalarse en los sectores populares y recobrar así, al menos en parte, una influencia otrora absoluta, hoy parciamente desplazada por las legiones pentecostales en muchas periferias de la región.


A su vez, el activismo feminista – que desde hace tiempo venía reclamando que ni los espacios conservadores, ni los progresistas, ni siquiera aquellos revolucionarios, colocaron el tema en la agenda política – aprovechó el espacio y el clamor se extendió. Ganó los colegios, los hogares, la plaza pública.


Sacar la cuestión del aborto de su ocultamiento forzado, socializar su realidad cotidiana, develarlo como una problemática social, destacar la desigualdad que expone, todo ello significó en sí mismo una primera gran victoria.


Y ante el debilitamiento de un patriarcado de siglos, una decidida marea feminista encarnó en una porción mayoritaria de la generación joven y generó la presión suficiente. Esto abrió las puertas a la inminente posibilidad de aprobación de una ley que garantice, a todas las mujeres que decidan interrumpir un embarazo no deseado, una adecuada protección médica, el acompañamiento del Estado y la correspondiente equidad que proveen la gratuidad y la legalidad.


La sanción definitiva de la Ley en Argentina – cuya aprobación pionera en la región corresponde a Uruguay – desataría un efecto dominó de proporciones indetenibles en América Latina, masificando el reclamo, colocando el tema entre las prioridades y poniendo en jaque a los gobiernos de todos los signos políticos.


Es probable que todo ya haya sido dicho en las incalculables discusiones sostenidas. Pero en circunstancias tan relevantes como ésta, la historia exige no guardar silencio y sentar posición, dejando de lado toda pretensión de originalidad o exégesis.


Desigualdad social- embarazo adolescente- desigualdad social: un ciclo nefasto


El embarazo no deseado es un motor primario entre las causas de pobreza, de desigualdad de género y de privación de futuro elegido para millones de adolescentes y niñas.


Según cifras actualizadas, en el mundo tan sólo el 52% de las mujeres casadas o en otro tipo de unión es libre de tomar sus propias decisiones respecto a las relaciones sexuales, el uso de anticonceptivos y la atención sanitaria.


Por otra parte, los embarazos no deseados ocurren con mucha mayor frecuencia en contextos de pauperización y segregación. Los datos son contundentes: En Argentina, por ejemplo, según se informa en una nota del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), nueve de cada diez madres de 15 a 19 años pertenecen al 30% de los hogares de menores ingresos.


La misma nota señala que “15% de los bebés que nacen al año tiene una madre adolescente menor de 20 años” y que “el 67% de esos embarazos no es intencional o planificado”. En gran parte de los casos, la maternidad a temprana edad va de la mano con el abandono de la escuela: el artículo citado puntualiza que “un 30% de las mujeres de entre 15 y 29 años que abandonó el secundario lo hizo por embarazo o maternidad”. Con ello, se recortan las posibilidades de formación profesional y se cierra el círculo de pobreza, dependencia económica y desigualdad.


Este es el cuadro real de una de las principales fuentes de reproducción de miseria y de vulneración de igualdad de oportunidades en toda América Latina y el mundo. La legalización de la interrupción voluntaria del embarazo no deseado es un aporte importante a la lucha por superar la exclusión y la postergación de la mujer.


La prohibición mata, la culpa asfixia


Nada nuevo diremos confirmando que muchas muertes podrían ser evitadas brindando un marco legal a procedimientos de aborto que, al desarrollarse de manera clandestina, lo único que garantizan es un alto grado de riesgo para la mujer. Esto se verifica, nuevamente, en los estratos más pobres, en las periferias urbanas y en entornos rurales.


La criminalización de un número significativo de mujeres en una situación comprometida es de por sí un hecho inaceptable. Mucho más si el mismo hecho, en la mayor parte del mundo, está legalmente garantizado.
Por otro lado, la prohibición no detiene ni minimiza el número de abortos. Simplemente los oculta, los exilia, los complica.


Pero hay acaso un arma tan o más letal que se introduce en la argumentación antiabortista, una sustancia invisible que envenena por dentro. Que es infinitamente más dolorosa, que también mata, pero más lentamente. Es la culpa inducida. Es la acusación de asesinato inoculada por una moral acusadora y ciertamente hipócrita, a juzgar por los actos de muchos de los que la defienden y promulgan.


La culpa debilita, atemoriza y justifica el castigo. En definitiva, la culpa es un mecanismo de control. Un instrumento para mantener la sumisión. Por eso es que la culpa la promueven quienes detentan un poder conquistado a base de imposiciones y no desean perderlo. Es tiempo de acabar con el tormento de la culpa. Ella es la verdadera asesina y sus cómplices, quienes la multiplican.


La ley que permita el aborto, en tanto norma democráticamente sancionada, en tanto canon de moralidad social aceptado, en tanto posibilidad de elegir con mayor libertad las propias acciones, es un aporte a la liberación de la culpa y por tanto, de ganar en fortaleza y felicidad interior, lo cual, indudablemente es el objetivo de toda construcción social evolutiva.


La lucha perenne entre lo humano y lo natural


De trasfondo, la pugna que suscita el tema de la interrupción voluntaria de un “hecho natural”, es entre los defensores de un derecho natural, dado, divino e inconmovible y quienes apuestan por el desarrollo humano a partir de la intencionalidad presente en su conciencia y expresada en sus actos. Entre un destino impuesto y un futuro construido desde un impulso interior. Entre un espíritu esclavo y una redención creativa.


Es justo reconocer que el ser humano es – paradójicamente “por su propia naturaleza”- un transgresor, un transformador, un inconforme y un rebelde a las condiciones impuestas por la misma naturaleza. En su respuesta no mecánica ante cualquier acontecimiento, reside su posibilidad de elegir y de cambiar lo dado.

Es la eterna lucha entre la inmovilidad y la intención transformadora, ésta última tarde o temprano, invencible.


Progresión histórica de derechos


Ver en perspectiva histórica aclara el panorama. Si uno observa la progresión histórica en la conquista de derechos, es evidente que el avance de los derechos de las mujeres es indetenible.


Hubo un larguísimo tiempo en que la mujer era apenas un instrumento de procreación, un mero apéndice de la voluntad masculina, que decidía de forma omnímoda sobre la vida de toda mujer a su alrededor. Un tiempo en que no existía divorcio, o que éste requería de la voluntad masculina para realizarse. Un tiempo en que la mujer no podía amar a quien quisiera.


Hubo que luchar con determinación para que la mujer tuviera derecho a votar, a constar como propietaria de tierras, pudiera estudiar o ejercer determinadas profesiones. Para poder ser recibida en todos los ámbitos con deferencia, respeto e igualdad de condiciones. Muchas trabas fueron removidas – aunque aún de forma parcial – para que cada vez más mujeres asuman posiciones decisivas en ámbitos políticos, sindicales o empresariales.


Aunque buena parte de esta flagrante discriminación va siendo dejada atrás, importa recordar lo que sucedió. No solamente para disponerse decididamente a reparar tamaña injusticia, sino también para no interponerse inútilmente ante transformaciones que sin duda ocurrirán. Es más, mirar en perspectiva alienta a convertirse en protagonista de dichos cambios. Las mujeres que hoy empujan el avance de derechos, son heroínas históricas, como lo fueron, sin duda alguna, sus miles de antecesoras.


¡Que sea Ley! Porque así lo requiere el avance de derechos y en definitiva, la historia.

 

06.08.2018 - Córdoba, Argentina - Javier Tolcachier
Pressenza

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Foto: Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito

Eran casi las 10 de la mañana (hora local) cuando después de 22 horas de sesión en el Congreso, rodeado desde el miércoles por una multitud de mujeres –y también de hombres–, especialmente jóvenes, se escuchó un grito de miles de voces que se extendió por varias calles: los diputados dieron media sanción a la ley para legalizar el aborto seguro y gratuito después de una lucha feminista de más de 30 años, que en los últimos tiempos inundó de pañuelos y banderas verdes las avenidas de esta capital y del interior de Argentina.

Todo esto sucede en el contexto de una crisis que va en aumento, que este jueves llevó al despido, o renuncia, del presidente del Banco Central, el derechista Federico Sturzenegger, remplazado por Luis Caputo, hombre que manejaba las cuentas offshore suyas y de millonarios empresarios de Argentina en el exterior; el dólar se disparó a 28.40 pesos y se conocieron las condiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI ) que son consideradas un golpe contra el pueblo argentino. La noche de este jueves hay reuniones urgentes en la residencia presidencial, en un ambiente tenso.

En tanto la manifestación multitudinaria pro ley de despenalización del aborto se mantuvo desde el miércoles alrededor del Congreso, mientras en cantidad mucho menor, separadas por unos 50 metros, estaba la marcha antiaborto, con banderas celestes y blancas. Era evidente que las "verdes" ya habían ganado la lucha en las calles.

La votación terminó con 129 votos en favor, 125 en contra, y una abstención, pero llegar a esto tardó años. El bloque oficialista, que en su mayoría estaba en contra, quedó dividido en este caso, y la iniciativa para legalizar la interrupción del embarazo tuvo apoyo de otros sectores que se identifican con la derecha a nivel nacional.

Ahora la ley debe pasar al Senado, una cámara más conservadora e influenciable por los gobernadores, incluso los opositores, a quienes suele presionar el gobierno de Mauricio Macri amenazándolos con retener los fondos provinciales, aunque en los últimos días la "obediencia debida" se está resquebrajando. Las organizaciones feministas contaron también con el apoyo de estudiantes de niveles básico y superior, que tomaron escuelas y universidades y ya se preparan para este nuevo paso, aunque hay votos cantados a favor de la ley.

La iniciativa contempla, entre otros puntos, la posibilidad legal de abortar hasta la semana 14 de gestación, de manera gratuita, en los hospitales públicos.

A esta alegría, una de las pocas que se viven en estos momentos, se unió un paro de los camioneros de tres centrales sindicales, la Confederación de Trabajadores de la Educación y gremios que están en la Confederación General del Trabajo (CGT), que decidió una huelga nacional y general para el 25 de junio.

La manifestación de los huelguistas este día fue también multitudinaria, acompañada por movimientos sociales y discursos cada vez más duros y unitarios, en momentos en que nuevamente se disparó el dólar, lo que significa otro nuevo incremento de precios, cuando ya la inflación también se disparó por sobre todas las previsiones.

Asimismo, al conocerse las condiciones impuestas por el FMI para acordar el préstamo stand by que el Ejecutivo negoció por 50 mil millones de dólares, en el que el gobierno de Mauricio Macri reconoce oficialmente que debe continuar reduciendo los subsidios a la energía y el transporte, eliminando puestos de trabajo en el sector público, el congelamiento de nuevas contrataciones y el achicamiento de 15 por ciento de los gastos en compras de bienes y servicios del Estado y autoriza a terminar con el Fondo de Garantía Solidaria destinado a los jubilados, lo que dejará a este sector sin ninguna protección.

Ayer por la tarde sectores opositores anunciaron que pedirán a la justicia que no deje salir a Sturzenegger del país y diputados del bloque Frente para la Victoria-Partido Justicialista (FpV-PJ) firmaron un proyecto de la legisladora y economista Fernanda Vallejos que rechaza el acuerdo unilateral que el gobierno firmó con el FMI y advierte que esto debe pasar por el Congreso, por las consecuencias negativas que tendrá para la población que, como se vio en las manifestaciones de este día, está dispuesta a resistir.

El proyecto rechaza el acuerdo y especialmente las condiciones impuestas sobre la "política económica" y las previstas sobre "políticas sociales, laborales, autonomías provinciales y decisiones de futuros gobiernos, y además viola los principios esenciales de la Constitución referidos a la división republicana de poderes del Estado, el federalismo, derechos del trabajo, seguridad social, y la potestad exclusiva del Congreso para el tratamiento de las cuestiones de deuda soberana".

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Lunes, 28 Mayo 2018 10:01

Eyacular: venirse a chorros

La idea de venirse a chorros se ha vuelto un fetiche cada vez más presente en círculos feministas, pero también en la estética porno y en los consejos de sexualidad de las revistas. Sin embargo, hay tendencias que sostienen que no es posible una eyaculación femenina. ¿Mito o realidad? ¿Alguna vez ha experimentado una eyaculación o sabe cómo producirla?

 

Si le preguntamos a Wikipedia qué es la eyaculación femenina, nos dirá que es un asunto controversial. La literatura científica emite dudas de la probabilidad fisiológica que posibilita la eyaculación y argumentará que sin completa certeza no se puede hablar de un patrón, aunque algunas mujeres dicen eyacular y, en efecto, expulsan grandes cantidades de líquido durante el acto sexual, el cual tiene componentes que están presentes también en la orina, por lo que hay cierta correlación, que puede llevar a la duda y, sobre todo, a tener un momento incómodo durante el acto sexual.

 

Para hablar de eyaculación femenina debemos adentrarnos en los terrenos desconocidos de nuestra propia anatomía, en primer lugar porque suele decirse que la eyaculación ocurre durante el orgasmo de una mujer, lo que no es cierto. Tanto hombres como mujeres pueden vivir estos dos fenómenos simultáneos –más común en los hombres–, pero también en momentos distintos.

 

¿De dónde proviene la eyaculación?

 

El orgasmo femenino es provocado por el clítoris, un órgano más grande de lo que se piensa, pues además de la cabecita visible arriba de los orificios vaginales y de la uretra tiene dos patas con tejidos eréctiles (ver imagen). El clítoris tiene erecciones cuando esta excitado, es decir se hincha, se hinchan los labios y toda la zona. Puede estimularse este órgano tocando la parte visible, directa o indirectamente, pero también desde las paredes de la vagina, especialmente desde la parte superior, dos centímetros hacia dentro, como empujando hacia el hueso púbico. Ahí, en ese tejido rugoso se encuentra lo que llaman próstata femenina, glándulas de skene o punto G, dependiendo en dónde se indague. Estas glándulas son las que producen el fluido que se eyacula.

 

¿Cómo se eyacula?

 

Todas somos distintas, pero hay mecanismos que ayudan. Una vez excitada –después de unos orgasmos, por ejemplo– se sigue estimulando la punta del clítoris y puede presionarse la próstata; se siente hinchada y rugosa, y cuando nos dan ganas de orinar, en vez de contraer los músculos para detener el fluido, se expulsa. Puede necesitarse mucha práctica, y hacerlo fuera de la cama donde nos da miedo hacer reguero (ver imagen paso a paso para masturbarse).

 

¿Qué se eyacula?

 

Estudios tuvieron que reconocer el fenómeno, pero siguen insistiendo en que a veces, o más bien, la mayoría de los casos, es orina, aunque ya se sabe que contiene –como el esperma masculina– alta concentración de antígeno prostático específico, fosfato ácido prostático, fosfatasa ácida específica de próstata y glucosa. Intentan separar la verdadera eyaculación que sería de poca cantidad con el “squirting” –el chorro– que sería mezclado o totalmente hecho de orina, según las versiones.

 

Sin embargo, lo más contundente son los numerosos testimonios de su sabor dulce, su textura y su olor que dejan claro a quienes nos conocemos que no es orina. El fluido puede tener aspecto mucoso, de color claro, lechoso o amarillento, o puede ser tan claro como el agua. Esto depende de varios factores, como la cantidad de líquido eyaculado, el momento del ciclo menstrual o los diferentes tipos de excitación.

 

¿Y nadie nos dice nada?

 

Algunas mujeres eyaculamos porque queremos, pero para otras ha sido un fenómeno incontrolable. Muchas mujeres sufren al pensar que se están orinando, incluso hay médicos que sugieren la ablación del clítoris como remedio a lo que llaman incontinencia. Diana T. es una de estas mujeres que tras descubrir en el 2005 que aquel liquido no era orina, escribió un libro donde cuenta ese largo camino de descubrimiento “coño potens”, en España, y “Putcha Potens”, en América Latina. Otras, antes de ella, se dedicaron desde los márgenes de la sociedad a difundir esa maravilla, como lo ha hecho en sus películas porno-educativas Nina Hartley.

 

La eyaculación femenina es un aspecto más para explorar dentro de la sexualidad y los placeres femeninos, querer hacerlo, poder hacerlo o no, son posibilidades abiertas, no debe ser visto como una obligación o como tabú. Vamos conociéndonos para que nuestros cuerpos disfruten la sexualidad de la manera más plena y placentera posible.

Publicado enEdición Nº246
¿Qué es lo que nos une, el género o la clase?

Aportes para la construcción de un feminismo clasista al servicio de la mujer trabajadora.

 “Mientras que para las feministas la consecución de la igualdad de derechos con los hombres en el marco del mundo capitalista actual representa un fin lo suficientemente concreto en sí mismo, la igualdad de derechos en el momento actual para las mujeres proletarias es solo un medio para avanzar en la lucha contra la esclavitud económica de la clase trabajadora” (Alexandra Kollontai, Los fundamentos sociales de la cuestión femenina)

El movimiento feminista en Chile hoy atraviesa un momento de auge, se habla de una nueva ola feminista que ha sido capaz de instalar en el debate público nacional demandas que son propias de las mujeres. Es así, como durante las últimas semanas, y a raíz de los reiterados casos de acoso y abuso sexual al interior de universidades y colegios del país, las organizaciones feministas -pertenecientes principalmente al sector estudiantil- han radicalizado el conflicto por medio de acciones tales como los paros y tomas en diversos establecimientos educacionales, además de la realización de movilizaciones masivas contra la denominada “cultura de la violación”, la que se entiende como un problema sociocultural que naturaliza y normaliza la agresión y dominación sexual de los hombres hacia las mujeres. En ese sentido la cultura de la violación es una manifestación ideológica del Patriarcado, y ha sido promovida durante años en las distintas esferas de la sociedad, incluyendo la educación.

En relación a esto, desde un sector del movimiento feminista en Chile (y también en el mundo) las demandas que han emanado apuntan directamente al Patriarcado como causante de la situación de violencia que viven las mujeres, y asimismo, plantean su abolición como la solución de dichos conflictos. Estas demandas tienen un carácter policlasista, es decir, serían transversales a “todas” las mujeres, sean blancas, negras, mestizas, chilenas, mapuches, migrantes, pobres o ricas. En ese sentido, la lucha feminista hegemónica entiende que acabando con el patriarcado se acaba el problema de la mujer, apuntando por sobre todo a la igualdad entre géneros. Sin embargo, esta visión pierde de vista que el Patriarcado no opera aisladamente, existe una alianza entre el Patriarcado y el Capitalismo, el cual genera, primeramente, una división de clases al interior de la sociedad, lo cual forja diferencias significativas entre las condiciones de vida de las mujeres pertenecientes a la clase trabajadora y aquellas mujeres que pertenecen a la clase dominante.


Esta alianza se expresa en términos materiales-productivos y también en aspectos ideológicos por medio de las diversas formas de opresión hacia la mujer (económica, política, social, cultural y sexualmente). En términos materiales, el capitalismo patriarcal permite devaluar aún más la fuerza de trabajo de la mujer, por medio de la denominada “división sexual del trabajo”, que otorga mayor especificidad a la explotación distribuyendo los empleos según sexo, destinando a las mujeres a aquellos sectores laborales asociados a funciones secundarias, como por ejemplo el área de servicios, que es un sector altamente precarizado (más del 70% de la masa laboral la componen mujeres), a lo que se suma el trabajo doméstico que es trabajo gratuito que hacen las mujeres en el hogar, el cual permite reconstituir la fuerza de trabajo que requiere el capitalismo para funcionar, así como reproducir mano de obra, generando la condición de doble explotación que viven las millones de mujeres pertenecientes a la clase trabajadora.

En ese sentido, consideramos que los intereses de clase dividen a las mujeres, y por lo tanto la estrategia de lucha al interior del movimiento feminista dependerá de la perspectiva de clase que impere. En relación a esto, el movimiento feminista chileno –sector estudiantil principalmente- alberga en su seno distintos sectores que se disputan la conducción y hegemonía, sin embargo, las principales corrientes son dos, por un lado están los sectores reformistas pequeño-burgueses que gracias a su presencia partidaria (NM, FA) han alcanzado notoriedad e incidencia pública, demandando igualdad de género, hablando de empoderamiento femenino, celebrando como grandes victorias de las mujeres la Ley de Aborto en 3 causales o la Ordenanza municipal Contra el acoso callejero, en resumen, son aquellos sectores que plantean que las demandas de la calle hay que llevarlas al parlamento para que se conviertan en Ley.

Por otro lado, también con alta presencia en el movimiento feminista estudiantil, están los sectores que se identifican con el feminismo radical, que postulan que sería la toma de conciencia individual de las mujeres y el autoconocimiento lo que las liberaría de su condición de opresión, se caracterizan por levantar espacios de carácter separatista sustentados en la idea de sororidad. Pero estas corrientes, que son las de mayor influencia al interior del movimiento feminista, apuestan por soluciones que están dentro de los parámetros del sistema capitalista en el marco de la liberación individual, ya sea por medio del reformismo o por medio de acciones paralelas a este pero que acaban conviviendo con el sistema sin cuestionar su existencia de manera concreta.


Ambas expresiones del feminismo tienen mayor cercanía con corrientes liberales que clasistas, lo que se expresa en acciones como mujeres defendiendo a las carabineras de los hombres que están protestando junto a ellas, en el separatismo y discriminación de hombres que también son parte de los explotados por la clase dominante. Para las y los clasistas, el feminismo debe ser entendido en el marco de la lucha de clases, si pierde este enfoque se vuelve antirrevolucionario.

En ese sentido, el feminismo liberal y policlasista se transforma en un retroceso para la clase trabajadora, dividiéndola por género y desviándola de sus necesidades e intereses más estratégicos. Por eso creemos que hoy una tarea urgente es construir feminismo de clase, que reconozca la alianza indisociable entre patriarcado y capitalismo como la fuente de opresión y doble explotación a la que estamos expuestas las mujeres pertenecientes a la clase trabajadora, y que la única manera de vencer es por medio de la organización y la lucha de nuestra clase, es decir, por medio de la unidad de las mujeres y hombres de la clase trabajadora que son los únicos que podrán generar las transformaciones que el conjunto del pueblo necesita.


Para esto debemos avanzar en la elaboración de una línea política feminista de carácter clasista y revolucionaria, que apunte a la emancipación de la mujer y la liberación de la clase trabajadora en su conjunto. Para avanzar en este cometido, como AIT proponemos algunas tareas esenciales para el presente, en primer lugar, el levantamiento de sindicatos clasistas, combativos y antipatriarcales, con fuerte arraigo en las bases y que trabajen desde la autonomía sindical, es importante, además, que sean sindicatos que enfrenten la sub representación femenina en el mundo sindical promoviendo la afiliación y participación activa de las compañeras, tanto en su rol de bases y dirigencias. Por otro lado, se hace necesario implementar estrategias que permitan abordar y dar respuesta a los conflictos que viven las mujeres al interior de los espacios laborales, ya sea levantando comisiones de mujeres, asignando una encargada, etc.

Asimismo, se debe potenciar el levantamiento de sindicatos en sectores feminizados como sector los diferentes rubros de servicios (salud, educación, retail, call center, manipuladoras de alimento, empresas de aseo, entre otros). En la misma línea, una segunda tarea es instalar demandas propias de las mujeres pertenecientes a la clase trabajadora, tales como el derecho a una maternidad protegida o terminar con la brecha salarial entre hombres y mujeres que realizan las mismas tareas.

Para esto es necesario hacer uso de todos los medios que estén a nuestra disposición, generando consignas únicas que puedan desplegarse a nivel nacional, levantando petitorios con demandas feministas al interior de los sindicatos (como el derecho a sala cuna para madres y padres), etc. Otra tarea fundamental en los sindicatos y otras organizaciones de trabajadores/as, es la necesaria politización de las mujeres, apuntando al fortalecimiento de la conciencia de clase, creemos que sin politización es imposible levantar organizaciones fuertes que luchen por la emancipación de las mujeres de nuestra clase (y del pueblo en su conjunto).

Por último, se hace absolutamente necesario abordar el feminismo desde el mundo del trabajo, ya que las mujeres estudiantes no han instalado las demandas propias de la mujer trabajadora, vinculada con su doble explotación como expresión material del capitalismo patriarcal.

Asimismo, es fundamental avanzar hacia la articulación de los distintos sectores que hoy trabajan desde un feminismo de carácter clasista, de tal manera de fortalecer esta perspectiva convirtiéndonos en una alternativa al interior del movimiento popular.

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Lunes, 23 Abril 2018 05:59

Vanguardia

Vanguardia

Las mujeres son la vanguardia de la resistencia y rebelión en la era de Trump. Maestras, estudiantes, actrices, jornaleras, atletas, sindicalistas, entre otras, fueron las primeras en repudiar de manera masiva al nuevo régimen, y son las que podrían traducir la resistencia en cambio y con ello rescatar a este país.

Un presidente abiertamente misógino acusado de hostigamiento y abuso sexual por unas 20 mujeres, y que ha sido grabado hablando de su derecho, por ser famoso, a tocar los genitales de cualquier mujer, rodeado de otros que son cómplices en todo esto (incluidas varias mujeres), que promueve políticas formuladas por derechistas religiosos, ha detonado una respuesta masiva de mujeres en todos los ámbitos públicos. Vale recordar que la primera respuesta masiva a Trump fue la Marcha de las Mujeres al día siguiente de rendir protesta como presidente, cuando millones marcharon en Washington y otras ciudades y pueblos del país.

Dentro del ámbito formal del juego poítico, el número de mujeres que se han registrado o que han indicado que pronto serán candidatas electorales a nivel federal, estatal y municipal nunca ha sido mayor en la historia del país. Para los puestos federales hay por ahora 472 mujeres contendiendo para la Cámara de Representantes, y unas 57 para el Senado, casi el doble de las que se inscribieron para la pugna electoral de ambas cámaras en 2012. El número de mujeres que buscan una gubernatura también es sin precedente: 78. La abrumadora mayoría de las candidatas son demócratas, lo cual indica que la ascensión de Trump tiene mucho que ver con sus decisiones; muchas de ellas confirman eso, incluso varias dicen que esa fue la razón por la cual decidieron participar. Entre ellas, según expertos, también hay mayor diversidad de raza y con muchas más inmigrantes.

Hoy día, menos de 20 por ciento de curules en el Congreso están ocupadas por una mujer (del total de 535, sólo hay 22 en el Senado y 83 en la cámara baja), y todos esperan que eso cambiara en noviembre. Según EMILY’S List, organización demócrata de promoción de mujeres en el mundo político, unas 34 mil mujeres interesadas en concursar en elecciones a todos los niveles se comunicaron con la organización desde el día en que fue electo Trump. Stephanie Schrlock, directora de la organización liberal, declaró en una entrevista reciente que estas son mujeres que "desean cambiar el panorama político" para siempre, y que ella considera que esto es parte de la necesidad de "salvar nuestra democracia".

El movimiento magisterial que está sacudiendo las regiones pobres y más republicanas del país está compuesto en su gran mayoría de mujeres; 77 por ciento de la fuerza laboral de educación son mujeres a nivel nacional. Las huelgas y movilizaciones que han sorprendido –y asustado– a las cúpulas en estados como West Virginia, Kentucky, Oklahoma y ahora Arizona por su militancia no sólo exigen alzas salariales y mejores beneficios para los maestros, muchos de los cuales han tenido que trabajar en empleos secundarios para sobrevivir, sino por una mayor inversión en la educación pública. Estudiantes, sobre todo niñas, han declarado que sus maestras son sus "héroes", lo cual se ha manifestado en un creciente apoyo comunitario y, a la vez, una creciente alarma entre la cúpula política casi completamente masculina.

Hablando de estudiantes, Emma Gonzalez, de 18 años, sobreviviente del tiroteo masivo en la preparatoria en Parkland, Florida, y entre las líderes del nuevo movimiento estudiantil contra las armas los políticos que tanto las aman, fue seleccionada junto con cuatro de sus colegas por la revista Time la semana pasada como una de las 100 figuras más influyentes del año. Su discurso en la primera manifestación después de los hechos mortíferos se volvió viral, y su nueva cuenta de Twitter, @emma4change, ya tenía más seguidores a dos semanas de iniciarla que la de la @NRA, la Asociación Nacional del Rifle, una de las organizaciones más poderosas de este país.

Al mismo tiempo, el movimiento de hartazgo ante el hostigamiento, abuso y violencia sexual por hombres poderosos en todos los ámbitos –en la política (empezando con el ocupante de la Casa Blanca), en Hollywood (todo empezó con revelaciones obtenidas por periodistas sobre el famoso productor de cine Harvey Weinstein), en el mundo de la moda, el de los museos, en danza, en universidades y más– continúa sacudiendo a fondo a las principales instituciones e industrias del país, y sigue evolucionando en un movimiento bautizado con los hashtags #MeToo y #TimesUp.

Y una mujer ha generado cada vez mayor preocupación para el ocupante de la Casa Blanca: Stormy Daniels, cuyo nombre real es Stephanie Clifford, es la estrella de pornografía cuya lucha para anular un acuerdo para guardar silencio sobre su relación sexual con Trump ayudó a ampliar la investigación sobre posibles maniobras ilícitas del abogado personal del presidente. Daniels, por rehusar callar, ha sido blanco de ataques y amenazas por fanáticos trumpistas, pero ella ha respondido con gran franqueza, recientemente comentó: "no siento vergüenza, no me pueden bulear". Daniels informó que si gana su demanda contra Trump y su abogado, a nombre de ellos donará los 130 mil dólares que le pagaron por su silencio a Planned Parenthood, la organización de servicios de salud para mujeres sin recursos. Algunos indican que es posible que el último capítulo de esta presidencia será titulado: "actriz porno rescata la República".

Hay voces desde hace más de 150 años que regresan como ecos contemporáneos para responder a argumentos igual de añejos. La ex esclava y líder afroestadunidense Sojourner Truth, en un discurso en Ohio en 1851 sobre la igualdad, comentó: "Entonces un pequeño hombre vestido de negro allá atrás, él dice que las mujeres no pueden tener los mismos derechos que los hombres, ¡porque Cristo no fue mujer! ¿De dónde llegó tu Cristo, pero de dónde llegó tu Cristo? ¡De Dios y una mujer! El hombre no tuvo nada que ver con Él".

La vanguardia es sustantivo femenino.

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Amnistía Internacional denuncia la violencia contra la mujer que suponen las leyes contra el aborto en América Latina

"Tiene la obligación legal de proteger la salud y los derechos de las mujeres, no puede adoptar una posición neutral", pide el secretario general de Amnistía Internacional al presidente argentino

Las rigurosas políticas contrarias al aborto de América Latina se han traducido en muertes innecesarias de miles de mujeres, asegura el secretario general de Amnistía Internacional, Salil Shetty. Por eso, Amnistía reclama un impulso decisivo para la legalización del aborto en toda la región.


"La criminalización del aborto es una forma de violencia contra las mujeres. No reduce el número de abortos, simplemente hace que el proceso sea más peligroso", dice Shetty a the Guardian en Buenas Aires, después de un encuentro con el presidente argentino, Mauricio Macri.


Durante una amplia entrevista, Shetty también ha advertido de que la polarización política, la crisis económica y un creciente desencanto con la democracia han llevado a una crisis de los derechos humanos en toda la región. "América Latina siempre fue vista como un área más avanzada en cuanto a derechos en comparación con Asia o África, pero acabamos de vivir un rápido retroceso", explica el especialista.


El tema principal de su encuentro con Macri fue el aborto, que sigue siendo un delito o está restringido en todos los países de América Latina, excepto Cuba y Uruguay. Seis países lo prohíben en todas las circunstancias, mientras que en otros nueve se permite solo cuando la vida de la mujer corre peligro.


Argentina es uno de los países de la región que, en estos momentos, está revisando las estrictas normas sobre el aborto. La semana pasada, el Congreso del país acogió el primer debate sobre el tema por primera vez en la historia, abriendo el camino a lo que probablemente será un largo proceso hacia la despenalización.


El director de Amnistía sostuvo que la restricción del aborto solo obliga a las mujeres a abortar de manera clandestina, lo que supone la principal causa de mortalidad materna en el país.


"En los últimos 25 años, han muerto más de 3.000 mujeres en Argentina como resultado solo de abortos clandestinos. Mientras el debate se produce en el Parlamento, siguen muriendo mujeres por esta causa", protesta Shetty.


Macri ha dicho que él personalmente se opone a la legalización del aborto, pero que permitirá a los parlamentarios de su partido conservador a votar en conciencia el proyecto de ley presentado recientemente que permitiría la interrupción voluntaria del embarazo en las primeras 14 semanas.


Sin embargo, con medio millón de abortos clandestinos cada año en el país, Shetty considera que esta neutralidad no es suficiente. Por eso ha pedido a Macri que apoye abiertamente la despenalización.


Una "posición neutral" no es suficiente


"Tiene la obligación legal de proteger la salud y los derechos de las mujeres, no puede adoptar una posición neutral", es lo que Shetty cuenta que dijo al presidente. Shetty hizo un análisis desalentador de la situación de los derechos humanos en América Latina, señalando el empeoramiento de la crisis humanitaria en Venezuela y la violencia fuera de control en Brasil.


"En Venezuela se está produciendo un sufrimiento extremo", asegura. "Un país que tenía un buen nivel de vida se derrumbó en dos o tres años. Es inimaginable la velocidad a la que pueden salir mal las cosas".


Shetty también ha comentado la preocupación que siente por la creciente polarización política en Brasil, donde las elecciones presidenciales de este año tendrán lugar en un contexto que se ha descrito como el mayor escándalo de corrupción de la historia.


Shetty cree que el asesinato el mes pasado de Marielle Franco –una incansable defensora de los derechos de los afrobrasileños, personas LGTBI, mujeres y grupos de bajos ingresos– fue un recordatorio del riesgo al que se exponen los activistas en toda la región.


Según explica, son los ciudadanos brasileños los que más sufren la violencia entre los narcos y las fuerzas de seguridad. Hace poco, el presidente Temer mandó al Ejército a hacerse cargo de la seguridad en Río de Janeiro, después de una escalada de crímenes violentos callejeros y enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes.


Los activistas han alertado de que la "intervención" puede conllevar todavía más muertes, sobre todo teniendo en cuenta que las fuerzas de seguridad brasileñas han estado implicadas en muertes extrajudiciales. "Un gran número de personas normales y corrientes están perdiendo la vida o están siendo acosadas a diario a causa de la guerra interna", dice Shetty.


Este año habrá elecciones presidenciales en seis países de la región y Shetty advierte de que, al igual que sucede en todo el mundo, la tentación del populismo avanza posiciones por culpa de un sistema democrático que ha fracasado a la hora de proporcionar seguridad económica de una manera continua.


"El modelo político no ha conducido a gobiernos inclusivos o responsables y el modelo económico ha dejado a partes significativas de la población atrás", cuenta. El director de Amnistía también cuenta que le preocupa el vulnerable proceso de paz en Colombia con los rebeldes de las FARC, que puso fin a 52 años de guerra civil, pero que sigue siendo profundamente impopular.


Muchos colombianos se opusieron con vehemencia al acuerdo, que en un primer momento fue rechazado en referéndum. A su vez los antiguos guerrilleros se sienten muy frustrados por la lenta implementación del acuerdo y temen por su propia seguridad. Desde que se firmó el pacto, han matado a 50 excombatientes o familiares de estos, mientras que se cree que 1.200 antiguos rebeldes han vuelto a las armas con grupos criminales.


"La única traza de esperanza real en medio de toda esta locura era Colombia, pero ahora la situación en este país también es muy frágil", concluye el experto.

 

Uki Goñi - Buenos Aires
16/04/2018 - 21:04h
Traducido por Cristina Armunia Berges

 

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Viaje a la dimensión político-estética del Encuentro de las Mujeres que Luchan

Agradezco a Helena Scully y Aura Sabina el haberme refrescado la memoria para consignar aquí algunos nombres.

 

El trayecto


El autobús 6 que salió del centro histórico de la Ciudad de México fue un rico trayecto de pláticas, canciones y música, lectura en voz alta y escritura. Sin contratiempos, lo que no veíamos era el momento de llegar. Por ello, desarrollamos irónicamente la teoría de las dos horas —que consistía en decirnos, pasadas ya las 15 horas de trayecto, que en 2 horas llegaríamos—. Nos llevó 22 horas y media alcanzar el caracol de Morelia, cerca de la ciudad de Altamirano, Chiapas. El tiempo estaba revuelto con nuestras ganas de llegar, el paisaje llenándonos las pupilas de bosques, selvas, montañas, ríos, lagos y lagunas, pueblos y encima cielos despejados. Los acentos e idiomas se multiplicaban —tan sólo cerca de mí, había mexicanas, colombianas, argentinas, españolas e italianas.


Durante la noche del día 7 de marzo, el juego que nos involucró a todas fue un cadáver exquisito de versos libres que cada una escribió. Con el compromiso de compartirlos, aquí (https://archive.org/details/aeml2018) están las fotos y el audio de la lectura por una de las compañeras.


Así comenzó nuestro encuentro.

 

 

Política estética desde las mujeres que luchan


En un mundo donde las mujeres no crearan literatura, música, imágenes, teatro, performances, videos, películas, etc., sólo veríamos tristemente la mitad de la creación y no dudo que la gran mayoría nos provocarían indignación porque acostumbran a dejarnos mal paradas. Pero las mujeres que luchan traen obras con las que nos podemos identificar sin fruncir el ceño o sin sentir un dolor resentido, u otro atorado, o una insatisfacción y disgusto por la omisión de las mujeres, o por el desprecio que nos dirigen por ser mujeres independientes, lesbianas, trans, negras, viejas o pobres... La mañana del 9 de marzo, el asombro me sobrecoge inesperadamente: un grupo de alrededor de 40 o más zapatistas de diferentes caracoles se reúne frente al templete principal para salir con cámaras y grabadoras a cada una de las actividades para hacer su memoria y llevarla a otras mujeres. ¿Cómo son sus políticas de archivo y memoria?, ¿cómo le harán para conservar y difundir estos materiales entre otras mujeres y sus comunidades?, me pregunto.


Como otras compañeras, no dudo en que requerimos darnos una cultura diferente, que nuestros procesos de concientización y politización implican nuestras sensibilidades para vivir mejor con nosotras mismas y para resistir la cultura sexista, violenta y discriminatoria de patriarcados/sistemas de opresión diferentes (liberales o neoliberales, conservadores o modernizados, indígenas u occidentalizados, capitalistas del primer o último mundo, del centro o de la periferia…).


Cuando una se pone a ver y revisar las artes de las mujeres que luchan, desde el principio sabe que esas artes no se separan de la vida ni del ideal de educar nuestra sensibilidad en una vida mejor para nosotras y nuestros mundos. El cambio social se teje con sensibilidades diferentes a las sexistas en cada cuerpo. Para algunas el arte es lo mismo que la política, pero con otros medios; para otras, arte y política utilizan medios similares y no tienen por qué distinguirlos. El “arte” no contiene la vastedad de prácticas feministas y de mujeres que luchan. En todo caso, no queda duda que las actividades del encuentro eran parte de nuestra educación estética, o si se prefiere, artística en un sentido político y vital.


Y si ello es así, todas somos entonces artífices de nosotras mismas, de nuestra sanación, de nuestra expresión por objetivos políticamente vitales y nos enseñamos formas diferentes de sentir y caminos para nuestras voces —para ser reconocidas, para expresar lo que nos pasa y sentimos, para denunciar, para acordar acciones con otras…

 

 


Para evitar el sesgo demasiado fantástico del encuentro, señalo aquí y no al final, que hubo disenso de parte de algunas mujeres por que se presentara un colectivo que ha actuado desde las instituciones y desde el generismo, que la corrupción institucional les dio recursos y se los quitó a proyectos y salarios de [email protected] compañ[email protected] y que tienen incluso actuaciones racistas que ya les han criticado. (¿Habrán cambiado?). También otras compañeras corearon “¡humildad, humildad, humildad!” a otras que subieron a la tarima durante el cierre. No se armaron broncas en ningún caso, o al menos en estos, por respeto al criterio de las zapatistas al abrirles el espacio y por no entorpecer las dinámicas de encuentro. Acerca de otros encuentros dentro del encuentro, algunas lesbianas feministas hablaron de seguir trabajando contra los protagonismos y seguir reuniéndose en sus lugares para lograr en un par de años acciones más coordinadas y extendidas. Otras hablamos de los retos que nos implica extender las redes y, luego con las palabras de la clausura, el no rendirnos, no vendernos, no claudicar. Vemos nuestras contradicciones, nuestras necesidades, oportunidades abiertas y callejones cerrados. Vemos a las zapatistas que, aunque vendan Bimbo, Gamesa y Coca-cola, platos de unicel, además de trabajar y comer de la tierra su maíz, su frijol y sus frutas, siguen adelante en el cambio de conciencia y de vida. No hay purismo ideológico (si lo hubo en nuestras historias, era eso: pura falsa conciencia), no hay caudillismo de mujeres, no hay pruebas previas al cambio social, sino la oportunidad presente y donde estemos de irnos construyendo-deconstruyendo-reconstruyendo…


Así que todo estaba para ver y considerar. No hay fórmulas para hacer o encaminar una revolución, pero escuché las palabras de una guatemalteca mayor de edad de la colectiva Actoras del Cambio que, con el trabajo que ha hecho con otras mujeres que sufrieron violencia sexual durante la guerra, la ha hecho volver a sentir su vagina. Escuché consignas creadas por mujeres y que también grité con mis compañeras, como la de “no estás sola”, “alerta, alerta, alerta que camina la lucha feminista por América Latina”. Escuché nombres de equipos que jugaron en las canchas como Gente de Berta, Las Chingonas, Las que lo Intentan, y otros que olvidé registrar y que se adornaban con lunas y brujería…

 

 


En la presentación de las obras de teatro de las zapatistas, una amiga, escritora y educadora popular, de las feministas en resistencia de Honduras, se preguntaba y nos preguntaba: ¿por qué no son panfletarias estas obras? Aventuré que no son representaciones estrictamente, sino que son ellas quienes, como en un ritual o performance, muestran la narración viva de su memoria, que así escribieron el parlamento y así lo escuchamos y vimos: como afirmación política de que el arte es vida y que está decisivamente de parte de la vida. Una compa zapa de Oventic, de unos cincuenta años, subraya que muchas de las actrices zapatistas se aprendieron los parlamentos de memoria, repitiéndolo una y otra vez, algunas —muy pocas— recurrieron a sus cuadernos. Pero no eran panfletos, aunque satirizaran el trabajo esclavo de Coca Cola, las informaciones tergiversadas de Televisa, a las fuerzas armadas que defienden el capital y que las atosigan. En una escena abrieron paraguas con los nombres de los males que les imponen —y que nos recorren a nosotras también— como las desapariciones o los feminicidios. Nos contaron en el escenario o fuera de él, entre otras cosas, cómo viven las diferencias, graduales y no mágicas, de ser mujeres, antes y a partir del zapatismo y que ya los hombres no pueden emborracharse y pegarles impunemente, y que los penalizan, según sentencie el caracol donde vivan.


En cada taller o charla, imperaba el trabajo por sentirnos a nosotras mismas, de sentir el cuerpo o la cuerpa y de escuchar las palabras propias o las de las otras. Asistí a rituales donde los olores del incienso o el copal, la danza o el canto se regalaban a las anfitrionas o se dedicaban a las ancestras o a la memoria de activistas indígenas de nuestro continente, como el dedicado a Berta Cáceres por Lorena Cabnal y la Red de Sanadoras Ancestrales del Feminismo Comunitario de Guatemala.


Frente a la arremetida sexista y misógina de los medios de comunicación, sonaron por todo el caracol el cuarteto de la banda de mujeres zapas Dignidad y Resistencia, los Batallones Femeninos de Ciudad Juárez, Mare Advertencia Lirika de Oaxaca. Me perdí los sones con jaranas de Ah Perrillas de Oaxaca. En los talleres o en la explanada, las mujeres cantaban, declamaban o leían o creaban poesía, sonaban la batucada, hacían danza… algunas aprendimos autodefensa, otras hicieron yoga…

En tres días, hubo quien se conmovió hasta las lágrimas, yo grité ¡ya basta! al ver una escena teatral de violencia, otras rieron en sus talleres, algunas se tocaron entre sí, otras más hicieron dibujos o cantaron, sin pena o con poca, porque igual dibujaron o cantaron. La gran mayoría estuvimos en expectativa por atender a las otras y, sobre todo el primer día, nos mirábamos a los ojos y nos saludábamos, aunque nos tropezáramos con las piedras de los caminos… En diferentes sentidos, nos desbordaron las actividades: porque algo nos paralizaba o nos estremecía cuando nos invitaban a hacer alguna tarea, porque había que correr de un lado al otro para llegar a tiempo, porque la palabra propia o de otras era dolorosa, o porque otras mujeres nos traían un mundo nuevo de historias y leyendas por descubrir... Una compañera zapatista me pidió tomarle un apunte, porque quien llevaba el taller decía muchas cosas interesantes que quería escribir y, mientras le dejaba algunas ideas en su cuaderno, hasta platicamos de los tiempos en que no usábamos kótex ni copas menstruales. No sé si faltaron traductoras para las que no hablaban español y no he visto las críticas de las zapatistas y compañeras de otros lados que no hablan bien el español. Algunas de las que compartieron un taller o plática se preocuparon por darse a entender y nos preguntaban a todas para asegurarse de que podían continuar, pero otras se vieron abrumadas por el tiempo y tenían que apresurarse. (Y del montón de actividades, por cierto, ¿alguien tendrá imágenes legibles de las mantas con las actividades del 9 y 10 de marzo? Eran enormes.)


Y en este despliegue político-estético, estaban las “exposiciones” —así llamaron las zapatistas al área externa de los muros de madera del pasillo entre el dormitorio y el auditorio—. Una de las dos mantas de actividades tan sólo daba cuenta de 16 nombres de colectivas y compañeras que abordaban acoso, maternidad, desapariciones, feminicidio, libertad sexual e insumisa, arte menstrual y vaginal, en medios variados como bordados, fotografía, gráfica, instalaciones. Pero hay que tomar en cuenta que sólo era una parte; no conservo la lista de “exposiciones” de la otra manta y, además, hubo cambios de última hora y no pude platicar con las compañeras de todas las muestras.


Como las obras quedaban expuestas al sereno de la madrugada, las compañeras encargadas desmontaban sus obras por la noche y, las volvían a colgar a la mañana siguiente. Entre las que pude detenerme un poco más, estaban: Vivas en la memoria, que honra a las mujeres asesinadas en México en mantas bordadas colectivamente; Al otro lado de la piel, de Sylvana González von Kunowsky que llevó una serie de fotografías que le permitió tomar una amiga durante el parto, y cuya cédula habla de sanación, parteras y de volver a la fotografía; ¡Viva la vulva!, un proyecto tijuanense en el que mujeres de diferentes lugares retrataron sus vulvas como quisieran, con un resultado imaginativo, reflexivo y lúdico; Féminas, de la colectiva bonaerense Bondi Fotográfico, exhibió imágenes de manifestaciones y retratos de mujeres que se acompañaron, entre otras palabras, de las siguientes: “Creemos que el cambio cultural es el eje central para repensarnos, despatriarcalizarnos y erradicar la violencia hacia las mujeres.” Laurene Praget de Francia nos compartió ¿Le has visto? / ¡Ni una más!, una serie de ilustraciones con retratos de mujeres desaparecidas en la Ciudad de México en 2013 y 2014, con el propósito de no olvidarnos de las más de diez mil mujeres que han desaparecido en los últimos cuatro años. Además, conocí al grupo Ah Perrillas, que llevaba, además de sus sones y jaranas, fotos y gráfica. Ah Perrillas se define como colectiva itinerante: algunas de ellas viajan y se entrelazan con otras mujeres y colectivas de Oaxaca, Puebla, la Ciudad de México, Veracruz, San Cristóbal y Chihuahua. Si no me equivoco en decirlo, además han colaborado con el Colectivo Altepee para trabajar la música de sones en contextos comunitarios y de los que llevan un buen registro fotográfico documental, además, con Altepee realizaron el video documental Compañeras de tarima (2016), en torno a cuatro mujeres mayores de edad de San Juan Evangelista, Veracruz, cuya pasión es el baile del huapango.

 


Además de estas exposiciones, vi intervenir uno de los edificios zapatistas, como la de la compañera chilena Anita que dejó un mural con simbología mapuche, o de las andaluzas que también hicieron el suyo con una mujer con la leyenda “Siembra rebeldía, cosecha libertad”, firmado con los nombres de Iris Serrano y Pallasos en Rebeldía. Pintaron en el mismo edificio que Anita y al lado de otras a quienes ya no pude registrar porque habían concluido los suyos. En el auditorio, unas norteamericanas crearon una pintura de más de 2 metros cuadrados al estilo zapatista. Y puedo fotografiar otro lienzo mientras lo pintan, es el hombre de maíz. Así, esta vez, me tocó ver pintar paredes y muros en las ya de por sí decoradas instalaciones de un caracol.

 

 


Toda revolución en la historia se precia de crear sus símbolos a través de creaciones que incluyen lo que sea necesario para recordarlas y hacer perdurar su aliento: canciones, murales, cuadernos, camisetas, bordados, documentales, carteles, versos, nombres de equipos que juegan en las canchas… En esta revolución de mujeres, no faltaron —y qué bueno porque las esperaba ver—, compañeras de diferentes procedencias que espontáneamente sacaran algunas de sus creaciones artesanales o de afiches feminista para vender o intercambiar.


Y por todos lados me encontraba con amigas o conocidas activistas, artistas, fotógrafas, videoastas, literatas, pensadoras, académicas que saben de los cuerpos y sentimientos de mujeres. Con algunas de ellas me crucé sólo una o dos veces, éramos más de siete mil mujeres en una zona grande del caracol.


Pensé en lo que me significaban los contrastes de estilo y formas de abordar la sexualidad femenina y la violencia sexual en las obras zapatistas de estilo más realista y en la metafórica de las guatemaltecas, tan liberadoras unas y otra. Pensé en la resolución de colectivos que no dar sus nombres individuales, pero sí el del colectivo para no alojar conflictos para abatir los protagonismos; pensé en otros que sí los mencionaban abiertamente y hablaban de otras formas de trabajar juntas. Pensé en lo que era la libertad y la seguridad del encuentro —tan contrastante del lugar donde vivo—, que rebasan la visión moderna, liberal y consumista de las ciudades, y que permitieron hacer fluir en el caracol el resultado de tres años de trabajo de las zapatistas y la disposición de quienes asistimos para encontrarnos.


Si faltan ejes temáticos políticos, si queremos participar en las tareas de reproducción durante el encuentro, o si fueron demasiados talleres, pláticas y proyecciones, ya verán las zapatistas por su lado, pero estamos invitadas y autoinvitadas a realizar los nuestros. Las zapatistas preguntaron si les salió bien, les contesto que sí: que salió muy bien y bien cansado y les deseo que sea mejor el próximo que preparen, si se animan. Me dio mucho gusto ver el futbol, el boli y el básquet, y ver a las defensas y equipos zapatistas que jugaban muy bien y tenían voz y decisiones propias. Y espero que también nos compartan los videos y audios que grabaron.

 

Conversaciones y escuchas


En la plática con Ah Perrillas, preguntaba sobre su formación. Me contestaron que el proceso para cada una de ellas ha sido diferente. Algunas han tomado talleres, otras se han ido formando para proyectos más grandes y alguna estudió artes visuales. El calendario gráfico Serpientes de la luna 2018 que expusieron en el exterior del auditorio fue un proyecto que esta vez convocó Janette Maritssa Huerta Calvario, artista visual. Se encargó de llevar la caravana itinerante. Las hojas del calendario no se realizaron en un mismo lugar. Y sobre si hacen prácticas de autoconciencia, me contaron que sí, que lo hacían durante el taller para que luego cada quien creara la propuesta de su estampa. También se organizaron y tendieron lazos con colectivos de diferentes ciudades para la impresión, distribución y presentación del calendario. Janette se acercó y relevó a la compañera con la que hablaba. Me dijo puntualmente lo que importa es que ellas son profesionales, se comprometen con su trabajo porque es su forma de vida. “A veces se piensa que porque estamos en estos espacios no somos profesionales… pero claro que somos profesionales, sólo que llevamos otro camino… que no sólo sea la institución colonial y dominante”, añade. Y sobre el reconocimiento que les dan otras compañeras y colectivos, me dice que lo tienen porque lo han tejido.


Respuesta diferente de la de Mónica Mayer y artistas feministas que en los años 70 y 80 del siglo pasado, porque el movimiento y la academia, el terreno lógico donde deberían haber sido reconocidas, no las tomaron en cuenta y apenas en este siglo XXI ha venido a subrayarse la cultura artística feminista y de mujeres de nuestra región. Las condiciones para las creadoras han cambiado, nuestra relación con el cuerpo, la creatividad y los sentimientos ya no es tan bipolar y masculinista (como cuando se divide nuestro cuerpo en dos partes generizadas, jerarquizadas y excluyentes: razón y cuerpo), y nos acercamos más a la cultura de las mujeres en la que los sentidos, los sentimientos y emociones, y su relación compleja con nuestra racionalidad, la creatividad y demás áreas corporales que sea necesario nombrar y con nuestras condiciones de vida se problematizan e investigan y hasta se ponen en armonía en algunas dinámicas.


Me imagino gozosa a Rosario Castellanos en medio de este encuentro en su Chiapas natal, ella que, con ironías e historia ante el androcentrismo de su tiempo, tanto defendió que existía la cultura femenina. Me la imagino así o quizás tan sólo proyecto mi gozo, pero qué bueno que la he leído y discutido.

 


Pero sigo platicando para conocerlas. Janette me dice que Ah Perrillas es un espacio de mujeres, donde no todas se definen como feministas. Pregunto por qué crearon una colectiva de mujeres y no siguieron trabajando en sus colectivas mixtas. Me precisa que ya trabajan en colectivas mixtas, pero decidieron crear Ah Perrillas: “necesitamos un espacio para ser nosotras, para hacer lo que nos prende. Es un espacio para jalarnos a nosotras sin estarnos cargando y tal vez en algunas cosas coincidimos bien con los compañeros”. “Hay cosas que a ellos no les prenden”. ¿Cómo qué? “Como hablar de salud o autocuidado.”


Me estoy despidiendo de las compañeras de la colectiva para ir a ver una obra de teatro y me apena ya no poder asistir a otro taller. Janette me dice que hay una presentación del libro Vivas Nos Queremos. Qué sorpresa. Sin dudarlo, cambio mis planes y me voy a escuchar hablar del libro y la campaña. Conozco el proyecto y fotos de la portada, pero no lo he hojeado. Llego a tiempo. No vi anunciado este evento, pero por fortuna están ahí y yo al fin puedo tomar el libro y pasar hoja a hoja. Comienzo a hacer preguntas y me piden que espere, que ya comienza la presentación. Estoy atenta y, para asegurar la memoria, activo la grabadora. El audio pueden escucharlo acá: https://archive.org/details/aeml2018.


El proyecto Vivas nos queremos inicialmente lo lanzaron Mujeres Grabando Resistencias (Mugres, se abrevian) de México. Cuando en su segunda edición lo hicieron público, las argentinas lo retomaron y extendieron por el sur.


Como carteles (en México) o pegatinas (en este formato, en Argentina principalmente), las imágenes se han llevado a las calles. Si alguna quiere pedirlas, hay que asumir el compromiso de mostrarlos en lugares públicos. La vía es hacer contacto en redes sociales con "Vivas Nos queremos - Argentina".

 


En fotos de prensa, he visto las estampas no sólo en los muros de Argentina y México, sino también han revestido los de la ciudad de Guatemala (entre otros lugares que seguramente luego conoceremos).


Las compas argentinas se encargaron de reunir fondos y hacer alianzas para llevar a cabo la selección y una impresión con gran calidad de este precioso material en que participan mujeres que tuvieran algo que compartir gráficamente —y miren que es así, porque muchas mujeres tenemos algo que decir o expresar gráficamente (simbólicamente) al respecto de "vivas nos queremos", y no importa que seamos o no artistas visuales o que tengamos un poco o un más de habilidad para grabar.


Es un libro que potencia nuestra confianza en nosotras mismas y nos pone a andar frente a las violencias machistas. A diferencia de gráficas y literatura hecha por hombres (para hombres), aquí podemos decir que nos identificamos con esta gráfica. Hay posturas políticas autónomas de nuestras libertades y cuerpos-territorio entre nosotras —placenteras y/o sororarias— o por retomar calles y espacios públicos sin acosos ni miedo. Hay afirmaciones de cuerpos —desnudos o vestidos— de diferentes edades, cabellos, atuendos, colores; los hay como brujas solas o en aquelarre, los hay con rostros tan felices de su acción de protesta como indignados ante la violencia. Saltan consignas antipatriarcales, anticapitalistas, antineoliberales y antirracistas. Y la memoria dignificante resalta las sonrisas cabales de Berta Cáceres, Amancay Diana Socayán, Laura Iglesias.


Como "la palabra revuelta" de las zapatistas al inicio del encuentro, porque vienen de mujeres de diferentes edades, lenguas, lugares e historias, así también estas imágenes son otras *revueltas*. Hay que imaginar que, al igual que el encuentro zapa, el libro trata de la reunión de mujeres diferentes que nos llamamos o no feministas, trans o no, lesbianas feministas o no, indígenas o no, viejas o no, gordas o no, veganas o carnívoras, que provenimos de aquí o allá, de lenguas fáciles o difíciles de entender, de procesos de autoconciencia diferentes, de la academia activista o de colectivas callejeras, de luchas concretas en nuestros mundos, de mujeres que preferimos o no acompañar lo que hacemos con los términos feminista, de mujeres, de género (no generistas)...


Diez textos breves y de plumas diferentes documentan tanto el proyecto del libro como de la campaña #VivasNosQueremos que lo precedió. Algunos de estos escritos se asoman a la creación colectiva que concibió algunas de las imágenes contenidas en la compilación, subrayan el hacer en común que atrajo a otras compañeras y les dio fuerza cuando salieron a las calles.


Con el libro en la mano y el instructivo para hacer un grabado, atravieso el caracol de estos montes verdes para alcanzar uno de los templetes al lado de las canchas. El encuentro en su dimensión político-estética es un universo en el que sigo encontrándome a otras mujeres y me sigo explorando. ■

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Huelga planetaria…gran logro de las luchas de las organizaciones de mujeres y de los feminismos

Declarar una guerra en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío. Con esta huelga enfrentaron la trivialización que diversas instituciones han hecho del día internacional dedicado a lucha por los derechos de las mujeres


Declarar una huelga en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío, equiparable solamente a las luchas que durante muchos años adelantaron los obreros y obreras del mundo para conquistar el 1 de Mayo como día internacional de la clase obrera.

 

En el 2017, las feministas y organizaciones de mujeres realizamos, por primera vez, una huelga planetaria contra el sistema patriarcal, contra la desigualdad del capitalismo neoliberal y contra las distintas formas de exclusión, aprovechando los medios y tecnologías como whatsapp y el internet, entre otros.

 

Con esta huelga enfrentamos y confrontamos la trivialización que los medios de comunicación, las empresas, los partidos y hasta los sindicatos han pretendido hacer del día internacional dedicado a la lucha por los derechos de las mujeres.A pesar de que el sentido de esta protesta mundial tiene variedad de interpretaciones y sentidos para las organizaciones y grupos que la promovemos en tantos lugares de la tierra, es claro que logramos emocionar a miles de mujeres, reconocerlas y valorar su aporte a la construcción de la riqueza material y espiritual y concitamos su indignación contra este destructivo orden sociosexual, contra esta civilización que amenaza la vida humana y no humana.

 

Se preguntarán algunas personas porque este 8M nos declaramos en huelga y nos fuimos a la calles, nos dedicamos a marchar, reír, cantar y lanzar nuestras arengas. ¿Contra quién fue esta huelga? ¿Acaso puede considerarse que el compañero, marido, amante, la familia, son los explotadores?

 

¡Sí! Radicalmente sí, cuando en la familia no hay un reparto democrático de las labores domésticas y se cree que la mamá, la esposa o compañera es la responsable del orden, del aseo, del bienestar común.


¡Sí! Absolutamente cierto, si el goce sexual es solo para el varón y si hacer el amor se convierte para la mujer en un acto forzado.

 

Sí! Si las hijas e hijos no comparten todas las tareas del hogar, según su edad y circunstancias, y si las adultas de la familia se ven obligadas a renunciar a su formación, educación, al disfrute del tiempo libre, para que las y los más jóvenes vivan “al ancho”, estudien, vayan a cine, salgan de rumba, mientras ellas se quedan en casa, limpiando, lavando, cocinando, empobreciéndose en todo sentido.

 

El 8M pretende justicia para las mujeres en el ahora, no en un hipotético futuro donde se producirá la liberación de las y los oprimidos. Busca erradicar esa primera esclavitud, que es por supuesto, la sujeción al trabajo gratuito, no remunerado que nos pretenden inculcar como parte del amor abnegado y sufrido, del amor romántico según el cual, debemos entregarlo todo, sin esperar nada a cambio.

 

Por eso, la huelga también se hace contra el orden global heteropatriarcal –un patriarcado en el que predominan los varones y la lógica heterosexual– que es depredador de la naturaleza, que destruye nuestras corporalidades, que nos somete a tráfico y explotación sexual desde la infancia, un orden civilizatorio al servicio de la acumulación de poder y riqueza para unos pocos, a costa de la miseria y dolor de millones de personas.

 

Por eso, la huelga fue realizada contra toda entidad o institución cómplice de este orden y de esta civilización, llámese pareja, familia, iglesia, partido, organización social, sindicato o movimiento barrial.

 

No fue fácil. Nosotras la hicimos en Colombia en medio de la contienda electoral en la cual las élites dueñas del país están concentradas en “atornillarse” a los cargos de elección popular por otro cuatrienio, mientras que los movimientos sociales y democráticos, enfrentan complejos y simultáneos escenarios: participan en la lucha electoral, demandan del gobierno de Santos cumplimiento a lo pactado mediante el Acuerdo de Paz con las Farc, apoyan un acuerdo similar con el Ejército de Liberación Nacional –Eln–, y, al mismo tiempo, esquivan las balas criminales que le disparan los enemigos de la paz, la ultraderecha, los paramilitares que se quedaron en la retaguardia esperando precisamente este momento.

 

Así que, ¿a quién le importa la guerra contra las mujeres, que de manera continua produce víctimas en los hogares, en las calles, en los colegios y universidades, en los ámbitos de la salud, la educación, el empleo, el ejercicio político, y, de manera agravada, en las regiones donde opera el narcotráfico y las bandas criminales?

 

Distintas modalidades de una guerra casi invisible

 

Las modalidades de daño que se utilizan en esta guerra del heteropatriarcado contra las mujeres, van desde las exclusiones en el mundo político, social, cultural y económico, hasta el exterminio físico y las lesiones que no son letales en forma inmediata y que ocasionan en las niñas, las jóvenes y adultas daño emocional permanente. Invisible, pero tangible: son vidas humanas destrozadas por largo tiempo, quizás para siempre.

 

Así ocurre con el abuso sexual infantil infringido por el padre (o personas a cargo de las y los menores), al interior del idealizado hogar o familia tradicional que afecta en forma determinante la capacidad de construirse una estructura del yo, esa que hace que alguien sienta que es alguien.

 

Esta violencia que no es imaginada. En el 2017, el Instituto de Medicina Legal practicó 17.908 exámenes médico legales por presunto delito sexual a menores de edad. El 84,2 por ciento de las víctimas eran niñas, entre los 10 a 14 años de edad, con 8.278 casos. Luego están las menores de 5 a 9 años.

 

A pesar de los esfuerzos de entidades internacionales y nacionales que buscan enfrentar esta problemática, poco hemos aprendido de las consecuencias que deja para toda la vida en quienes padecen esta vulneración. Como muestra la película realizada en 1997 “Bliss, el amor es extasis” (que puede verse en Netflix), la protagonista es violada a la edad de cinco años por su padre. En su vida adulta y de casada, esta mujer es desdichada y no puede identificar las razones por las cuales tiene una personalidad límite. No encuentra sustento en sí misma, depende de manera enfermiza de la aprobación y apoyo ajeno, y busca inconscientemente, reproducir el abuso sexual infantil vivido.

 

Herminia Hernáiz, Doctora en Psicología Clínica y Psicoanalista1, señala en relación con esta lesión emocional: “La intemporalidad del inconsciente hace que el trauma vivido se repita sin cesar como una forma de intentar resolverlo, sin embargo esa misma función de resolución deja como suspendido el proceso de convertirse en persona o la consolidación del ser”. En palabras simples, es un daño que es casi siempre irreversible y la posibilidad de que quien lo padece encuentre cualquier forma de gratificación, es remota. Las víctimas, mayoritariamente niñas, lo “borran” de la memoria, como una suerte de defensa para vivir con menos dolor y miedo, porque, como dice la protagonista de la película “quien tenía que protegerlas del daño, era el daño”.

 

Lamentablemente, estas y otras vulneraciones sexuales que padecen las mujeres en los distintos momentos de sus vidas, se tratan como si tuvieran fecha de vencimiento. Así que cuando algunas se han atrevido a denunciar a sus acosadores y violadores, pasados los años, cuando por fin tienen fuerza o están a salvo de ellos, son sometidas a toda clase de sospechas, como le ocurrió recientemente a la periodista Claudia Morales (El Espectador, enero 18 de 2018).



Cabe recordar que frente a la denuncia de tantas actrices estadounidenses contra los directores Harvey Weinstein, Bret Ratner, el realizador James Toback y los actores Dustin Hoffman y Kevin Spacey, se produjo un gran movimiento de solidaridad en Estados Unidos y otros lugares del mundo, expresado en las redes sociales como el “#me too” (a mí también) y en Francia el #Times up, (¡levántate!).

 

Mediante un manifiesto, cien actrices e intelectuales francesas destacadas, como Catherine Deneuve, expresaron su desacuerdo con la campaña. Advierten que si bien es cierto la violación es un delito, “defendemos una libertad para importunar, indispensable para la libertad sexual. Ahora estamos suficientemente advertidas para admitir que el impulso sexual es por naturaleza ofensivo y salvaje, pero también somos lo suficientemente clarividentes como para no confundir el coqueteo torpe con el ataque sexual. En síntesis, consideran que “Los incidentes que pueden tener relación con el cuerpo de una mujer no necesariamente comprometen su dignidad y no deben, por muy difíciles que sean, convertirla necesariamente en una víctima perpetua”. Afirman que una mujer no es reductible a su cuerpo, así que lo que allí le ocurra, no puede ser definitivo. Se convierten, con tal afirmación en seguidoras de René Descartes, quien planteaba “pienso, luego existo”. Asimismo, se alinderan con la religión católica, para la cual lo que importa es salvar el alma, un orden abstracto que es mucho más importante que la materialidad del ser.

 

La división cuerpo/mente o cuerpo/alma afecta la integridad y dignidad del ser, que es consciencia incarnada, es decir, corporalidad. Para facilitar la comprensión de este concepto, recordemos que las especies animales si tienen cuerpo, pero no pueden dar cuenta de su biografía y de las experiencias vividas: por eso, solamente la especie humana no tiene un cuerpo, es corporalidad2.

 

En Colombia, por su parte, el columnista de Semana, Antonio Caballero, consideró “que tocar un coño y unas tetas” o robar un beso, no podía asimilarse al abuso sexual, en un intento por desprestigiar la palabra de las mujeres acosadas y abusadas sexualmente.

 

Tales planteamientos contribuyen a la impunidad del acoso y del abuso sexual. Cada mujer vulnerada se pregunta si tiene sentido denunciar, cuando no obtendrá justicia y en cambio, deberá soportar, además del sufrimiento ya vivido, el escarnio social y toda clase de comentarios mal intencionados sobre las razones por las cuáles tardó en denunciar. En algunas sociedades, las víctimas prefieren suicidarse, porque se las estigmatiza y expulsa de su comunidad, como si padeciesen una enfermedad contagiosa.

 

En este orden sociosexual patriarcal, la corporalidad, es decir la vida de ellas está al servicio de ellos. Las víctimas de todas las formas de abuso, acoso y explotación son principalmente quienes disponen de menores recursos de poder sexual, económico, político y cultural; vale decir, la mayoría de las campesinas, afrodescendientes, indígenas, raizales, palenqueras, rom, lesbianas transexuales intersexuales, habitantes de los barrios marginales, desempleadas, desarraigadas o desterritorializadas y mujeres con alguna discapacidad, es decir, las subordinadas y sometidas a las asimetrías del poder socioeconómico. Las más afectadas, dada su escasa capacidad para defenderse, son las niñas y las jóvenes, como lo recuerda sin velo alguno el rapto, violación y asesinato de la niña Yuliana Andrea Samboní por parte de Rafael Uribe Noguera, miembro de una familia acaudalada de la capital del país, suceso que recordó a todos y todas que en Colombia aún se paga el derecho de pernada por el cual no pocos oligarcas, mafiosos y otros personajes llegados a ricos, aún salen de cacería de mujeres de todas las edades como satisfacción del mismo.

 

El estudio publicado en agosto de 2017 que realizaron entre 2010 y 2015 varias Ongs, sobre una muestra de 142 municipios (mucho menos del 10 por ciento de los municipios que tiene Colombia) en los cuales hacen fuerte presencia la fuerza pública, guerrilla y paramilitares o Bacrim, muestra que la prevalencia de violencia sexual contra las mujeres fue del 18,36 por ciento, es decir, 875.437 mujeres fueron víctimas directas de algún tipo de violencia sexual (Encuesta de prevalencia de violencia sexual en contra de las mujeres en el contexto del conflicto armado colombiano 2010-2015). Es fácil imaginar lo que puede estar ocurriendo en el resto del país…

 

Todos los bandos enfrentados en el conflicto armado utilizaron la violencia sexual como instrumento de guerra. Sin embargo, no hay que confundirse: las violencias contra las niñas, jóvenes y adultas se exacerban en el conflicto y postconflicto, pero no son producidas por estos. Hacen parte del orden sociosexual, es decir, del ordenamiento social que otorga a los varones el control sobre las corporalidades/vidas de las mujeres, sobre sus bienes, sobre su capacidad productiva y reproductiva.

 

Los saberes contribuyen al desconocimiento del trabajo de las mujeres

 

Como ocurre en toda contienda bélica, los distintos ámbitos del conocimiento, contribuyen a legitimar la desigualdad, explotación y dominación.

 

En un campo estratégico, como es el saber económico, se postula una tajante división entre el mundo de la producción mercantil, la que se comercializa, y el ámbito de la producción y reproducción de la vida, que se consume en los hogares y familias.

 

Los enfoques liberal y neoliberal tienden a mostrar a los seres humanos como una especie de hongos, que brotamos de la tierra, convertidos y convertidas en adultas o adultos, sin que nadie nos proporcione cuidados en las enfermedades infantiles, soporte afectivo y alimentario y estímulo para los aprendizajes básicos de sobrevivencia y convivencia social como el control de esfínteres, el auto-aseo, la auto-alimentación, el lenguaje mismo. Por lo tanto, tampoco existen las personas que limpian la ropa, las casas, hacen los alimentos, cuidan a menores, enfermas enfermos y mayores, quienes, en su mayoría, son mujeres.

 

Desde los años 80 del siglo anterior, las organizaciones de mujeres y las feministas luchamos por la valoración del trabajo invisible y no remunerado en la esfera familiar, y actualmente, este se contabiliza, a través de las llamadas Cuentas satelitales del trabajo doméstico no remunerado3. Porque este trabajo es indispensable para que funcione la humanidad, este 8M le dijimos al mundo: “Nosotras movemos el mundo, nosotras podemos pararlo”.

 

Para hacer posible otro orden civilizatorio el 8M demandamos políticas justas para las mujeres

 

Oxfam informa que 8 varones poseen la misma riqueza que las 3.500 millones de personas más pobres del planeta y que, de mantenerse el ritmo actual, “llevará 170 años para que se emplee a mujeres y hombres en la misma proporción, se les pague el mismo salario por el mismo trabajo, y tengan los mismos niveles de representación en puestos de dirección” (Oxfam, 2017).

 

Esta descomunal desigualdad hace parte de la concentración de poder y control sobre la sexualidad, la afectividad y la capacidad reproductiva de las mujeres por parte del heteropatriarcado y es la condición para mantener la extrema vulnerabilidad de millones de mujeres, niñas y adultas en este planeta. Contra esta desigualdad paramos el 8 de marzo.

 

En estos años finales de la segunda década del siglo XXI, reconociendo las limitaciones de las políticas públicas de género, estamos retomando los ideales emancipatorios del feminismo de los años 70 del siglo pasado que el neoliberalismo intentó cooptar a través del discurso liviano o light de género.

 

En su mejor versión, el enfoque de género conduciría a reformas para el logro de la igualdad legal entre mujeres y hombres, y a una distribución más equilibrada del poder entre ellas y ellos, por medio de políticas públicas, que al estar insertas en Estados patriarcales capitalistas, ni siquiera disminuyen las brechas socioeconómicas. Tengamos en cuenta que pasados casi 25 años de la puesta en marcha del enfoque de género en las políticas públicas para las mujeres, la desigualdad salarial por razón de género en el mundo se mantiene en el 23 por ciento, es decir, las mujeres ganamos el 77 por ciento de lo que ganan los hombres (Fondo de Población de Naciones Unidas, 2017). Igualmente, en la mayor parte del mundo no somos más del 22 por ciento del poder político. Y el feminicidio, se ha convertido en una pandemia universal, que cada vez cobra vidas de mujeres más jóvenes.

 

A diferencia del enfoque de género, las feministas emancipatorias consideramos que hay que transformar el orden económico y la forma como se distribuye la riqueza, la propiedad de la tierra, de los medios de producción y el orden cultural y sexual sobre el cual está establecida esta sociedad.

 

Exigimos que todos los gobiernos del mundo acojan e impulsen tres componentes fundamentales para reducir la desigualdad –CRI: mayor inversión en el gasto social, reformas tributarias a favor de las mujeres y la protección, y avance en materia de derechos de las trabajadoras y trabajadores, según lo propuesto por Oxfam y Development Finance International (DFI).

 

Paramos el 8M para denunciar el femigenocidio, o genocidio de las mujeres el mundo y por qué la justicia para las niñas, las adultas las mayores.

 

El 8M paramos para construir un país y un mundo donde nacer mujer no sea una desgracia, donde no haya ablación del clítoris, como todavía ocurre en algunas comunidades indígenas de Colombia.


Nuestro paro asumió diversas formas: nos salimos de las casas, dejamos de hacer oficio, dejamos de hacer el amor para el disfrute ajeno, con el fin de dedicarnos a conquistar un lugar bajo el sol donde sea posible vivir sin miedo al abuso sexual por parte del padre, el hermano, el padrastro, el tío, el amigo cercano, el profesor, el jefe, el director o realizador de cine, o simplemente, el transeúnte que siente que las mujeres son un objeto para su deleite y control personal.

 

Decidimos que en el 8M nuestra mejor labor era hacer posible un lugar, donde por fin, nacer mujer no signifique tener que sacrificar el proyecto personal a la maternidad o esposidad.

 

Usamos nuestras voces, nuestras canciones y nuestros bailes para invitar a todas y todos a construir un mundo sin explotación ni subordinación, en el cual podamos decidir sobre nuestro placer, nuestro deseo y nuestra capacidad reproductiva, y elijamos con quién, para qué y cuándo tenemos relaciones sexuales.

 

El 8M invitamos, convocamos y movimos el planeta para que entre todas y todos transformemos las sociedades, erradiquemos de la vida humana al patriarcado, al capitalismo, al colonialismo, al extractivismo, al guerrerismo: las generaciones venideras tienen derecho a un mundo viable y con justicia para todas las niñas, las jóvenes y las adultas; durante este 8M, y las jornadas preparatorias se lo recordamos y se lo dijimos con claridad al mundo entero.

 


 

* Feminista por justicia emancipatoria y corporalizada- Economista, Especialista en Políticas Públicas y Género, Candidata a Magister en Filosofía, Doctora en Procesos Sociales y Políticos de América Latina-Colectiva Feministas Emancipatorias.
1 https://cinepsicoanalisisycultura.wordpress.com/2012/11/23/bliss-el-amor-es-extasis/
2 Corporalidad. Es una categoría que indica que no hay un antagonismo u oposición entre mente y cuerpo, como pretenden algunas iglesias y otros enfoques teóricos. En cada ser humano, está presente una rica y compleja historia y biografía humana: somos una consciencia que está incarnada y se expresa en la diversidad propia de la especie humana: el género, la etnia, la condición social y económica, la orientación/opción sexual, entre otras situaciones y condiciones. No es correcto decir: tengo un cuerpo, como quien posee cualquier objeto del cual puede tomar distancia. Somos corporalidad.
3 Ley 1413 del 2010, por medio de la cual se regula la inclusión de la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales con el objeto de medir la contribución de la mujer al desarrollo económico y social del país.

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