Lunes, 08 Enero 2018 07:50

Annus horribilis/mirabilis

Tarana Burke, fundadora de #MeToo, movimiento de denuncia contra el abuso, el hostigamiento y la intimidación sexual que está haciendo temblar a hombres poderosos. La imagen es de octubre del año pasado

 

Fue un año espantosamente horrible (perdón, se necesitan ambas palabras juntas para intentar capturar un tantito de esta realidad) en Estados Unidos. Fue una burla de todo lo más o menos decente, un asalto contra la belleza y lo noble, un ataque contra lo más delicado y vulnerable. Fue un año en el que no sólo se agotaron los adjetivos, sino hasta las mentadas de madre (y de padre –es la era de la igualdad de género). Hasta las mismas palabras fueron atacadas para anular su sentido, borrar la verdad, lograr que no importara la diferencia entre lo falso y lo verdadero.

No se necesita otro resumen de todos los atropellos, asaltos, abusos y ataques, y mentiras oficiales del año pasado incluyendo el apoyo presidencial a supremacistas blancos con suásticas amenazando a latinos, negros y judíos, los ataques contra los medios y ni hablar de la guerra contra los inmigrantes. Casi todos en el planeta saben de la vergonzosa realidad política estadunidense con el payaso peligroso y, según cada vez más expertos, loco, en esa casa muy blanca, y casi toda la cúpula política como cómplice.

Tal vez lo más terrible al revisar el año es que esto fue tolerado, aceptado y permitido. Claro, hubo extraordinarias expresiones de repudio, protestas masivas con nuevas alianzas maravillosas, sinfonías de colores y acentos que corearon un no de costa a costa. Pero le permitieron pasar. Y ahora amenaza –literalmente con bombas nucleares o con acelerar el cambio climático– a todos dentro y fuera de este país.

Muchos nos hemos pasado el año tratando de descubrir –una vez más en la historia– cómo es posible que un payaso populista de derecha que no pocos conservadores y liberales tradicionales tacharon de fascista respaldado por algunos de los intereses más retrógrados de este país, llegó a tomar el poder. Por supuesto, entre las claves es que ésta es una de las coyunturas de mayor desigualdad económica y social, y de mayor corrupción política en la historia del país. Pero hay más diagnósticos que respuestas.

David Remnick, director de The New Yorker, resumió esta semana lo que muchos han concluido: el presidente de Estados Unidos se ha convertido en una de las principales amenazas a la seguridad de Estados Unidos. Todo muy clarito, pero entonces, ¿qué sigue?

Trump, comentaban algunos luchadores sociales en el Highlander Center, tal vez marca el fin histérico y enloquecido de ese Estados Unidos blanco e imperial que sabe que está por pasar al basurero de la historia, cediendo ante ese Estados Unidos nuevo, hecho de los colores e idiomas del mundo, y cuya juventud multirracial abiertamente repudia el capitalismo, ese concepto hasta ahora sagrado, sinónimo de libertad y democracia en el vocabulario oficial. Aún más notable es que esta nueva generación dice favorecer algo que se llama socialismo.

Varias manifestaciones de rebeldía y desafío contra el régimen del payaso se han expresado a lo largo del último año, señales de esperanza, rayitos de luz, y vale destacar dos que marcaron el primer año de la era trumpiana: las mujeres y los comediantes.

De repente, pareciera (aunque claro que fue resultado de miles de esfuerzos y luchas), que surgió un movimiento amplio y descentralizado de mujeres. Vale recordar que las Marchas de la Mujer –consideradas tal vez las manifestaciones masivas más grandes en la historia del país– inauguraron la resistencia a Trump 24 horas después de llegar a la Casa Blanca. Y de repente, pareciera, también estalló en los últimos meses algo que se bautizó #MeToo, el movimiento de denuncia de abuso, hostigamiento e intimidación sexual de mujeres (y algunos hombres) que está haciendo temblar a hombres poderosos; desde la propia Casa Blanca hasta los palacios de Hollywood, de las grandes instituciones académicas y culturales, a los medios masivos.

Una parte de esta respuesta se está expresando en el ámbito político, donde en números sin precedente miles de mujeres están explorando y ya han decido participar en contiendas electorales locales, estatales y federales generando potencialmente lo que algunos llaman un cambio sísmico. Muchas con posiciones expresamente anti Trump ya han ganado en lugares inesperados. Hoy día, las mujeres representan sólo 20 por ciento del Congreso federal; sólo una de cada cuatro es legisladora estatal y sólo seis ocupan un sitio entre las 50 gubernaturas estatales.

Por otro lado, tal vez el enfrentamiento más efectivo, constante y hasta valiente contra Trump y lo que representa, ha sido el de los bufones. Los cómicos, sobre todo los de televisión, los caricaturistas editoriales, los escritores satíricos y artistas de perfomance han sido fundamentales en evitar la imposición de lo absurdo, y han encabezado con otros el movimiento para evitar que el trumpismo sea normalizado. Aunque no existe un movimiento encabezado por bufones –algo que ni desean–, sí logran revelar a públicos masivos todos los días que el emperador está desnudo (y feo), tarea esencial en la defensa de los principios democráticos.

Las innumerables luchas por la dignidad, y las nuevas y viejas alianzas tan necesarias, se ven por todo el país: encuentros entre jóvenes inmigrantes, indígenas estadunidenses, veteranos de guerra disidentes y Black Lives Matter; musulmanes, judíos y latinos cargando las mismas pancartas, nuevas constelaciones creadas con las diásporas del movimiento en torno a la candidatura de Bernie Sanders y crecimiento de partidos progresistas independientes, janitors en Stanford y trabajadores de lecherías de Vermont, y jornaleros en Immokalee, contando historias colectivas, historiadores que recuerdan cuentos parecidos de resistencia y cambio hace un siglo, sólo que en otros idiomas, y las sorpresas que guardan los estudiantes sin pedir permiso.

A pesar de ese annus horriblis pasado, aquí están presentes todos los elementos para hacer de 2018 un annus mirabilis (año maravilloso). Pero para lograrlo, uno no puede quedarse de observador ni guardar silencio, advierten los Martin Luther King, Einstein, Woody Guthrie y otros sabios de este país. (¿Y a poco no aparenta ser más inteligente esta columna al incluir tres palabras en latín?)

 

 

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Los detalles de la ley islandesa que regula la igualdad salarial entre hombres y mujeres

 

Por: Èric Lluent

Estos días todos los medios nacionales e internacionales hablan de Islandia para destacar la entrada en vigor de la ley que regula la igualdad salarial entre hombres y mujeres. Se trata de una revolucionaria legislación que obligará a las empresas con más de 25 trabajadores a certificar que pagan de forma igualitaria a todos ellos, sin discriminación de género. A continuación, un análisis de la nueva ley para entender mejor de qué se trata y aclarar dudas sobre su implementación.

 

ÍST 85:2012. Debemos familiarizarnos con este código, puesto que es el nombre técnico del estándar en el que se basa la nueva legislación islandesa. Este es un estándar de calidad que se redactó en 2012 y que voluntariamente ya han implementado algunas empresas. Tanto los sindicatos como las patronales participaron en su creación y la idea inicial era que las empresas se sumaran al proyecto para conseguir el certificado con el fin de mejorar su reputación y dar garantías de igualdad a sus trabajadores y a los consumidores. La voluntad de las partes que impulsaron el ÍST 85:2012 es que, poco a poco, vaya exportándose a otros países, con el fin de internacionalizar esta revolucionaria medida para acabar con la brecha salarial de género.

Ley de igualdad de estatus e igualad de derechos entre hombres y mujeres. La norma a la que hacemos referencia es la ley 10/2008 (Ley de igualdad de estatus e igualdad de derechos entre hombres y mujeres) aprobada por el parlamento islandés hace diez años. La novedad la encontramos en la modificación 56/2017, aprobada el pasado mes de junio, que se desarrolla especialmente en el artículo 19 de la citada ley. En su redactado se especifica que las empresas de más de 25 trabajadores deben cumplir los requerimientos del estándar ÍST 85:2012 mediante una auditoria que debe presentarse al Centro para la Igualdad de Género, tanto si el resultado es positivo como si es negativo.

Se implementará completamente en 2022. Respecto a la aplicación de esta ley, la provisión temporal sexta nos aclara el calendario previsto. Si bien ha entrado en vigor este 1 de enero, las empresas de más de 250 trabajadores tienen hasta el 31 de diciembre de 2018 para presentar su auditoría a las autoridades para conseguir el certificado. Las empresas de 150 a 249 trabajadores, hasta el 31 de diciembre de 2019. Las de 90 a 149 trabajadores, hasta el 31 de diciembre de 2020. Y, finalmente, las de 25 a 89 trabajadores, hasta el 31 de diciembre de 2021. De esta forma, no será hasta 2022 que todas las empresas de más de 25 trabajadores deberán contar con este certificado. Hay que tener en cuenta que las empresas de menos de 25 trabajadores quedan fuera de esta ley, lo que supone que no se garantiza la igualdad salarial a todas las trabajadoras, si bien sí a la mayoría. También hay que considerar el hecho de que las diferencias salariales más significativas se dan especialmente en las grandes empresas.

Sanciones de hasta 400 euros al día. Una de las grandes incógnitas es la cuestión de las sanciones que deberán afrontar las empresas si no consiguen el certificado. Hasta que no se resuelvan los primeros casos el próximo año, no conoceremos la cuantía exacta de las multas. Hay que tener en cuenta que antes de la aplicación de las sanciones, la ley prevé un periodo para que las empresas regularicen la situación. En caso de no ser así, la ley especifica que las multas no superarán las 50.000 coronas islandesas al día, unos 400 euros. No se impondrán, por lo tanto, multas millonarias, puesto que la intención no es recaudar sino disponer de una herramienta efectiva para asegurar la igualdad salarial. La ley también prevé la publicación de los resultados cada dos años.

No todo se soluciona con esta ley. Esta legislación pretende garantizar la igualdad salarial entre hombres y mujeres por el mismo tipo de trabajo. Es decir, hace referencia a la brecha salarial ajustada, la que, por resumir, compara el salario hora a hora por una misma tarea. No obstante, la brecha salarial sin ajustar incluye las diferencias salariales entre hombres y mujeres derivadas de la mayor disposición de los hombres para hacer horas extras, turnos nocturnos o fines de semana, en perjuicio de las mujeres que se ocupan de tareas familiares o del hogar no remuneradas. La ley no hace referencia a estas diferencias entre hombres y mujeres, por la cual es previsible que la media salarial continúe mostrando un fuerte desequilibrio. Si tenemos en cuenta la brecha salarial sin ajustar, a día de hoy las mujeres islandesas cobran, de media, un 72,5% de lo que cobran los hombres.

Aquellos lectores que quieran conocer con más detalle esta legislación, la pueden consultar en inglés en la página del Ministerio de Bienestar del gobierno de Islandia.

 

Publicado originalmente en La Marea

 

 

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Sábado, 06 Enero 2018 07:55

Basta de mujeres muertas y maquilladas

Basta de mujeres muertas y maquilladas

 

“Stop FemaleDeath in Advertisement” (“Basta de mujeres muertas en la publicidad”) se llama la página web creada por la estudiante de Diseño Visual del Beckmars College of Design de Estocolmo, Lisa Hageby, para concentrar allí imágenes de marcas de productos de lujo, cuyas campañas se basan en la estetización del femicidio y la banalización de las vejaciones que diariamente ocurren contra miles de mujeres reales. En esa cúspide simbólica que siempre ha sido para la cultura de masas occidental el mundo de la alta moda, el de la exclusividad por excelencia, un mundo al que acceden pocos miles de mujeres en el mundo, pero que expande sus ondas luminosas en formas de tendencias hacia abajo –en revistas, productos de tocador y perfumería–, ahí mismo, muchas grandes marcas tallan su “transgresión”, que desde hace unos años es mostrar mujeres muertas pero con un buen par de zapatos puestos.

Las imágenes de esa página la dejan a una boquiabierta. Porque cada pieza es un texto de comunicación de un impacto feroz, revulsivo, de realización impecable y una estética que a una le repugna pero sin embargo le permite percibir, oler la fascinación que causan esas mujeres hermosas y muertas, definitivamente derrotadas, en otras mujeres y hombres que no verán un femicidio ni una tortura ni una violación en el aviso, sino audacia y carácter de época.

En su blog, a fines de diciembre, la activista feminista y escritora dominicana Rosario Sánchez reprodujo un artículo escrito un año antes, en el que pasaba revista a algunas de las imágenes de la página creada por Hageby. Su nota comenzaba describiendo una fotografía grandiosa, tomada en las escalinatas de la Opera Garnier de París. Hay una mujer caída. No se sabe si está muerta o desvanecida. Como sea, es una mujer de voluntad ausente, que es la mujer que emerge de esta ola simbólica. El aviso vende un vestido. Un vestido que cubre un cuerpo inerte.

“Otra imagen nos muestra una mujer cuyas piernas cuelgan del baúl de un carro –escribe Sánchez–. Tal como en la otra fotografía, no sabemos si está muerta o inconsciente pero deducimos que, si no la han asesinado todavía, pues la van a asesinar en un instante ya que apoyado en el baúl del carro se encuentra un hombre con una pala excavando un hoyo en el desierto. Nos están vendiendo zapatos Jimmy Choo”.

La siguiente que describe es la de Chloé, y en una primera mirada remite a la Ofelia de Hamlet ahogada. “La actriz esta pálida como la cera. Sus labios con labial rojo pero sus ojos están cerrados y su entrecejo fruncido; tiene cara de dolor y está sumergida en el agua”. De la pasividad inenarrable de la cara blanca y jovencísima de la modelo de Chloé, Sánchez pasa en su blog a otra foto, ya mucho más sumergida en esta tendencia patriarcal estetizante, en la que lo primero que se ve es “sangre en las paredes y en el piso. En el suelo yace tendida una mujer en posición indefensa. También ella tiene sangre por todo el cuerpo, pero ojo, quien estilizó la sesión de fotos y la comisionó, se preocupó en que la actriz fuera fotografiada muerta, sí, pero en braga y en sostén, con medias hasta los muslos y tacones altos”.

Hay mujeres fuera de foco porque lo que está en foco es el arma que les apunta a la cabeza. Hay mujeres inequívocamente muertas que ostentan el agujero del disparo en la frente. Pero el efecto es como estar frente a una cosa, a una muñeca de cera, porque el aviso logra que el rojo de las sábanas de seda se incorpore, con la belleza de sus reflejos, al marco rojo sangre literal. Porque también la muerte está estetizada (y en este punto se diría que esta tendencia no se dirige sólo a naturalizar los femicidios, sino a través de ellos a la muerte en general). Aun después de recibir el disparo en la frente, la modelo yace semidesnuda, perfectamente peinada y maquillada. El aviso, uno de los primeros que se desprendió de la alta moda y lleva la carga simbólica hacia otros sectores sociales, vende un video juego. El título es “Preciosamente ejecutada”.

Quizá no sea casualidad que uno de los clímax de esta estética aberrante provenga de lo más concentrado, del elixir del mundo de la exclusividad, que son las grandes joyerías. Una de las más importantes eligió a una mujer literalmente descuartizada, y en cada trozo de su cuerpo hizo lucir distintas joyas fabulosas. Esto nos dice el centro estético del poder a las mujeres, aunque no nos habla a nosotras. Se podría decir que se trata de una estética de barrio cerrado global, de elite que convive con otros mensajes pero que a través del engranaje complejo de los consentimientos, que en Occidente siempre han hecho su avanzada a través de lo que fue considerado bello, va habilitando, asimilando, absorbiendo una naturalización neopatriarcal. Como sabemos, el patriarcado es un sistema dinámico que va compensando sus fisuras con nuevos contragolpes.

Si bien la página creada por Hageby hoy es un archivo visual del ítem de la violencia de género en la publicidad, no es el único enfoque. Las académicas australianas de la RMIT University, Lauren Gurrieri, Helene Cherrier y Jan-Brace-Govan, han investigado ya hace un par de años el fenómeno de utilizar la violencia contra la mujer como una treta publicitaria más, y concluyen que “representar a las mujeres de manera sexualizada y como seres subyugados fomenta una cultura de la violación en la que tratar a las mujeres de maneras degradantes a través del uso de la violencia es considerado aceptable”.

La dominicana Rosario Sanchéz, en su nota, reflexiona: “No hay herida que el patriarcado nos produzca a las mujeres, que el capitalismo no quiera comercializar y vendérnoslo como ‘art’ o ‘libertad de expresión’ o ‘empoderamiento’”. Así es, en éste y en otros órdenes de avasallamiento simbólico del patriarcado o el corpocapitalismo, que hoy funcionan copulando. Las heridas que provoca el patriarcado son masticadas y escupidas en forma de producto por el mercado. Son heridas jerárquicas. Las produce un tipo de seres humanos sobre otros tipos de seres reducidos a estorbos. Son heridas invisibles, camufladas por la presunta superioridad de unos sobre otros. Heridas maquilladas, como esas modelos que posan haciéndose las muertas; son heridas que el corazón envenenado de un sistema controlado por el dinero busca multiplicar a través del goce. Esa es su sombra moral y es a la vez lo único en lo que puede sostenerse. En sujetos capaces de cosificar al resto, para poder abusar, pisotear, y eliminar a los otros sin la molestia humana del remordimiento.

 

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Domingo, 26 Noviembre 2017 07:00

La rebelión de las manoseadas

Harvey Weinstein, el productor denunciado en octubre, encabeza una larga lista de personalidades acusadas por diversos grados de abuso sexual / Foto: Afp, Alberto Pizzoli, Archivo

 

Repercusiones de la iniciativa #MeToo en Estados Unidos.

Los hombres andan revisando qué han hecho y las mujeres qué han tolerado. Cada día aparecen más denuncias de abuso y acoso sexual, y más hombres salen a pedir perdón. La eclosión del movimiento #YoTambién, acelerada por las redes sociales, atraviesa divisiones ideológicas, partidistas, de clase social y niveles de educación. En todas partes, los abusos ocurren.

A comienzos de octubre numerosas mujeres acusaron públicamente al productor de Hollywood, Harvey Weinstein, de 65 años, por diversos grados de abuso y acoso sexual, y desde entonces la lista de denunciados, por conductas que van desde expresiones pasadas de tono a manoseos y violación, ha crecido con nombres del ámbito político, empresarial, de espectáculos y de los deportes. Estas revelaciones generaron que en las redes sociales, bajo el hashtag #MeToo (#YoTambién), mujeres de todo el mundo relataran los abusos sexuales de los que han sido víctimas.

Es posible que la bronca que hoy se manifiesta en tantas revelaciones se haya estado acumulando desde que el año pasado, en plena campaña electoral, se difundió una grabación en la que el entonces candidato presidencial republicano Donald Trump se jactaba de su comportamiento agresivo hacia las mujeres. “Me atraen automáticamente las mujeres bonitas”, había dicho Trump en una conversación privada con el presentador de televisión Billy Bush. “Empiezo a besarlas y es como un imán, no puedo ni esperar. Y cuando eres una persona famosa, te dejan hacer lo que quieras, puedes hacer lo que quieras. Agarrarlas por la concha. Puedes hacer de todo.”

Un mes después Trump ganó la elección. Desde entonces 13 mujeres han acusado a Trump por abuso sexual. El hecho de que más de 62 millones de votantes no hayan considerado que las groserías, el acoso y el manoseo de mujeres fuera un defecto moral suficientemente grave como para descalificar a alguien mostró cuán aceptables son en una sociedad tales comportamientos.

Las mujeres –incluso muchas que votaron por Trump– fueron las primeras en salir a la calle para avisarle al presidente que algunas cosas ya no se tolerarían, en la multitudinaria manifestación de mujeres en el National Mall de Washington, al día siguiente de su juramentación.


CUESTIÓN DE PODER.


La cascada de revelaciones, que no se detiene, es evidencia de que el comportamiento sexualmente abusivo de los hombres no se limita, y ni siquiera es predominante, en una u otra clase social, en un costado u otro de las ideas políticas, las afiliaciones religiosas o las edades.

Pero un factor que, aparentemente, es común en el abuso al que están expuestas las mujeres y también los hombres (como lo sugieren las acusaciones contra el actor Kevin Spacey), es la desigualdad en la relación de poder: ya sea el entrenador deportivo, el médico, el capataz en la cuadrilla de limpiadoras de oficinas, el promotor artístico, el periodista famoso, el miembro del Congreso o el pastor de la iglesia. El hombre que incurre en hostigamiento y abuso tiene poder sobre sus víctimas.

Según las denunciantes, Weinstein aprovechó durante décadas su poder en el mundo del espectáculo para “cobrar peaje” a las artistas en los comienzos de su carrera. En el caso del candidato a senador republicano de Alabama, Ray Moore, una denunciante dice que cuando ella tenía 14 años y él 32, siendo fiscal general del estado, la besó, le quitó la blusa y pantalones, se desvistió, la tocó sobre su sostén y pantaleta, y llevó la mano de la niña a su pene.

Dos ex colaboradoras del prestigioso periodista de televisión Charlie Rose, de 75 años, dicen que las llevaba a trabajar a su residencia en Nueva York, y se paseaba desnudo frente a ellas. Varios hombres en puestos de muy alta jerarquía en la cadena Fox News tuvieron que irse luego de numerosas acusaciones de acoso sexual, incluidos el fundador Roger Ailes, el comentarista conservador Bill O’Reilly y el periodista Eric Boiling.

Megyn Kelly, otrora periodista estrella de Fox News y una de las acusadoras de Ailes, sostiene que una vez denunció los abusos de O’Reilly a los jerarcas de la cadena y no obtuvo resultados. Kelly sostiene que la cadena difamó públicamente a las víctimas.

La afición por masturbarse frente a mujeres forzadas a observarlo ha sido una acusación frecuente, y llevó al comediante Louis C K a publicar una carta de confesión y arrepentimiento por sus abusos.

Larry Nassar, ex médico de los equipos de gimnasia olímpica estadounidense, que es acusado de abuso sexual por más de 125 mujeres y niñas, llegó a un acuerdo con la fiscalía y se declaró culpable, en una audiencia judicial, de siete cargos de abuso sexual el martes 22 . Ese día la gimnasta olímpica Gabby Douglas dijo que ella también había sido víctima de Nasser. Douglas a su vez pidió disculpas por un previo twit en el que había sugerido que las mujeres que “se visten de forma sexy/provocativa atraen a gente con malas intenciones”. La joven afirmó que no había sido su intención culpar a las mujeres: “lo que una usa, jamás le da derecho a alguien a acosarte o abusarte”, añadió.


DESPIDOS.


Tras la divulgación de la grabación de Trump, el ahora presidente respondió: “Eso fueron bromas de vestuario, una conversación privada que ocurrió hace muchos años. (El ex presidente) Bill Clinton ha dicho cosas mucho peores que yo en el campo de golf. Ni se compara. Pido disculpas si alguien se ofendió”.

He allí un detalle interesante: el pedido de disculpas es “por si alguien se ofendió”, no porque el comportamiento haya sido ofensivo. Varias de las respuestas dadas por los ahora acusados han recurrido al mismo esquive de responsabilidades. Otras, la mayoría, han consistido en auténticos actos de contrición.

Pero, en cierto sentido, la declaración de Trump es una señal de un cambio cultural acerca del problema del acoso y abuso sexual.

Cuando a mediados de la década de 1990 el demócrata Clinton, entonces ya cincuentón, mantuvo relaciones sexuales con la becaria Monica Lewinsky, de 23 años, el escándalo fue grande, pero Clinton no fue destituido. Ahora, en varios de los casos, la revelación de conductas inapropiadas llevó a despidos.

El propio Congreso ha sido escenario de denuncias: la representante demócrata Jackie Speier, de California, y la republicana Barbara Comstock, de Virginia, se sumaron a #MeToo y denunciaron que al menos dos miembros de la legislatura, uno de cada partido, han incurrido en acoso sexual.

“Muchas de nosotras, en el Congreso, sabemos lo que es, porque el Congreso ha sido durante demasiado tiempo caldo de cultivo de un ambiente de trabajo hostil”, dijo Speier, quien hace unos días confesó haber sido víctima de acoso y abuso sexual en el Capitolio hace años, antes de ser legisladora.

El senador demócrata de Minnesota, Al Franken, 66, un favorito de los liberales en Estados Unidos, y el representante demócrata de Michigan, John Conyers, 88, un adalid de los negros, han sido acusados ambos por numerosas mujeres y encaran ahora la furia de votantes que reclaman sus dimisiones.

Y lo que comenzó en un sinnúmero de encuentros privados, tocadas de nalgas y pechos en los rincones de las oficinas, besuqueos en ascensores, y demanda de favores sexuales a cambio de empleos o promociones, han derivado en serias consecuencias políticas en la actual coyuntura estadounidense, al punto que 2018, cuando habrá elecciones para la renovación del Congreso, bien podría ser el auténtico “año de la mujer”. Actualmente, los republicanos tienen 54 puestos en el Senado y los demócratas 46. Si los votantes de Alabama repudian a Moore el mes que viene y eligen a su rival demócrata Doug Jones, la cuenta pasaría a 53/47, haciendo más difícil para el Partido Republicano conseguir los 60 votos necesarios para aprobar algunos tipos de reformas. Pero, a su vez, si la furia contra Franken conduce a su dimisión, los demócratas pueden perder más terreno.


REVISIONISMO.


“El movimiento #MeToo ha forzado prácticamente a cada mujer que conozco a bajar a su sótano interior y a reconocer su propia historia”, escribió la columnista de The New York Times, Jennifer Weiner. “Todas tenemos algunas historias. La mía es bastante típica y, en el panorama general, no tan mala. Hubo un profesor de la secundaria que me besó y me dijo que me amaba. Y el mozo en mi primer empleo en un restaurante, que me apretaba en los rincones y se fregaba contra mí.”

“Y todos esos tipos a lo largo de los años que me han dicho o susurrado cosas cuando salía a la calle, a hacer compras, o esperaba el ómnibus”, añadió. “Pero eso es sólo el ruido de fondo en la vida de cada mujer, el precio de existir en un cuerpo femenino. Ah, y el reportero en el semanario donde fui becaria que se metía conmigo en la pieza de depósitos cuando yo tenía las manos llenas con copias del periódico, y me tocaba los pechos. Lo peor no era el manoseo, sino la manera lujuriosa con que después me miraba. ‘Ahora tenemos un secretito’, parecía decirme. ‘Ahora tenemos un pacto. Voy a seguir haciéndolo y tú seguirás sin decir una palabra, porque yo soy poderoso y tú eres remplazable’.”

Pero también los hombres están en la fase revisionista: cada uno rememorando qué ha hecho, o no ha hecho con qué mujer y dónde cuando hubo oportunidades. Es irónico que ahora, en las juntas directivas y niveles gerenciales donde los hombres son mayoría, se tomen las decisiones de despidos, suspensiones y dimisiones forzadas. ¿Cuántos de esos directores y gerentes de empresa tienen sus propias historias escondidas en su sótano interior?

 

 

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Las tres mariposas: Minerva, Patría y María Teresa Mirabal

 

El 25 de noviembre, Día Internacional para Eliminar la Violencia contra la Mujer, fue declarado por la ONU en honor a las hermanas Mirabal. Las tres Mariposas: Minerva, Patría y María Teresa Mirabal

 

"Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte".

 

Con esta frase, la activista dominicana Minerva Mirabal respondía a principios de la década de los 60 a quienes le advertían de lo que entonces parecía un secreto a voces: el régimen del presidente Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961) iba a matarla.

El 25 de noviembre de 1960, su cuerpo apareció destrozado en el fondo de un barranco, en el interior de un jeep junto con dos de sus hermanas, Patria y María Teresa, y el conductor del vehículo, Rufino de la Cruz.

Más de medio siglo después, la promesa de Minerva parece haberse cumplido: su muerte y la de sus hermanas en manos de la policía secreta dominicana, es considerada por muchos uno de los principales factores que llevó al fin del régimen trujillista.

Y el nombre de las Mirabal se ha convertido en el símbolo mundial de la lucha de la mujer.

Conocidas como "Las Mariposas", estas mujeres nacidas en una familia acomodada en la provincia dominicana de Salcedo (hoy Hermanas Mirabal), con carreras universitarias, casadas y con hijos, contaban en el momento de su muerte con cerca de una década de activismo político.

Dos de ellas, Minerva y María Teresa, ya habían pasado por la cárcel en varias ocasiones. Una cuarta hermana, Bélgica Adela "Dedé" Mirabal, quien murió este año, tenía un papel menos activo en la disidencia y logró salvarse.

"Tenían una trayectoria larga de conspiración y resistencia, y mucha gente las conocía", le explica a BBC Mundo Luisa de Peña Díaz, directora del Museo Memorial de la Resistencia Dominicana (MMRD).

Ese fatídico 25 de noviembre funcionarios de la policía secreta interceptaron el automóvil en el que se trasladaban las hermanas en una carretera en la provincia de Salcedo, en el centro norte del país.

Las mujeres fueron ahorcadas y luego apaleadas para que, al ser lanzadas dentro del vehículo por un precipicio, se interpretara que había fallecido en un accidente automovilístico.

Al momento de morir tenían entre 26 y 36 años, y cinco hijos en total.

"Fue un día terrible, porque aunque lo sabíamos, no pensábamos que se iba a actualizar el crimen", dice Ángela Bélgica "Dedé" Mirabal en el documental "Las Mariposas: Las Hermanas Mirabal".

"Había unos policías y yo les agarraba y les decía: convénzase que no fue un accidente, que las asesinaron", contó Dedé.

La popularidad de las tres mujeres, unido al aumento de los crímenes, las torturas y las desapariciones de quienes se atrevían a oponerse al régimen de Trujillo, hizo que este asesinato marcase la historia dominicana.

"Fue tan horroroso el crimen que la gente empezó a sentirse total y completamente insegura, aun los allegados al régimen; porque secuestrar a tres mujeres, matarlas a palos y tirarlas por un barranco para hacerlo parecer un accidente es horroroso", explica De Peña Díaz.

En palabras de Julia Álvarez, escritora estadounidense de origen dominicano, la clave para explicar por qué la historia de las Mirabal es tan emblemática radica en que le pusieron un rostro humano a la tragedia generada por un régimen violento que no aceptaba disidencia, y que llevaba tres décadas de asesinatos en el país.

"Esta historia cansó a los dominicanos, que dijeron: cuando nuestras hermanas, nuestras hijas, nuestras esposas, nuestras novias no están seguras, ¿de qué sirve todo esto?", afirma Álvarez, autora de la novela El tiempo de las mariposas, basado en la historia de las hermanas Mirabal que inspiró una película del mismo nombre.

En ese sentido, la directora del MMRD señala que todos los implicados en el "ajusticiamiento", como se conoce en República Dominicana a la muerte de Trujillo a tiros en una carretera el 30 de mayo de 1961 cuando iba con su chófer a visitar a una joven amante, "citan sin excepción el crimen de las Mirabal como la gota que colmó la copa".

 
El poder de las mariposas


"Las Mirabal sacaron sus brazos de la tumba de forma fuerte", indica Peña Díaz.

Y pese a que los homenajes a estas hermanas tardaron en llegar por miedo, hoy Minerva, Patria y María Teresa son un símbolo de la República Dominicana.

En el país caribeño además de una provincia con su nombre, les han dedicado, por ejemplo, un monumento en una céntrica vía de Santo Domingo y un museo en su honor que cada 25 de noviembre se convierte en lugar de peregrinaje de muchas personas.

Además, desde 1981 la fecha de su muerte se convirtió en un día señalado en Latinoamérica para marcar la lucha de las mujeres contra la violencia, realiazándose el primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe, en Bogotá (Colombia).

En dicho encuentro las mujeres denunciaron los abusos de género que sufren en el nivel doméstico, así como la violación y el acoso sexual por parte de los Estados, incluyendo la tortura y la prisión por razones políticas.

En 1999 la ONU lo convirtió en un día internacional.

 

Números que duelen


"En el mundo, los derechos de muchas mujeres aún no se respetan y muchas no tienen acceso a la educación", señala.

De hecho, la violencia de género ha llegado a ser calificada de "pandemia" en América Latina donde, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de 2013, "entre la cuarta parte y la mitad de las mujeres declaraban haber sufrido alguna vez violencia de parte de un compañero íntimo".

Con motivo de la conmemoración de este día, el Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de la ONU para la Promoción de la Mujer (INSTRAW, por sus siglas en inglés), cuya sede está en República Dominicana, aseguró en un informe que más del 50% de las mujeres y niñas en América Latina y el Caribe ha sufrido agresiones de alguna índole.

Según la ONU, la violencia en sus propios hogares es la principal causa de las lesiones que sufren las mujeres de entre 15 y 44 años en el mundo.

En el caso de América Latina, la investigación de Naciones Unidas determinó que entre el 30% y el 40% de las mujeres del continente ha sido víctima de algún tipo de violencia intrafamiliar. Una de cada cinco falta al trabajo por haber sufrido una agresión física en su casa.

En Chile, el 60% de las mujeres que viven en pareja ha sufrido algún tipo de violencia, en Colombia más del 20%, en Ecuador el 60% de las que residen en barrios pobres, en Argentina el 37% y en Nicaragua el 32% de aquellas que tienen entre 16 y 49 años.

En Estados Unidos, donde una mujer es agredida cada 15 segundos, la tercera parte de las que son internadas de emergencia en los hospitales ha padecido la violencia en su propio hogar.

En Argentina "Entre 2008 y 2014 hubo 1.808 femicidios, entre enero y octubre de 2015, 233 murieron víctimas de la violencia de genero", dijo Ada Rico, presidente de La Casa del Encuentro, organización que desde hace una década se ocupa de dar contención a las mujeres golpeadas y a los hijos de las que murieron a manos de quienes dijeron amarlas. Sólo en 2016, 230 asesinatos entre el primer día de este año y el 31 de octubre último, reveló que esa estadística se sostiene en los últimos años en Argentina.

Por todo esto "aún es tiempo de las mariposas".

 

Fuente:http://nqnmagazine.com.ar/noticia/515/las-tres-mariposas-minerva-patria-y-maria-teresa-mirabal

 

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Sábado, 18 Noviembre 2017 08:09

¿Eres libre?

¿Eres libre?

 

¿Eres libre? La pregunta puede detenerle el paso a cualquiera, así vaya con prisa. Después del alto, algunos despacharán la cuestión con rapidez. La libertad es algo subjetivo. Dirán. Depende... todo depende.

Otros responderán desde su edad, su clase social, su grupo racial; o bien desde la sociedad nacional, la familia, el trabajo, la pareja, la sociedad global... Como ciudadano cubano soy libre, o no; como mujer soy libre, o no...

Si queremos tocar la llaga, habrá que tener en cuenta que la cuestión de qué es la libertad precede a la posibilidad de evaluarla para nuestra propia vida y la de los otros.

Una forma usual de definir la libertad es esta: soy libre si otros no pueden interferir en mi vida. Si instituciones, grupos, el Estado, personas... pueden interferir de forma significativa en mi vida, en mis decisiones, en mis deseos, entonces no soy libre. Quien salde el asunto de ese modo, puede estar en desacuerdo con lo que sigue.

Defenderé un argumento diferente, de larga tradición: ser libre es no depender de otros para vivir.

No es libre el trabajador que, por miedo al despido, no puede intervenir en las condiciones de su trabajo; cuando el jefe / patrón lo estime, podría quedar desempleado, sin derecho a reclamo, sin indemnización, sin nada. No es libre quien, para reproducir materialmente su vida, depende de regulaciones arbitrarias o coyunturales del Estado o del mercado, que pueden desposeer sin más explicación, sin control público, sin resistencia social.

No es libre la mujer que, por no “trabajar en la calle”, depende del marido para vivir cada día. No importa que su compañero sea un “buen marido”, y que ella confíe en que él custodia los intereses de la familia. No importa que el “buen marido” le entregue su salario íntegro, porque ella lo administra como nadie. No importa que ella crea que por llevar-tan-bien-la-casa, tiene poder para negociar y decidir. No importa que, en efecto, él no intervenga en lo que ella compre o no compre, cambie o no cambie en su mundo privado.

El que provee, podría dejar de hacerlo cuando lo considerase. Lo que define a Martha –digamos que ese es su nombre– como una persona no libre, es que depende de su marido para reproducir materialmente su vida. Si la unión se disuelve, es probable que quede con nada para ella, y –en Cuba– con una pensión de 100 pesos para cada hijo de los dos que parió.

Tampoco es libre la que, sin saberlo, es víctima de lo que los doctos llaman violencia patrimonial. Esto es, la violación de los derechos de propiedad: la que es presionada a vender sus bienes; la que, siendo propietaria o teniendo derecho sobre alguna propiedad, resulta desposeída por la acción inconsulta del marido, el hijo o hija, u otra persona.

Mirada desde las mujeres, no es siempre clara la relación entre libertad y propiedad. El ideal de amor romántico donde toda reflexión sobre lo “material” es inapropiada, la necesaria “administración centralizada” de recursos escasos, la idea –equivocada– de que el bienestar de la familia es igual al bienestar de cada uno de sus miembros, son argumentos que obscurecen la importancia de la autonomía material.

Sin embargo, la mayor vulnerabilidad de las mujeres –expresada, por ejemplo, en nuestra sobrerrepresentación en las franjas de pobreza– tiene que ver con la desposesión. Esa desposesión, por lo dicho, define dependencias, ausencia de libertad.

Lo anterior no es novedad: está comprobado que la dependencia económica de la mujer es una de las bases más importantes de la opresión de género. Por el contrario, la autonomía material de las mujeres se relaciona con su bienestar, con su poder de negociación dentro y fuera del hogar, y con su posibilidad de construir y negociar poder en la sociedad. Tener recursos propios para reproducir la existencia –para no pedir permiso a otros para vivir– incide en la seguridad jurídica de las mujeres, en su posibilidad de transformar sus bienes en activos para producir y generar ingresos, y en su posibilidad para participar en el mercado.

El desconocimiento también coarta los derechos de propiedad de las mujeres y, por tanto, las condiciones de su libertad. Algunas piensan que, al casarse, los bienes que tenían pasan a la familia. Por tanto, no los reclaman en caso de separación o divorcio. Algunas de las que no tienen trabajo asalariado, consideran que su trabajo no es productivo y que, por ello, los activos del hogar solo pertenecen a sus esposos; creen que si la unión se disuelve no tienen derecho a reclamo o tienen solo el derecho que les otorga ser madres. Otras tienen dificultades para acceder a la justicia por falta de recursos sociales o materiales que sesgan –también en Cuba– este tipo de empeños.

El asunto ha tenido tratamiento internacional. Desde la Convención sobre la Eliminación de todas Formas de Discriminación contra la Mujer, ratificado como tratado internacional en 1981, se reconoció que para poner fin a esta discriminación se requiere reforzar sus derechos de propiedad y fortalecer su derecho a poseer, heredar y administrar propiedades a nombre propio.

En 1995 la Plataforma de Acción de la Conferencia de Beijing volvió sobre el asunto. Entre las recomendaciones específicas del Task Force de Naciones Unidas sobre la número Tres de las Metas de Desarrollo del Milenio, se encuentra una específicamente referida a los derechos de propiedad de las mujeres. Allí se señala la necesidad de recoger información sistemática sobre la distribución por sexo de la tenencia de bienes y sobre las diferentes formas de propiedad.

En Cuba no sabemos cómo se distribuyen los activos en el hogar atendiendo al sexo. No hay datos públicos desagregados por sexo sobre quiénes detentan la propiedad de las viviendas, sobre cómo se distribuyen los activos financieros (cuentas de ahorro), ni tenemos información específica sobre el aporte de las mujeres, por ejemplo, en los espacios rurales (ámbito que absorbe cerca del 20 por ciento del empleo total del país). Sin embargo, hay algunos indicios.

En el sector privado de la economía cubana –hoy el más dinámico– solo el 32 por ciento son mujeres. Una parte considerable de ellas, además, son trabajadoras contratadas –cuentapropistas que trabajan para “cuenta ajena”. Para emprender un negocio, se necesita de un capital que, al parecer, las mujeres manejamos menos. Si lo anterior demuestra alguna tesis, es esta: el mercado no es neutral al género. Parece que las mujeres somos menos independientes que los hombres para “emprender” negocios, como propietarias, en la Cuba actual.

Los análisis sobre propiedad y género han demostrado que, para acumular activos, la mayoría de las personas dependen de sus salarios o ingresos y de lo que puedan ahorrar a partir de ellos. El análisis cubano despierta una alerta al respecto: la población femenina económicamente activa es solo la mitad de las mujeres en edad laboral.

¿Qué quiere decir eso? En primera instancia, que casi la mitad de las mujeres en edad laboral no tienen un empleo formal y no están buscando empleo. Es probable que al menos una parte importante de ellas sean cuidadoras de niños, ancianos, o personas con necesidades especiales en el hogar, amas de casa, trabajadoras domésticas no remuneradas. No reciben ingresos estables. Son dependientes de otros. ¿Son libres?

Sabemos aún más. En los espacios rurales, menos mujeres que hombres acceden al trabajo remunerado en la agricultura. Menos mujeres que hombres tienen control de tierras, tecnologías e insumos en la práctica productiva. Menos mujeres que hombres ocupan espacios de poder. ¿Son libres?

Sabemos, también, que las normas cubanas aseguran igualdad para ambos cónyuges en situaciones de separación. Sin embargo, la práctica concreta de justicia genera desigualdades a desfavor de las mujeres en relación a asuntos patrimoniales, sobre todo, si no son madres. La fórmula para los procesos de Liquidación de Comunidad Matrimonial de Bienes promulga la división de estos a partes iguales, pero su aplicación concreta puede condicionar fallos injustos agravados por las dificultades en la aplicación de las sentencias.

En un escenario de cambios tan fundamentales como el que acontece en Cuba, incrementar el poder de negociación de la mujer dentro y fuera de sus casas, y pensar en las condiciones de posibilidad de su independencia material, no se puede dejar para luego.

Si aumenta la desigualdad, aumentará más para nosotras. Si aumenta la pobreza, seremos las más empobrecidas. Si el mercado es cada vez más central, tendremos más posibilidades de permanecer en los márgenes de este. Con todo, la promesa hecha por el actual presidente cubano de que en este camino “nadie quedará desamparado”, es más difícil de cumplir para las mujeres. Expandir las condiciones de nuestra libertad también lo es.

 

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Miércoles, 15 Noviembre 2017 06:47

La diversidad en movimiento

La diversidad en movimiento

Días atrás, en un encuentro de geografía agraria en Curitiba (Brasil), tuvimos la oportunidad de conocer los cambios que se están procesando dentro de los movimientos sociales, en los principales colectivos latinoamericanos.


Mujeres sin tierra relataron cómo en los asentamientos de reforma agraria ligados al MST, se están formando colectivos de mujeres y de jóvenes LGBT. Aunque el activismo femenino en ese movimiento no es algo nuevo, la amplitud de la organización de las mujeres muestra una nueva tendencia. En casi todos los movimientos las direcciones tienden a ser masculinas, aunque en las bases la presencia de las mujeres sea mayoritaria.


En cuanto al colectivo LGBT dentro del MST, se trata de una novedad significativa en una organización campesina. A principios de noviembre hubo una reunión de unas 80 personas de varios estados del país en el marco de la Escuela Nacional Florestán Fernandes, para debatir sobre lucha de clases y diversidad sexual (goo.gl/b33vD5).
Según la página del movimiento, se trata de trabajar para que los asentamientos y campamentos “sean espacios de libertad de expresión y de vivencia de la sexualidad como parte integral del proyecto de sociedad socialista”. Destaca también que en el movimiento comenzó como una auto-organización de los sujetos LGBT, que luego fue articulada por el conjunto del movimiento.


En otros movimientos latinoamericanos puede constatarse la emergencia de sujetos nuevos, entre los que destacan las mujeres y los colectivos por la diversidad de opciones sexuales, así como negros, indígenas e integrantes de los más diversos pueblos originarios, como pescadores, recolectores y pueblos de tierras bajas, entre otros.
Deben destacarse dos aspectos. El primero es que los nuevos sujetos surgen en el seno de movimientos que tienen más de tres décadas, donde la presencia hegemónica de los varones ha sido la norma. Las más de las veces, estos movimientos tienden a replegarse en las instituciones y dejan de ser espacios de transformación de las personas y de la realidad, cuestiones que caminan de la mano.


La segunda es que la presencia de diversidades puede formar parte de un crecimiento interior del movimiento, como expresaron algunas compañeras en Curitiba. Se trata de abrir las puertas a la expresión y organización de sujetos diversos que no sólo no coliden con los sujetos tradicionales sino que enriquecen, en este caso, la identidad campesina.


En períodos anteriores, los hijos de los campesinos tendían a salir del campo para instalarse en las ciudades. Era la forma de poder realizar estudios que les permitieran un ascenso social, además de conseguir cierta autonomía como individuos, lejos de los prejuicios de sus padres y vecinos. Iniciativas como las que comentamos, pueden contribuir a reforzar la ligazón de los campesinos jóvenes con los movimientos y con la tierra, ya que expresan sus deseos y sueños en los mismos lugares donde nacieron.
La organización de nuevos colectivos al interior de los movimientos, puede contribuir a reforzar la lucha por la reforma agraria, a crear sujetos más heterogéneos y, por lo tanto, más sólidos. Hasta hace poco tiempo, digamos en los años de la hegemonía patriarcal, se pensaba que la homogeneidad (y su hermana la unidad) eran la clave de la solidez de la lucha revolucionaria.


Nada más errado. Como señalan los zapatistas, la unidad puede convertirse en forma de dominación fascista, ya que al aplastar la heterogeneidad se someten las diferencias a un proyecto uniformador que no hace más que reforzar la dominación. Por el contrario, la diversidad nos hace más fuertes como colectivos, al multiplicar y enriquecer las relaciones humanas en el interior de las organizaciones, lo que las hace más resistentes.


Nada de esto se consigue sin contradicciones y sin superar obstáculos internos, anclados en la inercia organizacional que tiende a frenar los cambios. Por todo esto, resulta necesario destacar los desarrollos que se están produciendo en el seno de los movimientos porque, siendo la herramienta principal de la transformación del mundo, que renueven su filo anti-sistémico es una buena noticia para compartir.

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En Colombia, se registraron 15 mil 76 víctimas de violencia sexual

 

El Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica presentará el próximo 24 de Noviembre su informe “La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional sobre violencia sexual en el conflicto armado” En él se entrecruzan las historias de 227 mujeres que hacen parte del amplio espectro de la violencia sexual en el marco del conflicto armado en Colombia y que arroja la cifra de 15076 víctimas.

Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, el 91.6% de las víctimas de estos delitos contra la libertad y la integridad sexual “han sido niñas, adolescentes y mujeres adultas”. Además se especifica que existe un sub registro y poca información sobre esos delitos y un importante porcentaje de casos en los que se desconocen los perpetradores que hace que las cifras no sean presentadas de manera concluyente.

 

LOS PRINCIPALES PERPETRADORES DE LA VIOLENCIA SEXUAL HAN SIDO LOS PARAMILITARES

 

Entre otras cifras el informe resalta, frente a los perpetradores que “los paramilitares han sido responsables de 4.837 casos, 32%, las guerrillas han sido responsables de 4.722 casos, 31,5 %, Agentes del Estado han sido responsables de por lo menos 206 casos registrados y los grupos armados posdesmovilización GAPD son responsables de 950 casos.” Y en 3.973 se desconocen los responsables.

El informe recoge cifras hasta el 20 de Septiembre de 2017 y pretende, según el comunicado de prensa, no solamente desenmascarar la verdad de una violencia que “ha sido silenciada” sino interpelar al conjunto de la sociedad colombiana para que cese la estigmatización de las víctimas y permitir que se visibilicen sus estrategias para superar esa victimización.

 

LAS ALTERNATIVAS PARA INTENTAR RESTAURAR EL DAÑO DE LA VIOLENCIA SEXUAL

 

Según el CNMH, una de las preguntas que plantea esta investigación y que debe hacerse a toda la sociedad colombiana, también de cara a un proceso de post acuerdos es ¿qué vamos a hacer para que esto no vuelva a suceder? Por ello presenta algunas de las alternativas que han apropiado las víctimas para superar las secuelas que este tipo de violencias deja en los cuerpos de las mujeres y en general en el tejido social.

Por ejemplo, señala que algunas de las mujeres optaron por enfrentar a sus victimarios acudiendo a la denuncia pública, otras han decidido seguir adelante en la defensa de sus territorios con la idea de que las jóvenes y niñas de sus comunidades no sean también víctimas de los paramilitares o los actores armados que operan en sus territorios, entre otras.

Si bien, solamente hasta el 24 de noviembre se conocerá el informe completo, quedan planteadas tanto las preguntas como las alternativas de respuesta a una situación que es abrumadora y que debe estar en la primera línea de la recién creada Comisión de la Verdad, no solamente para que se esclarezcan estos crímenes sino también para que se abra el camino de la No Repetición.

Publicado originalmente en Contagio Radio

 

 

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Mujeres participando en una manifestación por la igualdad.

 

El pesimismo en torno a la paridad hombre-mujer en el mundo se ha instalado hasta en la invernal estación de Davos, donde se reúnen, cada enero, los jerarcas políticos y económicos. Un informe de su entidad organizadora, el World Economic Forum (WEF) avisa de que la brecha no sólo no sutura, sino que se agranda

 

“Un duro revés”. Así califica el WEF el estado de la igualdad de género en el planeta tras la revelación de su indicador 2017. El año en el que han emergido los nacionalismos de corte populista, han aumentado los riesgos geopolíticos y han surgido nuevas amenazas sobre la economía mundial, parece que también ha distanciado aún más las divergencias entre hombres y mujeres en materia de igualdad de género.

En casi la práctica totalidad de los parámetros que la institución organizadora del Foro de Davos evalúa para calificar su indicador anual. Pero, en concreto, en el terreno salarial. Quizás el barómetro más sensible y en el que mejor se aprecia la discriminación por razones de sexo.

En concreto, en este apartado, los expertos del WEF advierten de que se ha retrasado en 47 años el momento del supuesto ensamblaje remunerativo respecto a su último diagnóstico, lo que relega más de dos siglos (exactamente, 217 años) la proclamación de la igualdad retributiva. Es decir, en el año 2234.

En términos generales (suma del conjunto de los exámenes socio-económicos de los 144 países que somete a evaluación, entre ellos, acceso a educación, sanidad o participación en el escenario político), el ranking del WEF cifra en el entorno de los cien años la paridad entre hombres y mujeres. “La desigualdad reduce de forma drástica los recursos de talento de una parte substancial de la población” global y, con ello, se reduce la capacidad de la humanidad a la hora de “abordar los desafíos” a los que se enfrentan las relaciones económicas en todo el mundo, explica en el prólogo del informe Klaus Schwab, fundador y presidente del WEF.

El estudio sitúa la brecha de género en un 68%. Siendo el nivel 100 el punto de igualdad. Los nórdicos, un año más, encabezan la clasificación. Con Islandia a la vanguardia, con un 87% de su brecha de género ya suturada. Por noveno año consecutivo. Le siguen Noruega y Finlandia.

El WEF emitió su primer ranking de igualdad en 2006. Y, desde entonces, siempre ha constatado “lentos, pero continuados progresos”. Hasta ahora.

Saadia Zahidi, responsable del parámetro de educación de esta institución, no deja lugar a dudas: “En 2017 no hemos visto avances hacia la paridad; más bien al contrario, la evolución se ha detenido. Incluso el camino se ha revertido”. A su juicio, “la lucha contra la desigualdad por razones de sexo demanda imperativos de orden económico, pero también moral”. Y sólo algunos países -explica- lo comprenden; son los que ven ahora los dividendos de las medidas proactivas que han instaurado en los últimos meses en esta dirección”. Bulgaria, Canadá, Francia y Bolivia, Dinamarca y Reino Unido son las naciones que han protagonizado los mayores saltos cualitativos. Todos, dentro del top-twenty.

España es otro de los países que más han progresado. Hasta firmar un 74%. Sigue al sexteto anterior, junto a Barbados, pero se queda en el vigésimo cuarto peldaño del escalafón, tras subir cinco puestos. Eso sí, sin entrar entre los diez mejores de Europa.

 

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El Talón de Aquiles español es el diferencial de salarios entre hombres y mujeres. Valoración inmersa en el sub-índice económico, donde se queda en un modesto porcentaje del 65%, en el puesto 81 del ranking global. Frente al 99% de nivel académico y al 97% de acceso a la Sanidad.

Aunque la puntuación más baja la obtiene en igualdad de representantes políticos, con un 35% que, sin embargo, le encarama dos puestos por encima de su valoración general: el vigésimo segundo. Motivo que se explica por el reducido -o nulo- número de mujeres que logran cargos vinculados a la política. Gran parte de ellos, de naciones musulmanas.

El informe del WEF viene a justificar, en este lunar español, otro estudio reciente, de principios de año, elaborado por Equileap, en colaboración con la Universidad de Maastricht, en la que se reducen a seis las firmas españolas -de las 43 que analizó el documento- incluidas en el ranking de igualdad de género del sector privado que encabazaba la francesa L'Oréal y que se basaba en información pública de 3.048 empresas cotizadas de 23 países. La primera fue Red Eléctrica, en el puesto 51. Más abajo aparecieron, por orden decreciente, Banco Santander (61); CaixaBank (102), Bankinter (107), Enagas (135) y BBVA (156).

En cualquier caso, España se sitúa lejos del decimoprimer puesto que obtuvo en 2006.

Aunque los mayores avences porcentuales en igualdad correspondan a Nicaragua, con un 12% de brecha corregida, y Nepal, Bolivia y Eslovenia, con un 11%.

 

Los diez peores clasificados

 

La media global de los 144 países analizados se sitúa en el 68%, un punto menos que en 2016. A pesar de que se han registrado mejoras en 82 naciones, ha pesado más los retrocesos de 60 de ellos, casi en su totalidad en los parámetros económico-salarial y de acceso al poder político. El propio WEF enfatiza esta paradoja: en 2025, el PIB mundial se incrementará en 5,3 billones de dólares respecto a los niveles actuales, mientras que el gap de participación económica entre los hombres y las mujeres se situará en el 25%, según las previsiones para ese mismo año.

Por orden decreciente, los peores parados, según el indicador del WEF, son los siguientes países:

10.- Jordania (60%). Casi no dispone de mujeres trabajando en puestos vinculados a ministerios y su ordenamiento jurídico no contempla mandatos legales sobre igualdad de género. Aunque el voto femenino se instauró en 1974.

9.- Marruecos (59,8%). Las hijas carecen de cualquier tipo de derecho sucesorio y las mujeres brillan por su ausencia en el escalafón político e institucional del país.

8.- Líbano (59,6%). Leyes sin igualdad de género, hijas sin derechos sucesorios y ausencia casi total de mujeres en el parlamento y en cargos ministeriales.

7. Arabia Saudí. (58,4%). A las mujeres se les permitió votar y ser candidatas por primera vez en 2015, en unas elecciones municipales. Este año se les ha levantado la prohibición expresa de conducir vehículos.

6. Malí (58,3%). Sin leyes antidiscriminación de género en un país que permite el negocio de aquiler de mujeres. Las hijas sólo tienen derechos parciales de herencia y las mujeres, sólo usos concretos de propiedad de la tierra, ya que la práctica totalidad de ella pasa al control de sus cónyunges.

5.- Irán. (58,3%). Las mujeres sólo pueden acceder a determinados servicios financieros y sólo a ciertos activos y propiedades de tierras.

4.- Chad (57,5%). El acceso a la educación de sus mujeres es ostensiblemente más recucido que el de los hombres y nunca ha habido representación femenina en altos cargos del Estado.

3.- Siria (56,8%). La gran mayoría de la fuerza laboral y de la clase política es masculina. Las leyes no promueven la igualdad. Las hijas, sin derechos de sucesión ni de herencias.

2.- Pakistán (54,6%). Sin normas de igualdad, pero con permisividad legal para negociar con las mujeres. Tuvo una presidenta del país, Benazir Bhutto, que fue asesinada en 2007.

1.- Yemen (51,6). Sin mujeres en el parlamento ni en las instituciones políticas. Sin leyes de género y con prohibición expresa de acceso de la mujer a los servicios financieros.

 

El paraíso de la igualdad: Islandia

 

No es ninguna sorpresa. Islandia es, para el WEF, el nirvana igualitario entre hombres y mujeres. Como en las ocho ediciones anteriores. Es el arquetipo del “éxito de varias décadas” de avances continuados, “fuente inspiradora” para el resto del planeta en esta materia y la nación mejor colocada para suscribir el 100% de igualdad, dicen los expertos del Foro de Davos.

¿Su secreto? La convicción de que el combate final contra la discriminación no nace sólo de un acuerdo tácito. Sino que requiere de contínuas acciones colectivas y mecanismos de solidaridad para defender los derechos civiles de las mujeres, su acceso paulatino a los más altos cargos de responsabilidad políticas y el instrumento de los cambios legislativos para potenciar, primero, y conseguir, después, la equiparación de cuotas y salarios entre ambos géneros.

Islandia es una isla, pero no está aislada en esta materia. Sus protestas civiles han aupado a sus representantes femeninas a las más altas instancias del país. También han proliferado en el país a lo largo de las últimas décadas las reivindicaciones ciudadanas para acabar con los privilegios masculinos -sobre todo, en materia económica-, que consiguieron dar visibilidad a las demandas de sus mujeres y hacer calar en su sociedad la participación compartida en la toma de decisiones. En el ámbito civil, familiar y empresarial. Una aceptación social y cultural que ha germinado en el imaginario colectivo.

Islandia es el país que inició la concesión del voto y el acceso parlamentario de sus féminas. Nada más y nada menos que en el año 930. Y estableció derechos legales similares a los hombres entre 1914 y 1915. Aunque entre 1915 y 1983, sólo entre un 2% y un 5% de sus parlamentarios eran mujeres. Motivo por el cual, sus movimientos feministas fueron especialmente activos en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado. Con resultados espectaculares. En 2012, por ejemplo, Islandia tuvo el privilegio de lograr el nombramiento de la primera mujer obispo. De religión protestante, la mayoritaria en el país. Y, desde 2016, el 48% del parlamento es mujer.

Mientras en su legislación se prohíbe expresamente el acoso sexual, se ha alcanzado una gradual equiparación de permisos de paternidad entre hombres y mujeres en el generoso estado del bienestar islandés y la igualdad de puestos directivos y de remuneraciones salariales es su gran sello de identidad. 

 

 

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Lunes, 30 Octubre 2017 07:17

Silencios interrumpidos

Rose McGowan, una de las decenas de actrices que han acusado de acoso e incluso de violación al productor de Hollywood Harvey Weinstein, llamó a no seguir ignorando el problema de las agresiones sexuales, en un discurso pronunciado el pasado viernes durante la Convención de la Mujer celebrada en Detroit, Michigan. La acompaña en la imagen (a la derecha) Tarana Burke, fundadora de #MeToo

 

Uno ocupa la Casa Blanca, dos son residentes anteriores de ese edificio público, otros son dueños de la fábrica de sueños (y pesadillas) en Los Ángeles, otros se dedican a reportar las verdades al público, muchos son campeones de valores familiares y todos son hombres acusados de abuso, hostigamiento y violación sexual de mujeres.

No son un club exclusivo. Una de cada tres mujeres han padecido hostigamiento sexual en su trabajo en Estados Unidos, pero 90 por ciento nunca presentan una queja formal según diversos cálculos. La violencia sexual es aún más alarmante: cada 98 segundos alguien –casi siempre mujeres– es sexualmente asaltado en este país y aproximadamente 321 mil 500 personas son sexualmente asaltadas o violadas cada año, y 99 por ciento de los responsables de violencia sexual no enfrentarán consecuencias penales, según cálculos de RAINN, la organización nacional contra la violencia sexual más grande del país (www.rainn.org).

Durante las recientes tres semanas, de repente se ha producido un coro ensordecedor de denuncia y condena contra el hostigamiento y violencia sexual contra las mujeres, una vez más. Y la pregunta es si esta vez algo cambiará.

El capítulo más reciente fue iniciado con un reportaje en el New York Times seguido casi de inmediato por otro en The New Yorker (este último escrito por Ronan Farrow, hijo de Mia Farrow y el director de cine Woody Allen, con quien no habla). En los reportajes varias actrices –algunas de manera anónima, otras por primera vez dando su nombre– acusaron al poderoso productor de cine Harvey Weinstein de acoso, hostigamiento y hasta violación sexual.

Esto se volvió un tsunami de ira y a lo largo de las recientes tres semanas, 60 mujeres han denunciado sus experiencias de abuso y violencia sexual con Weinstein y más de 200 han hecho lo mismo contra el guionista James Toback. Poco después, el jefe de Amazon Studios renunció ante acusaciones parecidas.

Los detalles, a veces muy explícitos, inundaron los medios. Mucho tenía que ver con los nombres famosos: Angelina Jolie, Gwyneth Paltrow, Rachel McAdams, Annabella Sciorra, Ashely Judd, Asia Argento, Lupita Nyong’o. Los que no estaban en las listas tenían que comentar sobre el asunto. De repente, y por ahora, quedó prohibido el silencio.

Esto generó otras denuncias de abuso sexual de figuras reconocidas en otros sectores, incluyendo, entre otros, el periodista Mark Halperin, de NBC News y antes de ABC; el crítico literario de la revista The New Republic Leon Wieseltier; el célebre chef John Besh, y ahora hasta el ex presidente George H. W. Bush, quien a sus 93 años de edad se vio obligado a emitir una disculpa desde su silla de ruedas ante múltiples acusaciones de que tocó de manera indebida a mujeres –incluida una actriz– al momento de tomarse fotos públicas con ellas.

Con ello se detonó una masiva conversación pública sobre varias dimensiones de este escándalo y sus implicaciones, el abuso del poder de los hombres contra las mujeres y su tolerancia, y sobre el silencio.

Weinstein, como muchos otros –los casos más recientes son los del ejecutivo en jefe de Fox News Roger Ailes y el presentador estrella Bill O’Reilly–, silenciaban a sus víctimas con acuerdos legales con pagos desde decenas de miles a millones de dólares y/o por amenazas de que sus carreras serían anuladas y sus reputaciones destrozadas.

La caída extraordinaria de estos hombres –Weinstein fue echado de su propia empresa y expulsado de la Academia de Artes y Ciencias del Cine (el gremio de Hollywood), su esposa pidió el divorcio y la policía lo está investigando. Otros como Ailes, O’Reilly Halperin de NBC han sido cesados o se han apartado de sus puestos poderosos– genera expectativas de que esto podría ser el principio de un cambio real.

Pero también hay dudas, ya que no es la primera vez. Recuerdan que todo esto sigue ocurriendo, a pesar de los casos de alto perfil de años recientes, desde el del actor Bill Cosby –acusado por decenas de mujeres de drogarlas y violarlas– hasta los escándalos sexuales de otro ex presidente que estaba por volverse el primer caballero, Bill Clinton, o de las denuncias valientes de la abogada Anita Hill contra Clarence Thomas hace más de un cuarto de siglo que acabaron con ella cuestionada y él ratificado a la Suprema Corte.

Tal vez el ejemplo más devastador para los que luchan contra todo esto es un hombre que sólo el año pasado fue públicamente acusado múltiples veces por varias mujeres de hostigamiento sexual, y quien fue grabado declarando que él, por su fama y dinero, podía agarrar la panocha de quien se le antojara: el actual presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump.

Y no tienen vergüenza. Sólo la semana pasada, Trump y su vocera reiteraron que todas los que han acusado al presidente de violencia o acoso sexual son mentirosas, y que todo eso son fake news.

Por ahora, las víctimas, mediante actos de valentía individuales que al romper el silencio invitaron a otros –el hashtag #MeToo (yo también) ya cuenta con millones de minitestimonios/denuncias– están generando la solidaridad esencial para derrocar a algunos poderosos y que todos tengan que escuchar su grito colectivo.

Algunos esperan que esto podría renovar un movimiento feminista más radical que incluye también la lucha contra los abusos de poder en todos los rubros. Recuerdan que la primera manifestación masiva de resistencia a este presidente fueron las Marchas de las Mujeres. Algunas de sus organizadoras realizaron su primera convención nacional con más de 4 mil participantes este fin de semana en Detroit, donde entre las oradoras principales estaba Rose McGowan, una de las actrices que denunciaron a Weinstein, para diseñar algunas de las estrategias de lo que esperan será ese movimiento.

Algunos advierten que esto no puede quedarse como un asunto de famosos y los que quieren ser famosos, sino de millones que viven lejos de los reflectores y la fama, pero que se han enfrentado a la misma injusticia inaguantable de sufrir esta pesadilla sólo porque deseaban caminar hacia sus sueños. No es momento de guardar silencio.

 

 

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