Jueves, 26 Octubre 2017 06:43

Octubre: fulgor y caída

Octubre: fulgor y caída

A principios del siglo pasado el planeta no sólo se dividía en husos horarios, sino también en husos calendarios y por eso Octubre ocurrió en noviembre. Dicen –porque uno no estuvo allí– que una representación de obreros, campesinos, soldados, militantes de toda la vida e intelectuales tomó el mundo por asalto y tuvo la posibilidad de refundarlo todo, de rehacer la sociedad de arriba abajo y, un poder nada desdeñable, de poner nuevos nombres a las cosas. Dicen que tenían prisa: su circunstancia era desesperada, su éxito dependía de circunstancias externas, tomaban como inspiración a los jacobinos franceses y tenían la premonición de que, como éstos, su predominio no habría de durar mucho tiempo; por eso trabajaban sembrando ejemplos a futuro, ideando referencias para subversivos que aún no habían nacido.


Tal vez suene frívolo pero los mecanismos de la identificación no funcionan bien con los revolucionarios del XVIII: hay pelucas, trajes raros, tipografías difíciles y giros del idioma y una visión del mundo inaugural de la época moderna, que ya nos queda lejos. Con los de 1917, en cambio, ya se tiene en común la electricidad corriente, el teléfono, el cine, la aviación y una manera más próxima de pensar y decir las cosas, y en sus obsesiones están ya prefiguradas las nuestras; en buena medida, los grandes dilemas políticos, económicos y éticos –sobre todo éticos– que hubieron de resolver o en los cuales naufragaron, siguen siendo los de hoy; varias de sus discusiones siguen estando en carne viva, muchas de sus conquistas son apenas anhelo en nuestros días y por eso a uno le resultan entrañables.


Hace cien años, en un país en el que hasta entonces las mujeres estaban obligadas por ley a obedecer a sus maridos, carecían de derecho a heredar bienes y de la menor protección laboral, el gobierno revolucionario legalizó el divorcio y despenalizó el aborto, el adulterio y la homosexualidad e instauró la protección obligatoria para las trabajadoras que iban a ser madres. Hubo una coyuntura de la historia en la que se puso a debate todo –pero todo–, desde la industrialización masiva hasta el sicoanálisis, desde la abolición del Estado hasta la pertinencia de conservar el dinero como mecanismo de intercambio, desde la paz a costa de lo que fuera hasta la guerra preventiva. Hubo un régimen en el que la austeridad e incluso la pobreza de los altos mandos era la norma y no la excepción. Hubo hace un siglo una revolución que se vio cercada y acosada desde su arranque y que no encontró mejor solución para sobrevivir que fusilar a quienes podían destruirla, e incluso a quienes, sin exhibir comportamiento reaccionario alguno, habían nacido en cuna aristocrática. Y hubo un puñado de dirigentes que vivieron semejantes decisiones como tragedia y con remordimiento, incluso en un entorno mundial en el que la pena capital era moneda de uso corriente en todos los países.


Dicen –aunque uno no lo vio– que el comisario del pueblo para la Instrucción Pública ordenó enjuiciar a Dios por crímenes en contra de la humanidad y que, tras la sentencia, Lo mandó fusilar en la Plaza Roja el 17 de enero de 1918. Podría parecer una expresión de intolerancia primitiva, de no ser porque fue emprendida por un funcionario que al tiempo que impulsaba la alfabetización universal protegía las manifestaciones destacadas de la cultura zarista (el ballet clásico y los teatros imperiales, por ejemplo) de la furia de los más radicales, difundía la cultura proletaria, daba aliento a dramaturgos como Stanislavsky, promovía el futurismo, admiraba el impresionismo y era autor de una pieza teatral tan quijotesca que lleva por título El Quijote liberado. O sea que tal vez aquella travesura del deicidio deba entenderse en clave de performance (un auto desacramental) y de humorada. Y dicen que hubo conciertos en los que las sirenas de las fábricas fueron usadas como instrumentos en sinfonías monumentales para saludar el Día del Trabajo.


El aliento de la utopía duró unos pocos años. Pronto, demasiado pronto, el infortunio se impuso a la libertad, la contingencia triunfó sobre la necesidad y el poder del sueño fue desplazado por el sueño del poder. La mayoría de los militantes abnegados, honestos y lúcidos que se habían empeñado en demostrar que otro mundo era posible fueron asesinados por su propia criatura: un mundo otro, sí, pero que a pesar de los formidables empeños de la razón revolucionaria nació chorreando sangre y lodo por todos los poros. Cincuenta años más tarde, algunos seguían viendo en aquella gigantesca aglomeración de poder geoestratégico los rasgos de un Estado obrero y se maravillaban de cómo había sido capaz de convertir a la vieja Rusia (que en 1917 se encontraba hundida hasta las rodillas en el feudalismo) en una potencia atómica y espacial.


* * *


A principios de marzo de 1985, después de caminar unas cuadras que el frío volvía larguísimas por lo que entonces aún aparecía en los mapas como Prospekt Marx, desemboqué a bocajarro en la Plaza Roja, el peso histórico del sitio se me vino encima y me abrumó la conmoción. Empecé a sollozar como un idiota, pero de pronto sentí un dolor agudo en los lagrimales y en las mejillas: a pesar de su contenido salino las lágrimas se me habían congelado y más doloroso resultó arrancarme aquellos carámbanos.

Fue la única vez que visité el país de Octubre. Los cascarones de los soviets aún se esparcían por el desmesurado territorio y de pura chiripa me tocó presenciar el funeral del penúltimo secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética y el ascenso de Mijail Gorbachov a los máximos cargos del Estado. La primera de esas noticias se supo antes en el resto del mundo que en la propia URSS. Se dijo por ahí que la nomenklatura no quiso informar a la población para no arruinar los festejos del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, pero creo que no fue cierto. Cuando entré, como parte de un pequeño grupo de periodistas mexicanos, al atestado Salón de las Columnas en lo que era el Palacio de los Sindicatos, vi de sopetón el cuerpo de Konstantin Ustinovich Chernenko. Como era lógico, estaba acostado y colocado sobre una tarima un poco demasiado alta, de modo que sus fosas nasales por las que se asomaban muchos pelos me quedaban justo a la altura de los ojos. Eso, las suelas vírgenes de sus zapatos postreros y una marcha fúnebre interpretada en bucle y a un ritmo arrastradísimo por una orquesta como de 200 músicos es lo que se me quedó grabado de aquella ceremonia pomposa.

Recordé la pugna que se estableció en enero de 1924 entre Stalin y el resto de los bolcheviques por el estilo que habría de imprimirse al funeral de Lenin: ante la escandalizada decencia de los segundos, el primero impuso contra viento y marea un ritual fastuosísimo que culminó, para colmo, con la instauración del culto a un cuerpo disecado.


En esa única visita no observé, pues, casi ningún vestigio vivo de aquel Octubre que sucedió en noviembre, sino un régimen avejentado y un imperio cosmopolita y casi galáctico contenido en sí mismo. A pesar de los yerbajos de corrupción que empezaban a asomar entre las grietas ya visibles de la vetusta edificación se percibía, eso sí, la dignidad de una sociedad que conocía sin alardes su inestimable y doloroso protagonismo en la historia.


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Cambio climático

 

La co-coordinadora de Ecologistas en Acción, Nerea Ramírez, la periodista de The Guardian Fiona Harvey, o Fleur Newman, representante de la Convención Marco de de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, entre otros, debaten sobre la introducción de la perspectiva de género en la llamada transición energética.

 

Durante los últimos meses hemos visto de cerca los efectos del cambio climático y cómo sus múltiples manifestaciones han devastado ecosistemas y sociedades. Una devastación que repercute por encima de todo en las mujeres, acrecentando su vulnerabilidad dentro de las sociedades y, debido a la mayor dependencia que éstas tienen de la tierra -según un estudio de la ONU en el planeta hay cerca de 600 millones de mujeres que dependen de la vida en el campo -, generando un aumento en sus cargas de trabajo.

“Las mujeres se ven más afectadas por el cambio climático, porque tienen una dependencia financiera menor y están mucho más sujetas a los resultados agrícolas”, explica la periodista de The Guardian Fiona Harvey en la conferencia Justicia Climática: la perspectiva de género en la transición energética, organizada por Los Verdes en el Parlamento Europeo.

De forma tradicional las mujeres han ocupado una posición determinante en la estructuras familiares patriarcales que les hace depositarias de las labores de cuidado y sostenimiento de las vidas que componen la familia. Unas labores que, además de estar excluidas de los mercados laborales, las convierte en las principales gestoras de los recursos energéticos naturales, dada la importancia que éstos tiene para garantizar la supervivencia de los seres humanos. Es por todo ello que las sequías, incendios, inundaciones o huracanes, efectos indiscutibles del cambio climático, atacan de manera directa a las mujeres, pero también a la vida del resto de componentes familiares que dependen de sus cuidados.

Se trata de una realidad que a simple vista puede parecer lejana por la mayor dependencia ecológica de las mujeres agrícolas en los países en vías de desarrollo, sin embargo, el cambio climático también horada las diferencias entre hombres y mujeres en la propia Unión Europea. “Hemos comprobado cómo se ha rechazado cualquier enmienda propuesta sobre problemática de género en la revisión de las leyes energéticas que tenemos y es importante tomar conciencia de ello porque los impactos del cambio climático entre hombres y mujeres son muy diferentes. Por ejemplo, cuando en 2003, Europa vivió una de sus peores olas de calor y en Francia las víctimas mortales ascendieron a casi 15.000, el 65% fueron mujeres”, relata el eurodiputado de EQUO, Florent Marcellesi.

También se pudo ver como el cambio climático incidió de manera indiscriminada en la vida de las mujeres durante el huracán Katrina de 2005, cuando, según datos manejados por Fiona Harvey, “el 83% de las mujeres solteras no pudieron volver a sus hogares en menos de dos años y dos tercios de las personas que perdieron su empleo eran mujeres”.

Esa indefensión a la que las mujeres se ven atadas está fundamentada en un sistema que, en palabras de Nerea Ramírez, co-coordinadora general de Ecologistas en Acción, “ha declarado la guerra a la vida”. Un sistema en el que las decisiones fundamentales de materia energética se toman en base a unos criterios que excluyen la sostenibilidad del planeta y que , para nada, “tienen en cuenta a las mujeres”. Tanto es así, que en España sólo dos de cada diez directivos de las grandes multinacionales son mujeres, teniendo, además, la desoladora cifra de ‘cero’ representantes femeninos en la dirección de las gigantes energéticas españolas.

A nivel político, en España ni tan siquiera ha habido una mujer que ocupase la cartera del Ministerio de Energía, ni durante la república, mucho menos en la dictadura franquista, y tampoco en la historia reciente de la democracia. Europa tampoco puede sacar pecho al respecto: desde 1967 hasta la actualidad tan sólo una mujer ha estado al frente de la comisión de Energía, curiosamente fue la ministra de Agricultura del PP de Aznar, Loyola de Palacio.

Esta tendencia habitual de apartar a las mujeres de la toma decisiones sobre las políticas ecológicas y medioambientales provoca que sus necesidades y sus análisis queden relegados a un plano anecdótico, señalan varias de las ponentes de 'Justicia Climática'. Es por ello que si entendemos el cambio climático como un problema que sólo podría revertirse, en palabras de Fleur Newman, mediante “una transición radical” hacia las energías renovables, es necesario que se feminicen los espacios de diagnóstico y toma de decisiones.

 

Las mujeres “son agentes esenciales del cambio”


“Las mujeres no sólo son víctimas, también son agentes esenciales del cambio que vertebran las luchas por la defensa de los territorios”, expone Nerea Ramírez, quien entiende que “para poder hablar de políticas energéticas tenemos que hablar desde la lógica del sostenimiento de la vida, en la que las mujeres tienen mucho que decir, porque no hay nadie mejor que ellas para hablar de sostenimiento de la vida”.

Son principalmente mujeres, quienes combaten los efectos de un cambio climático permitido y tolerado mayoritariamente por hombres que ocupan altos cargos de gobierno. Mujeres como Lolita Chávez, nominada al premio Sajarov por su defensa de la vida ante las amenazas medioambientales de los tratados de libre comercio entre EEUU y los pueblos latinoamericanos o como Berta Cáceres, que perdieron su vida por enfrentarse a los macro-proyectos hidroeléctricos que amenazan la tierra.

También son mujeres las alcaldesas del cambio que han tratado de cambiar el rumbo de las grandes ciudades españolas y han legislado contra una pobreza energética que ha dejado al “26% de la población en situación de vulnerabilidad”, según un estudio realizado por Ecologistas en Acción para el Ayuntamiento de Madrid.

 

 

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La economista Mercedes D'Alessandro.

 

La economista Mercedes D'Alessandro es la impulsora del portal Economía Femini(s)ta, que ha conseguido situar la economía con perspectiva de género en la agenda pública latinoamericana y ganarse las redes sociales

"La asimétrica distribución del trabajo doméstico no remunerado es el tema central que explica que sucedan todas las discriminaciones económicas hacia las mujeres"

 

Es una de las economistas feministas que más repercusión ha tenido en los últimos años. Mercedes D'Alessandro, argentina, doctora en Economía, profesora en varias universidades y divulgadora económica, lanzó en 2015 el portal Economía Femini(s)ta. La página web, que se nutre del trabajo de un equipo de economistas, pero también de expertas de otras disciplinas, ha conseguido situar la economía con perspectiva de género en la agenda pública latinoamericana y ganarse las redes sociales. D'Alessandro, que vive en Nueva York, ha publicado recientemente Economía Feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour).

 

En los últimos dos años ha habido muchas movilizaciones de mujeres en diferentes partes del mundo. Aunque cada país tiene sus características, parece claro que hay una serie de problemas que les suceden a las mujeres en todas partes. ¿Cómo es posible que la brecha salarial, el techo de cristal o la precariedad sean nuestro día a día en todo el mundo?

Hay un tema central que explica que sucedan todos los demás: la asimétrica distribución del trabajo doméstico no remunerado. Son estas tareas del hogar, como limpiar, hacer las compras, cocinar y cuidar a niños, niñas y adultos, las que recaen mayoritariamente en las mujeres. Y no son tareas que lleven cinco o diez minutos. En Argentina, por ejemplo, dedican un promedio de seis horas diarias. Estamos hablando de que hay un montón de trabajo no remunerado que aparece dentro de la esfera de lo privado y lo personal pero que, sin embargo, es fundamental para que funcione el sistema productivo en el que vivimos. Alguien que tiene que ir a trabajar todos los días necesita todas estas tareas resueltas.

Esto es algo que culturalmente las mujeres hemos llevado adelante. En la generación de nuestras madres y abuelas las profesionales eran la excepción y no la regla, el resto eran amas de casa. Hoy el ama de casa de los 60 full time (a tiempo completo) es algo que ha quedado fuera de la dinámica pero la sociedad nos sigue tratando así.

 

¿Nos trata así y por eso nos considera trabajadoras de segunda?

Cuando una mira por qué hay brecha salarial suele encontrar que, por un lado, las mujeres eligen tareas que pagan peor, ligadas a los cuidados. Por otro lado, trabajamos menos horas en el mercado, especialmente las mujeres que son madres. En todas las economías vemos que cuando las mujeres empiezan a tener hijos dejan de trabajar remuneradamente y se quedan en los hogares, eso les hace perder sus carreras profesionales, toman medias jornadas, no les ofrecen ascensos o mayores responsabilidades... Por eso, el tema central tiene que ver con la asimetría de los cuidados y con una cultura que asigna eso a las mujeres.

Podemos decir entonces que la economía se ha construido sobre un modelo que ha ignorado una parte de la realidad.

Exacto. Hay una economista estadounidense que dice que el capitalismo tiene un socio oculto: la mujer que realiza los trabajos domésticos no remunerados porque realiza los trabajos indispensables para que el sistema funcione sin ningún tipo de retribución.

 

¿Y hasta qué punto es el capitalismo un aliado necesario del patriarcado, de que esta sea la situación de las mujeres? Usted misma dice que ninguno de los modelos económicos han tenido en cuenta esta parte de la realidad.

El problema es que el capitalismo y las luchas feministas si bien nos beneficiaron en el sentido de que somos más independientes, por ejemplo, al mismo tiempo nos incluye en un sistema de trabajo que no es el paraíso de nadie, ni de mujeres ni de varones, y al que entramos además en desigualdad de condiciones.

En Argentina, y es algo recurrente en toda América Latina, la mayoría de mujeres que trabajan lo hacen como empleadas domésticas. Es decir, una mujer de clase media que tiene ingresos y una vida profesional lo hace dejando una vacante en sus tareas del hogar y lo que hace es contratar a otra mujer para que las haga. Ahí tenemos un problema porque las mujeres profesionales hoy se pueden liberar de las tareas del hogar a costa de contratar a otras mujeres, en general, en condiciones muy malas. La forma de avanzar de unas mujeres es a costa de que otras tengan trabajos mal pagados.

 

Entonces algo falla en la ecuación, ¿son los hombres, que no asumen su parte de los cuidados?

Dentro de casa no hace falta una ley para que las tareas se distribuyan de forma más homogénea. Pero necesitamos que el Estado se comprometa y que, por ejemplo, la gente pueda acceder a guarderías o jardines de infancia, a espacios de escolarización, de recreo, a geriátricos... Esto facilita muchísimo la inserción laboral de las mujeres.

 

Muchas expertas hablan de que vivimos una crisis global de cuidados que puede ir a peor. ¿Cree que existe esa crisis?

Sí, absolutamente. No hay una suficiente provisión de servicios públicos de cuidados. Las personas que tienen que apelar a esos servicios terminan haciéndolo a servicios mercantilizados que suelen emplear a personas con pésimas condiciones. La única forma de acceder a ellos es que estén precarizados y mal pagados. Es muy importante, primero, reconocer que existen estos trabajos porque no hay estadísticas públicas sobre esto. En la mayoría de países no se miden los trabajos de cuidados y es muy difícil que a la hora de planear políticas se tomen en cuenta variables que influyan en los presupuestos y programas. Si no se visibiliza y cuantifica un problema, tampoco aparece como algo a solucionar. Los cuidados quedan fuera de lo que la economía toma como propio.

 

Sin embargo, mientras algunos organismos internacionales publican informes sobre los efectos positivos en la economía que tendría que más mujeres trabajaran, ¿no es una trampa que mientras vivimos en sociedades así nos empujen a un mercado laboral que nos maltrata?

Claro, el problema es que esto acaba derivando en una doble jornada laboral, dentro y fuera del hogar. La economista argentina Valeria Esquivel habla de la pobreza de tiempo. Con las encuestas de uso del tiempo muestra que las mujeres más pobres dedican siete horas a los trabajos pagados y otra siete a los no pagados, es decir, 14 horas de trabajo. Realmente estas jornadas afectan al tiempo libre y de descanso y esto genera una pobreza que no tiene que ver solo con el dinero.

Muchas economistas feministas plantean el problema de la sostenibilidad de la vida, para qué se vive, el objetivo es generar ganancia o generar bienestar. Cuando una mujer quiere participar políticamente de alguna manera o comprometerse se le suma una tercera jornada laboral. Las sindicalistas suelen decirnos que no llegan a las reuniones porque tienen jornadas de ocho horas, dos horas de ida y vuelta a casa, tienen que correr a la escuela a por los chicos... Los varones tienden mucho a hacer networking y en esos ámbitos las mujeres o llegan tarde o nunca llegan.

 

Habla de la falta de indicadores y estadísticas y de que eso es un problema. Plantea también la necesidad de incluir indicadores económicos LGTBIQ. ¿Qué sería necesario medir?

Por ejemplo, en un distrito de Buenos Aires se hizo una prueba piloto en la población trans. Se encontraron cosas interesantísimas: de 400 personas solo el 1% tiene un trabajo formal y solo el 2% terminó la educación universitaria. Y es diferente la situación de los varones trans que la de las mujeres trans. Resulta que en Argentina se llevó adelante la ley de cupo laboral trans para obligar al Estado a contratarlas. Pero no hay personas que cumplan con los requisitos que pidió el Estado para formar parte del cupo, es decir, estás generando una ley que no permite a las personas destinatarias acceder a ella. Lo que está invisibilizado en los datos está invisibilizado en las políticas.

 

En Economía Femini(s)ta han puesto en marcha la iniciativa Menstruacción, ¿en qué consiste?

Consiste en tres puntos: pedir la eliminación de los impuestos a estos productos –tampones, toallitas y copas menstruales– que en Argentina es del 21% porque consideramos que es un bien de primera necesidad que toda mujer va a necesitar comprar. Pedimos provisión gratuita para las personas de bajos recursos porque anualmente pueden suponer unos 100 dólares, y mejorar las investigaciones sobre el tema, porque en los últimos años ha habido estudios que han encontrado rastros de glifosatos y no puede ser que no tengamos más información sobre los efectos que pueden tener. La campaña también apunta a desestigmatizar, a mostrar que la menstruación es parte de nuestra experiencia cotidiana y que acceder a estos productos es una cuestión de salud.

 

Y volviendo al principio, a los paros de mujeres y las protestas por la brecha salarial, la violencia de género, los cuidados, la Women's March... ¿cree que es el inicio de un proceso irreversible en el sentido de que estos temas están ya en la agenda como quizá nunca lo habían estado?

Yo soy optimista. Hay muchas cosas resonando, muchas mujeres y varones que se dieron cuenta de algo y que a partir de ahí cambiaron su forma de concebir las cosas. Culturalmente hay un antes y un después, hay un fervor feminista que no había desde hacía mucho tiempo. No podemos decir que es la primera vez en la historia que sucede porque eso sería olvidarnos de toda la lucha que ha habido en el pasado, pero sí hay una nueva efervescencia. Lo que sí hay también son gobiernos muy conservadores.

Todas las cosas que hemos ganado en luchas anteriores se tambalean a veces, con lo cual no podemos dormirnos y descansar en que muchas gentes usen remeras (camisetas) que dicen feministas. Tenemos que seguir muy atentas porque cada conquista cuesta mucho mantenerla. Y hay un tema que va más allá que es la violencia de género, que tiene una parte de violencia económica muy importante: muchas mujeres no se pueden ir del hogar porque no tienen a dónde, no tienen trabajo, no tienen recursos.

 

 

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Sábado, 07 Octubre 2017 07:26

Limita el acceso a los anticonceptivos

Manifestantes antiabortistas protestando contra Obamacare en el 2012. Trump les dio el gusto.

 

Nueva medida de Trump en EE.UU. invocando razones morales y religiosas

La oposición demócrata, asociaciones de defensa de los derechos de la mujer, defensores de la planificación familiar, obstetras, ginecólogos y ciudadanos comunes salieron de inmediato a manifestar su desacuerdo con Trump.

 

El gobierno de Donald Trump limitó ayer, invocando convicciones religiosas y morales, el acceso a anticonceptivos a través de los seguros de salud, una medida que afecta a millones de mujeres estadounidenses y que asociaciones de derechos humanos se aprestan a demandar. La medida cancela una disposición de la ley de cobertura sanitaria conocida como “Obamacare’’, al ampliar la exención ya otorgada a las instituciones religiosas a todas las empresas comerciales, según una nota del Departamento de Salud de Estados Unidos. “El presidente cree que la libertad de practicar su fe es un derecho fundamental en este país’’, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, a periodistas. El senador republicano de Texas Ted Cruz dio la bienvenida a la medida en Facebook: “Hoy, el gobierno puso fin a una disposición que violaba la tradición de libertad religiosa de nuestro país’’.

Sin embargo, las reacciones indignadas no se hicieron esperar. La oposición demócrata, asociaciones de defensa de los derechos de la mujer, defensores de la planificación familiar, obstetras, ginecólogos y ciudadanos comunes salieron de inmediato a manifestar su desacuerdo. La etiqueta #HandsOffMyBC (No toques mi contracepción) era tendencia en Twitter el viernes, a poco de conocerse la noticia.''Estamos demandando a la administración Trump para bloquear esta medida’’, dijo en Twitter la poderosa organización estadounidense de derechos civiles ACLU.

No se dejen engañar. Ir contra el acceso al control de la natalidad de 62,4 millones de mujeres muestra el desprecio del gobierno de Trump por la salud y las vidas de las mujeres’’, señaló por su parte Planned Parenthood (PP), la mayor ONG de planificación familiar de Estados Unidos.

El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG), que se describe como “la organización profesional’’ de especialistas en salud femenina “más grande de Estados Unidos’’, también expresó decepción. “La anticoncepción es una necesidad médica para las mujeres durante cerca de 30 años de sus vidas. Mejora su salud, la de los niños y sus familias, así como de su más amplio entorno, reduciendo la mortalidad materna y mejorando su estabilidad económica’’, dijo su presidente, Haywood L. Brown. “Reducir el acceso a la anticoncepción amenaza con socavar el tremendo progreso que nuestro país ha hecho en los últimos años para reducir la tasa de embarazos no deseados’’, añadió en un comunicado.

“Esto no es nada menos que sexismo’’, afirmó por su parte el senador Bernie Sanders, excandidato a la nominación demócrata para las elecciones presidenciales de Estados Unidos. “Esta es la última expresión del total desprecio de los republicanos por la capacidad de las mujeres para controlar sus vidas’’, tuiteó.

La nueva regulación “amplía las exenciones para proteger las convicciones morales de ciertas entidades e individuos cuyos planes de salud están sujetos a un mandato de cobertura de anticonceptivos dispuesta por la Ley de Protección al Paciente y Asistencia Asequible’’, indicó el texto del Departamento de Salud. La norma introducida bajo el gobierno de Barack Obama que exigía a los empleadores “proporcionar cobertura para la anticoncepción en violación de sus creencias religiosas’’ pesaba “sustancialmente en su práctica religiosa’’, dijo el fiscal general Jeff Sessions en una circular emitida ayer. La nueva norma, que ya entró en vigor, podría afectar a millones de mujeres estadounidenses cuyos métodos anticonceptivos eran hasta ahora reembolsados por sus empleadores bajo el Obamacare, ley a la que Trump se opone ferozmente y prometió derogar.

Pero, ¿cuántas serán efectivamente afectadas? La batalla por los números estaba encendida ayer. Basando sus estimaciones en el número de empleadores que presentaron demandas contra la medida de Obama, el gobierno de Trump dice que el impacto se limitar a unas 120.000 mujeres. Pero un estudio oficial estimó hace un año que, gracias a Obamacare, 55,6 millones de mujeres se beneficiaron de medidas gratuitas de anticoncepción.

 

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Martes, 03 Octubre 2017 06:28

Lo que podemos aprender de Avon

Lo que podemos aprender de Avon

Avon y su instrumentalización de la mujer, una muestra más de cómo opera hoy el patriarcado capitalista.

 

Ver televisión se ha convertido para mí, con el paso del tiempo, en una experiencia extraña, de extrañamiento. No solo porque sucede ocasionalmente, ya que vivo (o he aprendido a vivir) sin televisor, sino porque, justamente estando rara vez sometido a su influencia, siempre que me topo con una pantalla ocurre una suerte de cortocircuito. Hay que esforzarse por rehacer el propio nicho ecológico en las urbes contemporáneas para percatarse, afectivamente hablando, de hasta qué punto es modificada nuestra percepción en la dinámica de existir-con las máquinas. Uno de los choques que con mayor fuerza me impacta tiene que ver con las temáticas fitness que atraviesan innumerables comerciales. “Aclara tus axilas”, “elimina barros y espinillas”, “luce un cabello sedoso”, “enriquecido con vitaminas”, “recomendado por expertos” o “dos de cada tres médicos lo recomiendan”, “estrena sonrisa”, “toma X y mantente activo”, “toma Y para sentirte bien/mejor”, “edúcate, no te quedes atrás”, son algunas de las consignas más recurrentes. Y si son consignas es en razón de que ordenan, dan órdenes, así el efecto para el “consumidor” sea el de la libertad de elección.

 

El patriarcado

 

Quizá estemos acostumbrados a asociar lo fitness con aquello que, contribuyendo a la buena salud, nos hace “lucir bien” o “conservar la línea, la figura”. No obstante, lo fitness puede devenir en modelo o paradigma para comprender un vasto conjunto de dinámicas ligadas al trabajo sobre el cuerpo, y al “mejoramiento” mental-corporal en general. Este tema, por supuesto, no es nuevo: en los escenarios filosóficos, sociológicos y antropológicos, pero también en los de las artes y las ciencias naturales, muchas teóricas feministas, hace décadas, han puesto en circulación el concepto “patriarcado” para hacer referencia a la manera en que, en Occidente, y por ende en el mundo entero, pues vivimos en un mundo caracterizado por la hegemonía occidental, ha primado una tendencia al control y la explotación de los cuerpos, en especial del de las mujeres, pero también del gran cuerpo de la naturaleza y de todos los seres fuertemente naturalizados: niños, “locos”, indígenas, personas racializadas como negras, animales, plantas, ríos, etcétera.

 

Control y explotación de la naturaleza que ha requerido establecer la primacía de la mente sobre el cuerpo (tan apreciada por Platón y Aristóteles), de lo divino frente a lo terrenal (tan apreciada en el medioevo cristiano) y del “racional” hombre blanco (“moderno”, “civilizado”, etc.) sobre su propio cuerpo, sobre los cuerpos de las mujeres y sobre las formas de vida no occidentales y no humanas en general (incluyendo esa hermosa dimensión inorgánica de la Vida que poco se suele mencionar). Así, actualmente el patriarcado llegó a convertirse, específicamente, en uno de corte capitalista y colonial, en el que se recrudece la explotación y se refinan las técnicas de gobierno sobre la Vida. Ahora bien, ¿en qué consiste la última reconfiguración del patriarcado capitalista occidental (es decir, colonial o imperial)? Aquí entra a jugar aquello que podemos aprender de Avon, pero también de los comerciales fitness que últimamente resultan increíblemente chocantes.

 

Los ataques con ácido como técnica política patriarcal

 

Esta historia comienza con Natalia Ponce de León, reconocida activista colombiana que, tras sufrir un ataque con ácido propinado por un hombre, creó una fundación que lleva su propio nombre, cuyo objetivo es “defender, promover y proteger los derechos humanos de las personas víctimas de ataques con químicos”, según se puede leer en su página de Internet. Los ataques con ácido, en los que Colombia desafortunadamente ocupa el tercer puesto a nivel mundial, son una famosa técnica política patriarcal de control sobre los cuerpos de las mujeres. El ácido destroza los cuerpos de aquellas que se niegan a ocupar los lugares esperados por el patriarcado, o, en otras palabras, es cuando los hombres perciben su dominio menguado que ponen en funcionamiento esta técnica de control, deseando demostrar con ello, espantosa y radicalmente, que las mujeres no son “dueñas de sus vidas”. Por supuesto, es recurrente, parte del funcionamiento de tal técnica política, que cada vez que ocurre un ataque con ácido éste se reduzca a una cuestión “psicológica” o “individual”, sea a causa de los “celos”, la “locura del amor”, la “obsesión”, etcétera.

 

Natalia Ponce, a pesar de saber que la violencia del ácido está asociada a formas de violencia patriarcales mucho más imperceptibles, es decir, a otras técnicas de control, recientemente inició una campaña con la Fundación Avon para la Mujer.

 

Como parte de la campaña vemos que a lo largo y ancho de la ciudad de Bogotá se han desplegado afiches donde aparece la propia Natalia Ponce, maquillada y sonriente, junto con mensajes como: “¿Te hace sentir culpable? Es violencia” o “¿Te maltrata verbalmente? Es violencia”. Como es de esperarse, para muchas personas resulta inmediatamente chocante, aunque “conmovedor” e “inspirador”, el contraste entre el “desfigurado” rostro y el maquillaje. Y es que la historia de Natalia no puede sino despertarnos pasiones encontradas en un mundo donde la imagen y su circulación juegan un rol central. Sea como fuere, en esto coincido con parte del “sentido común”, creo que Natalia verdaderamente nos enseña cosas valiosas, pues, al contrario de lo que se espera con el despliegue de las técnicas de control patriarcales (sea el ataque con ácido, la culpa, el interrumpir al hablar o no escuchar, la violación, etc.), ella ha emprendido una ardua lucha por “reapropiarse” de su cuerpo, de su imagen, de su vida, e incentivar a otras mujeres para que lo hagan, lo cual no es nada fácil. De ella admiramos su increíble fuerza vital. Sin embargo, para nuestro pesar, parece que Avon, a su vez y de manera tremendamente refinada, ha logrado capturar parte de esa fuerza vital con la finalidad de ponerla al servicio del (reconfigurado) patriarcado capitalista occidental una vez más.

 

La biorregulación, o Avon y el patriarcado capitalista fitness

 

La Fundación Avon para la Mujer pertenece a Avon Products Inc., una empresa multinacional, con presencia en más de 120 países, dedicada al negocio de los cosméticos y otros productos como perfumes y joyas. Su mercado se instala en la zona fronteriza de la “salud” y la “belleza”. Aunque parezca baladí recordarlo, Avon es una empresa, una de tamaños colosales, cuya principal preocupación, como sucede con toda empresa colosal, es la obtención y acumulación indefinida de capital, lo cual implica, necesariamente, la explotación y el control de las energías de las trabajadoras y trabajadores, y de la naturaleza, que es de donde proceden sus productos. Avon es, igualmente, un caso paradigmático de lo que líneas atrás llamé fitness, a saber, ese vasto conjunto de dinámicas ligadas al trabajo sobre el cuerpo y al “mejoramiento” mental-corporal en general. De ahí que “salud” y “belleza” se crucen con el discurso del “empoderamiento” de las mujeres, del ser cada vez “más bellas”, “más fuertes”, “más independientes” y “más sanas”. Que la publicidad emplee los cuerpos de las mujeres, con el objetivo de incrementar las ganancias de las empresas, no es una novedad, esto sucede tanto con empresas que venden productos para las mujeres mismas como con empresas que no, lo cual, en efecto, es una de las múltiples maneras en que el patriarcado capitalista usa, vende, intercambia, expone, explota y consume los cuerpos femeninos, pero el caso de Avon va más allá.

 

Avon no solo pone en circulación los cuerpos de las mujeres de la manera ya mencionada, sino que, al tiempo, regula y modela los cuerpos de sus propias trabajadoras y consumidoras. Michel Foucault, el conocido intelectual francés, propuso en su curso Defender la sociedad dos conceptos que nos ayudan a comprender mejor este fenómeno. Según él, en determinados momentos del desarrollo capitalista, aparecieron un par de tecnologías políticas que permiten regular, gobernar y explotar los cuerpos y las energías, las fuerzas, de los sujetos: la biorregulación (o biopolítica) y la organodisciplina (o anatomopolítica). Mientras la organodisciplina se pone en marcha en espacios cerrados y sobre sujetos precisos (por ejemplo en la escuela, el hospital (mental), etc.), la biorregulación se ejerce sobre poblaciones enteras a través, por ejemplo, de programas de salud pública, y está relacionada con el gobierno de los grandes fenómenos vitales de cualquier viviente: nacimiento, vejez, enfermedad, muerte, etcétera. Por cierto, tanto la biorregulación como la organodisciplina son necesarias en un contexto donde se requieren trabajadores con unos mínimos vitales, o incluso con una vida cualificada, para desempeñar ciertas labores y además consumir ciertos productos. El Estado-mercado capitalista patriarcal, evidentemente, no se ocupa de la vida de la población y de la naturaleza por motivos “altruistas”. Adicionalmente, estas tecnologías presuponen una adaptación conveniente de la jerga de la biología evolutiva, en donde los problemas son los de la “adaptación del más sano y fuerte”, el “mejoramiento”, la “lucha por la supervivencia”, etcétera. Toda una competencia por la vida entre individuos y grupos que, como sabemos desde la escuela, el capitalismo no cesa de incentivar.

 

Pues bien, la novedad acá radica en que el patriarcado capitalista fitness, en el marco de un ambiente tamizado jurídica y militarmente por el Estado, promueve formas de biorregulación donde la cuestión “salud” y el “mejoramiento” mental-corporal en general las delega a las empresas privadas. Avon es una gran prueba de ello, su interés en las mujeres no es un interés feminista por echar abajo al patriarcado capitalista occidental, simplemente necesita invertir un mínimo para que existan ciertas mujeres que consuman sus propios productos y a su vez los vendan. Recordemos que Avon “emplea” a innumerables mujeres en todo el mundo.

 

En síntesis, Avon necesita con vida, e incluso con unos mínimos de vida “saludable”, a las mujeres de las que extrae todas sus energías y ganancias. Eso explica en gran medida su Fundación y sus campañas en pro del “empoderamiento”, contra el cáncer de seno y contra la “violencia doméstica”, como la campaña realizada en alianza con la Fundación Natalia Ponce de León.

 

No obstante, como es bien sabido, en la lucha capitalista por la vida no todas las mujeres pueden comprar y usar los productos de Avon, ni todas pueden si quiera tener unos mínimos vitales. ¡Pero claro! Si de ingresos se trata, Avon “empodera” a las mujeres con trabajos precarios que consisten en vender productos voz a voz y, de paso, fagocitar las capacidades relacionales y afectivas que pueden darse entre ellas. Y se atreve a llamarlas “empresarias” y “emprendedoras”. En sentido estricto, ni si quiera las reconoce como obreras. Y, ¡vaya sorpresa!, las más afectadas son siempre las mujeres que se alejan del ideal occidental: las pobres, las indígenas, las ancianas, las de los países “periféricos”, las que no cumplen con determinadas “capacidades” y estándares corporales, etcétera. Esto, aunado al uso de las imágenes de sus cuerpos para el incremento de ganancias (así se trate de “diferentes formas de ser mujer”) y al estimulado hiperconsumo que está devastando nuestro planeta, hace de Avon una muestra más de cómo opera hoy el patriarcado capitalista. Por ello, el presente texto es escrito, al tiempo, en complicidad con mujeres como Natalia y contra empresas como Avon.

Publicado enColombia
Martes, 26 Septiembre 2017 15:03

Lo que podemos aprender de Avon

Lo que podemos aprender de Avon

Avon y su instrumentalización de la mujer, una muestra más de cómo opera hoy el patriarcado capitalista.

 

Ver televisión se ha convertido para mí, con el paso del tiempo, en una experiencia extraña, de extrañamiento. No solo porque sucede ocasionalmente, ya que vivo (o he aprendido a vivir) sin televisor, sino porque, justamente estando rara vez sometido a su influencia, siempre que me topo con una pantalla ocurre una suerte de cortocircuito. Hay que esforzarse por rehacer el propio nicho ecológico en las urbes contemporáneas para percatarse, afectivamente hablando, de hasta qué punto es modificada nuestra percepción en la dinámica de existir-con las máquinas. Uno de los choques que con mayor fuerza me impacta tiene que ver con las temáticas fitness que atraviesan innumerables comerciales. “Aclara tus axilas”, “elimina barros y espinillas”, “luce un cabello sedoso”, “enriquecido con vitaminas”, “recomendado por expertos” o “dos de cada tres médicos lo recomiendan”, “estrena sonrisa”, “toma X y mantente activo”, “toma Y para sentirte bien/mejor”, “edúcate, no te quedes atrás”, son algunas de las consignas más recurrentes. Y si son consignas es en razón de que ordenan, dan órdenes, así el efecto para el “consumidor” sea el de la libertad de elección.

 

El patriarcado

 

Quizá estemos acostumbrados a asociar lo fitness con aquello que, contribuyendo a la buena salud, nos hace “lucir bien” o “conservar la línea, la figura”. No obstante, lo fitness puede devenir en modelo o paradigma para comprender un vasto conjunto de dinámicas ligadas al trabajo sobre el cuerpo, y al “mejoramiento” mental-corporal en general. Este tema, por supuesto, no es nuevo: en los escenarios filosóficos, sociológicos y antropológicos, pero también en los de las artes y las ciencias naturales, muchas teóricas feministas, hace décadas, han puesto en circulación el concepto “patriarcado” para hacer referencia a la manera en que, en Occidente, y por ende en el mundo entero, pues vivimos en un mundo caracterizado por la hegemonía occidental, ha primado una tendencia al control y la explotación de los cuerpos, en especial del de las mujeres, pero también del gran cuerpo de la naturaleza y de todos los seres fuertemente naturalizados: niños, “locos”, indígenas, personas racializadas como negras, animales, plantas, ríos, etcétera.

 

Control y explotación de la naturaleza que ha requerido establecer la primacía de la mente sobre el cuerpo (tan apreciada por Platón y Aristóteles), de lo divino frente a lo terrenal (tan apreciada en el medioevo cristiano) y del “racional” hombre blanco (“moderno”, “civilizado”, etc.) sobre su propio cuerpo, sobre los cuerpos de las mujeres y sobre las formas de vida no occidentales y no humanas en general (incluyendo esa hermosa dimensión inorgánica de la Vida que poco se suele mencionar). Así, actualmente el patriarcado llegó a convertirse, específicamente, en uno de corte capitalista y colonial, en el que se recrudece la explotación y se refinan las técnicas de gobierno sobre la Vida. Ahora bien, ¿en qué consiste la última reconfiguración del patriarcado capitalista occidental (es decir, colonial o imperial)? Aquí entra a jugar aquello que podemos aprender de Avon, pero también de los comerciales fitness que últimamente resultan increíblemente chocantes.

 

Los ataques con ácido como técnica política patriarcal

 

Esta historia comienza con Natalia Ponce de León, reconocida activista colombiana que, tras sufrir un ataque con ácido propinado por un hombre, creó una fundación que lleva su propio nombre, cuyo objetivo es “defender, promover y proteger los derechos humanos de las personas víctimas de ataques con químicos”, según se puede leer en su página de Internet. Los ataques con ácido, en los que Colombia desafortunadamente ocupa el tercer puesto a nivel mundial, son una famosa técnica política patriarcal de control sobre los cuerpos de las mujeres. El ácido destroza los cuerpos de aquellas que se niegan a ocupar los lugares esperados por el patriarcado, o, en otras palabras, es cuando los hombres perciben su dominio menguado que ponen en funcionamiento esta técnica de control, deseando demostrar con ello, espantosa y radicalmente, que las mujeres no son “dueñas de sus vidas”. Por supuesto, es recurrente, parte del funcionamiento de tal técnica política, que cada vez que ocurre un ataque con ácido éste se reduzca a una cuestión “psicológica” o “individual”, sea a causa de los “celos”, la “locura del amor”, la “obsesión”, etcétera.

 

Natalia Ponce, a pesar de saber que la violencia del ácido está asociada a formas de violencia patriarcales mucho más imperceptibles, es decir, a otras técnicas de control, recientemente inició una campaña con la Fundación Avon para la Mujer.

 

Como parte de la campaña vemos que a lo largo y ancho de la ciudad de Bogotá se han desplegado afiches donde aparece la propia Natalia Ponce, maquillada y sonriente, junto con mensajes como: “¿Te hace sentir culpable? Es violencia” o “¿Te maltrata verbalmente? Es violencia”. Como es de esperarse, para muchas personas resulta inmediatamente chocante, aunque “conmovedor” e “inspirador”, el contraste entre el “desfigurado” rostro y el maquillaje. Y es que la historia de Natalia no puede sino despertarnos pasiones encontradas en un mundo donde la imagen y su circulación juegan un rol central. Sea como fuere, en esto coincido con parte del “sentido común”, creo que Natalia verdaderamente nos enseña cosas valiosas, pues, al contrario de lo que se espera con el despliegue de las técnicas de control patriarcales (sea el ataque con ácido, la culpa, el interrumpir al hablar o no escuchar, la violación, etc.), ella ha emprendido una ardua lucha por “reapropiarse” de su cuerpo, de su imagen, de su vida, e incentivar a otras mujeres para que lo hagan, lo cual no es nada fácil. De ella admiramos su increíble fuerza vital. Sin embargo, para nuestro pesar, parece que Avon, a su vez y de manera tremendamente refinada, ha logrado capturar parte de esa fuerza vital con la finalidad de ponerla al servicio del (reconfigurado) patriarcado capitalista occidental una vez más.

 

La biorregulación, o Avon y el patriarcado capitalista fitness

 

La Fundación Avon para la Mujer pertenece a Avon Products Inc., una empresa multinacional, con presencia en más de 120 países, dedicada al negocio de los cosméticos y otros productos como perfumes y joyas. Su mercado se instala en la zona fronteriza de la “salud” y la “belleza”. Aunque parezca baladí recordarlo, Avon es una empresa, una de tamaños colosales, cuya principal preocupación, como sucede con toda empresa colosal, es la obtención y acumulación indefinida de capital, lo cual implica, necesariamente, la explotación y el control de las energías de las trabajadoras y trabajadores, y de la naturaleza, que es de donde proceden sus productos. Avon es, igualmente, un caso paradigmático de lo que líneas atrás llamé fitness, a saber, ese vasto conjunto de dinámicas ligadas al trabajo sobre el cuerpo y al “mejoramiento” mental-corporal en general. De ahí que “salud” y “belleza” se crucen con el discurso del “empoderamiento” de las mujeres, del ser cada vez “más bellas”, “más fuertes”, “más independientes” y “más sanas”. Que la publicidad emplee los cuerpos de las mujeres, con el objetivo de incrementar las ganancias de las empresas, no es una novedad, esto sucede tanto con empresas que venden productos para las mujeres mismas como con empresas que no, lo cual, en efecto, es una de las múltiples maneras en que el patriarcado capitalista usa, vende, intercambia, expone, explota y consume los cuerpos femeninos, pero el caso de Avon va más allá.

 

Avon no solo pone en circulación los cuerpos de las mujeres de la manera ya mencionada, sino que, al tiempo, regula y modela los cuerpos de sus propias trabajadoras y consumidoras. Michel Foucault, el conocido intelectual francés, propuso en su curso Defender la sociedad dos conceptos que nos ayudan a comprender mejor este fenómeno. Según él, en determinados momentos del desarrollo capitalista, aparecieron un par de tecnologías políticas que permiten regular, gobernar y explotar los cuerpos y las energías, las fuerzas, de los sujetos: la biorregulación (o biopolítica) y la organodisciplina (o anatomopolítica). Mientras la organodisciplina se pone en marcha en espacios cerrados y sobre sujetos precisos (por ejemplo en la escuela, el hospital (mental), etc.), la biorregulación se ejerce sobre poblaciones enteras a través, por ejemplo, de programas de salud pública, y está relacionada con el gobierno de los grandes fenómenos vitales de cualquier viviente: nacimiento, vejez, enfermedad, muerte, etcétera. Por cierto, tanto la biorregulación como la organodisciplina son necesarias en un contexto donde se requieren trabajadores con unos mínimos vitales, o incluso con una vida cualificada, para desempeñar ciertas labores y además consumir ciertos productos. El Estado-mercado capitalista patriarcal, evidentemente, no se ocupa de la vida de la población y de la naturaleza por motivos “altruistas”. Adicionalmente, estas tecnologías presuponen una adaptación conveniente de la jerga de la biología evolutiva, en donde los problemas son los de la “adaptación del más sano y fuerte”, el “mejoramiento”, la “lucha por la supervivencia”, etcétera. Toda una competencia por la vida entre individuos y grupos que, como sabemos desde la escuela, el capitalismo no cesa de incentivar.

 

Pues bien, la novedad acá radica en que el patriarcado capitalista fitness, en el marco de un ambiente tamizado jurídica y militarmente por el Estado, promueve formas de biorregulación donde la cuestión “salud” y el “mejoramiento” mental-corporal en general las delega a las empresas privadas. Avon es una gran prueba de ello, su interés en las mujeres no es un interés feminista por echar abajo al patriarcado capitalista occidental, simplemente necesita invertir un mínimo para que existan ciertas mujeres que consuman sus propios productos y a su vez los vendan. Recordemos que Avon “emplea” a innumerables mujeres en todo el mundo.

 

En síntesis, Avon necesita con vida, e incluso con unos mínimos de vida “saludable”, a las mujeres de las que extrae todas sus energías y ganancias. Eso explica en gran medida su Fundación y sus campañas en pro del “empoderamiento”, contra el cáncer de seno y contra la “violencia doméstica”, como la campaña realizada en alianza con la Fundación Natalia Ponce de León.

 

No obstante, como es bien sabido, en la lucha capitalista por la vida no todas las mujeres pueden comprar y usar los productos de Avon, ni todas pueden si quiera tener unos mínimos vitales. ¡Pero claro! Si de ingresos se trata, Avon “empodera” a las mujeres con trabajos precarios que consisten en vender productos voz a voz y, de paso, fagocitar las capacidades relacionales y afectivas que pueden darse entre ellas. Y se atreve a llamarlas “empresarias” y “emprendedoras”. En sentido estricto, ni si quiera las reconoce como obreras. Y, ¡vaya sorpresa!, las más afectadas son siempre las mujeres que se alejan del ideal occidental: las pobres, las indígenas, las ancianas, las de los países “periféricos”, las que no cumplen con determinadas “capacidades” y estándares corporales, etcétera. Esto, aunado al uso de las imágenes de sus cuerpos para el incremento de ganancias (así se trate de “diferentes formas de ser mujer”) y al estimulado hiperconsumo que está devastando nuestro planeta, hace de Avon una muestra más de cómo opera hoy el patriarcado capitalista. Por ello, el presente texto es escrito, al tiempo, en complicidad con mujeres como Natalia y contra empresas como Avon.

Publicado enEdición Nº239
Rita Segato

 

Rita Segato es doctora en Antropología e investigadora. Es, probablemente, una de las pensadoras feministas más lúcidas de esta época. Y tal vez de todas las épocas.

 

Ha escrito innumerables trabajos a partir de su investigación con violadores en la penitenciaría de Brasilia, como perito antropológico y de género en el histórico juicio de Guatemala en el que se juzgó y condenó por primera vez a miembros del Ejército por los delitos de esclavitud sexual y doméstica contra mujeres mayas de la etnia q’eqchi, y fue convocada a Ciudad Juárez a exponer su interpretación en torno a los cientos de femicidios perpetrados en esa ciudad. Su currículum es largo e impresionante.

Más allá de todo prejuicio escandalizador, Segato ha propuesto una mirada profunda sobre la violencia letal sobre las mujeres, entendiendo a los femicidios como una problemática que trasciende a los géneros para convertirse en un síntoma, o mejor dicho, en una expresión de una sociedad que necesita de una “pedagogía de la crueldad” para destruir y anular la compasión, la empatía, los vínculos y el arraigo local y comunitario. Es decir todos esos elementos que se convierten en obstáculo en un capitalismo “de rapiña”, que depende de esa pedagogía de la crueldad para aleccionar. Es, en ese sentido, que el ejercicio de la crueldad sobre el cuerpo de las mujeres, pero que también se extiende a crímenes homofóbicos o trans, todas esas violencias “no son otra cosa que el disciplinamiento que las fuerzas patriarcales imponen a todos los que habitamos ese margen de la política, de crímenes del patriarcado colonial moderno de alta intensidad, contra todo lo que lo desestabiliza” (*). En esos cuerpos se escribe el mensaje aleccionador que ese capitalismo patriarcal de alta intensidad necesita imponer a toda la sociedad.

No es tarea sencilla entrevistar a Rita, que es una especie de torbellino, capaz de enlazar con extrema claridad y sutileza los argumentos más complejos. Se toma su tiempo para responder, analiza cada pregunta, la desgrana, profundiza y vuelve a empezar con una vuelta de tuerca sobre cada concepto. Tiene su propio ritmo y seguirlo puede ser un desafío.

 

- En el marco del alarmante crecimiento de los casos de violencia de género, ¿podría profundizar en el concepto que desarrolló de que la violencia letal sobre la mujer es un síntoma de la sociedad?

 

-Desigualdad de género, control sobre el cuerpo de la mujer, desde mi perspectiva, hay otras feministas que no coinciden, acompañan la historia de la humanidad. Sólo que, contrariamente a lo que pensamos y a eso que yo llamo prejuicio positivo con relación a la modernidad, imaginamos que la humanidad camina en la dirección contraria. Pero los datos no confirman eso, al contrario, van en aumento. Entonces tenemos que entender cuáles son las circunstancias contextuales e históricas. Una de las dificultades, de las fallas del pensamiento feminista es creer que el problema de la violencia de género es un problema de los hombres y las mujeres. Y en algunos casos, hasta de un hombre y una mujer. Y yo creo que es un síntoma de la historia, de las vicisitudes por la que pasa la sociedad. Y ahí pongo el tema de la precariedad de la vida. La vida se ha vuelto inmensamente precaria, y el hombre, que por su mandato de masculinidad, tiene la obligación de ser fuerte, de ser el potente, no puede más y tiene muchas dificultades para poder serlo. Y esas dificultades no tienen que ver como dicen por ahí, porque está afectado por el empoderamiento de las mujeres, que es un argumento que se viene utilizando mucho, que las mujeres se han empoderado y que los hombres se han debilitado por ello y por lo tanto reaccionan así... No. Lo que debilita a los hombres, lo que los precariza y los transforma en sujetos impotentes es la falta de empleo, la inseguridad en el empleo cuando lo tienen, la precariedad de todos los vínculos, el desarraigo de varias formas, el desarraigo de un medio comunitario, familiar, local... en fin, el mundo se mueve de una manera que no pueden controlar y los deja en una situación de precariedad, pero no como consecuencia del empoderamiento de las mujeres, sino como una consecuencia de la precarización de la vida, de la economía, de no poder educarse más, leer más, tener acceso a diversas formas de bienestar. Y eso también va en dirección de otra cosa que vengo afirmando: que hay formas de agresión entre varones que son también violencia de género. Yo afirmo que los varones son las primeras víctimas del mandato de masculinidad. Con esto no estoy queriendo decir que son víctimas de las mujeres, y quiero dejarlo bien en claro porque se me ha entendido de una manera equivocada muchas veces. Estoy diciendo que son víctimas de un mandato de masculinidad y una estructura jerárquica como es la estructura de la masculinidad. Son víctimas de otros hombres, no de las mujeres. Y esto también quiero dejarlo en claro, no es que el hombre se volvió impotente porque las mujeres se potencian, sino que se volvió impotente porque la vida se volvió precaria y los deja impotentes.

 

- Muchas mujeres reciben esta violencia como algo normal. ¿Por qué?

 

- Por eso, sobre todo en España, al principio, cuando en las primeras campañas por los derechos de la mujer empezaron a aparecer estas mujeres golpeadas en la televisión, fue muy fuerte y causó mucho impacto. Plantear que la violencia doméstica es un crimen creo que fue el mayor avance de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw), es decir, que algo que es una costumbre puede ser un crimen. Es dificilísimo sobre todo en el campo del derecho dar ese paso, porque el derecho es como la santificación de todo lo que es la costumbre como ley. Pero la Cedaw dice: esta costumbre es un crimen, no puede ser transformada en ley. En ese caso de la violencia doméstica, de las violaciones domésticas se ha marchado en el camino de comprender que es un crimen. Ahora, lo que nos da a nosotros una pauta, una luz para entender mejor todo ese tema, es que cuando hay un óbito, cuando aparece un cuerpo, un asesinato de mujer nunca fue natural, ni antes ni ahora ni nunca. Y ahí vemos que hay una dificultad del derecho y del Estado en ganar terreno en este campo. Porque, sin ninguna duda, están en aumentando cada vez los feminicidios, ese verdadero genocidio de mujeres que estamos viviendo, de varias formas. Y eso lo sabemos porque ya hay más de 10 años de estadísticas en la mayor parte de los países. Y además el avance en lo legal y lo forense respalda esta afirmación.

 

- Usted plantea que la violación es un acto disciplinador, un crimen de poder. ¿Qué se juega el agresor sexual en esos casos?

 

-Bueno, ese concepto es de altísima complejidad. Le cuesta mucho a la sociedad comprender a qué apunto. Mucha gente de bien, muy moral, saltó contra esto e intenta rápidamente diferenciarse de ese sujeto que considera anómalo, criminal, inmoral, en fin todo lo malo que se deposita en ese sujeto, en ese chivo expiatorio que es el agresor... y los otros hombres se salvan y dicen yo no soy eso. Yo eso lo pongo bajo un signo de interrogación. Yo creo que aquel último gesto que es un crimen, es producto de una cantidad de gestos menores que están en la vida cotidiana y que no son crímenes, pero son agresiones también. Y que hacen un caldo de cultivo para causar este último grado de agresión que sí está tipificado como crimen... pero que jamás se sucedería si la sociedad no fuera como es. Se sucedería en un psicópata, pero la mayor cantidad de violaciones y de agresiones sexuales a mujeres no son hechas por psicópatas, sino por personas que están en una sociedad que practica la agresión de género de mil formas pero que no podrán nunca ser tipificadas como crímenes. Por eso mi argumento no es un argumento antipunitivista de la forma clásica, en el sentido de que no se debe punir o sentenciar. Sí tiene que haber leyes y sentencias que sólo algunas veces llegan a materializarse. Pero en nuestros países sobre todo, en el mundo entero, pero especialmente en América Latina, de todos los ataques contra la vida, no solamente los de género sino de todos en general, los que llegan a una sentencia son una proporción mínima. La eficacia material del derecho es ficcional, es un sistema de creencias, creemos que el derecho lleva a una condena. Pero claro que tiene que existir, el derecho, todo el sistema legal, el justo proceso y la punición. Lo que yo digo es que la punición, la sentencia no va a resolver el problema, porque el problema se resuelve allá abajo, donde está la gran cantidad de agresiones que no son crímenes, pero que van formando la normalidad de la agresión. Ninguno tomaría ese camino si no existiera ese caldo de cultivo.

 

- ¿Y por qué algunos hombres toman ese camino y otros no? Porque si es un problema social ¿no afectaría a todos por igual?

 

- Y bueno, porque somos todos diferentes... yo no te puedo responder eso. Lo que sí te puedo asegurar es que los índices serían muchos menores si atacáramos la base, o sea, el hábito, las prácticas habituales. Tampoco hablo de una cultura de la violación, porque se habla mucho de eso, sobre todo en Brasil. Se habla mucho de una cultura violadora. Está bien, pero cuidado con la culturalización, porque el culturalismo, en el abordaje de estos temas, le da un marco de “normalidad”, de costumbre. Como se hace con el racismo por ejemplo... es una costumbre. Yo tengo mucho miedo a esas palabras que terminan normalizando estas cuestiones.

 

- En relación a este tema, sobre que la violación es un crimen de poder, disciplinador, eso ¿se juega de la misma manera en el caso de los abusos de menores? Ya que generalmente los niños son abusados en su mayoría en las relaciones intrafamiliares o por integrantes de sus círculos cercanos, ¿se puede hacer una misma lectura o es distinto el análisis?

 

-Yo creo que es un análisis distinto, porque ahí si entra la libido de una forma en que yo no creo que entra en las violaciones de mujeres. Yo no he investigado mucho ese tema, lo que sí puedo decir al respecto es que el agresor, el violador, el asediador en la casa lo hace porque puede. Porque también existe una idea de la paternidad que proviene de una genealogía muy antigua, que es el pater familias, como es en el Derecho Romano, que no era como lo concebimos hoy, como un padre, una relación parental. Sino que el padre era el propietario de la mujer, de los hijos y de los esclavos, todos en el mismo nivel. Entonces eso que ya no es más así, pero que en la genealogía de la familia, como la entendemos, persiste... la familia occidental, no la familia indígena. Pero sí la familia occidental, que tiene por debajo en sus orígenes la idea de la dueñidad del padre. Entonces, eso aun está muy patente. Tengo estudiantes que han trabajado este tema. Por ejemplo, el caso de un pastor evangélico que violaba a todas sus hijas, y lo que sale de ese estudio es que el hombre, en su interpretación, era dueño de esos cuerpos. Eso es algo que no está más en la ley, pero sí en la costumbre. Y el violador también es alguien que tiene que mostrarse dueño, en control de los cuerpos. Entonces el violador doméstico es alguien que accede a esos cuerpos porque considera que le pertenecen. Y el violador de calle es alguien que tiene que demostrar a sus pares, a los otros, a sus compinches, que es capaz. Son variantes de lo mismo, que es la posesión masculina como dueña, como necesariamente potente, como dueño de la vida.

 

- En su experiencia, ¿el violador se puede recuperar de alguna forma, con la cárcel o con algún tratamiento?

 

- Nunca vi un trabajo de reflexión, no lo podemos saber porque el trabajo que debemos hacer en la sociedad que es primero entender y luego reflexionar nunca fue hecho. Sólo después de hacer el trabajo que está pendiente todavía de hacer en el sistema penitenciario, podemos llegar a ese punto. No hay elementos suficientes. No estoy hablando de psicópatas. Porque, a diferencia de lo que dicen los diarios, la mayor parte de las agresiones sexuales no son perpetradas por psicópatas. Los mayores perpetradores son sujetos ansiosos por demostrar que son hombres. Si no se comprende qué papel tiene la violación y la masacre de mujeres en el mundo actual, no vamos a encontrar soluciones.

 

Quedan pendientes tantos temas... hablar, por ejemplo, sobre el papel de los medios que, según sus propias palabras, colaboran con exhibir públicamente la agresión a las mujeres hasta el hartazgo, haciendo de la victimización de las mujeres un espectáculo de fin de tarde o después de misa, reproduciendo hasta el hartazgo los detalles más morbosos y funcionando así como el “brazo ideológico de la estrategia de la crueldad”.... Esos y tantos otros. Será en otra oportunidad. La estaremos esperando.

 

*Extracto del libro “La guerra contra las mujeres”, de Rita Segato.

 

Por Florencia Vizzi y Alejandra Ojeda Garnero para el portal agenciadenoticias.org

 

 

 

Publicado enSociedad
Sábado, 16 Septiembre 2017 07:14

Mejor así: Mujeres que deciden no tener hijos.

Mejor así: Mujeres que deciden no tener hijos.

 

Como cae una fruta de un árbol. Así iba a ser. “Cuando sos chico sabés que en algún momento vas a crecer aunque no sepas bien cuándo ni cómo. Cuando era niña creía que ser mamá era como crecer”, explicó Clara, que vende autos, tiene 41 años y todavía no ha tenido hijos. Elena, que es maestra, tiene 40 y sabe que no los tendrá, Soledad, que es politóloga, tiene 42 y piensa adoptar, y Lilián, que anda en los 50 largos, es psicóloga social, madre de una veinteañera, coincidieron en que al principio percibían la maternidad como un destino. No así Giovanna, que canta el tango como muy pocas y sin descendencia se acerca al medio siglo.

—Por supuesto que jugábamos a las muñecas –aceptó la artista–. Pero, mirá vos qué increíble, recién caigo en que la mujer con que de niñas jugábamos a las muñecas es otra que tampoco tiene hijos... Capaz que no jugábamos muy bien. Me acuerdo de la muñeca y la cunita. Se ve que era un bebé que dormía mucho, muucho...

—Para que ustedes hicieran cualquiera.

—Por supuesto. Pero no, nunca tuve...Viste que me crié con cuatro mujeres... Y las cuatro eran madres: la mía, odontóloga, su amiga médica, viuda como ella, que tenía tres hijos, y las otras dos mujeres muy importantes eran sus respectivas empleadas domésticas, Manuela y Paca. Manuela tuvo un hijo solo pero la Paca tuvo 14, y en el pueblo aquel en que vivíamos nacían los niños en el consultorio de la amiga de mi vieja. Había una sala de partos ahí, y Paca y ella atendían los partos. Pero nunca... Qué sé yo. Tener esas madres profesionales, que ni cocinaban... no teníamos como modelo mujeres que estuvieran en torno al estímulo del rol clásico. No. Eso creo que tuvo mucho que ver.

 

LAS MOSCAS.

 

La tanguera también fue la única en declarar haber estado libre de la infatigable “¿Y para cuándo?” que persigue a las mujeres sin hijos. “Pero es por el medio en el que yo me muevo, me imagino. Si tuviera un trabajo de oficina seguramente mis compañeras me preguntarían. ”

“A mí me atomizaron”, había dicho en cambio Elena. “Soy docente. Trabajo rodeada de mujeres. Todas las que tienen más de veintipoco son madres. Para la que recién se fue a vivir con la pareja la cosa es: ‘¿Y para cuándo’. Y para la que ya tuvo uno: ‘¿Y el próximo?’ Y para mí la típica: ‘Mirá que se te pasa el tren’. Y como yo respondía que no: ‘Ya vas a cambiar de idea. Vas a ver que sí’. Hasta que me dejaron de preguntar”, recordó. Pero el fin de la pregunta no es todavía el fin, percibe. Sigue sintiendo que la mayoría de sus compañeras están convencidas de que“las que no somos madres hay algo que no entendemos y que es –nada menos– lo fundamental de la vida”.

Soledad, que trabaja en una organización feminista, no ha sufrido el asedio en su empleo sino en cumpleaños o reuniones familiares. “He recibido consejos que nunca hubiera imaginado. Viejas católicas diciéndome al oído: ‘M’hija, embarácese de alguno’”, contó divertida, aliviada porque cuando las interpeladas pasan los 37 o 38 años las preguntonas empiezan aflojar.

Las madres son abrumadora mayoría. El 89 por ciento de las uruguayas mayores de 45 lo son, según la Encuesta Nacional de Comportamiento Reproductivo.1 Nueve de cada diez, redondeando. Y a veces aquellas que no lo son sienten que su condición no es considerada. “Si vas al ginecólogo a hacerte cualquier tipo de tratamiento, incluso intentando interrumpir un embarazo, vas a estar en una sala de espera llena de madres. Es medio extraño. Como que el país está pensado para las madres. Si estás en un club, las madres toman como normal que en el vestuario femenino estén los niños, y yo qué sé, la verdad que cuando me estoy cambiando no me gusta que haya niños de otros mirándome. Y pobre de vos si no te gustan los niños. Las madres esperan que las otras mujeres tengan afinidad con los niños y que hablen de temas que para otras pueden no ser agradables. Ir a un cumpleaños de un año y que todo el tiempo hablen de caca y de vómitos de bebés es otro clásico. Las que no tenemos hijos vamos atrás”, siente Clara.

Las manifestaciones del mandato no siempre son tan sutiles. “Cuando empezamos a ir a la Cárcel de Mujeres a trabajar sobre la ley de interrupción voluntaria del embarazo la advertencia era que iba a ser difícil que pudiéramos abordar el tema porque para estas muchachas el aborto era un infanticidio. A las que habían abortado las segregaban, las boicoteaban o las castigaban directamente”, contó Soledad.

En Uruguay y en todas partes la fecundidad es inversamente proporcional a la educación recibida. De acuerdo a la encuesta citada, al final del ciclo reproductivo 90 por ciento de las mujeres que no completaron la educación secundaria habían tenido hijos. Entre las que la completaron el porcentaje es 82. “En las mujeres más pobres los hijos son la única fuente de poder. Las define el otro. Es tanta la pobreza”, fue lo que propuso Giovanna, y podrían citarse innumerables análisis que acompañan la esencia de ese razonamiento. Lilián, en cuyos talleres abundan las chiquilinas de los sectores más vulnerables, tiene sus dudas. No sobre el corte socioeconómico. “Con que cambies de línea de ómnibus alcanza”, aseguró. “Si vas en el 125 es una y si vas en el 121 es otra. Todas las gurisas van con celular, sí. Pero con botijas unas y sin botijas otras.”

De lo que duda Lilián es de la explicación: “Las gurisas tienen los medios anticonceptivos a mano, incluso la posibilidad de hacer uso de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, y sin embargo parece que su embarazo es producto de andá a saber qué, parece magia, porque tampoco lo podés hablar mucho. Quedan embarazadas y listo. Ni decidieron quedar ni deciden interrumpirlo. Está la explicación de que es lo que les da razón de vivir, que es lo que les da estatus. Yo no sé. En el diálogo con ellas nunca me han dicho ‘me siento mejor’, ‘me siento más realizada’. No hay una reflexión ‘en torno a’. No tienen espacio para eso, como no lo tienen para otras reflexiones. Aunque hay otro acceso al consumo siguen estando las urgencias de la supervivencia, por un lado, y por otro, no hay una resignificación. Capaz que tienen más años dentro del sistema educativo, hay planes que las acompañan, políticas sociales, pero ¿resignificación de su proyecto existencial? Yo no lo veo”, argumentó.

 
AHORA NO, AHORA, O NUNCA.

 

En otras circunstancias sí se formulan reflexivamente los proyectos. Lo que no significa que se puedan realizar en todos sus aspectos. Clara no imaginaba tener hijos antes de terminar la facultad. “Era impensable. Iba a tener un hijo en el contexto de una familia, después de haberme recibido, teniendo los medios para mantenerlo de buena manera, dándole un ámbito adecuado y lindo”, recordó.

A comienzos del milenio tenía 25 años y “estaba en pleno proceso de independencia, de vivir sola y viajar”. Vino la crisis de 2002 y de tener tres trabajos pasó a tener ninguno. La cuestión de la maternidad quedó postergada. “Mi prioridad, como la de tantos otros uruguayos, era sobrevivir.” Fue “con la famosa crisis de los 30” que reapareció pero“justo ahí” estuvo un período largo sin pareja y siguió irresuelta. “Ahora hace unos cuantos años que estoy en pareja.” Ahora la decisión es de dos, y “decidimos postergarlo”, explicó.

A Lilián la demoró haber sido presa política, pero no sólo. “Así como si decidía militar tenía que ponerle horas, si decidía estudiar tenía que ponerle horas, y si decidía tener un hijo también. Entonces no me daba la cantidad de horas que tenía. La maternidad merecía el mismo trato que otras opciones, no era un dictado de Dios ni de la naturaleza. Y hasta los 34 no llegó esa decisión.” Sin embargo la mayor de esta encuesta aseguró que “es difícil encontrar entre las que tenemos más de 50, 60, incluso entre las compañeras del penal , entre las que ocupaban ese espacio de la cultura y la acción política, alguna que haya decidido no tener hijos. Era una decisión demasiado impactante para la propia identidad”. Ese límite generacional sigue vivo en ella misma cuando su hija le advierte que no pasa por su mente reproducirse: “Me pone en jaque, porque quiero nietos. Esto te señala en qué nivel profundo ancla la cosa”.

En otras el “ahora no” se ha descubierto “nunca”. “A los 40 tengo claro que la maternidad no es lo mío”, afirmó Elena. “Pero lo descubrí de grande–advirtió–. Siempre la fui postergando. A los 20 iba a ser a los 30 y a los 30 pensaba que mejor a los 35. No me desesperaba hacerlo, pero la idea de que había que hacerlo estaba ahí. Si hubiera tenido una vida diferente, una pareja estable a los 20 y pocos, capaz que hubiera terminado siendo madre. Agarré por otros rumbos y el tema no estaba. Podría haberme inseminado o quedar embarazada en una relación casual, como un montón de mujeres que conozco. Nada de eso pasó por mi cabeza. El deseo no venía y en algún momento llegué a sentirme frustrada por eso. La ficha me cayó en una charla con mi madre. Yo tendría 36. Hablábamos de lo que me faltaba para ser lo que la sociedad espera de una mujer de mi edad. De cosas que me preocupaban bastante más que la maternidad: estabilidad económica, propiedad, título, auto, esposo... y aparecieron los hijos. Y mi madre dice: ‘Me extraña que me digas esto, porque como sos vos, que donde ponés el ojo ponés la bala, si quisieras tener un hijo ya lo tendrías’. Y yo me quedé así, pensando: ‘Pero tenés razón’. Recién en ese momento pude soltar esa frustración de algo que no me correspondía sentir porque en realidad no era un deseo mío, era como la necesidad de cumplir con un mandato para poder encajar”, narró la maestra.

A Giovanna no la aturdía el deseo ajeno, pero entre los 25 y los 28 años quiso hablarlo con su analista y recordó bien la respuesta: “Mirá, no te preocupes, porque mi experiencia me indica que cuando una mujer quiere tener un hijo se da cuenta. Y no hay nada que la detenga. Es algo que se te impone”. “Ok, vamos a esperar”, se dijo entonces aquella muchacha. “Si algún día ese deseo aparece, lo seguiré como en tantas otras cosas.”

—¿Y?

—Y nunca me sucedió, no lo he sentido. Eso desde un punto de vista animal, ponele. Sin embargo mi costado racional también decía: “Pero, a ver, estoy enamorada de este hombre, por ejemplo, de mi amado ex marido, que tiene tan buena genética; sería bueno un hijo de nosotros dos, ¿no?”. “¡No, no y no!”, me respondí siempre. “Estamos bien así.” Me sentía muy bien con esa libertad que teníamos.

En otras el deseo parece ser arrollador, especialmente a partir de los 30, cuando se instala la “famosa crisis” de que hablara Clara. “Recuerdo que en mis 30 las amigas de mi barra se empezaron a casar como por contagio y a buscarse parejas en cualquier circunstancia porque tenían que estar casadas y tenían que ser madres. Supongo que la frontera cambiará con la generación, pero en mi barra cruzar los 30 fue como la señal. Después se te divorcian a los dos, tres años, y quedan los gurises”, coincidió Soledad.

 

REPRODUCCIÓN Y “MATERNAJE”.

 

“A menudo los hijos se nos parecen/ y así nos dan la primera satisfacción”, canta Serrat. ¿El deseo de tener un hijo lleva implícito que éste sea biológico? 

“Adopción para mí es maternidad”, respondió Clara enérgicamente. “Soy defensora de la adopción frente a los métodos de fertilización asistida, sobre todo en mujeres de mi edad, que pasamos los 40, porque un embarazo a esta altura podría ponernos en riesgo a mí y al bebé. Con la cantidad de niños que necesitan una madre... No creo que necesite que un niño lleve mis genes para sentirlo mi hijo. Necesito que esté en mi casa todos los días, darle un beso de buenas noches y poder llevarlo al colegio, por decirte algo.” Y matizó: “Capaz que soy medio fría en ese sentido”. Es importante el número de mujeres que parece sentir lo opuesto. Durante estas conversaciones se aludió al caso ocurrido no hace mucho en esta ciudad, de una mujer joven que, enferma mortalmente de cáncer, tuvo hijos en un vientre de alquiler a partir de óvulos propios, sin retroceder ante el temor de que esos hijos que hoy cría su viudo heredaran la predisposición. Soledad contó que la mujer que la entrevistó en el Inau cuando hizo su solicitud de adopción “estaba un poco sorprendida porque yo no había venido de quince intentos de fertilización infructuosos, que es como llegan normalmente ahí”.

“¿Por qué esa obsesión de tener hijos biológicamente tuyos a cualquier costo, materialmente hablando y también en materia de salud? ¿Por qué toda esa ansiedad y angustia, que si el embrión prende o no prende?”, inquirió la politóloga. “Cada persona tiene derecho a hacer lo que quiera, pero a mí toda esa movida me genera muchas dudas. La gente tiene como pánico de adoptar y eso ha cambiado en la historia. Antes la gente criaba hijos ajenos. Nuestros abuelos lo hacían. Las familias han cambiado. Los hijos se vuelven como súper exclusivos, esa obsesión por cuidarlos, por que sean únicos... eso ha cambiado radicalmente en los últimos cuarenta o cincuenta años”, alegó.

La psicóloga social nos descubriría después algunos de los distintos elementos que se confunden en la idea recibida de familia, la antigua preocupación por la legitimidad en la trasmisión de una herencia, la diferencia entre imágenes o estereotipos de género y articulación de funciones en el equipo. “La función paterna es a lo que le decimos ley. La función materna es la de la contención y la nutrición. De esas funciones no podemos prescindir porque nos morimos, pero eso no significa que deban ser cumplidas por un papá y una mamá.”

“Considero que gran parte de lo que hago es ‘maternar’”, había dicho Elena, convencida de que durante el año lectivo ella pasa más tiempo con sus alumnos de lo que pueden hacerlo sus propios padres. “Los de 5 años, trabajando, distraídos, me dicen ‘mamá’. Se genera un vínculo súper fuerte en el que hay muchísimo cariño. Vos educás como educarías a un hijo o como educo a mi sobrino.” Pero ha escuchado “millones de veces” que “sos mejor docente cuando sos madre”. “Y no me parece que sea así”, alega, aunque admite que nunca ha podido ganar esa discusión “porque siempre la tuve con madres que tienen esa visión de que antes de ser madres tenían otra visión”.

Hace añares, deambulando por la Ciudad Vieja, Giovanna conoció a un muchacho negro en situación de calle que hacía dibujos a lápiz “de una especie de superhéroes o monstruos”. “Te los regalaba y vos le dabas unos pesos.” El muchacho ahora es pintor, sobrevive de vender sus cuadros, pero sigue durmiendo en la calle, a dos cuadras de lo de Giovanna. El periodista llegó con la tormenta y cuando Giovanna le pedía a un amigo común que le insistiese al pintor con que viniera a pasar la noche dentro.“No sabés lo que hizo éste la otra vez –explicó la anfitriona, entonces–. Fue hace tres semanas. Hubo unas lluvias terribles. No vino a tocarme a la puerta a las tres de la mañana porque no quiso joder, pero entonces vino al otro día. La tormenta continuaba y él había pasado toda la noche empapado, arrollado ahí en ese lugar precario que se armó en 25 e Ituzaingó. Todo mojado, tiritando. Como él de vez en cuando viene y se da una ducha y esa ropa que tiene la metemos en el lavarropa, siempre tengo ropa de él. Y bueno, lo auxiliamos. Se enfermó. Durmió dos noches acá en el líving con la salamadra prendida. Somos amigos, es uno de los tipos más brillantes y fuertes que conozco, pero para él soy un referente femenino fuerte, en algún sentido maternal. Un tipo que se ha criado sin madre, en la calle desde hace 25 años.”

Ni Giovanna ni Elena creen que, a favor de procrear, valga invocar el temor a la soledad de la vejez. “Eso es algo que justamente no me pasa. También lo he escuchado: ‘Mirá si llego a vieja y no tengo a nadie’. Y no tengo idea de qué va a pasar cuando llegue a vieja, y si voy a llegar a vieja. También pienso en lo otro. Tengo un hijo y me muero ¿y qué hace el pobre?, ¿queda solo? No tengo nada para dejarle... Mi pensamiento en la maternidad siempre es una preocupación”, dijo la maestra. “No podés ser tan egoísta, tan pelotudo, de tener un hijo para que te cuide”, espetó a su turno la tanguera. “Además yo confío mucho en las redes amorosas que tengo: mis ex parejas, mis amigos de siempre, mis nuevos amigos, mi capacidad de generar lazos. Ese capital que yo siento que uno tiene de dar tanto a los demás”, agregó.

La opción de estas mujeres se ha hecho más frecuente en Occidente. En el noroeste de Europa la tendencia aumenta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Entre las alemanas nacidas en 1968 una de cada cuatro no ha tenido hijos. No es una curva irreversible. Los sistemas de cuidado nórdicos deben de tener que ver en que los guarismos de esos países sean menores: 20 por ciento en Finlandia, 14 en Suecia, 12 en Dinamarca y Noruega.2 Se habla de mejores ingresos y mejores condiciones de trabajo para las madres como forma de explicar por qué en Estados Unidos el porcentaje cayó del 20 al 15 entre 2005 y 2015. De todos modos nadie parece creer que estos ajustes cambien decisivamente las cosas, y el sector ya es lo suficientemente importante como para generar líneas de negocios pensados para él. Sus integrantes ya tienen etiqueta:Childfrees o NoMothers. Al mismo tiempo hay quien observa el surgimiento de un movimiento en sentido contrario. Hace siete años la feminista estadounidense Naomi Wolf planteó que la madre soltera se había transformado en la nueva heroína de un patriarcado que, incapaz ya de esconder la deserción de tantos varones, había descubierto que podía usarlas como prueba última del destino maternal de las mujeres.3Recientemente la filósofa española Beatriz Gimeno, diputada de Podemos en la asamblea madrileña, denunciaba una romantización del amor maternal: “El bebé se transforma en amante y esposo” y así “el rol maternal cambia para que nada cambie”.4 En nuestro medio, Soledad ubica una de las manifestaciones de esa reacción en cierto “feminismo esencialista, una reafirmación de la maternidad que para mí es recontramachista; un discurso que nos vende como que somos especiales, cuando la especialidad es justo lo que históricamente nos ha condenado, porque, ¿dónde está la base del patriarcado? En que tenemos capacidad reproductiva. Ese es el núcleo duro. Entonces me querés vender la maternidad maravillosa, la energía especial, la teta a todas las horas, todo divino. Tenés que hacer todo y todo feliz porque además tengo que ser ingeniera atómica y tener un cuerpo espectacular. ¡No! ¡Imposible! No hay manera. Y entonces, si no podés cumplir con todo, encima te sentís mal”.

La política puede proyectarse entre estas fuerzas y ayudar a nacer decisiones autónomas. Soledad no está nada conforme con las coerciones que impone la ley de interrupción voluntaria del embarazo, pero reconoce que hizo cambiar la manera en que las muchachas presas trataban el aborto: “La ley habilitó que pudieran hablar de eso sin que hubiera una condena. Nuestra táctica era hablar de los mandatos, de los estereotipos de género, y empezar a tocar la anticoncepción. Una de ellas, solita, sacó el tema del aborto y de la fertilización asistida, y otra quiso hablar de que su nuera quiso abortar y no pudo porque los tiempos no le dieron... todo eso fue un cambio que dio la legalidad. No me había dado cuenta antes de ir a la cárcel”.

 

“Y ESO ESTABA BUENÍSIMO.”

 

Cada año que pasa Elena está más segura de su decisión. “Tener un hijo es una cosa para el resto de la vida, una responsabilidad gigante. Yo particularmente creo que sería una madre insoportable, de querer saber todo el tiempo qué le pasa, en qué está. Pero preocupada. Creo que sería una cosa que le pondría preocupación a mi vida, más que placer. Entonces creo que no es para mí y no sufro con esa decisión. No sé si es exactamente falta de vocación o que tampoco me sienta capacitada para hacerlo. Siento que no va conmigo. También porque soy una persona solitaria, bastante independiente, me gusta ir de acá para allá, moverme y tomar decisiones sin tener que pensar en nadie, y un hijo cambiaría totalmente el panorama. Hay gente a la que ese cambio no le molestaría. A mí sí me preocuparía.”“Siempre sentí que un hijo me quitaría tiempo para mí”, respondió Giovanna cuando se le preguntaron finalmente sus porqués. “Sé que si hubiese tenido un hijo hubiera sido una madre presente y amorosa. Pero toda esa felicidad adivinada no podía con toda esa otra parte de ‘Bueno, este mundo, un hijo, mi vida, mi libertad, mi tiempo, mi me voy a cualquier hora, me voy a cualquier lado. Me va a atar a un lugar, me va a vincular eternamente a este o a aquel hombre, voy a tener que preocuparme de cosas de las que no me preocupo, preocuparme obligatoriamente...’. Quiero decir: en mi vida ha sucedido que esté comiendo sushi en uno de los mejores lugares de Nueva York y a los cinco meses esté compartiendo el arroz partido con mi perro Pascual. Y eso estaba buenísimo. Me gusta eso de la vida. Pero con un hijo vos tenés que plantearte una integración al sistema, construir una seguridad que no, no estoy dispuesta. Ese es el costado racional, y por otro lado el clamor de mis entrañas por parir nunca aparece. Y ahora que las hormonas ya están bajando, digo, no me va a venir.”

 

1. Ine, Montevideo, 2017.
2. Population and societies, del Institute Nationel de’Études Demographiques, Número 540, enero de 2017.
3. “The single mother makeover”, en Project Syndicate, 30-VIII-10.
4. “Madres en la trampa del amor romántico”, en Anfibia, 11-V-17.

 

 

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El papa Francisco, a su llegada a Colombia.

Francisco afronta el viaje a Colombia con el reto de unir a la sociedad y a los fieles del país

 

El papa Francisco llegó ayer a Colombia con el reto de apoyar el proceso de reconciliación de la sociedad y de la clase política, muy divididas ante el acuerdo de paz con la antigua guerrilla de las FARC, que dejó las armas tras más de medio siglo de conflicto y se constituyó como partido legal. Pero esa meta de convivencia empieza precisamente en la Iglesia de ese país y en la propia comunidad católica, que afronta esta nueva etapa en medio de una profunda polarización. Colombia cuenta, al menos según las estadísticas, con un porcentaje muy elevado de fieles. De sus 49 millones de habitantes, más de 45 están bautizados. En la jerarquía católica y en las bases las sensibilidades son encontradas y hay opiniones divergentes sobre la integración de la organización insurgente en el sistema. En este contexto, Jorge Mario Bergoglio pondrá a sus seguidores ante un espejo.

“Este es un país que vive un catolicismo mayoritario. El Papa viene por fin a interpelarnos como miembros de la Iglesia, a hablarnos duro a decirnos cosas que nos creemos convenientes”, razona Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC) y experto en religión. La Iglesia, en su opinión, tiene un papel en la reconciliación “Estoy seguro de que nos va a decir más cosas que nos van a conmover como miembros de la Iglesia, nos van a incomodar”.

Algunos sectores católicos ultraconservadores han rechazado abiertamente esta visita, que inició ayer en Bogotá y concluye el domingo en Cartagena. El canal de televisión Teleamiga se ha dedicado en los últimos meses a transmitir mensajes en contra del Pontífice. Detrás de la protesta está el director de ese medio de comunicación, José Galat, quien trató de concurrir a las elecciones presidenciales de 2010 por el Partido Conservador y es rector de la Universidad Gran Colombia. “El canal es católico, los que no son católicos son los que niegan la fe católica, o sea, los obispos que acompañan a un Papa que niega las verdades de la fe”, aseguró. La posición de Teleamiga provocó la reacción de la Conferencia Episcopal Colombiana, que pidió a los fieles no ver ese canal bajo el argumento de que no representa la enseñanza de la Iglesia Católica. En una carta, los máximos representantes del catolicismo en Colombia señalaron al canal de "herir gravemente la comunión de la Iglesia".

La unidad de la Iglesia se tambaleó hace un año ante el plebiscito sobre los acuerdos de paz con las FARC convocado por el Gobierno de Juan Manuel Santos, católico practicante. Aunque no hubo pronunciamientos explícitos durante la campaña, fueron algunos sectores de la comunidad católica y los votos de los evangélicos, que representan unos 10 millones de colombianos, los que inclinaron la balanza a favor del no. El proceso de paz no se detuvo, el Ejecutivo firmó un nuevo acuerdo con la guerrilla y ahora Colombia busca pasar página. No obstante, representantes políticos especialmente influyentes entre los fieles como el expresidente Álvaro Uribe, se siguen oponiendo a ese pacto. El propio Uribe, por ejemplo, escribió una carta a Bergoglio en la que lamenta “la impunidad total a los responsables de delitos atroces, su elegibilidad política, la autorización legal que han recibido para gastar dineros ilícitos en sus actividades políticas”.

“En todo caso, es un espaldarazo al Gobierno”, opina en Ariel Ávila, analista de la Fundación Paz y Reconciliación, quien cree que el Papa acabará siendo prudente y diplomático para evitar agitar a la sociedad y aumentar la polarización en lugar de revertirla”. “El Papa sabe mucho del proceso de paz con las FARC y sobre todo con el ELN”, continúa Ávila, que considera que lo importante de este viaje es el contenido político.

Muchos católicos que apoyaron la paz y próximos a sectores progresistas celebran, por su parte, la visita del Papa. Stephanie Salazar es una de las portavoces del movimiento Católicas por el Derecho a Decidir (CDD) Colombia. Dice que la visita del papa Francisco es la oportunidad para abrir un debate desde el catolicismo sobre el papel de la mujer en la Iglesia y la defensa de sus derechos. “Este es un Papa que por fin ha tocado temas que otros no se atrevieron, a pesar de las críticas”. Piden a la jerarquía eclesiástica de Colombia que acoja durante la visita de su máximo representante el mensaje sobre la necesidad de acabar con la violencia y la discriminación contra las mujeres. “Es un papa que se ha manifestado sobre la equidad salarial entre hombres y mujeres. Es un representante de la Iglesia distinto. Esperamos que se pronuncie contra la violencia de género”, opina Salazar. Solo el año pasado, 731 mujeres fueron asesinadas en Colombia.

 

 

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Una sentencia del Constitucional reabre el debate en Colombia sobre la vacuna del Papiloma


La Corte solicita a las autoridades sanitarias mejorar los protocolos de seguridad del tratamiento para evitar el cáncer del cuello de útero entre las mujeres

 

La Corte Constitucional de Colombia ha publicado una sentencia que se limita a recordarle al Ministerio de Salud que debe informar a las familias que tienen el derecho a negarse a vacunar del virus del Papiloma Humano a sus hijas de entre nueve y 17 años. El organismo judicial emite este veredicto como respuesta a la solicitud de tutela de la madre de una joven de 15 años de la ciudad de Cali. La niña sufrió "fuertes dolores en el lado derecho de su cuerpo y en sus extremidades superiores e inferiores" un mes después de que en su colegio le pusieran la última de las tres dosis de esta vacuna. Las dolencias han evolucionado en una enfermedad.


"Es la causa número 1 de mortalidad entre las mujeres de 15 y 45 años en el mundo", ha asegurado el doctor Carlos Castro, director médico de la Liga Colombiana de Lucha contra el Cáncer. "Cada año 5.000 mujeres son diagnosticadas, 2.000 mueren por este tipo de cáncer". Con estos argumentos el especialista ha defendido la campaña de vacunación que desde 2012 llega de manera obligatoria a todos los colegios públicos y privados de Colombia, además de a las instituciones sanitarias encargadas de vacunar a la población.


Además, el Constitucional le ha solicitado a las autoridades sanitarias que, en caso de que no se pueda garantizar la seguridad en la vacunación, "procedan a suspender la misma teniendo en cuenta los efectos colaterales, según el principio médico 'primero que todo no hacer daño".


La decisión de la Corte no cuestiona la seguridad de la vacuna ni la campaña que desde 2012 lleva a cabo el Ministerio de Salud para vacunar de manera gratuita a todas las niñas colombianas. Aún así, se ha generado un debate público en el país porque la sentencia se ha interpretado desde varios sectores, sobre todo los conservadores, como el freno definitivo a un tratamiento que previene el cáncer de cuello uterino entre la población femenina.


Ante la polémica, las autoridades sanitarias colombianas han tenido que recordar en rueda de prensa que "no existe ningún estudio a nivel internacional que relacione el tratamiento del virus del Papiloma Humano con el desarrollo de enfermedades autoinmunes". Los especialistas colombianos no niegan el caso de la joven caleña, como tampoco infravaloran a las 15 niñas que se desmayaron en un colegio de Carmen de Bolívar, en el interior del Caribe colombiano, tras recibir la vacuna.


"La ley de 2013 no solo garantizó la obligatoriedad", ha explicado el doctor Diego Alejandro García Londoño, médico pediatra y coordinador nacional de vacunación del Ministerio de Salud. "También se estableció un documento de elegibilidad para que aquellos padres que se negaran a vacunar a sus hijas lo firmaran, lo presentaran en el colegio y en la secretaría de salud correspondientes y así asumieran los riesgos de su decisión".


Es decir, en Colombia todas las instituciones educativas y sanitarias tienen la obligación de suministrar de manera gratuita esta vacuna que se administra en tres dosis. La población con el derecho a recibirla son niñas de entre nueve y 17 años vayan o no al colegio. Y sus padres pueden negarse al tratamiento siempre que firmen un documento. "Ojalá un día podamos vacunar también a niños, así se erradicaría esta enfermedad como ha sucedido con otras como el polio", ha ejemplificado Carlos Castro.
Una vacuna con metales


En 2012, una joven de Cali, como el resto de sus compañeras de colegio, recibió las tres dosis de la vacuna del Papiloma que se establecen en el tratamiento y con el consentimiento de su familia. Un mes después comenzó a tener dolores en las articulaciones. Las molestias continuaron, acudieron al médico y fue diagnosticada con una artritis reactiva poliarticular. El tratamiento a esta patología no funcionó y su familia acudió a unos laboratorios en Estados Unidos para que le hicieran unos análisis de pelo en busca de una respuesta concreta. "El resultado concluyó que presentaba una intoxicación por metales pesados (plomo, aluminio, cadmio, titanio y plata)", según se lee en la sentencia. El mismo veredicto le dieron en un hospital de Bogotá.


Ante esta situación, la familia denunció al Ministerio de Salud y otros organismos sanitarios por los supuestos efectos secundarios de la vacuna del Papiloma, también incluyó a la empresa aseguradora que, según su versión, no dio el tratamiento adecuado a su hija.


"Los programas de inmunización se han enfrentado a la pérdida de credibilidad por parte de los usuarios debido al crecimiento de la publicidad negativa relacionada con sus resultados. Aunque se han manifestado preocupaciones de seguridad sobre las vacunas, estas han sido investigadas de manera sistemática a la fecha. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la inclusión de la vacunación en los programas nacionales de inmunización en los que la prevención del cáncer cervicouterno sea una prioridad de la salud pública y que la inclusión sea factible en términos del programa”, se lee en la sentencia.


Toda la documentación que incluye la sentencia de la Corte se dirige a mejorar los protocolos de administración de la vacuna, las campañas informativas a familias, profesores e instituciones, pero en ningún momento relaciona la composición del tratamiento con la intoxicación, ni los dolores musculares.


La Corte ha incluido la opinión de varios médicos: "Si bien es cierto que estas vacunas contienen un aditivo de aluminio y fragmentos residuales de ADN, no existe un motivo suficiente que permita determinar un vínculo causal de dichas lesiones por la aplicación de esta vacuna".

 

Bogotá 28 AGO 2017 - 18:19 COT

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