Leymah Gbowee inició una campaña que ayudó significativamente a acabar con una guerra civil de 14 años en Liberia.

 

Ya sea la lucha para acabar con la guerra civil en Liberia, para erradicar la mutilación genital femenina, para parar una ley antiabortista o para eliminar el impuesto a los tampones, las batallas –y los éxitos– de estas mujeres tienen mucho en común.

 

 

Un grupo de madres acabó con la guerra civil de Liberia

 

Leymah Gwobee

Liberia lo estaba haciendo muy bien matándose a sí misma durante la guerra civil. Un país de unos 4,5 millones de personas vio durante los 14 años de guerra civil morir a 250.000. Muchas más fueron desplazadas. El uso de niños como soldados, la violencia sexual y los ataques a los civiles eran moneda diaria durante el conflicto.

En abril de 2003, siete de nosotras nos reunimos en una oficina improvisada para hablar sobre la guerra civil de Liberia y el hecho de que los combates se estaban acercando muy rápido a la capital, Monrovia. Armadas solo con nuestra convicción y 10 dólares pusimos en marcha la Campaña de la Acción en Masa de las Mujeres de Liberia por la Paz. Creíamos que era nuestro deber moral levantarnos como madres para proteger las vidas de nuestros hijos, la tierra y su futuro.

Estábamos unidas en nuestra convicción de que la acción no violenta era la única forma para conseguir ver la paz en Liberia. No tomaríamos las armas. En su lugar, organizamos sentadas diarias, piquetes, vigilias, protestas callejeras y manifestaciones para pedir un alto el fuego inmediato, un diálogo entre las partes en conflicto y el despliegue de una fuerza de intervención.

Necesitábamos un modo de asegurarnos de que los hombres de nuestras comunidades estaban igual de comprometidos con el fin del conflicto. Nuestra huelga de sexo hizo de la causa algo más personal y nos ayudó alcanzar un perfil mediático que reforzara nuestras demandas a las partes en conflicto.

Después de tres semanas de movilizaciones masivas, el presidente Charles Taylor accedió a reunirse con nosotras. Más de 2.000 mujeres acudieron a la reunión, que acabó con su compromiso de acudir a las conversaciones de paz en Ghana.

Nuestro siguiente reto era asegurarnos de que las conversaciones de paz resultasen en un acuerdo óptimo para los liberianos. No un acuerdo que sirviese simplemente a los intereses personales de los señores de la guerra. Nos asociamos con las mujeres liberianas refugiadas en Ghana y nos convertimos en la voz moral y en el rostro de las conversaciones de paz. Al mismo tiempo mantuvimos la presión continuando con las protestas en Monrovia.

Una vez que se firmó el acuerdo de paz nos involucramos como mediadoras para conseguir que los combatientes cumpliesen los términos del acuerdo y que la ONU y el gobierno transicional de Liberia diesen los incentivos necesarios a los combatientes.

Éramos madres ordinarias que decidimos que ya no era necesario rogar por la paz. Por el contrario, nos unimos para exigir paz, justicia, igualdad e inclusión en la toma de decisiones políticas. Utilizamos nuestros cuerpos, rotos por el hambre, la pobreza, la desesperación y la indigencia para sostener la mirada al cañón de la pistola.

14 años después, podemos decir tranquilamente que hicimos lo inimaginable.

 

 

Laura Coryton Foto Twitter EDIIMA20170308 0626 19

 

Llegó la hora de acabar con el impuesto al tampón

 

Laura Coryton

Ni la menstruación ni los impuestos son temas muy populares y, sin embargo, —gracias a las 320.086 personas que firmaron mi petición en Change.org— estamos por fin a punto de acabar con los impuestos machistas que gravan los tampones y otros productos de higiene femenina. Nuestro Gobierno (Reino Unido) clasificó los tampones como producto “de lujo” cuando estableció el impuesto en 1973, mientras que los aviones privados, la carne de cocodrilo y las flores de azúcar son clasificadas como productos esenciales que no están gravados. No es broma. Incluso Barack Obama ha criticado el impuesto al tampón en 40 estados de su país.

Durante estos años, dirigir esta campaña y difundir la petición ha sido genial. Siempre es divertido conectarse con activistas inspiradoras. Pero ha sido mucho trabajo y no todo ha sido positivo. A menudo me han sorprendido y desalentado los trolls de Twitter, la oposición gubernamental e incluso las cartas con amenazas, pero no hay que darse por vencido cuando algo nos importa, especialmente cuando es algo que afecta injustamente a más de la mitad de la población solo por ser mujer.

Después de ver con satisfacción la petición de Caroline Criado-Perez para que los billetes británicos lleven el rostro de Jane Austen , me sentí inspirada para iniciar mi propia petición contra el impuesto al tampón en mayo de 2014. Al poco tiempo, diferentes universidades del Reino Unido comenzaron a repartir productos de higiene femenina de forma gratuita o a venderlos a sus estudiantes a un precio reducido. Algunas comunidades se unieron para montar foros locales para ayudar a la campaña, y algunas personas se inspiraron para iniciar campañas similares en países como Australia y Malasia.

Finalmente hicimos historia en 2016, cuando el entonces canciller George Osborne se comprometió ante la Cámara de los Comunes a abolir el impuesto al tampón “cuando sea posible a nivel legal”. Las normativas tributarias de la UE impiden abolir el impuesto antes de que esté finalizado el Brexit. Osborne calculó que sería hacia abril de 2018, pero su sucesor Philip Hammond todavía no ha dicho nada sobre este tema. Mientras tanto, debemos seguir hablando de esto, tuiteando y haciendo campaña para asegurarnos de que Theresa May sepa que estamos esperando que deje de recaudar impuestos cada vez que nos viene la regla.

 

 

Krystyna Kacpura EDIIMA20170308 0628 19

 

Frenar la iniciativa contra el aborto en Polonia

 

Krystyna Kacpura

Hace muchos años que trabajo en el campo de los derechos sexuales y reproductivos. He luchado contra varios intentos de reforzar aún más la ley antiaborto de Polonia, que ya es bastante restrictiva. Sin embargo, la Iniciativa contra el Aborto no solo me escandalizó, sino que además me dio mucho miedo. ¿Quién se atrevería a meter a las mujeres polacas en tamaño infierno? ¿Quién nos odia a este nivel?

Mi primer impulso fue el de informar a las mujeres qué significaría esta ley en la práctica: cárcel y nacimientos forzados en cualquier circunstancia, incluso en casos en que estuviera en riesgo la salud y la vida de la madre, incluso en casos de violaciones o incesto, o cuando el feto tuviera malformaciones o defectos genéticos. En casos de abortos naturales, también se podría hacer una investigación policial y meter presa a la mujer. Y estas eran sólo algunas de las cláusulas más radicales del proyecto de ley.

En cada uno de mis discursos les pedí a las mujeres que fueran solidarias y que se unieran a la lucha sin mirar las diferencias entre nosotras. En las protestas les pedí a los políticos que nos apoyaran. También solicité el apoyo de ginecólogos, pidiéndoles que brindaran información honesta y completa sobre las consecuencias que podría tener la ley.

Algunos médicos nos apoyaron en secreto. Se reunieron con diputados y les escribieron cartas, detallando los riesgos para las mujeres. Repartimos folletos claros y concisos a mujeres en las calles, las tiendas, las oficinas y las escuelas. Muchas mujeres nos llamaban luego muy asustadas. Algunas no podían creer que alguien quisiera tratar a las mujeres de forma tan horrorosa. Necesitábamos convertir ese miedo en indignación, protesta y solidaridad hacia las mujeres.

Mostramos comparativas con los derechos reproductivos de las mujeres en otros países europeos. Apoyamos y empoderamos a las mujeres para que se sintieran más fuertes en esta batalla desigual. Movilizamos a las mujeres para que participaran activamente en las protestas , manifestaciones y debates callejeros.

Para mí era como estar en trance: miles de conversaciones individuales, docenas de debates, manifestaciones, protestas, cientos de llamadas telefónicas, correos electrónicos. Sabía que debía encontrar la fortaleza para seguir adelante. Cuando estaba agotada, abría el cajón donde guardaba las firmas de cientos de personas que apoyaban nuestra iniciativa Salvemos a las Mujeres y eso me recordaba que todas esas personas confiaban en mí y en mi organización.

Ganamos la batalla. El proyecto retrógrado fue retirado. Sin embargo, la lucha por nuestros derechos reproductivos no ha acabado. No lancemos las campanas al vuelo.

 

 

Jaha Dukureh EDIIMA20170308 0629 19

 

La mutilación genital femenina se prohibió en Gambia

 

Jaha Dukureh

Tomar la decisión de llevar mi campaña contra la mutilación genital femenina (MGF) de vuelta a Gambia fue, aunque difícil, la decisión correcta. Luchar contra la MGF es, a menudo, causa de aislamiento social, por lo que al hacerlo tuve que asumir el hecho de que muchas veces me vería forzada a defenderme por mí misma. Aunque ha habido otras campañas contra la mutilación genital femenina, entendí que para que se produjese un cambio real era necesario tomar un nuevo enfoque.

Sabía que el hecho de ser una mujer joven iba a hacer más difícil que la gente me escuchara. También era consciente de los peligros a los que me expondría al abordar este asunto. Esto significaba que para mí era crucial tener un equipo, gente que como yo se dedicase a esta causa y que quisiera estar a mi lado. De este modo podríamos trabajar de una manera más eficiente y efectiva.

En lugar de centrarnos en una sola persona, en una región o en un grupo étnico, trabajamos con todo el país a la vez. Mantuvimos diálogo no solo con los líderes religiosos sino también con las generaciones más jóvenes iniciando conversaciones sobre la MGF desde puntos de vista que nunca antes se habían formulado.

Para nosotros fue importante que el mensaje se difundiese a nivel local, nacional y mundial. Al tomar conscientemente la decisión de no dejar a nadie por el camino, y entendiendo el poder de las masas, nuestro mensaje para acabar con la mutilación genital femenina se oyó más fuerte y más claro. Finalmente, la decisión de prohibir la MGF se anunció a finales de 2015.

Nuestra forma de resistencia provino del rechazo a permanecer en silencio y de encender la llama en cada comunidad, para que la voz de todos nosotros pudiera ser escuchada.

 

Traducción de Javier Biosca Azcoiti, Lucía Balducci y Cristina Armunia Berges

 

 

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Foto: Andrés Cuenca

 

A menos de una semana antes del Día Internacional de la Mujer hace un año, militares hondureños entrenados por el Pentágono irrumpieron en su casa y asesinaron a Berta Cáceres. Feminista, ecologista y antiimperialista, organizadora carismática y opositora firme de los megaproyectos que robaron y envenenaron la tierra de los pueblos indígenas, Berta fue el epítome de todo lo que los secuaces del capitalismo detestaron y temieron.

Berta Cáceres fue pionera en una nueva generación de mujeres líderes en América Latina. Éstas nuevas líderes viven la “interseccionalidad” entre clase, raza y género no como líneas que se entrecruzan, sino en cada respiración que toman. El liderazgo de Berta fue reconocido en todo el mundo por cómo enfatizó las luchas unificadoras. Transmitió a sus hijas e hijo y a los miembros de su organización COPINH su cosmovisión indígena Lenca y la convicción de que la Madre Tierra debe ser protegida, su análisis anticapitalista y antiimperialista que proporciona un marco para entender los ataques a su tierra y su pueblo vinculándolos al contexto nacional y global, y su firme creencia en la necesidad de la solidaridad internacional para enfrentar un sistema global. Insistió en que el activismo medioambiental significa enfrentar las fuerzas patriarcales que destruyen el planeta, y que la defensa del territorio es la defensa de los derechos de las mujeres porque el patriarcado reclama los cuerpos de la mujer como su territorio.

Esta manera de ver al feminismo como una parte integral de la batalla por la supervivencia –como persona, como especie, como mujer- ha dado nueva vida al feminismo en un momento en que la segunda ola del feminismo—mayoritariamente mujeres blancas, de clase media-alta– parece haberse estrellado contra los bajíos del neoliberalismo. Estas batallas lideradas por mujeres, no sólo en América Latina, sino en todo el sur global, proporcionan la vitalidad, diversidad y relevancia que el feminismo necesita para tomar un lugar permanente y prominente en cada movimiento por la libertad en la tierra.

Lolita Chávez Ixcaquic, líder Maya K’iche’ en Guatemala, se refiere a “otros feminismos que surgen de las mujeres de los pueblos indígenas”. “Hemos hablado de la autonomía de nuestros pueblos”, dice, “y también de la autonomía dentro de la autonomía. Porque en mi comunidad hay un patriarcado, y a veces es peor que otras barreras porque es muy íntimo”.

Estar en primera línea en las batallas anticapitalistas para defender la tierra y los derechos, catapulta a las mujeres de toda la región hacia el liderazgo y forja nuevas definiciones. Esta transformación en las propias mujeres y en el papel y la práctica del feminismo es clave para el futuro y es conscientemente ignorada por el feminismo liberal.

 

Las mujeres y sus movimientos

 

No hay una sola manera de caracterizar a los nuevos feminismos en América Latina, pero la mayoría empieza con dos elementos básicos: las víctimas que se niegan a ser víctimas, y la defensa del valor de la vida. Eso suena simple, pero es el desafío más fundamental y radical al sistema hoy en día, y es tan peligroso que ha llevado a asesinatos y ataques constantes a mujeres líderes. Las mujeres indígenas están en el centro porque sufren la triple discriminación de ser pobres, indígenas y mujeres, pero también porque los profundos valores indígenas de conexión confrontan al individualismo y a la cultura de consumo que han absorbido gran parte del feminismo estadounidense y europeo.

Esas conexiones alimentan la organización de las mujeres mayas. “Tenemos la fuerza de muchos principios, entre ellos la reciprocidad -tú eres yo y yo soy tú. Eso nos fortalece como mujeres y la conexión con la vida y la red de la que todos somos parte”, dijo Lolita en una entrevista con Just Associates. “Como parte de esa red, tenemos que tener territorios libres de corporaciones y libres de violencia contra las mujeres, para que podamos avanzar hacia el pleno significado de la vida”.

La lideresa garífuna Miriam Miranda señala que el énfasis en la comunidad significa que ningún aspecto puede ser temporalmente archivado o ignorado. “Todos los movimientos organizados – campesinos, trabajadores, pueblos indígenas, LGTB – tienen que incorporar elementos que tienen que ver con la reivindicación de la comunidad, la comunalidad. Especialmente la lucha anti-patriarcal, pero también la organización antirracista, porque es inútil luchar por un sistema anti-patriarcal si todavía tenemos actos racistas y discriminatorios contra personas que no son como nosotros”. Como feminista indígena negra, ella y su organización en la costa atlántica de Honduras colectivamente asume todo a la vez, todos los días.

Por defender la vida en un sistema que mata, se han generado nuevos movimientos dirigidos por mujeres nunca imaginados hace apenas una década. En México, miles de mujeres se organizan para buscar a sus hijas e hijos y otros seres queridos desaparecidos en la desastrosa “guerra contra las drogas”. En grupos locales en todo el país, las mujeres, y en menor grado los hombres, se reunen; comenzaron pasando innumerables horas en oficinas gubernamentales para presionar a los funcionarios para que realizaran investigaciones serias, enjuiciamientos y proporcionaran información sobre sus casos, usualmente sin resultados. Ahora las demandas al gobierno continúan, pero muchas personas han salido de las oficinas para ir a los campos con palos y palas para hacer la búsqueda ellas mismas. Están construyendo alianzas como base para la acción autónoma. Del dolor de perder a un hijo, han aprendido a defender los derechos, presentar quejas formales, hablar en público y dirigir movimientos. Muchas podrían no llamarse a sí mismas feministas, pero reconocen cambios reales en sus roles.

“Después de considerarme una ama de casa, porque eso es lo que era anteriormente, puedo decir que a partir del 28 de agosto de 2008 me desubicaron totalmente porque fue un cambio de vida drástico”, dijo María Herrera, líder de la organización nacional de familiares desaparecidos en una entrevista reciente y refiriendo a la fecha en que desaparecieron dos de sus hijos.

“Te cambia la vida totalmente y no sabemos ni qué hacer ni cómo hacerlo. Afortunadamente, estos cambios que han surgido intempestivamente también nos han dado a entender que como personas, como mujeres, no nos debemos dejar vencer... el dolor que estoy sufriendo, y no nada más yo, sino las miles de mujeres, madres de familia, esposas, hijas, estamos sufriendo una tragedia, no sé ya ni cómo llamarla, y esto, muy lejos de asustarnos, nos da valor, fuerzas, para luchar y salir adelante”. María Herrera se ha convertido en una crítica internacionalmente conocida de la guerra contra las drogas y del gobierno mexicano, incorporando a miles de personas a un movimiento de profundo cambio social. Las mujeres han asumido todos los casos de los desaparecidos como propios y han arriesgado sus vidas contra el crimen organizado y los funcionarios corruptos del gobierno.

Las madres centroamericanas que cada año viajan por México en busca de sus hijos migrantes desaparecidos pasan por la misma transformación–de la esfera privada a la esfera pública, de la pena individual a la indignación y la acción compartidas. Cuando pregunté por qué las mujeres son más propensas que los hombres a organizarse, una fundadora de uno de los grupos respondió que una madre arriesgará su propia vida para encontrar un hijo o una hija y nunca renunciará a la esperanza. Los padres sienten que han fallado en su papel de proteger y tienden a retirarse de la lucha para proteger a los que aún permanecen con ellos. Así, los papeles patriarcales tradicionales empujan a las mujeres a salir de esos mismos papeles -no es la primera vez en la historia del feminismo que hemos visto esa paradoja-.

En toda la región, millones de mujeres de todo el mundo participaron en la huelga de mujeres del 8 de marzo de 2017 contra la violencia machista, ya sea negándose a trabajar, a comprar, a tener relaciones sexuales, o a asistir a la escuela, o asistiendo a manifestaciones. La idea de la movilización global comenzó en Argentina con la movilización “Ni Una Menos” tras la brutal violación y asesinato de una joven, y con las manifestaciones “Ni Una Más” en contra de los feminicidios en México. Las mujeres jóvenes indignadas por la falta de seguridad y la agresión sexista en sus sociedades se manifestaron en eventos que pasaron por alto las organizaciones feministas tradicionales y marcaron una nueva generación de activismo feminista.

Las argentinas marcharon este 8 de marzo bajo el eslogan de “No Estamos Todas”. El comunicado dice: “Nos faltan las presas políticas, las perseguidas, las asesinadas en territorio latinoamericano por defender la tierra y sus recursos. Nos faltan las mujeres encarceladas por delitos menores que criminalizan formas de supervivencia, mientras los crímenes de las corporaciones y el narcotráfico quedan impunes porque benefician al capital. Nos faltan las muertas y las presas por abortos inseguros. Nos faltan las desaparecidas”.

Esto no es sólo una mera lista de víctimas; es la nueva constelación de temas feministas.

 
Feminismo perdido, feminismo ganado

 

Poco después de la elección de Trump, el New York Times publicó un editorial titulado: “El feminismo perdió: ¿ahora qué?”. El artículo argumentaba que cuando la campaña de Hillary Clinton cayó en llamas significó una gran derrota para el feminismo -la destrucción del sueño de inaugurar a la primera presidenta de la nación y romper el techo de cristal. No sólo eso, el antifeminismo en su expresión más grosera y descarada en décadas había ganado, ayudado en gran medida por el voto de mujeres blancas.

Ha habido una serie de reflexiones, más allá de los post-mortem post-electorales, sobre lo que salió mal, pero la verdadera pregunta es: ¿de qué feminismo están hablando?

Hillary Clinton popularizó la frase “Los derechos de la mujer son derechos humanos”, introduciendo un cambio de paradigma que buscó insertar a los asuntos de las mujeres en la agenda del establishment. Allí está el problema. Los feminismos latinoamericanos están muy claros de que nunca llegarán a donde quieren ir, al simplemente dar al sistema actual una patina de género.

Clinton promovía el militarismo patriarcal, la intervención estafounidense y el privilegio corporativo que sostienen el mismo sistema que otros feminismos están decididos a derrotar. En su autobiografía, escribió abiertamente sobre las maniobras con la secretaria de Relaciones Exteriores de México, Patricia Espinosa, para mantener al régimen golpista hondureño. Mientras trabajaba tras bambalinas para institucionalizar el golpe de Estado sin restituir al presidente electo, Mel Zelaya, las “Feministas de Resistencia” hondureñas marchaban diariamente en las calles como un pilar del movimiento pro-democracia. Cáceres citó la declaración de Clinton a menudo para mostrar el papel central del gobierno de Estados Unidos en perpetuar el golpe de Estado en Honduras. Más tarde ella misma se convirtió en una víctima del legado del golpe.

El editorial del New York Times concluye: “El desafío para el movimiento de mujeres es persuadir a más del electorado de que el feminismo no es un mero lujo para los y las privilegiados o la provincia sólo de los liberales”. Hasta el fraseo es condescendiente. No se trata de persuadir a la gente a votar feminista. Ya es hora de examinar los conceptos implícitos sobre quién hace la persuasión y quién es el potencial persuadido.

Para que el feminismo se convierta en el movimiento de emancipación que pretendía ser, los roles tienen que ser revertidos. Ya no se trata de consciousness-raising (hacer conciencia) nada más, como si el velo debiera ser despojado de los ojos de aquellos que no ven las cosas tal como las vemos nosotras. Se trata de crear espacios de diálogo sin imposiciones, que reconozcan diferencias de clase y de otro tipo y permitan que surjan nuevos entendimientos y nuevos modelos. Eso no significa acomodar o justificar el virulento sexismo y el racismo que se hicieron aceptables en el discurso político de Estados Unidos con esta elección, sino que significa forjar nuevos caminos que provean una salida que no esté basada en el odio y la división o el privilegio y la represión.

Se trata de dar la delantera a los nuevos feminismos que se están desarrollando a partir de la oposición directa al sistema global de las mujeres cuyas vidas mismas son un testimonio de cómo las opresiones encajan y la resistencia es la emancipación. El mal golpe del feminismo estadounidense existe porque un feminismo falso se ha instalado cómodamente dentro del sistema y busca detener los nuevos feminismos que desafían sus privilegios.

El feminismo nunca derrotará el triunfo del avivamiento patriarcal en los Estados Unidos o el resurgimiento en el resto del mundo a menos que abrace su naturaleza como profundamente anti-sistémica. A medida que el sistema se vuelve más letal y alienante, la defensa de la vida y la oposición a la impunidad de las mujeres representan un reto radical. Si los nuevos feminismos se llaman “feministas” o no, sus acciones anti-sistémicas confrontan directamente a la violencia patriarcal institucionalizada en el Estado y expresada en la sociedad en todos los niveles, desde los hogares, hasta las calles y las legislaturas. Las feministas de todas partes deberíamos unirnos a estos desafíos.

 

 

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Betsabé Espinal, pionera de la lucha de las mujeres por derechos laborales

Hace 97 años en Bello, Antioquia, tuvo lugar una de las huelgas obreras más significativas de la historia sindical colombiana, no sólo porque paralizó por tres semanas el principal emporio textil de ese momento: la Compañía Antioqueña de Tejidos, mejor conocida como la Fábrica de Tejidos de Bello; sino porque quienes la impulsaron y sacaron triunfante fueron cerca de 400 mujeres obreras, en una época en que el rol social de la mujer no era precisamente el de ir por ahí promoviendo protestas y alborotando el cotarro, pues se entendía que su lugar natural era el hogar y la sumisión uno de sus valores preclaros. El “sexo débil”, mejor dicho.


La historia dice que entre 1919 y 1920 hubo en Colombia 33 paros de trabajadores que buscaban mejorar sus condiciones laborales. Pero eran paros desorganizados, más cercanos a la asonada y el motín, porque para entonces el sindicalismo apenas se estaba formando. Los paros más sonados fueron los de los artesanos de Bogotá, los mineros de Segovia, los ferroviarios del Magdalena, y los sastres y zapateros de Medellín, Caldas, Manizales y Bucaramanga. O sea todas protagonizados por hombres, porque era inconcebible un paro de mujeres.


El paro de las obreras de Bello fue el primero que se identificó con el rótulo de “huelga”, y, al igual que los paros precedentes, éste fue espontáneo, surgido de la desesperación de las obreras ante el maltrato y la explotación, rayana con la esclavitud, a la que eran sometidas Y la lideró una tal Betsabé Espinal, hasta ese momento una anónima obrera de 24 años de edad a quien sus compañeras respetaban y acataban por su talante decidido, don de mando y recio carácter.


Pero antes de avanzar en el relato de aquel suceso, es pertinente ubicarlo en su contexto histórico, y decir que aquella fue una época de iniciación industrial. Con el siglo XX estaba naciendo en Colombia la gran industria manufacturera, con epicentro importante en Antioquia, donde era normal que las fábricas emplearan mujeres y niños como mano de obra sumisa y barata. Es decir, el mismo esquema fabril que primó durante la revolución industrial de la Europa del siglo XIX.


Y esa irrupción de mano de obra femenina en las factorías fue un fenómeno socialmente importante, tanto que para 1920 el 73% de la fuerza obrera en el Valle de Aburrá la conformaban mujeres, solteras en el 85% de los casos; e igual proporción se daba en las trilladoras de café y en las fábricas de cigarrillos, oficios en los que las familias campesinas encontraron una buena opción laboral para las hijas solteras, porque la sociedad clerical de entonces no veía bien que por trabajar en las fábricas las mujeres casadas descuidaran su familia y su sagrada misión de amas de casa. “La fábrica es enemiga de las mujeres, enemiga de su cuerpo, de su alma, agotador de su salud y envenenador de su virtud”, rezaba una publicación católica.

La Fábrica de Tejidos de Bello fue la primera textilera a gran escala que nació bajo el modelo Manchesteriano. La fundó en 1904 Emilio Restrepo Callejas, uno de los empresarios pioneros de la Antioquia de entonces, además concejal de Medellín, reconocido latifundista y promotor de extensos cultivos de algodón y caña de azúcar. Pero sólo hasta 1908 pudo la fábrica empezar a funcionar, después de una inyección de capital. Y desde el principio sus telares emplearon mujeres, muchas de ellas niñas entre 13 y 15 años. Para 1920, cuando estalla la huelga, ocupaba unas 400 mujeres y 110 hombres.


Las obreras vivían en un ambiente casi conventual, porque al amparo del prurito paternalista de los industriales antioqueños nació una institución bastante curiosa y emblemática: los patronatos obreros, que eran casas-dormitorios para las trabajadoras solteras, administradas por monjas. En estos patronatos se modelaba la conducta moral y laboral de las obreras, y se vigilaba que no fueran influenciadas por la perniciosa ideología socialista que llegaba de Europa, inspirada en la Revolución Soviética. Un dato que habla del “espíritu” de estos patronatos es que el Día del Trabajo lo celebraban el 4 de mayo, con misa campal y velada recreativa dentro de las fiestas a la Virgen María, y no el 1º de mayo, fecha celebrada por las organizaciones obreras de tendencia revolucionaria. Un año atrás se había fundado el Partido Socialista.


Las razones de la huelga


Dependiendo el oficio que realizaran, el salario de las obreras en la fábrica de don Emilio oscilaba entre $0.40 y $1.00 la semana; mientras los hombres, por hacer el mismo oficio, ganaban entre $1.00 y $2.70. Un trabajador de construcción ganaba entre $3 y $3.60 semanales, lo que da idea de la explotación que pesaba sobre las obreras. Esto porque una idea aceptada socialmente era que el salario femenino constituía un ingreso familiar complementario, y eso justificaba su diferencia con el de los hombres.


Por eso la exigencia de un salario igual fue el primer punto en el pliego de peticiones de las obreras en huelga; lo mismo que la revisión del sistema de multas, pues ocurría que las multaban por llegar tarde, por estropear accidentalmente una lanzadera, por enfermar sin previo aviso, por distraerse en el trabajo, o por cualquier minucia que al capataz se le antojara. E incluso hubo denuncias de multas por negarse a acceder a las solicitudes sexuales de los capataces de la fábrica; y lo contrario: veladas dádivas por aceptarlas.


Precisamente el cese del acoso sexual fue otro punto central del pliego; y en ese sentido el supervisor Manuel Velásquez, hombre de escasa estatura, delgado y padre de 5 hijos, encarnaba el odio mayor de las obreras. 5 de ellas lo acusaron de forzar su despido por no acceder a sus pretensiones, y de ser el culpable de que una de ellas estuviera interna en la “Casa de las arrepentidas”, que era donde expiaban su culpa las mujeres violadas y deshonradas.


Una tercera exigencia era reducir la jornada de trabajo, que se extendía de 6 de la mañana a 6 de la tarde, con una hora para la ingestión de alimentos. Asimismo, exigían que se mejoraran las condiciones higiénicas en los galpones de trabajo y se aboliera la prohibición de asistir calzadas, pues don Emilio tenía la idea absurda de que las obreras perdían tiempo y se retrasaban tratando de no embarrarse los zapatos en el trayecto hacia la fábrica, de modo que lo mejor era que fueran descalzas. Además, decía, era una manera de conservar la uniformidad de las obreras dentro de la fábrica, pues la mayoría eran campesinas habituadas a andar a pie limpio, y era penoso ver a unas calzadas y a otras no.


Otro punto del pliego en el que hicieron harto hincapié, fue que se acabara la vigilancia cerril, las ofensivas requisas a la salida de la fábrica, y el trato despótico por parte de Jesús Monsalve y Teódulo Velásquez, los dos administradores. De Monsalve, por ejemplo, decían que era tirano y grosero de palabra, acusación de la que él se defendía aduciendo que si estaban descontentas era porque estaba cumpliendo bien con su deber.


En tal sentido es elocuente la carta que Carlos E. Restrepo, ex presidente de Colombia, le manda a Emilio Restrepo, en la que se lee: “Bastante numerosas me parecen las horas de trabajo asignadas a las obreras de Bello y demasiado rígidas las condiciones en que lo hacen, especialmente si se mira el trabajo de las mujeres y los niños y las malas condiciones fisiológicas de nuestros trabajadores. Creo que ese camino si se extrema trae el anarquismo como consecuencia forzada y de ellos son los conatos de huelga que usted habla y que empiezan con nuestra primera fábrica”.


La huelga y la figura de Betsabé Espinal

En realidad las obreras venían intentando la huelga de tiempo atrás, e incluso en una ocasión paralizaron una sección de telares, pero fracasaron porque los administradores encontraron quien las reemplazara. Pero el 12 de febrero de 1920 el lance fue a otro precio. Ese día, antes de las 6 de la mañana, las líderes del movimiento se pararon en la puerta de la fábrica para convencer al resto de obreras y obreros de que no ingresaran. La totalidad de las mujeres acataron la orden y no entraron, pero los hombres fueron reacios y en su mayoría ingresaron, por lo que fueron blanco de las burlas inmisericordes de las obreras, quienes no sólo les gritaban cobardes sino que los incitaban a cambiarse los roles: que ellos se pusieran las faldas y ellas los pantalones. “Pollerones pendejos”, les gritaban.


Entre las que se pararon en la puerta a instigar la huelga estuvieron Teresa Tamayo, Adelina González, Carmen Agudelo, Teresa Piedrahita, Matilde Montoya y Betsabé Espinal, la más fogosa y decidida de todas, por lo que desde ese mismo día se erigió como la líder de la protesta y la que organizó a sus compañeras en comisiones. Y ante ellas de nada valieron las amenazas de los capataces ni los ruegos del cura de la parroquia, quien llegó a los pocos minutos para tratar de convencer a las obreras de que terminaran esa locura y regresaran al trabajo.


Y tampoco cedieron al día siguiente, cuando ya fue el alcalde de Bello y las autoridades eclesiásticas de Medellín quienes llegaron a tratar de convencerlas. Por el contrario, para ese momento la huelga se había generalizado y los poquitos obreros hombres que quedaron en la fábrica apenas alcanzaban para aceitar las máquinas y asear el edificio.


El tercer día, en el tren de las nueve de la mañana, una delegación encabezada por Betsabé viajó a Medellín a buscar solidaridad y a poner en conocimiento de la prensa la naturaleza de su movimiento y su pliego petitorio. Estuvieron en la Gobernación de Antioquia y en las sedes de los periódicos El Espectador, el Correo Liberal y El Luchador. “No tenemos ahorros para sostener esta huelga, solo tenemos nuestro carácter, nuestro orgullo, nuestra voluntad, y nuestra energía”, fueron las palabras de Betsabé que al día siguiente salieron publicadas en la prensa.


Betsabé, a quien una foto de aquel año muestra como una mujer cejona y bien plantada, tenía 24 años en ese momento. Había sido bautizada en la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Bello en 1896, y por ser “hija natural” tomó el apellido de su madre: Celsa Espinal (que no Espinosa como erróneamente se ha difundido).


De su vida se conocen muy pocos datos. Se sabe que era muy hábil en el oficio del hilado y buena hija, dedicada por completo al cuidado de su madre. Y la razón de que hoy sepamos tan poco es que no tuvo más hermanos y tampoco nunca se casó, por lo que no dejó descendencia. De ella se sabe por el protagonismo que tuvo en aquella huelga, en la que su nombre estuvo en la mira de los periodistas. Uno de ellos escribió: “Surge una mujer de nombre bíblico a encabezar un movimiento huelguista, el primero, el único de alguna significación que ha podido llevarse a cabo en la tierra más impropia para las huelgas: Antioquia”. Otro le dio connotaciones de una Juana de Arco criolla, y otro más la definió como “una esclava rebelde, una mujer iluminada”.


Pero quien más se ocupó de la huelga y de la figura de Betsabé fue un cronista de El Espectador que firmaba con el seudónimo El Curioso impertinente, quien en el lenguaje florido del periodismo de la época escribió: “Honor a esos cientos de mujercitas que han tenido la locura galante y fértil de confrontar la resistencia y furia del capital, sin más equipaje que una buena porción de rebelión y dignidad... Cómo no secundarlas si son heraldos de una provechosa transformación social, si pueden ser las primeras víctimas ineludibles de toda revolución que se inicia”. Y en otra crónica describió el ambiente festivo que se vivía en torno a la fábrica de Bello, donde se ven “cuadros pintorescos de grandes grupos de obreras y obreros que cantan, bailan, juegan y dan vivas a la huelga, mientras los policías que vigilan están tan desocupados como ellos”.


Y por esa vía la huelga se volvió comidilla pública y generó una enorme simpatía entre la gente, no sólo de Bello sino también de Medellín. Tanto que una semana después, por iniciativa de los periódicos El Espectador y El Correo Liberal, ya se había conformado en Medellín un Comité de Socorro para recoger víveres y dinero para las huelguistas, y los estudiantes de medicina de la Universidad de Antioquia hicieron su propia colecta. Es más, una fábrica de tejidos de Medellín se ofreció a sostenerlas para que no cedieran, durante dos meses de ser necesario.


Logros y alcances de la huelga


Después de 21 días de parálisis, y gracias a la mediación de algunos empresarios y las autoridades departamentales, e incluso del mismo arzobispo de Medellín, Emilio Restrepo, finalmente cedió a todas las exigencias de las obreras y con eso, el 4 de marzo, finalizó la huelga. Se acordó un aumento salarial del 40%, regulación del sistema de multas, jornada laboral de 10 horas y más tiempo para el almuerzo, permiso para ir calzadas a la fábrica, y el despido fulminante del “acosador” Velásquez y los dos odiados administradores.


Para ratificar el acuerdo, una delegación de obreras encabezada por Betsabé Espinal se dirigió a las oficinas de la empresa en Medellín. En la estación del tren las recibió una multitud de unas 3 mil personas que las acompañó en el trayecto, en el que, según la crónica periodística, hubo hasta insolados. Después la delegación fue objeto de varios homenajes, como la corona de laurel que pusieron en cabeza de Betsabé, quien en esta ocasión, encaramada en un taburete, pronunció un discurso memorable. Y más tarde los estudiantes de medicina le ofrendaron una serenata.
Por su parte El Curioso Impertinente, quien para entonces ya era un declarado fanático de las huelguistas, escribió un elogio de este tenor: “El triunfo de esta causa ha sido, pues, completo. Por eso batimos nuestras palmas entusiastas a esas heroicas y viriles mujeres de Bello, que han dado un altísimo ejemplo de valor a Medellín, a Antioquia y a Colombia”.


La huelga de Bello fue un hito en la historia del movimiento obrero colombiano; marcó una ruptura con la tradición de damas que sumisa y silenciosamente eran carne de explotación laboral y acoso sexual en las fábricas. Con esta huelga no sólo se dignificaron como obreras y como mujeres, sino que su ejemplo tuvo repercusiones. Una de ellas fue que en la Asamblea de Antioquia se presentó un proyecto sobre descanso dominical remunerado para los obreros, y en Bogotá otros grupos de mujeres extrajeron fuerza e inspiración para adelantar sus propios movimientos, como el de las capacheras y las telefonistas de Bogotá. También al ejemplo de las huelguistas de Bello se debe el paro que en 1929 protagonizaron 186 obreras de la fábrica Rosellón, en Envigado, para protestar por la rebaja de salarios y para exigir la destitución de algunos administradores abusivos.


El final trágico de Betsabé


No se sabe nada de lo que pasó en la vida de Betsabé Espinal en los años siguientes. Se presume que salió de la fábrica de Bello y fue a trabajar a Medellín, donde vivió en una casa aledaña al cementerio San Lorenzo (hoy Niquitao), en compañía de una amiga llamada Paulina González. A pocas cuadras de allí quedaba la residencia de María Cano, la otra gran líder obrera de la época, por lo que es muy probable que se hayan conocido y compartido alguna relación.


La muerte de Betsabé se produjo a causa de una descarga eléctrica, y fue documentada por el periódico conservador La Defensa. Según esta nota, en la que para nada se recuerda la gesta protagonizada por Betsabé 12 años atrás, el accidente se produjo de la siguiente manera:
La noche anterior, a causa de una tormenta, en la calle frente a su casa cayó un cable de energía eléctrica de alto voltaje (una primaria que llaman). Un vecino madrugó a alertar a todos del peligro que corrían, pero Betsabé en un acto temerario, propio de su carácter, hizo caso omiso y decidió solucionar el problema con sus propias manos. Así que fue hasta la primaria, la agarró para retirarla, y ahí mismo cayó electrocutada. Alcanzó a llegar con vida al hospital, donde falleció el 16 de noviembre de 1932, a la corta edad de 36 años.


El destino, que suele gastarse sus ironías, quiso que su muerte, con un mes escaso de diferencia, coincidiera con la de Emilio Restrepo, el dueño de la fábrica donde ella lideró la huelga que inmortalizaría su nombre.


Bibliografía


– Los años Escondidos, sueños y rebeldías en la década del 20. María Tila Uribe. Ediciones Antropos. Pág. 86 a 88.
– “Las mujeres en la Historia de Colombia. Tomo II”. Editorial Norma. Pág. 405 a 407.
– “Mujeres y trabajo en Antioquia durante el siglo XX”, Ediciones ENS 2005. Pág. 52 y 53. Por Ana Catalina Reyes y María Claudia Saavedra.
– Reinaldo Espitaletta, crónica “Huelga de Señoritas, o cuando en Bello se protagonizó un alzamiento de mujeres liderado por Betsabé Espinal”. Revista Huellas, Centro de Historia de Bello. Nº 4 diciembre 2002.
– Periódicos El Espectador y El Socialista. Febrero y marzo de 1920.

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Miércoles, 08 Marzo 2017 08:22

Mujeres

Mujeres

 

Una larga lucha por pasar de objeto a sujeto


Un ocho de marzo más la historia se repite. Celebración de una onomástica y denuncia de una inequidad que no parece tener arreglo, al menos hay poca voluntad política de que lo tenga. Han pasado ciento sesenta años desde aquel 8 de marzo de 1857 en que un grupo de mujeres trabajadoras del textil se declararon en huelga y salieron a la calle a reclamar derechos. Casi tantos años como los que dicen los datos que son necesarios para que la mujer “alcance” al hombre en condiciones económicas y laborales.

Este 2017 el Día Internacional de la Mujer será el día del Paro Internacional de Mujeres para reclamar derechos, para denunciar la inacabable desigualdad y la reincidente violencia de género. Porque más que para celebrar es un día para seguir luchando.

La mujer, por suerte, no es igual que el hombre. Las mujeres no piden esa igualdad repetida hasta la saciedad e ignorada hasta la saturación. Lo que la mujer quiere, y me arriesgo a suponerlo porque me podrían tachar, y con razón, de no serlo, es equidad.

 

igualdad equidad

igualdad – equidad

 

No hay que irse a países mal llamados tercermundistas para ver esa discriminación. La vieja Europa, los EE.UU. u otros territorios “desarrollados” también tienen esa lacra hacia quienes nos dan la vida. Y tampoco se libran de ella en los medios masivos de difusión de noticias, donde el lugar de las periodistas está por debajo de sus capacidades y en condiciones de desigualdad respecto de sus compañeros.

Esa diferencia se aprecia en casi todos los sectores sociales, culturales y económicos. Entre ellos en el cine, donde la mujer sigue siendo más objeto que sujeto y donde los papeles se les van cerrando según van llegando a una madurez que, como a todo ser humano, las enriquece y mejora pero que parece lastrarlas frente a una cámara.

El cine, como gran medio de comunicación, debe ser una de las esferas para luchar por la equidad, por la justicia social y el pleno reconocimiento de la mujer como ciudadana con los mismos derechos. La gran pantalla debe ser ejemplo de lucha por superar las tradiciones aferradas a lo femenino como deudor o vicario.

¿Hay alguna actividad en la que, a lo largo de su existencia, la mujer haya sido más utilizada como objeto que en el cine? Pues creo que, publicidad aparte, la respuesta es no. Objeto de deseo, por supuesto. Sólo hay que recordar aquel casposo cine español de finales de los ´70, el llamado del destape, hecho para aplacar los picores de una sociedad pacata, y machista, que empezaba a ver la luz. Un destape que solamente se imponía a las mujeres. O es que alguien recuerda haberle visto algún pelo que no fuera del pecho a los Landa, Pajares, Esteso, etc...

Pero el cine puede aprovecharse para educar desde la equidad. Equidad que todavía hoy, en pleno siglo XXI, sí aunque parezca que socialmente volvemos hacia el XIX estamos en la segunda década del veintiuno, es necesario pelear y cuesta conseguir. El cine es una gran herramienta de comunicación y concienciación, un arte para hacer visible el papel de la mujer, como persona, como ciudadana, en situación de igualdad y contra el patriarcado que domina la sociedad. Porque, pese a que el cine y la televisión han reforzado estereotipos sobre la mujer, han sido también, sobre todo el primero, más crítico, muestrario de los cambios sociales y altavoz para reclamar el lugar de la mujer como sujeto activo de la sociedad.

Hemos de superar las narraciones ancladas en mujeres negociables (esposas, madres) o mujeres consumibles (casquivanas, prostitutas), como decía el profesor Jesús Ibáñez, siempre deudoras del hombre, para reivindicar a la mujer como sujeto, como persona: ni más ni menos que como MUJER. La lucha por la igualdad no se soluciona con decretos, que hay que ponerla en práctica en la vida diaria, en la familia, en la escuela, en la calle y en el trabajo.

Por eso quiero hacer un reconocimiento a las mujeres a través del séptimo arte. El lugar de la mujer en el cine ha estado, casi siempre, frente a la pantalla, en roles protagonistas o secundarios, encasillados o no. Pero, qué decir de otras profesiones relacionadas como guionistas, productoras o directoras. Difícil, muy difícil.

La historia de las mujeres directoras de cine, como en otras muchas profesiones, ha sido ardua, muy cuesta arriba y hoy lo sigue siendo. Pese a ello, hay grandes nombres, grandes mujeres que han hecho más grande el séptimo arte. La lista completa de mujeres dedicadas a la realización cinematográfica no nos cabría en este espacio. Tan sólo queremos mencionar nombres de autoras destacadas, algunas reconocidas y otras injustamente olvidadas, como ocurre con demasiada frecuencia, de la historia del cine.

Empecemos por Alice Guy-Blaché (París, 1873 – New Jersey, 1968), la verdadera pionera del cine. Adelantada a su tiempo, incluso al padre de este arte, George Meliés. Realizó, en 1896, la primera película narrativa de la historia, La Fee aux Choux (El hada de los repollos). Productora y directora independiente, usó grabaciones sonoras simultáneas a las imágenes, utilizó efectos especiales como la doble exposición del negativo, el retoque o los movimientos hacia atrás de la cámara. En 1912 dirigió la primera película interpretada íntegramente por personas de raza negra, Un tonto y su dinero, y tuvo su propio estudio.

 

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Alice Guy Blaché

 

Charlotte (Lotte) Reiniger, (Berlín, 1899 – 1981), precursora del cine de animación. Guionista y directora de la película animada más antigua que se conserva, Las aventuras del príncipe Achmed. Realizada con más de 300.000 imágenes individuales, tenía una duración de 65 minutos.

 

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Las aventuras del príncipe Achmed

 

En España, las precursoras fueron Helena Cortesina (Valencia, 1904 – Buenos Aires, 1984) primera directora de cine española con Flor de España o la leyenda de un torero en 1921, estrenada dos años después, y Rosario Pi (Barcelona, 1899 – Madrid, 1967) productora y directora, fue la primera en realizar una película sonora, El gato montés, en 1935. Posteriormente, no hemos de olvidar a Ana Mariscal, que llegó a rodar diez películas, la última El paseíllo (1968), en una época nada fácil; Cecilia Bartolomé, autora de la considerada primera película feminista española, Vámonos, Bárbara (1978); Ana Diez, primera mujer ganadora de un Goya como directora por Ander eta Yul, (1989); Pilar Miró, guionista y directora, primera mujer en dirigir RTVE; Icíar Bollaín, actriz, guionista y directora, Goya en 2004 por Te doy mis ojos; o Isabel Coixet, Goya como directora por La vida secreta de las palabras (2006). Las tres últimas son las únicas mujeres que han obtenido el Goya como directoras en las 31 ediciones del premio. Recordemos que el primer Óscar a una mujer directora fue para Katrhyn Bigelow, en 2009, por The hurt locker (En tierra hostil). Sólo tuvo que esperar a la 82ª edición de los premios de Hollywood.

En Colombia, Gabriela Samper, la primera directora, guionista y productora (Páramo de Cumanday, 1965); Marta Rodríguez, una gran documentalista (de Chircales, 1972, a Testigos de un Etnocidio, memorias de resistencia, 2011) con tal vez más reconocimiento fuera que dentro de su país; Camila Loboguerrero, primera mujer en filmar largometrajes en Colombia (Con su música a otra parte, 1984); Libia Stella Gómez, directora y guionista (Ella, 2015); Patricia Ayala, documentalista (don Ca, 2013), o Patricia Cardozo, ganadora del premio especial del Jurado y del Público en el Festival Sundance, 2002, con Las mujeres de verdad tienen curvas. Mencionar aquí al colectivo Mujeres al borde, iniciativa producto del sueño de dos amigas para dotar de un espacio a las mujeres desobedientes, transgresoras, que quieren crear un mundo distinto practicando el artivismo (arte + activismo) sexodisidente.

Terminamos el recorrido con un recordatorio a otras cineastas que, desde diferentes culturas, han dicho y hecho mucho por el papel de la mujer en el cine y en la sociedad: Deepa Metha (India), Julie Bridgham (EEUU), Niki Caro (N. Zelanda), Mira Nair (India), Marguerite Duras (Francia), Claudia Llosa (Perú), Hana Makhmalbaf (Irán), Lucía Puenzo (Argentina), Rebeca Chavez (Cuba), Liliana Cavani (Italia), Ma Liwen (China), Doris Dörrie (Alemania), Agnieszka Holland (Polonia), Fina Torres (Venezuela), Samira Makhmalbaf (Irán) o Djamila Sahraoui (Argelia).

Y hay muchas, muchísimas más, en el cine y en otros muchos ámbitos de la vida. En un día como el 8 de marzo y el resto de los días del año. Ya va siendo hora de que lo femenino se tome la palabra. Porque son, ni más ni menos y en definitiva, MUJERES.

 

 

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foto: En Movimiento TeVe

 

Nosotras, mujeres, lesbianas, trans, indígenas, campesinas, urbanas, afros, trabajadoras, estudiantes, feministas integrantes de los Movimientos Sociales del Alba, paramos el 8 de marzo en nuestros países para visibilizar las luchas que por más de cinco siglos han dado las mujeres en nuestro continente, para visibilizar el trabajo cotidiano de la reproducción y cuidado, trabajo no reconocido como tal y por tanto no remunerado y precarizado. Paramos para visibilizar nuestros cuerpos desaparecidos por las redes de prostitución y trata, nuestros cuerpos asesinados en femicidios, nuestros cuerpos maltratados por la violencia obstétrica, en definitiva nuestros cuerpos golpeados por la violencia patriarcal.

Nosotras paramos para denunciar que las guerras nos toman como botín y que incluso en procesos de paz como en Colombia, nos siguen asesinando, por lo que seguiremos luchando por hacer de la implementación del Acuerdo de las FARC-EP y el diálogo del ELN oportunidades para construir la paz de Colombia que es la paz del continente.

El 8M paramos para denunciar los femicidios, que están desangrando a México y Centroamérica, creciendo de manera alarmante en todo el continente, con complicidad de los Estados y las redes del narco, de la prostitución, de la trata y del crimen organizado. Nosotras paramos para denunciar los femicidios territoriales de las mujeres defensoras de la naturaleza, de los bienes comunes, de los ríos, de los bosques, como Berta Cáceres en Honduras, Laura Leonor Vásquez Pineda en Guatemala, Macarena Valdés en Chile, Ruth Alicia López Guisao, Emilsen Manyoma, Yoryanis Bernal y Luz Herminia Olarte en Colombia. Paramos para reconocer el lugar que las mujeres venimos asumiendo en el enfrentamiento a las políticas neoliberales, extractivistas, del capitalismo patriarcal y colonial.

Denunciamos que desde la mayoría de los gobiernos del continente, y los fundamentalismos religiosos se siguen negando los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, se sigue penalizado el aborto causando muertas por abortos clandestinos y mujeres encarceladas por ejercer el derecho a decidir sobre sus cuerpos. Continúa la represión a las identidades LGTBI, y se establecen medidas de control de nuestros cuerpos. Exigimos que se implemente la educación sexual integral en todos los niveles de escolaridad pública, y que se desarrolle una comunicación no sexista.

El 8M paramos para gritar que todas somos migrantes. Expulsadas de nuestros territorios, criminalizadas en los lugares a los que llegamos, vamos tejiendo nuestras propias redes de encuentro y de rebeldía.

El 8M paramos para que sepan de nuestra fuerza, de nuestra capacidad de llenar las calles y las plazas, de salir de las casas al espacio público y ocuparlo con nuestras exigencias antipatriarcales, anticapitalistas, antirracistas. Para gritar que vivas y libres nos queremos.

El 8M paramos para expresar nuestro rechazo a los golpes de estado, a la militarización, a la represión sobre nuestros pueblos. Porque frente a la feminización de la pobreza, respondemos con la feminización de la resistencia.

Ante la pérdida de conquistas, de derechos sociales, de libertades, las mujeres avanzamos en nuestra potencia organizativa y política. Por eso decimos también, que nuestras luchas no son solamente defensivas.

Seguiremos defendiendo los procesos populares asediados por el gran capital, como en Venezuela, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Nicaragua y Cuba. Defenderemos siempre la Revolución Cubana, como estrella que sigue dando ejemplo de dignidad antimperialista.

El 8M paramos para denunciar la agresión imperial contra Venezuela, el bloqueo silencioso de las transnacionales y de los gobiernos derechistas dirigidos a aislar a la Revolución Bolivariana, atacando específicamente a las mujeres, e intentando agobiarlas económicamente.

El 8M paramos en solidaridad con las luchas descolonizadoras y antimperialistas de las mujeres y el pueblo de Puerto Rico, colonia de Estados Unidos por más de 500 años, que también estarán parando en reclamo de su independencia total.

Exigimos la libertad de Milagro Sala, de Ana Belén Montes, y de todas las prisioneras y prisioneros del imperio.

Paramos para exigir la salida y denunciar a las tropas de la MINUSTAH que han violado a mujeres haitianas que valientemente resisten la ocupación.

Paramos porque nuestras luchas no reconocen fronteras, porque seguiremos de pie enfrentando el capitalismo y el patriarcado por nosotras y nuestros pueblos, hasta a ver a toda Nuestramérica Libre, Socialista y Feminista.

El 8M paramos en abya yala, y la tierra toda temblará

Sin el protagonismo de las mujeres, no hay revolución

Las mujeres reivindicamos nuestro derecho al placer, a la libertad, y al deseo

Revolución en las calles, en las plazas y en las camas

Sin feminismo no hay socialismo

Ni una Menos

Vivas nos queremos

 

Texto y portada:http://www.albamovimientos.org

 

 

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“Contra el patriarcado y el capitalismo”, dice Amarilla Leiva.

 

Este paro es contra el patriarcado y el capitalismo que nos explota. La fuerza y la resistencia de las mujeres se ven y están en marcha”, dice a PáginaI12 Alicia Amarilla Leiva. Y agrega: “Es un proceso de acumulación de conciencia. Ojalá podamos forjar esa sociedad nueva que anhelamos tanto las mujeres”. Tiene 35 años, es campesina, madre soltera de un hijo de 10 años y hace 12 encabeza la Coordinadora Nacional de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas (Conamuri), de Paraguay, una de las más de setenta organizaciones e instituciones que mañana se sumarán al Paro Internacional de Mujeres en ese país. La histórica huelga se hará sentir a lo largo y ancho de Latinoamérica en ciudades más populosas y más pequeñas, como parte de ese gran movimiento que enlazará a mujeres de más 50 países, que harán temblar la tierra contra las violencias machistas, los femicidios y la desigualdad que las afecta en las distintas esferas en las que transcurren sus vidas cotidianas. Están convocadas más de 300 marchas en el mundo.

El paro se expresará con distintas acciones en Latinoamérica, además de Argentina, en Uruguay, Brasil, Bolivia, Perú, Chile, Ecuador, Colombia, Venezuela, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Honduras, México, Panamá, República Dominicana y Puerto Rico. En cada territorio, en cada geografía, hay demandas puntuales también. En Uruguay, el PIT-CNT, la central sindical única, adhirió a la medida de fuerza y convocó a un paro general de 16 a 22 horas. “Está prevista una marcha a las 18 en la que participarán organizaciones sociales en contra de la violencia de género”, confirmó anoche a este diario Milagro Pau, secretaria de Género, Equidad y Diversidad del PIT-CNT.

“Voy a parar porque en Colombia entramos en un proceso de paz pero aún continúan las violaciones de los derechos de las mujeres y por eso en Medellín la consigna para este 8 de marzo es “Paren la guerra contra las mujeres, construyamos paz””, contó Sonia Vázquez Mejía, comunicadora social de Medellín, referente del movimiento de mujeres de ese país, como vicepresidenta de la Unión de Ciudadanas de Colombia, la organización feminista más antigua de Colombia, que logró el voto femenino hace sesenta años. Actualmente Vázquez Mejía representa a las mujeres en los consejos Municipal y Departamental de Participación Ciudadana desde donde trabaja “por la inclusión y la equidad de las mujeres en los contextos político, social y económico”, explicó la referente feminista. “Me uno al paro de las mujeres porque es una de las maneras de manifestar y apoyar la reivindicación de los derechos de las mujeres”, destacó desde Medellín. Fue concejala de esa ciudad y jefa de despacho de la Secretaría de las Mujeres de la municipalidad. “Estoy indignada porque las políticas públicas que formulamos y hemos defendido desde allí hoy se ven disminuidas por recortes presupuestarios. Voy a parar porque la violencia sociopolítica en el país sigue siendo una responsabilidad del estado y del sistema, porque he sido víctima de violencia sexual, porque el sistema de salud en Colombia es deficiente, y para que las mujeres jóvenes sepan que los derechos de las mujeres no nos los han dado, sino que los hemos tenido que ganar y que la lucha por ellos debe continuar”, dijo Vázquez Mejía.

En Paraguay, habrá distintas acciones el 8M. Adhieren al paro desde las universitarias hasta las organizaciones indígenas que estarán en 11 departamentos (provincias) con denuncias y acciones directas. “Nuestra consigna es: “Si nuestro trabajo no vale, produzcan sin nosotras”, contó a este diario la dirigente campesina de Conamuri. “Para nosotras –destacó– es importante el avance de la conciencia feminista en América latina y en el mundo”. Las campesinas e indígenas pararán contra la violencia institucional, los femicidios, la invasión de la agricultura intensiva y el monocultivo en sus territorios, contra el envenenamiento que producen los agrotóxicos, y para visibilizar las situaciones de pobreza y las diferentes formas de violencia machista que sufren las mujeres en el campo. Amarilla Leiva vive en el departamento Caaguazú.

En Brasil, se realizarán acciones en más de 60 ciudades, de las cuales 22 son capitales de estados, contó a este diario Mariana Bastos, periodista de Río de Janeiro y promotora del paro internacional de mujeres en ese país. Los sindicatos no llaman al paro. A pesar de las diversidad y extensión del territorio brasileño, y de sus realidades, las mujeres se sumarán a la convocatoria con dos demandas unificadas: contra la violencia machista y los femicidios, y contra una reforma previsional que impulsa el Gobierno federal para aumentar la edad jubilatoria de las mujeres y equipararla con la de los varones. “Con este proyecto nos están diciendo que nuestro trabajo en el hogar, no remunerado, no cuenta, no vale nada”, apuntó Bastos. Y contó que uno de los objetivos también es difundir entre las mujeres que es tan importante parar las actividades reproductivas, domésticas, como las productivas.

 

 

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Martes, 07 Marzo 2017 07:15

Un 8 de Marzo diferente

© Pixabay/Flachovatereza

 

"Somos protagonistas de una revolución sensible", dijo la periodista argentina Marta Dillon, al presentar en conferencia de prensa el Paro Internacional de Mujeres que se realizará el 8 de marzo. En Buenos Aires el paro comenzará a las 12 de la mañana con un "ruidazo" y luego habrá una marcha desde el Congreso hasta la emblemática Plaza de Mayo.

 

En la rueda de prensa la periodista, hija de desparecidos y activista por los derechos humanos, leyó un comunicado que comienza con una frase simbólica: "Este 8 de marzo la tierra tiembla". Argentina es seguramente el país de América Latina que más se ha destacado por la potencia de los movimientos de mujeres, que desde 1985 organizan el anual Encuentro Nacional de Mujeres que en las dos últimas ediciones, en Mar del Plata 2015 y Rosario 2016, congregaron entre 60 y 70 mil personas en cientos de talleres y debates.

Estamos ante un 8 de Marzo especial, por lo menos en la región sudamericana, donde las mujeres han protagonizado movilizaciones multitudinarias contra la violencia machista y los feminicidios. Una parte sustancial de los 200 mil muertos que se ha cobrado la "guerra contra las drogas" en México, son mujeres jóvenes pobres que trabajan en maquilas. Algo similar sucede en Guatemala y en la mayoría de los países centroamericanos.

La potencia del feminismo actual no se basa sólo en las masivas movilizaciones, sino que muestra una fuerza discursiva que han perdido otros movimientos sociales. Y una gran capacidad de análisis de la situación internacional. "Tejemos un nuevo internacionalismo", dice el comunicado de las mujeres. Y agrega: "Vemos que frente al giro neo-conservador, en la región y el mundo, el movimiento de mujeres emerge como potencia de alternativa".

La escritora y activista ítalo-estadounidense Silvia Federici, explica este nuevo activismo y las movilizaciones que se registran estos días en Estados Unidos: "Esta es una crisis de trabajo, una crisis de falta de tiempo para sí mismas, una crisis de la relación con los otros, es el no tener recursos, no tener tiempo ni acceso a los servicios más fundamentales".

Pero destaca también que el movimiento debe crecer en su comprensión estratégica del mundo actual y no olvidar nunca el internacionalismo: "Creo que hoy las mujeres debemos estar más presentes en las luchas contra la guerra. En estas manifestaciones en Estados Unidos no se le ha dado suficiente atención a la problemática de la guerra. Existe una relación fuerte entre la guerra permanente y la militarización de la vida aquí, por eso es importante esta temática. ¿De qué internacionalismo hablamos si no?".

En el Cono Sur de Sudamérica, la violencia doméstica y los feminicidios se han convertido en temas destacados en los medios masivos, sobre todo en la televisión argentina, donde las estrellas de la farándula no pierden ocasión para manifestar su apoyo a la causa de las mujeres, aunque suelen "descafeinar" los contenidos. En Brasil una de las críticas más frecuentes al gobierno ilegítimo de Michel Temer es que en su gabinete no hay ninguna mujer.

En Uruguay saltó al ruedo nada menos que el ex presidente Julio María Sanguinetti, uno de los referentes regionales del conservadurismo político e ideológico. En un artículo titulado "La cultura machista", Sanguinetti apoya la causa de las mujeres aunque critica la inclusión del feminicidio en el Código Penal, porque en su opinión ya existe como figura agravante el asesinato de miembros de la familia, en especial mujeres e hijos.

Aunque afirma que los movimientos feministas en ocasiones han "rozado el ridículo", critica el machismo y llama a docentes, artistas y políticos a manifestar públicamente su rechazo al machismo. Hay que "sacarse de la mente la idea de que quien comprende y sigue a su mujer no es un "pollerudo" sino lo contrario, un ser maduro, consciente de su fuerza, que necesita de la fuerza de "la otra" para que la vida valga la pena ser vivida", escribió Sanguinetti en el semanario Opinar.

Mucho más allá de sus cuestionables opiniones, lo más destacable es el hecho que un político como Sanguinetti haya salido a hablar del tema. Es un síntoma del vuelo que adquirió el debate sobre los derechos de las mujeres en la sociedad. Por lo pronto, en Uruguay y Argentina las centrales sindicales y sindicatos convocan un paro el 8 de Marzo como forma de manifestar su apoyo a las mujeres, actitud que refleja la expansión que están teniendo las demandas de los movimientos.

En Brasil las nueve centrales sindicales decidieron salir a la calle el 8 de Marzo contra la reforma del sistema de pensiones y en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. En Argentina confluyen las luchas del sindicato de maestros (la inmensa mayoría maestras) con el paro que apoyan las centrales sindicales. En Uruguay el PIT-CNT convoca un paro general de cuatro horas.

Quizá el hecho más notable de este 8 de Marzo es que evidencia que las demandas y las voces de las mujeres han desbordado los marcos de los sectores organizados y se han hecho carne en amplios estratos de las sociedades, tanto entre las clases medias profesionales como entre los sectores populares, los más afectados por la violencia machista. Hay varias razones que explican este cambio: desde la ampliación del casco militante, la maduración de una nueva cultura y una más sólida conciencia ciudadana de los derechos. En este último aspecto, lo realizado por los gobiernos progresistas en relación a las mujeres ha contribuido a amplificar las viejas demandas del movimiento feminista.

Pero hay un hecho adicional que parece decisivo y que puede ser el trasfondo de la masividad adquirida por la cuestión femenina. El capitalismo en la etapa actual, de hegemonía del capital financiero, está mostrando su peor faceta: militarista, destructiva del medio ambiente y de las personas.

Este es el capitalismo realmente existente en América Latina, que está tratando los cuerpos de las mujeres con la misma ferocidad destructiva con la que ensaña con la naturaleza.

 

 

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Fuente: http://www.gamba.cl

 

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Elegimos volver a escucharla hoy, en este contexto tan intenso donde la lucha de las mujeres se despliega con una fuerza por momentos inesperada. Donde cada una desde su comunidad de mujeres pone empeño en organizar, difundir y participar del 8 de marzo y del paro histórico que sucederá en más de treinta países alrededor del mundo.

En lo vertiginoso de estos acontecimientos nos venimos diciendo unas a otras: no aceptemos más la violencia, potenciemos nuestra fuerza para multiplicar nuestro ya basta, organicemos encuentros, espacios y marchas que hagan temblar la tierra. Pero también nos repetimos una y otra vez: hagamos más denso el tejido del entre mujeres; potenciemos nuestra ayuda mutua, nuestro autocuidado y reciprocidad; estemos cada vez más movilizadas pero también robemos tiempo para sentir y pensar cómo seguimos, cómo nos auto organizamos cada vez más y qué desafíos está alumbrando la lucha.

Dicho de otro modo, al desplegar la lucha ésta ilumina nuevos problemas políticos. De nada sirve hacer sin pensar. Pensemos a partir de lo que estamos experimentando y abramos los espacios para construir los cómo seguir. Nuestras compañeras y hermanas nacidas en las luchas que nos antecedieron portan experiencias que es preciso recuperar para no empezar de cero, para nutrirnos y cambiar. Por eso esta conversación busca ser un espacio-momento para que Silvia nos comparta palabras que nos ayuden a pensar lo que está sucediendo.

 

¿Qué está sucediendo con la lucha de las mujeres? ¿Qué has reflexionado sobre las últimas manifestaciones en Estados Unidos?

Aquí es un momento en el que se está dando una movilización muy fuerte de todos los movimiento sociales, y sobre todo del movimiento de las mujeres. Hemos visto estas marchas en Washington, en Nueva York, en varias ciudades. Mujeres de todo tipo, de todas las edades se están movilizando, sintieron la necesidad de salir a la calle. Y pienso que no es solamente una necesidad de responder a Trump, es la expresión de un gran descontento que se ha acumulado en estos años, porque las situación de las mujeres en todos los niveles, con excepción de una minoría, se ha deteriorado desde hace mucho tiempo, enfrentando una crisis en su vida cotidiana.

Esta es una crisis de trabajo, una crisis de falta de tiempo para sí mismas, una crisis de la relación con los otros, es el no tener recursos, no tener tiempo ni acceso a los servicios más fundamentales. Además de enfrentarse continuamente a la violencia, que es violencia individual pero también del estado, de la policía, en las cárceles, es la militarización de la vida que aquí es cada vez más fuerte. Creo que ahora estos son los elementos que unifican y pueden unificar al movimiento feminista. Es un movimiento contra la violencia y los abusos institucionales, pero también es una manifestación de deseo, de voluntad de construir una sociedad diferente. En estas marchas, en Nueva York por ejemplo, se podía ver una gran creatividad, mucha fuerza y energía, por eso se puede comparar con lo que sucedió en los años setenta.

Es un movimiento que ha crecido mucho en los últimos años, sobre todo a partir de la desilusión que tantas mujeres han experimentado. Se pensó que trabajar fuera de la casa posibilitaba conseguir autonomía. Y no nos dio autonomía porque el trabajo es precario, no da seguridad. Lo que vemos es un gran número de mujeres, y hombres también, cargadas de deudas. Han luchado por entrar a las universidades, como se luchaba en los años setenta, y ahora con la privatización de la educación deben un montón de dinero para poder estudiar. Muchas jóvenes con veinte años no pueden ver cuál va a ser su futuro.

¿De qué luchas previas se nutren estas manifestaciones? Porque al mirar las imágenes -no podíamos dejar de mirar lo que pasaba, la cantidad de personas- desde el sur nos preguntamos ¿de dónde se están nutriendo? ¿de dónde nació ese desborde? ¿qué había previamente organizado?

Creo que la decisión de una parte del establishment americano de apoyar a Trump ha sido una respuesta a las luchas que ya se estaban dando. Por ejemplo, la lucha por el aumento del salario mínimo ha involucrado a muchas mujeres muy fuertemente, y siempre se cruzaba con la lucha de los migrantes. Porque son sobre todo las mujeres y las personas migrantes las que tienen salarios muy bajos. También ha crecido un movimiento estudiantil contra la deuda generada por la falta de gratuidad. Por otro lado, muchos han apoyado a Trump pensando que sería el presidente que cortaría las deudas e implementaría una educación gratuita. Es también creciente la movilización contra el control del cuerpo. Por ejemplo, en muchos estados se redujo drásticamente el acceso al aborto. Hoy las mujeres se enfrentan con dificultades en todos los lugares donde están, con cortes en servicios como la educación y la precariedad de la vida, ninguna sabe si tendrá o no trabajo. Sobre todo entre jóvenes y mujeres no se ve qué tipo de futuro se tendrá. También la rabia y la indignación contra estos abusos, la violencia institucional continua, la matanza de la policía sobre los y las jóvenes de color, migrantes, latinos. La conciencia de que vivimos en un régimen muy brutal, que no es una novedad, pero que ahora ya no se puede no ver. En los últimos años casi todos los días un joven negro fue asesinado con una impunidad absoluta. Entonces, hay un descontento muy fuerte, económico y no económico, porque los dos están conectados. Porque está claro que esta violencia se justifica y se sostiene en la represión y en la precariedad económica.

¿Cómo estás viviendo estos mismos movimientos en el plano internacional, por ejemplo lo que está siendo en este momento la organización del paro internacional de mujeres?

Es una idea muy excitante, sobre todo esta dimensión internacional de las luchas es muy importante. En las últimas semanas ha sido muy importante ver tantas movilizaciones en todas las ciudades al mismo tiempo, el sentimiento de ser parte de algo que se está moviendo en muchas partes del país y del mundo. Así como la respuesta al llamamiento de paro de las compañeras en Argentina en octubre pasado que fue muy fuerte. También aquí muchas compañeras salieron a la calle. Todavía es difícil saber, pero es claro que solamente algunas podrán hacer el paro porque hay tantas dificultades prácticas para organizar un paro de las mujeres, sobre todo en un país como Estados Unidos, donde existen realidades tan diferentes y hay grupos de mujeres tan diversas, en una situación donde faltan los servicios sociales, donde muchas mujeres son solteras y no tienen un marido que pueda sustituirla. Pero se envía una señal importante, es una posibilidad de compromiso con las nuevas formas de lucha y de organización. Ojalá sea un compromiso para crear redes de comunicación entre mujeres de diverso tipo. Crear un tejido social más fuerte, capaz de resistir a lo que está sucediendo y también empezar a construir nuevas relaciones. Empezar a implementar lo que se viene hablando sobre formas de auto gobernarnos, reclamar el control de nuestra vida, empezar el proceso de no solamente ponernos en contra sino ir definiendo qué tipo de sociedad queremos, cómo vamos a construirla, qué precisamos de inmediato y cuáles son los objetivos del futuro.

Yo creo que es importante hoy abrir una visión estratégica, no solamente salir a la calle, sino salir a la calle con una visión de lo que deseamos e intentamos construir. Sería una pena si vamos a la calle todas contentas y después regresamos a casa y no se une este momento con la construcción de algo distinto. Por eso es importante no solo demandar a un estado que no responde, sino comprender contra qué luchamos, que no son personajes. Estos personajes son la expresión de un mal que es el sistema. Comprender lo que está sucediendo a nivel económico, político, ecológico y empezar a hacer las conexiones. Es verdaderamente la misma lucha: luchar contra la contaminación, contra el capitalismo, la precarización de la vida y el despojo y luchar contra el patriarcado son momentos diferentes de una misma lucha. Pienso que esta movilización puede ayudar a crear conciencia sobre la interconexión de estas luchas. Ojalá tengamos la capacidad crear un terreno de unificación entre mujeres distintas.

Nosotras sentimos que nos entusiasma el paro y la movilización porque es un mensaje, es una disputa en varios planos, también simbólica. Acá en el sur, sobre todo la idea de la doble jornada, el trabajo doméstico, ha tomado mucha fuerza porque al discutir el paro hubo que intercambiar sobre qué precisábamos para parar. Eso dio lugar a un montón de discusión entre mujeres. Muchas han planteado que no pueden parar porque están solas con sus hijos e hijas, entonces vemos formas diversas de parar y participar. No nos proponemos hacer un paro en el que si no podés parar las veinticuatro horas no formás parte de la jornada y de la lucha, sino hacer un paro que diversifique las opciones y todas podamos participar.

Justamente, yo pienso que a partir de las dificultades de hacer este paro, de las dificultades de las mujeres que no pueden dejar a sus hijos, es importante comprender cuál es el paso próximo. Porque, ¿qué pasa con estas mujeres que están encarceladas por el trabajo doméstico todos los días y que no tienen a nadie que las pueda ayudar? El paro es un momento de comprensión y de transformación, porque mirando estas dificultades organizativas se puede ver qué necesitamos, qué se puede hacer como cosa urgente. Ver que existen tantas mujeres que no pueden ir a una reunión, al cine, porque son prisioneras de ese trabajo. Cuando estuve en Bruselas unos meses vi que allá las compañeras han impulsado la iniciativa de describir su jornada de trabajo y luego han recogido esos testimonios. Han dicho también al estado “todo esto es lo que las mujeres hacen”, están intentado decir “esta es la cuenta por todo lo que hemos realizado”. Este tipo de acciones pueden incrementar la conciencia y permiten pensar nuevas prácticas. Porque si estamos encarceladas en el hogar entonces ¿qué estructura necesitamos en lo urbano, en el barrio, para dar respuesta?, ¿cuáles son las necesidades inmediatas y urgentes?

En esa clave, al pensar el paro lo estábamos concibiendo como un momento pedagógico para nosotras y para todas las mujeres, por tanto para señalar los desafíos en todos los sentidos que vos nombras, para pensar qué movimiento tenemos que construir, bien atado a la vida y la cotidianidad. Pero también señalar los límites de la izquierda, los límites de ciertas formas de hacer política, lo que sucede con el sindicalismo. El paro iluminó muchas cosas, no solo para el propio movimiento de mujeres sino para muchas más personas.

Así es. Antes existieron sindicatos que se ocupaban de la vida, del barrio, que luchaban tomando en cuenta toda la vida de las trabajadoras y trabajadores, no solo sobre las ocho o nueve horas. Ahora es una forma burocrática que ya no funciona más, que no puede dar respuestas. He estado hablando con una compañera que organizó en Islandia el paro de 1975, desde allí las mujeres se han organizado en espacios urbanos donde se conversa, se circula información, en todas las ciudades están estos espacios que son experiencias colectivas para las mujeres. Estos lugares han facilitado mucho la organización, porque cada uno ha sido un punto de expansión de la información, de la táctica. Me gusta mucho pensar que se pueden crear estos lugares, espacios de las mujeres. Crear, desde donde una vive, espacios donde cuidarnos y dar discusiones entre mujeres. Insistir en la capacidad de crear, reclamar el espacio, el derecho a la ciudad. Es importante pensar este momento como un momento histórico, lo que está pasando con el Encuentro de Mujeres en Argentina, que se organice algo internacionalmente de forma autónoma sin los recursos y la intervención de la ONU. Se han hecho acciones todos los 8 de marzo, pero este año está la dimensión internacional. Esta jornada está reviviendo el sentido del 8 de marzo y dando lugar a un nuevo internacionalismo.

Pero es importante pensar estratégicamente qué es lo que queremos. Claro que no podemos saber muchas cosas, pero sí qué precisamos saber. Necesitamos una visión estratégica más allá de la manifestación. También la memoria histórica es importante para crear resistencia, la memoria sobre lo que ha significado este día para la lucha de la mujeres, sobre el internacionalismo feminista y el significado de eso en la actualidad. Creo que hoy las mujeres debemos estar más presentes en las luchas contra la guerra. En estas manifestaciones en Estados Unidos no se le ha dado suficiente atención a la problemática de la guerra.

Este punto es importante desde la perspectiva latinoamericana y también nos preguntamos por esto que nombras. La gente se moviliza cuando puede, cuando hay conciencia y voluntad, pero ¿qué piensa sobre las invasiones y la guerra el pueblo estadounidense?

Ahora se ven límites que no se veían y se empieza a insistir en la necesidad de la lucha contra la guerra. Han estado y están bombardeando con drones Yemen, han destruido Medio Oriente. Existe una relación fuerte entre la guerra permanente y la militarización de la vida aquí, por eso es importante esta temática. ¿De qué internacionalismo hablamos si no? Es importante que todos digamos que no se puede excluir a las personas de ningún país, pero también que no se debe bombardear ni destruir la vida en ningún país. Pienso que en los materiales que se van a preparar y escribir es importante tener esta visión histórica del internacionalismo feminista.

Con respecto a la memoria histórica, al crecer bastante la auto organización de las mujeres en varias ciudades de Uruguay, las compañeras plantean una sensación de ser huérfanas, de empezar una lucha sin saber que otras mujeres lucharon antes, desconociendo qué problemas tuvieron y cómo se organizaron. ¿Tuvieron esta sensación en los años setenta cuando el movimiento desbordaba las calles?

Para nosotras fue muy importante el trabajo de comenzar a reconstruir la historia de otras mujeres, de comprender de dónde venimos, cuales fueron nuestras madres, reconstruir y pensar en el feminismo liberal, en el feminismo socialista -del que nace el 8 de marzo-, saber lo que planteaban sobre la liberación de la mujer. De la historia del feminismo en América Latina he descubierto dos años atrás la lucha de las mujeres en Argentina, a Virginia Bolten y su consigna “ni patrón ni marido” y su periódico La Voz de la Mujer.

Las historias locales, en el Río de la Plata, también son muy potentes. Por ejemplo, la consigna de las mujeres en Uruguay en los años ochenta era “nosotras queremos cambiar la vida”. Es hermoso reconectar con esas luchas.

Es imprescindible conversar con estas mujeres que son libros vivientes, libros de la historia de las luchas. Esta concepción que planteas es importante para construir una memoria larga. Tú te sientes parte de algo, no puedes mirar el futuro sin mirar el pasado. Solamente cuando ves toda la historia de lucha, los límites, los problemas de las experiencias organizativas pasadas, intentas no repetir las mismas cosas. No puedes identificar lo que estás haciendo si no miras que se ha hecho antes y cuáles son las diferencias, aprender de esa experiencia, no pensar que has inventado todo.

 

 

Publicado enPolítica
María Silvestre

 

Eduardo Azumendi

 

María Silvestre, socióloga y profesora de la Universidad de Deusto, cree que los avances legislativos han favorecido que se cree la falsa apariencia de igualdad real, cuando muchas veces “la igualdad solo es formal o legal”

 

María Silvestre, socióloga, profesora de la Universidad de Deusto y exdirectora del Instituto Vasco de la Mujer-Emakunde, cree que aún queda machismo para rato. Silvestre mantiene que no existe conciencia crítica hacia la desigualdad, precisamente, porque “el espejismo de la igualdad está ampliamente difundido”. Cuando se acerca la celebración del Día Internacional de la Mujer (el próximo 8 de marzo), la socióloga lamenta la demonización que hace la sociedad del feminismo. “El problema del feminismo como teoría es que te interroga, te obliga a cuestionarte tu forma de ver el mundo, tu forma de relacionarte con los demás, tus propias elecciones y principios. No me extraña que incomode, ya que si atiendes a lo que el feminismo te interroga, tarde o temprano tendrás que salir o alejarte de tu zona de confort”.

 

¿Queda machismo para rato?

Me temo que sí. El machismo expresa una serie de valores que forman parte de nuestro legado cultural y social. El machismo es una de las formas de legitimar la desigualdad entre mujeres y hombres. La brecha salarial, la feminización de las medidas de conciliación es machista, la segregación educativa y profesional, la ausencia de las mujeres en los ámbitos de decisión, la violencia contra las mujeres, las agresiones sexuales, la trata, la mutilación genital... todos estos fenómenos se fundamentan en la cultura patriarcal y machista. Mientras pervivan, pervivirá el machismo

Los chicos y las chicas tienen los mismos estereotipos sexistas que había hace 50 años. Parece que se reproducen los esquemas de la desigualdad sin solución de continuidad

Muchos de los estereotipos han cambiado y evolucionado, porque también ha cambiado en los últimos 50 años el papel social que las mujeres desempeñan y la identidad asociada al hecho de ser mujer. Sin embargo, otros estereotipos persisten: el cuerpo de las mujeres sigue estando cosificado y su sexualidad es una cuestión que muchas veces les es ajena o expropiada. Tampoco ha cambiado el valor social que atribuimos a lo masculino y a lo femenino, lo que explica por qué hay tan pocos referentes de mujeres en el conocimiento, el arte, la política, la economía... No es porque no existan, sino porque no se visibilizan porque se les niega su valor. También persisten estereotipos vinculados a los cuidados; la feminización del cuidado (tanto de menores, como de mayores y dependientes) es una tarea pendiente que, mientras persista, mantendrá a muchas mujeres en un marco de mayor vulnerabilidad. Y entre los jóvenes persiste el estereotipo del amor romántico, la creencia de que los celos son una forma de manifestar amor y no una forma de ejercer control y la diferente atribución de roles sexuales que siguen dándole al varón un papel activo y dominante y a la mujer un papel más pasivo y receptor.

¿Cree que este aumento de las oportunidades para las mujeres es más apariencia que realidad? Es decir, ¿Qué vivimos en un espejismo de igualdad, una especie de burbuja?

Como decía antes, en los últimos años se ha avanzado mucho. Uno de los grandes avances que hemos vivido se refleja en la legislación en torno a la violencia de género y las políticas de igualdad. Sin embargo, esa misma legislación, tan necesaria (aunque mejorable) ha favorecido que se cree la falsa apariencia de igualdad real, cuando muchas veces la igualdad solo es formal o legal. Las personas jóvenes son educadas en la igualdad de derechos y acceden de forma igualitaria a la educación. Sin embargo, hay todo un currículo oculto en la formación que no llega a ser consciente: las expectativas que el profesorado proyecta en los chicos y las chicas, el uso del espacio, el valor atribuido a unos y otras, la oferta y asignación de extra-escolares, la elección de materias optativas. En suma: la segregación educativa que responde a identidades de género que siguen transmitiendo una división sexual del trabajo y del papel social que mujeres y hombres deben desempeñar. El problema no es la diferencia, el hecho de ser mujer u hombre, sino construir a partir de esa diferencia la desigualdad. Y esa desigualdad sigue edificándose a partir de las identidades (plurales) de género. Para constatar que mujeres y hombres no tienen las mismas oportunidades solo hace falta consultar, por ejemplo, las tasas de paro y de precariedad laboral desagregadas por sexo.

 

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¿Los jóvenes carecen de conciencia crítica hacia la desigualdad?

No se puede generalizar porque hay gente joven que ha recibido la formación y la información necesaria y tiene conciencia de género y apoya las reivindicaciones feministas, pero son una minoría. No existe conciencia crítica hacia la desigualdad, precisamente, porque el espejismo de la igualdad está ampliamente difundido. Mucha gente joven considera que la desigualdad entre mujeres y hombres es algo que pertenece al pasado y que afecta solo a otras generaciones de mujeres más mayores. Sin embargo, la desigualdad persiste, y lamentablemente, lo hace también entre la gente joven.

En su momento dijo que la palabra feminismo ponía nerviosa a la juventud? ¿Sigue siendo así?

Es una palabra que no solo pone nerviosa a la juventud. Es una palabra que incomoda. El feminismo es un movimiento social y es una teoría analítica que recurre a la categoría de género para analizar, entender y proponer cambios en nuestra sociedad. Si las identidades de género son construidas, estas pueden deconstruirse y crearse de nuevo. El problema del feminismo como teoría es que te interroga, te obliga a cuestionarte tu forma de ver el mundo, tu forma de relacionarte con los demás, tus propias elecciones y principios. No me extraña que incomode, ya que si atiendes a lo que el feminismo te interroga, tarde o temprano tendrás que salir o alejarte de tu zona de confort.

¿Por qué los jóvenes rehúyen de este concepto e incluso lo demonizan?

Si los jóvenes demonizan el concepto es porque la sociedad lo demoniza. No es un rechazo o negación que provenga de la juventud. Es un rechazo y negación mucho más amplia y mayoritaria. Nuestro marco normativo y de valores se construye sobre bases patriarcales y la ideología patriarcal tiene muchas formas, a veces claramente manifiestas y otras muy sutiles, de desacreditar el feminismo y a las feministas. El feminismo ha realizado una rica crítica social y ha propuesto medidas de justicia social para alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres. Las propuestas que lanzan los feminismos persiguen equipar en derechos y oportunidades a mujeres y hombres. Así definido, es difícil entender la “mala prensa” que tiene, a no ser que seamos conscientes de que es intencionado su descrédito por quienes se resisten a superar la desigualdad existente.

Contra la violencia de género, ¿más políticas de igualdad?

Contra la violencia de género hacen falta muchas medidas. Una primera cuestión es, precisamente, ser conscientes de que la violencia que sufren las mujeres es una manifestación de la desigualdad existente entre mujeres y hombres, por tanto, las políticas de igualdad deben tener un papel predominante y fundamental en la erradicación de la violencia de género. Ahora bien, las políticas de igualdad deberán trabajar la prevención, sensibilización y la educación en valores igualitarios, por lo que se ven forzadas a plantearse objetivos a más largo plazo. Por otro lado, habrá que trabajar con medidas de atención y de protección a las mujeres víctimas, con claros objetivos a corto plazo.

Las medidas policiales, ¿son las medidas a generalizar? ¿O cree que estigmatizan y victimizan doblemente a las mujeres

La atención y protección que debe proporcionarse a las mujeres víctimas debe ser integral. Las medidas policiales cumplen con su función, muy centrada en la protección. Desde que se aprobó la Ley de Medidas Integrales contra la Violencia de Género en 2004 ha habido una clara evolución en la gestión de la atención y la intervención con mujeres maltratadas. Al principio se puso mucho empeño en garantizar la protección, pero al poner el foco sobre las mujeres y no sobre los agresores, sí se cayó en la estigmatización y la victimización. Es una cuestión que, poco a poco, ha ido evolucionando. En mi opinión, deberíamos centrar varias de las actuaciones propias de la protección en el hombre agresor (que sea él el que abandone la vivienda, la detención preventiva, medidas de alejamiento, etc.).

La denuncia te pone la etiqueta de víctima. ¿Eso es un estigma o por el contrario te da todos los derechos?

El tema de la denuncia es fundamental. La Ley ya tiene un recorrido y de la evaluación de los recursos se deduce que no puede establecerse como obligatoria la denuncia para poder recibir prestaciones y servicios de asesoría (psicológica y jurídica). Las mujeres víctimas de violencia machista están inmersas en lo que se conoce “ciclo de la violencia”, un ciclo en el que la dependencia emocional, la dependencia económica, la autoestima y la culpabilidad son elementos que interactúan y complejizan la intervención. No siempre la denuncia es la solución a los problemas y no siempre la denuncia es el primer paso que una mujer pueda o quiera dar. Es importante el acceso a los recursos sociales, psicológicos y de asesoría jurídica sin el requisito de la denuncia y, sobre todo, es importante que las mujeres conozcan que la denuncia no es requisito y que los servicios son gratuitos.

La violencia de género no está en la agenda de las preocupaciones de la sociedad. Apenas un 2% de la ciudadanía lo incluye entre las principales preocupaciones. ¿Cómo se puede avanzar en este terreno?

Es cierto que no es una prioridad. Para avanzar en este terreno necesitamos sensibilización y educación y también compromiso político. El compromiso político no debe quedarse en declaraciones políticamente correctas, sino que debe concretarse en acciones concretas y en la asignación de recursos presupuestarios, materiales y humanos para trabajar por la igualdad entre mujeres y hombres de forma transversal y para trabajar en la atención y protección a mujeres víctimas de violencia de género.

 

 

Publicado enSociedad
Domingo, 05 Marzo 2017 07:55

El fin del capitalismo como lo conocemos

En el G-20 de 2008 Nicolas Sarkozy prometió la refundación del capitalismo.

 

* Lo llaman postcapitalismo, capitalismo digital, tecnocapitalismo... el modelo económico está evolucionando pero los expertos coinciden en que el núcleo duro seguirá siendo capitalista.

* Los shocks políticos son indispensables para que los modelos entren en crisis y generen un nuevo contrato social.

* Los perdedores del modelo de los últimos treinta años –clases más desfavorecidas y mujeres– han puesto en cuestión el reparto de los beneficios y quieren diseñar un nuevo orden.

 

El actual modelo capitalista está en crisis. El capitalismo goza de buena salud y no tiene alternativa. Estas dos afirmaciones que parecen antagónicas son perfectamente compatibles y conviven en el momento actual. Si por algo se caracteriza el sistema económico que llamamos capitalismo es por su inagotable capacidad de mutación. Sobrevive porque está vivo. Se adapta al contexto desde hace casi cuatro siglos. Pero para preservar sus siete vidas va cambiando de piel. Las escamas de la última se están desprendiendo. Y el color del pelaje de la nueva versión aún está por descubrir.

Algunas voces del pensamiento progresista fueron las primeras advertir sobre el cambio que se avecina. El periodista británico Paul Mason extendió el término postcapitalismo, que incluso ha acogido Pedro Sánchez en su documento de primarias para el PSOE. Pero la convicción de que el orden económico tal y como lo conocemos ha entrado en decadencia ya es una creencia que defienden los principales pensadores. Capitalismo digital, tecnocapitalismo, sociedad poslaboral, capitalismo.com son algunos de los apelativos que trufan el debate. Pero, cuidado. En todos estos vocablos el lexema, la raíz, es casi invariable: capitalismo, al fin y al cabo.

El Brexit y el triunfo de Donald Trump han sido los dos elementos que ya hablan de un cambio en el modelo dictado desde la política. "Cuando el sistema está en crisis se ve el crecimiento de una nueva realidad social", explica José Ignacio Ruiz, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá. "Todos los sistemas entran en crisis y acaban cayéndose", tercia este historiador autor de libro El colapso de Occidente.

Para Ruiz, el momento que atravesamos implica un "cambio de cosmovisión. El mundo en el siglo XXI será muy diferente al del siglo XX. Ha cambiado la conexión entera del mundo y las personas, las relaciones humanas. No se trata de una crisis solo de sistemas de producción, también lo es de los estados nacionales".

El deseo de recuperar soberanía nacional, un fenómeno plasmado por Trump y el Brexit pero también con los nuevos partidos de extrema derecha que compiten en países europeos, es la respuesta a la globalización desbocada de las últimas tres décadas. Pero lo que unos ven como un proteccionismo reaccionario, otros lo contemplan como una regulación necesaria. Una respuesta al caos de las últimas décadas.

 

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Cabecera de la marcha contra el TTIP y CETA, en el Paseo del Prado de Madrid FOTO CAMPAÑA CONTRA EL TTIP/CETA

 

Es el caso de Antón Costas, catedrático de la Universidad de Barcelona, que advierte de que nos encontramos con un movimiento pendular que devuelve las relaciones socioeconómicas hacia la defensa de las soberanías nacionales. Costas recuerda que en los años previos a la crisis económica se dio una etapa de "anarcocapitalismo" o "capitalismo fundamentalista" que favoreció la desregulación de la economía. Otros lo han llamado "neoliberalismo" y en términos académicos se refieren a la "segunda globalización". La mano invisible de los mercados que quedó a la vista de todos.

"Ahora el péndulo vuelve a girar para corregir esos excesos", apunta Costas. Pero también advierte que no todos veremos este cambio. "La transición será larga. Dos o tres décadas pero finalmente habrá un nuevo orden. Este nuevo orden será menos favorable a la organización libre del capital y flujos de capitales. Habrá una regulación más estricta. El futuro pasa por que en las próximas tres décadas estén centradas en el interior de los países", sentencia, a la vez que lamenta que este giro necesario lo haya marcado un político como Donald Trump.

 

Eterno retorno

 

La lectura de Ruiz casa con esta idea de retorno de Costas. "El hombre busca soluciones para perpetuar su bienestar. Primero hay un retroceso, se quiere volver a lo que fuimos. Y se buscan sistemas de supervivencia subversivos", explica el historiador con la mente puesta en estos movimientos políticos extremos que han florecido después de la crisis económica. "Se encuentran elementos de salvación que no resuelven la situación de los Estados", matiza. De la crisis económica a la política. De la política al cambio de orden.

Ruiz recuerda que un cambio así de radical se dio también en el Renacimiento cuando se pasó de una concepción teocéntrica del mundo a una humanista. Y en el cambio se desmoronó el sistema feudal y floreció el primer capitalismo, aquel que se bautizó como mercantil. La sinergia de la debacle de lo económico y lo político se vuelve indispensable para construir un nuevo paradigma.

"El cambio político precede a un cambio socioeconómico", coincide Enrique Llopis, catedrático de la Universidad Carlos III. Llopis, el más escéptico de los expertos consultados, no cree que se vislumbre un cambio en la relación de los factores que componen el capitalismo (capital y trabajo) como para aventurar que se puede dar un modelo muy distinto próximamente.

 

Nuevo contrato social

 

¿Cuando los historiadores son protagonistas de la Historia pueden reconocer el momento que están viviendo? Elena Martínez Ruiz, profesora de Historia Económica de la Universidad de Alcalá, reconoce que esta es una buena cuestión. Ella misma escruta con atención los cambios que se suceden desde hace años, rastreando las huellas de esta posible transición. Martínez le da especial importancia al papel de contrato social como detonante y catalizador de estos cambios socioeconómicos.

"Dentro del sistema capitalista las grandes crisis han promovido cambios que han resultado en los cambios en los contratos sociales en la ciudadanía. La gente se da cuenta de que no puede vivir igual y que hay que cambiar", explica Martínez.

La historia del siglo pasado se definió precisamente por esta subversión. La I Guerra Mundial crea un mundo completamente nuevo. "Las nuevas fuerzas sociales [con un papel destacado de las mujeres] exigen que se les dé un papel político que no se les puede negar que se traduzca en ventajas económicas", explica Martínez.

Sin embargo, tras casi dos décadas de conflicto no se logró llegar a un consenso social de cómo se deben a repartir los costes y beneficios de la guerra. Es tras la crisis de los años treinta, la que la mayoría ven más similar a la actual y que fue tomada como referencia en la explosión de la crisis de 2008, cuando se impone finalmente el consenso social.

"La única solución es la de repartir los beneficios en un sociedad mixta de mercado también conocida como sociedad keynesiana o capitalismo renano", explica la profesora. Traducido: la apuesta por una sociedad del bienestar en la que se invierte en servicios públicos de calidad y se marcan los primeros derechos de los trabajadores. Un reparto más equilibrado de los beneficios económicos.

 

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Este modelo de capitalismo creó el caldo de cultivo para el babyboom, la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y, sobre todo, para que una generación en Occidente lograra una calidad de vida que es la que ahora se extraña por unos y otros. Fue también la edad de oro de la socialdemocracia.

Pero pese a sus aparentes bondades este modelo también entró en agotamiento. A raíz del shock del petróleo en los setenta, una parte de la sociedad decidió que no quería hacer más sacrificios. Que no estaba dispuesta a seguir pagando impuestos para mantener el sistema, a ceder parte de su renta. También entró en cuestión la forma de manejar las crisis, ya que el petróleo desató una crisis de oferta y no de demanda, como habían sido las anteriores. Dos corrientes se enfrentaron para decidir si era más urgente resolver el paro o la inflación. Y se optó por controlar los precios.

En el terreno político los acuerdos básicos se fueron deteriorando, con Margaret Thatcher como principal exponente. El Estado del bienestar entra en crisis de la mano de la desregulación del mercado. De los mercados. De todos los mercados. Acompañado por un fenómeno que generó la tormenta perfecta: el endeudamiento.

Costas repasa cómo el modelo actual se cimenta precisamente en "el crecimiento basado en la desigualdad de los ingresos y en el sobreendeudamiento". Cuando a raíz de estas nuevas políticas en los ochenta los ingresos reales comenzaron a caer, se compensó con la deuda. "Pero ese modelo tiene unos límites y un recorrido", apuntilla.

 

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La Zona Cero de Nueva York tras el colapso de las Torres Gemelas

 

La primera señal de que el modelo se venía abajo fue con el cambio de siglo. Estalla la burbuja de las puntocom y el atentado terrorista del 11-S obliga a una reorganización del orden internacional. La mayoría de los economistas apunta a que es ese el momento en el que empieza a desmoronarse el modelo de este capitalismo fundamentalista marcado en las últimas décadas.

Para responder a las dos crisis que abrieron el milenio, la económica y la política, la Reserva Federal norteamericana comenzó a inyectar dinero a la economía, algo que también hizo el Banco Central Europeo, que intentó ayudar a Alemania a cicatrizar económicamente la costosa reunificación. Esto espoleó la desigualdad de ingresos y el endeudamiento siguió creciendo. Las consecuencias de este mix son ya historia reciente.

En Estados Unidos entre 1978 y 2013 los salarios de los directivos crecieron un 937%, frente al 10% que subió el salario medio de un trabajador hasta llegar al punto en el que en 2014, de media un directivo de una empresa gana 350 veces lo que sus empleados. Muy lejos de la relación 20 a 1 que se registraba en los años sesenta.

Al otro lado del Atlántico, entre 1995 y 2006 la brecha salarial de lo que ganaban los directivos y los empleados en España aumentó un 45% según el INE. Por su parte, en el último trimestre de 2016 en Reino Unido se tocó un récord con 910.000 personas con un contrato de 'cero horas', el polémico sistema por el que se garantiza la disponibilidad del empleado sin asegurarle un mínimo de horas de trabajo. Para muchos, el contrato neoliberal por excelencia.

"En contextos traumáticos la gente se da cuenta de que tiene que cambiar", reflexiona Martínez. Resuena aún el eco (hueco) de las palabras de Nicolas Sarkozy en el G-20 de 2008 sobre la "refundación del capitalismo". Una refundación de la que se habló pero en la que apenas se actuó. El desacople en la respuesta y la posterior recuperación de las economías estadounidenses y europeas agravaron el caos de los años posteriores. La espiral de austeridad en la que entró la Unión Europea desequilibró aún más la balanza. Los perdedores de la globalización y del sistema comenzaron a actuar. En 2011 estalla el movimiento "Somos el 99%". Surge el 15-M. Pero aún no llega el cambio.

"En principio parecía que sí se exigiría una nueva forma de globalización", recuerda Martínez, que apunta a que "con las crisis hay una disconformidad de cómo se distribuye la riqueza". E l pensamiento progresista se pertrecha ideológicamente con el pikettysmo (por el economista Thomas Piketty) para dar alas a esta rabia . Pero la izquierda rota por dentro en sus dudas sobre la austeridad, la globalización y el papel del Estado no logra dar respuesta al descontento.

"Estamos en una fase muy inicial, aún no está claro hacia dónde está yendo el consenso", titubea la profesora. "Todavía estamos debatiendo sobre el nuevo consenso. Cómo repartir los costes", concluye.

 

Las mujeres

 

En este debate, surge con mucha fuerza una voz que en los años del boom se escuchó en sordina. El feminismo, como pasó en la crisis de los treinta, toma la palabra para mejorar la posición de las mujeres en este contrato social que se fragua.

"Siempre que las condiciones de vida se han visto comprometidas, las mujeres como responsables sociales del cuidado de la familia y de las redes de seguridad ciudadana han capitaneado las luchas por una vida digna y el mantenimiento de los estándares de vida. Históricamente ha habido manifestaciones de amas de casa por las subidas del precio del pan en tiempos de carestías o procesos inflacionistas", recuerda Lina Gálvez, catedrática de Historia de las Instituciones Económicas en la Universidad Pablo de Olavide.

"En esos procesos, las mujeres se han empoderado y en muchas ocasiones como en el periodo de entreguerras, han unido a esas reivindicaciones el derecho a decidir por ellas mismas sobre sus propias vidas y sobre los problemas comunes, por tanto sobre su participación en la política. Entonces, luchando por el derecho al voto y ahora, por una democracia real donde podamos revelar nuestras preferencias sociales con las mismas capacidades que los hombres como en las Women’s March", puntualiza Gálvez.

 

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Ilustración de Artivismo Feminista/ por @amaliat_art

 

Este papel del feminismo choca con las largas ausencias que vivió el movimiento en las últimas décadas del siglo pasado. "En fechas de apaciguamiento dirigido desde el poder, las mujeres han sido objeto de contrarrevoluciones culturales que las han acercado a la domesticidad como elementos clave del control social y de socialización de las generaciones futuras. Así tras la Segunda Guerra Mundial, que era tiempo de apaciguar, se impuso la mística de la feminidad que en su día desvelara Betty Friedan y que sublimaba el papel de las mujeres como amas de casa como si se tratara de una profesión, subrayando su utilidad social y privada en la carrera profesional de sus maridos y la crianza de las criaturas".

Recuerda esta contrarrevolución al regreso del esencialismo en la crianza que también retornó con fuerza en la década pasada. Un movimiento naturalista que comenzó a tocar su techo hace un par de años, con la irrupción de un nuevo y potente discurso hiperrealista sobre la maternidad que desmitifica los sacrificios que han de realizar las mujeres en la búsqueda de una crianza idealizada.

A este caldo de cultivo le da un sabor especial un ingrediente propio del siglo XXI. El papel de la digitalización, la rototización y la automatización. Al descontento social por el reparto de los beneficios de la globalización hay que añadir esta nueva forma de relacionarse en el plano social, pero también el económico y el laboral.

Las consecuencias del aumento de las máquinas sustituyendo al factor trabajo aún no son claras. Las sociedades más productivas y con mejores salarios coinciden con las que están más tecnificadas. Pero también es un peligro latente que en el proceso se pueden perder miles de puestos de trabajo no cualificados.

 
La robotización

 

Si la revolución industrial hizo accesible el sueño de una jornada laboral de cinco días a la semana y ocho horas, las nuevas herramientas pueden seguir sustrayendo horas en el puesto de trabajo. Jornadas de 30 o 35 horas laborales (estas últimas ya se ensayan en países europeos) parecen cada vez más factibles. Pero la posibilidad de que los salarios no se puedan recuperar y no sean suficientes para vivir también sobrevuela el debate. Renta mínima o renta básica son términos cada vez más familiares. "Estamos pasando a hablar de derechos individuales –como la renta básica– y no de derechos del trabajo. Esto también es parte del cambio social", matiza Martínez.

"Una de las virtudes del capitalismo es su capacidad de adaptación, de ahí su supervivencia. No veo los gérmenes de un cambio de sistema", asume Francisco Comín, catedrático de Historia. "El capitalismo es una mutación patológica de la economía de mercado", sintetiza Costas. Tenemos capitalismo para rato, concuerdan los expertos fijándose sobre todo en la ausencia de alternativas creíbles y relativizando el influjo que tendrá sobre trabajo y capital lo que dan a llamar la "economía colaborativa".

"Las economías cooperativas pueden convivir perfectamente dentro del capitalismo", matiza Comín, al hilo de cómo influirán estos nuevos modelos económicos como Airbnb en el proceso de descomposición del orden actual. También lo harán otros sistemas políticos. La actual China ha abrazado el capitalismo, la dictadura franquista era capitalista y también es capitalista Justin Trudeau en Canadá. El sistema político puede moldear el aspecto del capital pero su esencia, con la propiedad privada de los medios de producción, persevera.

Comín, el más pesimista de los consultados, sí entiende que cada vez se trabajará menos, y que surgen dudas razonables sobre si no habrá una sobreproducción. "¿Quién pagará impuestos? ¿Quién consumirá?" se pregunta. Y en las analogías con periodos anteriores no desecha una gran guerra en Occidente. "No hay que descartar ninguna posibilidad que históricamente haya tenido lugar. Quince días antes de la Segunda Guerra Mundial, ¿quién pensaba que iba a haber una guerra?", reflexiona.

Con los ritmos que apuntan los expertos, lo que surja de este momento de convulsión política no se definirá hasta dentro de varios años. Pero cualquier tiempo pasado no fue mejor. Las bases para decidir qué orden social imperará se están construyendo ahora. El mañana es el presente.

 

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