¿Qué significan los cambios en Rusia? 

El miércoles 15, en su discurso anual ante las dos cámaras legislativas, el presidente de Rusia Vladimir Putin propuso una serie de cambios lo suficientemente medulares como para despertar la suspicacia global. Los más importantes (aunque todavía no se conocen los detalles) apuntan a una nueva distribución de fuerzas entre los poderes Legislativo y Ejecutivo a favor del primero. Aunque los futuros presidentes van a conservar el control sobre las Fuerzas Armadas y de Seguridad, el proyecto que el jefe del Kremlin piensa someter a consulta popular impulsa una participación mayor del parlamento en la elección del primer ministro, de los vices así como de los demás miembros del Ejecutivo y de las gobernaciones, atribución que hasta ahora, según la Constitución de 1993, es prerrogativa del presidente.

Que se haya elegido la consulta popular voluntaria y no la vía del referendum no es casual, tiene que ver con la intención de asegurarse el éxito. La consulta no requiere la presencia del 50% más uno del electorado y se gana con la mayoría simple.

Hay quienes ven en estos cambios la preparación de un futuro donde Putin, que tiene mandato presidencial hasta 2024 y por ley no puede presentarse para un nuevo período, podría seguir ejerciendo el control.

Para Vladimir Davydov, rector del Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias de Rusia, la propuesta presidencial es un “avance hacia una mayor democratización a partir del aumento de poder del Parlamento sin que por eso el sistema deje de ser presidencialista”.

En cambio, para el doctor en Historia y profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Petersburgo, Viktor Jeifets, “darle ahora más poder a la Cámara Alta es abrir la Caja de Pandora”.

“Creo que hay un modelo que funciona desde hace 20 años y es un riesgo cambiarlo por otro que no se sabe si va a funcionar. Algunos expertos opinan que esto es una forma de allanar el camino para que el presidente Putin tenga, después de 2024, poder fáctico desde otro organismo que no sea el Ejecutivo. Si se aumenta el poder del Senado podría ser ése un lugar desde donde ejercer el poder. Se habla también de otras opciones para alcanzar ese mismo objetivo. Por ejemplo, que Putin presida un nuevo y poderoso Consejo de Estado o alguna otra estructura como el Consejo de Seguridad. Yo opino que no hay datos suficientes para suponer que existe una intención ulterior pero, si observamos la lógica política de los últimos acontecimientos, parecería que estos expertos tienen razón.”

Siguiendo esta línea de razonamiento cobran sentido dos cambios claves que lanzó el líder ruso durante el discurso anual del miércoles frente al gabinete, los miembros del Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional, los presidentes de las asambleas legislativas de las regiones de Rusia, las autoridades de la Iglesia Ortodoxa, diplomáticos y 885 periodistas rusos y extranjeros acreditados para el evento.

El primero fue incluir, en la Constitución, al Consejo de Estado como agencia gubernamental. El segundo, aceptar la renuncia de Dmitri Medvedev como primer ministro y designarlo inmediatamente como subsecretario del Consejo de Seguridad, un cargo que no existía y que el presidente diseñó a la medida de Medvedev. “Le pedí que se encargara de los temas de seguridad y defensa –aclaró Putin-; se creará el nuevo cargo de vicepresidente del Consejo de Seguridad, y el presidente de este organismo, como saben, es el presidente”. Este Consejo está formado por el círculo más íntimo y de mayor influencia del presidente.

Entonces, ¿es real el enfrentamiento entre Putin y Medvedev que los grandes medios hegemónicos pregonan? Para Jeifets, no. “Dudo de que haya una controversia entre ellos. El poder de Medvedev no ha disminuido ya que se ha convertido en el suplente de Putin en un órgano clave”, aseguró el historiador. Cabe recordar que el primer ministro renunciante fue la mano derecha de Putin desde el minuto uno, o sea, desde 1999, cuando Boris Yelstin eligió al actual presidente como su primer ministro.

En cuanto al nuevo premier, Mijail Mishustin, Jeifets lo definió con tres palabras: “Es Míster No Name”. La prensa lo caracteriza como un tecnócrata exitoso que ganó su fama con la modernización tecnológica que aplicó como director de la agencia de impuestos, la AFIP rusa. Para el especialista de la Universidad de San Petersburgo “es difícil identificar si está más próximo a los conservadores, a los militares o a los liberales. Es una persona muy poco conocida. Se lo describe como un tecnócrata eficiente cercano al bloque económico liberal”.

Ciertamente, que el líder del Kremlin haya elegido un desconocido como primer ministro debe responder a alguna lógica. Jeifets ve, al menos, dos razones. “Putin lo está probando. Si Mishustin demuestra ser eficiente y leal tiene por delante una importante carrera política. Por otra parte, poner una figura poco conocida le permite al presidente mantener su propio peso político.”

Otro cambio constitucional de gran relevancia tiene que ver con la soberanía de Rusia en un mundo con pactos cada vez menos confiables. Hasta ahora la legislación internacional primaba sobre las leyes de la Carta Magna rusa. Según la enmienda propuesta por el presidente ahora “las decisiones de organismos internacionales tendrán validez si no entran en contradicción con la Constitución o no significa una restricción a los derechos fundamentales de la Federación Rusa”.

Finalmente Putin -quien sin dudas será recordado como el líder que transformó a la Rusia vasalla de Yeltsin en una potencia mundial con enorme peso en la arena internacional- señaló la hoja de ruta a seguir en dos temas centrales. El primero, vinculado a las tecnologías digitales, la inteligencia artificial, la genética, los nuevos materiales y las fuentes de energía donde instó a los científicos a “alcanzar avances no menos espectaculares que los que Rusia logró en el campo de la Defensa”, lo que no es poco pedir.

El segundo, está referido al gran karma que arrastra el país más vasto de la Tierra con su bajísima densidad poblacional. Rusia tiene casi el doble de territorio de Estados Unidos y de China pero menos de la mitad de habitantes de EEUU (146 millones de rusos contra 330 norteamericanos) y la décima parte de los 1.400 millones de chinos.

Antes de anunciar una serie de beneficios para las parejas que quieran tener hijos, Putin lo dijo clarito y sin vueltas: “El destino de Rusia y sus perspectivas histórica dependen de la situación demográfica”.

*Autora de “Todo lo que necesitás saber sobre la Guerra Fría”. Editorial Paidós

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