Cóndor andino (Vultur gryphus) vuela en el Parque Nacional Natural Puracé, en Puracé, Colombia. Es un ave sagrada para las comunidades indígenas y es quien les lleva mensajes sobre diferentes sucesos. Foto Afp

Esta especie emblemática andina está en peligro crítico de extinción en Colombia y casi amenazado a escala global

 

Una cámara escondida registra el ritual. El indígena Rosendo Quirá agita en silencio una planta medicinal para atraer al cóndor hacia el señuelo. El ave se aproxima entre la bruma a un desfiladero de más de 3 mil 200 metros sobre el nivel del mar.

Quirá sobresale por sus conocimientos ancestrales entre un grupo de 300 voluntarios, varios de ellos indígenas, que se desplegaron el fin de semana en un centenar de puntos de Colombia para levantar el primer censo de esta especie emblemática de los Andes.

Médico tradicional de la reserva indígena de Puracé, este hombre de 52 años deja algo de carne sobre una piedra y usa un ramo de salvia para rociarlo con una infusión. Con la otra mano, sostiene una vara y lleva una mochila terciada con plantas curativas.

Al poco tiempo, entre las nubes que oscurecían este resguardo –ubicado en el suroeste del país– aparece un ave de unos tres metros de envergadura, que desciende sobre este sitio para aprovechar la ofrenda de carne. Los indígenas kokonukos consideran sagrados a ambos: el cóndor y la piedra donde se posa.

Cerca está la cámara que disimularon los biólogos. Con ayuda de los nativos, pretenden contar los cóndores para ayudar a su conservación.

"Necesitamos saber cuántos hay en el país y en qué estado se encuentran", explicó a la Afp la bióloga Adriana Collazos, quien instaló el aparato que se activa con el mínimo movimiento.

El inédito censo es una iniciativa de Parques Nacionales Naturales de Colombia y la Fundación Neotropical, entre otras ONG ecológicas.

Aunque expertos estiman que alrededor de 130 cóndores viven en los Andes colombianos, esta población de aves monógamas nunca había sido censada. Los indígenas de Puracé aseguran que en su territorio vive al menos una pareja, pero algunos dicen haber avistado otro individuo, una hembra solitaria. La cámara acabará con la duda.

Alerta sobre el futuro

"Si él se acerca es porque estamos bien espiritualmente, si no se acerca, es porque en algo estamos fallando", celebra Quirá tras el encuentro con el cóndor.

Para su pueblo, esta ave es "el mensajero del sol": alerta sobre futuras amenazas, anticipa cambios en el clima y, en su caso particular, le ha indicado entre sueños recetas para sanar enfermos.

Una de las aves voladoras más grandes del mundo, el cóndor de los Andes está en peligro crítico de extinción en el país y casi amenazado a escala global, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

La especie, que sólo pone un huevo cada dos o tres años, se distribuye desde Venezuela hasta el sur de Argentina y Chile. En promedio pesa entre 9 y 15 kilos.

La expansión de la agricultura y la ganadería hacia los territorios de alta montaña donde vive el cóndor es la principal amenaza para su conservación.

A finales de 2018 una pareja de cóndores fue encontrada agonizando por envenenamiento en el centro del país, donde es usual que los ganaderos recurran a esta técnica para proteger a sus animales de eventuales ataques de estas aves, que son carroñeras pero en ocasiones atacan animales vivos o liquidan a los moribundos.

La pareja fue rehabilitada y liberada meses después.

"Conocer las poblaciones de las especies es un punto básico para proponer estrategias de conservación", explicó Fausto Sáenz, director científico de la Fundación Neotropical.

Sáenz aspira a tener los primeros resultados del censo dentro de tres semanas.

El conteo, explica, permitirá que futuros esfuerzos de repoblación mantengan un balance saludable entre machos y hembras. Casi la mitad de los cóndores que hoy están en Colombia fueron criados en cautiverio y liberados en la región andina como parte de estas iniciativas.

Aunque consideran que las cámaras molestan a este animal "sagrado", los indígenas de Puracé colaboran con el censo ya que son conscientes de su importancia para la conservación del cóndor.

"No tener ese símbolo sería una pérdida fatal para nuestro resguardo", sentenció Javier Jojoa, gobernador interino de la reserva de Puracé. Pronto sabrán qué tan próxima puede estar esa amenaza.

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La nueva teoría de investigadores de Harvard sobre el meteorito que terminó con los dinosaurios

Fue desarrollada a partir de simulaciones gravitacionales

El impacto del meteorito de Chicxulub provocó hace 66 millones de años la extinción del 75% de las especies, incluidos los dinosaurios, y cambió para siempre la historia de la Tierra. ¿De dónde vino y cómo llegó a nuestro planeta? En busca de esa respuesta expertos de la Universidad de Harvard desarrollaron una nueva teoría que podría arrojar luz sobre un evento catastrófico que aún plantea muchas dudas.

La investigación fue realizada por Avi Loeb y Amir Siraj. Su trabajo aparece publicado este lunes en Scientific Reports

Los investigadores de la prestigiosa universidad de Estados Unidos explican que el impacto de aquel "asteroide o cometa" dejó un cráter en el Golfo de México de más de 180 kilómetros de diámetro y casi 20 de profundidad. Sobre el modo en que llegó a la Tierra sostienen, a través de análisis estadístico y simulaciones gravitacionales, que una fracción significativa de un tipo de cometa originado en la nube de Oort -una esfera de deshecho espacial situada en los márgenes del Sistema Solar- se desvió de su ruta orbitacional debido al campo gravitacional de Júpiter.

Según su teoría, esa fuerza desplazó el cometa hacia el Sol, que a su vez lo rompió en más fragmentos, un fenómeno que aumenta el número de cuerpos que, como Chicxulub, pueden entrar en la órbita terrestre y caer en la Tierra una vez entre 250 y 750 millones de años, aproximadamente.

El papel de Júpiter

"Básicamente, Júpiter actúa como una máquina de 'pinball'. Júpiter impulsa estos cometas entrantes (llamados de periodo prolongado) hacia órbitas que les acercan mucho al sol", explica Siraj en el comunicado que da cuenta del estudio.

Dado que estos cometas de periodo prolongado pueden tardar hasta 200 años en orbitar alrededor del sol, los expertos los han denominado como "rumiantes solares".

"Cuando hablamos de estos rumiantes solares -prosigue Siraj-, lo importante no es tanto que se derritan, que afecta relativamente poco a la masa total, sino el hecho de que, al estar tan cerca del sol, la parte más próxima del cometa es sometida a una mayor fuerza de atracción gravitacional que la que está más alejada, lo que genera una fuerza de marea".

El investigador destaca que eso provoca que el gran cometa se rompa en fragmentos más pequeños y, al salir de la órbita, "existe una probabilidad estadística de que éstos impacten con la Tierra".

Los cálculos de Loeb y Siraj sugieren que la probabilidad de que cometas de periodo prolongado impacten en nuestro planeta es de "un factor de en torno a 10". En línea con los estudios de otros astrónomos, indican que hasta el 20% de éstos se convierten en "rumiantes solares,

Asimismo, afirman que el "nuevo ratio de impacto" es consistente con la edad del cráter de Chicxulub, lo que ofrece una explicación satisfactoria sobre su origen y la de otros "cometas de impacto" similares.

"Lo que exponemos es que, si rompes un objeto cuando está cerca del sol, esto puede dar lugar a una serie de eventos apropiados y también el tipo de impacto que acabó con los dinosaurios", subraya Loeb.

Mazorcas de maíz seco fotografiadas en festival de semillas indígenas en Cotacachi, Ecuador. Shutterstock / Angela N Perryman

Todos sabemos que el grueso de nuestra alimentación depende en último término de unas pocas especies de plantas agrícolas: el maíz, el trigo, las legumbres, los árboles frutales y las plantas hortícolas, entre otras. En total, unos pocos centenares de especies; pero ¿de dónde vienen y cómo han llegado a ser plantas agrícolas?

Todas ellas proceden de un progenitor silvestre, de un matojo de los que nos encontramos cuando paseamos por el campo. Por ejemplo, el maíz desciende de poblaciones naturales de la especie Zea mays ssp. parviglumis (teosinte de Balsas), que habita claros de bosque y sitios abiertos en la cuenca del río Balsas, en México central.

La cebada, por poner un ejemplo más cercano, proviene de la especie silvestre Hordeum spontaneum (cebada silvestre). Esta es prima hermana de otros Hordeum que proliferan en los bordes de los caminos y campos de nuestro país, cuyas pinchudas espigas nos lanzábamos unos a otros de pequeños.

¿De qué manera algunos matojos como el teosinte o la cebada silvestre acabaron convirtiéndose en la base alimentaria de nuestra civilización? El proceso, al que denominamos domesticación, es tan complejo como fascinante.

El ejemplo del maíz

Se estima que los teosintes silvestres habitan Mesoamérica desde hace al menos 150.000 años, mucho antes de la llegada de los primeros humanos al continente americano.

Las primeras oleadas de cazadores-recolectores llegadas a la región comenzaron a recoger los granos del teosinte de Balsas del medio natural. Estos granos son extremadamente duros y, muy probablemente, su primer uso fue en forma de palomitas de maíz. Este procesamiento rompe la coraza del grano, exponiendo la semilla comestible.

Durante el acarreo, algunos de estos granos probablemente se extraviaban, germinaban y establecían poblaciones espontáneas cerca de los asentamientos humanos, que se empezarían a manejar en lo que llamamos prácticas protoagrícolas. Alternativamente, las poblaciones humanas pudieron, conscientemente, aprender a recolectar granos con el objeto no de consumirlos, sino de germinarlos y cultivarlos de manera activa.

Fuera como fuese, algunas plantas de teosinte empezaron a habitar ambientes protoagrícolas, altamente humanizados. Esto implicó un cambio radical en su régimen de selección.

Si en los hábitats silvestres la selección natural favorecía rasgos que optimizaran la capacidad de dispersión de las plantas, o que ayudaran a lidiar eficientemente con la impredecibilidad de las lluvias, en los hábitats protoagrícolas las fuerzas de selección fueron distintas. Aquellas plantas que producían más y mejores granos, o que eran más fácilmente recolectables, eran favorecidas por los protoagricultores y por tanto aumentaban en frecuencia de generación en generación.

Cambios genéticos

Por ejemplo, en la transición evolutiva entre el teosinte y el maíz agrícola, se seleccionaron mutaciones del gen tb1 que resultan en plantas con crecimiento fuertemente vertical, poco ramificadas y con pocas, pero grandes, mazorcas. El arquetipo de una planta de maíz.

De manera más sutil, pero crítica, transformaciones en genes de las familias ZmSh1 y zagl1 generaron un rasgo clave: la pérdida del mecanismo de dispersión espontánea de las semillas del teosinte.

En el medio silvestre es esencial que, una vez que las semillas maduran, sean dispersadas a localizaciones distintas donde poder germinar y establecerse. Este proceso ocurre mediante diversos mecanismos. En el teosinte, las semillas maduras rompen de manera espontánea su conexión con el eje de la espiga que las sostiene y se desprenden. Este carácter hace muy ineficiente su cultivo ya que, cuando el recolector hiciera su labor, buena parte de la cosecha estaría en el suelo y por tanto perdida.

La aparición de mutaciones en los genes de las familias ZmSh1 y zagl1, que controlan la separación de semilla y espiga, generó plantas que no dispersaban sus semillas, y cuya cosecha madura quedaba retenida y fácilmente disponible al agricultor.

Otros cambios genéticos implicaron la transformación de las semillas, fuertemente encapsuladas, pequeñas y poco numerosas de las espigas del teosinte, en los granos grandes, numerosos y blandos de las mazorcas del maíz.

Algunas de estas variaciones ya existían en las poblaciones silvestres de teosinte, aunque en frecuencias muy bajas, y simplemente fueron favorecidas por la selección del hombre. Otras se generaron de novo por mutaciones espontáneas acaecidas ya en las plantaciones de proto-maíz manejadas.

Estos y otros cambios, que se iniciaron hace aproximadamente unos 9.000 años, tornaron los teosintes silvestres en plantas de maíz con aptitudes agrícolas. Este proceso llevó unos pocos siglos, un lapso de tiempo largo en términos históricos, pero realmente breve en términos evolutivos.

Como se puede intuir, muchos de estos nuevos rasgos eran ineficientes o incluso letales para las plantas en el medio silvestre, pero resultaron muy adaptativos, tanto para los teosintes como para nosotros, en el medio agrícola.

La domesticación fue motor de cambios culturales

Procesos similares dieron lugar a la aparición de otras plantas agrícolas y también a especies animales ganaderas, como la oveja (proveniente del muflón asiático), la cabra (proveniente de la cabra bezoar) o la gallina (proveniente del gallo bankiva).

Para nuestra especie, la domesticación de plantas y animales silvestres marcó la transición a un modo de vida sedentario y agropecuario. Estos eventos ocurrieron de manera independiente en al menos once regiones del mundo, y a lo largo de periodos prolongados de tiempo, desde hace aproximadamente 10.000 a 5.000 años.

Las transiciones agrícolas conllevaron otros cambios en cascada, generando excedentes y por tanto la necesidad de defenderlos mediante estructuras militares, y la proliferación de actividades como la burocracia o el sacerdocio. Probablemente, estas transiciones hayan sido las revoluciones culturales más importantes en la historia de la humanidad.

Consecuencias biológicas de la domesticación

Hasta aquí la historia sencilla y edificante. Pero las plantas no son tornillos, sino seres vivos tremendamente complejos. Cambios tan radicales en su modo de vida hubieron de tener consecuencias sobre muchos otros aspectos de su biología.

Por ejemplo, hoy sabemos que la buena digestibilidad de las especies agrícolas, otro rasgo evolucionado bajo domesticación, no viene gratis. Las plantas se defienden frente a herbívoros y patógenos acumulando compuestos secundarios en sus tejidos. Estos compuestos son astringentes, venenosos, o simplemente poco digeribles.

La selección de plantas agrícolas depauperadas en compuestos secundarios, y por tanto con alta palatabilidad, hace que estas sean más sensibles a las plagas, y por tanto tengamos que defenderlas con fitosanitarios de alto coste económico y ambiental.

De igual forma, el incremento en el rendimiento de estas plantas ha disminuido su calidad nutricional. Por ejemplo, las semillas de las leguminosas de grano han perdido buena parte de los carotenoides, importantes precursores de la vitamina A, que presentaban las semillas de sus progenitores silvestres.

Comprender todas las implicaciones de la domesticación para el funcionamiento de las plantas y campos agrícolas es un ámbito de intensa investigación en la actualidad, y del que podemos aprender para avanzar hacia una agricultura más sostenible y productiva.

Po Rubén Milla Gutiérrez

Profesor de Ecología y Biología Vegetal, Universidad Rey Juan Carlos

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

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Las plantas también sienten la anestesia, pero no sabemos por qué

Los anestésicos se usaron por primera vez en el siglo XIX cuando, dos años después de que Horace Wells fracasara con el óxido nitroso en 1844, William Morton demostró  que la inhalación de éter evitaba que los pacientes sintieran dolor durante la cirugía. Desde entonces, han ido apareciendo químicos que provocan la pérdida de conciencia. Sin embargo, a pesar de que se han utilizado muchos anestésicos durante siglo y medio, se sabe poco sobre cómo compuestos molecularmente muy diferentes funcionan como tales.

Farmacólogos, médicos, bioquímicos y fisiólogos han abordado el problema desde múltiples puntos de vista y planteado muchas hipótesis, pero nadie ha logrado explicarlo aún con precisión. En el siglo XIX Claude Bernard llevó a cabo experimentos sobre adormecimiento de plantas. Hoy esas pruebas se han continuado con la aplicación de anestesia a varias plantas, entre otras la venus atrapamoscas Dionaea muscipulaUn enfoque muy original de un grupo de fisiólogos vegetales.

Las plantas y los animales están separados por 1 500 millones de años de evolución. Los animales desarrollaron órganos internos muy distintos, con células funcionalmente muy especializadas. Las células vegetales, por otra parte, son más homogéneas: una célula vegetal de cualquier parte de una planta se parece más a otra célula de otra planta que dos células animales seleccionadas al azar.

Las plantas carecen de neuronas, las células animales especializadas cuya capacidad transmisora neutraliza la anestesia. Las neuronas transfieren información sensorial desde el sistema nervioso periférico al central (y viceversa). Se comunican a grandes distancias mediante señales electroquímicas transmitidas por iones, unas partículas del tamaño de un átomo que pasan a través de los canales iónicos situados en la membrana de las neuronas y de las células sensoriales y motoras distribuidas por todo el cuerpo. Por cambios de polaridad entre el interior y el exterior de las membranas, generan un potencial de acción, el denominado impulso nervioso.

El mecanismo de acción (la farmacodinámica) de los anestésicos locales consiste en bloquear los canales iónicos del sodio, lo que impide la transmisión del impulso nervioso a través del axón de la neurona. Eso hace que esta, sea sensitiva o motora, no pueda transmitir ninguna señal hacia o desde el sistema nervioso central (SNC) y permanezca inerte durante un tiempo. Por eso, una vez que un dentista nos inyecta lidocaína, la boca se entumece y, desde ese momento, las neuronas dejan de enviar sensaciones de dolor al cerebro porque están bloqueadas.

Las plantas no tienen neuronas pero, como hicieron los autores de esta publicación y se puede comprobar en los siguientes vídeos, las raíces humedecidas con lidocaína provocan que los movimientos foliares de la venus atrapamoscas cesen.

En el primero, aparece la reacción de cierre de una hoja ante un simple estímulo de contacto.

En el segundo, se observa lo que ocurre después de regar con un poco de lidocaína: la planta no reacciona.

En las plantas no hay neuronas a las que pueda afectar la lidocaína, ni un sistema nervioso que pueda paralizar. ¿A qué se debe la respuesta? Solo cabe especular. Las reacciones al estímulo de las plantas están descentralizadas. No hay un cerebro que controle lo que hacen ni una organización clara de sus procesos de pensamiento porque las plantas, que sepamos, ni sienten ni padecen. Pero, a pesar de que no tengan un sistema organizado, las plantas pasan información de una célula a otra como hacemos nosotros, a través de canales iónicos.

Es más que probable que en el bloqueo de esos canales y en el corte de la comunicación intercelular sea donde reside la capacidad de actuación de la lidocaína en las plantas. Por eso, porque la señal entre ellas está completamente interrumpida, las células sensoriales de las hojas de las venus atrapamoscas no pueden inducir a que las motoras se contraigan.

Por tanto, parece que el efecto en las plantas de la lidocaína está claro. Aunque afecta a tipos de células completamente diferentes, la farmacodinámica es similar tanto en plantas como en animales. Pero ¿qué ocurriría si en lugar de utilizar un líquido se utiliza éter gaseoso, que es un anestésico general?

Hay algunas conjeturas un tanto difusas sobre la farmacodinámica de los anestésicos generales. Entre ellas la más aceptada en el caso de los barbitúricos es que potencian la acción inhibitoria del ácido gamma-aminobutírico, un neurotransmisor inhibitorio a nivel del SNC.

Pero como las plantas carecen de SNC se piensa, aunque nadie haya podido demostrarlo, que el éter funciona como otros anestésicos generales extremadamente lipofílicos que se pueden unir a la membrana lipídica para minorar su conductancia, impidiendo así que las células se comuniquen. Puede que sea así, pero no estamos seguros. Sin embargo, las membranas de las plantas son totalmente diferentes y el éter gaseoso sigue funcionando. No debería funcionar, pero lo hace.

Además de membranas para controlar lo que puede entrar y salir de ellas, las células vegetales tienen paredes celulares que les proporcionan una estructura rígida. Sus membranas son similares a las de los animales, pero, comparadas con las paredes celulares de celulosa y lignina, una membrana lipídica es como una delgada cortina comparada con un muro de ladrillos.

Modelo de una célula vegetal anestesiada. Los anestésicos bloquean los potenciales de acción de las plantas. El tráfico de membranas se altera y se genera rápidamente un exceso de especies reactivas de oxígeno (ROS). Estas rápidas respuestas celulares conducen a la pérdida de respuesta a los estímulos externos. La línea doble representa la membrana plasmática de la célula, alterada en células bajo anestesia. Modificado a partir del original de Yokawa et al. Trends in Plant Science 24 (2019). Luis Monje

Ahora sabemos que el éter también funciona con las plantas, pero saberlo solamente sirve para aumentar nuestro desconocimiento. Demuestra que, al penetrar no solo las membranas citoplasmáticas, sino también las gruesas paredes de las células vegetales, el éter es incluso más potente de lo que sabíamos, aunque ignoremos exactamente cómo lo hace.

Hoy estamos un poco más cerca de saber cómo actúa el éter en animales, pero no mucho más que cuando Claude Bernard realizó sus minuciosos experimentos anestesiando plantas hace 150 años. Las plantas podrían aclararnos muchas cosas. Gracias a su maravillosa simplicidad, abren de par en par una ventana a la investigación en anestesiología.

Hasta ahora hemos aprendido que los anestésicos influyen en las plantas y hay varios grupos de investigadores que están tratando de ofrecer respuestas, pero todavía no han avanzado mucho. Afortunadamente, su trabajo puede ser más rápido que la investigación en animales. Hay menos problemas éticos en torno a la investigación de plantas, por lo que se pueden realizar más estudios. Las plantas también son más fáciles de mantener y controlar que los animales, por lo que la investigación podría realizarse de manera más rápida y consistente que si se intentara con ratas o cerdos.

Hoy la investigación en anestesia es como la física antes de Einstein. Desde Newton, sabíamos que existía la gravedad, sabíamos cómo medirla y teníamos fórmulas matemáticas que funcionaban perfectamente, pero aún no entendíamos en qué consistía exactamente. Al explicar que la gravedad es una consecuencia de la geometría curva del espacio-tiempo, Einstein ofreció la respuesta de cómo actúa la gravedad y cambió la física para siempre.

El Einstein de la anestesiología puede ser un botánico que actualmente está agitando una y otra vez una venus atrapamoscas, buscando saber por qué no está haciendo lo que debería estar haciendo.

Por:

Manuel Peinado Lorca

Catedrático de universidad. Departamento de Ciencias de la Vida e investigador del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos, Universidad de Alcalá

Luis Monje

Biólogo. Profesor de fotografía científica, Universidad de Alcalá

07/02/2021

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

Operación contra el trabajo esclavo en el estado brasileño de Bahia. — Ministério Público do Trabalho

Desde 2019 se ha hecho más popular y extendido geográficamente el movimiento de marchas y protestas relacionado con el cambio climático. Foto: Reuters

En una encuesta del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Universidad de Oxford, que abarcó 50 países y se aplicó en 17 idiomas, dos tercios de los consultados consideraron que el cambio climático es una emergencia global. Entre los menores de 18 años, esa percepción se elevó al 70% de los encuestados.

Hasta ahora, no existía una encuesta que mostrara lo que piensa la población general al respecto, así que el PNUD y la Universidad de Oxford concibieron una macroencuesta llamada Voto popular por el clima.

En el sondeo, realizado a través de anuncios insertados en juegos de aplicaciones móviles, 1 220 000 personas mayores de 14 años respondieron a la encuesta más amplia realizada hasta el momento sobre el cambio climático, que llegó a personas de diferentes niveles educativos, géneros y edades. 

Los resultados muestran que el 64% de la población que respondió cree que el cambio climático es una emergencia, una respuesta que varía bastante según la región y los países.

En la encuesta participaron 550 000 menores de entre 14 y 18 años, un segmento demográfico que suele ser ignorado en los sondeos de opinión. El 70% de estos respondió que considera el cambio climático una emergencia, mientras que los adultos de entre 18 y 59 años se situaron entre el 65 y 66%.

Entre los mayores de 60, que serán los menos afectados por los cambios en el clima a futuro, solo el 58% respondió afirmativamente.

El sondeo forma parte de una campaña lanzada por Naciones Unidas para educar a la población acerca de las soluciones para frenar el cambio climático y dar información a los Gobiernos de cuáles son, de acuerdo con la ciudadanía, las acciones que cada país debería tomar para abordar la crisis.

La encuesta reveló que las cuatro políticas más populares son la conservación de los bosques y de la tierra, el uso de energías limpias y renovables, la implementación de técnicas agrícolas respetuosas con el clima y el aumento de la inversión en negocios y empleos verdes. Sin embargo, la que menos aceptación tuvo fue la de promocionar dietas vegetarianas, con el voto del 30% de los participantes.

La solución para frenar o combatir el cambio climático que más apoyo recibió entre los que respondieron a esta macroencuesta de la ONU fue la conservación de los bosques y de la tierra.

5 febrero 2021

(Con información de AFP)

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Por la actividad humana, los animales deben moverse 70% más para sobrevivir

La caza, el uso de aviones, las acciones militares y el turismo pueden obligarlos a escapar de los hombres o a ir más lejos para encontrar comida o pareja

 

Madrid. Por primera vez se ha calculado el impacto global de la actividad humana en el movimiento de los animales, revelando alteraciones generalizadas que amenazan la supervivencia y la biodiversidad. Científicos han detectado que la actividad humana obliga a los animales a moverse 70 por ciento más para sobrevivir, según publican en la revista Nature Ecology & Evolution.

Si bien se ha demostrado que actividades como la tala y la urbanización pueden tener gran impacto en la vida silvestre, el estudio realizado por científicos de las universidades de Sydney y de Deakin, en Australia, muestra que eventos episódicos como la caza, la actividad militar y el ocio pueden desencadenar cambios aún mayores en el comportamiento animal.

"Es vital que entendamos la dimensión del impacto que los humanos tienen sobre otras especies animales", resalta el autor principal, el doctor Tim Doherty, ecólogo de vida silvestre de la Universidad de Sydney. "Las consecuencias del cambio en el movimiento de los animales pueden ser profundas y conducir a la reducción de la aptitud animal, menores posibilidades de supervivencia, tasas más bajas de reproducción, aislamiento genético e incluso la extinción local".

El estudio revela que los cambios en el desplazamiento de los animales en respuesta a la perturbación son comunes, ya que actividades humanas episódicas como la caza, el uso de aviones, acciones militares o el ocio pueden causar aumento mucho mayor en las distancias de movimiento que la modificación del hábitat como la tala o la agricultura.

Así, las alteraciones episódicas obligan a 35 por ciento de cambio general en el movimiento (aumento y disminución), las modificaciones del hábitat obligan a una variación de 12 por ciento, y los aumentos promedio en el movimiento de animales fueron de 70 por ciento.

El estudio apunta a una restructuración global de los movimientos de animales causados por la perturbación humana, con impactos potencialmente profundos en las poblaciones, las especies y los procesos de los ecosistemas.

"El movimiento es fundamental para la supervivencia de los animales, pero puede verse interrumpido por perturbaciones humanas", relata el doctor Doherty. "Los animales adoptan mecanismos de comportamiento para ajustarse a la actividad humana, como huir o evitar a los hombres, viajar más lejos para encontrar comida o parejas o hallar un nuevo refugio a fin de evitar a los humanos o los depredadores".

Efectos colaterales

En algunos casos, la actividad humana forzó la reducción en el movimiento de los animales debido al mayor acceso a los alimentos en los lugares humanos, la capacidad reducida para moverse de un hábitat modificado o las restricciones de movimiento por barreras físicas.

"Además del impacto directo en las especies animales, hay efectos colaterales", advierte. "El movimiento de animales está vinculado a procesos ecológicos importantes como la polinización, la dispersión de semillas y la renovación del suelo, por lo que el movimiento de animales interrumpido puede tener impactos negativos en todos los ecosistemas".

Doherty, quien inició esta investigación en la Universidad de Deakin antes de trasladarse a la de Sydney, resalta que los hallazgos tienen importantes implicaciones políticas para la gestión de la biodiversidad animal. "En entornos y paisajes marinos relativamente intactos por el impacto humano, es importante que se evite la modificación del hábitat", señala. "Esto podría implicar el fortalecimiento y apoyo de las áreas protegidas existentes y la obtención de más áreas silvestres para protección legal".

El estudio señala que podría ser más fácil reducir el impacto de las perturbaciones episódicas administrando cuidadosamente ciertas actividades, como la caza y el turismo, en áreas silvestres, especialmente durante los periodos de reproducción de animales.

"Cuando la modificación del hábitat es inevitable, recomendamos que el conocimiento del comportamiento del movimiento de los animales sirva de base al diseño y la gestión del paisaje para garantizar que esa actividad esté asegurada", apunta Doherty.

Reducir los impactos negativos de la actividad humana en el movimiento de animales será vital para asegurar la biodiversidad en un mundo cada vez más dominado por los humanos. "Se necesitan más investigaciones para comprender mejor el impacto de la modificación del hábitat en el movimiento de animales en partes del mundo en rápido desarrollo", reconoce.

La investigación compiló y analizó 208 estudios separados sobre 167 especies durante 39 años para evaluar cómo la perturbación humana influye en el movimiento de los animales. En más de un tercio de los casos, los animales se vieron obligados a realizar cambios que incrementaron el movimiento en más de 50 por ciento.

Las especies incluidas en el estudio van desde la mariposa naranja Abaeis nicippe, de 0.05 gramos, hasta el gran tiburón blanco, de más de 2 mil kilos. Se cubrieron 37 especies de aves, 77 de mamíferos, 17 de reptiles, 11 de anfibios, 13 de peces y 12 de artrópodos.

Publicado enMedio Ambiente
Jueves, 04 Febrero 2021 05:31

Corporaciones y economía verde

Corporaciones y economía verde

Empresas líderes mundiales en la carrera por la emisión cero de carbono

El cambio climático y el desafío de la llamada cuarta revolución industrial. La promesa de los gigantes de la economía mundial de cuidar el ambiente.

 

El cambio climático no es sólo una preocupación global que exige líneas de acción a la comunidad política sino que también está en el centro de la llamada cuarta revolución industrial. Por ello, es motivo de disputa de parte de los grandes jugadores del capitalismo mundial. Una de las iniciativas de más impacto mediático en torno a este tema es el “Climate Pledge” co-fundado por Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon. El gigante mundial de las compras online lidera una de las iniciativas impulsadas por el sector privado en relación a la “economía verde”. El Climate Pledge de Amazon ya logró que empresas como Microsoft, Unilever, Coca-Cola, Cabify, Uber, Siemens, Mercedes Benz y Verizon ya hayan asumido su compromiso de “emisión neta de carbono igual a cero” para el año 2040. En el mismo tren de la promesa de neutralidad hay otras dos decenas de empresas líderes en diferentes rubros de actividad.

El protagonismo de las empresas de máximo nivel en los compromisos vinculados al cambio climático se conjuga con las promesas de buena parte de los países de todo el mundo para reducir sus emisiones, incluyendo a la Unión Europea, China y los Estados Unidos. Esto implica que el cambio climático no es solamente un hecho sobre el cual la ciencia no tiene dudas y que por lo tanto exige cambios en la manera de producir, consumir y desechar. Es además una carrera por la conquista de nuevas tecnologías que van a ser eje del capitalismo en las próximas décadas, mucho antes de que el mundo ingrese en una fase de colapso o de que se agoten los combustibles fósiles.

Números actualizados

En el Foro de Davos, que tuvo lugar la semana pasada de forma virtual, se dieron a conocer las últimas cifras disponibles en relación al cambio climático. La NASA midió que el 2020 fue el año más caluroso desde mediados del siglo XIX, cuando comienza la serie de cálculos climáticos. Para otras fuentes científicas como el sistema Copernicus de la Unión Europea y la Universidad de Berkeley, el año pasado fue el segundo más caluroso después de 2016. Se estima que la superficie de la Tierra está entre 1,2 y 1,3 grados Celsius más cálida en relación al período pre-industrial, a raíz de una suba de la temperatura de 1,04 grados Celsius en los océanos y de 1,94 en la tierra firme.

Para tener idea de la dimensión del desafío en materia climática, cabe recordar que el Acuerdo de París definió que la meta es que el calentamiento global no supere los 2 grados en relación al período industrial y preferentemente se ubique en un máximo de 1,5 grados. Hay fuerte consenso entre la comunidad científica alrededor del planteo de que sin que medien cambios más profundos en los sistemas de generación de energía y consumo energético, el mundo enfrentaría un escenario de temperaturas que de mínimo modificaría sustancialmente las condiciones de vida en las regiones más comprometidas, con fuertes cambios en los ciclos agrícolas, entre otras cosas.

Cómo juegan las grandes empresas

Jeff Bezos, la segunda persona más rica del mundo, comprometió a Amazon a alcanzar la emisión neta de carbono igual a cero en 2040. Entre las promesas del gigante del comercio electrónico está la operación plena con energía renovable para 2025, llegar a 2030 con el 50 por ciento de emisión cero en el transporte de mercancías, 100 mil vehículos eléctricos para las entregas de paquetes, inversión de 2 mil millones de dólares para el desarrollo de tecnologías y servicios que permitan reducir las emisiones de carbono y la inversión de 100 millones en proyectos de reforestación y mitigación.

El programa “Climate Pledge”, co-fundado por Bezos, se jacta de contar con el compromiso climático de un nutrido grupo de empresas líderes en el mundo:

Coca-cola: La división europea de la empresa se comprometió a llegar a la neutralidad de carbono para 2040 en toda su cadena de valor y bajar sus emisiones de gas invernadero un 30 por ciento para 2030. La firma aclara que ya tiene en vigencia medidas como el uso de electricidad proveniente de fuentes renovables, reducción de la intensidad energética del equipamiento para producir bebidas y el cambio en la composición de las botellas de plástico.

Unilever: Se comprometió a no emitir gases efecto invernadero en sus operaciones para 2030, al pasar a 100 por ciento de energía renovable.

Mercedes Benz: la marca alemana es socio de Amazon en el transporte de las mercancías y tiene el objetivo de hacer que toda su flota de autos alcance la neutralidad de carbono para 2039 mediante la electrificación. La empresa germana espera que para 2030 los autos eléctricos expliquen más de la mitad de las ventas totales de sus autos. Además, la producción de los vehículos también estaría basada en la energía renovable. “Preferimos hacer lo que nuestros fundadores han hecho: ser arquitectos de una nueva movilidad sin caballos. Hoy, la tarea es la movilidad sin emisiones”, dijo el CEO, Ola Källenius.

Por fuera del acuerdo que lidera Amazon, hay muchas otras empresas con compromisos públicos de emisión cero. Entre ellas está incluso BP (ex British Petroleum), el gigante petrolero que aseguró que para 2050 alcanzaría la neutralidad de sus operaciones junto a la baja del factor contaminante de sus hidrocarburos. Dijo que reducirá su producción de petróleo y gas en un 40 por ciento para 2030 e instalaría equipos para contener la emisión de metano. También Repsol asumió compromisos en materia de neutralidad de carbono. Otras empresas con compromisos públicos son Ford, Facebook, General Mills, Mastercard, Paypal, Ikea, American Airlines, General Motors, Pepsico, Nestlé, Vodafone, Telefónica, Scania, Bayer, Colgate y Sony.

Por Javier Lewkowicz

Publicado enEconomía
Miércoles, 03 Febrero 2021 05:52

La aberrante privatización del agua

La aberrante privatización del agua

Las cifras son alarmantes: de los 7 600 millones de habitantes en el mundo, 2 533 no tienen acceso al agua potable, más de 3 000 millones carecen de un saneamiento seguro y cerca de 680 millones defecan al aire libre.

Pero lo más vergonzoso en este mundo de capitalismo y neoliberalismo salvaje es que en tiempos de pandemia de covid 19, que se ha expandido por todos los continentes, sucede que ahora en la Bolsa de Valores de Wall Street el Grupo CME ha lanzado contratos para el comercio de futuros de agua en el orbe, con el pretexto de “ayudar a los usuarios a obtener el servicio del preciado líquido.

La operación comercial la realizó ese grupo el pasado 7 de diciembre lo que permitirá, según afirmó, que compradores y vendedores intercambien un precio fijo por la entrega de una cantidad de agua en fecha futura.

El relator especial de Naciones Unidas sobre Derecho al Agua Potable y al Saneamiento, Pedro Arrojo Agudo denunció inmediatamente que «no se puede poner un valor al agua como se hace con otros productos básicos comercializados. Ese líquido es de todos y es un bien público. Está estrechamente ligado a todas nuestras vidas y medios de subsistencia y es un componente esencial para la salud pública».

El experto alertó que mientras los agricultores, las fábricas y las empresas de servicios públicos buscan fijar precios, un mercado de futuros de este tipo también podría atraer a especuladores como fondos de cobertura y de bancos a apostar por estos precios, repitiendo la burbuja especulativa del mercado de alimentos en 2008.

Como manifestó Arrojo Agudo es muy preocupante que el agua se trate como el oro, el petróleo y otros productos básicos que se negocian en el mercado de futuros de Wall Street y atenta contra el derecho de todos los ciudadanos del orbe.

La ONU, principal organismo internacional (aunque algunos de los países poderosos se desentienden de sus decisiones) coordinó en julio de 2010 el acceso de todas las personas al agua. El acuerdo que se reafirmó finalmente durante la Agenda 2030 y cuyo objetivo es acabar con las desigualdades en ese sector no ha sido cumplido en muchos casos.

En las décadas de 1970 y 1980 nadie se cuestionaba si el agua era una mercancía o un derecho humano porque se comprendía que debía pertenecer por igual a todos los ciudadanos del planeta, pero esa concepción cambió a partir de los años 90 del pasado siglo cuando se impulsó el sistema capitalista neoliberal.

En esa inhumana acción han tenido parte fundamental varios organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), los que han favorecido a ricos empresarios nacionales y a compañías transnacionales.  

Solo durante el año 2000, explica el investigador Gustavo Castro Soto, el FMI obligó a 12 países a privatizar el agua y otros servicios públicos: Angola, Benín, Guinea Bissau, Honduras, Nicaragua, Nigeria, Panamá, Ruanda, Santo Tome y Príncipe, Senegal, Tanzania y Yemen.

La estrategia ha sido presionar a los gobiernos con empréstitos con la consecuente acumulación de deudas que después son impagables, o mediante coacciones a diversos gobiernos para que abran esos recursos al sector privado.
La situación real es que ya las cuencas de agua están bajo amenaza extrema por el aumento de las poblaciones, las demandas cada vez mayores para la agricultura, la industria minera y el cambio climático.

Entre el 60 % y 90 % de la población mundial vive en países con escasez de agua dulce, mientras la actual pandemia de coronavirus ha puesto de manifiesto como quedan las personas más necesitadas del primordial líquido que las lleva a transitar por un camino más sombrío. 

A esa escasez se une la contaminación, pues muchas enfermedades se propagan por aguas infectadas, saneamientos deficientes o falta de higiene que causan cada año la muerte a más de 1,5 millones de niños, o sea, cada 15 segundos muere un menor por esos motivos que podrían ser resueltos con políticas económico sociales por parte de gobiernos e instituciones internacionales.

A las ya agotadas fuentes de abasto de agua y en muchos ríos y lagunas son vertidos diariamente 2 000 000 de toneladas de residuales y otros contaminantes.

Según estudios de organizaciones internacionales, ese desastre se agrava en los países en desarrollo donde se arrojan, casi siempre por compañías transnacionales, más del 90 % de los desechos sin procesar y el 70 % de los residuos industriales.  

Las privatizaciones del agua conducen a efectos desastrosos entre los pobladores pues los pagos por esos servicios se vuelven incosteables. El negocio consiste en controlar esos derechos en zonas abundantes y vendérselos a los ciudadanos mediante concesiones y contratos.

Entre las grandes compañías se encuentran las francesas Suez y Veolia, la estadounidense Bechtel, la alemana RWE-Thames, la española Aguas de Barcelona y otras.

Lo cierto es que con la nueva acción del CME Group en la Bolsa de Valores de Wall Street, los consorcios del agua ejercerán más influencia sobre el control y costo del preciado líquido, que solo podrá ser enfrentado y detenido por la unión de los gobiernos nacionalistas que defiendan a sus ciudadanos en los organismos internacionales ante la rapiña del capitalismo neoliberal.   

Por Hedelberto López Blanch | 03/02/2021

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano

Publicado enSociedad
Martes, 02 Febrero 2021 05:45

Vivir sin petróleo

Vivir sin petróleo

Cada día se manufacturan y propagan diferentes mentiras desde medios de información conocidos y hasta desde otros de apariencia informal donde las fabricaciones aparecen pegados a sitios del internet o de las redes sociales.

A partir de estas mentiras manufacturadas se construyen edificaciones falsas más complejas. Una de estas, por ejemplo, es la falacia de que el 2020, año de pandemia, ha sido el año en que el mundo occidental se encamina a prescindir (en un futuro cercano) del petróleo crudo y de sus productos, hidrocarburos y combustibles fósiles en general.

La realidad y las “relaciones públicas”

Se trata de un plan para salvar al planeta de la contaminación, nos dice la máquina de propaganda, un verdadero logro de la ciencia y tecnología que usando energías alternativas renovables reemplazará la energía fósil solucionando los problemas que enfrenta el medio ambiente -al tiempo que nos permitirá seguir consumiendo como hasta ahora. Las energías alternativas renovables son bien conocidas, sus imágenes aparecen a diario, se trata de paneles solares y gigantescos molinos de viento, o capturando la energía de las mareas para activar turbinas, o más vulgares como quemando biomasa (madera de árboles, arbustos y matorrales) para obtener energía. Todas existen porque son un negocio rentable pero que solucionen los problemas del medio ambiente es muy dudoso. Hasta la fecha todas estas energías juegan un papel minoritario, en algunos lugares ningún papel. Funcionan mayormente gracias a subsidios del estado en general en países del primer mundo que pueden pagarlos. Los vehículos eléctricos aparecen también como solución frente a los vehículos a combustibles que son parte importante del problema de contaminación. Se alardea mucho de que el combustible tiene que ser reemplazado por electricidad -cargando las baterías de los vehículos eléctricos y reemplazando a los otros que hoy dominan el mundo. Peor, se da por hecho, y se fantasea hasta con admiración, sobre el posible uso del hidrógeno como combustible limpio.

Estas afirmaciones sobre energías alternativas que están listas a reemplazar a los combustibles fósiles no son ni bien analizadas ni se muestran cifras que indiquen su uso en la actualidad. Gobiernos, instituciones, corporaciones de energía, industrias de vehículos de todo tipo, hablan de energías alternativas vagamente, parte de un discurso público que presenta una imagen favorable de futuro, una que sirve de propaganda. La realidad es diferente pues seguimos viviendo y dependiendo del petróleo y de los combustibles fósiles. Los combustibles derivados del petróleo son usados mundialmente en más del 60 por ciento para transportar gente y carga. En Canadá la cifra alcanza al 65 por ciento y en Estados Unidos al 71 por ciento. De ese total de combustibles el más común es la gasolina (incluyendo mezclas con etanol) que suman un 40 por ciento del total usado globalmente, luego el Diesel con un 37 por ciento (y que incluye los biocombustibles), sigue el combustible para aviones que suma un 12 por ciento, el propano que en décadas pasadas parecía que iba a ser más utilizado hoy es apenas un 1 por ciento. Nos queda el combustible residual o fuelóleo (o fuel oil) producto del proceso primario de una refinería, una mezcla que suma un 9 por ciento, y luego el gas natural juntos a la energía eléctrica de baterías recargables no alcanzan al 1 por ciento del total moviendo gente y carga en el mundo. 

Hay otras áreas en las que petróleo y gas son esenciales, como es el caso de los polímeros artificiales (o plásticos) que en el mundo usan 16 por ciento del total de petróleo y gas producidos. Debemos considerar además las maquinarias usadas para construir infraestructuras, plantas productoras de fertilizantes, industrias de productos químicos, oleoductos, gaseoductos, acueductos, minería, agricultura especialmente en el caso de monocultivos, calefacción y preparación de alimentos.

He observado que se confunde, o trata de confundir, el papel del petróleo en la producción de energía eléctrica. A nivel global el petróleo es usado sólo en un 5 por ciento en producir electricidad, pero algunos países lo usan más y otros menos o nada. En el Caribe, por ejemplo, Jamaica usa petróleo en la producción de electricidad en un 91 por ciento pues no tiene otro recurso. Arabia Saudita, qué si tiene petróleo en abundancia, también lo usa más, en un 55 por ciento. Estados Unidos, igual que Canadá el petróleo se usa sólo en un 1 por ciento en la producción de electricidad, y la Unión Europea también usa un porcentaje bajo, un 2 por ciento. A nivel mundial el mayor recurso en la producción de energía eléctrica continúa siendo el carbón mineral (un fósil) con un 40 por ciento, lo sigue el gas natural con un 22 por ciento, las plantas hidroeléctricas con un 16 por ciento, las nucleares con un 13 por ciento y las alternativas con apenas un 1 por ciento. Estas últimas se han desarrollado más en Alemania y España, que las usan en más de un 20 por ciento. La energía hidroeléctrica es muy importante en Paraguay que la usa en un 100 por ciento y en Uruguay, que la usa en un 63 por ciento. Sorpresivamente para muchos, países ricos en petróleo como Canadá y Venezuela usan energía hidráulica en más de un 65 por ciento cada uno. En cuanto a la energía nuclear Francia no podría vivir sin ella, la usa en un 78 por ciento para producir su electricidad.

Vehículos eléctricos ayer y hoy

Volviendo a las mentiras que se venden como información, aparece a la cabeza el supuesto éxito del auto eléctrico que en occidente los gobiernos presentan como alternativa real, incluso argumentando que para el año 2050 dejarán de producir anhídrido carbónico (CO2). Todo esto se basa en especulaciones que muchas veces los mismos gobiernos promueven para crear esperanza y confianza en un futuro que se ve ciertamente preocupante. El vehículo eléctrico, casi como una joya del transporte y usando baterías que se recargan con electricidad, intenta solucionar la polución del transporte. Nadie habla del desafío de disponer de la electricidad necesaria para recargar baterías, de las nuevas plantas generadoras de energía para sostener ese futuro, tampoco se explica cómo se va a disponer de las baterías en desuso –temas que seguramente los fabricantes de vehículos eléctricos esperan él estado resuelva, o quizás que se despachen los nuevos desechos a algún país pobre del planeta donde contribuyan a su contaminación. Tampoco se explica la dinámica económica por la que algunos países como Estados Unidos y Canadá, si bien subvencionan la prospección, explotación y transporte de petróleo y gas natural, también reciben importantes ingresos por concepto de impuestos aplicados a combustibles del petróleo. En Canadá cada litro de combustible que compramos paga entre 20 y 30 por ciento de impuestos, sumando 13 mil millones de dólares al año en entradas que se usan, en gran parte, en infraestructura y aportes a municipios. En Estados Unidos el gobierno federal recauda más de 37 mil millones de dólares en impuestos aplicados a los combustibles -a gasolina, Diesel y gasolina de aviones, sin contar lo que recaudan otros niveles de gobierno. En Europa se aplican aún más impuestos a los combustibles del transporte. Estos dineros recaudados son esenciales a los estados debido a las enormes deudas públicas que acarrean y a que no cuentan con otras entradas ya que la mayor parte de las corporaciones y los ricos no pagan impuestos sino al contrario reciben subsidios del estado y despojan a este siempre que pueden. 

El invento del auto eléctrico fue a mediados del siglo 19 y luego a principios del 20 tuvo su uso y para los años 60 volvió y ganó cierta relevancia y se fabricaron varios modelos, pero pronto no fue sino un vehículo marginal. Se usa un vehículo pequeño en lugares internos, fábricas y bodegas, campos de golf, centros turísticos, aeropuertos, existen incluso algunos pocos buses urbanos a batería en algunos países occidentales, China y República de Corea, pero hasta hoy la producción de vehículos eléctricos es limitada. Las corporaciones que los fabrican hacen mucho ruido cuando presentan su versión al mercado, pero la usan como propaganda y muestra de preocupación por el medio ambiente. Algunas compañías se dedican a producirlos, ya compactos o medianos, pero su precio elevado las obliga a vivir de la especulación bursátil y a tener futuro incierto.

Hablar del hidrógeno como combustible está de moda, el hidrógeno es casi una palabra mágica en cuanto a su uso en vehículos -ya como combustible directo o para cargar baterías. El hidrógeno es básico en los procesos químicos de refinerías de petróleo y plantas de fertilizantes, y es caro de extraer sea por electrólisis o por gas natural. Es difícil de almacenar en un tanque de alta presión además de peligroso porque tiene baja energía de ignición y alta energía de combustión. Los vehículos a hidrógeno existieron en 1959, con el Chevrolet Electrovan, cuya producción fue abandonada; el programa espacial Apollo empezó a usar hidrógeno en los años 60.

Se exagera la importancia del vehículo eléctrico que en la actualidad no es más que él 0,4 por ciento de todos los vehículos en circulación en el mundo, aunque haya países como Noruega donde son el 10 por ciento del total de vehículos o China donde son el 1 por ciento, pero en la mayoría de los países del mundo son casi inexistentes. Es posible que en una década aumenten su número y lleguen a ser el 1 por ciento del total de los vehículos que se usan en el planeta, pero esta industria tiene que demostrar rentabilidad para sobrevivir, no alcanza con la propaganda y la especulación.

La energía generada por los fósiles

Atrás de las mentiras y las especulaciones existe la realidad con respecto a la energía generada por los recursos fósiles, cada día más de 200 barcos tanques mueven más de 60 millones de barriles diarios de petróleo y combustibles alrededor del mundo para cubrir las necesidades de la humanidad que depende y seguirá dependiendo de estos recursos.                                                                                                               

En el 2020 a pesar de la pandemia, que en Occidente aún no se controla, y que desaceleró gran parte de la economía, interrumpida o parada, el consumo mundial de petróleo y gas natural bajó apenas un 3 por ciento y la de la de todos los combustibles líquidos un 9 por ciento (de 100 millones de barriles diarios en el 2019 a 91,3 el 2020). Se imaginaba un mayor impacto, pero los números muestran que incluso con una economía interrumpida y desacelerada nuestra necesidad de petróleo y gas natural continúa y que nuestra dependencia de estos recursos es enorme. Claro que muchas de las corporaciones medianas y más pequeñas dedicadas a la prospección, explotación, transporte y servicios en el terreno sufrieron pérdidas grandes debido a la caída de los precios. Por ejemplo, en áreas de prospección y explotación donde los costos son más altos, como costa afuera en el mar, más de 20 mil millones de dólares en deudas hicieron quebrar compañías como Diamont Offshore Drilling y Noble Corp. El panorama general mundial del pasado año en la industria del petróleo fue de muchas pérdidas, reducción de puestos de trabajo, y fusiones corporativas.

La situación es más crítica en la explotación de petróleo y gas natural de esquisto (shale or tight) que en Estados Unidos continúa pese a los daños serios que causa al medio ambiente ya que han sido perforados más de 300.000 pozos de fractura hidráulica, en el año 2019 se produjeron más de 7 millones de barriles diarios -más del 63 por ciento de petróleo que produce Estados Unidos (el petróleo convencional va en declive cada año) pero durante el 2020 se redujo en más de 1 millón de barriles diarios. La industria del petróleo y gas de esquisto es complicada -más de lo que se muestra, y desde hace una década en que comenzó nunca ha sido rentable pero su crecimiento, que se ha basado en inversiones a futuro y especulación bursátil, continuaba y es sólo desde el 2016 que numerosas compañías han empezado a quebrar y se vienen perdiendo miles de trabajos. Según datos de Rystad Energy, más de 100 compañías tienen deudas por 89 mil millones de dólares, estas deudas que pronto alcanzarán a ser de más de 100 mil millones de dólares. Valdría preguntarse como un producto muchas veces dejando pérdidas en algunos territorios se sigue produciendo con todo el destrozo que causa a la naturaleza, será que el agotamiento del petróleo es una pesadilla que no se puede aceptar como realidad.

Unas de las supuestas metas para proteger el planeta de la polución es el compromiso avalado por las Naciones Unidas en que más de 110 países de los 193 miembros que para el año 2050 dejarán de emitir a la atmósfera anhidrido carbónico CO2, muchos de los grandes países contaminadores ni siquiera firmaron este compromiso de muy dudoso cumplimiento. La duda ha quedado en evidencia con la incapacidad total de los países del primer mundo que se hacen líderes de las iniciativas para salvar el planeta de la contaminación, pero la desastrosa situación de la pandemia causada por el coronavirus los mostró que no solo les falta infraestructuras a sus sistemas de salud pública, sino han mostrado también inoperancia y corrupción en la gestión, en la emergencia, en las prioridades con la población y vacunación.   

No se puede confiar que los países occidentales puedan tener alguna solución para proteger el medio ambiente, los recursos naturales y las especies si sus gobiernos y élites apoyan, financian y son parte de terribles destrozos en la destrucción de países, asesinatos masivos y selectivos de miles de sus habitantes, dejando a pueblos enteros sin hogar, sin agua corriente, sin energía eléctrica, envenenando suelos y ríos con bombas, son los acarreadores del terror y muerte, es obvio que estos no pueden salvar el planeta.   

Muchos países especialmente en Europa y el continente americano tienen en gran parte una economía de turismo dando una impresión de apogeo donde se mueven millones de personas en aviones, cruceros, buses, y automóviles, entran y salen de hoteles, restaurantes y museos, toda esta economía que en el presente está muy afectada por la pandemia, pero para funcionar requiere justamente de mucha energía de combustibles derivados del petróleo.       

En todo el mundo principalmente en los países europeos, Japón, y R. de Corea que más consumen y a la vez carecen de petróleo y gas natural ocultan el pánico de pensar que se puedan agotar en un futuro no tan lejano y a la vez no paran de atacar y conspirar en su obsesivo colonialismo con el fin de despojar a los enemigos que han elegido y que poseen grandes reservas de petróleo y gas natural como Venezuela, Rusia e Irán.                                                                                                                                                                      

Una muestra más de la farsa cuando gobiernos como el de Dinamarca que hace algunas semanas anunciara que para el año 2050 sus válvulas de gas y petróleo serán cerradas para siempre, una declaración ridícula ya que este país produce apenas 100.00 barriles diarios y para ese entonces de todas maneras no le quedará nada de producción dentro de los limitados recursos del Mar del Norte.

Mientras las grandes corporaciones petroleras con toda pompa hacen declaraciones que van a invertir en energías alternativas no dejan de hacer prospecciones hasta en las reservas naturales y pronto lo harán en parques nacionales, perforarán la tierra y el mar hasta sacar la última gota de petróleo y gas, ya que este sistema dominante de vida no acepta otro paradigma de mesura y racionalidad para salvar el futuro de la humanidad y de muchas especies. 

El escenario seguirá montado para que el show continúe, donde el sistema de dominación económica y social occidental lanza sus mentiras diarias para que lleguen a cada rincón del mundo, aunque hay quienes resisten estos embustes, pero por ahora no tenemos la capacidad de detenerlos.

Por Mario R. Fernández | 02/02/2021 |

Publicado enMedio Ambiente
Imagen microscópica de microfósiles filamentosos parecidos a hongos. Foto: Andrew Czaja / University of Cincinnati.

El último hallazgo de un equipo de científicos de Virginia Tech, la Academia China de Ciencias, la Universidad de Educación de Guizhou y la Universidad de Cincinnati ha revelado los restos de un microfósil que, muy parecido a un hongo, surgió al final de una edad de hielo hace unos 635 millones de años.

Al menos tres veces más antiguo que los primeros dinosaurios, se trata del fósil terrestre más antiguo jamás encontrado y parece albergar más de un secreto que los científicos ahora comienzan a desentrañar. Los resultados de la investigación se publican esta semana en la revista especializada Nature Communications bajo el titulo Cryptic terrestrial fungus-like fossils of the early Ediacaran Period.

Cuando se piensa en un hongo lo más probable es hacerlo en términos culinarios o en relación a la capacidad de estos de medrar entre la materia orgánica en descomposición. Ahora, no obstante, la nueva investigación dirigida Shuhai Xiao, profesor de geociencias de la Facultad de Ciencias de Virginia Tech College, y Tian Gan, adjunto en su laboratorio, acaba de destacar uno de los papeles más importantes que pudieron haber desempeñado los hongos a lo largo de la historia de nuestro planeta: ayudar a la Tierra a recuperarse de una Edad de Hielo.

El fósil en cuestión fue encontrado en unas pequeñas cavidades dentro la sección más profunda de un yacimiento de rocas de dolomías sedimentarias bien estudiadas de la Formación Doushantuo, en el sur de China. Aunque la Formación Doushantuo ha proporcionado una plétora de fósiles hasta la fecha, los investigadores no esperaban encontrar ningún fósil en la base inferior de las dolomías, sin embargo, es aquí donde, contra todo pronóstico, Gan encontró unos pequeños fósiles de aspecto filamentoso, una de las características clave de los hongos.

“Fue un descubrimiento accidental”, explica Gan. “En ese momento, nos dimos cuenta de que este podría ser el fósil que los científicos han estado buscando durante mucho tiempo. Si nuestra interpretación es correcta, este descubrimiento resultará muy útil para comprender el cambio paleoclimático y la evolución temprana de la vida”, añade.

El comienzo de la vida terrestre en un planeta helado

El descubrimiento podría resultar clave para comprender múltiples puntos de inflexión a lo largo de la historia de la Tierra entre los que se encuentran el período Ediacárico y la terrestralización de los hongos. Cuando comenzó el período ediacárico, el cual se desarrolló entre hace 635 y 542 millones de años aproximadamente, nuestro planeta se encontraba recuperándose de una catastrófica edad de hielo, también conocida como la “Tierra bola de nieve”.

La Tierra bola de nieve es una hipótesis climática que sostiene que nuestro planeta se vio inmerso en una glaciación global en la que las temperaturas medias oscilaron sobre los -50ºC, lo que produjo que tantos los océanos como los continentes quedarán cubiertos por una gruesa capa de hielo. Se calcula que en ese momento, las superficies del océano estaban congeladas a una profundidad de más de un kilómetro; un ambiente increíblemente duro para prácticamente cualquier organismo vivo excepto para algunas formas de vida microscópica que lograron prosperar.

Los científicos se han preguntado durante mucho tiempo cómo la vida volvió a la normalidad y cómo la biosfera pudo evolucionar a partir de este momento para tornarse más compleja que nunca.

Con este nuevo fósil en la mano, Tian y Xiao están seguros de que estos habitantes de las cavernas microscópicas y de bajo perfil desempeñaron numerosos papeles en el reacondicionamiento del medio ambiente terrestre del periodo Ediacárico. Una de las claves de esta afirmación se basa en en su formidable sistema digestivo. Los hongos tienen un sistema digestivo bastante singular que juega un papel enorme en el ciclo de los nutrientes. Así, mediante el uso de enzimas secretadas al medio ambiente, los hongos terrestres pueden descomponer químicamente las rocas y otra materia orgánica resistente que posteriormente puede reciclarse y exportarse al océano.

“Los hongos tienen una relación mutualista con las raíces de las plantas, lo que les ayuda a movilizar minerales como el fósforo" comenta Gan. "Pero más allá de su conexión con las plantas terrestres y los importantes ciclos nutricionales, los hongos terrestres tienen una influencia determinante en la meteorización bioquímica, el ciclo biogeoquímico global y las interacciones ecológicas”.

Aunque los hongos pudieron haber surgido entre hace unos 2400 y 900 millones de años, y pese a que la evidencia anterior indicaba que las plantas terrestres y los hongos formaron una relación simbiótica hace unos 400, este nuevo descubrimiento retrasa el momento en la línea temporal en que estos dos reinos colonizaron la tierra. “Antes la pregunta solía ser: ¿había hongos en el ámbito terrestre antes del surgimiento de las plantas terrestres?”, continua Xiao. “Nuestro estudio sugiere que sí. Este fósil parecido a un hongo es 240 millones de años más antiguo que el registro anterior. Este es, hasta ahora, el registro más antiguo de hongos terrestres”, afirma.

Ingenieros microscópicos

Xiao está encantado de abordar los aspectos ambientales de estos microorganismos. Hace sesenta años, pocos creían que los microorganismos, como las bacterias y los hongos, pudieran conservarse como fósiles. Ahora que el investigador los ha visto con sus propios ojos, planea aprender más sobre cómo han estado prácticamente congelados en el tiempo.

Con este mero descubrimiento, han surgido nuevas preguntas, y dado que los filamentos fosilizados iban acompañados de otros fósiles, Gan se ha propuesto explorar sus relaciones pasadas. “Uno de mis objetivos es limitar las afinidades filogenéticas de estos otros tipos de fósiles asociados con los fósiles de hongos”, afirma.

“Siempre es importante comprender los organismos en el contexto ambiental”, declara Xaio al respecto. “Tenemos una idea general de como estos microorganismos vivían en pequeñas cavidades de rocas dolomías. Pero se sabe poco sobre cómo vivieron exactamente y cómo se conservaron. ¿Cómo pueden haber quedado conservados en el registro fósil unos organismos parecidos a los hongos que carecen de huesos o conchas?”.

Xiao se refiere a estos explícitamente como organismos parecidos a los hongos ya que no se puede afirmar con certeza que el fósil sea tal, y aunque hay una gran cantidad de evidencia que respalde que se trata de hongos, la investigación sobre estos extraños microfósiles sigue en curso, por lo que habrá que esperar a que esta termine para revelar con total seguridad su naturaleza fúngica. “Por el momento afirmamos que puede tratarse de hongos porque es la mejor interpretación de los datos que tenemos en este momento”, concluye Xiao dejando la puerta abierta a toda posibilidad.

30 enero 2021

(Tomado de National Geographic)