Los oscuros orígenes del virus (II y última)

Estados Unidos es el país que ha invertido más fondos y recursos en investigación de armas biológicas, siempre bajo el título de biodefensa. Incluye la manipulación genética –u otros medios– de virus y bacterias para hacerlos más infecciosos a seres humanos, supuestamente en busca de vacunas o antídotos contra ellos. El laboratorio de Ralph Baric, uno de los más activos investigadores en esta área, por lo que recibe fondos gubernamentales desde hace dos décadas, es llamado por sus pares "salvaje oeste". Varios de sus experimentos con virus de gripe aviar y coronavirus SARS han sido para aumentar infectividad en humanos a través de las vías respiratorias. Es una de las razones que motivaron protestas de cientos de científicos, lo que en 2014 llevó a una suspensión de fondos para este tipo de investigación (Ver artículo de N. Baker, enero 2021, https://tinyurl.com/yxkj2j35).

Baric se enfocó entonces en la colaboración con la doctora Shi Zhengli del Instituto de Virología de Wuhan, China, en proyectos cofinanciados por los Institutos Nacionales de Salud y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés), entre otros, para aumentar la infectividad de virus de murciélagos en vías respiratorias humanas. Incluso de un coronavirus (RaTG13 o BTCoV-4991) que se considera el ancestro conocido más próximo genéticamente al SARS-2 que causó la pandemia Covid-19.

Los fondos fueron canalizados a Wuhan a través de la ONG EcoHealth Alliance, con base en Estados Unidos y presidida por Peter Daszak, zoólogo que ha convertido lo que llama la "lucha contra los virus", en una guerra casi religiosa. Al igual que Baric, se sumó a la colaboración con la investigación del laboratorio de Wuhan para "optimizar" la infectividad de virus de SARS.

La doctora Shi Zhengli es una experta en virus de murciélago reconocida internacionalmente. Su laboratorio es el único en China que cuenta con la clasificación de bioseguridad nivel 4, el más alto. Por ello se hacen allí este tipo de experimentos de alto riesgo. Cuenta con esa clasificación desde 2018, pero la recolección del virus RaTG13, se hizo en 2012 y 2013, en una mina de la provincia de Yunnan y en un hospital donde mineros afectados sufrieron –y algunos murieron– por una enfermedad que podría ser hoy vista como Covid-19 (https://tinyurl.com/yx8znl8m).

Baker pregunta ¿cuántas chances hay de que el inicio de la pandemia se identificara en la ciudad que tiene el único laboratorio de bioseguridad 4 en China, donde Estados Unidos y China estaban realizando experimentos con el virus conocido más cercano al SARS-2 y que esto no esté relacionado? (https://tinyurl.com/yxkj2j35).

Cuando varios científicos y científicas empezaron a hacer preguntas sobre esta posibilidad, se encontraron con una muralla de silencio de varias capas. Una del gobierno de China, que detuvo y clasificó cualquier investigación al respecto. Otra de parte de una veintena de científicos que ya en febrero 2020 y antes de que se iniciara cualquier investigación, publicaron una declaración en la revista The Lancet, afirmando que el origen del virus era "natural" y que la posibilidad de una manipulación de laboratorio debía ser descartada.

Más tarde, la organización US Right To Know reveló (analizando correos electrónicos obtenidos por acceso a la información pública), que esa declaración fue escrita y orquestada por Peter Daszak, actor clave del proyecto de manipulación del SARS-2 (https://tinyurl.com/y5y9roh5). Cuando más tarde en 2020 los fondos para este proyecto en Wuhan fueron suspendidos por un breve lapso, Daszak presentó el hecho a los medios como "un ataque a la ciencia", lo cual era fácil de creer por ser la administración Trump. Daszak nunca aclaró que cientos de científicos serios y responsables en su país pedían desde mucho antes terminar este tipo de investigación.

A partir de muchas interrogantes sin respuesta, a finales de 2020, la OMS y The Lancet, –separadamente– formaron comisiones de investigación sobre el origen del virus, lo cual parece una iniciativa sensata. Lamentablemente, Peter Daszak logró integrar ambas comisiones, incluso presidir la de The Lancet, lo cual es una locura, ya que Daszak es uno de los actores principales que debe ser investigado.

Haya sido o no un escape de laboratorio, está claro que los riesgos de este tipo de investigación son inaceptables, no están justificados en ningún caso y deben ser prohibidos en todo el mundo. Los accidentes en laboratorios de alto nivel de bioseguridad suceden mucho a más a menudo de lo que imaginamos. Desde una mordida de ratón a un pinchazo de aguja accidental o la cantidad de investigadores que tienen acceso, pero no capacitación suficiente, los riesgos son múltiples (https://tinyurl.com/yyxcxjco).

Otras hipótesis que señalan el origen y difusión del SARS-2 –y otras enfermedades zoonóticas y pandémicas, como gripe aviar y porcina– a las interacciones del sistema alimentario y agropecuario industrial, la destrucción de la biodiversidad, aumento de transportes por tratados de libre comercio, deficientes sistemas de salud y falta de acceso a agua y alimentación sana, no son opuestas. Son complementarias y en cualquier caso amplifican los impactos. Pese a enormes inversiones públicas en riesgosas aventuras corporativas como vacunas génicas, las causas de la pandemia siguen intactas, gestando las próximas.

*Investigadora del Grupo ETC

El negocio de los mares: un puñado de empresas explotan todos los recursos ante la escasa regulación internacional

Un estudio reciente de la revista 'Science' alerta de cómo muy pocas empresas concentran cada vez más poder en los océanos y cómo la debilidad de las regulaciones, nacionales e internacionales, fomenta la sobreexplotación de los ecosistemas marinos.

 

Las aguas del planeta Tierra son cada vez más opacas. En las últimas décadas, el uso comercial de los océanos ha ido creciendo, convirtiendo los mares en recipientes industrializados donde el extractivismo se impone a la biodiversidad. Las lógicas de explotación guardan una coherencia con las economías terrestres, ya que la mayor parte de la economía marina global se concentra tan solo en cien empresas transnacionales, de las que diez controlan el 45% de la riqueza proporcionada por los ecosistemas oceánicos. Así lo evidencia una investigación recién publicada por la revista Science, que resalta cómo la falta de controles internacionales sobre los océanos han favorecido el desarrollo de actividades contaminantes y con un gran impacto ambiental.

"Ver al océano como un motor para el crecimiento económico futuro puede entrar en conflicto con las dimensiones sociales y ambientales de los objetivos para el uso sostenible de los océanos acordados a lo largo de décadas en compromisos y tratados internacionales", sostiene la investigación, que alerta de que las industrias oceánicas podrían echar por tierra el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y agravar las consecuencias de la crisis climática.

De hecho, nueve de las diez principales empresas que más beneficios obtienen de la explotación oceánica se dedican a la extracción de petróleo y gas de yacimientos marinos. Saudi Aramco, Petrobras, National Iranian Oil Company, Pemex, Exxon Mobil, Royal Dutch Shell, Equinor, Total y BP encabezan un ranking en el que todas las actividades relacionadas con los combustibles fósiles marinos representan el 65% de los beneficios globales que da el mar. En ese top 10, sólo hay una compañía, AP Moller-Maersk, que no se dedica a la extracción de recursos fósiles y sus ganancias se deben al transporte de mercancías.

A los combustibles fósiles le siguen el transporte marítimo, que genera el 12% del total de la economía marina; la construcción naval, responsable del 8 % de los beneficios; la construcción de plataformas marítimas, con el 5%; la industria del marisco, que da el 4% de las ganancias globales; el turismo de cruceros, responsable del 3%; y las actividades portuarias, que acumulan el 2% de las ganancias de la economía oceánica. No se incluyen en el análisis realizado por Science nuevas prácticas económicas relacionadas con la transición ecológica, como la implantación de plantas de energía renovable, así como otras actividades económicas como la búsqueda de patentes genéticas para la industria farmacéutica.

Pilar Marcos, bióloga y responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace, explica a Público que los datos de esta investigación científica certifican que la industria del petróleo no sólo se resiste a morir, sino que ha encontrado una forma de seguir siendo una fuente de riqueza, pese a los impactos que tiene la extracción y la quema de estos combustibles. "Los propios tratados internacionales, como el Acuerdo de París, nos dicen que no podemos extraer ni una gota más de petróleo o gas si queremos frenar el cambio climático", apunta la experta, quien señala como la falta de normativas internacionales que regulen la explotación de los mares da facilidad a que estas prácticas se sigan perpetuando.

Esa misma visión es recogida también por los investigadores de Science. Los autores indican que "los altos niveles de concentración en la economía oceánica" en "un pequeño puñado de empresas transnacionales" suponen un riesgo "evidente", si se tiene en cuenta que la ausencia de tratados internacionales sobre el mar les permite actuar como grupos de presión sobre los gobiernos en los que se asientan sus sedes, de tal forma que las regulaciones de sobre las aguas nacionales quedan, en cierta medida a su antojo. "Tal concentración ha contribuido a los desequilibrios en el poder político y, en algunos casos, al acaparamiento de océanos, donde los recursos caracterizados como bienes públicos son capturados por unos pocos", señala.

Y es que, mientras que el Acuerdo de París trata de obligar a los países firmantes a reducir la quema de combustibles fósiles, en los mares, tanto en aguas nacionales como internacionales, no existen tratados internacionales consensuados que asienten unos mínimos sobre la explotación. "Todo depende de la voluntad de los países y hay muchas potencias a las que no les interesa firmar los tratados o cumplirlos", expone Ricardo Aguilar, coordinador de Expediciones de la organización Oceana

El Ártico, ejemplo de desprotección

El Ártico es, quizá, el mejor ejemplo de esa laxitud normativa en torno a la regulación de la economía marina. En 2018, Rusia, China y Noruega vetaron la decisión de la Comisión Oceánica del Ártico para elevar la protección del ecosistema y evitar la proliferación de exploraciones petrolíferas y de gas. "Es una tragedia y un círculo vicioso, porque un tercio de las reservas fósiles se encuentran bajo el hielo de esta zona y, como el cambio climático está provocando el deshielo, cada vez hay más empresas y naciones con sus ojos puestos en la zona, en busca de nuevos yacimientos", denuncia Marcos.

El periodista Neil Shea es testigo de las consecuencias que esta falta de regulación está teniendo en la zona. Tanto es así que en 2019 documentó en un reportaje para National Geographiccómo este ecosistema se está convirtiendo en un escenario de "guerra fría" donde las naciones han desplegado ya ejércitos para controlar un territorio que, con el deshielo, descubrirá nuevos yacimientos.

"El problema del Ártico no tiene tanto que ver con la regulación internacional como con los acuerdos que alcancen los países que tienen territorio allí. Al final es una zona que está bien troceada y que, según se va produciendo el deshielo, aparecen lugares nuevos para explotar. Precisamente, estas nuevas actividades van a favorecer que ese deshielo se acelere", advierte Aguilar. "En el caso de que hubiera acuerdos internacionales sobre este problema, al final todo dependería de que los Gobiernos tuvieran voluntad. Es como cuando le decimos a Brasil que no puede arrasar la Amazonia, son sus tierras y puede hacer lo que quiera. Lo único que se puede hacer en estos casos es que los países pongan sanciones".

Mecanismos de protección

Dada a concentración de poderes y la ausencia de organismos que regulen con firmeza las actividades que se desarrollan en los océanos, Science ve en las "finanzas azules" una fuente capaz de frenar la sobreexplotación de los mares. "Los bancos, en particular, pueden promover la sostenibilidad dada su capacidad para vigilar a las empresas y adaptar los términos de los préstamos. Incorporando criterios de sostenibilidad en los convenios de préstamos y obligando a las empresas a revelar información no financiera, evaluaciones de riesgo ambiental, reducción de las emisiones de CO2, establecimiento de objetivos basados ​​en la ciencia, etc., los bancos podrían incentivar el uso responsable del océano y acelerar la transformación hacia mejores prácticas", apunta la investigación.

Aguilar señala también a las grandes compañías aseguradoras como elementos capaces de frenar el desarrollo de una economía intensiva en los mares. "Por ejemplo, nosotros estamos trabajando en un acuerdo para que estas empresas no aseguren los negocios relacionados con pesca ilegal en aguas internacionales", expone el experto. Sin embargo, los investigadores de Science advierten que las herramientas financieras son sólo un elemento importante, pero una solución: "No se puede ni se debe esperar que los esfuerzos corporativos voluntarios para operar de manera sostenible sustituyan a las políticas públicas".

"Los gobiernos tienen un papel crucial que desempeñar no sólo en proporcionar un contexto regulatorio que proteja los valores ecológicos y sociales ajenos al mercado, sino también en la creación de incentivos para la innovación rápida en la estrategia y práctica empresarial hacia la administración corporativa y codificar los marcos legales y regulatorios en consecuencia", zanja la investigación.

madrid

28/01/2021 23:32

Por alejandro tena

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Tres cuartas partes de los animales estudiados están en extinción.Foto OneOceanDiving.Com/Afp

Inquietante declive de peces martillo y mantas; especialistas llaman a acotar explotación marina

 

Tokio. El exceso de pesca mundial ha provocado la desaparición de más de 70 por ciento de ejemplares de algunas especies de tiburones y rayas, un enorme agujero en la vida de los océanos de consecuencias desconocidas, advirtió un informe.

El declive de especies como el tiburón martillo o la mantarraya es inquietante. Otros, como el tiburón oceánico, están al borde de la extinción. Los pescadores los buscan por sus aletas, muy apreciadas culinariamente. En 60 años su población ha caído 98 por ciento.

“Es un declive peor que el de la mayoría de grandes mamíferos terrestres, y parecido o igual al de la ballena azul’, explicó a Afp el profesor Nick Dulvy, del Departamento de Ciencias Biológicas de la universidad canadiense Simon Fraser.

Su equipo ha recogido y analizado datos hasta poder elaborar un retrato fiable de 31 especies de tiburones y rayas.

Tres cuartas partes están en peligro de extinción.

Sabíamos que la situación era mala en numerosos lugares, pero eso provenía de varios estudios e informes, era difícil hacerse una idea de la situación global, afirmó a Afp el científico Nathan Pacoureau, quien confirmó el estudio publicado en Nature.

Ponemos al descubierto (...) un creciente riesgo de extinción para grandes especies en los hábitats más grandes y más aislados del planeta que a menudo pensamos están protegidos de la influencia humana, señaló a la agencia Afp Pacoureau, de la misma universidad canadiense.

Los datos revelan un enorme y creciente agujero en la vida oceánica, denuncian los expertos, quienes apremian a acotar el exceso de pesca.

Para las 18 especies de las que se dispone de más datos, los investigadores calculan que sus respectivas poblaciones han caído más de 70 por ciento desde 1970.

Los resultados han sorprendido a los expertos, asegura Pacoureau.

Actividad indiscriminada

Además del tiburón oceánico, los martillos comunes y el gigante han llegado a una situación crítica, pues su población ha bajado más de 80 por ciento.

Los tiburones y las rayas son especies particularmente vulnerables porque crecen lentamente y se reproducen poco.

Según el estudio, en 50 años se ha duplicado el uso de palangres y de redes de cerca, que capturan la vida marina sin discriminación.

En tanto, los organismos regionales que reglamentan las empresas pesqueras internacionales no han inscrito la protección de los tiburones y mantarrayas como una prioridad, dijo Pacoureau. Aplicar reglas de protección funciona, y un ejemplo está en el gran tiburón blanco, especie legendaria que ha vuelto a las aguas americanas, asegura este experto.

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Recreación de la llegada de uno de los primeros pobladores al continente americano, acompañados por un can.Foto Ettore Mazza

Las primeras personas que cruzaron a América venían en compañía de esos animales, revela estudio

 

Las primeras personas que cruzaron hacia América hace más de 15 mil años, provenientes del noreste de Asia, llegaron acompañadas de sus perros.

Un equipo internacional de investigadores, dirigido por la arqueóloga Angela Perri, de la Universidad de Durham, examinó los registros arqueológicos y genéticos de pobladores y perros antiguos.

Los expertos explican que este descubrimiento sugiere que la domesticación de perros probablemente tuvo lugar en Siberia en la época anterior a hace 23 mil años. Las personas y sus perros finalmente viajaron con dirección al oeste hacia el resto de Eurasia y rumbo al este hacia América.

Los hallazgos se publican en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

América fue una de las últimas regiones del mundo en ser pobladas por personas. Para entonces, los perros habían sido domesticados de sus antepasados lobos y probablemente desempeñaban una variedad de roles dentro de las sociedades humanas.

Angela Perri, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Durham, dijo: “Cuándo y dónde son preguntas que han surgido en la investigación sobre la domesticación de perros, pero aquí también exploramos el cómo y el por qué, que a menudo se han pasado por alto.

La domesticación de perros que ocurre en Siberia responde a muchas preguntas que siempre hemos tenido sobre los orígenes de la relación entre humanos y canes. Al juntar las piezas del rompecabezas de la arqueología, la genética y el tiempo, vemos una imagen mucho más clara de que los perros fueron domesticados en Siberia y luego se dispersaron desde allí hacia América y el mundo.

 

No fueron domesticados en el continente americano

 

El genetista y coautor Laurent Frantz (Universidad Ludwig Maximilian de Múnich) agregó: “Lo único que sabíamos con certeza es que la domesticación de perros no tuvo lugar en América.

Por las firmas genéticas de los perros antiguos, ahora sabemos que deben haber estado presentes en algún lugar de Siberia antes de que la gente emigrara a América.

El coautor, el profesor Greger Larson, de la Universidad de Oxford, aseveró: “Los investigadores han sugerido previamente que los perros fueron domesticados en Eurasia, desde Europa hasta China, y muchos lugares intermedios.

La evidencia combinada de humanos y canes antiguos ayuda a refinar nuestra comprensión de la historia profunda de los perros, y ahora apunta a Siberia y el noreste de Asia como la probable región donde se inició la domesticación de este animal.

Durante el Último Máximo Glacial (de alrededor de 23 mil a 19 mil años atrás) Beringia (el área terrestre y marítima entre Canadá y Rusia) y la mayor parte de Siberia fueron extremadamente frías, secas y en gran parte sin glaciar.

Las duras condiciones climáticas que condujeron a este periodo y durante el mismo pueden haber servido para acercar a las poblaciones de humanos y lobos, dada su atracción por la misma presa.

Esta interacción cada vez mayor, mediante la búsqueda mutua de las matanzas de los lobos atraídos a los campamentos humanos, puede haber comenzado una relación entre las especies que eventualmente condujo a la domesticación del perro y un papel vital en la población de América.

Como señala el coautor, el arqueólogo David Meltzer, de la Universidad Metodista del Surm, en Texas, “hace tiempo sabemos que los primeros americanos debieron poseer habilidades de caza bien perfeccionadas, el conocimiento geológico para encontrar piedra y otros materiales necesarios y estar listos para nuevos desafíos.

Los perros que los acompañaron cuando entraron en este mundo completamente nuevo pueden haber sido parte de su repertorio cultural, tanto como las herramientas de piedra que llevaban.

Desde su domesticación de los lobos, los perros han desempeñado una amplia variedad de roles en las sociedades humanas, muchas de las cuales están vinculadas a la historia de las culturas de todo el mundo.

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Líderes indígenas demandan a Bolsonaro ante La Haya por "crímenes contra la humanidad"

Los asesinatos, los traslados forzosos de pueblos locales y la persecución de los indígenas constituyen "crímenes de lesa humanidad", aseguran los demandantes.

 

Dos importantes líderes indígenas brasileños han pedido a la Corte Penal Internacional en La Haya (CPI) que investigue por "crímenes contra la humanidad" al presidente de país, Jair Bolsonaro, al que responsabilizan de los daños ambientales, asesinatos y persecución que se registran en la Amazonia.

Raoni Metuktire, símbolo de la lucha por los derechos indígenas y la preservación de la Amazonia, y Almir Narayamoga Surui, otro emblemático jefe indígena, presentaron este viernes la demanda ante el organismo. 

En su denuncia, de la que se hizo eco este sábado el diario francés Le Monde, los dos líderes nativos alegan que desde que Bolsonaro asumió la presidencia en enero de 2019 "la destrucción de la selva amazónica se ha acelerado sin medida".

En particular, destacan que la deforestación se ha disparado "en un 34,5 % en un año, el asesinato de líderes indígenas está en su punto más alto en 11 años y las agencias ambientales han colapsado o han hecho frente a amenazas", recoge AFP

"Peligro directo para toda la humanidad"

"Esta situación, la más dramática de los últimos 10 años, es resultado directo de las políticas de Jair Bolsonaro", quien quiere "levantar todas las barreras para saquear las riquezas de la Amazonia", sostienen los demandantes, que consideran que los asesinatos, los traslados forzosos de pueblos locales y la persecución de los indígenas constituyen "crímenes de lesa humanidad".

La destrucción de la selva amazónica es un "peligro directo", no solo para los brasileños, "sino para toda la humanidad", alertan los líderes indígenas.

El Gobierno de Bolsonaro ha propuesto una legislación que relajaría las restricciones en las regiones amazónicas para la minería comercial, la extracción de petróleo y gas y la agricultura a gran escala.

La demanda, de unas 50 páginas, es la segunda presentada contra el mandatario brasileño ante este organismo desde el pasado mes de julio, cuando el personal sanitario de Brasil pidió al tribunal una investigación contra Bolsonaro por "crímenes contra la humanidad" por su gestión de la pandemia del coronavirus.

Publicado: 23 ene 2021 22:27 GMT

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Filosofía, historia y emancipación humana. 200 años de Friedrich Engels

Friedrich Engels (1820-1895), filósofo, historiador, sociólogo y politólogo, colaborador conspicuo de Karl Marx, es sin duda una de las mentes más brillantes en la historia de Occidente, cuya obra tuvo, y tiene, una enorme trascendencia en la comprensión de la civilización humana. “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” (1876), prefacio a "Tres formas fundamentales de esclavización", es motivo de análisis en este ensayo que bien sirve para conmemorar los doscientos años de su nacimiento.

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“El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” (1876) era parte de la Introducción a un escrito llamado Tres formas fundamentales de esclavización. Estas serían las experimentadas en la historia humana: 1) las imposiciones de la naturaleza sobre el ser humano; 2) las de seres humanos sobre otros seres humanos, y 3) las del ser humano sobre la naturaleza. En las tres, el metabolismo dialéctico naturaleza-humano-naturaleza no ha sido armonizado por las sociedades humanas, sino que se ha desenvuelto con antagonismos, pero se vislumbra la posibilidad de superarlas debido a las condiciones objetivas y subjetivas desarrolladas dentro de la sociedad capitalista: 1) con el desarrollo de la ciencia-técnica humana manifestada en el trabajo automatizado, y 2) con el desarrollo de la organización y la conciencia de los trabajadores. Ambos son producto histórico de la praxis humana, corazón del proceso de trabajo, por lo que, en dicho régimen capitalista, se posibilita un proceso de verdadera emancipación, si y sólo sí el metabolismo se encamina a su armonización, poniendo bajo control colectivo humano, y no del capital que conjunta y exacerba las esclavizaciones, su propio proceso de trabajo desplegado como ciencia-técnica y como organización-conciencia ecológica social, o bien como órganos sociales de la producción de la vida y de la voluntad humanas (K. Marx).

En su texto de 1876, a Engels le interesa esbozar los pasos que va dando el ser humano en la dialéctica del trabajo, que va abriendo necesidades y capacidades nuevas y relativamente progresivas, desde la hominización (transformación del simio en homo, pasando por los homínidos), sapientización (transformación del homo en homo sapiens) y en la humanización, que potencialmente culminaría en la revolución y la sociedad comunista (hacia lo plenamente humano u homo plenus).

Cabe aclarar que su concepto de proceso de trabajo implica un proceso multidimensional, no sólo meramente instrumental y laborante (homo faber, homo laborans), sino incluyendo lo productivo, reproductivo, social, medioambiental, político, lúdico, simbólico y cultural (homo politicus, homo ecologicus, homo ludens, homo demens, homo loquax).

Para Engels, de lo que se trata con ello es de aprender las lecciones y comprender los errores antiecológicos-antisociales de las praxis humanas poco conscientes o no planeadas suficientemente. Su finalidad será ejercer el trabajo, la técnica, la producción, las relaciones sociales y, en general, todos los actos humanos, conforme a su naturaleza no animalesca, es decir conforme a las cualidades humanas formadas, desplegadas en el surgimiento del género homo y propiamente en la especie sapiens, con el propósito de no seguir cayendo en efectos contraproducentes sino superarlos en la emancipación y realización de la vida humana futura.

Los pasos decisivos del despliegue histórico práxico

 Veamos la argumentación de Engels; primero las premisas y luego, de manera secuencial, los ocho pasos decisivos de la precesualidad histórica:

  1. Para Engels, la naturaleza es la proveedora de los materiales que el trabajo humano convierte en riqueza y el trabajo humano es “la condición básica y fundamental de toda la vida humana” a tal grado que, dice, “hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio humano”. Aquí señala que Charles Darwin (The Descent of Man, 1871) dio una descripción aproximada de una raza de monos antropomorfos extraordinariamente desarrollada, que residió en algún lugar de la zona tropical, vivía en los árboles y formaba manadas.
  2. Este mono, al caminar por el suelo, “se fue acostumbrando a prescindir de las manos” y entonces empezaron a adoptar más y más una posición erecta. Primero fue una norma y luego una necesidad, por lo que en aquel entonces las manos tenían que ejecutar funciones cada vez más variadas, desarrollándose la división de funciones entre pies y manos. Así, Engels describe las tareas más numerosas de las manos: recoger y sostener alimentos, construir nidos y tejadillos en los árboles, asir garrotes, aventar frutos y piedras y realizar operaciones sencillas, semejantes a las que realizan los monos. Sin embargo, dice Engels, la mano de cualquier mono es incapaz de ejecutar los cientos de operaciones que realiza la mano humana como tal, “perfeccionada por el trabajo durante centenares de miles de años”. Y ejemplifica: “Ni una sola mano simiesca ha construido jamás un cuchillo de piedra por tosco que fuese.” Traduciéndolo a los conocimientos actuales, los primates superiores antropomorfos no desarrollaron jamás ninguna industria lítica o modo técnico. La explicación que proporciona Engels es que hubo un proceso evolutivo de operaciones sencillas a operaciones complejas y consistió en que “nuestros antepasados fueron adaptando poco a poco sus manos durante muchos miles de años de transición”.
  3. La mano se hizo libre ya que pudo adquirir cada vez más habilidad, destreza y flexibilidad, que se “transmitía por herencia y se acrecía de generación en generación”. La mano liberada y perfeccionada (anatómica y fisiológicamente) se convirtió en “el [primer] órgano del trabajo” y fue producto o resultado de éste mediante cada vez más aplicaciones a funciones nuevas y cada vez más complejas. Con ello, lo que beneficiaba a la mano beneficiaba correlaciones de formas (Darwin dixit) a todo el cuerpo y organismo, en dos aspectos: el interno, digamos en la columna vertebral-cráneo-cerebro (foramen magnum), visión, pelvis-húmero, termorregulación, ajuste de órganos, posición del pie y modo de caminar, etcétera, y el externo, repercusiones sociales de unos sujetos sobre otros, así como sobre el conjunto: ayuda/actividad mutua y reforzamiento de lazos; progreso sobre el dominio sobre la naturaleza, ya que el trabajo iba ampliando horizontes, haciéndole descubrir en los objetos nuevas propiedades desconocidas.
  4. La necesidad de mayor comunicación verbal, transmitiéndose información psicoafectiva, relacional, ecológica y técnica significativa y cada vez más precisa de los unos a los otros. Modulaciones y articulaciones del sonido, teniendo un papel central la laringe y demás órganos anatómicos del aparato fonador. Respecto a esto, nos señala la máxima de J.B. Lamarck: “la necesidad hizo al órgano”. La laringe y los órganos vocales formados dialécticamente resultaron ser apropiados para el lenguaje articulado; así, la explicación de su origen sólo es posible “a partir del proceso de trabajo y con el proceso de trabajo” (en las inter-acciones que provoca, retroalimenta y va enriqueciendo).

De esta forma, la conexión del trabajo con el lenguaje estimuló el desarrollo del cerebro humano (y todo el sistema nervioso) e igualmente “los instrumentos más inmediatos” de éste: los órganos de los sentidos (vista, olfato, gusto, oído y tacto). Con del desarrollo interactivo y mutuo de ambos se fue generando a) mayor claridad de conciencia, b) mayor capacidad de abstracción y c) mayor grado de discernimiento, formando con ello una doble recursividad dialéctica de mutuas influencias entre, por una parte 1) el trabajo y el lenguaje y, por otra, 2) entre el cerebro y los sentidos.

  1. Este circuito dialéctico conforma el primer avance de lo que Engels denomina la sociedad humana, que desde esta base (trabajo-socialidad-lenguaje-conciencia-sentidos) se expresa en su desarrollo multidireccional y diverso en distintos pueblos, con adelantos y retrocesos en esta procesualidad que hoy llamaríamos desarrollo sociocultural en general (destacando el logro del desarrollo civilizacional).
  2. A partir de aquí, haciendo uso de a) su mayor inteligencia y b) su mayor capacidad de adaptación (o, mejor, de adaptabilidad), en las diversas zonas de alimentación, los sapiens ampliaron el rango de plantas comestibles, con lo que lograron una alimentación con mayor variedad de nuevas sustancias nutricionales, con lo cual “creaban las condiciones químicas”, fisiológicas y corporales para constituir una “dieta propiamente humana”, cuyas bases serían 1) despliegue en la elaboración de instrumentos de trabajo (que a la vez fueron utilizados como armas) para hacerse de nuevos alimentos, 2) creación de herramientas para la pesca y la caza, con lo que se posibilitó 3) el tránsito de la alimentación propiamente vegetal a la alimentación mixta (vegetal-animal), 4) el consumo de carne, que ofreció ingredientes esenciales para el mejor desempeño de las funciones de su organismo, especialmente en la potenciación funcional y el crecimiento de su cerebro; y también 5) trajo dos nuevos avances decisivos: el uso del fuego, que redujo el proceso de digestión, y la domesticación de animales, que multiplicó la reserva de carne y de leche para obtenerlas de manera más regular, así como 6) el combinar la carne con la dieta vegetal (bases del omnivorismo) contribuyó poderosamente –dice Engels– a dar fuerza física y mental al humano al brindarle –en vías de consolidación– su (relativa) “independencia” respecto de la naturaleza.

La voluntad de dominio y sus repercusiones

  1. El sexto paso decisivo fue su extensión geoclimático-ecológica, pues por su propia iniciativa se fue expandiendo y adaptando-transformando a los diferentes climas de los continentes y ecosistemas (latitudes, alturas, temperaturas, etcétera). Ello obligó a los seres humanos a realizar nuevas actividades y a generar nuevas necesidades de abrigo, vivienda, vestimenta…, creándose nuevas esferas cada vez más complejas, diversificadas y perfeccionadas (civilizacionales) de trabajo material, cultural, semiótico, político y espiritual: ganadería, pesca, agricultura, alfarería, hilado, tejido, metales, navegación, comercio, artes y ciencias, posteriormente también el desarrollo de las naciones, el Estado y, con ello, el derecho, la política y la religión.

Estas últimas, así como el origen de la explotación del propio trabajo y en general el progreso de la civilización, son producto de la dinámica de las necesidades materiales “reflejadas en la cabeza del ser humano que así cobra conciencia de ellas”, y no se deben –como cree la concepción idealista del mundo– exclusivamente al desarrollo y a la actividad cerebral.

Se trata de la concepción materialista dialéctico-histórica de los orígenes y de desarrollo/progreso del sapiens y de sus productos sociales, políticos y culturales materiales e institucionales, con base en la complejización de proceso de trabajo y el crecimiento/diversificación de las necesidades, que fue llevando a los humanos a “plantearse y a alcanzar objetivos cada vez más elevados”. Dicha concepción, dice Engels, es diferente y crítica respecto del materialismo naturalista de la escuela darwiniana, cuyos representantes no son capaces de ver “el papel [histórico-genético] desempeñado por el proceso de trabajo”.

El signo esencialmente diferente de los humanos respecto de los animales reside en que: “Ni un solo acto planificado de ningún animal ha podido imprimir en la naturaleza ‘el sello de su voluntad’. Sólo el humano ha podido hacerlo”. Las acciones de los humanos sobre la naturaleza imprimen, material y espiritualmente, sus diversas y crecientes necesidades y fines, y sus efectos son escalares: ecológicos, geológicos, energéticos y mentales. Los animales utilizan la naturaleza exterior y la modifican por el mero hecho de su presencia en ella. El humano, en cambio, transforma la naturaleza y la obliga así a servirle (servicio no forzosamente utilitario), la domina (no necesariamente utilitariamente) por efecto del proceso de trabajo.

Sin embargo, Engels plantea que, si dicho dominio se toma como si se tratara de “victorias” sobre la naturaleza, en las repercusiones imprevistas o negativas que se manifiestan –no necesariamente de manera inmediata sino en segunda o tercera instancia, después de lo que se obtuvo con previsión o en primera instancia– “la naturaleza toma venganza”. Por lo tanto, esos hechos nos recuerdan que “nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado”, pues “nosotros como humanos estamos en su seno y pertenecemos a la naturaleza”. Por consiguiente, “todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y aplicarlas adecuadamente”.

  1. Para F. Engels existe un gran avance científico, principalmente de las Ciencias Naturales de la segunda mitad del siglo XIX, del conocimiento y comprensión de las leyes de la naturaleza. Por eso se ha dado un importante paso para conocer tanto los efectos inmediatos como los no inmediatos de “nuestra intromisión en el curso natural de desarrollo”. El meollo para Engels es que dichos avances científicos (y técnicos) posibilitan la prevención y el control cada vez mejor de las repercusiones no inmediatas a prever y, por lo tanto, permiten controlar cada vez mejor las “remotas consecuencias naturales de nuestros actos en la producción”. De esta manera, cuanto más sea esto una realidad, los hombres no sólo sentirán de nuevo y en creciente grado su unidad con la naturaleza, sino que la comprenderán más (y lo mismo su propia naturaleza, construida también en el trabajo y con su trabajo); por ende, “más inconcebible será esa idea absurda y antinatural de la antítesis entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza y el alma y el cuerpo”.

Para dejar clara su perspectiva unitaria de superación de las antítesis, Engels plantea que igualmente se trata de prever no sólo las indirectas y remotas consecuencias del dominio y de la producción humana sobre la naturaleza exterior, sino las repercusiones sociales de esas mismas acciones. Para lograr cabalmente todo ello es fundamental: a) el conocimiento, control y dominio de las consecuencias directas e inmediatas a nivel natural y social de la producción, y b) el conocimiento, control y dominio de las consecuencias indirectas y remotas a nivel natural y social de la producción humana.

  1. Se trataría, entonces de construir un octavo paso decisivo plenamente emancipador pues, enfatiza Engels: “hace falta una revolución que transforme por completo el modo de producción existente hasta hoy día” (el capitalismo) y, con él, el orden social productivista, inmediatista, antiecológico y antisocial vigente. Se trata, dice, de realizar una revolución que cree un nuevo orden natural-social productivo, en donde el proceso de trabajo tendrá un nuevo papel en la transformación del humano en verdadera y plenamente humano, un orden diferente a los anteriores que tenga integrado realmente en su actuar social la planificación, prevención y control de la producción (siendo una gran palanca de ayuda una ciencia-técnica crítica, liberada y emancipadora), que siga las leyes de la naturaleza y sea capaz de superar realmente sus utilitarismos y limitaciones de toda índole.
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En la imagen, los Grandes lagos laurentianos, situados entre Canadá y EU.Foto MTRI

Estudio de los 11 cuerpos de agua dulce más grandes del mundo descubre modificaciones en los ecosistemas

 

Madrid. Dieciséis años de datos de teledetección revelan que en los lagos de agua dulce más grandes de la Tierra el cambio climático influye en las tendencias de fijación de carbono.

Una investigación financiada por la NASA sobre los 11 cuerpos de agua dulce más grandes del mundo combinó observaciones de campo y satélites para proporcionar una nueva comprensión de cómo fijan el carbono e interactúan el clima cambiante y esos lugares.

Científicos del Instituto de Investigación Tecnológica de Michigan (MTRI, por sus siglas en inglés) estudiaron los cinco grandes lagos laurentianos que limitan con Estados Unidos y Canadá; los tres africanos (Tanganica, Victoria y Malawi), el Baikal en Rusia y los Great Bear y Great Slave en Canadá, los cuales contienen más de la mitad del agua dulce superficial de que dependen millones de personas e innumerables otras criaturas, lo que subraya la importancia de comprender cómo están siendo alterados por el cambio climático y otros factores.

Los dos lagos canadienses y el Tanganica experimentaron los mayores cambios en la productividad primaria: el crecimiento de algas en un cuerpo de agua. Las fluctuaciones del indicador apuntan a grandes modificaciones en los ecosistemas lacustres.

"La base de la cadena alimentaria es la productividad de las algas. Los cuerpos de agua son de tamaño oceánico y están formando equipo con fitoplancton, pequeñas algas", dijo en un comunicado Gary Fahnenstiel, de MTRI e investigador recientemente retirado. "Medimos la tasa de fijación de carbono, que es a la que las algas fotosintetizan en esos sitios. A medida que cambia significa que todo el lugar también está modificando, lo que tiene ramificaciones en toda la cadena alimentaria, desde el zooplancton hasta los peces".

Muchos factores afectan estos lagos. El cambio climático, el aumento de nutrientes (eutrofización) y las especies invasoras se combinan para modificar todo el sistema, lo que dificulta identificar causas específicas, particularmente desde el suelo con observaciones limitadas.

Pero las imágenes de satélite han facilitado la clasificación del ruido y proporcionan información sobre el tiempo y el espacio.

Michael Sayers, autor principal del estudio, utiliza la teledetección del color del océano para rastrear la dinámica del fitoplancton de agua dulce. “Hemos confiado en los activos de la NASA: el satélite Modis, que ha estado volando desde 2002, al que aplicamos el algoritmo y el modelo que hemos estado desarrollando en MTRI durante una década. Cuando comenzamos a contar la cantidad de píxeles como observaciones a nivel mundial para 11 lagos durante 16 años, es realmente notable. Los píxeles observados por lago se cuentan en millones”.

Uno de los aspectos más notables de los resultados es la rapidez con que se han producido cambios en estos lagos de agua dulce, una cantidad notable en menos de 20 años. La investigación contribuye al objetivo del Sistema de Monitoreo de Carbono de la NASA de determinar cuánto contribuyen los lagos de agua dulce al ciclo global del carbono. "Tres de los lagos más grandes del mundo están mostrando signos importantes relacionados con el cambio climático, de 20 a 25 por ciento en la productividad biológica general en tan sólo los últimos 16 años", dijo Fahnenstiel.

En los 16 años de datos, los lagos Great Bear y Great Slave pasado los mayores aumentos en la productividad, mientras el Tanganica ha experimentado disminuciones.

Las tendencias anteriores están relacionadas con el incremento de la temperatura del agua, la radiación solar y la reducción de la velocidad del viento.

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Biodesarrollo: una propuesta alternativa emergente

Nuestro objetivo como forestales es trabajar para el bienestar de los habitantes que viven en y son dependientes de los bosques, así como dejar fluir la felicidad de los bosques. No un objetivo subordinado al otro sino ambos objetivos simultáneamente como afectivo encuentro.

La biodiversidad forestal no es solo cuestión de taxonomía o de formas, también es cuestión de historias y de relaciones intersubjetivas. Es cuando la ontología relacional me dice aun cuando alguna vez bajamos de los árboles, los árboles nunca nos han abandonado y hacen posible la vida más allá del espacio y el tiempo.

Partiríamos por reconocer que el concepto de desarrollo sostenible está institucionalizado y está legitimado por la sociedad de tal manera que aparece como la gran brújula de orientación para encaminar todos los esfuerzos de bienestar que integre el individuo, la sociedad y el planeta. No obstante, las buenas intenciones, y los avances alcanzados, el concepto ha demostrado sus límites porque no ha servido para evitar la crisis planetaria en la que nos encontramos cuyas manifestaciones tienen que ver con la amplia superación de varios umbrales ecológicos y cada vez afectamos más la biocapacidad de la tierra.

El problema central del concepto de desarrollo sostenible es que, aunque ha incorporado una diversidad temática amplia, superando la esquemática e insuficiente visión de dimensiones sociales, ambientales y económicas, y tiene una concepción más compleja el tema de fondo es que no cambia el modo de producción y de consumo, un estilo de vida que es precisamente la fuente de la crisis global en la que nos encontramos.

Es por ello que sectores del pensamiento sociocrítico, tanto de la academia como de los movimientos sociales, están generando propuestas alternativas al desarrollo. Una de esas propuestas precisamente se refiere al biodesarrollo. Otra propuesta alternativa refiere al bien vivir (o vida plena) ampliamente discutido y que cada vez ha ido ganando más adeptos.

Según Niño (2017: 32) el biodesarrollo es una:

“Propuesta teórica que busca la transformación del modelo de desarrollo, la apertura de escenarios en los que haya un uso más amable de lo que le brinda el entorno al ser humano, lo que incluye una transformación política y económica en la que las relaciones sociales y de poder estén encaminadas a la protección de la vida”. En tal sentido el biodesarrollo tiene una correspondencia con las perspectivas biocéntricas pues “Se trata de encontrar un desarrollo para y en función de la vida, de los sistemas vivos, y no únicamente de los seres humanos” (Gómez et al. 2016: 83).

Como señala Maldonado (2012: 33)

“El biodesarrollo es un modelo alternativo al desarrollo económico y con él, entonces, a la idea de crecimiento económico. Es un modelo alternativo a la economía de mercado como un modelo de vida (antes que, simplemente, un modelo económico).”

En nuestro proceso histórico ya hemos probado la organización de la vida en torno a diferentes centros articuladores: El Estado, la economía, el mercado, el sector privado y aunque se puede poner de relieve logros, periodos de expansión y apogeo, el tema concreto es que finalmente la primacía de las consideraciones económicas al final siempre ha pesado más y se ha sacrificado cuestiones sociales y ambientales.

No se niega que ha habido un proceso de “enverdecimiento” y de mayor empatía social pero que no logra ser genuino y profundo por cuanto siempre se subordinan las consideraciones sociales y ambientales. Es entonces cómo hemos llegado a aceptar que “primero la economía, luego las consideraciones sociales y ambientales.”

El mensaje ha sido repetido tantas veces y de diferentes maneras que gruesos sectores de la sociedad, incluyendo las instituciones y las disciplinas, que en verdad consideran que no existen otras maneras de hacer las cosas. Aunque se hable en términos de desarrollo sostenible muchas veces se refiere a desarrollos insostenibles, o maldesarrollo o la propia sostenibilidad del concepto de desarrollo sostenible esgrimido por los grupos hegemónicos.

El biodesarrollo lo que propone es que hagamos un giro ontológico, pasar de una visión centrada en la monetarización de todos los planes de la realidad o una visión enfocada en la vida en todas sus manifestaciones. Implica entonces hacer de la vida (humana y no humana) el eje fundamental de la civilización humana.

Hasta ahora nos hemos construido una civilización antropocéntrica en la que el ser humano es considerado como la cumbre de la creación, evolución (según sus particulares creencias o conocimientos) y de esta manera reducimos a la naturaleza al papel de canasta de recursos, o capitales que pueden ser sustituidos, a insumos de producción. Para ello hemos apelado a diferentes atributos que se consideraban propios del ser humano como la inteligencia, la conciencia, la cultura, el simbolismo, el lenguaje, la intencionalidad, la capacidad de fabricar herramientas, entre otros.

nuestra arrogancia antropocéntrica está en serio cuestionamiento. 

No obstante, ahora sabemos qué atributos considerados como exclusivamente humanos no lo son tanto, pues es posible encontrarlos en una diversidad de animales, aunque en diferente grado. Es más, ni siquiera se tendría que hablar de una inteligencia humana superior pues existe una pluralidad de manifestaciones de lo que constituye la inteligencia (Pouydebat, 2018). De ello, da cuenta el hecho que existen animales con atributos muchísimas veces magnificado en relación a las capacidades humanas. Así es que nuestra arrogancia antropocéntrica está en serio cuestionamiento. Otro mundo aparte es el tema de las manifestaciones de comportamientos de las plantas que es motivo de estudio de la neurobiología vegetal con casos realmente sorprendentes de sus capacidades para resolver problemas y responder a las presiones ambientales.

Como afirma Maldonado (2018: 81) “Una buena comprensión de la vida y los sistemas vivos implica el reconocimiento explícito de una mutua y total codependencia entre los diversos niveles, escalas, formas y expresiones de vida, sin absolutamente ninguna centralidad o prioridad de ninguna especie sobre las demás. En tal sentido,

“El biodesarrollo se entiende como rechazo y transformación del control y el autoritarismo a favor de procesos de cooperación e integración en términos de procesos abiertos y continuados de aprendizaje, aprendizaje recíproco y horizontal, apertura a nuevas alternativas, métodos estándares y modos de vida con base en la mejor ciencia de punta.” (Gómez et al. 2016: 83).

El biodesarrollo tiene como antecedente la bioeconomía (pero no la acepción que considera hacer negocios con los “bienes y servicios” que ofrece la naturaleza) y se conjuga con otras perspectivas que se vienen trabajando activamente tales como la biopolítica, el bioderecho, la biopolítica, el biopoder. Recoge además lo más avanzado del desarrollo de la vida que vienen desde las vertientes de la Biología de sistemas, la Biología computacional, la epigenética, la simbiogénesis, el enfoque eco-evo-devo y el reconocimiento que los humanos somos holobiontes es decir somos ecosistemas caminantes, somos cooperativas de células en sociedad con bacterias, virus y otras manifestaciones de vida (Maldonado, 2012b:4). 

Cuando se empieza a profundizar lo que es la vida uno se encuentra con lo difícil que es definir la vida, al igual que las especies, y el hecho de reconocer que no existe ninguna diferencia ontológica o material entre la vida y no vida, entre los factores bióticos de los abióticos pues las diferencias son únicamente de grados, cualitativos o de organización (Maldonado,  2016a: 288; Maldonado 2019a: 266). La biocomplejidad es la transdisciplina que aborda la complejidad de la vida y los sistemas vivos.

Poner la vida en el centro del pensar, sentir y accionar humano implica una transformación profunda de nuestra civilización. 

Poner la vida en el centro del pensar, sentir y accionar humano implica una transformación profunda de nuestra civilización. Hasta ahora ha primado una visión de dominio y sometimiento de la naturaleza, y aunque no cabe duda que esta actitud nos ha llevado a un desarrollo insospechado, también es cierto que perdimos la empatía con seres que vistos solo como cosas no da lugar, o de manera selectiva, para la sintiencia. 

Poner la vida como eje de la civilización implica una mejor relación entre los propios seres humanos (pues hay quienes todavía consideran subespecies a otros humanos o ciudadanos de segunda o tercera categoría) y entre los seres humanos y todas las otras expresiones de vida. Como refieren Gómez et al. (2016: 83)

“El biodesarrollo constituye un desplazamiento de los tradicionales indicadores económicos a través de mediciones de bienestar y calidad de vida, felicidad, gestión del conocimiento, innovación, integración con la naturaleza y armonía y belleza”

Cierto que no es fácil asumir una posición de respeto a todas las expresiones de vida y frecuentemente ello nos lleva a dilemas de difícil resolución. Es cuando la bioética debería jugar un papel de fundamental importancia para dilucidar estas situaciones enfrentadas. Una propuesta bioética no es fundamentalista en el sentido de considerar que la vida no humana es más importante que la vida humana, pero hay situaciones muy delicadas en las que hay que decidir con ética. Lo importante es eliminar o disminuir hasta donde sea posible daños innecesarios.

Ello implica, por ejemplo, en el campo de la vida no humana, el rol que juegan los zoológicos, los acuarios y peceras; el manejo forestal, el manejo agronómico, entre otras formas de intervención humana que consideramos naturalizadas. Lo mismo es una invitación a revisar conceptos como el papel de la caza en la conservación, revisar nuestras costumbres y prácticas gastronómicas, prácticas culturales que implican daño o sacrificio de animales, entre otros aspectos.

En el campo de la vida humana también hay grandes retos que superar. No se trata únicamente de premiar el esfuerzo personal y el emprendimiento individual sino de generar una estructura política, social y económica que implique oportunidades para todos, y que todos tengan las posibilidades para que se manifiesten a plenitud sus potencialidades, capacidades y facultades. El biodesarrollo por tanto es contrario a toda manifestación de racismos, sexismos, especismos. La celebración de la vida tiene mucho que ver con la valoración de la diversidad que cumple un papel muy importante en la resiliencia, la adaptación y la evolución.

 

Bibliografía revisada y referida:

– Arce, R. (2020). Implicancias de poner la vida como centro del bienestar en las relaciones sociedad naturaleza. Prensa CDP. Implicancias de poner la vida como centro del bienestar en las relaciones sociedad naturaleza – Prensa CDP (rio20.net)

– Ereú de Mantilla, Evelyn. (2018). Del antropocentrismo al biocentrismo: un recorrido hacia la educación para el desarrollo sostenible. Revista AGROLLANÍA. Vol 16 (2): 20-25. Articulo 4.pdf (50webs.com)

– Gómez Rodríguez, Dustin Tahisin; Barbosa Pérez, Ehyder Mario; Rojas Velásquez, William Eduardo. ciencias económicas 13.02 / 2016 / páginas 75–87.

– Maldonado, C.E. y Gómez, N.A. (2011). El Mundo de las Ciencias de la Complejidad Una investigación sobre qué son, su desarrollo y sus posibilidades. 2011_el_mundo_de_las_ciencias_de_la_complejidad.pdf (ugr.es)

– Maldonado, C.E. (2012). Bioeconomía y biodesarrollo. El biodesarrollo: saber qué se quiere y qué necesitamos como búsqueda de un modelo alternativo. Le Monde diplomatique | el Dipló 116 | octubre 2012, pp: 32-33

– Maldonado, C.E. (2016). “Hacia una antropología de la vida: elementos para una comprensión de la complejidad de los sistemas vivos”. En: Boletín de Antropología. Universidad de Antioquia, Medellín, vol. 31, N° 52, pp. 285-301 DOI: http://dx.doi.org/10.17533/udea.boan.v31n52a18

– Maldonado, C.E. (2016b). Complejidad de las ciencias sociales. Y de otras ciencias y disciplinas. Bogotá: Ediciones Desde abajo. Libro complejidad 090616.pdf (cinfopec.com.mx)

– Maldonado, C.E. (2018). Bioeconomía, biodesarrollo y civilización. Un mapa de problemas y soluciones. En: M. Eschenhagen y C. Maldonado (Edit.). Epistemologías del sur para germinar alternativas al desarrollo. Debate entre Carlos Maldonado y Horacio Machado. Bogotá: Universidad el Rosario. Universidad Pontificia Bolivariana. Pp: 69-93. Bioeconomía, biodesarrollo y civilización.pdf (cinfopec.com.mx)

– Maldonado, C.E. (2019a). Las ciencias de la complejidad son ciencias de la vida. En: Biocomplejidad: facetas y tendencias / editores Moisés Villegas Ivey, Lorena Caballero Coro- ´ nado, Eduardo Vizcaya Xilotl; [autores] Alfredo Marcos . . . [y diecinueve más]. Pp: 259- 295. México: CopIt-arXives, TS0018ES.pdf (unam.mx)

– Maldonado, C.E. (2019b). Educación e investigación en complejidad. Managua: Editorial Universitaria UNAN-Managua, miembro del Sistema Editorial Universitario de Centroamérica SEDUCA-CSUCA.

– Maldonado, C.E. (Edit.). (2021). Estética y complejidad. Elementos para un estudio crítico del arte. Bogotá: Editorial Corporación Creación – Arte & Ciencia. 184 p. Complejidad y estetica | Suratómica (suratomica.com)

– Maldonado, C.E. (2021b). Tres lecciones que aprender de la crisis. Ludus Vitalis, vol. XXVIII, num. 53, 2020, pp. 115-119. (PDF) TRES LECCIONES QUE APRENDER DE LA CRISIS (researchgate.net)

– Niño Roa, Miguel Fernando. (2017). Biodesarrollo, territorio y población en comunidades rurales. Un acercamiento a la construcción social del territorio en la zona rural del Valle de Tenza. Tesis Maestría en Investigación Social Interdisciplinaria. Universidad Distrital Francisco José de Caldas Facultad de Ciencias y Educación Bogotá. NinoRoaMiguelFernando2017.pdf;jsessionid=F5157B996009E2D19921E1FCC31875FD (udistrital.edu.co)

– Pouydebat, Emmanuelle. (2018). Inteligencia animal Cabeza de chorlitos y memoria de elefantes Traducción de Ana Nuño. Barcelona: Plataforma Editorial.

– Ruiz Lara, Beatriz Cecilia. (2013). Educación superior transdisciplinar: generadora de biodesarrollo regional. Revista arbitrada del Centro de Investigación y Estudios Gerenciales. Año 4 N.º 1 [88-103] 4-1-6 (88-103) Ruiz Lara rcieg agosto 13_articulo_id109.pdf (grupocieg.org)

20 enero 2021


Por Rodrigo Arce Rojas,  Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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El titanosaurio hallado en Argentina podría ser "el más grande de la historia"

Un equipo estadounidense-argentino de científicos descubrió en el noroeste de la Patagonia los restos fósiles de un dinosaurio que vivió hace 77 millones de años en el extremo meridional de América del Sur y que podría ser el animal terrestre más grande en la historia de la Tierra. El hallazgo ha sido publicado en la revista Scientific Reports.

El gigante dinosaurio fue bautizado como Dreadnoughtus schrani -que significa textualmente "el que no teme a nada"- y es el esqueleto más completo descubierto hasta ahora. "Es considerado uno de los saurópodos más grandes jamás encontrados, probablemente superando el tamaño de Patagotitan", expone el artículo.

Según los paleontólogos, pertenece a la familia de los titanosaurios, dinosaurios herbívoros gigantes, que eran muy abundantes en la zona durante la época del Cretácico Superior. Medía unos 26 metros de largo (con un cuello de 11 metros y una cola de 9 metros de longitud) y pesaba unos 60.000 kilos, es decir, 60 toneladas.

Para mantener este descomunal tamaño, se estima que este dinosaurio tenía que ingerir cada día cantidades enormes de plantas: “Imagine tener como obsesión solo comer. Cada día trataba de consumir suficientes calorías como para nutrir su cuerpo del tamaño de una casa. Me imagino que su día a día consistía en gran medida en estar de pie en un solo lugar”, afirmó Kenneth Lacovara, coautor del estudio.

La especie más cercana al nuevo dinosaurio encontrado es el Andesaurus, que posee una longitud de 18 metros. De acuerdo a los reportes, el titanosaurio encontrado era mucho más grande, aunque todavía no hay precisiones exactas.

Gracias a que el esqueleto está muy completo (se han encontrado entre 2005 y 2009 el 70 por ciento de sus huesos), los científicos podrán entender mejor la anatomía y la biomecánica de los grandes saurópodos como el de este gigante cuyo fémur y húmero encontrados, de 1,80 metros, permiten hacerse una idea bastante fidedigna de las colosas proporciones de este animal.

Crisis ecológica, pandemias y tratados de comercio e inversión

A estas alturas de siglo, no hay duda alguna de que afrontamos una crisis ecológica sin precedentes. Otra cosa es que se quiera reconocer a pesar de las múltiples evidencias existentes, bien estudiadas por el mundo científico y suficientemente documentadas y difundidas por organismos internacionales de los que forman parte la mayor parte de los países del planeta. Algo realmente contradictorio cuando desde Naciones Unidas alertan del momento crucial en el que vivimos en los campos del clima, de la biodiversidad o de la extensión de las pandemias y los países responden con medidas tibias o insuficientes cuando no mirando para otro lado directamente cuando al frente de ellos se encuentran los negacionistas.

Es incontestable la grave crisis biológica en la que estamos inmersos con una extinción masiva de especies como no deja de recordarnos la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) de forma recurrente:  un millón       de especies de  animales y plantas, de los 8 existentes, están en peligro de extinción, entre las que cabe referirse a que más del 40% de las especies de anfibios, casi el 33% de los corales y más de un tercio de todos los mamíferos marinos están amenazados.

En este mismo sentido, el último informe de WWF de 2020 (Índice Planeta Vivo-IPV) constata una disminución media del 68% de las poblaciones estudiadas de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces entre 1970 y 2016, lo que supone un aumento del 8% con respecto al estudio anterior de 2018.

Por su parte el Convenio para la Diversidad Biológica (CDB) viene indicando reiteradamente que los tiempos se agotan y que el bajo cumplimiento (en algunos países nulo) de las Metas de Aichi nos conducirá a una senda sin retorno a menos que se modifiquen radicalmente las políticas económicas basadas en la explotación sin límites de la biosfera y en la continuación del uso de combustibles fósiles que agravan el cambio climático, dos de las causas principales de pérdida de biodiversidad, juntamente con la destrucción de hábitats de las especies, la contaminación ambiental y la introducción de especies exóticas invasoras.

Tanto el informe IPBES como el IPV y el CBD señalan como responsable de este desastre ambiental a las actividades humanas sin control en un contexto global de explotación insostenible de los recursos naturales.

En relación con el calentamiento global, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) también viene avisando desde su informe de 2018 (sobre los impactos del calentamiento global de 1,5ºC con respecto a los niveles preindustriales) de las serias consecuencias para las personas y sus medios de subsistencia que supondrá no alcanzar los objetivos de aumento de 1,5ºC del Acuerdo de París. Si en aquel informe se insistía en la necesidad de implementar las medidas para reducir drásticamente las emisiones de CO2 derivadas de la quema de combustibles fósiles, el informe de agosto de 2019 (Informe especial sobre el cambio climático, la desertificación, la degradación de las tierras, la gestión sostenible de las tierras, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero en los ecosistemas terrestres) habla ya de que esto no basta y que hay que trabajar en todos los sectores, como la producción de alimentos y la gestión de los suelos. En el de septiembre de ese mismo año (Informe especial sobre el océano y la criosfera) el IPCC nos advierte del peligro de un océano hoy más caliente, más ácido y menos productivo por sus inquietantes derivaciones en cuanto a recursos pesqueros y cambios en las dinámicas climáticas regionales y locales.

En relación con las pandemias, más allá de enfrentar una de sus manifestaciones actuales, la Covid19, es necesario señalar que, si bien no son algo nuevo como podemos verificar mediante un rápido repaso histórico, su incidencia se ha triplicado en los últimos 50 años, habiéndose producido al menos 10 de distinta envergadura, entre ellas algunas conocidas como el ébola, el SARS, la gripe aviar, el VIH o el MERS. Todas estas pandemias son de origen zoonótico, saltando de alguna especie hospedante al ser humano.  Los principales reservorios de patógenos susceptibles de convertirse en pandemias se encuentran en mamíferos y algunas aves, además de en el ganado, como cerdos, camellos y aves de corral. La pregunta es por qué ahora hay más incidencia que hace medio siglo y encontramos la respuesta en la propia especie humana que coloniza cada vez más territorio, desplazando especies o eliminándolas directamente, destruyendo hábitats y modificando sustancialmente la dinámica ecológica de los ecosistemas. El equilibrio en los ecosistemas regula la presencia de bacterias y virus que, en si mismos, no son responsables de las pandemias ya que estos organismos forman parte del entramado de la vida.

El informe "Prevenir la próxima pandemia: Zoonosis y cómo romper la cadena de transmisión" del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que "Es muy probable que los 7 siguientes factores de intervención humana estén fomentando la aparición de zoonosis: el incremento de la demanda de proteínas animales; la intensificación insostenible de la agricultura; el aumento del uso y la explotación de las especies silvestres; la utilización insostenible de los recursos naturales, acelerada por la urbanización, el cambio del uso del suelo y la industria extractiva; el aumento de los desplazamientos y el transporte; alteraciones en el suministro de alimentos, y el cambio climático".

El IPBES, que organizó en otoño un taller sobre sobre la relación entre la degradación de la naturaleza y el aumento del riesgo de pandemias, ve también que las actividades humanas son las que generan ese riesgo debido al impacto exponencial que está causando en el medioambiente el cambio climático y a la pérdida de biodiversidad.

Con esta información puede deducirse sin lugar a duda que tres grandes problemas que asolan a la humanidad tienen su origen en la propia humanidad. El declive de la biodiversidad, los efectos del cambio climático y los riesgos pandémicos no son fruto de ningún castigo divino como durante siglos se creía ante cualquier eventualidad que modificara lo que se consideraba la normalidad cotidiana. Afortunadamente, hoy día los avances científicos nos colocan ante el espejo de nuestra realidad para que, entendiendo lo que sucede, seamos dueños de nuestros destinos, pero incomprensiblemente no queremos mirar la imagen reflejada y seguimos actuando como si nada pasara. No hay mejor ejemplo que la reciente y presente pandemia del coronavirus, que debería haber abierto profundos debates sobre el momento complejo en el que vivimos, el modelo socioeconómico dominante o la crisis sanitaria y ambiental que puede convertirse en sistémica. Hacerse preguntas y cuestionar el sistema en el que vivimos parece un principio para buscar nuevas fórmulas que nos saquen del atolladero ambiental en el que vivimos. Como nos recuerda Delia Grace, del Instituto Internacional de Investigaciones Pecuarias (ILRI), "se están tratando los síntomas de esta enfermedad, pero no sus causas".

Pero ¿por qué, si están evaluadas las causas y las conocemos, por tanto, no aplicamos medidas -o solo las aplicamos parcialmente- que haga menos inquietante el futuro sombrío, ambiental y socialmente, que, según todos los indicios, se avecina? Tanto el CBD en su Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020, como el Acuerdo de París, nacido de la Conferencia sobre el Clima de París (COP21) de 2015, han establecido medidas en teoría consensuadas en sus respectivos encuentros sobre biodiversidad y clima. Pero el grado de ambición de los países firmantes no parece suficiente para arrostrar un problema que los científicos ven cada vez con mayor preocupación.

Así, el PNUMA, en un informe de finales de 2019, advertía de que solo reduciendo las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en un 7,6% cada año entre 2020 y 2030, el mundo alcanzaría el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5° C por encima de los niveles preindustriales establecido en el Acuerdo de París. Por su parte la Organización Meteorológica Mundial alertaba de que vamos hacia un calentamiento de 3 a 5 grados Celsius para fines de este siglo en lugar de 1,5 a 2 contemplados en el Acuerdo. Es vergonzoso que los países más ricos, los del G20, que representan en su conjunto el 78% de las emisiones globales, no hacen un esfuerzo colectivo en su reducción ya que solo cinco de ellos -entre ellos la UE- se han comprometido con un objetivo a largo plazo de cero emisiones.

En el quinto informe de la Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica (GBO5), el CBD señala que no se han logrado plenamente ninguna de las 20 Metas de Aichi, que eran las medidas previstas para el periodo 2011-2020. Aunque se han cumplido parcialmente algunos de estos objetivos, el resultado final de la década no permite grandes alegrías, porque su incumplimiento no solo afecta a la pérdida de biodiversidad silvestre sino también a campos tan esenciales para el bienestar de la población mundial como la seguridad alimentaria, la mejora de la nutrición o el suministro de agua limpia, todos ellos contemplados asimismo en los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

En esto momentos, una vez pasada esta última década, que se inició con una crisis económica y terminó con otra sanitaria, la comunidad científica internacional es escéptica con los parcos resultados conseguidos hasta ahora en materia de clima y biodiversidad, valorando que los compromisos de los países hasta ahora son insuficientes para frenar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

En un contexto de crisis sanitaria global, de consecuencias duras y aún no bien evaluadas, resulta decepcionante que en vez de abordar las causas de lo que se sucede y proponer alternativas que tengan en cuenta las distintas variables que intervienen en la ecuación de la vida, se propongan las mismas medidas para seguir adelante, sustentadas únicamente en un crecimiento económico que se ha convertido en una huida hacia adelante, sin garantías de salidas solidarias para las personas y de preservación mínima de las condiciones ambientales que las permitan.

En vez de esto y como ejemplo de estas medidas obsoletas, siempre pensadas además para favorecer únicamente a los grandes conglomerados empresariales y los fondos de inversión globales, se siguen aprobando tratados de comercio e inversión que inciden en los tres aspectos tratados en este artículo. Como muestra podemos citar el tratado UE-Mercosur, que ha tenido presencia mediática indirecta por los pavorosos incendios de la Amazonía en 2019, presentado como un acuerdo que favorecerá el intercambio comercial entre ambas regiones y posibilitará la mejora de sus economías y de su empleo. Pero las consecuencias de tal acuerdo serían en realidad tan inaceptables como desastrosas en los campos citados. La deforestación de los bosques ecuatoriales y tropicales, esenciales para la estabilización del clima, para aumentar la superficie para pastos para el ganado y para monocultivos de soja y maíz transgénicos para piensos, así como de caña de azúcar, también transgénica en algunos casos, para la producción de etanol, provocará degradación y contaminación del suelo y pérdida de biodiversidad acelerada y aumento de gases de efecto invernadero. El transporte de mercancías a uno y otro lado del Atlántico aumentará la emisión de CO2 en forma exponencial. Se seguirá usurpando los derechos territoriales y ambientales de las poblaciones indígenas. La seguridad alimentaria se verá afectada por la presencia tanto en productos ganaderos como agrícolas latinoamericanos de sustancias químicas prohibidas en la Unión Europea, dejando de lado uno de los principales principios europeos, el de precaución. Se verán mermados los derechos de los trabajadores y sus empleos en los países del Mercosur por la presión de los mercados solo preocupados por bajar los costes de producción. Los pequeños productores agrícolas y ganaderos de ambos lados del Atlántico verán reducidos sus márgenes de beneficio al no poder competir en igualdad de condiciones con la agroindustria, que es la principal receptora de las inversiones de estos acuerdos comerciales. Hay que señalar finalmente que este acuerdo no incluye entre sus "elementos esenciales", cuya violación supondría la suspensión del tratado entre ambas partes, ninguna cláusula ambiental, por lo que cada país puede intervenir en esta materia a su antojo. En suma, este tratado sitúa a Mercosur como proveedor de materias primas y productos agropecuarios mientras que la UE exporta bienes industriales y tecnológicos, singularmente coches, atacando el tejido industrial americano y el sector primario europeo del pequeño campesinado, comunidades rurales y comercio de proximidad asociado.

Hemos de tener en cuenta además que el sistema alimentario industrial contribuye poderosamente al agravamiento de la crisis climática, en el que el acuerdo UE-Mercosur no es un caso aislado. También están en marcha, entre otros, el de la UE con México con problemas similares y los futuros con Australia y Nueva Zelanda. En el horizonte el recién anunciado acuerdo entre China y la UE, aún por concretar, pero que se muestra como un éxito para los inversores. Esta afirmación, que es toda una declaración de principios, deja claro cuáles son los objetivos de este tratado, garantizar las mejores condiciones para estos grupos financieros globales sin importar las consecuencias ambientales y sociales que puedan generar sus actuaciones.

Como indicaba recientemente la campaña francesa contra los TCI, es "urgente salir de la lógica de este tipo de acuerdos, que apunta a producir siempre más, siempre más rápido, más barato y en cualquier lugar, con menos trabajo y menos limitaciones ambientales y que hace del dumping social, fiscal y ecológico una regla de oro, de la que solo las multinacionales obtienen beneficios".

Y, llegados a este punto, plantear alternativas. Alternativas que pasan por incluir la sílaba RE delante de unos cuantos sustantivos del que se han apropiado los causantes de este desastre ecológico. Es necesario recapacitar, es decir, volver, siguiendo a la RAE, a considerar con detenimiento algo. Volver a considerar si el modelo socioeconómico en el que se estructura hoy día la vida la garantiza. Es necesario revisar los fundamentos de un sistema basado en el despilfarro, en la negación ecológica y en la consideración del ser humano como una mercancía. Es fundamental reordenar nuestras prioridades, poniendo en primer lugar las personas y su bienestar por una parte y por otra el sistema ecológico en el que nos insertamos, sin el cual no es posible lograr lo anterior. Por ello, ante una globalización suicida, hemos de cambiar el esquema mental impuesto y resulta indispensable cambiar, reformular nuestras perspectivas personales y colectivas. Es necesario emprender una relocalización ecológica y solidaria, apoyándose en una firme solidaridad internacional que apoye los desarrollos de los sistemas alimentarios e industriales sostenibles de los países del sur global. No se trata de renunciar a los intercambios comerciales entre distintas regiones, se trata de establecer nuevos mecanismos económicos, sociales y ambientales basados en las necesidades de la población y en el equilibrio ecosistémico. No se trata de repatriar sin más las empresas nacionales, se trata de producir cerca, en condiciones sociales y ambientales óptimas, que satisfaga las necesidades sociales no superfluas, renunciando al consumo desaforado sin sentido. Ello supondría una reindustralización y rediversificación económica de muchas regiones hoy día abandonadas a su suerte, con un descenso notable de las emisiones globales debido a la reducción del transporte marítimo y aéreo, dos de los principales contaminantes. También llevaría a una reinterpretación de los modelos productivos en los que intervendrían todas las variables existentes en los procesos de uso y/o transformación de los recursos naturales entre los cuales se contarían la preservación de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático. Se trataría también de reutilizar y recuperar objetos varios en desuso o retornar envases y contenedores en vez de quemarlos o verterlos en la tierra o el mar, reduciendo sustancialmente los residuos y la contaminación que suponen. Asimismo, iríamos a una revalorización de los sistemas alimentarios locales controlados por las comunidades rurales, a través del control de los recursos, de los circuitos cortos de comercialización y de la extensión de los mercados locales.

Ahora que estamos aún inmersos en una pandemia que se va a llevar por delante a cientos de miles de vidas humanas, puede que millones, una pandemia que sabemos que tiene mucho que ver con la crisis ecológica propiciada por el ser humana, es el momento de replantear o resetear el sistema, un sistema capitalista de producción y consumo insostenible y así, de esta forma, reafirmar nuestra convicción de que otro mundo es posible y nuestra apuesta por la vida.

Por Pablo Jiménez

18 enero, 2021

Publicado enMedio Ambiente