La revolución del ‘fracking’ se convierte en un fiasco

"Has muerto todas mis ilusiones/Tienes lágrimas negras”, cantaba Compay Segundo. La industria petrolera de perforación hidráulica (el fracking), que fue llamada a ser la mayor revolución energética de este siglo, “uno de los cinco pilares que transformará la geopolítica”, en palabras de Erik Norland, director ejecutivo de CME Group, la panacea que iba a convertir Estados Unidos en un país independiente desde el punto de vista energético en el 2030, ha acabado en un fiasco económico, una ruina financiera, unas lágrimas negras.

El ensayista Bethany McLean, autor de un libro sobre el fracking, considera que lo ocurrido es como una “reminiscencia de la burbuja puntocom de finales de los noventa, cuando las compañías se valoraban más por el número de pupilas que atraían y no por los beneficios que tenían probabilidad de obtener”. Jim Chanos, legendario inversor de hedge funds y de los derivados en Wall Street, sostiene que “la industria del fracking tiene un largo historial de dinero que entra dentro y nunca sale fuera”. Los pozos han engullido una gran cantidad de dólares, sin conseguir la rentabilidad deseada.

EE.UU. En el futuro podría haber más de un centenar de quiebras

Solo en el tercer trimestre hubo 44 quiebras de estas empresas en Estados Unidos, según los cálculos de Haynes and Boone. Desde el año 2016, si se suman las compañías que hacen prospección y exploración, ya son 500. Entre las empresas más conocidas en sumarse a la insolvencia hay nombres como EP Energy, Chesapeake Energy, Ranch Energy, Bellatrix Exploration y Murray Energy. Para la consultora Rystad Energy, a finales de 2022 podrían añadirse a esta lista otras 150.

Ya no se perfora como antes y hay instalaciones que quedan abandonadas. El número de ­plataformas se ha reducido de ­forma drástica respecto a sus estándares habituales, de acuerdo con el contador de Baker and ­Hugues. En la actualidad, en el país hay unas 320 operativas, prácticamente quedan un cuarto de las que perforaban en 2019.

A la tormenta económica hay que sumarle la política. El presidente electo, Joe Biden, contrariamente a su predecesor, ha prometido una moratoria sobre las perforaciones en suelo y aguas norteamericanas, con lo que las perspectivas a corto y medio plazo son muy inciertas.

La pandemia ha dado la puntilla, tras el desplome de los precios y la caída de la demanda. Y el flujo de caja (es decir, la diferencia entre el dinero generado y sus gastos de capital) este año será negativo y se disparará hasta más de 3.000 millones de dólares.

Pero lo que preocupa son los números rojos acumulados. Las firmas del fracking han derrochado casi 30.000 millones de dólares desde 2017, según los datos proporcionados por el Institute for Energy Economics and Financial Analysis (Ieefa).

Cifras. En la última década se han derrochado más de 300.000 millones de dólares

Si se mira más atrás, la cifra se dispara todavía más: entre 2010 y 2019 cada año sin excepción el flujo de caja de estas empresas fue siempre negativo. “La revolución del fracking ha convertido a Estados Unidos en el mayor productor del globo, per en términos financieros este boom de la producción ha sido un burbuja financiera épica”, según comenta Ieefa.

Las plataformas estadounidenses de petróleo de esquisto han quemado en la última década unos 300.000 millones de dólares, según un estudio de Deloitte. Esto supone haber destruido el 70% del capital invertido desde 2008.

Para los bancos norteamericanos que financiaron esta industria, el cambio de ciclo pone en riesgo miles de millones de dólares de préstamos, que corren el riesgo de ser incobrables.

El 40% de este dinero procede de Wells Fargo y JP Morgan ellas solas, pero el resto de grandes nombres de las finanzas estadounidenses tienen un pie dentro... del pozo. Peor todavía, las cifras indican que las entidades han seguido financiando a esta industria deficitaria incluso después de la firma de los Acuerdos del Clima de París de 2016, que fijaban un plan de reducción de emisiones claramente incompatible con el régimen de producción de la industria petrolera.

Esta financiación un tanto a la ligera se llevó a cabo gracias a que Wall Street quería cobrar sus comisiones. Además hay un elemento inquietante: del monto de bonos corporativos emitidos por estas empresas de fracking para captar dinero, el 72% se situaba por debajo de los niveles mínimos de inversión, es decir, que eran puramente especulativos o “bonos basura”. Tal como recuerdan en el estudio Fracking Fiasco, editado por Oilchange Internacional, esta práctica “ha permitido una financiación insostenible y una expansión no rentable”. Entre los tenedores de esta deuda están los mayores fondos del mundo, como Blackrock, Vanguard Group o Prudential Financial.

En tiempos de dinero barato, muchos se lanzaron a un negocio que parecía no tener límite. “Los tipos de interés ultrabajos han sido los verdaderos catalizadores de la revolución del esquisto”, dijo Amir Aazar, académico del departamento de energía de la Universidad de Columbia. De alguna manera, el fracking ha acabado siendo víctima de su propio éxito.

Estas perforaciones son muy costosas. Ocupan mucho espacio y al cabo de dos años agotan el 80% de su producción. Además el petróleo no es de gran calidad. La caída de precios puso la realidad al desnudo, porque con un barril por debajo de los 50 dólares los números no salen. Antonio Turiel, investigador del CSIC, autor del libro Petrocalipsis, explica por qué se ha mantenido en vida un sector que estaba en pérdidas. “Cuando se empezó a potenciar esta industria en el 2008 no había alternativa, si se quería alargar el pico de la producción de petróleo unos años. Pero en el 2018 ya se llegó a este punto y la Administración Trump, mediante incentivos y menor regulación ambiental, alargó la agonía”. La retórica de querer convertir a EE.UU. en el primer productor mundial hizo el resto. Pero a un coste enorme.

Financiación. Los bancos se encuentran con miles de millones de créditos incobrables

El espectro de unas quiebras en cadena es ahora real. Según el citado estudio Fracking Fiasco, estas compañías tienen unos 120.000 millones de dólares de deuda que caducará entre el 2021 y el 2025. Habrá que reestructurar 50.000 millones de dólares en los próximos años, según Haynes and Boone, que eleva sus estimaciones de deuda hasta los 170.000 millones de dólares.

Para Ieefa, “incluso si el mercado global del petróleo y del gas se estabiliza, nos esperamos que los inversores prudentes continuarán viendo el sector del fracking como empresas de alto riesgo, con un historial financiero terrible, unos fundamentales débiles y un modelo de negocio sin pruebas y especulativo”. Antes de que terminara el verano, la producción estadounidense se había derrumbado en 3,4 millones de barriles diarios, lo que equivale a eliminar del mapa a un país de la talla de Emiratos Árabes Unidos.

Y es que el ciclo económico está cambiando. En la última década, el sector de la energía fue el que obtuvo peores resultados de todo el SP 500. Los inversores hoy en día se centran más en las renovables. En este índice bursátil el sector del petróleo y del gas tenía un peso del 12% en el 2012, pero hoy en día supone menos del 3% del valor de las 500 mayores empresas estadounidenses.

 “No veo crecimiento hasta el 2023 y después puede que la industria del esquisto en Estados Unidos nunca más vuelva a crecer”, admitía Scott Sheffield, consejero de delegado de la firma Pioneer, una de las más grandes del país en este campo.

En el 2020 la demanda mundial de petróleo será unos 8,4 millones barriles por día más baja que en el 2019, según las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía. Y en el 2021 tampoco se habrán recuperado los niveles del 2019, anteriores a la Covid. La Agencia Internacional de la Energía ya advirtió de que si la tendencia no cambia, la producción de petróleo podría reducirse a la mitad en el 2025.

Hay otro dato significativo, sintomático de las dificultades que vive esta industria en general. Este año se han descubierto unos 10.000 millones de barriles de petróleo equivalentes (boe) de nuevos yacimientos de gas y crudo, especialmente en Rusia y Surinam.

Pero según la consultora Rystad Energy menos de la mitad podrá explotarse económicamente en las próximas dos décadas. Las firmas energéticas están mirando con lupa los costes y las inversiones, ante las dificultades que están viviendo. Las presiones medioambientales también desaconsejan apostar por zonas como el Ártico o el río Amazonas, que tienen reservas que tal vez nunca vean la luz. El fracking: la revolución que nunca fue.

Publicado enEconomía
El agua cotiza en la Bolsa: Preguntas y respuestas sobre este suceso inédito

El inicio de cotizaciones con futuros de agua en la bolsa de materias primas de Chicago marca un antes y un después para el bien más preciado de la naturaleza.

 

El lunes 7 de diciembre marcó un nuevo hito en los mercados financieros, la fecha será recordada como el inicio de la bursatilización de la vida misma, y no es exagerado. Como sabemos, el agua es vida, explica por sí sola al mundo como lo conocemos en nuestros días.

Iniciaron las cotizaciones de los futuros del agua en el Chicago Mercantile Exchange (CME), la bolsa de futuros de materias primas más grande del mundo, la bolsa de futuros de Chicago.

¿Qué significa?, ¿tiene alguna relevancia para el ciudadano común?, ¿afectará en algo la vida cotidiana y sobre todo los bolsillos de los ciudadanos? Estas y otras preguntas se derivan de un hecho histórico, veamos.

¿Venderán agua “física” en las bolsas de valores?

No. Como sabemos, el mercado de futuros de Chicago no necesariamente cotiza bienes “físicos”, sino que lo hace mediante contratos a futuro. Se espera que en un inicio los contratos a futuro lleguen al año 2022, se cotizarán en acre-pie, que según nuestro sistema métrico decimal equivale a 1,233 metros cúbicos o lo que es lo mismo 1,233,000 litros de agua. Imagina que en un recipiente tienes esta cantidad de litros de agua, algo más de un millón, y los cotizas en el mercado de futuros.

Pero no se entregará agua al término del contrato. En realidad, estos contratos sobre futuros del agua servirán para fijar precios en muchas partes del mundo, pese a que su precio se basará en los precios del agua en el estado de California. No habrá un mercado físico de agua, pero sí un indicador financiero que determinará el precio del bien más preciado para el ser humano porque es la vida misma.

¿Por qué el precio del agua en California puede influir en el resto del mundo?

Porque Estados Unidos, junto con China, es el mayor consumidor de agua en la tierra. La pujanza de estas economías tiene muchas explicaciones, y una de ellas es la infraestructura que tienen para llevar agua a sitios en los que se detona la actividad productiva primaria, secundaria y de todo tipo.Los futuros del agua en el CME se convierten en el primer indicador del mundo al respecto y por tratarse de un país tan importante, seguramente determinarán lo que suceda en otras partes del planeta.

¿Cómo impactará en el ciudadano común?

Por supuesto que el mercado tiene que madurar, eso le llevará algunos años, en el mejor de los casos dos o tres años. En esta primera etapa, los ciudadanos del mundo no percibirán prácticamente nada de lo que pasa en el CME sobre los futuros del agua. Una vez con un mercado maduro, es posible que las cotizaciones empiecen a influir más determinantemente en los precios al público, porque dichos precios servirán como “guías” que incorporarán factores como oferta, demanda, sequías, huracanes, infraestructura, etc. Es entonces cuando la bursatilización del agua poco a poco sería determinante para el ciudadano común, hablamos todavía de que esto sucederá en algunos años, pero si decimos que sería en una década, quizás nos quedemos cortos, o posiblemente no.

Lo que será inevitable es que las cotizaciones de futuros de agua impacten con el paso de los años, para bien o para mal, en el bolsillo de los ciudadanos del mundo. No es poca cosa la “bursatilización” del agua, es el líquido indispensable para la vida y para prácticamente todo tipo de actividades del ser humano.

¿Quiénes podrán participar en el mercado de futuros del agua del CME?

Supuestamente inversionistas institucionales, así como gobiernos, posiblemente organizaciones que requieran grandes cantidades de agua para sus actividades como industriales, agricultores, empresas del sector energético, etc.

¿Hay riesgo de especulación con los futuros del agua?

Sí, por supuesto. Ese será uno de los grandes retos del mercado para los siguientes años: la lucha contra la especulación. Como todas las materias primas (aunque en estricto sentido, el agua no es una materia prima, porque al ser humano no le pasa nada si no consume cobre, pero muere si no tiene agua), esta estará sometida a fuertes vaivenes conforme el mercado vaya madurando y la combinación de múltiples factores determinen su cotización. Los precios y posiciones especulativas serán sin duda un elemento adicional en el mercado y desde luego que cosas estarán en juego.

¿Surgirán otros mercados de futuros del agua?

Seguramente, el de Chicago marca un hito por ser el primero, pero es altamente probable que en un futuro inmediato haya más mercados como este en otras importantes plazas financieras del planeta.

El futuro nos alcanzó, o posiblemente ya nos rebasó. El inicio de cotizaciones con futuros de agua en la bolsa de materias primas de Chicago marca un antes y un después para el bien más preciado de la naturaleza, indispensable para la vida en la tierra.

8 diciembre 2020 0

Publicado originalmente en Alto Nivel

Publicado enMedio Ambiente
Los futuros del agua comenzarán a comercializarse en Wall Street a partir de esta semana en medio de temores de que el recurso natural pueda escasear

Los contratos serán lanzados por CME Group Inc, que asegura que los futuros ayudarán a los usuarios del agua a gestionar el riesgo y alinear mejor la oferta y la demanda.

 

Los futuros del agua comenzarán a comercializarse en Wall Street a partir de esta semana en medio de crecientes temores de que este recurso natural pueda escasear en la mayor parte del mundo, según informó este lunes Bloomberg.

Esta semana, la empresa estadounidense CME Group Inc lanzará contratos vinculados al agua al contado de California, un mercado de 1.100 millones de dólares. De acuerdo con la compañía, los futuros ayudarán a los usuarios del agua a gestionar el riesgo y alinear mejor la oferta y la demanda.

Los contratos, los primeros de su tipo en EE.UU., fueron anunciados en septiembre, cuando la costa oeste del país fue devastada por el calor y los incendios forestales. Según Bloomberg, están destinados a "servir como protección para los mayores consumidores de agua de California contra la subida de los precios y como indicador de escasez para los inversores de todo el mundo".

Los futuros se liquidarán financieramente, en lugar de requerir la entrega física real de agua, y se basarán en el Nasdaq Veles California Water (NQH2O), un índice de referencia establecido para los precios del agua en ese estado norteamericano. 

CME Group no identificó a los posibles participantes del mercado, pero señaló que la bolsa recibió noticias de  productores agrícolas de California, agencias públicas de agua y servicios públicos, así como de inversores institucionales como gestores de activos y fondos de cobertura.

"2.000 millones de personas viven ahora en naciones plagadas de problemas con el agua, y casi dos tercios del mundo podrían enfrentar escasez de agua en solo cuatro años", declaró el jefe global de índice de acciones y productos de inversión alternativos de CME Group, Tim McCourt. "La idea de gestionar los riesgos asociados al agua sin duda está cobrando mayor importancia", subrayó. 

Publicado: 7 dic 2020 03:13 GMT

Publicado enMedio Ambiente
Clima, salud vegetal y bienestar humano, más conectados que nunca

Más que nunca es imprescindible que entendamos que nuestra salud depende, en gran medida, de la salud de los ecosistemas.

 

Cuando pensamos en el impacto del cambio climático sobre la sociedad humana, es habitual imaginar ciudades inundadas por la subida del nivel del mar o glaciaciones que ocurren de la noche a la mañana. Es indudable que el cine ha marcado nuestro imaginario colectivo, especialmente ante situaciones que no hemos experimentado, con hipotéticas catástrofes naturales a escala global.

La realidad nos muestra que los cambios no son tan bruscos como en la ficción. Esto nos puede llevar a una sensación de falsa seguridad. Sin embargo, la actual velocidad de los cambios ambientales provocados por la actividad humana tiene pocos precedentes en la historia de nuestro planeta. Sin duda, nos tocará vivir sus consecuencias más negativas si no actuamos con celeridad.

Es difícil comprender la magnitud de la catástrofe a la que nos enfrentamos. Requiere de un profundo esfuerzo por considerar las enrevesadas interrelaciones existentes entre los distintos componentes de nuestro ecosistema global. Todos hemos escuchado alguna vez que “el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo”.

Este año hemos vivido en primera persona un ejemplo del llamado efecto mariposa: la pandemia de la covid-19 está relacionada con la pérdida de biodiversidad y la alteración de la naturaleza causada por la actividad humana.

Pérdida acelerada de los mejores cultivos

Las plantas no solo generan el 98 % del oxígeno que respiramos, sino que son el pilar fundamental de nuestra nutrición. Suponen el 80 % de los alimentos que consumimos.

La Organización de las Naciones Unidas ha declarado 2020 como el Año Internacional de la Sanidad Vegetal para concienciar de la importancia que tiene proteger la salud de las plantas para la conservación de la naturaleza y la erradicación del hambre y la pobreza. Más aún en un contexto de cambio climático.

Algunos estudios han cifrado en un 10 % la pérdida de rendimiento en las cosechas de cereal por cada grado de calentamiento. El cinturón mundial de cultivo natural de trigo se ha ido desplazando hacia los polos a razón de 260 km por década.

Podemos pensar que estas pérdidas de productividad se compensarán con la ganancia de nuevos terrenos de cultivo. Sin embargo, nos olvidamos de que los cultivos actuales se encuentran en los terrenos más fértiles. La velocidad a la que se desarrolla un suelo óptimo para cultivo dista en varias unidades de magnitud de la velocidad a la que se desplaza el óptimo climático debido al calentamiento.

El cambio climático es solo una arista de lo que conocemos como cambio global, cuyo resultado es una pérdida generalizada de biodiversidad y una homogenización cada vez mayor de los ecosistemas.

Pesticidas y plagas: mal remedio para la enfermedad

Todos estos procesos desembocan en las condiciones óptimas para la proliferación de plagas y enfermedades en las plantas. Es un claro paralelismo con las enfermedades infecciosas emergentes que afectan al ser humano.

La FAO estima que un 40 % de los cultivos a nivel mundial se pierden a causa de plagas y enfermedades. Esto provoca pérdidas de aproximadamente 180 000 millones de euros anuales. En muchos casos se producen en comunidades rurales de países en vías de desarrollo donde la agricultura es la principal, sino única, fuente de sustento.

La conservación de la biodiversidad y la protección de las plantas ante plagas y enfermedades es mucho más efectiva y rentable que utilizar productos fitosanitarios y pesticidas, que además de requerir más tiempo y dinero para mostrar su eficacia tienen un efecto perjudicial sobre la naturaleza. Sin embargo, no solo la producción agrícola está amenazada.

¿Repoblar con miles de árboles es la solución?

Si hiciéramos una encuesta a la ciudadanía sobre prioridades en materia de conservación de la naturaleza y mostráramos fotos de un pastizal, un matorral y un bosque, sin duda un alto porcentaje elegiría el bosque como área prioritaria a conservar.

Esto es, en parte, debido a la falsa idea generalizada de que pastizales y matorrales constituyen etapas degradadas de la sucesión ecológica. Pero también por razones justificadas. Los bosques son ecosistemas claves para el funcionamiento de nuestro planeta, albergan alrededor de 2/3 de la diversidad terrestre, proporcionan múltiples servicios ecosistémicos (madera, alimentos, regulación climática, etc…) y son esenciales para nuestra salud. Además, se estima que absorben un tercio de las emisiones antrópicas de CO₂ anuales.

Con esta carta de presentación no es de extrañar la puesta en marcha de numerosas iniciativas internacionales que promueven la plantación de billones de árboles para mitigar los efectos del cambio climático. La plantación, bien diseñada y ejecutada, de árboles y otras especies es de gran utilidad para la restauración de ecosistemas y para garantizar la regeneración de muchos de nuestros bosques.

Sin embargo, pensar que estos árboles jóvenes –suponiendo que todos ellos sobrevivan a la plantación– van a alcanzar la funcionalidad de un bosque y, sobre todo, compensar las emisiones de haber quemado el carbono que durante millones de años se ha almacenado en los organismos que habitaron nuestro planeta es, cuanto menos, utópico.

Alerta: efectos rebote

Por otro lado, muchos de estos árboles se plantarán en valiosos ecosistemas alterando su funcionamiento y los servicios ecosistémicos que nos proporcionan.

Además, ignoramos que el clima al que estarán sometidos estos árboles cuando alcancen la madurez será muy diferente al actual. Los escenarios climáticos prevén no solo un aumento de la temperatura, sino también de la aridez y de los eventos climáticos extremos como olas de calor y grandes sequías.

La vegetación estará pues sometida a un mayor estrés hídrico disminuyendo su tasa fotosintética mientras aumenta su respiración. Esto nos podría llevar a la paradoja de que los árboles que plantamos como medida de mitigación pasarán de ser sumideros a fuentes de CO₂.

De hecho, cada vez son más los estudios que muestran decaimiento y eventos de mortalidad masiva en masas forestales de todo el mundo.

A todo esto hay que añadir que las plantaciones dan lugar a masas forestales con una alta carga de combustible si no son gestionadas posteriormente. Esto las hace muy vulnerables a sufrir incendios que devolverían a la atmósfera el CO₂ que hayan podido capturar.

Plantamos aquí, pero abusamos del exterior

Existe otra paradoja en todo esto: la globalización y el abandono rural en países como el nuestro nos ha hecho dependientes de materias primas y alimentos del exterior.

Mientras la deforestación en la Amazonia es cada vez más preocupante, el área forestal de nuestro país ha aumentado, aunque el aprovechamiento forestal de los bosques ha desaparecido prácticamente. Esta falta de gestión ha hecho que los bosques sean más vulnerables a sequías, grandes incendios, plagas y enfermedades.

Al igual que el uso de la mascarilla y el distanciamiento social son claves para combatir la covid-19 a la espera de una vacuna, debemos tomar medidas para proteger los ecosistemas mientras esperamos una cura milagrosa para el cambio climático.

Centremos nuestro esfuerzo en conservar y restaurar los ecosistemas, pero no olvidemos la importancia de la gestión humana para garantizar su salud y persistencia, a la vez que podemos utilizar localmente los productos que nos ofrecen. Así contribuiremos a la conservación de ecosistemas remotos, como los bosques tropicales, mientras disminuimos las emisiones. La salud de nuestros ecosistemas, y por tanto la nuestra, están en juego.

Por Enrique Andivia Muñoz* | 01/12/2020

*Investigador en el Departamento de Biodiversidad, Ecología y Evolución, Universidad Complutense de Madrid

Publicado enMedio Ambiente
'El guardian de turno', ganador del concurso Comedy Wildlife Photography y de la categoría perros. (Elke Vogelsang).
Hace semanas conocíamos las fotografías del Comedy Wildlife Photography Awards, un concurso que premia las fotografías más divertidas del mundo animal y con el que se quiere concienciar sobre la importancia de preservar la vida salvaje y con el objetivo de lograr que la sociedad se comprometa.

Ahora llegan las fotografías más divertidas de los animales que viven dentro de casa: las mascotas. En el Comedy Pet Photograpy Awards destacan fotos de mascotas haciendo muecas, poses muy humanas y travesuras. Paul Joynson-Hicks y Tom Sullam, los creadores de este concurso, también son los impulsores de los premios Comedy Wildlife Photography Awards.

Este año en que la pandemia y el confinamiento nos ha obligado a pasar más tiempo con nuestras mascotas este concurso ha visto como el nivel de participantes crecía de forma sorprendente. Esta segunda edición del concurso, organizado en asociación con el fabricante mundial de alimentos para mascotas Mars Petcare, ha contado con más de 2.000 participantes de 81 países.

“La importancia de las mascotas en nuestras vidas, la relación positiva que afirma la amistad que traen sin siquiera darse cuenta, a menudo se subestima y se da por sentada”, dijo Sullam en un comunicado. “Pero este año realmente les ha dado a estas mascotas la oportunidad de brillar, y creo que sin las mascotas muchas, muchas personas habrían tenido más dificultades para lidiar con el aislamiento. ¡Gracias a las mascotas, a todas, por hacernos sonreír a través de este concurso y por mantener a muchos de nosotros en equilibrio!”, añadió.

Estos son los 16 ganadores del concurso, imágenes que es imposible verlas sin una sonrisa en la boca y sintiendo mucha ternura.


¿Por qué estás boca abajo mamá?', ganador de la categoría gatos del Comedy Pet Photograpy Awards. (Malgorzata (Gosia) Russell).

 
'Chicas chismosas', ganadora de la categoría caballos del Comedy Pet Photograpy Awards. (Magdalena Strakova).
 
 

'Reina del drama', ganadora de la categoría demás criaturas del Comedy Pet Photograpy Awards. (Anne Lindner)

 

'¡Buenos días, Fox Mulder!', ganadora de la categoría junior del Comedy Pet Photograpy Awards. (Ayden Brooks)

 

'Humor mañanero', ganadora de la categoría mascotas que se parecen a sus dueños del Comedy Pet Photograpy Awards . (Hannah Seeger)

 
'¡Agárrate fuerte! Llegamos tarde', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Karen Hoglund)
 

'El gato bailarín', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)

 

'Ese momento en que te das cuenta de que te has comido medio plato', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Candice Sedighan)


'Los amigos no dejan que los amigos hagan tonterías solos', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Kerstin Ordelt)

 
'Mira mamá, puedo caminar sobre el agua', finalista del Comedy Wildlife Photography. (John Carelli)
 
 

'Ardilaaaa!!!', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Elke Vogelsang)

 
'Gato súper dramático', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)
 

'El gatito bailando, finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)

'Ohhhhhhhhh', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Dimpy Bhalotia)


'Trofeo viviente', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Antonio Peregrino)

 

(Tomado de La Vanguardia)

Publicado enFotorreportajes
Imagen ilustrativaVassilis Triandafyllou / Reuters

Estas descargas pueden llegar a ser hasta mil veces más potentes y brillantes que la de un rayo ordinario.

 

Científicos han confirmado en dos estudios separados la existencia de 'superbolts' ('superrayos', en español) que pueden llegar a ser hasta mil veces más potentes y brillantes que los rayos ordinarios. 

Los 'superbolts' se detectaron por primera vez en la década de 1970, cuando se creía que podían alcanzar tan solo 100 veces el brillo estándar de un relámpago convencional. Ahora, el análisis de observaciones satelitales reveló que el impacto de un 'superrayo' puede producir más energía que todos los paneles solares y turbinas eólicas existentes en EE.UU. 

"Cuando se ve un relámpago desde el espacio, se verá mucho más tenue que si lo viera desde el nivel del suelo, porque las nubes bloquean parte de la luz", indicó Michael Peterson, el autor principal de ambas investigaciones. 

El primer estudio analizó dos años de datos obtenidos por el Satélite geoestacionario operacional ambiental (GOES, por sus siglas en inglés), mientras que en el segundo trabajo se analizaron 12 años de observaciones del Satélite de grabación rápida en órbita de eventos transitorios (FORTE).

Uno de cada 300 eventos de rayos

Investigadores del Laboratorio Nacional de los Álamos —perteneciente al Departamento de Energía de EE.UU. y ubicado en el estado de Nuevo México— evaluaron los datos de los satélites meteorológicos del GOES, que cuenta con un dispositivo conocido como 'Mapeador de rayos geoestacionarios', que representa gráficamente los rayos desde arriba y registra los destellos registrados por los satélites meteorológicos orbitales cada dos milisegundos en busca de eventos de rayos que brillen 100 veces más que el promedio. 

En las observaciones se descubrieron aproximadamente dos millones de eventos que se ajustaron a estos criterios. Según estos datos, uno de cada 300 eventos de rayos es un 'superbolt', muchos de los cuales registraron al menos 100 gigavatios de potencia. A modo de comparación, la energía producida por todos los paneles solares y turbinas eólicas en el país norteamericano fue de aproximadamente 163 gigavatios en el 2018según el Departamento de Energía de EE.UU.

Hasta 3 teravatios de potencia

Mientras, el análisis de doce años de datos recopilados por el satélite FORTE detectó la presencia de 'superbolts' que emitían un mínimo de 100 gigavatios de potencia. 

"El impacto de un rayo incluso superó los 3 teravatios de potencia, miles de veces más fuerte que los rayos ordinarios detectados desde el espacio", aseveró Peterson.

Según este segundo estudio, los 'superrayos' se generaron durante eventos raros de 'nube a tierra' con carga positiva, a diferencia de los eventos con carga negativa, que son mucho más comunes y componen la gran mayoría de los relámpagos.

Publicado: 25 nov 2020 02:08 GMT 

La captura de carbono para mejorar la soberanía alimentaria

Investigadores de los institutos de Ciencias Agrícolas y Conservación de Recursos y Biociencias y Geociencias de Alemania acaban de hacer pública una investigación que ahonda en la posibilidad del secuestro de carbono en el suelo. Los argumentos a favor de aprovecha el potencial de los suelos para estabilizar el clima no son nuevos y, de hecho, en los últimos años se han puesto en marcha iniciativas en esa línea como la iniciativa 4p1000, lanzada en la COP21 por la CMNUCC en el marco del Plan de Acción Lima-París (LPAP) en 2015; los talleres de agricultura de Koronivia, que se iniciaron en la COP23 en 2018 y el programa RECSOIL, puesto en marcha el año pasado por la FAO.

Según indican, en la última década, los seres humanos hemos generado cerca de 5 gigatoneladas de emisiones al año, de las que podrían capturarse en el suelo hasta 1,5 gigatoneladas, lo que ayudaría a paliar –que no a resolver- la contaminación que provocamos. Sin embargo, el denominador común de las iniciativas mencionadas se plasma en que el aumento del Carbono Orgánico del Suelo (COS) no sólo puede mitigar parte de las emisiones de carbono sino que, además, resulta indispensable para la adaptación de los sistemas agrícolas al cambio climático. Y es que el COS tiene efectos positivos sobre la estructura del suelo, la retención de agua y el suministro de nutrientes, habiéndose convertido en crucial para mantener los servicios de los ecosistemas y la productividad agrícola, según subraya el nuevo estudio.

l trabajo publicado incide en la necesidad de establecer una estrategia en los más altos niveles políticos y de mercado para motivar a los agricultores a adoptar prácticas agrícolas sostenibles en una escala lo suficientemente grande como para dar como resultado la transformación de los sistemas de producción agrícola. Para que esto se produzca, las acciones deben estar respaldadas por sólidos programas científicos, educativos, políticos y sociales.

Uno de los problemas que está frenando la captura de COS es la financiación, especialmente en los países en desarrollo, pero no es el único puesto que la investigación destaca cómo en Norteamérica, Europa o Australia existen, incluso, instituciones para respaldar las inversiones que se realicen en esta línea y, sin embargo, ninguna de estas regiones han secuestrado cantidades climáticamente significativas de carbono hasta la fecha.

El estudio detalla que el coste del manejo de suelos que aumentan el contenido de carbono puede oscilar entre 3 y 130 dólares por tonelada de CO2, teniendo presente que el rendimiento es variable en función, por ejemplo, de factores como la abundancia de agua. Así pues, uno de los puntos a potenciar, en opinión del estudio, es incentivar fiscalmente a los productores individuales para que no sólo se enfoquen en la producción agrícola –que está subvencionada pese a la guerra de precios con intermediarios- sino que también en la apropiación de COS adicional.

Los investigadores apuestan por potenciar el secuestro de carbono en aquellos suelos que ya están evidenciando una baja tasa de rendimiento, vinculando de este modo esta práctica a la seguridad alimentaria. En la actualidad, alrededor del 33% de los suelos en todo el mundo se ha degradado, habiendo perdido buena parte de su COS como consecuencia de la práctica de la agricultura intensiva y el pastoreo, así como haber convertido ecosistemas nativos en tierras cultivables.

Una degradación de los suelos, además, que va en aumento mientras no se realice un aporte adicional de carbono. Si se realizaran estos aportes, el estudio indica que podría cerrar la actual brecha de rendimiento global del 32% en los cultivos de maíz o del 66% en el de trigo, evitando así la necesidad de seguir extendiendo la superficie cultivable.

Para que la estrategia tenga éxito, lo primero es determinar las condiciones de cada suelo, mapear el punto en el que se encuentra cada región, pues no todos presentan el mismo potencial de captura, que puede variar en función del tipo de suelo, el clima, los sistemas de cultivo y las tecnologías disponibles, así como de la brecha de rendimiento que presente y las pérdidas históricas de carbono. En términos generales, los suelos minerales, que cubren cerca del 90% de la superficie terrestre, apenas cuentan con carbono orgánico, mientras que los suelos orgánicos que almacenan más del 20% de todo el COS apenas supone un 3% de la superficie terrestre.

Las prácticas de gestión que se aplicarán a estas dos categorías son muy diferentes, porque mientras en los primeros la prioridad es secuestrar más COS, en los segundos lo importante es reducir su pérdida. Se requiere, pues, una coordinación regional dentro de una armonización mundial, quizás a través de la FAO y su Alianza Mundial por el Suelo.

El trabajo presentado aboga por vincular el secuestro de carbono en el suelo con los programas sobre seguridad alimentaria y alivio de la pobreza en áreas rurales, salud del suelo y REDD+ (reducción de las emisiones de la deforestación y la degradación de bosques). Este enfoque contribuiría a allanar el camino para todo el trabajo que resta por realizar, desde la misma identificación de las áreas prioritarias a los cambios organizativos necesarios.

Por David Bollero

20 noviembre, 2020

Ríos atmosféricos, las autopistas aéreas que regulan el clima

Si existe un campo de estudio dentro de la dinámica atmosférica cuya notoriedad haya experimentado un crecimiento exponencial en las últimas décadas es, sin duda, el de los ríos atmosféricos (AR, por sus siglas en inglés).

El motivo quizás sea que los ríos atmosféricos juegan un papel destacado en un gran número de factores del clima, como el balance radiativo (energético) del planeta o su ciclo hidrológico. O quizás sea su creciente tendencia a ser nombrado en los boletines meteorológicos cuando, en compañía de una tormenta tropical o una ciclogénesis explosiva, traen en ocasiones más de 70 l/m² de precipitación en unas pocas horas.

¿Qué son los ríos atmosféricos?

Los ríos atmosféricos son regiones de la atmósfera cuyo contenido de humedad es muy superior al de las regiones colindantes. Suelen ser regiones muy alargadas y (relativamente) estrechas –miles de km de largo frente a unos cientos de km de ancho– y acompañan normalmente a los frentes fríos tan característicos de las latitudes medias.

Su naturaleza les permite funcionar como grandes autopistas que distribuyen la humedad –y con ello, energía en forma de calor latente– desde las húmedas y cálidas regiones subtropicales y tropicales hacia el resto del planeta.

Estas formaciones son, por tanto, esenciales para el mantenimiento de la buena salud de nuestro ciclo hidrológico, y un mecanismo indispensable del balance radiativo del planeta. Su forma alargada y la enorme cantidad de agua que transportan (superior al caudal del río Mississippi) han inspirado el característico y atrayente nombre de "ríos atmosféricos".

Su papel en las precipitaciones

Los ríos atmosféricos presentan una enorme variabiliad entre ellos. No hay dos iguales. La mayor parte son eventos de intensidad moderada, y son por tanto considerados como beneficiosos. Entre otras cosas, aportan una cantidad indispensable de humedad a la atmósfera de latitudes medias y continentales, que no podría recibirse de otra manera.

Otros ríos atmosféricos, sin embargo, son fenómenos extremos que pueden llevar asociadas precipitaciones superiores a los 100 l/m² en un solo día, teniendo un impacto económico y social negativo en las regiones que se ven afectadas por ellos.

A nivel global, se trata de fenómenos comunes. Suelen existir unos tres o cuatro simultáneamente por cada hemisferio, situados habitualmente sobre los grandes corredores oceánicos. Su temporada alta es el invierno correspondiente a cada hemisferio, cuando la atmósfera es menos húmeda, pero mucho más dinámica que la de la temporada estival.

Las costas occidentales de los grandes continentes, incluida la costa atlántica ibérica, son las regiones calientes de llegada de ríos atmosféricos. Los que llegan a España transportan un elevado porcentaje de lluvia desde el golfo de México. En invierno la península ibérica acostumbra a recibir 3 o 4 al mes.

Otra región activa del mundo hispanoparlante es la costa de Chile, donde los ríos atmosféricos del Pacífico suelen generar importantes precipitaciones en su interacción con la cordillera de los Andes.

¿Cómo serán los ríos atmosféricos del mañana?

La respuesta a la pregunta de como serán los ríos atmosféricos del mañana depende, como es lógico, de cómo sea la atmósfera en la que residan.

La mayor parte de los análisis prospectivos predicen una atmósfera más cálida, y con una dinámica diferente. En este contexto, se considera que los ríos atmosféricos irán tendiendo a ser más frecuentes, y también más intensos, aunque con grandes diferencias entre las diferentes regiones del planeta.

En un reciente estudio liderado por los profesores Luis Gimeno y Raquel Nieto de la Universidad de Vigo, y realizado en colaboración con la Universidad de Lisboa y la Universidad de Illinois, hemos analizado la variación el contenido de humedad durante las últimas décadas en las regiones estratégicas para el fenómeno. Esto nos sirve para realizar una proyección robusta y determinar como serán el día de mañana en un contexto de calentamiento global.

En el artículo, publicado en Nature Communications, se muestra que el contenido de humedad se ha incrementado –y por tanto, con mucha probabilidad, se incrementará– aproximadamente en un 7 % por cada grado centígrado de humedad que se calienta la parte inferior de la atmósfera.

Esta es una proporción bien conocida para los estudiosos de la termodinámica, pues es predicha por la ecuación de Clausius-Clapeyron, que determina la cantidad máxima de humedad que puede contener una celda de aire antes de llegar a la saturación.

Además, hemos demostrado que, de todas las regiones del planeta, la señal más clara a este respecto se observa precisamente en la región donde se origina la mayor parte de la humedad que llega a Europa en forma de ríos atmosféricos: el golfo de México.

Una atmósfera más cálida será una atmósfera más húmeda, y tenemos ahora motivos de peso para asumir que ese incremento de humedad se trasladará en una proporción similar a los ríos atmosféricos.

La cantidad de humedad que recibiremos en el futuro desde las regiones subtropicales será mayor, y también la probabilidad de precipitaciones extremas, poco convenientes para el correcto aprovechamiento del agua como recurso, y peligrosas.

El esfuerzo de la comunidad científica para procurar entender, predecir y adelantarse al clima del futuro es grande, y no sin motivo, pues del clima dependen una buena parte de los recursos que nos proporciona el planeta.

Entre ese complejo collage de fenómenos que constituirán el clima del mañana, parecen jugar un papel destacado los ríos atmosféricos a los que podemos atribuir, sin miedo a equivocarnos, una buena parte del agua que llega a nuestras casas, cultivos, embalses y ríos.

Por:

Jorge Eiras Barca 

Investigador postdoctoral en Física de la Atmósfera, Universidade de Vigo

Iago Algarra Cajide

Investigador Postdoctoral en Física de la Atmósfera, Universidade de Vigo

Jeff Gibbs: «Nunca habrá energía tecnológica verde»

Con el vídeo del documental El planeta de los humanos, de Michael Moore.

 

El Planeta de los Humanos formula difíciles preguntas sobre el fracaso del movimiento ambientalista para detener el cambio climático y salvar el planeta. Para responderlas, preguntamos a su escritor y director.

Publicado en vísperas del 50º aniversario del Día de la Tierra y en plena pandemia mundial Covid-19, el documental Planeta de los Humanos hace un duro análisis de cómo el movimiento ecologista ha perdido la batalla por sus elecciones bienintencionadas pero desastrosas, incluyendo la creencia de que los paneles solares y los aerogeneradores nos van a salvar, y por haberse sometido a los intereses corporativos de Wall Street.

Por lo que no es sorprendente que la película haya suscitado controversia. Ha sido criticada de ser parcialmente anticuada y engañosa y algunos la acusaron de hacer una exposición sesgada de las energías renovables y de apoyar un «maltusianismo antihumano».

Para disipar cualquier duda decidimos entrevistar al escritor y director de la película, Jeff Gibbs.

Nacido en Flint, Michigan, Jeff colaboró durante mucho tiempo con Michael Moore. La primera película en la que trabajó fue Bowling for Columbine [“Un país en armas”, en Argentina, y “Masacre en Columbine”, en México*], en la que produjo muchas escenas icónicas como «el banco que te da un arma», «el perro dispara al cazador» y la «Milicia de Michigan». Tras el éxito de Bowling for Columbine, Jeff se convirtió en coproductor de Fahrenheit 9/11, el documental más taquillero de todos los tiempos. Jeff también escribió la banda sonora original de ambas películas. Desde Fahrenheit 9/11, aunque se tomó algún descanso ocasional para producir otras películas, incluyendo el documental de Dixie Chicks Shut Up and Sing [“Cállate y canta”], Jeff ha estado singularmente obsesionado por el destino de la Tierra y la humanidad.

Pregunta. Hola, Jeff. Muchas gracias por esta oportunidad. En primer lugar, el documental está basado en datos científicos. ¿Cuánto tiempo te llevó recopilarlos y qué confianza merecen?

El planeta de los humanos no es una mera recopilación de datos, sino una historia de descubrimiento que carece de sentido fuera de contexto. El panorama general que se presenta en nuestra película es que la civilización está llegando a muchos límites, incluyendo el agotamiento de los recursos, el empobrecimiento del suelo, la deforestación, la sobreexplotación de los océanos, el colapso de la biodiversidad y, por supuesto, el cambio climático. Resolver únicamente el cambio climático no nos salvará, especialmente cuando las llamadas soluciones implican el uso de tecnologías punta que están diezmando la biosfera y causando daño a los seres humanos en todo el mundo. Peor aún, estas supuestas «soluciones» verdes implican acostarse con los banqueros, industriales, capitalistas y sus «fundaciones». De hecho, nada puede marcar la diferencia a menos que encontremos una manera de terminar con nuestra fatal adicción al crecimiento económico, si bien tenemos que cuidar de aquellos que más lo necesitan.

Hace más de una década, comencé mi viaje de exploración del desastre creado por los humanos, y de cuál podría ser la salida. Cuando me di cuenta de que las llamadas soluciones «renovables» no eran ni renovables ni soluciones, empecé a documentar lo que estaba descubriendo. Por ello, lo que se ve en «El planeta de los humanos» está tomado en su mayor parte del mundo real y de entrevistas con expertos. Todos los datos, ya sean de tablas o gráficos, son los más actualizados disponibles, por regla general de 2019 y 2020.

En la película nos apoyamos en hechos, y ofrecemos una amplia documentación en nuestro sitio web. Por ejemplo, los críticos dicen que no deberíamos haber mostrado una escena histórica con paneles solares de un 8% de eficiencia porque esta se ha duplicado desde entonces. Esto no es cierto. En aquella época también había paneles más eficientes, al igual que ahora, pero cuestan el doble o no duran tanto. La eficiencia solar no se ha duplicado desde 2008. En la actualidad, las nuevas tejas solares de Tesla tienen menos de un 8% de eficiencia.

Pero la cuestión de mayor relevancia es que lo importante no radica en la EFICIENCIA, sino en la INTERMITENCIA, tal como se destaca en la película. Debido a la intermitencia, las llamadas energías renovables no pueden reemplazar directamente a los combustibles fósiles sin el almacenamiento de una gran cantidad de energía, algo que no existe a tal escala, y que de implementarse sería a costa de incrementar enormemente el impacto medioambiental y el consumo energético de la llamada energía «verde».

Pregunta. Usted critica algunas de las renovables más importantes y populares. ¿Existe actualmente alguna forma de auténtica energía verde? ¿Cree que es posible producirla con independencia del modo de producción?

La energía «verde renovable» no es ni verde ni renovable. La luz solar y la fuerza del viento pueden ser renovables, pero las gigantescas máquinas tecnológicas hechas para recolectar el viento y el sol son precisamente lo opuesto. Que la tecnología pueda llegar a ser alguna vez «verde» o «renovable» es una de las mayores ilusiones de la historia. La tecnología proviene de la excavación, voladura, minería, quema, fundición, refinación y múltiples procesos industriales. La tecnología consume recursos no renovables, y emite toxinas y contaminación. No existen otras opciones. Todo tiene un precio. El cambio de las fuentes de energía basadas en el carbono a las llamadas «renovables», incluso si fuera posible, aumentaría nuestra dependencia y consumo de recursos no renovables, acelerando la desaparición de la civilización industrial. El sol seguirá brillando y el viento soplando mucho después de que nuestro inútil intento de recolectarlos con cientos de miles de millas cuadradas de tecnología «verde» se venga abajo. Nunca habrá energía tecnológica «verde», y fantasear con ella es una contundente manifestación de nuestra desesperación. Y tened en cuenta que la mayoría de lo que se define como energía “verde”, y se subvenciona como tal, son los biocombustibles y la biomasa –y con ellos se quema lo que queda del planeta vivo a fin de seguir alimentando nuestros estilos de vida.

Pregunta. ¿Qué opina de la energía nuclear?

Aunque la energía nuclear proporciona más energía fiable que las tecnologías solar o eólica, sus defensores participan en gran parte de las mismas ilusiones que los llamados defensores de la energía renovable. (Por supuesto, yo mismo fui antaño uno de ellos). Exploraremos más sobre la energía nuclear en nuestro trabajo futuro. Pero incluso la formulación de la pregunta «¿qué pasa con la energía nuclear?» enmascara el erróneo supuesto de que en alguna manera más energía ayudaría a «salvar el planeta». A menos que los humanos tengamos un interruptor de apagado, y comencemos a apagar esta civilización global, la vida en la Tierra acabará “tostada”. Si se nos diera más energía «limpia» mágica y gratuita de cualquier tipo, nuclear, solar, eólica, de mareas, de rayos de luna, lo que sea, los humanos la usaríamos para seguir arando, arrasando, talando, minando, fundiendo, pavimentando, contaminando, plastificando, construyendo, pescando en exceso, cazando en exceso y, en general, consumiendo en exceso, prosiguiendo por este camino hasta liquidar lo que queda de nuestro planeta vivo.

Pregunta. Su documental demuestra cómo las grandes corporaciones se han infiltrado en el movimiento verde. ¿Qué lecciones tienen que aprender los activistas? ¿Qué errores cometieron?

Cuando te acuestas con los capitalistas, banqueros, multimillonarios y sus llamadas fundaciones sin ánimo de lucro, no son ELLOS los que cambian –sino tú. Tu visión se atasca en el tiempo y se entierran las más grandes verdades. La revolución no será financiada por aquellos que se benefician del statu quo. Cuando te comprometes para obtener una «victoria» –pierdes. Todo el mundo pierde. Lenta pero inexorablemente, los capitalistas han dado al movimiento ambientalista un angosto enfoque hacia el cambio climático y la supuesta solución de la energía verde, porque es un centro de ganancias de 50 billones de dólares. Y queda fuera de discusión que, aunque algunos líderes ambientales lo digan de boquilla, nuestra adicción al crecimiento económico perpetuo (verde o no) en un planeta finito se encuentra en fase terminal.

Pregunta. ¿Deberían los activistas más conscientes y radicales participar en movimientos medioambientales para cambiarlos desde adentro o hay mejores lugares y formas de llevar a cabo esta batalla?

Buena pregunta. Creo que lo más importante es estar en posesión de la visión correcta. Esto es de una trascendencia mucho mayor que una emergencia climática, por muy grave que sea lo del clima. Nuestra entera civilización industrial con sus siete mil millones de humanos, en camino hacia los ocho mil, está llegando a su fin. O bien nos adelantamos a la civilización que ahora está emergiendo y al colapso biológico o sufriremos las más extremas consecuencias. Las especies no humanas ya están sufriendo las más graves secuelas en todo el mundo.

Pregunta. ¿Qué piensa del movimiento “Viernes para el futuro” de Greta Thunberg?

Creo que Greta Thunberg tiene unas increíbles percepciones. El hecho de que los jóvenes estén usando la palabra extinción representa un genuino progreso. Comparto el temor de todos los activistas sinceros, motivados y auténticos, jóvenes y viejos. Cuando nos enfocamos en el cambio climático sólo como LA cosa que está destruyendo el planeta, nos vamos acostumbrando a las fuerzas del capitalismo que quieren seguir vendiéndonos la desastrosa ilusión de que con la minería, las fundiciones y la industrialización podemos construir nuestra vía de escape de este evento de extinción. Y otra vez, entre bastidores, mucho de lo que estamos haciendo para «salvar» el planeta es quemar el «bio» del planeta como energía verde.

Pregunta. A pesar de salir en un país occidental supuestamente democrático, el documental sufrió una campaña de censura coordinada. ¿Puede describir el tipo de censura, el papel de YouTube y decirnos qué lecciones ha aprendido?

Hemos aprendido que aquellos que están profundamente inmersos en el statu quo y que se acuestan con los capitalistas harán todo lo posible para intentar detener a aquellos otros que representan una amenaza para su narrativa. Aunque el tiro les salió por la culata, dando como resultado que un mayor número de personas viera «El Planeta de los Humanos», es verdaderamente aterrador percibir hasta que punto en el año 2020 unas pocas grandes corporaciones controlan lo que el público ve. La censura sigue siendo un gran problema: tanto The Guardian como Newsweek rechazaron múltiples intentos de que se editaran respuestas a la censura que habían publicado. Hemos sabido que los escritos de varios periodistas y académicos en apoyo de «El Planeta de los Humanos» han sido rechazados para su publicación.

Pregunta. El documental recibió algunas críticas. ¿Qué aprendiste de ellas?

Pudimos percatarnos de la desvergüenza de nuestros llamados críticos con sus ataques hipócritas, calumniosos, coordinados y, según parece, bien financiados. Intencionadamente ignoran las grandes verdades para confundir a la gente. Después de ver la película, la crítica parece ridícula.

Los críticos dicen que la carga de los vehículos eléctricos ya no se basa en los combustibles fósiles desde 2008. Esto no es cierto. La red eléctrica de Michigan sigue siendo convencional (no solar o eólica) en un 94%, al igual que en la mayor parte del mundo. De hecho, el uso global de combustibles fósiles se ha expandido en los últimos años –en su mayor parte se utilizan para producir los materiales instalados en los vehículos eléctricos, paneles solares y aerogeneradores.

George Monbiot dijo que la película es racista por mostrar la realidad biofísica de que globalmente la población y el consumo están aumentando. Para poder decir cosas que nosotros no dijimos, Monbiot hizo recortes en la película. Luego se inventó ideas altamente perturbadoras sobre cómo lidiar con ello, –ideas producto de su mente, no de la nuestra. No compartimos los aterradores planes de George Monbiot. Se está involucrando en la censura con la intención de asustar a la gente para que no vea la película, pero sus esfuerzos han sido totalmente inútiles.

Para terminar, quiero dejar claro que soy una persona muy esperanzada. Nuestra esperanza proviene de vivir en la realidad, no basándonos en fantasías sobre gigantescas máquinas industriales de recolección solar y eólica, o en “limpios” combustibles nucleares o fósiles que «salvarán el planeta». El planeta no tiene ni el más mínimo interés en un nuevo esquema de dominación y control por parte de los humanos. Ahora, mientras todavía tenemos ballenas azules y secoyas, pájaros cantores y mariposas, es un buen momento para abordar la única esperanza que nos queda: o bien del “más” pasamos al “menos”, o acabaremos en el montón de chatarra de civilizaciones fracasadas arrastrando todo con nosotros.

Por Simone Rossi | 12/11/2020

Traductor: Luis Lluna Reig

Vídeo:Michael Moore. El planeta de los humanos

Fuente:  http://www.wrongkindofgreen.org/2020/08/23/jeff-gibbs-there-will-never-be-green-technological-energy/     

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 07 Noviembre 2020 05:34

Cambiar el modelo es la única esperanza

Cambiar el modelo es la única esperanza

Con todo el mundo en la cima de la segunda ola de la pandemia, la ONU acaba de publicar los resultados de un estudio en el que afirma de manera inequívoca que las pandemias están provocadas por las actividades humanas, y que estas actividades "son las mismas que causan la crisis climática y la extinción masiva de especies".

Se confirman así las sospechas de buena parte de la comunidad científica y de los movimientos ecologistas: la pérdida de biodiversidad a causa del modelo económico imperante, basado en la explotación ilimitada de recursos naturales, no solo agrava el cambio climático, sino también  facilita la interacción de la fauna salvaje con los humanos, aumentando las posibilidades de transmisión de virus y enfermedades infecciosas.

La constatación de esta teoría es todo un bofetón para negacionistas, conspiranoicos y neoliberales diversos, con mando institucional o no. Significa la evidencia de que es un error monumental priorizar la economía (o al menos la ortodoxia económica vigente, en la que el PIB es el rey) a la salud del planeta, y por ende la de la ciudadanía. Poca gente es consciente de que el PIB solo mide producción de bienes y servicios, pero no mide por ejemplo toda la economía de los cuidados (que generalmente recae en las mujeres de forma no remunerada), ni los efectos dañinos sobre el medio ambiente. Como ejemplos perversos: un desastre ecológico en forma de vertido de sustancias tóxicas supone un aumento del PIB debido a la producción generada en las tareas de limpieza, pero el daño causado al entorno y a la gente que vive de él no resta. O la sospecha de que se provocan guerras (Iraq) para generar actividad económica en las tareas de reconstrucción.

Los avisos son constantes.  Si no se revierte de forma radical la dinámica actual las condiciones que permiten la vida en la Tierra se van a degradar a tal velocidad que ni un PIB de 3 dígitos nos salvará del desastre a corto plazo. Y aun así, ciertos gobernantes hacen oídos sordos a estos avisos y siguen apostando por el "business as usual" que tanto daño ha hecho en las últimas cinco décadas. No importa que la UE apueste fuertemente por un cambio de modelo en forma de Green New Deal o que el programa de recuperación de la crisis provocada por la pandemia esté condicionado a transformar radicalmente el modelo productivo con el aviso "sin transformación en esta línea, no hay fondos".

También se obvia que el crecimiento constante de la economía solo favorece al famoso 1%, y que el 99% restante soportamos todas las externalidades de este crecimiento, incluida la colectivización de las pérdidas mediante la cual las grandes compañías e inversoras salen siempre de rositas de los desastres que provocan, recayendo las compensaciones y la recuperación de forma sistemática en fondos públicos. El último ejemplo, el megafiasco del Proyecto Castor.

Pero hay una salida, abandonar el injusto PIB como indicador de desarrollo o progreso y apostar por modelos innovadores y más justos, como la Economia del Donut, un modelo económico que pretende garantizar las necesidades básicas de la ciudadanía dentro de los límites físicos del planeta. Este modelo deriva del Decrecimiento, una corriente de pensamiento que propone una regulación controlada de la producción económica, para conseguir una relación de equilibrio entre ser humano y naturaleza. Sin el estigma que supone la implícita negatividad de la palabra decrecer, y del anatema del concepto "regulación" en un mundo profundamente capitalista, la economía del donut o la rosquilla es un buen punto de partida para salir del atolladero en que nos hemos metido y del que mucha gente cree que no podemos salir. Desde el momento en que la ortodoxia en las facultades de Economía es el capitalismo neoliberal, parece que ya no haya otras posibilidades.

Las hay y es nuestro deber como sociedad explorarlas y ponerlas en práctica si queremos seguir disfrutando de esta maravilla increíblemente resiliente, pero frágil a la vez, llamada Tierra.

Toni Ribas

Eje de Ecología de Barcelona en Comú

07/11/2020

Publicado enSociedad