Domingo, 26 Enero 2014 08:55

"El gran tema es el de las garantías"

"El gran tema es el de las garantías"

En un alto en las negociaciones de paz entre la guerrilla y el gobierno colombiano que se llevan adelante en Cuba, uno de los diez hombres más importantes de las FARC habló de los avances logrados y las tareas pendientes.

 

Desde La Habana


Emiro del Carmen Ropero Suárez, alias "Rubén Zamora", es un hombre pausado, de gestos mínimos, casi inexpresivo. Tal vez sea por su vida en la selva o por sus años nómades de guerrillero. Como él mismo recuerda, durante esta entrevista realizada en La Habana, de muchacho era militante comunista pero "presionado por las circunstancias, en el año 1987, a los 24 años, decidió entrar en las FARC". Ese año el ejército legal y el paralelo desataron en Colombia un genocidio contra el partido de izquierda Unión Patriótica. Fueron asesinados dos candidatos presidenciales, 11 alcaldes, 13 legisladores y más de 5000 militantes. "Yo era blanco del terrorismo de Estado, por eso decidí desarrollar mis ideales en la lucha guerrillera", remarca Zamora que ahora, a los 51, es uno de los diez hombres más importantes de las FARC.


–¿Qué cargo ocupa en las FARC?
–Yo soy parte del Estado Mayor. Comandante del Frente 33, en Catatumbo. Aquí participé en la Mesa de Diálogo en el primer y segundo punto y ahora soy parte del equipo asesor.


–¿Cómo marchan las negociaciones?
–Hay resultados importantes, pero todavía hay temas estratégicos pendientes y no sabemos hasta dónde llega el compromiso del gobierno para discutirlos.


–¿Qué quedó pendiente del primer punto, el del acceso a la tierra?
–Primero, discutir los tratados de libre comercio. Hay más de treinta. Y la economía. Colombia no soporta competir con Europa, Estados Unidos, Corea del Sur, Japón... Este tema es muy reivindicado por los movimientos sociales que en agosto pasado participaron de una gran protesta, reprimida por el gobierno. El segundo tema: la extranjerización de la tenencia de la tierra para los proyectos agroforestales. Tercero, la gran minería: más del 50 por ciento del territorio nacional está concesionado a multinacionales mineras y energéticas. Esto pone en seria amenaza la soberanía alimentaria y provoca desplazamientos de comunidades nativas arraigadas en esas tierras desde hace siglos. Cuarto, el latifundio que abarca casi el 40 por ciento del territorio nacional.


–¿Y del segundo punto?
–En Colombia, el Estado se encuentra deslegitimado por la corrupción política, el clientelismo, la penetración del dinero del narcotráfico, los vínculos con el paramilitarismo... Nosotros planteamos una reforma política del Estado que permita la participación abierta de la sociedad, que nos dé plena garantía política, una reforma electoral. También una reforma de la Justicia: la elección democrática de los procuradores, de los defensores del pueblo.


–¿Es posible que ustedes formen un partido político y abandonen la lucha armada?
–Como decía el ex juez Carlos Gaviria, "ser opositor en Colombia es un acto heroico". El gran tema es el de las garantías políticas. Pedimos que se cumpla de una vez por todas el Estatuto de la Oposición que figura en la Constitución de 1991. Otro tema es el acceso a los medios de comunicación. En Colombia los medios, además de estar extranjerizados, forman parte de grupos financieros a grandes conglomerados económicos que son los que realmente tienen el poder político.


–¿Cuáles son?
–El grupo Prisa, dueños de los influyentes Caracol radio y Caracol televisión. El grupo financiero de Carlos Ardile Lülle, uno de los hombres más ricos del mundo, dueño de RCN (Radio Cadena nacional). Y está el grupo Luis Carlos Sarmiento Angulo (propietario de varios bancos y empresas constructoras) que controla el periódico El Tiempo.


–¿El Tiempo no es de la familia del presidente Juan Manuel Santos?
–Ellos fueron los fundadores. Perdieron el poder económico pero conservan mucho poder político dentro del periódico. Hoy, el 98 por ciento es del grupo financiero Sarmiento Angulo, que entre otras cosas ha sido lavador de activos del narcotráfico y controla gran parte de la tierra de Colombia. Los medios están a la cabeza de una campaña para entregarles las tierras colombianas a grupos económicos y financieras como Mónica Semillas de Brasil que ha comprado enormes extensiones; la norteamericana Cargill; hay empresas israelíes... China está interesada en adquirir 400 mil hectáreas de tierra. En muchos casos para grandes proyectos agroforestales y agrocombustibles.


–¿Cree que el gobierno apunta al desarme de las FARC justamente para avanzar con ese proyecto económico sobre las tierras que hoy están ocupadas por ustedes?
–Nosotros no estamos ocupando tierras. Nosotros no somos dueños de tierras en Colombia.


–No, claro. Me refiero a que la presencia de las FARC en el territorio no permite la expansión de las fronteras para la agroindustria, por ejemplo.
–Es muy posible que estén apostando al desarme insurgente para consolidar esos proyectos económicos. Por eso, no podemos arriesgarnos al desarme sin que haya un proceso de transición en donde se vea que es efectiva la implementación de los acuerdos. Esto no puede ser un paquete de promesas por parte de ellos y acciones concretas de nuestra parte. Por eso, además de Cuba y Noruega como países garantes es muy importante que haya mucho respaldo popular y mucho respaldo institucional a nivel internacional para que no fracase este proceso.


–¿Por qué Estados Unidos podría estar interesado en el éxito de las negociaciones?
–Por un lado, por la crisis. Les está resultando muy costoso mantener las guerras. Por otro, hay presión de las petroleras, las mineras y otros inversores en Colombia, a los que conviene la paz. Las FARC son un obstáculo para los intereses de EE.UU. Intentaron liquidarnos físicamente con el Plan Colombia y, aunque no podemos negar que fuimos golpeados, ellos no pueden negar que no fueron capaces de derrotarnos militarmente. Ahora quieren derrotarnos en la mesa de diálogo.


–¿Ustedes se oponen a las inversiones extranjeras?
–No, pero depende en qué términos. No puede ser que las inversiones extranjeras no sirvan para el desarrollo económico del país o arrasen con el medio ambiente o impongan reglas lesivas para la soberanía nacional. En Noruega, las multinacionales pagan al Estado noruego el 76 por ciento, por las explotaciones energéticas. En Colombia, se redujo al 10 por ciento. Y, a veces, ni siquiera pagan impuestos, como la empresa Drummond, que ha financiado proyectos paramilitares pero dejó de pagar 50 millones de dólares. Desangran al país ambientalmente, financieramente, con el crimen político, con el desplazamiento de las familias campesinas y con las masacres del paramilitarismo. Tenemos que replantear la inversión extranjera en el país.


–¿Ustedes tienen vínculos con el narcotráfico?
–El lavado es el gran negocio de los grupos financieros ligados a la oligarquía colombiana. Aún hoy el narcotráfico controla las instituciones del país. Es un flagelo que cruza a toda la sociedad. Nosotros estamos en los territorios donde se producen ilícitos. Hemos hecho un esfuerzo por regular la producción, por evitar la depredación que genera al medio ambiente. Pero es muy difícil hacerle resistencia al gran capital del narcotráfico. No es fácil la lucha en una zona agraria donde la crisis, el abandono del Estado llega a condiciones terribles. El narcotráfico le ofrece al campesino un sistema productivo que le genera ganancias y la guerrilla no tiene la posibilidad de ofrecerle bienestar y desarrollo económico. Lo único que podemos hacer nosotros es tratar de ponerle límite y cobrarle impuestos al negocio de la droga.


–¿Cómo se financian?
–Con impuestos y donaciones. Nos pagan impuestos las petroleras, las mineras, las bananeras, igual que se los pagan al Estado. También, obviamente, los empresarios que se dedican al tráfico de droga. Pero las FARC ni cultivan ni trafican con drogas. Un consumidor de droga no puede ser militante de nuestra organización. En cuanto a las donaciones, hay amigos del proyecto político de las FARC que nos hacen contribuciones.


–¿Qué cantidad de militantes tienen hoy?
–Eso es información reservada, pero puedo decirle que son muchos. Además del ejército guerrillero hay una organización política clandestina, Partido Comunista Clandestino, que está en las universidades, fábricas, empresas, en los barrios. También hay un cuerpo de milicias que son compañeros de las unidades campesinas y comunidades urbanas. Las Milicias Bolivarianas.


–¿Están vinculadas con Venezuela?
–De ninguna manera. Nosotros somos bolivarianos. El único vínculo es el punto de vista del pensamiento latinoamericanista.


–¿Qué temas no son negociables?
–La reforma agraria, las reformas sociales, la soberanía nacional. La democracia. La integración latinoamericana. El pensamiento de nuestro Libertador Simón Bolívar. Eso no se negocia.

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Sábado, 18 Enero 2014 07:17

Alto el fuego en Alepo y canje de presos

Alto el fuego en Alepo y canje de presos

En la antesala a la conferencia de paz Ginebra II impulsada por Occidente, el gesto del gobierno sirio podría leerse como otro logro diplomático de Rusia, cuya mediación evitó la intervención militar norteamericana el año pasado.


Siria anunció ayer estar lista para adoptar un alto el fuego en la ciudad de Alepo y canjear prisioneros con la insurgencia, en un importante gesto en momentos en que la oposición siria en el exilio decide si asiste a una conferencia de paz que comienza la semana próxima en Suiza. El anuncio, hecho por el canciller Walid al Moallem en Moscú, luego de reunirse con su par ruso, Serguei Lavrov, podría significar otro logro diplomático de Rusia luego de que el Kremlin consiguiera convencer a su aliado Damasco de renunciar a su arsenal químico para evitar un inminente ataque de Estados Unidos.


También llegó momentos antes de que la fragmentadísima Coalición Nacional Siria (Cnfros), principal alianza de grupos de la oposición política siria en el exilio, comenzara a deliberar en Estambul acerca de si asiste, junto al gobierno sirio, a la conferencia de paz Ginebra II, que comienza el próximo miércoles. El evento es organizado por Estados Unidos –que apoya a la oposición siria–, Rusia –que respalda al presidente sirio, Bashar al Assad– y la ONU, y sería el primer encuentro cara a cara entre los rivales desde el comienzo de un conflicto, en marzo de 2011, que ya dejó más de 100.000 muertos.


Esta semana, Lavrov y su par estadounidense, John Kerry, hicieron un llamado conjunto al gobierno sirio y a la insurgencia para acordar el alto el fuego en partes de Siria que podrían comenzar con la devastada Alepo, la segunda mayor ciudad del país después de Damasco, como medida para fortalecer la confianza antes de la conferencia. Junto a Lavrov, el ministro Moallem dijo ayer que entregó a su par ruso "un plan con medidas para reforzar la seguridad en Alepo", 310 kilómetros al norte de Damasco, y agregó que espera que pueda servir de ejemplo a otras devastadas ciudades. "Como resultado de nuestra confianza en la posición rusa y su rol en detener el derramamiento de sangre sirio, hoy entregué al ministro Lavrov un plan de medidas de seguridad para la ciudad de Alepo", señaló Moallem. "Le pedí que hiciera los arreglos necesarios para garantizar su implementación y especificar la hora cero para el cese de las operaciones militares", agregó el canciller, sin entrar en detalles sobre el plan.


Lavrov dijo que Moallem lo había informado sobre la disposición de Al Assad para "adoptar una serie de medidas humanitarias" que podrían redundar en el rápido envío de asistencia a los afectados por la guerra que lleva ya 34 meses. En cuanto al canje, Moallem no quiso especificar cuántos prisioneros incluiría el intercambio ni cuándo podría comenzar. No obstante, la disposición representa ya una concesión hacia una de las exigencias clave de la oposición para asistir a las negociaciones de paz.


"Informé a Lavrov de nuestra posición a favor de un acuerdo para canjear presos en las cárceles sirias por prisioneros capturados por la otra parte", dijo Moallem luego de sus conversaciones de dos días con su par ruso en una mansión del centro de Moscú. "Estamos listos para intercambiar las listas y desarrollar los mecanismos necesarios para lograr estas metas", dijo el canciller sirio.


Moallem reiteró que Siria participará en Ginebra II que, pese a su nombre, se celebrará en la ciudad suiza de Montreux. Agregó que las autoridades sirias acudirán a la conferencia "pese a los intentos de algunos Estados de boicotear Ginebra II y a la situación en torno de la participación o no en ellas de la Cnfros", la principal organización opositora siria.


Dividida acerca de la decisión de iniciar negociaciones conAssad y bajo gran presión de Estados Unidos y otros apoyos internacionales para ir a Ginebra II, la Asamblea General de la Cnfros inició ayer un encuentro de dos días en Estambul para votar si envía o no una delegación a la conferencia. Los reunidos "votarán sobre Ginebra y nombrarán a los miembros de la delegación", reza una breve nota enviada por la Coalición, en una formulación que hace presagiar una respuesta positiva.


Ayer, Kerry instó a la Cnfros a asistir al evento que, dijo, es la "única manera" de poner fin a un conflicto que es "uno de los peores desastres humanitarios del planeta y que sembró el terreno para el extremismo".


Los planes para la conferencia fueron anunciados en mayo pasado por Kerry y Lavrov en Moscú, y desde entonces una serie de victorias militares del ejército nacional sirio dejó a la oposición en desventaja para una negociación. Además, las crecientes diferencias entre los grupos insurgentes derivaron, desde hace dos semanas, en fuertes combates entre ellos en la mitad norte de Siria que, según activistas opositores, ya dejaron más de 1000 muertos.


Estos enfrentamientos continuaron ayer, cuando insurgentes islamistas tomaron el control de las norteñas localidades de Saraqeb y de Ayal tras choques con el también islamista Estado Islámico de Irak y del Levante (EIIL), vinculado a Al Qaida, según informó una organización pro opositora siria con sede en Londres.


El Observatorio Sirio de Derechos Humanos agregó que continúan los combates entre ambos bandos en la base 46, donde se ubica el cuartel principal del EIIL cerca de Alepo. También continuaron las operaciones del ejército contra la insurgencia en todo el país, según la TV estatal siria. El Observatorio informó que al menos 11 personas murieron ayer, entre ellas dos rebeldes, en un bombardeo del ejército en la localidad de Al Madira, en las afueras de Damasco.

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Jueves, 26 Diciembre 2013 08:42

Mensaje de los rebeldes

Las fuerzas guerrilleras advirtieron que el gobierno colombiano busca un sometimiento de la insurgencia. Mientras, las FARC siguen dialogando en Cuba con los delegados del presidente.

 

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) destacaron ayer, en un comunicado conjunto, que ambas organizaciones trabajan de lleno para concretar los diálogos de paz. Las fuerzas guerrilleras también advirtieron que el gobierno busca un sometimiento de la insurgencia. El texto lleva las firmas de los máximos jefes de la organización, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, por las FARC, y Nicolás Bautista, alias Gabino, por el ELN, quienes llamaron a sus bases para que desde la unidad trabajen para la instalación de un gobierno de índole democrática en el país. "No resulta fácil frente a un gobierno profundamente reaccionario, neoliberal, comprometido hasta el tuétano con los intereses de las transnacionales y el imperialismo norteamericano, militarista, guerrerista y oligárquico", asegura el comunicado. Ayer también se supo que el ELN liberó en el departamento de Arauca a un trabajador del sector petrolero.

 

En la carta escrita por los grupos rebeldes, los dos comandantes criticaron, además, que tras el discurso público de la paz del gobierno de Juan Manuel Santos se esconde la ambición de una rendición de la insurgencia, por lo que instaron a una convergencia de fuerzas para contribuir a la instalación de otro gobierno abierto a nuevas perspectivas. Los jefes de ambas guerrillas afirmaron que las FARC y el ELN "empeñan sus energías por separado", pero inspirados "por la convicción de que los dos torrentes tendrán que confluir" más temprano que tarde. "Estamos comprometidos a incrementar nuestro trabajo en ese sentido y todos los integrantes de las dos fuerzas estamos obligados a asumirlo así en cada una de las tareas grandes y pequeñas que nos imponga la lucha", concluyó el mensaje de Gabino y Timochenko. Los jefes insurgentes renovaron el pedido a sus bases para que abandonen "los tratamientos incorrectos de nuestras contradicciones, así como las actitudes negativas de algunos integrantes de nuestras fuerzas", en referencia a los años en que las dos organizaciones se enfrentaban en algunas regiones. Las FARC tienen abierta una negociación con el gobierno desde noviembre del año pasado, en busca de un acuerdo que termine con medio siglo de conflicto.

 

Según el diario El Tiempo, citado por la agencia Prensa Latina, José Vera Parra, retenido desde el 30 de octubre por el ELN, la segunda guerrilla colombiana, fue entregado en la zona rural del municipio Saravena a miembros del Comité Internacional de la Cruz Roja. Vera, jefe administrativo del consorcio Icamex, empresa subcontratista de la Occidental de Colombia y Ecopetrol, fue sometido a un chequeo médico que mostró que está en buenas condiciones generales de salud. El 1º de diciembre el ELN había liberado al ingeniero agrónomo León Montes Ceballos, quien estaba retenido desde el 30 de julio de 2012.

 

Desde hace meses el ELN, que ya manifestó su deseo de sumarse a una mesa de conversaciones, aunque el Ejecutivo demora ese llamado, espera una señal del gobierno para instalar una mesa de paz paralela a la de las FARC-EP, que transcurre en Cuba desde noviembre del pasado año, ya que ratificó su disposición a buscar una salida pacífica al conflicto armado que vive el país desde hace medio siglo.

 

En agosto el presidente Santos expresó su disposición de iniciar un diálogo con el ELN, tras la reciente liberación del geólogo canadiense Jernoc Wobert, vicepresidente de la empresa minera Braewal Mining Corporations.

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La guerra civil en Colombia se aproxima a su fin

En Colombia ha habido una guerra civil continua desde 1948. Ahora, parecería que finalmente llega a su fin. Y está llegando a su fin del modo en que terminaron casi todas las otras guerras civiles que duraron largo tiempo. Un diferente contexto geopolítico, combinado con una profunda sensación de agotamiento de ambos lados, está permitiendo que prevalezca un arreglo de compromiso, incierto e imperfecto. Este final es comparable a otros finales semejantes en Irlanda del Norte y Sudáfrica. Es algo que no está ocurriendo aún y puede no ocurrir por algún tiempo en Afganistán, Siria o Egipto.

 

La guerra civil colombiana comenzó con el asesinato del candidato a la presidencia por el Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán, de quien se pensó que podría ganar las elecciones de 1948. En ese entonces Colombia era un país en gran medida agrícola, en gran medida católico. Había dos partidos reconocidos ampliamente: el Partido Liberal Colombiano y el Partido Conservador Colombiano. Los nombres mismos replicaban una división clásica entre izquierda y derecha. También reflejaban la clásica división entre las fuerzas católicas y las librepensadoras.


Durante los siguientes 10 años las fuerzas militares de los dos partidos se involucraron en luchas continuas, particularmente en las áreas rurales, por el control de la tierra. Fue frecuente que los soldados capturados fueran asesinados en formas extremadamente crueles, sobre todo por parte de las fuerzas del partido conservador. El resultado fueron 200 mil personas muertas en un periodo que llegó a ser conocido como "La violencia". Para 1958 los conservadores habían ganado más o menos, e impusieron un arreglo a los liberales.


La calma restaurada no duró mucho. Para 1964 emergió un movimiento político marxista-leninista desde dentro del relativamente pequeño Partido Comunista Colombiano y comenzó a efectuar acciones guerrilleras contra el sistema. Tomó el nombre de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o FARC. Los primeros años de la década de 1960 fueron momentos en que movimientos semejantes emergieron en muchos países latinoamericanos. Las FARC resultaron ser un movimiento que tuvo la capacidad de sobrevivir largo tiempo; hasta hoy, de hecho. Fueron muchas sus altas y bajas. Lo importante es que transformaron la guerra civil hasta hacerla girar en torno a divisiones más fundamentales que la inicial confrontación entre liberales y conservadores. De hecho, la emergencia de las FARC pareció acercar a los liberales a una coalición de facto con los conservadores para oponerse a la guerrilla.


En los 60, Estados Unidos consideraba a las FARC el tipo de fuerza a la que combatían por todo el mundo y le brindó al gobierno colombiano su apoyo político y militar.


Con el colapso de la Unión Soviética, Estados Unidos enfocó su atención a lo que consideraba como una guerra contra las drogas. Aquí también Colombia resultó crucial, dado que era un punto de producción y tránsito de drogas, particularmente de cocaína. Tras el 11 de septiembre de 2011, Estados Unidos (y otros países occidentales) etiquetó a las FARC como organización "terrorista".


Hubo un intento serio de ponerle fin a la guerra políticamente. En 1984 el presidente Belisario Betancur entró en un pacto con las FARC, lo que permitió a éstas competir en las elecciones como Unión Patriótica (UP). Pero hubo tantos líderes activos de la UP que fueron asesinados por las fuerzas ultraderechistas y por los agentes del Estado, que los miembros de las FARC volvieron a la guerrilla activa hacia 1986. Este sabotaje del pacto, perpetrado por la extrema derecha, ha pesado en todas las subsecuentes negociaciones.


El presidente colombiano en el periodo 2002-2010, Álvaro Uribe, se negó a la idea de las negociaciones y lanzó máximas acciones militares contra las FARC, incluido el hecho de cruzar la frontera a los países vecinos donde y cuando él pensara que los líderes de las FARC se escondían. Cuando terminó su periodo lo sucedió su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos. A Santos lo consideraban el personaje de línea dura tras de Uribe. Resultó ser quien está dispuesto a negociar.


Lo que para Santos cambió es el contexto geopolítico. Estados Unidos no pudo proporcionar la atención militar que antes estaba ofreciendo debido a su propia decadencia geopolítica. Santos, que sin duda es uno de los mejores amigos de Estados Unidos en América Latina, se hizo consciente del surgimiento de las fuerzas de izquierda y centro-izquierda en América Latina. Estaba de lo más interesado en conservar los vínculos económicos con Estados Unidos y pareció pensar que trabajando desde dentro, más que contra las estructuras autónomas sudamericanas y latinoamericanas, podría tener más posibilidades de espacio para lo que él considera lo más importante. Se volvió receptivo entonces a los ofrecimientos del presidente Hugo Chávez, de Venezuela, e inclusive de Cuba, para mediar. Las negociaciones parecían ser el mejor camino.


En tanto, las FARC no sólo sufrían del vaciamiento de su fuerza, sino de fatiga extrema, y repentinamente se dispusieron a las negociaciones una vez más. Estas negociaciones han estado ocurriendo por algún tiempo en La Habana. El 6 de noviembre, el presidente Santos anunció en la televisión que el gobierno y las FARC habían acordado un segundo punto en la agenda de negociaciones. El primer punto, el desarrollo agrario, se había resuelto a finales de mayo.


El segundo y crucial punto está relacionado con el desarme y la participación en la política electoral. Santos dijo que un "acuerdo fundamental" se había logrado en este segundo punto. Enfatizó que Colombia ahora ya no necesitaría otro medio siglo de guerra civil. El representante de las FARC accedió. Hay otro tercer punto sobre narcotráfico, pero nadie duda de que esto se resolverá.


La oposición al acuerdo ya fue verbalizado en voz alta por el ex presidente Uribe. Pero la opinión pública ya no está de su lado. Y tampoco parece que Estados Unidos se vaya a oponer al acuerdo por venir, puesto que no quiere socavar la posición del presidente Santos, al que todavía considera un muy buen amigo suyo. Tampoco las voces de la izquierda, interna o internacionalmente, son propensas a sabotear el acuerdo.


¿Qué tan bueno es este arreglo para Santos, que es todavía un neoliberal conservador, o para las FARC, que son todavía una fuerza de izquierda? Es muy pronto para decirlo. Pero parece ser que existe gran probabilidad de que el pacto se mantenga. La guerra civil llega a su fin, como dijo TS Eliot en su famoso refrán, "no con una explosión, sino con un gemido". Pero son agotadores 65 años de guerra civil. Uno se pregunta cuánta gente joven en Colombia podría reconocer siquiera el nombre de Jorge Eliécer Gaitán.


Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein

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Martes, 29 Octubre 2013 08:03

Las FARC, árbitro entre Santos y Uribe

Las FARC, árbitro entre Santos y Uribe

 

Tan solo en junio pasado parecía que todo salía a pedir de boca. El 26 de mayo se había llegado a un primer acuerdo entre el Gobierno colombiano y las FARC sobre el problema de la tierra. Era solo uno de los seis puntos en litigio en las conversaciones de La Habana entre los negociadores de Bogotá, que dirige Humberto de La Calle (exvicepresidente) y la guerrilla de Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timoleón Jiménez, y alias de alias, Timochenko, representado en la capital cubana por Iván Márquez. Pero lo acordado era, como lo calificó la revista Semana, una auténtica 'arma de transformación masiva', una reforma agraria que pretendía hacer realidad lo que había intentado sin éxito el presidente López Pumarejo en los años treinta. Pero desde septiembre ese optimismo se ha trocado en decepción. Mientras se agigantaba la sombra del expresidente Uribe, para quien Juan Manuel Santos, pese a haberlo apadrinado como sucesor, es la viva imagen de la traición; las FARC, tanto en Cuba, como con atentados sobre el terreno, no contribuían precisamente a que avanzaran las negociaciones. Caían los índices de apoyo al presidente con un abrumador 72% en contra e incluso su reelección, que en mayo parecía una mera formalidad, se hacía brumosa. Y, tras una larga campaña de feroz crítica contra Santos, Álvaro Uribe se disponía a fin de octubre a elegir candidato para las presidenciales de mayo de 2014. El expresidente no podía por ley optar a un nuevo mandato, por lo que tenía que conformarse con ser cabeza de lista de su partido, recién creado, Uribe Centro Democrático, para el Senado, en marzo, también del año próximo. Toda una novedad en un país en el que los expresidentes pueden ser influyentes pero se están quietecitos en su casa.

 

Las cosas habían comenzado a embolatarse —en colombiano contemporáneo, "complicarse"— con el estallido de una vasta protesta campesina en la zona del Catatumbo, que la izquierda juzgaba fruto emponzoñado del Tratado de Libre Comercio con EE UU por el que los productos norteamericanos le hacían la competencia con ventaja a la agricultura local. El paro se extendió a gran parte del país, el Polo y otras fuerzas organizaron marchas ciudadanas, las FARC lo saludaron con el mismo entusiasmo que si fuera idea suya; pero lo más grave fue que el presidente Santos, de ejecutoria prudente y competente olfato, perdió una excelente oportunidad de callarse cuando negó que hubiera "paro nacional" alguno. Si la habitualmente pasiva ciudadanía colombiana se encrespaba con una protesta que duró semanas y una intensidad inédita desde hacía décadas, hubo quien hasta barruntó que aquello podía ser un nuevo comienzo.

 

Ese mismo septiembre Santos aireaba internacionalmente sus preocupaciones lanzando ante la asamblea general de la ONU un ultimátum a la guerrilla: "Ya llevamos un año de conversaciones y solo hemos logrado acuerdos en un punto de la agenda...y la paciencia del pueblo colombiano no es infinita". Las conversaciones a cara descubierta, pero no públicas, habían comenzado en otoño de 2012 en la capital cubana y apenas a comienzos de octubre se entraba a discutir un segundo punto, aunque ciertamente mayúsculo, como era la participación política o incorporación de los guerrilleros a la legalidad, que concitaba una cuestión capital: ¿impunidad para los culpables? Ante la posibilidad de que matarifes convictos y confesos no recibieran castigo, la opinión pública reaccionaba mayoritariamente indignada, lo que prestaba un excelente trampolín a Uribe para cargar contra el jefe del Estado.

 

Ante el desbarrancadero de las encuestas Santos había procedido a un reajuste gubernamental, significativamente anunciado como 'Gabinete de Unidad para la Paz', donde destacaba el nombramiento de Alfonso Gómez Méndez en Justicia para lidiar con el espinoso problema de la participación política, y Rubén Darío Lizarralde en Agricultura, encargado del reparto de tierras a campesinos despojados y desplazados por el conflicto. El Gobierno decía tener a mano, entre baldíos, expropiaciones y recuperación de tierras del narcotráfico, entre tres y seis millones de hectáreas.

 

Estaba claro, sin embargo, que los insurgentes no iban a aceptar ni un solo minuto de cárcel —jefes o subordinados— lo que obligaba al poder a desplegar tales acrobacias jurídicas como solo conoce el acervo político colombiano. El llamado 'marco jurídico para la paz' preveía una solución enigmáticamente denominada 'justicia transicional', que zascandileaba con suspensión de penas y posibles deportaciones al extranjero para no tener que enviar a los culpables a la cárcel. Pero las FARC no admitían ni siquiera un simulacro de condena. El fiscal general Montealegre había alimentado la idea de que solamente los culpables de delitos atroces irían a presidio, y el propio Santos había reiterado que los mayores culpables penarían cárcel. Pero Iván Márquez no había ido a La Habana para que le extendieran un certificado de penales, y la guerrilla siempre había sostenido que la guerra, cuyo comienzo databa del fracaso de la reforma agraria de López Pumarejo en 1936, era responsabilidad del Gobierno. Llegado el otoño, el calendario era lo que más debía preocupar al presidente.

 

Juan Manuel Santos había previsto un proceso negociador "breve, realista y conciso", de meses, y en ningún caso años. Ya a principios de diciembre de 2012 una elemental prudencia le aconsejaba, sin embargo, ampliar el plazo a noviembre de 2013. Y habida cuenta de la politización extrema del segmento activo de la ciudadanía, el hecho de que las legislativas estuvieran fijadas para el 9 de marzo de 2014, significaba que ya se estaba en plena campaña. Santos es lógico que pretendiera presentarse a la reelección con la firma del fin de las hostilidades en el bolsillo, y aunque ya había insinuado que sería candidato, no lo había anunciado formalmente. Se barajaban por ello diversas posibilidades: que se presentara con firma o sin ella; y que no lo hiciera si no había acuerdo, o incluso si lo hubiera, en plan de regidor magnánimo que no ambiciona el poder, una vez cumplidas sus promesas. Pero la peor hipótesis parece la más probable: que haya elecciones con las negociaciones aún por desenredar.

 

La actitud de las FARC, entre tanto, es insondable. ¿Alarga la guerrilla la negociación pidiendo lo imposible como que las elecciones sean constituyentes, porque bajo esa presión creen que Santos sería más "manejable"? ¿No le importa que una negociación fracasada sirva a los propósitos de Uribe, que ha tronado —y trinado, colombiano para tuitear— contra la negociación? ¿No temen los insurrectos que si las elecciones se celebraran sin acuerdo tuvieran que vérselas con unas cámaras nutridas de uribistas y con el expresidente dominando el Senado? Y tampoco habría que descartar que el desastre cobrara tal magnitud que en las presidenciales tuviera posibilidades el ungido de Uribe.

 

La posición de las FARC sobre participación política se ha endurecido en las últimas semanas, pero quizá por ello puede haber grietas en su equipo negociador. Se dice que los que han sufrido los peores arreones del Ejército son los más receptivos a los argumentos de Bogotá, como Pablo Catatumbo, longevo comandante sobre el terreno, mientras que los que llevan tiempo fuera del país haciendo relaciones públicas de una tropa de terroristas, secuestradores y asesinos, como el segundo de Timochenko, Iván Márquez, son mucho más de la cáscara amarga. Existe una posición intermedia, de quienes operan en zonas próximas a la frontera con Ecuador, donde han podido hallar durante años refugio. El presidente ecuatoriano Rafael Correa dijo en una entrevista en 2008 que su país lindaba por el norte "no con Colombia, sino con las FARC". Y uno de los que milita en esa ambigüedad y tiene gran peso en la organización es Joaquín Gómez, lugarteniente del líder histórico de la fuerza guerrillera, Pedro Antonio Marín Marín, alias Manuel Marulanda Vélez y, alias de alias, Tirofijo, que falleció por causas naturales en la jungla en marzo de ese último año.

 

Pero las dificultades no acababan ahí. Un factor que añadía urgencia a las negociaciones era el llamado "refrendo popular para la paz", que el Gobierno pretende que se celebre por vía de referéndum coincidiendo con las elecciones legislativas o presidenciales, opción que rechaza la guerrilla porque es probablemente consciente de su impopularidad. Y Uribe, siempre atento, reprochaba que esa consulta solo tendría sentido si las FARC entregaban previamente las armas porque, si no, sería "como votar con los fusiles en la nuca".

 

El gran 'suspenso' del pasado fin de semana lo ha aportado la elección del candidato de Uribe a la presidencia. Unos 1.300 compromisarios del Centro Democrático debían optar entre tres aspirantes: Oscar Iván Zuluaga, hombre del aparato, que ha sido el vencedor; Pacho Santos, primo hermano del presidente; y Carlos Holmes Trujillo, político profesional. El periodista y ex vicepresidente con Uribe, Pacho Santos, habría ganado claramente, como es creencia universal, si la elección hubiera tenido lugar, como estaba previsto, por consulta popular. Pero el expresidente prefería en apariencia que ganara Zuluaga, razón por la que impuso la votación intra-partidaria, susceptible de primar cuestiones burocráticas y alianzas internas. La versión más racional de la preferencia por Zuluaga, político escasamente conocido, era que si las presidenciales se dirimían entre dos primos, Juan Manuel Santos y Francisco (Pacho) Santos, el espectáculo sería de 'república bananera', un mano a mano oligárquico.

 

A punto de cumplirse un año de negociaciones, solo está aprobado el punto de la tierra, lo que está lejos de ser un éxito porque el único acuerdo de fondo entre Gobierno y guerrilla es que "nada estará acordado, si no está todo acordado", como dice Sergio Jaramillo, alto comisionado de paz y gran responsable de la estrategia negociadora. Y aun faltan por debatir la erradicación del narcotráfico, que debería quedar para cuando hubieran cesado las hostilidades; la reparación a las víctimas, que estaría básicamente satisfecha con la consolidación de la reforma agraria y la resignación popular a un alto grado de impunidad para los asesinos; y, por último, la terminación del conflicto armado, que se desprendería naturalmente del acuerdo sobre todos los puntos anteriores.

 

La inclinación de Álvaro Uribe por un político profesional en lugar de un aspirante a tribuno como Pacho Santos, ha ahorrado al público algo inédito en la historia de las elecciones no solo colombianas sino latinoamericanas: que dos primos hermanos y además primos dobles, como se dice en Colombia, de padre y madre, se enfrenten por la presidencia. Zuluaga, al que hay que ver en el mejor de los casos como un 'hombre ligio' del expresidente, ya ha estigmatizado la continuación de las negociaciones y tiene meses de campaña para actuar como eco implacable de su jefe. Paradójicamente, son las FARC quienes pueden decantar la balanza en favor del Santos presidente, apresurando la marcha hacia la firma de alguna promesa de paz a la vista de los idus de marzo.

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Lunes, 28 Octubre 2013 07:39

El complejo de Sansón

El complejo de Sansón

De la Biblia proviene la famosa historia de Sansón, quien es un héroe. Hay muchas interpretaciones del significado del cuento, donde Sansón, un israelita a quien Dios le otorgó fuerza, derriba el templo de los enemigos filisteos (también muy fuertes), muriendo en el proceso. Yo le doy el sentido de que un acto que parece irracional (Sansón muere en el proceso) es a la vez heroico y bastante sensato, porque resulta el modo (tal vez el único) de que el fuerte enemigo sea derrotado y su pueblo se salve.

 

Parece que en los días que corren tenemos muchos Sansones putativos que bloquean o buscan bloquear lo que consideran arreglos peligrosos con el enemigo. Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, está diciendo que un mal acuerdo es peor que no tener ninguno. Se refiere a lo que mira como un acuerdo Estados Unidos-Rusia en torno a Siria y el posible acuerdo Estados Unidos-Irán. En Colombia, el anterior presidente conservador está despotricando contra el actual mandatario conservador por estar negociando con la organización guerrillera conocida como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), bajo los auspicios de Cuba y Brasil.

 

Y, por supuesto, tenemos las masivas no negociaciones que ocurren en Estados Unidos, en las que los miembros del Partido del Té en el Congreso estadunidense están utilizando su fuerza para vetar cualquier arreglo con las fuerzas enemigas que, para ellos, están encabezadas por el presidente Barack Obama y el Partido Demócrata, con la colusión de otros a quienes consideran el enemigo interno –es decir, esos republicanos que llaman a algún tipo de arreglo. No es difícil demostrar que todos estos Sansones están tirando la casa no sólo sobre el enemigo, sino sobre ellos mismos. Para ellos, sin embargo, aun cuando ello sea cierto, es un asunto de sincronía. Lo tienen que hacer ahora, mientras tienen todavía la fuerza para hacerlo. De otro modo el enemigo vencerá e institucionalizará o mantendrá los males que ellos ven que se están cometiendo.

 

Esta clase de lucha ideológica, como se le llama, impermeable al así llamado pragmatismo, no fue inventado en los últimos 10 o 20 años. Es tan antiguo como la socialización humana. Pero ahora asume una característica especial, precisamente porque estamos en los espasmos agónicos de la crisis estructural de nuestro sistema-mundo capitalista. En una crisis estructural podemos esperar que habrá dos fenómenos masivos –una enorme confusión intelectual y, como consecuencia, alocados vaivenes en los sentimientos, que a su vez conducen a más locos vaivenes.

 

Conforme hay más y más grupos listos para tirar el templo, aun cuando ellos mismos resulten aplastados, la gente más confundida e incierta acerca de lo que hay que hacer es el llamado establishment. Ya se fueron los días en que podían maniobrar cínicamente y salirse con la suya. Ya no es cierto que "plus ça change, plus c'est la même chose (mientras más se cambie, más es la misma cosa)", es decir, que ningún cambio aparente es real, que son sólo cortinas nuevas en las ventanas, meros cambios en el personal.

 

Así, ¿qué es lo que podemos hacer si buscamos un cambio verdadero, un tipo diferente de sistema-mundo del que hemos vivido por lo menos los pasados 500 años? Lo primero que deberíamos hacer es no quedar atrapados en los debates y locos vaivenes entre los Sansones y los del establishment. En realidad no importa quién de ellos gane en el corto plazo.

 

La segunda cosa que deberíamos hacer es no gastar toda nuestra energía lamentando el hecho de que aquellos que quieren un cambio fundamental (algunas veces llamados la izquierda mundial) no parecen estar unificados o claros en sus objetivos, o comprometidos en organizarse con urgencia. El hecho es que ellos mismos están atrapados en la confusión, por lo menos en este momento.

 

Que el templo se desquebraja es una realidad que va más allá de nuestros esfuerzos por sostenerlo, aun si lo intentáramos. Pero no necesitamos pararnos debajo de la avalancha de rocas. Tenemos que intentar escapar de ésta. Debemos tener la seguridad de que los miembros más poderosos del establishment están intentado hacer justo eso.

 

Pero, ¿cómo nos escapamos y con qué fin? De nuevo, insisto en que es un sentido de la temporalidad: la diferencia entre el corto plazo (tres años o menos) y el mediano (los próximos 20 a 40 años).

 

En el corto plazo la gente de todas partes (99 por ciento) está sufriendo. Debemos luchar por minimizar su dolor, batalla que puede asumir múltiples formas. Puede ser presionar por legislaciones inmediatas o decisiones ejecutivas de las dependencias del Estado que ayuden de inmediato a los desposeídos o evitar los daños futuros al ambiente, o salvaguardar los derechos de los pueblos indígenas o de las llamadas minorías sociales.

 

Pero en el mediano plazo debemos aclarar la naturaleza de las estructuras que esperamos institucionalizar si conseguimos inclinar la bifurcación en nuestro favor. Debemos intentar entender no sólo los objetivos de mediano plazo de la derecha mundial, sino la naturaleza de sus profundas divisiones internas. La llamada izquierda mundial está también profundamente dividida. Debemos trabajar para remontar esto.

 

Nada es fácil en este tiempo de transición de un sistema-mundo a otro. Pero todo es posible –posible pero lejos de ser una certeza.

 

Traducción:Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

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El Gobierno culpa a las FARC del retraso en las negociaciones de paz

El jefe negociador del Gobierno colombiano en las conversaciones de paz en La Habana, Humberto de la Calle, ha responsabilizado a los representantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) del lento avance de las negociaciones. A un año del inicio del diálogo, solo se ha logrado alcanzar un acuerdo en el primer punto —el agrario— de una agenda de seis.

 

El motivo principal de la falta de resultados, según De la Calle, es que las FARC han puesto sobre la mesa temas que no son parte de la agenda pactada, la cual contempla el tema agrario, la posible participación en política de las FARC una vez concluido el proceso de paz, el fin el conflicto, el tráfico de drogas, la reparación a las víctimas y la manera en que se implementarán los acuerdos. El jefe negociador mencionó algunos de esos temas –"que no descalificamos", matizó – que están fuera, como el modelo económico, la reforma estructural del Estado, la explotación de los recursos minerales y las Fuerzas Armadas.

 

Para el jefe negociador del Gobierno de Juan Manuel Santos, su insistencia en que los acuerdos avancen con rapidez "no es un capricho", pues así lo habían acordado ambas partes al inicio de las conversaciones.

 

También pidió a las FARC que demuestren un verdadero interés en avanzar, como ya lo hicieron con el tema agrario, y que se concentren en la agenda pactada. "La delegación de la guerrilla debe demostrar con hechos, no con palabras, que esa voluntad todavía existe. Esperamos que las FARC estén a la altura del momento histórico", dijo De la Calle este sábado en La Habana, a un día de que termine otro ciclo de las negociaciones de paz.

 

La falta de resultados ha afectado al respaldo de los colombianos a las negociaciones. Las encuestas reflejan que, aunque la mayoría sigue apoyando una salida negociada al conflicto, cada vez que hay menos esperanza de que el proceso de paz tendrá éxito. El apoyo de los colombianos resulta crucial para este proceso de paz, porque serán los que refrenden o no, los eventuales acuerdos que se firmen en La Habana. "Es la fuente de legitimidad de las decisiones que se tomen", dijo De la Calle.

 

El jefe negociador mencionó al Marco Jurídico para la Paz —el mecanismo legal si se firma un pacto— y al proyecto de ley actualmente curso en el Congreso que busca que los acuerdos que se firmen en La Habana sean refrendados en las urnas, dos asuntos que han sido rechazados por las FARC, pues los consideran "imposiciones unilaterales". De la Calle negó que fuera así.

 

Sobre el Marco Jurídico, dijo que se trata de una decisión "responsable y oportuna". "Es un deseo de anticipar soluciones que pueden llegar a ser necesarias" comentó. En cuanto al referéndum, explicó que lo que buscan es que participen el mayor número de ciudadanos, lo que se traduciría en "mayor legitimidad". También aclaró que una cosa es definir la fecha de esa consulta, y otra el contenido, que deberá elaborarse con las FARC. Desde junio, las dos delegaciones se han concentrado en llegar a acuerdos frente a la participación en política de los guerrilleros.

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¿Es posible una participación popular, social y ciudadana?

Es un hecho que las negociaciones en la Habana se adelantan entre dos de los actores del conflicto armado, las farc, representadas por delegados de su dirección política y militar, y el gobierno colombiano representado por una comisión nombrada por éste. No sobra recordar que el gobierno ejerce a su vez la suprema dirección de las Fuerzas Armadas; aún así es de resaltar que en dicha comisión se han incluido dos oficiales en retiro, uno de la policía y otro del ejército. La pregunta que muchos se hacen es: ¿Cómo puede participar en este proceso la sociedad civil colombiana? Cabría incluso una pregunta anterior: ¿Es necesario que esté allí? ¿No es acaso asunto exclusivo de los actores armados? Desde luego, es claro que en la propia comisión de gobierno aparecen de alguna manera los gremios empresariales, por lo cual habría que referirse solamente a una parte de la llamada sociedad civil, los sectores populares.

 

Acerca de la necesidad de la participación hay varias posiciones. En abstracto, es posible admitir que, para el pueblo, los resultados de la negociación –los acuerdos– no son, de ninguna manera, ajenos; sin embargo hay quienes sostienen que el momento de expresar su punto de vista (como ciudadanía) está en la última fase: la refrendación. Ahora bien, entre quienes reconocen como válida la participación durante el proceso hay varias posturas. La menos ambiciosa señala que el papel de la "opinión pública" es presionar a los negociadores para que lleguen a un acuerdo; desde la derecha se atreven a decir que debe obligar a la guerrilla a reconocer su condición de criminales derrotados para que faciliten el acuerdo; desde ciertos sectores progresistas, se trataría de una suerte de "veeduría". La otra parece ser la adoptada por los propios actores: la sociedad civil puede y debe expresar sus opiniones respecto a cada uno de los puntos de la Agenda. El procedimiento ya se ha puesto en práctica a través de los Foros facilitados por las Naciones Unidas y la U. Nacional.

 

De cualquier manera, en este orden de ideas la participación popular sigue siendo externa. No faltan, sin embargo, voces que reclaman un involucramiento más directo. Como es bien sabido, se habla con frecuencia del conflicto social y armado, para poner el énfasis en que una verdadera resolución del conflicto, sobre todo como primer paso para la consecución de una paz duradera, tiene que ver con la eliminación de las causas que le dieron origen. Como supuesto y principio ético y político es, desde un enfoque particular, incontrovertible, sin embargo no resulta fácil de aplicar en las condiciones concretas.

 

Para empezar es evidente que no se trata de un proceso revolucionario que hubiese llegado a esta forma de culminación. Más allá de las valoraciones puramente militares, lo cierto es que no existe una crisis definitiva de las actuales relaciones de poder y el Estado conserva una significativa porción de legitimidad, aunque no tanto como pretenden las clases dominantes que, por supuesto, aspiran a que la insurgencia simplemente la acepte.

 

Pero hay algo más importante: nadie (o casi) estaría dispuesto en este momento a otorgarle a las farc una condición de vanguardia representante de los sectores populares. De hecho, ni siquiera representan a la totalidad de la insurgencia. Pero, por la misma razón (ausencia de situación revolucionaria), no es siquiera concebible que sean los movimientos sociales quienes directamente (poder popular) negocien con los representantes del "antiguo régimen".

 

De todas maneras, es claro que, en este contexto de negociación, los movimientos sociales (por lo menos su componente organizado) mantienen sus propias aspiraciones las cuales coinciden, ciertamente, en algunos casos con las de las farc, pero no en todos. Esto tiene que ver con la naturaleza, los términos y el calado transformador de los acuerdos. El problema consiste en que para las farc, los alcances tienen que ver con el estado actual de la correlación de fuerzas, principalmente militar. Lo han planteado explícitamente. Sus propuestas se ubican, de manera sensata, entre lo deseado y lo posible. Contrariamente a lo que vocifera la derecha, nadie ha planteado aquí una "revolución por decreto". Pero es también cierto que si se quiere eliminar las causas, las históricas, las actuales y las futuras, sí tiene que resultar de esta coyuntura una transformación significativa acorde con los problemas contemporáneos. Razón de más para la participación social efectiva.

 

La mayoría de las dificultades provienen de la naturaleza de la actual negociación. El clima de opinión, manipulado desde el poder, apunta en dos sentidos: de una parte, a que el problema de la negociación es exclusivamente de la insurgencia y, de otra, a que el modelo empleado es el de "sometimiento a la justicia". De ahí se deduce el tono de los debates actuales: se trata de definir, en el marco de la justicia transicional, qué tantas garantías se le pueden otorgar a las farc para que participen como partido en el juego "democrático".

 

Una ilustración sobre este particular se encuentra en la discusión sobre el segundo punto de la agenda, la "participación política". Para el establecimiento se está hablando de la participación de las farc, para nosotros, para los sectores populares (expresado incluso en el Foro correspondiente) se trata de las condiciones de la participación política en general, es decir de la forma del Estado y del régimen político. En esta lógica, por supuesto, no cabe hablar de transformación o por lo menos se deja para el futuro cuando el "nuevo partido" esté en el Congreso. Se excluye, por lo tanto, de entrada, la voz de los sectores populares.

 

Desde luego, no se trata de escamotear o minimizar la cuestión de las garantías para la insurgencia y las condiciones de su desmovilización. Es algo que tiene que resolverse, clara y efectivamente. Pero, en perspectiva, aún sin recurrir a argumentos de programa revolucionario, una transformación es indispensable. Está en juego la posibilidad real de un futuro, no sin conflictos sociales ni sin nuevas propuestas de transformación, pero superando las condiciones actuales de violencia. En realidad, el planteamiento de la negociación podría interpretarse de esta manera, y es por eso que los puntos de la agenda están estrechamente interrelacionados.

 

Aquí vale la pena resaltar como un acierto de las farc el que se haya planteado el "enfoque territorial". Y no se nos escapa que la clave de la conflictividad contemporánea se encuentra justamente en la disputa por el ordenamiento territorial que hoy avanza de acuerdo con las actuales formas de acumulación de capital y que todos los sectores populares (principal aunque no únicamente rurales) buscan revertir. Baste mencionar cómo el problema de la participación política está íntimamente ligado con la estructura de los poderes locales y regionales, que se asienta, a su vez, en las formas de tenencia y apropiación de la tierra y los recursos naturales.

 

Como se ve, aquí la iniciativa y la fuerza de los sectores populares es definitiva. Más allá de lo que puedan alcanzar las farc en la mesa de negociación. Es necesario, por lo tanto, presionar para que se supere el actual modelo de negociación arriba descrito. Pero existe, además, un problema que, como se verá enseguida, es a la vez, el principio de la solución. Se trata de los tiempos, que hasta ahora se ha relacionado mañosamente con los cronogramas electorales. No se trata del plazo fijado para terminar la negociación, sino del tiempo del desarrollo y la ejecución de los acuerdos. Obviamente está relacionado con los términos para la desmovilización, la dejación de las armas y la reincorporación a la política no armada.

 

Pero aquí sí que es cierto que no vale ninguna fórmula "express". No basta con llegar a transacciones en cada uno de los puntos, que generalmente se quedan en los arreglos retóricos de los textos. Nadie, y mucho menos las farc, quedaría conforme con declaraciones de buena voluntad; son necesarias modificaciones constitucionales, desarrollos legislativos y disposiciones ejecutivas concretas. Aunque esa es la pretensión de las clases dominantes, nadie aceptaría como garantía la buena voluntad del Gobierno hacia el futuro. Justamente es esa forma de Estado lo que está en cuestión. En estas condiciones, si bien no se trata del largo tiempo de la historia, sí va a ser un proceso de mediano plazo.

 

Como se dijo, hay aquí un principio de solución para el interrogante planteado al comienzo de estas notas. En efecto, es también el lugar y el tiempo de la participación social. Las farc han planteado una Asamblea Constituyente, por desafortuna la han reducido a una modalidad de refrendación. La hipótesis que se extiende para el debate incluye una variante. Para la refrendación bien puede aceptarse una modalidad de plebiscito o referendo, la cuestión está en que allí mismo se apruebe una Asamblea cuyas formas de integración y su mandato específico queden definidos explícitamente. Al respecto, debe advertirse que, como lo demostró la experiencia de 1991, la mayoría de las transformaciones sustanciales dependen en realidad de desarrollos legislativos y no de enunciados constitucionales. En ese sentido, la Asamblea tiene que ser, simultáneamente, constitucional y legislativa.

 

De esta manera, un largo y amplio debate público debe abarcar todo el proceso de principio a fin. Es aquí donde es necesaria y posible la participación social. Desde el debate, que ya se está haciendo, sobre los puntos de la Agenda hasta la definición concreta de la forma y mandato de la Asamblea. Ya se ha sugerido que su conformación puede combinar modalidades de sufragio universal con elecciones sociales, étnicas, y territoriales. En ese sentido, diversas formas de participación "constituyente" desde la base, como se experimentó en Brasil en 1988, se pueden intentar en la etapa previa. Y lo que es más importante: fácil es imaginar la riqueza de las discusiones y de las decisiones en la Asamblea cuando se trate de materializar los acuerdos nominales verificados en la mesa de la Habana.

 

Como diría John Lennon, es posible que yo sea un soñador. De todas maneras, ya sea ésta o cualquier otra alternativa la que se ponga en práctica, su éxito va a depender no tanto de los negociadores como de los propios movimientos sociales. Es el punto de partida. La participación no solamente se solicita, se impone.

Barranquilla, junio 29 de 2013

Publicado enEdición 194
Jueves, 18 Julio 2013 17:21

Los hombres bomba del DAS

Los hombres bomba del DAS

Cuando el entonces director del DAS Jorge Noguera anunció al país que las farc entrenaban hombres bomba para volarse en pedazos frente a objetivos señalados por esa organización, antes de alertar al país, el anuncio logró una ola de burlas en todas las estancias del Estado y el público en general.


El informe fue presentado a la prensa después que los organismos de seguridad del Estado capturaran a Hipólito Ospina conocido como “el musulmán de las farc”. Hoy, después de pagar una condena de nueve años desdeabajo realizó una entrevista al guerrillero sindicado de esta supuesta “escuela”.


“Cuando se inició el proceso de paz con las farc en el gobierno de Pastrana, yo viaje al Caguán y me puse a órdenes de ese grupo, pero como trabajador de la paz”, explica.


Con gran facilidad se convirtió en “el sisben” del Caguán, sus gestiones frente a las necesidades comunitarias, primero en salud, pero después en todos los quehaceres de los pobladores le permitió un importante reconocimiento de esa misma población.


Sin autorización de la guerrilla, organizó varias movilizaciones de familias sin casa y logró tres invasiones de tierras donde hoy existen varios barrios. Después se construyeron centros de salud y una solo escuela, lo que obligó a la movilización de jóvenes de varios sectores al centro educativo.


“Dos veces al día recorríamos el pueblo, por la mañana y al medio día y yo era el encargado de convencer a los jóvenes de ir a estudiar. Después, por iniciativa de los estudiantes, se iniciaron diferentes actividades: deporte, arte, cine, etc. Así que muchos terminaron alejándose de actividades no deseadas por las mayorías”, explica Ospina.


Prácticas sexuales diferentes, alcoholismo o drogadicción fueron mal vistas por los conglomerados y quienes lo hacían fueron marginados […], es a ellos a los que canaliza inteligencia militar para crear una “red de informantes” que hasta el momento se desconoce si eran pagados.


¿Musulman de verdad?

 

Con la ruptura de las negociaciones del Caguán y la veloz retoma del ejército a la zona, los jóvenes informantes entregan extensas declaraciones contra los insurgentes. Una de ellas tienen que ver con la condición religiosa de nuestro entrevistado: “él es Musulmán y como practicante de esta filosofía es, al mismo tiempo, un kamikaze”.


Como popularmente se dice: el sapo se lo comió el director del DAS, ya que la acusación religiosa fue desdeñada por los organismos de inteligencia. Para ellos la declaración no era más que una desquiciada versión de la imaginación de algún drogo de la población, pero para Noguera no, ya que varios años después lo ratificara ente la prensa cuando mostró a Ospina como su “trofeo de guerra” y supuesto creador de estos hombres-bomba. Declaración que activó la bomba de burlas del país.


La analogía es sencilla: si los musulmanes se inmolan contra los invasores gringos en Irak, en Colombia las farc recluta musulmanes para que hagan lo mismo contra objetivos definidos. Así que la teoría tenía sentido en el cerebro de algún informante pagado. Musulmán igual a hombres bomba. Musulmán que trabaja con jóvenes. Conclusión. Musulmán crea escuelas con jóvenes para que exploten en medio de los combates.

 

¿Así que es en serio que usted es Musulmán? “Sí, claro que lo soy…”¿y hace sus oraciones todos los días inclinándose mirando hacia la mezquita? “No, no siempre se puede y en la época del Caguán era más difícil, no porque me lo prohibieran las farc, sino porque el trabajo era muy intenso y no siempre se podía. Además, cuando lo hacía llovían las preguntas. Ellos se sorprendía que no tomara, fumara o fuera mujeriego… el Corán lo prohíbe”.


 

¿Pero no hay contradicción entre el Corán y el marxismo? “Yo no soy marxista, soy un revolucionario y el Corán es eso, revolución, rebeldía. Esa era una de las preguntas más comunes por parte de los militantes de las farc.

 

Captura y condena

 

“A mí me capturan una mañana en compañía de mis hijitas, que eran muy niñas, caminando por la caracas con 73 en Bogotá. Hacía varios meses no las veía y decidí viajar para estar con ellas unos días. Caminando de la mano veo un gran operativo, muchos hombres con armamento pesado, cascos y escudos y yo pienso que algo grave estaba pasando por lo que cubro a mis hijas contra la pared. En ese momento alguien me tira al piso, me cayeron varios hombres encima y reaccioné: Claro que estaba pasando algo grave, me estaban capturando”.


Así fue detenido El Musulmán, y pocas horas después el DAS convocó a la rueda de prensa donde estalló la bomba de burlas contra el doctor Noguera: “No podía creer que se tragara el cuento de los hombres bomba, pero se lo creyó y fue otro elemento más para el desprestigio de esa institución”.


Por ser El Corán una filosofía usted pidió venganza al profeta Mahoma? "Efectivamente, El Corán reivindica la ley del talión, es decir ojo por ojo […], pensé que él tendría que pagar por sus posturas de extrema derecha y, aunque no lo pedí radicalmente, si lo hice […], hoy está condenado a 25 años de cárcel por sus vínculos con los paramilitares”.

Publicado enEdición N°193
"Romper el silencio donde la palabra se muere, donde la guerra se impone, no es fácil"

El martes 11 de junio de 2013, en la ciudad de La Habana, el gobierno colombiano y las fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, farc-ep, comenzaron a debatir el tema de la participación política, en desarrollo de la agenda contenida en el Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. De antemano, a finales del mes de abril, en Bogotá, sectores de la sociedad colombiana se reunieron para intercambiar sus planteamientos sobre el mismo aspecto, aceptando el pedido de la mesa de producir un documento con todas las propuestas que surgieran de este encuentro y entregárselo como un insumo primordial de su debate. ¿Quiénes asistieron y a qué sectores representaban?, ¿qué contenidos intercambiaron?, ¿de qué manera se convocó este encuentro?, ¿cuáles fueron los resultados?, ¿qué puede destacarse con respecto a las expectativas?

 

El Acuerdo que firmaron en septiembre de 2012 el gobierno colombiano y la organización insurgente farc-ep en la ciudad de La Habana, Cuba, contiene una agenda de seis temas que deben debatir los dos actores en su orden: la política de desarrollo agrario integral, la participación política, fin del conflicto, solución al problema de drogas ilícitas, víctimas y el último: implementación, verificación y refrendación1. En mayo pasado anunciaron consenso sobre el contenido del primer punto y comienza ahora la discusión sobre el segundo.

 

Iniciativas

 

Abril de este año estuvo como ningún otro mes cargado en Colombia de manifestaciones masivas en torno a la solución de la guerra, si bien desde el pasado septiembre el interés por la paz ha sido constante en escenarios sociales y políticos. El día 9, al tiempo que se conmemoraba un año más del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, marcharon en Colombia miles de personas en respaldo a las mesas de diálogo de La Habana. Especialmente en Bogotá, donde cayó abatido el dirigente liberal hace 65 años, y ciudad en la que dos poderes, el presidente de la República y el alcalde mayor de la capital, se encontraron en el recién inaugurado Centro de la Memoria, para recordar las innumerables víctimas del conflicto que hace decenas de años vive el país. Las consignas recalcaban sobre todo que la mesa no se levante en Cuba hasta que no haya acuerdos.

 

Ocho días después, la iniciativa conocida como Congreso de los Pueblos sesionó en tres jornadas con miles de personas en la sede de Bogotá de la Universidad Nacional de Colombia para producir mandatos populares por la paz. El mes terminó con el Foro sobre Participación Política al que se refiere este artículo, al que asistieron 1.265 personas, de 480 organizaciones, partidos políticos y movimientos sociales, según informaciones entregadas por los convocantes2.

 

Mientras esto ocurría en Colombia, en la mesa de conversaciones en La Habana se debatía sobre una política agraria integral con enfoque territorial, primer punto de la agenda de conversaciones. Varios meses duraron los intercambios y discusiones hasta que a finales de mayo salió humo blanco desde la isla caribeña: un acuerdo en torno a ese específico aspecto, que depende, como los otros, de que haya un acuerdo total en la agenda, para que se haga realidad. Los contenidos del mismo no se conocen, por decisión expresa de las partes que conducen las conversaciones.

 

Arquitectura en construcción

 

En todo ese auge de iniciativas, el Foro de Participación Política tuvo una particularidad: fue el escenario solicitado expresamente por la mesa de La Habana para recoger las propuestas de la sociedad sobre el segundo tema de la agenda y entregárselas a ella como insumo del debate3, aunque sin excluir contenidos que lleguen por otros canales.

 

El mecanismo de los foros tiene una convocatoria y convocantes determinados, igual que metodologías que se van evaluando y enriqueciendo. Sus convocantes, por solicitud expresa de la mesa de conversaciones, son el Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz, instancia creada en la Universidad Nacional de Colombia en función de estos diálogos, y la Oficina de las Naciones Unidas en Colombia.

 

A la pregunta por la relación entre este foro y las demás iniciativas sociales, formulada durante una rueda de prensa, respondió Alejo Vargas, director del Centro de Pensamiento y Seguimiento, diciendo que es la mesa de La Habana la que trabaja con los resultados que llegan de cada una de esas iniciativas: «La mesa está contando con varias fuentes de insumos, las mesas regionales y la participación directa a través de la página web de envío de propuestas. Eso lo que permite es que la Mesa se enriquezca con una diversidad de puntos de vista y que el abordaje de estos puntos son los que dan la vivencia de una sociedad diversa plural». Explicó que la labor principal de ese foro era recoger la diversidad de propuestas que se expresaran en él y trasmitirlas. Los partidos y movimientos, complementó, Silvia Rucks, directora de país, en Colombia, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, tendrían momentos para exponer sus propuestas políticas.

 

Con respecto a la relación entre este foro y las mesas regionales que organizan las comisiones de Paz del Congreso de la República, que apoya también la ONU, Silvia Rucks señaló que se está viendo que son complementarias, pues mientras a los foros, que se hacen en la capital, llega la gente desde otros lugares, en las mesas regionales es la gente la que recibe a las delegaciones del Congreso de la República y de Naciones Unidas.

 

Se trata pues de una arquitectura de la participación social en esta dinámica de los nuevos diálogos hacia la paz, una arquitectura en movimiento. En su construcción incide la noción que se maneja en Colombia acerca de su guerra. Alejo Vargas indica que es muy importante hacer conciencia de que hay experiencias internacionales similares de las que Colombia necesita nutrirse; experiencias en las que los actores armados insurgentes han comenzado a hacer parte de la vida civil una vez hechas las negociaciones de paz, y de la vida política legal, cuando dejan de ser insurgencias.

 

Interviene también en esta arquitectura la exigencia hecha por varios movimientos sociales de la inclusión de la sociedad en la mesa de La Habana. Consideran que hay una dinámica excluyente en un asunto que concierne a todos, especialmente a las víctimas del conflicto. En contraste, hay precisiones acerca del carácter de estas conversaciones, que se inscriben en un largo camino y que en este punto están conversando dos de los múltiples actores. Se aclara que, no obstante, el papel de la sociedad es determinante en todo el proceso, especialmente en el posconflicto, ese momento en el que una vez llegados los acuerdos, comienzan otros retos para sostenerlos y edificar una nación en paz.

 

Participación política: para qué y para quiénes

 

En el Foro, los intercambios debían ceñirse a los contenidos del segundo punto de la agenda de temas definida en el Acuerdo firmado en La Habana. Las relatorías finales se elaboraron también en función de esa agenda. Es decir, quienes asistieron al foro hicieron propuestas sobre los siguientes aspectos:

 

  • • Derechos y garantías para el ejercicio de la oposición política en general y en particular para los nuevos movimientos que surjan luego de la firma del acuerdo final. Acceso a medios de comunicación.
  • • Mecanismos democráticos de participación ciudadana, incluidos los de participación directa en los diferentes niveles y diversos temas.
  • • Medidas efectivas para promover mayor participación en la política nacional, regional y local de todos los sectores, incluida la población más vulnerable, con igualdad de condiciones y con garantías de seguridad.

 

Bien visto, el contenido de este punto de la agenda persigue el tratamiento de la participación general de la sociedad, con énfasis en los movimientos que surjan luego del acuerdo final y que pertenezcan a la oposición, la población más vulnerable, las regiones y localidades y las garantías de seguridad. Los debates tuvieron matices, que indicaron la insistencia por ahondar en la paz como un asunto de toda la sociedad y en los requerimientos de las garantías de participación política.

 

Sin embargo, en los medios de comunicación y en la opinión se resalta especialmente el aspecto de lo que ocurrirá con el movimiento insurgente una vez establecidos los acuerdos de terminación del conflicto armado. Precisamente, hubo mensajes e intervenciones de antiguos guerrilleros que hoy, en otros países del continente, tienen altos cargos públicos en sus países. Se les invitó con el propósito de presentar sus experiencias en el paso de las organizaciones insurgentes a la condición de actores políticos legales.

 

José Mujica, presidente de Uruguay y antiguo combatiente del movimiento insurgente Tupamaros, de ese país, saludó el foro diciendo:

 

"El verdadero protagonismo debe ser la paz. Difícil, llena de obstáculos, porque el sentimiento de justicia es colindante a veces con el sentimiento de venganza y todo lo que mira a ayer, naturalmente se opone a lo que es mañana, Pero lo que más importa es mañana. [...]. A los que soñamos con un mundo mejor, los hechos, los porfiados hechos, los tercos hechos, han demostrado en estos años que por lo menos en este continente lentamente y escalón a escalón se pueden abrir puertas a la esperanza dejando el camino de los tiros".

 

"Creemos que es una lección que nos da la historia. De todo corazón, con todo el sentimiento pero con el compromiso que no hay que pedirle a nadie que abdique de sus esperanzas y de sus sueños, hay que entender que todo es posible siempre y cuando se afirme la paz".

 

El Centro de Pensamiento de la Universidad Nacional de Colombia presentó desde su creación la perspectiva de tratamiento a este asunto, una intención de coherencia:

"[...] además de los [...] puntos que están previstos en la agenda acordada entre el gobierno nacional y las farc, el comité coordinador del centro considera fundamental sumar dos dimensiones de gran importancia. La primera hace referencia al posconflicto y a los cuestionamientos que trae: ¿qué va a pasar una vez se produzca el cese de hostilidades y se desmovilicen estas organizaciones?; ¿cómo ayudar a encontrar alternativas, no solo desde el punto de vista económico y productivo, sino de reincorporación a la sociedad, a la política y a la vida cotidiana? [...]. La segunda consiste en llevar a cabo foros, debates y discusiones con otras universidades y sectores de la sociedad civil (empresarios, sindicatos, ONG) que contribuyan a crear un clima de reconciliación."4

 

Las mujeres

 

Tanto las estadísticas, como los mensajes internacionales y las propuestas sugieren aspectos precisos del lugar de las mujeres en esta ruta hacia la terminación del conflicto. Ellen Johnson-Sirleaf, presidenta de Liberia y Premio Nobel de Paz 2011, saludó el Foro colocando un punto sustantivo:

 

"Mi propio país, dijo, atravesó por dos guerras civiles [...]. La lucha se llevó la vida de alrededor de 250 mil personas, la mayoría civiles. Desplazó a muchos más [...] y destruyó nuestros valores morales [...]. En 2011 fui premiada con el Nobel de paz junto a otras dos mujeres. Recibimos el Premio por nuestra lucha no violenta por la seguridad de las mujeres y los derechos de las mujeres a participar plenamente en la consolidación de la paz. Al aceptar el Premio, lo dedique a un incontable número de mujeres y niñas que han luchado, que han sufrido, [que han pasado] a menudo desapercibidas, pero que han ayudado a construir nuestro mundo: hablé a aquellas que han derramado lágrimas, sangre y que han perdido su dignidad. Y les dije: mis hermanas, mis hijas, encuentren sus voces. Este es mi mensaje para ustedes, mujeres y hombres de Colombia: rechacen la violencia sin sentido, encuentren su voz y trabajen juntos para un mejor mañana en su país".

 

La comunicación y la construcción de la paz

 

"Acceso a medios de comunicación", dice la agenda de conversaciones refiriéndose a la urgencia de garantizarlo para la oposición política, luego de la firma del acuerdo final. El desarrollo del foro mostró un abanico más amplio de inquietudes en el tema de la comunicación. Frabrizio Hochschild, el recientemente nombrado representante de Naciones Unidas en el país, amplió desde el comienzo, y en rueda de prensa, la idea: "[por] mis otras experiencias en Naciones Unidas, estoy muy conciente del rol absolutamente crítico que juegan los medios de comunicación en la construcción de paz".

 

Pero sobre todo, llegaron periodistas y comunicadores de muchos medios para intercambiar acerca de la participación del periodismo y la comunicación en estos diálogos y en la construcción de la paz, de la democratización del espectro electromagnético y del reconocimiento a los medios comunitarios. Canal Capital trasmitió el Foro en directo, respaldando como medio de televisión de carácter público la carrera hacia la terminación del conflicto. Igual se destacó, al finalizar el evento, la ausencia de los canales privados como Caracol y RCN en los debates centrales.

 

La experiencia del Colectivo de Comunicaciones de Montes de María, en el departamento de Sucre, al norte del país, Premio Nacional de Paz, señala también expectativas desde las orillas de los que, como él, han trabajado en materia de reparación y restitución del tejido social, de sanación de las heridas causadas por el conflicto en la región. "Hemos tenido que ser muy creativos", dijo Soraya Bayuelo, directora del colectivo. Y agregó:

 

Defender la vida y defender el derecho a la palabra en los Montes de María nos exigían crear otras lógicas. [...]. Decía Hollman Morris, el gerente de Canal Capital, que había que defender los medios públicos: nosotros estamos empeñados en visibilizar la voz pública, del ciudadano. En caso de que se dé este diálogo, que se democratice el espectro de los medios, que haya un acceso de los medios para las organizaciones sociales, que podamos recuperar la confianza en los medios, que no se estigmatice a las personas que vivimos en los Montes de María, en el Cauca, en el Magdalena Medio, en Arauca, en Vichada [...]. No es fácil romper el silencio donde la palabra se muere, donde la guerra se impone".

 

1 El contenido de todo el acuerdo puede conocerse en cualquiera de estos enlaces: https://www.mesadeconversaciones.com.co/sites/default/files/AcuerdoGeneralTerminacionConflicto.pdf, http://wsp.presidencia.gov.co/Normativa/Resoluciones/Documents/RESOLUCION%20339%20DEL%2019%20DE%20SEPTIEMBRE%20DE%202012.pdf

2 Véase https://blu176.mail.live.com/default.aspx?rru=getmsg?msg=D3B49901-D416-11E2-BE2C-00237DE3346E#n=1820576082&rru=inbox&fid=1&mid=7749c77d-d3ba-11e2-b86d-00237de33486&fv=1

3 Igual ocurrió con el tema de la política agraria integral, para el que se convocó un foro en diciembre de 2012. Las propuestas y planteamientos que salieron de allí se llevaron a La Habana y se emplearon como insumo para el debate y posterior acuerdo sobre el tema agrario.

4 Tomado de http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/ndetalle/article/un-crea-tanque-de-pensamiento-que-acompanara-proceso-de-paz.htm

 


 

Recuadro

 

Apartes del comunicado de la ONU y el Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz, de la Universidad Nacional de Colombia, emitido el 12 de junio de 2013, sobre la entrega a la Mesa de Conversaciones de La Habana de los documentos de la sistematización del Foro Nacional sobre Participación Política.

 

"(...) Los documentos entregados a la Mesa contienen las 918 propuestas presentadas por los participantes en los tres días del Foro (...). Las propuestas ciudadanas sobre el subtema 1-"Derechos y garantías para el ejercicio de la oposición política en general, y en particular para los nuevos movimientos que surjan luego de la firma del Acuerdo Final. Acceso a medios de comunicación", se organizaron en cinco categorías que se identificaron así: 1) El Estatuto de oposición; 2) Garantías políticas; 3) Formas de participación política de las farc-ep después de su disolución como grupo armado; 4) La Unión Patriótica UP y las garantías de no repetición; y 5) Acceso a los medios de comunicación.

 

"Las propuestas sobre el subtema 2 –"Mecanismos democráticos de participación ciudadana, incluidos los de participación directa, en los diferentes niveles y diversos temas", se concentraron y organizaron en 10 categorías: 1) Consolidación, ampliación y desarrollo de los mecanismos de participación; 2) Participación con enfoques diferenciados; 3) Participación en políticas públicas, planes y presupuestos; 4) Participación en la conducción política de la economía; 5) Consulta previa; 6) Control social, rendición de cuentas y veedurías populares y ciudadanas; 7) Elección popular de los más altos cargos de los órganos de control; 8) el Poder popular y formas de democracia; 9) La participación social y la Asamblea Nacional Constituyente; y 10) Garantías a la protesta social.

 

"Las propuestas sobre el subtema 3 –"Medidas efectivas para promover mayor participación en la política nacional, regional y local de todos los sectores, incluyendo la población más vulnerable, en igualdad de condiciones y con garantías de seguridad", se agruparon en cuatro categorías: 1) Apertura del sistema político; Garantías de inclusión y enfoque diferencial; 2) Territorialidad, autonomía, planeación y participación; 3) Equidad de género y participación política; y 4) Educación y formación para la participación política.

"Los participantes han manifestado un respaldo al proceso de paz y han pedido al gobierno y a las farc-ep que no se levanten de la mesa de conversación hasta alcanzar un acuerdo. En términos generales hay consenso sobre la necesidad de abrir espacios de participación política para la oposición y los nuevos grupos que se conformen, en condiciones de seguridad, respetando los derechos humanos y los derechos de las víctimas. (...)".

 

Publicado enEdición 192