Martes, 23 Octubre 2012 20:36

Del Caguán a La Habana/Oslo 2012

El previo Acuerdo de La Habana que está en su prólogo, con su instalación en Oslo, corrige errores y recoge aciertos de los procesos de negociación que el país vio durante los últimos 30 años entre el Estado y los grupos insurgentes. Sin los fatales errores que dieron al traste con el diálogo por cerca de 40 meses, entre Pastrana y Marulanda, de 1999 a 2002, esperemos que esta vez la negociación y los acuerdos consigan superar la cruenta guerra que vive Colombia. Es necesaria una visión de la paz metodológica tras un largo aprendizaje y sacrificios en la década.

Luego de 12 años, desde 2002, con el intento fallido de la segunda reelección de Uribe, el gobierno de Juan Manuel Santos anunció el 26 de agosto de 2012 la reapertura de conversaciones con las farc, que por el aborto de la información no dio espacio para el acercamiento inmediato del eln. Tras una fase exploratoria, en secreto, Colombia conoció el documento de un Acuerdo General para “la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”. En su contenido, tal Acuerdo recoge casi todos los aspectos dispersos del Caguán (ver recuadro) pero agrega algunas cosas, particularmente en la Agenda de temas que ahora incorpora la terminación del conflicto y el tópico de las víctimas, elementos sin mayor mención en 2002. Dentro del propósito por la paz y sus dificultades, salvo por los 12 años que median entre uno y otro proceso de paz, no hay discontinuidad entre el Caguán y La Habana.

No obstante el aparente caos del primero, el segundo recoge sus aspectos centrales y los ordena en una síntesis metódica que parece aproximarse a una salida cierta del prolongado conflicto social y armado que por más de 50 años gravita sobre la sociedad colombiana, con su derivación de inestabilidad y violencia crónica. Los preliminares Acuerdos de La Habana corrigen y establecen un sano marco metodológico, útil sin duda para el avance progresivo y definitivo de las negociaciones. Un hecho que aparece disminuido. Existe la tendencia generalizada a reducir los aspectos que fueron pactados en los cinco puntos de la Agenda temática, sin darle toda la dimensión al asunto de una solución política para la paz, que es más complejo.

Disponerse, concebir o diseñar una participación eficaz de la sociedad civil en la ronda iniciada en Cuba exige un ejercicio de claridad sobre el tema: hacer un “mapa mental” con los puntos anteriores y de ingreso a otra oportunidad de solución del complejo asunto del conflicto en la sociedad colombiana.

La Habana/Oslo recoge una acumulación del Estado y la sociedad en el esfuerzo recurrente por encontrar solución al ciclo de violencia que comenzó a mediados del siglo XX, con la represión antes y después del estallido del 9 de abril de 1948, cuando fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán. Acuerdos de La Uribe, con su sencilla agenda de dos puntos: reforma agraria y reforma política, desmovilización del M-19/epl/prt/Quintín Lame, Constituyente del 91, diálogos de Cravo Norte (91), reuniones en Caracas (91), conversaciones en Tlaxcala (92) y Zona de Encuentro con el eln (2000), son episodios que dejaron huella y memoria, con un acervo difícil de ignorar, pues se corre el riesgo de repetir los errores que impidieron un cierre a satisfacción.

La paz metodológica y los siete bloques por resolver

En los nuevos diálogos que ahora toman cuerpo se pueden identificar unos bloques de la negociación que interactúan en forma dinámica y que son necesarios de explicitar.

Bloque 1. Axiología del pacto. Es un conjunto de valores y principios que sirven de referencia a la hermenéutica de los temas, al desarrollo y la armazón de los acuerdos, al funcionamiento de la Mesa y las reglas de juego del proceso. Esos principios son: i) la construcción de la paz es un asunto de la sociedad en su conjunto que requiere la participación de todos, sin distinción; ii) el respeto a los Derechos Humanos en todos los confines del territorio nacional es un fin y una responsabilidad del Estado que se debe promover; iii) el desarrollo económico con justicia social y en armonía con el medio ambiente es garantía de paz y progreso; iv) El desarrollo social con equidad y bienestar, incluyendo a las grandes mayorías, permite crecer como país; v) una Colombia en paz jugará un papel activo y soberano en la paz, y en el desarrollo regional y mundial; y vi) es importante o imperativo ampliar la democracia como condición para lograr bases sólidas de la paz.

Bloque 2. Criterios metodológicos. i) iniciar conversaciones directas e ininterrumpidas sobre los puntos de la agenda establecida, con el fin de alcanzar un acuerdo final para la terminación del conflicto que contribuya a la construcción de la paz estable y duradera; y ii) garantizar la efectividad del proceso y concluir el trabajo sobre los puntos de la agenda de manera expedita y en el menor tiempo posible, para cumplir con las expectativas de la sociedad sobre un pronto acuerdo. En todo caso, la duración estará sujeta a evaluaciones periódicas de los avances.

Bloque 3. Agenda temática. i) Política de desarrollo agrario integral. El desarrollo agrario integral es determinante para impulsar la integración de las regiones, y el desarrollo social, económico y equitativo del país. Acceso y uso de la tierra: a) Tierras improductivas. Formalización de la propiedad. Frontera agrícola. Protección de zonas de reserva; b) Programa de desarrollo con enfoque territorial; c) Infraestructura y adecuación de tierras; d) Desarrollo social: salud, educación, erradicación de la pobreza; e) Estímulo a la producción agropecuaria, y la economía solidaria y cooperativa. Asistencia técnica. Subsidios. Créditos. Generación de ingresos. Mercadeo. Formalización laboral; y f) Sistema de seguridad alimentaria.

ii) Participación política. a) derechos y garantías para el ejercicio de la oposición política en general y en particular para los nuevos movimientos que surjan luego de la firma del acuerdo final. Acceso a los medios de comunicación y “formas de propiedad” de los mismos; b) mecanismos democráticos de participación ciudadana, incluidos los de participación directa en los diferentes niveles del poder, áreas de las instituciones y diversos temas; c) medidas efectivas para promover mayor participación en la política nacional, regional y local de todos los sectores, incluyendo la población más vulnerable, igualdad de condiciones y con garantías de seguridad.

iii) Fin del conflicto. Proceso integral y simultáneo que implica: a) cese al fuego y de hostilidades, bilateral y definitivo; b) dejación de armas. Reincorporación de las farc-ep a la vida civil –en sus aspectos económico, social y político–, de acuerdo a sus intereses); c) el gobierno nacional coordinará la revisión de la situación de las personas privadas de libertad, procesadas o condenadas por pertenecer o colaborar con las farc-ep; d) en forma paralela, el gobierno nacional intensificará el combate para acabar las organizaciones criminales y sus redes de apoyo, incluyendo la lucha contra la corrupción y la impunidad, en particular contra cualquier organización responsable de homicidios y masacres, o que atente contra defensores de Derechos Humanos, minorías, diferentes pueblos, movimientos sociales, movimientos políticos; e) El gobierno nacional revisará y hará las reformas y los ajustes institucionales necesarios para hacerles frente a los retos de la construcción de la paz; f) Garantías de seguridad; g) en el marco enunciado en el punto quinto (Víctimas) de este acuerdo, se esclarecerá, entre otros, el fenómeno del paramilitarismo.

La firma del acuerdo final empieza este proceso, por desarrollar en un tiempo prudencial y que se debe establecer de común acuerdo entre las partes.

iv) Solución del problema de las drogas ilícitas. a) programa de sustitución de cultivos ilícitos. Planes integrales de participación de las comunidades en el diseño, ejecución, y evaluación de los programas de sustitución y recuperación ambiental de las áreas afectadas por los cultivos ilícitos; b) programas de prevención del consumo y salud pública; y c) solución del fenómeno de producción, consumo y salud pública.

v) Víctimas. Resarcir a las víctimas hace parte y es centro del acuerdo gobierno nacional-farc-ep. En ese sentido, serán tratados: a) Derechos Humanos de las víctimas; y b) verdad.

Bloque 4. Aplicación, verificación y refrendación. La firma del acuerdo final dará comienzo a la práctica de todos los puntos acordados. a) Mecanismos de ejecución práctica y verificación.

–Sistema de implementación, dándoles especial atención a las regiones.
–Comisión de seguimiento y verificación.
–Mecanismos de resolución de diferencias. Los mismos tendrán capacidad y poder de ejecución, y estarán confirmados por representantes de las partes y de la sociedad civil, según el caso.
b). Acompañamiento internacional.
c) Cronograma.
d) Presupuesto.
e) Herramienta de difusión y comunicación.
f) Mecanismos de refrendación de los acuerdos.

Bloque 5. Instrumentos. Establecer una Mesa de conversaciones/negociaciones que se instalará públicamente, un mes después del anuncio público, en Oslo (Noruega) y cuya sede principal será La Habana (Cuba). La Mesa podrá hacer reuniones en otros países. En las sesiones de la Mesa participarán hasta 10 personas por delegación, de los cuales hasta cinco serán “plenipotenciarios”, quienes llevarán la vocería respectiva. Cada delegación estará compuesta hasta por 30 representantes.

Bloque 6. Participación internacional. Desarrollar las conversaciones con el apoyo de los gobiernos de Noruega y Cuba como garantes, y los gobiernos de Venezuela y Chile como acompañantes. De acuerdo con las necesidades del proceso, por común acuerdo podrán participar otros invitados.

Bloque 7. Reglas de funcionamiento. a) En las sesiones de la mesa participarán hasta 10 personas por delegación… (ya visto); b) Con el fin de contribuir al desarrollo del proceso, cabe realizar consultas a diferentes expertos sobre los temas de la agenda, una vez surtido el trámite correspondiente; c) Para garantizar la transparencia del proceso, la Mesa elaborará informes periódicos; d) Funcionará un mecanismo para dar a conocer conjuntamente los avances de la Mesa. Sus discusiones no se pueden hacer públicas; e) Está prevista una estrategia de difusión eficaz; f) Para garantizar la más amplia participación posible, quedará abierto un mecanismo de recepción de propuestas sobre los puntos de la agenda por parte de los ciudadanos y las organizaciones, a través de medios físicos o electrónicos. En forma unánime y en un tiempo determinado, la Mesa podrá hacer consultas directas y recibir propuestas igualmente directas sobre ta les puntos o delegar en un tercero la organización de espacios de participación; g) El gobierno nacional garantizará los recursos necesarios para el funcionamiento de la Mesa que serán administrados de manera eficaz y transparente; h) La Mesa contará con la tecnología necesaria para adelantar el proceso; i) La conversaciones se iniciarán con el punto Política de Desarrollo Agrario Integral, y a continuación el orden que la Mesa acuerde; y j) Las conversaciones se darán bajo el principio según el cual “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.


Recuadro

Un ‘mapa’ del antecedente en el Caguán

San Vicente del Caguán y la Zona de Distensión (Mesetas, La Uribe, Macarena, Vista Hermosa), fue fruto de los golpes con derrota operacional –no estratégica ni táctica– del ejército y los acercamientos entre la campaña presidencial de Andrés Pastrana y las farc. El tema de la paz marcó la competencia para reemplazar el gobierno de Ernesto Samper, afectado por un grave escándalo a raíz del Proceso 8000. Además, desde octubre de 1997, una enorme multitud, cercana a los 10 millones de ciudadanos, oficializó el Mandato por la Paz. Una vez conocida la derrota del candidato oficialista, Horacio Serpa, el nuevo gobierno, de Andrés Pastrana, formalizó el 14 de octubre de 1998 la Zona de Distensión, que cubría 45 mil kilómetros cuadrados del territorio nacional, en los departamentos de Meta y Caquetá.

El 7 de enero de 1999, la instalación de la Mesa de Diálogos en la población de San Vicente del Caguán, con la presencia de 250 invitados, abrió paso a la Mesa de Negociación y el 6 de mayo dio a conocer la Agenda Común para el Cambio hacia una Nueva Colombia, que señaló los siguientes temas para la negociación: a) Solución política negociada; b) Protección de los Derechos Humanos, c) Política agraria integral, d) Explotación y conservación de los recursos naturales, e) Estructura económica y social, f) Reforma a la justicia, lucha contra la corrupción y el narcotráfico, g) Reforma política para la ampliación de la democracia, h) Reformas del Estado, i) Acuerdos sobre Derecho Internacional Humanitario, i) Fuerzas militares, j) Relaciones internacionales, y k) formalización de los acuerdos entre el gobierno y las farc. Doce temas principales con 107 subtemas.

Para su tratamiento y avance, funcionó un Comité Temático Nacional con el encargo de acordar y hacer funcionar un mecanismo de Audiencias Públicas, de las cuales se realizaron, entre el 2000 y el 2001, 36 en diversas modalidades. El 4 de diciembre de 1999 tuvo lugar la Audiencia Pública inicial para explicar el sistema de participación de la sociedad en todo el proceso. Las primeras 24, celebradas entre abril y noviembre del año 2000, en su orden para funcionar escucharon propuestas sobre el tema de “generación de empleo y crecimiento económico”. Las últimas 12 Audiencias, entre mayo y septiembre de 2001, versaron sobre la distribución del ingreso y el desarrollo social. En las mismas tuvieron participación directa 22 mil personas.

Dada la enorme tensión entre las partes, a lo largo del proceso hubo la necesidad de constituir varias comisiones, entre las cuales cabe mencionar el Frente Común por la Paz, integrado por representantes de diversos partidos políticos; la Comisión internacional de acompañamiento, con representantes de 26 países amigos, delegados de la ONU y la Unión Europea; la Comisión facilitadora de las negociaciones, que conformaron 10 países amigos y facilitadores, la Iglesia y un Asesor Especial de Naciones Unidas. El 11 de mayo de 2001, las circunstancias llevaron a constituir la Comisión de Notables para formular recomendaciones, a fin de acabar el paramilitarismo y disminuir la intensidad del conflicto, según estipulaba el Acuerdo de Los Pozos, del 9 de febrero de 2001, que trazó orientaciones para el Acuerdo Humanitario.

El informe de los Notables conllevó la firma, el 5 de octubre del 2001, del Acuerdo de San Francisco de la Sombra, cuyo principal punto hizo referencia al estudio de un alto al fuego y de hostilidades. Una discusión del día 20 de enero de 2002 concluyó con un Cronograma para el cese del fuego, que quedó en el papel porque la negociación concluyó en febrero de 2002 con una ruptura del acercamiento. Acá conviene indicar que durante el proceso sólo funcionó una tregua unilateral por parte de las farc, durante un mes, en la navidad de 1999. También hubo un intercambio de “prisioneros de guerra” que permitió la entrega de varios centenares de soldados en poder de la insurgencia.

Igualmente, el país conoció una Comisión Auxiliar de casos especiales, integrada por un representante de la Iglesia y un miembro de las farc. Por su parte, una Comisión conjunta del gobierno y las farc realizó viajes a Suecia, Noruega, Italia, el Vaticano, España, Suiza y Francia. Igualmente, ocurrieron desplazamientos a México y Costa Rica. Como novedad, el 29 de abril del año 2000 fue noticia el lanzamiento del clandestino Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, bajo el impulso y la orientación de las farc.

Durante el gobierno de Andrés Pastrana se firmó con el eln, en diciembre del año 2000, el Acuerdo de La Habana para organizar una Zona de Encuentro en el Sur de Bolívar, que no fue efectiva por el bombardeo en contra de los medios de comunicación, y el sabotaje de los paramilitares y las fuerzas armadas. Casi al terminar el mandato conservador, fracasaron los diálogos y las negociaciones del Caguán, al igual que la proyectada Zona de Encuentro con el eln. La falta de un Cese al Fuego y de Hostilidades, y la manifiesta ausencia de voluntad para hacer reformas sustanciales en la sociedad colombiana, a la par que la inquebrantable decisión de las farc de avanzar hacia Bogotá, para lo cual dispuso fuerzas en sus corredores aledaños, dieron al traste con todo el proceso.

La élite dominante aprovechó el período de la Zona de Distensión para revertir la falla operacional del Ejército, que permitía la maniobra y la concentración de unidades de la guerrilla para el ataque, para modernizar y adquirir tecnología de punta, con financiación de los Estados Unidos bajo el amparo del mal llamado “Plan Colombia”, con el logro de una superioridad aérea y la velocidad de respuesta y traslado de tropas. Bajo este paso, Álvaro Uribe priorizó, durante ocho años, la guerra y la paramilitarización del Estado en su afán por derrotar a la insurgencia de origen campesino mediante una estrategia por apurar el “fin del fin”. Por su parte las farc aprovechó la zona de distensión para potenciar y cohesionar su fuerza.

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Martes, 23 Octubre 2012 20:08

¿Y la paz del día a día?

Del otrora esplendoroso poder capitalista van quedando sólo torres aisladas como resultado de la erosión propia de su competencia atroz. Las zonas erosionadas van siendo ocupadas por otros delincuentes, un lixiviado social, subproducto de desecho del sistema. Las cúspides son cada vez más altas, más delgadas, menos sólidas y con graves problemas de corrosión en sus bases, en tal forma que sus ocupantes corren el riesgo inminente de caer sobre el fango, con estructuras y todo.

Los esfuerzos del capital mundial para evitar su desastre parecen infructuosos. La burguesía observa impotente cómo se derrumba su sistema. La izquierda, perseguida y derrotada, observa, también impotente, que sus propuestas no se consolidaron como opciones de solución. Mientras tanto, los espacios abiertos que deja la erosión social son copados por el micromundo de las mafias que imponen un modelo económico cercano a la esclavitud y la barbarie. En la lucha de la oligarquía contra la izquierda, resultó peor el remedio que la enfermedad.

En los barrios se ha impuesto la economía extorsiva; las plazas de la droga son dirigidas por muchachos ajenos al vecindario; miembros de la policía participan en su asignación; se determinan toques de queda, horarios límites para salir en la noche y paros de buses. Se establece hasta la forma de vestir. Ahora se habla del control sobre cuáles son marcas de productos que se pueden comercializar en la zona. Algunas jóvenes, sometidas y próximas a la esclavitud sexual, obligadas y abandonadas, contribuyen a incrementar los ingresos de proxenetas locales. La población vulnerable es abusada, sin posibilidad de protesta ni de escape.

El mundo de las marcas se expande por el tercer mundo con mecanismos inspirados localmente en las convivir, el paramilitarismo mundial, las mafias transnacionales, los capos políticos, que consideran a la política más rentable que un embarque de drogas y que vieron en el enriquecimiento ilícito de los corruptos su mejor opción, y juntos asaltan como bucaneros las arcas públicas.

Intelectuales de vida cómoda, analistas políticos bien pagos, actuando bajo los límites de un director, hablan categóricamente y con superficialidad de un país que no viven y desconocen. Así se forman opiniones mediáticas y se delinean pensamientos que se establecen como verdades. Los ciudadanos que pueden se refugian en el mundo ficticio de las urbanizaciones cerradas, que, como ciudades amuralladas, les permiten vivir en una ciega seguridad temporal cada vez más costosa; sus hijos juegan prisioneros en los espacios reducidos de la mezquina arquitectura optimizada –si salen les roban la bicicleta. Todo se consigue en su interior, menos el trabajo, y hay que enfrentar el terror externo de la ciudad real.

Uno de los propósitos de la anterior Presidencia era convertir a Colombia en un “país de propietarios”. Ahora los semáforos, las aceras y las calles tienen dueños que definen quiénes pueden trabajar en estos sitios, y cobran por los derechos y la protección. La otra delincuencia, la emergente de pequeños capos, no persigue objetivos fundacionales para la sociedad (como hablaban los de Ralito), no buscan contratos sociales, carecen de una filosofía política para definir el Derecho, son una turba cuyo propósito es aprovechar, mediante una economía extorsiva, los resquicios del abandono estatal y del deterioro del poder del capital.

Es necesario que el pueblo colombiano, el de a pie, se prepare para enfrentar los retos de pobreza, violencia y hambruna que se le aproximan. Una solución a esto no está dentro de los propósitos estatales ni en el contenido de la agenda de paz. Un acuerdo social debiera servir para lograr el bienestar y la felicidad de las personas.

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Áspero encuentro entre gobierno de Colombia y FARC
Oslo, 18 de octubre. El gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) mostraron hoy las profundas diferencias que deberán zanjar para lograr un acuerdo de paz, al poner en marcha un nuevo proceso con la instalación formal de una mesa de negociaciones que continuará en Cuba el 15 de noviembre con la discusión del tema agrario.


Las diferencias quedaron de manifiesto durante las conferencias de prensa posteriores al anuncio de la mesa de diálogo, en los temas del modelo económico, inversiones extranjeras en minería y energéticos, que defendió la delegación gubernamental, frente a la visión de la insurgencia por una paz con justicia social, soberanía nacional y fin a la sumisión frente a Estados Unidos.


La ceremonia del acto oficial de instalación de la mesa de diálogo tuvo lugar en un hotel de Hurdal, un poblado en las afueras de Oslo, que presidieron los países garantes de Noruega y Cuba, para dar paso después a una conferencia de prensa conjunta en la que los representantes del gobierno y la guerrilla mostraron un tono duro y dejaron ver las tensiones subyacentes de cara a estas negociaciones.


Humberto de la Calle, el jefe del equipo negociador del gobierno, se limitó en principio a exponer con toda formalidad el marco de lo que es el nuevo y cuarto proceso de paz entre los colombianos y enviar un mensaje conciliador, subrayando los temas acordados en la agenda: agro, incorporación política de la insurgencia, fin del conflicto armado, drogas ilícitas y reparación para las víctimas.


Pero cuando el principal negociador de la guerrilla, Iván Márquez (cuyo verdadero nombre es Luciano Marín) tomó la palabra, abogó por una paz con justicia social en un discurso crítico y alejado de las formalidades diplomáticas. Aseguró que será el pueblo el que tome una decisión, que este “no puede ser un proceso de diálogo a contrarreloj” y que la paz “no llegará sólo con el silencio de los fusiles”.


Subrayó que en medio están las luchas sociales para cambiar el modelo económico del país, porque una paz que no aborde la solución de los problemas políticos equivaldría a sembrar de quimeras el suelo de Colombia. Recordó que una de las causas de la lucha rebelde es el tema de la tierra, el primero que aparece en la agenda de las discusiones en puerta.


Criticó lo que calificó “el proyecto de reforma de entrega de tierras” a víctimas del despojo armado, puesto en marcha por el gobierno de Juan Manuel Santos, porque busca la “extranjerización” de la tenencia de la tierra, en la que estarían interesados las multinacionales mineras y petroleras, que causan destrucción social y ambiental.


“En Colombia no hay economía nacional –añadió Márquez–, quienes exportan el petróleo, el carbón, el ferroníquel, el oro y se benefician con ellos son las multinacionales, y la prosperidad es entonces de éstas y los gobernantes vendidos, no del país”. No obstante, concluyó que las FARC llegaron a Noruega desde el trópico con un “ramo de olivo en las manos” y el sueño de la paz con justicia social.


Más tarde, en nuevas conferencias de prensa ofrecidas por separado, el gobierno colombiano no ocultó su disgusto por algunas de las intervenciones de Iván Márquez, quien además había criticado a dos de los hijos del ex presidente Álvaro Uribe y la entrega anual de Estados Unidos de 700 millones de dólares a Bogotá en el contexto del Plan Colombia, una estrategia antidrogas y de contrainsurgencia.


Colombia no negociará el modelo económico ni la inversión extranjera con los guerrilleros de las FARC en la mesa de diálogo que se acaba de instalar aquí y que arrancará en La Habana el 5 de noviembre con un encuentro preparatorio, y proseguirá con el primer tema de la agenda que es el agrario a partir del 15 de ese mismo mes, respondió De la Calle.


Consideró que la mención a los hijos de Uribe era “una falta de respeto”, o la exposición de las ideas económicas de la insurgencia. “Quiero reiterar a propósito de la cuestión minero-energética que no estamos discutiendo en esta mesa el modelo de desarrollo económico, no estamos discutiendo la inversión extranjera”, añadió el jefe de la delegación gubernamental.


Advirtió que para que eso se discuta en la agenda colombiana, “las FARC tienen que dejar las armas, hacer política y ganar las elecciones, pero en este momento eso no es parte de la mesa”. Agregó que estaban en condiciones de examinar periódicamente si las pláticas avanzan, y de no ser así “el gobierno ha dicho que no es rehén de este proceso”.


Asimismo, De La Calle resaltó que para el gobierno el cese de las hostilidades será el punto final del proceso y descartó la presencia de Ricardo Palmera (Simón Trinidad, recluido en una cárcel estadunidense) en la mesa de negociaciones como reclama la guerrilla. El tema de suspender la ofensiva militar contra los rebeldes “no está en discusión”, puntualizó.


La delegación de las FARC se mostró más abierta a la discusión, que dando voz a todos sus integrantes, aprovechó también para “contratacar” a las declaraciones de De la Calle. “El espíritu del acuerdo está claro”, señaló otro delegado rebelde, Jesús Santrich, quien no había sido mencionado para estar en Oslo. Dijo que ante la ofuscación del gobierno, ellos abrazaban este proceso con “el alma”.


Al término del acto, se anunció que la delegación gubernamental colombiana retorna a su país este viernes y la de las FARC lo hará a Cuba lo antes posible.


El ex presidente Uribe rechazó una posible incorporación de las FARC a la política, y el ex líder paramilitar Salvatore Mancuso pidió se incluya a las desarticuladas Autodefensas Unidas de Colombia en el proceso de paz.


Reuters, Pl, Dpa y Afp

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No es a las farc a quienes hay que convencer
Sumario: ¿Cuál es la esencia del encuentro en Oslo? La derrota de las armas por la dialéctica. Porque la guerra es la imposición de la fuerza bruta al talento intelectual.

Después de medio siglo de guerra fratricida, todo ha sido inútil: la pérdida de los mejores hombres, el derramamiento de la sangre inocente y el gasto de las más ingentes sumas del dinero de los colombianos. Solo después de esa monstruosa inutilidad las partes se convencieron de que ninguna logró sus propósitos. En este choque violento, la cresta de las Farc estuvo en los años noventa, con la guerra de posiciones, la toma de bases militares y la retención de tropas. La cumbre cimera la coronó el establecimiento entre 2002-2008, con el bombardeo extraterritorial, la liberación de los retenidos y los falsos positivos. Pero en esa parábola de la guerra, ni el ejército oficial, —el más poderoso y equipado de Latinoamérica—, fue capaz de diezmar al ejército rebelde, ni las Farc de alcanzar la Plaza de Bolívar: es el empate asimétrico de la guerra. Ese grado de conciencia, esa certeza incuestionable, es la razón para que las partes en conflicto vuelvan a la mesa de diálogo.

¿Cuál es la esencia del encuentro en Oslo? Es la victoria de la inteligencia sobre la fuerza o la derrota de las armas por la dialéctica. Porque la guerra es la imposición de la fuerza bruta al talento intelectual. Ante la pequeñez de su inteligencia, quienes defienden unos intereses mal habidos recurren al odio, y empuñan las armas para vencer a quienes tienen la razón, y usan la palabra para hacerla valer. Ese es el drama de la guerra, hecho realidad en el Gorgias de Platón. Allí se enfrenta la palabra de Sócrates contra la espada de Calicles. Ante su incapacidad dialéctica, Calicles abandona el diálogo, agarra su espada y reta a Sócrates a que haga lo que quiera. Ese es el secreto bien guardado de la guerra: la incapacidad dialéctica.

En el trance que comienza en Oslo y continúa en La Habana, hay optimistas y pesimistas. Son optimistas los dialécticos, los discípulos de Sócrates. Son pesimistas, los devotos ciegos de la fuerza: acobardados por el uso de la razón, prefieren las armas para vencer y aniquilar antes que utilizar la palabra para persuadir y convencer. No le temen a los cilindros de las Farc —porque para ello tienen los aviones supersónicos y miles de toneladas de bombas inteligentes—, sino al discurso de Timochenko en el Congreso. Los voceros de las Farc, racionales, pragmáticos y conscientes de sus limitaciones en armas modernas, lo dicen sin ambages: “De lo que se trata es de ser serios, de proponer cosas sensatas, de ser pragmáticos y aspirar tan solo a lo que la oligarquía está dispuesta a conceder […]. Estamos dispuestos a hacer lo que sea para buscar salidas dialogadas”.

Porque las Farc ya están convencidas —siempre lo han estado—, no es a ellas a quienes tiene que convencer el presidente Santos. Es al sector más violento, agresivo, mezquino y excluyente de la sociedad: el más conservador y atrasado de América. Durante los últimos treinta años ningún jefe de Estado fue capaz de convencer a ese sector, que no tiene visión más allá de las alambradas de sus haciendas, de los muros de sus empresas y de los fusiles de sus ejércitos privados. Según Otto Morales Benítez, esos enemigos de la paz, hace treinta años estaban “agazapados”, dentro o fuera del Estado. Hoy no están agazapados sino encabritados, y desde todos los flancos disparan rayos y centellas contra el proceso de paz que desde el comienzo de su mandato inició el presidente Santos. Si Santos es capaz de convencer a esas fuerzas oscurantistas a que devuelvan las tierras que les robaron a los campesinos, y a que permitan que los disidentes tengan un espacio bajo el sol y una voz en la política, se merece el Nobel de la Paz. Será hasta entonces, el único Parnaso de la historia política de Colombia.
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Sábado, 29 Septiembre 2012 09:17

El ELN se suma a la búsqueda de la paz

El ELN se suma a la búsqueda de la paz
El Ejército de Liberación Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia emitieron un comunicado conjunto apoyando el plan de paz y, más sintomático, mostrándose juntos a la hora de empezar las negociaciones en Oslo.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) reafirmaron su indoblegable determinación de continuar la búsqueda de la paz. Fue en un inusual comunicado conjunto y a días del inicio de las negociaciones de paz.

La decisión de firmar esta declaración conjunta parece incorporar al proceso de paz al ELN, que ya había iniciado un camino en este sentido durante la presidencia de Alvaro Uribe, pero que estaban virtualmente estancadas. Las organizaciones remarcaron en su declaración que la paz que se comenzará a negociar el 8 de octubre en Oslo, Noruega, debe significar para su país y el continente la instauración de una verdadera democracia, soberanía popular, justicia social y libertad. Mediante ese documento, fechado el 27 de septiembre, manifestaron su propósito de avanzar en el proceso de unidad. “Desde 2009 venimos forjando paso a paso, con el propósito de hacer converger ideas y acciones que permitan enfrentar –junto al pueblo– a la oligarquía y el imperialismo como elementos que imponen la explotación y la miseria en nuestra patria”, argumentaron. Las organizaciones insurgentes señalaron que en estos tiempos se desarrolla la más profunda crisis del sistema capitalista mundial, caracterizada por una desaforada carrera de guerras de invasión, saqueo y sobreexplotación de los recursos de la naturaleza y precarización de las condiciones de trabajo.

Todo ello, según su caracterización, deriva directamente de la aplicación sostenida y desbocada de políticas neoliberales que favorecen a los grandes grupos financieros y a grandes corporaciones transnacionales, en detrimento de las mayorías nacionales. También profundizaron sobre la realidad de que las cifras de pobreza y de indigencia que colocan a Colombia en el tercer país más desigual del mundo. “No puede haber otro camino para los revolucionarios que la unidad y la lucha, la acción de masas en las calles, el levantamiento popular en el campo y las ciudades, exigiendo al gobierno reales hechos de paz.” En este contexto, el ministro de Defensa de Colombia, Juan Carlos Pinzón, sostuvo ayer que, en paralelo con la firma de paz con las FARC, crecerá la cantidad de miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia. “Lo que se ha demostrado donde se acaban los conflictos es que luego vienen unas fases de violencia criminal, diferente del conflicto y que por lo mismo se requiere una fuerza pública que anticipe y garantice esa estabilidad y esa paz”, apuntó.

Las negociaciones anunciadas por el gobierno de Colombia y las FARC hicieron trepar la imagen favorable del presidente colombiano Juan Manuel Santos del 43,9 al 62,9 por ciento en los dos últimos meses, según una encuesta conocida ayer. El sondeo, efectuado por la firma Datexco para el diario El Tiempo y la estación W Radio, precisó que el 67,3 por ciento de los colombianos aprueba el inminente inicio del proceso de paz. Asimismo, detalló que el 64,2 por ciento de las personas interrogadas dijo que respalda la gestión de Santos, que empezó a gobernar en agosto de 2010. “Santos logró revertir la tendencia fundamentalmente por el proceso de paz que inició con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia”, afirmó el director de Datexco, César Valderrama. El optimismo también cambió en los dos últimos meses, al pasar del 37 al 57 por ciento la cifra de las personas que creen que el país “va por un buen camino”. Aunque el 67,3 por ciento de las personas encuestadas respaldó el proceso de paz, el 45 por ciento piensa que el conflicto armado no se acabará. En tanto, el 41,6 por ciento cree que sí finalizará. “La gente apoya y quiere el proceso, pero a la vez hay mucho escepticismo de que se logre la paz”, apuntó Valderrama.

El gobierno y las FARC sostuvieron reuniones secretas entre febrero y agosto en Cuba, en el marco de las cuales llegaron a un acuerdo para iniciar en octubre un proceso de negociaciones. El diálogo comenzará en Oslo (Noruega) y se trasladará después a La Habana. Las FARC cuentan con cerca de nueve mil integrantes y activistas desde 1964 y han protagonizado frustrados procesos de paz con tres gobiernos anteriores.
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Sábado, 22 Septiembre 2012 18:58

La paz fácil

Por estos días, amplios sectores sociales recibieron con satisfacción el anuncio oficial de abrir diálogos exploratorios con las farc. No es para menos. El anhelo de conocer algún día, un ambiente y una cotidianidad de paz real, potencia ilusiones. Con la mirada atenta en los múltiples generadores y responsables del conflicto, despiertan síntomas de pueblo con deseo de paz.

Extraña que mientras aumenta la expectativa, los medios oficiosos, y los creadores de opinión remarquen la idea de desmovilización y desarme de los insurgentes, como el producto más tangible del diálogo por iniciarse. Llamativo, de igual manera, que adoradores de la “solución militar” desde las posiciones más a la derecha insistan, incluso, que “no se puede negociar” nuestro “orden democrático” y, por tanto, el gobierno solo y únicamente debería “ofrecer” algunas condiciones generosas para la entrega. Queda claro que para ellos ni la historia ni la realidad objetiva existen, y que no tienen sentimiento con las víctimas. Manipulan la realidad, o la acomodan a sus intereses.

Tras esa visión, estar de acuerdo con el establecimiento es ser “bueno”, y hacer oposición es “malo”, y así marcan a quienes la hacen. Una concepción existente desde la fundación de la República, que ha recurrido al magnicidio reiterado como arma política, fallido en el caso de El Libertador, pero exitoso en los de Rafael Uribe Uribe y Jorge Eliécer Gaitán, y convertido en genocidio con la Unión Patriótica y crimen político contra otros sectores. En esa torcida concepción de la política el papel de la prensa no ha sido pequeño, y hoy, ya es notoria la insistencia de los mensajes de que el tratamiento de los diálogos no debe salir del marco del sometimiento. Una insistencia que no cesa. De manera reiterada, en uno y otro medio, no se habla o escribe más que de este resultado. Así, reducen la agenda acordada.

Entonces, despierta perplejidad que echen tierra al meollo de las discrepancias de concepto y propósito entre las partes. Una negativa, por tanto, a revisar la historia de los procesos de diálogo, que impide identificar los aspectos sustanciales, que en su momento, impidieron concretar sus particularidades y mantuvieron abierta la prolongación del conflicto. En las emisiones de los noticieros matutinos esta es una cantilena reiterada. En la prensa escrita este tipo de “análisis” no ha quedado al margen. Opinión y sesgo de quienes se dicen periodistas pero no actúan como tales.

Al así proceder, al difundir una noticia, y “analizar” un tema sin retomar la historia ni el contexto, entregan a su audiencia una sola parte de la realidad, manipulándola, y por tal vía, crean un ambiente falso. Una maniobra y unilateralidad –con amplia o pequeña parte de origen en los laboratorios del arma de Inteligencia Militar– que a la postre puede enlodar el proceso abierto entre Gobierno e insurgencia, o predeterminar conclusiones si este proceso no llega a final feliz. ¿A quién sirve tal proceder? Al país no.

Estos medios y estos creadores de opinión con acceso a las fuentes oficiales, deberían, como mínimo, y en un ejercicio de periodismo a profundidad, además, abordar el análisis de escenarios. Se puede deducir, que a la mesa abierta, las partes llegan con un juego de escenarios. Por ejemplo, uno es, si el diálogo termina en la firma de un acuerdo de paz: en este caso, ¿hasta dónde cederán las partes, en cada componente de la agenda, para que la firma llegue? Por lo tanto, ¿hay sectores lesionados con los acuerdos?, ¿cuáles?, ¿cómo reaccionarán estos ante el pliego acordado?

Pero también, ¿Por qué la comunidad internacional tiene interés y está dispuesta a un acuerdo de paz en Colombia? ¿Es toda la comunidad, o existen sectores a los cuales no les interesa igual resultado? ¿Cuáles son esos países y por qué no les sirve el posible acuerdo? Si así es, ¿podrían actuar para tensionar el proceso? ¿Cómo harían? Son interrogantes obligados.

Asimismo, y para facilitar este primer resultado: ¿cuál es la valoración que las partes tienen de su fuerza y de la que posee su contraparte? En el caso del Gobierno, y con respecto a las farc, ¿de verdad considera que las tiene derrotadas en el aspecto militar? ¿Y en el político? Si el Gobierno valora que las farc aún tienen capacidad para resistir y amenazar el poder, ¿podría tener en marcha un amplio operativo, para al tiempo que se dialoga tratar de quebrar la voluntad de combate de su enemigo?, ¿cómo vería el país un golpe oficial que ponga fuera de combate a varios mandos de la insurgencia?

Y en el caso contrario, ¿cómo vería el país a la insurgencia si elimina algún integrante del alto gobierno? ¿Tal acto rompería el proceso? ¿Al actuar así, podría la insurgencia quebrar la unanimidad al interior de las FF.AA. y, por ese conducto, estimular declaraciones, acciones o desobediencias en contra de la política de paz de Santos? ¿Cómo reaccionaría la comunidad internacional? Ante la duración y complejidad del conflicto, los escenarios y las preguntas pueden aumentar.

Todo proceso de diálogo crea fracturas dentro de la insurgencia. Así demostraron los casos del epl, de la “corriente” del eln y, en menor medida, del M-19. Lógicamente las farc no estará exenta de tal realidad. Por tanto, ¿busca el Gobierno el escenario del quiebre del mando unánime que caracteriza a las farc? ¿Cuáles serían las acciones a descubierta y encubiertas para lograrlo?

En esta valoración, podría sopesar el Gobierno un plan con tres objetivos simultáneos: 1. Cooptar, ofrecer participación política a la alta dirigencia de la insurgencia. 2. “Poner fuera de combate” a sus mandos medios, y propiciar así, una dispersión de los guerrilleros rasos en bandas de delincuencia sin norte político, constituyéndose en base social para el narcotráfico. 3. Profundizar la inteligencia sobre áreas más limitadas de una guerrilla venida a menos cantidad. Ese resultado mantendría el discurso de “golpe final” a las farc sin entregar paz y tranquilidad para amplios sectores del país, ¿qué diría y cómo reaccionaría la sociedad ante un resultado así?

Pero también, deben considerarse escenarios para el caso que el diálogo termine roto y la confrontación armada potencie hacia sus extremos. ¿Hay cálculo y análisis de este calibre en las dos partes? ¿Cómo reaccionaría el país ante el cierre del diálogo? ¿Cuáles son los espacios que mantendría la insurgencia? ¿Cuáles y por qué serían los sectores con interés en un final sin resultados?

En esa perspectiva, ¿Un periodo preelectoral como el que transita Colombia le sirve a un proceso de paz o lo dificulta? ¿Al Presidente le favorece o perjudica, el alargue de las conversaciones? ¿Por qué valora Santos que es posible alcanzar acuerdos en pocos meses? ¿Qué está dispuesto a ceder? ¿Cuáles son los cálculos hechos sobre la disposición de la insurgencia a ceder –hasta dónde– y a cambio de qué?

Interrogantes por valorar por los medios de comunicación y por el país que los consulta. Y mientras se arreglan las cargas, los dos sectores sentados a la mesa, tienen aspectos por valorar a la luz de las experiencias vecinas, entre ellas: al Estado le compete mirar ejemplos de reconciliación y de inclusión, y la insurgencia debe mirar Centroamérica, donde el fin de la guerra formal no impidió la continuidad de una elevada violencia social que, despolitizada, sigue castigando con igual intensidad a los más desfavorecidos.

Como ve, escucha o lee cualquier consumidor de medios de comunicación oficiosos, ninguno de estos se preocupa por valorar escenarios y servirle a su audiencia información y análisis para que, con cabeza propia, saquen conclusiones. Las informaciones son simples y prejuiciosas, por tal motivo solo se preocupan por referirse una y otra vez a la desmovilización y la entrega de armas por parte de la insurgencia.

La prensa, y en general el establecimiento, tendrán que entender que este tipo de manipulaciones no le conviene al país, ni al proceso en marcha. Ambos deben considerar que nuestra sociedad es como un cuerpo de agua estancado que reclama a gritos oxigenación, y que mostrarse reacios a aceptar un verdadero cambio, es perdernos en la continuidad de una espiral de violencia que amenaza con sumar otros cincuenta años a nuestra, hasta hoy, cruenta forma de practicar la política.

A los medios alternativos, interesados en una información veraz y compleja, nos corresponde actuar de manera abierta, dinámica, plural y veraz. En nuestra próxima edición analizaremos varios escenarios de los aquí enunciados. Además de retomar una variante no considerada por los actores en diálogo: el imaginario de paz que portan los movimientos sociales, en disputa contra un modelo económico, social y político que polariza al país, y que más allá de las armas, demanda solución profunda e inmediata del mismo. Demanda también presente en otros países, donde los alzamientos sociales han llevado a que sus Ejecutivos aprueben reformas por decreto. ¿Tendrá que suceder acá igual para que el poder acepte que la paz va más allá de la dejación o no de armas por parte de la insurgencia?


Publicado enEdición 184
“Vivir dignamente del trabajo”, meta de la negociación de las FARC con Santos (I)
La Habana, 16 de septiembre. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) van al diálogo con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos con una “expectativa positiva”, pero con una meta basada “en el realismo”: que se pueda “vivir dignamente del trabajo” y hacer política de oposición “sin que eso implique ser objetivo militar”.


Así lo resume en una entrevista con La Jornada Luis Alberto Albán Burbano, más conocido como Marco León Calarcá, uno de los plenipotenciarios rebeldes a las conversaciones que empezarán en Oslo el próximo 8 de octubre.


Revela que los contactos para esta negociación empezaron apenas llegó Santos al gobierno, en agosto de 2010. El entonces jefe guerrillero Alfonso Cano lanzó una propuesta, hubo un intenso intercambio de mensajes y luego los arreglos para la fase exploratoria en La Habana (febrero-agosto de 2012), todo en secreto riguroso.


En esos dos años murieron en acción Jorge Briceño o Mono Jojoy, uno de los principales jefes militares de la guerrilla (septiembre de 2010), y Cano (noviembre de 2011).


“Necesariamente hubo impacto” en esos momentos, recuerda Calarcá. “Los acuerdos se tambaleaban. Pero después de respirar mil veces decidimos mantener en alto la que ha sido nuestra bandera, la bandera de la paz, por encima del dolor, de la dureza de los golpes.”


Las FARC se fundaron en 1964, pero su núcleo estaba alzado desde los años 50. Como quiera que se le mire, es la guerrilla más antigua del mundo.


Aunque han estado en otros intentos de pactar la paz con diferentes gobiernos colombianos, los más importantes fueron el que culminó en 1984 con el presidente Belisario Betancur y los tres años de discusiones (1999-2002) con Andrés Pastrana.


Éste sería el tercer esfuerzo más serio. “No estamos diciendo que de los diálogos salga la revolución socialista”, dice Calarcá. “En eso somos claros, somos realistas. Pero sí estamos diciendo que salgan posibilidades de vivir y entre ese vivir hacer política, ser de oposición sin que necesariamente eso implique ser objetivo militar.


“El problema es que en Colombia no se puede hacer política de ninguna manera”, apunta el líder rebelde. Sin embargo, “vamos a quedarnos con el beneficio de la duda; tenemos una expectativa positiva. Esa expectativa la hemos tenidos en los emprendimientos anteriores.


“Esperamos que haya una buena solución, pero eso depende de la voluntad del gobierno y de que se entienda a ese pueblo que está clamando por la paz.”


Tras la primera negociación surgió la Unión Patriótica (UP), fuerza civil a la que se sumaron antiguos guerrilleros. Pero pronto sus miembros empezaron a ser asesinados por paramilitares y fuerzas públicas.


Así murieron miles de activistas, decenas de concejales, alcaldes y congresistas y los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo. La organización se extinguió, los ex guerrilleros volvieron a las montañas y la paz se frustró.


En el segundo caso, el diálogo se realizó en una “zona de despeje” (desmilitarizada) de Colombia, en la localidad de San Vicente del Caguán. Pasó por vaivenes y estancamientos hasta que colapsó, entre virulentas acusaciones de las dos partes.


–¿Por qué creen que no se repetirá la experiencia de la UP?


–Las circunstancias no son las mismas –responde.


“No vamos a cometer los mismos errores. La UP fue una muestra de confianza, una plataforma para un movimiento político que iba a experimentar, que logró un gran respaldo popular en muy poco tiempo, pero asustó a la extrema derecha.”


Ahora “habrá que mirar hasta dónde es la confianza, las condiciones que hay. Eso dependerá de la discusión y mucho del desarrollo de las fuerzas políticas y sociales del país y de la solidaridad internacional”. Explica que por eso no está decidido si las FARC se convertirían en partido, se unirían a otras formaciones o cómo sería su inserción en la vida civil.


“Hay una conclusión dolorosa y es la experiencia. De ahí hay que sacar lo mejor para no repetir”. Además “pensamos que hay una actitud de la gente que ya no soporta más y quiere luchar por sus derechos. Hay gran explosividad social y eso muestra que la situación es insostenible”.


–¿Y la diferencia de ahora con el Caguán?


Pastrana escribió en un libro que el Caguán “sirvió para hacer la reingeniería de las fuerzas militares”, sostiene Calarcá. Cuando Estados Unidos aprueba el Plan Colombia (2001), el proceso “empieza a desmoronarse”. El gobierno trata de ganar tiempo “con la idea de aniquilarnos militarmente. Cuando ya tienen las condiciones con que ellos consideran que nos pueden aniquilar, entonces acaban con el proceso”.


El dirigente rebelde acepta que las FARC también ganaron tiempo. Reconoce que trabajaron en otros objetivos (atención a enfermos, formación de personal), pero asegura que para ellos “lo fundamental era el proceso”.

–Ahora, ¿cómo ven a Santos?


–No hay de verdad ninguna propuesta seria para resolver los problemas de las mayorías –estima. Resume el panorama colombiano como un amasijo de conflictos sociales, alto nivel de corrupción, asesinatos de activistas sociales y un crecimiento que sólo favorece a los más ricos. Sin embargo, confirma que hay un avance en el diálogo y “ahora viene la parte crucial”.


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Una propuesta de democratización es la principal responsabilidad del estado*
Regresa un escenario para la solución política. Vuelve por quinta vez, ante otra comprobación del fracaso de la guerra, tras miles de muertos y un desprestigio del Ejército, la Policía y de instituciones del Estado y la justicia. Poderosa, contando a favor con el rechazo ciudadano a las violaciones operativas y humanitarias de la guerrilla, la vía militar oficial aunque debilitó a la guerrilla, no le puso fin al conflicto. No pudo aun con los ingredientes de ‘aceptación’ y justificación del paramilitarismo en la opinión, de intervención extranjera, de los ocho años de Álvaro Uribe que prometió victoria en sus primeros 100 días, y del ensayo con el “modelo europeo-español” de movilización contra ETA y el IRA. Al parecer, el Presidente planea con 24 meses de plazo.


La fase exploratoria para sentar las bases de un diálogo de paz definitivo entre el gobierno colombiano y las farc, culminó con éxito. La agenda acordada tiene 5 puntos que destacan con toda claridad, que sin perder su identidad, tienen como cuesta arriba las concesiones de cada una de las partes. (ver acuerdo)

Firmes en su contraste, a distancia y con los discursos respectivos del Presidente y de Rodrigo Londoño, Timochenko, esta vez, no hubo “silla vacía” como en enero de 1999 puso Marulanda. La guerra sigue. Todavía en medio del conflicto, no serán, por ahora, el próximo bombardeo o la acción guerrillera, es de suponer que de baja intensidad, las causas que partirán una de las patas de la mesa.

En su alocución, Santos cuidó de remarcar que el temario implica como primer punto o tropiezo, el tema de la tierra en su carácter definitorio de la justicia social y la estructura del modelo económico. La misma cuestión que durante décadas y de miles y miles de discursos en el Capitolio y con más de una decena de Presidentes y sus promesas, no han tenido la “voluntad de paz” para resolver. En la ocasión anterior, una propuesta al respecto del factor económico: el“subsidio al desempleo”, rebotó los ánimos en las élites y, de inmediato, constituyó la presión y el antecedente político para la posterior ruptura formal del diálogo en el Caguán.

La aproximación para conversar tiene una dificultad determinante: la “vía militar” que prima en el Estado, sin admitir que no acumuló los resultados suficientes y necesarios para imponer o exigir en el terreno, y de inmediato, una desmovilización como el callejón indiscutible para la guerrilla. En efecto, con un escenario político diferente en el continente, y una crisis social como alimento, la guerrilla –con una geografía favorable– pudo hacer una maniobra de repliegue forzado, y conserva y amplía un espacio para la agitación urbana.

Hacia un primer invierno en Oslo con portavoces y voceros


Para la guerrilla definir sus enviados no es difícil. Saben que ya no tienen la misma base territorial como la previa al “despeje del Caguán”, para imponerle al Estado y a la sociedad un postulado de manejo en una acumulación militar insurgente. Están en mora de presentar su propuesta mínima en los órdenes militar y sobre el país por construir. Pero al frente, traerán polémica y puja en los factores reales económicos y políticos del poder y el latifundio, temas de discusión obligada y de modificaciones en el quehacer político, como son: el papel y las consecuencias en el reconocimiento de la tierra y sus despojos, de la situación de las víctimas, la reglamentación de las leyes respectivas y los concernientes a la dirección económica en un nuevo sentido que no refuerce privilegios, garantizando su utilidad social y tomando en cuenta los reclamos relativos a la agroindustria y la megaminería.

Asimismo, la determinación de responsabilidades en la desinstitucionalización narcoparamilitar y el papel del gran narcotráfico, en particular, sus brazos para la comercialización y el lavado de dólares y activos, no pasará fácil. Tampoco, la nueva dimensión y función de las Fuerzas Armadas, aspectos que tocarán a la Colombia en acomodo de las ciudades intermedias y metropolitanas, usufructuaria de “las medidas de seguridad”,  pasivas hasta hoy ante la solución de una guerra que no los toca cerca.

En su orilla, así la guerrilla ya no pueda hacer una Conferencia Nacional Guerrillera para definir los planes y la síntesis colectiva de estos años, de inmediato o más adelante, dentro de la discreción pueden ser de titulares las caras de Miguel el sargento Pascuas, de la generación de Marquetalia, con décadas en las primeras líneas de fuego; el médico Mauricio Jaramillo, amigo cotidiano de Bernardo Jaramillo, el candidato asesinado; Pablo Catatumbo, llave y continuador de Alfonso Cano en la dirección del Movimiento Bolivariano, con sus estructuras derivadas; Pastor Alape, de pasos en el Magdalena Medio, todos bajo la orientación de Iván Márquez, Joaquín Gómez y Timochenko.

A la par, todo ello con una radicalización doctrinaria que, bajo la orientación de Alfonso Cano, puso en marcha desde el 2000, junto con medidas de reingeniería en la promoción de un mando urbano mayoritario en el secretariado y los bloques, mediante el ascenso de miembros que en su juventud rechazaron al M-19 como opción estratégica de poder, y que avanzó en una rectificación frente al secuestro, y de debate sobre la prioridad de finanzas en relación con el narcotráfico, que resultaron tardías. Aunque estuvo oculto, durante el diálogo en el Caguán ya Cano fungía como comandante jefe de las farc. En esa condición, sin ‘pedirle autorización’ a Marulanda, que actuó como «comandante fundador», se marchó de la zona un año antes con rumbo a la cordillera central, de despliegue principal; con la intención ofensiva de extender el conflicto hacia el centro económico más sensible, en áreas de los “comando conjunto occidental” y “comando conjunto central” en el Valle, Tolima, Viejo Caldas.

En la actual correlación política, la búsqueda y la conquista de la paz como “avance social”, no como derrota del contrario, demanda concesiones del poder y desde el mismo que significan una “transición” cuyo único seguro es la movilización social, y la aceptación por parte del Gobierno de formas de inclusión y democracia. En un afirmar del piso necesario para el baldosín, en favor y búsqueda de otro episodio, diferente con respecto a la paz, hay aspectos para recordar. La desmovilización de la guerrilla con origen urbano 1989-1992, aún con el resultado en la formulación de una nueva Constitución, sin inclusión total de la realidad urbana y rural, chocó con el asesinato paraestatal que neutralizó su proyección de gobierno.

El asunto no será solo de una «negociación bilateral»


Desde hoy, componer un nuevo escenario y método para la posibilidad de una «solución política» del conflicto, pondrá a prueba la “voluntad de paz” en varios temas, y en la definición y la participación de los actores básicos de la nación. Adquirirán escenario y garantías los nuevos actores políticos sociales, con reivindicaciones mínimas como son las demandas del pueblo Nasa –que intercaló un giro en el camino por la paz–, afín y participante en el Congreso de los Pueblos; las expresiones de las negritudes, de la Marcha Patriótica y de los sectores sociales reunidos en la Comosoc.

Así, debilitada, no cuantitativamente sino con respecto a su vínculo social y la multiplicación de su influencia, la guerrilla ¿por coincidencia o previsión estratégica? en sus decisiones de localización y redefinición de su dispositivo actual, cuenta como presión un factor geopolítico que parece invisible. Los negocios y el comercio de la franja oriental de Suramérica –Venezuela, y en menor medida Brasil que apunta con proyectos en Bolivia y Perú– necesitan la salida terrestre, férrea y fluvial al Pacífico. En paralelo, la disputa y geopolítica del mundo también determinan dinámicas en nuestro continente.

En una inmediata perspectiva, los Estados Unidos ante las fechas y circunstancias de las elecciones en Venezuela y de su propia campaña presidencial, como medida de desinfle contra el discurso antiyanqui de Chávez, necesitan quitar el efecto de una “intervención inminente” que apunta hacia Venezuela y tiene a Colombia como el lugar para el despliegue y avance.

En fin, no desconocer las reivindicaciones políticas irrenunciables como trasfondo, y las garantías de régimen político, jurídico y libertad de organización, es la fórmula para “evitar los errores del pasado” que subraya el Presidente, justo cuando la “vía militar” alza intacta su lógica y se reafirma con los resultados en el conteo de bajas de jefes de guerrilleros.


* Versión actualizada y editada que originalmente publicó Le Monde diplomatique, edición Colombia, septiembre de 2012

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Farc y gobierno divulgan informaciones sobre acuerdo inicial rumbo a la paz

El lunes (27), las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos divulgaron la firma de un acuerdo para comenzar una conversación pacífica con el objetivo de terminar con el conflicto armado interno que afecta al país desde hace cerca de 50 años. El acuerdo, que fue firmado en La Habana, capital de Cuba, prevé la elaboración, en el plazo de 18 meses, de un nuevo proyecto de sociedad que incluya algunas postulaciones programáticas de las Farc.


De acuerdo con el Observatorio de Procesos de Desarme, Desmovilización y Reintegración (ODDR), hay también un consenso sobre la firma de un acuerdo de paz, ya que las dos partes creen que la búsqueda de la paz es una obligación. Para ello, se establecerá una mesa de debates en Oslo, Noruega, de aquí a un mes. La sede principal de las discusiones será La Habana, Cuba, pero pueden realizarse también reuniones en otros países, dejando clara la importancia de la colaboración internacional.


El acuerdo firmado en febrero de este año incluye seis puntos y una regla de funcionamiento. El primero tiene que ver con la ‘Política de desarrollo agrario integral’, iniciativa considerada determinante para impulsar la integración entre las regiones y el desarrollo social y económico equitativo del país.


El segundo punto es la ‘participación política’ y definirá algunos derechos y garantías para el ejercicio de la oposición política en general, y en particular, para los nuevos movimientos que surjan inmediatamente después de la firma del acuerdo final. También se debatirán algunos mecanismos democráticos de participación ciudadana y medidas para promover una mayor participación en la política nacional.


El tercero contempla el tema ‘Fin del conflicto’. La pauta específica sobre este punto debatirá el cese del fuego, el abandono de las armas y el fin de las hostilidades en forma bilateral y definitiva. En esta ocasión también se discutirá la reincorporación de las Farc a la vida civil en los aspectos económico, social y político según sus intereses.


El cuarto punto, ‘Solución al conflicto de drogas ilícitas’, se relaciona con la problemática del narcotráfico, y va a empujar el debate sobre programas de sustitución de cultivos ilícitos, recuperación ambiental de las áreas afectadas con la participación de las comunidades, programas de prevención del consumo y salud pública.


El quinto punto es ‘Víctimas y reparación’ y tratará sobre los derechos humanos de las víctimas y el sexto punto de debate será ‘Implementación, verificación y legalización’.


Quedó definido durante la reunión en La Habana que las conversaciones entre las partes serán ‘directas e ininterrumpidas’. La intención es garantizar la efectividad del proceso y terminar el trabajo sobre los puntos de la agenda en el menor tiempo posible, de modo de cumplir con las expectativas de la sociedad colombiana. A pesar de esto, miembros de la Farc y del gobierno determinaron que los debates van a llevar el tiempo necesario para llegar a un punto común.


Este recorrido rumbo a la paz tiene el apoyo de los gobiernos de Cuba y de Noruega como garantes y de Venezuela y Chile como acompañantes. Posteriormente, otros países podrán ofrecer colaboración y unirse para ayudar en este proceso.

Periodista de Adital

29.08.12 
 


Traducción: Daniel Barrantes – Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 

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Lunes, 27 Agosto 2012 20:46

Despega la paz.

Despega la paz.
Cada día cobra más fuerza el proyecto de una negociación de paz entre el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y las Farc. El Eln ha expresado su disposición favorable a dicha iniciativa.

Estamos delante de un work in-proceess. Un trabajo que progresa paulatinamente dada la compleja naturaleza del problema a resolver.

Es el sexto intento a lo largo de 30 años de accidentada y violenta historia nacional. Desde 1982 hasta hoy, varios gobiernos del Estado colombiano han querido materializar una negociación y un acuerdo para superar el conflicto más violento conocido por la nación, la cual ha experimentado varios ciclos de guerra (siglo XVI, guerra de independencia, guerras civiles del siglo XIX, violencia de los años 50).

Todo indica que ha ocurrido un salto cualitativo en la Habana. Hay acuerdos para iniciar rondas de negociaciones desde el 5 de octubre en Oslo.  Posteriormente se darán mesas de trabajo en Cuba y  Colombia. Es un esquema de acción con una metodología constructiva y ponderada. De algo sirve la experiencia acumulada.

Hay que considerar que todo ocurre en la Colombia del Siglo XXI. En pleno proceso de globalización. Con la revolución de las comunicaciones y la informática impactando todos campos de la vida del hombre y la sociedad. Con la organización en red del mundo postmoderno.

Hay que contar con los obstáculos que surgirán por el camino. De entrada tenemos el torpedo de la ultraderecha uribista epitome de la Colombia señorial y retardataria; feudal y aristocratizante; oscurantista y agresiva. Es el mundo oscuro del pasado. Por supuesto, la casta militar golpìsta hará un juego macabro de provocaciones. No omito el delirio de cierta extremaizquierda que quiere vivir a perpetuidad en la guerra y la fantasía de asaltos audaces al poder que no dejan de ser pesadillas cultivadas en la frustración psicoanalítica.

Pero el mayor obstáculo tiene su fuente en las debilidad de un Estado que no alcanza el ideal weberiano del monopolio legitimo de la violencia, lo que estimula el aventurerismo de los ejércitos pretorianos al servicio de las mafias y facciones regionales con su preponderancia política en el ámbito nacional. Lo deseable en este campo es que las leyes y las instituciones que se conformen en el desarrollo del Marco Legal para la paz le den forma a un "estado civilizado" y postmoderno, capaz de garantizar las libertades políticas que son como la palanca de los revolucionarios de hoy para hacer efectivos los ideales socialistas. Por supuesto, no se deben menospreciar otros estatutos expedidos recientemente para destrabar la problemática agraria y el derecho de las víctimas de la violencia.

Las mesas de negociación y diálogo se acercaran a los asuntos que debate el país sin fundamentalismos o mesianismos que estorban por la manera como bloquean la deliberación equilibrada.

Salud, locomotora minera, derechos indígenas, regalías, educación, reforma electoral, corrupción defensa del interés público, industria, agricultura, derechos de la oposición y otros temas se pueden debatir encontrando soluciones ponderadas sin que de por medio exista la amenaza de la violencia o el exterminio del opositor.

La justicia distributiva, con una sabia interpretación, tiene un papel muy importante en lo que cobra forma para la paz y la conciliación.

Barranquilla, 27 de agosto de 2012.
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