Miércoles, 27 Junio 2018 06:22

Va la cumbre de Trump y Putin

Va la cumbre de Trump y Putin

Es notorio el desasosiego de la prensa británica que parece lamentar la cumbre de los hoy dos máximos mandatarios del planeta en el rubro geoestratégico/nuclear (http://bit.ly/2KjHbXV), como es el caso del rotativo globalista The Financial Times (FT) (25/06/18), controlado por los banqueros Rothschild y su conspicuo instrumento disruptivo, George Soros.

Los globalistas, representados por Gran Bretaña (GB), pueden resultar los grandes perdedores de la cumbre de Trump y el zar Vlady Putin quien no repetirá los graves errores inconcebibles de Gorbachov y Yeltsin quienes colocaron a Rusia al borde de la extinción después de haber sucumbido a todos los engaños de Daddy Bush y Clinton.

FT juzga que la cumbre de Trump y Putin va, pero que "sus expectativas son muy bajas" cuando es “improbable un acuerdo sustancial ( sic)”.

Entre sollozos, FT adelanta que “John Bolton, halcón ( sic) consejero de Seguridad Nacional de Trump, embarnece la agenda con el canciller ruso Sergei Lavrov y luego con el mismo Putin”.

Se filtra que por consideraciones logísticas, Austria ya no será el sitio conveniente de la cumbre que se celebrará después de la visita de Trump a GB el 13 de julio, lo cual conduce que sería después del cierre del Mundial de futbol el día 15 de julio en Moscú –donde Rusia obtuvo un resonante triunfo de relaciones públicas– y que podría tener lugar, a mi juicio, en Finlandia o Islandia (al estilo de Reagan y Gorbachov).

La rusofobia mezclada de "Putin-fobia" del FT no tiene remedio y considera que la cumbre "será un logro para Putin" cuando "Rusia la ha buscado por 18 meses", pero que tampoco hace que el Kremlin eche las campanas al vuelo por un triunfo elusivo.

Ningún tema es mas jerárquico que el control de las armas nucleares que hace palidecer los temas de Siria y Norcorea.

Tanto Kissinger como el influyente republicano Newton Leroy Gingich están dispuestos a digerir la supuesta "anexión" de Crimea, que siempre ha sido rusa, mientras promueven un "acomodamiento" en Ucrania, cuya desestabilización fue operada por "Vicky" Nuland (http://bit.ly/2N0Xze9), con una inversión de 5 mil millones de dólares del Departamento de Estado con el fin de golpear las entrañas de Rusia y provocar su "cambio de régimen", de acuerdo con el guion de los neoconservadores straussianos que han dominado durante una generación la agenda de republicanos y demócratas.

FT cita a Daniel Fried, anterior funcionario del Departamento de Estado que encabezó la política fallida de sanciones contra Rusia, quien sugiere que la "cooperación potencial" de Trump y Putin radicaría en "coordinar las relaciones militares y limitar la escala de ejercicios militares". ¡Con eso sobra y basta!

Está en juego la supervivencia en el planeta cuando la colisión de EU y Rusia ha llegado al borde del precipicio nuclear, por lo que el Boletín de los Científicos Atómicos ha colocado las manecillas del reloj del "Día Final" a dos minutos de medianoche (http://bit.ly/2N27qAA).

El freno a la carrera armamentista constituye la jerarquía de la agenda de las dos máximas superpotencias geoestratégicas nucleares del planeta.

Hay avisos, como la ominosa guerra nuclear susceptible de extinguir la vida en el planeta que deben ser escuchados: Casandra tuvo finalmente razón después de advertir la caída de Troya.

Mientras NYT, controlado por la secta facciosa del globalista Soros, se mofa del "romance de Trump y Putin" (https://nyti.ms/2yK532f), Matthew Rojansky, de Russia Insider, aborda con sobriedad el aspecto "crucial" de la cumbre, pese al "escepticismo imperante", cuando en Moscú "la opinión predominante" es que Trump “es un rehén del establishment unánimemente (sic) anti-ruso de Washington” y que “cualquier acuerdo puede ser anulado por el Congreso y aún ( sic) por su propia administración” (http://bit.ly/2IuQyiq).

El deterioro de la seguridad global por si sola, exacerbada por el caos planetario, vale la pena para la cumbre de Trump y Putin.

La mínima desescalada que consigan será benéfica para la salud del planeta y su riesgo de un Armagedón.

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Prevé EU otra estructura en el diálogo con China

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio ayer señal de una nueva dirección en las conversaciones de comercio entre su país y China, al decir que el actual camino lucía "demasiado difícil de hacer" y que cualquier posible acuerdo necesita "una estructura diferente".

En una publicación en Twitter, Trump citó dificultades como la verificación, pero no dio otros detalles sobre lo que él o su administración busca en las actuales negociaciones.

Representantes de la Casa Blanca no respondieron inmediatamente a un pedido de más información sobre el comunicado.

"Nuestro acuerdo comercial con China avanza muy bien, pero al final probablemente tendremos que usar una estructura diferente que será demasiado difícil de hacer y verificar los resultados después de su finalización", escribió Trump en Twitter.

La declaración del mandatario se da en medio de negociaciones entre las dos mayores economías del mundo, después de que potenciales aranceles de ambas partes elevaron los temores de una guerra comercial, incluso cuando algunas tensiones se han aliviado por señales de progreso.

El martes, el presidente estadunidense indicó a periodistas que no estaba conforme con las recientes conversaciones comerciales entre los dos países, sin embargo, China importará volúmenes récord de petróleo y probablemente más soya estadunidenses, tras dar señales a refinerías y compradores de granos estatales que deben incrementar más sus adquisiciones para ayudar a aliviar las tensiones entre las dos grandes economías, divulgaron fuentes de comercio ayer.

China es el principal importador mundial de petróleo y soya, y más compras a Estados Unidos ayudarán a satisfacer el creciente consumo interno. Las importaciones también contribuirían a reducir el superávit comercial de China con Estados Unidos.

La china Sinopec, la mayor refinería de Asia, incrementará sus compras de crudo a Estados Unidos hasta máximos históricos en junio como parte de los esfuerzos de China por reducir el déficit comercial, resaltaron ayer dos fuentes con conocimiento del tema.

En el plano agrícola, el comprador estatal de granos Sinograin volvió esta semana al mercado de soya estadunidense por primera vez desde inicios de abril, revelaron dos fuentes.

Por su parte, Estados Unidos se acercó a un acuerdo el martes para levantar la prohibición a proveedores locales del fabricante chino de equipos de telecomunicaciones ZTE Corp, y Pekín anunció recortes arancelarios a las importaciones de automóviles.

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Caravana contra Ortega llega a Masaya, cuna del sandinismo

Enfrentamientos en la ciudad dejan saldo de un muerto y 150 heridos en los últimos días

Masaya.

Al grito de "¡Patria libre o muerte!" miles de nicaragüenses marcharon hasta la combativa ciudad de Masaya, cuna del sandinismo y cuya población fue blanco de violentos enfrentamientos, incendios y saqueos que dejaron al menos un muerto y 150 heridos, en días recientes.

El ejército de Nicaragua llamó a la reflexión y se dijo convencido del Diálogo Nacional sugerido por el gobierno y que mediará el Episcopado como "única ruta para evitar las afectaciones irreversibles a nuestro pueblo, nuestra economía, al desarrollo nacional y a nuestra seguridad".

En un comunicado, los militares respaldaron los esfuerzos que realiza el gobierno de Nicaragua y la labor de mediación del cardenal Leopoldo Brenes para solucionar la crisis, un día después de que el vocero castrense, coronel Manuel Guevara, declaró: "no tenemos por qué reprimir a la población".

La marcha salió en caravana de Managua y ciudades aledañas hasta Masaya, un pueblo de 170 mil habitantes, la mayoría artesanos y agricultores, ubicado unos 25 kilómetros al sur de la capital, donde este sábado la población resistió con piedras, morteros caseros y hondas la embestida de la policía, que ya se replegó a sus cuarteles.

La caravana sumó en su camino a miles de manifestantes antigubernamentales que se adhirieron a la exigencia de "justicia" por más de medio centenar de muertos en las protestas de universitarios que estallaron el 17 de abril.

Lo que ha pasado en Masaya fue "una salvajada del gobierno. Después de lo que hizo Ortega debe irse. Hay que buscar la manera de que se vaya, esa es la lucha de ahora: que se vaya", dijo Néstor Rocha, integrante de la caravana.

Masaya alberga el barrio indígena de Monimbó, que se levantó contra la dictadura de Anastasio Somoza en 1979. Daniel Ortega fue presidente de Nicaragua entre 1985 y 1990. Regresó al poder en 2007.

"Le decimos al presidente que aquí el que manda es el pueblo", añadió otro poblador de Masaya.

El sacerdote Augusto Rodríguez, párroco de la iglesia de San Sebastián, en Monimbó, contó que vivieron desde el viernes pasado "días de represión durísima y de violencia de grupos paramilitares apoyados por la policía, que atacaron a la población y quemaron casas y negocios".

El dirigente de la Asociación Nicaragüense de Protección de Derechos Humanos, Álvaro Leiva, calculó que los enfrentamientos en Masaya dejaron 150 heridos, además de la muerte de un joven por impacto de bala.

Los vecinos colocaron un pequeño altar en honor al hombre de 45 años que murió.

La policía se replegó a la comisaría de la institución, en el centro de Masaya, como resultado de una tregua alcanzada la madrugada de este domingo entre autoridades, representantes de la Iglesia católica de la localidad y organismos de derechos humanos.

Bismarck Conde, el sacerdote que participó en las negociaciones con los mandos de la policía para la liberación de 24 detenidos y la tregua en los enfrentamientos, declaró al Canal 15 (independiente): "Pedimos tolerancia en la marcha, no provocar y no dejarnos provocar".

En Managua, otra manifestación de estudiantes llegó hasta la Universidad Politécnica, en apoyo a decenas de jóvenes atrincherados en el recinto desde mediados de abril y que denunciaron haber sido atacados por la policía y simpatizantes de la progubernamental Juventud Sandinista, con un saldo aún no aclarado de muertos y heridos.

Los jóvenes también mantienen tomadas las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, que ha sido blanco de ataques, supuestamente de fuerzas policiales.

La marcha de Masaya es la cuarta que se realiza contra el gobierno sandinista de Ortega desde que estalló la crisis de gobernabilidad en el país centroamericano.

El conflicto empezó con una protesta de estudiantes contra una reforma al Seguro Social, que aumentaba el monto de las aportaciones a trabajadores y empresas, y que disminuía en 5 por ciento las pensiones. Pese a su posterior derogación, la situación derivó en grandes protestas debido a la acción violenta de la policía y de fuerzas de choque sandinistas.

En tanto, la Conferencia Episcopal dio a Ortega un plazo que vence al mediodía de este lunes para confirmar su adhesión a un diálogo que podría comenzar esta semana y que ya fue aceptado por la sociedad civil, el sector privado y los universitarios.

Los estudiantes acusan a Ortega de haberlos "reprimido salvajemente" con fuerzas de choque apoyadas por la policía, mientras el gobierno se declara víctima de "vándalos de la derecha" y de "un complot financiado desde el exterior".

 

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Sábado, 28 Abril 2018 06:07

Hacia la paz

Hacia la paz

Los líderes de Corea del Norte, Kim Jong-un, y Corea del Sur Moon Jae-in, firmaron un acuerdo para iniciar "la completa desnuclearización" de la península, en lo que significa el primer paso firme hacia la firma de la paz definitiva entre ambos países y, técnicamente, el fin de la guerra iniciada en 1950. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró: “La guerra coreana terminó”, escribió en Twitter.


La declaración dice que "Sur y Norte confirmaron su meta común de lograr una península libre de armas nucleares a través de una completa desnuclearización". Eso fue lo que firmaron los dos líderes en la cumbre que tuvo lugar en la frontera de ambos países y sin que se precisen cuáles serán las medidas específicas para concretar esa iniciativa.
La reunión entre Kim y Moon fue la tercera cumbre en la historia de líderes de ambas naciones, que siguen en una suerte de “guerra fría” a pesar del armisticio de 1953 que las dividió en dos.


"Una nueva historia comienza. Es el momento en que empieza una era de paz", escribió Kim en el libro de honor. Moon, en tanto, se refirió a "una Península Coreana libre de armas nucleares". El más enfático fue Trump, quien desde Washington tuiteó: "¡LA GUERRA COREANA TERMINÓ! ¡Estados Unidos y todo su GRAN pueblo deberían estar muy orgullosos de lo que está pasando ahora en Corea!"


Antes de la reunión, Kim anunció que congelará sus pruebas nucleares y de misiles, y que cierra su centro de pruebas atómicas. Una vez firmado ese pacto, añadió que se esforzará "por lograr la paz en la península y por cumplir lo escrito en la declaración". No mencionó en ningún momento el término "desnuclearización" o el programa de armas atómicas norcoreano.


En el marco de la "confianza mutua" firmada, los mandatarios acordaron hacer reuniones e intercambios. El presidente surcoreano se comprometió a visitar Pyongyang en la segunda mitad del año para avanzar en un tratado de paz definitivo que sustituya al alto el fuego que puso fin a la guerra armada pero mantiene latente el conflicto.
Uno de los gestos más llamativos de la jornada fue cuando los dos líderes echaron tierra de los dos territorios sobre un pino de 1953. Al lado del árbol, Kim y Moon también descubrieron una placa conmemorativa en la que se grabaron las firmas de los dos mandatarios y en la que se lee: "Estamos plantando paz y prosperidad".


"Espero que como este árbol, nuestra relación se mantenga siempre verde, incluso en invierno", dijo el líder norcoreano que en varias oportunidades desafió con ir a la guerra a Estados Unidos, aliado de Corea del Sur. Tras la ceremonia, ambos líderes dieron un corto paseo por un puente peatonal que hay en la frontera creada de facto en la década de 1950 y se sentaron a charlar durante varios minutos en un ambiente muy íntimo. Todo fue simbólico.

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Viernes, 27 Abril 2018 06:19

La nación bifronte vuelve a mirarse

La nación bifronte vuelve a mirarse

El hipercapitalismo tecnoconfuciano del sur y el comunismo dinástico del norte tuvieron algo en común, al menos hasta 1987: férreas dictaduras militares que asesinaron a decenas de miles de personas en nombre de la democracia y la libertad.

Las Coreas están separadas por un escalón: de cada lado suele haber unos cuatro soldados mirándose a la cara con su enemigo mortal, formados como a punto de comenzar un picadito de fútbol. Inexplicablemente, sobre esa línea de 5 metros de ancho, no hay barrera: el guardafrontera que lo quisiera, podría cruzarla, ateniéndose a las consecuencias.


Allí mismo, en una caseta azul dividida imaginariamente a la mitad por el Paralelo 38, se firmó el 27 de julio de 1953 un mero armisticio entre Corea del Norte y EE.UU., del que Corea del Sur fue ninguneada. Es decir que los tres países siguen técnicamente en guerra. Lo más singular de todo esto es que, a partir de esa breve línea de puntos, comenzaron a desarrollarse durante casi siete décadas dos modelos opuestos por el vértice, radicalizándose de manera pocas veces vistas. El hipercapitalismo tecnoconfuciano del sur -que llevó a la tasa de suicidios más alta del mundo desarrollo-, sólo es comparable al ocurrido en el Japón de la posguerra. Y al inédito comunismo dinástico –ese oxímoron– podría emparentarse solo con el extremismo de Pol-Pot en la Camboya de los ´70. A un lado y al otro de esa raya, los dos modelos opuestos por el vértice tuvieron algo en común, al menos hasta 1987: férreas dictaduras militares que asesinaron a decenas de miles de ciudadanos, en ambos casos, en nombre de la democracia y la libertad.


Lo que sucedió hoy en ese lugar donde las Coreas se rozan físicamente –la Zona Desmilitarizada, que es la más militarizada del mundo– no es nuevo. En el año 2000 hubo una histórica reunión entre Kim Jong Il –padre del actual líder norcoreano– y Kim Dae-jung, presidente de Corea del Sur, en la cual acordaron una zona económica común, donde el sur ponía el capital y el norte el trabajo. Pero al poco tiempo se discontinuó. Incluso el sur dio apoyo alimentario al norte para paliar la hambruna que generó el colapso de la Unión Soviética. El objetivo actual sería llevar la situación a ese momento otra vez, con alguna mejora. Porque en estos diez años la situación se fue tensando con dos crisis muy peligrosas: el hundimiento en 2010 de un barco de la Marina de Guerra surcoreana (por parte de Corea del Norte) y la escalada verbal y twitera entre Kim y Trump que hizo temblar al mundo, mientras se advertían uno al otro que tenían el botón nuclear más grande.


Pero la exitosa estrategia de Kim Jong Un -inaugurada por su padre en los ´90- fue la del “perro que ladra” y a lo sumo tira un tarascón. Y no podría haber sido distinto, porque un enfrentamiento hubiera equivalido a un suicidio personal por parte de Kim y la destrucción de su régimen en cuestión de horas. Claro que, él también podría reducir Seúl a cenizas, con o sin bomba atómica. Con la muerte del padre del actual líder norcoreano, Estados Unidos creyó ver una posibilidad de hacer caer al gobierno y reforzó presiones políticas y económicas. Pero Corea del Norte se recostó en su socio histórico, la China “comunista”.


China, por su parte, no desea una violenta caída del régimen de Corea del Norte, porque además de una posible catástrofe humanitaria en la frontera, ello implicaría la reunificación y tener en su patio trasero la influencia directa de su principal adversario en esta nueva Guerra Fría económica con EE.UU. Pareciera que para el líder chino Xi Jing Ping, el presidente Kim se habría pasado de la raya, creándole un problema grave en esa singular relación que tiene con EE.UU., de adversidad y sociedad a la vez.


Paradójicamente, el último capítulo de la Guerra Fría del siglo XX, se sigue peleando en la península coreana, ahora como caja de resonancia de conflictos que no estallan nunca de manera directa.


El fin último de Kim fue siempre negociar: no es un líder revolucionario inspirado en el internacionalismo socialista, sino un reyezuelo formado en las escuelas más caras de Suiza, fanático de la NBA: en 2014 se dio el lujo de invitar a su país a Dennis Rodman, el legendario basquetbolista, quien contó que Kim lo llevó en un yate a una especie de Ibiza norcoreana donde tomaban el whisky más caro del mundo rodeados de mujeres. La estrategia del norcoreano fue tensar la cuerda al máximo -encontró en Trump el adversario ideal- y adquirir una posición de fuerza que se podría resumir en una frase: “si me atacan explotamos todos”.


A esta situación se le sumó una carambola histórica. En Corea del Sur gobernó hasta el año pasado Park Geun-hye, hija del gran dictador surcoreano, con un perfil ultraconservador y nacionalista: no era la persona ideal para impulsar la paz. Pero antes de la mitad de su mandato, la presidenta cayó por un caso de corrupción que la llevó a la cárcel junto con el principal dueño de Samsung, Lee Jae-yong. Esto allanó el terreno para que ganara las elecciones adelantadas Moon Jae-in, un antiguo luchador por los derechos humanos quien, para el arco político surcoreano, sería un líder de centroizquierda y pacifista que nunca respondió a las provocaciones verbales de Kim y se dedicó a poner paños fríos.


El surcoreano Moon le dejó claro a Donald Trump que, cualquier decisión por parte de EE.UU, antes debía ser consultada con él. Las Olimpiadas de Invierno en Corea del Sur fueron el momento ideal para un gesto de distensión que pareció espontáneo. Y a partir de allí, la crisis comenzó a enfriarse.


¿Podría ser distinto esta vez el acercamiento? Quizá sí. Corea del Norte tiene ahora una posición de fuerza, algo para ceder. Y ya aseguró que lo hará: se desnuclearizará. La segunda pregunta es “¿no recibirán nada a cambio?”. El retiro de las bases norteamericanas de Corea del Sur es un reclamo de máxima inalcanzable. ¿Entonces para qué Corea del Norte invirtió millones de dólares en una tecnología de guerra que ahora abandonará? ¿Cederán todo para terminar parados otra vez en el mismo lugar que antes de todo esto? No. Porque Kim estaría recibiendo algo nuevo: el compromiso de no ser invadido para no terminar como Saddam Hussein o Muamar Khadafi. Esta vez se firmaría un tratado de paz formal y definitivo, que será alimentado con más gestos políticos y el surrealista próximo encuentro entre Kim y Trump.


Pero a nivel de placas tectónicas geopolíticas, una vez más, aquí chocan China con Estados Unidos, y también confluyen. Resultado de que los misiles norcoreanos aterrizaran en el Mar de Japón el año pasado, este país estaba a punto de reformar su constitución para poder armarse, un impedimento que acarrean desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. A ninguna de las potencias implicadas -incluyendo a Rusia- le agrada la idea del rearme japonés: liberar tensiones en el Paralelo 38 le conviene hoy a todo el mundo. Por último, para interpretar este momento, hay un dato central: antes de cualquier movida en el tablero, el Kim viajó en tren a Beijing para reunirse con el presidente Xi Jinping, quien quizá sea el que más mueve los hilos por detrás de la escena pública.


Corea del Norte tratará de reinventar su economía hacia el modelo chino -manteniendo la represión o acaso aflojándola un poco- y el presidente Moon, si tuviera el poder suficiente, podría impulsar cambios internos más de fondo -que ha insinuado-, terminando de democratizar una sociedad históricamente entregada a los lazos corruptos entre el poder político y los grandes grupos económicos -los chaeboles-, cuyos líderes estatales y privados han terminado casi todos tras las rejas, pero liberados al poco tiempo con indultos y reducciones de pena. De momento -y por un buen rato- Corea seguirá siendo una nación con dos caras, las de una moneda anacrónica que sigue girando en el aire desde 1953, sobre un polvorín nuclear, sin terminar nunca de caer.


Por Julián Varsavsky, coautor con Daniel Wizenberg del libro Corea, dos caras extremas de una misma nación.

 

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Trump acepta reunirse con el líder de Corea del Norte

Un enviado de Corea del Sur le entrega la invitación al presidente estadounidense en la Casa Blanca
 
El escenario más explosivo del planeta ha cambiado radicalmente. Hace tres meses Kim Jong-un y Donald Trump se insultaban y amenazaban con el holocausto nuclear; hoy van camino de sentarse en una mesa de negociación. El presidente de Estados Unidos ha aceptado "en el lugar y tiempo que se determine" la inesperada invitación del líder de Corea del Norte para reunirse cara a cara. La petición fue trasladada a Trump este jueves por un emisario surcoreano que el martes pasado se reunió en Pyongyang con Kim Jong-un. En el mensaje, el Líder Supremo ofrece la desnuclearización del país y frenar las pruebas nucleares y balísticas. Jamás se ha registrado un encuentro directo entre los mandatarios de ambas naciones.


El anuncio fue realizado por el enviado surcoreano en la propia Casa Blanca. Trump calentó la intervención señalando que iba a ser "muy importante" aunque no dio mayores especificaciones. Cuando el legado surcoreano habló, hizo temblar a Estados Unidos. No solo sacó a la luz la invitación, sino que Trump la había aceptado y que el encuentro estaba previsto para mayo. “Somos optimistas con este proceso diplomático. La República de Corea, los Estados Unidos y nuestos aliados nos mantenemos unidos y esperamos que no se repitan los errores del pasado. La presión continuará mientras Corea del Norte no acompañe sus palabras con acciones concretas”, afirmó el consejero de Seguridad Nacional surcoreano, Chung Eui-yong.


"Kim Jong-un hablaba de desnuclearización con Corea del Sur, no solo congelación. También que no habría pruebas pruebas balísticas durante ese periodo. Se está logrando un gran progreso, pero las sanciones permanecerán hasta se llegue a un acuerdo. La reunión está siendo planeada", tuiteó Trump.


La materialización de una negociación directa entre Estados Unidos y Corea del Norte supone un paso histórico. Representa un triunfo para Trump, pero también una demostración del inmenso poder del eje Pekín-Washington.


En su estrategia para frenar la carrera armamentística de Pyongyang, la Casa Blanca ha blandido su poderío militar y exhibido una asperísima retórica prebélica. A ello ha sumado una escalada sancionadora en la que el apoyo de China, que absorbe el 90% de las exportaciones de Corea del Norte, ha resultado determinante.
Efecto de este cerco combinado, que ha desgastado profundamente al régimen norcoreano, ha sido la búsqueda de una válvula de escape por parte de Kim Jong-un. No solo se ha lanzado a un diálogo directo con el presidente surcoreano, Moon Jae-in, que se celebrará en abril en la zona desmilitarizada, sino que ahora ha ofrecido y logrado una reunión cara a cara con su archienemigo estadounidense. Y al cesto ha añadido la perla más buscada: renunciar al arma atómica a cambio de la supervivencia del régimen. Justo lo que está dispuesto a aceptar Washington, siempre y cuando la desnuclearización sea permanente, y satisface a Pekín, que mantiene a Corea del Norte como glacis frente a su vecino del sur y las tropas americanas.


La posibilidad de que el diálogo fructifere es compleja. Los antecedentes históricos son pésimos. Las amenazas han sido muchas y las conversaciones con legados de Bill Clinton y George Bush hijo terminaron en fracasos. Esa experiencia ha armado de cautela a la Casa Blanca, pero no ha eliminado la esperanza de una resolución diplomática del conflicto. A ello ayudan dos factores clave: China apoya plenamente el diálogo, y el propio Trump, sin rebajar la presión, está dispuesto a este cara a cara. En este sentido, más allá de los insultos, bravuconadas y demostraciones de fuerza, Washington siempre ha mantenido expedita la vía del diálogo.


En diciembre pasado, el secretario de Estado, Rex Tillerson, incluso abandonó la exigencia estadounidense de que Pyongyang renunciase al arsenal nuclear y únicamente pidió un “periodo de calma” para sentarse a negociar. “No es realista decir que sólo pueden hablar si vienen a la mesa listos para renunciar a su programa. Han invertido demasiado en él [...] Estamos dispuestos a hablar con Corea del Norte en el momento que quiera. Estamos dispuestos a una primera reunión sin condiciones previas. Veámonos y hablemos del tiempo si hace falta o de si la mesa debe ser redonda o cuadrada, y luego empecemos a trazar una hoja de ruta”, dijo Tillerson.


Las palabras de Tillerson fueron avaladas por el mismo Trump, quien en una conversación con el presidente surcoreano se mostró dispuesto al diálogo con Pyongyang “en el tiempo apropiado y bajo las circunstancias correctas”. El deshielo propiciado por los Juegos Olímpicos de Invierno en Corea del Sur, así como el viraje de Kim Jong-un, han acabado abriendo la puerta. Sólo falta que ambos líderes la crucen.

Washington 9 MAR 2018 - 03:54 COT

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¿Es viable un acuerdo de paz entre Santos y la guerrilla del Eln?

Los diálogos y negociaciones entre el gobierno del señor Santos y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional/ELN en la Mesa de Quito se encuentran en el aire y las voces que auguran, con argumentos de mucha consistencia, su parálisis definitiva en los próximos siete u ocho meses se manifiestan con harta frecuencia.

 

Las preguntas que conviene formularse al respecto son las siguientes: ¿Es viable esa negociación con el actual gobierno? ¿Tiene capacidad y campo de maniobra el señor Santos para asumir con seriedad y responsabilidad los compromisos que se construyan en un eventual pacto de finalización del conflicto con dicha organización popular?

 

Responder estas cuestiones demanda examinar objetivamente la coyuntura y el contexto político, social, económico e internacional del país.

 

Tres elementos a considerar. Estado de la implementación de los acuerdos con las Farc; el debate electoral para elegir parlamentarios y presidente; y relaciones con Venezuela.

 

La construcción de la paz a partir de los consensos alcanzados en la Mesa de La Habana se mueve en un espeso y podrido pantano como resultado de la conducta gubernamental y estatal de adulterar los textos de la convivencia. Todo el régimen político neoliberal se aventó contra cada uno de los componentes (agrario, democracia ampliada, Jep, garantías políticas, drogas, victimas) para barrerlos y desviarlos de manera perversa. Poco o nada va quedando de lo que llevo a la precipitada desmovilización y entrega de las armas por parte de las Farc. El ataque fascista acaecido en la esfera pública contra la movilización del nuevo partido político y sus candidatos ha mostrado las peores lacras de la seudo democracia oligárquica. Es increíble el cinismo de la elite gobernante frente a los desmanes callejeros de las pandillas ultraderechistas que bloquean cualquier avance de la pacificación. Complemento de lo ocurrido en las esferas institucionales con la Justicia Especial de Paz, la Reforma Rural Integral y la erradicación voluntaria de los cultivos de coca.

 

El violento y frustrante cuadro de esta paz trucha no es ciertamente un mensaje que estimule y aliente un acuerdo con los elenos, mas con el cuadro sangriento del exterminio continuado de los ex guerrilleros y de los líderes sociales y de los derechos humanos.

 

Esta “paz imperfecta” que tenemos en la actualidad, produce más perplejidades que certezas, así los párrocos de la politología oficial quieran distorsionarlo todo con sus desuetas narrativas a la manera del transitorio Víctor Correa de Lugo y otros parásitos de la consultoría oficial.

 

Lo cierto es que una adecuada caracterización de lo que se está dando hoy en esta materia debería remitirnos más a lo que sucedió en Irlanda del Norte después del Viernes Santo de 1998 hasta el 2010 en que la guerrilla depuso las armas, y menos a la tenebrosa experiencia de Guatemala que implico una derrota estratégica del bloque popular, como parecería estar ocurriendo entre nosotros. Es decir, la perspectiva es la prolongación del conflicto social y armado por muchos años más con disidencias y estructuras insurgentes acumuladas.

 

El ambiente electoral en curso manipulado por los grupos ultras de la derecha para generar miedo y terror entre la sociedad y tapar de esa manera la pavorosa corrupción de los clanes oficialistas volcados en su reproducción y perpetuación tampoco aporta el clima necesario para el funcionamiento de la Mesa de Quito. La perturba y disloca por causa de las ambiciones y metas oportunistas de los actores participantes desde el lado santista, incluyendo ciertos mediadores ya especializados en precipitar y adulterar salidas que como los estamos viendo en el caso de las Farc han ocasionado los problemas de la pervertida implementación.

 

El “agente oportunista” de la paz, solo calcula sus negocios, capitales, votos y cuotas burocráticas, desconociendo y afectando los acumulados históricos y estratégicos del movimiento popular que los elenos han incluido en su Agenda de paz pendiente de nuevos desarrollos en el Quinto ciclo colocado en el congelador por cuenta de la bochornosa manipulación de la Casa de Nariño que se niega a debatir el Cese al fuego y de hostilidades bilateral y a cumplir mínimos de convivencia como la protección efectiva de los líderes sociales masacrados, la eliminación de los grupos paramilitares y la depuración con la reforma democrática de los aparatos militares y policiales.

 

La campaña electoral en curso ha puesto en evidencia la precariedad política del señor Santos restándoles credibilidad a sus agentes emplazados en la capital del Ecuador. Al jefe de la Casa de Nariño se le acabo el combustible y su desgaste es inocultable llevando a pensar en otros momentos para que el Estado y la sociedad en su conjunto asuma con solvencia todos los problemas que implica terminar una guerra.

 

El tema de las relaciones con Venezuela es, desde luego, otro factor que afecta las conversaciones con los elenos en tanto que la política intervencionista y golpista que promueve Santos contra el Presidente Maduro, como un agente del imperio gringo, desenmascara sus reales intenciones en la estrategia de desarme de las guerrillas revolucionarias para impedir cambios estructurales en Colombia.

 

En conclusión son bastante difíciles las condiciones en que se debate la continuidad de los diálogos con los elenos.

 

Es lo que por lo demás explica el Paro armado convocado por dicha organización para exigirle al gobierno y sus delegados que paren la masacre de los integrantes de las Farc y de los líderes sociales, lo que debe incluir la depuración del Ejército y la policía infestados de elementos fanáticos de la ultraderecha fascista.

 

Nota. “Patria o muerte” no es una consigna. Es un diagnóstico.

 

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“El principal avance es que hay diálogo”

El negociador jefe de Santos con el ELN explica lo que falta para un cese del fuego y los detalles de la negociación que comenzó en febrero de este año y tiene con la esperanza a flor de piel al pueblo colombiano que clama por la paz.

 

El jefe del equipo negociador del gobierno en los Diálogos de Paz en Quito habló con PáginaI12 sobre el cese bilateral al fuego que tanto exigen los colombianos. Al respecto la guerrilla del ELN se pronunció esta semana en este mismo diario sobre la inminencia de un alto al fuego bien fuera de forma bilateral o unilateral. Restrepo aclara qué falta para pactar el cese de ambas partes y explica los detalles de la negociación que comenzó en febrero de este año y tiene con la esperanza a flor de piel al pueblo colombiano que clama por la paz. De concretarse un acuerdo de paz con el Ejército de Liberación Nacional, en Colombia habrá terminado la insurgencia alzada en armas y por lo tanto la lucha contra otros grupos criminales, la corrupción y el narcotráfico tendría mejores resultados, se proyecta.


–¿Cuáles son los principales avances de las conversaciones con el ELN?


–El principal avance es que hay diálogo, la mesa existe, continúa, y con manifestaciones de voluntad política de las dos partes de no levantarse de la mesa. Llevamos 6 meses de negociaciones públicas (recuérdese que con las Farc el proceso tomó cerca de 5 años) y en este lapso de tiempo hemos avanzado en la organización misma de las negociaciones en torno a dos mesas: la de participación y la de dinámicas y acciones humanitarias; se ha creado el Gpaac con los países amigos del proceso; y en ambas submesas se han hecho avances concretos como el de diseñar cómo sería un sistema de audiencias preparatorias de los diálogos públicos y un acuerdo para adelantar un programa piloto de desminado humanitario, en algún lugar del territorio colombiano aún por definir.


–Qué falta para pactar el cese al fuego bilateral?


–El cese al fuego bilateral y de hostilidades debe entenderse como un binomio de elementos indisolubles. Por un lado que las partes se pongan de acuerdo (cosa que aún no ha sucedido) en lo que serían los elementos básicos indispensables para que el cese al fuego desde el punto de vista militar sea creíble, verificable y serio. Pero de otra parte, es absolutamente indispensable que el ELN renuncie a practicar, durante el tiempo que dure el ese al fuego las hostilidades contra la sociedad civil, lo que hoy practica este grupo tales como el secuestro, los atentados contra la infraestructura y en general todo tipo de hostigamientos contra la sociedad civil no combatiente que es la destinataria y la razón de ser de un cese al fuego.


–El ELN pone cinco condiciones para el cese... ¿Son viables para gobierno?


–Sobre tres de ellas ya hemos propuesto fórmulas concretas y creíbles (mejorías en la protección de los líderes sociales a través del Sistema de Alertas Tempranas, garantías de suministro de víveres y medicamentos a las comunidades aisladas y golpeadas por el conflicto humanitario y un paquete de medidas que irían en la dirección de aliviar diversos aspectos de la condición humanitaria de los reclusos militantes del ELN hoy en día en las cárceles colombianas). Estamos a la espera de que el ELN presente en la mesa compromisos concretos y verificables, análogos a los que nosotros hemos presentado para viabilizar un cese al fuego y de hostilidades temporal y bilateral como el que estamos estudiando en este momento para la visita del Papa.


–¿Cuál es la principal preocupación del gobierno ahora con respecto a las negociaciones en Quito?


–Más que preocupaciones lo que tenemos es aspiraciones para que la mesa adquiera la dinámica requerida. El ELN debe entender que los tiempos de explorar han terminado y ahora estamos en los de construir y negociar.


–¿Qué buena noticia tiene para el mundo respecto a estas conversaciones?


–Las buenas noticias irán saliendo a la opinión pública en la medida en que haya hechos concretos de paz y de confianza en la mesa, el Gobierno considera que su voluntad política de avanzar hacia una paz completa en Colombia con el ELN, es ya de por sí una buena noticia. El ELN debe tener la lucidez para entender que un gobierno comprometido con la búsqueda de la paz, como el del presidente Santos, es una oportunidad que no debe dejar pasar y que no necesariamente se le va a presentar nuevamente en el futuro.

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“La apuesta es que esas luchas sociales y los procesos de paz se unan en la consigna de que la paz son cambios”

El día 16 de Junio tuvimos ocasión de hablar con el jefe de la delegación de paz del ejército de Liberación Nacional, ELN, comandante Pablo Beltrán, sobre los avances y las dificultades que se están viviendo en la mesa de negociaciones de esta guerrilla con el gobierno nacional en Quito, particularmente, dada la decisión unilateral del gobierno de congelar las negociaciones durante la actual ronda, debido a diferencias de procedimientos. En esta entrevista, el comandante Beltrán entrega la visión de su organización sobre los constantes incumplimientos del gobierno frente a los acuerdos a que ha llegado con las FARC-EP y también a los acuerdos con las organizaciones sociales; sobre el copamiento militar y paramilitar de los territorios en donde ha hecho presencia la insurgencia fariana; sobre la necesidad de ir alcanzando acuerdos sobre una base distinta a la aplicada por las FARC-EP (que nada estaba acordado hasta que todo estuviera acordado), fundada en el principio de que acuerdo alcanzado, debe ser acuerdo implementado; sobre la necesidad de ir alcanzado un clima propicio a la paz con hechos y no solamente con acuerdos en el papel; y sobre la necesidad de la participación social lo más amplia posible como un primer paso para caminar hacia una concepción de paz transformadora, que pueda avanzar hacia las transformaciones fundamentales que el país requiere para superar la violencia armada, política y estructural del actual régimen.


A la luz de los últimos acontecimientos en el país, marcados por el incremento de la violencia y el exterminio a líderes sociales, sobre todo en las zonas rurales del país, así como por el atentado en el Centro Andino (que algunos sectores rápidamente han empezado a utilizar para atacar al ELN sin ningún fundamento sólido y sin mediar una investigación seria e independiente), creemos que esta entrevista constituye una contribución a los esfuerzos de quiénes buscan superar las causas estructurales que alimentan la violencia ciega y caníbal que desangra a Colombia.


1. En un reciente comunicado, ustedes mencionan que, debido a distancias frente al tema de acciones humanitarias, el gobierno unilateralmente ha decidido congelar los acuerdos que se venían alcanzando en cuanto al acompañamiento y participación de la sociedad. ¿Cuáles serían, en pocas palabras, los avances que se han ido logrando, y cuáles serían estas diferencias?


-El principal avance que se ha logrado en esta mesa es la agenda conjunta, sobre todo siendo conscientes que tenemos dos visiones de paz enfrentadas. Entonces tener esa agenda conjunta es el principal avance. Las diferencias, pues que para nosotros el método es de negociar los puntos de vista que tenemos. Y para ellos, les pesa, dada su postura arrogante, y acá aparecen en la mesa con exigencias e imposiciones unilaterales. Pues a nosotros nos toca recordarles, “espere un momento, hagamos aproximaciones de las posiciones iniciales que tenemos cada uno, busquemos líneas medias, y sobre eso, vamos pactando”. Entonces, ese ha sido, dijéramos, el diario, lo cotidiano de las diferencias.


2. El gobierno, por su parte, ha dicho de manera seca que "no se puede hacer pedagogía para la paz si el ELN sigue secuestrando". ¿Cuál es su visión de estas declaraciones?
-Pues establecimos unos acuerdos, entre ellos el de pedagogía de paz, entonces ese tema de las privaciones de la libertad, también se van a discutir y acordar. Pero como no se hace entre los criterios que ellos quieren colocar, que es que nada esté acordado hasta que todo esté acordado, entonces los acuerdos iniciales que podamos ir logrando, los van metiendo a un congelador. Ese es el problema que tenemos en este momento.


3. ¿Qué pasos prácticos proponen ustedes para superar estas dificultades? Si el gobierno exige gestos tangibles de parte del ELN, ¿a qué gestos prácticos creen ustedes que debe comprometerse el gobierno, o qué condiciones deberían cumplirse?


-Pues es que el gobierno se ciña a lo que es una lógica de negociación y no trate de imponer y colocar requisitos. Nosotros hemos dicho, los únicos requisitos que están escritos en la agenda son negociar con seriedad, celeridad y rigurosidad. En ninguna parte aparecen requisitos que si una parte, en este caso nosotros, no hacemos un acuerdo a la velocidad que ellos quieren, entonces el resto se congela. Eso es un invento que se saca la delegación del gobierno. Y pasos prácticos para eso, pues que volvamos a la lógica de lo que es la negociación.


4. Ustedes plantean una metodología muy diferente a la planteada por las negociaciones entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, que se realizaron sobre el principio de que "nada está acordado, hasta que todo esté acordado", principio utilizado en el proceso de paz en Irlanda del Norte. Ustedes han preferido instalar el principio de "acuerdo pactado, acuerdo implementado". ¿Cuál es la razón por la cual optan por este principio?


-Si, evidentemente hemos dicho que acuerdo pactado, acuerdo implementado. Porque, precisamente, colocar el tema de acciones y dinámicas humanitarias, que pertenece al punto quinto, colocarlo en principio, era para ir haciendo acuerdos que alivien la situación de personas no combatientes, que creen un clima de paz, que motiven la participación Entonces, por eso hemos dicho, acuerdo pactado, acuerdo implementado. No podemos ir dejando todo para el final de la negociación, sino que ir creando el clima de paz desde ahora. Dentro de esa propuesta, es que hemos dicho que es necesario pactar un cese bilateral al fuego.


5. El comandante fariano Jesús Santrich, de la Comisión de Seguimiento, Impuslo y Verificación del proceso de paz de las FARC-EP y el Gobierno Nacional ha dicho que deben tener mucho cuidado con los incumplimientos del gobierno, y que el ELN no debe ser ingenuo en este sentido. ¿Cómo interpretan estas palabras?


-Pues primero, que cuando ellos empezaron a negociar eran conscientes que el 80% de los acuerdos de paz del mundo, los Estados no los cumplen. Eso no es ninguna novedad. ¿Qué es la novedad acá? Que pese a que las FARC tenían una expectativa del bajo cumplimiento por parte del régimen, lo que está ocurriendo, es que es mucho más bajo el cumplimiento que los estándares internacionales. Entonces eso ya raya con cuestionamientos a la voluntad política. Porque a ellos les aplican un doble torniquete: por un lado, la extrema derecha, de todas maneras, vive recortando los acuerdos. Y por otro lado, la misma delegación del gobierno, que ya entra en una fase de dispersión y de descohesión de la coalición de gobierno, cada vez está más imposibilitada para cumplirles. Entonces, nosotros somos conscientes del tipo de interlocutor que tenemos y sabemos que hay un interlocutor que está dividido. La mitad quiere el proceso de paz, la otra mitad no lo quiere. Y todo eso introduce una gran de incertidumbre a todo este esfuerzo de solución política.


6. Es un hecho que los territorios históricamente de presencia de las FARC-EP han comenzado a ser copados por el paramilitarismo y por una fuerza pública que llega, muchas veces, con ánimo revanchista y cuya presencia han asociado algunas organizaciones comunitarias al paramilitarismo y a proyectos minero-extractivistas que vulneran a las comunidades. ¿Cómo analizan ustedes esta situación?


-Los territorios que estaban las FARC, están siendo copados por paramilitares y militares. Ha habido un salto en el paramilitarismo. Ese salto se da en un plan coordinado con las fuerzas militares, entonces existe una tenaza legal e ilegal represiva sobre esas zonas. ¿Cómo vemos nosotros esto? Pues es un afán desde la lógica de guerra... según la lógica de ellos, el que copa los territorios, gana la guerra. Entonces están en eso. En ese sentido, pues nosotros estamos recibiendo muchos pedidos de distintas comunidades de donde salió la FARC para que hagamos presencia. Estamos yendo a algunas. No podemos ir a todas. Y estamos yendo es a ayudarle a la gente a organizar su protección, su seguridad, su defensa. No estamos en la idea de ir a crear guerrillas a cada esquina de Colombia. No. En este momento es que a la gente no la maten y no se perpetre un nuevo genocidio. Eso, para nosotros, es un deber, y vamos a tratar de cumplirlo hasta donde más podamos.


7. También hemos visto, pues ha sido reportado incluso por la BBC, que en zonas como el Pacífico, el ELN ha estado enfrentando esta presencia y amenaza paramilitar y delincuencial mediante la confrontación armada con estas bandas. ¿Cuál es la realidad de esta confrontación en el terreno?


-Por supuesto, también desde los frentes guerrilleros nuestros ha habido enfrentamientos, en particular, la disputa por la Costa Pacífica es muy álgida, por una razón muy fuerte: son zonas poco habitadas, de pocas vías de comunicación, con inmensas riquezas de biodiversidad, y un gran puerto... porque esas costas tienen unas ensenadas y unas bahías muy aptas para la navegación. Entonces, toda esa Costa Pacífica es un gran puerto para la exportación de narcóticos. Entonces las bandas se disputan esos puertos, la infantería de marina hace acuerdos con ellos. Los acuerdos son que hagan contrainsurgencia, y a cambio los dejan que trafiquen. Esa alianza es viejísima, desde la época de Pablo Escobar, y todavía se mantiene. Eso explica por qué la producción de cocaína, por ejemplo, está llegando otra vez a las 700 toneladas. Entonces, está volviendo a llegarse a récord histórico de producción y a la par, crecimiento del paramilitarismo, y a la par, asesinatos de líderes sociales. Y esos asesinatos están localizados, exactamente, en las fuerzas alternativas que se oponen al régimen. Entonces sí estamos ante una matanza sistemática, y por tanto sí estamos en el inicio de un nuevo genocidio. Pues, por supuesto que nosotros estamos en función de denunciar eso, de bregar a neutralizarlo, de combatirlo y de hacer un llamado para que prevengamos esta situación y no estemos ante otro genocidio como el de los años ´80 en contra de la Unión Patriótica, o de los años ´90 contra otras fuerzas de izquierda.


8. Después de la reunión de la Habana con la delegación de las FARC-EP, pese a las diferencias que puedan existir entre la visión del ELN y algunos de los acuerdos alcanzados por las FARC-EP, ¿cómo se posicionan ustedes ante este acuerdo y qué rol creen que puede jugar dentro de su propio proceso de paz?


-Pues para nosotros tiene unos avances muy importantes. Para nosotros es decisivo que el acuerdo que se hizo sobre verdad, para que sobre esa verdad cada parte asumamos responsabilidades. Eso para nosotros es fundamental, y pensamos que es un buen camino el que ellos han abierto. ¿Cuál es la desgracia? Que tan pronto se pactó toda esa jurisdicción sobre verdad y asunción de responsabilidades, las clases dominantes se han inventado los miles de trucos y estratagemas para burlar eso. O sea, para que no haya verdad y para no asumir responsabilidades, y para seguir haciendo lo de siempre. Le hemos dicho al gobierno que todas las cosas del modelo que ellos negociaron en la Habana, lo pueden colocar en la mesa nuestra. Pero no lo van a colocar en la mesa nuestra como un acuerdo que nosotros vamos a cumplir. No, que lo coloquen como una parte, como un referente, pero es para que lo discutamos, no para que los aceptemos sin discusión.


9. El país entero se encuentra hoy atravesado por luchas sociales, desde Buenaventura, hasta la Guajira, pasando por Rionegro y los maestros, junto a un fuerte rechazo a la fiebre minero extractivista mediante la acción por consulta popular, como en Cajamarca y Cumaral... ¿cómo evalúan ustedes este contexto y qué rol puede cumplir esta inmensa inconformidad social dentro del proceso de paz que ustedes adelantan con el Gobierno Nacional?


-Efectivamente, Colombia está viviendo una gran explosividad de movilización y protesta social. Eso es importantísimo. Eso denota, primero, que hay un gobierno que les incumple a todos. Segundo, que esos incumplimientos se deben a que el Estado no está en función de las mayorías. O sea, como es un Estado neoliberal, todos los recortes que hay en el funcionamiento del Estado, es al gasto social. Todos los impuestos que se colocan, es en función de los más ricos. Entonces, las protestas de la gente, en últimas, atacan es el corazón del proyecto capitalista neoliberal. Y la desgracia está en que esas calificadoras de riesgo, siguen insistiendo y apretando, no el cinturón, sino el cuello. Fitch, que es una de ellas, hace una semana, dos semanas, dijo que había que apretar más el régimen fiscal. ¿Eso qué quiere decir? Apretar más las clases populares, a los más ricos no los van apretar.


Entonces, la protesta social está es contra todo ese incumplimiento y el modelo neoliberal. ¿Cómo ligar eso a la paz? Es por una vía. En Colombia, hay una consigna, que dice “paz son cambios, paz son transformaciones”. Entonces esa es la apuesta. Que esas luchas y los procesos de paz se unen en la consigna de que la paz son cambios. En esa dirección hay que trabajar.


10. Ustedes han planteado la idea de un diálogo nacional para superar el conflicto social y armado. ¿Cómo creen que podría avanzarse en este sentido en medio de la actual coyuntura? ¿Qué pasos concretos podrían darse en este sentido?


Pues ese es el punto uno de la agenda: promover un gran diálogo nacional, de todos, de todas las clases. Que de ahí salgan unos cambios básicos urgentes. Que el Estado asuma responsabilidad para hacer esos cambios básicos urgentes. Que en ese proceso de diagnóstico de la realidad nacional y de proyectar unas transformaciones básicas, también quede un acumulado organizativo que no se disuelva y que siga exigiéndole al régimen el cumplimiento de los pactos a que se han llegado en la Habana y los que lleguemos acá. Esos son los objetivos que buscamos.


11. Por último, ¿cómo podría contagiarse con este anhelo de paz transformadora del que ustedes hablan a esa inmensa masa de colombianos que permanecen apáticos o que sienten que la paz no les compete, y convertir ese anhelo en movilización social? ¿Cómo llegar a la juventud marginada en los barrios populares, a las dueñas de casa en los grandes centros urbanos, a la población LGBTI que sufre una violencia desgarradora en las zonas excluidas y a un largo etcétera que a lo mejor no ven la paz como un asunto de ellos?


Pues ese es uno de los retos más grandes que tenemos en la izquierda, porque el plebiscito de octubre pasado demostró que a dos tercios de los colombianos no les importa ese tipo de consultas y participación electoral. Esos dos tercios, ese 66% que no vota y que no le interesa, que es indiferente, no ocurre por generación espontánea. Eso es producto del sistema. La gente no cree en la corrupción, la gente no cree en los políticos, en los partidos, en los poderes del Estado. Entonces, es una crisis de la democracia. ¿Cómo se sale de las crisis de la democracia? Con participación, creando democracia directa, democracia participativa... ya que el descrédito de la democracia representativa es tan grande, el problema no es sólo repararla, es crear otras expresiones de democracia. Y el punto uno de la agenda nuestra, que es participación, apunta a eso, a integrar a los sectores organizados para desde ahí, poder incidir y atraer a los sectores apáticos e indiferentes. Es una gran meta, es difícil, pero pensamos que es lograble en la medida que avance este proceso de paz.

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La guerra en Colombia continúa, pese a los esfuerzos de paz con el ELN

El Ejército intensifica sus operativos en respuesta a los atentados de la segunda guerrilla del país mientras continúa la mesa de negociaciones

 

“Hemos dado un golpe estratégico. Estamos en la ofensiva”. Son las palabras de Luis Carlos Villegas, ministro de Defensa de Colombia, tras el operativo militar que el pasado fin de semana acabó con la vida de 10 combatientes del ELN, la segunda guerrilla del país. La explicación se acompañó con el vídeo de la mirilla de una aeronave apuntando a un frondoso bosque cerca de la frontera con Venezuela. Imágenes y declaraciones de la otra guerra de Colombia, la que aun impide que la paz sea una realidad.

Esta operación del Ejército de Colombia, denominada Corsario 3, se desarrolló pocos días antes de que el Gobierno y el ELN celebraran este jueves que llevan 45 días sentados en una mesa de negociaciones en Ecuador en busca de la paz. Tras más de un mes de diálogo, ambas partes han pactado "proteger a las personas no combatientes y a la población civil de los efectos del conflicto armado mediante acciones o acuerdos de carácter humanitario". Además de un programa piloto de desminado humanitario. "Estamos consiguiendo resultados medibles", ha asegurado Juan Camilo Restrepo, jefe de la delegación del Gobierno. "Hay que recordar que el proceso con las FARC duró casi cinco años".

El ELN ha retomado protagonismo en el conflicto de Colombia a falta del otro enemigo, la guerrilla de las FARC concentrada en las zonas veredales y en pleno proceso de desarme. El Ejército ha virado su estrategia militar hacia una insurgencia de unos 2.000 combatientes. Y la opinión pública ha recordado que son capaces de operar también en las ciudades, no solo en las zonas más aisladas del país. La bomba en el centro de Bogotá que acabó con la vida de un policía el pasado febrero fue la demostración. "Vamos a ver más bombardeos y más petardos", dice Carlos Velandia, exdirigente del ELN, ahora gestor de paz en las conversaciones entre el Gobierno y la guerrilla. "Son las reglas del juego: diálogo en mitad de la confrontación".

Aunque parezca una paradoja, esta misma lógica beligerante marcó los primeros años del proceso con las FARC. “El único camino es el cese al fuego”, dice Velandia. El mismo mensaje ha enviado Restrepo la mañana del jueves: "Es un tema que trataremos a partir del 3 de mayo, en el próximo ciclo de negociaciones. Queremos llegar más rápido que las FARC, pero es un punto de llegada no de salida". En el anterior proceso de paz, se alcanzó este acuerdo al final de casi cuatro años de conversaciones. Antes, la guerrilla decretó, de manera unilateral, el final de las hostilidades que forzaron a la otra parte a reaccionar. “El ELN no está en esa disposición”, asegura Velandia, “pero no tienen otra alternativa”.

El experto apunta al final de los secuestros como la primera medida para desescalar el conflicto. “Acumulan odios sociales si siguen con esta práctica”, explica, “quitan oxígeno a la mesa de negociaciones”. Si tomaran esta decisión, según el analista, el Gobierno podría responder acercando presos o mejorando sus pésimas condiciones de vida en las cárceles de Colombia. La llegada de Carlos Antonio Lozada y Pastor Alape, dirigentes de las FARC a Ecuador, adelanta esta dirección. "Esperamos tener conversaciones fructíferas", ha dicho Pablo Beltrán, jefe de la delegación del ELN.

En lo que va de 2017, la segunda guerrilla de Colombia ha realizado menos de 50 acciones, por debajo de las 60 del año anterior, según información de la Fundación Paz y Reconciliación. “No han desatado una ofensiva, pero sí han conseguido mayor visibilidad”, asegura Ariel Ávila, politólogo y analista de esta institución. Velandia suena más pesimista al otro lado del teléfono. “Aquí hay una guerra de aniquilamiento, no hay miramientos con el enemigo”, dice. “Cada golpe es difícil de resistir por una fuerza irregular que tiene delante a un Estado con el potencial de mover 500.000 unidades”.

En este último bombardeo, entre los fallecidos, el Ejército mató a un comandante que lideraba las acciones en parte del Norte de Santander. “No es tan fácil volver a formar a un alto mando, el descalabro es de orden estratégico”, opina Velandia. En esta zona de Colombia, se concentran la mayor parte de la fuerza del ELN y se cree que su máxima autoridad, el COCE, se resguarda en esta región por la seguridad que otorga la frontera con Venezuela. Por estas razones, Ávila no considera que sean ataques tan importantes como los que los militares han asestado a esta guerrilla en el sur del Tolima, otra de las áreas tradicionales de los helenos, de donde ya casi están desaparecidos. "Se pueden recomponer más fácilmente".

Las consecuencias inmediatas vuelven a afectar a los más débiles: a los ciudadanos de estas regiones, las más pobres de Colombia. En el Chocó, en la costa del Pacífico, donde las FARC mandaban, el ELN ya ha comenzado a ocupar territorios y la población ha vuelto a su condición de desplazados. En la frontera con Venezuela, en la región que se conoce como Catatumbo, como en la vecina Arauca, la única forma de Estado sigue encerrada en trincheras.

“La mesa de negociaciones es como un avión, está con los tanques llenos de combustible, en la pista, pero aún no despega. Hay que acabar con esta estrategia de guerra”, concluye Velandia.

Bogotá 6 ABR 2017 - 15:22 COT

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