Fin integral y simultáneo del conflicto armado colombiano

No es fácil el camino de la paz. Surgen muchas dificultades y obstáculos. Pululan las provocaciones y encerronas. Cuando no es la ultraderecha militar fascista, aparece la derecha perfumada de la politiquería oficialista presta a la manipulación del proceso para sacar partida y tajada.

El proceso de paz es un escenario de lucha de clases, de disputa política contra los diferentes clanes oligárquicos, internacionales, nacionales y regionales. El pueblo, los trabajadores, los campesinos y las organizaciones democráticas de izquierda deben enfrentar los retos políticos correspondientes con la mayor inteligencia, con mucha paciencia y con el olfato que demanda la interacción con los delegados del poder burgués inclinados por la mentira, el truco, la trampa y la ausencia de principios éticos y democráticos. No hay que dejarse impresionar ni amedrentar por unas fichas cargadas de oportunismo y ventajas personalistas.

La paz ha conquistado espacios de enorme importancia. Hay que blindarlos y profundizarlos. De gran trascendencia son las coincidencias en cuanto a la ampliación de la democracia y el impulso a los movimientos sociales que se han convertido en verdadera alternativa a las podridas maquinarias del partidismo feudal y oligárquico.

Hay amplia coincidencia en el sentido de que el proceso de conversaciones entre el gobierno y las Farc/EP ha ingresado a una zona muy sensible, de definiciones absolutas. Los debates que vendrán tienen ingredientes políticos de gran valor estratégico para la terminación del conflicto y para el ingreso de la resistencia campesina revolucionaria a los espacio de la política civil y democrática. Son los campos de la critica a la democracia liberal representativa, electoralista, a la de los mercados y el clientelismos. Son los campos de la democracia comunal como forma de auto conocimiento, como forma que amplia los horizontes de las masas populares y los trabajadores.

Bastante controversia ha suscitado el nuevo temario que será abordado en las rondas de conversaciones concertadas entre los delegados plenipotenciarios para los próximos meses del año en curso y que muy probablemente, dada la envergadura de los asuntos pendientes, se extenderán a buena parte del año 2016.

El tema de la justicia todavía está en pañales y la parte oficial insiste en formulas desuetas e inviables para la terminación del largo conflicto asociado con el alzamiento revolucionario de los campesinos victimas de la violencia latifundista y oligárquica desde hace mas de 50 años. Los personeros del santismo se limitan a clonar las formas jurídicas ofrecidas al paramilitarismo criminal por los gobiernos fascistas de Uribe Velez, de los cuales hizo parte el actual Jefe de la Casa de Nariño, especialmente en sus momentos mas violentos y agresivos.

Cuando se conozca el informe de la Verdad sobre la guerra del Estado contra el pueblo, contra los campesinos, contra la Unión Patriótica, contra el Partido Comunista, contra la Izquierda revolucionaria, se dará un intenso debate porque la ultraderecha pretenderá conservar su falsa versión de la historia nacional a lo largo del último siglo. Querrá endiosar la hegemonía conservadora, distorsionar la masacre de las bananeras, falsear el asesinato de Gaitan para atribuírselo al comunismo internacional, encubrir la violencia de los años 50, edulcorar el excluyente y despoticoFrente Nacional, amañar las causas del extermino de la UP y velar el origen oligárquico e imperialista de la violencia generada por el narcotráfico.

Con todo y eso, el interés se centrará a partir del 2feb2015 en el Tercer punto de la Agenda de diálogos que se refiere al "fin del conflicto".

En dicha materia es crucial que la sociedad y la opinión publica partan de un principio fundamental, muy cercano al otro que plantea que nada esta acordado hasta que todo este acordado. El fin del conflicto debe ser integral y simultaneo, dice de manera escueta el texto del Acuerdo Especial de La Habana (http://bit.ly/1ntk4t5).

Integral quiere decir que los temas que lo componen son de la misma naturaleza, afines al máximo. Solo se separan por razones de orden técnico/analítico, pero en su realidad viva son un solo cuerpo. No es posible tratar uno sin considerar los otros, sin acudir a las otras problemáticas. Por esa misma razón, son simultaneos, sincrónicos. No están organizados de manera diacrónica, lineal, sucesiva, de tal manera que el punto dos se de despues del punto uno. Este último es un método utilizado por la sociología neoliberal para crear compartimentos estancos, para dejar todo trunco, según las conveniencias y el negocio que se lleve entre las manos. Ese enfoque esta descartado.

Con ese avance alcanzado en los diálogos exploratorios, abordemos los temas que están planteados para el cierre del conflicto, que no el proceso.

El primero es el del Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo. Sobre este campo ya hay un amplio debate. La ruta tiene una sub comisión técnica de militares y guerrilleros funcionando; un cese al fuego y de hostilidades unilateral y permanente ordenado por las Farc a sus combatientes; un repertorio de acciones para desescalar el conflicto y un planteamiento gubernamental cargado de ambigüedades, trampas (corraleja) y oscuridades. Santos dice que un cese bilateral se firmara cuando se ponga fin al conflicto con la firma de un acuerdo general, es decir para cuando ya no se necesite. Tonterías de la Casa de Nariño. Dice ademas que se ordeno entrar a estudiar el Cese bilateral, como gran cosa como, si ese no fuese el punto a seguir en las labores de La Mesa. Sofismas que se inventa JMSantos para ir lidiando con su deteriorada imagen.

El segundo, es el de la dejación de las armas y la reincorporación de las Farc/EP a la vida civil - en lo económico, lo social y lo político-, de acuerdo con los intereses del movimiento guerrillero. Así que se requerirá una definición detallada de los intereses económicos, sociales y políticos de las Farc/ en su transito para convertirse en una organización sociopolitica de gran influencia en la sociedad civil y el Estado. Tema grueso que no podrá despacharse con asuntos de menor cuantía, como ocurrió con los taxis, cargos, partidas presupuestales y demás prebendas (diplomaticas como las de Petro) otorgados a los del M-19. EPL, Quintin Lame, Corriente y otras tendencias que renunciaron a las banderas revolucionarias para acomodarse en el sistema neoliberal de la Constitución de 1991, la misma que convirtieron en un verdadero Dios salvador.

El tercero, es la revisión, por parte del gobierno nacional que hará la coordinación, de la situación de las personas privadas de la libertad, procesadas o condenadas por pertenecer o colaborar con las Farc/EP. Materia en el que gobierno no muestra el menor interés. Santos elude la situación de cerca de 10 mil presas y presos políticos, vinculados con la guerrilla, sometidos a las peores condiciones humanas, judiciales y penitenciarias. Son combatientes, indiciados, muchos de ellos, victimas de montajes judiciales de fiscales y jueces corruptos, ultrajados por una guardia podrida, que se enriquece con las prebendas y comisiones de los parapoliticos y paramilitares, quienes gozan de privilegios y tratos especiales en las penitenciarias y centros de reclusión.

El cuarto, es la acción paralela que debe adelantar el gobierno para intensificar el combate para acabar con las organizaciones criminales y sus redes de apoyo, incluyendo la lucha contra la corrupción y la impunidad, en particular contra cualquier organización responsable de homicidios y masacres o que atente contra defensores de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos. Este asunto seguramente tomara muchos meses, pues será necesario mirar el tema de las Fuerzas Militares y policiales para depurarlas, reestructurarlas, reducirlas y modificar los sistemas de formación sustentados en las nefastas doctrinas anticomunistas de la Seguridad Nacional. Muchos miembros de los cuerpos armados siguen vinculados con la organización de grupos paramilitares y redes criminales causantes de homicidios y masacres contra defensores de derechos y lideres de movimientos sociales y políticos populares. La lucha contra la corrupción exigirá mirar el tema de la "mermelada" de las regalias petroleras para los amigos de Santos, y el despojo de los presupuestos público que realizan las redes de gamonales y caciques oficialistas.

Un tópico especial es el de la impunidad, particularmente en el caso de los "falsos positivos", pues muchos generales, 10 en concreto, pretenden que estos crímenes atroces cometidos contra campesinos y humildes jóvenes citadinos, para cobrarse las millonarias recompensas otorgadas por Uribe/Santos, queden en el olvido con reformas que impulsa el Ministro de la Defensa al fuero penal militar. Es el tipo de justicia que quiere el señor Santos y que debe ser denunciada en los organismos internacionales de derechos humanos.

El quinto punto, establece que el gobierno nacional revisará y hará las reformas y ajustes institucionales necesarios para hacer frente a los retos de la construcción de la paz. Seguramente el gobierno llevará a estos debates sus acostumbradas propuestas de reforma neoliberal del Estado, en los términos de lo que se conoce como Nueva Gestión Publica, exigidos, por lo demás, por la OCDE, para admitir a Colombia como uno de sus integrantes. Todas las reformas del Estado, del gobierno y sus instituciones realizadas despues de la Constitución de 1991, se han orientado a la adecuación del Estado a los parámetros del neoliberalismo y el imperio del mercado. No se trata de un estado hecho para la paz. Por el contrario, su esencia y propósitos están muy vinculados con la violencia que favorece el mercado y las ganancias de los grupos plutocracias. En ese sentido, resulta de la mayor conveniencia incorporar a la Mesa de La Habana los debates del Plan De Desarrollo que Santos ha dicho será enfocado en el tema de la paz, la equidad y la educación. Vivir para ver.

Por ultimo, esta el punto de las garantías de seguridad. Me limito a señalar que en El Salvador, despues de terminadas las negociaciones de paz, una mujer guerrillera, integrante del Frente Farabundo Marti, fue nombrada Jefe de la Policía Nacional como una garantía esencial de la seguridad de los combatientes participantes de la vida política. Es la manera de impedir que se repita lo de la Unión Patriótica.

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Santos señala que "ya no procede" la ofensiva militar contra las FARC

Una de las reglas a la que se han ceñido los diálogos de paz entre la guerrilla de las FARC y el gobierno de Colombia es que mientras se negocia la terminación del conflicto armado, la guerra continua en las selvas del país. Así ha ocurrido a lo largo de los dos últimos años en los que el Gobierno y la guerrilla han avanzado lentamente en acuerdos sobre una agenda de seis puntos. Pero ahora, esta regla podría cambiar debido a los avances en los diálogos y a que la guerrilla decretó desde el 20 de diciembre un alto al fuego indefinido que por el momento ha cumplido, según lo reconoció este lunes el presidente Juan Manuel Santos.

Tras tres días de reuniones en Cartagena de Indias con su equipo negociador y expertos internacionales que lo asesoran en los diálogos de paz, Santos afirmó que de ahora en adelante su Gobierno se moverá "más rápido para buscar el camino de la paz" y no el de la guerra.

"Hasta ahora hemos seguido esa máxima, que se hizo famosa por el exprimer ministro israelí Isaac Rabin, que decía que había que negociar como si no existiese la guerra o el conflicto, y había que mantener la ofensiva militar como si no existiese proceso de paz. Pero los avances en las negociaciones nos indican que ahora son otras las circunstancias y que esta desconexión ya no procede", aseguró Santos a la prensa sin mayores detalles de los cambios que podrían venir. Lo que sí dijo es que la paz debe reforzar la seguridad de los colombianos, no debilitarla, por lo que aseguró que su Gobierno tomará "todas las medidas para asegurar que así sea".

Bajarle la intensidad al conflicto armado -o desescalarlo como lo llaman en Colombia- ha sido uno de los temas en los que se ha centrado el proceso de paz después de que la guerrilla secuestrara en noviembre a un general del Ejército, provocando la suspensión de las negociaciones hasta que fue liberado dos semanas después del plagio. Luego vino el anuncio de la guerrilla, inédito en 50 años de confrontación, de una tregua indefinida, que fue valorada por Santos, aunque rechazó algunas condiciones de la guerrilla como que se levantaría si eran atacados por las Fuerzas Armadas, lo que algunos sectores de oposición interpretaron como una "trampa" para presionar un cese bilateral de hostilidades.

Ahora Santos ha vuelto a valorar la tregua de las FARC e invitó al Ejército de Liberación Nacional, ELN, la otra guerrilla de izquierdas, a unirse al alto al fuego. "Sobre este punto debemos reconocer que las FARC ha cumplido", dijo el mandatario tras reunirse con expertos como William Uri de la Universidad de Harvard y el exguerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, entre otros. La guerrilla también liberó a un soldado que había sido secuestrado un día antes de iniciar el alto al fuego en medio de una emboscada que dejó cinco militares muertos, un hecho que fue repudiado por los colombianos. Con el ELN, Santos anunció en junio, a pocos días de las elecciones presidenciales, que estaba en una fase exploratoria para iniciar una diálogo. Sin embargo, pocos han sido los avances.

Aunque aún no está definida la fecha en que se reanudarán las conversaciones de paz, que se encuentran en receso por las fiestas navideñas, el mandatario colombiano aseguró que su equipo negociador regresará a La Habana, sede de los diálogos, con las instrucciones de acelerar el paso de las negociaciones de paz "para terminar lo más pronto posible y de una vez por todas con el conflicto armado".

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Lunes, 08 Diciembre 2014 09:15

Paciencia estratégica

Paciencia estratégica

En política –como en la vida– si no se hacen bien las cosas, en cualquier momento los errores revientan y se pagan. Si no se construye unidad con base en una fuerte y consistente identidad ideológica, necesariamente se terminará en indecisiones, desgastes, parálisis, y finalmente, la división y la dispersión. No hay posibilidad de hacer trampa. La forma debe estar completamente integrada al contenido. No se puede caminar por desechos para llegar más rápido o hacer más fácil la tarea. No podemos auto-engañarnos. En cualquier momento salta la liebre. No por mucho madrugar amanece más temprano.


Es lo que ha pasado con el Polo Democrático Alternativo y se repetirá –invariablemente– con la Alianza Verde. La división manifestada en las pasadas elecciones en ambos partidos es una ratificación de esas verdades de sentido común. Igual circunstancia está viviendo el partido liberal. Los pocos socialdemócratas que quedan en ese partido están migrando hacia nuevos escenarios para no quedar enterrados con sus rancios jefes neoliberales. La renuncia de Alpher Rojas Carvajal, ex-director Nacional del Instituto del Pensamiento Liberal a la militancia en ese partido ( http://on.fb.me/1I1fnyc ) es parte de ese proceso.


Lo interesante de estos intentos fallidos es que dejan importantes lecciones que estamos aprendiendo. En forma sintética presentamos algunas de ellas:


1. No son suficientes los pactos o convenios programáticos. Siempre habrá interpretaciones, énfasis, manejos y aplicaciones diferentes de acuerdo a la formación ideológica de las fuerzas y personas que participan de la experiencia política.

2. No son suficientes los reglamentos y estatutos. Si no existe una fuerte identidad ideológica, esas reglas no servirán para nada.
3. Se requiere un diseño estratégico unificado. Es necesario construir conjuntamente unos objetivos, metas precisas, fases y procedimientos. Es indispensable un plan concertado. Es el verdadero combustible del proyecto.


Éste último aspecto ha sido poco trabajado en Colombia. En el PDA se juntaron fuerzas que todavía creen en (o sueñan con) la insurrección civil popular. También se sumaron diversos sectores que –así no lo acepten públicamente–, no han renunciado a la lucha armada. Además, ya estaban en el PDI los que decididamente están por la vía electoral. Es más, al interior de cada uno de esos sectores existen diferencias que no se han aclarado. ¡He allí el detalle!


Por la importancia que este tema tiene para poder constituir en el inmediato futuro un nuevo proyecto político que le de forma al "movimiento democrático" o Partido del Pueblo, que ya existe en el corazón y en la conciencia popular (http://bit.ly/1vN8JGt), intentaremos formular una visión de lo que podría ser ese diseño estratégico, de acuerdo a las experiencias exitosas que están desarrollando los pueblos de América del Sur, y claro, con base en nuestras condiciones particulares.


Historia y diseño estratégico


Después de la caída del bloque socialista en la Europa Oriental, la geopolítica mundial cambió (1989). La lucha armada como herramienta de revolución social y política no tuvo –a partir de ese momento–, razón de ser. El imperio tenía todas las herramientas y fuerza para derrotar esos intentos por medio de la instrumentalización de los conflictos. Así, diseñaron la estrategia de los "conflictos de baja intensidad", las guerras de 4ª generación y las "guerras sucias". Así ocurrió en Colombia. Sólo ahora algunos caen en cuenta. Son los tozudos hechos que nos atropellan. La insurrección zapatista lo comprendió muy bien y se transformó oportunamente en un levantamiento simbólico, basado fundamentalmente en la fuerza organizativa de los pueblos indios. Y allí están, tirando del carro de la historia.


Vienen entonces durante los años 90s del siglo XX y principios del XXI, los levantamientos populares civilistas que respondían a la profunda crisis económica que trajo la aplicación de las políticas neoliberales. El primero fue en 1989 en Venezuela ("El Caracazo") pero en Colombia se vivía ya ese proceso que era canalizado de alguna manera por los movimientos insurgentes sin conseguir éxitos contundentes. El proceso constituyente impulsado y manipulado por la oligarquía en 1991 fue una respuesta táctica a dicho ascenso de las luchas populares en Colombia.


Es sobre esa oleada de luchas populares como se va diseñando la estrategia popular y democrática para derrotar políticamente a las oligarquías y al imperio utilizando las vías electorales. Chávez inicia ese proceso en Venezuela en 1999, que ha sido continuado por Lula y Dilma en Brasil, los Kirchner en Argentina, Evo en Bolivia, Correa en Ecuador, de alguna manera la Bachelet en Chile y el Frente Amplio (Vásquez-Mujica) en Uruguay.


A pesar de las diferencias que tienen estos procesos fruto de las particularidades de cada país y de los movimientos populares comprometidos – unos más avanzados que otros –, unos con bases rurales, indígenas y campesinas, otros con el apoyo de los trabajadores y sectores urbanos, lo cierto es que el diseño estratégico tiene enormes similitudes de las cuales es válido aprender.


Veamos el caso de Venezuela. Después de salir de la cárcel en 1994 Chávez se dedica a construir el núcleo del Movimiento V República, recogiendo de aquí y de allá, sin colocarse como meta la unificación formal de la izquierda. Ese núcleo diseña la estrategia que no se puso como objetivo – en lo inmediato – la derrota del imperio y mucho menos una revolución socialista. El objetivo central era derrotar a los partidos tradicionales oligárquicos (Adecos y Copeyanos, AD y COPEI), castigarlos por su descomposición y corrupción. Sólo eso. Y para ello había que juntar a todas las fuerzas democráticas decentes que existían en Venezuela. Luis Miquelena – un liberal decente – era el principal aliado político de Chávez.


En cada país ha ocurrido un proceso similar. En algunos países en donde la correlación de fuerzas lo permitía y exigía, como Venezuela, Ecuador y Bolivia en donde las fuerzas del cambio ya se habían constituido en gobierno, se impulsa la convocatoria de Asambleas Constituyentes para consolidar y profundizar las transformaciones por la vía revolucionaria institucional, no sin ciertas dificultades creadas por las fuerzas contrarrevolucionarias que intentaron asaltar la voluntad popular con golpes de Estado. En los otros países los cambios son paulatinos y lentos, pero allí van, poco a poco, consolidando las fuerzas y los procesos.


Lo interesante es tener claro el objetivo. En Colombia se quiere derrotar los TLCs, hacer la reforma agraria democrática, impulsar un reordenamiento territorial descentralizado, derrotar las políticas neoliberales privatizadoras en educación, salud y servicios públicos y demás reivindicaciones populares, y todo ello se quiere hacer de una vez. Sin estrategia y sin plan. Quien no incluya uno de esos puntos es "un moderado" o peor, "un conciliador". Y es por ello que no se pone como primer, principal y único objetivo la derrota política de los partidos que representan los intereses de la oligarquía. Ser gobierno debe ser la prioridad, con un programa muy amplio, que enamore a las grandes mayorías de nuestro país, que le apunte ante todo a la corrupción, a la ineficiencia y al clientelismo de los partidos tradicionales y de los "nuevos", que hacen parte del establecimiento oligárquico.


Por ello hemos fracasado, porque queremos hacer todo de una vez, porque no hemos construido una visión estratégica. Hay que ir paso a paso, con "paciencia estratégica". Apoyando a Mockus ya habríamos derrotado a los partidos tradicionales y estaríamos ahora o saliendo de Mockus o haciéndolo avanzar hacia lo social. Pero no, plantear eso era una blasfemia. Chávez sólo enfrentó al imperio después del golpe de Estado de abril de 2002. Correa y Evo avanzaron en su estrategia después de haber derrotado los intentos golpistas de la vengativa oligarquía imperial.


Además, en el caso de Colombia, la oligarquía ha podido identificar a la izquierda con una insurgencia degradada que convirtió a los campesinos medios y ricos en su objetivo militar y económico. Ello les ha dado enormes ventajas hasta el punto de que un proyecto fascista y paramilitar estuvo a punto de apoderarse totalmente del aparato estatal a nombre de la seguridad de los colombianos y como punto de defensa "patriótico" ante la supuesta amenaza "castro-chavista".


Es por ello que el "movimiento democrático" en Colombia debe sumar las fuerzas políticas y sociales que con toda claridad y transparencia estén decididamente por las vías electorales institucionales y que además su práctica real respalde esa decisión. Y para hacerlo más creíble debe concertar esa estrategia anti-oligárquica con algunas fuerzas del establecimiento burgués que les interese el proyecto. Empresarios cansados de la corrupción, liberales socialdemócratas cansados de neoliberalismo, profesionales de todas las áreas que sufren la precariedad de los empleos y el monopolio de los contratos, científicos e intelectuales inconformes con la mediocridad de nuestros gobernantes, mucha pero mucha gente puede subirse con tranquilidad a ese proyecto de Nación que podría emular la famosa frase de Gaitán: "¡Por la restauración moral de la República!". Nada más, por ahora.


El año 2015 debe ser utilizado para construir las bases de ese "nuevo movimiento político". Con 100 líderes y liderezas jóvenes de todo el país, asesorados por una retaguardia intelectual que debe dejarle el protagonismo a la juventud, se podría arrancar a principios de 2016. Ya los veteranos tuvieron su turno y no lo aprovecharon. Los unos, por no ser decididamente anti-neoliberales (Mockus). Los otros por no aceptar la realidad del mundo globalizado (Robledo). Unos más, por no deslindarse de una guerrilla degradada y desprestigiada (Piedad Córdoba, PC y demás). Y todos, por no enviar un mensaje de verdadero sentido democrático, por no leer la necesidad de construir serios movimientos políticos y no empresas electorales con dueño y patrocinador particular.


El programa casi que está a la vista: construir democracia para el ciudadano del común; golpear la corrupción donde es más visible (altos sueldos y primas de los congresistas y magistrados); recuperar lo público sin caer en el estatismo paternalista; defender el medio ambiente sin ninguna clase fundamentalismos ecologistas; impulsar la industrialización de nuestras materias primas y apropiarnos de la comercialización internacional de nuestros productos que está en manos de las grandes transnacionales; recuperar un mínimo de legislación laboral que proteja a millones de trabajadores precarizados en sus condiciones laborales; pero todo en el marco de un mundo capitalista que no vamos a cambiar de un momento para otro.


En el marco de las elecciones locales y regionales se puede construir este proceso. En esa dinámica hay que impulsar las más amplias coaliciones para derrotar a la casta política tradicional –incluyendo el uribismo–, y a la vez ir juntando esa dirigencia joven que está frustrada dentro de los actuales proyectos políticos. Desgraciadamente, lo que podríamos considerar como lo más avanzado del "movimiento democrático" –el "progresismo-petrista" que está al frente de la administración distrital de Bogotá–, también tiene graves falencias y vicios caudillistas, burocratismo, estrechez de miras, cerramiento grupista y sectario, y ausencia de una verdadera estrategia colectiva. Petro es el caudillo y sus áulicos cierran todos los espacios como lo están comprobando una serie de activistas sociales y culturales de Bogotá.


Combinar el conocimiento y la experiencia reflexiva de veteranos dirigentes e intelectuales con la creatividad y el entusiasmo juvenil, deberá ser la fórmula que durante el año 2015 nos permita y facilite la creación de un gran equipo de jóvenes políticos que dinamicen la vida política del país a partir de 2016. Si nos lo proponemos, lo lograremos.

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Sábado, 22 Noviembre 2014 08:56

Paz con fin del conflicto.

Paz con fin del conflicto.

Han sido momentos de turbulencia los que impactan el proceso de paz en días recientes. La Mesa de La Habana fue suspendida por el señor Santos con pretextos que desconocen las reglas establecidas en el Acuerdo general para la terminación del conflicto firmado desde agosto del 2012. Una de las cuales dispone que ningún hecho acaecido en el territorio nacional afectara el trabajo de las delegaciones plenipotenciarias del gobierno y las Farc. Sin embargo, el Jefe de la Casa de Nariño se valió del incidente ocurrido con un oficial en el sitio las Mercedes, en el departamento del Chocó, para intentar destruir el mecanismo de concertación orientado a la superación de la guerra como una manera de sobreponerse a los múltiples problemas que lo están debilitando en la capacidad de su gobernanza. Piensa que pisoteando lo recorrido impide su veloz desgaste. O vaya Usted a saber si lo que pretende no es otra cosa que imponer nuevas condiciones en los diálogos para despotenciar su contenido democratizador y emancipatorio. No me cabe la menor duda que eso hace parte de sus planes aventureros.

 

Resuelto, como parece ser, el tema del General, de sus acompañantes y de otros soldados en manos de distintos frentes guerrilleros, las cosas parecen regresar a la normalidad. El olfato político y la habilidad de la resistencia campesina revolucionaria, con el complemento de la mediación prevista de los países acompañantes, permitió una rápida salida, sorteando la provocación y la maniobra sucia del adversario que insiste en una rendición y entrega de la insurgencia agraria y popular. La paz vale más que un General. Por la paz, todos los sacrificios que sea menester realizar. Es imprescindible elevar los niveles políticos del momento, en la convicción de que un clima en el que prevalezcan los derechos democráticos de las masas es la ruta que lleve a nuevas conquistas con la movilización social que demuela las estructuras y las infraestructuras del estado plutocrático controlado por una élite minoritaria que lo utiliza para el incremento de sus fortunas y privilegios.

 

Todo indica que el próximo punto para conversar de la Agenda establecida sea el señalado como el fin del conflicto. Una vez se termine el asunto de las víctimas que implicó un profundo acercamiento a dicha fenomenología de la violencia, el acercamiento a la terminación de la guerra copara el trabajo de La Mesa durante un largo rato, dada la envergadura de los puntos previstos.

 

Varias son las preguntas que podemos plantear al respecto. ¿Qué se entiende por fin del conflicto? ¿Cuáles son las implicaciones del cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo? ¿Qué se entiende por dejación de las armas? ¿En qué consiste la reincorporación de las Farc/EP a la vida civil, en lo económico, lo social y lo político, de acuerdo a sus intereses? ¿Cuáles son los alcances de la revisión de la situación de las personas privadas de la libertad, procesadas o condenadas por pertenecer o colaborar con las Farc/EP? ¿De qué manera el gobierno intensificara el combate para acabar con las organizaciones criminales y sus redes de apoyo, incluyendo la lucha contra la corrupción y la impunidad, en particular contra cualquier organización responsable de homicidios y masacre; o que atente contra defensores de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos.? ¿Qué estrategias y acciones ejecutara el gobierno nacional para revisar y hacer las reformas y los ajustes institucionales necesarios para hacer frente a los retos de la construcción de la paz? ¿Que se entiende por garantías de seguridad para los miembros de la guerrilla que se incorporen a la lucha democrática y a la sociedad civil y cuál es el esquema institucional y fiscal previsto para hacerla efectiva? ¿Cuál es la estrategia para esclarecer y erradicar el fenómeno del paramilitarismo y cual el sentido de la reestructuración de las Fuerzas Armadas y los otros aparatos militares del Estado? ¿Si la firma de un acuerdo final inicia el proceso del fin del conflicto cual es la función de un armisticio y silenciamiento de las armas en la certeza de los desarrollos e implementación de cada una de las materias y reformas pactadas que son el sustento de la paz con justicia social y democracia participativa?

 

En primer, lugar conviene resaltar que el fin del conflicto es un proceso integral y simultaneo, no puede pretender el Gobierno desconocer este postulado intentando sacar ventajas para dejar las cosas truncas. Integral quiere decir que planes indicando pasos escalonados no corresponden a la filosofía de lo establecido. Hay que mirar todo el fin de manera holística y compleja. La paz es un diagrama. Todo interactúa dialécticamente. No es primero esto y después aquello. La simultaneidad de todas las variables es esencial.

 

Por lo pronto, ya hay una subcomisión de alto nivel integrada por un General y varios oficiales de las Fuerzas Armadas y por delegados de las Farc, que debate el punto del cese fuego bilateral y definitivo y la dejación de las armas. Al respecto está planteado el asunto del "desescalamiento de la confrontación" con medidas humanitarias parciales en la perspectiva de materializar una suspensión conjunta de las hostilidades. Está descartada una tregua unilateral como lo pretende la ultraderecha uribista en asocio con el Fiscal y los militares acusados de ser los autores de cientos de "falsos positivos", ascendidos recientemente por la clase política santista y uribista, desconociendo las serias y fundamentadas denuncias elevadas por los líderes de la Izquierda democrática ubicada en el ámbito legislativo (Iván Cepeda et.al).

 

La dejación de las armas guerrilleras es una materia compleja que conllevará un amplio intercambio de tesis, pues los delegados gubernamentales han salido con recursos semánticos para amañar este álgido tema al oscuro ángulo de la derrota y el sometimiento de la insurgencia.

 

La reincorporación de las Farc a la vida civil, económica, política y cultural de acuerdo con sus intereses debe entenderse en el marco de lo que es su programa agrario y de reformas profundas del Estado y del campo político. No se trata de agenciar intereses privados contrarios a los colectivos de la nación. Por el contrario, lo que se quiere es que al término de las batallas, la sociedad, la multitud y las masas puedan proyectar un nuevo sistema de gobierno y de organización que favorezca las mayorías nacionales.

 

La revisión de la situación judicial de las personas privadas de la libertad, condenadas o procesadas por pertenecer a las Farc, debe llevar a la recuperación de todos los derechos políticos de aquellos que han sido objeto de montajes judiciales por funcionarios corruptos. Miles de presos políticos, miles de condenados, de sindicados, deben alcanzar la plenitud de sus prerrogativas fundamentales, cercenadas por una justicia de clase que se ensaño por años en líderes populares, en activistas de los derechos humanos, en periodistas, en sindicalistas, en mujeres y en jóvenes.

 

El Gobierno debe fijar claramente las acciones y los instrumentos para erradicar las redes de la criminalidad como las Bacrim y sus focos de apoyo, especialmente en la policía y otros organismos coercitivos, sustentados en la corrupción y complicidad con el narcotráfico, conformados para asesinar líderes y militantes defensores de los derechos humanos.

 

Las reformas institucionales para la paz son definitivas. Es indispensable un amplio ajuste del Estado en todos sus componentes, centrales y territoriales. Hay que abordar esos cambios con una filosofía democrática de la función pública y administrativa. Los delegados del Gobierno y de las Farc, deben asumir en toda su plenitud este tópico para reenfocar el Estado omitiendo el modelo neoliberal que es hegemónico en la actual institucionalidad, misma que con el nuevo Plan de desarrollo en debate, es adecuada a los protocolos de la Nueva Gestión Publica para acoplarse a los requerimientos de la OCDE, con teorías neoclásicas como la del Agente y el principal, la elección racional y las privatizaciones. Una línea especial de cualquier cambio en la maquina del Estado debe enfocarse en las Fuerzas Armadas. Dicho aparato debe ser objeto de amplias reformas para superar doctrinas anticomunistas y concepciones contrainsurgentes que se han impuesto por potencia colonialistas en los cuarteles y mentalidades de sus integrantes.

 

La erradicación del paramilitarismo es un prerrequisito esencial de la seguridad para los combatientes integrados a la vida civil. Será necesario adelantar profundo estudios sobre esa plaga diabólica organizada por generales, empresarios, terratenientes y multinacionales, para asesinar, desplazar y despojar millones de colombianos. No es posible, por ejemplo, ignorar hechos tan vergonzosos como el protagonizado recientemente por la clase politiquera que cínicamente autorizó el ascenso de varias docenas de generales comprometidos en los "falsos positivos" y en la organización y operación de redes paramilitares criminales.

 

Son todos temas muy densos que vamos a tratar en otras columnas. Pues estos ocuparan el trabajo de La Mesa de La Habana a lo largo de los meses del año 2015 que ya llega, con muchas probabilidades de extenderse hasta bien entrado el 2016. Es que la paz no opera con tiempos cronológicos. Sus tiempos son ontológicos, es decir, cuando las circunstancias lo vayan determinando.

 

Téngase en cuenta que el tiempo que transcurra hasta octubre del año entrante ocupara a millones de ciudadanos en la elección de alcaldes, gobernadores y otras autoridades locales. Obviamente la paz será un aspecto crucial del debate público, demandando un gran esfuerzo de los plenipotenciarios de La Habana para esclarecer entre la opinión pública lo avanzado en materia de consensos y coincidencias.

 

Medellin, 21 de noviembre de 2014.

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Miércoles, 22 Octubre 2014 18:33

Ni tan cerca, ni tan lejos

Ni tan cerca, ni tan lejos

Tras casi dos años de negociación entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las farc, tres de cinco delegaciones de las víctimas ya viajaron a La Habana en gesto de reconciliación. La imagen del proceso difunde y hace sentir el arribo a un punto crucial. Según opiniones de un buen número de entendidos e interesados, los acuerdos publicados hasta ahora, trazan una línea no tocada en las anteriores tres experiencias de diálogo entre las dos partes. Un avance que no garantice que la Mesa pudiera estancarse e, incluso, romperse para conveniencia del Estado. La insistencia del Presidente con el "posconflicto", como expresión de reconciliación nacional, podría constituir una ágil maniobra, antesala de un posible estancamiento, prolongación indefinida o ruptura de la negociación.

Para la armonía y continuidad de la Agenda, de los puntos 1 a 3 de la agenda están pendientes de refrendación varios: los de víctimas, el destino de las armas de la insurgencia, el control territorial en las zonas de histórica presencia guerrillera, la participación política y otros no menores.

 

El punto sobre las víctimas

 

En un primer momento, dos hechos significativos generaron revuelo: la creación de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas con los nombres de sus 14 miembros y cuya metodología fue establecida previamente1 y, la visita a La Habana, entre el 15 y 18 de agosto, de la primera delegación escogida de víctimas para sentar posición sobre el punto 4 de negociación.

Trasciende la heterogeneidad de posturas teóricas en el análisis sobre el conflicto que participan al interior de la Comisión, con la posibilidad de tener una reflexión más profunda tanto de la responsabilidad histórica y los orígenes del conflicto como del devenir de la confrontación degradada entre Estado e insurgencia. Importante, también, es que surgió como una decisión conjunta en la Mesa, demostrando que el Acuerdo conjunto que rige la conversación, es su base primordial.

Con respecto a la llegada de 12 víctimas a La Habana, llamó la atención su composición y representatividad ceñida a los términos que la misma Mesa había definido con anterioridad; así, a la Isla llegaron 5 víctimas de las farc, 4 del Estado, 2 de los paramilitares y una de un grupo armado común. Esta delegación, primera de las cinco que llegarán a realizar preguntas y buscar respuestas procuró incluir diversas formas de victimización, y seguir como requisito fundamental, una característica territorial, si bien, serán determinantes las víctimas nacionales.

 

¿Fin del conflicto, últimos cercos y hostigamientos?

 

Todo indica que continuará la diaria aproximación a los últimos puntos de la agenda, quedando para luego los aspectos contradictorios. En el terreno militar el Ejército profundizará en sus operaciones aunque ahora, debe hacer ejercicio en el plano de la negociación política, en torno al carácter del cese de fuegos y hostilidades bilateral y definitivo. Por el lado del Gobierno, el interés es conseguir una solución veloz y eficaz sobre este penúltimo punto de negociación, teniendo en el horizonte un final definitivo del conflicto concebido en términos de Desarme, Desmovilización y Reintegración –DDR. En el caso de las farc, la preocupación principal radica en el debate sobre la condición y función de las Fuerzas Militares, buscando en lo profundo una modificación sobre la doctrina militar, que resulta un forcejeo moral y político. Sus declaraciones sobre el DDR, ponen de presente divergencias y posturas actuales y en cada una de las fases inmediatas de la negociación, al respecto del modelo de terminación del conflicto. Contrario a una expresión de rendición y de un vencedor y un vencido por cuenta de una negociación.

En esta puja, el gobierno como primera medida –unilateral–, conformó el Comando de Transición a cargo del general de Ejército Javier Flórez, con el encargo de construir una estrategia global militar, policial y civil, que "vigile" y aplique el proceso de desmovilización y "dejación de armas" de la guerrilla, como paso y requisito al "posconflicto". Además, liderará la subcomisión técnica para el final del conflicto, que aconsejará a la delegación del Gobierno sobre temas relacionados con el DDR. Esta presencia de un oficial activo tuvo mayor impacto para el estamento militar, que la asistencia del general Mendieta en la tercera delegación de víctimas.

Por su parte, la guerrilla declaró que "conceptos como "transición, "desmovilización" y "entrega de armas", no existen ni en la gramática del acuerdo de La Habana, mucho menos en el "lenguaje de la guerrilla". Luego, en referencia a la conformación del Comando de Transición, aseveraron que "de ninguna manera las farc aceptan una jerarquía militar para resolver asuntos que son de carácter político por definición, y que aspectos tan importantes como la dejación de armas, también implican la desmilitarización de la sociedad y del Estado".

Incluso, como una medida política de contrapartida ante la decisión unilateral del Gobierno, decidieron hacer efectiva la creación de un Comando Guerrillero de Normalización –CGN, que buscaría cuestionar el carácter histórico de las Fuerzas Militares, y abrir la discusión sobre su verdadero rol constitucional, relacionado a la defensa de la soberanía nacional y no como parte de la constante militarización de la vida civil. Como punto de contacto entre las partes, la guerrilla propuso el desmonte de los batallones de contrainsurgencia y dejó flotando que en parte igual con el general Flórez, tiene a la mano la incorporación a la subcomisión técnica, de Joaquín Gómez, comandante del Bloque Sur y tercer miembro del Secretariado.

Entonces, la probabilidad de un acuerdo en torno a la figura del DDR es limitada. En efecto, las farc no asumen ni interpretan el paso de la dejación de armas, en la variante de la entrega de su dotación y arsenal al Estado o a un organismo no definido en el Acuerdo previo y su agenda. Tampoco, es de su discurso la rendición y desmovilización de los combatientes ni la aceptación de una justicia transicional bajo el marco o presunción de un Estado victorioso, sin su parte en la responsabilidad del conflicto.

 

Santos II a la búsqueda del posconflicto

 

Tras la victoria en las elecciones presidenciales, Juan Manuel Santos repite que el proceso de negociación de La Habana está en la recta final, que cataloga como "la etapa más difícil y más exigente". El Presidente no cesa de adjudicarse a sí mismo, el rótulo de constituir el gobierno de transición hacia el anhelo de una paz. El curso de las conversaciones y su acta de Acuerdo General sugiere una visión con el sentido que a su criterio deberá tomar la paz en Colombia.

Como parte de su gabinete, el Presidente creó el ministerio de posconflicto, derechos humanos y seguridad, a cuya cabeza nombró al retirado general de la Policía, Óscar Naranjo, quien hace parte de la delegación oficial en La Habana. Un ministerio con dicha envergadura, tendría función con base en la desmovilización y reintegración guerrillera que hasta ahora presupone con emotividad, la posibilidad de un cese al fuego definitivo, que determinaría la llegada a un cierre del ciclo de violencia que acaeció en Colombia durante los últimos cincuenta años.

La medida del ministerio en espera, va aunado al título de Tercera Vía que el gobierno Santos ha dado en llamar así. Un proyecto en el cual el discurso global está (auto)centrado en los caminos necesarios para la paz, que no son otra cosa que reformas parciales en el ámbito institucional referidos a la organización del Estado, el sistema político, la ampliación del régimen político y el reconocimiento de algunos derechos individuales. No obstante, no existe un discurso tan altisonante acerca de la modificación cualitativa en el modelo económico, que pareciera sólo hará gala de una máscara mediadora con énfasis sobre el ámbito social, cuya esencia no será menos que una expresión atenuada de la necesidad de expandirse hacia territorios antes no explorados por el desarrollo del conflicto.

 

¿Sólo queda esta paz?

 

Las conversaciones en La Habana están convertidas en un acontecimiento con intermitencias entre su ascenso y descenso, en importancia para la vida política del país. Ha tenido que convivir con nacientes y efervescentes coyunturas, como fue la movilización social durante el 2013, que generó una paradoja complicada de entender.

Si bien durante el pasado año, el número de luchas sociales se elevó de forma considerable, no estuvo ligado de forma explícita con la constitución de un mandato social por la paz. Es decir, a un movimiento social que levantara las banderas de la paz más allá del apoyo a las negociaciones. Aunque en diversas movilizaciones, la referencia al proceso de paz no tuvo un carácter trascendente en torno a la disputa discursiva y política sobre el sentido de la paz promovido desde el gobierno Santos. Claro, no es tarea fácil disputar la hegemonía en la visión de paz. Una pregunta que resulta imperativa en Colombia, es entrar a dar esa pelea, con preeminencia y más allá de luchas sociales disgregadas, que pueden afirmar una concepción diferente, pero sin lograr mayor resonancia a nivel nacional.

Más problemático es, cuando ese espacio vacío generado en el ámbito de lo social y lo político, no puede llenarse y aún así la respuesta más inmediata que surge en torno a este problema es el nacimiento con audiencia limitada del Frente Amplio por la Paz –FAP. Este Frente, con sus respectivos matices, coadyuva en la aceptación social de la concepción de paz que domina un sector del activismo, junto a la inercia de una franja de la población y al testimonio directo de la acción paramilitar, manifestada en el apoyo a la candidatura presidencial de Juan Manuel Santos2.

Así las cosas, el fortalecimiento de una acción con eco social y en las grandes ciudades por la paz, no sólo requiere un espaldarazo a las negociaciones, o un rechazo a la amenaza uribista, de carácter reactivo, sino que exige ampliar una voz distinta del país nacional frente al momento, en la perspectiva de poner más raíces al movimiento social, ante nuevas situaciones que entrañe un eventual acuerdo entre insurgencia y Gobierno, que puede implicar una contraofensiva de todo orden por fuerzas que buscan la continuación e intensificación del conflicto, como recurso para desarticular en derrota a la guerrilla y obrar igual contra las expresiones del movimiento social.

 

1 Véase la composición de la Comisión en: http://lasillavacia.com/historia/de-izquierda-derecha-los-miembros-de-la-comision-historica-de-la-habana-48454
2 Véase Edición Nº. 204, El porvenir de una ilusión.

Publicado enEdición Nº207
Lunes, 20 Octubre 2014 09:17

"Los temas por acordar son difíciles"

"Los temas por acordar son difíciles"

El jefe de la delegación noruega señala que los puntos a discutir entre el gobierno colombiano y la guerrilla se relacionan con la justicia transicional, con las armas y las garantías para la implementación de los acuerdos.

 

Los acuerdos de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC están entrando en una fase decisiva. Esta semana, las partes volverán a encontrarse en Cuba para tratar el tema de las víctimas del conflicto, el cuarto de los seis puntos a discutir. "Los temas que faltan acordar son difíciles, porque tienen que ver con la justicia transicional, con armas, con reformas y garantías para la implementación de los acuerdos. Qué tipo de garantías van a establecer las dos partes para asegurar a todos los colombianos que los acuerdos se cumplan. Es algo crucial", aseguró a Página/12 Dag Nylander, jefe del equipo noruego garante en la mesa de diálogo por la paz.

 

Las conversaciones comenzaron formalmente en Oslo, Noruega, el 18 de octubre de 2012, antes de trasladarse a La Habana pocas semanas después. "Noruega ha tenido una larga historia de trabajo con los colombianos, de varias décadas, dando nuestro apoyo a los intentos de diálogo entre el gobierno y la guerrilla. El gobierno de Noruega tiene una política de apoyar procesos de paz, donde podamos hacerlo, incluso en países lejanos. Para nosotros es importante que se resuelvan los conflictos, porque los resultados no solamente tocan al país en cuestión, sino que tienen repercusiones internacionales. Estamos también en una situación en la que tenemos la capacidad para dar ese apoyo, y cuando las partes nos invitan aceptamos con mucho gusto hacer nuestro aporte", sostuvo el facilitador de los acuerdos, quien participó recientemente del seminario "La paz en Colombia", organizado por la Universidad Torcuato Di Tella y el Centro Noruego para la Construcción de la Paz (Noref).

De hecho, Noruega auspició los fallidos diálogos de paz entre el gobierno del ex presidente Andrés Pastrana y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia entre 1998 y 2002. Ahora, el país escandinavo es, junto a Cuba, nuevamente garante de los acuerdos. En tanto, Chile y Venezuela actúan como países acompañantes. "Reconocemos que estos tres países tienen capacidad para analizar la situación actual y la situación histórica mucho mejor que Noruega, que no es un país de la región, con una cultura diferente. Tenemos una cooperación muy buena y profunda con Cuba. Lo mismo con Chile y Venezuela, los países acompañantes. Esto es algo que valoramos mucho", subrayó Nylander.

Hasta el momento, las partes consensuaron tres puntos de la agenda: reforma agraria, participación política del grupo guerrillero y narcotráfico. "Las partes han identificado estos tres puntos entre muchos otros como necesarios para ser resueltos en la mesa de negociaciones. Ningún acuerdo sería completo sin ninguno de estos puntos", evaluó el jefe de la delegación noruega. Queda por delante el tema de las víctimas, que será tratado este viernes, aparte de los puntos de desarme y el mecanismo de refrendación del eventual acuerdo.

Sin embargo, las negociaciones generan una polarización entre los colombianos, algo que fue demostrado en las últimas elecciones presidenciales, en las cuales el actual mandatario, Juan Manuel Santos, obtuvo un apretado triunfo contra el candidato del uribismo, Oscar Iván Zuluaga, contrario a los acuerdos de paz. "En cualquier proceso de paz de esta magnitud va a haber gente que lo apoye y aspectos con los que no todo el mundo va a estar de acuerdo. En toda sociedad hay gente que apoya muy fuertemente, otra que no apoya tan fuertemente y otros sectores que son muy críticos con el proceso y con los resultados", dijo Nylander, aunque sostuvo que la mayoría de los colombianos quiere la paz. "La sociedad civil colombiana es muy activa y siempre se ha organizado alrededor del proceso a través de diferentes grupos y comisiones políticas. Tiene un discurso de apoyo, si bien con críticas, a la paz. Es una sociedad que está participando a través de los diferentes mecanismos que las partes han acordado para recibir aportes de la sociedad civil", añadió.

Asimismo, Nylander calificó la aplicación de los acuerdos de "factor crítico". "No hay que confundir la firma del acuerdo de paz con la llegada de la paz. Hay que implementar muchos recursos que implica respetar los mecanismos y garantías que se acordaron en la mesa. El escenario posconflicto ideal tiene que definirlo la sociedad colombiana. Los colombianos tendrán que decidir qué tipo de acuerdo, qué tipo de sociedad y qué tipo de democracia quieren", apuntó.

En tanto, deslizó que Noruega podría oficiar de garante en un futuro proceso de paz entre el gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda guerrilla de Colombia. Ayer, el grupo guerrillero subió a su página web un video en el que confirmó que prosiguen los encuentros con funcionarios del gobierno para avanzar en el diálogo. "Está en proceso un diálogo exploratorio entre el gobierno de Colombia y el ELN. Ellos están definiendo cómo lo van a llevar adelante. El proceso formal está abierto. Claro, el proceso de paz con las FARC está bastante avanzado y sirve como ejemplo para lo que viene. Pero las dos partes, tanto el gobierno como el ELN, tienen que ponerse de acuerdo primero bajo qué marco van a negociar. Hemos tratado de apoyar este intento. Siempre que las partes en conflicto nos piden cooperación –expresó Nylander–, lo valoramos como positivo."

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Viernes, 25 Julio 2014 16:56

¿Cómo ganar la iniciativa?

La clave en política es ganar la iniciativa. No se necesita ser mayoría para tener la iniciativa. Sólo se requiere claridad. Hay que tener un programa, conocer la situación del contrario o contrarios, y administrar las fuerzas acumuladas con sabiduría. Nada más.


En los últimos 80 años las fuerzas democráticas en Colombia han logrado ganar la iniciativa en dos momentos especiales. La primera fue liderada por Jorge Eliécer Gaitán en los años 30s y 40s del siglo XX. La segunda fue iniciada por Jaime Bateman y continuada por Jaime Pardo Leal y la UP en la década de los años 80s. Ambos procesos fueron ahogados en sangre por parte de la oligarquía pero las fuerzas democráticas también cometieron graves errores. Se trata ahora de superar esas experiencias y triunfar.


En el primer caso se avanzó sobre el auge del movimiento democrático-liberal que derrotó la hegemonía conservadora en 1930. En el segundo momento se aprovechó el movimiento nacionalista que se expresó en 1970 con la elección del general Gustavo Rojas Pinilla como presidente de la República, resultado que fue desconocido por las clases dominantes mediante el fraude electoral. En ambas situaciones surgieron los dirigentes que lograron interpretar el momento pero faltó organización para garantizar la continuidad y el triunfo.


En el primer semestre de 2014 las fuerzas democráticas tenían todo a su favor para tomar la iniciativa. Veníamos de un despertar del movimiento popular que se inició en el año 2008. La lucha estudiantil en 2011, la derrota de la reforma a la justicia en 2012, los paros agrarios y mineros en 2013, la resistencia a los mega-proyectos minero-energéticos y la lucha contra la ley 100 de salud, y el apoyo al gobierno de Gustavo Petro en contra de la arbitrariedad del Procurador Ordoñez, fueron las principales manifestaciones de ese despertar.

 

A pesar de los errores y graves falencias mostradas por los dirigentes y partidos que representan el "movimiento democrático" que llevaron a la dispersión de fuerzas y a permitir que dos representantes de la oligarquía se disputaran la Presidencia de la República en la 2ª vuelta en junio 15 de 2014, el acumulado logrado en esa etapa consiguió que ese movimiento se expresara con cierta independencia y autonomía votando por Santos contra Uribe. Esas fuerzas democráticas –hay que reiterarlo– fueron determinantes en esa re-elección.


El problema consiste ahora en ser conscientes –absolutamente conscientes– del momento político y de las fuerzas en juego. En términos relativos –contando los resultados electorales –el panorama es el siguiente: La fuerza mayoritaria es el uribismo con 6'900.000 votos, le sigue el santismo con aproximadamente 4'800.000 y el movimiento democrático con 3'000.000. En ese movimiento democrático se deben contar los votos independientes, alternativos, progresistas, liberales demócratas y de izquierda.


La ventaja para el movimiento democrático es que sus votos son los más conscientes y limpios de todo el conjunto del electorado. Además, con una correcta estrategia puede conectarse con cierta facilidad con las fuerzas más avanzadas del voto en blanco y de la abstención, que están allí a la expectativa. Para hacerlo hay que ganar la iniciativa política.


¿Qué fue lo que hicieron Jorge Eliécer Gaitán y Jaime Bateman para ganar la iniciativa? ¿Dónde está el quid del asunto?


Ambos se colocaron al frente de la sociedad y no sólo de sus propias fuerzas. Ellos se dirigían a toda la población y confiaban en ella. Gaitán no temía estar dentro del partido liberal ni ser parte de gobiernos oligárquicos como el de López Pumarejo y Eduardo Santos (en ambos fue ministro, en el primero de educación y en el segundo de trabajo). Bateman no tuvo ningún complejo y planteó el Diálogo Nacional, retando a todo el establecimiento, proponiéndoles trabajar unidos por un mejor país, por su transformación democrática.


Así consiguieron tomar la iniciativa. Lograron ser los referentes principales de sus respectivos momentos políticos. Se conectaron con las mayorías populares y pusieron el ritmo. Fueron capaces de mostrarse como real alternativa a los partidos tradicionales y la Nación estuvo pendiente de sus actuaciones. Mostraron capacidad de ser gobierno y de ofrecer soluciones para los principales problemas de la sociedad colombiana.


Ahora el movimiento democrático tiene tres alternativas: ser parte de la oposición al gobierno de Santos –al lado del uribismo–, ponerse a la cola del gobierno santista o ganar la iniciativa política.


La primera ya está sobre el tapete. En entrevista con María Isabel Rueda en El Tiempo (http://bit.ly/1kLO1hy), el senador del Polo-Moir Jorge Enrique Robledo plantea con toda claridad su posición frente al nuevo gobierno de Santos, que es sólo la ratificación de lo decidido por el Comité Ejecutivo de su partido la semana anterior a la 2ª vuelta: oposición total al gobierno de Santos. El aspecto principal que determina esa actitud es que es un gobierno neoliberal, de derecha, oligárquico y pro-imperial. Para Robledo, y en eso tiene parte de razón, el tema de la Paz es un engaño, una trampa, un juego marcado y macabro para engañar al pueblo.


La segunda posición la expresan las fuerzas y dirigentes del movimiento democrático que aspiran a subirse al carro del gobierno para "gestionar la Paz" pero sin preocuparse por acceder a niveles decisorios (ministerios) ni por llegar en forma unificada y con un programa propio de amplia cobertura. Aspiran a gestionar programas parciales y limitados para la fase del llamado "post-conflicto" llegando a cargos menores o por medio de ONGs. Es el camino de la cooptación y la entrega. Algunos lo harán de frente, otros de manera camuflada.


La tercera posición está representada por el Frente Amplio por la Paz en construcción. Sin embargo, para ganar la iniciativa política lasfuerzas políticas que lo conforman deberán impulsar Convergencias que vayan más allá de las fuerzas de izquierda. Si el Frente Amplio por la Paz se reduce a actuar sólo en el campo de la izquierda, no podrá tomar la iniciativa.


Se necesita ampliar esa coalición. Hay que involucrar a todos los sectores políticos que dicen "luchar por la Paz". Hay que meterle pueblo a los procesos de convergencia para generar un gran Movimiento por la Paz y la Democracia. Se debe convocar sin distinción a senadores y representantes, gobernadores y alcaldes, concejales y diputados, movimientos y organizaciones sociales, a todas las fuerzas vivas de las regiones y localidades, para ir construyendo desde ya la Paz que todos necesitamos. Hay que construir Convergencias por la Paz en todos los municipios y departamentos. Preparar con consistencia y mucha apertura las propuestas de las regiones y localidades para el llamado "post-conflicto".


En esa tarea el movimiento democrático tiene propuestas elaboradas. Hay que abrirle la agalla a la gente. Debemos unificarnos en torno a un Modelo de Desarrollo que tome como base a la gran mayoría de la población que son, por un lado, los pequeños y medianos productores y comerciantes, y por el otro, los trabajadores asalariados. Hay que hacerlo con una visión incluyente y pensando en grande. Incluso a los uribistas de las regiones y localidades debemos abrirles las puertas porque la Paz tenemos que hacerla con todo el mundo. Desde abajo y desde arriba, desde lo social, político, económico, cultural, institucional, étnico, agrario, etc. Todos deben ser convocados a transformar a Colombia. Es ahora o nunca.


Es claro que el movimiento democrático – como un conjunto – no va a ser parte del gobierno. No se presionó y se dejó a Santos con las manos libres. Sin embargo, el movimiento democrático representado por el Frente Amplio por la Paz puede ser la cabeza de un gran movimiento por la Paz y la Democracia que jalone a todas las fuerzas democráticas del país. Pero tendrá que hacerlo convocando a todo el mundo, sin temor a "contaminarse", derrotando el "purismo" y el síndrome de ser eterna oposición. Ese es el reto.


&&&&&&&&&


Para hacerlo necesitamos una nueva actitud dentro de la llamada izquierda. Algunas de sus características se pueden sintetizar así:


- Ser crítica y realista pero a la vez optimista
- Tener principios pero ser flexible y pluralista
- Ser muy aterrizada y práctica pero manteniendo grandes ideales
- Ser disciplinada pero alentar la iniciativa y la creatividad
- Ser trabajadora pero llena de alegría
- Señalar con insistencia los errores y las fallas pero proponer soluciones concretas
- Impulsar el nacionalismo popular pero ser profundamente internacionalista
- Valorar y explotar la experiencia pero alimentarse de espíritu juvenil
- Combinar las reivindicaciones económicas y sociales con trabajo cultural e ideológico
- Tener visión estratégica pero materializarla en táctica concreta
- Promover el debate democrático sin caer en el consenso oportunista
- Luchar contra el caudillismo sin desconocer el papel de los líderes
- Crear equipos pero delegar responsabilidades individuales
- No excluir a nadie. Integrar, animar, promover y unificar al movimiento popular.

 

Popayán, 25 de julio de 2014

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El deliberado vacío programático de la competencia electoral

A las puertas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales la opinión pública presencia el espectáculo de acusaciones que van y vienen, poniendo al desnudo porquerías y crímenes de uno y otro de los candidatos, anteriormente cómplices, en el más puro estilo mafioso. Entre tanto, para desgracia del pueblo, y entre llamados a la "moderación", se confirma el imperativo impuesto en la Habana: "el modelo no se toca".

 

El escándalo que se ha armado a propósito de la llamada guerra sucia es parte de la misma guerra sucia. De la guerra sucia contra el pueblo. Porque, en verdad, no es la primera vez que se utiliza; podemos mencionar numerosos ejemplos. Desde mucho antes del debut de Rendón. Con la particularidad de que la guerra mediática ha sido apenas el clima que ha rodeado incontables y atroces crímenes que, en la historia oficial, siguen considerándose falsamente como parte de la guerra antisubversiva. Ahora sirve, en el campo electoral, para apuntalar la estrategia del poder.

 

La de hoy se nos aparece como una guerra intestina, en la cúspide de la "clase política", lo cual, por sí mismo, reduce la competencia a dos contendores y relega los demás a la franja de los "sin importancia". Y no es el único efecto de esta operación en la que los medios masivos de comunicación juegan un papel decisivo. El otro consiste en que las acusaciones, que suelen constituir su núcleo principal, por "sucias" resultan infundadas, cuando todos sabemos que, seguramente, JJ Rendón sí sirvió para lo que se dice y que, sin lugar a dudas, estaba en marcha un sabotaje Uribista de las negociaciones de la Habana. Pero, de ahora en adelante, ya no va a caber ninguna denuncia; todas serán "sucias" y por tanto falsas. Y el efecto más importante: se proscribe definitivamente, en el debate electoral, cualquier reflexión sobre la realidad socioeconómica o cualquier disputa de programas, reduciéndolo a una falsa disyuntiva entre guerra y paz.

 

¿Quiénes ganan y quiénes pierden?

 

En apariencia gana Santos quien, por lo demás, cuenta con todo el peso del aparato de Estado al servicio de su campaña. El cálculo resulta sencillo si se tiene en cuenta que todo apunta a la segunda vuelta. Es obvio que para el Presidente lo mejor que puede suceder es que "clasifique" Zuluaga. Marta Lucía y Peñalosa sólo cumplen la función de restarle algunos votos de la derecha y del llamado "centro" respectivamente; no tanto como para que éstos pudieran entrar a disputar la segunda, pero sí lo suficiente para evitar que Zuluaga se volviera aceptable para buena parte del centro. Y esa parece ser la amenaza que acaba de conjurar: Zuluaga llega, pero rodeado de su aureola de guerrerista inescrupuloso lo cual, si bien satisface a parte no despreciable de la opinión, al mismo tiempo le enajena los votos de los hipócritas y de todos aquellos que, al final, se verán obligados a "evitar que gane la derecha".

 

No se trata de subestimar las contradicciones que pudiera haber dentro del bloque de clases en el poder. Es cierto que existe una fracción, con fuerza sobre todo regional y local (y en las fuerzas armadas), descarada y orgullosamente criminal, pero su cuarto de hora, político y administrativo, parece estar llegando a su fin; en lo sucesivo tendrá que aceptar la transacción que se le propone, sobre la base de la impunidad y del respeto de sus privilegios económicos. Para el conjunto de las fracciones dominantes, especialmente para la financiera o "transnacionalizada", como la llaman algunos, que es la hegemónica, lo que está en juego ahora es el proceso de legitimación, con vistas a fortalecer su proyecto económico. Y Santos no es el único, ni mucho menos el mejor, pero es un candidato con probabilidades de ganar y por lo tanto de ofrecer una tranquila continuidad. La legitimación corre, entonces, por cuenta de la "paz".

 

Nace el Santismo vergonzante

 

En efecto, mediante esta operación mediática, Santos quedó convertido, ante la amenaza del "neofascismo", en la garantía del proceso de negociación y por tanto de la paz. Así sepamos todos que nada está garantizado. Se juega con el tiempo. En medio de la guerra, la oficial y la que se libra contra líderes sociales y políticos, esa sí, sucia, Santos continúa - y continuará en el próximo cuatrenio, para tranquilidad de la opinión de derecha - imponiendo a las FARC su modelo de "sometimiento a la justicia", en la seguridad de que si la negociación se revienta tendrá al alcance de la mano el argumento de que no fue por culpa suya.

 

Aunque suene paradójico, Uribe terminó favoreciendo la campaña de Santos. Juega el mismo papel que, en el pasado, Álvaro Gómez Hurtado, en beneficio del partido liberal que siempre disfrutó de la imagen de ser el "mal menor". La amenaza, por supuesto, no es despreciable y el temor nunca infundado. De ahí la levemente enigmática declaración de Piedad Córdoba: "votaré por la paz". Declaración significativa, dado el papel que ella jugó en la formación de la Marcha Patriótica. Sin lugar a duda refleja el estado de ánimo de lo que se suele llamar el centro, pero también de no pocos sectores de la izquierda, aunque por lo pronto guarden silencio. Pero poco a poco comenzarán a desgranarse. Un apoyo gratuito para Santos porque no va a mediar ningún compromiso real de su parte; como se dijo antes, nada garantiza que la negociación vaya a continuar y mucho menos por cuenta de este hábil jugador que nunca ha tenido entre sus virtudes la rectitud. Su único propósito es alcanzar, en la segunda vuelta, frente a Zuluaga, una cómoda mayoría.

 

Del programa único...

 

Con la victoria de Santos, sin embargo, quien gana es el conjunto de las clases dominantes. Conveniencia coyuntural para éstas, naturalmente, porque, en el fondo, no estarían mal representadas tampoco por Zuluaga o por Peñalosa o por Ramírez. No hay diferencias programáticas entre ellos; es por eso que la competencia electoral se ha reducido a una ridícula y demagógica competencia entre promesas casuísticas y pedestres. Más vivienda, más empleo, mejor educación, más salud, etc. Es sólo asunto de credibilidad y por ello cada uno –incluido Santos- se esfuerza por demostrar –y en eso se destaca Peñalosa- que ha sido un excelente ejecutor, un gran gerente. Pero el programa existe, y es único, sólo que no se hace evidente.

 

No es difícil explicarlo. Cabe una anécdota: hace unos meses, luego de la Convención donde el Partido Conservador decidió abandonar la "Unidad Nacional", se le preguntó al Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, por qué siendo Conservador no se retiraba del gabinete, y él respondió muy orondo que no era necesario porque su función era solamente "técnica". Y nadie dijo nada. ¡El manejo de la economía no es asunto de política! No hay opciones. Tal es el pensamiento único del neoliberalismo: el mercado es el supremo regulador; basta con asegurar, desde el Estado, su libre funcionamiento. Ello ha conducido a lo que algunos teóricos han denominado el "malestar de la política", derivado de su vaciamiento de todo contenido sustancial. No es, pues, extraño que hoy, en un debate electoral, no aparezcan opciones de política económica.

 

En el caso de Colombia, lo que llamamos "Modelo", ahora vigente, no es otra cosa que una manifestación de ese programa único, como adaptación pasiva a las fuerzas internacionales del mercado. Ni siquiera las "locomotoras" corresponden a un proyecto de Estado. Simplemente se dejan correr, garantizándoles "seguridad jurídica". Y las otras "seguridades". Fue lo que Santos presentó, en su primer mandato, como Plan de Desarrollo, y por ello ahora no necesita mayores argumentaciones. Habla de siete "estrategias", de las cuales resalta cuatro: seguridad ciudadana, infraestructura, educación y locomotoras. Sin duda, la principal es la segunda: la promesa, para la burguesía, que todavía no ha podido cumplir. Pero es fácil intuir que cualquiera de los otros, ya liberados de la carga demagógica, estaría en capacidad de desarrollar el mismo programa con sólo un cambio de nombre y presentación.

 

....al único programa

 

Sí, en general, en tiempos de neoliberalismo, se esfuman las confrontaciones programáticas, en el caso de Colombia esta operación tiene un significado político adicional. Tiene que ver con las negociaciones con la insurgencia en un contexto latinoamericano en el que se han ventilado ya opciones posneoliberales. Además, el programa único neoliberal ha sido ya bastante cuestionado por los conflictos y resistencias sociales. De ahí la importancia, para las clases dominantes, de ocultar cualquier clase de alternativa programática.

 

Ahora bien, no cabe duda que el único programa, que se puede considerar como tal, y que además es alternativo, es el de Clara López, es decir, el del PDA. No es, de ninguna manera, un programa socialista; ni siquiera juega con esa expectativa como lo hacía la vieja izquierda Stalinista. Habla, más bien, de un nuevo "modo de desarrollo" que, apoyado en un conjunto de valores sociales y democráticos ("Desarrollo humano"), se inspira en la más pura tradición académica Keynesiana. Redistribución del ingreso e independencia nacional son las guías.

 

Desconfía de las virtudes del mercado y propone una intervención decidida del Estado. Si nuestro fracaso económico y social proviene de la "deficiencia estructural" de la demanda, la alternativa ha de ser el impulso de ésta mediante el gasto público. Cabe en esa perspectiva un programa estatal contracíclico de creación de empleo, siendo el "pleno trabajo" –es decir con todos los derechos laborales- una meta simultáneamente social y económica. En síntesis, es un programa alternativo simplemente porque es antineoliberal.

 

Sin embargo, ha sido, por desgracia, inútil. Más allá de las disquisiciones académicas, lo cierto es que su inspiración política es bastante más trivial: la necesidad de presentar una imagen que no espante a la pequeña y mediana burguesía colombiana. Astucia política que sólo ha servido para consumar la labor de invisibilización que se viene adelantando desde el poder. Como si fuera poco –y acorde con el estilo contemporáneo del marketing político– han caído en las garras de los publicistas cuyo ingenio solo les alcanzó para descubrir las posibilidades de la palabra "clara". Y así, la candidata, pasó de Clara a transparente.

 

En conclusión: hoy más que nunca la próxima primera vuelta no será más que un trampolín para llegar a la segunda. Ya no hubo debate, y, por desgracia, en la segunda se impondrá la lógica del "voto útil". No obstante, el desgano y la repugnancia se expresarán en la abstención y en el voto en blanco.

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A las puertas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales la opinión pública presencia el espectáculo de acusaciones que van y vienen, poniendo al desnudo porquerías y crímenes de uno y otro de los candidatos, anteriormente cómplices, en el más puro estilo mafioso. Entre tanto, para desgracia del pueblo, y entre llamados a la "moderación", se confirma el imperativo impuesto en la Habana: "el modelo no se toca".

 

El escándalo que se ha armado a propósito de la llamada guerra sucia es parte de la misma guerra sucia. De la guerra sucia contra el pueblo. Porque, en verdad, no es la primera vez que se utiliza; podemos mencionar numerosos ejemplos. Desde mucho antes del debut de Rendón. Con la particularidad de que la guerra mediática ha sido apenas el clima que ha rodeado incontables y atroces crímenes que, en la historia oficial, siguen considerándose falsamente como parte de la guerra antisubversiva. Ahora sirve, en el campo electoral, para apuntalar la estrategia del poder.

 

La de hoy se nos aparece como una guerra intestina, en la cúspide de la "clase política", lo cual, por sí mismo, reduce la competencia a dos contendores y relega los demás a la franja de los "sin importancia". Y no es el único efecto de esta operación en la que los medios masivos de comunicación juegan un papel decisivo. El otro consiste en que las acusaciones, que suelen constituir su núcleo principal, por "sucias" resultan infundadas, cuando todos sabemos que, seguramente, JJ Rendón sí sirvió para lo que se dice y que, sin lugar a dudas, estaba en marcha un sabotaje Uribista de las negociaciones de la Habana. Pero, de ahora en adelante, ya no va a caber ninguna denuncia; todas serán "sucias" y por tanto falsas. Y el efecto más importante: se proscribe definitivamente, en el debate electoral, cualquier reflexión sobre la realidad socioeconómica o cualquier disputa de programas, reduciéndolo a una falsa disyuntiva entre guerra y paz.

 

¿Quiénes ganan y quiénes pierden?

 

En apariencia gana Santos quien, por lo demás, cuenta con todo el peso del aparato de Estado al servicio de su campaña. El cálculo resulta sencillo si se tiene en cuenta que todo apunta a la segunda vuelta. Es obvio que para el Presidente lo mejor que puede suceder es que "clasifique" Zuluaga. Marta Lucía y Peñalosa sólo cumplen la función de restarle algunos votos de la derecha y del llamado "centro" respectivamente; no tanto como para que éstos pudieran entrar a disputar la segunda, pero sí lo suficiente para evitar que Zuluaga se volviera aceptable para buena parte del centro. Y esa parece ser la amenaza que acaba de conjurar: Zuluaga llega, pero rodeado de su aureola de guerrerista inescrupuloso lo cual, si bien satisface a parte no despreciable de la opinión, al mismo tiempo le enajena los votos de los hipócritas y de todos aquellos que, al final, se verán obligados a "evitar que gane la derecha".

 

No se trata de subestimar las contradicciones que pudiera haber dentro del bloque de clases en el poder. Es cierto que existe una fracción, con fuerza sobre todo regional y local (y en las fuerzas armadas), descarada y orgullosamente criminal, pero su cuarto de hora, político y administrativo, parece estar llegando a su fin; en lo sucesivo tendrá que aceptar la transacción que se le propone, sobre la base de la impunidad y del respeto de sus privilegios económicos. Para el conjunto de las fracciones dominantes, especialmente para la financiera o "transnacionalizada", como la llaman algunos, que es la hegemónica, lo que está en juego ahora es el proceso de legitimación, con vistas a fortalecer su proyecto económico. Y Santos no es el único, ni mucho menos el mejor, pero es un candidato con probabilidades de ganar y por lo tanto de ofrecer una tranquila continuidad. La legitimación corre, entonces, por cuenta de la "paz".

 

Nace el Santismo vergonzante

 

En efecto, mediante esta operación mediática, Santos quedó convertido, ante la amenaza del "neofascismo", en la garantía del proceso de negociación y por tanto de la paz. Así sepamos todos que nada está garantizado. Se juega con el tiempo. En medio de la guerra, la oficial y la que se libra contra líderes sociales y políticos, esa sí, sucia, Santos continúa - y continuará en el próximo cuatrenio, para tranquilidad de la opinión de derecha - imponiendo a las FARC su modelo de "sometimiento a la justicia", en la seguridad de que si la negociación se revienta tendrá al alcance de la mano el argumento de que no fue por culpa suya.

 

Aunque suene paradójico, Uribe terminó favoreciendo la campaña de Santos. Juega el mismo papel que, en el pasado, Álvaro Gómez Hurtado, en beneficio del partido liberal que siempre disfrutó de la imagen de ser el "mal menor". La amenaza, por supuesto, no es despreciable y el temor nunca infundado. De ahí la levemente enigmática declaración de Piedad Córdoba: "votaré por la paz". Declaración significativa, dado el papel que ella jugó en la formación de la Marcha Patriótica. Sin lugar a duda refleja el estado de ánimo de lo que se suele llamar el centro, pero también de no pocos sectores de la izquierda, aunque por lo pronto guarden silencio. Pero poco a poco comenzarán a desgranarse. Un apoyo gratuito para Santos porque no va a mediar ningún compromiso real de su parte; como se dijo antes, nada garantiza que la negociación vaya a continuar y mucho menos por cuenta de este hábil jugador que nunca ha tenido entre sus virtudes la rectitud. Su único propósito es alcanzar, en la segunda vuelta, frente a Zuluaga, una cómoda mayoría.

 

Del programa único...

 

Con la victoria de Santos, sin embargo, quien gana es el conjunto de las clases dominantes. Conveniencia coyuntural para éstas, naturalmente, porque, en el fondo, no estarían mal representadas tampoco por Zuluaga o por Peñalosa o por Ramírez. No hay diferencias programáticas entre ellos; es por eso que la competencia electoral se ha reducido a una ridícula y demagógica competencia entre promesas casuísticas y pedestres. Más vivienda, más empleo, mejor educación, más salud, etc. Es sólo asunto de credibilidad y por ello cada uno –incluido Santos- se esfuerza por demostrar –y en eso se destaca Peñalosa- que ha sido un excelente ejecutor, un gran gerente. Pero el programa existe, y es único, sólo que no se hace evidente.

 

No es difícil explicarlo. Cabe una anécdota: hace unos meses, luego de la Convención donde el Partido Conservador decidió abandonar la "Unidad Nacional", se le preguntó al Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, por qué siendo Conservador no se retiraba del gabinete, y él respondió muy orondo que no era necesario porque su función era solamente "técnica". Y nadie dijo nada. ¡El manejo de la economía no es asunto de política! No hay opciones. Tal es el pensamiento único del neoliberalismo: el mercado es el supremo regulador; basta con asegurar, desde el Estado, su libre funcionamiento. Ello ha conducido a lo que algunos teóricos han denominado el "malestar de la política", derivado de su vaciamiento de todo contenido sustancial. No es, pues, extraño que hoy, en un debate electoral, no aparezcan opciones de política económica.

 

En el caso de Colombia, lo que llamamos "Modelo", ahora vigente, no es otra cosa que una manifestación de ese programa único, como adaptación pasiva a las fuerzas internacionales del mercado. Ni siquiera las "locomotoras" corresponden a un proyecto de Estado. Simplemente se dejan correr, garantizándoles "seguridad jurídica". Y las otras "seguridades". Fue lo que Santos presentó, en su primer mandato, como Plan de Desarrollo, y por ello ahora no necesita mayores argumentaciones. Habla de siete "estrategias", de las cuales resalta cuatro: seguridad ciudadana, infraestructura, educación y locomotoras. Sin duda, la principal es la segunda: la promesa, para la burguesía, que todavía no ha podido cumplir. Pero es fácil intuir que cualquiera de los otros, ya liberados de la carga demagógica, estaría en capacidad de desarrollar el mismo programa con sólo un cambio de nombre y presentación.

 

....al único programa

 

Sí, en general, en tiempos de neoliberalismo, se esfuman las confrontaciones programáticas, en el caso de Colombia esta operación tiene un significado político adicional. Tiene que ver con las negociaciones con la insurgencia en un contexto latinoamericano en el que se han ventilado ya opciones posneoliberales. Además, el programa único neoliberal ha sido ya bastante cuestionado por los conflictos y resistencias sociales. De ahí la importancia, para las clases dominantes, de ocultar cualquier clase de alternativa programática.

 

Ahora bien, no cabe duda que el único programa, que se puede considerar como tal, y que además es alternativo, es el de Clara López, es decir, el del PDA. No es, de ninguna manera, un programa socialista; ni siquiera juega con esa expectativa como lo hacía la vieja izquierda Stalinista. Habla, más bien, de un nuevo "modo de desarrollo" que, apoyado en un conjunto de valores sociales y democráticos ("Desarrollo humano"), se inspira en la más pura tradición académica Keynesiana. Redistribución del ingreso e independencia nacional son las guías.

 

Desconfía de las virtudes del mercado y propone una intervención decidida del Estado. Si nuestro fracaso económico y social proviene de la "deficiencia estructural" de la demanda, la alternativa ha de ser el impulso de ésta mediante el gasto público. Cabe en esa perspectiva un programa estatal contracíclico de creación de empleo, siendo el "pleno trabajo" –es decir con todos los derechos laborales- una meta simultáneamente social y económica. En síntesis, es un programa alternativo simplemente porque es antineoliberal.

 

Sin embargo, ha sido, por desgracia, inútil. Más allá de las disquisiciones académicas, lo cierto es que su inspiración política es bastante más trivial: la necesidad de presentar una imagen que no espante a la pequeña y mediana burguesía colombiana. Astucia política que sólo ha servido para consumar la labor de invisibilización que se viene adelantando desde el poder. Como si fuera poco –y acorde con el estilo contemporáneo del marketing político– han caído en las garras de los publicistas cuyo ingenio solo les alcanzó para descubrir las posibilidades de la palabra "clara". Y así, la candidata, pasó de Clara a transparente.

 

En conclusión: hoy más que nunca la próxima primera vuelta no será más que un trampolín para llegar a la segunda. Ya no hubo debate, y, por desgracia, en la segunda se impondrá la lógica del "voto útil". No obstante, el desgano y la repugnancia se expresarán en la abstención y en el voto en blanco.

Publicado enEdición Nº202
Domingo, 26 Enero 2014 08:55

"El gran tema es el de las garantías"

"El gran tema es el de las garantías"

En un alto en las negociaciones de paz entre la guerrilla y el gobierno colombiano que se llevan adelante en Cuba, uno de los diez hombres más importantes de las FARC habló de los avances logrados y las tareas pendientes.

 

Desde La Habana


Emiro del Carmen Ropero Suárez, alias "Rubén Zamora", es un hombre pausado, de gestos mínimos, casi inexpresivo. Tal vez sea por su vida en la selva o por sus años nómades de guerrillero. Como él mismo recuerda, durante esta entrevista realizada en La Habana, de muchacho era militante comunista pero "presionado por las circunstancias, en el año 1987, a los 24 años, decidió entrar en las FARC". Ese año el ejército legal y el paralelo desataron en Colombia un genocidio contra el partido de izquierda Unión Patriótica. Fueron asesinados dos candidatos presidenciales, 11 alcaldes, 13 legisladores y más de 5000 militantes. "Yo era blanco del terrorismo de Estado, por eso decidí desarrollar mis ideales en la lucha guerrillera", remarca Zamora que ahora, a los 51, es uno de los diez hombres más importantes de las FARC.


–¿Qué cargo ocupa en las FARC?
–Yo soy parte del Estado Mayor. Comandante del Frente 33, en Catatumbo. Aquí participé en la Mesa de Diálogo en el primer y segundo punto y ahora soy parte del equipo asesor.


–¿Cómo marchan las negociaciones?
–Hay resultados importantes, pero todavía hay temas estratégicos pendientes y no sabemos hasta dónde llega el compromiso del gobierno para discutirlos.


–¿Qué quedó pendiente del primer punto, el del acceso a la tierra?
–Primero, discutir los tratados de libre comercio. Hay más de treinta. Y la economía. Colombia no soporta competir con Europa, Estados Unidos, Corea del Sur, Japón... Este tema es muy reivindicado por los movimientos sociales que en agosto pasado participaron de una gran protesta, reprimida por el gobierno. El segundo tema: la extranjerización de la tenencia de la tierra para los proyectos agroforestales. Tercero, la gran minería: más del 50 por ciento del territorio nacional está concesionado a multinacionales mineras y energéticas. Esto pone en seria amenaza la soberanía alimentaria y provoca desplazamientos de comunidades nativas arraigadas en esas tierras desde hace siglos. Cuarto, el latifundio que abarca casi el 40 por ciento del territorio nacional.


–¿Y del segundo punto?
–En Colombia, el Estado se encuentra deslegitimado por la corrupción política, el clientelismo, la penetración del dinero del narcotráfico, los vínculos con el paramilitarismo... Nosotros planteamos una reforma política del Estado que permita la participación abierta de la sociedad, que nos dé plena garantía política, una reforma electoral. También una reforma de la Justicia: la elección democrática de los procuradores, de los defensores del pueblo.


–¿Es posible que ustedes formen un partido político y abandonen la lucha armada?
–Como decía el ex juez Carlos Gaviria, "ser opositor en Colombia es un acto heroico". El gran tema es el de las garantías políticas. Pedimos que se cumpla de una vez por todas el Estatuto de la Oposición que figura en la Constitución de 1991. Otro tema es el acceso a los medios de comunicación. En Colombia los medios, además de estar extranjerizados, forman parte de grupos financieros a grandes conglomerados económicos que son los que realmente tienen el poder político.


–¿Cuáles son?
–El grupo Prisa, dueños de los influyentes Caracol radio y Caracol televisión. El grupo financiero de Carlos Ardile Lülle, uno de los hombres más ricos del mundo, dueño de RCN (Radio Cadena nacional). Y está el grupo Luis Carlos Sarmiento Angulo (propietario de varios bancos y empresas constructoras) que controla el periódico El Tiempo.


–¿El Tiempo no es de la familia del presidente Juan Manuel Santos?
–Ellos fueron los fundadores. Perdieron el poder económico pero conservan mucho poder político dentro del periódico. Hoy, el 98 por ciento es del grupo financiero Sarmiento Angulo, que entre otras cosas ha sido lavador de activos del narcotráfico y controla gran parte de la tierra de Colombia. Los medios están a la cabeza de una campaña para entregarles las tierras colombianas a grupos económicos y financieras como Mónica Semillas de Brasil que ha comprado enormes extensiones; la norteamericana Cargill; hay empresas israelíes... China está interesada en adquirir 400 mil hectáreas de tierra. En muchos casos para grandes proyectos agroforestales y agrocombustibles.


–¿Cree que el gobierno apunta al desarme de las FARC justamente para avanzar con ese proyecto económico sobre las tierras que hoy están ocupadas por ustedes?
–Nosotros no estamos ocupando tierras. Nosotros no somos dueños de tierras en Colombia.


–No, claro. Me refiero a que la presencia de las FARC en el territorio no permite la expansión de las fronteras para la agroindustria, por ejemplo.
–Es muy posible que estén apostando al desarme insurgente para consolidar esos proyectos económicos. Por eso, no podemos arriesgarnos al desarme sin que haya un proceso de transición en donde se vea que es efectiva la implementación de los acuerdos. Esto no puede ser un paquete de promesas por parte de ellos y acciones concretas de nuestra parte. Por eso, además de Cuba y Noruega como países garantes es muy importante que haya mucho respaldo popular y mucho respaldo institucional a nivel internacional para que no fracase este proceso.


–¿Por qué Estados Unidos podría estar interesado en el éxito de las negociaciones?
–Por un lado, por la crisis. Les está resultando muy costoso mantener las guerras. Por otro, hay presión de las petroleras, las mineras y otros inversores en Colombia, a los que conviene la paz. Las FARC son un obstáculo para los intereses de EE.UU. Intentaron liquidarnos físicamente con el Plan Colombia y, aunque no podemos negar que fuimos golpeados, ellos no pueden negar que no fueron capaces de derrotarnos militarmente. Ahora quieren derrotarnos en la mesa de diálogo.


–¿Ustedes se oponen a las inversiones extranjeras?
–No, pero depende en qué términos. No puede ser que las inversiones extranjeras no sirvan para el desarrollo económico del país o arrasen con el medio ambiente o impongan reglas lesivas para la soberanía nacional. En Noruega, las multinacionales pagan al Estado noruego el 76 por ciento, por las explotaciones energéticas. En Colombia, se redujo al 10 por ciento. Y, a veces, ni siquiera pagan impuestos, como la empresa Drummond, que ha financiado proyectos paramilitares pero dejó de pagar 50 millones de dólares. Desangran al país ambientalmente, financieramente, con el crimen político, con el desplazamiento de las familias campesinas y con las masacres del paramilitarismo. Tenemos que replantear la inversión extranjera en el país.


–¿Ustedes tienen vínculos con el narcotráfico?
–El lavado es el gran negocio de los grupos financieros ligados a la oligarquía colombiana. Aún hoy el narcotráfico controla las instituciones del país. Es un flagelo que cruza a toda la sociedad. Nosotros estamos en los territorios donde se producen ilícitos. Hemos hecho un esfuerzo por regular la producción, por evitar la depredación que genera al medio ambiente. Pero es muy difícil hacerle resistencia al gran capital del narcotráfico. No es fácil la lucha en una zona agraria donde la crisis, el abandono del Estado llega a condiciones terribles. El narcotráfico le ofrece al campesino un sistema productivo que le genera ganancias y la guerrilla no tiene la posibilidad de ofrecerle bienestar y desarrollo económico. Lo único que podemos hacer nosotros es tratar de ponerle límite y cobrarle impuestos al negocio de la droga.


–¿Cómo se financian?
–Con impuestos y donaciones. Nos pagan impuestos las petroleras, las mineras, las bananeras, igual que se los pagan al Estado. También, obviamente, los empresarios que se dedican al tráfico de droga. Pero las FARC ni cultivan ni trafican con drogas. Un consumidor de droga no puede ser militante de nuestra organización. En cuanto a las donaciones, hay amigos del proyecto político de las FARC que nos hacen contribuciones.


–¿Qué cantidad de militantes tienen hoy?
–Eso es información reservada, pero puedo decirle que son muchos. Además del ejército guerrillero hay una organización política clandestina, Partido Comunista Clandestino, que está en las universidades, fábricas, empresas, en los barrios. También hay un cuerpo de milicias que son compañeros de las unidades campesinas y comunidades urbanas. Las Milicias Bolivarianas.


–¿Están vinculadas con Venezuela?
–De ninguna manera. Nosotros somos bolivarianos. El único vínculo es el punto de vista del pensamiento latinoamericanista.


–¿Qué temas no son negociables?
–La reforma agraria, las reformas sociales, la soberanía nacional. La democracia. La integración latinoamericana. El pensamiento de nuestro Libertador Simón Bolívar. Eso no se negocia.

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