El primer ministro checo, entre las dudosas y repentinas fortunas. REUTERS/Archivo.

Hace una generación no existían. Pero los milmillonarios ya son una realidad entre los socios europeos del Este. Especialmente, en el llamado Grupo de Visegrado y, dentro de este club de cuatro, en su triángulo más nacional-populista, el que conforman Polonia, República Checa y Hungría. Oligarcas y empresarios de emporios de múltiples sectores que se expanden hasta la ex repúblicas soviéticas revelan la transformación socioeconómica de los países del otro lado del Telón de Acero.

 

Poseen yates de última generación e, incluso, son propietarios de clubes de fútbol. Se mueven con estrellas de cine e interceden en el ámbito político. Asumen ingentes cantidades de riqueza, hasta el punto de que, en algunos casos, resultan imprescindibles en el futuro económico de sus países. A veces, resultan ser oligarcas, entendidos en no pocas ocasiones como los beneficiarios de los conglomerados industriales heredados de la época del Telón de Acero.

Muy habituales en la Rusia posterior a la desintegración de la URSS, próximos al núcleo duro político que habita en El Kremlin –en la época de Boris Yeltsin, primero y, sobre todo, durante la actual hegemonía de Vladimir Putin, donde el denominado Clan de San Petersburgo tomó las riendas del de Moscú– y que inspiraron el término capitalismo de amiguetes que el entonces director gerente del FMI, Michael Camdessus, utilizó para definir el habitual tráfico de influencias y de prebendas entre la tumultuoso élite política y la emergente clase empresarial que ocasionó tres crisis financieras y se llevó a cinco primeros ministros antes de que apareciera la figura de Putin. O que llevó al economista Jeffrey Sachs a decir, a finales de los noventa, que “lo mejor que podía suceder en la Rusia de Putin, era nacionalizar las recientes privatizaciones que se habían acometido, para volverlas a poner, paulatinamente, en manos privadas para su modernización, con transparencia y concursos realmente abiertos al capital”.

Pero también hay milmillonarios que han labrado sus ingentes cantidades patrimoniales al convertirse en grandes magnates. Industriales o empresariales. Adalides del sueño oriental que ha emergido al calor del boom económico de sus cada vez más poderosos mercados emergentes. Al margen o no de que hayan contribuido a lo que también el ex jefe del Fondo, Camdessus, calificó en su día como un foco de cleptocracia, al definir los oscuros negocios en la Rusia que transitaba desde la extinta Unión Soviética.

El primer ministro checho

Porque la moralidad –lo que los americanos llaman moral hazard, el riesgo ético que se inicia a través de inversiones que buscan altas rentabilidades, al alcance de grandes fortunas, propensas a desencadenar crisis financieras, como los activos tóxicos en 2008, y que suele desembocar en una socialización de los gastos, a modo de rescates bancarios, por ejemplo– es una frontera que, a menudo, resulta demasiado tenue entre estos poderosos patrimonios del Este europeo. Sin ir más lejos, uno de ellos, sobre el que penden dudas razonables de posibles conflictos de intereses, es el del primer ministro checo, Andrej Babis. De corte populista y acérrimo nacionalista, en 2018, tras asumir el cargo, desencadenó las mayores protestas ciudadanas en tres décadas de democracia en el país. La propia Comisión Europea le ha auditado. Y ha declarado que mantiene el control sobre su emporio químico, agrícola y mediático, por el que sigue recibiendo fondos del presupuesto comunitario desde 2017, cuando asumió la jefatura del Gobierno checo, tal y como informa la web Neovlivni.cz y recoge la agencia Bloomberg. En especial, sus empresas del sector agrícola. Babis alega que Agrofet, su compañía, se convirtió en un trusts antes de recalar en la jefatura del Gobierno de Praga.

En contra del criterio de la unidad de vigilancia de Bruselas encargada de supervisar el arsenal de ayudas de la PAC a las firmas destinatarias de los subsidios. Agrofet, que emplea a 34.000 trabajadores en 18 países y tuvo unas ventas de 7.000 millones de euros (unos 158.000 millones de coronas checas) asegura que no ha sido auditada, mientras el primer ministro y propietario apela a la “interpretación sin sentido de las leyes” de su país por parte del Ejecutivo comunitario. El de Babin es sólo un botón de muestra del modus operandi de muchos de estos milmillonarios de nuevo cuño en el Este europeo. Donde no existían grandes fortunas hace una generación en su vasta estepa. Hasta que la caída del comunismo abrió sus mercados y ensanchó las diferencias de renta entre sus ciudadanos. Así lo refleja un informe de Bloomberg a partir de su Billionaires Index 2019, en el que refleja que el pasado ejercicio, los grandes patrimonios globales elevaron sus riquezas en una cantidad similar al PIB de España. Su radiografía habla de la trayectoria que han tomado los nuevos ricos del Este. Desde la ciudad kazaja de Almatý a Praga, o desde Moscú a Zagreb.

“Muchos de ellos han adquirido la vitola de empresarios legendarios, exhiben modos de vida extravagantes y aplican sin tapujos sus influencias políticas”. Muchos de ellos, aún bajo un tinte soviético. “Una gran mayoría tuvieron poder en los regímenes comunistas y mantienen su capacidad económica y política con las estructuras democráticas de mercados abiertos”, dice Mark Mobius, un veterano inversor en economías emergentes que trabaja para su propia firma de inversión después de ejercer como analista en Franklin Templeton Investments. En un e-mail para este medio, Mobius pone el dedo en la llaga: “La selección de las fortunas no fue sencilla, porque algunos de los viejos apparatchiks no se adaptaron a los cambios políticos y económicos tras la Caída del Muro de Berlín y dieron un espacio determinante a jóvenes emprendedores y ambiciosos de poder para amasar riqueza”. La mitad de ellos se beneficiaron de los procesos de privatización. Mientras que los milmillonarios que se han hecho a sí mismos siguen siendo unas raras avis. Su ascenso en el escalafón financiero y social se ajusta al proceso de transformación de estos países en los últimos 30 años. En cada etapa de estas tres décadas, destaca un magnate emblemático.

Los tumultuosos ochenta

Finales de los ochenta. Los Early Birds. Una fase tumultuosa, llena de contracción económica e inestabilidad política en la mayoría de países del Este. En la que aparecen los inversores privados para dinamizar segmentos productivos casi al completo a través de procesos de privatización en los que primaba la desestructuración y la falta de planificación. Petr Kellner, República Checa. 12.800 millones de dólares de riqueza personal. Nacido en Checoslovaquia en 1964, adquirió la empresa de fotocopiadoras Ricoh poco después del triunfo de la Revolución de Terciopelo, en 1989. Su cuenta empezó a engordar con la venta de activos públicos y el intercambio de acciones entre las compañías resultantes. Tomó el 20% de Ceska Pojistovna, la mayor aseguradora del país, a la que hizo rentable durante años hasta que vendió sus participaciones a la italiana Generaly por 3.300 millones de euros. Los tentáculos de PPF, su emporio, se expanden por los sectores financiero, de telecomunicaciones, el de biotecnología, la ingeniería y el mercado inmobiliario en China, Vietnam, India, Indonesia, Filipinas y Kazajistán. En sus escasas apariciones en los medios admite que el postcomunismo “fue una oportunidad que quizás nunca se vuelva a repetir” en la que fue capaz de “encontrar la gente adecuada, de sortear los riesgos iniciales y de inculcar sacrificios a largo plazo” para obtener la sostenibilidad de sus proyectos. Mediados de los noventa. Atrapa los activos. Al calor de los programas económicos caóticos de los primeros gobiernos democráticos. Época en la que se idolatró al capital foráneo, a las divisas extranjeras y se demonizó el legado industrial cincelado con subsidios estatales. Yeltsin se aferró a los oligarcas, cedió la gestión financiera del país a un grupo de banqueros y vendió una ingente cantidad de activos de empresas soviéticas.

Vladimir Potanin. Rusia. 28.500 millones de dólares de patrimonio neto personal. De 58 años, es uno de los pocos oligarcas originales, de la época de Yeltsin. Trabajó en comercio exterior hasta que, en 1990, antes del colapso de la URSS, registró su primera empresa. Rápidamente se hizo con un grupo bancario por su influencia directa en el Kremlin. “La propiedad privada es la única medicina contra el estado fallido del comunismo; no hay alternativa. Por eso los activos se tuvieron que transferir a manos privadas”, explica. A finales de 1995, Potanin y su socio, Mikhail Prokhorov, se hicieron con el control de NorilskNickel, el mayor productor de níquel y paladio por la módica cantidad de 170 millones de dólares. La capitalización de esta compañía ha subido a más de 40.000 millones. Posee el 35% de sus acciones. Al año siguiente, apoyó financieramente la campaña de reelección de Yeltsin, que le nombró viceprimer ministro encargado de Economía y Propiedades Estatales. Renunció en menos de un año. Ha sobrevivido a dos crisis, la del rublo en 1998, y la financiera de 2008. Pero, sobre todo, se ha adaptado a la realpolitik de Putin, con el que juega al hockey, cuya liga promociona junto a famosos atletas, políticos y empresarios.

Los albores del milenio

1990-2000. El Salvaje Este. Apertura plena de puertas al capital extranjero. El libre capitalismo se hace con los resortes económico-financieros. La llegada de firmas occidentales, que obtienen de inmediato las pertinentes validaciones de los gobiernos orientales. Las rutas para hacerse con el amplio censo de industrias estatales se aceleran. Se crea una cultura propia del negocio. Algunos economistas hablaron de colonización y de que el interés empresarial se basaba en las bajas condiciones laborales, una ventaja competitiva asegurada, y en el potencial expansivo de sus consumidores.

Zygmunt Solorz, Polonia. Patrimonio neto personal: 2.700 millones de dólares. El hombre más rico de Polonia. Enigmático. Ha empleado numerosos nombres. Nació como Zygmunt Krok a 60 kilómetro de Varsovia. Siendo veinteañero, se fugó a Alemania, vía Austria, y fundó una firma de transporte. Utilizó el nombre de un amigo, Piotr Podgorski –de hecho, muchos conocidos le siguen llamando desde entonces Piotrek– para registrase como refugiado. En los ochenta adoptó otra personalidad. Respondía a Solorz, apellido que incorporó su primera mujer. En esa época, vendió coches y otros bienes desde el Oeste europeo a Polonia. Tras la caída del régimen polaco empezó a crear su imperio desde la adquisición del mayor canal privado de televisión, Telewizja Polsat. Su holding empresarial incluye Cyfrowy, una de las más amplias plataformas digitales de toda Europa, un banco minorista y el segundo operador de móviles del país, por el que pagó la cifra de fusión récord en Polonia. Ahora, planea construir un distrito residencial exclusivo en la capital polaca. También es propietario de plantas energéticas de lignito. Y, para sorpresa de sus conciudadanos, ahora habla de combatir la catástrofe climática. Cuando se había aproximado a las tesis negacionistas y usa el helicóptero como principal medio de transporte.

1990-2000. Las relaciones familiares. Época de surgimiento de entramados empresariales que se configuran a través de lazos sanguíneos y que representan a figuras de los negocios que están muy bien conectados con el poder.


Tímur Kulibayev y Dinara Kulibayeva. Kazajistán. Patrimonio neto: 5.000 millones de dólares. No hay un linaje más prestigioso en Asia Central que el de Dinara. La hija mediana de Nursultán Nazarbayev, presidente del país desde 1990 hasta marzo pasado. El líder espiritual vitalicio de esta ex república soviética y que acaba de rebautizar a Astaná, la capital kazaja, con su nombre: Nursultán. Dinara es la mayor riqueza de la nación. Ella, junto a su marido, Tímur, controlan las principales instituciones financieras, incluidas las mayores entidades crediticias de las empresas petrolíferas y agrícolas, además de las inmobiliarias que mueven el mercado de la vivienda y de la construcción en su país y en Dubái. Estudiante de artes escénicas en Moscú, hizo un MBA en Kazajistán. Mientras Tímur estudió Económicas a la capital rusa y trabajó en compañías de gas y petróleo. Presidió un fondo de inversión soberano en Rusia, hasta que en 2011 ocupó un sillón en el consejo de administración de un gigante gasístico ruso. Un diplomático estadounidense le definió como “un milmillonario de manicura”. Está al frente de la cámara de comercio del país y es un consumado y eficaz lobista financiero y energético en toda zona de influencia ex soviética.

  1. 1998. Devaluaciones, crash bursátil, contagio. La suspensión de pagos de Rusia fue el detonante de la crisis en la región. Pérdidas de cotización fulgurantes de sus divisas, montañas de deuda e incapacidad para gestionar la coyuntura económica. Los bancos colapsaron y provocaron que el ahorro de las familias se evaporara. Los daños colaterales se cebaron con sus plazas bursátiles. En todo el bloque oriental. Los resortes del nuevo sistema financiero se tambalearon. La crisis se expandió a los nacientes emporios empresariales. Pero no todos salieron damnificados.
    Andrei Melnichenko, Rusia. Fortuna personal: 15.200 millones de dólares. Uno de los diez más ricos de Rusia. Era demasiado joven para ser un beneficiario de la privatización. Pero hizo fortuna en la siguiente estación. En el negocio del tipo de cambio de las divisas, donde hizo un master acelerado, con pingües beneficios, que le llevó a crear MDM Bank. Surgido de la crisis de 1998 se ha convertido en la entidad prestamista con mayor número de clientes.

Practica una política conservadora, sin exposición al mercado de bonos soberano del país y controlando la liquidez de sus activos. Gestión que posibilitó la compra de acciones de oligarcas en dificultades. Así se hizo con la planta y el oleoducto petrolífero de Volzhsky, adquirido desde su rival, Menatep, un banco en manos de Mijail Khodorkovsky. Su emporio inauguró entonces su división energética. “Mi visión entonces era consolidar los activos fragmentados y arriesgarme a reestructurar sus entramados empresariales e industriales con la intención de generar blue chips internacionales en distintas áreas productivas”. En especial, en acero, fertilizantes y carbón. Segmentos a los que las autoridades rusas no les colgó el cartel de estratégicas y que, por tanto, eran más fáciles de controlar empresarialmente que otros como el petróleo, el gas, los diamantes o el oro. La crisis de 2008 dividió su grupo. Él se quedó con la división de minería y fertilizantes, con menor exposición a la turbulencia financiera global, y su socio, Sergei Popov, con el banco, que vendió a su principal rival en 2015.

Y llegó Putin

El ascenso de Putin. En el año nuevo de 1999, Yeltsin elige sucesor en el ex coronel de la KGB Vladimir Putin, que rápidamente monta su propio club de oligarcas. Con dos exponentes esenciales. Boris Berezovsky, procedente del mundo financiero, y el magnate de los medios Vladimir Gusinsky. En 2003, Mijail Khodorkovsky, fue arrestado acusado de evasión de impuestos y delitos de fraude. Era, entonces, el hombre más rico del país. Un año más tarde, el Kremlin empezó a vender su conglomerado petrolífero, la mayoría del cual ahora pertenece a la estatal Rosneft. Tras una década en prisión, fue perdonado por Putin en diciembre de 2013. Vive en Londres desde entonces, desde donde trata de liderar la oposición al presidente ruso, cuya irrupción en el poder, generó una nueva clase de jerarcas empresariales que han dominado la escena económica en sus dos décadas en el Kremlin.

Arkady Rotenberg, Rusia. Patrimonio neto de 2.100 millones de dólares. Nacido en la antigua Leningrado. La actual San Petersburgo, el centro del poder real en Rusia, que da nombre al clan de Putin. Amigo de la infancia del líder ruso, con el que practicó judo en su juventud. Instructor de artes marciales. Fundó un selecto club de millonarios, el Gennady Timchenko, del que Putin es el presidente de honor. Engendró su imperio a raíz de la llegada al Kremlin de su amigo. En 2001, adquirió SMP Bank, sancionado por EEUU tras la anexión rusa de Crimea y, en 2007, su firma de construcción de oleoductos y gaseoductos, que también ha hecho rico a su hermano pequeño, Boris. Ambos compraron cinco empresas un año después y, en 2014, se hicieron con el concurso de Gazprom para la construcción de su mayor oleoducto. Como Potanin, juega al hockey con Putin.
2004-2013. Europa y el mundo. Con Putin consolidando el poder en Rusia y los antiguos aliados de Europa del Este haciendo guiños para adherirse a la OTAN, en paralelo a sus ingresos en la UE y, por ende, armonizando sus mercados productivos con las directivas comunitarias, el eje generador de riqueza se movió hacia el centro del continente.

Ivan Chrenko, Eslovaquia. Patrimonio personal neto de 1.400 millones de dólares. Nacido en Sala, en la extinta Checoslovaquia, en 1967, llegó al negocio inmobiliario casi por accidente. Su primer negocio fue la venta de equipos de sonido en la recién independiente Eslovaquia, que le reportó beneficios y que vendió a los pocos años. Este colchón monetario le sirvió para gestar su firma constructora, que se hizo con un sinfín de contratos para la rehabilitación de la capital, Bratislava, y la instalación de grandes superficies en su primer extrarradio. Aupark es su seña de identidad comercial. En 2005, apenas un año después de la adhesión eslovaca al club europeo, vendió por casi 400 millones de euros su participación en HB Reavis a inversores holandeses, que incluían los dividendos de su inversión inicial, de 77 millones. En la actualidad, maneja más de 2.000 millones en activos dirigidos al sector de la construcción, con proyectos internacionales en Londres, Berlín, Varsovia y Budapest. Abandonó las labores ejecutivas en 2013. No concede entrevistas.

2008-2009. Credit-crunch. El mayor crash financiero y bursátil desde 1929 contagió a todas las economías globales. En mayor o menor medida. La tentación de adquirir préstamos en dólares o euros expandió la exposición a la contracción del crédito por toda la región oriental europea. Pero la pérdida de músculo de sus competidores occidentales hizo emerger una serie de nichos de negocio que fue aprovechado por empresarios del Este.

Ivica Todoric, Croacia. El hombre más rico del país, logró hacerse con una fortuna tras la Caída del Muro de Berlín, que luego perdió durante las guerras de los Balcanes. Junto a su padre vendía flores y la buena climatología del territorio croata le permitió expandir su negocio hacia el sector de alimentación. Accedió a las ventas por privatización de empresas del país a nacionales tras la desintegración de Yugoslavia en la segunda mitad de los noventa. Sorteó la crisis, pese a los seis años de crecimiento cero de la economía croata. Hasta que, en 2014, compró Mercator, la mayor cadena minorista de Eslovenia y, en 2017, tomó las riendas de Agrokor, entidad financiera a la que reestructuró con éxito. Acusado por la Justicia croata, se desplazó a Reino Unido, que le extraditó en diciembre de 2018. El litigio por administración desleal sigue abierto. Agrokor es ahora propiedad de sus grandes acreedores.

La década de los diez. La oleada de populismo. La crisis de 2008 no sólo destruyó riqueza, sino que llegó a poner en el disparadero al sistema capitalista. El descontento social encendió la mecha del nacional-populismo, que germinó especialmente, entre los países del bloque oriental, en Hungría, Polonia y la República Checa. Tres de los cuatro integrantes del club de Visegrado. El cuarto es Eslovaquia, que se ha desviado de la senda autoritaria de sus hermanos geográficos. Con Viktor Orban, el primer ministro húngaro, como auténtico maestro de ceremonias de una auténtica deriva autoritaria que preocupa, y mucho, en Bruselas.

Lorinc Meszaros, Hungría. Fortuna personal valorada en 1.500 millones de dólares. Compañero de pupitre de Orban. Empezó a gestar su riqueza con una pequeña compañía de gas en su ciudad natal, Felcsut, en los noventa. Su ascenso estratosférico vino de la mano de su amigo personal. Desde que Orban llegó al poder, en 2010, Meszaros ha subido constantemente en la lista de las grandes fortunas húngaras, hasta su cúspide. Hecho del que ha alardeado. Hasta el punto de decir que su ascenso fue más inteligente que el de Mark Zuckerberg, presidente de Facebook. Pese a atribuir su éxito a Dios, la suerte y Orban. Su emporio acapara empresas constructoras, de medio de comunicación, bodegas y firmas que acceder a concursos públicos. Es dueño de una academia de fútbol que fundó Orban.
2014-2019. La fase de sanciones a Rusia. Las tensiones geopolíticas de Rusia con Europa y, en mucha menor medida, con los EEUU de Donald Trump, a propósito de su intervención en suelo de Ucrania y, sobre todo, con la anexión de la Península de Crimea, sumergió al bloque del Este en una nueva dimensión. Occidente respondió con sanciones económicas a Moscú y señalaron con sus dedos acusadores a empresas de oligarcas.

Oleg Deripaska, Rusia. Patrimonio personal neto: 3.400 millones de dólares. El gran vencedor de la guerra del aluminio, se hizo rico en la década de los noventa. Más tarde, sus lazos familiares le ayudaron. Se casó con la hija del jefe de gabinete de Yeltsin. Empezó su expansión mundial en la post-crisis de 2008. A través de la adquisición de valores en gigantes de la construcción y en la industria auxiliar y manufacturera del automóvil. Compró también Norilsk Nickel. Los noventa -asegura- fueron años de locura, de caos, pero también de oportunidades, con las que logramos transformar el país”. La compra de Norilsk Nickel fue inicialmente un mal negocio. Sus primeros años de gestión se saldaron con caídas del precio del aluminio, que llevaron a Rusal, su emporio, al borde de la bancarrota. Pero la compañía salió a flote, a pesar de reestructurar más de 17.000 millones de dólares de deuda, la mayor corporativa en Rusia. Pero la guerra de Crimea lo cambió todo. Las embestidas financieras y las volatilidades bursátiles de los últimos ejercicios, sobre las que pendían los efectos de las guerras comerciales y de los riesgos geopolíticos alimentados por la Administración Trump, cercaron el valor de las divisas de los mercados emergentes. Incluido el rublo. Pero la moneda rusa se ha repuesto del susto y Rusal ha ganado contratos en el terreno militar ruso y en medio de las hostilidades arancelarias entre EEUU y China, con el aluminio y el acero, como hilos conductores del proteccionismo americano. Las sanciones a Rusia han venido de perlas a grupos como el de Deripaska, que ha llevado a cabo un intenso proceso de lobby en el Kremlin para que logre de la Casa Blanca la retirada de sanciones en el sector automovilístico, en el que también tiene intereses patrimoniales.

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Chile: a tres meses de la rebelión antineoliberal
 
 El Despertar
 
Este 18 de enero se cumplen exactamente tres meses del estallido social del pasado 18 de octubre.

A partir de ahí comenzó el derrumbe del mito del exitoso modelo chileno. El oasis era sólo un espejismo. La principal vitrina del neoliberalismo fue quebrada y rodeada de barricadas, levantadas por estudiantes secundarios y todo un pueblo precarizado, endeudado y humillado por décadas.

Ese día despertó un Chile que estaba con sobredosis de sedantes y calmantes. Despertó y empezó a rencontrarse nuevamente. Una sociedad fragmentada en un conjunto de individualidades exprimidas y excluidas en su inmensa mayoría, se reconoció y comenzó a ser pueblo una vez más. La memoria histórica despertó con la alegría, la creatividad y la música de la juventud, principal motor de esta transformación en curso.

En las marchas aún no se ven banderas de partidos políticos, pero sí los símbolos históricos de justica: la bandera mapuche como símbolo de resistencia y lucha se juntó con la bandera chilena ahora resignificada. Consignas inmortales como El pueblo unido, jamás será vencido, es una de las más vitoreadas.

Estos tres meses han sacudido a la sociedad chilena como pocos otros tránsitos históricos. La indignación y la rabia, mezcladas con la alegría del rencuentro, se mantienen intactas en las calles de todo Chile. Las movilizaciones y las acciones directas aún mantienen en vilo a toda la institucionalidad y gobernabilidad que rige con base en la Constitución del 80, heredada de la dictadura.

El modelo no se toca

Ante esto, el gobierno de Sebastián Piñera y el statu quo neoliberal han respondido de la forma más brutal y despiadada. Estado de emergencia y toque de queda con militares en la calle durante la primera semana. Posteriormente, y, hasta la fecha, ha sido la policía militarizada de Carabineros de Chile la encargada de ejercer la peor de las represiones, comparada sólo con los peores años de la dictadura militar pinochetista. En cifras, hasta el 15 de enero, el Instituto Nacional de Derechos Humanos reporta: 412 casos de tortura y tratos crueles, 191 de violencia sexual, entre estos muchas violaciones consumadas. Al menos 3 mil 649 personas heridas (sin contar otros miles de personas heridas, atendidas en terreno por los colectivos de voluntariado de salud agrupados en el Movimiento Salud en Resistencia), entre ellas 269 niñas, niños y adolescentes. Heridas oculares, 405 (33 con estallido o pérdida total de la visión, y otras, con pérdida parcial de la visión en el ojo afectado); 2 mil 63 personas heridas por disparos de distintos tipos de arma de fuego y 253 heridas por bombas lacrimógenas disparadas al cuerpo.

Esta sistemática, grave y masiva violación a los Derechos Humanos en ascenso, demuestra la negativa del gobierno a escuchar el clamor popular y que el modelo neoliberal se defiende con el terrorismo de Estado, de la misma forma en que se impuso. También ha quedado claro una vez más, que Carabineros de Chile y las FFAA son instituciones mercenarias del capital y que su función es cuidar los privilegios de las minorías acaudaladas.

La gran explosión social que se vive en las calles de Chile no puede entenderse sin remitirse a la historia. Las causas de esta crisis están íntimamente relacionadas al modelo económico neoliberal y privatizador de los derechos sociales, que comenzó a instalarse tras el golpe militar contra el gobierno popular de Salvador Allende. Las actuales manifestaciones son en contra de ese modelo generador de obscenas desigualdades e injusticias. En octubre pasado comienza a terminar el ciclo político que empezó con el golpe de Estado del año 73. En estos momentos sólo lo sostiene el uso criminal de la fuerza.

En el terreno de las ideas, sólo una derecha ciega niega las causas reales; de forma muy absurda y torpe, sostiene que la rebelión es producto de un complot internacional castro-chavista.

Un proceso constituyente en marcha ¿desde abajo o desde arriba?

No era depresión, era el capitalismoEsta es la rabia contenida que intentaron callar con Fluoxetina

Rayados en las paredes de Santiago

 

* Médico, nieto del presidente Salvador Allende

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Urge permanecer alerta contra las reformas laboral y pensional en Colombia

Treinta y nueve días de huelga indefinida en Francia llevaron a que el gobierno reversara la propuesta fijar en 64 años la edad obligatoria para la jubilación. Las movilizaciones fueron permanentes, el ánimo no se doblegó, la lucha rindió sus frutos.

No obstante la victoria de las organizaciones sindicales, se convocó a una nueva marcha en el país para el 16 de enero. No hay que bajar la guardia, coinciden en asegurar los dirigentes de las organizaciones obreras.

Esa misma beligerancia es la que debe asistir a las diferentes expresiones organizativas en Colombia ahora que el ministro de Hacienda, Tomás Carrasquilla, considera que los dos asuntos deben abordarse mediante proyectos que hagan tránsito en el Congreso este año, como alternativa para hacer viable la generación de empleo y asegurar el funcionamiento del fondo público Colpensiones.

Aun cuando se trata de una falacia que les hace juego a los empresarios y de la que no quiere ser partícipe la ministra del Trabajo, Alicia Arango porque sabe el costo político que implica, todo indica que estas dos iniciativas serán apuntaladas con el propósito de sacarlas adelante.

El tema pensional

Colpensiones es la joya de la corona. A este fondo están afiliados 6.791.854 colombianos de los cuales 1.367.596 son pensionados. Lo que argumenta el gobierno nacional es que se puede producir un desfinanciamiento, y su brillante salida, es aumentar la edad de jubilación.

Por supuesto, esta propuesta no es fruto de un estudio serio sino más bien, la consecuencia de la recomendación que le hizo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) al presidente Iván Duque.

Esta disposición, en caso de que se apruebe, terminaría perjudicando a buena parte de los 3.362.492 cotizantes activos a Colpensiones. Un enorme volumen de trabajadores verá frustrados sus sueños de salir al menos con salud después de muchísimos años de laborar. Lo que espera el ministro Carrasquilla, es que el jubilado salga con un bastón a dedicar buena parte de su tiempo a practicarse exámenes en la EPS, sacar el perro al parque o, en el mejor de los casos, a hacer mandados en la tienda de la esquina mientras que, para todos, se convierte en un mueblo viejo dentro de la casa al que no se sabe dónde ubicarlo.

Si no se aprueba la reforma pensional en el Congreso, el 30% de los afiliados activos a Colpensiones podrían jubilarse en el corto plazo. Una expectativa apenas justa. Y si hay algo que no podemos olvidar, es que durante su campaña, el hoy presidente Duque prometió no aumentar la edad de pensión.

La reforma laboral, otra papa caliente

En mi lejano Vijes solían repetir los veteranos: “El palo no está para cucharas”. Vigente hoy, ya que el panorama entre los colombianos es de alerta para evitar que el paquetazo de Duque, que tanto se empecinó en negar el gobierno nacional, no vaya a revivirse con nuevo nombre.  En otras palabras: “El mismo perro con diferente guasca”. Los áulicos de Duque y en particular el ministro Carrasquilla, son muy hábiles para eso.

Los empresarios están alimentando esta idea bajo el argumento de que el sistema laboral obedece a una estructura con veinte años de atraso. Eso es cierto, pero en detrimento de la clase obrera y ahora pretenden precarizar aún más su situación. Desmejorar su calidad de vida.

Lo que proponen los empresarios favorece sus propios intereses, como por ejemplo el tema de la flexibilización laboral o trabajo por horas, y va en contravía de lo que sugieren la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión de Empleo de la OCDE.

La movilización popular, un muro de contención

Lo que se avecina es altamente lesivo para la clase trabajadora. Y al igual que los obreros de Francia, no podemos bajar la guardia.

El único muro de contención para frenar las pretensiones del gobierno nacional, de los empresarios, algunos académicos y congresistas afectos al presidente Iván Duque, es la movilización popular. Expresar la inconformidad. No permitir que, como ha ocurrido en otras ocasiones, terminen pisoteando a la base popular.

Si se retoman las marchas, como es apenas previsible en Colombia, es necesario que evitar una reforma laboral y pensional constituyan de nuevo un estandarte de lucha. No de otra manera podremos evitar que se siga pauperizando a la clase trabajadora, históricamente golpeada por quienes tienen el poder político y económico.

Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia

Blog del autor www.cronicasparalapaz.wordpress.com

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Ecuador:  balance del paro nacional. Habla Jaime Vargas, presidente de la Conaie

Entrevista de Gloria Muñoz Ramírez

Quito, Ecuador. En octubre de 2019 Ecuador vivió un levantamiento popular con el involucramiento de todos los sectores sociales del país. La participación de los pueblos indígenas definió la derogación del decreto 833 con el que el gobierno de Lenín Moreno pretendía eliminar el subsidio a los combustibles, haciendo así imposible la vida. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) fue clave durante los 13 días del Paro Nacional en el que el Estado reprimió las movilizaciones, dejando un saldo de 11 muertos y cientos de heridos y detenidos. Jaime Vargas Vargas, presidente de la Conaie desde 2017, fue uno de los dirigentes de la protesta emblemática. De origen amazónico, Vargas hace una valoración del levantamiento indígena y popular, repasa lo que significó para los pueblos la llegada de los presidentes Rafael Correa y Lenín Moreno “de supuesta izquierda”, y habla de los planes electorales de la Conaie, que no se descarta para la contienda presidencial.

–¿Cuál es la valoración que hace la Conaie del proceso del paro nacional y levantamiento indígena de octubre?

–El levantamiento de octubre fue diez veces más grande que el primer levantamiento de 1990. Hemos posicionado la fuerza política, ideológica y de resistencia. En estos últimos 12 años, los pueblos y nacionalidades hemos estado viviendo un momento muy crítico, de atropello a nuestros derechos humanos, despojos de nuestros territorios, invasiones de las transnacionales, pero hemos resistido desde nuestras bases. Durante estos 12 años hemos estado llenos de persecución política. Muchos líderes fuimos declarados terroristas, secuestradores, subversivos, guerrilleros, de todo nos han calificado. Pero ésa es nuestra dinámica de seguir luchando.

–¿En qué momento político y organizativo se encuentra la Conaie?

–En este momento, luego del paro nacional, la Conaie se posicionó como una de las organizaciones más fuertes en el Ecuador y en toda América Latina, porque hemos despertado a todos los pueblos en América. La Conaie es una organización nacional que ha hecho escuchar su voz y se ha hecho respetar. En anteriores movilizaciones la Conaie sacaba a su gente, hacía una marcha y a veces teníamos que paralizar, pero la gente de la ciudad nunca salía o nos decían que éramos indios y que nos regresáramos a la selva, que éramos vagos, que solamente éramos atrasapueblos que veníamos a ensuciar las ciudades. Pero esta vez no. Tuvimos otra plataforma, otra forma de pensar, con la interculturalidad del pueblo ecuatoriano. Era no pensar en mí, sino en que mi lucha debía ser para la sociedad, para un pueblo organizado.

Se derogó el decreto 883 impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y eso quiere decir que se luchó para el pueblo ecuatoriano, para los 16 millones de ecuatorianos. Sólo 1 por ciento, los banqueros y los que se creen dueños de la patria, dijo que los indígenas no los representamos. Nosotros dijimos que claro que nunca los vamos a representar, así como ellos tampoco nunca nos van a representar a nosotros. La Conaie representa a las 15 nacionalidades y 18 pueblos, a las organizaciones sociales. Y eso es lo que hemos hecho. Cuando estaba Correa nos decían que la patria era de todos, ¿pero qué patria es de todos? La que está llena de corrupción, de odio, de discriminación, de racismo, de desigualdades, de injusticia social, de asesinatos e inseguridad nacional.

–¿Cómo vivieron ustedes el proceso de su lucha en el gobierno de Rafael Correa y el discurso progresista?

–En tiempos del expresidente Correa el movimiento indígena vivió un momento muy crítico porque dividió a las organizaciones, a los pueblos y nacionalidades. Había un grupo que defendía al correísmo y había otros que defendían a su pueblo. En la Amazonía tenemos a la organización histórica de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniaie) y ahí había dos presidentes de la misma organización. Uno avalado por el correísmo y otro por el gobierno tradicional. Unos gritaban por el correísmo, otros por su libertad, por el territorio. Eso es lo que vivimos.

–¿Y con los megaproyectos en los territorios indígenas qué pasó?

–Hubo gente que decía sí al correísmo e iba a favor de las transnacionales. Entonces había una pelea entre nosotros, había amenazas en nuestras comunidades. Había quienes defendían la minería, el petróleo, la consulta, el convenio. Eso ha pasado en todo el mundo y por eso han desaparecido pueblos indígenas, por los intereses económicos. Los gobiernos neoliberales tienen que asesinar, tienen que matar al pueblo para acabar con él y quedarse con sus territorios para sacar los recursos que necesitan.

¿En Bolivia a quién están matando? ¿A un banquero? ¿A un empresario? ¿A una derecha? Asesinan a los indígenas, y eso es lo que nos indigna a nosotros. En Chile están matando al pueblo mapuche, en Colombia al pueblo nasa, al pueblo indígena, al campesino, al que lucha por defender su territorio y su derecho. En México han matado al campesino, en Brasil a los pueblos indígenas. Los grandes empresarios quieren acabar con todo. En Perú acabaron con el movimiento indígena, con los hermanos awajún, aquí han asesinado a los shuar, achuar, kichwa.

–¿Qué es lo que pasa cuando presidentes como Rafael Correa o Lenín Moreno se presentan como progresistas o de izquierda y promueven proyectos extractivistas?

–Rafael Correa y Lenín Moreno decían que eran de la izquierda progresista y ahora están con la derecha, en vez de entregarse al pueblo. Por eso es importante la oposición. Mucha gente del gobierno piensa que la oposición es un enemigo y tiene que pelear contra ella. Escuché un discurso medio favorable del nuevo presidente de Argentina que decía que la oposición que perdió no será su enemigo, sino una persona que le permita avanzar. A ver si lo cumple.

La oposición te permite mejorar tu pensamiento y tu estrategia de gobierno. Se trata de conversar y asegurar que no vas a aceptar sus intereses personales, pero sí los colectivos que generen desarrollos para el país. Aquí en el Ecuador se explota desde hace más de 40 años, pero nuestras comunidades siguen viviendo en la miseria. Por eso decimos que no somos pobres, sino que nos hicieron pobres. Trajeron la pobreza a nuestros territorios, que son ricos. La gente pobrepobre vive en las ciudades llenas de criminales, prostitución, alcoholismo, drogadicción, corrupción. No tienen ni ríos dónde bañarse.

El Sumak kawsay del que hablamos en la Constitución es vivir en nuestro mundo, que si te enfermas encuentras la farmacia en la selva, donde el mercado es libre porque un niño puede tomar un anzuelo, coger un pescado y cocinar.

–¿Cuál es la situación en Ecuador respecto a las consultas sobre proyectos en territorios indígenas?

 

 –Aquí está el derecho a la consulta previa, libre e informada, pero no hay una herramienta o mecanismo que garantice este proceso, porque no es vinculante. He estado reunido con todos los pueblos de América Latina y tenemos la misma situación y la misma problemática de invasiones, de asesinatos, de criminalización, de despojo y consultas. Cuando hablamos de consulta no sólo está enfocado al tema del extractivismo, sino también a la construcción de vías y de grandes proyectos.

En el Ecuador el derecho a una consulta no garantiza nada, porque preguntan y dices que sí o que no pero ellos en el gobierno toman las decisiones y aplican la ley. Ese es uno de los problemas. En las consultas llegan y te dicen, “miren compañeros indígenas, ustedes no tienen agua potable, sus hijos no tienen becas, pero habrá bonos solidarios, bonos de vivienda, becas y cada dirigente ganará dos mil dólares”. ¿Eso es consulta o es engaño? La gente acepta, pero no les dan ni proyecto ni los dos mil, solamente trago, pan, coca cola. Eso pasó en Ecuador durante estos años, son las estrategias para engañar a los pueblos indígenas desde el Estado y las transnacionales.

–¿Cómo fue el diálogo de la Conaie con el gobierno durante el paro y qué proceso siguió? ¿Qué pasó con el Parlamento de los pueblos?

–Nunca hubo diálogo ni negociación. Lo único que hicimos fue decirle al gobierno que ese decreto no lo aceptaba el pueblo ecuatoriano, porque se afectaba todo y se decretó sin consulta. De ahí el levantamiento. Se instaló la mesa técnica no para dialogar, sino para debatir, que es otra cosa. Dijimos que no discutiéramos sólo el subsidio, sino también la política económica del país. Le dije al ministro de Economía Richard Martínez que necesitábamos que trajera todos los contratos petroleros para revisarlos y saber cómo estaban funcionando las empresas públicas, bajo qué términos llegaron los acuerdos con el FMI, qué busca el Fondo, dijimos que queremos discutir también el tema de la deuda externa con China. Nos dijo que eso lo podíamos discutir después. En este contexto la Conaie convocó y abrió el abanico para que llegaran todos los sectores sociales e instaló el Parlamento de los pueblos, nacionalidades y organizaciones sociales, con casi 200 organizaciones del país con las que discutimos la parte económica, política y social-ambiental. Debemos discutir qué vamos a hacer. Hablar sobre el extractivismo, sobre las inversiones internacionales. Definimos una propuesta del pueblo ecuatoriano y el gobierno debe cumplirla. No debe ser una propuesta del indígena, no de un sector, sino del pueblo ecuatoriano. Y así estamos, eso estamos construyendo en este momento. Eso es lo que habla el parlamento de pueblos, nacionalidades y organizaciones. Están los estudiantes, los académicos, nuestros científicos, todos.

–¿Cuál es la postura electoral de la Conaie?

–Estamos pensando en una posición electoral. No puedo decir nada oficialmente, pero ese es el camino. Cuando te proyectas a ese nivel tienes que empezar desde abajo, y para eso tenemos que construir una plataforma de unidad, de acuerdos, de todo. No sería impensable un candidato de la Conaie para la presidencia. Cuando salgo la gente a veces me saluda llamándome el próximo presidente de la República, lo mismo le sucede a Leonidas Iza. Lo dice el pueblo.

–Un presidente indígena parece que no es garantía de nada...

–El presidente puede llegar a ser indígena, puede ser cholo, puede ser afro, puede ser hombre o mujer, un campesino, una maestra, un abogado, pero que sea presidente del pueblo. Ser indígena no garantiza exactamente ser bueno, es cierto.

–Hay ejemplo ya en otros países...

–Bueno, no puedo hablar de Bolivia, pero están ahí las cosas. Puede ser un indígena que sea más derechista que cualquiera, pero todo depende de cómo actúen.

–¿Y tampoco se garantiza el plurinacionalismo?

–Ser indígena tampoco garantizaría el plurinacionalismo, eso se debe construir entendiéndonos, participando, debatiendo. El gobierno no puede construir solito un Estado plurinacional. Sin indígenas, no se puede construir, sin mestizos tampoco. Si el policía se pone una whipala ya dicen que es plurinacional, pero eso no es. El Estado plurinacional es garantizar derechos, tomar decisiones, hablar de libertades, de autonomía, de verdadera justicia social donde la gente viva feliz. Pero para llegar a eso hay que hacer un trabajo duro y complicado.

–Pero a la derecha no le va a gustar…

–Nuestros militares y policías se han hecho robocops, pero esperemos que no se transformen en Power Rangers. Nosotros los pueblos y las nacionalidades estamos también organizados, estamos viviendo en nuestros territorios. No estamos armados, estamos decididos a defender el territorio, la patria, la soberanía nacional, a hablar de derechos humanos, de libertades. El Estado invierte casi dos mil millones de dólares anuales para sostener a la policía y las fuerzas armadas.

¿Qué beneficio sacamos? El Estado tiene miedo. ¿Por qué están armándose? ¿Es guerra con quién? Con el pueblo. Así no se construye ni se hace un buen gobierno, eso no significa ser un gobierno de todos. Habrá que dialogar y reclamar nuestros derechos, pero parados. Yo no tengo miedo al gobierno, pero sí algo puedo temer a la derecha, porque son terribles. Hemos recibido amenazas. Anteayer dejaron un mensaje en el departamento en Puyo y sólo pensé, “está bien, si creen que matando o amenazando a un dirigente indígena van a sacar algo es mejor, pero es encender, es explotar”.

–¿Coincide con que es tiempo de los indígenas y de las mujeres?

–Es tiempo de la juventud, de los pueblos indígenas en América Latina y del mundo. Es el momento. Tenemos toda la capacidad de decidir y de demostrar que hay una posibilidad. Es tiempo de las mujeres también. Hay grandes lideresas.

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La protesta contra la reforma de las pensiones en Francia da síntomas de erosión

Nueva jornada de manifestaciones en Francia mientras el Gobierno negocia con los sindicatos moderados

La oposición frontal a la reforma de las pensiones de Emmanuel Macron se erosiona levemente, aunque resiste y está lejos de plegar velas. Tras la cuarta jornada de manifestaciones nacionales en poco más de un mes, ayer, se prepara la quinta para mañana. El Gobierno francés confía en que la pérdida paulatina de apoyos a la protesta, la división de los sindicatos, la concesiones en la negociación y la política de los hechos consumados le permitan imponer una reforma central en el programa del presidente de la República.

Las más de 200 manifestaciones convocadas ayer en toda Francia sirvieron para medir la capacidad de resistencia de un movimiento que, pese a la erosión del tiempo y a su carácter numéricamente minoritario, goza aún de una amplia simpatía popular. También mantiene la capacidad para perturbar la vida cotidiana de los franceses que viven en áreas metropolitanas como la de París y dependen del metro o el tren de cercanías para desplazarse al trabajo.

Las cifras oficiales reflejan un descenso de participantes en la manifestación de ayer respecto de la anterior, el 17 de diciembre. Ese día salieron a la calle, en todo Francia, 615.000 manifestantes, según el Ministerio del Interior. En la jornada de ayer fueron 452.000. Las cifras que da el sindicato CGT suelen multiplicar por dos o por tres la oficial, pero es significativo que, respecto a la marcha en París, la cifra oficial coincida —incluso es superior— a la del centro independiente Occurrence: 56.000 el primero; 44.000 el segundo.

Más allá de la batalla de cifras, la tendencia señala una bajada lenta del poder de convocatoria sindical, pero insuficiente en todo caso para desinflar el movimiento. Al mismo tiempo, la tendencia descendente indica las dificultades de la protesta para sumar nuevos apoyos y transformarse en un movimiento masivo. Macron y su primer ministro, Édouard Philippe, creen que esto les concede una ventaja clara respecto a las huelgas de 1995, que acabaron forzando al Gobierno a una retirada de una reforma similar.

Un 47% de franceses tiene una opinión positiva del movimiento antirreforma y un 35%, negativa, según un sondeo del instituto Ifop. El apoyo es considerable, pero inferior al de otras movilizaciones similares del pasado, como la de 1995 o la de 2010.

Los sindicatos están divididos. En las manifestaciones no participó el reformista CFDT, el primero de Francia. Al contrario que la CGT, principal organización contraria a la reforma, la CFDT no pide la retirada completa de la reforma. Apoya la idea básica —fusionar en uno solo los 42 regímenes de pensiones actuales e instaurar un nuevo sistema de cálculo— pero discrepa de otro punto clave: los 64 años como edad para cobrar la jubilación plena (la edad legal de retiro es ahora de 62 años).

El Gobierno ha hecho varias concesiones que permitirán a algunos sectores profesionales largos periodos de transición hacia el nuevo sistema, pero el punto donde todo encalla son los 64 años. A iniciativa de la CFDT, el Gobierno ha convocado para hoy una reunión con vistas a la celebración de una conferencia sobre la financiación de las pensiones. Esto permitiría desgajar, como desea la CFDT, las dos patas de la reforma. Por un lado, el cambio sistémico de 42 regímenes a uno. Por el otro, la búsqueda del equilibrio financiero que obligaría a prolongar la edad de jubilación, a aumentar las cotizaciones o a rebajar las pensiones.

Un acuerdo del primer ministro Philippe, con el líder de la CFDT, Laurent Berger, dejaría sin responder a la exigencia de la CGT y los sindicatos que quieren la retirada del proyecto, pero permitía desatascar el pulso. El Consejo de Ministros prevé examinar la ley el 24 de enero y presentarla a la Asamblea Nacional a partir del 17 de febrero para que se apruebe definitivamente antes del verano.

Por MARC BASSETS

París 9 ENE 2020 - 14:42 COT

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Lunes, 30 Diciembre 2019 09:35

Neoliberalismo, ¿tercera fase?

Neoliberalismo, ¿tercera fase?
 Publicamos una selección de los artículos más leídos durante el 2019. Fueron seleccionados de los periódicos desdeabajo ediciones 253-264 y Le Monde diplomatique, edición Colombia ediciones 185-196.

 Es una dinámica conocida: la caída de la tasa de ganancia y la necesidad de incrementar la explotación de la fuerza de trabajo impulsan al capitalismo a tres tipos de disputas: 1) pugnas entre países por mayores porcentajes en el comercio global y saqueos de las economías periféricas, contradicción que en repetidas ocasiones se salda con guerras diferidas o directas; 2) implementación de reformas en la mayor cantidad de países posibles, con el propósito de esquilmar los ingresos directos e indirectos de quienes generan la riqueza social, acción que provoca la reacción/defensa de los afectados como exigencia de respeto a sus derechos históricos y, en lo posible, mejoras en sus condiciones de vida; en ocasiones, demanda de cambio total de las reglas de juego –otro sistema social–, pero no siempre es así; 3) brutales ajustes económicos que implican reducir el gasto público social, las importaciones, y la demanda interna de bienes de la canasta familiar para cubrir la brecha de pagos de la deuda externa y honrar sus deudas reprogramadas con el capital financiero transnacional.


Vivimos estos escenarios en los meses y días que pasan. Entre ellos, por un lado y como parte de la geopolítica global, las potencias dirimen tal disputa en territorios ajenos y a través de terceros países –Arabia Saudita vs. Irán, con Yemen como país afectado; Estados Unidos vs. Rusia, con una confluencia de otras fuerzas que implican a Turquía, Israel, Iraq, Irán, Isis, con Siria como país afectado y telón de fondo; Estados Unidos vs. China, en una conocida disputa comercial que antecede la posible confrontación global de próximas décadas. En nuestra subregión, sin ascender aún a lo bélico, la contienda compromete a los Estados Unidos y sus aliados regionales (Colombia, Chile, Perú, Argentina, Brasil y otros) en contra de Venezuela, Bolivia y, más allá de la subregión, Nicaragua y Cuba, y en el trasfondo Rusia y China.

Como es típico de los Estados, con preeminencia de los imperios, en estas disputas, en cualquiera de las formas que asuman, defienden de manera prioritaria a sus multinacionales, consiguiendo para ellas beneficios de todo tipo, además de propiciarles mano de obra abundante, especializada y por pagar con salarios mucho más bajos que los cancelados en la metrópoli.

Es una disputa, una contradicción latente y permanente que nos recuerda que ‘mercado libre’ y guerra van de la mano, y que los cañones son precisamente la otra materialización de la ‘diplomacia’, los martillos que derrumban muros e imponen las lógicas del poder, de manera tal que todo aquello que el capital no logra someter a través de leyes, endeudamiento, amenazas, bloqueos, condicionantes y similares, su violencia, legitimada por distintos conductos, lo impone, así sea destruyendo el país objeto de sus cañones, cuya reconstrucción será el conducto para imponer los mandatos del capital.

Por otro lado, lo vivimos actualmente en el sur de nuestro continente, donde los detentadores del capital avanzaron en los últimos años usurpando las condiciones de vida digna de amplios sectores sociales, así como de sus derechos políticos –Chile– y en otros –Ecuador–, pretendiendo arrinconar a la sociedad para despojarla de buena parte de sus conquistas históricas.

El de Suramérica es un escenario ya sufrido por amplios sectores sociales, en tanto que en décadas recientes ya les habían arrebatado, tanto en los países relacionados como en todos los que integran el mapa de esta subregión del mundo, parte de sus conquistas laborales, económicas y políticas, a través de lo que se conoce como reformas neoliberales de primera y segunda generación. Pero ahora, ante la prolongada caída de la tasa de ganancia y el cambiante cuadro geopolítico global, vuelven por las mismas.

Como efecto de las aludidas reformas, en los años 80 del anterior siglo, en una primera ofensiva del capital sobre el trabajo, parte de los activos públicos sufrieron su privatización y el comercio perdió controles de Estado hasta ser liberalizado en su totalidad. El mercado laboral empezó su flexibilización, iniciando la contratación indirecta de mano obra, legalizando las empresas de intermediación y contratación laboral, zafando al patrón de la contratación directa, y abriendo de esta manera las puertas para quebrar el salario y la estabilidad laboral. La ofensiva contra los sindicatos y la sindicalización encontró acá también un espacio: una agresiva política laboral y económica sobre la cual volverán.

En los años 90 de igual centuria, impusieron la segunda ofensiva, precedida y presionada asimismo por el Consenso de Washington (1), con la cual van mucho más allá, en la medida en que las reformas con afectaciones particulares ya no son el propósito sino que en el centro de la misma entró como prioridad la reforma del conjunto del Estado, legalizándose la ofensiva neoliberal a través de las cartas constitucionales de los países objeto de esta ofensiva. Es así como toda la administración pública es adecuada para que el capital opere y pueda fluir sin obstáculo alguno, hasta el punto de que todo le es permitido, para lo cual la administración pública se ajusta a sus demandas y con ella la administración de justicia, aparato adecuado para proteger en forma integral los intereses de las minorías.

Entre una y otra reforma, como resultado del dominio del capital financiero en el nivel global, la financiarización entra a reglar la economía y los intercambios sociales. De este modo, la globalización, por este y otros conductos, impone sus dominios, lógicas e intereses, recordando la máxima de Henry Kissinger, secretario de Estado en la era Nixon: “Controla el petróleo y controlarás a las naciones; controla los alimentos y controlarás a la gente; controla el sistema financiero y controlaras el mundo”.
La concreción de estas reformas no fue impune, ya que en diversos países se sucedieron resistencias sociales como el famoso caracazo, el alzamiento zapatista en contra del Tclan, que, como todos los tratados comerciales de estas dé, aplican como punta de lanza para obligar a la apertura neoliberal, la crisis de Argentina de los años 2000, así como los alzamientos sociales que dieron cuenta de tres presidentes en Ecuador. Y mientras todo ello sucedía, antes, en medio y después, la intervención de organismos multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, bajo la égida de Estados Unidos, hegemónico en ese momento en el panorama global.

Para el caso de Colombia, que en 1991 ajustó su Carta Magna a tales postulados, la crisis económica de 1999 fue ocasión para someter al Estado y la sociedad toda a la dinámica neoliberal, para lo cual la conjunción, con todo el instrumental guerrero –legal e ilegal–, fue el conducto para contener cualquier inconformidad social. Una particularidad continental necesaria de resaltar, adjunta al efecto del narcotráfico como un producto de exportación y colchón económico, además de somnífero cultural y atomizador social.

Estos factores, los culturales, con amplios efectos sociales, son la otra variable neoliberal que permeó a las sociedades, sometidas a una ofensiva consumista como vehículo para estimular la producción de los grandes y medianos grupos económicos, de cuya mano se eleva la tasa de ganancia que dinamiza al capitalismo. Indicadores en el PIB de las potencias de ciento y más por ciento llegó a ser su reflejo, con la excepción de China, siempre muy por encima de tal indicador. Se trata de un crecimiento que revienta en 2007 con la burbuja inmobiliaria y la posterior crisis económica y financiera que desata, de la cual el capitalismo no logra todavía recuperarse totalmente.

Precisamente, como una de las variables que buscan dar cuenta de tal realidad, el actual gobierno de los Estados Unidos, aferrado a un nacionalismo proteccionista que desdice parcialmente de la globalización pero no así del neoliberalismo, desata la guerra comercial en curso, con China como con otros países, a la par de lo cual el cuadro territorial del Sistema Mundo Capitalista va adquiriendo inéditas coordenadas: unos mercados pasan a manos de nuevos intereses, otros entran en disputa y algunos más quedan compartidos, todo ello en medio de tensiones que por momentos hacen tambalear el tablero global.

Es esta una realidad cambiante que por ratos parece indicar que el neoliberalismo está quebrado, pero es sólo la impresión, ya que sus manifestaciones sociales y culturales más profundas no han sufrido resquebrajamiento alguno, como tampoco el mercado global. Además, ni la financiarización ni los ataques contra el mundo del trabajo dejan de sucederse, al igual que otras manifestaciones típicas de esta forma y dinamizador económico y político, con expresiones de gobierno claramente identificables.

Realidad comprobable en el reciente paquetazo que intentaron imponer en Ecuador (ver, “Ecuador, las razones de la rebelión de octubre”, pág. 10), para el cual el conocido argumento del déficit fiscal regresa como excusa para imponer políticas privatizadoras y para la reducción del rol del Estado, para justificar más impuestos para los asalariados y menos para los más ricos, así como “necesaria” flexibilización laboral y menos control a la circulación de divisas, entre otros objetivos pretendidos.
Esto en Ecuador. Pero 22 meses atrás –diciembre de 2017–, ya habían logrado reformar las pensiones en Argentina, pese a la resistencia de sus fuerzas sindicales (2), propósito que también lograron concretar en Brasil (3) y que asimismo buscan implementar en Colombia, donde la sociedad ya está avisada del trámite futuro de más flexibilidad laboral, a la par de transformar el sector de las pensiones, para beneficio del sector financiero y empresarial en general. Tales reformas les aseguran a las oligarquías de esta parte del mundo los recursos suficientes para cumplir con el pago de la deuda pública, según las exigencias del cancerbero del sistema capitalista, el Fondo Monetario Internacional.

Una vez más, tales reformas repiten experiencias ya vividas: apertura económica y laboral, desmonte de subsidios, incremento de tarifas de servicios públicos, privatización de los pocos bienes que continúan en manos públicas, todo para que el capital gane más, medidas estas argumentadas desde la promesa nunca cumplida de crear más empleo, reducir los niveles de amplia desigualdad social que registran estas sociedades y otros decires similares aireados por la mass media oficiosa, promesas que el viento se lleva.

En esta ocasión, la nueva ofensiva va de la mano de la banca multilateral, de organizaciones tipo Ocde, así como de instancias de coordinación y convivencia entre países, como la OEA, en un intento asimismo por recuperar recursos naturales, dominio territorial y mercados como Venezuela, Bolivia, Cuba y otros, a fin de asegurar el dominio de Estados Unidos.

La dificultad que encuentran estos organismos e instancias regionales y globales para aplicar sus mandatos es que todo su recetario ya es conocido, y que sus efectos han sido perversos al ahondar las tasas de desigualdad conocidas por estas sociedades, así como acrecentar su deuda externa, a la par de acostumbrarlas a vivir con el desempleo como problema estructural.

En estas condiciones, no es casual la insubordinación social que conmocionó a Ecuador a lo largo de la primera quincena de octubre. Tampoco lo es la mayúscula movilización social que conmociona a Chile, respuesta creciente y solidaria de un pueblo que por más de treinta años ha padecido el neoliberalismo, y con éste la privatización de los derechos humanos: salud, educación, pensiones, transporte, etcétera, a la par del dominio de un disciplinamiento social solamente útil para el capital.

Insubordinación con logros específicos que permiten asegurar que el capital sufre en esta parte del mundo una derrota parcial. Pero es necesario recordar que el neoliberalismo es flexible, que no tiene un solo cuerpo y que sabe esperar. Por ahora, guardará la cabeza en algunos de los países de la región, mientras en otros actuará, dependiendo de la correlación de fuerzas. Como sea, más tarde o más temprano, regresará tras su pretendida recuperación de la tasa de ganancia a costa de quienes viven de su fuerza de trabajo, y que únicamente podrá ser derrotado si encuentra en toda la región, y más allá de ésta, un modelo social, económico y político, una propuesta de Estado integral, humanista, basada en la solidaridad y la defensa del bien común, con un modelo de vida que armonice a la humanidad con la naturaleza, que lo confronte y logre ganar el apoyo de los cuerpos sociales.


Hace dos o tres décadas, la sociedad desconfiaba de tal posibilidad. Hoy, producto de la cuarta revolución industrial en marcha y la gigantesca masa de información potenciada por la misma, reconoce que sí son posibles la justicia, la democracia integral y la concreción plena de la Carta de Derechos Humanos, y con ello la materialización de vida digna como precepto elemental de cualquier sociedad, todo ello, como es evidente, antípoda del neoliberalismo. La lucha de clases está de vuelta.

 

1. Con ese nombre se conoció el cambio de paradigma cuyo origen está ligado a la crisis de la deuda de 1982. Los países de Latinoamérica habían estado viviendo de dinero prestado desde mediados de los años 70, los años en que vivió más allá de sus posibilidades. Finalmente le pasaron la cuenta de cobro a la región con gran severidad. El viejo modelo de intervención estatal y proteccionismo había llevado a distorsiones económicas de escala patológica. Pero el remedio, el neoliberalismo, fue peor que la enfermedad.
2. https://www.elmundo.es/internacional/2017/12/19/5a38f493268e3e3e718b4632.html.
3. https://www.france24.com/es/20191023-brasil-senado-reforma-pensional-bolsonaro.

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Domingo, 29 Diciembre 2019 06:07

Huelga de transporte y chalecos amarillos

Huelga de transporte y chalecos amarillos

Miles de personas marcharon en París

 

Convocados por los chalecos amarillos y sindicatos de transporte los manifestantes ignoraron la tregua navideña pedida por el gobierno. Exigen que el gobierno de Emmanuel Macron dé marcha atrás con su polémica reforma previsional.

Miles de personas marcharon en París convocados por los chalecos amarillos y sindicatos de transporte. Exigen que el gobierno de Emmanuel Macron dé marcha atrás con su polémica reforma previsional . Los manifestantes ignoraron el pedido de tregua navideña solicitado por el Ejecutivo y se volcaron a las calles de la capital francesa. De esta manera la huelga de transporte llegó a los 24 días y podría convertirse en las más importante de la historia de Francia. 

La convocatoria del sábado contó con la particularidad de reunir dos grupos, que no siempre estuvieron en sintonía: los sindicatos más radicales encabezados por la Central General de los Trabajadores (CGT); y el movimiento ciudadano variopinto de los denominados chalecos amarillos, que se originó hace poco más de un año en rechazo a las políticas del gobierno y al sistema burocrático y sindical.

Unos 300 seguidores de los "chalecos amarillos" se concentraron antes de la movilización en la plaza de la Bolsa de París. Allí estuvo Jérôme Rodrigues uno de los fundadores del movimiento, quien hizo una crítica a la propuesta de reforma de las pensiones. Desde allí, caminaron por las calles de París hasta la Estación del Norte, para unirse a la marcha convocada por los sindicatos.

Llevaron pancartas y banderas con lemas como "edad límite, edad tumba", en referencia a la "edad de equilibrio" de jubilación que el gobierno quiere fijar en 64 años para 2027. "¡Huelga, bloqueo, Macron andate!”, fue una de las consignas que corearon los manifestantes. "Pensar en la jubilación es complicado para muchos de nosotros pues ya es difícil llegar a fin de mes, en cambio, en el fondo, es el mismo combate", declaró un chaleco amarillo. El proyecto de reforma jubilatoria también pretende reemplazar los 42 regímenes jubilatorios especiales por un sistema único y universal. Si bien la marcha se desarrolló sin mayores incidentes, hubo algunos choques entre manifestantes encapuchados y miembros de las fuerzas de seguridad. Según cifras de la Policía de París, 4.500 personas participaron de la convocatoria, entre ellos 800 chalecos amarillos.

Desde las organizaciones obreras subrayaron la tenacidad de los trabajadores para sostener la lucha. "Si el gobierno contaba con una tregua por navidades, debe de estar muy decepcionado, porque la movilización sigue aquí", manifestó el líder de la CGT, Philippe Martinez. El principal sindicato de maquinistas de la compañía estatal ferroviaria (SNCF) llamó a manifestar en varias ciudades de Francia. A él se adhirieron los sindicatos del sistema metropolitano de París.

Para los viajeros, la situación era complicada: de media circulan hasta el domingo por la noche 6 de cada 10 trenes de alta velocidad. A partir del primero de enero la frecuencia será aún menor. En París, seis líneas de metro, de un total de 16, estaban cerradas el sábado. Siguiendo esta metodología en 1995 las centrales de trabajadores pararon 22 días. En ese momento lograron que se de marcha atrás a la reforma previsional del entonces primer ministro conservador Alain Juppé. Se espera que logren superar los 28 días de paro que entre 1986 y 1987 llevó adelante la SNCF, también en época navideña. Especialmente porque la reanudación del diálogo entre el gobierno y las organizaciones sindicales y patronales está prevista para el 7 de enero.

Desde el gobierno, se intenta profundizar la división existente entre las centrales obreras reformistas, más dispuestas a encontrar un acuerdo, y las que parten de posiciones maximalistas y rechazan cualquier compromiso. "La CGT practica una forma de sindicalismo que rechaza cualquier reforma. Pero hay otras formas de sindicalismo, con la CFDT o la UNSA, que es más constructivo que el de la oposición sistemática", dijo el secretario de Estado de Transporte, Jean Baptiste Djebbari.

El Ejecutivo espera que la larga duración del paro y el desacuerdo sindical puedan erosionar el movimiento. Sin embargo, los manifestantes se mostraron con la misma determinación que el 5 de diciembre, cuando comenzó la movilización. El martes 31 de diciembre, Macron dará su tradicional discurso de fin de año a los franceses. Se espera que aborde la crisis social generada por el proyecto de reforma jubilatoria, una de las más graves de su mandato.

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Raúl Zibechi: El modelo extractivista como causa del contexto latinoamericano actual

Frente al golpe de Estado en Bolivia y la crisis social, económica y política que gobierna en varios países de Latinoamérica, el periodista uruguayo Raúl Zibechi, entrevistado por Enredando las mañanas, hace foco en el extractivismo como causa fundamental de grandes conflictos actuales.

 “Lo que es común a gobiernos conservadores y progresistas es que ambos son neoliberales. Es un modelo económico basado en el despojo de los territorios, en la transformación de la naturaleza en mercancías, para lo cual es necesario desplazar poblaciones, contaminar y llevar a cabo un modelo extractivo de acumulación por despojo (soja, minería a cielo abierto, grandes obras de infraestructura, especulación inmobiliaria urbana). Ese modelo unos lo administran de un modo y otros de otro, pero el modelo es el mismo. Ahora en Argentina por ejemplo, el tema de la soja y el glifosato no entran en discusión con el cambio de gobierno”.

Zibechi afirma que, independientemente de los gobiernos, lo que está estallando en países como Bolivia, Nicaragua, Brasil y Chile es la crisis que genera el modelo extractivista, que genera un fuerte enriquecimiento del 1%, polarización social, una situación de exclusión y empobrecimiento de las mayorías. El resultado: menos posibilidad de gobernabilidad, ya que las condiciones que impone el modelo son insostenibles, muy duras y excluyentes. Como ejemplo pone lo que pasa en Uruguay: “la mitad de los asalariados tiene un ingreso menor a dos salarios mínimos. No alcanza para vivir”

En cuanto al contexto actual boliviano, el periodista remonta sus causas también a hechos referidos al modelo extractivista, partiendo de una crisis del MAS que comienza en el año 2011 cuando se intentó hacer la carretera que pasaba por reservas naturales del país, el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis) territorio indígena. Esta carretera estaba financiada por Brasil para la importación de commodities. “Eso es el modelo extractivo. Ahí comienza la crisis. Ahí se produce un enorme movimiento popular de base indígena para detener la carretera. Y a partir de ahí, los dos grandes movimientos  que habían estado involucrados en esa marcha son perseguidos por el gobierno del MAS”. Eso lo suma a algunos desaciertos posteriores del gobierno de Evo Morales, como el haber desoído el referendo de 2016 que proponía su reelección, habiendo modificado órganos del contralor para poder presentarse.

En 2013 Raúl Zibechi había hablado del fin del ciclo progresista, teniendo en cuenta que lo que viniera luego no iba a tener gobernabilidad: “Se evaporó la gobernabilidad porque las bases materiales de la gobernabilidad, que fue lo que Maristella Svampa llamó el consenso de las commodities, se terminó porque las guerras comerciales en el mundo después de las crisis de 2008 son muy agudas, particularmente entre China y Estados Unidos, y porque en la región latinoamericana, la fuerza que han adquirido los movimientos populares hacen que no sean aplicables paquetes de ajuste por parte de ningún gobierno”.

De este modo, el periodista y pensador uruguayo explicó para Enredando las Mañanas cómo la profundización del modelo extractivo está en el trasfondo de la crisis del MAS en Bolivia, y de otros conflictos latinoamericanos actuales.

28 diciembre 2019 

Publicado originalmente en RNMA

Publicado enSociedad
Chile decidirá el futuro de su Constitución el 26 de abril en un referéndum 

El presidente del país, Sebastián Piñera, ha convocado el plebiscito tras las protestas sociales que reclamaban una solución a la desigualdad desde el pasado octubre. La votación planteará dos opciones: deshacerse definitivamente del texto normativo vigente desde la dictadura de Pinochet y redactar uno nuevo o una nueva reforma del mismo. 

 

La incansable lucha social de los chilenos por un cambio en su Constitución finalmente ha dado sus frutos. Después de llenar las calles de protestas desde el pasado 18 de octubre, el presidente del país, Sebastián Piñera, ha escuchado sus reclamas y ha convocado un referéndum en el que los ciudadanos podrán decidir sobre el futuro de su principal texto normativo. 

El plebiscito presentará dos opciones: o bien redactar una nueva Constitución o bien reformar la actual, vigente desde el año 1980 y creada durante la dictadura de Augusto Pinochet. La votación ha sido finalmente confirmada por Piñera este viernes con la firma de un decreto en el Palacio de la Moneda, sede del Ejecutivo.

"No es una elección cualquiera, porque con esta acción democrática y republicana vamos a tener que optar entre dos alternativas, las dos igualmente legítimas y democráticas", ha explicado Piñera.

La redacción de una nueva Carta Magna es uno de los principales clamores del estallido social, que deja al menos 24 fallecidos, ya que es considerada por la ciudadanía como el principal origen de las desigualdades en el país. En la Constitución actual, que ha sido reformada decenas de veces, se le concedió al Estado un papel "subsidiario" (secundario) en la provisión y administración de los recursos básicos, lo que favoreció su privatización.

En el caso de que los chilenos elijan redactar una nueva Constitución, también tendrán que votar qué procedimiento se elige para ello: una convención mixta de parlamentarios y ciudadanos o una asamblea de personas escogidas únicamente para ese fin.

"Nos va a permitir que los chilenos podamos decidir los caminos del futuro. Los chilenos vamos a tener la primera palabra en escoger qué camino queremos seguir y qué mecanismos queremos adoptar", señaló el mandatario.

Los plazos para una nueva Constitución

Si el plebiscito es aprobado, la elección de los constituyentes se realizará en octubre, coincidiendo con las elecciones regionales y municipales, y la nueva Constitución –que debe redactarse en un máximo de un año– se ratificará en otro plebiscito, este con voto obligatorio.

Este proceso constitucional se acordó en noviembre entre casi todas las fuerzas políticas del Parlamento chileno –a excepción del Partido Comunista– después de que la ciudadanía pidiera en las calles de todo el país una nueva Carta Magna desde el pasado 18 de octubre.

27/12/2019 17:36 Actualizado: 27/12/2019 17:36

PÚBLICO / EFE

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Francia: no habrá tregua navideña en la pugna por la reforma de pensiones 

Se cumplen 20 días de huelga; recién el 7 de enero habrá una nueva ronda de consultas

El país se puso al hombro la huelga en los transportes contra la reforma del sistema de pensiones y se adaptó a las múltiples perturbaciones que salen al paso en estas fiestas.

 

Las convicciones sociales requieren sacrificios. Francia se puso al hombro la huelga en los transportes contra la reforma del sistema de pensiones y se adaptó a las múltiples perturbaciones que salen al paso en estas fiestas navideñas. Siete líneas del Métro parisino cerradas, trenes que no saldrán, autobuses con cuenta gotas y una infinita fila de personas que caminan por la calle con sus valijas intentando subirse a algo que los lleve junto a sus familias. 

Papá Noel llegará tarde este año al arbolito de Navidad, a menos que sea huelguista y no venga. No se percibe malhumor, tal vez alguna que otra impaciencia. El presidente francés, Emmanuel Macron, dejó una suerte de regalo de Navidad cuando anunció que renunciaba a la pensión vitalicia de 6. 220 euros que le corresponde una vez que deje la presidencia. El gesto suscitó un aluvión de bromas y no movió la determinación de los sindicatos. No habrá tregua navideña en la pugna por la reforma que tiene a Francia caminando desde el pasado 5 de diciembre. 

Bajo el atractivo retórico de una reforma que debía desembocar en una “jubilación universal por puntos” para terminar con los 42 regímenes jubilatorios en curso se escondían algunos huecos que ponían en tela de juicio los derechos del conjunto de los futuros jubilados. Quienes se beneficiaban con los regímenes especiales fueron los primeros en oponerse a las transformaciones. En muchos casos, por ejemplo, los ferroviarios tienen la posibilidad de jubilarse a los 52 años. Ello explica por qué la huelga es más persistente en ese sector. Sin embargo, la gente entendió enseguida que el deterioro de la jubilación era más global, tanto por la ambigüedad en torno al valor del punto como por la perspectiva evidente de que la edad de la jubilación pasaría de los 62 a los 64 años.

Desde entonces, no es la lucha final sino la lucha sin final. La unión sindical se fisuró un poco con el retiro de uno los sindicatos del sector ferroviario, pero el núcleo más duro compuesto por la CGT, la CFDT y FO mantiene su confrontación con el gobierno. La huelga va perdiendo respaldos con el paso de las semanas (menos 5 puntos con relación al 5 de diciembre) pero no ha creado todavía un frente de hartazgo masivo. Con la renuncia a su pensión vitalicia, Macron quería dar un “ejemplo de coherencia” e igualdad. Los dos principios ya venían empañados, y no por él jefe del Estado sino por quien, hasta hace unos días, ocupaba el puesto de Alto Comisionado para la jubilación. Jean-Paul Delevoye se vio obligado a dimitir a raíz de un conflicto de intereses entre sus funciones y sus actividades privadas no declaradas. 

El ejemplo resultó un contra ejemplo. Este martes 24 de diciembre se cumplen 20 días de huelga. La cifra es tanto más expresiva cuanto que está muy cerca de superar los 22 días de huelga del invierno de 1995, cuando una reforma de las pensiones de corte liberal levantó a la sociedad francesa y forzó a la renuncia a quien la había promovido, el ex primer ministro Alain Juppé. Ni la comunicación gubernamental, ni la reunión con los sindicatos ni las incomodidades de la ausencia de transportes lograron que se decretara una tregua. Recién el 7 de enero de 2020 habrá una nueva ronda de consultas. Los sindicatos llamaron a otra jornada de movilización el 9 de enero. Ello muestra que habrá que seguir caminando. Los sindicatos han emprendido decenas de acciones para acercarse a los usurarios enojados y “mantener viva la llama de la protesta”. Conciertos en las estaciones de trenes, manifestaciones, distribución de comida en las estaciones y algunas acciones “puñetazo” como la ocupación de estaciones del Métro que recorren París sin conductor (automatizadas como la número 1).

Toda la sociedad se reciente: el turismo ha menguado, la gente necesita horas para llegar al trabajo y volver y el comercio, desde luego, también se ve afectado. Pese a ello, nadie que camine por París podría creer que en este mismo momento hay una doble crisis: una con respecto a la reforma, y otra de confianza ante un Ejecutivo que es mirado con recelo. Reina una suerte de activismo silencioso, casi inexpresivo, pero no por ello menos real. El escritor y documentalista Sylvain Tesson, adepto al rooftopper (caminar por los techos de París) y apodado “el príncipe de los gatos”, dijo hace unos días que Francia “es un paraíso poblado de gente que se cree en el infierno”. La frase apunta contra ese ingrediente de la identidad social francesa que huele a conflicto, manifestaciones, huelgas, movimientos sociales y una sensación permanente de malestar. 

Muchísimos turistas se preguntan “por qué los franceses protestan tanto si lo tienen todo: una de las mejores protecciones sociales del planeta, índices de pobreza bajísimos, unos vino de sabores de ensueño, una cocina delicada, paisajes que parecen pinturas, una capital extraordinaria y una cultura potente y tractiva”. Tal vez por eso protesten: para que su paraíso no se vuelva un infierno.

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