Fuentes: El tábano economista

Lo que ocurre en Las Vegas se queda en Las Vegas. Lo que ocurre las redes sociales se queda (CIA) y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA)

Vendedor de casa, presentador de reality show, defensor de las libertades individuales y los derechos de los consumidores, de un día para el otro pasó a ser un obcecado regulador y querellante de las grandes empresas tecnológicas. La metamorfosis y los zigzagueos del expresidente Trump tienen apariencia peculiar, pero como veremos no son inocentes.

Después del ataque del 6 de enero al Capitolio de los Estados Unidos por parte de alborotadores empeñados en evitar que el Congreso certificara la victoria electoral del presidente Biden, todas las principales plataformas sociales, Facebook, Twitter, YouTube, Instagram, desconectaron las cuentas del presidente Donald Trump. Las empresas citaron reglas internas sobre el uso indebido de sus plataformas para difundir información errónea e incitar a la violencia.

Las grandes tecnológicas actuaron como la computadora Multivac del cuento de Isaac Asimov “sufragio universal” (año 1955). El autor supuso para un lejano futuro en el momento de escribir el cuento, el sufragio universal en el que toda la población expresa su voluntad a través del voto, habría dado lugar a otro mecanismo en el cual el presidente sería elegido por un único elector en representación de todo el país. Este votante será elegido por una gran computadora llamada Multivac, un gran engaño de simulación democrática, al igual que las tecnológicas, ellas son las elegidas para censurar a un usuario en el nombre del país.

Dadas ciertas características, que veremos más adelante, las redes sociales se atribuyen la acción estatal de restringir el discurso de una persona, rol que extrañamente podrían ejecutar los privados por carecer del poder de policía para efectuarlo. Lo cierto es que, no sólo lo hicieron con el presidente de la mayor potencia mundial, sino que distrajeron la atención entre dos temas centrales. La capacidad monopólica de sus empresas por un lado y por otro su anhelo de autorregulación de publicaciones en sus redes, lo que la Corte Suprema americana llamo “La plaza pública moderna”, donde los oradores tienen derecho a exigir acceso a sus plataformas del mismo modo que tienen derecho a participar de debates en plaza pública. 

Comencemos con lo más oculto, la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones. Esta permite a los operadores de sitios web elegir quién y qué aparece en sus páginas sin temor a ser responsables. En la Ley de Decencia en las Comunicaciones del año 1996 se encuentra una de las herramientas más valiosas para proteger la libertad de expresión y la innovación en Internet: la Sección 230 dice “Ningún proveedor o usuario de un servicio informático interactivo será tratado como el editor o el relator de cualquier información proporcionada por otro proveedor de contenido de información” En otras palabras, los intermediarios en línea que alojan o vuelven a publicar discursos, están protegidos contra una serie de leyes que, de otro modo, podrían utilizarse para responsabilizarlos legalmente de lo que otros dicen y hacen.

Este marco legal y de políticas ha permitido que los usuarios de YouTube o cualquier plataforma carguen sus propios videos, Amazon ofrecen innumerables reseñas de usuarios, Facebook y Twitter albergar anuncios clasificados, gratis o pagos, para cientos de millones de usuarios de Internet. Dado el gran tamaño de los sitios web generados por los usuarios, Facebook tiene más de mil millones de usuarios, Twitter 340 millones. Los consumidores de YouTube cargan 100 horas de video por minuto, por lo que no sería descabellado que aparecieran contenidos objetables en sus redes sociales. Este sería el discurso ingenuo.

La capacidad de las redes sociales en intervenir en las elecciones, no solo de Estados Unidos, sino de Brexit, Argentina, Brasil etc son conocidas. Los dueños de las redes tenían preferencia en la interna Demócrata, y una de ellas era deshacerse del ala progresista del partido y de Elizabeth Warren en particular, una de las candidatas favoritas allá por octubre del 2019. Ella proponía según una grabación filtrada de una reunión de la empresa publicada por The Vergesegmentar a las grandes empresas tecnológicas. Pero el problema no radicaba sólo en desmembrar los monopolios, sino que la candidata aseguraba que la plataforma le había dado a Trump rienda suelta para mentir “para después pagarle a Facebook enormes sumas de dinero para difundir esas mentiras a los votantes estadounidenses”, haciendo referencia a Fake News y Trolls.

En ese momento Kamala Harris se había retirado de la interna demócrata por tener sólo el 1% de los votos. Cuando fue convocada por Biden los magnates de las Big Tech respiraron tranquilos, Harris mantiene fuertes lazos con Silicon Valley más allá de haber nacido y haberse educado en San Francisco. De su cercanía surgió la idea de un acuerdo. Las tecnológicas apoyarían la campaña de los demócratas y ellos se comprometen a votar porque las empresas se autorregulen y no sea el gobierno quien ponga un marco regulatorio. El desmembramiento como veremos, judicializado a esa altura parece inevitable. Pero la pregunta sigue siendo ¿Por qué es tan importante conformar a los nuevos zares de los mediáticos?

Gran parte del público mundial se informa a través de las redes sociales y por lo tanto las mentiras y el apoyo de los dueños de las redes, puede inclinar la balanza hacia el partido elegido, multiplicando falsedades y eliminando cuentas de otras tendencias por contener información sospechosa, según ellos mismo. El escándalo de Cambridge Analytica, el ceder Google datos a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), entre otras para beneficio de sus propios intereses forma parte del combo información y datos, que de hecho influye en las tendencias y los humores de los votantes.

El periódico NYT a través de un estudio, público el impacto que tuvo la suspensión de las cuentas en las redes sociales del ex presidente Trump. Nos resultará central en esta parte del artículo, para mostrar la fuerza de la gozan las redes sociales y el poder de digitar y modificar tendencias de opinión. Donald Trump antes de la suspensión de sus cuentas tenía: 89 millones de seguidores en Twitter, 35 millones en Facebook y 24 millones en Instagram. Para tener una idea, el programa de política en horario central más visto de la tv América en FoxNews tiene 3 millones de espectadores, es decir, Trump no necesita de los medios convencionales.

Cuando 17 plataformas entre ellas Facebook y Twitter inhabilitaron las cuentas de Donald Trump después del asalto al Capitolio, perdió el acceso directo a sus megáfonos más poderosos. El 4 de junio, Facebook anunció que al expresidente de Estados Unidos no se le permitiría regresar a su servicio hasta por lo menos enero de 2023, con el argumento de que su presencia en las redes representa un riesgo para la seguridad pública.

The New York Times examinó las casi 1600 publicaciones de Trump en redes sociales desde el 1 de septiembre hasta el 8 de enero, el día en que le suspendieron sus cuentas en las plataformas. Rastrearon la interacción de las redes sociales con decenas de declaraciones que escribió en su sitio web personal, en su sitio de recaudación de fondos para la campaña y en los correos electrónicos enviados a una lista de suscriptores.

Antes del veto, una publicación en redes sociales con interacción promedio generaba 501.000 “me gusta” y “compartir”, por lo que publicación al menos se duplicaba. Después del veto, dicha cantidad se desplomó a 36.000.  También se cerraron otras cuentas populares en las redes sociales a menudo tomaban sus mensajes y los publicaban. El hecho es que el presidente desapareció de la escena, ese es el riesgo de la autorregulación, los dueños de las redes pueden optar como Multivac, quien es digno de ser replicado y quien callado.

En cuanto al segundo tema El Subcomité Antimonopolio del Comité Judicial de la Cámara de Representantes publicó el 6 de octubre del 2020 los hallazgos de su investigación de más de 16 meses sobre el estado de la competencia en la economía digital, especialmente los desafíos presentados por el dominio de Apple, Amazon, Google y Facebook y sus prácticas comerciales.

El informe, titulado Investigación de la competencia en el mercado digital: informe y recomendaciones del personal mayoritario, totaliza más de 400 páginas, lo que marca la culminación de una investigación que incluyó siete audiencias del Congreso, la producción de casi 1.3 millones de documentos y comunicaciones internas, presentaciones de 38 expertos en antimonopolio y entrevistas con más de 240 participantes del mercado, ex empleados de las plataformas investigadas y otras personas. Si les interesa está aquí .

“Tal como existen en la actualidad, Apple, Amazon, Google y Facebook poseen cada uno un poder de mercado significativo en grandes sectores de la economía. En los últimos años, cada empresa ha expandido y explotado su poder de mercado de manera anticompetitiva”. “Nuestra investigación no deja lugar a dudas de que existe una clara y apremiante necesidad de que el Congreso y las agencias de aplicación de las leyes antimonopolio tomen medidas que restauren la competencia, mejoren la innovación y protejan nuestra democracia. Este informe describe una hoja de ruta para lograr ese objetivo”.

La lista de recomendaciones incluye:

  • Separaciones estructurales para prohibir que las plataformas operen en líneas de negocio que dependen o interoperan con la plataforma;
  • Prohibir a las plataformas participar en la auto-preferencia;
  • Exigir que las plataformas hagan que sus servicios sean compatibles con las redes de la competencia para permitir la interoperabilidad y la portabilidad de los datos;
  • Obligar a que las plataformas proporcionen el debido proceso antes de tomar medidas contra los participantes del mercado;
  • Establecer un estándar para proscribir adquisiciones estratégicas que reduzcan la competencia;
  • Mejoras a la Ley Clayton, la Ley Sherman y la Ley de la Comisión Federal de Comercio, para alinear estas leyes con los desafíos de la economía digital;
  • Eliminar las cláusulas de arbitraje forzoso anticompetitivas;
  • Fortalecimiento de la Comisión Federal de Comercio (FTC) y la División Antimonopolio del Departamento de Justicia;
  • Y promoviendo una mayor transparencia y democratización de las agencias antimonopolio.

Ambas disputas están relacionadas, tanto el poder monopólico como la autorregulación, pero esta última está más oculta por las consecuencias políticas y de espionaje que acarrea. Nadie sabe bien en que terminarán, pero en varios países de Latinoamérica, aun no regulado la captación de datos, las fake news, pueden producir mucho daño. Recuerden que si al establishment no le gusta a quien votaron, se agitará el fantasma del fraude. Quizás Multivac y las redes puedan digitar quien será el próximo defensor del statu quo según el país que corresponda.   

Por Alejandro Marcó del Pont | 15/07/2021

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Bolsonaro sancionó la ley para privatizar Eletrobras

Es la mayor empresa eléctrica de Latinoamérica

 

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sancionó --con algunos vetos-- la Medida Provisional que reglamenta el proceso de privatización del gigante estatal Eletrobras, la mayor empresa eléctrica de Latinoamérica. De acuerdo con las proyecciones del Gobierno, la primera etapa del proceso de capitalización de la compañía podría estar lista en febrero de 2022.

Según publicó este martes el Diario Oficial de la Unión, entre los vetos del Ejecutivo a la propuesta inicial se incluye el descuento para adquisición del 1 % de las acciones de la empresa por parte de funcionarios dimitidos, la prohibición de extinguir algunas subsidiarias y la obligación del Gobierno para aprovechar durante un año a los servidores públicos despedidos.

Respecto al primer veto, Bolsonaro alegó que reservar el 1 % de acciones con descuento para exempleados "podría causar distorsión en el proceso de precios de nuevos papeles accionarios", mientras que sostuvo que la obligatoriedad de mantener filiales "limita la gestión de las subsidiarias por la nueva empresa y le retira su flexibilidad".

Sobre el veto a la obligación del Gobierno para aprovechar durante un año a los servidores públicos despedidos, el mandatario indicó que esa medida "viola el principio del concurso público --convocatoria abierta al que tienen derecho los ciudadanos para convertirse en servidores-- y aumenta las despensas".

El mes pasado, el Congreso aprobó el modelo de privatización de la estatal, que será la mayor en la historia del país por rendirle al Estado cerca de 100.000 millones de reales (unos 20.000 millones de dólares). Ese modelo prevé una capitalización de la empresa sin la participación del Estado y la posterior venta de las acciones que queden en manos del sector público.

Con esta privatización, remarcó la semana pasada a periodistas extranjeros el ministro de Minas y Energía de Brasil, Bento Albuquerque, Eletrobras podrá invertir hasta 14.000 millones de reales (unos 2.800 millones de dólares) al año.

Actualmente, el Estado brasileño es el propietario del 60 % de las acciones de Eletrobras, la mayor generadora y transmisora eléctrica del país, porcentaje que se reducirá a cerca del 45 % tras la capitalización, por la que la empresa realizará una oferta pública de acciones en bolsa de la que se abstendrá de participar el Estado.

Pese a la venta del control, dicen los medios locales, el proceso le garantiza al Estado brasileño una "acción dorada" de la empresa, que le daría poder de veto en decisiones estratégicas de la compañía.

13 de julio de 2021

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Stiglitz celebra las medidas que promuevan al menos una reducción de los paraísos fiscales. . Imagen: AFP

Aseguró que es una oportunidad para potenciar la equidad

El premio Nobel consideró que la tasa de al menos el 15 por ciento es un gran paso adelante. “Pero el diablo está en los detalles", agregó. 

 

El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz publicó una columna de opinión a favor del impuesto mínimo global a las multinacionales. En el portal Project Syndicate aseguró que es necesario reforzar los esfuerzos para evitar que las grandes corporaciones se aprovechen de grises legales y fiscales para eludir el tributo. La apuesta para poder reducir el rol de los paraísos fiscales e imponer un impuesto mínimo a las grandes multinacionales puede considerarse como una gran oportunidad para potenciar la equidad global.

“Las empresas pueden evitar pagar su parte justa de impuestos al registrar sus ingresos en jurisdicciones de impuestos bajos. En algunos casos, si la ley no les permite pretender que una parte suficiente de sus ingresos se origina en algún paraíso fiscal, han trasladado algunas partes de su negocio a estas jurisdicciones”, aseguró el premio Nobel.

El ex economista jefe del Banco Mundial consideró que un acuerdo para establecer un impuesto mínimo global de al menos el 15 por ciento es un gran paso adelante. “Pero el diablo está en los detalles. El tipo oficial medio actual es considerablemente más alto. Por tanto, es posible, incluso probable, que el mínimo global se convierta en la tasa máxima”, consideró.

Agregó que una iniciativa que comenzó como un intento de obligar a las multinacionales a contribuir con su parte justa de impuestos podría generar ingresos adicionales muy limitados, mucho más bajos que los 240 mil millones de dólares pagados anualmente. Y algunas estimaciones sugieren que los países en desarrollo y los mercados emergentes también verían una pequeña fracción de estos ingresos.

“La prevención de este resultado depende de garantizar una definición amplia y completa de las ganancias corporativas, por ejemplo, una que limite la deducción de los gastos relacionados con los gastos de capital más los intereses y todos los recursos que agregan la empresas para evitar cumplir sus obligaciones. Probablemente sería mejor acordar una contabilidad estándar para que las nuevas técnicas de elusión fiscal no reemplacen a las antiguas”, consideró.

El economista se mostró muy crítico contra las multinacionales y en una segunda columna de opinión en el mismo portal continuó su crítica mencionando que estas empresas no sólo buscan maximizar ganancias sino que alientan prácticas inmorales en sus operaciones fuera de Estados Unidos. “Los peores abusos cometidos hoy por las corporaciones codiciosas se encuentra la esclavitud infantil. Es posible que los amantes del chocolate de todo el mundo no lo sepan, pero algunos de sus placeres culpables pueden haber sido producidos por niños esclavos”, mencionó.

Detalló que Nestlé, Cargill y otras compañías de alimentos que enfrentan tales acusaciones han evitado responder en audiencia pública. Como estas empresas o sus subsidiarias tienen su sede en los Estados Unidos, argumentó que no son responsables de las “fechorías cometidas en la lejana África”.

“Lo hacen sabiendo muy bien que no existe un sistema legal efectivo en los países donde se explota a los niños. Además, incluso si se emitiera un juicio legal contra estas empresas en el extranjero, pagarían poco. Simplemente trasladarían sus operaciones a otra parte, y sería difícil, si no imposible, para un país pequeño y pobre hacer cumplir cualquier sentencia dictada”, indicó el premio Nobel.

El economista mencionó que junto con Oxfam se presentó un amicus brief a la Corte Suprema norteamericana argumentando que es de interés económico de Estados Unidos responsabilizar a las empresas estadounidenses por conductas ilícitas dondequiera que se cometan. “La responsabilidad social corporativa da sus frutos a largo plazo, tanto para los consumidores como para las empresas, en los países que insisten en ella”, dijo.

Destacó que “los países y las empresas con buena reputación pueden atraer más capital y mejores trabajadores que los competidores menos éticos, y sus productos atraerán a una generación de consumidores más consciente. Los trabajadores jóvenes son especialmente sensibles a lo que hacen y defienden sus empleadores”. 

Stiglitz no dejó lugar a las dudas respecto de su posición de incrementar las regulaciones contra las grandes corporaciones. “¿Cómo podemos asegurarnos de que las empresas no hagan en el extranjero lo que nunca intentarían hacer en casa? La globalización ha impuesto esta cuestión en la agenda a medida que las empresas occidentales han ampliado su dependencia de países pobres con marcos legales muy limitados. La extraterritorialidad no es el problema. Lo que más importa es que terminemos la carrera hasta el fondo. Estados Unidos debería asegurar al mundo que él y sus empresas defienden la decencia”, precisó.

13 de julio de 2021

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Sábado, 26 Junio 2021 06:40

Pagar para vender

Paulo Guedes, ministro de Economía de Brasil FOTOS PÚBLICAS, ISAC NÓBREGA

A las apuradas y mientras arrecia la pandemia, Brasil decidió vender la empresa estatal de energía, a pesar de la dura oposición de empresarios, trabajadores y varios sectores tradicionalmente favorables a las privatizaciones.

El gobierno brasileño consiguió aprobar la medida provisoria 1031/2021, que habilita la privatización de la totalidad de las acciones de la empresa estatal Eletrobras, la principal empresa del sistema eléctrico brasileño. Fundada en 1962, Eletrobras era una sobreviviente del proceso de privatizaciones de la década del noventa. Hasta ahora, el Estado controlaba el 60 por ciento del llamado sistema Eletrobras y, con él, 125 usinas y 71 mil quilómetros de líneas de transmisión. Creada para ser uno de los motores del desarrollo económico y social brasileño, la compañía será ofrecida en bandeja a los capitales privados.

El presidente Michel Temer ya había enviado al Congreso, a comienzos de 2018, un proyecto de privatización que no prosperó. Luego, en noviembre de 2019, el propio Jair Bolsonaro remitió una propuesta que también resultó derrotada. Ahora, en momentos en que Brasil supera el medio millón de fallecidos por covid-19, diputados y senadores han corrido contra el tiempo para modificar y aprobar la venta de las acciones estatales de la compañía. El relator del proyecto en el Senado, Marcos Rogério, del partido Demócratas, encabezó la iniciativa y alternó por esta vez su papel de líder de la tropa bolsonarista que intenta obstaculizar la labor de la comisión de investigación sobre la gestión de la pandemia (véase «CómoBolsonarousalapandemiaasufavor», Brecha, 11-VI-21). En el Senado, la votación fue apretada: 42 votos a favor, 37 en contra. En Diputados, la diferencia fue de 258 a 136. Una de las principales justificaciones del gobierno para vender este gigante es que la venta reducirá las cuentas de luz de los usuarios en un 7 por ciento. Pero casi todos los actores involucrados en el sector dicen lo contrario: la cuenta de luz va a aumentar.

SALDO CERO

Gilberto Cervinski, magíster en Energía por la paulista Universidad Federal del ABC y uno de los coordinadores de la Plataforma Obrera y Campesina del Agua y la Energía, que reúne a movimientos sociales y sindicales del sector energético, dijo a Brecha que con esta privatización, que define como una «transferencia de patrimonio», solo hay un beneficiario: la burguesía financiera. «Los nuevos dueños serán bancos privados, fondos de inversión internacional especulativos y grupos empresariales locales que sustentan el gobierno de Bolsonaro. Quien va a pagar la cuenta es el pueblo brasileño. […] La privatización de Eletrobras representa una completa destrucción de la soberanía energética del país», afirmó. Aseguró que la privatización «hará que aumente el precio de la luz y se acelere la desindustrialización por el peso de esta carga sobre centenas de medianas y pequeñas empresas».

El especialista en temas energéticos estima que la privatización traerá un aumento del 25 por ciento en las cuentas de los consumidores. Hoy 20 usinas estatales cuya inversión inicial ya fue amortizada venden energía más barata que la del mercado global, entre otras cosas que mantienen precios accesibles para la industria y los hogares brasileños. Con el nuevo régimen esos contratos caerán y pasaría a regir el precio de mercado. Actualmente, cerca de 20 hidroeléctricas de Eletrobras (con un total de 13.500 megavatios de potencia) venden el megavatio a 65 reales (13 dólares), aunque el precio de mercado actual está por encima de los 250 reales (51 dólares). La Unión por la Energía, que reúne más de 40 entidades del sector, estima que los aumentos que deberá costear la industria podrían llegar al 15 por ciento, un costo que terminaría siendo «pasado a los consumidores». En tanto, la Asociación de los Grandes Consumidores Industriales estima un aumento del 20 por ciento en la factura como consecuencia de la privatización.

DE TODOS LADOS

Es llamativa la amplia oposición que concita lo aprobado por el oficialismo. Sectores políticos, económicos y mediáticos históricamente favorables a las privatizaciones criticaron duramente la medida. La periodista y comentarista de temas económicos Miriam Leitão, conocida por sus posiciones favorables a la desestatización, llegó a escribir en su columna en O Globo que «los consumidores van a pagar [el valor equivalente a] una Eletrobras para que el gobierno privatice la Eletrobras». Y agregó: «Esta medida no tiene ningún sentido económico, distorsiona el mercado y le pasa la cuenta a la población».

En el Senado, Álvaro Dias, del partido Podemos, que como candidato a presidente en 2018 defendía la necesidad de un «amplio programa de privatizaciones», entre ellas la de Eletrobras, se mostró en contra de la norma recién aprobada y argumentó desde su banca que la sociedad «no fue escuchada». Desde la bancada del derechista Partido de la Socialdemocracia Brasileña, el senador Tasso Jereissati, redactor de un proyecto de ley que crea un «mercado del agua» en el país, también votó contra la medida provisoria. Hildo Rocha, senador por el Movimiento Democrático Brasileño, una formación que por lo general también es favorable a las privatizaciones, dijo que «esta medida va contra todos los conceptos y todas las teorías de la libertad económica». Bolsonaro tiene 15 días para sancionar la norma, y con eso se inicia un proceso que el gobierno estima que terminará en febrero de 2022. Varios senadores de la oposición ya anunciaron que irán al Supremo Tribunal Federal para impugnar lo aprobado por el Senado, que consideran inconstitucional.

LO QUE QUEPA

El texto de la medida provisoria 1031/2021 ha llamado la atención por la profusión de los llamados jabutis (tortugas) que contiene: enmiendas traficadas en su redacción, que se extienden más allá del objeto inicial a legislar. La jerga proviene del dictado popular jabuti não sobe em árvore, ou foi a enchente ou mão de gente, que explica actos llamativos que no ocurren de forma natural. En este caso la causa no fue una inundación, sino la mano del Ejecutivo y de los diputados y los senadores.

Entre los puntos más polémicos está la exigencia al Estado de contratar 8 mil megavatios de energía proveniente de termoeléctricas a gas natural ubicadas en regiones donde no hay gas ni termoeléctricas. Eso demandará construcciones millonarias, de usinas y gasoductos, que promediarán los 800 quilómetros de extensión. Otra de las novedades son los subsidios que el Estado deberá mantener por 20 años adicionales para empresas de energía eólica que ya amortizaron sus inversiones. De yapa, la 1031/2021 autoriza al gobierno a construir la línea de transmisión de la hidroeléctrica de Tucuruí –que conectaría el estado de Roraima con el sistema eléctrico nacional– sin las debidas autorizaciones ambiental y de la Fundación Nacional del Indio, a pesar de que la obra atraviesa la tierra indígena Waimiri-Atroari.

Otra tortuguita colada en la nueva regulación son los beneficios que se dará a la construcción de nuevas «pequeñas centrales hidroeléctricas», a través de la creación de reservas de mercado de 2 mil megavatios. El costo total estimado de estos jabutis supera los 80.000 millones de reales (16.000 millones de dólares). Un poco más de lo que el gobierno estima recibir con la privatización. Algo bastante parecido a pagar para vender, dicen los descreídos. Pero la ironía no termina ahí. La norma vende una empresa estatal y, al mismo tiempo, crea otra, que estará encargada de administrar la actual Eletronuclear y la hidroeléctrica binacional de Itaipú, que quedaron fuera de la privatización. Lo cierto es que Paulo Guedes, ministro de Economía, podrá, finalmente, poner una gran privatización en su currículum y tachar un ítem de su prometida agenda neoliberal.

MÁS CLOROQUINA

En una sesión del Senado que debatió el asunto el 2 de junio, Ikaro Chaves, presidente de la Asociación de Ingenieros y Técnicos del Sistema Eletrobras (AESEL), dijo que «la privatización de la empresa es la cloroquina del sector eléctrico: no va a resolver los problemas y puede matar al paciente». Frente a los argumentos oficialistas, que alegan la necesidad de aumentar la competitividad, preguntó: «¿Cómo crear un ambiente competitivo permitiendo que una empresa privada controle el 30 por ciento de la capacidad total de generación energética del país, 52 por ciento del agua almacenada y 43 por ciento de la capacidad de generación hidroeléctrica? Una empresa como esa tendrá un poder de mercado desmesurado».

En un comunicado, la AESEL afirmó que la privatización «habilita un oligopolio privado en el sector eléctrico brasileño, algo extremadamente perjudicial para el país, ya que concede el poder de formación de precios a pocas empresas guiadas exclusivamente por el interés de lucro de sus accionistas». Chaves también desmintió que Eletrobras deba ser vendida como consecuencia de su situación financiera: «Es una empresa lista para hacer inversiones, tiene el capital para ello y no tiene ninguna dificultad para conseguir financiamiento ni en el país ni en el exterior».

Actualmente Eletrobras tiene 14.000 millones de reales en caja (2.800 millones de dólares) y en los últimos tres años dio ganancias por 30.000 millones de reales. Incluso durante la pandemia, en 2020, facturó 6.400 millones de reales (1.300 millones de dólares). Sin embargo, su nivel de inversiones sufre desde 2015 una fuerte caída. Una nota técnica del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos de mayo de este año afirma que el análisis de los datos financieros de la empresa «indica una estrategia deliberada de freno a las inversiones, fruto de una nueva estrategia de negocios, que busca el desmonte deliberado de su capacidad de inversión». En Brasil a esto se le llama sucatear, que viene de sucata (‘chatarra’): dejar arruinar algo a propósito.


 Día D

Esta semana fue de grandes titulares en Brasil. El martes, O Estado de São Paulo publicó un telegrama secreto de la embajada brasileña en Nueva Delhi. Allí se estipula que el gobierno de Jair Bolsonaro compró la vacuna india Covaxin por un precio 1.000 por ciento superior que el ofertado por el fabricante. Según el periódico, la orden para comprar la vacuna fue dada personalmente por el presidente brasileño. A diferencia de las otras negociaciones por inmunizantes, hechas de forma directa entre el gobierno y las empresas, en este caso la adquisición fue mediada por la empresa Precisa Medicamentos. La firma está siendo investigada por la Comisión Parlamentaria de Investigación sobre la gestión de la pandemia. Los altos precios ofertados fueron uno de los argumentos del gobierno para retrasar su negociación con Pfizer. Las vacunas indias, sin embargo, no solo son mucho más caras, sino que ni siquiera han llegado aún a Brasil y no han completado todas las etapas de análisis necesarias para su aprobación.

El miércoles, día en que este escándalo acaparaba la atención pública, el ministro de Medio Ambiente Ricardo Salles fue dado de baja de su cargo tras haber pedido la renuncia, según consta en el diario oficial. Elogiado por Bolsonaro en una conferencia de prensa celebrada el día anterior por haber promovido un «casamiento perfecto» entre la agricultura y el medioambiente, es investigado por su presunta asociación con el tráfico de madera ilegal (véase «Lejosdeldisfraz», Brecha, 30-IV-21). A pesar de que su salida ha sido recibida como una buena noticia por organizaciones indígenas y ecologistas, el ministro no era más que un ejecutor; su reemplazo no abre ninguna esperanza de cambios de rumbo. Formado en administración de empresas y consejero de la Sociedad Rural Brasileña entre 1996 y 2019, Joaquim Alvaro Pereira Leite promete continuidad con la línea extractivista y proagronegocio que caracterizó la gestión de Salles.

También el miércoles, el pleno del Supremo Tribunal Federal ratificó por mayoría que el juez Sérgio Moro actuó con parcialidad en el proceso contra el expresidente Lula da Silva por el caso del triplex do Guarujá (véase «Elproceso», Brecha, 13-IV-18). Con esto, serán anuladas todas las decisiones tomadas por el juez que mantuvo a Lula en prisión durante 580 días y el proceso deberá recomenzar desde cero en los tribunales de Brasilia. En un comunicado, la defensa del exmandatario celebró la sentencia, que se suma a otros 11 procesos en los que el líder petista fue declarado inocente o que fueron archivados por falta de pruebas.

Por Marcelo Aguilardesde San Pablo 
25 junio, 2021

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Por una industria cultural contrahegemónica y transnacional

Reflexiones a tenor del documental cubano La dictadura del algoritmo

Los niños y adolescentes son muy inteligentes. Más de lo que parecen. No hacen lo que los adultos les dicen que hagan en tanto individuos particulares, sino que imitan lo que el conjunto social realmente hace. Es decir, ante discursos antagónicos prima el conjunto de la praxis social sobre los individuos. Si su profesor les dice que es bueno que lean, pero él no da ejemplo, desde luego no les animará a leer. Pero incluso si ese profesor en realidad lee y no hace sino más que proponerles lo que honestamente considera una de las mayores curas para el alma (la luz del conocimiento); si la mayoría de la sociedad no lee: la mayoría de niños tampoco leerán.

¿Y quién educa hoy a los menores? Por supuesto su familia, sus profesores y las organizaciones o asociaciones donde puedan desarrollarse. Claro que sí. Pero faltan otros importantes pedagogos, quizás los más importantes en los tiempos que corren: las pantallas. Efectivamente, en un país de capitalismo supuestamente desarrollado como en España, con un 60% de su sistema domiciliario de Internet de fibra y con una imparablemente creciente cobertura móvil en 5G,[1] un alumno de 14 años, consume, promedio, 9 horas de su día frente a la pantalla. 63 horas semanales. Solo contando el ocio, descontando las tareas que el profesor pueda mandar que requieran del ordenador. ¡9 horas de pantallas en su tiempo libre!, ¡más de lo que dedica al sueño![2]

Hace siglo y medio Marx escribió en su célebre Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política(1859)que el desarrollo de las fuerzas productivas era el que condicionaba las relaciones económicas entre los sujetos,[3] es decir, el modo de producción, junto a la lucha de clases. Cuando las tecnologías paridas por el incremento de las fuerzas productivas llegaban a un cierto punto de desarrollo eran incompatibles con el modo de producción existente y por tanto era necesario cambiarlo. Y eso implicaba una revolución social.[4]Sin embargo, dentro de las fuerzas productivas Marx y Engels contaron la ciencia, es decir, la naturaleza humanizada objetivada dentro de nosotros. ¿De qué sirve tener mucha tecnología (naturaleza humanizada fuera de nosotros) si nuestra capacidad de controlarla es paupérrima? ¿De qué sirve tener el 60% de la población con una estupenda conexión a Internet si en su mayoría la emplean viendo contenidos de ínfima calidad creados a partir de los objetivos de obtener la máxima rentabilidad y controlar políticamente a la población trabajadora ignorando por completo los mejores valores que la humanidad ha forjado a lo largo de su evolución?

¿Qué valor tiene que casi todas las familias españolas (incluidas algunas que pasan hambre y tienen a sus hijos por debajo del nivel de pobreza) tengan un smartphone o una tablet si malgastan sus días enganchados a videojuegos violentos, escuchando McMúsica industrial que promueve valores como el sexismo, la agresividad, la violencia, el desprecio a la cultura, el culto a la riqueza o el individualismo más egoísta? ¿Para qué tanto Internet si cada vez más niños todavía siendo menores le quitan la tarjeta de crédito a sus padres para hacer apuestas deportivas online o consumir pornografía sin tener capacidad de asimilar lo que están viendo? ¿Para qué tanto control sobre la naturaleza externa si no somos capaces de controlar nuestra propia naturaleza interna, nuestro ser consciente?

Sumado a ello hemos de anotar que cuando uno mismo no ejerce control consciente sobre sí, está siendo controlado por otros factores. U otras personas. Porque al igual que cuando un sujeto que no es capaz de controlarse y come más de lo que su cuerpo necesita es esclavo de su gula (o ansiedad)generando con ello problemas de salud como sobrepeso, obesidad e incluso obesidad mórbida en el peor de los casos; del mismo modo puede ocurrir que aquel niño o adolescente que no pueden separarse de la pantalla de Facebook, Instagram o YouTube esté contribuyendo con su adicción a que otros forjen su cultura e ideología acorde a sus propios intereses. Primero, porque está permitiendo que otros recopilen sus datos más personales que dejan su huella en el ciberespacio para venderlos a terceras compañías; segundo, porque está exponiéndose a contenidos que otros (de muy distinta clase social)sufragan para que ellos los consuman y, tercero y último, porque está intercambiando su atención por los contenidos con los cuales las empresas transformarán su atención en mercancía que las empresas venderán a los anunciantes.

Comencé hablando de niños y adolescentes. Lo hice para enfatizar que son los más indefensos y que tenemos una responsabilidad con ellos, pero a partir de este párrafo del artículo incluyámonos todos. ¿O es que cada vez más los adultos no andamos pendientes de las pantallitas? ¡Si hasta mi abuela de 92 años anda medio enganchada al WhatsApp! El otro día me dijo que le gustaba más la foto que me había puesto de perfil, más que la otra quería decir, que no le gustaba nada (no me atreví a preguntarle el porqué).¡Y gracias a Dios que casi no me cambio la foto porque me lo dijo apenas a los 5 minutos de hacerlo! En ese momento comprendí que el mundo se enfrentaba a una disyuntiva civilizatoria. Si le pasaba eso a mi abuela, ¿qué no le pasará a los menores? ¿Qué les podemos pedir si nosotros no damos ejemplo?

La tecnología en abstracto puede ser neutral pero en concreto jamás lo es. Es buena o mala, punto. Cuando con el cuchillo cortamos el pan y nos hacemos un bocadillo bien sabroso es buena o cuando el cirujano con su bisturí nos salva la vida de una letal enfermedad. Pero es mala, peligrosa, en manos de un asesino, de un ladrón o de una persona que sufra una enfermedad mental que lo enajene de su personalidad real. Hoy tenemos que preguntarnos quién controla la tecnología que nos tiene pasando tanto tiempo de nuestras vidas frente a esas pantallas.

¿Quién están detrás de su fabricación, gestión, producción y difusión de contenidos? ¿Quién decide qué mensajes o contenidos prevalecen por encima del resto? ¿El Espíritu Santo del capitalismo? ¿La “mano invisible del mercado” que diría un Adam Smith deformado por los neoliberales actuales que se quedan con lo que les interesa y ocultan sus diversas críticas al capitalismo? ¿Quién es el dueño de la mano que mece la cuna de tantas horas de nuestros días? ¿Quién y dónde habita?

Por eso creo que el documental cubano La dictadura del algoritmo de Javier Gómez Sánchez es de obligada visión y difusión. En él diversos especialistas y artistas nos dejan reflexiones de calado y nos facilitan que esa maraña de datos tras la cual se ocultan los dueños de nuestros medios parezca un poco menos tupida. Es necesario que este documental llegue a los jóvenes, a las aulas, a docentes y discentes, que los conciencie y haga que las autoridades y el pueblo en permanente diálogo constructivo sepan a qué enemigo se enfrentan. Porque no está afuera, está muy dentro. Tan dentro de nuestras fronteras que ya ha invadido nuestras casas, sus hogares, con una sonrisa y se ha colado incluso en nuestras espacios más íntimos.

En un país como Cuba donde ya 4,2 millones de habitantes de una población de poco más de 11 millones tiene acceso a Internet,[5] cada vez más los problemas anteriormente apuntados requerirán una respuesta lo más inteligente y contundente posible para enfrentar sus efectos adversos (luego pasaremos a enumerar los positivos que todos conocemos pero rara vez verbalizamos). Estos efectos hostiles, si ya son negativos en los lugares donde son los capitalistas los que controlan el país de un modo directo a través de su economía (como por ejemplo en España donde solo el 13,51% de los trabajadores activos están contratados por el Estado)[6] o indirecto mediante sus representantes políticos pagados por grandes capitales que permiten y dan la luz verde a la aparición de sus rostros en los medios de comunicación de su propiedad y por tanto sustentan la partidocracia entre la población; estos mismos efectos negativos pueden ser desastrosos para un país donde la mayoría de su dirigencia política quiere caminar hacia la construcción del socialismo y la mayor parte de trabajadores labora para el Estado. Un país de 11 millones de habitantes que sufre un embargo de más de 60 años de parte de su desagradable vecino de 330 millones que de modo mafioso penaliza a cualquier país del mundo que quiera comerciar con Cuba, un enemigo que pese a su lento pero inexorable declive todavía es la mayor potencia militar del planeta y el segundo país con mayor producto interior bruto del mundo.[7]Nadie querría tener un vecino así.

Así pues, ¿qué efectos tendrá sobre la conciencia de millones la exposición continua a estas redes y sus algoritmos controlados por la clase dirigente estadounidense que está deseando que Cuba abandone la senda de la construcción socialista y se incorpore plenamente a la dictadura capitalista mundial? Dictadura de cuya lógica no se puede, evidentemente, desembarazar por completo por sí solo pues como sugirió con ironía Fidel: Cuba no vive en otro planeta.[8] Por eso mismo, a largo plazo, Cuba necesita la revolución socialista mundial en los países más adelantados en el desarrollo de las fuerzas productivas externas y los revolucionarios de los países capitalistas más desarrollados necesitamos que en Cuba siga existiendo un pueblo con un desarrollo cultural (fuerzas productivas internas al ser humano) tan fuerte como el cubano. Porque con todas sus limitaciones, nos sigue enseñando que otro mundo mucho más humano todavía es posible. ¿Qué ocurriría si como dijo Engels en 1847 en Principios del comunismo la revolución triunfara simultáneamente en los países más desarrollados? ¿Cómo viviríamos todos (incluidos los cubanos) si Estados Unidos, la Unión Europea, la India o Japón fuesen socialistas? No solo ganaríamos en bienestar económico, en desarrollo tecnológico y en intercambio cultural sino también en democracia. Los unos y los otros.

Confieso que tras casi un año del inicio de la pandemia mundial del Covid-19, mientras en mi país capitalista “desarrollado” las víctimas eran mucho mayores cada 100 000 habitantes que en Cuba con un porcentaje de 2 frente 137 muertos,[9] sentí una envidia buena, de compañeros, de cómo se gestionaba la crisis sanitaria en Cuba. Cómo pese a todas las carencias y los obstáculos se ponía el valor de cada una de las personas por encima del dinero mientras aquí en España con un “supuesto” gobierno “de izquierdas” (PSOE más Unidas Podemos) se intentaba hallar un imposible equilibrio entre economía y salud que siempre acababa desplazándose a la preminencia del poder del dinero, del capital, sobre la salud de la población. O lo que es lo mismo: libertad para los negocios, muerte para las personas. Y en esas seguimos.

Mientras Cuba tiene una industria farmacéutica pública desarrollada, mi país “desarrollado” esperaba a que otros les vendieran sus vacunas porque aquí la industria farmacéutica ni es pública ni especialmente desarrollada. De hecho, por la competencia de esas farmacéuticas privadas que nos iban a vender sus vacunas y su intención de pugnar por el mercado capitalista mundial ante una pandemia global (sufrimiento humano + capitalismo = pingües beneficios), a quien les escribe le pusieron la primera dosis de dos necesarias de una marca y tras una extraña campaña de desprestigio mediático de la misma en razón a unos efectos secundarios que sufrieron algunas personas; ahora mi gobierno, todavía no sabe si nos pondrá la segunda (prometida) vacuna de la misma empresa privada, de otra o nos dejará solo con la primera y por ende con un nivel de protección inferior frente al virus. Cosas de la anarquía del “libre” mercado y ese capitalismo tan generador de riquezas como destructor de las mismas.

¿Ese es el sistema al que quieren que Cuba se dirija? No quiero pensar cómo quedaría situada Cuba si en un futuro próximo abrazara ese capitalismo internacional si los habitantes de España con cuatro veces su población y 14veces su PIB vivimos como vivimos (1 de cada 3 niños pobres).[10] ¿Cuál sería el destino de la mayoría de los cubanos? Sin duda alguna, unos pocos bien situados, se harían más ricos (si entendemos tan pobremente la riqueza como para igualarla a la cantidad de dinero que posea cada sujeto, ya saben, aquella mercancía con la que todas las demás se compran y suele acabar colonizando la mente de su poseedor), pero (repito), ¿cuál sería del destino de la mayoría de los cubanos? ¿Y cuál el de la cultura que hoy se promueve desde las instancias públicas? Yo se lo adelanto: sería barrida. En España, uno de cada cinco niños de 9 a 12 años no sabe que la capital de su país se llama Madrid.[11]

Si Cuba no se defiende produciendo unos contenidos que pugnen contra la industria cultural capitalista que les acecha desde la intimidad de sus hogares, estará perdida. Absolutamente perdida. Y nosotros en nuestro mundo capitalista más desarrollado estaríamos más perdidos sin su ejemplo de lucha y resistencia humanista. Y para ello de nada sirve la censura, es imposible porque solo hace más apetecible el producto prohibido que será obtenido sin grandes problemas en el mercado negro o con los contactos con los familiares emigrados a Estados Unidos o a Europa. No se le pueden poner puertas al mar. Además de que quien les escribe, quitando casos extremos que ponen en peligro la integridad de las personas, está en contra de toda censura del florecimiento que supone la libertad individual para una sociedad que camina la senda del socialismo. La mejor sociedad la construyen en armonía la suma de sus mejores individualidades. Solo desde el convencimiento se conquistan las mentes y los corazones, no mediante imposiciones legales que, a veces, hipócritamente son infringidas por los mismos que las promulgan y permiten el florecimiento de mafias y mercados negros. ¿Alguien se acuerda de Al Capone y La Ley Seca o cómo el mercado negro y sus mercaderes acabaron tragándose a la URSS? ¿Acaso Cuba está inmunizada a que no le afecten ninguno de estos males que algunos revolucionarios valientemente han denunciado y acertadamente designado a sus autores como “pichones de oligarcas”?[12] Habrá que estar muy atento, porque los malos pájaros, si se les deja, crecerán deprisa y volarán muy alto.

La dictadura del algoritmo capitalista que rige las redes sociales y las industrias culturales donde cada vez más jóvenes cubanos se sociabilizan, no es solo peligrosa para ellos sino también para sus padres y los propios dirigentes. El Coronel del Ejército de Tierra y Diplomado del Estado Mayor Pedro Baños, experto español de contrainteligencia en la reserva, comenta cómo una parte de los líderes soviéticos fueron seducidos por los cantos de sirena capitalistas mediante series norteamericanas tan nimias como Falcon Crest (1981/1990). El “efecto Falcon Crest” demuestra, según el Coronel Baños, “que nadie escapa al influjo de lo que ve en los medios de comunicación”.[13] Cuando uno está cansado de pisar la tierra que siempre ha pisado, del duro sabor a la realidad y desde el cielo le ofrecen un sabroso fruto que promete librarle de todos sus problemas bajo una atractiva forma es fácil tirar la toalla. Imagínese que en un combate de boxeo, el púgil duramente golpeado con dificultades de levantarse fuera tentado por una atractiva mujer que le dijera: no te levantes, deja que pase el tiempo que después yo te llevaré a casa, te cuidaré y te daré mimos. ¿Cuántos boxeadores no hubiesen colgado los guantes?

La solución no es taparnos los ojos y no ver las pantallas, porque esa tecnología también nos trae oportunidades maravillosas: la posibilidad de contactar y acercarnos a personas de diferentes países enriqueciendo nuestro conocimiento de este planeta que todos compartimos, la disponibilidad de leer una cantidad de libros que antes no estaban ni en la mayor biblioteca del mundo, de disfrutar música y arte, de compartirla, de aprender a tocar un instrumento o a manejar un programa de ordenador o incluso reparar el motor de un coche averiado. Por eso Marx afirmaba que la misión histórica del mercado capitalista era poner a todos los seres humanos del globo en mutua interdependencia.

 ¿Cuántas cosas no podemos aprender si nosotros controlamos a la máquina y no somos controlados por su algoritmo? Pero hay un problema: no podemos conformarnos con pedir a la mayoría de la población esa capacidad de autocontrol. No es cómodo tener que estar constantemente luchando contra el algoritmo y los productos, los sonidos o las imágenes con las que nos tienta. Sería una quimera. Esa guerra cultural, política, la perderíamos. Hemos de ir un paso más allá. Hemos de construir una industria cultural contrahegemónica, socialista, internacional que cree contenidos tanto o más atractivos que los que la industria cultural hegemónica del capital nos ofrece. Pero que lo haga promoviendo la cultura, el humanismo y la fraternidad entre los pueblos. Llevo más de 5 años pidiéndolo y el documental de Javier Gómez Sánchez me ha vuelto a recordar su imperiosa necesidad.[14]

Es la única posibilidad de que mañana el mundo sea socialista y no más bárbaro de lo que es hoy. Es la única posibilidad de que en Cuba el capital no vaya ganando espacio en la economía y en los sueños de sus habitantes. Y para construir esa industria cultural “del bien” necesitaremos muchos recursos, mucha unión y visión internacionalista. Cuba no puede enfrentarse a YouTube. Cuba perderá frente a YouTube. Es honesto reconocerlo. Perderá si no hacemos nada. Los algoritmos promoverán los contenidos contra el gobierno cubano, exagerará sus fallas y se inventará otras que jamás haya cometido. Lo bueno no aparecerá más que a los ya convencidos. Pero a convencidos y no convencidos le aparecerá todo lo malo (lo inventado, lo real y lo exagerado). Y eso día tras día hace mella. Desgasta, multiplica la duda, debilita, hace que colguemos los guantes.

Para construir esa Industria Cultural Contrahegemónica, Cuba necesita al mundo y el mundo a Cuba. Sincera y humildemente creo que el gobierno cubano debería contactar con todos los gobiernos del mundo que estén interesados en apoyar esta industria cultural como hizo con los medios con Telesur (pero aprendiendo de los errores). Debe crear esa industria con todos los gobiernos y las organizaciones internacionales que compartan un mínimo común múltiplo de humanismo, respeto a la vida, la fraternidad, la solidaridad y luche contra la otra industria del beneficio privado.  Pero para hacerlo tiene que proponerlo, realizando un esfuerzo económico proporcional según la riqueza de cada país y los miembros de las organizaciones socialistas y comunistas internacionales que la apoyen. Con los recursos intelectuales y materiales de Cuba, por muchos que sean los primeros en relación a sus habitantes, no bastará.

Eso sí, y esto es muy importante: esta industria contrahegemónica no puede transformarse en un instrumento de propaganda sin más. Si lo hace, fracasará.  No puede no dejar espacio para la autocrítica y la crítica de los pueblos a sus gobiernos, porque si ellos no fomentan la crítica el pueblo la buscará en los medios y la cultura del capital. Es clave retener esto. Los revolucionarios no pueden ocultar la verdad aunque duela porque la verdad siempre es revolucionaria. Y por eso esa industria cultural debe ser un lugar donde haya espacio para el debate y se pueda cuestionar lo que hace desde el presidente de la República al Papa o el presidente de un país amigo. Todo desde el respeto y la educación. Pero si no hay espacio para la crítica, las estructuras se esclerotizan y acaban estallando (Rumanía) o colapsando (la URSS). Y no basta con hacerla en los lugares adecuados, a veces es necesario hacerla públicamente y darle la voz a un pueblo del cual no nos podemos divorciar so pena de que tarde o temprano nos abandone.

Así que además de fomentar todo lo que intenta destruir la industria del capital y los algoritmos a su servicio, este nueva industria cultural transnacional que hemos de construir debe permitir e incluso fomentar la sana autocrítica. No para fomentar una lucha cainita sino para demostrar que somos capaces de construir juntos siendo críticos los unos con los otros y de este modo ir superando nuestros errores. Dicen que los buenos amigos se dicen la verdad. Lo fácil es ocultarla y evitar el conflicto. Mis mejores amigos siempre me han dicho cuándo ellos han considerado que he hecho algo mal y yo he sabido valorar su consejo, estuviera de acuerdo o no, como un ejemplo de amistad, de fidelidad, de amor. Nadie que no sea tu enemigo y te quiera, callará si ve que estás haciendo algo que considera erróneo, que te puede dañar. Nadie que te ame lo hará a no ser que sea un cobarde o un cínico.

El pueblo cubano y el resto del mundo socialista, comunista, tienen dos opciones: o que el algoritmo de YouTube y las otras redes del capital poco a poco o mucho a mucho los venza o hacer nuestro propio YouTube, nuestro propio Facebook y que su algoritmo les venza a los que ahora claman victoria. Que libremente los pueblos del mundo decidan si prefieren sus contenidos humanistas, socialistas, a los otros.

La decisión es sencilla, su aplicación requerirá de gran determinación, muchas conversaciones y muchos esfuerzos además de una gran celeridad. Cada día que pasa es un día perdido para la causa. Quien les escribe es profesor y youtuber marxista y lo sabe. Tengo un canal de YouTube desde el que intento difundir desde hace un año de un modo divertido, divulgativo, el pensamiento marxista. Pese a mis 39 años, la mayor parte de mi público tiene entre 25 y 34 años aunque hay un importante porcentaje de entre 15 y 24 años, lo que me hace muy feliz. Sin embargo, como no entro en el juego capitalista de YouTube de monetizar mis vídeos para transformar la atención de mis espectadores en mercancías que YouTube pueda vender a los anunciantes, YouTube promueve menos mis vídeos. Mientras tanto los youtubers de derecha se ven propulsados hasta alcanzar la vista de todos sus usuarios: tanto de izquierda como de derecha. Los míos no. El algoritmo de YouTube me ignora. ¿Por que le caigo mal? No, el algoritmo no tiene personalidad, simplemente al “pobre” lo han programado así.

Algún lector de buena voluntad podría decirme, Jon, no sea usted tan intransigente y monetice sus vídeos. Hágalo por la causa. Al fin y al cabo usted está haciendo un trabajo no remunerado del que YouTube se aprovecha para capturar público que ya recibirá publicidad en otros canales que sí se moneticen y el algoritmo los redirija tras acabar de ver unos de sus vídeos. Claro, además, según YouTube el algoritmo dirigirá a mis espectadores a un contenido similar que les pueda interesar. Por supuesto, esta es la teoría, muy bonita. ¿Sabe cuál es la realidad? La realidad es que en mi canal tengo un programa llamado “Tu YouTuber Marxista” que como podrá imaginar no se dedica a hablar de lo maravilloso que es el capitalismo y curiosamente ya son muchos los que me han dicho (y yo mismo lo he vivido) que al acabar de ver uno de mis vídeos, han reportado que el algoritmo “celestial” e “inmaculado” de YouTube les ha iniciado la reproducción de uno de los vídeos del periodista y escritor anticomunista español Federico Jiménez Losantos, conocido por escribir libros con nula rigurosidad histórica donde poco menos que compara a Marx y el resto de comunistas con sedientos asesinos en serie. Ya saben, “contenido similar”, según YouTube.

A ese mismo lector de buena voluntad, también le podría decir que si monetizara mis vídeos y pusiera la palabra “capitalismo” en uno de ellos, YouTube me pagaría menos porque los anunciantes (capitalistas) huyen de esos contenidos. Y YouTube, evidentemente, se lo pondría menos a su público porque ellos no recibirían el dinero de los anunciantes. ¿Y cómo voy a criticar al capitalismo sin nombrarlo? Y así con muchas palabras más. Por tanto, nadie puede ganar a YouTube desde YouTube, con sus reglas. Sería igual que si alguien quisiera hacer la revolución socialista jugando al Monopoly. No, no están diseñados para eso sino para lo contrario.[15] Por eso necesitamos nuestros propios medios y nuestra industria cultural.

¿Sabía que tras acabar la II Guerra Mundial la mayoría de los franceses pensaba que la clave de la victoria contra el III Reich de Hitler había sido de la URSS y que ahora en el siglo XXI piensan, tras cientos de películas hollywoodienses que sobrescriben la historia mundial en las mentes de generaciones y generaciones, que el papel clave fue el de Estados Unidos? De hecho, una parte importante de la gente joven, más allá de sus miserias (que sin duda las tuvo y no en grado menor) piensan que la URSS, los soviéticos y los nazis eran aliados y que incluso su ideología era muy parecida sino prácticamente calcada. Una alumna de preuniversitario (en España, bachillerato) me aseguró en una clase que los nazis eran de “izquierdas”. A esto hemos llegado. Y el camino hacia el infierno de la ignorancia supina es infinito.

Quizás dentro de unas décadas la mayoría de los cubaos piensen que Fidel, el Che y Raúl eran en realidad unos ambiciosos capitalistas que montaron una guerrilla para quedarse con todo el terreno cultivable de Cuba y venderle azúcar a los terratenientes colombianos a cambio de cocaína con la que evitaban que la población se rebelase. Sumado a ello en realidad la Invasión de Bahía Cochinos podría acabar siendo una iniciativa del bueno de Kenedy para restaurar la democracia de la que gozaban los cubanos con Batista y su propio asesinato en Dallas seguramente ordenado a algún francotirador “castrista” por Fidel. O quizás por Lenin, o Marx, ¿quién sabe? Puede que en la futura neohistoria, controladas por sus fuentes y sus algoritmos, en 1964 todavía siguieran vivos.

Todo es posible cuando la memoria se impone y la cultura se apaga, cuando las pantallas se encienden y los libros se cierran, cuando el algoritmo controla nuestras vidas y nuestra voluntad se entierra. De nosotros dependerá vencer al algoritmo del capital o hacernos sus súbditos. Industria cultural transnacional y contrahegemónica o barbarie. Palabra de profesor, palabra de youtuber, palabra de revolucionario.

 

Por Jon E. Illescas | 14/06/2021

 

Notas:

[1] CIA. The CIA World Factbook (2020). Estados Unidos (no se especifica la ciudad): Carlile Intelligence Library. Volumen III, p. 206.

[2] Illescas, Jon E. (2020), Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes. Barcelona: El Viejo Topo [2019].

[3] Las relaciones de producción.

[4] Tras que Marx escribiera este prólogo vimos que las clases dominantes aprendieron la lección y aprendieron a hacer revoluciones desde arriba como la Meiji en Japón (iniciada en 1868) para evitar las revoluciones desde abajo, mucho más peligrosas para sus intereses.

[5] Datos del documental referido y del censo oficial del gobierno cubano.

[6]13,1 de la clase trabajadora activa, 11,35 de la clase trabajadora incluida la no activa que consta como que está buscando empleo activamente (hay otra parte de la clase trabajadora que no está registrada por ser paro estructural de larga duración o lumpen, datos cruzados de la presidencia del gobierno español y el INE (Instituto Nacional de Estadística, partiendo de la población activa y en paro en el primer trimestre de 2021 y el número de empleados públicos facilitado en nota de prensa oficial el 14 de febrero en la web de la presidencia del gobierno de España).

[7] Desde 2014 según el propio FMI.

[8] Declaraciones efectuadas en el documental Looking for Fidel que Fidel Castro grabó junto al cineasta estadounidense Oliver Stone, producido por la productora española Morena Films. Las palabras de Fidel fueron: “Estados Unidos nos bloquea, todos los socios de Estados Unidos. Entonces, yo le preguntaría a Estados Unidos, ¿con qué planeta y con qué país vamos a comerciar?” ante la pregunta de Stone de por qué comerciaban con países con gobiernos como el de Irán.

[9] Datos de la Universidad John Hopkins de Maryland, en febrero de 2021.

[10]Datos del Banco Mundial y el Eurostat (de la Unión Europea, respecto a la llamada tasa AROPE sobre riesgo de pobreza y exclusión social.

[11] Illescas, Jon E. (2020), Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes. Barcelona: El Viejo Topo [2019], p.69.

[12] Sánchez, Iroel (2019), Cuba frente al buen vecino. Entre el contrato y la herejía. La Habana: Ediciones Abril, pp. 53-59.

[13]Baños, Pedro (2020), El domino mental. La geopolítica de la mente. Ariel: Barcelona, p.31.

[14] Illescas, Jon E. (2018, 3ª ed.), La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados. Barcelona: El Viejo Topo [2015].

[15] Por eso el profesor Bertell Ollman inventó en los setenta un juego de mesas que fue un éxito en Estados Unidos llamado “Lucha de clases”, la antítesis del “Monopoly”, pero desgraciadamente, ¿adivinen qué? Pese a vender mucho el mercado capitalista y sus empresarios desde sus diferentes resortes de poder acabaron quebrando la empresa del bueno del profesor Ollman y sus socios y comprando su juego que pronto dejó de comercializarse.

Jon E. Illescas es Doctor en Sociología, DEA en Comunicación Audiovisual y Licenciado en Bellas Artes, autor de tres libros, el 2º de ellos publicado en Cuba: Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes (El Viejo Topo, 2ª edición de 2020), La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados (El Viejo Topo, 3º edición en 2018 y publicado por la editorial cubana de Ciencias Sociales en 2019) y Nepal, la revolución desconocida. Crisis permanente en la tierra de Buda (La Caída, 2012). Artículo finalizado el 10 de mayo de 2021.

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Fuentes: Público [Foto: Reunión de los líderes del G7 en su anterior encuentro, todavía con Trump al frente de los Estados Unidos.- EFE]

Desde los años ochenta del siglo pasado, cuando comenzaron a liberalizarse los movimientos de capital y a crearse espacios prácticamente libres de impuestos, los paraísos fiscales que permiten eludirlos a las grandes empresas multinacionales, multitud de economistas críticos, activistas y organizaciones de todo tipo venimos pidiendo que se acabe con esa injusticia tan vergonzosa.

La respuesta de los economistas al servicio de las corporaciones, de los líderes políticos y los organismos internacionales era siempre la misma, a pesar de que la evidencia demostraba lo contrario: es técnicamente imposible evitar esa elusión fiscal y, además, no conviene hacerlo porque entonces se perjudicaría a la inversión y el empleo.

Mentían descaradamente y la prueba de llevábamos razón es que este fin de semana se reúne el G7, el grupo de los siete países más poderosos del planeta, para discutir una propuesta del presidente de Estados Unidos verdaderamente revolucionaria, al menos, en comparación con lo que hasta ahora viene ocurriendo: establecer un impuesto mínimo internacional sobre los beneficios de las empresas multinacionales.

La práctica habitual de estas grandes corporaciones consiste en manipular su contabilidad para ubicar los beneficios que obtienen en diferentes países en aquellos en donde los impuestos son mínimos o incluso inexistentes y eso es lo que trata de evitar la propuesta que Estados Unidos ha puesto sorprendentemente sobre la mesa.

En estos momentos no se sabe la fórmula exacta que finalmente adopte el G7 (incluso puede ser que ahora no apruebe nada y traslade la decisión a la reunión de julio del G20) pero es muy improbable que la medida tenga marcha atrás, así que podemos decir que, por fin, la suerte de los paraísos fiscales y de la elusión fiscal generalizadas comienza a estar echada.

El impuesto que se está proponiendo tendría dos pilares. Por un lado, todos los países dispondrían de una parte de las ganancias obtenidas por las empresas multinacionales en su territorio y, por otro, también podrían establecer una tasa mínima adicional sobre los beneficios obtenidos en el extranjero por las empresas que tengan sede en su jurisdicción.

A partir de ahí, sin embargo, pueden surgir diferentes alternativas que pueden hacer más o menos efectivo el impuesto, generar distintos volúmenes de ingresos fiscales y producir un reparto de la recaudación también más o menos desigual entre los países.

Estados Unidos, por ejemplo, ya ha bajado su propuesta inicial del 21% al 15%, propone que al aprobar este impuesto desaparezcan los que hasta ahora han venido estableciendo algunos países sobre empresas de servicios digitales y contempla umbrales de ingresos que haría más reducido el número de multinacionales afectadas. La OCDE, por su parte, está materializando la propuesta de Estados Unidos de forma que beneficie principalmente a los países más ricos (10% de la población mundial y 45% del PIB) porque contempla que la mayor parte del ingreso fiscal adicional (60% del total) vaya a los países en donde tienen su sede las grandes corporaciones, justamente los del G7 y algunos pocos más.

Desgraciadamente, el carácter nada democrático de estos encuentros de los países más poderosos impide que se discutan y aprueben otras propuestas más eficaces y equitativas.

Por ejemplo, la de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional que propone que el tipo de un impuesto de esta naturaleza sea del 25%; u otra mucho más elemental y justa de Tax Justice Network: la distribución del ingreso adicional que se obtenga en función del lugar en dónde se lleve a cabo la actividad real (ventas y empleo) de las empresas multinacionales y no principalmente de su sede.

Las diferencias según se adopten unas soluciones u otras son considerables. Con esta última de Tax Justice Network no solo se conseguiría más equidad y no seguir perjudicando a los países más pobres sino recaudar más (460.000 millones de dólares anuales) que con la propuesta de la OCDE (275.000 millones) con la misma tasa del 15%, o 640.000 millones frente a 540.000 millones, con una del 21%.

En estos momentos es imposible saber cómo concluirá la cumbre y, mucho menos, la solución de imposición internacional que finalmente se adopte. Incluso cabe temer que la propuesta inicial de Estados Unidos siga avanzando a la baja, sobre todo, porque los líderes europeos no están siendo capaces de asumirla con decisión. Pero, sea cual sea el resultado, lo cierto es que se ha tenido que reconocer por fin que los privilegios concedidos a las grandes empresas son una vergüenza y que los argumentos ofrecidos durante todos estos años para mantenerlos son simples mentiras.

La propuesta que está en la agenda del G7 es inaudita e incluso revolucionaria, como he dicho, pero queda todavía mucho camino por delante. Con mayor o menor convicción, con ella se reconocen de facto dos principios fundamentales. Uno, que las empresas multinacionales maximizan sus beneficios a escala mundial y que, por tanto, deben estar sujetas a impuestos globales; y otro, que estos impuestos deben ser de mínimos en todos los países, para que no haya posibilidad de que trasladen sus beneficios de un lugar a otro. Quedan por reconocer de modo efectivo otros dos también fundamentales que plantea Tax Justice Network: obligar a que las empresas multinacionales proporcionen información transparente, actualizada y rigurosa sobre su actividad y beneficios en todos los países en donde llevan a cabo su actividad, y ubicar la toma de decisiones en organismos como Naciones Unidas y no G7, G20 o la OCDE, en donde puedan estar representados todos los países y no solo los más ricos y poderosos.

Si se ha conseguido lo más difícil, echar por tierra las mentiras neoliberales de los últimos decenios, no será imposible conseguir lo que queda por delante.

Por Juan Torres López | 05/06/2021

Publicado enEconomía
 Simpatizantes del candidato a la Presidencia de Perú Pedro Castillo, se congregan para el cierre de su campaña de cara a la segunda vuelta presidencial del próximo 6 de junio, en la plaza Dos de Mayo, en Lima. — Stringer / EFE

Castillo ha encauzado la ira popular contra un aparato estatal pervertido por el abandono del interior, la corrupción sistemática y el modelo económico de libre mercado, que durante décadas ha dominado Perú y no ha sido capaz de sepultar sus enormes desigualdades.

 

Sin traje ni corbata, con sombrero "chotano" y un discurso descentralizado, Pedro Castillo encarna los valores humildes y campesinos de la zona andina del Perú, donde el candidato presidencial es aupado por maestros y agricultores, que ven en él una figura cercana y ajena a las élites limeñas.

"(Castillo) es pobre como nosotros, es una persona campesina. Él ha sufrido y ha vivido en carne propia como nosotros ahora estamos viviendo, trabajando con el sudor de nuestra frente", resumió a Efe la agricultora y vendedora de frutas Marcelina Condor. 

"Y cuando gane nos va a apoyar", agregó la joven desde el mercado municipal de Chota, capital de la humilde provincia homónima del norte de los Andes peruanos, perteneciente a la región de Cajamarca. 

Hijo de campesinos analfabetos, Castillo ha encauzado la ira popular contra un aparato estatal pervertido por el abandono del interior, la corrupción sistemática y el modelo económico de libre mercado, que durante décadas ha dominado Perú y no ha sido capaz de sepultar sus enormes desigualdades. 

Con una ligera ventaja en las encuestas frente a la derechista Keiko Fujimori, su rival en las elecciones del domingo, el candidato de Perú Libre -el "partido del lápiz"- tiene su bastión en el mal llamado "Perú profundo", ensalzado por el voto izquierdista pero conservador social de una población rural y pobre, relegada durante décadas por las élites capitalinas. 

La voz rural andina 

Como rondero, agricultor, maestro de escuela rural y sindicalista, Castillo ha logrado captar votantes fervientes entre los sectores más representativos de la sierra peruana, principalmente el magisterio rural y las rondas campesinas. 

Desde el distrito cajamarquino de Tacabamba, de donde es oriundo el candidato, el maestro Tomás Rolando aseguró a Efe que el postulante izquierdista es "el verdadero cambio que necesita la zona rural", sobre todo en materia de educación, salud y agricultura. 

"(Los maestros rurales) vivimos lamentablemente desabastecidos en todos los sentidos y la esperanza en el profesor Pedro está centrada en que él ha vivido nuestras experiencias de sacrificio y esfuerzo para trabajar en las zonas más alejadas", manifestó Rolando, quien antes de la pandemia se levantaba a las 3.00 de la madrugada todos los días para evitar llegar tarde a la escuela. 

El respaldo al paisano también es abrumador entre los campesinos de la región de Cajamarca, muchos de ellos ronderos, para quienes Castillo resulta una figura familiar, que luce como ellos el típico sombrero de paja y ala grande y acude a votar montado en una yegua. 

Y, claro, lo ven lejos de los enjuagues de la lógica centralista que encarna la hija y heredera política del expresidente encarcelado Alberto Fujimori (1990-2000), quien creció rodeada de guardaespaldas en el palacio presidencial. 

"Somos hinchas del lápiz porque queremos para la agricultura, pues esa la Keiko para la agricultura no ofrece nada", espetó a Efe el rondero Segundo, mientras labraba la tierra, sin soltar la pala de madera que sujetaban sus callosas manos. 

Le faltó tiempo para añadir, insatisfecho: "Somos del lápiz porque del otro (Fuerza Popular) no tenemos que ver ná". 

El rechazo a un modelo 

Para el sociólogo Pedro Sánchez, ese voto a Castillo revela a todas luces "el fracaso rotundo" de la reforma estructural que había iniciado el Perú en 2002 con el proceso de regionalización, impulsado durante el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006) para superar el excesivo centralismo de Lima.

El maestro representa "ese reclamo de las provincias, del interior", que rechaza "un modelo que todavía no ha llegado homogéneamente a todos los sectores del país", resumió a Efe el docente principal de la Universidad Nacional de Cajamarca. 

En el mismo sentido se expresó el profesor de educación primaria Wilson Carranza, un vecino de Tacabamba convencido de que el Perú está "a un paso de consolidar la lucha del pueblo que ha venido año tras año organizándose, saliendo a las calles y reclamando sus derechos".  

"En nuestro Estado, lamentablemente, el poder ha estado solamente en un grupo, y eso ha llevado a que la clase trabajadora despierte y alce su voz", sostuvo a Efe Carranza, quien no pudo dejar de mencionar la gran huelga de profesores que lideró Castillo en 2017 y lo puso en el candelero mediático. 

Así, el apoyo sin fisuras detrás del candidato es también un altavoz del descontento de las clases populares al ver que los sistemas económico y político vigentes no han sabido resolver las enormes brechas sociales ni los han sacado de la pobreza. 

Arraigado antifujimorismo 

Tampoco serán pocos los que apostarán de mala gana por el maestro tan solo para evitar que Fujimori logre alcanzar el sillón presidencial. 

Para militantes "antifujimoristas", como la comerciante María Medina, los anticuerpos que genera la "trinidad" del padre, hija y espíritu constitucional de 1993 no les dejan otra opción que votar por el "nuevo". 

"Ya no queremos a gente corrupta y Pedro no tiene ninguna caída todavía", aseveró a Efe la mujer, en alusión a la acusación de más de 30 años de prisión que afronta la candidata de Fuerza Popular por presunto lavado de dinero.

Chota. 04/06/2021 17:25

Carla Samon Ros / EFE

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Guillermo Lasso y el laberinto de las izquierdas ecuatorianas

Con Guillermo Lasso, un banquero cercano al Opus Dei, la derecha ecuatoriana llega al gobierno tras su victoria electoral del 11 de abril. La izquierda y la centroizquierda tienen una clara mayoría en la Asamblea Nacional, pero sus fuerzas se encuentran enfrentadas y lejos de poder construir un bloque común.

 

Las elecciones presidenciales de 2021 en Ecuador dieron el primer triunfo electoral a la derecha en más de dos décadas. Pese a que el de Lenín Moreno fue un gobierno escorado a la derecha, el hecho de que las fuerzas verdaderamente representativas de ese espectro ideológico –como el Movimiento Creando Oportunidades (CREO) y el Partido Social Cristiano (PSC)– hayan obtenido el triunfo electoral marca un hito en la política ecuatoriana y expresa un nuevo contexto histórico al que los espacios de izquierda y progresistas deben prestar atención.

En su tercer intento electoral, el banquero Guillermo Lasso logró imponerse por casi cinco puntos sobre el correísta Andrés Arauz. A pesar del escrutinio final, tanto los resultados presidenciales de primera vuelta como la composición de la Asamblea Nacional revelan que la configuración del tablero político es bastante más compleja que lo que indica la mera elección del binomio Lasso-Borrero. Esto da un peso significativo a las izquierdas en la oposición al futuro gobierno, de perfil neoliberal, tanto dentro como fuera de los juegos políticos partidarios.

Ecuador vive un contexto difícil: el aumento de la pobreza, el desempleo agudizado en medio de la crisis sanitaria y la muy deficiente gestión del gobierno saliente son las señas de este tiempo. Diversos informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ubican a Ecuador como uno de los países en América donde más aumentó la pobreza extrema en medio de la pandemia. 

Los principales actores partidarios de la izquierda son hoy el Movimiento Revolución Ciudadana, liderado por el ex-presidente Rafael Correa, y el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik, el brazo político de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). Aunque ambos espacios sostienen coincidencias en su oposición al neoliberalismo, han sufrido históricos desencuentros que es necesario relevar para comprender la situación de la izquierda institucional ecuatoriana. Por fuera de ellos, sin embargo, también hay una importante vitalidad: la que otorgan los movimientos sociales. Estos serán, en el actual contexto, decisivos para el devenir de la izquierda. Su cercanía o no a estas dos organizaciones político-partidarias dependerá en buena medida de cómo se sigan decantando sus distancias o cercanías con el gobierno que hoy comienza sus funciones.

El triunfo de Moreno –como candidato del correísmo– en las elecciones presidenciales de 2017 por menos de tres puntos sobre Lasso supuso para la fuerza gobernante fundada por Rafael Correa la superación de una fase de declive. En aquel contexto, el triunfo dejaba en suspenso la necesaria autocrítica sobre el déficit de política en la gestión, en la medida en que su base de sustento se distanciaba cada vez más de organizaciones y movimientos sociales. Sin embargo, el triunfo fue de cortísimo aliento. Moreno optó por gobernar con un plan agresivamente neoliberal, acompañarse de actores empresariales, de la banca y las corporaciones mediáticas, y contar con el soporte de CREO y PSC en el Poder Legislativo, a la vez que generaba la implosión del movimiento político Alianza PAIS con el que había accedido a la Presidencia.

La primera expresión de oposición al gobierno de Moreno nacía de la fractura de su propia fuerza política. El bloque de legisladores de la Revolución Ciudadana (30 de 74 asambleístas electos) se mantuvo en la línea del plan de gobierno votado en 2017 y constituyó una pieza fundamental de configuración de discurso y acción política contra el ajuste: votó orgánica y sostenidamente contra las iniciativas legislativas de apoyo al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), e incluso por fuera de los medios tradicionales, no dejó de batallar y argumentar para fortalecer a la oposición al gobierno de Moreno. No es posible hablar de la vigencia y resistencia del correísmo sin su acción. Esta fuerza (sin personería jurídica) se desempeñó en condiciones de constante persecución y proscripción, toda vez que sus varios intentos de formación de movimientos políticos fueron bloqueados con argumentos poco sólidos desde el Consejo Nacional Electoral (CNE). En este marco, el bloque de legisladores de la Revolución Ciudadana ejerció oposición prácticamente en solitario hasta el último semestre de 2019.

El movimiento Pachakuitk ocupó, en cambio, un lugar diferente en la oposición a Moreno. Gracias a la dinámica de diálogo convocado por el gobierno y la coincidencia en el anticorreísmo, tanto la Conaie como Pachakutik se mantuvieron inicialmente cerca del gobierno. De hecho, una de las escenas inaugurales y altamente simbólicas de la ruptura entre Correa y Moreno sucedió cuando el presidente anunció en acto público que restituía el comodato del terreno de la sede de la Conaie, que Correa había suspendido en 2015, esta vez por 100 años. Correa calificó el anuncio como un desaire y un acto de deslealtad de Moreno, quien arrancaba un capítulo de diálogo con el movimiento indígena ecuatoriano. Integrantes de este movimiento ocuparían un cargo ministerial como la Secretaría del Agua y una consejería en una institución con altísima incidencia como el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), órgano que nombra a las principales autoridades de control.

La gestación de la ruptura entre Pachakutik y el gobierno de Moreno llegaría a mediados de 2019 con la movilización nacional que tuvo su combustible definitivo en el decreto 883, que eliminaba el subsidio a los combustibles. Esta movilización, que fue masiva y diversa, fue reprimida ferozmente por el gobierno, con un saldo de 11 muertos, 1.340 heridos y 1.230 detenidos (75% de ellos liberados por no cumplir los requisitos legales para ser apresados). A los diversos informes que exhibieron la violencia y las arbitrariedades, se sumaron los del movimiento indígena, el bloque de la Revolución Ciudadana y la Comisión Especial para la Verdad y la Justicia, que reportaron judicializaciones, encarcelamientos ilegales, violaciones sexuales y exiliados.

En los diálogos televisados entre el gobierno nacional y los dirigentes indigenas quedó en evidencia su inconformidad por el incumplimiento de acuerdos en el marco del diálogo nacional, pero sobre todo quedó sentada la voluntad de defender no solamente sus intereses sino los de las grandes mayorías. Esto se pondría de manifiesto cuando el Parlamento Plurinacional de los Pueblos, así como diversas organizaciones y colectivos sociales, elaboraron un plan de gobierno alternativo para Ecuador con el nombre «Minga por la vida». Los gestos y acciones hacían pensar en la posibilidad de amplias confluencias entre el movimiento indígena y el correísmo. Sin embargo, precisamente el momento posterior a octubre se constituyó en el primer aviso de que, incluso en el marco de la profundización del ajuste y de la vocación autoritaria gubernamental, las tensiones, desconfianzas y falta de reconocimiento mutuo entre el movimiento indígena, el correísmo y otras expresiones de izquierda seguirían siendo más fuertes que las coincidencias. La configuración de un bloque unido parecía imposible.

Por su parte, la derecha mostró una unidad más sólida, no solo blindando al gobierno en su guion para tratar a movilizados como el «enemigo interno», sino incluso exacerbando el tratamiento racista e invocando a ejércitos patrióticos de defensa de la propiedad y «la ciudad». Tanto el PSC como CREO mostraron su rostro de derecha radical durante y después de las jornadas de movilización. La pandemia les permitió incluso recuperar y profundizar aún más las medidas contra las que el pueblo había salido a las calles y sufrido semejante represión, como la liberalización del precio de los combustibles, la legislación en favor de la clase empresarial y el pago anticipado de deuda (en contraste con el recorte a lo largo de su gestión en el sector de la salud). El desprecio por la vida quedaría además demostrado en la gestión de la crisis sanitaria, provocando un exceso de mortalidad tal que ubica a Ecuador como el segundo a escala mundial en este indicador.

En consonancia con las dinámicas del ciclo político, las elecciones presidenciales vieron llegar una histórica alianza de derechas que llevaba a Lasso como candidato a presidente. Pachakutik y la coalición correísta Unión por la Esperanza (UNES) se mostraban, por el contrario, distantes.

La selección del candidato de Pachakutik no estuvo exenta de tensiones. La decisión de que el candidato fuera finalmente Yaku Pérez no parecía consecuente con las dinámicas y liderazgos gestados en las movilizaciones de octubre. Entre ellos se destacaban dos actores: Leónidas Iza y Jaime Vargas. Ambos parecían capaces de representar los intereses populares y dar un giro al modelo de gobierno. De hecho, en las mediciones de intención de voto para la Presidencia de los primeros meses de 2020 los dos dirigentes se ubicaban casi a la par de Correa y Jaime Nebot (líder social cristiano). Los dirigentes del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC) y la Conaie denunciaron procesos poco democráticos en la designación de Pérez como candidato a la Presidencia. La dinámica del partido se imponía a la del movimiento. Según el criterio de un analista cercano a Pachakutik, se habría privilegiado el desempeño electoral en el territorio.

Las tensiones entre el movimiento y su brazo político fueron puestas entre paréntesis y el trabajo orgánico en el territorio quedó en evidencia con la histórica votación obtenida por Pérez en la primera vuelta (19,39%, el mejor resultado del partido en una elección presidencial), con apenas 32.000 votos menos que Lasso, y la obtención del segundo bloque en la Asamblea Nacional (26 legisladores). Su candidatura quedaba reforzada, además, por el apoyo de 80% de los votantes contra las actividades mineras en el páramo en el referéndum organizado en la ciudad de Cuenca.

El CNE tuvo un manejo poco prolijo tanto en la transmisión de resultados de conteo rápido el día de las elecciones como en el tratamiento de impugnaciones del resultado. Procuró un diálogo televisado entre Lasso y Pérez con el acompañamiento de la misión de observación de la Organización de Estados Americanos (OEA). En el debate, los dos candidatos coincidieron en su retórica anticorreísta y dejaron sentado que, por el bien de la democracia, llegaban a un acuerdo sobre las condiciones de revisión de actas. El acuerdo se rompió pocos días después, y la proclamación de resultados se hizo en medio de denuncias de fraude por parte del movimiento indígena y Pachakutik. 

El correísmo, articulado en UNES, vivió hasta último momento intentos de descalificación de su binomio. Con gran vocación de resistencia pero casi ninguna de ampliación hacia otros sectores, llegó con un candidato que, si bien era desconocido y no tenía mayor trayectoria política, procedía de la matriz de la Revolución Ciudadana. Andrés Arauz, un joven tecnócrata, llevó adelante una campaña afincada en la retórica de los años de gobierno anteriores y en la fuerza del líder. Los resultados de la primera vuelta dejaron ver a una fuerza electoral vigente, no solo por la ventaja de 13 puntos respecto al segundo, sino también por haber obtenido el primer bloque de legisladores (49 escaños). Pero para competir en la segunda vuelta, Arauz debía ampliar su base de apoyo y renovar su discurso.

En el balotaje, sin embargo, se recreó el distanciamiento con otras fuerzas políticas y el anticorreísmo se convirtió en la razón para que actores progresistas no se sumaran ni pidieran el voto por el binomio Arauz-Rabascall. UNES logró el apoyo de algunas organizaciones sociales, de dirigencias de nacionalidades amazónicas e incluso de Jaime Vargas, presidente de la Conaie. Sin embargo, este apoyo llegó en un momento de fuertes fricciones internas y no supuso, en estricto rigor, el apoyo de la organización.

Para la segunda vuelta, Pachakutik y la Conaie llamaron al «voto nulo ideológico» con la consigna «Ni Lasso, ni Nebot, ni Correa», tal como reza el cierre del plan de gobierno alternativo «Minga por la vida». El 11 de abril, 16% de la población votó por esta consigna. Se trata del porcentaje más abultado de voto nulo registrado en elecciones presidenciales de segunda vuelta. Un resultado que, según algunos análisis, habría favorecido el triunfo de Lasso.

Luego de los resultados finales, Arauz manifestó –como ya lo había hecho en varios momentos de la campaña previa a la segunda vuelta– la necesidad de construir una «nueva mayoría», un «bloque histórico» con el «progresismo, la plurinacionalidad, la socialdemocracia». Aludía no solamente a Pachakutik, sino también a Izquierda Democrática (ID), un partido de larga data que ocupó la Presidencia a finales de la década de 1980 y que reapareció en escena con un candidato outsider –el empresario Xavier Hervas–, un discurso con énfasis en la economía del emprendimiento y guiños a las demandas de derechos de las organizaciones de mujeres y de la comunidad LGBTI. Con 18 asambleístas, tras lograr el cuarto lugar en las presidenciales (16% de votación), ID se convirtió en un actor a tomar en cuenta, aunque sus propuestas y su discurso no dejan señales muy nítidas de que se trate de una fuerza con la cual la izquierda pueda sumar.

El discurso de cierre de Arauz contrastó fuertemente con el de Correa, quien expresó la necesidad de «dar gobernabilidad» al presidente entrante y, sobre todo, promovió un acuerdo (del que se empiezan a conocer detalles en estos días) con el bloque de derecha –CREO y PSC– para la elección de principales autoridades de la Asamblea Nacional. Además de la necesidad de darle salida a la crisis del país, se habría dejado sobre la mesa el pedido de conformación de una «comisión de la verdad» para revisar los procesos judiciales que han afectado a varios cuadros políticos de la Revolución Ciudadana. La decisión y conducción de tales acuerdos bajo el liderazgo del ex-presidente Correa dejaría entrever claramente un lugar de segundo orden del candidato y hasta ahora presidente del movimiento Arauz, así como de sus líneas de discurso respecto al comienzo de la reconstrucción del poder popular, la autocrítica o la renovación de la política.

De parte de Pachakutik, se envió una oferta similar, «de gobernabilidad democrática» al nuevo gobierno. Con ello, las dos fuerzas más importantes de la izquierda, lejos de constituir un bloque común, optaron por posicionar discursos y acciones políticas ofreciendo, en competencia, gobernabilidad a Lasso. De esta forma, los actores que cogobernaron con Moreno para la implementación de políticas combatidas en octubre de 2019, aquellos que lo legitimaran y acompañaron su discurso de signar a las dirigencias del movimiento indígena y la Revolución Ciudadana como incendiarios y golpistas, se volvieron ahora apetecidos socios.

El primer intento de lograr la Presidencia de la Asamblea veía confluir a PSC, CREO y el correísmo, pero el partido gobernante a última hora falló a su palabra. La elección la ganaría, así, Guadalupe Llori, de Pachakutik, con los votos de CREO e ID. Se trata de una mujer amazónica que sufrió la prisión durante el gobierno   , bajo acusaciones de terrorismo y sabotaje.

Fruto de este resultado y acuerdo del que quedarían fuera, tanto Nebot como Correa han afirmado que el de Lasso es un mal inicio y, sobre todo, lo han acusado de no tener palabra. Antes del inicio del gobierno ya se ha roto también la alianza entre PSC y CREO. Está claro que el presidente tendrá que lidiar con la dura retórica de ambos líderes nacionales. Pero el juego político fundamental ahora no está en ello. Pachakutik, además de la Presidencia de la Asamblea, tiene tal capacidad de incidencia que cuenta –junto con ID– con mayoría en el Consejo de Administración Legislativa (CAL), órgano fundamental, pues tiene como funciones y atribuciones la planificación de las actividades de la Asamblea, la tramitación de reformas constitucionales, la calificación de los proyectos de ley y las solicitudes de indulto y amnistía. Además, el partido indígena preside la Comisión de Régimen Económico que tiene la atribución de tramitar reformas tributarias que resultarán necesarias para la gestión de las finanzas del gobierno en el marco del acuerdo con el FMI. Pachakutik es un actor con suficiente poder para resistir el ajuste, si esa es su voluntad política.

La configuración de este escenario y el del protagonismo de los movimientos sociales en la potencial oposición al gobierno a escala nacional tendrá un elemento fundamental en las próximas elecciones en la Conaie, donde entrará nuevamente en cuestión el protagonismo de Leónidas Iza. Yaku Pérez, quien según se anticipaba desde antes de las elecciones de abril podría disputar también la presidencia de la organización, se ha separado de Pachakutik por los acuerdos de este con el partido de Lasso, advirtiendo que hubo fraude en la primera vuelta, reivindicando ser una «tercera vía» y aclarando que no se retira de las organizaciones del movimiento (Conaie y la Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador), pero sí de la política electoral. Su discurso en esta renuncia, ya fuera de la contienda, tuvo líneas más claras de oposición a la «derecha neoliberal» que las esbozadas en su campaña.

Si frente al gobierno de Moreno fueron fundamentales el correísmo en el Legislativo y el movimiento indígena en las movilizaciones, se abre entonces el interrogante sobre cuál será la capacidad de incidencia de la Revolución Ciudadana en el juego legislativo, con escasa presencia en la directiva y en las presidencias de comisiones claves, y cuál será el lugar de la Conaie para irradiar línea discursiva, ahora que su brazo político ha acordado con CREO para hacerse del poder en la Asamblea y tener los espacios más relevantes en ella.

Si todo lo transitado y actuado hasta ahora por los actores partidarios de izquierda ha sido para procurar gobernabilidad en nombre de las profundas crisis que vive el país, ¿cuáles serán los repertorios y qué peso tendrá el clivaje correísmo/anticorreísmo a la hora de confluir para defender y profundizar la democracia, que ha sido gravemente lesionada durante el gobierno que termina?

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¿Qué es y qué quiere la nueva izquierda chilena?

Las elecciones chilenas del 15 y 16 de mayo provocaron un derrumbe electoral de la derecha y dejaron ver la emergencia de candidaturas independientes. Pero, al mismo tiempo, los triunfos de la izquierda articulada en torno del Frente Amplio y del Partido Comunista, tanto en la Convención Constitucional como en alcaldías claves, dejaron ver el peso de la generación que se politizó en las protestas estudiantiles de 2011. Muchos de ellos asumirán ahora tareas de gobierno en el nivel local y tendrán un papel significativo en la redacción de la nueva Carta Magna.

 

En 2016, una incipiente coalición sacudió la política chilena con una inesperada victoria en el municipio de Valparaíso. Al año siguiente, pese a que los pronósticos electorales no eran auspiciosos, la nueva coalición logró consolidarse con un sorprendente resultado en las elecciones presidenciales y parlamentarias (en las que obtuvo 20 diputados y un senador). 

El Frente Amplio (FA), cuyos jóvenes liderazgos habían emergido al calor de las movilizaciones estudiantiles de 2011, incluía una diversidad de colectivos y partidos de un amplio espectro político e ideológico. Luego de su éxito inicial, abundaron las especulaciones sobre su capacidad para seguir creciendo e incluso convertirse en fuerza de gobierno. Los primeros dos años del FA estuvieron marcados por quiebres y pujas internas que fueron erosionando su imagen. En medio de estas trifulcas, hacia finales de 2019, Chile vivió un estallido social sin precedentes, que llevó a millones de personas a la calle e hizo caer abruptamente la aprobación del gobierno de Sebastián Piñera y produjo una fuerte erosión de la institucionalidad política construida en la transición posdictadura. Muchas cosas explicaban este estallido pero un elemento fundamental, sin duda, era una crítica sin cuartel a todos los partidos del sistema político y una denuncia de los puntos ciegos de la transición democrática. En un comienzo, parecía que las críticas a los partidos tradicionales podían traducirse en un apoyo a las nuevas organizaciones del FA, pero no fue así. Quienes habían sido impugnadores del orden político precedente se vieron a su vez apuntados por la ciudadanía. 

El golpe más duro a la nueva coalición se dio luego de que varios de sus principales dirigentes pusieran sus firmas y las de sus partidos para un acuerdo transversal de la política que habilitaba el comienzo de un proceso constituyente que canalizara institucionalmente las demandas sociales. Para lograr ese acuerdo se realizaron concesiones, como aceptar que los artículos de la nueva Carta Magna se aprobaran con dos tercios de la Convención Constitucional, lo que daría más poder de veto a los sectores conservadores.

Algunos en el FA vieron esta firma como una traición. Una serie de quiebres redujeron significativamente la presencia parlamentaria de la coalición. El último golpe ocurrió cuando, luego de que se confirmara una nueva alianza con el Partido Comunista (PC), cuatro diputados abandonaron la organización. Varios medios de comunicación se apresuraron a declarar la muerte del FA, asegurando que lo que quedaba de él sería absorbido por la identidad PC. Entre la propia militancia del FA empezó a instalarse la pregunta de si su destino sería ser la primera coalición del nuevo orden político que comenzaba a nacer con el estallido social, o la última de un orden en declive.

Este fue el telón de fondo de las elecciones del 15 y 16 de mayo, en las que se eligieron los integrantes de la Convención Constitucional, alcaldes y gobernadores. Varios analistas pronosticaron (basados en algunas encuestas, elecciones previas y proyecciones) una elección sin sobresaltos, marcada por el voto de los mismos electores de siempre, que les habían dado sendas victorias a los dos bloques principales de la política chilena en los últimos 30 años. Por un lado, la coalición de centroizquierda, heredera de la Concertación de Partidos por la Democracia que lideró el proceso de transición para terminar con la dictadura de Augusto Pinochet. Por otro lado, la coalición de derecha que se construyó originalmente como defensa del legado de la dictadura, pero, con el pasar de los años, intentó (con algún éxito) exorcizar esa marca de nacimiento. Los analistas no podían estar más equivocados.

El Tribunal Electoral ni siquiera ha terminado de certificar las elecciones, pero ya está claro que esta elección ha constituido un verdadero terremoto para la política nacional. En la Convención Constitucional se dio un colapso de la votación de derecha, articulada en el bloque Chile Vamos, que la llevó a cerca de 20% de los votos (en 2017 el actual presidente de derecha, Sebastián Piñera, había ganado la segunda vuelta de la elección con 54%) y un desplome en la votación de la lista de centroizquierda tradicional (la lista del Apruebo), que incluye al Partido Socialista, la Democracia Cristiana y otras fuerzas de centroizquierda. 

Quizás el ejemplo más notorio de esta crisis fue el de la Democracia Cristiana, que solo logró elegir a un militante de sus filas para la Convención Constitucional (el presidente del partido). La principal sorpresa la dieron cientos de candidatos independientes que resultaron elegidos. De los 155 miembros de la Convención, 103 no tienen militancia política. A diferencia de los dos bloques tradicionales, el recientemente estrenado bloque de izquierda del PC con el FA logró mantener e incluso crecer en presencia, superando a la lista de centroizquierda (articulada en el bloque Apruebo) en número de constituyentes. Sin embargo, la mayor sorpresa se dio en las elecciones municipales que se hicieron en paralelo. En ella el PC, pero sobre todo el FA, lograron arrebatarle populosas e icónicas municipalidades a la derecha. Desde comunas populares hasta algunas de clase media alta, la propuesta de esta coalición logró concitar un apoyo sorprendente. En comunas que incluían icónicos puestos alcaldicios de la derecha, como el de la comuna de Santiago centro, donde se encuentra el edificio de la Moneda, y Maipú, la segunda comuna con más habitantes de la Región Metropolitana, el triunfo fue innegable. En estas comunas fueron electos Irací Hassler, de 30 años y del PC, y Tomás Vodanovic, también de 30 años y del FA, al igual que Javiera Reyes en Lo Espejo. A estos resultados, se suman triunfos en Viña del MarValdivia y otras localidades.

Varias de estas victorias son sorprendentes porque se dan justamente en el espacio municipal. Estas elecciones históricamente han estado marcadas por redes clientelares y máquinas partidarias consolidadas, que han hecho difícil el arribo de terceras fuerzas. Además, una de las cosas más llamativas de las victorias del pacto de izquierda es su transversalidad en términos socioeconómicos. Desde comunas populares dominadas por clases trabajadoras, como Lo Espejo, hasta de clase media alta como Ñuñoa, donde ganó la Alcaldía Emilia Ríos (32 años, del FA), se recorre prácticamente todo el escalafón social de la ciudad capitalina, y ambas han quedado en manos de alcaldes de la nueva coalición de izquierda. Incluso en la comuna de Las Condes, icónica residencia de las clases altas del país y reducto de votos de la derecha, una candidata del FA, Isidora Alcalde, logró ser electa al concejo municipal.

Las razones de este arribo masivo a las municipales son diversas. Sin duda, una parte central recae en la crisis política desencadenada desde el estallido social de 2019, que se ha materializado en una demanda de renovación de la política, junto con una desconfianza profunda frente a la política tradicional. Pero también parece haber algo en la oferta política de la coalición de izquierda que la hizo particularmente atractiva en este escenario.

El primer elemento que tienen en común los candidatos municipales exitosos es el trabajo territorial y una trayectoria vinculada a las comunas por las que compitieron. Activistas locales, concejales, encargados territoriales de las diputaciones: esas son las experiencias que marcan los años previos de todos ellos. Mientras los medios y el debate público habían estado marcados por las trifulcas, quiebres y renuncias de las vocerías nacionales en el Parlamento, estos jóvenes estuvieron «haciendo la pega», trabajando con las juntas de vecinos, organizaciones de pobladores, medios locales y distintas expresiones sociales organizadas en estas comunas. Además, son todas candidaturas que tuvieron un especial cuidado en generar programas participativos en las comunidades que los habían visto trabajar durante los años anteriores. Esto explica en gran medida que hayan podido contrarrestar el sentido clientelista de las elecciones municipales, dominado por los grandes partidos, que solía funcionar como cortafuegos. 

Otro elemento que marca a los nuevos líderes comunales es su juventud. En general, tienen, como mencionamos, en torno de 30 años. Políticamente, es la primera vez que varios de ellos asumen un rol de dirigencia institucional, aunque muchos tuvieron experiencias en el movimiento estudiantil. En este sentido, ha sido clave la experiencia de la movilización estudiantil de 2011. Aquello es relativamente obvio en el caso del FA, pero se repite en el PC. Las dos nuevas alcaldesas del PC en la Región Metropolitana (Lo Espejo y Santiago Centro) fueron dirigentes estudiantiles de la Universidad de Chile. En este sentido, las actuales elecciones reflejan en el nivel municipal un fenómeno ya observado en el Parlamento. Se trata del arribo de una nueva generación de dirigencias, ya sea en el FA o en el PC (el caso más conocido es el de Camila Vallejo, también ex-dirigente estudiantil de la Universidad de Chile).

Junto con la juventud, es notoria la presencia de liderazgos femeninos y feministas. Varias de las recientemente electas alcaldesas tuvieron roles protagónicos en la marea feminista que surgió en Chile en 2018 y ha logrado penetrar profundamente en el debate público (la Convención Constitucional fue electa con estrictas normas de paridad, que aseguraron igual participación de varones y mujeres). De este modo, no es de extrañar que, por ejemplo, el lema de campaña de la candidata a alcaldesa de Ñuñoa, Emilia Ríos, estuviera centrado en «traer el feminismo al municipio».

Finalmente, un aspecto llamativo de varias de estas candidaturas exitosas es que se trata de jóvenes profesionales, varios graduados en las mejores universidades del país. Por un lado, estas candidaturas encarnan el surgimiento de la nueva clase media chilena, marcada por el acceso masivo a la universidad. Por otro lado, también les han permitido a las candidaturas de izquierda, tradicionalmente atacadas en los espacios locales por su supuestamente escas capacidad de gestión, mostrarse como una alternativa de excelencia administrativa, ante casos de ineficiencia, inoperancia o franca corrupción de los gobiernos comunales.

¿Por qué votaron quienes votaron por la coalición del FA y el PC? Específicamente, una de las preguntas que ha surgido luego del resultado electoral es cuál es esa identidad del FA que, contra los pronósticos, estuvo lejos de ser absorbida en la reciente coalición con el PC. Al parecer, los electores sí percibieron una identidad propia del FA, que en lugar de diluirse en la identidad comunista, se vio como complementaria. Es una identidad claramente diferente de la de 2017, que era políticamente más difusa y definida en oposición a los bloques tradicionales. En este sentido, el «nuevo» FA tiene menos amplitud política, pero más profundidad social. Además, la firma del acuerdo que dio inicio al proceso constituyente ha quedado ineludiblemente asociada a su marca. Lo que algunos veían como un pasivo ha terminado consolidando una imagen de FA más maduro.

Si el PC ha tomado el rol impugnador que antiguamente tenía el FA, este ahora se consolida en su posición crítica, de renovación desde la sociedad organizada, claramente posicionada en la izquierda, pero anclada en un sentido republicano de democracia y diálogo. Tanto es así que una de las figuras protagonistas de la firma del acuerdo político que alumbró la Convención Constitucional, el diputado y ex-dirigente estudiantil Gabriel Boric, se ha alzado como su carta presidencial para las elecciones de noviembre de este año.

Algunos de quienes daban al FA por muerto y enterrado ahora le asignan un rol crucial como articulador entre «lo nuevo» y «lo viejo» en la política nacional. Por otro lado, si bien este nuevo FA se ve más consistente ideológicamente y sus principales liderazgos parecen haber madurado al calor de las crisis y derrotas de los últimos años, todavía no es claro cómo enfrentará este nuevo ciclo político, ahora que ha consolidado su posición. Aunque ha comenzado a emerger un incipiente sentido de militancia frenteamplista, antes completamente ausente, las tendencias centrifugas y la propensión a los quiebres de las frágiles instituciones partidarias que lo componen siguen allí. 

Será un gran desafío para el conglomerado superar estas tendencias, en medio de la vorágine que ha traído el nuevo escenario político chileno. Además, por mucho que los recientes resultados reflejen una mejor posición relativa en la evaluación que hace la población de esta coalición, el FA no escapa de buena parte de las críticas y denuncias dirigidas a los partidos y al sistema político. En este sentido, una pregunta urgente es cómo afianzar e integrar las nuevas fuerzas que están naciendo desde el estallido en forma de candidaturas independientes y que han sido las grandes ganadoras de las elecciones. 

El FA y la nueva izquierda chilena todavía está muy lejos de haber logrado generar mayorías nacionales consistentes que puedan gobernar el país. En cualquier caso, parece que lo que el FA sí se ha ganado es la oportunidad de ser parte del nuevo capítulo de la política chilena. Ahora tendrá que demostrar que, más allá del trabajo territorial y la movilización electoral, es capaz de gestionar exitosamente los nuevos municipios que gobierna. Los electores han decidido darle una oportunidad para mostrarlo, pero no dudarán en abandonarlos si fallan. Además, las elecciones parlamentarias y presidenciales, que se realizarán en pocos meses, serán un importante termómetro de cuán consolidada está la apreciación del FA en la opinión popular. No hay ninguna certeza al respecto. Un conglomerado que ha demostrado convicciones firmes y acertadas puede perfectamente errar. «La duda debe seguir a la convicción como una sombra», es la cita de Albert Camus que Boric suele parafrasear como mantra. Un buen resumen del desafío que se le plantea a la renovada nueva izquierda chilena.

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Franco Berardi

Franco "Bifo" Berardi, activista emblemático del movimiento insurreccional italiano del 68

En La segunda venida, su libro que acaba de editar en Argentina, si bien habla del fin del mundo, en un sentido más o menos metafórico, también se pregunta si es posible cambiarlo para mejor.

La de Franco Berardi --teórico y activista emblemático del movimiento insurreccional italiano del 68, mejor conocido como “Bifo”-- es una filosofía en llamas. Un pensamiento que por su pretensión de hablar de las cosas mientras pasan a veces lo pone en peligro de pecar de filósofo-pitonisa, o de agorero. Dice que falta desacelerar y pensar. Parafrasea a Marx a contramano: pide que volvamos a interpretar el mundo, antes de transformarlo. Ejercer la crítica es, dice Bifo, un desafío en tiempos en los que la información va más rápido que la capacidad de procesarla. Hace tiempo que se preocupa por los modos en los que la aceleración informática está cambiando la sensibilidad y la capacidad de deliberación.

En La segunda venida, su libro que Caja Negra acaba de editar en Argentina, si bien habla del fin del mundo, en un sentido más o menos metafórico, también se pregunta si es posible cambiarlo para mejor. ¿Es todavía viable la convivencia y la empatía en un contexto de guerra civil global, de efervescencia neofascista y de lo que Berardi llama “apagón de la sensibilidad”, una ola de “idiotez propagada por el mundo” en forma de “rebeldía contra la ciencia y la razón”? El estado de situación que describe es la caída de “la ilusión neoliberal” que arrastra hacia “una obsesión con la política indentitaria” (los neonacionalismos, los racismos). “¿Cómo podemos pensar en recomponer un cuerpo tan disgregado, una mente tan miedosa?”, se pregunta Berardi en diálogo con Página12.

En los 70 Berardi participó de la creación de la pirata Radio Alice, una de las más famosas experiencias europeas de comunicación cooperativa. Hacia finales de los años 70 fue arrestado, en el contexto de las persecuciones contra militantes de la autonomía obrera, la radio fue clausurada y Bifo terminó exiliado en París, donde se vinculó con Félix Guattari y a Michel Foucault. Durante los 80 vivió en Estados Unidos, empezó a investigar sobre el cyberpunk. En 2002 fundó TV Orfeo, la primera televisión comunitaria italiana. Hoy, trabaja como maestro de escuela media en el Instituto Aldini Valeriani, en Bolonia. Este libro es la aventura de un diagnóstico. Y también un manual de instrucciones para lidiar con un mundo zombi, que Berardi describe como el ejército de autómatas --que somos todxs-- sin tiempo ni capacidades cognitivas suficientes para elaborar la complejidad del mundo contemporáneo. Berardi tiene 68 años y en La segunda venida, relata que vive en el mismo barrio donde vivía cuando era estudiante, hace 50 años. “Prácticamente nada ha cambiado en el paisaje excepto los estudiantes. Los veo desde mi ventana: solitarios, mirando las pantallas de sus smartphone, apurándose nerviosamente para no llegar tarde a clase, volviendo con caras tristes a los costosos cuartos que les alquilan sus familias. Siento su melancolía, siento su agresividad latente en su depresión. Sé que esa agresividad puede brotar y expresarse bajo el estandarte del fascismo. No del viejo fascismo que explotó de energía futurista, sino del nuevo fascismo que resulta de la implosión del deseo, del intento de mantener bajo control el pánico y de la rabia depresiva de la impotencia”.

--La anterior es una cita que sin duda lleva a la pregunta: ¿No hay en esos modos de conexión --por su globalidad, por su velocidad-- posibilidades emancipadoras?

--Claro que sí, claro que hay enormes potencialidades de emancipación tanto en los medios digitales como en el progreso técnico en general. Pero la transformación técnica y mediática implica una mutación antropológica, y particularmente psíquica, que tenemos que valorar. Seguramente yo me pierdo mucho del potencial de la nueva tecnoesfera, pero la generación que más sufre es la nueva. Hay toda una literatura (pienso en el libro de Jean Twenge sobre la generación hiperconectada, por ejemplo) que muestra cómo la mutación conectiva está produciendo una ola de psicopatía que golpea sobre todo a la generación que aprendió a decir más palabras gracias a una máquina que a la voz de la madre.

--Dice que a la humanidad no le queda alternativa: comunismo o extinción. Nos invita a prepararnos a cuando acontezca lo imprevisto, la irrupción de un neocomunismo que poco tiene que ver con el de 1917. Pero no dice cómo llegaremos a él...

--Marx ha dicho, no me acuerdo cuándo, que no le interesaba escribir recetas para el restaurante del porvenir. Y, de hecho, no se puede encontrar una descripción utópica del futuro comunista en su obra. ¿Por qué? Porque el comunismo no es un estado futuro, es la tendencia posible. No la necesaria --cuidado--, la posible. Hoy, en el agujero negro que se va revelando con la pandemia, y sobre todo después de cuarenta años de devastación sistemática de tipo nazi-liberal, me parece que la perspectiva más probable es un proceso caótico de autodestrucción del género humano. Pero también veo una tendencia hacia la formación de comunidades igualitarias y frugales. Igualdad y frugalidad son los caracteres esenciales del comunismo posible y urgente (pero a nivel mayoritario, no muy probable). Frugalidad no significa sacrificio, ni pobreza. Al contrario, significa una relación concreta con lo útil. Una autonomía en la relación de intercambio abstracto de valor, y autoproducción comunitaria del concreto útil. No hay una tercera alternativa. O la frugalidad igualitaria o la barbarie desencadenada, la violencia totalitaria, la guerra global, la devastación mortífera. Comunismo o extinción.

--Sobre el concepto de conciencia de clase hoy: ¿Existe todavía? ¿Dónde reside hoy la conciencia de clase? ¿Qué formas toma?

--“Conciencia de clase” es un concepto que tenemos que precisar. ¿Qué es? ¿El efecto intelectual de la pertenencia a una clase social? ¿Un efecto determinista? ¿La posibilidad de compartir formas de pensamiento, de comportamiento? No lo sé. Yo prefiero pensar en términos de composición de clase para referirme a la estructura material del trabajo y de la sociedad, y de subjetivación para referirme al proceso de formación de un movimiento fundado sobre la condición material pero cargado de inconsciencia, de mitologías comunes, de imaginación, de deseo. Tenemos que investigar el inconsciente colectivo más que la conciencia de clase. El proceso de subjetivación contemporáneo es el resultado de una larga época de agresión mediática al cerebro colectivo, de disgregación del trabajo, de concurrencia entre trabajadores provocada por la precariedad, y, como si esto fuera poco, el resultado de un largo tiempo de aislamiento, de distanciamiento.

--La pandemia produjo una desaceleración del flujo de información y estimulación permanente. Por lo menos, durante los primeros momentos. ¿Se puede hablar de una desaceleración hoy, un año después?

--La deflación del ritmo cognitivo, psíquico y social es un aspecto que se manifestó claramente al comienzo de la pandemia pero que después nunca desapareció. La mayoría de los trabajadores, y sobre todo de las trabajadoras, no han podido relajarse mucho en la fase pandémica. A pesar del peligro de contagio, han sido obligados y obligadas a continuar con su trabajo. El efecto deflación sigue siendo dominante en la mente colectiva, no solo porque hay muchas cosas que no se pueden hacer, sino sobre todo porque las expectativas de la época neoliberal (crecimiento constante, competencia ininterrumpida, mitología de la energía competitiva y agresiva, mitologías publicitarias) se han visto disueltas. La euforia agresiva producida por la ideología neoliberal no volverá, creo. Solo puede regresar la tristeza agresiva, la rabia depresiva que se manifiesta como histeria de la libertad individualista. La fuerza de la derecha hoy se funda sobre esta tristeza: el fascismo como reacción histérica a la depresión.

--Hablando de subjetivación contemporánea y mitologías... el filósofo francés Jacques Rancière dice que se ha exagerado con respecto al efecto que tienen en ésta las fake news. Que éstas no representan necesariamente un engaño. Dice: No creo que la gente que adhiere a las teorías conspirativas haya sido engañada. Adhieren porque están de acuerdo, su problema no es si es cierto o no, sino si les gusta o no. ¿Qué opina usted?

--Coincido. La noción de fake news está vacía. Siempre ha habido noticias falsas en el discurso público. Hoy hay muchas más porque el volumen de información se ha ampliado. Lo que ha cambiado no es la falsedad del discurso: hay es una crisis de la mente crítica. La crítica no es una facultad natural de la mente humana, se manifiesta cuando la comunicación pública se convierte en comunicación escrita. La crítica deviene una modalidad del discurso público cuando una parte amplia de la población puede leer y releer textos escritos. La crítica necesita del ritmo de la comunicación. Cuando el ritmo de la comunicación se acelera hasta el ruido blanco, la mente pierde su capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso. No podemos contar mucho con la mente crítica. En el futuro, la capacidad crítica habrá desaparecido de la mente humana, será solo el privilegio de una minoría que pueda leer y abstraerse del ruido.

--Entonces, ¿cómo podemos pensar en producir efectos de solidaridad, de emancipación, si no hay crítica?

--Este es un punto... En el pasado, la mente crítica era la condición de la subjetivación progresiva y solidaria. Hoy creo que solo puede serlo la sensibilidad, un tipo de sentimiento mucho más sutil, que no concierne a la razón, que sobre todo concierne a la emoción, al sufrimiento, al placer. Por eso, me parece que la comunicación política tiene que transformarse en comunicación esencialmente estética, en un sentido más amplio de la dimensión del arte. Estética no es solo la facultad de entendimiento del arte, es también la facultad de entendimiento de la percepción psíquica, del dolor, del deseo...

--Hay una sensación de que la rebeldía y la irreverencia se volvieron de derecha y que la izquierda quedó ligada a la corrección política. O como se ha dicho por ahí: que las izquierdas no aprendieron a hacer memes. ¿Cómo lo ve usted?

--¡No estoy de acuerdo! Todo lo contrario, en los últimos cincuenta años, desde el Mayo Francés hasta al black power, desde el Movimiento Antiglobalización hasta Occupy Wall Street, los memes más poderosos y más significativos han sido el producto del progresismo. La derecha no es ni más inventiva ni más inteligente.

--¿Pero no cree que hay algo de los modos de convocar que está fallando?

--Creo que hoy la derecha puede fundar su comunicación sobre una verdad profunda que la izquierda no sabe interpretar: la impotencia, la agresividad que nace de la impotencia. La derecha habla directamente del sufrimiento de los hombres blancos envejecidos, y de los hombres blancos que son jóvenes pero que están deprimidos y furiosos por su impotencia política, psíquica y sexual. No habla de manera sincera, naturalmente. Habla a los impotentes exaltando la potencia infinita de la raza, de la violencia, del trabajo, de la competencia. La izquierda sigue repitiendo palabras cada vez más vacías sobre la democracia. La democracia está muerta, es un ritual ineficaz cooptado por automatismos técnicos y financieros. Es un ritual inútil porque las condiciones de formación del pensamiento colectivo y de la decisión colectiva son manipuladas por el predominio mediático del capital. La democracia es una condición política buenísima y favorable al progreso social cuando hay fuerza cultural para imponer los intereses de los explotados. Es una metodología. La izquierda transformó la democracia en un valor. Y la democracia no es un valor: es una condición de posibilidad. Y ahora esta condición ha sido destrozada.

--En La segunda venida ha escrito que “en los 60 los partidos de izquierda y los sindicatos vieron en la tecnología un peligro, en lugar de una oportunidad de la cual adueñarse para volcarla en el interés de la sociedad”. ¿Cuál es la actualida-d de este problema?

--El movimiento obrero y progresista percibió a las tecnologías conectivas como un peligro. Lo eran, pero al mismo tiempo eran la condición para entender la nueva composición social. Ahora ya es tarde para entenderlo, porque las nuevas tecnologías ya se han consolidado como infraestructuras de un poder transpolítico. La fuerza y la pertinencia misma de la política se han disuelto. Hoy el problema de la subjetividad social se mide en términos psicoanalíticos, no políticos. No existirá en el futuro el objetivo de gobernar el conjunto de la sociedad. Se pondrá el foco en el problema de proteger comunidades autónomas capaces de vivir en condiciones de aislamiento, pero al mismo tiempo, capaces de interactuar en condiciones de autosuficiencia alimentaria, educacional, tecnológica.

--También dice que la humillación, como concepto, no ha sido tematizadalo suficiente por la teoría política. ¿Por qué es clave hoy? ¿Cómo hacer para ofrecerle a los humillados otras vías de escape que no sean el fascismo?

--Gunther Anders, un judío de Alemania que se casó con Hannah Arendt, ha sido el pensador que mejor entendió estos temas de la humillación como efectos de la omnipotencia de los automatismos técnicos y como causas del fascismo. En los años 60, bajo el influjo de lo que sucedió en Hiroshima y de la proliferación de las armas nucleares, Anders publicó un libro que se titula Die Antiquiert der Menschen. Ahí dice que los hombres perciben la omnipotencia de la máquina (que es un producto de la inteligencia humana) como algo que supera y aniquila la inteligencia humana misma. Ahí hay un núcleo profundo de la humillación como concepto político. A la intuición de Anders hoy debemos añadir una nueva dimensión de la humillación masculina: la impotencia psíquica y sexual vinculada al envejecimiento de la población blanca en el planeta.

Por Dolores Curia

17 de mayo de 2021

Publicado enCultura
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