MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

“El diluvio es tan fuerte que nubla la vista”. Entrevista a Raúl Zibechi sobre las actuales revueltas latinoamericanas

De las actuales revueltas latinoamericanas, del papel de los pueblos indígenas, los jóvenes y las mujeres, del rol de Estados Unidos, de las elecciones en Bolivia y en Argentina, de la coyuntura en México, de la ultraderecha y del qué sigue para quienes buscan un mundo más digno, habla en entrevista Raúl Zibechi, periodista y escritor uruguayo, conocedor, caminante y acompañante de diversas luchas de América Latina.

¿Qué está pasando en Latinoamérica? ¿Por qué ahora las revueltas en Ecuador, Haití, Chile?

Estamos ante el fin de un período marcado por el extractivismo, fase actual del neoliberalismo o Cuarta Guerra Mundial. En este sentido, creo que estamos ante el otoño del extractivismo, porque su período de oro fue antes de la crisis de 2008, cuando los altos precios de la commodities permitieron mejorar la renta de los más pobres sin tocar a los ricos, sin reformas estructurales, como reforma agraria, urbana, impositiva, y así.

Las revueltas son bien diferentes en cada país. En Ecuador tenemos un levantamiento -han habido una decena desde 1990- bien organizado y dirigido por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), que por primera vez fue parcialmente desbordada por los pobres urbanos. En Chile, en cambio, es un estallido, sin convocantes ni direcciones pero con una creciente organización territorial a través de asambleas populares. Los sectores más organizados son los mapuche, los estudiantes y las mujeres, que están jugando un papel destacado.

Creo que la gente está harta, enojada, cansada de tanta desigualdad y de empleos, salud y educación basura. Lo que hay son servicios pésimos para gente descartable. Eso es percibido sobre todo por los más afectados, las y los jóvenes, que ven que no tienen futuro en este sistema. La gente aprovecha grietas, como el paro de los transportistas en Ecuador, para hacerse escuchar.

¿Cuál es tu lectura de lo que ocurre en Bolivia, en cuanto a las elecciones presidenciales en las que se reeligió Evo Morales y las posteriores movilizaciones?

Un fraude más. Evo Morales y la camarilla que lo rodea, como el vicepresidente Álvaro García, se aferran al poder que es lo único que les importa. Ésta es una lección importante: carentes de toda ética, a los dirigentes de izquierda sólo les queda su obsesión por el poder. Esto merece un análisis profundo. ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué sucedió para que el interés único sea el poder y todo lo que lo reviste, como el lujo y el control de la vida de los demás?

Morales no debió presentarse a estas elecciones porque convocó un referendo y ganó el No a su candidatura. Violentó la voluntad popular y ahora vuelve a hacerlo. Es claro que la derecha pretende aprovechar esta situación, pero no olvidemos que la OEA a través de Luis Almagro defiende el régimen de Morales y esto me parece muy sintomático. Quienes hablan de golpe de Estado ocultan que hay un pacto con la derecha, los militares y la OEA, o sea Estados Unidos, para sostener al gobierno de Morales.

Debemos reflexionar por qué la izquierda no imagina soltar el poder, porqué no conciben la política sin aferrarse al Estado. Entre otras cosas, porque abandonaron la construcción de poderes populares, porque no les interesa que la gente esté organizada y hacen todo lo posible por evitarlo, incluso a través de la represión y el terrorismo de Estado, como en Nicaragua.

¿Qué papel juegan los pueblos indígenas en las revueltas?

Son el núcleo principal, junto a las mujeres y los jóvenes. Lo que sucede en Chile tiene tres antecedentes: la lucha del pueblo mapuche, la de los estudiantes desde hace más de un década y la de las mujeres que el año pasado ocuparon universidades y plantaron cara al patriarcado académico. Me hace mucha gracia cuando dicen que Chile se despertó. Los que despertaron fueron los periodistas y académicos que estaban en el limbo. Los de abajo nunca durmieron. Un año atrás la respuesta de todo Chile al asesinato de Camilo Catrillanca fue impresionante, con cortes de calles durante un mes en Santiago y en otras treinta ciudades.

Los pueblos originarios tienen dos grandes cualidades. La primera es la organización territorial comunitaria que se está profundizando al aparecer el activismo juvenil y de mujeres, que democratizan las comunidades. La segunda es que encarnan formas de vida potencialmente no capitalistas, algo que ningún otro sector de la sociedad puede ofrecer a las luchas. Educación, salud y alimentos en clave no mercantil, a lo que debe sumarse la construcción de poderes de otro tipo, no estatales.

Por eso los pueblos son referentes para todos los que luchan. Por eso los blancos urbanos agitan banderas mapuche y las mujeres, estudiantes y campesinas ecuatorianas aceptan la orientación de los indígenas. Me gustaría decir que los pueblos originarios son hoy el principal referente de las revueltas, incluso de sectores de las clases medias urbanas. En Quito las mujeres profesionales limpiaban diariamente los baños de la Casa de la Cultura, mientras las mujeres y varones originarios debatían en asambleas improvisadas. Lo hicieron como gesto de respeto y de aceptación activa de su liderazgo, en una actitud que debe hacernos reflexionar desde el corazón, porque emociona profundamente.

Uruguay rechaza la Guardia Nacional que, por cierto, en México se aprobó. ¿Cual es el saldo de las fuerzas armadas en las calles?

En los próximos años veremos cada vez más militares en las calles. Lula y Dilma, en Brasil, los llevaron a las favelas y nadie levantó a voz, porque son negros y porque son “delincuentes”. El tema del crimen organizado es una pretexto perfecto, porque sirve para limpiar la conciencia de las clases medias de la izquierda, que son las que menos violencia sufren.

El futuro ministro de Interior del Frente Amplio en Uruguay, Gustavo Leal, se desempeña ahora en ese ministerio y se dedica a perseguir las bocas de venta de pasta base, con una saña especial ya que derriba sus viviendas cuando son encarcelados. No son narcos, en el sentido estricto, sino pobres que sobreviven en la delincuencia, a los que aplica métodos represivos idénticos a los que utiliza Israel con los palestinos. Sin embargo, se han descubierto en Europa cargamentos de cocaína de hasta cinco toneladas embarcados en el puerto de Montevideo.

La salida de los militares es inevitable, porque los de arriba declararon la guerra a la población. Y eso no tiene ninguna relación con izquierda o derecha, es una cuestión de clase y de color de piel, es la política del 1% para sostenerse arriba.

¿Qué lectura le das a México en este contexto latinoamericano?

Desde hace tiempo en México se viene incubando algo similar a lo de Chile, un fenomenal estallido que ha sido postergado por la guerra primero y ahora por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Pero la olla acumula presión y es inevitable que en algún momento suceda un enorme levantamiento, cuando la rabia supere el miedo. No sabemos cuándo, pero el proceso está en marcha, porque la política de profundización del extractivismo del actual gobierno es una maquinaria de acumulación de rabias.

Por otro lado, veo en México un poder débil, un gobierno que se echa atrás frente al narco como sucedió en Culiacán, pero le mete presión a los pueblos como sucedió en Morelos, cuando asesinaron al defensor comunitario Samir Flores Soberanes. AMLO negocia con el narco y pasa por encima de los pueblos originarios, lo que revela la miseria ética de su gobierno. Dice que se trató de salvar vidas, lo que puedo entender. Pero, ¿quién defendió la vida de Samir y de tantos otros asesinados en ste, su primer año de gobierno?

Argentina y las elecciones ¿Es la solución el regreso al progresismo?

El problema es que regresa otra cosa que no es el progresismo. En Argentina no vuelve el kirchenismo de 2003, sino un régimen peronista muy represivo, que será más parecido al Perón de 1974 o al de Menem de 1990. El ciclo progresista se terminó, aunque haya gobiernos que se reclaman de esa corriente. El progresismo fue un ciclo de altos precios de las commodities, que permitió traspasar ingresos a los sectores populares por los altos superávits comerciales. Pero además de este factor económico, el ciclo se termina por otro factor decisivo: se termina la pasividad, el consenso entre clases, se activan los movimientos y esto marca un límite claro al ciclo que sólo era posible por la aceptación abajo de las políticas de arriba.

Creo que el nuevo gobierno tiene que enfrentar enormes dificultades por el peso de la deuda que deja Macri, que fuerza a una política de austeridad. El problema es la expectativa popular de que las cosas cambien rápidamente y se produzca una mejora notable en la actividad económica y los salarios.

Sabemos que esto no es posible, entonces se abre un período de imprevisibilidad en el cual la gente no va a esperar pasivamente que le entreguen beneficios. En Argentina veremos una potente profundización del extractivismo, en particular el petróleo y el gas de Vaca Muerta.

Costa Rica y Panamá con revueltas estudiantiles. ¿Qué papel juegan los juegan los jóvenes?

Los jóvenes son uno de los sectores más activos. Si los indígenas están siendo despojados y las mujeres violadas y asesinadas, los jóvenes saben que no tienen futuro, porque una vida digna no puede consistir en trabajo ocho o diez horas en un Oxxo, que con el viaje de ida y vuelta a la casa suma casi catorce horas sometidos al empleo, sin tiempo ni ánimo para hacer otra cosa que consumir con lo poco que le queda de su salario. En el mejor de los casos que tenga un salario.

Sólo una minoría tiene acceso a estudios superiores, con becas que les garantizan hasta los 40 años una vida cómoda, lo que supone un contraste agudo con los jóvenes de los sectores populares, indígenas y negros. Salen de sus barrios y son objeto de la violencia policial o del narco, lo que sugiere que viven en una situación de aguda fragilidad. Esto los lleva en ciertos momentos a integrarse al crimen organizado, que les garantiza una vida más cómoda. Pero sobre todo acumulan rabia, mucha rabia.

En Ecuador, veteranos dirigentes comunitarios estaban sorprendidos de que los jóvenes se les fueran encima a los gendarmes, a mano pelada, por pura bronca, sin medir consecuencias. Consiguieron reducir a cientos de policías que luego fueron entregados a la ONU o a otras autoridades, porque los dirigentes intervinieron para que no los lastimaran, que si fuera por ellos los liquidaban ahí mismo, al pie de las barricadas. Porque esta juventud pobre no tiene experiencias de lucha organizada y tiende a sacarse la rabia atacando a sus enemigos, en lo que puede generar auténticas masacres. Pero están ahí, desbordando todas contenciones imaginables: desde la familia y el barrio hasta los aparatos represivos y, por supuesto, las organizaciones de izquierda. Aquí tenemos que trabajar duro para organizar.

El papel de la ultraderecha y el caso de Bolsonaro en Brasil

Desde el momento que Bolsonaro accedió al gobierno, atraviesa una sucesión de tropiezos, enseñando una enorme incapacidad para gobernar. Se han desatado crisis en su propio partido, entre el presidente y sus aliados, con los empresarios y los grandes agricultores. La verdadera ultraderecha son las fuerzas armadas, en particular el ejército, que juega el papel de estabilizador del gobierno.

Creo que el gran problema de Brasil es la tremenda inseguridad en la vida cotidiana que sufren las camadas populares, en general pobres y negras, que las lleva a buscar refugio en las iglesias evangélicas y pentecostales, así como en figuras que dan una imagen de “seguridad”, como Bolsonaro. Lo que debemos respondernos es porqué los sectores populares abandonaron al Partido del Trabajo (PT) y se volcaron hacia la ultraderecha.

La respuesta simplista es que están influidos por los medios. Una posición que defienden académicos que se creen inmunes a los medios y que subestiman las capacidades populares. La realidad es que la vida de quienes viven en favelas es tremenda: precariedad laboral, abrumadora presencia de la policía militar, crímenes y asesinatos por parte del Estado, salud y educación de pésima calidad, temor por los hijos, que caen víctimas de las balas en porcentajes alucinantes. Las madres temen por sus hijos y éstos por su futuro. Un clima ideal para la captura ultraderechista, en particular de los varones que se sienten desplazados por el empoderamiento de sus pares.

En este contexto, ¿cuál es el papel de Estados Unidos?

La región está siendo escenario de una disputa por la hegemonía global entre Estados Unidos y China. La penetración china está mostrando que es incluso peor que la yanqui. En Ecuador se construyen obras de infraestructura, como represas hidroeléctricas, con esclavos chinos que conmutan sus condenas trabajando en condiciones forzadas, con castigos corporales inclusive. Nadie debe creer que el capitalismo y el imperialismo chinos seas menos opresivos o agresivos que el yanqui.

El problema es que Estados Unidos necesita reposicionarse en América Latina para compensar su creciente debilidad en África, Asia y Oriente Medio. Una de las tendencias que veremos en el futuro inmediato, es la destrucción de los Estados-nación, proceso que ya ha comenzado en México y en países de Centroamérica. Por ese lado, debemos esperar lo peor.

¿Hacia dónde?

La principal característica de este período post ciclo progresista, es la inestabilidad. Las derechas no pueden gobernar, como lo demuestran Chile y Ecuador. Pero los progresismos tampoco, como lo demuestran Bolivia y Nicaragua. Pero cuidado, el problema no es tal o cual gobierno (el gobierno siempre es un problema), sino el sistema. Estas revueltas no son contra un presidente sino contra un modelo de destrucción de la naturaleza y de control social masivo a través de políticas sociales y militarización, que se complementan para mantener a la población sojuzgada.

La respuesta de hacia dónde, no puede ser otra que la organización popular en cada territorio, para resistir y construir los mundos nuevos. Me gusta hablar de arcas, porque es necesario sobrevivir colectivamente el diluvio que viene. Desinformémos puede ser considerada como un arca de la inter-información de los abajos, como el mecanismo para acoplar nuestras conductas, como diría Alberto Maturana. O sea, una información hacia adentro del campo popular o arcas colectivas, que es imprescindible para orientarnos en algún sentido emancipatorio, pero sobre todo para mover-nos en medio de una tormenta que no deja ver nada, porque el diluvio es tan fuerte que nubla la vista.

28 octubre 2019 0

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Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal

El pasado 24 de octubre conmemoramos el 74 aniversario desde la entrada en vigor de la Carta de las Naciones Unidas, el esfuerzo multilateral más articulado que el mundo haya realizado en la búsqueda de la resolución pacífica de conflictos, del desarrollo y el bienestar para nuestros pueblos.

Hoy, cuando transitamos el ineludible camino hacia el desarrollo sostenible, es más urgente que nunca reafirmar que la igualdad debe ser motor del desarrollo regional y estrategia para cerrar las brechas estructurales que se han profundizado en América Latina y el Caribe.

Vivimos un cambio de época que exige una transformación de nuestro estilo de desarrollo que se base en el fortalecimiento de la democracia, los derechos humanos, el multilateralismo, la paz, la igualdad y la sostenibilidad.

La región aún es la más desigual del orbe, y si bien la primera década de este siglo estuvo marcada por avances en la reducción de la pobreza y la desigualdad de ingreso, quedan muchas brechas por cerrar.

Los rezagos estructurales en esta segunda década han quedado más evidentes que nunca en productividad, extractivismo, evasión fiscal, abusos y corrupción. Los gobiernos han optado por medidas de austeridad con recortes en el gasto social y baja inversión, limitando además los derechos laborales. Se han transversalizado los abusos de tal manera que el tráfico de influencias entre el poder económico y el político se ha generalizado en todo el espectro ideológico.

Es necesario renovar el pensamiento y la métrica sobre las desigualdades. Es necesario medir la riqueza y no sólo la pobreza. Incorporar la desigualdad en la propiedad y no sólo en el ingreso.

En Chile, por ejemplo, con un PIB per cápita de 25 mil dólares al año, la mitad de los trabajadores recibe un sueldo inferior a 550 dólares al mes y casi todos los servicios –educación, salud, medicación, transporte, electricidad, agua, etcétera– impactan en los salarios. En términos de patrimonio, el uno por ciento más rico detenta 26.5 por ciento de la riqueza, y el 10 por ciento más rico concentra 66.5 por ciento, mientras el 50 por ciento más pobre accede a un magro 2.1 por de la riqueza del país.

Se requiere erradicar la cultura del privilegio que caracteriza a la región, abordando las renuncias fiscales y la evasión fiscal en favor de los pocos. Simplemente la evasión cuesta 340 mil millones de dólares al año en la región (6.7 por ciento de su PIB).

Se requiere abordar a fondo la igualdad de género, pues las mujeres tienen menos posibilidades de participar en el mercado laboral debido a la alta carga de trabajo doméstico no remunerado. Su tasa de actividad es 24.2 por ciento menor a la de los hombres. Abordar, también, las brechas en capacidades humanas que menoscaban el desarrollo pleno de las personas y son ineficientes: 40 por ciento de los jóvenes de 20 a 24 años no concluyeron la secundaria y persisten las desigualdades étnicas.

Reconozcamos al fin que el actual estilo dominante de desarrollo es inviable y produce un desarrollo escaso y distorsionado por tres motivos fundamentales: porque produce poco crecimiento, genera y profundiza desigualdades y es ambientalmente destructivo. Un estilo de desarrollo que alentó expectativas de movilidad social y progreso y por ello, ante su fracaso, hay gran exasperación, impaciencia y desencanto hacia la clase política, especialmente en los jóvenes.

Lo hemos dicho: la desigualdad es ineficiente, se reproduce y permea el sistema productivo. Por el contrario, la igualdad no es sólo un principio ético ineludible, sino también una variable explicativa de la eficiencia del sistema económico a largo plazo. Debemos reconocer que las desigualdades son más profundas, duraderas, inelásticas y resilientes de lo que usualmente pensamos. Esta realidad estalla hoy en malestar en los pueblos de la región y demanda a escuchar sus voces y a construir propuestas de desarrollo que los incluya a todos.

Se abre para la región la oportunidad de un quiebre civilizatorio donde se replanteen los pactos sociales con amplia participación ciudadana y con mirada a mediano y largo plazo.

Llegó la hora de la igualdad y de un nuevo estilo de desarrollo. Es hora de replantear los pactos sociales y superar un modelo económico basado en la cultura del privilegio que prioriza el interés privado sobre el público, el capital sobre el trabajo, la acumulación sobre la redistribución, el crecimiento sobre la naturaleza, los privilegios sobre los derechos, la diferenciación social sobre la igualación, las jerarquías sobre las relaciones horizontales.

Hoy Naciones Unidas y la Cepal han de redoblar sus esfuerzos para construir propuestas basadas en evidencias que permitan superar el lastre de la desigualdad y que entreguen a nuestros pueblos la dignidad que merecen.

Por Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal

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Lunes, 28 Octubre 2019 07:03

La invitación de Sanders

El socialista democrático Bernie Sanders, precandidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, tiene gran respaldo de los jóvenes en su lucha contra la desigualdad económica y su efecto corruptor en el poder. La imagen, en Iowa.Foto Afp

Si hay algo en el cosmos político estadunidense que resiste ser tragado por el hoyo negro de la era trumpiana es la luz que brilla de jóvenes indignados y viejos veteranos de luchas por la justicia social y los derechos humanos que se oponen al modelo neoliberal impuesto sobre este país.

Y es el "socialista democrático" Bernie Sanders quien está ganando –aún si pierde al final– la contienda electoral presidencial al haber definido un eje central de la pugna política del país a través de su llamado por una "revolución política" contra la "clase multimillonaria" en el poder.

El candidato más viejo cuenta con un amplio apoyo de los jóvenes –una generación cuya mayoría, según las encuestas, favorece al "socialismo"– y sigue encuadrando su campaña con la consigna de Ocupa Wall Street por un gobierno de, para y a favor del 99 por ciento contra el uno por ciento más rico. "No podemos continuar con una clase multimillonaria cuya avaricia y corrupción ha estado en guerra contra las familias trabajadoras del país por 45 años", repite, mientras acude a las huelgas de maestros y otros sindicatos.

En un mitin reciente en Nueva York, preguntó si todos los presentes estaban dispuestos a luchar por los derechos y bienestar de personas que ni conocen como si fuera para sí mismos. "Porque si están dispuestos a hacer eso, a amar, a luchar por un gobierno de compasión, justicia y decencia; si están dispuestos a repudiar el deseo de Trump de dividirnos, si están dispuestos a confrontar la avaricia y corrupción de la élite empresarial, si ustedes y millones de otros están preparados hacer eso, entonces no tengo duda de que no sólo ganaremos la elección, sino que juntos transformaremos a este país".

No deja de denunciar la severa desigualdad económica y su efecto corruptor del poder, y regresa a sus propuestas, que incluyen un seguro de salud universal, universidad pública gratuita, fin de la deuda estudiantil, incremento del salario mínimo, fin del encarcelamiento masivo y racista, una reforma migratoria integral con acceso a la ciudadanía, defensa de los derechos de las mujeres... (https://berniesanders.com/es/). Sanders, quien recientemente presentó un proyecto detallado para una economía verde, ha abordado el tema del cambio climático desde hace más de tres décadas (https://youtu.be/A_CHrx7PzYw).

En respuesta a algunos acontecimientos recientes en el exterior, Sanders ha comentado: "Aplaudo los movimientos de base encabezados por indígenas de Ecuador, quienes se enfrentaron a la represión y bloquearon la agenda de austeridad del FMI. Las élites económicas siguen promoviendo la austeridad a nivel mundial, haciendo la vida intolerable para la gente trabajadora. Estados Unidos debería dejar de apoyar eso". En referencia a las protestas populares en Líbano e Irak, y en otras partes del mundo, declaró que "si queremos un futuro progresista, necesitamos construir un movimiento global de y para la gente trabajadora".

A pesar de ser el precandidato presidencial demócrata con mayor recaudación de fondos y el primero en superar un millón de donantes individuales, realizar hace una semana el mitin electoral más grande de cualquier candidato en lo que va de esta contienda y que en las encuestas nacionales sigue entre los primeros 3 (de unos 21 precandidatos ahora) en las preferencias, los medios y expertos del establishment han hecho todo para descartarlo como un candidato "viable", mientras la cúpula demócrata no oculta su desdén. Y es que esa cúpula democrata, igual que la republicana, están ligadas a la misma cúpula económica.

Robert Reich recientemente escribió que la disputa política aquí ya no es de demócratas contra republicanos, sino "la democracia contra la oligarquía", y por ello Sanders, como en parte la otra precandidata progresista Elizabeth Warren, cuentan con tanto apoyo abajo y generan tanto temor en las cúpulas.

Sanders está convocando una respuesta a décadas de políticas neoliberales aplicadas dentro de Estados Unidos. Muchos esperan que lo que representa rescate a este país de sí mismo, ante el abismo obsceno y peligroso en que se encuentra.

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Lunes, 28 Octubre 2019 06:57

La afrenta continental

La afrenta continental

Latinoamérica, que nominalmente comienza al sur del río Bravo y llega hasta la vecindad Antártica, anida más de una veintena de naciones que ahora, en tiempos de redes sociales y trascendentes despertares indígenas, parecen estarse hablando como nunca después del ciclo independentista en la segunda década del siglo XIX.

Se dice fácil. La dudosa "integración" regional siempre brilló en el discurso, aunque no quedase claro si con ella se pretendía poner en orden el "patio trasero" de Estados Unidos, su "zona de interés" irrenunciable desde la Doctrina Monroe, o por el contrario construir un bloque regional para dejar de ser del interés exclusivo de Washington, el Pentágono y las grandes corporaciones estadunidenses que han ocupado, cultivado, explotado, extraído y extenuado las riquezas naturales del subcontinente durante 170 años. Un proceso que se inicia con la invasión a México y la enajenación de la mitad de su territorio, y lo continúan las bananeras, petroleras y mineras que ocuparon y saquearon la que algunos románticos llaman "Nuestramérica". El número de golpes de Estado, invasiones militares y filibusteras, guerras civiles y amafiamientos territoriales propiciados, patrocinados y sostenidos por Estados Unidos es tal que a ningún país del área la faltan episodios de injerencia y daño directo.

La afrenta imperial, permanente hasta hoy, nunca generó respuestas continentales. Para impedirlo han servido la Cuarta Flota, la CIA, la devaluadísima Organización de Estados Americanos (OEA), los tratados de libre comercio y la "renta" permanente de territorios (plantaciones, bases militares, campos petroleros) en Centroamérica, grandes extensiones de Sudamérica y colonias explícitas como Puerto Rico: el síndrome de Guantánamo devora las ambiciones yanquis. Este sí que ha sido nuestro destino manifiesto, la verdadera maldición de la Malinche.

Sin esquematizar demasiado, las revueltas populares en aparente reacción en cadena, revelan un descontento unánime contra el estado de cosas propiciado por los intereses yanquis. Así como los países se libraron de España hace dos siglos, ¿podrán desafiar con eficacia la tutela imperial de Washington? Es mucho estirar la liga tal vez, pero no se recuerda un ciclo de concatenaciones y simultaneidades en la revuelta como ahora. Contra las políticas económicas impuestas por las agencias internacionales. Contra los gobiernos que las implementan y sostienen corrupta y autoritariamente. Contra desigualdad inherente al capitalismo. Chile es la última mecha que prende, pero ya antes de Ecuador vimos desafíos nacionales en Haití, Nicaragua, Honduras, Brasil y Argentina, así como la reacción electoral, antineoliberal en principio, y por hartazgo ante la violencia y la corrupción en México, que ha de verse a la luz de las recientes experiencias "progresistas" en la región, que no dejaron de obedecer las reglas del capitalismo y le fueron funcionales hasta ser sustituidas inestablemente por gobiernos proyanquis.

El actual ciclo de protesta popular –al que los gobiernos responden con violencia, mala fe, manipulación mediática y criminalización estúpida como vemos en Haití, Ecuador y Chile, y antes en Nicaragua– encuentra al imperio sumergido en una bancarrota moral interna sin precedente, a merced del granguiñolesco titular de la Casa Blanca y sus pocos émulos en la región, más allá del peligrosísimo payaso Bolsonaro y el desvergonzado títere Almagro, quien degradó totalmente lo que quedaba de la OEA. Macri ya se va.

Cuba y Venezuela, en resistencia nacional, atraviesan una dificultad crónica bajo bloqueo, que en el caso venezolano hace poco alcanzó para generar grandes protestas de signo contrario a las que vemos en Haití, Ecuador y Chile, y que a diferencia de éstas, cuentan con el respaldo de Washington, la OEA, el trono de España y la Comunidad Europea. Bolivia también experimenta turbulencia. Con un gobierno incómodo para Washington, el Fondo Monetario Internacional y la OEA, las protestas no revisten tanto reclamos contra la política económica impulsada por el FMI y los intereses estadunidenses, como por el presunto fraude electoral y un descontento larvado en muchos sectores bolivianos, no sólo en la derecha, tras la tercera relección de Morales y el grupo de empresarios y políticos que lo rodean.

Para que el actual ciclo de descontento no acabe como la "primavera árabe" en un reforzamiento autoritario, una brutalidad neoliberal más descarnadamente fascista y fundamentalista (adelantada por Bolsonaro, no se rían) y un desmembramiento de las fuerzas reunidas (estudiantes, mujeres, indígenas, trabajadores, artistas, intelectuales), se necesita poner en primer lugar de cualquier estrategia aquello que cancele el predominio imperial de Washington.

¿Qué sigue después de inundar las plazas, tumbar o arrodillar presidentes? La ilusión de lograrlo votando gobiernos que prometen cambiar el rumbo no ha sido suficiente, y como vimos en Brasil, Chile y Argentina, rebota en regímenes de ultraderecha. Falta mucho por andar.

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Los chilenos preparan la segunda marcha más grande del país

Bajo las consignas "Esto no ha terminado" y "Chile no se rinde", las organizaciones sociales y sindicales reunidas en la Plataforma Unidad Social continuaban esta tarde con la ola de protestas en contra del modelo económico y político vigente. Miles de personas se reunieron en el Parque O'Higgins para participar de un encuentro cultural en el cual cada organización de la plataforma tomó la palabra para exigir el fin de la militarización de las calles, condenar las violaciones a los derechos humanos y pedir la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. 

"Lo que se ha manifestado durante la última semana en las calles de Chile es la exasperación de la sociedad civil frente a un modelo fundado en el abuso. Es la Constitución vigente -y la política que ella ha creado- la que ha sido enjuiciada por nosotras, nosotros y nosotres en las ciudades del país", sentencia el documento de la asamblea Unidad Social publicado esta mañana. 

El masivo acto convocado en el Parque O'Higgins mantiene a los chilenos en las calles por décimo día consecutivo , a pesar de que el presidente Sebastián Piñera se vio obligado ayer a levantar el toque de queda. Precisamente, hoy se lanzó la convocatoria a una marcha hacia el Palacio de la Moneda para el martes. 

Una de las consignas ya marca las expectativas para la movilización del 29, #LaMarchaMásGrandeChileII, en referencia a la histórica jornada del viernes pasado

"Nuestra acción continuará hasta lograr una transformación profunda del sistema vigente. Cuestionamos este modelo neoliberal abusivo que convierte nuestros derechos sociales en oportunidades para lucrativos negocios", sostiene el documento de la asamblea que reúne a más de cien organizaciones sindicales y sociales. 

El documento plantea como objetivo de largo plazo la necesidad de alcanzar una nuevo constitución como un "anhelo histórico", y propone además seis puntos para el corto y mediano plazo. 

  1. Exigimos el fin del Estado de Emergencia en todo el territorio nacional.
    2. Exigimos la desmilitarización de las calles.
    3. Exigimos también la aclaración total y la responsabilidad política y penal por cada uno de los casos de asesinatos y otras violaciones de los derechos humanos en las últimas jornadas.
    4. Exigimos una inmediata y considerable reducción de las dietas parlamentarias. Una decisión rápida en esta dirección mostraría que la clase política al menos ha
    comenzado a comprender la profundidad del problema.
    5. Exigimos que se vote y apruebe a la brevedad el proyecto de ley de 40 horas. Porque Chile se lo merece.
    6. Además, exigimos al Poder Ejecutivo y al Parlamento el inicio de un diálogo inmediato que incluya a la sociedad civil. La situación de crisis actual no puede ser abordada solo por una cúpula política de escasa representatividad.
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Cae el gabinete de Piñera tras protestas multitudinarias

 Santiago. El efecto inmediato de las concurridas manifestaciones protagonizadas el viernes 25 por millones de chilenos en todo el país –un millón 200 mil personas sólo en Santiago–, fue forzar la caída del gabinete del presidente Sebastián Piñera.

"He pedido a todos los ministros poner su cargos a disposición para poder estructurar un nuevo gabinete para poder enfrentar estas nuevas demandas y hacernos cargo de los nuevos tiempos", dijo al mediodía del sábado. Pero no anunció de inmediato quiénes integrarán el equipo ministerial con el que intentará levantarse para sortear la crisis política y social que estremece su presidencia. Los nombres podrían anunciarse entre el domingo y lunes, se precisó desde el Palacio de La Moneda, sede del gobierno.

Ese "pequeño detalle" es otra muestra de la gravedad de la situación que se vive.

En Chile los cambios de gabinete, además de mostrar que un gobierno está en problemas, no se anuncian con anticipación, sino que se comunican cuando se realizan. Los ministros son llamados al Palacio, se les informa cuál es su suerte y a continuación, en una liturgia encabezada por el presidente, se comunica al país quiénes cayeron y cuáles son los nuevos rostros, quienes proceden a jurar.

Cristian Campos, politólogo de la Universidad Central, opinó que la dilación es un esfuerzo de control de la agenda mediática –podrían pasar tres días antes de que se conozcan los nombres– para tratar de recuperar la iniciativa política. Respecto de qué puede esperarse, señaló que “algunos cambios en la agenda, pero no los de fondo que demanda una parte importante de la ciudadanía.

"Creo que va a procurar incorporar a políticos con calle, que comprendan lo que pide la gente, aunque no necesariamente porque estén de acuerdo en todos los cambios. Hay algunos políticos de la derecha que están hablando de una nueva Constitución y dentro del sector deben estar negociando. El presidente se da cuenta que hay cosas que deberá ceder, en otras no, entonces el gabinete debe tener rostros que signifiquen algo para la gente."

En síntesis, el cambio de gabinete, si bien simbólico del fracaso del gobierno, en sí mismo no significa para nada la resolución de la crisis, apenas una posibilidad. La demanda y expectativas ciudadanas a corto y mediano plazos son enormes: pensiones dignas, reducir precio de los medicamentos, paliar el endeudamiento de chilenos, salarios decentes, costo de la vida, transporte público y, sobre todo, cambios estructurales al modelo mercantilista ultraneoliberal.

Las manifestaciones continuaron hoy y ya se convocó para el martes 29 a nueva gran marcha por el centro de la capital.

Por la noche, Piñera anunció el término inmediato del toque de queda en las ciudad donde se estaba aplicando y también adelantó que planea terminar con el estado de emergencia este domingo.

La exigencia política de recomponer el gobierno viene escuchándose desde el primer día de la crisis, conforme se constataba que la explosión social, gigantesca y transversal, se fortalecía y aumentaba.

Desconectados de la realidad

La prepotencia verbal y falta de sensibilidad de varios ministros alimentó la furia popular. Por ejemplo, cuando se produjo el alza de 0.04 centavos de dólar en el precio del transporte que produjo el estallido ciudadano, el ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, mandó a los trabajadores a levantarse más temprano, para que no viajaran en horario punta y así ahorrarse el pago extra; o el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, quien sugirió comprar flores ya que éstas se habían abaratado con la llegada de la primavera; o la ministra de Educación, Marcela Cubillos, quien el lunes 21, con el Metro colapsado y con estaciones aún en llamas, intentó forzar el funcionamiento de escuelas y colegios públicos. O la propia ministra de Transportes, Gloria Hutt, quien descartó cualquier posibilidad de echar atrás el alza, finalmente derogada en medio del incendio social.

Sin embargo, la "pieza de caza mayor" es el ministro del Interior, Andrés Chadwick, jefe del gabinete y primo hermano del presidente. Descrito por medios de prensa y por políticos como "hombre muerto caminando", se hundió políticamente en noviembre de 2018, cuando la policía (Carabineros) mató de un balazo en la cabeza a Marcelo Catrillanca (24 años), un joven poblador mapuche, al cual se acusó de participar en actos delictivos en la Región de La Araucanía y de enfrentarse con uniformados. Chadwick avaló la versión inicial de la policía, pero rápidamente quedó al descubierto que fue un montaje y que Catrillanca recibió el balazo por la espalda mientras regresaba a su casa a bordo de un tractor agrícola. Desde entonces el ministro del Interior ha sido férreamente protegido por Piñera, pese a que para la oposición no constituye un interlocutor válido.

La hora final de Chadwick llegó el viernes 18, cuando el llamado a evadir el pago del pasaje del Metro hecho por estudiantes de secundaria, se tornó en una marea inatajable que se saltaba los torniquetes de acceso a las estaciones. Los carabineros respondieron con apaleos indiscriminados en las estaciones, llenas de pasajeros, y el Metro dispuso cerrar a la hora del fin de la jornada laboral. Todo el transporte público colapsó, millones de personas debieron caminar por horas de regreso a casa mientras caía la noche. Lo demás es historia conocida y aún de desarrollo impredecible.

Hoy se confirmó una nueva víctima fatal, la vigésima, un cuerpo calcinado encontrado en un supermercado saqueado y quemado en la Comuna de Maipú, en Santiago. Además, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) confirmó la presentación de la décima sexta querella criminal por tortura y violencia sexual, ahora contra un joven homosexual, cometida por carabineros en una comisaría.

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Domingo, 27 Octubre 2019 05:39

“La esperanza de una vida digna”

“La esperanza de una vida digna”

El mensaje llega con la música habitual de los últimos días en cada audio de whatsapp que se cruza: el tañido de las cacerolas que no dejan de golpearse. “No, querida, acá no se rinde nadie, estamos en Plaza Italia y nos quedamos”, dice y sigue con la descripción de los planes a futuro: más cacerolazo a las 21, marcha el lunes, llamado a huelga, asambleas en todos los barrios, cabildos abiertos que desde el jueves pasado empezaron a organizarse en plazas, centros comunitarios, sindicatos, clubes. El fin del toque de queda anunciado por las Fuerzas Armadas ayer a la mañana no repone la normalidad que intenta transmitir el presidente Sebastián Piñera. Porque si algún miedo se siente en el aire contaminado de Santiago de Chile, es que esto pase y la transformación estructural que demanda la calle con esa imponente muestra de fuerza que se exhibió el viernes se domestique con un par de medidas.

 “Estamos en un momento histórico en el que tenemos la esperanza de construir una vida digna”, dice el primer punto de acuerdo de la asamblea de Yungay, una de las comunas del sur de la región Metropolitana y con esa línea de texto retienen lo que se agita en cada cuerpo: una sensación de todo o nada, ahora o nunca; si el territorio trasandino ha despertado, ahora hay mantenerlo en esa vigilia iluminada de debates compartidos, imaginación política, descripción de lo que ya no se quiere más. Junto a la asamblea de adultos y adultas, hay otra, de niñes. Ahí también se discute y se ponen las manitos a la obra de adornar lienzos (banderas) con las consignas que se articularon en la última semana de estallido; entre ellas una: “Nosotres contaremos otra historia”. Y de eso se trata, de hacer un tajo en la historia y empezar a coser otra.

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Un paisaje lunar se dejaba ver de a retazos iluminados por las luces del auto. Los neumáticos sufrían al rodar sobre ese territorio gris plagado de escombros de tamaños dispares, siempre mucho más grandes que un puño. Era la última noche de toque de queda en la rotonda de Plaza Italia, en el centro de Santiago, dos veces oscura sin faroles ni carteles luminosos. Los camiones del Ejército la custodiaban, retenes en las sombras que apuntan con linterna para exigir el salvoconducto que era necesario para circular. Imposible no sentir el miedo que de niña sentía frente a los operativos que como pinzas asfixiaban de pronto una porción de la ciudad de Buenos Aires en plena dictadura militar. Pero aquí los soldados fueron habilitados a pedir documentación por un presidente constitucional elegido en una votación a la que concurrió menos del 40 por ciento de la población. Ahora le exige la renuncia un movimiento que busca formas de organización por fuera de las establecidas por la norma. Es la norma lo que se quiere cambiar: “Asamblea Constituyente” es la demanda que insiste.

Avanzando por la avenida Vicuña Makena hacia la cordillera, la oscuridad se hace más espesa. El auto sigue la línea del metro que, pasados unos cinco kilómetros del centro, es aéreo. Es fácil ver los rastros del fuego que se encendió en los primeros días. Una semana después, en las estaciones arden velas en memoria de quienes murieron por la represión, esas velas se prendieron violando el toque de queda y así se mantienen en la noche iluminando las fotocopias con los rostros de quienes cayeron en la revuelta. Sobre la vereda de la vía rápida, intermitentemente, se ven grupos de vecines con chalecos amarillos fluorescentes. Los repartieron los mismos carabineros “para reconocernos de los vándalos”, dice Gonzalo, en la puerta de un condominio que reúne 112 viviendas. El es el líder del grupo que monta guardia en turnos de tres horas para evitar que “vengan a saquear”. ¿Pero ha habido saqueos a casas? “No, pero han saqueado un supermercado ahí cerca”, contesta pero enseguida aclara: “Estamos cuidándonos entre nosotros, es lo que tenemos que hacer. Pero también estamos con la movilización. En contra de los delincuentes que saquean pero a favor del pueblo. Es difícil porque no queremos destrozos pero a la vez si no se quemaban las estaciones no nos hubieran escuchado y seguiría todo igual. Es un contrasentido, pero es así. En esto nos metieron”. La reflexión de Gonzalo se va a repetir una y otra vez a lo largo del recorrido, el temor a “los vándalos” está separado de la necesidad de protestar y cambiarlo todo, que los carabineros les hayan entregado los chalecos no quiere decir que sean parte del apoyo al gobierno, de ninguna manera. No es posible estigmatizar a estas personas como fascistas –algo que se escuchó en varias de las asambleas que discuten a cielo abierto como transformar el estallido en organización– sólo porque el político ultraderechista José Antonio Kast prometió una marcha de chalecos amarillos como contra protesta neoliberal. Todos los grupos de vecines consultados –unos siete– se desmarcan de esa postura pero se plantan en su derecho a vigilar y blandir palos como autodefensa. Igual que los “chiquillos y chiquillas” que arman las barricadas para defenderse de la represión en el centro de Santiago y devuelven los gases que les tiran y hacen escombros para alejar a los “pacos”. “Cada uno tiene su función en la manifestación, algunos como yo estamos haciendo rondas de escritores, lecturas colectivas para expresarnos, otros nos protegen de la represión; está muy claro”, dice Cristian Chamorro, estudiante de antropología y poeta que caminó 40 cuadras antes de que lo levantáramos haciendo dedo, buscando llegar a Puente Alto, una estación completamente incendiada.

Si Piñera levantó el toque de queda no es porque la “normalidad” haya vuelto, es porque al abuso se respondió con autodefensa y eso, es evidente en la voluntad popular que se expresa todo los días, se vive como un derecho. El monopolio de la violencia podrá estar en manos del Estado, pero en Chile se le puso límite.

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Una carrera universitaria como ingeniería sale 100 mil dólares. Un tratamiento de quimioterapia, 20 mil. Esas cifras están muy claras para Johana que está en la última de las 16 sesiones de quimio que tuvo que atravesar y que “así pelona como estoy” se fue a la Villa Frei, muy lejos de su casa, a leerle a niñes mientras sus madres y padres estaban en asamblea; y para Angelo, estudiante, endeudado, como si toda la población chilena, sea para estudiar, para comprar una casa –sólo el 5 por ciento de la población estaría habilitada ahora para hacerlo–, para pagar la cuenta de luz que ahora se prometió que se bajaría. Los dos se subieron al auto en la recorrida nocturna después de caminar kilómetros porque el toque de queda los sorprendió demasiado lejos de sus casas. Johana consiguió pagar sólo el 20 por ciento de su tratamiento y eso lo lee como una suerte inaudita, fruto de un complicado trámite de certificación de pobreza. Angelo también consiguió alguna rebaja en su deuda porque tiene a su abuelo y a su abuela a cargo. Pero los dos, también, saben y lo dicen, que la situación es de abuso. Igual que Ana, chaleco amarillo y un nunchaku bajo el brazo que no sabría usarlo si lo necesitara: “Es que te cotizan la jubilación como si fueras a vivir 110 años, ese es el número real, no es una aproximación. Ni siquiera te dejan disponer del 20 por ciento al momento de jubilarte, ni el 10 tampoco. Aportas a una gente que hace negocio con tu dinero, te jubilás a los 65 pero te lo dividen como si fueras a vivir 45 años más. Es un abuso”.

Si algo se vio en la última semana en Chile es un movimiento del deseo, no sólo contra el sistema, contra una constitución sancionada en dictadura y que entrega todo el capital público a manos privadas –ni del agua se puede disponer porque también está en manos de empresas privadas–, también contra formas de vida que despojan al cuerpo. Como nunca antes la violencia sexual tuvo estado público, se hizo visible e hizo visible también a la violencia sexual aplicada por el terrorismo de Estado. Y no es sólo en contra de la violencia, es a favor de ser quien se quiera ser, amar a quien se quiere amar. No es casualidad que los movimientos que se tienen como antecedentes inmediatos, además de las movilizaciones estudiantiles de 2006 y 2011, sean las tomas universitarias contra el abuso sexual en 2018 y el paro feminista del 8M en 2019. Ahí se fue acumulando el valor del NO, del Basta Ya, la desnaturalización de lo que se soportaba como si no hubiera salida. Las salidas estallan en la cara del poder y si algo se saquea es el uso de la palabra pública por parte de las elites políticas y económicas. Ahora la palabra está puesta en la calle y se escribe en los cuerpos, dice No al abuso y dice, sobre todo, dignidad.

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Exigen 1.2 millones de chilenos la renuncia de Sebastián Piñera

Una nueva Constitución, vía de solución, el consenso

 

Santiago. Una semana después del estallido social que sacude a Chile, con estado de emergencia y toque de queda en 15 de las 16 regiones del país, y más de 20 mil soldados desplegados, el gobierno de Sebastián Piñera luce superado por el desarrollo de la crisis, errático en su capacidad de reacción y sin encontrar ningún atisbo de solución en lo inmediato, coinciden analistas.

Si bien se redujeron significativamente saqueos e incendios que se dieron en las primeras jornadas, la movilización ciudadana constante e irreductible mantiene alterada la vida cotidiana del país. La máxima expresión de ello ocurrió este viernes en Santiago, cuando un millón 200 mil personas (cifra oficial) se reunió para marchar pacífica y alegremente por la Alameda, la principal avenida de la capital, en una gesta épica multicultural, donde se expresó la diversidad de la sociedad chilena. En muchas otras ciudades, grandes y pequeñas, se repetían las escenas.

"Chile despertó" y "Piñera, renuncia ya", son las consignas que unen a millones y que han puesto de rodillas a Piñera. La mayoría son jóvenes, muchos estudiantes, pero también los hay desplazados y marginales, víctimas del modelo. Concurren familias enteras, veteranos, profesionales, abuelas, jefas y trabajadoras de hogar, colectivos gay y lésbicos; es un universo social.

El baile de los que sobran, icónica canción de Los Prisioneros, grupo de rock contestatario que saltó a la fama en los años 80, denunciando con su música la marginalidad de los jóvenes en la dictadura de Pinochet, fue entonada como himno de plena vigencia.

Mil guitarristas se congregaron frente a la Biblioteca Nacional para interpretar canciones de Víctor Jara –asesinado por los militares en 1983– entre ellas la emblemática El derecho de vivir en paz.

La gente concurrió temprano desde todos los puntos de la ciudad al sitio clave del encuentro, la Plaza Italia, donde confluyen tres importantes avenidas. Allí, sin liderazgos, sin discursos, sin bocinas ni escenarios y sin banderas de partidos, la gente compartió sus penas y esperanzas, marchó por la Alameda en un ejercicio de catarsis monumental, en incesante recorrido de ida y de vuelta por varios kilómetros hasta las cercanías del Palacio de La Moneda, cercado por un férreo anillo policial que impidió a cualquiera aproximarse a menos de 500 metros.

Al término de la manifestación algunas decenas de violentos prendieron barricadas, saquearon comercios e intentaron quemar los accesos a una estación del Metro (Baquedano, donde hay un cuartel policial en el que se torturó a los detenidos, según denuncias).

Los analistas, con independencia de su sesgo ideológico, coinciden en que el único camino es una nueva Constitución para extirpar la lógica ultramercantilista de la sociedad y la economía chilena, que funciona concentrando la riqueza en pocos y generando millones de desplazados y abusados.

Sin embargo, el gobierno y la ultraderecha no aceptan esa realidad. Por tanto, la crisis se arrastra, se multiplica y hace crujir al gobierno. Mientras, crecen las cifras de muertos (19), heridos (997, la mayoría por armas de fuego) y detenidos (3 mil 172).

Mauricio Morales, académico de la Universidad de Talca, advierte la falta de consistencia en la forma como el gobierno enfrenta la crisis, al tratar de convencer a los chilenos de que se trata de un estallido delictivo y no un estallido social.

"Piñera habló de guerra frente a un enemigo poderoso, pero no pudo justificar por qué era una guerra y tampoco identificar al enemigo del que tenía antecedentes. Al gobierno le ha costado transitar desde la idea de estallido delictivo al estallido social y eso ha ido de la mano de un presidente y un gabinete que no son capaces de sintonizar con las demandas", advierte.

Piñera ha rechazado la exigencia de realizar un cambio de gabinete que incluya al desacreditado ministro del Interior, su primo Andrés Chadwick, irrelevante en la conducción de la crisis.

"Es muy tozudo en eso; la tesis del gobierno es que esto es un capricho generacional y como todo capricho va a pasar con el tiempo; según el gobierno ya pasamos la etapa más difícil y esto se va a ir diluyendo y en ese momento podría modificar el gabinete", dice Morales.

¿Qué vías de solución podría tener la crisis? Nada está claro, el escenario está abierto, para el gobierno es una cuestión de tiempo, para las organizaciones sociales es asunto de resistencia, para los partidos es aguante y para la ciudadanía las soluciones son a corto, mediano y largo plazos.

Para Axel Callís, sociólogo de la Fundación Chile 21, Piñera está equivocado en el enfoque de solución, porque no puede o se niega a entender que los satisfactores que ofrece son insuficientes. "Son medidas que están financiadas por todos los chilenos y lo que quiere la sociedad son mejoras estructurales, es decir, que se toque el corazón del modelo en términos de pérdida de privilegios", opina Callís.

Para él, la crisis no se resuelve sin operar sobre lo estructural. "Entre los analistas hay un consenso en que más temprano que tarde todos los caminos apuntan hacia una nueva Constitución", dice.

–¿Podría Piñera, desesperado por salvar su presidencia, tener la audacia de generar condiciones para producir una nueva Constitución?

–Él todavía tiene que quemar cartuchos, restructurar su gabinete, le quedan medidas por ofrecer, tiene espacio para entregar cosas sin tocar el modelo y, además, generar negocios para los privados. En términos de solución profunda, él no va a llamar a una Asamblea Constituyente, pero puede llamar a un plebiscito que establezca el mecanismo para cambiar la Constitución; todavía tiene cartas por jugar.

–¿Corre riesgo la presidencia de Piñera?

–En esta contradicción entre resistencia y normalidad, lo que antes era un absurdo hoy está más cerca de lo que uno cree. El principal problema de Piñera es su personalidad, su narcisismo que no le permite asentir que ha fracasado en su gobierno. Como no es un político tradicional, sino que un especulador financiero transformado en político, su personalidad poco ayuda a la solución y es posible que fuerce una salida que no le permita entender que esto no es personal.

Ayer temprano una caravana de camioneros avanzó lento por las carreteras urbanas, causando embotellamientos, exigiendo terminar con los peajes diferenciados por horarios y que se cobran por tramo recorrido.

Las autopistas urbanas e interurbanas son otro símbolo del abuso del sistema ultraneoliberal. Construidas en los años 90 con el modelo de concesión a privados, representaron una solución expedita para modernizar la anacrónica red vial. El modelo se aplicó en todas las ciudades y regiones donde la demanda fuera suficientemente crítica como para atraer la inversión privada. Las excelentes carreteras florecieron como hongos y fueron festejadas conforme se inauguraban, le cambiaron la vida a la gente e impulsaron la economía. Pero eso fue hace 25 años.

Desde entonces las concesionarias extranjeras recuperaron holgadamente la inversión inicial, las tarifas aumentaron en términos reales más de 40 por ciento, los contratos se renovaron y garantizan alta rentabilidad mediante tarifas que se reajustan año a año. Además, las autopistas se han ido quedando chicas y congestionadas para los volúmenes de tránsito que ahora soportan. La mayoría de los automovilistas las aborrece, porque si quieren viajar razonablemente rápido a sus destinos están obligados a usarlas. La expresión del odio fue literalmente quemar los pórticos donde están instalados los detectores que marcan el paso de los vehículos.

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El orgullo de resistir copó las calles de Chile

Con las calles tomadas y las universidades cerradas, las centrales obreras declararon un paro general de 48 horas para sumar fuerza a la protesta, que desafía a la represióncomo quieras .

 

 La cordillera se tiñe de atardecer como si se sonrojora cuando los minutos empiezan a descontar hacia el toque de queda. Parece inclinada de vergüenza sobre La Alameda, parece que buscara el abrazo de los miles de manifestantes que desbordan esa avenida central de Santiago de Chile, radiantes de orgullo por resistir en la calle frente a los carros de asalto, las fuerzas policiales y militares que exhiben las armas largas, las gafas que les borran la cara y los gases lacrimógenos para amedrentar a quienes no se amedrentan porque se organizan. Todo el día hubo asambleas en universidades, en la puerta de los ministerios, en la calle, en los centros de estudiantes, en los sindicatos. Se discute al mismo tiempo que se toma la calle, se organizan cuidados colectivos al mismo tiempo que se desafía al miedo. Se declara una huelga general de 48 horas al mismo tiempo que la huelga se desenvuelve de muchas maneras, al mismo tiempo, siempre en la calle.

Las escuelas públicas cerradas, las privadas libradas a su arbitrio. Las universidades cerradas por decisión de sus autoridades, para evitar que se conviertan en ratoneras ahora que el “Estado de Emergencia” permite a las fuerzas armadas entrar a sus claustros para reprimir o apresar, docentes, no docentes y estudiantes. Las calles tomadas desde el mediodía desde hace cinco días. En Concepción, una de las ciudades más golpeadas por la represión, ayer a la tarde se agitó una fiesta electrónica contra el toque de queda. En los barrios populares del sur de Santiago se bailó la cueca. En todos lados sonaron cacerolas y las bicicletas jaquearon el transporte público.

Aunque algunos gremios ya realizaron jornadas de paro -los portuarios de Valparaiso, por ejemplo-, la Central Única de Trabajadores y Trabajadoras (CUT) junto a la articulación Unidad Social en la que participan otras organizaciones sociales declaró una huelga de 48 horas que comienza hoy y que prepara una movilización masiva desde Plaza Italia hasta la estación Los Héroes a partir de las 10.30 de la mañana. La revuelta agita a Chile que no puede terminar de contar a sus muertos y muertas. La Fiscalía Nacional ha entregado la identificación de 7 de los 15 que reconoce, 8 cuerpos más fueron encontrados calcinados en una fábrica y un supermercado. En la región metropolitana, además, hay tres denuncias formales de abuso sexual por parte de uniformados a detenidas. La desnudez forzada parece ser una práctica recurrente de las fuerzas represivas.

No sólo Santiago está ensangrentada y sin embargo, la calle no se abandona. El miedo cambió de bando, dicen las paredes y eso es una vibración que sacude más que los terremotos y una demanda más clara que el agua de deshielo que baja de las altas cumbres: bajen las armas.

Camilo Piñeros, estudiante de medicina de 6to año, es parte de la auto organización de profesionales y estudiantes de la salud para atender personas heridas que saben que van a llegar porque ya se contaron por centenas desde el viernes pasado. “Nos dividimos en en macro regiones: oriente, poniente, norte y sur, ubicamos lugares de acopio de materiales de primeros auxilios y estamos conectades -con e, sí, que aquí es regla entre estudiantes- por whatsapp”. Ahora que se acerca la hora en que las armas tienen permiso gubernamental para disparar esperan con calma porque saben cómo responder en caso de emergencia.

En la Plaza Italia, centro neurálgico de Santiago, hay jóvenes y viejas, trabajadoras formales y trabajadores informales, dirigentes sindicales, amas de casa, docentes de todos los niveles, estudiantes, artistas, padres, hijes. Una incontable cantidad de pañuelos verdes feministas y otro tanto de los amarillos, los que dicen “No + AFP” -denunciando el saqueo de la jubilación privada. Hay, sobre todo, una rebeldía que no se calma ni con las balas, ni las muertes que se lloran colectivamente, ni con los gases que nunca dejan de picar en la garganta. La decisión es certera y fue tomada en asambleas y en la propia calle sin ningún planteo orgánico: esto no se va a detener hasta que los milicos y “los pacos” (carabineros) no se vayan de la calle. Está pintado en cada pared de esta inmensa ciudad y anda de boca en boca. Con las armas en la calle no hay nada que hablar con las instituciones y mucho que movilizar para sacudirlas.

“Me vine con mi hija de 9 porque ella estaba asustada. Asustada de los milicos, asustada de los gases, con pesadillas. Van cinco días de movilización y la traje para que no tenga miedo. Porque pueblo que lucha no teme, y ahí está, contenta con su silbato”, dice Camila que es enfermera y ayer participó de la asamblea frente al ministerio de Salud que siguió con la movilización de profesionales y estudiantes del sector hacia Plaza Italia. A su lado, cuatro estudiantes del último año de obstetricia con los delantales blancos que usan en sus prácticas, ninguna tiene más de 24; todas están endeudadas, calculan, hasta el 2040. Pero ahora quieren hablar de otra cosa, quieren hablar del colapso del sistema de salud. “El 80 por ciento de la población usa la salud pública pero la inversión no alcanza ni para cubrir al 30 por ciento. Los hospitales no pueden colapsar ahora con les herides porque los hospitales están colapsados hace tiempo. Tenemos que hospitalizar en pasillos, no hay especialistas; donde debería haber 20 profesionales hay 10... Eso es violencia estructural, no se trata de los famosos 30 pesos, se trata de 45 años de políticas económicas neoliberales que se llevan nuestro dinero al sector privado para después fugarlo”. Esa es la descripción de Iara, Camila, Paula y Evelyn del funcionamiento de las Administradoras de Fondos de Pensión, un lento saqueo a toda la población “para después cobrar una jubilación ínfima”, insiste Iara.

Evasión popular

Faltan 17 minutos para el toque de queda y desde los barrios altos, esos que aquí se llaman “pijos” porque es donde las casas son amplias y los autos también -como las deudas-, centenares de bicicletas bajan por la avenida Providencia. “Evade”, dicen los carteles que llevan pegados en los manubrios. Es una palabra clave que también se pinta sobre las paredes y en lo que queda de los vidrios de las paradas de los colectivos –“las micros”- sobre La Alameda. Fue lo que empezaron a hacer hace más de una semana les estudiantes de escuelas secundarias, evadir el aumento del metro saltando por encima de los molinetes. Una acción directa que detonó este “¡Chile despertó!” que no deja de corearse.

Y es que evadir es la primera acción de libertad que imaginan quienes entran en la manga de vacas hacia la expropiación de su tiempo y sus saberes por más de la mitad de la vida que significa estudiar en este país. Hay que tener mucho dinero para hacer desde una tecnicatura, terciaria o carrera profesional sin contraer un Crédito con Aval del Estado que pague los estudios y que se devolverá cuando se empiecen a cobrar los primeros sueldos. “Yo soy profesor de Educación Física, me recibí en 2014, tuve que pedir 6 millones para estudiar, voy a terminar pagando 20, al paso que voy, será en 2036”. Porque aunque Álvaro Barrientos quisiera adelantar cuotas de su CAE, apenas si puede sostener la vida cotidiana sin contraer otras deudas. Está sentado en una plaza en la comuna de Providencia, aunque se aproxima la militarización de la ciudad que viene sucediendo desde hace cinco noches, hay un micrófono abierto y una banda tocando, centenares de personas en el pasto, niñes que juegan con las cacerolas de las protestas y una sensación que no se parece en nada a la furia sino más bien a otra palabra que también anda de cartel en grafiti: dignidad.

Vonni Basualdo, joven estudiante de pedagogía en matemática, sentada en la misma plaza que se ocupó porque “les vecines” también se organizaron por whatsapp después de encontrarse en la calle para recuperarla, asiente. “Es contra la precariedad de la vida y a favor de la dignidad. Esto no se termina. Que saquen los milicos y después igual va a estar difícil, porque el pueblo cada vez está más informado, saben que hay problemas estructurales: la educación, la salud, las AFP y ya no queremos más parches.”

Asambleas instituyentes

Javiera Manzi es vocera de la Coordinadora Feminista 8M, parte de la organización del paro transnacional que modificó los 8 de marzo desde 2017. Ayer, fue protagonista de dos asambleas, la primera, de la Coordinadora. La segunda, en la Federación de Estudiantes de Chile, convocó a más de 60 organizaciones sociales, sindicatos, mapuche, feministas, territoriales. Ahí, como en cada asamblea de las que se vienen organizando por sectores o por territorios, se pusieron en común las evaluaciones de lo actuado y la imaginación de lo por venir. “La violencia se expresa de manera diferenciada sobre nuestros cuerpos de mujeres y disidencias, nuestra lucha es anticapitalista y antipatriarcal y queremos que nuestras demandas estén en primera línea. Nosotras hicimos la primera huelga feminista este año y fue la movilización más masiva desde la dictadura. Juntarnos con otras organizaciones es una necesidad ahora porque no es momento de cerrarse sino de abrirse. Las asambleas son instituyentes de una autoridad que fundamos juntes y por ese camino es que queremos seguir transitando”, dice agitada entre el final de una actividad, el sonido de las cacerolas de fondo y otra asamblea en su barrio que también la espera.

¿Qué sigue después de estas movilizaciones, de esta insurrección que no parece poder calmarse con medidas o con “parches”, como le dicen los estudiantes al resultado de las movilizaciones de 2011 por la reforma educativa? “Necesitamos una Asamblea Constituyente porque la Constitución actual es una trampa neoliberal, un entramado jurídico que obstaculiza las reformas que necesitamos en Chile”, dice Benjamín Núñez, estudiante de Derecho, apenas terminada la asamblea tripartita de la Universidad de Chile donde participaron funcionarios/as, estudiantes, no docentes y trabajadores y trabajadoras a honorarios -un equivalente a monotributistas- que en la UdeCH son más de 10 mil. “Pero no puede ser una asamblea con representantes de partidos políticos, tiene que ser una gran discusión política abierta, un cabildo abierto para que todos y todas podamos diseñar el territorio que queremos”

El movimiento en la calle es autoconvocado pero no está acéfalo, hace sonar cacerolas pero no le faltan palabras; es urgente pero tiene el tiempo que precisa para detener la vida cotidiana y poner ahí la cuña de la desobediencia. Los plazos que pone la calle están expresados en las paredes y con esa poesía propia de la revuelta dice: “Hasta que valga la pena vivir”.

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Aprueban en Brasil reforma jubilatoria que quería Bolsonaro

Brasilia. La reforma de las jubilaciones en Brasil, la primera de las medidas prometidas por el presidente Jair Bolsonaro a los mercados para sanear la economía, fue aprobada de manera definitiva este martes por el Congreso tras el voto mayoritario en el Senado.

Los senadores discutieron por la noche las últimas enmiendas, tras las cuales la nueva norma estará pronta para su promulgación por el parlamento.

La reforma fue aprobada por 60 votos a favor y 19 en contra en la cámara alta. Para ser validada, se requería el apoyo de 49 de los 81 senadores (tres quintos de los escaños) por tratarse de una reforma constitucional.

La propuesta, aprobada previamente con masivo apoyo en la Cámara de Diputados, prevé un ahorro de unos 800 mil millones de reales (200 mil millones de dólares) en 10 años, para ayudar a sanear las cuentas de una economía letárgica.

La cifra es inferior a los 1.2 billones de reales propuestos inicialmente por el ministro de Economía, Paulo Guedes, debido a recortes realizados en la primera votación de los diputados.

"El Parlamento brasileño muestra hoy madurez política (...). Muestra el compromiso del Congreso Nacional con la agenda del país", dijo el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, antes de proclamar el resultado.

El avance de la reforma alentó a la Bolsa de Sao Paulo. El índice Ibovespa marcó este martes un segundo récord consecutivo, cerrando a 107.381 puntos (+1,28%), impulsada, entre otros factores, por la expectativa en torno a la aprobación considerada inminente.

La reforma de jubilaciones era la principal promesa económica del gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro, electo en octubre de 2018 con el beneplácito del mercado.

La aprobación se dio pese a las fuertes tensiones de los últimos días entre Bolsonaro y los miembros de su propio partido.

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El gobierno tiene en agenda otras reformas, como las del sistema tributario, para tratar de alentar a una economía que sufrió dos años de recesión y ya casi tres de endeble crecimiento.

Edad mínima

El texto establece una edad mínima de retiro de 62 años para las mujeres y 65 para los hombres en Brasil, uno de los pocos países que no exigía una edad mínima para jubilarse.

Para los trabajadores rurales, los profesores y algunas categorías de policías, la edad mínima fluctúa entre los 55 y 60 años.

El tiempo mínimo de contribución para recibir una pensión parcial será de 15 y 20 años para trabajadores privados, y de 25 años para los funcionarios públicos, tanto hombres como mujeres. Para recibir el beneficio completo, los hombres deberán trabajar 40 años y las mujeres 35.

Los defensores de la reforma insisten en que el sistema actual es una bomba de tiempo debido a la evolución demográfica del país. En 2018, un 9.2 por ciento de los 208.5 millones de brasileños tenía más de 65 años. En 2060, serán 25.5 por ciento.

Pero sus críticos resaltan que elevar el número de años de contribuciones privará de pensiones completas a millones de personas, en un país donde un cuarto de los trabajadores del sector privado son informales y millones de otros pertenecen al sector de emprendedores que prolifera con la tercerización de los empleos.

Esta reforma de las jubilaciones "aumentará la contribución de los trabajadores y disminuirá, en consecuencia, su renta a largo plazo", afirmó el economista independiente Felipe Queiroz.

Afp | martes, 22 oct 2019 18:58 

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