Martes, 08 Septiembre 2020 05:39

Homo Desescalado

Homo Desescalado

La segunda oleada de covid 19 en España

 

UNO Desde un punto de vista técnico/físico, caer es una de las tantas formas posibles de bajar. Seguramente, no la más agradable y sí la más dolorosa. En esto piensa Rodríguez ahora que comienza la desescalada/desescaída del verano. Y viene pensándolo desde que trascendió que el Comité Científico de Expertos para asesorarse en las medidas óptimas para la desescalada del encierro por fases/zonas era poco menos que una acatarrada fantasía febril (aunque muy útil para justificar sin derecho a réplica las decisiones complicadas y --en más de una ocasión-- contradictorias a cargo de una especie de Majestic 12 en el que los mismos investigadores eran los ovnis que nadie vio pero por los que todos juraban).

¿Cuál era el plan? Más simplón que simple: felicitar por buen comportamiento/confinamiento entre marzo y junio; alentar desde Moncloa a "salir a disfrutar y a recuperar la economía"; que cada autonomía alcanzara la "nueva normalidad" a su manera y por las suyas; y que en julio-agosto-septiembre la pandemia se tomase un respiro para que, cuando asfixiase de nuevo en octubre, la culpa fuese de otoño ruso-napoleónico y mejor ni pensar en el invierno. Pero no. Se quedó. Como Messi quien, teoriza Rodríguez, jugará en el Barça su mejor año o se lesionará/contagiará por doce meses. Y así España --reino de la rectificación a posteriori y no de la planificación a priori-- como país más apestado de Europa. Territorio donde, con ejercicio de negadora auto-hipnosis, ya se rindieron homenajes (como si el virus se hubiese rendido, como si no siguiesen sumando y restando) a quienes cayeron y luchan. De ahí, de eso, la relativización de la segunda oleada como "cuestión semántica" (rebautizada como "segunda curva"); los rebrotes de un brote que nunca se fue; y el vértigo de cifras inexactas mientras se mareaba más el pavo real que la perdiz plebeya con la salida del casanovesco Don Juan (Carlos I) entendida como Comisión: Posible dejándolo aferrado a una de esas salientes, que tanto le gustan a Tom Cruise, acaso con la promesa de volver a buscarlo si el clima mejora.

Ahora Rodríguez --como millones de españoles-- desescala a solas y por las suyas y reprimiendo tentación de cortar soga de la que cuelga o de usarla para colgarse de otro modo.

DOS Y Rodríguez evoca con nostalgia aquello de la cuesta de septiembre y las dificultades para pagar las facturas de las vacaciones y recargar el tanque y arrancar los motores del curso. Ahora todo eso ha cambiado y la cuesta se ha convertido en abismo. Lo alguna vez titánico ahora es Titanic. Ahora sí, de verdad, en serio: lo ya no tan nuevo ni normal asumido como, apenas, lo que hay y lo que queda. No el resto de la vida pero sí los restos de la vida.

Ya se supo que el calor no mataba al portado sino --como todos los veranos-- a los portadores. Ya está claro que no vinieron los turistas a este debilitado país cuyo fuerte era el "sector servicios" y donde todos se besan y se abrazan demasiado. Ya volvió de vacaciones Pedro Sánchez (Rodríguez está seguro de que su gurú comunicacional lo entrenó en ese paso-pasarela elástico como de quien entra en discoteca febril y sabatina). Ya compareció largamente para decir --¿se lo dice al Covid-19?-- que "no vamos a permitir que otra vez tome el control de nuestras vidas". Y reclamar, ante empresarios top, "unidad democrática" bajo el lema de "España Puede" (¿puede qué? ¿puede caer al vacío más vacío?) perdiendo de vista que una de las claves de la democracia es la existencia de una oposición firme y justa y equilibrada. Lástima que al otro lado del precipicio sólo resuenen renovados aullidos del PP y de sus sherpas de Vox para ver si provocan avalancha. Y Ciudadanos enganche piolet al centro a la derecha como coalición alternativa. Y chille el cada vez más perseguido y persecutorio y arrinconado No Podemos. Y pataleen pataletas independentistas y Diada más tóxica que nunca. Y las ayudas europeas que --recién luego de ajustar/conciliar demorados Presupuestos Generales del Estado tan difíciles de sacar/empujar como roca de Sísifo-- se repartirán más a la velocidad de la sombra que de la luz. Y el arnés ya no aguanta y la mochila está cada vez más pesada. "Salimos más fuertes" fue el irreal slogan gubernamental con el que --con vértigo por saltar desde trampolines con vistosos clavados-- se dio la bienvenida al verano más frígido que se recuerde. "Entramos más débiles" es el slogan de la realidad de los gobernados --descubriendo recién en el aire que la piscina donde clavarse está vacía-- que ya se anticipa el otoño más glacial e inolvidable.

TRES Y adiós a las oscuras golondrinas y otro buitre canta ahora y Rodríguez espera que no sea un réquiem. Allí van enmascarillados chicos y chicas: de regreso con mínimas medidas de seguridad a colegios abiertos que acaso durarán así menos que un recreo. Muchos de ellos --juntándose no para rendir botellones pero sí para tomar apuntes-- reprobados a lo largo del verano. Culpables del aumento de infectados por práctica desenfrenada del mayúsculo Ocio Nocturno (que a Rodríguez le suena a vampírico villano de la DC/Marvel Comics) y de no preocuparse por la salud de padres y abuelos: héroes de la Transición, forjadores de la España Moderna, y tan serviciales para la serie Cuéntame a la que, cualquier día de estos, llegará el coronavirus y se aprovechará para sacarse de encima a medio reparto para repartir entre menos; siempre y cuando Hacienda no pida certificado de buena salud fiscal y detecte algún ilegal descuéntame.

¿Qué pide Rodríguez para este otoño? Poco y nada. Intentar volver a los viejos tiempos en los que las noticias eran algo más que hipótesis, rumores, conspiranoias, estudios y repeticiones en loop de "especialistas". Rodríguez jura que ya no hace falta que le instruyan en cómo lavarse manos o ponerse/sacarse mascarilla o mantener distancia de seguridad. Pero sí --habiendo teléfonos y televisores inteligentes-- que le expliquen cómo es que aún no existe una epidemia astuta que se ocupe nada más de los que no se cuidan ni cuidan.

De nuevo: no es mucho desear y es poco pedir. Su ambición es poca y su humildad es inmensa. Rodríguez ni siquiera le exige a la tan tonta como atontadora Tenet de Christopher Nolan --en la que se puede desescalar hacia arriba-- que sea algo mínimamente comprensible. La única tensión que le produjo fue la de arriesgarse al regreso al cine así como una inmensa gratitud hacia --vuelve pronto-- el igual de espectacular pero tanto más claro James Bond.

Rodríguez sólo pide poder seguir siguiendo, con la consciencia tranquila y la cabeza en alto. Y no mirar demasiado hacia ese abajo con crisis económica y política y social y sanitaria: All Together Now! y Carry That Weight (y sí, quienes vendieron más discos en lo que va del 2020 son/fueron/serán The Beatles y, ah, hubo que postergar el relanzamiento de Let It Be). Ese abajo que, de pronto, puede estar arriba. Más arriba aún. Subiendo mientras se va desescalando: forma más graciosa de decir cayendo, cayendo en desgracia, mientras se tararea no lo de déjalo ser sino lo de dejar de ser

Publicado enSociedad
Walter Souza Braga Netto al frente de la Casa Civil

La salida que no fue del titular de Salud, Luiz Henrique Mandetta

Permanece al frente de Salud el médico retirado del Ejército que defiende la cuarentena. Lo respaldaron los generales instalados en puestos clave. Uno de los grandes ganadores es el vicepresidente, Hamilton Mourao.

"Por ahora sigo siendo ministro" declaró el titular de Salud Luiz Henrique Mandetta advertido de que su jefe, el presidente Jair Bolsonaro no lo quiere en el cargo. A media tarde de este lunes los portales de los medios de más audiencia daban como segura su salida y asesores del ministro "comenzaron a vaciar los cajones de mi escritorio y se llevaron los papeles" porque la suerte parecía echada. La certeza del fin de Mandetta afectó a la Bolsa de Valores de San Pablo, obligándola a detener sus operaciones. Pero al final no fue destituido y el mercado cerró el día en alza.

La continuidad en el gabinete de este médico retirado del Ejército y diputado por el conservador partido Demócratas (Dem) representó una derrota para el capitán-presidente frente a los cada vez más poderosos generales instalados en los puestos clave de la máquina estatal.

Uno de los victoriosos de la batalla, que no de la guerra que desangra al gobierno, es el vicepresidente Hamilton Mourao. "Mandetta sigue en combate, él se queda" declaró el general retirado Mourao, cuyo nombre suena como potencial jefe del Planalto si el mandatario no llega al final de la gestión, en diciembre de 2022. Otro ganador fue el general Walter Souza Braga Netto, flamante jefe de la Casa Civil, alguien que responde menos a las órdenes de Bolsonaro que a las emanadas de la comandancia del Ejército, .

Por las oficinas de ministros, legisladores y jueces circulan bocetos sobre un eventual gobierno post-Bolsonaro. El primero que se conoció fue una "carta de renuncia" de la que dio cuenta el diario Valor Económico. También se habla de un impeachment, pero se lo considera poco probable como vía para revocar el mandato. En todo caso se trata de hipótesis.

Desgastado políticamente y ajeno a la realidad acuciante de la pandemia el líder neofascista aún mantiene margen de maniobra y una encuesta de este domingo indica que solo tres de cada diez brasileños comparten su política ante el virus, pero seis de cada diez no quiere que renuncie.

Exagera quien lo vea como un expresidente en funciones.

Lo que está en juego con la continuidad del ministro Mandetta es, en primer lugar, la política del gobierno frente al coronavirus que entre el domingo y el lunes mató a 67 brasileños, el número más alto desde que la llegada de la pandemia hace poco más de un mes. La cifra total de pacientes fallecidos es 553 y el de infectados subió a 12.053.

Mandetta al igual que la mayoría de los gobernadores defiende la cuarentena denostada por Bolsonaro, abocado a incitar a la población a deambular por las ciudades hasta convertirlas en bombas de tiempo sanitarias con millones de infectados. Demencial.

A tal grado de negación llegaron el gobernante y la secta de evangélicos que lo secundan que el domingo se juntaron a orar contra "satanás" encarnado en los opositores defensores del confinamiento.

Con esta forma de actuar y un sectarismo acendrado Bolsonaro logró perder el apoyo de los "superministros" Sergio Moro, de Justicia, y Paulo Guedes, titular de Economía, ambos a favor de la cuarentena.

Hasta hace dos semanas el ocupante del Planalto se jactaba de integrar el "dream team" de la ultraderecha global junto a Donald Trump y el ahora hospitalizado premier Boris Johnson. Pero eso es pasado porque tanto el gobernante norteamericano como el político británico se apartaron de este Pinochet tropical.

A las presiones de los generales para que Bolsonaro deje en su cargo a Mandetta se unieron las de jueces del Supremo Tribunal Federal y los titulares del Senado y Diputados, Davi Alcolumbre y Rodrigo Maia, ambos del Dem.

Magistrados y parlamentarios le hicieron saber que se despedía al ministro y firmaba un decreto prohibiendo el aislamiento esto podría abrir paso a una denuncia judicial.

Mientras se realizaban las conversaciones en la casa de gobierno el juez Roberto Barroso, miembro del Supremo, declaró que no tolerará un "genocidio".

Diputados de la Comisión de Derechos Humanos informaron casi a la misma hora que enviaron cartas a la Organización Mundial de la Salud y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en la que acusaron al gobernante de "genocidio".

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