MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Israel llega a la frontera iraní amenazando aún más la estabilidad en Oriente Próximo

La normalización de relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos ha creado un nuevo frente de batalla entre Israel e Irán, esta vez en el Golfo Pérsico, una zona llena de conflictos donde la superpotencia regional va a movilizarse con el apoyo de EEUU para combatir a la república islámica desde una distancia de apenas unos kilómetros.

 

El reciente acuerdo de normalización de relaciones entre los Emiratos Árabes Unidos (EAU) e Israel pone sobre la mesa una nueva ecuación en lo tocante a la estabilidad en el Golfo Pérsico, una zona en permanente ebullición por donde circula una fracción considerable del petróleo que se consume en el mundo.

La normalización permitirá a Israel llegar hasta la misma frontera marítima iraní, una circunstancia que va a agravar las tensiones dada la actividad que Israel ya tiene dentro de Irán y la belicosidad contra la república islámica de los EAU. Tanto los EAU como Israel buscan desestabilizar al gobierno de Teherán y reemplazarlo por otro más acorde con sus intereses.

Aunque su población autóctona apenas supera el millón de habitantes, los EAU cuentan con una población inmigrante de más de ocho millones. Sin embargo, este pequeño país ha estado muy activo en los últimos años en todos conflictos regionales, como Yemen, Libia, Siria, Qatar y otros, siempre siguiendo las órdenes del príncipe Mohammed bin Zayed (MBZ).

Además, desde hace años Turquía se ha convertido en otro centro de atención de MBZ. Este pasado domingo, The Sunday Times reveló que Israel está coordinando la política contra Turquía con los EAU, Egipto y Arabia Saudí. Esta actividad contra Turquía no está apartando la atención del príncipe emiratí de los demás frentes, y concretamente del iraní, un objetivo que comparte de manera especial con Israel y Arabia Saudí.

Para Israel, la normalización significa entre otras cosas que podrá operar más abiertamente desde los EAU contra Irán. Hay que tener en cuenta que en la zona hay un sinfín de bases militares estadounidenses y que los submarinos atómicos alemanes de que dispone Israel ya pueden estar usándolas.

A partir de ahora también podrá usar las bases en los EAU, y de esta manera aplicará el proceso de reciprocidad con Irán. Los iraníes están presentes en Siria, y también en Líbano a través de Hizbolá, de modo que Israel ve de lo más natural profundizar su actividad militar en el Golfo Pérsico.

Estados Unidos ya utiliza los EAU como una de sus principales bases de espionaje contra Irán, lo mismo que ocurre con Bakú, capital de Azerbayán, y en más de una ocasión estadounidenses e israelíes han comentado que comparten la inteligencia que obtienen sobre la república islámica. Irán es el principal enemigo de Israel, y por lo tanto de Estados Unidos, de modo que no puede extrañar que estos dos países aúnen sus esfuerzos en este asunto.

Varios medios regionales han publicado desde hace años que el Mosad israelí opera ampliamente desde los EAU contra Irán, y que incluso dispone de una estación propia en los EAU. Lo más natural es que a partir de ahora la presencia israelí en ese país se multiplique y que Irán sea el objetivo principal.

La situación geográfica de los EAU no puede ser más interesante para Israel. Aunque el estado judío mantiene excelentes relaciones, todavía no oficiales, con Omán, los EAU se encuentran a muy poca distancia de Irán, una situación más apetecible que la de ningún otro país del Golfo. Algunos medios han indicado que los aliados podrían provocar cualquier incidente para justificar un ataque contra Irán y dotarlo de "legitimidad internacional", una situación que sin duda aprobaría Israel.

No debe olvidarse que los EAU mantienen una disputa territorial con Irán desde los años setenta en torno a tres islas, una circunstancia que sin duda aprovechará Israel para meter cizaña. Todavía es pronto para saberlo, pero no hay que descartar que Israel aproveche ese contexto favorable para establecer bases militares en los EAU, o para usar las ya existentes, a pocos kilómetros de Irán.

La normalización con los EAU, a la que seguirán otras, refuerza la hegemonía de Israel en la región ante la pasividad europea. Los intereses de Europa son bien distintos a los de Israel, pero la ausencia de liderazgo en Oriente Próximo por parte de la canciller Ángela Merkel y el presidente Emmanuel Macron únicamente contribuye a crear conflictos y a agravarlos.

Esta explosiva situación se ha comprendido rápidamente en Teherán, desde donde se ha advertido de que la normalización con Israel puede tener "pésimas consecuencias" para los EAU, sugiriendo que la presencia israelí en aguas del Gofo puede causar incidentes graves. De momento, este escenario es hipotético pero un suceso inesperado o provocado puede convertirlo en un escenario real.

Todo esto ocurre cuando falta menos de tres meses para las elecciones estadounidenses. La situación podría cambiar si el presidente Donald Trump abandona la Casa Blanca en enero, pero es muy difícil que el demócrata Joe Biden sea capaz de imponer su voluntad sobre Israel, máxime si se tiene en cuenta que en los últimos meses sus declaraciones han sido claramente proisraelíes y ha hecho toda clase de guiños al primer ministro Benjamín Netanyahu, por ejemplo declarando que ayudará a la oposición turca contra el presidente Recep Tayyip Erdogan.

26/08/2020 08:22

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Martes, 06 Noviembre 2018 06:42

Trump pone a prueba la resistencia de Irán

Trump pone a prueba la resistencia de Irán

Teherán tendrá que ajustar su economía a la nueva realidad que han creado las sanciones del presidente Trump. Son sanciones duras que sin duda tendrán implicaciones en la región, y probablemente en la marcha de la economía mundial


El último paquete de sanciones económicas contra Irán que ha entrado en vigor este lunes, sitúa a Irán en una posición complicada aunque numerosos expertos aseguran que la república islámica está hoy en mejor situación que nunca para hacer frente al órdago del presidente Donald Trump.


Son sanciones que abarcan campos muy distintos, como la energía, el petróleo, la banca, los transportes o la industria petroquímica, y con toda seguridad tendrán repercusiones negativas en la economía del país, aunque los líderes iraníes han recordado que han sufrido sanciones ininterrumpidamente desde la proclamación de la república islámica hace cuatro décadas.


Con la aplicación del nuevo castigo, Trump cumple una de las promesas que realizó durante la campaña electoral: acabar con el acuerdo nuclear que Barack Obama firmó con Teherán con el aval de las potencias europeas, un acuerdo sin precedentes y uno de los mayores logros de Obama, al que entonces se opusieron Israel y Arabia Saudí, dos países que ahora se consideran beneficiados con este paso.


Ciertas potencias europeas, como Alemania, el Reino Unido y Francia han garantizado que van a seguir comerciando con Irán. Este es un anuncio importante que habla de la sima que poco a poco se está abriendo entre Europa y Estados Unidos como consecuencia de las políticas unilaterales de Trump.


Teherán no ha denunciado el acuerdo nuclear de 2015, de manera que seguirá vinculado al mismo y no trabajará para expandir su programa nuclear más allá de lo acordado con Obama y con los europeos. Los iraníes muestran así el deseo de mantener abierto un cordón con Occidente a pesar del revés de la última ronda de sanciones.


Los europeos no están solos en esta guerra. Otras grandes potencias como China, India o Turquía seguirán adquiriendo petróleo iraní. Aunque un par de multinacionales chinas se han doblegado y han suspendido sus relaciones con Irán, Pequín, el primer importador de crudo iraní, seguirá importándolo al igual que India o Turquía.


Trump ha dicho que la intención de su administración es que a medio plazo Irán deje de vender completamente petróleo en los mercados internacionales. Esto podría producirse en el plazo de medio año o un año, en función de si tiene éxito o no la campaña de presión estadounidense sobre varios países que han quedado exentos de aplicar completamente las sanciones por el momento.


Si el objetivo que se ha marcado Trump públicamente es el de cero exportaciones de crudo iraní, otros miembros de su administración no esconden que el fin de las sanciones va más allá y pretende provocar un cambio de régimen, tal como ha señalado el consejero para la seguridad nacional de Estados Unidos, John Bolton.


Es una incógnita si Trump conseguirá dividir a los iraníes con las sanciones. Algunos líderes de este país han manifestado en los últimos días que más bien ocurrirá lo contrario, que los iraníes estarán más unidos para hacer frente a las decisiones unilaterales del presidente estadounidense, decisiones que han sido criticadas en el resto del mundo, con excepción de Israel y Arabia Saudí.


En el horizonte de John Bolton también se ve el deseo de Estados Unidos de crear una especie de alianza atlántica en Oriente Próximo, integrada por los países de mayoría suní y liderada por Arabia Saudí, con el apoyo de Israel, para hacer frente a Irán. Este es un deseo que los líderes suníes reaccionarios de la región vienen acariciando desde hace varios años y que ahora podría comenzar a aplicarse.


El ascendente de Irán en Oriente Próximo ha ido creciendo en cuanto a lo que tiene que ver con las minorías chiíes que hay en la región, minorías que en los distintos países donde las hay representan a los sectores más progresistas de la sociedad, algo que naturalmente choca con los intereses de Arabia Saudí e Israel.


La alianza atlántica regional que favorece Bolton tiene que ver justamente con la creciente influencia de Teherán, una potencia que no busca exportar su fundamentalismo a los grupos chiíes a los que apoya, como se ve en Siria, Yemen o Líbano, donde Hizbolá es una de las organizaciones más tolerantes de este país en los aspectos social y religioso. En principio, la influencia de Irán en Oriente Próximo no se verá entorpecida.


Una cuestión que permanece abierta es la del efecto que tendrán las sanciones en los terceros países que van a seguir comerciando con la república islámica. Especialmente interesante será ver si la administración Trump se atreve a imponer sanciones, y hasta qué punto, a China o India, o si estos países se doblegan y acaban por obedecer el dictado de Washington.


Buena parte del daño que implican las sanciones de Estados Unidos ya se está notando. Desde que en mayo último las anunció Trump, se estima que Irán ha dejado de vender un tercio del petróleo que exportaba hasta esa fecha. Pero la verdadera resistencia de Teherán se verá en los próximos meses, cuando deberá ajustar su economía a la nueva e incierta realidad que se ha creado y quizá tenga que hacer frente a desórdenes y protestas en el interior del país.

jerusalén
06/11/2018 07:56 Actualizado: 06/11/2018 10:11
EUGENIO GARCÍA GASCÓN

 

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Sábado, 27 Enero 2018 06:49

El “engaño” del gobierno de Irán

El “engaño” del gobierno de Irán

 

Con la periodista kurda Maryam Fathi.

 

Las manifestaciones populares más grandes desde 1979, que movilizaron a amplios sectores de la sociedad a principios de 2018 bajo la consigna “Pan, trabajo, libertad”, habrían sido coordinadas, según el régimen, por “los enemigos de Irán”. Esta tesis es defendida también por Nicolás Maduro, quien denunció la injerencia de Israel y de Estados Unidos e hizo “votos para que el pueblo y el gobierno de ese país hermano sigan construyendo y afianzando su propio modelo soberano de país”. Fathi, activista y refugiada kurda de Irán, rechaza esta lectura: “Me sorprende cuando veo a los partidos de izquierda occidentales apoyando un Estado como el iraní, tan asesino, tan autoritario”, dijo en conversación con Brecha.

 

Periodista y activista por los derechos de la mujer en el Kurdistán iraní, Maryam Fathi hubo de emprender el camino del exilio ante el riesgo de ser encarcelada. Desde 2011 vive como refugiada política en el País Vasco, donde milita en la asociación vasco-kurda Newroz.

 

—¿Cuáles han sido los motivos de las protestas con que Irán recibió el nuevo año?

—Los problemas económicos fueron el detonante y, en concreto, el anuncio del actual presidente, Hasan Rouhani, en el parlamento iraní, de que su nuevo programa económico, su presupuesto, destina el 50 por ciento de los recursos a sostener las operaciones militares fuera de las fronteras de Irán. En las protestas la gente pedía que se olvidaran de Líbano, Siria y Yemen (donde son conducidas estas operaciones) y que pensara en Irán. Están expoliando al pueblo para mantener su actual política internacional. La solidaridad con los pueblos que sufren la guerra es algo diferente a oponerse al envío de fondos a grupos armados o al Estado sirio. Al mismo tiempo, las partidas para educación, por ejemplo, eran ridículas en Irán, incapaces de satisfacer las necesidades de la población.

El problema económico iraní es grande, grave: el 80 por ciento de la población se encuentra bajo el umbral de la pobreza. Una de las políticas empleadas por el régimen para perpetuarse en el poder ha consistido en empobrecer a la población. En su opinión, una población hambrienta y preocupada por sus necesidades materiales inmediatas no puede ocuparse de asuntos políticos. Pero, obviamente, no se pueden separar política y economía, más teniendo en cuenta la importancia que el Estado persa concede a esta última. Son muchos los años que Irán lleva aguantando el aislamiento; teniendo dificultades para vender su petróleo y su gas; teniendo problemas políticos con la Unión Europea y Estados Unidos, que han llevado a la firma del acuerdo en materia nuclear, acuerdo que no puede resolver décadas de problemas económicos. Irán tiene un gobierno teocrático radical, portador de una ideología como la del Estado Islámico; no hay esperanza de cambio con un gobierno así. Las protestas se dan porque la gente no la tiene. Los jóvenes no pueden escuchar música en la calle. La gente está triste, la gente tiene hambre. No hay libertad alguna.


—¿Qué diferencia guardan estas protestas con las de 2009?

—Hay diferentes análisis sobre las últimas protestas en Irán. Desde Europa, desde el exilio, se piensa que están orquestadas desde fuera, por Estados Unidos o Arabia Saudita. Por otro lado, los reformistas y los conservadores se acusan mutuamente. Pero en realidad estas protestas comenzaron en la ciudad de Mashad, símbolo del nacionalismo persa. Un lugar donde el ex presidente Majmud Ajmadineyad tiene muchos simpatizantes y quién sabe si tuvieron parte en el comienzo de las protestas. Lo que está claro es que a las pocas horas de su inicio la gente se levantó en otras ciudades y pequeños pueblos donde no había habido ninguna manifestación desde la revolución de 1979. Ni reformistas ni conservadores esperaban que la revuelta se extendiera con tanta rapidez y en tantos lugares de Irán. Tampoco podían imaginar la masiva presencia de jóvenes y mujeres, de la clase trabajadora, en primera línea. Desde la caída del sha, repito, no se habían dado protestas tan grandes, y menos aun en los cuatro puntos cardinales de Irán: Baluchistán, Kurdistán, las tierras de azeríes y árabes, Teherán...

La diferencia con las protestas de hace nueve años es que entonces fueron lideradas por el ala progresista del régimen y sólo se dieron en el centro de Irán, en Teherán; no llegaron a otras comunidades.

Nacieron, por otro lado, de las diferencias políticas entre los dos sectores del régimen. Las recientes son una erupción que estaba larvada, que se venía gestando y que tiene entre sus destinatarios tanto a los conservadores como a los reformistas, quienes en 2009 consiguieron apagar el descontento con la promesa de nuevas leyes y llevar a la población a las elecciones, a votar, otra vez más, al mismo Estado, la misma ideología. Si hoy en día hubiese un referéndum en Irán, los líderes ultrarreligiosos –teócratas– actuales no ganarían. Sobreviven gracias a la represión, las ejecuciones, las torturas, la cárcel, al empobrecimiento de la sociedad, a sus intervenciones en otros estados de Oriente Medio.

Son bastantes los lugares de la región donde se está dando un cambio político radical. Hasta la fecha, Irán ha conseguido mantenerse alejado de él, gracias, entre otros factores, a su política internacional que ha causado tantos y tan graves problemas, por ejemplo en Siria y Yemen, y que desvía la atención internacional de cuanto sucede en el interior de Irán.

 

—¿Cuáles son los intereses del Estado iraní en Siria?

—Por un lado está la política de bloques, con Siria, Rusia, China e Irán de una banda, y Arabia Saudita, Estados Unidos, Israel y Turquía, de otra. Por otro, está el deseo de Irán de llegar al Mediterráneo: su idea es crear una suerte de corredor chiita, una media luna chiita, a través de Siria e Irak, respaldado por sus simpatizantes. Es también una forma de acercarse a Líbano e Israel. Por eso a Irán le interesa tener buenas relaciones con el Estado sirio.

 

—¿El hecho nacional es otro factor a tener en cuenta? Los persas no son mayoría en Irán.

—El 60 por ciento de la población iraní está compuesto por balochis, kurdos, árabes, azeríes (N de R: o azerbaiyanos), turcos, turcomanos. Los persas ocupan la parte central del territorio. Irán es un Estado-nación teocrático que sólo respeta la cultura persa y la religión islámica chiita. Las protestas comenzaron en lugares significativos para la conducción del Estado –Mashad, Isfahán (capital cultural de Irán), Qom (centro espiritual del que han salido todos los líderes del régimen)–, lo cual muestra la gravedad de la circunstancia, la crisis ideológica que se vive en el seno del poder. Vista la situación en el corazón del Estado, los pueblos comprendidos en el Estado iraní aprovecharon el momento y también salieron a la calle; de hecho, la mayoría de las muertes se han producido en esta periferia: sólo en la pequeña ciudad kurda de Kermanshah, por ejemplo, hubo siete muertos en las protestas.


—Una veintena de muertos, miles de detenidos, ¿cuál es ahora la situación?, ¿qué perspectivas hay?

—El régimen, primero, suspendió todas las comunicaciones telemáticas, cortó Internet. Son años en los que aplicaciones como Instagram o Telegram juegan un papel importante para las movilizaciones, ya que no hay ningún medio de comunicación que no esté bajo la tutela del Estado. No hay partidos de oposición. No hay alternativa. Internet es fundamental para el intercambio de opiniones, de informaciones, para formar grupos. Es algo bien sabido por los líderes iraníes, que además de cortar Internet suspendieron grupos de Instagram como Ahmed News, que tenía un millón de seguidores.

Lo siguiente fue militarizar las ciudades. Veintiún muertos en tan pocos días no es cualquier cosa. Si la protesta interna continúa, habrá muchos más muertos, porque el gobierno es capaz de masacrar a la población. Un gobierno que realiza ejecuciones públicas es un gobierno genocida en potencia. Sólo en 2016, según datos gubernamentales, ejecutaron a más de mil presos políticos y sociales.


—¿Cómo se ve desde la disidencia el apoyo que parte de la izquierda internacional (como en Argentina o Venezuela, por ejemplo) ha dado al régimen iraní cuando éste se ve envuelto en problemas? ¿Qué se piensa del argumento que atribuye la contestación interna a la injerencia de potencias extranjeras?

—Los que hemos vivido casi toda nuestra existencia en Irán y conocemos al régimen sabemos que la izquierda clásica, tradicional, está equivocada. El gobierno de Irán no es anticapitalista ni antimperialista. No hay más que ver la entente que forma con una potencia imperialista como Rusia. La izquierda a la que me refiero lleva mucho tiempo engañada por el gobierno de Irán. Pensar que Estados Unidos y Arabia Saudita están detrás de protestas tan grandes –realizadas en más de 90 ciudades diferentes y en pueblos tan pequeños que ni siquiera los líderes iraníes podían sospechar que sus habitantes salieran a protestar– es una equivocación. Miles de personas estaban en la calle; de creer en la intervención extranjera habría que admitir que tienen controlado Irán. Que después de 40 años de silencio, tanta gente, de tantos lugares, de tantas identidades, salga a la calle desmiente esa idea.

Por otro lado, en Oriente Medio se está dando un cambio que también alcanzará a Irán. Los kurdos sabemos muy bien que las potencias extranjeras tienen sus intereses, que la guerra es una herramienta para realizar sus políticas en Oriente Medio. Pensar que si la guerra llegase a Irán su población ya no tendría que seguir aguantando el hambre, la humillación, la injusticia, la violación de los derechos humanos, la represión, es una equivocación. Por otro lado, apoyar a un Estado como el iraní es tanto como apoyar a Estados Unidos. Los estados implicados en la guerra de la región, los miembros de la coalición internacional, no van a llevar la democracia a Irán. El pueblo iraní lo sabe y, además, no quiere seguir permitiendo las políticas internas del régimen. Contra un sistema dictatorial hay que luchar, pero hay que tener cuidado con los intereses de los estados capitalistas en un lugar con tantas reservas de hidrocarburos y con un papel geoestratégico tan importante, como el de Irán.

 

—Pareciera que la memoria colectiva de parte de la izquierda se congeló con la caída del sha, y que olvidó tanto la contrarrevolución islámica como la ejecución de más de 30 mil militantes de izquierda en 1988, al finalizar la larga guerra contra Irak...

—La revolución que derrocó al sha Mohammad Reza Pahleví en 1979 fue encabezada por los comunistas (Tudeh) y otros partidos de izquierda, como Pmoi (Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán) y Fedayín. Quienes hemos nacido y crecido en Irán sabemos que aquella revolución fue secuestrada por los fundamentalistas religiosos, un hecho en el que Francia y Gran Bretaña tuvieron mucho que ver. No olvidemos, por ejemplo, que Jomeini vivía en Francia. Dada la contrarrevolución, la izquierda protestó: una república islámica no era aquello por lo que habían luchado. La mayoría de los militantes de izquierda fueron ejecutados, y quienes pudieron (como los kurdos, muy activos entonces en las políticas del Tudeh) escaparon a las montañas o al exilio. Yo nací después de estos hechos, y los he conocido, en gran parte, gracias a la lectura. A los nacidos después de 1980 nos llaman “la generación quemada”: porque nacimos bajo un régimen teocrático, tan represor que no deja que la vida florezca; son generaciones sin futuro. Es lo que le sucedió a la gente de izquierda: entraban a las ciudades de Kurdistán (y de todo Irán), sacaban a los varones de sus casas y en la misma puerta los asesinaban. También los mataban en las cárceles de Teherán, Isfahán... Fue una masacre. El régimen no permite la disidencia. Los kurdos no tenemos representación alguna; no tenemos oposición. Hay kurdos en instancias gubernamentales, kurdos que están a favor del gobierno. Lo mismo sucede con las mujeres: Irán es la cárcel de mujeres más grande del mundo. El presidente Hasan Rouhani pertenece al ala de los reformadores, más abierta, supuestamente, que la otra. Pero en su gabinete no ha habido ninguna mujer, no hay ministras; porque las mujeres tampoco pueden ser jueces, no pueden llegar a la presidencia... Me sorprende cuando veo a los partidos de izquierda occidentales apoyando a un Estado así, tan asesino, tan autoritario. Irán tiene problemas con los pueblos y naciones, con las minorías religiosas y las mujeres, con los jóvenes.


—¿Hay por dónde atisbar una solución, una salida, la construcción de una alternativa en Irán?

—La unidad entre los pueblos, conseguir autonomías democráticas, son factores importantes. El 11 de enero el Parlamento Europeo acogió una reunión de representantes de diferentes pueblos de Irán y diputados de izquierda de Europa. El Partido por la Vida Libre en Kurdistán, Pjak, propuso allí el confederalismo democrático como salida, como elemento para el trabajo común. Se está trabajando para formar una confederación democrática de pueblos de Irán; aunque sea en el exilio. De momento la idea es llevar la iniciativa a Irán, organizar al pueblo, sensibilizarlo respecto de estas propuestas, que puedan favorecer la aparición de autogobiernos. Hay que promover la organización para acompañar nuevas protestas o para hacer frente a problemas que puedan venir. Sabemos que no podemos esperar apoyo externo ni un cambio de Teherán: no nos van a traer democracia, sólo más problemas.

 

 

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EEUU fabrica un nuevo aliado para mantener su intervención en Siria

 

Estados Unidos no ha dado por terminada su intervención en la guerra de Siria, a pesar de la práctica desaparición del ISIS en el norte del país. Todo lo contrario, el Pentágono pretende ocupar las zonas fronterizas con la vecina Turquía en lo que supone de hecho una partición de Siria con independencia de los acontecimientos futuros de la guerra civil.

El objetivo es formar una nueva fuerza de unos 30.000 hombres, según ha confirmado un portavoz militar a AFP. La mitad de ellos pertenecería a la SDF, la milicia kurdo-árabe que dominan los kurdos de la YPG y que fue básica, con el apoyo aéreo norteamericano, en la derrota del ISIS en el norte del país y en la provincia de Raqqa. El entrenamiento ya ha empezado con 320 miembros de esa milicia.

Conscientes de que una fuerza exclusivamente kurda tendría problemas en zonas del norte de Siria habitadas por árabes, donde las consideran extranjeros, los militares norteamericanos sugirieron en su momento al YPG que formara una coalición más amplia a la que se llamó Fuerzas Democráticas de Siria (SDF en sus siglas en inglés).

Los nombres son importantes. A esta nueva fuerza pagada por EEUU se le llamará en inglés Syrian Border Security Force para darle una apariencia oficial.

El plan prevé que sean fuerzas kurdas las que controlen las zonas fronterizas con Turquía y que sean otras árabes las que se ocupen del valle del Éufrates. Según esos cálculos, faltan 15.000 combatientes por reclutar, que bien podrían salir de los grupos insurgentes sirios financiados por EEUU, o lo que quede de ellos.

Oficialmente, la razón aducida es impedir el regreso de ISIS a esas zonas, pero no se puede ocultar que se busca también que el Gobierno sirio no pueda extender su autoridad hasta el norte en el caso de que consiga acabar con los insurgentes sirios que resisten en la provincia de Idlib.

El secretario de Defensa, James Mattis, ya dijo que EEUU, que cuenta con más de 2.000 soldados en Siria, se quedará en el país “tanto tiempo como sea necesario”, lo que bien podría traducirse en unos cuantos años.

Si hay un país que considera este paso una declaración hostil es Turquía, que ya ha comenzado a tomar medidas para dificultarlo. Ankara afirma que nunca permitirá una presencia permanente del YPG al otro lado de su frontera. Considera a ese grupo una extensión del PKK, el grupo armado kurdo de Turquía, catalogado como grupo terrorista por EEUU, la Unión Europea y Turquía.

El miércoles, el Ministerio turco de Exteriores convocó al encargado de negocios de la embajada de EEUU en Ankara al conocer las primeras noticias de estos planes. Tras hacerse públicos, el portavoz de Erdogan emitió un comunicado con el que acusaba a Washington de “intentar legitimar y reforzar al grupo terrorista YPD mientras debería poner fin al apoyo que le presta”.

Pero no es en el campo de las declaraciones o de los movimientos diplomáticos donde Turquía tiene la oportunidad de contraatacar. En realidad, ya lo ha hecho.

 

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El sábado, el Ejército turco atacó con artillería desde el sur de Turquía varios objetivos relacionados con el YPD en la provincia de Afrin, en el noroeste de Siria, después de que Erdogan anunciara que habrá una operación militar en el norte de Siria “a menos que los terroristas abandonen las provincias de Afrin y Manbyi en una semana”.

Entre agosto de 2016 y marzo de 2017, Turquía realizó una incursión terrestre en el norte de Siria dentro de las operaciones contra ISIS para ocupar dos poblaciones. Pero el objetivo real era impedir que las fuerzas del YPG desplegadas en distintos puntos pudieran unirse y extender su control de la zona norte. Según la versión militar, los turcos perdieron 70 soldados, un precio alto que el Gobierno estaba dispuesto a pagar para alcanzar su objetivo.

Sin presencia del ISIS sobre el terreno, la rivalidad entre EEUU y Turquía, aliados en la OTAN, ya no tiene ninguna pantalla en la que ocultarse. La Administración de Trump ha decidido convertir en permanente su presencia en Siria y el apoyo a los kurdos del YPG iniciado en la época de Obama. Para Ankara, sólo son terroristas. Washington los ve como el aliado a sueldo de conveniencia para que ISIS no vuelva a aparecer y para que Asad nunca pueda volver a controlar toda Siria, incluso aunque gane la guerra. Porque la guerra continuará de otras formas, en algunos casos con protagonistas idénticos.

 

 

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Iraníes que salieron ayer a las calles para respaldar al gobierno quemaron banderas de Estados Unidos e Israel, que han sido acusados por las autoridades de Irán de incitar a las protestas que estallaron el 28 de diciembre en el país y que han provocado al menos 21 muertos. La imagen, en la ciudad de Mashhad

 

La mayoría de nosotros conocemos esa extremadamente rara pero levemente escalofriante sensación, al ir por una calle, mirar una colina o escuchar una conversación, de que ya la hemos visto u oído antes. Tal vez en una encarnación anterior. O quizás apenas unos años atrás, aunque no logramos ubicar la experiencia en el tiempo.

Me llevó un buen rato antes de que un amigo en quien confío lograra señalar por qué la más reciente revuelta callejera en miniatura en Irán me parecía tan extraña. Y tan familiar. Y tan sobrecogedora.

Repasemos la secuencia de sucesos. Gran número de jóvenes despojados de sus derechos, pobres o desempleados tomaron las calles de una nación de Medio Oriente para quejarse de la pobreza, la corrupción del régimen y su falta de libertad... y pronto se volvieron contra sus gobernantes. Perfectamente justificado. Pero en cuestión de días se disparan armas de fuego contra opositores al gobierno, el cual sostiene el derecho del pueblo a manifestarse, pero advierte que quienes recurran a la violencia pagarán el precio. Por lo menos 21 personas –dos de ellas miembros de las fuerzas de seguridad– pierden la vida cuando los manifestantes responden a las tácticas de tirar a matar de los agentes armados del gobierno.

El gobernante más poderoso –apoyado por las milicias del Estado– se queja de que los disturbios son fomentados por extranjeros, traidores, espías. El líder más veterano del Estado reduce todo a dinero, armas, políticas y servicios de inteligencia. Estados Unidos, Gran Bretaña y Arabia Saudita son mencionados como los principales sospechosos. Y entonces vastas multitudes pro gubernamentales –que superan en número (si no en entusiasmo) a los manifestantes–, marchan por cientos de miles para condenar las protestas callejeras, sosteniendo sobre sus cabezas retratos de sus amados líderes. El régimen afirma que las protestas terminaron.

Los paralelos no son exactos –las similitudes lo son mucho más–, pero, ¿no es esto, palabra por palabra, lo que ocurrió en Siria en 2011? ¿No es el mismo escenario, la misma representación, el mismo argumento? Una masa de campesinos empobrecidos –aplastados por las absurdas políticas agrícolas de su gobierno– comenzó a manifestarse contra el gobierno de Assad, luego contra la corrupción, y más tarde –muy pronto– a exigir su derrocamiento, tal como se puede ver a los manifestantes en Irán hoy quemando carteles de Alí Jamenei, el líder supremo, y del presidente Hassan Rouhani. Las fuerzas de seguridad comenzaron a matar manifestantes. Y, mucho antes de lo que creíamos en ese tiempo, opositores al régimen armados empezaron a atacar en la primavera de 2011 a los militares sirios a lo largo de la frontera norte con Líbano, cerca de Homs y Dera’a.

De inmediato, el régimen de Bashar al Assad afirmó que una mano extranjera operaba detrás de los terroristas –palabra que el gobierno iraní no ha usado (aún) con respecto a sus opositores armados– y nombró a Estados Unidos y Arabia Saudita como conspiradores para desatar una guerra civil en Siria. Cientos de miles de sirios leales al régimen marcharon por Damasco cada semana ondeando carteles de Assad. Una y otra vez, el gobierno sirio se refirió a la crisis como cosa terminada.

No era así. Pero, pese a los esfuerzos de Washington y Riad (y el apoyo británico al cambio de régimen), Assad se sostuvo con la misma tenacidad con que el régimen iraní aplastó las protestas de 2009 después de la muy dudosa victoria de Mahmud Ahmadineyad en la elección presidencial (un hombre que tenía mucho en común con Donald Trump).

Ahora debo referirme a mi institución favorita, que cruje pero aún tiene relevancia, el Departamento de Verdades de a Kilo. No, Irán no es una democracia de estilo occidental cuando sus funcionarios deciden quién puede ser presidente y quién no. Pero cuenta con un parlamento que funciona genuinamente y, después de la experiencia de Donald Trump –para no mencionar la dudosa legitimidad de la victoria de George W. Bush–, comparar las libertades iraníes con las libertades estadunidenses tal vez no sea una gran idea en este momento.

Mi preocupación radica en la crueldad inherente de un régimen que puede enviar a una mujer joven e inocente al patíbulo mientras un funcionario de la prisión grita imprecaciones a su madre en el teléfono celular de la prisionera. Ya he dicho antes que las horcas manchan a Irán más que la centrífuga. Se puede negociar sobre una instalación nuclear; en cambio, no se puede revertir la muerte.

Tomemos, por ejemplo, a Delara Darabi –de apenas 23 años–, quien fue arrastrada al patíbulo en 2009, gritando a su madre por el teléfono celular: Oh, madre, puedo ver la nariz del verdugo frente a mí. Me van a ejecutar. Sálvame, por favor.

Delara había confesado falsamente haber matado al primo de su padre para salvar del verdugo a su novio. Mientras ataban a la pobre chica, el verdugo le arrancó el teléfono y dijo en tono de burla a la madre que ya nada podía salvarla. Después, ese mismo año, el entonces presidente Ahmadineyad me dijo que estaba en contra de la pena capital. Pero los jueces iraníes eran independientes del gobierno, proclamó. Yo no quiero matar ni una hormiga.

No hizo nada, por supuesto. Casi 700 seres humanos fueron arrastrados a la horca en 2015, otros 567 en 2016. Sin duda muchas de las víctimas eran narcotraficantes. Pero sus juicios fueron farsas y las ejecuciones contaminan a la República Islámica tanto como mancillan la autoridad de Hassan Rouhani, el hombre en quien expresamos confianza después del acuerdo nuclear con Teherán.

Pero ahora regresemos a esos persistentes paralelos entre Irán y Siria. La guerra israelí con Hezbolá en Líbano en 2006 fue un intento de destruir al aliado más cercano de Siria en Líbano y protegido de Irán. Fracasó. Hezbolá afirmó que había triunfado. No fue así, pero los israelíes perdieron. El siguiente objetivo fue Siria, en 2011. De allí en adelante sólo conocemos parte de la dolorosa y atroz historia. Pero Occidente –e Israel– perdieron de nuevo. Assad sobrevivió. Ha ganado, con la ayuda de esos molestos rusos, de Hezbolá e Irán.

Entonces, ¿es ahora el turno de Irán? Casi la misma táctica. El mismo guion. Los mismos enemigos que Arabia Saudita observa con deleite. Gran Bretaña murmura sobre derechos humanos –que son la contribución de Boris–, pero los estadunidenses chillan del lado de los manifestantes inocentes (aunque cada vez más peligrosos). El mundo está observando. Claro que sí. Pero lo que me deja perplejo es que, mientras Irán hace las acostumbradas acusaciones de conspiraciones estadunidenses, los medios estadunidenses –y los nuestros, para el caso– no han mencionado una sola vez en este contexto el nombre de un funcionario de la inteligencia de Washington que hace apenas seis meses fue lanzado al estrellato como el hombre designado por Trump para dirigir las operaciones de la CIA en Irán.

Qué extraño. Porque en junio pasado el New York Times perfilaba el nuevo papel del príncipe negro –o el ayatola Mike, como al parecer también le llamaron– como uno de varios movimientos dentro de la agencia de espionaje que apuntan a un enfoque más muscular a las operaciones encubiertas bajo la dirección de Mike Pompeyo. Irán ha sido uno de los objetivos más difíciles de la CIA, afirmó el periódico que publica todas las noticias dignas de imprimirse.

“El reto de comenzar a aplicar las ideas del presidente Trump recae en Michael D’Andrea, un converso al islam que fuma un cigarillo tras otro... Quizá ningún funcionario de la CIA tiene mayor responsabilidad en debilitar a Al Qaeda... Trump ha nombrado a los halcones del Consejo Nacional de Seguridad ansiosos de contener (sic) a Irán e impulsar el cambio de régimen, cuyo fundamento será muy probablemente instalado mediante la acción encubierta de la CIA”.

En los 11 años transcurridos desde los ataques del 11-S, señala el NYT, D’Andrea estuvo profundamente implicado en el programa de detenciones e interrogatorios, el cual produjo la tortura de cierto número de prisioneros y fue condenado en un informe del Senado, en 2014, por inhumano e inefectivo. D’Andrea asumió el Centro de Contraterrorismo de la CIA en 2006 y, según el diario, operativos bajo su dirección tuvieron un papel fundamental en la ejecución en 2008 de Imad Mougniyeh, uno de los más altos funcionarios de Hezbolá (aunque en semi retiro) en Damasco. Al parecer D’Andrea también fue esencial en el incremento del uso de ataques con drones en la frontera afgano-paquistaní.

Es, por tanto, un formidable adversario de los iraníes –así como de los sirios–, pero es extraño que no hayamos sabido de él en los meses recientes. ¿No le interesan los recientes acontecimientos en Irán? Claro que sí. Es su trabajo, ¿o no? Pero, ¿por qué el silencio? ¿Será que no logramos atar ningún cabo aquí? ¿Por pura casualidad existirá algún vínculo entre los servicios de inteligencia que hacen gemir al pobre Jamenei en Teherán y los servicios de inteligencia operados por Michael D’Andrea, el hombre que debe empezar a aplicar las ideas del presidente Trump?

No estoy muy seguro de que el mundo esté observando. Pero debería hacerlo.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

 

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Domingo, 17 Diciembre 2017 08:16

Repudio palestino a la visita de Pence

Funeral de Yasser Sokar, de 23 años, en Franja de Gaza

 

Convocan protestas para recibir al vice de EE.UU. el miércoles en Jerusalén

Además, en los funerales de milicianos muertos en la intifada se corearon mensajes hostiles contra Trump, EE.UU. e Israel.

 

El movimiento Fatah, del presidente palestino Mahmud Abbas, llamó a manifestarse dentro y alrededor de Jerusalén el próximo miércoles contra la visita del vicepresidente estadounidense, Mike Pence, en protesta por la decisión de Estados Unidos de reconocer la Ciudad Santa como capital de Israel.

Al mismo tiempo, miles de palestinos participaron en los funerales de dos de los cuatro palestinos muertos el viernes a manos de soldados israelíes en la Cisjordania ocupada y en la Franja de Gaza, donde continuaron algunas protestas esporádicas el ayer contra la polémica decisión sobre Jerusalén del presidente estadounidense, Donald Trump. Estos funerales fueron una nueva ocasión para los palestinos de rebelarse contra Estados Unidos y corear mensajes hostiles contra Donald Trump, además de quemar banderas israelíes y estadounidenses. Hombres con la cara cubierta dispararon al aire durante los funerales en Beit Ula, cerca de Hebrón, y en Anata, entre Jerusalén y Cisjordania.

Señal de que el enfado palestino no amaina, Fatah, que domina la Autoridad Palestina internacionalmente reconocida y presidida por Abbas, llamó a manifestarse el día de la visita de Pence a Jerusalén, tras una breve parada en Egipto. “Llamamos a manifestaciones a las entradas de Jerusalén y de la Ciudad Vieja que coincidirán con la llegada del vicepresidente estadounidense’’ el miércoles, indicó en un comunicado.

La Casa Blanca, a pesar del enfado palestino, dice querer aprovechar la visita de Pence para renovar los esfuerzos por relanzar el proceso de paz israelo-palestino, en punto muerto desde 2014, aunque no da detalles de cómo lo hará. Abbas afirmó que Estados Unidos ya no estaba en posición de interpretar su papel histórico de mediador de paz y se negó a recibir a Pence, que tuvo que anular la cita palestina de su gira.

A Mike Pence lo acompañar Jason Greeblatt, el enviado de Donald Trump para Oriente Próximo, que no volvió a reunirse con los responsables palestinos desde la decisión estadounidense sobre Jerusalén. Anunciada el 6 de diciembre, la decisión, que rompe con décadas de diplomacia estadounidense e internacional, continúa provocando alarma en todo el mundo y manifestaciones en los Territorios Palestinos y en varios países árabes y musulmanes, principalmente. Para los palestinos, esta decisión no solo perjudica el resultado de las negociaciones de paz, que deberían centrarse en el estatuto de Jerusalén. Sino que además niega la identidad árabe de Jerusalén Este, ocupada y anexionada por Israel, y mina su aspiración de establecerla un día como capital de su futuro Estado. Israel proclama todo Jerusalén como su capital “indivisible’’.

Avivando un poco más el conflicto, un alto responsable de la Casa Blanca afirmó ayer que el Muro de las Lamentaciones, situado en Jerusalén Este, debería permanecer en cualquier caso bajo control israelí. El Muro de las Lamentaciones es el lugar más sagrado del judaísmo y se encuentra situado justo debajo de la Explanada de las Mezquitas, el tercer lugar santo del islam.

“Esta declaración prueba una vez m s que la administración estadounidense se ha excluido del proceso de paz. No aceptaremos ninguna modificación de la frontera en Jerusalén Este’’, dijo Nabil Abu Rudeina, portavoz de Abbas, hablando de una política estadounidense “totalmente inaceptable’’.

Pero aunque no desencadenó la espiral de violencia que se temía, la decisión de Trump y los altercados que la siguieron provocaron la muerte de ocho palestinos, dejaron cientos de heridos y causaron decenas de detenciones desde su anuncio. Ayer tuvieron lugar nuevas manifestaciones en Belén y en Ramalá, en Cisjordania. Acentuando la movilización, Fatah había llamado el viernes a una nueva jornada de manifestaciones, mientras que Hamas, que instó a una “nueva intifada’’, pidió hacer de cada viernes un “día de la ira’’ tras la decisión de Trump. El líder de Hamas, Ismail Haniyeh, afirmó ayer que “Jerusalén pertenece únicamente a los palestinos y nadie en el mundo puede cambiar esta verdad’’.

 

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El presidente de Palestina, Mahmud Abás. - EFE

 

El presidente de la Autoridad Palestina insinúa que podría abandonar la gestión de algunos servicios como los de salud y devolver toda la responsabilidad a Israel.

 

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, ha renunciado este miércoles a los Acuerdos de Oslo y a cualquier otro firmado desde entonces, como consecuencia de la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de reconocer Jerusalén como capital de Israel.

"La decisión sobre Jerusalén nos libera de todo acuerdo que hayamos firmado. Por ejemplo los Acuerdos de Oslo. Los firmamos, pero ahora ya no son vinculantes para nosotros", ha declarado Abás durante la cumbre extraordinaria de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) en Estambul.

Los Acuerdos de Oslo, firmados en septiembre de 1993, pretendían establecer la ruta del proceso de paz entre israelíes y palestinos y han marcado los siguientes pactos firmados entre ambas partes. Entre otras cosas, establecieron el reconocimiento internacional de la Autoridad Palestina como cuerpo administrativo en Cisjordania y Gaza, y pusieron la base para la colaboración administrativa entre el Gobierno israelí y organismos palestinos en los territorios ocupados. El apretón de manos de entonces entre Yaser Arafat y Yizhak Rabin despertó muchas ilusiones, desvanecidas hoy debido a la pasividad de Estados Unidos y la comunidad occidental.

Abás ha insinuado que podría abandonar asuntos administrativos civiles, como los servicios de salud, y devolver toda la responsabilidad a Israel. "Nosotros no tenemos autoridad. ¿Por qué deberíamos responsabilizarnos? Ustedes son el Estado ocupante", ha dicho. "Ya no estamos comprometidos con ningún acuerdo, desde el de Oslo hasta hoy", ha insistido el mandatario palestino en un discurso en la cumbre en el que anunció el fin del papel de EEUU como mediador en el conflicto por su inclinación a favor de Israel.

"Jerusalén es y siempre será la capital de Palestina", ha incido Abás, que también ha indicado que la decisión de Trump viola el derecho internacional y "cruza todas las líneas rojas" justo en un momento "en el que pensamos que podríamos trabajar juntos para una paz amplia". "Trump ha hecho lo contrario. Ha provocado a todo el mundo", ha lamentado.

El presidente palestino ha adelantado además que tratará de que el Consejo de Seguridad de la ONU apruebe una resolución que anule el anuncio del presidente estadounidense. También ha pedido que se impongan sanciones o presiones económicas contra Estados Unidos. "La decisión de Trump ofrece Jerusalén a Israel como regalo, algo unilateral, como si les regalara una ciudad estadounidense", ha agregado. "La decisión reforzará a grupos extremistas para transformar un conflicto político en uno religioso. Que así sea. El mundo sufrirá las consecuencias y debe asumir la responsabilidad", ha advertido Abás.

 

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Desde la izquiera, el presidente iraní, Hasan Rohaní, el presidente ruso, Vladimir Putin y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan en Sochi este miércoles. MIKHAIL KLIMENTYEV (AFPDesde la izquiera, el presidente iraní, Hasan Rohaní, el presidente ruso, Vladimir Putin y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan en Sochi este miércoles.

 

Rusia, Irán y Turquía se reúnen en la ciudad balneario de Sochi para avanzar en la solución del conflicto sirio

 

Corresponde al pueblo sirio determinar su propio futuro (...) Es evidente que el proceso no será sencillo y exigirá compromisos y concesiones de todos los participantes, incluido del gobierno sirio", ha instado el presidente ruso, Vladimir Putin, este miércoles a la entrada de una reunión con sus homólogos iraní, Hasan Rohaní, y turco, Recep Tayyip Erdogan, cada uno promotor de diferentes facciones en el conflicto del país levantino. La reunión, en la ciudad balneario rusa de Sochi, fue convocada para avanzar en una solución a la contienda ahora que la inminente derrota del Estado Islámico en Siria impide posponer por más tiempo la negociación política.

En ella Putin se está erigiendo en mediador, enfundado en su traje de nuevo arquitecto de Oriente Próximo gracias a la pérdida de influencia estadounidense en la región. Y al incremento de la influencia rusa tras haber intervenido en la contienda siria y haber decantado la balanza militar del lado del Gobierno de Bachar el Asad, que ha recuperado buena parte del terreno perdido hace dos años. Precisamente esta importancia de Rusia en evitar la derrota del régimen le permite ahora a Putin presionar a su protegido. De hecho, Asad fue llamado a Sochi este martes y posteriormente Putin comunicó por teléfono al presidente Trump de EE UU y al rey Salman de Arabia Saudí la voluntad del presidente sirio por alcanzar un acuerdo, incluso de hacer una “reforma constitucional” y permitir elecciones presidenciales y legislativas libres. “No queremos mirar atrás y estamos listos para el diálogo con todos aquellos que quieran una solución política”, afirmó Asad junto a Putin.

La continuidad de Asad al frente de Siria es uno de los mayores obstáculos a las negociaciones ya que, además de apertura política, los grupos opositores exigen la marcha del presidente, al que culpan de buena parte de las 330.000 muertes durante la guerra. Grupos opositores —en su mayoría de tendencia islamista— se reunieron este miércoles en Riad (Arabia Saudí) para negociar una postura común de cara a las negociaciones internacionales auspiciadas por la ONU en Ginebra el día 28 y en el congreso entre todas las partes en conflicto que está preparando Rusia para el próximo diciembre. Una maratón de encuentros a varias bandas que debería servir para establecer los cimientos de un acuerdo de paz.

El presidente de Irán, otro de los sostenes del Gobierno sirio gracias a su apoyo militar, sostuvo que la “cooperación” entre los tres países reunidos en Sochi ha logrado preparar el terreno para un pacto político pero, eso sí, antes habrá que acabar con los últimos núcleos de “terrorismo”, término con el que se refiere tanto al ISIS como a ciertos grupos opositores. La república islámica sí podría aferrarse más a la continuidad de Asad, estrecho aliado, mientras Rusia no la ve tan imprescindible (podría dejar caer al presidente a cambio de la permanencia de un régimen favorable a Moscú).

Erdogan, por su parte, ha dicho en Sochi que la reunión tripartita tiene una importancia “crítica”. Turquía, que desde el inicio de la guerra se postuló como garante de la oposición siria, ha dejado hace tiempo de solicitar la cabeza de Asad y su influencia sobre los grupos rebeldes del norte del país –a los que ha reducido prácticamente al papel de marionetas- podría inclinarlos a algún tipo de acuerdo con el régimen.

En Sochi, con todo, hubo un gran ausente: EE UU, principal valedor de las Fuerzas Democráticas Sirias, que lideran las milicias kurdas YPG y que controlan prácticamente un tercio del territorio sirio. Rusia ha tratado de acercar posiciones con las YPG pero Turquía, que las considera un grupo terrorista, se opone a que sean invitadas a cualquier mesa de negociación internacional, con lo que el puzle de la paz será difícil de componer.

 

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Lunes, 20 Noviembre 2017 08:22

¿Merece la pena vivir esa vida?

¿Merece la pena vivir esa vida?

 

Traducido del inglés para Rebelion por Beatriz Morales Bastos.

 

El martes 29 de agosto Mohannad Younis se tragó un frasco de pastillas para dormir y acabó con su vida. Solo tenía 22 y parecía que las cosas le iban bien. Era un autor en ciernes que recientemente había terminado una serie de relatos cortos y acababa de terminar una obra de teatro, Escape. A Mohannad solo le quedaban dos meses para terminar un posgrado de Farmacia en la Universidad Al-Azhar y planeaba casarse con una compañera estudiante de medicina. Por consiguiente, su suicidio ha supuesto un shock para quienes lo conocían y querían.

Conozco el caso. Yo era amigo suyo, lo lloro y le echo de menos. Y estoy rabioso por lo que ha hecho. Pero la decisión de Mohannad de quitarse la vida es menos inusual de lo que era antes en Gaza, donde el suicidio está mal considerado debido a la tradición y la religión.

De hecho en 2016 hubo un fuerte aumento de la cantidad de suicidios y de intentos de suicidio en Gaza, tanto que las autoridades estaban tan preocupadas que el ministerio de Sanidad decidió hacer gratuitos los servicios de cualquier persona que necesitara tratamiento tras un intento de suicidio y ofreció asesoría gratuita.

Según el departamento de policía de Gaza, responsable de registrar estas cifras, en 2016 hubo 17 suicidios en Gaza y 80 intentos. No es una cifra muy alta para los dos millones de habitantes de la Franja, pero supuso un fuerte aumento respecto a 2015, cuando solo se registraron cinco suicidios y 35 intentos.

 
Atrapados

 

Los psicólogos no tienen que ir muy lejos para encontrar una explicación. “La gente está atrapada en todos los ámbitos de la vida”, afirmó Muhammad Abu al-Sabah, psicólogo del Programa de Salud Mental dela Comunidad de Gaza y neurocientífico que también dirige una clínica privada. Abu Al-Sabah se refiere al bloqueo que Israel y Egipto imponen a Gaza. “Las aspiraciones de la gente de viajar, trabajar y estudiar fuera se han visto truncadas. No hay oportunidades de trabajo ni perspectivas de una vida mejor”.

Abu al-Sabah afirmó que con el tiempo (y el bloqueo de Gaza dura ya más de diez años) este aislamiento junto con la extrema violencia infligida a Gaza por tres ataques militares israelíes diferentes han aumentado los índices de depresión y disparado los problemas psicológicos que ya existían, como los trastornos de personalidad. Es probable que ambas cosas provoquen el aumento de suicidios y de intentos de suicidio que está padeciendo Gaza.

Según una fuente bien situada en el ministerio de Sanidad que habló a condición de permanecer en el anonimato dado que no están autorizados a hablar a los medios, 2017 va camino de ser aún peor. Esta fuente afirmó que este año los hospitales están recibiendo una media de unos 20 intentos de suicidio al mes.

Según esta fuente, el perfil de quienes se suicidan o intentan suicidarse también parece ajustarse a un patrón. Aproximadamente un 80 % tiene entre 17 y 28 años, y aproximadamente un 60 % tiene estudios universitarios. En torno a un 60 % de quienes tratan de suicidarse son mujeres.

Según Abu al-Sabah las personas jóvenes son especialmente vulnerables. “Las personas jóvenes tiene poca esperanza en el futuro. No tienen apoyo para empezar sus carreras o seguir con sus estudios. Y a una edad en la que se quieren probar cosas nuevas, no tienen posibilidades de hacerlo”.

 

Tabú

 

El hecho de que tradicionalmente las familias sean reacias a hablar acerca de lo que se consideran un tabú cultural y religioso impide entender la magnitud del problema del suicidio. La presión que ejerce la comunidad impide a las familias admitir que algún miembro de la familia ha tratado de suicidarse.

En un pequeño pueblo al oeste de Beit Hanoun, situado al norte de Gaza, los gemelos Samar y Salem, de 24 años, accedieron a hablar acerca de lo que les llevó a intentar suicidarse juntos. Tanto el hermano como la hermana insistieron en que no se publicara su apellido por temor a ser juzgados por la comunidad.

Ambos hermanos se habían licenciado en administración de empresas por la Universidad Islámica de Gaza con buenas notas. Después de buscar sin éxito trabajo en Gaza, decidieron tratar de hacer un posgrado en Egipto. Solicitaron y obtuvieron una beca para estudiar literatura en Reino Unido, pero finalmente no pudieron salir de Gaza por el paso fronterizo con Egipto de Rafah, que estuvo cerrado prácticamente todo el año pasado. “Venimos de una familia pobre”, señaló Samar. “No encontramos trabajo en Gaza y cuando se desmoronó nuestro sueño a las puertas de Rafah, perdimos la esperanza de poder mantener a nuestra familia”. Los gemelos cayeron en una depresión. “No podemos mantener a nuestra familia y ella no puede mantenernos a nosotros”, afirmó Samar. “Nuestra comunidad no puede ayudarnos. La muerte parecía mejor que una vida atrapados aquí”.

Hicieron un pacto y un día a mediados del año pasado ambos tomaron una sobredosis de antidepresivos y pastillas para dormir que podrían haberlos matado si su padre, Said, no se hubiera dado cuenta de que faltaban las pastillas, no hubiera encontrado a los hermanos y avisado a sus familiares y vecinos, que acudieron a ayudar.

Sin embargo, Said, de 48 años, todavía teme por ellos. Este hombre, que había sido trabajador en la construcción y cuyo trabajo en el mejor de los casos es intermitente, y que ha visto como las oportunidades de trabajo menguaban a la par que la economía de la bloqueada Gaza, afirmó que teme que traten de matarse otra vez. “Espero poder proporcionar a mis hijos una oportunidad de trabajo o proporcionarles algo. Temo perderlos en una oscura noche sin luna. Gaza me ha destruido ahora está destruyendo a mis hijos que son muy trabajadores”.

 

Reiterados intentos de suicidio

 

Muhannad Iyad intentó suicidarse una vez. Después una segunda vez y luego una tercera. Contra toda lógica, este estudiante de medicina de 22 años puede considerarse increíblemente afortunado. En el lapso de un año se cortó las venas, se colgó y tomó una sobredosis de pastillas. Cada una de las veces lo descubrieron en el último momento y lo trataron a tiempo.

Achaca su depresión a la mezcla de su compromiso político, que le llevó a estar profundamente desanimado acerca de las posibilidades de Gaza, y a la presión de sus estudios en la Universidad Islámica. “Suspendí el primer curso. La política dominaba mi vida, me obsesionaba. Solo quería acabar con mi miseria”.

Después del tercer intento su familia reaccionó con determinación. Le consiguieron una beca de la Universidad Jordana de Ciencia y Tecnología en Amman y también lograron obtener un permiso para que pudiera salir de Gaza, que les costó 3.000 dólares en metálico pagados a los funcionarios egipcios y palestinos para que le dejaran salir.

El traslado ha cambiado a Muhannad Iyad. “Ahora nunca pienso en el suicidio”, afirmó al tiempo que se enorgullecía de ser el primero de su clase. “El ambiente de Gaza me arrastró hasta el fondo. Ahora estoy centrado en terminar mis estudios para poder volver y ayudar a mi familia y a mi deprimida ciudad”.

 

Fiel a todos

 

En Gaza hay muchas razones para perder las ganas de vivir, como le pasó a Mohannad Younis. Existen muy pocas posibilidades de tener una vida mejor. Aquí podemos estudiar, pero no podemos encontrar trabajo. Vivimos en una cárcel, abandonados y olvidados por el mundo. Hemos perdido a nuestros seres queridos, amigos o familiares, debido a una violencia contra la que no podemos luchar ni tampoco podemos escapar de ella.

Pero también hay razones personales para suicidarse. Los padres de Mohannad se divorciaron cuando él solo tenía dos años. Cuando creció trató de establecer un vínculo con su padre, que tiene un doctorado, pero por la razón que fuera no lo logró. Ya fuera esto la causa o el detonante, lo sumió en una depresión. La escritura fue una especie de terapia. Escribió acerca de Gaza, sus problemas y miserias. Pero acabó perdiendo al fe, en Gaza, en su familia y en sí mismo.

Yo también he luchado contra la depresión. Creo que el suicidio es un acto cobarde. Pero quizá solo sea cuando pienso acerca del suicidio en abstracto. He visto cómo ha luchado Mohannad contra sí mismo y solo siento cariño y respeto por él.

Mohannad tenía un carácter tan puro que sus amigos siempre lo describían como una persona fiel a todo el mundo excepto a sí mismo.

 

Hamza Abu Eltarabesh es un periodista freelance y escritor de Gaza.

 

Fuente:https://electronicintifada.net/content/life-worth-living/22246

 

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

 

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Domingo, 19 Noviembre 2017 07:38

¿Hacia dónde va Kurdistán?

El pueblo kurdo sigue reclamando la libertad del lider del PKK, Abdullah Öcalan / Foto: Afp, Yasin Akgul

 

Tras la guerra en Siria, el giro autoritario en Turquía y el referéndum en Irak.

 

La causa kurda se ha visto atravesada por una serie de acontecimientos en Oriente Medio que han modificado la correlación de fuerzas de este movimiento.


En los últimos años el devenir del pueblo kurdo se conoció de una forma más profunda en las cuatro latitudes del mundo. Negados, reprimidos, asesinados y traicionados, los pobladores de Kurdistán –repartido arbitrariamente entre Irak, Siria, Irán y Turquía en las primeras décadas del siglo pasado– vienen sosteniendo una lucha que, más allá de matices y diferencias internas, tiene entre sus principales objetivos la independencia, la democracia y la liberación.

Una de las principales razones por las que las tierras que puebla la principal minoría étnica de Oriente Medio (unos 40 millones de personas) son reclamadas por estos países es su riqueza natural. Por Kurdistán cruzan los grandes ríos Tigris y Éufrates, sus territorios fértiles son ideales para la agricultura y la ganadería, y en el subsuelo un mar de petróleo es codiciado sobre todo por Estados Unidos, Rusia, China y países de Europa y sus representantes nacionales. Del suelo kurdo se extrae el 75 por ciento del petróleo de Irak, el 50 por ciento del de Irán, y allí se halla casi la totalidad de las reservas de Turquía y Siria.

La causa kurda se ha visto atravesada, en los últimos años, por una serie de acontecimientos en estos países –crisis de diferente índole, conflictos interpuestos y guerras– que han modificado la correlación de fuerzas del movimiento kurdo en la región.

 


EN EL SULTANATO.


En Turquía la política dio un giro drástico a partir del intento de golpe de Estado del 15 y 16 de julio de 2016, algo que tuvo particular impacto en el sureste de Turquía, en la zona kurda de Bakur. Una vez desactivada la intentona, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, puso en marcha una impresionante maquinaria represiva que incluyó purgas en las instituciones públicas e intervenciones de empresas privadas que dejaron a cientos de miles de empleados sin trabajo, la declaración de un estado de emergencia permanente –que le permite al presidente gobernar por decreto–, el recorte radical de las libertades individuales y la censura de la prensa opositora. El golpe le sirvió de excusa a Erdogan para endurecer la persecución y represión de las organizaciones kurdas en Turquía que su gobierno ya había encaminado, en consonancia con la histórica política turca hacia los kurdos. Una política de asimilación, desplazamientos forzados, confiscación de tierras, negación de los derechos de los kurdos y asesinatos masivos.

En 2016 Erdogan tenía problemas en varios frentes. El más molesto en el plano interno era el crecimiento del Movimiento de Liberación de Kurdistán, que canaliza su política institucional a través del Partido Democrático de los Pueblos (Hdp, por sus siglas originales), y del Partido Paz y Democracia (Bdp, por sus siglas originales). En junio de 2015, en las elecciones generales, el Hdp logró que 80 de sus candidatos a diputados ingresaran al parlamento, una victoria inédita. Además, a través del Bdp, el movimiento kurdo gobernaba alrededor de 100 alcaldías del sureste del país. Finalizados los comicios y ante la imposibilidad de formar un gobierno con mayoría de su partido, el Akp, Erdogan convocó a nuevas elecciones para noviembre de ese año, por falta de mayoría absoluta en el parlamento. En el tiempo que transcurrió hasta entonces, las fuerzas de seguridad y el Ejército lanzaron una operación demoledora contra el pueblo kurdo. Además de encarcelar a 2 mil militantes del Hdp, se desarrollaron operaciones militares en varias ciudades y pueblos de Bakur. Los dos ejemplos más aterradores se dieron en el pueblo de Nusaybin (en la frontera con Kurdistán sirio) y en el barrio Sur, de la ciudad de Diyarbakir (capital histórica de Kurdistán en Turquía). En el primer caso la aviación turca y tropas terrestres arrasaron el pueblo, en el cual vivían 80 mil personas. Bombas y una masacre sostenida fue la respuesta de Turquía a las declaraciones de autonomía hechas en varios pueblos kurdos cerca de la frontera con Siria. Nusaybin quedó totalmente destruida. Pero el Ejército turco ingresó al pueblo en ruinas para desplegar una inmensa bandera turca en el único edificio que quedaba en pie, mientras los soldados turcos, formados frente al estandarte, entonaban su himno. En el caso de Sur, barrio declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, la metodología fue la misma: bombardeos y desplazamiento de la población. Además fueron destruidas las construcciones históricas.

Pese a la represión del Estado turco, en los nuevos comicios de noviembre de 2015 el Hdp consiguió 59 diputados en el parlamento nacional. En la actualidad, 11 de esos legisladores se encuentran encarcelados, incluidos los co-presidentes del partido. Mientras el gobierno de Erdogan los acusa de terrorismo, el propio Akp ha militarizado Bakur (Kurdistán turco) y apoyado con total impunidad a grupos terroristas como el Estado Islámico, algo que han denunciado reiteradas veces tanto Rusia como el gobierno sirio, y que ha sido confirmado en varios documentos y filmaciones por diversas organizaciones kurdas.

Desde hace varios años la guerrilla del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (Pkk) sostiene un alto el fuego unilateral en Turquía, y en dos ocasiones intentó impulsar procesos de paz con el Estado turco. En ambas, el gobierno de Erdogan –que llegó al poder hace 13 años con una máscara progresista y modernizadora– hizo estallar esas iniciativas por los aires.

Por estos días el pueblo kurdo en el sureste de Turquía se encuentra movilizado para defender sus derechos básicos y la libertad del líder kurdo, y fundador del Pkk, Abdullah Öcalan, que desde hace casi 19 años se encuentra encarcelado en la isla-prisión de Imrali, lugar en el que tiene prohibida la visita de sus familiares y abogados.


LA FEDERACIÓN.


Cuando en 2011 en Siria estalló una serie de protestas contra el gobierno de partido Baaz, Oriente Medio ya atravesaba un proceso de profundo resquebrajamiento. En Rojava (la parte siria de Kurdistán) las manifestaciones y levantamientos no escasearon. Los kurdos de Rojava también se movilizaban por su libertad. Pero mientras en varios lugares de Siria esas protestas eran reprimidas por el Estado o sofocadas por los incipientes grupos terroristas que aparecían en el territorio, en el norte del país comenzaba un proceso de resistencia y organización que perdura aún.

Al estallar la guerra en Siria, que sucedió a la primavera árabe en ese país, los kurdos de Siria, con fuerte influencia del Pkk y de Öcalan, optaron por una “tercera vía” –como ellos la denominan–: ni sumarse a los grupos armados irregulares, como el Frente Al Nusra o la organización Estado Islámico, ni plegarse a las filas del Ejército Árabe Sirio, de Bashar al Asad. Ese pueblo ya tenía decidido que, costara lo que costara, la respuesta sería una revolución con profundas raíces democráticas que respetara a las diferentes religiones y etnias de la región, y que las mujeres fueran la punta de lanza y la garantía para alcanzar la liberación total (véase entrevista con Sivan Zerdesti).

Hace dos años fue proclamada la Federación Democrática del Norte de Siria, una novedosa forma de autogobierno que reúne a kurdos, árabes, asirios, turcomanos y armenios. Se fundaron cientos de pequeñas cooperativas y se conformaron las Fuerzas Democráticas de Siria (Fds), organización de autodefensa que ya liberó la provincia de Raqqa y ahora se encuentra combatiendo al grupo Estado Islámico en Deir ez-Zor.

Tanto las Fds como las instituciones de autogobierno que administran los cuatro cantones de la federación incluyen a todas las nacionalidades que viven en la región. Al mismo tiempo, las mujeres de la zona tienen sus propias organizaciones autónomas con el mismo poder de decisión e influencia que las entidades mixtas. Además de integrar las Unidades de Protección de las Mujeres (Ypj), las mujeres kurdas y de otras etnias y religiones son consideradas el sujeto revolucionario que permite la liberación del territorio.

El gobierno de Damasco mantiene un discurso prudente pero por momentos ambiguo sobre la lucha encabezada por los kurdos del país. Hasta ahora las fuerzas de autodefensa del norte de Siria no tuvieron enfrentamientos de gran envergadura con las tropas del Ejército de Siria, aunque no se descartan en un futuro no muy lejano. Actualmente, en la provincia de Deir ez-Zor se producen los principales combates contra el EI, tanto por parte de las Fds como del Ejército sirio. Desde la Federación Democrática ya expresaron en varias ocasiones la disposición a dialogar con Damasco para encontrar una salida democrática que incluya a todas las etnias que habitan el territorio y las religiones que se profesan.


EN IRAK.


Tal vez Masud Barzani no imaginaba el final que le esperaba cuando anunció el 25 de setiembre pasado en Bashur (la parte iraquí de Kurdistán) que se iba a realizar un referéndum para que los pobladores kurdos votaran sobre la creación de un Estado kurdo independiente. La consulta popular, de carácter no vinculante, se efectuó y una mayoría aplastante la respaldó, pese al rechazo del gobierno central de Bagdad, Turquía, Irán y Estados Unidos.

Una vez realizado el referéndum, desde Bagdad no dudaron en enviar tropas a Bashur y el Kdp ordenó a su fuerza militar, los peshmergas, que se retiraran de varias zonas. Barzani, líder del Partido Democrático de Kurdistán (Kdp) y hasta hace apenas unas semanas presidente “vitalicio” de Bashur, anunció su renuncia al cargo, y su partido, que administra esa región semiautónoma, convocó a nuevos comicios. Tanto el Pkk como partidos importantes de Bashur habían criticado duramente el referéndum porque, señalaban, su realización no era una solución de fondo para la libertad y la independencia del pueblo kurdo. El referéndum que Barzani presentó al mundo como una lucha independentista terminó por golpear de forma directa a los kurdos. El Ejército iraquí tomó el control de Kirkuk, principal provincia petrolera del país que hasta ese momento era controlada por la administración de Bashur. Al igual que en 2014, cuando Barzani ordenó el retiro de sus tropas de la región de Shengal –habitada por una mayoría yezidí– y dejó que el EI arrasara poblados y aldeas, además de secuestrar a unas 2 mil mujeres, en Kirkuk también el rescate de pobladores y la defensa del territorio la brindó la guerrilla del Pkk, que se trasladó desde las montañas de Qandil para hacer frente a los soldados enviados por Bagdad, aunque luego tuvo que replegarse.

En medio de esta nueva crisis, el Pkk sabe que se abre una posibilidad de llevar adelante su política, basada en el confederalismo democrático, una ideología abrazada a mediados de la década de 1990 que se define como anticapitalista, tiene como principal meta la liberación de las mujeres y aboga por conformar una red comunal que enfrente a los estados-nación. Desde Qandil, territorio que controla desde hace casi 20 años, el Pkk propuso una amplia unidad de las organizaciones kurdas y los pueblos que habitan Bashur para hacer frente a un conflicto que atraviesa la región más rica del territorio iraquí.


Y EN IRÁN.

 

En la actualidad la lucha del pueblo de Rojhilat (Kurdistán iraní) es muy poco difundida. Las últimas noticias se conocieron en setiembre de este año cuando fue convocada una huelga general, luego de que las fuerzas de seguridad iraníes asesinaran a dos kolbers (así se denominan los trabajadores de la frontera). La represión contra los kolbers, que trasladan mercadería desde Bashur a Rojhilat, no es reciente y le ha costado la vida a muchos kurdos que desempeñan esta labor. Durante varios días las protestas se multiplicaron en varias ciudades de la región.

En agosto de este año la Asociación de Derechos Humanos de Kurdistán presentó un extenso informe1 denunciando que el Estado iraní cometió contra el pueblo kurdo “violaciones de los derechos civiles y políticos, violaciones de la libertad de opinión y de expresión, violaciones del derecho a la vida y a la seguridad personal, así como tortura de presos políticos y la conculcación de los derechos fundamentales de los presos”.

A mediados de 2017 el co-presidente del Partido de Kurdistán por una Vida Libre (Pjak) Siyamend Mouni afirmó en una entrevista con la agencia de noticias Anf que la salida para Rojhilat es un “sistema donde todos los pueblos y fuerzas pueden expresarse y reclamar sus derechos”. El Pjak, vinculado con el Pkk, apuesta a “continuar la lucha a través del paradigma de la sociedad democrática contra la dictadura y las invasiones”, destacó el dirigente del partido kurdo en Irán. Mouni no descartó que en Irán se desarrollen “nuevos acontecimientos”, teniendo en cuenta la crisis que vive Oriente Medio. Para el copresidente del Pjak, Irán tiene dos opciones: una política para la transformación democrática en Rojhilat y en todo Irán, o virar hacia un proceso similar al que atraviesan Irak y Siria. Mouni destacó que el Pjak prefiere “la transformación democrática”, pero “si esto no sucede, Kurdistán se defenderá. Tenemos la fuerza y la experiencia para hacer esto. Nadie debe tener ninguna duda de que vamos a defender a nuestro pueblo y nuestro país. Hemos hecho todos los preparativos necesarios”.

 

1. http://kurdistanamericalatina.org/informe-completo-sobre-violaciones-a-los-derechos-humanos-en-el-kurdistan-irani/

 

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