MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

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La situación de hambre empeoró con la pandemia en 55 países del mundo 

En América Central después de Haití padecen falta de alimentos y malnutrición poblaciones de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Más de 75 millones de niños sufrieron retrasos en el crecimiento.

Por Elena Llorente

Al menos 155 millones de personas en 55 países del mundo sufrieron inseguridad alimentaria (falta de alimentos y malnutrición) aguda en 2020. La situación, que ya era grave por los conflictos, los problemas económicos y las condiciones meteorológicas extremas, se agravó con la llegada de la covid y sus consecuencias económicas, y puede empeorar todavía más durante 2021, según el Informe Mundial sobre las Crisis Alimentarias elaborado por la Red Mundial contra las Crisis Alimentarias en la que colaboran, entre otras, la Unión Europea, la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y el PMA (Programa Mundial de Alimentos), estas dos últimas con sede en Roma.

La inseguridad alimentaria aguda, considerada la fase 3 de los niveles de seguridad alimentaria mencionados en el Informe Mundial (la 4 es situación de emergencia y la 5 de catástrofe), alcanzó en 2020 el nivel más alto de los últimos cinco años, aumentando 20 millones más que el año anterior. Y en esta grave situación están implicados numerosos países de África y Asia pero también de Centroamérica y el Caribe, estando Haití entre los primeros 10 países del mundo con el más alto nivel de la propia población en crisis alimentaria. Los primeros cuatro países de esta lista elaborada en 2020 son la República Democrática del Congo, donde el 33% de la población (21,8millones de personas) está en crisis alimentaria, Yemen con el 45% de la población (13,5 millones) en esa situación, Afganistán con el 42% (13,2 millones) y Siria con el 60% de la población (12,4 millones) en similares condiciones. Haití ocupa el lugar número 10 de esta lista, con el 40% de la población en serias dificultades (4,1 millones de personas).

Además, en los 55 países con crisis alimentarias - entre los que están incluidos además de Haití, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua-, más de 75 millones de niños sufrieron retrasos en el crecimiento.

Pese a que las organizaciones internacionales se habían propuesto reducir la hambruna en el mundo a bajos niveles en 2030, la situación ha empeorado. Entre los motivos que han ayudado a difundir el hambre en las naciones del África Subsahariana están los conflictos -que persisten en numerosos países como Sudán, República Democrática del Congo, Somalia, República Centroafricana, Burkina Faso, Mozambique, Etiopía, entre otros -. La gente trata de escapar y emigra, dentro del propio país o a países limítrofes, en condiciones desesperantes. Y esto no sólo ha llevado a una escasez en general de alimentos para esas familias sino también a la no asistencia médica que hubiera requerido el tratamiento del coronavirus. En 2020, unos 100 millones de personas padecieron inseguridad alimentaria por los conflictos, contra los 77 millones de 2019.

La segunda razón, explicó el Informe Mundial, fueron las conmociones económicas, muchas de ellas atribuidas a la covid-19 19 pero no sólo, y que significaron que en 2020 más de 40 millones de personas sufrieran inseguridad alimentaria en 17 países, contra los 24 millones en ocho países de 2019.

Por último han influido en muchos de estos países las condiciones meteorológicas extremas, como sequías que obstaculizaron la agricultura y plagas de insectos que se difundieron, y los huracanes. En este último caso, América Central, por ejemplo, fue afectada por dos huracanes, Eta y Iota, en 2020 lo que intensificó la difícil situación alimentaria de la población que ya era vulnerable a causa de la pandemia.

En América Central y el Caribe aumentó considerablemente la inseguridad alimentaria en 2020, con 11,8 millones de personas en crisis (8,1 millones más que en 2019). En 2021 una agudización de la crisis alimentaria se espera en Haití, Guatemala, Honduras, El Salvador y posiblemente también en Nicaragua, precisó el Informe que no se ocupó de los otros países de Centroamérica (Belice, Costa Rica y Panamá), como tampoco de las naciones de América del Sur ni de México, probablemente por considerarlas en mejores condiciones en general.

En Haití, alrededor de un millón de personas estaban en serias dificultades alimentarias en 2020, lo que además no era sólo un problema de las zonas rurales sino también de las zonas metropolitanas, es decir, en torno a las ciudades, precisó el informe. Y para 2021 se calcula que la situación empeorará. Se estima que 4,4 millones de habitantes sufrirán crisis alimentaria.

En Guatemala, entre noviembre 2020 y marzo 2021, más de 3,7 millones de personas padecían crisis alimentaria, mientras unas 500.000 estaban aún en peores condiciones, es decir en emergencia. En Honduras, 2,9 millones estaban en crisis y más de 600.000 en emergencia entre diciembre 2020 y marzo 2021. En El Salvador, unas 684.000 personas estaban en crisis alimentarias y 95.000 en emergencia entre noviembre 2020 y febrero 2021. En Nicaragua, cerca de 400.000 personas estaban en crisis o peor en setiembre 2020.

Guatemala además es un caso particular porque por su territorio circulan normalmente miles de migrantes cuyo objetivo es llegar principalmente a Estados Unidos. Cuando se cerraron las fronteras a causa de la covid, muchos migrantes debieron quedarse en Guatemala y se vieron forzados a buscar trabajo cuando había un alto nivel de desempleo. Según IOM (Organización Internacional de las Migraciones) los migrantes que se quedaron en Guatemala perdieron sus empleos o vieron reducidas notablemente sus horas de trabajo. Hay una notable preocupación además respecto a la difusión de la covid porque en las áreas afectadas por los huracanes, mucha gente se tuvo que desplazar y fue a vivir a refugios donde la higiene es escasa y faltan el agua y los medios para prevenir el contagio. La pandemia y la especulación, por otra parte, como ha sucedido en otros países, produjeron un considerable aumento de precios de los alimentos. Por ejemplo en julio de 2020 el precio de los porotos negros, un alimento muy consumido en toda América Central, era un 45% más alto que en 2019, indicó el Informe.

"El carácter prolongado de la mayoría de las crisis alimentarias indica que las tendencias medioambientales, sociales y económicas a largo plazo agravadas por los crecientes conflictos y la inseguridad están menoscabando la resiliencia de los sistemas agroalimentarios. Si las tendencias actuales no se revierten, la frecuencia y la gravedad de las crisis alimentarias se incrementarán”, dijo en un comunicado de la Red Mundial contra las crisis alimentarias. La Red mundial hizo hincapié además en la necesidad de actuar urgentemente y con decisión y pidió a la comunidad internacional que se movilice contra el hambre.

En este sentido, también el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, en el prólogo del informe, destacó que "los conflictos y el hambre se refuerzan mutuamente” y que “hemos de combatir el hambre y los conflictos juntos para resolver cada uno de estos problemas...Debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para terminar con este círculo vicioso. La lucha contra el hambre es uno de los fundamentos de la estabilidad y la paz", indicó. En marzo de 2021, Guterres constituyó un Equipo de Tareas de alto nivel para la prevención de la hambruna cuyo objetivo es llamar la atención a alto nivel y de forma coordinada sobre la prevención de las hambrunas y movilizar apoyo para los países más afectados. 

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La propuesta de suspender las patentes de la vacuna anti-Covid divide a la UE

Bruselas. Los líderes de la Unión Europea (UE) están divididos sobre si seguir a Washington en el apoyo a la liberación de las patentes de las vacunas contra el Covid-19, ya que muchos sostienen que esto llevaría años y no abordaría la cuestión inmediata de fabricar más dosis para acabar con la pandemia.

Los líderes del bloque de 27 países debatirán la idea de suspender las patentes en una cumbre de dos días que comenzó ayer en la ciudad portuguesa de Oporto, pero es poco probable que formulen una posición unida firme, más allá de una disposición general a debatir la cuestión.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, respaldó el miércoles la renuncia a los derechos de propiedad intelectual de las vacunas, a lo que las farmacéuticas respondieron que no son las patentes, sino las restricciones en el comercio internacional, lo que impide la distribución de los inmunológicos.

Algunos miembros de la UE sostienen que el proceso de liberación, que se llevaría a cabo en la Organización Mundial del Comercio, podría durar dos años, lo que lo haría irrelevante para controlar rápidamente la pandemia.

Los miembros de la UE creen que la mejor manera de acabar rápidamente con la pandemia, evitando la aparición de nuevas variantes del coronavirus, es impulsar la producción de vacunas y venderlas o donarlas a países de todo el mundo.

"Estamos abiertos a discutir la idea, las opciones relativas a las patentes, para ver cómo esto podría ayudarnos a lograr el objetivo de acelerar la producción y las entregas en todo el mundo", indicó una portavoz de la Comisión Europea en una sesión informativa periódica.

La UE, que está entre los mayores productores de vacunas del mundo, es también el principal exportador de estas sustancias, con 200 millones de dosis enviadas fuera del bloque, a diferencia de Estados Unidos o Reino Unido, que no exportan los biológicos que fabrican.

La titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, expresó que la UE está "lista para discutir" tal levantamiento, a fin de determinar si era una "solución efectiva y pragmática", pero en rueda de prensa matizó: "A corto y medio plazo, este levantamiento no resolverá los problemas, no proporcionará ni una sola dosis de vacuna".

Von der Leyen puso énfasis en que Europa es "la única región democrática del mundo que exporta a gran escala", alrededor de 50 por ciento de su producción. Hasta ahora se han enviado 200 millones de dosis, dijo.

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Varias personas protestan ante las oficinas de Johnson & Johnson en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) pidiendo que liberalicen las patentes. Nic Bothma / EPA - EFE

En qué consiste? ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Cuánto se tardará en aplicar? ¿Será suficiente para aumentar la producción? Esto es lo que se sabe y lo que no sobre el apoyo de EEUU a la suspensión temporal de las protecciones de propiedad intelectual de las vacunas anti-COVID y sus consecuencias

 

Estados Unidos ha asombrado al mundo con su apoyo a la suspensión temporal de las patentes de las vacunas contra la COVID-19. La medida ha sido calificada de "trascendental" e "histórica" por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero, para muchos, aunque importante, es solo el primer paso y aún queda camino por delante para aumentar el suministro de dosis y acabar con la enorme brecha en la vacunación entre países ricos y pobres.

De momento, sobre la medida, hay poco conocido y mucho por saber. "Muchos se preguntan si la exención acelerará las cosas. Esa es la pregunta clave. Y la respuesta es que no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que el statu quo no está funcionando. La exención es una parte necesaria de un cambio más transformador", resume Matthew Herder, director del Instituto de Derecho de la Salud de la Facultad de Derecho de Schulich, en Canadá.

¿Qué ha anunciado EEUU?

Katherine Tai, representante de Comercio Exterior estadounidense, comunicó este miércoles en un tuit el apoyo del Gobierno de Joe Biden y Kamala Harris a la exención de las protecciones de propiedad intelectual para las vacunas contra la COVID-19.

"El Gobierno cree firmemente en las protecciones de la propiedad intelectual, pero en aras de poner fin a esta pandemia, apoya la exención de esas protecciones para las vacunas COVID-19", dice el comunicado de Tai. Su argumento: "Las circunstancias extraordinarias de la pandemia exigen medidas extraordinarias".

La decisión supone un giro de 180 grados en la posición que Washington había mantenido hasta ahora en los debates sobre el levantamiento de los derechos de propiedad intelectual durante la pandemia. Llega tras meses de rechazo, y en un momento en el que EEUU –uno de los países ricos que han acaparado vacunas– figura entre los más avanzados en la inmunización: un 32% de la población está completamente vacunada y se han puesto alrededor de 75 dosis por cada 100 habitantes.

La presión por parte organizaciones de la sociedad civil, expertos y líderes mundiales hacia los gobiernos y las farmacéuticas para que apoyen esta medida ha sido cada vez mayor, mientras el virus sigue haciendo estragos en lugares como India y la desigualdad en la distribución de las vacunas persiste. La Organización Mundial de la Salud también ha abogado por la medida y ha elogiado a EEUU por su decisión, al igual que numerosas organizaciones sociales.

¿Es una idea nueva?

No. En la Organización Mundial del Comercio (OMC) se ha debatido hasta nueve veces desde octubre una propuesta que presentaron India y Sudáfrica a favor de una exención temporal de derechos de propiedad intelectual, algo previsto en el seno del organismo. La iniciativa ha recabado en todos estos meses el respaldo de decenas de países, principalmente los de menores ingresos, que defienden que puede ayudar a expandir el acceso a las vacunas.

Ahora, hasta 60 países copatrocinan la propuesta, a la que hasta el momento se habían opuesto sistemáticamente un grupo de miembros, principalmente aquellos con industrias farmacéuticas y biotecnológicas importantes, entre ellos, Australia, Brasil, Reino Unido, Japón y la Unión Europea, además de EEUU.

¿Qué pasa con esta propuesta?

La propuesta de India y Sudáfrica no se ciñe solo a las patentes, que otorgan a las empresas un monopolio sobre la producción y buscan proteger sus invenciones de la competencia durante un tiempo limitado. Tal y como está planteada en este momento, si saliera adelante, se suspenderían de manera temporal, mientras dure la pandemia, varias provisiones del llamado Acuerdo de los ADPIC, que es el marco normativo internacional del sistema de propiedad intelectual en el comercio: derechos de autor y los que se derivan de ellos, dibujos y modelos industriales, patentes y protección de la información no divulgada.

Sin embargo, tras meses de estancamiento en los debates y posturas enfrentadas, los impulsores de la propuesta anunciaron hace una semana que revisarán el texto en un intento de conciliar posiciones. Los detalles sobre los cambios se desconocen, pero se está trabajando en un calendario para discutirlos. Sobre la mesa está la posibilidad de reunirse en la segunda quincena de mayo. El texto revisado se presentaría, según fuentes de Ginebra, en la reunión formal del Consejo de los ADPIC, prevista para principios de junio.

Este movimiento se produjo pocos días antes de que EEUU se pronunciara a favor de una exención. Pero en su escueta declaración, Tai solo mencionó tal medida para las vacunas, mientras la iniciativa de India y Sudáfrica también se refiere a medicamentos, pruebas de diagnóstico y otras tecnologías. Esto, a juicio de algunas fuentes consultadas por elDiario.es, puede anticipar ciertas líneas rojas. Tras el anuncio de EEUU, las organizaciones sociales han pedido que no se ciña solo a las vacunas, sino que cubra igualmente otras herramientas médicas para la COVID-19.

"El peligro siempre está en los detalles. La transparencia y la publicación de los textos de negociación son fundamentales en todos los asuntos comerciales relacionados con la propiedad intelectual", ha dicho Tahir Amin, abogado experto en propiedad intelectual, en Twitter. "Tenemos que asegurar que se mantenga el espíritu de la propuesta presentada en octubre y no quede en una versión descafeinada del texto inicial", dice a elDiario.es Vanessa López, directora de Salud por Derecho, quien cree que la suspensión temporal de las patentes "puede marcar un antes y un después" en la lucha contra el virus.

¿Qué ocurrirá ahora?

Ahora toca negociar. La representante de EEUU ha dicho que el país participará "activamente" en las negociaciones para que haya una exención. Para que haya un acuerdo concreto, tiene que estar por escrito, y ahora toca hablar de qué se quiere hacer específicamente, cómo se quiere hacer, durante cuánto tiempo y con qué condiciones, y cómo se plasma eso en un texto que convenza a todo el mundo.

"Habrá que negociar hasta llegar a los elementos más técnicos, como qué aspectos de los acuerdos deben ser levantados, ya que no solo hay que considerar las patentes, sino los secretos comerciales, diseños industriales, copyright, etc.", dice Adrián Alonso Ruiz, investigador en políticas de innovación y acceso a medicamentos, que considera que la propuesta es positiva.

¿Cuánto pueden tardar?

EEUU ha dejado claro que estas negociaciones "llevarán tiempo" dada "la naturaleza basada en el consenso de la institución y la complejidad de los temas involucrados". La directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, ha defendido que se debe responder "urgentemente porque el mundo está mirando y la gente está muriendo", y pide que el texto revisado se ponga sobre la mesa cuanto antes.

En la OMC hay una "regla de oro": las medidas se adoptan por consenso de todos los miembros, una de las razones por las cuales el debate ha permanecido bloqueado hasta este momento. "Las normas de la OMC permiten que se adopte una exención por mayoría de tres cuartos, pero en la práctica la OMC nunca ha abandonado la toma de decisiones por consenso en favor de una votación", ha dicho Thomas Bollyky, director del programa de salud global del Consejo de Relaciones Exteriores.

En otras palabras, hay que esperar, ya que la iniciativa requiere también el apoyo del resto de países para salir adelante. Algunas voces consideran que el cambio de rumbo de EEUU, la mayor potencia económica, puede persuadir a los países detractores para que se comprometan y lleguen a algún tipo de acuerdo. Nueva Zelanda apoyó a las pocas horas la idea de trabajar por una exención.

Este jueves, Ursula von der Leyen dijo que la UE "está lista para discutir" cómo una renuncia de la protección de la propiedad intelectual para las vacunas "podría ayudar a lograr el objetivo de combatir esta crisis".

"Es tarde para seguir debatiendo, necesitamos que la UE abandone el bloqueo para salvar millones de vidas en todo el mundo", dice López. El Gobierno de España ha apoyado este jueves la postura de EEUU y ha dicho que "marca el camino", aunque pide ir más allá.

Los países a favor de la medida han defendido estos meses que los problemas actuales en el acceso a las vacunas solo pueden abordarse eficazmente mediante la exención, pero hasta hace una semana algunas delegaciones seguían sin estar convencidas y otras han argumentado que podría ser contraproducente. Las organizaciones sociales vaticinan que el Gobierno de EEUU se enfrentará ahora a una "intensa presión" por parte de la industria farmacéutica para diluir los acuerdos.

Krishna Udayakumar, director del Duke Global Health Innovation Center, cree que no se puede esperar que la negociación en la OMC sea sencilla o rápida. "Existe el riesgo de que las negociaciones se empantanen y no se llegue a un consenso". También, dice, teme que se caiga en la complacencia a la hora de abordar las necesidades "más amplias" de aumentar la fabricación de vacunas.

¿Y si hay un consenso en la OMC?

A grandes rasgos, si se adoptara la exención, podría permitir a las empresas de todo el mundo que están desarrollando vacunas hacerlo sin temor a ser demandadas por otra compañía que posee la patente del producto. Es probable que tenga que acordarse una compensación económica. A falta de más detalles, hay quienes señalan que una posible limitación puede ser que no cambien las legislaciones nacionales. Es decir, que haya países que sigan protegiendo las patentes conforme a sus leyes, cuya modificación puede ser difícil y lenta.

"Una vez adoptado el levantamiento, quizás algunos países tienen que reformar su legislación nacional para adaptarla, lo que supondrá trámites parlamentarios e implementación, así como la identificación de fabricantes interesados en participar en la producción", dice Alonso Ruiz.

¿Cómo ha reaccionado el sector al anuncio de EEUU?

Como era de esperar, está en contra. La Federación Internacional de Fabricantes y Asociaciones Farmacéuticas, que agrupa a compañías de todo el mundo, ha dicho en un comunicado que la decisión de EEUU es "decepcionante" y que una exención "es la respuesta simple pero incorrecta a un problema complejo". "No aumentará la producción ni proporcionará las soluciones prácticas necesarias para combatir esta crisis de salud global. Por el contrario, es probable que provoque trastornos", dice el texto.

"En medio de una pandemia mortal, la administración Biden ha dado un paso sin precedentes que socavará nuestra respuesta global a la pandemia y comprometerá la seguridad", se queja la Pharmaceutical Research and Manufacturers of America (PhRMA).

En general, el sector ha defendido en los últimos meses que la medida podía sentar un precedente "peligroso" y corre el riesgo de socavar la innovación en el sector farmacéutico.

"Tal vez el estribillo más común en el sector es que compartir la propiedad intelectual significa que las empresas y sus inversores tienen que renunciar a los altos rendimientos que garantizan las patentes y otras formas de monopolio. Como resultado, no habrá más incentivos para la innovación farmacéutica. Este es un argumento extraño en el contexto de las vacunas anti-COVID-19, porque las empresas se libraron en gran medida de los riesgos con grandes cantidades de financiación pública", dice Ellen 't Hoen, directora de Medicines Law & Policy, en un artículo.

¿Una exención será suficiente para incrementar la producción?

Existe cierto consenso entre los expertos y activistas partidarios de la medida, y es que tienen que ocurrir más cosas. En otras palabras, una exención de las patentes por sí sola no aumentaría el suministro mundial de vacunas, tiene que formar parte, dicen, de un paquete más amplio.

En primer lugar, hay que asegurar que tal medida vaya acompañada de lo que se conoce como "transferencia de tecnología", porque tan importante como tener los derechos para hacer una vacuna es tener los conocimientos técnicos para hacerla, que tendrían que ser proporcionados por las compañías desarrolladoras, y para eso se necesita su colaboración.

"Las transferencias de tecnología requieren que ambas partes, las empresas originarias de vacunas y las empresas receptora de vacunas, colaboren y compartan sus conocimientos. Si la empresa de vacunas originaria es reacia a colaborar, la renuncia a la propiedad intelectual por sí sola tendrá un impacto limitado", dice Julien Potet, de Médicos Sin Fronteras.

Por esta razón, hay quienes defienden que sin un apoyo mecanismos de transferencia de tecnología y know-how, difícilmente se podrán fabricar más vacunas. Pero, hasta la fecha, ningún fabricante de preparados eficaces contra el coronavirus se ha unido al Acceso Mancomunado a Tecnología contra la COVID-19 (C-TAP) de la OMS, plataforma creada para facilitar la puesta en común de estos avances.

En segundo lugar, muchas voces defienden que hace falta una inversión masiva en capacidad de producción, ya que podría hacer falta modernizar y construir fábricas, y producir más materias primas o ingredientes básicos, y otros elementos necesarios, como los viales o las jeringuillas. "Tenemos que sentar, de manera urgente, las bases de todo un sistema de abastecimiento que responda a las necesidades globales, no solo de ahora, también de las que lleguen con las nuevas variantes", señala López.

Alonso Ruiz explica que, una vez aprobada la medida, "hay que ver la capacidad y las ganas de la industria en entrar en acuerdos de transferencia tecnológica, habrá que coordinar la inversión económica para aumentar la capacidad de producción de materias primas, de líneas de fabricación, de cadenas de suministro". "Habrá que evaluar las plantas de fabricación, asegurarse de que los lotes de fabricación son de calidad y que responden a los requerimientos de las agencias reguladoras. Básicamente, ahora mismo nos enfrentamos a muchos de los problemas que teníamos ayer, pero hemos quitado una de las barreras".

Belén Tarrafeta, farmacéutica experta en gestión sanitaria y acceso a medicamentos, piensa que la exención es necesaria y un movimiento histórico, pero cree que "no va a resolver todos los problemas". "A corto plazo la redistribución de vacunas sigue siendo un problema a resolver, igual que el suministro de materias primas, y las limitaciones a las exportaciones de suministros necesarios para fabricar las vacunas".

Por estas razones, algunas voces creen que una exención no va a tener un efecto inmediato en la producción. "Recordamos que esta iniciativa fue propuesta en octubre del año pasado. Si se hubiese aprobado entonces, ya habría mucho camino andado", responde López. "No hay fórmulas mágicas que vayan a acabar con el problema de acceso a las vacunas de un día para otro y, al igual que las compañías propietarias del conocimiento y de las patentes han necesitado su tiempo, también lo necesitarán los nuevos fabricantes que se incorporen al mercado".

No obstante, también hay quienes piensan que si se adopta o avanza una exención, esta podría tener otros efectos de inmediato, como que las empresas entren en acuerdos de licencia voluntarias para intentar evitar que se adopte o para mitigar sus efectos. 

¿Habría capacidad de fabricación?

A lo largo de estos meses, países a favor de la medida, como Sudáfrica, han defendido que podría permitir "de inmediato a los países aprovechar la capacidad de producción no utilizada, accediendo a la capacidad sobrante en el mundo en desarrollo", lo que a su vez permitiría satisfacer la demanda de vacunas.

Sin embargo, uno de los argumentos más repetidos en contra de la exención y el intercambio de propiedad intelectual es que, en general, no hay productores de vacunas inactivos que puedan hacer uso de ella. 

"Este no parece ser el caso. Teva, una gran empresa farmacéutica israelí, intentó en vano obtener los derechos para producir las vacunas contra el coronavirus y recientemente anunció que abandonará la búsqueda de colaboradores. Empresas de Canadá, Bangladesh, Corea del Sur y Pakistán se han encontrado en la misma situación", escribe Ellen 't Hoen.

Tarrafeta cree que no está claro el problema que hay que resolver y "cuáles son las expectativas para resolverlo, también los tiempos". "Si el problema es la capacidad de producción global de vacunas, habrá que definir cuál es la capacidad total que necesitamos y para cuándo, y cuál es la capacidad actual. Esa capacidad de fabricación tiene que ir pareja a la capacidad de absorción –distribuir vacunas, organizar campañas...– de los sistemas sanitarios".

"Si lo que de verdad se necesita es aumentar la capacidad de producción con nuevos sitios de fabricación –como una medida esencial para asegurar una producción estable a largo plazo, es decir, no para los próximos seis meses, sino para los próximos años–, entonces la exención es necesaria como una primera medida, pero deberá ir acompañada por una transferencia tecnológica de la industria actual a nuevos fabricantes que creo que será difícil que se pueda forzar", señala.

Las formulaciones de vacunas son complejas. Pfizer, por ejemplo, ha asegurado que su vacuna de ARNm, una tecnología nueva, necesita 280 componentes de 86 proveedores en 19 países. También, dicen, necesita equipo y personal altamente especializado, "y transferencias de tecnología complejas que requieren mucho tiempo entre socios y redes globales de suministro y fabricación".

Según datos recopilados por la organización especializada Knowledge Ecology International (KEI), los fabricantes de vacunas contra el coronavirus generalmente comienzan a entregar los primeros lotes en menos de seis meses tras la transferencia de tecnología.

Potet, de MSF, cree que si hay un producto que podría beneficiarse rápidamente de una exención de propiedad intelectual, son los medicamentos de moléculas pequeñas, porque resulta "más fácil copiarlos" que las vacunas, mediante ingeniería inversa. "Producir a escala test de saliva que sean eficaces y de calidad podría permitir contener brotes de COVID-19 de manera mucho más eficiente", opina Tarrafeta.

Pero Estados Unidos, de momento, se ha limitado a las vacunas en su anuncio. "Una de las razones por las que EEUU apoyará una exención para las vacunas, pero no para los productos terapéuticos o de diagnóstico, es que las vacunas en los mercados extranjeros nos protegen. Las terapias y los diagnósticos en los mercados extranjeros no lo hacen", ha concluido James Love, director del KEI.

Por Icíar Gutiérrez

6 de mayo de 2021 22:53h

@iciar_gutierrez

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¿Conspiparanóicos o seudociencia y biofascismo?

En el marco de la pandemia de Covid-19 millones de seres humanos asisten de manera pasiva a la instauración de un totalitarismo tecno-sanitario-plutocrático integral de tal magnitud, que hace que las distopías de ciencia ficción de George Orwell (1984) y Aldous Huxley (Un mundo feliz) se queden cortas, y que los totalitarismos clásicos parezcan apenas ejercicios de aprendices primitivos.

Según Naomi Wolf (Ten Steps to Fascism: Authoritarianism in a Pandemic), Estados Unidos transita ya el "décimo" de los 10 pasos hacia el fascismo: el Estado ha fusionado al gobierno con las megacorporaciones financieras, tecnológicas y farmacéuticas de una manera similar a la del fascismo italiano, utilizando la crisis sanitaria como vehículo para justificar la supresión/abolición de los derechos humanos inalienables y civiles; pero no es sólo una guerra contra la libertad sino contra los seres humanos.

Antes Soshana Zuboff había acuñado la noción "capitalismo de vigilancia" y Cédric Durand, con su libro Tecno-feudalismo, colocó la economía política de la "dominación digital" en el contexto de la evolución histórica del capitalismo, demostrando cómo el "Consenso de Was­hington" terminó haciendo metástasis con la "ideología californiana" de los pioneros del Silicon Valley; una ideología parecida a la revolución schumpeteriana de "destrucción creativa", pero con ­esteroides.

Según Durand, las plataformas del big tech se han convertido en "feudos" que se benefician de un vasto "territorio digital" poblado de datos con servicios que hoy se consideran indispensables; con una lógica extractivista aplicada al desarrollo del big data, los señores feudales que controlan Google, Amazon, Apple, Facebook, Microsoft, Uber han construido de facto un imperio online. Dominan sus haciendas y también al Estado y, a decir de Durand, "el futuro caníbal del liberalismo parece estar dominado por la era de los algoritmos".

En el capitalismo de vigilancia, los datos, convertidos por algoritmos en inteligencia artificial (IA), constituyen el factor ordenador de la economía y la principal fuente de poder y riqueza. Lo que en la época feudal representaba la tierra, y posteriormente el capital industrial y la propiedad intelectual, hoy son los datos de la vida personal (emociones, hábitos, gustos, movimientos corporales, pensamientos íntimos), que, recopilados y transformados por la IA en productos de predicción, se venden en mercados de futuro del ­comportamiento.

Volviendo a los "10 pasos" que según Naomi Wolf conducen al fascismo (entre ellos, la invocación de una amenaza externa o interna, el desarrollo de una fuerza paramilitar, las restricciones a la prensa, la subversión del Estado de derecho), desde marzo del año pasado, montado y usando como pretexto una crisis sanitaria, Estados Unidos ha llegado a ese estadio.

Autora de best-sellers, entre ellos El fin de América: carta de advertencia a un joven patriota e Indignación: sexo, censura y criminalización del amor, Wolf ha mostrado cómo las epidemias de enfermedades infecciosas (cólera, tifus) fueron explotadas en el siglo XIX por el imperio británico para aplastar libertades e invadir la intimidad de las personas, como ocurre ahora con las medidas de excepción de los "regímenes corona", basadas en el abuso de la prueba PCR y el viciado protocolo Drosten (ver cormandrostenreview.com y https://cutt.ly/MbxbjYQ).

Al respecto, Wolf ha criticado las medidas y leyes de emergencia en muchas entidades estadunidenses, que con el sello de un "estado policial" suspendieron el debido proceso legal; cerraron empresas, escuelas, parques y playas ; impusieron multas a quien no llevara mascarillas al aire libre y restricciones al derecho de reunión; proyectan "pasaportes de vacunas" que se saltan la Cuarta Enmienda de la Constitución, permitiendo al gobierno y a las corporaciones tecnológicas ( big tech) inmiscuirse en la privacidad médica y crear un estado de vigilancia digital integral.

Ha cuestionado también la supresión de la libertad de expresión, la censura, las amenazas, la marginación y el ataque a la reputación de médicos y científicos que disienten con los experimentos masivos en seres humanos con vacunas basadas en genes sin un consentimiento informado (Código de Nuremberg), por las grandes corporaciones tecnológicas y el magnate Bill Gates, así como el "secuestro" de la ciencia en aras del "biofascismo" y para beneficio de grandes intereses farmacéuticos.

Según Wolf, para servir a los intereses de ese biofascismo –representado por la "nueva normalidad" del Foro Económico Mundial de Davos, el "paso 10" médico-fascista−, las plataformas del Proyecto de Seguimiento Covid y la Universidad Johns Hopkins, patrocinadas por Michael Bloomberg y Bill Gates con respaldo de la Organización Mundial de la Salud, han manipulado la verdad y proporcionado datos no verificados que afectan directamente a los mercados de valores. Y lo más grave, el nuevo biofascismo "es una guerra contra los seres humanos y las cualidades que nos hacen humanos"; las mascarillas –que pueden producir severos daños físicos, síquicos y sociales, ver doi.org/10.3390/ijerph18084344−, rompen la capacidad de relacionarnos cara a cara y disfrutar del contacto humano, e implementar la escuela vía plataformas de aprendizaje a distancia de big tech, viola los derechos de los niños y garantiza que no sepan cómo comportarse en el espacio humano, un espacio no mediado o vigilado por la tecnología.

Hoy, las amenazas a la libertad, que en 2001 se justificaban con el terrorismo y antes con el comunismo, tiene un nuevo vestido: la pandemia sanitaria con mutaciones estacionales ad eternum… De allí que, a juicio de Wolf, recuperar el espacio y la cultura "analógicos" −el contacto humano− sea hoy la gran fuerza revolucionaria de resistencia a esa forma de biofascismo integral y para recuperar la libertad humana.

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Manifestación a favor de Bolsonaro en Brasilia.. Imagen: AFP

El presidente de Brasil sobrevoló las manifestaciones en un helicóptero

 

A bordo de un helicóptero, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sobrevoló una manifestación realizada por simpatizantes del oficialismo en la capital Brasilia. Las muestras de apoyo al gobierno fueron realizadas sin reparar en las medidas de distanciamiento para frenar la pandemia de coronavirus mientras el país supera los 400 mil muertos por la enfermedad.

También se realizaron concentraciones bolsonaristas en las principales ciudades del país como San Pablo y Río de Janeiro, donde cientos de manifestantes se congregaron en la icónica playa de Copacabana para exigir una intervención militar que refuerce los poderes del mandatario. Uno de los lemas de los manifestantes fue “yo autorizo” o “autorizo a Bolsonaro”, en alusión a una autorización para que el presidente de la ultraderecha brasileña envíe el Ejército a las calles. Al norte del país, también registraron manifestaciones que respondían al llamado de “yo autorizo al presidente” en las ciudades de Belém, Belo Horizonte, Natal y Salvador.

Bolsonaro actualmente está bajo investigación junto a miembros de su gabinete por sus acciones y omisiones en el combate de la pandemia de covid-19 que en Brasil suma más de 14,6 millones de casos y 406.437 muertes. Una de las principales razones es la variante P1, más contagiosa y que surgió del descontrol sanitario en Manaos, capital del estado de Amazonas.  Sin embargo, el mandatario aún se mantiene escéptico sobre la gravedad de la pandemia.

Bolsonaro compartió el video de una manifestación realizada en San Pablo donde se ven a miles de personas aglomeradas sobre la avenida Paulista, la mayoría vestidas de amarillo y verde, los colores de la bandera de Brasil. “Te debemos lealtad”, aseguró el mandatario en su cuenta de Twitter.

"Antes, el Primero de Mayo, había banderas rojas como si fuéramos un país socialista. Estoy contento de ver banderas verdes y amarillas por todo el país, con gente trabajando de verdad", dijo Bolsonaro este sábado durante una videoconferencia en un evento agrícola.

"Este es un momento crítico y Bolsonaro necesita el apoyo del pueblo", dijo Edvaldo de Paulo, un hombre de 60 años que asistió a las manifestaciones en Brasilia.

El hijo de presidente, el diputado Eduardo Bolsonaro, estuvo en la manifestación que su padre sobrevoló en Brasilia donde se reunieron unos cinco mil seguidores del mandatario. El diputado que protagonizó la frase "métanse el barbijo en el culo", llegó con el barbijo colgado cerca del cuello, saludó y se tomó fotos con simpatizantes que también tenían la cara descubierta.

El presidente Jair Bolsonaro mantiene una postura en contra de las restricciones para frenar la circulación del virus. Hace unas semanas dijo estar en espera de una señal de la gente para tomar medidas para terminar con las restricciones que intentan controlar la propagación del coronavirus. Sin embargo, en el país ya murieron más de 400 mil personas de covid-19 y la mutación P1 surgida en Manaos es probable que pueda eludir la inmunidad adquirida por la infección con otras cepas, según un estudio de la revista Science.

Por otra parte, las manifestaciones en contra de la gestión de Bolsonaro iban a realizarse en su mayoría a través de streaming con la participación del expresidente Lula da Silva. "Este es un Primero de Mayo triste para los trabajadores de nuestro país, un día de luto por las 400.000 vidas perdidas a causa del covid-19, muchas de ellas porque el gobierno de Bolsonaro se negó a comprar las vacunas que se ofrecían", declaró Lula.

02 de mayo de 2021

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El covid-19 va a persistir incluso después de la vacunación

Más nos vale prepararnos

Cuando empezó la campaña de vacunación a finales de 2020 se esperaba poder retomar una vida normal en un plazo razonable. Pero no se contaba con nuevas variantes preocupantes. Hoy el éxito de una campaña de vacunación ya no es garantía de haber vencido el virus. Es probable que todavía tengamos que aprender a vivir con el covid durante un tiempo.

La inmunidad colectiva

Las perspectivas favorables que teníamos a finales del año pasado se basaban en la esperanza de poder crear con bastante rapidez una inmunidad de grupo gracias a las vacunas, ya fuera por vacunación, ya fuera por una exposición en el pasado al virus (1). La inmunidad colectiva hace desaparecer el virus. En un principio se pensaba que bastaría con inmunizar a entre un 60 % y un 70 % de la población para lograrlo, pero con las nuevas variantes y en base a nuevos conocimientos, este porcentaje tendrá que ser mucho más alto e incluso se considera la posibilidad de que no alcancemos nunca la inmunidad colectiva.

En primer lugar, la inmunidad inducida por la infección disminuye con el tiempo. También es el caso de los demás coronavirus. Varios estudios demuestran que la inmunidad actual inducida por la infección se mantiene al menos seis meses y en las personas que han tenido síntomas graves la duración es de al menos ocho meses, tras lo cual la inmunidad puede disminuir y desaparecer. Por otra parte, los resultados obtenidos en Sudáfrica y Brasil han demostrado que una infección previa ofrece una inmunidad débil contra las nuevas variantes. Esto significa que queda la vacunación como medio de obtener una inmunidad de grupo duradera. Pero para ello tenemos que salvar al menos cinco obstáculos.

Los límites de la vacunación

Primero, algunas variantes se comportan casi como nuevos virus, contra los que las vacunas solo ofrecen una protección parcial. La mala gestión de los gobiernos, sobre todo en Occidente, ha hecho que hasta la fecha se hayan infectado 143 millones de personas. Esta propagación incontrolada favorece la posible aparición de nuevas mutaciones contra las que las vacunas actuales no protegen.

Segundo, se supone que la protección que ofrecen las vacunas no es permanente. Todavía sabemos poco al respecto, pero las personas expertas suponen que las vacunas proporcionan una inmunidad protectora durante un periodo de entre seis meses y dos años, por ello ya se ha dicho que habrá que volver a vacunarse al cabo de seis meses para garantizar una protección duradera. En Israel, el pasaporte de vacuna también es válido seis meses.

Tercero, no se sabe si las propias vacunas impiden el contagio ni en qué medida. Se supone que impiden el contagio en gran medida, pero todavía no se ha establecido categóricamente. No es un detalle nimio. “La inmunidad de grupo solo es pertinente si disponemos de una vacuna que bloquee el contagio. Si no es el caso, la única manera de conseguir la inmunidad colectiva es vacunar a todo el mundo”, declaró la profesora Bansal de la universidad de Georgetown en Washington DC.

Cuarto, se está vacunando a muy pocas personas. Con las variantes actuales debería estar vacunada al menos un 80 % de la población para tener la inmunidad de grupo. Actualmente solo algunos países llegan a ese 80 %. Hay que descontar, además, a todas las personas menores de 18 años porque probablemente no se podrán vacunar antes de 2022, como pronto. Representan al menos una quinta parte de la población.

Por último, el ritmo de vacunación es lento y caótico. Teniendo en cuenta la urgencia, podríamos y deberíamos haber puesto a las empresas a trabajar, como en una economía de guerra, pero, en vez de ello, se ha confiado la producción a algunos gigantes farmacéuticos y, a consecuencia de ello, las campañas de vacunación han sido mucho más lentas.

El nacionalismo de las vacunas

Al ritmo actual de vacunación, las vacunas se agotarán antes de poderlas administrar al conjunto de la población. En los países ricos quizá nos podamos vacunar varias veces al año contra la última variante, pero podemos preguntarnos si será suficientemente rápido o completo para lograr la inmunidad colectiva.

La situación es mucho peor en los países pobres, porque la distribución de la limitada oferta de vacunas es muy desigual. Los países ricos, que representan el 20 % de la población mundial, han comprado el 55 % de todas las vacunas. Es probable que muchas personas en los países pobres tengan que esperar a 2023 o 2024 para ser vacunadas.

Este nacionalismo de las vacunas tiene una visión solo a corto plazo. Incluso en el caso de un país que tenga una tasa de vacunación alta, persiste la posibilidad de nuevas epidemias si los países vecinos no han hecho lo mismo y si las poblaciones se pueden mezclar. El riesgo de enfermar de una nueva variante en un país con una baja tasa de vacunación es entre cuatro y seis veces más alto que en un país que ha sido vacunado. “Nadie está verdaderamente protegido del covid-19 mientras no lo esté todo el mundo”, afirmaron las personas expertas de la Comisión Lancet sobre el covid-19.

“Supresión máxima”

Cada día hay más de 750.000 nuevos contagios en el mundo. Con una tasa de contagio tan elevada, es inevitable que se propaguen nuevas variantes preocupantes contra las que las vacunas o infecciones previas no proporcionarán inmunidad. Cuanto más se prolongue esta situación más posibilidades hay de que se multipliquen esas variantes. Según las personas expertas de la Comisión Lancet, estamos en una carrera contra reloj para que la tasa de transmisión en todo el mundo sea lo suficientemente baja para impedir la aparición y propagación de nuevas variantes.

El orgullo respeto a las vacunas está fuera de lugar. Según las personas expertas, una campaña de vacunación con éxito ya no garantiza por sí sola la victoria sobre el virus. Chile es un buen ejemplo de ello: actualmente el 60 % de la población ya ha recibido la primera dosis de la vacuna, pero la cantidad de personas infectadas sigue subiendo. En una población de 19 millones de personas cada día se producen casi 7.000 nuevos contagios y cien muertes por covid.

Por lo tanto, las personas expertas de la Comisión Lancet abogan por una “supresión máxima” del covid-19. Es de vital importancia reducir la cantidad de contagios de forma significativa, no a largo plazo, sino lo antes posible. Se trata no solo de vacunar, sino también de tomar medidas bien conocidas como la limitación de contactos, el mantenimiento de estrictas medidas de seguridad (mascarillas, limpieza de manos, distancia de seguridad, buena ventilación, etc.), la detección rápida, y el rastreo preciso y rápido de todos los contactos.

Países como Taiwan, China, Australia, Vietnam y Nueva Zelanda demuestran que el virus se puede erradicar en la práctica. Las regiones en las que el virus hace estragos siguen sirviendo de caldo de cultivo para las variantes resistentes y así nunca lograremos detener la pandemia.

Las personas expertas creen que todavía hay que hacer varias cosas además reducir mucho la cantidad de contagios. Antes de nada debemos distribuir las vacunas de forma equitativa en todo el mundo y acelerar los programas de vacunación en todos los países, pero esto no se podrá hacer sin suprimir las patentes y planificar la producción. En segundo lugar, necesitamos programas de vigilancia capaces de detectar nuevas variantes sobre la base de técnicas de secuenciación del ADN. En tercer lugar, hay que hacer investigaciones internacionales sobre la eficacia de las vacunas para las variantes existentes y las nuevas que son motivo de preocupación. Todavía queda mucho trabajo por hacer en estos tres ámbitos.

Oleadas invernales

Las enfermedades infecciosas tiene la característica común de volverse más infecciosas pero menos potentes con el tiempo. A fin de cuentas, si el huésped no muere, supone una ventaja en la selección natural del virus. Al parecer ese no es el caso con el actual virus. Las variantes conocidas son más contagiosas, pero no menos peligrosas, todo lo contrario.

Si continúa esta tendencia, teniendo en cuenta que no podemos obtener una inmunidad de grupo en la situación actual, probablemente tendremos que hacer frente a un ciclo permanente de picos y regresiones. Es probable que, como en el caso de la gripe, el factor estacional también desempeñe un papel en este caso. Es de esperar que se produzcan nuevas epidemias, sobre todo en invierno. Según el célebre virólogo Peter Piot, el próximo invierno el factor de reproducción (2) podría ser aún mayor que el del invierno pasado si no hay mascarillas ni distancia de seguridad y ello a pesar de la protección que proporciona la vacunación. Por eso Peter Piot defiende que las mascarillas sean obligatorias durante los meses en que se produzca un pico, fomentar el teletrabajo y la educación on line (en el caso de grandes grupos) y animar a las personas de riesgo (por ejemplo, las mayores de 65 años o con algún problema de salud) a evitar los eventos grandes o los entornos públicos como bares, restaurantes, etc. También propone aumentar la capacidad de las unidades de cuidados intensivos durante los meses de invierno.

La nueva normalidad

Erradicar un virus no es fácil. La viruela es una de las raras pandemias que se venció completamente en el pasado. Es probable que, como ocurre con la gripe, el covid-10 nunca se erradique completamente

La buena noticia es que se han encontrado muy rápido vacunas muy eficaces. Como ha demostrado Israel, suponen una disminución de las infecciones y una reducción significativa de las hospitalizaciones o de las muertes (3), lo que significa que en el futuro probablemente se podrán evitar los confinamientos. Pero, como hemos visto antes, solo las vacunas no será suficiente.

En resumen, la cuestión no es saber en cuánto tiempo volveremos a la normalidad, sino qué tipo de normalidad será. Al menos por ahora, la nueva normalidad será una normalidad sin inmunidad colectiva y, por lo tanto, con las precauciones y medidas de protección necesarias. A largo plazo el covid-19 podría entonces evolucionar hasta convertirse en una enfermedad endémica (4) como la gripe.

Tanto nosotros como nuestra sociedad tenemos que prepararnos para afrontarlo lo mejor posible. Al principio de la crisis del covid-19 fracasamos cruelmente, sería imperdonable volver a hacerlo también una vez que la crisis ha avanzado.

Por Marc Vandepitte | 26/04/2021

 Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Fuente original: De Wereld Morgen. Traducido del neerlandés al francés por Anne Meert para Investig’Action.

Notas:

(1) En Bélgica, por ejemplo, el 16 % de la población tiene anticuerpos.

(2) El factor de reproducción es la cantidad de personas a las que una persona portadora contagia de media.

(3) Actualmente hay cada día 150 nuevos contagios y 6 muertes por covid, en una población de 9 millones.

(4) En caso de enfermedad endémica las apariciones de focos son relativamente constantes y suelen ser locales.

Publicado enSociedad
Sábado, 24 Abril 2021 05:47

Crisis mundial y un Norte mezquino

Crisis mundial y un Norte mezquino

No caben soluciones para un solo Estado o región

El Secretario general de la ONU propone un “cambio de paradigma”

La pandemia no solo sigue golpeando, sino que hiere más profundo. La tercera ola europea y la segunda latinoamericana del COVID-19 inundan aún más una realidad social empapada por la crisis planetaria.  Complejo escenario en este mes de abril del 2021 con rostros cansados, cooperación internacional mermada y estadísticas en caída libre.

América Latina y el Caribe perdieron ya 26 millones de empleos como consecuencia de la pandemia. Y desde comienzos de 2021 siguen confrontándose a un panorama laboral agravado por la segunda ola continental y por los lentos procesos de vacunación que hacen más inciertas las perspectivas de recuperación de muchas actividades laborales.

S.O.S: “naufragamos”

Todas malas señales del informe “Transitando la crisis laboral por la pandemia: hacia una recuperación del empleo centrada en las personas”, (https://www.ilo.org/americas/publicaciones/WCMS_779114/lang–es/index.htm), elaborado por la Oficina Regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado la segunda semana de abril. El mismo subraya que el impacto sobre el trabajo fue devastador en el segundo trimestre de 2020, cuando los indicadores de ocupación y participación se desplomaron.

La introducción del documento de dieciocho páginas hace un rápido recorrido de las previsiones de diferentes organizaciones internacionales sobre la caída productiva latinoamericana y caribeña. Las últimas del Fondo Monetario Internacional (FMI), de abril de 2021, señalan una contracción en 2020 del Producto Interno Bruto (PIB) regional del -7%. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) coincide con esta proyección al estimar un descenso del -7,7%. Y considera que se trata de la contracción económica más elevada desde que se tienen registros, es decir, desde 1900. Caída mucho más empinada que la media mundial, ya que el FMI anticipa una baja del PIB global de -3,3%, en tanto que la CEPAL proyecta un -4,4%.

Además de los empleos borrados, según la OIT la región experimentó en 2020 la mayor pérdida mundial de horas trabajadas: 16,2% en comparación con 2019. Es decir, el doble del promedio mundial, el cual oscila en alrededor del 8,8%. Con la caída correspondiente de los ingresos laborales.

El colapso macroeconómico ha afectado de manera desproporcionada a algunos segmentos de la población, amplificando así las brechas laborales y sociales –especialmente las de género—que, de hecho, ya caracterizan a la región. En promedio, señala la OIT, hace más de quince años que no se registraba una tasa tan baja de participación económica de la mujer en Latinoamérica y el Caribe.

En cuanto a las perspectivas de recuperación para 2021, son modestas e incluso muy inciertas, por lo que las expectativas de una posible reversión de la situación crítica del mercado de trabajo deberían ser muy cautelosas, sostiene el estudio.

La OIT propone desarrollar estrategias de recuperación basadas sobre cuatro pilares principales: estimular la economía y el empleo; apoyar a las empresas, los empleos y los ingresos; proteger al mundo laboral y recurrir al diálogo social para encontrar soluciones.

La construcción de nuevos consensos, pactos o acuerdos, es más relevante que nunca. Tan importante como las políticas de promoción del empleo digno y productivo, la extensión de la protección social y el respeto a los derechos laborales, enfatiza la organización internacional. La misma plantea que en la búsqueda de la recuperación resultará ineludible abordar las problemáticas preexistentes en la región. Es decir, la alta informalidad laboral, los reducidos espacios fiscales, la persistente desigualdad, la baja productividad y la escasa cobertura de la protección social. La mano de obra infantil y el trabajo forzoso, siguen siendo, también, asignaturas pendientes.

Cambio de paradigma

El escenario mundial no es mejor que la situación latinoamericana. António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, recordó el panorama “sombrío” producto de la crisis sanitaria mundial. Tres millones de muertes; ciento veinte millones de personas que cayeron en la pobreza extrema; una pérdida de empleos a tiempo completo equivalente a 255 millones de puestos de trabajo y la peor recesión de los últimos noventa años, son parte de este balance preocupante.

Paradójicamente, en este contexto desastroso para una gran parte de la humanidad, según la misma ONU, los más ricos del planeta lograron aumentar sus fortunas en 5.000 millones de dólares durante la pandemia. Lo que provoca la advertencia directa de Guterres: es necesario un cambio de paradigma que permita alinear al sector privadocon las metas globales para hacer frente a los retos futuros de la humanidad, incluidos los provocados por el COVID-19. Su reflexión del lunes 12 de abril ante el Foro del Consejo Económico y Social sobre la Financiación para el Desarrollo (https://news.un.org/es/story/2021/04/1490732 ) implica un reto para la sociedad mundial.

Guterres advirtió que, debido a la evolución tan rápida y agresiva de la pandemia, la resolución de la crisis se entrevé en un futuro lejano. Y afirma que es necesario analizar la realidad presente para invertir estas peligrosas tendencias, prevenir sucesivas oleadas de infecciones, evitar una larga recesión mundial y retomar el camino para cumplir la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre el cambio climático.

En esta coyuntura es fundamental asegurar la distribución equitativa de las vacunas, hasta ahora sumamente desigual: solo diez países representan alrededor del 75% de la vacunación mundial, mientras que muchos otros todavía no han empezado siquiera a inmunizar a sus trabajadores sanitarios y a las personas más vulnerables. «Para acabar de una vez por todas con la pandemia necesitamos un acceso equitativo a las vacunas para todos, en todas partes», subrayó.

Mirando hacia el futuro, el Secretario General puso sobre la mesa del debate dos temas relevantes: la aplicación de un impuesto de solidaridad –o sobre la riqueza– a quienes se hayan beneficiado excesivamente durante la pandemia, con el objetivo de reducir las desigualdades extremas. En cuanto a la deuda, alienta su suspensión y aligeramiento, así como la concesión de liquidez a los países que la necesiten.

Pero hay que ir más allá de su aligeramiento, subrayó. Es necesario reforzar «la arquitectura de la deuda internacional para acabar con los letales ciclos de oleadas de deuda, de crisis de deuda global y de décadas perdidas».

Adicionalmente, y ante la amenaza real que la crisis actual impone al multilateralismo, propone un nuevo andamiaje internacional y un nuevo contrato social basados en la solidaridad y las inversiones en la educación, los empleos decentes y ecológicos, la protección social y los sistemas de salud, todo lo cual formaría, conjuntamente, la base de un desarrollo sostenible e inclusivo.

Un norte mezquino

A la par de la retórica onusiana, basada en datos, cifras y estadísticas que dibujan el dramatismo de la situación planetaria, el día a día de la geopolítica internacional parece ser otro. En muchas regiones del globo, los Estados priorizan su propia gente y refuerzan sus fronteras. Además, estructuran políticas de salvación nacional que poco tienen que ver con la responsabilidad global.

“Poca solidaridad internacional de Suiza en la crisis del coronavirus” es el título de un comunicado que Alliance Sud publicó la segunda semana de abril. El mismo critica la política oficial de cooperación de la Confederación Helvética. La plataforma que reúne a las seis ONG suizas más importantes del sector se posiciona frente a las cifras publicadas el martes 13 de abril por el Comité de Ayuda al Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Dichas cifras muestran que Suiza, una de las naciones más enriquecidas del planeta, no hizo ningún aporte sustantivo para apoyar a los países más pobres durante la crisis del coronavirus. Y recuerdan que su contribución sigue estando lejos del objetivo acordado internacionalmente, es decir, el 0,7% de su renta nacional bruta (RNB) a la ayuda oficial para el desarrollo. En 2020, el porcentaje que Suiza destinó a ese rubro fue de apenas 0,48%, cantidad que incluye los gastos administrativos en concepto de ayuda para asilo. De esta manera, Suiza se sitúa en el noveno lugar del ranking de la OCDE, por detrás de Suecia, Noruega, Luxemburgo, Dinamarca, Alemania, Inglaterra, los Países Bajos y Francia (países que no añaden sus gastos administrativos en concepto de asilo cuando calculan su aporte al desarrollo, o lo hacen en una medida mucho menor).

Alliance Sud argumenta que, en pocos meses, la crisis del coronavirus ha echado por tierra gran parte de los avances logrados en la lucha contra la pobreza. Y anticipa que, a finales de 2021, si se tiene como referencia un ingreso inferior a 1,5 dólares diario, casi 10% de la población mundial padecerá pobreza extrema. Si se considerara un parámetro más realista, es decir, un mínimo de 5,5 dólares diarios por persona para poder sobrevivir, a fin de este año casi la mitad de la población mundial podría encontrarse en esa situación.

Si la comunidad internacional quiere evitar crisis económicas masivas, el aumento brutal de conflictos, nuevos dramas migratorios y futuras pandemias, los países ricos deberían proporcionar los recursos adecuados para la lucha contra la pobreza y la desigualdad, afirma Alliance Sud

¿Cuál es el punto de intersección entre la retórica de la ONU, las propuestas de reactivación del empleo de la OIT y la realidad cotidiana universal? Prácticamente inexistente.

Lo que prevalece es la carrera a codazo limpio de los más fuertes para apropiarse de las vacunas. El sálvese quien pueda como filosofía global. La mezquindad creciente de los más poderosos en su cooperación internacional. O la creencia de que un solo país –o región– podrá salvarse en su propia Arca de Noé en medio de un diluvio de dimensión universal.

Por Sergio Ferrari | 24/04/2021

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Las multinacionales occidentales perdieron su guerra de las vacunas

Así como a comienzos de febrero la revista científica británica The Lancet validó la vacuna rusa Sputnik V, destacando que tiene una eficacia de un 91,6%, ahora el Ministerio de Salud de Chile emitió un informe que destaca los elevados resultados de la china CoronaVac.

Este informe coincide con la visita a Sudamerica de Juan González, principal asesor del presidente Joe Biden para la región. En Argentina y Uruguay no perdió tiempo para criticar las elecciones de ambos países de las vacunas Sputnik V y CoronaVac.

"El mercantilismo de las vacunas de Rusia y China es para ellos una iniciativa para avanzar con su influencia. Pero es muy poco porque no están organizando una respuesta global en la lucha contra la pandemia", dijo González en rueda de prensa en Buenos Aires.

En efecto, los países del norte han optado primero por el silencio ante las vacunas que no proceden de las multinacionales ligadas a sus naciones; luego comenzaron a denostarlas por su supuesta baja eficiencia y ahora acusan a Rusia y a China de querer utilizarlas para su beneficio geopolítico.

El Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP), un think tank situado en Francia, sostiene en su último boletín que existe una "cortina de humo, creada por un sistema de información centrado en EEUU, que nos separa a los occidentales, no solo de China, sino del resto el mundo".

Este sistema informativo ha hecho "creer que el bando occidental ganará (…) la guerra comercial, ideológica, tecnológica o incluso militar que Estados Unidos plantea a China". Sin embargo estima que esa posibilidad es más que dudosa.

La situación planteada por las vacunas contra el COVID-19 forma parte de esa política de desinformación, que ha llevado a la Unión Europea a dudar de la adopción de Sputnik V y CoronaVac, pese a que algunos países ya la están utilizando. En ese sentido, la difusión por el Ministerio de Salud de China de un amplio estudio sobre los resultados de la vacuna china, echa por tierra la campaña estadounidense.

El 16 de abril, el Ministerio de Salud de Chile entregó los resultados del primer estudioEfectividad de la vacuna CoronaVac con virus inactivo contra SARS-CoV-2 en Chile. El análisis abarcó 10,5 millones de personas, de los cuales, cuatro millones fueron inoculados entre el 2 de febrero y el 1 de abril de 2021 con la vacuna del laboratorio Sinovac. Su importancia es que no se trata de análisis clínicos, sino de los efectos reales de la vacunación de más de la mitad de la población del país.

Las primeras dosis de vacunas de CoronaVac llegaron a Chile en diciembre de 2020, iniciando un proceso de inoculación masiva que ya lleva más de dos meses. "Todo esto nos permite entregar hoy los resultados de este inédito estudio", dijo el ministerio.

Las autoridades agregaron que el estudio se irá actualizando mensualmente, en un escenario que contempla ya más de 12 millones de dosis administradas, de las cuales siete millones corresponden a inoculados con una dosis y cinco millones con dos dosis, lo que representa el 33,7% de la población que se pretende vacunar estimada en 15 millones.

El 90,1% de la población ha sido inoculada con CoronaVac y el 9,9%, con Pfizer-BioNTech.

Los resultados son claros. CoronaVac tiene un 67% de efectividad para prevenir COVID-19 sintomático; 85% de efectividad para prevenir hospitalización; 89% de efectividad para prevenir ingreso a unidades de tratamiento intensivo y 80% de efectividad para prevenir muerte, concluye el estudio realizado entre febrero y abril de este año.

Las cifras no son muy distintas a las que había difundido días antes el Instituto Butantan de Brasil, que asegura que CoronaVac (fabricada en Brasil con licencia e insumos chinos) tiene una eficacia del 62% en general, del 83,7% en los casos moderados y para casos graves fue del 100%. Además asegura que también es efectiva en las variantes brasileñas P1 y P2, que se presume son más infecciosas.

Para el director del Observatorio de la Política China, Xulio Ríos, "China está proporcionando vacunas a 80 países y tres organizaciones internacionales", entre los que se incluyen 26 países asiáticos, 34 países africanos, cuatro de Europa, 10 de América y seis de Oceanía, "una lista que crece día a día".

Además, China está suministrando ayuda a la Unión Africana, la Liga Árabe y las fuerzas del mantenimiento de paz de la ONU. "Las vacunas de Sinovac y Sinopharm podrían incluirse en la lista de uso urgente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a fines de abril", estima Ríos.

Por otro lado, China viene cooperando con más de 10 naciones en su investigación, desarrollo y producción de vacunas. En opinión de Ríos, "que China esté en disposición de ejercer esta solidaridad, supone una novedad en la dinámica contemporánea de las relaciones internacionales. Lo normal sería alegrarse por ello. Y sin embargo, lo que abundan son los reproches".

La actitud de China, sigue Ríos, "fastidia por exhibir un nuevo estatus, equiparable o superior al de las grandes potencias mundiales. De la diplomacia de las mascarillas hemos pasado en un santiamén a la diplomacia de las vacunas. Y siempre en tono acusatorio. Tanto que ha derivado en una espiral incontrolada de incremento de las agresiones contra ciudadanos chinos en algunos países donde la obsesión por demonizar acabó destilando la xenofobia más repugnante".

Dos conclusiones se imponen. La primera es que EEUU está a la defensiva. En lugar de reconocer los desarrollos biológicos de potencias que considera enemigas, como Rusia y China, emprende campañas de difamación, lo que no hace más que revelar la precariedad de la situación de Washington que, poco a poco, van reconociendo todos los países del mundo. En América Latina, en concreto, sin las vacunas chinas y rusas no se podría estar avanzando hacia la inmunización de la población.

La segunda atañe a Europa. Como sentencia el LEAP, "la tutela estratégica estadounidense sobre Europa es el resultado de nuestros errores del siglo XX". Propone un camino diferente al alineamiento automático con EEUU, que podría ser la salvación europea.

"Europa se encuentra en una relativa posición de fuerza y en condiciones de negociar su autonomía estratégica jugando hábilmente con la dualidad del actual poder mundial". Sería penoso que, por el contrario, nos viéramos obligados a elegir un bando, lo que nos llevaría a nuevos errores y a terminar en una situación de debilidad estratégica, esta vez en beneficio de China".

Es evidente que las grandes multinacionales de un puñado de naciones ricas, que pretendían monopolizar la inmunización durante la pandemia, han perdido la posibilidad de dictar el comportamiento de la mayoría de los países del mundo.

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Barbara Stiegler: "Pasamos mucho tiempo adaptándonos"

La filósofa francesa analiza el neoliberalismo y la pandemia

La pensadora asume el imperativo de transformar el mundo desde la acción colectiva y no quedarse en la torre de marfil de la teoría o los grandes ideales. La revalorización de sus ensayos escritos mucho antes de la pandemia.

 

Pensar la historia y las evoluciones del liberalismo e inscribirse al mismo tiempo en la acción colectiva concreta no son dos vertientes que se articulen con frecuencia. La filósofa francesa Barbara Stiegler las incorpora en una obra nutrida en la acción cuyo desarrollo teórico plasmó luego en dos libros que la llevaron rápidamente a ser reconocida. 

El último, Del Rumbo a las huelgas (Du Cap aux grèves), es la crónica reflexiva del movimiento de los chalecos amarillos que estalló en Francia entre 2018 y 2019, en el cual Barbara Stiegler participó en cuerpo y alma. El título remite a una situación que explotó en casi todo el planeta cuando los movimientos sociales impugnaron de forma inédita y globalizada a la monarquía neoliberal. El rumbo que la revolución neoliberal le había fijado a las sociedades humanas dejó de ser la única alternativa. El mundo dijo un basta rotundo a ese rumbo cuyo credo fue, desde siempre, ”es preciso adaptarse”. A fuerza de adaptación a un modelo destructor, los individuos dejaron de ser ellos mismos y perdieron la noción de emancipación

Argentina, Ecuador, Chile, Argelia, Hong Kong, Irak o Francia se levantaron contra esa dictadura de la adaptabilidad que había hecho de la condición humana un cordero en manos de un ante que sancionaba a quienes rehusaban adaptarse. Del Rumbo a las huelgas completa el primer libro de la autora publicado en 2019: Hay que adaptarse (Il faut s’adapter)

Ese ensayo es un vertiginoso viaje desde la matriz del modelo neoliberal hasta las orillas del fracaso de su patrón evolucionista, cuyo límite no fue precisamente una ideología opuesta, sino la crisis medioambiental. 

Flujos de capitales, flujos de información, flujos de mercancías y globalización chocan, dice la autora, contra los muros de su propia imposibilidad, contra la destrucción del planeta y el hartazgo de los seres humanos. Muchos analistas vieron en ese libro la explicación al movimiento de los chalecos amarillos. Por primera vez, una autora radiografiaba de forma original la identidad de esa crisis cuyos orígenes estaban arraigados desde hace mucho. 

Además, en Hay que adaptarse Barbara, Stiegler ponía de relieve otro de los componentes del ultraliberalismo: la forma en que hasta los gobiernos de izquierda abrazaron e implementaron ese modelo creyendo, a veces, que lo estaban combatiendo. La autora demuestra cómo se creó una suerte de confusión muy útil en torno a la definición de lo que era realmente el proyecto ultraliberal. 

En ambas obras, Stiegler asume además un imperativo: transformar el mundo desde la acción colectiva y no quedarse en la torre de marfil de la teoría o los grandes ideales. Se trata, dice la filósofa francesa, de crear una red de resistencia desde la acción inmediata, desde el lugar donde vivimos y trabajamos. 

En los dos ensayos y mucho antes de la pandemia, Barbara Stiegler volcó su experiencia en los hospitales, donde trabajó junto a médicos y enfermeros para interpretar desde allí la barbarie liberal.

--Su último libro está escrito con la experiencia de la calle, en el calor de las multitudes en rebelión y los gases lacrimógenos de las manifestaciones. Entre los dos términos del título, rumbo y huelgas, está concentrada la historia de los últimos 40 años.

--El rumbo que describo es el rumbo impuesto por la revolución neoliberal que se impuso en casi en todo el mundo desde hace 50 años y cuya historia remonta a un siglo atrás. Ese rumbo es la adaptación de todas las sociedades a la globalización, a un mundo en el cual no hay más fronteras y donde los ritmos se aceleran. Pues ese rumbo fue seguido por muchas sociedades y es cierto que desde hace algunos años hay movimientos sociales por todas partes que muestran que existe un rechazo a continuarlo. 

En este contexto llegan las huelgas, es decir, esa idea de dejar de trabajar según las modalidades obligatorias que nos imponen y, a partir de allí, repensar nuestra relación con el trabajo, con las interacciones sociales. Basta, nos detenemos, empieza un trabajo de reflexión, de reelaboración del sentido. Hoy se trata de saber si este movimiento de huelgas se acabó a causa de la pandemia. Creo que estamos congelados. Estábamos en plena acción, en plena efervescencia y nos vimos brutalmente congelados. Si observamos rápidamente tendremos la impresión de que nos hemos sometido, que hemos renunciado. Pero eso es solo si se mira la situación desde el exterior. Sin embargo, si hablamos con la gente, percibimos que está más enojada que antes. La gran pregunta que se plantean hoy los gobiernos consiste en saber qué ocurrirá cuando las manifestaciones en la calle, los festivales, los cafés y toda la vida social se reanuden. Creo que, al menos en Francia, el poder le tiene miedo a ese momento.

--Al final, ambas cosas se congelaron: la bronca globalizada y la marcha del liberalismo.

--Sí, así es. Hay una forma de la globalización que se vio congelada. Pero esto no quiere decir que se terminó todo. Los partidarios de la globalización seguirán defendiéndola y desplegándola, mientras que sus adversarios seguirán oponiéndose a ella. Creo que este momento de congelamiento puede quintuplicar los conflictos.

--Usted pasó de la cátedra universitaria a la calle y de las protestas sociales, con el movimiento de los chalecos amarillos. ¿Qué le dejó como lección esa experiencia?

--Me permitió entender una forma de acción y trasladarla a lugares estratégicos de mi entorno, a la universidad, al hospital, al liceo. Me mostró que, en todas las clases sociales movilizadas, sean estudiantes, profesores o los chalecos amarillos, había una necesidad de reconstruir las cuestiones democráticas: ¿Qué es un ágora, quién debe hablar, cómo? Todo eso había que construirlo. 

Hay algo terrible en nuestras profesiones, en los maestros, profesores y universitarios. Muchos están inmersos en una actividad intelectual intensa, pero cuando los vemos actuar en el trabajo no existe conexión con lo que hacen. Muchos colegas denuncian el neoliberalismo, se presentan como adversarios teóricos, pero terminan aplicando en el mundo de la educación dispositivos neoliberales sin que ello les plantee ningún problema. Y sin reflexión, en una especie de acción mecánica. Hay una suerte de desprecio por el lugar de trabajo, por la interacción práctica. Creo que las cosas serían mucho mejores si los profesores, el personal de los hospitales, se definieran como trabajadores y pensaran un poco más en sus actos.

--Usted ha puesto de relieve uno de las grandes perversiones del liberalismo, esa suerte de orden permanente: es necesario adaptarse. 

--Con ese pensamiento perdemos la expresión de la identidad y la capacidad de emancipación. Pasamos mucho tiempo adaptándonos, aceptando los pliegues de la normalización, eso destruye la relación emancipada e impide la reafirmación del individuo. La idea de adaptación nos colonizó. Se construyó una suerte de hegemonía cultural en silencio. Es una herencia del siglo XIX, que proviene de la transferencia de las ideas de Darwin hacia el campo social y político. Es un pensamiento oriundo de los Estados Unidos, que recupera la idea según la cual nuestra especie está mal adaptada a la globalización y que es preciso readaptarse a ella través de amplias políticas públicas en campos como el de la educación, la salud o las políticas sociales, para instaurar la igualdad de posibilidades, la competencia en todos los niveles de la sociedad. En suma, se trata de una revolución social y política que, detrás del telón, esconde un principio biológico cuando habla de adaptación, de selección, de mutación y de evolución. 

--En su ensayo señala que pensamiento está impregnado por un relato que argumenta que la especie humana está siempre atrasada. ¿Esa sería la matriz del neoliberalismo?

--Sí, ese pensamiento incluye una amplia reflexión sobre la inadaptación. La tesis del teórico norteamericano que inspiró a los nuevos liberales y que lanzó la corriente neoliberal, Walter Lippmann, sostiene que la especie humana se adaptó a lo largo de un extenso período a un mundo relativamente estable y cerrado. Lippmann dice que el sentido de la historia, su misión casi revolucionaria, es la globalización del mundo, la división del trabajo con un capitalismo totalmente globalizado, y que, en ese movimiento, la especie humana no está a la altura de este porvenir. Por consiguiente, es preciso transformarla mediante políticas públicas muy ambiciosas, a fin de readaptarla a todos los niveles: afectivo, cultural, emocional, cognitivo. Se trata, entonces, de una empresa de readaptación integral de la especie humana por medio de una agenda, de un programa revolucionario.

--Señala que durante mucho tiempo hubo una dificultad para definir qué es el neoliberalismo. ¿Se tardó mucho en comprender su mecánica?

--¡Absolutamente! Se dijo que era una teoría económica que proponía un Estado lo más pequeño posible. Fue una confusión permanente. De hecho, en los años 30, el neoliberalismo partió de la evidencia según la cual, con la experiencia de la crisis de 1929, el capitalismo sin regulación no podía salvarse solo, que no se podía confiar en las interacciones espontáneas de las sociedades humanas porque los seres humanos eran inadaptados. Por consecuencia, era necesario reasumir la acción del Estado, con un Estado más fuerte y eventualmente autoritario, cuya primera misión consistía en fabricar el consentimiento. Lippmann hablaba de “manufactura del consentimiento”. Ese plan pasa por un conjunto de políticas culturales y educativas. 

Percibimos aquí que todo esto no tiene nada que ver con la imagen del neoliberalismo, con la idea de dejar que todo sea libre. Esto es muy grave porque no haber visto esto, mantenerse en esa confusión, permitió a partidos que se identificaban con la izquierda llevar a cabo políticas neoliberales sin que nos demos cuenta. En Europa, muchos partidos de izquierda rompieron con la izquierda, con el socialismo, y terminaron aplicando programas de ajuste y adaptación a la globalización. Y como los llevaron a cabo por medio de políticas públicas que exigían una suerte de igualdad de posibilidades y una regulación leal de las reglas, creyeron que así luchaban contra el neoliberalismo. En realidad, ese era el contenido mismo de la política neoliberal. De esta manera, muchos partidos de gobierno que reivindicaban ser de izquierda aplicaron una política neoliberal de forma continua desde los años 80.

--¿Fue ese el gran fracaso de la izquierda, no haber captado la realidad de su enemigo o, tal vez, querer imitarlo?

--Sí. Y es aquí donde podemos hablar de colonización o de hegemonía cultural. El neoliberalismo es una nueva derecha, una derecha al servicio de la globalización económica. Esa nueva derecha invadió todas las mentes y se volvió hegemónica.

--Esa idea neoliberal dejó prácticamente a la humanidad sin un lugar donde respirar libremente.

--Todo el orden gira en torno a esa idea asfixiante. No obstante, hay una novedad que surgió a partir del giro de los años 2000: el neoliberalismo, que carecía de oposición y se había infiltrado en todas partes por una suerte de capilaridad, de mimetismo, esa hegemonía liberal que se construyó a lo largo de un siglo, empezó a ser puesta en tela de juicio a raíz de la crisis medioambiental y de los estragos considerables de ese modelo capitalista globalizado. El neoliberalismo empezó a mostrar que era una cosa imposible. Hemos chocado contra los límites insuperables de la globalización y nos damos cuenta de que sus costos son considerables. Por esta razón la hegemonía neoliberal se ve profundamente cuestionada. Y eso es nuevo.

--Estamos en un momento tambaleante de la historia humana. ¿Cómo ve la emancipación futura de nuestras sociedades, qué formas podrán revestir la acción colectiva?

--No puedo anticipar el porvenir ni tener una visión global. Lo que sí puedo decir es lo que estoy haciendo yo ahora durante esta crisis sanitaria y lo que seguiré haciendo en el futuro. Creo que es fundamental que quienes desean asumir el conflicto y participar en la resistencia se pregunten dónde están, en qué lugar viven, dónde trabajan y dónde están sus vidas. Yo vivía en el campo, pero terminé de entender que mi vida estaba en Burdeos. Aunque no sea fácil, en cuanto logramos situarnos en algún lado ya tenemos un punto, podemos decir “este es mi lugar, aquí está mi trabajo, esto es lo que hago”. Recién a partir de ese marco particular es cuando se puede construir una lucha. A partir del lugar en el que nos encontramos y de las funciones sociales que ocupamos. Incluso si no tenemos trabajo también ocupamos una función, porque podemos ser padres o desempleados. Creo que a partir de una plataforma personal como esta es necesario y lógico constituir una red de resistencia. 

En la historia, la gente nunca construyó un programa para luego actuar: primero observaron lo que había alrededor para luego intentar hacer algo. Intentaron salvar lo esencial construyendo una oposición ante un poder aplastante. Trato de actuar así. Me gusta mucho la lógica de la red porque permite que construyamos una acción colectiva. Así es como se construye un programa o un pensamiento político: en la precisión de lo concreto.

 

Más que pandemia: sindemia

 

--Es una de los escasos pensadores que pensó el mundo a partir de un hospital, y ese lugar se ha vuelto central a raíz de la pandemia.

--He trabajado mucho con las personas del sector de la salud, con médicos y enfermeros. Mi pensamiento político se alimentó de su combate, de lo que viven y atraviesan. Lo que vemos hoy en la salud no es la privatización, no es un Estado que vende el hospital, más bien es un Estado que conserva el hospital y lo controla, al mismo tiempo que trata de transformar el sentido. Es una gestión asumida por el Estado que transforma los oficios del personal. 

Las enfermeras se convirtieron en administradoras que deben cumplir con toda una serie de objetivos. Son oficios que suscitan mucha vocación, pero esa vocación está destruida por una visión de la salud opuesta a la vocación. Lo mismo ha ocurrido en la enseñanza. Las reformas neoliberales inducen a los profesores a hacer lo contrario de lo que les señalaba su vocación. Esas instituciones republicanas han sido destruidas desde el interior por el mismo Estado, o por quienes se apropiaron del Estado para cambiarle el sentido. Y es precisamente allí, en los restaurantes, en los bares, en los medios obreros, donde se debe construir la resistencia, nuestra propia resistencia ligada a las demás. La meta consiste en tener una visión colectiva de lo que somos.

--Su pensamiento tiende a definir la pandemia como una sindemia, o sea, la suma de varios males.

--Al principio pensé que se trataba sólo de una pandemia, pero luego vi que era algo mucho más complicado, que era una epidemia muy difícil de controlar y que no se trataba en nada de un acontecimiento aleatorio. Coincido en esto con el redactor jefe de la revista The Lancet, Richard Horton, para quien esta epidemia no hace sino revelar los problemas estructurales de nuestras sociedades fundadas sobre la concurrencia y en las cuales nuestros modos de vida se degradaron, lo que condujo además a un aumento considerable de las enfermedades crónicas. Esto permite leer la pandemia y el pánico que se desató en el mundo entero como un revelador de patologías anteriores, patologías sociales, patologías medioambientales. En suma, todas las causas sociales y políticas atraviesan la pandemia.

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Dinamarca suspende total y definitivamente el uso de la vacuna AstraZeneca

14.04.21 - Las autoridades sanitarias de Dinamarca suspenderán de forma definitiva la vacuna de AstraZeneca contra el covid-19 tras haber interrumpido su uso durante cinco semanas tras los los casos inusuales de trombosis en varios países europeos.

De esta manera, Dinamarca se convierte en el primer país europeo en abandonar de manera definitiva el preparado de AstraZeneca.

El mes pasado, varios países europeos, incluidos Francia, Italia, Suecia y Alemania, interrumpieron o limitaron el uso del fármaco tras una serie de informes de que algunas personas vacunadas con el antídoto creado por AstraZeneca y la Universidad de Oxford desarrollaron coágulos sanguíneos.

Estos incidentes incluyeron casos aislados de sangrado, coágulos de sangre y un nivel bajo de plaquetas después de las inoculaciones con este fármaco.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) declaró el pasado 7 de abril que la posible formación de coágulos de sangre debería figurar como un efecto secundario "muy raro" de la vacuna de AstraZeneca, pero señaló que los beneficios del fármaco superaban sus potenciales riesgos.

"Con base en los hallazgos científicos, nuestra evaluación general es que existe un riesgo real de efectos secundarios graves asociados con el uso de la vacuna de AstraZeneca. Por lo tanto, hemos decidido eliminar la vacuna de nuestro programa de vacunación", comentó el director general de la Autoridad Sanitaria de Dinamarca, Soren Brostrom, subrayando que la decisión se basó también en el hecho de que hay "otras vacunas a disposición" y que la pandemia "está bajo control".

Dinamarca había sido el primer en suspender el pasado 11 de marzo la vacunación con AstraZeneca, decisión que siguieron luego la mayoría de países europeos, aunque reanudaron el proceso cuando la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aseguró que no había evidencias de relación directa con los casos de trombosis detectados.

Por: Aporrea | Miércoles, 14/04/2021 10:18 AM 



Con información de RT

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