Ecuador:  balance del paro nacional. Habla Jaime Vargas, presidente de la Conaie

Entrevista de Gloria Muñoz Ramírez

Quito, Ecuador. En octubre de 2019 Ecuador vivió un levantamiento popular con el involucramiento de todos los sectores sociales del país. La participación de los pueblos indígenas definió la derogación del decreto 833 con el que el gobierno de Lenín Moreno pretendía eliminar el subsidio a los combustibles, haciendo así imposible la vida. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) fue clave durante los 13 días del Paro Nacional en el que el Estado reprimió las movilizaciones, dejando un saldo de 11 muertos y cientos de heridos y detenidos. Jaime Vargas Vargas, presidente de la Conaie desde 2017, fue uno de los dirigentes de la protesta emblemática. De origen amazónico, Vargas hace una valoración del levantamiento indígena y popular, repasa lo que significó para los pueblos la llegada de los presidentes Rafael Correa y Lenín Moreno “de supuesta izquierda”, y habla de los planes electorales de la Conaie, que no se descarta para la contienda presidencial.

–¿Cuál es la valoración que hace la Conaie del proceso del paro nacional y levantamiento indígena de octubre?

–El levantamiento de octubre fue diez veces más grande que el primer levantamiento de 1990. Hemos posicionado la fuerza política, ideológica y de resistencia. En estos últimos 12 años, los pueblos y nacionalidades hemos estado viviendo un momento muy crítico, de atropello a nuestros derechos humanos, despojos de nuestros territorios, invasiones de las transnacionales, pero hemos resistido desde nuestras bases. Durante estos 12 años hemos estado llenos de persecución política. Muchos líderes fuimos declarados terroristas, secuestradores, subversivos, guerrilleros, de todo nos han calificado. Pero ésa es nuestra dinámica de seguir luchando.

–¿En qué momento político y organizativo se encuentra la Conaie?

–En este momento, luego del paro nacional, la Conaie se posicionó como una de las organizaciones más fuertes en el Ecuador y en toda América Latina, porque hemos despertado a todos los pueblos en América. La Conaie es una organización nacional que ha hecho escuchar su voz y se ha hecho respetar. En anteriores movilizaciones la Conaie sacaba a su gente, hacía una marcha y a veces teníamos que paralizar, pero la gente de la ciudad nunca salía o nos decían que éramos indios y que nos regresáramos a la selva, que éramos vagos, que solamente éramos atrasapueblos que veníamos a ensuciar las ciudades. Pero esta vez no. Tuvimos otra plataforma, otra forma de pensar, con la interculturalidad del pueblo ecuatoriano. Era no pensar en mí, sino en que mi lucha debía ser para la sociedad, para un pueblo organizado.

Se derogó el decreto 883 impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y eso quiere decir que se luchó para el pueblo ecuatoriano, para los 16 millones de ecuatorianos. Sólo 1 por ciento, los banqueros y los que se creen dueños de la patria, dijo que los indígenas no los representamos. Nosotros dijimos que claro que nunca los vamos a representar, así como ellos tampoco nunca nos van a representar a nosotros. La Conaie representa a las 15 nacionalidades y 18 pueblos, a las organizaciones sociales. Y eso es lo que hemos hecho. Cuando estaba Correa nos decían que la patria era de todos, ¿pero qué patria es de todos? La que está llena de corrupción, de odio, de discriminación, de racismo, de desigualdades, de injusticia social, de asesinatos e inseguridad nacional.

–¿Cómo vivieron ustedes el proceso de su lucha en el gobierno de Rafael Correa y el discurso progresista?

–En tiempos del expresidente Correa el movimiento indígena vivió un momento muy crítico porque dividió a las organizaciones, a los pueblos y nacionalidades. Había un grupo que defendía al correísmo y había otros que defendían a su pueblo. En la Amazonía tenemos a la organización histórica de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniaie) y ahí había dos presidentes de la misma organización. Uno avalado por el correísmo y otro por el gobierno tradicional. Unos gritaban por el correísmo, otros por su libertad, por el territorio. Eso es lo que vivimos.

–¿Y con los megaproyectos en los territorios indígenas qué pasó?

–Hubo gente que decía sí al correísmo e iba a favor de las transnacionales. Entonces había una pelea entre nosotros, había amenazas en nuestras comunidades. Había quienes defendían la minería, el petróleo, la consulta, el convenio. Eso ha pasado en todo el mundo y por eso han desaparecido pueblos indígenas, por los intereses económicos. Los gobiernos neoliberales tienen que asesinar, tienen que matar al pueblo para acabar con él y quedarse con sus territorios para sacar los recursos que necesitan.

¿En Bolivia a quién están matando? ¿A un banquero? ¿A un empresario? ¿A una derecha? Asesinan a los indígenas, y eso es lo que nos indigna a nosotros. En Chile están matando al pueblo mapuche, en Colombia al pueblo nasa, al pueblo indígena, al campesino, al que lucha por defender su territorio y su derecho. En México han matado al campesino, en Brasil a los pueblos indígenas. Los grandes empresarios quieren acabar con todo. En Perú acabaron con el movimiento indígena, con los hermanos awajún, aquí han asesinado a los shuar, achuar, kichwa.

–¿Qué es lo que pasa cuando presidentes como Rafael Correa o Lenín Moreno se presentan como progresistas o de izquierda y promueven proyectos extractivistas?

–Rafael Correa y Lenín Moreno decían que eran de la izquierda progresista y ahora están con la derecha, en vez de entregarse al pueblo. Por eso es importante la oposición. Mucha gente del gobierno piensa que la oposición es un enemigo y tiene que pelear contra ella. Escuché un discurso medio favorable del nuevo presidente de Argentina que decía que la oposición que perdió no será su enemigo, sino una persona que le permita avanzar. A ver si lo cumple.

La oposición te permite mejorar tu pensamiento y tu estrategia de gobierno. Se trata de conversar y asegurar que no vas a aceptar sus intereses personales, pero sí los colectivos que generen desarrollos para el país. Aquí en el Ecuador se explota desde hace más de 40 años, pero nuestras comunidades siguen viviendo en la miseria. Por eso decimos que no somos pobres, sino que nos hicieron pobres. Trajeron la pobreza a nuestros territorios, que son ricos. La gente pobrepobre vive en las ciudades llenas de criminales, prostitución, alcoholismo, drogadicción, corrupción. No tienen ni ríos dónde bañarse.

El Sumak kawsay del que hablamos en la Constitución es vivir en nuestro mundo, que si te enfermas encuentras la farmacia en la selva, donde el mercado es libre porque un niño puede tomar un anzuelo, coger un pescado y cocinar.

–¿Cuál es la situación en Ecuador respecto a las consultas sobre proyectos en territorios indígenas?

 

 –Aquí está el derecho a la consulta previa, libre e informada, pero no hay una herramienta o mecanismo que garantice este proceso, porque no es vinculante. He estado reunido con todos los pueblos de América Latina y tenemos la misma situación y la misma problemática de invasiones, de asesinatos, de criminalización, de despojo y consultas. Cuando hablamos de consulta no sólo está enfocado al tema del extractivismo, sino también a la construcción de vías y de grandes proyectos.

En el Ecuador el derecho a una consulta no garantiza nada, porque preguntan y dices que sí o que no pero ellos en el gobierno toman las decisiones y aplican la ley. Ese es uno de los problemas. En las consultas llegan y te dicen, “miren compañeros indígenas, ustedes no tienen agua potable, sus hijos no tienen becas, pero habrá bonos solidarios, bonos de vivienda, becas y cada dirigente ganará dos mil dólares”. ¿Eso es consulta o es engaño? La gente acepta, pero no les dan ni proyecto ni los dos mil, solamente trago, pan, coca cola. Eso pasó en Ecuador durante estos años, son las estrategias para engañar a los pueblos indígenas desde el Estado y las transnacionales.

–¿Cómo fue el diálogo de la Conaie con el gobierno durante el paro y qué proceso siguió? ¿Qué pasó con el Parlamento de los pueblos?

–Nunca hubo diálogo ni negociación. Lo único que hicimos fue decirle al gobierno que ese decreto no lo aceptaba el pueblo ecuatoriano, porque se afectaba todo y se decretó sin consulta. De ahí el levantamiento. Se instaló la mesa técnica no para dialogar, sino para debatir, que es otra cosa. Dijimos que no discutiéramos sólo el subsidio, sino también la política económica del país. Le dije al ministro de Economía Richard Martínez que necesitábamos que trajera todos los contratos petroleros para revisarlos y saber cómo estaban funcionando las empresas públicas, bajo qué términos llegaron los acuerdos con el FMI, qué busca el Fondo, dijimos que queremos discutir también el tema de la deuda externa con China. Nos dijo que eso lo podíamos discutir después. En este contexto la Conaie convocó y abrió el abanico para que llegaran todos los sectores sociales e instaló el Parlamento de los pueblos, nacionalidades y organizaciones sociales, con casi 200 organizaciones del país con las que discutimos la parte económica, política y social-ambiental. Debemos discutir qué vamos a hacer. Hablar sobre el extractivismo, sobre las inversiones internacionales. Definimos una propuesta del pueblo ecuatoriano y el gobierno debe cumplirla. No debe ser una propuesta del indígena, no de un sector, sino del pueblo ecuatoriano. Y así estamos, eso estamos construyendo en este momento. Eso es lo que habla el parlamento de pueblos, nacionalidades y organizaciones. Están los estudiantes, los académicos, nuestros científicos, todos.

–¿Cuál es la postura electoral de la Conaie?

–Estamos pensando en una posición electoral. No puedo decir nada oficialmente, pero ese es el camino. Cuando te proyectas a ese nivel tienes que empezar desde abajo, y para eso tenemos que construir una plataforma de unidad, de acuerdos, de todo. No sería impensable un candidato de la Conaie para la presidencia. Cuando salgo la gente a veces me saluda llamándome el próximo presidente de la República, lo mismo le sucede a Leonidas Iza. Lo dice el pueblo.

–Un presidente indígena parece que no es garantía de nada...

–El presidente puede llegar a ser indígena, puede ser cholo, puede ser afro, puede ser hombre o mujer, un campesino, una maestra, un abogado, pero que sea presidente del pueblo. Ser indígena no garantiza exactamente ser bueno, es cierto.

–Hay ejemplo ya en otros países...

–Bueno, no puedo hablar de Bolivia, pero están ahí las cosas. Puede ser un indígena que sea más derechista que cualquiera, pero todo depende de cómo actúen.

–¿Y tampoco se garantiza el plurinacionalismo?

–Ser indígena tampoco garantizaría el plurinacionalismo, eso se debe construir entendiéndonos, participando, debatiendo. El gobierno no puede construir solito un Estado plurinacional. Sin indígenas, no se puede construir, sin mestizos tampoco. Si el policía se pone una whipala ya dicen que es plurinacional, pero eso no es. El Estado plurinacional es garantizar derechos, tomar decisiones, hablar de libertades, de autonomía, de verdadera justicia social donde la gente viva feliz. Pero para llegar a eso hay que hacer un trabajo duro y complicado.

–Pero a la derecha no le va a gustar…

–Nuestros militares y policías se han hecho robocops, pero esperemos que no se transformen en Power Rangers. Nosotros los pueblos y las nacionalidades estamos también organizados, estamos viviendo en nuestros territorios. No estamos armados, estamos decididos a defender el territorio, la patria, la soberanía nacional, a hablar de derechos humanos, de libertades. El Estado invierte casi dos mil millones de dólares anuales para sostener a la policía y las fuerzas armadas.

¿Qué beneficio sacamos? El Estado tiene miedo. ¿Por qué están armándose? ¿Es guerra con quién? Con el pueblo. Así no se construye ni se hace un buen gobierno, eso no significa ser un gobierno de todos. Habrá que dialogar y reclamar nuestros derechos, pero parados. Yo no tengo miedo al gobierno, pero sí algo puedo temer a la derecha, porque son terribles. Hemos recibido amenazas. Anteayer dejaron un mensaje en el departamento en Puyo y sólo pensé, “está bien, si creen que matando o amenazando a un dirigente indígena van a sacar algo es mejor, pero es encender, es explotar”.

–¿Coincide con que es tiempo de los indígenas y de las mujeres?

–Es tiempo de la juventud, de los pueblos indígenas en América Latina y del mundo. Es el momento. Tenemos toda la capacidad de decidir y de demostrar que hay una posibilidad. Es tiempo de las mujeres también. Hay grandes lideresas.

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Quito vuelve a la calma tras 11 días de marchas y protestas. Imagen: EFE

La académica Stoessel reflexiona sobre la situación de Ecuador tras el acuerdo entre el gobierno y los sectores populares; el rol de los medios y de las Fuerzas armadas así como la persecución al correísmo.

Soledad Stoessel es profesora de sociología y politóloga en la Universidad Nacional de La Plata y en FLACSO-Ecuador. Siguió de cerca las jornadas de paro y movilización que se prolongaron durante 11 días y que dejaron, producto de la represión estatal, un saldo de ocho muertos, 1152 detenidos y 1340 heridos. según cifras de la Defensoría del Pueblo. En diálogo con Página/12, analiza las consecuencias de la derogación del Decreto 883, el rol de los medios y las Fuerzas armadas a lo largo del conflicto, la ruptura de Lenín Moreno con el correísmo y su futuro inmediato.

-¿La derogación del Decreto 883 constituye una victoria para el pueblo ecuatoriano?

-Creo en primer lugar que la derogatoria del decreto es el resultado de una negociación pública inédita para la historia de Ecuador, aunque se trata de una victoria parcial del campo popular. El decreto era el núcleo duro del paquetazo. Todavía persisten propuestas adicionales tales como la eliminación del impuesto a la renta, y la reforma laboral que el gobierno está intentando enviar al Congreso. Se trata de una reforma sumamente regresiva en términos de derechos laborales, que disminuye el salario, reduce las vacaciones, habilita el despido de empleados públicos y permite privatizar la seguridad social. Es decir que el resto de las demandas quedan subsumidas a la derogación de ese decreto, con lo cual todavía queda mucho camino por recorrer.

-¿Qué escenario se abre ahora para el gobierno de Lenín Moreno?

-Moreno promovió una estigmatización profunda del indígena, de los sindicatos, de los estudiantes, en suma los sectores populares. Se encargó de abrir una brecha entre el campo popular y su propio gobierno. Todo este proceso de crisis constituye un punto de inflexión para un gobierno que ya venía debilitado por distintas medidas de ajuste tras el acuerdo con el FMI en marzo, mediante decreto. La propia Constitución ecuatoriana prohíbe acordar con el FMI sin que el pueblo se entere de los detalles de dicho acuerdo.

Como decía, se trata de un gobierno muy debilitado que perdió capacidad. La Asamblea ha dejado de sesionar y recién ahora retomará las sesiones. El gobierno queda muy expuesto, y ahora tendrá poco margen para aplicar políticas públicas. El otro hecho a considerar es que todavía faltan dos años para las próximas elecciones. Se abre un momento de mucha incertidumbre. Y hay que tener en cuenta que la única agenda política de Moreno consiste en perseguir al correísmo. De hecho, lo primero que hace Moreno después de derogar el decreto, es comenzar a perseguir a referentes del correísmo (la Prefecta de Pichincha, Paola Pabón, fue detenida el lunes por fuerzas policiales sin orden judicial y tras un allanamiento ilegal).

-Moreno culpa a Rafael Correa de estar detrás de su destitución. ¿En qué momento se quebró la relación entre ambos?

-Hay distintas hipótesis al respecto. Lenín Moreno ganó en segunda vuelta en 2017 por un margen bastante ajustado. Evidentemente estaba interesado por el discurso de esa derecha que no ganó. Apenas asume, se monta sobre ese discurso, buscando gobernabilidad. Por eso genera un pacto con los mismos banqueros que habían generado la gran crisis de 2009. Empieza a acercarse a las elites y adopta el panorama económico del establishment. Sus tres grandes aliados pasan a ser, a partir de ese momento, el poder económico concentrado, las Fuerzas Armadas y los medios de comunicación.

-En ese sentido, ¿cuál fue el rol de la prensa durante los 11 días de protesta?

-Moreno ha sido el presidente más blindado por los medios desde el retorno democrático. En esta coyuntura, eso se volvió aún más nítido. No mostraron ninguna de las protestas, se alinearon con el marco del gobierno en torno a la conspiración correísta, bajo la idea de que todo era mafioso o vandálico. Por suerte, la contracara fue un gran número de medios alternativos y plataformas virtuales que transmitieron todo on line y en vivo.

-Mencionó también a otro de los grandes aliados del gobierno, las Fuerzas Armadas, que cumplieron un rol fundamental durante estos 11 días de conflicto.

-Fuimos testigos de una represión brutal por parte de las fuerzas del orden. Jamás se ha visto en Ecuador tamaño nivel de agresión. Se trata directamente de violaciones a los derechos humanos. La Ministra de Gobierno María Paula Romo, que comandó la represión, y el Ministro de Defensa Raúl Oswaldo Jarrín, con una larga trayectoria militar, son los principales responsables. De hecho una de las principales exigencias de los movimientos indígenas consistía en el pedido de revocación de estos dos ministros, pedido que obviamente nunca fue cumplido.

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