Martes, 29 Abril 2014 12:04

Paro nacional agrario

 

Video

Reivindicaciones: Paro nacional agrario: 55' 20

 

      

Videos: Conversación con los estudiantes (César Pachón (23'10), Eduardo Moreno (11'06), Juan Fernando Matamoros (21'05)     

 

 Video: (30'58)

 Ante el escalamiento de la protesta en el país rural (mayo 5 de 2014)

 La primera semana del dos paros agrarios (mayo 5 de 2014)

Colombia escala el paro agrario (mayo 3 de 2014)

 

Nota: Crean la asociación Agropecuaria de Cundinamarca  (abril 28 de 2014)

 

Los "tales paros" paperos persistirán en el 2014

Si hay un adagio popular con cierto grado de veracidad, es la conocida frase que versa "Como es el desayuno, será el almuerzo"; la apertura económica ha sido a grosso modo, una suerte de muestra gratis sobre lo que implica el aperturismo comercial y el modelo de desarrollo que supone el neoliberalismo como paradigma hegemónico. A pesar de las múltiples protestas que causaron tanto impacto en el país en el 2013, los tecnócratas del establecimiento desafían a la razón cuando advierten que las nefastas consecuencias del aperturismo, se resuelven con más neoliberalismo mediante los TLCs que el gobierno nacional se ha empeñado en afirmar y ratificar.

 

En ese contexto, es que se avecina cada día más un nuevo paro papero, las políticas paliativas promovidas por Lizarralde y Santos siguen siendo paños de agua tibia para apagar un incendio de magnitudes apoteósicas. Las razones estructurales de la crisis se mantienen a la fecha, el precio de venta por carga (100 kg) está alrededor de $32.0001 pesos cuando los costes que asume el productor llegan a casi $70.0002; supondría uno que esa diferencia se traduciría en unos precios bajos al consumidor, pero resulta que gran parte de esa diferencia se queda en manos de los intermediarios, los mismos que usualmente transan especulativamente este tipo de recursos al vaivén de mercados internacionales.

 

En igual sentido, las portentosas importaciones de papa que han comenzado a invadir el mercado interno están dejando entre la espada y la pared al campesino colombiano; en cifras concretas, se aprecian las más de 20 mil toneladas3 que llegan desde Estados Unidos, Europa y Argentina, ahogando así cualquier impulso para salir adelante, más aún, cuando por los altos costes mencionados, la producción nacional disminuyó considerablemente en estos últimos años.

 

En ese contexto valdría recordar que los principales gremios paperos norteamericanos, reconocen la ventaja que tienen gracias al TLC con Colombia, por la oportunidad de negocio que se les abre gracias a dos factores: la reducción de las tarifas de exportación hacia el país y el impulso que implica la protección (vía subsidios de la Farm Bill) que les confiere su gobierno. La United States Potato Board expone que el éxito de los últimos años tiene mucho que ver con la creciente demanda de papa en América Latina y Asia, lo cual le permite a los productores del norte, invadir mercados en consecuencia de las 65 millones de toneladas que son exportadas al mundo mediante el envío de papa congelada y fresca.4

 

En complemento a lo anterior, el suscrito y aprobado TLC con la Unión Europea abriría aún más al país a grandes exportadores del viejo continente como por ejemplo Holanda, que por ejemplo logró exportar casi un millón trescientas mil toneladas papa pre-cocida en el 2008 al mundo.5 Así pues el panorama a corto y mediano plazo, muestra que el empeoramiento de la crisis social y económica para los sectores paperos se profundizará por las certeras amenazas exterminadoras del sector en el mapa económico nacional.

 

Si no se comprende que la naturaleza del problema radica en el modelo económico y comercial que impera en el país, las soluciones seguirán girando en ciclos deplorables de continuismo. A pesar que algunos tecnócratas defienden que los TLCs disminuirán los precios de venta de consumo para beneficiar así a las capas más pobres de la sociedad, es una suerte de artimaña que endulza el oído a unos cuantos incautos, pues desconoce una regla fundamental en economía basada en que hay consumo siempre y cuando haya primero ingreso. Resulta infame entonces hablar de un paraíso consumista en Colombia gracias a la importación, cuando miles de colombianos, como por ejemplo las familias productoras de papa, quedan a la merced del desempleo que se da por consecuencia del aperturismo desmedido que beneficia a unos minúsculos sectores del país.

 

Todo en la vida resulta un fenómeno dialéctico, con alta probabilidad es plausible ver que el próximo paro papero pudiera abrir de nuevo una suerte de ventana de oportunidad, para impulsar a todo al sector agropecuario en una decidida resistencia civil contra la infame manera en que se maneja nuestra economía.

 

* Twitter: @hhurtatis. Politólogo profesional en Ciencia Política y Gobierno. Analista de Políticas Públicas.
1 https://www.minagricultura.gov.co/noticias/Paginas/Precio-de-la-carga-de-papa-aumentó-de-$17-000-a-$31-800,-gracias-a-programa-de-compras-directas-que-adelanta--Minagricultur.aspx
2 http://www.portafolio.co/negocios/paperos-piden-subsidios-al-gobierno
3 http://tinyurl.com/crp7kbp
4 http://tinyurl.com/cjkyfk8
5 http://www.radioipiales.com/2013/08/de-holanda-y-estados-unidos-se-importa-papa-a-colombia/

Publicado enEdición Nº200
Martes, 24 Septiembre 2013 15:11

Santos no cumplirá...

Con bloqueos, luchas de calle y carretera miles de colombianos dieron orden: ¡Hay pueblo inconforme y rebelde! Por encima de todos los cálculos y previsiones políticas, alrededor del 29 de agosto hubo colapso en el país. Con más de 16 departamentos en agitación y protesta en las principales ciudades de la nación, dando un sí a la convocatoria de solidaridad que despertó la ruana ayer olvidada, hoy rescatada como símbolo de rebeldía agraria. La capital estuvo cerca del quiebre en su cotidianidad y mostró fragilidad en su abastecimiento. Por supuesto, al gobierno Santos le dio soponcio. Un malestar con efecto en las conversaciones de los colombianos en esos días, en las encuestas inmediatas y en la siembra de una duda sobre su futuro. Como señal inevitable de un pueblo que supera a sus dirigentes, y sus 'representaciones' actuales de todo orden, el carácter y la convocatoria "admitida" fueron rebasados por el temple de la protesta.

 

Con el Paro Nacional Agrario explosionó el sentimiento de ira de miles de productores agrícolas, tenedores de tierra minifundistas y medianos que están quebrados o en riesgo de quedar así. Por primera vez, en mucho tiempo no estuvieron solos. Contaron con los pequeños mineros, alguna convocatoria estudiantil de la Mane, de la Cut y con la novedad y el reconocimiento de algunos sectores de opinión. A su vez, las frases democráticas sobre el derecho de la protesta quedaron pisoteadas, en tanto y de facto, el Presidente declaró estado de sitio.

 

Con las primeras carreteras bloqueadas su respuesta fue la negación del paro y en una acción nacional en televisión abierta, acompañó la orden brutal al Esmad de disolver a los "desestabilizadores". En la vigilancia y represión, no solo los agentes de la policía con uniforme antidisturbios, sino también desde los helicópteros con su tremor y "mensaje de guerra", se lanzaron gases. Sin cambio en la correlación de poder entre oligarquía y pueblo, todo discurso y comportamiento de "la política" frente a la acción, la "paz" y la concordia resultó sorprendido: El del poder, la fuerza y los gremios económicos, el de la derecha, el de quienes quieren fisonomía en el "centro político" y de llamados al conformismo y la 'ciudadanía' paciente, el de la izquierda y el de la insurgencia.

 

Para los manifestantes y participantes en la protesta, la propaganda de los últimos gobiernos quedó reducida a paja: Aunque urde evasivas, con causa y responsabilidad directa y prolongada en la situación –ayer y hoy–, Juan Manuel Santos no puede ocultar que regresó de Londres en alfombra a ocupar el ministerio de Comercio Exterior con César Gaviria –fue su Designado– y menos, su condición de cómplice neoliberal en las leyes contra el derecho al trabajo y la salud de los entonces defensores, proponentes y senadores Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, de quienes luego fue ministro de hacienda y defensa.

 

De repente en la plaza pública, en las carreteras del país y en el vigor de los bloqueos, apareció un sujeto inadvertido, para muchos muerto, y para otros, pesadilla. Con nuevas reivindicaciones y memoria de incumplimientos anteriores, un amplio sector de pueblo rebelde, inconforme; paseó sus banderas, planteó defensa e hizo estaciones por la Carretera Panamericana, por la Troncal del Oriente, por la carretera Tunja-Bogotá y Bogotá-Girardot. Una vez más, el llamado "inconsciente social", la espontaneidad e inconformidad de quienes no están alineados en ninguna propuesta política, ni tradicional ni de izquierda, dejó sentir su grito y volumen con algo de claridad y expresiones –contenida hasta ahora– en su aspiración de un gobierno distinto y poder real –no son solo "desestabilizadores"–; sin que nadie estuviera atento; tal como ocurrió hace años en el paro cívico nacional del 14 de septiembre de 1977.

 

Sin advertir la situación que venía subterránea en un vasto sentir de la población, desde el campo popular la convocatoria repitió con el mecanismo de la Mesa Integrada de Interlocución y Acuerdo -MIA, un espacio de encuentro, sin debate a fondo, de los principales agrupamientos y actores de izquierda que tienen acción y presencia agraria. Sus componentes iban del Congreso de los Pueblos, a la Marcha Patriótica, con paso, por el Movimiento Indígena del Cauca y las diferentes Dignidades Agrícolas 'gremiales'.

 

Las energías acumuladas por años, evidencian ahora, con creces (potenciando la protesta), que los costos del libre comercio sobre el campo son más profundos que la simple discusión acerca de si son los efectos del Tlc con los Estados Unidos ó con Europa los que quiebran las bases de la economía campesina. A esa parcial dimensión la reducen los tecnócratas del gobierno actual. Ocultan que desde el gobierno de Virgilio Barco, la carrera neoliberal implica un profundo vuelco del campo, con agravamiento de la miseria y la situación social:

 

  • - Primero, con el desmonte del fomento estatal a la producción agrícola.
  • - Segundo, por la "apertura económica" de Gaviria, con aumento estrepitoso de las importaciones agrícolas, apalancadas por la reducción de los aranceles, que en su tasa promedio cayó de un 24 por ciento en 1986 a un 7,2 por ciento en el año 1994.
  • - Tercero, por la firma progresiva de decenas de tratados de libre comercio, los primeros bajo el trámite de Juan Manuel Santos, en su época de Ministro de Comercio Exterior, con el G3 (México, Colombia y Venezuela) y la Comunidad Andina de Naciones, después, un Tlc con firma entre la Casa Blanca y el gobierno Uribe-Santos que comienza a tener sus efectos.
  • - Cuarto, por la carencia de control fronterizo, pues Colombia a pesar de tener la proporción más elevada de miembros de las fuerzas armadas por habitante en América Latina (11 colombianos por cada miembro de las FF.MM.), carece de control alguno sobre las fronteras. Es más, la oligarquía colombiana usa para mantener su estabilidad, el mecanismo de permitir una frontera porosa, por la cual pasan cientos de productos de contrabando, los cuales inundan el mercado nacional y su producto, mecanismo que funciona como paños de agua tibia a la crisis estructural de las zonas fronterizas, léase, quiebra de ciudades como Cúcuta o la relación de la economía del Catatumbo, o Nariño y Putumayo con el contrabando de Ecuador y Venezuela.

 

Así Tlcs, sostenimiento y defensa institucional y paramilitar del latifundio, destrucción del fomento económico agrícola, ausencia de control fronterizo y reducción de los aranceles que incentivan la importación de mercancías agrícolas han sido algunos de los ingredientes del coctel neoliberal contra el campo.

 

De esta manera, con las características de la hegemonía internacional y la preeminencia de los intereses financieros, estamos ante el resultado de una guerra de larga duración contra la producción nacional, con sus bemoles en estos últimos seis años de crisis capitalista mundial. Sin embargo, no son las meras condiciones económicas las que hacen de la rebelión de las ruanas una posibilidad. Sin duda alguna, la pérdida de credibilidad en la acción del estado y en las élites, y la superación en algunos aspectos de los efectos del terror, hicieron eco en el resurgir de una acción de ruptura, por qué no beligerante, que pone en presente una extensión de la lucha que desmarca y va más allá del margen de los supuestos espacios civilistas y legales, para la resolución de conflictos sociales, que en su espera y acomodo sostienen el estado de cosas e injusticia. Pero surgió la contraparte.

 

Con el Paro Agrario Nacional la realidad política –no solo electoral ni del protagonismo bilateral en la Mesa de La Habana– vive el renacer de un sujeto social plural y diverso, con avance de interrelación campesina y urbana, campo-ciudad que acerca sintonía con la historia nacional, a la vez, que desnuda la magnitud y dificultad de la contradicción y de la lucha política, de poder y gobierno, desde los diferentes intereses sociales y de clases.

 

Independiente de sus características, el desenlace del Paro, esta vez de varios días, escribió otro capítulo de una novela con párrafos escritos desde hace varias décadas. Entre tanto, Santos aplicó una vieja táctica para enfrentar el Paro que a la larga le sirvió para navegar, sin dejar de estar perdido en la mar: Fracturó a la MIA, con negociación por aparte con los productores paperos de Nariño, Boyacá y Cundinamarca –agrupados en su mayoría en la iniciativa de Dignidad papera. Para el resto en paro, dispuso un tratamiento como lo ordena el manual represivo: aumento de la violencia y sindicación de su nexos con la insurgencia, al punto fariseo, de vincular la negociación de estos temas agrarios con la Mesa de La Habana y al nacimiento de la Mesa con el eln.

 

De la indignación en aumento tanto por la negación del paro como por los golpes del Esmad que transitaban en internet y en las noticias, hubo un salto a las iras urbanas. Algunos con cacerolas, otros, con piedras y bombas molotov, hubo disparos aislados –diferentes a hostigamientos guerrilleros–, todos en fin, fracturando la continua deidad del poder oligárquico, rompiendo la rutina de la sociedad pasmada, de esa que no ve o de un mirar a otra parte. Sucedió entonces, que decenas de miles de colombianos en la calle, o desde la cabecera y la vereda, con cientos de reclamos, o sin ninguno en concreto –la inconformidad basta–; constituyeron el vapor que en toda olla a presión tiene que pitar: el de los debilitados, los de nunca y sin voz. Ellos ante quienes, el régimen político y el gobierno fueron capaces de decir en un momento que no tienen nada que ofrecer. Apenas promesas de estudiar... cada caso.

 

Un escenario que tuvo protagonismos de rebeldía espontánea, con dolor, llantos, cuestionamientos a las organizaciones más cercanas y firmeza ante el inmediato de un Paro que desde la rebeldía, tiene un día después por resolver y no dejar pasar de largo. Porque, ¿quién capitaliza? ¿Quién en colectivo legítimo tendrá la primera línea en conducir la próxima batalla?

 

Están en el partidor: Atento y con audiencia, el cinismo uribista que nunca tuvo un sonrojo por los usufructos y el profundizar el libre comercio, ahora, trata de capitanear el momento, con argumentos como la falta de diálogo regional y la pérdida del principio de autoridad por parte del Ejecutivo. Desde su interés, rondan al presidente Santos el desafío del Paro y sus consecuencias inmediatas y mediatas, y para su defensa y perpetuidad, la élite económica con pañales de larga data, antes del narcotráfico, debe acomodar un referente de más tamaño que el partido de la U y el partido liberal. En la acera del frente, ante la inmensa lección motora con pies de campo y descontento, de inmediato, pocos toman la responsabilidad de reflexionar con sentido de poder.

 

Apenas como una referencia, en la inercia de las aspiraciones individuales, política electoral y su coyuntura, en el país alcanza base de configuración, "sectores medios" un "centro político", viable en sociedades europeas, con un conflicto distinto. En este rango, Progresistas y Partido Verde intensifican los contactos regionales. De este modo, en Boyacá, el intento propende por captar un naciente caudal electoral en busca de una tercería. En su esfera, el Polo a través del Moir rema igual, con otras palabras.

 

Y en otro ángulo, el Congreso de los Pueblos y la Marcha Patriótica con calendario y tareas en referencia con el provecho de las negociaciones de paz, asumen y proyectan pasos más largos en la movilización y la consigna de participación social, como recurso ahora urgente para defender y profundizar una agenda política de reconciliación, con vía a conquistas de democratización, que en el corto tiempo y bajo su exclusivo porte, no tendrán virtud de plenas.

 

De plano, en Colombia ocurrió un sacudón nocivo para el gobierno y cuestionante para el poder. Vista la movilización del Paro en su extensión y característica de choque y de tropel, quedó una orden: Dar curso a una amplia agenda de diálogo por la unidad social y política del país nacional que con miras a febrero próximo, corrija y de continuidad a las búsquedas locales con sentido nacional, y alce consenso en una plataforma de seguimiento con rigor a las "promesas" de Santos. O el Ejecutivo cumple antes de febrero o tropezará con una nueva o segunda irrupción del presente en lucha, y su espiral de otro futuro.

Publicado enEdición Nº 195


"Patria, naciste de los leñadores,
de hijos sin bautizar, de carpinteros,
de los que dieron como un ave extraña
una gota de sangre voladura,
y hoy nacerás de nuevo duramente,
desde donde el traidor y el carcelero
te creen para siempre sumergida.
Hoy nacerás del pueblo como entonces.
Hoy saldrás del carbón y del rocío"

América Insurrecta
Pablo Neruda

 

El pasado 19 de agosto el amanecer boyacense fue poco común. La neblina de cada día fue disuelta por el calor desprendido de los cuerpos de cientos de hombres y mujeres que dejaron sus herramientas de trabajo a un lado, encerraron sus animales y salieron a las principales carreteras de la región para impedir el flujo normal de automotores. Sus mentes, ojos, bocas, brazos y corazones iban cargados y transmitían coraje y dignidad.

 

Su avance no era espontáneo. La inconformidad con los precios a que venden sus productos, y el de los insumos y abonos necesarios para fertilizar la tierra, además de los incumplimientos oficiales con acuerdos firmados en otras protestas, los llevó a discutir y diseñar entre ellos un qué hacer. Es así como, organizados por veredas y municipios, se dieron cita al convite (trabajo comunitario) en defensa de su derecho al trabajo y a su cultura. Para que su protesta fuera efectiva, con palos, ramas y cuanto objeto encontraron se dispusieron a obstaculizar el flujo de los vehículos.

 

Los motivos que potenciaron tal determinación y nivel de energía eran repetitivos, estructurales y coyunturales, descargando sus efectos sobre la familia campesina y la producción agropecuaria de la región:

 

Hoy recorren estos campos elevados niveles de pobreza, desigualdad y desnutrición; brilla por su ausencia una institucionalidad democrática y una política agraria integral que garantice asistencia técnica, protección económica, comercialización justa, regulación de precios, inversión social, incentivos productivos y reconocimiento social y político al sujeto campesino.

 

Mientras tanto los hombres y mujeres que cultivan estas tierras son abandonados y lanzados a las "garras invisibles" del mercado, se importan millones de toneladas de alimentos y se firman tratados de libre comercio a diestra y siniestra. Tan preocupante es la situación que algunos campesinos prefieren perder su cosecha antes que venderla, ya que los costos de producción son más altos que los precios de venta del producto (producir una carga de 100 kilos de papa cuesta entre 70 - 75 mil pesos y esta se vende a 30 mil pesos, por mencionar solo un ejemplo).

 

Y como si fuera poco esta linda tierra es víctima del oportunismo y clientelismo de los políticos tradicionales de turno que no han hecho más que reproducir con nuevos matices la lógica histórica del bipartidismo para satisfacer los intereses de grupos minoritarios en la región y someter a la población al mal endémico del ultraje y el engaño, negando el desarrollo, realización y enriquecimiento colectivo de la condición humana y sus posibilidades de bienestar social.

 

Ante esta realidad, la protesta quedó como último –pero efectivo recurso– para que quienes llenan con sus productos la mesa de sus connacionales se hicieran sentir. Es así como los primeros días del paro fueron bloqueadas las vías consideradas arterias del departamento, las mismas que conducen desde la capital del departamento –Tunja– a Bogotá, Sogamoso, Chiquinquirá y de Sogamoso a Yopal. En estos lugares se libraron verdaderas batallas campales entre la llamada fuerza pública y el Esmad contra grupos de campesinos, dejando un saldo numeroso y nada alentador de al menos 648 detenidos, 300 heridos y atropellados en sus derechos básicos.

 

Pero ésta, la presencia clásica del Estado nada pudo, a pesar de su superioridad bélica y su disposición mental a golpear, herir y apresar. Por ello, con el transcurrir de los días y ante la soberbia y violencia del poder el paro agrario se fue agudizando y radicalizando, adquiriendo fuerza y tomando rostro, sumando más manifestantes, despertando la solidaridad de jóvenes, estudiantes, profesores, trabajadores, desempleados y amas de casa, y elevando el tono de la protesta en extensión y profundidad, hasta llegar a bloquear e incomunicar al departamento en su totalidad.


En pocos días Tunja, Ventaquemada, Paipa, Duitama, Sogamoso, Chiquinquira, Sotaquira, Cucaita y el Valle de Tenza, entre otros municipios y regiones, vivieron convulsiones e inesperadas manifestaciones de protesta, y diferentes acciones de solidaridad, desde actos simbólicos como cacerolazos nocturnos y leche derramada y regalada, pasando por marchas, bloqueos, plantones, consignas y pancartas, hasta enfrentamientos con la fuerza pública que condujeron a las autoridades locales a declarar toques de queda y decretar militarizaciones municipales como un acto claro de consternación e impotencia.

 

Y con el alba y el anochecer de cada día, la fuerza social se multiplicaba. El poder dominante sintió que Bogotá iba a quedar sitiada. Por ello, tras 18 días de paro la respuesta del gobierno nacional (luego del garrote, la represión y la mentira) fue el despliegue de un paquete de medidas de control para contener la situación y desviar la atención pública nacional sobre el tema del paro: con mesa de concertación y diálogo a bordo, con un denominado pacto nacional agrario desde arriba (donde una vez más el ausente será el protagonista principal de estas luchas), con crisis ministerial, maniobras electorales y nombramientos desesperadamente planificados como el del ministro de agricultura Rubén Darío Lizarralde, el cual confirma la máxima del poder: "cambiar algo para que todo siga igual".

 

La ventana abierta

 

Tras esta pequeña radiografía, y con el levantamiento de los bloqueos en la mayoría de regiones bloqueadas, es importante reflexionar sobre las lecciones dejadas hasta ahora por el Paro Nacional Agrario:

 

  1. Expresar y reconocer, como una píldora para la memoria y un antídoto contra el olvido: la crisis que desencadenó el levantamiento campesino tiene nombres y apellidos propios; los Gaviria, los Samper, los Pastrana, los Uribe y los Santos, entre otros, o sea: los de siempre. ...Aquellos quienes pertrechados desde el poder impusieron un estilo de vida, un régimen político y un modelo económico profundamente desigual, excluyente y violento en nuestro país. ...Aquellos quienes desde los medios de comunicación contaminan la opinión pública, manipulan la información, desdibujan la realidad e imponen extrañas "verdades". ....Aquellos quienes declaman desde las universidades y los centros de investigación el recetario neoliberal y reducen la vida nacional a formulas económicas y dogmas tecnocráticos. .... Los mismos que en alianza con las multinacionales e instituciones multilaterales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional) diseñan, definen y aplican la política del despojo y la violencia del autoritarismo neoliberal.
  2. La capital del país, gran urbe en constante crecimiento, pese a su copamiento y control oficial militar, con su tejido urbano cada vez más individualista, padece de dependencia alimentaria. La ciudad, por esta y otras razones, se debe a la región y las poblaciones que la rodean.
  3. La aparente pasividad de la gente del campo, los mismos que se alzaron en la época de Los comuneros y de la Campaña Libertadora, tiene un límite, el cual cruza entre los intereses particulares y las fracturas del poder dominante. Lograr que estas coincidan se convierte en un factor fundamental para propiciar que la democracia deje de ser un rito y se traduzca en un ejercicio cotidiano de vida y justicia.
  4. Ante la protesta social, organizada y prolongada, los grandes medios de comunicación ven resquebrajadas sus maquinarias de tergiversación de la realidad. Su propaganda, con los mensajes y consignas oficiales, tiene un límite, el cual se desgasta –ante las evidencias– con el paso de los días. Factor aún más posible de develar con la entrada en escena masiva de las nuevas tecnologías de la comunicación, ahora en manos de miles. Este factor es actuante y potente.
  5. El levantamiento social, como memoria, ejemplo y acción, marca la conciencia social y proyecta un posible camino por seguir, lo cual aporta para romper con la fuerza de la costumbre (esa fuerza peligrosa que anestesia la sociedad y naturaliza el hambre, el olvido y la exclusión).
  6. La movilización campesina, enseñó, además, que comer es político, así como trabajar y vivir dignamente también lo son. Que para poder comer, trabajar y vivir dignamente es necesario luchar, desbordando de indignada creatividad los cauces de esta nación, pintando sus suelos de vida, felicidad y esperanza popular.

 

Es por todo esto, que tal vez hoy –más que nunca– tendremos que hacer nuestras las reflexiones de Boaventura de Sousa Santos cuando en uno de sus escritos nos expresa que "Esperar sin esperanza es la peor maldición que puede caer sobre un pueblo. Y la esperanza no se inventa: se construye con inconformismo, rebeldía competente y alternativas reales a la situación presente". Agregaríamos a esto que para continuar tejiendo la esperanza popular hoy en Colombia tendremos que "nacer de nuevo duramente" dando un paso hacia adelante en la búsqueda de la tan anhelada unidad de los de abajo. He aquí el gran desafío de nuestro tiempo.

Publicado enEdición Nº 195
Martes, 24 Septiembre 2013 14:30

Ganancias e incertidumbres

Ganancias e incertidumbres


Luego de un mes de paro agrario no son pocas las ganancias del movimiento popular, el cual, sin recoger a la totalidad de expresiones sociales y matices políticos ha logrado posicionarse como un actor fundamental de la vida nacional, al tiempo que ha centrado en la agenda mediática varios temas que hoy discuten desde académicos hasta la gente en las cafeterías y calles. Sin embargo la extenuante jornada de movilización saca a flote deficiencias y límites, dejando un manto de incertidumbre sobre el futuro inmediato del movimiento. Veamos:

 

Las ganancias

 

  1. El paro agrario logró, como no sucedía hace mucho tiempo, cubrir en simultáneo varias regiones del territorio nacional y mantener en el tiempo las acciones de movilización. Se presentaron en marchas, bloqueos, plantones, y otras acciones, en 19 departamentos, así: Nariño, Putumayo, Cauca, Huila, Caquetá, Tolima, Valle, Risaralda, Meta, Guaviare, Arauca, Casanare, Boyacá, Cundinamarca, Santander, Norte de Santander, Antioquia, Atlántico y Bolívar, siendo el sur del país la región donde más gente se movilizó y donde también la represión de la fuerza pública fue más brutal.
  2. A la jornada concurrieron, de forma simultánea, tres expresiones del movimiento agrario, que han tenido dificultades para actuar de manera unitaria y permanente: Salvación Agropecuaria (y con ella Dignidad Cafetera, Arrocera, Papera); la denominada Mesa Nacional de Interlocución y Acuerdo Agropecuario –MIA–, que agrupó a Fensuagro, a la Asociación de Zonas de Reserva Campesina –Anzorc– y a sectores de Marcha Patriótica, otras expresiones regionales del campesinado. y el Coordinador Nacional Agrario –CNA–, proceso campesino articulado al interior del Congreso de los Pueblos que reúne 24 organizaciones de base regionales. Aunque sin una centralización de la dirección del movimiento, entre los tres procesos lograron el suficiente volumen de acciones para que el paro se sintiera a nivel nacional e internacional, a pesar de los intentos del gobierno por restarle perfil.
  3. Con esta columna vertebral de movilizados, otros sectores vieron la posibilidad de impulsar sus acciones, destacándose la concurrencia de los transportadores agremiados en la Asociación Colombiana de Camioneros –ACC– y los trabajadores de la salud agrupados en Anthoc. El espacio que posibilitó el encuentro de todos estos sectores fue la Coordinación de Movimientos Sociales y Políticos de Colombia –Comosocol–, que hasta antes del paro se había mantenido en un estado de sobrevivencia y sin mayores protagonismos. El movimiento sindical, principalmente la CUT, jugó un papel importante de soporte de esta coordinación al brindar apoyos logísticos para las acciones de los movilizados, aunque fue notoria la ausencia de fuerza laboral en el paro.
  4. Un hecho significativo de esta jornada fue el posicionamiento del tema agrario en el conjunto social: aspectos tales como la necesidad de revisar los tratados de libre comercio, la reivindicación de la producción campesina, la necesidad de parar la importación de alimentos, se incorporaron a las agendas tanto mediáticas como sociales. Al mismo tiempo, se posicionó la figura del campesino en el conjunto de la sociedad, expresado en solidaridad con el paro a través del uso de la ruana, el poncho y el sombrero, hasta la concreción de manifestaciones políticas masivas de respaldo a la lucha agraria a través del cacerolazo. Sin duda alguna este rápido despertar de la conciencia social pesó al momento de definir las respuestas por parte del gobierno, el cual vio decrecer su credibilidad a la par con la represión y el desconocimiento de las demandas sociales.
  5. Los medios masivos de comunicación no lograron evadir y desconocer la contundencia de la movilización y durante días el tema del paro, las demandas y pliegos, los enfrentamientos y acciones de lucha ocuparon las primeras imágenes, titulares y planas de noticieros, diarios y revistas. El desabastecimiento alimentario, los cacerolazos, la cercanía de las acciones a las grandes ciudades pusieron contra las cuerdas al gobierno, el cual más torpe que nunca recurrió a la fuerza y persecución como salida a la crisis. Si bien no se puede decir que la renuncia ministerial o la caída en la imagen del Presidente se deban solo al paro, éste tuvo peso como contexto y causante de estos fenómenos.

 

Los límites y obstáculos

 

  1. Las reuniones de coordinación y las interlocuciones entre procesos movilizados se multiplicaron, lográndose un seguimiento del paro a nivel nacional, sin embrago no se logró ir más allá de los comunicados conjuntos y algunos intentos de coordinación de comisiones de trabajo. La diferencia de tácticas y métodos fue alejando la posibilidad de lograr consolidar una dirección unificada del movimiento. Mientras para unos lo central era lograr negociar con el gobierno puntos concretos, para otros se trataba de cuestionar el modelo agrario y presionar un debate nacional. De igual manera, en los puntos de movilización regional los estilos diferenciados fueron separando a sus actores, obligando a que cada cual estuviera solo en lugares específicos.
  2. No se logró consolidar un pliego unificado. Precisamente los énfasis y diseños tácticos obligaron a pliegos dispersos, así hubiese ejes que todos reivindicaban. Esta separación de las demandas facilitó al gobierno la negociación separada, lo que facilitó desgranar la mazorca a través de acuerdos parciales de orden departamental, sectorial o regional, sin que ninguno de los cuales lograra expresar el espíritu del movimiento y de la sociedad. En este sentido las demandas del paro no fueron resueltas, situación que puede leerse en dos sentido: el gobierno logró desgastar el movimiento, sin dejarse imponer una mesa nacional o, bien. el paro quedó en punta y abierto a nuevas iniciativas y acciones.
  3. Aunque el paro recogió una confluencia grande e importante de luchas y procesos, es indudable que faltó y falta gente: el movimiento indígena, que ha logrado posicionamientos importantes y pesa en la vida social y política del país no se hizo presente; su expresión se limitó a una importante pero aislada marcha de respaldo al paro que llegó a la ciudad de Popayán y se diluyó. Por otra, el movimiento estudiantil no logró levantar de nuevo la vitalidad expresada en la Mane; otros sectores importantes del mundo sindical tuvieron comportamientos diversos: la USO logró hacer un paro de solidaridad de 24 horas que no pesó en la correlación de fuerzas, y el magisterio se alejó voluntariamente del paro, privilegiando los acuerdos por arriba y de espalda a sus bases.
  4. Este paro fue más masivo y de más duración que el del 77, pero no logró cuajar en las ciudades. La debilidad de los procesos urbano-populares impidió la participación organizada en la jornada, limitándose a hacer acciones de solidaridad, sin una agenda política propia. Por otra parte, ese déficit de trabajo político y organizativo facilitó las acciones de sabotaje del paro, dejando al vaivén de fuerzas espontáneas o de grupos –no propiamente políticos y populares– la definición de las acciones en el marco de la jornada. Ese mismo déficit impidió que se capitalizaran mejor las evidentes y masivas simpatías sociales con la movilización agraria. El paro fue, en fuerzas organizadas, en lo fundamental rural y regional, cuestionando de nuevo a los procesos sociales y políticos urbanos, y sus métodos y horizontes de construcción.


El cierre: una cumbre para convocar otra cumbre

 

Por acuerdo de las principales fuerzas agrarias movilizadas en el paro se convocó a una Cumbre Agraria, Campesina y Popular, la cual dejó un mensaje claro contra el Pacto agrario del presidente Santos, pero sin lograr avanzar en recoger los acumulados del paro. Aunque la Cumbe demostró la capacidad organizativa –principalmente de las organizaciones campesinas– al concretar en pocos días la Cumbre, ésta no logró expresar su carácter de popular, por lo cual se asistió –en lo fundamental– a otro escenario del debate de agendas y tácticas entre el Coordinador Nacional Agrario y la MIA.

 

Un avance de la Cumbre fue la vinculación del movimiento indígena a la agenda política agraria, pero fue evidente la ausencia del movimiento obrero, del estudiantil, del urbano y de los afros, por no mencionar procesos más específicos tales como los juveniles y de mujeres. De igual manera fue grande el vacío generado por la ausencia de Salvación Agropecuaria, automarginados de escenarios más complejos pero más colectivos.

 

Pero, quizás, esa clarificación de los debates y precisión de las diferencias entre los procesos agrarios sea el mayor aporte de la Cumbre ya que aterriza la perspectiva de unidad popular, develando el camino tortuoso por recorrerse hasta lograr unificar precisamente el campo de lo político y trascender el de las buenas intenciones.

 

Debates tales como la unidad en diversidad y la necesidad de convivir en un mismo territorio que tienen distintos pueblos y distintos proyectos políticos, la posibilidad de construir direcciones sociales y políticas colectivas –en oposición a vanguardias autoreferenciadas y únicas–, el reconocer que la fuerza de los proyectos no solo está en su magnitud y cantidad, sino también en la justeza de sus luchas, la necesidad de un proyecto de nación nuevo, incluyente, de verdad democrático, y la imperiosa necesidad de paz con justicia social, con amplia participación desde la base, se colaron con fuerza en la larga maratón de intervenciones que caracterizó la Cumbre, llevándola del terreno meramente agitativo al de la batalla de ideas tan necesario hoy para el movimiento popular.

 

La Cumbre, quizás sensible a estos debates sin resolver, convocará a un nuevo capítulo reflexivo, en el cual se deberá avanzar en brindar respuestas a las viejas y nuevas preguntas que indagan por los caminos de largo plazo para el movimiento popular. Cumbre que, alimentada por la fuerza aún caliente del paro, deberá avanzar en una respuesta integral por la táctica y la estrategia de poder del pueblo colombiano.

 

* Corporación para la Educación, el Desarrollo y la Investigación Popular - Instituto Nacional Sindical. www.cedins.org

 


 


Concierto en Fusa mayor


El alivio de viajar sin tropiezos desde Bogotá hacia Fusagasugá el martes 27 de agosto, el día siguiente al del asesinato del joven campesino Juan Carlos Acosta, empezó a revelar su verdadero rostro cuando llegué a una terminal de transporte fantasma, en la que solamente aparecían de vez en cuando uno que otro taxista. Cuatro o cinco desconcertados pasajeros esperamos en el paradero de buses por pocos minutos, los más decididos o adinerados se embarcaron en taxi y los demás nos encaminamos hacia Fusagasugá, una población andina que sólo asciende y que, abierta en cañadas, impide desplazamientos horizontales. Al llegar a nuestro destino, la avenida Las palmas no difería en mucho de la carretera que habíamos recorrido desde Bogotá: a excepción de taxis, unos pocos carros particulares y peatones, soledad y silencio.

 

 

La vida pública quedó congelada sin saberse por cuánto tiempo. A la entrada de la universidad de Cundinamarca un comunicado de la rectoría anunciaba la suspensión de actividades hasta "nueva orden". El primer diálogo en confianza que este cronista improvisado pudo tener fue acerca de la muerte del joven campesino. Sí, efectivamente habría recibido en su humanidad el impacto de un dispositivo portador de gas lacrimógeno pero lo que habría causado su muerte no fue este golpe sino el golpe en la nuca al caer hacia atrás por efecto del impacto del proyectil portador del gas. Y, además, la soledad y el silencio serían cuestión de pocas horas porque, "ahí nomás, a muy poca distancia, estaría, como habría estado desde siempre, la guerrilla". La versión era evidentemente sesgada pero servía para explicar el porqué hacia el filo del mediodía de un martes, Fusagasugá se negaba a asomarse a la calle.

 

A eso de las dos de la tarde apareció el primer síntoma de que algo estaba por expresarse. El hospital municipal se encuentra en un cruce de avenidas por las que ya ni siquiera circulaban los pocos carros de unas horas antes. Unos cincuenta campesinos permanecía en la mitad del cruce, algunos portando banderas de Colombia, mal podría decirse que bloqueando las avenidas. En efecto a unos doscientos metros la policía desviaba los carros. Sin embargo una cafetería situada justamente en el lugar más apropiado para el goce de ver el pasar y pasar de la gente estaba llena. Cuando apareció a lo lejos la marcha, se armó el revoloteo en la cafetería. Apurado el tinto quedaba la alternativa de encerrarse o de salir. Se trataba de un número no mucho más grande que el de unas cien personas, la gran mayoría campesinos, portando el féretro a buen paso, sin la artificialidad ceremoniosa de los urbanos en circunstancias similares. En unos dos minutos se evidenció la dinámica de soledad de los campesinos, de silencio de los citadinos.

 

Otras dos horas después la plaza central de Fusagasugá estaba rodeada de ejército, en los hechos impidiendo mediante requisas exhaustivas y petición de documentos el paso de los que pretendíamos llegar hasta donde los campesinos se habrían ubicado a acompañar el féretro. Allí permanecieron la noche del martes y la mañana del miércoles. Según me enteré el miércoles por la tarde allí recibieron la oferta de aislarse de los estudiantes –los supuestos promotores de la violencia– y allí mismo con el difunto aún vivo en sus corazones se negaron a semejante sugestión con el argumento de que, por el contrario, los estudiantes habían cumplido un papel moderado y solidario no sólo en los incidentes que dieron lugar al asesinato sino en el proceso que estaban viviendo.

 

La mañana del miércoles continuó el ritmo anterior, como si nada estuviese ocurriendo. Hasta las dos de la tarde, al parecer la hora de los acontecimientos, cuando en la dirección del terminal de transporte, de nuevo en la avenida de Las palmas, se avizoraron columnas de humo, grupos de caminantes, campesinos la mayoría, que comentaban lo que ocurría unas cuadras abajo. Uno de ellos dijo que "el combate estaba bueno", desplazándose con la misma prisa de todos, los que ya nos encontrábamos de regreso. Estampidas de motos, de camiones de la policía, de grupos de campesinos que se escabullían por las callejuelas aledañas. Estábamos más rodeados que un ratón en el laberinto. Otro ciudadano nos informó que el terminal de transporte estaba cerrado, que en ese mismo lugar la policía había intentado desviar un grupo de campesinos que venían a acompañar el funeral y de ahí se habían desatado enfrentamientos. Un campesino de edad algo avanzada nos explicó que ellos venían en paz pero que la policía los había agredido. En las carreras la gente se comunicaba, éramos la masa de la retaguardia. Definitivamente no se podía viajar.

 

Sin embargo el final de esta historia fue sorprendente, por lo menos para mí. Desde la inmensa distancia que se percibe cuando aparecen en los noticieros las señales de un posible arreglo en la mesa de negociaciones entre el gobierno y los dirigentes del Paro Agrario, se justificaba la sensación de que el ruido de cacerolas, que escuché a eso de las ocho de la noche al oriente de la ciudad, era un asunto allí circunscrito, a la vecindad de la salida hacia Pasca. No fue así. En el regreso del jueves pude constatar que las cacerolas habían sonado en buena parte de la ciudad, en evidente respaldo a los campesinos.

 

Ahora que lo pienso en esas sesenta horas Fusagasugá vivió los avatares de la vida colombiana de los últimos veinte años: la secuencia de muerte, cordones de aislamiento por parte de la fuerza pública y el consiguiente retraimiento y velación por parte de los campesinos, que concluye con una manifestación breve y simbólica pero inolvidable de acompañamiento por parte de una población significativa de citadinos.

 

Dicen que al morir el individuo revive en unos pocos segundos la vida que concluye. Por el contrario, al renacer, una sociedad recuerda sus orígenes, recrea sus héroes. Las imágenes de estos campesinos olvidados estarán ahí mostrándonos lo que no hemos dejado de ser, solidarios, así en otros momentos cerremos las puertas.

Publicado enEdición Nº 195
El pueblo en primera final, la izquierda en retaguardia

El día antes de la marcha de protesta nacional y en las primeras horas del 29 de agosto, altos oficiales de la policía en Bogotá con inusitadas llamadas, cotejaban datos, antes de la orden final de reventar la marcha que iba al centro. Por sus canales,
las bacrim dieron su informe: "Los campesinos y los estudiantes iban a tomar la Plaza de Bolívar y a no desocuparla". Paz y lucha social con deuda de reivindicaciones acumuladas, parecen antagónicas. Más que de influencia electoral, el Paro Agrario marcó en el mapa el «área de desempeño» inmediata –reclamo de cumplimiento a Santos– y de mediano plazo, para la lucha política y de poder.

 

Sin una presencia activa, el conjunto de todas las organizaciones políticas resultaron distantes, insuficientes y con retraso con respecto al Paro Agrario Nacional. Cómo no señalar, que hay una brecha entre el grito que hubo en las calles y bloqueos: ¡Abajo Santos!, y el decir y propugnar que Santos gobierne dos años más, como garantía para un Acuerdo de Paz. La paz estable compromete al Estado en su conjunto, y sólo si es débil, o en su único y parcial interés depende de la circunstancia de un determinado funcionario.

 

Con un cese de fuegos distante, dada la compleja perspectiva de la firma en la Mesa de La Habana y de ¿una próxima de Montevideo con el eln?, en unas conversaciones con amenaza jurídica encima y la presión de finalizar a la carrera, antes de marzo o mayo –oportunidad en todo caso, para un más amplio sector del pueblo de descubrir la esencia del poder y sus ausencias de Estado–, y ya debajo del más alto punto de tensión y movilización social en los últimos años, las farc anunciaron una consulta interna.

 

Con paradoja y contraste frente al Paro que alzó ardor y grito –masa y descontento con advertencia y capacidad de presión política que tendrá repercusiones en la Mesa– el notorio silencio guerrillero, con el interrogante de una fatal emboscada conjunta –¿como acompañamiento?–, arroja además otras preguntas: ¿Fue una táctica? ¿Da pasos una variación de línea estratégica? ¿Tuvo motivo en la contradicción-distancia social y urbana que afecta a la insurgencia? ¿Resultó por un freno que determina la iniciativa-eficacia de los cercos y penetración de las fuerzas armadas? ¿Evidencia incapacidad operativa y poca agilidad?, o, ¿Fue un aporte de la guerrilla a la paz, que aún no juzgan oportuno declarar así?

 

Unas son de cal...

 

Ya con voz de funcionario en ascenso y carrera, Luis Eduardo Garzón dijo en un programa radial de los domingos: "Estamos en transición del conflicto armado al conflicto social". Un novísimo patrón de enfoque que tiene admiradores, aunque tenga y deje un interrogante: ¿Sólo hasta ahora, en Colombia no hubo antes conflicto social? En cuanto a este asunto, el Paro Nacional Agrario mostró que el terror por lustros, la represión y persecución política y el largo actuar impune de Álvaro Uribe con aristas todavía de prolongación –tres años como gobernador de Antioquia (1995-1997), un ínterin de cinco, y ocho años Presidente–, ablandaron y postergaron, pero no acallaron en definitiva como era su propósito, la inconformidad en el país y el sobresalto característico de sus luchas.

 

Con el correr del día jueves 29, fue evidente la decisión policial de agrandar los disturbios a punta de gas con los true fly y partir con provocaciones la marcha en varios tramos. No dejarla llegar a la calle 10 con séptima. Antes de la media tarde, tendrían que garantizar que la Plaza quedaría libre. Conocedores de esta táctica, varios policías del esmad disparaban las bombas sin orden del oficial directo. Y sin motivo, los chorros de agua rociaron a la gente en la calle 12, asimismo, en coordinación temprana, las motos prendían furrusca en la carrera décima.


Con revoloteos en Palacio y muestras de reducción de gobernabilidad del presidente Santos, con tanto paro, no podían dejar, no había espacio "político" democrático para una foto en particular al otro día. No, para la fotografía de una "plaza de indignados" llena, testigo y albergue de un amanecer y resistencia nocturna en la protesta. No: Por el efecto multiplicador de esta foto en el resto del país y las ciudades capitales de departamento. En esa situación la masa no estaba para bollo ni para arriesgar a un desocupe de la plaza, que resulta fácil a cuatro pelotones del Esmad con 48 efectivos y gas a la lata desde las cuatro esquinas, y con el dominio del quicio alto del Palacio de Justicia.

 

Un raspón en las conversaciones de paz

 

El reciente Paro Nacional que discurrió sin la cohesión suficiente para variar la correlación política y la ventaja de iniciativa que exhibe y aprovecha el poder tradicional, en todo caso, sacó a relucir la existencia de una porción de base popular y masa espontánea, que a la altura de este siglo, en una expansión gradual que ha sido lenta de un sentir antioligárquico, es un tanto más amplia, y sobre todo, con disposición al reclamo, a la calle y al bloqueo.

 

Un factor nuevo que nadie admite en su verdadera dimensión y naturaleza, y que en los hechos constituyó, una vía forzada, impuesta, de visibilidad de la realidad social y reivindicativa, y de una participación social de sopetón, más a fondo que los eventos y tareas derivadas de La Habana. Por ahora, esa masa en actividad, ya arrancó una palabra al presidente Santos en relación con el eln, guerrilla que desde hace unos años debate internamente las tareas de un "viraje táctico".1

 

Asimismo, es un factor que presiona con brazo invisible por esclarecer la responsabilidad histórica del conflicto. Es más claro hoy, que después del 29 de agosto, y en el transcurrir del día después del Paro... bajo la alerta y vigilancia social del cumplimiento o no de las promesas oficiales, que el Presidente la tiene menos fácil, para un aplauso 'unánime' de ultimátum a la guerrilla en cuanto a desmovilización y "dejación de armas", sin tocar el statu quo de privilegio.

 

¿Qué cambió desde aquel 14 de septiembre de 1977?

 

Con un saldo de confrontación abierta y expectativa de victoria popular, aquel Paro Cívico Nacional –pcn– constituyó el ejemplo y modelo para volverlo a organizar pronto... En el acervo del proyecto guerrillero una jornada así, daría señal al comienzo, legitimación y arrestos de una "ofensiva general", y sus pasos de avance en el asedio estratégico a Bogotá y de profundizar la penetración y copamiento periférico en Medellín, Barrancabermeja y Cali. El historiador y profesor Medófilo Medina, en el prólogo del libro Farc-ep Temas y problemas nacionales 1958-2008 –que compiló Carlos Medina Gallego–, encontró "sorprendente el parecido de las lógicas en las que asimilaron, tanto el Gobierno como la subversión, las consecuencias de aquella asombrosa y vasta movilización popular. El pcn se asumió por ambas partes, en clave de insurrección (...) Para las guerrillas al pcn había que ponerle los "fierros" para producir el gran cambio. [...] Con un enfoque normativo concluyeron que la disponibilidad de la muchedumbre política era susceptible de ser aprisionada en los cauces de la política de la 'combinación de las formas de lucha" 2. Tres meses después, el general Camacho Leyva entró a Palacio a exigir el Estatuto de Seguridad.

 

En las circunstancias de ahora, destaca que la rebeldía popular no contuvo su ira, que la represión protagonizó episodios de violencia inconstitucional, que la oposición política no pasó de la expectativa, y que la insurgencia transita, construye y refleja como quehacer principal: una "imagen institucional" con asientos en la Mesa.

 

1 Este artículo usa la denominación que empleó en Venezuela, la guerrilla ya en su mayoría en situación clandestina y sólo con un "frente militar de carrera" –tuvo como militante al entonces capitán Hugo Chávez Frías, María José y Caridad eran los seudónimos de sus contactos– y las tareas de solidaridad continental del PRV-Ruptura, bajo dirección de Douglas Bravo.
2 Página 19, segundo y tercer párrafos. Carlos Medina Gallego, Docente investigador. Facultad de Derecho y Ciencia Política y Sociales-Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa/Actores armados. Primera Edición 2009

 


 

 

Denuncian líderes campesinos

 

"El pacto agrario se parece al de Chicoral"

 

Al iniciar la década de los años 70 del siglo XX, los terratenientes se reunieron en Chicoral –Tolima– para pactar una serie de medidas encaminadas a acallar y eliminar los movimientos sociales campesinos que por esa época sacudían al país. Su reunión dio a luz el llamado Pacto de Chicoral.

 

Todo el Pacto estaba encaminado a combinar las formas de lucha para aplastar las protestas populares y campesinas; se acordó fortalecer los grupos armados descendiendes de los llamados bandoleros y crear otros en las regiones donde no existían, enfrentar en todos los escenarios cualquier intento de reforma agraria y ejecutar una serie de acciones para robarle la tierras a los campesinos pobres y medios. 41 años después de aquella reunión propiciada por el gobierno de Misael Pastrana, el actual Presidente propicia un nuevo Pacto agrario, con similares pretensiones que el facilitado por su antecesor.


Según el líder campesino Andrés Gil, el pacto Santos pretende fortalecer a los gremios agrarios que fueron los únicos que respondieron a la convocatoria realizada por el Gobierno para ver cómo se repartían las utilidades ofrecidas por el Ejecutivo tras su pretensión reeleccionista o de control de la Unidad Nacional. De paso, intentar aplastar la unidad de los campesinos pobres.

 

Y amplió: "Son intentos políticos, económicos y militares que pretenden comprar con subsidios a quienes lo suscriban, y desviar de la agenda los grandes temas –como los tratados de libre comercio, la tenencia de la tierra, las políticas que obligan a los monocultivos y las reglamentaciones que atentan contra los campesinos, y buscan el despojo".

 

Para el líder campesino ningún punto de ese Pacto recoge las necesidades planteadas en el paro nacional agrario, del mismo están ausentes los temas mineros, territoriales, agropecuario, acceso a la tierra y economía campesina.

 

Otras voces

 

El representante a la Cámara por las comunidades indígenas, Hernando Hernández Tapasco, respaldó las declaraciones de Gil y aseguró que las medidas de Santos solo benefician a los grandes empresarios del campo, pero el compromiso con los comprometidos en el paro agrario era la toma de un conjunto de medidas encaminadas a mejorar las condiciones de vida de los más necesitados.

 

Según el Representante Hernández Tapasco, –Tenemos la responsabilidad de continuar luchando por la unidad de todas las clases populares para reclamar una verdadera reforma agraria integral, además de buscar una consulta para que sea el pueblo el que se pronuncie sobre temas como el TLC y todos los megaproyectos nacionales".

Publicado enEdición Nº 195
Martes, 24 Septiembre 2013 11:39

Fogonazo y memoria del paro

Fogonazo y memoria del paro

Una radiografía del Paro Nacional Agrario enseña que el Estado no renuncia a la violencia como método para dirimir los conflictos sociales: 338 heridos, 15 muertos y cientos de detenidos.


Desde el 19 de agosto y hasta el 6 de septiembre, el país sufrió un terremoto social. Desde Boyacá –como una segunda Campaña Admirable– se escuchó el grito que fue llamamiento, con el que la nación toda, en especial las grandes ciudades, sintieron el remezón del país agrario, que se hacía escuchar de nuevo con su acento en la acción. Aunque el vozarrón provenía desde el Pantano de Vargas la fuerza motora tomaba fuerza más allá, en los departamentos de Nariño, Valle del Cauca, Putumayo, Arauca, Risaralda, Santander y Caquetá.

 

Inicialmente, 7 departamentos prendieron la chispa; fueron suficientes otros 3 días para que se sumaron otros 12 departamentos. El paro nacional agrario sí existía, las acciones espontánea de miles de campesinos tenedores de tierra, de aquellos que –No piden dinero sino políticas agropecuarias–, desataron una feroz respuesta del gobierno, que son su tradicional proceder habilitó, primero, la violencia, segundo la macartización y, por último, la instalación de mesas de concertación. Un libreto, en síntesis, tan reiterado y gastado como el de las telenovelas mexicanas.

 

 

La violencia

 

Por primera vez el país nacional se conmovía ante la evidencia de la generalizada violencia oficial, operativizada por la mal llamada –Fuerza Pública– –Policía–, secundada por el Ejército. El Coronel Rafael Alberto Méndez, se convirtió en la pieza clave de una asonada de represión en la cual el Esmad funcionó como vanguardia. La imagen de 19 departamentos bloqueados, incluidas las principales carreteras de la red vial nacional: la Panamericana, las troncal del Oriente y del Magdalena Medio, la vía Bogotá Girardot, Bogotá Tunja, además de aquellas barricadas que cerraban territorios en la capital de la república, reprodujo en el poder, en lo fundamental al interior del militarismo, la idea de que el régimen estaba en peligro. De esta manera se habilito a la "Fuerza Pública" para los desmanes en protección de la gobernabilidad y como salvaguarda de su fuerza, ahora puesta en duda no solo por el uribismo sino también por los movimientos sociales.

 

Trágico balance

 

Un muerto en Rionegro-Antioquia, 2 en el alto El Moral-Boyacá, uno a la altura de la carretera Buga-Tulua en la Panamericana y uno en Fusagasuga, permiten apreciar la intensidad y el escenario como desde la institucionalidad decidieron definir la confrontación que se acumulada en las goteras de Bogotá, Medellín y Cali. Corrieron, así, un riesgo que les salió costoso: alzar la intensidad de una confrontación de gases, balas de goma y armamento contra piedras, lo que desató los bafles de resonancia en todo el país. Colombia se había acostumbrado a las protestas periféricas, bloqueos en regiones aisladas, donde el poder de fuego y los mecanismos para ocultar el conflicto eran mucho mayores. Pero la confrontación en las fronteras de las capitales, sobre todo Bogotá, produjo un efecto sin par sobre los colombianos: la represión fue entonces visible, la represión televisada, presionada por miles de videos en youtube, transitados en facebook y twitter, con la imagen de golpes sobre hombres y mujeres enrruanados por miembros del Esmad, los mismos que rompen frágiles casas campesinas desató, en vez de miedo, indignación agraria y rural.

 

Al cerco social a las ciudades se sumó la rebelión habitual, pero ahora exacerbada de las periferias. Allí los enemigos de la vida no solo portaron uniforme negro, fue cristalizado su desespero. La Policía Nacional en su conjunto, patrullero a patrullero convertidos en antidisturbios. Leyva y San Lorenzo-Nariño, Mercaderes-Cauca y el Espinal-Tolima, recibieron su cuota de muerte ante el ceño fruncido del general Rodolfo Palomino, estrenado como ministro de guerra de facto.

 

Más de 331 heridos de gravedad en la jornada de paro nacional agrario, esa es la escandalosa cifra de quienes no pasan por la crónica roja de la prensa. No solo fue el país rural el afectado por la violencia, también la sufrieron los sectores urbanos en Tunja, Bogotá, Medellín, Villavicencio, Cali, Manizales y 12 ciudades más. En ellas se multiplicaron los tropeles y cacerolas, hasta el punto síntesis del 29 de agosto, cuando el país pareció colapsar por la sumatoria de reclamos y la integración de las iras.

 

La negociación

 

Desde luego, la contradicción entre los sectores organizados agrarios y populares se dejó ver rápidamente, a pesar de que muchos de ellos compartían puesto en la Mesa de Interlocución y Acuerdo –MIA. El pliego que salió a la opinión pública expresaba 6 puntos, con más de 20 subnumerales, que no cobijaban del todo la potente movilización agraria. Desde luego, el actor nacional reivindicativo no fue más que un formalismo, destrozado por las reivindicaciones locales y particulares de numerosas comunidades agrarias que terminaron por sumarse al paro.

 

Con este panorama ante sí, Santos proyecto ante sí este escenario: dilatar lo que más se pudiera el proceso de negociación, abrir la mesa con la Dignidad Papera –expresión mayoritaria en Boyacá, Cundinamarca y Nariño-, y prolongar la represión en otros departamentos, para al final abrir mesas en algunos de ellos, como en el Cauca y Putumayo como epílogo de su –gran pacto agrario– que se cae por el peso de la ausencia de lo popular.

 

La negociación, compleja y diversificada, no se proyectó para subsanar la crisis agraria del país sino para darle un desplazamiento en el tiempo. Las iras espontáneas en las negociaciones no fueron más que ruido de fondo, se negoció muy por debajo de los pliegos y las necesidades. El resultado final: una clara incapacidad para levantar un proyecto nacional que quiebre a la burguesía o muestre su real catadura, sin duda, antinacional.

 

Así las cosas, no hay duda, es el momento de plantear el debate alrededor de la debilidad de la soberanía alimentaria nacional, expresada en la inexistencia de un proyecto agrario de la patria, que evidencie el problema de la tierra no reclamado directamente en el paro nacional pero que sí es el corazón de la cuestión agraria en Colombia.

 

 

Publicado enEdición Nº 195
Viernes, 30 Agosto 2013 17:43

Los vándalos

Los vándalos

8.500 militares en las calles bogotanas, dos muertos, más de 140 heridos, 37 policías lesionados, confrontaciones armadas en 3 barrios y 300.000 personas marchando. ¡Vandalismo!, gritan algunos. Pero, ¿qué ocurrió en la capital del país el 29 de agosto para qué todo esto fuera posible?


Las marchas

 

Entre las siete y las diez de la mañana diecisiete marchas se desplegaron en todo la ciudad, todas hacia la Plaza de Bolívar. Marchas desplegadas, unas, desde las lejanas periferias de las localidades de Kennedy y Usme y, otras, desde las universidades privadas, que al encontrarse sobre la carrera 7 del centro de la ciudad la atestaron. El variopinto de la movilización no se expresaba solo por quienes la componían (gente de ruana, sombreros, tambores, vistosas vestimentas juveniles, etcétera), sino, y sobre todo, por la particular adhesión al llamado a la solidaridad con el paro agrario. Ha sido tan fuerte la berriondera boyacense y nariñense con el conflicto que conmociona al país, que el resto de reivindicaciones y pliegos fueron opacados ante la fortaleza del paro agrario.


El general Martínez, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá -MEBOG-, había dispuesto junto a él 5.000 de sus hombres, que hacían las veces de antidisturbios. Novedad y decisión tomada ya que en la capital de la república solo se encontraba un pequeño escuadrón de 250 unidades del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), además de un cuerpo especializado de la policía de no más de cien "armaduras verdes", fuerza especial dentro del propio Esmad, o más especializados que los llamados "hombres de negro".


La bronca


El centro de la ciudad fue la cuna de las iras. La chispa se prendió a piedra sobre los 6 pisos de la fachada del edificio Manuel Murillo Toro. La policía disparando gases intentaba dispersar una multitud compacta que ante el ahogo lacrimógeno solo se juntaba, esta vez no para huir sino para extender su furia sobre quienes siempre abusan de su uniforme, humillando, golpeando, 'levantando' desprevenidos hacia los calabozos –fueron tantas las piedras lanzadas como los videos que registran al Esmad golpeando a los campesinos en tierras boyacenses–.


La confrontación se caldeaba. Dos tanquetas intentaron flanquear por la calle 12 a los manifestantes, pero, inevitablemente, tuvieron que retroceder. La Plaza de Bolívar se abrió tras el avance de los manifestantes en medio de dos piquetes de la policía que, impávidos, no pudieron reaccionar. Piedra en mano, enfrentados contra la policía, la gente se encontraba paralizada por algunos ciudadanos que servían de escudo a los antidisturbios, quienes no dejaban de lanzar gases. Más de 500 personas disputándose contra 50 policías: 25 personas fueron heridas. ¿Cuántos policías golpeados?, menos de 5 ¿Con qué proporcionalidad se usa la violencia?


Un territorio en disputa, pero con grandes desventajas para los manifestantes. Hay que recordar que para dispersar a los concurrentes a la plaza que lleva por nombre el del Libertador, no se requiere sino un pequeño grupo del Esmad, situado sobre el Palacio de Justicia, lo cual les da el dominio del terreno. Hay que recordar, que solo son cuatro estrechas calles las que permiten ingresar o salir de la Plaza, la cual queda convertida, en todo momento, en una ratonera, protegida, además, por innumerables cámaras a través de las cuales se registran los sucesos y se dirigen las tropas. Claro, en esta ocasión también estuvo en Palacio, de cuerpo presente, el general Martínez, quizá para demostrar que en la policía hay mandos operativos que pueden ganarse la confianza de la tropa, ejercicio necesario de implementar ante la moral tan baja de sus unidades, un cuerpo repudiado por la mayoría del país.


Los golpes e insultos iban y venían. Los manifestantes avanzaban y la policía lograba lo que se había propuesto: que las marchas entraran a la Plaza de Bolívar para poder usar a su favor la minoría numérica que en esta ocasión ostentaba –solo golpea cuando seas fuerte, decía Che Guevara y en este día Martínez lo aplicó.


Tras la primera ola de dispersión los gritos de la Confederación General de Trabajadores, en la tarima, callaron: las personas huyeron temerosas entre las angostas calles, encontrándose con un cerco de la policía. Los jóvenes indignados –barristas, estudiantes e incluso algunos "habitantes de la calle"– decidieron resistir los gases, soportándolos durante algunos minutos ante la mirada impávida de la estatua de Bolívar.


Pero había que salir de la Plaza, y la mayoría de ellos hallaron un conducto que los llevó hacia la avenida Jiménez, cruzando por la carrera décima, tocando los albores de la mariposa de San Victorino. Curiosa dirección geográfica la que tomaron los indignados: atravesar al centro para ir al lugar donde pertenecen, el espacio de la marginalidad, del comercio informal, de las ollas de vicio y de los mecánicos, allá donde se refugia el pueblo. Mientras algunos otros subían por las laderas de la Candelaria hacia la biblioteca Luis Ángel Arango, el Parque de los Periodistas, el Chorro de Quevedo y la universidad de los Andes. Para éstos la protesta ya había acabado, eso sí con algo de pánico, pero al fin y al cabo ya era una jornada del pasado.


El fuego


Tres llantas y dos bolsas de basura pasadas por fuego prendieron el incendio allí donde se aglomeraron algunas centenas de hombres y mujeres, que juntaban sus malos olores y sus malos humores con las palabras poco castizas que alimentaban sus figuras, ante ellos una realidad: la carrera décima estaba colapsada. Algunos policías se acercaron al barullo, bueno, intentaron acercarse, entre las caras tapadas surgió el escombro en forma de tormenta, que mojó a los uniformados, después a los motorizados. Entre marcadoras de paintball y lanzagranadas de gases trataron de abrirse espacio, abriendo un campo de heridos, sin embargo, la gente no huyó, al fin y al cabo ¿qué tenían que perder?


La carrera décima con Jiménez y la ira de los indignados se multiplicó. Ahora nuevas hogueras se abrían en la 19 con Caracas y algunos bloqueos de los expulsados de la Plaza de Bolívar en la 32 y calle sexta con Caracas. En la 19 mecánicos y trabajadores de las llantas entre risa y risa quemaban su cauchos, mientras jugaban a lanzarse naranjas entre ellos. En la sexta, "habitantes de la calle", colinos del Bronx, y manifestantes provenientes de la Plaza de Bolívar, se hicieron muchedumbre en el parque Tercer Milenio, delante de la aterrorizada figura del edificio de la MEBOG. Mientras tanto, en la calle 39 algunos estudiantes alegres y exaltados se sentaban delante de los trasmilenios, paralizándolos, unos pocos flacos enfrente de buses de 40 toneladas, ¿peleaban algunas decenas de personas? No, los que se disputaban la calle eran cientos, mientras miles los apoyaban. Miles que no se sabían ninguna consigna, ni nada de eso, miles que nunca han estado organizados en formas políticas, miles de los de siempre abajo, ellos gritaban putasos, reían ante la incapacidad de los de verde, iracundos se ponían cuando golpeaban a la gente, miles que recordaban que en ellos también hay sangre papera y campesina. Entenderá el país, qué hay más ¿iras o "terroristas"? Qué hay más, ¿indignación o policías?


Mientras todo esto sucedía, hacia las 11 p.m., Gustavo Petro afirmaba vía twitter la "Policía Metropolitana actuó bajo la conducción de la Alcaldía Mayor y coordinó estrechamente con nosotros. Muchas Gracias". Tratando de engañarse, pues los jefes del festín fueron Martínez y Palomino, respaldados por la angustia de Santos. El burgomaestre no se hubiera atrevido a reclamar su principio de mando sobre la fuerza pública si hubiese presenciado la brutalidad de su acción impulsada por su desespero. Aquí tenemos que decirlo: las autoridades civiles han sido remplazadas –incluso en las grandes ciudades– por militares y policías, lo que constituye la nueva modalidad del Estado de Sitio, es decir, no declararlo, ejercerlo, y conjurarlo a través del poder ejecutivo central.

 

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Para sorpresa de propios y extraños, Colombia sintió este jueves 29 de agosto la energía de la solidaridad y la identidad juvenil y de los/as trabajadores/as con los campesinos en paro.

 

Convocados por una plataforma plural de organizaciones, entre ellas la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane) y las Centrales Obreras, que habían citado con anterioridad al país nacional para protestar contra la política económica y educativa en marcha, esta citación coincidió con el paro campesino que ya se acerca a las dos semanas de agitación rural, suburbana y urbana.

 


La citación obtuvo eco. En ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Ibagué, Neiva, Pereira y otras más, miles de personas desfilaron entonando consignas que demandan solución oficial a las reivindicaciones de los campesinos.

 


Muchas de estas marchas, que en sus inicios fueron tranquilas, se tornoran en el curso o final de las mismas en intensas confrontaciones entre los Escuadrones antimotínes y los marchantes, de las cuales resultaron cientos de heridos, en su mayoría: los inconformes; los detenidos también se suman por decenas.

 

En el caso de Bogotá, donde desde primeras horas del día se sintió la reducción del transporte público y era notable el ambiente de tensión que cubría la urbe, con menos gente y vehículos automotores en las vías que la circundan, sin estudio en los colegios y universidades, las protestas también se presentaron en localidades como Ciudad Bolívar, Engativá, Suba y Bosa, y la aledaña Soacha, municipio adscrito al departamento de Cundinamarca.

 

 

La protesta social allí escenificada se tradujo en un cuasi alzamiento social, donde los miles de inconformes se dirigieron con toda su bronca contra edificios de entidades bancarias y contra los Comandos de Atención Inmediata (CAI) de la policía. En su enfurecida protesta, también salieron afectados pequeños y medianos comercios, hurtados por oportunistas que vieron la ocasión para hacerse a uno pesos, a pesar de afectar a otros semejantes.

 

De estas protestas y confrontaciones los heridos y detenidos se cuentan por decenas, sin dejarse de relacionar los muertos que para el caso de Bogotá son dos: uno en Engativá y otro más en Suba. Un tercer manifestante asesinado se presentó en Soacha.

 

La fuerza de la protesta social, que se profundizó con el inicio de la noche, se extendío por varias horas, llegando incluso hasta la media noche. Como respuesta el gobierno distrital decretó el toque de queda en las localidades aludidas hasta las cinco de la mañana. Para este viernes los centros de estudio, con excepción de las universidades públicas, deben retornar a la normalidad.


En Soacha, municipio poblado de manera creciente por desplazados de todo el país, y caracterizado por sus altos índices de pobreza, la tensión persiste, los colegios no abren y el toque de queda se extiende por todo el fin de semana.

 


La marcha sobre el centro capitalino

 

Entre los miles de personas que coparon el centro de la capital del país se destacaron los estudiantes, que para los cálculos informales no eran menos de 15 mil. Además de quienes cursan sus estudios en centros públicos, eran notables columnas de jóvenes de universidades privadas como La Salle, Uniminuto, Javeriana y otras más.

 

 

Las marchas partieron desde diferentes puntos de la ciudad, recorriéndola de manera alegre y propositiva. En sus alrededores se situaron delegaciones de estudiantes y pobladores, y en el centro los trabajadores quienes fueron los primeros que llegaron a la Plaza de Bolívar. A medida que se acercaban los estudiantes a este sitio, la tensión crecía pues los Escuadrones antidistubios los amenazaban. La bronca entre ambos, en todo caso, es innegable: el poder y el autoritarismo contra los sueños y la libertad. Sin embargo, los carteles alegres y la tinta arrojada contra los escudos de la policía da fiel evidencia que no se atentaba contra la integridad de nadie.

 

 


Sin embargo, la respuesta oficial fue diferente: bolillo y gases. Y una vez iniciada la confrontación el centro de la ciudad se tornó un circo de violencia y atentado a los derechos humanos, donde el bolillo, los gases, los chorros de agua, las bombas de aturdimiento, las motos y los policías a caballo, perseguían y agredían a la multitud solidaridad con los campesinos en paro. Cinco horas necesitaron para desalojar por completo el centro de la capital del país.

 

La marcha

 

Los primeros manifestantes llegaron a la plaza de Bolívar a las 11 de la mañana. Dos horas después, la fila que ocupaba todo la ancho de la carrera séptima aun no terminaba... la respuesta de la polcía entonces, fue dispersar a los marchantes a como diera lugar...


Los gases fueron indiscrimados y sin escatimar, como si premiaran al policía que más disparara. La respuesta de los estudiantes también fue ruda. Los disturbios dejaron más de 30 heridos y por lo menos 180 detenidos.

 


Los enfrentamientos dieron pie a que bandas delincuenciales se filtraran entre los manifestantes que intentaran el saqueo del comercio y especialmente las entidades bancarias.


Antes de que la protesta se deteriorara, el Representante a la Cámara Iván Cepeda comentó que "este gran movimiento nacional es el despertar de un país que está cansado de los atropellos y el desgobierno, cuya clase política lo único que hace es vender el país a gobiernos extranjeros y multinacionales".

 

Y amplió. "El TLC debe terminar. Esto es parte de los grandes problemas que vive Colombia". En cuanto a la guerra sucia que va desde la estigmatización, la utilización de los computadores de Raúl Reyes para incriminar a dirigentes sociales, las detenciones arbitrarias y las permanentes violaciones de los derechos humanos, le pidió a todo el pueblo "que resista... es la única forma de derrotar la barbaridad de esta guerra sucia".

 

La respuesta oficial

 


Es extraño, por decir lo menos, la versión oficial sobre lo sucedido el día 29 de agosto. Todos los reportes aluden a la "violencia de los vándalos", al "irrespeto sobre la policía", sin embargo, en los reportes de heridos quienes están registrados son, en su mayoría, civiles; solamente en Soacha se registran (3) policías heridos a bala; para el caso de los muertos, como se anotó arriba, todos son civiles.

 


A nivel nacional es idéntico. Entonces, ¿de dónde proviene la violencia?, ¿quién la ejerce?, ¿cómo la ejerce?, ¿contra quién la ejercen?
Al finalizar el día jueves el alto Gobierno se dio cita en Consejo extraordinario de ministros para evaluar la situación del país. La militarización de Bogotá y la orden de desplegar una cacería de brujas fue lo concluído en el mismo. Se acerca, por tanto, tiempos sombríos para el activismo social.

 

Sthephany Carolina Garzón Ardila está desaparecida desde hace más de un año. al parecer un grupo desconocido la saco por la fuerza de su casa y nunca mas supieron de ella. fue una destacada luchadora contra la injusticia, el TLC y la reforma a la ley de educación. sus familiares aprovecharon la marcha para recordar que ella sigue en sus corazones. 

 


Para que nuestros/as lectores/as tengan una idea precisa de lo valorado y definido en Palacio de gobierno, transcribimos las palabras del Presidente pronunciadas este viernes 30 de agosto a primeras horas del día:

 


 

 

Alocución del Presidente Juan Manuel Santos sobre paros y vandalismo

 

Bogotá, 30 ago (SIG).
Colombianos:


Ayer, a esta misma hora, me dirigí a ustedes para reiterar el respeto de nuestro gobierno a la protesta social, e hice un llamado enfático para que las marchas se realizaran sin violencia y sin afectar los derechos de los demás.


Muchos lo hicieron, o al menos intentaron hacerlo, pero infortunadamente varias de estas manifestaciones fueron infiltradas y aprovechadas por vándalos que solo quieren causar caos y destrucción, y dañar los bienes públicos y privados.


La violencia indiscriminada dejó dos muertos en Bogotá, decenas de policías y civiles heridos, e incontables perjuicios en viviendas y pequeños negocios que nada, nada tienen que ver con el motivo de las protestas.


Estos actos nos indignan y nos duelen a todos, a todos los colombianos.


No hay protesta, por justa que sea, que amerite pérdida de una vida.


No vamos a tolerar que los desmanes de unos desadaptados, que se aprovechan de los legítimos reclamos de los manifestantes, afecten la tranquilidad de los ciudadanos, y mucho menos que queden impunes.


Es inaceptable, inaceptable que las acciones de algunos afecten de manera grave la vida de la mayoría.


Hay personas –en Boyacá por ejemplo– que han sufrido serios percances de salud o han fallecido por no poder movilizarse a un hospital en una ambulancia, por no poder desplazarse para hacerse una diálisis renal.


Por eso apoyamos la determinación del Alcalde de Bogotá y de otros mandatarios locales de declarar el toque de queda en algunas zonas de la ciudad o en sus municipios para garantizar el orden público.


Y he tomado decisiones para asegurar la mayor normalidad en las vidas de los colombianos:


Ayer mismo, anoche ordené la militarización de Bogotá y así lo haré a partir de hoy en cualquier municipio o en cualquier zona donde sea necesaria la presencia de nuestros soldados.


Ordené esta madrugada también que se destinen 50 mil hombres, 50 mil hombres de nuestras Fuerzas Militares para que trabajen, junto con la Policía, en colaborar para la movilidad en nuestras carreteras.


Todos los aviones de transporte de nuestra Fuerza Aérea estarán disponibles para realizar puentes aéreos que garanticen el abastecimiento de alimentos en las diferentes ciudades, y también se realizarán caravanas escoltadas por la Fuerza Pública para facilitar el ingreso y la salida de productos de los centros urbanos.


Y con los vándalos y los violentos –tengan la absoluta seguridad– no habrá ninguna, ninguna contemplación.


La Policía tiene videos donde aparecen estos vándalos atacando a las personas, rompiendo vitrinas, robando o destruyendo los bienes públicos. Y también esos videos los tienen los medios de comunicación y muchísimos particulares.


Vamos a subir estos videos al portal de internet de la Policía y a las redes sociales, y les pido a los medios y las personas, los ciudadanos que tengan videos o fotografías que las suban también.


¿Cuál es el objetivo? El objetivo es que podamos identificar y capturar a estas personas que no solo atentan contra la propiedad o integridad de otros ciudadanos, sino que atentan contra la misma protesta social, que deslegitiman con sus actos.


Vamos a conformar con estos videos e imágenes, y con la ayuda de los ciudadanos, un verdadero "cartel de los vándalos", y habrá una recompensa de hasta 5 millones de pesos para quien dé información a las autoridades que permita identificar, ubicar y judicializar a estos agentes de violencia.


Yo les pido a los dueños de los locales o bienes afectados, a los ciudadanos damnificados, a los responsables del Transmilenio y de otros bienes públicos, que pongan sus denuncias por los daños que han sufrido. Es una obligación legal, cívica y moral para frenar estas conductas demenciales.
He pedido también al Señor Fiscal General de la Nación y a la Rama Judicial que obren con toda la eficacia y toda la contundencia para que los criminales capturados en estas jornadas sean efectivamente judicializados.


No vamos a permitir, no vamos a permitir que los vándalos de siempre se salgan con la suya.


*****


He dicho varias veces que respeto la protesta y que entiendo las inquietudes y las quejas de los campesinos.

 

Yo mismo estuve en Tunja el lunes pasado sentado con los representantes de los paperos, de los lecheros, de los cebolleros.

 

Escuché sus peticiones y les ofrecí enviarles a tres ministros para acordar soluciones, soluciones que han sido discutidas por más de 100 horas de conversaciones, últimamente con campesinos de Boyacá, de Nariño y de Cundinamarca.

 

Y cuando estuve en Tunja, los voceros del paro me garantizaron que con que acordáramos un primer punto, uno solo de solución, levantarían los bloqueos.

 

Hemos ofrecido no una, sino dos, tres o cuatro soluciones concretas y, cuando están a punto de cerrarse los acuerdos, alguien sorpresivamente llama, alguien extrañamente aparece, los instiga a aumentar sus demandas, a correr la cerca y se echan para atrás.

 

No cabe duda de que hay personas o grupos que están interesados en que no se llegue a ningún acuerdo, personas que no les importan las legítimas aspiraciones de los campesinos, sino que tienen su propia agenda política o solo quieren desestabilizar.

 

Sabemos por ejemplo –y hay que decirlo– que el movimiento Marcha Patriótica no busca sino llevarnos a una situación sin salida, para imponernos su propia agenda. No les importa para nada los intereses de los campesinos, ni que se logren acuerdos regionales, solo les importa su agenda política.

 

Hay personas que están obligando a participar a los campesinos y a los ciudadanos en los paros, que amenazan a los propios campesinos; que intimidan a las fincas, a los transportadores, a las estaciones de servicio, a los pequeños comerciantes, para obligarlos a cerrar o inclusive a poner afiches de apoyo al paro.

 

He dicho que bienvenida la protesta, ¡pero no la protesta obligada a punta de fusil o de amenazas! ¡No la protesta con extorsión!

 

Por eso también estamos ofreciendo una recompensas hasta de 10 millones de pesos para quienes nos den información para identificar y capturar a aquellos que están amenazando y extorsionando a las personas o empresas para obligarlos a parar.

 

De nuestra parte, mantenemos toda la disposición para el diálogo con los verdaderos campesinos.

 

E infortunadamente, a pesar de todo, todo el esfuerzo realizado, a pesar de las propuestas concretas y el tiempo dedicado, la única respuesta ha sido la constante dilatación de un acuerdo.

 

Porque no quieren acordar, o tal vez porque no los dejan.

 

Y la paciencia se agota. Después de otra noche completa de negociación y de hacer esfuerzos hasta hace unos minutos, le he pedido a los ministros que regresen a Bogotá, y dejen nuestras propuestas sobre la mesa, propuestas que conocen muy bien ya los colombianos.

 

Y quiero hacer un llamado muy especial a los gobernantes regionales y locales.

 

Nuestra Constitución, según lo establece en varios de sus artículos, los gobernadores y los alcaldes son los primeros responsables del orden público en sus departamentos y municipios, y les pido que trabajen de la mano con el Gobierno Nacional para garantizar la tranquilidad de los colombianos.

 

Y con este fin, he convocado esta misma tarde a los gobernadores del país y a los alcaldes de las ciudades capitales para que se apersonen de sus responsabilidades y para que coordinemos nuestro trabajo con mayor eficacia por la seguridad y el bienestar de todos los ciudadanos.

 

Apreciados compatriotas:

 

El derecho a la protesta y nuestra disposición al diálogo no significan que deban soportarse atropellos de desadaptados y de criminales contra los ciudadanos de bien.

 

Tengan la seguridad de que estamos haciendo –y seguiremos haciendo– todo, todo lo que está a nuestro alcance, todo lo que nos permite la Constitución y las leyes para garantizar la tranquilidad y la mayor normalidad posible en todo el territorio nacional.

 

Lo estaremos, siempre.

 

Buenos días.


 

 

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Publicado enColombia
Viernes, 30 Agosto 2013 08:13

De Boyacá en los campos

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La frase más sonada en estos días de marchas, bloqueos, heridos, detenidos, forcejeos, físicos y verbales, fue: "Importar alimentos, es traición a la patria", pronunciada por el obispo de Tunja, Luis Augusto Castro. Los neoliberales -que se escandalizan con ella- seguramente desconocen otra similar de George Bush (padre), quien dijera: "¿Pueden ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar alimentos suficientes para alimentar su población? Sería una nación expuesta a presiones internacionales. Sería una nación vulnerable...".

 

Lo que el libre comercio y la apertura produjeron en Colombia en 20 años en la seguridad alimentaria nacional ha sido un aumento descomunal de dicha vulnerabilidad. En 1989, el agro colombiano suministraba el 90% de los bienes agropecuarios demandados por industrias y hogares, en 2006 ya se importaban cerca de 5 millones de toneladas. Con relación al consumo nacional, equivalían al 95% del trigo, al 100% de la cebada; al 75% del maíz; al 90% de la soya; al 90% del sorgo; al 33% del fríjol y al 100% de la lenteja, del garbanzo y de la arveja seca. El área algodonera sembrada se redujo de más de 200 mil hectáreas a menos de 30 mil. Para los últimos años, el número de toneladas importadas de productos del ámbito agropecuario se ha duplicado, rodeando los 10 millones, y para 2013, con el TLC con Estados Unidos, puede superarlo, al crecer en el 81% las provenientes de ese país, tan sólo para el primer semestre.

 

Ante tal avalancha, estimulados por promesas oficiales, muchos agricultores, pequeños, medianos y grandes, se refugiaron en géneros presentados como "promisorios" en la globalización agrícola. Las principales guaridas fueron el café, la panela y el cacao, fomentados en los programas de sustitución de cultivos de uso ilícito, la leche, la palma de aceite, las hortalizas, las frutas y la papa. Unos bienes tropicales y otros de más difícil transacción.

 

¿Cuál es la novedad? Que las importaciones de tales productos también comenzaron a dispararse. En café, en los últimos años, sin contar contrabando, han oscilado ente 500 mil y un millón de sacos; en cacao, alcanzan cerca del 10% de la producción nacional y un porcentaje algo mayor en aceites de palma, lo que contribuye a que las compras externas totales de aceites y grasas de origen vegetal y animal ya sumen más de 600 millones de dólares; las de lácteos y huevos, entre 2011 y 2012, crecieron 144% (¡¡), de casi 50 millones de dólares a cerca de 120. Las de azúcar, sin contar, el ingreso de sustitutos como el jarabe de maíz, pasan de 300 mil toneladas, aproximadamente el 15% de la producción nacional, impactando toda la cadena del dulce, incluida la panela. Con relación a la papa, hay una avalancha de producto procesado; entre 2010 y 2012, se ha duplicado hasta 20 mil toneladas, equivalentes a más de 200 mil de papa fresca, perdiéndose el mercado industrial con la competencia foránea.

 

Es un proceso que a campesinos, productores y empresarios rurales los ha acorralado a punta de importaciones y ya no queda renglón posible ni acceso fácil a recursos financieros para sostenerse. Esta es, además del alza exponencial de los costos de producción principalmente por insumos, fertilizantes y semillas, combustibles y energía, la explicación del estallido generalizado que en varias regiones causó movilizaciones ciudadanas multitudinarias.

 

Qué iba a imaginarse Núñez que la quinta estrofa del himno de Colombia iba a plasmarse -130 años después- en contemporáneos "soldados sin coraza", quienes, independientemente de los resultados de las negociaciones, "ganaron la victoria". Sólo que – por ahora- "el genio de la gloria" tendrá que coronar a los "héroes invictos" con espigas extranjeras, las autóctonas desaparecieron de los campos de Boyacá.

Publicado enColombia