Trae disco nuevo, mañas viejas –las que le quedan, descontando tantas que tuvo que abandonar muy a su pesar–, esa forma encantadora de hablar en la que cada oración es un título ingenioso, y las armas para mantener encendido el eterno idilio que este país le tributa. Todo esto será puesto en el escenario del estadio de Boca mañana, cuando Joaquín Sabina presente oficialmente en Buenos Aires Vinagre y rosas, dentro de una gira que lo llevará también por Santiago, de Chile, Montevideo y distintas ciudades de la Argentina (ver aparte). La conferencia de prensa que antecede al show de Boca resulta una muestra sintética de la forma en que Sabina despliega su personaje, mostrándose siempre informado al detalle de la agenda local. Esto incluye piropear cronistas en su estilo (“siempre me han gustado las chicas con gafas. No sé por qué. Bueno, sí sé por qué. ¡Porque me veían borroso!”), o invitar a pasar a una fanática declarada para que le dé un beso en plena conferencia, corrigiendo su status: “Yo sé que aquí se usa mucho la palabra fanático, pero a mí no me gusta. Prefiero tener cómplices, o amigos”. Puro Sabina.

Con un vaso de cerveza y un patovica a su lado –un detalle que, dice, forma parte de lo que más aborrece de su presente– el hombre de Ubeda contó que en el show de mañana habrá homenajes a Sandro –por quien, dice, volvió a dejar de fumar– y a “grandes amigos que se han ido en estos años”: Mercedes Sosa, Roberto Fontanarrosa, Jorge Guinzburg y Adolfo Castelo. También detalló que el show de la Bombonera “será bastante más sobrio que otros”: “El único protagonismo lo tendrán las canciones y la música. A nosotros nos exita muchísimo tocar en la Bombonera, por motivos musicales y extramusicales. Trataremos de dar lo mejor, pero no habrá grandes luces de discotecas, ni pasarán aviones ni doscientos elefantes en la pista, ni 25 chicas de Tinelli al baile. Sólo somos nosotros, que somos muy poquita cosa, pero trataremos de poner el corazón”.

De las formas de inspiración


“Con el amor uno no puede escribir una canción, con el amor dan ganas de meterse en una cama, en un baño, en un ascensor o donde sea con tu amada. Con el desamor, en cambio, dan ganas de recagarse en la puta madre de esa mujer que nos dejó, y escribirle una canción que la persiga toda la vida. Así nacen las grandes canciones.”

De la felicidad doméstica


“Vinagre y rosas es un disco hecho a cuatro manos. Había hecho cosas como Enemigos íntimos con Fito, un disco compuesto y grabado entre dos. Luego Dos pájaros de un tiro, que eran unos conciertos, que más que conciertos eran una fiesta intergeneracional, con mi primo el catalán. Me faltaba escribir un disco a cuatro manos. Me encontré con mi amigo el poeta Benjamín Prado en un bar, y él me dijo: Estoy hecho mierda, ¿cómo estás tú? Estoy en una cierta felicidad doméstica, le dije. ¡¿Cómo has podido caer tan bajo?!, me contestó él. Le conté que no se me ocurría ni una puta canción, y le propuse irnos a Praga a escribir. Era una cosa un poco etílica, pero al día siguiente estábamos en Praga. Así suceden las cosas que a mí me gustan más.”

De los descubrimientos que provee la felicidad doméstica


“En esta nueva etapa de mi vida descubrí el placer de desayunar, de dormir la siesta, de ver telebasura... ¡Una mierda! (risas). Antes, la vida era más al límite, más peligrosa, pero mucho más divertida. No sabía uno dónde iba a despertarse ni con quién, ni siquiera sabía cómo se llamaba uno. A veces dicen: ¿viviste los ’80 en España? Sí. ¿Y te acuerdas? Sí. Entonces, si te acuerdas, es que no los viviste. Digamos que además de la noche yo estoy descubriendo el día, y no está mal, no está nada mal. Pero con lo que estoy claramente fritado es con que Charly García esté más gordo que yo. ¡Ah, eso me da muchísima bronca! (risas).”

–Suelen compararse los procesos que vivieron ambos, con sus respectivos “retiros” y “regresos”. ¿Cree que son comparables?

–¡No, de ninguna manera! ¡Si yo al lado de Charly soy la Madre Teresa de la puta que lo parió! (risas). De verdad, soy una monja de clausura al lado de él. No se me puede comparar, no sólo por sus disparates vitales, también en su talento no se puede comparar. Ni se debe.

De lo que importa en el presente


“Me importan las mismas cosas que me importaban antes, lo que pasa es que hay cosas que me importaban mucho a las que dejo de importarles yo con los años. Recuerdo cuando le preguntaron a Bioy Casares, que tenía ya 83, 84 años: ¿cuándo notó usted que empezaba a ser invisible para las mujeres? ‘Hace un año’, contestó. Bueno, yo lo estoy empezando a notar ya. ¡Y con mucha bronca!”

Del futuro


“Yo pensé como Rimbaud que había que morirse antes de los 30 años, que las personas de más de 30 años no tenían vergüenza. Lo sigo pensando, hace 30 años que no tengo vergüenza. Así que el futuro ya lo viví. Me hace muchísima ilusión tocar en la cancha de Boca, luego ir a Montevideo, pero no me hagan pensar más allá. Sé que me voy de gira hasta octubre, y ojalá que sigamos vivos después. Eso es todo.”

De escenarios íntimos


“Sigo soñando con tocar en lugares más íntimos que un estadio. Hace años que no toco en el Gran Rex, por ejemplo, un escenario que me gusta mucho. Vengo de estar en Junín, hace cuatro días canté en Trelew, y nunca pensé que diez mil personas en Trelew pudieran pagar su entrada para ver a un gallego. Así que no sé si cumpliré mi palabra. Pero sí es verdad que lo que me anda saliendo de corazón es tener una relación más directa con el público. Aunque en esta gira, que dije que sería la última, me la estoy pasando tan bien, que es difícil decir qué va a suceder.”

Del método


“El asunto siempre es el mismo: La página en blanco y el ponerse a escribir una canción que nunca viene, ¡porque las musas siempre están cogiendo con Serrat! Es el mismo problema de siempre, a ver si se me ocurre algo, a ver si consigo otra vez engañar a la gente. Yo envidio muchísimo a una gran parte de mis colegas que hacen un trabajo riguroso y sistemático, van a una determinada hora a trabajar para que nazca una canción. Nunca fui capaz ni supe cómo hacerlo, lo intenté varias veces. Las canciones vienen o no vienen en mi caso, paso secas muy largas, de años. A veces las provoco, a veces se dejan provocar y a veces no. Pero yo no tengo un procedimiento sistemático, no tengo la fórmula.

“En mi casa tengo un estudio de grabación estupendo, y también un despachito estupendo preparado para escribir muy bien. Jamás conseguí sentarme ahí a hacer una canción. Vienen en los trenes, en los aeropuertos, cuando voy a Praga con Benjamín Prado, o en La Biela una noche con amigos... no lo sé. Me gustaría saberlo, eso me ahorraría muchas desesperaciones. Lo que sí sé es cuando tengo un pájaro en mano y cuando eso puede evolucionar a una canción. Y una vez que la tengo, tampoco sé si producirá el milagro de ir a cantar a Trelew y que la gente la cante. Nunca sabe uno, es un género tan turbio, que tiene tanto que ver con la sentimentalidad popular y con el corazón de la gente, que es casi un milagro. De eso, poco se sabe. Si pudiera saberlo, con el dinero que da el mercado del rock, el pop y la canción popular, repetiría la misma fórmula siempre. A mí me han llamado para decirme: ‘Oye, quiero cantar una canción tuya, por qué no me haces una como ‘Y nos dieron las 10’’? ¡Joder! ¡Como si eso fuera posible!”

De la Argentina

“La primera vez que llegué a la Argentina, estaba renunciando Alfonsín, había hiperinflación, una situación muy difícil. Los teatros estaban llenos, los cafés también. Era impresionante para mí. En mis siguientes visitas he visto un corralito, una u otra crisis, cuatro presidentes en tres meses... Esto siempre es un disparate, y a mí me encanta. Yo sé que con el caos se sufre mucho, pero a mí me gusta esa mezcla de caos y al mismo tiempo de vitalidad, alegría y cultura, esa clase media culta a la que están jodiendo todo el tiempo, pero que no se resigna, esa cantidad de teatros llenos que ya quisieran París o Berlín.”

Del paso del tiempo


“Yo no me veo más sabio con el paso del tiempo, ¡me veo más viejo! Me veo con muchísimos miedos a envejecer, a morirme. No tengo nostalgia, pero sí tengo memoria, y me acuerdo de que yo era un trueno. Ahora vengo a Buenos Aires y no puedo prenderle fuego, ni salir por las noches, y voy por allí con guardaespaldas, ¿no te jode eso?”

–¿Y cómo quiere que lo recuerden?

–Yo no quiero que me recuerden, lo que no quiero es morirme.

–Bueno, todo llega.

–¡No me recordéis, por favor! Invitadme una copa vivo, ¡carajo!

Por Karina Micheletto
Publicado enInternacional
Jueves, 31 Diciembre 2009 12:17

El quinto año más cálido de la historia

El estado del clima en 2009. El balance meteorológico del año confirma la tendencia al calentamiento del planeta. La temperatura subió 0,44º respecto a la media. En España, ha sido el segundo año más caluroso desde 1961

El planeta Tierra continúa mostrando evidentes y preocupantes señales de un progresivo e imparable calentamiento global. Los datos de temperatura recogidos a lo largo de este año situarán a 2009, muy probablemente, como el quinto año más cálido desde que se empezaron a realizar observaciones meteorológicas, alrededor de 1850. La temperatura media del planeta, desde enero hasta octubre, se ha situado 0,44ºC por encima de la media 1961-1990, con un margen de error de 0,11ºC. Por si fuera poco, los registros confirman que los diez años más cálidos se han producido en los tres últimos lustros, de los cuales mantiene la primera posición el año 1998, seguido de 2005 y 2003. El proceso de calentamiento global que está sufriendo la Tierra queda confirmado observando las temperaturas en períodos de diez años. El decenio de 2000 a 2009 ha sido más cálido que la década de los noventa, que a su vez se mostró más calurosa que la de los ochenta.

La combinación de datos de estaciones meteorológicas en tierra de los cinco continentes, más los registros obtenidos por buques y boyas en el mar, así como la información que aportan los satélites, conforman este valor medio, aunque los datos definitivos se conocerán en marzo, con la publicación de la Declaración de la Organización Meteorológica Mundial (WMO) sobre el estado del clima.

Temperaturas. Un año especialmente cálido en España


A pesar del frío y la lluvia de las últimas semanas, nuestro país también ha sufrido un año con registros por encima de lo normal; tanto es así que 2009 ha quedado clasificado como el segundo año más cálido desde 1961, sólo superado por 2006. La temperatura media del período enero-noviembre se ha situado, a nivel estatal, en los 16,5ºC. Esta cifra supone superar en 1,25ºC la media 1971-2000, de forma que la Agencia Estatal de Meteorología ha catalogado a 2009 como un año extremadamente cálido.

Del conjunto de meses del año, sólo enero mostró temperaturas por debajo de la media, mientras que febrero y abril se acercaron a la normalidad. El resto de meses dejaron valores por encima de la media, siendo especialmente destacables mayo, junio, octubre y noviembre, con diferencias superiores a los 2ºC, a los que también se acercó agosto, con una variación de 1,8ºC. De esta forma, el verano pasado fue el tercero más cálido desde 1970.

La temperatura más alta en el conjunto de capitales de provincia españolas se registró el 23 de julio en Murcia, donde se alcanzaron los 45ºC. En el otro extremo se sitúa Soria, que bajó hasta -13,4ºC el 13 de enero.

Lluvias. Precipitaciones por debajo de lo normal


El pesimismo que aportan los datos de temperatura se incrementa al observar los registros pluviométricos. La lluvia caída durante este último año hasta final de noviembre a nivel estatal ha alcanzado los 453 mm, un 20% menos que la media del período 1971-2000. De esta forma y a falta de incorporar los datos de diciembre, 2009 es el quinto año más seco desde 1971 y el segundo más seco de lo que llevamos de siglo.

Sólo durante los meses de enero y septiembre las lluvias se acercaron a la normalidad, mientras que en el resto del año han quedado por debajo de la media. Destaca el período entre mayo y julio, en el que llovió un 40% menos de lo normal. El centro de España y las islas Canarias son las regiones con una mayor sequía durante este año 2009, al registrar una precipitación anual que sólo equivale al 50% de un año normal.

Desastres. Menos huracanes por el fenómeno de El Niño

Desde enero hasta noviembre, se han producido 245 desastres naturales en el mundo, que han provocado la muerte de casi 9.000 personas y alrededor de 58 millones de afectados. De todos ellos, el 95% responden a desastres relacionados con fenómenos meteorológicos, que han afectado a 48 millones de personas en Asia. Al menos, sólo 11 millones de personas han sufrido los efectos de las inundaciones este 2009, en comparación con los 178 millones de afectados del año 2007 o los 45 millones de 2008.


La temporada de ciclones tropicales ha ayudado a no incrementar la cifra de afectados por desastres naturales, puesto que los últimos 12 meses se han caracterizado por una actividad igual o menor a la normal.

Aún así, una de las zonas más devastadas ha sido la zona occidental del Pacífico Norte, es decir, el sureste de Asia. En esta zona, se han formado durante el último año 22 tormentas tropicales, de las cuales 13 han llegado a categoría de tifón, frente al promedio de las últimas décadas de 27 y 14, respectivamente. En el Pacífico oriental se han registrado 20 tormentas tropicales, de las cuales 8 alcanzaron categoría de huracán y 5 de gran huracán (los promedios son 16, 9 y 4, respectivamente). En Australia y el sur del océano Índico, las 10 tormentas tropicales de este año también se acercan a la media de las últimas décadas.

En cualquier caso, en la cuenca del Atlántico norte, que engloba el Caribe, México y la costa este de EEUU, el número de ciclones tropicales ha sido el menor desde 1997, con 9 tormentas tropicales, 3 huracanes y 2 grandes huracanes (los promedios son 11, 6 y 2, respectivamente). El fenómeno de El Niño un calentamiento prolongado de las aguas del Pacífico está detrás de esta menor actividad, puesto que a partir de junio, la temperatura de la superficie del mar en la parte central y oriental del Pacífico ha sido 1ºC superior al promedio a largo plazo.

El Niño también está detrás del tercer año más caluroso jamás registrado en Australia, con tres olas de calor que asolaron el país en enero, febrero y noviembre, y que dejaron un récord histórico de calor en el estado de Victoria, con una temperatura de 48,8ºC. Las altas temperaturas provocaron más de 173 víctimas mortales, además de un gran número de devastadores incendios.
04. Hielos. El Ártico, en retroceso

El océano Glacial Ártico registró su mínimo anual de hielo en el mes de septiembre, con una extensión de 5,36 millones de kilómetros cuadrados. Esta superficie supone el tercer récord más bajo desde que se empezaron a realizar observaciones a través de satélites, en 1979. El récord de mínima superficie de hielo lo mantiene 2007, seguido de 2008, aunque la recuperación en los últimos 12 meses es de 690.000 km2. Aún así, preocupa la cantidad de hielo de reciente formación (un año o menos), el más vulnerable a la subida de temperaturas. Este año, el hielo reciente ha supuesto el 49% del total, mientras que sólo el 19% ha sobrevivido dos veranos o más, cuando la media entre los años 1981 y 2000 fue del 52%.


El agujero de ozono es algo menor, pero sigue siendo preocupante


El pasado 17 de septiembre se registró la máxima superficie anual del agujero de ozono, al alcanzar los 24 millones de km2, mientras que el día 26 del mismo mes se alcanzó el mínimo espesor, con un índice de 94 unidades Dobson (UD), la unidad que permite observar el espesor de la columna de ozono atmosférico. En comparación con años anteriores, estos valores confirman la recuperación de la capa de ozono, aunque el agujero de este año quedará como el décimo más extenso desde 1979.

Según las previsiones del Met Office, la Oficina Meteorológica de Reino Unido, la combinación entre el calentamiento global y El Niño provocarán que 2010 sea el año más cálido jamás registrado, con una temperatura media global prevista de 14,58ºC. En España, la Agencia Estatal de Meteorología anuncia, para el periodo de enero a marzo, temperaturas más altas de lo normal para todo el país, especialmente en el sur y en Canarias. En cuanto a las lluvias, quedarán por encima de lo normal en las comunidades de la mitad oeste, pero por debajo en la costa mediterránea.
Lluvias agridulces para los agricultores

Las precipitaciones de diciembre son un espejismo. Hasta el 30 de noviembre, 2009 era el quinto año más seco desde que comenzaron los registros, en 1971. La sequía en las cuencas más afectadas –Tajo, Segura, Júcar, Duero, Guadiana, Guadalquivir y Ebro– ha asfixiado durante todo el año a los agricultores, que han celebrado las precipitaciones que han marcado el final de 2009. Pero no todo son buenas noticias. La Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) de Castilla-La Mancha ha manifestado que “las inclemencias climatológicas de los días pasados han provocado daños en las parcelas”. En Ciudad Real, 30.000 hectáreas de tierras agrícolas están inundadas. El agua ha arrasado viñas enteras.


JACOB PETRUS - MADRID - 31/12/2009 08:30

Publicado enInternacional
Miércoles, 26 Agosto 2009 20:30

Soberanía alienada

Las águilas de la Escuela de las Américas han llegado para quedarse. El asunto es así de simple. O, para mejor decirlo, ya estaban aquí. Sólo que ahora se ha hecho necesario oficializar y demandar su impúdica intromisión.

Y, por fin, su establecimiento deja de ser el tema mítico que han silenciado soterradamente los analistas políticos –y toda la gama de áulicos del Gobierno– a la hora de cubrir con gloria los logros de la seguridad democrática.

Ante la renuncia a la soberanía, el asunto pasa a convertirse en esa realidad inocultable que expresa la cristalización del poder hegemónico que obliga, a la par del gesto de sumisión política y económica de unos súbditos complacientes, al hecho de sodomizar todas las instituciones que tengan que ver con la aprobación de la presencia de tropas foráneas en nuestro territorio. No habrá debate de la abdicación en el Congreso; mucho menos será sometida al control de legalidad por parte del Consejo de Estado o la Corte Constitucional. Será una entrega directa. Al igual que en las posturas eróticas, existen posiciones políticas con las que se experimentan goces voluptuosos y placeres alienados.

La promesa de sumisión es, además, generosa. No serán tres ni cinco, como tampoco siete, los nidos que se preparan para el acople nupcial con los colosos del Norte. Todo el territorio nacional está a la entera y complaciente entrega de los intereses del poderoso. La trata fue leonina y sólo era concebible con la participación de una mentalidad tan ardorosa y lisa como la de nuestro parroquial y casquivano autócrata.

Bastó un gesto de poder displicente, el autógrafo de Obama sobre una servilleta usada, para despertar la cándida lujuria, el pávido gesto de postración de quien, para aquella primera cita, venía precedido de la fama de ser el mejor farandulero de tribuna caliente que había producido nuestra región. La foto posterior, ya en la Casa Blanca, dejó para la posteridad la caricaturesca semblanza de ese mismo gobernante, en actitud abnegada y mansa, dispuesto a propiciar la generosa dádiva de nuestra dignidad como nación.

De inmediato, para no perder el calor de la oferta celestina, el Comando Sur de los Estados Unidos impuso las condiciones del convenio. El viejo sueño de la Escuela de las Américas (que, por cambiar de denominación –hoy se llama Instituto para la Cooperación en Seguridad del Hemisferio Occidental, WHINSEC–, nunca ha claudicado en sus genuinas intenciones) se había cristalizado: ¡We took the corner of America…!

Tras el permisivo arribo, los halcones del norte reproducirán su vieja estrategia pero la aumentarán de escala. Harán evolucionar el modelo de guerra del mismo modo como, a las patadas, ha ocurrido con la teoría de la democracia de opinión. En su primera fase, la doctrina del enemigo interno implicaba que, para matar el ratón, hay que derrumbar toda la casa. En la fase superior, justo la que ahora comienza, se esgrime que, porque el bicho es escurridizo y se alimenta con las sobras de los colindantes, habrá que socavar y desbarajustar lo poco que han edificado los vecinos.

El ensayo de esta propuesta de la defensa preventiva ya tuvo ocasión en Ecuador, estando aún los halcones instalados en la base de Manta, solapando sí que los honores se los llevaran nuestras provinciales lechuzas.

Pero ni creamos que la puesta en escena de esta nueva consolidación geopolítica sugiera que de aquí en adelante el desarrollo de sus destrezas será más diáfano. Si se destapan algunas evidencias, es para ocultar los designios siniestros que demandan la alta pericia. Bajo cualquier pretexto, so cualquier disculpa, lo que se haga público, así aparezca en el texto del acuerdo, encalla en la mendacidad. Si antes se solicitó la colaboración yanqui con el fin de derrotar al narcotráfico, luego se extendió para combatir el terrorismo de las guerrillas. Ambos, proyectos fracasados. Ahora se invoca el subterfugio de combatir “el terrorismo y otras amenazas de carácter transnacional”.

En un clima de propaganda mediática que quiere hacer ver como engendros del mal a algunos gobiernos del entorno suramericano, ya se sabe hacia dónde apunta todo el asunto. Los invitados de honor, en tanto que invierten algunas nobles millonadas, alistan igualmente sus afiladas garras para el saqueo oportunista. Tienen harta experiencia en propiciar y dirimir conflictos entre países limítrofes, dando por sentado que siempre se han de llevar la mejor rebanada.

El guión ni siquiera es para película. Está diseñado en los famosos manuales de entrenamiento de la Escuela de las Américas, símbolo de la política exterior estadounidense para nuestro hemisferio. De esta institución se dice que ha sido el principal obstáculo para el desarrollo de la democracia y los derechos humanos en Centroamérica y el sur del continente. De sus técnicas se ha propalado que son las más sofisticadas para transferir mañas operativas y militares de combate, contrainsurgencia y guerra psicológica para ser aplicadas en países donde los combatientes son de extracción campesina, desterrada y desplazada, o con alta incidencia de activistas de los derechos humanos. De sus fines se afirma que utilizan la desestabilización de los Estados a nombre de la democracia.

El asunto sería para una artificiosa novela si no fuera porque este megaproyecto, que encubre la seguridad democrática, tuvo sus genuinos comienzos por allá, hace algunos años, en un punto que geográficamente se distingue como el Urabá antioqueño. Es decir, la verdadera esquina del sur de América. Y se propagó bajo una consigna espuria que se supo incubar en el corazón de los colombianos: la autoproclama de una “refundación de la Patria”.
Publicado enEdición 149
Contra la integración regional. Así han actuado siempre los Estados Unidos en la región, y los sucesos en curso reafirman su política y sus intenciones.

Se cuenta que durante la pasada gira que los medios apodaron “muda” ante las explicaciones de Uribe, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, sin ocultar cierta sonrisa, le habría replicado: “Por favor… en ninguna parte un general Fernández le ha dado órdenes a un general Johnson”. Demoledor comentario que basta y sobra para hundir la estrategia de minimización de la importancia de las bases militares estadounidenses, que, al parecer, sólo en Colombia ha tenido efecto (sobre un pueblo, por desgracia, completamente indefenso frente a la manipulación mediática). Para completar el realismo de la fábula, no le faltó sino añadir que aquí el probable general gringo ni siquiera necesita abrir la boca cuando ya su homólogo colombiano, en ejercicio de ‘soberanía’, se arroja a sus pies. En cierta forma, esto nos exime de explicar por qué el gobierno colombiano, más que aceptar, ha suplicado la instalación –u ocupación– de las bases militares. Más interesante, y más importante, es tratar de entender en qué medida corresponde a una estrategia del Imperio.



Aunque se vista de seda…


La presencia de Obama al frente del Imperio ha despertado no pocas ilusiones. Y en verdad es notorio el cambio de estilo con respecto al que exhibía el burdo cowboy. Cambio de ninguna manera desdeñable, ya que, en política, el estilo hace parte del contenido. En efecto, en gran medida el enorme problema que había dejado la era Bush era la pérdida de liderazgo de Estados Unidos y su virtual aislamiento –evidente en Latinoamérica– sin que, a cambio, hubiera podido ofrecer el fin de la campaña guerrerista y la liquidación del ‘terrorismo’. El mandato que recibía Obama era el de recomponer la imagen mundial del Imperio y reconstruir el esquema de alianzas. Pero más importante era la tarea interna de recomponer la unidad nacional. Por eso, el candidato más apropiado era Obama, con su perfil no sólo de renovador sino de ser en sí mismo la renovación. En el plano de las imágenes, predominante en la coyuntura, sí que resultaba efectiva la técnica del marketing para construir un presidente. Eso era lo que se necesitaba, más aun cuando lo más urgente era sortear la profunda crisis que, como se sabe, se suele enfrentar inicialmente comunicando tranquilidad a los mercados y esperanza a los ciudadanos. Y eso es lo que ha estado haciendo, con el ‘combustible’ que le proporciona la política de ayudas en dinero contante y sonante.

Pero no hay que pedirle mucho más. Sobre todo, no un programa original y de ruptura. El nuevo equilibrio de fuerzas dentro de los Estados Unidos supone sin duda un conjunto de cambios pero con un derrotero en el que resalta mucho más la continuidad. Se trata de una potencia colosal, con una maquinaria económica y política que funciona por su cuenta, y para la cual el presidente de turno es apenas un vocero.

Dejando de lado la política interna, que hasta ahora ha sido el asunto fundamental, hay algunas cosas de política exterior que no se deben olvidar y que son la base de todas las variantes posibles. Para la cúpula del gran capital de Estados Unidos, en términos económicos, su estrategia hemisférica ha sido la configuración de un área de libre comercio, que en los tiempos actuales significa ante todo el acceso a los recursos naturales y la protección de sus inversiones. En la competencia con otras potencias mundiales y en previsión de posibles insubordinaciones, le resulta indispensable conservar y fortalecer su control político-militar, hoy día el atributo por excelencia de su hegemonía ya debilitada en los planos económico y tecnológico. Es esta estrategia, en lo esencial, lo que debe adelantar Obama con su estilo y bajo formas políticas diferentes, de acuerdo con el mandato recibido.

Respuestas diversas para asegurar la continuidad


No es ésta la primera vez que se habla de cambios radicales. También en 2001, con ocasión de los atentados, se dijo que la historia se había partido en dos. Sin embargo, lo que entonces logró Bush fue construir el gran enemigo de reemplazo al fenecido ‘comunismo’, tan necesario para un imperio como éste y mucho más útil en la medida en que se trata de un enemigo –el ‘terrorismo’– indefinible, y tan omnipresente como difícilmente ubicable. Era la solución que se estaba buscando desde el otro Bush, el padre, bajo cuya administración se había iniciado una doble estrategia militar de posguerra fría (otro cambio): de una parte, el fortalecimiento de la OTAN hasta convertirla en un instrumento aparentemente multilateral, con cobertura mundial (anulando el Consejo de Seguridad de la ONU), y, de otra, la sustitución del esquema de grandes contingentes militares, estacionados en lugares de activa o probable intervención bélica, por la ampliación de una red mundial de bases de menor dimensión pero más flexibles y que permitieran una vigilancia permanente (alta tecnología), y, en caso de necesidad, ataques de respuesta rápida1. En ambos sentidos, el supuesto, no siempre explícito, era que el riesgo para la salud del Imperio en esta época se encontraba en el propio carácter multipolar del orden mundial, que, a la vez, conllevaba posibles desequilibrios regionales.

Dicha estrategia continuó durante la administración Clinton, aunque éste llegó hasta afirmar que tan importante como la geopolítica era también la geoeconomía, neologismo que, aplicado a este hemisferio, tomó la forma del ALCA reimpulsada por el junior Bush. No obstante, tal propuesta fue perdiendo credibilidad progresivamente, para terminar con una estruendosa derrota en 2005. Es cierto que, a través de los tratados, conservó Norteamérica y se aseguró el centro del continente, pero en el Sur pudo ganar solamente Chile, Perú y Colombia (todavía pendiente). Pero la derrota económica significaba, a la vez, una derrota política. Emergieron uno tras otro nuevos gobiernos que se decidieron a tomar distancia de la política imperial, entre ellos Brasil, verdadera potencia suramericana. Surge la propuesta de UNASUR y se consolida el de Venezuela, de gran significado político y no despreciable capacidad económica, tomando fuerza, de su mano, la iniciativa del ALBA. En estas circunstancias se incrementan la utilidad y el significado geopolítico de Colombia.

Comienzo de la contraofensiva


En efecto, la subregión andina ya venía considerándose como la única inestable (‘plan Colombia’, año 2000), en un continente que, considerado suyo tradicionalmente, sólo ameritaba acciones de ‘mantenimiento’. No obstante, era evidente que la transformación política en Suramérica alteraría el diseño imperial. La amenaza inmediata, según su percepción, se podía desarrollar en la gran cuenca del Caribe, incluido el Golfo de México, a partir del “eje Cuba-Venezuela”. Sin embargo, en esta área, dado el estricto control militar, marítimo y aéreo, y la escasa probabilidad de cambios políticos en los países insulares, podía bastar una estrategia de contención. Quedaba de todos modos el peligro de Venezuela y su posible influencia en la subregión. Hacia Suramérica, la amenaza tenía que ver ante todo con la pérdida de control, en especial por las pretensiones de Brasil de expansión hacia los mercados del Pacífico.

Varias líneas estratégicas se han intentado desde entonces. Una, que combinaba la perspectiva geoeconómica, consistía en fortalecer, a partir de los tratados de libre comercio, un “eje Pacífico”, a la manera de una muralla de contención. Pero sobrevino el cambio político de 2007 en Ecuador y debió abandonarse (ya era un obstáculo el gobierno de Bolivia).

Otra que ha sido la preferida históricamente por Estados Unidos es el intervencionismo conspirativo, consistente en generar y aprovechar contradicciones internas en los países para suscitar cambios de gobierno que, una vez producidos, él mismo se encarga de legitimar. Sobra recordar el reversado golpe de Estado en Venezuela (2002) y los acontecimientos recientes en Bolivia. Es una línea que continúa en todos los países (Honduras), aunque con resultados todavía limitados. Fue por eso que el Imperio comenzó a acariciar la posibilidad de intervención bélica convencional2.

La forma inicial consiste en el hostigamiento político y militar contra los países insubordinados (el económico puede ser utilizado, pero hasta ahora sólo se le aplica a Cuba). Obviamente, este expediente es de difícil aplicación en los países del Cono Sur y prácticamente imposible en Brasil, por lo cual los blancos escogidos son Venezuela y Ecuador. Fue así como adquirió Colombia un nuevo papel con el argumento del “peligro para la región”, originado en el “desbordamiento del conflicto”. Se pone de manifiesto en el bombardeo en territorio ecuatoriano, que significó la muerte de Raúl Reyes.

Del despliegue a la concentración de las bases


Es claro, entonces, que existe una continuidad en la estrategia militar del Imperio, aunque paralelamente Obama se proponga adelantar nuevas combinaciones políticas. A esta altura es visible el arco de control establecido bajo jurisdicción del Comando Sur. Bases de Guantánamo (Cuba), Roosevelt Roads y Fort Buhanan (Puerto Rico), Soto Cano (Honduras), Comalapa (El Salvador), Bahamas, Curaçao y Aruba. Es cierto que el gobierno de Ecuador acaba de cancelar la concesión de la base de Manta, pero las siete bases en Colombia tienen una explicación que va más allá del reemplazo. Se trata de edificar un verdadero frente ofensivo (obsérvese la disposición longitudinal de Sur a Norte) hacia Venezuela, en lo inmediato, pero con propósitos de reforzar una iniciativa sobre la región andino-amazónica. De hecho, en lo que se refiere al Pacífico, téngase en cuenta que ya Alan García le otorgó derechos a la IV Flota para la utilización de los puertos peruanos, así como permitió la entrada del ejército de Estados Unidos en la zona del Valle de Huallaga.

Este frente ofensivo se levanta, por supuesto, sobre la base de la presencia que siempre ha tenido aquí, reforzada últimamente en desarrollo del ‘plan Colombia’. Pero va más allá de las labores contrainsurgentes, que son lo que despierta el entusiasmo de Uribe. Al contrario, es posible que el Imperio le juegue a la prolongación del conflicto en la medida en que el argumento del “desbordamiento” le permita utilizar a los paramilitares contra Venezuela, en una nueva versión de los contra nicaragüenses. Sería una táctica de hostigamiento y provocación para precipitar una confrontación colombo-venezolana. Es lógico. En la actual coyuntura, no es factible un ataque militar directo de Estados Unidos en un país de Suramérica, pero sí una supuesta intervención humanitaria que, como contraprestación, lleve a “cambios de gobierno”. Téngase en cuenta que, paralelamente, la derecha militarista continúa la contraofensiva de recuperación, de Centroamérica al Sur, incluida Venezuela, bajo la fórmula nunca abandonada del intervencionismo conspirativo.

En este caso, el gobierno colombiano le habría sacado del fuego las castañas.
  1. Aunque se mencionan hoy como FOL, su sigla inglesa, conviene precisar que en la actualidad se calculan 757 bases entre propias y ‘alquiladas’ (en 130 países), de diferente naturaleza, que van desde centros de espionaje, campos de entrenamiento, lugares de descanso y recuperación, hasta verdaderas instalaciones militares (aéreas, navales y terrestres), de mayor o menor dimensión. A ellas debe agregarse una red de ‘derechos’ obtenidos en diversos países: derechos de puertos de escala, de aterrizaje de aviones espías, de sobrevuelo, etcétera.
  2. Como se sabe, desde el 11 de septiembre de 2001, Bush hijo define su proyección militar a partir de una cruzada antiterrorista y sobre la base de una doctrina que rompe con los presupuestos formales del Derecho internacional: la doctrina de la “acción anticipada preventiva”, que borra la diferencia entre defensiva y ofensiva, y lleva al extremo el principio de extraterritorialidad de la ley de los Estados Unidos (en este caso, antiterrorista), al justificar ataques contra Estados de los cuales se supone que protegen el terrorismo.

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Colombia firma acuerdo para la entrega de siete bases militares a Estados Unidos
Publicado enEdición 149
Miércoles, 26 Agosto 2009 20:25

Integración del Sur: un sueño bombardeado

Las bases militares son parte de la estrategia por medio de la cual se consigue el control tanto de América del Sur como del Centro y del Caribe. Pero no son el todo. Los tratados comerciales y otros componentes complementan el diseño (ver mapa pág. 7). Gobernantes abyectos son necesarios siempre para disponer todas las piezas sobre la mesa y lograr lo perseguido por parte del Imperio.

La idea de los espacios económicos supranacionales se remonta a la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, institución que surge en la década de los 50 del siglo XX para regular las condiciones de producción y comercialización de esos productos entre algunos de los países más importantes del continente. Esa comunidad derivó en la actual Unión Europea (asociación de países que ya no se limita a los intereses económicos), que en muchos aspectos puede considerarse el referente de las demás asociaciones económicas regionales que se crearon posteriormente.

Con las asociaciones de países afines (y normalmente limítrofes) se busca, con la ampliación del mercado, mejoras en la productividad de los diferentes sectores de la producción a través de la aplicación de economías de escala. Pues, bien, nuestros países no fueron ajenos a la idea, y en mayo de 1969 Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú firmaron el Acuerdo de Cartagena, más conocido como Pacto Andino, que tenía como meta establecer una unión aduanera que facilitara la circulación de las mercancías entre esos países. Venezuela se sumaría al Acuerdo en 1973. En el Sur se firmaba, en abril de 1969, el Tratado de la Cuenca del Plata entre Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay. Se puede decir que se pretendía pasar del nacionalismo al regionalismo económico, con lo cual se esperaba enfrentar mejor los desafíos de un mercado internacional crecientemente competitivo.

Sin embargo, del ejemplo de la Unión Europea se olvida a menudo la relativa simetría entre los países constitutivos, y su independencia y su homogeneidad en el campo político. Ese olvido se hará patente cuando, en 1976, el Chile de Pinochet, que se había convertido para la época en el laboratorio de experimentación del modelo neoliberal, abandona en octubre de ese año el Acuerdo de Cartagena, pues las condiciones de éste, en cuanto a inversión extranjera y aranceles externos, le impedían someter sus mercados a las exigencias de Norteamérica. La derecha asestaba así el primer golpe a la integración regional y apostaba por un modelo de apertura indiscriminada que en la década de los 90 se haría extensivo a los demás países.

Pensamiento único e integración regional en Suramérica


El miedo al comunismo, acentuado por la victoria de la Revolución Cubana en 1959; los movimientos de liberación nacional en África e Indochina en los 60 y los sucesos de mayo del 68 fueron factores que crearon un terreno fértil para que las clases dominantes de América Latina optaran por gobiernos militares en la década del 70 y la primera mitad de los 80. Pero la crisis generalizada del capital que se vive desde comienzos de esa última década dejará sin piso a los regímenes de facto, lo cual estimulará el regreso de los gobiernos civiles, que curiosamente se encargarán de aplicar los llamados ajustes estructurales, recetados a estos países por el Fondo Monetario Internacional y que en lo esencial consistieron en la reducción sistemática de salarios y el desmonte de los servicios sociales. Esto fue posible porque las dictaduras habían hecho el trabajo sucio de descoyuntar las organizaciones de la sociedad civil, y la desaparición y el asesinato de los principales líderes de los movimientos políticos de oposición (tan solo en Argentina se estiman en más de 30 mil los desaparecidos durante la dictadura). En ese período, los procesos de integración se vuelven asunto marginal.

La introducción en el mundo anglosajón (Estados Unidos y Gran Bretaña) del modelo neoliberal en la década de los 80 (la presidencia de Reagan se extiende de 1981 a 1989 y la de Margaret Thatcher de 1979 a 1990) se convierte en ejemplo obligado para el resto del mundo. Y la caída de la Unión Soviética, en 1989, consolida la idea de que el capitalismo, en su presentación más salvaje, es la única forma de organización posible, inaugurándose una época de homogeneización de las políticas y los discursos sociales y económicos que cubre la década de los 90, y que apenas vendrá a mostrar sus fisuras con la reciente crisis económica. La apertura de mercados, que se torna en uno de los credos del nuevo evangelio económico, revive paradójicamente el interés por los procesos de integración. La existencia de bloques regionales parece entonces un mecanismo válido de acumulación de fuerzas para negociar en el campo internacional.

Es así como las disminuciones sustantivas de los aranceles, que hacían parte del recetario oficial, facilitaron la reactivación de los procesos de integración económica regional, hasta el punto de que en 1993 entra en funciones la Zona de Libre Comercio entre Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela. Paralelamente se constituye, en 1991, un Mercado Común entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, base de lo que hoy se conoce como Mercosur. Pero los efectos negativos del nuevo modelo son percibidos con mayor intensidad y rapidez en algunos países. En Venezuela, Carlos Andrés Pérez se ve obligado a renunciar a su segundo mandato en 1993, luego del caracazo, que no fue otra cosa que el estallido social provocado por unas políticas de austeridad para las clases subordinadas, y de elevadas ganancias para el capital.

Nuevos vientos


El triunfo de Hugo Chávez en 1998 (como consecuencia directa de la insatisfacción popular), los disturbios en Argentina en diciembre de 2001 (que condujeron a la renuncia casi inmediata de Fernando de la Rúa) y el triunfo de Lula da Silva en Brasil en 2003 son manifestaciones reactivas al fracaso social en que se tradujeron los modelos aperturistas y desreguladores en Suramérica. De otro lado, la emergencia de nuevas potencias como China e India, la reaparición de Rusia en el escenario mundial y el fracaso globalizador en el mundo musulmán, que se resistió a la homogeneización cultural, plantean un desafío a las lógicas del pensamiento único y el unilateralismo que el mundo anglosajón había formulado como modelo por seguir, y terminan constituyendo una situación inédita en la geopolítica mundial, que definía para el Sur de América nuevas condiciones y nuevos desafíos para su existencia como comunidad.

China como fuerte demandante de energéticos y proveedor de manufacturas, y Rusia como potencia petrolera y gasífera, vieron en Venezuela, Brasil y Argentina (los más grandes mercados de Suramérica) un enorme potencial comercial, y, liberadas las relaciones económicas de ataduras ideológicas, su presencia en el continente debía de hacerse incuestionable. La positiva respuesta de estos países suramericanos, basada en una política consciente de practicar el multilateralismo económico, ha terminado por posicionarlos en el escenario mundial como actores de consideración (Venezuela como miembro de la OPEP, y Brasil y Argentina como integrantes del Grupo de los 20), y les ha permitido un manejo mucho más libre de sus opciones políticas y económicas.

Coletazo gringo


Pese al desprecio por su patio trasero, Estados Unidos no ve con buenos ojos los retozos democráticos en esta parte del continente, y mucho menos que estos países vayan por el mundo negociando sin su permiso. En 2002 se intenta derrocar a Hugo Chávez en una asonada de tres días que los pobladores más humildes de Caracas, en alianza con sectores leales del ejército, logran revertir. En 2003, Estados Unidos firma un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Chile y fortalece la alianza militar con Colombia mediante la profundización del ‘plan Colombia’, que de ser un acuerdo antidroga vira hacia una alianza contrainsurgente.

En mayo de 2004, los estadounidenses les proponen a Colombia, Perú, y Ecuador negociar TLC con cada uno de ellos. Perú alcanza un acuerdo en diciembre de 2005, que pudo ser puesto en vigencia apenas en el presente año. El gobierno colombiano, el más solícito en buscarlo, ha visto obstruido su intento por la oposición de los sindicalistas estadounidenses y algunos senadores demócratas que, escandalizados por la situación de derechos humanos en el país, se declaran contrarios a la firma de un tratado con Colombia. Sin embargo, luego de la entrega de siete bases militares colombianas, la aprobación del TLC parece cuestión de tiempo. En cuanto a Ecuador, Washington había suspendido en 2006 las negociaciones del TLC con Quito, en represalia por la declaratoria de caducidad de un contrato con la Oxy, y, por tanto, la victoria electoral y el posterior ascenso a la presidencia de Rafael Correa, en enero de 2007, no hacen más que confirmar la suspensión definitiva de cualquier acuerdo.
 
Los efectos de la embestida norteamericana han terminado por socavar en forma importante los esfuerzos de integración suramericana. Los términos aceptados por los negociadores colombianos del TLC con Norteamérica, por ejemplo, provocaron el airado reclamo de Bolivia, que veía cómo las ventas de soja a Colombia (que en 2005 representaban el 66 por ciento de las exportaciones totales de soja de ese país) se veían seriamente amenazadas, pues se abrían las puertas a la soja subsidiada de los productores estadounidenses. El gobierno venezolano se ve obligado a retirarse de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) en 2006, pues percibe el riesgo de ver inundado su mercado de productos de Estados Unidos a través de los sistemas de triangulación (en ese caso, el temor era de que Colombia los importara de Estados Unidos y se los vendiera a Venezuela como propios). Y, para rematar, el bombardeo de Colombia a territorio ecuatoriano en 2008 y la clara intención de vincular al gobierno venezolano (y también al ecuatoriano) con las farc, se convierten en el puntillazo final que bloquea cualquier posibilidad de desarrollar una fluida integración regional. Es claro que el gobierno colombiano se constituye en una cuña que presiona la desintegración de la CAN, aun a riesgo de deteriorar todavía más su balanza comercial.

Multilateralismo versus unilateralismo


El gobierno de Uribe está asumiendo en esta época el mismo papel que representó el régimen de Pinochet para la unidad latinoamericana en los años 70 y 80. En la actualidad, de lo que se trata es de jugar al unilateralismo con Washington, a cualquier precio, y mediante la satanización de los gobiernos de Ecuador, Venezuela y Bolivia romper los esbozos de la unidad suramericana que empezaban a tomar fuerza desde la Primera Cumbre Energética Suramericana, realizada en la isla Margarita en 2007, y donde surgió el término y la idea de Unasur.

El enrarecimiento de las relaciones comerciales y políticas de Colombia con Ecuador y Venezuela obliga a este último a proponerse como meta su desconexión económica de Colombia, lo que lo lleva a reforzar sus lazos con el Mercosur y buscar con ese bloque su vinculación integral. La reciente firma de convenios entre Buenos Aires y Caracas, por más de 1.100 millones de dólares, son el comienzo de un proceso que se ve como irreversible. En ese sentido, la integración formal y real de Venezuela al Mercosur parece inevitable y comienza a darle luz a la formación de un bloque atlántico que, además de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela, seguramente incluirá a Bolivia. Y no sólo porque ésta, con las segundas reservas de gas de esta parte del continente, se torna una región complementaria de Brasil y Argentina en la materia, sino también porque su nueva visión de abrirse a Europa se compatibiliza más con los intereses del Mercosur que con la idea de los demás países andinos (con excepción de Ecuador) de jugar la exclusiva carta de Washington, tal el caso de Colombia, Perú y Chile. Además, la confirmación de que las reservas de litio en el salar de Uyuni son las más grandes del mundo y de que Bolivia puede concentrar entre el 70 y el 90 por ciento de las reservas mundiales de ese material clave en la fabricación de baterías eficientes, sin las cuales es imposible el desarrollo de un auto eléctrico comercializable, aumenta significativamente las posibilidades de Bolivia de multilateralizar sus relaciones internacionales, pues más de un jugador mundial está interesado en profundizar las relaciones con ese país y facilitar su no alineamiento.

Y, más allá de si el litio convierte o no a Bolivia en la Arabia Saudita del siglo XXI, como ya lo afirman algunos, la alianza firmada entre Gazprom (de Rusia), Total (de Francia) y Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos indica el camino iniciado por la nación más pobre de Suramérica hasta hoy. El crédito otorgado por los rusos para la compra de armas por 100 millones de dólares y la firma de un contrato por 3.000 millones para la gasificación del país son muestras adicionales del nuevo rumbo de las cosas en esta nación andina. Ahora bien, si se concreta la compra de la participación de Repsol en Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), la empresa petrolera argentina, por parte de la estatal petrolera china, se consolida una situación de relaciones internacionales diversificadas en esa región, difícil de revertir en el corto plazo.

De allí que, más que la utilización de los vagos conceptos de “gobiernos de izquierda” y “gobiernos de derecha” para los análisis de la actual coyuntura en Suramérica, quizá resulte más conveniente mirar el asunto desde la perspectiva de países multilateralizados –y que por tanto han ganado relativa independencia de Estados Unidos y una posición deliberante en el concierto de las naciones– y un conjunto de países que siguen dependiendo exclusivamente de sus relaciones con Washington, y que mantienen su condición de subordinación absoluta y un papel totalmente gregario en el Sistema Mundo (a los que podemos denominar unilateralizados). Es probable que la casi segura victoria del empresario derechista Sebastián Piñera en Chile termine por remarcar este escenario, pues con toda seguridad enfatizará aún más en lo que los gobiernos de la Concertación han querido velar, esto es, su vinculación umbilical con Estados Unidos.

Por tanto, resumiendo, si se mira el mapa suramericano, hoy encontramos una zona, al occidente de los Andes, conformada por países que eligieron seguir el camino del siglo XX, la “Estrella Polar del Norte”, y que, por fuertes condicionamientos históricos, difícilmente pueden llegar a una real integración (tal el caso de Perú y Chile por los contenciosos que sostienen de tiempo atrás), pero que con su política internacional están coadyuvando a la creación de un espacio que va desde La Guajira colombiana hasta la Tierra del Fuego, y que, bordeado por el Pacífico, se ofrece al libre tránsito de mercancías y fuerzas armadas norteamericanas. Incrustados en la zona del Pacífico (con la excepción de Ecuador, que, aislado geográficamente de aquellas naciones con las que muestra hoy mayor afinidad, es por esto el más vulnerable), más que un bloque se pueden definir por coincidir en mirar hacia afuera y en una sola dirección (dos de ellos ya tienen TLC con Estados Unidos, Chile y Perú, y el otro, Colombia, a la espera de firmarlo). Y otra zona, la del Atlántico, al oriente de los Andes, que tiene perspectivas de integración y una capacidad potencial de jugar en el escenario internacional.

Ahora bien, debe entenderse claramente que multilateralismo no necesariamente es sinónimo de progresismo, pero también que sin multilateralismo los movimientos autónomos y progresistas tienen menos posibilidades de ser una realidad. Esto explica, por lo menos en parte, por qué los regímenes más retardatarios de la región, como el gobierno de Uribe en Colombia, sacrifican incluso intereses de las clases dominantes (mercados como los de Venezuela y Ecuador, por ejemplo) para poder alinearse de modo irrestricto con el gobierno norteamericano. De allí que una posición digna en el concierto mundial, sin que obviamente sea la bandera central de los movimientos de izquierda, debe ser un reclamo que no debemos despreciar.
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