El gobierno griego anunció que venderá "inmediatamente" las participaciones del Estado en la empresa de telecomunicaciones OTE, en el banco postal y en los puertos del Pireo cerca de Atenas y Salónica, para reducir la deuda del país. “No les obligaremos a vender la Acrópolis, aunque sí todo lo que puedan privatizar”, había avertido el ministro holandés de Economía, Jan Kees de Jage, al condicionar la ayuda europea.

El Gobierno griego decidió impulsar de forma urgente nuevos recortes en los sueldos de los empleados públicos y en las pensiones, un aumento de impuestos y privatizar puertos y empresas estatales para seguir recibiendo ayuda externa. Las medidas serán tramitadas por el Parlamento en las próximas semanas, de acuerdo con una decisión aprobada en una extensa reunión del Consejo de Ministros presidida por el jefe del Ejecutivo, Yorgos Papandreu.

Entre las medidas se incluyen la privatización de la Caja Postal de Ahorros, de los puertos de Atenas y Salónica, de los servicios de agua potable de Salónica y de Atenas, de la empresa telefónica nacional y del casino de Atenas. Además, se pretende prolongar el alquiler del aeropuerto internacional de Atenas "Elefterios Venizelos".

También se aumentarán los impuestos sobre el gas natural y las bebidas no alcohólicas y se reducirán pagas adicionales mensuales de los funcionarios públicos y las pensiones, al tiempo que se aumentará un 20 por ciento el precio de las licencias de circulación para los automóviles.
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La protesta social pierde fuelle en Francia, según datos del Ministerio de Interior. Unas 198.000 personas se han manifestado en Francia durante la jornada de hoy, clave clave para vislumbrar el futuro del movimiento contra la reforma de las pensiones. Esta cifra sería una fuerte caída "en comparación a los días anteriores (480.000 y 500.000 octubre 19 de octubre 12, respectivamente)", según ha informado el Ministerio.

Jean-Claude Mailly, secretario general de unos de los sindicatos franceses más combativos, FO, no esperaba a primera hora que la jornada de protesta convocada hoy en Francia no sería particularmente masiva: "Hay vacaciones en Francia, los estudiantes no tienen clase, hay un poco de cansancio también. Yo no me espero una participación récord". Hay cientos de manifestaciones convocadas en toda Francia en esta décima jornada de acción sindical desde que empezó el movimiento, la séptima desde que terminó el verano.

En las últimas, la participación basculó siempre entre los tres millones y los tres millones y medio. Pero algunas cosas han cambiado desde entonces: las refinerías ya vuelven al trabajo (aunque sin mucho petróleo que refinar debido a que el puerto de Marsella sigue cerrado), la gasolina vuelve a su vez las gasolineras gracias a los desbloqueos de los depósitos de combustibles y la ley fue aprobada, ayer, solemne y definitivamente, por el Parlamento, con 336 votos a favor y 233 en contra. Es decir, los sindicatos ya nadan muy a contracorriente: a pesar de las jornadas de protesta, el Gobierno no ha cedido en lo principal (el retraso en la edad de jubilación) y eso se refleja en cierto desgaste del movimiento.

Hoy, el metro en París funciona casi perfectamente, el tren de cercanías no tanto y los trenes y los transportes públicos en otras ciudades se ven afectados por los paros pero menos que otras veces. Es decir: también desde este punto de vista da la impresión de que el movimiento de protesta remite. El semanario Le Nouvel Observateur, en el número que sale hoy, aporta un titular significativo: "¿Cómo se sale de esto?".

Con todo, hasta que no terminen todas las manifestaciones y se contabilicen los asistentes no se podrá hablar de una protesta lastrada ya por el desánimo y el cansancio.

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA | París 28/10/2010
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Domingo, 24 Octubre 2010 09:10

Francia. Que vivan los estudiantes

Un clamor juvenil, solidario y espontáneo flota sobre el cielo de París. La risa y el canto. En el corazón de la multitud que recorre el Boulevard Arago se respira una atmósfera de paz agitada, de hermandad instantánea, de carisma generacional. No hay violencia, ni gestos obscenos, ni agresividad en esas voces que piden a coro “la jubilación a los 60 años” en una coalición casi inédita de estudiantes y trabajadores del ferrocarril, de empleados públicos y privados, de profesores y alumnos del bachillerato, de empleados administrativos y estibadores del puerto, de jubilados y desempleados.

Las banderas de la CGT y los globos del Partido Socialista tapan el horizonte. París resucitó una forma de acción social que los tenebrosos analistas digitales decían muerta: masiva, constante, empeñada, pacífica y organizada según un régimen distinto del de otras protestas. Jean Michel emerge de un grupo de jóvenes que se burlan de Nicolas Sarkozy con consignas vivarachas. “No queremos que nuestros padres se mueran trabajando, y nosotros no nos queremos secar bajo el sol buscando casa y trabajo”, dice el muchacho de 19 años. A su alrededor, los estudiantes, en su mayoría bachilleres, gritan: “Los jóvenes en la pálida, los viejos en la miseria”. Aplausos y miradas cómplices.

Detrás de ellos avanza un grupo de trabajadores del ferrocarril. Son corpulentos, tienen las manos y el rostro marcados por el trabajo. Cuatro de ellos, con brazaletes rojos en los brazos, escrutan los movimientos anormales de la multitud. “Estamos aquí para encuadrar a los violentos, para explicar que en la democracia no se golpea”, dice André, un aparatoso miembro de la CGT. La juventud baila, la clase obrera exulta. La soñada convergencia entre trabajadores y estudiantes se plasmó en un par de semanas.

Pero no responde al sueño de un socialismo de museo, sino a un estilo renovado de oponerse a las medidas de un gobierno. La prensa anglosajona describió las manifestaciones que estallaron en Francia en el primer trimestre del año y se prolongaron hasta hoy como una curiosidad arqueológica. “Creían que en la economía inmaterial ya no había más trabajadores, ni manos curtidas, ni estudiantes en la miseria, ni responsabilidad colectiva a la hora de defender los derechos”, explica Arnauld, un estudiante de segundo año de química. “Somos la parte que los especialistas en estadísticas no tomaron en cuenta”, agrega Michel, otro estudiante de la misma materia. “Aquí está la realidad analógica”, comenta con picardía. Ambos tienen plena razón. Francia siempre nos sorprende.

En estas calles empapadas de pasos no hay ideologías, ni reclamos metafóricos, ni pedidos imposibles, sino una concentrada oposición a una reforma de las jubilaciones, que la sociedad asimila a la injusticia, impulsada por un Ejecutivo que, para la gran mayoría, gobierna para los privilegiados. Se trata de un movimiento de una indisciplina práctica, y en ello es plenamente moderno, y no “prehistórico”, como lo sugieren los detentores del pensamiento “Power Point”. “Aquí, los chicos no están alentando o patrocinando ninguna revolución. Sólo quieren justicia, equidad, y que los tomen en cuenta”, afirma Roselyne, una jubilada del correo francés que acudió con su hija. Michel describe en una frase veloz los dos “insostenibles” que los movilizaron: “Hay 25 por ciento de desempleo entre los jóvenes, y el gobierno quiere hacer trabajar a la gente hasta los 70 años. ¡Una locura!”.

Martine, una hermosa muchacha de 24 años, estudiante de derecho internacional, dice, enojada: “La juventud ha sido sacrificada, no queremos esta sociedad donde sólo hay lugar para los recomendados, los privilegiados, los ladrones, los hijos de ricos. Queremos justicia, igualdad, posibilidades de progresar para todos”.

Entre grupo y grupo, a lo largo de cuatro horas de marcha, se puede hacer una radiografía tan espontánea como precisa de los desalientos de la juventud ante un Ejecutivo que la ignora y un presidente a quien los jóvenes tratan como ególatra: la reforma de la jubilación, la política inmigratoria, el escándalo L’Oreal, que golpea de lleno al ministro de Trabajo, a cargo de llevar adelante la reforma de las jubilaciones, el desempleo, el escudo fiscal impulsado por el gobierno y mediante el cual los muy ricos recuperan mucha plata, la carestía de barrio rico de la noche, la ausencia de política ecológica, los controles policiales constantes, la falta de ayudas y, sobre todo, de una política “objetiva” orientada a los jóvenes así como una sensación general de que el sistema capitalista, tal como está gestionado, sólo beneficia a una estrechísima minoría.

La polifonía generacional de la protesta y el carácter sociocultural y socioprofesional mixto le dieron una identidad tanto más peculiar cuanto que los jóvenes se sumaron a la protesta en las últimas dos semanas. El levantamiento de los liceos fue facilitado por el rumor de que el plan de reforma de las jubilaciones iba a crear un millón de desempleados entre la juventud, por las iniciativas ridículas de muchos directores de bachilleratos que escribieron a los padres para que no permitieran que los chicos vayan a manifestar o a bloquear los colegios y, de manera general, porque el poder político infantilizó el movimiento juvenil.

“Nos tomaron por tontos irresponsables, por nenitos de jardín de infantes sin capacidad de entendimiento”, dice con cierto enojo Audrey, una bachiller de 17 años que se pasea con una pegatina que dice “je lutte de classes” (un juego de palabras que quiere decir “hago la lucha de clases”). Dominique Dupont, sindicalista de la CGT del gremio de los estibadores portuarios, observa a los jóvenes que se deslizan bajo las banderas de los estibadores con melancólica admiración. “Me llenan de ternura, tan jóvenes, tan frágiles, tan expuestos a la violencia de este mundo asqueroso, y tan convencidos de lo que hacen, de la razón por la que están aquí.”

Algunos días más tarde, en la Universidad de Jussieu, los estudiantes organizaron una manifestación antes de las vacaciones. Michel, Aurelie, Jean Pierre, Stephane, todos caminaban cantando “Sarko, estás jodido, la juventud está en la calle”. Llevaban un cartelón inspirado de un manifestante de la localidad de Nantes, que decía: “Sarko, mira tu Rolex, la hora de la revolución ha sonado”.

Francia descubrió en un abrir y cerrar de ojos la pertinencia militante de su juventud y algunos rostros nuevos. El de Viktor Colombani, 16 años, dirigente de la UNIL, Unión Nacional de Bachilleres. Un pibe certero, que habla de “solidaridad intergeneracional” y de la imposibilidad de aceptar “que se rompa el derecho al porvenir”. A pesar de la posición privilegiada de Francia, la juventud vive mal. Un desempleo enorme, dificultades titánicas para encontrar vivienda, un discurso de Estado en el que la juventud y sus problemas suelen ser invitados ocasionales. Los analistas reconocen que los jóvenes han funcionado como “una variable del ajuste” (Louis Chauvel, autor del Destino de las generaciones).

Los jóvenes activos conocen tasas de desempleo alrededor del 24 por ciento. La pobreza los acorrala en situaciones impensables para un país central. “Por eso hemos venido con los sindicatos”, comenta Lucie, una joven recién ingresada a la Universidad. “Estamos hartos del cinismo, de la arrogancia del gobierno, de las injusticias permanentes, de ver cómo hacia arriba se viola la ley y hacia abajo nos ponen presos por cualquier insignificancia.” Tantos jóvenes en la calle vinieron a resaltar la fragilidad del modelo social francés.

Sindicatos y estudiantes coincidieron en un punto: el no a la Francia de los privilegios reservados, al costo de reformas soportadas por la mayoría más expuesta. Esa “bronca” se cristalizó en una suerte de sublevación mansa, muy bien organizada a través de la conciencia colectiva. Los paros no penalizaron a los usuarios porque los sindicalistas pactaron para que unos vayan a las protestas y otros garanticen un servicio mínimo. Lo mismo se constató en las seis manifestaciones y huelgas convocadas desde septiembre. Cada vez hubo entre dos y tres millones y medio de personas, dos veces por semana.

Catherine, una empleada de una empaquetadora, cuenta: “No podíamos ir todos al mismo tiempo a las manifestaciones, cada día de huelga es un día menos de sueldo, entonces nos turnamos. Una semana iba yo, la otra una colega”. El sociólogo Philippe Corcuff comentó al diario Le Monde que en este movimiento “la gente va a veces a las manifestaciones, otras no. Se puede entrar y salir del movimiento a su antojo. Es una suerte de guerrilla social, duradera y pacífica”. Alegre también, con más humor que odio, con más inventividad que pesadumbre. Sin consignas de ruptura radicales, ni delirios mesiánicos, la sociedad francesa elaboró un bello mensaje colectivo tejido entre varias generaciones, entre distintos gremios, entre diferentes sensibilidades.

Caroline, una aguerrida militante del NPA (Nuevo Partido Anti Capitalista, extrema izquierda), reconoce que este movimiento no puede romper ni agredir porque, fundamentalmente, “lo que hemos venido a pedir es respeto, respeto al ser humano, al modelo que construimos, respeto a la historia y los valores de Francia, a la ecología, respeto a la igualdad, a la dignidad”.

Por Eduardo Febbro
Desde París
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Tras tres semanas extenuantes de debate, añagazas por parte de la oposición para alargar las sesiones y trucos legales por parte del Gobierno para acelerarlas, los senadores franceses votaron hoy (y aprobaron gracias a la mayoría de centro derecha de Nicolas Sarkozy) el proyecto de ley de la reforma de las pensiones. El resultado fue de 173 votos a favor por 153 en contra.

Una carambola del destino (o una acertada forma de de apurar los tiempos por parte del Gobierno) ha hecho que la votación coincida casi exactamente con el inicio de las vacaciones de Todos los Santos lo que, según los asesores de Sarkozy, adormecerá el movimiento de protesta.

No será fácil ni es tan seguro: los sindicatos, adelantándose al resultado cantado de la votación de ayer (el enigma era el cuándo no el qué) ya avisaron el jueves de que las manifestaciones y las huelgas continuarán: el jueves que viene, 28 de octubre, fecha en que, previsiblemente, el texto de la ley que sale del Senado será votado, a la vez, nueva y definitivamente, por las dos Cámaras, hay ya convocada otra nueva jornada de protesta. Y el sábado seis de noviembre habrá otra: para entonces, estará cerca el día de la promulgación, por el presidente de la República, de esta ley sobre la que gira, exclusivamente, la vida política de Francia. Todo se resume al pulso entre los sindicatos decididos a continuar y un Nicolas Sarkozy convencido de no ceder.

El último discurso en el Senado perteneció al ministro de Trabajo, Eric Woerth, que insistió en la necesidad de esta reforma y añadió, entre los gritos y los abucheos de la oposición: "Algún día vendrá en que todos los que han criticado esta ley reconozcan el coraje del presidente de la República". Tras la votación, añadió, refiriéndose a la protesta callejera: "Las instituciones han hablado".

A pesar de las varias y crecientes manifestaciones sucedidas mientras se debatía la ley, el Gobierno no ha cedido en lo principal: la edad legal de la jubilación se retrasará de los 60 a los 62 años y la jubilación para aquellos que no hayan cotizado los años pertinentes se retrasará de los 65 actuales a los 67. Ese tiempo necesario de cotización también se alarga: de 40 años pasa a 41,5.

Cuando empezó el debate la votación se antojaba definitiva para ahogar la protesta. Entonces, eso sí, ni había escasez de gasolina ni los jóvenes se habían sumado a las manifestaciones. Ahora, debido a las nuevas convocatorias sindicales y a la continuación de la huelga de las refinerías, este paso no liquidará la crisis social. Queda por ver si la aplacará.

Por ANTONIO JIMÉNEZ BARCA | París 22/10/2010
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Los sindicatos quieren seguir dando batalla en Francia. La policía antidisturbios ha tomado por la fuerza el control de una gran refinería al este de París, la de Grandpuits, una de las 12 que hay en el país y que está en huelga desde hace 10 días. En Grandpuits, Charles Foulard, responsable del sindicato CGT para cuestiones de combustible, ha asegurado: "vamos a seguir hasta la victoria".

Ante esta situación, el Gobierno francés ha reconocido que "la normalidad tardará varios días en llegar".

Agentes procedentes de la capital han llegado a la refinería a primera hora de la mañana y han desalojado a los huelguistas -contrarios a la reforma de las pensiones- que la mantenían bloqueada, cumpliendo las órdenes del presidente de la República, Nicolas Sarkozy, que el martes ordenó el fin de los bloqueos que impiden el funcionamiento de refinerías o depósitos de combustible y que tienen a un 25% de las gasolineras del país sin existencias.

Cuatro furgonetas de la policía han llegado sobre las tres de la madrugada y se han encontrado con un piquete de "una quincena de personas", que han indicado que no iban a desalojar la instalación por su cuenta. Una hora y media después, unos 50 huelguistas han llegado al lugar para reforzar a sus compañeros. La policía ha cargado contra los huelguistas cuando estos han intentado impedir la entrada de 20 trabajadores obligados a trabajar por ley. Una vez dentro de la refinería, estos empleados solo están llenando camiones.

La refinería de Grandpuits, a unos 50 kilómetros de París, es clave para el suministro de combustible a la ciudad y a sus aeropuertos, el de Orly y el Roissy-Charles de Gaulle. Los seis principales sindicatos han mostrado reiteradas veces su determinación a seguir con las protestas pese a que hoy acabe convertido en ley el retraso de la edad de jubilación y han llamado a dos nuevas jornadas de huelga para el 28 de octubre y el 6 de noviembre. Ayer, el propio presidente justificó el recurso a la fuerza para acabar con los bloqueos en el sector petrolero diciendo que no se puede permitir que "una minoría tome como rehén la vida cotidiana de los franceses".

La actuación de la policía se produce justo en el día en que el Senado debe dar su visto bueno a la norma que ha desencadenado una enorme ola de protestas en toda Francia: la reforma de las pensiones, que incluye, entre otras cosas, el retraso de 60 a 62 de la edad de jubilación. Aunque los senadores debían haber emitido su voto el miércoles, las maniobras de los electos de la oposición, que han presentado cientos de enmiendas, ha retrasado hasta hoy la votación.

Por ANTONIO JIMÉNEZ BARCA / AGENCIAS - Grandpuits / París - 22/10/2010
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Viernes, 22 Octubre 2010 06:23

Sarko, inmutable a la protesta

Presionado por el calendario, las manifestaciones, la falta de combustible y una guerrilla de enmiendas presentada por el bloque de izquierda en el Senado, el Ejecutivo francés recurrió a una argucia constitucional para apurar la adopción de la reforma de las jubilaciones. Al mismo tiempo, sustentados por la respuesta masiva de la sociedad al movimiento de protesta contra Nicolas Sarkozy, los ocho sindicatos franceses, en vez de marcar una pausa o dividirse mantuvieron vivo el bloque y convocaron a dos nuevas movilizaciones, una con huelga, prevista para el 28 de octubre, y otra sólo con manifestaciones, agendada el 6 de noviembre.

La batalla continúa entonces a pesar de que el gobierno decidió recurrir a un artículo de la Constitución, el 44, mediante el cual la adopción de un texto se realiza con un voto único, lo que excluye el examen completo de las numerosas enmiendas presentadas por la oposición. Ello permite prever que, a más tardar mañana, la reforma será adoptada. La metodología gubernamental fue denunciada con encono por los senadores de la izquierda y por la primera secretaria del Partido Socialista, Martine Aubry. Imperturbable ante las críticas y la densa marea social que se va gestando, el presidente francés prometió ayer mano dura contra los responsables de los disturbios y aclaró que los violentos no tendrán la última palabra.

El jefe del Estado también evocó la controvertida reforma que eleva la edad de la jubilación a los 62 años, contra los 60 actuales, y de 65 a 67 la edad necesaria para cobrar una jubilación entera. Sarkozy explicó que no procedía “por motivos ideológicos, lo hago porque es mi deber”. El presidente se dirigió –¡al fin!– a los jóvenes y dijo: “Lo que se les está diciendo a estos estudiantes es que la reforma se hace por ellos”. Según el mandatario, con la reforma de la jubilación “los jóvenes no tendrán que pagar dos veces, una por ellos, otra por sus padres”. La juventud estuvo de nuevo en las calles, cantando consignas hostiles a un presidente cuyo desprestigio entre los jóvenes podía medirse en la insolencia de los cánticos y en los carteles a lo largo de las numerosas manifestaciones que volvieron a agitar las calles del país. La última edición del semanario Les Inrockuptibles –hecho para la juventud– testimonia el abismo que hay entre el mandatario y las nuevas generaciones. Con la foto de un policía vestido de negro y con una pistola flash ball en la mano, la tapa del semanario dice: “El presidente anti jóvenes”.

En vísperas de las vacaciones, Francia seguía buscando una gota de combustible entre las más de 2500 estaciones de servicio cerradas –hay 12.500 en total–. La nueva convocatoria lanzada por los sindicatos sorprendió a muchos analistas, tanto como el mantenimiento de la unidad sindical entre las ocho organizaciones. El Ejecutivo no tendrá el respiro con el que contaba. A pesar de la inminente aprobación de la reforma y de la llegada de las vacaciones escolares, los sindicatos están seguros de que una parte considerable de la sociedad está sensibilizada y que la lucha contra la reforma seguirá incitando a la gente a salir a la calle.

En una moción común adoptada por los ocho sindicatos, éstos explican que “fortalecidos por el apoyo de los asalariados, de los jóvenes y de una mayoría de la población, y frente a una actitud intransigente del gobierno y del jefe de Estado, las organizaciones sindicales deciden continuar y ampliar la movilización”. Ello significa en lo concreto que la distensión del clima social por la que apostó el gobierno una vez que se apruebe la ley no se plasmará en lo inmediato. La postura de los sindicatos es también una forma de posicionarse y mostrar su fuerza de cara a las futuras negociaciones con el próximo gabinete. Se espera que Nicolas Sarkozy cambie de primer ministro y reemplace a buena parte de su equipo actual con un matiz más de centro. El presidente espera con ello armar su navío de campaña que lo llevará a la reelección en 2012. No obstante, el desgaste y el descrédito que le acarreó la batalla por la reforma trastornó las reglas de un juego que parecía responder al pie de la letra a las intenciones del presidente. De pronto, la realidad se hizo más inescrutable, los movimientos de la calle más incontrolables y las fulgurancias rebeldes de la juventud mucho más complejas de domesticar. En la batalla táctica e ideológica entre los sindicatos, la izquierda socialista y el gobierno los opositores a la reforma cometieron menos errores que el Ejecutivo y rompieron la hegemonía del discurso oficial.

Por Eduardo Febbro
Desde París
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Frente a la sordera y la arrogancia del gobierno, Ignacio Ramonet, presidente de la Asociación Memoria de las Luchas, apela a la legitimidad social de las mismas y a la democracia participativa.

¿Qué expresa, en su opinión, la amplitud de la movilización por la defensa del sistema actual de jubilación ?
Ignacio Ramonet.- Poco a poco, cada uno se va dando cuenta de que el proyecto gubernamental le va a afectar y de qué manera, esto se va a pagar en años de vida. Más allá de lo cual, hay un malestar social más global, que no ha podido expresarse desde el inicio de la crisis, primero financiera y luego económica, en 2008. Se observa igualmente el rechazo a una manera de gobernar, llena de arrogancia, de soberbia, de suficiencia. Lo que se puede llamar “el espíritu de Fouquet”, del que el caso Woerth es una de las muestras más recientes. El poder se obstina en negar la implicación de un ministro en un asunto que lo vincula a multimillonarios, a las clases extremadamente favorecidas. Lo que suscita un verdadero hartazgo en la población. Y tengo la impresión de que al hilo de la protesta, cada ciudadano toma conciencia de que él puede asociarse al movimiento. De esta manera, éste toma amplitud. Progresivamente, el movimiento traduce el conjunto de malestares de cada uno.

Ayer, Nicolás Sarkozy estimaba que el asunto de las jubilaciones estaba cerrado. ¿Qué hacer ante tal sordera ?
Ignacio Ramonet.- En el plano de la legalidad parlamentaria, el plazo es relativamente corto, ya que se estima que de aquí al miércoles o jueves, el Senado acabará votando esta ley, que volverá entonces a la Asamblea. Y de aquí a unos diez días, desde el punto de vista de la legalidad parlamentaria, el asunto estará concluido. Pero en democracia, existen también otras legitimidades. En este momento vemos expresarse la legitimidad social, por otra parte reconocida en la Constitución a través del derecho de huelga y del derecho de manifestación. Aunque el poder permanezca sordo, esta legitimidad es mayoritaria en el país, como lo muestran los sondeos. Sería imprudente para el gobierno obstinarse, no teniendo en cuenta sólo una legitimidad y no reconociendo las otras, completamente legales en democracia. Por otra parte, nadie ignora que el presidente de la República había afirmado, en su programa presidencial, que no tocaría la jubilación a los 60 años. Él ha roto unilateralmente el contrato moral que había hecho con los franceses. En consecuencia, se está en el derecho de reclamar también otra legitimidad, la de la democracia participativa : ya que el presidente cambia su programa, debe someter su propuesta a los electores. Por ello algunos reclaman, con todo derecho, un referéndum.

Actualmente se desarrollan en Europa otros movimientos contra los planes de austeridad. ¿El desenlace del pulso actual en Francia hay que buscarlo por el lado de las movilizaciones a escala europea ?
Ignacio Ramonet.- Hay manifestaciones muy importante en un gran número de países, en España, en Portugal, en Italia, en Rumania… En Grecia ha habido seis huelgas generales. Así pues, efectivamente, sería necesaria una jornada de acción europea. Añado que en algunos países donde las protestas son más fuertes son gobernados por la socialdemocracia. Y por tanto, muchos ciudadanos se preguntan si la socialdemocracia, cuando está en el poder, no termina por aceptar ella misma las consignas del Fondo Monetario Internacional (FMI), él mismo, dirigido por un socialdemócrata. Hay por tanto una hipoteca, que los partidos socialdemócratas deben cancelar. A este respecto, podemos alegrarnos de que en Francia, el PS anuncia que, si llega al poder, restablecerá la edad legal a los 60 años. Aunque no descarta hacer una reforma del sistema de pensiones.

¿En qué sentido puede decirse que la cuestión de las jubilaciones es una apuesta de civilización?
Ignacio Ramonet.- Se han construido sociedades más avanzadas, más civilizadas, en la medida en que la puesta a punto de sistemas de pensiones permite eliminar uno de los grandes miedos de Occidente, a saber, el desamparo de los ancianos. Es necesario también subrayar que, en algunos países, una de las medidas que toma la izquierda, cuando llega al poder, es precisamente bajar la edad de jubilación. ¡Evo Morales en Bolivia ha aprobado rebajarla de 65 a 58 años ! Responde a una aspiración profunda de los pueblos.

Por Laurent Etre
Humanité
Traducido por J.A. Pina

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Un viejo sindicalista de La Poste, plantado en medio del Boulevard du Temple, al paso de la manifestación parisina, razonaba este sábado en voz alta: "Si paralizamos el país, Sarkozy cederá. Si no, no". A falta de tres días imprevisibles para que el Senado francés vote el miércoles su polémico proyecto de la reforma de las pensiones, el jefe del Estado francés encajó ayer una nueva y multitudinaria jornada de protesta que confirma la incesante presión callejera. Sarkozy también acusa la inquietante amenaza de falta de gasolina por la huelga, que afecta a todas las refinerías, y que empuja a su vez a los franceses a las estaciones de servicio para llenar el depósito, incrementando el consumo y contribuyendo así a que crezca el fantasma del desabastecimiento y la parálisis a la que aludía el empleado de La Poste.

Los sindicatos aseguran que ayer salieron a la calle en toda Francia cerca de 3 millones de personas; la policía los rebaja a 825.000. En cualquiera de los casos, menos que en la pasada manifestación, celebrada el martes 12 de octubre. Pero, como reconoció también el ministro de Trabajo, Eric Woerth, "mucha gente" que rechaza a gritos una reforma que se ha convertido en la medida emblema de Sarkozy. Éste, en horas bajas, hundido en los sondeos, con medio Gabinete amortizado a la espera de recibir la orden de destitución, confía en aprobarla de una vez para mover ficha, cambiar el Gobierno y pasar a la ofensiva.

Los sindicatos no se lo van a poner fácil. "Podemos ganar. Puede que retire la ley. No dejará que el país se quede sin gasolina, sin energía que se paralice. Sus amigos los empresarios le dirán que se rinda", aseguraba ayer Alain Depoilly, un jubilado de 61 años, militante comunista.

La ministra de Economía, Crhistine Lagarde, aseguró en una entrevista radiofónica que hay reservas "para varias semanas" y pidió a los franceses que no se dejen gobernar por el pánico a la hora de acudir a las estaciones de servicio. Con todo, la situación de los aeropuertos parisinos, privados del oleoducto que les alimentaba, es inquietante. El de Orly cuanta con reservas para 17 días pero el Roissy sólo hasta el "lunes o el martes", según un portavoz del ministerio de Ecología, que añadió que el Gobierno está buscando soluciones.

La manifestación parisina arrancó con un aguacero de esos que a veces se abaten sobre París sin previo aviso. Pero luego salió el sol. Una de las primeras pancartas ("Por una vida después del trabajo"), situada cerca de la cabeza, resumía bien el espíritu de una marcha concebida para oponerse a una medida que, entre otras cosas, retrasará la edad de jubilación de los franceses de los 60 a los 62 años.

Muy cerca, un joven profesor de colegio repartía folletos de una central sindical y se paraba para explicar: "Con la huelga de las refinerías, con los aeropuertos amenazados por la falta de combustible, con los jóvenes a nuestro lado, podemos ganar. Y si no lo hacemos el miércoles, pues seguiremos. No nos vamos a parar: seguiremos manifestándonos hasta la victoria".

No está tan claro: entre los ocho sindicatos convocantes, ya hay formaciones, CFDT y UNAS, que sugieren ya que, con la ley aprobada el miércoles, habría que empezar a darse por vencido e ir pensando en una retirada honrosa. Otros sindicatos prometen continuar y forzar el movimiento. Desde junio, ya se han organizado ocho jornadas de protesta, cinco de ellas después del verano.

"Va a ser difícil" reconocía Bruno Habbas, de 38 años, trabajador en los trenes de cercanías de París. "La policía custodia los depósitos principales de combustible del país para que los sindicatos no los puedan bloquear y los estudiantes se van de vacaciones el 25 de octubre, con lo que la protesta corre el riesgo de desinflarse en su momento decisivo", añadía.

La manifestación se llenó de padres con sus hijos pequeños enarbolando pancartas diminutas, de jubilados solidarios con los trabajadores que ven cómo su retiro se aleja. También de sindicalistas, de empleados en los hospitales, de La Poste o de colegios, omnipresentes siempre en las anteriores convocatorias. Todos corearon un lema que se repite en todas las marchas: "Luchamos por conseguir la jubilación a los 60 años; lucharemos para conservarla".

Pero a la manifestación acudieron miles de estudiantes de bachillerato y de universidad, novatos en esta protesta, que se manifestaban por primera vez o segunda vez y que han insuflado un oxígeno necesario a un movimiento que corría el riesgo de agotarse. Al término de la manifestación, en la plaza de la Bastilla, se produjeron algunos enfrentamientos entre la policía y un grupo de jóvenes violentos que rompieron algunos escaparates. Hubo 30 detenidos.

El secretario general de uno de los sindicatos más importantes, la CGT, Bernard Thibault, aseguró, al terminar la manifestación, a modo de resumen: "Los trabajadores están determinados a que se les oiga". Pidió al Gobierno que retire el proyecto de Ley. También el Partido Socialista francés (PS) reclamó que se suspenda la discusión en el Senado que, por cierto, continuaba ayer. De hecho, el ministro de Trabajo Woerth abandonó la cámara para salir al pasillo y responder que el Gobierno, por ahora, no afloja: "La reforma es necesaria y justa", afirmó.

Así, todo se acelera. Este martes hay convocada otra jornada de protesta, con manifestaciones incluidas. Será la última oportunidad de los sindicatos para doblegar al Gobierno antes de la aprobación de la ley en el Senado. Mientras, la huelga prosigue, estrangulando poco a poco las reservas de combustible. Desde el otro lado, Sarkozy se apresta a resistir tres días más.

Por ANTONIO JIMÉNEZ BARCA | París 16/10/2010

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La huelga contra la reforma del sistema de pensiones en Francia continua hoy por tercera jornada consecutiva en los transportes públicos, en particular en los trenes, en la educación y en la mayor parte de las refinerías del país. Si bien los paros en los ferrocarriles parecen ir remitiendo, no ocurre lo mismo en la educación, donde está aumentando, y en las plantas de carburante, la mayoría de ellas bloqueadas y el resto con la producción a medio gas. El Gobierno ha llamado a la calma al país, entre cuyos habitantes crece el nerviosismo y el miedo a la escasez de combustible.

Los datos son que ocho de las 12 refinerías que hay en la Francia metropolitana siguen paralizadas y dos más mantienen una actividad baja, lo que según los sindicatos amenaza con provocar problemas en el abastecimiento. Sin embargo, el ministro de Transportes, Dominique Bussereau, ha asegurado a los conductores y transportistas que no hay nada que temer porque el suministro está garantizado y hay reservas para un mes. Sin embargo, algunas gasolineras han informado de que se están quedando sin gasolina por culpa de consumidores que acaparan combustible por si acaso. Ante esta situación, informa Le Parisien, Bussereau ha pedido que no se llenen los tanques si realmente no se necesita.

Entre 342 y 500 liceos en huelga

En cambio, porcentaje de huelguistas ha vuelto a reducirse tanto en la Sociedad Nacional de Ferrocarriles (SNCF) como en la red de transporte metropolitano de París (RATP), de acuerdo con los datos de las alteraciones del tráfico facilitados por ambas empresas a primera hora de la mañana. Según el programa presentado por la SNCF, hoy circularán de media en torno al 40% de los trenes de alta velocidad (TGV), un tercio de los de largo recorrido de día, la mitad de los regionales y un porcentaje similar de los cercanías en la capital.

Una portavoz de la compañía ferroviaria, que ayer situó en un 24% a los huelguistas (frente al 40% del martes), ha subrayado que las anulaciones de trenes hoy iban a ser claramente inferiores a las de ayer. La portavoz ha reconocido que, por tercer día consecutivo, no circularon los trenes durante la noche, lo que incluye los que conectan con España, y esta tarde se decidirá en las asambleas de trabajadores si ocurrirá lo mismo esta la noche. La RATP ha indicado que esta mañana funcionaba con normalidad el metro, los autobuses y los tranvías, pero en la línea B de trenes de cercanías (que atraviesa de norte a sur París y conecta con los aeropuertos Charles de Gaulle y Orly) sólo hay un tercio de los normales.

En cambio, según informa Le Parisien, no se está debilitando la movilización en los liceos, al contrario, está creciendo. Esta mañana, son 342 escuelas en las que la actividad está "perturbada en algún grado", lo que supone el 7,9% de las 4.302 que existen en el país, según ha anunciado el ministro de Educación. Sin embargo, el sindicato UNL ha contabilizado 500 liceos "movilizados", la mitad de ellos bloqueados. A pesar de que el Gobierno ha apelado solemnemente a la responsabilidad de los convocantes para que no llamen a los estudiantes a la huelga, hoy se han celebrado además manifestaciones estudiantiles de jóvenes de secundaria y de universitarios en varias ciudades y en algunas de ellas se han registrado enfrentamientos con la policía, añade Le Monde. En los altercados se ha registrado un herido leve en un barrio de las afueras de París víctima de una pelota de goma lanzada por los agentes.

La suma de los estudiantes a la movilización era uno de los principales temores del Gobierno, que sabe que las protestas se pueden radicalizar. Los sindicatos tienen previsto reunirse esta tarde para decidir si, además de las manifestaciones del próximo sábado, convocan una nueva jornada de protesta la semana próxima, probablemente el martes o el jueves. Entre esos días se espera que el Senado esté acabando la tramitación de la ley que eleva la edad de jubilación voluntaria de 60 a 62 años, y de 65 a 67 años para los que no hayan cubierto el periodo de cotización y quieran tener una pensión completa. Nada parece indicar que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, vaya a echarse atrás, a pesar de que el martes un millón de personas marcharon contra esta política durante la séptima jornada de huelga. Sarkozy reiteró ayer la idea de que su Gobierno no hará ninguna nueva concesión en este asunto pese a las movilizaciones. Un sondeo publicado hoy asegura que el 54% de los franceses es favorable a una huelga indefinida como la que paralizó el país en 1995 e hizo que el Gobierno de Alain Juppé renunciara a reformar las pensiones.

14/10/2010

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Por quinta vez en lo que va de año (segunda vez en quince días) Francia vive una jornada de huelga general y de protestas callejeras contra la reforma clave de la última etapa del mandato de Sarkozy, la reforma de las jubilaciones. Esta reforma prevé, en esencia, retrasar la edad legal de jubilación de los trabajadores franceses de 60 a 62 años, por un lado, y de 65 a 67 para los que, no habiendo cotizado el preceptivo número de años, quieran jubilarse con la pensión máxima.

Hay perturbaciones en los transportes públicos (el metro en París funciona con una ligera menor frecuencia, dependiendo de las líneas) en los trenes de cercanías (aquí la huelga se deja sentir mucho más, por lo menos en París) y en los trenes de largo recorrido (hay previsto un porcentaje menor al 50%). Del aeropuerto parisino de Orly saldrá sólo la mitad de los vuelos de un día normal. En el de Charles de Gaule Roissy sé anularán, aproximadamente, el 40%. En los aeropuertos del resto de Francia se anularán el mismo número de vuelos.

También se sigue el paro en la enseñanza, en los hospitales y en otros servicios públicos, como correos. Pero la huelga no paraliza una ciudad como París: las tiendas están abiertas, también los restaurantes, los niños van al colegio (hay profesores en huelga, pero no todos).

El pasado siete de septiembre salieron a las calle entre 1,1 millón de personas, según la policía, y 2,7, según los sindicatos. En cualquier caso, una respuesta masiva, la mayor de todo el año. Los sindicatos confían en reunir hoy, en las 230 manifestaciones previstas repartidas por todo el país, un mayor número de personas. El Gobierno, que tras la última convocatoria prometió reformas leves en algunas partes de la reforma, espera que la presión descienda unos cuantos grados. De cualquier forma, Sarkozy, que viene sus peores momentos de popularidadpeores momentos de popularidad, ha asegurado que el retraso de la edad de la jubilación -la medida clave, la causa de la protesta- "no se negocia".

El Partido Socialista francés (PS) apoya la protesta. Martine Aubry, primera secretaria de esta formación, califica esta reforma, aprobada ya por la Asamblea Nacional y pendiente de su debate en el Senado, de "injusta e ineficaz". El Gobierno, por su parte, la considera "indispensable".

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA | París 23/09/2010
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