El nuevo orden en Oriente Próximo responde a la victoria de Tel Aviv y Riad

Las primaveras árabes dejan paso a un escenario político cuyo discurso gira en torno a la religión, como sucedió con el acuerdo Sykes-Picot, aunque parece difícil que se sostenga a medio plazo. Sus dos grandes actores: Israel y Arabia Saudí.

 


Día a día Israel y Arabia Saudí consolidan un nuevo orden regional en Oriente Próximo con el respaldo de Estados Unidos y el silencio cómplice de Europa. Esos dos países se muestran como los grandes triunfadores, y Egipto como el gran perdedor, de las revoluciones que en 2011 sacudieron la región.


Las primaveras árabes fueron ciertamente un intento de implantar en la zona democracias de corte liberal sin tener en cuenta las realidades religiosas, culturales y sociológicas de Oriente Próximo. Enseguida esos intentos fracasaron y condujeron a una inestabilidad sin precedentes en la historia de la región. Ahora Tel Aviv y Riad han comenzado a recoger los frutos.


El sionismo, que ha comportado la expulsión de cientos de miles de palestinos de sus hogares, hace tiempo que dejó de ser una forma de “racismo” en opinión de las Naciones Unidas. Y esta semana el presidente Emmanuel Macron ha dicho que el antisionismo es antisemitismo, un debate que está saliendo del gueto israelí para entrar en Europa.


Es cierto que, apenas unas horas antes de las palabras que Macron pronunció delante de Benjamín Netanyahu, un juez británico establecía una clara diferencia entre antisionismo y antisemitismo, pero no es menos cierto que las palabras de Macron indican que hay gente dispuesta a apoyar la ocupación israelí de los territorios palestinos, que es el mayor buque insignia del sionismo contemporáneo.


El colapso de sistemas políticos completos está siendo aprovechado por Arabia Saudí con tanta premura como Israel. El rey Salman y su hijo Mohammed bin Salman, flamante heredero al trono de Riad, han conseguido en solo unos cuantos meses las dos islas de Tirán y Sanafir, sitas en uno de los enclaves más estratégicos del mar Rojo.
El presidente egipcio, Abdel Fattah al Sisi, ha cedido las dos islas ante la conmoción de buena parte de sus ciudadanos. El Cairo atraviesa unos momentos de debilidad sin precedentes debido tanto a la insurgencia islamista como a la mala gestión del presidente, de manera que no es de extrañar que, incluso dentro de Egipto, antiguos aliados de Sisi se pronuncien contra la candidatura de este en las elecciones previstas para junio del año que viene.


Cuando se ha cumplido un siglo de los acuerdos Sykes-Picot, que dibujaron las zonas de influencia en Oriente Próximo, apenas se ha destacado que aquellos acuerdos fueron secretos. Algo no ha cambiado en estos cien años para que los acuerdos que ahora se establecen sean completamente secretos y opacos para la opinión pública.
La primera lección de las reuniones entre el británico Sykes y el francés Picot es que este tipo de acuerdos antinaturales podrán durar algún tiempo pero acabarán colapsándose. De hecho, eso es lo que empezó a ocurrir poco después de la firma de los acuerdos Sykes-Picot y lo que sin duda va a ocurrir con los entendimientos más o menos tácitos que ahora traban Riad y Tel Aviv.


Si el acuerdo entre Sykes y Picot se basó en gran parte en la religión, lo mismo está ocurriendo con los entendimientos entre Israel y Arabia Saudí. Una vez se ha acabado con la legitimidad de los regímenes baazistas, la religión vuelve a estar en el centro del discurso político, lo que ocurre tanto en Arabia Saudí como en Israel.


Esta nueva política de la religión se basa en lo accidental y no en lo sustancial y está apadrinada por Occidente de una manera más tácita, aunque no por ello menos clara. La religión, que debería interpretarse como algo accidental al ser humano y solo relativamente importante, cobra fuerza en el entendimiento entre Tel Aviv y Riad.


De la misma manera que Arabia Saudí e Israel, como también Estados Unidos y Europa, han alentado las diferencias religiosas en Siria, lo ocurrido en la región apunta a un desmembramiento deseado por el eje israelo-americano, algo que ya se puso en práctica en Irak con anterioridad.


Pero el enemigo central de Riad y Tel Aviv es Irán y esta batalla no ha hecho más que comenzar. Netanyahu bien puede estar satisfecho del giro que está tomando la administración de Donald Trump con respecto a Teherán, con la adopción de sanciones adicionales. Ciertamente, Netanyahu siempre dirá que las sanciones son insuficientes porque la privilegiada posición del Estado judío en Washington atrae a su red, gracias a Irán, a Arabia Saudí y los demás países suníes de la región.


Se ha señalado recientemente que Arabia Saudí está invirtiendo enormes recursos para evitar un modelo político alternativo al suyo. En Egipto su intervención al lado de Sisi fue decisiva en el golpe de Estado que acabó con los Hermanos Musulmanes. Ahora, esos recursos se están dirigiendo contra Irán y sus aliados.


El wahabismo y el sionismo están ganando la batalla, aunque el hueso iraní no será fácil de roer. Y quien sale perdiendo es Egipto, que debido a su situación interna ha perdido peso específico en Oriente Próximo. La debilidad de Sisi hace que no esté muy claro si seguirá siendo presidente después de las elecciones de junio próximo.
Esa clara debilidad de Egipto podría traer más inestabilidad a Oriente Próximo y está detrás de la parálisis que está experimentando la Liga Árabe con la crisis de Catar, donde la voz cantante la lleva Riad.

 

JERUSALÉN
19/07/2017 22:02 Actualizado: 20/07/2017 07:00
EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Publicado enInternacional
Martes, 13 Junio 2017 07:05

Crisis económica: Viene lo más duro

Crisis económica: Viene lo más duro


En picada, así va la economía colombiana, como lo confirman todos los indicadores. Contrario piensa el Ministro de Hacienda, quien afirma que “Están dadas las condiciones para que este año mejore la economía”. Opinión rebatida por Héctor-León Moncayo y Libardo Sarmiento.

 

Mes tras mes la economía colombiana arroja signos que confirman su entrada en crisis. No es de ahora, la mala racha ya cuenta con más de tres años. Las exportaciones, más allá del petróleo, el ferroniquel y el carbón, arrojan signos negativos; las importaciones no crecen pero se mantienen a un alto nivel; el consumo familiar decae; la producción industrial está contraída, la deuda externa e interna crece; la desconfianza de los productores sobre el futuro que viene les impide invertir en mejorar sus plantas.

 

Pese a las evidencias, reforzadas por las proyecciones de los organismos multilaterales que indican que el país no crecerá ni al 2 por ciento durante el 2017, el ministro de hacienda Mauricio Cárdenas, negando lo estructural y amparándose en lo coyuntural, se atreve a decir que estos resultados “se debieron a la caída del precio del petróleo”, y que “lo peor ya pasó”. En su mar de optimismo facilista expresado en el programa “Pregunta Yamid” del 29 de marzo, se atreve a decir que “todo indica que la economía comenzará un proceso de recuperación que nos permitirá terminar el año con un crecimiento mucho mayor al que tuvimos en los primeros meses del año”.

 

¿Puede algún habitante del territorio colombiano asegurar que la economía está mejor ahora que hace 3 o 4 años? ¿Alguno puede confirmar que no le impactó en su capacidad de consumo la reforma tributaria?

 

El debate es necesario. También las acciones sociales exigiendo reformas que apunten a la mejora de la economía nacional. Para debatir sobre lo afirmado por el Ministro en la entrevista en cuestión, invitamos a los economistas Libardo Sarmiento (LS) y Héctor-León Moncayo (HM), con el propósito de analizar a fondo las verdades a medias que el Gobierno, representado por el Ministro de Hacienda, pretende que el pueblo colombiano crea.

 

da. Empecemos por el sentido y el tono de las afirmaciones del Ministro de Hacienda. ¿Qué opinión les merece?
HM. Contradecirlo sería hoy de buen recibo. En general hay desconfianza frente a los argumentos del Gobierno, hay un escepticismo generalizado. El Gobierno mismo se inventó el argumento de que había que ponerle cuidado al pesimismo, que era lo que estaba haciendo daño a la economía. Pero hay dos factores que dificultan la discusión. En primer lugar, que el mismo Gobierno –representado en el Ministro de Hacienda– es el que pone los parámetros con los que se debe juzgar su política económica (la inflación, el control monetario y la estabilidad o el equilibrio fiscal, lo que los economistas neoliberales llaman los “fundamentales” de la economía). Si eso está bien según el FMI o las calificadoras de riesgo, entonces estamos haciendo bien las tareas. Entonces, desde una lectura y propuesta diferente, hay que ir más allá de estas variables y analizar más a fondo la naturaleza de la política económica, y del modelo que han seguido.

 

El otro factor es que, tal como lo presenta el Ministro, la discusión es improcedente. Todo lo dicho son hipótesis. Mire bien que el argumento de fondo es: “ya hicimos el ajuste y ya tocamos fondo y a partir de ahí vamos a reanudar el crecimiento”. ¡Tocará creerle!!!. En realidad, más que hipótesis hay que discutir a partir del tema fiscal o el tema presupuestal, sobre los efectos de la reforma tributaria, sobre la evolución de la situación externa y la inversión extranjera, sobre las condiciones del aparato productivo y, en consecuencia, el tema del empleo. Entre otros aspectos.

 

da. El diagnóstico del ministro Cárdenas se reduce a que el problema de la contracción de la economía nacional fue la respuesta a factores externos: bajó el precio del petróleo y nos puso en una situación de “desaceleración” –evita así usar la palabra recesión o la palabra crisis. ¿La culpa, corresponde, al entorno internacional? ¿Aquí todo lo hicimos bien y lo seguimos haciendo bien?
LS. En lenguaje común se dice que cada quien juzga de acuerdo a como le va en la fiesta. El señor Cárdenas asegura que a él le va bien, pero eso no significa que suceda lo mismo con las mayorías colombianas. Hablar de que a Colombia le va bien o le va mal, es una abstracción; debemos mirar a qué sectores de la sociedad les va bien. A los ricos, claro que sí, pero ellos gobiernan, en particular el ministro de Hacienda; pero a la ciudadanía trabajadora, la que sufre los ajustes salariales, la que ha tenido que sufrir la reforma tributaria –golpeando el consumo de los hogares al subir el IVA del 16 al 19 por ciento, que ha sufrido una inflación que va galopante frente al salario mínimo–, le va muy mal. En ese sentido las dos caras del diagnóstico son distintas.

 

La economía va mal para el 90 por ciento del país. Venimos de un problema recesivo –así lo niegue el Ministro– sabemos que en 2015 la economía cayó al 3 por ciento, el año pasado cayó al 2 por ciento, y para este año todas las previsiones muestran que la economía ligeramente superará el 1 por ciento, o sea, está cayendo un 1 por ciento por año.

 

Los directores de los gremios lo confirman. El gremio de los comerciantes no lo oculta: durante el primer trimestre del 2017 cayó el consumo de los hogares en 7 por ciento, resultado provocado por el leve aumento del salario mínimo, el incremento del IVA en 3 puntos –que golpeó la capacidad de compra de los hogares–, y por la inflación. En casi el 80 por ciento de las ramas que componen el sector industrial el resultado es negativo.

 

Dice el gobierno que la inflación cae, permitiéndoles bajar las tasas de interés, afirmación que oculta una realidad: cuando a una economía que está en plena recesión le “ayudan” con una reforma tributaria que recorta los pocos ingresos del 90 por ciento de la población pues, obviamente, se resiente la demanda, con lo cual entramos en un problema deflacionario clásico.

 

da. Libardo, usted dice que al Ministro le debe ir bien, ¿a quiénes más les va bien?
LS. Al ministro de hacienda que ha estado en todas las jugadas de ventas de activos, de privatizaciones pues obviamente ha tenido buena participación en esos recursos, y le ha ido bien al sector financiero. “El sector financiero salvó la economía colombiana”. Ese fue el titular de El Tiempo cuando publicó que la economía colombiana había crecido el 2 por ciento y lo puso en un contexto de América Latina (y del mundo), también con un problema recesivo. Es importante revisarlo en sus detalles: 1) El crecimiento del 2 por ciento se explica porque el sector financiero creció el 5 por ciento, mientras que el sector minero-energético cayó el 6 por ciento. Transporte y comercio también cayeron.

 

Hay un poder financiero sobre el capital productivo del país ¿Quién lo decía? El Tiempo, cuyo dueño es el principal banquero del país, el señor Sarmiento Angulo. Entonces no solo es dueño de la firma financiera más importante del país, dueño de un importantísimo medio de comunicación, además tiene en el bolsillo al fiscal. Así, familias como los Cárdenas, familias como los Sarmiento Angulo, obvio, tienen que decir que en Colombia se vive perfecto.

 

da. ¿Por qué el crecimiento del sector financiero no beneficia realmente a la economía colombiana?
HM. En primer lugar observemos que es desde la mentalidad y la concepción del sector financiero desde donde se hace la política económica. Incluso, puede decirse que la teoría económica que hoy se enseña en las universidades viene de la ideología y del pensamiento de la cúpula financiera y, claro, todas las evaluaciones están pensadas desde la óptica de los financistas. Pues bien, aceptemos que fue el único sector que creció, según la forma como se mide el PIB. Pero podríamos hacer una lectura inversa si pensáramos que los sectores productivos materiales –que no crecieron– en realidad fueron perjudicados por el sector financiero, porque buena parte de los recursos generados fueron convertidos en ganancias para él. Es decir, el sector financiero no es el salvador sino el sector vampiro de la economía.

 

da. Es cierto que la caída del precio del petróleo afectó la economía, pero ¿Qué medidas aplicó el Gobierno? ¿Cómo incidió todo esto en la inflación?
HM. El derrumbe del precio del petróleo –ojo, de acuerdo a las condiciones de fragilidad de la economía colombiana– tenía que impactarla de gran manera en todos sus renglones, entre ellos la situación fiscal, la capacidad de compra en el exterior, la demanda interna y la inversión. En respuesta a eso dicen “por fortuna la tasa de cambio en Colombia es flexible, y se ajusta automáticamente”. Para ellos se ajustó con una devaluación, y agregan: “para eso se hizo una política económica”. El año pasado el proceso inflacionario era evidente, cerramos el 2015 con 6.7 por ciento que ya era bastante, a mediados de 2016 estábamos en casi 9 por ciento y seguía subiendo, luego hubo un pequeño descenso que garantizó que al final del año apenas estuviera en un poco más de 5 por ciento la variación anual. Pero si se calculaba a mediados de año el porcentaje anual, la inflación de los precios alcanzaba el 18 por ciento ¿Cuál es la solución? La que dicen los libros de texto: aumentemos las tasas de interés.

 

Esto significa contraer la economía, es decir, optar por un mecanismo perverso; “para evitar la inflación, refresquemos la economía con los costos que eso tenga”, y los costos son de pobreza, de desempleo, pero sobre todo el desmantelamiento del propio aparato productivo. Esa es una medida curativa de la medicina del siglo XIV, la sangría. Y dicen, “bueno, como ya lo resolvimos, comenzamos a bajar gradualmente las tasas de interés, porque ya se controló la inflación, y eso va a impactar positivamente el empleo y la producción”.

 

da. En realidad, ¿si está en recuperación la economía?
HM. Lo que se decía de la tasa de crecimiento estimada para este año, también es muy curioso. El Gobierno empezó estimando el 3, luego 2,5 y ahora el FMI y las calificadoras de riesgo lo están bajando a menos del 2 por ciento. El Banco de la República –y esto resulta muy simpático– estima el crecimiento entre 0,7 y 2,7 por ciento; una estimación de semejante rango no puede ser, para nada seria. Cabe resaltar que la comparación se hace respecto al año inmediatamente anterior con un nivel ya bajo. El impacto del alza de la tasa de interés sobre la inflación no es tan mecánico como suponen los monetaristas; se me hace que incidieron otros factores. En cambio sí puede ser fuerte en las decisiones de inversión. Pero más que todo cuando sube porque cuando el Banco de la República la baja se transmite muy lentamente al sector financiero. Y en eso es que confía Cárdenas!!!

 

Por otro lado, mienten cuando afirman que hay competencia en el sector financiero. ¡Por favor!, si el 70 por ciento de la cartera del país la manejan el señor Sarmiento Angulo y tal vez uno más. Hacia el futuro, continuarán con ese manejo de tasas de interés –porque a eso se reduce la política económica, todo lo demás es el mercado. ¿Qué podrán hacer de aquí en adelante? Poco recurren estos neoliberales a la política fiscal. En todo caso la situación no pinta nada bien. Ellos dicen que las condiciones van a mejorar por la reforma tributaria...

 

da. ¿Pero cómo está Colombia en cuanto al hueco fiscal y la deuda externa? ¿La reforma tributaria logrará mitigar el déficit?
LS. Hay un punto central en la entrevista que Yamid Amat le hace al ministro Cárdenas, en el que éste expone una tesis (además de la confianza y el optimismo) se asemeja a la canción mexicana que dice “ya pasó la amargura que tú me dejaste, ya te puedo mirar cara a cara”, esa es una mirada cínica de Cárdenas.

 

La realidad es tozuda. Los problemas estructurales de la economía colombiana se agudizarán este año. La hacienda pública históricamente ha sido deficitaria, sabemos que en este país los ricos no tributan, y que tenemos un endeudamiento estructural (que se mantiene y crece) por el cual pagamos al capital especulativo internacional. Cárdenas miente cuando dice que lo más duro ya pasó; al contrario, viene lo más duro. El endeudamiento externo aumentó el 100 por ciento (del 20 al 40 por ciento del PIB), lo que conlleva una sangría de recursos porque no solamente el monto de la deuda del país está unido a lo que es la deuda externa, sino que está unido a la tasa de cambio.


Estamos ante una sangría de divisas. La caída del precio del petróleo hasta los 20 dólares generó una devaluación del 36 por ciento en la tasa de cambio –es decir los pesos que tenemos que dar por cada dólar– y eso aumentó en 12 mil millones de dólares la deuda externa. El hueco fiscal dejado por la caída del petróleo fue de aproximadamente 23 billones de pesos, si lo sumamos al hueco producido por la devaluación –que fue de 14 billones de pesos–, tenemos un déficit de 37 billones de pesos aproximadamente.

 

La reforma tributaria, supuestamente, era para cubrir tal hueco, pero la misma, que empobrece más a los de siempre con el incremento de tres puntos del IVA, genera 26 billones de pesos, lo que mantiene el déficit fiscal en el 4 por ciento del PIB, un punto más de lo permitido por la Regla Fiscal. Unido a estos problemas tenemos el tema pensional que representa un hueco de otros 35 billones de pesos, que deben estar en caja del Estado colombiano pero que sabemos que han servido para cubrir sus urgencias, así como para la especulación de los más ricos.

 

da. Cárdenas dice que la reforma tributaria dará el impulso para la recuperación económica del país, ¿qué pasa con los recursos recaudados?
LS. Ese es otro tema importante: el de las finanzas públicas. ¿Para dónde van los recursos públicos? ¿Para dinamizar la economía? Lo que dice Cárdenas es que van para los 3 principios de su plan de desarrollo: paz, equidad y educación, sin mirar los temas de corrupción que le cuestan al país 22 billones de pesos, según los datos de la Contraloría; lo otro es pago de burocracia y funcionamiento.

 

Si miramos en qué se gasta la plata el Estado colombiano, encontramos que la misma está destinada, en lo fundamental a: pago de la burocracia, para todo el tema pensional, sostenimiento del aparato militar y pago de deuda externa. La pregunta consecuente es: ¿qué de eso jalona? Nosotros sabemos que el gasto militar es un gasto improductivo. Si uno lo divide per cápita, encuentra que por cada peso que gastado en educación, gastan 10 pesos en el sector militar, es decir, la relación es 10 a 1: por cada profesor con que cuenta el sector educativo, incluyendo universidades y todos los 300 mil profesores del sector, todo ello apenas es una tercera parte de la gente que hay en las fuerzas militares, lo que demuestra que no sólo es un país rentista, que vive de la extracción de recursos naturales, sino que también es un país policial y burocrático.

 

da. Según el ministro Cárdenas, “Hay confianza inversionista, está llegando la inversión” ¿Es así?
HM: Es bueno hacer una aclaración conceptual. Si uno mira la inversión en el sentido de economía política real, es formación bruta de capital fijo (ojalá tuviéramos datos de formación neta, pero dejemos así). Esa formación bruta de capital disminuyó en un 4,5 por ciento; entonces no hubo inversión real ni siquiera en el sector de minería y petróleo, tampoco en el sector transporte, y menos en la industria y la agricultura en general. Aumentó un poco en construcción de viviendas y principalmente obras civiles –ahí están las famosas 4G que se supone son “las que van a salvar el país” y más que todo a los corruptos!!. En conclusión, encontramos que en el tema de la inversión el país no va bien.

 

La que sí ha sido buena en Colombia, en los últimos tiempos, es la inversión puramente financiera: las inversiones financieras de corto, mediano y algunas de largo plazo. Hablamos principalmente de inversión de portafolio –es decir, que las opciones de economía real, material, que le plantean al país son muy reducidas. Lo peor consiste en que lo más dinámico en este aspecto son los bonos de deuda, los papeles de deuda pública. Como quien dice que las opciones financieras están apalancadas en las posibilidades de contratar más deuda (eso depende de la opinión de las calificadoras de riesgo y del FMI), lo cual, a su vez, lleva al país en una espiral de endeudamiento, para una economía que depende de un milagro.

 

da. El Gobierno se jacta de que durante su administración el desempleo bajó hasta mantenerse en un solo dígito, ¿cuál es la realidad del desempleo en Colombia?
HM. Resulta que las tasas de desempleo, en forma muy curiosa, en la mejor época de este modelo económico, bajaron de dos dígitos a uno, lo que consideraron un gran éxito, y en realidad nunca bajó del 8 por ciento –lo que no es grandioso. Pero viéndolo bien, con estas tasas de crecimiento de la economía, con el choque atribuido al descenso de los precios del petróleo, resulta que el desempleo si acaso sube un poco, por lo cual la pregunta que uno se hace es ¿por qué el desempleo no muestra una reducción o un aumento apreciable según el movimiento de la economía?

 

Curiosamente el mismísimo informe del Banco de la República, después de decir que han observado en Colombia una gran “resiliencia” (¡!) del empleo a los movimientos del ciclo económico, de todas maneras se asombra con lo ocurrido los últimos años. La tasa de desempleo terminó el año pasado en 8.2% (el nacional) cuando al finalizar 2015 estaba en 8 por ciento. Imagínense, y eso ¡¡en “desaceleración”!!!. Entonces, observa que si bien la ocupación en los peores momentos disminuye, la tasa de participación también, es decir, que disminuye la demanda pero también la oferta de trabajo y, por lo tanto, el desempleo se mantiene.

 

En todo caso es raro. El Informe termina entonces diciendo: “ya encargamos un equipo de especialistas para que nos explique a qué se debe este enigma”. Yo no sé si el enigma tiene que ver con la forma como se están haciendo ahora las estadísticas de empleo y desempleo o qué otra cosa será....

 

LS. El último informe del Banco de la República (abril), reconoció que este año, por todo el comportamiento de las principales variables macroeconómicas, va a subir el desempleo. Ahora bien, el gran tema es que uno puede hacer la relación entre crecimiento económico y generación de empleo; en el año 70 la elasticidad entre empleo y producto se daba de manera tal que por cada unidad de reducción del desempleo, la economía tenía que crecer un 2 por ciento. Hoy en día para que el desempleo caiga, la economía debe crecer un 4 por ciento, o sea, se volvió más inelástico (propio de una economía que es extractivista, rentista que no está generando empleo).

 

Un caso concreto: con el proceso de financiarización de la economía colombiana desde los años 70, el sector financiero da cuenta del 22 por ciento del PIB, que es casi más de una quinta parte y sólo genera 300 mil puestos de trabajo, eso equivale al 1 por ciento de empleo. El sector petrolero genera únicamente 105 mil puestos de trabajo, ese es el 0,6 por ciento de los 23 millones de personas que trabajan en Colombia.

 

da. En el tema del empleo hay mucho debate, por su calidad, por la metodología aplicada por el Dane....
LS. En lo concerniente a la calidad del empleo, durante los últimos 15 años el desempleo ha oscilado más o menos en 10 por ciento, eso son más o menos 3 millones de personas, de una población económicamente activa de unos 25 millones, trabajan formalmente 22 millones y los otros 3 trabajan informalmente. Pero de esos 22 millones el 60 por ciento en verdad es informal. El Gobierno es mentiroso y presenta la tasa de informalidad de las principales ciudades donde ha caído al 50 por ciento; por su parte el director del Dane dice que el empleo creado es de calidad. Pero no es así. Cuando uno mira la economía nacional, encontramos una informalidad del 66 por ciento, o sea que el porcentaje de quienes tienen un empleo formal y decente es apenas del 25 por ciento; es decir, 1 de cada 4 trabajadores. Sumado a esto, el 85 por ciento de los empleados del país ganan menos de 2 salarios mínimos, y el 60 por ciento de ese ingreso lo gastan en productos de la canasta básica.

 

da. ¿En cuáles sectores se genera empleo y podrá este mejorar?
LS. Con las políticas en boga, no hay como romper la dinámica que trae el país. Preocupa mucho el patrón de acumulación, el modelo de desarrollo; el desempleo y la calidad de empleo. Colombia es un país monoproductor, monoexportador, con un aparato productivo reducido a su mínima expresión, donde el empleo se genera en el comercio, en los servicios y en el sector gobierno, que es por lo demás bastante volátil y elástico, es decir, todas las maravillas que se hablan de la generación de empleo y de ingresos, e incluso de la famosa clase media que crece, pende de un hilo muy frágil que es la buena salud del sistema financiero.
da. Desempleo, empleo de mala calidad, informalidad, ¿de qué vive la gente?

 

La política dominante, además de los factores ya relacionados, aplica otro conjunto de fórmulas que también las aplican todos los países de la región: una política social que se reduce a subsidios al consumo, con lo cual el gobierno garantiza impulso a la demanda. Es decir, subsidian a los pobres y por su conducto garantizan capacidad de compra de lo producido por los ricos. Es claro, así no se quiebran.

 

Alrededor de 10 millones de colombianos reciben subsidios, que no es más que ponerle oxigeno a una población que está por fuera de todos los circuitos productivos; lo muestran como inversión pero no lo es. Dos millones de hogares en Colombia son subsidio-dependientes, es decir, están pegados a la manguera de oxígeno del Estado y con la caída de la economía vemos que las tasas de pobreza ya comenzaron a subir. Después de lo que hay que pagar en deuda externa e interna, ¿de dónde van a salir los recursos para financiar los subsidios? El ministro Cárdenas tiene que dejar de manipular, y decir la realidad que estamos atravesando como país, y lo que nos espera como sociedad.

 


 

Cuadro 1

 

                                                                                                                                                                                             Crecimiento real anual del PIB por tipo de gasto

 

 

Cuadro 1 p10

 

                                                                               Fuente: DANE; cálculos del Banco de la República.

 

 

Cuadro 2

 

                                                                                                                                                               Crecimiento real anual del PIB por ramas de actividad económica

 

 

Cuadro 2 p11

                  

                                                                               Fuente: Dane; cálculos del Banco de la República.

 

 

 

                                                                                                            Cuenta corriente de la balanza de pagos

                                                           

graf 1 p11

 

                                                                                  (pr): preliminar

                                                                                  Fuente: Banco de la República

 

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La crisis económica, más allá del optimismo del gobierno

Duración: 31' 49''

2 de junio de 2017

 

 

Publicado enColombia
Trump retira a EE UU del Acuerdo de París contra el cambio climático

El presidente da un giro aislacionista y abandona la lucha contra uno de los desafíos más inquietantes de la humanidad

Estados Unidos ha dejado de ser un aliado del planeta. Donald Trump dio rienda suelta hoy a sus creencias más radicales y decidió romper con el “debilitante, desventajoso e injusto” Acuerdo de París contra el cambio climático. La retirada del pacto firmado por 195 países marca una divisoria histórica. Con la salida, el presidente de la nación más poderosa del mundo no sólo da la espalda a la ciencia y ahonda la fractura con Europa, sino que abandona la lucha ante uno de los más inquietantes desafíos de la humanidad. La era Trump, oscura y vertiginosa, se acelera.


La señal es inequívoca. Tras haber rechazado el Acuerdo del Pacífico (TPP) e impuesto una negociación a bayoneta calada con México y Canadá en el Tratado de Libre Comercio, el presidente ha abierto la puerta que tantos temían. De nada sirvió la presión de Naciones Unidas o la Unión Europea, ni de gigantes energéticos como Exxon, General Electric o Chevron. Ni siquiera el grito unánime de la comunidad científica ha sido escuchado. Trump puso la lupa en los “intereses nacionales” y consumó el giro aislacionista frente a un acuerdo refrendado por todo el planeta, excepto Nicaragua y Siria.
“He cumplido una tras otra mis promesas. La economía ha crecido y esto solo ha empezado. No vamos a perder empleos. Por la gente de este país salimos del acuerdo. Estoy dispuesto a renegociar otro favorable para Estados Unidos, pero que sea justo para sus trabajadores, contribuyentes y empresas. Es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de París”, clamó Trump.


Es la doctrina de América Primero. Ese programa, mezcla de patriotismo económico y xenofobia, que contra todo pronóstico le hizo ganar la Casa Blanca. A esta amalgama apela Trump cada vez que ve peligrar su estabilidad. Como ahora. Acosado por el escándalo de la trama rusa, sometido a la presión de las encuestas, vapuleado por los grandes medios progresistas ha lanzado un directo al mundo con la esperanza de encontrar el aplauso de sus votantes más fieles, la masa blanca y empobrecida que culpa a la globalización de todos sus males. “Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París. No se puede poner a los trabajadores ante el riesgo de perder sus empleos. No podemos estar en permanente desventaja”, afirmó Trump.


La ruptura es crucial, pero no representa una sorpresa. Pese a que EEUU es el segundo emisor global de gases de efecto invernadero, Trump siempre se ha mostrado reacio al Acuerdo de París. En numerosas ocasiones ha negado que el aumento de las temperaturas se deba a la mano del hombre. Incluso se ha burlado de ello. “Acepto que el cambio climático esté causando algunos problemas: nos hace gastar miles de millones de dólares en desarrollar tecnologías que no necesitamos”, ha escrito en América lisiada, su libro programático.


Pero más que el rechazo al consenso científico, lo que realmente movió hoy a Trump fue el cálculo económico. En su discurso el pacto se convirtió en un mero acuerdo comercial. Injusto y peligroso para EEUU. Una barrera burocrática que, a su juicio, impide la libre expansión industrial y que sólo ofrece ventajas competitivas a China e India. “Este acuerdo tiene poco que ver con el clima y más con otros países sacando ventaja de Estados Unidos. Es un castigo para EEUU. China puede subir sus emisiones, frente a las restricciones que nos hemos impuesto. E India puede doblar su producción de carbón. Este pacto debilita la economía estadounidense, redistribuye nuestra riqueza fuera y no nos permite utilizar todos nuestros recursos energéticos”, remachó.


Tomada la decisión, la salida es fácil, aunque técnicamente lenta. A diferencia del Protocolo de Kioto, que abandonó George W. Bush en 2001, el Acuerdo de París no es vinculante. No ha sido ratificado por el Senado y carece de penalizaciones. Su aglutinante es el compromiso. En este marco, cada país es libre de decidir su propio camino a la hora de recortar emisiones de gases de efecto invernadero. Lo importante es evitar que a finales de siglo la temperatura mundial supere en dos grados el nivel preindustrial (ahora mismo ya ha aumentado 1,1º).


Para lograrlo, Barack Obama ofreció reducir las emisiones de EEUU entre un 26% y 28% para 2025 respecto a los niveles de 2005. Pero las medidas que puso en marcha ya han sido frenadas por Trump. En cuatro meses de mandato ha firmado 14 órdenes ejecutivas destinadas a desmantelarlas y ha situado a la cabeza de la influyente Agencia de Protección Ambiental a Scott Pruitt, considerado un caballo de Troya de la industria más contaminante. Pruitt siempre ha rechazado que el hombre sea causante del cambio climático y, como fiscal general de Oklahoma, llegó a demandar 14 veces a la agencia que ahora dirige siguiendo las directrices de las grandes compañías petroleras y eléctricas.


La retirada del Acuerdo de París representa la victoria del Trump más retrógrado y de sus asesores más radicales, los forjadores de la doctrina del patriotismo económico. En esta batalla, el estratega jefe, Steve Bannon; el consejero de Comercio, Peter Navarro, y el propio Pruitt, han doblado la mano a los que se oponían: a Ivanka Trump; a su marido, Jared Kushner; al secretario de Energía, Rick Perry, y al de Estado, Rex Tillerson, antiguo director ejecutivo de Exxon, una compañía que hasta el último momento ha pedido que EEUU se mantenga en el pacto.


El pulso ha sido largo y penoso. Ha sufrido continuos aplazamientos, y Trump no ha parado de oscilar. Fiel a su estilo, el presidente ha mantenido todos los platillos en el aire hasta el último momento. Ha consultado, presionado y preguntado. Al final, se ha decidido por aquello que le dictaba el interés más inmediato. La supervivencia electoral.


En este vuelco, el largo plazo y los objetivos estratégicos han quedado malparados. Estados Unidos retrocede en su capacidad de liderazgo y abandona un espacio privilegiado que China, el mayor emisor global, ya ha señalado que quiere ocupar. No sólo es que Washington fomente la deserción de otros países o que golpee en el hígado a la ciencia, sino que frente a uno de los mayores retos del planeta, tira la toalla. Con Trump en la Casa Blanca, el mundo está más solo.
EE UU, el segundo mayor emisor de CO2


La suma de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de todos los países de la Unión Europea no alcanza ni de lejos las de Estados Unidos. El país norteamericano es el segundo mayor emisor del mundo, solo superado por China, que dobla las toneladas de CO2 emitidas a la atmósfera por EE UU.


Rebelión en la granja

 

Pagina12

Grandes ciudades y numerosos estados norteamericanos se rebelaron contra la salida del Acuerdo de París anunciada por el presidente Donald Trump y reforzaron su compromiso con las medidas de protección del medioambiente
Al menos 61 alcaldes, que previamente se comprometieron a ignorar las políticas de cambio climático del presidente y representan a 36 millones de estadounidenses, adelantaron que aumentarán su presión y su alineamiento con las otras 194 naciones que adoptaron el acuerdo. “Seguiremos liderando. Estamos aumentando las inversiones en energía renovable y eficiencia energética”, aseguraron en una carta abierta los regidores de Los Ángeles, Nueva York, Boston y Chicago. “Vamos a comprar y crear más demanda de coches eléctricos y camiones. Aumentaremos los esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, crear una economía de energía limpia y defender la justicia ambiental”, subrayaron. “Y si el presidente –añadieron– quiere romper las promesas hechas a nuestros aliados consagradas en el histórico Acuerdo de París, construiremos y fortaleceremos las relaciones en todo el mundo para proteger al planeta de los devastadores riesgos climáticos”.


Por su parte, el alcalde de Pittsburgh, el demócrata Bill Peduto, respondió a los comentarios de Trump sobre su ciudad al decir que fue “elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, y no a los de París”, y aseguró que no se apartará de los lineamientos del Acuerdo de París contra el cambio climático. “Como alcalde de Pittsburgh, puedo asegurarles que seguiré las directrices del acuerdo de París por nuestra gente, por nuestra economía y por nuestro futuro”, escribió en Twitter el alcalde de Pittsburgh, conocida como la “ciudad de acero” por su industria siderúrgica, ahora venida a menos. El alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, liderará el compromiso de la ciudad con los objetivos del pacto internacional y trabajará con el resto de ciudades del país y del mundo. En su cuenta de Twitter, el alcalde de Nueva York, Bill Blasio, tildó la decisión de Trump de “horriblemente destructiva”, y llamó al cambio climático “un puñal dirigido directamente al corazón” de su ciudad.


Hawai, Minesota, Washington, California, Alaska, Arkansas, Arizona, Kansas, Colorado, Maine, Carolina del Norte, Connecticut y Nueva York, entre otros estados, también se mostraron a favor de continuar con las directrices del acuerdo ecológico internacional. California, uno de los estados más activos en legislación medioambiental, indicó a través del presidente de su Senado, el demócrata Kevin de León, que trabajará hacia ese objetivo.

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 27 Mayo 2017 10:46

Crisis económica: Viene lo más duro

Crisis económica: Viene lo más duro


En picada, así va la economía colombiana, como lo confirman todos los indicadores. Contrario piensa el Ministro de Hacienda, quien afirma que “Están dadas las condiciones para que este año mejore la economía”. Opinión rebatida por Héctor-León Moncayo y Libardo Sarmiento.

 

Mes tras mes la economía colombiana arroja signos que confirman su entrada en crisis. No es de ahora, la mala racha ya cuenta con más de tres años. Las exportaciones, más allá del petróleo, el ferroniquel y el carbón, arrojan signos negativos; las importaciones no crecen pero se mantienen a un alto nivel; el consumo familiar decae; la producción industrial está contraída, la deuda externa e interna crece; la desconfianza de los productores sobre el futuro que viene les impide invertir en mejorar sus plantas.

 

Pese a las evidencias, reforzadas por las proyecciones de los organismos multilaterales que indican que el país no crecerá ni al 2 por ciento durante el 2017, el ministro de hacienda Mauricio Cárdenas, negando lo estructural y amparándose en lo coyuntural, se atreve a decir que estos resultados “se debieron a la caída del precio del petróleo”, y que “lo peor ya pasó”. En su mar de optimismo facilista expresado en el programa “Pregunta Yamid” del 29 de marzo, se atreve a decir que “todo indica que la economía comenzará un proceso de recuperación que nos permitirá terminar el año con un crecimiento mucho mayor al que tuvimos en los primeros meses del año”.

 

¿Puede algún habitante del territorio colombiano asegurar que la economía está mejor ahora que hace 3 o 4 años? ¿Alguno puede confirmar que no le impactó en su capacidad de consumo la reforma tributaria?

 

El debate es necesario. También las acciones sociales exigiendo reformas que apunten a la mejora de la economía nacional. Para debatir sobre lo afirmado por el Ministro en la entrevista en cuestión, invitamos a los economistas Libardo Sarmiento (LS) y Héctor-León Moncayo (HM), con el propósito de analizar a fondo las verdades a medias que el Gobierno, representado por el Ministro de Hacienda, pretende que el pueblo colombiano crea.

 

da. Empecemos por el sentido y el tono de las afirmaciones del Ministro de Hacienda. ¿Qué opinión les merece?
HM. Contradecirlo sería hoy de buen recibo. En general hay desconfianza frente a los argumentos del Gobierno, hay un escepticismo generalizado. El Gobierno mismo se inventó el argumento de que había que ponerle cuidado al pesimismo, que era lo que estaba haciendo daño a la economía. Pero hay dos factores que dificultan la discusión. En primer lugar, que el mismo Gobierno –representado en el Ministro de Hacienda– es el que pone los parámetros con los que se debe juzgar su política económica (la inflación, el control monetario y la estabilidad o el equilibrio fiscal, lo que los economistas neoliberales llaman los “fundamentales” de la economía). Si eso está bien según el FMI o las calificadoras de riesgo, entonces estamos haciendo bien las tareas. Entonces, desde una lectura y propuesta diferente, hay que ir más allá de estas variables y analizar más a fondo la naturaleza de la política económica, y del modelo que han seguido.

 

El otro factor es que, tal como lo presenta el Ministro, la discusión es improcedente. Todo lo dicho son hipótesis. Mire bien que el argumento de fondo es: “ya hicimos el ajuste y ya tocamos fondo y a partir de ahí vamos a reanudar el crecimiento”. ¡Tocará creerle!!!. En realidad, más que hipótesis hay que discutir a partir del tema fiscal o el tema presupuestal, sobre los efectos de la reforma tributaria, sobre la evolución de la situación externa y la inversión extranjera, sobre las condiciones del aparato productivo y, en consecuencia, el tema del empleo. Entre otros aspectos.

 

da. El diagnóstico del ministro Cárdenas se reduce a que el problema de la contracción de la economía nacional fue la respuesta a factores externos: bajó el precio del petróleo y nos puso en una situación de “desaceleración” –evita así usar la palabra recesión o la palabra crisis. ¿La culpa, corresponde, al entorno internacional? ¿Aquí todo lo hicimos bien y lo seguimos haciendo bien?
LS. En lenguaje común se dice que cada quien juzga de acuerdo a como le va en la fiesta. El señor Cárdenas asegura que a él le va bien, pero eso no significa que suceda lo mismo con las mayorías colombianas. Hablar de que a Colombia le va bien o le va mal, es una abstracción; debemos mirar a qué sectores de la sociedad les va bien. A los ricos, claro que sí, pero ellos gobiernan, en particular el ministro de Hacienda; pero a la ciudadanía trabajadora, la que sufre los ajustes salariales, la que ha tenido que sufrir la reforma tributaria –golpeando el consumo de los hogares al subir el IVA del 16 al 19 por ciento, que ha sufrido una inflación que va galopante frente al salario mínimo–, le va muy mal. En ese sentido las dos caras del diagnóstico son distintas.

 

La economía va mal para el 90 por ciento del país. Venimos de un problema recesivo –así lo niegue el Ministro– sabemos que en 2015 la economía cayó al 3 por ciento, el año pasado cayó al 2 por ciento, y para este año todas las previsiones muestran que la economía ligeramente superará el 1 por ciento, o sea, está cayendo un 1 por ciento por año.

 

Los directores de los gremios lo confirman. El gremio de los comerciantes no lo oculta: durante el primer trimestre del 2017 cayó el consumo de los hogares en 7 por ciento, resultado provocado por el leve aumento del salario mínimo, el incremento del IVA en 3 puntos –que golpeó la capacidad de compra de los hogares–, y por la inflación. En casi el 80 por ciento de las ramas que componen el sector industrial el resultado es negativo.

 

Dice el gobierno que la inflación cae, permitiéndoles bajar las tasas de interés, afirmación que oculta una realidad: cuando a una economía que está en plena recesión le “ayudan” con una reforma tributaria que recorta los pocos ingresos del 90 por ciento de la población pues, obviamente, se resiente la demanda, con lo cual entramos en un problema deflacionario clásico.

 

da. Libardo, usted dice que al Ministro le debe ir bien, ¿a quiénes más les va bien?
LS. Al ministro de hacienda que ha estado en todas las jugadas de ventas de activos, de privatizaciones pues obviamente ha tenido buena participación en esos recursos, y le ha ido bien al sector financiero. “El sector financiero salvó la economía colombiana”. Ese fue el titular de El Tiempo cuando publicó que la economía colombiana había crecido el 2 por ciento y lo puso en un contexto de América Latina (y del mundo), también con un problema recesivo. Es importante revisarlo en sus detalles: 1) El crecimiento del 2 por ciento se explica porque el sector financiero creció el 5 por ciento, mientras que el sector minero-energético cayó el 6 por ciento. Transporte y comercio también cayeron.

 

Hay un poder financiero sobre el capital productivo del país ¿Quién lo decía? El Tiempo, cuyo dueño es el principal banquero del país, el señor Sarmiento Angulo. Entonces no solo es dueño de la firma financiera más importante del país, dueño de un importantísimo medio de comunicación, además tiene en el bolsillo al fiscal. Así, familias como los Cárdenas, familias como los Sarmiento Angulo, obvio, tienen que decir que en Colombia se vive perfecto.

 

da. ¿Por qué el crecimiento del sector financiero no beneficia realmente a la economía colombiana?
HM. En primer lugar observemos que es desde la mentalidad y la concepción del sector financiero desde donde se hace la política económica. Incluso, puede decirse que la teoría económica que hoy se enseña en las universidades viene de la ideología y del pensamiento de la cúpula financiera y, claro, todas las evaluaciones están pensadas desde la óptica de los financistas. Pues bien, aceptemos que fue el único sector que creció, según la forma como se mide el PIB. Pero podríamos hacer una lectura inversa si pensáramos que los sectores productivos materiales –que no crecieron– en realidad fueron perjudicados por el sector financiero, porque buena parte de los recursos generados fueron convertidos en ganancias para él. Es decir, el sector financiero no es el salvador sino el sector vampiro de la economía.

 

da. Es cierto que la caída del precio del petróleo afectó la economía, pero ¿Qué medidas aplicó el Gobierno? ¿Cómo incidió todo esto en la inflación?
HM. El derrumbe del precio del petróleo –ojo, de acuerdo a las condiciones de fragilidad de la economía colombiana– tenía que impactarla de gran manera en todos sus renglones, entre ellos la situación fiscal, la capacidad de compra en el exterior, la demanda interna y la inversión. En respuesta a eso dicen “por fortuna la tasa de cambio en Colombia es flexible, y se ajusta automáticamente”. Para ellos se ajustó con una devaluación, y agregan: “para eso se hizo una política económica”. El año pasado el proceso inflacionario era evidente, cerramos el 2015 con 6.7 por ciento que ya era bastante, a mediados de 2016 estábamos en casi 9 por ciento y seguía subiendo, luego hubo un pequeño descenso que garantizó que al final del año apenas estuviera en un poco más de 5 por ciento la variación anual. Pero si se calculaba a mediados de año el porcentaje anual, la inflación de los precios alcanzaba el 18 por ciento ¿Cuál es la solución? La que dicen los libros de texto: aumentemos las tasas de interés.

 

Esto significa contraer la economía, es decir, optar por un mecanismo perverso; “para evitar la inflación, refresquemos la economía con los costos que eso tenga”, y los costos son de pobreza, de desempleo, pero sobre todo el desmantelamiento del propio aparato productivo. Esa es una medida curativa de la medicina del siglo XIV, la sangría. Y dicen, “bueno, como ya lo resolvimos, comenzamos a bajar gradualmente las tasas de interés, porque ya se controló la inflación, y eso va a impactar positivamente el empleo y la producción”.

 

da. En realidad, ¿si está en recuperación la economía?
HM. Lo que se decía de la tasa de crecimiento estimada para este año, también es muy curioso. El Gobierno empezó estimando el 3, luego 2,5 y ahora el FMI y las calificadoras de riesgo lo están bajando a menos del 2 por ciento. El Banco de la República –y esto resulta muy simpático– estima el crecimiento entre 0,7 y 2,7 por ciento; una estimación de semejante rango no puede ser, para nada seria. Cabe resaltar que la comparación se hace respecto al año inmediatamente anterior con un nivel ya bajo. El impacto del alza de la tasa de interés sobre la inflación no es tan mecánico como suponen los monetaristas; se me hace que incidieron otros factores. En cambio sí puede ser fuerte en las decisiones de inversión. Pero más que todo cuando sube porque cuando el Banco de la República la baja se transmite muy lentamente al sector financiero. Y en eso es que confía Cárdenas!!!

 

Por otro lado, mienten cuando afirman que hay competencia en el sector financiero. ¡Por favor!, si el 70 por ciento de la cartera del país la manejan el señor Sarmiento Angulo y tal vez uno más. Hacia el futuro, continuarán con ese manejo de tasas de interés –porque a eso se reduce la política económica, todo lo demás es el mercado. ¿Qué podrán hacer de aquí en adelante? Poco recurren estos neoliberales a la política fiscal. En todo caso la situación no pinta nada bien. Ellos dicen que las condiciones van a mejorar por la reforma tributaria...

 

da. ¿Pero cómo está Colombia en cuanto al hueco fiscal y la deuda externa? ¿La reforma tributaria logrará mitigar el déficit?
LS. Hay un punto central en la entrevista que Yamid Amat le hace al ministro Cárdenas, en el que éste expone una tesis (además de la confianza y el optimismo) se asemeja a la canción mexicana que dice “ya pasó la amargura que tú me dejaste, ya te puedo mirar cara a cara”, esa es una mirada cínica de Cárdenas.

 

La realidad es tozuda. Los problemas estructurales de la economía colombiana se agudizarán este año. La hacienda pública históricamente ha sido deficitaria, sabemos que en este país los ricos no tributan, y que tenemos un endeudamiento estructural (que se mantiene y crece) por el cual pagamos al capital especulativo internacional. Cárdenas miente cuando dice que lo más duro ya pasó; al contrario, viene lo más duro. El endeudamiento externo aumentó el 100 por ciento (del 20 al 40 por ciento del PIB), lo que conlleva una sangría de recursos porque no solamente el monto de la deuda del país está unido a lo que es la deuda externa, sino que está unido a la tasa de cambio.
Estamos ante una sangría de divisas. La caída del precio del petróleo hasta los 20 dólares generó una devaluación del 36 por ciento en la tasa de cambio –es decir los pesos que tenemos que dar por cada dólar– y eso aumentó en 12 mil millones de dólares la deuda externa. El hueco fiscal dejado por la caída del petróleo fue de aproximadamente 23 billones de pesos, si lo sumamos al hueco producido por la devaluación –que fue de 14 billones de pesos–, tenemos un déficit de 37 billones de pesos aproximadamente.

 

La reforma tributaria, supuestamente, era para cubrir tal hueco, pero la misma, que empobrece más a los de siempre con el incremento de tres puntos del IVA, genera 26 billones de pesos, lo que mantiene el déficit fiscal en el 4 por ciento del PIB, un punto más de lo permitido por la Regla Fiscal. Unido a estos problemas tenemos el tema pensional que representa un hueco de otros 35 billones de pesos, que deben estar en caja del Estado colombiano pero que sabemos que han servido para cubrir sus urgencias, así como para la especulación de los más ricos.

 

da. Cárdenas dice que la reforma tributaria dará el impulso para la recuperación económica del país, ¿qué pasa con los recursos recaudados?
LS. Ese es otro tema importante: el de las finanzas públicas. ¿Para dónde van los recursos públicos? ¿Para dinamizar la economía? Lo que dice Cárdenas es que van para los 3 principios de su plan de desarrollo: paz, equidad y educación, sin mirar los temas de corrupción que le cuestan al país 22 billones de pesos, según los datos de la Contraloría; lo otro es pago de burocracia y funcionamiento.

 

Si miramos en qué se gasta la plata el Estado colombiano, encontramos que la misma está destinada, en lo fundamental a: pago de la burocracia, para todo el tema pensional, sostenimiento del aparato militar y pago de deuda externa. La pregunta consecuente es: ¿qué de eso jalona? Nosotros sabemos que el gasto militar es un gasto improductivo. Si uno lo divide per cápita, encuentra que por cada peso que gastado en educación, gastan 10 pesos en el sector militar, es decir, la relación es 10 a 1: por cada profesor con que cuenta el sector educativo, incluyendo universidades y todos los 300 mil profesores del sector, todo ello apenas es una tercera parte de la gente que hay en las fuerzas militares, lo que demuestra que no sólo es un país rentista, que vive de la extracción de recursos naturales, sino que también es un país policial y burocrático.

 

da. Según el ministro Cárdenas, “Hay confianza inversionista, está llegando la inversión” ¿Es así?
HM: Es bueno hacer una aclaración conceptual. Si uno mira la inversión en el sentido de economía política real, es formación bruta de capital fijo (ojalá tuviéramos datos de formación neta, pero dejemos así). Esa formación bruta de capital disminuyó en un 4,5 por ciento; entonces no hubo inversión real ni siquiera en el sector de minería y petróleo, tampoco en el sector transporte, y menos en la industria y la agricultura en general. Aumentó un poco en construcción de viviendas y principalmente obras civiles –ahí están las famosas 4G que se supone son “las que van a salvar el país” y más que todo a los corruptos!!. En conclusión, encontramos que en el tema de la inversión el país no va bien.

 

La que sí ha sido buena en Colombia, en los últimos tiempos, es la inversión puramente financiera: las inversiones financieras de corto, mediano y algunas de largo plazo. Hablamos principalmente de inversión de portafolio –es decir, que las opciones de economía real, material, que le plantean al país son muy reducidas. Lo peor consiste en que lo más dinámico en este aspecto son los bonos de deuda, los papeles de deuda pública. Como quien dice que las opciones financieras están apalancadas en las posibilidades de contratar más deuda (eso depende de la opinión de las calificadoras de riesgo y del FMI), lo cual, a su vez, lleva al país en una espiral de endeudamiento, para una economía que depende de un milagro.

 

da. El Gobierno se jacta de que durante su administración el desempleo bajó hasta mantenerse en un solo dígito, ¿cuál es la realidad del desempleo en Colombia?
HM. Resulta que las tasas de desempleo, en forma muy curiosa, en la mejor época de este modelo económico, bajaron de dos dígitos a uno, lo que consideraron un gran éxito, y en realidad nunca bajó del 8 por ciento –lo que no es grandioso. Pero viéndolo bien, con estas tasas de crecimiento de la economía, con el choque atribuido al descenso de los precios del petróleo, resulta que el desempleo si acaso sube un poco, por lo cual la pregunta que uno se hace es ¿por qué el desempleo no muestra una reducción o un aumento apreciable según el movimiento de la economía?

 

Curiosamente el mismísimo informe del Banco de la República, después de decir que han observado en Colombia una gran “resiliencia” (¡!) del empleo a los movimientos del ciclo económico, de todas maneras se asombra con lo ocurrido los últimos años. La tasa de desempleo terminó el año pasado en 8.2% (el nacional) cuando al finalizar 2015 estaba en 8 por ciento. Imagínense, y eso ¡¡en “desaceleración”!!!. Entonces, observa que si bien la ocupación en los peores momentos disminuye, la tasa de participación también, es decir, que disminuye la demanda pero también la oferta de trabajo y, por lo tanto, el desempleo se mantiene.

 

En todo caso es raro. El Informe termina entonces diciendo: “ya encargamos un equipo de especialistas para que nos explique a qué se debe este enigma”. Yo no sé si el enigma tiene que ver con la forma como se están haciendo ahora las estadísticas de empleo y desempleo o qué otra cosa será....

 

LS. El último informe del Banco de la República (abril), reconoció que este año, por todo el comportamiento de las principales variables macroeconómicas, va a subir el desempleo. Ahora bien, el gran tema es que uno puede hacer la relación entre crecimiento económico y generación de empleo; en el año 70 la elasticidad entre empleo y producto se daba de manera tal que por cada unidad de reducción del desempleo, la economía tenía que crecer un 2 por ciento. Hoy en día para que el desempleo caiga, la economía debe crecer un 4 por ciento, o sea, se volvió más inelástico (propio de una economía que es extractivista, rentista que no está generando empleo).

 

Un caso concreto: con el proceso de financiarización de la economía colombiana desde los años 70, el sector financiero da cuenta del 22 por ciento del PIB, que es casi más de una quinta parte y sólo genera 300 mil puestos de trabajo, eso equivale al 1 por ciento de empleo. El sector petrolero genera únicamente 105 mil puestos de trabajo, ese es el 0,6 por ciento de los 23 millones de personas que trabajan en Colombia.

 

da. En el tema del empleo hay mucho debate, por su calidad, por la metodología aplicada por el Dane....
LS. En lo concerniente a la calidad del empleo, durante los últimos 15 años el desempleo ha oscilado más o menos en 10 por ciento, eso son más o menos 3 millones de personas, de una población económicamente activa de unos 25 millones, trabajan formalmente 22 millones y los otros 3 trabajan informalmente. Pero de esos 22 millones el 60 por ciento en verdad es informal. El Gobierno es mentiroso y presenta la tasa de informalidad de las principales ciudades donde ha caído al 50 por ciento; por su parte el director del Dane dice que el empleo creado es de calidad. Pero no es así. Cuando uno mira la economía nacional, encontramos una informalidad del 66 por ciento, o sea que el porcentaje de quienes tienen un empleo formal y decente es apenas del 25 por ciento; es decir, 1 de cada 4 trabajadores. Sumado a esto, el 85 por ciento de los empleados del país ganan menos de 2 salarios mínimos, y el 60 por ciento de ese ingreso lo gastan en productos de la canasta básica.

 

da. ¿En cuáles sectores se genera empleo y podrá este mejorar?
LS. Con las políticas en boga, no hay como romper la dinámica que trae el país. Preocupa mucho el patrón de acumulación, el modelo de desarrollo; el desempleo y la calidad de empleo. Colombia es un país monoproductor, monoexportador, con un aparato productivo reducido a su mínima expresión, donde el empleo se genera en el comercio, en los servicios y en el sector gobierno, que es por lo demás bastante volátil y elástico, es decir, todas las maravillas que se hablan de la generación de empleo y de ingresos, e incluso de la famosa clase media que crece, pende de un hilo muy frágil que es la buena salud del sistema financiero.
da. Desempleo, empleo de mala calidad, informalidad, ¿de qué vive la gente?

 

La política dominante, además de los factores ya relacionados, aplica otro conjunto de fórmulas que también las aplican todos los países de la región: una política social que se reduce a subsidios al consumo, con lo cual el gobierno garantiza impulso a la demanda. Es decir, subsidian a los pobres y por su conducto garantizan capacidad de compra de lo producido por los ricos. Es claro, así no se quiebran.

 

Alrededor de 10 millones de colombianos reciben subsidios, que no es más que ponerle oxigeno a una población que está por fuera de todos los circuitos productivos; lo muestran como inversión pero no lo es. Dos millones de hogares en Colombia son subsidio-dependientes, es decir, están pegados a la manguera de oxígeno del Estado y con la caída de la economía vemos que las tasas de pobreza ya comenzaron a subir. Después de lo que hay que pagar en deuda externa e interna, ¿de dónde van a salir los recursos para financiar los subsidios? El ministro Cárdenas tiene que dejar de manipular, y decir la realidad que estamos atravesando como país, y lo que nos espera como sociedad.

 


 

Cuadro 1

 

                                                                                                                                                                                             Crecimiento real anual del PIB por tipo de gasto

 

 

Cuadro 1 p10

 

                                                                               Fuente: DANE; cálculos del Banco de la República.

 

 

Cuadro 2

 

                                                                                                                                                               Crecimiento real anual del PIB por ramas de actividad económica

 

 

Cuadro 2 p11

                  

                                                                               Fuente: Dane; cálculos del Banco de la República.

 

 

 

                                                                                                            Cuenta corriente de la balanza de pagos

                                                           

graf 1 p11

 

                                                                                  (pr): preliminar

                                                                                  Fuente: Banco de la República

Publicado enEdición Nº235
Miércoles, 24 Mayo 2017 09:27

La Venezuela de hoy y de mañana

La Venezuela de hoy y de mañana

El artículo de Gilberto López y Rivas en La Jornada del 19 de mayo es una contribución valiosa para comprender la situación actual en el país. Tras visitar Caracas, quiero añadir algunas reflexiones. La idea de una revisión constitucional sobre bases más populares es, en principio, buena pero significa un proceso a mediano y largo plazos, cuando los problemas existenciales son a corto plazo. Antes del fin del proceso, la gente puede cansarse frente a las dificultades cotidianas. Éstas provienen seguramente del boicot y de la especulación por el capital local y del imperialismo, pero también de procesos ordinarios en periodos de escasez: mercado negro, acaparamiento de productos, cambios de producción en función de la ley del mercado, usura de los intermedios, pero aun de la corrupción de agentes del Estado.

Sin embargo, hay un peligro de "fetichización" de la ley que tiende a identificar el texto jurídico con la realidad. Es un defecto muy latino en todo el mundo, desde la declaración universal de los derechos humanos de la Revolución Francesa. Carlos Marx lo señaló ya en un escrito sobre la cuestión judía . También, definir la base de designación de los electores no será fácil y tomará tiempo. Finalmente, hay un peligro de no participación de la oposición que dejaría el proceso en manos de los ya convencidos, sin hablar de un posible rechazo por una mayoría de la población.

Por eso muchas otras medidas parecen necesarias: renegociar la deuda externa que extrae miles de millones de dólares del país, cuando existe escasez, sabiendo evidentemente que hay peligro de hacer subir el riesgo país, ya el más alto del mundo; revisar la deuda interna que termina por ser un financiamiento de la oposición; repensar el arco minero del Orinoco, que quiere arreglar el problema de las minas ilegales, pero que también es un regreso al pasado neoliberal, con concesiones a multinacionales y pagos de compensaciones por expulsiones del tiempo de Chávez; actuar sobre la distribución todavía en manos del capital local (una decena de grandes empresas que manipulan la escasez) ya que la producción y las importaciones han relativamente mejorado; frenar la especulación financiera que, junto con la hiperinflación, permite a grupos constituir fortunas enormes al costo del bien público y aumenta la fuga de capitales (unos 300 mil millones de dólares); luchar contra la corrupción interna (incluyendo al ejército) que obstaculiza la distribución de bienes que el gobierno importa, etcétera.

Un grupo contrario a la oposición, pero crítico de ciertas políticas gubernamentales se desarrolla, con propuestas concretas, pero con el peligro de ser identificado, en un clima de confrontaciones extremas, como peligroso o por lo menos utópico y no como proponiendo alternativas dignas de ser consideradas.

Evidentemente, la caída del gobierno de Maduro significaría la subida de un Macri o un Temer, es decir, de un régimen antipopular y por eso se debe defender su legitimidad hasta el fin de su mandato. Por otra parte, el uso de la violencia por la oposición ha tomado dimensiones inéditas, con la destrucción de edificios públicos (un hospital, entre otros), la quema de un joven y el uso de excrementos humanos, frente a fuerzas del orden que tienen prohibido usar armas letales. Por su naturaleza, los medios de comunicación magnifican las expresiones de la derecha, dando la impresión de caos generalizado, pero la vida cotidiana continúa. Los servicios públicos funcionan. De verdad, la escasez en un sector como la salud puede ser dramática y a medio plazo, la falta de repuestos puede afectar la disponibilidad de vehículos. El 21 de mayo, la oposición llamó a un paro nacional: Caracas no se paralizó y la vida siguió su curso.

Sin embargo, para defender su legitimidad, el gobierno tiene que evitar errores que la ponen en duda y que alimentan las campañas denigratorias de la mayoría de los medios locales y externos. Se podría esperar que Nicolás Maduro adopte más un discurso de jefe de Estado que de militante de base, recordando que habla a la nación, al continente latinoamericano, al resto del mundo y no sólo a sus partidarios.

Se trata, primero, de una confrontación de clases. Las manifestaciones de la oposición lo indican: los barrios donde se organizan y el público que participa. Una parte de la clase media urbana, muy afectada en su poder de consumo por la caída de la renta petrolera, juega un papel de apoyo a las clases altas que quieren recuperar el poder político. Éstas se juntan a grupos utilizando la violencia (la mayoría de las víctimas son chavistas). Pero existe también descontento fuerte en las clases subalternas a la base del proceso bolivariano, por el deterioro de las "misiones" por falta de financiamiento y por corrupción.

Si la mortalidad infantil aumenta es resultado de la lógica del capitalismo de monopolio mundial, que manipula los precios de las commodities, el boicot interno de los que aún tienen hegemonía económica sobre la distribución y la corrupción interna; no es seguro que la mejor respuesta fue despedir a la ministra de Salud que reveló las cifras.

La gran dificultad está en manejar el largo plazo con el corto. Álvaro García Linera ha escrito que una revolución que no asegura la base material de la vida del pueblo, no tiene mucho futuro y los adversarios lo saben muy bien.

El episcopado ha elegido su lado (la oposición) y produce textos de gran pobreza intelectual, cuando el Papa no dudó en criticar a la oposición por su falta de deseo de diálogo. En Venezuela, como en los países posneoliberales de América Latina, se trata de refundar el proyecto de izquierda y no sólo adaptarlo. Es la única manera de ser fiel a la meta original de emancipación popular y de reorganización de la sociedad que suscitó esperanzas y admiración en el mundo entero y que, en Venezuela, tiene aún bases en las iniciativas comunales. Es también el camino para salir de la renta petrolera o minera, fruto de producciones altamente destructivas del ambiente y contra un proyecto poscapitalista.

La adopción de una visión holística de la realidad para definir un nuevo paradigma de existencia colectiva de la humanidad en el planeta, que sea de vida y no de muerte, como el capitalismo, es una base necesaria. Eso implica otra relación con la naturaleza; no sobre la explotación, sino sobre el respeto y la posibilidad de regeneración; no apoyada sobre el extractivismo, forma capitalista de la extracción y no construida sobre la renta de productos altamente destructivos del ambiente y finalmente alterando el clima global.

Esta visión implica privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio, con todas sus consecuencias sobre la propiedad de los medios de producción. Exige una generalización de los procesos democráticos, para construir el nuevo sujeto histórico, que no es sólo el proletariado industrial, como en el siglo XIX, y pide la interculturalidad y el fin del predomino de una cultura llamada occidental, fruto del desarrollo capitalista, predominante instrumental, segmentando lo real, individualista y excluyendo otras lecturas y otros saberes.

Es lo que podemos llamar bien común de la humanidad o ecosocialismo o de cualquier otro nombre que permite sintetizar el contenido. La conquista de esta meta exige transiciones que tomarán tiempo y que precisamente gobiernos de cambio tienen que definir, cada uno en sus fronteras.

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Lunes, 03 Abril 2017 08:02

Asedio al medio ambiente

Asedio al medio ambiente

El gobierno de Donald Trump emitió la semana pasada la orden ejecutiva llamada Promoviendo la independencia energética y el crecimiento económico. Ésta puede verse desde distintas perspectivas.

Una, por supuesto, es su relevancia en materia de políticas relativas al cambio climático. Otra tiene que ver con los criterios mismos de la gestión económica que sustentan las visiones libertarias que dicen guiar los principios del Partido Republicano o, cuando menos, una de sus facciones, por ejemplo, la que logró hace poco detener la reforma al sistema de salud.

La orden ejecutiva, señaló el presidente, eliminará la injerencia excesiva del gobierno federal y así comenzará una era nueva de producción y creación de empleos. De manera un tanto excesiva Trump declaró que mi acción este día es el paso más reciente para aumentar los empleos, acabando con ello el hurto de la prosperidad.

Con esto se refería a las acciones del Plan de Energía Limpia impulsado por Barack Obama. Según la revista Fortune, la cuestión va mucho más allá de las cuestiones asociadas con el carbón y los puestos de trabajo y tiene poco que ver con las medidas para alcanzar la independencia energética. Asocia esta media principalmente con la imposición del nuevo poder alcanzado por Trump y los republicanos en Washington. Tiene que ver también con los enormes intereses de diversos grupos económicos con el desarrollo de las fuentes de energía: convencionales y renovables.

Curiosamente, como afirma la misma fuente, si se acepta la visión de la orden de Trump podría significar aceptar que las medidas de control del cambio climático cambiarían a largo plazo. Representan una nueva forma de intervención del gobierno que el ala derecha del partido encontraría inaceptable.

La orden ejecutiva continúa las medidas del gobierno en materia energética y ambiental anunciadas a finales de enero, recién iniciada la presidencia. Se trata de la aceptación para construir el oleoducto Keystone, que va de Alberta, al oeste de Canadá, a las refinerías de Illinois y Texas, que rechazó el anterior gobierno en 2015. Esto replantea las políticas de uso de combustibles fósiles y abre el cambio en las regulaciones que detuvieron otros proyectos en ese sector. También se ha permitido otro proyecto de ducto en la zona de las Dakotas.

El asunto tiene que ver con el impacto de los oleoductos en la reducción del precio del petróleo y la expansión del consumo. Además, se estima que provocarán una elevación del calentamiento global. Las acciones del gobierno deben verse como consistentes con el replanteamiento general que ha hecho de las funciones y criterios de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) y el nombramiento como director del reconocido negacionista Scott Pruitt.

En cuanto a los principios libertarios sobre el diseño y la implementación de las política públicas, las medidas adoptadas por la administración de Trump violan un criterio esencial.

En un muy popular e influyente libro escrito por Henry Hazlitt, reconocido pensador libertario, publicado originalmente en 1946 y titulado Economía en una sola lección, se plantea de modo explícito que “la economía está poseída por más falacias que cualquier otro estudio conocido por el hombre. Esto no es un accidente(...) puesto que está sometido (...) a la insistencia de los intereses egoístas”. Añade Hazlitt que hay un segundo factor que provoca las falacias y es la “persistente tendencia(...) a ver sólo los efectos inmediatos de una determinada política, o bien su impacto únicamente sobre un grupo en especial, negando así cualquier consideración de los efectos de largo plazo de dicha política”.

Esta lección se aplica en este breve libro a 24 distintos casos de intervención del gobierno que, según el análisis propuesto, acrecientan su injerencia y previenen el correcto funcionamiento de las fuerzas del mercado. Es un manifiesto de una concepción económica que se expuso en las obras de economistas como Hayek y Friedman, que mantiene una fuerte influencia en la gestión de las políticas públicas.

La lección de Hazlitt indica que las medidas que está imponiendo Trump sucumben a la persistencia y el poder, así como de los intereses egoístas o especiales. Abrir la minas de carbón traerá, según los propios mineros, pocos nuevos empleos, y la construcción de oleoductos provocará efectos sobre las medidas asociadas con el control del calentamiento global y el medio ambiente. No hay medidas de compensación claramente definidas para las empresas que incidan negativamente en el medio ambiente.

Ideológicamente, además, las medidas del presidente, que según ha dicho es una gran acción ambientalista, que cree en ello, añade que la cuestión se ha salido de control (The New York Times, 24/I2017), alimenta el escepticismo sobre el conocimiento científico, que se extiende más allá del ámbito del debate y la administración del medio ambiente.

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Martes, 28 Marzo 2017 07:22

PIB crecerá poco por bajo consumo

Foto archivo: El Nuevo Siglo

 

El crecimiento de la economía colombiana no fue el mejor durante 2016. Con apenas 2%, según las cifras oficiales, muestra una pérdida de dinamismo de la producción en el país, que se vio afectado no solo por la baja en los precios internacionales del petróleo, la caída en las exportaciones que comenzaron su recuperación hacia el último trimestre, el fenómeno de El Niño y el paro camionero.

El crecimiento del último trimestre fue según las cifras oficiales de 1,6%. En el mismo trimestre de 2015 fue de 3,4%.

Las ramas con mayor crecimiento en el cuarto trimestre de 2016 fueron Servicios financieros e inmobiliarios con 5,0%, Construcción con 3,5% y Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca con 2,0%.

El investigador asociado de Fedesarrollo, Mauricio Reina, dijo que el crecimiento de la economía durante el primer trimestre que está por terminar sería del orden de 1,6%, es decir igual a lo registrado en el último cuarto de 2015.

Durante este primer tramo del año, en el que se definen muchos de los proyectos a nivel empresarial y gubernamental a desarrollar a lo largo del año, impactará el crecimiento de la economía, la entrada en vigencia de la reforma tributaria, que contempla un aumento de tres puntos en el Impuesto al Valor Agregado, al igual que beneficios para las empresas en el impuesto de renta, y la puesta en marcha del llamado impuesto verde y el monotributo, que están a punto de ser reglamentados por el Gobierno.

Para la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, ANIF, dada la desaceleración de 2016 y la frágil recuperación internacional, el centro de estudios económicos ha decidido mantener inalterados sus pronósticos de crecimiento local en 2,2% para 2017 y en 2,8% para 2018. Teniendo en cuenta las evidentes señales de desaceleración y la disminución de la inflación total.

Los pronósticos de Fedesarrollo sobre el crecimiento de la economía en el mediano plazo se soportan en supuestos acerca de los principales indicadores macroeconómicos locales, los niveles de producción y precios de los productos básicos (commodities) y el desempeño económico de los principales socios comerciales.

 

No hay confianza

 

Sumado a lo anterior hay que mirar cómo influyen los aspectos subjetivos dentro de la economía. No hay duda que la confianza del consumidor en el país llegó en enero y febrero a los niveles más bajos desde que se hace esta medición y eso lleva a que el futuro no se vea tan halagüeño.

La baja en la confianza de los consumidores al arranque de 2017 ha lastimado las ventas de la industria y el comercio tal como lo han reflejado las encuestas realizadas por la ANDI y Fenalco, que han visto cómo la gente está adquiriendo menos productos, y parte de ello se refleja en el pesimismo reportado en la medición realizada por Fedesarrollo.

En enero, el Índice de Confianza del Consumidor, ICC, mostró una drástica reducción y se ubicó en el nivel más bajo desde que se realiza la encuesta.

La caída en la confianza obedeció a un deterioro tanto en el componente de expectativas como en el de condiciones económicas actuales, cuyos balances se situaron en mínimos históricos.

La confianza de los consumidores disminuyó en las cinco ciudades encuestadas, particularmente en Bogotá y Barranquilla.

La disposición a comprar vivienda y bienes durables disminuyó frente al mes anterior, pero se mantuvo en niveles superiores a los observados en enero de 2016.

La reducción en la confianza de los consumidores en el primer mes del año frente a los periodos anteriores se debe a un deterioro importante tanto en la percepción acerca de la situación económica del país como la del hogar.

Los balances para las preguntas relacionadas con la valoración del hogar se ubicaron en terreno negativo y en niveles inferiores a los del cuarto trimestre del año anterior.

Por su parte, la valoración del país disminuyó fuertemente y se mantuvo en balance negativo. La disposición a comprar bienes durables presentó un deterioro importante luego de la recuperación observada en los últimos trimestres, dice la encuesta.

 

Industria y perspectivas

 

El valor agregado del sector manufacturero se expandió un 3% real durante el año 2016, frente a 1,7% en 2015, según el DANE.

Así, la industria fue el tercer sector más dinámico de la economía, por debajo de los establecimientos financieros y la construcción.

Esta buena dinámica obedeció principalmente a tres factores: la entrada en funcionamiento de Reficar, derivando en crecimientos del 9,8% en la cadena petroquímica durante 2016; el buen dinamismo del sector de bebidas y sus conexos, como consecuencia de la ola de calor registrada el primer semestre del año; y la sustitución de importaciones que impulsó algunos sectores de producción nacional, dado el encarecimiento de los productos importados ante la fuerte devaluación de la tasa de cambio (de 37% en 2015 y 11,2% en 2016).

Ahora, señala ANIF, vale la pena analizar también el desempeño de la industria de manera más desagregada, a través de la Encuesta Mensual Manufacturera, EMM, del DANE.

De acuerdo con la EMM, al corte de enero de 2017, las ventas de la industria crecieron un 4,1% en su variación acumulada 12 meses, vs. 2% un año atrás, al tiempo que la producción industrial lo hizo en un 3,2% contra 2,5% y el empleo en un 0,6% frente a 1%.

Subsectorialmente, 20 de las 39 actividades industriales registraron expansiones en su producción real a enero de 2017, un leve deterioro frente a los 24 sectores observados un año atrás. Las actividades industriales con mejor desempeño fueron: refinación de petróleo con 20,6%; productos de caucho con 10,6%; productos elaborados de metal 9,5%; productos de panadería 6,8%; y elaboración de bebidas 5,3%.

En contraste, los sectores con el peor desempeño fueron curtido-recurtido de cueros que cayó 16,9%; otros tipos de equipo de transporte -14,6%; elaboración de azúcar -12%; carrocerías para vehículos y remolques -10,9%; y aparatos y equipo eléctrico -9,1%.

Estas cifras revelan que buena parte de las actividades que registraron caídas están atadas al sector de automotores, un marcado cambio frente a lo observado en 2015, cuando los peores desempeños estaban ligados a la cadena petroquímica.

En cambio, en 2016, buena parte de la recuperación de la industria obedeció al repunte observado en la cadena petroquímica. De hecho, si se excluye la refinación de petróleo, el crecimiento de la producción industrial fue de tan solo el 0,3% anual en enero de 2017, inferior al 1,7% observado un año atrás en la industria sin refinación.

 

 

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Líderes indígenas encabezan una protesta contra el oleoducto en Washington en 2014.

 

Varias organizaciones ambientalistas reaccionaron airadamente a la aprobación de la obra y anticiparon una dura resistencia y batalla legal para impedir su construcción de parte de las comunidades y las ONG.

 

El presidente de Estados Unidos causó la satisfacción de empresarios y el descontento de defensores del medio ambiente, al autorizar este viernes a la canadiense TransCanada a construir el oleoducto binacional Keystone XL, bloqueado por el gobierno de Barack Obama.

“Hoy es un gran día para los empleos en Estados Unidos y un momento histórico para América del Norte y la independencia energética”, dijo el presidente Donald Trump en la Casa Blanca. “Son mucho más seguros los oleoductos que otras formas de transporte”, afirmó, lamentando que el proyecto se haya demorado “demasiado”.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, también se declaró “muy feliz” por la decisión y enfatizó el deseo de Canadá de ser socio de Washington para ayudarle a asegurar sus provisiones energéticas. “Encaminar nuestra producción hacia los mercados es esencial para el crecimiento económico canadiense”, afirmó en una conferencia de prensa en Montreal.

En un informe publicado hace dos años, el departamento de Estado calculó que la obra generaría 5000 empleos permanentes y unos 42.000 directos e indirectos durante la construcción de esa tubería de 1.900 kilómetros de extensión.

Keystone XL atravesará unos 500 kilómetros de territorios canadienses desde Alberta y unos 1.400 dentro de Estados Unidos hasta las refinerías en el golfo de México.

Tras una nueva revisión del proyecto, el subsecretario de Estado Thomas Shannon otorgó el permiso presidencial, concluyendo que “servirá al interés nacional”, indicó el departamento de Estado. El oleoducto “mejorará la seguridad energética, creará empleos y beneficiará el crecimiento económico”, afirmó por su parte la Cámara de Comercio estadounidense.

El titular de la diplomacia estadounidense, Rex Tillerson, exjefe del gigante petrolero ExxonMobil, no participó en la decisión luego de dar un paso al costado ante denuncias de conflictos de interés en el asunto.

TransCanada agradeció al gobierno estadounidense por la revisión y aprobación del proyecto. “Este es un hito significativo para el proyecto Keystone XL’’, dijo el presidente y director ejecutivo de la firma canadiense, Russ Girling.

La compañía espera trabajar con la Casa Blanca “mientras continuamos invirtiendo y fortaleciendo la infraestructura energética de América del Norte”, agregó en un comunicado.

TransCanada tiene una inversión total de 15.000 millones de dólares “que creará miles de puestos de trabajo bien pagos y generará beneficios económicos sustanciales en Estados Unidos”. Según la empresa, el proyecto contribuirá con 3.400 millones de dólares al Producto bruto interno estadounidense. No obstante, la firma aún deberá trabajar con las autoridades y los residentes para obtener los permisos y aprobaciones necesarias para hacer avanzar el proyecto de construcción en Nebraska, Montana y Dakota del Sur, señaló la compañía.

Varias organizaciones ambientalistas reaccionaron airadamente a la aprobación de la obra y anticiparon una dura resistencia y batalla legal para impedir su construcción de parte de las comunidades y las ONG.

“Este oleoducto no verá la luz”, dijo Greenpeace. “Keystone XL y las instituciones financieras que eligieron apoyarlo enfrentarán una vasta oposición en Canadá y Estados Unidos con el fin de que no sea construido”, estimó Mike Hudema, miembro de la organización en Canadá.

“Keystone XL enfrentará numerosos obstáculos jurídicos en Nebraska y una impugnación en el tribunal de Dakota del Sur”, además de la hostilidad “de una vasta alianza entre propietarios de terrenos, granjeros, autóctonos y ambientalistas”, afirmó Patrick DeRochie de Environmental Defence.

Mientras la Fundación David Suzuki se sumó al rechazo, alegando que el mismo “amenaza el clima del planeta y va en contra de la tendencia en la economía mundial hacia las energías renovables”.

El proyecto tiene desde 2012 un nuevo trazado que evita las reservas naturales, pero los ambientalistas critican que las arenas bituminosas de Alberta requieren una extracción que demanda mucha energía y que produce un gran volumen de gases de efecto invernadero.

Keystone XL fue durante mucho tiempo un tema espinoso entre Washington y Ottawa. Ferviente defensor de la industria petrolera, el exprimer ministro canadiense Stephen Harper, predecesor de Justin Trudeau, defendió infructuosamente el proyecto ante el gobierno de Obama.

Siete años después del primer pedido, Obama se rehusó en noviembre de 2015 a conceder a TransCanada el permiso presidencial necesario para iniciar los trabajos alegando que “no es del interés nacional”. TransCanada respondió en enero de 2016 en los tribunales de Estados Unidos con una demanda de 15.000 millones de dólares por daños y perjuicios. La firma apuesta a transportar el petróleo canadiense hacia nuevos mercados. Los actuales ductos están saturados y los productores canadienses de hidrocarburos pretenden con este proyecto enviar petróleo hasta las refinerías del Golfo de México, desde donde luego podrá ser exportado a otros países.

 

 

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Comienza la construcción del último tramo del oleoducto en Dakota del Norte

Activistas llegan a la zona afectada; indígenas convocan a movilizaciones por todo el país
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El gobierno de Donald Trump autorizó el inicio del último tramo de un oleoducto frenado por un masivo movimiento indígena a finales de la presidencia anterior, con lo que agregó una nueva violación a un acuerdo más en esa larga historia de Estados Unidos contra los pueblos originarios.

Representantes del pueblo siux de Standing Rock expresaron: "esta lucha no ha acabado". Sus abogados presentaron este jueves una demanda para tratar de suspender la reanudación de obras cerca de su reservación en Dakota del Norte, mientras activistas acuden para sumarse de nuevo a los que permanecen en campamentos en esa zona. A la vez, los siux convocaron acciones de protesta por todo el país, que empezaron este jueves, y una marcha nacional en Washington el 10 de marzo por la defensa de los derechos indígenas y la defensa del agua de todos (standwithstandingrock.net).

Pero las operaciones de construcción del oleoducto Dakota Access, que incluyen la perforación en la zona disputada y debajo de un río que con un derrame podría contaminar el agua potable de los indígenas y otros pueblos, arrancó este jueves, según voceros de las empresas que tienen el objetivo de concluir este último tramo del oleoducto en los próximos meses.

Una de las primeras medidas ejecutivas de Trump fue girar instrucciones para apresurar la aprobación de Dakota Access y con ello revertir la decisión del gobierno de Barack Obama en diciembre, de frenar el proyecto mientras se evaluaba el impacto ambiental y se negociaba con los líderes indígenas en esa zona. Trump fue inversionista en la empresa encargada del proyecto, Energy Transfer Partners, y también fue beneficiado por donaciones a su campaña por el ejecutivo en jefe de la empresa.

La decisión es un revés a un movimiento sin precedente que se volvió símbolo nacional e internacional de resistencia contra la violacion de derechos indígenas y la lucha por el medio ambiente, en particular contra los hidrocarburos.

Peor aún, la decisión se anunció el martes, mientras llegaba a Washington el presidente de la tribu siux de Standing Rock, la cual encabeza el masivo movimiento de oposición al proyecto, para reunirse con funcionarios del gobierno de Trump. David Archambault II canceló su reunión y comentó al Washington Post: "me siento ofendido, fue una falta de respeto".

Emitió una declaración en la que solicitó a los aliados que ejerzan su derechos de libre expresión "para recordarle al presidente Trump qué estamos defendiendo", y recordó que estaba en Washington para tratar de ayudar a los funcionarios “a entender por qué hay un movimiento... y todos los males que se han hecho contra mi nación por esta nación”.

Integrantes del pueblo siux de Standing Rock reiteraron a medios que "esta lucha continúa". LaDonna Brave Bull Allard, fundadora de uno de los campamentos, comentó a The Guardian: "ya no se trata sólo de Standing Rock, se trata del mundo. Más allá de lo que ocurra aquí, aun cuando están perforando mientras hablamos, todos tenemos que defender el agua". Otros coreaban en Lakota: "el agua es vida".

Este proyecto de construcción provocó un movimiento de resistencia indígena sin precedente en las últimas décadas, al cual se sumaron representantes de más de 200 naciones indígenas en el transcurso de los meses, y a partir del verano pasado contó con nuevos aliados: ambientalistas, religiosos, estudiantes, integrantes de Black Lives Matter, artistas, solidarios de otras partes del mundo y cientos de veteranos militares, algunos de los cuales llegaron en diciembre para ofrecer protección después de que se cansaron de ver noticias sobre la constante represión a los activistas por guardias y autoridades locales.

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Los Sioux (también) se ponen en pie de guerra contra Donald Trump La decisión de Donald Trump de resucitar el proyecto para la constru

La tribu Sioux de Standing Rock y sus defensores han hecho la promesa de resistir la orden ejecutiva de Donald Trump que autoriza la construcción de un oleoducto en Dakota y piensan impulsar medidas legales, llamar a la desobediencia civil e instalar un campamento de resistencia para proteger el agua del río.


"El presidente Trump tiene la obligación legal de respetar los derechos que nos reconocen los tratados y garantizar que todo el proceso para la construcción del o leoducto sea justo y razonable", explica el jefe de la tribu Sioux de Standing Rock, Dave Archambault, que afirma que la decisión de Trump [de resucitar un proyecto que Obama impidió] tiene motivaciones políticas.


"Si crea un segundo Flint [una ciudad con el agua contaminada por plomo] no conseguirá que Estados Unidos recupere su grandeza, como prometió", señala.


La orden ejecutiva ha vuelto a poner sobre la mesa un proyecto de 3.800 millones de dólares q ue se daba por muerto y que contempla cruzar el río Missouri y llegar hasta la reserva Sioux de Standing Rock. La tribu cree que el oleoducto podría contaminar el agua potable y destruir lugares sagrados.


El pasado 5 de diciembre, el Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos denegó un permiso al oleoducto para ocupar un tramo del río. Esta decisión supuso una gran victoria para miles de nativos americanos y ecologistas que habían levantado campamentos en la orilla del río para resistir el avance del oleoducto.


Todo hacía prever que la denegación del permiso y el inicio de un estudio sobre el impacto medioambiental del proyecto iban a demorar las obras del oleoducto durante años.


Las organizaciones para la protección del agua de Washington se empezaron a movilizar en Facebook el martes con el objetivo de manifestarse ante la Casa Blanca esa misma tarde. "Para frenar este proyecto tendremos que movilizarnos en nuestra comunidad, llamar a las puertas de las personas influyentes y desplazarnos hasta donde estén los oleoductos", indicó el grupo.


"Es un insulto a los nativos americanos"


Jan Hasselman, el abogado de la tribu, ha explicado que Trump ha "esquivado de forma ilegal y arbitraria" las conclusiones que llevaron a la administración Obama a no autorizar este proyecto. "Es un insulto a los sioux de Standing Rock y a todos aquellos que defienden su causa en los territorios indígenas y representa la vuelta a un patrón histórico de vulneración de los derechos de las comunidades indígenas", ha añadido.


Dallas Goldtooth, un activista de la Red Ambiental Indígena y miembro de las tribus Mdewakanton Dakota y Dine, indica que él ya había previsto que Trump se posicionaría a favor de los oleoductos, pero que no esperaba que aprobara una orden ejecutiva nada más llegar a la Casa Blanca.


"Es un ataque a nuestras tierras ancestrales", afirma: "Estas órdenes ejecutivas demuestran que Trump está más que dispuesto a incumplir la ley federal que proteg e el medioambiente, nuestras comunidades y los derechos de las comunidades indígenas si con ello puede obtener petróleo y gas".


Ron Caballo de Trueno, miembro de la tribu Hunkpapa-Lakota Oyate, sopesó la posibilidad de iniciar una larga batalla legal para frenar la construcción del oleoducto. Sin embargo, el exjefe de la tribu de Standing Rock tiene reservas ya que cree que la empresa podría seguir adelante con el apoyo de Trump.


"Conseguiríamos ganar tiempo pero nada más", ha indicado: "Esto nos llevaría al mismo punto en el que estábamos cuando empezamos a movilizarnos unos meses atr ás".


A principios de diciembre, los campamentos de protesta de Standing Rock albergaban a decenas de miles de personas, pero muchas de ellas se fueron cuando las autoridades denegaron el permiso. Tras conocer esta medida y ante la inminente llegada del frío, la tribu recomendó a todos aquellos que los estaban apoyando que regresaran a sus casas y el 21 de enero, con el voto unánime del consejo de la tribu, volvió a pronunciarse en el mismo sentido.


Sin embargo, y a pesar de las bajas temperaturas en Dakota del Norte, entre 300 y 500 activistas han permanecido en el campamento y esto ha provocado varios enfrentamientos con las fuerzas policiales. La contundente reacción de una policía militarizada ha generado preocupación.


Linda Black Elk, de la tribu Catawba Nation y que colabora con el Consejo de Médicos y Sanadores de Standing Rock, ha señalado que los activistas se han esforzado por mantener el campamento limpio y que han seguido las instrucciones del consejo de la tribu. Sin embargo, los acontecimientos del martes marcan un nuevo escenario.


"Tenemos que proteger el agua"


" Ahora no podemos retroceder. Tenemos que proteger el agua de las generaciones futuras", afirma: "No tengo miedo por lo que me pueda pasar pero me aterra lo que pueda pasar en el futuro". Muchos activistas que se fueron a sus casas en diciembre esperan regresar a los campamentos pronto.


Xhopakelxhit, miembro de las tribus Nuu Chah Nulth, Coast Salish y Cree, que el año pasado fue una presencia constante en Standing Rock, ya ha avanzado que regresará tan pronto como sea posible.


"Si quieres apoyar a la tribu de Standing Rock, ahora es el momento", indica Xhopakelxhit, que forma parte del campamento de "guardianes rojos", que ha organizado varias acciones directas contra el oleoducto. "Los activistas que han perma necido en el campamento están pidiendo ayuda y necesitan urgentemente que muchas otras personas se solidaricen con ellos", señala.


Otros han prometido que expresarán su solidaridad con protestas a lo largo y ancho del país. "Necesitamos un movimiento masivo de desobediencia civil y que los ciudadanos expresen su solidaridad con Standing Rock", explica Kandi Mossett, miembro de las tribus Mandan, Hidatsa y Arikara, y que vive en Dakota del Norte. "La administración Trump está provocando una revolución que nos hará más fuertes que nunca".


Cheryl Angel, de la tribu Sicangu Lakota, fue una de las primeras activistas en llegar al campamento de la piedra sagrada. Hace un llamamiento para que se lleven a cabo acciones de protestas a diario.


En el caso de Búfalo Saltarín, miembro de la tribu Standing Rick Sioux y cuyo nombre en inglés es Troy Fairbanks, la decisión de Trump tuvo lugar en un día muy triste para él. Descendiente de Toro Sentado (la sexta generación) estaba preparando el funeral de su hija cuando the Guardian lo llamó.


"No bebemos petróleo, es muy triste", dijo. El anciano no pierde la esperanza de que sus oraciones serán escuchadas. "Nunca se ha hecho justicia con las comunidades indígenas –afirma–. Pero ahora todo el mundo es testigo de lo que está pasando".

 

• theguardian

Julia Carrie Wong y Sam Levin
29/01/2017 - 21:14h
Traducido por Emma Reverter

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