Jueves, 21 Mayo 2020 06:30

Recuerdos del terrorismo yanqui

Recuerdos del terrorismo yanqui

La Seguridad del Estado de Cuba ha documentado 581 agresiones en 41 países contra representaciones de la isla en el exterior (http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/05/17/hablamos-de-terrorismo-cuba-ha-sufrido-cientos-de-agresiones). Aquí hablo de dos que me tocaron cerca afectivamente. La bomba de alto poder que estalló en la embajada de Cuba en Lisboa cerca de las 5 de la tarde cuando estaban al entrar al lugar los pequeños hijos de los diplomáticos cubanos que regresaban de la escuela. Como un rayo, fulminó a Adriana Corcho Calleja y a Efrén Monteagudo Rodríguez, de 35 y 33 años, respectivamente, funcionarios de la sede diplomática. El dispositivo fue dejado junto a la puerta de uno de los departamentos que formaban parte de la representación cubana por un individuo que entró al vetusto edificio y se retiró de manera apresurada.

Era el 22 de abril de 1976, cuatro meses después de que tropas cubanas derrotaron una importante agresión esmeradamente organizada por la CIA contra la naciente República Popular de Angola. Estados Unidos lanzó una potente columna del ejército racista sudafricano, numerosas fuerzas del vecino Zaire y experimentados mercenarios blancos contra el joven Estado. Al percatarse de lo que se avecinaba, el presidente angoleño Agustino Neto solicitó el apoyo de Cuba. Yo había conocido a Adriana durante una misión reporteril en la Lisboa de la revolución de los claveles y esto hizo que mi estremecimiento fuera mayor ante la noticia del atentado. Muy cerca de donde estalló la bomba conversamos en más de una ocasión y pude aquilatar su pensamiento revolucionario, competencia profesional y buen talante.

La primera derrota militar ante Cuba en Angola –todavía faltaba otra mucho más contundente en 1988– enfureció al gobierno del presidente Gerald Ford y en particular a la CIA. Justo seis meses después del crimen en Lisboa y en nuevas circunstancias luctuosas por el sabotaje contra un avión de Cubana en vuelo donde murieron sus 73 ocupantes, Fidel Castro expresó: "En los últimos meses el gobierno de Estados Unidos, resentido por la contribución de Cuba a la de­rrota sufrida por los imperialistas y los racistas en África, junto a brutales amenazas de agresión, desató una serie de actividades terroristas contra Cuba. Esa campaña se ha venido intensificando por días y se ha dirigido, fundamentalmente, contra nuestras sedes diplomáticas y nuestras líneas aéreas."

El 11 de septiembre de 1979, Félix García, mi amigo y diplomático de la misión de Cuba ante la sede de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York, se dirigía a una cena en el barrio de Queens, después de haber acompañado a amigos chilenos a un acto para recordar al presidente Salvador Allende, asesinado exactamente seis años antes en un golpe de Estado orquestado por la CIA, pero no pudo llegar a su destino.

Al detenerse su auto en un semáforo, el terrorista Pedro Remón, entrenado en ese tipo de acciones por la central de inteligencia gringa, le descargó desde una motocicleta una ráfaga de tiros que puso fin a su vida. Ya nunca más Félix iluminaría mi oficina en la revista Bohemia con sus dicharachos criollos y simpatía personal.

Félix es el único caso de un diplomático acreditado ante Naciones Unidas que haya sido asesinado en Nueva York. Remón reivindicó el crimen en llamadas a los medios, pero no fue hasta avanzados los años 80 que resultó juzgado y condenado por un tribunal estadunidense, cuando sus sangrientas acciones terroristas habían comenzado a perjudicar intereses de Washington.

Por cierto, en cuanto cumplió su condena continuó con absoluta impunidad su actividad terrorista contra Cuba, dentro y fuera de Estados Unidos.

Los dos casos anteriores están entre los más notables atentados perpetrados contra sedes y funcionarios diplomáticos cubanos, pero también en muchos otros ha corrido sangre, no sólo cubana, sino de personas de otras nacionalidades. Aquí mismo en México el ya mencionado terrorista Pedro Remón tuvo una participación en un intento de secuestro, en 1976, de Daniel Ferrer Hernández, cónsul de Cuba en Mérida, en el que resultó asesinado el técnico de pesca cubano Artagnan Díaz Díaz.

La historia del terrorismo contra Cuba y, en particular, contra sus sedes diplomáticas, es larga. Pero hay razones para pensar que la mafia fascista de Miami y sus amigochos en el (des)gobierno de Donald Trump se proponen estimular la vuelta a esas prácticas.

Estados Unidos continúa su mutismo cómplice respecto del ametrallamiento de la embajada de Cuba en Washington, cometido el pasado 30 de abril. Ni una palabra sobre un hecho tan grave parece esconder algo inconfesable. Si este atentado no es investigado y esclarecido con apego a las leyes de Estados Unidos y a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas sentará un nefasto precedente.

Twitter: @aguerraguerra

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Pruebas de vacuna experimental para el coronavirus en el laboratorio Cells Culture Room en las instalaciones de Sinovac Biotech, en Pekín.Foto Afp

Dejo de lado el extraño deceso del embajador chino en Tel Aviv cuatro (sic) días después de que el "evangelista sionista" (https://bit.ly/3bLFAUn), hoy secretario de Estado y anterior director de la CIA, Mike Pompeo, visitó Israel con el fin de disuadir al primer ministro israelí Netanyahu de cesar su cooperación digitálica con China (https://bit.ly/2ZjuIu9).

También soslayo que el mandarín Xi está preparado al "peor escenario de confrontación armada" de EU contra China, según Reuters que no pocas veces se consagra a amarrar navajas para llevar agua al molino de los intereses anglosajones (https://reut.rs/3cHMk6W).

Al corte de caja de hoy, EU y China se han enfrascado en una feroz "guerra biológica", donde se inculpan mutuamente del origen del misterioso C-19, que cobró tintes de "guerra farmacológica" (https://bit.ly/2TmQR77) con la carrera por la vacuna.

La guerra, primero "comercial"y, luego "tecnológica" con el 5G, de Trump contra China (https://bit.ly/3e1Slvq), escaló el nivel de "guerra geoeconómica" con "tres impactos", que incluyen la “militarización ( weaponization) del dólar”, según el portal China Daily (https://bit.ly/3dZJYjX).

Los tres impactos de marras los define en los segmentos de "inversiones y comercio", pero que en el análisis cobran un carácter genuinamente geoeconómico.

El "primer impacto" versa sobre la "militarización del dólar" como "brazo armado de la política exterior de EU" que opera mediante la “imposición de sanciones unilaterales punitivas con la amenaza de excluir a las empresas del sistema de pagos SWIFT –Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication– del dólar” y que sufren los enemigos de EU como Irán/Norcorea/Venezuela/Cuba/la guerrilla libanesa Hezbolá/etcétera.

Le faltó citar a China Daily el libro de Guerras de la Secretaria del Tesoro: el desencadenamiento de una nueva era de guerra financiera (https://amzn.to/3cPGFMm), de Juan Zárate, funcionario de Baby Bush, quien con el petate del muerto del "contraterrorismo" infligía graves daños a los enemigos de EU.

El "segundo impacto" consiste en la "acción china diseñada para contrarrestar la militarización del dólar y así brindar otra opción a los inversionistas y negociantes". Representa el "mayor desarrollo a un sistema de pagos basado en el renmimbi", la divisa china, "como alternativa al sistema de pagos del dólar". Pues como dirían los asiáticos: esto equivale a "moverle la cola al tigre" ya que el dolarcentrismo es el verdadero poder que todavía le queda a EU cuando ha sido desplazado por Rusia, en el ámbito militar, y por China en el rubro geoeconómico.

Cabe señalar que en China tienen muy presente la envergadura y los alcances del bono hegemónico del dolarcentrismo que equivale a casi 10 por su ciento de su PIB (https://bit.ly/2WJuCdN).

China ya empezó a experimentar en cuatro ciudades el lanzamiento de una "divisa digital soberana (sic)" para posicionarse como competidor y/o alternativa al dolarcentrismo (https://bit.ly/2XeIDPA).

El "tercer impacto" se refiere a "cualquier retiro estadunidense del comercio con China" cuando Pekín deberá "comprometerse" más al "fortalecimiento" de las miríficas "Tres Rutas de la Seda" (https://bit.ly/2ZqPkAG).

Para China Daily las Tres Rutas de la Seda se encuentran mejor que nunca con una "dinámica a su favor para establecer una alternativa (sic) a las estructuras de comercio e intercambio dominadas por los proteccionistas mercados de Occidente".

Señala que la ayuda médica y de equipamiento a los países que forman parte de las Tres Rutas de la Seda “es un ejercicio de poder blando ( softpower)” y enaltece a la "Cámara Internacional de Comercio de la Ruta de la Seda" (SRCIC, por sus siglas en inglés; http://www.srcic.com/).

Concluye que "la pérdida de, o la reducción en los mercados de EU, como resultado de una deliberada política estadunidense de aislamiento y desconexión como forma de castigo, no constituye necesariamente un golpe mortal al progreso económico de China, aunque si afectará".

A estas alturas, no es nada sencillo amedrentar a China.

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A seis meses del golpe de Estado, Bolivia se sigue desangrando

Ni la emergencia por coronavirus le pone un freno a las peores miserias del régimen

El gobierno de facto encabezado por Jeanine Añez reacciona a las urgencias de las clases populares con la misma receta de siempre: represión salvaje, oídos sordos y distorsión de la realidad.

Ni la emergencia por coronavirus puede ponerle un freno a las peores miserias del gobierno de facto de Bolivia. El golpe de Estado iniciado el 10 de noviembre de 2019 para desplazar del poder al expresidente Evo Morales deja, hasta el momento, un triste saldo de 35 muertos, 800 heridos, más de 1.500 detenidos y cientos de exiliados. Seis meses después de su acto inaugural, las masacres de Sacaba y Senkata , el régimen encabezado por Jeanine Añez reacciona a las urgencias de las clases populares con la misma receta: represión salvaje, oídos sordos y distorsión de la realidad. La pretendida reconversión económica del país, impropia de un gobierno de transición que sin embargo pretende aferrarse al poder, ha llevado a miles de bolivianos a violar la cuarentena para salir a las calles, organizando cacerolazos y marchas espontáneas en distintas regiones. Hoy, la mayoría de los trabajadores, acostumbrados a subsistir día a día, se ven forzados a optar por una trágica disyuntiva: morir de coronavirus o morir de hambre. Página/12 contactó a cuatro figuras representativas de la coyuntura boliviana que analizan este duro presente e intentan desmembrar la lógica operativa del régimen.

"Estos seis meses de gobierno de facto arrojan un balance negativo, como no podía ser de otra manera. Su rasgo principal es el predominio casi absoluto del aparato del Estado (fuerzas armadas, policía y magistratura) sobre el resto de la institucionalidad. Y dentro del aparato del Estado, la policía mantiene un fuerte predominio sobre las fuerzas armadas". Quien habla es Hugo Moldiz, exministro del gobierno de Bolivia (2015) que permanece asilado en la residencia de la Embajada de México en La Paz. La feroz interna entre policías y militares se vio reflejada la semana pasada cuando oficiales subalternos de las fuerzas armadas, asignados a la ciudad de El Alto, denunciaron mediante una carta dada a conocer por la cadena televisiva ATB graves irregularidades cometidas por la policía nacional. 

Pero Moldiz no menciona otra arista de ese aparato ideológico que cumplió un rol fundamental en la consumación del golpe: la jerarquía eclesiástica. "Se ha utilizado el fundamentalismo de las iglesias para profundizar el racismo, la estigmatización de las personas no sólo vinculadas al Movimiento al Socialismo (MAS) sino de las personas indígenas que han construido el proceso de cambio", advierte Adriana Guzmán, activa militante social e integrante del colectivo Feminismo Comunitario Antipatriarcal. Una de las imágenes más simbólicas de la autoproclamada presidenta Jeanine Añez fue su ingreso al Palacio Quemado sosteniendo una enorme Biblia entre sus manos, en un país que desde 2009 se declara laico.

El hambre del pueblo 

"Uno de los problemas relacionados con la aplicación a punta de bota militar y policial, y persecución judicial por parte del régimen, es la cuestión del hambre del pueblo. Muchos sectores de la población, hombres y mujeres del campo y la ciudad que viven del día a día, se han visto en una situación muy precaria y ahora están en una contradicción terrible entre infectarse y morir por el coronavirus o morir de hambre", advierte desde Cochabamba el sociólogo Boris Ríos, en diálogo con este diario. La situación para la mayoría de la población de Bolivia es dramática desde el inicio del golpe, y se agravó en el contexto pandémico: una de las ciudades más afectadas por la crisis sanitaria es Cochabamba, donde muchos habitantes ya no tienen forma de alimentar a sus familias y exigen que se flexibilice la cuarentena.

"Las clases populares viven del día a día por las características estructurales de la economía boliviana. Más de un 70 por ciento vive de la economía no formal, y esto ciertamente está generando un peligroso clima social que el gobierno trata de minimizar", afirma Moldiz. La respuesta del régimen ha sido nuevamente la represión de la protesta y la persecución política, apuntando al Movimiento al Socialismo (MAS) como promotor de las movilizaciones, y al expresidente Evo Morales como cabeza de un supuesto complot que vienen denunciando hace seis meses. "Días pasados han habido 21 arrestados por el hambre, de los cuales algunos son incluso acusados de terrorismo", agrega Ríos.

La respuesta del régimen 

Desde que hace dos meses se conoció el primer caso de coronavirus en Bolivia comenzó un constante tira y afloje entre el ministerio de Salud, que busca liderar el combate a la pandemia, y los servicios departamentales, que defienden su autonomía. Los desencuentros fueron creciendo hasta generar destituciones de personal jerárquico, incluyendo el alejamiento del propio ministro de Salud, Aníbal Cruz. En ese sentido, Guzmán revela datos de la corporación médica que muchas veces escapan al análisis: "Los médicos han estado más de 60 días en paro antes del golpe de Estado. Por ende, el sector médico ha sido parte del golpe. Si no se han transformado las condiciones en salud ha sido porque los médicos permanentemente se han opuesto a las transformaciones para beneficiar a sus clínicas privadas, pero también por su profundo racismo y colonialismo".

Las pocas pruebas que se realizan en el interior del país tardan días en llegar a algún laboratorio ubicado en La Paz, epicentro del sistema de salud. Las clínicas privadas cobran hasta 11 mil bolivianos por día (más de 1.500 dólares) si el paciente tiene coronavirus, y sólo aplicar el test implica un costo de entre 700 y 1.000 bolivianos. En tanto, el sistema público de salud carece sistemáticamente de reactivos, kits de pruebas clínicas, equipos e insumos. Hasta el momento, son 4.088 los casos confirmados y 169 los muertos por la covid-19 en Bolivia. "No han podido desarrollar una acción planificada y ordenada en el manejo de la pandemia", concluye Pérez, quien además es el primer refugiado político en la provincia de Córdoba tras la asonada militar en Bolivia. 

En el medio, las presidenciales

Bolivia tendría que haber celebrado elecciones el pasado domingo tres de mayo, pero éstas fueron aplazadas por la emergencia del coronavirus. El gobierno de facto salió a escudar su decisión bajo el pretexto de que "la salud es lo primero". Hasta el momento, no hay una fecha estipulada para volver a las urnas, pese al plazo de noventa días aprobado por el Parlamento. Por eso, los temores y especulaciones crecen en torno a una figura impredecible como Añez, que asumió el gobierno para ejercer una gestión transitoria, mientras toma medidas estructurales que impactan en la población a corto y largo plazo. Como si fuera poco, la exsenadora de derecha decidió postularse a la presidencia, aunque las encuestas la sitúan muy lejos del favorito candidato del MAS y exministro de Economía, Luis Arce.

"El pedido de fecha de elección no sólo es un pedido de la población en su mayoría, sino también de los exsocios de este gobierno transitorio que se han dado cuenta que si no se acelera este proceso pueden encontrarse con un rechazo que también los alcance y un apoyo al anterior gobierno", expresa Pérez. En tanto, Guzmán considera que Añez, al contar con escasas chances de triunfar en los comicios, apostará a "seguir alimentando la fragmentación y el racismo en la sociedad para que (el expresidente) Carlos Mesa sea la opción de centro supuestamente, por más que sea también cómplice del golpe y culpable de la Masacre del Gas". Por último, Moldiz teme que la postergación de estas elecciones se deba a una casi segura victoria de la fórmula Luis Arce - David Choquehuanca. "Sería demasiado nefasto para la historia democrática de Bolivia", alerta. Aunque al interior del realismo mágico diseñado por Añez y sus amigos, nada parece imposible.

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Byung-Chul Han y el coronavirus: "La muerte no es democrática"

El filósofo coreano asegura que "viviremos como en un estado de guerra permanente"

 

Supervivencia, sacrificio del placer y pérdida del sentido de la buena vida. Así es el mundo que vaticina el filósofo coreano Byung-Chul Han después de la pandemia: “Sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente”.

Nacido en Seúl en 1959, Han estudió Filosofía, Literatura y Teología en Alemania, donde reside, y ahora es una de las mentes más innovadoras en la crítica de la sociedad actual. Según describe en una entrevista a EFE, nuestra vida está impregnada de hipertransparencia e hiperconsumismo, de un exceso de información y de una positividad que conduce de forma inevitable a la sociedad del cansancio.

El pensador coreano, global y viral en su fondo y forma, expresa su preocupación porque el coronavirus imponga regímenes de vigilancia y cuarentenas biopolíticas, pérdida de libertad, fin del buen vivir o una falta de humanidad generada por la histeria y el miedo colectivo.

"La muerte no es democrática", advierte este pensador. La Covid-19 ha dejado latentes las diferencias sociales, así como que “el principio de la globalización es maximizar las ganancias” y que “el capital es enemigo del ser humano”. A su juicio, “eso ha costado muchas vidas en Europa y en Estados Unidos” en plena pandemia.

Byung-Chul Han, que publicará en las próximas semanas en español su último libro, "La desaparición de los rituales" (Herder), está convencido de que la pandemia “hará que el poder mundial se desplace hacia Asia” frente a lo que se ha llamado históricamente el Occidente. Comienza una nueva era.

 

--¿La Covid-19 ha democratizado la vulnerabilidad humana?¿Ahora somos más frágiles?

 

--Está mostrando que la vulnerabilidad o mortalidad humanas no son democráticas, sino que dependen del estatus social. La muerte no es democrática. La Covid-19 no ha cambiado nada al respecto. La muerte nunca ha sido democrática. La pandemia, en particular, pone de relieve los problemas sociales, los fallos y las diferencias de cada sociedad. Piense por ejemplo en Estados Unidos. Por la Covid-19 están muriendo sobre todo afroamericanos. La situación es similar en Francia. Como consecuencia del confinamiento, los trenes suburbanos que conectan París con los suburbios están abarrotados. Con la Covid-19 enferman y mueren los trabajadores pobres de origen inmigrante en las zonas periféricas de las grandes ciudades. Tienen que trabajar. El teletrabajo no se lo pueden permitir los cuidadores, los trabajadores de las fábricas, los que limpian, las vendedoras o los que recogen la basura. Los ricos, por su parte, se mudan a sus casas en el campo.

La pandemia no es solo un problema médico, sino social. Una razón por la que no han muerto tantas personas en Alemania es porque no hay problemas sociales tan graves como en otros países europeos y Estados Unidos. Además el sistema sanitario es mucho mejor en Alemania que en los Estados Unidos, Francia, Inglaterra o Italia.

Aún así, en Alemania, la Covid-19 resalta las diferencias sociales. También mueren antes aquellos socialmente débiles. En los autobuses y metros abarrotados viajan las personas con menos recursos que no se pueden permitir un vehículo propio. La Covid-19 muestra que vivimos en una sociedad de dos clases.

 

--¿Vamos a caer más fácilmente en manos de autoritarismos y populismos, somos más manipulables?

 

--El segundo problema es que la Covid-19 no sustenta a la democracia. Como es bien sabido, del miedo se alimentan los autócratas. En la crisis, las personas vuelven a buscar líderes. El húngaro Viktor Orban se beneficia enormemente de ello, declara el estado de emergencia y lo convierte en una situación normal. Ese es el final de la democracia.

 

--Libertad versus Seguridad. ¿Cuál va a ser el precio que vamos a pagar por el control de la pandemia?

 

--Con la pandemia nos dirigimos hacia un régimen de vigilancia biopolítica. No solo nuestras comunicaciones, sino incluso nuestro cuerpo, nuestro estado de salud se convierten en objetos de vigilancia digital. Según Naomi Klein, el shock es un momento favorable para la instalación de un nuevo sistema de reglas. El choque pandémico hará que la biopolítica digital se consolide a nivel mundial, que con su control y su sistema de vigilancia se apodere de nuestro cuerpo, dará lugar a una sociedad disciplinaria biopolítica en la que también se monitorizará constantemente nuestro estado de salud. Occidente se verá obligado a abandonar sus principios liberales; y luego está la amenaza de una sociedad en cuarentena biopolítica en Occidente en la que quedaría limitada permanentemente nuestra libertad.

 

--¿Qué consecuencias van a tener el miedo y la incertidumbre en la vida de las personas?

 

--El virus es un espejo, muestra en qué sociedad vivimos. Y vivimos en una sociedad de supervivencia que se basa en última instancia en el miedo a la muerte. Ahora sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente. Todas las fuerzas vitales se emplearán para prolongar la vida. En una sociedad de la supervivencia se pierde todo sentido de la buena vida. El placer también se sacrificará al propósito más elevado de la propia salud.

El rigor de la prohibición de fumar es un ejemplo de la histeria de la supervivencia. Cuanto la vida sea más una supervivencia, más miedo se tendrá a la muerte. La pandemia vuelve a hacer visible la muerte, que habíamos suprimido y subcontratado cuidadosamente. La presencia de la muerte en los medios de comunicación está poniendo nerviosa a la gente. La histeria de la supervivencia hace que la sociedad sea tan inhumana.

A quien tenemos al lado es un potencial portador del virus y hay que mantenerse a distancia. Los mayores mueren solos en los asilos porque nadie puede visitarles por el riesgo de infección. ¿Esa vida prolongada unos meses es mejor que morir solo? En nuestra histeria por la supervivencia olvidamos por completo lo que es la buena vida.

Por sobrevivir, sacrificamos voluntariamente todo lo que hace que valga la pena vivir, la sociabilidad, el sentimiento de comunidad y la cercanía. Con la pandemia además se acepta sin cuestionamiento la limitación de los derechos fundamentales, incluso se prohíben los servicios religiosos.

Los sacerdotes también practican el distanciamiento social y usan máscaras protectoras. Sacrifican la creencia a la supervivencia. La caridad se manifiesta mediante el distanciamiento. La virología desempodera a la teología. Todos escuchan a los virólogos, que tienen soberanía absoluta de interpretación.

La narrativa de la resurrección da paso a la ideología de la salud y de supervivencia. Ante el virus, la creencia se convierte en una farsa. ¿Y nuestro papa? San Francisco abrazó a los leprosos...

El pánico ante el virus es exagerado. La edad promedio de quienes mueren en Alemania por Covid-19 es 80 u 81 años y la esperanza media de vida es de 80,5 años. Lo que muestra nuestra reacción de pánico ante el virus es que algo anda mal en nuestra sociedad.

 

--¿En la era postcoronavirus, nuestra sociedad será más respetuosa con la naturaleza, más justa; o nos hará más egoístas e individualistas?

 

Hay un cuento,“Simbad el Marino”. En un viaje, Simbad y su compañero llegan a una pequeña isla que parece un jardín paradisíaco, se dan un festín y disfrutan caminando. Encienden un fuego y celebran. Y de repente la isla se tambalea, los árboles se caen. La isla era en realidad el lomo de un pez gigante que había estado inmóvil durante tanto tiempo que se había acumulado arena encima y habían crecido árboles sobre él. El calor del fuego en su lomo es lo que saca al pez gigante de su sueño. Se zambulle en las profundidades y Simbad es arrojado al mar.

Este cuento es una parábola, enseña que el hombre tiene una ceguera fundamental, ni siquiera es capaz de reconocer sobre qué está de pie, así contribuye a su propia caída.

A la vista de su impulso destructivo, el escritor alemán Arthur Schnitzler compara la Humanidad con una enfermedad. Nos comportamos con la Tierra como bacterias o virus que se multiplican sin piedad y finalmente destruyen al propio huésped. Crecimiento y destrucción se unen.

Schnitzler cree que los humanos son solo capaces de reconocer rangos inferiores. Frente a rangos superiores es tan ciego como las bacterias.

La historia de la Humanidad es una lucha eterna contra lo divino, que resulta destruido necesariamente por lo humano. La pandemia es el resultado de la crueldad humana. Intervenimos sin piedad en el ecosistema sensible.

El paleontólogo Andrew Knoll nos enseña que el hombre es solo la guinda del pastel de la evolución. El pastel real está formado por bacterias y virus, que siempre están amenazando con romper esa superficie frágil y amenazan así con reconquistarlo.

Simbad el Marino es la metáfora de la ignorancia humana. El hombre cree que está a salvo, mientras que en cuestión de tiempo sucumbe al abismo por acción de las fuerzas elementales. La violencia que practica contra la naturaleza se la devuelve ésta con mayor fuerza. Esta es la dialéctica del Antropoceno. En esta era, el hombre está más amenazado que nunca.

 

--¿La Covid-19 es una herida a la globalización?

 

--El principio de la globalización es maximizar las ganancias. Por eso la producción de dispositivos médicos como máscaras protectoras o medicamentos se ha trasladado a Asia, y eso ha costado muchas vidas en Europa y en Estados Unidos.

El capital es enemigo del ser humano, no podemos dejar todo al capital. Ya no producimos para las personas, sino para el capital. Ya dijo Marx que el capital reduce al hombre a su órgano sexual, por medio del cual pare a críos vivos.

También la libertad individual, que hoy adquiere una importancia excesiva, no es más en último término que un exceso del mismo capital.

Nos explotamos a nosotros mismos en la creencia de que así nos realizamos, pero en realidad somos unos siervos. Kafka ya apuntó la lógica de la autoexplotación: el animal arranca el látigo al Señor y se azota a sí mismo para convertirse en el amo. En esta situación tan absurda están las personas en el régimen neoliberal. El ser humano tiene que recuperar su libertad.

 

--¿El coronavirus va a cambiar el orden mundial? ¿Quién va a ganar la batalla por el control y la hegemonía del poder global?

 

--La Covid-19 probablemente no sea un buen presagio para Europa y Estados Unidos. El virus es una prueba para el sistema.

Los países asiáticos, que creen poco en el liberalismo, han asumido con bastante rapidez el control de la pandemia, especialmente en el aspecto de la vigilancia digital y biopolítica, inimaginables para Occidente.

Europa y Estados Unidos están tropezando. Ante la pandemia están perdiendo su brillo. Zizek ha afirmado que el virus derribará al régimen de China. Zizek está equivocado. Eso no va a pasar. El virus no detiene el avance de China. China venderá su estado de vigilancia autocrática como modelo de éxito contra la epidemia. Exhibirá por todo el mundo aún con más orgullo la superioridad de su sistema. La Covid-19 hará que el poder mundial se desplace un poco más hacia Asia. Visto así, el virus marca un cambio de era. 

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“La desigualdad de la propiedad crea una enorme desigualdad de oportunidades en la vida”

Thomas Piketty (Clichy, Francia, 1971) propone un pago estatal para todos los ciudadanos, la modificación de la estructura de la riqueza para cambiar el poder de negociación de los actores, discute las consecuencias políticas de la desigualdad. En esta entrevista, el economista expone los puntos más salientes de un posible programa de izquierdas para salir del actual atolladero histórico.

 

Uno de los principales argumentos de su libro Capital e ideología es que “la desigualdad es una ideología”. La desigualdad no es un proceso natural, sino que se funda en decisiones políticas. ¿Cómo llegó a esa conclusión?

 

En mi libro, el término “ideología” no tiene una connotación negativa. Todas las sociedades necesitan la ideología para justificar su nivel de desigualdad o una determinada visión de lo que es bueno para ellas. No existe ninguna sociedad en la historia donde los ricos digan “somos ricos, ustedes son pobres, fin del asunto”. No funcionaría. La sociedad se derrumbaría inmediatamente.

Los grupos dominantes siempre necesitan inventar narrativas más sofisticadas que dicen “somos más ricos que ustedes, pero en realidad eso es bueno para la organización de la sociedad en su conjunto, porque les traemos orden y estabilidad”, “les brindamos una guía espiritual”, en el caso del clero o del Antiguo Régimen, o “aportamos más innovación, productividad y crecimiento”. Por supuesto, estos argumentos no siempre resultan del todo convincentes. A veces son claramente interesados. Guardan algo de hipocresía, pero al menos este tipo de discurso tiene algo de verosimilitud. Si fueran completamente falsos, no funcionarían.

En el libro, investigo la historia de lo que llamo regímenes de desigualdad, que son sistemas de justificación de distintos niveles de desigualdad. Lo que demuestro es que en realidad hay un aprendizaje de la justicia. Hay una cierta reducción de la desigualdad a largo plazo. Hemos aprendido a organizar la igualdad a través del acceso más igualitario a la educación y de un sistema impositivo más progresivo, por dar algunos ejemplos.

Pero este progreso y el conflicto ideológico continuarán. En la práctica, el cambio histórico proviene de las ideas e ideologías en pugna y no solo del conflicto de clases. Existe esta vieja concepción marxista de que la posición de clase determina por completo nuestra visión del mundo, nuestra ideología y el sistema económico que deseamos, aunque en verdad es mucho más complejo que eso, porque para una posición de clase dada existen distintas formas de organizar el sistema de las relaciones de propiedad, el sistema educativo y el régimen impositivo. Existe cierta autonomía en la evolución de la ideología y de las ideas.

 

Aun así, en las democracias el pueblo decide colectivamente a través del voto vivir en ese tipo de sociedades desiguales. ¿Por qué?

 

En primer lugar, es difícil determinar el nivel exacto de igualdad o desigualdad. La desigualdad no siempre es mala. La gente puede tener objetivos muy diferentes en su vida. Algunos valoran mucho el éxito material, mientras que otros tienen otro tipo de metas. Alcanzar el nivel adecuado de igualdad no es algo sencillo.

Cuando digo que los factores determinantes de la desigualdad son ideológicos y políticos no quiero decir que deban desaparecer y que mañana tengamos una igualdad completa. Me parece que encontrar el equilibrio adecuado entre las instituciones es una tarea muy complicada para las sociedades pese a que, insisto, en el largo plazo la desigualdad se ha reducido un poco. Creo que deberíamos tener un acceso más igualitario a la propiedad y a la educación y que deberíamos continuar en esa dirección.

Hemos aprendido que la historia es un proceso no lineal. Con el tiempo avanzamos hacia una mayor igualdad y esto es lo que también ha creado una mayor prosperidad económica en el siglo XX. Sin embargo, también ha habido reveses. Por ejemplo, el colapso del comunismo produjo una desilusión sobre la posibilidad de establecer un sistema económico alternativo al capitalismo, y esto explica en gran medida el aumento de la desigualdad desde finales de la década de 1980.

Pero hoy día, 30 años más tarde, comenzamos a darnos cuenta de que tal vez hemos ido demasiado lejos en aquella dirección. Entonces, comenzamos a repensar cómo cambiar el sistema económico. El nuevo desafío introducido por el cambio climático y la crisis medioambiental también ha puesto el foco en la necesidad de cambiar el sistema económico. Se trata de un complejo proceso en el que las sociedades intentan aprender de sus experiencias.

A veces se olvidan del pasado lejano, reaccionan de manera exagerada y avanzan demasiado lejos en una dirección. Pero me parece que si ponemos la experiencia histórica sobre la mesa –y ese es el objetivo del libro– podemos entender mejor las lecciones y experiencias positivas del pasado.

 

Usted dice que la desigualdad deriva en nacionalismos y populismos. En Alemania y en otros países, los partidos de derecha están en alza. ¿Por qué la derecha suele tener más éxito que la izquierda?

 

La izquierda no se ha esforzado por proponer alternativas. Después de la caída del comunismo, la izquierda ha atravesado un largo periodo de desilusión y desánimo que no le ha permitido presentar alternativas para modificar el sistema económico. El Partido Socialista en Francia o el Partido Socialdemócrata en Alemania no han intentado realmente cambiar las reglas del juego en Europa tanto como debieran haberlo hecho.

En algún momento aceptaron la idea de que el libre flujo de capital, la libre circulación de bienes y servicios y la competencia por los mercados entre países eran suficientes para lograr la prosperidad y que todos nos beneficiemos de ella. Pero, en cambio, lo que hemos visto es que esto ha beneficiado principalmente a los sectores con un elevado capital humano y financiero y a los grupos económicos con mayor movilidad. Los sectores bajos y medios se sintieron abandonados.

También hubo partidos nacionalistas y xenófobos que propusieron un mensaje muy simple: vamos a protegerlos con las fronteras del Estado-nación, vamos a expulsar a los migrantes, vamos a proteger su identidad como europeos blancos, etc. Por supuesto, al final esto no va a funcionar. No se reducirá la desigualdad ni se resolverá el problema del calentamiento global. Pero dado que no existe un discurso alternativo, una gran parte del electorado se desplazó hacia estos partidos.

Aun así, una gran parte incluso más grande del electorado decidió quedarse en casa. Simplemente no votan, no debemos olvidar eso. Si los grupos socioeconómicos más bajos demostraran entusiasmo por Marine Le Pen o por Alternativa por Alemania, la tasa de participación ascendería a 90%. Eso no es lo que está ocurriendo. Tenemos un nivel muy reducido de participación, especialmente entre los grupos socioeconómicos más bajos, los cuales están a la espera de una plataforma política o una propuesta concreta que realmente pueda cambiar sus vidas.

 

Usted propone un pago estatal único (“herencia para todos”) de 120.000 euros para todos los ciudadanos cuando alcancen la edad de 25 años. ¿Qué se conseguiría con eso?

 

En primer lugar, este sistema de “herencia para todos” sería un paso más de un sistema de acceso universal a bienes y servicios públicos fundamentales, incluidos la educación, la salud, las pensiones y un ingreso ciudadano. El objetivo no es reemplazar estos beneficios, sino sumar esta herramienta a las ya existentes. ¿Para qué serviría?

Si uno tiene una buena educación, una buena salud, un buen empleo y un buen salario, pero necesita destinar la mitad de su salario a pagar un alquiler a los hijos de propietarios que reciben ingresos por alquileres durante toda su vida, creo que hay un problema. La desigualdad de la propiedad crea una enorme desigualdad de oportunidades en la vida. Algunos tienen que alquilar toda su vida. Otros reciben rentas durante toda su vida. Algunos pueden crear empresas o recibir una herencia de la empresa familiar. Otros nunca llegan a tener empresas porque no tienen siquiera un mínimo de capital inicial para empezar. Más que nada, es importante darse cuenta de que la distribución de la riqueza se ha mantenido muy concentrada en pocas manos en nuestra sociedad.

La mitad de los alemanes tiene menos del 3% de la riqueza total del país y, de hecho, la distribución empeoró desde la reunificación de Alemania. ¿Es esto lo mejor que podemos hacer? ¿Qué proponemos para cambiarlo? Esperar que llegue el crecimiento económico y el acceso a la educación sin hacer nada no es una opción. Eso es lo que hemos estado haciendo durante un siglo y la mitad inferior de la escala de distribución de los ingresos todavía no posee nada.

Cambiar la estructura de la riqueza en la sociedad implica cambiar la estructura del poder de negociación. Quienes no tienen riqueza están en una posición de negociación muy débil. Se necesita encontrar un empleo para pagar el alquiler y las cuentas cada mes, y se debe aceptar lo que se ofrece. Es muy distinto tener 100.000 o 200.000 euros en lugar de 0 o 10.000. La gente que tiene millones tal vez no se da cuenta, pero para aquellos que no tienen nada o que a veces solo tienen deudas, significa una gran diferencia.

 

En su país natal, Francia, el impuesto al carbono derivó en la protesta de los chalecos amarillos. ¿Cuál fue en este caso el error de cálculo político?

 

Para que los impuestos sobre el carbono sean aceptables, deben ir acompañados de la justicia tributaria y fiscal. En Francia, el impuesto al carbono solía ser bien aceptado y se aumentaba año tras año. El problema es que el gobierno de Emmanuel Macron utilizó los ingresos fiscales del impuesto sobre el carbono para hacer un enorme recorte de impuestos para el 1% más rico de Francia, suprimiendo el impuesto sobre la riqueza y la tributación progresiva sobre las rentas del capital, los intereses y los dividendos.

Esto enervó a la gente porque se le dijo que la medida era para la lucha contra el cambio climático pero, de hecho, fue solo para hacer un recorte impositivo a aquellos que financiaron su campaña política. Así es como se destruye la idea de los impuestos sobre el carbono. Uno debe ser muy cuidadoso en Alemania porque también puede haber muchos sentimientos negativos, especialmente en los grupos socioeconómicos más bajos. Para que un impuesto al carbono funcione, tiene que incluir los costos sociales y debe ser aceptado por el conjunto de la sociedad.

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Por Thomas Piketty es director de investigación en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, profesor en la Paris School of Economics y codirector de la World Inequality Database. Es autor de los libros El capital en el siglo XXI y de Capital e Ideología.

Este artículo se publicó anteriormente en Nueva Sociedad

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Lunes, 18 Mayo 2020 06:13

La vida es bella en cuarentena

La vida es bella en cuarentena

La concepción previa de una sociedad individualista en la que el otro es contagioso o peligroso se materializa. Y contamina la visión del sí mismo: “yo soy potencialmente contagioso o peligroso, o sea, culpable”. Una cuarentena de enfermos y sanos transforma a todos en potenciales enfermos o enfermantes. Poner a toda la humanidad en cuarentena obligatoria es posible porque la humanidad globalizada ya viene entrenada a las respuestas masivas, uniformes, dirigidas, calculadas. Esta vez la consigna es unificada, no selectiva según el nivel socioeconómico del receptor. Porque la consigna es para todos: cuidarse del contagio de un virus altamente peligroso por la rapidez de su transmisión.

La efectiva reacción de un Estado en indicar el aislamiento cuando resulta la única respuesta posible evita el desastre de un contagio incontrolable. Pero no podemos dejar de inquietarnos ante el destino futuro de esta práctica. Porque más allá de las consideraciones sanitarias, podemos vislumbrar que el hombre aislado es más fácil de controlar y manejar. La desconfianza y la denuncia se ponen al orden del día tiñendo las interacciones cotidianas. La convicción de estar luchando contra el virus desde el encierro, como una gesta patria gloriosa, es un modo de negar que esta detención implacable de las agendas, esta “desaceleración” radical, es consecuencia de que la conducción planetaria no ha tomado a tiempo las medidas para evitarla. Y que estamos padeciendo las consecuencias, no como héroes ni culpables por no haber sabido lavarnos las manos. Sino como víctimas.

Los virus aparecen, naturalmente, por accidente, por actos deliberados. Cumplen su ciclo destructivo, desaparecen. ¿Es un castigo bíblico ante la ambición consumista o un derivado inevitable del neoliberalismo salvaje que ni siquiera se frena y acepta tomar la única medida de protección conocida hasta ahora, el aislamiento? Si existieran prevenciones e inversiones en sanidad, los dañados y los muertos serían menos. Si se contara con suficiente presupuesto destinado a la investigación, si hubiera cuidado ambiental y alimentario, el futuro sería más previsible y manejable. Son decisiones políticas. Se ha parado el mundo y es difícil saber cuáles serán las consecuencias económicas, psicológicas y físicas. ¿Cuántas más muertes como efecto colateral? La ruptura del equilibrio ecológico trae consecuencias siniestras en la naturaleza, ¿y en la vida humana? ¿Cómo impactarán tantas bodas y funerales interrumpidos?

La economía empuja cada vez más a la perversión, la política se convierte en aliada o se ve obstaculizada cuando intenta torcer el camino. En el desconcierto, puede surgir de pronto de las masas, como Freud ya lo descubriera en su genial “Psicología de las masas” un liderazgo impersonal que conduce a la masa con impensables derivados económicos y afectivos, trocando la incertidumbre por certezas a través del autoritarismo, buscando protección en la persecución. El miedo también es una cuestión política: asustar para convertir la supervivencia en principal y único motivo. Se acallan las protestas por la injusticia distributiva, por las desigualdades y atropellos de todo tipo. Sobrevivir es lo único que importa, y el poder que no se ve aplaude.

Desde la sabiduría popular que dice “al mal tiempo buena cara” hasta la pretensión del film “La vida es bella” de introducir la risa en un campo de concentración hay un largo trecho. La cuarentena masiva es cosa seria pese a los cantos o bailes en los balcones. La supuesta “enseñanza” que nos puede dejar este acontecimiento no es la de ser más solidario o higiénico. Se trata de hacer consciente y revelar, como en un psicoanálisis, las fuerzas que nos manejan y están provocando un daño global. A partir de allí, quizás, será posible un cambio.

18 de mayo de 2020

Diana Litvinoff es psicoanalista.

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Domingo, 17 Mayo 2020 07:21

Brasil: un olor a golpe en el aire

Brasil: un olor a golpe en el aire

Entre el día 16 de abril, cuando el entonces ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, fue cesado por el ultraderechista presidente Jair Bolsonaro, y el viernes pasado, cuando el sucesor Nelson Teich renunció, el número de muertos en razón del Covid-19 pasó de mil 933 a 14 mil 817. Un aumento asombroso de 666 por ciento.

El paso de Teich por el ministerio duró 29 días, y ha sido rigurosamente insignificante. Sin experiencia alguna en el sistema de salud pública –su trayectoria se resumía a administrar hospitales privados carísimos–, era evidente que navegaba sin rumbo ni brújula. No hizo un movimiento siquiera para intentar coordinar acciones y hacer frente a la pandemia que no cesa de expandirse en el país.

Aun así, tuvo dos únicos y exclusivos méritos: se negó a respaldar lo que Bolsonaro quiere imponer: suspensión de medidas de protección y uso obligatorio de cloroquina.

El ultraderechista insiste varias veces al día: el aislamiento social debe ser suspendido de inmediato, y hay que aplicar cloroquina tan pronto aparezcan los síntomas del virus.

A Bolsonaro poco importa lo que dice la ciencia y reiteran los médicos, que alertan sobre los riesgos de la medicación que él defiende como milagrosa, pero que en realidad no es efectiva.

Cada día el nivel de tensión no cesa de crecer y cada semana se hace más evidente y palpable que Brasil vive un ejemplo redondo y perfecto de ausencia de gobierno. Hay consistentes sospechas de acción criminal cometida por el presidente, pero el Congreso dice que no hay espacio para un proceso institucional que lo destituya.

Ambiente caótico, de calamidad sanitaria sin solución a la vista y desastre económico; todo indica que es casi imposible que Bolsonaro logre sobrevivir con su gobierno colapsado.

Y es frente a semejante cuadro que surge la pregunta inevitable: ¿y los militares, qué harán? ¿Qué piensan?

Pese a su insistencia en presentarse como militar reformado, la verdad es que Bolsonaro pasó 10 años en el Ejército y 30 como político. Entre oficiales medianos y superiores, su imagen siempre fue pésima. Como diputado alcanzó respaldo de la baja oficialidad por defender sus demandas.

Su vice, el general retirado Hamilton Mourão, tampoco cuenta con gran simpatía por los que están en actividad. Durante la campaña electoral llegó a preconizar que se convocara un grupo de ‘notables’ para elaborar una nueva Constitución y defendió que, en caso de enfrentar presiones insuperables, el presidente electo debería promover un ‘autogolpe’ en defensa de su gobierno.

Restan los tres generales con despacho en el palacio presidencial. Uno de ellos, Luis Ramos, de la Secretaría General de Gobierno, está activo. Los otros dos, Augusto Heleno, ministro-jefe del Gabinete de Seguridad Institucional, y WalterBraga Netto, de la Casa Civil, son retirados.

Los tres se mantienen unidos al lado del ultraderechista. Braga Netto, en realidad, es una especie de coordinador general del gobierno, restando al presidente el rol de disparar amenazas y estupideces todos los días.

Bolsonaro, a su vez, participa activamente en todas las manifestaciones que pregonan un golpe que incluiría el cierre del Congreso y del Supremo Tribunal Federal.

Ninguno de los generales palacianos se manifiesta sobre tal conducta.

Se comenta que entre los comandantes en actividad hay aprehensión a raíz de los desmanes de Bolsonaro y del vértigo vivido en el país, pero no hay movimientos visibles de su parte.

Y fue en ese panorama que Mourão, el vice, publicó un artículo la semana pasada en el diario conservador O Estado de S.Paulo. La repercusión ha sido grande, más por lo que insinuó que por lo que afirmó.

Mourão ha sido duro al criticar a los medios de comunicación que, según él, deberían oír siempre "los dos lados, gente que critica y gente que elogia" al gobierno. También fue especialmente duro al denunciar "las interferencias entre los tres poderes", en referencia evidente tanto al Congreso como a la Corte Suprema.

Atacó a los que denigran, según él, la imagen del país en el exterior, olvidando que el principal responsable de desdibujarla es Bolsonaro con sus muestras de desequilibrio.

Y entonces apretó el botón de alarma: advirtió que la pandemia podría crear una "crisis de la seguridad".

Sería el escenario perfecto para, por ejemplo, decretar el estado de sitio con la suspensión, tanto del Congreso como de la Corte Suprema.

Por su pasado reaccionario, Mourão despierta temor. Y al no haber de parte de los que están en activo una manifestación clara y específica sobre lo que él preconiza y advierte, ese temor se refuerza.

De un lado, el trío de generales acomodados en el palacio presidencial puede estar examinando la posibilidad de alejar Bolsonaro. De otro, puede evaluar la posibilidad del famoso "autogolpe" defendido por Mourão durante la campaña. Cuál de esas posibilidades es real, nadie sabe.

La verdad es que el aire, ya bastante contaminado, se hizo un poco menos respirable en Brasil.

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Las pruebas nucleares de la Guerra Fría cambiaron los patrones de lluvia a miles de kilómetros

Según varios científicos de las universidades de Reading, Bath y Bristol (Reino Unido), las nubes registradas entre 1962 y 1964 eran visiblemente más gruesas en días con mayor radiactividad.

 

Las detonaciones de bombas nucleares lanzadas durante la Guerra Fría, sobre todo por Estados Unidos y la Unión Soviética, pueden haber cambiado los patrones de lluvia a miles de kilómetros de los sitios donde se realizaron esas pruebas.

Así lo revela una investigación publicada este miércoles en la revista Physical Review Letters, que utiliza registros históricos entre 1962 y 1964 de una estación de investigación en Escocia.

Los científicos, de las universidades de Reading, Bath y Bristol (Reino Unido), compararon los días con alta y baja carga eléctrica liberada por la radiación de las detonaciones nucleares, y descubrieron que las nubes eran visiblemente más gruesas y había un 24% más de lluvia de media en los días con más radiactividad.

Giles Harrison, profesor de física atmosférica de la Universidad de Reading y autor principal del trabajo, apunta que, "al estudiar la radioactividad liberada de las pruebas de armas de la Guerra Fría, los científicos en ese momento aprendieron sobre los patrones de circulación atmosférica". "Ahora hemos reutilizado estos datos para examinar el efecto sobre la lluvia", añade.

Harrison indica que "la atmósfera políticamente cargada de la Guerra Fría condujo a una carrera armamentista nuclear y a la ansiedad mundial", y que, "décadas más tarde, esa nube global arrojó un lado positivo, al brindarnos una forma única de estudiar cómo la carga eléctrica afecta la lluvia".

Durante mucho tiempo se pensó que la carga eléctrica modifica la forma en que colisionan y se combinan las gotas de agua en las nubes, lo que puede afectar el tamaño de las gotas e influir en la lluvia, pero esto es difícil de observar en la atmósfera. Al combinar los datos de pruebas de bombas nucleares con registros meteorológicos, los científicos pudieron investigar esto retrospectivamente.

Carrera armamentística 

La carrera por desarrollar armas nucleares fue una característica clave de la Guerra Fría ya que las superpotencias mundiales intentaron demostrar sus capacidades militares durante las tensiones intensas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial.

Aunque las detonaciones se llevaron a cabo en partes remotas del mundo, como el desierto de Nevada (Estados Unidos) y en islas del Pacífico y el Ártico, la contaminación radiactiva se extendió ampliamente por toda la atmósfera. La radioactividad ioniza el aire, liberando así carga eléctrica.

Los investigadores estudiaron registros de estaciones meteorológicas de investigación bien equipadas de la Met Office en Kew, cerca de Londres, y Lerwick, en las Islas Shetland.

Ubicado a unos 480 kilómetros al noroeste de Escocia, el sitio de Shetland no se vio afectado por otras fuentes de contaminación antropogénica (es decir, de origen humano). Esto lo hizo muy adecuado como sitio de prueba para observar los efectos de la lluvia que, aunque probablemente también ocurrieron en otros lugares, sería mucho más difícil de detectar.

La electricidad atmosférica se mide más fácilmente en días buenos, por lo que las mediciones de Kew se utilizaron para identificar casi 150 días en los que hubo una generación de carga alta o baja en Reino Unido mientras estaba nublado en Lerwick. La lluvia de Shetland en estos días mostró diferencias que desaparecieron después de que terminó el episodio principal de radiactividad.

Martes, 12 Mayo 2020 06:46

Neofascismos y pandemia

Neofascismos y pandemia

Bajo la imposición de normas y decretos que se producen en este tiempo de pandemias con el pretexto de “aplanar la curva” ¿No se estará escondiendo un cierto experimento de autoritarismo y de poder que dialoga con las estrategias neofascistas? ¿No se estará produciendo una gran falacia a nivel global para aplicar tecno-controles, vigilancias y castigos en el presente y en un futuro cercano? A medida que pasamos por el “confinamiento obligatorio preventivo” se van despejando los campos, generando varias dudas sobre los actuales acontecimientos.

Podríamos suponer que las prohibiciones y cohibiciones, los toques de queda, la vídeo y digito vigilancia extrema de nuestros datos personales, las restricciones severas, no serán aplicadas solamente en la época de la emergencia, sino que, y de allí nuestra alarma, se irán adoptando en las épocas de una supuesta normalidad cotidiana. Esto es lo preocupante. De por sí, surgen varios interrogantes: ¿Qué hay detrás de este mecanismo autoritario y autocrático, que regula nuestra vida pública e íntima? ¿Qué desean comprobar? ¿Acaso estudiar nuestro comportamiento y el cómo respondemos al panóptico y al sinóptico social impuestos?1

Los métodos de represión son de indudable factura fascista: propaganda y publicidad extrema al servicio de una obsesiva idea: el Covi-19, Leviatán que se ha tragado todo y se ha vuelto un virus pantallizado y digital más peligroso en el interior de nuestros hogares que en el afuera. Miedo, pánico y muerte. La carga de responsabilidad puesta sobre los sujetos es terrible y, sobre todo, mortal; tiene olor a sepulcro a cremación segura.2

Con esta estrategia de seducción constante, los medios, los políticos y todas las instituciones de reglamentación autoritaria, están implantando técnicas de terror y de obediencia, castigo y sanción, produciendo conformismo en ciudadanos resguardados en sus nichos. Dichos nichos, recordando a Max Weber, se han transformado en especies de “jaulas de hierro”, pero paulatinamente endulzadas, ablandadas, a través de la banalización de los gustos, con la trivialización de Netflix y la idiocia viral de una farándula nacional e internacional.

Por su parte, el llamado “síndrome de la cabaña” o del búnker, con su horror al ágora, al semejante, nos está construyendo no un sentido de solidaridad, sino un modelo de individualización competitiva. Esto no es otra cosa que la colonización lenta, sistemática y planeada de nuestros deseos. Casi todas las acciones del afuera han quedado confinadas, han llegado a un punto nulo, y es allí cuando las estrategias antidemocráticas contra los derechos humanos, destructores del Estado de Derecho, se ponen en funcionamiento. Los gobiernos neoliberales le llaman “medidas de contingencia”; sin embargo, dichas medidas se ejercen con una carga de castigo y negación violenta, de exclusión, marginación de unos muchos –el pueblo raso- pero de ayuda para unos pocos -clases privilegiadas-. Jerarquización visible en una sociedad violenta y clasista.

Con la masificación de todos los dispositivos tecnológicos se incrementa la neo-esclavitud, tanto físicapor el confinamiento, como mediática. Ello agudiza mucho más el espíritu de obediencia, propicio a los intereses del autoritarismo. Se trata de convertir al ciudadano en un conciliador y colaborador de las reglamentaciones arbitrarias, las que, incluso, van en contra de su dignidad. De modo quelos ciudadanos pueden perfectamente asumir la defensa de dichas leyes con fervor, fanatismo, violencia, dogmatismo, brutalidad y emotividad descontrolada a favor de sus propios verdugos, asumiéndolos como entidades todopoderosas.

Las condiciones, entonces, están servidas para instalar con mayor fuerza los objetivos y principios de un fascismo vivo y galopante, como son el impulsar, de forma más decidida, un ultranacionalismo en contra de los migrantes del tercer y cuarto mundo; mantener la xenofobia y la diferencia clasista y étnica; sostener las fronteras entre un “nosotros” y unos “ellos”, legitimadas y aceptadas por el pánico al extraño, al diferente;  incrementar los fake news, los cuales, a través de una estrategia de repetición propagandística, se imponen como verdades indiscutibles; concebir un sistema de limpieza demográfica darwinista donde mueran algunos excluidos de las “subclases” y sobrevivan los “elegidos” de las élites hiperclasistas. A la vez, gracias a la crisis, legitimar la autoridad contra aquellos que se oponen a las disposiciones, considerados antisociales y promotores de la desobediencia civil. Las maquinaciones fascistas se ven más claras a medida que avanza la pandemia, aprovechan el momento para promover la fractura social y el distanciamiento, el “sálvese quien pueda”, la atomización entre los “buenos” y “malos” ciudadanos, el  ignorar los derechos humanos, constituirse en únicos salvadores de la crisis, detener todas las protestas sociales que contra el neoliberalismo se vienen gestando exponencialmente a nivel global.

Claro, tales medidas antipopulares cuentan con el apoyo de banqueros, industriales, políticos de la ultraderecha y del imperio, lo cual sugiere que el Covid-19 no sólo es real –eso no se discute- sino que se le aprovecha para exagerar y montar desde él un espectáculo donde la demagogia de una quiebra económica de los oligopolios financieros y la bancarrota de los grandes empresarios se vuelve caldo de todos los días para exigir regalías a favor de los acaudalados. Al mismo tiempo, los gobiernos neoliberales aprovechan la desesperación y desprotección que va dejando la pandemia para edificarse una imagen de benefactores caritativos, creando un sofisma humanitario sin importarles las consecuencias sociales y políticas que contiene tal cinismo.

Como se observa, el que saldrá más beneficiado, con inmensas ganancias después de la pandemia, será el sistema bancario, quien hará préstamos con altas tasas de interésa microempresarios quebrados y a ciudadanos desesperados. Otros beneficiados serán esos mercaderes de las enfermedades llamadas industrias farmacéuticas, como también los gobiernos y los sectores privados que aprovecharán la crisis para realizar despidos masivos, imponer el trabajo por horas y el tele trabajo, realizar reformas laborales y tributarias, liquidar sindicatos, suprimir los fondos de pensiones estatales, primas, cesantías, el pago del trabajo nocturno, reprimir las protestas sociales, implantar la educación virtual de baja calidad, la masificación de dispositivos de audio y video vigilancia, los panópticos caseros y la híper-implantación del miedo y del odio en la vida cotidiana.

“Si no nos despertamos, nos advierte Thierry Meyssan, el grupo actualimpondrá de ‎forma duradera una aplicación de rastreo en los teléfonos móviles para vigilar los contactos ‎individuales de todos, arruinará las economías de ciertos países para transferir la fuerza de trabajo ‎hacia la industria del armamento y acabará convenciéndonos de que China es responsable de la ‎epidemia de Covid-19, con lo cual se justificaría aplicar a China la llamada «doctrina de ‎contención» (…)Si no nos despertamos, la OTAN –que supuestamente estaba en «estado de muerte cerebral»– ‎va a reorganizarse. Se extenderá por el Pacífico, comenzando con la incorporación de Australia (‎…) Si no nos despertamos, la enseñanza será reemplazada por un sistema de adquisición de saber a ‎domicilio, nuestros niños se convertirán en cotorras desprovistas de espíritu crítico, sabiendo ‎de todo pero sin conocer nada”. ‎3

A contracorriente de aquellos que aseguran con una extraña esperanza la caída del sistema capitalista neoliberal, creemos que éste saldrá favorecido, pues aprovechará todo aquello que se constituyó en emergencia temporal para volverlo necesidad perpetua. Un virus no derriba sistemas económicos de la noche a la mañana, pero sí muestra las grietas, los vacíos, las injusticias, las tremendas brechas entre pobres y ricos, las condiciones de precariedad en que las reformas del capitalismo neoliberal han dejado a los sistemas de salud y de educación; visibiliza la miseria de los trabajadores informales, los gritos de hambre y la represalia terrible a sus exigencias.

Recordemos estas visionarias palabras de Ernesto Sábato escritas en 1945 al finalizar la Segunda Guerra Mundial: “se piensa que el fascismo es un producto específicamente alemán o italiano; si se cree que es resultado de una mentalidad que solo puede darse en esos pueblos, entonces es claro que su capitulación, el desmantelamiento de su industria pesada, el fusilamiento de los líderes y la reeducación de sus hombres señalarían el fin del fascismo y de la guerra, que es su producto inevitable (….) Peligrosa ingenuidad: las causas del fascismo están latentes en todas partes y puede resurgir en muchos otros países, si las condiciones son propicias. No se defiende aquí la ingenuidad de que el fascismo alemán pueda resurgir en otros lugares con idénticos atributos; la historia nunca se repite. Se defiende la hipótesis de que pueda resurgir con sus atributos de barbarie espiritual, esclavitud de las almas y de los cuerpos, odio nacional, demagogia y guerra”.4

El confinamiento, más que impulsar el abrazo puede estar generando el espíritu del aislado antisocial individualista, muy diferente al del creativo solitario-solidario,  espíritu quedebe ser nuestra respuesta al miedo, a las normas represivas de índole fascista, a los medios oficiales que ignoran las múltiples realidades; es una forma de apuesta y protesta, de resistencia y de re-existencia poética, pensante, la cual mantiene viva una memoria crítica, creativa.

 

Por  CARLOS FAJARDO FAJARDO, poeta y ensayista colombiano.

1Para Thomas Mathiesen se ha instaurado un “sinóptico” gracias a los medios de comunicación donde muchas personas vigilan a unas pocas, contrario al panóptico tradicional, donde unos pocos vigilan a muchos. “Con el sinóptico, dice Bauman, en lugar del panóptico, ya no es necesario construir espesas paredes y elevar torres de observación para mantener dentro a los reclusos…A partir de entonces se espera que los operarios se auto disciplinen y carguen con los costes materiales y psicológicos de organizar su producción. Se espera que los empleados se construyan ellos mismos las paredes que los rodean y se mantenga dentro de ellas por voluntad propia”(Bauman Z. y Lyon, David. 2013. Vigilancia líquida, Buenos Aires: Paidós.

Orwell, págs. 80-81)

2Según Thierry Meyssan, Director de la Red Voltaire, “esas transformaciones de orden social carecen de justificación médica. Ningún tratado de ‎epidemiología en el mundo había planteado, y menos aún aconsejado, un «confinamiento ‎general obligatorio» para luchar contra una epidemia”.ThierryMeyssan:”El proyecto político global impuesto con ‎el covid-19 como coartada”, Red Voltairenet.org: https://www.voltairenet.org/article209827.html

3 Thierry Meyssan:”El proyecto político global impuesto con ‎el covid-19 como coartada”, Red Voltairenet.org: https://www.voltairenet.org/article209827.html

4 Sábato, Ernesto (2001) Uno y el infinito. Bogotá: Editorial Planeta. págs.62-63.

 

1Para Thomas Mathiesen se ha instaurado un “sinóptico” gracias a los medios de comunicación donde muchas personas vigilan a unas pocas, contrario al panóptico tradicional, donde unos pocos vigilan a muchos. “Con el sinóptico, dice Bauman, en lugar del panóptico, ya no es necesario construir espesas paredes y elevar torres de observación para mantener dentro a los reclusos…A partir de entonces se espera que los operarios se auto disciplinen y carguen con los costes materiales y psicológicos de organizar su producción. Se espera que los empleados se construyan ellos mismos las paredes que los rodean y se mantenga dentro de ellas por voluntad propia”(Bauman Z. y Lyon, David. 2013. Vigilancia líquida, Buenos Aires: Paidós.

Orwell, págs. 80-81)

2Según Thierry Meyssan, Director de la Red Voltaire, “esas transformaciones de orden social carecen de justificación médica. Ningún tratado de ‎epidemiología en el mundo había planteado, y menos aún aconsejado, un «confinamiento ‎general obligatorio» para luchar contra una epidemia”.ThierryMeyssan:”El proyecto político global impuesto con ‎el covid-19 como coartada”, Red Voltairenet.org: https://www.voltairenet.org/article209827.html

3 Thierry Meyssan:”El proyecto político global impuesto con ‎el covid-19 como coartada”, Red Voltairenet.org: https://www.voltairenet.org/article209827.html

4 Sábato, Ernesto (2001) Uno y el infinito. Bogotá: Editorial Planeta. págs.62-63.

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Elon Musk, cofundador, entre otras, de PayPal y Tesla. - REUTERS

Este aumento de riqueza se produjo entre el 18 de marzo hasta el 10 de abril coincidiendo con el primer repunte acusado de contagios por covid-19 y cuando 22 millones de estadounidenses perdieron sus trabajos.

 

Las grandes fortunas son inmunes a la crisis económica desatada por la covid-19. En Estados Unidos hay, según la revista Forbes, 607 milmillonarios, personas cuyas fortunas personales superan los mil millones de dólares es decir, 925 millones de euros. La crisis económica desatada por la pandemia, lejos de estar minando su riqueza, la está propulsando. Según un informe del Institute for Policy Studies, una organización progresista con sede en Washington DC, los milmillonarios de Estados Unidos aumentaron su riqueza en 282.000 millones de dólares (261.000 millones de euros) en sólo 23 días, los que van desde el 18 de marzo hasta el 10 de abril.

No es un margen de fechas cualquiera. Se trató del primer repunte pronunciado de la epidemia de covid-19 en el país. El presidente Donald Trump, de hecho, declaró la emergencia nacional el 13 de marzo y los contagios diarios subieron como la espuma hasta alcanzar su primer pico en la primera semana de abril. En esos 23 días entre el 18 de marzo y el 10 de abril, los ricos de Estados Unidos añadían ceros a sus fortunas mientras que los casos y los muertos se multiplicaban y mientras 22 millones de personas perdían sus trabajos, casi a millón diario.

Entre ellos destaca el fundador de Amazon, Jeff Bezos. Según resalta el informe, entre el 1 de enero y el 10 de abril ha incrementado su fortuna en 10.000 millones de dólares (9.255 millones de euros), aproximadamente el presupuesto de Galicia para 2020.

"El incremento de la riqueza de Bezos no tiene precedentes en la historia financiera moderna y varía enormemente de un día para otro", asegura el informe. "Para el 15 de abril su fortuna se había incrementado en 25.000 millones de dólares respecto al 1 de enero". Esta cifra equivale al presupuesto de la Comunidad de Madrid de 2019.

Pero ¿cómo puede esto estar sucediendo en medio de una crisis financiera y con la actividad económica paralizada? El informe es rotundo: "El cierre de cientos de miles de pequeñas empresas está dando a Amazon la oportunidad de aumentar su cuota de mercado, fortalecer su lugar en la cadena de suministro y ganar más poder de precios sobre los consumidores", destaca.

El documento critica que, "a pesar del dominio del comercio electrónico de Amazon, Bezos ha sido incapaz de proteger su la mano de obra de la covid-19: trabajadores de diez almacenes diferentes dieron positivo a finales de marzo", lo que ha generado denuncias de los sindicatos y otras organizaciones.

Bezos es, según el informe del Institute for Policy Studies, uno de los ocho milmillonarios de Estados Unidos que en ese período de tiempo –del 1 de enero al 10 de abril– han incrementado sus fortunas en más de mil millones de dólares.

Tras el fundador de Amazon le sigue Elon Musk, cofundador, entre otras, de PayPal y Tesla, con un incremento en su riqueza de 5.000 millones de dólares (4.627 millones de euros). Tras él se encuentran McKenzie Bezos, exmujer del fundador de Amazon, con 3.500 millones de dólares (3.239 millones de euros); Eric Yuan, de Zoom, 2.580 millones (2.388 millones de euros); Steve Ballmer, de Microsoft, 2.200 millones (2.036 millones de euros); John Albert Sobrato, dueño de la firma Sobrato de bienes raíces y comerciales, 2.070 millones (1.916 millones de euros); Joshua Harris, de la firma de inversión Apollo, 1.720 millones (1.592 millones de euros); y Rocco Commisso, de la compañía de televisión por cable Mediacom, 1.090 millones (1.009 millones de euros).

En total, el aumento de la fortuna de estos ocho milmillonarios ha sido de 28.160 millones de dólares en los primeros 101 días del año. "Estos números demuestran que la riqueza multimillonaria tiende a recuperarse de los colapsos de los mercados", señala el informe, que, a modo de prueba, añade: "Inmediatamente después de la crisis económica mundial de 2008, los entonces 400 milmillonarios norteamericanos de la lista Forbes vieron cómo su riqueza caía y pasaba de 1,57 billones en 2008 a 1,27 billones en 2009. Pero en los 30 meses siguientes a la caída de septiembre de 2008, la mayoría de estas fortunas se recuperaron y en 2012 la riqueza multimillonaria había alcanzado ya 1,7 billones de dólares. Entre 2010 y 2020, la riqueza de la clase milmillonaria de los Estados Unidos aumentó en un asombroso 80,6%, de 1,6 billones de dólares a 2,9 billones de dólares".

El estudio del Institute for Policy Study alerta de la guerra que los multimillonarios le han declarado al pago de impuestos. Los miles de millones de dólares que evaden, añaden sus autores, "están deshilachando la red de seguridad social. Y para completar el insulto, los americanos de la clase trabajadora pagan ahora mayor porcentaje de sus ingresos en impuestos que los multimillonarios".

"Milmillonarios y multimillonarios están financiando toda una industria de defensa de la riqueza con profesionales como abogados de impuestos, contables, administradores de patrimonio, que ayudan a ocultar sus megafortunas en paraísos fiscales en el extranjero y fideicomisos", denuncia el informe.

Por este motivo, sus autores reclaman al gobierno de Donald Trump varias medidas para combatir esto, entre ellas, el establecimiento de una comisión para supervisar los beneficios económicos en la pandemia y establecer un impuesto del 10% a esa gran riqueza. En cuanto a la primera medida, el informe reclama seguir el modelo "de la Comisión Truman durante la Segunda Guerra Mundial, tanto para supervisar el paquete de estímulos como para erradicar la corrupción y la especulación en la sociedad en su conjunto".

En cuanto al impuesto a las grandes fortunas, el documento señala que "aunque sólo afectaría al 0,2 por ciento más rico de los estadounidenses, una sobretasa millonaria recaudaría unos 635.000 millones de dólares en diez años y afectaría a los muy ricos que obtienen ingresos sustanciales de las ganancias de capital".

Chuck Collins, uno de los autores del estudio y director del Programa sobre Desigualdad del Institute for Policy Study, alerta de que con la pandemia "se corre el riesgo de que se aumenten todavía más las desigualdades sociales existentes a menos que el gobierno intervenga con medidas audaces para gravar con impuestos a los multimillonarios. Si se sigue actuando como hasta ahora, sólo se acentuará la polarización económica".

Collins es muy crítico con los cuatro paquetes de ayudas aprobados hasta ahora por el Senado y el Congreso norteamericanos y firmados por la administración Trump. De hecho, el último paquete de ayudas, la llamada Ley CARE, dotada con 2,2 billones de dólares –unos 2 millones de euros–, lo califica Collins como de "huesos lanzados a la clase trabajadora frente a los miles de millones que la norma les regala a los millonarios".

"Demasiadas pequeñas empresas y contribuyentes de la clase obrera están esperando que aparezcan las ayudas. Entretanto", asegura, "se están viendo obligados a elegir entre su salud y su supervivencia económica".

Collins sostiene que esta situación no es exclusiva de Estados Unidos. Los multimillonarios del mundo también están haciendo su agosto en medio de la pandemia. El informe del Institute for Policy Study estima que en el mundo hay 21 billones de dólares ocultos en paraísos fiscales.

"Es lo que estarían ocultando al fisco los ricos con más 30 millones de dólares. No podremos tener éxito en la imposición de impuestos a los ricos a menos que cerremos la industria de la riqueza oculta, comenzando especialmente en Estados Unidos y Reino Unido", concluye Collins.

Washington

12/05/2020 08:42 Actualizado: 12/05/2020 09:57

Por Manuel Ruiz Rico

@ManuelRuizRico

Publicado enEconomía