Ordena Tesoro de EU despojo bancario contra Venezuela

"Grave delito del crimen trasnacional": BCV

Citibank transfirió recursos del país sudamericano a una cuenta de la Fed

 

Caracas. El Banco Central de Venezuela (BCV), máxima entidad financiera del país, denunció que el jueves el gobierno estadunidense ordenó a la institución Citibank, transferir recursos para apropiarse indebidamente de dinero del Estado venezolano.

El BCV relata en un comunicado que el Departamento del Tesoro estadunidense instruyó al banco Citibank "transferir recursos, de una cuenta cuyo titular es este instituto, a una cuenta de la Reserva Federal, consumando un vulgar despojo de recursos financieros pertenecientes al ente emisor venezolano".

La principal institución bancaria venezolana señaló que se trata de otra medida unilateral del gobierno de Estados Unidos contra Venezuela y destacó que esta acción se suma a una serie de ataques coordinados contra la nación sudamericana.

Durante años la Casa Blanca ha venido endureciendo una serie de sanciones coercitivas contra Venezuela que impiden su desenvolvimiento económico-financiero y que han implicado el despojo de cuantiosos recursos del Estado venezolano.

El BCV aseguró que "ejercerá todas las acciones a que hubiere lugar en el marco del derecho internacional y del ordenamiento jurídico nacional, para proteger los legítimos derechos e intereses del Estado venezolano".

El banco denunció que los despojos, que suponen "graves delitos de crimen transnacional organizado" han sido acometidos "directamente por el gobierno de Donald Trump, en colusión con diputados extremistas de la derecha venezolana".

La institución lamentó que el referido despojo incide en el desenvolvimiento normal de la economía venezolana, que ya estaba ampliamente afectada por las medidas previas de la Casa Blanca contra Venezuela, y que además se ve más complicada actualmente en vista de la situación generada por la pandemia de Covid-19.

Es un "vulgar despojo" del Departamento del Tesoro de Estados Unidos "en complicidad" con la Asamblea Nacional, que controla la oposición, denunció el canciller Jorge Arreaza en Twitter.

En otro orden, Brasil cerró ayer formalmente su misión exterior en Venezuela al repatriar a sus últimos diplomáticos y funcionarios de la embajada con sus familias, informaron las autoridades.

Según un comunicado conjunto entre la cancillería y el Ministerio de Defensa, un total de 38 personas, entre diplomáticos y funcionarios de la embajada y los consulados, agregados militares y familiares fueron repatriados en un vuelo de la Fuerza Aérea Brasileña que llegó a Brasilia.

En el operativo fueron repatriados, además, otros 12 ciudadanos brasileños. Los brasileños que vivan en Venezuela podrán comunicarse con la cancillería de su país mediante un número telefónico.

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  Un cartel de la Región de Lombardía, en homenaje a los sanitarios, expuesto en la fachada del hospital Papa Giovanni XXIII de Bérgamo. RTVE

Quizá haya todavía espacio para salir de la pandemia y perseguir una utopía: redescubrir que la productividad y las cuentas corrientes valen menos que las personas, que extender los derechos significa salvarnos a todos

 

Ha ocurrido en Italia: la región considerada más potente, más eficiente y más rica ha resultado ser la peor preparada para afrontar la pandemia, y sus gobernantes han tomado decisiones por las cuales serán llamados a responder muy pronto. En el sistema italiano, las regiones tienen competencias exclusivas en materia sanitaria, y la región de Lombardía es líder, tanto por su riqueza como por la unión entre lo público y lo privado creada por los gobiernos de centro derecha, que han ocupado el poder sin interrupción en las últimas dos décadas.  

Lombardía es el territorio de Silvio Berlusconi, y la región era el feudo de Roberto Formigoni, condenado en firme a 5 años y 10 meses de cárcel por graves episodios de corrupción, referidos precisamente a la relación entre el poder regional y la sanidad privada. Pero, hasta hace un mes, se creía que la corrupción era solo un accidente en el camino. No es el caso.

Desde mi posición como estudioso de la dinámica criminal, y en particular del poder de las mafias, he observado a lo largo de los años que para una persona del norte del país es más aceptable pensar que lo podrido viene “de fuera”. Sin embargo, hace solo diez años, tras haber dicho en un programa de televisión lo que era obvio para todos los expertos, a saber, que la Camorra napolitana y la 'Ndrangheta de Calabria, siguiendo los pasos de la mafia siciliana, que lo hizo ya en la década de los 70, se habían infiltrado en la economía legal del norte, recibí tantos ataques que fui obligado a introducir un monólogo del entonces ministro del Interior, Roberto Maroni, en el siguiente programa –Maroni, predecesor de Matteo Salvini al timón de la Liga Norte, está ahora fuera de la política debido a vicisitudes judiciales. 

Poco después llegaron las primeras condenas, y hoy es un hecho conocido que en muchas partes del norte las mafias son los amos. Les cuento lo que sé, lo que sucede. Pero con una premisa necesaria: no hay un sistema de salud en el mundo que haya demostrado ser capaz de lidiar con la emergencia del coronavirus con prontitud, excepto, tal vez, por los datos que conocemos hoy, el de Corea del Sur. Puede parecer paradójico, pero el punto débil de Lombardía es su dinamismo económico y el enorme volumen de intercambios y relaciones con países extranjeros y, en particular, con China. 

En los valles de Bérgamo destruidos por el virus (algunos ya hablan de toda una generación suprimida) hay una miríada (miles) de pequeñas empresas, a menudo con menos de diez empleados, que, sin embargo, representan una excelencia que hace de esos distritos industriales una verdadera locomotora, no solo para la región de Lombardía. Sin embargo, en un momento concreto, mientras los medios hablaban de las decisiones dramáticas que debían tomar los médicos de cuidados intensivos, a quién intubar y a quién dejar morir, se tomaron otras decisiones, y el tema de la disputa fue: ¿cerrar las producciones, con el riesgo de un colapso económico, o mantener todo lo posible abierto, sacrificando vidas humanas? No es preciso decir que no ha habido un debate público sobre el tema, faltaría más. 

Lo grave es que la Región de Lombardía y el gobierno central se han estado pasando durante muchas semanas la patata caliente de la decisión de cerrar todo. Hoy sabemos que, durante ese paréntesis, al no confinar a trabajadores que eran necesarios en las cadenas de montaje y que, especialmente en el caso de las pequeñas empresas, tenían y tienen que decidir entre la vida y el trabajo, se favoreció una propagación masiva del contagio que, más allá de la parcialidad de los datos, ha dado como resultado una mortalidad, en términos absolutos, aterradora.  

Hoy, esta realidad ha salido a la luz en toda su gravedad, devolviendo la imagen de un territorio en el que las clases dominantes han decidido desde su despacho “no parar”, probablemente anticipando la masacre, o quizá encomendándose al azar.  

Lo que se va sabiendo sobre los retrasos en la organización de la zona roja en los municipios de Alzano y Nembro, en el área de Bérgamo, y sobre los ingresados en las residencias de ancianos, genera preguntas inquietantes que no pueden dejar de estar conectadas con una tasa de letalidad del virus que, en esas áreas, es muy alta y se cobra cientos de víctimas todos los días. Debido a la crisis lombarda, algunos países están pidiendo una transferencia de la gestión de la salud desde las regiones al gobierno central. 

De alguna manera, es natural pensar que lo que sucedió, las “indecisiones”, el “riesgo”, han sido fruto de una dependencia excesiva del poder político regional respecto al poder económico-productivo. Y ahora que las cosas han ido muy mal, el peligro real es que quienes han decidido estas “estrategias” criminales puedan tener interés en ocultar sus responsabilidades. 

La tasa de letalidad del virus en Lombardía es principalmente resultado de las decisiones erráticas tomadas por una clase dominante mediocre que debería ser inmediatamente cesada si no estuviera en curso una emergencia dramática. Pero aunque las sirenas de las ambulancias de hoy todavía cubren las voces de los familiares de las personas a las que se dejó morir debido a una serie de errores que han agravado el efecto disruptivo de la infección, pronto será el momento de juzgar a quienes no han hecho sus deberes.

El caso lombardo adquiere una connotación aún más oscura si se compara con el de la región vecina, Véneto, que, a pesar de tener mucha menos población (aproximadamente la mitad), pero caracterizada por un similar nivel económico, enfrentó la crisis de una manera completamente diferente y, hasta la fecha, más efectiva. 

Hasta donde sabemos, entre Lombardía y Véneto (ambos gobernados por la Liga) hay una diferencia en el enfoque de la epidemia que es cuantificable en la cantidad de personas que han perdido la vida: 10.000 en Lombardía contra menos de 1.000 en Véneto, y con un número casi idéntico de pruebas realizadas (casi 170.000). 

Véneto, a diferencia de Lombardía, se ha centrado en gran medida en rastrear a los asintomáticos para identificar cada brote, y luego actuar rápidamente sellando los territorios para evitar la propagación del contagio. A diferencia de Lombardía, donde (como en muchas otras partes del mundo, pero no con tanta intensidad) han aumentado los contagios debido a la falta de preparación de los pequeños hospitales de la zona, Véneto ha tratado de reducir la hospitalización de los enfermos (excepto, por supuesto, los casos serios), favoreciendo la atención domiciliaria. 

Lombardía, ante una crisis sin duda impredecible por su velocidad de difusión, ha pagado sobre todo por los déficits organizativos que ha mostrado el sistema público-privado mixto –hasta ahora elogiado, incluso con buenas razones, dado que miles de personas de otras regiones acuden allí cada año para recibir el mejor tratamiento posible–: frente a la gran excelencia, existe un nivel medio bastante bajo en cuanto a organización (fundamental, en este sentido, leer la carta que FROM CeO Lombardía, la Federación Regional de Colegios de Cirujanos y Odontólogos de Lombardía envió a la cúpula de la región criticando la incertidumbre causada por el cierre de algunas áreas, la falta de mascarillas y dispositivos de protección y los pocos tests realizados), unido a un dominio indiscutible de la política y los grupos de poder. 

Un ejemplo para entender esta dinámica es el de Comunión y Liberación, una asociación católica de la cual, hasta la sentencia firme, el corrupto Roberto Formigoni era miembro destacado. Comunión y Liberación es muy poderosa en Lombardía e impone su ley; basta pensar que, en la Sanidad Pública, los médicos antiabortistas son mayoría, y en las dificultades que sufren la mayoría de las mujeres para que les receten la píldora abortiva, a pesar de que la ley lo exige: invocar la excusa 'técnica' es sencillo.  

Los objetores de conciencia tienen muchas más posibilidades de hacer carrera que los no objetores. Cómo hemos podido hasta hace nada identificar esa práctica mafiosa con el concepto de eficiencia siempre ha sido un misterio para mí. Es lamentable que los lombardos se den cuenta hoy, en sus carnes y en la de sus seres queridos, de la anomalía de ciertas dinámicas, que lejos de ser una excepción arrojan una luz siniestra sobre la regla general. 

Verán: nacer y crecer en el sur de Italia, uno de los territorios más pobres de Europa (con un PIB en muchas zonas inferior al de Grecia), brinda algunas herramientas para comprender hoy lo que sucederá mañana. 

Y lo que sucedió en Lombardía y Véneto, que fueron las primeras áreas de Europa afectadas por Covid-19, es vital para el resto del continente porque muestra dos enfoques diferentes e indica exactamente, en el caso de Lombardía, lo que no se debe hacer, cómo no actuar, cómo no comunicarse. 

Pero la culpa no es solo del centro-derecha en el poder, ya que las ciudades de Bérgamo y Milán son administradas por el centro-izquierda. El virus ha llegado a descubrir la insuficiencia absoluta de un enfoque economicista y de gestión de los asuntos públicos que caracteriza a un territorio muy rico, en el que el trabajo es un imperativo y la dimensión individualista se acentúa hasta el paroxismo.

Las biografías de los alcaldes de centro izquierda de Milán y Bérgamo ayudan a comprender las fallas en el manejo de las primeras etapas de la emergencia. El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, es un hombre de centro derecha que se hizo un hueco en las noticias por su gestión de la EXPO 2015, mientras que el de Bérgamo, Giorgio Gori, ha sido durante mucho tiempo uno de los dirigentes del conglomerado mediático de Silvio Berlusconi.

Al principio, ambos subestimaron la emergencia sanitaria, preocupados solo por las posibles repercusiones económicas. No solo intentaron, de todas las maneras posibles, no “parar las máquinas”, sino que incluso animaron a los ciudadanos, pese a la epidemia en curso, a seguir participando en la vida social, satisfaciendo así los deseos del sector productivo, incapaz de ver en el confinamiento una alternativa de vida viable...

La paradoja de esta crisis casi parece esbozar una lección filosófica. Solo los políticos al frente de la región que siempre ha presumido de hacerlo todo por sí misma, la que en los últimos treinta años ha pedido más y más autonomía –el partido más importante del Norte, la Liga, antes de ser soberanista fue hasta hace muy poco secesionista–, la que más se ha quejado del peso del improductivo sur (siempre una formidable reserva de “recursos humanos”, como diría un gerente), la que siempre ha despreciado el centralismo y cada una de las decisiones tomadas por la ineficaz y desorganizada Roma, en esta emergencia ha terminado por hacer responsable al gobierno central de todas sus indecisiones y sus consiguientes omisiones. Habrían tenido que tomar las decisiones por ellos, sacarles las castañas del fuego... Verdaderamente deshonroso, además de criminal.

Europa, y el resto del mundo, se enfrenta a un momento extremadamente delicado en el que se decidirá realmente su futuro. Se ha dicho muchas veces, pero esta es la definitiva, porque hoy en Europa no solo se decide el destino del continente y de los países que la integran, sino sobre todo el destino de todas las personas que viven y vivirán aquí, incluso de los que aún no han nacido.

Porque es bueno decirlo: hoy decidimos condenar a las futuras generaciones de gran parte de Europa a pagar las deudas contraídas por sus padres debido a causas de fuerza mayor. Y esto tampoco es muy honorable, especialmente para aquellos países pequeños que toman recursos de otros a través del dumping fiscal. Un mundo que ha surgido de los escombros de la Segunda Guerra Mundial, del nazismo y del fascismo, de los campos de exterminio, de los totalitarismos comunistas, acaba llegando a la sublimación del contable en lugar del político. Qué deshonra: no me atrevo a imaginar qué tratamiento reservarían los padres de Europa a esas personas mediocres que creen que los Estados son empresas y cifras incluidas en un presupuesto.

Estoy pensando en Helmut Kohl y en el coraje que tuvo para reunificar Alemania y para llevarla a una Europa libre y solidaria, y el apoyo que encontró en los socios europeos. Pero Kohl está muerto y con él, probablemente, la última idea noble de Europa.

Si pienso en Alemania, no puedo evitar pensar en nuestra Lombardía. No puedo evitar pensar que la Alemania laboriosa es para Europa lo que la Lombardía trabajadora es para Italia. Me recuerda a Scurati, que ha descrito a los milaneses en la época de Covid-19 como animales asustados, aterrorizados por la seguridad perdida en unas pocas, muy pocas semanas: la debilidad inherente a creerse invencible. ¿Qué sentido tiene la eficiencia sin solidaridad? Quizás todavía exista la diferencia entre el hombre y la máquina.

Los líderes de la Región de Lombardía han cometido un error al seguir a Lombard Confindustria (la patronal), cuyo presidente, Marco Bonometti, defendió en una entrevista la opción de no cerrar fábricas diciendo: “Ahora no haría un juicio de intenciones, hay que salvar lo salvable, de lo contrario habremos muerto antes y habremos muerto después”. Argumento industrial, por supuesto; pero la política, la que se escribe con P mayúscula, es otra cosa y ciertamente los empresarios no pueden hacerla. Y así llegamos al dilema: morir primero, físicamente, y morir después económicamente resume el desafío que representa el virus para la política europea, no solo la italiana.

Quizás, no estoy seguro, haya todavía espacio para salir de la pandemia y perseguir una utopía: redescubrir que la productividad y las cuentas corrientes valen menos que las personas, redescubrir que expandir los derechos, ampliarlos, significa salvarnos a todos. Redescubrir ahora que una política que decide siguiendo solo el olor del dinero es una política que genera muerte y no riqueza. Y que dice claramente: “Europa ya no existe y hoy es un nuevo 1945”. Espero que los hombres de buena voluntad no lo permitan.

Por Roberto Saviano 16/04/2020 

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Miércoles, 15 Abril 2020 06:05

EE.UU. le quitó su apoyo a la OMS

El secretario general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, optó por no confrntar.  ________________________________________ Imagen: AFP

Trump anunció que suspendía el financiamiento del organismo 

 No hubo respuesta inmediata de la Organización Mundial de la Salud. Sus líderes no quieren pelear por dinero en plena pandemia.

Estados Unidos suspendió temporariamente la transferencia de fondos para la Organización Mundial de la Salud, anunció el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mientras su administración revisa lo que él describió como el papel "desastroso" de la organización, a la que acusó de "encubrir" el brote del coronavirus en China"La realidad es que la OMS no pudo obtener, examinar y compartir información de manera oportuna", dijo Trump. "La OMS falló en su deber básico y debe rendir cuentas".

No hubo respuesta inmediata de la organización. Los principales líderes de la OMS, empezando por su secretario general, Tedros Adhanom Ghebreyesus han tratado de resistir una disputa pública con Trump, diciendo simplemente que en medio de una pandemia no es el momento adecuado para una pelea de financiación.

"Muchos países dijeron que iban a escuchar a la OMS y ahora tienen problemas que no pueden creer", dijo Trump, quien criticó que el organismo no restringiera los viajes desde China, foco de origen de la pandemia, según publicó el diario británico The Independent. "El mundo recibió todo tipo de información falsa. Si la OMS hubiera ido a China a supervisar el brote se habrían salvado más vidas", dijo.

"Su confianza en los datos de China quizás causó un incremento de 20 veces más en el número de casos en el mundo ", criticó el mandatario estadounidense. "Sus errores han causado muchas muertes", atacó. "Instruyo a mi gobierno a detener la financiación mientras se realiza una investigación sobre el papel de la OMS en la mala gestión y el encubrimiento de la expansión del coronavirus", dijo Trump."

Trump, que es acusado de ignorar las advertencias de sus propias agencias de inteligencia sobre la gravedad del virus y de no actuar de manera oportuna, dijo que "los retrasos que experimentó la OMS al declarar que una emergencia de salud pública costó un tiempo valioso, enormes cantidades de tiempo”.

El presidente de Estados Unidos había elogiado hace poco a China por cómo contuvo el virus. Lo hizo poco días después de firmar un acuerdo comercial con Pekín. Ahora Trump acusó a la OMS de "oponerse a las prohibiciones de viaje" y de repetir la "propaganda" del gobierno chino de que el virus no se podía transferir de persona a persona.

El líder de Estados Unidos también amenazó con retirarse de la organización, que con razón dice que depende en gran medida del dinero estadounidense "No tendremos más remedio que hacerlo", a menos que el grupo cambie sus acciones,dijo el líder estadounidense.

Su administración planea redirigir los fondos para que la OMS trabaje con los países en temas de salud "de otras maneras". Como de costumbre, no describió cuáles podrían ser esas "otras" vías.

Repitió su declaración engañosa de que Washington envía a la OMS  “de 400 a 500 millones de dólares" cada año. Los documentos presupuestarios muestran que está más cerca de poco más de $ 100 millones anuales.

El presidente de "Estados Unidos primero" criticó a China por solo dedicar alrededor de “40 millones de dólares" anualmente a las arcas de la OMS, y criticó a los líderes mundiales por permitir que la organización defienda a China mientras, según la administración Trump, engañó al mundo sobre Covid-19.

Horas antes de que Trump apareciera en el Rose Garden e hiciera el anuncio al comienzo de su sesión informativa diaria de Covid-19, los demócratas del Congreso criticaron su decisión. "Es crucial que Estados Unidos esté en el centro de la discusión, no al margen, ya que la comunidad internacional determina qué camino toma la Organización Mundial de la Salud (OMS) para avanzar", dijo el senador Jeff Merkley de Oregon.

 "Reducir el apoyo y la participación de Estados Unidos significará que Estados Unidos no tendrá un asiento completo en la mesa durante estas discusiones, y solo aumentará la influencia ya preocupante de China en la OMS," añadió.  Como comunidad internacional, debemos mirar críticamente lo que salió bien y lo que salió mal en esta respuesta global, y aprender de esto para no repetir los mismos errores nuevamente ." 

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Martes, 14 Abril 2020 06:30

Brasil: Covid-19 desnuda la crisis

Brasil: Covid-19 desnuda la crisis

Todavía es temprano para pensar en un después del COVID-19. Estamos recién en el medio del recorrido, transitando por uno de los momentos más dramáticos e indefinidos de las últimas generaciones. Se traba una guerra a muerte en contra un enemigo invisible, aún sin contar con todas las armas para derrotarlo. No existe siquiera un rincón totalmente seguro para donde una persona pueda escapar. Y aunque los pobres sufran muchísimo más, como siempre, ahora basta un estornudo o una tos para que un rico sea contaminado. Pandemia rara, que el tiempo dirá si es parte o no de las nuevas guerras híbridas, un desventurado ensayo de agresión bacteriológica.

Pareciera innecesario afirmar que la vida vale mucho más que la economía. Pero estamos en un tiempo en que decir lo elemental parece absurdo. La actual coalición de poder en Brasil es compuesta por un grupo de degenerados y descualificados. Ascendieron al Palacio después de poderosa campaña mediática orquestada desde Estados Unidos, que condujo el país por un callejón desde la operación Lava Jato hacia el presente escenario, pasando por el golpe de Estado de 2016. En ese momento, el gobierno trata de crear una narrativa que esconde su rotunda incompetencia detrás del coronavirus. El ministro Guedes, Chicago boy en los años 1970, opera en el sentido de rebajar derechos sociales y drenar las riquezas del país para Washington. El presidente, ante el mundo, convocó la población a irrespetar la cuarentena, boicoteando a las recomendaciones de científicos y médicos, además de muchos gobernadores y alcaides. Continúa garantizando que la hidroxocloroquina puede curar la enfermedad. Con eso, también creó un gran malestar con diputados, senadores y jueces de la Corte Suprema. Por ahora, los más de dos mil militares empotrados en la estructura gubernamental, perplejos o no, hacen el aguante. El ministro de Salud, que boicotea al sistema público y al programa Más Médicos, ahora luce como un ser coherente al contrariar su jefe y defender el aislamiento social.

Obviamente es complejo y suena desubicado escribir sobre economía, política, deudas, tasas de interés, comercio e inversiones en medio a una inédita y preocupante cuarentena. Sin embargo, de alguna forma se hace obligatorio seguir pensando en lo que viene después. Será un después nuevo; quizás mejor. Ese corto ensayo busca contribuir con esa discusión, que debe ganar fuerza y forma entre los intelectuales comprometidos con la construcción de Patrias libres y soberanas en América Latina, así como de una región integrada y consolidada como relevante bloque de poder en el mundo.

Economía ya estaba enferma

La grave crisis de la economía brasileña, así como sucede en muchos de los demás países de la región, no es consecuencia del COVID-19. La pandemia solo está cumpliendo la tarea de exponer una situación absolutamente insostenible. Por un lado, Brasil posee una economía pujante, que, en 2019, de acuerdo con el Banco Mundial, se ubicó entre las más grandes del planeta, con un tamaño similar a la de Italia o Canadá y superior a la de Corea del Sur, Rusia o España. Por otro lado, el país está entre los más desiguales del mundo. El 1% más rico concentra el 28% de toda la renta; los 10% más ricos, el 41,9%. Ese cuadro es resultado de políticas adoptadas desde mediados de los años 1960, intensificadas post apertura económica de los años 1990. Dicha concentración de la renta fue solo en parte interrumpida durante los años de progresismo (2003-2016), por medio de acciones compensatorias.

Sin embargo, los gobiernos progresistas continuaron atrapados por el canto de sirena de las Inversiones Extranjeras Directas (IED) y por el sortilegio del boom de las commodities. Brasil se mantiene como el principal receptor de IED de América Latina, sin que hayan ocurrido los impactos positivos prometidos. Las inversiones estimulan la sustitución de producción nacional por bienes importados, consolidan la exportación de productos de bajo valor agregado e impulsan el aumento acelerado de las remesas de lucros al exterior. El impacto ha sido chico sobre el desarrollo científico-tecnológico, la generación de empleos y la recaudación tributaria. Los números oficiales apuntan que la economía brasileña creció con un promedio anual de 3,3% entre 2000 y 2009 y de solo el 1% entre 2010 y 2019. Esos resultados, bastante modestos, estuvieron apoyados en un creciente proceso de desnacionalización de la estructura productiva. La mejora de los indicadores sociales, como empleo, trabajo formal y poder de compra del salario, entre 2003 y 2016, fue financiada por una acelerada pérdida de control nacional sobre sectores claves de la economía. Así, es creciente el peso de conglomerados extranjeros en sectores como minería, agricultura, energía, siderurgia y servicios (financieros, telefonía, electricidad y transportes, entre otros).

Apesar de eso, Brasil consolidó su rol como economía proveedora de bienes de bajo valor agregado, con la evidente reprimarización de su pauta de exportación. En 2003, de los 10 principales productos exportados por el país, nueve eran primarios y sumaban el 25,9% del total. En 2010, los 10 principales bienes comercializados eran primarios y alcanzaron el 43%. En 2019, otra vez, de los 10 principales productos vendidos al mundo, 10 eran primarios y sumaban el 48,3% del total. Ganaron espacio bienes como soya en grano, petróleo crudo, mineral de hierro, maíz, pastas de madera, carnes vacunas, pedazos de gallinas, café no tostado y azúcar de caña.

Se identifica claramente un empeoramiento de la situación después del giro neoliberal del equipo económico de Dilma Rousseff, en 2015, y de las acciones de su vice Michel Temer, quien intensificó el liberalismo, empujado por muchos de los mismos economistas ortodoxos de la administración anterior. El nuevo gobierno, desde 2019, generó dificultades todavía más profundas. Los últimos dos años representaron el ocaso de los ya retraídos resultados económicos, empeorados por una crisis social sin precedentes.

Hoy día el PIB es similar al de 2010. La tasa de inversión en la economía cayó del 20,9% en 2013 para el 15,4% en 2019. El peso de la industria en el PIB está en el nivel más bajo desde los años 1970; llegó a mediocres 11,7%. Según la Confederación Nacional de la Industria, la capacidad ociosa del país alcanza los 35%. Brasil tiene 12 millones de ciudadanos desempleados y más de 38 millones que laburan informalmente. El retroceso en las estructuras de protección a los trabajadores fue agravado por las recientes “reformas” laboral y de la seguridad social. El poder de compra de los salarios, que aumentó entre 2003 y 2016, pasó a caer año tras año. La situación actual es de ampliación del desempleo, encogimiento de los salarios reales y disminución de la producción. Para empeorar, la estructura tributaria es fuertemente regresiva, con impuestos indirectos, sobre el consumo, o sobre la renta de asalariados, pesando desproporcionalmente sobre la clase media y los más pobres.

Otra vez el Estado

Una vez más, la respuesta debería ser el aumento de la intervención del Estado. Es decir, la adopción inmediata de políticas públicas de auxilio a los más perjudicados. Es lo que se está anunciando en muchos países: inyección multimillonaria de recursos para reactivar las economías. En el caso brasileño, debería haber aumento de los gastos con el Sistema Único de Salud (SUS), de los créditos para que las empresas esenciales continúen funcionando y de los pagos de salarios para que las personas no necesiten salir de sus casas. Sería necesario abandonar la agenda de austeridad fiscal, con acciones de promoción a la producción local, de reactivación de la capacidad instalada, de sustitución de importaciones y retomada del poder de compra del salario.

Es urgente impulsar la producción nacional, por lo menos, de bienes sencillos, como los equipos médicos de seguridad (guantes, máscaras, batas, zapatillas de paño, ventiladores pulmonares y respiradores, entre otros), actualmente comprados en el exterior. Las universidades públicas están cumpliendo, una vez más, de forma ejemplar, su función social, pese a los crecientes cortes de presupuesto al que han sido sometidas por el actual gobierno, que busca asfixiarlas para privatizarlas. Dichas instituciones de enseñanza superior están contribuyendo con estudios y soluciones concretas,como la producción y reparación de ventiladores y respiradores, por ejemplo. El escenario de caos que se avecina revela toda la perversidad de la realidad económica. Es fundamental recordar que donde faltan testes, como en Brasil, hay menos infectados y muertos.

La Suprema Corte autorizó el aumento de gastos, flexibilizando las exigencias de la Ley de Responsabilidad Fiscal, adoptada por Fernando Henrique Cardoso para imponer legalmente las políticas de austeridad: corte de gastos sociales y reserva de recursos para satisfacer al sistema financiero. Desde 2016, la enmienda constitucional del “Techo de Gastos Públicos” modificó la Carta Magna y limitó el aumento de despesas sociales por 20 años. Ante el actual escenario, en marzo, el Senado ya aprobó el pago de un auxilio de emergencia de R$ 600, por tres meses, para trabajadores sin registro, incluyendo autónomos y en los contratos llamados “intermitentes”. La ayuda, denominada "Corona voucher", junto con otras acciones, tendrá un costo aproximado de R$ 45 mil millones. Un nuevo proyecto, todavía en discusión, prevé extender el beneficio a pescadores artesanales, madres menores de edad, taxistas, indígenas, camioneros y músicos. Dichas medidas entran en conflicto con los planteamientos de la Cámara de diputados de autorizar la suspensión de contratos de trabajo y de reducir salarios.

En paralelo a la decisión de la Corte, el Parlamento insiste en la invención de un supuestamente obligatorio “Presupuesto de Guerra”, un régimen extraordinario fiscal, financiero y de contrataciones durante el estado de calamidad, que separaría los gastos para el combate al COVID-19 del Presupuesto nacional. Entre los objetivos está la autorización del Banco Central de Brasil para liberar hasta R$ 650 mil millones para bancos, sin cualquier contrapartida o garantía de que el recurso llegará a los ciudadanos que necesitan. En un momento de crisis y alto riesgo, las instituciones financieras continuarán prestando dinero con las tasas de interés más altas del mundo (12% al mes y cerca de 300% al año). Además, se liberaría al BC para comprar directamente carteras de crédito y títulos de empresas, como hace el FED en Estados Unidos. Después de la victoria sobre la terrible pandemia, restaría un país en ruinas, familias descuartizadas y bancos poderosos.

Política Externa Grotesca

Las líneas fundamentales de la Política Externa Activa y Altiva de Brasil, implementada durante el progresismo, se fueron perdiendo después de 2014. Durante más de diez años, pocas decisiones trascendentales en el mundo fueron tomadas sin consultar la posición oficial de Brasil. En el tema financiero, comercial, productivo, ambiental y militar, el país asumió un papel de creciente relevancia. Con Dilma, sobre todo debido al avance de la iniciativa de los BRICS, ese rol se mantuvo, aunque con menos intensidad. En 2016, desvaneció. El actual gobierno condujo a la política exterior de Brasil para un abismo. En pocos años, el país transitó de una posición de player respetable y fundamental en el concierto de las naciones hacia la condición de nación burlesca, grotesca y risible.

Desde enero de 2019, el actual gobierno se encargó de plantear una agenda internacional sostenida en caricaturescos prejuicios ideológicos, digna de los tiempos más ardientes de la Guerra Fría. En pocos meses, se crearon grandísimos embarazos con importantes socios comerciales del país: China, vecinos Sudamericanos, países árabes y naciones de África. Los ejemplos más destacables son las declaraciones irrespetuosas del hijo del presidente de Brasil, del canciller y del ministro de educación sobre lo que denominan el “virus chino”; la intromisión en asuntos ajenos de otros países, en el caso de las elecciones de Argentina y Uruguay; el respaldo a la agresión imperialista contra Venezuela; el soporte al golpe de Estado en Bolivia; el escándalo en la renegociación del tratado de Itaipú, con Paraguay; el apoyo a la propuesta sionista de reconocer a Jerusalén como capital de Israel; y el cierre de embajadas en países africanos y del Caribe. Todo a nombre de un incuestionable entreguismo y de la firme decisión de someterse a los intereses del gobierno de Estados Unidos, en los más distintos temas. De esa manera, la política del Itamaraty asumió un carácter farandulero que hiere a la tradición de la diplomacia brasileña, que ya tuvo entre sus cancilleres a Río Branco, AfonsoArinos, San Tiago Dantas, Azeredo da Silveira y Celso Amorim, entre otros exponentes, trabajando en el sentido de fortalecer el regionalismo y la multipolaridad.

El escenario es bastante complejo. Así como en el caso de los demás países latinoamericanos, los principales factores negativos -junto al COVID-19, actúan todos juntos: cierre de las fronteras, cuarentenas, caída de los precios de las commodities, fuga de capitales, reducción del comercio exterior y restricciones de financiamiento. En Brasil, la actual fuga de capitales es la más grande de la historia. En 2020, en solo tres meses, de enero a marzo, ya fueron más de 54,9 mil millones de reales, superando a los 42,6 mil millones de reales del año pasado entero. Es decir, el actual gobierno acumula una pérdida de más de 97 mil millones de reales. En 2020, la moneda brasileña ya perdió un 26,8% de su valor, con la tasa de cambio sobrepasando los R$ 5,20 por dólar por primera vez, aunque el gobierno haya quemado tantos dólares. Las reservas internacionales bajaron de US$ 376 mil millones para US$ 346,5 mil millones entre agosto y diciembre de 2019. Con relación a las exportaciones brasileñas, están en el mismo nivel de 2014. La caída fue del 6% en 2019 y del 10,2% en los dos primeros meses de 2020. Se nota que el empeoramiento de las condiciones ya venía ocurriendo desde antes de la pandemia.

Sería necesaria una postura muy distinta del gobierno de Brasil. El actual escenario de crisis, potencializado por el COVID-19, podrá abrir ventanas de oportunidad para movimientos en la jerarquía del Sistema Internacional. En ese sentido, otra vez, ganan relevancia las ideas de integración sudamericana, de desarrollo autónomo y de una inserción internacional más soberana.

Integración Regional como estrategia

Los organismos internacionales plantean una crisis de profundas proporciones, mucho mayor que la del 2008-2009, comparable con la de los años 1930. Puede tratarse del inicio de una nueva década perdida. La CEPAL apunta que la economía de América Latina ya creció menos en los años 2010 (1,5%) que durante los años 1980 (1,7%). Hoy día, por ahora, pareciera que el camino solitario de salvación para los países sea más razonable y probable, principalmente porque hay una supremacía de gobiernos cercanos o asociados a Washington. Además, con una perspectiva colonizada, encarnan un avinagrado sentimiento de revancha en contra del esfuerzo emancipador, integracionista y autonomista de los años 2000.

No obstante, la disminución del comercio internacional, la caída de los precios de las commodities y la escasez de dólares podrán hacer con que sean recordados los instrumentos de comercio compensado, por ejemplo. Volverían a ser utilizados el Convenio de Créditos Recíprocos (CCR) de ALADI o el Sistema de Monedas Locales (SML) del Mercosur. El comercio intrarregional, actualmente en uno de sus niveles históricos más bajos, podría ser retomado, incluso como forma desesperada de los países de consumir bienes de las economías vecinas sin la obligatoriedad de utilizar dólares. Dicha carencia de divisas potencializaría las transacciones comerciales intrarregionales, lo que demandaría el fortalecimiento de las conexiones físicas, de infraestructura. Como la crisis continuará, el movimiento de acercamiento regional debe hacer parte del esfuerzo de restructuración de las economías. A su vez, con el tiempo, dicho comercio entre vecinos podría impulsar, incluso, la articulación de cadenas industriales, la integración productiva, incluyendo a pequeñas, medianas y grandes empresas.

Se recuerda que el pensamiento estructuralista de industrialización por sustitución de importaciones, de intervención y planificación estatal, se consolidó exactamente durante la “Era de la catástrofe”, entre 1914 y 1945. Las crisis suelen cumplir la función de ampliar el grado de permisividad del Sistema, posibilitando que las naciones contestadoras se muevan en la jerarquía mundial. Quizás ese desastroso escenario de pandemia, de muerte y dolor, cumpla un doble rol. Podría barrer los gobiernos neoliberales y sus políticas de concentración de riqueza, ante su total incapacidad de responder y solucionar a los crecientes problemas de las mayorías. O podría rescatar la comprensión acerca de la necesidad de integración de América del Sur. No obstante, obviamente existe la posibilidad de que las salidas post COVID-19 no sean positivas o que se profundice el actual estado de degeneración, reforzado por mecanismos de represión y control todavía más fuertes.

Nueva Arquitectura Financiera

Aunque uno haga el esfuerzo de creer en la posibilidad de contar con el FMI o el Grupo Banco Mundial en un momento de grave crisis, la historia comprueba todo lo contrario. Son instituciones gemelas que, pese al rol que pudiera incluso denominarse como “relativamente positivo” en 1945, en Bretton Woods, fueron asumiendo la función de perros de guardia de las políticas de austeridad y ajuste neoliberal después del fin del patrón dólar-oro, en los años 1970. En los 1980, durante la crisis de la deuda externa, y en los 1990, desde la apertura de las cuentas de capitales hasta las crisis financieras, los países latinoamericanos sufrieron intenso chantaje de esas instituciones financieras. Al fin, las economías periféricas contaron mucho con iniciativas proprias e instrumentos regionales, como el CCR de ALADI o el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR). Hoy se nota como hubiera sido importante ejecutar las propuestas de crear el Banco del Sur, ampliar el FOCEM, potencializar un fondo de reservas del Sur e intensificar los intercambios comerciales vía compensación.

Ojalá el BID y la CAF cumplan un rol positivo en ese momento dramático. Pero el camino de salida para las crisis de los países endeudados no será enseñado por las estructuras tradicionales, como el FMI o el BM. A fines de marzo, ambas instituciones dieron a conocer un documento en el cual supuestamente proponen un inmediato perdón de la deuda oficial bilateral de 76 países prestatarios de la Asociación Internacional del Fomento (AIF), que abarca las economías más pobres del mundo. Dicha asociación incluye a 39 países de África, ocho de América Latina y Caribe (Dominica, San Vicente, Granada, Guyana, Haití, Honduras, Nicaragua y Santa Lucía) y dos de Europa (Kosovo y Moldova), entre otras naciones de Asia. Sin embargo, en el comunicado de las dos instituciones, dirigido a los países del G20, lo que se sugiere es elaborar una lista de las deudas que serían insostenibles, además de eventuales planes de reestructuración. Los próximos capítulos de ese tema se conocerán en reuniones que todavía ocurrirán a mediados de abril.

Hay otra información muy importante, que llama la atención. El stock de deuda externa total de los países de ingresos bajos y medios (que incluye Argentina, Brasil, China, India, Indonesia, México y Rusia, entre otros), en 2018, ascendió a US$ 7,8 trillones. Sin embargo, el anuncio del FMI y del BM incluye solamente a los países deudores de la Asociación Internacional del Fomento (AIF), cuya deuda alcanza US$ 25 mil millones. O sea, la propuesta de las dos instituciones, que todavía necesita ser evaluada en distintas instancias, alcanza al 0,3% del total de las deudas. Aunque pueda ayudar a algunos países muy pobres, sería completamente insuficiente.

Por eso, desde los años 2000, se habla tanto, en todas las regiones, sobre la necesidad urgente de refundar una arquitectura financiera internacional, reduciendo el rol protagónico de los gemelos e impulsando mecanismos regionales de financiamiento. Es fundamental potencializar los estudios e investigaciones en ese tema, considerando cómo podrían reactivarse instrumentos ya existentes en América Latina.

Consideraciones finales

Sin contar con una bola de cristal, se trató de presentar un brevísimo análisis sobre las consecuencias de un fenómeno nuevo, que está sucediendo hoy mismo. Los resultados serán, muy probablemente, bastante drásticos para las sociedades subdesarrolladas: cierre de empresas, adquisiciones de los pequeños negocios por los grandes, concentración de la renta, corte de los gastos sociales, desempleo, hambre, desnutrición y olas de criminalidad. No obstante, existirá un después. Y parece evidente que el mundo que vendrá, post-COVID-19, exige otras realidades muy distintas. Más Estado, menos desigualdad. Menos poder al mercado, más acción consciente del ser humano. Más integración regional como salida común, menos proyectos nacionales solitarios que amplían los problemas periféricos.

Las consecuencias concretas de la pandemia dependerán de su extensión y la magnitud de la tragedia y las crisis en cada país, potencializadas por el frenazo resultante de las políticas neoliberales. Ojalá la mayoría de los gobiernos de la región sea presionada a abandonar las políticas excluyentes o barridos del mapa. Obviamente no hay ninguna garantía de que el porvenir sea mejor. Ese corto ensayo busca aportar con la necesaria discusión sobre el mundo que vendrá después de la victoria sobre la pandemia.

Por Luciano Wexell Severo, docente y Coordinador del Observatorio de la Integración Económica de América del Sur (OBIESUR) de la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA).

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El espectáculo mediático macabro del coronavirus

Hasta diciembre de 2019 los pueblos del mundo estaban en el proceso de despertar y movilizarse por sus derechos y necesidades; el capitalismo se hundía en otra crisis estructural, ni la estrategia de la guerra 4Gni el chantaje nuclear daban los resultados esperados por el imperialismo Occidental;los capitalismos de Oriente y Occidente se enfrentaban por el dominio de los mercados, las materias primas y posiciones geoestratégicas; la farsa del cambio climático no funcionó, la movilización de la mercancía laboral se complicó –se ahogó en el Mediterraneo- con los neonacionalismos, (racismo y xenofobia) la ingeniería social no dio para atomizar y enfrentar a toda la humanidad, la máquina de imprimir dólares se desbocó tanto como la deuda, mientras la falacia criptomonedera se esconde detrás de la corrupción y los negocios offshore (paraísos fiscales), mientras las bolsas dejaban a los viejos sin futuro y la depresión gringa se mundializaba; hasta que apareció el genio de la lámpara capitalista con su varita biotecnológica cumpliendo el deseo de los amos del mundo: conminar al ganado humano en el panóptico global, en celdas individuales, para poder realizar los cambios que el sistema mundo capitalista necesita para continuar existiendo con otras máscaras.

En esta debacle, a la que nos lanza el capital biotecnológico financiero-farmacéutico dejará muchas bajas, unos muertos y otros deshabilitados, entre los primeros están los adultos mayores y los lesionados por otras pandemias y patologías, metidos en el mismo saco del covid19, los deshabilitados son los millones de pobres y miserables que quedarán en la calle desocupados, en los manicomios, en las cárceles, los quebrados(PIMES) o más endeudados, los que se rebuscan el día a día en las calles; en estos momentos los gobiernos prometen todo tipo de ayudas: reducción de impuestos, de tarifas, pagos de arriendo, mercados, cuando la mayoría de gobiernos han privatizado la salud, la educación, los servicios públicos básicos, las carreteras, hasta la cultura y la política, además de la deuda externa pública y privada, que en la mayoría de países supera su PIB(la deuda mundial supera más de tres veces el PIB mundial). Por otro lado, los Estados continúan rescatando al sector bancario-financiero y a las grandes empresas (quitándoles a los municipios y a las regiones sus presupuestos destinados a las problemáticas sociales como es el caso de Colombia).

Entre los economistas hay una disyuntiva: apoyan el patrón oro, o acaban con el dinero fiat, o sea, salvan la financiarización de la vida, o continúan con los genocidios y la eugenesia para pasar al capitalismo transhumanista, cosa fácil con la mundialización del miedo, que permita imponerla dictadura fascista local-global aceitada con la desinformación mediática-monotemática. Y lo lograron paralizando y callando al mundo; el Banco Mundial, el FMI, el BID, el BCE, las grandes corporaciones financieras, de un momento a otro aparecieron con billones de dólares para prestar a todos los países “enfermos” –excepto Venezuela-.Por arte de magia desaparecieron los conflictos, los terrorismos, los 30.000 niños muertos diariamente por hambres y enfermedades de fácil curación, los miles de muertes diarias por dengue, los cientos de miles de muertos anuales por enfermedades respiratorias diferentes al covid19;los conflictos en Yemen, Irán, Siria, Sudán, el Congo, Venezuela, las migraciones, la expropiación de los recursos naturales y energéticos a los pueblos del sur dejaron de existir.

El espectáculo mediático macabro del coronavirus les sirve a las élites para mostrarse, sea como “infectados” o como filántropos; por todos los medios aparecen estrellas de cine y del deporte, celebridades y directivos estatales y empresariales, felices ostentando su “fortaleza” física y mental para afrontar la “enfermedad”, dando consejos y opinando sobre las cantidades de muertos e infectados.La falsimedia difunde hasta la saturación desinformación y mensajes contradictorios, mientras la solidaridad internacional brilla por su ausencia en Occidente, a excepción de Cuba y Venezuela, que han mandado personal especializado, medicamentos y equipos, junto a Rusia y China, a las egoístas y colonialistas “potencias” europeas que aplican las sanciones comerciales ordenadas por Washington contra esos países que ejercen principios humanitarios.

¿Qué tal si los millones de zombies hambrientos y ciegos, hoy conminados y controlados desde la oscuridad de las cavernas (bunkers) de los financieristas, eugenésicos y colonialistas, nos quitamos las mascarillas de ovejas, nos organizamos, nos miramos a los ojos, nos abrazamos y salimos a destruir todas las fronteras, a detener a esos sicó-sociopatas  –gobernantes y plutócratas nacionales y transnacionales– tomándoles la fría temperatura de sus cerebros y corazones, encerrándolos –en anexos siquiátricos- por el resto de sus díaspara despojarlos de los virus de la avaricia, la atrocidad y la indiferencia, de su morbosa tranquilidad y ufanía?

¿Qué tal si recogiendo nuestra dignidad, les cobramos los miles de millones de niños y niñas abusados, bombardeados, asesinados con los virus del hambre y la pobreza, inutilizados por su sistema mediático-educativo, por no decir de los millones de trabajadores/as esclavizados, de la juventud rebelde torturada y asesinada por reclamar justicia y respeto?

¿Qué tal si les tapamos sus bocas que nos idiotizan y nos expresamos con nuestras propias voces?

¿Qué tal si de una vez les cobramos la gigantesca deuda por sus riquezas materiales y culturales, obtenidas fraudulenta y violentamente en más de 500 años, y distribuimos toda la riqueza del mundo equitativamente –incluyendo medios de producción, productos y los mal llamados servicios?

¿Y si de una, vuelve cada pueblo a producir sus propios alimentos sanos  –devolviéndoles sus tierras a los campesinos empobrecidos y desplazados– si desarrollamos nuestras medicinas y tecnologías, utilizando todo el acumulado científico-tecnológico expropiado a la mayoría de la humanidad?

¿Qué tal si nos autogobernamos a partir de hoy, partiendo del hogar la asamblea y la comunidad local, creando y administrando nuestras propias economías y justicia?

¿Qué tal si hombres y mujeres del pueblo nos confraternizamos y amamos en igualdad y solidaridad dirigiendo nuestras miradas y nuestros pasos hacia la destrucción de nuestros verdaderos y únicos enemigos: el miedo, la ignorancia, el conformismo y las pobrezas, que los sistemas de clases, castas, razas y patriarcales nos han impuesto, entre ellos el capitalismo?

No nos preguntemos qué estarán pensando y haciendo las élites capitalistas, globalizadoras, fascistas y nazis, solo miremos y sintamos en este encierro pánico-pandémico lo que somos y dónde estamos; qué nos falta, qué nos incomoda, qué no nos deja ser, qué debemos y podemos hacer por el presente y el futuro felíz de la humanidad, porque esta situación parece un ensayo más de manipulación que ejercen los poderosos sobre nuestras mentes y cuerpos. Muchos dicen que después de hoy el mundo será otro, lo que necesitamos definir es si será de todo/as y para todo/as con justicia y dignidad, empezando por nuestra propia casa y país.

Marzo 25 de 2020

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El grupo Prisa y la desinformación sobre Venezuela

Adictos a la mentira. Corresponsales a sueldo, sin escrúpulos, programados para crear un imaginario de caos, violencia y muerte en Venezuela, esa es la estrategia del Grupo Prisa. En el ámbito doméstico, mantiene la versión progresista. El consejo de administración nombra directora de El País a Soledad Gallego-Díaz, la cara amable de la socialdemocracia radical. Su relación con Pedro Sánchez y Podemos es fluida, así lima asperezas. Pero cuando se trata de informar sobre Venezuela, son periodistas expertos en manipular, dar noticias sesgadas y publicar material gráfico apócrifo. Hablan de crisis humanitaria y dan voz a quienes llaman al golpe de Estado. Bajo el título "Venezuela enfrenta dos virus", el lunes 6 de abril y firmada por Leopoldo López, en tanto coordinador del Centro de Gobierno de Juan Guaidó, se publica una columna de opinión. Recuérdese que López fue juzgado por participar en el frustrado golpe de abril de 2002 y reincidir el 30 de abril de 2019, en su poder armas de grueso calibre y un plan para atacar el palacio presidencial. En titulares, sin enlaces para corroborar sus datos apunta: “no hay batas, gorros, guantes, mascarillas, provisiones de alcohol, jabón y demás artículos… no hay medicamentos, desinfectantes… el único recurso la voluntad de los trabajadores de la salud… sólo existen 84 respiradores en el sector público… menos de 7 por ciento dispone de agua potable constante, 18 por ciento no la recibe nunca… menos de 10 por ciento recibe servicio eléctrico constante y 6 por ciento tienen garantizado elementos para vivir… y menos de 1 por ciento tienen acceso al combustible...” En su columna, ninguna alusión a las acciones de sabotajes, estrangulamiento o sanciones de EU que condenan a la población venezolana.

El estos tiempos de guerra contra Venezuela, el Grupo Prisa, no se diferencia de ABC, La Razón, El Mundo o La Vanguardia. La columna de López es la excusa para hablar de Venezuela en sus redes. Único punto, apoyar la estrategia lanzada por Estados Unidos y reforzar la condición de narcotraficante de Nicolás Maduro. Presentado como mártir de la libertad, ninguna mención al hecho de haber sido Leopoldo López, según Rodríguez Zapatero, quien se opuso y evitó la firma de acuerdos entre oposición y gobierno en República Dominicana, pateando el tablero a última hora. Lo dicho, puede ser exagerado, pero analicemos las tripas del Grupo Prisa. Sus principales accionistas lo componen: el fondo de capital riesgo, Amber Capital (26.40 por ciento), HSBC (10. 01), Telefónica (9.54) Familia Polanco (8.49), Adar Capital (7.36), International Media Group, propiedad del jeque catarí Al Thani (7.22) GHO Networks (5.02) Banco de Santander (4.15) y Carlos Fernández González, Grupo Finaccess SAPI de CV con 4.02 por ciento. Siendo Joseph Oughourlian, de Amber, su cara visible, junto al sionista de Adar, Zev Marynberg. Amigos de Trump, controlan 65 por ciento de los votos indirectos en la junta de accionistas. Eso sí, el grupo acumula una deuda de 661.2 millones de euros.

Prisa es un conglomerado trasnacional de medios de comunicación, entre los cuales sobresalen Cadena Ser, El País, As, Cinco Días, Radio Olé y El Huffingthon Post en España; ADN Radio con 43 frecuencias en Chile, W Radio en México, Radio Caracol y W Radio en Colombia, su programa LOS40, que emite en 12 países latinoamericanos, o el grupo Santillana, editorial de textos educativos, presente en 14 países con 94 millones de libros vendidos y 32 millones de estudiantes. En Argentina controla 50 por ciento del papel prensa. Con canales de televisión y producción propia, el holding para América Latina tiene su sede en Miami, e imprime en México la edición internacional de El País. En su folleto Prisa Noticias se adjudica 126 millones de navegadores únicos, Prisa Radio 40 millones de navegadores únicos y 20 millones de oyentes y en Tv comercial, audiencia prime time de 26.7 por ciento. Organiza conferencias y actos para orientar inversiones. En ellos participan directivos de Telefónica, Banco de Santander, Sacryr, Asolux, Fenosa, Ferrovial, Iberdrola, ACS, BBVA, etcétera. Felipe González hace anfitrión a sueldo. En 2018 en Madrid, junto a González, el ex presidente de Colombia Juan Manuel Santos, patrocinando inversiones en Colombia y subrayando que su país es de los más rentables y seguros de la región. En ocasiones han participado los ex presidentes Lagos, Sanguinetti o Vargas Llosa.

El País y el Grupo Prisa dio amplia cobertura al artículo de Leopoldo López en sus noticieros. Excusa para intoxicar la información sobre Venezuela entre sus tertulianos. Abrió el debate a los informes de la DEA, haciendo hincapié en el supuesto cártel venezolano Sol y la recompensa de 15 millones de dólares por entregar al presidente Maduro a Washington. ¿Por qué ahora la columna de Leopoldo López? Prisa ha soslayado las peticiones de la ONU, la OMS y organizaciones de derechos humanos de levantar las sanciones, el bloqueo a Venezuela y Cuba en tiempos de pandemia.

La respuesta está en el artículo de Carlos Fazio publicado en La Jornada: “ Lawfare y guerra asimétrica vs. Venezuela”, destapando la trama para derrocar al gobierno constitucional de Venezuela. Hoy, agrego, se suma el Grupo Prisa. Habrá quienes recuerden la estrategia para invadir Irak centrada en la existencia de "armas de destrucción masiva". Una falacia que justificó una guerra espuria. Nunca existieron, pero fue el argumento. Venezuela es la siguiente parada: un supuesto Estado narcoterrorista. El petróleo su objetivo.

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Coronavirus en Estados Unidos: El miedo de Kissinger

El ocaso del Imperio americano

Hace muchos años que se pronostica el ocaso inevitable de la supremacía norteamericana. Pero ¿cómo probarlo? Muchos argumentos parecían nacidos más de una expresión de deseos que de una posibilidad real. Hoy, ya no hay dudas. Estrategas como Henry Kissinger, político clave en la construcción del imperio y experto como pocos en los laberintos del poder, reconocen el irremediable fin de la hegemonía estadounidense.

Las postales dramáticas que el Covid-19 está sembrando en distintas partes del territorio norteamericano confirman esa hipótesis. Y no por las altísimas cifras de muertos, ni por la imperdonable falta de insumos básicos en un país de semejante riqueza, ni por la deficiencia y crueldad de su sistema de salud pública. Estas no son más que consecuencias del capitalismo salvaje que tienen muy sin cuidado al establishment mundial, partidario, como se sabe, del darwinismo social y la sobrevivencia de los ricos.

En su último artículo “La pandemia del coronavirus va a alterar para siempre el orden mundial”, publicado el pasado 3 de abril en el diario The Wall Street Journal, Kissinger expresa abiertamente sus dos grandes temores. Después del Covid-19 ¿se podrán “salvaguardar los principios del orden mundial liberal”? “Un país dividido como Estados Unidos ¿será capaz de liderar la transición al orden posterior al coronavirus?”

No por casualidad, el texto comienza añorando aquel “lejano tiempo” del Plan Marshall y el Proyecto Manhattan los programas que, justamente, permitieron a EEUU catapultarse como potencia mundial en la segunda mitad del siglo XX. El primero de auxilio para el crecimiento de Europa Occidental y el segundo para el desarrollo de la bomba atómica.

El contraste con la actualidad se hace patente. A diferencia de entonces hoy EEUU no puede ofrecer, al resto del planeta, ningún ideal civilizatorio salvo la depredación financiera y medioambiental. En plena crisis de coronavirus, carece de líderes capaces de hacer buenos diagnósticos y, por lo tanto, de una voz autorizada que proponga una salida colectiva. Lo que percibe Kissinger es la pérdida, incluso, de esa fuerza simbólica, propia de los liderazgos, que durante décadas hizo creer al mundo que los norteamericanos eran los únicos capaces de resolver el caos.

Ahora, países demonizados (y rivales) como Rusia y China tiene que asistir a EEUU y ¡¡el presidente Donald Trump en persona –no por twitter- tuvo que salir a agradecerlo!!

Kissinger, cómplice de tantos genocidios, apunta al corazón del dilema. El imperio se edificó en “la creencia de que sus instituciones pueden prever calamidades, detener su impacto y restaurar la estabilidad. Cuando termine la pandemia de Covid-19, se percibirá que las instituciones de muchos países han fallado”, escribió. “La prueba final será si se mantiene la confianza pública en la capacidad de los estadounidenses para gobernarse a sí mismos.”

Sin ser explícito, el estratega de 96 años, admite el fin de la supremacía y baraja, como mal menor, un co-gobierno mundial donde EEUU mantenga alguna voz. La “agitación política y económica que ha desatado el virus podría durar generaciones y ni siquiera EEUU puede hacerlo solo. Debe combinarse una visión y un programa de colaboración global”, arriesga. Entretanto existe un enorme peligro.

El intento de ocultar el derrumbe imperial –como parece estar haciéndolo el presidente Donald Trump en estos días- puede adoptar formas criminales. En medio de una catástrofe pandémica sin precedentes, el Pentágono anunció el lanzamiento de una peligrosa operación militar contra Venezuela, que se suma al severo bloqueo que ya sufre ese país por parte de EEUU y sus aliados.

Si el invento de proclamar a Juan Guaidó como presidente trucho fue acompañado por 50 de los 200 países que hay en el mundo, esta aventura, según cifras de EEUU, cuenta con el aval de apenas 20 naciones. Un acto de bravuconería que no hace más que confirmar el ocaso del liderazgo norteamericano y que fue duramente criticada por Rusia el pasado 9 de abril. “Después de estudiar el contenido de la iniciativa de Washington –dice el comunicado de la cancillería rusa- creemos que no merece una respuesta seria”.

El texto de Kissinger es un llamado desesperado a los dueños del mundo por temor a que algo se vaya de las manos. Nos toca al resto, a los países poderosos y no tanto, ser campo de contención al pánico del establishment global. Es hora de defender, hasta las últimas consecuencias, los principios de paz, humanismo y no injerencia. Es la hora de la cordura.

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Amenaza EU a Maduro con una transición "peligrosa" y "brusca"

Insiste Elliot Abrams con la propuesta de elecciones

El enviado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliott Abrams, advirtió al presidente venezolano, Nicolás Maduro, que si no acepta una "transición" pactada con la oposición, ésta ocurrirá igualmente, pero será más "peligrosa" y "brusca". Hasta el cierre de esta edición, el gobierno bolivariano no había respondido aún a la amenaza.

"Si el régimen decide trágicamente que va a subyugar, que va a reprimir más, probablemente esté haciendo que la transición sea igual de probable, pero más peligrosa y brusca", aseveró Abrams en una entrevista con el grupo Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

Abrams se refería así a la más reciente propuesta política de Estados Unidos para instaurar un gobierno de emergencia en Venezuela: celebrar elecciones en las que no participen como candidatos ni Maduro ni el autoproclamado "presidente encargado" y líder de la oposición Juan Guaidó.

Si la iniciativa no sale adelante, "se verá más presión de Estados Unidos y creo que de otros sobre este régimen. Es posible presionar más a un régimen y al mismo tiempo brindar más asistencia al pueblo venezolano. Y eso es lo que queremos hacer. También es lo que Juan Guaidó quiere hacer. Es lo que la Unión Europea quiere hacer", destacó Abrams.

Subrayó que Washington sabe que Mauduro rechazará la propuesta y argumentó que en realidad no iba dirigida a él, sino a otros cargos del régimen y a miembros de las fuerzas armadas.

"Está dirigida, como he dicho antes, al chavismo, al ejército, al régimen, al gobierno, a la gente que decide: Este país necesita salir de esta crisis horrible", afirmó.

En cualquier caso, Abrams argumentó que el plan del Departamento de Estado estadunidense no es absoluto, sino que es una propuesta y puede ajustarse a las necesidades políticas del país e indicó la posibilidad de que el Consejo de Estado que gobernaría en la transición incluya al presidente del Tribunal Supremo, Maikel Moreno; al jefe del ejército, Vladimir Padrino López, o al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó.

“Hay un millón de variaciones… Los venezolanos podrían decir, bueno, queremos cambiar esto porque creemos que funciona mejor para nosotros en nuestra negociación. Está bien. Quiero decir, aquí la cuestión es que si cambias una palabra en la propuesta estadounidense no sucede una catástrofe. El punto es que este es un camino hacia la democracia y el levantamiento de las sanciones estadunidenses”, sostuvo.

 

Crisis humanitaria

 

De su lado, el subsecretario de Estado estadunidense para el Hemisferio Occidental, Michael Kozak, ha abogado por la distribución de alimentos y medicamentos en Venezuela sin contar con la colaboración del gobierno de Maduro.

"La gente de Venezuela necesita desesperadamente alimentos y medicinas. Permitan que la Organización de Naciones Unidas y las ONG internacionales lo distribuyan en función de la necesidad, no de la política", publicó Kozak en su cuenta en Twitter.

El 23 de febrero de 2019, un cargamento de supuesta ayuda humanitaria iba a ingresar a Venezuela desde Colombia y Curazao, encabezado por Guaidó, en un intento para asumir como presidente del país en un golpe de Estado, pero las fuerzas armadas lo impidieron por ser un acto ilegal de invasión.

"Estados Unidos ha contribuido y seguirá contribuyendo, pero nadie debería confiar en Maduro para la distribución", añadió el diplomático estadunidense.

Venezuela, con nueve muertes y 175 casos confirmados de coronavirus, ha declarado una "cuarentena social" y pedido ayuda a la Organización Panamericana de la Salud para luchar contra el Covid-19.

Guaidó ha acusado al gobierno de Maduro de mentir sobre el impacto del coronavirus y asegura que hay muchos más casos por lo que, a su juicio, la nación caribeña es especialmente vulnerable ante la pandemia por la crisis humanitaria que sufre desde hace años.

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Tecnología y militarización en tiempos del Covid-19

Todo el mundo, periodistas y analistas especialmente, escribe sobre la crisis del nuevo coronavirus haciendo analogías con la crisis económica de 2008. Pero hay que echar la mirada unos años más atrás para encontrar otro punto de referencia: la época posterio al 11S donde un shock a escala planetaria sirvió como excusa para el mayor recorte a las libertades civiles y políticas nunca antes visto, Patriot Act mediante.

El escenario que tenemos por delante es una combinación de ambos escenarios: la mayor crisis económica de los pasados 70 años combinada con la militarización y retroceso de las libertades en nuestras naciones. Todo ello en un momento en el que el neoliberalismo nos ha dejado sociedades fragmentadas donde prima el individualismo, fomentado cada vez más por los grandes avances tecnológicos.

Una vez inoculado el miedo al virus, nuestras sociedades están transformándose a pasos agigantados. Encerrados en nuestras casas, el mayor miedo ahora es que los mercados inertes se enfermen de coronavirus, un virus que no discrimina por raza, género o clase, pero sí lo hacen nuestras sociedades, discriminación facilitada por una cada vez mayor militarización de las mismas.

Todo este escenario se sintetiza en Estados Unidos, que ya se ha convertido en el país con más contagios y muertos del mundo y donde, sin embargo, y a pesar de la negación primero y de una pésima gestión después, la popularidad de Donald Trump sigue en aumento, y todo parece indicar que será relecto en noviembre frente a un Partido Demócrata sin ideas una vez consumada la retirada de Bernie Sanders, quien tenía las mejores propuestas para hacer frente a una crisis de salud y económica como la que estamos viviendo, y la consolidación de Joe Biden como candidato presidencial para enfrentar a Trump. La elección entre éste y Biden demuestra que el miedo prevalece y que el pueblo estadunidense no está preparado para los cambios que vienen.

Mientras tanto, en Francia, Macron declara: estamos en guerra, y en España se declara el estado de alarma nacional, se saca al ejército a las calles y La Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial desarrolla una aplicación que permita geolocalizar mediante teléfono móvil a todos y cada uno de las y los ciudadanos de la nación para verificar dónde se encuentran y si están donde declaran estar. En Italia la app que se está desarrollando busca detectar los casos de contagio y con qué personas se han estado encontrando o reuniendo las y los italianos con la finalidad de aislarlos lo más rápido posible.

Entregar nuestros datos para resolver una crisis de salud no sería tan grave si no fuera porque cuando la pandemia termine, la tecnología al servicio del control social permanecerá.

Pero es en China donde el uso de tecnología y control social se ha perfeccionado mediante la aplicación Suishenban, una especie de semáforo que después de otorgarle todos los permisos para tu geolocalización y control, te ofrece luz verde, amarilla o roja, en función de los lugares que hayas visitado y la gente de la que hayas estado cerca. El código QR que proporciona es ya un pasaporte para entrar a edificios gubernamentales, hospitales e incluso negocios privados. Suishenban utiliza big data y tiene acceso a las bases de datos de la Policía, la Comisión de Sanidad, operadores de telefonía e Internet y aerolíneas. Eso, combinado con el control de la temperatura corporal de la gente en las calles, ha conseguido frenar la pandemia en el territorio de la República Popular China. Si a todo ello le sumamos el sistema de crédito social del gobierno chino, junto a otros como el Zhima Credit de Alibaba, en el que un algoritmo te da una puntuación más o menos alta, según tu buen comportamiento, puntuación que te permite acceder a diferentes servicios, 1984, de Orwell, se queda corto, aunque el episodio Nosedive, de Black Mirror, se aproxima bastante.

También en América Latina y el Caribe se han sacado los militares a las calles en Chile, Colombia o Brasil, y no sólo para realizar las necesarias labores logísticas, como en México, sino para controlar a la población. Una población que según la Cepal es inminente que sea más pobre, pasando de 185 a 220 millones las y los latinoamericanos y caribeños en situación de pobreza y extrema pobreza, un tercio de los 620 millones que habitan nuestra América.

Pero si el coronavirus nos va a dejar una mayor militarización y recorte de libertades como efectos negativos de la crisis económica y de salud, también nos debería dejar elementos positivos para pensar la sociedad que viene, como una apuesta decidida por desmercantilizar la salud y una cada vez menor dependencia del dólar, la moneda de unos Estados Unidos que sólo representan 10 por ciento del comercio y 15 por ciento del PIB mundial.

La era de la biopolítica digital ya está aquí, y en la medida en que se transforma el concepto de soberanía, cerrándose fronteras, pero abriéndose los datos, debemos aprovechar la apuesta por la tecnología y el 5G que Estados Unidos y Europa intentan vetar para no dejar a China convertirse en la primera potencia mundial, y utilizarla a nuestro favor para construir una sociedad más justa que deje atrás el modo de producción capitalista. Con coronavirus, o sin él.

*Politólogo vasco-boliviano

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El gasto militar mundial es un 50% más alto que al final de la Guerra Fría

Una campaña internacional reclama a los líderes mundiales que destinen el presupuesto armamentístico a hacer frente al coronavirus. Este viernes comienza un mes de acción global en distintos países.

Allá donde hay armas quieren ver vacunas. Allá donde se preparan ejércitos, plantean que se entrenen médicos. En plena emergencia sanitaria por el coronavirus, el International Peace Bureau (IPB), considerada la organización pacifista y antimilitarista más antigua del planeta, ha emprendido una campaña mundial para pedir a las grandes potencias que destinen su astronómico presupuesto militar a la sanidad.

No hay tregua en las oficinas –ahora instaladas en las habitaciones de casa– del IPB. Estos días, las organizaciones que forman parte de esta plataforma apuran detalles de lo que será un mes intenso: desde este viernes 10 y hasta el próximo 9 de mayo inclusive, sus participantes llevarán a cabo la campaña de acción global para la reducción del gasto militar. En total, se estima que habrá un centenar de acciones en una treintena de países.

"La idea inicial era hacer un enfoque más centrado en el cambio climático, pero ocurrió lo que todos sabemos", dice a Público Jordi Calvo, coordinador del Centro Delàs de Estudios por la Paz y vicepresidente de la Junta del IPB. "Lo que todos sabemos" es, nada más y nada menos, que una pandemia global, con miles de muertes a sus espaldas y un cambio drástico en la vida cotidiana de millones y millones de personas.

De ahí, precisamente, la clave de la acción global de este año. "¿Cuánto dinero hemos dedicado a investigar en salud y cuánto al ámbito militar y a la compra de armamento?", resume Calvo. "Ahora estamos pagando esa mala gestión de lo público y ese análisis equivocado", subraya.

El IPB reclama "una reducción dramática del gasto militar en favor de la asistencia sanitaria"

Precisamente por eso, el IPB reclama "una reducción dramática del gasto militar en favor de la asistencia sanitaria y para satisfacer las necesidades sociales". "Es el momento de abrir una nueva página en las relaciones mundiales y poner las tensiones geopolíticas a un lado, para acabar con las guerras, para un alto el fuego en aquellos múltiples conflictos en todo el mundo, los cuales pueden dificultar un esfuerzo de solidaridad global", sostiene la ONG, creada en 1891 en Berlín –hoy tiene su oficina descentralizada en Barcelona– y galardonada en 1910 con un Premio Nobel de la Paz.

Según datos de esta organización, "el gasto militar es un 50% más alto hoy que al final de la Guerra Fría". "Se sitúa en la asombrosa cifra de 1,8 billones de dólares al año, mientras que la OTAN exige más aumentos a sus miembros", destaca en el manifiesto elaborado para reclamar, precisamente, que esta situación se revierta.

Según datos publicados por el Centro Delàs en abril de 2019, por entonces España se mantenía en el decimosexto puesto del ranking de países que más dinero dedican a Defensa, "con un gasto de 18.200 millones de dólares según datos del SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo) y cerca de 20.000 millones de euros según el cálculo del Centro Delàs".

La lista estaba encabezada por EEUU, que había aumentado su gasto militar hasta los 649 mil millones de dólares, un 4,6% más que el año anterior. Esa cifra representaba el 36% del gasto militar mundial en 2018. "Su gasto militar es el mismo que el de los 7 siguientes países que más gastan", destacaba el informe dado a conocer por el Centro Delás.

En segundo lugar estaba China, que había su gasto en un 5% hasta los 250 mil millones, "lo que representa el 14% del total mundial". De hehco, Estados Unidos y China juntos "representan la mitad del gasto militar mundial", seguidos por Arabia Saudí, India, Francia y Rusia.

Cambio de prioridades

Ahora, con los alarmantes datos del coronavirus sobre la mesa, el IPB encabeza esta campaña para pedir un urgente cambio de prioridades. "Pedimos a los países más ricos del mundo que se cuestionen lo que han hecho hasta ahora: se han dedicado demasiados recursos para militarizarnos. Ahora hay que utilizar estos recursos para hacer frente a las crisis sanitarias", explica Calvo, quien advierte sobre el carácter "económico y social" de la crisis que se avecina y que será sufrida, con especial intensidad, "por las comunidades más vulnerables".

En tal sentido, el IPB acompaña las jornadas de acción global con una recogida de firmas virtual para instar a los líderes del G20 a "levantar la sombra de la guerra y la política militar que ha arruinado la cooperación mundial en los últimos años y trabajar para asegurar que prevalezca un espíritu de paz y solidaridad".

"El G20 es responsable por el 82% del gasto militar mundial, representa casi todas las exportaciones de armas, y tiene en su territorio colectivo el 98% de las bombas nucleares del mundo. El G-20 es una plataforma compartida que reúne los intereses de los principales actores de la carrera de armamentos mundial", remarca.

Las firmas que se recojan serán llevadas a la próxima reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas, prevista para septiembre próximo. Allí pedirán a los líderes mundiales que "actúen por una cultura de paz" y reduzcan drásticamente el gasto militar "en favor de la sanidad pública y la atención a las necesidades sociales y medioambientales".

10/04/2020 08:05

Publicado enInternacional