Cómo Bolsonaro usa la pandemia a su favor

La mortandad por covid-19 como estrategia de gobierno

 

El contagio deliberado de la población es una estrategia política. Más de 480 mil personas han muerto por covid-19 en Brasil. Son el 13 por ciento de las muertes a nivel mundial, en un país que representa el 3 por ciento de la población del mundo. Menos del 10 por ciento de su población está vacunada, a pesar de que a Brasil se le ofreció una vacuna de forma temprana. El sistema de salud se ha derrumbado, hay escasez de oxígeno y de camas de CTI, y pacientes que mueren en los pasillos. Por falta de anestesia, algunos pacientes deben ser atados para poder intubarlos (Reuters, 15-IV-21).

Esto no ocurre porque Bolsonaro priorice la salud de la economía capitalista sobre la salud de la población. Es cierto que el presidente brasileño defiende una cierta necropolítica de pose recia y a lo macho. Cierto es también que justifica sus medidas en un supuesto «capitalismo de los pobres», bajo cuya óptica el distanciamiento social y el tapabocas obligatorio son una tiranía que aplasta la capacidad de los menos privilegiados de generar ingresos. Sin embargo, es evidente que si bien una mortandad masiva podría beneficiar a algunas industrias puntuales, no es muy conveniente para el crecimiento capitalista en general. Si Brasil ha evitado una contracción económica peor aun que la que finalmente sufrió en 2020 (4,1 por ciento del PBI), se debe más que nada a las medidas de auxilio económico impulsadas en primera instancia por la izquierda parlamentaria y presentadas luego por Bolsonaro como regalo presidencial al pueblo.

En Brasil, lo que hay es una apuesta política y cultural al virus. Un estudio reciente de la Universidad de San Pablo y el think tank Conectas halló que el gobierno tiene «una estrategia institucional para la propagación del coronavirus». Tras analizar ordenanzas, leyes, disposiciones y decretos, los investigadores encontraron que el Estado se aboca a diseminar el virus justificándose con la idea de alcanzar una «inmunidad de rebaño» que permitiría una rápida reanudación del crecimiento económico.

Pero ese valor que se da al crecimiento económico es una racionalización, no es el objetivo. El contagio masivo –y el disfrute perverso que el gobierno parece encontrar en él– está siendo usado como herramienta de movilización. Mientras más gente muere –y mientras el gobierno o bien le resta importancia a la muerte o bien la celebra–, más se polariza el país en torno a un eje de guerra cultural, una guerra que, piensa Bolsonaro, lo beneficia. Las exhortaciones del presidente a los brasileños para que «dejen de lloriquear» y «dejen de ser un país de maricas» (Reuters, 10-XI-20) no son arrebatos de locura o excentricidades irrelevantes para la política de Estado, sino parte de una máquina de guerra cultural perpetua, y es en consonancia con ella que se toman las medidas gubernamentales.

Si no fuera así, sería difícil explicar algunas de las decisiones del gobierno sobre las que viene echando luz la Comisión de Investigación del Congreso (CPI da Covid, en portugués), dirigida por el senador Renan Calheiros. Uno podría atribuir la decisión de ser la sede de la Copa América a un cierto nihilismo capitalista. De igual manera podrían entenderse los ataques de Bolsonaro a los gobernadores estatales que implementaron medidas de distanciamiento social. Pero ninguna estrategia de crecimiento en el mundo requería que el gobierno federal rechazara prácticamente todas las ofertas de vacunas que tenía por delante, ya fuera de la Organización Mundial de la Salud, de Pfizer o de Sinovac (Folha de São Paulo, 7-VI-21) –recientemente rechazó también la Sputnik V–, y que hiciera la plancha hasta que el gobierno regional de San Pablo empezó a producir vacunas localmente.

Tampoco representaba una ventaja a nivel de crecimiento económico dejar que millones de test rápidos expiraran antes de ser usados (O Estado de São Paulo, 22-XI-20). Ni se ganaba nada en términos macroeconómicos insistiendo con que la ivermectina o la hidroxicloroquina podían curar el covid-19 y, menos aún, importando millones de tabletas de hidroxicloroquina –cortesía de Donald Trump– mientras se descuidaba la vacuna. Ningún cálculo de crecimiento del PBI necesitaba que Bolsonaro dijera que las vacunas podían causar mutaciones peligrosas, como cuando dijo: «Si te convertís en yacaré, es problema tuyo» (Folha de São Paulo, 18-XII-20). Lo cierto es que la desinformación deliberada en materia de salud –como la denunciada hasta el cansancio por científicos y médicos brasileños (Nature, 27-IV-21)– no es una estrategia posible para lograr el crecimiento económico.

CONTROLAR LA NARRATIVA, ACOSAR Y HUMILLAR

Algunos de estos desastres sanitarios se pueden atribuir a una mezcla de incompetencia (en esto el exministro de salud Eduardo Pazuello parece particularmente culpable), fijaciones geopolíticas (la negativa a recibir una vacuna de China) y la absoluta ignorancia de los gobernantes. Sin embargo, en Brasil, como en otros lugares, desde que comenzó la pandemia los guerreros de la polarización han estado ensayando líneas de antagonismo y distinciones del tipo amigo/enemigo. En esto han seguido el ejemplo de Trump, la derecha estadounidense y la red de think tanks y lobbies «libertarios» de derecha, financiados principalmente por los hermanos Koch y que impulsaron la Declaración de Great Barrington y las protestas armadas contra los lockdowns.

Los soldados brasileños de la guerra cultural miran hacia el norte no solo en lo que respecta a promover curas falsas, mitos anticuarentena, sinofobia y anticomunismo alucinatorio: ténganse en cuenta los métodos de intimidación pública que la derecha anticuarentenas ya venía usando contra los funcionarios de la salud y los políticos locales en Estados Unidos, tácticas que se han filtrado directamente a Brasil. Los científicos que se oponen a promover la hidroxicloroquina como cura para el covid-19 han sido amenazados de muerte. También lo fue el alcalde de Araraquara en San Pablo tras imponer una cuarentena general de diez días a principios de este año. Lo mismo le sucedió al alcalde de Palmas en Tocantins. Una posible candidata al Ministerio de Salud fue atacada y acosada cuando se supo que estaba a favor de las medidas de distanciamiento social para contener el covid. La intimidación no es un subproducto incidental de la retórica del gobierno, sino que es el fruto de un odio social cultivado de manera estratégica. Sigue el mismo patrón de persecución y acoso gubernamental contra los departamentos universitarios, la industria de la cultura y los científicos que estudian el clima.

Este tipo de campañas funcionan. Bolsonaro ganó las elecciones canalizando el odio social en una guerra cultural en las redes sociales. Y el objetivo de esa guerra cultural no fue simplemente difundir desinformación (y provocar, al mismo tiempo, críticas y oposición progresistas y de izquierda siempre en torno a temas decididos por la derecha). Más bien, como ha explicado con picardía Olavo de Carvalho, el gurú intelectual de los Bolsonaro, el objetivo también fue humillar, silenciar y privar a las personas de sus medios de subsistencia. Si controlás la narrativa y los temas de discusión y mantenés movilizada a la extrema derecha y aterrorizada a la oposición, estás haciendo bien tu trabajo. Es que quienes ganaron gracias a una guerra cultural seguirán llevando adelante esa guerra cultural, porque eso es lo que saben hacer. Estarán permanentemente en modo campaña, experimentando con nuevas tácticas, nuevas variaciones del mismo repertorio, para así mantener su base (generalmente minoritaria) excitada y movilizada.

Este ha sido, hasta ahora, el modus operandi de Bolsonaro. Aunque haya decepcionado un poco a sus partidarios neoliberales por no haber logrado aún todas las reformas económicas que se propone, el presidente se ha mantenido fiel a un conjunto de significantes emocionalmente poderosos, que movilizan fuertes apegos y odios. Ha proclamado hasta el cansancio su fascinación por las armas largas, su veneración por la crueldad policial, el odio a lo que sus seguidores llaman marxismo cultural, psicosis ambientales, ideología de género, infiltración izquierdista de la cultura, la aversión a los indígenas, las universidades, las ciencias y, últimamente, también al Supremo Tribunal Federal. Varios de sus aliados políticos en el Congreso son avezados matones de las guerras culturales, por ejemplo, Daniel Silveira, un expolicía militar convertido en congresista y estrella de Youtube, cuyas prácticas de acoso e incitación a la violencia lo llevaron a la cárcel a comienzos de este año. Bolsonaro se ha encargado de llenar su gabinete de militares fanfarrones y evangélicos fanáticos al tiempo que la emprende contra las ciencias y la academia en general.

ANTE LA CRISIS, INSISTIR

Quienes alcanzaron la victoria gracias a una guerra cultural serán persistentes en su dedicación a esas prácticas. Desafiarán incluso los bajos índices de aprobación, las iniciativas parlamentarias en su contra, la antipatía de los medios y la oposición popular. Después de todo, fue con la guerra cultural como ganaron. Han entendido la necesidad de polarizar a la población en torno a cuestiones que son transversales a las clases sociales y que permiten formar coaliciones mediante la misma lógica de agregación que prevalece en las redes sociales. Han entendido que, especialmente frente a la descomposición de los sistemas parlamentarios, les basta con el apoyo de una minoría para tener éxito. El aventurerismo descarado es parte del arte de gobernar en la lógica de la guerra cultural.

Bolsonaro, aunque enfrenta ahora protestas masivas (véase «En la calle para sobrevivir», Brecha, 4-VI-21) y está herido en uno de sus flancos por la investigación en el Congreso, ya ha superado dificultades similares. Intenta hacer lo mismo ahora, cuando enfrenta un fuerte desafío de Lula da Silva de cara a las elecciones del año que viene. Véase cómo él y los suyos manejan la investigación del Congreso: le quitan importancia siempre que se pueda e intentan ahogarla vaciándola de participación, cuando no envían al hijo de Bolsonaro a gritar e insultar a los congresistas, causando la máxima disrupción posible y provocando que se suspendan sesiones (O Globo, 12-V-21). Véase cómo en sus frecuentes actos de masas, carentes de precauciones sanitarias, el propio presidente, sus seguidores y sus aliados ignoran o violan la ley de manera performativa y repetida. Esperan superar esta crisis, dejar que una minoría enojada y movilizada los mantenga en el poder y, con fuerza renovada, profundizar la guerra cultural contra la izquierda y lo que quede de las instituciones democráticas.

En Brasil, la oposición acusa a Bolsonaro de genocidio. Los carteles en las protestas suelen llevar la expresión «Bolsonaro genocida». La acusación tiene algo de justicia porque, incluso si las muertes son una especie de daño colateral de la guerra cultural, la evidencia es que son intencionales. Se espera que los propios cadáveres brinden un beneficio político, como sucedió en partes de Estados Unidos: recuérdese que el voto a Trump aumentó fuertemente de una elección a otra en aquellos condados donde se registró el mayor número de muertes por covid-19. Elegí a Brasil como un ejemplo extremo de lo que estamos viviendo, pero esta estrategia de guerra cultural se está desarrollando en todo el mundo.

Por Richard Seymour
11 junio, 2021

Publicado enInternacional
Viernes, 11 Junio 2021 05:33

Una guerra cultural en las izquierdas

Una guerra cultural en las izquierdas

Las izquierdas parecen empantanadas entre la defensa de valores posmateriales y la vuelta a una gloriosa clase trabajadora. Pero eso está dando lugar a sus propias guerras culturales, tan intensas como fútiles.

 

La tradición de izquierda siempre se ha caracterizado por un cuestionamiento interno de sus estrategias y objetivos intermedios (los ideales últimos son sagrados e irrenunciables). Sus controversias han sido motivo de enfrentamientos y escisiones a lo largo de la historia (reforma o revolución, internacionalismo o socialismo en un solo país, frente popular o ruptura entre socialistas y comunistas, el alineamiento con la Unión Soviética o China o Albania, la renta básica o el empleo garantizado, el social-liberalismo o el estatismo, el izquierdismo o el populismo, la política institucional o la protesta callejera, etc., etc., etc.). 

Las peleas internas se recrudecen cuando las cosas no van bien, como sucede ahora. No me refiero solo a los resultados electorales (que, en cualquier caso, no son buenos: en Europa la socialdemocracia obtiene la mitad de los votos del que lograba hace unas décadas y la izquierda alternativa no consigue llenar el hueco), sino, sobre todo, a la desorientación estratégica. Proliferan explicaciones y propuestas de todo tipo sobre los problemas que aquejan a los partidos de izquierda.

Dentro de esas explicaciones, hay un conjunto de ellas que tienen un aire de familia, a pesar de que sean bastante distintas entre sí. Procedo mediante enumeración. Para algunos, la izquierda no ha sabido combatir el neoliberalismo y se ha dejado absorber por las elites globalizadoras y financieras. Para otros, la izquierda se ha equivocado en su política de alianzas con minorías nacionales, étnicas o culturales, lo que le ha llevado a abandonar su universalismo. Están también quienes piensan que el problema radica en el abandono de la clase trabajadora: la izquierda se ha vuelto elitista, ya no entiende ni razona como lo hacen los obreros. Y se encuentran por último los que creen que el problema de fondo procede del posmodernismo y los estudios culturales estadounidenses: el relativismo (cuya semilla se sembró en Mayo del 68) ha hundido a la izquierda.

En todos estos diagnósticos hay, de forma más o menos explícita, una apelación a una pureza que en algún momento se perdió. Cabe, de hecho, encontrar un denominador común en todos los señalamientos: se trata de la tesis de que, para ganar, la izquierda ha de ser internacionalista, racionalista y obrerista (los ingredientes se pueden mezclar en dosis muy variables) y, por supuesto, materialista, es decir, debe olvidar las disputas ideológicas e identitarias, que casi se han convertido en teológicas, y hablar de salarios, explotación y reparto de la riqueza. Si la izquierda recupera esas raíces profundas que llegan hasta la Ilustración, podrá reconectarse con la sociedad. Es decir, con la clase trabajadora, que hoy vacila y se deja tentar por los neofascismos, las fuerzas xenófobas y los partidos conservadores.

La tesis viene a decir que es preciso retroceder en el tiempo, hacer tabula rasa de los cambios que se produjeron a finales de la década de 1970 y resucitar la defensa de los intereses de los trabajadores, hablando un lenguaje que conecte con las preocupaciones de la gente. En la práctica, esta tesis puede derivar incluso hacia posiciones que sus críticos llaman «rojipardas»: en la asunción de la cultura obrera, pueden llegar a entenderse o disculparse los brotes xenófobos (el llamado «chovinismo del bienestar») o la intolerancia con el diferente. Por supuesto, quienes se dan por aludidos con la etiqueta de «rojipardos» acusan a sus rivales de elitistas, neoliberales y posmodernos, de vivir en una burbuja y de pontificar desde una superioridad moral.

No voy a entrar a dar razones a favor o en contra de estas posiciones. Más bien, me gustaría mostrar, sin recurrir a presupuestos ideológicos de ningún tipo, que estas polémicas no atienden suficientemente a la realidad social, moviéndose en un plano demasiado ideológico. Para desatascar el juego de oposiciones al que me he referido, conviene repasar lo que sabemos sobre los cambios sociales que se han producido en estas últimas décadas. Desde una mirada más sociológica es posible descubrir las limitaciones de estas guerras culturales en el interior de la izquierda.

Llama la atención que en los conflictos ideológicos a los que me he referido se preste tan poca atención a los cambios culturales y axiológicos que se han producido en los países avanzados desde finales de los años sesenta del siglo pasado. El pionero en el estudio del cambio cultural, Ronald Inglehart, recientemente fallecido, mostró ya en su primer libro, The Silent Revolution (1977), que había una creciente división generacional entre quienes sufrieron las duras condiciones de la posguerra y la nueva generación que ya tuvo ocasión de disfrutar del bienestar que trajeron los «treinta gloriosos». Mientras la generación mayor estaba preocupada por asuntos materiales (un salario digno, una vivienda, bienes de consumo básicos), la generación siguiente, teniendo ya satisfechas esas necesidades básicas, comenzó a preocuparse por otros asuntos (el rechazo a la guerra, la crítica a la sociedad de consumo, la búsqueda de la realización personal, la liberación de la mujer, la libertad sexual, el medioambiente) que Inglehart llamó, genéricamente, «valores posmaterialistas» y, luego, «valores autoexpresivos». Las personas postmaterialistas dan gran importancia a las libertades individuales, a la elección de estilos de vida, a las identidades. En cierto modo, las grandes movilizaciones de los jóvenes a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970 fueron una afirmación de valores postmaterialistas que no tuvieron una traducción política (no encontraron la playa debajo de los adoquines) pero ensancharon considerablemente los márgenes de libertad personal con respecto a las sociedades industriales.

Ese cambio generacional ha continuado desde entonces y ha producido una tensión cada vez mayor entre grupos con valores materialistas y postmaterialistas. Las consecuencias están a la vista. En la izquierda han cobrado gran importancia temas como los derechos civiles, la ecología o el feminismo que no tenían tanto protagonismo antiguamente. No todo el mundo, sin embargo, comparte esas prioridades, con lo que surgen tensiones a veces irresolubles. Una forma de entender esta transformación de la política consiste en considerar que, además de la línea de ruptura clásica en materia económica entre posiciones más intervencionistas y redistributivas y posiciones más liberales y menos estatistas, se ha impuesto una segunda línea que tiene que ver con la oposición entre cosmopolitismo y nacionalismo, entre VAL (verde-alternativo-liberal) y TAN (tradicional-autoritario-nacional), o entre ganadores y perdedores de la globalización.

Un ejemplo servirá para ilustrar la tesis general. En el referéndum del Brexit, el Partido Laborista estaba partido en dos. Por un lado, la clase trabajadora tradicional de edad más avanzada que añora los tiempos de la sociedad industrial, imbuida de un fuerte nacionalismo inglés, recelosa de la globalización y el supranacionalismo y, a la vez, muy preocupada por la inmigración a la que percibe como una amenaza no solo económica, sino también cultural, capaz de disolver los valores tradicionales de la sociedad. Por otro, profesionales, estudiantes, jóvenes formados e integrados en la economía global, ecologistas y pro-diversidad preocupados por las minorías étnicas y, por supuesto, europeístas. La dificultad principal del Partido Laborista consiste en forjar una coalición que englobe a votantes progresistas tanto materialistas (y antieuropeístas) como postmaterialistas (y europeístas). Lo han intentado con diversos líderes después del final de la época de Tony Blair (Ed Miliband, Jeremy Corbyn, Keir Starmer ahora), con perfiles bastante diferentes, pero ninguno ha funcionado como se esperaba.

Los cambios culturales han tenido consecuencias a primera vista desconcertantes. Por ejemplo, el efecto de la educación sobre las posiciones ideológicas se ha invertido con respecto a lo que sucedía en las primeras décadas de la posguerra. Así, antiguamente, un nivel educativo alto era una señal bastante inequívoca de liberalismo o conservadurismo, mientras que las personas con menor educación optaban por la izquierda. Desde hace algún tiempo ya no solo no sucede eso, sino que se ha invertido la relación y, de hecho, los votantes más educados (y en algunos casos de mayores ingresos) optan por partidos verdes o por partidos de nueva izquierda. En España, sin ir más lejos, el votante con mayor calificación educativa se encuentra en Podemos.

En los países europeos, el grupo más sólido de izquierda es el formado por los llamados «profesionales socioculturales» (gente que trabaja en el sector de la cultura, el periodismo, la educación, la sanidad o los cuidados). En cambio, la clase trabajadora, que en la época dorada apoyaba casi monolíticamente a los partidos socialdemócratas o comunistas, ahora presenta fisuras importantes. Segmentos importantes de dicha clase han abandonado sus lealtades tradicionales y votan a los partidos xenófobos de la derecha radical. Se han proporcionado diversas explicaciones sobre este comportamiento, muchas de las cuales tienen que ver precisamente con esa segunda dimensión o eje de conflicto al que antes hacía referencia entre cosmopolitismo y nacionalismo: la defensa de la identidad nacional frente al cosmopolitismo globalista explicaría la transición de una parte de la clase trabajadora a la extrema derecha.

Las mayores tensiones se detectan en los países con bipartidismo. Al haber un solo partido progresista, la heterogeneidad es enorme y la coalición entre distintos grupos parece precaria. El Partido Demócrata en Estados Unidos es una extraña amalgama que reúne a profesionales bien formados de las dos costas, minorías étnicas y una parte de la clase trabajadora tradicional. Cuánto tiempo pueda mantenerse esa coalición es una incógnita. En los países con multipartidismo resulta posible una mayor especialización en los nichos electorales. En los últimos tiempos, los partidos verdes han crecido notablemente y reúnen a la gente joven mejor formada y con valores más rotundamente posmaterialistas, frente a los partidos socialdemócratas tradicionales que conservan una mayor cultura materialista.

Con ciertas variaciones, algunas de estas tendencias son visibles en España. Antes me he referido de pasada al caso de Podemos, con una base fuertemente posmaterialista. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) sigue teniendo apoyo de las clases trabajadoras menos cualificadas. En Vox, el partido de la extrema derecha, no hay un apoyo amplio de la clase trabajadora. Con todo, esta pesa algo más en el voto global del partido que en el caso del Partido Popular (derecha), lo cual debería ser motivo de preocupación. Este voto es resultado tanto del nacionalismo español que enarbola Vox frente al independentismo catalán (que incluye desde los toros hasta el chuletón) como de actitudes anti-inmigración.

La fragmentación de la izquierda es consecuencia de transformaciones sociales y culturales muy profundas. No se va a resolver mediante diagnósticos simplistas ni hay soluciones milagrosas esperando a la vuelta de la esquina. Desde luego, las apelaciones al pasado son una causa perdida. La gloriosa clase trabajadora no va a volver, aunque se rompan los vínculos con minorías étnicas y culturales. Y el conflicto cultural entre generaciones y sectores productivos no se va a evaporar por decreto. El problema no está en la diversidad, ni en los nacionalismos, ni en el posmodernismo. Hoy resulta extremadamente difícil encontrar el pegamento que mantenga unidas a las viejas clases trabajadoras, a los jóvenes calificados posmaterialistas, a los profesionales cosmopolitas y a las minorías desfavorecidas. La izquierda significa cosas muy diferentes en sus diferentes grupos de apoyo. De ahí la virulencia con la que se desarrollan las guerras culturales en el seno de la izquierda; pero también su futilidad.

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Fuentes: El salto [Foto: Quinn Slobodian, historiador canadiense. © Tony Luong 2021]

Entrevista a Quinn Slobodian

El historiador canadiense Quinn Slobodian publica un recorrido por la historia del globalismo neoliberal y su uso de los Estados y las instituciones para proteger al libre mercado de la democracia.

“Quien solo sepa de economía no puede ser un buen economista”, dijo Frederick Hayek en su libro Economía, ciencia y políticas de 1962. Lo expresó en el momento en el que la corriente neoliberal de la Escuela de Ginebra seducía a gran parte de la corriente económica ortodoxa con la idea de que se necesita abordar el libre comercio y las teorías liberales desde un punto de vista político y jurídico. Cuando los neoliberales comenzaron a poner cada vez más en funcionamiento un mundo partido entre Estados y mercados, donde los primeros servirían para salvaguardar el buen funcionamiento de los segundos. Donde la economía de mercado estaría por encima de la democracia. Y, viendo el panorama actual, no parece que les haya ido muy mal.

La cita de Hayek es una de las muchas que recoge el extenso trabajo del historiador canadiense y profesor en la Wellesley College Quinn Slobodian y que se ha materializado en el libro Globalistas. El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo (Capitán Swing, 2021). Una historia que arranca hace 100 años, cuando caían los antiguos imperios y las guerras mundiales, los procesos de descolonización y los repliegues nacionales ponían en peligro el sueño de un libre comercio globalizado sin las ataduras de las barreras comerciales y las medidas proteccionistas.

Con su particular visión histórica de la corriente intelectual más influyente en nuestra vida cotidiana, Slobodian analiza el desarrollo conceptual de las ideas neoliberales hoy en día, el cisma que está sufriendo dicha corriente, el aparente giro keynesiano de los gobiernos más importantes del planeta o el futuro de un neoliberalismo que parece perder la batalla en los niveles más altos de la estructura social y política, pero que se vuelve más violento con las capas bajas de la población.

No sé si en Canadá o los Estados Unidos ocurre, pero en España, cuando yo uso el concepto “neoliberal” en redes sociales no tarda mucho en aparecer un trol que me dice que ese concepto lo inventó la izquierda. Pero tu libro explica lo contrario. ¿Qué le dirías o cómo le resumirías eso a esa gente? ¿Cómo les explicarías lo que es el neoliberalismo?

Yo siempre empiezo diciendo que el término se ha utilizado de muchas maneras diferentes. Por lo que es comprensible y justificable estar confundido por una gran cantidad de definiciones que conflictúan entre sí. Para mí, hay tres formas principales en la que se utiliza el término. Se utiliza para describir una especie de época de la historia global, más o menos desde la década de 1970 hasta la actualidad. Se dice que estamos en la era neoliberal. Luego se utiliza para describir una especie de relación que la gente tiene con el resto, eso de ‘los empresarios hechos a sí mismos’, de la gestión de activos para ser maximizados en el mercado, etc.

El neoliberalismo se trata realmente de un número limitado de personas que tienen un número limitado de conversaciones, pero durante muchas décadas y con una fuerte consistencia en su argumentario

Pero en tercer lugar, también se utiliza para describir un tipo de movimiento intelectual bastante discreto con un número limitado de personas involucradas y que comenzó en la década de 1930, a través de un acto en el que buscaron su autodefinición y lo hicieron como ‘neoliberal’. Un movimiento que sigue hoy en día, 70 años después. Mi definición de neoliberal está limitada a esta tercera. Uso el término para describir una ideología desarrollada por un conjunto de pensadores dentro de contextos específicos, pero que son contextos importantes. Y creo que al señalar que, en 1938, este grupo de personas se reunió y se describió a sí mismo como neoliberales, puede que sea buen punto de partida para que la gente comience a pensar “de acuerdo, tal vez hay algo más de sustancia aquí”. El hecho de que dejaran de llamarse neoliberales en los años 50 confunde un poco las cosas, por supuesto. Pero luego, en los últimos años, ha habido una mayor disposición de este mismo grupo de personas para volver a utilizar el término neoliberal para describirse a sí mismos. Y en Alemania, de hecho, no es tan inusual que la gente que está involucrada en discusiones ordoliberales y de economía social de mercado se llamen a sí mismos neoliberales. No es tan tóxico ni se le coloca una bandera roja como lo es en otros contextos lingüísticos.

Esa es mi forma de abordarlo normalmente, es decir, no es una teoría de todo, no es una afirmación sobre la historia del mundo o una supuesta nueva actitud que tenemos hacia nosotros mismos. El neoliberalismo se trata realmente de un número limitado de personas que tienen un número limitado de conversaciones, pero durante muchas décadas y con una fuerte consistencia en su argumentario.

Otro de esos términos muy utilizado por los neoliberales es “libertad”. En las recientes elecciones de la Comunidad de Madrid, el partido de la derecha conservadora ha usado el eslogan “Comunismo o Libertad”. ¿A qué se refiere un neoliberal cuando hablan de libertad?

Buena pregunta… Creo que aquí es útil distinguir entre las principales escuelas de pensamiento dentro del neoliberalismo. Las escuelas de pensamiento reconocidas son la Escuela de Chicago, principalmente alrededor de Milton Friedman y Gary Becker, la escuela de Friburgo, alrededor de Walter Eucken, y luego también tienes la Escuela Austriaca alrededor de Friedrich Hayek y Ludwig von Mises. En mi libro introduzco la idea de una Escuela de Ginebra, que se interesa sobre todo por las ideas de orden internacional y economía mundial. Así que la respuesta a lo que significa la libertad para cada una de ellas puede ser un poco diferente.

Para los neoliberales, la libertad es el descubrimiento de partes desmercantilizadas de la vida humana, y luego mercantilizarlas y convertirlas en cosas que pueden ser intercambiadas en el mercado

Creo que lo interesante de Hayek es lo explícito que es con lo que significa la libertad cuando dice que la libertad es una especie de libertad estructurada, en el sentido de que somos libres de responder a las fuerzas y señales del mercado. Y la libertad la define así: por responder correctamente a la forma en que se nos empuja a actuar dentro del mercado. Hayek utiliza el ejemplo de una hoja en la rama de un árbol que se mueve según el viento en una tormenta. Y ese espacio que tiene la hoja es su libertad. Tiene libertad de moverse con las fuerzas del viento que la está empujando. Así que la libertad siempre está supeditada a que un sistema más amplio se reproduzca de manera que aproveche partes de la vida humana que, previamente, son absorbidas por el mercado. Así que creo que, para todos los neoliberales, la libertad es el descubrimiento de partes desmercantilizadas de la vida humana, y luego mercantilizarlas y convertirlas en cosas que pueden ser intercambiadas en el mercado. Así que, para los neoliberales, libertad y la mercantilización no son opuestas, en realidad son una especie de sinónimos de la misma cosa. Para experimentar la libertad, tenemos que hacerlo dentro de un espacio de intercambio monetario. Y eso es muy diferente de la forma en que otras personas piensan en la libertad, en particular lo que defienden los socialistas.

Para los neoliberales, la libertad es poder poner un precio a todo, que haya libertad para más intercambio, que se puedan cubrir más aspectos de la vida mediante transacciones del mercado. Y en cierto modo y visto desde su argumentación, tiene sentido. Porque para ellos, el mercado permite el anonimato, permite la equiparación, la entrada de cualquier en ese mercado. También dicen que ello permite romper con las jerarquías del patriarcado, la tradición o la opresión religiosa. Piensan que el mercado es el lugar donde escapamos de estas cosas que son parte de la vida tradicional. Y, al mismo tiempo, dicen que ese mercado en sí mismo no es algo que existe solo para el individuo, sino que siempre requiere de una especie de sistema más grande. Y, de hecho, creo que este es el punto clave para entender el neoliberalismo como una filosofía del individualismo. Porque el punto clave del neoliberalismo es que si quieres un sistema basado en el individualismo, entonces necesitas diseñar un sistema dentro del cual el individuo pueda ser libre. Así que el liberalismo se convierte en ese proyecto de diseñar leyes y diseñar Estados de tal manera que los individuos puedan actuar de manera mercantil pero con mínimas restricciones.

En tu libro hablas mucho sobre ese diseño del Estado, sobre el equilibrio entre Estado y mercado que buscaron esos primeros ideólogos del neoliberalismo. ¿Cuál crees que es el equilibrio que buscan los neoliberales en la actualidad?

No sé si lo describiría como un equilibrio, porque eso implica que esas partes estén de alguna manera estructuralmente separadas, ambas iguales pero separadas o que tengan un estatus autónomo en sí mismas, pero yo no lo veo así, ni creo que lo hagan los neoliberales. La idea que defienden es que los mercados no están liberados de la supervisión del Estado, los mercados sólo son posibles a través de la regulación del Estado, la protección del Estado y la producción de ciertos resultados en lugar de otros. Así que creo que lo que puede parecer en su propia retórica como un equilibrio, una armonía o una especie de separación de esferas, es en realidad algo muy diferente. Es un Estado que está constantemente vigilando, supervisando y reproduciendo espacios de actividad de mercado y de intercambio de mercado. Y la ley trabaja para proteger los activos. Para protegerlos de la expropiación de otras partes del Estado a través de los impuestos. Así que el Estado es cómplice cotidiano de la racionalidad neoliberal y esto no es algo en lo que se haya dado ni un paso atrás.

Las campanas de alarma para los neoliberales es siempre ese ‘¡que viene la inflación!”, sin importarles lo más mínimo lo que realmente está sucediendo en los mercados

Así que creo que la actualidad es un momento fascinante para este movimiento intelectual neoliberal, porque están experimentando un verdadero cisma, están experimentando una verdadera división. Entienden que no son populares en este momento. Entienden que están bajo la amenaza de nuevas formas de utilizar el Estado de manera diferente a la forma en que quieren utilizarlo ellos.

Están respondiendo básicamente de dos maneras diferentes. La primera forma de responder es decir que el Estado debe simplemente atenerse a las reglas que dice seguir. Por ejemplo vemos que ocurre esto con el Banco Central Europeo y la gestión del euro. Para la mayoría de nosotros, miramos la crisis de la eurozona y parece que el BCE actuó de forma demasiado disciplinada con respecto a Grecia especialmente, pero también con otros países, incluyendo España. Para los neoliberales, el BCE fue demasiado débil y demasiado pasivo en su tratamiento de los países del sur de Europa. Y al rescatar, entre comillas, a los prestamistas alemanes en lugares como Grecia, en realidad rompieron sus propias reglas, rompieron su propio mandato. Y se produce este nuevo mundo de tasas de interés cero, de la flexibilización cuantitativa, y siguen alarmando, contra toda evidencia, que inevitablemente conducirá a la inflación. Las campanas de alarma para los neoliberales es siempre ese ‘¡que viene la inflación!”, sin importarles lo más mínimo lo que realmente está sucediendo en los mercados. 

Por lo que hay un lado de los liberales que su respuesta se centra en cómo el Estado solo necesita tomar más medidas y que los bancos necesitan seguir sus propias reglas. Quieren que haya un límite de déficit que se mantenga, incluso para Alemania y Francia. Y por eso se oponen a los fondos de estabilización y todo lo relacionado con la respuesta al coronavirus. Piensan que el Estado solo tiene que cumplir con sus propios principios y que el Tratado de Maastricht tiene que ser seguido al pie de la letra.

Los neoliberales ahora están preocupados porque creen que la Unión Europea comenzó con una buena disciplina que favorecía el mercado, pero que ahora se está convirtiendo en esta entidad socialista verde suave y muy grande

Todo esto es lo que piensa una parte del movimiento liberal. La otra ala básicamente lo que dice es que este proyecto de crecimiento y escalabilidad, ese experimento de ampliación, ha fracasado. El movimiento hacía lo supranacional al que me refiero en el libro, la idea de que puedes encerrar a los Estados nacionales haciéndoles firmar tratados en Bruselas o Frankfurt, se ha demostrado que es un error, que los gobiernos nunca siguen realmente las reglas. Y estos gobiernos estatales supranacionales o entidades supranacionales se convertirán en otra cosa pasado un tiempo. Así que los neoliberales ahora están preocupados porque creen que la Unión Europea comenzó con una buena disciplina que favorecía el mercado, pero que ahora se está convirtiendo en esta entidad socialista verde suave y muy grande. Así que la opción más popular en este momento para algunos de los liberales es salir de estas instituciones supranacionales.

La principal oposición en Alemania a los gastos de la UE es la gente que fundó el partido AfD. Son los que están presentando demandas ante el Tribunal Constitucional para evitar que Alemania participe en el gasto expansivo de Frankfurt y Bruselas, y además quieren volver al marco alemán. Quieren volver a controlar sus propias fronteras. Y esa es la solución más popular ahora mismo entre los intelectuales neoliberales, desconectar el movimiento supranacional, volver a la nación y usar eso como base para gestionar el capitalismo y fomentar la competencia. Hacer que se compita entre Estados para bajar los impuestos y salarios. Ven que esta opción es mejor que la ampliación supranacional, donde sólo produce más hinchazón burocrática y, tal vez, un cambio político hacia la izquierda.

Entonces crees que ese punto es en el que las élites nacionales se empiezan a convertir en nacionalistas. Yo creo que ese punto también es en el que ese nacionalismo de las élites se convierte o mezcla con las ideas de extrema derecha y empiezan a defender ideas y políticas racistas. ¿Estamos en ese punto?

Creo que esta es una historia bastante antigua. Si nos remontamos 30 años atrás, a la caída del Muro de Berlín, el final de la Guerra Fría, puedes ver muchas de esas cosas muy similares a las suceden en la actualidad. Con el Frente Nacional en Francia, el partido liberal austriaco o, como ya he comentado, en Alemania. Es la misma historia. La política económica era neoliberal: tenemos que cortar el Estado de bienestar y bajar los salarios, romper los sindicatos, etc. Y luego la política cultural era etnonacionalista y racista: El problema son los musulmanes, el problema son los no franceses que vienen a nuestro país. Eso se ha repetido por toda Europa. 

En los años 90, los nuevos partidos liberales hicieron alianzas con los etnonacionalistas. Y con el tiempo, el neoliberalismo se desvaneció y el etnonacionalismo dominó

Lo mismo ocurrió en los años 90. Los nuevos partidos liberales hicieron alianzas con los etnonacionalistas. Y con el tiempo, el neoliberalismo se desvaneció y el etnonacionalismo dominó. Y así, estos partidos que empezaron como partidos defensores de la austeridad junto con la protección de los partidos raciales, se convirtieron en una especie de partidos raciales protectores. Y eso sucedió también en el caso del Brexit. Quiero decir que fue iniciada por personas que querían que el Reino Unido fuera más Singapur, pero al final trató de echar a los extranjeros del país. Es realmente lo que les hizo ganar el referéndum. Así que creo que lo primero que hay que tener en cuenta es que los politólogos e historiadores están de acuerdo en que la tendencia de estas protestas, de los partidos no establecidos, ha sido comenzar como coalición etnonacionalista neoliberal y luego el etnonacionalismo parece tomar el control empujándolo hacia lo que llamamos la extrema derecha.

Pero lo que señalo en el libro y que creo que es importante ver es que muchas de estas facciones neoliberales que iniciaron estos partidos en realidad no necesitaban ser convencidas de que la cultura importa y la raza importa, porque esto, en realidad, ya era un compromiso que hicieron en esa alianza, ya era parte de su pensamiento. Así que una de las cosas que estoy leyendo ahora y sobre la que ya he escrito algo es que el tipo de ordoliberales que se llaman a sí mismos hayekianos, ya en la década de 1980, ya hablaban de cómo la cultura podría importar más de lo que habían pensado anteriormente, que los humanos no son todos iguales. La cáscara económica está en realidad marcada por los rasgos culturales y las diferencias culturales. Y en los principios de los 90 era realmente muy común, incluso en la corriente principal de la economía, decir que la historia, las instituciones o las evoluciones durante largos períodos de tiempo importan.

Así que los neoliberales que han formado estos partidos de extrema derecha, desde Austria a Gran Bretaña, ya llevan años argumentando en este sentido, incluso antes de que hicieran alianzas con los neonazis. Ya decían que no se trata solo del mercado, sino que también se trata de la cultura. Y están usando el mismo argumento. El AfD en Alemania está compuesto por personas que se ven a sí mismos como buenos hayekianos y a la vez chauvinistas culturales, y no ven ninguna contradicción en ello. No es una especie de matrimonio de conveniencia que estén apretando los dientes… simplemente lo hacen porque es perfectamente coherente ideológicamente con sus ideas. Así que creo que actualmente estamos en un punto importante, ya que no es solo una especie de alianza incómoda entre la gente del mercado y la cultura, sino que en realidad es intelectualmente coherente. Es muy importante verlo, porque no hacerlo provoca que sea más difícil averiguar cómo se podría enfrentar este tipo de cosas. Porque creo que normalmente lo que ocurre es que la gente piensa que hay algunas personas buenas que solo se preocupan por el capitalismo, incluso si son un poco extremas. Y luego están los malvados, ya sabes, los racistas… pero claro, ¿cómo podemos hablar con los buenos capitalistas sin confrontar a estos malvados racistas? Porque no es tan fácil trazar una línea entre los dos.

¿Qué opinas de los paquetes de medidas de gasto y monetarias que se están empezando a aplicar tras el covid, como los Next  Generation UE o el Plan Biden? ¿Hay un cambio de paradigma y los Estados se están volviendo keynesianos? ¿Está el libre mercado en peligro?

Lo que creo es que no todos los partidos de extrema derecha en la UE en este momento se puedan catalogar en la misma categoría, ni que tengan esas hojas de ruta neoliberales culturales. Partidos como La Liga italiana no tienen ningún problema con el BCE y su inyección de dinero, en realidad lo que quieren es que les den más dinero a ellos. Así que lo que quiero decir es que no toda la extrema derecha europea actual tiene el mismo perfil cultural neoliberal. La mitad lo tiene, pero la otra tiene ideas más abiertas a la política monetaria europea.

Creo que, de todas maneras, quien tiene la voz cantante es la Reserva Federal Estadounidense, ya que es el prestamista de última instancia, ya no solo de Estados Unidos sino de todo el planeta, como pudimos ver tras la crisis financiera mundial de hace una década. Por lo que si algo tiene que cambiar, está claro que esos cambios tienen que venir de los Estados Unidos. La UE siempre ha respondido más o menos reactivamente a lo que sucede en los Estados Unidos, siempre con un poco de retraso pero aún más neoliberal, en mi opinión, como pudimos ver en la respuesta a la crisis del 2008.

Por lo que aquí podemos ver dos factores clave. El primero es la erosión de las normas neoliberales de las políticas comerciales. Bajo la administración Trump, la única desviación del neoliberalismo fue esa ruptura de la globalización económica en la confrontación con China. Una guerra comercial enorme, la mayor desde los años 30. Fue denunciada rotundamente por todos en el Partido Demócrata e incluso dentro del Partido Republicano cuando empezó en 2017. Pero para 2020 ya todo el mundo lo veía normal. Y eso es ahora la nueva normalidad. La nueva normalidad es que protejas tus propios productos, que intentes romper las cadenas de suministro internacionales para traerlos a tu propia casa, se espera que se desarrolle algún nivel de autosuficiencia y desacoplamiento, etc. Estados Unidos está en ello y Canadá se ha sumado. Así que ese es el primer gran cambio. Creo que esto señala el fin del estilo de globalización mundial de los años 90. El desafío chino como principal fuerza productora del resto del mundo, o mejor dicho del mundo atlántico, ha hecho que los Estados Unidos y la UE se unan para contener a China y su actividad económica. Y eso es muy diferente a todo lo que le precedió. Puede seguir siendo agresivamente capitalista, pero es diferente del tipo de globalismo que he descrito en mi libro. Así que ese es el gran cambio.

Las medidas de gasto de Biden solo son posibles tras la ruptura del hechizo de la fobia a la inflación. La viejas ortodoxias económicas ya no tienen evidencia empírica de esa temida inflación, nadie les cree ya en Washington

Aun más grande que eso, el otro factor importante es el fin del miedo a la inflación. Quiero decir, después de 2008, la suposición de la izquierda y la derecha en los Estados Unidos seguía siendo que si el Estado gasta demasiado, la gente lo pagaría a través de la inflación. Es la ortodoxia económica. Pero, obviamente, no sucedió. Llevamos más de una década sin inflación, es más, hay más movimientos hacia la deflación y parece que es imposible hacer que la inflación suceda. Y ahora que sabemos que no sucedió, significa que cualquier cosa es posible. Y me refiero a los paquetes de medidas de los 100 primeros días de Biden. Las medidas de gasto de Biden solo son posibles tras la ruptura del hechizo de la fobia a la inflación. La viejas ortodoxias económicas ya no tienen evidencia empírica de esa temida inflación, nadie les cree ya en Washington, al menos por el momento. Por lo que creo que ha habido una fuerte ruptura a la racionalidad neoliberal en un nivel superior. 

Pero aquí hay que matizar algo. Sí que puede que haya ese cambio a un nivel superior. Lo vemos cuando Biden, Ursula von Der Leyen e incluso las élites corporativas hablan sobre el cambio climático y la necesidad de respuesta, que hay que hacer algo con la desigualdad creciente o que los ricos tienen que pagar más impuestos. Ves eso y puedes pensar que el neoliberalismo está medio muerto o luchando para no terminar de morir. Pero cuanto más bajas en la escalera socioeconómica, menos parece que el neoliberalismo esté muriendo. Cuando ves a la gente que necesita varios empleos para vivir, tiene que estar pagando facturas médicas, necesita que su suegra cuide de sus hijos que no tienen escuela por el covid y está vigilado por cuatro jefes diferentes, pues da la impresión de que todavía queda mucho neoliberalismo.

El único tipo de libertad que se está ganando es la de tener cuatro trabajos y apenas dormir o ver a tu familia

El lugar de trabajo es el lugar donde se pueden observar muchas de las cosas que justificadamente hemos criticado en las últimas décadas y es ahí donde tiene que ser impugnada. Por lo que creo que este es el momento de la verdadera lucha de clases y que no necesariamente se tiene que dar en los niveles superiores, sino en la parte inferior. Porque ahí es donde hay una disminución de la autonomía y de la libertad para la gente común. El único tipo de libertad que se está ganando es la de tener cuatro trabajos y apenas dormir o ver a tu familia. Pero no es el tipo de libertad que la mayoría de gente quiere. Así que, por resumir, a un nivel superior sí que el neoliberalismo está luchando por continuar, pero en la parte inferior sigue formando parte de nuestra vida diaria. 

Con esta confrontación entre Estados Unidos y China, donde Europa es solo un campo de batalla pero no parece ser un jugador decisivo, con una crisis que está afectando, como bien acabas de comentar, a las clases bajas y una extrema derecha ganando popularidad, ¿qué crees que puede ocurrir en la próxima década?

Creo que esa idea que había antes de 2020 de producir donde fuera más barato y no preocuparse por dejar de tener acceso a esos productos ha cambiado. Crecerá la tendencia de traer esas cadenas de producción y suministros a casa porque la pandemia demostró que eso no es cierto. Los países buscarán su propio interés y detendrán la exportación de todo, desde las mascarillas hasta las vacunas y se molestarán por producir esas cosas en casa. Y no solo productos relacionados con la sanidad y las futuras pandemias, también los semiconductores, chips, etc. Esa guerra está ocurriendo ahora mismo y Europa, India o Estados Unidos están en proceso de producir chips en sus propios países, cuando antes solo se producían en Asia. Todo esto hará que se empiece a relocalizar la industria en países que antiguamente eran industriales, como Estados Unidos, y puede que se cree algo de empleo. Aunque lo más probable es que sean grandes fábricas automatizadas y robotizadas controladas solo por unas pocas personas. 

Este momento postliberal creo que puede producir una mayor brecha entre países ricos y pobres en términos de producción, lo que provocará otras brechas como la del acceso a vacunas

Otra cosa a tener en cuenta es la cuestión del carbono y el clima. si la gente se empieza a preocupar de verdad por el clima, se necesitará mucha cooperación internacional. Pero no tiene por qué ser así. La preocupación por el clima puede tener tanto un efecto nacionalista como internacionalista. Las propuestas que hay ahora mismo sobre la mesa son medidas como los ajustes fronterizos del carbono, que básicamente significa que se graven los productos de países que no estén cumpliendo con las exigencias climáticas. Esto puede fomentar la producción doméstica, algo que en realidad puede perjudicar específicamente a los países pobres que tal vez no pueden adaptarse a estas medidas de emisiones cero a la misma velocidad que los países ricos. Por lo que este momento postliberal creo que puede producir una mayor brecha entre países ricos y pobres en términos de producción, lo que provocará otras brechas como la del acceso a vacunas. Así que ese supuesto de que después del neoliberalismo la desigualdad mejorará de alguna manera, no sé si es cierto. Creo que se puede conseguir cosas mejores tras la dominación neoliberal, pero porque la gente se toma ahora más en serio la resiliencia, la política climática, etc.

También creo que es bastante probable que la contención de China se desborde hacia una militarización más belicosa. De hecho, creo que ya está ocurriendo cuando vemos que la Comisión Europea y los Estados Unidos empiezan a preocuparse por los derechos humanos en China. Antes nunca se hablaba de esto, pero ahora que China es un competidor económico, de repente todos se preocupan mucho por las violaciones de derechos humanos allí. Este hecho ya está socavando los intentos de la UE de firmar un acuerdo bilateral con China, tal y como han estado haciendo antes de que llegara Biden firmando un gran acuerdo entre sus bancos de inversión que ahora está en peligro.

Lo que creo que vamos a presenciar es la división de ese mundo globalizado hacia uno de grandes bloques económicos, con libertad de inversión y comercial dentro de ellos. China está haciendo lo mismo con la promoción de la Ruta de la Seda. Y creo que este tipo de bloques económicos podrían tener éxito a la hora de contener el desafío populista de la derecha. Lo creo porque si los centristas se van un poco más a la izquierda, como parece que está ocurriendo ahora, y desarrollan una especie de chovinismo cultural del bienestar, en el sentido de ofrecer servicios sociales a las personas que están cabreadas por haber sido jodidas por la globalización, entonces, tal vez, puedan ganar algo más de simpatía de nuevo. Creo que se les ocurrirán soluciones tecnocráticas para ello. Creo que en Estados Unidos ya se pueden ver cosas así y se ve la posibilidad que haya algo así como una renta básica universal combinado con el trabajo precarizado que ya existe. Pones un suelo por debajo pagado por el Estado para el nivel más bajo de subsistencia. Aunque la gente sigue teniendo que buscar múltiples trabajos de mierda, pero esa combinación de la intervención del Estado mantiene a las grandes empresas felices, porque no tienen que lidiar con la fuerza de trabajo organizada. Así parece que tenemos una combinación de un Estado más generoso, más punitivo con los empresarios… creo que esos dos factores podrían combinarse bien juntos.

No es nada nuevo, como tú explicas en tu libro, pero ahora parece que uno de los principales mantras neoliberales es la protección de las inversiones. Eso que la economista Daniela Gabor llama el consenso de Wall Street. Salvaguardar las inversiones, protegerlas, que la democracia no se interponga en lo económico mediante legislaciones internacionales que escapan a su poder. ¿Es este el nuevo mantra neoliberal dominante?

Creo que hay una especie de rotura de la clase capitalista y sus componentes. Quiero decir que antes había un dominio tradicional del sector de los combustibles fósiles, pero ahora están recibiendo un duro golpe. Además, una de las cosas más extrañas de ese supuesto final del neoliberalismo es que la riqueza se está concentrando cada vez más en un pequeño número de personas muy ricas. Así que todo ese activo que han creado la Reserva Federal y otros bancos centrales tras el estallido de la crisis del covid ha sido capturado por una parte muy pequeña de personas que se encuentra en la cima. Lo que ha producido que haya inflación en el valor de las acciones de un pequeño número de empresas tecnológicas que están muy por encima del valor que probablemente deberían tener. Por lo que, como tú has dicho, no es nada nuevo que el Estado actúe como una especie de respaldo o una salvaguarda para las acciones especulativas y de riesgo en Wall Street. Y no creo que eso vaya a cambiar. Pero creo que lo que se considera una apuesta segura y lo que se considera una apuesta arriesgada sí que se encuentra en un proceso de cambio.

Lo que parece que va a suceder es que habrá un gran impulso para realizar una transición energética en los Estados Unidos, cosas como los vehículos eléctricos y así sucesivamente. Por lo que los productores de litio se van a convertir en entidades extremadamente importantes e invaluables. Al Estado y la FED les convendrá proteger y supervisar estos sectores de la economía, mientras que puede que descuiden otras que antes priorizaban, como por ejemplo la industria del petróleo. 

Por lo que creo que va a ser más de lo mismo. Lo mismo que lleva ocurriendo desde el fin de la era de Bretton Woods en la década de los 70. El papel de la FED ha sido el de rescatar al sistema financiero de su propio colapso y esas crisis periódicas que llevan ocurriendo cada diez años desde el comienzo de la década de los 70. Y creo que va a seguir haciéndolo porque no parece que este post neoliberalismo tenga mucha intención de regular la especulación financiera. Además vemos cosas como el caso de GameStop o las de otras acciones de empresas subiendo por la nubes, que sugieren que hay una atmósfera parecida al salvaje oeste en Wall Street. Por lo que parece que desde Wall Street sí que estén interesados en llegar a un consenso al estilo de Biden en esta transición neoliberal.

Es curioso que este tipo de postneoliberalismo todavía se basa en un mercado de valores masivamente sobrevalorado, bienes raíces masivamente sobrevalorados, unos pocos mercados inmobiliarios en el país y un auge insostenible de construcción de viviendas. Se parece mucho a todo lo que lo ha precedido. De hecho, la única idea que está cambiando parece ser la de una política fiscal unificada para tratar de frenar la evasión de impuestos, lo cual es bastante importante. Creo que si hay una política fiscal para redistribuir algunas de esas ganancias a la gente trabajadora a través de cosas cotidianas, como el cuidado de los niños, el preescolar, la universidad… ahí puede que presenciemos algo diferente.

Por Yago Álvarez Barba | 28/05/2021

Publicado enPolítica
Religiones y espacios públicos en América Latina

¿Tiene lugar la religión en el espacio público? ¿Es cierto que los sectores vinculados al espacio cristiano-evangélico en América Latina representan posiciones de derecha? ¿Cuáles son las características de las nuevas religiosidades y por qué fracasó la vieja teoría de la secularización? 

 

No hay nada más empobrecedor que permanecer inmune a los cambios sociales o a las transformaciones que se imponen a nuestra imagen de la sociedad y seguir aferrados a certezas que ni siquiera sabemos de dónde proceden o si resultan tan esclarecedoras como creemos. También, sin embargo, resulta empobrecedor no tener panorama, disfrazar de información el prejuicio, hacer coincidir nuestros preconceptos con aquello que vemos. En definitiva, seleccionar aquello que nos disgusta de un fenómeno para confirmar que ese fenómeno es, de por sí, negativo. Esto es, en efecto, lo que sucede cuando se repiten mantras que se han demostrado empíricamente falsos. Por ejemplo, que las religiones desaparecen inexorablemente o que no se encuentran vinculadas al espacio público. Pero el mundo es, como decía el escritor, ancho y ajeno. Incluso para los laicistas radicales que se oponen a la participación del mundo religioso en el espacio público –y que además lo observan como una novedad, cuando ha sido en realidad una constante histórica en sociedades pretendidamente secularizadas– resulta importante comprender los sucesos reales vinculados a los espacios religiosos. Sobre estas premisas hemos desarrollado un libro publicado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), que puede descargarse gratuitamente.

El libro se propone ofrecer un abordaje de lo que sucede con las relaciones entre religión y espacio público en la América Latina contemporánea, colocando en el centro tres problemas que atraviesan la discusión. El primero es que las ideas de sentido común sobre el destino trágico de las religiones en la modernidad están cada vez más en cuestión. El segundo, conectado con el anterior, es que los razonamientos lineales impiden apreciar las múltiples conexiones que se dan entre formas de religiosidad y formas de articulación política, reduciéndolo todo a una secuencia lineal que oculta la intolerancia de lo mismo que aparenta afirmar: el pluralismo en  el campo religioso (es decir la pluralización aceptada y no solo la pluralidad como dato estadístico) es en el presente uno de los hechos más notables de la vida sociocultural de América Latina, pero también plantea nuevos dilemas y retos políticos. El tercero tiene como ejemplo el caso de los grupos evangélicos, pero vale para todos los grupos religiosos y su relación con lo público: las narrativas homogeneizantes y deshistorizadas deben ser cuestionadas para no imitar con ellas lo que supuestamente se quiere combatir. En definitiva, consideramos que los procesos valen más que las taxonomías, y no solo en el campo del género.

Religión y secularización

El concepto de secularización asociado con el declive religioso nació de una visión de la modernidad que la entendía como trayecto único y teleológico. De aquella concepción no podía sino derivarse una fórmula falaz: a mayor modernización, mayor secularización. Esta última era entendida, casi sin mediaciones, como el progresivo debilitamiento de la esfera religiosa hasta llegar a la desaparición total de la religión en sí. Bajo esta formulación se entendía que la modernidad era capaz de resolver los problemas humanos y, por tanto, los individuos requerían de menos religión para la integración social. La religión se iría encogiendo y privatizando, mientras que se expandiría la mundanidad en la vida de las instituciones religiosas. Aunque estas posiciones cobraron fuerza durante las décadas de 1970 y 1980, fueron siendo progresivamente abandonadas por sociólogos y antropólogos (incluidos algunos que las habían defendido previamente), que detectaban que la realidad no se correspondía con las premisas previamente planteadas. Muchos de ellos asumieron que la secularización podía ser incluso un fenómeno geográfico y espacial determinado: estaba presente solo en algunos continentes y en espacios muy específicos de ellos; pero con el auge de la globalización, incluso allí la teoría funcionaba débilmente. A lo largo de las últimas décadas, diversos hechos desmintieron la idea de la secularización que, ironías mediante, había sido vendida como una profecía religiosa. Países como Turquía, Estados Unidos o Brasil evidenciaron que las religiones se resisten a ausentarse del espacio público. Frente al fracaso de las “teorías de la secularización”, otros grupos pretendieron oponer una perspectiva absolutamente antagónica. Según ellos, se estaría haciendo patente un «retorno de la religión», entendido como una revancha en la que lo religioso volvía con fuerza, motivada por reconquistar lo perdido.

Sin embargo, frente a ambas posiciones, existe una explicación más actual que conduce a la reelaboración del concepto de secularización, explicando que así como las religiones se secularizaron internamente, las agencias seculares de la modernidad producen y ponen en competencia vías de producción de trascendencias y consagración. Esto derribó el muro divisorio de la supuesta laicidad que contenía lo público (el Estado) y lo privado (la religión y las iglesias). La redefinición del concepto de secularización aportado por la socióloga francesa Daniéle Hervieu-Léger ayudó a salir de la oscilación entre el fin y el retorno de la religión. Tal como sostuvo en su libro de 1986 Hacia un nuevo cristianismo. Introducción a la sociología del cristianismo occidental, la modernidad no es «la desaparición de la religión confrontada a la racionalidad», sino la «reorganización permanente del trabajo de la religión en una sociedad estructuralmente impotente para colmar la espera que tiene que suscitar para existir como tal». Es en el contexto de esta acotación donde se da el espacio para una formulación más precisa y más actual de los conceptos de secularización y religión. La concepción que se atiene a la historicidad de lo social da lugar a una puesta en suspenso de categorías como «religión» o «secularización» para interrogar su surgimiento como procesos sociales y su uso como conceptos teóricos, tal como lo propuso en 2003 el antropólogo saudí Talal Asad en su libro Formaciones de lo secular. Cristianismo, islam y modernidad. Asad introduce la perspectiva antropológica y poscolonial en un terreno sociologizado que parecía patrimonio exclusivo de expresiones de la ciencia política y la filosofía, que no habían hecho un proceso reflexivo sobre la implicación entre normatividad y descripción presente en sus modelos. De esta manera podemos reconocer que tanto la «religión» como la «secularización» resultan un invento de la modernidad, son constructos sociales. La referencia a lo sagrado en otros contextos históricos lleva varios nombres –incluso religión–, pero esas «religiones» no constituyen lo mismo que el dominio autónomo de la religión, que como el de la economía, la política o la ciencia, emerge con la modernidad.

La noticia de última hora es que el predominio del catolicismo declina en las culturas y sociedades latinoamericanas. Aun así, América Latina no constituye un territorio homogéneo y las particularidades históricas siguen jugando un rol importante en los procesos de pluralización del campo religioso en las sociedades de la región. La laicidad que implica el funcionamiento de la secularización en el ámbito de las relaciones entre política y religión y su mediación, el espacio público, se ve drásticamente cuestionada y redefinida. Esta situación llama a repensar el concepto de secularización y, con él, a buscar alternativas de laicidad para nuevas sociedades plurales.

Pluralismo y diversidad

La mención del par religión y espacio público evoca una serie heterogénea de relaciones en las que se establecen tanto fronteras como porosidades entre campos especializados; pero también estos acercamientos despiertan tensiones, enfrentamientos, alianzas e identificaciones entre los Estados, los grupos religiosos (de los más diversos formatos) y los activistas que conforman la sociedad civil. Un conjunto de procesos acompaña estos hechos. El resultado acumulado de las transiciones democráticas, las emergencias críticas frente al neoliberalismo, la radicalización antidemocrática y antihumanista de las derechas y de los populismos contemporáneos, la transformación de las agendas públicas con fuerzas políticas y sociales que asumen las cuestiones ligadas al ambiente, a los derechos de los pueblos originarios, a las batallas por la igualdad de género y al reconocimiento de la diversidad sexual son concomitantes con la diversificación e intensificación de los activismos religiosos, de sus agencias y sus arenas de intervención. Esto provoca crisis en al menos cinco situaciones diferentes y contrapuestas:

(a) cuando existe una tendencia a la diversificación religiosa (presente en casi todos los países latinoamericanos) que no va de la mano de una cultura pluralista (de respeto y reconocimiento positivo a la diversidad religiosa), que promueva el derecho a las libertades religiosas y a las reglamentaciones para prevenir o combatir la discriminación religiosa;

(b) cuando los distintos grupos religiosos entran en juego en la esfera pública para conquistar espacios desde donde imponer sus credos y doctrinas. Esto contribuye a hacer de la laicidad (entendida como ordenamiento jurídico y de separación de la religión y de la política) un campo de tensiones complejo y en disputa entre las iglesias y el Estado;

(c) cuando las religiones (minoritarias o mayoritarias) buscan extender su dominio religioso como imposición de valores morales en la esfera pública de la política formal y, en nombre de la libertad religiosa, amenazan la libertad de conciencia y pretenden condenar, prohibir o censurar las demandas de libertades y los derechos humanos de los movimientos sociales de otras minorías antagónicas (de género, raciales, o étnicas);

(d) cuando la formación de la voluntad política mayoritaria se compone con la fuerte presencia de ideologías religiosas que conquistan el poder para promover la restricción democrática apuntando a su perpetuación y se posicionan contra las identidades, derechos y reivindicaciones de ciudadanos que no comparten esas ideologías;

(e) cuando la ambición de los políticos ve una mina de oro en las religiones (manipulación de recursos simbólicos, negociación clientelar con líderes religiosos por votos acarreados, justificación divina de decisiones políticas) para incrementar o afianzar su popularidad.

Las iglesias evangélicas y América Latina

El continente latinoamericano solía aparecer en los atlas de religiones mundiales como un territorio católico. Sin embargo, en los últimos años se ha verificado un rápido descenso de la catolicidad en América Latina, a la vez que un crecimiento de distintas expresiones del llamado «mundo evangélico». En definitiva, mientras unos pierden, otros ganan. Las iglesias evangélicas, grandes protagonistas de este cambio en la cristiandad latinoamericana, son diversas y heterogéneas, aunque su actor más activo sea –ahora– el movimiento pentecostal, tal como se puede apreciar en Centroamérica, el Cono Sur y en países específicos como Brasil, donde se evidencia un crecimiento vertiginoso de esta denominación evangélica. Sin embargo, es preciso evitar los encasillamientos y las etiquetas: las iglesias evangélicas no forman una unidad, sino que resultan diversas, tienen tradiciones diferentes y denominaciones específicas. La categoría «evangélico» debe ser, por eso, precisada en cada caso. Mientras buena parte de la población observa «lo evangélico» como un fenómeno homogéneo, la sociología y la antropología religiosa demuestran más bien lo contrario: su heterogeneidad.

En el contexto de una América Latina cambiante y en tensión, algunas iglesias pentecostales y alianzas de iglesias pentecostales y evangélicas se sintieron amenazadas por los movimientos feministas y LGBTI y decidieron enfrentarse a ellos en el ámbito público. En ese terreno, fueron incrementando su interés por «hacer política» e incluso se radicalizaron como la «nueva derecha cristiana», o bien adquirieron tendencias conservadoras que hoy abren una nueva ronda de disputas por el reconocimiento plural de la diversidad religiosa. En una parte importante de América Latina, el giro conservador evangélico es una realidad o una probabilidad muy cercana. Pero no se trata de algo fatal o necesario ni de una orientación permanente, como lo sugieren aproximaciones que le adjudican a la expansión evangélica una homogeneidad y una direccionalidad única que, según esas aproximaciones, parece el producto de una especie de ADN. Y es que faltan preguntas en los cuestionamientos al papel de las iglesias: ¿piensan sus fieles lo mismo que quienes las dirigen? ¿Acuden a los cultos religiosos por las posiciones políticas de los pastores o por otras cuestiones? Una parte de la intelectualidad progresista omite estas preguntas y embloca a los fieles bajo la categoría de «evangélicos» pretendiendo decir «derecha». Los mismos que sostienen que no se deben «esencializar» a los grupos –es decir, conferirles características intrínsecas– esencializan a un grupo religioso (que tiene también actores progresistas, además de fieles que, en las propias iglesias de ideas políticas conservadoras, manifiestan posiciones diferentes). Si los feminismos son diversos, también lo son los evangelismos. Si las izquierdas son diversas, también lo son los evangelismos. Si los liberalismos son diversos, también lo son los evangelismos.

En efecto, en la viña evangélica también encontramos versiones pentecostales progresistas que han sido influidas por las demandas de sectores minoritarios, como son los movimientos evangélicos feministas dentro del pentecostalismo o el papel protagónico que la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) ha tenido en las iglesias inclusivas que abrigan al movimiento LGBTI en distintos países de América Latina (en especial, en México y Brasil). Estas iglesias, si bien son minoritarias, han transformado su identidad teológica y litúrgica en torno de las identidades de la diversidad sexual, flexibilizando sus sistemas morales. Asimismo, se verifican imbricaciones entre denominaciones: iIglesias pentecostales que han ido incorporando elementos culturales y sociales progresistas de otras denominaciones cristianas, así como iglesias luteranas, bautistas y metodistas más asociadas al progresismo que han tomado parte de la «carismatización» pentecostal.

Pero no es la existencia de estas corrientes progresistas dentro del mundo evangélico la que debe salvar a las ciencias sociales del cultivo de una creciente evangelicofobia que se legitima con una imagen parcial, esencializada y autocomplaciente del proceso que comprometió a Jair Bolsonaro con una parte importante de los evangélicos.  Lo que será decisivo para que las ciencias sociales puedan desplegar una mirada certera sobre los fenómenos religiosos, y sobre los evangélicos en particular, es una visión compleja, atenta a los procesos, a las contingencias, a las heterogeneidades. Es en la capacidad de trascender la ideología de campus universitario –elevada a categoría de parámetro universal de una pretensión que tiene más de normativa que de reflexiva– donde se cifra la verdadera posibilidad de comprender los cambios religiosos en América Latina. 

En el momento actual, no es aceptable hablar de una sola vía para alcanzar la modernidad, ni siquiera de un mismo modelo de modernidad. Lo que comparten todos los países de la región es la situación periférica respecto a los accesos a una modernidad económica trazada desde los centros del poder colonial. Debido a ello, desde el Sur o desde las periferias latinoamericanas, distintos movimientos religiosos han contribuido a generar proyectos alternativos nacionales e incluso regionales. Pero también cobran vigencia pequeños colectivos que conforman redes no tan visibles en torno de espiritualidades alternativas, que generan nuevos estilos de vida, construyen horizontes utópicos de modernidades descolonizadoras y promueven nuevos espacios públicos en torno de lo «sagrado femenino», de la naturaleza como ser con derechos, del respeto a los territorios sagrados y del derecho de las poblaciones originarias a sus territorios y cultura. El libro que hemos compilado para Clacso pretende ser, en tal sentido, un llamado de atención para sortear los reduccionismos, para no encasillar a todos en los rasgos de unos, para no esencializar rasgos que son expresiones históricas. Es también una invitación para que cuando hablemos de religión y de espacio público lo hablemos en plural:  religiones y espacios públicos. 

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Franco Berardi

Franco "Bifo" Berardi, activista emblemático del movimiento insurreccional italiano del 68

En La segunda venida, su libro que acaba de editar en Argentina, si bien habla del fin del mundo, en un sentido más o menos metafórico, también se pregunta si es posible cambiarlo para mejor.

La de Franco Berardi --teórico y activista emblemático del movimiento insurreccional italiano del 68, mejor conocido como “Bifo”-- es una filosofía en llamas. Un pensamiento que por su pretensión de hablar de las cosas mientras pasan a veces lo pone en peligro de pecar de filósofo-pitonisa, o de agorero. Dice que falta desacelerar y pensar. Parafrasea a Marx a contramano: pide que volvamos a interpretar el mundo, antes de transformarlo. Ejercer la crítica es, dice Bifo, un desafío en tiempos en los que la información va más rápido que la capacidad de procesarla. Hace tiempo que se preocupa por los modos en los que la aceleración informática está cambiando la sensibilidad y la capacidad de deliberación.

En La segunda venida, su libro que Caja Negra acaba de editar en Argentina, si bien habla del fin del mundo, en un sentido más o menos metafórico, también se pregunta si es posible cambiarlo para mejor. ¿Es todavía viable la convivencia y la empatía en un contexto de guerra civil global, de efervescencia neofascista y de lo que Berardi llama “apagón de la sensibilidad”, una ola de “idiotez propagada por el mundo” en forma de “rebeldía contra la ciencia y la razón”? El estado de situación que describe es la caída de “la ilusión neoliberal” que arrastra hacia “una obsesión con la política indentitaria” (los neonacionalismos, los racismos). “¿Cómo podemos pensar en recomponer un cuerpo tan disgregado, una mente tan miedosa?”, se pregunta Berardi en diálogo con Página12.

En los 70 Berardi participó de la creación de la pirata Radio Alice, una de las más famosas experiencias europeas de comunicación cooperativa. Hacia finales de los años 70 fue arrestado, en el contexto de las persecuciones contra militantes de la autonomía obrera, la radio fue clausurada y Bifo terminó exiliado en París, donde se vinculó con Félix Guattari y a Michel Foucault. Durante los 80 vivió en Estados Unidos, empezó a investigar sobre el cyberpunk. En 2002 fundó TV Orfeo, la primera televisión comunitaria italiana. Hoy, trabaja como maestro de escuela media en el Instituto Aldini Valeriani, en Bolonia. Este libro es la aventura de un diagnóstico. Y también un manual de instrucciones para lidiar con un mundo zombi, que Berardi describe como el ejército de autómatas --que somos todxs-- sin tiempo ni capacidades cognitivas suficientes para elaborar la complejidad del mundo contemporáneo. Berardi tiene 68 años y en La segunda venida, relata que vive en el mismo barrio donde vivía cuando era estudiante, hace 50 años. “Prácticamente nada ha cambiado en el paisaje excepto los estudiantes. Los veo desde mi ventana: solitarios, mirando las pantallas de sus smartphone, apurándose nerviosamente para no llegar tarde a clase, volviendo con caras tristes a los costosos cuartos que les alquilan sus familias. Siento su melancolía, siento su agresividad latente en su depresión. Sé que esa agresividad puede brotar y expresarse bajo el estandarte del fascismo. No del viejo fascismo que explotó de energía futurista, sino del nuevo fascismo que resulta de la implosión del deseo, del intento de mantener bajo control el pánico y de la rabia depresiva de la impotencia”.

--La anterior es una cita que sin duda lleva a la pregunta: ¿No hay en esos modos de conexión --por su globalidad, por su velocidad-- posibilidades emancipadoras?

--Claro que sí, claro que hay enormes potencialidades de emancipación tanto en los medios digitales como en el progreso técnico en general. Pero la transformación técnica y mediática implica una mutación antropológica, y particularmente psíquica, que tenemos que valorar. Seguramente yo me pierdo mucho del potencial de la nueva tecnoesfera, pero la generación que más sufre es la nueva. Hay toda una literatura (pienso en el libro de Jean Twenge sobre la generación hiperconectada, por ejemplo) que muestra cómo la mutación conectiva está produciendo una ola de psicopatía que golpea sobre todo a la generación que aprendió a decir más palabras gracias a una máquina que a la voz de la madre.

--Dice que a la humanidad no le queda alternativa: comunismo o extinción. Nos invita a prepararnos a cuando acontezca lo imprevisto, la irrupción de un neocomunismo que poco tiene que ver con el de 1917. Pero no dice cómo llegaremos a él...

--Marx ha dicho, no me acuerdo cuándo, que no le interesaba escribir recetas para el restaurante del porvenir. Y, de hecho, no se puede encontrar una descripción utópica del futuro comunista en su obra. ¿Por qué? Porque el comunismo no es un estado futuro, es la tendencia posible. No la necesaria --cuidado--, la posible. Hoy, en el agujero negro que se va revelando con la pandemia, y sobre todo después de cuarenta años de devastación sistemática de tipo nazi-liberal, me parece que la perspectiva más probable es un proceso caótico de autodestrucción del género humano. Pero también veo una tendencia hacia la formación de comunidades igualitarias y frugales. Igualdad y frugalidad son los caracteres esenciales del comunismo posible y urgente (pero a nivel mayoritario, no muy probable). Frugalidad no significa sacrificio, ni pobreza. Al contrario, significa una relación concreta con lo útil. Una autonomía en la relación de intercambio abstracto de valor, y autoproducción comunitaria del concreto útil. No hay una tercera alternativa. O la frugalidad igualitaria o la barbarie desencadenada, la violencia totalitaria, la guerra global, la devastación mortífera. Comunismo o extinción.

--Sobre el concepto de conciencia de clase hoy: ¿Existe todavía? ¿Dónde reside hoy la conciencia de clase? ¿Qué formas toma?

--“Conciencia de clase” es un concepto que tenemos que precisar. ¿Qué es? ¿El efecto intelectual de la pertenencia a una clase social? ¿Un efecto determinista? ¿La posibilidad de compartir formas de pensamiento, de comportamiento? No lo sé. Yo prefiero pensar en términos de composición de clase para referirme a la estructura material del trabajo y de la sociedad, y de subjetivación para referirme al proceso de formación de un movimiento fundado sobre la condición material pero cargado de inconsciencia, de mitologías comunes, de imaginación, de deseo. Tenemos que investigar el inconsciente colectivo más que la conciencia de clase. El proceso de subjetivación contemporáneo es el resultado de una larga época de agresión mediática al cerebro colectivo, de disgregación del trabajo, de concurrencia entre trabajadores provocada por la precariedad, y, como si esto fuera poco, el resultado de un largo tiempo de aislamiento, de distanciamiento.

--La pandemia produjo una desaceleración del flujo de información y estimulación permanente. Por lo menos, durante los primeros momentos. ¿Se puede hablar de una desaceleración hoy, un año después?

--La deflación del ritmo cognitivo, psíquico y social es un aspecto que se manifestó claramente al comienzo de la pandemia pero que después nunca desapareció. La mayoría de los trabajadores, y sobre todo de las trabajadoras, no han podido relajarse mucho en la fase pandémica. A pesar del peligro de contagio, han sido obligados y obligadas a continuar con su trabajo. El efecto deflación sigue siendo dominante en la mente colectiva, no solo porque hay muchas cosas que no se pueden hacer, sino sobre todo porque las expectativas de la época neoliberal (crecimiento constante, competencia ininterrumpida, mitología de la energía competitiva y agresiva, mitologías publicitarias) se han visto disueltas. La euforia agresiva producida por la ideología neoliberal no volverá, creo. Solo puede regresar la tristeza agresiva, la rabia depresiva que se manifiesta como histeria de la libertad individualista. La fuerza de la derecha hoy se funda sobre esta tristeza: el fascismo como reacción histérica a la depresión.

--Hablando de subjetivación contemporánea y mitologías... el filósofo francés Jacques Rancière dice que se ha exagerado con respecto al efecto que tienen en ésta las fake news. Que éstas no representan necesariamente un engaño. Dice: No creo que la gente que adhiere a las teorías conspirativas haya sido engañada. Adhieren porque están de acuerdo, su problema no es si es cierto o no, sino si les gusta o no. ¿Qué opina usted?

--Coincido. La noción de fake news está vacía. Siempre ha habido noticias falsas en el discurso público. Hoy hay muchas más porque el volumen de información se ha ampliado. Lo que ha cambiado no es la falsedad del discurso: hay es una crisis de la mente crítica. La crítica no es una facultad natural de la mente humana, se manifiesta cuando la comunicación pública se convierte en comunicación escrita. La crítica deviene una modalidad del discurso público cuando una parte amplia de la población puede leer y releer textos escritos. La crítica necesita del ritmo de la comunicación. Cuando el ritmo de la comunicación se acelera hasta el ruido blanco, la mente pierde su capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso. No podemos contar mucho con la mente crítica. En el futuro, la capacidad crítica habrá desaparecido de la mente humana, será solo el privilegio de una minoría que pueda leer y abstraerse del ruido.

--Entonces, ¿cómo podemos pensar en producir efectos de solidaridad, de emancipación, si no hay crítica?

--Este es un punto... En el pasado, la mente crítica era la condición de la subjetivación progresiva y solidaria. Hoy creo que solo puede serlo la sensibilidad, un tipo de sentimiento mucho más sutil, que no concierne a la razón, que sobre todo concierne a la emoción, al sufrimiento, al placer. Por eso, me parece que la comunicación política tiene que transformarse en comunicación esencialmente estética, en un sentido más amplio de la dimensión del arte. Estética no es solo la facultad de entendimiento del arte, es también la facultad de entendimiento de la percepción psíquica, del dolor, del deseo...

--Hay una sensación de que la rebeldía y la irreverencia se volvieron de derecha y que la izquierda quedó ligada a la corrección política. O como se ha dicho por ahí: que las izquierdas no aprendieron a hacer memes. ¿Cómo lo ve usted?

--¡No estoy de acuerdo! Todo lo contrario, en los últimos cincuenta años, desde el Mayo Francés hasta al black power, desde el Movimiento Antiglobalización hasta Occupy Wall Street, los memes más poderosos y más significativos han sido el producto del progresismo. La derecha no es ni más inventiva ni más inteligente.

--¿Pero no cree que hay algo de los modos de convocar que está fallando?

--Creo que hoy la derecha puede fundar su comunicación sobre una verdad profunda que la izquierda no sabe interpretar: la impotencia, la agresividad que nace de la impotencia. La derecha habla directamente del sufrimiento de los hombres blancos envejecidos, y de los hombres blancos que son jóvenes pero que están deprimidos y furiosos por su impotencia política, psíquica y sexual. No habla de manera sincera, naturalmente. Habla a los impotentes exaltando la potencia infinita de la raza, de la violencia, del trabajo, de la competencia. La izquierda sigue repitiendo palabras cada vez más vacías sobre la democracia. La democracia está muerta, es un ritual ineficaz cooptado por automatismos técnicos y financieros. Es un ritual inútil porque las condiciones de formación del pensamiento colectivo y de la decisión colectiva son manipuladas por el predominio mediático del capital. La democracia es una condición política buenísima y favorable al progreso social cuando hay fuerza cultural para imponer los intereses de los explotados. Es una metodología. La izquierda transformó la democracia en un valor. Y la democracia no es un valor: es una condición de posibilidad. Y ahora esta condición ha sido destrozada.

--En La segunda venida ha escrito que “en los 60 los partidos de izquierda y los sindicatos vieron en la tecnología un peligro, en lugar de una oportunidad de la cual adueñarse para volcarla en el interés de la sociedad”. ¿Cuál es la actualida-d de este problema?

--El movimiento obrero y progresista percibió a las tecnologías conectivas como un peligro. Lo eran, pero al mismo tiempo eran la condición para entender la nueva composición social. Ahora ya es tarde para entenderlo, porque las nuevas tecnologías ya se han consolidado como infraestructuras de un poder transpolítico. La fuerza y la pertinencia misma de la política se han disuelto. Hoy el problema de la subjetividad social se mide en términos psicoanalíticos, no políticos. No existirá en el futuro el objetivo de gobernar el conjunto de la sociedad. Se pondrá el foco en el problema de proteger comunidades autónomas capaces de vivir en condiciones de aislamiento, pero al mismo tiempo, capaces de interactuar en condiciones de autosuficiencia alimentaria, educacional, tecnológica.

--También dice que la humillación, como concepto, no ha sido tematizadalo suficiente por la teoría política. ¿Por qué es clave hoy? ¿Cómo hacer para ofrecerle a los humillados otras vías de escape que no sean el fascismo?

--Gunther Anders, un judío de Alemania que se casó con Hannah Arendt, ha sido el pensador que mejor entendió estos temas de la humillación como efectos de la omnipotencia de los automatismos técnicos y como causas del fascismo. En los años 60, bajo el influjo de lo que sucedió en Hiroshima y de la proliferación de las armas nucleares, Anders publicó un libro que se titula Die Antiquiert der Menschen. Ahí dice que los hombres perciben la omnipotencia de la máquina (que es un producto de la inteligencia humana) como algo que supera y aniquila la inteligencia humana misma. Ahí hay un núcleo profundo de la humillación como concepto político. A la intuición de Anders hoy debemos añadir una nueva dimensión de la humillación masculina: la impotencia psíquica y sexual vinculada al envejecimiento de la población blanca en el planeta.

Por Dolores Curia

17 de mayo de 2021

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Paro nacional 12 de mayo. Fútbol sin paz

Como si en Colombia no estuviese pasando absolutamente nada, como sino estuviese en curso una inmensa protesta social, el día 12 de mayo se jugaron dos partidos de la Copa Libertadores, uno en Barranquilla y otro en la ciudad de Pereira, donde Atlético Nacional hizo las veces de local. En pleno día de paro nacional, prolongación de las jornadas de protesta concitadas desde el 28A y que han dejado una estela de muerte y dolor.


A pesar de esa realidad, a pesar del duelo que cubre a decenas de familias, a pesar de la manipulación gubernamental, a pesar de los reclamos de la comunidad internacional, la Conmebol y las autoridades del fútbol colombiano no tuvieron ni el más mínimo pudor y pusieron a rodar el balón.


Pero no pensaban como ellos sectores del activismo social que, atentos a semejante desvergüenza hicieron sentar su protesta tanto en los alrededores de los hoteles donde se alojaron los equipos de fútbol como en las cercanías de los escenarios deportivos, bien en Pereira como en Barranquilla.


Pero allí también se hizo presente el Esmad, represión en mano, disparando su guerra química sin recato, con lo cual, los gases obligaron a detener por momentos la pelota: los trabajadores de la número 5 se ahogaban, incluso Marcelo Gallardo, director técnico del River Plate que enfrentaba al Junior.


Atlético Nacional, que no pudo hacer de local en su ciudad por las cifras de la pandemia, pero sí en Pereira, enfrentó al histórico Club Nacional de Uruguay, equipo que se negó a jugar a toda costa hasta que la Conmebol intervino para obligarlos a cumplir con el compromiso, no obstante, el partido se retrasó y el pitazo que largaba la pelota solo sonó a las 9:00 de la noche.


Aún queda algo de dignidad entre los deportistas. De mala gana el capitán de la escuadra charrúa Gonzalo Bergessio increpó al árbitro central del juego a la hora de realizarse el sorteo de cancha y saque, el cual pretendía que estos ignorarán lo que estaba pasando en las calles y tratarán de llevar a cabo un buen partido. ¿Es posible jugar a la pelota e ignorar lo que sucede en la calle, parecía ser la preocupación de Bergessio, capitán de la escuadra visitante.


Una realidad de la cual se puede sustraer que el árbitro, con mensaje expreso que le llega desde arriba, trata de calmar los ánimos antes de iniciar el juego pues era público que los jugadores orientales no estaban dispuestos a salir a la cancha, pero el poder de la multinacional del fútbol sudamericano, como en este caso lo es la Conmebol, pueden más, desconociendo la voluntad de los propios actores materiales del deporte como lo son los futbolistas, quienes no solo son intérpretes de ideas tácticas, sino seres humanos y trabajadores deportivos de alto rendimiento.


“No podemos abstraernos de la realidad”, fue la sentencia del laureado entrenador de River Plate, Marcelo Gallardo quien se refirió en rueda de prensa a que más allá del resultado futbolístico, el partido se llevó a cabo en condiciones totalmente anormales, sugiriendo así que no debió realizarse.


Por su parte Diego Latorre, comentarista argentino para ESPN y exfutbolista, comentó: “Es irrespetuoso hablar de fútbol cuando pasan cosas graves, cosas que importan de verdad”.


Declaraciones que no pasaron desapercibidas pues las palabras del periodista deportivo fueron tendencia en twitter para dejar aún más en evidencia a la división mayor del fútbol profesional colombiano y a la Conmebol, unidas para asegurar sus negocios. Unidad que aún está pendiente entre los trabajadores del fútbol, para de esa manera hacer sentir sus opiniones e intereses, pues permitir este tipo de hechos tan solo opaca al deporte y genera una falsa sensación de que las cosas operan con normalidad.


Un bochorno internacional del cual el periodismo deportivo colombiano fue cómplice, pues mientras la prensa argentina condenaba estos hechos y hacía referencia a la situación de alzamiento social en Colombia, los programas de fútbol locales continuaron como si nada estuviera sucediendo, como si todo fuera normalidad; con pequeñas salvedades pues algunos programas dedicaron el arranque de sus emisiones para aludir a la coyuntura social, pero no más, algo superficial y a la ligera, una actuación marcada por conveniencia o por censura, pero que a fin de cuentas los hace cómplices de algo que hoy puede catalogarse como vergüenza internacional, pero que perfectamente pudo ser un desastre pues cosas peores pudieron haber ocurrido, tanto a las delegaciones locales como internacionales.


Tenemos como suma una demostración más de que en Colombia el valor de la vida es relativo, pues los intereses económicos de empresarios privados pueden más que la compleja situación que vive el país.

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Lunes, 10 Mayo 2021 06:08

Las trampas del fascismo

Las trampas del fascismo

Orgulloso de un pasado mítico nacional y de mantener una familia patriarcal, autoritaria, moralista, tradicional; orgulloso de su historia heroica y patriótica, el fascismo lanza sus flechas destructoras contra aquello que se desvíe de esas “sagradas” e intocables entidades. Fe, creencia, pasión, emoción lo consolidan, defienden y justifican. El amor a la patria lo enaltece y fanatiza, hasta el punto de convertirse en una fuerza omnipotente, devastadora y excluyente. Entrega total, jerarquía y despotismo radical, he allí sus efervescencias peligrosas.


La mitificación de lo tradicional moral y patriarcal en el fascismo se fortalece a medida que sus líderes se transmutan en “padres” y jefes de la gran familia nacional, protectores sacrificados, responsables, dadores de seguridad y plenipotenciarios. Ante dichos jefes no se admite ninguna queja o reclamo. Aceptarlos es obligación, obedecerles se vuelve norma. Esta “sagrada familia”, basada en el miedo, la culpa, el golpe y la obediencia, se legitima como entidad santificada ante Dios.


La preservación de las tradiciones jerárquicas se vuelve para el fascismo suprema y necesaria, por lo que, según sus gestores, ellos están predestinados a gobernar y a mandar. Las consecuencias son nefastas, pues montan una maquinaria de mentiras y de relatos que desvirtúan las realidades y falsean la verdad sobre su pasado. Se trata de modificar los hechos históricos, creando otros datos que borren las atrocidades y las injusticias donde el fascismo esté involucrado. Revisar y modificar la historia es un afán sin límites de los regímenes autoritarios; borrar la memoria colectiva, social, incluso personal, es su más alto nivel de perversidad y cinismo. Así que toda esta maquinaria se engrasa para funcionar a la perfección con sus trucos de crear falsedades a través de los medios a su servicio, propaganda que engrandece y elogia al fascismo, a la vez que oculta sus tétricas intenciones. Ocultamiento y falacia, he allí sus maniobras. Nada de crear sospechas; nada que genere preguntas. Ante todo, credibilidad en sus discursos. Se debe asegurar la fe de los creyentes. Eficacia, eficiencia y devoción, proporcionan la continuidad de sus feligreses. Ante el hereje, acusación y señalamiento; frente al devoto, exaltación, emoción, falsa solidaridad, cínico estremecimiento.


Con todas estas manipulaciones, los políticos fascistas van desmotando al Estado Social de Derecho, al sistema judicial, con fiscales, jueces, testigos y leyes a su favor y con la mayoría de los organismos de control estatal a su servicio.


En su agenda, el fascismo pretende educar para la obediencia, el respeto a los valores ultranacionalistas, el mantenimiento de los estamentos, difundiendo la xenofobia y la exclusión de extraños y diferentes. A través del terror, de la persecución y el odio, deslegitiman y ridiculizan al pensamiento humanista, a las ciencias sociales e incluso a las investigaciones científicas que vayan en contra de sus conceptos doctrinales. Con el pretexto de que los colegios y universidades son lugares de “adoctrinamiento político” de izquierda, señalan a los profesores con ideas controversiales, ponen en cuestión la libertad de cátedra, el derecho a la alteridad, la pedagogía crítica, los estudios de género, deseando desmontar cualquier pensamiento que cuestione su política anti intelectual.


Con estas estrategias convierten su lucha política en un caldo que contiene rabia, repulsión, violencia, desigualdad, el cual dan de beber a sus seguidores como si fuera una pócima legítima de salvación social. Ese mesianismo es lo que hace que el fascismo sea asumido y consumido como un salvavidas en medio de los naufragios colectivos e individuales. Sintiéndose salvadores legítimos de la humanidad, por ley natural e incluso divina, los fascistas defienden la idea de que sólo ellos son los llamados a la “tierra prometida”, con algunos cuantos elegidos que han aceptado respetar y obedecer la “validez” de su doctrina.


Y hay más. Cuando sienten que está en peligro su poder y sus intereses culpan a sus rivales políticos transformándose ellos en víctimas. La reacción es inmediata. Camaleónicamente cambian de condición. Pasan a ser los golpeados, los excluidos, los señalados, vilipendiados, los perseguidos y asesinados. Cuando se trata de perder el poder o de compartirlo con otros grupos opositores, los fascistas se presentan como perseguidos, víctimas del acoso y de la “maldad” política. De inmediato ponen a funcionar la emocracia pasional con toda su fuerza entre la población, la cual, bombardeada en su sensibilidad, los escucha y protege, llega hasta las últimas consecuencias defendiendo a sus padres-jefes, abrazando con pasión los castigos, la dominación y las cadenas. Luego vendrán los lamentos, pero ya no importan. Así, el gobierno de las emociones lleva a cabo sus terribles propósitos.


Al transfigurarse en víctimas, los verdugos adquieren estatus de salvadores. La paradoja es atroz y perversa. La responsabilidad de las desdichas se la cargan a los cuestionadores escépticos, de dudosa procedencia intelectual, ideológica y jurídica. Por lo tanto, hay que perseguirlos y castigarlos. Los verdaderos verdugos quedan de esta forma limpios, puros, intocables. Inventándose enemigos y volviéndose víctima, el fascismo justifica sus acciones de opresión y hasta sus crímenes.


Es evidente que de esta manera el fascismo inventa realidades, las construye según su deseo, las moldea para que encajen en su horma a través de trampas, engaños y amenazas. La complicidad de los medios masivos poderosos le ayudan en dichas empresas; estos tergiversan los hechos, conspiran contra toda verdad comprobada, deslegitiman las investigaciones serias y rigurosas sobre terribles sucesos propiciados por sus compinches. Ante el resplandor de una certeza imponen la sospecha, la desconfianza. Destrozar al rival político es el objetivo. Los fines justifican la farsa, la difamación y cualquier procedimiento de destrucción posible. De este modo, lanzan calumnias sobre sus rivales de turno, las cuales permean en la opinión pública. Todo esto orquestado desde las emociones y las pasiones, cuyo fervor patriótico, que congela el juicio racional, hierve en la sangre. Al cabo del tiempo se comprueba el montaje, la injuria, pero no importa, el daño está ya hecho, ha despertado la desconfianza esperada. La artimaña es cruel, pero eficaz, el dardo ha dado en el blanco.

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Para Lenín Moreno la crisis no es responsabilidad suya sino de los ecuatorianos

El insólito comentario del presidente saliente: "Ojalá tuviera yo un mejor pueblo"

El presidente saliente de Ecuador, Lenín Moreno, cargó este miércoles contra los propios ecuatorianos, al desear haber tenido "un mejor pueblo" durante su presidencia. La definición tuvo lugar en Miami, en el discurso de cierre del Foro de Defensa de la Democracia en las Américas, un encuentro de políticos lationamericanos neoliberales, entre los que dio el presente el antiguo mandatario argentino Mauricio Macri. 

En su exposición, Moreno narró una supuesta anécdota con una persona, la cual le exigió una mejor administración del país. "Algún momento una persona me manifestó y me dijo de forma frontal como acostumbra la gente: 'ojalá tuviéramos un mejor presidente'. Yo le dije: ojalá tuviera yo un mejor pueblo también”, lanzó en alusión a los ciudadanos que le confiaron el poder con su voto para que los gobernara desde 2017 hasta marzo del 2021.

No fue la única declaración llamativa del presidente saliente. “A la final nos salimos un poco con la nuestra”, dijo sobre la eliminación del subsidio a los combustibles, que tuvo que frenar en octubre de 2019 por el paro nacional --que el mandatario contestó con represión-- y terminó siendo efectiva en julio de 2020, con un esquema de aumento de precios. 

Moreno también opinó sobre el estallido en Colombia, en el que el gobierno de Iván Duque reprimió la protesta social que impidió la reforma tributaria. Para el presidente saliente, detrás de las revueltas está Nicolás Maduro, jefe de Estad de Venezuela. "Ecuador ha detectado la injerencia política y económica del régimen de Maduro en las protestas en Colombia”, expuso.

La pandemia del coronavirus golpeó fuertemente a Ecuador. Según el último reporte, el país sudamericano registra 18.863 muertes por covid-19, a la vez que la cifra de contagiados roza los 400.000 casos. Por su parte, la administración sanitaria de Moreno cumplió un récord: cambió cuatro veces a su ministro de Salud. Juan Carlos Zevallos fue el que más duró, casi un año. Lo reemplazó Rodolfo Farfán implicado en un caso de vacunatorios VIP quien a su vez fue sustituido por Mauro Falconi – duró apenas 19 días – y éste por el actual, Carlos Salinas.

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Tres zapatistas abordo de una de las embarcaciones de madera que construyeron. EZLN

La conquista al revés: zapatistas inician su viaje a Europa

 

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) iniciará el 3 de mayo una travesía inversa a la que hace más de 500 años hicieron a través del Atlántico los conquistadores que invadieron el continente americano. Un grupo de siete zapatistas ha partido este lunes desde las montañas del Estado de Chiapas, al sur de México, hacia Isla Mujeres, en Quintana Roo. Desde allí, esperan zarpar en un navío el próximo lunes. La comitiva prevé llegar a las costas de Galicia, en España, a mediados de junio. Se trata de una “travesía por la vida”, según ha informado este lunes la organización en un comunicado firmado por el subcomandante Galeano, conocido antes como subcomandante Marcos. En el mismo escrito, se evoca una leyenda maya según la cual Ixchel, diosa del amor y la fertilidad, dijo: “Del oriente vino la muerte y la esclavitud. Que mañana al oriente naveguen la vida y la libertad en la palabra de mis huesos y sangres”.

El escuadrón está formado por siete personas, todas mexicanas y descendientes de los mayas, que “comparten dolores y rabias con otros pueblos originarios de este lado del océano”, según ha comunicado el EZLN a través de su página web. Los miembros de esa delegación que este lunes han iniciado la travesía llegarán “a más tardar” el viernes a Isla Mujeres y abordarán la embarcación en la que emprenderán el viaje hacia Europa, La Montaña. Permanecerán en el navío “dos o tres días” antes de zarpar. A bordo, llevarán otros tres cayucos que han sido tallados y pintados por miembros del movimiento político y militar que se levantó en Chiapas en 1994, durante el Gobierno de Carlos Salinas de Gortari, y puso de manifiesto las desigualdades en las que vivía la mayoría de la población indígena del país.

La comitiva que viajará —Lupita, de 19 años; Carolina, de 26; Ximena, de 25; Yuli, de 37; Bernal, de 57; Darío, de 47, y Marijose, de 39— ha pasado los últimos 15 días aislada, según ha informado el EZLN, para asegurarse de que ninguno de los siete integrantes esté contagiado de covid-19. Durante esas dos semanas, han vivido en una réplica de la embarcación y se han preparado para la “dura travesía por mar”. Los voluntarios que se postularon para viajar eran “más de 20″, de acuerdo con la organización, pero solo siete contaban con pasaporte. Finalmente, el grupo ha sido llamado “Escuadrón 421″ porque está conformado por cuatro mujeres, dos hombres y una persona que no se identifica ni como hombre ni como mujer.

El viaje “mucho tiene de desafío y nada de reproche”, se lee en un comunicado. Cuando anunciaron la travesía por el mundo, en octubre pasado, aseguraron que hablarían “al pueblo español”. “No para amenazar, insultar ni reprochar, ni exigir, no para que nos pida perdón… Ya basta de jugar con el pasado lejano para justificar, con demagogia e hipocresía, los crímenes actuales”, expresó en una carta el movimiento, que desde sus orígenes se ha definido como feminista y anticapitalista. El comunicado confrontaba con la petición que el presidente Andrés Manuel López Obrador hizo en 2019, cuando reclamó que el Rey de España y la Iglesia pidan perdón por los abusos cometidos durante la conquista.

“La delegación recibió el mandato de los pueblos zapatistas para llevar lejos nuestro pensamiento, es decir, nuestro corazón. No solo para abrazar a quienes en el continente europeo se rebelan y resisten, también para escuchar y aprender de sus historias, geografías, calendarios y modos”. El objetivo es llegar a las costas de Vigo, en Galicia, en “seis u ocho semanas”. Una vez allí, los zapatistas contemplan dos escenarios: que reciban una autorización para desembarcar o que no. Si se da la segunda situación, están “preparados” para desplegar una gran manta que diga “¡Despertad!”. “Esperaremos a ver si alguien lee el mensaje y luego otro tanto a ver si, en efecto, despierta, y otro tanto más a ver si hace algo”, se lee en su página web. Si eso no sucede, emprenderán el regreso.

Si logran desembarcar, han afirmado, “habrá fiesta, baile, canciones, y cumbias”. La primera persona en pisar tierra será Marijose, según el comunicado, que tiene experiencia en cayuco y lancha y “habla la castilla con fluidez”. Además de visitar España, el escuadrón espera recorrer una veintena de países, entre los que están Alemania, Bulgaria, Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Polonia, Reino Unido, Rusia, Suecia, Turquía, entre otros. “En ambos lados del océano, un mensaje breve inundará todo el espectro electromagnético, el ciberespacio y eco será en los corazones”, concluye el comunicado difundido este lunes, que acude al humor en varias ocasiones: “La invasión ha iniciado”

Por Constanza Lambertucci

México - 26 abr 2021 - 18:57 COT


 Desde la Lacandona para el mundo

por Luis Hernández Navarro

La historia de la colonización del Nuevo Mundo y de la expansión capitalista sigue la ruta del Atlántico. A través del océano llegaron a América los primeros colonizadores y religiosos, acompañados de sus armas y su fe. Inseparables, la cruz y la espada surcaron los mares, seguidas de esclavos y mercaderías. Transportadas por vientos y corrientes marítimas, las naves retornaban a Europa cargadas con los frutos del saqueo y la expoliación.

Este 3 de mayo, Día de la Santa Cruz, Chan Santa Cruz, el nombre que se dio al santuario y gobierno maya autónomo que durante medio siglo mantuvieron vivos los indígenas rebeldes, se invertirán los papeles. En esa fecha, también a través del Atlán-tico, el barco zapatista La Montaña, zarpará de Isla Mujeres rumbo al puerto de Vigo, en España, para encontrarse con sus camaradas y con una multifacética serie de figuras y movimientos sociales. La antigua ruta de la Conquista será la vía para que la expedición emancipatoria bautizada por el EZLN como "Travesía por la Vida", arribe a Europa.

Se reeditará así, ahora en sentido contrario, el apasionante encuentro entre insumisos, proscritos y protagonistas de las revueltas populares anticapitalistas de los dos continentes, narrado por Peter Linebaugh y Marcus Redinker, en su maravilloso libro La Hidra de la Revolución. Marineros, esclavos y campesinos en la historia oculta del Atlántico. Los marineros –escriben Linebaugh y Redinker– traían a Europa relatos que hablaban sobre las sociedades alternativas de América. En el camino "enlazaron el comunismo primitivo del Nuevo Mundo con el comunismo plebeyo del Viejo Mundo".

El alcance de la iniciativa sólo puede comprenderse a plenitud si se deja de lado la mistificación de suponer que todo se resuelve en el Estado y por el Estado. Las luchas actuales, tomadas en su mundialidad, en lugar de aceptar la homogeneidad del Estado, del capitalismo, de la técnica, conducen a diferencias. La nostalgia por la Cortina de Nopal nada tiene que ver con la izquierda. Las luchas emancipadoras han sido siempre internacionalistas.

Ciertamente –como señalaba el historiador social inglés Edward P. Thompson– intentar influir el curso de la historia por medio de movimientos desde abajo es una tarea desagradecida y terriblemente larga. Pero, a la larga, es uno de los pocos lugares honorables para estar.

En su etapa europea, la delegación marítima del EZLN, a la que se sumarán otros delegados que llegarán por vía aérea, visitará más de 30 países. Y se encontrará allí con miles de activistas que, desde 1994, han visitado y vivido por temporadas en las comunidades autónomas zapatistas. Van a ver a sus viejos conocidos altermunistas, que hoy (como ayer), son incansables luchadores contra el fascismo, generosos organizadores de migrantes, constructores vitales de nuevas formas de convivencia urbana, aguerridos sindicalistas en un mundo laboral precarizado, aguerridos derrumbadores de estatuas de tratantes de esclavos y colonialistas (https://bit.ly/2PluaBF).

Las conexiones entre los zapatistas y sus interlocutores europeos, perdurables y sorprendentemente vitales, a pesar del paso de los años, han sido ignoradas o pasado inadvertidas para quienes ven el mundo desde arriba. Sin embargo, han marcado profundamente la dinámica de las luchas antisistémicas. Aunque formalmente lo sea, Bruselas no es ya más la capital de la Unión Europea. En el mapa de las resistencias, Atenas, Génova, Gibraltar o los centros donde llegan los migrantes han cambiado el mapa de las resistencias y ocupan su lugar.

Hay entre ambos una larga historia de cooperación, solidaridad desde abajo, lenguaje compartido, reivindicación y reinvención de lo común; un "nosotros". Han elaborado un horizonte colectivista, antiautoritario e igualitario. Sus modos de vida alternativos están profundamente imbricados. Han forjado lazos de amistad, afecto y comunión a prueba de adversidades. Son una comunidad unida por ideas, sentimientos y experiencias comunes. Hay entre ellos, aunque sea de manera incipiente, un destino global creado conjuntamente (https://bit.ly/3gDMd14).

La travesía zapatista puede leerse como un éxodo del entramado organizativo en el que las ortodoxias se institucionalizan. Los rebeldes de ambos continentes comparten el que sus herejías nacieron de las periferias. Como señala el filósofo francés Henri Lefebvre, lo periférico se sitúa, a veces, en el centro, o es la clave para llegar a él. Sólo los periféricos alcanzan la conciencia y el conocimiento de los centros. La conciencia periférica dirigida metódicamente permite –dice– alcanzar el conocimiento del centro y de la mundialidad.

Muy lejos de la waltdisneyzación del pasado, con el reconocimiento de las memorias de los pueblos históricos del continente americano en prenda, confrontados radicalmente a la persistencia de la arrogancia colonial, muy lejos del victimismo paralizante que no rompe con la lógica del poder, han echado a andar una otra política por la vida, que no está sujeta al reloj de los negocios ni al calendario de los de arriba. Su propuesta, que evita repetirse y surge de sus realidades terrenales, evade los tiempos de la economía y los momentos de la representación.

En la hora de la palabra, desde la Lacandona para el mundo, a punto de levar anclas en Isla Mujeres para surcar las aguas del Atlántico, los zapatistas, como los marineros, no hablarán bajo, porque, como se sabe, el mar habla alto.

Twitter: @lhan55

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El EZLN inicia la travesía rumbo a Europa. La delegación zapatista se concentra en el Semillero Comandanta Ramona

Ciudad de México. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) anunció hoy que está “ya en camino rumbo a Europa”. En un comunicado informaron que esperan desembarcar en Europa a mediados del mes de junio, continente al que llegarán en una embarcación llamada “La Montaña”, que partirá el tres de mayo de “algún puerto” de México.

A partir del 10 de abril, indicaron, empezaron a concentrarse en el “Semillero Comandanta Ramona” los y las delegadas del primer grupo de la llamada Travesía por la Vida, capítulo Europa, donde se encontrarán con luchas de al menos 30 países. 

“Con una pequeña ceremonia, según nuestros usos y costumbres, la delegación recibió el mandato de los pueblos zapatistas para llevar lejos nuestro pensamiento, es decir, nuestro corazón.  [email protected] delegad@s llevan un corazón grande.  No sólo para abrazar a quienes en el continente europeo se rebelan y resisten, también para escuchar y aprender de sus historias, geografías, calendarios y modos”, señalaron en el comunicado difundido por Enlace Zapatista.

Informaron que este primer grupo “permanecerá en cuarentena por 15 días, aislados en el semillero, para garantizar que no están contagiados del llamado COVID 19 y para que se preparen para el tiempo que dura su travesía por mar.  Durante esas dos semanas, estarán viviendo dentro de la réplica de la embarcación que, para eso, construimos en el Semillero”. Y adjuntaron fotos de la réplica en la que permanecerá dos semanas la delegación.

El día 26 de abril partirán rumbo a un puerto de la República Mexicana del que no dijeron nombre ni ubicación, a donde “llegarán a más tardar el 30 de abril”. Y luego permanecerán a bordo del barco dos días, y el día 3 de mayo del 2021, día de la Santa Cruz, Chan Santa Cruz, el navío “La Montaña” zarpará con destino a las costas europeas, “en un viaje que se supone tomará de 6 a 8 semanas”, por lo que se calcula que en la segunda mitad del mes de junio del 2021 estarán frente a las costas europeas.

En el comunicado firmado por el subcomandante Moisés, señalaron que a partir de este 15 de abril del 2021, desde los 12 caracoles zapatistas, las bases de apoyo irán realizando actividades para despedir a la delegación zapatista que, por mar y aire, viajará a la geografía que llaman “Europa”. 

La comisión zapatista se encontrará con quienes colectivos y organizaciones que los han invitado “para platicar sobre nuestras historias mutuas, dolores, rabias, logros y fracasos”, de Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Cataluña, Cerdeña, Chipre, Croacia, Dinamarca, Eslovenia, Estado Español, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Hungría, Italia, Luxemburgo, Noruega, País Vasco, Polonia, Portugal, Reino Unido, Rumania, Rusia, Serbia, Suecia, Suiza, Turquía, Ucrania.

12 abril 2021


¿Encuentro entre dirigentes o entre movimientos?

Por Raúl Zibechi

En un encuentro con la Caravana Nacional e Internacional de Observación y Solidaridad con las Comunidades Zapatistas, realizado en el 2 de agosto de 2008 en La Garrucha, el subcomandante Marcos explicó cómo entienden los encuentros internacionales entre movimientos en el marco de La Sexta Internacional.

Dijo que se trataba de un “encuentro de rebeldías” para intercambio de aprendizajes directos, no mediáticos sino reales.

Como el zapatismo pone todo patas arriba, en estos momentos de preparación de giras vale volver sobre sus modos plebeyos (que es como decimos en mi tierra las relaciones entre abajos) de establecer relaciones y de trabajar.

Relató que esos meses recibieron delegaciones de varias partes del mundo y que a miembros de Via Campesina les dijeron: “El encuentro entre dirigentes para nosotros no vale nada. Ni siquiera la foto que se tomen. Si las dirigencias de dos movimientos no sirven para que los movimientos se encuentren y se conozcan, esas dirigencias no sirven”.

Estamos ante una cultura política completamente opuesta a la que practican, incluso, los movimientos que se reclaman como anti-capitalistas o revolucionarios, y esto es tan trascendente que merece algunas explicaciones.

La primera es que la cultura capitalista y patriarcal no sólo es hegemónica en la sociedad en general, sino también entre los sectores populares, pueblos negros y originarios y, por lo tanto, también en los movimientos y organizaciones. Reconocerla y evitar que se reproduzca es una tarea central, ya que no podemos cambiar el mundo con los modos del sistema.

La segunda es que para acotar la cultura del capital en los movimientos, no digo eliminar porque es un proceso muy largo, es necesario comenzar a hacer las cosas de otro modo, rehuir las inercias, poner en discusión todas y cada una de las prácticas, y hacerlo abiertamente, en el diálogo entre las y los de abajo organizados.

Un rasgo típico de la cultura capitalista en el interior de los movimientos consiste en darle prioridad a los dirigentes; a los varones sobre las mujeres; a los militantes más experimentados y reconocidos sobre los menos conocidos; a quienes se expresan mejor en la lengua que manejan los medios, desplazando a las que hablan lenguas originarias.

En los medios del sistema hay una clara tendencia a “reconocer” y darle voz a los dirigentes que mejor se expresan, los que se destacan por alguna razón en la que se espeja la cultura dominante, convirtiéndolos a menudo en los favoritos de los periodistas que siempre los buscan y con los cuales se sienten más cómodos. De este modo, los medios terminan eligiendo a los dirigentes en vez de hacerlo las bases.

Como aprendimos en la educación popular, la cultura de abajo ha sido colonizada por el capitalismo y ella se expresa de forma compleja y distorsionada, con muchos matices de la cultura dominante. Sin embargo, aún persisten rasgos de lo mejor de las culturas negras, originarias, campesinas y populares, pero es necesario hacer un trabajo interior, en el seno de nuestras comunidades, para aventar –separar la paja del trigo- los aspectos opresores de los liberadores.

Eso no se puede hacer en una sola asamblea, ni lo deben hacer sólo los organismos superiores de la organización y los dirigentes, sino es tarea permanente de todas y todos los que integramos un colectivo.

Como señala el EZLN, la foto entre dirigentes no tiene sentido, no va a ningún lugar salvo a ocupar espacios en los medios. Lo importante es que las personas que integran movimientos se encuentren, dialoguen, aprendan unas de otras, consigan intercambiar saberes y experiencias. Esto es más fácil de hacerlo en rondas, en fogones, en los que hay tiempo para compartir, hablar y escuchar sin interferencias externas. Pero también valen las fiestas, los partidos de fútbol y los bailes para cumplir esos objetivos.

Los modos públicos de los movimientos son incluso más importantes que sus programas y declaraciones, ya que emiten mensajes de mayor profundidad porque escenifican el mundo por el que luchan. Muchos hablan contra el capitalismo y el neoliberalismo, pero actúan de forma opuesta. La coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, es una cuestión ética que, finalmente, es el norte que debería guiar todas las acciones.

 

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