Domingo, 18 Agosto 2019 05:58

China y EEUU, ¿rivales o enemigos?

China y EEUU, ¿rivales o enemigos?

Hace un mes, el general Mark A. Milley afirmó que China será el principal rival de Estados Unidos para ‎los próximos 50-100 años. Lo hizo ante el Comité de Servicios Armados del Senado por ser el candidato de Trump como ‎próximo jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el oficial militar de mayor rango de las Fuerzas Armadas y principal asesor militar del Presidente. Milley fue cuidadoso en definir a China no como ‘enemigo’ sino como ‘competidor’, porque “el término ‘enemigo’ significa ‘estar en guerra’ y “queremos paz, no guerra, con China”. Concluyó afirmando que “algún historiador en 2119 va a mirar hacia atrás en este siglo y escribir un libro y el tema central de la historia será la relación entre Estados Unidos y China”.

Sin embargo, calificar de ‘rival’ puede no ser suficiente para evitar romper la paz si continúa agravándose la guerra comercial entre ambos. Si en lugar de avanzar 100 años a 2119 se retrocediera un siglo, las palabras vertidas por el entonces Presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson, el 5 de septiembre de 1919, al fin de la Primera Guerra Mundial, podrían servir de guía para las posibles consecuencias de una guerra comercial intensificada:

“Si cada nación va a ser nuestro rival (…) si decimos: ‘[E]stamos en este mundo para vivir solos y obtener lo que podamos de él a través de cualquier manera egoísta’ (…) ¿qué habremos obtenido? ¿Paz? Pero, mis conciudadanos, ¿hay algún hombre aquí o alguna mujer, déjenme decir hasta hay algún niño aquí, que no sabe que la semilla de la guerra en el mundo moderno es la rivalidad industrial y comercial?”

Wilson batallaba para que su país apoyara su proyecto de Liga de las Naciones que consideraba traería paz al mundo en base a su perspectiva liberal. No sería el caso; el Senado se lo negaría. No obstante, después de la segunda guerra mundial cobraría existencia como Naciones Unidas. Sería el inicio de lo que se entiende que fue la propuesta del Orden Liberal que EE.UU. ofrecería al mundo en contraposición al proyecto soviético. La caída de la URSS en 1991 marcaría el triunfo y la consagración del modelo liberal. Pero EE.UU. continuó procurando ‘rival-enemigo’: “la desaparición de la Unión Soviética dejó un gran agujero. La ‘guerra contra el terror’ fue un reemplazo inadecuado. Pero China cumple todos los requisitos” sostuvo, el 4 de junio pasado Martin Wolf, en su artículo “El inminente conflicto de 100 años entre Estados Unidos y China” en el Financial Times.

En estos momentos es su actual presidente Donald Trump el que es percibido como quien más está desmantelando ese orden liberal que hace tres décadas festejara su triunfo. Contra el alerta de Wilson, Trump procura reformar el mundo atropellando cualquier obstáculo a su egoísta cruzada cuyo único contenido es “América Primero”. Mientras la visibilidad mayor a la oposición a esta pretensión es el conflicto económico-comercial con China, el trasfondo geopolítico más profundo contiene también a Rusia como rival del país norteamericano.

Recientemente The Economist destacó que China y Rusia vienen profundizando lazos en su rivalidad en común contra EE.UU. El presente encuentro de estas dos naciones cuya rivalidad entre sí resultó clave para el fin de la Unión Soviética, luego de que Richard Nixon y Mao retomaron relaciones en 1971, es producto de lo que entiende Peter Conradi, entre varios autores, es el surgimiento de una nueva Guerra Fría. Por eso afirma: “Así como Estados Unidos se convulsionó con la pregunta de ‘¿Quién perdió a China?’ después de la victoria del presidente Mao sobre los nacionalistas en 1949, ahora debemos preguntarnos: ‘¿Quién perdió a Rusia?’”.

The Economist afirma que “hay diferencias cruciales entre el resentimiento de hoy y el combate mortal del pasado. Una es que la guerra fría fue una lucha sobre cuál modelo representaba el futuro para el mundo. La confrontación de hoy rechaza la idea de cualquier futuro singular. Rusia y China justifican su autoritarismo en base de la diferencia civilizatoria. No afirman que sus valores son universales; no aceptan los valores occidentales como tales”. Efectivamente, China y Rusia no sostienen que sus civilizaciones son portadoras de valores universales de la humanidad, sino solamente propios. Pero bajo esta postura, cuestionan que los valores de la civilización occidental lo sean. Así, en sus visiones, la calificación de The Economist de denominar sus sociedades de ‘autoritarias’ constituye un acto hipócrita occidental para imponerse sobre ellos. Por ejemplo, luego de la última matanza provocada por quien se identificó como parte de la supremacía blanca, China Radio International afirmó:

“Estados Unidos ha utilizado durante mucho tiempo los derechos humanos como un medio de presionar a otros países. Siempre que no esté satisfecho con algún país, publicará un informe de derechos humanos de ese país. Sin embargo, debe reflexionar sobre su propia situación de derechos humanos antes de criticar a otros países. Para muchos estadounidenses no blancos, el ‘sueño americano’ es en realidad una ‘pesadilla estadounidense’, ya que la supremacía blanca y la incitación al odio se han vuelto tan rampantes en el país”.

Por su parte, en abril, Russia Today objetó a Time su nota “El otro complot de Rusia” afirmando que “aparentemente trata sobre la construcción que hace Rusia de un ‘imperio de estados amorales’ en todo el mundo, pero en verdad esta común diatriba es en realidad una propaganda audaz para la política exterior de Estados Unidos y sus guerras para cambiar regímenes”. Más recientemente, denunció a la prensa occidental por su xenofobia, mencionando un “artículo reciente del New York Times que afirmaba que la corrupción está en el ‘ADN’ ruso y que compartir ‘no es la forma rusa’. Antes de eso, estaba James Clapper, ex Director de Inteligencia Nacional de EE. UU., diciéndole a NBC que los rusos están ‘impulsados genéticamente’ para mentir y engañar”.

La cuestión de ‘haber perdido Rusia’ hace referencia a que, tras la URSS, Boris Yeltsin inició un enamoramiento con Occidente liderado por su Canciller Andrey Kozyrev. Rusia pasó a adoptar instituciones occidentales y recomendaciones del FMI y de EE.UU. para convertirse en una ‘economía de mercado’. Pero también pensaba que sería incluida en sus pactos internacionales, como OTAN y la Unión Europea. Habiendo experimentado sucesivos rechazos, el mismo Kozyrev anunciaría el fin de la luna-de-miel con occidente. Tras la crisis de 1998, su sucesor Andrei Primakov, retoma una visión geopolítica en la política externa y anuncia el interés de acercarse a China e India. Para ese año, en el que entra políticamente en escena Vladimir Putin, el PBI ruso se había reducido al 71% del de 1992. Su tasa de mortalidad se disparó y redujo su población en 6 millones de personas en 10 años, la mitad debajo de la línea de pobreza. Rusia pasó a considerar que, más allá de sus deseos, occidente no tenía interés en incorporarla, y asumió una postura anti-occidental. La expansión de la Unión Europea y de la OTAN, incorporando países que eran de la Unión Soviética mientras se la excluía, pasó a ser entendido como un plan occidental de asfixiarla.

Para The Economist, la fortaleza de la alianza sino-ruso es puesta en duda por causa de los históricos deseos rusos, iniciados por Pedro ‘El Grande’ en el siglo XVII, en pertenecer al mundo occidental, a diferencia de China. Queda, así, en observar el ímpetu de esta identificación no-occidental entre ambos. Principalmente porque, como la publicación destaca, existe una gran diferencia de poder económico en favor de China. Además, el proyecto chino de la ‘Nueva Ruta de la Seda’ extiende su zona de influencia sobre Asia central que The Economist denomina ‘tradicional patio trasero ruso’.

Por eso apuesta a que ese carácter subalterno, ‘socio junior’, tarde o temprano empujará otra vez a Rusia a mirar hacia el oeste. En ese momento afirma que quien sea presidente de Estados Unidos deberá emular lo que hizo Nixon en 1971, cuando retomó las relaciones con Mao, quebradas desde su Revolución Comunista en 1949, y viajó a Pekín, dando un golpe fundamental a la URSS. En este caso, dice The Economist, el presidente de EE.UU. debería viajar a Moscú...

Sería la repetición de una jugada geopolítica que fue triunfal pero que en nada estuvo relacionada con valores liberales civilizatorios. No obstante, sí sería un paso lógico de parte quien está viendo cada vez más, no como rival, sino como ‘enemigo’ a China dentro del comercio liberal en la opinión de Wolf. Por eso concluye: “La ideología de China no es una amenaza para la democracia liberal como lo fue la Unión Soviética. Los demagogos de derecha son mucho más peligrosos”.

Por Andrés Ferrari Haines, profesor de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Brasil. @Argentreotros

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Insólito "nacionalismo" del "GAFAT" de Silicon Valley

Ante el cataclismo del globalismo neoliberal brota todo tipo de nacionalismos: político/económico/étnico/religioso y ahora hasta la variante tecnológica del GAFAT (Google/ Apple/Facebook/Amazon/Twitter).

Chris Hughes, cofundador de Facebook, aboga la fractura de la triada monopólica Facebook/WhatsApp/Instagram, pero advierte que "la atomización de Facebook o de otras trasnacionales tecnológicas de EU pudiera ser un problema a la seguridad nacional, ya que los avances en la inteligencia artificial requieren inmensas cantidades de datos y poder computacional cuando solamente trasnacionales como Facebook, Google y Amazon pueden procurar tales inversiones" (https://bit.ly/2LCGzOU).

La connivencia del Pentágono y el GAFAT es circular: desde su génesis del DARPA/ARPANET hasta la rama Defense Innovation Board (DIB) que preside el israelí estadunidense Joshua Marcuse, donde se encuentran los principales dirigentes de las joyas estratégicas de Silicon Valley que tienen como finalidad, sino destruir a sus competidores más eficientes de China, por lo menos contenerlos.

Sheryl Sandberg, ejecutiva de Facebook, comentó que la fractura de la triada Facebook/WhatsApp/Instagram debilitaría a EU en su batalla tecnológica con China, mientras Pekín no hará lo mismo con sus empresas tecnológicas (https://cnb.cx/2Ywd0jF).

Según Sherisse Pham, la restricción de la empresa tecnológica china Huawei por Google a su sistema operativo Android, debido a la "lista negra" de Trump por pretextos de "seguridad nacional", es un "tremendo golpe", ya que Huawei tenía contemplado colocarse como "la primera marca de teléfonos inteligentes a finales de 2020" (https://cnn.it/2HvcAo5).

Las empresas de EU no podrán vender los celulares Huawei sin licencia del gobierno.Huawei depende de los servicios GOOGLE para sus dispositivos como el sistema Android y Google Play.

Un grave problema para Huawei y su cadena de suministros es el retraso en todo el mundo de los servicios de su tan temido 5G (http://tiny.cc/8vm46y).

La guerra tecnológica de Trump/Google contra Huawei tomó un dramático vuelco nacionalista cuando en China los usuarios empiezan a boicotear los productos de EU (https://bit.ly/2HR1LeH).

Conor Sen –columnista de Bloomberg y gerente de portafolios de New River Investments de Atlanta– sustenta que "Silicon Valley contempla las virtudes (sic) del nacionalismo" ante la alternativa de su atomización, cuando el GAFAT "proclamará que son clave para la seguridad nacional de EU contra sus rivales como China" (https://bloom.bg/2HyHlbO).

Para Conor Sen la era de las joyas estratégicas de Silicon Valley no habían crecido con este nuevo "género de cultura nacional" ya que la "era del Internet de Silicon Valley coincidió con el pico de la globalización" cuando el objetivo se centraba en "conectar al mundo y hacer las fronteras nacionales menos importantes".

Hoy las fronteras "nacionales" han regresado con sus muros inexpugnables.

el columnista comenta que no es gratuito que Amazon haya instalado su segunda matriz de "Norteamérica" al norte de Virginia, "cerca del FBI (¡mega-sic!), el Pentágono y otros centros de espionaje".

Así las cosas, según Conor Sen,"el gobierno y la seguridad nacional se están convirtiendo en un círculo pleno para Silicon Valley".

sen concluye que "la industria tecnológica de EU puede decidir que abrazar el nacionalismo estadunidense y acoplarse con la administración Trump representa su mejor opción".

La realidad es que, en la fase de acelerada desglobalización en los dos ejes anglosajones –desde el Brexit hasta el trumpismo y su "proteccionismo nacionalista económico"–, la catástrofe del globalismo neoliberal hizo resucitar las características de supervivencia de la aplastante mayoría del planeta que se expresan en sus caleidoscópicos nacionalismos.

Lo único que hacen las joyas estratégicas del GAFAT de Silicon Valley es cambiarse de piel ante el ascenso geoestratégico irresistible de China y Rusia para dejar atrás su caduco globalismo neoliberal por la modalidad del "nacionalismo tecnológico".

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Miércoles, 29 Mayo 2019 06:28

Trump va dos veces en un mes a Japón

El presidente de EU, Donald Trump, conversa con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, cuando abandona el barco de la armada japonesa, en Yokosuka.Foto Afp

No es común que Trump visite dos veces Japón en el lapso de un mes: la primera vez, del 25 al 28 de mayo, con el pretexto poco creíble de ser el primer mandatario en felicitar al entronizado emperador Naruhito; y la segunda, 28/29 de junio en Osaka, para la disfuncional cumbre del G-20 que servirá de barómetro para las cumbres trascendentales, en caso de celebrarse, de Trump con el zar Vlady Putin y el mandarín Xi, respectivamente.

Trump pudo haber esperado un mes para felicitar al emperador y a la emperatriz Masako, quien se graduó en Harvard y es experta en negociaciones comerciales.

Después de haber jugado golf con el primer ministro japonés Abe, Trump comentó en un tuit que esperaría hasta después de las elecciones de la Cámara Alta de julio antes de alcanzar un acuerdo comercial para agosto.

En 2018, Japón tuvo un déficit de 56 mil 800 millones de dólares con EU, que Trump endosa a la industria automotriz nipona, en particular, a Toyota.

¿Lo que no puede obtener Trump con China, lo piensa compensar con Japón cuyo primer ministro Abe ha prometido invertir 40 mil millones de dólares en EU?

No fue nada sorprendente que Trump apoye la intermediación del primer ministro Abe con Irán y quien visitará Teherán en los próximos días (https://bit.ly/2I45OVr). Sería la primera vez que un primer ministro japonés visite Irán desde 1978 (un año antes de la revolución jomeinista).

En Sputnik aduje que "Trump había proporcionado un teléfono a la diplomacia suiza para que los iraníes se pusieran en contacto con él y así iniciar las negociaciones. En paralelo, el canciller iraní Yavad Zarif proclamó en Tokio de que Irán tampoco deseaba la guerra. Aquí también Japón puede jugar un favorable rol de lubricador" (https://bit.ly/2VIqVpG).

Japón importa petróleo de Irán, lo cual sería afectado por las sanciones salvajes de Trump al país persa para doblegarlo.

La guerra del "equipo B (Bolton/Pompeo)", con instigación del primer ministro israelí Netanyahu, ha perdido su inercia y ya hasta Trump abiertamente comenta que no favorece el "cambio de régimen" en Teherán y que está abierto a la intermediación de Japón que mantiene óptimas relaciones con el país persa (https://bit.ly/2WaUu3F).

Trump agregó que Irán tiene "un potencial económico tremendo" (https://bit.ly/2McEE41), mientras ocurría una desescalada retórica propiciada por el encuentro del canciller iraní Yavad Zarif con la muy influyente senadora californiana Dianne Feinstein del Partido Demócrata (https://bit.ly/2HUz5S4).

Vivian Salama, corresponsal en Tokio del Wall Street Journal, que suele ser muy favorable a Trump, expresó que el presidente de EU "inició su visita de cuatro días a Japón con una nota provocativa en su tuit" en el que comentó que el lanzamiento por Norcorea de "algunas pequeñas armas, perturbaron a algunas de mi gente y a otros, pero no a mí" (https://on.wsj.com/2HEJVNq).

Jesse Johnson, del Japan Times, aborda la "diplomacia Sumo": conforme "el primer Abe corteja a Trump", los tuits del caprichoso presidente de EU "han dejado enervados a los japoneses" (https://bit.ly/2EBx24x).

Trump festejaba el acuerdo comercial con Japón en agosto, mientras el vicesecretario de gabinete Yasutoshi Nishimura lo desmentía (https://bloom.bg/2wpIRq4).

En realidad, Trump abusa del paraguas nuclear que EU provee a Japón para cobrarse la factura de "seguridad" por la vía automotriz y agroindustrial.

De entrada, el G-20, con la excepción de EU en la fase proteccionista de Trump, se pronunciará por el multilateralismo que beneficia las exportaciones del país anfitrión, no se diga de China.

Trump juega –dejando muchas veces en ridículo a su "equipo B (John Bolton, su asesor de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo, su secretario de Estado)"– unos contra otros, aliados y adversarios por igual, para sacar ventaja integral: usa a Japón contra China; requiere de Japón para una intermediación en su naufragio con Irán que hubiera puesto en peligro su anhelada relección; desecha el peligro de los misiles norcoreanos para poner en jaque las negociaciones comerciales con Tokio; y amedrenta la agenda multilateral de la cumbre del G-20 en Osaka.

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Miércoles, 15 Mayo 2019 06:00

Tucídides, Trump y la guerra con China

Tucídides, Trump y la guerra con China

Entre flotas con portaviones y aranceles de castigo, la administración Trump amenaza a China. Quiere doblegar su poderío económico y frenar su influencia creciente en asuntos internacionales. La República Popular China ya es considerada "adversario" por el complejo militar-industrial de Estados Unidos y los principales medios de información de ese país repiten a coro el mensaje.

Los tambores de guerra se escuchan, y la evolución de los acontecimientos podría anunciar un conflicto bélico entre China y Estados Unidos en el futuro. El análisis de Tucídides sobre la guerra del Peloponeso es más relevante que nunca para el análisis de la coyuntura actual. La lección más importante en su obra es que la principal causa de la guerra es el factor emocional: el temor y la desconfianza.

China es percibida como adversario, porque Washington sabe que su supremacía no puede durar para siempre. La economía estadunidense puede todavía ser la más grande del mundo (dependiendo de la métrica), pero no necesariamente es la más fuerte. Su poderío depende, en buena medida, del papel que juega su divisa en el sistema monetario internacional. Sin embargo, el déficit comercial crónico es un claro indicador de algunas debilidades de la economía de Estados Unidos.

Del total de las exportaciones estadunidenses de bienes y servicios, las de manufacturas de alta tecnología (computadoras, aviones, máquinas herramienta y robots industriales, equipo científico, etcétera) representan 20 por ciento del total. A pesar del alto grado de complejidad de estos productos, Estados Unidos ya enfrenta una fuerte competencia internacional en estos rubros. En contraste, las exportaciones de servicios, entre los que se encuentran los servicios financieros, representan 33 por ciento de las exportaciones totales. Es claro que buena parte de esas ventas al exterior de servicios no se llevarían a cabo si el dólar estadunidense no fuera todavía la moneda hegemónica.

La guerra comercial de Trump contra China se inició en febrero de 2017, con aranceles de 30 y 20 por ciento sobre dos categorías de productos. A lo largo de ese año se fueron imponiendo aranceles a muchos otros productos, y China comenzó a responder con medidas compensatorias. Hoy se han interrumpido las conversaciones que se suponía llevarían a un nuevo acuerdo y el conflicto se ha intensificado. Estados Unidos ha impuesto nuevos aranceles de 25 por ciento sobre 200 mil millones de dólares de importaciones chinas, y Pekín ha anunciado que aplicará medidas compensatorias equivalentes.

¿Cuáles son los objetivos de Washington en esta guerra comercial? En el primer año de la guerra comercial el déficit comercial de Estados Unidos con China se incrementó 11 por ciento (pasó de 375 a 419 mil millones de dólares entre 2017 y 2018). Puede que el déficit se reduzca en los años siguientes, pero eso dependerá de muchos factores y también podría acarrear costos para los consumidores y empresas estadunidenses.

Los negociadores de Estados Unidos saben muy bien que el déficit bilateral no se va a reducir de manera significativa y que tampoco van a regresar las empresas que se fueron a China por sus bajos costos de mano de obra. Para ellas todavía quedan por explotar los paisajes demográficos de Vietnam, Cambodia e Indonesia. Entonces, ¿qué busca Washington con su belicosidad comercial?

Un indicio revelador está en las razones por las que la semana pasada se rompieron las negociaciones entre ambos países. Washington ha acusado a Pekín de renegar sobre los acuerdos a los que había llegado hacía meses. Esos convenios tienen más que ver con la política industrial y tecnológica de China, así como su legislación sobre propiedad intelectual. En este terreno, a Estados Unidos le gustaría doblegar al gigante asiático para mantener un predominio tecnológico que cada vez es más precario.

En el año 433 antes de nuestra era, Atenas impuso a la ciudad de Mégara una serie de severas sanciones económicas que amenazaban con asfixiarla. Ese decreto fue determinante y Esparta sintió que confirmaba sus peores temores sobre los designios de los atenienses para incrementar su poderío e influencia. El conflicto se presentó como inevitable y se desató la segunda guerra del Peloponeso, que terminó con la derrota de Atenas en 404 antes de nuestra era. El costo de la guerra fue terrible y Grecia nunca volvió a gozar de la autonomía que tuvo durante la era clásica. Para Tucídides, en su Guerra del Peloponeso, el factor emocional del miedo y la desconfianza fue la "causa más verdadera" de esa terrible guerra.

Hoy, la política de Washington frente a Pekín sigue el mismo derrotero. Miedo y desconfianza. ¿Preferirá Estados Unidos hundir al mundo en un conflicto nuclear antes que perder su hegemonía? Difícil responder, pero una cosa es cierta: la profecía de una guerra se cumplirá si Estados Unidos no abre el espacio que Pekín siente necesitar como potencia emergente. De adversario a enemigo no hay más que un solo paso.

Twitter: @anadaloficial

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Angustia rusa por la suspensión del INF por Trump: "crisis de los misiles" versión 2019

Después de 57 años de la crisis de los misiles en Cuba, cuando el mundo ha estado más cerca de un apocalipsis nuclear, ahora la suspensión del Tratado INF –Armas Intermedias Nucleares de alcance entre 500 kms y 5 mil 500 kms firmado en 1987 (http://bit.ly/2DByW6r), en su reciente discurso en la Duma, el zar Vlady Putin declaró estar listo a una "crisis de los misiles" al estilo de Cuba: "el despliegue de misiles de Estados Unidos (EU) en Europa amenaza a Rusia y al mundo" (http://bit.ly/2U5ogBD).

Consideró que el emplazamiento en Europa de misiles de alcance corto y medio por EU "agravará de manera drástica la situación de seguridad internacional y generará graves riesgos para Rusia".

Putin denunció que con sus pruebas de "misiles señuelo de medio alcance y su despliegue en Rumania y Polonia de los sistemas de lanzamiento para los misiles de crucero Tomahawk, EU violó burdamente hace tiempo las disposiciones del tratado INF".

Putin advirtió que "Rusia tendrá que producir y desplegar armas que pueda usar contra los territorios donde estén los centros de decisiones sobre uso de sistemas de misiles que nos amenacen". ¿A qué juega Trump?

El mandatario ruso juzgó que las acusaciones de EU "forman parte de la política antirrusa que promueve la élite estadunidense, convencida de su exclusividad y superioridad sobre el mundo".

Recalcó que "Rusia no está interesada en una confrontación con EU" a quien exhortó calcular "el alcance y la velocidad de nuestros sistemas de armas avanzados" cuando parece que EU "no se percata de cómo, a qué ritmo está cambiando el mundo" y "continúa su política destructiva".

Putin dio pauta a la negociación cuando Rusia quiere tener "relaciones amistosas y de pleno valor" con EU: "Estamos dispuestos a negociar sobre el tema del desarme; pero no vamos a llamar más a la puerta cerrada" hasta que "se den cuenta de la necesidad de un diálogo igualitario".

Con antelación comenté que quizá la suspensión del INF por Trump tenga como finalidad implicar a China en un acuerdo tripartita cuando el "reloj apocalíptico", del Boletín de los Científicos Atómicos, se encuentra ya a dos minutos de la medianoche (http://bit.ly/2TBrYmi).

A mi juicio, Rusia teme, no se diga China, la ruptura de la "estabilidad estratégica" global que cohíbe la ventaja nuclear de una de las dos superpotencias nucleares (http://bit.ly/2U4XbOV).
Quizá Moscú tema más la repetición de la carrera armamentista que la arruinó en la década de los 80 del siglo pasado y la fantasiosa "Guerra de las Galaxias" con la que Reagan engañó al cándido Gorbachov.

El portal europeo DeDefensa traduce la angustia de Rusia que “es probable coloque sus misiles crucero hipersónicos (http://bit.ly/2OTZvX3) en submarinos o navíos rusos frente a las costas orientales de EU”, densamente pobladas (http://bit.ly/2BQUYQ5).

Una Tv estatal rusa advirtió que el Pentágono y la Casa Blanca serían "blancos de un ataque nuclear" en sólo cinco minutos (https://bit.ly/2tAFZFs).

El ex director de la CIA y hoy secretario de Estado Mike Pompeo desechó los asertos del zar Vlady Putin como "fanfarronadas" diseñadas a dividir a Washington de sus aliados europeos y que constituían una vacua amenaza con la que el líder ruso intenta desviar la atención de las presuntas violaciones de Moscú al INF: "ahora es tiempo de averiguar cómo movernos hacia delante y venir con algo con lo que los rusos puedan vivir". Agregó que Putin "intenta convencer al mundo y colocar una cuña entre EU y Europa" que "está totalmente de acuerdo para apoyar nuestra decisión". ¿Y que tal si no es "fanfarronada"?

El mandamás de la deslactosada OTAN, Jens Stoltenberg, comentó que la "OTAN no desplegará ninguna arma nuclear en el territorio europeo en respuesta a los misiles rusos" (http://bit.ly/2U5vQML).

Pese al endurecimiento de Putin y Pompeo, detecto que se han dado margen para negociar un INF más integral, al estilo del Arte de Negociar de Trump, quien paradójicamente busca su Nobel de la Paz (no es broma) con Norcorea, y que en este caso no es ningún juego mercantil ni de casinos.

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Lunes, 10 Diciembre 2018 06:05

Espectros de la globalización

Espectros de la globalización

1. Escenarios. En tiempos de conjuras donde el poder económico domina, bajo atentas miradas espectrales, tanto los servicios intelectuales de la academia orgánica como el contenido de la información que se encargan de distribuir las redes sociales y medios de comunicación hegemónicos, se hace presente el desafío liberador de “atreverse a saber”. Desafío este que nos convoca para la tarea de ampliar los espacios de un pensar crítico, y situado, que contribuya a correr los velos que encubren la realidad opresora en camino a lograr transformarla. En esa perspectiva, el examen de la actual etapa del tecno-capitalismo financiero y de la operatoria que despliega, a través de sus agencias internacionales, con el fin de desmembrar el Estado-Nación, permite comprender el fundamento y sentido final del “modelo de gobernanza global” diseñado por los conglomerados oligopólicos.


2. Poder empresario trasnacional. Ante todo, siempre es ilustrativo recordar que la metáfora optimista de aquella “mano invisible” que conduce a la competencia (anunciado por Adam Smith en el mediodía de la Revolución Industrial europea) derivó, en realidad, en un proceso sucesivo de: acumulación, concentración y centralización de capitales que, desde un primer momento, estuvieron articulados con el sistema financiero y con los prestamistas internacionales “de último recurso”, conforme ya lo expusiera Rudolf Hilferding en 1910. Proceso de “centralización” ese que se ha visto reflejado en múltiples informes, entre los que podemos destacar: los producidos, a partir del año 1905, por la “Comisión de Corporaciones” estadounidense y en los resultados de una investigación realizada en la Escuela Politécnica Federal de Zurich (una de las principales universidades de Europa continental). Investigación que, a partir de cruzar datos correspondientes a 37 millones de compañías e inversores de todo el mundo, permitió establecer el alto grado de concentración e hiperconectividad de la economía mundial, en cuyas entrañas un grupo de 147 consorcios –algunos de ellos con subsidiarias o ramificaciones en Argentina– controla un 40 por ciento del ingreso total de las empresas trasnacionales.


3. Agencias de la globalización. En el devenir del capitalismo (en sus variables neoliberal, del estado benefactor o de democracia blindada fascista), el modelo estratégico de “gobierno global” desterritorializado –en lucha por controlar el aparato estatal y constituir una alternativa ante la pérdida del liderazago norteamericano de los últimos 70 años– tiene como uno de sus objetivos nucleares el desmontar las bases e instituciones del Estado y la Sociedad. Deconstrucción encaminada a conformar un sistema de gestión política, a cargo de empresarios corporativos dominantes, y legitimado en torno a la idea de “soberanía supraestatal difusa”. Proyecto este que da paso a acciones y mensajes destinados a producir subjetividad, en vías a desmantelar los enlaces históricos de identificación singular con nuestros entornos, cultura y convicciones a la vez de invisibilizar los actores colectivos, para centrarse en desacreditar, entre otras, a las instituciones políticas, judiciales, educativas, sindicales, deportivas y organizaciones libres del pueblo. De forma que todo aquello que nos constituye subjetivamente como sujetos e identifica con nuestro país, afectos, el pueblo y sus necesidades, se disuelva.

En rumbo hacia esa “gobernanza global”, las transnacionales actúan mediante agencias como el FMI, OCDE, OMC o el BM (de cuyo seno emergió “Transparencia Internacional”) a la sombra de las cuales se instalan y ejecutan –bajo presión o a cambio de ayuda financiera internacional y prebendas– los mandatos de corporaciones con asiento en EU, UE y Japón. En ese entramado, nada interfiere con un poder que, en pos de optimizar su tasa de ganancia, llega incluso a impulsar decisiones contrarias a los intereses de los propios países donde tienen asentadas sus casas matrices. Tal como ocurrió en el paradigmático caso del embargo de petróleo dispuesto por empresas multinacionales –del Grupo Aramco– sobre las entregas de combustibles al gobierno y fuerzas armadas de EE.UU., con el fin de alcanzar un aumento en el precio de hidrocarburos a resultas de la “Guerra del Petróleo” (maniobra que fuera investigada por la Subcomisión de Compañías multinacionales del Senado norteamericano)


4. Mejor hablar también de ciertas cosas. Con posterioridad a la “Gran depresión” la cuestión de regular las maquinaciones de los conglomerados oligopólicos constituyó una preocupación central en materia de estudio y vigilancia de la criminalidad empresaria. No obstante, a fines del siglo XX –a la saga de las propuestas neoliberales emanadas de la “Comisión Trilateral” y del Departamento de economía de la Universidad de Chicago– la OCDE, enarbola la bandera de los “Códigos sobre liberalización del capital” y con la colaboración de sectores del “establishment” intelectual de las academias norteamericana y alemana, batalló por desviar el eje de atención de las maniobras monopólicas hacia el control de la corrupción y de los delitos políticos de efectos económicos en el ámbito del “global south”. Traslado este que, en muchos casos ha sido impuesto o bien importado de forma mecánica (en una suerte de “tic” por “estar a la moda”) y sin mayor análisis respecto de su real génesis e implicancias. Sin duda, el abuso de poder encaminado a obtener beneficios ilegítimos, por parte del sector privado y funcionarios públicos, resulta merecedor de reproche, tanto por el perjuicio que genera en las arcas del estado como por la deslealtad –cuando no traición ideológico-política– para el conjunto de la sociedad. Pero, además, corresponde poner de relieve que el publicitado abordaje de presuntos actos corruptos o el lavado de activos, está dirigido, en realidad, a distraernos del hecho que las prácticas más perjudiciales sobre la economía, el sistema productivo, el conjunto del cuerpo social y, en especial, los más pobres, son consecuencia de maniobras silentes del oligopolio empresario. Oligopolio que se traduce no sólo en distorsiones en el nivel de precios, deterioro salarial y sobrecostos artificiales en los sistemas de comercialización (cartelizados) de productos básicos, sino que se expresa fundamentalmente en ardides como ser: abuso de información privilegiada, baja reinversión de utilidades y transferencias de dinero “negro” a paraísos fiscales (en especial Norteamérica, que no adhirió a las recomendaciones sobre inspección de cuentas bancarias depositadas en el exterior) evasión fiscal, contaminación del medio ambiente y contrabando. Complots estos que dan forma a los ilícitos económicos más graves y que sin embargo, en un giro hacia un derecho penal económico “marcha atrás”, han quedado ausentes de “atención” por parte de la justicia y la prensa, cuando no ocultados por normas (como la última Ley de “defensa” de la competencia) para pasar a quedar impunes. Los manejos delineados pujan, en definitiva, para que en el caso de gobiernos populares, se vea acotada en forma paulatina, la capacidad de decisión y para poder resolver los conflictos que se suscitan entre el interés de la comunidad y el lucro corporativo. Lo que hace reaparecer y vuelve a instalar, también, el desafío político-criminal de emprender acciones encaminadas a castigar las conjuras disvaliosas de las trasnacio

nales.


* Profesor de la materia Delitos Económicos (UBA). Presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires (2011-2013).

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G-20: No hubo ruptura pero cada uno hizo su juego

Los presidentes reivindicaron el comercio internacional, pero por primera vez no se condenó explícitamente el proteccionismo económico y se llamó a reformar la OMC. En materia ambiental no se pudo adoptar una posición común.

La cumbre de presidentes del G-20 cerró ayer con una declaración conjunta que sirvió para evitar el fracaso explícito del encuentro, aunque dejó en evidencia las profundas diferencias que separan a Estados Unidos del resto de las potencias en temas centrales de la agenda global como el comercio internacional y la preservación del medio ambiente.


Por primera vez desde que se reactivó este foro multilateral hace ya diez años el texto no incluyó una condena explícita al proteccionismo económico, dejando en claro cómo impacta en los espacios multilaterales el giro que le imprimió Donald Trump a la política exterior de Estados Unidos. En la declaración incluso se incluyó un punto que llama a la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC), entidad que viene siendo duramente cuestionada por Trump. En lo que respecta al medio ambiente, para evitar una ruptura se optó por una decisión salomónica consistente en incorporar un párrafo con la posición de quienes respaldan el Acuerdo de París y otro donde Estados Unidos marca sus diferencias. El presidente Mauricio Macri se limitó a observar esta pelea entre las principales potencias casi como un espectador de lujo y al cierre del evento celebró que haya habido un comunicado (ver aparte).
Los presidentes del G-20 emiten una declaración por año, la cual se va negociando durante meses en distintos encuentros ministeriales. Cuando la cumbre de líderes se acerca, esas negociaciones se intensifican y se concentran sobre los puntos conflictivos. El jueves los sherpas encargados de ese tira y afloje estuvieron reunidos hasta las 2 de la mañana y el viernes fue otra jornada agitada, pues de nada hubiera servido tener la gran mayoría de los puntos del documento consensuados si finalmente, por ejemplo, no se ponían de acuerdo en torno al Acuerdo de París y Trump terminaba pegando un portazo.


Los líderes tienen claro que este tipo de espacios multilaterales tienen algún tipo de sentido solo si se llega al menos a un mínimo consenso, pues de lo contrario el efecto termina siendo contraproducente por el desgaste que le genera a las partes. El presidente francés Emmanuel Macron había dejado en claro este punto hace algunos días cuando aseguró públicamente que “si no conseguimos acuerdos concretos, nuestras reuniones internacionales se vuelven inútiles”.


Con la intención de evitar esa ruptura explicita, en lo que refiere a la disputa ambiental el documento final de 31 puntos que se distribuyó ayer por la tarde le dedicó un párrafo a cada posición. “Los firmantes del Acuerdo de París, quienes también se unieron al Plan de Acción de Hamburgo, reafirman que el Acuerdo de París es irreversible y se comprometen a su completa implementación”, señala el punto 20, mientras que en el punto siguiente aclara: Los Estados Unidos reitera su decisión de retirarse del Acuerdo de París y afirma su fuerte compromiso para el crecimiento económico y accesos a energía y seguridad, utilizando todos las fuentes de energía y tecnologías al tiempo que protege el medio ambiente”.


El otro tema que divide las aguas son las reglas que rigen el comercio internacional. Trump pateó el tablero al poco tiempo de asumir la presidencia de Estados Unidos e inició una ofensiva comercial en defensa de sus intereses que tuvo a China como principal objetivo. En julio le aplicó una serie de aranceles y el gigante asiático respondió de la misma manera quedando declarada la guerra comercial entre las dos principales potencias mundiales que ha ido escalando y tiene en vilo al resto del mundo, pues ambos países en conjunto representan más del 40 del PBI mundial.

La declaración de los presidentes trató de hacer equilibrio en medio de esta disputa. “El comercio y las inversiones internacionales son motores importantes de crecimiento,

productividad, innovación, creación de trabajo y desarrollo. Reconocemos la contribución que el sistema de comercio multilateral ha hecho para este fin”, dice el texto, pero, a diferencia de las ocasiones anteriores no llamó a luchar contra el proteccionismo y le apuntó a la OMC, una de los engranajes de la arquitectura internacional que Trump tiene en la mira. “El sistema actualmente no cumple con sus objetivos y hay espacio para mejorar. Por lo tanto, apoyamos la reforma necesaria de la Organización Internacional de Comercio para optimizar su funcionamiento, revisaremos su progreso en nuestra próxima cumbre”, destaca el texto. Luego de la disputa que mantuvieron dentro de la cumbre, Trump y el presidente chino Xi Jinping mantuvieron una reunión bilateral junto a sus equipos para seguir negociando cara a cara reglas que garanticen nuevas condiciones de equilibrio para el escenario internacional. Por ahora, lo único claro pareciera ser que el modelo de liberalización comercial gradual instrumentado a mediados del siglo XX para dejar atrás el proteccionismo que derivó en las dos guerras mundiales está en rediscusión. Por eso se puso el foco en la reforma de la OMC, organismo creado en 1995, pero que marca la continuidad de un proceso que comenzó con la aprobación del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) en 1947. Lo que aún está por verse es si estos escarceos son solo un reacomodamiento dentro del mismo esquema o un punto de quiebre que le abre las puertas a un escenario todavía desconocido.
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La cena del medio billón de dólares: China y EEUU se reúnen en privado durante el G-20


Donald Trump y Xi Jinping se reunirán este sábado durante una cena en Buenos Aires. ¿Qué puede pasar durante el encuentro? Una marcha atrás en los aranceles

parece improbable


Si a Donald Trump y a Xi Jinping les preocupa algo el colesterol, lo mejor va a ser que no pidan carne en su cena de esta noche. Si cumplieron con todas las comidas que el Gobierno de Argentina programó para los líderes del G20, habrán pasado ya por choripanes, ojos de bife, empanadas de carne y filetes de lomo. Y aún les quedan los corderos de la Patagonia reservados para el almuerzo del sábado.


Pero tal vez el colesterol sea lo que menos preocupe a los presidentes de China y Estados Unidos en su encuentro bilateral de este sábado, el primero que celebran desde que en noviembre de 2017 se vieron en Pekín. Entre los 250 mil millones de dólares de exportaciones chinas que ya sufren un 'arancel Trump' y los 267 mil millones que podrían sumarse, la batalla de Xi Jinping esta noche es por un negocio de más de medio billón de dólares, una cantidad comparable al PIB de Suecia. Además de ampliar el número de artículos arancelados, la amenaza de Trump es incrementar en enero el gravamen que ya están pagando muchos productos chinos, haciéndolo pasar del 10% al 25%.


Más importante que el menú es el nombre de los invitados a la cumbre bilateral. La confirmación de Peter Navarro, por el lado de Trump, contribuyó en gran medida a los vaivenes que el viernes sufrió el índice bursátil Dow Jones en la Bolsa de Nueva York. Funcionario de Trump en la Casa Blanca, Navarro defiende la línea dura contra Pekín desde los días en que el magnate republicano se postulaba como presidente y dicen que fue él quien insistió en que el presidente eligiera a China como rival estratégico.


¿Qué puede pasar en el encuentro de hoy? Una marcha atrás en los aranceles ya impuestos parece descartada hasta por los funcionarios chinos. Según el periódico The Wall Street Journal, su objetivo es que las cosas queden como están y Trump no cumpla con su amenaza de incluir nuevos artículos a las barreras y de subir los aranceles existentes.


Para Ian Bremmer, de la consultora en riesgo geopolítico Eurasia Group, ese es un escenario posible debido a "la gran cantidad de tiempo que las dos partes han pasado preparando el encuentro y asegurándose de que sale algo productivo de él". "La pregunta", dijo Bremmer a eldiario.es, "es si estamos ante el primero de muchos encuentros, en cuyo caso seguiríamos con la amenaza de nuevos aranceles el 1 de enero, o si llegan a un acuerdo macro entre China y los Estados Unidos que funcione como un 'alto el fuego' en la guerra comercial".


En opinión de Bremmer, alcanzar ese acuerdo macro que evite nuevas beligerancias en enero está dentro de lo esperable. El problema con Trump es que la variable del escándalo doméstico está siempre demasiado cerca y, como dice Bremmer, en esas circunstancias el presidente "puede ser especialmente autodestructivo".
Habrá que administrar con prudencia el optimismo, entonces. Este jueves, el exabogado de Trump, Michael Cohen, confesó haber hecho declaraciones falsas en relación a la construcción de una Torre Trump en Moscú cuando el Congreso de EEUU lo investigaba por las posibles connivencias con Rusia en las presidenciales de 2016. "¡Caza de brujas!", respondió ayer Trump en un tuit desde Buenos Aires.


Pero si consigue dominar sus impulsos, a Trump también le conviene el alto el fuego. Es verdad que, en principio, las hostilidades comerciales debilitan principalmente a China porque su economía depende más de las exportaciones que la de Estados Unidos, pero dañar al crecimiento chino termina afectando siempre a las economías de Europa y de Estados Unidos.
De acuerdo con un análisis de Bloomberg, China tiene tres cosas que ofrecer para evitar el embate: relajar el requisito que obliga a los inversores extranjeros a compartir el capital de las empresas con el Estado chino; combatir de verdad el robo de propiedad intelectual; y presentar una hoja de ruta creíble en la que el déficit comercial de Estados Unidos con China se vaya reduciendo progresivamente.


La batalla de los aranceles es la más visible pero podría ser solo una excusa. Según Néstor Restivo, director de la p ublicación argentina sobre las relaciones de China con América Latina DangDai, el gran objetivo de EEUU es "frenar como sea el ascenso de China": "Lo de los aranceles es la punta del iceberg, una herramienta que tiene para impedir que China crezca tan rápidamente, pero lo que está de fondo es el tema tecnológico, el Plan Made in China 2025 es lo que de verdad preocupa, un proyecto chino de mucho avance en inteligencia artificial, biotecnología y robótica".


En opinión de Restivo, el mejor resultado del encuentro entre Trump y Xi Jinping esta noche sería "un acuerdo de partes para ordenar una transición hacia unas relaciones de fuerzas más equilibradas, un mundo más multipolar en el que se tendrían que empezar a aceptar espacios de intervención del uno y del otro, como que Estados Unidos pueda hacer negocios en Asia y que a cambio no interfiera en los negocios de China en América Latina".


Sobre el papel, suena bien. El problema es que a la potencia en ascenso le resulta más fácil aceptar la nueva multipolaridad del mundo que a la que ve amenazada su supremacía. No parece una píldora fácil de tragar por Trump aunque por otro lado, y como dice Restivo, "la rivalidad existe y China no va a dejar de crecer por estas amenazas".

Por Francisco de Zárate
30/11/2018 - 20:17h

 

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Viernes, 30 Noviembre 2018 05:42

Trump se acerca a China, pero no tanto

Trump se acerca a China, pero no tanto

El republicano dijo que podrían lograr un acuerdo comercial, pero que él preferiría no hacerlo

En medio de la guerra comercial, el magnate neoyorquino afrimó que el mundo está abierto a hacer un trato, pero que le gusta el acuerdo que tiene ahora con China. Trump y Xi se reunirán mañana con agenda abierta y en un lugar secreto.


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo ayer que un acuerdo comercial con China estaba “cerca”, pero agregó que él preferiría no llegar a uno, enfriando las esperanzas de un avance en la cumbre del G-20. Trump y el presidente chino, Xi Jinping, se reunirán durante la cumbre en Argentina, que comienza hoy. “Creo que estamos muy cerca de hacer algo con China pero no sé si quiero hacerlo”, les dijo Trump a los periodistas de la Casa Blanca antes de iniciar su viaje a Buenos Aires.


Estados Unidos inició en julio una guerra comercial con el gigante asiático al imponer un aumento de los aranceles a la importación de productos chinos por valor de 34.000 millones de dólares. En septiembre, Washington gravó además un arancel del 10 % a 200.000 millones de dólares de importaciones chinas, que subirá al 25 % en enero de 2019, y ha amenazado con sancionar bienes por otros 267.000 millones de dólares. Las autoridades estadounidenses han renovado en los últimos días sus críticas a China ante la reunión entre ambos mandatarios.


China criticó la agresiva política comercial de EE.UU. “por sus dañinas consecuencias” y aplicó medidas recíprocas a más de 60.000 millones de dólares en importaciones estadounidenses.


Los mercados esperan que se pueda llegar a un acuerdo antes de fin de año, cuando los aranceles estadounidenses aumenten significativamente.


Ayer, Trump también reiteró que los aranceles estadounidenses generaban ingresos fiscales: “Lo que tenemos ahora es que miles de millones y miles de millones de dólares ingresan a Estados Unidos en forma de impuestos”, dijo, resaltando los beneficios de la disputa comercial.


Es más, Trump recomendó a aquellas empresas que sufren los impuestos que trasladen sus fábricas a su país. “Si las empresas no quieren pagar aranceles, que produzcan en Estados Unidos”.


Los economistas y críticos de las políticas comerciales de Trump señalan que los impuestos son pagados por los importadores y, por lo tanto, constituyen un gravamen a la industria y a los consumidores de Estados Unidos que China no paga.


El magnate republicano dijo que creía que Beijing esperaba llegar a un acuerdo. “Creo que China quiere hacer un trato. Estoy abierto a hacer un trato, pero francamente me gusta el acuerdo que tenemos ahora”, dijo.


En una entrevista del diario The Wall Street Journal publicada anteayer, Trump consideró “muy improbable” una postergación de la subida de aranceles al 25 % para bienes por valor de 200.000 millones de dólares importados de China, como quiere Beijing mientras las dos partes negocian.


Señaló que si no se llega a un acuerdo con Xi Jinping para la apertura de su mercado a las exportaciones estadounidenses, proseguirá con su presión comercial sobre la segunda economía mundial gravando otros bienes sobre los que aún no ha aplicado subidas arancelarias.


Se confirmó que Trump y su par chino Xi Jinping cenarán juntos mañana, con agenda abierta y en un lugar secreto.

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De la guerra comercial a la guerra militar

En la guerra la superioridad del armamento tiene poca importancia. Muchos conflictos bélicos fueron ganados por la parte que tenía armamento más pobre y menos sofisticado, como sucedió en la guerra de Vietnam. Incluso en las guerras entre estados, ha sido frecuente que los ejércitos mejor armados y más capacitados terminaran derrotados, como sucedió con la Alemania nazi.


En estos momentos el mundo sufre varias guerras, con armas y sin armas o, mejor, con diversos tipos de armamento, pero todas ellas peligrosas. La más reciente es la guerra comercial desatada por el gobierno de Donald Trump contra China, una guerra focalizada en las tarifas comerciales que tiene como objetivo poner de rodillas al país asiático.


Todas las guerras persiguen lo mismo: destruir y aniquilar enemigos, sean éstos naciones, pueblos o sectores sociales. Sin embargo, quienes nos organizamos como pueblos, clases o sexos, los movimientos antisistémicos, no podemos ni debemos encarar la guerra con la misma lógica que los estados mayores de las fuerzas armadas. Si disponemos nuestras fuerzas para aniquilar al enemigo, nos convertiremos en algo similar a lo que combatimos. Es la historia de la Unión Soviética bajo Stalin.


En la coyuntura actual, signada por la proliferación de guerras, parecen necesarias algunas consideraciones sobre lo que está sucediendo y las perspectivas que se van abriendo ante nosotros.


La primera es que no debemos desestimar la actual guerra comercial o económica, ya que anticipa una guerra militar porque apunta al mismo objetivo: poner de rodillas al otro. Si observamos el mundo en perspectiva, podemos afirmar que hemos ingresado en un periodo de destrucción masiva capitaneado por el capital financiero y su brazo armado, el Pentágono.


Vivimos un agravamiento del clima bélico que llevará, nada es inevitable por cierto, hacia una confrontación armada entre potencias nucleares. No debe descartarse, por tanto, la utilización de armas atómicas, con toda su gravedad para la vida en el planeta.


Sin embargo, el arma atómica no modifica la lógica de la guerra, como lo anticipó hace décadas uno de los más brillantes estrategas, Mao Tse Tung, con una tremenda frase: la bomba atómica es un tigre de papel, que es utilizada para intimidar a los pueblos.


Las guerras las ganan los pueblos que muestren mayor cohesión (que no unanimidad) y coraje para defenderse, y que se hayan dotado de una dirección política que interprete esa voluntad. El pueblo soviético derrotó a los nazis por su contumaz decisión de defender la patria, al igual que los vietnamitas frente a los yanquis y los argelinos ante los franceses. Cuba superó la agresión y el bloqueo por la energía y la voluntad de su pueblo.

Fueron decisiones tomadas abajo, en los espacios de la vida cotidiana, las que blindaron a esos pueblos para defenderse colectivamente.


La segunda cuestión deriva directamente de la anterior: el punto clave es la defensa, que es mucho más potente que la ofensiva. Es en la defensa cuando un pueblo asume su condición de tal, cuando le da forma y sentido a su ser colectivo. La defensa ante ataques exteriores tiene la capacidad de cohesionar, mientras la ofensiva debilita al enemigo si somos capaces de perdurar.


Por tanto, en estos momentos la clave es la permanencia, persistir y sostenernos para sobrevivir como pueblos. Incluso la retirada sin combatir puede tener sentido si se trata de seguir existiendo. Esto vale para los pueblos y para las naciones, las clases y los grupos sociales. No tiene el menor sentido jugarse el futuro en un arrebato para destruir a quien nos ataca.


Los pueblos están optando por la defensa no violenta de sus territorios. Es lo que observamos entre los mapuche, los nasa-misak, los zapatistas, los afros y los aymaras que resisten de forma masiva y maciza, organizados comunitariamente. No hay atajos para evitar el dolor y la muerte, pero hay capacidad para transmutarlos en potencia colectiva.


La tercera cuestión es la más compleja, porque los movimientos emancipatorios no tenemos mucha experiencia en un camino tan necesario como inédito: desarmar la estrategia de aniquilar al enemigo porque es, de forma simultánea, el camino para interiorizar la lógica del enemigo.


La racionalidad de la guerra corre pareja con la propuesta de ocupar el Estado y convertirlo en la principal herramienta para la emancipación. Este fue un camino razonable un siglo atrás, cuando no había ninguna experiencia sobre los enredos que esa estrategia suponía para los movimientos anti-sistémicos. Como sabemos, señaló el rumbo de su conversión en movimientos conservadores y represivos.


En este recodo de la historia no tenemos otra alternativa que la creatividad. Repetir las estrategias que nos llevaron al fracaso es garantía de volver a tropezar con las mismas piedras. En un periodo de gran confusión, necesitamos apegarnos a una ética que nos dice que las herramientas nunca fueron ni pueden ser neutrales.

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