Guerra comercial: no es el comercio, es la guerra

En la lógica de las superpotencias, el poder económico y el poder militar están estrechamente ligados. No hay superpotencia militar sin un gasto económico astronómico ni hay poderío económico sin una hegemonía militar.

 

La lógica histórica indica que los países, sobre todo las grandes potencias económicas, no realizan cambios de políticas dramáticas al menos que exista una crisis en curso de la que se quiere salir desesperadamente o se haya realizado una previsión de un escenario indeseado a largo plazo.


Aunque en Estados Unidos deberíamos aprontarnos para una recesión en un par de años, no se puede decir que una recesión es una crisis. Por el contrario, tanto el presidente Trump como todos los economistas del gobierno y de los think tanks más reconocidos (expertos en equivocarse, pero esa es otra discusión), sólo insisten en augurar la continuidad del crecimiento económico, más o menos al ritmo que lo había hecho durante los años de Obama e, incluso, algo más. Es cierto que Estados Unidos tiene un notable déficit comercial con China, es cierto que podemos imaginar que Trump no es tan cínico y de verdad quiere beneficiar a esos granjeros, mineros y proletarios del Medio oeste, pero cualquiera puede entender que, en relaciones internacionales, no hay acción sin reacción, y que tanto la reacción arancelaria y comercial de Europa como la de China golpeará, precisamente, a ese grupo de votantes de Trump. Estados Unidos todavía es más fuerte que China, pero el presidente chino, Xi Jinping, por razones políticas y culturales, tiene mucho menos que temer de una crisis económica que cualquier presidente del mundo occidental.


No es la economía, al menos no a corto y mediano plazo, la razón que motiva estos cambios en política económica. Es algo que está más allá del horizonte. En geopolítica siempre (y, tal vez, únicamente) se debe leer entrelíneas cada declaración de intención.


En la lógica de las superpotencias, el poder económico y el poder militar están estrechamente ligados. No hay superpotencia militar sin un gasto económico astronómico ni hay poderío económico sin una hegemonía militar.


Pero, en cualquier caso, los recursos, por astronómicos que sean, son siempre limitados. Es interesante que el presidente Trump haya propuesto la creación de una costosa División Espacial, para diferenciarla de la Fuerza Aérea, en el entendido de que las futuras guerras se liberarán en el espacio, y a los pocos días haya propuesto la fusión del Ministerio de Educación con el Ministerio de Trabajo. Más claro es imposible. Lo cual no quiere decir que estas sutiles revelaciones del proyecto principal sean las mejores respuestas a una evaluación de la realidad futura donde (probablemente estén pensando en el 2035) China se ha convertido en la primera potencia económica del mundo y, consecuentemente, caminará hacia convertirse en la primera potencia militar.


Sin embargo, la propuesta de una “guerra espacial” todavía es parte de la fantasía de la Guerra de las Galaxias. Por muchas décadas más, sino siglos, la clave del control mundial estará en los viejos mares, en esos territorios de nadie que conectan a la mayoría de los países del mundo. El Imperio japonés no fue derrotado en Hiroshima y Nagasaki (por entonces Japón ya estaba derrotado y negociando su rendición; las bombas atómicas sobre tantos inocentes fue un movimiento para evitar una invasión soviética a la isla). Japón fue derrotado en Pearl Harbor, cuatro años antes. Al menos allí comenzó su derrota como imperio.


En el océano Pacífico surgió la hegemonía militar estadounidense y en el mismo océano, o en alguno de sus mares, comenzará otra, un siglo después.


En pocas palabras, la repetida “guerra comercial” entre China y Estados Unidos no es comercial sino militar. En un momento de supuesta fortaleza económica en Estados Unidos, es un recurso geopolítico, no una necesidad del mercado. El objetivo es distraer recursos económicos de la potencia en ascenso y su presencia marítima. Es decir, retrasar el mayor tiempo posible una realidad que un grupo de analistas militares, en algún lugar luminoso pero discreto del mundo, asume como inevitable.


Sólo queda por esperar nuevos capítulos de la misma telenovela. Todo, o casi todo, depende de sus creativos escritores.

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Lunes, 09 Julio 2018 07:27

Proteccionismo

Proteccionismo

El presidente de EstadosUnidos, Donald Trump, dice que las guerras comerciales se ganan fácilmente. Para él se trata de reducir el gran déficit comercial que tiene su país respecto de China, y también en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Los flujos transfronterizos de mercancías son correlativos a las corrientes de inversión extranjera, sea ésta directa (en la producción) o financiera. El TLCAN, por ejemplo, es primordialmente un acuerdo para el flujo de inversiones de Estados Unidos a México y de ellas se desprende la corriente de mercancías que se exportan a aquel país.


El tratado acarreó inversiones de lugares como Europa y Japón para aprovechar las cláusulas previstas de exportación con menores aranceles. En el caso de China, el déficit comercial que incomoda a Trump se ha forjado largamente por las ventajas que representa para las empresas en materia de costos.


El déficit se compensa con las enormes corrientes de capital que se invierten en la deuda emitida por el gobierno estadunidense, financian la deuda pública y apoyan al valor de dólar. Este aspecto de las relaciones económicas internacionales no debe perderse de vista.


En términos contables las partidas cuadran entre la balanza comercial y la de capitales. Las cosas no son simples, por supuesto, pues las transacciones económicas entre las naciones involucran siempre muchos otros aspectos.
Abarcan el saqueo de minerales preciosos como ocurrió en las colonias americanas de Europa; la obstrucción de industrias nacionales para beneficiar a los productores de las metrópolis, como sucedió en la India, o bien, la implantación de mecanismos financieros que articulan los procesos de producción y distribución de la riqueza hasta alcanzar dimensiones globales.
Las guerras comerciales se describen usualmente como políticas para “empobrecer al vecino”, aumentado la demanda de la producción interna y reduciendo la dependencia de las importaciones.
Para eso se imponen tarifas (sobreprecios) o cuotas (límites cuantitativos). La protección se alcanza también manipulando el tipo de cambio, con devaluaciones competitivas para acrecentar el nivel de la actividad económica interna.
La protección que se impulsa hoy en Estados Unidos pretende recuperar los empleos que se han ido a otras partes, principalmente por ventajas salariales y también en materia de impuestos.
La situación actual es distinta a la promoción de la industria infante que utilizó Alemania en el siglo 19 para crear una industria propia y competitiva alcanzando los niveles requeridos de tamaño y economías de escala.
La defensa de los productores nacionales mediante la protección se aplicó también en América Latina con la sustitución de importaciones después de la Segunda Guerra Mundial. Luego, como se sabe, se pasó al extremo opuesto de la liberalización a ultranza.
En el capitalismo global las fronteras en materia económica se han ido borrando. De manera más general, la globalidad se ha establecido en los procesos de división del trabajo, salarios, abastecimiento, tecnología y cadenas de producción. La formación de los precios en muchas actividades económicas es de índole global.
Todo ello es consistente con las exigencias de la acumulación de los capitales. Los costos para las empresas estadunidenses se forman en ese terreno y de ello depende su competitividad, así como la pugna por la distribución del ingreso y la riqueza.
Con el nuevo proteccionismo, los consumidores de ese país tendrán que pagar precios más altos por los bienes importados y por los producidos internamente con insumos de fuera. No es claro cómo determinar las consecuencias últimas de la guerra abierta ya en materia de ciertos productos, o bien, a escala de un país determinado como China.
En México, el nuevo proteccionismo es un asunto político relevante. Para el nuevo gobierno es un elemento clave para definir la relación bilateral y, más crucial aún, es para plantear el programa económico interno.

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Viernes, 06 Julio 2018 08:14

Guerras por la superioridad tecnológica

Guerras por la superioridad tecnológica

Uno de los errores másfrecuentes entre quienes deseamos superar el capitalismo es el confundir nuestros deseos con la realidad. En cada recodo de la historia creemos ver el fin del sistema y el triunfo inexorable de sus sepultureros. Sin embargo, se trata de un “error”muy frecuente, incluso entre gobiernos y estados poderosos, que suelen sobrestimar sus capacidades y subestimar las de sus adversarios.

Por eso resulta interesante el editorial del diario oficialista chino Global Times del 24 de junio, titulado “Mantener la calma ante la brecha tecnológica entre China y Occidente” (goo.gl/ZQMrBd). El artículo toma como punto de partida una conferencia de Liu Yadong, editor jefe del Science and Technology Daily (periódico del Ministerio de Ciencia y Tecnología) que causó sorpresa al afirmar que “la brecha tecnológica entre China y los países desarrollados es cada vez mayor”.


El editor del periódico criticó la “inclinación por la jactancia y la exageración en el campo tecnológico de China” y afirmó que los logros del dragón siempre fueron precedidos por los de otros países.
Lo interesante es que el editorial de un diario de la importancia del Global Times elogie el discurso de Liu marcando la necesidad de una “introspección interna” y destacando que “la crítica a la exageración de los logros tecnológicos de China llega en el momento justo”.


Ese momento es la guerra comercial desatada por Donald Trump contra China, que tiene su punto álgido en una guerra por la superioridad tecnológica que se plasma, entre otras, en las sanciones impuestas al gigante chino de las telecomunicaciones ZTE y la multinacional Huawei, suavizadas luego pero con severas condiciones que limitan la compra de componentes a empresas estadunidenses.
Global Times llama a los chinos a permanecer modestos, ya que esa actitud “es beneficiosa para el ascenso de China y ayudará a la sociedad china a ser realista”. En paralelo, hace un llamado a la objetividad y la autocrítica, destaca que China ha realizado enormes avances en todos los sectores, pero sentencia: “Existe una gran brecha entre China y EU, que requiere generaciones de arduos esfuerzos para superar”.


El editorial también convoca a no alarmar a las élites occidentales con alusiones a que China superará a Occidente en pocos años, porque genera temores y resentimientos, sobre todo en Estados Unidos, agravados en este periodo de crisis y desconfianzas mutuas.


El mencionado editorial coincidió con la difusión del Top500, uno de los índices más valorados por los medios chinos, que es el ranking de las 500 supercomputadoras más eficientes del mundo, elaborado de forma independiente de los gobiernos por varias universidades de Estados Unidos. Desde 2012 el tope de la lista correspondió a dos superordenadores chinos, con la peculiaridad de que el Sunway TaihuLight (que lideraba desde 2016) fue creado por el Centro de Investigación Nacional de China con componentes enteramente fabricados en el país.


En la lista de junio de Top500, los ordenadores chinos fueron desplazados por sendos aparatos estadunidenses de la IBM, que ocupan el primero y el tercer lugares. Sin embargo, China amplía su ventaja entre los 500 ordenares más potentes con 206 unidades frente a 124 de Estados Unidos, lo que muestra que la competencia entre ambas potencias sigue siendo muy cerrada (goo.gl/XDE6df ).
Uno de los caminos que ha encontrado China para reducir la brecha tecnológica consiste en la compra de empresas occidentales de alta tecnología y en fuertes inversiones en investigación y desarrollo. Sin embargo, un informe de Global Timesde agosto de 2017 destaca que en las tecnologías de vanguardia las inversiones estadunidenses son muy superiores a las del dragón. En 2016 Estados Unidos invirtió en inteligencia artificial cuatro veces más que China, diferencia similar a la que mantiene en robótica, drones e impresiones 3D, entre otras (goo.gl/Yrgd2z ).


La segunda manera de reducir la brecha viene siendo el robo de propiedad intelectual que hace China, de los más diversos modos, algunos de ellos ilegales pero legítimos. Algo que no debe sorprender, toda vez que las potencias ascendentes en la historia, como Inglaterra y Francia, llegaron al privilegio usando y abusando de la piratería. Los corsarios británicos fueron bendecidos con las patentes de corso que emitían los reyes, de modo que nadie debe sorprenderse de la piratería china.


El sector tecnológico está resultando clave para la seguridad nacional, según creen los gobernantes de las principales potencias. Algunos especialistas estiman que China ganará la batalla por la inteligencia artificial para 2025, cinco años antes que el plazo fijado por el gobierno de Xi Jinping ( goo.gl/N43pTA).


Para quienes pensamos que la historia la mueven los conflictos colectivos, la propuesta de que todo lo deciden las tecnologías nos parece una concesión elitista a las tecnocracias. Los grandes cambios los promueven los pueblos, ayudados en diversos grados por las tecnologías.

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Los aranceles de Estados Unidos a China encienden la guerra comercial

El país asiático ya ha anunciado que responderá con "contraataques necesarios".

 


En la madrugada del jueves al viernes entró en vigor un aumento de los aranceles a la importación de productos chinos por valor de 34.000 millones de dólares impuesto por el Gobierno de Donald Trump impuso, una decisión a la que las autoridades de China ya han anunciado que responderán con "contraataques necesarios".


La entrada en vigor de estos gravámenes supuso el inicio de la temida guerra comercial entre las dos potencias económicas, cuya relación comercial se ha tensado desde la llegada de Trump a la Casa Blanca.


La primera oleada de aranceles de Washington destinados a 818 categorías de bienes importados de China incluye mayoritariamente componentes de la cadena de suministro del sector industrial y tecnológico, pero también apunta a varios bienes de consumo, como bombillas de luz LED y cigarrillos electrónicos, entre otros.


La entrada en vigor de estas sanciones del 25% a importaciones chinas por valor de 34.000 millones este viernes forma parte de la primera fase de un castigo total de 50.000 millones, según anunció la Casa Blanca a mediados de junio.


Los otros 16.000 millones entrarán en vigor en las próximas dos semanas, según anunció este jueves el propio Trump, que también avisó de que EE.UU. responderá con otros 200.000 millones si China decide contraatacar y después con otros 300.000.


Los analistas de Bloomberg han calculado que, con estas medidas, el producto interior bruto de China para 2019, que está previsto que crezca un 6,5 % este año, podría sufrir una desaceleración de dos décimas.


Pekín, por su parte, ha reiterado en varias ocasiones que no está a favor de iniciar una guerra comercial contra Estados Unidos, pero este mismo viernes anunció que emprenderá "los contraataques necesarios" como respuesta al hecho por Estados Unidos, si bien no detalló cuándo ni cómo.


Sin ir más lejos, el portavoz del Ministerio de Comercio chino, Gao Feng, había dicho este jueves en rueda de prensa que Pekín "no va a disparar la primera bala" y que no aplicaría medidas arancelarias antes de que lo hiciera EE.UU.


"Las medidas de EE.UU. están esencialmente atacando las cadenas de suministro y de valor globales. Están abriendo fuego contra todo el mundo, incluido contra ellos mismos", sentenció Feng.
La respuesta anunciada por China ante el castigo estadounidense engloba sanciones a 545 productos estadounidenses, entre los que destacan la carne de cerdo, el trigo, productos lácteos, el arroz y la soja, dos alimentos clave en esta cultura asiática.


Según proyecciones del centro de estudios Peterson Insitute for International Economics, con sede en Washington, el impacto a nivel macroeconómico será "mínimo", pero sí afectará a nivel micro en determinados sectores y empresas.


En concreto, las medidas arancelarias de China sobre productos estadounidenses se traducirán en pérdida de empleos, ralentización de las inversiones y subida de los precios en EE.UU., entre otros.
Para la economista Monica de Bolle, investigadora del Peterson Insitute for International Economics, "este intercambio de golpes es el comienzo de una guerra comercial entre EE.UU. y China".
"Cuando uno castiga y el otro toma represalias, los dos países entran en una guerra comercial. Era esperada, no me sorprende: China y Estados Unidos no están negociando, solo atacando", analizó De Bolle en declaraciones a Efe.


De hecho, Trump ya amenazó con una nueva remesa de aranceles a otras exportaciones chinas que totalizan unos 200.000 millones de dólares en caso que el Gobierno de Xi Jinping responda a las sanciones que entrarán en efecto en las próximas horas.


A pesar de estar de acuerdo con que China es una "amenaza" para la economía estadounidense, la Fundación de Tecnología de la Información e Innovación de Estados Unidos (ITIF, en inglés) considera que "existe una amplia gama de herramientas más allá de los aranceles que pueden abordar de manera efectiva las distorsiones comerciales".


"Estados Unidos debe ser el líder de un orden económico liberal e internacional en el que menos naciones adoptan prácticas mercantilistas, un enfoque que ha producido una enorme riqueza para nosotros y nuestros socios comerciales aliados", señaló hoy en un comunicado Stephen Ezell, vicepresidente de la ITIF.


Además de las consecuencias en las economías de ambos países, la guerra comercial entre EE.UU. y China afectará al funcionamiento del comercio global, tal como han previsto numerosas organizaciones multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI).


Con ese análisis coincidió De Bolle, que explicó que hoy en día el comercio "está muy interconectado a nivel mundial", por lo que este conflicto económico "creará inestabilidad y aumentará el nivel de alteración en el sistema global".

06/07/2018 08:25 Actualizado: 06/07/2018 08:25

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Miércoles, 27 Junio 2018 06:30

Se estrecha el cerco militar a China

Se estrecha el cerco militar a China

La política de contención a China por EEUU parece calcada a la que el Pentágono aplicó y aplica a Rusia: un cerco militar, político y comercial para estrangularla y, eventualmente, para lanzar ataques militares.


El 30 de mayo el secretario de Defensa, James Mattis, anunció un cambio en la política estratégica global estadounidense. El Comando del Pacífico (PACOM), que supervisa todas las fuerzas militares de Estados Unidos en Asia, será llamado Comando del Indo Pacífico (INDOPACOM). Es mucho más que un cambio de nombre.


Tres semanas después, el 18 de junio, el presidente Donald Trump decretó el nacimiento de la sexta rama de las Fuerzas Armadas, la Fuerza Espacial que se suma al Ejército de Tierra, Armada, Fuerza Aérea, Cuerpo de Marines y a la Guardia Costera. El presidente fue mucho más claro que el secretario de Defensa: "No queremos que China, Rusia y otros países nos lideren. Siempre hemos liderado".


Parece evidente que EEUU apuesta a la superioridad militar para contener a sus rivales, aunque se trata de un juego peligroso. Si nos centramos en la creación del INDOPACOM, se concluye que Washington y el Pentágono creen que su principal adversario estratégico es el dragón asiático, aunque están apretando el cerco europeo a Rusia en algunos puntos calientes, como Crimea, Ucrania y Polonia.


En un reciente artículo el analista Michael T. Klare sostiene que "el Ejército de Estados Unidos está preparando el escenario para un eventual enfrentamiento con China". A través de la creación del Comando Indo Pacífico, el Pentágono busca "alentar a la India para unirse a Japón, y Australia al sistema de alianzas de los Estados Unidos en el Pacífico", según Klare.


De inmediato, el jefe del Pentágono retiró la invitación a China para participar en los mayores ejercicios navales multinacionales en la cuenca del Pacífico, los RIMPAC por sus siglas en inglés. La Armada de China fue invitada al RIMPAC de 2016, a pesar de la tensión en el Mar Meridional de China. En esta edición participarán 27 países y unas 25.000 personas, entre ellas fuerzas de Chile, Colombia, Perú y México, bajo el auspicio de EEUU.


Debemos recordar que el comando del Pacífico, PACOM, se estableció en 1947 y abarcaba más de la mitad de la superficie del planeta, casi el 60% de la población mundial, incluía el control de 36 países y algunos de los Ejércitos más potentes del mundo (China, Rusia e India, entre otros) bajo la supervisión de 300.000 efectivos de los EEUU desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.


Según Klare, la creación del INDOPACOM "representa un cambio fundamental en el pensamiento militar de Estados Unidos con consecuencias de largo alcance". Sin embargo, la presencia militar de China es por ahora relativamente pequeña en comparación con la de países como Rusia, por lo tanto las razones de la decisión del Pentágono deben ser analizadas en un contexto más amplio que el simplemente militar.


En primer lugar, EEUU considera que China es su principal adversario estratégico, lo que implica una mirada de larga duración. La economía del dragón ya es la primera del mundo, según la medición del FMI en base a la paridad del poder de compra, y avanza de forma notable en algunos rubros decisivos como la inteligencia artificial y la internacionalización del yuan, lo que representa un desafío formidable a la hegemonía del dólar.


La segunda cuestión es que China se ha hecho fuerte en el Mar del Sur de China, donde ha reforzado y militarizado los archipiélagos Spratly y Paracel, convertidos en enclaves defensivos y ofensivos que actúan como una cadena de portaaviones fijos. De ese modo, China se ha asegurado el control del mar más importante para su comercio exterior y para su expansión en dirección al Índico. En tercer lugar, EEUU aprovecha la honda preocupación del gobierno de India con la creciente presencia de China en el océano Índico, con la apertura de un puerto en Gwadar (Pakistán) y potencialmente otro en Sri Lanka. India cuenta con una poderosa flota y hasta ahora no se había comprometido con ninguna de las estrategias en pugna, pero su incorporación a la estrategia del Pentágono puede ser un duro golpe para las ambiciones chinas.


La cuarta cuestión es que el Pentágono diseñó una estrategia para contener y tornar imposible el principal proyecto geo estratégico de China, el Cinturón y la Ruta de la Seda que conecta Asia con Europa. La apuesta supone serios desafíos, ya que consolidaría la posición dominante de China y de la Organización de Cooperación de Shanghái en Eurasia, en alianza con Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Pakistán e India.


Los estrategas estadounidenses consideran que perder la posición hegemónica en Eurasia sería catastrófico para las ambiciones del país de mantenerse como potencia sin rival en el planeta. Para China, sin embargo, el Cinturón y la Ruta son la única forma de ascender al rango de gran potencia eludiendo la guerra. Si esta expectativa se frustra, como pretende el Pentágono, la opción bélica sería inminente. Por eso China está construyendo su tercer portaaviones, se prepara para el primero de propulsión nuclear y está modernizando sus fuerzas navales y aéreas a toda prisa.


La política del cerco como forma de contención y asfixia es bien conocida por los dirigentes chinos, ya que fue ampliamente utilizada en la guerra civil contra el Partido Comunista por las fuerzas de la derecha agrupadas en el Kuomintang desde la década de 1920 dirigidas por Chiang Kai-Shek. Tienen perfecta conciencia de que la guerra es una posibilidad, sin duda la preferida por los altos mandos de EEUU y gran parte de su elite política y empresarial. La guerra comercial en curso es apenas un anticipo de lo que puede venir, definida por altos funcionarios chinos como la "nueva guerra del opio".


Pero en esta ocasión las cosas son bien diferentes respecto al pasado. China ya no corre el riesgo de que su territorio sea invadido y su pueblo humillado como sucedió en varias ocasiones desde el siglo XIX. Su ambición consiste en recuperar el papel que le correspondió como uno de los centros más destacados de la civilización. Siendo la potencia económica dominante, debe convertirse en la potencia hegemónica en los próximos decenios, como ha sucedido siempre en la historia de la humanidad. Pero debemos recordar que esos recodos se recorrieron siempre con guerras.

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Fin de la hegemonía estadunidense: nuevo equilibrio militar de Rusia/China/EU

Antes del trascendental e histórico discurso del zar Vlady Putin sobre el Estado de la Unión ante el Parlamento ruso, Global Firepower Report había clasificado que EU/Rusia/China eran las más poderosas fuerzas militares del planeta, lo cual no era nada creíble ya que a nivel de fuerzas convencionales, Rusia supera de lejos a EU y en el rubro de armas nucleares Rusia posee incluso un mayor número de ojivas atómicas (https://goo.gl/xGe1Lf).


Después del asombroso anuncio del zar Vlady Putin –si es que no se trata de un bluff como alega el New York Times, controlado por el comglomerado financiero de George Soros que abomina tanto a Putin como a Trump–, Rusia dejó sembrado a EU en la carrera armamentista que desató mediante la colocación de un asfixiante cerco de misiles antibalísticos de defensa (THAAD, por sus siglas en inglés) en las fronteras de Rusia y hasta la misma China.


En mi artículo exclusivo para el portal Sputnik expuse la exhibición de la nueva musculatura militar de Rusia y su nueva panoplia de armas de alta tecnología donde destacan misiles hipersónicos que parecen ser invencibles –que el mismo EU no posee– y son capaces de horadar cualquier tipo de defensa de EU en cualquier rincón del planeta (https://goo.gl/HmMMjA).


Ahora me abocaré en las consecuencias geoestratégicas del espectacular game changer (punto de inflexión) que reajusta el equilibrio nuclear entre las dos superpotencias atómicas (EU/Rusia) y China, la superpotencia geoeconómica, considerando que no se trata de un vulgar bluff al estilo de Trump, sino de una advertencia del zar Vlady Putin al complejo militar de EU a quienes conminó a escuchar, cuando pusieron oídos sordos a su primera alerta en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007 (https://goo.gl/6Rnz7D).


Es probable que hace ya una década, el zar Vlady Putin sabía del avance de su I&D (Investigación y Desarrollo). Bastaba seguir la seriedad del proyecto con los temerarios tuitsde Dmitri Rogozin: viceprimer ministro, vicejefe de la Comisión Militar Industrial y “enviado especial (sic)” del presidente (https://goo.gl/9mk5uu). ¡Los tuits de Rogozin vencen a los de Trump!


Seraphin Hanisch, colaborador del portal británico The Duran, deduce que ahora los militares de EU tienen que alcanzar a Rusia que anunció la operabilidad de sus sistemas de armas hipersónicas que los funcionarios del Pentágono aseveran que tal programa se encuentra en la fase de investigación, además de estar subfinanciados (https://goo.gl/nn1RcF).


Vale la pena exhibir los infogramas de las nuevas armas hipersónicas, explicadas por Vladimir Korolyov, comandante en jefe de la Armada rusa (https://goo.gl/VJSgrw).


Seraphin Hanisch afirma que después de las impactantes reverberaciones del anuncio hipersónico de Putin, Rusia, China y EU (nótese el orden) han regresado al equilibrio del poder cuando el zar Vlady Putin aboga la restauración de la paridad geoestratégica y del equilibrio militar de poder como clave para preservar la paz. ¡Vaya jugada de ajedrez!


Seraphin Hanisch juzga que desde hace mucho Putin ha criticado los movimientos de EU para establecer lo que equivale a una hegemonía, mientras Rusia se ha reconstituido como superpotencia. Arguye que Putin insiste que el objetivo de Rusia no es conquistar y menos atacar a quien sea y que ha expresado la esperanza que EU regrese a la mesa de negociaciones para encontrar una solución que proteja a todo el mundo del horror de tal conflicto nuclear. Eso es lo razonable.


Mientras EU anda inmersa en el espantapájaros del Rusiagate, en sus múltiples balaceras estudiantiles y en los Óscares, el analista británico Alexander Mercouris, editor del portal The Duran, sopesa las repercusiones del discurso hipersónico del zar VladyPutin.


Según Alexander Mercouris, “El as (sic) en el paquete ruso es su alianza (sic) militar con China además de las relaciones amigables de Rusia con India”. Especifica que, con China, Rusia tiene una “integral asociación estratégica (léase: “alianza de facto”), mientras que con India, Rusia mantiene una especial relación estratégica privilegiada.


Alexander Mercouris se pregunta si la edificación naval china en el océano Pacífico, en complementariedad con la construcción de las armas estratégicas rusas y sus fuerzas terrestres en Europa, persuadirán a EU a modificar su conducta, ante lo cual expone su escepticismo.


Para Alexander Mercouris, la Revisión de la Postura Nuclear del Pentágono (https://goo.gl/iSBZht) busca perpetuar el dominio de EUcuando el Pentágono admite que concluyó el momento unipolar de EU (https://goo.gl/k5HDzp).


Hoy EU busca desprender a Rusia de China mediante presiones incrementadas, en particular, las asfixiantes sanciones económicas y el desplome del precio del crudo.
Alexander Mercouris juzga que ha regresado la competencia de las grandes potencias y con ello, el concepto de equilibrio de poder. Considera que de nuevo “estaremos hablando de esferas de influencia –por cierto, mi tesis, al unísono de regionalismos geoeconómicos.


Alega que el teatro de batalla en el océano Pacífico, donde colisionan EU y China, hoy exacerbado por las amenazas de guerra comercial de Trump, desnudará la alianza de Rusia y China que saldrá de las penumbras. Esta frase es seminal cuando el oficial Periódico del Ejército de EU concede a Rusia su victoria en Siria (https://goo.gl/gBMb6h). ¡Uf!


El comentarista iraní Mostafa Azerian –jefe del Centro de Investigación Estratégica sobre Rusia– declaró a Sputnik que Rusia demostró al mundo entero que el periodo del mundo unipolar y de la hegemonía de EU concluyeron y juzgó que EU se ha anclado en una mentalidad de guerra fría cuando al haber aprobado su nueva doctrina nuclear, EU probó una vez más su abordaje unilateral que socava la estabilidad estratégica y la seguridad de un buen número de países. Mostafa Azerian comentó que hoy las medidas tomadas por Rusia, para contrarrestar el unilateralismo del Pentágono, buscan conservar la seguridad internacional, en clara alusión al nuevo equilibrio tripolar de Rusia/China/EU (https://goo.gl/PABvsc).


En Turquía, miembro de la OTAN con una base de EU en Incirlik (https://goo.gl/U52bAk), el experto militar turco Beyazit Karatas juzga que, sin contar las nuevas armas tecnológicas hipersónicas de Rusia, el país otomano se puede retirar de la OTAN en forma tranquila para que Ankara obtenga garantías de parte de Rusia con el fin de contrarrestar las amenazas a su seguridad.


En la semana del anuncio hipersónico del zar Vlady Putin, Alexander Sherin, vicepresidente del Comité de Defensa de la Cámara Baja, sentenció que la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO, por sus siglas en inglés) –que incluye a Siria, Irán, Norcorea, China y Turquía– son hoy más que nunca socios de Rusia que está lista para apoyarlos en caso de un posible ataque nuclear (https://goo.gl/8Rh6G7).


Conforme se enteren de los alcances del game changerhipersónico del zar Vlady Putin, los países relevantes del planeta irán ajustando en consecuencia sus nuevas alianzas (https://goo.gl/CsXDEZ).
¡Asistimos a una recomposición global a gran escala!


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Martes, 23 Enero 2018 06:54

El foro del miedo

El foro del miedo

 

A partir de mañana, durante cuatro días, tendrá lugar en Davos, el 48 World Economic Forum Annual Meeting. Se reunirán los llamados líderes globales a tomar decisiones sobre el mundo al que dañan, ambiental y socialmente, de modo profundo y permanente. Cada uno pagará 55 mil dólares por su admisión, asunto que, desde luego, no les roba ni un minuto de sueño.

La propaganda dice que asistirá un número récord de jefes de Estado y de gobierno, aunque el apartado en que presume del número de asistentes está ilustrado con las fotografías de Emmanuel Macron, Theresa May, Donald Trump, Narendra Modi (India) y Justin Trudeau. El inefable Donald está ubicado, con todo el reconocimiento que les merece, al centro.

Klaus Schwab, fundador y director ejecutivo del Foro Económico Mundial, ha escrito para esta reunión: Nuestro mundo se ha fracturado debido a la creciente competencia entre las naciones y por profundas divisiones dentro de las sociedades. Y la ­envergadura de los desafíos que enfrenta nuestro mundo hace que sea más esencial que nunca la acción concertada, colaborativa e integrada. Nuestra reunión anual tiene como objetivo vencer estas líneas de fractura al reafirmar los intereses compartidos por las naciones, asegurando el compromiso de múltiples actores en la renovación de contratos sociales por medio del crecimiento inclusivo.

Ya resultan hilarantes o indignantes o hipócritas, según sea su sensibilidad, las que serán las conclusiones del foro 2018: que se pondrán de acuerdo para ¡vencer! los desgarros que presenta un mundo fracturado, debido a la competencia, dicen, entre las naciones y a las profundas divisiones dentro de las sociedades.

Las naciones no están en competencia económica, lo están las empresas multinacionales cuyos dueños viven en los países industrialmente desarrollados, mientras expolian a inmensas poblaciones del mundo subdesarrollado y subordinado. ¿Van a vencer, o al menos morigerar, la competencia económica? Fake news.

Hay, sí, una geopolítica donde las grandes potencias económicas y militares están en ruta de colisión.

La nueva estrategia nacional de Trump se llama competencia estrategia interestatal, y es su principal preocupación y no los ataques yihadistas, reportó el pasado viernes el diario británico The Telegraph. De acuerdo con el mismo periódico, se trata de un punto de inflexión después de casi dos dé­cadas en las que Estados Unidos se ha centrado en la lucha contra el terrorismo tras los atentados del 11 de septiembre. China, Rusia, Corea del Norte e Irán son mencionados ahora como potencias que amenazan el orden internacional.

James Mattis, secretario de Defensa estadunidense, dijo en un discurso el viernes pasado: “Seguiremos procesando la campaña contra los terroristas, que estamos llevando a cabo hoy, pero la competencia de las grandes potencias –no el terrorismo– es ahora el foco principal de la seguridad nacional estadunidense”. Añadió, con el estilo del gorila macho que se golpea el pecho con los puños: Para todos aquellos que amenazan el experimento de un Estados Unidos en democracia: deben saber que, si nos desafían, será su peor y más largo día. China, dijo Mattis, “es un competidor estratégico que utiliza la economía depredadora para intimidar a sus vecinos, mientras militariza partes sustantivas del Mar del Sur de China..., y Rusia ha violado las fronteras de las naciones cercanas y persigue vetar el poder sobre las decisiones económicas, diplomáticas y de seguridad de sus vecinos”.John McCain, senador republicano de Arizona, dio la bienvenida a la nueva estrategia, diciendo: Construye bien [Trump] las grandes decisiones, da prioridad a las amenazas que enfrentamos y ofrece una guía clara para tomar decisiones difíciles.

Donald, primer presidente estadunidense que asiste a Davos desde Clinton, hace 18 años, dará el discurso principal antes del cierre del Foro. Desde luego, son muchos los que esperan que el centro de su diatriba sea: Make America great again; ya el pasado viernes ha anticipado su posición sobre cualquier iniciativa que procure dizque vencer las fracturas y divisiones de las sociedades del mundo. Antes, Trump había designado a Jerusalén como capital de Israel, con lo cual decidió no ser más un interlocutor de Medio Oriente y dejar (él no parece saberlo) el camino abierto a China.

Entre tanto, Rusia derrota militarmente a ISIS en Siria, con lo cual Putin no sólo ha elevado sus votos para volver a relegirse, sino que sube varios escalones como actor de la geopolítica internacional. Acto seguido, Turquía, según informa Reuters, citando a responsables destacados de las YPG (Unidades de Protección Popular) ha disparado desde la noche del jueves alrededor de 70 proyectiles contra posiciones kurdas en Afrin, Siria, región controlada por milicias kurdoárabes apoyadas por EU.

El Foro de Davos será el foro del mie­do. Del miedo de las élites del planeta, cuyos escandalosos desvaríos pueden destruir al mundo mucho mayor de los hambrientos.

El informe principal de Davos, bajo el título general de Fracturas, temores y fracasos, destaca los riesgos globales, e incluye subtítulos como La parca, de cosecha, La muerte del comercio, Las hebillas de la democracia, La extinción de la precisión, Al abismo, Los temores de un Armagedón ecológico y Guerra sin reglas.

Y mientras las élites del mundo no cesan de vanagloriarse de las mil maravillas que tenemos y tendremos con la inteligencia artificial, el propio informe del foro subraya que ésta ha sido la más débil recuperación registrada tras una recesión, y el crecimiento de la productividad permanece extrañamente débil.

 

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Viernes, 19 Enero 2018 06:26

Ejércitos fantasma

CC0 / Pixabay

 

Se está librando una guerra invisible, pero real, a lo largo del continente africano. Involucra a Estados Unidos, a una Rusia con nuevo ímpetu y a una China en ascenso. Y es probable que su desenlace defina el futuro del continente y sus perspectivas globales.

Es fácil echarle la culpa al presidente estadounidense, Donald Trump, a su errática agenda política y sus impulsivas declaraciones. Pero lo cierto es que la actual expansión militar estadounidense en África es tan sólo otro paso más en el sentido equivocado, y parte de una estrategia que fue implementada hace una década, durante el gobierno del ex presidente George W Bush, y activamente continuada por Barack Obama.

En 2007, con el pretexto de la “guerra contra el terror”, Estados Unidos consolidó sus diversas operaciones militares en África para establecer el Comando Estadounidense de África (Africom). Con un presupuesto inicial de 500 millones de dólares, el Africom fue lanzado supuestamente para intervenir en países africanos a través de la diplomacia y la ayuda económica. Pero en los últimos diez años se transformó en un comando central para incursiones y acciones militares.

Durante el primer año de presidencia de Trump ese cometido violento se agravó. De hecho, en África se desarrolla una guerra estadounidense oculta que es librada en nombre del “antiterrorismo”.

Según una investigación especial de Vice News, tropas estadounidenses ejecutan 3.500 operaciones militares por año en toda África, un promedio de diez por día. Los medios hegemónicos en Estados Unidos rara vez mencionan esta guerra, dejándoles así un amplio margen a las fuerzas armadas para desestabilizar a su gusto cualquiera de los 54 países del continente.

“El actual número de 3.500 (operaciones) representa un impresionante aumento de 1.900 por ciento desde que fue activado el comando, hace menos de una década, e indica que ha habido una gran expansión de las actividades militares de Estados Unidos en el continente africano”, reportó Vice.

Tras la muerte de cuatro soldados de las fuerzas especiales estadounidenses en Níger, el 4 de octubre, el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, hizo una declaración a una comisión del Senado que no auguraba nada bueno: Estados Unidos está multiplicando sus actividades militares en África.

Mattis –al igual que otros funcionarios del Departamento de Defensa de los anteriores dos gobiernos– justifica las transgresiones militares estadounidenses como parte de esfuerzos “antiterroristas”. Pero esta alusión críptica ya le ha servido de pretexto a Estados Unidos para intervenir y explotar esta enorme región con gran potencial económico.

El viejo y colonial “reparto de África” está siendo reinventado por potencias globales que aprecian cabalmente las dimensiones de la tremenda riqueza sin explotar que hay en el continente. Mientras que China, India y Rusia desarrollan cada una su propia manera de cortejar a África, Estados Unidos ha optado principalmente por la opción militar, que necesariamente causará un daño incalculable y desestabilizará a varias naciones.

El golpe en Mali, en 2012, llevado a cabo por el capitán del ejército Amadou Haya Sanogo, entrenado por Estados Unidos, es tan sólo un ejemplo de ello.

En un discurso en 2013, la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, advirtió contra un “nuevo colonialismo en África (a través del cual es) fácil llegar, extraer recursos naturales, coimear a los líderes y marcharse”. Aunque desde luego Clinton tiene razón, su comentario poco honesto lo hizo en referencia a China, no a su propio país.

La creciente influencia de China en África es obvia, y sus prácticas pueden ser injustas. No obstante, la política china desplegada en ese continente es mucho más cortés y está basada en el comercio, mientras que la estadounidense se apoya en lo militar.

El comercio sino-africano está creciendo a un “ritmo impresionante”, según reportó la Onu en 2013: aumentó de alrededor de 10.500 millones de dólares por año en 2000 a 166.000 millones en 2011. Y desde entonces ha seguido incrementándose sin pausa.

Pero ese crecimiento ha estado acompañado de muchas iniciativas que resultaron en muchos miles de millones de dólares de créditos chinos a países africanos para proyectos de desarrollo de infraestructura elementales. Más dinero aun fue destinado a financiar el Programa de Talentos Africanos, mediante el cual 30 mil profesionales africanos son formados en varios sectores.

No debería sorprender a nadie, entonces, que China haya remplazado en 2009 a Estados Unidos como el principal socio comercial de África.

Sin embargo, el verdadero colonialismo –ese al que se refería Clinton en su discurso– se manifiesta en las acciones y en la percepción que tiene Estados Unidos respecto del continente africano.

Esta afirmación no es una hipérbole, simplemente refleja las palabras de Trump. Durante un almuerzo con nueve líderes africanos, en setiembre pasado, en la Onu, el presidente mostró el tipo de mentalidad que durante siglos inspiró la mirada sobre África de los líderes coloniales occidentales. Después de inventar el inexistente país de “Nabia”, se jactó de sus “tantos amigos (que) van a sus países (africanos) para intentar enriquecerse”. “Los felicito –añadió–, ellos están gastando mucho dinero.”

Al mes siguiente Trump agregó a Chad, su leal socio en la lucha “antiterrorista”, a su lista de países [N de E: de mayoría musulmana] cuyos ciudadanos tienen prohibido ingresar a Estados Unidos.

Dado que África cuenta con 22 países de mayoría musulmana, Estados Unidos está renunciando a cualquier perspectiva diplomática de largo plazo en ese continente, para enfrascarse en cambio cada vez más en la vía militar.

Este avance militar estadounidense ni siquiera parece ser parte de una política integral. Es tan alarmante como errático, y refleja el hecho de que Estados Unidos constantemente y de manera excesiva opta por soluciones militares para todo tipo de problemas, incluyendo las rivalidades comerciales y políticas.

Vale la pena comparar este encare de África con el ruso. Tras reencender su vieja amistad con el continente, Rusia ha seguido la estrategia china de relacionamiento (en este caso se trata de una reanudación), mediante iniciativas para el desarrollo y condiciones comerciales favorables. Pero, a diferencia de China, Rusia tiene una agenda muy amplia que incluye la exportación de armas, que están remplazando el armamento estadounidense en diversas partes del continente. Para Moscú, África también es un socio político con un tremendo potencial desaprovechado que puede darle más peso en la Onu.

Conscientes de esta evidente competencia global, algunos líderes africanos están trabajando para encontrar nuevos aliados fuera de las estructuras occidentales tradicionales, que han dominado gran parte de África desde el fin del colonialismo tradicional, hace décadas.

Un ejemplo destacable de ello fue la visita a Rusia del presidente de Sudán, Omar al Bashir, a fines de noviembre pasado, y su reunión con el presidente Vladimir Putin. “Hemos soñado con esta visita durante mucho tiempo”, le dijo Al Bashir a Putin: “precisamos protección contra las acciones agresivas de Estados Unidos”, agregó. Parte de esa codiciada “protección” es la promesa rusa de contribuir a modernizar el ejército sudanés.

Preocupado por el alcance ruso en África, Estados Unidos responde militarmente y con poca diplomacia. La miniguerra que Estados Unidos está librando allí hundirá aun más al continente africano en un abismo de violencia y corrupción, que tal vez le sirva a Washington, pero que sumirá a millones de personas en una incalculable miseria.

Sin duda, África ya no es un “terreno” que Occidente pueda explotar a su gusto de manera exclusiva. Pero pasarán muchos años antes de que el continente y sus 54 naciones sean verdaderamente libres de la mentalidad neocolonial obstinada que se basa en el racismo, la explotación económica y las intervenciones militares.

 

(El título original de esta columna traducida del inglés es “Shadow Armies: The Unseen, But Real US War in Africa”)

 

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La canciller alemana, Ángela Merkel, en una conferencia de prensa en la oficina central de la Unión Democráta Cristiana (CDU) Foto Afp

 

Peter Schwarz, del portal trotskista-estadunidense WSWS –que publica una óptima información, si dejamos de lado su reduccionismo ideológico (https://goo.gl/j7RLhB)–, expone el trascendental discurso del ministro alemán de Relaciones Exteriores y vicecanciller Sigmar Gabriel en el Foro de Política Exterior de la Fundación Körber, de Berlín.

Sigmar Gabriel, del Partido Social-Demócrata, quien forma parte del gobierno de coalición con la Unión Demócrata Cristiana de la canciller Ángela Merkel, exhortó alejarse de Estados Unidos (EU) e iniciar una política de superpotencia para Alemania basada en sus intereses.

Es natural que los multimedia israelí-anglosajones plagados de fake news –como los exhibió Glenn Greenwald, célebre entrevistador de Snowden, de "haber sufrido su máxima debacle humillante de todos los tiempos" con su "orgía" desinformativa (https://goo.gl/TR99kS)– hayan escamoteado el trascendental discurso de Sigmar Gabriel que significa un contragolpe al Brexit y a su gemelo simbiótico del trumpismo en la fase de realineamientos en torno de los tres máximos polos de atracción global: EU/Rusia/China.

El ministro Sigmar Gabriel declaró que el "implícito" papel que EU procuraba como "protector" de Europa, "pese a las disputas ocasionales, ya empezó a desmoronarse". Sobran los agravios: desde el desprecio conductual de Obama hasta el vilipendio retórico de Trump, quien llegó hasta a denostar a la OTAN, la columna vertebral de la alianza trasatlántica, de "obsoleta".

A juicio de Sigmar Gabriel, Europa es ahora percibida por Trump como "una región entre varias, como competidor (sic) y algunas veces como opositor (¡súper sic!)".

Le asistió toda la razón al ministro alemán cuando enfatizó que esta situación persistirá aun después de Trump, lo cual es una epítame de la decadencia global de EU, cuyo "retiro no se debe a la política de un solo presidente" que "no cambiará fundamentalmente (sic) aun después de la siguiente elección" de 2018.

Es cierto: el encapsulamiento/aislamiento de EU –ahora exacerbado por su suicida israelización en Jerusalén (https://goo.gl/PMxTQQ)– le obliga a deshacerse de alianzas y amigos para concentrarse en contener simultáneamente la nueva alianza de Rusia y China, lo cual hasta ahora ha resultado una operación fallida.

Sigmar Gabriel comenta que Alemania deberá escudriñar fríamente dónde "cruzaron las espadas" (¡súper sic!) con EU –desde las sanciones estadunidenses contra Rusia, que ponen en peligro los "intereses económicos de Alemania", pasando por la abolición del acuerdo nuclear con Irán, hasta el reconocimiento de Jerusalén como capital fake de Israel–, lo que obliga a Alemania a operar una política más independiente de EU”.

En la coyuntura presente sería más fácil definir en dónde no cruzan las espadas EU y Europa cuando las divergencias parecen superar las convergencias: desde el cambio climático hasta los pleitos con los gigantes de Silicon Valley del GAFAT (Google, Apple, Facebook, Amazon y Twitter).

Según Sigmar Gabriel, "el mundo se ha vuelto más incómodo" (sic) y "aun con una gran prosperidad económica" no existe un lugar confortable” para Alemania "en el banquillo de la política internacional".

En la fase de caos global –provocado por la decadencia de EU, la resurrección militar de Rusia y el ascenso irresistible de China– se acabó la zona de confort para Alemania y Europa.

Sigmar Gabriel exhortó a que Europa juegue un papel más importante en el cambiante orden mundial: “sólo si la Unión Europea (UE) define sus propios intereses y proyecta su poder podrá sobrevivir (sic), por lo que debe "cesar de observar cómo evolucionan los nuevos (sic) espacios en los que no puede ejercer ninguna influencia".

Sigmar Gabriel constata cómo Rusia y China proyectan su poder: el primero, en el Medio Oriente, y el segundo, en África, mientras EU se retira y la UE no hace nada.

Rusia y China “están dispuestos a pagar el "impuesto (sic) de una superpotencia", pese a las "pérdidas económicas" y el "ostracismo diplomático", con el fin de "demostrar liderazgo regional y soberanía (¡súper sic!) nacional" (sic).

Hasta aquí se desprende toda la cosmogonía que es anatema para la desfalleciente globalización: regionalismos, nacionalismos y soberanía que ya son la tendencia universal, por lo menos de parte de las superpotencias del Olimpo.

Cita el reciente libro del politólogo berlinés Herfried Münkler, la Guerra de los 30 Años (https://goo.gl/dgLDCz), quien fustigó la "fijación muy alemana a las leyes (sic) como medio para encarar los desafíos políticos que casi equivalen a un rechazo de la realidad".

Sigmar Gabriel define sin tapujos que la "proyección de poder" significa el uso de la fuerza militar cuando la política de Alemania para ser una superpotencia no debe ser inhibida por valores morales, ya que "seguramente no serán suficientes" para reafirmar su política exterior "en este mundo egoísta desde el punto de vista económico, político y militar".

Con tanta prosperidad producto de sus hazañas tecnológicas, Alemania cesó de pensar estratégica y políticamente y sucumbió al vulgar financierismo, lo que llevó, a mi juicio, a su tercera derrota mundial con la canciller Ángela Merkel, quien llegó a creer en forma ingenua que el paraguas nuclear de EU, en la fase del Brexit y el trumpismo, serían eternos.

Ahora a Alemania sólo le queda el paraguas nuclear de Francia, en la fase del presidente galo Emmanuel Macron, lo cual obliga a una profundización de la defensa común.

El analista Peter Schwarz observa que Gabriel no citó en ningún momento a la OTAN.

Viene la parte medular que vislumbra los realineamientos por venir, donde Sigmar Gabriel se vuelca en su "respeto y admiración" por la política exterior china que ocupa los vacíos que ha abandonado EU: la iniciativa de la Ruta de la Seda fue un "concepto geoestratégico (¡super sic!) en el que China refuerza sus nociones de orden (sic): política comercial, geográfica, geopolítica (sic) y quizá también militar" (¡súper sic!).

A Peter Schwarz se le olvida que la Ruta de la Seda necesita de un puente euroasiático, que esquiva por no ser políticamente correcto, y que confiere a Berlín y a Pekín su cobertura nuclear disuasiva: Rusia, en la fase del zar Vlady Putin.

El portal europeo DeDefensa.org retoma el análisis de Peter Schwarz que titula Alemania y su Fascinación por la Ruta de la Seda (https://goo.gl/JHj3bB).

Para DeDefensa.org se trata de una "cuasi-ruptura con EU" y arguye en favor de la complementariedad de Francia y Alemania: la primera, con su superioridad sicológica y tecnomilitar de su "force de frappe" de 300 bombas nucleares, y la segunda, con su asombroso poderío geoeconómico.

El problema radica en que si las "ambiciones alemanas se vuelven muy exigentes" significarían "un punto de ruptura donde Alemania perdería toda su apuesta". En realidad perderían los dos.

DeDefensa interpreta que "tanto respeto y admiración" hacia China deja entrever la construcción de un "puente sólido con China pasando por Rusia": toda una "tentación euroasiática" a la que solamente faltaría la geopolítica mística de Alexander Dugin, el ideólogo del zar Vlady Putin.

Se trata de una batalla civilizatoria del eje París-Berlín por el alma de lo que queda del decadente mundo occidental.

 

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Martes, 21 Noviembre 2017 07:27

¿Quién domina el mundo?

¿Quién domina el mundo?

 

Intervencionismo imperialista con ropaje nuevo, y no derecho de intervención humanitaria como se presenta en su propaganda oficial, así define y resume la política exterior estaduniense uno de los ideólogos más lúcidos de Estados Unidos y del mundo, Noam Chomsky, en su más reciente obra editorial, ¿Quién domina el mundo?

Si bien esa política se ha recrudecido con el ascenso al poder de la derecha neofascista, no es el sello distintivo de un partido, Demócrata o Republicano, o de una administración en particular, Roosevelt o Reagan por citar dos nombres, es una doctrina de Estado emanada de la exitosa y rentable participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, donde se erigió, en mercadotecnia y liturgia, como el custodio de los valores universales cuando en realidad sólo protege intereses geopolíticos particulares en una amplia franja del mundo que asume como propia, la doctrina del Área Grande.

Colaborador de este mismo diario, con artículos y ensayos siempre documentados y de vanguardia, el profesor Chomsky afirma sin ambages que se trata del territorio que Estados Unidos debía dominar y que abarcaba el hemisferio occidental (incluida América Latina), el lejano oriente y el antiguo imperio británico (el sudeste asiático y África). Al menos dos terceras partes del mapa mundial, pues.

Con ese concepto del Área Grande, Estados Unidos mantenía un poder indiscutido con supremacía militar y económica, al tiempo que garantizaba la limitación de cualquier ejercicio de soberanía por parte de estados que podrían interferir en sus planes globales.

La doctrina del Área Grande, observa Chomsky, autoriza la intervención militar a voluntad y cita para sustentarlo al propio ex presidente Clinton, uno de los más liberales y calificados como progresistas, quien declaró que “Estados Unidos tiene derecho a usar la fuerza militar para proteger el acceso sin restricciones a mercados, suministros de energía y recursos estratégicos clave... y debe mantener enormes fuerzas militares desplegadas en avanzada en Europa y Asia para moldear la opinión de la gente sobre nosotros y los sucesos que afecten a nuestra subsistencia”.

Pero no es la población de Estados Unidos, los ciudadanos promedio que con su trabajo cotidiano sostienen a ese país (apoyados en la contribución sustancial de los migrantes decimos nosotros), quien dicta esa política exterior intervencionista y avasallante, sino las élites políticas y económicas, en la línea de pensamiento del sociólogo y politólogo alemán Robert Michels, plasmada en la ley de hierro de las oligarquías.

Específicamente, quienes determinan la política de gobierno de ese país en general, incluida la política exterior, son, a juicio del profesor Chomsky, los grandes corporativos industriales, comerciales y financieros, la cúpula del ya de por sí reducido 0.1 por ciento de la población que concentra el poder y la riqueza.

De ahí, concluye que la democracia estadunidense, algún día tenida por paradigmática y vendida como ejemplar, es hoy día y desde hace varias décadas una democracia mercantil, dominada y al servicio de esas grandes corporaciones, con elecciones presidenciales cuyo costo rebasa los 2 mil millones de dólares. De tal suerte que el sistema político se ha ido destruyendo progresivamente y ha metido cada vez más a los partidos hegemónicos en los bolsillos de las grandes empresas, con una escalada de costos electorales; los republicanos en un nivel de farsa, los demócratas no muy detrás.

Una democracia que no ha vacilado en usar la tortura física y, sobre todo, sicológica en contra de ciudadanos inermes de países que, en distintas épocas, ha clasificado como adversarios de sus intereses estratégicos: Medio Oriente, Vietnam, Camboya, Laos, Brasil, Chile, Argentina, Centroamérica, algunos países africanos pro soviéticos o no alineados. De modo flagrante e ilustrativo, los presos de la Bahía de Guantánamo, el reducto territorial estadunidense en la Isla de Cuba.

Pero también advierte que se trata de un imperio en decadencia, un imperio que al culminar la Segunda Guerra Mundial concentraba 50 por ciento del PIB mundial, la mitad de la riqueza producida en los cinco continentes, para pasar a 25 por ciento en la década de los 70, porcentaje que se ha ido reduciendo. Pero además, con serios problemas de endeudamiento, desempleo, congelamiento de ingresos personales y contracción de derechos sociales, sobre todo en materia de salud y seguridad social.

Un país de contrastes en donde al tiempo que la riqueza y el poder se han concentrado cada vez más, los ingresos reales de la mayor parte de la población se han estancado y la gente se las ha apañado aumentando las horas de trabajo y su endeudamiento, y con una inflación de activos, regularmente destruidos por las crisis financieras que empezaron cuando se desmanteló el aparato regulador, a partir de la década de 1980.

Hoy, en el mejor de los casos, sin caer en visiones apocalípticas infundadas, se trata de una economía que se disputa la hegemonía política y económica con otros dos bloques de poder, la Unión Europea y el sudeste asiático, pero además con una China ascendente por sí sola en el extremo del viejo continente, todavía con serios pasivos sociales pero con inmensos activos económicos y con productividad al alza.

Otro grave problema que observa es la insensibilidad histórica de los gobiernos estadunidenses con el creciente problema ambiental, cuyo último capítulo es la indiferencia ante los Acuerdos de París, de diciembre del 2015, dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que establece medidas para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del calentamiento global, instrumento signado ya por 195 países, menos Estados Unidos y Siria. Si alguna posibilidad había se diluyó con el inicio del mandato de Donald Trump, en enero del año pasado.

En suma, imperio decadente, democracia mercantil, elecciones desvirtuadas, violación sistemática de los derechos humanos, concentración del poder y la riqueza, son algunas características que el profesor Noam Chomsky identifica como los rasgos dominantes hoy día, sin contar el retroceso autoritario del neofascismo, de la democracia liberal que deslumbró a Alexis de Tocqueville en el siglo XIX.

 

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