Viernes, 17 Noviembre 2017 07:02

Supercomputadoras: golpe chino a EEUU

CC BY 2.0 / kosheahan / NCSA Supercomputers

 

El último informe de TOP500 significa un golpe al mentón a la ex superpotencia, sobre todo un golpe anímico. En la lista de las 500 computadoras más veloces del mundo, China tiene 203 y EEUU sólo 143, la cifra más baja en los 25 años que se lleva contabilizando el ranking.

 

"Hace apenas seis meses, los EEUU lideraron con 169 sistemas, mientras China llegaba a 160", señala la página que difunde el ranking. El vuelco resulta notable ya que China alcanza una ventaja difícil de descontar. A mucha distancia se encuentra Japón, en el tercer lugar con 35, seguido por Alemania con 20, Francia con 18 y el Reino Unido con 15.

China también supera a EEUU en el desempeño de sus computadores, medido en flops, con el 35,4% frente al 29,6% en la lista de TOP500. En cuanto a las diez más veloces, Sunway TaihuLight, un sistema desarrollado por el Centro Nacional de Investigación de Ingeniería y Tecnología Informática Paralela (NRCPC) de China, e instalado en el Centro Nacional de Supercomputación en Wuxi, mantiene su clasificación número uno por cuarta vez, con una marca de 93.01 petaflops.

La segunda máquina más veloz es también china, la tercera de Suiza, la cuarta de Japón y recién la quinta pertenece a EEUU.

De esta realidad se pueden extraer por lo menos tres conclusiones.

La primera es la extraordinaria velocidad del ascenso de China en materia de supercomputación. En noviembre de 2007 tenía un lugar testimonial en la lista de las 500 más veloces, con sólo 10 supercomputadoras frente a 284 de EEUU. Hace sólo cinco años, en 2012, China había crecido hasta 72 máquinas, mientras EEUU tenía 250, justo la mitad del total mundial.

Este extraordinario ascenso sólo puede entenderse desde dos puntos de vista. La inevitable decadencia de EEUU, más allá de las políticas voluntaristas de su actual gobierno para reposicionarse como 'America first', y en paralelo el tremendo ascenso chino que ya resulta imparable. El país asiático se propone sobrepasar a EEUU en todos los terrenos, desde la economía hasta la inteligencia artificial y las tecnologías más avanzadas en todos los campos.

Para ello no ahorra en recursos. Una muestra de ese avance se puede observar en que China detenta desde hace varios años las dos supercomputadoras más veloces. Un hecho significativo es que la número 1, Sunway TaihuLight, fue construida totalmente con componentes propios.

La segunda cuestión puede parecer contradictoria con la primera. El avance de China es real pero relativo, ya que EEUU conserva ventaja en muchos campos.

Sin salir del terreno de la supercomputación, en la lista Green500, donde figuran las máquinas más eficientes desde el punto de vista del consumo de energía, la ventaja la tienen Japón y EEUU, que sobrepasan a China sobradamente.

En cuanto a las ventas de supercomputadoras, Hewlett Packard (EEUU) tiene amplia ventaja sobre la china Lenovo, con el 24,4 y 16,2% del mercado respectivamente. En cuanto a los procesadores y otros componentes, la ventaja occidental es abrumadora.

No se trata de negar los avances de China, sino de ponerlos en contexto. Un buen ejemplo es que entre las cinco principales empresas de ese país hay dos petroleras, una de electricidad, una constructora y un banco. Lo que indica que no puede competir aún con grandes empresas innovadoras como Google, Amazon, Facebook y Tesla, entre otras.

Cuando se toman en cuenta nueve tecnologías de vanguardia, China sólo aventaja a EEUU en una de ellas, las tecnologías financieras. Las mayores diferencias están en 'big data', donde EEUU tiene inversiones seis veces mayores que China; inteligencia artificial, donde la ventaja es de cuatro a uno; en impresiones 3D donde la ventaja de EEUU es de tres a uno y en robótica y drones también tres a uno.

Estas son las tecnologías de la cuarta revolución industrial, que ya está delineando el nuevo mundo y otorgan gran poder a quienes vayan al frente. En todos los rubros de tecnologías de vanguardia los estadounidenses empezaron mucho antes, sobre todo en algunas decisivas como los 'big data', o datos masivos o inteligencia de datos que están revolucionando el mundo.

En cuanto a la utilización de robots, China crece pero aún está fuera de los diez países que les dan un uso más intensivo. Corea del Sur es la primera con 562 robots cada 10.000 trabajadores, seguida de Singapur (398), Japón (305) y Alemania (305). EEUU con 176 robots cada 10.000 empleados está octavo. China se propone convertirse en el centro de la innovación en inteligencia artificial recién para 2030.

En relación a estas tecnologías se registra un doble proceso: EEUU mantiene ventajas que están siendo acortadas muy de prisa por China. Esto no significa que China ya derrotó a EEUU en materia de producción y de tecnologías, campo este donde habrá una ardua batalla en las dos próximas décadas.

Por último, las supercomputadoras muestran una tendencia global que indica que China desplazará a EEUU. Sin embargo, también deben observarse contra-tendencias que serán cada vez más evidentes en los próximos años. Quizá la más notable es que EEUU parece haber abandonado la pretensión de mantenerse al tope en la producción industrial y se concentra en un puñado de tecnologías muy avanzadas (sobre todo los macrodatos) en las que lleva muchos años de ventaja sobre el resto.

Las tecnologías de la información serán el principal campo de batalla del futuro entre las grandes naciones. China seguirá creciendo, sin embargo un desarrollo tan acelerado puede tener consecuencias imprevistas. Mientras Occidente lleva años sustituyendo trabajadores por máquinas, Pekín recién comienza ese acelerado proceso, lo que puede provocar rechazos significativos de la enorme masa de obreros del país.

 

Algunos líderes de la 25 cumbre de APEC, que comenzó ayer en Da Nang, Vietnam. Arriba: Carrie Lam, jefa ejecutiva de Hong Kong; Peter O’Neill, primer ministro de Papua Nueva Guinea, y Pedro Pablo Kuczynski, presidente de Perú; abajo: Hassanal Bolkiah, sultán de Brunéi; Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, y Michelle Bachelet, presidenta de Chile

 

Trump no arrancó en China su elusivo G-2. Al contrario, en el tema de Corea del Norte reculó ante la firmeza de China, y en materia comercial –más allá de los no vinculantes memoranda de entendimiento (MOU, por sus siglas en inglés) por más de 250 mil millones de dólares– sólo descolgó la venta de 300 aviones Boeing por alrededor de 40 mil millones –truco que suele emplear China para calmar las baladronadas de Estados Unidos– y un relevante acuerdo gasero por otro tanto, en el que China colaborará con Bank of China y la empresa estatal Sinopec para importar el preciado gas de Alaska, lo cual reconfigura la nueva geopolítica del gas, como referí a Sputnik (https://goo.gl/Je9NjG).

Después de la misma confesión de su jefe de gabinete, el general John Kelly, Trump aceptó el triunfo geoeconómico de China (https://goo.gl/VZZbPR).

Mark Landler, del trumpófobo The New York Times (NYT), exhibe las contradicciones en la gira asiática de Trump, quien solicita la unidad contra Corea del Norte, pero adopta ir solo en comercio (https://goo.gl/RXHtwt). A juicio de Landler, será difícil reconciliar tales mensajes contradictorios, lo cual “podría determinar el destino en el corto plazo ( sic) de Estados Unidos como potencia en el océano Pacífico”.

En Da Nang (Vietnam), sede de la cumbre 25 de la insulsa APEC de 21 miembros –que no ha resuelto nada en un cuarto de siglo, pero que se ha vuelto el punto de encuentro de las tres superpotencias: Estados Unidos/China/Rusia–, Trump expuso su pasión por el nacionalismo económico –“no existe un lugar como el hogar ( sic)”– y su repudio al multilateralismo de la agónica Organización Mundial del Comercio.

En su gira por cinco países asiáticos de 12 días, Trump diluyó su vino bélico en China y Seúl (capital de Corea del Sur), donde exhortó la participación de Rusia –que ostenta 18 kilómetros de frontera con Corea del Norte–, al unísono del papel imprescindible de China, para resolver el contencioso de desnuclearización de la península coreana.

A Landler no se le escapa que el neoaislacionismo trumpiano y su desafiante populismo pueden empujar a los países asiáticos a la órbita de China, que llena el vacío dejado por Estados Unidos. El discurso de Trump sobre “soberanía ( sic) y la independencia ( sic) de los países” habrá dejado estupefactos a los vulgares mercantilistas neoliberales allí presentes, quienes no entienden que el tema comercial ha sido relegado por el binomio geoeconómico/geopolítico.

Tanto NYT como Financial Times expusieron los esbozos de la estrategia Indo-Pacífico –la Santa Alianza geoeconómica y geopolítica de Estados Unidos/India/Japón/Australia– para contrarrestar a China con su ascendente bloque económico RCEP-16 (Regional Comprehensive Economic Partnership), ocultado en Occidente (https://goo.gl/fzg3TY).

Hace ocho meses abordé los Decesos del ATP y el TLCAN; auge del RCEP chino: el mayor tratado comercial global (https://goo.gl/bpz6UE) y aduje que “el poco publicitado RCEP-16 se posiciona como el mayor tratado de libre comercio del planeta, pero con un nítido enfoque regional ( sic), donde China nolens volens se ha erigido en su líder conceptual”.

Tanto en Tokio como en Da Nang, Trump lanzó su proyecto Indo-Pacífico (https://goo.gl/92a1TM), que había sido adelantado hace un mes por Rex Tillerson, secretario de Estado en vías de ser despedido (https://goo.gl/4kuVEA).

Evan Medeiros, anterior consejero de Barack Obama sobre Asia, comentó que los prospectos para la estrategia Indo-Pacífico son inciertos, ya que “carece de un componente económico serio ( sic), se vincula conceptualmente con una India ambivalente ( sic) y parece como contención de China”.

Wang Jisi, presidente del Instituto de Estudios Internacionales y Estratégicos de la Universidad de Pekín, expone que las relaciones de Estados Unidos y China pueden evitar la Trampa de Tucídides (https://goo.gl/q9Hdck), como un servidor había analizado hace cinco años (https://goo.gl/uBbUFh). Jisi arguye que la “política errática de Trump, su equipo de trabajo incompleto ( sic) y su oscilante política hacia China dificultan tomar un punto de vista holístico de su política exterior”, en la que peca de ambigüedad considerable, pero exhibe cuatro intenciones: 1. priman los asuntos domésticos por encima de la política exterior; 2. valora el costo/eficiencia; 3. su comercio es pragmático y prefiere la cooperación bilateral en lugar del multilateralismo, y 4. es “probable ( sic) que emprenda aventuras militares en el exterior” de forma impulsiva.

Jisi alega que las relaciones de Estados Unidos y China han entrado en una nueva normalidad con tres principales características: 1. la cooperación y competencia de China y Estados Unidos ganan fuerza simultánea conjugada con sus asuntos domésticos, que influyen en las relaciones diplomáticas; 2. los multimedia procuran más atención a la rivalidad estratégica de Estados Unidos y China, en lugar del lado positivo, y 3. existe un contraste de la mentalidad estratégica de ambas superpotencias cuando el ascenso de China es uno de los principales desafíos que enfrenta Estados Unidos, por lo que la estrategia de Estados Unidos hacia China tiene una tendencia de ser fragmentada y orientada a resultados.

Jisi invoca que el principal problema entre ambos no son los lazos económicos y comerciales, sino el tema nuclear de Corea del Norte, cuando se incrementará la posibilidad de una unilateral acción militar punitiva de Estados Unidos contra Corea del Norte. Jisi considera que “no es realista ( sic) esperar que Trump tolerará ( sic) la nuclearización de Corea del Norte”. Si bien es cierto que los lazos comerciales no deteriorarán las relaciones, debido a la alta interdependencia económica, tanto el comercio como la economía están entrelazados con el tema nuclear de Corea del Norte.

Jisi juzga que no es correcto decir que Estados Unidos se encuentra en declive –como profiere The Economist (https://goo.gl/vNpm8g)–, ya que la innovación tecnológica de Estados Unidos es una fuerza que se debe reconocer cuando la economía de Estados Unidos ha mejorado. Hoy el problema de Estados Unidos radica en que confronta una de sus más graves crisis políticas desde su fundación.

No perderé mi tiempo disecando el futuro del nuevo ATP-11, ahora sin Estados Unidos, cuando el mismo primer nipón Shinzo Abe admitió que un ATP sin Estados Unidos carece de sentido (https://goo.gl/QMxSoj), lo cual no asimilan los extraviados mercantilistas Guajardo/Videgaray debido a su nesciencia geopolítica.

El principal defecto en la era tripolar de confrontación y/o colaboración de Estados Unidos/Rusia/China es que la irrelevante ATP carece de paraguas nuclear y cuyo principal líder, Japón, es vasallo de Estados Unidos (en la óptica de China). Más allá del RCEP-16 que encabeza China, en el que coincidentemente forman parte siete países de la disfuncional ATP, es la mirífica Ruta de la Seda (https://goo.gl/AQ4Kpy), la que trastocaría la correlación geoestratégica de fuerzas en Eurasia, que Trump intenta contrarrestar con su etéreo proyecto, más geopolítico que geoeconómico, de Indo-Pacífico.

Los multimedia chinos dieron más vuelo a la reunión del zar Vlady Putin y el emperador geoeconómico Xi (https://goo.gl/AQ4Kpy) y eludieron el encuentro informal entre Putin y Trump (https://goo.gl/bVrz4x). Si alguna lección dejó la cumbre 25 de la fragmentada APEC es que, en caso de existir un G-2, sería entre Rusia y China.

 

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Xi Jinping

 

China se proyecta hacia 2049.

 

Hacía mucho tiempo que en la prensa oficialista china no se escuchaba hablar tan extensamente de socialismo. El presidente Xi Jinping fue el encargado, durante la sesión de apertura, de mentar la necesidad de promover “el socialismo con características chinas”. Agregó, también en varias oportunidades, que el país encara una “nueva era”, aserto que parece más realista que la referencia al socialismo.

De hecho, Diario del Pueblo titula con un sorprendente “El socialismo es grandioso” uno de sus comentarios sobre el XIX Congreso del Partido Comunista Chino (Xinhua, 20-X-17). En esa cobertura destaca que se trata de un evento que será decisivo “para el curso de la historia durante décadas o incluso siglos”.

Más allá de cierta euforia, propia de los encuentros de este tipo, la dirección del Estado chino destaca que el congreso trazó el camino para las próximas décadas. Ese futuro, según dicha cobertura, puede delinearse con base en los siguientes criterios: China será “un gran país socialista moderno” para mediados del siglo XXI, momento en que se habrá convertido en “un líder global en términos de la fuerza nacional integral y la influencia internacional, con una economía moderna, una cultura avanzada y unas fuerzas armadas de talla mundial”.

¿SOCIALISMO O NACIÓN? La elite china ha dado reiteradas muestras de realismo y prudencia, de modo que sus afirmaciones no deben desconsiderarse, aunque podemos colocar algunas entre paréntesis. Es evidente que la población vive considerablemente mejor que antes de 1949, incluso mejor que en la década de 1970, cuando finalizó la revolución cultural y el país se encaminó decididamente hacia la modernización con criterios capitalistas.

Sin embargo, se tiende a yuxtaponer el crecimiento de China como gran nación con la idea del socialismo. Xi aseguró que en 2035, o sea en apenas cuatro lustros, se habrá concluido la “modernización socialista”. En esa dirección, Diario del Pueblo destaca que “el Pcch convertirá a la China socialista en uno de los países más ricos y poderosos de la tierra, en lo que sería la primera vez que un partido marxista llegue a tal hazaña”.

Más desconcertante aun es la apelación a Deng Siao Ping, adversario de Mao, a través de una frase enigmática: “Cuando China entre a las primeras filas de las naciones, no sólo tenemos que haber iluminado un nuevo camino para los pueblos del Tercer Mundo, sino que también (y esto es aun más importante) debemos haber demostrado a la humanidad que el socialismo es el único camino superior al capitalismo”.

Es evidente que un país pobre como era China en 1949, y lo siguió siendo por lo menos hasta la década de 1980, necesitaba fortalecerse para no repetir la historia de invasiones y humillaciones vividas en los siglos XIX y XX, con las guerras del opio y la invasión japonesa. Sin embargo, la ambición de superar a Estados Unidos en materia económica y militar y, sobre todo, ofrecerse como luz para los pueblos del Tercer Mundo, parece repetir la historia de la Unión Soviética de la que Mao quería distanciarse.

No es lo mismo ser una gran nación que transitar un camino socialista. Según las definiciones más frecuentes, el socialismo es básicamente el poder de los trabajadores (obreros, campesinos y otros sectores populares) ejercido a través de consejos o parlamentos. Algo que no tiene la menor relación con la ambición de ser una gran potencia, ni de sobrepasar a los países capitalistas más desarrollados.

GUERRA EN EL HORIZONTE. La intervención de Martin Wolf en el Foro Ciudadano Global, realizado en San Pablo a comienzos de octubre, fue uno de los más profundos análisis sobre la actualidad en bastante tiempo. Wolf es columnista jefe del diario británico Financial Times y es considerado uno de los periodistas económicos más influyentes del mundo.

Alertó sobre los riesgos geopolíticos que vive el planeta, que atraviesa “los estadios iniciales de una transformación histórica del poder mundial” (Valor, 6-X-17). Occidente debe aceptar, dice, que no manda más en el mundo. Pero, agrega, “un conflicto entre Estados Unidos y China en algún momento será inevitable”.

No es una exageración. En la historia ninguna transición entre potencias hegemónicas se produjo sin guerras. La dominación española cayó en medio de las guerras de independencia y las guerras napoleónicas. La dominación británica fue hundida por dos guerras mundiales desastrosas. Si miramos hacia atrás, parece imposible que la actual hegemonía estadounidense pueda deshacerse sin guerras.

La propuesta china de desarrollo económico “Un cinturón, una ruta”, una red de infraestructuras que une los centros industriales asiáticos con Europa atravesando Asia, es la principal apuesta para pavimentar una hegemonía sin conflictos mayores. Pero esa ruta está plagada de guerras y amenazas, lo que llevó a China a instalar su primera base militar en el extranjero, en el estratégico puerto de Yibuti. Wolf tiene la certeza de que “en el largo plazo habrá guerra nuclear”.

Por eso el dragón afila sus dientes. Occidente como comunidad político-estratégica ya no existe. Trump y el Brexit se encargaron de mostrarlo. La Unión Europea se quedó sin objetivos de largo plazo. Washington está aislado y navega a los tropezones, generando inquietud incluso entre sus aliados más fieles, como Alemania.

De lo que pocos dudan es que el mundo se ha vuelto un lugar más violento y peligroso. Por eso China ya ha botado dos portaviones, está construyendo el tercero y el cuarto, y ambiciona alcanzar la decena, con lo que igualará al Pentágono. La flota china crece y se moderniza a un ritmo increíble, mientras su símil estadounidense se ha reducido por problemas presupuestales. La fuerza aérea china ya cuenta con cazas de quinta generación, está superando a Washington en la guerra cibernética y lo está alcanzando en la carrera espacial.

Hasta dónde llegará Beijing en su expansión militar es una incógnita. Las autoridades dijeron, durante el XIX Congreso, que no pretenden dominar el mundo como una potencia imperialista. Pero, ¿podrían decir algo diferente? La llamada “ruta de la seda” deberá ser militarizada para que las mercancías realmente fluyan de un extremo al otro del mundo.

La historia enseña que una gran potencia debe tener unas fuerzas armadas del tamaño de sus ambiciones. La presidencia de Xi Jinping, desde 2012, ha sido la que se empeñó en el mayor rearme de la historia, y todo indica que estamos apenas en los comienzos de un largo camino.

¿UN MUNDO CHINO? En América Latina no son pocos los que se frotan las manos ante el avance asiático. La presencia de China ya es importante en Venezuela, Ecuador y Argentina, crece en Bolivia y en Brasil, más allá de las coyunturas y el color de los gobiernos.

China es percibida de modos muy distintos en la región. Para los gobiernos es una alternativa comercial y financiera. Para los empresarios es una fuente de buenos negocios. Para muchos movimientos sociales es un dolor de cabeza, en particular por la minería a cielo abierto y el abusivo uso del glifosato en los monocultivos de soja, cuyo destino inevitable son los puertos asiáticos.

Aun así, una parte considerable de las izquierdas políticas y sociales observan el ascenso chino con favorable expectativa, ya que va de la mano del declive de la superpotencia que ha hecho de su patio trasero un exclusivo coto de acumulación de capital.

Quienes piensen que una hegemonía china será mejor que la decadente dominación estadounidense, ya que podría abrir espacios emancipatorios, deberían reflexionar sobre una de las ironías mayores de la historia del siglo XX. Las tres fechas que conmemoramos las personas de izquierda (no todas, por cierto), el 1 de mayo, el 8 de marzo y el 28 de junio, tienen fuertes referencias en la historia social de Estados Unidos.

Existen tradiciones emancipatorias no occidentales, por cierto. Pero ellas no anidan, hoy, ni en China ni en los países asiáticos que se han empeñado en una modernización autoritaria para emular a Occidente. Por el contrario, China se nos presenta como la sociedad del control tecnológico de la población, apelando a la inteligencia artificial para colonizar los más ínfimos resquicios de autonomía social.

 

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ICAN, la campaña internacional para prohibir las armas nucleares, Nobel de la Paz 2017

El comité noruego ha recibido 318 candidaturas, 217 individuales y 103 de organizaciones

 

La Campaña Internacional para la Abolición de las Armas nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés) ha sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2017. Se trata de un grupo de más de 300 organizaciones no gubernamentales de alrededor de 100 países. "La organización recibe el premio por su trabajo para llamar la atención sobre las catastróficas consecuencias humanitarias del uso de armas nucleares y por sus esfuerzos pioneros para lograr un tratado de prohibición de esas armas", ha dicho este viernes la presidenta del Comité Noruego del Nobel, Berit Reiss-Andersen.


"ICAN ha sido un actor líder de la sociedad civil en los esfuerzos para lograr una prohibición de las armas nucleares bajo el derecho internacional", ha señalado el comité noruego en su fallo, en el que ha añadido que este premio es "también un llamamiento" a los países que cuentan con arsenal atómico a que inicien "negociaciones serias" para la eliminación de las "15.000 armas nucleares que hay en todo el mundo".


Fundada en 2007 en Viena durante una conferencia internacional sobre el tratado de no proliferación nuclear, la ICAN tiene su sede en Ginebra. La coalición ha sabido movilizar desde entonces a activistas y personalidades para defender su causa. Entre sus logros más destacados, el pasado julio consiguió que 122 países firmaran en la ONU el Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares, aunque su alcance es sobre todo simbólico, dada la ausencia de las nueve potencias nucleares entre los firmantes. El tratado, que todavía no está en vigor, constituye sin embargo una fuerte manifestación de voluntad política. La organización cuenta con un presupuesto anual de 1,2 millones de francos suizos (1 millón de euros) y funciona gracias a las ayudas financieras aportadas por varios Gobiernos, como los de Noruega, Suiza, Holanda, Alemania o la Santa Sede, así como por donantes privados, la Unión Europea y fundaciones.


La directora de ICAN, Beatrice Fihn, se ha dicho "encantada" de recibir el galardón. "Como se puede imaginar estamos muy contentos, esta es una gran noticia", ha asegurado una portavoz de la coalición a Reuters. "Es un gran reconocimiento para el trabajo que los activistas a lo largo de los años y especialmente los Hibakusha [supervivientes de los bombardeos nucleares de EE UU en Japón en la segunda guerra mundial]". "Su testimonio fue crítico, fue crucial y por tan increíble éxito", ha añadido.
Más de 70 años después de las bombas atómicas estadounidenses lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, los desafíos no han desaparecido. La decisión del Nobel irrumpe en un escenario internacional cargado de tensión por la escalada de agresividad de Corea del Norte, que ha acelerado el ritmo de sus ensayos nucleares y de misiles balísticos.


La cuestión nuclear también está a la orden del día con respecto a la precaria situación del pacto alcanzado entre las grandes potencias e Irán acerca de su programa atómico. La Casa Blanca baraja desmarcarse del acuerdo, lo que abriría un incierto escenario. Horas antes del anuncio del premio, la prensa estadounidense señalaba que el presidente Trump habría decidido ya no dar el respaldo al acuerdo requerido para mediados de octubre, lo que somete el mismo a la decisión del Congreso estadounidense. Si los congresistas decidieran reimponer las sanciones a Irán, las consecuencias estratégicas son imprevisibles.


El comité noruego ha escogido en esta edición entre 318 candidaturas, 217 individuales y 103 de organizaciones. El ganador sucede en el palmarés al presidente colombiano, Juan Manuel Santos, distinguido por sus "decididos esfuerzos" por llevar la paz a su país tras 52 años de conflicto armado.


El de la Paz es el único de los seis premios que se otorga y se entrega fuera de Suecia. Un hecho que sucede por deseo expreso de Alfred Nobel, ya que en su época, Noruega formaba parte del reino sueco. Según dejó escrito en su testamento, el Nobel de la Paz debe reconocer a quienes contribuyan "al hermanamiento de los pueblos y a la eliminación o reducción de armamento, así como formar o impulsar congresos de paz".


El comité no confirma los nombres de los candidatos hasta pasado medio siglo y solo hace público el número total de aspirantes, 318 este año. Además, en esta ocasión la elección supondrá el estreno de Berit Reiss Andersen al frente del comité que elegirá al premiado. Hasta el momento se han entregado 97 Nobel de la Paz, 16 de ellos a mujeres, y la edad media de sus destinatarios es de 62 años. De todos ellos, solo Le Duc Tho ha declinado el Nobel.


Esta semana se han concedido gran parte de los Premios Nobel. El de Medicina ha ido a parar a los descubridores del ‘reloj interno’ del cuerpo, el de Física ha sido para los científicos que trabajan en el detector de ondas gravitacionales, y en el caso del Nobel de Química los destinatarios han sido los científicos que han desarrollado un método para observar la vida privada de las moléculas. Este jueves el de Literatura ha sido para el escritor británico de 62 años Kazuo Ishiguro. El próximo lunes 9 de octubre se revelará el nombre del Nobel de Economía, el último de este año.

 

Oslo 6 OCT 2017 - 04:30 COT

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En 1973, el ministro de Asuntos Exteriores de EU, Henry Kissinger (izquierda), compartía el Premio Nobel de la Paz con el líder norvietnamita Le Duc Tho

 

Es probable que las dos primeras semanas de noviembre marquen el rumbo del siglo XXI cuando Trump inicia una gira de 10 días por el noreste y sudeste asiáticos que incluye tres visitas trascendentales a China, Japón y Sudcorea –además de la cumbre de la disfuncional APEC en Vietnam, donde puede reunirse en forma fortuita con el zar Vlady Putin, y la reunión de EU con el ASEAN-10 en Filipinas–, mientras se resquebraja el precario acomodo de EU con Rusia en Siria, que puede implosionar con las veleidades independentistas del Kurdistán, en el norte de Irak, azuzadas por Israel (https://goo.gl/X2okCq).

El establishment de EU ha rechazado un G2 con Rusia, que anhelaba Trump y procuraba Kissinger tras bambalinas, con el fin de detener el ascenso irresistible de China.

EU no puede gobernar sólo en su fase de acelerado declive doméstico/regional/global, mientras las garrafales pifias geoestratégicas del establishment en Washington han acercado en forma espectacular a Rusia y a China. Si hay un G2, por el momento, este sería el de Rusia con China.

Dejo en el tintero el relevante cambio cupular de mando del Partido Comunista chino que arranca el 18 de octubre y donde afianzará su control el ala militar vinculada al mandarín Xi quien será entronizado como el tercer Gran Timonel después de Mao Zedong y Deng Xiaoping.

No es gratuito que en esta fase transicional, las fuerzas adversas al mandarín Xi, hayan movido sus fichas bélicas tanto en el Himalaya –diferendo con India, resuelto en vísperas de la reciente cumbre de los BRICS–, como con Taiwán y el arrebato independentista de su primer ministro William Lai Ching-te.

La Unión Europea, despreciada por Trump, se acerca cada vez más a China y congela su confrontación con Rusia, a raíz del contencioso en Ucrania y las estrafalarias sanciones exigidas por EU que dañan la geoeconomía del viejo continente que ha iniciado su desgajamiento multiforme desde el Brexit hasta el referéndum independentista de Cataluña.

John Xenakis, quien alardea haber colaborado durante una década con Steve Bannon, el ideólogo del trumpismo evangelista blanco (https://goo.gl/z3UASf) –que ya empezó a mostrar de lo que es capaz en la carnicería de Las Vegas– analiza en el portal Breitbart y con base en la publicación Generational Dynamics del MIT, tanto la muy sonada entrevista de Bannon a Bloomberg (https://goo.gl/oW3hZg) como las numerosas reuniones del ideólogo del trumpismo (con o sin Trump) con Kissinger, quienes preparan un proyecto para sonar la alarma sobre China: la primera amenaza económica a EU (https://goo.gl/5Xx6xH).

Según Steve Bannon, la forzada transferencia de tecnología de la innovación estadunidense a China es el principal mayor asunto económico y de negocios de nuestro tiempo que puede dejar plantado a EU como una vulgar Colonia: lo que sucedió con la Colonia Jamestown de Virginia formada en 1607, convertida en un Estado tributario, mientras China se está volviendo el principal poder económico dominante en el mundo.

John Xenakis rememora que Kissinger, hoy de 94 años, armó el encuentro secreto con Pekín en 1971 que permitió a Nixon abrir China a Occidente.

Como consultor internacional, Kissinger ha visitado China más de 80 veces y en fechas recientes se reunió con Bannon dos veces (¡súper-sic!) en septiembre en su casa de Connecticut.

A juicio de Xenakis, Steve Bannon es experto en dinámica generacional y entiende que se aproxima una nueva (sic) guerra entre China y EU.

No lo dice John Xenakis, pero en el epílogo de su libro Sobre China (https://goo.gl/phXDb1)” Kissinger refiere el célebre Memorándum Crowe –que vislumbraba como inevitable la guerra entre Gran Bretaña y Alemania, tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial– el cual puede ser también aplicado a China.

Según John Xenakis, Bannon enmarca el conflicto con China en términos económicos y se basa en cuatro mil años (sic) de historia diplomática china, centrados en el manejo de los bárbaros, menos los recientes 50 años.

En la hermenéutica de Bannon interpretada por John Xenakis, para China los barbaros son un Estado tributario. De forma tal que hoy el “tributo a China es la tecnología de EU, lo cual ha valido que Pekín se apropie (¡súper-sic!) de 3.5 millones de millones de dólares en los pasados 10 años.

Lo peor, a juicio de John Xenakis, es que EU ha otorgado a China la esencia básica del capitalismo estadunidense: su innovación.

Xenakis cita el punto de vista de Generational Dynamics –los países cambian sus creencias y actitudes debido a los cambios generacionales– que sentencia que es imposible evitar la guerra mundial entre EU y China ya que en cada siglo por milenio, cada continente en el mundo ha tenido guerras masivas que han aniquilado la mitad de la población y en el pasado siglo, se escenificaron dos guerras mundiales, además de guerras masivas en África, China, Sudamérica y el Sur de Asia:es lo que sucederá este siglo.

Al final de septiembre, el jefe de las fuerzas conjuntas del ejército de EU, el bostoniano general Joseph Dunford, afirmó en una audiencia senatorial que China es la principal amenaza a la seguridad de EU y su más significativo desafío militar en el largo plazo (https://goo.gl/ZKGyVr).

En forma ominosa, el general Joseph Dunford reveló que había informado a China de los planes de EU para usar la fuerza militar contra Norcorea que constituye una amenaza inmediata, mientras que Rusia y China representan peligros potenciales con base en sus crecientes arsenales nucleares.

Para el general Joseph Dunford, en el largo plazo (en 2025), China representa el peligro más significativo, opacando el poder nuclear y cibernético de Moscú, con base en la demografía (que opera contra Rusia) y la situación económica (que favorece a China).

Según Bill Gertz, de Asia Times, los comentarios del general Joseph Dunford son similares a los del director de la CIA, Mike Pompeo, hace tres meses: China tiene la capacidad de exhibir la mayor rivalidad a EU tanto en el mediano como en el largo plazo.

Quedó atrás la significativa ventaja competitiva de EU en 2000, según el general Joseph Dunford: 17 años más tarde esa ventaja se esfumó.

En forma coincidente, Kissinger impartió una conferencia en la Universidad de Columbia (https://goo.gl/o3yiqb), en la que enfatizó que EU y China deben tener relaciones económicas para evitar la Tercera Guerra Mundial y la destrucción total.

Según Kissinger, interpretado ahora por el mismo John Xenakis, la Nueva Ruta de la Seda liderada por China, que busca conectar a China con Asia Central y eventualmente a Europa, tendrá el significado práctico de mover el centro de gravedad del mundo del Atlántico al Pacífico y de involucrar a las culturas de Eurasia, cada una de las cuales deberá decidir el tipo de su relación con esta región y de la cual EU no puede aislarse.

A juicio de John Xenakis, Bannon y Kissinger comparten la visión de que China y EU se encaminan a una guerra mundial, pero que ambos buscan en forma desesperada una salida para evitarla, mediante una alianza económica. ¡Apareció el peine del G2 de EU con China contra Rusia! Veo pura ganancia unilateral para EU sin quid pro quo para China. ¿Dónde queda Rusia y su alianza con China?

 

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Moscú y Pekín lograron poner fin a la estrategia de Washington que se empeñaba en imponer un nuevo orden mundial al resto del mundo, tratando de liderar la integración global, afirmó el politólogo norteamericano y especialista en Seguridad Nacional Hal Brands, en su artículo para la agencia Bloomberg.

 

El punto de inflexión que actualmente está viviendo la política exterior norteamericana no se debe a la elección de Donald Trump como presidente de EEUU. Se trata de que hubiera fracasado toda una estratagema de Washington que durante los últimos 25 años buscaba globalizar el orden mundial en función de los valores liberales, destaca el analista.

EEUU esperaba que fuera posible llevar a cabo esta tarea, integrando en este sistema político a sus opositores potenciales, es decir, a China y Rusia, para que no tuvieran más ganas de imponerle obstáculos en ese camino. El objetivo residía en que, valiéndose de los estímulos económicos y diplomáticos atraer a todas las potencias mundiales a un escenario satisfactorio para ellas, pero donde la voz cantante la iba a llevar Washington.

"Sin embargo, hoy por hoy este proyecto evidentemente ha llegado a un callejón sin salida", resaltó el experto.

Sus reflexiones demuestran que hoy ya no se trata de incluir a Rusia y China en este fracasado nuevo orden mundial, sino de defender el actual sistema político internacional de su impacto destructor.

El problema reside en que ni Moscú ni Pekín nunca estuvieron dispuestos a aceptar por completo el orden liberal estadounidense y sus ideas, por no hablar de la expansión de la OTAN en la esfera de la antigua influencia de la URSS, además no podían permitir que permanecieran las alianzas y las agrupaciones armadas cerca de las fronteras chinas en Asia Oriental.

"La era de la integración ha terminado, en el sentido de que no existe una perspectiva realista a corto plazo de introducir a Rusia o China en un sistema dirigido por Estados Unidos. Esto no significa, sin embargo, que EEUU esté destinado a desatar la guerra contra Rusia o China, o incluso que debería buscar completamente aislar a cualquiera de los dos poderes", matizó Brands.

Al revés, el especialista insistió en que la cooperación entre estas tres superpotencias es imprescindible. Por un lado, el comercio entre Estados Unidos y China sigue siendo vital para la prosperidad estadounidense y la salud de la economía mundial. Por otro lado, la cooperación entre Washington y Beijing e incluso Washington y Moscú, es importante para abordar los desafíos diplomáticos internacionales, como es la proliferación nuclear y el cambio climático, recordó el investigador.

 

 

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FMI se muda(rá) a Pekín y China lanza "futuros" de oro y petróleo en renminbis

La agencia británica Reuters citó a la agazapada (por sus sulfurosos escándalos fiduciarios) Christine Lagarde, directora del FMI, quien vaticinó –durante un evento del Centro para Desarrollo Global en Washington– que, en caso de "proseguir las tendencias de crecimiento de China y otros grandes mercados emergentes", su agencia se mudará sin compunción alguna a Pekín (https://goo.gl/2gwHv5).

Por mucho menos, EU descuartizó al anterior director del FMI, Dominique Strauss-Kahn (https://goo.gl/9Yfdjs).

A mi juicio, la malhadada directora francesa, apuntalada por la canciller alemana Angela Merkel, apuesta al euro y al renminbi frente al dólar, así como a trasladar la sede del FMI a Pekín, a lo cual habrá que acostumbrarse desde ahora.

La temeraria Lagarde casi garantizó que en un periodo máximo de "10 años" la sede del FMI se ubicará en Pekín ya que sus estatutos asientan que su matriz debe localizarse en el país miembro de la mayor economía global.

Desde hace 72 años EU goza del "poder efectivo de veto sobre las decisiones con 16.5 por ciento de participación de los votos del consejo", frente a la aberrantemente anómala participación de China con un raquítico 6.41 por ciento.

En una medición del PIB por el poder adquisitivo, hoy China es la que contribuye preponderantemente al crecimiento global. Pero en términos nominales del PIB, con un crecimiento de 6 por ciento, China supera(rá) a EU en un momento dado de la siguiente década.

Se han agudizado las jeremiadas del Financial Times que con The Economist es propiedad del grupo Pearson controlado sustancialmente por los Rothschild.

El lanzamiento de futuros del oro en renminbis, en subastas de dos veces al día en el Shanghai Gold Exchange, implica a 18 bancos, entre ellos tres anglosajones: Standard Chartered Bank (Gran Bretaña) y Banking Group (Australia/Nueva Zelanda), lo cual “reducirá la influencia del precio aurífero londinense que se inició en 1919 (sic) cuando los banqueros de MN Rothschild & Sons dictaban su cotización a tirios y troyanos (https://goo.gl/CqPJtA)”.

No es ningún secreto que la "fijación (fix)" del oro por los Rothschild "era opaca y vulnerable al abuso del mercado".

China golpea a EU donde más duele, "al reducir la dependencia del precio del oro en el dólar estadunidense".

Se pudiera aducir que China es el emperador de las materias primas, ya que "seis de los 10 principales contratos de futuros comerciados a escala global dependen de los intercambios y precios de China", prácticamente, "el mayor importador de todas las materias primas": desde el hierro hasta el cobre.

A juicio de Nathan Lewis, de Forbes, “China implanta los fundamentos para el próximo sistema mundial del patrón oro (https://goo.gl/kq1gT2)”.

Los futuros del oro tanto en renminbi como en dólar estadunidense serán físicamente entregados en Hong Kong, lo cual le hará más competitivo cuando las famosas reservas de oro de EU en Fort Knox son inexistentes, según el ex congresista texano Ron Paul, por lo que ha solicitado una auditoría de la Fed.

China acaba de desplazar a Alemania del segundo lugar global con cuatro mil toneladas de tenencia en oro detrás de las fantasmagóricas reservas de EU (https://goo.gl/xmo7Yh).

South China Morning Post (SCMP), portal filo-británico tolerado en Hong Kong, aduce que "Pekín revive sus ambiciones de divisa global", mientras se avizora un “cambio profundo (sic) en el sistema monetario global que pudiera llegar antes de lo esperado (https://goo.gl/tLkxqn)”.

SCMP juzga que "Pekín usa a Hong Kong como cabeza de playa para intentar expandir una vez más el uso global del renminbi".

Baste considerar cuatro "grandes movimientos" en la bolsa de Hong Kong en julio: 1 lanzamiento de futuros de oro en renminbis; 2 acuerdo entre China y Rusia para crear un fondo común de 10 mil millones de dólares para promover compensaciones bilaterales tanto en renminbis como en rublos; 3 primera venta de los Bonos Panda de Hungría en China por mil millones de renminbis (Nota: 6.7 renminbis por dólar); y 4 inminente lanzamiento de futuros del petróleo en Shanghai.

Hay que tomar con pinzas la desinformación anglosajona del SMCP, pero de todas maneras hay que considerar sus aviesas travesuras cuando enuncia que tales "grandes movimientos" se gestaron después de que Pekín pudo estabilizar el renminbi y "acabó con el pánico (sic) del mercado sobre la amenaza de un desplome del renminbi".

De acuerdo con la Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication (SWIFT), la participación del mercado del renminbi en los pagos internacionales se incrementó a 1.98 por ciento en junio.

No es ningún secreto que China busca posicionar al renminbi como la divisa comercial y de reserva predilecta en la región, lo cual trastocará en forma dramática el agónico sistema monetario global.

En un descuido y el renminbi no solamente será una "divisa ancla", sino que aún pudiera sustituir al billete verde, que no sale de su marasmo desde la crisis financiera de Lehman Brothers de 2008 con todo y los estímulos de la Reserva Federal que han puesto en tela de juicio el verdadero valor del dólar estadunidense que, a juicio de Pekín, representa "el signo de un sistema global anacrónico que no reconoce la importancia de China".

Para Howhow Zhang, director de KPMG en China, el renminbi será una verdadera divisa global "en cuestión de años y no de una década".

Todavía las tres cuartas partes de la actividad off shore del renminbi se gesta en Hong Kong.

También es cierto que el ascenso irresistible y la internacionalización del renminbi –con varias plazas off shore (Londres, Singapur, Qatar, etcétera) que servirán de ancla para el magnificente proyecto de la “Nueva Ruta de la Seda (https://goo.gl/AQ4Kpy)” con el apalancamiento de la infraestructura– ha sido detenido por dos "choques" en el verano de 2015:1 su devaluación de 2 por ciento; y 2 un declive bursátil, los cuales, a mi juicio, tuvieron que ver con la "guerra financiera" contra China y la "guerra energética" contra Rusia, que operó estérilmente el pérfido Obama.

Hoy China es el segundo mayor consumidor de petróleo después de EU, por lo que el lanzamiento de International Energy Exchange (INE) en Shanghai constituye un clavo adicional al féretro del dólar y donde el crudo de Dubai y Omán juegan un factor relevante, en espera del gas de Irán y Asia Central, no se diga de Rusia.

En la reciente cumbre del ASEAN se detectó tanto la fortaleza como la sutil diplomacia de China que anunció recibir a fin de año a Trump.

Al equipo financierista de Trump le tocará vivir la ignominia de revisar el sistema de cuota del FMI que deberá ser analizado el año entrante.

A mi juicio, muchas de las "bravatas de casino" de Trump con Norcorea, que han derivado en presiones mercantiles contra China, subsumen el deseo de descarrilar el avance del renminbi; el lanzamiento de futuros del binomio oro/petróleo; el posicionamiento global de las dos plazas bursátiles de Hong Kong y Shanghai; y, sobre todo, el boicot a la próxima sede del FMI en Pekín, que, me atrevo a vaticinar, será magnificente y superará en arquitectura y funcionalidad al hoy edificio vetusto de Washington.

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El presidente Vladimir Putin (derecha) y su homólogo palestino Mahmud Abbas, al iniciar una reunión en la residencia Bocharov Ruchei en la ciudad balneario de Sochi, en el Mar Negro, el 11 de mayo.

 

Nunca ha quedado elucidada la razón por la cual la China amurallada desde 221 aC no se lanzó a la conquista del mundo de los bárbaros en el siglo XI, cuando ya poseía la primera marina y capacidad inventiva y logística –pólvora y brújula–, mientras Europa se sumía en su oscurantista medievo, con la notable excepción del auge encapsulado de Bizancio y su fructífera conectividad con Venecia.

El atribulado Donald Trump programó su espectacular periplo a Arabia Saudita, Israel y el Vaticano (antes de las cumbres de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Bruselas y del G-7 en Sicilia) una semana después de la trascendental cumbre de 29 mandatarios este domingo en Pekín de la nueva ruta de la seda ( One belt, one road: B&R), en la que destacan el anfitrión mandarín Xi Jinping y su principal invitado, el zar Vlady Putin (https://goo.gl/4isH5M).

Lu Wen otorga un sitial relevante al zar Vlady Putin, quien jugará un rol activo en la cumbre en asociación con China (https://goo.gl/96HX34), ya que ambas superpotencias comparten planes de desarrollo de infraestructura en lejano Oriente. En referencia al contencioso de la península coreana, los mandatarios de China y Rusia se han manifestado por una solución diplomática (https://goo.gl/khfiky).

Jeremy Garlick, académico de la Universidad de Economía de Praga, califica la cumbre B&R de incluyente (https://goo.gl/0Lf8Iv), pese a la más notoria ausencia de Trump, pero donde brillan intensamente los líderes del ascendente grupo de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (10 países). Concurrirán varias naciones europeas –España, Italia, Grecia, Suiza, Polonia, Hungría, República Checa y Serbia– interesadas en el alfa y omega del B&R. La representación de Alemania, Francia, Gran Bretaña y Japón es de bajo nivel, mientras la ausencia de India es muy conspicua y lamentable.

Asistirán en forma notoria las dos Coreas y por América Latina los mandatarios de Chile y Argentina, con la presencia simbólica de Brasil (https://goo.gl/wX8Q2J). ¿Por qué no acudió México? ¿No dio Trump su permiso?

Garlick comenta que “Asia central es el corazón (sic) del B&R”, lo cual concede enorme relevancia a Kazajstán, Kirguistán y Uzbekistán, no se diga a Pakistán, Sri Lanka, Turquía y Mongolia.

El B&R, en sus componentes terrestre y marítimo, fue lanzado por el mandarín Xi hace tres años en Kazajstán: país bisagra de Eurasia. Involucra a 65 países, en su mayoría en desarrollo; 4 mil 400 millones de habitantes (63 por ciento de la población mundial), y ostenta un PIB de 23 billones de dólares: ¡casi 30 por ciento del PIB global! (https://goo.gl/mI4RF8).

Considera seis corredores económicos: 1) el nuevo puente terrestre euroasiático: encrucijada del restante de los corredores; 2) China-Mongolia-Rusia; 3) China-Asia central-Asia occidental; 4) China-Pakistán; 5) Bangladesh-China-India-Myanmar, y 6) China-península de Indochina (https://goo.gl/aaxAes). Es susceptible de transformar el corazón euroasiático y su conectividad con Europa.

Sputnik se suma a las críticas de Xinhua de que el prodigioso proyecto de infraestructura con mentalidad ganar-ganar no puede ser equiparable a un vulgar plan Marshall de corte colonizador y suma cero (https://goo.gl/ZMr7nG).

Xinhua arremete contra la versión occidental de que el B&R es un instrumento geopolítico cuyo fin es asegurar el dominio de China en la región para crear su nueva esfera de influencia, y juzga que “otros se oponen a la iniciativa porque tienen miedo (sic) de perder su liderazgo en el sistema financiero mundial”. ¡Aquí está la clave de todo el juego: economía real contra finanzas especulativas!

La cosmogonía china del B&R es de infraestructura y corte economicista, mientras sus detractores bordan en el vacío sideral con sus especulaciones financieristas carentes de infraestructura y cuyo patético modelo es el estadunidense.

Xinhua aduce que a diferencia del plan Marshall, China no impone condiciones políticas a los participantes, porque “respeta el derecho de todos los países a escoger su propio sistema social y sus vías de desarrollo en forma independiente (sic)”.

El plan Marshall –impuesto por Estados Unidos en 1948 a sus avasallados aliados y en el que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas rechazó participar– duró solamente cuatro años.

Lo más ominoso del B&R para Occidente subyace en la creación de “nuevos (sic) centros financieros” que pondrán a la defensiva las plazas de Wall Street y la City, no se diga a sus titiriteros de la escatológica (en su doble acepción) CIA.

Más allá de las teorías de la conspiración y/o las motivaciones estratégicas del mandarín Xi, el B&R representa un verdadero sueño en la fase de caos global que marca la decadencia de Estados Unidos y el ascenso de China, al unísono de la resurrección de Rusia, cuando Pekín ha prometido invertir más de un billón de dólares para la construcción de los megaproyectos de infraestructura en Asia, África, Medio Oriente, Europa, Oceanía y Asia Central (https://goo.gl/Wmuh3V), donde el célebre banco AIIB jugará un papel decisivo (https://goo.gl/0nD8dR).

Wang Cong comenta que los bancos estatales (sic) chinos expedirán sus préstamos a los países integrantes del B&R, en el que participarán China Development Bank y EximBank de China, que ya han contribuido con 200 mil millones de dólares. Los bancos estatales-comerciales chinos –Bank of China, ICBC y China Construction Bank– han ofrecido más de 500 mil millones en préstamos e inversiones de activos (https://goo.gl/ck8FC2).

Jörg Wutte, presidente de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China, amenazó con demoler el B&R, al que critica de unidireccional, ya que su “comercio debe fluir en ambos sentidos para que la ruta sea económica y políticamente viable (https://goo.gl/AxG5hu)”.

Curtis Stone arguye que “mientras Estados Unidos busca el dominio, China reúne amigos y busca mayor integración (https://goo.gl/0bczo4)”, cuando “el Pentágono ha aprobado el plan Iniciativa de Estabilidad Asia Pacífico, para invertir casi 8 mil millones de dólares para apuntalar la presencia de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico en los próximos cinco años, a fin de mejorar su infraestructura militar, además de 54 mil millones de nuevos gastos militares requeridos el próximo año.

El catabolismo militar del Pentágono está destinado a destruir la región asiática para su beneficio y a contener a China con su mirífico proyecto B&R. Con el apoyo nuclear de Rusia, el B&R es el antídoto de China para desactivar el esquema destructivo de Zbigniew Brzezinski y sus Balcanes euroasiáticos (https://goo.gl/CsmpF6), que tienen como objetivo aniquilar a Pekín y Moscú.

Dos días antes del B&R se dio in extremis el acuerdo comercial de 10 puntos entre Estados Unidos y China, que abrirá su mercado a las agencias calificadoras y a las tarjetas de crédito de Estados Unidos, y reanudará las importaciones de carne, además de que “Estados Unidos enviará una delegación a la cumbre B&R, que significa su adhesión ( ¡supersic!) diplomática al proyecto”, según FT (https://goo.gl/sKsarz).

Mejor no pudo haber iniciado la cumbre B&R, con la bendición simultánea de Rusia y Estados Unidos, cada uno con diferentes grados y motivaciones. Queda el misterio del verdadero papel de Estados Unidos.

 

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En apariencia Donald Trump consiguió tensar las relaciones entre China y Norcorea

 

Si durante todo el mes caótico de abril Trump mantuvo en angustia al planeta entero –con su triple sacudida telúrica en Siria (lanzamiento poco exitoso de 59 misiles crucero contra una base aérea del gobierno); la detonación de la madre de todas las bombas en Afganistán, con resultados contraproducentes, y la escalada de tensión en la península coreana, donde los geoestrategas de Rusia y China advierten que está tramposamente dirigida en su contra (https://goo.gl/qbm6bj)–, pues el mes de mayo ha iniciado con mejores augurios con la tercera llamada, como si fuera obra teatral, de Trump y su homólogo ruso Vlady Putin, justamente cuando se encontraba de visita en Sochi la canciller alemana Angela Merkel.

Así como Mar–a-Lago es la capital veraniega de Trump, Sochi lo es para el zar Vlady Putin donde invirtió 50 mil millones de dólares para los Juegos Olímpicos de invierno y su desarrollo turístico.

Y es justamente en Sochi donde el zar Vlady recibió, un día después de la salida de la canciller alemana, al sultán Erdogán, quien cada día se acerca más a Rusia y se aleja de Estados Unidos (https://goo.gl/PQVbKA), en especial después del grave error de la CIA de haber intentado su derrocamiento –de lo que se lamentó Zbigniew Brzezinski (https://goo.gl/1c9vl3).

La tercera llamada distendió la ríspida relación bilateral de Estados Unidos y Rusia cuando Putin urgió a Trump a mostrar control hacia Norcorea conforme crecen las tensiones, así como las maneras para finiquitar el conflicto sirio, mientras se ponían de acuerdo en combatir a los yihadistas (https://goo.gl/tsXYRq).

El veterano diplomático indio M.K. Bhadrakumar considera que la tercera llamada ha mejorado sustancialmente la relación bilateral cuando la Casa Blanca la juzga muy (sic) buena y el Kremlin la catalogó de constructiva y de corte empresarial en la que Siria fue el principal tópico donde se ha reanudado la colaboración (https://goo.gl/mpdo8M).

La propuesta de las cuatro zonas de desescalada en Siria refleja la distensión entre Estados Unidos y Rusia. A mi juicio, el malestar de la prensa israelí sobre la desescalada de Trump y Putin en Siria denota el éxito de la “tercera llamada (https://goo.gl/SnlE6e)”.

Las zonas desescaladas ayudan a los civiles y contrastan con las zonas de exclusión aéreas que prácticamente concretan la balcanización, como las aplicadas en Libia por la OTAN, que han creado un verdadero cataclismo entre los civiles, lo cual estuvo en la génesis de la crisis de los migrantes a Europa.

Donde Estados Unidos goza de libre albedrío bélico es en sus bombardeos aéreos a los yihadistas desde su capital Raqqa hasta la frontera de Irak.

Algunos miembros de la delegación de la oposición democrática de Siria se retiraron como protesta a la participación ineludible de Irán, como lo es la de Turquía, si es que se quiere llegar a un acuerdo.

En forma destacada, el portal chino Global Times concede relevancia a las zonas de desescalada y cita en forma juiciosa a los analistas (sic), quienes aducen que la implementación es probable que suceda si Turquía, el principal apoyador de los rebeldes, respeta su firma, ya que “los rebeldes no pueden sobrevivir sin el apoyo crucial de Turquía y las petromonarquías árabes del golfo (https://goo.gl/It3BSR)”.

Las cuatro zonas de desescalada son: 1. la provincia de Idlib (frontera con Turquía); 2. Homs (zona central que conecta a Alepo con la capital Damasco), 3. Ghouta oriental (periferia de la capital) y 4. Áreas en Daraa (cercana a la frontera de Jordania donde estalló la revuelta juvenil por el agua y el cambio climático (https://goo.gl/6CQWBx) y Quneitra (en las Alturas del Golán anexadas por Israel en forma unilateral).

Vale la pena un paréntesis ominoso cuando Israel ha formalizado que la destrucción de Siria legitima la captura de territorios por Israel, ya que, según el viceministro diplomático de la oficina del premier Netanyahu, Michael Oren, no existe nadie (¡súper sic!) en Siria para negociar, por lo que su ocupación debe ser reconocida (https://goo.gl/34COSn). Ni más ni menos que la técnica de destrucción/ balcanización/caos fomentada por Israel, que ha implementado desde hace 69 años para despojar los territorios de sus vecinos (https://goo.gl/sHlWha).

El analista Patrick Henningsen reporta en Russia Today que el memorando de Astana (capital de Kazajstán), firmado por Rusia, Irán y Turquía mueve el centro de gravedad geopolítico del Occidente de Estados Unidos/OTAN a Oriente y de Ginebra (centro de las anteriores platicas de pacificación sobre Siria) a Astana (https://goo.gl/JT3yLA).

Llamó la atención que Trump hubiera enviado al diplomático Stuart Jones (actuante asistente del secretario de Estado) a la reunión de Astana (https://goo.gl/U0rmaF). No faltan quienes aleguen que las cuatro zonas desescaladas anuncien la balcanización de Siria: el sueño de Israel. El diablo estará en los detalles de la tercera llamada de Trump y Putin y de lo que se trata ante todo es prevenir un accidente aéreo de Rusia y Estados Unidos.

El anterior funcionario del Pentágono, Michael Maloof (MM), diluye el entusiasmo y considera que las fuerzas especiales de Estados Unidos en Siria están destinadas a ayudar a los kurdos y que no hay que eliminar la probabilidad de que la fuerza aérea de Estados Unidos conduzca bombardeos en las zonas desescaladas cuando Rusia, Turquía e Irán se han comprometido a respetarlas.

Michael Maloof juzga que Turquía estuvo feliz (sic) en firmar el memorándum de Astana que impide la colaboración de Estados Unidos con los kurdos. No seria la primera vez que Occidente, en sus diferentes fases históricas, venda de nuevo a los kurdos.

¿Se adelantó el zar Vlady Putin al presidente Trump?

Un día después de haber recibido en la Casa Blanca al presidente palestino Mahmoud Abbas, Trump anunció un triple viaje espectacular a Arabia Saudita, Israel y el Vaticano en la penúltima semana de mayo, antes de que acuda a la cumbre de la OTAN en Bruselas el 25 de mayo y a la cumbre del G-7 en Sicilia el día siguiente.

De todas las cumbres, la más importante será la primera reunión bilateral, al margen de la Cumbre del G-20 en Hamburgo el 7 y el 8 de julio, donde por primera vez se verán cara a cara Trump y el zar Vlady Putin, pese a todo el ambiente tóxico de rusofobia que promueve el Deep State de Estados Unidos.

Como que parece reactivamente precipitada la decisión de Trump de realizar su triple periplo, una semana antes de la trascendental cumbre en Pekín de la Nueva Ruta de la Seda, donde destaca la presencia del zar Vlady Putin entre 27 mandatarios convocados por el mandarín Xi.

Si el objetivo primordial de Trump consiste en resquebrajar la alianza estratégica de Rusia y China (https://goo.gl/MimN0b), su decisión intempestiva de visitar el Medio Oriente y El Vaticano, como preámbulo a las cumbres de la OTAN y del G-7, denotaría la inefectividad de los bombardeos alocados de Estados Unidos contra Siria y Afganistán.

Sin contar el factor ruso que ha irrumpido en la ecuación de la península coreana, Trump ha conseguido en apariencia haber tensado las relaciones entre China y su aliado Norcorea. Pero más vale esperar el resultado de la elección presidencial en Sudcorea el 9 de mayo.

 

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El objetivo más profundo de Trump es limpiar el terreno para proseguir sus ambiciones estratégicas en Siria

 

El connotado investigador británico Nafeez Ahmed aduce que los líderes de Estados Unidos, al actuar en forma errática suponen que pueden superar en la táctica a sus rivales, basados en las tretas de la teoría del loco de Henry Kissinger y que fueron aplicadas con las 59 bombas crucero que ordenó lanzar Donald Trump contra una base aérea siria, mientras degustaba un chocolate como postre, lo cual constituyó una afrenta al mandarín Xi Jinping, quizá con el fin de detectar su reacción sicológica y su verdadera postura geopolítica en Siria.

Ahmed arguye que “los súbitos bombazos aéreos en Siria forman parte de la filosofía (sic) de la ‘impredecibilidad’ o la ‘teoría del loco’ que Kissinger ha defendido desde hace mucho como sello distintivo de los grandes estadistas (https://goo.gl/n3utsQ)”.

La teoría del loco del gran estadista, en la cosmogonía sui géneris del genocida universal Kissinger, proviene del intencional acrónimo MAD ( mutual assured destruction), que significa loco y personifica la mutua destrucción asegurada: una política de seguridad nacional y doctrina de estrategia militar conceptualizada por John von Neumann, estratega de la guerra fría, inventor de la teoría de juegos y mandamás del Comité de Misiles Balísticos Intercontinentales.

Herman Kahn, futurista del think tank Rand, en su libro Sobre la guerra termonuclear (https://goo.gl/vzKz7b), criticó las consecuencias trágicas al aplicar la metáfora absurda del MAD.

Greg Grandin había anticipado sobre los hombres locos cuando Trump podría ser el vehículo perfecto de la filosofía de Kissinger, quien “siempre ha insistido en la importancia de la impredecibilidad y aun en la irracionalidad en diplomacia (https://goo.gl/MvKRqk)”.

Ya desde 1957 Kissinger preconizaba sin rubor la teoría del loco mediante una guerra nuclear limitada ( ¡supersic!) y que implementó junto a Richard Nixon 11 años más tarde con napalm y sin bombas atómicas. La teoría del loco con armas nucleares del nonagenario Kissinger equivale a la destructividad creativa del economista Joseph Schumpeter y cuya insanidad fue demostrada con creces en Indochina.

Con la dupla Truman-general McArthur, Estados Unidos ya había comprobado en 1945 la teoría del loco avant la lettre, al lanzar dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki, cuyo objetivo, según archivos desclasificados, fue disuadir a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de invadir Japón (https://goo.gl/NSmW0P).

Ahmed acusa que Kissinger es el lado oscuro de Trump en Siria y cita que la derrotada Hillary Clinton enunció unas horas antes que Estados Unidos debía bombardear las bases aéreas de Bashar al Assad (https://goo.gl/hvwzct)”.

A juicio de Ahmed, el pugnaz maniático Kissinger –“acusado por el autor británico-estadunidense Christopher Hitchens de complicidad en los crímenes de guerra de Estados Unidos en Latinoamérica y el sudeste asiático– “ha sido uno de los principales consejeros de Trump para negociar las relaciones de Estados Unidos con Rusia (https://goo.gl/tCR6sq) y China (https://goo.gl/cG2aMR)”. Ahora la influencia de Kissinger en la administración Trump es visible mediante su anterior acólito Kathleen Troia McFarland, hoy viceconsejera de seguridad nacional.

Más allá de sus relevantes cargos con Nixon y Gerald Ford, Kissinger siempre ha estado cerca del poder con republicanos y demócratas: “consultor secreto (¡supersic!) en seguridad nacional del presidente George W. Bush” y consejero de Barack Obama y Hillary Clinton. Kissinger epitomiza los intereses supremos de los banqueros Rockefeller y de Israel que se subsumen hoy en el megabanco JP Morgan Chase (https://goo.gl/opi266), vinculado a la Organización Trump.

Kissinger admitió en Davos que “el orden internacional se está desintegrando en ciertos (sic) aspectos con el ingreso de nuevos elementos de Asia”, donde aplaudió la globalización económica del mandarín Xi y aprobó el acercamiento menos confrontativo de Trump con Rusia (https://goo.gl/CfOkVQ). El abordaje de Kissinger consiste en que las diferentes administraciones de Estados Unidos “eviten la prudencia (sic) recomendada de los expertos y, al contrario, opten por la constante redefinición de objetivos” y la fuerza para contemplar el caos.

Mediante la teoría del loco Estados Unidos “coloca a sus rivales en forma permanente un pie atrás (sic) por temor a la volatilidad (sic) peligrosa del poder estadunidense”.

Ahmed desmenuza todas las contradicciones de Trump y su secretario de Estado, el petrolero texano Rex Tillerson, con el presidente sirio Assad, a quien un día se pretende defenestrar (https://goo.gl/ZjxIfT), para desmentirse a sí mismos al día siguiente. El objetivo más profundo de Trump es limpiar el terreno para proseguir sus ambiciones estratégicas en Siria, cuando “contempla como oportunidad (sic) estratégica la escalada del caos en Siria”.

Ahmed se sustenta en el libro El campo de batalla (https://goo.gl/5Ss2KE), del anterior consejero de seguridad nacional defenestrado, el teniente general Michael Flynn, y el zelote neoconservador straussiano Michael Ledeen, especialista en montajes de falsa bandera y quien desde la guerra de Irak en 2003 aboga por convertir a Medio Oriente en una “caldera“ (sic), cuya “visión se correlaciona con la preferencia de la administración Trump por el caos (sic), con sus reculadas (sic) y cambios (sic) constantes de prioridades”.

Ledeen, quien desde la penumbra deja muy pequeño a Goebbels, es uno de los estrategas más tóxicos y mendaces que detenta y ostenta Estados Unidos: autor de la telenovela del pastel amarillo de Níger y su montaje de las armas de destrucción masiva de Sadam Husein que nunca existieron (https://goo.gl/aeoxoq).

Una de las características del MAD (teoría del loco) que practica Trump consiste en borrar los límites entre la mentira y la verdad, gracias al avasallante control de los desinformativos multimedia.

Ahmed juzga que un indicio de lo que está realmente en juego proviene de las charlas entre Benjamin Netanyahu y Trump semanas antes de los bombardeos: el premier israelí “desea establecer zonas de amortiguamiento ( buffer zones) del lado sirio de la frontera” (https://goo.gl/mVlXuu), lo que de facto permite la anexión por Israel de las alturas del Golán, donde la subsidiaria sionista de la trasnacional estadunidense Genie Oil & Gas opera con licencia del gobierno de Netanyahu (https://goo.gl/dN8Y4l). Rupert Murdoch (https://goo.gl/uWQYPP), gran aliado de Trump, es uno de los miembros prominentes del consejo de administración de Genie Oil & Gas.

Ni Trump ni Netanyahu buscarían la remoción de Bashar al Assad, sino más bien su miniaturización-encapsulamiento y resquebrajar la alianza de Rusia e Irán mediante un trueque maquiavélico: “regalar Crimea a Rusia en un teatro de batalla, mientras Trump desea convencer a Rusia en un teatro diferente retirar su alianza con Irán (sic) en Siria, permitiendo a Estados Unidos mayor campo de juego para imponer un arreglo diplomático que se ajuste a sus objetivos geopolíticos sospechosos para la región”, cuyo resultado final es mantener un estado de inestabilidad permanente en Siria, donde ninguna facción particular gana, prolongando así la guerra.

¿Caerá el zar Vlady Putin en la trampa de Kissinger-Trump con el trueque de Crimea por el Golán para Israel?

 

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