En este videograma captado el 10 de diciembre de 2015 y difundido ayer, Michael Flynn (derecha), ex asesor de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, saluda al mandatario ruso, Vladimir Putin, en Moscú. Flynn dimitió ante el escándalo que indaga el Departamento de Justicia sobre si se reunió con el embajador ruso en Washington para hablar sobre las sanciones a Moscú antes de la asunción de Trump, el pasado 20 de enero

 

El omnipotente establishment –la coalición derrotada de las dos dinastías de los Bush y los Clinton, más Obama y George Soros, operador de la CIA, quien tiene controlado al Partido Demócrata (https://goo.gl/dYq9e0)– empieza a domesticar a Trump, quien en sólo 24 días en el poder ya sufrió dos brutales golpes internos que han minado su agitada temeridad: la cruel prohibición de viajes provenientes de siete países islámicos (donde destaca Irán) y el drama que obligó a renunciar, por sus contactos anticipados con Rusia, al ex teniente general Michael Flynn, su relevante asesor en Seguridad Nacional.

Ambos desaires domésticos exhiben el reajuste del poder con serias repercusiones a escala global que tienen a Trump contra la pared y han agazapado a su íntimo equipo: desde su yerno ultraortodoxo judío Jared Kushner –golpeado sin misericordia por The New York Times, que reveló su financiamiento por el megabanco Hapoalim de Israel (https://goo.gl/lVkgXZ)–, pasando por su jefe de gabinete, Reince Priebus, y su secretario de prensa, Sean Spicer, sin contar la feroz campaña multimediática contra Steve Bannon, ideólogo supremacista de Trump, y su redactor de discursos, Stephen Miller. ¡Vapuleada toda la columna vertebral del trumpismo!

Pese al estado de guerra civil que no se atreve a pronunciar su nombre, EU opera todavía con sus legendarios “contrapesos (check and balances)” y Trump, sin armas operativas ni municiones suficientes en su endeble fase de transición, abrió la caja de Pandora del sistema al colisionar con los poderes Judicial (que desechó en forma humillante la prohibición viajera antislámica) y Legislativo, que orilló a la renuncia de Flynn, pieza indispensable para el acercamiento con el zar ruso Vlady Putin.

Antes de la renuncia de Flynn y con el desastre logístico de la prohibición antislámica a cuestas, Trump había sido deslactosado en el delicado frente externo por China cuando, para tomar la llamada del presidente 45, el mandarín Xi Jinping había exigido que dejara de lado su ocurrencia taiwanesa sobre la política de una sola China – one China policy: (https://goo.gl/HW63HF) y (https://goo.gl/q5gGN7–; ¡realpolitik de la geopolítica!

La megalomanía exhibicionista de Trump había optado por una guerra comercial contra China, Alemania y México, mientras tejía sin cuidado su acercamiento geoestratégico con Rusia, que no está dispuesta a abandonar ni a China –con la cual comparte una alianza estratégica– ni a Irán, puesta en la mira letal por el sionismo, en la fase de Netanyahu.

Se puede aducir que la política de Trump, hoy deslactosado, opera por ensayo y error y ya los principales actores del planeta le han tomado la medida, cuando uno de sus componentes de negociación es el bluff del poquerista que heredó en su casino quebrado de Atlantic City.

La secuencia de las primeras visitas de los mandatarios del extranjero a la Casa Blanca pueden servir de parámetro. El Trump deslactosado ha recibido hasta ahora y en orden a los primeros ministros Theresa May (Gran Bretaña), Shinto Abe (Japón), Justin Trudeau (Canadá) y a Benjamin Netanyahu (Israel), quienes en su conjunto trazan el diagrama de una alianza de EU con la anglósfera (muy cercana a Japón y a Israel).

El sucesor de Flynn será clave para definir la profundidad del daño al acercamiento de Rusia con EU, que vive su paroxismo rusófobo fomentado por el establishment y su complejo militar-industrial.

La reconversión del deslactosado Trump con China es aparatosa y deja en lastimosa orfandad a Taiwán, usada vulgarmente como ficha de trueque (bargaining chip).

La llamada de contrición de Trump al mandarín Xi se gestó en vísperas de la ostentosa visita de tres días de Shinto Abe, quien promete invertir 700 mil millones de dólares en infraestructura en EU.

La luna de miel de Trump y Abe formó parte de la diplomacia del golf, que fue interrumpida por el enésimo ensayo balístico misilístico de Norcorea, en plan de aguafiestas.

Global Times, portavoz del Partido Comunista de China, comenta que la llamada de marras significa “una nueva fase en la comunicación entre EU y China (https://goo.gl/bEsvfz)”.

Curiosamente, quien había organizado la llamada fue el hoy defenestrado Flynn con el eficiente embajador de China en EU, Yang Jiechi, mientras Trump diluía su vino bélico contra China, lo cual fue simbolizado con la presencia de su hija Ivanka y su nieta Arabella –de cinco años de edad, quien cantó en mandarín (https://goo.gl/kcccfu)– en una visita a la embajada de China con motivo del año lunar.

Global Times comenta que las relaciones de China y EU continuarán moviéndose adelante bajo el formato complicado, donde la cooperación y las confrontaciones existen. Reconoce que en términos de fuerza nacional, EU es más poderoso que China, lo cual ha llevado a un tipo especial de equilibrio en Asia oriental, especialmente en áreas alrededor de China, donde la fuerza y arresto de China para defender sus intereses vitales se equiparan a los de EU.

El portal Russia Today comenta que China gana un asalto a EU en Taiwán y pregunta si “Pekín canta victoria antes de tiempo (https://goo.gl/sxZizR)”, cuando la tensión militar en la zona y el apoyo de EU a Taiwán permanecen intactos.

Para la agencia británica Reuters quedan varias batallas por delante –la guerra de divisas entre el yuan y el dólar, el déficit comercial y los contenciosos del mar del Sur de China y Norcorea– entre Trump y Xi, por lo que la pequeña victoria de Pekín sobre Washington podría ser efímera, cuando la política de una sola China no afecta la venta de armas de EU a la isla renegada. Además, Trump “no querrá que se le vea como alguien débil que ha cedido, por lo que pudiera contratacar de lado económico o comercial a China (https://goo.gl/DkNnm1)”.

Sobre la guerra comercial con que amaga el deslactosado Trump a China, el multimillonario Jack Ma, fundador de Alibaba –una de las mayores plataformas de comercio electrónico–, quien se había reunido a principios de enero con el presidente 45 para crear un millón de empleos en EU (https://goo.gl/lwzv6F), diagnosticó que la inapropiada distribución de fondos y el gasto militar hiperinflado de EU estaban robando los empleos de EU, lo cual está detrás de su declive económico (https://goo.gl/OfMgmU): EU ha tenido 13 (sic) guerras y ha gastado 40 mil 200 millones de dólares, en lugar de haber invertido en infraestructura y ayudado a los trabajadores de cuello blanco y azul.

En su política de ensayo y error el deslactosado Trump apoyó la posesión de las islas Senkaku (los chinos las llaman Diaoyu), que se localizan en el mar Oriental de China, lo cual volvió a irritar a Pekín (https://goo.gl/kIwEaC).

Trump se maneja por el método de ensayo y error dentro de la estructura clásica de la política exterior de EU y de los intereses supremos de su complejo militar-industrial, ahora con menor margen de maniobra unipersonal, y ya sólo le queda la estéril infatuación.

Hasta ahora, como se dice en el juego de ruleta, todos hacen sus juegos; en consecuencia: faites vos jeux!”

 

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La mayoría de investigadores, concentrados en pocos países

A pesar de que el mundo nunca había contado con un número tan grande de investigadores, pues se estima que actualmente existen 7.8 millones en las diferentes áreas del conocimiento, es decir, 20 por ciento adicional a los que había en 2007, la mayoría se concentra en un puñado de naciones. El 22 por ciento labora en la Unión Europea, 19 por ciento en China y 16.7 por ciento en Estados Unidos.

La enorme concentración de los investigadores no se limita a una cuestión geográfica, también es de género, pues 43 por ciento de quienes obtienen un grado de doctor en el mundo son mujeres, pero apenas 28.4 por ciento de los especialistas en diversos campos del saber del planeta son investigadoras.

Al conmemorar este 11 de febrero el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) lanza un llamado a los países miembros a fortalecer la formación y especialización de las mujeres en todos los campos del conocimiento, al destacar que "siguen siendo una minoría en el mundo de la investigación científica".

"Minoritarias en puestos de mayor responsabilidad"

Datos recientes del Informe de la Unesco sobre la ciencia revelan que el acceso de las investigadoras a fuentes de financiación de su actividad es aún más reducido que el de sus colegas masculinos y son menos numerosas en las universidades de mayor prestigio. Además, "son minoritarias en los puestos de mayor responsabilidad, tanto en los consejos directivos que administran las instituciones científicas como en los que regentan las universidades".

Agrega que las regiones del mundo que cuentan con más investigadoras son Europa Sudoriental, con 49 por ciento; el Caribe, Asia Central y América Latina, con 44 por ciento, mientras en los Estados Árabes las mujeres representan 37 por ciento del personal de investigación, un porcentaje superior al observado en la Unión Europea, con 33 por ciento.

Viernes, 03 Febrero 2017 07:02

Las relaciones Estados Unidos-China

Las relaciones Estados Unidos-China

En uno de sus más recientes artículos periodísticos, Immanuel Wallerstein vuelve sobre un tema que ha trabajado anteriormente: asegura que las dos grandes potencias, Estados Unidos y China, se convertirán en socios estratégicos (goo.gl/FDUf6j). Su análisis es sólido y tiene la enorme ventaja, además del respeto que merece todo su trabajo, de que no es novedoso, sino que aporta nuevos argumentos a los que ha venido manejando desde mucho tiempo atrás.

Wallerstein sostiene que el principal motivo de las discordias actuales consiste en cuál de los países será socio mayor y cuál subordinado en la futura e inevitable alianza. No duda que China se está convirtiendo en la nueva potencia hegemónica global, pero asegura que está condenada a entenderse con la potencia en decadencia, del mismo modo que Gran Bretaña y Estados Unidos se entendieron después de 1945.

Asegura que puede establecerse una alianza no formal, una "asociación no declarada", como la que mantuvieron la Unión Soviética y Estados Unidos desde los acuerdos de Yalta (febrero de 1945), en los que tácitamente se dividieron las zonas de influencia en el mundo de posguerra. En trabajos anteriores, Wallerstein sostuvo que luego de un periodo de transición hegemónica en el mundo se establecerán dos alianzas importantes: la de China y Estados Unidos por un lado, y la de Europa y Rusia por otro.

En este sentido, vale la pena escuchar a un notable estratega, el presidente ruso Vladimir Putin, quien defiende el euro a pesar la crisis en curso y recientemente aseguró que "muy posiblemente" Rusia llegará a integrar la Eurozona (goo.gl/C35cnU). Debe recordarse que la ofensiva de Washington contra Rusia, en particular la crisis y cambio de régimen provocados en Ucrania, busca impedir el aumento de los lazos políticos y económicos entre Moscú y Bruselas.

Sin llegar a disentir del análisis de alguien que considero una inspiración ineludible, quisiera exponer algunos problemas que pueden cambiar el rumbo que señala Wallerstein y quizá entorpecer o enlentecer este tipo de alianzas que llegarían a predominar en un nuevo mundo posterior al capitalista.

La primera y más importante se relaciona con la herencia colonial. Las anteriores transiciones hegemónicas se produjeron entre potencias occidentales. Desde la primera hegemonía en el sistema-mundo, la de Holanda, hasta la hegemonía estadunidense, son todas naciones que pertenecen a una misma civilización, por utilizar el sentido que le otorga el sociólogo egipcio Anouar Abdel-Malek (citado por Wallerstein), quien sostuvo que sólo existen dos civilizaciones, la indoaria y la china.

Podemos intuir que una hegemonía no occidental chocará con las tradiciones y las culturas racistas y colonialistas de Occidente. A la competencia entre estados y entre empresas, que fue decisiva en las anteriores transiciones, se suman ahora factores que estaban ausentes en aquellas disputas. No podemos saber hasta qué punto el racismo y el colonialismo serán capaces de modificar la trayectoria histórica prevista, pero es evidente que algún peso tendrán, ya que han modelado el nacimiento y desarrollo del capitalismo en los pasados cinco siglos.

La misma observación hecha desde China y Asia-Pacífico permite dudar de que Pekín aspire a la hegemonía mundial, porque sería tanto como seguir los pasos del colonialismo/capitalismo europeo y occidental. Puede suceder, pero no es necesario que así sea. Lo que es seguro es que China no permitirá una nueva humillación, como las sufridas ante Inglaterra y Francia en el siglo XIX y ante Japón en el siglo XX. Todo su esfuerzo como potencia emergente va en la dirección de mantener en pie la soberanía nacional.

La segunda cuestión a tener en cuenta es el papel de las sociedades civiles organizadas, o sea los movimientos populares. Los fundadores de la teoría del sistema-mundo, Wallerstein, Giovanni Arrighi y Terence Hopkins, destacan la divergencia existente en la crisis iniciada en 1973 con las crisis anteriores, por el papel destacado que jugaron los trabajadores en su deflagración. Más allá de diferencias puntuales entre sus análisis, la conclusión parece clara cuando señalan, a propósito de la oleada de activismo de la década de 1960, que estamos ante la aceleración de la historia social.

"Mientras en las anteriores crisis hegemónicas de intensificación de la rivalidad entre las grandes potencias la rivalidad precedió y configuró de arriba abajo la intensificación del conflicto social, en la crisis de la hegemonía estadunidense esta última precedió y configuró enteramente aquella", concluyen Arrighi y Beverly J. Silver en Caos y orden en el sistema-mundo moderno (Akal, 1999, p. 219).

Dirán que no es la primera ocasión en que cito esta frase. Pero me parece necesario recordar, una y otra vez, que la crisis en curso ha sido gestada por las luchas de los abajos, y que esa convicción debe darnos la suficiente fuerza de ánimo para enfrentar la tormenta con la que nos están respondiendo los de arriba. Es la primera vez en la historia que las resistencias de abajo configuran nada menos que una crisis sistémica y eso explica la reacción de Estados Unidos y del gran capital, incluso gobiernos como los que estamos padeciendo, de modo particular en el caso de México.

¿Podemos imaginar el genocidio mexicano contra los jóvenes, las mujeres, los indios, los pobres en general, sin considerarla como una guerra preventiva de clase? La clase dominante mexicana sufrió dos revoluciones populares en la corta historia de la nación, y eso la hizo mucho más cautelosa y, sobre todo, más implacable.

Sin rechazar el análisis del "telescopio Wallerstein" (apodo creado por el sub Galeano), creo que el colonialismo/racismo y la potencia de los abajos deben inducirnos a considerar la enorme complejidad de la transición en curso. Esa complejidad puede llevar a la dirección china, en efecto, a aliarse con la potencia en decadencia para evitar males mayores. Pero nada es seguro.

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Miércoles, 23 Noviembre 2016 06:19

EEUU y Rusia: ¿Hacia un nuevo orden mundial?

EEUU y Rusia: ¿Hacia un nuevo orden mundial?

Al final pasó. La favorita en las encuestas fue derrotada, y la paz mundial pudo respirar. Hillary Clinton, la reencarnación de la diosa Eris de la discordia, dolor y matanzas desapareció para dejar el escenario a otro despojo del capitalismo más desvergonzado y salvaje, llenando el escenario de una inquietante incertidumbre.


Mientras la apparatchik perdía por ignorar las necesidades del sistema (a pesar de haber recibido un aviso en 2012 al ser excluida del segundo gabinete de Obama), Donald Trump era linchado por la prensa ortodoxia por desnudar al emperador, mostrando un EEUU misógino, racista, aporófobo, capaz de manipular el resultado de los votos como se hace en cualquiera otra dictadura vulgar, o de lo absurdo que es gastar el dinero de los ciudadanos (50 millones viven bajo el umbral de la pobreza) en mantener en el poder a las élites corruptas de otros países que viven como parásitos de EEUU.

También, por querer que lo mismo que ha hecho EEUU en el mundo suceda con la sociedad estadounidense: la supremacía de una nación, un grupo y una clase sobre las demás naciones, grupos y clases; utilizando miedo, odio y otros sentimientos para provocar conflictos y así ganar más poder y más influencia.


En medio de esta situación surrealista, que Trump hablara bien del archienemigo ruso, ha descolocado a más de uno. Los clintonistas le han tachado de ser el “agente de Putin”.


¿La distensión con Rusia?


Para Rusia, la misma derrota de Clinton es un triunfo, y no sólo por incitar o apoyar las protestas de 2011 en Moscú contra la elección de Vladimir Putin, de armar a los grupos y gobiernos de extrema derecha en sus fronteras, invadiendo su periferia de seguridad, sino por lo que iba a hacer: una grave intervención militar en Rusia, sin importarle provocar una guerra nuclear, como revelaban sus correros infiltrados.


Sobre las razones de la extraña simpatía de Trump hacia Rusia, se ha apuntado a los lazos financieros de algunos miembros de su equipo con Gazprom, o con los políticos pro-rusos de Ucrania, o que el propio magnate celebrase en Moscú el concurso de Miss Universo 2013. Entonces, ¿por qué Trump no ha conseguido abrir la sucursal de su hotel en Moscú cuando sí lo han hecho Ritz, Hilton o Radisson?


Quizás la respuesta esté en las fuertes posiciones antichinas de Trump: ¿Pretende romper la alianza entre Rusia y China, acercándose a una de ellas, siguiendo la misma estrategia de Richard Nixon y de Barack Obama? Es difícil que lo consiga: los dos gigantes se han unido en la Organización de Cooperación de Shanghái, en el Grupo de BRICS, y en numerosos acuerdos estratégicos militares y energéticos. La Doctrina Putin está consiguiendo, con el respaldo de China, restaurar la posición de Rusia en el mundo, poniendo fin a la unilateralidad de Washington y su Nuevo Orden Mundial declarado en 1991, año de la caída de la URSS. Ahora Rusia está recuperando Asia Central, mientras EEUU está perdiendo a Pakistán, Libia, Irak, Turquía y Arabia Saudí.


Kremlin sigue con cautela las declaraciones de Trump quien dijo que “podrá mirar” el reconocimiento de Crimea como territorio ruso, cooperar en la lucha antiterrorista (¡debe ignorar quiénes lo patrocinan!), poner fin a una nueva Guerra Fría, y reducir el militarismo de su país. Quizás porque vive la resaca y el cansancio de tantas guerras, o quizás se trate de otra estafa electoral suya. Si realmente pretende “levantar el país”, tendrá que recortar el gasto militar y las ayudas a los regímenes clientes como Irak, Afganistán, Israel, o Colombia.


En los últimos años, la esquizofrenia ha dominado la política exterior rusa: votó a favor de la agresión de la Alianza a Libia, las sanciones económicas sobre Irán, ha facilitado la ocupación y la permanencia de la OTAN en Afganistán, ofreciéndole el aeropuerto de Uliánovsk (la ciudad natal de Lenin, convertido, según la oposición, en una base de EEUU), para el tránsito de equipamientos a la tropas de Bush y Obama. Y eso a pesar de que en 2001 Washington saliera del Tratado de Misiles Antibalísticos, y le acosara en sus propias puertas desde Georgia y Ucrania. Es impensable que el Pentágono abandonara la doctrina Dominio Completo del Espectro (Full Spectrum Dominance) de controlar el espacio aéreo y las rutas marítimas.


Tampoco dejará de utilizar la OTAN para su expansión, y para desmantelar la Federación Rusa, o llevar adelante el proyecto del Siglo Pacifico de América por el que está sembrando las proximidades del estratégico Mar Oriental de China de bases militares.


No hay ninguna lógica objetiva que propicie un giro en la política exterior de Washington (tampoco lo hubo con Obama después de Bush) centrado en tres “amenazas existenciales” de China, Rusia e Irán. Barack Obama prometió una cooperación entre las potencias para el bien de la humanidad, pero la realidad es que en 2016 hablamos de la Guerra Fría 2.0.


No habrá un Nuevo Orden Mundial con un gabinete reaccionario compuesto por individuos millonarios fundamentalistas cristianos. El estado profundo seguirá con la reconfiguración del mapa estratégico global, con el objetivo de mantener la supremacía militar y política de EEUU sobre el mundo y a cualquier precio.


Aun así, hay que exigir a los líderes de las superpotencias que dialoguen y reduzcan la peligrosa tensión acumulada.

 

22 noviembre 2016

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Tendencia global: nuevo orden mundial "tripolar" con la desglobalización y regionalismos

Nunca será suficiente enfatizar la prospectiva sobre el nuevo orden mundial en los próximos 10 años del mandarín Xi, durante el 95 aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino: "el mundo se encuentra al borde de cambios radicales, contemplamos cómo la Unión Europea (UE) se está desmoronando (sic) y la economía de Estados Unidos se está colapsando (sic). Esto concluirá en un nuevo orden mundial que a lo sumo durará 10 años", cuando “Rusia y China puedan formar una alianza ante la cual la OTAN será impotente (https://goo.gl/1Frhkx)”.

Del lado anglosajón, es más resonante el clamor sobre el "fin de la globalización", de lo que no se enteran, o no les conviene, sus aldeanos turiferarios en Latinoamérica.

Martin Jacques (MJ) –autor del visionario libro Cuando China gobierne el mundo: el fin del mundo occidental y el nacimiento de un nuevo orden mundial (https://goo.gl/mkukW3)”– explaya "la muerte (sic) del neoliberalismo" global y “la crisis de la política occidental (https://goo.gl/AkGkZE)”. A su juicio, "la economía occidental se ha estancado y ahora se acerca a su década perdida sin fin a la vista". Aduce que "el periodo más dinámico del crecimiento occidental de la posguerra fue en el fin de la guerra y al inicio de la década de los 70, la era del capitalismo de bienestar social y keynesianismo, cuando la tasa de crecimiento era el doble del periodo neoliberal (Nota: del thatcherismo/reaganomics) desde 1980 hasta el presente".

Para MJ, "la característica más desastrosa, de lejos, del periodo neoliberal ha sido el inmenso crecimiento de la desigualdad", lo cual coincide con las conclusiones del economista galo Thomas Piketty. Enuncia que "amplios sectores de la población, tanto en EU como en Gran Bretaña, se encuentran ahora en rebelión", que "ha paralizado a la élite gobernante" cuando los "neoliberales y monetaristas están en retirada". Hoy la "desigualdad se encuentra en el pináculo de la agenda política", en sincronía con el "nacionalismo económico".

El laureado Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, acaba de sentenciar la “muerte de la globalización (...), escuela dominante del pensamiento (sic) económico en occidente, del FMI y el Banco Mundial (BM) en los pasados 30 años (https://goo.gl/PvBsfu)”.

Fue cuando inquirí: “más allá del ultrarreduccionismo economicista y/o financierista, carente de visión geoestratégica, ¿qué sigue, cuando se despliega la desglobalización en pleno caos global geopolítico debido a la decadencia de EU y su fallido orden unipolar? ¿"Economía mixta" de libre mercado con control estatal (sumado hoy del "control ciudadano cibernético")? ¿Preponderancia de la economía real sobre el pernicioso financierismo de las burbujas especulativas de las plazas de Wall Street y la City? ¿Neokeynesianismo con re-regulación?

¿Proteccionismo regionalizado en los diferentes bloques económicos bajo la férula geopolítica de las esferas de influencia del nuevo (des)orden tripolar EU/Rusia/China? ¿Regionalismos de libre comercio y proteccionismos regionalizados en los diferentes bloques económicos, si es que no se balcanizan en el camino, bajo la férula geopolítica de las respectivas esferas de influencia tripolar?

Queda pendiente el devenir de la hegemonía unipolar del dólar (http://goo.gl/wvCU55), paradójicamente omnipotente en la fase del caos global, que no refleja el imperante híbrido mundo multipolar ni el nuevo (des)orden tripolar de EU/Rusia/China, cuando estas dos últimas superpotencias apuestan a la desdolarización global y al resurgimiento del oro, acompasados de la internacionalización de la divisa china en ascenso”.

En un reciente seminario, el Center for China and Globalization (CCG), con sede en Pekín, y el Centro Estratégico de Estudios Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Washington, Long Yongtu (LY), anterior negociador del ingreso de China a la OMC, abogó en forma implícita por un "G-2" meramente geoeconómico de China/EU para la “gobernanza económica global (https://goo.gl/1cjG7Z)”. Nada que ver con el tramposo “G-2 geoestratégico (https://goo.gl/NOEMFf)” de Zbigniew Brzezinski (ZB), ex asesor de Seguridad Nacional de Carter e íntimo de Obama (que rechazó China), con el fin de repartirse el pastel global sin Rusia ni la UE. Ya ZB había retrocedido cuando pregonó hace poco un asombroso "realineamiento", con el coralario implícito de una "tripolaridad" de EU/Rusia/China (https://goo.gl/dgNb6n).

Según LY, China y EU, "con diferentes fases de desarrollo, tienen la habilidad para ayudar a forjar las guías económicas internacionales", cuando "el comercio internacional, el cambio climático y el comercio electrónico han emergido en las décadas recientes sin claros precedentes o reglas". Reconoce que "China se ha beneficiado mucho de haber entrado a la OMC y no tiene intención de cambiarla", por lo que "el resto del mundo debe estar tranquilo".

Diserta que la "nueva ruta de la seda (one belt; one road: OBOR, por sus siglas en inglés)" y el AIIB (Asian Infraestructura Investment Bank) fueron "iniciados por China y, más que un desafío, son complementarios al existente sistema financiero global", ya que "las presentes instituciones financieras internacionales, que incluyen el BM y el ADB (Asia Development Bank) no pueden suplir las demandas en infraestructura".

Scott Kennedy, vicedirector de la cátedra Freeman en estudios chinos en el CSIS, arguye que China no tiene objetivos de empezar desde cero, sino que más bien jerarquiza el concepto de "inclusión armónica".

He Yafei, anterior viceministro de Relaciones Exteriores de China, juzga que con "el TPP (Trans Pacific Parthnership), dominado por EU, Washington desea instalar su propio círculo" y "evitar tener a China para que influya en sus reglas".

En un seminario anterior en Pekín, su think tank CCG abordó los “desafíos de la desglobalización (https://goo.gl/LgkMFu)” y sus tendencias en el mundo: el Brexit; el trumpismo en EU, con el "americanismo" para sustituir la globalización, y el retorno del proteccionismo comercial y la exclusividad del TTIP y el TPP.

Según LY, "la OMC no puede más en forma efectiva colocar las reglas del comercio internacional, por lo que los acuerdos comerciales regionales (sic), como el RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership) son benéficos para empujar adelante la globalización", que deberá ser más "económica" que "financierista", como abordó la cumbre del G-20 en Hangzhou.

Para Huo Jianguo, alto funcionario del Ministerio de Comercio, "desde el punto de vista económico, los países desarrollados empujados por la globalización elevaron el nivel de su estructura industrial de una manufactura-céntrica a un enfoque de servicios". Pero hoy "la gobernanza global se ha retrasado detrás del rápido desarrollo del comercio y las inversiones globales, lo cual puede ser paliado por el multilateralismo".

Admite que "un problema de los acuerdos comerciales regionales, con el beneficio de innovación de sus reglas, es que pueden llevar a alianzas políticas y militares con consecuencias negativas".

La desglobalización y los regionalismos son reflejo del nuevo orden tripolar global.

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