El primer ministro checo, entre las dudosas y repentinas fortunas. REUTERS/Archivo.

Hace una generación no existían. Pero los milmillonarios ya son una realidad entre los socios europeos del Este. Especialmente, en el llamado Grupo de Visegrado y, dentro de este club de cuatro, en su triángulo más nacional-populista, el que conforman Polonia, República Checa y Hungría. Oligarcas y empresarios de emporios de múltiples sectores que se expanden hasta la ex repúblicas soviéticas revelan la transformación socioeconómica de los países del otro lado del Telón de Acero.

 

Poseen yates de última generación e, incluso, son propietarios de clubes de fútbol. Se mueven con estrellas de cine e interceden en el ámbito político. Asumen ingentes cantidades de riqueza, hasta el punto de que, en algunos casos, resultan imprescindibles en el futuro económico de sus países. A veces, resultan ser oligarcas, entendidos en no pocas ocasiones como los beneficiarios de los conglomerados industriales heredados de la época del Telón de Acero.

Muy habituales en la Rusia posterior a la desintegración de la URSS, próximos al núcleo duro político que habita en El Kremlin –en la época de Boris Yeltsin, primero y, sobre todo, durante la actual hegemonía de Vladimir Putin, donde el denominado Clan de San Petersburgo tomó las riendas del de Moscú– y que inspiraron el término capitalismo de amiguetes que el entonces director gerente del FMI, Michael Camdessus, utilizó para definir el habitual tráfico de influencias y de prebendas entre la tumultuoso élite política y la emergente clase empresarial que ocasionó tres crisis financieras y se llevó a cinco primeros ministros antes de que apareciera la figura de Putin. O que llevó al economista Jeffrey Sachs a decir, a finales de los noventa, que “lo mejor que podía suceder en la Rusia de Putin, era nacionalizar las recientes privatizaciones que se habían acometido, para volverlas a poner, paulatinamente, en manos privadas para su modernización, con transparencia y concursos realmente abiertos al capital”.

Pero también hay milmillonarios que han labrado sus ingentes cantidades patrimoniales al convertirse en grandes magnates. Industriales o empresariales. Adalides del sueño oriental que ha emergido al calor del boom económico de sus cada vez más poderosos mercados emergentes. Al margen o no de que hayan contribuido a lo que también el ex jefe del Fondo, Camdessus, calificó en su día como un foco de cleptocracia, al definir los oscuros negocios en la Rusia que transitaba desde la extinta Unión Soviética.

El primer ministro checho

Porque la moralidad –lo que los americanos llaman moral hazard, el riesgo ético que se inicia a través de inversiones que buscan altas rentabilidades, al alcance de grandes fortunas, propensas a desencadenar crisis financieras, como los activos tóxicos en 2008, y que suele desembocar en una socialización de los gastos, a modo de rescates bancarios, por ejemplo– es una frontera que, a menudo, resulta demasiado tenue entre estos poderosos patrimonios del Este europeo. Sin ir más lejos, uno de ellos, sobre el que penden dudas razonables de posibles conflictos de intereses, es el del primer ministro checo, Andrej Babis. De corte populista y acérrimo nacionalista, en 2018, tras asumir el cargo, desencadenó las mayores protestas ciudadanas en tres décadas de democracia en el país. La propia Comisión Europea le ha auditado. Y ha declarado que mantiene el control sobre su emporio químico, agrícola y mediático, por el que sigue recibiendo fondos del presupuesto comunitario desde 2017, cuando asumió la jefatura del Gobierno checo, tal y como informa la web Neovlivni.cz y recoge la agencia Bloomberg. En especial, sus empresas del sector agrícola. Babis alega que Agrofet, su compañía, se convirtió en un trusts antes de recalar en la jefatura del Gobierno de Praga.

En contra del criterio de la unidad de vigilancia de Bruselas encargada de supervisar el arsenal de ayudas de la PAC a las firmas destinatarias de los subsidios. Agrofet, que emplea a 34.000 trabajadores en 18 países y tuvo unas ventas de 7.000 millones de euros (unos 158.000 millones de coronas checas) asegura que no ha sido auditada, mientras el primer ministro y propietario apela a la “interpretación sin sentido de las leyes” de su país por parte del Ejecutivo comunitario. El de Babin es sólo un botón de muestra del modus operandi de muchos de estos milmillonarios de nuevo cuño en el Este europeo. Donde no existían grandes fortunas hace una generación en su vasta estepa. Hasta que la caída del comunismo abrió sus mercados y ensanchó las diferencias de renta entre sus ciudadanos. Así lo refleja un informe de Bloomberg a partir de su Billionaires Index 2019, en el que refleja que el pasado ejercicio, los grandes patrimonios globales elevaron sus riquezas en una cantidad similar al PIB de España. Su radiografía habla de la trayectoria que han tomado los nuevos ricos del Este. Desde la ciudad kazaja de Almatý a Praga, o desde Moscú a Zagreb.

“Muchos de ellos han adquirido la vitola de empresarios legendarios, exhiben modos de vida extravagantes y aplican sin tapujos sus influencias políticas”. Muchos de ellos, aún bajo un tinte soviético. “Una gran mayoría tuvieron poder en los regímenes comunistas y mantienen su capacidad económica y política con las estructuras democráticas de mercados abiertos”, dice Mark Mobius, un veterano inversor en economías emergentes que trabaja para su propia firma de inversión después de ejercer como analista en Franklin Templeton Investments. En un e-mail para este medio, Mobius pone el dedo en la llaga: “La selección de las fortunas no fue sencilla, porque algunos de los viejos apparatchiks no se adaptaron a los cambios políticos y económicos tras la Caída del Muro de Berlín y dieron un espacio determinante a jóvenes emprendedores y ambiciosos de poder para amasar riqueza”. La mitad de ellos se beneficiaron de los procesos de privatización. Mientras que los milmillonarios que se han hecho a sí mismos siguen siendo unas raras avis. Su ascenso en el escalafón financiero y social se ajusta al proceso de transformación de estos países en los últimos 30 años. En cada etapa de estas tres décadas, destaca un magnate emblemático.

Los tumultuosos ochenta

Finales de los ochenta. Los Early Birds. Una fase tumultuosa, llena de contracción económica e inestabilidad política en la mayoría de países del Este. En la que aparecen los inversores privados para dinamizar segmentos productivos casi al completo a través de procesos de privatización en los que primaba la desestructuración y la falta de planificación. Petr Kellner, República Checa. 12.800 millones de dólares de riqueza personal. Nacido en Checoslovaquia en 1964, adquirió la empresa de fotocopiadoras Ricoh poco después del triunfo de la Revolución de Terciopelo, en 1989. Su cuenta empezó a engordar con la venta de activos públicos y el intercambio de acciones entre las compañías resultantes. Tomó el 20% de Ceska Pojistovna, la mayor aseguradora del país, a la que hizo rentable durante años hasta que vendió sus participaciones a la italiana Generaly por 3.300 millones de euros. Los tentáculos de PPF, su emporio, se expanden por los sectores financiero, de telecomunicaciones, el de biotecnología, la ingeniería y el mercado inmobiliario en China, Vietnam, India, Indonesia, Filipinas y Kazajistán. En sus escasas apariciones en los medios admite que el postcomunismo “fue una oportunidad que quizás nunca se vuelva a repetir” en la que fue capaz de “encontrar la gente adecuada, de sortear los riesgos iniciales y de inculcar sacrificios a largo plazo” para obtener la sostenibilidad de sus proyectos. Mediados de los noventa. Atrapa los activos. Al calor de los programas económicos caóticos de los primeros gobiernos democráticos. Época en la que se idolatró al capital foráneo, a las divisas extranjeras y se demonizó el legado industrial cincelado con subsidios estatales. Yeltsin se aferró a los oligarcas, cedió la gestión financiera del país a un grupo de banqueros y vendió una ingente cantidad de activos de empresas soviéticas.

Vladimir Potanin. Rusia. 28.500 millones de dólares de patrimonio neto personal. De 58 años, es uno de los pocos oligarcas originales, de la época de Yeltsin. Trabajó en comercio exterior hasta que, en 1990, antes del colapso de la URSS, registró su primera empresa. Rápidamente se hizo con un grupo bancario por su influencia directa en el Kremlin. “La propiedad privada es la única medicina contra el estado fallido del comunismo; no hay alternativa. Por eso los activos se tuvieron que transferir a manos privadas”, explica. A finales de 1995, Potanin y su socio, Mikhail Prokhorov, se hicieron con el control de NorilskNickel, el mayor productor de níquel y paladio por la módica cantidad de 170 millones de dólares. La capitalización de esta compañía ha subido a más de 40.000 millones. Posee el 35% de sus acciones. Al año siguiente, apoyó financieramente la campaña de reelección de Yeltsin, que le nombró viceprimer ministro encargado de Economía y Propiedades Estatales. Renunció en menos de un año. Ha sobrevivido a dos crisis, la del rublo en 1998, y la financiera de 2008. Pero, sobre todo, se ha adaptado a la realpolitik de Putin, con el que juega al hockey, cuya liga promociona junto a famosos atletas, políticos y empresarios.

Los albores del milenio

1990-2000. El Salvaje Este. Apertura plena de puertas al capital extranjero. El libre capitalismo se hace con los resortes económico-financieros. La llegada de firmas occidentales, que obtienen de inmediato las pertinentes validaciones de los gobiernos orientales. Las rutas para hacerse con el amplio censo de industrias estatales se aceleran. Se crea una cultura propia del negocio. Algunos economistas hablaron de colonización y de que el interés empresarial se basaba en las bajas condiciones laborales, una ventaja competitiva asegurada, y en el potencial expansivo de sus consumidores.

Zygmunt Solorz, Polonia. Patrimonio neto personal: 2.700 millones de dólares. El hombre más rico de Polonia. Enigmático. Ha empleado numerosos nombres. Nació como Zygmunt Krok a 60 kilómetro de Varsovia. Siendo veinteañero, se fugó a Alemania, vía Austria, y fundó una firma de transporte. Utilizó el nombre de un amigo, Piotr Podgorski –de hecho, muchos conocidos le siguen llamando desde entonces Piotrek– para registrase como refugiado. En los ochenta adoptó otra personalidad. Respondía a Solorz, apellido que incorporó su primera mujer. En esa época, vendió coches y otros bienes desde el Oeste europeo a Polonia. Tras la caída del régimen polaco empezó a crear su imperio desde la adquisición del mayor canal privado de televisión, Telewizja Polsat. Su holding empresarial incluye Cyfrowy, una de las más amplias plataformas digitales de toda Europa, un banco minorista y el segundo operador de móviles del país, por el que pagó la cifra de fusión récord en Polonia. Ahora, planea construir un distrito residencial exclusivo en la capital polaca. También es propietario de plantas energéticas de lignito. Y, para sorpresa de sus conciudadanos, ahora habla de combatir la catástrofe climática. Cuando se había aproximado a las tesis negacionistas y usa el helicóptero como principal medio de transporte.

1990-2000. Las relaciones familiares. Época de surgimiento de entramados empresariales que se configuran a través de lazos sanguíneos y que representan a figuras de los negocios que están muy bien conectados con el poder.


Tímur Kulibayev y Dinara Kulibayeva. Kazajistán. Patrimonio neto: 5.000 millones de dólares. No hay un linaje más prestigioso en Asia Central que el de Dinara. La hija mediana de Nursultán Nazarbayev, presidente del país desde 1990 hasta marzo pasado. El líder espiritual vitalicio de esta ex república soviética y que acaba de rebautizar a Astaná, la capital kazaja, con su nombre: Nursultán. Dinara es la mayor riqueza de la nación. Ella, junto a su marido, Tímur, controlan las principales instituciones financieras, incluidas las mayores entidades crediticias de las empresas petrolíferas y agrícolas, además de las inmobiliarias que mueven el mercado de la vivienda y de la construcción en su país y en Dubái. Estudiante de artes escénicas en Moscú, hizo un MBA en Kazajistán. Mientras Tímur estudió Económicas a la capital rusa y trabajó en compañías de gas y petróleo. Presidió un fondo de inversión soberano en Rusia, hasta que en 2011 ocupó un sillón en el consejo de administración de un gigante gasístico ruso. Un diplomático estadounidense le definió como “un milmillonario de manicura”. Está al frente de la cámara de comercio del país y es un consumado y eficaz lobista financiero y energético en toda zona de influencia ex soviética.

  1. 1998. Devaluaciones, crash bursátil, contagio. La suspensión de pagos de Rusia fue el detonante de la crisis en la región. Pérdidas de cotización fulgurantes de sus divisas, montañas de deuda e incapacidad para gestionar la coyuntura económica. Los bancos colapsaron y provocaron que el ahorro de las familias se evaporara. Los daños colaterales se cebaron con sus plazas bursátiles. En todo el bloque oriental. Los resortes del nuevo sistema financiero se tambalearon. La crisis se expandió a los nacientes emporios empresariales. Pero no todos salieron damnificados.
    Andrei Melnichenko, Rusia. Fortuna personal: 15.200 millones de dólares. Uno de los diez más ricos de Rusia. Era demasiado joven para ser un beneficiario de la privatización. Pero hizo fortuna en la siguiente estación. En el negocio del tipo de cambio de las divisas, donde hizo un master acelerado, con pingües beneficios, que le llevó a crear MDM Bank. Surgido de la crisis de 1998 se ha convertido en la entidad prestamista con mayor número de clientes.

Practica una política conservadora, sin exposición al mercado de bonos soberano del país y controlando la liquidez de sus activos. Gestión que posibilitó la compra de acciones de oligarcas en dificultades. Así se hizo con la planta y el oleoducto petrolífero de Volzhsky, adquirido desde su rival, Menatep, un banco en manos de Mijail Khodorkovsky. Su emporio inauguró entonces su división energética. “Mi visión entonces era consolidar los activos fragmentados y arriesgarme a reestructurar sus entramados empresariales e industriales con la intención de generar blue chips internacionales en distintas áreas productivas”. En especial, en acero, fertilizantes y carbón. Segmentos a los que las autoridades rusas no les colgó el cartel de estratégicas y que, por tanto, eran más fáciles de controlar empresarialmente que otros como el petróleo, el gas, los diamantes o el oro. La crisis de 2008 dividió su grupo. Él se quedó con la división de minería y fertilizantes, con menor exposición a la turbulencia financiera global, y su socio, Sergei Popov, con el banco, que vendió a su principal rival en 2015.

Y llegó Putin

El ascenso de Putin. En el año nuevo de 1999, Yeltsin elige sucesor en el ex coronel de la KGB Vladimir Putin, que rápidamente monta su propio club de oligarcas. Con dos exponentes esenciales. Boris Berezovsky, procedente del mundo financiero, y el magnate de los medios Vladimir Gusinsky. En 2003, Mijail Khodorkovsky, fue arrestado acusado de evasión de impuestos y delitos de fraude. Era, entonces, el hombre más rico del país. Un año más tarde, el Kremlin empezó a vender su conglomerado petrolífero, la mayoría del cual ahora pertenece a la estatal Rosneft. Tras una década en prisión, fue perdonado por Putin en diciembre de 2013. Vive en Londres desde entonces, desde donde trata de liderar la oposición al presidente ruso, cuya irrupción en el poder, generó una nueva clase de jerarcas empresariales que han dominado la escena económica en sus dos décadas en el Kremlin.

Arkady Rotenberg, Rusia. Patrimonio neto de 2.100 millones de dólares. Nacido en la antigua Leningrado. La actual San Petersburgo, el centro del poder real en Rusia, que da nombre al clan de Putin. Amigo de la infancia del líder ruso, con el que practicó judo en su juventud. Instructor de artes marciales. Fundó un selecto club de millonarios, el Gennady Timchenko, del que Putin es el presidente de honor. Engendró su imperio a raíz de la llegada al Kremlin de su amigo. En 2001, adquirió SMP Bank, sancionado por EEUU tras la anexión rusa de Crimea y, en 2007, su firma de construcción de oleoductos y gaseoductos, que también ha hecho rico a su hermano pequeño, Boris. Ambos compraron cinco empresas un año después y, en 2014, se hicieron con el concurso de Gazprom para la construcción de su mayor oleoducto. Como Potanin, juega al hockey con Putin.
2004-2013. Europa y el mundo. Con Putin consolidando el poder en Rusia y los antiguos aliados de Europa del Este haciendo guiños para adherirse a la OTAN, en paralelo a sus ingresos en la UE y, por ende, armonizando sus mercados productivos con las directivas comunitarias, el eje generador de riqueza se movió hacia el centro del continente.

Ivan Chrenko, Eslovaquia. Patrimonio personal neto de 1.400 millones de dólares. Nacido en Sala, en la extinta Checoslovaquia, en 1967, llegó al negocio inmobiliario casi por accidente. Su primer negocio fue la venta de equipos de sonido en la recién independiente Eslovaquia, que le reportó beneficios y que vendió a los pocos años. Este colchón monetario le sirvió para gestar su firma constructora, que se hizo con un sinfín de contratos para la rehabilitación de la capital, Bratislava, y la instalación de grandes superficies en su primer extrarradio. Aupark es su seña de identidad comercial. En 2005, apenas un año después de la adhesión eslovaca al club europeo, vendió por casi 400 millones de euros su participación en HB Reavis a inversores holandeses, que incluían los dividendos de su inversión inicial, de 77 millones. En la actualidad, maneja más de 2.000 millones en activos dirigidos al sector de la construcción, con proyectos internacionales en Londres, Berlín, Varsovia y Budapest. Abandonó las labores ejecutivas en 2013. No concede entrevistas.

2008-2009. Credit-crunch. El mayor crash financiero y bursátil desde 1929 contagió a todas las economías globales. En mayor o menor medida. La tentación de adquirir préstamos en dólares o euros expandió la exposición a la contracción del crédito por toda la región oriental europea. Pero la pérdida de músculo de sus competidores occidentales hizo emerger una serie de nichos de negocio que fue aprovechado por empresarios del Este.

Ivica Todoric, Croacia. El hombre más rico del país, logró hacerse con una fortuna tras la Caída del Muro de Berlín, que luego perdió durante las guerras de los Balcanes. Junto a su padre vendía flores y la buena climatología del territorio croata le permitió expandir su negocio hacia el sector de alimentación. Accedió a las ventas por privatización de empresas del país a nacionales tras la desintegración de Yugoslavia en la segunda mitad de los noventa. Sorteó la crisis, pese a los seis años de crecimiento cero de la economía croata. Hasta que, en 2014, compró Mercator, la mayor cadena minorista de Eslovenia y, en 2017, tomó las riendas de Agrokor, entidad financiera a la que reestructuró con éxito. Acusado por la Justicia croata, se desplazó a Reino Unido, que le extraditó en diciembre de 2018. El litigio por administración desleal sigue abierto. Agrokor es ahora propiedad de sus grandes acreedores.

La década de los diez. La oleada de populismo. La crisis de 2008 no sólo destruyó riqueza, sino que llegó a poner en el disparadero al sistema capitalista. El descontento social encendió la mecha del nacional-populismo, que germinó especialmente, entre los países del bloque oriental, en Hungría, Polonia y la República Checa. Tres de los cuatro integrantes del club de Visegrado. El cuarto es Eslovaquia, que se ha desviado de la senda autoritaria de sus hermanos geográficos. Con Viktor Orban, el primer ministro húngaro, como auténtico maestro de ceremonias de una auténtica deriva autoritaria que preocupa, y mucho, en Bruselas.

Lorinc Meszaros, Hungría. Fortuna personal valorada en 1.500 millones de dólares. Compañero de pupitre de Orban. Empezó a gestar su riqueza con una pequeña compañía de gas en su ciudad natal, Felcsut, en los noventa. Su ascenso estratosférico vino de la mano de su amigo personal. Desde que Orban llegó al poder, en 2010, Meszaros ha subido constantemente en la lista de las grandes fortunas húngaras, hasta su cúspide. Hecho del que ha alardeado. Hasta el punto de decir que su ascenso fue más inteligente que el de Mark Zuckerberg, presidente de Facebook. Pese a atribuir su éxito a Dios, la suerte y Orban. Su emporio acapara empresas constructoras, de medio de comunicación, bodegas y firmas que acceder a concursos públicos. Es dueño de una academia de fútbol que fundó Orban.
2014-2019. La fase de sanciones a Rusia. Las tensiones geopolíticas de Rusia con Europa y, en mucha menor medida, con los EEUU de Donald Trump, a propósito de su intervención en suelo de Ucrania y, sobre todo, con la anexión de la Península de Crimea, sumergió al bloque del Este en una nueva dimensión. Occidente respondió con sanciones económicas a Moscú y señalaron con sus dedos acusadores a empresas de oligarcas.

Oleg Deripaska, Rusia. Patrimonio personal neto: 3.400 millones de dólares. El gran vencedor de la guerra del aluminio, se hizo rico en la década de los noventa. Más tarde, sus lazos familiares le ayudaron. Se casó con la hija del jefe de gabinete de Yeltsin. Empezó su expansión mundial en la post-crisis de 2008. A través de la adquisición de valores en gigantes de la construcción y en la industria auxiliar y manufacturera del automóvil. Compró también Norilsk Nickel. Los noventa -asegura- fueron años de locura, de caos, pero también de oportunidades, con las que logramos transformar el país”. La compra de Norilsk Nickel fue inicialmente un mal negocio. Sus primeros años de gestión se saldaron con caídas del precio del aluminio, que llevaron a Rusal, su emporio, al borde de la bancarrota. Pero la compañía salió a flote, a pesar de reestructurar más de 17.000 millones de dólares de deuda, la mayor corporativa en Rusia. Pero la guerra de Crimea lo cambió todo. Las embestidas financieras y las volatilidades bursátiles de los últimos ejercicios, sobre las que pendían los efectos de las guerras comerciales y de los riesgos geopolíticos alimentados por la Administración Trump, cercaron el valor de las divisas de los mercados emergentes. Incluido el rublo. Pero la moneda rusa se ha repuesto del susto y Rusal ha ganado contratos en el terreno militar ruso y en medio de las hostilidades arancelarias entre EEUU y China, con el aluminio y el acero, como hilos conductores del proteccionismo americano. Las sanciones a Rusia han venido de perlas a grupos como el de Deripaska, que ha llevado a cabo un intenso proceso de lobby en el Kremlin para que logre de la Casa Blanca la retirada de sanciones en el sector automovilístico, en el que también tiene intereses patrimoniales.

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El enorme daño causado por los economistas neoliberales

Joseph Stiglitz (premio Nobel de Economía en el año 2001), escribió un artículo publicado en la revista Social Europe, The end of neoliberalism and the rebirth of history (26.11.19), en el que señalaba las consecuencias negativas de la aplicación de las políticas neoliberales (que incluían reformas laborales encaminadas a debilitar a los sindicatos y facilitar el despido de los trabajadores, así como políticas de austeridad con el intento de disminuir la protección social mediante recortes del gasto público social) en la calidad democrática de los países a los dos lados del Atlántico Norte (incluyendo España), así como en el bienestar de las clases populares de los países donde tales políticas se han estado aplicando. La evidencia de que ello ha sido así es clara y contundente.

El objetivo del artículo de Stiglitz era denunciar a los economistas que han promovido tal ideología política (el neoliberalismo), los cuales han alcanzado un dominio casi completo en fórums donde se reproduce la sabiduría convencional de los establishments políticos y mediáticos. Tal dominio ha sido promovido por las élites financieras y empresariales, así como por los sectores más pudientes de la población, que han ejercido (y continúan ejerciendo) una enorme influencia sobre tales establishments y que eran, y son, los que se benefician más de la aplicación de tales políticas, beneficios que están basados, según Stiglitz, en una enorme explotación de las clases populares, cuya calidad de vida ha empeorado considerablemente como resultado de la aplicación de esas políticas. Una de las consecuencias de esta realidad ha sido el enorme crecimiento de las desigualdades en la mayoría de estos países en los que tales políticas se han aplicado.

El principio básico del dogma neoliberal, según Stiglitz

Detrás de un lenguaje aparentemente científico, los economistas neoliberales han estado promoviendo un principio muy sencillo y que raramente aparece explícito en su argumentario. Tal principio es que “la eficiencia del sistema económico requiere incrementar la riqueza de los de arriba (las élites financieras y empresariales, así como las profesionales a su servicio), a fin de que tal riqueza vaya extendiéndose a los de abajo, que son todos los demás”. Este principio ha estado vigente siempre en las “ciencias” económicas dominantes, habiendo alcanzado niveles extremos durante la Gran Recesión. Según dicho dogma (y no hay otra manera de definirlo), lo que beneficia a los propietarios y gestores del capital financiero, así como de las grandes empresas del país (que son una minoría de la población), beneficia automáticamente a la mayoría de la población.

El problema con tal ideología es que los datos no muestran esta realidad, pues las rentas de los primeros han ido creciendo muy significativamente durante todos estos años de neoliberalismo imperante, mientras que las de los segundos ha ido descendiendo. En todos estos países del capitalismo desarrollado, las rentas derivadas del trabajo han ido disminuyendo como porcentaje de todas las rentas, mientras que las rentas derivadas de la propiedad del capital han ido aumentando. Y dentro de la masa salarial, ha habido también una enorme polarización de los salarios, con una minoría que se ha visto muy beneficiada a costa de una mayoría que se ha visto muy perjudicada.

La abusiva promoción del neoliberalismo por parte de los establishments políticos y mediáticos

En este escenario, Stiglitz señala que tales economistas neoliberales eran los que aparecían (y añadiría yo que en España continúan apareciendo) en los mayores medios de información, monopolizando el área de lo que se presenta como “ciencias” económicas, marginando, impidiendo y silenciando las voces críticas que no comulgaban con las falacias que sostenían sus argumentos y propuestas. Los primeros eran los ortodoxos del dogma neoliberal, que marginaban a los heterodoxos, definidos como “ideólogos” o “demagogos”.

Ahora bien, el fracaso del neoliberalismo es tan patente, claro y contundente que por fin se ha visto que “el rey estaba desnudo” y hoy, según Stiglitz, estamos viendo el fin del dogma neoliberal, que se había iniciado en los años ochenta del siglo pasado con la revolución neoliberal empezada por el presidente Ronald Reagan en EEUU y por la Sra. Margaret Thatcher en el Reino Unido, y que fue asimilada más tarde por lo que se definía como la Tercera Vía en EEUU (Clinton) y en la Unión Europea (Blair, Schröder y Zapatero). Esta revolución causó, en última instancia, la Gran Recesión, la cual acentuó todavía más los efectos negativos de tales políticas. Dicho fracaso es también la causa de la enorme crisis de legitimidad política que viven las democracias liberales en EEUU y en Europa. Esta conclusión de Stiglitz es, según mi parecer,  excesivamente optimista, pues si bien es cierto que tales políticas neoliberales están desacreditadas extensamente en gran parte de los círculos académicos y en algunas agencias internacionales, no lo está tanto en las esferas políticas y mediáticas de muchos países, siendo España uno de ellos.

El gran fracaso del neoliberalismo en España

Todo lo que Stiglitz define, critica y denuncia puede aplicarse totalmente a España. Este es uno de los países donde tales políticas se han aplicado más clara y contundentemente. Como consecuencia de ello, España está, en cuanto a indicadores de calidad de vida de las clases populares se refiere, a la cola de los países capitalistas desarrollados. Un indicador tras otro muestran que, en temas de bienestar, estamos a la cola de los países a los dos lados del Atlántico Norte. Los elevados porcentajes de precariedad en el mercado de trabajo, la elevada tasa de desempleo, el bajo nivel de los salarios, la elevada desigualdad en la distribución de la propiedad y de las rentas, el bajo gasto público social, la escasa protección social, etc., muestran que estamos entre los peores países. Miren los datos y lo verán (ver mi libro Ataque a la democracia y al Bienestar, Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015).

Echen un vistazo a los gurús económicos que aparecen en los grandes medios (radiofónicos y televisivos) y verán que la única diferencia entre ellos es que unos proponen la versión dura del neoliberalismo y los otros su versión blanda, presentando inexactitudes (con gran pomposidad y arrogancia) como “verdades científicas”, aunque en realidad sean falsedades que carecen de credibilidad. En tales fórums es muy infrecuente que aparezca una voz crítica con tal dogma.

Todo esto que está ocurriendo era muy predecible, y así lo hicimos unos pocos

Efectivamente, todo lo ocurrido fue predicho. Véase, como ejemplo, mi libro Neoliberalismo y Estado del Bienestar (Editorial Ariel Económica), escrito ya en 1997. En aquel libro indiqué que las políticas neoliberales que se estaban aplicando en los países capitalistas más avanzados causarían una enorme crisis económica. La derrota del mundo del trabajo, con la consiguiente disminución de los salarios y de la demanda doméstica, crearía dicha crisis, ya que forzaría a las familias y a las empresas pequeñas a endeudarse, lo que provocaría a su vez el gran crecimiento del sector financiero, que al invertir en los sectores de mayor rentabilidad como era el sector especulativo de la economía (del cual el inmobiliario era el más extendido) crearía burbujas que al explotar causarían una crisis financiera. Y todo lo que se predijo, ocurrió. Cuando la reina del Reino Unido pidió a un grupo de economistas cómo era posible que no hubieran sabido prevenir la crisis, el portavoz de dicho grupo, Luis Garicano, el gurú económico de Ciudadanos, no supo responder, cuando, en realidad, era muy fácil de ver si uno abandonaba la fe en el dogma neoliberal (siendo tal economista uno de sus más fervientes creyentes) para mirar simplemente la realidad que le rodeaba.

Los impactos sumamente negativos que presentaban tales políticas se justificaban bajo el lema de que “no había otras alternativas”. Juan Torres, Alberto Garzón y yo mostramos la enorme falsedad de tales propuestas, señalando que por cada recorte de gasto público social que dañaba a las clases populares, se podría haber hecho otro recorte, sustituyendo al anterior, que hubiera afectado a las clases más pudientes. Y también mostramos que el hecho de que no se escogiera una alternativa y no la otra se debía precisamente a la enorme influencia que tales clases pudientes tenían sobre el Estado español y sus partidos gobernantes.

Así pues, y como ya he indicado antes, lo que ocurrió era muy predecible, así como también lo fue la protesta popular en contra de la aplicación de tal dogma. En España dicha protesta tomó la forma del 15-M, el movimiento de los indignados, que tuvo un enorme impacto en el país y que tenía como objetivo la denuncia de la nula representatividad de las instituciones que se definen a sí mismas como representativas. El eslogan “no nos representan” lo decía todo. Fue un auténtico tsunami. Y de ahí nació un movimiento político-social, Podemos. Así fue como nos pidieron a Juan Torres i a mí que hiciéramos un borrador de su programa económico, que elaboramos en base a nuestra obra Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España (Editorial Sequitur, 2011), realizada conjuntamente con Alberto Garzón. Dicho programa fue mejorado más tarde por las deliberaciones y las discusiones dentro de aquella formación política.

La respuesta de hostilidad por parte del establishment político-mediático hacia dicho programa fue enorme. Y como era predecible, lo intentaron destruir, mintiendo y presentándolo como “escrito en Venezuela” (antes, durante la Guerra Fría, se utilizaban otros puntos de referencia, como Moscú o Pequín), cuando en realidad era un programa de sensibilidad kaleckiana, que quiere decir socialdemócrata de raíces escandinavas. La escasa densidad intelectual de las fuerzas conservadoras y neoliberales hace que en España (incluyendo Catalunya) se sustituya el debate por el insulto, magnificado en las cajas de resonancia que proporcionan los medios.

Las clases populares son conscientes de esta situación, de ahí que la clase política y los medios de información estén en España entre los menos valorados en la Unión Europea.

Pero el cambio es posible, y para ello es importante romper el fatalismo de aquellos que se muestran pasivos porque dicen que hay muy poco que se pueda hacer. Y una cosa que deberían hacer los lectores que son conscientes de este enorme desequilibrio es escribir cartas de protesta a tales medios de información para mostrar el desacuerdo con lo que están diciendo. Porque el nivel de estos medios es tal que deberían ser definidos como medios de persuasión y manipulación. Lo peor que puede ocurrir es que la gente se mantenga pasiva, absorbida por una mentalidad según la cual no se puede hacer nada para cambiar esta situación. Y este es precisamente el mensaje que tales medios continúan promoviendo, acentuando que no hay alternativas o algo parecido. Pero la evidencia científica muestra claramente que sí que las hay, y que no se hayan llevado a cabo se debe a que las élites financieras y económicas del país son determinantes en las políticas gubernamentales. Es necesario y urgente que esto cambie, porque, insisto, de haber alternativas sí que las hay. Lo que ha faltado hasta hoy ha sido voluntad política para aplicarlas. Así de claro.

Por Vicenç Navarro

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra

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Enorme paquete de ajustes de Bolsonaro ataca salarios, salud y educación

El gobierno brasileño presentó un proyecto de ley que busca esquilmar a los trabajadores para pagar la deuda a los banqueros multimillonarios.

El presidente de Brasil Jair Bolsonaro y su ministro de Economía Paulo Guedes, fueron personalmente al Congreso a entregar el nuevo proyecto de ataques con el que pretenden estrangular a los empleados estatales, los servicios públicos, todo el presupuesto público en nombre del "ajuste fiscal", que permita seguir pagando la deuda pública y enriqueciendo el bolsillo de banqueros multimillonarios.

El proyecto de reformas, que busca recortar miles de millones del presupuesto público y liberarlos para el eterno saqueo del pago de intereses de la deuda pública, comienza a delinearse. Desde la aprobación de la reforma previsional en el Parlamento, el gobierno de Bolsonaro se prepara para avanzar en el desguace del Estado. Guedes hace mucho venía anunciando la monstruosa proporción de ajustes fiscales y privatizaciones pero solo ahora con el proyecto cerrado es posible empezar a visualizar concretamente las dimensiones del ataque pretendido.

Este martes fueron presentadas tres propuestas de enmiendas constitucionales. Una enmienda de emergencia, que busca reducir gastos obligatorios, una enmienda al pacto federativo, que modifica la distribución de recursos entre Nación, provincias y municipios, y una enmienda que busca revisar los fondos públicos.

La enmienda de reforma administrativa, que modifica las reglas del empleo público, quedará para los próximos días. También serán presentadas más adelante un paquete de estímulo al empleo, un proyecto de ley para acelerar las privatizaciones y la primera fase de la reforma tributaria, que creará el Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA) dual.

Enmienda constitucional de emergencia

El techo de gastos aprobado durante el gobierno de Michel Temer preservó los gastos obligatorios, es decir, salarios, inversiones en salud y educación. La nueva medida de Bolsonaro profundiza los cortes. Están previstas la reducción temporal de la jornada laboral y de salarios a los empleados públicos, así como la anticipación de las medidas emergenciales de ajuste en caso que no se cumpla el techo de gastos.

Se crea el "estado de emergencia fiscal", un mecanismo de "estado de excepción" en el que los gobernadores podrán arbitrariamente congelar pagos, incluso reajustes salariales y reducir jornadas y salarios.

Otro escándalo es la maniobra contable que metieron para que los gastos en jubilaciones de empleados de la salud y educación sean incorporadas en el presupuesto de las áreas. Esta medida significa un brutal recorte ya que ocuparía buena parte del presupuesto de esas áreas.

Cambios en el pacto federativo

El pacto federativo es el acuerdo entre Nación, estados y municipios que establece la manera en que se dividirán deberes e ingresos.

Uno de los puntos principales del paquete es el denominado "DDD": desvincular, desindexar y desobligar. A través de una flexibilización mayor del presupuesto, el gobierno busca desvincular el mayor porcentaje posible de los gastos obligatorios, casi 90% de los recursos presupuestarios. Entre las partidas obligatorias están las inversiones en salud y educación.

Enmienda de los fondos públicos

Esta enmienda revisa 281 fondos públicos actualmente no constitucionales, cuyos recursos tienen un destino específico. La medida permitiría su uso para el pago de la deuda pública. Entre los que pueden ser afectados están el FunPen (Fondo Penitenciario Nacional), el Fust (Fondo de Universalización de los Servicios de Telecomunicaciones).

Distintas medidas, un objetivo: el desguace del Estado

Todas estas iniciativas buscan promover el desguace del Estado para liberar recursos al pago de la deuda pública. En la agenda neoliberal de Guedes, la misma que provoca el enorme repudio de la población chilena en enormes movilizaciones, las imposiciones de la Ley de Responsabilidad Fiscal y del techo de gastos no son suficientes para drenar recursos del Estado hacia el capital financiero, por eso busca desangrar a los empleados públicos y al conjunto de la población.

Por Isabel Infanta

@isabel_infanta

Miércoles 6 de noviembre | 01:12

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Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal

El pasado 24 de octubre conmemoramos el 74 aniversario desde la entrada en vigor de la Carta de las Naciones Unidas, el esfuerzo multilateral más articulado que el mundo haya realizado en la búsqueda de la resolución pacífica de conflictos, del desarrollo y el bienestar para nuestros pueblos.

Hoy, cuando transitamos el ineludible camino hacia el desarrollo sostenible, es más urgente que nunca reafirmar que la igualdad debe ser motor del desarrollo regional y estrategia para cerrar las brechas estructurales que se han profundizado en América Latina y el Caribe.

Vivimos un cambio de época que exige una transformación de nuestro estilo de desarrollo que se base en el fortalecimiento de la democracia, los derechos humanos, el multilateralismo, la paz, la igualdad y la sostenibilidad.

La región aún es la más desigual del orbe, y si bien la primera década de este siglo estuvo marcada por avances en la reducción de la pobreza y la desigualdad de ingreso, quedan muchas brechas por cerrar.

Los rezagos estructurales en esta segunda década han quedado más evidentes que nunca en productividad, extractivismo, evasión fiscal, abusos y corrupción. Los gobiernos han optado por medidas de austeridad con recortes en el gasto social y baja inversión, limitando además los derechos laborales. Se han transversalizado los abusos de tal manera que el tráfico de influencias entre el poder económico y el político se ha generalizado en todo el espectro ideológico.

Es necesario renovar el pensamiento y la métrica sobre las desigualdades. Es necesario medir la riqueza y no sólo la pobreza. Incorporar la desigualdad en la propiedad y no sólo en el ingreso.

En Chile, por ejemplo, con un PIB per cápita de 25 mil dólares al año, la mitad de los trabajadores recibe un sueldo inferior a 550 dólares al mes y casi todos los servicios –educación, salud, medicación, transporte, electricidad, agua, etcétera– impactan en los salarios. En términos de patrimonio, el uno por ciento más rico detenta 26.5 por ciento de la riqueza, y el 10 por ciento más rico concentra 66.5 por ciento, mientras el 50 por ciento más pobre accede a un magro 2.1 por de la riqueza del país.

Se requiere erradicar la cultura del privilegio que caracteriza a la región, abordando las renuncias fiscales y la evasión fiscal en favor de los pocos. Simplemente la evasión cuesta 340 mil millones de dólares al año en la región (6.7 por ciento de su PIB).

Se requiere abordar a fondo la igualdad de género, pues las mujeres tienen menos posibilidades de participar en el mercado laboral debido a la alta carga de trabajo doméstico no remunerado. Su tasa de actividad es 24.2 por ciento menor a la de los hombres. Abordar, también, las brechas en capacidades humanas que menoscaban el desarrollo pleno de las personas y son ineficientes: 40 por ciento de los jóvenes de 20 a 24 años no concluyeron la secundaria y persisten las desigualdades étnicas.

Reconozcamos al fin que el actual estilo dominante de desarrollo es inviable y produce un desarrollo escaso y distorsionado por tres motivos fundamentales: porque produce poco crecimiento, genera y profundiza desigualdades y es ambientalmente destructivo. Un estilo de desarrollo que alentó expectativas de movilidad social y progreso y por ello, ante su fracaso, hay gran exasperación, impaciencia y desencanto hacia la clase política, especialmente en los jóvenes.

Lo hemos dicho: la desigualdad es ineficiente, se reproduce y permea el sistema productivo. Por el contrario, la igualdad no es sólo un principio ético ineludible, sino también una variable explicativa de la eficiencia del sistema económico a largo plazo. Debemos reconocer que las desigualdades son más profundas, duraderas, inelásticas y resilientes de lo que usualmente pensamos. Esta realidad estalla hoy en malestar en los pueblos de la región y demanda a escuchar sus voces y a construir propuestas de desarrollo que los incluya a todos.

Se abre para la región la oportunidad de un quiebre civilizatorio donde se replanteen los pactos sociales con amplia participación ciudadana y con mirada a mediano y largo plazo.

Llegó la hora de la igualdad y de un nuevo estilo de desarrollo. Es hora de replantear los pactos sociales y superar un modelo económico basado en la cultura del privilegio que prioriza el interés privado sobre el público, el capital sobre el trabajo, la acumulación sobre la redistribución, el crecimiento sobre la naturaleza, los privilegios sobre los derechos, la diferenciación social sobre la igualación, las jerarquías sobre las relaciones horizontales.

Hoy Naciones Unidas y la Cepal han de redoblar sus esfuerzos para construir propuestas basadas en evidencias que permitan superar el lastre de la desigualdad y que entreguen a nuestros pueblos la dignidad que merecen.

Por Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal

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Bolsonaro reitera ante los inversores que Guedes, su ‘superzar’ de las finanzas, tiene plena autonomía para liberalizar la economía

El presidente y su ministro presentan los avances en su agenda de reformas para abrir la economía de Brasil

Los inversores con interés en Brasil pueden estar tranquilos, la política económica no está en manos del presidente. Como el propio Jair Bolsonaro les ha explicado este jueves a los 1.500 empresarios reunidos en São Paulo, él es solo un entrenador de futbolistas en los que confía. Y la política económica, ha reiterado el polémico mandatario, es asunto del superzar económico, Paulo Guedes. “La economía es suya, no indiqué a nadie. No interfiero”, ha dicho a un auditorio que ha respondido con un aplauso cerrado. Bolsonaro y Guedes no han logrado llegar al foro de inversores con la reforma de las pensiones definitivamente aprobada, pero el ministro ha reiterado: “La democracia y los mercados son nuestra guía”.

El ultraliberal Guedes entró en el Gabinete del ultraderechista Bolsonaro con la misión de dar la vuelta a la economía brasileña. En su discurso ha presentado la llegada del presidente al poder como una revolución en toda regla para corregir la política económica. Un país con una economía cerrada, un inmenso aparato burocrático y un sinfín de normas. “Los Gobiernos anteriores pusieron la economía por encima del país”, ha dicho el ministro, que se hizo rico en el mundo de las finanzas y casi no tenía experiencia política. Desde su nombramiento está implementando una agenda para sanear las cuentas, desregularizar, encoger la estructura del Estado, hacer concesiones y privatizaciones.

Poco después de que Bolsonaro terminara su discurso, la agencia Bloomberg ha publicado que el Gobieno de Estados Unidos apoya la entrada de Argentina y Rumanía en la OCDE, y no de Brasil, en una carta enviada al organismo pese a que el presidente Donald Trump había prometido a su homólogo apoyar la candidatura brasileña. Horas después el secretario de Estado, Mike Pompeo, ha tuiteado que que "apoyan totalmente a Brasil para que inice su proceso de acceso".

Coincidiendo con el foro, Brasil ha comenzado a licitar concesiones de explotación petrolífera. “Estamos quitando trabas al petróleo, que lleva cinco años en el mar (sin ser explotado)”, ha remarcado. El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, ha asegurado que Brasil empieza a recuperar la confianza exterior. "En un momento que muchos países están mirando hacia dentro y cuestionando el comercio exterior, Brasil está poniendo en marcha una ambiciosa agenda de apertura económica e inserción internacional", ha dicho en un discurso en el que también ha recordado uno de los datos símbolo de la anquilosada economía brasileña. Una empresa requiere 2.000 horas anuales para pagar los impuestos, un récord mundial.

La reforma de las pensiones, la estrella de la agenda legislativa de este Gobierno que es un paso imprescindible para frenar la sangría de las cuentas públicas, está a punto de concluir su procelosa tramitación parlamentaria pero por pocos días no ha llegado a tiempo. Aprobada en julio en la Cámara de Diputados con holgura, el plan es que el Senado celebre la votación final a partir del día 22 para implementar un profundo cambio en el sistema de jubilaciones que supondrá un ahorro de en torno a 900.000 millones de reales en una década (unos 200.000 millones de euros).

La clave es ver en qué queda el ahorro cuando la ley sea definitivamente aprobada. Esa es la señal que esperan los inversores. Aunque la tramitación ha sufrido diversos retrasos, que el Gobierno tenía contemplados, el motivo del último es cuando menos llamativo: la canonización este domingo en Roma de Irmã Dulce —hermana Dulce, la primera santa brasileña—. “Soy católico, pero esto es un chiste. Hay tres aviones llenos de políticos que van a costa del contribuyente, retrasando 10 días la votación de las pensiones”, dijo el senador Major Olimpio, el jefe de la bancada del partido de Bolsonaro. La siguiente gran reforma económica, la tributaria, ya está en marcha,

El presidente ha mencionado el derrame de petróleo que ha llevado chapapote a más de cien playas del noreste y ha hablado de medio ambiente en general, un tema importante para los inversores pero que es también el que más críticas extranjeras le genera. Tras asegurar que pretende explotar la Amazonia “de manera sostenible”, ha reiterado su intención de regular la minería informal. “Queremos legalizar el explotación [minera] para los blancos, como dicen los indios, y para los indios”, ha recalcado el presidente que considera que las regulaciones ambientales, que han sido clave para la preservación del bosque tropical, son un corsé demasiado apretado. Su llegada al poder ha supuesto un enorme debilitamiento de la fiscalización ecológica. El Gobierno ha logrado recaudar este jueves 8.900 millones de reales (casi 2.000 millones de euros) con las licitaciones petrolíferas. Uno de los bloques a subasta, cuya explotación supone, según los ambientalistas, un riesgo para una zona con la mayor biodiversidad marina del Atlántico sur, ha quedado desierto.

Pero las enormes expectativas con las que los mercados recibieron a Guedes y a Bolsonaro —con subidas récord en la Bolsa— no se ha traducido en el crecimiento económico inicialmente esperado, en parte por la coyuntura internacional, y en parte porque el Gobierno se ha enzarzado en infinidad de polémicas y no ha mantenido una relación con el Congreso todo lo fluida que los modos políticos brasileños exigen. “El crecimiento ahora es sostenible, sano, no una burbuja artificial”, ha recalcado Guedes.

Por Naiara Galarraga Gortázar

São Paulo 10 OCT 2019 - 18:22 COT

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Viernes, 20 Septiembre 2019 10:10

¡Bingo! Primer premio: ISA

¡Bingo! Primer premio: ISA

No renuncian a su pretención de feriar la totalidad del patrimonio público construido por generaciones de connacionales. Ahora el gobierno Duque, continuador de la política neoliberal, sondea el ambiente para determinar el mejor momento para privatizar ISA, una de las empresas más rentables del país. ¿Cuáles son las implicaciones de la venta de la multilatina más importante de Colombia?

La empresa de servicios públicos Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) es considerada como la primera multilatina del país, es decir, la empresa nacional con mayor y más potente presencia en toda la región. De sus negocios en el país hacen parte la transmisión de energía, concesiones viales y telecomunicaciones. Mucho más allá del mismo, opera con alrededor de 45.142 kilómetros de líneas de transmisión eléctrica, 907 kilómetros de autopistas y 49.500 kilómetros de líneas de fibra óptica administrada por Internexa (Ver figura 1 y 2).

En la actualidad sus calificaciones crediticias reflejan su sólido perfil financiero al mostrar flujos de efectivo estables y predecibles (Ver figura 3). Su valorización desde el año 2015, sumando hasta el 18, muestra un incremento del 19,69 por ciento, con un precio en las acciones de alrededor de 18.000 pesos (Ver tabla 1 y 2).

Tabla 1

 

Tabla 2

 

 

Esta multilatina es la cuarta más grande en el índice de acciones Colcap –uno de los índices bursátiles de la Bolsa de Valores de Colombia– y se estima que tiene un valor de 5.200 millones de dólares. Su fortaleza es evidente: durante el tercer trimestre del año 2019 facturó $5,1 billones con activos cercanos a los $42 billones, y planea inversiones por más de $13 billones en el periodo 2018-2022.

Estos indicadores, alentadores para el país y su débil economía, no son suficientes para el ministro de hacienda Alberto Carrasquilla y el gobierno de Iván Duque, quienes insisten en salir del 51,41 por ciento de acciones que aún posee el Estado en la importante empresa colombiana y de esta manera darle la propiedad de la misma a capitales transnacionales –que en este momento son propietarios del 38,42 por ciento– para supuestamente cubrir el déficit fiscal de $14 billones de pesos que carga el país, pues con su venta estiman recoger un monto total de alrededor de $10,2 billones de pesos.

 

Continuidad de la privatización de los bienes públicos

 

El gobierno de Iván Duque no es el primero en proponer la privatización de ISA. Algunos de los que le antecedieron la sometieron a un largo proceso de privatización.


El primero en afectarla fue el de Cesar Gaviria, promotor de la mal llamada “Apertura económica”, con la cual disfrazó la privatización de importantes bienes públicos de la sociedad colombiana. Su gobierno, con las leyes 142 y 143 de 1994, ordenó escindir ISA y de esta manera formar Isagen (1995), empresa hoy privatizada de generación y comercialización de energía, quedando en ISA solo la trasmisión de energía y las telecomunicaciones, segmento económico que hoy maneja Internexa.

Después (1996), bajo el gobierno de Samper cambian de forma irregular la estructura jurídica de ISA, de una empresa industrial y comercial del Estado a empresa de servicios públicos mixta, constituida por acciones.

Como si fuera una maldición empecinada con acabar con ISA, en 1999, durante el periodo de Andrés Pastrana, subvaloran la empresa tasándola en una tercera parte de su valor real, con el fin de entregarla a multinacionales. La artimaña privatizadora despertó repudio en amplios sectores nacionales, quienes al denunciar lo que estaba en curso explicaron a la sociedad colombiana lo negativo de feriar un bien estratégico, fundamental para la prestación de los servicios públicos esenciales y fundamentales.

 

 

Pese a su derrota, gobernantes, políticos y magnates de la especulación no renuncian a su pretensión de privatizar a ISA. Es así como durante el gobierno de Uribe y el de Santos, maniobran nuevamente con medidas jurídicas para debilitarla, creando empresas filiales, potenciando la flexibilización laboral, trasladando trabajadores a otras entidades, eliminando sindicatos, incrementando tarifas, entre otras de las medidas aplicadas.


Incoherencia. Vale la pena recordar que cuando el gobierno de Juan Manuel Santos propuso la privatización de Isagen, fue la bancada del Centro Democrático una de las principales opositoras a esta iniciativa, hasta el propio Iván Duque –entonces senador– expresó: “Yo creo que si esta privatización tiene lugar sería un gran despojo para la nación y sería algo que mal señalaría ante la opinión pública la actitud de este Congreso, el no haber presionado por mejores instrumentos financieros, el no haberle dado mejores opciones al pueblo colombiano y haberle quitado una empresa rentable, un activo que es símbolo de rentabilidad financiera, ambiental y social”*. La venta de de Isagen no pudo impedirse. Los que ayer se ‘opusieron’ a esta privatización hoy son los promotores de igual suerte para ISA.

 

Efectos de la venta de ISA

 

Actualmente el Estado participa en 107 empresas que podrían ascender a un valor de $160 billones de pesos. El gobierno de Iván Duque estima reunir $30 billones de pesos en cuatro años con la venta de activos de estas empresas, de los cuales espera recaudar $5 billones en el 2019; es por esto que han iniciado los procesos de venta de Ecopetrol –de la cual espera privatizar el 8,5 por ciento que esta pendiente desde la década pasada– y el porcentaje accionario que al Estado le queda de ISA.

Vender una empresa como ISA implica perder una fuente de recursos presentes y futuros para Colombia, los que pasarían a enriquecer los bolsillos de los propietarios de las trasnacionales que se adueñarían de la multilatina, lo que además sería la renuncia a la seguridad eléctrica de país.

 

 

No se puede olvidar que ISA es una empresa estratégica para el progreso, desarrollo y autonomía económica del país, y que es la última empresa del sector eléctrico de orden nacional que le queda al pueblo colombiano. Privatizarla es entregar la posición estratégica que tiene Colombia como el único puente terrestre entre Centroamérica y Suramérica, lo que debela la importancia de esta empresa para las telecomunicaciones y el intercambio en la transmisión de energía entre países del sur, centro y norte del continente.

 

Una empresa para el futuro si luchamos por ella

 

Hay que entender que la operación de ISA en el mercado de la energía, vías y comunicaciones en Latinoamérica ha sido exitosa, de lo cual dan cuenta sus resultados en los mercados de Perú, Brasil y Chile, lo que en parte le permitió en 2017 cumplir con las metas previstas y trazadas para 2020, las cuales implicaban triplicar las utilidades del año 2012. Ante esto, la multilatina tiene una estrategia de apertura y crecimiento para el 2030 que implica aumentar su participación en la construcción de vías en Colombia y Perú, así como abrir nuevos mercados en países como Estados Unidos, Argentina y México.

Sin embargo, el escenario es escabroso y al parecer las proyecciones de futuro quedarán en el aire ante la imposición de absurdas ideas de seguir feriando lo público. La desinformación reinante en el país, el temor que se acrecienta sobre las comunidades producto del asesinato continúo de líderes y lideresas, la atomización de los diferentes movimientos sociales –cada uno tratando de resolver sus urgencias–, con sindicatos debilitados producto de diferentes agresiones y errores en su conducción, así como la ausencia de la alternativa política con capacidad de liderazgo y de movilización nacional, auguran una resistencia menor del pueblo colombiano ante lo que ya se ve venir.

Ante este oscuro panorama, donde la intensificación del conflicto armado se avecina, donde los referentes políticos y sociales cada vez son más difusos y la democracia es un simple formalismo, es urgente luchar por los bienes públicos –producto del ahorro nacional–, los mismos que dignifican y deben ser resguardados en su naturaleza, pues sirven al desarrollo de los pueblos y a resguardar el bienestar de los territorios.

El reto de proteger a ISA de su privatización es un reto mayúsculo que pondrá a prueba al conjunto de actores sociales alternativos del país. La alarma es para cerrar filas y con ello impedir que la lleven a cabo, levantando al mismo tiempo banderas de gobierno alterno, garantizando con ello que lo público en verdad sea administrado y planeado de cara al país, garantizando así, en toda su palabra, el bienestar del conjunto social.

* https://congresovisible.uniandes.edu.co/agora/post/vender-isagen-es-premiar-el-derroche-y-la-falta-de-creatividad-financiera-senador-ivan-duque/7240/

 

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Martes, 10 Septiembre 2019 04:50

Deterioros neoliberales en América Latina

Deterioros neoliberales en América Latina

Las leyes neoliberales impuestas en América Latina por Estados Unidos y organismos financieros internacionales como fundamento principal del capitalismo, han llevado a la región a enfrentar grandes escollos económicos y sociales para su subsistencia. 

El objetivo de ese sistema como parte del capitalismo globalizado es impulsar la liberación del comercio en general, eliminar la injerencia del Estado en la economía y reducir al máximo el gasto público con el consecuente empobrecimiento de millones de habitantes y en contraposición, el enriquecimiento de pequeñas minorías.

Son varios ejemplos los que destacan en esta oleada de derechización regional auspiciada desde Washington y que han llegado al poder por diferentes vías como golpes de Estado, destituciones parlamentarios o elecciones fraudulentas.

Empecemos por Honduras, donde tras el golpe al presidente Manuel Zelaya se eliminaron el ciento por ciento de las leyes acordadas en ese corto período para beneficio del pueblo, lo que trajo como consecuencias la congelación de la Ley del Salario Mínimo, pérdida de 300 000 empleos, fragmentación de las jornadas laborales, derogación de los acuerdos con el ALBA, restitución de privilegios a las compañías transnacionales e impulso de las privatizaciones.

En la actualidad, según el diario La Prensa, casi seis millones (71 %) de los 8,5 millones de habitantes del país son pobres; de esa cifra, 4,2 millones están en situación de extrema pobreza que tratan de sobrevivir con solo un dólar al día, mientras solo 15 familias controlen el 80 % de las riquezas nacionales.

Guatemala ha sido considerado uno de los Estados fallidos arrasados por Occidente donde se unen corrupción, pandillas, pobreza, desigualdad, desnutrición y mortalidad infantil.

Los economistas aseguran que el país se aproxima a la catástrofe humanitaria y las áreas rurales son las más afectadas, de donde procede la mayoría de los emigrantes. Los recursos son escasos, la presencia del Estado inexistente, el crimen organizado poderoso y la presión de los grupos de poder para implementar proyectos mineros e hidroeléctricos, casi insostenible

Un Informe de Desarrollo Humano elaborado por la ONU asevera que más de tres millones de guatemaltecos viven en pobreza extrema y casi 12 millones de personas, 67 % de la población, "sufre carencias que vulneran su bienestar".

Paraguay esta considerado uno de los países más desiguales de Suramérica, donde la pobreza golpea al 30 % de la población que ha sufrido en los últimos años grandes inundaciones y dejado desamparados a miles de habitantes. Para la ONG Oxfam ésta es la cara más cruel de la desigualdad en un país donde los más pobres ganan hasta 22 veces menos que los más ricos. Asimismo, con la progresiva mecanización de la agricultura, ligada a la producción extensiva de la soja, se produjo un éxodo masivo desde el campo y los emigrantes que huyeron del hambre se instalaron en áreas de riesgo, como el lecho del río Paraguay en los barrios de Asunción, vulnerables a las riadas.

En cuanto a Ecuador, en solo dos años el gobierno de Lenín Moreno ha impulsado al Estado a la década de 1990 al desmontar importantes avances democráticos de la Constitución Política de 2008. Durante los gobiernos de Rafael Correa el país redujo la pobreza y los programas sociales beneficiaron a los habitantes pero ahora, con los acuerdos con el FMI, Moreno redujo el gasto público de 3 461 millones de dólares a 773 millones con graves perjuicios para las mayorías.

Pero los casos más desafortunados en los últimos tiempos han sido los de Argentina y Brasil. En este último, tras el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff y las arbitrariedades jurídicas para detener a Inacio Lula da Silva para que no se pudiera presentar a elecciones, los regímenes de Michel Temer y de Jair Bolsonaro han desmontado todos los programas sociales y privatizado numerosas empresas públicas.

Entre los más afectados aparece el Sistema Único de Salud (SUS) instaurado por los gobiernos de Lula y Dilma que atendía al 65 % de la población y que Temer y Bolsonaro lo redujeron drásticamente con la excusa de que “no hay suficiente capacidad financiera que permita suplir todas las garantías constitucionales”. A la par, ambos gobiernos atentaron contra la Amazonía al autorizar a terratenientes y empresas transnacionales a deforestar esa reserva de la biosfera mundial.

Mientras en Argentina, con la llegada al poder de Mauricio Macri y su política neoliberal llevaron a la nación a un endeudamiento abismal, acuerdos leoninos con el FMI y profunda devaluación de la moneda que pasó de 2014 a la fecha de 16 a 61 pesos por dólar.

Según la Universidad Católica Argentina (UCA) la "pobreza multidimensional" que abarca carencias económicas, de diversos derechos y servicios básicos, subió al 41,2 % de los habitantes.

En cuatro años de gobierno, se duplicaron los precios del transporte público automotor y en 70 % los del metro urbano; el costo de la luz subió en 500 %; el agua y gas en más de 320 %; la atención médica y de las medicinas en 50 %, y la gasolina, 30 %. La Argentina actual es una nación fallida dirigida no por Macri, sino por el FMI.

Después de estos ejemplos podríamos preguntarnos: ¿Permitirán nuestros pueblos continuar siendo saqueados por el sistema neoliberal capitalista? El tiempo dará la respuesta.

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.

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“La corrupción es el caballito de batalla de todas las derechas”

Por estos días, Rafael Correa viene denunciando una persecución política por parte del actual mandatario, Lenin Moreno. Pero el cambio de signo político ecuatoriano es aún más profundo: la transición hacia una derecha más radical se impone con poca resistencia social, observa Mauro Cerbino. En diálogo con Página/12, el investigador de la Flacso Ecuador analiza los rasgos del gobierno de Moreno en un escenario regional de viraje hacia una derecha que vino para quedarse. Aunque advierte que los resultados de las elecciones en Argentina son el ejemplo de un “volver a pensarse de los pueblos en Latinoamérica”.

-¿Qué implicancias tiene el cambio de signo político en la región?

-En la región estamos observando el retorno de las derechas y el ocaso de aquellos procesos que pudimos definir como progresistas. Estamos acostumbrados a un movimiento cíclico en la región, pero no debemos olvidar nunca quiénes son los que tienen el verdadero poder: el poder de la banca y de las finanzas, los poderes militares, los poderes de la opinión, los grandes medios de comunicación. Los grandes poderes fácticos nunca descansan. Cuando viven momentos que les son contrarios o les afectan, presionan para que haya un cambio. Cuando retorna, la derecha lo hace con mayor fuerza porque es capaz de neutralizar el poder existente.

-¿A qué "poder existente” se refiere?

-A la potencialidad que se expresó en la construcción política anterior a este gobierno. El presidente Lenin Moreno es, en verdad, una transición hacia la derecha más radical, que podría venir próximamente y que tendría el gran poder de enterrar, desactivar y vaciar de sentido aquel vocabulario que, durante el gobierno de Rafael Correa, fue capaz de sostener discursivamente una acción política novedosa y alternativa.

-¿En qué reside la importancia de los discursos para la acción política?

-¡El vocabulario es importante! El gobierno de Correa, desde 2007 hasta 2016, se propuso construir una nueva terminología política; eso tuvo efectos en la construcción de subjetividades, especialmente de los sectores populares. Uno de los dispositivos más importantes de la acción política de Correa fueron los “Enlaces” todos los sábados. En ese espacio, se nutría de los significantes clave de ese vocabulario político que marcaba una diferencia con el pasado, esos significantes podrían tener la capacidad de incidir en lo que Gramsci llamaba “el sentido común”. ¿Cómo transformamos el sentido común que han ido configurando los grandes medios de comunicación? ¡Disputando significantes! En Ecuador no solo vendrá la derecha, sino que esa derecha tendrá la capacidad de vaciar el vocabulario.

-¿Por qué se desactivaron esos significantes?

-Esos significantes se hicieron carne en los sectores populares. Siempre hubo una identificación con el líder; caído el líder, se vacía también el discurso. El logro actual es que se haya revertido la construcción de aquellos significantes y, en su lugar, se lograra poner la corrupción en la agenda pública. La corrupción es el caballito de batalla de todas las derechas del mundo. Ha sido una gran arremetida sobre el impacto emocional, tratar la problemática de la corrupción política atribuida al anterior gobierno. Eso ha neutralizado cualquier posibilidad de mantener vivos aquellos significantes.

-¿Por qué cree que es tan eficaz instalar la corrupción como tema de agenda?

-La corrupción tiene mucho apego, sobre todo en la clase media. No solo porque está bien orquestado por el discurso político del actual gobierno ecuatoriano y los medios de comunicación, sino porque va directo a la psicología del ciudadano de clase media.

-¿Cómo funciona esa psicología?

-El razonamiento es: “¿cómo es posible que aquellos que nos habían hecho creer esto, aquello y lo otro, se fueran llevando partes del recurso público? ¿Y cómo es posible que yo no haya participado del reparto de la torta?” No se olvide de que en la clase media, más que un colectivo hay un conjunto de yoes. Lo que abona el resentimiento de clase media no es solo que se hayan cometido actos de corrupción, sino el hecho de no haber participado de ese reparto. Y ese argumento es muy eficaz del lado del receptor. Mi foco no está puesto en cómo viene armado ese discurso desde el gobierno o los medios, sino en cómo pega en la gente, porque la gente se siente defraudada, pero no tanto porque no sea justa la corrupción, sino porque le afecta en su bolsillo.

-¿Qué factores explican la desactivación de la figura de Rafael Correa, tratándose de un ex presidente que terminó su mandato con imagen positiva?

-Desde el punto de vista simbólico, pesa mucho que Correa se haya ido a otro país a poco de haber terminado su gobierno. En algunos casos, eso debe haber producido algún tipo de escozor; creo que esa decisión ha tenido sus defectos en términos simbólicos. Luego están los cuadros intermedios de ese movimiento que nunca quiso ser partido. No es posible construir un escenario político si no se crea una organización que se parezca a la estructura de un partido. La idea de movimiento dura un tiempo, pero luego debe convertirse en otra cosa, especialmente cuando el movimiento político tiene aspiraciones de gobierno. Por eso, cuando cae el gran líder que personificó el proceso, que incluyó públicos muy diferentes en colectividades —no solamente las clases más plebeyas o parte de la clase media, sino que también convenció a otros sectores— que se identificaron con ese líder, no hay recambio. Ese liderazgo fuerte permitió que se mantuviese el proceso a lo largo del tiempo. Pero el líder no es vitalicio. Por eso, cuando cae el líder muestra la costura y, con ello, sus límites. El populismo en general tiene esta paradoja: un liderazgo fuerte viabiliza procesos de cambio a veces acelerados, y a la vez representa un límite debido a la incapacidad de ser reemplazado.

-¿Cómo hacer sostenible estos procesos, más allá de esos liderazgos fuertes?

-Es necesario razonar sobre el recambio, los líderes no son eternos. En el caso venezolano, como en el ecuatoriano y el boliviano, parecería que los líderes que han dado paso a esos procesos bloquearon ellos mismos la posibilidad de generar cuadros que puedan luego convertirse en potenciales líderes.

-¿En qué medida la polarización política es condición de posibilidad de los gobiernos de derecha en la región?

-Creo que se acabó el tiempo de la polarización. Hoy, en el Ecuador, hay un gobierno que está manejando la crisis y tratando de administrar la transición hacia una derecha más radical. Pero el nuestro no es un país polarizado; no sabría reconocer cuáles son los polos enfrentados. También a ese respecto habría que preguntarse sobre la responsabilidad del gobierno anterior.

-¿Por qué lo dice?

-El anterior gobierno también neutralizó, incluso, las mínimas capacidades de resistencia y de protesta que podían persistir en este país. Desarticuló los movimientos sociales, despotenciándolos. Un país sin movimientos sociales pierde la columna vertebral, y por ende, la posibilidad de organizar políticamente, toda acción de protesta. Hoy están reformando, casi mutilando, la Ley de Comunicación, como lo hicieron en Argentina con la Ley de Servicios Audiovisuales. Hemos hecho unos comunicados y varios intentos, pero estamos seguros de que vamos a perder. ¿Dónde está la capacidad de organizarse políticamente y generar presión sobre el gobierno o el Parlamento para no retroceder a antes de 2007? La polarización, en definitiva, es un signo político muy importante, es la esencia de la política. Yo, en cambio, veo una sociedad política neutralizada, vaciada de vocabulario progresista; veo un gobierno que está administrando una transición hacia la derecha radical y no veo ninguna posibilidad de resistencia y oposición de ningún tipo.

-¿Cómo observa esta “transición” del gobierno de Moreno, en lo económico y social?

-Desde el punto de vista económico, no hemos tenido grandes shocks como los que están viviendo en Argentina. Aunque sí hubo cierto cambio de política económica. En los años anteriores pensábamos en nacionalizar empresas y ahora, en cambio, estamos privatizando las empresas del Estado. Hay retrocesos en cuanto al rol de los medios de comunicación y la famosa norma de la distribución del espectro radioeléctrico. Pero desde el punto de vista macroeconómico, lo que se está haciendo no produce siquiera reacciones por parte de los sectores de la sociedad.

-¿Y en áreas como educación y salud?

-Esas áreas sensibles se han mantenido. En educación superior se ha mantenido el mismo presupuesto. Inicialmente se quiso reducir, pero inmediatamente empezaron las reacciones contra esa medida y se regresó a los anteriores presupuestos. Desde el punto de vista económico, este gobierno está tratando de aguantar lo más posible, aunque la deuda está aumentando. Para este año están previstos cerca de ocho mil millones de dólares de deuda nueva, y cara, además.

-¿Cara?

-Es una deuda importante, contraída con intereses cercanos al 11%. De hecho, se habla del Fondo Monetario Internacional. En el tiempo que lleva este gobierno se tomaron decisiones desde el punto de vista del impacto discursivo, recurriendo al slogan “el gobierno de todos”. Una cosa que, obviamente, ya hace reír, porque nunca un gobierno puede ser de todos. Pretenden mostrar que en todos los espacios hay momentos de deliberación que luego se traducen en política pública. Pero es solo un maquillaje, una retórica. Y los medios de comunicación se han alineado con el gobierno sin demasiado esfuerzo.

-¿Observa cambios en el mercado de trabajo en estos dos años de gobierno de Lenin Moreno?

-Ha aumentado el subempleo, más que el desempleo. Pero a diferencia de Argentina, este país en los últimos años ha vivido una especie de burbuja, donde fue posible producir una serie de medidas. Por ejemplo, la eliminación de la tercerización.

-¿Cómo se logró eliminar la tercerización?

-En los hechos, no se podía abaratar costos laborales contratando a terceros para realizar actividades que las empresas estaban en condiciones de realizar con personal propio. Y además el Estado fue el gran inversor. Es decir que, desde 2007 y hasta 2014, el gran caudal de inversiones en el Ecuador estuvo dirigida por el Estado, en parte gracias a los altísimos niveles del petróleo, a lo que se sumaron algunas acciones bien desarrolladas por parte del gobierno de Correa. Luego empezó la crisis y en 2016, el gran terremoto.

-Entre esas acciones, ¿incluye la investigación y reestructuración de la deuda externa?

-La redefinición de la deuda fue beneficiosa. Hubo un momento de mayor efervescencia económica que permitió al Estado invertir muchísima cantidad de dinero en obras y eso generó más trabajo. La burocracia creció bastante durante el gobierno anterior, con un fuerte incremento de los puestos de trabajo. Hoy se nota que hay un problema, pero tampoco es muy notorio todavía. Hay desempleo, pero no es tan importante como en otros países. Por eso digo que no hay ningún motivo que nos haga pensar en la posibilidad de un estallido. Lo que sí hay es una amenaza permanente de salirse de la dolarización. Y ese es un recurso discursivo al que el gobierno acude mucho con la amenaza de: “si no hacemos bien las cosas…”, “si no cuidamos las cuentas…”, “si no disminuimos el gasto público…”.

-¿Qué cree que puede ocurrir en las próximas elecciones?

-Nuestro país está claramente dividido entre sierra y costa. En la costa está la mayor cantidad de empresas exportadoras de banano, de camarones, de los commodities que exporta Ecuador. Pero en la costa están también los líderes de la derecha tradicional, muy conservadora y radical. En este gobierno estamos viendo cómo en ciertos puestos clave hay personas que vienen de la costa. La incógnita, por ahora, es entender el comportamiento político de la sierra y especialmente de Quito, y ver si lo que queda de la revolución ciudadana —el movimiento de Correa— es capaz de reorganizarse electoralmente.

-¿A qué puestos clave se refiere, puntualmente?

-El vicepresidente viene de una familia empresaria de Guayaquil, es un joven de poco más de 30 años. El presidente le ha encargado las funciones principales relacionadas con la economía, más puntualmente la relación con las empresas. Pareciera que con este gobierno se está produciendo una entrada paulatina de las élites de la costa, en particular de las élites de Guayaquil. Las élites de la costa han estado muy retrasadas desde el punto de vista del ejercicio del poder del Estado, y este pareciera ser su momento de ingreso. Espero equivocarme, pero cuando la derecha vuelve, vuelve para quedarse, para permanecer más tiempo del que pudieron permanecer los gobiernos progresistas cuando se dieron las condiciones para gobernar desde una perspectiva que no fuera de derecha. Porque los tiempos de la derecha son siempre más largos que los tiempos del progresismo y de la izquierda. El centro no existe en política. Y la derecha en el Ecuador no es una derecha conservadora al estilo del conservadurismo europeo. Es una derecha mucho más retrógrada e inequitativa.

-¿Cree que el triunfo de la fórmula Fernández-Fernández en las elecciones de Argentina tendrá algún efecto a nivel regional?

-Podría ser, considerando además la magnitud de la diferencia obtenida en las PASO en relación a la coalición liderada por Macri. Podría ser un ejemplo interesante de un volver a pensarse de los pueblos que en Latinoamérica se han volcado hacia la derecha, tras capitalizar algunos malestares producidos en los gobiernos progresistas. Pero, sobre todo, por no haber profundizado dichos gobiernos en las reformas estructurales para un sólido cambio político en nuestras sociedades.

¿Por qué Mauro Cerbino?

En el inicio de su currículum se lee claro: el objetivo de Mauro Cerbino es colaborar con distintas instituciones en la “comprensión de los distintos actores sociales y culturales —especialmente los jóvenes— y de la comunicación mediática, política y del común”. Es doctor en Antropología Urbana por la Universitat Rovira i Virgili, fue decano del Departamento de Estudios Internacionales y Comunicación de la Flacso Ecuador, y actualmente integra el Caces, equivalente a la Coneau argentina. 

En una combinación entre vigilancia epistemológica y consecuencia política, Cerbino exploró experiencias sociales de lo más diversas: después de años de estudiar las organizaciones juveniles de la calle, se adentró en el corazón de los medios comunitarios en el Ecuador. Su investigación quedó plasmada en diversos libros: El lugar de la violencia (Taurus-Flacso), Más allá de las pandillas (Flacso) y Por una comunicación del común (Ediciones CIESPAL).

Publicado enInternacional
Miércoles, 04 Septiembre 2019 05:32

Repensar la utopía

Repensar la utopía

¿Tiene sentido reivindicar la utopía? Más que nunca. En tiempos de indigencia política en los que el progreso social corre el riesgo de estancarse, e incluso de invertirse, y donde el pensamiento único campa a sus anchas, es la única opción coherente.

 

La utopía secularizada relata cómo los avances sociales se consiguen únicamente mediante la protesta social y la movilización ciudadana, a veces tras décadas o siglos de insistencia. El mundo no mejora por sí solo.
Francisco Martorell. “Soñar de otro modo”.

 

Corren malos tiempos para la utopía política, esto es, para la concepción de modelos sociales que aspiren a construir un mundo más justo reorganizando nuestras instituciones. La esperanza social se ha reducido a un esqueleto de ilusión: son Google y las grandes compañías las que nos prometen ahora la sociedad de la abundancia. Mientras la utopía política desaparece, las distopías, creadas en el periodo de entreguerras del siglo pasado, se adueñan de la cultura entera. Moviéndose entre obras inquietantes y de alta calidad a otras, la mayoría, dirigidas al disfrute sensacionalista de las masas, el éxito de la distopía denota que la fe ilustrada en un futuro mejor ha dado paso al miedo postmoderno a un futuro peor. Da igual que nos fijemos en la ciencia ficción o en la filosofía, en el activismo o en el arte: un estado de ánimo distópico monopoliza el ambiente, extendiendo la pasividad y el derrotismo, actitudes muy del gusto del establishment.

Francisco Martorell Campos, doctor en Filosofía y miembro del grupo de estudios Histopía, explica en Soñar de otro modo. Cómo perdimos la utopía y de qué forma recuperarla (La Caja Books, 2019) cómo llegamos a esta situación. Fue con el nacimiento del neoliberalismo cuando se declaró de forma definitiva la impertinencia del pensamiento utópico y se propagó el dogma, apuntalado en 1989, de que “no hay alternativa”. Desde entonces, todo queda en manos del individuo, y buscar la transformación social de manera programática se contempla como un objetivo absurdo, anticuado y peligroso. Vivimos, se dice, en el mejor, o menos malo, de los mundos posibles. El argumento de base es que la historia demuestra que siempre que las utopías trataron de convertirse en realidad terminaron en tragedia. Como antídoto, el neoliberalismo invita a fijar en las “preferencias” y “esfuerzos” individuales el camino hacia la felicidad. Eso implica, entre otras cosas, la progresiva degradación de lo público y el auge simultáneo de lo privado, la sustitución del nosotros por el yo y la reducción de la existencia a un juego solitario atravesado por el riesgo y la incertidumbre.

Pese al empeño neoliberal de blanquear el orden dominante, es fácil descubrir trazos distópicos en sus dominios. La crisis de 2008 y su multitud de secuelas perniciosas, el ascenso de la extrema derecha o el desastre medioambiental prueban la necesidad de luchar por un futuro distinto, libre de los males vigentes. Pero no actuamos en consecuencia. De una forma u otra, hemos interiorizado la cosmovisión neoliberal. Nos hemos acostumbrado a vivir en una distopía light y a pensar distópicamente. O lo que es lo mismo, a contemplar con resignación a las víctimas –parados, emigrantes, trabajadores precarios, ancianos o niños desamparados- que genera. Lo máximo a lo que ambicionamos es a rescatarlas, a impedir este o aquel despropósito concreto (un desahucio, un vertido ilegal, etc.), a defender los logros heredados..

Desutopizados por completo, actuamos y meditamos a corto plazo, a pequeña escala y a la defensiva, huérfanos de alternativas globales al sistema imperante, sin iniciativa ni proyectos de transformación a largo plazo. Al morder el anzuelo de que la utopía es necesariamente tóxica, renunciamos a forjar el porvenir y olvidamos que, aunque abrigó cuantiosos aspectos totalitarios durante la modernidad, inspiró, de igual manera, los aspectos más edificantes del mundo en el que vivimos. Pocos recuerdan que el sufragio universal fue en su día una medida utópica, por no hablar de los derechos de la mujer. Y menos aún los que se hacen cargo de que el programa tipo de las formaciones socialdemócratas de los cincuenta y sesenta parecen hoy revolucionarios.

Deseoso de revertir la situación, Francisco Martorell propone una renovación de la utopía política capaz de alejarla de cualquier forma de autoritarismo y de reinstaurar el impulso utópico en la teoría y la práctica transformadoras. Para ello, recorre la historia de la utopía literaria, desde Tomas Moro hasta Kim Stanley Robinson, pasando por H. G. Wells y Úrsula K. Le Guin. Este periplo, que incorpora un recorrido análogo alrededor de la distopía, se desarrolla en torno a tres áreas: la naturaleza, la historia y la sociedad. Partiendo de las transformaciones recientes producidas en cada una de ellas y desenmascarando los aspectos ideológicos de fenómenos como el ecologismo, el transhumanismo, el conservacionismo, la nostalgia sistémica, las políticas de la memoria, las redes sociales y las políticas de la diferencia, Martorell sugiere cómo debería desplegarse la utopía para desprenderse de sus nocivos fetiches modernos (la naturaleza pura, la historia dotada de sentido intrínseco, la sociedad armónica-totalizada), para sortear las trampas postmodernas de lo políticamente correcto y colmar las necesidades emancipatorias actuales.

¿Tiene sentido reivindicar la utopía? Más que nunca. En tiempos de indigencia política en los que el progreso social corre el riesgo de estancarse, e incluso de invertirse, y donde el pensamiento único campa a sus anchas, es la única opción coherente. La propuesta de Martorell de una utopía secularizada, que apueste por políticas concretas como la renta básica o el reparto del trabajo, nos permite recuperar cierta esperanza, no en el porvenir por sí solo, tal como nos anuncian los tecnólogos, sino en la capacidad de imaginar, planear y construir juntos un mañana mejor. Nos sacude la parálisis, el victimismo y el entontecimiento letárgico procedente de la sociedad actual, rendida a la distopía del “no hay alternativa”. Nos enseña, de paso, cómo renunciar a la utopía es el síntoma principal de que el neoliberalismo nos ha derrotado, por muy anti-neoliberales que nos guste exhibirnos…

Por Leo Sousa / Andoni Alonso


publicado

2019-09-04 08:00

Publicado enCultura
Lunes, 02 Septiembre 2019 06:03

Antineoliberalismo

Antineoliberalismo

 Ante el inaguantable torrente de ataques, asaltos, crímenes, corrupción, impunidad y las medidas descaradamente crueles del régimen estadunidense en estos últimos dos años, no es difícil perder de vista el surgimiento de otras fuerzas que, por ahora, ofrecen rayos de luz vitales con un potencial que preocupa, y mucho, a la cúpula económica y política de este país.

Durante las últimas cuatro décadas, Estados Unidos –al igual que tantos otros países del llamado Tercer Mundo– fue sometido a la receta neoliberal con muchos de los mismos efectos, aunque en diferentes escalas, y con el mismo resultado final: una concentración de la riqueza y la correspondiente desigualdad económica que hoy esta al centro de la disputa por el futuro.

Ante ello, al igual que en otros países, brotó aquí una resistencia antineoliberal que se expresó de diferentes maneras, incluida la lucha contra el TLCAN (definido entonces como "el candado de las reformas neoliberales" en los tres países) y después el movimiento altermundista; pasando por la resistencia de los inmigrantes, al estallido de Ocupa Wall Street.

Tal vez lo más sorprendente es que ahora muchos de los actores antineoliberales se identifican, abiertamente, como "socialistas", y bajo esa amplia y ambigua bandera están definiendo gran parte del debate político nacional, incluyendo en la pugna electoral presidencial a través de figuras como el senador "socialista democrático" Bernie Sanders.

Aunque algunos intentan descartar la importancia de estas expresiones, la cúpula suprema del país está cada vez más preocupada por estas fuerzas antineoliberales.

La Business Roundtable, integrada por 192 ejecutivos en jefe de las empresas más grandes del país, recién emitió una extraordinaria declaración sobre el "propósito" de las empresas, al señalar que el objetivo de generar ganancias para accionistas ya no debe ser la única meta y que ahora debería incluir servir los intereses de sus clientes, sus trabajadores y las de sus comunidades y proteger el medio ambiente, herejía absoluta de la biblia neoliberal de Milton Friedman. Reconocieron que el sueño americano no está funcionando para todos, y resaltaron la desigualdad de ingresos como un problema central, ellos han de saber, son el 1 por ciento. (opportunity.businessroundtable.org/ ourcommitment/). En los últimos meses, otras figuras empresariales han sonado alarmas de que el "sistema" podría estar enfrentando un momento "existencial".

El propio presidente ha repetido que "estamos alarmados por las llamadas por adoptar el socialismo" y reitera en sus mítines: "jamás permitiremos que Estados Unidos se vuelva un país socialista".

Este pánico empresarial y político es, en gran medida, un reconocimiento de que hay una creciente desilusión con el experimento neoliberal, y que el mensaje de políticos como Sanders contra la injusticia económica del sistema actual está resonando cada vez más un amplio apoyo entre el electorado.

Desde hace un par de años, de manera paralela con el fenómeno populista de derecha, las fuerzas autodefinidas socialistas, junto con aliados progresistas, también han captado la atención y cada vez más poder, dentro del Congreso y en puestos locales y regionales. Más aún, buena parte del debate político entre el establishment gira sobre cómo y cuándo floreció el socialismo en este país, y cómo controlarlo. Diversas encuestas registran que la mayoría de los jóvenes menores de 30 años de edad favorecen el socialismo sobre el capitalismo por primera vez; y 43 por ciento de todos los estadunidenses dicen que el socialismo sería positivo para este país.

Muchos de los movimientos progresistas más importantes y poderosos del momento –desde los dreamers inmigrantes, a Black Lives Matter, los estudiantes contra las armas, y ahora las colegas de Greta Thunberg, entre otros– de alguna manera están rechazando si no el modelo mismo, sí las consecuencias violentas del neoliberalismo.

Tal vez todo esto apunta a que el actual régimen es el último grito histérico para defender un modelo bárbaro ante estos movimientos civilizadores.

Publicado enInternacional
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