¿El “plan” económico de un país “borracho”?

Cual fiestero “borracho”, sin dinero y con caminar tambaleante, el país regresa al “hogar” neoliberal -así sea a rastras-, de la mano del gobierno de Lenín Moreno (impulsado por la inercia de las medidas de política económica adoptadas por el gobierno anterior). Si bien desde diversas corrientes (derechas, “izquierda” progresista, las otras izquierdas... y demás), se ha acusado al morenismo de no tener un verdadero plan económico, a estas alturas (y con casi medio período de gobierno sobrevivido) parece que el “plan” es la improvisación. Un “plan” que, por cierto, se despliega por capítulos aparentemente disconexos de una telenovela que apunta a un climax de fin de temporada: el retorno al redil del Fondo Monetario Internacional (FMI). Y de ahí empezará una nueva temporada de la tan conocida serie neoliberal, que no será más de lo mismo, sino más de lo peor…

Cualquiera que vea al “borracho” país de la mano de un gobierno delirante (que canta a los cuatro vientos su sueño de producir con la mano derecha y repartir con la izquierda ), creerá que la borrachera fue causada por la enorme irresponsabilidad de diez años de desperdicio que nos han llevado a una grave crisis económica. Si biern la crisis existe (como ejemplo basta mencionar cuatro años de un PIB per cápita estancado), ese desperdicio de la década es solo una parte de toda esta historia... pues el “borracho” país no está así por voluntad propia, ¡lo han emborrachado permanentemente y lo siguen haciendo!


De hecho, mientras el morenismo distrae al pueblo con llamadas xenófobas y continuos culebrones en contra del correísmo -su eterno fantasma-, por otro lado, aprovecha la distracción para consolidar su supervivencia con entreguismos vergonzosos [2] y medidas desesperadas. Así, luego del “ajuste” a los subsidios de las gasolinas y la adquisición apurada de endeudamiento con China por 900 millones de dólares a fines del año pasado , se colocaron bonos soberanos por 1.000 millones a diez años plazo y a una tasa de interés del 10,75% . La tasa de dicha colocación es una de la más altas desde el contraataque de la deuda externa durante el correísmo, lo cual muestra que la situación económica ecuatoriana es crítica [3] más cuando se compara con los créditos obtenidos por países vecinos como Colombia .


Es en ese marco de improvisación e imparable endeudamiento donde se perfila la arremetida morenista para acelerar las concesiones, en lo que -de a poco- parece constituirse como la gran orgía privatizadora del siglo XXI. Usando como pretexto una lectura fiscalista de la crisis (para la cual el problema es conseguir recursos económicos y balancear las cuentas fiscales como sea), se apuntala una gran oleada de privatizaciones, que vendrá acompañada de más flexibilizaciones y liberalizaciones. Una oleada que busca convencer al pueblo ecuatoriano que, por definición, toda empresa pública es ineficiente y generadora de pérdidas. Razonamiento simplón [4] que se complementa con el pérfido engaño a la opinión pública de que las concesiones no son privatizaciones.


Las pretensiones son grandes. En la mira está, en primer puesto, la concesión de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones (CNT). El asesor presidencial Santiago Cuesta dijo que se entregaría por 20 años la administración de la empresa a cambio de 4 mil millones de dólares en ingresos para el Estado . Lo raro es que Contraloría publicó un informe de 2018 hecho por una auditora privada revelando la compleja situación de la empresa. La CNT no tiene contabilidad y no hay datos certeros de cuánto dinero gana o pierde. Un informe de 2017 señala que, hasta 2016, el patrimonio de CNT crecía a razón de 132 millones por año y que en 2017 se produjo curiosamente una pérdida patrimonial de 1.343 millones. En esas condiciones de incertidumbre sorprende la certeza con la que opina el asesor del presidente Moreno, más aún cuando se recuerda que, en 2016, la CNT declaró una rentabilidad de 221 millones .


Luego de CNT, el propio discurso oficial permite entrever que el festín privatizador -disfrazado de concesiones- parece estar dando sus primeros pasos tras las hidroeléctricas e incluso tras el servicio de salud del IESS . Hasta las presiones para terminar con la protección a la “industria audiovisual”podrían mencionarse en este punto como ejemplo de los méritos que el país debe hacer para acceder a tratados de libre comercio (sobre todo con los EEUU y para ingresar a la Alianza del Pacífico). Tratados que presionan al desmantelamiento de las protecciones a un potencial desenvolvimiento endógeno sustentado sobre todo en las empresas nacionales pequeñas y medianas, a la vez que benefician a los grandes capos del comercio, consolidando -como objetivo último- nuestra condición de economía primario exportadora.


Por cierto, cabe aclarar que el empeño privatizador de Moreno en el fondo va cristalizando el plan de su antecesor. En 2016 Correa propuso un gran paquete de concesiones en donde la CNT abriría -con una alianza público-privada- hasta el 49% de su capital a inversionistas privados (en ese entonces el pretexto era la obtención de recursos para la reconstrucción de la infraestructura devastada luego del sismo del 16 de abril de 2016). Igualmente, Correa destacó que entre los potenciales activos a la venta también estaban las hidroeléctricas, como Sopladora, una hidroeléctrica de poco menos de 500 megavatios en la que se invirtió cerca de 800 millones de dólares. La idea de Correa era transformar en liquidez la riqueza del Estado. Y él se declaró dispuesto a vender también el Banco del Pacífico, los canales incautados TC Televisión y GamaTV (75 millones entre los dos), TAME. En definitiva, ya desde el “progresismo” corresísta se veían los inicios del festín privatizador .


Si bien esos planes no prosperaron, Correa logró concesionar puertos, por 50 años: Puerto Bolívar, Manta, Posorja (sin licitación) ... entregándolos a consorcios transnacionales asociados con grandes consorcios oligáricos criollos, como el grupo de Isabel Noboa Pontón. Igualmente Correa dio paso ala venta de empresas como el ingenio AZTRA o cementeras en condiciones más que ventajosas para los capitales privados . Asimismo, el correísmo se encargó de llevar a cabo una “privatización encubierta” del sistema de salud .


Lo que cuenta es que el correismo fracasó en fortalecer y dinamizar las empresas públicas, como pasó con Petroecuador: la petrolera estatal pudo asumir directamente la extracción de crudo de los conocidos “campos maduros” de petróleo; pero en vez de eso el correísmo entregó el campo Auca a la transnacional Schlumberger e intentó -sin éxito- entregar Sacha a Halliburton , campo que ya había sido entregado al inicio de su gestión a la estatal petrolera venezolana PDVSA (actos que el propio Rafael Correa, en 2005 y 2006, consideraba textual y públicamente como “ una traición a la patria ”). Y si de extractivismos hablamos, prohibido olvidar el festín minero del siglo XXI impulsado frenéticamente por Correa , que continúa su marcha en tiempos morenistas .


Llegados a este punto, cabe hacerse algunas preguntas muy serias: ¿cómo llegó el “borracho” país a esta situación?, ¿lo emborrachó el “excesivo” gasto público?, ¿fue el agresivo endeudamiento adquirido entre el fin del correísmo y todo el morenismo?, ¿fue el déficit fiscal?, ¿fue el tamaño del Estado?, ¿fue la implosión de la burbuja petrolera vivida desde 2015 (junto con la apreciación del dólar y el encarecimiento del crédito externo)?


Más allá de lo que digan los economistas ortodoxos, conservadores y prudentes (OCP) (teólogos acérrimos del neoliberalismo), a nuestro criterio la borrachera no es coyuntural, es estructural: todos los gobiernos, con diversa intensidad dependiendo de la disponibilidad de la bebida, han emborrachado al país de recursos provenientes de una -larga e histórica- dependencia del mercado mundial; dependencia que en tiempos recientes ha adquirido la forma de rentas petroleras e ingresos por deuda externa. Recursos que siguen ocultando los problemas estructurales que no se resuelven solo con ajustes fiscales.


Incluso en el caso hipotético de una contracción abrupta del déficit, el país no va a salir del mareo si no se retoma una agenda de transformación estructural seria, profunda y que tenga entre sus protagonistas a los sectores productivos de la pequeña y mediana empresa, de las cooperativas y asociaciones, del campesinado (actualmente abandonados en medio de un creciente deterioro del empleo ). Sin duda hay problemas urgentes que enfrentar (como la presión fiscal causada por los gastos corrientes cada vez más difíciles de cubrir, como sueldos o pago de intereses de la deuda pública), pero esos problemas nacen de desequilibrios estructurales que deben enfrentarse tarde o temprano.


Penosamente, el camino con el morenismo no es el de la transformación estructural. Más bien es, como dijimos al inicio, el retorno al FMI. Cuál pareja furiosa, el Fondo nos espera con garrote en mano para “castigar” la “borrachera”; lo que, puesto en palabras de Pablo Lucio Paredes, uno de los más recalcitrantes economistas OCP, significa “ … sobre todo poner orden en las finanzas públicas ¡con más energía y credibilidad! ” . Ese enérgico garrote del FMI que nos espera si no cambiamos de rumbo no va a caer en los verdaderos responsables de la crisis. Y tampoco nos va a liberar de la adiccióna los extractivismos (petrolero, bananero, minero…), más bien los va a profundizar. Pues, repitamos, el país no se emborrachó porque quiso. ¡Lo han emborrachado, y lo siguen haciendo... para continuar saqueándolo!


¿Qué hacer al respecto? Pues, como primer paso, caminemos a puerto seguro, donde en vez del garrote fondomonetarista, el país tenga al menos la esperanza de decidir por voluntad propia como superar esta borrachera. Está en manos de la lucha popular [5] el que esa esperanza se haga realidad.-
Notas:
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[1] Alberto Acosta y John Cajas Guijarro: Economistas ecuatorianos.
[2] Un ejemplo realmente vergonzante es el haberse sumado al grupo de los satélites del presidente norteamericano Donald Trump sobre la crisis de Venezuela, en lugar de mantener una posición digna como Uruguay y México, que proponen una salida al autoritario desgobierno de Maduro desde la propia sociedad venezolana (salida a la cual adherimos junto con muchas otras personas ).
[3] Cabe agregar que la tasa de colocación de los bonos soberanos también responde a las condiciones del mercado financiero internacional afectado por el incremento de las tasas de interés en los EEUU. Los efectos económicos de dicho incremento de las tasas de interés -cada vez más fuerte- incluso han generado pugnas entre Donald Trump y la Reserva Federal , a la vez que el resto del mundo enfrenta un mayor encarecimiento del financiamiento externo (tema delicado si se recuerda que a escala mundial parece existir una fuerte tendencia al sobreendeudamiento ).
[4] De hecho, la evidencia económica no parece mostrar que existan verdaderas diferencias entre las empresas públicas y privadas alrededor del mundo. Para muestra, se recomienda ver el artículo de David Hall y Tue Anh Nguyen (2018): “Economic benefits of public services”, Real-World Economics Review, No.84, pp.100-153 .
[5] Reconocemos que 2019 inició con un fortalecimiento del “músculo” de la lucha popular antineoliberal; ejemplo de ello fueron las protestas en Cotopaxi así como las nutridas movilizaciones del 30 de enero en varias ciudades del país en contra de las medidas económicas morenistas. Esperemos que esa lucha siga ganando “músculo” -y sobre todo “cerebro”- para evitar ser cooptada y pueda confrontar a un gobierno cuyas pretensiones de diálogo son cada vez menos creíbles. Para ello es crucial que empiece a converger la lucha popular antineoliberal con otras luchas sociales igualmente urgentes como, por ejemplo, la lucha feminista.

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Lunes, 17 Abril 2017 06:17

Casi 100 días

Casi 100 días


A finales de octubre del año pasado, en la famosa ciudad de Gettysburg, Donald Trump anunció un plan para los primeros 100 días de su gobierno, si era electo presidente. En noviembre ganó la elección y a finales de este mes se cumplen esos 100 días.

Este periodo ha sido ampliamente reseñado en todas partes. A estas alturas, el gobierno aún no está plenamente constituido; en muchos ministerios y dependencias faltan nombramientos clave de personal. Al interior de la Casa Blanca se extienden las luchas entre los grupos de influencia. Esto incluye de modo sensible la estructura de la seguridad nacional.

La agenda legislativa que se fijó bajo el lema de America first ha tenido cambios relevantes y se ha abierto, en cambio, un papel más protagónico en asuntos internacionales.

Así, ha cambiado el discurso respecto de China y la advertencia original de que se combatiría la política de manipulación monetaria.

Lo que parecía un acercamiento con Rusia y las alabanzas a Vladimir Putin derivaron primero en una investigación de la FBI y del Congreso sobre la supuesta relación entre el equipo de campaña de Trump y el gobierno ruso. Luego, de plano, se ha llegado a un enfrentamiento con visos turbios en relación con la guerra en Siria y tiende a extenderse.

En Asia se ha endurecido la confrontación con Corea del Norte y su actividad con las armas nucleares, conflicto que desplazó a la armada estadunidense a aquella región. Una vez más, tensando la relación con China, Rusia, Europa y la OTAN.

Este cambio de dirección del gobierno de Donald Trump ha puesto a la zaga esa machacona insistencia de la campaña electoral de que concentraría su atención en Primero América.

Internamente no pudo revocar y remplazar la política de salud de su antecesor, conocida como Obamacare. Este primer acto político, que debió ser decisivo, mostró, en cambio, la torpeza política del Partido Republicano, que llevaba años oponiéndose a ese programa y que, cuando tuvo la oportunidad de actuar, acabó en fiasco legislativo.

Un aspecto notorio de ese episodio fue la aceptación del presidente de que no sabía lo endiabladamente difícil que sería cumplir con la reforma al sistema de salud, que propuso con vehemencia en su campaña y no pudo cumplir. La política no es sólo un flujo inacabable de declaraciones resonantes y de tinte popular. Es mucho más que eso.

Trump y el Congreso, dominado por su partido, han quedado ampliamente expuestos. Y como dice una expresión muy usada allá: They should have known best (debían haberlo sabido). Esa es su responsabilidad.

Este es un aspecto del quehacer político que se advierte de modo amplio y se expresa en repudio generalizado entre los ciudadanos de los modos políticos que se han establecido en general. Francia es un caso patente, ahora a las puertas de una elección que pone en vilo la esencia misma de la Quinta República.

En materia económica, Trump aún no inicia formalmente la embestida de su propuesta de campaña de una honda reforma fiscal. En ese terreno se espera otra complicada disputa política. Este asunto ha sido puesto en manos de ex funcionarios del poderoso banco Goldman Sachs.

Por otro lado, la política comercial, centrada en promover el mercado interno y el empleo, sobre todo en el caso de las manufacturas y en las zonas más castigadas, no se ha expresado en acciones decisivas.

La dinámica de la productividad, el cambio tecnológico y la competencia también son más complicados de lo que parecían al entonces candidato Trump, ahora ya en el gobierno.

Los costos, determinados a escala global, son esenciales para la rentabilidad de las empresas estadunidenses. El libre comercio en América del Norte tampoco parece ser sencillo de revocar y remplazar. Esa es la situación que se ha generado en los pasados 20 años, con repercusiones para ese país y México.

No obstante, aún no se ha visto actuar en pleno al secretario de Comercio, Wilbur Ross, quien mantiene su fuerte crítica a los excedentes comerciales de China, Japón y Europa. En esa área se ha concentrado mucho poder de acción.

La política monetaria y financiera respecto del valor del dólar está también sometida a revisión por la administración Trump. La política de "dólar fuerte" se introdujo en 1995 para mantener bajos los rendimientos de los bonos del Tesoro y eludir el hecho de que se promovía una suerte de devaluación para acrecentar las exportaciones. La entrada de capitales para financiar el déficit comercial apoyaba además el auge de la firmas de tecnología y se disfrazaba, en efecto, la apreciación de la moneda.

Ahora la postura es que con un dólar caro no se puede competir. Ahí se aprecia la confluencia de las acciones del Tesoro y de la gestión comercial que promueve ahora el gobierno. Los meses que siguen irán definiendo tanto las pautas de la política económica como sus repercusiones en distintas partes; para México esta es una cuestión relevante, que exige una clara definición en materia de gestión del peso, el financiamiento a la producción y, claro está, de las medidas en materia comercial.

Los primeros 100 días del gobierno del presidente Trump están siendo muy distintos a lo que proponía originalmente. Las expectativas sobre las acciones de Trump se han modificado y la incertidumbre es mayor. Las manifestaciones de conflicto se extienden rápidamente del campo económico y migratorio al de la arena militar.

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"Me gusta que Trump esté haciendo lo que dijo que haría"

Las Marchas de Mujeres y las críticas generalizadas al “veto musulmán” no han hecho mella en la lealtad de los votantes de Trump. Más bien todo lo contrario.

 

Percheros de hierro fundido, vinilos para niños, cajas antiguas de comida, canastas de tabaco, potes de aceitunas estilo vintage y un teléfono con dial giratorio son algunas de las cosas que ocupan los estantes de la Casa de Tesoros de James y Jess. Esta tienda de antigüedades abrió hace dos años y tiene un estilo "rústico, hipster, elegante" con un eslogan un poco cursi: "Casi todo antiguo y algunas cositas nuevas".


Si la Casa de Tesoros estuviera en la ciudad de Washington, podríamos hacer la apuesta demográfica de que sus propietarios votaron por Hillary Clinton. Pero se encuentra a 120 kilómetros de la capital, en el condado de Washington, un sitio donde Trump ganó cómodamente. Y mientras las protestas agitan la capital desde que Trump ocupa la Casa Blanca, para James y Jess el presidente está haciendo las cosas bien.


"Me encanta Trump", dice James Zawatski. "Me gusta que esté haciendo lo que dijo que haría. Muchos políticos no cumplen con su palabra. Tengo 47 años y nunca en mi vida había votado, hasta el año pasado. Necesitábamos un presidente con un par de cojones para hacer lo que se tiene que hacer. Estoy cansado de los progresistas".


El impacto meteórico que ha causado Trump en la capital ha provocado desconcierto, preocupación, confusión, perplejidad e indignación. Los demócratas se tambalean frente a un rival audaz, mientras que los republicanos intentan adaptarse a este aliado impredecible. Los medios de comunicación lanzan ráfagas de críticas. Los habitantes de la capital, donde Clinton ganó a Trump con el 90,9% de los votos contra el 4,1%, manifiestan sus preocupaciones y temores. Y la Marcha de Mujeres del mes pasado en la capital fue una impresionante declaración de resistencia antiTrump.


Pero lejos de la vanguardia de la política cada vez más tribal de Estados Unidos, en Hagerstown, condado de Washington, Estado de Maryland, la forma de ver las cosas es totalmente opuesta.


Donde los críticos ven el veto migratorio de Trump como "antiamericano" y responsable del caos en los aeropuertos, los defensores del presidente interpretan que les está protegiendo. Donde los críticos ven una política de Asuntos Exteriores que estalla por el aire cuando el presidente ofende a Australia y aplica sanciones a Irán, sus defensores ven al presidente como un tío duro. Donde los críticos ven despidiendo a la fiscal general en funciones y pisoteando la Constitución, los defensores de Trump lo ven acabando con el antiguo orden de forma intrépida. Y cuando los activistas protestan, los periodistas lo fulminan y millones de personas se espantan al ver al mundo girando hacia la catástrofe, los defensores de Trump desestiman sus temores, llamándolos "llorones" y elogiando a Trump por ser supuestamente el primer político que cumple con sus promesas de campaña. No lo ven como un rinoceronte destructor sino como un hombre fuerte que dice las cosas de frente.


El plan de Trump de construir un muro en la frontera de Estados Unidos con México es un ejemplo de esta forma complementaria de ver las cosas. "Amo a los inmigrantes. Amo a los mexicanos. Pero las cosas deben hacerse bien. Hay un procedimiento", afirma Zawatski, descendiente de inmigrantes italianos. "Esta gente viene y tiene más derechos que yo, que me rompo el alma trabajando siete días a la semana. Somos un país maravilloso, pero se están aprovechando de nosotros".


"Directamente dispararía los que intentan entrar"


"Yo personalmente no gastaría dinero en un muro. Directamente les dispararía a los que intentaran entrar. Y luego ya no lo intentarían más".


A Zawatski no le caen bien los cientos de miles de personas que participaron de las Marchas de Mujeres, muchos de ellos con gorras rosas y carteles que criticaban a Trump por su alarde sobre ser capaz de "coger a las mujeres por el coño".

Este hombre no sólo no condena la misoginia de Trump sino que la aprueba: "¿Qué hombre no ha cogido a una mujer por el coño? ¿Qué hombre no ha hablado con otro sobre lo que le hizo a una mujer la noche anterior? Las mujeres también lo hacen. Somos humanos". Su esposa Jess, de 35 años, está de acuerdo. "Es una cosa de hombres. Yo sé que James habla así con sus amigos. No culpo a Trump por decir esas cosas".


Además, piensa que la Marcha de Mujeres "fue de lo más estúpido, porque algunas dicen que no tienen igualdad. Las mujeres pueden luchar por conseguir lo que quieran. Los hombres no se lo impiden".


Mientras Zawatski, con los brazos llenos de tatuajes y una camiseta que pone "con tatuajes y con empleo", hablaba con The Observer, un hombre robó una esfera decorativa (con precio de 73 euros) del escaparate exterior de la tienda. Zawatski lo vio y salió corriendo a atraparlo, obligando al hombre a dejar el objeto.


"Así está el barrio," se queja. "Hay muchas peluquerías que no son peluquerías, no sé si me entiendes". Y comparándose con Trump, agrega: "Yo le diría al jefe de policía ‘haz tu trabajo, sólo hazlo'".


Hagerstown tiene un gran problema con el narcotráfico y hay muchos bares y tiendas vacíos. Sin embargo, es un desafío explicar el triunfo de Trump en esta ciudad. No es el típico pueblo sureño republicano ni el cinturón industrial de EEUU al que Trump aludió en su discurso de investidura como "lleno de fábricas oxidadas repartidas como tumbas" cuando habló de la "carnicería estadounidense".


Por el contrario, la ciudad está en Maryland, un Estado en el que Clinton ganó con más del 60% de los votos. Es una ciudad casi bonita, con torres de iglesias y edificios históricos, con un museo de Bellas Artes en ebullición, con carriles bici y caminos de senderismo, con teatros y una oficina de turismo llena de folletos con material sobre el patrimonio de la guerra civil en la zona y los orígenes de Hagerstown a partir de inmigrantes alemanes en el siglo XVIII. Es jueves y se pueden ver a los estudiantes saliendo de una escuela de arte.


El ingreso medio anual por hogar en el condado de Washington es de 52.723 euros, sobre la media nacional pero muy por debajo de la media en el Estado de 69.245 euros. En el condado ganó Trump con el 64% de los votos, contra un 31,6% de Clinton. Es un condado rojo en un Estado azul. O, como dijo elocuentemente Al Steinbach, un agente comercial votante de Clinton de 64 años: "Para mí, Maryland es un mapa con forma de vagina: el centro azul, con los lados rojos. Bienvenidos a los Estados Divididos de América".


Miedo de los ataques contra Trump


Steinbach, que tiene "miedo literal" de lo que puede llegar a hacer Trump, lee cada día el Washington Post y escucha la Radio Pública Nacional. "Cuando pongo Fox News y veo lo que dicen del otro lado, me escandaliza lo extremistas que son".
A menudo se ha argumentado que en el pasado los medios de comunicación locales unían a las comunidades, estableciendo intereses comunes. Hoy, en la era de los medios de comunicación digitales y fragmentados, cada persona con un móvil es una isla. El jueves pasado, Anthony Kline, un obrero de 38 años, se sentó en un bar a mirar un nuevo vídeo de Facebook hecho por un hombre musculoso y con barba que dice estar en Irak.


El hombre, llamado Steven Gern, dice que preguntó a los iraquíes qué sucedería si él saliera a caminar por el pueblo, y asegura que le contestaron que lo cogerían, lo torturarían y lo decapitarían mientras lo filman en vídeo. Si esto es así, argumenta, ¿por qué hay que permitir a los iraquíes entrar a su país? Kline, cogiendo el móvil con su mano tatuada, afirma: "Esta es la realidad".


Trump dijo hace poco a la CIA que está "en guerra" con los medios de comunicación. Kline, que le da al presidente un puntuación de ocho sobre diez, señala: "Los grandes medios de comunicación son absolutamente parciales. Te dicen lo que quieren que oigas o que pienses. La mayoría de la gente no tiene educación y se cree lo que le digas".


Los defensores de Trump no sólo hacen oídos sordos al coro de indignación progresista al que se enfrenta Trump cada día, sino que lo usan para fortalecer su idea de que el presidente está atacando a la élite privilegiada y egocéntrica. Sobre la Marcha de Mujeres que se realizó el día después de la investidura de Trump, Kline opina: "Son una panda de niñatos progresistas que están acostumbrados a salirse con la suya. Son como niños caprichosos a los que nunca se les negó nada. Una vez que alguien les dice que no, no saben qué hacer".

 

Del otro lado de la ciudad, Marlon Michael, de 50 años, todavía tiene el cartel de "Hacer a Estados Unidos grande otra vez" en la puerta de su casa, un dúplex con paredes de vinilo y un mástil con la bandera estadounidense en la puerta. "El país iba de mal en peor y el resto del mundo ya no nos respetaba", indicó. "Trump prometió que las cosas volverán a ser como antes". ¿Cuál es su evaluación del presidente hasta ahora? La respuesta de Michael sería impensable en alguien de Manhattan: "Lo está haciendo estupendamente. Está haciendo todo lo que dijo que haría y a un político no se le puede pedir más que eso".


Los demócratas, los activistas y analistas periodísticos han criticado el decreto de Trump que prohíbe el ingreso al país a ciudadanos de siete países mayoritariamente musulmanes, tanto por el caos que provocó su puesta en práctica como por las siniestras ideas que lo sustentan. Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado, afirmó: "Esta noche, la Estatua de la Libertad tiene lágrimas en el rostro". Incluso muchos republicanos se han estremecido con la medida.


Un sondeo de Reuters/Ipsos concluyó que el 31% de los participantes dijo que el decreto lo hacía sentir "más seguro", mientras que el 26% se sentía "menos seguro". Otro 33% dijo que daba igual y el resto dijo que no sabía.


Sin embargo, algunos votantes de Trump como Michael, un exmarine que ahora trabaja en la construcción, lo apoyan a tope. "Esto se tendría que haber hecho hace ocho o doce años, o después del 11-S", dijo. "Durante los últimos ocho años tuvimos un presidente que se tomaba a la ligera el problema de los musulmanes. Uno cierra la puerta de su casa para que no entre cualquiera, y es lo mismo con el país. Estamos cerrando las fronteras para que no entre cualquiera a sembrar el caos".


Michael también mira Fox News. Lleva una camiseta de los Dallas Cowboys con una imagen de una mano cerrada con el dedo mayor en alto. "CNN da muchas noticias falsas sobre Trump y él lo dice". Y no le ha caído nada bien la Marcha de Mujeres. "Fue estúpido de cojones. ¿Para qué lo hicieron? ¿Quieren más privilegios? Las mujeres ya tienen derechos iguales a los hombres. Pero seguirán molestando hasta el fin de los tiempos", dice. Michael da a Trump un puntuación de nueve sobre diez. "Mi única queja es que no me gusta que esté tan pendiente de Twitter".


Las elecciones han demostrado que, a pesar de que Barack Obama haya dicho que no es así, hay estados rojos (republicanos) y estados azules (demócratas) en Estados Unidos. Pero también hay condados azules y condados rojos. Una de las grandes divisiones entre votantes fue entre quienes tienen estudios universitarios y quienes no tienen: según FiveThirtyEight, a Clinton le fue mejor que a Obama en 2012 en 48 de los 50 condados con mejor nivel educativo del país, pero le fue peor que a Obama en 47 de los 50 condados con nivel educativo más bajo, una de las claves de su derrota.


Los primeros días de Trump en la Casa Blanca han hecho poco para reducir la grieta. Cada bando analiza las medidas del presidente, sus declaraciones y sus gracias a través de un cristal opuesto. Sentada en una cafetería de Hagerstown, Christianne Smith, una estudiante afroamericana de 20 años, le da un puntuación de 2 sobre 10. "No tiene experiencia ni está apto para el puesto", asegura. "No trabaja por los intereses del pueblo estadounidense. No entiendo cómo llegó a ser presidente. Quizás es porque yo no fui a votar. Así que es culpa mía".

 

David Smith - Hagerstown, Maryland
07/02/2017 - 20:29h


Traducido por Lucía Balducci

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Lunes, 16 Enero 2017 06:44

Legados

Legados

La presidencia de Barack Obama está en sus últimas horas antes de ser sometida a la historia. Su discurso de adiós, la semana pasada, una vez más resaltó su talento retórico y la elegancia de sus mensajes –conmovió a muchos hasta las lágrimas–, pero demostró que también es útil para disfrazar ciertas realidades. Asumió crédito por todo, y responsabilidad por casi nada.

Obama no sólo marcó historia por ser el primer presidente afroestadunidense; su triunfo detonó júbilo alrededor del país y del mundo con su mensaje de "esperanza y cambio" después de la pesadilla del gobierno de George W. Bush. Vale recordar que fue tan grande el suspiro colectivo mundial, que fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz antes de cumplir un año en la Casa Blanca.

Como él mismo recordó en su discurso y en una carta al pueblo, sus logros incluyen rescatar la economía del abismo de una gran depresión y generar empleo, otorgar seguro de salud a decenas de millones que no contaban con esa protección básica, reducir la presencia militar (y anunciar, aunque engañosamente) que las guerras en Irak y Afganistán habían concluido, eliminar a Osama Bin Laden, obtener un acuerdo nuclear con Irán "sin un solo disparo", restablecer la relación diplomática con Cuba después de medio siglo, otorgar protección contra la deportación a más de 700 mil jóvenes indocumentados e impulsar (junto con China, pero eso no lo dijo) el "acuerdo de París" sobre el cambio climático, entre muchas otras cosas.

El cambio cultural fue notable también. Vale recordar algunas de las voces y artistas que participaron y festejaron su llegada a la Casa Blanca o que participaron en foros oficiales y conciertos en la residencia oficial (Aretha Franklin, Bruce Springsteen, Pete Seeger, Beyonce, entre otros). No cabe duda de que esta Casa Blanca tuvo la mejor música de tiempos recientes.

Aunque en su adiós al pueblo estadunidense –ante unos 20 mil simpatizantes en Chicago y millones por televisión en vivo– afirmó que "lo mejor aún está por venir" y concluyó triunfante con su lema inicial de "sí se puede" (tomado prestado de César Chávez), al cual le agregó: "sí pudimos", todos estos logros ahora están amenazados y muchos serán anulados.

Mientras el legado de Obama ahora estará a juicio de los historiadores, algunas cosas se quedaron fuera de su gran discurso de despedida y de los mensaje oficiales al concluir sus dos mandatos. Si bien enfatizó los desafíos de esta democracia (desigualdad económica, racismo, participación cívica, entre otros), decidió no asumir responsabilidad personal por la persistencia –y hasta el empeoramiento– de ellos. Menos aceptó que sus políticas de alguna manera contribuyeron a que triunfara el bufón neofascista con la promesa de anular o revertir el legado de Obama.

Una lista parcial de las cosas que Obama prefirió no mencionar en su adiós, y que pueden en parte ofrecer algunas explicaciones de lo que está sucediendo en este país casi post Obama, tendría que incluir:

Obama presidió sobre un periodo con una concentración de la riqueza sin precedente en décadas, que llegó a un nivel de desigualdad económica no vista desde 1928. Millones de los que perdieron el empleo, ahorros y sus viviendas en la gran recesión jamás han recuperado su nivel de vida y buena parte se sintió abandonada por el gobierno, mientras los responsables de su desastre en Wall Street –y el fraude financiero más grande de la historia– gozaron de absoluta impunidad y hoy día están mejor que nunca. Obama no encarceló a un solo alto ejecutivo financiero. El 1 por ciento más rico nunca ha estado mejor.

Es un presidente que estuvo en guerra durante sus ocho años. De hecho, logró establecer el récord de prolongar las guerras que prometió acabar, y ahora son las más largas en la historia del país. Sólo en 2016, bajo las órdenes del comandante en jefe, Estados Unidos ha arrojado 26 mil bombas (equivalentes a casi tres bombas cada hora), y sus fuerzas de operaciones especiales han sido desplegadas a unas 138 naciones. Nadie ha desplegado tantos ataques con dron, y nunca se había bombardeo a tantos países. Y también en su gobierno Estados Unidos marco récord en venta de armas a otros países.

Obama se ganó el titulo de "deportador en jefe" al convertirse en el presidente que más inmigrantes ha expulsado de este país en la historia: de 2 y medio a 3 millones, más que el total de todos los presidentes en el siglo XX.

Destruyendo ilusiones románticas de un país post-racial, estalló un nuevo movimiento de derechos civiles que nació de la furia contra el abuso de poder y la violencia letal policiaca, y su impunidad, contra afroestadunidenses. Después de ocho años de esta presidencia, el sistema de justicia, desde la policía en las calles hasta los tribunales y las prisiones, están repletos de pruebas de un profundo y escalofriante racismo institucional. Hoy día hay más hombres afroestadunidenses en la cárcel que esclavos antes de la Guerra Civil.

En relación con la transparencia y el respeto a la libertad de expresión, este gobierno ha perseguido penalmente, según la antigua Ley de Espionaje, a dos veces más personas –sobre todo las que se atrevieron a filtrar y revelar al público abusos y violaciones de las autoridades, como Snowden– en los últimos ocho años que el total de todos los gobiernos anteriores desde 1917, año en que se promulgó esa ley. Más aún, el Comité de Protección de Periodistas concluyó hace un par de años que las medidas de control de información por este gobierno son las más agresivas desde los tiempos de Nixon.

La lista es mucho más larga y compleja, pero, coinciden diversos críticos de la talla de Noam Chomsky y Cornel West, una de las razones claves del giro político en Estados Unidos fue en parte el desencanto y la desilusión con Obama, por "la desaparición de la esperanza y la falta de cambio". O sea, lo que prefirió no decir en su adiós.

La pregunta urgente no es cuál será el legado de Obama después de su adiós, sino cómo rescatar la esperanza en este país hoy mismo. ¿Cual será el legado de este pueblo?

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Lunes, 24 Octubre 2016 06:49

Crecimiento atorado

Crecimiento atorado

"Prometer no empobrece". En tiempos de elecciones las promesas abundan. Una de ellas es repetitiva y se refiere a conseguir que crezca la economía, que se produzca más y, mejor aún, que el ingreso generado le llegue a más personas.

Las promesas se sustentan en las acciones del gobierno: cómo conseguir más ingresos, usualmente elevando los impuestos y, luego, cómo usarlos para que haya más riqueza. A estas alturas del sexenio en México, la economía debería estar creciendo casi al 5 por ciento anual, según se planteó en el programa de gobierno. Este año y el próximo ya nos conformamos con el 2.2 por ciento, el nivel promedio de casi tres décadas. A veces es gobernar lo que empobrece, no a todos, por supuesto.

En Estados Unidos no ha faltado en la campaña electoral que está en curso, la oferta de hacer crecer el producto por encima de una tasa también apenas de 2 por ciento. Tanto Trump como Clinton dicen lo mismo; el primero bajando de modo generalizado los impuestos, la segunda subiéndolos para los más ricos y financiar así los programas de gobierno en favor de la clase media. Trump se atreve a ofrecer un crecimiento hasta de 5 por ciento anual, aunque no dice cuándo, todo cabe en el lema de Make America great again.

En Europa ni prometen siquiera, están metidos de lleno en una situación recesiva donde la política fiscal y monetaria no alientan el gasto en inversión y consumo. Las tasas de interés son negativas y ni así sube el gasto agregado. Japón está en una situación similar desde ya muchos años, antes incluso de la crisis de 2008. Y China ha frenado ya su fuerte expansión de la actividad económica. En América Latina el reciente ciclo expansivo se acabó con una historia que se repite, siempre con sus particularidades.

En México se ha discutido por muchos años ya la misma cuestión, a saber: ¿por qué no crece la economía? Ahora esta misma pregunta se hacen en los países más ricos.

Las teorías y los debates políticos aportan argumentos para un discusión siempre con limitaciones del fenómeno del crecimiento económico. Estos no pueden reducirse a planteamientos técnicos que usualmente se distancian de las condiciones sociales y políticas en que se enmarcan.

Uno de los postulados clásicos de este tema se basa en el crecimiento de la productividad como base de la expansión del producto (la fábrica de alfileres de Adam Smith) y se amplía con las pautas de la distribución del ingreso (la disputa entre las ganancias y los salarios reales de David Ricardo).

La etapa de crisis recurrentes y de caída de la tasa promedio de crecimiento del PIB que se registra desde la década de 1980, tiene como telón de fondo la fuerte expansión registrada luego de la Segunda Guerra Mundial. Esta se extendió entre 1948 y 1973 y suele considerarse como el periodo más sobresaliente de expansión económica en la historia. Es a lo que se llama la Era dorada, los Treinta años gloriosos y el Milagro económico.

Esto parece haber sido un interludio y se sugiere que el proceso de crecimiento ha vuelto a su estado normal. Insisto en que todo no puede discutirse sin las particularidades de la historia económica (como la crisis petrolera de 1973 y sus secuelas).

El caso es que se observa una caída de la tasa general de crecimiento económico de 4.9 por ciento entre 1951 y 1973 a una de 3.1 desde entonces y hasta finales del siglo pasado, con un impacto mayor en las economías más ricas.

El aumento de la productividad es un proceso discontinuo. Depende de muchos factores. Responde a la innovación, pero es una tarea compleja y su expresión en el crecimiento productivo es problemática (como fue la pugna entre Edison y Tesla, cercada por los intereses financieros del banquero J. P. Morgan). Todo esto es una referencia para la definición de las políticas públicas y la intervención del Estado, y no tiene tampoco conclusiones definitivas.

En paralelo con el análisis entre el comportamiento de la productividad y su relación con el crecimiento económico, existe ahora el replanteamiento de la idea de un estancamiento secular. Esta noción fue propuesta por Alvin Hansen en 1930 en la etapa de la Gran Crisis. Se basaba en que una menor tasa de aumento de la población y del progreso técnico reduciría las oportunidades de inversión. El menor gasto significaría un aumento de la tasas de ahorro que frena y contrae la expansión.

Esta idea se arrinconó con la expansión de la segunda posguerra, pero se ha reintroducido con los efectos adversos de la crisis de 2008. Algunos indicadores soportan el argumento en el caso de los países más desarrollados, como son: la tendencia a la reducción de la población en edad de trabajar (15-64 años); los niveles más altos de la desigualdad en términos de ingresos y riqueza, la caída en la tasa de crecimiento de los salarios reales.

El argumento de la normalidad del lento crecimiento, junto con las condiciones actuales que apuntan al estancamiento crónico, deben enriquecerse con los fenómenos que describen necesariamente a la economía como un proceso político y con contradicciones específicas y cambiantes. Ni la técnica, ni la política o la ideología practicadas de manera tosca contribuyen a pensar los fenómenos sociales de la envergadura de la falta de crecimiento y sus consecuencias.

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Intenta Obama cerrar su mandato a tambor batiente

El presidente Barack Obama se vistió de populista al presentar su informe anual ante la nación, en el cual destacó su enfoque sobre la desigualdad económica y más asistencia en ingreso, educación y salud para la clase media.


Presentando el informe, conocido como el estado de la Unión, ante un Congreso que por primera vez en sus seis años en la Casa Blanca está bajo dominio total de su oposición republicana, Obama proclamó que después de 15 años de guerra y una recesión, la sombra de la crisis ha pasado y es hora de voltear la página.


Se autoelogió por lograr el crecimiento económico y generación de empleo más rápido desde 1999 y proclamó: hemos salido de la recesión más libres para escribir nuestro propio futuro, más que cualquier otra nación en la Tierra.


Adelantó que en el presupuesto federal que presentará ante el Congreso, una propuesta central será cargar más impuestos a los ricos y las instituciones financieras para, a la vez, reducir los impuestos y ofrecer mayores apoyos a la clase media; algo que tanto el mandatario como los legisladores saben que tiene casi nulas posibilidades de prosperar.


De hecho, esta propuesta, y otras para apoyar a las familias trabajadoras (no se sabe si con eso se implica que las familias ricas no trabajan) que mencionó –ofrecer subsidios para cierto tipo de educación superior, más vacaciones y días económicos pagados e incrementar el salario mínimo– se formularon más bien para intentar establecer el marco del debate político de sus últimos dos años en la Casa Blanca y definir la contienda presidencial de 2016.


¿Aceptaremos una economía en la que sólo a unos cuantos nos va espectacularmente bien, o nos comprometeremos a una economía que genera ingresos y oportunidades crecientes para todos los que hacen el esfuerzo?, declaró, regresando al mantra oficial tradicional del sueño americano. Afirmó que la economía de clase media se fundamenta en la idea de que el país está mejor cuando todos tienen una oportunidad justa, todos hacen su parte y todos juegan con las mismas reglas.


No aludió al hecho de que la desigualdad económica se ha agudizado durante los primeros seis años de esta presidencia, beneficiando sobre todo al uno por ciento más rico, mientras persiste el estancamiento de los ingresos de la clase media y el incremento la pobreza, sobre todo entre afroestadunidenses y latinos.


Aunque en el ámbito exterior abordó los conflictos en Medio Oriente, la negociación con Irán, el combate a extremistas en varios países, la disputa con Moscú y la lucha contra el ébola, América Latina, incluido México, estuvo ausente del informe con la gran excepción de Cuba.


Afirmó que con la isla se dio fin a una política que ya había pasado por mucho su fecha de caducidad, y afirmó que ese giro tiene el potencial para poner fin a la desconfianza en nuestro hemisferio; además, solicitó al Congreso trabajar para acabar con el embargo.


Obama también presentó iniciativas donde la Casa Blanca y el liderazgo republicano sí comparten intereses, sobre todo en asuntos prioritarios para la cúpula económica y en el rubro de seguridad nacional.


Invitó al Congreso a aprobar nuevos acuerdos de libre comercio entre los países de la cuenca del Pacífico como con Europa. Solicitó que ambos partidos le otorguen la autoridad para proteger a trabajadores estadunidenses con fuertes nuevos acuerdos comerciales de Asia a Europa que no sólo son libres, sino justos. Vale destacar que la mayor oposición a estos nuevos tratados comerciales proviene principalmente de las filas del partido del presidente, igual que hace más de 20 años con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.


A la vez, llamó a un mayor esfuerzo y apoyo del Congreso para combatir las ciberamenazas a escala mundial. "Ninguna nación extranjera, ningún hacker, debería poder apagar nuestras redes, robar nuestros secretos comerciales, o invadir la privacidad de familias estadunidenses, especialmente la de nuestros hijos. Estamos asegurando que nuestro gobierno integre inteligencia para combatir las ciberamenazas, igual como lo que hemos hecho contra el terrorismo".


Proclamó terminada la guerra en Afganistán, pero alertó que las amenazas continúan, y abordó las operaciones militares que, aseguró, están frenando a ISIL (conocido como Estado Islámico) en Irak y Siria. Solicitó que el Congreso apruebe una autorización para el uso de fuerza, entre otras medidas antiterroristas después de los hechos en París. Subrayó que somos un mejor líder cuando combinamos poder militar con diplomacia fuerte y trabajar conjuntamente en coaliciones internacionales; enfatizó que en lugar de enviar tropas en cantidad masiva, se trabaja en coalición para enfrentar el terrorismo en varios puntos del planeta.


También subrayó la urgencia de abordar el cambio climático; destacó los esfuerzos por promover fuentes de energía renovable y negociaciones internacionales para limitar emisiones, y atacó a los que niegan el fenómeno (muchos republicanos).


Al mismo tiempo, insistió en que se trabaja en favor de la dignidad humana en el mundo; recordó que prohibió la tortura, y reprobó tanto el antisemitismo como los estereotipos del mundo musulmán; y reiteró su apoyo a los derechos de minorías, incluyendo los gays.


A la vez, argumentó que se protegen las libertades civiles, en alusión al debate sobre el espionaje masivo. También reiteró su compromiso de clausurar la prisión de Guantánamo.


También tocó, brevemente, el debate sobre inmigración, y llamó a que se trabaje conjuntamente para mantener nuestra tradición como una nación de leyes y de inmigrantes.


Aludió al otro gran debate que ha sacudido en este país en torno a los incidentes de brutalidad policiaca en Ferguson y Nueva York, y pidió que se trabaje conjuntamente para reformar el sistema de justicia criminal para que proteja y sirva a todos.


Gozando de una mejoría en su índice de aprobación, que ha subido entre seis y 10 puntos en las encuestas más recientes, en gran medida resultado de la percepción sobre condiciones económicas, Obama dejó en claro que buscará tomar la ofensiva en la recta final de su presidencia. Por ello, enfatizó su uso de autoridad ejecutiva para promover cambios significativos en meses recientes, como el giro histórico en la relación con Cuba, y modificaciones en la aplicación de la política migratoria, entre otras. Y en varios momentos advirtió que usaría su poder de veto para frenar intentos legislativos para revertir iniciativas que considera vitales.


Concluyó con un llamado a elevar el debate político y reflejar las esperanzas de los estadunidenses.


Ahora, como expresaron varios observadores, falta ver si la página se ha volteado en Washington.

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Martes, 16 Abril 2013 06:17

Vientos del cambio

Vientos del cambio

Hay un giro en la cultura política estadunidense, impulsado por las nuevas generaciones, que podría prometer un cambio progresista en Estados Unidos y con ello una reacción conservadora casi histérica que parece comprobar esa transformación.

 

El indicador más reciente es una encuesta nacional del prestigioso Centro de Investigación Pew, de este mes que por primera vez registra que la mayoría –52 por ciento– de estadunidenses está en favor de la legalización de la mariguana, tal vez el golpe más feroz contra la fracasada “guerra antidrogas” impulsada durante más de 40 años. Esto representa un incremento de 11 por ciento a favor de la legalización desde 2010 (en 1969, según Gallup, sólo 12 por ciento la apoyaba). Entre jóvenes (nacidos a partir de 1980) el apoyo llega a 65 por ciento.

 

Asimismo, las últimas encuestas indican que el apoyo al matrimonio gay va en aumento. Para Pew, este incremento de la última década está “entre los cambios de opinión más grandes sobre cualquier asunto de política en este lapso”. En 2003 58 por ciento se oponía a la unión de parejas del mismo sexo, por 33 por ciento que lo apoyaba; hoy se revierte la tendencia, con 49 por ciento a favor y 44 por ciento en contra. De la generación joven (nacidos a partir de 1980) 70 por ciento apoya el matrimonio gay. Una encuesta de ABC News/Washington Post encontró que 58 por ciento está a favor de la igualdad del matrimonio (o sea, que los gays tengan los mismos privilegios que un matrimonio heterosexual).

 

Los derechos de las mujeres siguen progresando, aunque la batalla más feroz aún se libra en cuanto al derecho de la mujer a decidir, o sea, el aborto. Este año se cumplió el 40 aniversario del fallo histórico de la Suprema Corte que lo legalizó. Según Pew, en un sondeo en enero, mientras 25 por ciento opina que el aborto es moralmente inaceptable y debería ser ilegal, 42 por ciento opina lo contrario, y 18 por ciento está en contra, pero considera que eso no implica que debería prohibirse.

 

Además, encuestas recientes registran que mayorías favorecen una reforma migratoria integral con algúna vía hacia la legalización de los inmigrantes indocumentados. Gallup y Pew, entre otras, encontraron que más de 7 de cada 10 estadunidenses dicen que debería existir una vía para que los indocumentados puedan permanecer en Estados Unidos si cumplen ciertas condiciones.

 

La opinión pública favorece por amplia mayoría un incremento significativo en los impuestos para los ricos y las grandes empresas y está en contra de recortes a los programas sociales.

 

También vale recordar que, a lo largo de los últimos años, mayorías cada vez más amplias han reprobado las guerras en Irak y Afganistán.

 

Y esta semana una vez más se comprobó que la política hacia Cuba tampoco goza de apoyo popular. Un rap de Jay-Z afirma: “estoy en Cuba, amo a los cubanos” y acusa de hipócritas a los políticos que se atrevieron a criticar el viaje que hizo a la isla con su esposa Beyonce la semana pasada. La canción inundó la radio y el ciberespacio y ahogó los gritos de legisladores cubanoestadunidenses que lo acusaron de violar el embargo. Desde hace mucho tiempo las encuestas registran que la mayoría reprueba la política de bloqueo que ha imperado durante más de medio siglo, pero ahora incluso entre la comunidad cubanoestadunidense estas políticas carecen de apoyo. En las más recientes encuestas de la Universidad Florida International, la mayoría de cubanoestadunidenses considera que las políticas del bloqueo son un fracaso y que hay que promover una nueva política diplomática.


Gran parte de estos cambios en la cultura política, como siempre, son impulsados por los jóvenes, lo que aquí se define como la generación “milenaria”, o sea, los nacidos a partir de 1980. “La generación milenaria es la generación del cambio… sus perspectivas sobre una amplia gama de temas políticos son tan diferentes a las de los estadunidenses mayores, que es probable que transformen el diálogo político más rápidamente de que la clase política los pueda alcanzar”, comentó el columnista Charles Blow, del New York Times. Pero también se atribuye a los inmigrantes, que van transformando a la superpotencia desde todos los rincones de este país, y al cambio demográfico, que está cambiando, literalmente, el color del paisaje nacional.

 

Por supuesto, en esta democracia, la opinión de la mayoría pocas veces es reflejada por los representantes políticos de ambos partidos, y no es sorprendente que exista un férreo contrataque conservador a todo esto.

 

Vale recordar que la “guerra contra las drogas” continuada por este gobierno mantiene más de 500 mil presos por delitos no violentos relacionados con las drogas, y que unos 750 mil son arrestados anualmente sólo asusntos de mariguana.

 

Por otra parte, republicanos ultraconservadores han logrado imponer restricciones al matrimonio gay en varios estados, y los 168 integrantes del comité nacional adoptaron una resolución este mes que reafirma su oposición al matrimonio gay.

 

Conservadores también han logrado impulsar casi 700 proyectos de ley estatales en los primeros tres meses de este año con el propósito de limitar severamente el acceso al aborto, la educación sexual y las medicinas relacionadas con el control del cuerpo de las mujeres, según un informe del Instituto Guttmacher, reporta Alternet.org como prueba de la continuación de lo que llama la “guerra contra las mujeres”.

 

Y el gobierno de Barack Obama logró el año pasado deportar más inmigrantes que cualquiera de sus antecesores; en total deportó millón y medio en su primer periodo. Por otro lado, no hay indicaciones de que exista voluntad de cambiar la política hacia Cuba.

 

Pero a pesar de todos los esfuerzos por detener todo esto, no se puede ocultar el surgimiento de nuevas generaciones que ya están cambiando al país, prometiendo un futuro diferente desde este presente tan gris.

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Las vergonzosas cifras de la reconstrucción

Tres años después del terremoto que causó la muerte de cerca de 217 mil personas debido a que vivían en casas precarias, y dejó sin techo a 1 millón y medio de personas, también pobres, las cifras revelan que una vez más la comunidad internacional le ha jugado sucio a Haití.

 

Una evaluación realizada por el Center for Economic and Policy Research (CEPR) señala que “La inversión en construcción de viviendas ha sido pésima, la población enfrenta una crisis de alimentos, y lo peor es que los que supuestamente están en Haití para ayudar –las tropas de las Naciones Unidas- causaron la epidemia de cólera que ha matado a cerca de 8 mil personas”.

 

¿Rendición de cuentas?

 

La comunidad internacional dice haber aportado la mitad de los USD13,34 mil millones acordados para la reconstrucción de Haití. Las siguientes cifras publicadas por el CEPR evidencian la necesidad de que la comunidad internacional y sus representantes en Haití actúen con transparencia y hagan una honesta rendición de cuentas del uso de los fondos que han sido desembolsados ​​hasta ahora.

 

La cantidad aportada por los donantes bilaterales y multilaterales entre 2010 y 2012: $6,43 mil millones. Cantidad recibida por el gobierno de Haití en calidad de apoyo al presupuesto nacional en el periodo 2010-2012:$302,69 millones. Cantidad de fondos recogidos por la Cruz Roja Americana para ayudar a Haití: $486 millones.

 

La cantidad recibida por el gobierno de Haití en calidad de apoyo al presupuesto nacional en 2009, el año anterior al terremoto: $93,60 millones. Cantidad recibida por el gobierno de Haití en calidad de apoyo al presupuesto nacional en 2011, el año siguiente al terremoto: $67,93 millones.

 

Fallaron en lo más obvio

 

El CEPR indica que sólo se han construido 6.000 casas. Cerca de 360 mil personas continúan viviendo en tiendas de campaña, en campos que desbordan de violencia contra las mujeres. Hoy, 100.178 casas deben ser demolidas y 146.004 casas deben ser reparadas para que se ajusten a las normas de seguridad. Se estima que 1 millón de personas vive en estas casas.

 

Ello se debe a que los profesionales extranjeros de las Naciones Unidas y otros organismos multilaterales que dirigen la “reconstrucción del país”, sólo han asignado una pequeña cantidad de los fondos recibidos -215 millones de dólares- para atender la necesidad más obvia y urgente: garantizar a las familias haitianas una vivienda segura y permanente.

 

Hay datos paradójicos, como que en este periodo el Gobierno de Estados Unidos ha gastado entre 85 y 100 millones de dólares en la construcción de casi un centenar de viviendas para el personal de su embajada.

 

La vergüenza

 

El CEPR señala que "el cólera es el aspecto más vergonzoso de la respuesta internacional a la emergencia humanitaria en Haití", y agrega: "mucho antes del terremoto, existía la necesidad de dotar al país de agua potable y mejorar el saneamiento. Los Estados Unidos bloquearon los préstamos dirigidos a solucionar estos problemas con el fin de contribuir a socavar y finalmente derrocar el gobierno (de Jean Bertrand Aristide), que fue elegido democráticamente. Finalmente, los soldados que la ONU envió después de que el gobierno fue derrocado terminaron provocando un brote de cólera que se propagó rápidamente debido a la falta de agua potable y saneamiento adecuado. Sin embargo, la ONU sigue negándose a asumir la responsabilidad". Más de 25.000 personas han firmado una petición dirigida a la ONU para que asuma su responsabilidad en la epidemia de cólera en Haití. En este link se puede apoyar la petición dirigida a la ONU.

 

Las cifras: Número de personas muertas por la epidemia de cólera causada por las tropas de las Naciones Unidas desde el 19 de octubre de 2010: 7,912, según el Ministerio de la Salud de Haití. Debido al subregistro, la cantidad real de casos es sin duda más elevada.

 

Número de casos de cólera en el mundo entre 2010 y 2011: 906.632. Número total de casos de cólera en Haití entre 2010 et 2012: 635.980 , según el Ministerio de la Salud de Haití. Debido al subregistro, la cantidad real de casos es sin duda más elevada.

 

Número de días transcurridos desde el comienzo de la epidemia de cólera sin que la ONU haya presentado excusas y haya actuado para atender la emergencia e indemnizar a las víctimas.: 813

 

Porcentaje de la población haitiana sin agua potable: 42%. Financiamiento requerido para ejecutar el plan para eliminar el cólera: USD 2,2 mil millones de dólares. Porcentaje de esos $2.2 mil millones que l’ONU se comprometió a aportar: 1%. Porcentaje de esos USD 2.2 mil millones que la ONU ha gastado en las tropas de la MINUSTAH desde el terremoto: 87%

 

Greed is Good o la angurria de las empresas

 

La crisis humanitaria de Haití ha sido un buen negocio para las empresas extranjeras. Como se sabe, los “buenos negocios humanitarios” tienen efectos fatales para las víctimas del desastre. Diversas fuentes han denunciado que la política de “ayuda alimentaria al pueblo haitiano” impulsada por el gobierno de los Estados Unidos, en realidad se enfoca en incrementar los beneficios de las empresas agroindustriales, con lo cual ha contribuido enormemente a empeorar la inseguridad alimentaria del país. El CEPR estima que en el 2012 “2,1 millones de personas viven en inseguridad alimentaria severa en Haití, frente a 800.000 que estaban en esta situación en el 2011”.

 

Las cifras de CEPR, calculadas a partir de datos proporcionados por el Federal Procurement Data System, identifican quiénes se han beneficiado en mayor medida en esta crisis humanitaria. Los contratos adjudicados a la USAID después del terremoto ascienden a USD 485,5 millones de dólares. El porcentaje de contratos adjudicados a compañías haitianas es de 1.2%. El porcentaje de contratos adjudicados a compañías situadas en el área de Washington DC es de 67.6%.

 

Una última cifra sobre las empresas que ayudan a “construir un nuevo Haití”: Número de fábricas de ropa de vestir para la exportación, establecidas en Haití que no respeta las leyes sobre el salario mínimo: 21 de 22. Número de estas fábricas que no se benefician de las tarifas preferenciales del gobierno de los Estados Unidos debido a que violan los derechos de los trabajadores: 0.

 

Fuente de las cifras: http://www.cepr.net/index.php/other-languages/french-op-eds/haiti-en-chiffres-trois-ans-plus-tard

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Alarma en el equipo de Obama tras ser declarado “perdedor”
Nueva York, 4 de octubre. Cuando faltan sólo unos 32 días antes de las elecciones presidenciales, el consenso entre medios, comentaristas y encuestas instantáneas es que el presidente Barack Obama “perdió” el primer debate contra el republicano Mitt Romney, lo cual alarmó a algunos en la campaña demócrata y generó preocupación de que podría revertir tendencias favorables al presidente en algunos de los estados claves en disputa en esta elección.


Más que nada, generó consternación entre observadores y sobre todo demócratas. Andrew Sullivan, reconocido comentarista y simpatizante del jefe de la Casa Blanca, consideró que “esto fue una calamidad” para Obama, a quien acusó de ser “aburrido, abstracto y menos humano que Romney”. Los promotores de Romney festejaron lo que consideraron una actuación “dominante” y “efectiva” del republicano. Otros observadores no partidistas comentaron que el resultado de la actuación inferior de un presidente reconocido por su arte retórico es que de nuevo esta pugna es competitiva, después de semanas en que parecía que la campaña de Romney estaba al borde de la derrota.


Aspirantes recalibran sus mensajes


De hecho, esta mañana ambos candidatos recalibraron de inmediato sus estrategias. Obama realizó dos actos en Colorado y Wisconsin con un discurso que no empleó en el debate del miércoles: acusó a Romney de cambiar sus posiciones a cada rato por conveniencia política, engañar sobre su postura y, por lo tanto, ser un candidato inconfiable. “Me encontré con este tipo muy entusiasta que decía ser Mitt Romney. Pero no podía ser él, porque el real ha estado dando vueltas por el país durante el último año prometiendo 5 billones en recortes de impuestos que favorecen a los ricos. El tipo en el escenario anoche dijo que no sabía nada de eso”, declaró Obama en un mitin esta mañana en Denver.


David Axelrod, estratega de Obama, indicó a los medios que las declaraciones de Romney en el debate fueron deshonestas. “Podría ganar un Óscar por su actuación de anoche, pero no va ha ganar la presidencia”, afirmó.


Por su lado, los estrategas de Romney explotaron el nuevo capital político generado por la proclamación de su triunfo en el primer debate, y reiteraron el mensaje de que el camino de Obama para el país es el equivocado, y que el rumbo marcado por el presidente sólo continuará “enterrando” a la clase media. Su equipo consideró “intentos de control de daños” las nuevas acusaciones provenientes de la campaña de Obama.


Para algunos, la pobre actuación de Obama podría haber deshecho la labor hasta ahora exitosa de los estrategas demócratas para pintar a Romney como un financiero rico con poco sentido de los problemas de los ciudadanos comunes. Pero también les preocupa que Obama, al ser demasiado “pasivo” y no emplear algunos de los argumentos de ataque hasta ahora efectivos contra su retador, cedió demasiado en el debate y con ello posiblemente ha revitalizado la campaña de Romney.
Justo llegando al punto de poder sugerir que la relección de Obama era “inevitable” por abrir márgenes de ventaja en algunos de los estados que determinarán el resultado nacional de la elección, algunos críticos señalaron hoy que tal vez la mayor consecuencia del debate para la campaña demócrata es que los republicanos de pronto están a la ofensiva cuando falta poco más de un mes para la elección.


Quizás el mayor misterio comentado hoy es por qué Obama decidió no emplear las líneas de ataque diseñadas por su propia campaña que muestran a Romney como un rico con poco interés en las condiciones de las mayorías, y por su larga historia de adoptar diferentes posiciones, incluso algunas contradictorias, sobre toda una gama de temas por conveniencia electoral, algo que usaron muy efectivamente sus propios contrincantes para la nominación de su partido durante los últimos meses.


Por el voto de indecisos


Sin embargo, vale recordar que ambos candidatos ahora están enfocados en obtener el voto de un segmento muy reducido del electorado aún indeciso que se encuentra en unos ocho a 11 estados considerados en juego que determinarán el resultado de la elección presidencial.


Por el momento, las noticias no son buenas para Obama entre este sector clave después de su actuación en el debate. Según una encuesta instantánea –realizada inmediatamente después del debate– de CBS News entre votantes aún no comprometidos con uno de los candidatos, Romney fue proclamado triunfador del debate por un margen de 2 a 1 (46 por ciento dijo que ganó el republicano, 22 por ciento el presidente y 32 por ciento consideró que fue un empate). Más aún, 56 por ciento dijo tener una percepción más positiva de Romney después del debate. De los encuestados indecisos, 23 por ciento se inclinaba hacia Obama y 22 por ciento a Romney, con 50 por ciento sin preferencia antes del debate. Valer recordar que justo antes del debate, el presidente era favorecido por casi 3 a 1 para salir “ganador”.


Pero aún no hay evidencia de que este debate cambiará la dinámica de esta elección, ni tampoco de que el electorado esté de acuerdo con los pronunciamientos de los “expertos” y la clase comentarista profesional (hay varios ejemplos anteriores donde no compartieron la percepción de los autodeclarados sabios).


Además, mientras los expertos elogian o reprueban la actuación de cada uno de los candidatos, el torrente de estadísticas y detalles ofrecidos en el debate por ambos no ofrecieron una “visión” clara de ninguno para el futuro inmediato. De hecho, uno no puede más que sospechar que tal vez los medios y los comentaristas son los que necesitan convertir todo esto en algo excitante y controvertido para encubrir lo que hasta ahora es una de las pugnas electorales menos interesantes en tiempos recientes.


Faltan dos debates entre estos dos candidatos antes de las elecciones del 6 de noviembre.

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Empezó un nuevo gobierno: agosto 7 de 2010-agosto 7 de 2014. Cuatro o tal vez más años de aplicación de unas políticas que, con respecto a quien las encabeza, deben ser de continuidad en lo económico y lo social, aunque con virajes en otros aspectos de la vida nacional, de secuencia con la administración de los ocho años que llegó a su fin. Esta es la idea primera y elemental que puede asaltar a cualquier ciudadano de a pie.

No es de otro modo cuando se escucha que a la cabeza del gobierno nacional se encuentra el apellido Santos, apellido como el de Juan Manuel, quien durante los últimos años, en relación con la administración del Estado, fue Designado Presidencial en 1993 y ocupó distintos ministerios: Comercio Exterior durante el gobierno de César Gaviria, Hacienda y Crédito Público en el cuatrienio de Andrés Pastrana, y Defensa con el de Álvaro Uribe.

Es decir, un sujeto y actor de la aplicación y el desarrollo del neoliberalismo en Colombia. Por tanto, del desmantelamiento del escaso Estado de Bienestar y de industria nacional existente entre nosotros, pero, además, de la puesta en marcha y la aceleración de un modelo de defensa que compromete la soberanía y riega de sangre a la Nación; que dejó una estela de dolor en centenares de familias. Entonces, ¿por qué creer que ahora hará las cosas de manera distinta y con sujeción a la Constitución y las normas universales del Derecho Internacional Humanitario? Un interrogante y una duda aún mayores al detallar su equipo de gobierno.

Un gabinete repleto de agentes neoliberales: Juan Carlos Echeverry, otrora jefe de Planeación durante el gobierno de Andrés Pastrana, ahora es el Ministro de Hacienda; Mauricio Santamaría, destacado vocero de Fedesarrollo, encabeza en Protección Social; Planeación Nacional es dirigida por Hernando José Gómez, jefe de negociadores del TLC con Estados Unidos; Ministerio de Agricultura para Juan Camilo Restrepo, recordado por haber suscrito el primer acuerdo con el FMI, y con ello la pérdida de importantes conquistas para los trabajadores; Ministra de Educación María Fernanda Campo Saavedra, hasta días atrás presidenta de la más importante entidad privada de Bogotá, su Cámara de Comercio. Esto, sin relacionar a más personajes e historias en deuda con el pueblo.

Si por años la cabeza del gobierno ha defendido el neoliberalismo en todos sus matices, y quienes actúan como sus agentes principales también obran igual, ¿por qué ahora todo será distinto? Pregunta insoslayable cuando, a la hora de la posesión, el nuevo inquilino de la Casa de Nariño arengó con un mar de promesas. De no ser por sus antecedentes, hubiéramos dicho que Colombia entró en una nueva era, de revolución. No es para menos.

En contrario de la dinámica de dos siglos de vida republicana, en la cual la riqueza ha sido para unos pocos (cada vez menos) y la tierra expropiada a sus verdaderos dueños (y continúa siéndolo), el trabajo no es derecho sino privilegio, los derechos son mercancía y no fundamento de la vida cotidiana, la violencia es política de Estado para servir a unos pocos y oprimir a muchos, las multinacionales cuentan con todas las leyes para acaparar más tierra y pagar menos salarios, con menos estabilidad laboral; de pronto, sin sonrojarse, el nuevo Presidente rompió esa realidad en el discurso. Reconoció los problemas evidentes, los que cada día polarizan más al país: desempleo, desigualdad, exclusión, privilegios, politiquería, corrupción, etcétera.

Unos minutos antes de leer su discurso, el nuevo presidente del Congreso retomó un dato de las Naciones Unidas para reforzar una posterior afirmación de Santos: “De los 15 países más desiguales del mundo, 10 son latinoamericanos. Y entre esos 10 Colombia ocupa el octavo lugar. Apenas superada por Bolivia y Haití. El 49 por ciento de nuestros compatriotas es pobre y el 17 por ciento está en niveles de indigencia”.

Pese a tan escandaloso diagnóstico, el nuevo Ejecutivo no ahorró palabras para prometer y prometer, y cacarear sin tomar en cuenta que, con liberales y conservadores en el Gobierno y el poder, como recordó Álvaro Salom Becerra, “al pueblo nunca le toca”. De acuerdo con sus propósitos, con él nada será igual.

Siempre es bueno recordar que en 1990 un antecesor suyo nos aseguró que llegábamos al futuro y, sin embago, tras 20 años estamos peor.

“El Tiempo” de leche y miel

Las promesas del sobrino-nieto de Eduardo Santos, siempre aliados los dos al poder y sus mieles –Gaitán enfrentó y acusó al “eje López-Santos” por dividir al partido liberal y causar su derrota electoral en 1946, una traición que cambió el rumbo de Colombia–, no son equiparables a las hechas por ninguno otro. Veamos:

Prometió, como parte integral de su gobierno, asumir la tierra, el agua, la naturaleza y el buen gobierno, redistribuyendo la riqueza para que nuestros bienes naturales “no sean el privilegio de unos pocos sino que estén al alcance de muchas manos”.

Y tal vez, de nostalgia con Belisario Betancur y su casa sin cuota inicial, aseguró que en su administración las mayorías (con signos de interrogación nuestros) ¿accederán a casa digna y propia? Esas mismas mayorías tendrán su ahora pérdida por doquier: “…empleo estable, salario y prestaciones justas, acceso a la educación y la salud”. Y fue más allá.

Avanzó hasta la igualdad: “…que ningún colombiano se levante en la mañana con la incertidumbre de su sustento diario; sólo así será posible la existencia de una sociedad con fuerza colectiva, capaz de soñar un futuro común”. Y aseguró, para que no queden dudas, que “a los pobres no los vamos a defraudar”. Hasta aquí todo parece normal: promesa de posesión.

Reiterativo. Santos no ahorró en deseos, como decían los abuelos, de los cuales “están empedrados los caminos al infierno”, y aseguró: “Nuestro empeño será proporcionarles a todos –sin excepción, y desde la primera infancia– una nutrición y una educación de calidad en todas sus etapas, que les permitan crecer como seres humanos integrales”. Con precaución, porque siempre los pobres ‘quieren más': aseguró que no los defraudará.

“A las familias de Colombia; a las que lidian cada día con los problemas de salud, con los pagos de arriendos o hipotecas, con los desafíos de la vida cotidiana, […]. Trabajaremos para que tengan una salud de calidad, por su derecho a una vivienda digna, para que puedan caminar por sus calles sin temer por su seguridad”.

Multiplicar a “Juan Valdez”

A millones de connacionales, en su mayoría del campo: perseguidos, criminalizados, asesinados, expropiados, expulsados de su tierra, de acuerdo a Santos les llegó la hora. En su cuatrenio, “vamos a defender al campesino, a convertirlo en empresario, con tecnología y créditos, para hacer de cada campesino un próspero Juan Valdez”.

“También vamos a trabajar para que los campesinos sean dueños de las tierras más productivas de Colombia y para que las exploten”. ¿Cómo? ¿Devolverán a sus dueños, revisarán los títulos, limitarán y quitarán en justicia estas tierras a las grandes empresas nacionales e internacionales, además de los terratenientes, puntales esenciales del poder? De este modo, amanecerá por fin para los campesinos, con gozo y beneficio del Estado –que siempre los perjudicó. Ahora “promoveremos el retorno a sus parcelas […] con acompañamiento integral del Estado– de los desplazados y las víctimas de la violencia”. Para que no mienta, deberá enfrentar a todos aquellos que durante los últimos 30 años usufructuaron la “guerra sucia” y permearon a las Fuerzas Armadas y el Estado. ¿Cocteles, lobby, cotilleos del Ministro del Interior en el Congreso? Amanecerá y veremos.

Candados y una llavecita de la paz

Decía Otto Morales Benítez, y luego Álvaro Leyva, que conocían o tenían la llave de la paz. Ahora la reclama Santos. Seguro debe ser ‘maestra', ya que cuenta con las posibilidades para tornearla y arreglarle dientes o refundirla. Un primer paso: no exigir sólo condiciones para abrir la puerta sino también crear condiciones para abrirla.

“La puerta del diálogo no está cerrada con llave. Yo aspiro, durante mi gobierno, a sembrar las bases de una verdadera reconciliación entre los colombianos”. Eso sí –insistió– sobre premisas inalterables –¿de statu quo y rendición?– “la renuncia a las armas, –¡y válidas!– “al secuestro, al narcotráfico, a la extorsión, a la intimidación”.

“No es la exigencia caprichosa de un gobernante de turno.

“¡Es el clamor de una Nación!

“Mientras no liberen a los secuestrados, mientras sigan cometiendo actos terroristas, mientras no devuelvan a los niños reclutados a la fuerza, mientras sigan minando y contaminando los campos colombianos, seguiremos enfrentando a todos los violentos, sin excepción, con todo lo que esté a nuestro alcance.

“Es posible tener una Colombia en paz, una Colombia sin guerrilla, ¡y vamos a demostrarlo!

“Por la razón o por la fuerza”.

Presidente, no olvide: la fuerza nacional lleva décadas. La internacional, con nuevos actores, con tratados, de comandos e ilegales, tiene lustros.

Sus promesas de ‘revolución en marcha' se soportan sobre la buena voluntad de los gobernantes. Es decir, desde la clase culpable por el actual estado del país. ¿Tiene el Estado un camino de autorreforma? En ningún siglo ni lugar hay noticia positiva de esta vía. Son las revoluciones con sus actos de descomunal derroche de imaginación y energía de la población lo que libera y dispone las fuerzas del cambio. Bajo las órdenes de Santos, con seguridad, este no es el caso de Colombia.

El mayor bache del discurso

Juan Manuel Santos aludió en no menos de seis ocasiones a su predecesor. En su mayoría, fueron alusiones formales; referencias para recoger frutos de su opinión y mostrarse como su continuador. Pero en una que expresó el nombre del presidente de los ocho años cometió un despropósito. Veamos: “Las próximas generaciones de colombianos mirarán hacia atrás y descubrirán, con admiración, que fue el liderazgo del presidente Uribe, un colombiano genial e irrepetible, el que sentó las bases del país próspero y en paz que vivirán”. Un homenaje desproporcionado. Contrario con el pasar de los años, cuando la sociedad colombiana no querrá saber nada de este ex presidente. Olvidar a quien fue propiciador y facilitador de los mayores despropósitos que hasta ahora vivieron Colombia y nuestra subregión. Aquí, como en otras promesas, Santos mostró su talón.


¿Confesión de culpa…? Para emplazar en su cumplimiento

Discurso con expresa declaración de principios: Un Estado patrocinador de atrocidades y protector de sus realizadores dará ahora, supuestamente,vun giro con:

“El respeto a la vida es un mandato sagrado.

“El respeto a la libertad e integridad de las personas es una obligación ineludible de todo Estado que se llame democrático.

“La defensa de los derechos humanos […]”.

Y luego aclaró. “No lo hacemos por presiones o imposiciones externas. No. Lo hacemos porque nos nace de la más profunda convicción democrática, ética y humana”.

Decían nuestras abuelas: “Explicación no pedida, culpa manifiesta”.


Publicado enEdición 160
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