Keynesianismo contra el virus: seis billones para rescatar la economía planetaria

La mayor inyección de dinero público de la historia, activada para estimular el sector privado y evitar el colapso de los sistemas productivos y comerciales del planeta, multiplica por seis los recursos destinados a paliar el 'crash' de 2008 y triplica la magnitud de la recesión que ahora pronostican, en términos de PIB, organismos como el Fondo Monetario Internacional-

 

Los gobiernos de las principales economías del planeta y los organismos internacionales preparan la inyección de cerca de seis billones (con ‘b’) de euros para tratar de atajar los efectos que está comenzando a provocar en sus sistemas productivos y comerciales la pandemia del coronavirus, que, tras dispararse los contagios en la India y comenzar a extenderse por África y América, ya ha obligado a confinar a más de un tercio de la población mundial.

Ese volumen de estímulos equivale a un 7,3% del PIB planetario, que en 2018, último año para el que dispone de datos el Banco Mundial, fue de 81,8 billones de euros (85,9 de dólares al cambio actual de 1,05, y multiplica por más tres las previsiones de retroceso del PIB mundial que maneja el FMI (Fondo Monetario Internacional), que se acercan al 2%, y por más de cinco las de un punto y cuarto para este año que los analistas manejaban cuando los países occidentales comenzaron a decretar el confinamiento de sus ciudadanos y a paralizar de manera parcial la actividad económica para frenar los contagios.

El objetivo de esas partidas consiste en evitar mediante inyecciones de liquidez el gripado de un sistema económico semiparalizado por motivos sanitarios. Y su magnitud, aunque las previsiones del FMI apuntan a un retroceso similar al de 2008, resulta más de seis veces superior a los 900.000 millones de euros que los países del G-20 movilizaron entonces.

En esa situación, las apelaciones a un Plan Marshall como el desplegado en la posguerra mundial en Europa que en los últimos días han realizado algunos dirigentes políticos, como el presidente del Gobierno. Pedro Sánchez o el valenciano Ximo Puig, no dejan de resultar chocantes por dos motivos: la cuantía, ya que aquello subió a 13.400 millones de dólares, el equivalente actual de 85.700 de euros; y su génesis, ya que el 90% de esa cantidad llegó a los gobiernos europeos como donaciones del estadounidense a cambio de contrapartidas, como el despliegue de sus bases militares y facilidades para la instalación de sus empresas multinacionales.

Ahora se trata de activar mediante subvenciones, condonaciones de deudas, aplazamientos de pagos y avales bancarios la mayor movilización de dinero público de la historia, y de canalizarla hacia el sector privado para evitar el colapso de una economía basada en el consumo y que se asfixia cuando la morosidad y la insolvencia se imponen al gasto y la liquidez.

Los dos billones de euros de EEUU y Latinoamérica

Lo que sí coincide con el programa de la posguerra mundial, a grades trazos y tras la escasa aportación del FMI (43.000 millones de euros) y del Banco Mundial (12.000), son los titulares de los dos papeles principales: EEUU y Europa, que, por los datos que se conocen hasta ahora, van a poner en movimiento más de dos tercios de ese volumen de dinero.

El Senado estadounidense aprobó este miércoles sin votos en contra un paquete de dos billones de dólares (1,9 de euros) que incluye, entre otras medidas, ayudas de 500.000 millones para empresas en crisis, otros tantos para pagos directos de más de 3.000 dólares por familia, 350.000 para préstamos a pymes, 250.000 para ampliar las ayudas al desempleo y otros 100.000 para reforzar la atención sanitaria.
Ese paquete económico, que llega después de otros dos que sumaban 108.000 dedicados a financiar políticas de desempleo, acciones de investigación y actuaciones sanitarias, llega otros países de ese continente preparan la movilización de algo más de 140.000 millones de dólares: se trata de Canadá (57.000), México (25.000), Brasil (30.000), Colombia (15.000), Chile (11.000) o Argentina (5.300), cuyos planes sitúan por encima de los dos billones de euros (2,048) la movilización de fondos en América.

El billón de la UE y el BCE

Los estímulos que plantean los gobiernos de Europa y las instituciones comunitarias superan también los dos billones de euros, con el plan de emergencia del BCE (Banco Central Europeo) para poner 750.000 millones de euros a disposición de las entidades financieras y con las herramientas de la UE como principales focos de liquidez.

El Eurogrupo debatía este jueves por cuál de las dos opciones que los gobiernos habían planteado se inclinaba, sin descartar una combinación de ambas. La primera consiste en activar el MEDE, el Mecanismo Europeo De Estabilidad, que dispone de una capacidad de préstamo de 410.000 millones de euros, aunque los planteamientos iniciales apuntaban a préstamos de hasta el 2% del PIB de cada país miembro, lo que supondría un máximo de 330.000.

El plan ‘b’ de la Unión, que ya antes ha había liberado otros 25.000 millones para financiar acciones de investigación sobre el coronavirus, consiste en la emisión de bonos, los polémicos coronabonos que reclaman países del sur como España, Francia e Italia y rechazan otros del norte como Alemania y Holanda.

Se trataría de emitir deuda comunitaria para destinar su recaudación a estimular las economías de sus países miembros cuando cesen los confinamientos y a financiar sus respectivos aparatos sanitarios, lo que evitaría que cada uno de esos estados tuviera que emitir sus propios bonos. El debate de fondo cuestiona la capacidad real de la UE, y el compromiso de sus socios, para plantear políticas económicas propias, y comunitarias.

El billón y medio de los países comunitarios

Los países miembros de la UE, varios de los cuales, especialmente en el sur, llevan semanas implementando medidas sanitarias y también de tipo social ante la proliferación de los contagios en sus territorios y la paralización de sus sistemas productivos con los confinamientos, superan en su conjunto con claridad a las dos grandes instituciones comunitarias, salvo la improbable opción de que la UE combinara las dos herramientas (MEDE y coronabonos), en cuanto al volumen de recursos movilizados, ya que su suma ronda el billón y medio de euros.

Dos de esos países sureños, Italia y Francia, están preparando sendas inyecciones de recursos en su economía de un nivel similar a las que plantea Alemania, que maneja estímulos por valor de 156.000 millones y emisiones de deuda por otros 200.000.

Italia, por su parte, maneja una previsión de 350.000 millones, de los que ya ha comenzado a inyectar 25.000, mientras Francia tiene presupuestado un plan de choque de 45.000 millones para empresas, autónomos y trabajadores al que se añaden otros 300.000 que irá distribuyendo mediante avales para que esos mismos agentes puedan obtener liquidez en el sector financiero.

España, con un "escudo social"  de 200.000 millones en avales y aplazamiento de impuestos y en prestaciones para suspensiones de contrato de asalariados y ceses de actividad de autónomos, se sitúa en el nivel inmediatamente inferior, aunque muy por encima de las previsiones de otros países comunitarios como Portugal, que movilizará algo más de 3.000, o Dinamarca, con apenas 350.

A esas cifras hay que añadirles las de dos potencias económicas geográficamente europeas aunque no participan en la UE. Se trata de Reino Unido, cuyo primer ministro, Boris Johnson, ha anunciado tras sus reticencias iniciales un programa de 360.000 millones de euros (330.000 de libras) tras un primer plan de 34.000, y de Rusia, que inyectará en su economía otros 145.000.

Los 600.000 millones de Asia y Australia

En Asia, el país que mayor esfuerzo va a hacer para tonificar sus sistemas productivo, comercial y financiero, que ya renqueaban antes de la pandemia, será Japón, que tiene previsto movilizar 460.000 millones de euros (56 billones de yenes) dentro de un programa que, como en el caso de EEUU, incluye pagos directos a las familias.

Le sigue en volumen de dinero movilizado, aunque a mucha distancia, China, el país en el que comenzó la pandemia, si bien su peculiar sistema económico de capitalismo de Estado hibridado con una especie de desarrollismo postcomunista lleva a su Gobierno a reducir este capítulo al equivalente a 79.000 millones de euros, en este caso reduciendo el nivel de reservas que los bancos deben mantener para garantizar su funcionamiento.

Desde el inicio de los contagios, su producción industrial se ha reducido en más de una octava parte mientras el retroceso en la captación de inversiones se acercaba al 25%.

Turquía, con 14.000 millones de euros; Corea Sur, con 7.500, y Vietnam, con 1.700, son otros de los países asiáticos que han decidido poner en marcha planes de estímulo internos, lo que sitúa por encima de los 560.000 la movilización de recursos en ese área geográfica.

Por último, a falta de conocer las reacciones de los gobiernos africanos, en varios de cuyos países, como Suráfrica, ha comenzado esta semana a constatarse la existencia de contagios, y de India, los programas de mayor cuantía en otras áreas se localizan en Arabia Saudí, que tras la suspensión de las peregrinaciones a La Meca va a activar el equivalente de 30.000 millones de euros (120.000 de riales), entre los que se incluye el aplazamiento de impuestos a pymes, y en Australia, con otros 10.000.

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El libremercadismo retrocede en chancletas

La crisis desatada por el coronavirus obligó a replantear políticas

Desde las principales usinas de formación de pensamiento económico comenzó a bajar un mensaje contundente en favor de la intervención del Estado en la economía.

“Actuar rápido y hacer todo lo que sea necesario”. Así se titula un documento editado en las últimas horas por el Centro de Investigación de Política Económica (CEPR), con sede en Londres, que reúne a 40 economistas de “alto perfil”, incluyendo a la economista en Jefe del FMI, Gita Gopinath, y a Jason Furman, ex asesor de primera de línea de la administración de Barack Obama. En el mismo sentido, el Foro Económico Mundial de Davos insta a los países a “usar la artillería pesada” y hasta aconseja la política del “helicóptero de dinero”, es decir, emitir billetes y transferirlos a la población. La OCDE, que nuclea a los países industrializados, también recomienda aplicar todo tipo de medidas de fuerte intervención estatal. El FMI y el Banco Mundial sugirieron que los Estados se olviden por un rato de aquellas viejas definiciones sobre la ineficiencia de la política pública y la bondad del libre mercado.

La agenda global de política económica tuvo un giro de 180 grados en dos meses, desde que los países comenzaron a aplicar todo tipo de medidas restrictivas con carácter sanitario, desde cancelar masivamente vuelos, cerrar fronteras y apagar casi toda la vida industrial y comercial. La inmensa corrida financiera hacia los bonos más seguros del mundo, los del Tesoro de los Estados Unidos, el impacto sobre el comercio global y el apagón de los mercados internos encendieron todas las alarmas y no dejaron otra opción que desempolvar los manuales de las crisis sistémicas del capitalismo, como pasó en 2008/2009.

El nuevo orden económico

“La recesión es una medida de salud pública necesaria. Mantener a los trabajadores alejados de su empleo y a los consumidores de sus consumos reduce la actividad económica”, explica el documento del CEPR, que muestra cómo a mayores restricciones sanitarias, más profunda es la crisis económica.

Jason Furman, ex primer asesor económico de Obama, plantea una serie de guías para los gobiernos: es mejor hacer demasiado que muy poco; usar los mecanismos existentes todo lo que se pueda; inventar nuevos programas si es necesario; no temer a la duplicación de beneficios y que la respuesta sea dinámica y persistente.

A diferencia de la crisis de las hipotecas subprime, en donde los Bancos Centrales salieron a salvar a los bancos privados y otras entidades financieras, la política monetaria no es efectiva para la actual crisis. Por más que bajen las tasas de interés y se ofrezca crédito barato, la expectativa de una crisis duradera no mueve la demanda de dinero. En cambio, asoma plenamente la necesidad de una política fiscal contundente, porque es directamente la demanda la que está afectada. Ahí es donde se levantan todos los reparos que suelen escucharse acerca de la inyección de dinero del Estado.

“Grandes gastos del Estado implican subas del endeudamiento público --ya que el Banco Central emite dinero y le presta al Tesoro--. ¿Deberíamos estar preocupados? Guerras, desastres, epidemias y fuertes crisis son ejemplos de libro de texto para llevar adelante grandes déficit fiscales y para la acumulación de deuda”, dicen Richard Baldwin (profesor de economía de la Universidad de Ginebra) y Beatrice Weder di Mauro (economista asesora del consejo de administración del UBS Group).

Desde el Foro Económico Mundial, usina del pensamiento económico dominante, replicaron un artículo en donde se insta a los gobiernos a usar la “artillería pesada”. El informe advierte que incluso “políticas no convencionales como el ´helicóptero de dinero´ deberían estar sobre la mesa”. El “helicóptero” significa emitir dinero para entregarlo a los hogares, que éstos consuman y así no se frene la rueda económica. “Los gobiernos necesitan reducir las quiebras de los individuos y las empresas, asegurar que las personas tengan dinero para seguir gastando, incluso si no están trabajando, y aumentar la inversión pública y el gasto en el sector de salud”, agrega el artículo.

El titular de la OCDE, Angel Gurría, publicó un texto en donde pide a los gobiernos lanzar planes de empleo de corto plazo, reducir requerimientos para acceder al seguro de desempleo y transferir dinero a los empleados autónomos. También recomienda diferir cobro de impuestos a las empresas, asegurar crédito para pagar sueldos y planes de apoyo especiales para las pymes del sector de servicios y turismo.

En la misma línea, el FMI publicó una especie de manual de buenas prácticas para que los gobiernos intervengan frente a la crisis. En el capítulo fiscal, indica que “los gobiernos deben proveer considerable apoyo a las personas y empresas afectadas. Los subsidios salariales pueden prevenir quiebras escalonadas, mientras que transferencias en efectivo a hogares de bajos ingresos pueden mantener los niveles de consumo”.

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Pacientes infectados por el coronavirus esperan ser transferidos del hospital Wuhan No.5 al centro médico Leishenshan, de nueva construcción, para enfermos con COVID-19.Foto Afp

Desde 2007 sostuve que el mundo se encaminaba –con o sin ciclos Kondratiev; con o sin virus globales– a la desglobalización y a regionalismos geoeconómicos (https://bit.ly/2TuQUxa).

Los tratados comerciales de Obama han sido sepultados por Trump: TISA (servicios globalizados); TPP (Asociación Transpacífico); TTIP (Asociación Transatlántica).

El Brexit y su "nacionalismo anglosajón", al unísono del "nacionalismo económico" del trumpismo coexisten y/o compiten con tres relevantes regionalismos económicos: 1. El RCEP encabezado por China: el mayor bloque geoeconómico del planeta, por su número de países, habitantes y PIB, y al que in extremis se negó a participar India (https://bit.ly/2TtekTs); 2. La Unión Europea de 27 países que se comienza a desgajar con el ascenso de los "nacionalismos escandinavos", no se diga los de Alemania/Francia/Italia; y 3. El T-MEC encabezado por EU con Canadá y México (https://bit.ly/3axWXrJ).

La eclosión del coronavirus –más como "cisne negro" (https://bit.ly/3cqEb7e) que como "canto de cisne", blanco o negro–, solamente ahondó las fracturas tectónicas geopolíticas.

El ex gobernador del Banco Central de India, Raghuram Rajan, fanático de la globalización y del monetarismo, comentó que "la globalización de la producción será severamente golpeada" cuando la pandemia viral forzará a las empresas a relocalizar las cadenas de abasto y la producción de las instalaciones de ultramar.

Raghuram Rajan constata que la gente ha pasado de la extrema confianza en los mercados al pánico extremo en sólo una semana (https://bit.ly/2IeEG6o).

Los economistas de Bank of America alertaron a sus clientes que esperan un crecimiento global de 2.8 por ciento, el más débil desde 2009.

El Covid-19 coloca así el último clavo en el féretro de la globalización, mientras que en forma ominosa, en un artículo para la revista bimensual, de corte sionista, The National Interest, el autor israelí-estadunidense Robert Kaplan –quien formó parte del ejército de Israel, además de consultor del Pentágono y ser colaborador de Eurasia Group que controla el megaespeculador George Soros–, mueve el espectro del "neomalthusianismo" y su "mundo del coronavirus" (https://bit.ly/2IfBiIE).

Kaplan aduce que ahora hay que tomar en cuenta, a la par de la geopolítica, los factores demográficos y ambientales (léase: el coronavirus) cuando el “neomalthusianismo del siglo XXI (sic) es –y será cada vez más –uno de formaciones de masas, potencialmente llevando la política a extremos y colocando al centro político bajo amenaza”.

Según la interpretación de Robert Kaplan, Thomas Malthus "imaginó los efectos políticos de tales cosas como la enfermedad y la hambruna, y la calidad miserable de vida entre los pobres de pésima urbanización".

kaplan reinterpreta a Thomas Malthus e infiere que "un mundo más poblado tendrá una dinámica geopolítica diferente y potencialmente peligrosa" cuando las pandemias "serán el acompañamiento natural del mundo neomalthusiano".

Cabe señalar que el genio humano, ayudado por la parte bondadosa de la tecnología, desmintió hasta ahora la tesis del economista y demógrafo Thomas Malthus y su ensayo sobre El Principio de la población (https://amzn.to/2TB7BHj), de 1798, diez años más tarde de las turbulencias de la Revolución Francesa, de la cual en cierta medida fue uno de sus reflejos apocalípticos cuando vaticinó que "la población aumenta en forma geométrica mientras que el suministro de alimentos aumenta sólo en forma aritmética".

Nada nuevo. Ya Gustave Le Bon, universalista galo de varias especialidades, al estilo de Leonardo Da Vinci se adelantó en el siglo XIX a la "Psicología de las Masas"(https://bit.ly/32KfVZ8) cuya única diferencia, aparte de la brecha de dos siglos con las "masas" cibernéticas de hoy, son la velocidad y globalidad de la interacción, lo cual, a mi juicio, propenderá a su inevitable balcanización como reflejo de los regionalismos geoeconómicos y de la parusía geoestratégica de las “esferas de influencia (https://bit.ly/32KggLv)” entre las tres superpotencias EU/Rusia/China del nuevo (des)Orden tripolar (https://bit.ly/3cm4nQx).

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G-20: No hubo ruptura pero cada uno hizo su juego

Los presidentes reivindicaron el comercio internacional, pero por primera vez no se condenó explícitamente el proteccionismo económico y se llamó a reformar la OMC. En materia ambiental no se pudo adoptar una posición común.

La cumbre de presidentes del G-20 cerró ayer con una declaración conjunta que sirvió para evitar el fracaso explícito del encuentro, aunque dejó en evidencia las profundas diferencias que separan a Estados Unidos del resto de las potencias en temas centrales de la agenda global como el comercio internacional y la preservación del medio ambiente.


Por primera vez desde que se reactivó este foro multilateral hace ya diez años el texto no incluyó una condena explícita al proteccionismo económico, dejando en claro cómo impacta en los espacios multilaterales el giro que le imprimió Donald Trump a la política exterior de Estados Unidos. En la declaración incluso se incluyó un punto que llama a la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC), entidad que viene siendo duramente cuestionada por Trump. En lo que respecta al medio ambiente, para evitar una ruptura se optó por una decisión salomónica consistente en incorporar un párrafo con la posición de quienes respaldan el Acuerdo de París y otro donde Estados Unidos marca sus diferencias. El presidente Mauricio Macri se limitó a observar esta pelea entre las principales potencias casi como un espectador de lujo y al cierre del evento celebró que haya habido un comunicado (ver aparte).
Los presidentes del G-20 emiten una declaración por año, la cual se va negociando durante meses en distintos encuentros ministeriales. Cuando la cumbre de líderes se acerca, esas negociaciones se intensifican y se concentran sobre los puntos conflictivos. El jueves los sherpas encargados de ese tira y afloje estuvieron reunidos hasta las 2 de la mañana y el viernes fue otra jornada agitada, pues de nada hubiera servido tener la gran mayoría de los puntos del documento consensuados si finalmente, por ejemplo, no se ponían de acuerdo en torno al Acuerdo de París y Trump terminaba pegando un portazo.


Los líderes tienen claro que este tipo de espacios multilaterales tienen algún tipo de sentido solo si se llega al menos a un mínimo consenso, pues de lo contrario el efecto termina siendo contraproducente por el desgaste que le genera a las partes. El presidente francés Emmanuel Macron había dejado en claro este punto hace algunos días cuando aseguró públicamente que “si no conseguimos acuerdos concretos, nuestras reuniones internacionales se vuelven inútiles”.


Con la intención de evitar esa ruptura explicita, en lo que refiere a la disputa ambiental el documento final de 31 puntos que se distribuyó ayer por la tarde le dedicó un párrafo a cada posición. “Los firmantes del Acuerdo de París, quienes también se unieron al Plan de Acción de Hamburgo, reafirman que el Acuerdo de París es irreversible y se comprometen a su completa implementación”, señala el punto 20, mientras que en el punto siguiente aclara: Los Estados Unidos reitera su decisión de retirarse del Acuerdo de París y afirma su fuerte compromiso para el crecimiento económico y accesos a energía y seguridad, utilizando todos las fuentes de energía y tecnologías al tiempo que protege el medio ambiente”.


El otro tema que divide las aguas son las reglas que rigen el comercio internacional. Trump pateó el tablero al poco tiempo de asumir la presidencia de Estados Unidos e inició una ofensiva comercial en defensa de sus intereses que tuvo a China como principal objetivo. En julio le aplicó una serie de aranceles y el gigante asiático respondió de la misma manera quedando declarada la guerra comercial entre las dos principales potencias mundiales que ha ido escalando y tiene en vilo al resto del mundo, pues ambos países en conjunto representan más del 40 del PBI mundial.

La declaración de los presidentes trató de hacer equilibrio en medio de esta disputa. “El comercio y las inversiones internacionales son motores importantes de crecimiento,

productividad, innovación, creación de trabajo y desarrollo. Reconocemos la contribución que el sistema de comercio multilateral ha hecho para este fin”, dice el texto, pero, a diferencia de las ocasiones anteriores no llamó a luchar contra el proteccionismo y le apuntó a la OMC, una de los engranajes de la arquitectura internacional que Trump tiene en la mira. “El sistema actualmente no cumple con sus objetivos y hay espacio para mejorar. Por lo tanto, apoyamos la reforma necesaria de la Organización Internacional de Comercio para optimizar su funcionamiento, revisaremos su progreso en nuestra próxima cumbre”, destaca el texto. Luego de la disputa que mantuvieron dentro de la cumbre, Trump y el presidente chino Xi Jinping mantuvieron una reunión bilateral junto a sus equipos para seguir negociando cara a cara reglas que garanticen nuevas condiciones de equilibrio para el escenario internacional. Por ahora, lo único claro pareciera ser que el modelo de liberalización comercial gradual instrumentado a mediados del siglo XX para dejar atrás el proteccionismo que derivó en las dos guerras mundiales está en rediscusión. Por eso se puso el foco en la reforma de la OMC, organismo creado en 1995, pero que marca la continuidad de un proceso que comenzó con la aprobación del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) en 1947. Lo que aún está por verse es si estos escarceos son solo un reacomodamiento dentro del mismo esquema o un punto de quiebre que le abre las puertas a un escenario todavía desconocido.
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Cinco puntos en la disfuncional cumbre del G-20 en Buenos Aires, según Breitbart

Las cumbres del desfalleciente Occidente se han vuelto disfuncionales, como sucedió con el G-7 en Canadá (http://bit.ly/2LCoQlO) y luego con el APEC (http://bit.ly/2zxSqp2) donde ni siquiera pudo acordar un comunicado conjunto, lo cual refleja la fractura y el "(des) Orden Global en la Era Post-EstadosUnidos" (http://bit.ly/2zzcffD).

El G-20 de Buenos Aires tampoco será la excepción y va que vuela al fracaso: creado con un enfoque economicista/reduccionista después de la quiebra de Lehman Brothers en 2008 no sirve para nada ni ha tenido concreciones saludables.

La única gracia del G-20, como las demás cumbres aludidas, es haberse convertido en un "punto de contacto" para trascendentales reuniones tangenciales al margen de sus deliberaciones.

Este G-20 de Buenos Aires pudo haber sido el catalizador del nuevo orden tripolar global entre EU/Rusia/China o cual hubiera marcado el hito histórico del siglo 21 cuando se habían programado sendas reuniones de Trump con el zar Vladimir Putin y con el mandarín Xi a quien invitó a cenar (http://bit.ly/2PacRxh).

Todo es posible con la volatilidad del estadunidense, quien puede cambiar de opinión en el último instante con el fin de sacar ventajas transaccionales a sus rivales, cuando ya canceló la anhelada cumbre con su homólogo ruso debido al recalentamiento del contencioso ucraniano, el cual Réseau Voltaire se debió a un sabotaje deliberado de EU e Israel para torpedear la reunión bilateral de Trump y Putin (http://bit.ly/2P8UkBf).

Una cumbre inesperada es la que entablarán el zar Vlady Putin y el premier nipón Shinzo Abe que puede llevar a la firma de un acuerdo de paz con consecuentes arreglos geopolíticos (http://bit.ly/2P8We4R).

El portal Breitbart, portavoz oficioso de Trump –quien al primer día ya había maltratado al anfitrión Macri y al presidente saliente Peña– avanza "cinco puntos a seguir en el G-20":

1. La cumbre de Trump y Putin: ya fue cancelada. El estadunidense deseaba hasta el último minuto reunirse con su homólogo ruso, pero fue desaconsejado por su primer círculo, lo cual no descarta que se puedan reunir, quizá de contrabando, en cualquier momento.

2. La cena del jefe de Estado de la Unión Americana con el mandarín Xi: China ha mostrado flexibilidad en ciertos rubros que han sido desechados por el estadunidense como "inaceptables". Sin embargo, NYT considera que a pesar de su "dura retórica" Trump “busca una tregua comercial con la nación asiática (https://nyti.ms/2zAYsW1)”, lo cual se empata con mi hipótesis de un "cese al fuego". La pésima noticia es que el sinófobo súper-halcón Peter Navarro fue reincorporado a la lista de seis funcionarios que acompañarán a Trump durante la cena, quien fungirá de espantapájaros. Es curioso que los multimedia chinos estén optimistas (https://reut.rs/2zzcRlr). Como que no suena lógico que inviten a cenar al mandarín Xi para humillarlo, de lo cual es capaz Trump.

3. Arabia Saudita y las secuelas del asesinato del periodista saudita Khashoggi: el presidente turco Erdogán ha reclamado la suavidad del tratamiento especial al príncipe heredero saudí Mohamed Bin Salman quien ha recibido cordiales saludos de Trump, la primera ministra británica Theresa May, el zar Vlady Putin y el primer indio Narendra Modi, mientras queda "volando" la tragedia bélica en Yemen.

4. Las sanciones de Irán: "significativa fuente de tensión entre EU y Europa que desea continuar haciendo negocios con Teherán y preservar vivo el arreglo nuclear de Obama", lo cual tendrá un impacto sobre el precio del petróleo que EU exige disminuir. ¿Vendió Trump el cadáver de Khashoggi, columnista de The Washington Post, por un barril de petróleo?

5. Brexit: Trump interpeló que el acuerdo entre la primera ministra británica May otorgó demasiadas concesiones a la Unión Europea, lo cual “pudiera interferir en el pacto comercial GB-EU (http://bit.ly/2zyked0)”.

El G-20 de Buenos Aires llega a una bifurcación: dependiendo del resultado de las gestiones EU-China, que apunta a un cese al fuego, dejará su impronta histórica; otro camino marcará la tragedia del comercio.

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El nuevo gurú de la ultraderecha europea

La divisa con la que Bannon se hizo conocer en Bruselas se la tomó prestada al poeta John Milton: “Prefiero reinar en el infierno que servir en el paraíso”, dijo Bannon. Su ambición choca, sin embargo, con unos cuantos obstáculos.

La ultraderecha mundial se prepara con vistas a dar el asalto al Parlamento Europeo. Las elecciones de mayo de 2019 para renovar el europarlamento movilizan desde hace rato a los papas globalizados de la extrema derecha que buscan en Bruselas expandir sus éxitos electorales a través de la creación, dentro del Parlamento, de un mega grupo compuesto por euroescépticos y cuya principal misión consiste en aniquilar a la Unión Europea desde adentro. Ya antes de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos y la victoria de Donald Trump, quien era en ese entonces su principal estratega, Steve Bannon, había llevado a cabo varios viajes exploratorios por el Viejo Continente con la intención de plasmar una suerte de internacional de la ultraderecha. Esta vez, su objetivo inicial empezó a ser realidad. Bannon plantó sus banderas en la capital belga por medio de una fundación, “The Movement”, con la que pretende aunar a todos los ultras que pululan en Europa. La divisa con la que Bannon aterrizó en Bruselas se la tomó prestada al poeta John Milton: “prefiero reinar en el infierno que servir en el paraíso” dijo Bannon. Su ambición choca sin embargo con unos cuantos obstáculos, empezando por las drásticas divisiones entre los grupos de la extrema derecha presentes en el Europarlamento y siguiendo por el sentido mismo del proyecto: la extrema derecha europea abraza la causa del combate contra la inmigración y la defensa del Estado Nación como antídoto ante los órganos multilaterales (la misma Unión Europea), pero la idea motriz del modelo de Bannon, “la desconstrucción del Estado administrativo”, no figura en su catalogo. El nacionalismo norteamericano no tiene un espejo en la compleja geografía europea. Hay líneas comunes, pero, en un momento dado, el precipicio entre ambos es abismal.


A Bannon, sin embargo, no le faltaran adeptos a su perfil de supremacista blanco, machista, antisemita, y homófobo. El equipo de The Movement cuenta con unas diez personas encargadas de respaldar a la extrema derecha y a los otros partidos populistas durante la campaña electoral. Entre estos consejeros hay personajes ya conocidos como Raheem Kassam, ex colaborador del británico Nigel Farage. Hasta ahora, la irrupción más sonora del rey de las fake news en Europa tuvo lugar en marzo pasado cuando Bannon asistió al congreso organizado por el entonces Frente Nacional francés consagrado a su refundación, es decir, a su cambio de nombre. Bannon intervino allí para vender la idea según la cual “la victoria es posible” porque “nosotros somos cada días más fuertes” y ellos “cada vez más débiles”. También ahondó en las retóricas desculpabilizadoras cuando dijo: “si luchan por la libertad los tratan de xenófobos. Si luchan por su país los tratan de racistas. Pero los tiempos de esas palabras asquerosas se han terminado “. Desde ese momento, el antaño estratega de Trump ha labrado las tierras del Viejo Continente. Sus lazos más estrechos los mantiene con los Demócratas Suecos (neonazis asumidos), Marine Le Pen en Francia, el Partido Popular de Mischaël Modrikamen y el Vlaams Belang en Bélgica, la ultraderecha austríaca (FPÖ) y la italiana de Matteo Salvini. Italia es para Bannon su “bebe” predilecto, la prueba absoluta de la vigencia de sus ideas, o sea, la posibilidad de que se forjen alianzas entre las extremas derechas genuinas y los movimientos populistas pero post ideológicos como el italiano 5 Estrellas.


¿Acaso puede Bannon repetir en Europa lo que hizo en Estados Unidos? La mayoría de los especialistas dudan de ello, sobre todo porque ven en las ambiciones del doctor fake news una suerte de carrera desesperada por existir luego de que Trump lo despidiese y el portal que lo hizo famoso, Breitbart News, también lo pusiera en la calle. Algunos asimilan sus sueños con los de un viejo actor norteamericano que se muda a Europa para interpretar roles menores porque en su país no encuentra trabajo. Por otra parte, los grupos de las extremas derechas europeas son como familias en constante disputa. El odio los une tanto como los separa. El especialista francés de las extremas derechas europeas, Jean-Yves Camus, juzga “ridículas” las pretensiones de Bannon y sus aliados. Según Camus, ello no excluye que “gracias a su dinero y a su capacidades de lobista pueda cosechar algunos resultados”. El analista francés asegura “confiar en las capacidades de los partidos demócratas de Europa para resistir. Los dirigentes europeos son lúcidos ante la situación y la responsabilidad que les incumbe en ella. Todo este problema deriva de la mala gestión de la crisis migratoria”. En el Parlamento Europeo, por ejemplo, el Primer Ministro húngaro Viktor Orban es miembro del PPE (Partido Popular Europeo), donde también está la formación de la canciller alemana Angela Merkel. La Liga de Salvini integra el grupo de Marine Le Pen. En el Europarlamento existen tres grupos distintos de eurohostiles que no se aceptan entre ellos. El proyecto político de estos partidos es esencialmente anti inmigrante y anti multicultural, pero en ningún caso inclinado a privatizar los Estados. Muy por el contrario, la extrema derecha europea aboga por un Estado Nación fuerte capaz de proteger a los ciudadanos de los estragos de la globalización. En julio de 2018, Salvini prometió hacer de las elecciones europeas de mayo de 2019 una suerte de referendo “entre la elite, el mundo de la finanza y el mundo real del trabajo, entre una Europa sin fronteras asediada por una inmigración de masas y una Europa que protege a sus ciudadanos”.


El equilibrio en el seno del Parlamento Europeo reposa aún sobre la dinámica de dos bloques: el de los socialdemócratas y el de los democristianos. No obstante, la cruzada de la ultraderecha por romper ese esquema con el soldado Bannon como líder cuenta con dispositivos muy bien entrenados y mucho dinero. Los medios de desinformación e intoxicación de la ultraderecha norteamericana son poderosos. Su eficacia fue probada a lo largo de la campaña a favor del Brexit en Gran Bretaña y luego con la elección de Donald Trump. Con todo, fracasaron en Francia cuando intentaron hacer lo mismo con Le Pen. La líder ultraderechista francesa perdió estrepitosamente la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017 frente a Emmanuel Macron. La visión nacionalista norteamericana, su egoísmo devorador y su indolencia substantiva, encontraron, hasta ahora, una frontera infranqueable en Europa.


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Aliados de EEUU: entre el vasallaje y el miedo a la libertad

La debilidad y la falta de rumbo son los peores consejeros durante las crisis sistémicas. Es lo que se refleja en las reacciones de algunos aliados de EEUU a la imposición de aranceles al acero y al aluminio por parte del Gobierno de Donald Trump.

La Unión Europea y Brasil, por poner apenas dos ejemplos, no han sido capaces de hacer otra cosa que pedir, y hacer lobby, sin la menor firmeza.
Hasta ahora hubo declaraciones y pocas acciones concretas. Más allá de las opiniones que se tengan sobre los anunciados aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio, resulta interesante observar cómo se posicionan los diversos países, para concluir que muchos reaccionan sin verdadera convicción, intentando poner paños tibios por temor a un empeoramiento de las relaciones.


Los que se consideran aliados, sólo esperan que Trump los excluya de los aranceles. La Casa Blanca decidió no imponer impuestos al acero proveniente de Canadá y México, que representan el 16% y el 11% de las importaciones de Washington, siendo el primer y el tercer proveedor. La medida de excepción se sostiene en que son dos países vecinos de EEUU que mantienen una fuerte alianza, a través del TLCAN.


Sin embargo, deja fuera a Brasil, segundo proveedor de acero a EEUU, abasteciendo el 13% de sus importaciones. China, que aparecía como el objetivo de Trump, apenas representa el 3% de las importaciones de acero estadounidense. Lo más curioso es que Brasil exportó 2.600 millones de dólares en productos siderúrgicos semiacabados al país del norte, pero para elaborarlos debió importar mil millones de dólares de carbón desde allí. Una paradoja, porque las siderúrgicas brasileñas instaladas en suelo estadounidense emplean a más de 70.000 trabajadores.


Ante lo que consideran como un maltrato de su "aliado", los empresarios brasileños, las asociaciones industriales y los congresistas, dedicaron seis meses a recorrer despachos en Washington para convencer de los "sólidos vínculos económicos y políticos entre ambos países".


La Brazil Industries Coalition es el principal grupo de empresarios siderúrgicos trabajando en Washington. Se muestra muy cautelosa e intenta no irritar a Trump con reacciones fuera de tono, según enseña un artículo del diario O Globo. Más aún, está convencida que Brasil deberá hacer concesiones. Una de ellas consiste en la asociación entre la aeronáutica Embraer y la Boeing, y la otra será con el etanol de maíz estadounidense, mucho menos rentable que el etanol de caña de azúcar brasileño de mayor rendimiento y menor costo.

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Miércoles, 14 Marzo 2018 08:13

Entre muros y aranceles

Entre muros y aranceles

Rex Tillerson se opuso en su momento a los aranceles sobre acero y aluminio aprobados por Donald Trump. Hoy el ex secretario de Estado ha sido defenestrado, mientras los halcones del proteccionismo dominan la política comercial en la Casa Blanca. La ignorancia y la demagogia fortalecen sus posiciones.

Tillerson no fue el único opositor a las medidas proteccionistas. El secretario de Defensa, James Mattis, también lo hizo al señalar que dichas acciones sólo alejarían a países que han sido aliados tradicionales de Estados Unidos. Eso no deja de ser irónico: Trump basó su decisión para imponer los aranceles en consideraciones de seguridad nacional al invocar la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial.

La realidad es que nadie cree que las importaciones de acero y aluminio sean una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Además, al condicionar la imposición de los aranceles en los casos de México y Canadá a los resultados de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), Trump ha socavado su propia argumentación sobre seguridad nacional. O los aranceles son para proteger una industria que es vital para la seguridad o son una simple pieza de negociación: no pueden ser ambas cosas a la vez.

Trump ha recurrido a ese subterfugio porque le facilita la tarea legal y hasta le da cierta protección en el seno de la Organización Mundial de Comercio. Y digo cierta, porque si bien las consideraciones de seguridad nacional están contempladas en las secciones pertinentes de los tratados fundamentales de la OMC (Marrakech 1995 y GATT 1947), es indiscutible que los socios comerciales también podrán imponer medidas compensatorias.

De todos modos, los aranceles no servirán para rescatar a esas industrias. En el caso particular del aluminio, difícilmente van a resucitar esa industria que está moribunda desde hace años. Entre 2012 y 2017 el volumen de la producción primaria (a partir de bauxita) se ha desplomado, pasando de poco más de 2 millones de toneladas a sólo 740 mil. En ese mismo lapso la producción, con el uso de chatarra y desperdicio reciclado, se ha mantenido estable, pasando de 1.6 a 1.4 millones de toneladas. En cambio, las importaciones de aluminio se dispararon de 3.7 a 6.2 millones de toneladas en ese periodo. Por cierto, a pesar de que mantiene altísimos niveles de capacidad instalada, China no es de los principales exportadores hacia Estados Unidos.

Así que la pregunta es: ¿quién está matando a la industria del aluminio en Estados Unidos? Y la respuesta no apunta hacia el exterior. Las causas de la destrucción de la industria de aluminio en Estados Unidos se encuentran en ese mismo país.

En 1998 había 23 plantas de aluminio en Estados Unidos y hoy tiene solamente cinco (una sexta planta entrará en operación a finales de este año). Un factor clave que explica el colapso en capacidad instalada se encuentra en la crisis de energía que sufrió el oeste de Estados Unidos en 2000 y 2001. Como es bien sabido (menos por Trump), la producción de aluminio es altamente intensiva en energía y dicho insumo tiene un perfil crítico en la estructura de costos unitarios de esa industria. En 2001 una intensa onda de calor afectó el oeste de Estados Unidos y provocó un fuerte incremento en la demanda de energía. Al mismo tiempo, la oferta de fluido eléctrico se vio comprometida por los bajos niveles de agua en las presas de la cuenca del río Columbia. Eso causó un fuerte aumento de precios en el sector eléctrico que afectó negativamente a los productores de aluminio.

Por si fuera poco, las cosas se complicaron todavía más debido a la desregulación en los esquemas de precios que los proveedores de energía podían utilizar. Los abusos no se hicieron esperar: en medio de la oleada de apagones en la región, la empresa Enron hasta retiró de la red el suministro de una de sus plantas en California, provocando escasez artificial y mayor alza de precios. Al final de esos dos años, la mayor parte de los fundidores de aluminio en la región había cerrado y la capacidad productora de Estados Unidos se había reducido en 43 por ciento. Por cierto, Enron Corporation fue el protagonista memorable en 2002 de uno de los peores escándalos de fraude corporativo en la historia de Estados Unidos.

El otro golpe a la industria productora de aluminio en Estados Unidos se lo propinó la gran crisis financiera de 2008. Cuando se derrumbó la industria automotriz en Estados Unidos, el precio de la tonelada de aluminio se colapsó. Después de mantener una tendencia al alza entre 2003 y 2009, el precio de la tonelada de aluminio cayó de 3 mil 291 a mil 262 dólares entre julio de 2008 y febrero de 2009. La producción se hizo incosteable y otras cinco plantas cerraron entre 2009 y 2012.

El fraude corporativo y la rapacidad de los banqueros rompieron la espina dorsal de la industria del aluminio en Estados Unidos. Los aranceles no la van a reparar.

El martes Trump se trasladó a San Diego para inspeccionar diseños y prototipos del muro que pretende construir en la frontera con México. Se hubiera ahorrado el viaje. El único muro que está construyendo es alrededor de su fallida administración.

 

Twitter: @anadaloficial

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EU: ningún país se salvará del arancel en acero y aluminio

El presidente estadunidense, Donald Trump, no considera ninguna exención a la medida de aranceles al acero y el aluminio que entrará en vigencia esta semana, confirmó ayer el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, en el programa This Week de la cadena ABC.

"La decisión obviamente es de él, pero de momento, hasta donde yo sé, él está hablando del trazo grueso. No lo he oído describir exenciones en particular hasta ahora", señaló Ross.

El funcionario restó importancia al impacto de las medidas contra la economía estadunidense. Son otros países "los que tienen el dinero en el bolsillo. Tienen mucho que perder", insistió.

Trump provocó temores de una guerra comercial internacional el jueves pasado cuando anunció aranceles de 25 por ciento para el acero importado y 10 por ciento para el aluminio.

El viernes aseguró que "las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar".

En tanto, Kevin Brady, el principal legislador republicano estadunidense, que supervisa la política comercial, declaró en la Ciudad de México que todo el acero y el aluminio comercializados justamente deben ser excluidos, especialmente los de los socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Indicó a la prensa que incluso se podría considerar a otros países.

El legislador se reunió ayer con la ministra canadiense de Relaciones Exteriores, Chrystia Freeland. El representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, también llegó a la Ciudad de México.

El tema de los aranceles "estaría al frente y en el centro" durante una reunión hoy entre Freeland, Lighthizer y el secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo, indicó Brady.

Por su parte, el jefe negociador adjunto de México en el TLCAN, Salvador Behar, aseguró a periodistas que el asunto de los aranceles "no ha contaminado el ambiente, aunque es un irritante para México, por supuesto, y de muchos otras naciones".

Agregó que el equipo mexicano ha dejado claro que el país tendrá que reaccionar en caso de que se le impongan aranceles, "independientemente de la negociación" del tratado.

Para el jefe negociador de Canadá la amenaza arancelaria ha hecho más complejas las negociaciones. Ese país es el principal proveedor de acero y aluminio de Estados Unidos.

De su parte, el representante de Estados Unidos, Bill Pascrell, el principal representante demócrata en el sector comercial de la Comisión de Medios y Arbitrios de la cámara baja, expresó que "no tenemos un gran déficit comercial con Canadá. ¿Qué estamos haciendo? Si no podemos hacer una excepción allí, ¿cómo vamos a conseguir un acuerdo en el TLCAN?", subrayó.

En un reporte oficial de ta-reas, este lunes el primer ministro Li Keqiang señaló que China se opone al proteccionismo y respalda la solución de las disputas comerciales mediante la negociación, pero defenderá "con resolución" sus intereses y derechos legítimos.

Respecto de la renegociación del TLCAN, de acuerdo con la Secretaría de Economía Guajardo, Freeland y Lighthizer tendrán hoy reuniones bilaterales y anunciarán el cierre y los posibles avances de la séptima ronda.

Sobre las reglas de origen del sector automotriz, los jefes técnicos negociadores planean retomar la discusión en una cit intermedia.

El jefe mexicano de la negociación técnica del TLCAN, Kenneth Smith Ramos, señaló que el regreso a Washington del responsble del contenido regional automotriz de Estados Unidos, Jason Bernstein, impidió avanzar en la mesa de ese tema.

La SE informó que a las 14:15 horas los representantes de los tres países darán a conocer los resultados en una conferencia.

La octava ronda será en Washington durante los primeros días de abril.

 

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Donald Trump alienta una guerra comercial; son fáciles de ganar

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar, después de que su plan de fijar aranceles a las importaciones de acero y aluminio generó críticas globales y una caída generalizada de los mercados bursátiles mundiales.

El mandatario se dijo seguro de ganar la guerra comercial que se avizora. Cuando un país está perdiendo miles de millones de dólares en comercio virtualmente con cada país con el que tiene negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar, escribió en Twitter. También anunció que impondrá impuestos recíprocos para nivelar el intercambio comercial; 800 mil millones (de dólares) de déficit comercial no dejan otra opción.

Trump redobló su apuesta por el proteccionismo al adelantar el jueves que la próxima semana se anunciará de manera formal un plan para aplicar aranceles de 25 por ciento al acero y de 10 por ciento al aluminio para castigar prácticas comerciales que, según él, engordan el déficit y roban empleos estadunidenses. El aviso lo hizo mientras se realiza en México la séptima ronda de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en Ciudad de México.

El secretario de Comercio, Wilbur Ross, señaló que la imposición de tarifas tendrá amplios efectos domésticos, pero su impacto será insignificante y calificó de histeria las reacciones iniciales.

Toda esta histeria es mucho ruido y pocas nueces, dijo en televisión, mientras enseñaba latas de productos emblemáticos como cerveza Budweiser, Coca-Cola y sopa Campbell’s.

“Esta es una lata de Campbell’s Soup. Hay alrededor de 2.6 centavos de valor de acero. Si eso sube 25 por ciento eso es alrededor de seis décimas de un centavo sobre el precio de la lata de Campbell’s Soup”, dijo. Es insignificante, aseguró.

Mientras hacía estas declaraciones las bolsas caían y se escuchaban diversas amenazas de represalias de grandes socios comerciales de Estados Unidos y advertencias de organismos internacionales multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial de Comercio (OMC). La Unión Europea apuntó a la posibilidad de adoptar contramedidas.

Europa ha elaborado una lista de productos estadunidenses a los que aplicará aranceles si Trump sigue adelante con su plan. Impondremos aranceles sobre Harley-Davidson, sobre el Bourbon y los jeans Levis, dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, a la televisión alemana. Francia indicó que los aranceles serían inaceptables y China instó a Trump a mostrar contención.

Funcionarios no precisaron si los aranceles incluirán las importaciones de Canadá y México, socios de Washington en el TLCAN, que se encuentra en una fase de renegociación.

Canadá, el mayor proveedor de acero y aluminio a Estados Unidos, dijo que tomará represalias si resulta afectado por estas medidas. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, dijo que cualquier arancel sobre las importaciones de acero y aluminio será absolutamente inaceptable y se comprometió a seguir tratando el asunto con funcionarios estadunidenses.

ArcelorMittal, el mayor productor de acero del mundo, no ha cambiado sus planes para invertir mil millones de dólares en una nueva línea de producción en México, a pesar de la incertidumbre sobre los términos de intercambio comercial en América del Norte, dijo el viernes Ricardo Bussey, director de Asuntos Corporativos de ArcelorMittal México. La firma señaló en un comunicado que está evaluando el posible impacto global de un eventual arancel estadunidense al acero.

El FMI dijo que las restricciones a esas importaciones no sólo perjudicarán a Estados Unidos, sino también a otras economías. El director general de la OMC, Roberto Azevedo, expresó la preocupación por los planes de Washington y advirtió que la posibilidad de una escalada es real, como lo hemos visto por las respuestas iniciales de otros. Una guerra comercial no favorece los intereses de nadie, aseveró.

Estados Unidos importa 20 millones de toneladas de acero al año, por 24 mil millones de dólares, lo que lo hace el mayor importador del mundo, según datos del ministerio alemán de Economía.

Las amenazas de Trump se suman a una serie de decisiones y planes proteccionistas que caracterizan a su gobierno. Entre ellos figura la renegociación del TLCAN, vigente desde 1994, que Trump considera nefasto, y la retirada de Estados Unidos del acuerdo de libre comercio TPP que su antecesor Barack Obama había suscrito con otros 11 países del área Asia Pacífico.

Desde que entró a la Casa Blanca el 20 de enero de 2017 y hasta el 26 de febrero pasado, el Departamento de Comercio abrió 102 investigaciones para la eventual aplicación de derechos compensatorios o antidumping, 92 por ciento más que un año antes.

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