Disturbios en Hong Kong. Andrés Velazquez

En la ‘niebla de la guerra’ resulta difícil hacerse una idea clara de lo que ocurre durante un conflicto, no sólo militar, sino también político. Algo así ocurre con las protestas que suceden estos días en Hong Kong, de las que la ley de extradición “es sólo el detonante”, según Carl Zha, creador de un podcast de importancia creciente en la península.

 

El 31 de marzo comenzaron las primeras manifestaciones en Hong Kong contra la aprobación de ley de extradición, en junio comenzaron a ser multitudinarias y este mes de agosto se han convertido en acciones de bloqueo y ocupaciones. Tratándose de un país como China, las protestas han venido acompañadas de los habituales sesgos y distorsiones informativas. Para formarse una imagen más ajustada de lo que ocurre estos días en Hong Kong, hablamos con Carl Zha, el creador de Silk and Steel, un podcast sobre China cuya popularidad va en aumento.
“La ley es sólo el detonante”, explica Zha a El Salto, “la causa de fondo es el profundo descontento de muchos ciudadanos de Hong Kong hacia la China continental y el gobierno chino”.

Las raíces de la protesta son “más profundas”: “El descontento de la juventud de Hong Kong no es muy diferente al experimentado por los jóvenes occidentales”, aclara. “Después de un rápido crecimiento de 1949 al año 2000, la juventud de Hong Kong se enfrenta a menos oportunidades laborales, un aumento del precio de la vivienda y un futuro económico incierto”, y, “a diferencia de la generación de sus padres y de sus abuelos”, la de hoy “se enfrenta a una perspectiva de declive económico y de sus estándares de calidad de vida”.

Un poco de historia

Para comprender la situación, conviene detenerse un momento y tener en cuenta la historia. “En 1949, cuando los comunistas ganaron la guerra civil china, muchos capitalistas huyeron a Shanghái, llevándose la capital” y “oleadas de refugiados entraron en Hong Kong, primero huyendo de la toma de poder de los comunistas en 1949, y más tarde de la gran hambruna de 1959-1963, proporcionando una ingente mano de obra barata.” Debido al bloqueo al que Occidente sometió a China durante décadas, Hong Kong se convirtió de ese modo “en la única ventana a China”. “Uno de los motivos por los que los comunistas no entraron en Hong Kong es porque necesitaban esta ventana para comerciar con el mundo exterior”, aclara Carl Zha. Esta combinación de factores, continúa, “hizo que Hong Kong despegase” y “se convirtiese en un centro mundial del comercio y las finanzas”.  

En 1978, “cuando China se embarcó en la política de aperturas y reformas, Hong Kong se benefició de su posición única como ventana al mundo, canalizando la inversión hacia la China continental”. “En aquellos tiempos”, observa Zha, “la China continental era desesperadamente pobre tras la Revolución cultural de 1966-1976” y, por ejemplo, “era habitual que un taxista de Hong Kong se permitiese tener varias amantes al otro lado de la frontera”. El boom de Hong Kong “continuó a lo largo de los ochenta y noventa”, en lo que Zha describe como “la era dorada” de la antigua colonia. “Yo crecí en China en los ochenta, Hong Kong era vista entonces como un lugar rico y mágico”, recuerda mientras cita “las películas y series de televisión” que se producían y que llegaban hasta la China continental, Taiwán o las comunidades chinas en la diáspora.

“Pero a medida que la China continental comenzó a desarrollarse económicamente y a recuperarse de décadas de turbulencias políticas y desastrosas políticas económicas, la importancia relativa de Hong Kong comenzó a declinar”, comenta. Y cita como prueba el PIB de Hong Kong, “que en 1993 era el 23% de toda China y hoy sólo representa el 2,9%”. “El mayor contraste puede verse al otro lado de la frontera, en Shenzhen, que era una pequeña aldea de pescadores en 1978, antes de que China la designase como zona especial económica, aprovechando su proximidad con Hong Kong”, dice Zha. Entonces, “Hong Kong comenzó a desplazar su producción al otro lado de la frontera para aprovechar la mano de obra increíblemente barata de China” y la antigua colonia comenzó una transición hacia “una economía orientada al sector servicios, centrada sobre todo en el sector financiero, sirviendo como centro offshore para el capital extranjero que buscaba invertir en China”. Pero más importante aún, “la propiedad inmobiliaria se convirtió en una de las principales fuentes de ingresos”.

“Hay mucho suelo disponible en Hong Kong, pero el gobierno restringió artificialmente el suelo disponible para la vivienda, obteniendo buena parte de sus ingresos de la venta a promotores inmobiliarios” lo que lógicamente “incrementó el precio del suelo y de la vivienda, haciendo que Hong Kong se convirtiese en una de las ciudades más caras del mundo.” Este acuerdo “benefició a los magnates inmobiliarios y al gobierno a expensas de sus ciudadanos, que se enfrentaban a precios cada vez más imposibles de asumir”. 

Falsa nostalgia colonial

Le pregunto a Carl Zha por la chocante presencia de la bandera colonial británica en algunas de las manifestaciones. Los manifestantes, responde, “son más bien jóvenes” que “nacieron o crecieron después de la entrega a China en 1997, así que nunca experimentaron el dominio colonial de primera mano”. Llegados a este punto, advierte, conviene tener en cuenta el sistema político de Hong Kong. “Los británicos dominaron Hong Kong a través de sus gobernadores coloniales hasta que firmaron un acuerdo con China en 1984 para devolver su gobierno en 1997, entonces los británicos trataron de introducir una democracia limitada con un consejo legislativo elegido indirectamente”, explica. La consecuencia fue que “los británicos establecieron a una élite gobernante vinculada a la oligarquía local, y muchos magnates inmobiliarios se aprovecharon de su proximidad con el gobierno”.

La República Popular China “aceptó este acuerdo” por varios motivos. Para empezar, para “calmar a la élite y a la población de Hong Kong, garantizándoles que el gobierno central no interferiría en sus asuntos”, así como para “asegurar la estabilidad y prevenir la fuga de capitales”. Buscando “estabilidad y nuevas oportunidades”, la élite de Hong Kong prometió fidelidad a Beijing. “Pero el dominio oligárquico de Hong Kong no benefició a los ciudadanos” y “el precio de la vivienda seguía siendo demasiado alto”. “Después de 1997, en vez de las 20 mil viviendas anuales prometidas, solo se crearon dos mil”, destaca. Además, la región “perdió el tren a la diversificación de su economía después de que la industria se desplazase a la China continental” y Shenzhen, al otro de la frontera, “pasó de ser un centro industrial offshore a uno de los centros de alta tecnología de China” al mismo tiempo que otras ciudades, como Shanghái, también se convertían en “centros financieros”. Este éxito no pasó desapercibido en Hong Kong, pero comenzó a ser percibido de manera negativa. Muchos de los habitantes de Hong Kong culpaban a sus vecinos de la subida de los precios “e incluso los esfuerzos de la Universidad de Hong Kong por atraer estudiantes de China continental fueron vistos como un intento de privar a los locales de acceso a la institución”.  

El “descontento por la pérdida de oportunidades económicas” es “real” y debe ser tenido en cuenta, pero también que ha degenerado en un “localismo contra lo que era visto como una invasión por parte de los continentales”. “Hasta los intentos de integrar Hong Kong en las ciudades del Río de las Perlas o conectar Hong Kong con la China continental a través de un ferrocarril de alta velocidad se enfrentan a resistencias por parte de la población local”, lamenta Zha. El sentimiento dominante es que los hongkoneses “están perdiendo su estatus especial” y “Hong Kong se convertirá en ‘otra ciudad china’”. Así, “el uso de la Union Jack puede ser visto como una muestra de nostalgia por la época dorada de Hong Kong, cuando ellos eran ricos y sus vecinos de China continental, pobres”. De todos modos, “el partido político que busca la independencia se compone en realidad de un pequeño grupo de personas”, muy capaces, eso sí, de atraer una “desproporcionada atención de la prensa” con sus acciones, presentándose en las manifestaciones con banderas británicas o estadounidenses. “La mayoría de los manifestantes en Hong Kong no se sienten cómodos con el futuro bajo la República Popular China, pero el apoyo a la independencia sigue siendo minoritario”, precisa.

¿Qué puede decirse del independentista Partido Nacional de Hong Kong (HKNP)? “Lo fundó Andy Chan Ho-tin –recientemente detenido– tras la revolución de los paraguas de 2014”, responde Zha. Su objetivo, prosigue, “es la independencia de Hong Kong de China, lo que va contra la Ley Básica de Hong Kong.” El partido “se formó oficialmente en 2016 para participar en las elecciones al consejo legislativo, al que se les impidió entrar en el último momento.” El gobierno de Hong Kong terminó prohibiendo el partido en 2018 utilizando “irónicamente la misma ley que durante el colonialismo utilizaron los británicos para prohibir los partidos pro-chinos en nombre de la seguridad nacional”.

Si la formación de Ho-tin recibe tanta cobertura por parte de los medios occidentales es “por dos motivos”: el primero, porque a Beijing “le gusta destacar las acciones del HKNP para presentar a los manifestantes como traidores a la patria”, y el segundo, “porque a la prensa occidental le excita filmarlos agitando las banderas coloniales con la Union Jack y gritando eslóganes a favor de la independencia de Hong Kong.” En opinión de Zha, el gobierno de Hong Kong no ha gestionado bien la aprobación de la ley y, aunque ya la ha retirado, “en este momento la protesta ya nada tiene que ver con ese proyecto de ley: son gente de Hong Kong librando una lucha en la retaguardia en defensa de sus privilegios”.

Por Àngel Ferrero

2019-08-16 07:15

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 La policía rocía con gas pimienta a los manifestantes del aeropuerto de Hong Kong. En vídeo, el aeropuerto de Hong Kong, este lunes durante la protesta. REUTERS / EPV

Las protestas elevan el desafío al Gobierno chino ante el enfado de los pasajeros

Agentes de la policía han cargado ya bien entrada la noche del martes contra los manifestantes que bloqueaban por segundo día consecutivo el aeropuerto de Hong Kong. La tensión se ha disparado cuando un grupo de médicos trataba de sacar fuera del edificio a una persona herida y los agentes han comenzado a lanzar gas pimienta. En el exterior, varios vehículos policiales fueron bloqueados por los asistentes a la protesta, a lo que agentes antidisturbios respondieron con empujones. Los aviones apenas llevaban unas pocas horas aterrizando y despegando por la mañana cuando los manifestantes volvieron a entrar en el aeropuerto, uno de las más transitados del mundo. Una multitud tomó el interior del edificio e impidió el acceso a los pasajeros. A media tarde, las autoridades cerraron el tráfico aéreo de salida. 

Con este gesto, los manifestantes reafirman su decisión de plantar cara pese a la brutalidad con la que las fuerzas de seguridad se han empleado en los últimos días y a las amenazas de Pekín, que el lunes calificó las protestas de “terrorismo”. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado este martes que el Ejército chino se está desplegando "en la frontera con Hong Kong", según le ha informado el servicio de inteligencia estadounidense, y ha hecho un llamamiento a la "calma". A lo largo del martes se han publicado imágenes que indican que las tropas están concentrándose en Shenzhen, la ciudad al otro lado de la frontera, a apenas 40 kilómetros por carretera del centro de Hong Kong.

Tras acceder al aeropuerto, el octavo del mundo por número de pasajeros y el primero por mercancías, los manifestantes han levantado una empalizada de carros frente a la zona de embarque, impidiendo así el acceso a los pasajeros, lo que ha ocasionado varios enfrentamientos. Muchos de los viajeros se han quejado y algunos han llegado incluso a forcejear para intentar abrirse paso. Pavol Caravaca, turista eslovaco, intentó razonar con ellos planteándoles una pertinente pregunta: “¿Acaso está bien quitarle la libertad a una persona mientras vosotros lucháis por la vuestra?”, según recogió el South China Morning Post.

“Están volviendo a la opinión pública contra ellos”, aseguraba el visitante tras ver frustrada su tentativa. Esta nueva campaña amenaza con dañar la simpatía popular de la que gozan las protestas, como ya sucedió durante la revolución de los paraguas en 2014, en la que los jóvenes acamparon durante meses en el centro de la ciudad hasta provocar el hastío de los ciudadanos.

Uno de los momentos de mayor tensión se ha vivido cuando un grupo de exaltados ha rodeado un joven de nacionalidad china, al que han acusado de ser un policía encubierto. En el interior de su mochila han encontrado dos palos de bambú, y tras rastrear su nombre en Internet han hallado indicios de que podría pertenecer al cuerpo de seguridad pública de Shenzhen. Los manifestantes han atado las manos del joven y le han retenido durante varias horas, en las que ha perdido el conocimiento en dos ocasiones, mientras decidían qué hacer con él. Más tarde han obstaculizado el acceso de los paramédicos, que al final han logrado brindarle atención pero no evacuarle.

Con este martes se cumplen cinco días consecutivos de protestas en el aeropuerto y dos de bloqueo, después de la multitudinaria sentada en la que miles de personas se concentraron para expresar su rechazo a la violencia policial en la represión de las protestas del domingo. 45 personas resultaron heridas ese día, una de ellas una chica que recibió un impacto de una pelota de goma en el rostro, a consecuencia del cual ha perdido la visión de un ojo.

A este respecto se ha expresado este martes Naciones Unidas. La organización internacional ha emitido un comunicado en el que urge al Gobierno de Hong Kong a actuar con contención y a investigar la actuación de sus fuerzas de seguridad, que este domingo se enfrentaron a las protestas “de un modo contrario a la legislación internacional”. Según ha denunciado la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, en un comunicado, “las fuerzas de seguridad han disparado en múltiples ocasiones botes de gas contra los manifestantes en zonas cerradas y directamente hacia individuos concretos, lo que ha creado considerables riesgos de muerte y de heridas serias”.

Estas palabras suponen una crítica sin precedentes para el que durante muchos años fue considerado el mejor cuerpo policial de Asia, una reputación que se ha desplomado a causa de su gestión de las protestas. Imágenes compartidas en redes sociales en los últimos días muestran a los antidisturbios disparando pelotas de goma a menos de dos metros de distancia de los manifestantes y apuntando a la cabeza; así como sometiendo a los detenidos pese a no mostrar resistencia.

Por Jaime Santirso

Pekín 14 AGO 2019 - 02:04 COT

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China advierte a los manifestantes de Hong Kong: “El que juega con fuego, se quema”

Pekín lanza una nuevo aviso contra las protestas en Hong Kong. Tras 22 años de silencio, la Oficina para Asuntos de Hong Kong y Macao del Consejo de Estado ha dado su segunda rueda de prensa en ocho días. El más alto organismo político chino para cuestiones relacionadas con ambos territorios ha alzado este martes la voz para advertir de que las multitudinarias movilizaciones en Hong Kong están arrastrando a la ciudad “por una peligrosa senda de no retorno”. De esta manera, Pekín confirma su intención de implicarse más en el conflicto que sacude al territorio desde hace diez semanas y que este lunes desembocó en la primera huelga general en cinco décadas.

El portavoz, Yan Guang, ha condenado la evolución violenta de las protestas, avisando de que “el que juega con fuego, se quema”, por lo que nadie debería desafiar “la firme determinación y la inmensa potencia del Gobierno central de China”. Yang también ha invitado al Gobierno autónomo de Hong Kong a redoblar la política de arrestos y enjuiciamiento de los manifestantes, lo que se suma a las “propuestas” de actuación compartidas lanzadas en la anterior rueda de prensa –un hecho sin precedentes en un territorio hasta la fecha gobernado de manera autónoma– y que demuestran que Pekín ha decidido tomar cartas en el asunto.

El escenario más dramático pasaría por que el Gobierno chino movilizara al ejército nacional para aplacar las protestas por la fuerza. El portavoz ha subrayado que Pekín cuenta con la legitimidad para hacerlo, solo sería necesario que el Ejecutivo local de la antigua colonia así lo solicitase, tal y como está contemplado en el artículo 14 de la Ley Básica del territorio; aunque ha descartado emplear esa opción de momento. “El Gobierno y la policía de Hong Kong son totalmente capaces de mantener la ley y el orden”, ha asegurado tras reafirmar su apoyo total a ambas instituciones.

Yang también se ha referido a unas supuestas “fuerzas antichinas” como “las mentes maestras” que fomentan la violencia para así crear un caos del que terceros países puedan beneficiarse. Esta narrativa ha calado profundamente entre los sectores prochinos de la sociedad hongkonesa. Tras los enfrentamientos del lunes por la noche entre manifestantes y miembros de mafias locales en el barrio de North Point, los vecinos –la mayoría inmigrantes procedentes de la provincia china de Fujian– se mostraban indignados ante la presencia de occidentales en la zona, a los que acusaban de ser espías, y exigían a la policía su detención.

Esta atmósfera de tensión choca con la identidad urbana de Hong Kong: una ciudad global y cosmopolita, famosa por su mezcla de razas y culturas, en cuya Administración todavía trabajan varios cientos de funcionaros británicos que decidieron quedarse tras la transferencia de soberanía en 1997. “Al final, también los que operan en la sombra serán castigados”, ha sentenciado Yang.

De cara a los próximos días, el representante de la oficina del Consejo de Estado ha llamado a la población de Hong Kong a “adoptar un frente unido frente a la violencia”. Para ello, ha empleado como ejemplo el comportamiento de una mujer que en un centro comercial se negó a sostener una bandera del Reino Unido y el de dos hombres que se encararon con los manifestantes “para plantearles la pregunta más importante que se debe hacer: cuando las cosas estén fuera de control, ¿quién será la víctima?”. Estas declaraciones no encuentran reflejo en la enorme simpatía popular de la que gozan las protestas en Hong Kong. Durante los múltiples cortes de tráfico que tuvieron lugar en los últimos cuatro días consecutivos de movilizaciones, podía verse cómo desde el interior de los vehículos detenidos mucha gente mostraba su apoyo a los manifestantes con gestos de aliento.

Pero no solo el Gobierno chino se ha hecho oír. Esta mañana, el superintendente jefe de relaciones públicas el cuerpo de policía, John Tse, ha informado de que en la noche del lunes se realizaron 148 arrestos a causa de los enfrentamientos que tuvieron lugar en varios distritos de la ciudad al mismo tiempo. Ha apuntado también que solo el lunes se dispararon 800 bombas de gases lacrimógenos, poco menos de las 1.000 empleadas desde que las movilizaciones comenzaron el pasado 9 de junio. El superintendente, por último, ha disculpado a la Asociación de Policías Jóvenes por referirse a los manifestantes en un comunicado como “cucarachas”, un término popularizado por los sectores prochinos, lo que ha justificado por “la enorme presión, verbal, física y digital que están soportando”.

Del mismo modo, tres portavoces de los manifestantes se han colocado frente a los micrófonos, protegidos por máscaras y cascos amarillos, para denunciar los abusos policiales y reiterar sus cinco exigencias fundamentales al Ejecutivo hongkonés: la retirada definitiva de la polémica ley de extradición, que está en el origen del conflicto y permitiría por primera vez entregar sospechosos a Pekín; que no se emplee el término “revueltas” para referirse a las protestas; una amnistía para todos los detenidos; la puesta en marcha de una investigación independiente que evalúe la actuación policial, y la dimisión de la jefa del Ejecutivo local, Carrie Lam.

En este cruce de declaraciones no ha participado Lam, que el lunes compareció durante la huelga general para reiterar su postura de que la ciudad debe volver al orden. Mientras tanto, un equipo de voluntarios limpiaba las calles de la ciudad que, por un día y solo hasta que la batalla continúe, ha encontrado un momento de respiro.

 

Pekín 6 AGO 2019 - 10:59 COT

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El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló no resistió al embate ciudadano y renuncia a su cargo

Ricardo Rosselló, que llevaba dos años y medio en el poder, es el primer gobernador de la isla que dimite a mitad de mandato.

 

 

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, anunció este miércoles su dimisión a partir del 2 de agosto, a consecuencia del escándalo desatado por su participación y algunos de sus asesores, en un chat en el que insultan y se burlan de periodistas, artistas y políticos, y el colectivo LGTBI.

Rosselló, que llevaba dos años y medio en el poder, es el primer gobernador de la isla que dimite a mitad de mandato. Tras el anuncio, ofrecido más de seis horas después de la hora prevista, miles de personas que se han aglutinado al inicio de la calle Fortaleza, que conduce hasta la sede del ejecutivo, estallaron de júbilo.

"Ricky (Rosselló) te botamos", gritaban al unísono tras conocer la decisión. En varias partes de la ciudad los ciudadanos salieron a las ventanas y llevaron a cabo un cacerolazo. En su mensaje grabado, el gobernador indicó que la persona que le sustituirá al frente de la gobernación será la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez.

La isla se encontraba inmersa desde hace once días en la peor crisis política de su historia a consecuencia de la participación de Rosselló, junto a varios asesores, en un chat en que insultan y se burlan de periodistas, artistas y políticos, y el colectivo LGTBI. "Luego de escuchar el reclamo, hablar con mi familia, pensar en mis hijos y en oración, hoy les anuncio que estaré renunciando al puesto del gobernador efectivo 2 de agosto", dijo el gobernador.

A su vez, indicó que espera que esta decisión "sea un llamado de reconciliación ciudadana" y se mostró convencido de que culmina su mandato deseando la paz y el progreso del país". Para este jueves se mantiene la convocatoria realizada este martes por el cantante Residente de una manifestación masiva en el distrito financiero de San Juan a la que también asistirán otros interpretes

san juan

25/07/2019 07:47 Actualizado: 25/07/2019 07:47

efe


 Qué decían los mensajes de Telegram que derribaron al gobernador

 

 

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, bajo presión tras el arresto de dos exfuncionarios y acusaciones de impropiedad, renunció este jueves a su cargo después de la filtración de chats llenos de blasfemia entre el gobernador y sus principales asesores.

Los mensajes que constituyen el denominado "ChatGate" surgieron lentamente hace unos veinte días y luego el Centro de Periodismo Investigativo publicó casi 899 páginas de las conversaciones en su sitio web.

 

Los problemas de Rosselló se profundizaron luego de la publicación de los chats, tomados del servicio de mensajería Telegram, que presentan al gobernador y su equipo como profanos, vengativos y crueles. Se burlan de sus opositores políticos con insultos a menudo misóginos y homofóbicos, fantasean abiertamente sobre el asesinato de la alcaldesa de San Juan, Carmen Carmen Yulín Cruz, y se burlan de los puertorriqueños comunes con los que el gobierno entró en contacto.

 

La filtración del chat del gobierno incluía dos meses de mensajes con expresiones machistas y homófobas, insultos, burlas y otras expresiones despectivas, incluso sobre el manejo de cadáveres de víctimas del huracán María -que dejó cerca de 3.000 muertos en Puerto Rico en 2017-, lo que llevó al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a decir que Rosselló era "un gobernador terrible".

 

La divulgación de los mensajes, de alto contenido machistas y homófobas, de Rosselló y su grupo de colaboradores y allegados más cercanos, provocando la inmediata renuncia del secretario de Estado, Luis G. Rivera, y del director ejecutivo de la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal de Puerto Rico y representante del gobierno ante la Junta de Supervisión Fiscal (JSF), Christian Sobrino, que se burlaba de la orientación sexual del cantante Ricky Martin.

 

El "ChatGate" llevó al jefe de la cámara de Representantes de Puerto Rico en el Congreso, Carlos Johnny Méndez, miembro del Partido Nuevo Progresista de Rosselló, a decir que había perdido confianza y pidió al gobernador que "revaluara" su posición. mientras el opositor Partido Popular Democrático se unió al PNP para denunciar a Rosselló, y la exgobernadora del PPD, Sila María Calderón, comentó que el gobernador no tenía "la fuerza moral para gobernar".

 

Los escándalos socavaron a Rosselló mientras luchaba por su presupuesto y la asignación de la ayuda estadounidense para la reconstrucción tras el huracán María. Puerto Rico está en negociaciones con titulares de aproximadamente US$18.000 millones de la deuda del gobierno, la última gran parte que busca reducir en la bancarrota. Como respuesta, miles de manifestantes marcharon durante trece días por las calles del Viejo San Juan, cerca de la mansión del gobernador, exigiendo a "Ricky", como se le conoce, su renuncia. Golpearon tambores, cantaron y se unieron a los feligreses que salían de una iglesia.

 

Los espeluznantes textos fueron publicaron días después de que el Departamento de Justicia de EE.UU. anunció las acusaciones del exsecretario de Educación de Rosselló y del director de la administración de seguros de salud por adjudicaciones de contratos gubernamentales. Después de la acusación, Rosselló dijo que estaba "avergonzado" e "indignado", pero prometió permanecer en el puesto que ganó en 2016. "Reconozco que he cometido errores y mi compromiso número uno ha sido buscar la reflexión y la sabiduría del Todopoderoso", dijo.

 

De qué hablaban Rosselló y sus colaboradores

 

Sobre Melissa Mark-Viverito, expresidenta del Consejo de la Ciudad de Nueva York, el gobernador dijo que era una "P***" porque había criticado al presidente del Comité Nacional Demócrata: “Nuestra gente debería salir... y golpear a esa p***", escribió Rosselló. “Una persona que usa ese lenguaje en contra de una mujer, sea o no una figura pública, no debe gobernar a Puerto Rico… este tipo de comportamiento es completamente inaceptable”, replicó Mark-Riverito en Twitter.

 

Sobre alcaldesa de San Juan Carmen Yulín Cruz, gran crítica del exgobernador, el director fiscal de Puerto Rico y representante de Roselló en la junta federal responsable de manejar la crisis financiera de Puerto Rico dijo: "Estoy salivando para dispararle”, escribió. “Me estarías haciendo un gran favor”, respondió el gobernador.

 

En otro momento de la conversación, el gobernador escribió que la alcaldesa debió "dejar de tomar sus medicamentos" cuando decidió aspirar en las elecciones contra él, que se iban a celebrar en 2020. "O eso, o ella es una tremenda hijuep***", dijo.

 

Sobre el cantante puertorriqueño Ricky Martin, el mismo colaborador dijo: "Nada dice opresión patriarcal como Ricky Martin. Es un machista tan machista que se c*** a los hombres porque las mujeres no están a la altura. Es un patriarcado puro". Refiriéndose a la junta de supervisión federal, Rosselló escribió en inglés, "go f — yourself", seguido de una serie de emojis del dedo medio.

 

En otro momento de las extensas conversaciones, uno de los funcionarios de Roselló hizo una broma sobre las crecientes pilas de cadáveres en la morgue después del huracán María en septiembre de 2017: "Ahora que estamos en el tema, ¿no tenemos algunos cadáveres para alimentar a nuestros cuervos?

 Fuente: Rebelión

Perfil

 

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Viernes, 21 Junio 2019 06:36

Honduras en llamas

Honduras en llamas

Tomas de calles y carreteras y algunos conatos de quemas de negocios, es el escenario que se vive esta noche en Honduras, en una nueva jornada de protestas por parte de la ciudadanía que ha salido masivamente a las calles a exigir la salida del poder del gobernante, Juan Hernández.

El clima de insurrección resurgió en los hondureños la tarde de este miércoles. El pueblo se ha autoconvocado nuevamente a las calles para exigir la salida del gobernante Juan Hernández, quien ha ordenado al Ejército atrincherar Casa Presidencial.

Hasta ayer, la lucha social estaba enfocada por la defensa de la Salud y Educación pública; sin embargo, luego que las Fuerzas Especiales de la Policía declararan “brazos caídos” denunciando violaciones a sus derechos y abusos por parte de sus autoridades, el pueblo hondureño decidio salir a tomar las calles.

«Le reiteramos al Gobierno que nuestra postura es firme, y que no vamos a reprimir más al pueblo hondureño. Que busquen una solución mediante el diálogo», comunicaron desde la facción en paro de la DNFE, pidiendo a los demás colegas sumarse al paro y a los manifestantes abstenerse de realizar actos violentos y vandálicos.

Los policías manifestaron, mediante un comunicado, que no reprimirán a la población que se manifieste en las calles porque las protestas son justificadas.

Según cita Reuters, Orlin Cerrato, Comisionado de la Policía hondureña, declaró que estos agentes de brazos caídos corresponden a un 10 % de las fuerzas policiales de la DNFE, que suma cerca de 3.000 miembros alrededor del territorio nacional.

En las últimas seis semanas, la lucha social era comandada por la Plataforma para la Defensa de la Salud y Educación, coalición que se formó contra la privatización de ambos derechos sociales; sin embargo, luego de conocer la postura de las Fuerzas Especiales de la Policía Nacional, más la crisis de desabastecimiento de combustibles por el paro de transporte de carga, ha motivado al pueblo a exigir la renuncia del jefe de Estado, los hondureños han vuelto a las calles de forma masiva.

En Tegucigalpa, ya se reporta tomas de avenidas en el bulevar Centroamérica, barrio El Guancaste, Hato de Enmedio, Prados Universitarios y la Colonia Kennedy. No obstante, las acciones se reportan en todo el país. A raíz de los incidentes entre los uniformados, la población reaccionó de manera espontánea y comenzó a tomarse puentes, calles y carreteras en los cuatro puntos cardinales. Momentáneamente la población está siendo reprimida por los elementos de la Policía Nacional Preventiva y de la Policía Militar del Orden Público.

Cabe destacar que más temprano este miércoles, en una radio hondureña, el expresidente de la República, derrocado en el golpe de Estado de 2009, Manuel Zelaya, informó que las bases de Libertad y Refundación (Libre), estaban obligadas a luchar con la Plataforma sin condiciones.

Además, dijo que Honduras está atravesando “brotes de insurrección popular en todo el país”. Zelaya también mencionó que hoy la salida de las elecciones “no representa nada para nosotros. La única opción que tenemos es la rebelión, amparada en la Constitución”.

El expresidente, advirtió a la población que durante las próximas horas debe estar “en vanguardia y alerta popular sin distintivos políticos”. Lo anterior porque desde anoche se vive un ambiente que según estimaciones de dirigentes políticos, podría significar el fin del régimen de Hernández.

En tanto, el candidato presidencial de la Alianza de Oposición Contra la Dictadura, Salvador Nasralla, se dijo listo para tomar lo que considera que por derecho ganó en las elecciones de 2017.

Luego de la entrevista de Zelaya, por redes sociales giró un afiche que convocaba al pueblo a las calles inmediatamente, ante esta alerta, poco a poco las estaciones de servicio empezaron a tener mucha más afluencia de vehículos que en la mañana, atendiendo hasta quedarse sin reservas de combustibles.

De igual manera, varios supermercados en toda la capital, poco a poco van llenándose de ciudadanos preocupados por un posible golpe al poder político del país. Esto luego del paro de transporte pesado que ha imposibilitado el abastecimiento de insumos.

Corrupción

Juan Hernández ha sido salpicado por la corrupción. En junio de 2015, cuando se descubrió el descomunal saqueo en el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), confesó que su campaña política de 2013 recibió al mensos 150 mil dólares de empresas que participaron en el desfalco.

Según publicaciones de medios locales, Hernández y su entorno familiar habrían drenado al menos 4.500 millones de lempiras de instituciones del Estado mediante la utilización de organizaciones no gubernamentales.

Honduras viene enfrentando una crisis de ingobernabilidad que se acentuó con las elecciones de noviembre de 2017, por un fraude electoral y por la violación de la Constitución de la República, que prohíbe la reelección presidencial.

Hernández, sigue a merced de una crisis de legitimidad y en medio de dos diálogos: uno gestado por él mismo con sectores afines y otro liderado por la Plataforma por la Defensa de la Salud y la Educación, integrado por los docentes, médicos y personal de la salud, con el respaldo de la mayoría de los hondureños, que exige un sistema sanitario y educativo gratuito y de calidad. La exigencia comenzó para hacerle frente a un proceso privatizador de la salud y la educación, iniciado en los últimos nueve años.

En medio de la lucha por la salud y educación, que inicio desde abril, los ciudadanos han seguido exigiendo, mediante protestas, la salida de Hernández.

La crisis social en Honduras se ha comenzado a sentir en las últimas horas con el desabastecimiento de combustibles en las principales ciudades del país, debido a un paro de labores por parte del sector de carga pesada que lleva tres días consecutivos en tomas de carreteras.

Esta noche se reportaban cierres en las carreteras que dan acceso a las fronteras con El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Mientras las empresas de transporte interurbano anunciaban el cierre de operaciones para mañana.

Esta noche los hondureños se siguen auto convocado a las calles y han programado un cacerolazo a partir de las 8:00 de la noche.

Mientras la crisis se acentúa con el paso de las horas, el gobierno de Hernández no ha reaccionado al respecto. Lo único que se ha observado es el gran despliegue de militares en la Casa Presidencial.

El pueblo está a nueve días de conmemorar el décimo aniversario del golpe de Estado, que para analistas de la vida social y política, ha significado el génesis de todos los males que sufren los hondureños: violencia, miseria, caravanas migrantes y violaciones a los derechos humanos.

Fuentes: Criterio, RT, El Libertador

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El Gobierno de Hong Kong anuncia la suspensión del polémico proyecto de ley de extradición

La ministra jefa, Carrie Lam, hace pública la decisión en una rueda de prensa

 

 

El Gobierno autónomo de Hong Kong ha anunciado este sábado la suspensión, sin fecha para retomarlo, del polémico proyecto de ley de extradición que permitiría por primera vez entregar sospechosos a China. El aplazamiento sine die representa una espectacular marcha atrás de la ministra jefa, Carrie Lam, que tras la manifestación de protesta hace una semana, en la que participaron un millón de personas, insistió en que seguiría adelante con los planes. Pero los opositores de la ley no lo interpretan como una victoria, sino una maniobra de Lam para ganar tiempo. E insisten en que mantendrán la presión y la nueva gran manifestación convocada para este domingo hasta que el proyecto de ley acabe definitivamente en la papelera.

“Tras repetidas deliberaciones internas en los últimos dos días, anuncio que el Gobierno ha decidido suspender la tramitación de la enmienda legislativa, empezar de nuevo nuestra comunicación con todos los sectores de la sociedad, explicar más y escuchar los distintos puntos de vista de la sociedad”, indicó Lam, en una acalorada rueda de prensa en la sede de las oficinas del Gobierno de Pekín en Hong Kong.

El proyecto de ley tiene su origen en un caso de asesinato en Taiwán, del que es principal sospechoso un individuo actualmente preso en Hong Kong por otros delitos. El territorio autónomo solo puede entregar fugitivos a la veintena de países con los que mantiene un acuerdo de extradición. Es “un obvio vacío legal”, sostenía ministra jefa, al defender aún este sábado, tras el abandono al menos temporal del proyecto de ley, la necesidad de la medida.

Pero, en lugar de pactar un acuerdo con Taiwán, el Gobierno autónomo hongkonés planteó una reforma a la ley para permitir la extradición, siempre caso por caso, de sospechosos, tanto locales como extranjeros, a países con los que no mantuviera acuerdos. Incluido China.

Macarena Vidal Liy

Hong Kong 15 JUN 2019 - 09:36 COT

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Lunes, 20 Mayo 2019 05:43

Bolsonaro mejor que Guaidó

Bolsonaro mejor que Guaidó

Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente de Brasil, en Buenos Aires alertó que una victoria electoral de Cristina Kirchner supondría el riesgo de que Argentina se convirtiera en Venezuela. Curiosamente, se expresó mientras su padre está consiguiendo lo que no puede Guaidó… sólo que al revés: por todas partes, surgen levantamientos y oposición creciente contra el actual mandatario. En estos momentos, hay fuertes chances de que la presidencia Bolsonaro se convierta en una gestión exprés. La palabra impeachment ya forma parte del léxico corriente en medios de comunicación y redes sociales. 

La histórica marcha del miércoles 15 de mayo, cuando cerca de dos millones de personas salieron a la calle a protestar contra el recorte en educación en alrededor de 200 ciudades de Brasil, fue un punto de inflexión de un cúmulo de rechazo a su figura, a los de sus hijos y a las figuras más cercanas al presidente. Quienes en la campaña electoral pensaron, seguramente, que su estilo violento y belicoso constituía una estrategia electoral para atacar a sus opositores, están percibiendo que constituye una faceta de su personalidad. Da la impresión de que su capacidad de diálogo es nula, y sólo sabe expresarse en forma agresiva –aun cuando puede no ser su intención–. Sobre esto, pareciera que con sus hijos procuró fortalecer su figura en una relación directa con su base electoral, desprestigiando a sectores que formaban parte de la coalición de gobierno, como militares (que ocupan varios cargos del vicepresidente para bajo) y partidos políticos aliados. Además, económicamente, cerró con su “superministro” Paulo Guedes en una opción extremadamente neoliberal y cien por ciento subalterna a capitales estadounidenses que incluye la entrega de la explotación extrema de los recursos naturales, de las instituciones financieras estatales y empresas como Petrobras. En esta estrategia, Guedes colocó todas las fichas a que se apruebe una brutal reforma previsional como necesaria para evitar la catástrofe económica, que encuentra resistencias dentro y fuera del parlamento.


Esta estrategia de sumisión a la actividad privada es completada con la gestión del Ministro de Educación Weintraub que, al ser convocado en medio de la protesta estudiantil por el Congreso, dejó bien en claro que el objetivo no era el recorte del presupuesto educativo, sino la extinción del sistema educativo público. En línea con el presidente, descalificó a los estudiantes y afirmó que los egresados de las universidades públicas no sabían nada. La realidad es lo contrario; no sólo son las públicas las que ocupan los primeros puestos en ranking nacionales –con sólo dos o tres privadas–, sino que incluso están entre los primeros puestos en mediciones de países emergentes, y algunas públicas tienen respetables colocaciones incluso a nivel internacional. Así, quedó en claro el proyecto gubernamental de desmantelar la educación pública, en beneficio de la privada, que el ministro elogió sin fundamento alguno.


De modo similar, el canciller Ernesto Araújo alineó la política externa de Brasil a Estados Unidos en una cruzada moralista que identifica la “globalización” como un proceso manejado por el “marxismo cultural” y los riesgos climáticos una “conspiración comunista”, aun a costa de perder mercados externos importantes. Mientras tanto, la economía se paraliza, la bolsa cae y el dólar se dispara. Además, la consultora A.T. Kearney sacó a Brasil, por primera vez, de los 25 principales destinos para los inversores de Estados Unidos. Durante el gobierno de Dilma Rousseff estaba en tercer lugar.


Bolsonaro fue perdiendo apoyos propios en la última semana. Incluso su “gurú” el astrólogo Olavo de Carvalho anunció que dejará de participar en la política de Brasil. El Movimiento Brasil Libre, gran participante de la caída de Rousseff y de la onda anti-PT, también anunció su ruptura. Los estudiantes ya convocan una movilización mayor para el 30 de mayo, y, además, sumarse a la Huelga General del 14 de junio contra la reforma previsional. Los tres medios principales, O Globo, y en San Pablo, Folha y Estado, en sus editoriales son muy críticos del manejo político del presidente y de sus ataques a la democracia. Las investigaciones de corrupción y asociación ilícita sobre otro de sus hijos, Flavio, crecen cada día y afectan a casi 100 personas que estuvieron contratadas en su despacho o movieron dinero, incluyendo la esposa del actual mandatario.


La respuesta de Bolsonaro parece ser jugarse a todo o nada. Las redes convocan a una gran marcha en su favor el 26 de mayo, luego que el presidente diera el puntapié a la divulgación por whatsapp de una carta que lo coloca como víctima de los conspiradores en el poder, y cuasi proponiendo un cierre del Congreso y de la Corte. Ante la denuncia de que más del 60% de los perfiles que lo apoyan en redes son falsos, habrá que esperar si las tendencias en Twitter en su apoyo tienen base social o no. Por la dudas, el influyente columnista Reinaldo Azevedo afirmó: “después de la carta, la salida es suicido o renuncia. Sugiero la segunda”. Si llega ser el caso, al menos su presidencia habrá durado más que la de Guaidó.
* Profesor Ufrgs (Brasil).

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Inventar la democracia directa, organizarse en contrapoderes

Presentamos una relación detallada de la segunda ‘Asamblea de Asambleas’ de Saint-Nazaire, pero también un análisis del movimiento de los gilets jaunes: composición social y política, y conjunto de reivindicaciones y formas organizativas.

El martes 16 de abril, el presidente Macron habría tenido que presentar las “reformas” políticas y sociales con las que, tras la muy cuestionada consulta nacional del Grand Débat, pretende dar respuesta a un movimiento que sigue avanzando. No obstante, el incendio de Notre-Dame ha dado a Macron la excusa perfecta para retrasar unos días el anuncio de dichas medidas, en un intento de sortear el atolladero político en que se encuentra en este momento, a través de una contundente llamada a la unidad nacional y al redescubrimiento de la identidad del pueblo francés. En realidad, la reconstrucción de Notre-Dame y los homenajes televisivos a los magnates que han donado grandes sumas de dinero en un clima de conmoción han sido también objeto de un encendido debate político, en un país en el que las cuestiones sociales y democráticas planteadas por los gilets jaunes (chalecos amarillos) han dejado de poderse ignorar.


Desde el viernes 5 y hasta el domingo 7 de abril, a casi cinco meses del inicio de la sublevación de los gilets jaunes, más de doscientas delegaciones provenientes de toda Francia, compuestas siguiendo el principio de la paridad de género y el mandato imperativo, se reunieron en la Maison du Peuple de Saint-Nazaire para tomar parte en la segunda Asamblea de Asambleas (de ahora en adelante, AdA), tras la celebrada en Commercy los pasados 26 y 27 de enero.


On a tous un rond-point en commun (Tenemos todos una rotonda en común)


La devaluación de la democracia directa reaparece persistentemente en el debate actual a través de una serie de clichés.


Por un lado, sus detractores nos dicen que la ‘democracia directa’ sería un mero suplemento de la máquina de la representación que entraría en juego como un potencial correctivo en fases de crisis. Aquí se incluyen las diversas declinaciones débiles del término ‘participación’. En el extremo opuesto se sitúan quienes utilizan el término en modo impropio o manipulador, asociándolo a la abusada y ambigua fórmula política del populismo. En este caso la ‘democracia directa’ asumiría las características del referéndum, para ser más tarde encerrada en la camisa de fuerza de la representación (más o menos) carismática por parte de un determinado líder.


Tanto en el caso de los detractores como en el de los usurpadores, la democracia directa se considera siempre la fase adolescente de un movimiento, antes de su llegada a la edad adulta, la de la “gran política”.


En el caso de los gilets jaunes, es decir, de una “revuelta histórica” en lucha contra un “poder histérico”, las cosas son bien distintas. A estas alturas resulta evidente que los gilets jaunes se niegan a transformarse en partido y, de hecho, han rechazado cualquier oferta electoral, prefiriendo la irrupción multitudinaria en los espacios urbanos, el bloqueo de la economía y la experimentación colectiva. El rechazo a la democracia representativa se realiza en nombre de la propia democracia. Entre Commercy y Saint-Nazaire, empieza ahora a delinearse una forma precisa de expresión política del movimiento, que continúa en desarrollo.


Democracia directa asume aquí un triple valor:


a) Antes que nada, se trata del nombre común alrededor del cual se han reunido un conjunto de grupos locales, asambleas ciudadanas, casas del pueblo, comités de barrio y asambleas de banlieu que constituyen el “cuerpo” de un movimiento policéntrico y muy distribuido a nivel territorial y en las redes sociales digitales. El punto de origen, junto con una petición online, es la ocupación de la “rotonda”, el primero de una serie de círculos concéntricos que configuran una organización de tipo horizontal, la cual se desarrolla siguiendo lógicas asociativas y la pragmática del encuentro.


b) En segundo lugar, “democracia directa” es un modus operandi que la AdA ha hecho proprio, autodefiniéndose, en la inauguración de los tres días de asambleas, como una “plataforma de inteligencia colectiva”, con el objetivo de favorecer que se compartan experiencias, que se cree un mutualismo de ideas y de prácticas y que se mejore la coordinación entre grupos. El método del consenso, los grupos de trabajo y la continua descomposición y recomposición de los “círculos” de debate han permitido sustituir, en el arte de la decisión colectiva, el principio de la mayoría por el de la aglomeración de las diferencias en puntos de convergencia.


c) Por último, la democracia directa es, en el contexto político actual de Francia y Europa, un terreno de lucha, podría decirse vertical, contra Macron y su mundo, contra el desastre social y ecológico del neoliberalismo en pleno Capitaloceno. Ese enfrentamiento vertical se define en términos de asimetría. Los “Actos” del sábado se mueven así al ritmo de la proliferación de instituciones autónomas del movimiento, lo que la AdA define como “contrapoderes populares y locales”.


Por tanto, no se trata simplemente de recuperar un viejo sentido perdido de democracia directa. La AdA quiere aventurarse en el sendero del descubrimiento y la invención. El llamamiento final dice: “Frente a la mascarada del Grand Débat, frente a un gobierno no representativo y al servicio de una minoría privilegiada, nosotras construimos las nuevas formas de la democracia directa”.


La Maison du Peuple de Saint-Nazaire


La Maison du Peuple (Casa del Pueblo) de Saint-Nazaire, un edificio abandonado perteneciente al Pôle Emploi, fue ocupada el 24 de noviembre de 2018, justo una semana después del inicio de la rebelión. Algunos la definen como el “centro nervioso” de un tejido conectivo mucho más amplio que comprende tanto la ciudad de Saint-Nazaire como la banlieu que la rodea.


En los inicios del movimiento, la Maison du Peuple se convirtió rápidamente en punto de encuentro de las rotondas y párkings ocupados por los gilets jaunes de la región. Cada tarde tiene lugar una asamblea plenaria y solo el sábado se organizan conciertos, al final de cada Acto. Con el tiempo, la Maison se ha transformado en un taller de autoproducción que aloja: una serigrafía, una red de encuentro entre comedores y agricultores de la región (algunos de los cuales producen dentro de la Zone À Défendre, más conocida como ZAD) y una plataforma de comunicación digital independiente.


El llamamiento de la AdA se ha acompañado con una invitación a construir Maisons du Peuple por toda Francia: “nuestras Maisons du Peuple son lugares de vida, de solidaridad, donde el calor del colectivo nos hace dejar de sentirnos solos, donde aprendemos a escucharnos y a aceptar nuestras diferencias, y de la que no podríamos prescindir. Y no importa si estos espacios están bajo amenaza de desalojo, si éste llegara a consumarse encontraríamos otros lugares. La Maison du Peuple no es solo un edificio: se mueve al compás de nuestros propios movimientos.


En 1789 el pueblo insurrecto se reunía en los clubs y en los cafés, a principios del siglo XX, los obreros reforzaban su solidaridad en las Bourses du Travail, en 1936 y en 1968, las fábricas en huelga se convirtieron en el corazón de la lucha. Nuestras Maisons du Peuple se inscriben directamente en esa continuidad”.


Para alojar la AdA, los gilets jaunes de Saint-Nazaire realizaron inicialmente una petición al Ayuntamiento para obtener la cesión temporal de edificios públicos. Frente al rechazo del consistorio, reestructuraron por completo el espacio de la Maison du Peuple, echando abajo muros e instalando una carpa de circo en el terreno limítrofe.


La Maison du Peuple ha propuesto un método inspirado en cuatro principios:


a) Confiar en la inteligencia colectiva.


b) Recordar que ningún individuo tiene la solución perfecta, pero que en colectivo podemos encontrar una parte de la solución.
c) Aceptar que tenemos derecho a equivocarnos.


d) Saber que es necesario llegar a puntos de convergencia sin necesidad de ocultar las divergencias.


Los promotores han invitado a quince personas “facilitadoras”, cuya tarea ha sido moderar los debates y asegurar un clima “benévolo” en las asambleas plenarias. Una tarea necesaria, considerando la heterogeneidad de los puntos de vista y la diversidad de los modos de practicar la “toma de la palabra”; por no hablar de la diversidad de culturas políticas presentes. Tras una reflexión sobre la naturaleza y el funcionamiento de la próxima AdA, se ha llegado a un acuerdo general para que ésta se reúna una vez cada mes y medio, de forma que continúe y se consolide la relación de fuerzas en todo el país. La próxima AdA se celebrará antes del verano, y la siguiente, en septiembre.


Geografía social de la AdA


Dentro de la sala donde se desarrollan las asambleas plenarias hay colgado un mapa de Francia, en el que cada comité ha colocado un símbolo distintivo. El número de delegaciones ha crecido respecto a la AdA de Commercy (de 70 a 230), así como su diversidad social y territorial. En relación a su proveniencia, cada delegación ha compartido sus modos de encuentro y organización. En las zonas rurales predominan las “rotondas”, mientras en las ciudades y las zonas periurbanas, lo hacen los comités de barrio y las asambleas de banlieu. También han participado delegaciones de zonas rurales agrícolas o turísticas (principalmente del Sureste de Francia, pero también de regiones del Centro), de zonas rurales obreras (Este y Norte), de zonas periurbanas (alrededor de grandes ciudades como París o Burdeos y de las regiones occidentales del país), de ciudades medianas como Estrasburgo, Montpellier, Grenoble o Nantes, de grandes ciudades como Burdeos, Toulouse o Lyon y también de la metrópoli parisina (región de la Île de France).


La AdA de Saint-Nazaire ha mostrado que la distribución territorial de los gilets jaunes es mucho más rica y articulada de lo que quieren hacernos creer algunas lecturas mainstream fundadas en las maniqueas dicotomías del urbano-rural, de la ciudad-campo o del centro-periferia.


Lejos de ser social o geográficamente “periféricos”, resulta ahora evidente que los gilets jaunes se sitúan en el centro de la lucha por la apropiación del excedente social (“partage des richesses”, “reparto de la riqueza”), de la lucha por la revalorización del trabajo (“nous voulons vivre des nos métiers”, “queremos vivir de nuestros oficios”), de la lucha por construir resistencias a la privatización de lo existente y por la desposesión del bien común (“Fin du monde, fin du mois, mêmes responsables, même combat!”, “¡Fin del mundo, fin de mes, mismos responsables, misma batalla!”). Se demuestra así que la lucha de los gilets jaunes es inseparable de la reescritura de las actuales geografías del poder político y económico (“Réapprenons à vivre ensemble où nous habitons”, “Reaprendamos a vivir allí donde habitamos”).


No es casualidad que el movimiento, durante los últimos meses, haya debatido cada vez más sobre la temática de la vivienda, acompañándola con la práctica de la apropiación del espacio urbano. Precisamente porque los habitantes de las grandes y medianas ciudades, junto con quienes viven en pueblos pequeños mal comunicados y sin servicios públicos, se ven cada vez más empujados a establecerse en las áreas periurbanas como consecuencia de la gentrificación y de la especulación inmobiliaria, los gilets jaunes han orientado sus acciones hacia los barrios ricos de las principales ciudades francesas, obstaculizando los circuitos del consumo y del turismo.


Ahora, junto con los Actos del sábado, empieza a prefigurarse una perspectiva constituyente definida como municipalista (o comunalista), propuesta inicialmente por los gilets jaunes de Commercy, y compartida en Saint-Nazaire por un gran número de grupos. Con esta expresión se critica la organización centralista que caracteriza al Estado francés, y se exige en primer lugar un poder de decisión sobre la gestión y la organización de los servicios públicos locales y sobre las políticas urbanas y territoriales. La propuesta de Commercy destaca, además, la necesidad de construir asambleas populares permanentes y, allí donde la relación de fuerzas lo consienta, presentar listas electorales locales e independientes vinculadas al mandato imperativo. Sobre este último aspecto, el debate está aún totalmente abierto, y en el llamamiento final se ha invitado únicamente a la creación de asambleas populares locales.


“Gilets jaunes, quel est votre métier?”


Los tres días de asambleas se han desarrollado en un clima de gran entusiasmo y determinación colectiva. Y esto a pesar de que las cifras de la represión gubernamental (cuyos responsables se presentan ahora como candidatos a representar “la Europa que protege”) hayan alcanzado una dimensión inédita en el contexto de la historia francesa reciente. Pero el miedo o el victimismo no forman parte de las tonalidades emotivas de los gilets jaunes. Entre una plenaria y otra, han resonado cantos y gritos de batalla, tan alentadores como irónicos: “Gilets Jaunes, quel est le votre métier? Ahou! Ahou! Ahou!”. Este grito, que en Italia se hizo popular entre 2008 y 2010, durante la Ola [último gran movimiento estudiantil italiano, nacido bajo el cuarto gobierno de Silvio Berlusconi, N. del T.], es proferido en esta ocasión por un grupo cuya composición social es mucho más amplia e irregular: jubilados, obreros,profesores, trabajadores de plataformas digitales, parados, trabajadores del sector asociativo, funcionarios públicos, estudiantes, militantes de barrios obreros, pequeños agricultores y pequeños comerciantes.


Más que limitarnos a realizar la enésima descripción o a una clasificación de las categorías “socio-profesionales” que componen el movimiento (lo que a menudo se asocia a un abstracto “interclasismo” de los gilets jaunes), hemos preferido centrarnos en la subjetivación política, podría decirse de clase, que se ha producido en estos cinco meses de lucha. Desde ese punto de vista, se pueden extraer dos elementos claros del encuentro de Saint-Nazaire.


El primero es que los gilets jaunes entrelazan la revalorización del trabajo concreto y la revalorización de la vida en su conjunto. Así, no pierden de vista la lucha por un salario digno, pero al mismo tiempo presentan una serie de reivindicaciones que van más allá de la relación salarial: servicios públicos, pensiones, ayudas a la discapacidad, vivienda, ayudas al desempleo y a las personas sin hogar. La lucha de los gilets jaunes no se limita a denunciar el desmantelamiento del Estado social, sino que se interroga, aún solo de forma embrionaria, sobre la reinvención y la socialización de los elementos de aquél. Al mismo tiempo, el movimiento enfoca la cuestión fiscal en términos de “fin de privilegios”. “Ir a por el dinero allí donde se encuentra” significa, junto con el rechazo a los impuestos indirectos (como el llamado “impuesto sobre el carbono”), elaborar un conjunto de medidas dirigidas a buscar la igualdad fiscal siguiendo el principio de “les gros payent GROS et les petits payent PETIT” (“Que los grandes paguen MUCHO y los pequeños paguen POCO”).


También se ha debatido sobre la reintroducción del ISF (impuesto a las grandes fortunas), sobre la recuperación del fondo económico de 40.000 millones del CICE (crédito fiscal para el empleo), la tributación de las grandes empresas de Internet y de aquellas que más contaminan, la intervención contra los grandes evasores fiscales, etc. La insistencia sobre la vida y el trabajo, y la lucha por el fin de los privilegios (más que contra una genérica “casta”) dividen la abstracta homogeneidad del pueblo, demostrando que éste está compuesto por intereses fraccionados y divergentes.


El segundo elemento es que la transformación social, en el sentido de egalité, es inseparable de la transformación política. La crítica, por parte de los gilets jaunes, de la forma de gobierno de la Quinta República parte de la conciencia que el agotamiento de su constitución material es proporcional al giro autoritario de algunos de sus órganos y aparatos administrativos. En Saint-Nazaire, los gilets jaunes pretenden “funcionar”, en el plano social, como una multiplicidad de grupos que se opongan a la reorganización autoritaria de la máquina estatal (véase la ley “anti-casseurs” aprobada por el Parlamento francés). Al ponerse de manifiesto que existe una condición común de pobreza productiva, el movimiento ha empezado a dirigirse hacia una lucha por la existencia social, adquiriendo así un nuevo carácter de fuerza de choque que ataca los cimientos de la legitimidad del poder soberano.

Las reivindicaciones de los gilets jaunes se sintetizan con la siguiente fórmula: “justicia social, justicia fiscal, justicia ecológica y más democracia”. Los cuatro niveles resultan indisociables, a pesar de que los medios de comunicación sigan pidiendo continuamente al movimiento que “ponga prioridades en sus reivindicaciones”. Tal cosa no sucederá, porque no se encuentran en el marco de una negociación de tipo sectorial. El mismo Macron, por otro lado, ha hecho de la liquidación de los cuerpos intermedios una de las características de su proyecto de gobierno. Pero si los gilets jaunes no estructuran en orden jerárquico sus reivindicaciones es sobre todo porque éstas se están dirigiendo cada vez más hacia una crítica radical del sistema político y económico, haciendo de la misma “ecología” campo de una dura contienda.


La multiplicación de las luchas actuales nos invita a buscar una unidad de acción


Las propuestas presentadas por los comités locales han tenido como objetivo organizar el movimiento y consolidar sus estrategias, tanto a corto como a largo plazo. Durante el cierre de los tres días de asambleas, se han redactado, aprobado y publicado distintos llamamientos en formato texto y audiovisual.


En el marco de un llamamiento a movilizarse el 1 de mayo y a una “semana amarilla de acción”, así como a converger con el movimiento climático y las luchas por la vivienda, la perspectiva de un “movimiento social, ecologista y popular” parece reunir las distintas peticiones de justicia desde la perspectiva de una unidad de acción.


En el llamamiento dedicado a la “convergencia ecológica” se afirma que lo que está destruyendo la vida sobre la Tierra, incluida la vida humana, es la lógica de explotación infinita del capitalismo. La limitación de los recursos empuja al movimiento a preguntarse sobre la distribución de aquellos, así como sobre el control de la producción. La AdA afirma que el conocido como “impuesto sobre el carbono” es el ejemplo perfecto de un falso ecologismo punitivo que castiga a aquellos que no son responsables, o que lo son, como mucho, en una ínfima parte. Así, los gilets jaunes invitan a todas las personas que quieran acabar con el acaparamiento de lo viviente a actuar contra el sistema actual.


Se ha debatido sobre las elecciones europeas como una ocasión para denunciar el carácter antidemocrático de las instituciones de la UE y como un terreno de movilización a escala europea. Considerando el periodo electoral como un “Acto de reconquista democrática”, los gilets jaunes rechazan cualquier indicación sobre el voto, para generar una presencia en las calles durante todo el periodo electoral (se ha previsto una manifestación en Bruselas para finales de mayo o principios de junio).


Además, se ha dedicado un llamamiento a la anulación de las penas para los miles de personas encarceladas y condenadas en estos meses de vida del movimiento de los gilets jaunes, así como de otras luchas dedicas a la defensa del bien común, luchas de barrio, ecologistas o que intentan construir una democracia directa. Se insiste así en la construcción de una campaña en defensa de las libertades públicas y de los derechos fundamentales, configurándose una plataforma estatal para censar los casos de represión judicial, y apoyar su defensa en los tribunales.


A largo plazo, como ya se ha dicho, la perspectiva municipalista (o comunalista) fue propuesta por los gilets jaunes de Commercy. También ésta se ha presentado en forma de llamamiento compartido por la AdA: “Desde aquí invitamos a crear en cada comuna [unidad mínima territorial de tamaño muy variable en que se configura oficialmente el territorio francés, N. del T.], o donde sea posible, una o más asambleas ciudadanas y populares. Porque ese poder nos ha sido confiscado, como podemos constatar en diferentes ámbitos: ecologismo, privatizaciones, democracia, etc.”


El conjunto de propuestas, de instrumentos de trabajo y de llamamientos compartidos por la AdA deberá ser ahora debatido de nuevo por cada comité o asamblea local presente en Saint-Nazaire. La mención de la necesidad de «salir del capitalismo», incluida en el llamamiento final, ha provocado un encendido debate. Algunas personas han expresado su perplejidad, porque consideran que la salida del capitalismo no es una reivindicación que defender ante una contraparte, sino un objetivo de fondo que se conquista con la fuerza material de la lucha. Otras personas, aun declarándose explícitamente anticapitalistas, han señalado la exigencia de preservar la heterogeneidad del movimiento, expresando en su llamamiento solo las reivindicaciones más ampliamente consensuadas. Por último, otros grupos han afirmado que la salida del capitalismo es una consecuencia lógica de las reivindicaciones de los gilets jaunes. La propuesta ha sido aprobada y ahora deberá someterse a discusión en los comités locales, como todo lo demás.


Resulta también necesario subrayar que la “gruposidad” de los gilets jaunes va mucho más allá del conjunto de comités que se han reunido en Saint-Nazaire. La AdA se configura, por tanto, como una hipótesis de trabajo y como la expresión de una tendencia dentro del movimiento de los gilets jaunes, sin pretender representar toda su complejidad.


Esa complejidad se manifiesta en múltiples prácticas de lucha y formas de existencia política: en los “Actos” del sábado, en el uso político de las redes sociales, en la plataforma digital alternativa llamada Vrai Débat, en las asambleas ciudadanas, en los piquetes en peajes, en almacenes de la logística, sedes de Amazon y centros comerciales; en los encuentros públicos en la Bourse de Travail de París y en los Ayuntamientos de las pequeñas ciudades, en los puntos fijos de información en los barrios y en los mercados callejeros; y en la construcción de pequeños campamentos en rotondas y en plazas de las ciudades.

Por Marta Camell i Galí  / Francesco Brancaccio
Traducido por Pedro Castrillo
2019-04-22 14:48:00

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"Los ‘chalecos amarillos’ se desarrollaron en un desierto político". Entrevista

La historia social nunca se acaba, menos aún en una sociedad como la francesa donde la idea de igualdad organiza los pilares de la narrativa nacional desde la revolución de 1789. Los «chalecos amarillos» irrumpieron desde la periferia, desde el corazón herido de una Francia a la que se llamó erróneamente «invisible». En un momento en el cual, como casi todas las sociedades occidentales, el país atravesaba una profunda crisis de representatividad, los gilets jaunes construyeron la suya en una zona de aislamiento. A lo largo de todo el territorio, empezaron ocupando las rotondas, es decir, ese lugar circular de cruce de caminos que comunica con rutas que se internan en los pueblitos, esos páramos hace mucho tiempo dejados al abandono por un Estado que cerró estaciones de trenes, escuelas, correos y bancos. De aquella soledad periurbana o perirrural saltaron a la capital francesa, ante el asombro de los analistas de París. El gobierno francés se quedó mudo y paralizado, tanto más cuanto que venía de una serie ininterrumpida de victorias rotundas contra los sindicatos y otros movimientos sociales: impuso su reforma laboral sin muchos sobresaltos y luego la reforma de uno de los mitos de Francia, la empresa nacional de ferrocarriles, la sncf.

Los «chalecos amarillos» atravesaron los intersticios de las certezas del poder y la copiosa ignorancia de los medios. Se vistieron con el chaleco fluorescente que se debe llevar obligatoriamente en los autos y ganaron una visibilidad incuestionable. Con el correr de los días, la visibilidad se tornó en legitimidad y esta, en un respaldo masivo de la población. De las rotondas, que jamás abandonaron, pasaron a París. En la capital francesa armaron uno de los revuelos sociales más intensos de que se tenga memoria. A diferencia de otros momentos de tensión social, los «chalecos amarillos» desplazaron el punto de resistencia. En lugar de los barrios populares, fueron a manifestar en el corazón de la riqueza: los Campos Elíseos y sus súper ricas avenidas adyacentes, donde están concentradas las riquezas más abultadas del mundo. El Estado se asustó. Llegó a sacar a la calle más policías que manifestantes, reprimió con una violencia inaudita, arrestó de forma preventiva, impidió a mucha gente que fuera a las manifestaciones de los sábados. La represión policial dejó, al cabo de dos meses, cientos de detenidos y heridos graves: mutilados de manos o pies, gente que perdió un ojo. En defensa de su modelo, el Estado llegó a violar las propias reglas que él mismo había fijado. Nada disuadió a los «chalecos amarillos». Aunque se fueron dividiendo entre el sector más radical que anhela derribar al gobierno en la calle y otro más moderado que aspira a convertir el movimiento en una entidad política, la insurrección amarilla persiste tanto como su mensaje original: vivimos en un sistema de acumulación demente y de exclusión radical donde se pretende que unos pocos paguen las condiciones de vida de la modernidad. No fueron de derecha ni de extrema derecha, ni tampoco de izquierda o de extrema izquierda, ni tampoco ecologistas. Objeto de múltiples intentos de manipulación y cooptación política, los «chalecos amarillos» no entregaron su fuerza y su legitimidad al mejor postor. Su aparición vino acompañada de varias invenciones sociales: no solo el chaleco, también la articulación entre las redes sociales y la realidad y esa forma inédita de haber bautizado cada manifestación de los sábados como un «acto». Una forma de decir que la gran pieza de teatro sigue en el escenario.


El sociólogo francés Michel Wieviorka ha seguido con rigor los rumbos de esta insurrección popular. Wieviorka es uno de los intelectuales más reputados de Francia. Su obra sociológica teórica se sitúa en una línea que toma en cuenta la globalización tanto como la construcción individual y la dimensión subjetiva de los actores. Con sus primeros trabajos, empezó a construir una suerte de sociología de la acción a partir de los consumidores de la década de 1970. Ello lo llevó a interesarse en los movimientos sociales y en fenómenos como el racismo, el terrorismo y la violencia. En 1989, su libro Societés et terrorisme [Sociedades y terrorismo] le valió un rápido reconocimiento internacional. Sus obras traducidas al español son: El espacio del racismo (Paidós, Barcelona, 1982); La primavera de la política (Libros de la Vanguardia, Barcelona, 2007); El racismo: una introducción (Gedisa, Barcelona, 2009); Otro mundo. Discrepancias, sorpresas y derivas en la antimundialización (fce, Ciudad de México, 2009); Una sociología para el siglo xxi (uoc Ediciones, Barcelona, 2011); La violencia (Prometeo, Buenos Aires, 2018) y El antisemitismo explicado a los jóvenes (Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2018). Presidente entre 2006 y 2010 de la Asociación Internacional de Sociología (ais/isa), Wieviorka es actualmente director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales y preside el directorio de la Fundación de la Casa de las Ciencias del Hombre en París. Le entrevistó para la revista Nueva Sociedad Eduardo Febbro, corresponsal en Francia del diario argentino Página/12.


-¿Cómo definiría usted el levantamiento de los «chalecos amarillos»? ¿Acaso fue una revuelta fiscal, una revuelta ecológica o, más globalmente, la manifestación de un hartazgo general contra la desigualdad?


Ha sido un movimiento social en un contexto de crisis política y social. Es una parte de la sociedad que dice no aceptar sus condiciones de vida, que quiere pagar menos impuestos y, de alguna manera, rehúsa pagar la transición ecológica. Se ha dicho que los «chalecos amarillos» eran una suerte de Francia invisible. En realidad, era invisible solo para quienes no quisieron verla. No era en nada invisible. Muchos trabajos han demostrado la existencia de una Francia que no vive en las mismas condiciones en las que se vive en el centro de París. En este país hay muchas desigualdades sociales, hay regiones que se han convertido en desiertos. Cuando alguien vive en un lugar donde ya no hay trabajo, ya no hay servicios públicos, donde no hay escuela para los niños ni maternidad para atender los nacimientos; cuando no hay más estaciones de trenes, ni correos, en suma, cuando todo esto desaparece, la gente se dice: la vida no es posible.


Ha habido entonces una ceguera política acumulada por parte de los sucesivos gobiernos.


El problema es el tratamiento político de todo esto. No ha habido propuestas políticas pensadas seriamente para esta parte de la población. Esto empezó a gestarse a finales de los años 70, principios de los 80. Pero no es el único problema de este país. También está la problemática de los suburbios. Y todo esto nunca fue objeto de políticas fuertes. No se pensó en reabrir servicios públicos, no se pensó en tomar en cuenta a toda esa gente para la cual el automóvil es indispensable. Hay muchas familias que necesitan hasta dos automóviles. Viven lejos del lugar del trabajo. A menudo, marido y esposa viven a 50 o 60 kilómetros del lugar de trabajo. Tampoco hay escuelas para los niños y entonces tienen que ir a trabajar con el auto y también usarlo para llevar y traer a los chicos de la escuela. Todos estos problemas nunca fueron tratados de manera seria.


-Hay también dos elementos constantes que surgen con esta crisis: la ruptura, en Francia, del sistema colectivo de solidaridad, y el abismo entre la población, sus necesidades y la dirigencia política global. ¿Está de acuerdo?


Sí. Francia, como muchos otros países, vive un proceso de fragmentación. Y en este proceso desaparecen las formas de solidaridad colectiva, o se transforman en nacionalismos y repliegue sobre sí mismo. Pero esto es apenas un aspecto del problema. El otro es la crisis del sistema político. En Francia, las formas clásicas de la democracia liberal, o sea, la representación política, no funcionan más. Los partidos clásicos ya no funcionan y esto explica en mucho los problemas. La gente siente que los partidos políticos no la representan, que están lejos, que esos partidos pertenecen a un tiempo antiguo y que no son los que necesita hoy. En esta situación, el poder está desconectado de la población, sin capacidad de mediación. Pero esta crisis de la representación no atañe solo a los partidos políticos, también engloba a los sindicatos, a las asociaciones.


Estamos en un país donde las mediaciones políticas y sociales se están debilitando, donde el poder ha funcionado de manera tecnocrática. Hay poca política y mucha racionalidad que no toma en cuenta la vida de la gente. Los partidos políticos no funcionan bien. Han perdido la capacidad de plantear propuestas. Esta es la razón por la cual los «chalecos amarillos» se desarrollaron en un desierto político. No hay correas de transmisión política. Está el poder central del gobierno, el presidente, está luego el pueblo y en el medio no hay nada para llevar a cabo una mediación. El gobierno tiene la mayoría en la Asamblea Nacional, pero los diputados de su partido, La República en Marcha, fueron muy, pero muy poco inteligentes.
Mucho se ha dicho en todo el mundo que Francia volvía a marcar la pauta de la revuelta social. La izquierda radical ve en los «chalecos amarillos» la realización del sueño de una insurrección ciudadana. Sin embargo, el perfil de los «chalecos» es más complejo.


Los «chalecos amarillos» no hablan mucho de insurrección. Pero como la gente necesita tener marcadores históricos, intenta buscar algo que ligue a los «chalecos amarillos» con esas referencias. Y allí, desde luego, aparece la Revolución Francesa. Sin embargo, los «chalecos amarillos» no son un movimiento revolucionario. Sí, es cierto que se habla del presidente Emmanuel Macron y del poder como del rey Luis xvi o de su esposa María Antonieta. Sin embargo, no se trata de un movimiento revolucionario que quiere tomar el poder. Hubo mucha violencia durante las manifestaciones, pero no fueron los actores centrales quienes la desencadenaron. Son otros, son gente que vino a romper cosas y a enfrentarse con la policía, son gente que tiene ideas políticas de extrema izquierda o de extrema derecha. Admito que hubo «chalecos amarillos» que actuaron de forma violenta, pero no son el corazón del movimiento. No se trató de un movimiento que pretendiera acabar en una revolución.


Allí está la idea de que, al no ser un movimiento identificado, puede ser utilizado peligrosamente por uno u otro sector político.


En su corazón, el movimiento de los «chalecos amarillos» está diciendo: tenemos problemas sociales y queremos que el poder nos responda de manera social, o sea, queremos dinero para vivir mejor, queremos pagar menos impuestos. Son, por consiguiente, demandas sociales. Pero fuera de los «chalecos amarillos», en la extrema izquierda, se dice: «Este movimiento quiere la revolución». En la extrema derecha se dice: «Los ‘chalecos amarillos’ tienen que saber que los problemas de Francia son la inmigración, el islam y la identidad nacional». Cada sector los etiqueta con sus ideas. Pero la verdad es que los «chalecos amarillos» nunca hablaron así. Insisto: no es un movimiento político, no es un movimiento de extrema izquierda o de extrema derecha. Tal vez haya gente adentro radicalizada, más abierta a ideas extremistas, pero en ningún caso fue ese el perfil de los gilets jaunes. No tienen nada que ver con el comunismo, ni con el fascismo. Es muy difícil hacer comparaciones, y no solo históricas, sino también en el espacio de hoy. Hay gente que dice que los «chalecos amarillos» fueron un poco como en Italia, con La Liga y el Movimiento 5 Estrellas, o como en Reino Unido con el Brexit, o como los votantes de Donald Trump en Estados Unidos y como en Brasil con Jair Bolsonaro. No son comparaciones válidas. Los «chalecos amarillos» son una cosa única y muy distinta de todo lo demás.


-Hay en este movimiento algo que lo diferencia de todas las demás soluciones que los países buscaron colectivamente a través de las elecciones. ¿No han pedido un cambio de poder, que el poder cambie su forma de gobernar?


Exactamente. En Italia hay problemas del mismo tipo. La gente votó por Beppe Grillo (5 Estrellas) o a favor de la extrema derecha de Mateo Salvini. En Reino Unido los problemas también son similares, y allí la gente optó por salir de Europa. A su vez, en Brasil, los electores llevaron a Bolsonaro al poder. Entonces, lo que constatamos es que en todos esos países la respuesta a los problemas sociales fue directamente política. La gente se dijo que con cambios políticos su situación iba a mejorar. En Francia no pasó eso. Aquí, la gente dijo: «Queremos una respuesta del gobierno a nuestros problemas». Hubo una inteligencia colectiva impresionante.


Esto constituye ya una innovación en sí, pero hay más. Por ejemplo, los «chalecos amarillos» nacieron en las redes sociales, pero con un perfil y una dinámica distintos de los que se pudieron ver en otros países o en la «primavera árabe».


Hoy no se puede hablar de movimientos sociales sin tomar en cuenta las redes sociales, internet o los teléfonos móviles. Las nuevas tecnologías de la comunicación son centrales. Sin embargo, la fuerza de los «chalecos amarillos» consistió en decir: «Vamos a articular lo digital con la presencia concreta en todo el territorio nacional». Es decir, la vida concreta de actores que viven y se encuentran en cada lugar y, además, que se tornan visibles con los famosos chalecos amarillos. Entonces, se trata de un movimiento digital con, por un lado, internet y las redes sociales y, por el otro, una dimensión visible en todo el territorio. Los «chalecos amarillos» articularon las dos vertientes. Antes de los chalecos tuvimos Ocuppy Wall Street en eeuu o los indignados del 15-m en España y otros movimientos de este tipo. Ambos tienen una cierta manera de articular las redes con un lugar concreto de encuentro. Pero claro, solo un lugar de encuentro. Aquí, con los «chalecos amarillos», la ocupación, el encuentro, fue en todo el territorio nacional. Además, el mismo chaleco amarillo les dio una visibilidad muy fuerte que funcionó muy bien en la televisión. Desde este punto de vista, estuvimos frente a un movimiento muy innovador. Han sido muy visibles. Por otra parte, ha sido un movimiento horizontal. Aquí no hay ningún líder carismático. Los «chalecos amarillos», al menos hasta ahora, no quieren o no han sido capaces de promover a un líder fuerte.

-Este perfil que los caracteriza ¿no puede acaso volverse un problema, o sea, acarrear su propia extinción?


Los «chalecos amarillos» enfrentaron el problema de transformar la horizontalidad en una verticalidad de tipo político. Habrá que ver.


La lista de innovaciones es larga. Por ejemplo, incluye también la temática ecológica. La revuelta nació con una protesta contra una medida gubernamental destinada, en principio, a financiar la mal llamada transición ecológica. El Poder Ejecutivo pretendía equiparar el precio del gasoil, que es más barato, con el del combustible común.
Sí, el movimiento se desencadenó a raíz del aumento del precio de los combustibles. La gente empezó a decir que los «chalecos amarillos» estaban en contra de la transición ecológica. La verdad es un poco más compleja. Después de que estallara la revuelta, el gobierno dijo que esos impuestos eran para la protección del medio ambiente, pero la verdad es que se trató más que nada de recaudar más impuestos, muy poco se habló antes de ecología. Al mismo tiempo, los «chalecos amarillos» decían: «No estamos en contra de la transición ecológica, pero ¿por qué tenemos que pagarla nosotros?». Son un movimiento que no trata sobre la transición ecológica, no se mete con la ecología, no se opone a la transición ecológica, pero termina introduciendo la idea según la cual hay una contradicción: ¿qué queremos hacer? ¿Queremos financiar la transición ecológica o queremos ayudar a los más pobres a vivir normalmente?


-Pero toca el tema de la justicia fiscal, el famoso artículo xiii de la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 donde se expresa claramente que se paga según lo que se tiene. Allí aparece la noción plena de igualdad.


Ocurre que hubo una falta inicial, un pecado original cometido por el presidente Macron. Cuando llegó al poder en 2017, lo primero que hizo fue modificar el impuesto aplicado a las grandes fortunas, el isf. El gobierno inició su trayectoria política con esta medida y otras más que estaban claramente a favor de las empresas. La gente empezó a decir que el gobierno les daba mucho a los ricos, a las empresas, y al final es a nosotros a quienes nos toca pagar. Hay una idea muy fuerte de que Macron es el presidente de los ricos y de los poderosos; que es, además, un presidente arrogante, que habla de manera negativa y displicente sobre muchos temas. Por ejemplo, una vez dijo que, para la gente que no tiene trabajo, es muy fácil encontrar uno. «Basta con cruzar la calle y hay un trabajo». Tal vez, a veces, sea así para algunos, pero para la mayoría de la gente no es el caso. Hay muchos ejemplos sobre la falta de inteligencia política y sentido social de muchos integrantes del aparato de poder. El caso más extraordinario es el del presidente del grupo parlamentario del partido de gobierno, La República en Marcha. En un momento de la crisis de los «chalecos amarillos», Gilles Le Genre dijo: «Fuimos demasiado inteligentes». Eso equivale a decir que los otros eran demasiado estúpidos. En suma, son gente arrogante, gente que no sabe hacer política. Son gente que aplica la política del poder.


En este sentido, el rechazo a la arrogancia de los ricos fue muy poderoso. Jamás se había visto en Francia una manifestación en la que la gente atacara, en París, el barrio de los ricos, ni menos aún los símbolos de la nación, como el Arco de Triunfo o la Tumba del Soldado Desconocido. Esta vez sí. No fueron la Plaza de la Bastilla, la Plaza de la Nación o la Plaza de la República los escenarios de la confrontación, sino los Campos Elíseos o la Avenida Foch. No hay que olvidar que este movimiento no nació en París sino en el interior. Puede que haya gente en París con alguna simpatía o sensibilidad cercana hacia los «chalecos amarillos», pero no fue la mayoría. El corazón de los «chalecos amarillos» está fuera de la capital. En tiempos pasados, los momentos importantes, insurreccionales, con movimientos sociales fuertes, surgían en París, eran genuinos de la ciudad. Pero los «chalecos amarillos» acuden a la capital desde el interior del país para manifestar con la intención de ir lo más cerca posible del poder político. Y el poder político está en París, en los alrededores de los Campos Elíseos. El movimiento no manifestó en esos barrios porque ahí se encontraba el dinero o la riqueza, sino porque allí se encontraba, precisamente, el poder político. Y como el dinero, la riqueza y el poder político residen en los mismos lugares, los unos porque viven allí y los otros porque en esas zonas funciona, precisamente, el poder político, ocurrió lo que vimos. Al menos al principio, los «chalecos amarillos» ocuparon los barrios pudientes no como una crítica contra los ricos, sino para llegar lo más cerca posible de donde estaba el poder presidencial.


-¿Qué lecciones deja la insurrección amarilla francesa en el campo político y social?


Este movimiento significa que salimos de un mundo y entramos en otro. Significa que salimos de un tipo de sociedad y nos dirigimos hacia un perfil nuevo de sociedad. Y lo que realmente estaban diciendo los «chalecos amarillos» era precisamente esto: no queremos pagar para este cambio. No queremos ser ni los que van a desaparecer, ni los que van a empobrecerse. No nos corresponde a nosotros pagar por este cambio. Los «chalecos amarillos» plantean la pregunta clave: ¿quién va a pagar por eso?


La otra lección que aporta esta revuelta concierne a la forma misma de la insurrección: hoy ya no hay movimientos sociales importantes si no son capaces de articular lo digital, o sea, internet y las redes sociales, con la presencia concreta, física, en el terreno. Ambos son necesarios. Si un movimiento es solo virtual, no funcionará. Hacen falta las dos dimensiones: las nuevas tecnologías de la comunicación y la presencia territorial masiva. Esto es nuevo. El repertorio de las formas de acción colectiva ha cambiado. Desde luego, no son los primeros que demuestran esto, pero los gilets jaunes lo han llevado a la práctica de forma muy, muy fuerte. Hay más lecciones. Este movimiento es simpático en términos sociales. No es un azar que 70% de la población lo respalde. Sin embargo, los «chalecos amarillos» son una catástrofe en muchas otras dimensiones: ¿cómo se construirá Europa con un movimiento que obliga al gobierno a no obedecer las reglas comunes europeas en términos de presupuesto? A su manera, los «chalecos amarillos» debilitan la construcción europea. En segundo lugar, en cierta forma, los «chalecos amarillos» han sido un movimiento en favor del automóvil, lo que es contrario a la transición ecológica. Esto ocurrió en un país que era uno de los líderes en la lucha contra el cambio climático. Los «chalecos amarillos» son socialmente simpáticos y, al mismo tiempo, introducen problemas de otra naturaleza. Y estos problemas son las temáticas del futuro. Se trata de un movimiento defensivo cuyo costo consistirá en hacer que el futuro sea mucho más difícil, inclusive para los actores del movimiento. Aclaro que los «chalecos amarillos» no son antimodernos, pero sí dicen que no quieren pagar por la modernización y el cambio. Es eso.
Michel Wieviorka


Presidente entre 2006 y 2010 de la Asociación Internacional de Sociología (ais/isa), es actualmente director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales y preside el directorio de la Fundación de la Casa de las Ciencias del Hombre en París.

Por Michel Wieviorka
19/04/2019

 

Publicado enSociedad
La revolución 4.0 de los sábados que socaba a Francia. Chalecos amarillos*

Con una tasa récord de abstención, de votos en blanco y nulos, en mayo del 2017, Emmanuel Macron es elegido presidente de Francia. Su legitimidad moral quedó en entredicho pese a que aseguró que sería el presidente de –todos– los franceses. Pero no cumplió su promesa y después de un año y medio de política social, laboral, financiera y tributaria arrasadora para las clases pobres y media, la ira de las franceses explotó. Francia es el país número 2 en el mundo y 1 en Europa donde más impuestos se pagan (48% del PIB).

Así, ante esta realidad, el 17 de noviembre de 2018 nació espontáneamente el movimiento popular de los Chalecos Amarillos (CA) apoyado por el 70 por ciento de la población. Un tipo de rebeldía sui generis que rechaza toda participación abierta de sindicatos y partidos políticos; que ya lleva 4 meses continuos de acción/protesta, y que como respuesta del Estado recibe una violencia sin precedente en el país cuna de los Derechos Humanos.

La violencia es tan feroz que la ONU, el Parlamento y el Consejo europeo, Amnistía internacional, Reporteros sin fronteras, entre otros, condenaron al gobierno francés.

Pese a ello, Macron y sus ministros no se inmutan y cada semana los CA siguen siendo aporreados, heridos, mutilados, arrestados, multados y condenados a prisión.

 

 

 

 

Acto I - La génesis


Todo empezó a mitad de octubre 2018, por un video colocado en las redes sociales por una madre provinciana, que interpelaba al presidente Macron sobre el nuevo aumento tributario al combustible y las dificultades financieras que impiden que miles terminen de manera digna el mes. El video obtuvo más de seis millones de visitas. Unos días después, otra mujer, capitalina, gerente de una tienda de cosméticos, lanzó una petición en el mismo sentido la que recibió 225.000 firmas en unos pocos días. Al sur del país, un joven mecánico propuso la idea de colocar encima del tablero de los carros el chaleco amarillo (obligatorio) como señal de descontento. El video fue visto por más de 5 millones de personas.

Las iniciativas individuales prosiguieron. El 17 de noviembre un joven camionero creó en Facebook un grupo que llamaban a todos los conductores en rebelión a bloquear la circunvalar de París. Más allá de ellos, desde toda Francia más de 200.000 personas respondieron declarándose dispuestas a movilizarse en sus regiones. El clamor del descontento se desparramó por todo el país a velocidad 4.0.

 

 

La rebelión arranca
Y llegó el sábado 17 de noviembre. En todas las ciudades y zonas rurales, entre 300.000 y más de 1 millón de personas1, empleados, desempleados, estudiantes y jubilados, de todas las edades, condición social y tendencias políticas (incluidos los arrepentidos de Macron), se juntaron y bloquearon las glorietas, las gasolineras, levantaron las barreras de los peajes de autopistas, etcétera.

Su expresión fue grandiosa y dejó estupefacto aterrorizado al establecimiento. El día anterior, estos CA que no se conocían, se descubrieron frente a frente en la misma acción, sorprendidos de su propia temeridad dado que muchos de ellos nunca habían protestado en su vida.

El detonador
Lo que colmó el vaso fue una alza en el precio del litro de diésel (23% en los últimos 12 meses) y de la gasolina, que debía supuestamente servir a la transición energética automotriz, incremento decretado poco después de una polémica reducción de la velocidad a 80 km/hora en las vías secundarias. Reducción que para muchos franceses sirve, más que para bajar la mortalidad vial, simplemente para llenar las cajas del Estado gracias a las foto-multas.

Para los CA, la transición energética no se ve por parte alguna, lo cual aumenta su desconfianza en el gobierno. Peor aún, el Estado los presiona para que cambien sus carros por unos eléctricos que cuestan mínimo 25.000 € (más de 80 millones de pesos). ¡Un gasto imposible de cubrir!

Así, con medidas impopulares, el gobierno llenó el vaso del descontento, hasta que estalló un ¡basta ya!, un rechazo claro y categórico en contra de más impuestos. Medidas impositivas de un gobierno que al mismo tiempo suspendió el impuesto sobre las grandes fortunas, al tiempo que continúa multiplicando los regalos fiscales a los más ricos y a las multinacionales.

Desprecio clasista
No solo es la mayor carga en impuesto para unos y su reducción para otros. Desde que Macron llegó al poder no ocultó su carácter de clase, resumido en frasecitas llenas de desprecio contra ciudadanos y trabajadores: “iletradas” (a obreras de un matadero), “vagos, cínicos, galos refractarios, hay gente que no es nada” , “no tienen derecho a quejarse” (a una jubilada pobre), “si quieren trabajo crucen la calle”, (a un desempleado), etcétera. Los franceses se saturaron del profundo desprecio clasista del presidente de los ricos, lo que contribuyó al surgimiento de los CA.

 

 

Acto II – el presidente Macron


Sus 41 años cautivaron a una parte de la sociedad, así como el origen provincial de su familia, de clase media alta. La realidad es que más allá de su origen, es banquero internacional. Ingresó a la disputa política tardíamente, como alto funcionario, sin nunca haber sido electo ni tener contacto con el pueblo. Ministro de Hacienda en el anterior gobierno “socialista”, en 2016 presenta su renuncia, crea su propio movimiento y se lanza tras la presidencia con un gran y opaco apoyo financiero proveniente de la clase ultra-rica francesa y de Medio Oriente.

Una legitimidad en entredicho
Su promesa de cambio, para dejar atrás a una clase política de carrera y envejecida, y al tiempo darle paso a un gobierno joven y de total renovación, le hizo ganar la presidencia en mayo del 2017.

Sin embargo, al igual que sus antecesores, llegó al poder gracias, no a los votos de adhesión, sino a los de “rechazo” a la extrema derecha –que nuevamente había llegado a la segunda vuelta. Prueba de ello, la tasa de abstención (25,4%), votos en blanco y nulos (11,47%), cifras récord que superan incluso las alcanzadas en 1969, cuando la abstención ascendió al 31,1 por ciento

Al mes siguiente, y por idénticas razones, su partido ganó el 43 por ciento de los escaños en las elecciones legislativas.

Un presidente dios de dioses
Macron lo había declarado al principio de su campaña: “Francia necesita un jefe de Estado jupiterino”, pero la sociedad no meditó en el significado de esta afirmación, pero una vez instalados sus diputados en el Congreso, comprobó el significado real de la misma: una política jupiterina, significaba una política privarizadora, agresiva y rígida como si Francia fuera una vieja fábrica que había que transformar en “startup2” en los 5 años de su mandato. La división de poderes se fue al piso, de tal manera que para aprobar las reformas más polémicas (laboral, transporte, etcétera) y aplastar cualquier oposición, prescindió del poder legislativo y recurrió exageradamente al “decreto presidencial”.

 

Acto III - La persistencia del movimiento


Durante las primeras semanas de alzamiento “amarillo”, el gobierno enmudeció. Fue su primer y garrafal error táctico. Un silencio no gratuito, toda vez que, junto con los partidos y la clase política, estaban desconcertados y no entendían el tipo de movimiento que estaban enfrentando. Demasiado acostumbrados a negociar a puerta cerrada con los líderes de los sindicatos y partidos, buscaban desesperadamente a los representantes de los CA, pero estos, justamente, como una expresión de una nueva forma de la política de abajo, se rehusan a estructurarse.

Desorientado por la respuesta de los movilizados, el gobierno de marras no midió que mientras, al juntarse cada día en las glorietas y cada sábado para elevar su voz de protesta, los CA rompían el individualismo que divide a la gente, volvían a conversar, a intercambiar sobre sus vidas, sus realidades, sus problemas. El movimiento liberó la palabra, el pensamiento, la solidaridad y la fraternidad. A menudo con mucho humor. En esa ruptura no cabían los representantes y voceros únicos, con lo cual una posible negociación estaba truncada.

No a la recuperación
En este proceso de resistencia y denuncia de un modelo social que ahora irrespeta derechos humanos básicos, los alzados, unas y otros, descubrieron que todos están hartos de Macron, de las injusticias, de las instituciones, de la clase política de hoy y de ayer con sus estafas, sus tráficos de influencias y corrupción, sus fraudes. De ahí que exijan la renuncia del actual gobierno, negándose a los acercamientos institucionales, cualquiera sea la fuerza política o social que sirva como intermediaria pues, como en otras ocasiones, el proceso de diálogo sirve simplemente como instrumento para que unos recuperen prestigio y los realmente afectados por este sistema vean esfumadas sus reivindicaciones y el esfuerzo de meses de acción.

En Francia, como en el resto del mundo, la militancia sindical y partidista está en caída libre por múltiples razones externas pero también propias a sus estructuras y dinámicas. Asimismo están debilitándose los cuerpos intermedios (hasta las alcaldías) que contribuyen al equilibrio real entre el poder central y el pueblo. Macron quien se acostumbró a despreciarlos, al suprimir los subsidios que les permitían completar sus insuficientes ingresos (es decir, su supervivencia), está ahora enfrentando la consecuencia: ¡la ira directa del pueblo que pide su renuncia!

El boomerang de la avestruz
Pero también, los CA aprovecharon el silencio presidencial para hacer pleno uso del nuevo tiempo compartido y elaboraron su lista de reivindicaciones que ya excede a leguas el precio de los combustibles. Reivindicaciones que no tienen el color ni el tono ni la marca de la extrema derecha o izquierda, como lo difunde las campañas emprendidas por el gobierno en contra de los CA.

Además de la renuncia de Macron, los CA quieren en orden de prioridades: la instauración del referendo de iniciativa ciudadana –RIC– que sea revocatorio, constituyente, legislativo y derogatorio (80% lo apoyan). Seguido por temas como: evasión de impuestos3, justicia fiscal, finanzas públicas, vivienda, empleo, salario y jubilación; salud, transporte, sistema político, educación, medio ambiente. Demandan, como medidas inmediatas: reinstauración del impuesto sobre las grandes fortunas, justicia fiscal y social; revisión de los privilegios de los representantes elegidos y democracia directa.

Para lograrlo, y pese a las bajas temperaturas del invierno, están dispuestos a seguir ocupando las glorietas, bloquear refinerías, así como otros lugares económicamente estratégicos, a la par de hacer sentir su voz en las calles todos los sábados, ya que contrariamente a una huelga en días hábiles, esta rebelión de los sábados, día de descanso, puede perdurar por tiempo indefinido, sin que ello les implique reducción alguna de sueldo.

 

Acto IV - Tentativas fallidas por neutralizar a los CA

 

Suspensión de las alzas a la gasolina
Después del silencio guardado por parte del gobierno durante noviembre, el 5 de diciembre el ministro de la Transición energética aseguró que el presidente renuncia “en el año 2019”, a las alzas tributarias para combustibles. Los CA no le creen4. Tres días después de ello salen a la calle para el Acto III, y persisten en su exigencia de que Macron renuncie.

Miles de millones de euros
El 10 de diciembre Macron finalmente aparece, con un discurso televisado (en el cual no alude con nombre propio a los CA) y promete inyectar 10 mil millones de euros para mejorar el poder adquisitivo de los franceses a partir de enero del 2019. Demagogía: todos los incrementos salariales y reducciones de cargas sociales prometidos por él ya estaban previstos en la ley. ¡Macron solo los adelantó! Sin caer en la trampa, sin cantar victoria por estos “regalos disfrazados”, el sábado 15 de diciembre salen a la calle para el Acto V.

El Gran Debate
Entonces, el 11 de enero de 2019, en víspera del Acto IX, Macron anuncia que publicará pronto una carta pública para abrir un diálogo “sin tabúes” con los franceses, en el marco de un Gran Debate Nacional que arrancaría el 15 de enero e iría hasta el 15 de marzo.

Apenas arrancó el “gran debate”, los CA lo desacreditaron dado que no hay debate sino un cuestionario para llenar cuyos temas no reflejan los de sus reivindicaciones y en el cual las preguntas son “cerradas” y las respuestas impuestas no dan alternativa distinta a la de la política presidencial.

Además, acusan a Macron, que iniciaba una gigantesca gira nacional de promoción frente a alcaldes y ciudadanos cuidadosamente seleccionados (con discursos hasta de 7 horas) de estar haciendo campaña para las elecciones europeas de mayo –antes de la fecha legal y con el presupuesto público– y bajo el amparo del Gran Debate.

Los medios, fieles perros guardianes
Para acallar a los CA y a todos los que denuncian las maniobras políticas de Macron, éste cuenta con el apoyo incondicional de los medios escritos, radiales y televisivos, propiedad de millonarios que cohabitan y se mueven en los mismos círculos de poder que la clase política y financiera. ¡Son uña y mugre!

Es así como las campañas mediáticas de difamación contra los CA hacen eco a las denuncias gubernamentales que los acusan de todo lo posible, así como de lo imposible: extrema derecha, fascistas, antisemitas y antisionistas, homofóbicos, lepra, muchedumbre enfurecida, sediciosos, gente de inteligencia inferior, etcétera. Y al igual que el gobierno, estos monopolios mediáticos guardan un silencio cómplice sobre la feroz represión policial dirigida en contra de los CA.

 

Acto V - La deriva autoritoria

Un sociólogo advirtió que esta represión sin precedente “dejará huellas indelebles en toda una generación”. Más aún: ¡en varias! Dado que afecta de manera indiscriminada a quien esté al alcance del garrote o del tiro, manifestando o no; jóvenes, adultos, hombres, mujeres, ancianos, minusválidos. Muchos de ellos, a pesar de sus años, nunca habían protestado, siempre habían creído en el establecimiento, y producto de la violencia oficial quedaron en estado de shock. Ira y rechazo al ser aporreados y heridos, sin razón, por la cual, la voluntad de protesta y de exigencia de cambio en el Estado y en el Gobierno por parte de los CA se endureció, sin creer en ninguna de las iniciativas conciliadoras de Macron y de su gobierno, responsable de ordenar esta represión inédita. Apoyados por abogados, juristas y médicos, tratan de denunciar esta carnicería semanal. Un colectivo de médicos encabezado por un eminente neurólogo y otro de oftalmólogos denuncian que tras cada Acto les toca atender heridas “de guerra”.

Y la violencia obtiene su propósito: atemoriza y desmoviliza a una parte de los CA, es decir, de sectores cada vez más afectados por el actual sistema económico y social (más del 50 por ciento de la sociedad francesa). Entre tanto, los que continúan alzando su voz y exponiendo su integridad física gritan: “quien siembra violencia, cosecha ira”. Y otros muchos aseguran: “Ya no habrá perdón”.

A la par de ello, y como expresión de un sector social vinculado a esta ola de inconformidad, jóvenes radicales vinculados a procesos minoritarios como Blacks Blocks, antifascistas y anarquistas, enfrentan, al final de cada jornada sabatina, de manera resuelta la violencia oficial. En su convicción está presente que el cambio solo sera producto de la destrucción del actual orden establecido.

Represión policial
Son varios los cuerpos de policía movilizados desde hace varios meses para aplastar a los CA, a quienes les decomisan de manera sistemática sus protecciones: gafas, cascos, máscaras, etcétera. Uno de estos cuerpos policivos sobresale por su crueldad: la BAC –Brigada Anti Criminal–, que no tiene formación en orden público y no tendría que estar presente. Este cuerpo, como los anti-motines, esconden ilegalmente sus números de identificación pero cuentan con un arsenal muy amplio (sin respetar normas de uso) como gas lacrimógeno CM6 –de uso militar– y dos tipos de granadas subletales de defensa, utilizadas como armas de ataque y que provocan graves lesiones en quienes son blanco de las mismas, granadas conocidas como LBD40 y GLI-F4.

La LBD40 lanza una bala de caucho duro de 40 mm de diámetro a una velocidad de 90 m/s. Al golpear la cara (zona prohibida) es como recibir un bloque de concreto de 20 kg arrojado desde 1 metro de altura. La GLI-F4 es una granada con carga de 25 grs. de TNT, cuya explosión proyecta fragmentos metálicos alrededor de 30 metros. Provoca onda explosiva ensordecedora hiriente. Francia, es hoy en día, el único país europeo que se obstina en usar esta granada explosiva, bajo el supuesto de tener que ‘acabar’ con las reservas que posee de la misma.

Deriva legislativa liberticida
A la par de la violencia sin control y en ascenso, el gobierno acude a su poder legislativo para barrer el derecho constitucional a la manifestación espontánea, es así como propuso restringir el derecho a la protesta. Por ahora esta reforma lleva una primera lectura en el legislativo, lo que propició el rechazo y comunicado de 52 organizaciones destacadas de la sociedad civil.

A la par, la rama judicial –magistratura, sindicato de los abogados, etcétera–, elevaron su voz de protesta contra esta ley liberticida. Por iniciativa de Macron, de ahora en adelante, el derecho constitucional de manifestación pública, colectiva y pacífica, pasará del poder judicial al poder político que podrá hasta prohibir una manifestación mientras se está realizando. Esta ley está acompañada por muchas otras medidas sumamente restrictivas, lo que lleva a muchos a calificarla de “Patriot Act” a la francesa. Todo lo sucedido hasta ahora permite predecir que a mitad de marzo, el Senado la adoptará de manera definitiva.

Las condenas internacionales
Entre la violencia extrema contra civiles y esta polémica ley que permitirá acallar cualquier expresión opositora, a Francia le están lloviendo denuncias y condenas de todas partes, hasta desde fuera de sus fronteras.

A finales de febrero, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU condenó a Francia por uso excesivo de la fuerza; a principio de marzo fue Michelle Bachelet, la Alta Comisionada en Ginebra, quien exigió una investigación oficial: “En Francia, los ‘Chalecos amarillos’ han estado protestando por lo que consideran una exclusión de los derechos económicos y a su participación en los asuntos públicos [...] instamos a que se investiguen urgentemente y en forma profunda todos los casos denunciados por uso excesivo de la fuerza”.

Poco antes fue el Parlamento Europeo, en donde la mayoría de sus diputados votó una resolución denunciando “el uso excesivo de la fuerza”. El 25 de febrero fue el Consejo Europeo, organización que agrupa a 47 países, quien había llamado a Francia a suspender el uso del LBD40. Y desde el principio del movimiento, los que denunciaron primero “el uso excesivo de la fuerza” fueron Amnistia International, el Defensor del Pueblo, Reporteros sin Fronteras, entre otros.

Sordera y pedantería gubernamental
Ninguna de estas denuncias o condenas inmutaron a Macron y a su gobierno, cuyo Ministro del Interior declaraba descaradamente desde hace 4 meses que “Ningún policía atacó a ningún manifestante”. Ahora dice que los problemas con las LBD40 son “una estupidez” por parte de unos policías.

En cuanto a Macron, rechaza el término “represión” y “violencia policial” y sintió la necesidad de recordar a Bachelet que Francia es un Estado de derecho.

Ofendido, sin duda, mucho más cuando oyó que Bachelet en su discurso sobre violencia en el mundo colocó a Francia entre Haití y Venezuela ¡Sic!

Estamos, por tanto, ante un poder enceguecido, sordo y decidido a cualquier despropósito para conservar sus privilegios. Los CA son conscientes de ello, y cada sábado de los que vendrán continuarán alzando su voz y demandando la renuncia de Macron, así como el cumplimiento del resto de sus exigencias.

 

* Ver informe completo, gráficos y videos en: www.desdeabajo.info
1 Tradicionalmente, en casos de manifestaciones sindicales, la cifra oficial era la mitad de la cifra dada por los sindicatos. Con los CA, bajo a la tercera, cuarta parte de lo que las decenas de videos Live en Facebook muestran de manera evidente. Tan es así que desde enero una estructura de los CA lleva su propria, estricta y detallada contabilidad nacional.
2 Una Startup es una organización humana con gran capacidad de cambio, que desarrolla productos o servicios, de gran innovación, altamente deseados o requeridos por el mercado, donde su diseño y comercialización están orientados completamente al cliente.
3 Estimada para 2018 alrededor de 100 millardos (100.000 millones) de €.
4 ¡Y tenían razón! El precio de los combustibles volvió a subir a partir de febrero del 2019.

 

Video relacionado

https://youtu.be/1z9tt2kvgK4

 

LOS HERIDOS QUE MOLESTAN

https://www.youtube.com/watch?time_continue=1&v=JZTauqHDs3I

 

 

Publicado enEdición Nº255
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