Celestino Córdova, machi (líder espiritual mapuche), fue condenado a 18 años de cárcel por participar en 2013 en un incendio provocado en el cual murió un matrimonio.Foto tomada de redes sociales

Santiago. La Corte Suprema de Chile rechazó ayer un recurso de amparo del machi (líder espiritual mapuche) Celestino Córdova, quien cumplió 102 días en huelga de hambre en protesta porque le impiden cumplir en arresto domiciliario una condena a 18 años de prisión por la muerte de un matrimonio durante un incendio intencional.

El fallo no es apelable y Córdova deberá seguir cumpliendo su condena en la cárcel.

El machi fue condenado a 18 años de prisión por participar en un incendio provocado por mapuches en 2013, en el cual murió el matrimonio Luchsinger-Mackay, según estableció el juicio en su contra desarrollado en la región de La Araucanía, 700 kilómetros al sur de Santiago.

Córdova advirtió esta semana en un audio divulgado por sus voceros que "en cualquier momento" iniciará una "huelga seca", es decir, dejará de ingerir líquidos, y por tanto "su desenlace no será lento como lo esperan todos los poderes del Estado".

En la conflictiva zona de La Araucanía los atentados incendiarios contra inmuebles, camiones y maquinaria agrícola se producen desde hace décadas y muchos son reivindicados por grupos radicales de mapuches que exigen la devolución de las tierras que en los inicios de la conquista de Chile pertenecían a sus antepasados.

El presidente Sebastián Piñera aseguró que se hará "todo lo que sea necesario para proteger la vida de las personas que están en huelga de hambre", en el contexto del respeto a la ley.

Piñera habló en una localidad cercana a Santiago durante la firma de un proyecto de ley que endurece las penas de cárcel por atentados incendiarios contra vehículos motorizados. Camioneros de La Araucanía afirman que este año han sido quemados cerca de 500 camiones.

Córdova permanece en un hospital en La Araucanía luego de que su salud se complicó en la cárcel por la huelga de hambre. Seis de otros ocho mapuches encarcelados que se sumaron desde el inicio al ayuno de Córdova también fueron trasladados a un centro de salud hace unos días.

Rodrigo Curipan, vocero de los ocho mapuches, declaró que el fallo del máximo tribunal "es una vía que siempre ha estado resuelta de manera discriminatoria en los tribunales en contra de los mapuches".

Los huelguistas piden la aplicación del artículo 10 del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, ratificado por Chile, que señala que cuando se condene a indígenas "deberán tenerse en cuenta sus características económicas, sociales y culturales" y "deberá darse preferencia a tipos de sanción distintos del encarcelamiento".

El Ministerio de Justicia ha desarrollado algunos diálogos con voceros de los mapuches en ayuno, pero no ha logrado ningún acuerdo.

Los mapuches representan 10 por ciento de los 19 millones de chilenos y la mitad vive en comunidades rurales pobres en La Araucanía.

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Lunes, 27 Agosto 2018 08:21

Frente a Goliat (V y último)

Frente a Goliat (V y último)

Al impulsar una transformación al lado de Goliat, la honda de David es la cultura. Es a través del canto, los poemas, el baile, el teatro, el cine, la fotografía, la caricatura y el dibujo por donde se conocen y reconocen los David; por donde se invitan, se cuentan y se convocan las rebeliones en defensa de la dignidad, la nobleza, la belleza, la verdad, o sea, el propósito de cualquier transformación realmente progresista. Ante la propuesta de un cambio al sur de la frontera, el paso más “pragmático” de todos al tratar con el norte es invitar a los David dentro del Goliat a cantar, bailar y escribir un nuevo cuento.


Los David dentro del Goliat se cuentan y se encuentran aquí (y con sus contrapartes en el extranjero) a través de la música que nace de los esclavos africanos e indígenas y se vuelve blues, jazz y rock & roll, o de las diásporas de múltiples migraciones que al sonido de tambores, acordeones, guitarras, violines, marimbas y trompetas cuentan de los éxodos y las llegadas; y las luchas de alemanes, franceses, italianos, irlandeses, escandinavos, chinos, judíos europeos, caribeños, mexicanos y más. O por el rap que todos escuchamos (a propósito o no), que nace del barrio más pobre de Estados Unidos en el sur del Bronx en Nueva York.


Algunos de esos sonidos –los que no son sólo ruido– cuentan las vidas de los estadunidenses “comunes” en sus múltiples dimensiones (no sólo la política), y de los rebeldes siempre entre ellos que están escondidos bajo la historia oficial del Goliat. Leonard Bernstein, cuyo centenario de natalicio se festejó este fin de semana, lo hacía a través de música clásica, ópera y musicales, mientras se solidarizaba con el movimiento antiguerra, antinuclear y el de derechos civiles. Igual lo han hecho cantautores a lo largo de la breve historia de este país al contar del gringo/a de abajo, los anónimos creadores de todo y los herederos de nada a través de las voces de Lead Belly, Paul Robeson, Nina Simone, Woody Guthrie, Pete Seeger, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Patty Smith, Steve Earle y Kendrick Lamar, entre tantos más. La recientemente fallecida Aretha Franklin regalaba soul mientras ayudaba a financiar, junto con Harry Belafonte, el movimiento de Martin Luther King, y ofreció pagar la fianza de la comunista Angela Davis, considerada por la FBI como una de las criminales más peligrosas de su tiempo y cantó, hace 50 años, en el campamento de la Campaña de los Pobres en Washington. Todo movimiento de defensa de dignidad y/o rebelde en Estados Unidos tiene su ruta sonora.


Junto con ellos, está la larga lista de escritores y poetas dedicados a rescatar la dignidad, la identidad, la historia y la nobleza de sus compatriotas y los recién llegados: Twain, Jack London, Steinbeck, Howard Fast, Langston Hughes, Tony Morrison, entre tantos otros. Están los periodistas desde Frederick Douglass (ex esclavo que fue editor en jefe del periódico North Star, y uno de los pocos que se atrevieron a publicar un editorial oponiéndose a la guerra contra México a mediados del siglo XIX), John Reed, IF Stone, Pete Hamill y se podría incluir al recién difunto Anthony Bourdain y a David Simon, ex reportero y ahora guionista y creador de series de televisión obligatorias para entender este país hoy día, así como a los periodistas/comediantes como Jon Stewart, Samantha Bee y John Oliver.


Está la magnífica lista de dramaturgos y cineastas, fotógrafos y artistas plásticos. Algo que reúne elementos de todo esto es la película de Tim Robbins, The Cradle Will Rock, que cuenta del arte y la política en medio de la Gran Depresión, incluyendo el extraordinario Proyecto de Teatro Federal, el mural de Diego destruido por Rockefeller y la obra musical brechtiana de título que gira en torno de una huelga siderúrgica y que se puso en escena bajo la dirección de Orson Welles en Broadway, con una rebelión de actores, músicos y público.


Todos estos festejan lo más noble como las tragedias, penas y luchas de los David aquí adentro del Goliat. Son los aliados naturales –y más poderosos– de los David al otro lado de la frontera. Es más urgente que nunca invitarlos a bailar.

 

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De la guerra comercial a la guerra militar

En la guerra la superioridad del armamento tiene poca importancia. Muchos conflictos bélicos fueron ganados por la parte que tenía armamento más pobre y menos sofisticado, como sucedió en la guerra de Vietnam. Incluso en las guerras entre estados, ha sido frecuente que los ejércitos mejor armados y más capacitados terminaran derrotados, como sucedió con la Alemania nazi.


En estos momentos el mundo sufre varias guerras, con armas y sin armas o, mejor, con diversos tipos de armamento, pero todas ellas peligrosas. La más reciente es la guerra comercial desatada por el gobierno de Donald Trump contra China, una guerra focalizada en las tarifas comerciales que tiene como objetivo poner de rodillas al país asiático.


Todas las guerras persiguen lo mismo: destruir y aniquilar enemigos, sean éstos naciones, pueblos o sectores sociales. Sin embargo, quienes nos organizamos como pueblos, clases o sexos, los movimientos antisistémicos, no podemos ni debemos encarar la guerra con la misma lógica que los estados mayores de las fuerzas armadas. Si disponemos nuestras fuerzas para aniquilar al enemigo, nos convertiremos en algo similar a lo que combatimos. Es la historia de la Unión Soviética bajo Stalin.


En la coyuntura actual, signada por la proliferación de guerras, parecen necesarias algunas consideraciones sobre lo que está sucediendo y las perspectivas que se van abriendo ante nosotros.


La primera es que no debemos desestimar la actual guerra comercial o económica, ya que anticipa una guerra militar porque apunta al mismo objetivo: poner de rodillas al otro. Si observamos el mundo en perspectiva, podemos afirmar que hemos ingresado en un periodo de destrucción masiva capitaneado por el capital financiero y su brazo armado, el Pentágono.


Vivimos un agravamiento del clima bélico que llevará, nada es inevitable por cierto, hacia una confrontación armada entre potencias nucleares. No debe descartarse, por tanto, la utilización de armas atómicas, con toda su gravedad para la vida en el planeta.


Sin embargo, el arma atómica no modifica la lógica de la guerra, como lo anticipó hace décadas uno de los más brillantes estrategas, Mao Tse Tung, con una tremenda frase: la bomba atómica es un tigre de papel, que es utilizada para intimidar a los pueblos.


Las guerras las ganan los pueblos que muestren mayor cohesión (que no unanimidad) y coraje para defenderse, y que se hayan dotado de una dirección política que interprete esa voluntad. El pueblo soviético derrotó a los nazis por su contumaz decisión de defender la patria, al igual que los vietnamitas frente a los yanquis y los argelinos ante los franceses. Cuba superó la agresión y el bloqueo por la energía y la voluntad de su pueblo.

Fueron decisiones tomadas abajo, en los espacios de la vida cotidiana, las que blindaron a esos pueblos para defenderse colectivamente.


La segunda cuestión deriva directamente de la anterior: el punto clave es la defensa, que es mucho más potente que la ofensiva. Es en la defensa cuando un pueblo asume su condición de tal, cuando le da forma y sentido a su ser colectivo. La defensa ante ataques exteriores tiene la capacidad de cohesionar, mientras la ofensiva debilita al enemigo si somos capaces de perdurar.


Por tanto, en estos momentos la clave es la permanencia, persistir y sostenernos para sobrevivir como pueblos. Incluso la retirada sin combatir puede tener sentido si se trata de seguir existiendo. Esto vale para los pueblos y para las naciones, las clases y los grupos sociales. No tiene el menor sentido jugarse el futuro en un arrebato para destruir a quien nos ataca.


Los pueblos están optando por la defensa no violenta de sus territorios. Es lo que observamos entre los mapuche, los nasa-misak, los zapatistas, los afros y los aymaras que resisten de forma masiva y maciza, organizados comunitariamente. No hay atajos para evitar el dolor y la muerte, pero hay capacidad para transmutarlos en potencia colectiva.


La tercera cuestión es la más compleja, porque los movimientos emancipatorios no tenemos mucha experiencia en un camino tan necesario como inédito: desarmar la estrategia de aniquilar al enemigo porque es, de forma simultánea, el camino para interiorizar la lógica del enemigo.


La racionalidad de la guerra corre pareja con la propuesta de ocupar el Estado y convertirlo en la principal herramienta para la emancipación. Este fue un camino razonable un siglo atrás, cuando no había ninguna experiencia sobre los enredos que esa estrategia suponía para los movimientos anti-sistémicos. Como sabemos, señaló el rumbo de su conversión en movimientos conservadores y represivos.


En este recodo de la historia no tenemos otra alternativa que la creatividad. Repetir las estrategias que nos llevaron al fracaso es garantía de volver a tropezar con las mismas piedras. En un periodo de gran confusión, necesitamos apegarnos a una ética que nos dice que las herramientas nunca fueron ni pueden ser neutrales.

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Fluidez y construcción de la “identidad”

Curiosamente, hace no mucho tiempo los términos “etnia” o “cultura” no formaban parte del vocabulario habitual de los pueblos que habitan la Amazonia brasileña. Hoy se oyen mucho más en estas comunidades. Las pretensiones clasificatorias del Estado, de las iglesias, y también de sus propios colegas, argumenta esta antropóloga, han creado identidades-tipo que antes no existían y generado conflictos entre personas en condiciones socioeconómicas similares.

 

Razones de parentesco, inicialmente, la vincularon con Brasil, país del que se enamoró. Hace 30 años se radicó en Belén, capital del estado de Pará, en la desembocadura del Amazonas, y –sólo luego de 15 años– regresó a su Francia natal, donde creó, y desde entonces dirige, el imponente proyecto Mundos Americanos, una unidad mixta de investigación en ciencias humanas y sociales bajo la tutela del Centro Nacional de Investigación Científica (Cnrs) y la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (Ehess). A través de su investigación sobre la cambiante realidad de los negros amazónicos, Véronique Boyer sigue vinculada a esta parte del mundo que la maravilló. Autora de Femmes et cultes de possession au Brésil: les compagnons invisibles (1993), Expansion évangélique et migrations en Amazonie brésilienne. La renaissance des perdants (2009) y de múltiples artículos académicos, viajó recientemente al Río de la Plata para compartir su trabajo.


¿Cuál fue la punta del hilo de la madeja de su investigación?


—Cuando llegué a trabajar a Brasil, a finales de los ochenta, me interesaba estudiar los llamados “cultos de posesión”. En esa época los antropólogos pensaban estos cultos de una manera dicotómica: por un lado el candomblécomo una religión, y por el otro la umbanda, asociada a la magia. En Belén reparé que el campo era mucho más diverso, allí los médiums se apegaban más a la llamada mina, otra variedad de culto, que era una acomodación para conseguir el brillo del candomblé, con sus ropas y los tambores, y entrar en la incorporación y posesión de la figura del caboclo.
El caboclo representó durante mucho tiempo al indio ya “mezclado”; no aquel indio “verdadero”, sino una copia de lo que fue en el pasado.


Caboclo también es un término para designar al otro, pero siempre de una manera peyorativa. En el norte de Brasil el término se usa para nombrar a las personas de la ciudad o a alguien que vive en un pueblo. Para el que vive en un pueblo el caboclo es un indio. Nadie se dice caboclo.


Y sin embargo los cultos de posesión de Belén estaban centrados en la figura del caboclo, que era el ser más poderoso, al que se llamaba para tratar a las personas e interactuar. Era una paradoja.
De esta paradoja me surgió una visión. Porque esa dicotomía siempre tenía a aquella figura del indio reinventado que estaba presente en la Amazonia. No funcionaba más esa oposición entre negros y blancos, porque estaba esa figura del indio siempre presente en el discurso. Porque los indios son los antepasados, también. Todas estas personas venidas del interior tenían una filiación con los indígenas, de múltiples etnias, la mayor parte de las veces habiendo perdido la memoria de cuál etnia en concreto provenían.


El comienzo de su trabajo coincide con la nueva Constitución brasileña de 1988, que atendió reivindicaciones de los pueblos indígenas y de otros grupos.


—En aquel momento nadie hablaba de negros o de indígenas. La población de la Amazonia no tenía autoidentidad. Las personas tenían un déficit de identidad.


Había movimientos sociales en la Amazonia, la cuestión indígena siempre estuvo presente, pero ligada al verdadero indio, las reservas, los territorios, las tierras indígenas. Pasaron los años y apareció este nuevo cuadro legal de la Constitución que reescribió los derechos indígenas pero también de los negros y especialmente de los quilombolas.1 La Constitución preveía otorgar derechos a grupos en situaciones excepcionales. Y estaba pensado como una redistribución para pocos grupos. Pero las personas se fueron apropiando de este nuevo cuadro legal, buscando reivindicar sus derechos a través él. Y de ahí comenzaron a surgir muchas demandas de reconocimiento de personas que se fueron reinventando, reencontrando o privilegiando una narrativa negra, quilombola o indígena.
Este nuevo marco legal dio lugar a una reelaboración de los términos del conflicto.


Las poblaciones tradicionales que viven en las resex (reservas donde están prohibidas las actividades extractivas, creadas para preservar modos de vida tradicionales y donde se les permite a los pueblos hacer usufructo de la tierra de manera sustentable para su supervivencia) gozan de un contrato de uso que debe ser renovado cada diez años. Si las autoridades consideran que el grupo no ha respetado la naturaleza, que no ha cumplido con las obligaciones, etcétera, pueden quitarle la tierra y acabar con la resex.


Entonces, a partir de las posibilidades que presentaba la nueva Constitución comenzaron a surgir casos de poblaciones que decidían salir de la resex, simbólicamente, volverse indígenas y pedir la demarcación de un territorio indígena porque daba mayor seguridad territorial.


¿Cuál fue su experiencia como antropóloga en esta nueva realidad?


—Mi primer contacto con los quilombolas ocurrió cuando estaba investigando la expansión evangélica en la Amazonia y surgió una situación de conflicto entre quilombolas y evangélicos. Fui, observé y conversé con todos los involucrados, y entendí que volverse evangélico representaba una manera de oponerse al pedido de reconocimiento quilombola. Era necesario apegarse a un lenguaje religioso para responder a una elección política; no era una cuestión de identidad, sino que había otras cuestiones subyacentes, y fue necesario analizar la cuestión a niveles diferentes. Por ejemplo, conocí otro conflicto en una comunidad quilombola donde primero todos sus integrantes querían ser quilombolas y luego nadie quería serlo. Y en otro conflicto que estudié, en el que se oponían quilombolas e indígenas, los orígenes se hallaban más atrás en el tiempo. Se trataba de un conflicto parental que ya existía antes de las demandas identitarias. Había lazos de compadrazgo y de parentesco, y estas comunidades funcionan mucho basadas en las facciones. En estos casos el lenguaje étnico se vuelve un lenguaje adicional para expresar los desentendimientos. Y en este caso en particular no había un racismo contra negros o indígenas, se trataba simplemente de una manera de expresar nueva y públicamente estos viejos conflictos.


¿Cómo se apropian del territorio estos grupos?


—La ley dice que el territorio debe ser colectivo y que tiene que estar demarcado para asegurar la protección y seguridad territorial de las personas. Pero muchas veces estas personas no piensan el territorio de esta forma; poblaciones en las que yo trabajé lo piensan en cuanto espacio exclusivo de un grupo doméstico, como un acceso a un área de pesca, de recolección de açai, de caza o de plantaciones.


La apropiación del territorio entonces puede ser conflictiva; antes de que llegara el Estado y pidiera demarcaciones fijas del territorio, existían acuerdos informales entre las poblaciones: ustedes pueden plantar acá, ellos pueden pescar allá. Pero a partir del momento en que las personas ejercen su derecho a un territorio en cuanto quilombola, esta comunidad puede vedar a los otros el acceso a esas áreas. Es decir, cuando el Estado exige que se establezcan límites fijos introduce una relación diferente con el territorio que conlleva más conflictos entre personas que tienen la misma condición socioeconómica.


Creo que esto es un problema serio. La ley no permite la creación de zonas de uso común, por eso tenemos 70 casos de superposición del territorio en estas demandas territoriales. Quienes las presentan pertenecen a grupos étnicamente diferentes que compartían el mismo espacio geográfico. Y los antropólogos en el Brasil están reflexionando acerca de este grave problema.


¿Qué papel han desempeñado los propios antropólogos en la aplicación de este marco legal?


—El rol del antropólogo ha sido fundamental en los dispositivos de Brasil. Pero ha habido un cambio. En los años sesenta y setenta los antropólogos estuvieron muy comprometidos con las luchas políticas, de mujeres, indígenas, etcétera, pero lo hacían de manera individual, como ciudadanos. A partir de los años noventa y los dos mil la Associação Brasileira de Antropologia (Aba) tomó otro rumbo; quiso constituirse como un cuerpo de profesionales que debía trabajar junto al Estado, haciendo laudos y pericias de las poblaciones. En este movimiento la antropología ganó en influencia pero perdió en parte su identidad y se fraccionó en varios campos de estudio. Hay antropólogos especializados en quilombolas, otros en indígenas. Dejó de haber una interrelación que permitiera tener una visión más global.


¿Qué otros actores participan del proceso de reivindicación identitaria que comenta?


—La actuación de la Iglesia Católica ha sido fundamental desde los años sesenta. Especialmente la corriente de la teología de la liberación; tuvo una influencia muy grande que cambió, incluso, la conformación de los pueblos. Antiguamente los miembros de esos pueblos eran simples habitantes dispersos, pero en los sesenta y setenta la Iglesia promovió un movimiento eclesial de base que insistió en que las poblaciones tenían que organizarse para luchar. Se movilizó de manera importante para alfabetizar a las poblaciones. La Iglesia intentó organizar a las poblaciones en comunidades. Pero su idea de comunidad era una categoría religiosa, porque suponía unión y cohesión donde antes no la había, pues estas poblaciones funcionan a menudo según un tipo de faccionalismo.


Esto terminó generando cambios. Para organizarse como comunidad y conseguir mayor visibilidad del Estado se creó un núcleo poblacional a partir de la actuación de la Iglesia, que junto a la del Consejo Indigenista Misionario (Cimi) fue muy importante en el caso de los indígenas, incluso con los indios amazónicos reemergentes.


Hay otros sacerdotes que cuidan de los quilombolas. Las iglesias evangélicas no hacen esto. Donde estudié ese conflicto entre quilombolas e indígenas observé que había pastores evangélicos quilombolas y pastores indígenas que circulaban, no había conflictos o intentos de crear clientelas sólo entre los quilombos o entre los indígenas. Las iglesias evangélicas están en otra lógica, quieren ganar clientela donde hay gente.


Una cuestión que sobrevuela esta temática es la tutela y la imposición que pueden llegar a sufrir estas comunidades por quienes dicen servirlas. Por ejemplo a la hora de definir o alinear sus identidades o su cultura…


—Son cuestiones muy sensibles. Sacerdotes especializados tanto en quilombolas como en indígenas trabajaban con la cuestión de la cultura. Un trabajo guiado por la idea de que los quilombolas tienen que practicar una religión de matriz africana, danzar capoeira, etcétera, y los indígenas tienen que usar plumas, aprender a pintarse, etcétera. Se parte de un marcador de la cultura y las personas tienen que trabajar sus cuerpos, su representación corporal para que sea conforme a la imagen del negro o del indígena. Y el papel que juega la Iglesia en este proceso es fuerte.


De la misma manera, a raíz de las versiones de los antropólogos e historiadores sobre el origen de sus ancestros, si eres indígena tienes que venir de una región determinada, si eres quilombola vienes de los esclavos.


En verdad las personas son una mezcla. No mienten sino que orientan su narrativa para satisfacer al antropólogo o al misionero. Cuando vuelven a quedar solos cuentan otra historia. Sus relatos tienen varios registros. El registro político pone en relieve aquellos signos culturales que tienen que ver con la identidad, mientras que en la historia que van a contar tomando un café con sus parientes pueden llegar a decir: “Mi padre es quilombola y mi madre es indígena”, y no hay problema.


Pero el Estado exige una claridad que no existe en la realidad.


Mi interés es saber cómo estas poblaciones lidian con estas situaciones, cómo dependen de las situaciones locales y cómo todo esto es incorporado por las personas para poder sobrevivir y construir un futuro.


Estas influencias o imposiciones se notan hasta en el lenguaje…


—Denoto una patrimonialización de la cultura. Cuando trabajé con los cultos de posesión quedé impresionada por la facilidad con que las personas usaban la palabra “sincretismo”, que es un término erudito. En Francia hay mucha gente que no conoce esta palabra, y allá en los barrios populares, en los cultos, todo el mundo conocía esta palabra. Eso venía de los antropólogos. Y ahora todo el mundo sabe lo que es “etnia”. Diez años atrás nadie sabía de estos términos: patrimonio, cultura.


Son palabras clave que son reapropiadas.


A su juicio, ¿ha cambiado la situación en los últimos 30 años?


—Desde el punto de vista territorial no ha cambiado demasiado, porque todavía las cosas han quedado en el papel. Pero lo que es cierto es que las personas que consiguen hacer su demanda de reconocimiento territorial tienen acceso a derechos en materia de salud y de educación que antes no tenían. La demarcación territorial no se concreta porque hay muchos pedidos que el gobierno no quiere resolver. Y con el actual presidente brasileño, Michel Temer, no mejoró la situación. Si consiguen que su expediente sea aceptado por las instituciones del Estado pueden pedir un profesor más para la escuela, les entregan una credencial que les permite entrar más rápido en el hospital, consiguen otros derechos, pero no el territorial.


¿Cómo ve esta agenda de derechos por parte de indígenas y negros?


—La palabra que usan es simplemente “derechos”, una palabra muy fuerte, no hablan de democracia. La manera de concebir la reivindicación de los derechos no pasa por la idea de la democracia. Cuando hablan de derechos territoriales lo hacen porque saben que eso les permite tener derechos de educación y salud.


Hace 30 años, antes de las cuotas reservadas para las minorías para entrar a la universidad, ellos no entraban. Ahora sí. Pero para ejercer este derecho, y volvemos al tema de la identidad, dependes de la carta de un líder que te reconozca como quilombola o indígena. La ley determina que es la autoidentificación la que determina tu pertenencia a un grupo, pero de hecho no siempre funciona así. A veces el líder dice: “Tú vives en la ciudad, entonces no te doy la carta”.


¿Qué es lo que más rescata de su trabajo?


—Me di de frente contra dicotomías entre magia y religión, entre indígenas y quilombolas. Lo que me interesa es el desajuste entre esos abordajes, esas categorías duras, fijas, y la realidad que es mucho más flexible. La antropología tiene como misión darle voz a las personas, restituir lo que ellas piensan y su manera de vivir. Así es que, también, apoyamos las luchas políticas. No vale la pena esconder determinadas cosas. Hay que restituir la publicidad de lo real.


Creo necesario comparar las situaciones, no necesariamente trabajar sobre un grupo o una temática cerrada, sino ver la relación entre las cosas.
Cuando trabajas con la etnicidad te tienes que interesar por las habladurías, por las técnicas de cultivo, por muchas cosas, no simplemente observar tu objeto de estudio. Tienes que distanciarte y tener una visión más amplia, para capturar otras cosas.


1. Quilombolas es el nombre tanto de los habitantes como de las comunidades negras rurales integradas por descendientes de esclavos. En la actualidad hay casi 3 mil comunidades quilombolas en 24 estados brasileños.

Alejandro Ferrari
8 junio, 2018



La Constitución de Brasil de 1988


Artículo 231:
“Se les reconoce a los indios su organización social, costumbres, lenguas, creencias y tradiciones y los derechos originarios sobre las tierras que tradicionalmente ocupan, competiéndole a la Unión demarcarlas, proteger y hacer respetar todos su bienes”.


Disposición transitoria, artículo 68:
“A los remanentes de las comunidades de los quilombos que estén ocupando sus tierras les es reconocida la propiedad definitiva, debiendo el Estado emitirles sus títulos respectivos”.

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Jueves, 08 Febrero 2018 15:21

Los factores fundamentales

Los factores fundamentales

Como una experiencia de la cual hay que aprender, guarda la memoria nacional que solamente en los años 40 del siglo XX fue fraguada en nuestro país una voluntad colectiva para luchar por el poder y concretar un gobierno con vocación social y en pro de la justicia. Luego, todos los intentos han sido en vano. Para entonces, cientos de miles, tal vez millones de connacionales, sintieron el vibrar de sus fibras más íntimas al identificar sin medias luces a los culpables de su situación, pero también al percibir la posibilidad de un triunfo de los pobres sobre la oligarquía apropiadora de las riquezas nacionales, excluyendo de sus beneficios a la mayoría.

 

En esa experiencia, corta pero ejemplar, Gaitán logró poner sobre el tablero de la lucha política a dos actores que se batían como enemigos enconados, no sólo como contrarios: ¡Pueblo, contra la oligarquía! De esa manera, la gente sentía que la política había retomado su sentido más profundo: propiciar la cristalización del bien común, del interés general, y de ahí su disposición a seguir las orientaciones de aquel vigoroso dirigente político.


El momento crucial de tal movilización nacional fue interrumpido con el asesinato del líder, quien por distintos motivos no tuvo la capacidad suficiente para estimular y conformar una conducción colectiva del proceso que estaba liderando.

 

Tras su asesinato, se desató un huracán de violencia oficial contra un pueblo dispuesto a vengar a su líder. Era una violencia institucional por la cual nunca pagaron condena alguna sus promotores y facilitadores, enterrados al final de sus vidas como insignes figuras de la nación. Nada más manipulador de la memoria colectiva y de la realidad vivida y padecida por millones de connacionales.

 

Luego de esa experiencia, varios proyectos políticos de corte alternativo intentaron conectarse con el sentir nacional y erigirse en opción para el cambio, pero ninguna hasta hoy ha logrado su cometido. Ninguna consiguió fraguar una voluntad colectiva. Hasta hoy, cuando diversidad de organizaciones pretenden alcanzar ese sitial de honor, en un reto inmenso que, para quienes desde el presente miran el futuro, demanda cambios sustanciales en sus matrices políticas e ideológicas, pues, con las armaduras que vienen trajeados, no es posible sintonía alguna con las mayorías que alguna vez vibraron al agitar de Gaitán: ¡Pueblo, contra la oligarquía!

 

Los cambios por dar son varios, el primero de los cuales debe partir de refundar el sentido y el propósito de la política. No es para menos. Insertos en una revolución tecnocientífica de hondo espectro (la tercera), y una revolución industiral (la cuarta, en la segunda mitad del siglo XX vivimos la tercera), revoluciones que afectan nuestras formas de ver y conocer, de comprender y asumir la vida cotidiana, los relacionamientos sociales, el mundo del trabajo, los imaginarios sociales, las formas de comunicar e informar, las de consumo, las de transporte, las de control social, las formas de hacer la guerra, el medio ambiente, la producción de alimentos, el sentido mismo de la ciencia y la forma de abocarla, etcétera), no es posible que, en medio de tal magnitud de cambios, la política no termine conmocionada y afectada en sus bases más profundas, en lo que hasta ahora fue su sentido y sus propósitos: el gobierno y el Estado, la administración de la vida de los seres humanos y su cuidado, soportado todo ello sobre la división naturaleza-seres humanos.

 

Precisamente por los cambios en curso, por la necesidad evidente de superar esa separación con la naturaleza que viene desde hace tantos siglos y que a la humanidad le significó creerse el centro del universo, convencida de que podía hacer con la naturaleza y en ella todo aquello que pretendiera. El precio de tal ficción le aprieta hoy su pecho como pesado yunque, con factores de incontrolable contaminación ambiental, cambio climático, y otra infinidad de factores que ponen en riesgo la propia supervivencia de la especie humana y del planeta Tierra.

 

De ahí que una política de nuevo tipo, que de verdad esté por el cambio y la justicia, tenga hoy como misión fundamental la defensa de la vida de los seres humanos, así como del conjunto de especies que habitan en este planeta, y la casa que habitan –la naturaleza misma. Propósito tras el cual puede retomar y valerse del Estado pero no limitarse ni someterse al mismo, despertando y potenciando de manera sustancial un conjunto de relacionamientos humanos que proyecten la solidaridad a toda prueba en la especie humana y entre ésta y las demás formas de vida que puedan existir aquí o más allá de este planeta. Estamos, pues, con esta política, ante el final del antropocentrismo y, de su mano, ante el despliegue de una profunda revolución cultural en todos los órdenes hasta ahora conocidos, soporte indiscutible de una transformación política sistémica o de un simple cambio de gobierno.

 

Nueva realidad de la política que nos demanda, si de verdad queremos acercarnos a una comprensión de la misión que ahora le compete como fundamental, el estudio y el entendimiento de las bases de la vida misma, a saber: la ecología, la biología y las ciencias de la salud, y de manera supeditada la economía, la filosofía y otras áreas del saber que hasta ahora soportaron el quehacer político, entendido como administración del gobierno y el Estado.

 

Dejando a un lado el centralismo estatal, y con éste el Derecho, las leyes y toda aquella gramática que le da soporte, la política se debe situar en lo cotidiano de los seres humanos, buscando en formas garantizar la vida, la propia y la de las demás especies, propósito que va unido a una definición fundamental: que sea en dignidad. Para lo cual es indispensable socializar no sólo el trabajo sino, además, los ingresos, los saberes, la administración de la cosa pública. Es decir, una vez más queda claro que el poder no puede residir en pocas manos y menos en las de aquellos que lo apetecen para su beneficio. El ejercicio de la administración y la garantía de la vida deben ser asunto y responsabilidad del conjunto social –dejando de ser asunto de supuestos especialistas–, para lo cual ahora los dirigentes no pueden simplemente mandar sino que deben saber obedecer.

 

Nueva comprensión de la política que en nuestro país se encuentra con un escollo: una generación de dirigentes y activistas políticos está de salida por ley biológica, generación que no logra romper con la concepción que iluminó sus luchas, y de ahí que sigan enfrascados en la batalla por el Estado y el gobierno como eje de sus cotidianidades, facilitando de esa manera el control de la oligarquía sobre las mayorías, pues las disputas políticas se dan en el terreno elegido y decidido por quienes detentan el poder, bajo sus reglas y todo tipo de consideraciones interpuestas por los mismos.

 

Una generación que sale y otra que llega, pero sin una politización de nuevo tipo sino bebiendo sobre viejos idearios y referentes que la amarran y que desvían sus esfuerzos en un horizonte donde no es posible que obtengan triunfos de largo aliento. Nueva generación de activistas y líderes políticos que tiene ante sí, y como reto sustancial, al igual que Gaitán, construir en Colombia una voluntad colectiva, una unidad social, plural y dinámica, soportada en la recuperación de las particularidades y fortalezas regionales que caracterizan y son visibles en todas y cada uno de los territorios que integran este país, emprendiendo desde allí, a partir de tal sintonía, el reto de encarar la recuperación del sentido del bien común.

 

No es poca cosa, pues, tras este propósito, hay que confrontar y derrotar al neoliberalismo, y con ello rescatar el sentido y el valor de lo público, de lo colectivo, a la par de poner en tela de juicio la preponderancia del individualismo como vía para construir lo social –todo un contrasentido. Para así avanzar, hay que tallar de nuevo –ahora con todos y no a partir de un líder, como sucedió en los años 40 del anterior siglo– una voluntad general que, sabiendo identificar a los enemigos de hoy, logre desatar la pasión de las gentes para que, con su movilización, arrinconen a quienes hicieron de la política un negocio de familias que dio al traste con la felicidad de millones de compatriotas, no solo ahora sino también en el curso de muchas décadas, tantas como los dos siglos de vida republicana con que contamos.

 

De acuerdo a todos los signos e indicativos desprendidos del actual orden de cosas, el centro de esa acción por construir la indispensable voluntad colectiva descansa en la necesidad de confrontar la contracción vivida por la democracia (que, para el caso colombiano, nunca hemos vivido a plenitud), ideario de libertad izado, como se recordará, por los capitalistas hace ya dos siglos largos y que ahora, agotado como propósito, no pueden hacer realidad en tanto ni igualdad ni libertad ni fraternidad son ya posibles en el sistema capitalista; tampoco la justicia y otros propósitos básicos del orden social que esté por el respeto a la vida.

 

No es para menos, pues, como producto de las revoluciones tecnocientífica e industrial en curso, y como efecto de la financiarización que afecta al tejido social, la concentración de la riqueza y del poder le dan paso al autoritarismo como medio para que las minorías protejan el poder usurpado a las mayorías, así como los privilegios con que se embriagan cada día. No es casual, por tanto, que de la democracia no quede sino el letrero, ah..., y el rito electoral de cada tanto, el que básicamente ya nada decide, ya que lo trascendente para cada sociedad lo resuelven, en lo fundamental, los poderes realmente existentes en otras instancias ­–como los organismos multilaterales– que ya están por encima de la soberanía nacional.

 

Por tanto, retomar la divisa de la democracia, directa, radical, plena, como bandera colectiva para darle soporte a la tríada igualdad, libertad, fraternidad (leída como solidaridad), a la justicia, así como al conjunto de derechos humanos conquistados que sintetizan los básicos de que hay que gozar para vivir en dignidad, es el mayor de los retos que tienen quienes se disponen a la lucha contra la oligarquía y por darle cimiento a un país de iguales. Para ello, para sintonizarse con el país nacional, con aquel que vibró con Gaitán, es necesario salir a todos los rincones del territorio nacional (como lo propusimos en el editorial de noviembre pasado) para conversar con los de a pie, para escuchar sus razones y sus sueños, sus posibilidades y sus disposiciones, para con ello y entre todos dibujar el país que necesitamos y queremos, país por hacer realidad en las próximas décadas, dejando atrás no cien sino doscientos años de soledad, propiciados así por quienes, servidos de la violencia oficial, han llevado a millones de compatriotas a la infelicidad.

 

En la lucha por venir, serán ellos y sólo ellos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, quienes dibujen con sus manos y sus piernas, con sus bocas y sus sentidos, con sus luchas, la democracia que requerimos, valiéndose para ello de talleres, debates de todo tipo, asambleas de diverso tamaño, protestas, bloqueos, etcétera, moldeando poco a poco la voluntad colectiva que se requiere para enfrentar y superar a quienes siempre han visto en la mayoría a sus enemigos, tratándolos como tales en infinidad de circunstancias y contextos.

 

Pensar que alguna organización o conjunto de organizaciones puede afrontar y concretar este reto, sin propiciar que en el centro de su acción estén las mayorías, potenciando para ello, para que ellas mismas sean quienes lideren y las organizaciones las que acompañen (manden obedeciendo), es todo un despropósito que no da cuenta del mismo sentido de una política de verdad renovada.

 

El reto es inmenso, así como las tareas por acometer. El propósito no da espera......

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Sábado, 20 Enero 2018 09:23

Los factores fundamentales

Los factores fundamentales

Como una experiencia de la cual hay que aprender, guarda la memoria nacional que solamente en los años 40 del siglo XX fue fraguada en nuestro país una voluntad colectiva para luchar por el poder y concretar un gobierno con vocación social y en pro de la justicia. Luego, todos los intentos han sido en vano. Para entonces, cientos de miles, tal vez millones de connacionales, sintieron el vibrar de sus fibras más íntimas al identificar sin medias luces a los culpables de su situación, pero también al percibir la posibilidad de un triunfo de los pobres sobre la oligarquía apropiadora de las riquezas nacionales, excluyendo de sus beneficios a la mayoría.

 

En esa experiencia, corta pero ejemplar, Gaitán logró poner sobre el tablero de la lucha política a dos actores que se batían como enemigos enconados, no sólo como contrarios: ¡Pueblo, contra la oligarquía! De esa manera, la gente sentía que la política había retomado su sentido más profundo: propiciar la cristalización del bien común, del interés general, y de ahí su disposición a seguir las orientaciones de aquel vigoroso dirigente político.


El momento crucial de tal movilización nacional fue interrumpido con el asesinato del líder, quien por distintos motivos no tuvo la capacidad suficiente para estimular y conformar una conducción colectiva del proceso que estaba liderando.

 

Tras su asesinato, se desató un huracán de violencia oficial contra un pueblo dispuesto a vengar a su líder. Era una violencia institucional por la cual nunca pagaron condena alguna sus promotores y facilitadores, enterrados al final de sus vidas como insignes figuras de la nación. Nada más manipulador de la memoria colectiva y de la realidad vivida y padecida por millones de connacionales.

 

Luego de esa experiencia, varios proyectos políticos de corte alternativo intentaron conectarse con el sentir nacional y erigirse en opción para el cambio, pero ninguna hasta hoy ha logrado su cometido. Ninguna consiguió fraguar una voluntad colectiva. Hasta hoy, cuando diversidad de organizaciones pretenden alcanzar ese sitial de honor, en un reto inmenso que, para quienes desde el presente miran el futuro, demanda cambios sustanciales en sus matrices políticas e ideológicas, pues, con las armaduras que vienen trajeados, no es posible sintonía alguna con las mayorías que alguna vez vibraron al agitar de Gaitán: ¡Pueblo, contra la oligarquía!

 

Los cambios por dar son varios, el primero de los cuales debe partir de refundar el sentido y el propósito de la política. No es para menos. Insertos en una revolución tecnocientífica de hondo espectro (la tercera), y una revolución industiral (la cuarta, en la segunda mitad del siglo XX vivimos la tercera), revoluciones que afectan nuestras formas de ver y conocer, de comprender y asumir la vida cotidiana, los relacionamientos sociales, el mundo del trabajo, los imaginarios sociales, las formas de comunicar e informar, las de consumo, las de transporte, las de control social, las formas de hacer la guerra, el medio ambiente, la producción de alimentos, el sentido mismo de la ciencia y la forma de abocarla, etcétera), no es posible que, en medio de tal magnitud de cambios, la política no termine conmocionada y afectada en sus bases más profundas, en lo que hasta ahora fue su sentido y sus propósitos: el gobierno y el Estado, la administración de la vida de los seres humanos y su cuidado, soportado todo ello sobre la división naturaleza-seres humanos.

 

Precisamente por los cambios en curso, por la necesidad evidente de superar esa separación con la naturaleza que viene desde hace tantos siglos y que a la humanidad le significó creerse el centro del universo, convencida de que podía hacer con la naturaleza y en ella todo aquello que pretendiera. El precio de tal ficción le aprieta hoy su pecho como pesado yunque, con factores de incontrolable contaminación ambiental, cambio climático, y otra infinidad de factores que ponen en riesgo la propia supervivencia de la especie humana y del planeta Tierra.

 

De ahí que una política de nuevo tipo, que de verdad esté por el cambio y la justicia, tenga hoy como misión fundamental la defensa de la vida de los seres humanos, así como del conjunto de especies que habitan en este planeta, y la casa que habitan –la naturaleza misma. Propósito tras el cual puede retomar y valerse del Estado pero no limitarse ni someterse al mismo, despertando y potenciando de manera sustancial un conjunto de relacionamientos humanos que proyecten la solidaridad a toda prueba en la especie humana y entre ésta y las demás formas de vida que puedan existir aquí o más allá de este planeta. Estamos, pues, con esta política, ante el final del antropocentrismo y, de su mano, ante el despliegue de una profunda revolución cultural en todos los órdenes hasta ahora conocidos, soporte indiscutible de una transformación política sistémica o de un simple cambio de gobierno.

 

Nueva realidad de la política que nos demanda, si de verdad queremos acercarnos a una comprensión de la misión que ahora le compete como fundamental, el estudio y el entendimiento de las bases de la vida misma, a saber: la ecología, la biología y las ciencias de la salud, y de manera supeditada la economía, la filosofía y otras áreas del saber que hasta ahora soportaron el quehacer político, entendido como administración del gobierno y el Estado.

 

Dejando a un lado el centralismo estatal, y con éste el Derecho, las leyes y toda aquella gramática que le da soporte, la política se debe situar en lo cotidiano de los seres humanos, buscando en formas garantizar la vida, la propia y la de las demás especies, propósito que va unido a una definición fundamental: que sea en dignidad. Para lo cual es indispensable socializar no sólo el trabajo sino, además, los ingresos, los saberes, la administración de la cosa pública. Es decir, una vez más queda claro que el poder no puede residir en pocas manos y menos en las de aquellos que lo apetecen para su beneficio. El ejercicio de la administración y la garantía de la vida deben ser asunto y responsabilidad del conjunto social –dejando de ser asunto de supuestos especialistas–, para lo cual ahora los dirigentes no pueden simplemente mandar sino que deben saber obedecer.

 

Nueva comprensión de la política que en nuestro país se encuentra con un escollo: una generación de dirigentes y activistas políticos está de salida por ley biológica, generación que no logra romper con la concepción que iluminó sus luchas, y de ahí que sigan enfrascados en la batalla por el Estado y el gobierno como eje de sus cotidianidades, facilitando de esa manera el control de la oligarquía sobre las mayorías, pues las disputas políticas se dan en el terreno elegido y decidido por quienes detentan el poder, bajo sus reglas y todo tipo de consideraciones interpuestas por los mismos.

 

Una generación que sale y otra que llega, pero sin una politización de nuevo tipo sino bebiendo sobre viejos idearios y referentes que la amarran y que desvían sus esfuerzos en un horizonte donde no es posible que obtengan triunfos de largo aliento. Nueva generación de activistas y líderes políticos que tiene ante sí, y como reto sustancial, al igual que Gaitán, construir en Colombia una voluntad colectiva, una unidad social, plural y dinámica, soportada en la recuperación de las particularidades y fortalezas regionales que caracterizan y son visibles en todas y cada uno de los territorios que integran este país, emprendiendo desde allí, a partir de tal sintonía, el reto de encarar la recuperación del sentido del bien común.

 

No es poca cosa, pues, tras este propósito, hay que confrontar y derrotar al neoliberalismo, y con ello rescatar el sentido y el valor de lo público, de lo colectivo, a la par de poner en tela de juicio la preponderancia del individualismo como vía para construir lo social –todo un contrasentido. Para así avanzar, hay que tallar de nuevo –ahora con todos y no a partir de un líder, como sucedió en los años 40 del anterior siglo– una voluntad general que, sabiendo identificar a los enemigos de hoy, logre desatar la pasión de las gentes para que, con su movilización, arrinconen a quienes hicieron de la política un negocio de familias que dio al traste con la felicidad de millones de compatriotas, no solo ahora sino también en el curso de muchas décadas, tantas como los dos siglos de vida republicana con que contamos.

 

De acuerdo a todos los signos e indicativos desprendidos del actual orden de cosas, el centro de esa acción por construir la indispensable voluntad colectiva descansa en la necesidad de confrontar la contracción vivida por la democracia (que, para el caso colombiano, nunca hemos vivido a plenitud), ideario de libertad izado, como se recordará, por los capitalistas hace ya dos siglos largos y que ahora, agotado como propósito, no pueden hacer realidad en tanto ni igualdad ni libertad ni fraternidad son ya posibles en el sistema capitalista; tampoco la justicia y otros propósitos básicos del orden social que esté por el respeto a la vida.

 

No es para menos, pues, como producto de las revoluciones tecnocientífica e industrial en curso, y como efecto de la financiarización que afecta al tejido social, la concentración de la riqueza y del poder le dan paso al autoritarismo como medio para que las minorías protejan el poder usurpado a las mayorías, así como los privilegios con que se embriagan cada día. No es casual, por tanto, que de la democracia no quede sino el letrero, ah..., y el rito electoral de cada tanto, el que básicamente ya nada decide, ya que lo trascendente para cada sociedad lo resuelven, en lo fundamental, los poderes realmente existentes en otras instancias ­–como los organismos multilaterales– que ya están por encima de la soberanía nacional.

 

Por tanto, retomar la divisa de la democracia, directa, radical, plena, como bandera colectiva para darle soporte a la tríada igualdad, libertad, fraternidad (leída como solidaridad), a la justicia, así como al conjunto de derechos humanos conquistados que sintetizan los básicos de que hay que gozar para vivir en dignidad, es el mayor de los retos que tienen quienes se disponen a la lucha contra la oligarquía y por darle cimiento a un país de iguales. Para ello, para sintonizarse con el país nacional, con aquel que vibró con Gaitán, es necesario salir a todos los rincones del territorio nacional (como lo propusimos en el editorial de noviembre pasado) para conversar con los de a pie, para escuchar sus razones y sus sueños, sus posibilidades y sus disposiciones, para con ello y entre todos dibujar el país que necesitamos y queremos, país por hacer realidad en las próximas décadas, dejando atrás no cien sino doscientos años de soledad, propiciados así por quienes, servidos de la violencia oficial, han llevado a millones de compatriotas a la infelicidad.

 

En la lucha por venir, serán ellos y sólo ellos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, quienes dibujen con sus manos y sus piernas, con sus bocas y sus sentidos, con sus luchas, la democracia que requerimos, valiéndose para ello de talleres, debates de todo tipo, asambleas de diverso tamaño, protestas, bloqueos, etcétera, moldeando poco a poco la voluntad colectiva que se requiere para enfrentar y superar a quienes siempre han visto en la mayoría a sus enemigos, tratándolos como tales en infinidad de circunstancias y contextos.

 

Pensar que alguna organización o conjunto de organizaciones puede afrontar y concretar este reto, sin propiciar que en el centro de su acción estén las mayorías, potenciando para ello, para que ellas mismas sean quienes lideren y las organizaciones las que acompañen (manden obedeciendo), es todo un despropósito que no da cuenta del mismo sentido de una política de verdad renovada.

 

El reto es inmenso, así como las tareas por acometer. El propósito no da espera......

Publicado enEdición Nº242
Rajoy pide a Puigdemont que aclare si declaró o no la independencia

El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, hizo un requerimiento al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, para que aclare, por los cauces administrativos, si declaró o no la independencia de Cataluña. Una pregunta directa y de cuya respuesta dependerá si se activa la aplicación del artículo 155 de la Constitución española, que supondría la suspensión de la autonomía de la región.

Puigdemont protagonizó el martes pasado una de las sesiones más confusas de las últimas décadas en el Parlamento catalán; tal como había prometido a sus seguidores decretó la independencia unilateral, pero segundos después decidió suspenderla para abrir espacio a una negociación con el Estado español, en busca de una desvinculación pactada.

En la sesión parlamentaria no se votó ninguna moción ni declaración, pero minutos después de suspendido el pleno, los 72 diputados independentistas firmaron –en un salón contiguo al hemiciclo– un documento en el que se declaró la independencia y se apremió a la comunidad internacional, incluido el Estado español, a reconocer a la "nueva república".

La declaración provocó confusión tanto entre los independentistas, quienes vivieron la jornada con decepción, como entre las autoridades españolas y la mayoría de los partidos políticos, que no tenían certeza de lo que se había declarado en el Parlamento catalán.

Rajoy, quien convocó a una reunión extraordinaria del consejo de ministros, después de haberse reunido con los líderes de Ciudadanos, Albert Rivera, y del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, decidió enviar un mensaje a Puigdemont en el cual lo apremia a aclarar este punto y a hacerlo mediante los cauces oficiales para que quede constancia.

El gobernante español fijó un plazo a Puigdemont para contestar que vence el próximo lunes, de no hacerlo, se le enviará un segundo mensaje que deberá contestar a más tardar el próximo jueves. Si la respuesta a la pregunta de si ha declarado la independencia es afirmativa, o sencillamente no contesta, entonces se activará de forma automática la aplicación del artículo 155.

Así lo explicó Rajoy durante su comparecencia ante el Congreso de los Diputados, que tuvo como único orden del día el conflicto abierto entre Cataluña y el Estado español. "Es muy importante que Puigdemont acierte en la respuesta al requerimiento que le ha hecho el gobierno de España. Basta que diga que no ha declarado la independencia. Así de fácil. Y se entiende muy bien", señaló Rajoy.

El mandatario explicó que en caso de que la respuesta sea negativa, entonces le invitaría a sentarse a dialogar en una comisión parlamentaria, abierta a petición del PSOE, para reformar la Constitución española y buscar un mejor encaje de Cataluña en la configuración del Estado, pero advirtió que no dialogará sobre la ruptura de la soberanía del país ni de la vulneración de la integridad territorial. Es decir, que en ningún caso asumirá el reclamo del independentismo de permitir un referendo de autodeterminación vinculante.

El presidente Rajoy cuenta con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos en su estrategia ante el conflicto catalán, que se confirmó durante el debate en el Congreso de los Diputados, en el que también se escucharon críticas y súplicas, sobre todo del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y de los nacionalistas catalanes, para que no ponga en marcha la suspensión de la autonomía, ya que supondría una nueva "declaración de guerra" de difícil "vuelta atrás". En términos similares se expresó la coalición Unidos Podemos, que también se manifestó en contra de esta medida y reiteró su propuesta de abrir un diálogo con mediadores internacionales. Una propuesta que rechazó Rajoy.

En tanto, Puigdemont no hizo referencia al requerimiento del gobierno español en una entrevista con la cadena CNN, pero reiteró que está dispuesto a "entablar un diálogo sin condición previa". Y añadió que "a lo mejor podría ayudar al diálogo que dos personas en representación del gobierno español y dos personas en representación del gobierno catalán, pudieran ponerse de acuerdo en una sola cosa, como por ejemplo, el nombramiento de un mediador".

La diputada independentista de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), Eulàlia Reguant, habló del malestar que persiste en su grupo por lo que consideran "traición" de Puigdemont en el pleno del pasado martes, en el que esperaban que se declarara la independencia. "Nos ha fallado y nos ha decepcionado", señaló. Los 10 diputados de la CUP anunciaron que propondrán a su consejo político que sus diputados abandonen el Parlamento catalán hasta que Puigdemont declare de forma efectiva la secesión. Esta maniobra dejaría en minoría a la coalición independentista.

 

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Irak ordena detener a los organizadores del referéndum de independencia kurdo


Es una medida simbólica porque Bagdad carece de medios para arrestarlos si no salen de la región

 

Un tribunal iraquí ha ordenado este miércoles la detención de la presidenta y dos de los miembros de la Comisión Electoral de Kurdistán que organizó el referéndum de independencia de esa región autónoma del pasado 25 de septiembre. Se trata de la última de una serie de medidas con las que el Gobierno de Bagdad intenta revertir el resultado de esa consulta, celebrada a pesar de su suspensión por parte del Tribunal Supremo. La ausencia de fuerzas federales en las provincias kurdas dificulta su ejecución.
“La decisión judicial responde a una denuncia presentada por el Consejo de Seguridad Nacional”, ha informado el portavoz de la Magistratura, el juez Abdelsatar al Birqadar.

Esa instancia ha considerado que Hendren Saleh, la presidenta de la Comisión Electoral, así como Yari Hayi Omar y Wahida Yofo Hermez, “han organizado el referéndum contraviniendo la orden del Tribunal Supremo” iraquí. Una semana antes de la consulta, el alto tribunal exigió que se suspendiera por considerar que vulneraba la Constitución.
El Consejo de Seguridad Nacional, que preside el primer ministro Haider al Abadi, ya avanzó el lunes que había recopilado una “lista de nombres” de “funcionarios de la región de Kurdistán” acusados de organizar el plebiscito. El comunicado aseguraba que la fiscalía iba a tomar “medidas legales” contra ellos. El Supremo se ha declarado sin embargo incompetente para juzgar a los diputados del Parlamento federal que promovieron la consulta.


La orden emitida es sobre todo simbólica. El Gobierno central no dispone de medios reales para llevar a cabo las detenciones ya que no hay fuerzas federales desplegadas en el Kurdistán iraquí. De acuerdo con la Constitución de 2005, la región autónoma dispone de su propia milicia (los Peshmerga) y policía. Resulta altamente improbable que vaya a enviarse una patrulla a ejecutar el arresto.


No obstante, los tres responsables kurdos van a ver restringidos sus movimientos ya que, a partir de ahora, no podrán salir de las cuatro provincias de la región autónoma. Antes del referéndum Saleh, Omar y Hermez viajaron en varias ocasiones a Bagdad para reunirse con las autoridades centrales y defender sus planes.


El gesto constituye otra vuelta de tuerca del Gobierno central en su intento de presionar a las autoridades kurdas para que anulen el resultado de la consulta. El 92,73 % de los votantes dieron su apoyo a la independencia, con una participación del 72,16 % del censo, pero que incluyó también la controvertida participación de los residentes en varios enclaves fuera de la región autónoma aunque controlados por las fuerzas kurdas.


Desde entonces, Bagdad ha procedido a cerrar el espacio aéreo de Kurdistán a los vuelos internacionales y ha anunciado medidas económicas y judiciales de presión, a menudo sin concretar su puesta en práctica. Destaca entre ellas la reapertura de un viejo oleoducto que conecta los campos petroleros de Kirkuk con Turquía, sin cruzar el territorio kurdo, avanzada el martes por el ministro de Petróleo, Yabar al Luaibi.


El primer ministro turco, Binali Yildirim, ha confirmado que Irak planea abrir un nuevo paso fronterizo para abrir una ruta directa entre ambos países evitando el Kurdistán iraquí. Tanto Ankara como Teherán han rechazado el referéndum y los planes de independencia del Gobierno autónomo de Erbil

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Viernes, 29 Septiembre 2017 06:42

España y Cataluña

España y Cataluña

En tanto exiliado del 76 en España no simpatizo con los nacionalismos. Salvo excepciones, cuando se trata de naciones ocupadas o intervenidas por una potencia extranjera. ¿De qué quieren realmente independizarse los catalanes? ¿Del lastre español que les pesa como un exceso de goce que ellos imaginan que financian? La hegemonía alemana sobre Europa no esta puesta en juego en este tinglado, cuestión esta que la derecha catalana y el sector de la burguesía independentista tiene muy clara.


Pero a su vez, resulta insoportable y falaz que el Estado español y las fuerzas políticas que lo sostienen, que jamás han hecho nada por afrontar con memoria, verdad y justicia todas las consecuencias reales de la dictadura franquista, pretendan ahora una vez más que todo se reabsorba en la legalidad jurídica de un Estado que nunca quiso saber nada del crimen serial franquista.


La historia es el lugar donde lo reprimido reaparece, y nunca de un modo idéntico. Ahora aparece en el independentismo catalán, que a pesar su posible mitología identitaria, encierra esta verdad: que la readaptación del franquismo a las estructuras democráticas de la transición era portadora de un síntoma que de un modo u otro iba a reaparecer.
El aplastamiento del independentismo y la negativa a pactar un referéndum incrementará la fuerza social y conflictiva de este síntoma. El Estado español y la política del Partido Popular y su asociación con el Partido Socialista jamás han construido la legitimidad para afrontar esta situación.


Ni el Estado español con su mantra de la unidad y su permanente referencia al Estado de Derecho, ni la Convergencia, con su inconsistente referencia al derecho de autodeterminación, tienen la legitimidad, no la legalidad, para constituir un proceso constituyente que le dé lugar a una nueva República. Por un lado el Estado español reposa en el asesinato franquista y su encubrimiento del régimen del 78, lo que se puede confirmar con el reverdecer del “nacionalismo español “ en estos días. Por el otro lado la Convergencia, que cogobernó en distinas ocasiones con el Partido Popular, participó de la corrupción y los ajustes procedentes de ese régimen A su vez, ambos participan de los mismos dispositivos neoliberales.


Otra cuestión , y esto es decisivo , es que el significante “Independencia”, dado el estado de movilización popular, se esté vaciando de sentido y se libere del campo semántico al que pertenecía y se vuelva entonces lo que Laclau designa como un “significante en disputa”.


La intromisión represiva del Estado español está logrando que el significante Independencia este virando hacia la cuestión de la Democracia, incluso con posibles alcances instituyentes, que sí pueden llegar a poner en cuestión , tanto el régimen del 78 como la perpetuación neofranquista del Estado español. Es lo que Podemos ha parecido entender, sitúandose en una encrucijada dificilísima que a veces puede aparecer como ambivalente, pero que aloja una coherencia determinante, no sumándose sin más al independentismo pero acompañando la lucha en su posible viraje democrático e instituyente.

 

Por Por Jorge Alemán, Psicoanalista y escritor.

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Viernes, 08 Septiembre 2017 15:51

Que el árbol no impida ver el bosque

Que el árbol no impida ver el bosque

Una crisis de gobernabilidad sin igual tiene dividida a la sociedad venezolana en tres: las fuerzas oficialistas, la oposición y los sectores de izquierda que no comparten los proyectos de los dos anteriores y, por el contrario, aspiran a un giro hacia la izquierda de lo realizado en su momento por Chávez y lo ejecutado por quienes dicen ser sus continuadores. Razones de esta encrucijada y caminos por seguir.

 

¿Quién iba a pensar que de la mano de la bonanza económica también llegaría la miseria? Así se interroga Javier Ibarra Aury* cuando narra las dificultades soportadas en su país durante estos últimos años de crisis, las que lo obligaron, junto con su familia, a buscar mejor fortuna fuera de su territorio natal.

 

Javier cuenta que con la llegada de Hugo Chávez en 1999 al gobierno todo era esperanza. No era para menos –enfatiza–, pues venían de padecer años de gobiernos ineptos tanto del Copei (Comité de Organización Política Electoral Independiente) como de Acción Democrática (AD). El cúmulo de dólares que de repente volvió a llegar al país, fruto de una nueva bonanza petrolera, ayudó fuertemente a mejorar la confianza sobre el futuro que vendría con el nuevo mandatario.

 

No era para menos. Apoyado en el flujo de las crecientes divisas Chávez dio cuerpo a las Misiones Sociales, una nueva forma de redistribuir la renta petrolera y buscar con ello cerrar la brecha entre ricos y pobres, con lo cual se propagandeaba que estábamos entrando en un periodo revolucionario. Fíjese, dice Javier, lograr esto sin tocar las estructuras económicas ni las relaciones sociales heredadas. Redistribución a la cual toda la sociedad venezolana estaba acostumbrada, claro, a través de un clientelismo abierto o disfrazado que terminó por darle piso a una sociedad adicta al consumo desaforado y a una menguada disposición para el trabajo. El discurso nacionalista chavista ayudaba a impregnarlo de un brillo izquierdista y de honradez a toda prueba.

 

Con las Misiones llegaron los médicos a los barrios, pero también se abrieron miles de cupos en las universidades, de las cuales fueron creadas no menos de ocho: las campañas de alfabetización, la educación obligatoria, la redistribución de la tierra, la construcción de viviendas para los más empobrecidos, entre otras acciones gubernamentales, hacían sentir a muchos excluidos que ahora sí los tomaban en cuenta, incrementándose así el prestigio del nuevo Presidente y manteniendo en alto el espíritu de quienes habitábamos en los barrios populares.

 

Petróleo y prestigio político

 

Todo esto sucedía en medio de una constante conspiración de los ricos de siempre por tumbar al Presidente. Varios de cuyos intentos fueron públicos, el más conocido el del 2002, pero se sucedieron otros que incluyeron la parálisis de Pdvsa (Petróleos de Venezuela), el referendo revocatorio de 2004, y otros más, en los cuales los instigadores principales eran los dueños de los medios de comunicación y la Iglesia. Intentos de los que salió ileso Chávez, tanto por el apoyo y movilización popular, como por su astucia y liderazgo político.

 

Javier mira al piso, como buscando respuesta a lo sucedido y prosigue. Hugo Chávez puso de moda las elecciones de todo tipo, y en casi todas venció. Sin embargo, desde el 2009, con el Referendo constitucional que perdió, comenzó a descender su gran peso electoral, hasta que la debilidad en las regiones comenzó a sentirse y el poder regional/territorial empezó a ser disputado palmo a palmo con quienes buscaban derrotarlo.

 

Era increíble que esto sucediera, pues el país estaba inundado de dólares y el gobierno tenía todas las herramientas políticas, económicas, jurídicas, además de la legitimidad y apoyo popular, para hacer sentir su liderazgo y su proyecto de inclusión y de unidad nacional popular. Pero, hay que recordar esto, desde los primeros años de su acción gubernamental, empezaron a sentirse palabras fuertes, de exclusión, como escuálidos, con la que trataban de manera despectiva a la clase media, asociándola de manera errada con los más ricos del país1, alejándola erróneamente de un proyecto de cambio que solo puede lograrse a través de la persuasión, de poner en marcha acciones políticas, sociales, económicas, culturales, deportivas, etcétera, que la hagan sentir parte del proyecto de cambio.

 

Palabras fuertes que también cubrieron a los partidos o líderes políticos de izquierda críticos2 que llamaban la atención sobre las políticas al mando del país. Parecía ser que el proyecto del presidente Chávez no resistía crítica alguna, a tal punto que a su alrededor solo fueron quedando los incondicionales, bien por identidad real o bien por conveniencia política y económica. Y al final, el país fue cubierto por un halo de partido único, partido, por demás, simplemente electoral, una máquina para hacer votos, sin sustento de base, sin debate ideológico, político y económico a su interior, un partido sometido a los ires y venires de su líder.

 

Hay que recordar, recalca Ibarra, que a la hora de llegar Chávez al gobierno el país venía de una crisis económica de varios años, auspiciada por los bajos precios del petróleo, la que empieza a ser superada en el 2004 con la recuperación de los mismos, recuperación potenciada, además, por el crecimiento de las exportaciones que para ese año ya anotaban un salto positivo del 39 por ciento. Cambio sucedido, entre otros aspectos, por el liderazgo de este gobierno ante los países integrantes de la Opep (Organización de países exportadores de petróleo), lo cual lo llevó a encabezar con Alí Rodríguez la presidencia de tan importante organismo. La renegociación de las condiciones para la explotación petrolera llevada a cabo por las multinacionales con presencia en el país también aportó de manera notable a incrementar los ingresos nacionales.

 

Entonces, producto de todo esto, miles de millones de dólares fueron inundando al país, mucho más desde el año 2007 cuando los precios del barril superaron los 70 dólares, llegando a 100 y más cuatro años después. Imagínese cómo sería este flujo de dinero, si el barril se vendía, pocos años antes, hasta por menos de 20 dólares

 

Pero el descomunal ingreso de divisas no se tradujo en la construcción de un nuevo aparato productivo, ni en la formación política integral de los trabajadores y de los sectores populares en general para que lo asumieran y defendieran. No, contrario a ello el país siguió la senda ya conocida con el Copei y Acción Democrática: el campo siguió prácticamente inculto, la poca industria de alimentos continuaba en manos de la burguesía local, lo que obligaba a importar de todo, pues la baja productividad de esta industria no permitía que el país se adentrara en una senda de autosuficiencia.

 

Javier nos mira como esperando que lo contradigamos y ante nuestro silencio retoma su relato. Recuerda con toda nitidez, dice, que era tal la cantidad de dólares que llovían que para el año 2008 la burguesía importó 45 mil millones de dólares, cuando solo habían entrado al país, fruto de lo que ella producía, algo así como 5 mil millones de dólares; ventas que dos años después ya había dejado caer a 1.800 millones de dólares, lo que permite pensar que muy pronto comprendió que la mejor forma de hacer fortuna, de manera rápida por demás, era dedicándose a comprar barato en el extranjero y vender caro en su país. La dependencia nacional se ahondaba y el discurso antiimperialista no daba paso a la verdadera soberanía nacional. Los dólares derrochados en baratijas se volvían improductivos.

 

Es por ello incomprensible la palabrería que mantenía Chávez –y ahora Maduro– contra esta burguesía, amenazándola con expropiarle sus empresas por la especulación que desde entonces ya se sentía en el país, pues mientras esto decía le entregaba de manera muy favorable y sin dilación alguna, las divisas que producto de la venta del petróleo ingresaban al país. Además, el Estado como máximo empleador, seguía creciendo y la moneda local se sobrevaluaba. El gasto público seguía en creciente pero sin crear capital fijo, el cual venía en franco deterioro desde finales de los años 80 del anterior siglo. Para colmo, los responsables de la economía nacional aprobaron otra serie de medidas que, de manera contradictoria, terminaron por acelerar el motor de la crisis económica nacional, medidas, entre ellas, poner a toda marcha la máquina de hacer plata. Mire, entre los años 1999-2016 se puso en práctica una política monetaria expansiva que llevó a incrementar en el 41 mil por ciento la base monetaria, una impresión desbocada de papel dinero sin respaldo alguno, el cual fue gastado en las formas más distantes de la inversión industrial y agrícola posible. Todo lo contrario de lo que debía hacerse para darle paso a otro modelo económico.

 

La conclusión era evidente: la matriz productiva de Venezuela no cambiaba, y el poder popular no podía ser más que un discurso propagandístico. Todo un contrasentido, pero aún el descontento social no tomaba forma pública pues todos sentíamos que algo recibíamos del Estado y entonces estábamos conformes; pero el proyecto de nuevo país seguía en deuda de tomar forma. Lo que sí tomaba cuerpo lo que ya se llamaba como boliburguesía, una nueva clase, emergente, roja rojita, crecida a la sombra del liderazgo de Chávez.

 

Una nueva clase que buscaba y lograba beneficiarse de la masa de dinero que circulaba, de tal tamaño que, por ejemplo, el alto gobierno tomó la decisión de gastar todo billete que pasara de los 30 mil millones de dólares en las reservas internacionales, y para manejar tal dinero creó el Fonden, a través del cual el Ejecutivo procedía con el gasto de manera discrecional e inauditable, gastando en 8 años 137.403 millones de dólares en proyectos que no trascendieron. Una cifra de dinero descomunal, con la cual se pudo cancelar en su totalidad la deuda externa que teníamos para entonces, pues ahora la deuda total consolidada del país asciende a 181.038 millones de dólares.

 

Javier se rasca la cabeza y luego se frota los ojos, como preguntándose ¿qué pasó? ¿por qué no lo vi?, para de inmediato continuar con su relato: fíjese, era tal el derroche y la incapacidad para darle un giro radical al aparato estatal heredado, que entre los años 2003-2012 las importaciones estatales crecieron en un 894 por ciento. El país se transformó en un gran centro comercial que importaba de todo: leche, carne, granos, carros, computadoras, ropa, café, medicamentos, etcétera.

 

En este último caso, mire bien, entre los años 2008-2012, las importaciones crecieron en 1.358 por ciento, y sin embargo había escasez, ¿qué explica esto?, pues que estábamos ante una descomunal fuga de divisas3, ante un robo sin mano armada y con la complacencia de la burocracia del alto gobierno. Un robo encabezado en este caso por empresas “imperialistas” como Pfizer, Merck, P&G; empresas que para el 2014 habían multiplicado por 11 el costo de su importación total pero disminuido en 87 por ciento la cantidad de mercancías traídas al país. Un robo de un impacto tal que en lo corrido entre los años 2000-2010, en escasos 10 años, sumó lo equivalente al 43 por ciento del PIB de este último año. No es extraño, por tanto, la escasez y la especulación.

 

Para que no quede duda, y para poder comprender lo que hoy está sucediendo en mi país, para poder entender por qué de la mano de la riqueza llegó la pobreza, debe conocerse que entre los años 2003-2012 esa burguesía especuladora, no industrial ni industriosa, recibió de manera preferencial (es decir, a precio oficial) por parte del gobierno, la bobadita de 317 mil millones de dólares para importar mercancías. Dólar preferencial, mucho del cual luego revendía, con un beneficio para el año 2013 del 500 por ciento, según el precio que tenía la divisa gringa en la calle, ganancia que cuatro años después se multiplica por miles pues mientras el dólar oficial se cambia a 1 x 10 Bs., para el 30 de abril de 2017 el dólar paralelo ascendía a 4.283.

 

Burguesía beneficiaria de la transferencia de renta petrolera, recibiendo divisas para importar lo requerido por diversos sectores sociales y sin embargo la escasez de lo que decía traer al país se palpaba cada día de manera más cruda en las calles y en los hogares. Entonces, ¿por qué les seguían entregando las divisas nacionales? Entrega a rienda suelta que llevó a que nuestras reservas internacionales, medidas para el 2013, cayeran a escasos 3 mil millones de dólares.

 

Beneficios económicos de los enemigos que decía enfrentar el chavismo, que le permitieron a esos mismos especuladores acumular en no más de diez años, en cuentas que tenían en el extranjero, más de 145 mil millones de dólares. ¡Como nos hace falta ese dinero hoy!, exclama con rabia y con claro pesar Javier. ¿Por qué el gobierno de Maduro no coloca una demanda internacional por ese robo y obliga a congelar esas cuentas y a repatriar tales dineros al país?

 

Ibarra Aury toma aire, nos mira como buscando explicación, y suelta esta perla: recuerden lo que decía el Banco Mundial por entonces: para alcanzar las Metas del Milenio ‘solo’ se requerían entre 40 y 60 mil millones de dólares por año, y en Venezuela, que ya había cumplido con ellas, sacando de la pobreza a muchas familias, había entregado mucho más de tal cantidad de dinero a sus supuestos enemigos. ¡Qué paradoja!

 

La evidencia del robo padecido por el país no ocurre en este solo ítem, también ocurre con la carne y con otros productos. Por ejemplo, la carne vivió un aumento del 21.693 por ciento en sus importaciones entre los años 2008-2013, y de 2.200 para los animales vivos, y sin embargo había escasez en la calle. Inaudito, ¿no? Fíjese, según las cifras oficiales para el periodo 2012-2014 el índice de escasez de este producto alcanzó el 144 por ciento!?! La consecuencia de esta realidad no es solo la caída del consumo de este vital alimento en los hogares, sino el incremento de su precio producto de su escasez, la misma que estimula la especulación. El desencanto que esto va despertando por doquier no es casual, así quedaría evidenciado en las elecciones para la Asamblea Nacional celebradas en el año 2015.

 

Claro, usted está en lo cierto, le responde Javier a uno de los entrevistadores del equipo desdeabajo que ante el dato que acaba de escuchar, estupefacto, le dice que eso es un simple robo. Valga recordar, enfatiza Ibarra, que hasta el año 2003 Venezuela fue prácticamente autosuficiente en este rubro. Es decir, a lo largo del gobierno chavista, no solo no se logró romper con la dinámica heredada sino que tampoco se construyó industria propia, no se alcanzó soberanía alimentaria, pero además, producto de su dadivosa entrega de divisas, terminó por desestimular en todos sus órdenes a la industria nacional. Desestimulo evidente en este caso, donde el descenso de las exportaciones de animales vivos llegó hasta el 99,78 por ciento, “hasta registrar la microscópica cifra de 4.300 dólares”4.

 

Es por esta vía que los enemigos del chavismo continuaron acumulado riqueza en el exterior, vía privatización de la bonanza petrolera, para registrar en el 2013 una fortuna de 164 mil millones de dólares, 19 mil millones más que un año atrás, dinero acumulado con aprobación oficial pues estaba en ejercicio su control de cambios, es decir, el dinero salió ante sus ojos, bajo su firma y con su aval.

 

Pese a esta evidencia, el gobierno descarga la culpa de la escasez en una supuesta guerra económica liderada por poderes extranjeros y sus aliados criollos. Nada más ilógico, pues los hechos que les he contado son contundentes, es decir, para ponerle cerradura a la escasez, a la especulación, al hambre que ahora se siente en los barrios populares, hay que tomar bajo el mando oficial todo el comercio nacional, sus importaciones, regular de manera efectiva el acceso a las divisas, hacer seguimiento a lo que entra al país, encarcelar a los que se roban las divisas que les son otorgadas, fijarse en la calidad de lo importado, regular los precios, y dejarse de poner en marcha proyectos inocuos como pretender suplir la hambruna con agricultura urbana. “Hay que ir a la raíz de la crisis y no distraerse en pendejadas! Por ejemplo, ¿cómo pudo suceder que dejaran perder más de ciento veinte mil toneladas de alimentos importados, como ocurrió en junio de 2010, productos suficientes para alimentar 17 millones de personas a lo largo de todo un mes?

 

Javier, con su respiración acelerada, solicita un poco de agua, bebe con pausa del recipiente que le extienden, toma aire, recupera su postura y prosigue.

 

Mientras esto sucedía, en los barrios se sentía el desgaste del proyecto que escasos 17 años atrás nos llenó de esperanzas. Poco a poco, se fue desgranando la fidelidad con aquellas ideas y, poco a poco, un mayor número de familias comenzaron a buscar solución a sus problemas por cuenta propia. Lo colectivo ya no tenía base ni apoyo ni posibilidades. No fueron pocas las familias en las que todos, o algunos de sus miembros pasaron la frontera, bien para quedarse en Colombia, bien para llegar a Ecuador, bien para dirigirse a Brasil, bien para buscar solución en Estados Unidos, un desgrane que con el paso de los años, y el incremento del ambiente de tensión producto de la ofensiva opositora que creaba un ambiente de guerra, se tradujo en un chorro de inmigrantes.

 

¿Cómo pensar que esto nos sucedería? Cuando empezaron a salir los ricos, los caídos en desgracia por figurar en las conspiraciones, hacia principios del 2003, nos pareció obvio, pues esa es su lógica: si no tienen el poder buscan otros territorios para vivir. Pero el turno también nos llegó a nosotros pues ahora el gobierno no tiene con que sostener una masa de gente cada vez más numerosa sin trabajo y sin ingresos, los subsidios ya no alcanzan para tantos o, simplemente, los entrega a quienes figuran como incondicionales, cayendo en el más crudo clientelismo. Y en mi familia, aclara Ibarra, queremos y soñamos con un proyecto de nuevo país, pero no somos incondicionales, no, para nosotros es necesario el debate, la participación, la experimentación, la creación con imaginación propia, la autogestión, la libertad de pensamiento...

 

La muerte de Chávez

 

El país ya venía mal pero llegó a peor con la muerte del Comandante, pues era éste quien levantaba los ánimos, su liderazgo era indiscutido. Vea cómo cayó el ánimo social con su muerte: ustedes deben recordar que antes de su fallecimiento ocurren las elecciones de octubre de 2012 para presidencia, en las cuales vuelve a vencer con 7.444.082 votos, seguido por Enrique Capriles con 6.151.544 sufragios. Seis meses después, en la elección para saber quién sucedería a Hugo Chávez, si bien Maduro con 7.505.308 votos mantuvo el registro de su antecesor, Capriles logra reunir 7.270.403 votos, es decir, un millón más de sufragios que los logrados pocos meses antes. Con un agravante, la diferencia entre ambos quedó reducida a menos de 300 mil votos.


Aquí ya había un mensaje claro de descontento; pero el golpe llegó en el 2015, en las elecciones para la Asamblea Nacional, cuando la llamada oposición con 7.587.579 votos, contra 5.599.025 del oficialismo –es decir, dos millones menos que en la elección anterior– logró retomar la mayoría de este poder, con 112 de los 167 diputados que la integran. Su mayoría era indiscutible, lo que da paso a la agudización de la crisis que hoy tenemos.

 

Sin duda. Para Maduro y su equipo de gobierno era inaceptable esta nueva realidad; una realidad de claro desgaste del poder, el cual evidenciaría en su totalidad su crisis con las elecciones territoriales por realizarse en diciembre de 2016. Previendo tal desenlace las dilataron, al tiempo que buscaron todas las claves legales, y no tanto, para dinamitar el poder legislativo.

 

Ese proceder creó el ambiente para que la contradicción así expresada llegara a las calles, a través de reiteradas movilizaciones y protestas de todo calibre, cuya más persistente confrontación se ha tomado casi todo lo corrido del 2017. Claro, tras las protestas y el ánimo de sacar al chavismo del poder también están los Estados Unidos y su agenda golpista, la cual ha estado presente desde el 2002, pero no puede descargarse toda la explicación de lo que ahora sucede en tal proceder, ni en las continuas maniobras de la OEA para aislar del campo internacional a nuestro país, ni en las declaraciones y apoyos públicos o soterrados para la Mesa de Unidad Nacional (MUD). No, el núcleo del descontento popular radica en la crisis que golpea al país, que si bien puede ser explicada por la caída de los precios del petróleo, no se reduce a ella, pues como ya les comenté, la mano larga, dadivosa, por parte del gobierno para con la burguesía, no tiene límites; como no la tiene su incapacidad para haber quebrado la estructura económica heredada, así como las relaciones sociales dominantes, por lo cual el poder popular, quedó como una deuda por concretarse.

 

El descontento que hoy se extiende por todo el país, tiene explicación en los salarios sin poder adquisitivo, en la inflación galopante (700 y más por ciento), en la reducción de la inversión social producto de la caída del PIB en menos 9,4 por ciento5 al cierre del 2016, en la continuada fuga de divisas, en la especulación con infinidad de productos, en las colas que deben hacerse cada día para conseguir muchos de los alimentos, necesarios para una buena dieta, en el hambre cotidiana que embarga a miles de familias, pero también en la represión sufrida por salir a protestar, así como en las amenazas que se sienten en nuestros territorios para que no nos sumemos a nuevas manifestaciones.

 

No falta quien agregue a esto el descontento por el creciente endeudamiento externo e interno de un país que tiene las mayores reservas del petróleo pesado del mundo, un país que recibió durante casi 8 años miles de miles de millones de dólares y que ahora, para buscar que ingresen más divisas, aprueba el plan conocido como el Arco Minero, ahondando de esta manera la continuidad con el modelo económico heredado en 1999, lo que llevará al país a una crisis ambiental y, muy posiblemente, a un etnocidio de nuestros pueblos originarios. En esta senda, el endeudamiento y la dependencia respecto de China es inocultable. No teníamos porque llegar a este punto, y mucho menos estar cancelando de manera puntual la deuda externa que para el 2017 ya suma pagos por 1.533 millones de dólares, en un momento donde ese dinero se necesitaba para cubrir las necesidades populares.

 

La Asamblea Constituyente

 

Pareciera que el relato de Ibarra, con su prodigiosa memoria no pararía de describir asuntos graves, cuestionamientos a un proceder gubernamental despreocupado por la transparencia política y el debate público, una vía ideal, como se sabe, para la politización social y para que todos sintieran que la dirección política del Estado dejaba de ser un asunto de especialistas. En efecto, luego de beber otro recipiente con agua, reconfirmó nuestro temor:

 

Es sabido, nos dice, que ninguna clase en el poder lo entrega a sus contradictores –o enemigos– sin resistencia alguna; eso no sucede, mucho menos cuando lo que está en juego no es simplemente el gobierno sino el poder, el proyecto de país, y lo que está ocurriendo en Venezuela confirma el axioma.

 

Es por ello que, una vez perdido el poder legislativo se pone en marcha desde el Ejecutivo todo un plan –reacción– para neutralizar sus funciones, dificultar su operatividad, sabotear su proceder, todo ello a través de un accionar legal pero ilegítimo, así lo siente gran parte de la sociedad.

 

Toda acción, recuerda Javier, desprende una reacción. Por ello, ante las acciones descritas la llamada oposición no optó por la pasividad y, por el contrario, despliega su iniciativa, tanto como un mecanismo de disputa como uno de atacar en pleno al Gobierno y buscar su caída; respuesta defensiva/activa que enciende buena parte del país durante un buen trecho del 2017, sumiéndolo en el desgaste. Su objetivo en marcha: darle cuerpo a una dualidad de poderes que una vez así constituida encuentre reconocimiento internacional. Si así sucediera, ese momento sería el caos total, el preámbulo de una guerra civil. ¿A quién le interesa y a quién le sirve semejante escenario? A nosotros, como simples ciudadanos, el solo considerar tal posibilidad nos hace correr frío por todo el cuerpo.

 

Bien, es en medio de esta intensa disputa, sin duda del por qué gobiernos extranjeros apoyan a la MUD que Maduro se idea la salida de la constituyente, una inteligente forma de recuperar la iniciativa perdida meses atrás y de bloquear en su totalidad a la MUD y demás sectores opuestos e inconformes con la manera como llevan el país.

 

Lo desprendido de esta iniciativa es reciente y ustedes deben recordarlo con total nitidez, enfatiza Ibarra Aury, quien ya da muestras de cansancio: buscando exteriorizar apoyo social, cual más, tanto oficialismo como oposición llaman a la acción electoral cuyo resultado, por una y otra parte, deja amplias dudas. Tratando de sabotear el llamado electoral del Gobierno la MUD se juega toda su fuerza en la calle, sin obtener lo propuesto. Me parece que su proceder deja su quehacer inmediato y futuro en manos de gobiernos extranjeros, Estados Unidos como el principal y de su mano Colombia, México, Argentina, Chile, Perú. Lo de Europa no tiene tanto peso inmediato.

 

Triunfa entonces, en este round el gobierno, y sigue a la iniciativa, las primeras medidas tomadas por la Asamblea Constituyente, unanimista, así lo confirman: la destitución de la Fiscal General de la Nación, entre ellas.

 

Me parece, dice Javier, que lo abierto en esta última parte del intenso conflicto que sacude a mi país, es un debate sobre el sentido, el carácter y las posibilidades de la democracia, debate que no puede ser liderado por gobierno extraterritorial alguno pues ¿qué autoridad ética y moral tienen gobiernos –en cabeza de sus jefes de Estado– como Estados Unidos, Colombia, México, Argentina, cuando al interior de sus territorios, en unos casos, y en otros –o a la vez– a su exterior, irrespetan aquello que pretenden reclamar acá?

 

Del lado de los sectores críticos de izquierda, se denuncia el proceder oficial como una concentración de poder6 y un accionar autoritario que nada bueno anuncia sobre lo que debiera ser un liderazgo apegado a los deseos y necesidades de las mayorías. El problema de estos sectores, aclara Ibarra, es que no tienen peso de ninguna clase y desde su marginalidad no alcanzan a presentarle a su sociedad, así como al mundo, una alternativa de izquierda de verdad transformadora; sin embargo, su existencia y persistencia es muy importante para mantener la esperanza, el sueño, con que despertamos en 1999, y el cual anhelamos que se haga realidad aquí y ahora. Un sueño de poder popular real, sustentado en la transformación de nuestras relaciones sociales, de nuestra cotidianidad, que rompa el modelo rentista ahora en su crisis terminal, sueño soportado en una democracia directa y radical que tuerza el destino capitalista que nos quieren imponer unos y otros.

 

Pese a su fatiga, Javier nos mira con resolución y nos dice: amigos y amigas, díganle al mundo que Venezuela no está divida en dos, que este país está dividido en tres, y que a los más críticos y soñadores, los medios de comunicación internacionales –adscritos a una agenda golpista– ni siquiera nos registran, hasta ahí llega la supuesta agenda democrática que dicen defender, hasta desconocernos, hasta ayudar con todas sus fuerzas a silenciarnos.

 

* Nombre y personaje ficticio.
1 A propósito de esta palabra, Fidel Castro le cuestionó diciendo: “Chávez, en Venezuela no puede haber cuatro millones de oligarcas”.
2 Entre los tratamientos despectivos con que Hugo Chávez despreciaba a quienes se atrevían a cuestionarlo, se recuerdan aquellas palabras con que se refirió en el 2006, al Partido Patria Para Todos, opuesto a la constitución de un partido único en Venezuela: “Les regalo un Volkswagen escarabajo pues ahí caben todos sus militantes”.
3 Sutherland, Manuel, “Crítica a la política económica del “socialismo del siglo XXI”: apropiación privada de la renta petrolera, política de importaciones y fuga de capitales”, en: Estudios latinoamericanos, Nueva época Nº38, julio-diciembre de 2016, pp. 39-63.
4 https://colombiadesdeafuera.wordpress.com/2014/08/21/venezuela-aumento-del-21-69321-en-la-importacion-de-carne-caida-del-consumo-y-su-escasez-por-manuel-sutherland/
5 Cepal, Estudio Económico de América Latina y el Caribe, 2017. http://www.cepal.org/es/publicaciones/42001-estudio-economico-america-latina-caribe-2017-la-dinamica-ciclo-economico-actual
6 Uzcátegui, Rafael, “Venezuela: aikido y derechos humanos”, abril de 2017, http://nuso.org/articulo/venezuela-aikido-y-derechos-humanos/

Para la escritura de este artículo fueron consultados los siguientes artículos:

Sutherland, Manuel, “Aumento del 894% en importación estatal, caída en las reservas y estatización del Comercio Exterior”, 01/10/2013. https://www.aporrea.org/actualidad/a174465.html
“Venezuela” Crisis, importación, dólares, inflación-escasez y el default inevitable”, 01/09/2015. https://www.aporrea.org/trabajadores/a213256.html
“2016: la peor de las crisis económicas en Venezuela; causas, medidas y crónica de una ruina anunciada”, 18/02/2016. https://alemcifo.wordpress.com/2016/02/17/2016-la-peor-de-las-crisis-economicas-causas-medidas-y-cronica-de-una-ruina-anunciada/
“Crisis económica del 2016: causas, derroche, ciclos, ajuste económico y perspectivas”, 30/08/2016. https://www.aporrea.org/economia/a233278.html
Lander, Edgardo, Arconada, Rodríguez, Santiago “Venezuela: un barril de pólvora”, junio 2017, http://nuso.org/articulo/venezuela-un-barril-de-polvora/

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