Viernes, 16 Octubre 2020 05:37

Sobre la tradición radical negra

Sobre la tradición radical negra

Entrevista a Angela Davis

 

Futures of Black Radicalism [Futuros del radicalismo negro] (Verso, 2020) es una obra que reúne a militantes, académicos y pensadores de la tradición radical negra como un reconocimiento y celebración de las obras de Cedric J. Robinson, quien fuera el primero en definir el término. Los ensayos recogidos en el libro miran hacia el pasado, el presente y el futuro del radicalismo negro, así como a las influencias que ha ejercido en otros movimientos sociales. El «capitalismo racial», otra potente idea desarrollada por Robinson, conecta con los movimientos sociales internacionales de hoy, explorando las conexiones entre la resistencia negra y el anticapitalismo. En esta entrevista, Angela Davis, una de las participantes del libro, aborda varios tópicos de esta tradición política e intelectual. Davis es filósofa y activista, autora de Mujeres, raza y clase [1981] (Akal, Barcelona, 2004), Women, Culture, and Politics [Mujeres, cultura y política] (Random House, Nueva York, 1989) y Abolition Democracy: Beyond Prisons, Torture, and Empire [Democracia de abolición. Más allá de las cárceles, la tortura y el imperio] (Seven Stories Press, Nueva York, 2005).

En su investigación se ha centrado en el abolicionismo carcelario, el feminismo negro, la cultura popular y el blues, y el internacionalismo negro, con una mirada a Palestina. ¿En qué sentido se inspira este libro en la tradición radical negra, a la vez que la desarrolla?

Cedric Robinson nos desafió a pensar sobre el papel de los teóricos y activistas radicales negros en la formación de las historias sociales y culturales que nos motivan a vincular nuestras ideas y nuestras prácticas políticas con profundas críticas al capitalismo racial. Me alegra haber vivido lo suficiente como para ver cómo las generaciones más jóvenes de académicos y activistas comenzaron a desarrollar su propia noción de tradición radical negra. El marxismo negro desarrolló una importante genealogía que giraba en torno del trabajo de C.L.R. James, W.E.B. Du Bois y Richard Wright. Como ha señalado H.L.T. Quan, si miramos el trabajo de Robinson en su conjunto, incluidos Black Movements in America [Movimientos negros en Estados Unidos] (1997) y An Anthropology of Marxism [Una antropología del marxismo] (2001), no podemos dejar de observar lo centrales que han sido las mujeres a la hora de forjar una tradición radical negra. Quan dice que cuando le preguntan por qué en su trabajo hay un enfoque tan central en el papel de la mujer y su resistencia, Robinson responde: «¿Por qué no? Toda resistencia, en efecto, se manifiesta en el género, se manifiesta como género. El género es de hecho un lenguaje de opresión [y] un lenguaje de resistencia»1.

He aprendido mucho de Robinson respecto a los usos de la historia: formas de teorizar la historia, o de permitir que se teorice, que son cruciales para nuestra comprensión del presente y para nuestra capacidad de concebir colectivamente un futuro más habitable. Cedric ha explicado que sus notables excavaciones en la historia emanan de la asunción de objetivos políticos en el presente. Siento mucha afinidad con su enfoque desde la primera vez que leí su libro sobre el marxismo negro. El primer artículo que publiqué, escrito mientras estaba en la cárcel, centrado en las mujeres negras y la esclavitud, fue un esfuerzo por refutar el discurso dañino, pero cada vez más popular, sobre el matriarcado negro, tal y como se representaba a través de informes oficiales del gobierno, así como a través de ideas masculinistas generalizadas (como la necesidad de jerarquías de liderazgo basadas en el género, diseñadas para garantizar el predominio de los hombres negros) que circulaban dentro del movimiento negro a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970. Aunque no era así como estaba enfocando mi trabajo en ese momento, ciertamente no dudaría hoy en vincular esa investigación con el esfuerzo de hacer más visible una tradición radical negra y feminista.

Los estudios críticos sobre prisiones en un marco explícitamente abolicionista se sitúan dentro de la tradición radical negra, tanto a través de su reconocida relación genealógica con el periodo de la historia estadounidense que llamamos Reconstrucción Radical como, por supuesto, a través de su relación con el trabajo de W.E.B. Du Bois y el feminismo negro histórico. El trabajo de Sarah Haley, Kelly Lytle Hernández y una nueva y emocionante generación de estudiosos, al vincular su valiosa investigación con su activismo, está ayudando a revitalizar la tradición radical negra.

Parece que con cada generación de activismo antirracista, un estrecho nacionalismo negro regresa como un ave fénix para reclamar la lealtad de nuestros movimientos. El trabajo de Cedric fue inspirado en parte por su deseo de responder al estrecho nacionalismo negro de la era de su (y mi) juventud. Es extremadamente frustrante presenciar el resurgimiento de formas de nacionalismo que no solo son contraproducentes, sino que además contravienen lo que debería ser nuestro objetivo: el florecimiento negro y, por lo tanto, humano. Al mismo tiempo, es emocionante presenciar las formas en que las nuevas formaciones juveniles, Black Lives Matter, Black Youth Project 100 (byp100), Dream Defenders, están ayudando a dar forma a un nuevo internacionalismo negro influido por las feministas y que resalta el valor de las teorías y prácticas queer.

¿Cuál es su balance del movimiento Black Lives Matter, particularmente a la luz de su participación en el Partido Pantera Negra durante la década de 1970? ¿Black Lives Matter, en su opinión, tiene un análisis y una teoría de la libertad consistente? ¿Ve alguna similitud entre ambos movimientos?

Cuando consideramos la relación entre el Partido Pantera Negra y el movimiento Black Lives Matter, parece que las décadas y generaciones que separan a uno de otro crean una inconmensurabilidad que es consecuencia de los cambios económicos, políticos, culturales y tecnológicos. Cambios que hacen que el momento contemporáneo sea tan diferente en muchos aspectos importantes de lo que fueron los años 60. Por eso quizás debemos buscar conexiones entre ambos movimientos que se revelan no tanto en las similitudes, sino más bien en sus diferencias radicales.

El Partido Pantera Negra surgió como una respuesta a la ocupación policial de las comunidades de Oakland, California y las zonas negras urbanas de todo el país. Fue un gesto brillante por parte de Huey Newton y Bobby Seale patrullar los barrios con armas y tratados de derecho para vigilar a la policía. Al mismo tiempo, su estrategia también estaba inspirada en el surgimiento de luchas guerrilleras en Cuba, los ejércitos de liberación en el sur de África y Oriente Medio, o la exitosa resistencia del Frente de Liberación Nacional en Vietnam. En retrospectiva, esto también refleja un fracaso para reconocer, como dijo Audre Lorde, que «las herramientas del amo nunca desmantelarán su casa». De alguna manera, el uso de las armas, aunque principalmente como símbolo de resistencia, transmitió el mensaje de que se podía desafiar a la policía de forma eficaz mediante estrategias policiales.

El hashtag #BlackLivesMatter, desarrollado por Patrisse Cullors, Alicia Garza y Opal Tometi tras el asesinato de Trayvon Martin por parte de un guardia, comenzó a transformarse en una red como respuesta directa a las crecientes protestas en Ferguson, Missouri, que manifestaron un deseo colectivo de exigir justicia para Mike Brown y para todas las vidas negras sacrificadas en el altar del terror racista de la policía. Al pedirnos que resistiéramos radicalmente a la violencia racista en el corazón de las estructuras y estrategias policiales, Black Lives Matter reconoció desde el principio que, si queríamos avanzar de un modo colectivo hacia una nueva idea de justicia, tendríamos que colocar la demanda de desmilitarizar a la policía en el centro de nuestros esfuerzos. En última instancia, esta reflexión está vinculada a un enfoque que exige la abolición de la vigilancia policial tal como la conocemos y experimentamos, planteando la forma en que las estrategias policiales se han transnacionalizado dentro de los circuitos que vinculan a los pequeños departamentos de policía de eeuu con Israel, que domina este campo a través de la policía militarizada asociada a la ocupación de Palestina.

Aprecio el análisis más complejo que adoptan muchos activistas de Black Lives Matter porque refleja con precisión una lectura histórica que es capaz de construir, asumir y criticar radicalmente los activismos y las teorías antirracistas del pasado. Mientras que el Partido Pantera Negra intentó, a veces sin éxito, abrazar los feminismos emergentes y lo que luego se denominó el movimiento de liberación gay, los líderes y activistas de Black Lives Matter han desarrollado enfoques que abordan de manera más productiva las teorías y prácticas feministas y queer. Pero las teorías de la libertad son siempre tentativas. He aprendido de Cedric Robinson que cualquier teoría o estrategia política que pretenda poseer una teoría total de la libertad, o una que pueda entenderse categóricamente, no ha tenido en cuenta la multiplicidad de posibilidades. Esto significa que tal vez una teoría de la libertad solo puede representarse de manera evocativa en el reino de la cultura.

Su investigación más reciente se centra en la cuestión de Palestina y su conexión con el movimiento de liberación negro. ¿Cuándo se hizo evidente esta conexión y qué circunstancias, o coyunturas, hicieron posible esta idea?

En realidad, mis conferencias y entrevistas más recientes reflejan una comprensión cada vez más extendida de la necesidad de un marco internacionalista, dentro del cual la tarea en curso de desmantelar las estructuras del racismo, el heteropatriarcado y la injusticia económica dentro de eeuu puede ser más duradera y más relevante. En mi propia trayectoria política, Palestina siempre ha ocupado un lugar fundamental, precisamente por las similitudes entre Israel y eeuu: su colonialismo y sus procesos de limpieza étnica con respecto a los pueblos indígenas, sus sistemas de segregación, su uso de la ley, sus sistemas para promover la represión sistemática, etc. A menudo señalo que mi toma de conciencia sobre la situación de Palestina se remonta a mis años de licenciatura en la Universidad de Brandeis, que fue fundada el mismo año que el Estado de Israel. Además, durante mi propio encarcelamiento, recibí el apoyo de los presos políticos palestinos, así como de abogados israelíes defensores de palestinos.

En 1973, cuando asistí al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Berlín (en la República Democrática Alemana), tuve la oportunidad de conocer a Yasser Arafat, quien siempre reconoció la relación entre la lucha palestina y la lucha por la libertad negra en eeuu. Como el Che Guevara, Fidel Castro, Patrice Lumumba y Amílcar Cabral, Arafat fue una figura venerada dentro del movimiento negro de liberación. En aquella época, el internacionalismo comunista –en África, Oriente Medio, Europa, Asia, Australia, América del Sur y el Caribe– era una fuerza poderosa. Yo seguramente habría seguido una trayectoria diferente si este internacionalismo no hubiera jugado un papel tan importante.

Los encuentros entre las luchas de liberación negra en eeuu y los movimientos contra la ocupación israelí de Palestina tienen una larga historia. El libro de Alex Lubin, Geographies of Liberation: The Making of an Afro-Arab Political Imaginary [Geografías de la liberación. La creación de un imaginario político afro-árabe] intenta cartografiar aspectos importantes de esta historia. Sin embargo, a menudo no es en el ámbito explícitamente político donde se descubren los momentos de contacto. Como destacó Cedric Robinson, a veces estos operan en el ámbito cultural. Por supuesto, Freedom Dreams: The Making of the Black Radical Imagination [Sueños de libertad. La creación de la imaginación radical negra], de Robin Kelley, sitúa el campo del surrealismo como una zona de contacto especialmente productiva. A fines del siglo xx, fue la poeta feminista negra June Jordan quien puso en primer plano el tema de la ocupación de Palestina. A pesar de los ataques que sufrió por parte del sionismo, y de perder temporalmente su amistad con Adrienne Rich2 (quien más tarde también se convirtió en crítica de la ocupación), June se volvió una poderosa defensora de Palestina. En su poesía encarnó la causa de la liberación negra y palestina: «Nací una mujer negra / y ahora me he convertido en palestina / contra la risa implacable del mal / cada vez hay menos espacio para vivir / ¿y dónde están mis seres queridos? / Es hora de regresar a casa»3.

En un momento en que las feministas negras intentaban crear estrategias basadas en lo que ahora llamamos interseccionalidad, June, que representaba lo mejor de la tradición radical negra, nos enseñó sobre el potencial de las afinidades políticas más allá de las fronteras nacionales, culturales y supuestamente raciales, ayudándonos a imaginar futuros más habitables.

Como he señalado en muchas ocasiones, tuve la impresión de que entendí completamente la ocupación cuando en 2011 me uní a una delegación de activistas académicas feministas indígenas y de mujeres de color en Cisjordania y Jerusalén Este. Aunque todas nosotras ya estábamos vinculadas al movimiento de solidaridad, todas estábamos completamente conmocionadas por lo poco que realmente sabíamos sobre la violencia cotidiana de la ocupación. Al concluir nuestra visita, decidimos colectivamente dedicar nuestras energías a participar en la campaña Boicot, Desinversiones y Sanciones (bds) y ayudar a elevar la conciencia de nuestros diversos grupos con respecto al papel de eeuu en el mantenimiento de la ocupación militar. Así que sigo profundamente conectada a este proyecto, con Chandra Mohanty, Beverly Guy-Sheall, Barbara Ransby, Gina Dent y las otras compañeras de la delegación.

En los años posteriores a nuestro viaje, muchas otras delegaciones de académicos y activistas han visitado Palestina y han ayudado a acelerar, ampliar e intensificar el movimiento de solidaridad. En la medida en que los impulsores del movimiento de bds se han inspirado en la campaña contra el apartheid de Sudáfrica, los activistas estadounidenses han señalado que se pueden extraer lecciones profundas de aquella política de boicot. Muchas organizaciones y movimientos dentro de eeuu han visto cómo la incorporación de estrategias anti-apartheid a sus agendas transformaba radicalmente su propio trabajo. La campaña contra el apartheid no solo ayudó a fortalecer los esfuerzos internacionales para acabar con el estado de apartheid, sino que también revitalizó y enriqueció muchos movimientos nacionales contra el racismo, la misoginia y la injusticia económica.

De la misma manera, la solidaridad con Palestina tiene el potencial de transformar y ampliar la conciencia política de nuestros movimientos contemporáneos. Los activistas de Black Lives Matter y otros vinculados con este momento histórico tan importante demuestran una creciente conciencia colectiva en este terreno que puede desempeñar un papel importante en obligar a otros sectores del activismo por la justicia social a asumir la causa de la solidaridad palestina, en concreto, el bds. Las alianzas en los campus universitarios que incluyen a organizaciones estudiantiles negras, Students for Justice in Palestine [Estudiantes por la Justicia en Palestina] y los Jewish Voice for Peace [Voz Judía por la Paz] nos recuerdan la profunda necesidad de unir los esfuerzos antirracistas y desafiar la islamofobia y el antisemitismo mediante la resistencia global a las políticas y prácticas de apartheid del Estado de Israel.

Teórica e ideológicamente, Palestina también nos ha ayudado a ampliar nuestra visión de la abolición, entendida como la abolición del encarcelamiento y la vigilancia. La experiencia de Palestina nos empuja a revisitar conceptos como el de «Estado carcelario» para comprender seriamente las vicisitudes cotidianas de la ocupación y la vigilancia por parte no solo de las fuerzas israelíes, sino también de la Autoridad Palestina. Esto, a su vez, ha estimulado otras vías de investigación sobre los usos del encarcelamiento y su papel, por ejemplo, en la perpetuación de nociones binarias con respecto al género y en la naturalización de la segregación basada en la capacidad física, mental e intelectual.

¿Qué tipo de movimientos sociales pueden o deberían existir en la coyuntura actual, teniendo en cuenta la hegemonía global estadounidense, las relaciones económicas neoliberales, la contrainsurgencia militarizada dentro del país y el «daltonismo» racial?

En un momento en que el discurso popular está cambiando rápidamente, en respuesta directa a las presiones que emanan de las protestas sostenidas contra la violencia estatal y de las prácticas de representación vinculadas a las nuevas tecnologías de comunicación, sugiero que necesitamos movimientos que presten tanta atención a la educación política popular como a las movilizaciones que han logrado colocar la violencia policial y el encarcelamiento masivo en la agenda política nacional. Creo que esto significa tratar de forjar un análisis de la coyuntura actual que extraiga lecciones importantes de los ciclos relativamente recientes, que han llevado nuestra conciencia colectiva más allá de los límites anteriores. En otras palabras, necesitamos movimientos que estén preparados para resistir las inevitables presiones hacia la asimilación. El movimiento Occupy nos permitió desarrollar un vocabulario anticapitalista: el 99% frente al 1% es un concepto que se ha incorporado al lenguaje popular. La cuestión no es solo cómo preservar este vocabulario, como hizo, por ejemplo, la plataforma de Bernie Sanders, sino también cómo construir sobre esto o enriquecerlo con la idea del capitalismo racial, lo cual no puede expresarse en términos que asuman la homogeneidad que siempre subyace al racismo.

Cedric Robinson nunca dejó de investigar ideas, productos culturales y movimientos políticos del pasado. Intentó comprender por qué coexistieron las trayectorias de asimilación y resistencia en los movimientos negros de liberación en eeuu. Las estrategias asimilacionistas que dejan intactas las circunstancias y las estructuras que perpetúan la exclusión y la marginación siempre se han ofrecido como la alternativa más razonable a la abolición, que, por supuesto, no solo requiere resistencia y desmantelamiento, sino también reinvenciones y reconstrucciones radicales.

Quizás este sea el momento de crear las bases para un nuevo partido político, uno que hable con un número mucho mayor de personas de las que los partidos políticos progresistas tradicionales han demostrado ser capaces de hacer. Este partido tendría que estar orgánicamente vinculado a la gama de movimientos radicales que emergieron tras el surgimiento del capitalismo global. Al reflexionar sobre el valor del trabajo de Robinson en relación con el activismo radical contemporáneo, me parece que este partido tendría que estar anclado en la idea del capitalismo racial: sería antirracista, anticapitalista, feminista y abolicionista. Pero lo más importante de todo, tendría que reconocer la prioridad de los movimientos en el terreno, movimientos que reconocen la interseccionalidad de los problemas actuales, movimientos que son lo suficientemente abiertos como para permitir la aparición futura de problemas, ideas y movimientos que ni siquiera podemos empezar a imaginar hoy.

¿Usted hace una distinción, en su investigación y activismo, entre el marxismo y el «marxismo negro»?

He pasado la mayor parte de mi vida estudiando las ideas marxistas y me he identificado con grupos que no solo han asumido las críticas inspiradas por los marxistas sobre el orden socioeconómico dominante, sino que también han luchado por comprender la relación coconstitutiva entre el racismo y el capitalismo. Habiendo seguido especialmente las teorías y prácticas de los comunistas negros y antiimperialistas en eeuu, África, el Caribe y otras partes del mundo, y habiendo trabajado durante varios años dentro del Partido Comunista con una formación negra que tomó como referencia al Che Guevara y a Patrice Lumumba, el marxismo, desde mi punto de vista, siempre ha sido un método y un objeto de crítica. En consecuencia, no necesariamente veo las expresiones «marxismo» y «marxismo negro» como opuestas.Me tomo muy en serio los argumentos de Robinson en Black Marxism: The Making of the Black Radical Tradition [Marxismo negro. La creación de la tradición radical negra]4. Si asumimos la centralidad incuestionable de Occidente y de su desarrollo económico, filosófico y cultural, entonces los modos económicos, las historias intelectuales, las religiones y las culturas asociadas a África, Asia y los pueblos indígenas no serán reconocidos como dimensiones significativas de la humanidad. El concepto mismo de humanidad siempre ocultará una racialización interna y clandestina, que excluirá las posibilidades de igualdad racial. Huelga decir que el marxismo está firmemente anclado en esta tradición de la Ilustración. Los brillantes análisis de Robinson revelaron nuevas formas de pensar y actuar generadas precisamente a través de los encuentros entre el marxismo y los intelectuales y activistas negros, que ayudaron a constituir la tradición radical negra.

El concepto asociado al marxismo negro que considero más productivo y potencialmente más transformador es el de «capitalismo racial». Aunque Capitalismo y esclavitud de Eric Williams se publicó en 1944, los esfuerzos académicos que exploran esta relación han permanecido relativamente en los márgenes5. Con suerte, las nuevas investigaciones sobre el capitalismo y la esclavitud ayudarán a legitimar aún más la noción de capitalismo racial. Si bien es importante reconocer el papel fundamental que desempeñó la esclavitud en la consolidación histórica del capitalismo, los desarrollos más recientes vinculados al capitalismo global no se pueden comprender adecuadamente si se ignora la dimensión racial del capitalismo.

Nota: la versión original de esta entrevista en inglés se publicó en el blog de Verso Books y fue traducida por la revista Viento Sur. Revisión de la traducción: Pablo Stefanoni.

  • 1. H.L.T. Quan: «Geniuses of Resistance: Feminist Consciousness and the Black Radical Tradition» en Race & Class vol. 47 N° 2, 2005.
  • 2. Poeta, intelectual, crítica, feminista y activista lesbiana estadounidense (1929-2012) [N. del E.].
  • 3. «I was born a Black woman / and now / I am become a Palestinian / against the relentless laughter of evil / there is less and less living room / and where are my loved ones? / It is time to make our way home».
  • 4. De próxima publicación en español por Traficantes de Sueños.
  • 5. Hay edición en español: Traficantes de Sueños, Madrid, 2011.

Sección: Tribuna global
NUSO Nº 289 / Septiembre - Octubre 2020

Publicado enInternacional
"Lo impresionante de Black Lives Matter es que nos dio un hashtag que funciona como paraguas universal."

Dará una charla en el Festival de Cine Migrante

Historiador cultural afroamericano y activista de Black Lives Matter, Balagun admite "tensiones" dentro del movimiento antiracista, pero cree en la potencia del momento y habla de "un socialismo con alma".

 

 “Malcolm X dijo una vez que no podés ser capitalista sin ser racista. El racismo está enraizado en el sistema capitalista desde sus inicios. El trabajo que aportaron las personas negras en el nuevo mundo fue el motor del capitalismo: el algodón que levantábamos acá iba a las fábricas de Inglaterra para hacer ropa”, afirma Kazembe Balagun en entrevista con Página/12 desde Nueva York. Historiador cultural afroamericano, activista del movimiento Black Lives Matter y director de proyectos de la oficina de la Fundación Rosa Luxemburgo en su ciudad, está convencido de que los movimientos sociales, sobre todo los que surgen “desde abajo”, deben expresar una visión que desafíe al capitalismo y también al racismo. Y a sus 44 años, tras observar la lucha de “varias generaciones”, cree que Black Lives Matter, el movimiento surgido en 2013 tras el asesinato del adolescente Trayvon Martin en Estados Unidos, “es una fuerza global muy poderosa para construir democracia y solidaridad”.

Kazembe, cuyos estudios unen el arte, el cine y el jazz con el marxismo, los movimientos LGBT y la tradición radical negra, dialogará online y en vivo con el historiador argentino Ezequiel Gatto el próximo domingo a las 22:40 horas en el foco “I can’t breathe” (“No puedo respirar”) del Festival de Cine Migrante, y que lleva como nombre la fatídica frase que pronunciaron varias víctimas negras de la violencia policial en Estados Unidos mientras eran asfixiadas hasta morir. En el foco se podrán ver películas centradas en el racismo y la discriminación como la impactante y personal Did You Wonder Who Fired the Gun, la aclamada What You Gonna Do When The World’s On Fire,Generation Revolution o la argentina Pibe Chorro, de Andrea Testa.

-¿La lucha de clases es la mejor forma de unir a las personas detrás de un mismo objetivo, más allá del color de su piel?

-Absolutamente. Estamos conectados más allá de los límites raciales y de género y tenemos un enemigo común, que es la gente que saca provecho de nosotros. La lucha por la liberación negra nunca fue una lucha por la separación racial. Cuando digo “Black Lives Matter” (“Las vidas de las personas negras importan”), no estoy diciendo que las otras vidas no, sino que importan las vidas de las personas más oprimidas. Una vez que liberemos a la gente negra, podremos liberar a todas las personas. Los movimientos Black Lives Matter o Movement for Black Lives son parte de un movimiento más amplio por una democracia multirracial y económica.

-Hablás de crear “un socialismo con alma”. ¿A qué te referís?

-Como las personas negras siempre estuvimos excluidas de la sociedad, dependemos de lo que llamo formas de vida no mercantilizadas, es decir, redes que están por fuera del dinero, como la amistad, para sobrevivir. Mi idea de un socialismo con alma no está relacionada solo con lo económico, sino también con lo interpersonal. Está relacionado con ver a las personas como iguales, que todos tengan voz. Hablo de extender la familia. Yo estoy influido por la iglesia negra y la tradición del gospel, que dice que todos tenemos una voz. Todos pueden cantar. Cuando me encuentro con una persona negra la llamo familia, hermano o hermana, porque tenemos una experiencia común de racismo. Lo impresionante de Black Lives Matter es que nos dio un hashtag que funciona como paraguas universal. No significa que todos estemos haciendo lo mismo, pero me permite reconocer que alguien que opera bajo ese hashtag en Brasil, por ejemplo, está en una lucha similar a la mía.

-Hace poco un artículo en Los Angeles Times señalaba que muchos blancos consideran al movimiento cool y lo están cooptando.

-Creo que es cool pensar que es cool estar en contra del racismo (risas). Que las estrellas deportivas o de cine de este país respondan al movimiento es una muestra de cuán lejos llegó. Pero como en todo movimiento hay tensiones. Ahora tenés megamillonarios negros que quizá no están interesados en trabajar con la comunidad como en los ’60. Por otro lado, este es un momento muy desafiante para la identidad blanca. Por un lado tenés a Donald Trump y la ultraderecha, con una visión blanca y etnonacionalista. Y tenés personas blancas que quieren estar junto a sus hermanas y hermanos negros y crear otro mundo. En tiempos del comercio de esclavos había esclavistas blancos que se escapaban del barco y corrían hacia la selva africana al grito de: “¡Libérenme! ¡No quiero hacer más esto!". En un barco de esclavos, ellos también eran esclavos.

-¿Cuál es tu opinión sobre los nuevos requisitos de inclusión para aspirar al Oscar a la mejor película de la Academia de Hollywood?

-Muchos de los estereotipos acerca de las personas negras vinieron de Hollywood. Lo que pasa es que Hollywood finalmente entendió que necesita generar imágenes negras positivas. No sólo porque quiere hacer las cosas bien, sino porque entendieron el poder económico negro. Pero además de luchar por nuestra representación en Hollywood, hay que luchar por nuestros derechos económicos. Pasó en los ‘60. Harry Belafonte, Sidney Poitier y Diahann Carroll fueron a la Marcha de Washington con Martin Luther King. Eran activistas.

-¿Qué le decís a los que creen que esas reglas limitan la libertad creativa?

-Los artistas son importantes, pero trabajan dentro de un sistema, una industria que tiene estándares. La idea es romper con ese marco. Yo soy un radical. La verdad es que no quiero reformar Hollywood, quiero destruirlo. Prefiero una cultura cinematográfica de izquierda que no sólo contenga a las personas racialmente, sino también a las mujeres. ¿Por qué no puedo ver una película con una mujer de más de 60 años? Y que no sea una abuela, sino que sea bella y sexy. Hacer una película no debería depender del dinero. Deberías recibir ayuda del Gobierno. Nosotros no tenemos Ministerio de Cultura. Sólo tenemos Hollywood. Por otra parte, no olvidemos que la primera gran película de este país fue El nacimiento de una nación de D. W. Griffith. Y si pensás en la dinámica de poder del sistema de estudios es bastante parecida a la de una plantación esclavista. Tenés a los trabajadores y a un gran jefe, que es un hombre blanco, en la cima, tomando todas las decisiones, con a lo sumo una pequeña señora blanca corriendo detrás de él y obedeciendo órdenes (risas). Hay relación entre la lucha por la justicia racial y la justicia cultural.

-Hablás de crear una cultura negra radical. ¿Qué significa?

-La tradición negra es radicalmente inclusiva. No queremos que seas solo espectador, sino que participes. En la tradición negra eso se llama call and response (llamada y respuesta). Es como en la iglesia negra, cuando el sacerdote dice algo y la congregación responde “amén”. El Teatro Apollo de Harlem, por ejemplo, tiene algo muy hermoso. Cuando termina el show, el hall se llena de gente que queda hombro con hombro. Lleva tiempo salir. Entrás como individuo, pero salís como comunidad. 


Películas, charlas y debates online

Festival de Cine Migrante, en la era de la acción

En una 11° edición obligatoriamente a distancia, el encuentro de este año llega caracterizado por los episodios de violencia policial y el desamparo de quienes intentan atravesar fronteras.

Por Oscar Ranzani

La problemática migratoria se ha ido incrementando a la par de las asimetrías entre los países centrales y los periféricos. Los lectores recordarán que hace cuatro años el tema comenzó a “existir” en los medios a raíz del drama de los refugiados sirios que desnudó las discriminatorias políticas migratorias de Europa y que terminó de dejar claro para quienes todavía no lo sabían, o miraban para un costado, lo que implica el hambre en el mundo y la necesidad de encontrar un destino mejor. Pero esto no sucede sólo en Siria: se sabe de la desesperante situación de los centroamericanos que intentan traspasar las fronteras entre México y Estados Unidos y ni qué hablar de los africanos que huyen hacinados en pateras hacia el Viejo Continente. La Asociación Civil Cine Migrante viene dando cuenta de las distintas problemáticas al organizar cada año el Festival de Cine Migrante. Hasta el 29 de septiembre se llevará a cabo la 11º edición del Festival Internacional CineMigrante de manera online acorde a los tiempos de pandemia.

Este año, CineMigrante se une a CURRENTS.FM para contar con una plataforma de exhibición pensada para afrontar los desafíos del contexto actual. Con sus secciones centrales, retrospectivas, charlas y presentaciones, la muestra ofrecerá un espacio de proyección digital pensado para mantener vivo el espíritu de encuentro, que girará en torno a la interacción y el intercambio entre cineastas, invitados y el público para reflejar la práctica comunitaria del cine y fomentar la acción colectiva que es impronta del festival. Esta edición presenta una sección central con tres ejes: I can’t breathe-Fronteras/Necropolítica-Relatos que agujerean la trama. Se trata de un trabajo curatorial que despliega desde diferentes perspectivas la imposibilidad del encuentro con un otro, la consolidación de la necropolítica (modos de gestión de la vida y la muerte determinada ahora por raza y género) y el fortalecimiento del sistema de fronteras.

Uno de los films que presentará esta sección es Generation Revolution, producción inglesa de Cassie Quarless y Usayd Younis. Presentando las poderosas historias de una nueva generación de activistas black & brown de Londres, Generation Revolution explora los éxitos y desafíos inesperados que enfrentan estos jóvenes inspiradores. Motivados por el deseo de un futuro más igualitario, se embarcan en el camino gratificante pero difícil que debe ser pisado para la lucha hacia la liberación. El documental Letal, de las realizadoras brasileñas Natasha Neri y Lula Carvalho, muestra una sucesión de historias de vida de los jóvenes de las favelas de Río de Janeiro, a quienes la estigmatización social los convierte en “sujetos delincuentes”, dando así la legitimidad que la policía posee para asesinar, perseguir y hostigar.

La cineasta argentina Andrea Testa se sentía afectada por la construcción mediática que había sobre los jóvenes en situación de vulnerabilidad social y por cómo se alimentaban los prejuicios y los estereotipos del “pibe chorro”. Hace unos años, Testa se acercó, entonces, a dos amigas que militan en un partido político, pero fundamentalmente  porque son trabajadoras sociales. La idea era hacer un taller de video con un grupo de chicos del barrio 22 de Enero, de La Matanza. Así nació el documental Pibe chorro, que podrá verse en CineMigrante. El film no muestra a los jóvenes que son así catalogados. Más que detenerse en los pibes que delinquen, indaga en la mirada social que se construye. Sólo en algunas oportunidades se vale de recursos visuales como una TV en la que uno de ellos habla.

De la mexicana Tatiana Huezo se conocerá la ficción Tempestad, en la que dos mujeres realizan una travesía que hace sentir lo que significa el miedo en el ser humano. Tempestad muestra carreteras, paisajes, miradas; México del norte al sur, en un tiempo donde la violencia ha tomado el control de las vidas, los deseos y los sueños humanos. Those who feel when the fire is burning es un documental proveniente de los Países Bajos, dirigido por Morgan Knibbe, que enfoca en un grupo de refugiados que quieren entrar a Europa de forma ilegal. Van en bote durante una tormenta, cuando un anciano cae por la borda. Conducido por una fuerza misteriosa, y desesperado por encontrar a sus seres amados, su alma viaja sobre la realidad de los náufragos en Europa. El espíritu del anciano observa a personas siendo perseguidas como perros, a un trabajador ilegal, a una madre toxicómana y se desliza en los hacinados refugios de migrantes. Vagando por este limbo, el anciano cuestiona su existencia. Wiñaypacha, del peruano Oscar Catacora aborda la historia de Willka y Phaxsi, una pareja de ancianos de más de ochenta años que viven abandonados en un lugar remoto de los andes del Perú, a más de cinco mil metros de altura. Enfrentan la miseria y el inclemente paso del tiempo, rogando a sus dioses para que llegue su único hijo a rescatarlos.

Junto a las proyecciones, los/as directores/as presentarán sus films y habrá actividades especiales con destacados invitados internacionales. Este año se realizará una retrospectiva de la gran cineasta feminista Sara Maldoror, curada por su hija Annouchka de Andrade y por Chema González, Jefe de Actividades Culturales del Museo Reina Sofía. A partir del asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd en manos de la policía, esta sección se hace cuerpo y eco del grito de ahogo que atraviesa hoy todos los territorios donde la persistencia de la colonialidad quiere disponer del aire, la vida y la existencia de miles de personas. Habrá películas que reflejan las imágenes de miles de jóvenes racializados que se unen bajo un mismo grito: “No podemos respirar”.

Entre las charlas se destaca “I can’t breathe. Un grito desde la perspectiva del movimiento Black Lives Matter”, que tomará la modalidad de un diálogo con Kazembe Balagún, activista de Black Lives Matter. También se ha previsto la mesa “Las vidas faveladas importan. Un grito de mujeres organizadas”, a través de un diálogo entre las directoras Natasha Neri y Andrea Testa, junto a las madres de menores asesinados por la policía de Río de Janeiro. El encuentro “Mujer de frontera. Defender el derecho a la vida no es delito” propone un diálogo con Helena Maleno (Marruecos/España); en tanto, “Gestión de la frontera, modo de gestión de la muerte” ofrecerá una charla con Sandro Mezzadra (Italia).

“Noches Extrañas/Strangers in the night” es la sección de cine de medianoche en donde los “cuerpos extraños” aparecen en escena; donde la alteridad se conforma como un hecho político, como potencia. Realizar esta sección viviendo la pandemia del coronavirus es para los organizadores una apuesta a recuperar la noche como acto político de desdibujamiento de los contornos corporales, de las fronteras de clase. Se propone como un lugar para volver a decir: Todo cuerpo es político. Algunos de los films que se podrán ver son Bixa Travesty, de Claudia Priscilla y Kiko Goifman; Brown girl begins, de Sharon Lewis, y Bruk out, de Cori McKenna.

* Para acceder a la programación es necesario generar un usuario en el sitio del festival.

Publicado enCultura
Noam Chomsky: "Hay riesgos inminentes de una guerra civil en Estados Unidos"

La conferencia del lingüista en la Internacional Progresista

En el marco del encuentro virtual de la Internacional Progresista, dijo que este es un momento "difícil", ya que combina la amenaza de una guerra nuclear, la catástrofe ecológica, la pandemia y la destrucción de la democracia. Pero a su vez está "lleno de esperanza para un mejor futuro".

 

El actual es un momento "notable, único, importante", describió Noam Chomsky. "Difícil" pero a la vez "lleno de esperanza para un mejor futuro". Es un momento de "confluencia de distintas crisis muy fuertes" y sin fronteras: "catástrofes ambientales, amenaza de una guerra nuclear, la pandemia, destrucción de la democracia". El lingüista advirtió, además, sobre un "riesgo inminente" de guerra civil en Estados Unidos

Chomsky brindó la conferencia magistral "Internacionalismo o extinción" en el marco de la primera cumbre (virtual) de la Internacional Progresista, que emergió en mayo para unir, organizar y movilizar a las fuerzas progresistas en un frente común y así frenar el avance de la derecha en el mundo.

"La Internacional Progresista (IP) tiene un papel crucial para determinar qué curso va a seguir la historia. La vida humana está en peligro directo y los grandes poderes imperialistas del momento están enfrentándose. El poder británico se está saliendo de Europa, volviéndose más un satélite de Estados Unidos de lo que ya era. Para la significación del futuro es importante ver qué pasa en la hegemonía global, disminuida por los delirios de Trump, pero con el poder y las ventajas militares de Estados Unidos", reflexionó el pensador de 91 años.

Cerca de la medianoche

"Una posible reelección de Trump sería una crisis final, terminal, que puede tener consecuencias muy serias. Hay otras crisis también: son las que hacen que le falten cinco a la medianoche. A la extinción. Hace 75 años vivimos debajo de este reloj que hace tic-tac", deslizó Chomsky. Al momento del lanzamiento de la bomba atómica se creía que la inteligencia humana había llegado al punto de "tener la capacidad de destrucción total de su especie". Todavía no se sabía que, más tarde, "iba a destruir el medio ambiente de esta manera, que ahora nos acerca a un punto final". A su vez, cada año de Trump en el poder también significa estar más cerca de la medianoche.

En tiempos de Covid-19 confluyen "las mismas crisis de siempre", a las que la pandemia se suma: la amenaza de una guerra nuclear, la catástrofe ecológica, la destrucción de la democracia. "Podría parecer fuera de lugar el tema de la democracia. No lo es. Es ese desmoronamiento el que permite las otras dos amenazas de exterminación. Los ciudadanos informados, comprometidos en un proceso democrático real, no dejarían que pasen estas otras dos amenazas", explicó. 

"Estas tres amenazas han ido en aumento gracias a las políticas de Trump. Ha ido desmoronando las políticas de control de las armas y desarrollado armas más peligrosas; ha disminuido las protecciones contra las amenazas de una guerra nuclear. Se ha dedicado a destruir el medio ambiente y cualquier sustento de la vida. Ha abierto los últimos lugares protegidos contra la explotación petrolera, por ejemplo." En síntesis, el presidente de Estados Unidos lleva adelante "políticas sistemáticas de desmantelamiento de las políticas de regulación para proteger al medio ambiente y a las poblaciones de las contaminaciones tóxicas ante la explotación petrolera de la energía fósil".

En la charla, Chomsky definió desde un principio el rol de la Internacional Progresista en este complejo panorama mundial: "No entremos en pánico ahora y actuemos en función de esto. Las crisis que estamos enfrentando en este momento único son internacionales. Las catástrofes ambientales, la guerra nuclear, la pandemia... no tienen frontera ninguno de estos peligros. Puede haber diferencias entre países, pero hay troncos comunes".

Riesgos de una guerra civil en Estados Unidos

En otro pasaje, cuestionó el hecho de que Trump otorgue cargos en el gobierno sin aprobación del Senado, a los que "va cambiando para que estén dispuestos" a seguir su voluntad. "No hay voces independientes. El Congreso había establecido hace mucho tiempo que un inspector general monitoree el trabajo de la rama ejecutiva, pero viendo la corrupción que ha dejado Trump en Washington podemos ver claramente que no está funcionando", criticó. "Trump empezó a decir que si no le gusta el resultado de las elecciones no va a dejar su puesto. Es una amenaza directa", alertó.

Si bien "la jefatura militar publicó una carta en la que recordó su deber constitucional de sacar del poder a un presidente que no quisiera dejarlo", hay que tener en cuenta a las unidades paramilitares que "se han ido repartiendo en el país para asustar a la población". "En ausencia de una victoria de Trump muy clara hay riesgos inminentes de guerra civil. Son palabras fuertes, que no habíamos escuchado nunca en voces públicas. No lo digo yo; lo dicen otras personas. Mucha gente tiene ese miedo. Nada de este estilo había pasado en la compleja historia de la democracia parlamentaria. La megalomanía que domina el mundo, la de Trump, para él ya no es suficiente. Podría no respetar la Constitución y hacer lo que él llama 'negociar' para un tercer mandato."

El filósofo señaló que "la agenda de Trump para los ricos va más allá del neoliberalismo". Los expertos en políticas fiscales han detectado que por primera vez en los últimos siglos los billonarios pagan menos impuestos que los trabajadores, lo cual les implica "una gran victoria dentro de la guerra de clase". "Eso se llama tener la hegemonía", sentenció.

Las dos internacionales

El neoliberalismo trajo concentración de la riqueza, estancamiento para la mayoría de la población y riesgos para la democracia, aparte de otras consecuencias mundiales "no sorpresivas", como "elresentimiento y el descontento" hacia las instituciones políticas y económicas. "Todo esto ha abierto un espacio para los demagogos, que pretenden ser los salvadores, mientras le echan la culpa a chivos expiatorios como China. Es el mundo en que estamos viviendo. Por eso estamos en estas crisis", analizó, luego de un repaso histórico en torno a los orígenes de la ideología neoliberal y su parentesco con el fascismo.

En este contexto, la Internacional Progresista apareció para oponerse a la "otra internacional", la reaccionaria, encabezada por Trump, y de la que también forman parte Jair Bolsonaro, en Brasil; "los dictadores del Golfo"; Abdel Fatah al Sisie en Egipto y Benjamin Netanyahu en Israel en Medio Oriente; Narendra Modi en India y Viktor Orban en Europa. 

Dos internacionales dividen al mundo. Una es de los Estados. La otra, de los movimientos populares. "Cada una es una representación de la fuerzas sociales en juego. Son una imagen de los mundos que podrían emerger despues de la pandemia. Una quiere construir una versión aún más dura del neoliberalismo, aumentar la vigilancia y el control; la otra está buscando cómo construir un mundo en paz y justo, con un buen manejo de los recursos dedicados a servir a los intereses de los seres humanos, en vez de a los de una minoría. A nivel global podemos ver estas interacciones: no es una exageración decir que el futuro de la experiencia humana depende del resultado de esta batalla que se está dando en este momento."

El optimismo de la voluntad

La conferencia continuó con una mesa redonda con participación de la escritora y activista keniana Nanjala Nyabola, el activista y filósofo afroestadounidense Cornel West y el diputado laborista John McDonnell.

La de West --también actor de films como Matrix recargado-- fue una intervención bella, poética. Sumó un factor más a la confluencia de crisis. Una crisis "de la imaginación". Hay que dar, entonces, una lucha "intelectual e ideológica". "Puede haber una crisis nuclear mañana, o una catástrofe económica y ecológica, pero hay también una catástrofe cívica: la gente no puede ni imaginar lo que se parecería a una vida pública vibrante y viva", expresó el filósofo, e instó a recuperar valores perdidos: integridad intelectual, decencia, honestidad. "Lo mejor de la especie humana es el amor, la felicidad, el juego, la comunidad. Hay que alimentar una rebeldía colectiva para abrir mundos posibles."

Haciéndose eco de lo planteado por los integrantes de la mesa, Chomsky se refirió a las "cualidades humanas" que emergieron en la pandemia, como la "ayuda mutua". Se hace más fuerte allí donde las personas están más oprimidas y son más pobres. "Se juntan para ayudarse y conseguir comida, mucho más que la gente estancada en sus departamentos. Por ejemplo en Brasil, en las favelas. No tienen acceso a nada. El gobierno no ha hecho nada. Pero se están organizando y tienen sistemas de apoyo mutuo. ¿Quién lo empezó? Las bandas criminales de estos barrios. Transformaron su misión para organizar la ayuda mutua", destacó.

Gramsci apareció varias veces en la conversación: "Estamos viviendo en la edad de los monstruos cuando el nuevo mundo todavía no ha emergido", propuso el pensador, quien instó a mantener el pesimismo intelectual pero, también, el optimismo de la voluntad. "El movimiento de Black Lives Matter no salió de la nada. Ha sido un proceso de conciencia creciente durante muchos años. A la fecha es el movimiento social más grande de la historia de Estados Unidos, más que el de Luther King. Además es internacional. Los blancos y los negros juntos, luchando con ideas muy importantes. No sólo contra el asesinato de la Policía a los afroamericanos sino con ideas de cómo luchar contra el racismo y la opresión de clase.La IP se enfoca en estos temas para sacarnos de la edad de los monstruos y dejarnos entrar en un mundo de justicia", dijo.

Finalmente, llamó a la sociedad a deshacerse de la industria de la energía fósil: "No la necesitamos". Para él debería quedar en manos de la clase trabajadora y funcionar en base a "programas sostenibles". "El banco mundial debería ser un banco público. Estamos cerca de esto a medida que la conciencia va cambiando. Hace diez años, después de la crisis de 2008 de las viviendas, Obama básicamente ha nacionalizado la industria automotriz. Si les devolvemos esa industria a los poderes van a seguir haciendo lo que siempre han hecho. Podríamos entregarla a las comunidades y a la fuerza trabajadora", sugirió. Y concluyó: "Hace menos de 100 años la gente tenía en claro que las relaciones laborales de las fábricas eran intolerables. El Nuevo Acuerdo Verde tiene que tener eso en su centro".

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Una milicia negra surge en reacción a los abusos policiales

En EE.UU., el grupo NFAC se moviliza contra la violencia de agentes y supremacistas blancos

Su líder, conocido como el Gran Maestro Jay, es un excandidato presidencial independiente en las elecciones de 2016, veterano de las fuerzas armadas y artista de hip hop. 

 

Tiene un nombre curioso para una milicia: Not fucking around Coalition (NFAC) que en castellano significa algo parecido a “Coalición No estamos jodiendo”. Surgió en Estados Unidos como un grupo de autodefensa negro entre tanto racismo desatado por la policía y los supremacistas blancos. Están armados como si fueran a la guerra y el 4 de julio – día de la independencia en EE.UU – se hicieron ver en un video que recorrió el mundo. No había sido la primera vez, pero resultó suficiente para que nadie les saliera al paso. Ni siquiera los encapuchados del Ku Klux Klan (KKK) que seguramente los vieron como intrusos en lo que consideran su propio reducto: el parque Stone Mountain cerca de Atlanta, Georgia. Los milicianos pedían la destrucción de un monumento ubicado en ese lugar que homenajea a tres confederados de pasado esclavista: Jefferson Davis, Robert E. Lee y Thomas Stonewall Jackson. Su líder es un excandidato a presidente que se postuló de manera independiente en las elecciones de 2016, veterano de las fuerzas armadas y artista de hip hop. Se llama John Fitzgerald Johnson aunque se lo conoce más como el Gran Maestro Jay.

Los integrantes de la NFAC ya anunciaron que seguirán marchando como lo hicieron el 12 de mayo por el asesinato de Ahmaud Arbery cerca de Brunswick, Georgia, a manos de un ex policía y su hijo. También se movilizaron el 25 de julio en Louisville, Kentucky, cuando protestaron por el crimen de Breonna Taylor, una trabajadora de la salud ejecutada en su propia casa durante un operativo policial. Los dos eran jóvenes afroamericanos. Como George Floyd y Jacob Blake, las últimas víctimas de la brutalidad en uniforme. El grupo miliciano “100 por ciento negro” como lo describe su referente y vocero Johnson tiene la cohesión de los militares. No en vano la mayoría pasó por las fuerzas armadas. Cuando desfilan lo hacen en formación cerrada.

En Estados Unidos se los asocia con las Panteras Negras, la organización socialista nacida en Oakland, California, en 1966, por la iniciativa de estudiantes universitarios. Como aquel grupo que fue influido por el ideario de Malcom X, la NFAC no solo se basa en la autodefensa de la comunidad afroamericana. Sus miembros exigen una reivindicación clave como el acceso a la tierra y un estado propio dentro de los EE.UU y solo para negros. Se declaran prisioneros políticos por ser descendientes de los esclavos y tienen en Johnson a un líder locuaz, decidido y que habla megáfono en mano en los actos donde la organización se mostró hasta ahora. En Louisville ya desfilaron un par de veces con su respetable poder de convocatoria. La coalición informó que en julio había movilizado a 3.500 militantes y los videos que pueden verse en youtube acreditan bastante esa cifra.

Vestidos completamente de negro, son hombres y mujeres camuflados con pasamontañas o pañuelos, llevan armas largas, usan porta balas, equipos de comunicación y algunos de sus miembros lucen máscaras antigas y binoculares. Un abundante equipo de combate que en Estados Unidos está permitido tener y portar al amparo de la Segunda Enmienda de la Constitución. Por eso cuando se movilizan en un país donde la violencia está institucionalizada, no llaman tanto la atención por su arsenal bélico. Pero sí porque se trata de afroamericanos armados. Un derecho que hasta pocos meses parecía que solo ejercían las milicias racistas blancas del KKK y sus derivados. Informaciones de la prensa mencionan que en Estados Unidos hay unos 1.300 movimientos de ultraderecha y a 2017 había 165 grupos de milicianos que pueblan su territorio. Una cifra que bien podría haberse incrementado por la tensión racial en ascenso de los últimos años.

La NFAC no se considera parte del Black Lives Matters que con su presencia diaria y multiracial se instaló este año en las calles de EE.UU. Pero si se observan con detenimiento los videos que produce, convive en armonía con la consigna que se instaló en la sociedad desde el asesinato de George Floyd en Minneapolis el 25 de mayo pasado. Cuando Johnson dio su discurso desde las escalinatas de un edificio ubicado en el Jefferson Square Park de Louisville, dijo que “la Not fucking around Coalition ha sido tergiversada por muchos en las redes sociales y demás, y estamos aquí para terminar con esas teorías”. Explicó que no se habían reunido ahí “para causar el caos porque hay rumores de que veníamos a cazar gente. Una vez más, simplemente estamos ejerciendo nuestros derechos constitucionales de reunirnos y portar armas”.

Johnson anunció el 15 de agosto que volverían a Louisville, el día en que se corre en la ciudad el famoso Derby de Kentucky. La convocatoria de la carrera de caballos fue la excusa para hacerle recordar al gobernador del estado, Andy Beshear, una promesa. Cuando dijo que el 5 de septiembre iba a quedar resuelto el asesinato de la enfermera Breonna Taylor. “Es bueno que el gobernador diga eso porque compartimos ese sentimiento también. Esperamos, tenemos esperanzas, de que eso es lo que va a suceder. Si no, también asistiremos al Derby de Kentucky” comentó el líder de la NFAC en un video. Cumplió su promesa y su organización se hizo presente para protestar el último sábado.

Algunas señales políticas de Johnson y su milicia están en su plataforma presidencial de 2016. Sobre el grave conflicto racial que atraviesa toda la historia de EE.UU sostiene: “Los Estados Unidos de América se han polarizado y paralizado en su esencia debido a su falta de voluntad para abordar el cáncer del racismo institucionalizado que ha habitado esta nación desde su nacimiento. Este cáncer se manifiesta de múltiples formas que afectan las funciones críticas de esta nación, desde la aplicación de la ley hasta el empleo. Impide que una nación que se decreta estar unida se convierta en todo lo contrario. ¡No debemos permitir que lo que hace grande a esta nación nos separe y es nuestra diversidad!”.

La propuesta política sugiere una reforma policial que contemple la creación de “una Fiscalía Federal Especial que reciba todos los casos a nivel nacional que involucran específicamente el uso de fuerza letal contra un ciudadano desarmado por un oficial de la ley”. Johnson y sus partidarios están a favor de asimilar a los inmigrantes que lleguen a EE.UU. Plantean una reforma fiscal con medidas para “exigir que las corporaciones ricas y grandes paguen su parte justa en impuestos”, la prohibición “de trasladar sus ganancias y empleos al extranjero para evitar pagar impuestos sobre la renta en Estados Unidos” y la implementación de “un impuesto al patrimonio del 0,3 por ciento de los estadounidenses que hereden más de 3,5 millones de dólares”.

Aquel candidato a presidente casi desconocido que solía aparecer de impecable traje y corbata entre 2015 y 2016 viste ahora en ropa de fajina como jefe del movimiento que se moviliza por las calles de Georgia y Kentucky. Su transformación es un símbolo del clima político-social violento e inestable que vive Estados Unidos.

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Sábado, 22 Agosto 2020 05:40

Los dientes

Los dientes

1.Washington. George Washington (1732-1799), el primer presidente de Estados Unidos que más que una guerra por la Independencia –subraya Gerald Horne– encabezó una “‘contrarrevolución” para preservar la esclavitud en vías de abolición por Gran Bretaña en sus colonias norteamericanas (bit.ly/320sKPa), era, como tantos otros padres fundadores (Jefferson, Franklin et al), dueño de esclavos. Si bien −supuestamente− sus sentimientos hacia la esclavitud eran encontrados (bit.ly/31bFp2M), hacía todo para seguir lucrándose de ella, dejando este asunto para resolver a las futuras generaciones (uno por el que finalmente estalló la guerra civil). En sus tiempos no sólo perseguía con todo el peso de la ley a sus esclavos fugitivos (una preciada mercancía, no seres humanos)− o gobernando temporalmente desde Filadelfia usaba un agujero legal para negarle la libertad a su propiedad –Pennsylvania era uno de los primeros estados comprometidos en erradicar la esclavitud y según su Acto estatal de emancipación gradual de 1780 si uno no era su ciudadano podía traer sus esclavos únicamente por seis meses; pasado este lapso, automáticamente éstos obtenían la emancipación− rotándola periódicamente a su Virginia natal o sacándola no más por la frontera a Nueva Jersey reseteando en práctica el reloj de la libertad (Erika Armstrong Dunbar dixit), sino también pagaba a sus esclavos para que se extrajeran dientes sanos con los cuales completaba su dentadura. Unos chelines por allí, unos chelines por allá, según su propia libreta de cuentas. Plagado por problemas dentales desde los 20 años, asumiendo la presidencia (1789) con un sólo diente natural (bit.ly/2E334JG), Washington usaba varias prótesis −del marfil de hipopótamo, dientes de vacas, caballos, etcétera (bit.ly/2FCAgZ6)− y trataba de mejorar su estado con implantes primitivos de dientes de los esclavos. Desde 1619 cuando el primer contingente de esclavos negros fue traído de África a la todavía británica colonia de Virginia −157 años antes de la Declaración de la Independencia según la cual, sólo en la teoría liberal, todos han sido creados iguales− el racismo y la esclavitud han sido imprimidos en la futura nación que forjó Washington (bit.ly/3axABaU). Fueron base material de su acumulación primitiva (bit.ly/2Q6Z9hF) y la riqueza de las élites blancas (cuando en 1808 se prohibió la importación de esclavos, los criadores de caballos y ganado se dedicaron a criar negros para el mercado interno). El capital –tal como escribía Marx− vino también a Estados Unidos chorreando sangre de pies a cabeza. Junto con la boca.

2. Lumumba. Los dientes. Lo único que quedó de él. Cuando Patrice Lumumba (1924-1961) el primer jefe de gobierno del Congo independiente anunció que las riquezas naturales de aquel país africano finalmente iban a servir a sus habitantes y no a los colonizadores –y buscó ayuda soviética para fortalecerla independencia− tuvo que enfrentar una invasión belga (su antiguo colonizador), dos levantamientos secesionistas de unas ricas regiones mineras, la campaña estadunidense de desestabilización y un golpe de Estado anticomunista (bit.ly/3aFcfvR). La CIA trató de envenenarlo, pero luego optó por delegar la tarea a los verdugos locales y asesinos belgas (el uranio para las bombas atómicas de Estados Unidos provenía de Congo y éste “no podía ser ‘segunda Cuba’”). Lumumba fue raptado, torturado y ejecutado. Su cuerpo, cortado en pedazos, disuelto en ácido. A finales de la década de los 90 un policía belga detalló cómo se deshizo de su cadáver. Abrió el cajón y sacó dos de sus dientes y una bala sacada del cráneo (bit.ly/2Q3wMAG). Cómo recuerda Adam Hochschild –autor de un seminal King Leopold’s ghost: a story of greed, terror, and heroism in colonial Africa (1998) que detalla la brutal historia de la colonización belga− el asesinato de Lumumba fue un punto de inflexión que sofocó muchas de las esperanzas en toda la África en vías de la descolonización (bit.ly/2PXxakm). Congo (rebautizado como Zaire) se tornó otra vez el corazón de las tinieblas conradiano bajo la dictadura de Mobutu. Pero cuando un siglo antes el rey Leopoldo, un monarca iluminado, filántropo y liberal, invadió a Congo tenía boca llena de ideales: quería liberarlo del dominio de los esclavistas musulmanes, diseminar civilización, cristiandad y libre comercio. Acabó convirtiéndolo en una gran finca (marfil y caucho) con trabajo esclavo, explotación, saqueamiento y terror −cuerpos podridos, manos cortadas, cráneos y esqueletos en las cercas a los largo de la colonia, salvajes castigos con chicote, el látigo de piel de hipopótamo, en total entre 5 y 8 millones de muertos− mucho peor que el régimen anterior. Allí también el capital llegó chorreando sangre... Los “ zoo humanos” con congoleses traídos a Bélgica en condiciones nativas han sido el entretenimiento predilecto de las masas hasta... 1958 (unas décadas antes un joven congolés al cual sus captores le afilaron los dientes para que se viera más salvaje estaba exhibido en un pabellón de monos en el zoológico de Nueva York bit.ly/2YdBaSi). Ya llegó la hora de que nos dejen de ver como monos, le dijo en 1960 Lumumba en la cara al rey Balduino, el heredero de Leopoldo, que le concedió la independencia a Congo sólo para pronto querer dar marcha atrás... (bit.ly/2YhLZmr).

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Lunes, 27 Julio 2020 08:03

Resistencia

Resistencia

A 100 días de lo que algunossabios aseguran es la elección más importante en la historia de Estados Unidos, cuyas consecuencias no se limitarán a este lado de los muros fronterizos y las costas, el futuro depende de la resistencia popular contra las políticas y fuerzas antidemocráticas del régimen en Washington y sus cómplices.

Durante los últimos 58 días el movimiento descentralizado y horizontal de Black Lives Matter se ha convertido en la protesta social más grande en la historia estadunidense transformando el centro del debate público nacional. Trump y sus cómplices han declarado que son “anarquistas”, “terroristas” e “izquierda radical” quienes amenazan al país y su respuesta represiva, que incluye el envío de fuerzas federales paramilitares a varias ciudades, ha sido denunciada como “autoritarismo” por un amplísimo abanico de voces reconocidas que advierten que esto no tiene precedente en la historia del país.

La resistencia contra este atentado antidemocrático se ha expresado de múltiples maneras desde la elección de Trump, pero ahora está encabezado por Black Lives Matter, el cual está evolucionando en un movimiento multitemático y multirracial, o sea, se está volviendo cada vez más peligroso. Peligroso porque ya no es sólo una protesta contra la brutalidad policiaca hacia los afroestadunidenses, sino que empieza a cuestionar los fundamentos del sistema estadunidense y su injusticia económica, social y política protegida a través de la violencia racista oficial.

Es una de esas coyunturas en la que todo queda al descubierto –en gran parte por la pandemia y sus consecuencias económicas como una catástrofe creada por cuatro décadas de neoliberalismo– y eso está abriendo la posibilidad de una respuesta social colectiva que surge del encuentro de diversos movimientos, la recuperación de la memoria histórica de los de abajo, y con ello, la insistencia en un futuro progresista.

Por ahora su expresión más visual está en las calles, donde lo más espectacular no son las nubes de gas lacrimógeno, arrestos y sangre, sino las movilizaciones incesantes, las asambleas y encuentros, la música y los actos de dignidad ante la violencia oficial, actos que en su abrumadora mayoría son realizados de manera pacífica (para no caer en la trampa de Trump que busca una reacción violenta, argumentan algunos organizadores).

En Portland, Oregon, en respuesta al envío de fuerzas paramilitares federales y un par de noches de represión violenta, de repente aparecieron brigadas de “madres” para ser escudos humanos –el “muro de madres”– de jóvenes activistas. Poco después se presentó una brigada de “padres contra el fascismo”, algunos armados con máquinas portátiles sopla-hojas para dispersar el gas lacrimógeno. Pocos días despues, apareció una columna de veteranos de guerra que se pusieron cara a cara, con las manos atrás, frente a las fuerzas federales, algunos con la bandera estadunidense boca abajo, señal oficial de socorro; uno llevaba una pancarta que exhibió a las fuerzas federales en camuflaje en que se leía: “estás viendo hacia el lado equivocado, voltea”(https://twitter.com/hashtag/ WallOfVets?src=hashtag_click). También llegaron enfermeras en sus uniformes de trabajo.

Con estas imágenes, entre otras, se rompe la imagen oficial pintada por Trump y su gente de que “anarquistas”y otros están buscando “destruir” el país. De hecho, se está mostrando que la amenaza y la provocación del caos proviene de Trump para sus fines electorales.

Estas escenas se empiezan a repetir en otras ciudades en solidaridad con Portland y sumándose a la resistencia contra las medidas represivas de Trump en los últimos días.

El futuro de la superpotencia al otro lado del muro está en juego en las calles y otras trincheras de la resistencia contra el asalto antidemocrático en Estados Unidos. (https://blacklivesmatter.comhttps://m4bl.org).

¿Tal vez es hora de una Brigada Abraham Lincoln para asistir en la defensa de los principios democráticos, pero esta vez en la república de ese presidente?

(https://blacklivesmatter.comhttps://m4bl.org).

https://www.youtube.com/watch?v=Z7m-kbPOrl8

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Policías antimotines lanzan gas lacrimógeno contra una marcha del movimiento antirracista Black Lives Matter en Portland, Oregon. La ciudad se ha convertido en uno de los mayores focos de manifestación contra la brutalidad policiaca desde hace casi dos meses. La respuesta ha sido la represión ordenada por el presidente Donald Trump, que no cuenta con el apoyo de funcionarios locales. Foto Ap

En Seattle, 45 detenidos y 21 policías heridos

 

 Washington. La Casa Blanca avisó ayer que endurecerá la respuesta de las fuerzas de seguridad contra los manifestantes en Portland, dado que las protestas amenazan con extenderse a otras ciudades, afirmó Chad Wolf, secretario interino de Seguridad Interior, al tiempo que las manifestaciones continuaron en Estados Unidos el fin de semana.

La actuación de los agentes federales para contener a los manifestantes ha sido duramente cuestionada por realizar detenciones arbitrarias y actuar sin identificación.

Wolf defendió la medida, tachada de ilegal por la oposición demócrata y por organizaciones por los derechos civiles, dada la virulencia de las manifestaciones.

“Vienen armados con piedras, botellas, bates de beisbol, herramientas eléctricas, fuegos artificiales y dirigen su violencia a las instituciones y a los agentes federales”, sostuvo Wolf, cuyo domicilio en Washington fue rodeado ayer por manifestantes que exigieron su dimisión.

Portland, la ciudad más grande de Oregon, se ha convertido en uno de los mayores focos de las protestas contra la brutalidad policiaca, en las cuales cientos de manifestantes vestidos de negro se han enfrentado con la policía, que ha calificado las protestas de “disturbios”, que se han reproducido en el país.

Esta ciudad de 650 mil habitantes ha sido escenario de protestas nocturnas contra el racismo desde hace casi dos meses, y también de una represión de agentes federales ordenada por el presidente Donald Trump, que no cuenta con el apoyo de los gobernantes locales.

Las manifestaciones comenzaron el pasado sábado de manera pacífica con música y cantos, mientras algunos lanzaban pompas de jabón y pegaban rosas rojas en las barricadas, pero terminaron con choques con la policía y agentes federales después de que los manifestantes intentaron derribar las vallas que rodeaban el Palacio de Justicia de la ciudad.

Mientras, en Seattle las protestas del sábado dejaron ayer 45 detenidos y 21 policías heridos, después de que una marcha de Black Lives Matter también derivó en enfrentamientos con la policía, que se replegó la madrugada de ayer.

Alrededor de 2 mil personas se reunieron en el centro de la ciudad, cerca del barrio del Capitolio, donde se desarrollaron las protestas a raíz de la muerte del afroestadunidense George Floyd a manos de un policía blanco el pasado 25 de mayo.

Los manifestantes rompieron el cerco que rodeaba el sitio de construcción de un centro de detención de menores e incendiaron una casa móvil, informaron autoridades locales.

La muerte de Floyd desató protestas y disturbios en las principales ciudades de Estados Unidos, en un movimiento contra el racismo que ha ido creciendo en el mundo.

Las marchas contra la brutalidad policiaca llegan en momentos en que el presidente Trump enfrenta una dura contienda por la relección y hace campaña al proyectarse como guardián de “la ley y el orden”.

En Austin, Texas, un manifestante que aparentemente llevaba un fusil falleció al ser baleado desde un vehículo que pasó entre la multitud y cuyo conductor comenzó a disparar, de acuerdo con un testigo.

Mientras, en Aurora, un suburbio de Denver, un auto embistió a manifestantes de una protesta contra el racismo y baleó a un manifestante el sábado.

En otro orden, los restos del congresista John Lewis cruzaron el puente Edmund Pettus en Selma, Alabama, por última vez ayer, mientras continúan los honores póstumos al legislador que se convirtió en un emblema de las luchas sociales. Lewis y otros defensores de los derechos civiles fueron golpeados ahí hace 55 años en su lucha por el derecho al voto de los afroestadunidenses.

El cuerpo de Lewis fue llevado al Capitolio de Alabama por la tarde. Lewis falleció a los 80 años el 17 de julio, meses después de ser diagnosticado con cáncer del páncreas.

S iguiente

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Protesta frente al capitolio por cancelación del DACA. EU perdió a su juventud: el sustento de un país está desacreditado en la nueva generación.Foto Ap

Antes de la volcánica explosión generalizada, expuse la rebelión de la “Generación Y ( millennials)”y la “Generación Z ( centennials)” en EU (https://bit.ly/2D2OXTN) cuando “50 por ciento de los millennials y 51 por ciento de la Generación Z sienten que el sistema económico de EU ha trabajado en su contra” con una “colosal deuda universitaria de los millennials: ¡1.6 millones de millones de dólares!” ( https://bit.ly/3fboPnI ) cuando EU se encuentra inundado por sus deudas al consumo (https://bit.ly/37pIu0l).

El futuro ya alcanzó a EU: “la verdadera revolución demográfica será implosiva con el ascenso de los centennials (Generación Z) hispánicos (sic) de EU y su promedio asombroso de 11 años de edad” (https://bit.ly/2MUSAgy).

Pew Research expone la identidad generacional de los contestatarios ( https://pewrsr.ch/3eSvx1d ): 40 por ciento son blancos (sic), primordialmente demócratas y menores de 30 años de edad: los millennials (https://bit.ly/2E75FlH).

Según Pew Research, los jóvenes adultos y demócratas asistieron a una protesta el pasado mes: blancos 46 por ciento; latinos 22, afros 17 y asiáticos 8 por ciento. Los latinos vienen en segundo lugar después de los blancos y antes que los afros cuando 79 por ciento es proclive a los demócratas y 17 por ciento lo es a los republicanos. De 18 a 29 años, es decir, los millennials, asistió 41 por ciento; de 20 a 49 años, 38 por ciento y de 50 a 54 años 15 por ciento.

Destaca que la protesta sea casi igual de las zonas urbanas (41 por ciento) y las suburbanas (42) frente a 17 de la zona rural (el área que vota por Trump). La elección se jugará en el área suburbana, donde vive la mayor parte de las minorías.

En su artículo de corte escatológico, Paul Craig Roberts, anterior secretario asistente del Tesoro con Reagan, juzga que EU cesó de existir (sic) hace varias décadas cuando “solamente la fuerza fundacional del país (…) preservó la imagen viva de un país funcional”, en clara alusión a la demolición iconoclasta de los iconos de los padres fundadores de la independencia de EU, lo cual atribuye al autodio (sic) de las élites liberales (sic) blancas (sic) que dominan la educación, los multimedia y el gobierno.

Paul Craig Roberts recuerda su artículo de hace 15 meses: La cultura occidental (sic) murió de una muerte políticamente correcta (https://bit.ly/2ZVO6xz).

Se lamenta que la iconoclastia no está únicamente limitada al sur –la otrora confederación secesionista–, sino que rebasa a los Padres Fundadores para alcanzar a la Constitución y al emblema nacional, definidos como racistas.

Lo más relevante de su canto de cisne es la admisión de que EU perdió a su juventud: el sustento de un país está desacreditado en la nueva generación (https://bit.ly/2CVvAfu).

¿Cómo puede tener presente, no se diga futuro, un país que desdeñó a sus millennials y desprecia el futuro de sus centennials cuando lo único que le importa es enriquecer a su parasitaria plutocracia misántropa?

Paul Craig Roberts concluye con un epitafio sonoro: es muy tarde para hacer algo.La pregunta es: ¿quién sobrevivirá? No serán los blancos.

En efecto, la dinámica demográfica juega en contra de los axiomas fundacionales del Partido Republicano a quien, a mi juicio, le queda como último recurso la balcanización de los WASP (blancos, protestantes , anglosajones), hoy aliados a los evangelistas sionistas de la dupla de los Mike (Pence y Pompeo), para crear su República Blanca, quizá en alianza con un segmento de los latinos.

Paul Craig Roberts no cita para nada al movimiento antisionista de los Black Lives Matter (BLM) y al grupo Antifa que supuestamente encabezan la revuelta como epifenómeno, cuando la participación de los millennials blancos ha sido de mayor calado en la profundidad de las aguas turbulentas.

Lo peor en una guerra civil/guerra de clases/guerra cultural es tomar partido desde afuera cuando EU parece estar herido de muerte entre dos cosmogonías incompatibles: delicada situación que no será resuelta por quien fuere el vencedor de la elección presidencial en menos de cuatro meses.

¿Está preparado México a todas las eventualidades que le afectarán irremediablemente?

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Participantes en el paro en solidaridad con el movimiento Black Lives Matter, ayer afuera del Congreso de Ohio. Foto Afp

Las demandas van desde el repudio al racismo sistémico hasta la exigencia de salarios dignos y seguros médicos

 

Nueva York., Decenas de miles de trabajadores y sus aliados participaron en un paro nacional y acciones de solidaridad como parte del movimiento Black Lives Matter en decenas de ciudades del país al vincular el racismo sistémico y la injusticia económica, mientras el presidente de Estados Unidos amenazó con desplegar fuerzas federales militarizadas en varias de las principales ciudades para enfrentar el "desorden".

El "Paro por las vidas negras" se realizó en más de 25 ciudades con decenas de miles de participantes en acciones para suspender labores, manifestarse, y a las 12 del día hincarse sobre una rodilla por ocho minutos y 46 segundos, el símbolo del nuevo movimiento al marcar el tiempo que un policía blanco colocó su rodilla sobre el cuello del afroestadunidense George Floyd hasta su muerte, según informaron los organizadores.

Varios sindicatos nacionales, desde el de servicios (SEIU), TEamsters, del magisterio (AFT), de Comunicación (CWA), el gremio de actores (Actors’ Equity) y músicos, enfermeras y trabajadores hospitalarios, así como los del sector de comida rápida, jornaleros, trabajadores aeroportuarios, de la construcción, empleadas domésticas y más participaron en el paro.

Las demandas van más allá de obligar a empresas e instituciones a declarar que "las vidas negras valen", al vincular el racismo sistémico con las injusticias económicas por la falta de salarios dignos, la explotación de mano de obra, la falta de seguros médicos como derechos laborales incluido el de formar sindicatos (https://j20strikeforblacklives.org/ es/demands/).

De Los Ángeles a Nueva York (frente al hotel Internacional Trump, entre otros lugares), Wa-shington, DC, San Francisco, San Luis, Minneapolis, Boston y Durham se realizaron marchas, mítines y actos simbólicos. Algunos exigieron beneficios y apoyo para trabajadores esenciales inmigrantes, otros para elevar el salario mínimo en cadenas como McDonald’s y empresas como ATT y UPS condiciones más seguras ante la pandemia en los centros de trabajo.

“Hoy estoy con los trabajadores a lo largo del país que están participando en #StrikeforBlackLives”, declaró vía Twitter el senador Bernie Sanders. "Trabajadores se están levantando en el país para decir que la justicia económica es justicia racial", declaró el senador Ed Markey, quien también participó.

El reverendo William Barber, de la Campaña de los Pobres, comentó: "la lucha para las vidas negras también es una lucha para obtener justicia económica y una voz".

En la Casa Blanca, Trump dijo que estaría enviando fuerzas de seguridad federales a más ciudades gobernadas por demócratas para reprimir protestas vinculadas con ell movimiento Black Lives Matter que considera inaceptables.

A pesar de furiosas críticas de autoridades locales y estatales de Oregon, legisladores federales y organizaciones de defensa de libertades civiles contra el despliegue de fuerzas militarizadas del Departamento de Seguridad Interna en Portland, que han confrontado a manifestantes con balas de goma y gas lacrimógeno, así como secuestrado a varios inconformes en vehículos no identificados durante horas sin presentar cargos para supuestamente proteger propiedades del gobierno federal, Trump insistió ayer en que esto es necesario y que están haciendo "una labor fantástica".

Explicó que los agentes federales "agarran a mucha gente y encarcelan a los líderes". Agregó que "éstos son anarquistas, no manifestantes. Ésta es gente que odia a nuestro país".

En ese contexto amenazó con enviar fuerzas similares a varias ciudades y mencionó Oakland, Filadelfia, Chicago (se reporta que pronto se desplegarán 150 agentes federales a esta ciudad), Detroit, Baltimore y Nueva York; todas con alcaldes a quienes llamó "demócratas liberales", y subrayó que “estamos enviando fuerzas de seguridad pública… no podemos permitir que esto ocurra en las ciudades”.

Las fuerzas federales son parte de una nueva entidad paramilitar del Departamento de Seguridad Interna formada después de que Trump emitió una orden supuestamente para proteger monumentos y estatuas, empleando como justificación legal cláusulas de una ley creada después de los atentados del 11-S en 2001.

Pero las imágenes de fuerzas federales en camuflaje y equipo militar en una ciudad provocaron denuncias de diversos políticos y defensores de derechos y libertades civiles. Más aún, sólo han multiplicado el número de manifestantes, acompañados en días recientes por agrupaciones de madres, algunas con cascos, que corean "dejen en paz a nuestros hijos" y "que quede claro, las madres han llegado".

Ted Wheeler, alcalde de Portland, ha calificado la maniobra federal de "ataque contra nuestra democracia", y reiteró su exigencia para que las fuerzas sean retiradas. La gobernadora de Oregon, Kate Brown, acusó al secretario de Seguridad Interna de buscar "provocar confrontación con propósitos políticos".

En el Congreso, líderes demócratas están impulsando una investigación federal sobre posibles violaciones a la Primera Enmienda de la Constitución (libertad de expresión).

Laurence Tribe, reconocido profesor de ley constitucional de Harvard, indicó acerca de las órdenes de Trump en Portland y otras ciudades: "esto es como comienza. El hambre dictatorial del poder es insaciable. Si hubiera un momento para la desobediencia civil pacífica, ese momento está sobre nosotros".

Por David Brooks

Corresponsal

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Los Blue Leaks desnudan la represión selectiva en EE.UU.

Filtraciones de archivos de la Policía y el FBI 

Las fuerzas de seguridad ignoraron de modo deliberado la amenaza de los grupos extremistas blancos durante las protestas por el asesinato de George Floyd. En cambio se volcaron a investigar solo a los grupos antifascistas.

 

El escándalo de los Blue Leaks (fugas azules) todavía no salió del todo de las fronteras de Estados Unidos, acaso porque es un tema interno muy sensible. Se lo define con ese color porque son filtraciones de archivos confidenciales de la policía, incluye datos del FBI y se trata de un cuerpo colosal de casi 270 gigabytes. El volumen de información es tan grande que remite a diez años de historia de esos organismos de seguridad. Contiene miles de documentos, comunicaciones, boletines y trabajos de inteligencia que fueron filtrados el 19 de junio por la plataforma Distributed Denial of Secrets (DDoS). Esta organización que pregona “la libre transmisión de datos de interés público” habría vulnerado los sistemas de la empresa Netsential, con sede en Houston, un proovedor de seguridad informática del Estado. Especialistas sostienen en EEUU que el hecho “podría tener efectos desastrosos para muchas personas inocentes”. The Intercept, el sitio de investigación periodística nacido en 2014 se está haciendo una panzada con los informes. Le permitieron descubrir cómo las fuerzas federales ignoraron de modo deliberado la amenaza de los grupos extremistas blancos durante las protestas por el asesinato del joven negro George Floyd. En cambio se volcaron a investigar solo a los grupos antifascistas, de una izquierda genérica y donde sobresalen los anarquistas.

Las revelaciones afectaron a unos doscientos departamentos de policía en Estados Unidos. Hay datos confidenciales que se obtuvieron del Centro de Análisis de Información de Missouri (36 gigabytes), el Centro Regional de Inteligencia del Norte de California (19 gigabytes), el Centro Regional de Inteligencia Conjunta (14 gigabytes) y el Centro de Información y Análisis de Delaware (13 gigabytes). Los documentos vulnerados incluyen identidades, números de teléfono, direcciones de correo electrónico, imágenes, gran cantidad de archivos de texto y vídeos según el informe de la Asociación Nacional de Centros de Fusión (NFCA). Estos son organismos estatales que recopilan y difunden información legal y de seguridad que circula entre instituciones federales y del sector privado.

Los Blue Leaks le permitieron develar al periodista de The Intercept, Ryan Devereaux -en un extenso artículo publicado el 15 de julio- que “el análisis de casi 300 documentos encontró repetidas menciones de Antifa y actividades de protesta de la izquierda expresadas en términos sombríos, junto a informes más sustanciales de violencia letal y amenazas de la derecha que han recibido poca mención de los principales funcionarios de la administración Trump”. El presidente de Estados Unidos fue incluso más allá.

En su discurso del 4 de julio en la Casa Blanca por el día de la independencia señaló en medio de la pandemia que no da tregua a su país: “Ahora estamos en el proceso de derrotar a la izquierda radical, los marxistas, los anarquistas, los agitadores, los saqueadores y las personas que en muchos casos no tienen idea de lo que están haciendo”. El magnate viajó en un vuelo de ida hacia la época de esplendor del macartismo. Como si volviera a respirarse el clima que dominó en la Guerra Fría.

Los documentos hackeados a Netsential señalan que había una relación bastante promiscua entre la Policía y el llamado movimiento supremacista blanco Boogaloo Boys, que ya proclamó cuál es su objetivo político-estratégico: desencadenar una segunda guerra civil, como entre 1861-1865. Con más presencia virtual que real, estos neonazis de cabotaje que visten camisas hawaianas, usan la barba como los boers sudafricanos y se mostraban tímidamente en público hasta el advenimiento de Trump, han permeado su ideología extremista hacia las fuerzas de seguridad.

A juzgar por los propios informes policiales que figuran en los Blue Leaks, se percibe que la peligrosidad de los grupos Antifa está sobredimensionada y se subestima la de los Boogaloo. La construcción de un enemigo entre los sectores jóvenes y antifascistas que propicie la represión como ya ocurrió, ha sido una tarea a la que se volcaron las voces más reaccionarias que respaldan al gobierno. El Comité pro Trump autodenominado Make America Great Again (Haz América grande otra vez), una frase vigente desde la revolución conservadora de Ronald Reagan, publicó avisos para juntar dinero en la campaña contra los Antifa.

Los efectos de estas proclamas quedaron verificados en la información sensible que reveló DDoS y que arrojaron datos sobre los planes supremacistas blancos. Las pesquisas policiales fueron ignoradas por las autoridades que prefirieron seguir en la pista de los presuntos revoltosos de izquierda. Así se les pasó el asesinato del ayudante de un sheriff cometido por Steven Carrillo, el sargento de una unidad de élite de la Fuerza Aérea. El FBI informó que tenía un chaleco antibalas con el símbolo de los racistas Boogaloo.

The Intercept describió: “los materiales filtrados muestran que el 29 de mayo, dos días antes de que Trump tuiteara que Antifa sería etiquetada como una organización terrorista y Barr (por William, el fiscal general de EEUU) emitiera su declaración del Departamento de Justicia, los propios analistas del presidente dieron un informe de inteligencia de código abierto que detallaba cómo un canal supremacista blanco en Telegram, un servicio de mensajería encriptada, alentaba a los seguidores a capitalizar los disturbios atacando a la policía con cócteles molotov y armas de fuego”.

Se investigaba a los dos grupos antagónicos, pero se exponía solo a los espontáneos y sin conducción centralizada de los antifascistas. Si existe El enemigo público –como el título de la película que protagonizó James Cagney en 1931-, en el electorado conservador de Estados Unidos rinde más que sea de izquierda y no xenófobo o racista.

El periodista Devereaux descubrió basado en los Blue Leaks que los extremistas blancos planeaban “el uso de armas de fuego” porque “influyen enormemente en la escala e intensidad de estos eventos”. Aconsejaban a sus seguidores que rompieran las líneas policiales “con cócteles Molotov, motosierras y armas de fuego”. Como a su vez recomendaban que “el saqueo y el robo en tiendas son geniales y los blancos deberían hacerlo mucho más”. Lo que se dice el manual de un buen supremacista. Ese que persigue depositar la culpa en los negros, antifacistas y todos aquellos que huelan a progresismo para sacarlos de las calles y si fuera posible dejarlos fuera de combate.

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