Lunes, 27 Julio 2020 08:03

Resistencia

Resistencia

A 100 días de lo que algunossabios aseguran es la elección más importante en la historia de Estados Unidos, cuyas consecuencias no se limitarán a este lado de los muros fronterizos y las costas, el futuro depende de la resistencia popular contra las políticas y fuerzas antidemocráticas del régimen en Washington y sus cómplices.

Durante los últimos 58 días el movimiento descentralizado y horizontal de Black Lives Matter se ha convertido en la protesta social más grande en la historia estadunidense transformando el centro del debate público nacional. Trump y sus cómplices han declarado que son “anarquistas”, “terroristas” e “izquierda radical” quienes amenazan al país y su respuesta represiva, que incluye el envío de fuerzas federales paramilitares a varias ciudades, ha sido denunciada como “autoritarismo” por un amplísimo abanico de voces reconocidas que advierten que esto no tiene precedente en la historia del país.

La resistencia contra este atentado antidemocrático se ha expresado de múltiples maneras desde la elección de Trump, pero ahora está encabezado por Black Lives Matter, el cual está evolucionando en un movimiento multitemático y multirracial, o sea, se está volviendo cada vez más peligroso. Peligroso porque ya no es sólo una protesta contra la brutalidad policiaca hacia los afroestadunidenses, sino que empieza a cuestionar los fundamentos del sistema estadunidense y su injusticia económica, social y política protegida a través de la violencia racista oficial.

Es una de esas coyunturas en la que todo queda al descubierto –en gran parte por la pandemia y sus consecuencias económicas como una catástrofe creada por cuatro décadas de neoliberalismo– y eso está abriendo la posibilidad de una respuesta social colectiva que surge del encuentro de diversos movimientos, la recuperación de la memoria histórica de los de abajo, y con ello, la insistencia en un futuro progresista.

Por ahora su expresión más visual está en las calles, donde lo más espectacular no son las nubes de gas lacrimógeno, arrestos y sangre, sino las movilizaciones incesantes, las asambleas y encuentros, la música y los actos de dignidad ante la violencia oficial, actos que en su abrumadora mayoría son realizados de manera pacífica (para no caer en la trampa de Trump que busca una reacción violenta, argumentan algunos organizadores).

En Portland, Oregon, en respuesta al envío de fuerzas paramilitares federales y un par de noches de represión violenta, de repente aparecieron brigadas de “madres” para ser escudos humanos –el “muro de madres”– de jóvenes activistas. Poco después se presentó una brigada de “padres contra el fascismo”, algunos armados con máquinas portátiles sopla-hojas para dispersar el gas lacrimógeno. Pocos días despues, apareció una columna de veteranos de guerra que se pusieron cara a cara, con las manos atrás, frente a las fuerzas federales, algunos con la bandera estadunidense boca abajo, señal oficial de socorro; uno llevaba una pancarta que exhibió a las fuerzas federales en camuflaje en que se leía: “estás viendo hacia el lado equivocado, voltea”(https://twitter.com/hashtag/ WallOfVets?src=hashtag_click). También llegaron enfermeras en sus uniformes de trabajo.

Con estas imágenes, entre otras, se rompe la imagen oficial pintada por Trump y su gente de que “anarquistas”y otros están buscando “destruir” el país. De hecho, se está mostrando que la amenaza y la provocación del caos proviene de Trump para sus fines electorales.

Estas escenas se empiezan a repetir en otras ciudades en solidaridad con Portland y sumándose a la resistencia contra las medidas represivas de Trump en los últimos días.

El futuro de la superpotencia al otro lado del muro está en juego en las calles y otras trincheras de la resistencia contra el asalto antidemocrático en Estados Unidos. (https://blacklivesmatter.comhttps://m4bl.org).

¿Tal vez es hora de una Brigada Abraham Lincoln para asistir en la defensa de los principios democráticos, pero esta vez en la república de ese presidente?

(https://blacklivesmatter.comhttps://m4bl.org).

https://www.youtube.com/watch?v=Z7m-kbPOrl8

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Policías antimotines lanzan gas lacrimógeno contra una marcha del movimiento antirracista Black Lives Matter en Portland, Oregon. La ciudad se ha convertido en uno de los mayores focos de manifestación contra la brutalidad policiaca desde hace casi dos meses. La respuesta ha sido la represión ordenada por el presidente Donald Trump, que no cuenta con el apoyo de funcionarios locales. Foto Ap

En Seattle, 45 detenidos y 21 policías heridos

 

 Washington. La Casa Blanca avisó ayer que endurecerá la respuesta de las fuerzas de seguridad contra los manifestantes en Portland, dado que las protestas amenazan con extenderse a otras ciudades, afirmó Chad Wolf, secretario interino de Seguridad Interior, al tiempo que las manifestaciones continuaron en Estados Unidos el fin de semana.

La actuación de los agentes federales para contener a los manifestantes ha sido duramente cuestionada por realizar detenciones arbitrarias y actuar sin identificación.

Wolf defendió la medida, tachada de ilegal por la oposición demócrata y por organizaciones por los derechos civiles, dada la virulencia de las manifestaciones.

“Vienen armados con piedras, botellas, bates de beisbol, herramientas eléctricas, fuegos artificiales y dirigen su violencia a las instituciones y a los agentes federales”, sostuvo Wolf, cuyo domicilio en Washington fue rodeado ayer por manifestantes que exigieron su dimisión.

Portland, la ciudad más grande de Oregon, se ha convertido en uno de los mayores focos de las protestas contra la brutalidad policiaca, en las cuales cientos de manifestantes vestidos de negro se han enfrentado con la policía, que ha calificado las protestas de “disturbios”, que se han reproducido en el país.

Esta ciudad de 650 mil habitantes ha sido escenario de protestas nocturnas contra el racismo desde hace casi dos meses, y también de una represión de agentes federales ordenada por el presidente Donald Trump, que no cuenta con el apoyo de los gobernantes locales.

Las manifestaciones comenzaron el pasado sábado de manera pacífica con música y cantos, mientras algunos lanzaban pompas de jabón y pegaban rosas rojas en las barricadas, pero terminaron con choques con la policía y agentes federales después de que los manifestantes intentaron derribar las vallas que rodeaban el Palacio de Justicia de la ciudad.

Mientras, en Seattle las protestas del sábado dejaron ayer 45 detenidos y 21 policías heridos, después de que una marcha de Black Lives Matter también derivó en enfrentamientos con la policía, que se replegó la madrugada de ayer.

Alrededor de 2 mil personas se reunieron en el centro de la ciudad, cerca del barrio del Capitolio, donde se desarrollaron las protestas a raíz de la muerte del afroestadunidense George Floyd a manos de un policía blanco el pasado 25 de mayo.

Los manifestantes rompieron el cerco que rodeaba el sitio de construcción de un centro de detención de menores e incendiaron una casa móvil, informaron autoridades locales.

La muerte de Floyd desató protestas y disturbios en las principales ciudades de Estados Unidos, en un movimiento contra el racismo que ha ido creciendo en el mundo.

Las marchas contra la brutalidad policiaca llegan en momentos en que el presidente Trump enfrenta una dura contienda por la relección y hace campaña al proyectarse como guardián de “la ley y el orden”.

En Austin, Texas, un manifestante que aparentemente llevaba un fusil falleció al ser baleado desde un vehículo que pasó entre la multitud y cuyo conductor comenzó a disparar, de acuerdo con un testigo.

Mientras, en Aurora, un suburbio de Denver, un auto embistió a manifestantes de una protesta contra el racismo y baleó a un manifestante el sábado.

En otro orden, los restos del congresista John Lewis cruzaron el puente Edmund Pettus en Selma, Alabama, por última vez ayer, mientras continúan los honores póstumos al legislador que se convirtió en un emblema de las luchas sociales. Lewis y otros defensores de los derechos civiles fueron golpeados ahí hace 55 años en su lucha por el derecho al voto de los afroestadunidenses.

El cuerpo de Lewis fue llevado al Capitolio de Alabama por la tarde. Lewis falleció a los 80 años el 17 de julio, meses después de ser diagnosticado con cáncer del páncreas.

S iguiente

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Protesta frente al capitolio por cancelación del DACA. EU perdió a su juventud: el sustento de un país está desacreditado en la nueva generación.Foto Ap

Antes de la volcánica explosión generalizada, expuse la rebelión de la “Generación Y ( millennials)”y la “Generación Z ( centennials)” en EU (https://bit.ly/2D2OXTN) cuando “50 por ciento de los millennials y 51 por ciento de la Generación Z sienten que el sistema económico de EU ha trabajado en su contra” con una “colosal deuda universitaria de los millennials: ¡1.6 millones de millones de dólares!” ( https://bit.ly/3fboPnI ) cuando EU se encuentra inundado por sus deudas al consumo (https://bit.ly/37pIu0l).

El futuro ya alcanzó a EU: “la verdadera revolución demográfica será implosiva con el ascenso de los centennials (Generación Z) hispánicos (sic) de EU y su promedio asombroso de 11 años de edad” (https://bit.ly/2MUSAgy).

Pew Research expone la identidad generacional de los contestatarios ( https://pewrsr.ch/3eSvx1d ): 40 por ciento son blancos (sic), primordialmente demócratas y menores de 30 años de edad: los millennials (https://bit.ly/2E75FlH).

Según Pew Research, los jóvenes adultos y demócratas asistieron a una protesta el pasado mes: blancos 46 por ciento; latinos 22, afros 17 y asiáticos 8 por ciento. Los latinos vienen en segundo lugar después de los blancos y antes que los afros cuando 79 por ciento es proclive a los demócratas y 17 por ciento lo es a los republicanos. De 18 a 29 años, es decir, los millennials, asistió 41 por ciento; de 20 a 49 años, 38 por ciento y de 50 a 54 años 15 por ciento.

Destaca que la protesta sea casi igual de las zonas urbanas (41 por ciento) y las suburbanas (42) frente a 17 de la zona rural (el área que vota por Trump). La elección se jugará en el área suburbana, donde vive la mayor parte de las minorías.

En su artículo de corte escatológico, Paul Craig Roberts, anterior secretario asistente del Tesoro con Reagan, juzga que EU cesó de existir (sic) hace varias décadas cuando “solamente la fuerza fundacional del país (…) preservó la imagen viva de un país funcional”, en clara alusión a la demolición iconoclasta de los iconos de los padres fundadores de la independencia de EU, lo cual atribuye al autodio (sic) de las élites liberales (sic) blancas (sic) que dominan la educación, los multimedia y el gobierno.

Paul Craig Roberts recuerda su artículo de hace 15 meses: La cultura occidental (sic) murió de una muerte políticamente correcta (https://bit.ly/2ZVO6xz).

Se lamenta que la iconoclastia no está únicamente limitada al sur –la otrora confederación secesionista–, sino que rebasa a los Padres Fundadores para alcanzar a la Constitución y al emblema nacional, definidos como racistas.

Lo más relevante de su canto de cisne es la admisión de que EU perdió a su juventud: el sustento de un país está desacreditado en la nueva generación (https://bit.ly/2CVvAfu).

¿Cómo puede tener presente, no se diga futuro, un país que desdeñó a sus millennials y desprecia el futuro de sus centennials cuando lo único que le importa es enriquecer a su parasitaria plutocracia misántropa?

Paul Craig Roberts concluye con un epitafio sonoro: es muy tarde para hacer algo.La pregunta es: ¿quién sobrevivirá? No serán los blancos.

En efecto, la dinámica demográfica juega en contra de los axiomas fundacionales del Partido Republicano a quien, a mi juicio, le queda como último recurso la balcanización de los WASP (blancos, protestantes , anglosajones), hoy aliados a los evangelistas sionistas de la dupla de los Mike (Pence y Pompeo), para crear su República Blanca, quizá en alianza con un segmento de los latinos.

Paul Craig Roberts no cita para nada al movimiento antisionista de los Black Lives Matter (BLM) y al grupo Antifa que supuestamente encabezan la revuelta como epifenómeno, cuando la participación de los millennials blancos ha sido de mayor calado en la profundidad de las aguas turbulentas.

Lo peor en una guerra civil/guerra de clases/guerra cultural es tomar partido desde afuera cuando EU parece estar herido de muerte entre dos cosmogonías incompatibles: delicada situación que no será resuelta por quien fuere el vencedor de la elección presidencial en menos de cuatro meses.

¿Está preparado México a todas las eventualidades que le afectarán irremediablemente?

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Participantes en el paro en solidaridad con el movimiento Black Lives Matter, ayer afuera del Congreso de Ohio. Foto Afp

Las demandas van desde el repudio al racismo sistémico hasta la exigencia de salarios dignos y seguros médicos

 

Nueva York., Decenas de miles de trabajadores y sus aliados participaron en un paro nacional y acciones de solidaridad como parte del movimiento Black Lives Matter en decenas de ciudades del país al vincular el racismo sistémico y la injusticia económica, mientras el presidente de Estados Unidos amenazó con desplegar fuerzas federales militarizadas en varias de las principales ciudades para enfrentar el "desorden".

El "Paro por las vidas negras" se realizó en más de 25 ciudades con decenas de miles de participantes en acciones para suspender labores, manifestarse, y a las 12 del día hincarse sobre una rodilla por ocho minutos y 46 segundos, el símbolo del nuevo movimiento al marcar el tiempo que un policía blanco colocó su rodilla sobre el cuello del afroestadunidense George Floyd hasta su muerte, según informaron los organizadores.

Varios sindicatos nacionales, desde el de servicios (SEIU), TEamsters, del magisterio (AFT), de Comunicación (CWA), el gremio de actores (Actors’ Equity) y músicos, enfermeras y trabajadores hospitalarios, así como los del sector de comida rápida, jornaleros, trabajadores aeroportuarios, de la construcción, empleadas domésticas y más participaron en el paro.

Las demandas van más allá de obligar a empresas e instituciones a declarar que "las vidas negras valen", al vincular el racismo sistémico con las injusticias económicas por la falta de salarios dignos, la explotación de mano de obra, la falta de seguros médicos como derechos laborales incluido el de formar sindicatos (https://j20strikeforblacklives.org/ es/demands/).

De Los Ángeles a Nueva York (frente al hotel Internacional Trump, entre otros lugares), Wa-shington, DC, San Francisco, San Luis, Minneapolis, Boston y Durham se realizaron marchas, mítines y actos simbólicos. Algunos exigieron beneficios y apoyo para trabajadores esenciales inmigrantes, otros para elevar el salario mínimo en cadenas como McDonald’s y empresas como ATT y UPS condiciones más seguras ante la pandemia en los centros de trabajo.

“Hoy estoy con los trabajadores a lo largo del país que están participando en #StrikeforBlackLives”, declaró vía Twitter el senador Bernie Sanders. "Trabajadores se están levantando en el país para decir que la justicia económica es justicia racial", declaró el senador Ed Markey, quien también participó.

El reverendo William Barber, de la Campaña de los Pobres, comentó: "la lucha para las vidas negras también es una lucha para obtener justicia económica y una voz".

En la Casa Blanca, Trump dijo que estaría enviando fuerzas de seguridad federales a más ciudades gobernadas por demócratas para reprimir protestas vinculadas con ell movimiento Black Lives Matter que considera inaceptables.

A pesar de furiosas críticas de autoridades locales y estatales de Oregon, legisladores federales y organizaciones de defensa de libertades civiles contra el despliegue de fuerzas militarizadas del Departamento de Seguridad Interna en Portland, que han confrontado a manifestantes con balas de goma y gas lacrimógeno, así como secuestrado a varios inconformes en vehículos no identificados durante horas sin presentar cargos para supuestamente proteger propiedades del gobierno federal, Trump insistió ayer en que esto es necesario y que están haciendo "una labor fantástica".

Explicó que los agentes federales "agarran a mucha gente y encarcelan a los líderes". Agregó que "éstos son anarquistas, no manifestantes. Ésta es gente que odia a nuestro país".

En ese contexto amenazó con enviar fuerzas similares a varias ciudades y mencionó Oakland, Filadelfia, Chicago (se reporta que pronto se desplegarán 150 agentes federales a esta ciudad), Detroit, Baltimore y Nueva York; todas con alcaldes a quienes llamó "demócratas liberales", y subrayó que “estamos enviando fuerzas de seguridad pública… no podemos permitir que esto ocurra en las ciudades”.

Las fuerzas federales son parte de una nueva entidad paramilitar del Departamento de Seguridad Interna formada después de que Trump emitió una orden supuestamente para proteger monumentos y estatuas, empleando como justificación legal cláusulas de una ley creada después de los atentados del 11-S en 2001.

Pero las imágenes de fuerzas federales en camuflaje y equipo militar en una ciudad provocaron denuncias de diversos políticos y defensores de derechos y libertades civiles. Más aún, sólo han multiplicado el número de manifestantes, acompañados en días recientes por agrupaciones de madres, algunas con cascos, que corean "dejen en paz a nuestros hijos" y "que quede claro, las madres han llegado".

Ted Wheeler, alcalde de Portland, ha calificado la maniobra federal de "ataque contra nuestra democracia", y reiteró su exigencia para que las fuerzas sean retiradas. La gobernadora de Oregon, Kate Brown, acusó al secretario de Seguridad Interna de buscar "provocar confrontación con propósitos políticos".

En el Congreso, líderes demócratas están impulsando una investigación federal sobre posibles violaciones a la Primera Enmienda de la Constitución (libertad de expresión).

Laurence Tribe, reconocido profesor de ley constitucional de Harvard, indicó acerca de las órdenes de Trump en Portland y otras ciudades: "esto es como comienza. El hambre dictatorial del poder es insaciable. Si hubiera un momento para la desobediencia civil pacífica, ese momento está sobre nosotros".

Por David Brooks

Corresponsal

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Los Blue Leaks desnudan la represión selectiva en EE.UU.

Filtraciones de archivos de la Policía y el FBI 

Las fuerzas de seguridad ignoraron de modo deliberado la amenaza de los grupos extremistas blancos durante las protestas por el asesinato de George Floyd. En cambio se volcaron a investigar solo a los grupos antifascistas.

 

El escándalo de los Blue Leaks (fugas azules) todavía no salió del todo de las fronteras de Estados Unidos, acaso porque es un tema interno muy sensible. Se lo define con ese color porque son filtraciones de archivos confidenciales de la policía, incluye datos del FBI y se trata de un cuerpo colosal de casi 270 gigabytes. El volumen de información es tan grande que remite a diez años de historia de esos organismos de seguridad. Contiene miles de documentos, comunicaciones, boletines y trabajos de inteligencia que fueron filtrados el 19 de junio por la plataforma Distributed Denial of Secrets (DDoS). Esta organización que pregona “la libre transmisión de datos de interés público” habría vulnerado los sistemas de la empresa Netsential, con sede en Houston, un proovedor de seguridad informática del Estado. Especialistas sostienen en EEUU que el hecho “podría tener efectos desastrosos para muchas personas inocentes”. The Intercept, el sitio de investigación periodística nacido en 2014 se está haciendo una panzada con los informes. Le permitieron descubrir cómo las fuerzas federales ignoraron de modo deliberado la amenaza de los grupos extremistas blancos durante las protestas por el asesinato del joven negro George Floyd. En cambio se volcaron a investigar solo a los grupos antifascistas, de una izquierda genérica y donde sobresalen los anarquistas.

Las revelaciones afectaron a unos doscientos departamentos de policía en Estados Unidos. Hay datos confidenciales que se obtuvieron del Centro de Análisis de Información de Missouri (36 gigabytes), el Centro Regional de Inteligencia del Norte de California (19 gigabytes), el Centro Regional de Inteligencia Conjunta (14 gigabytes) y el Centro de Información y Análisis de Delaware (13 gigabytes). Los documentos vulnerados incluyen identidades, números de teléfono, direcciones de correo electrónico, imágenes, gran cantidad de archivos de texto y vídeos según el informe de la Asociación Nacional de Centros de Fusión (NFCA). Estos son organismos estatales que recopilan y difunden información legal y de seguridad que circula entre instituciones federales y del sector privado.

Los Blue Leaks le permitieron develar al periodista de The Intercept, Ryan Devereaux -en un extenso artículo publicado el 15 de julio- que “el análisis de casi 300 documentos encontró repetidas menciones de Antifa y actividades de protesta de la izquierda expresadas en términos sombríos, junto a informes más sustanciales de violencia letal y amenazas de la derecha que han recibido poca mención de los principales funcionarios de la administración Trump”. El presidente de Estados Unidos fue incluso más allá.

En su discurso del 4 de julio en la Casa Blanca por el día de la independencia señaló en medio de la pandemia que no da tregua a su país: “Ahora estamos en el proceso de derrotar a la izquierda radical, los marxistas, los anarquistas, los agitadores, los saqueadores y las personas que en muchos casos no tienen idea de lo que están haciendo”. El magnate viajó en un vuelo de ida hacia la época de esplendor del macartismo. Como si volviera a respirarse el clima que dominó en la Guerra Fría.

Los documentos hackeados a Netsential señalan que había una relación bastante promiscua entre la Policía y el llamado movimiento supremacista blanco Boogaloo Boys, que ya proclamó cuál es su objetivo político-estratégico: desencadenar una segunda guerra civil, como entre 1861-1865. Con más presencia virtual que real, estos neonazis de cabotaje que visten camisas hawaianas, usan la barba como los boers sudafricanos y se mostraban tímidamente en público hasta el advenimiento de Trump, han permeado su ideología extremista hacia las fuerzas de seguridad.

A juzgar por los propios informes policiales que figuran en los Blue Leaks, se percibe que la peligrosidad de los grupos Antifa está sobredimensionada y se subestima la de los Boogaloo. La construcción de un enemigo entre los sectores jóvenes y antifascistas que propicie la represión como ya ocurrió, ha sido una tarea a la que se volcaron las voces más reaccionarias que respaldan al gobierno. El Comité pro Trump autodenominado Make America Great Again (Haz América grande otra vez), una frase vigente desde la revolución conservadora de Ronald Reagan, publicó avisos para juntar dinero en la campaña contra los Antifa.

Los efectos de estas proclamas quedaron verificados en la información sensible que reveló DDoS y que arrojaron datos sobre los planes supremacistas blancos. Las pesquisas policiales fueron ignoradas por las autoridades que prefirieron seguir en la pista de los presuntos revoltosos de izquierda. Así se les pasó el asesinato del ayudante de un sheriff cometido por Steven Carrillo, el sargento de una unidad de élite de la Fuerza Aérea. El FBI informó que tenía un chaleco antibalas con el símbolo de los racistas Boogaloo.

The Intercept describió: “los materiales filtrados muestran que el 29 de mayo, dos días antes de que Trump tuiteara que Antifa sería etiquetada como una organización terrorista y Barr (por William, el fiscal general de EEUU) emitiera su declaración del Departamento de Justicia, los propios analistas del presidente dieron un informe de inteligencia de código abierto que detallaba cómo un canal supremacista blanco en Telegram, un servicio de mensajería encriptada, alentaba a los seguidores a capitalizar los disturbios atacando a la policía con cócteles molotov y armas de fuego”.

Se investigaba a los dos grupos antagónicos, pero se exponía solo a los espontáneos y sin conducción centralizada de los antifascistas. Si existe El enemigo público –como el título de la película que protagonizó James Cagney en 1931-, en el electorado conservador de Estados Unidos rinde más que sea de izquierda y no xenófobo o racista.

El periodista Devereaux descubrió basado en los Blue Leaks que los extremistas blancos planeaban “el uso de armas de fuego” porque “influyen enormemente en la escala e intensidad de estos eventos”. Aconsejaban a sus seguidores que rompieran las líneas policiales “con cócteles Molotov, motosierras y armas de fuego”. Como a su vez recomendaban que “el saqueo y el robo en tiendas son geniales y los blancos deberían hacerlo mucho más”. Lo que se dice el manual de un buen supremacista. Ese que persigue depositar la culpa en los negros, antifacistas y todos aquellos que huelan a progresismo para sacarlos de las calles y si fuera posible dejarlos fuera de combate.

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Retirada de la estatua del traficante de esclavos Antonio López en 2018, en pie en Barcelona desde 1944. Víctor Serri

El no siempre coherente mapa de la memoria de las naciones. Desde las estatuas de Colón al barrio de Kropotkin en Novosibirsk.

 

Sobre el monte Rushmore, en Dakota del Sur, se hallan esculpidos los enormes rostros de cuatro presidentes de Estados Unidos. La pregunta es la siguiente: ¿deberíamos dinamitar la mitad de ellos? De hecho, solo dos de estos padres de la patria (Abraham Lincoln y Theodor Roosevelt) no fueron propietarios de esclavos. De los otros dos, George Washington poseyó más de trescientos, mientras que Thomas Jefferson no solo tenía más de seiscientos, sino que también engendró varios hijos con una de sus esclavas.

Por ello la pregunta no es provocadora, sino que pone en evidencia el embrollo que se esconde en nuestra relación con los lieux de mémoire (lugares de memoria), expresión acuñada por el historiador francés Pierre Nora, que da título al proyecto editorial colectivo Les lieux de mémoire (1984, 1986, 1992), publicado bajo su dirección y traducido a diversas lenguas.

Este embrollo es particularmente insidioso en el caso de Estados Unidos, porque el esclavismo hunde las raíces en su historia, en su constitución material. Fueron propietarios de esclavos no solo Washington y Jefferson, sino también James Madison, James Monroe (el presidente que dio nombre a la Doctrina Monroe, precisamente), Andrew Jackson, John Tyler, James Polk y algunos otros estadistas. Poseía esclavos incluso la familia del general Ulysses Grant, que dirigió las tropas del norte en la Guerra de Secesión que abolió la esclavitud.

Si consideramos el asunto con el rigor debido, se debería cambiar el nombre de más de la mitad de las calles de las ciudades estadounidenses (las avenidas que no son numeradas están casi todas ellas dedicadas a presidentes del pasado, excepto algunas vías periféricas que, con cierto sentido de culpa, se hallan dedicadas a Martin Luther King).

Nos introducimos aquí en los meandros de las distinciones existentes entre lo que es la historia de un país y lo que es la reivindicación política. En algunos casos ello no presenta problema alguno. La bandera confederada, que tan solo hace cuatro años ondeaba en las sedes de los ayuntamientos de muchos estados sureños, constituía una provocación desvergonzada hacia los descendientes de los esclavos, mientras que convendría no olvidar la historia del tira y afloja que desde hace más de cincuenta años libran los estados del sur profundo (Alabama, Georgia, Luisiana, Misisipi, Oklahoma, Carolina del Sur, Tennessee) al hilo del rediseño de la propia bandera estatal de modo que contenga alusiones más o menos veladas a la bandera confederada.  

Por ello nadie echará de menos las estatuas de Jefferson Davis (presidente de la Confederación sudista durante la Guerra de 1861-1865), del almirante confederado Raphael Semmes o los diversos monumentos a los soldados confederado que campean en innumerables plazas de Dixieland y que han sido derribados por las manifestaciones de Black Lives Matter. El asunto se hace más resbaladizo cuando se retira la estatua de Cristóbal Colón, porque en la misma de provocación política hay verdaderamente poco. No queremos vivir en un mundo que erige estatuas y las tira abajo y las vuelve a erigir, que exalta y cancela las memorias. En otro caso, daríamos la razón a los talibanes, que en 2001 dinamitaron los Budas de Bamyan, o a los fanáticos hindúes, que en 1992 destruyeron la mezquita de Ayodhya.

A este respecto merece la pena describir la curiosa relación establecida por Rusia con la propia memoria histórica postsoviética. Todo el mundo sabe que tras la caída de la URSS, la ciudad de Leningrado ha retomado su antiguo nombre zarista, San Petersburgo, pero pocos saben, sin embargo, que su región (oblast) continua llamándose Leningrado. Todavía más curioso es el caso de Ekaterinburg, ciudad donde en 1918 fue ejecutado el zar Nicolás II junto con su familia. Durante la era soviética, la ciudad se llamó Sverdlovsk, en honor del nombre del dirigente bolchevique, Jakov Sverdlov, que había ordenado fusilar a los Romanov. Después de 1991 se ha vuelto a recordar a la zarina Catalina la Grande, pero, al igual que en el caso de San Petersburgo, el oblast continúa denominándose Sverdlovsk y la cosa no acaba aquí: la gran arteria que circunda el nuevo monumento dedicado al “martirio de los Romanov” es la avenida Sverdlov (que posteriormente cambia su nombre para denominarse avenida Karl Liebknecht).

Lo mismo sucede en Irkutsk, ciudad situada en las proximidades del lago Baikal: la gran arteria Karl Marx desemboca en una plaza en la que se yergue la estatua de Alejandro III, el zar más reaccionario que Rusia conoció durante el siglo XIX. Vladivostok, por otro lado, es la única ciudad en cuyo centro no sobresalen las avenidas Lenin y Marx, como sucede por el contrario en la totalidad de las restantes ciudades: durante la Revolución Soviética fue la ciudad más “blanca” de Siberia y ello se percibe nada más que uno llega a la misma, porque en la sala de espera de la estación terminal del tren transiberiano encontramos un altar dedicado al zarevic Nicolás II, quien en 1891, antes de subir al trono, visitó la ciudad para inaugurar la línea. Sin embargo, la plaza principal de esta ciudad contrarrevolucionaria se llama “plaza del poder de los soviets”.

Pero el ejemplo más claro de este sincretismo histórico, que se apropia de la totalidad del pasado conciliando elementos inconciliables, lo encontré en un aula escolar visitada en Krasnojarsk, ciudad situada a orillas del río Enisei, donde, en la pared, tras la mesa del profesor, había, situados a ambos lados de la pizarra, un retrato del zar Nicolás II Romanov y otro de Lenin (en toda Rusia el único gran ausente sistemático de esta reconciliación póstuma es naturalmente Stalin).

Tanto eclecticismo no es inocente, ya que subyace bajo el mismo una operación hipernacionalista en virtud de la cual no importa si unos son zaristas y otros bolcheviques, porque todos son hijos de la eterna madre Rusia. Conviene recordar el inmortal apotegma de Samuel Johnson: “El patriotismo es el último refugio del canalla”. Sin embargo, no puede dejarse de reconocer una toponomástica que hace aflorar figuras que en otros lugares se hallan canceladas de la memoria, como sucede con el príncipe anarquista Kropotkin, que da nombre a un barrio entero de Novosibirsk; o, como en Irkutsk, la del propio Liebknecht o la de Jean Paul Marat (no olvidemos que en Francia Robespierre, Sain-Just y también Marat han sido objeto de cancelación prácticamente en todos los sitios). Y, de todos modos, no deja de inspirar cierta ternura que en el fondo de Siberia uno encuentre el Parque de la Comuna de París y pueda pasearse por él.

Por Marco D'Eramo

15 jul 2020 09:48

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Lunes, 13 Julio 2020 06:28

Peligro

Estados Unidos vive el movimiento de protesta social más grande de la historia del país. En la imagen, detalle de la marcha realizada el fin de semana en Los Ángeles en memoria de Breonna Taylor, una trabajadora de la salud de 26 años fue asesinada dentro de su departamento por policías de Louisville en un fallida redada antidrogas. Foto Ap

Trump declaró en enero de 2016 –durante su campaña electoral al elogiar y burlarse a la vez de sus propias bases fieles– que podría asesinar a alguien en plena Quinta Avenida sin perder a uno solo de sus votantes [https://youtu.be/iTACH1eVIaA]. Cuatro años después, con más de 130 mil muertes por Covid-19 –80 por ciento prevenibles si hubiera puesto en marcha medidas de mitigación dos semanas antes (algo que implica que más de mil mexicanos en esa lista estarían vivos hoy día)–, más una recesión relámpago y devastadora, el presidente sigue teniendo una tasa de aprobación de poco más de 40 por ciento.

Pero de repente no todo está, como él insiste, "bajo control". Trump está perdiendo, según las encuestas más recientes. La recesión económica y su manejo inepto, engañoso y, por sus consecuencias innecesarias, criminal del Covid, está teniendo un impacto negativo en las encuestas. Trump, como ha hecho desde el principio, ha minimizado la pandemia y acusa a todos los demás –incluyendo a chinos y a mexicanos– de ser los responsables del problema, e insiste en la reapertura del país a pesar de las recomendaciones de los especialistas (por cierto, no ha consultado al máximo experto de su gobierno, el doctor Anthony Fauci, en más de dos meses).

Con la economía y la salud pública fuera de control, el presidente "más peligroso" de la historia moderna y la "mayor amenaza" a la democracia estadunidense –apreciación compartida por múltiples ex colaboradores de la Casa Blanca, varios prominentes generales y almirantes, figuras nacionales conservadoras como George Will (quien ahora lo calificó como el peor presidente de todos los tiempos), y hasta pensadores de izquierda como Noam Chomsky– se vuelve cada vez más alarmante.

Su última hazaña no tiene precedente en los actos corruptos de un mandatario: conmutar la condena de prisión de su amigo Roger Stone, culpado de obstruir la justicia en la investigación del mismo presidente. Ni Richard Nixon se atrevió hacer tal cosa (y eso que Stone es famoso por el enorme tatuaje de Nixon que tiene en su espalda).

Esta barbaridad se agrega a todas las demás que distinguen a esta presidencia: las medidas sistemáticamente crueles contra inmigrantes (está por intentar promover la separación y división de familias a cambio de ceder sobre DACA), la invitación e incitación del odio racial y xenofóbico, la anulación de normas y medidas de protección del medio ambiente, la privatización de la educación, su intento de reactivar las ejecuciones de prisioneros federales esta semana, su promesa de intentar derrocar gobiernos desobedientes en el hemisferio occidental y la represión del movimiento de protesta social más grande de la historia de la nación (al cual proclamó como "enemigo" de Estados Unidos), y sus acusaciones de traición al país contra sus opositores políticos son sólo algunas.

“Es la eleccion más importante de mi vida… Las normas democráticas de nuestra república, que son esenciales para lo que es, lo que era, y lo que tiene que ser Estados Unidos están en juego”, comenta David Simon, periodista, creador de The Wire y Treme y ahora El complot contra America (basado en la novela de Phillip Roth sobre si un fascista ganaba las elecciones presidenciales) en entrevista reciente con Esquire.

Trump “ha metastatizado el temor latente estadunidense que ha sido parte de nuestro país desde 1840… el cual antes se dirigía contra los irlandeses, después contra los italianos y los judíos… y todo el tiempo contra los afroestadunidenses. Ahora es contra latinos y musulmanes en particular. Es algo que está a lo largo de la historia estadunidense. Ese tren nunca demora. Trump lo usó para llegar hasta la presidencia”. Concluye: "ahora no queda más que la lucha" para lograr evitar la relección de este presidente y rescatar al país.

Ahí, justo donde Trump dijo que podía bajar de su edificio y asesinar a alguien, está recién pintado en medio de la Quinta Avenida justo frente a la Torre Trump: Black Lives Matter.

https://www.youtube.com/watch?v= Mv3XmmQOOao&feature=youtu.be

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Lunes, 06 Julio 2020 06:02

¿Parteaguas?

Vista aérea de una pintura a gran escala que representa a Breonna Taylor en Annapolis, Maryland.Taylor fue asesinada dentro de su departamento a tiros por miembros del Departamento de Policía de Louisville en marzo durante una fallida redada antidrogas.Foto Afp

El movimiento Black Lives Matter es posiblemente la movilización de protesta social más grande de la historia de Estados Unidos, la cual está rescatando el futuro de su país al recordar su historia real.

“¿Que comparto yo, o los que represento, con la independencia nacional de ustedes? ¿Aquellos grandes principios de libertad política y de justicia natural, encarnados en esa Declaración de Independencia, nos incluyen?… Las bendiciones que ustedes regocijan este día no son gozadas en común. La herencia rica de justicia, libertad, prosperidad e independencia, entregada por sus padres, es compartida por ustedes, no por mí… Este 4 de julio es de ustedes, no mío. Ustedes pueden regocijarse, yo tengo que estar de luto… Conciudadanos, por arriba de su alegría nacional tumultuosa, yo escucho el triste lamento de millones cuyas cadenas, pesadas y dolorosas, hoy son aún más intolerables por los gritos de júbilo que nos alcanzan…. No dudo declarar, con toda mi alma, que el carácter y conducta de esta nación nunca me ha parecido más oscura que en este 4 de julio… Estados Unidos es falso al pasado, falso al presente y solemnemente se ata para ser falso al futuro. De pie con Dios y el esclavo aplastado y sangrando en esta ocasión, yo, en nombre de la humanidad que está indignada, en el nombre de la libertad encadenada, en nombre de la Constitución y la Biblia, que son ignoradas y pisoteadas, me atreveré a cuestionar y a denunciar… todo lo que sirve para perpetuar la esclavitud, el gran pecado y vergüenza de Estados Unidos…

“No es luz lo que se necesita, sino fuego; no es una llovizna suave, sino truenos. Necesitamos la tormenta, el torbellino y el terremoto… La hipocresía de la nación tiene que ser expuesta, y sus crímenes contra Dios y el hombre tienen que ser proclamados y denunciados… ¿Qué es, para el esclavo estadunidense, el 4 de julio de ustedes? Respondo: un día que le revela, más que todos los otros días del año, la grave injusticia y crueldad en la cual él es la víctima constante. Para él, esta celebración es una farsa… un velo delgado para encubrir los crímenes que desgraciarían a una nación de salvajes. No hay nación en el mundo culpable de prácticas más espantosas y sangrientas que las del pueblo de Estados Unidos en estos momentos…. Por barbarismo repugnante e hipocresía sin vergüenza, Estados Unidos reina sin un rival.”

Esas palabras son fragmentos de un discurso ofrecido justo en esta fecha en 1852, sobre el significado del 4 de julio, Día de la Independencia, que celebra la lucha por la libertad, por el abolicionista Frederick Douglass, quien fue un ex esclavo afroestadunidense, y director del rotativo The North Star (el cual, por cierto, fue de los primeros en publicar un editorial en oposición a la guerra de Estados Unidos contra México, la cual llamó "una guerra ignominiosa, cruel y desigual" y donde "México parece ser condenado a ser víctima del cupido y amor anglosajón de la dominación").

Pero el gran Douglass, entre otros, estaría sorprendido hoy día de que sus palabras de hace 168 años estén en boca de participantes en lo que se calcula es ahora el movimiento de protesta social más grande en la historia de Estados Unidos, reportó el New York Times. El cálculo es que entre 15 y 26 millones de personas han participado en las protestas.

“El peor error que podríamos cometer ahora, con todas estas marchas, las protestas en las calles, sería demandar demasiado poco… Es la hora por una revolución moral de valores”, afirma el reverendo William Barber, quien encabeza la Campaña de los Pobres.

Asustado, el presidente ha declarado, en sus festejos del Día de Independencia, que este movimiento es "el enemigo" de su país, o sea, ya no son los mexicanos ni los inmigrantes ni otros poderes, sino otros estadunidenses que se oponen a él y todo lo que representa.

El país esta en un parteaguas donde tiene que enfrentar lo que fue, lo que es y decidir –y luchar por– lo que quiere ser.

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Participantes en el Occupy City Hall de Nueva York pasan el rato tirados en una explanada. SARAH YÁÑEZ-RICHARDS

Entre 500 y 2.000 personas se organizan en la ciudad de la costa este de Estados Unidos tras las protestas por la muerte de George Floyd. La principal proclama es reducir los fondos destinados al cuerpo de Policía.

 

Servicio de lavandería, biblioteca, enfermería, una pequeña huerta, una bodega y reparto de comida constante son algunas de las prestaciones de las que disfrutan los activistas y los sintecho que acampan en una de las esquinas del parque de la municipalidad de Nueva York, espacio que el 23 de junio fue tomado por cientos de personas y que ahora se llama Occupy City Hall (Ocupar el Ayuntamiento).

Lejos de ser una utopía, esta comunidad multirracial se enfrenta a nuevos retos diariamente, que van desde cómo hacerse oír sin dejar de ser un movimiento pacifista a cómo garantizar la salud a los participantes en medio de una pandemia, pasando por cómo evitar que el patriarcado y el racismo surjan en la acampada o qué hacer si uno de ellos es detenido.

Detrás de una mascarilla con el mensaje: "Parar de matar a la gente negra", Brandon West, uno de los muchos organizadores del espacio, explicó a Público que el movimiento -en el que participan entre 500 y 2.000 personas- empezó de manera orgánica. "Después de una manifestación la gente tomó el espacio", recalcó.

Desde finales de mayo, es normal ver por la Gran Manzana protestas en contra del racismo y la brutalidad policial bajo el lema de "Black Lives Matter". Marchas en las que se corean los nombres de George Floyd y Breonna Taylor, afroamericanos que murieron bajo custodia policial en 2020, entre otros.

"Nos juntamos distintos organizadores negros que queríamos hacer algo en Nueva York después de la muerte de Floyd. Hicimos algunas protestas, pero algunos queríamos tratar el tema del presupuesto (que la ciudad da al Departamento de Policía de Nueva York) por lo que decidimos ocupar el ayuntamiento y ocupar este parque", recalcó West.

En 2020 Nueva York destinó a la policía 5.900 millones de dólaresLa principal petición de esta toma era un recorte de 1.000 millones de dólares en el presupuesto del Departamento de Policía de la ciudad (NYPD), para luego reinyectar ese dinero a otras áreas con muchos menos fondos como educación, sanidad o servicios sociales. En 2020 Nueva York destinó a la policía 5.900 millones de dólares.

El alcalde, Bill de Blasio, no tardó mucho en contestar y anunció, un día antes de hacer oficial el presupuesto, que iba a recortar 1.000 millones de dólares al NYPD y redistribuir ese dinero en distintos programas sociales. En la acampada -zona repleta de coloridas hamacas, esterillas de yoga y parasoles- la noticia del ayuntamiento no fue recibida como una victoria, sino como una derrota o tomadura de pelo.

"La propuesta es una vergüenza, no es realmente un recorte de 1.000 millones de dólares. Ya que una gran parte se basa en mover el presupuesto de la Policía en las escuelas para ponerlo en otros lugares que tienen otro nombre pero ejercen la misma función. Algunos de los recortes no son sustanciales y, en general, no cambian lo que la policía es en la ciudad", subrayó West, quien se dedica profesionalmente a organizar acciones relacionadas con los derechos civiles.

El tema de liberar las escuelas de policías y poner más consejeros en los centros es una cuestión especialmente sensible para West, pues fue en el instituto donde el activista presenció por primera vez brutalidad policial contra uno de sus compañeros.

"Eso cambió todo para mí. Antes no me había fijado, pero cuando por fin lo vi, todo fue diferente. Llegué a la conclusión de que la policía no nos protegía, pues ellos protegen algo distinto que no somos nosotros", relató el treintañero afroamericano.

Occupy City Hall, el legado de Occupy Wall Street

A diferencia de muchos de los participantes, West es lo suficientemente mayor como para recordar los diversos movimientos que surgieron en 2011 a raíz de la crisis económica del 2008, como el 15-M en Madrid u Occupy Wall Street en Nueva York. Es más, él se acercó al distrito financiero de la Gran Manzana para mostrar su apoyo.

Aunque en esa ocasión este activista norteamericano no participó en la organización del evento, West destacó que algunos de los coordinadores de Occupy City Hall también se encargaron de Occupy Wall Street y que estos ahora están "aportando muchas estrategias que aprendieron en el primer evento".
Una de las cosas que más sorprende de esta toma es el constante flujo de comida. Dunkin' Donuts para desayunar, porciones de Joe's Pizza para merendar y catering vegetariano para cenar son algunas de las opciones que se pueden encontrar en este recinto.

La pandemia también está presente. Tanto de manera invisible como la causante de la pérdida de trabajo de mucho de los participantes. Como de manera visible con desinfectante para manos en cada mesa o mascarillas tapando todos los rostros.

Además de comida, se reparten otros bienes que los activistas han pedido, como crema solar, tapones para los oídos o tabaco. "La gente quiere cigarrillos, damos a la gente lo que quiere", dice West.

El límite de las peticiones está en el alcohol y los estupefacientes, ya que los organizadores intentan que este sea un "espacio seguro" en el que la gente está "alerta". Aunque si alguien lo trae por sí mismo no ponen impedimento para su consumo.

La estructura del campamento

El campamento, que está delineado por vallas, cuenta con dos secciones. Por un lado está la parte oficial donde se encuentran diversas carpas dedicadas a la comida, la inscripción de voluntarios, una mesa para pinchar música, la biblioteca, atención a la prensa, enfermería, un pequeño jardín comunitario, así como la zona de acampada, que está sobre un pequeño triángulo de césped.
La segunda zona es una gran explanada, en la que la gente se suele sentar para leer, pintar o jugar a las cartas.

Ambas zonas están divididas por la boca del metro de City Hall, entrada a la estación que está completamente tapada con una pequeña barricada.
Sentadas en el suelo y sin desvelar sus nombres, dos chicas contaron que esta era la primera vez que se desplazaban a esta zona, pero que llevan semanas participando en las marchas pacíficas.

"Los neoyorquinos hemos gastado miles de dólares para dar protección antidisturbios a los oficiales durante las manifestaciones, pero nuestros doctores no tienen suficiente dinero para equipos de protección personal que cuestan casi nada", indicó una de ellas. Haciendo referencia a que el presupuesto de 2020 dedicado a la sanidad en esta ciudad, que fue epicentro de la covid-19, fue de 1.900 millones de dólares.

Estas dos jóvenes actrices comentaron también que intentan ayudar a la causa hablando del tema con sus familiares. Una de ellas es originaria de Virginia y señaló que, aunque su madre no está de acuerdo con la semántica de "Defund The Police" (Quiten fondos a la Policía), ambas están en contra de que los agentes gocen de inmunidad calificada.

Mientras que la otra activista, que nació en Nuevo Hampshire, recalcó que ha podido dialogar con su madre sobre el tema, pero que cuando quiso tener una conversación con su padre, que es más conservador y sólo consume las noticias de Fox, este le acusó de ser una "ingenua" por querer cambiar el sistema policial a esos niveles.

Desde la improvisada biblioteca, Elizabeth, que es una bibliotecaria tanto en Occupy City Hall como en la vida real, apostilló que uno de los temas que más le preocupa es el actual complejo industrial de prisiones, sistema que, en su opinión, "no garantiza que la gente esté a salvo" y no da "oportunidades para que los presos vuelvan a formar parte de la sociedad".

Como buena amante de los libros, la joven activista recomendó que la gente lea "El Color de la Justicia: La nueva segregación racial en Estados Unidos", de Michelle Alexander, para informarse sobre el tema.

Elizabeth sólo se pasa por el ayuntamiento de día, pues a finales de mayo -cuando muchas de las protestas terminaron en violentas confrontaciones y saqueos- tuvo una experiencia traumática con la policía y ahora prefiere evitar la noche.

"Cuando mi madre me pide que no vaya a las protestas y me dice que le da miedo que me pase algo, yo respondo: Ahora sabes cómo se siente la madre de un afroamericano todos los días", añadió.

Tensión con la Policía

Vandalismo y aumento de tensión entre los ocupantes y la policía
Elizabeth hizo bien en irse a casa esa noche porque en la madrugada del martes, día en el que se tenía que aprobar el presupuesto de Nueva York, hubo un encontronazo entre la policía y los activistas.

Tal como pasó con los últimos minutos de vida de George Floyd, el enfrentamiento entre los dos bandos quedó registrado en vídeos filmados con teléfonos que luego fueron subidos a las redes sociales.

Sobre las tres de la mañana, oficiales con protección antidisturbios cercaron el lugar. Según activistas que estuvieron presentes durante el incidente, no era la primera noche que este tipo de policías venían -por el día hay oficiales en el recinto, pero vestidos con sus uniformes convencionales-. Además, los participantes relataron que el conflicto empezó después de que los oficiales retiraran bruscamente unos parasoles que tapaban una cámara de la avenida.

Con la llegada del alba, la policía intentó romper una barrera de activistas que estaba en una de las calles que rodean a la plaza. El enfrentamiento terminó con dos detenciones y la retirada de varias de las vallas que ejercían de barricada.
El vandalismo también se dejó ver durante esa noche, ya que uno de los edificios de la zona amaneció recubierto de pintadas en las que se podían leer "Sin justicia no hay paz", "La vida de los negros importan" o "cerdos", entre otras. Además, dos estatuas de aborígenes de su fachada fueron recubiertas de pintura negra.

"No somos una revuelta, somos una protesta pacífica, a no ser que consideres un par de grafitis como una revuelta", comenta una de las voluntarias responsables de los primeros auxilios. De acuerdo con esta joven de Nueva Jersey que prefiere mantenerse en el anonimato, fueron varios los activistas que resultaron heridos durante el enfrentamiento.

La joven tildó la actuación de los oficiales de "brutalidad policial" y dijo que "temió por su seguridad", pero que al ser una mujer blanca su experiencia nada tiene que ver con el temor que sienten diariamente sus compañeros negros o trans.

Por su parte, otra activista que estaba descansando en la hierba, destacó las pintadas como una manera de mostrar a la policía que no son sumisos. En ese sentido, explicó que la conversación de acción o inacción estuvo presente en este terreno durante días.

"Los primeros días a la gente no se le animaba a interactuar con la policía para no intensificar el conflicto de ninguna manera. Pero algunos decían: 'Esto parece más un campamento de verano, con un montón de gente blanca sentada en el césped bebiendo'", apuntó la joven de ojos azules y larga melena pelirroja.


Durante la asamblea matutina, uno de los organizadores dijo por un megáfono: "Hoy va a ser un gran día, no sabemos qué va a pasar y cambiar", haciendo referencia tanto a la votación del presupuesto como al futuro de Occupy City Hall. A gritos, también señaló diversas tácticas que los participantes tienen que tener en cuenta en caso de detención, como llevar una identificación con foto o tener el número de teléfono del equipo legal que trabaja con el movimiento.


En general, el martes el ambiente en el campamento había cambiado, se notaba que los activistas estaban agotados y preocupados por la detención de dos de sus compañeros. Tras discusiones en público y en privado, los organizadores decidieron mandar a un grupo a protestar delante del centro en el que estaba detenido uno de sus compañeros.

T.J., una joven nacida en Texas pero de familia filipina, y G.J., también estadounidense pero de padres salvadoreños, se ofrecieron voluntarios para ir a hacer presión.

Cuando llegaron al centro la policía les dijo que no tenían a la persona que estaban buscando, pero los manifestantes estaban seguros de estar en el lugar adecuado. Su táctica fue quedarse frente al edificio y no dejar ni que la repentina lluvia veraniega ni que la presencia policial les desanimara.
"Hubo un momento que aparcaron cerca de nosotros un autobús policial y pensé que nos iban a detener a todos", recordó T.J.. Pero nadie terminó detenido, los oficiales confirmaron que el detenido estaba en sus instalaciones y después de que este se pusiera en contacto con uno de los organizadores para confirmar que estaba bien todos volvieron al ayuntamiento.

La votación del presupuesto y la retirada

En medio de la plaza, el martes por la noche se proyectó la votación del presupuesto por parte de los miembros del consejo municipal. El resultado final se supo a la entrada del miércoles. La ciudad aprobó el presupuesto de 88.100 millones de dólares del ayuntamiento, con un recorte de 1.000 millones para la policía.

El miércoles por la mañana, De Blasio, al ser preguntado en una conferencia de prensa por el descontento de varias organizaciones sobre el recorte del Departamento de Policía, contestó: "Algunas personas nunca están felices".
Por su parte, la ONG-VOCAL, una de las organizaciones que fundó Occupy City Hall, anunció que se retiraba de la acampada.

Katie, que lleva desde el principio, aunque de tanto en tanto va a su casa para ducharse, echarse la siesta o trabajar, dice que desde el primer momento surgió un movimiento paralelo que iba más allá del presupuesto y se centraba más en la abolición de la policía y que, en tanto, en la acampada se sabía que muchos se iban a quedar pasada la votación.

"Más o menos es lo mismo, estamos el mismo número de personas, tenemos la misma infraestructura con un increíble equipo que facilita comida, electricidad y toda esas cosas que necesitamos. Pero es diferente en el sentido de que ahora las conversaciones de las distintas asambleas van más dirigidas a empujar la conversación hacia la abolición de la policía", recalcó. Pero el optimismo de Katie no fue realista, pues el miércoles, como consecuencia del mal tiempo y del cansancio general, fueron muchos los activistas que decidieron ir a sus casas a descansar.

"Por la noche, éramos tan pocos que nos pidieron que nos mantuviéramos todos juntos en la zona del césped", relató T.J., quién también dijo que estaba "preparada para lo peor", ya que en la acampada se temía que los oficiales aprovechasen el bajo número de participantes para entrar.

El hecho de que ese mismo día la policía de Seattle hubiese desmantelado la zona autónoma de Capitol Hill, también conocida como CHOP, ocupada por manifestantes desde hace semanas, ayudó a aumentar la paranoia de los presentes.

"Esa noche no vinieron los antidisturbios, pero sí que pasaron varios coches patrulla", remarcó G.J., quien antes de la pandemia trabajaba con T.J. en una tienda.

El reflorecer de Occupy City Hall

Pese a la dura noche, el jueves amaneció soleado y con el buen tiempo el recinto se volvió a llenar.

"Hoy hay mucha actividad. Hay buena energía, hemos tenido un concierto antes, nos estamos preparando para una reunión comunal. A mí no me parece que la ocupación esté muerta, sino que está muy viva", comentó Bianca Cunningham, una de las organizadoras.

Esta mujer afroamericana, que también es miembro de la Unión de Demócratas Socialistas de América, destacó que a partir del viernes habrá una zona de prueba de coronavirus y que uno de los temas que se estaban discutiendo es cómo se celebraría el Día de la Independencia del sábado, entre las opciones está hacer una "fiesta anticolonial".

Para Cunningham, Occupy City Hall es una manera de demostrar que se puede abolir el sistema policial en la sociedad. "Este es un proyecto en el que tratamos de modelar cómo es vivir en una sociedad sin policía, hemos tenido a gente peligrosa aquí, hemos tenido a gente con problemas mentales, hemos tenido conflictos interpersonales, hemos tenido emergencias médicas y hemos sido capaces de dar servir y mediar en estas situaciones sin tener que llamar a la policía", recalcó.

"Las ocupaciones son complicadas, soy una socialista y muchas veces hablamos de que los más vulnerables en la sociedad deberían de ser los que hablan. Los más vulnerables en la sociedad serán los que nos lideren. Creo que eso es muy fácil de decir, pero es muy complicado cuando estás en un espacio así", concluyó.

nueva york (EEUU)

04/07/2020 12:49

Sarah Yáñez-Richards

@SarahYanezR

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Lunes, 29 Junio 2020 06:28

Cien días que sacuden a EU

Cien días que sacuden a EU

El pasado y el futuro se enfrentan en las calles, dentro de lo que es en los hechos un "Estado fallido" (uno que no puede o no quiere solucionar las necesidades básicas de su pueblo), donde un régimen con tintes neofascistas cada día más desesperado y, por tanto, más dispuesto a hacer lo antes impensable para mantener su poder se enfrenta con una ola novedosa de rebeldes y disidentes que buscan transformar, por fin, un sistema de violencia social, económica y política. O sea, el sistema estadunidense está (¿cómo evitar ese palabra sobreusada y casi eterna, "crisis"?) en un momento de implosión –algo que podría ser muy peligroso para todos más allá de las fronteras si resulta ser explosión– o de transformación.

Aun no se sabe cuál.

La defensa del pasado se coordina por un bully asustado en un búnker subterráneo en la Casa Blanca. El comandante de las fuerzas oscuras del pasado es responsable de más de 100 mil muertes evitables (mil de ellas de mexicanos en Estados Unidos) por su manejo criminal de la pandemia, de entre 20 y 40 millones de desempleados, de un aumento en los crímenes de odio racial, del aumento, según el FBI, de actos de terrorismo de agrupaciones de ultraderecha; de colocar a familias con niños en jaulas, de calificar a todos sus opositores como "traidores" al país (incluyendo su antecesor), de amenazar con reprimir con fuerzas militares a ciudadanos estadunidenses que se manifiestan en las calles, de acusar a los inmigrantes de todo el crimen, las violaciones, y ahora del Covid-19, desmantelar normas y medidas para protección del medio ambiente y la salud pública, y ni hablar de la destrucción de acuerdos y normas multilaterales. Es seguramente el único presidente que ha logrado que coincidan desde ex generales, incluyendo jefes del Estado Mayor, a figuras como Noam Chomsky y Angela Davis de que Trump es una amenaza a la democracia de Estados Unidos y la sobrevivencia del planeta, una amplísima gama de voces han concluido que es "el presidente más peligroso de la historia de Estados Unidos". Esa defensa del pasado de dominio blanco y lo más salvaje del capitalismo implica aplastar todas las fuerzas que rehúsen someterse, suprimiendo sus voces, amenazando represión o deportándolos del país. El presidente ha declarado a todos los que lo cuestionen o se atrevan a frenarlo como "enemigos del pueblo".

El rescate del futuro está ahora en las calles con un grito de basta ya (con 400 años de ecos) contra la violencia racista sistémica. Aunque las expresiones masivas en las calles que llevan más de un mes sin parar fueron detonadas por otro acto más de violencia racista oficial, el nuevo movimiento surge de años de organización por varios sectores que de repente se encuentran juntos en las calles. Y es que es una respuesta que evoluciona de un incidente más de violencia por la policía a uno contra la violencia de un sistema económico, político y social, construido desde sus orígenes sobre el sometimiento y explotación brutal violenta de esclavos africanos, de indígenas estadunidenses y después, hasta hoy día, de olas de inmigrantes de todo el mundo.

Es esa historia de violencia la que se modifica en estos días, hasta de manera física. No sólo se derriban símbolos de la historia racista e imperial, sino se ha obligado a instituciones de cúpula y de la élite a reconocer su complicidad histórica. Por ejemplo, en días recientes la Universidad de Princeton anunció que quitaría el nombre del presidente Woodrow Wilson de sus instalaciones y programas por su historia imperial y racista.

A mediados de marzo, se declaró oficialmente una emergencia nacional y Estados Unidos se convirtió en el epicentro de la pandemia mundial; como resultado de la tardía y caótica puesta en marcha de medidas de mitigación, se provocó una magna crisis económica, y hace un mes, un hombre afroestadunidense con una rodilla de un policia sobre su cuello articuló sus últimas palabras, "no puedo respirar". Son 100 días que han sacudido a Estados Unidos.

https://www.youtube.com/watch?v=JUnc3kl0DcA

https://www.youtube.com/watch?v=GG8LcqR1kqw

https://www.youtube.com/watch?v=216QGXho0ro

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