Reacciones diversas en Grecia y Europa al resultado del Referendo

• El primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha comenzado ya a contactar con dirigentes europeos, entre ellos el presidente francés, François Hollande, según informa la televisión griega.


• Tsipras, ha pedido la formación de un "frente nacional fuerte" para negociar una solución con los acreedores tras el triunfo del 'no' en el referéndum de este domingo. "Debemos avanzar de inmediato con las negociaciones (...). Se debe construir un frente nacional fuerte para lograr una solución inmediata", ha afirmado Tsipras durante un encuentro con el presidente griego, Prokopis Pavlopoulos. En la reunión, Tsipras ha trasladado a Pavlopoulos una petición para que convoque a los líderes de los principales partidos políticos del país.


• El ministro de Finanzas griego Yanis Varufakis ha presentado su dimisión después de que se conociera el aplastante triunfo del 'no' en el referéndum griego. Después de la rotunda victoria del 'no' en el referéndum griego celebrado el 5 de julio, el ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis, ha presentado su dimisión, argumentando que esto ayudaría al primer ministro Alexis Tsipras a negociar un mejor acuerdo con los acreedores extranjeros.


• El líder de la oposición griega, Antonis Samaras, ha presentado su dimisión como máximo dirigente del partido conservador Nueva Democracia tras el 'no' rotundo de los griegos en el referéndum sobre la propuesta de los acreedores, según informa el diario griego 'Kathimerini' en su edición digital.


• La primera ministra polaca, Ewa Kopacz, consideró que si el resultado final del referéndum griego confirma los primeros datos "a Grecia le queda probablemente solo un camino: salir de la eurozona".


• La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, acordaron, tras el referéndum griego, pedir a sus socios la celebración de una cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona.


• El vicecanciller alemán, Signar Gabriel, ha considerado este domingo que el 'no' dado por los griegos en el referéndum a la propuesta de las instituciones para Grecia ha acabado con el "último puente" para un acuerdo con el país que gobierna Alexis Tsipras. "Tsipras y su Gobierno llevan a los griegos a un camino de resignación amarga y sin esperanza", ha valorado el también ministro de Economía y líder de los socialdemócratas alemanes en declaraciones al diario 'Tagesspiegel' tras conocer que el 'no' se impondría con más del 60 por ciento en Grecia.


• El ministro de Exteriores italiano, Paolo Gentiloni, ha considerado este domingo "justo" tratar de buscar un acuerdo con Grecia después de que el 'no' a la propuesta planteada por las instituciones se haya impuesto con más de un 60 por ciento en el referéndum convocado por el Gobierno de Alexis Tsipras.


• Habrá un "Eurogrupo adicional el martes para preparar la cumbre del euro sobre Grecia", ha informado un portavoz del presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem. El llamado 'grupo de trabajo del Eurogrupo', del que forman parte los 'número dos' de Economía de los países del euro, ya tenía previsto celebrar este mismo lunes una conferencia telefónica para analizar los resultados del referéndum.


• El euro ha caído de forma brusca tras el referéndum, en el cual ha triunfado el 'no' a las medidas de austeridad planteadas por la troika. El euro ha caído un 1,4 por ciento con respecto a la moneda estadounidense hasta los 1,0955 dólares y un 2,1 por ciento con respecto a la divisa japonesa, hasta los 133,5 yenes. El dólar se ha elevado un 0,6 por ciento hasta los 122,05 yenes, mientras que el dólar neozelandés y el australiano han caído un 0,8 por ciento.


(Con información de agencias)


Varufakis dimite como ministro para facilitar a Grecia negociaciones con acreedores

Prensa Latina

El ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varufakis, anunció a primera hora de la mañana de hoy la decisión de abandonar su cargo, motivado por las presiones que al parecer habrían realizado en ese sentido algunos gobiernos de la eurozona.
Tras una victoría en las urnas, que Varufakis consideró histórica "cuando una pequeña nación europea se levantó contra la esclavitud por deudas", algunos miembros del Eurogrupo habrían mostrado su deseo de que la continuación de las negociaciones con Grecia no contara con la figura del carismático ministro.


El dimisionario explicó desde su paǵina web que pese al alto precio exigido, él no sería un obstáculo para la consecución de un acuerdo y mostró su pleno apoyo al Primer Ministro, Alexis Tsipras, al nuevo ministro de Finanzas y al gobierno.


"Las personas de izquierda sabemos cómo actuar colectivamente sin atención a privilegios burocráticos", añadió en su mensaje.
Varufakis confió en que la rotunda victoria del 'No' en el día de ayer, rechazando la propuesta de los acreedores de más austeridad, se convertirá en un "Sí a la debida solución, un acuerdo que implique la reestructuración de la deuda, menos austeridad, redistribución a favor de los más necesitados y reformas reales".


Mi dimisión


Yanis Varufakis. 6 de julio 2015

El referéndum del 5 de julio será conocido en la Historia como un día singular: una pequeña nación europea se levantó contra la esclavitud por deudas.


Como todas las luchas por los derechos democráticos, también este rechazo histórico al ultimátum del 25 de junio del Eurogrupo tiene anexo una etiqueta con un enorme precio. Es, por tanto, esencial que la gran confianza otorgada a nuestro gobierno por el espléndido voto NO se transfome inmediatamente en un SI para una solución correcta, para un acuerdo que implique la reestructuración de la deuda, menos austeridad, una redistribución a favor de las personas más necesitadas y reformas reales.


Poco después del anuncio de los resultados del referéndum, tomé consciencia de la preferencia de algunos miembros del Eurogrupo y en torno a mi "ausencia" de sus reuniones; una idea que el primer ministro de nuestro país consideró potencialmente útil para llegar a un acuerdo. Por esta razón dimito del Ministerio de Hacienda.


Considero que es mi deber ayudar a Alexis Tsipras a explotar, de la mejor forma que considere, la confianza que el pueblo griego nos ha otorgado mediante referéndum de ayer. Me enfrentaré al odio de los acreedores con orgullo.


Las personas de izquierda sabemos cómo actuar colectivamente sin atención a privilegios burocráticos. Voy a apoyar completamente al primer ministro Tsipras, al nuevo ministro de Finanzas, y a nuestro gobierno.


El esfuerzo sobrehumano para honrar a la valiente ciudadanía de Grecia y al famoso OXI (NO) por los demócratas de todo el mundo acaba de empezar.


Blog de Yanis Varufakis: http://yanisvaroufakis.eu/2015/07/06/minister-no-more/

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Jueves, 02 Julio 2015 06:47

"Usan bancos en vez de tanques"

"Usan bancos en vez de tanques"

El académico griego Douzinas señala que toda la negociación con Atenas "ha sido un intento de cambio de gobierno". Y que los europeos presionan al gobierno y al electorado griegos para distorsionar los principios básicos de la democracia.


Grecia está atrapada en una guerra de palabras que empieza por la convocatoria misma del referéndum. El texto es complejo, pero la pregunta es clara: sí o no (Ne o Oxi) al programa de austeridad propuesto por la troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y la Unión Europea) el 25 de junio. Sin embargo, dirigentes europeos, con el presidente de la comisión Jean-Claude Juncker a la cabeza (memorablemente bautizado por Eduardo Febbro en estas páginas como "comandante supremo de los paraísos fiscales de Europa"), han dicho que no se trata de un referendo sobre la austeridad sino sobre la pertenencia o no al euro.


La mayoría de los medios europeos fogonean esta interpretación de una consulta pintada como un enfrentamiento entre un realismo responsable y un incompetente populismo. Con alguna que otra excepción, prácticamente nadie ha cuestionado las dudosísimas credenciales de alguien como Juncker, quien durante sus 15 años como primer ministro de Luxemburgo se encargó de vaciar el financiamiento de los estados europeos con los beneficios que su ducado-paraíso fiscal ofrece a la evasión de multinacionales y multimillonarios.


La estrategia político-mediática es ganar por la vía del miedo al caos y lo desconocido, figuras que empiezan a cobrar forma con el corralito bancario instaurado este lunes. Pero el destino de la pulseada va más allá de Grecia. La reacción intempestiva de la euroburocracia política al referéndum deja en claro que derrotar a Syriza es también neutralizar otras alternativas al austericidio de la troika como Podemos en España. Una victoria de la estrategia de Alexis Tsipras sería una bendición para la formación política de Pablo Iglesias de cara a las elecciones generales de este noviembre. Página/12 dialogó con el académico griego Costas Douzinas, especialista en derecho y director del Birkbeck Institute for the Humanities de la Universidad de Londres.


–¿Qué se supone que vota Grecia en el referendo este domingo? ¿Su aprobación del programa de rescate propuesto por la troika o su pertenencia al euro?


–Es una mentira absoluta lo que están tratando de diseminar políticos como Jean-Claude Juncker. El gobierno griego siempre ha estado comprometido con el euro y la Unión Europea. La única razón por la que convocó al referendo fue para llegar a una decisión democrática una vez que se agotaron las vías de negociación. El gobierno concedió mucho. Aceptó las exigencias fiscales de los acreedores con propuestas de aumentos impositivos y recortes del gasto de 7,9 mil millones de euros, pero buscó una distribución más equitativa en el que el 70 por ciento de este monto saliera de impuestos a las corporaciones y los ricos. Por primera vez las propuestas tuvieron el beneplácito inicial de los acreedores que dijeron que eran la base de un acuerdo. Pero pocas horas más tarde rechazaron la propuesta y, a cuatro días de que terminara el actual programa financiero, aumentaron a 11 mil millones de euros y exigieron que la mayoría saliera de los sectores más pobres. Esta propuesta fue presentada como un ultimátum, básicamente un intento de golpe de estado financiero. Toda la negociación ha sido así, un intento de cambio de gobierno usando bancos en vez de tanques.


–¿Qué pasa si los griegos se inclinan por el "no"?


–El gobierno griego, con el respaldo democrático de las urnas, volverá a la mesa de negociación para llegar a un nuevo acuerdo que sea económicamente viable y socialmente justo.


–Sin embargo, el mensaje europeo es que un "no" significa una salida del euro.


–Otra mentira. Todos saben perfectamente bien que no hay ningún mecanismo legal para expulsar a un miembro de la Eurozona. Lo que están haciendo es presionar al gobierno y al electorado griegos para distorsionar los principios básicos de la democracia. Es una política neocolonial, algo que me imagino no sorprenderá mucho a los lectores de Argentina.


–Sin embargo, en los medios se habla no sólo de la expulsión de Grecia del euro, sino también de la Unión Europea. ¿Es esto segundo legalmente posible?


–Extrañamente sí. La UE tiene provisiones para la salida de un miembro, algo que de hecho sucedió en los '80 con Groenlandia. Pero cuando se creó la Eurozona, no se incluyó ninguna provisión al respecto.


–¿Sería ésta una vía entonces? Es decir, expulsar a Grecia de la Unión Europea para sacarla del euro.


–No es lo que está en juego. Ni las más absurdas manifestaciones de los líderes europeos han planteado esto. Hay que recordar que la palabra Europa es una palabra griega. Todos los principios que forman la Unión Europea están fundados en principios de la tradición griega. Pero además, aunque hay leyes estrictas respecto de la salida de un miembro, la realidad es que el derecho está condicionado por la política. De manera que mucho depende de la voluntad política y como digo, nadie está planteándose esto.


–¿Qué pasa si los griegos dicen "sí" a la austeridad este domingo?


–El referendo es consultativo no obligatorio, aunque el gobierno ha dicho que aceptará el veredicto del electorado. Una opción es que el gobierno continúe con las negociaciones, pero desde una posición de mucha debilidad. La alternativa es que renuncie. Las declaraciones del primer ministro parecerían indicar que ésta será la opción preferida. Esto llevará a nuevas elecciones porque este Parlamento no puede formar un nuevo gobierno ya que a Syriza le falta un solo diputado para tener mayoría propia. Ninguna otra fuerza política está en condiciones de formar gobierno.


–¿Qué pasa en este caso? Porque hay compromisos financieros que vencen este mes y no habría un gobierno para tomar decisiones. ¿Qué pasa con Grecia y, también, qué pasa con el euro?


–Europa ha fallado sus principios fundantes. Sea lo que sea que suceda, creo que se está planteando una pregunta existencial básica a la Unión Europea y los líderes tendrán que lidiar con esta pregunta. Hay muchos líderes que dicen que quieren cada vez más integración, pero al mismo tiempo la están socavando. La realidad es que la única interpretación que podemos hacer de la conducta de la troika es política, es decir, el temor al contagio. El objetivo es claro. Derrocar al gobierno si no acepta las condiciones que se le presentan o humillarlo de tal manera que sea inviable. Un éxito de Syriza y una reducción de la deuda, que el mismo FMI declaró inviable, podría generar un efecto contagio que ya se vio en las elecciones locales el España, en el voto antiausteridad de Escocia y en los índices de aprobación de Sinn Fein en Irlanda que muestran un movimiento contra este tipo de ajuste. Syriza está liderando el ataque contra la premisa neoliberal de que "no hay alternativa". Incluso un éxito limitado sería una clara señal de que la única lucha que no se gana es aquella que no se inicia.

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Martes, 30 Junio 2015 06:30

El terrorismo financiero contra Grecia

El terrorismo financiero contra Grecia

Estamos hoy viendo un ataque frontal del capital financiero, hegemonizado por el alemán, y vehiculado primordialmente a través del Banco Central Europeo (BCE), en contra del pueblo griego, ataque que intenta evitar cualquier atisbo de rebelión frente a las políticas de austeridad que están destruyendo el bienestar de las clases populares de todos los países de la Eurozona y muy en particular de Grecia, cuyo gobierno Syriza ha sido el primero en decir "BASTA YA" frente a lo que no hay otra manera de llamarlo como terrorismo financiero (ver el libro escrito por mi y el Profesor Juan Torres, titulado Los amos del mundo, las armas del terrorismo financiero). Es en estos momentos cuando hay que entender el contexto político e histórico de lo que está ocurriendo, comenzando por las semejanzas existentes entre lo acontecido en Grecia ahora con lo que sucedió en España en el año 1936.

España 1936, Grecia 2015


Existen momentos en la historia de Europa en los que la lucha por la justicia social y por la democracia en un país es también la lucha por la justicia y por la democracia para todos los países del continente europeo. La lucha, mal llamada Guerra Civil en España (entre 1936 y 1939), fue un ejemplo de ello. En el territorio español, un golpe militar en nombre de las minorías que controlaban el país, tuvo lugar el 18 de julio del año 1936, con el apoyo de las tropas nazis alemanas y fascistas italianas, frente a la gran mayoría de las clases populares de los distintos pueblos y naciones de España, que resistieron tal golpe heroicamente durante más de tres años, con escasa ayuda militar de los países gobernados por partidos que se autodefinieron como demócratas, mostrando una gran traición a los principios democráticos que decían sostener.


La derrota de las fuerzas democráticas españolas significó también la derrota de la democracia en la Europa Occidental con la victoria del nazismo y del fascismo en muchos países de aquella Europa, iniciándose la II Guerra Mundial. Y en España, aquella victoria significó el inicio de un régimen dictatorial que se caracterizó por su enorme brutalidad (por cada asesinato político que cometió Mussolini, el dictador Franco cometió 10.000, según el mayor experto en el fascismo europeo, el profesor Malefakis, de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York) y que impuso un enorme retraso económico, político, social y cultural en España. En 1936, España e Italia tenían semejante nivel de desarrollo económico. En 1978, fecha en la que terminó aquel horrible régimen dictatorial, el PIB per cápita español era solo el 62% del italiano. Este fue el coste económico de tal régimen.


¿Qué está pasando en Grecia?


Salvando las diferencias que existen en cada hecho histórico, lo cierto es que en Grecia hemos estado viendo una situación semejante, en que la lucha por la justicia social y por la democracia en aquel país es la lucha por la justicia social y por la democracia en todos los países de la Europa Occidental. La pervivencia de la justicia social y de la democracia en los países de la Unión Europea se está jugando hoy en aquel país. Su derrota limitará enormemente, hasta anularlas, tanto la una como la otra, completando un proceso que se inició hace años con la construcción de un sistema de gobierno de la Eurozona, dominado por el capital financiero (hegemonizado por el alemán), que, en una coalición de las minorías gobernantes en cada país, han estado agrediendo al pueblo griego, destruyendo el 25% de su riqueza nacional o PIB, con el desmantelamiento de su ya escaso Estado del Bienestar, saqueándolo, robándole sus propiedades y atacando a sus clases populares, y muy en particular a su clase trabajadora, asalto que se ha estado realizando en colaboración con las élites corruptas y antidemocráticas que han gobernado Grecia durante muchísimos años. Este ataque (y no hay otra manera de definirlo) se ha llevado a cabo en alianza con las minorías que representan a las clases dominantes de los países miembros de la Unión Europea, siendo un aliado importante en esta lucha de clases que está teniendo lugar a nivel continental, las élites corruptas gobernantes del Estado español, herederas de las que dominaron la dictadura fascista en España.


La rama política de este capital financiero –los partidos conservadores y liberales, con la inestimable ayuda de los partidos socioliberales- (que todavía tienen la osadía de autotitularse socialdemócratas, tras haber abandonado cualquier atisbo de parecerse a tal tradición política), han establecido una dictadura en la Unión Europea que ha estado imponiendo políticas sumamente impopulares que carecían de mandato popular (pues no estaban en sus programas electorales), alcanzando su máximo desarrollo en Grecia. Hoy, la riqueza destruida en aquel país, todavía pobre en Europa, es mayor que la riqueza destruida en Francia y en Alemania durante la I Guerra Mundial. Sus pensiones y sus servicios públicos del Estado del Bienestar están siendo diezmados, y los convenios colectivos que defienden al mundo del trabajo están siendo enormemente debilitados, todo ello como consecuencia de las políticas neoliberales impuestas por el establishment neoliberal europeo que controla el gobierno de la Unión Europea y de la Eurozona, con la asistencia del Fondo Monetario Internacional. Es un ejemplo más del terrorismo financiero que es tan dañino como el terrorismo militar, y que es mucho más extenso.


El objetivo político del establishment europeo es destruir cualquier rebelión frente a esta d¡ctadura financiera


Lo que está ocurriendo hoy es el intento de destruir a Syriza, el primer gobierno que, representando los intereses de las clases populares, ha intentado parar tanta barbarie, rebelándose frente a las políticas públicas de austeridad, tal como le mandó el pueblo griego. Como he indicado en artículos anteriores, lo que la dictadura financiera quiere es no expulsar a Grecia del euro, sino expulsar a Syriza del gobierno. Y cuenta para ello con la clase política griega, corrupta hasta la médula, que controla la gran mayoría de los medios de información y persuasión de aquel país, como también ocurre en España.


Grecia ha sido la mayor víctima de este sistema terrorista que se está aplicando en la Eurozona, causando el mayor desastre social que se conoce en la Europa Occidental desde 1945. De ahí la urgencia y necesidad de ayudar a las fuerzas democráticas griegas, saliendo a la calle, enfrente de las delegaciones de la UE en España, para mostrar el rechazo hacia este terrorismo. La Europa que era el sueño de la resistencia antifascista durante los años de clandestinidad es ahora, una pesadilla, como consecuencia del deterioro tan marcado de la democracia y de la solidaridad, resultado de aquel terrorismo financiero que domina hoy este continente.


¿Qué está pasando en estos momentos?


Como era de esperar, la mayoría de los medios de gran difusión en España, altamente financiados por el capital financiero, han responsabilizado de lo que está ocurriendo nada menos que a la víctima de tal terrorismo. Frente a tanta mentira, es importante señalar:


1. La enorme necesidad y urgencia de responder a tanta falsedad, denunciando a los medios por falsificar la realidad, tanto de lo que ha estado ocurriendo como de lo que ha pasado estos días.


2. Que el Banco Central Europeo (BCE), que ya mostró su hostilidad hacia el gobierno Syriza solo dos días después de ser elegido, ha amenazado con destruir el sistema bancario griego cerrando toda transferencia a sus entidades bancarias.


3. Que las exigencias de las Instituciones Europeas (formado por, además de lo que se había llamado la Troika –el BCE, la Comisión Europea y el FMI-, el Eurogrupo), que incluyen el pago de la deuda, son un ataque frontal a la supervivencia de Grecia, pues es imposible que se pague tal deuda y a la vez reactivar la economía griega. Tales demandas han llegado a niveles escandalosos, como exigir que haya una reducción de las pensiones públicas que signifique un recorte equivalente a un 1% del PIB, a la vez que las mismas instituciones se oponen a la demanda de Syriza de aumentar los impuestos a las clases más pudientes, vetando también un gravamen a los grandes yates de tales clases.


4. Que la aplicación de las políticas de austeridad ha causado un auténtico desastre social y económico, generando a la vez un aumento y no una disminución de la deuda pública, de la cual solo se han beneficiado los bancos extranjeros, y muy en particular los alemanes y franceses, pero también los españoles.


5. Que cuando estos bancos estuvieron en riesgo de perder sus enormes beneficios generados por los intereses que Grecia estaba forzada a pagar, y que no podría pagar, fueron los gobiernos de la Eurozona los que les rescataron, bajo la falsa excusa de que intentaban ayudar a Grecia.


6. Que han sido las instituciones del establishment europeo, que desde el primer día del gobierno Syriza mostraron una enorme rigidez, las que han ignorado las demandas de este gobierno, que no eran ni más ni menos las que se habían permitido al Estado alemán cuando su deuda le estaba ahogando. En estas condiciones se hizo una quita de un 50% de la deuda pública alemana y se condicionó el pago del resto de la deuda al crecimiento de la economía alemana. Las instituciones del establishment europeo sistemáticamente se opusieron, e incluso se negaron, a considerar esta alternativa que había señalado el gobierno Syriza.


7. Que el BCE, en alianza con la clase corrupta dominante en Grecia, que controla la mayoría de los medios de información, está intentando que estos días, antes del referéndum del próximo fin de semana, haya un caos en la situación financiera griega, a fin de movilizar la oposición al gobierno Syriza en el referéndum, con la intención de conseguir lo que siempre desearon, echar a Syriza del gobierno.


8. Que la derrota de Syriza será una derrota de la lucha contra la austeridad en la Eurozona. Syriza no tenía ninguna otra alternativa a hacer lo que ha hecho, pedir la opinión del electorado griego, pues Syriza fue escogido para terminar con las políticas de austeridad. Si las instituciones europeas no le dejan hacer lo que prometió es una muestra más de su compromiso y coherencia democráticos el que Syriza considere necesario pedirle al pueblo griego que decida si acepta los cambios sugeridos por el establishment europeo o si desea que el gobierno desobedezca tales propuestas.


9. Que todo lo que está pasando en Grecia afecta directamente a las clases populares de todos los pueblos y naciones de España. De ahí que el gobierno Rajoy haya sido el mayor aliado en el Eurogrupo, del Ministro de finanzas alemán -el halcón del Eurogrupo-, pues dicho gobierno español ha sido de los que han llevado a cabo tales políticas de austeridad con mayor dureza, presentándose como el modelo a seguir en la Eurozona. El tsunami político ocurrido en este país en las últimas elecciones municipales ha asustado a ese establishment neoliberal que gobierna la Eurozona, contribuyendo a aumentar su rigidez negociadora, pues quieren, por todos los medios, que Syriza fracase. Intentan así asustar a la población española, cada vez más asqueada con las políticas neoliberales promovidas por el establishment español (y aquí en Cataluña, por el establishment catalán) y sus medios de información y persuasión. El miedo es, una vez más, la estrategia seguida por la estructura de poder ante el número creciente de ciudadanos que quieren tomar el control de su presente y futuro. De ahí el enorme temor de que la ciudadanía sea consciente de que se pueden cambiar las realidades que le oprimen si se organiza para ello. Y esto es lo que el establishment neoliberal europeo no puede permitir. Así de claro

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Bajo asedio, Grecia ordenó un corralito

Los socios europeos dieron la espalda a Tsipras luego de que anunciara un referéndum en el que los griegos deberán decidir si aceptan o no los recortes. El premier adelantó que ni la Bolsa de Atenas ni los bancos operarán hoy.


Grecia se despierta hoy con un "corralito" y los líderes europeos con una pesadilla. Los banqueros gobiernan, las democracias están sometidas a ellos. El primer ministro griego, Alexis Tsipras, buscó dar vuelta el paradigma y restaurar la soberanía popular con una consulta prevista para el próximo 5 de julio en la cual los griegos deberán decidir si aceptan o rechazan las condiciones impuestas por la troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo) luego de que el Eurogrupo (países de la zona euro) rechazara desembolsar el monto del segundo rescate. Bastó con que Tsipras acudiera al voto para que una lava volcánica de pánico recorriera Europa. Acorralado de todos lados por sus "socios", con una inmensa fuga de capitales en curso (sólo el sábado salieron 400 millones de euros) Tsipras anunció ayer la medida más temida por la Unión Europea: el control de capitales, o sea, un "corralito". El jefe de Gobierno también adelantó que este lunes 29 de junio ni la bolsa de Atenas ni los bancos mantendrían operaciones. Las cancillerías ya apostaban por lo peor. Alemania y Holanda advirtieron a los turistas que viajan a Atenas de que lleven "suficiente dinero al contado". Nadie sabe a esta altura qué pasará hoy. En un contexto semejante y con los precedentes escatológicos de la más reciente historia griega, la instauración del control de capitales parecía inevitable. Entre 2010 y 2015, más de 80 mil millones de euros salieron del país. El control de capitales fue instaurado en Malasia y Tailandia en la década de los '90, también en la Argentina en 2001, en Islandia en 2008 y en Chipre en 2013. Su meta es simple: se trata de evitar que los capitales salgan del país, es decir, el llamado "pánico bancario", "el bank run".


La única buena noticia que recibió el país vino ayer del Banco Central Europeo, el BCE. La institución dirigida por Mario Draghi mantuvo vigentes las líneas de liquidez de urgencia (los ELA), con lo cual se despeja por el momento uno de los horizontes más catastróficos. Todo pende sin embargo de un hilo. El primer ministro francés, Manuel Valls, dijo ayer que el Banco Central Europeo no puede en ningún caso "cortar el suministro". Sin embargo, la decisión del BCE puede ser revisada a más tardar a partir del miércoles. Ese día Grecia deja de estar bajo el amparo del programa de rescate y, encima, tiene que pagar a las Tortugas Ninjas del sistema financiero, el Fondo Monetario Internacional, 1500 millones de dólares. Si el Banco Central Europeo interrumpe sus aportes los bancos griegos se quedarán sin dinero. Nunca como hoy la confrontación entre los escuderos de las finanzas y un país democrático que eligió una mayoría para no someterse a los dictados de la banca había llegado a un grado tan extremo. Según las declaraciones de los responsables griegos, la disyuntiva de la solución no está en manos de FMI, de la Comisión Europea del BCE sino de Alemania. El ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, declaró a la prensa alemana que es la canciller de Alemania, Angela Merkel, quien "detenta la llave" (ver recuadro). Los europeos han tenido una actitud sobradora y excluyente con el dirigente griego. Aunque es miembro de él, Varoufakis no fue invitado a participar en la reunión del Eurogrupo que se celebró el sábado.


El control de capitales no es una medida liviana y cuesta levantarla de un día para otro. En Chipre, por ejemplo, duró dos años. No obstante, la pesadilla que acarrea esta decisión consiste en saber si en control de capitales no es sino la antesala del "Grexit", entiéndase, la salida de Grecia de la zona euro. Los plazos son múltiples y cortos. Grecia tiene hasta mañana 30 de junio para pagar los 1500 millones de euros al FMI y, si no lo hace, caería en defaut parcial. Atenas abriría así la puerta para salir del euro al tiempo que se quedaría sin posibilidad de conseguir el segundo segmento del plan de rescate financiado por la troika, 7,2 mil millones de euros. La segunda frontera crítica aparece en la agenda el próximo 22 de julio. Ese día marca el límite para que Grecia pague los 3,5 mil millones de euros que le debe al BCE. Dicho esto, cada uno de estos datos de ruptura puede quedar en la nada porque no existe en ningún tratado europeo la posibilidad de que un país se salga de la unión o del euro, ni tampoco que pueda ser expulsado. La pertenencia a la unión monetaria es irreversible. El esquema es complejo y totalmente inédito. Si no le paga al BCE o al FMI, Atenas puede con todo recuperar cierta soberanía financiera y hacer circular el euro al mismo tiempo que su o sus propias monedas paralelas.


En el discurso en el cual anunció la instauración del control de capitales, Alexis Tsipras aseguró que los depósitos de los ciudadanos "en los bancos griegos está garantizado" (ver pág. 20). El premier también reveló que le había pedido a la Unión Europea y al BCE la prolongación del programa de ayuda para su país. Tsipras precisó que esperaba "una respuesta rápida a esta demanda democrática de base". En su conjunto, cabe preguntarse cuánto hay de teatralización y cuanto de verdad en este enredo. Si bien Tsipras les pidió a sus ciudadanos que votaran "no" a los nuevos sacrificios exigidos por la troika, los sondeos de opinión vaticinan un "sí" mayoritario. Tal vez, lo más terrible sean los años perdidos y los sufrimientos de un pueblo entero. En 2011, el entonces primer ministro Geórgios Papandréou había propuesto la organización de un referéndum para consultar al pueblo griego sobre los recortes y ajustes que se venían. El también entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, se opuso vehementemente, al igual que la canciller alemana, Angela Merkel, quien había dicho "votar es peligroso". Tsipras le sacó ahora el voto soberano.


Anoche, las capitales del Viejo Continente sufrieron un colapso. François Hollande y Angela Merkel convocaron reuniones de urgencia. Lo impensable, o lo que sólo entraba en los cálculos de la "economía ficción", se convirtió en un trastorno tangible. La mayoría griega decidirá la semana próxima el destino que quiera. El euroegoísmo, la grosería dictatorial y financiera del FMI, la inmensa estafa organizada por los mismos europeos y las consultoras norteamericanas para que Grecia entrara en el euro convergen en un terremoto global. Todos son responsables de la hecatombe, pero sólo los griegos, en sus ya aspiradas vidas cotidianas, seguirán pagando la cuenta.


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"Escocia puede ser el principio de una corriente europea de nuevos estados"

A medida que se acaba el tiempo para convencer a los votantes aún indecisos de cara al referéndum de independencia escocés el debate se está volviendo cada vez más pasional. En lo que hasta ahora había sido una campaña calificada a menudo como fría, la identidad nacional ha entrado en escena a pocos días de que el Reino Unido afronte la mayor amenaza a su integridad desde su formación en 1707.


En un giro totalmente impensable hace pocas semanas, los unionistas han comenzado a apelar al corazón y a la identidad británica de los escoceses, justo cuando los sondeos sitúan la carrera en un empate técnico entre las dos campañas. El primer ministro británico, el conservador David Cameron, viajó a Aberdeen el lunes en su última visita a Escocia antes del referéndum y se dirigió en estos términos a los votantes: "Por favor, por todos nosotros: votad por seguir juntos, votad por quedaros, votad por salvar nuestro Reino Unido".

Cameron se había mantenido alejado del debate a lo largo de la campaña, sabedor de su escasa popularidad en Escocia, pero la perspectiva de pasar a la historia como el primer ministro que acabó con una unión de 307 años de historia ha hecho que se replantee su papel. Si el pasado miércoles aseguró que le "rompería el corazón" el fin de la "familia de naciones" que es el Reino Unido, Cameron se mostró aún más emotivo en Aberdeen, a tan sólo tres días del referéndum. "Si no os gusto, no estaré aquí siempre. Si no os gusta este Gobierno, no durará siempre. Pero si dejáis el Reino Unido, eso sí será para siempre", declaró el primer ministro.


Vuelco en las encuestas


Las últimas encuestas han dado resultados contradictorios, pero los analistas coinciden en que la pugna está demasiado ajustada como para aventurar un ganador. La situación supone un vuelco importante tras meses de tranquilizadora superioridad para los unionistas en los sondeos, una ventaja que se ha esfumado en apenas cuatro semanas y ha hecho que muchos se despierten ante una pesadilla difícil de creer.


Para Moira Harvey, una trabajadora de 45 años de un centro cultural de Edimburgo, la principal razón para votar no en el referéndum del próximo jueves es el "sentirse británica y tener un gran sentido de la lealtad y afecto hacia el Reino Unido", que en ningún caso le "resta valor" a su "identidad primaria escocesa". Moira admite que le resultan "difíciles de imaginar las consecuencias de la independencia", una posibilidad que se veía como algo impensable hace pocas semanas. "En cualquier caso, este es mi país y tengo que creer en él y en su futuro, tanto para mí como para mis hijos, sea cuál sea el resultado que afrontemos el viernes por la mañana", explica.


Ilusiones de grandeza

Mucho se ha hablado sobre las consecuencias económicas que la secesión escocesa acarrearía tanto para Escocia como para el resto del Reino Unido, pero no está tan claro qué sería de la identidad británica y de la posición en la que quedaría la que fue la principal potencia mundial. "Creo que el Reino Unido, o lo que quedara de él, se vería muy mermado, no por ser más pequeño, sino porque una parte habría decidido escindirse y esto sería significativo para la diplomacia británica", explica el historiador Ewan Cameron, profesor de la Universidad de Edimburgo y coeditor de la revista Scottish Historical Review. "También sería posible, aunque improbable, que esto llevara a los políticos británicos a aceptar el auténtico papel del Reino Unido y abandonar las ilusiones de grandeza que persiguen a Gran Bretaña a pesar de la pérdida del imperio", añade.


El diario londinense The Guardian, que en su editorial del pasado viernes pedía a los escoceses "otra oportunidad" para el Reino Unido, hablaba el lunes de una "urgente reforma constitucional que proteja a las naciones, las regiones y otras minorías del mayoritarianismo", un término inventado para definir la absoluta centralidad de Londres en la economía y la política británica.


"Mi opinión personal sobre la actual impopularidad de la unión es que los políticos de Londres se han olvidado de cómo hacer políticas unionistas", considera el profesor Cameron. "Muchas políticas del Gobierno británico han sido impopulares en Escocia, como las medidas de austeridad, la política de defensa nuclear o la Guerra de Irak. El SNP y el voto por la independencia son vehículos para oponerse a estas cosas".


La identidad nacional perdida


"Seguramente la razón por la que la identidad nacional no sea algo central es porque la identidad escocesa no es incompatible con cierto sentimiento británico", opina Arnau Padró, un programador informático catalán de 27 años que, tras siete meses en Escocia, votará el próximo jueves a favor de la independencia. "Escocia puede ser el principio de una corriente europea de nuevos estados, más pequeños, más justos, mas democráticos y más eficientes", explica Arnau como motivo de su voto a favor de la secesión.


Son cada vez más las voces dentro del unionismo que se lamentan por la campaña eminentemente pragmática que ha planteado Better Together y que, opinan, ha hecho que pocos se ilusionen por la idea de que Escocia siga perteneciendo al Reino Unido.


"Incluso los unionistas generalmente admiten que la idea de la independencia es aceptable, aunque no deseable", explica en The Observer el periodista Alex Massie, abiertamente partidario de la unión. "No puedes matar la idea. No cuando ha existido durante más de 300 años. Si existía incluso durante el gran momento nacionalista y unionista en el siglo XIX, no va a desaparecer ahora. Pero eso no quiere decir que el unionismo no tenga canciones, simplemente que la campaña de no ha decidido no cantarlas.", añade.


Las críticas se han concentrado en el ex ministro laborista Alistair Darling, líder de la campaña unionista. En su segundo debate televisado, Darling se vio ampliamente superado por el primer ministro escocés, Alex Salmond, en lo que se ha considerado el gran punto de inflexión que ha llevado a la situación actual.


"No creo que Alistair Darling mencionara Gran Bretaña o la britanidad ni una vez durante su segundo debate con Alex Salmond", continua Massie. "Gran Bretaña, y la Unión, son la base sobre la que construyes la campaña. Todo lo demás son sólo tácticas. No puedes matar la idea, pero puedes contrarrestarla con otra idea", concluye el periodista escocés. En cualquier caso, parece que el tiempo de las campañas ha terminado y, a falta de tan sólo tres días para la cita con la historia, el futuro del Reino Unido está ya únicamente en manos de los votantes escoceses.

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"Escocia puede ser el principio de una corriente europea de nuevos estados"

A medida que se acaba el tiempo para convencer a los votantes aún indecisos de cara al referéndum de independencia escocés el debate se está volviendo cada vez más pasional. En lo que hasta ahora había sido una campaña calificada a menudo como fría, la identidad nacional ha entrado en escena a pocos días de que el Reino Unido afronte la mayor amenaza a su integridad desde su formación en 1707.


En un giro totalmente impensable hace pocas semanas, los unionistas han comenzado a apelar al corazón y a la identidad británica de los escoceses, justo cuando los sondeos sitúan la carrera en un empate técnico entre las dos campañas. El primer ministro británico, el conservador David Cameron, viajó a Aberdeen el lunes en su última visita a Escocia antes del referéndum y se dirigió en estos términos a los votantes: "Por favor, por todos nosotros: votad por seguir juntos, votad por quedaros, votad por salvar nuestro Reino Unido".

Cameron se había mantenido alejado del debate a lo largo de la campaña, sabedor de su escasa popularidad en Escocia, pero la perspectiva de pasar a la historia como el primer ministro que acabó con una unión de 307 años de historia ha hecho que se replantee su papel. Si el pasado miércoles aseguró que le "rompería el corazón" el fin de la "familia de naciones" que es el Reino Unido, Cameron se mostró aún más emotivo en Aberdeen, a tan sólo tres días del referéndum. "Si no os gusto, no estaré aquí siempre. Si no os gusta este Gobierno, no durará siempre. Pero si dejáis el Reino Unido, eso sí será para siempre", declaró el primer ministro.


Vuelco en las encuestas


Las últimas encuestas han dado resultados contradictorios, pero los analistas coinciden en que la pugna está demasiado ajustada como para aventurar un ganador. La situación supone un vuelco importante tras meses de tranquilizadora superioridad para los unionistas en los sondeos, una ventaja que se ha esfumado en apenas cuatro semanas y ha hecho que muchos se despierten ante una pesadilla difícil de creer.


Para Moira Harvey, una trabajadora de 45 años de un centro cultural de Edimburgo, la principal razón para votar no en el referéndum del próximo jueves es el "sentirse británica y tener un gran sentido de la lealtad y afecto hacia el Reino Unido", que en ningún caso le "resta valor" a su "identidad primaria escocesa". Moira admite que le resultan "difíciles de imaginar las consecuencias de la independencia", una posibilidad que se veía como algo impensable hace pocas semanas. "En cualquier caso, este es mi país y tengo que creer en él y en su futuro, tanto para mí como para mis hijos, sea cuál sea el resultado que afrontemos el viernes por la mañana", explica.


Ilusiones de grandeza

Mucho se ha hablado sobre las consecuencias económicas que la secesión escocesa acarrearía tanto para Escocia como para el resto del Reino Unido, pero no está tan claro qué sería de la identidad británica y de la posición en la que quedaría la que fue la principal potencia mundial. "Creo que el Reino Unido, o lo que quedara de él, se vería muy mermado, no por ser más pequeño, sino porque una parte habría decidido escindirse y esto sería significativo para la diplomacia británica", explica el historiador Ewan Cameron, profesor de la Universidad de Edimburgo y coeditor de la revista Scottish Historical Review. "También sería posible, aunque improbable, que esto llevara a los políticos británicos a aceptar el auténtico papel del Reino Unido y abandonar las ilusiones de grandeza que persiguen a Gran Bretaña a pesar de la pérdida del imperio", añade.


El diario londinense The Guardian, que en su editorial del pasado viernes pedía a los escoceses "otra oportunidad" para el Reino Unido, hablaba el lunes de una "urgente reforma constitucional que proteja a las naciones, las regiones y otras minorías del mayoritarianismo", un término inventado para definir la absoluta centralidad de Londres en la economía y la política británica.


"Mi opinión personal sobre la actual impopularidad de la unión es que los políticos de Londres se han olvidado de cómo hacer políticas unionistas", considera el profesor Cameron. "Muchas políticas del Gobierno británico han sido impopulares en Escocia, como las medidas de austeridad, la política de defensa nuclear o la Guerra de Irak. El SNP y el voto por la independencia son vehículos para oponerse a estas cosas".


La identidad nacional perdida


"Seguramente la razón por la que la identidad nacional no sea algo central es porque la identidad escocesa no es incompatible con cierto sentimiento británico", opina Arnau Padró, un programador informático catalán de 27 años que, tras siete meses en Escocia, votará el próximo jueves a favor de la independencia. "Escocia puede ser el principio de una corriente europea de nuevos estados, más pequeños, más justos, mas democráticos y más eficientes", explica Arnau como motivo de su voto a favor de la secesión.


Son cada vez más las voces dentro del unionismo que se lamentan por la campaña eminentemente pragmática que ha planteado Better Together y que, opinan, ha hecho que pocos se ilusionen por la idea de que Escocia siga perteneciendo al Reino Unido.


"Incluso los unionistas generalmente admiten que la idea de la independencia es aceptable, aunque no deseable", explica en The Observer el periodista Alex Massie, abiertamente partidario de la unión. "No puedes matar la idea. No cuando ha existido durante más de 300 años. Si existía incluso durante el gran momento nacionalista y unionista en el siglo XIX, no va a desaparecer ahora. Pero eso no quiere decir que el unionismo no tenga canciones, simplemente que la campaña de no ha decidido no cantarlas.", añade.


Las críticas se han concentrado en el ex ministro laborista Alistair Darling, líder de la campaña unionista. En su segundo debate televisado, Darling se vio ampliamente superado por el primer ministro escocés, Alex Salmond, en lo que se ha considerado el gran punto de inflexión que ha llevado a la situación actual.


"No creo que Alistair Darling mencionara Gran Bretaña o la britanidad ni una vez durante su segundo debate con Alex Salmond", continua Massie. "Gran Bretaña, y la Unión, son la base sobre la que construyes la campaña. Todo lo demás son sólo tácticas. No puedes matar la idea, pero puedes contrarrestarla con otra idea", concluye el periodista escocés. En cualquier caso, parece que el tiempo de las campañas ha terminado y, a falta de tan sólo tres días para la cita con la historia, el futuro del Reino Unido está ya únicamente en manos de los votantes escoceses.

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Martes, 16 Septiembre 2014 07:02

"Será un doloroso divorcio"

"Será un doloroso divorcio"

David Cameron hizo un emotivo llamado al pueblo de Escocia para que rechace la independencia, diciéndoles que el Reino Unido no era sólo "cualquier país viejo" y que millones de personas estarían "totalmente desconsoladas" si se separaran. La apelación del primer ministro vino cuando se supo que los bancos británicos han estado moviendo en silencio millones de billetes al norte de la frontera para hacer frente a cualquier aumento de la demanda por los escoceses para retirar dinero en efectivo en caso de un voto por el Sí.


Fuentes dijeron a The Independent que los movimientos tuvieron lugar durante la última semana para asegurarse de que los cajeros no se quedasen sin dinero el viernes en caso de una reacción de pánico a un voto afirmativo. Los banqueros subrayaron que no había habido ninguna señal todavía de un aumento en la cantidad de retiro de dinero de las cuentas de ahorro o cajeros automáticos, y señalaron que el Banco de Inglaterra se comprometió a respaldar todas las cuentas por lo menos durante 18 meses después de la independencia.


Pero las preocupaciones de los clientes sobre la seguridad de su dinero aún persisten. Como resultado, parte de los planes de contingencia de los bancos fue la de enviar más dinero a lugares seguros en Escocia para estar listos ante un potencial aumento de la demanda. Una fuente de un banco dijo: "Estamos, por supuesto, controlando la situación muy de cerca, de hora en hora". A medida que la campaña entra en sus últimas 48 horas, y las encuestas sugieren que el resultado es muy reñido, los dos campos preparan una campaña para ganarse el número de votantes indecisos. En Aberdeen, Cameron argumentó que la separación significaría una nueva moneda para Escocia, familias separadas, las pensiones reducidas y la creación de una frontera con Inglaterra. Dijo que la salida de Escocia de la Unión sería como "construir minuciosamente una casa y luego salir por la puerta y tirar las llaves".


Cameron también dio un toque de pasión, que ha estado ausente en gran parte de la campaña del No: "Yo hablo en nombre de millones de personas a través de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte –y muchas en Escocia, también– que estarían totalmente desconsoladas por la ruptura con el Reino Unido, con el corazón totalmente roto al despertar el viernes a la mañana con el fin del país que amamos". Dijo que el voto sería irreversible, y agregó: "La independencia no sería una separación de prueba. Sería un doloroso divorcio".


Haciendo frente a la impopularidad de su partido en Escocia, advirtió sobre los peligros de un voto de protesta el jueves."'Si yo no les gusto, no voy a estar aquí para siempre. Si no les gusta este gobierno, no va a durar para siempre. Pero si dejan el Reino Unido, será para siempre", dijo. Cameron también rindió homenaje a la contribución de los escoceses al "mayor ejemplo de democracia que el mundo haya conocido jamás", insistiendo en que el país "se había convertido en Gran Bretaña debido a la grandeza de Escocia".


Pero Alex Salmond, ministro principal escocés, replicó: "La próxima vez que venga a Escocia no será para amar-bombardear o participar en un alarmismo desesperado de último minuto, y después del voto por el Sí será para participar en serias conversaciones post referéndum por los mejores intereses del pueblo de Escocia y el resto del Reino Unido, como se comprometió en el Acuerdo de Edimburgo".
El líder laborista, Ed Miliband, pasará los próximos dos días en la campaña electoral en un intento de detener la deserción de simpatizantes del partido en el campo del Sí.


Mientras tanto, una serie de importantesfiguras de la política y la economía de Estados Unidos advirtió a los escoceses contra un voto Sí. Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, dijo que las consecuencias económicas serían "sorprendentemente negativas para Escocia, más aún de lo que el Partido Nacionalista está comunicando". Dijo que sus pronósticos eran "tan inverosímiles que en realidad deberían ser descartados" y declaró que no había manera de que el Banco de Inglaterra estuviera de acuerdo en seguir siendo el prestamista de última instancia a una Escocia independiente.


El debate sobre cómo una Escocia independiente se defendería también se reavivó ayer por la publicación de una carta abierta firmada por más de 400 ex militares y sus mujeres, que afirman que abandonar el Reino Unido sería dejar al ejército del país "irresponsablemente debilitado".

 

Por Jim Armitage, Nigel Morris y Chris Green 

De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Domingo, 14 Septiembre 2014 06:40

Escocia: hay vida después de la independencia

Escocia: hay vida después de la independencia

Setenta por ciento de los ciudadanos británicos votaron por el sí a la independencia antes de salir del Reino Unido, obtuvieron un negocio propio, y funcionarios locales transfirieron su lealtad al nuevo Estado. Pero uno puede todavía tomar un tren expreso y cruzar la frontera del Reino Unido hacia la capital de la nación independiente sin necesidad de pasaporte.


Muchos años después –incluso hoy–, los acrónimos de la reina Victoria, Eduardo VII y Jorge V están adheridos a los buzones postales. La palabra real adorna aún uno de los mejores hoteles, y el lema Honi soit qui mal y pensé (de la Orden de la Jarretera) permanece en lo alto de muchos edificios y espacios públicos.


Así pues, no suden por la votación de independencia de Escocia. Todo ha ocurrido antes: en 1919 y en los tres años siguientes. Cierto, ahora los buzones son verdes. Sus ciudadanos llevan un pasaporte de la Unión Europea con un arpa dorada en el frente y usan el euro, pero las ciudades y pueblos de Irlanda se parecen un poco a Gran Bretaña en la década de 1930. Librada del programa de renovación urbana de la Luftwaffe por su neutralidad en la Segunda Guerra Mundial, la república de Irlanda –que sólo se zafó de la Comunidad Británica en 1949– posee miles de casas georgianas inglesas, con todo y faroles del siglo XVIII y calles nombradas en honor de Palmerston, Wellington, Victoria y uno que otro bribón como Wolfe Tone, Padraig Pearse y James Connolly.


En otras palabras, hay vida después de la independencia. El día que los británicos se fueron, en 1922, se arrió la bandera de la Unión y se izó el lábaro tricolor irlandés sobre el castillo de Dublín –asiento de los monarcas británicos durante cientos de años–, un gobernador general del Reino Unido (que por supuesto era irlandés) asumió el cargo, y todo el que tuviera la fortuna de contar con electricidad pudo encender el apagador del comedor y las luces se encendieron como siempre.

Durante más de 100 años Dublín había sido la segunda ciudad del Reino Unido, la joya de la corona de la nación que dominaba un imperio, y muchos visitantes ingleses se sorprendían al descubrir que los irlandeses hablaban inglés. De hecho, igual que los escoceses, a menudo lo hablan mejor que los ingleses.


Después de la independencia hubo muchos apuros económicos. Las pensiones de los ancianos se redujeron. Pero el punt irlandés estaba pareado a la libra, y se mantuvo así hasta que en 1979 un atrevido Taoiseach –literalmente, jefe tribal, título de primer ministro adoptado, recordemos, en la era del fascismo– rompió la paridad y la libra se elevó unos cuantos peniques por encima de él.


Aunque los cuatro grandes regimientos irlandeses que combatieron con tanta lealtad en uniforme británico en la Gran Guerra fueron desbandados, sus colores fueron devueltos al rey en caso de que Irlanda regresara a la madre patria. ¡Qué esperanzas! Los tres grandes puertos del Tratado de la Marina Real en la recién independizada Irlanda permanecieron en manos británicas otros 16 años, pero los entregamos a los irlandeses en 1938, con lo cual los perdimos cuando más los necesitábamos: en la batalla del Atlántico.


Desde luego, existen ciertas tenues diferencias entre aquella Irlanda y la Escocia actual. Los irlandeses habían combatido por su independencia en 1916 y fueron poderosa y brutalmente aplastados por el ejército británico. Luego volvieron a combatir con bravura a los británicos. La historia de 800 años de ocupación inglesa en Irlanda pone en la sombra la miseria de Escocia. No mencionaremos el conflicto de Irlanda del Norte.


Pero en Irlanda hubo un lugar aparte para ese 30 por ciento de los que votaron por el no, o que lo hubieran hecho de no haber sido instruidos a combatir tanto a los católicos como al ejército británico. Los protestantes pudieron conservar seis de los nueve condados del norte y la provincia nororiental del Ulster; Belfast se volvió su capital y corazón industrial, y proclamaron su ciudadanía británica aún con más entusiasmo que los ingleses.

En otras palabras, los nacionalistas católicos obtuvieron Dublín, los protestantes Belfast. En términos escoceses, fue como si los votantes por el sí recibieran Edimburgo como capital y los del no obtuvieran Glasgow como precio de consolación, con unas cuantas llanuras aún en territorio británico para mantenerlos felices. Astilleros, valor y desolación significan que Glasgow y Belfast tienen mucho en común. Pero allí se detienen los paralelismos.

La lucha entre protestantes y católicos que dividió a Irlanda (aunque no tanto como los británicos creen) tiene poca o ninguna influencia en el debate sobre la independencia de Escocia, salvo quizá por la memoria histórica de que los plantadores protestantes escoceses desplazaron a los católicos en la Irlanda del siglo XVII. Los irlandeses que votaron por el sí –ese 70 por ciento que eligió al Sinn Fein al parlamento en 1919 y constituyó el inicialmente ilegal Dail Eireann (parlamento irlandés– se escindieron en una guerra civil antes incluso de que los británicos dejaran el país.


Pero una advertencia a los escoceses: los nacionalistas irlandeses combatieron entre sí no tanto por la frontera, que los privó de seis de los 32 condados de Irlanda, sino por el juramento de lealtad al monarca británico. Los irlandeses que firmaron el tratado original (Michael Collins, Arthur Griffith y demás) insistieron en que conduciría a la independencia soberana, en tanto los republicanos que lo consideraron una traición pensaban que dejaba el país en manos británicas. De Valera encabezó esta oposición –que perdió la guerra civil–, boicoteó los primeros años del parlamento y luego entró a él como primer ministro tras una elección democrática, pero sin firmar el juramento. Por tanto, los irlandeses afirmaron que eran independientes cuando no lo eran, en tanto los británicos podían insistir en que los irlandeses seguían siendo británicos de corazón.


Otra señal de peligro para los escoceses. En 1932, De Valera decidió que Irlanda ya no pagaría al gobierno británico deudas por préstamos otorgados a aparceros agrícolas cuando el país era parte del Reino Unido. Los británicos impusieron restricciones comerciales que arruinaron a granjeros y empresarios en Irlanda.

De Valera sobrevivió. Al igual que Collins, había combatido en el levantamiento de 1916, recibió una sentencia de muerte –que luego se le conmutó–, arriesgó la vida en el bando perdedor de la guerra civil, declinó combatir con los aliados en la Segunda Guerra Mundial y sin embargo presenció el ingreso triunfal, aunque tardío, de su país en la ONU. De Valera, como escribió el gran historiador y novelista irlandés Constantine Fitzgibbon, es uno de los grandes sobrevivientes del siglo XX. Y Alex Salmond no es De Valera.


Pero si en Escocia triunfa el sí, la vida seguirá. Siete veces al día hay un tren de primera clase de la estación central de Belfast a la estación Connelly de Dublín, así que el escocés volador irá a toda prisa desde la estación Waverley de Escocia a King's Cross en Londres sin que lo detengan en la frontera. En estos días, en el frente de los pasaportes dice Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Nótese la y, porque nadie ha decidido si Irlanda del Norte está en verdad en el Reino Unido; es un país protegido por el Reino Unido o una provincia. Pero es británica. Eso creemos.

Así pues, si los votantes por el sí ganan, mi apuesta es que insistirán en que son independientes sabiendo que no lo son. Y los británicos sostendrán que los escoceses siguen siendo británicos de corazón. Y continuarán haciendo lo de siempre: publicarán la obra de poetas irlandeses y escoceses en antologías de poesía inglesa.

Traducción: Jorge Anaya

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