La sociedad mexicana frente al proyecto político de AMLO.

México vivió una elección presidencial histórica en la que una multitudinaria ciudadanía ejerció su derecho a castigar las políticas neoliberales que tienen a más de 50 millones de mexicanos viviendo en la pobreza y pobreza extrema. Fue un voto también por el fin de la guerra que desde hace 12 años azota prácticamente todo el territorio y que al momento tiene un saldo de más de 35 mil desaparecidos y 200 mil asesinados. Una guerra que tiene al ejército en las calles supuestamente contra el crimen organizado, pero que en realidad ha sido contra el pueblo, con un histórico índice de violaciones a los derechos humanos.

Más de 30 millones de mexicanos y mexicanas se aferraron a las urnas para expresar su hartazgo. Sabían que tenían que lograr un triunfo masivo y contundente, pues las experiencias anteriores, 2006 y 2012, vaticinaban un fraude del aparato del Estado. La gente rebasó las intenciones fraudulentas (que las hubo) y al momento de escribir estas líneas se cumplen cuatro días de la legítima celebración de una victoria que llevó, en su tercer intento, a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México.


La alegría ciudadana es del tamaño de su expectativa, pero no hay señales de cambios estructurales a las políticas neoliberales que han entregado los recursos naturales del país a la inversión privada nacional y extranjera. Desde su primer discurso la noche del domingo 1 de julio, López Obrador ha sido enfático en su afán de calmar a los mercados. Respeto a la autonomía del Banco de México y disciplina financiera y fiscal, sin confiscación de bienes, y reconocimiento de los compromisos contraídos con empresas y bancos extranjeros, lo prometió desde el principio para generar confianza.
Los cambios visibles están, entre otros ámbitos y por lo pronto, en la probada austeridad personal de un candidato electo que ingresa por la puerta principal al Palacio Nacional en su modesto automóvil y que anuncia que dejará a un lado el avión presidencial y viajará en líneas comerciales, además de que no habitará la casa presidencial de Los Pinos (inaugurada en 1934 por el presidente Lázaro Cárdenas del Río, quien a su vez decidió no ocupar el Castillo de Chapultepec). Su esposa, Beatriz Gutiérrez, ha dicho que no será la “primera dama”, pues eso implicaría que hay mujeres de segunda y de tercera. Duplicar la pensión a los adultos mayores y garantizar que todos los jóvenes tendrán educación y trabajo fueron las promesas en su segunda alocución, esta vez al frente de un Zócalo colmado de gente que no dejó de aplaudirlo.


El nuevo presidente de México no ha escondido su baraja. El adelanto de su gabinete y las alianzas pragmáticas anunciaron lo que vendría, o lo que no vendría: Alfonso Romo, empresario y coordinador de su plan de gobierno, además de futuro jefe de la Oficina de la Presidencia, ha esbozado un proyecto que él mismo califica de centro, reformista. Las palabras “izquierda” o “anticapitalista” no han sido dibujadas, las promesas se centran en la atención a los pobres y el combate a la corrupción, no en una refundación del Estado.


Los más de sesenta pueblos indígenas que conforman la nación mexicana prácticamente quedaron fuera de la campaña y del proyecto. Una breve mención sobre ellos se hizo en la celebración, pero hasta el momento no hay un planteamiento que se comprometa con los derechos y la cultura indígena, plasmados en los Acuerdos de San Andrés que firmaron en 1996 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Ezln) y el gobierno de México. En 2001 todos los partidos políticos traicionaron estos acuerdos con una ley que desconoce la autonomía ganada.


En las últimas décadas se recrudeció el despojo y la represión contra los pueblos, naciones, tribus y barrios indígenas del país. Minas, hidroeléctricas, acueductos, parques eólicos, carreteras, proyectos turísticos e inmobiliarios se han impuesto con el discurso del progreso en sus territorios. No son pocas las batallas que se libran contra los llamados mega proyectos de muerte, y en prácticamente todas la represión ha sido la respuesta. El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (Fpdt) lleva 17 años resistiendo al proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (Naicm). Es un movimiento emblemático de la lucha social en México y el próximo presidente ha sido ambiguo y cambiante en su postura. Primero que no, luego que sí, luego que puede ser. “No concebimos que un gobierno como el que usted reivindica, y por el que este 1 de julio el grueso del pueblo mexicano votó, acuerde o negocie con los interesados en el negocio el futuro y la vida de la gente humilde del país, sin el consentimiento y decisión de los mismos pueblos, sin siquiera haberlos escuchado”, advirtieron ya los campesinos.


Por su parte, el Congreso Nacional Indígena (Cni) y el Ezln dejaron claro en un pronunciamiento hecho en abril de este año que no permanecerán quietos “mientras se destruyen y nos arrebatan la tierra que heredamos de nuestros abuelos y que se la debemos a nuestros nietos, y mientras contaminan los ríos y perforan los cerros para sacar minerales. No nos quedaremos quietos mientras convierten la paz y la vida que venimos construyendo diariamente en guerra y muerte mediante los grupos armados que protegen sus intereses. Nuestra respuesta, no tengan duda, será la resistencia organizada y la rebeldía para sanar al país”.


AMLO asumirá la presidencia de un México sumido en la mayor crisis de derechos humanos de las últimas décadas: incremento de feminicidios (siete cada día); segundo lugar de asesinatos de periodistas en el mundo y el lugar más peligroso del continente americano para ejercer el periodismo; asesinatos, secuestros y extorsiones a los migrantes centroamericanos en su paso por estas tierras, más de 30 mil desapariciones en el marco de la guerra contra el narco y 200 mil muertos, entre otras calamidades que tienen en común el marco de la absoluta impunidad y en no pocos casos la participación del Estado. Los padres y madres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos irrumpieron en un acto de campaña al que no fueron convidados y exigieron la presentación con vida de sus hijos, verdad y justicia. El nuevo gobierno tiene una gran oportunidad de legitimación en este rubro, pues no hay reconciliación posible sin justicia y garantías de no repetición.


Las reformas estructurales (energética y educativa) y la ley de seguridad interior, que legaliza la permanencia del ejército en las calles en labores de seguridad pública, son algunos de los grandes temas en los que hasta hoy no hay pronunciamientos contundentes. “No habrá gasolinazos” y se revisarán los contratos a las empresas es lo que ha dicho el presidente electo. Nada de echar para atrás lo que ya está plasmado y que garantiza el despojo y la explotación. Convertir los territorios del sureste de México en zonas económicas especiales (Zee), es decir, continuar la neocolonización, es una de las banderas de Alfonso Romo, coordinador de su proyecto.


La alianza con el Partido Encuentro Social (Pes), de origen evangélico ultraconservador, es otro de los cuestionamientos al nuevo presidente de México. El derecho al aborto (al menos en la Ciudad de México, donde es legal desde el 2007), el respeto a la diversidad sexual, los derechos de la mujer, entre otros, son temas que tendrán que ser vigilados en una sociedad de por sí conservadora.
La sociedad mexicana, la que le dio el triunfo y su confianza, la que por fin echó del poder a los derechistas Partido Revolucionario Institucional (Pri) y al Partido Acción Nacional (Pan), y la movilización de los sectores que desde la izquierda son un contrapeso crucial para el poder, al igual que una prensa crítica y vigilante, tienen la enorme tarea de coprotagonizar esta historia que se seguirá escribiendo en las calles.

 

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“Píntale caracolitos a los malos gobiernos pasados, presentes y futuros”

A [email protected] [email protected], grupos, colectivos y organizaciones de las Redes de Apoyo al CIG:

A la Sexta Nacional e Internacional:
Considerando que:
Primero y único:


La Gran Final.


Llega usted al gran estadio. “Monumental”, “coloso”, “maravilla arquitectónica”, “el gigante de concreto”, calificativos parecidos se repiten en las voces de los locutores que, a pesar de las distintas realidades que describen, coinciden en resaltar la soberbia construcción.


Para llegar a la grandiosa edificación, usted ha tenido que sortear escombros, cadáveres, suciedad. Cuentan quienes más años cuentan, que no siempre fue así; que antes, en torno a la gran sede deportiva, se levantaban casas, barrios, comercios, edificios, ríos y arroyos de gente que uno esquivaba hasta casi toparse de narices con el gigantesco portón, que sólo se abría cada tanto tiempo, y en cuyo dintel se leía: “Bienvenido al Juego Supremo”. Sí, “bienvenido”, en masculino, como si lo que ocurriera dentro fuera cosa sólo de varones; como antes los sanitarios, las cantinas, la sección de máquinas y herramientas de las tiendas especializadas… y, claro, el futbol.


Pero, a vuelo de pájaro, la imagen vista bien podría ser un símil de un universo contrayéndose, dejando en su periferia muerte y destrucción. Sí, como si el Gran Estadio fuera el hoyo negro que absorbe la vida a su alrededor y que, aún insaciable, eructa y defeca cuerpos sin vida, sangre, mierda.


Desde cierta distancia, se puede apreciar el inmueble en su totalidad. Aunque ahora sus erróneas disposiciones arquitectónicas, sus fallas estructurales en cimientos y edificaciones, sus cambiantes decoraciones al gusto del equipo ganador en turno, aparecen cubiertas por una tramoya que abunda en llamados a la unidad, la fe, la esperanza y, claro, la caridad. Como si se ratificara así esa semejanza entre cultos religiosos, políticos y deportivos.


Usted no sabe mucho de arquitectura, pero le molesta esa insistencia casi obscena en una escenografía que no coincide con la realidad. Colores y sonidos proclamando el fin de una era y el paso al mañana soñado, la tierra prometida, el reposo que ya ni la muerte promete (se dice usted mientras hace un recuento de sus cercanas, personas desaparecidas, asesinadas, “exportadas” a otros infiernos, y cuyos nombres se diluyen en estadísticas y promesas de justicia y verdad).


Como en la religión, la política y los deportes, hay especialistas. Y usted no sabe mucho de nada. Le marean los inciensos, salmos y alabanzas que pueblan esos mundos. Usted no se siente capaz de describir el edificio, porque usted anda otros mundos, sus largos y tediosos caminos transcurren en lo que, desde los soberbios palcos del gran estadio, se podría llamar “el subsuelo”. Sí, la calle, el metro, el colectivo, el vehículo en abonos o pagado con cargo a otros abonos (una deuda siempre pospuesta y siempre creciente), el camino de terracería, las rutas de extravío que conducen a la milpa, a la escuela, al mercado, al tianguis, al trabajo, al jale, a la chinga.


Usted se inquieta, sí, pero el optimismo de dentro del gran estadio es mayoritario, abrumador, a-v-a-s-a-l-l-a-n-t-e, y desborda hacia afuera.


Como en esa canción que usted recuerda vagamente, el espectáculo que ya terminó, unió “al noble y al villano, al prohombre y al gusano”. En esos momentos la igualdad fue reina y señora, no importa que el silbatazo final haya vuelto a cada quien a su lugar. Basta del olvido de que cada uno es cada cual, de nuevo, “y con la resaca a cuestas/ vuelve el pobre a su pobreza, /vuelve el rico a su riqueza /y el señor cura a sus misas /se despertó el bien y el mal/ la zorra pobre vuelve al portal, / la zorra rica vuelve al rosal, / y el avaro a las divisas”.


Y es que, ahora le informan a usted ruidos e imágenes, el partido ha finalizado. La gran final tan esperada y temida, concluyó y el equipo vencedor recibe, con falsa modestia, los clamores de los espectadores. “El respetable público”, dicen voceros y cronistas. Sí, así se refieren a quienes han participado activamente con gritos, porras, hurras, insultos y diatribas, desde las gradas, como espectadores a quienes sólo en la gran final se les permite simular que están frente al balón y que su grito es el puntapié que dirige el esférico “al fondo de las redes”.


¿Cuántas veces ha escuchado usted eso? Muchas, ¿vale la pena contarlas? Las derrotas reiteradas, la promesa que a la que sigue sí, que el árbitro, que el campo, que el clima, que la luz, que la alineación, que la estrategia y la táctica, que etcétera. Al menos la ilusión actual alivia esa historia de fracasos… a la que luego se sumará la desilusión prevista.


En las afueras del recinto, una mano maliciosa ha rayado, en el soberbio muro que rodea el estadio una sentencia: “FALTA LA REALIDAD”. Y no conforme con su herejía, la mano le ha agregado trazos y colores a las letras, tan variados y creativos que ya no parecen pintados. Ya no es un grafiti, sino una inscripción como grabada con cincel, manchando el concreto. Una huella indeleble en la apática superficie del muro. Y, para colmo, el último trazo de la “D” final ha abierto una grieta que se alarga hasta el basamento. Un cartel, roto y descolorido, con la imagen de una feliz pareja heterosexual, con un par de hijos, niño y niña, y con el encabezado de “La Familia Feliz”, trata en vano de ocultar la hendidura que, tal vez por un efecto óptico, parece rasgar también la feliz imagen de la familia feliz.


Pero ni el ruido interno que hace vibrar las paredes del estadio logra disimular la grieta.


Dentro, aunque el partido ha terminado, la muchedumbre no abandona el estadio. Aunque no tardará mucho en que sea de nuevo expulsada de vuelta al valle de ruinas, la multitud embelesada se hace eco de sus propios gritos e intercambia anécdotas: quién gritó más fuerte, quién hizo la mejor burla (se dice “meme”), quién divulgó la mentira más exitosa (el número de “likes” determina el grado de verdad), quién lo supo desde un principio, quién nunca dudó. En las tribunas, algunos, algunas, algunoas, intercambian análisis: que “¿sí viste que los contrarios cambiaron de camiseta en el medio tiempo y que ahora festejan la victoria quienes iniciaron el encuentro con el uniforme del equipo rival?”; que “el árbitro (el siempre “árbitro vendido”) ahora sí cumplió porque la victoria del equipo todo lo limpia y enaltece”.


Algunos, algunas, algunoas, más escépticos, ven con desconcierto que, entre quienes celebran el triunfo, están los que jugaron y juegan en equipos rivales. Tratan, pero no entienden. O sí entienden, pero no es hora de entender, sino de festejar. Para dejárselos claro, una pantalla gigante parpadea con la tonada visual de moda: “Prohibido Pensar”.


La noche ha pospuesto su llegada, piensa usted. Pero se da cuenta de que son los reflectores y los fuegos de artificio los que simulan claridad. Claro, una claridad selectiva. Porque allá, en aquel rincón, unas gradas se han derrumbado y los equipos de rescate no acuden, ocupados como están en el festejo. La gente no se pregunta cuántos muertos, sino de cuál equipo eran seguidores. Más allá, en ese otro rincón oscuro, una mujer ha sido agredida, violada, secuestrada, asesinada, desaparecida. Pero, vamos, es sólo una mujer, o una anciana, o una jóvena, o una niña. Los medios, siempre en sintonía con los tiempos que corren, no preguntan el nombre de la víctima, sino si portaba su playera de tal o cual equipo.


Pero no es tiempo de amarguras, sino de fiesta, de brindis, del f-i-n-d-e-l-a-h-i-s-t-o-r-i-a mi buen, del comienzo de un nuevo campeonato. Fuera, la oscuridad parece el colofón pictórico para la zona devastada. Sí, piensa usted, como un escenario de guerra.


El barullo le reclama atención. Usted trata de tomar distancia para comprender el impacto de ese gran triunfo de su equipo favorito… mmh… ¿era su equipo favorito? Ya no importa, el triunfador siempre fue y será el equipo favorito de las mayorías. Y, claro, todos sabían que el triunfo era inevitable, y en tribunas se suceden las explicaciones lógicas: “sí, no era posible otro resultado, sólo el de la copa embriagante coronando los colores del equipo favorito.”


Usted trata, sin conseguirlo, de hacer suyo el entusiasmo que inunda las tribunas, los palcos, y parece llegar hasta el punto más alto de la construcción donde, lo que se adivina es una lujosa habitación, refleja en sus vidrios polarizados las luces, los gritos y las imágenes.


Usted recorre las tribunas con dificultad, la gente se abarrota en pasillos y escaleras. Busca usted algo o alguien que no lo haga sentir extraño, camina como un extraterrestre o un viajero del tiempo que aterriza en un calendario y una geografía desconocidos.


Se detiene un poco donde dos personas de edad miran con atención una especie de tablero. No, no se trata de ajedrez. Ahora que usted se ha acercado lo suficiente, ve que se trata de un rompecabezas con apenas algunas piezas engarzadas y sin la figura final siquiera esbozada.


Una persona le está diciendo a la otra: “Bueno, no, no me parece que sea ficción. Después de todo, el pensamiento crítico debe partir de una hipótesis, por alocada que parezca. Pero no debe abandonar el rigor para confrontarla y verificar si procede, o hay que buscar otro punto de arranque.” Y, tomando una de las piezas del rompecabezas, esa persona la muestra y dice: “por ejemplo, puede ser, a veces, que lo pequeño ayude a entender lo grande. Como si en esta pequeña parte pudiéramos adivinar o intuir la figura ya completada”. Usted no escucha lo que sigue, porque los grupos vecinos gritan contra ese extraño par y acallan sus palabras.


Alguien le ha pasado un volante. “Desaparecida” se lee, y una imagen de una mujer cuya edad usted no puede determinar. ¿Una anciana, una mujer madura, una jóvena, una niña? El viento le arrebata el volante y su vuelo se confunde con las serpentinas y el confeti que nublan la vista.


Y hablando de niñas…


Una niña, pequeña, de piel oscura, de ropas extrañas de tan coloridas y adornadas, mira el estadio, las tribunas, las luces multicolores, las sonrisas de vencedores y vencidos, alegres las primeras, maliciosas las segundas.


La niña tiene una duda. Se adivina en la expresión de su rostro, en su mirada inquieta.


Usted se siente generoso, al fin al cabo usted ha ganado… mmh… ¿ha ganado? Bueno, no importa. Usted se siente generoso y, solícito, le pregunta a la niña qué busca.
La niña le responde: “el balón”. Y, sin voltear a verlo a usted, sigue con su mirada barriendo la gran construcción.


“¿El balón?”, pregunta usted como si la pregunta viniera de otro tiempo, de otro mundo.


La niña suspira y añade: “bueno, de ahí que tal vez lo tiene el dueño”


“¿El dueño?”


“Sí, el dueño del balón, y del estadio, y del trofeo, y de los equipos, y de todo esto”, dice la niña mientras con sus manitas intenta abarcar la realidad concentrada en el gran estadio.
Usted trata de encontrar las palabras para decirle a la niña que esas preguntas no vienen al caso, o cosa, según, pero entonces usted recuerda…, o más bien no recuerda haber visto el balón. En su mente le aparece una imagen borrosa, cree que al inicio del partido, del esférico con sus gajos manchados por “nuestros amables patrocinadores”. Ni siquiera en los goles anotados lo ubica.
Pero ahí está la pantalla del marcador, y la pantalla marca la realidad que importa: tal ganó, tal perdió. Ningún marcador señala quién es el dueño ni siquiera del marcador, mucho menos quién es el dueño del balón, de los equipos, de las tribunas, de las “cámaras y micrófonos”.


Además, el marcador no es un marcador cualquiera. Es el más moderno que existe y costó una fortuna. Incluye el VAR para ayudar a sus empleados a sumar o restar puntos en la pantalla, y para las repeticiones instantáneas o reiteradas de cuando “juntos hicimos historia”. Y el marcador no marca los goles, sino los gritos. Gana quien más grite, entonces ¿quién necesita el balón?


Pero entonces usted revisa sus recuerdos y nota algo extraño: minutos antes del final del partido, la porra, la barra, la fanaticada del equipo contrario guardó silencio. Y los gritos de los seguidores del equipo ahora triunfador no tuvieron rival. Sí, muy extraña esa súbita retirada. Pero más extraño es que, cuando en la pantalla del marcador no se reflejaban aún los resultados, ni siquiera los parciales, el equipo contrario volvió a la cancha sólo para felicitar al triunfador… que todavía no era triunfador. En los altos y lujosos palcos del estadio estalló la algarabía y los colores de sus pendones eran ya los del equipo ganador. ¿A qué hora cambiaron de favorito? ¿Quién ganó realmente? Y sí, ¿quién es el dueño del balón?


“¿Y por qué quieres saber quién es el dueño?”, cuestiona usted a la niña, porque le parece que, no obstante sus dudas, es tiempo de silbatos y matracas, y no de preguntas necias.
“Ah, porque ése no pierde. No importa qué equipo gane o pierda, el dueño siempre gana.”


Usted se incomoda con la duda que eso plantea. Y se incomoda más al ver a quienes declaraban que el equipo ahora triunfador traería desgracias, celebrando un triunfo que, apenas unas horas antes, no era suyo. Porque no se ve que hayan perdido, más bien festejan como si el triunfo fuera suyo, como si dijeran “ganamos otra vez”.


Usted está a punto de decirle a la niña que deje la amargura en otro lado, que tal vez esté en sus días, o en la depre, o no entiende nada, después de todo es sólo una niña, pero en eso el respetable prorrumpe en un alarido: el equipo vencedor regresa a la cancha para agradecer al respetable su apoyo. La gente-gente sigue en las tribunas y contempla, arrobada, a los modernos gladiadores que han vencido a las bestias… ¡un momento!, ¿no son las bestias quienes ahora abrazan y festejan y cargan en hombros al equipo vencedor?


Usted se ha quedado pensando en lo que dijo la niña. Y recuerda entonces, inquieto, que el equipo contrario, conocido por su rudeza, mañas y trampas, abandonó el partido justo antes de que sonara el silbatazo final. Sí, como si temiera que su inercia propia, pudiera hacerlo triunfador (con trampa, claro) y, para evitarlo, se retirara completamente. Y con él, desaparecieron sus porras, sus fanáticos, sus, ahora usted lo recuerda, contados banderines y banderas.


La algarabía sigue. Al parecer en tribunas no importa el absurdo que transcurre en el centro del campo, donde el pódium espera la premiación final.


Usted se hace eco de la pregunta de la niña y, con timidez, cuestiona a su vez:


“¿Quién es el dueño del balón?”


Pero el grito masivo se traga su pregunta, y nadie le escucha.


La niña le toma de la mano y le dice: “Vámonos, tenemos que salir”


“¿Por qué?”, pregunta usted.


Y la niña, señalando la base de la gran edificación, responde:
“Se va a caer”.


Pero nadie parece darse cuenta… Un momento, ¿nadie?


(¿continuará?)


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En base a lo anteriormente expuesto, la Comisión Sexta del EZLN invita a [email protected] [email protected], grupos, colectivos y organizaciones que apoyaron y apoyan al CIG y, claro, que todavía piensan que los cambios que importan nunca vienen de arriba, sino de abajo (además de que no hayan mandado su cartita de adhesiones y peticiones al capataz futuro) a un:
Encuentro de redes de apoyo al Concejo Indígena de Gobierno.


Con la siguiente propuesta de temario:


.- valoraciones del proceso de apoyo al CIG y su vocera Marichuy, y de la situación según la perspectiva de cada grupo, colectivo y organización.
.- propuestas de pasos a seguir.


.- propuestas para regresar a consultar con sus grupos, colectivos, organizaciones, lo ahí planteado.


Llegada y registro: jueves 2 de agosto del 2018; registro y actividades los días viernes 3, sábado 4 y domingo 5 agosto.


Para registrarse como participante en el encuentro de redes, la dirección es:


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También, las comunidades indígenas zapatistas, invitan a quienes tienen al arte como vocación y anhelo, al:


CompARTE POR LA VIDA Y LA LIBERTAD


“Píntale caracolitos a los malos gobiernos pasados, presentes y futuros”


Del 6 al 9 de agosto del 2018.


Llegada y registro: cuando puedan del 6 al 9 de agosto.


Clausura el día 9, 15° aniversario del nacimiento de los caracoles zapatistas.


El programa será según quiénes se apunten, pero seguro ahí estarán [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], [email protected], de las comunidades zapatistas en resistencia y rebeldía.


Para registrarse como participante y/o asistente, la dirección es:


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


Todo en el caracol de Morelia (donde fue el encuentro de mujeres que luchan), en la zona Tzotz Choj, tierra zapatista en resistencia y rebeldía.


Mucho ojo: Traigan su vaso, plato y cuchara, porque las mujeres que luchan ya aconsejaron de no usar desechables que contaminan, además de que dejan un tiradero. No sobra si trae un su focador (o lámpara de mano), su loquesea para poner entre el digno suelo y su muy digno cuerpo, o casa de campaña. Su impermeable o nailon o equivalente por si llueve. Sus medicinas y comida especial si las requiere. Y cualquier otra cosa que luego le vaya a faltar y, cuando nos deje sus críticas, [email protected] podamos responder “les avisamos antes”. Para las personas ya de edad, “de juicio” como decimos acá, veremos de, en lo posible, darles alojamiento en alguna parte especial.


Nota: sí se permitirá el acceso a varones y a otras minorías.


Por la Comisión Sexta del EZLN.


Subcomandante Insurgente Moisés. Subcomandante Insurgente Galeano.
México, 4 de julio del 2018.


P.D.- No, nosotras, nosotros, zapatistas, NO nos sumamos a la campaña “por el bien de todos, primero los huesos”. Podrán cambiar el capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo. Ergo…

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Lunes, 02 Julio 2018 09:53

Transar

Transar

Para estas elecciones, Andrés Manuel López Obrador ha incluido en su equipo político a figuras del mundo empresarial. Quien encabezó la redacción de su programa político fue Alfonso Romo, un magnate ex dueño de una empresa de semillas transgénicas. Y su futuro ministro de Agricultura es un lobista pro transgénicos.

 

La alianza del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) con el Partido Encuentro Social, evangélico, movió políticamente a López Obrador hacia la derecha. El acuerdo de campaña fue anunciado públicamente a fines de diciembre pasado, y la coalición Juntos Haremos Historia permitirá amplificar al Pes y el PT, ya que obtendrán la mitad de los escaños parlamentarios que coseche la alianza.

Además de estos integrantes, otras figuras conservadoras empezaron a sumarse a la coalición. Uno de los primeros en hacerlo fue el ex futbolista Cuauhtémoc Blanco, quien se convirtió en el candidato único al gobierno del estado de Morelos, luego de que el ex rector de la universidad de ese estado, Alejandro Vera, que también pretendía el cargo, cediera el lugar al deportista.


En fila detrás del “Cuau” saltaron al Morena figuras como Manuel Espino, que fue presidente del Pan y, aunque él lo ha negado, se lo vincula a un grupo de ultraderecha llamado El Yunque. No mucho tiempo después, también se sumó el militar retirado Julián Leyzaola, que, según detalla la periodista Marcela Turati, “tiene en su historial 19 recomendaciones por violaciones de derechos humanos y 25 averiguaciones previas y actas circunstanciadas ante autoridades estatales y una por la Procuraduría General de la República por delitos como tortura y homicidio” (Proceso, 18-V-2018).


UN MAGNATE DE TIMONEL.


Otro que se integró al equipo de campaña de López Obrador es Alfonso Romo, un magnate de Nuevo León, titular del Grupo Pulsar, que maneja empresas en diversos rubros, incluidos los transgénicos. Romo pasó a liderar el trabajo de redacción del “proyecto de país” de López Obrador, un candidato que públicamente defiende una posición “contra la mafia del poder”. En una entrevista publicada esta semana en El Heraldo de México, Romo explicó que, cuando comenzaron a trabajar juntos, la instrucción que le dio López Obrador fue que necesitaba “crear confianza”, y que por eso Romo le había hecho “un plan de gobierno de centro que toma en cuenta a los olvidados”.


El proyecto presentado por Romo se centra en eliminar la corrupción, con lo que se recuperaría el equivalente al 10 por ciento del Pbi y con eso se financiarían las obras de infraestructura y la generación de empleos que el país necesita. Y López Obrador refrendó la lectura de que la corrupción es el verdadero mal detrás de la desigualdad. En una entrevista que le dio al canal Televisa dijo: “El problema no es que el empresariado acumule riqueza y no la distribuya. (En) México la causa principal de la desigualdad es la corrupción. La monstruosa desigualdad que tenemos no se debe a la explotación del empresario al obrero, puede ser, pero no es lo determinante. Lo principal es que la desigualdad de México se ha mantenido y se ha acrecentado y es monstruosa por la corrupción. Nada ha dañado más a México que la deshonestidad, es la causa principal de la desigualdad social.


A dos días de las elecciones, en un acto público, López Obrador anunció que, de ser electo presidente, Romo sería su jefe de gabinete. Ya había anunciado quiénes serían sus ministros a mediados de diciembre pasado. Entre esas designaciones sorprendió la de la cartera de Educación, que recayó en Esteban Moctezuma Barragán, titular de la Fundación Azteca, parte del conglomerado mexicano de medios TV Azteca. Pero el nombre probablemente más preocupante sea el del probable futuro secretario de Agricultura: Víctor Villalobos. Sin embargo esto no ha generado demasiado revuelo, los únicos que denunciaron su presencia en un futuro gobierno del Morena fueron los activistas de Greenpeace. “Nuestra reacción fue inmediata. Greenpeace es una organización apartidista, mas no apolítica, y en ese sentido denunciamos a candidatos que tienen o promueven conductas que deterioran el ambiente y afectan la salud humana”, comentó a Brecha María Colin, asesora legal de Greenpeace en México.


TRANSGÉNICOS.


Villalobos, explicó la abogada –que lleva el litigio de las comunidades mayas de Campeche y Yucatán, y que logró a mediados del año pasado que se revocara el permiso de siembra de soja transgénica de Monsanto–, ocupó varios cargos gubernamentales desde principios de este siglo y fue el primer director de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados. “Hemos seguido en el tiempo su trayectoria pro-transgénicos, y nuestra gran crítica contra él, entre muchas, es haber permitido el llamado ‘Tlc transgénico’ entre Canadá, Estados Unidos y México, en el cual, mediante un acuerdo regional, se permite un 5 por ciento de tolerancia a las semillas transgénicas en los embarques entre los tres países”, explicó.


Colin sugirió que es muy probable que el vínculo entre el candidato López Obrador y Villalobos lo haya forjado Alfonso Romo, quien fue dueño de la empresa productora de semillas Seminis, que en 2003 vendió a un empresario estadounidense, Fox Paine, quien dos años después fusionó esa empresa con Monsanto.


Desde 2016, cuando se falló en la causa “Demanda colectiva del maíz” prohibiendo la siembra de maíz transgénico en México, hay presiones desde el sector agrícola industrial por allanar el camino a esta tecnología. Como señala Colin, las dudas todavía son muchas y resta ver si la designación de Villalobos significa una luz verde para las grandes trasnacionales que concentran el mercado de producción de semillas, en un momento en que su avance en México está detenido.


Aunque, señaló la abogada, “Villalobos lleva muchos años promoviendo esta tecnología, ¿por qué de repente, en un proyecto nacional, va a asumir una postura distinta?”.

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La ONU insta a poner en marcha el sistema de justicia para la paz en Colombia


El partido del presidente electo, Iván Duque, y de Álvaro Uribe rechaza la petición de Naciones UnidasNaciones Unidas instó este martes al Congreso de Colombia que ponga en marcha el sistema de Justicia Especial para la Paz (JEP), un aspecto crucial de los acuerdos alcanzados en 2016 entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la antigua guerrilla de las FARC, que se encuentra atascado desde que el candidato uribista Iván Duque ganara las elecciones presidenciales el pasado 17 de junio. La Misión de Verificación de la ONU, que ha acompañado el proceso de paz desde sus inicios, hizo un llamamiento “a las instituciones del Estado competentes y a las fuerzas políticas para que remuevan los obstáculos que siguen impidiendo que el proceso de paz de Colombia cumpla con su compromiso con la justicia y el derecho de las víctimas”.


La organización destaca en un comunicado que la transición posterior a la desmovilización y desarme de las FARC debe cimentarse en los principios de “verdad, justicia, reparación para las víctimas y no repetición”. Esa es la premisa de la JEP, que se constituyó en marzo y cuya función primordial ahora peligra por la cerrada oposición a los acuerdos del Centro Democrático, el partido fundado por el exmandatario Álvaro Uribe, mentor de Duque y principal detractor de este proceso de paz.


Lo pactado en La Habana después de cuatro años de negociaciones ya ha dado sus frutos. El conflicto armado ha terminado, el grupo insurgente fundó un partido político que cuenta con un apoyo social prácticamente nulo y, con la excepción de algunos frentes de la disidencia, más de 7.000 excombatientes están en fase de reincorporación. Naciones Unidas recuerda, además, que “las elecciones parlamentarias y presidenciales de los últimos meses han mostrado un beneficio tangible del acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC-EP: las campañas electorales más pacíficas y participativas en décadas”. Por esta razón, “es hora de que las víctimas puedan beneficiarse sin más demora de los compromisos establecidos sobre la rendición de cuentas de las personas que se someten a la JEP”.


Sin embargo, el primer desafío del uribismo consistió en aplazar de manera indefinida, en sede parlamentaria, la aprobación del reglamento de ese sistema de justicia encargado de juzgar los crímenes de la guerra. Duque ya se reunió con Santos, que dejará el poder en agosto, y con la presidenta de la JEP, Patricia Linares, aunque, al menos de momento, la situación no se ha desbloqueado. El Centro Democrático está decidido a exhibir la fortaleza de sus sectores más radicales y este martes rechazó sin matices el pronunciamiento de la Misión de Verificación de la ONU.


La bancada del partido en el Congreso, que se define como “mayor responsable de la elección” de Duque, dejó claro en un comunicado que “no acepta sus exigencias”. “Las observaciones y proposiciones que hemos planteado no pueden ser calificadas como obstáculos”, argumenta esta formación, que apela a la legitimidad que, según su criterio, le otorga la victoria del no en el plebiscito sobre los acuerdos de paz de octubre de 2016 y el triunfo de Duque en las elecciones presidenciales.

 

Francesco Manetto
Bogotá 27 JUN 2018 - 00:17 COT

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En 2018-2022… uribismo recargado y nuevo contenido del compromiso popular*

Culminó sin sorpresas la coyuntura electoral que compuso la elección de Presidente para los cuatro años próximos. El resultado a favor de Iván Duque Márquez cierra con un broche que no es de oro para el uribismo.

Con el nuevo gobierno, nos adentramos en la arena de una ofensiva neoliberal de nuevo nivel, donde los sectores dominantes, aliados del capital internacional, se aprestan a exprimir hasta el máximo posible los pocos ahorros y posibilidades de quienes no tienen más que su fuerza de trabajo para sobrevivir, a la par que adecuan el aparato estatal para las exigentes demandas del capital global, ahondando con ello sus formas de dominio y control social.

El país vivió una extensa campaña que empezó el 2 de octubre de 2016, cuando el No se impuso en el referendo por los acuerdos de paz firmados entre el Gobierno y las Farc, campaña que continúo el 11 de marzo de este año con las elecciones al Congreso, en las cuales los sectores que por siglos han dominado el poder en Colombia refrendaron su dominio, incluido por supuesto el Centro Democrático (CD). La puja electoral prosiguió el 27 de mayo con la primera vuelta, en la que una vez más el uribismo reafirmó con creces su mayoría, sin la cifra suficiente para evitar una segunda votación, que el país vio y vivió este 17 de junio con números definitivos: CD 10.351.552 votos (54%), Gustavo Petro 8.023.000 (41%), una cantidad que resultó inferior al deseo, las declaraciones y el algodonoso auto-‘convencimiento’ de su activismo.

El triunfo de la Coalición Conservadora pone de presente, ante propios y extraños, que en Colombia la iniciativa política y su margen frente a la opinión tiene ventaja del status quo –con marginalidad del conjunto tradicional de izquierda–, sobre una amplia franja poblacional. Circunstancia tal, en un trasfondo de contradicción con descuido en su análisis y superación, que es cada vez más larvada entre las zonas semiurbanas y rurales y las cabeceras de varias de las principales ciudades del país. Trasfondo que disuelve, sin respuestas certeras, el abismo de desigualdad e injusticia entre la minoritaria capa de quienes más tienen y el amplio segmento de la marginación que padecen quienes viven en la miseria, la pobreza, y la exclusión social.

Particularidad, trasfondo extendido y que toca en la reciente coyuntura al proyecto, vía y contenido de un Acuerdo para alcanzar la paz necesaria. Objetivo y paz inscritos en el futuro y el camino por seguir para lograr la felicidad del conjunto social. Contradicción que el resultado electoral del pasado domingo ni resuelve ni disminuye, y tampoco le da vehículo. Intensificación del marco de la situación política que vendrá y ya se avizora, con quienes pretenden un Estado confesional y de retrocesos constitucionales.

Con anticipación, y ante una segunda vuelta y su polarización, el CD manejó una estrategia que puso a Gustavo Petro al sitial de principal contendor. Con base en profundos elementos relacionados con las acciones insurgentes del conflicto armado y de la repercusión de la situación en Venezuela, que tienen lugar en el imaginario de la ciudadanía de a pie, difundió y posicionó una variedad de miedos que cerraban y afectaban al ‘aliado’ de las Farc, al ‘símil’ de Chávez, a la ‘irresponsabilidad’ en el manejo de la cosa pública, al ascenso de los “exterroristas” en el manejo del país. Y tras esta argumentación, sensibilizaban y difundían acerca del camino hacia la pobreza generalizada de quienes habitan Colombia. Desde la contraparte también se buscaba una polarización. Fue puesto en el discurso el miedo por el regreso del uribismo al control del gobierno, y, por obvia extensión, de todas las injusticias que conlleva.

El triunfo del CD denota que el espacio y el peso de las ideas conservadoras son más potentes. Una realidad que desprende retos para todos los sectores que quieren un cambio en el país. Un desafío que exige explicarnos por qué amplios sectores de la población le temen al cambio, por qué repudian a la izquierda, en particular a la guerrilla, a las expresiones ‘progresistas’ del continente, y a todo lo que estos asuntos implican.

De este modo, alcanzar a posicionar un contrario como Petro resultó para el CD la mejor y más directa vía para extender el miedo en la campaña electoral. Así, la gente votaba no sólo en favor de Duque sino en contra de Petro, de la izquierda y del imaginario construido por ésta, en años de gobierno y poder en distintas coordenadas globales. Pero sobre todo, del imaginario construido sobre la izquierda y la revolución, en un proyecto articulado y con conexiones sociales para arrebatarle la bandera de la igualdad social, la libertad y la justicia. Democracia plena, que está pendiente para el conjunto histórico y global. Un discurso del CD que, como paradoja, no logró de manera plena su cometido en centros urbanos como Bogotá.

Por el contrario, sí permitió visibilizar la existencia de amplios sectores sociales que desean el cambio del modelo social, económico y político que ha imperado siempre en el país, sectores que, es de suponer, están dispuestos con energía y dedicación a movilizarse por tan anhelado giro. Preocupa, en todo caso, que estos nuevos sectores –que ahora se acercan tal vez por primera vez a una agenda pública que debe ser colectiva, abierta y deliberante– queden subsumidos en el imaginario de la política, las formas de lucha, el gobierno, y el poder difundidos desde la campaña liderada por Gustavo Petro y multiplicada de manera desenfrenada por diversas vías.

Se trata de un ideario político con aspectos insuficientes de rectificación a las repeticiones tradicionales de la izquierda, que de manera inexplicable centra toda la acción social y política en una campaña y en el yo de una persona. Sin la raíz y la construcción necesarias, un alto rango de unilateralidad que descuenta todos los factores de poder, con su tensión y su interrelación, que se concentran en el Estado y el gobierno, creando por esa vía la falsa expectativa de que es posible lograr un efectivo cambio social por el simple hecho de ganar unas elecciones. Si el lector desprevenido lee los whatsapps y otros mensajes que por varios días llegaron sobre el posible gobierno Petro, con la certeza de una ventaja, quedará convencido de la falsa idea de que, una vez fuera ungido como Presidente, todo cambiaría. ¿Es correcto difundir tal tipo de mensajes? ¿Es realizable tal propósito?

Entonces, ante esta realidad sin configurar un sujeto cotidiano y activo, en que el más crudo reformismo sienta base y deforma los procesos políticos, y ante el futuro inmediato por afrontar, estamos frente a una realidad inocultable que motiva y obliga a formular varias preguntas, fundamentales dentro del qué hacer, para elevarlas ante los sectores sociales inclinados por el cambio: ¿Cómo no perder la disposición y la energía de los millones que votaron por el cambio? ¿Cómo hacer para discutir y definir con tal conjunto humano el proyecto político por constituir, como base orgánica, colectiva, para proseguir en la disputa por el cambio? ¿Cómo darle paso a un proyecto nacional, incluyente, colectivo, plural, de proyección verdadera de las “ciudadanías libres”, que supere lo individual de un liderazgo y logre asiento en la diversidad regional, que, sin centrarse en forma alguna de lucha en particular asuma el reto de ser gobierno y poder desde ahora y en los territorios? ¡No es un debate de menor monto ni de pronta resolución!

Una postura de captación de la realidad y su correlación política, de rectificación y de autocrítica, de definición de los métodos de profundización en barrios y municipios, de la resonancia de los referentes sociales y políticos de convocatoria, de los instrumentos necesarios para la disputa continua y diaria de la opinión, que debe permitir la circulación de la palabra y de proyectos político-sociales de variado color, en que la relación con el Estado sea un referente pero no el condicionante institucional, y en que las experiencias de vida y comunidad levantadas a lo largo y ancho del país sean puntos de mira y de partida para el diseño definitivo del proyecto político por construir, en su contenido, sus formas y sus propósitos de Otra Democracia que es posible.

Son éstos un llamado y una discusión que se deben hacer desde este preciso momento. A la par de concitar la concentración de fuerzas desde el 7 de agosto mismo contra el nuevo gobierno y sus propósitos, pues, como dijo el propio Duque, el gobierno que él presida impulsará un paquete que incluye las reformas “[…] fiscal, a la educación, la salud, el agro, la justicia y las pensiones, como elementos iniciales”. Es decir, vendrán más reformas con intención de servir y potenciar al capital global y nacional. No será fácil ni de pocos meses el reto por afrontar. No es la espera hasta la próxima elección en 2022.

La configuración territorial de las reivindicaciones y sus resistencias es el camino que les queda a las mayorías del país, entre ellas quienes apoyaron la opción de Petro, de quienes votaron en blanco y quienes lo hicieron en contra de este gobierno, y sectores engañados que lo apoyaron con el sufragio, considerando que así le cerraban el camino al ‘comunismo’. Error mayúsculo que ahora podrán ayudar a subsanar con su vinculación a la resistencia social.

Será una confrontación que en el campo también abrirá espacio para la defensa de la tierra y de los Acuerdos de La Habana en ese aspecto, recuperando la consigna por una reforma agraria efectiva y que beneficie a todo el campesinado sin tierra o con poca tierra, además de confrontar las fumigaciones aéreas y la obligada sustitución de cultivos ilícitos que tratarán de llevar a cabo, como demostración de complacencia ante los Estados Unidos que descarga en Colombia la culpa por el consumo de sustancias como la cocaína entre amplias capas de su población.

Lucha social que también se ampliará al campo de la defensa de la Vida y de los Derechos Humanos, toda vez que el nuevo gobierno promete regresar y retomar, seguro bajo otro nombre pero con iguales pretensiones, las banderas y las prácticas de la mal llamada “seguridad democrática”, incluyendo el pago por “positivos”. Todo un terror con vínculos oficiales a la vista.

Los retos abiertos por el nuevo gobierno son inmensos, pero también las posibilidades para el cambio. El año 2019 será una nueva escala para tal disputa, antecedida de la resistencia ya enunciada. ¿Se podrán encarar tales retos desde un proyecto de cambio profundo, sin subsumirlo en las apetencias tradicionales del camino electoral?

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¿Nuevos tiempos, nueva Constitución?

Ya funciona en Cuba una comisión parlamentaria encargada de modificar la Constitución y crear un marco legal para las “nuevas formas de gestión” –inversión extranjera, pequeños negocios privados y cooperativas no agropecuarias– promovidas por el gobierno.

 Alguna vez, entre finales de los años noventa y principios de los dos mil, se comenzó a hablar en Cuba de la necesidad de eliminar la “doble moneda”. Dos décadas más tarde esta práctica persiste. Ni siquiera la preocupación de Fidel Castro por la circulación de una moneda paralela (la población llegó a emplear incluso el dólar estadounidense) bastó para cambiar una realidad que abrió las puertas al fenómeno social más temido por la ortodoxia revolucionaria: la desigualdad.

“Antes del Período Especial todos éramos prácticamente iguales, pero cuando se cayó la Urss y quitaron la prohibición de tener dólares, ese sueño se desvaneció”, comenta Caridad, una vendedora de divisas de la ciudad de Matanzas, cien quilómetros al este de La Habana. Hace alrededor de diez años que compra y vende Cuc, el peso cubano “convertible”, equivalente al dólar y 25 veces más valioso que el peso cubano “normal” o Cup. Se trata de un negocio ilegal, que le asegura unos ingresos constantes y nada despreciables, confiesa.


A Caridad no la inquieta que algún día vaya a desaparecer su fuente de recursos: “Cuando empecé en esto ya decían que iban a quitar los Cuc, y todo ha seguido como si nada. Posiblemente, ese cambio no lo vean ni mis hijos”.


La historia parece darle la razón. La celeridad no ha sido nunca característica distintiva de los gobiernos de la revolución. Ni siquiera a comienzos de la década de 1990, cuando La Habana quedó prácticamente aislada en el mundo luego de la desaparición del socialismo real. Por entonces Fidel Castro condujo con cautela extrema un proceso de reformas que se extendió de 1991 a 1997 y tuvo como premisa no adoptar decisiones que pusieran en peligro “las conquistas del socialismo”. Una década más tarde, en julio de 2006, Raúl Castro relevó de forma inesperada a su hermano. Apenas asumida la nueva responsabilidad, el general de Ejército enarboló como bandera el principio de “avanzar sin prisas pero sin pausa”, un compromiso que cumplió al pie de la letra… sobre todo en cuanto al primer aspecto.


El pasado 19 de abril, durante la entrega oficial de la presidencia a su sucesor, Miguel Díaz-Canel, Raúl Castro señaló la necesidad de contar con una carta magna más acorde a la realidad del país. El principal motivo detrás de esta iniciativa del gobierno es adecuar el marco legal existente a los grandes cambios económicos que se vienen dando en la isla desde hace más de una década, por ejemplo con el emergente sector privado.


UN PROCESO EXPRÉS.

La redacción de la nueva Constitución, anticipaba Raúl Castro, estaría a cargo de “una comisión de diputados que se propondrá a ustedes (la Asamblea Nacional del Poder Popular, Anpp) en el mes de julio”, es decir al comenzar el período ordinario de sesiones (uno de los dos que en el año establece la ley para la Anpp). Pero cuando el pasado 28 de mayo el Palacio de la Revolución anunció inesperadamente la convocatoria anticipada de la legislatura quedó claro que el proceso de reescritura de la Constitución era una de las principales prioridades del gobierno. El sábado pasado fueron aprobados los 33 nombramientos de la comisión constituyente, que –como cabía esperar– es presidida por Raúl Castro en su condición de primer secretario del Partido Comunista. Tampoco se dejó margen a la improvisación al elegir al resto de los constituyentes. Treinta de los puestos están ocupados por dirigentes políticos o administrativos a distintos niveles. Los tres restantes son un historiador muy vinculado al Comité Central del partido, una jueza de un tribunal de provincia, y Raúl Castro.


De la labor de este grupo emergerá un anteproyecto de reforma constitucional que luego transitará por dos períodos de discusión en la Asamblea y un proceso de consultas entre la población, antes de ser sometido a un referéndum nacional.


Tal como lo señaló la periodista Andrea Rodríguez, de Associated Press (AP), esta iniciativa del gobierno llega tras una década en que “se configuró un país diferente: se abrieron las puertas a una incipiente iniciativa privada y al mercado de bienes raíces, al tiempo que miles de personas ostentan orgullosas su doble ciudadanía –prohibida por la carta magna– y los derechos de la comunidad gay están en franco avance”.


Crear un marco constitucional para las “nuevas formas de gestión” promovidas por la política de actualización económica –inversión extranjera, pequeños negocios privados y cooperativas no agropecuarias– es una de las principales prioridades del gobierno cubano, así lo han manifestado varios de sus funcionarios en diferentes ocasiones.


AGENDAS DIVERSAS.

Mientras el gobierno pretende circunscribir la reforma a algunas cuestiones económicas y otras de orden “administrativo” (como el límite de dos mandatos promovido por Raúl Castro para los principales cargos públicos), hay sectores sociales que esperan que este proceso incluya también otros cambios de carácter político (que probablemente sean más difíciles de conseguir). Y aunque muy tímidamente, ya han comenzado a promover sus propias agendas.


Tal es el caso de la comunidad Lgtbiq, interesada en la regularización de derechos, como el matrimonio igualitario; por otra parte, en círculos académicos, sobre todo de ciencias políticas, se discute y promueve la posibilidad de profesionalizar a los diputados de la Asamblea Nacional y reducir su número (en la actualidad son 605); y entre la disidencia y ciertas franjas de la intelectualidad se considera la oportunidad de comenzar un período de transición hacia el pluripartidismo o un sistema electoral diferente, con todo lo que esa nueva circunstancia pudiera implicar. Desde la izquierda se discute cómo modificar el sistema político, mientras que desde la derecha se intenta buscar las maneras de remplazarlo.


“Esta podría ser la contienda política más importante de los últimos años en Cuba, porque va a haber un debate muy importante”, consideró en una entrevista reciente con AP el abogado cubano y profesor de la Universidad de la Habana Julio Antonio Fernández Estrada, para quien la gran pregunta que estará en discusión es en qué tipo de sociedad vivirán sus conciudadanos en el futuro.


LEGITIMACIÓN.

“La intención política de acometer su reforma (de la Constitución) en el contexto de cambios que experimenta la sociedad cubana forma parte de un proceso mucho más complejo que le trasciende”, reflexionaba en febrero pasado el ensayista y profesor de la Universidad de Oriente René Fidel González García. En una larga conversación con los redactores del sitio digital cubano de izquierda La Tiza, alertaba que cualquier acción que se emprenda en ese sentido deberá tener en cuenta “la urgencia de blindar, ampliar y modernizar en derechos, institucionalidad y prácticas ciudadanas los logros y estructuras civilizatorias alcanzadas en Cuba (…) pero también las necesidades de legitimación y construcción de consensos políticos y sociales”.


La actual Constitución –de fuerte influencia soviética– entró en vigor en febrero de 1976 avalada en un referéndum por más del 98 por ciento de la ciudadanía. En sus más de cuatro décadas de vigencia ha sido objeto de dos reformas importantes. La primera en 1992, a tenor con el comienzo del Período Especial (la crisis económica provocada por la desaparición de la Unión Soviética), cuando se buscó democratizar el sistema de gobierno otorgando a los ciudadanos el derecho a elegir los diputados nacionales y los delegados a las asambleas de las provincias, y fueron creados los Consejos Populares, las instancias de administración local. El segundo proceso modificatorio tuvo lugar en 2002, en respuesta al llamado Proyecto Varela, una suerte de consulta alternativa promovida por grupos disidentes. Por entonces, Fidel Castro impulsó la recolección de millones de firmas reclamando que se modificara la carta magna, incorporando en su articulado el “carácter irrevocable del socialismo”.


Dieciséis años después la realidad de la isla conserva sólo unas pocas trazas de aquellos contextos históricos. Hoy más de una décima parte de su fuerza laboral está empleada en el “sector no estatal” –es decir en el privado–; alrededor de 40 mil cubanos emigran cada año, y gana protagonismo una pequeña pero pujante clase media. Es un país que ha cambiado


La persistencia de la doble circulación monetaria –con su carga de inflación y restricciones al consumo para el ciudadano de a pie– pudiera considerarse un ejemplo paradigmático en Cuba. Modificar la Constitución seguramente resultará más fácil que eliminar una moneda de su sistema económico. En su discurso de investidura, el nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, anticipó el derrotero que guiaría todos los ámbitos de su administración, incluido el tema de la actualización constitucional: “No habrá lugar en Cuba para quienes luchan por la restauración del capitalismo”, aseguró. Llevarlo al papel no se perfila como algo demasiado complicado; la cuestión es cómo asegurarse de que ello no ocurra en la realidad.

 

Amaury Valdivia

8 junio, 2018

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Domingo, 03 Junio 2018 07:12

El ruido de la ausencia

El ruido de la ausencia

Colombia se apresta a elegir al próximo presidente de la República. El número exacto en la lista de presidentes no es exactamente claro, debido a circunstancias como la Patria Boba, o las numerosas guerras del siglo XIX.

 

Colombia, el candidato a la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico); el país miembro del grupo de Civets (presuntamente el grupo de vanguardia en el futuro de la economía después de los países Brics); la cuarta economía de América Latina, después de Brasil, México y Chile; la Atenas Suramericana, como jocosamente aún alguna aerolínea lo anuncia al aterrizar en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, siguiendo una leyenda urbana que se remonta a los comienzos del siglo XX; en fin, si se quiere, Colombia, el país que más universidades está logrando situar en los grandes escalafones universitarios mundiales en la región, al lado de Brasil, Chile y México.

 

Pues bien, una mirada atenta a los discursos, los pronunciamientos, incluso las entrevistas de los candidatos a la presidencia 2018-2022 pone en evidencia que no ha habido absolutamente ninguna palabra acerca de propuestas, políticas, planes de ciencia y tecnología. Sí hay, y variadas, propuestas sobre educación; desde luego sobre política internacional; sobre políticas de centralización y descentralización, políticas sociales de diversa índole. Pero ni una sola palabra acerca de la ciencia y la tecnología.

 

Dicho puntualmente, la ciencia y la tecnología no existe ni en las agendas de los candidatos a la presidencia, ni en la de sus grupos de asesores, ni tampoco en los periodistas que indagan, consultan y cuestionan.

 

El Estado y la política frente a la ciencia y la tecnología

 

Esta circunstancia no es extraña. Todo lo contrario, es perfectamente congruente con la historia misma del país. Nunca ha habido una preocupación seria por parte del Estado ni de la clase política acerca de la ciencia y la tecnología (CyT).

 

Nunca en la historia del país se logró que el presupuesto de inversión en (CyT) fuera superior al 0.5 por ciento del PIB. Jamás se logró la creación de un ministerio de (CyT).

 

Santos desplazó a Colciencias –el Departamento Administrativo sobre el tema– hacia el Departamento de Planeación Nacional. El candidato Gustavo Petro, quien más se ha acercado al tema, sencillamente propuso que Colciencias pase a ser una dependencia del Ministerio de Educación, lo cual podría tener buenas intenciones de cara a la educación, pero no dice una palabra acerca de (CyT).

 

Digámoslo de manera franca y directa, las élites colombianas jamás han estado sinceramente interesadas en ciencia y tecnología como un asunto de política pública. Los logros alcanzados ocasionalmente en materia de ciencia, tecnología e investigación es más el resultado del trabajo denodado de investigadores individuales y grupos de investigación, antes que el resultado de políticas de apoyo por parte del gobierno o el Estado. Las universidades han hecho lo suyo, pero buena parte de la motivación resulta del hecho de que a un mayor prestigio en calidad académica y de investigación resultan más matrículas y más dinero que ingresa por conceptos como aportes del sector privado.

 

Ante una mirada y un oído sensibles, es atronador el silencio en la política en materia de ciencia y tecnología. Lo cual significa desconocer que el apoyo a la (CyT) se traduce en más y mejores condiciones de vida para la población, más y mejor infraestructura, alimentación, servicios de salud, esperanzas y expectativas de vida, en fin, mayor cuidado del medio ambiente y de la naturaleza.


De un lado, ni las universidades, que invitan a los candidatos a presentar sus programas, les han abierto los ojos a los políticos acerca del tema; y de otra parte, ni los políticos, sus partidos, movimientos y grupos de asesores han caído en la importancia del conocimiento y la información para el desarrollo de la sociedad.


Temas y asuntos como la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento y la sociedad de redes, permanecen al margen de las preocupaciones políticas. Es cierto que sí existen planes por parte del Gobierno para pasar del sistema wifi al wimax; es verdad que hay conciencia en algunos sectores acerca del significado de la cuarta revolución industrial, por ejemplo. Pero en el mapa amplio y profundo de la política esos planes representan apenas asuntos de mera gobernabilidad antes que de estrategias políticas en el sentido preciso y fuerte de la palabra.

 

Y no importa si los candidatos son de extrema derecha, de derecha, de centro, de cualquier variedad de la izquierda. Los partidos y movimientos políticos en Colombia no saben de ciencia y tecnología. Ello en marcado contraste con diversos movimientos sociales y políticos desde abajo que sí están aprendiendo y han aprendido de la importancia del conocimiento y la investigación para mejorar sus condiciones de vida; la dignidad y la calidad de vida.

 

Ciencia y tecnología y posibilidades de vida

 

No existe la más mínima duda: en la historia, los países que han invertido en ciencia y en tecnología logran desarrollar políticas sociales y medioambientales que se traducen en mayor gratificación de la existencia. Los índices de felicidad y de satisfacción de la vida consigo misma, son mayores en esos países

 

En la historia, los casos son perfectamente conocidos, pero más recientemente, se trata de países como Irlanda, Corea, Israel, Indonesia y Chile, para mencionar tan sólo un puñado de países que recientemente han invertido de manera significativa en ciencia, tecnología e investigación y sus índices de desarrollo, crecimiento y calidad de vida han aumentado de manera importante.

 

En Colombia sigue prevaleciendo ampliamente la innovación como el modelo de transferencia tecnológica. No existe en Colombia una política pública de apoyo a la innovación, y de manera atávica la entienden, los responsables de lo público, simple y llanamente como emprendimiento. Que es tan torpe como confundir el fuego con el calor, o la lluvia con inundaciones, por ejemplo. Colombia nunca ha hecho hasta la fecha de la innovación un asunto de política pública.

 

Sería interesante realizar un muestreo de las facultades de derecho y gobierno, ciencia política y relaciones internacionales –independientemente del nombre– en las que existen sistemáticamente planes de estudio sobre política de ciencia y tecnología. Reina el silencio, el abandono y el desconocimiento. En Colombia la política y la ciencia y la tecnología no se han llegado a encontrar, ni desde la teoría, ni desde el estudio ni en la práctica.

 

Un mapa congruente que se traduce en violencia, inequidad, injusticia e impunidad. La historia gruesa y oficial de la República de Colombia.

 

Ciencia y tecnología y educación

 

El ministerio de educación nacional (MEN) ha volcado todas sus apuestas de formación de niños, jóvenes y adolescentes en tres criterios: competencias argumentativas, competencias propositivas y competencias interpretativas, todo lo cual, presuntamente se traducirían en competencias ciudadanas. Un embeleco, la verdad sea dicha.

 

Los niños y jóvenes deben hacerse competitivos y desarrollar competencias –todo lo cual pone en evidencia que es el mercado y no la educación por sí misma la que determina los criterios de la educación y la formación. Al fin y al cabo, el sistema de libre mercado se rige por la competitividad, y no sabe nada de cooperación. Confunde, al cabo, la cooperación con programas asistencialistas, dos cosas perfectamente distintas.

 

Los niños y jóvenes se están formando con criterios guerreristas antes que de solidaridad, comensalismo, mutualismo o cooperación. La lucha contra la pobreza, la lucha contra la enfermedad, la lucha por la supervivencia, en fin, cada cual sálvese por sí mismo. Políticas educativas semejantes crean una sociedad indolente, egoísta, ciega.

 

En Brasil, ante el asesinato de una líder social, Marielle Franco, la sociedad civil entera se lanzó a las calles a protestar. En Honduras, el asesinato de la defensora del medioambiente Berta Cáceres produjo una respuesta solidaria de envergadura nacional y mundial. En España, la violación de una mujer por parte de un grupo de amigos conocido como la Manada y la subsecuente condena débil por parte de un juez hizo que toda España se levantara contra la impunidad y la injusticia. En Argentina, la desaparición y muerte del líder social Santiago Maldonado produjo un movimiento de protesta y solidaridad que perdura hasta la fecha. Los ejemplos y casos pueden multiplicarse alrededor del mundo.

 

En Colombia, según diversas fuentes, después de los Acuerdos de La Habana, han sido asesinados alrededor de 200 líderes sociales. Desde el año 2016 han caído asesinados más de 110 defensores de derechos humanos. Pero no se sienten las protestas y los reclamos en las calles en contra de los asesinatos, crímenes y atentados.

 

Colombia es un país de una extremada violencia, traducida en egoísmo y miedo. Y entonces, claro, la falta de cooperación y solidaridad salta ante la vista. Pues bien, un sistema que promueve la competitividad y no la cooperación es una un sistema que apoya, por acción o por omisión, la violencia, la injusticia, la inequidad, la pobreza y la indolencia. Que cada quien se salve a sí mismo, eso es lo construido por décadas desde el sistema educativo y desde las políticas públicas.

 

Competencias educativas, competencias ciudadanas: conceptos erróneos y peligrosos.

 

¿Qué significa una educación y cultura en ciencia y tecnología?

 

En la Grecia antigua, la ciencia y la filosofía fueron el resultado de la política y el derecho. Los debates dejaron de resolverse a las armas, y los argumentos pasaron al primer plano. Argumentos, pruebas, demostraciones, datos, recurso a la experiencia, pensamiento crítico, y mucha libertad. Ese es el modelo que alimenta a Occidente.

 

La formación en ciencia tiene muchos componentes; así por ejemplo, es el reconocimiento del valor de la palabra, de lo argumentos, de los juicios bien construidos. Se trata del hecho de que un conjunto de enunciados no vale nada si la experiencia demuestra lo contrario, lo cual pone en el foco de la mirada la importancia de los hechos, de los datos. Es imposible hacer buena ciencia sin una buena base de datos.

 

Asimismo, la formación en ciencia es el reconocimiento explícito de que los argumentos de autoridad no tienen absolutamente ningún valor. En ciencia no valen las autoridades, sino los experimentos, las reflexiones, los juicios críticos y ponderados a la vez.

 

En ciencia la opinión no vale de nada. Ello en marcado contraste con el modelo liberal de la sociedad que se funda en la libertad de opinión y en la importancia de los formadores de opinión y de los grandes medios de comunicación. Ya Sócrates lo señalo de manera precisa. La opinión, los saberes circulantes, los lugares comunes deben ser radicalmente eliminados y transformados en conceptos. Una idea guía de una inmensa carga democrática.

 

La educación en ciencia forma ciudadanos con criterios propios, reflexivos, críticos. En ciencia, en contraste con el mundo de la política y los negocios, los consensos y los acuerdos no son lo importante. Por el contrario, se promueve la discusión, el debate, la crítica, la reflexión. El mundo de la ciencia no está construido sobre consensos, acuerdos y pactos, sino sobre pruebas y contra-pruebas, refutaciones, mejores experimentos y la elaboración de interpretaciones más consistentes.

 

El Magistrado Carlos Gaviria ya lo decía en algún momento. Grosso modo, la historia de Colombia ha sido la historia del Derecho, puesto que la gran mayoría de los gobernantes fueron formados en el Derecho. Más recientemente, a la responsabilidad del Derecho se suma la responsabilidad misma de la economía, la administración y las finanzas. Grosso modo, las élites colombianas se vienen formando principalmente en estas áreas. Y ellas no saben de ciencia, de tecnología, de investigación. Son eminentemente instrumentales y efectistas. Su lenguaje es el del crecimiento, la eficacia, la eficacia, y la competitividad, notablemente. Todo lo contrario a la ciencia, prima facie.

 

La investigación científica existe hoy en día con base en redes, y promueve a su vez ampliamente las redes: redes de colaboración, redes académicas, redes de citación, redes de investigación. Pues bien, al interior de las redes lo que prima es la colaboración y no la competencia o el egoísmo, el individualismo y la sospecha.

 

Una educación fundada en competencias le hace un flaco favor a la justicia y la igualdad.

 

Los políticos en toda la línea de la palabra, candidatos o no, poco y nada saben de ciencia. Y el más popular de ellos amenaza a sus oponentes, los testigos de sus actos son misteriosamente asesinados, y alrededor suyo se impone una red de silencio y complicidad. Literalmente, se llama el innombrable porque no merece ser nombrado.

 

Los partidos políticos, los movimientos políticos, deben asumir la responsabilidad que tienen ante la ignorancia que tienen ante la ciencia y la tecnología; en el país y en el mundo.

 

Repetimos, frente a esos políticos hay movimientos sociales que sí saben, están aprendiendo y estudian temas de ciencia y tecnología. Pareciera ser que el futuro del país puede encontrarse en estos movimientos sociales con la condición de que logren dinámicas políticas de amplio alcance.

 

Mientras tanto, en materia de conocimiento bien vale un juicio crítico, negativo o de abstención frente a las élites políticas y los candidatos en curso. El ruido de la ausencia.

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Lunes, 28 Mayo 2018 10:53

El ruido de la ausencia

El ruido de la ausencia

Colombia se apresta a elegir al próximo presidente de la República. El número exacto en la lista de presidentes no es exactamente claro, debido a circunstancias como la Patria Boba, o las numerosas guerras del siglo XIX.

 

Colombia, el candidato a la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico); el país miembro del grupo de Civets (presuntamente el grupo de vanguardia en el futuro de la economía después de los países Brics); la cuarta economía de América Latina, después de Brasil, México y Chile; la Atenas Suramericana, como jocosamente aún alguna aerolínea lo anuncia al aterrizar en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, siguiendo una leyenda urbana que se remonta a los comienzos del siglo XX; en fin, si se quiere, Colombia, el país que más universidades está logrando situar en los grandes escalafones universitarios mundiales en la región, al lado de Brasil, Chile y México.

 

Pues bien, una mirada atenta a los discursos, los pronunciamientos, incluso las entrevistas de los candidatos a la presidencia 2018-2022 pone en evidencia que no ha habido absolutamente ninguna palabra acerca de propuestas, políticas, planes de ciencia y tecnología. Sí hay, y variadas, propuestas sobre educación; desde luego sobre política internacional; sobre políticas de centralización y descentralización, políticas sociales de diversa índole. Pero ni una sola palabra acerca de la ciencia y la tecnología.

 

Dicho puntualmente, la ciencia y la tecnología no existe ni en las agendas de los candidatos a la presidencia, ni en la de sus grupos de asesores, ni tampoco en los periodistas que indagan, consultan y cuestionan.

 

El Estado y la política frente a la ciencia y la tecnología

 

Esta circunstancia no es extraña. Todo lo contrario, es perfectamente congruente con la historia misma del país. Nunca ha habido una preocupación seria por parte del Estado ni de la clase política acerca de la ciencia y la tecnología (CyT).

 

Nunca en la historia del país se logró que el presupuesto de inversión en (CyT) fuera superior al 0.5 por ciento del PIB. Jamás se logró la creación de un ministerio de (CyT).

 

Santos desplazó a Colciencias –el Departamento Administrativo sobre el tema– hacia el Departamento de Planeación Nacional. El candidato Gustavo Petro, quien más se ha acercado al tema, sencillamente propuso que Colciencias pase a ser una dependencia del Ministerio de Educación, lo cual podría tener buenas intenciones de cara a la educación, pero no dice una palabra acerca de (CyT).

 

Digámoslo de manera franca y directa, las élites colombianas jamás han estado sinceramente interesadas en ciencia y tecnología como un asunto de política pública. Los logros alcanzados ocasionalmente en materia de ciencia, tecnología e investigación es más el resultado del trabajo denodado de investigadores individuales y grupos de investigación, antes que el resultado de políticas de apoyo por parte del gobierno o el Estado. Las universidades han hecho lo suyo, pero buena parte de la motivación resulta del hecho de que a un mayor prestigio en calidad académica y de investigación resultan más matrículas y más dinero que ingresa por conceptos como aportes del sector privado.

 

Ante una mirada y un oído sensibles, es atronador el silencio en la política en materia de ciencia y tecnología. Lo cual significa desconocer que el apoyo a la (CyT) se traduce en más y mejores condiciones de vida para la población, más y mejor infraestructura, alimentación, servicios de salud, esperanzas y expectativas de vida, en fin, mayor cuidado del medio ambiente y de la naturaleza.


De un lado, ni las universidades, que invitan a los candidatos a presentar sus programas, les han abierto los ojos a los políticos acerca del tema; y de otra parte, ni los políticos, sus partidos, movimientos y grupos de asesores han caído en la importancia del conocimiento y la información para el desarrollo de la sociedad.


Temas y asuntos como la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento y la sociedad de redes, permanecen al margen de las preocupaciones políticas. Es cierto que sí existen planes por parte del Gobierno para pasar del sistema wifi al wimax; es verdad que hay conciencia en algunos sectores acerca del significado de la cuarta revolución industrial, por ejemplo. Pero en el mapa amplio y profundo de la política esos planes representan apenas asuntos de mera gobernabilidad antes que de estrategias políticas en el sentido preciso y fuerte de la palabra.

 

Y no importa si los candidatos son de extrema derecha, de derecha, de centro, de cualquier variedad de la izquierda. Los partidos y movimientos políticos en Colombia no saben de ciencia y tecnología. Ello en marcado contraste con diversos movimientos sociales y políticos desde abajo que sí están aprendiendo y han aprendido de la importancia del conocimiento y la investigación para mejorar sus condiciones de vida; la dignidad y la calidad de vida.

 

Ciencia y tecnología y posibilidades de vida

 

No existe la más mínima duda: en la historia, los países que han invertido en ciencia y en tecnología logran desarrollar políticas sociales y medioambientales que se traducen en mayor gratificación de la existencia. Los índices de felicidad y de satisfacción de la vida consigo misma, son mayores en esos países

 

En la historia, los casos son perfectamente conocidos, pero más recientemente, se trata de países como Irlanda, Corea, Israel, Indonesia y Chile, para mencionar tan sólo un puñado de países que recientemente han invertido de manera significativa en ciencia, tecnología e investigación y sus índices de desarrollo, crecimiento y calidad de vida han aumentado de manera importante.

 

En Colombia sigue prevaleciendo ampliamente la innovación como el modelo de transferencia tecnológica. No existe en Colombia una política pública de apoyo a la innovación, y de manera atávica la entienden, los responsables de lo público, simple y llanamente como emprendimiento. Que es tan torpe como confundir el fuego con el calor, o la lluvia con inundaciones, por ejemplo. Colombia nunca ha hecho hasta la fecha de la innovación un asunto de política pública.

 

Sería interesante realizar un muestreo de las facultades de derecho y gobierno, ciencia política y relaciones internacionales –independientemente del nombre– en las que existen sistemáticamente planes de estudio sobre política de ciencia y tecnología. Reina el silencio, el abandono y el desconocimiento. En Colombia la política y la ciencia y la tecnología no se han llegado a encontrar, ni desde la teoría, ni desde el estudio ni en la práctica.

 

Un mapa congruente que se traduce en violencia, inequidad, injusticia e impunidad. La historia gruesa y oficial de la República de Colombia.

 

Ciencia y tecnología y educación

 

El ministerio de educación nacional (MEN) ha volcado todas sus apuestas de formación de niños, jóvenes y adolescentes en tres criterios: competencias argumentativas, competencias propositivas y competencias interpretativas, todo lo cual, presuntamente se traducirían en competencias ciudadanas. Un embeleco, la verdad sea dicha.

 

Los niños y jóvenes deben hacerse competitivos y desarrollar competencias –todo lo cual pone en evidencia que es el mercado y no la educación por sí misma la que determina los criterios de la educación y la formación. Al fin y al cabo, el sistema de libre mercado se rige por la competitividad, y no sabe nada de cooperación. Confunde, al cabo, la cooperación con programas asistencialistas, dos cosas perfectamente distintas.

 

Los niños y jóvenes se están formando con criterios guerreristas antes que de solidaridad, comensalismo, mutualismo o cooperación. La lucha contra la pobreza, la lucha contra la enfermedad, la lucha por la supervivencia, en fin, cada cual sálvese por sí mismo. Políticas educativas semejantes crean una sociedad indolente, egoísta, ciega.

 

En Brasil, ante el asesinato de una líder social, Marielle Franco, la sociedad civil entera se lanzó a las calles a protestar. En Honduras, el asesinato de la defensora del medioambiente Berta Cáceres produjo una respuesta solidaria de envergadura nacional y mundial. En España, la violación de una mujer por parte de un grupo de amigos conocido como la Manada y la subsecuente condena débil por parte de un juez hizo que toda España se levantara contra la impunidad y la injusticia. En Argentina, la desaparición y muerte del líder social Santiago Maldonado produjo un movimiento de protesta y solidaridad que perdura hasta la fecha. Los ejemplos y casos pueden multiplicarse alrededor del mundo.

 

En Colombia, según diversas fuentes, después de los Acuerdos de La Habana, han sido asesinados alrededor de 200 líderes sociales. Desde el año 2016 han caído asesinados más de 110 defensores de derechos humanos. Pero no se sienten las protestas y los reclamos en las calles en contra de los asesinatos, crímenes y atentados.

 

Colombia es un país de una extremada violencia, traducida en egoísmo y miedo. Y entonces, claro, la falta de cooperación y solidaridad salta ante la vista. Pues bien, un sistema que promueve la competitividad y no la cooperación es una un sistema que apoya, por acción o por omisión, la violencia, la injusticia, la inequidad, la pobreza y la indolencia. Que cada quien se salve a sí mismo, eso es lo construido por décadas desde el sistema educativo y desde las políticas públicas.

 

Competencias educativas, competencias ciudadanas: conceptos erróneos y peligrosos.

 

¿Qué significa una educación y cultura en ciencia y tecnología?

 

En la Grecia antigua, la ciencia y la filosofía fueron el resultado de la política y el derecho. Los debates dejaron de resolverse a las armas, y los argumentos pasaron al primer plano. Argumentos, pruebas, demostraciones, datos, recurso a la experiencia, pensamiento crítico, y mucha libertad. Ese es el modelo que alimenta a Occidente.

 

La formación en ciencia tiene muchos componentes; así por ejemplo, es el reconocimiento del valor de la palabra, de lo argumentos, de los juicios bien construidos. Se trata del hecho de que un conjunto de enunciados no vale nada si la experiencia demuestra lo contrario, lo cual pone en el foco de la mirada la importancia de los hechos, de los datos. Es imposible hacer buena ciencia sin una buena base de datos.

 

Asimismo, la formación en ciencia es el reconocimiento explícito de que los argumentos de autoridad no tienen absolutamente ningún valor. En ciencia no valen las autoridades, sino los experimentos, las reflexiones, los juicios críticos y ponderados a la vez.

 

En ciencia la opinión no vale de nada. Ello en marcado contraste con el modelo liberal de la sociedad que se funda en la libertad de opinión y en la importancia de los formadores de opinión y de los grandes medios de comunicación. Ya Sócrates lo señalo de manera precisa. La opinión, los saberes circulantes, los lugares comunes deben ser radicalmente eliminados y transformados en conceptos. Una idea guía de una inmensa carga democrática.

 

La educación en ciencia forma ciudadanos con criterios propios, reflexivos, críticos. En ciencia, en contraste con el mundo de la política y los negocios, los consensos y los acuerdos no son lo importante. Por el contrario, se promueve la discusión, el debate, la crítica, la reflexión. El mundo de la ciencia no está construido sobre consensos, acuerdos y pactos, sino sobre pruebas y contra-pruebas, refutaciones, mejores experimentos y la elaboración de interpretaciones más consistentes.

 

El Magistrado Carlos Gaviria ya lo decía en algún momento. Grosso modo, la historia de Colombia ha sido la historia del Derecho, puesto que la gran mayoría de los gobernantes fueron formados en el Derecho. Más recientemente, a la responsabilidad del Derecho se suma la responsabilidad misma de la economía, la administración y las finanzas. Grosso modo, las élites colombianas se vienen formando principalmente en estas áreas. Y ellas no saben de ciencia, de tecnología, de investigación. Son eminentemente instrumentales y efectistas. Su lenguaje es el del crecimiento, la eficacia, la eficacia, y la competitividad, notablemente. Todo lo contrario a la ciencia, prima facie.

 

La investigación científica existe hoy en día con base en redes, y promueve a su vez ampliamente las redes: redes de colaboración, redes académicas, redes de citación, redes de investigación. Pues bien, al interior de las redes lo que prima es la colaboración y no la competencia o el egoísmo, el individualismo y la sospecha.

 

Una educación fundada en competencias le hace un flaco favor a la justicia y la igualdad.

 

Los políticos en toda la línea de la palabra, candidatos o no, poco y nada saben de ciencia. Y el más popular de ellos amenaza a sus oponentes, los testigos de sus actos son misteriosamente asesinados, y alrededor suyo se impone una red de silencio y complicidad. Literalmente, se llama el innombrable porque no merece ser nombrado.

 

Los partidos políticos, los movimientos políticos, deben asumir la responsabilidad que tienen ante la ignorancia que tienen ante la ciencia y la tecnología; en el país y en el mundo.

 

Repetimos, frente a esos políticos hay movimientos sociales que sí saben, están aprendiendo y estudian temas de ciencia y tecnología. Pareciera ser que el futuro del país puede encontrarse en estos movimientos sociales con la condición de que logren dinámicas políticas de amplio alcance.

 

Mientras tanto, en materia de conocimiento bien vale un juicio crítico, negativo o de abstención frente a las élites políticas y los candidatos en curso. El ruido de la ausencia.

Publicado enEdición Nº246
Colombia en la Ocde: El premio al sometimiento

Tres días después de aprobado el proyecto de ley que reforma los derechos de autor en el país –Ley Lleras– , última exigencia de los Estados Unidos para darle luz verde al ingreso de Colombia en la Ocde, llegó la noticia de que el país fue aceptado en el “Club de los países de las buenas prácticas”. ¿Sorpresa? O tal vez algo más real, ¿premio al sometimiento?

 

El 25 de mayo, en horas de la mañana, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) aceptó de manera oficial la incorporación de Colombia a este grupo, constituyéndose en el integrante 37, y el tercero de los países de América Latina en ser aceptado; Chile y México son los otros dos. Según el secretario general de este organismo, Ángel Gurría, el 30 de mayo en París será la firma protocolaria de tal aprobación.

La noticia de este “logro”, dada al país con bombos y platillos por Santos, significa, en plata blanca, la multiplicación de capitales interesados en invertir en el país, es decir, mayores negocios para los de siempre, pero, de acuerdo al conjunto de normas expedidas en diversidad de áreas para ajustar la institucionalidad nacional a las exigencias de esta plataforma neoliberal, para las mayorías sociales significará menos derechos y más deberes.

Los ajustes

Para pertenecer a la Ocde la institucionalidad del país debieron ajustarse de tal manera que pudieran satisfacer las demandas del capital global, necesitado de inversitr en uno u otro territorio con todas las garantías de lucro. No es casual que una de las reformas más exigidas fuera la que le brinda garantía jurídica para el capital global.

En el camino de ajustar las instituciones a las demandas a este capital, el gobierno Santos debió contratar multitud de estudios y consultorías, así como la entrega de informes, para demostrar la disposición total del capital nacional ante las demandas de su par global. Dinero sufragado de las arcas públicas, es decir, del ahorro de todos. A partir de la firma del ingreso por plasmarse en París, deberá cancelarse, además, la cuota anual que asegura el derecho a la membresía, que también saldrá del bolsillo del conjunto nacional. Así, la mayorías financiamos los negocios de las minorías; ellos se benefician, las mayorías solo verán promesas e ilusiones.

Ni que hablar de los costos en materia de soberanía nacional –ya bastante menguada– que impedirán la implementación de políticas públicas que en realidad respondan a las necesidades del grueso de la población. Recordemos que las élites políticas colombianas se han empeñado en acomodar nuestro país a estándares y parámetros concebidos en otras latitudes. Durante décadas estas élites han condenado a Colombia a la economía extractiva, a la corrupción, al desempleo o al empleo precario, al detrimento de la educación, la ciencia y la investigación para el desarrollo de tecnologías y, como consecuencia, a una desigualdad e injusticia social alarmante.


En el comunicado de prensa emitido a propósito de la vinculación, la Ocde enuncia:

“Como parte del proceso de adhesión, Colombia se ha sometido a varias evaluaciones en profundidad, realizadas por 23 Comités de la OCDE, y ha realizado grandes reformas para alinear su legislación, políticas y prácticas con los estándares de la OCDE en cuestiones, entre otras, laborales, del sistema judicial, la gobernanza corporativa de las empresas públicas, la lucha contra el cohecho y el ámbito del comercio, y ha introducido nuevas políticas a nivel nacional sobre productos químicos industriales y gestión de residuos”.

Leyes para el capital internacional


No es poco lo realizado para cumplir con las demandas de la Ocde y así lograr su aval. Desde el 2013, cuando la oligarquía nacional logró que consideraran su ingreso a esta organización, en el país se han surtido cambios en áreas como inversiones, transacciones comerciales internacionales, gobernanza corporativa, mercados financieros, seguros y pensiones privadas, competencia, impuestos, medio ambiente, productos químicos, gobernanza pública, política regulatoria, desarrollo territorial, estadísticas, economía, educación, empleo, trabajo y asuntos sociales; salud, comercio, créditos a la exportación, agricultura, pesca, ciencia y tecnología, tecnología de la información y comunicaciones, y políticas del consumidor. Es decir, toda la estructura nacional, la económica y la política, ha quedado al servicio del neoliberalismo, que en esencia es lo que está detrás de la grandilocuente frase “Los países de las buenas práctica”.


De esta manera, reformas tributarias, laborales, juridícas, para el manejo del sector financiero y la banca central, políticas para controlar la corrupción, así como la concreción de normas para hacerle seguimiento a la tributación, como las políticas para producir medicamentos o reglamentar su comercio y precios, a la par de la reglamentación de la propiedad intelectual, y otros muchos asuntos han tomado forma como propósito, no para que vivamos mejor en este país, sino para ajustarse a las demandas de un conjunto de países, muchos de ellos verdaderos piratas de la tranquilidad y el bienestar de otros.


En esa senda, y para supuestamente asegurar una mayor y mejor productividad en el país, ahora vendrán otras reformas obligadas por esta organización, entre ellas una nueva reforma tributaria, pensional y otra laboral. Conjunto de reformas que desde ya obligan y amarran la agenda del presidente que salga elegido en las elecciones en curso.


Para reírse


La Ocde, el “club de las buenas prácticas”, donde controlan la corrupción, el déficit fiscal, el gasto público, y otras áreas de la economía y de la gestión de gobierno, está integrado por países prototipos, países por mostrar como la mejor imagen de las “buenas prácticas”, entre ellos Estados Unidos, el país con el mayor déficit fiscal de todo el mundo; Grecia, un país sometido a una crisis económica de inmensas proporciones, de la cual no ha podido salir a pesar de haber endosado todo su patrimonio público al mejor postor; Irlanda y Portugal, otros países llevados por la crisis económica, en particular la bancaria que arresió en todo el mundo a partir de 2007, precisamente por dejar hacer y deshacer al capital financiero global; España, también sometida a un crisis económica que debasto su mercado laboral, pero también a una gestion corrupta con asiento en el gobierno del Partido Popular por la cual acaban de condenar a algunos desus dirigentes a décadas de cárcel, quedando su dirigente nacional y Presidente del país Mariano Rajoy en la mira; México, un país que ha tenido que renunciar a su soberanía energética, uno de los mayores logros del gobierno nacionalista de Lázaro Cárdenas, en los años 30 del siglo XX, país sometido al huracán de la violación de los más elementales derechos humanos.


Dicen en la Ocde que ellos ofrecen experiencia e información privilegiada, ¿qué podrá aprender Colombia de estos prototipos? Con seguridad, atraer capitales, no exige mucho más que arriar la soberanía nacional, y para ello no es necesario toda la parafernalia con que disfrazaron el ingreso del país a la Ocde.


Requien por Santos, que ya se va. Requiem por la soberanía nacional, que ya bajó a los infiernos.

 

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“El Salvador vive una situación como la que lo llevó a la guerra civil”



El exalcalde de San Salvador alerta de los perjuicios de la alta tasa migratoria del país


Madrid 18 MAY 2018 - 19:45 COT
El mes pasado una caravana de más de mil migrantes centroamericanos, algunos de ellos salvadoreños que huían de la violencia de las pandillas, entre otras razones, intentaron cruzar México para llegar a Estados Unidos y pedir asilo. El grupo terminó el viaje muy mermado, con apenas cerca de 150 personas, tras las amenazas del presidente Donald Trump de militarizar la frontera para impedir su llegada. “Tenemos una violencia probablemente entre las cinco peores del mundo de países que no están en guerra ─incluso le ganamos a muchos países que sí lo están─. Llegamos a los 4.000 homicidios al año”, reflexiona sobre las razones que llevan a sus compatriotas a abandonar el país Nayib Bukele (San Salvador, 1981), el político que se perfila como uno de los candidatos clave para las presidenciales del 3 de febrero del próximo año en el país centroamericano.
“Unos 200 o 300 salvadoreños migran forzosamente a diario”, continúa el exalcalde de Nuevo Cuscatlán y San Salvador, de visita esta semana para un encuentro con ciudadanos de su país residentes en Madrid. “En algunos casos pasa porque alguien les pone en la cabeza un arma y les dice que se vayan, pero en la gran mayoría de los casos se da porque en El Salvador no hay trabajo, ni oportunidades, no pueden mantener a sus familias, o viven en una zona en la que ya mataron al vecino, a la hermana… Sumado a esta pérdida de ciudadanos, hay 12 o 14 homicidios al día”, complementa.
La secretaria de Seguridad Nacional estadounidense, Kirstjen Nielsen, anunció a principio de año el fin del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) para más de 400.000 beneficiarios, entre ellos 195.000 salvadoreños, a quienes dio entre 12 y 18 meses para que regresen a su país o cambien su situación migratoria. El programa, creado en 1990, concedía permisos vivir y trabajar en Estados Unidos a ciudadanos de países afectados por guerras o desastres naturales. El permiso se renovaba automáticamente cada 18 meses, pero Trump lo ha eliminado y ha pedido al Congreso que legisle para regularizar la situación de los beneficiarios.
“Ahora que se quita el TPS, el país está obligado a brindar una solución a la gente que llega”, afirma Bukele, descendiente de migrantes palestinos que llegaron a El Salvador a finales del siglo XIX. “El Gobierno tiene la ventaja de que estas 200.000 personas ─que en realidad son unas 400.000 si se incluyen a los hijos nacidos en Estados Unidos─ llevan 18 años trabajando legalmente en EE UU, muchos de ellos son profesionales, graduados de las mejores universidades, empresarios, algunos de ellos millonarios… Pese a que pueden acogerse a otro estatus migratorio porque pueden invertir un millón de dólares, hay quienes también se están planteando regresar”.
En el centro de los problemas del país centroamericano está la violencia, que Bukele pide abordar como un fenómeno social. El problema se remonta, según afirma, a las causas sin resolver de la guerra que sacudió el país entre 1980 y 1992 y en la que hubo más de 75.000 víctimas mortales. “Terminó la guerra civil y se firmaron unos acuerdos de paz que no se cumplieron, solo la parte política en la que la guerrilla se convertía en partido y se desmovilizaban las tropas. Pero todo lo demás, la desigualdad social, la pobreza, la educación, la salud, la inseguridad, se mantiene”, asegura el líder del movimiento Nuevas Ideas, que abandera desde su salida del gobernante FMLN, la formación que resultó de la desmovilización de la insurgencia tras los acuerdos de paz.
“Si la sociedad salvadoreña no entiende que está enfrentada a un fenómeno social igual o más difícil que el que nos llevó a la guerra civil, no vamos a poder resolverlo”, alerta Bukele. “Tenemos que hacer dos cosas a la par: continuar persiguiendo el delito y recuperar a todos estos jóvenes, sobre todo a los que no han cometido delitos pero están en los círculos de las maras”, concluye.

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