Sábado, 09 Septiembre 2017 14:53

Huracán Irma impacta en Cuba

En Matanzas están identificadas más de 152 mil personas necesitadas de protección en caso de huracanes. Foto: Girón.

El huracán Irma afectó el norte del oriente cubano desde la noche del jueves y durante toda la jornada del viernes. Es el primer huracán categoría 5 que toca con su ojo tierra cubana desde 1932. Su entrada a territorio nacional fue por Cayo Romano, al norte de Camagüey, a las 9 de la noche del 8 de septiembre. Cubadebate sigue paso a paso su trayectoria por el norte de Cuba, ahora con afectaciones importantes en Camagüey y en el centro de nuestro archipiélago.

 

13:08 - Todos los árboles de las laderas del Yayabo fueron arrancados
13:06 -Impacto de ciclón Katia deja al menos dos muertos en el este de México
13:02 - Evacuados más de 18 mil matanceros en viviendas familiares
13:00 - En video, destrucción del huracán Irma en la ciudad de Santa Clara
12:56 - En fotos, daños provocados por Irma en Yaguajay

Publicado enInternacional
La cifra de desplazados forzosos alcanza un "máximo sin precedentes": 65,6 millones de personas

Casi dos tercios permanece en sus países de origen y la cifra de los que cruzaron fronteras en busca de protección fue "la más alta de la que se tiene constancia", según un nuevo informe de Acnur.
Países pobres como Turquía, Pakistán y Líbano continúan albergando al mayor número de refugiados del mundo

Un año más, el número de personas que se ha desplazado por la fuerza en todo el mundo alcanza un récord histórico. Al acabar 2016, había 65,6 millones de desplazados forzosos que han huido de la persecución, la guerra y las violaciones de derechos humanos, 300.000 más que en 2015. La cifra supone un nuevo "máximo sin precedentes", según la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), que ha presentado este lunes su informe anual Tendencias globales.


De acuerdo con el estudio, casi dos tercios de estas personas desplazadas, 40,3 millones, se quedaron dentro de sus países, 500.000 menos que el año anterior. Los países con mayor número de desplazados internos son, por este orden, Siria, Irak y Colombia, donde, en pleno proceso de construcción de paz, el desplazamiento aún alcanza cifras "muy considerables", según la Agencia.


Las cifras de personas refugiadas en 2016 fueron, sin embargo, "las más altas de las que se tiene constancia": 22,5 millones. Un repunte, que se debe, sobre todo, al agravamiento del conflicto de Sudán del Sur, según Acnur. Además, 2,8 millones de personas habían solicitado asilo a finales de 2016, según el informe.


En total, más de la mitad de los refugiados procedía de tan solo tres países: Siria (5,5 millones), Afganistán (2,5 millones) y Sudán del Sur, país del que a finales del año pasado habían huido un total de 1,4 millones de refugiados a países vecinos. El resto de refugiados huyó, principalmente, de Somalia, Sudán, República Democrática del Congo, República Centroafricana, Birmania y Eritrea.


La gran mayoría de las personas refugiadas, el 84%, fueron acogidas, un año más, en países en desarrollo. Turquía, el socio de la UE, vuelve a albergar las mayores cifras, 2,9 millones de refugiados. Le siguen Pakistán (1,4 millones) y Líbano, que acoge a un refugiado por cada seis habitantes.


Por otro lado, la mitad de los refugiados del mundo en 2016 eran menores de 18 años. Cerca de 75.000 menores no acompañados, sobre todo afganos y sirios, solicitaron asilo en 2016 en 70 países.


Una persona desplazada cada tres segundos


Al terminar de leer esta frase, una persona habrá abandonado su hogar por la fuerza en busca de protección. En concreto, una cada tres segundos, estima el organismo internacional. 2016 se saldó con 6,9 millones de nuevos desplazados internos y 3,4 millones de nuevos refugiados y solicitantes de asilo.


No obstante, a pesar de batir un nuevo récord, Acnur sostiene que el aumento del desplazamiento forzoso registrado a causa del estallido de los conflictos en Siria, Irak, Yemen y África Subsahariana "se ha ralentizado por primera vez" en los últimos años. En 2016 también hubo muchos refugiados que retornaron a sus países, 552.000, el doble que el año anterior. La mayoría ha regresado a Afganistán.


La Agencia ha vuelto a recordar durante la presentación del informe la importancia de establecer vías seguras y legales de llegada a los países de acogida, en referencia a las más de 5.000 personas que murieron en su intento de cruzar el Mediterráneo en 2016 y las más 1.800 que han fallecido este año. "Esta tendencia mortal se agrava en 2017, sin ir más lejos se localizó una patera con cinco cadáveres en aguas de Cartagena", ha recordado Francesca Friz-Prguda, representante de Acnur en España.


En este sentido, la Agencia ha criticado "La respuesta de la UE consiste muchas veces en alambradas, muros, controles fronterizos más severos, detenciones de solicitantes de asilo o campañas xenófobas. Acciones que no solo generan más sufrimiento en las personas afectadas, sino que tampoco son eficaces para detener el movimiento de las personas que tratan de poner a salvo su vida y solo logran que las rutas se vuelvan más peligrosas y más mortíferas", denuncia.


Una de estos mecanimos legales demandados es el reasentamiento desde terceros países. En total, 189.300 refugiados fueron reasentados en 2016, un 77% más que en 2015. Estados Unidos admitió a la mayoría, seguido de Canadá y Australia.

 

Por Icíar Gutiérrez
19/06/2017 - 12:36h

 

Publicado enInternacional
"Necesitamos un líder que nos lleve a la guerra frente a Marruecos"

Jóvenes saharauis protestan contra la prórroga de un año más de la misión de Naciones Unidas en el Sáhara Occidental sin resolver la ocupación de Rabat ni tomar medidas efectivas para proteger los derechos de la población

DAJLA (Campamento de refugiados saharauis en Argelia).- Brahim S.H. habla con un perfecto acento andaluz. De Cantillana (Sevilla), concretamente. "Puedes llamarme' el sevillano', si quieres", dice. Vive en Smala, uno de los cinco campos de refugiados saharauis en el corazón del desierto de Argelia. Regresó hace ahora un año de España. Tenía problemas con los papeles y no encontraba la "paz interior". Le podía la sensación de haber abandonado a su familia. Tiene 21 años.
"Mi padre murió, mi madre está enferma y tenía el dolor dentro de no devolver a mi familia la apuesta que hizo por mi permitiendo que estudiara en España", explica. Ahora estudia inglés, ruso, árabe y trata de memorizar el Corán. ¿Y cómo puede ayudar a su familia? "Sacándolos de aquí, tenemos que ganar la guerra a Marruecos", incide.


Estudió un FP de Administración de Empresas en Cantillana y quiere la guerra. No tiene dudas. Prefiere morir en la batalla que continuar viviendo en un campo refugiados, donde su familia lleva ya 40 años. Recuerda que cuando regresó a los campamentos tras 12 años en España notó que el "ambiente había cambiado". No es ni mejor, ni peor ─dice─ pero sí diferente. "Mis vecinos ya se han ido. Creo que cruzaron el muro y se han ido a los territorios ocupados. Otros se han ido a Tinduf, en Argelia. No los juzgo. La gente sólo quiere una vida mejor. Aquí los segundos se hacen minutos, los minutos se hacen horas y las horas se hacen días. Es insoportable", añade.


Se muestra muy crítico con el Frente Polisario, a quien acusa de ser uno de los beneficiados de esta situación. "Ellos tienen a sus hijos viviendo en América y en diferentes países de Europa. Tienen dinero. Están bien. No tienen prisa", juzga. A pesar de todo, no piensa en abandonar los campamentos. "Tengo que ser fiel a la lucha de mis antepasados". La única solución, a su juicio, pasa por la guerra. "Mi abuelo me dijo que lo que te quitan levantando las armas sólo se puede recuperar con las armas. Creo que tiene razón", dice.


Hoy, no obstante, no es el mejor día en la vida de Brahim. Se acaba de enterar de que el Consejo de Seguridad de la ONU tampoco resolverá este año el infierno en el que viven los saharauis en el Sáhara Occidental. Los saharauis denuncian que Marruecos viola sus derechos sistemáticamente y en el campamento de refugiados, donde la dignidad se respira y se palpa en la actitud pero es difícil de encontrar en las condiciones de vida. La ONU ha vuelto a posponer por enésima vez la resolución del conflicto. Ya van cuarenta años y la sensación de que cada segundo que pasa corre a favor de Marruecos es palpable en el campamento.

Una nueva decepción

El Frente Polisario ha convocado una rueda de prensa para este mismo jueves pero ya ha avanzado que se trata de una nueva decepción, que la paciencia se está agotando y que se están viendo obligados a endurecer su postura. Lo hizo en el discurso de apertura del XII edición del Festival Internacional de Cine Fisahara 2015 a través de un comunicado del primer ministro de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que se encuentra en Madrid. Asegura que el pueblo saharaui "no puede esperar eternamente" y critica que la "credibilidad de la ONU queda como rehén" de su incapacidad de aplicar la legalidad internacional en el conflicto saharaui.


La juventud, evidentemente, le pide más que declaraciones. Muchos de ellos no han conocido otra cosa que kilómetros y kilómetros de arena y plástico. A finales de este año se celebrará el Congreso del Frente Polisario y ahí se tomarán las medidas que el movimiento de liberación considere oportuno. Los jóvenes lo esperan como agua de mayo.

"El Frente Polisario tiene un discurso muy agresivo, pero ahora tiene que trasladar esa agresividad a medidas concretas", dice Brahim. ¿Y en qué se traduce esa petición? "En ir a la guerra. Necesitamos un líder que nos lleve a la guerra contra Marruecos", sentencia Brahim, bajo la atenta mirada de Mansur Roh-Fadel, de 25 años, secretario regional del UJSario, la organización juvenil del Frente Polisario.

Mansur asiente con algunas afirmaciones de Brahim, pero no comparte otras muchas. Sobre todo las críticas más feroces contra el Polisario. Parece debatirse entre la sensación de que cada crítica al Polisario será aprovechado por Marruecos para mostrar en los territorios ocupados el descontento de la población con su legítimo representante y la convicción de que la crítica es necesaria para avanzar y fortalecer al Polisario.


"Lo mejor que puede suceder a Marruecos es que el Sáhara estalle. Hay un dicho que dice que matar al enemigo siempre es un placer pero que el mayor placer es que el enemigo sea asesinado por su hermano. Eso es lo que quiere Marruecos", reflexiona Mansur, que sí que coincide con Brahim en que la guerra es la única y última solución al alcance del pueblo saharaui. Sabe que retomar los fusiles puede ser el exterminio de su pueblo, pero también que Marruecos nunca se irá de la tierra saharaui sin armas de por medio.

"Pienso en esto cada día de mi vida desde que tengo uso de razón. No es una rabieta. Lo tengo muy claro. Si tengo que morir por mi patria, moriré", afirma Brahim, que cuida con detalle cada palabra que pronuncia. Se puede apreciar su miedo a que sus palabras sean utilizadas por Marruecos. "Lo único que nos queda es la unidad", sentencia.

La unidad a la que hace referencia Mansur es clave para entender el discurso de estos jóvenes que piden la guerra. Todos los jóvenes con los que Público ha contactado han mostrado su predisposición "a alzar los fusiles", pero también afirman que no moverán un dedo sin la orden del Frente Polisario. "Lo que tengamos que hacer, lo haremos como pueblo. Si cada uno hace lo que quiere, estaremos perdidos", cuenta a este periódico Fadili Sidati, de 27 años.


Sidati luce un anillo de compromiso en su mano izquierda. Sin embargo, no tiene novia ni tampoco un proyectos de formar una familia. "Guardo el anillo como recuerdo de la relación, pero no quiero tener una familia aquí. No quiero dar a mis hijos una vida tan triste como la que yo he tenido en estos campamentos", señala Sidati, que estudió ingeniería mecánica industrial durante los 12 años que estuvo viviendo en La Habana (Cuba).

Este joven es portavoz de Gritos contra el Muro. El último fin de semana de cada mes esta asociación se desplaza hasta el gigantesco muro construido por Marruecos para defender su ocupación del Sáhara Occidental. Allí se desahogan, lanzan cánticos, consignas contra Marruecos y contra la inoperante Minurso (la misión de la ONU en el Sáhata occidental para la celebración de un referéndum de autodeterminación).

"Una olla que va a explotar"

De esta manera, estos jóvenes dan salida a una agresividad que está convirtiendo a los campamentos de refugiados en una olla a presión a punto de explotar. "Ese es el titular que a mi me gustaría. Tenéis que reflejar que esto es una olla, que va a explotar y que nadie puede saber las consecuencias de la explosión", interrumpe Mansur.


recuperación de nuestra tierra. Nadie sabe cuándo estallaremos, pero está claro que estallaremos", Dadh Salama, de 26 años
Sidati recibe a Público en la jaima que esta asociación ha plantado en el XII edición del Festival Internacional de Cine Fisahara 2015, que este año está centrado en la justicia universal. "Yo soy de los que no cree en la paz. De hecho, esto que vivimos ahora no es la paz. Es guerra. No hay muertos, pero sobrevivir aquí ya es una muestra de que no nos rendimos, de que nunca hemos abandonado la lucha", incide Sidati, que abre los ojos todo lo que puede y fija su mirada en el periodista: "Si un hermano mío abandonara los campamentos para irse a vivir a los territorios ocupados por Marruecos, ya no será mi hermano. Un traidor, nunca será mi hermano. Las traiciones a la sangre de nuestros antepasados, no pueden ser hermanos".

Tras la insistencia del periodista en la locura de que hijos de un campamentos de refugiados se enfrenten al quinto ejército más poderoso, Sidati pone la puntilla al reportaje: "Tienes que entender que me da igual perder esta vida. No la quiero. No sirve. Tenemos que luchar por sobrevivir como pueblo. La muerte será digna si por la vida de nuestro pueblo".

A su lado Dadh Salama, de 26 años, y también con una licenciatura de la Universidad de La Habana, asiente con paciencia para añadir. "Tenemos un juramento con nosotros mismos. Desde los mártires a los niños, creemos firmemente en la recuperación de nuestra tierra. Nadie sabe cuándo estallaremos, pero está claro que estallaremos", sentencia.

Publicado enInternacional
Desde la Segunda Guerra Mundial nunca hubo tantos refugiados

El número de refugiados y desplazados en el mundo ha alcanzado, por primera vez desde la II Guerra Mundial, la cifra récord de 51,2 millones de personas, según datos difundidos este viernes por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Este organismo, responsable de brindarles protección con la cooperación de los Estados, reveló también el resultado de su compilación de estadísticas de 2013, que indican que se rompieron varios trágicos récords.


Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial se superaron los 50 millones de refugiados, llegándose a los 51,2 millones, el número de desplazados internos -33,3 millones- fue el más elevado desde que se recolecta esta información y un número récord de 25.300 solicitudes de asilo eran de niños solos

También la cifra total de 1,1 millones de solicitudes de asilo fue la más alta en diez años, aunque el alto comisionado para los refugiados, Antonio Guterres, consideró que un dato especialmente preocupante fue el aumento de menores separados de sus familias esperando ser reconocidos como refugiados.

La ola de niños solos en busca de refugio aumenta en todas las rutas, sea la del Mediterráneo, la del Caribe (a través de México con destino a Estados Unidos) o la de afganos en el recorrido hacia Irán y Turquía, con la probable idea de llegar a Europa, explicó Guterres en una rueda de prensa.


Con motivo del Día Internacional del Refugiado, el ACNUR presentó un análisis de la situación de los desplazados y refugiados en el mundo, que muestran que la situación va definitivamente a peor. Ello en momentos en que las organizaciones humanitarias encuentran cada vez más dificultades para movilizar recursos, sean públicos o privados, que les permitan ayudarles.


"Tenemos un déficit de paz en el mundo, lo que se debe a una multiplicación de nuevas crisis y a las viejas sin resolver. Seguimos con los refugiados de Somalia en Dadaab (un campo de refugiados en Kenia) o con la situación dramática en República Democrática del Congo", dijo Guterres. Mencionó igualmente el caso de los refugiados palestinos, el problema más prolongado de este tipo en la historia reciente.


Los refugiados en el mundo son 11,7 millones y con los palestinos llegan a 16,7 millones, de los cuales la mitad han estado en el exilio por más de cinco años. La mayor población de refugiados en el mundo es la de afganos (2,5 millones) seguidos de sirios (2,4 millones), somalíes (1,1 millones), sudaneses (650.000), congoleses (500.000), birmanos (480.000), iraquíes (401.000), colombianos (396.000), vietnamitas (314.000) y eritreos (308.000).


En el otro lado, los países que más poblaciones refugiadas acogieron en 2013 fueron Pakistán (1,6 millones), 22.000 menos que un año antes, especialmente por el retorno voluntario de afganos a su país, Irán, con una comunidad de 857.000 afganos, y Líbano, con 737.000 refugiados sirios.


Con la guerra de Siria, Jordania y Turquía se han incorporado a la lista de países con más poblaciones de refugiados, seguida de Kenia, que vio llegar a las víctimas de la violencia armada en República Centroafricana y, más recientemente, en Sudán del Sur.


Para marca el Día Internacional de los Refugiados, Guterres insistió en desmentir la idea generalizada de que los refugiados llegan a los países ricos y precisó que el 86 % de estas personas están en países en desarrollo. "Este es el mayor porcentaje desde el inicio del siglo y debe ser comparado con el 70% de hace diez años", comentó el alto comisionado.


"La tendencia no sólo es a tener más y más refugiados en el mundo, sino a que se queden más y más en el mundo en desarrollo", agregó. Guterres fue enfático al señalar que cada vez es más difícil "encontrar la capacidad y recursos para ayudar a tanta gente en situaciones tan trágicas".

Una población que no está en incluida en la cifra de desplazados son los apátridas, un grupo difícil de cuantificar y de los que las oficinas del ACNUR han informado de la existencia de 3,5 millones, aunque se cree que su verdadero número es tres veces superior.

Publicado enInternacional

El helicóptero lo compraron mediante una cadena de socios y testaferros, con cuentas bancarias en el Golfo Pérsico. La semana pasada, viajaba con 395 kilos de cocaína desde la costa pacífica sur de Costa Rica hacia un hotel abandonado en el borde de la zona caribeña del país. La aeronave sufrió un accidente en lo más espeso de un bosque, en el que murieron el piloto, antiguo agente de la policía costarricense, y su pasajero, un joven mexicano, oriundo de Sinaloa. ¿Alguien duda ahora de que la guerra de las drogas en México, como cualquier guerra, tiene sus propios desplazados?

Centroamérica está ahora prensada entre dos grandes países que libran su propia batalla contra las bandas de narcotraficantes y también sufren las que se registran entre ellas. Al norte, México, con su escalada de violencia, caldeada por la cocaína; al sur, Colombia, con su historial de producción y una longeva tradición de carteles. No es que los siete países del istmo centroamericano desconozcan del todo la experiencia de alojar las redes del tráfico de la droga, pero quizá nadie sospechaba el valor que este angosto pedazo de tierra iba a tener para los carteles perseguidos en las dos potencias de la droga en el continente.

Bordeado por dos océanos, atestado de zonas montañosas, de poca fuerza de voluntad contra el dinero corrupto y debilitado por la condición de pobreza de casi la mitad de su población, Centroamérica vive ahora un cambio de funciones. Nadie se sorprende ya ante las evidencias de que la droga viaja hacia el norte por agua o tierra, ni de que en el camino quede el producto que cobran las bandas locales. Hacia el sur fluyen los dólares sucios, por más lavado que hagan. Ahora, sin embargo, la presión de las autoridades mexicanas y colombianas, reforzadas por Estados Unidos, empuja a las redes a usar Centroamérica como almacén y campo de operaciones.

Guatemala y Honduras fueron, por cercanía geográfica, los primeros en sentir lo que advirtió el propio vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, a los presidentes de la región en marzo. "Sabemos que el éxito de los esfuerzos contra las drogas en México y Colombia va a empujar a esos grupos hacia Centroamérica", señaló Biden segundos antes de subrayar la dificultad de Washington para aumentar la ayuda para la lucha contra el narcotráfico, por los ahogos económicos del momento.

El accidente del helicóptero en lo más tupido de las montañas de Costa Rica sólo sirvió para poner un ejemplo concreto. Las autoridades sospechan que el cargamento era uno de los primeros de este grupo de mexicanos, ya que en el hotel donde lo esperaban no se halló más que las condiciones aptas para comenzar a embodegar: una edificación con helipuerto, con vistas a todo un valle y cerca de caminos rurales que surcan una región montañosa y más bien deshabitada. La propiedad había sido arrendada por el piloto, amigo del propietario, a quien convenció de las ventajas de negociar con este grupo de inversores mexicanos.

Pero el helicóptero se precipitó a tierra y puso a la policía sobre la pista para armar el puzzle, o al menos para buscar sus piezas. Las autoridades revelaron que alguien fue más rápido que los equipos de rescate, llegó primero a la escena del accidente, sustrajo el rastreador de GPS y quizá algunos paquetes de droga, y se perdió en la montaña. Ahora es casi imposible conocer la ruta de vuelo que había seguido la aeronave en un espacio aéreo que permite a cualquiera con dinero evadir todo tipo de control policial y migratorio.

El caso se va conociendo a retazos. Uno de los últimos hallazgos de la prensa ha sorprendido aún más. El helicóptero aparece como propiedad de la gerente de la empresa que opera el principal aeropuerto de Costa Rica. La Policía Judicial evita publicar conjeturas, pero la opinión pública no cesa de vincular en sus conversaciones el narcotráfico con la corrupción, una combinación válida para cualquier país centroamericano, como recogía un informe publicado en Washington por el Departamento de Estado hace sólo dos meses.

Hasta ahora, la única solución mencionada es la coordinación entre países y un programa llamado Iniciativa Mérida, cuyo contenido económico, aportado por Estados Unidos, es casi una broma frente a los recursos del narcotráfico: para este año se han presupuestado 465 millones de dólares para México, Centroamérica y el Caribe; los mexicanos reciben 400 millones y dejan el resto para que los del sur afronten el problema de los desplazados del narco.

Las autoridades nacionales, mientras, se ven incapaces de mostrar algo de eficacia y al mismo tiempo aquietar los nervios de los ciudadanos por la creciente inseguridad. Los reportes sobre las toneladas de droga incautada dan, más que tranquilidad por la labor policial, una idea de los enormes volúmenes transportados y almacenados en la región.

ÁLVARO MURILLO - San José - 12/05/2009

 

Publicado enInternacional
Página 2 de 2