Un mercado público en Hermosillo, un Estado al norte de México, en diciembre pasado.Norte Photo / GETTY

En su reporte anual de riesgos globales, Eurasia Group destaca el “intenso” calendario electoral de la región y sus posibles consecuencias para las finanzas públicas

 

La división política en Estados Unidos, la lentitud y mal manejo de la vacuna contra el coronavirus, los bajos precios del petróleo son algunos de los diez riesgos más importantes para el mundo en 2021 identificados por la consultora Eurasia Group. En su reporte publicado esta semana, el director general, Ian Bremmer, y su presidente, Cliff Kupchan, destacaron también a América Latina argumentando que su “decepcionante” desempeño económico atenta contra el desarrollo.

“A medida que emergen de la pandemia, los países de América Latina enfrentarán versiones más nítidas de los problemas políticos, sociales y económicos que ya estaban enfrentando antes de la crisis”, dice el reporte. “No habrá disponibilidad generalizada de vacunas hasta bien entrado el segundo semestre de este año, y los países de América Latina están mal posicionados para hacer frente a otra ola de coronavirus antes de esa fecha”.

Las cuestiones económicas ya están pasando a primer plano, dice el reporte, y no hay liderazgo global en modelos políticos ni estándares comerciales a seguir. El resto de los riesgos identificados por Eurasia Group para este año son el coronavirus, el cambio climático, las tensiones geopolíticas entre China y EE UU, la privacidad y el acceso a los datos personales, los ciberataques, la debilidad de la economía en Turquía y la salida de la canciller alemana Angela Merkel.

“Al igual que 2020 fue abrumadoramente sobre respuestas de atención médica a la covid-19 (y cuántos Gobiernos se equivocaron), 2021 se tratará abrumadoramente de respuestas económicas a los síntomas persistentes de la covid-19 y al tejido cicatricial (la carga de la deuda y políticas des-alineadas), incluso cuando las vacunas se despliegan y la emergencia sanitaria se desvanece”, apuntan los expertos. En EE UU, por ejemplo, a pesar de tener uno de los inventarios de vacunas más grandes, las autoridades han admitido que la campaña de vacunación ha tardado más de lo esperado, retrasando la reactivación económica.

En países emergentes, la baja capacidad para proporcionar estímulos y redes de seguridad significa que estos efectos se sentirán más fuerte, dice el reporte. “El problema será más agudo en América Latina, Medio Oriente y el sudeste asiático”, señalan, “los programas de vacunación en mercados emergentes se verán ralentizados por una infraestructura deficiente para la distribución”.

“En América Latina, los principales puntos conflictivos políticos se puntualizan ya en el intenso calendario electoral de este año: elecciones legislativas en Argentina y México, así como elecciones presidenciales en Ecuador, Perú y Chile. Estos cinco países han experimentado un deterioro fiscal significativo, derivado de aumento del gasto para mitigar el impacto económico de la pandemia”, dice Eurasia. La consultora augura un debilitamiento del Gobierno del presidente Alberto Fernández en Argentina en las elecciones, y un buen resultado electoral para el presidente de México Andrés Manuel López Obrador. Los resultados de la elección de este verano, asegura la consultora, será favorable para el partido del presidente mexicano, preservará su mayoría en el Congreso y la popularidad de López Obrador permanecerá alta. “Esto permitirá que su agenda continúe y se deteriore el clima de negocios”, apuntan.

En Ecuador, Chile y Perú, el descontento social pudiera abrir la puerta a candidatos populistas, asegura Eurasia. “Dado el aumento de la pobreza, la creciente desigualdad y el alto desempleo, los gobernantes no estarán dispuestos a tomar decisiones políticamente costosas, como recortar el gasto en servicios sociales; de hecho, las elecciones serán un incentivo para los políticos, especialmente a los del poder legislativo, a impulsar políticas que ejerzan una mayor presión sobre las finanzas de sus países”.

Por Isabella Cota

México - 08 ene 2021 - 03:07 UTC

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Foto de portada: Víctimas de las guerras libradas por EE.UU. en el Medio Oriente. [Arko Datta/Reuters]

Las nuevas guerras de EE.UU.

 

El deterioro de la política doméstica de los Estados Unidos tiene correlato en la degradación de su política exterior. La tradición injerencista de Washington busca impedir su paulatina declinación como referencia de la política mundial y apela a innovadoras conceptualizaciones y prácticas para evitar un mayor deterioro

En un intento por sortear las repetidas derrotas estratégicas sufridas desde la Guerra de Corea hasta la actualidad, el exparacaidista y contratista militar (eufemismo de mercenario), actualmente devenido en académico, Sean McFate, publicó un libro en 2019 que se constituyó en el texto de cabecera de las usinas de información del Departamento de Seguridad Nacional y del Departamento de Estado. El almirante James Stavridis, que fuera responsable del Comando Sur hasta 2009 y luego Jefe  Supremo de la OTAN hasta 2013, catalogó a McFate como el nuevo Sun Tzu, en referencia al general chino del siglo V, autor de El arte de la guerra.

El libro de McFate se titula Las nuevas reglas de la guerra: la victoria en épocas de desorden, y se ha constituido en el texto de consulta obligada para los funcionarios que ejecutan las políticas de intervención en los países que Estados Unidos considera bajo su ámbito de influencia. Desde el prólogo, se anuncia que es una respuesta a los peligros detectados por los oficiales que han participado de las últimas aventuras trágicas del modelo imperial: el ascenso de China, el resurgimiento de  Rusia, la creciente escasez de los recursos naturales  y las conflictividades intraestatales. Las sugerencias planteadas por McFate exhiben con total procacidad las iniciativas de manipulación, vigilancia, simulación y engaño sistémico utilizadas por Washington para intentar conservar su poder devaluado. El desembozado injerencismo planteado en Las Nuevas Reglas reivindica la militarización de la política a partir de la utilización de los medios de comunicación, la gestión del desorden y la generación de conflictos internos.

La hipótesis central del autor es que Estados Unidos ha sido derrotado en todas las confrontaciones militares desde la Segunda Guerra Mundial (Corea, Vietnam, Cuba, Afganistán, Irak y Siria) porque no ha comprendido el cambio de los desafíos bélicos. Según McFate, el centro de las nuevas guerras está en la política y no en el territorio de la acumulación de armas. Las batallas del presente y del futuro se llevan a cabo en un nuevo escenario: la construcción de imaginarios y de sentido común; la búsqueda por imponer formas de realidad; y –sobre todo– el manejo de la información, los datos y la segmentación de que deriva e esos agregados. “La victoria moderna no se obtiene en un campo de batalla sino en la conciencia de una sociedad”.

El enfoque supone que la victoria en el campo de batalla es obsoleta. El autor afirma críticamente que Estados Unidos invierte billones de dólares en aviones de combate y robots asesinos y que, sin embargo, no logra imponerse: “Necesitamos el dominio de (…) la subversión estratégica para evitar que los problemas se conviertan en crisis y las crisis en conflictos”. Para eso se requieren más académicos, más Hollywood, más ONGs, más servicios de inteligencia y menos portaviones. El conflicto actual se desenvuelve en las sombras, en los ejércitos privados (las empresas contratistas de mercenarios), el anonimato, las operaciones de confusión y propaganda. Las fuerzas militares convencionales –profetiza McFate– deben ser reemplazadas por grupos enmascarados ajenos a las regulaciones convencionales de la guerra. Entre sus propuestas, llega a considerar la creación de cuerpos similares a la Legión Extranjera, con agentes reclutados de diferentes países, capaces de defender los intereses estratégicos de las corporaciones dentro de territorios (catalogados) sin Estado.

Sus actores prioritarios estarán en guerra permanente porque las escenas bélicas no comenzarán ni terminarán. Serán una continuidad acorde con el desorden global, los ejércitos privados, la entropía, el terrorismo, las operaciones de inteligencia y la búsqueda permanente por ganar la legitimidad; es decir, la aquiescencia de una población. Lo que McFate propone –y las delegaciones diplomáticas de Washington están ejercitando– es la exaltación de una guerra total en la que se asume la imposibilidad de respetar las regulaciones de los conflictos armados (la Convención de Ginebra, por ejemplo), porque ese tipo de enfrentamiento ya no existe y porque supone un handicap para los antagonistas. La tortura, el asesinato de civiles, la utilización de minas personales, el secuestro extrajudicial, el acatamiento de la soberanía de los aliados, el exterminio de prisioneros de guerra, etc., son cláusulas que ya no pueden ser respetadas porque su acatamiento supone una ventaja sobre los formatos actuales del conflicto.

Entre las sombras 

La nueva biblia bélica pretende ser una caracterización pero termina imponiéndose como un decálogo de ejecución. Los corolarios de su doctrina se observan con claridad en los capítulos tercero y cuarto del Documento de Seguridad Estratégica de diciembre 2017, difundido por Donald Trump, donde se ensayan reconversiones de las fuerzas militares en grupos de operaciones dedicados a tareas especiales, cuyo centro son los contenidos culturales, los memes, la ridiculización de dirigentes políticos enemigos, las operaciones judiciales, el control de los aparatos comunicacionales y el engaño planificado. La política ya no se piensa como una forma diferente de la guerra, sino que es una de sus facetas. “Si los gobiernos pueden hacer que la comunicación estratégica sea rentable –subraya McFate–, el sector privado puede ser creativo para satirizar a Putin montando osos. En esa misma lógica cuestiona que China haya comprado algunos estudios de Hollywood, hecho que hace imposible “presentar al gigante asiático como un villano en las películas”, enfoque que ayudaría más que las armas para enfrentarlos.

Para poder insertarse en el nuevo mundo de la guerra, habrá que derivar parte de inmensos recursos bélicos a la administración de mentiras comunicacionales (fake-news) ajenas a cualquier regulación soberana. Esto supone el retorno a un mundo pre-westfaliano (casi hobbesiano, de guerra de todos contra todos) donde conviven ejércitos privados, guerras sin Estados y organizaciones terroristas de triple bandera, dirigidos por fondos de cobertura financieros. Lejos de rechazar la anarquía y la anomia, McFate –autor también del libro El mercenario moderno– las conceptualiza como un territorio fértil para los nuevos formatos bélicos. Se trata de una conflictividad atemporal, de pugnas duraderas sin bandos totalmente triunfantes. Una administración permanente de la crisis global para sostener el status quo del liderazgo global de Washington. Un reciente ejemplo de este paradigma fue transparentizado por el sincericidio del empresario Elon Musk, quien afirmó por redes sociales: “Derrocaremos a quien haga falta” para poder acceder al recurso natural que se requiere para la producción de sus autos eléctricos (el litio).

Algunos de los apotegmas apuntados en Las Nuevas Reglas indican que “las mejores armas no disparan balas”, sino que son campañas efectivas de propaganda, lobby y relaciones públicas, basadas en la compra de voluntades y en el poder blando que supone la utilización de cócteles diplomáticos, la concesión de ventajas aspiraciones y la invitación a Congresos de Seguridad y lucha antiterrorista: una Green Card –sugiere McFate– puede comprar a muchos políticos, jueces o periodistas. Las batallas sangrientas, afirma, serán cada vez menos eficaces. La nueva guerra debe transformarse en un espectáculos de héroes y villanos, luego de que se demonice al contrincante y se lo caracterice ante el gran público como el enemigo del pueblo, en clara analogía de Henrik Ibsen.

En la misma lógica que el recordado libro de Jean Baudrillard (La guerra del Golfo no ha existido), pero con un tono más cínico, McFate señala que siempre será necesario el camuflaje de las acciones políticamente consideradas incorrectas, con el objetivo de obtener ventajas. No se puede salir derrotado de Vietnam –sugieren Las Nuevas Reglas– porque se autorice la divulgación del uso generalizado del napalm. Su pensamiento, inserto en una lógica imperial (que pretende la supresión de soberanías de terceros países), priva a McFate de  identificar las verdaderas causas estructurales de la conflictividad mundial: la desigualdad, el hambre, el control corporativo de los recursos naturales, la degradación ambiental, la violencia patriarcal sistémica, el neocolonialismo y/o la beligerancia funcional a la comercialización de armas.

En el anexo, el autor brinda 36 recomendaciones para los nuevos comandantes político-militares, responsables de garantizar a futuro la continuidad de la hegemonía de Washington. Las estratagemas devienen de  exégesis arbitrarias y forzadas de las indicaciones realizadas por Sun Tzu hace 15 siglos.

  1. Se deben esconder las verdaderas intenciones. En el caso de Argentina, el discurso de los valores, la república y la corrupciónson claros ejemplos de cómo se enmascara la cruda intención de impedir la integración regional, la soberanía estatal, el empoderamiento de los sectores populares y la democratización de la renta, la propiedad y la riqueza.
  2. Hay que detectar aliados antes de considerar los ataques. Las delegaciones diplomáticas de Washington funcionan habitualmente como un centro de reclutamiento de elites locales dispuestas a impedir el fortalecimiento de las representaciones nacionales y populares. “Dispone alianzas con los enemigos de tus enemigos”.
  3. Es necesario falsificar, tergiversar, confundir y complejizar el discurso y el debate social. Se buscará, sobre todo, que sea imposible comprender con claridad los beneficiarios y víctimas de cada una de las medidas políticas. El autor lo dice más claramente: “Es necesario inventar realidades creíbles”. Para ejemplificar esta máxima, afirma: “Cuando Rusia quiere desestabilizar Europa, no amenaza con una acción militar, como hizo la URSS. En cambio, bombardea Siria. Esta táctica llevó a decenas de miles de refugiados a Europa y exacerbó la crisis migratoria, instigando el Brexit”.
  4. Hay que irritar al enemigo. Se trata de entablar negociaciones sobre problemas aparentes para impedir que se aborden aspectos estructurales. “Marea a tu enemigo, sorpréndelo, discute cosas intrascendentes (…) Vuelve loco a tu enemigo, ponlo nervioso, ritualízalo”. El autor propone el diseño de subversiones a medida, revolución de colores y operaciones psicológicas de prensa como centro estratégico de la doctrina militar.

Por Jorge Elbaum | 31/08/2020 

Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/las-nuevas-guerras/

 

 

Fuentes: Algérie Résistance

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Las razones del acuerdo entre Emiratos Árabes e Israel

El triunfo del statu quo

 

Ambos países ya poseen importantes contactos de inteligencia y un considerable comercio de armamento. La verdadera explicación del acuerdo, que dejó de lado a los palestinos, hay que buscarla en la preocupación conjunta frente a los nuevos polos de poder regional: Irán y el eje Turquía-Qatar.

 

El lenguaje empleado en el comunicado del Likud –el partido gobernante israelí– para saludar el acuerdo entre Emiratos Árabes Unidos e Israel con el fin de establecer plenas relaciones diplomáticas lo decía todo: el arreglo es «paz por paz» y «el primer ministro Benjamin Netanyahu sigue comprometido con Eretz Israel». La noción «paz por paz» era un tiro por elevación contra las fórmulas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el campo de la paz israelí plasmadas en la resolución 242, la cual insta al estado hebreo a abandonar los territorios conquistados durante la guerra de los Seis Días de 1967 y, a cambio de dicha retirada, conseguir una paz duradera con sus vecinos. En cuanto a «Eretz Israel», el mismo es toda una declaración de principios territoriales del primer ministro israelí y su partido. Significa «Tierra de Israel» y se refiere a la actual extensión del Estado de Israel junto al territorio de Cisjordania (por lo menos).

La declaración del Likud –que ha dominado la escena política del estado por 32 de los últimos 43 años– no es nueva y replica su propia plataforma electoral de 1999 (vigente y nunca alterada): «El Gobierno de Israel rechaza rotundamente el establecimiento de un estado árabe palestino al oeste del río Jordán», «las comunidades judías de Judea, Samaria [el nombre bíblico con el que los judíos se refieren a Cisjordania] y Gaza son la realización de los valores sionistas» y «el asentamiento es una expresión clara del derecho inexpugnable del pueblo judío a la ‘Tierra de Israel’».

El jueves 13 de agosto Israel y Emiratos Árabes Unidos alcanzaron un arreglo negociado por Washington para normalizar las relaciones entre los dos países. No es un tratado de paz como los firmados por Israel con Egipto en 1979 y con Jordania en 1994 –dos países con los cuales los israelíes tuvieron importantes conflictos bélicos– ni tiene su pasada significancia. El acuerdo con Egipto puso fin a una disputa bélica con el ejército más poderoso y grande del mundo árabe y el firmado con Jordania terminó con la preocupación israelí sobre la defensa de su límite más extenso y poroso.

Lo que ahora consiguió realmente Israel con el «Acuerdo Abraham» es una hoja de ruta para normalizar lazos con un Estado del golfo con el que nunca vivió una conflagración y con el que ya posee importantes contactos de inteligencia además de un considerable comercio de armamento y productos de seguridad que asciende a los mil millones de dólares por año. En pocas palabras: ambos pusieron arriba de la mesa lo que ya venía sucediendo debajo de ella.

El argumento público esgrimido por los emiratíes para negociar con Israel es que el acuerdo logró comprometer a este último a suspender (no cancelar) los anunciados planes de anexión de parte de Cisjordania. Lo cierto es que la cuestión de la anexión (que nunca se materializó tanto por la ambivalencia estadunidense como por las propias dudas de Netanyahu) es la excusa perfecta para que Emiratos Árabes Unidos se atreva a tomar una decisión pendiente desde hace tiempo. Asimismo, Donald Trump se anota un importante triunfo diplomático –previo a las elecciones presidenciales de noviembre– como no tuvo otro en sus cuatro años de gestión. Y por último, pero no por eso menos importante, Netanyahu consigue, en un complicado contexto interno, lo que no logró ningún líder israelí antes que él: reconocimiento árabe sin que la cuestión palestina esté en el tablero de negociación (en el acuerdo con Egipto se contemplaba una «autonomía» palestina y el firmado con Jordania vinculaba diferentes artículos del tratado al proceso de paz israelí-palestino).

La verdadera explicación del por qué del acuerdo hay que buscarla en la preocupación conjunta de emiratíes e israelíes ante nuevos polos de poder regional: Irán y el eje Turquía-Qatar. Del Irán chiíta les preocupa su avance sobre Medio Oriente y de Turquía-Qatar la activa promoción del islamismo político junto a sus intervenciones en la región. Es pertinente recordar que luego de la Primavera Árabe de 2011 se articularon dos claros bandos como consecuencia de los levantamientos ciudadanos: Turquía y Qatar, que consideraron que se venía un cambio inexorable hacia el islamismo que era mejor tratar de conducir que repeler; y Emiratos Árabes y Arabia Saudita que vieron a ese movimiento como un hecho desestabilizador para la región y sus sistemas de gobierno. Estos últimos no solo creyeron que el mundo árabe no estaba preparado para una democracia que pavimentaría el acceso al poder de los islamistas, sino también reafirmaron su idea de que los dictadores locales (dispuestos a usar todo su poder represivo) eran la última línea de defensa para detener al islamismo y la inestabilidad en la zona.

El importante apoyo emiratí al golpe de estado en Egipto en 2013 contra el gobierno democrático de la Hermandad Musulmana fue la primera acción de una disputa que se extiende hasta hoy y que incluyó tanto la intervención en Yemen en 2015 como el bloqueo contra Qatar en 2017. Un claro ejemplo de esta disputa se pudo observar cuando el viernes pasado el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan anunció que estaba considerando retirar su embajador de Emiratos Árabes Unidos por el arreglo con Israel. Lo que pareció no recordar el mandamás de Turquía –a pesar de que los contactos con los israelíes vienen deteriorándose desde la guerra en Gaza de 2009 y el incidente naval con el Navi Narmara un año después– es que su país fue el primero de la región en reconocer al estado judío y que aún hoy conserva con él relaciones comerciales y diplomáticas.

Detrás de toda la movida en Emiratos Árabes Unidos está la mente del príncipe heredero de Abu Dhabi, Mohammed Bin Zayed, quien maneja todos los hilos en la actual confederación de los antiguos Estados Truciales. Los numerosos oficiales estadunidenses que han cultivado una importante relación de confianza con MBZ (como se lo conoce a Bin Zayed) lo consideran el verdadero estratega detrás del bloque de las monarquías árabes del Golfo que integra junto al príncipe heredero saudí, el mediático Mohammed Bin Salman.

MBZ es también el responsable de haber reformado de raíz las fuerzas armadas de Emiratos Árabes Unidos, que cuentan con una poderosísima fuerza aérea. Incluso MBZ se atrevió a dar una demostración de su audacia cuando rompió el embargo armamentístico de la ONU sobre Libia para empezar a armar militarmente al general Khalifa Haftar (un mini Gadafi en proceso) en su cruzada contra el gobierno islamista reconocido por la comunidad internacional. A la vez, también dio sobradas muestras de su independencia al desestimar todos los pedidos estadounidenses de poner fin a su conflicto con Qatar, territorio donde se encuentra la más importante base aérea de Estados Unidos en la zona.

Mientras «Bibi» Netanyahu consigue escapar de una anexión de la que nunca estuvo muy convencido –la cual podía perjudicar a Israel más que beneficiarlo– y Abu Dabi logra conformar un bloque de poder de cara a un posible cambio en la administración estadounidense, los que volvieron a ser olvidados son los palestinos. En ninguna parte del arreglo figura referencia alguna al establecimiento de un Estado palestino o a la no construcción de asentamientos en territorio palestino en el marco de una ocupación cuestionada por la amplia mayoría de la comunidad internacional.

Emiratos Árabes Unidos simplemente premió y normalizó el statu quo israelí. Precisamente, el statu quo siempre ha sido la opción preferida por las fuerzas políticas de Israel. Sus ventajas siempre han estado claras: no es necesario retirarse o anexar Cisjordania sino mantener la situación actual bajo la cual una población judía privilegiada vive entre una mayoría palestina sin derechos civiles.

En este marco, sostener el statu quo es probablemente la opción más racional para los israelíes: los que sufren como resultado de la ocupación son los palestinos (y hasta son ellos mismos los que realizan la mayor parte del trabajo policial en Cisjordania, al mismo tiempo que diversos países extranjeros asumen la carga económica de la ocupación). Asimismo, año a año, Israel mejora su posición en el mundo y la región sin necesidad de lograr una solución al conflicto territorial con los palestinos o realizar concesiones: en 2017, Trump premió a los israelíes con el establecimiento de la embajada estadounidense en la disputada Jerusalén y hoy un rico país del Golfo establece relaciones con ellos solo por abstenerse temporalmente de cometer otra violación al derecho internacional.

Mucho se ha escrito estos días argumentando que al «mundo árabe» ya no le importa el futuro de los palestinos, pero esta subestimación contiene un error de raíz: el «mundo árabe» no se compone solo de los dictadores que lo controlan a base de mano dura y represión. La única solución a largo plazo para que Israel reclame su lugar en un Medio Oriente siempre convulsionado –que seguro nos traerá más de una sorpresa en el futuro– es lograr la aceptación de las poblaciones locales. Un propósito imposible si los palestinos no consiguen su autodeterminación.

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¿Brasil se doblega en la disputa EEUU-China?

Aunque China es el principal socio comercial de Brasil, que le compra tres veces más que Estados Unidos, el Gobierno de Jair Bolsonaro insiste en una relación asimétrica con Washington que provoca hondos perjuicios a su país.

 

Son demasiado evidentes los fracasos cosechados por la subordinación de Brasil a Estados Unidos, como lo prueba la patada en el trasero de Boeing a Embraer, que deja a la aeronáutica brasileña en condiciones difíciles para seguir adelante en medio de una fuerte crisis del sector.

Ahora Brasilia está utilizando "barreras técnicas" para frenar las inversiones de China en el área de energía y telecomunicaciones, aunque también puede afectar al área comercial. Un informe de Folha de Sao Paulo asegura que uno de los proyectos más importantes paralizados es la reanudación de la planta de energía nuclear Angra 3.

Para esta obra la empresa favorita, porque ofrece los costos más competitivos, es la China National Nuclear Corporation (CNNC), pero el gobierno estaría dispuesto a concederla a la estadounidense Westinghouse, desplazando además a la francesa EDF y la rusa Rosatom. El concurso para adjudicar la obra aún no tiene fecha definida.

La administración de Angra 3 corresponde a la brasileña Eletronuclear, empresa estatal vinculada a Eletrobras que es la responsable del proyecto, paralizado en 2015 con el 60% de las obras ya terminadas. La empresa fue investigada por la Policía Federal porque su director, el almirante Othon Luiz Pinheiro, fue parte de un esquema de corrupción con el pago de sobornos por parte del contratist.

El almirante fue procesado a 43 años de prisión por el juez Sergio Moro en el marco de la Operación Lava Jato, pero fue puesto en libertad dos años después. Othon Luiz Pinheiro es considerado el padre del programa nuclear brasileño, ya que fue uno de los principales responsables del desarrollo de una tecnología para el enriquecimiento de uranio llamada ultracentrifugación.

De ahí que militares brasileños hayan considerado en su momento que el objetivo del juez Moro, en sintonía con Washington, giraba en torno a razones "geopolíticas". Despejado el camino, ahora sería una empresa estadounidense la encargada de finalizar las obras de la central nuclear.

El segundo proyecto que está siendo retrasado, esta vez por el ministro de Economía, el ultraliberal Paulo Guedes, es la participación china en un fondo de inversiones para proyectos de infraestructura creado en 2017, por 20.000 millones de dólares de los cuales Pekín aportará tres cuartas partes.

"Desde que Guedes asumió el ministerio de Economía el fondo se ha estancado por la resistencia del Gobierno brasileño", asegura Folha de Sao Paulo.

Más grave aún es la amenaza del embajador de EEUU en Brasilia, Todd Chapman, quien en una entrevista a O Globo dijo que Brasil sufrirá "consecuencias económicas negativas" en caso de optar por la tecnología de Huawei para las redes telefónicas 5G.

Tanto Bolsonaro como su ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, y el de Seguridad Institucional, general Augusto Heleno, se muestran favorables a vetar a Huawei, aunque el vicepresidente Hamilton Mourao, también general en situación de retiro, no descartó que Brasil se incline por la empresa china.

Quien realmente muestra preocupación por la decisión del gobierno respecto a la telefonía 5G, es la ministra de Agricultura, Tereza Cristina, porque sospecha que China puede sustituir a Brasil en sus compras agrícolas. En efecto, en los primeros cuatro meses de 2020 las ventas agroindustriales a China representaron el 47% de las exportaciones, con una cifra récord de 31.400 millones de dólares.

Sobre este asunto existen lecturas muy distintas en Brasil. Las compras de EEUU representan apenas el 6,1% del total de las exportaciones brasileñas y varios técnicos aseguran que China podría diversificar las compras de soja, el principal producto de importación.

"Las simulaciones indican que si los chinos dejan de comprar sólo el 10% de nuestros productos, habrá una pérdida de al menos 8.000 millones de ventas y se eliminarán 800.000 empleos directos", explicaron técnicos agrícolas a los medios.

Por el contrario, el canciller Araújo, que profesa una ideología ultraderechista y se lo considera muy cercano a Donald Trump, sostiene que es China la que depende de los productos agrícolas brasileños y defiende la propuesta estadounidense de no considerar a China como una economía de mercado, lo que equivale a colocarla fuera de la Organización Mundial de Comercio.

Estas opiniones coinciden con las del área económica. El secretario de Comercio Exterior del Ministerio de Economía, Roberto Fendt, dijo a Folha que no habrá consecuencias ante un eventual veto a Huawei. "China tiene poco agua y siempre va a necesitar proveedores de alimentos y de otras materias primas".

Fendt razona que si China no le compra a Brasil, no podrá comprarle productos agrícolas a grandes exportadores como EEUU o Australia, porque con esos países también mantiene conflictos diplomáticos y comerciales.

De las declaraciones de la autoridades brasileñas de las últimas semanas pueden desprenderse algunas conclusiones.

La primera es que al interior del Gobierno de Bolsonaro se están evaluando decisiones estratégicas respecto a China. Todo indica que el alineamiento con EEUU es sólido, pero existen temores de que un veto a Huawei pueda enfurecer a China, que podría tomar represalias comerciales. Sin embargo, hasta ahora China no ha dado ese paso con Australia, donde compra importantes cantidades de mineral de hierro y con la que mantiene un serio contencioso con ramificaciones en el Mar del Sur de China.

La segunda es que más allá de las opciones geopolíticas e ideológicas que llevan a Brasil a seguir las orientaciones de Washington, el gabinete económico de Bolsonaro está enseñando fisuras importantes. Estos días se produjo una "desbandada" en el ministerio de Economía con la renuncia de dos secretarios por la demora en iniciar el proceso de privatizaciones.

No son las primeras bajas en el equipo de Guedes, que meses atrás se vio diezmado por otras renuncias importantes como la del presidente del Banco do Brasil, Ruben Noaes, y el secretario del Tesoro, Mansueto Almeida.

Según el diario O Globo, se trata de una "fractura" dentro del gabinete, dividido entre el ministro de Economía Guedes, partidario de las privatizaciones, mientras del otro lado se situaría el general Walter Souza Braga Netto, el poderoso ministro de la Casa Civil que representa el ala militar.

La división interna del Gobierno y la necesidad de aumentar el gasto público por la pandemia, están apartando a Bolsonaro de su programa electoral original. En este momento se registra una fuerte pugna que enseña, como apunta el periodista Tales Faria, que "los militares están más para el desarrollismo que para el ultraliberalismo económico".

17:28 GMT 14.08.2020

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Un grupo de palestinos sostienen un cartel que dice "No a la traición de Palestina" durante una protesta contra el acercamiento entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos. /Mohammed Talatene / Europa Press

ACUERDO ISRAEL Y EAU

Los Emiratos Árabes Unidos se han convertido en el tercer país árabe que firma la paz con Israel. Este paso tendrá graves consecuencias para la región, en primer lugar para los palestinos pero también para otros países con guerras calientes. A corto plazo, pierden los islamistas moderados pero en el horizonte se vislumbran oscuros nubarrones beligerantes.

 

La excelente acogida internacional al acuerdo de paz del jueves entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos muestra la miopía con que viven los países occidentales que dicen que buscan la paz pero no hacen nada para conseguirla. Al contrario, esos países colaboran con la ocupación de los territorios palestinos y contribuyen a una permanente inestabilidad que periódicamente tiene consecuencias trágicas para Occidente.

La conflictiva personalidad de los firmantes, el príncipe emiratí Mohammed bin Zayed (MBZ), el primer ministro Benjamín Netanyahu y el presidente Donald Trump, ya es un buen indicio de la naturaleza del acuerdo, dada la aportación de estos tres mandatarios a las crisis de los últimos años, quienes han sentado unas sólidas bases para la inestabilidad futura.

Es difícil decir si el príncipe MBZ se cree lo que ha firmado. Los Emiratos Árabes Unidos aseguran por activa y por pasiva que Israel ha cancelado la prevista anexión del 30 por ciento de la Cisjordania ocupada, y presentan esto como un gran logro. Mirando el documento, nos enteramos de que de que Israel "ha suspendido" la anexión, que no es lo mismo que cancelarla.

De hecho, el primer ministro Netanyahu ha confirmado en dos ocasiones desde el jueves que la anexión procederá en su momento tal como está previsto, puesto que solo depende de la coordinación con Estados Unidos. Es cierto que el presidente Trump ha dicho que la anexión "no está sobre la mesa", pero su embajador en Israel, David Friedman, le ha corregido inmediatamente y ha precisado que la anexión sigue estando "en la agenda".

La ingenuidad de MBZ ha sido una moneda corriente de la que se han servido los dirigentes israelíes desde la más remota antigüedad de la existencia del estado judío. Por poner un ejemplo cercano, a mediados de los años ochenta, el gran Shimon Peres le vendió a Felipe González la moto de que normalizando las relaciones con Israel, España podría jugar un papel importante en la paz.

Con la misma ingenuidad de MBZ, Felipe González se lo creyó y lo proclamó a los cuatro vientos, pero España no pudo concretar ningún progreso de aquella promesa vacía, fuera de hospedar la Conferencia de Madrid de 1991 que solo sirvió para que Israel ganara tiempo y siguiera construyendo a destajo en las colonias judías de los territorios palestinos.

La interpretación que MBZ ha hecho del acuerdo es muy personal. Es dudoso que el príncipe, que con tanta determinación se ha metido en todos los conflictos regionales que ya existían y ha creado unos cuantos más, sea en realidad un ingenuo de tal calibre. Lo más probable es que, como tenía que justificar de alguna manera el paso que da, ha dicho que Israel ha puesto fin a sus planes de anexionarse Cisjordania.

Otros países como Arabia Saudí, Bahrein y Omán, imitarán pronto a los EAU y firmarán acuerdos de paz con Israel, pero se tratará de acuerdos tan gratuitos como el del jueves, puesto que nadie en su sano juicio puede pensar que Israel vaya a "renunciar" a Cisjordania, con sus cientos de miles de colonos judíos, un número que se incrementa a diario.

Los palestinos, lógicamente, han protestado y han condenado el anuncio, pero su gran tragedia es que las autoridades de Ramala son las que más contribuyen a la ocupación. Esta misma semana los medios hebreos han señalado que las fuerzas de seguridad palestinas han reanudado la "coordinación de seguridad" con el ejército israelí y los servicios secretos del Shin Bet para perseguir cualquier disidencia, una coordinación que se interrumpió hace solo unas semanas.

La práctica de "paz a cambio de paz" que Netanyahu proclama, es decir la firma de acuerdos de paz gratuitos y por el mero hecho de lograr la paz, sin ninguna contrapartida, es un mal camino para el conjunto de todo Oriente Próximo. En primer lugar para los palestinos, ya que significa que solo conseguirán un incremento de la represión y el aplastamiento de sus derechos.

Si el príncipe MBZ hubiera querido hacer algo por los palestinos, habría exigido por ejemplo que Netanyahu pusiera fin al apartheid que sufren en sus ciudades y pueblos. Hubiera sido un buen inicio. Pero el mismo jueves que se anunció el acuerdo, los colonos atacaron dos pueblos de Cisjordania rompiendo y quemando bienes palestinos y realizando pintadas racistas. La policía dijo cínicamente que "ha abierto una investigación", un procedimiento que todo el mundo sabe que termina en nada. Los EAU no dijeron ni pío.

La desfachatez del eslogan de "paz a cambio de paz" significa llevar la inestabilidad a toda la región más allá de los palestinos. En los últimos años MBZ se ha convertido en el brazo ejecutor de las políticas israelíes en la zona, algo que le viene como anillo al dedo a Netanyahu, desde Libia a Irán, pasando por Yemen, Turquía Líbano o el bloqueo de Qatar. Y lo más grave es que esas políticas desestabilizadoras, con guerras incluidas, conducirán pronto a una mayor inestabilidad.

La "paz a cambio de la paz" es una frase muy bonita que oculta un horizonte negro, con la que se pretende esconder los problemas reales y borrar del mapa cualquier aspiración islamista por moderada que sea, como si la imposición del secularismo por la fuerza fuera a acabar para siempre con los conflictos de Oriente Próximo, una idea que parecen compartir algunos líderes occidentales, con Emmanuel Macron a la cabeza.

15/08/2020 08:34

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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La inminente guerra del agua entre Egipto, Etiopía y Sudán

Una batalla por los recursos hídricos

 

Después de casi una década de negociaciones con Etiopía el mes pasado los gobiernos de Egipto y Sudán llevaron su disputa sobre la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD, por sus siglas en inglés) al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU). Addis Abeba declaró que comenzarían a llenar la presa en julio, a pesar de poner en peligro la vida de 150 millones de egipcios y sudaneses. Como resultado de esta declaración, se celebró una sesión del Consejo de Seguridad a finales de junio, donde los estados miembros africanos, incluyendo a Sudáfrica -actual presidente de la Unión Africana y un miembro no permanente del CSNU-, solicitaron tiempo para abordar la disputa. No obstante, Addis Abeba quiere que la ONU se mantenga al margen y que sea la Unión Africana quien tome la iniciativa. A finales de junio, el ministro de Relaciones Exteriores de Egipto exhortó al Consejo de Seguridad de la ONU a adoptar una resolución para ayudar a resolver la disputa sobre la presa hidroeléctrica.

Esta es la situación. El Nilo, una línea de vida para los diez países que atraviesa, suministra agua y electricidad a Sudán y Egipto. Más arriba, aproximadamente a 30 km de la frontera sudanesa, Etiopía está construyendo la gran presa (GERD) que afectará al agua que reciben Sudán y Egipto. Cuando la terminen, será el proyecto hidroeléctrico más grande de África, siendo la compañía de energía eléctrica de Etiopía, su propietaria y operadora. La presa de gravedad, con torres de hormigón de 145 m de altura, inundará una extensión de 1.874 km2 en un embalse a 640 m de altura, y tendrá un área de captación de 172.250 km2. La presa tiene un volumen de 74.000 millones de m3 de agua (mmc) -de los cuales 14.800 millones son de almacenamiento no activo-, y puede contener aproximadamente el 1,6 del caudal promedio del Nilo Azul al año (48.500 millones de m3 / año), según la estación de medición El Diem, que está justo debajo, al inicio de la frontera con Sudán.

Los principales protagonistas se mantienen firmes en sus posiciones. El Cairo ve esta presa como una amenaza para su seguridad internacional y Sudán teme el impacto negativo para su población. Aunque los países habían acordado que cuando el flujo de agua del Nilo hacia la presa caiga por debajo de 35-40.000 mmc (millones de metros cúbicos), lo que constituiría una sequía, Etiopía no tendría la obligación de reducir sus operaciones en la GERD, Egipto ha lanzado recientemente una advertencia de que la GERD, si se llena con agua del Nilo Azul, comprometerá el futuro de 150 millones de personas en Egipto y Sudán. Se espera que la construcción de la gigantesca central hidroeléctrica de 4.800 millones de dólares (4.300 millones de euros), que comenzó en 2010, se complete en 2022. Según las autoridades de Addis Abeba, estaba programado llenarla para julio.

Dado que la GERD tiene un embalse del tamaño del Gran Londres, no es difícil predecir que esa inmensa retención de agua supone una «amenaza existencial» a la seguridad y el bienestar del agua en Egipto y Sudán. Debido a esta situación, tanto Sudán como Egipto han implorado al Consejo de Seguridad de la ONU que intervenga ante la previsión de que la falta de intervención probablemente pueda llevar a un conflicto. La apelación ante el CSNU se enmarca en el Artículo 35 de la Carta de la ONU, que autoriza a los Estados miembros a alertar al Consejo de Seguridad de cualquier situación que pueda conducir a fricciones internacionales, o que pueda poner en peligro la paz y la seguridad internacionales.

La GERD afectará al 90 por ciento de los suministros de agua dulce de Egipto, que actualmente dependen del Nilo. El ministro de Asuntos Exteriores etíope, Gedu Andargachew, en su carta de junio no mencionó la decisión de Addis Abeba de comenzar a llenar el depósito unilateralmente en julio, lo que intensificó el llamamiento de Egipto para la intervención del CSNU. Al contrario, Andargachew argumentó que las conversaciones tripartitas recientes habían progresado y fueron suspendidas porque la delegación sudanesa quería consultar con sus líderes. En la reunión de febrero de la Unión Africana el presidente Sisi le dijo al primer ministro Abiy que quería discutir las actas de las reuniones del grupo de estudio. Estas conversaciones condujeron a la nueva propuesta egipcia que pedía una liberación anual mínima de 40.000 mmc de agua de la GERD durante el período de llenado.

El Dr. Mohamed S. Helal, profesor de derecho en la Universidad Estatal de Ohio, ha realizado un análisis muy detallado de cada aspecto legal del caso. Sin embargo, incluso desde la objetividad de un abogado que se limita a interpretar documentos legales y supone la buena fe en las conversaciones, aun así, Helal señala que Egipto ha participado constantemente mientras que Etiopía «no completó el proceso de los estudios del Panel de Expertos Internacional (IPoE), rechazó el acuerdo preparado por partes imparciales, y se está preparando para comenzar unilateralmente el llenado». Hay pasiones en todos los lados, pero no podemos no tener en cuenta la legalidad de los acuerdos históricos.

Desde la perspectiva egipcia, al llenar unilateralmente el embalse Etiopía busca establecer un control sin restricciones sobre un río transfronterizo, una violación de la Declaración de Principios de 2015 firmada por Egipto, Etiopía y d Sudán, que estipula que el llenado y el funcionamiento de la GERD se realizará de conformidad con las directrices y normas acordadas entre los tres países.

Todavía no está claro si la GERD es ilegal según el derecho internacional o cómo las aguas del Nilo deberían compartirse históricamente entre los tres países. Primero fue el tratado de 1902 entre el Reino Unido y Etiopía, según el cual Etiopía renuncia a cualquier derecho al Nilo y acuerda no tomar ninguna medida que reduzca la disponibilidad de los recursos hídricos del Nilo que fluyen hacia Egipto. Este tratado actúa como un reconocimiento legal de que Etiopía no debería haber construido la presa. Sin embargo, dado que Egipto era un protectorado británico en el momento del tratado, no está claro si puede reclamar ser un tercero beneficiario del tratado o si la independencia de Egipto convirtió al país en una nueva entidad política mediante la cual los tratados negociados en su nombre por Gran Bretaña quedaron anulados. De hecho, este fue precisamente el argumento legal de Gamal Nasser cuando nacionalizó el Canal de Suez en 1956, de propiedad y construido por la Compañía del Canal de Suez, una compañía británico-francesa.

Posteriormente, en 1929, Egipto y Gran Bretaña (actuando en nombre de Sudán) suscribieron el Tratado Anglo-Egipcio que no solo garantizó la hegemonía de Egipto sobre las aguas del Nilo, sino lo más importante, le dio a Egipto el poder de veto sobre cualquier proyecto de aguas arriba. En un Tratado del Nilo de 1959, Egipto y Sudán acordaron compartir las aguas permitiendo una cuota de 55.500 mmc a Egipto y 18.500 mmc a Sudán, y 10.000 mmc que se evaporan de la presa de Aswan. Sin embargo, este acuerdo entre los dos países se alcanzó sin ninguna participación o consideración de los derechos de los otros países del Nilo aguas arriba (Burundi, República Democrática del Congo, Egipto, Etiopía, Eritrea, Kenia, Ruanda, Sudán del Sur, Sudán, Tanzania y Uganda). Por lo tanto, la situación no es tan clara, especialmente dado que históricamente Etiopía fue excluida durante más de un siglo de cualquier discusión sobre el Nilo, a pesar de que el Nilo se origina en sus montañas, y es la que tiene menos riesgo de quedarse fuera otra vez.

Hasta hace poco, el plan de Etiopía era llenar el embalse de la GERD durante la temporada de lluvias de julio y agosto. La presa está situada en el Nilo Azul, el principal afluente del río Nilo, y constituye el proyecto hidroeléctrico más grande de África. Pronto producirá 6.000 megavatios de electricidad, que es más del doble de la actual producción de Etiopía, que actualmente abastece a la mitad de su población, además del exceso de electricidad producido que Etiopía puede venderlo a Sudán y Egipto. Etiopía considera que con la cooperación de estos dos países, la represa podría generar riquezas económicas para toda la región.

Sin embargo, Egipto, que depende del Nilo para el 90% del agua dulce, ve la presa como una amenaza existencial que ahogará gran parte del suministro de agua que tanto necesita el país. Ya en 2010, cuando se anunció la construcción de la presa, El Cairo consideró el sabotaje, que incluía bombardearla, al igual que cualquier otra represa que Etiopía pudiera construir. Sospechas de sabotaje se observan en ambos lados; el mes pasado Etiopía acusó a Egipto de lanzar ataques cibernéticos en numerosos sitios web del gobierno etíope que interrumpen el proyecto, y ambos, tanto Egipto como Etiopía se acusan el uno al otro de tratar de sabotear las conversaciones y de bloquear estudios independientes para evaluar el impacto de la GERD. Egipto solicitó a Estados Unidos que participara en una mediación el año pasado, lo que condujo a conversaciones durante un período de cuatro meses en Washington pero que finalmente se interrumpió en febrero.

Se estima que en su primer año, la GERD retendrá 4.900 millones de metros cúbicos de agua, llevándolo hasta la altura del punto más bajo en la pared de la presa, lo que permitirá a Etiopía probar el primer conjunto de turbinas. El flujo anual total del Nilo Azul es de aproximadamente 49.000 mmc. Durante la estación seca, el lago retrocederá, lo que permitirá construir el muro de la presa. Durante el segundo año se retendrán otros 13.500 mmc. En este momento, el nivel del agua habrá alcanzado el segundo conjunto de turbinas que cronometran el flujo de agua y que se pueden gestionar con mayor precisión.

El principal impedimento para mantener la operación de la GERD indefinidamente es la sedimentación del yacimiento. Debido a su gran tamaño hidrológico, esencialmente todo el sedimento que ingresa al embalse GERD quedará atrapado, a menos que se pueda liberar con corrientes de densidad turbias. Dada la importancia nacional del proyecto GERD como fuente sostenible de energía, junto con las consecuencias económicas y sociales del uso de la tierra degradada en la limpieza del sedimento, la gestión de la tierra para reducir la erosión dará como resultado beneficios a largo plazo en múltiples niveles.

El rendimiento reciente de sedimentos reportado en la estación sudanesa de El Diem, y estimando un peso específico del orden de 1.0 t / m3 para depósitos de sedimentos, lo que supone que la capacidad de almacenamiento no activo de la presa es suficiente para atrapar aproximadamente 100 años de sedimento entrante. Este es un criterio de diseño convencionalmente aceptado, pero no da como resultado una sostenibilidad a largo plazo. En embalses de gran capacidad, como la GERD, los métodos factibles de gestión de sedimentos se limitan típicamente a la liberación de corrientes de densidad turbias y la reducción de la entrada de sedimentos a través de la gestión de las cuencas hidrográficas. Este último enfoque es el tema de un estudio de caso que se centra en la exploración de la cuenca hidrográfica Debre Yakob en la subcuenca del lago Tana.

Las negociaciones sobre la mega presa no han logrado llegar a un acuerdo después de casi una década de conversaciones entre Egipto y Etiopía, con Sudán atrapado en el medio. El año pasado Egipto buscó la intervención de los Estados Unidos, el presidente egipcio Abdel-Fattah al-Sisi solicitó que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, mediase en el conflicto. Etiopía fue inicialmente reacia a aceptar. Estados Unidos y el Banco Mundial se involucraron, pero no lograron que Etiopía validara un documento acordado con Egipto en febrero. Cuando Estados Unidos dijo que la presa no debería completarse sin un acuerdo, Etiopía acusó a la superpotencia de sobrepasar su papel de observador neutral. La Unión Africana (UA) ha declarado que intentará encontrar una solución.

Las negociaciones entre El Cairo, Jartum y Addis Abeba para compartir las aguas del Nilo se han interrumpido una vez más, incluso cuando la temporada de lluvias ha comenzado ya en Etiopía. Esto está haciendo crecer las aguas del Nilo Azul, lo que permite que Etiopía comience a llenar parcialmente el gran embalse de la GERD. Además, para cumplir que la presa más grande de África comience a producir energía hidroeléctrica esté funcionando en 2023, Etiopía necesita inundar parcialmente el embalse este verano para probar dos turbinas durante su temporada de lluvias, que dura solo unos cuatro meses.

Después de que los tres países participaron en una cumbre de emergencia de la Unión Africana en junio, Etiopía acordó no llenar la GERD, a pesar de sus declaraciones anteriores. En la cumbre, los líderes de estos tres países, el presidente Abdel Fattah Al-Sisi, el primer ministro Abdalla Hamdouk y el primer ministro Abiy Ahmed, acordaron reiniciar las negociaciones estancadas y formar un comité de expertos que finalizaría un acuerdo vinculante sobre la controvertida represa dentro de las próximas semanas.

Si bien hubo informes de que Etiopía llenó el embalse la semana pasada; Seleshi Bekele, ministro de agua y riego de Etiopía, lo negó y aclaró que había «piscinas naturales» en la presa debido a las lluvias. Sin embargo, el Ministerio de Riego de Sudán declaró el miércoles pasado que los niveles de agua en su estación de al-Dayem en el Nilo Azul muestran una reducción de 90 millones de metros cúbicos por día que efectivamente «confirma el cierre de las puertas de la presa».

En cualquier caso, los egipcios están furiosos porque Etiopía tiene la intención de seguir adelante sin su acuerdo. Para ellos, el Nilo es una cuestión de vida o muerte, ya que Egipto es principalmente desierto. El 95% de los 85 millones de sus habitantes viven a lo largo de las orillas y el delta del río, el Nilo es una cuestión de supervivencia. El Cairo argumenta que si la GERD sigue adelante de acuerdo con los planes actuales de Etiopía, dejará sin trabajo a cinco millones de agricultores, reducirá la producción agrícola del país a la mitad y desestabilizará aún más un país que actualmente lucha contra una insurgencia islamista y busca mitigar el daño a sus plantaciones de arroz de caña de azúcar en la región del delta norte, ya dañadas por la intrusión de agua salada del Mediterráneo.

Después de una década de conversaciones con una variedad de mediadores, incluyendo a la administración Trump, estos países no han podido encontrar una solución acordada. Las conversaciones de la semana pasada fueron mediadas por la Unión Africana y observadas por funcionarios estadounidenses y europeos y, de manera similar, no terminaron en un resultado claro. Dado que Etiopía rechaza el arbitraje vinculante en la etapa final, esta situación podría llevar a un inminente conflicto militar.

Por Julian Vigo | 28/07/2020 

Traducido del inglés para Rebelión por Marwan Pérez

Julian Vigo es académico, cineasta y consultor de derechos humanos. Su último libro es Terremoto en Haití: La pornografía de la pobreza y la política del desarrollo (2015). Puede ser contactado en: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Fuente original; https://www.counterpunch.org/2020/07/24/a-battle-over-water-resources-egypt-ethiopia-and-sudans-impending-water-war/

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El conflicto libio que arrancó con las llamadas primaveras árabes de 2011 atraviesa por uno de los momentos más críticos. / Europa Press

El conflicto libio que arrancó con las llamadas primaveras árabes de 2011 atraviesa por uno de los momentos más críticos. La injerencia extranjera se ha multiplicado durante los últimos años y países como los Emiratos Árabes Unidos y Turquía, que se encuentran en bandos contrarios, están esforzándose para conseguir una victoria que se les escurre de las manos.

 

El lío que se inició en Libia con la desaparición de Muammar al Gadafi en 2011 y el brote de las llamadas primaveras árabes ha adquirido proporciones grandiosas, con las potencias regionales y mundiales jugando sus bazas y sin saber muy bien qué hacer con un conflicto que hace tiempo se les fue de las manos.

Esta semana se ha calentado la situación con un cruce de acusaciones y desmentidos entre Washington y Moscú. La jefatura de Africom del ejército americano denunció el martes que personal ruso ha conducido aviones MiG 29 y Su-24 a una base libia escoltados por otros cazas rusos.

Los americanos están preocupados porque consideran que la introducción de esos aparatos podría decantar el desarrollo del conflicto de una manera definitiva. El Ejército Nacional Libio (ENL) de Khalifa Haftar, basado en el este de Libia y que cuenta con apoyo ruso, sería el gran beneficiario, en detrimento del Gobierno del Acuerdo Nacional (GAN), que controla Trípoli y otras zonas, un gobierno reconocido por la ONU que cuenta con el apoyo principal de Turquía.

Si algo no falta en Libia son armas. El país está sometido a un embargo de la ONU, pero absolutamente nadie lo respeta. Se han detectado hasta drones israelíes en los dos bandos, para que no falte de nada en ningún bando, según han publicado medios de la región. El Daily Telegraph informó el jueves de la presencia de mercenarios británicos junto a Haftar, y esta misma semana Berlín ha abierto una investigación para averiguar cómo han llegado al país armas alemanas.

 

Las armas alemanas llegaron a través de los Emiratos Árabes

 

La respuesta es bastante sencilla: las armas alemanas llegaron a Libia a través de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), un país que dirige el príncipe Mohammad bin Zayed y que lleva a cabo una cruzada, alentada por Occidente, en cualquier país de la región donde se huela un poco a islamismo. Por otra parte, la desastrosa política europea en Oriente Medio incluye la venta masiva de armas a países, como los EAU, que están enfrascados en cruentas guerras civiles en la zona, incluida la de Libia.

El envío de los aviones rusos denunciado ha sido negado por Moscú y por Trípoli. Los americanos, sin embargo, insisten en que es un hecho y dicen que también han detectado la llegada a Libia de más de una decena de buques rusos procedentes de Siria. Un parlamentario ruso insiste en que la denuncia responde a una campaña de "rumores y mentiras" puesto que su país no ha enviado "personal" a Libia ni tiene intención de hacerlo.

En este contexto, durante esta semana ha trascendido que lo mandatarios rusos no se ponen de acuerdo entre sí con lo que deben hacer en Libia. Mientras el ministerio de Defensa presiona para intervenir, el de Exteriores, más sensato, considera que es una equivocación que a medio plazo redundará en perjuicio de Moscú. De momento es el ministerio de Defensa el que lleva la voz cantante.

 

Moscú pretende expandir el área de influencia

 

Dejando a un lado que es un craso error de Moscú intervenir en el conflicto libio, algunos medios han informado de que con esa acción Moscú pretende expandir el área de influencia en el sector oriental y central del Mediterráneo por motivos oscuros, mientras que otros medios indican que Moscú quiere tener una carta en la mano para negociar desde una posición ventajosa en lo relativo a Siria y, en especial, a la presencia americana en el este de Siria.

El martes, el Pentágono dijo que Rusia envió sus cazas a Libia haciendo escala en Siria, y que el objetivo del envío es apoyar a los mercenarios rusos del llamado Grupo Wagner, dirigido por un amigo y confidente del presidente Vladimir Putin, que combate al lado de las tropas de Haftar, unas tropas trufadas de mercenarios de distintos países, principalmente de Sudán, que aparentemente cobran su salario de los Emiratos Árabes Unidos.

 

Los aviones se encuentran en territorio libio

 

Según el Pentágono, los aviones fueron repintados durante una escala en Siria con el fin de borrar cualquier indicación de que son rusos. Los americanos incluso difundieron imágenes de satélite que demostrarían que los aviones se encuentran en territorio libio. Y añadieron que en total 14 cazas rusos repintados han llegado a Jufra, una localidad situada en la región central de Libia.

Las tropas de Haftar han sufrido una larga serie de reveses en las últimas semanas

Las tropas de Haftar han sufrido una larga serie de reveses en las últimas semanas y su ofensiva para capturar la capital Trípoli ha fracasado por el momento. Las tropas de Haftar contaban con el apoyo de los mercenarios del Grupo Wagner ruso que, el pasado sábado, tuvieron que abandonar el terreno donde se encontraban para buscar refugio más al sur.

No deja ser curioso que el ministro de Exteriores francés, Jean-Yves le Drian, dijera el miércoles, en mitad de todo el lío, que la situación en Libia es muy preocupante, e incluso advirtiera de que se estárepitiendo el escenario de Siria, donde la intervención militar occidental ha contribuido a establecer una vibrante democracia liberal similar a las de Afganistán, Irak y Egipto.

De momento, el país que mejor está conduciendo su presencia en Libia es Turquía, que apoya militarmente al gobierno de Trípoli. El presidente Recep Tayyip Erdogan está jugando fuerte en toda la región, cometiendo errores de bulto en Siria. No obstante, la guerra en Libia podría dar un vuelco, en función de hasta dónde lleguen las potencias regionales y mundiales, lo que podría meter a Ankara en serios problemas.

JERUSALÉN

29/05/2020 07:24

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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¿Por qué los militares brasileños se pliegan a Bolsonaro?

El nacionalismo y el desarrollo industrial fueron las señas de identidad de las Fuerzas Armadas de Brasil desde la dictadura militar hasta los Gobiernos de Luiz Inacio Lula. Pero el sueño de convertirse en potencia global relativamente independiente se fue evaporando luego de la crisis de 2008 y terminó sepultado bajo el Gobierno de Jair Bolsonaro.

 

El nacionalismo y el desarrollo industrial del país para cimentar su progreso fueron las señas de identidad de las Fuerzas Armadas de Brasil desde la dictadura militar (1964-1985) hasta los Gobiernos de Luiz Inacio Lula (2003-2010). Pero el sueño de convertirse en potencia global relativamente independiente se fue evaporando luego de la crisis de 2008 y terminó sepultado bajo el actual Gobierno de Jair Bolsonaro.

Aunque el presidente es un obstáculo para garantizar la gobernabilidad del país, no todos los problemas se reducen a su polémica figura. El viraje de Brasil hacia su subordinación a Washington y al Pentágono hay que buscarlo en la deriva pragmática de las Fuerzas Armadas y en su falta de proyección estratégica.

Mucho se ha hablado sobre un supuesto malestar entre los militares con las declaraciones y actitudes abiertamente golpistas de Bolsonaro. El 19 de abril, el presidente convocó a sus partidarios a manifestarse frente al Cuartel General del Ejército, en contra del Congreso y del Supremo Tribunal Federal, llamando a una intervención para clausurarlos.

Sin embargo, nada indica que la cúpula de las Fuerzas Armadas haya cambiado su fidelidad por el presidente, al que contribuyeron a elegir y en cuyo Gobierno hay nada menos que 2.897 uniformados, un número superior al que hubo durante toda la dictadura militar.

La crisis del coronavirus y la crisis de Bolsonaro: ¿Quién manda en Brasil?

Una prueba de que los militares son profundamente bolsonaristas es lo sucedido entre el ahora exministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, y el presidente por la posición de Bolsonaro contra la cuarentena para no perjudicar la economía. Aunque la sociedad, los medios, los médicos, gobernadores y políticos apoyaban masivamente al entonces ministro, los militares se inclinaron por el presidente.

El vicepresidente, general Hamilton Mourao, se pronunció en contra de Mandetta, afirmando que "cruzó la línea roja", que quien toma las decisiones es Bolsonaro, que "no está tutelado por los militares" y, por el contrario, "tiene extrema preocupación con la población más desasistida".

La pregunta es cómo se llegó a esta situación, en la cual las Fuerzas Armadas subordinan su prestigio y su integridad a un presidente errático, aislado y enfrentado a todas las instituciones del país, desde la Justicia hasta la Orden de Abogados.

Los problemas no comenzaron ahora. En 2018 ya se podía constatar el retroceso brasileño, de la mano de la venta de la empresa de aviación Embraer, creada por los propios militares, a la estadounidense Boeing. En marzo de 2019, tras la primera visita de Bolsonaro a la Casa Blanca, Brasil recibió el estatus de "aliado privilegiado" fuera de la OTAN.

Este año, Trump y Bolsonaro firmaron el acuerdo RDT&E —la sigla en inglés de investigación, desarrollo, tests y evaluación— que ayudará a abrir la industria brasileña al mayor mercado de defensa del mundo.

Entre tanto, el Parlamento dio luz verde a la utilización de EEUU de la base de cohetes espaciales de Alcántara, en el estado de Maranhao, cerca de la línea ecuatorial. En octubre de 2019 se aprobó el Acuerdo de Salvaguardas Tecnológicas, la base legal que permite el lanzamiento de cohetes y satélites con tecnología estadounidense, pese a que la oposición considera que viola la soberanía nacional.

Según José Luis Fiori y William Nozaki, investigador y director del Instituto de Estudios Estratégicos de Petróleo, Gas y Biocombustibles, respectivamente, el viraje más importante fue la definición de Francia como enemigo estratégico de Brasil en el escenario de la defensa hacia 2040.

Según Nozaki y Fiori, la elección de Francia es "coherente con el objetivo central e inmediato de las Fuerzas Armadas brasileñas, que es Venezuela y ahora también Guyana, debido al descubrimiento reciente de inmensas reservas de petróleo 'offshore'". 

Según los analistas, Francia como enemigo estratégico podría cumplir tres objetivos. En primer lugar, permitiría "la denuncia del acuerdo de cooperación militar de Brasil con Francia en torno a la construcción del primer submarino nuclear brasileño, que probablemente sea sustituido por un nuevo proyecto con EEUU".

Arreaza critica que Bolsonaro apoye a EEUU mientras Brasil afronta COVID-19

El segundo aspecto es la conversión de Brasil en un "protectorado militar de EEUU", como lo anticipa la venta de Embraer a Boeing, la liberación del uso de la base de Alcántara y la conversión del gigante sudamericano en aliado preferencial de Washington.

La tercera cuestión es la "ofensiva final" contra Venezuela, apoyada por Brasil. En este sentido debe entenderse "el nombramiento del general Mourao para el Comando Unificado de la Amazonía, del cual fueron excluidos todos los gobernadores de la región, apartándolos de informaciones y decisiones, incluso en el caso de que Brasil sea convocado para formar un cerco fronterizo" contra Venezuela. 

Aún resta responder cómo fue posible que Brasil pasara de contar con una Estrategia Nacional de Defensa, delineada en 2008 —que establece la prioridad de proteger las reservas de petróleo offshore y de la Amazonía de cualquier potencia extracontinental, de promover un complejo militar-industrial independiente y una alianza con países como Suecia y Francia para el desarrollo de naves y submarinos—, a convertirse en un protectorado militar de EEUU.

A mi modo de ver, hay tres razones básicas:

  1. Las elites brasileñas (el empresariado, las cúpulas militares y los altos cuadros administrativos del Estado) tienen mucho más temor, y rechazo, a la izquierda, a Venezuela y a los sectores populares que a cualquier otra eventualidad. Este rechazo se debe a una profunda integración con el mundo de las empresas multinacionales, de la gran banca y de los lobbies empresariales y militares afines al Pentágono.
  2. Dejaron de creer en Brasil como país llamado a jugar un papel destacado en el mundo, de la mano de los BRICS y de los demás países emergentes. No tienen, por lo tanto, un proyecto de país capaz de integrar a los 210 millones de brasileños en un impulso nacional que, tarde o temprano los llevaría a chocar con EEUU. También dejaron de interesarse en la integración regional.
  3. La sociedad brasileña está desorientada ya que durante los 13 años de Gobiernos del Partido de los Trabajadores le dijeron, una y otra vez, que "Brasil no tiene enemigos". Era la frase predilecta de Lula y mostró que en un mundo como el actual, el ascenso de cualquier país al rango, incluso de potencia regional, choca inevitablemente con los defensores de la estrategia del "patio trasero" de los EEUU.
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El irresistible retorno de los militares en América Latina

En América Latina sonó la hora de las Fuerzas Armadas. En todos los países han recuperado protagonismo en ancas de la pandemia de coronavirus, acelerando una tendencia que se venía perfilando en los últimos años, con seguridad desde la crisis financiera de 2008.

Una tendencia que ahora se agudiza con el anuncio de Donald Trump de lanzar una vasta "operación de gran alcance contra el narcotráfico en el hemisferio occidental con el despliegue en el mar Caribe y el Pacífico sur de refuerzos militares de la armada y la fuerza aérea"

La excusa de la Casa Blanca es que los cárteles de la droga pueden aprovechar la situación para avanzar en su negocio, por lo que dispuso la movilización del Comando Sur, con sus 22 países aliados, y de la Guardia Costera para detener cargamentos ilegales. Sin embargo, también movilizó sus enormes buques-hospitales para atender la epidemia en Nueva York y Los Ángeles.

No estamos ante una tendencia que pueda reducirse a los objetivos estratégicos del Pentágono, ya que involucra a todos los gobiernos, a la oposición de izquierda o de derecha e, inclusive, abarca a sectores amplios de la población que sienten que los uniformados pueden aportarle la seguridad que la pandemia pone en riesgo.

El alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, militante de izquierda (Frente Amplio), reclama la presencia de las Fuerzas Armadas para asegurar la "distancia social" en supermercados y bancos, ya que se han producido algunas aglomeraciones en esos establecimientos.

En Guayaquil, Ecuador, donde la pandemia se ha cobrado cientos de víctimas, se militarizó la ciudad para intentar recomponer una situación caótica, en la que todas las mañanas aparecen cadáveres abandonados en las calles y las morgues y cementerios están colapsados.

El clima de caos crece sin cesar, aunque en ninguna ciudad llega al extremo de Guayaquil. Sin embargo, en Bogotá, Colombia, se pueden ver trapos rojos en las ventanas que representan pedidos de auxilio ya que la familia que la habita, no necesariamente pobre, no tiene recursos para enfrentar la situación.

Sucede que el coronavirus está llegando a una región donde más de la mitad de la población, o sea más de 300 millones, viven en la informalidad: venden en mercados y calles, recogen basura, escombros y cartón para revender, ofrecen servicios del más diverso tipo, desde reparto a domicilio hasta traslado de personas y mercancías. Esos millones no pueden estar ni una semana sin trabajar, ya que no tienen ahorros, viven en casas precarias y, por supuesto, no cuentan con seguridad social.

En contra de la voluntad del ministro de Economía, Paulo Guedes, el gobierno de Brasil se vio obligado a conceder un subsidio mensual de 120 dólares a 30,6 millones de trabajadores informales, durante tres meses, ya que no perciben ningún ingreso. Aunque Brasil luce como potencia emergente, hay tantos trabajadores formales como informales, algo que sucede en todos los países de la región.

 

La presencia militar llegó incluso a un país como Argentina, donde los uniformados tienen un muy bajo prestigio social luego de la derrota en la Guerra de Malvinas (1982). En las villas miseria del conurbano de Buenos Aires, se registraron días atrás escenas de aplausos masivos cuando llegan los camiones militares cargados de alimentos para los más pobres.

En Brasil se hablaba abiertamente de golpe de Estado para apartar a Bolsonaro, porque rechaza la cuarentena y mantiene una política errática y desafiante. El 30 de marzo, los comandantes de las FFAA decidieron que el general del Ejército

Braga Netto, que había sido nombrado por Bolsonaro jefe de la Casa Civil (jefe de Gabinete), se haga cargo de coordinar el Gobierno de Bolsonaro con una nueva función, la de "Jefe de Estado Mayor de Planalto", y lo denominan como un "presidente operacional", que tomará las principales decisiones y que puede, incluso, contrariar las declaraciones de Bolsonaro. En otros tiempos, se hablaría claramente de golpe de Estado.

¿Por qué los militares están ocupando un lugar tan destacado en la política latinoamericana?

Creo que hay que observarlo desde diferentes ángulos.

En primer lugar, para las élites económicas y políticas el mayor temor en una coyuntura como la actual es la posibilidad de un enorme estallido social si llegaran a desbordarse hospitales y hubiera una gran mortandad por la pandemia. Esto es posible por la acumulación de pobreza, precariedad del sistema sanitario y una tradición de luchas sociales muy importante en el continente.

Téngase en cuenta que en 2019 hubo estallidos sociales en Haití, Chile, Ecuador y Colombia, concentrados en el último trimestre, además de gigantescas protestas sociales protagonizadas por las mujeres contra los feminicidios y por el derecho al aborto, a las que deben sumarse demandas de casi todos los sectores, en particular contra la minería, las políticas neoliberales y las condiciones de vida.

En suma, un estallido en medio de una pandemia no sería nada extraño, ya que el clima social de revuelta esta muy presente en la región. Por eso, los militares cada vez juegan un papel más importante como guardianes de la estabilidad social.

En segundo lugar, un sector las clases medias de la región viven una situación de gran precariedad, con el enorme temor de caer en situación de pobreza o de perder parte de su estilo de vida. Esto ya lo vivieron las extensas clases medias argentinas en la crisis de 2001 y las brasileñas en 2013, aunque unas y otras se expresaron políticamente en sentido opuestos.

En tercer lugar, para una parte de los sectores populares los militares pueden ayudarles a paliar los problemas de sobrevivencia más aguda, o bien son referentes de orden como sucede en Brasil, Colombia y Venezuela, en todos los casos con opciones políticas divergentes.

En síntesis, las FFAA están siendo visualizadas, por las élites económicas y amplios sectores de las clases medias y de la población más pobre, como un principio de orden. En una situación compleja, eligieron la seguridad antes que la libertad, como venían haciendo en las últimas décadas de forma menos evidente.

19:44 GMT 03.04.2020

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Hasan Rohani: "Irán demuestra que no retrocede ante EE.UU."

El presidente iraní dijo que su venganza "será cortar los pies de Estados Unidos de esta región"

Donald Trump sostuvo que su gobierno mató a Soleimani porque el general iraní planeaba volar la Embajada de Estados Unidos en Bagdad. También exigió una ampliación de la OTAN que incluya a países de Medio Oriente.

 

En una nueva jornada de tensión en Medio Oriente, el presidente de Irán, Hasan Rohani, advirtió que habrá una "respuesta muy firme" si Washington "comete otro error". Agregó que la venganza de Irán, luego del asesinato del jefe de la Guardia Revolucionaria de Irán, Qasem Soleimani, "será cortar los pies de Estados Unidos de la región". En la misma línea, un alto mando militar iraní aseguró que el ataque a objetivos militares estadounidenses en Irak fue solo una muestra de su poderío defensivo. Por su parte, el gobierno iraquí volvió a exigir que las tropas extranjeras abandonen el territorio. En declaraciones a la prensa, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que Washington mató a Soleimani porque el general iraní planeaba volar la Embajada de Estados Unidos en Bagdad. El mandatario sostuvo también que la OTAN debería expandirse e incluir a países de Medio Oriente. 

El presidente iraní Hasan Rohani manifestó que Irán "demuestra que no retrocede ante Estados Unidos". Si Estados Unidos "quiere cometer otro crimen debe saber que recibirá una respuesta aún más firme", dijo Rohani en un consejo de ministros. "Pero si son cuidadosos no harán nada más", agregó.

"Nuestra respuesta final a su asesinato será expulsar a las fuerzas de Estados Unidos de la región", agregó. "Cortaron la mano del querido general Soleimani en esta atrocidad. Nuestra venganza será cortar los pies de Estados Unidos de esta región", aseguró Rohani.

En respuesta a la muerte de Soleimani, Irán atacó el miércoles con misiles dos bases militares situadas en Irak en las que se encuentran desplegados soldados estadounidenses, una acción que el líder supremo iraní, Alí Jamenei, describió como "una bofetada" a Washington. 

Horas más tarde, el subcomandante de la Guardia Revolucionaria iraní, Ali Fadavi, aseguró en la misma línea que el ataque a objetivos militares estadounidenses en Irak fue solo una muestra del poderío defensivo del país persa.

En un discurso desde la ciudad de Isfahan, Fadavi destacó que ese bombardeo contra la base de Ain al Asad es "una de las manifestaciones inigualables del poderío y la capacidad de Irán en el campo de la defensa militar". Poco después y en el centro de Irak, un nuevo cohete impactaba sin causar víctimas en las inmediaciones de una base área en la que operan tropas estadounidenses.

"Capturamos un monstruo"

"Irán nos golpeó con misiles. No deberían haber hecho eso. Afortunadamente para ellos, nadie fue alcanzado, nadie fue asesinado", expresó Trump en un encuentro con medios en la Casa Blanca. "Están muy afectados por las sanciones", dijo en relación a los iraníes. "Pueden fortalecer la economía de su país muy rápidamente si lo desean. Veremos si negocian o no", agregó más adelante.

Además, el presidente de Estados Unidos señaló que Washington mató al jefe de la Guardia Revolucionaria de Irán, Qasem Soleimani , para detener sus planes de volar la Embajada de Estados Unidos en Bagdad. "Capturamos un monstruo total y lo sacamos. Eso debería haber sucedido hace mucho tiempo. Lo hicimos porque estaban buscando hacer estallar nuestra Embajada", dijo Trump.

El mandatario afirmó también que la OTAN debería considerar una expansión para incluir a países de Medio Oriente. El presidente expresó que ya se lo había comentado previamente al secretario general de la alianza militar, Jens Stoltenberg.

"Creo que estaba realmente emocionado por eso", dijo Trump, quien agregó que sugirió que el nombre se ampliara a "Natome" por las iniciales en inglés de la alianza y la suma de Medio Oriente (NATO +Middle East) "Qué hermoso nombre, Natome. Soy bueno con los nombres, ¿verdad?", comentó el mandatario, intentando poner paños fríos a los temas ásperos que tocó en su contacto con la prensa.

El miércoles en su discurso oficial, Trump había sugerido que los aliados de la OTAN deberían involucrarse más en Medio Oriente. Stoltenberg recogió el consejo y expresó que reflexionará sobre cómo transformar su misión en esa región, básicamente mediante misiones de entrenamiento. Aclaró además que esa reorganización no implica aumentar el número de tropas de combate sobre el terreno, sino "capacitar a las fuerzas locales para que luchen por si mismas contra el terrorismo". 

Finalmente, y al ser consultado por las sanciones impuestas a Irán, expresó: "Ya se hizo. Las hemos aumentado. Eran muy severas, pero ahora se han incrementado sustancialmente. Lo aprobé hace un tiempo con el Tesoro", dijo Trump a periodistas en la Casa Blanca. El mandatario había prometido el miércoles , en su discurso a la nación, "sanciones económicas adicionales" en represalia por el ataque iraní. 

Por último, el gobierno de Irak volvió a exigir el retiro de tropas del territorio. Luego de reunirse con su par turco, Mevlüt Cavusoglu, el ministro de Relaciones Exteriores de Irak, Mohamed Ali Al Hakim insistió en que "todas las tropas extranjeras tienen que abandonar" el país. De todas formas, precisó que la salida debe ser acordada a través de canales diplomáticos y del diálogo.

Por su parte, Cavusoglu afirmó que "Irak no está solo" y Ankara trabajará a su lado en estos "días difíciles", al tiempo que pidió que el territorio iraquí "no se convierta en un campo de batalla para las fuerzas extranjeras". Ambos países acordaron trabajar para aliviar la escalada de la tensión en la región. El Parlamento iraquí había aprobado el pasado domingo una moción en la que solicitaba al Ejecutivo que acabe con la presencia de cualquier fuerza extranjera en Irak.

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