La presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, habla en conferencia de prensa este viernes en Palacio de Gobierno en La Paz. EFE / Martin Alipaz

Jeanine Áñez toma medidas para el país que van más allá de su período de interinidad hasta la convocatoria de nuevas elecciones

La autoproclamada presidenta pone en duda la participación de Evo Morales y su partido en los futuros comicios

Jeanine Áñez tomó posesión el martes declarándose una presidenta transitoria y prometiendo elecciones "cuanto antes". Sin embargo, los tres días desde su nombramiento tras el golpe de Estado a Evo Morales no han sido desaprovechados por la nueva mandataria boliviana que se ha olvidado de su periodo de provisionalidad hasta unos nuevos comicios y ha ido tomando decisiones de un calado muy importante que podrían afectar a la política nacional, pero también a las relaciones internacionales del país no sólo en el hoy, sino en un todavía incierto futuro.

Áñez entró en el puesto prometiendo devolver la Biblia al Palacio. Sus primeras imágenes como presidenta fueron con el libro sagrado de los cristianos en la mano lo que supone un retroceso a antes de la Constitución de 2009 en la que se establece la laicidad del Estado. Esto es, la separación del poder eclesiástico y de influencia de la Iglesia de todo lo que tenga que ver con las Administraciones Públicas. Asimismo, esta toma de poder la hizo en el Palacio Quemado, la antigua sede de gobierno antes de que Morales mandase construir la Casa Grande del Pueblo, un imponente edificio que se encuentra justo detrás.

Pero esa imagen es puro simbolismo comparadas con las otras decisiones que Áñez ha tomado o que plantea tomar. El mismo día de la toma, quien le anudaba la banda era el entonces comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman. Hoy, para hablar del hombre que provocó la renuncia de Evo Morales hay que hacerlo en pasado. La mandataria cambió en su primer día de gobierno la cúpula militar sustituyendo a Kalima, quien se le consideraba un aliado de Morales hasta que el domingo pidió la marcha del presidente, por el general Carlos Orellana Centellas.

En tres días de gobierno, el gobierno boliviano también ha mostrado su predisposición hacia las críticas a los medios de comunicación y a la petición de encarcelamientos. La nueva ministra de Comunicación, Roxana Lizárraga, amenazó a la prensa nacional y a la internacional con acusarla de sedición "si no cumplen con su trabajo". "Algunos periodistas, bolivianos y extranjeros, que están causando sedición en nuestro país, tienen que responder ante la ley boliviana", explicó la responsable gubernamental. Estas acusaciones también se dirigieron hacia antiguos ministros y funcionarios del país. El ministro de Gobierno anunció "una cacería" contra su predecesor al que acusó de haber estado sembrando la violencia en el país.

Ha sido en política exterior y especialmente relacionado con Venezuela donde Áñez ha dejado su impronta sin importarle el calificativo de "transitorio" que le puso ella misma a su mandato. De los primeros reconocimientos internacionales que tuvo al jurar su cargo fue el de Juan Guaidó, proclamado presidente de Venezuela por la Asamblea Nacional en la que hay mayoría opositora. Vía Twitter él felicitó a la nueva presidenta y ella le invitó a nombrar un nuevo embajador en el país lo que en ese momento suponía una quiebra con el gobierno de Maduro y el reconocimiento expreso de Guaidó como máximo dirigente venezolano.

A esto se añadió este viernes el anuncio por parte de la canciller interina, Karen Longaric, que el país rompía relaciones con el Ejecutivo venezolano. El motivo que esgrimió Longaric fue que había venezolanos vinculados con la embajada del país en La Paz que estaban "atentando contra la seguridad interna de Bolivia". Asimismo, señaló que el actual gobierno será "consecuente" con los principios democráticos de respeto a los derechos humanos y la carta democrática de la Organización de Estados Americanos.

La responsable de la diplomacia boliviana también anunció la marcha del país andino del ALBA, la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe que ideó el fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez y a la que se unió Bolivia en cuanto Evo Morales subió al poder. Bolivia se añade ahora a Ecuador que en 2018 decidió salir tras la crisis de refugiados venezolanos. Ahora mismo, el grupo está compuesto por Antigua y Barbuda, Cuba, Nicaragua, San Cristóbal y Nieves, Dominica, San Vicente y las Granadinas y la propia Venezuela además de Haití como observador.

El rechazo entre el nuevo gobierno boliviano y el ALBA es mutuo. Los integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América acordaron calificar la salida del poder de Evo Morales y la llegada de Áñez como un "golpe de Estado consumado de la oligarquía boliviana", acusaron al ejército boliviano de violentar el orden constitucional y reclamaron el regreso de Evo Morales al que consideran como el presidente legítimo del país.

Asimismo, también deslizó la posibilidad de abandonar la cada vez más debilitada Unasur. Este proyecto que intentaba integrar a todo el continente latinoamericano, especialmente durante el periodo de gobiernos progresistas en países como Brasil y Argentina, tuvo un papel fundamental en la crisis del Oriente boliviano en 2008 cuando las tres regiones de la ‘media luna’ (Beni -de donde es Áñez-, Pando y Santa Cruz) iniciaron una revuelta autonomista contra Morales. En ese momento, la determinación de los socios de Unasur fue clave para frenar la insurgencia.

Por último, la autoproclamada presidenta del país puso además en duda que Evo Morales y el Movimiento Al Socialismo pudieran presentarse en las elecciones que debe convocar.  "El tribunal deberá decidir si el MAS puede participar o no", explicó la nueva mandataria del país acusando al partido del ex presidente de causar un golpe de Estado con el intento de fraude electoral. Morales convocó nuevas elecciones tras el informe preliminar de la OEA, unas elecciones que siguen sin tener fecha, pero que tienen como límite el 22 de enero, día en que acaba el mandato constitucional de las cortes. Mientras tanto, Áñez seguirá tomando medidas

Por Diego Aitor San José - La Paz (Bolivia)

16/11/2019 - 06:00h

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Martes, 05 Noviembre 2019 06:02

75 años del FMI y Banco Mundial, la rapiña

75 años del FMI y Banco Mundial, la rapiña

En julio de 1944 fueron fundadas en Bretton Woods esas dos instituciones siniestras para los países periféricos. Hace unos días, su reunión anual conjunta celebró sus 75 años como parte decisiva de la gobernanza económica mundial por parte de los líderes de los países centrales: la dirección del FMI en manos de Europa, la del BM en las de Estados Unidos. En los hechos también el FMI está en manos de EU: es su principal accionista. EU es el único país con poder de veto –por el peso de sus acciones– en las decisiones de esa organización financiera que opera como un banco privado a favor de los intereses de Wall Street. EU también domina la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales (Swift, por sus siglas en inglés).

¿Motivos para festejar el cumpleaños 75? A la vista están las sombrías perspectivas de la economía mundial, recesión o lento crecimiento en todo el mundo (China aparte); amenazas de un inmenso nuevo quebranto financiero mundial; aumento de las tensiones comerciales; una enloquecida desigualdad, ahora ya no sólo entre los países centrales y los periféricos, sino dentro de ambos polos; una descomunal crisis odiosa –creada contra los intereses de los ciudadanos– de los países ­periféricos.

El norte continúa con su cuento del crecimiento y el desarrollo mientras sigue operando en favor de la especulación financiera sobre todas las cosas, y atizando sin cesar el aumento de la deuda eterna en los países del sur. A la vista está, también, la acción de consuno entre el FMI y el BM y los grupos políticos y económicos globalizados de los países del sur. En México tenemos ahora hasta generales del Ejército (Gaytán) cabalmente subyugados por la ideología neoliberal de esas instituciones.

En su reunión conjunta FMI y BM advierten sobre una nueva crisis internacional de la deuda y subrayan los nubarrones que ven en los severos problemas de deuda que enfrentan Ecuador, Argentina y Haití, como si no hubiera sido el FMI el creador de los programas "de ajuste" y de "reforma estructural" que llevaron a esa crítica situación. El Comité para el Desarrollo y el Comité Monetario y Financiero Internacional, dependientes de la Junta de Gobierno del FMI, señalan el empeoramiento de la situación de la deuda de los países dependientes, pero nada dicen sobre los programas para resolver las crisis de la deuda una vez desatadas; se sabe: sólo mayores dosis de su misma medicina.

Es clara la necesidad de una restructuración completa de la arquitectura del sistema financiero internacional, comenzando por ubicarlo en el lugar de servicio a los sectores productivos que siempre debió corresponderle, y evitando volver a erigir una moneda nacional como divisa internacional con indecibles ventajas para succionar ingreso de todas partes, como ha ocurrido con el dólar.

Pero mientras ello no ocurra –o acaso sea compensado o sustituido por el sistema cuya construcción ha iniciado el BRICS– es apremiante reformar el modo en que el FMI concede sus préstamos en situaciones de endeudamiento insostenible, como la que viven países como Argentina, Ecuador o Haití. Es imperioso que la evaluación para la concesión de créditos, en cualquier circunstancia, incluya por sistema los efectos de los montos, tasas y plazos, sobre los derechos humanos, las prioridades del desarrollo convenidas internacionalmente, como los objetivos 2030 de la ONU, y la impostergable agenda de las cuestiones de género. Estos criterios se tornan acuciantes en condiciones de deuda impagable, como es el caso de los países referidos.

Entre las mayores intervenciones del FMI están: México 1994, 18 mil millones de dólares (mmd); Asia 1997, 36 mmd; Rusia 1998, 22.6 mmd; Brasil 1998, 41.5 mmd; Turquía 2000, 11 mmd; Argentina 2001, 21.6 mmd; Grecia 2010, 139.7 mmd; Portugal 2011, 99 mmd; nuevamente Argentina 2018, 57.1 mmd. Con las intervenciones del FMI las economías de esos países no hallaron caminos a la estabilidad, sino eficaces recetas hacia el desastre nacional y social.

En Argentina, no sólo el FMI y el BM se hicieron cargo del gobierno después de la administración kirchnerista. Junto con Macri llegó un equipo de banqueros y financieros argentinos a "poner orden": la deuda externa pasó de 38 por ciento del PIB al término del gobierno de Cristina Fernández a 93 por ciento del PIB con Macri; y es uno, entre muchos otros adversos indicadores financieros de la gestión neoliberal.

El mundo ha pasado, empeorando, del consenso de Bretton Woods, al Consenso de Washington y, de ahí, al Consenso de Wall Street. Con un centro que rapiña y una periferia cada vez más atracada.

Alberto Fernández, el presidente electo de Argentina, se encuentra en México. Las reglas que rigen el endeudamiento del FMI deben ser profundamente reformadas. En alguna parte, en algún momento, los acuerdos internacionales entre los países de la periferia deben comenzar, al efecto de procesar esa reforma: ¿por qué no empezar ahora mismo?

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El Brasil de Bolsonaro, aislado del mundo

"No vamos a soportar más que esta nación sea gobernada por sanguinarios y violadores de derechos, que son la izquierda, no la derecha", dijo Damares Alves, ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos a una platea de 2.000 personas que participaban en la Conferencia para la Acción Política Conservadora realizada por primera vez en Brasil.

 

Se trata de un encuentro tradicional de la derecha de los Estados Unidos, llevado al país latinoamericano por el Instituto de Innovación y Gobernabilidad vinculado al Partido Social Liberal (PSL) del presidente Jair Bolsonaro.

La ministra fue más lejos al decir que "no podemos subestimar el mal". "A diferencia de nosotros, ellos juegan sucio. A diferencia de nosotros, que nos motiva la fraternidad, la paz, la prosperidad y familias seguras, ellos tienen otras motivaciones. Una de ellas es llenarse el bolso con dinero".

En el mismo encuentro, el ministro de Educación, Abraham Weintraub, comparó a los expresidentes Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva con el sida y la tuberculosis, y a la filósofa Marilena Chauí con los ideólogos nazis.

También fue demasiado lejos cuando definió quiénes son los enemigos del Gobierno, apuntando contra un sector del empresariado: "Enfrentamos una alianza de familias oligarcas con tiranos demagogos. Pocas familias que controlan sectores enteros de la economía están umbilicalmente unidas con movimientos totalitarios de izquierda".

El canciller Ernesto Araújo se pronunció en términos similares, mostrando una completa intolerancia hacia sus adversarios electorales. Según la revista Piauí, del grupo editorial Folha de Sao Paulo, estos discursos se emparentan con las afirmaciones de Bolsonaro antes de las elecciones, en las que llamó a una "limpieza" y amenazó con desterrar a sus oponentes, a los que llamó "marginales rojos".

El diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente, elevó la temperatura al acusar a la izquierda de agredir a los miembros de su partido, colocándose en el papel de víctima, y culpar a la prensa de los ataques al Gobierno, mientras periodistas de GloboNews y Folha fueron impedidos de formular preguntas e insultados en una rueda de prensa.

Eso sucede en medio de una agria disputa en el seno del PSL, con ataques cruzados entre sus dirigentes. En gran medida, es responsabilidad del propio presidente, que "sabe cómo fabricar crisis, pero sabe cómo deshacerlas", según el analista Josias de Souza, estimando que la ardua disputa en el partido de Gobierno puede ser el Waterloo del presidente.

Los discursos ultras e intransigentes son responsables del creciente aislamiento internacional del país. Primero fueron las críticas en todo el mundo por la quema de la selva amazónica, ante la pasividad y permisividad del presidente. Luego llegó una fuerte crítica de Human Rights Watch (HRW), asegurando que Bolsonaro está "atacando frontalmente" los derechos humanos por las políticas de seguridad y ambientales de su Gobierno.

En septiembre pasado la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, alertó sobre "una reducción del espacio democrático" en Brasil. La agria disputa con las ONG hizo peligrar la permanencia de la nación latinoamericana en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Pero el lado que más puede afectar la estabilidad del Gobierno de Bolsonaro es la economía. Como resultado de su política ambiental, Francia se ha negado a suscribir el acuerdo firmado entre la Unión Europea y el Mercosur, que prevé inversiones y abre mercados a productos de la región.

Por otro lado, se avecina una crisis con los productores de soja. Importantes agricultores piensan que Bolsonaro está pasado de rosca. Blairo Maggi, uno de los mayores productores y exportadores de soja, declaró: "Cuando exporto soja o maíz, los importadores quieren saber el origen de la certificación de mi producto. Si plantamos en áreas deforestadas, no lo compran".

El problema es que el presidente agrava la situación con declaraciones agresivas, al estilo de Donald Trump. "Tengo un mensaje para la querida Angela Merkel: tome su dinero y reforeste Alemania. Lo necesitan mucho más allí que aquí", dijo en respuesta a la negativa alemana a seguir apoyando el Fondo Amazonia, mecanismo de cooperación internacional para reducir la deforestación.

Lo más reciente es que la mala imagen del país está afectando el comercio y el turismo. La empresa de moda H&M informó en septiembre que deja de comprar cuero brasileño, y el grupo francés Terre Voyages, que desde hace 25 años organiza paquetes de turismo a Brasil, difundió la noticia de que para la temporada de 2020 solo consiguió colocar la ruta de navegación por el río Tapajós entre sus clientes.

Pero el sector que tiene mayor capacidad de afectar a Brasil es el financiero. Un grupo de 230 fondos de inversiones que dirige carteras del orden de 16 billones de dólares, distribuyó un comunicado en el que informa: "Estamos preocupados por el impacto financiero que la deforestación puede tener entre los inversores, aumentando potencialmente los riesgos operacionales y regulatorios".

El texto apunta a "dificultades crecientes para el acceso a mercados internacionales por empresa que utilizan cadenas de abastecimiento oriundos de Brasil y expuestos a la devastación de la Amazonía".

En realidad, a estos fondos no les preocupa el medio ambiente, ni siquiera el grosero machismo de Bolsonaro cuando atacó a la primera dama francesa. Pero muestran que el aislamiento económico puede ser el talón de Aquiles de la ultraderecha brasileña.

22:33 18.10.2019(actualizada a las 13:53 19.10.2019) URL corto

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La irreversible (pero laboriosa) construcción de un orden multipolar

En el naciente sistema policéntrico se está librando una sorda puja geopolítica global en donde junto al enfrentamiento y el conflicto en torno a ciertos intereses coexiste la obediencia o la sumisión de las potencias emergentes al orden neoliberal impuesto y regido por Estados Unidos.

Ismael Hossein-zadeh, economista kurdo nacido en Irán y profesor emérito de Drake University (Iowa) se preguntó en un posteo reciente por qué China, India, Rusia y otros países no desafían la tiranía que EE.UU. ejerce sobre las instituciones que monitorean, regulan y controlan el funcionamiento del sistema económico y financiero internacional como el FMI, el BM, la OMC, el Banco de Pagos Internacionales (Basilea) y la Sociedad para la Telecomunicación Financiera Interbancaria Mundial (SWIFT, por su sigla en inglés).[i]

Lo que señala es una llamativa y a la vez preocupante paradoja: el unilateralismo infinito que entonaban los himnos del “nuevo siglo americano” ha llegado a su fin y es irreversible. En lo económico, en la política internacional e inclusive en el terreno militar aquellos sueños que, por su infantilismo, provocaban la sonrisa burlona de Zbigniew Brzezinski se desvanecieron para siempre. China es hoy la locomotora económica del planeta, Rusia ha resurgido de las cenizas producidas por el derrumbe de la URSS y la India se ha convertido en una potencia tecnológica y económica de primer orden. Sin embargo, Washington retiene el monopolio de las cruciales instituciones que fijan las reglas del juego y organizan el funcionamiento de la economía internacional. En un mundo cada vez más policéntrico Estados Unidos aún conserva, en ese plano institucional, el poder y las prerrogativas que adquiriera en la construcción del orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial. Poder y prerrogativas que le permiten, por ejemplo, aplicar severas –en algunos casos criminales- sanciones económicas a países cuyas riquezas Washington desea apoderarse (Venezuela, Irán, Irak); a duros competidores globales como China o Rusia; o a países como Cuba, Siria, la República Popular Democrática de Corea considerados pésimos ejemplos sea por su autodeterminación nacional, sus logros en materias sociales y culturales, o su importancia geopolítica.

La respuesta que ofrece Hossein-zadehse bifurca en dos argumentos. Uno: la coincidencia clasista entre los intereses de las nuevas oligarquías de los países que constituyen el núcleo fundamental del sistema policéntrico -los supuestos “challengers” del orden imperial- con los de sus contrapartes estadounidenses, hermanados todos en el afán de no poner en peligro la navegación de la barca del capitalismo global porque su hundimiento acarrearía enormes complicaciones para todos. Claro está que aquellas nuevas elites están enfrentadas, dentro de sus países, con fuerzas sociales y políticas de carácter nacionalista, anti-imperialistas e inclusive anticapitalistas cuyo activismo pueden absorber sólo en un contexto de crecimiento y estabilidad económica.

De momento las correlaciones de fuerza han favorecido a las primeras pero los sectores radicalizados no han desaparecido de la escena y una crisis económica global podría catapultarlos al poder. Esta comunidad de intereses entre el declinante hegemón mundial y sus retadores lleva a que en áreas como el comercio, la inversión y las finanzas Washington prosiga fijando arbitrariamente la normativa global a la cual todos deben someterse, si bien a regañadientes. Más aún, logra que sus competidores en la arena de la geopolítica mundial tengan respuestas tibias, cuando no complacientes, en áreas tales como las a menudo letales sanciones económicas fijadas por la Casa Blanca o los proyectos imperialistas de ‘cambio de régimen’ dirigidos contra algunos países. La cautelosa reacción ante la “guerra económica” y los bloqueos en contra de Venezuela y Cuba, entre nosotros y antes en contra de Irak, que costó ochocientos mil muertos, es prueba fehaciente de lo que venimos diciendo.

Esta es una explicación. La segunda respuesta tiene relación con la profunda, hasta ahora inexpugnable, hegemonía que detenta el neoliberalismo como filosofía económica y política en casi todos los gobiernos e instituciones educativas. Según nuestro autor aquélla logró ser promovida y diseminada a una escala sin precedentes por todo el mundo y sus premisas teóricas y sus paradigmas de gestión macroeconómica se consolidaron como un indisputado “sentido común”, aún entre economistas progresistas y de izquierda.

Esto porque los libros de texto y los materiales de lectura de la mayoría de los departamentos de Economía, inclusive en países críticos del capitalismo, se inscriben claramente dentro de los marcos de la economía neoclásica y el neoliberalismo. De ahí que el economista iraní señale el nefasto papel que cumplen los “expertos” y los funcionarios del área económica en aquellos países, todos ellos, o en su gran mayoría, formados (o mejor, sus cabezas “formateadas”) en los dogmas de la economía neoclásica una de cuyas premisas cruciales es que no hay alternativas al capitalismo y que lo único razonable que puede hacer un país es acomodarse de la mejor manera a sus requerimientos y en especial a los del guardián planetario del sistema, Estados Unidos.

Una experiencia latinoamericana corrobora convincentemente esta hipótesis: lo ocurrido con el Banco del Sur. Su creación se concretó el 9 de diciembre del 2007 en Buenos Aires y pese a que su nacimiento contó con el entusiasta apoyo de los presidentes de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela el Banco del Sur nunca llegó a ponerse plenamente en marcha. ¿La razón? El sabotaje que sufrió esta iniciativa a manos de las “segundas líneas” de sus respectivos gobiernos: los presidentes de los bancos centrales, ministros de economía, secretarios de hacienda u otros funcionarios del área económica, todos ellos formados en los manuales neoclásicos arriba referidos, que interpusieron toda suerte de obstáculos supuestamente técnicos o simplemente leguleyos para frustrar esa gran idea. Los presidentes tomaron una decisión; sus economistas, colonizados por el saber convencional de su profesión tomaron otra. Y se salieron con la suya.

Resumiendo: en el naciente sistema policéntrico se está librando una sorda puja geopolítica global en donde junto al enfrentamiento y el conflicto en torno a ciertos intereses coexiste la obediencia o la sumisión de las potencias emergentes al orden neoliberal impuesto y regido por Estados Unidos. Una situación constitutivamente inestable, surcada por crecientes contradicciones y cuyo desenlace es por lo menos incierto. Pero, mientras tanto, el periplo declinante de la dominación norteamericana aún dispone de fuerza como para preservar su dictadura en los organismos reguladores de la economía internacional. La definitiva construcción de un orden genuinamente multipolar deberá, más pronto que tarde, poner fin a ese coto cerrado desde el cual Estados Unidos brega por mantener un predominio condenado a desaparecer.

Nota:

[i] Disponible en:http://www.counterpunch.org/2019/09/20/unipolar-governance-of-the-multipolar-world/

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Jueves, 18 Julio 2019 07:50

"El acuerdo no era necesario"

Protesta de los movimientos sociales contra el acuerdo del gobierno ecuatoriano con el FMI

Según el autor, se hizo por razones políticas y no por necesidad económica y perjudica el empleo y el crecimiento

 

 Mientras miles de ecuatorianos salen a las calles esta semana para protestar en contra del ajuste un nuevo informe económico proyecta un futuro negro para el país a partir de su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Según el informe del Centro para la Investigación en Economía y Política (CEPR), un think tank progresista con sede en Washington, a partir del acuerdo firmado en marzo, que incluye un préstamo de 4,200 millones de dólares, "Ecuador experimentaría una reducción de su PBI per cápita, un mayor desempleo, y una mayor inestabilidad macroeconómica”. 

Al teléfono desde México DF, el doctor en economía  e investigador de la UNAM, Andrés Arauz, coautor de informe, explicó a Página /12 por qué gobierno de Lenin Moreno firmó en marzo de este año el acuerdo por 4.200 millones de dólares con el organismo internacional. El organismo ya entregó 900 millones, y el resto será entregado en los próximos tres años, en tanto el gobierno ecuatoriano cumpla con los compromisos asumidos en el acuerdo.

En el informe titulado  “Obstáculos al crecimiento: El programa del FMI en Ecuador”, Arauz señaló que decisión de pactar con el FMI tiene una dimensión política que va más allá de la necesidad económica. "Este momento no está dada la coyuntura para establecer tratados de libre comercio, como pretende Estados Unidos. Entonces, ante la amenaza de que retornen gobiernos progresistas buscan anclar la política económica, basada en modelos neoliberales."

En ese sentido, el caso de Ecuador es ejemplificador. "No había una economía recesiva, ni necesidad de implementar este tipo de acuerdo con el FMI”, sostiene Arauz. “La economía estaba en crecimiento. Si bien había problemas fiscales, no iban más allá de lo normal para un país que tiene una política de inversión proactiva. No era para nada necesario el acuerdo," señaló Arauz. "Se hubiera podido manejar con las herramientas que tenía el gobierno. Pero se implementaron medidas para llevar al país a este lugar: hubo una recesión autoinducida, crearon una ley de austeridad que le quitó herramientas al fisco para el manejo la política económica”.

La demanda por parte del FMI de reducir el déficit también recayó sobre el gobierno ecuatoriano, que se verá sometido a un fuerte ajuste fiscal con el objetivo de llegar al superávit de sus cuentas. "Esto implicaría recortes salariales y despidos de hasta 140 mil empleados del sector público; aumento de los precios de los combustibles y la electricidad al reducir los subsidios; incremento de las tarifas de servicios públicos; subida de los impuestos indirectos: probablemente el Impuesto al Valor Agregado (IVA); y de la eliminación de las exenciones del IVA que actualmente benefician a la mayoría de los hogares,” dice el texto.

El acuerdo implica además un ataque directo a los derechos de los trabajadores ecuatorianos. “La desregulación laboral, más la privatización y liberalización del comercio contribuirán a incrementar la productividad laboral y, por lo tanto, a aumentar el proceso de devaluación interna; siempre y cuando los salarios reales se mantengan muy por debajo del incremento de la productividad”, sostiene el informe.

Según el informe, el programa acordado con el FMI implicará para Ecuador  una recesión para este año y un incremento del desempleo en cada uno de los tres primeros años del acuerdo. "Incluso así, estas proyecciones son optimistas,” concluye el informe . "El acuerdo con el FMI exige eliminar un conjunto de políticas que a lo largo de los últimos años han tenido mucho éxito en estimular el crecimiento económico, reducir el desempleo y reducir la desigualdad y la pobreza”. 

Consultado sobre el caso argentino, el investigador del CEPR destaco varias similitudes. “Se tomaron medidas parecidas para liberar la economía, fundamentalmente el permiso que dieron tanto Macri como Moreno para la libre transferencia de divisas al exterior. A su vez, tanto en Argentina como en Ecuador se modificó la manera en que el Banco Central administraba las reservas. Todo para volver a un régimen liberal”.

Mientras tanto, en rechazo al acuerdo con el FMI organizaciones sociales ecuatorianas llevaron adelante un paro con movilización que empezó el lunes y termina el viernes. Representantes de sectores mineros, campesinos, maestros y de la salud se acoplaron a la medida, que tuvo eje en las grandes ciudades pero se extendió por todo el territorio ecuatoriano.

“El pueblo ecuatoriano consciente continúa profundizando las acciones de resistencia contra el Gobierno neoliberal presidido por Lenin Moreno, contra sus amarres con el bloque de poder y cartel de medios de comunicación para la sumisión del país al FMI, como otra cadena para atarlo más al imperialismo”, expresa parte del comunicado de la convocatoria lanzada por las organizaciones sociales.

La represión policial de manifestantes en la ciudad de Guayaquil fue denunciada a través de diferentes videos en las redes sociales.  “La huelga nacional es en rechazo a las políticas agrarias que benefician a terratenientes, a las transnacionales y en defensa de la naturaleza, por el agua y la vida", señaló un vocero del  Movimiento Nacional Campesino FECAOL,  uno de los movimientos sociales que organizó la protesta.

 

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Martes, 11 Septiembre 2018 07:04

Una guerra en toda regla

Una guerra en toda regla

EEUU se ha sumado a la contienda diplomática entre la República Popular China y la República de China (Taiwán) convirtiendo las tensiones entre Beijing y Taipéi a propósito de la presencia internacional de la otrora Formosa en una variante más de las diferencias estratégicas entre Beijing y Washington. El motivo de fondo adicional: la penetración creciente de la influencia china en lo que considera su patio trasero.


Cuatro senadores estadounidenses, dos demócratas y dos republicanos, presentaron recientemente un proyecto de ley solicitando a Washington que ayude a Taiwán a mantener sus actuales aliados diplomáticos (17). En los últimos dos años y medio, hasta cinco países (El Salvador, Santo Tomé y Príncipe, Panamá, República Dominicana y Burkina Faso) cortaron relaciones diplomáticas con Taipéi. A EEUU no le preocupan Europa (Vaticano), Sudamérica (Paraguay) o África (eSwatini) pero si la región de Centroamérica y Caribe, donde Taiwán conserva 8 aliados. Guatemala podría ser el siguiente en cambiar de bando.


De salir adelante, la propuesta permitirá permitiría a la Secretaría de Estado degradar sus relaciones con cualquier gobierno que tome acciones contrarias a Taiwán, suspender o alterar la asistencia de EEUU en el exterior, tales como la financiación militar o la ayuda a los gobiernos implicados. Se trata de enviar un fuerte mensaje a los países que ponderen la posibilidad de cambiar su reconocimiento diplomático de Taiwán a China para advertirles de que habrá consecuencias, si bien, paradójicamente, Washington reconoce “el derecho soberano de cada país a determinar sus relaciones diplomáticas”. Los senadores firmantes aseguran que si no se adapta una estrategia, Taiwán podría reducir su número de aliados de 17 a 0.


El detonante de la propuesta fue la decisión “decepcionante” y “poco transparente” de El Salvador que ha llevado al Departamento de Estado a revisar sus relaciones con el pequeño país centroamericano. Además, EEUU convocó a sus embajadores en la República Dominicana, Panamá y El Salvador para celebrar consultas tras la decisión de estos tres países de cortar relaciones con Taiwán. El objetivo del encuentro será analizar “la salud y seguridad económicas en toda la región de las Américas”, en un claro mensaje dirigido también a China por su “interferencia” en el hemisferio occidental. EEUU considera una gran preocupación el hecho de que China ejerza demasiada influencia en su “patio trasero”.


EEUU rompió lazos diplomáticos con Taiwán en 1979 trasladando el reconocimiento a China, una posibilidad que ahora veta a otros. El presidente de los EEUU, Donald Trump, amenazó con reconocer a Taiwán en caso de que Beijing no pusiera freno a su “manipulación del yuan” y no restableciera un equilibrio en la balanza comercial bilateral.


El deterioro general de las relaciones entre China y EEUU y la guerra comercial que enfrenta a los dos países han creado una buena oportunidad para que Taiwán fortalezca los lazos con Washington. Pero hasta el ex presidente taiwanés Chen Shui-bian, que días atrás reclamaba a la presidenta Tsai la celebración de un referéndum sobre la independencia de la isla, advierte del riesgo de confiar demasiado en una Casa Blanca para quien solo cuentan sus propios intereses.

 

Por Xulio Ríos
Director del Observatorio de la Política China

11/09/2018

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Ecuador deja atrás los 10 años de distanciamiento con EE UU de la ‘era Correa’

La visita del vicepresidente Mike Pence a Quito sienta las bases para una nueva etapa de cooperación e intereses comerciales


El vicepresidente de Estados Unidos llegó el miércoles a Ecuador y fue recibido en el palacio presidencial con una bandera gigante y el himno de su país. Un gesto de bienvenida para Mike Pence que marca un giro radical en la relación bilateral del Gobierno de Lenín Moreno con EE UU, en comparación con los últimos 10 años de Rafael Correa como presidente. La reunión entre Moreno y Pence no concluyó con grandes anuncios pero sí con un cambio de época que fue aplaudido por ambos líderes.


“Nuestras naciones habían pasado 10 años bastante difíciles, donde nuestros pueblos siempre estaban estrechos pero nuestros Gobiernos se apartaron”, destacó el vicepresidente Pence, que llegó a Quito el miércoles, tras su paso por Brasil, como parte de la gira programada por Latinoamérica para recabar apoyos contra el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Y Moreno confirmó el clima de reconciliación: “Ecuador y Estados Unidos tenemos puntos en los que no coincidimos, pero con diálogo afianzaremos la hermandad”.


Aunque el número dos estadounidense quiso centrar su visita en el conflicto venezolano, el presidente ecuatoriano toreó la situación con una propuesta conciliadora. Moreno sugirió que se celebre una nueva consulta popular en Venezuela, bajo supervisión internacional, para evitar así dar una declaración de confrontación directa sobre el Gobierno de Maduro, con quien Ecuador ha mantenido una relación de complicidad y cercanía en la última década.


En realidad, al mandatario latinoamericano le interesaba más ahondar en la cooperación con Estados Unidos para la lucha contra la corrupción y el narcotráfico, así como mejorar las relaciones comerciales. El vicepresidente Pence correspondió a la expectativa con un aporte de un millón y medio de dólares para que Moreno continúe combatiendo el “flagelo” de la corrupción, tras reconocerle “valor” y el “liderazgo” en esta tarea, con dos millones de dólares más en agradecimiento por acoger a venezolanos que abandonaron su país y con el compromiso de conseguir otros 3,5 millones para mejorar la cooperación en seguridad. Además, llegaron a acuerdos para el intercambio de información sobre movimientos inusuales de dinero.


El encuentro entre Moreno y Pence, en una reunión a puerta cerrada de dos horas, sirvió además para acortar distancias en el aspecto que más roces ha generado entre Ecuador y EE UU en los últimos años: el comercio. Aunque el Gobierno de Donald Trump está ahora centrado en el acuerdo comercial con México y Canadá, la visita del vicepresidente estadounidense sentó las bases para un acercamiento comercial de Ecuador con su mayor socio en intercambio de exportaciones e importaciones. El primer paso será reactivar, en el segundo semestre del año, el Consejo de Inversiones y Comercio con Estados Unidos y renegociar un nuevo tratado bilateral de inversión y así deshacer las consecuencias de la última estocada comercial que propinó en 2017 el expresidente Correa a la relación de Ecuador con EE UU, al suspender el acuerdo entonces vigente de forma unilateral.

Por SARA ESPAÑA
Guayaquil 29 JUN 2018 - 19:18 COT

 

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