Investigadores observan muestras cerebrales. Getty

Investigadores españoles observan una alta capacidad de regeneración en el hipocampo, epicentro de la memoria y el aprendizaje

Durante más de siete años, la bióloga María Llorens ha recopilado cuidadosamente trocitos de cerebro de personas fallecidas. Algunas no sufrían ninguna enfermedad neurodegenerativa y otras tenían indicios claros de alzhéimer. Un neuropatólogo extrajo de cada cerebro el hipocampo, el epicentro de la memoria, tomó muestras de un centímetro de lado, aplicó productos químicos para conservarlas sin dañarlas y se las envió a Llorens. Ella las cortó en finísimas láminas de cinco micras para poder observarlas al microscopio. En total, consiguió muestras de 58 personas que eran como oro puro, pues este tipo de material biológico es escaso debido al reducido número de cuerpos donados a la ciencia.

Gracias al estudio de esos cerebros el grupo de investigación de Llorens en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa ha confirmado que los humanos generamos neuronas nuevas a lo largo de toda la vida. Hasta personas cercanas a los 90 años producen decenas de miles de células nerviosas nuevas que son esenciales para la memoria y el aprendizaje.


El estudio, publicado hoy en Nature Medicine, es una nueva y contundente entrega en una polémica científica que se ha intensificado recientemente: ¿nacemos con un número determinado de neuronas y las vamos perdiendo a lo largo de la vida o hay regeneración? La respuesta tiene importantes implicaciones tanto para el funcionamiento básico de la mente como para abordar sus enfermedades, especialmente las degenerativas como el párkinson o el alzhéimer.


La regeneración neuronal —neurogénesis— en el hipocampo se ha observado en ratones y en primates. Desde 1998, varios estudios han demostrado con métodos diferentes que también los humanos producen neuronas nuevas en el hicocampo. Uno de los más originales fue Jonás Frisén, del Instituto Karolinska, que usó isótopos del carbono 14 liberado por bombas nucleares detonadas durante la Guerra Fría para calcular la edad de las neuronas en muestras cerebrales de 55 personas fallecidas. El equipo observó que el giro dentado, parte del hipocampo, contenía cientos de neuronas nacidas después de las explosiones cuando las personas ya eran adultas


La polémica llegó con Arturo Álvarez-Buylla, premio Príncipe de Asturias en 2011 por su estudio de la neurogénesis. Su equipo intentó demostrar la existencia de neuronas jóvenes en muestras cerebrales de 59 personas de diferentes edades, desde fetos a adultos. En contra de lo que esperaba, sus resultados, publicados el año pasado, mostraron que la producción de neuronas nuevas se desploma tras el primer año de vida y desaparece al final de la infancia.


“Desde entonces este campo se sumió en el desconcierto”, reconoce Llorens. Su estudio ha analizado el giro dentado de 13 personas fallecidas entre los 43 y los 87 años que no sufrían enfermedades neurológicas. Los científicos aplicaron a las muestras cuatro anticuerpos que se unen a la doblecortina, una proteína de neuronas en desarrollo. Así, se detectaron unas 30.000 neuronas jóvenes por milímetro cúbico de cerebro en una zona del giro dentado conocido como capa granular. Las neuronas jóvenes suponen un 4% del total de neuronas presentes en esta zona del hipocampo, una cantidad “sorprendentemente alta”, reconoce Llorens.


El trabajo detecta una ralentización de la producción de nuevas neuronas según avanza la edad, por lo que las personas más jóvenes tienden a tener más que las más mayores. “Las neuronas granulares son las primeras que reciben un estímulo nervioso llegado de otras zonas del cerebro y permiten que sea procesado y enviado a otras áreas, por lo que tiene sentido que sean las que se regeneran a lo largo de la vida”, explica Llorens.


También se ha analizado el encéfalo de 45 personas con alzhéimer. En las fases más tempranas de la enfermedad, cuando ni siquiera se detectan agregaciones de proteínas típicas de la dolencia, existen unas 20.000 neuronas jóvenes por milímetro cúbico, un 33% menos que en las personas sanas, según el estudio. Los enfermos más avanzados tienen apenas 11.000 (un 63% menos), y representan solo el 1,5% del área del hipocampo analizada.


Los investigadores especulan con que este tipo de neuronas podría funcionar como un método de diagnóstico temprano del alzhéimer—para lo que antes habría que desarrollar un método no invasivo para usarlo en personas vivas sin causar daños— o incluso ser la base de una intervención terapéutica para aumentar el número de neuronas regeneradas.
“La memoria y la capacidad de aprendizaje están disminuidas por la enfermedad de alzhéimer y los resultados que hemos obtenido lo apoyan y explican un posible mecanismo”, explica Jesús Ávila, investigador del Severo Ochoa y coautor del trabajo, en el que también han participado investigadores del CSIC, el Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Neurodegenerativas, el banco de cerebros de la Fundación CIEN, y la Universidad Europea de Madrid.


Personas con alzheimer avanzado tienen un 60% menos neuronas jóvenes que las que no sufren la dolencia


El tratamiento químico que se aplica a las muestras cerebrales una vez fallecida la persona puede explicar por qué otros grupos no veían neurogénesis en adultos. Cuanto más tiempo se dejan las muestras en paraformaldehido para fijarlas, menos neuronas en estado de maduración se detectan. El estudio muestra que en el cerebro de una misma persona se pueden detectar miles de neuronas en maduración o no ver ninguna cuando la muestra se ha dejado fijando más de 12 horas. Esto puede explicar por qué Álvarez-Buylla no las encontraba en las muestras de adultos.


El neurobiólogo mexicano Álvarez-Buylla considera que la cuestión no está zanjada. "Nosotros estudiamos cerebros que habían estado fijados menos de 12 horas y no encontramos neuronas, aunque usamos un anticuerpo diferente". "Las neuronas inmaduras que ellos detectan son muy grandes, parecen de hecho totalmente maduras por el tamaño, y sorprende que bajo ellas no haya otra capa con células inmaduras más pequeñas. Este es un problema bien complicado que se remonta más de un siglo, a la época de Ramón y Cajal. Tal vez necesitemos métodos alternativos para poder zanjar la cuestión", resalta.


El año pasado, Maura Boldrini, psiquiatra de la Universidad de Columbia (EE UU), detectó regeneración neuronal en personas de 14 a 79 años. Aunque veían un declive con la edad, el estudio demostraba que personas mayores sin enfermedades neurológicas conservan esta capacidad regenerativa y especulaba que tal vez este sea un mecanismo que protege la mente de los achaques de la edad. “Este estudio aporta una confirmación muy importante”, opina la psiquiatra.


Boldrini estudia la conexión entre neurogénesis y depresión. “Hemos demostrado tanto en ratones como en humanos que los antidepresivos aumentan la producción de neuronas nuevas en el hipocampo”, explica. “Este tipo de neuronas están involucradas en la respuesta emocional al estrés y la memoria, dos capacidades que se ven mermadas con la depresión. A su vez estas neuronas conectan con la amígdala, que controla el miedo y la ansiedad, y a su vez esta conecta con otros puntos encargados de la toma de decisiones, capacidades que también se ven afectadas por la depresión”, resalta la psiquiatra.


Para Juan Carlos Portilla, vocal de la Sociedad Española de Neurología, "este trabajo despeja las dudas que habían planteado estudios anteriores, que no eran tan detallados metodológicamente". "Una de las cosas más interesantes es que desvela un nuevo mecanismo patogénico de la enfermedad de alzhéimer", destaca.

Por Nuño Domínguez
25 MAR 2019 - 11:02 COT

Miércoles, 09 Enero 2019 07:00

Los desafíos de la continuidad

Los desafíos de la continuidad

“La continuidad de la revolución está asegurada por las nuevas generaciones y la unidad del pueblo”, asegura una de las frases más repetidas del discurso oficial cubano. Pero el Partido Comunista cuenta cada vez con menos militantes y es evidente la desmovilización de un pueblo consciente de los privilegios que disfrutan las familias de los principales dirigentes y empresarios del país.

La anécdota tal vez no rebase las fronteras del mito, mas poco importa. El desenlace concuerda perfectamente con la personalidad que convirtió al Che Guevara en un símbolo de la lucha revolucionaria.


Corrían los años iniciales de la década de 1960 y en Cuba comenzaban a sentirse las escaseces provocadas por el bloqueo estadounidense, los errores del nuevo gobierno y el reto de por primera vez intentar satisfacer las necesidades de toda la población. Apostando por un futuro mejor, el país afrontaba con entereza un presente de privaciones en el que incluso una maquinilla de afeitar o un juego de ropa interior pasaban a convertirse en artículos de lujo. Al mismo tiempo se exigían “sacrificios” de los ciudadanos, con largas jornadas de trabajo (a veces hasta 14 horas), con el objetivo de que el país pudiera desarrollarse.


Ni siquiera los domingos quedaban reservados al descanso. Ese día los trabajos voluntarios se extendían como una marea que podía llevar al ingeniero a sembrar plantas de café o al agricultor a levantar las paredes de una obra en construcción.


En aquellos tiempos difíciles el Che parecía inmune al desánimo o el cansancio. Incapaz de aceptar que no todos compartieran su entusiasmo, podía llegar a ser injusto. Así sucedió en una ocasión, cuando increpó a uno de los empleados del Ministerio de Industrias por quejarse de tantos sacrificios. El cuestionado le respondió: “Usted habla así, comandante, porque tiene una dieta especial”. La respuesta desarmó al argentino.


Cuenta la leyenda que esa misma noche el Che confrontó a su esposa en busca de la verdad. En efecto, como las familias de otros altos dirigentes, ellos recibían una asignación adicional de alimentos, ropas y artículos para el hogar. Nada que en cualquier otro país pudiera considerarse muestra de ostentación, aunque sí lo suficiente como para marcar estatus. A la mañana siguiente, el ministro-guerrillero buscó por todas partes a su subordinado y, al encontrarlo, lo abordó con un reclamo de disculpa. “Ayer hablabas con razón”, le dijo, “yo tenía una dieta especial”. Poco antes había exigido que nunca más le dispensaran un trato de privilegio.

LOS MÁS IGUALES.

A comienzos de noviembre, Ciber Cuba, un conocido sitio digital, aseguró que “el nieto guardaespaldas de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro”, se había mudado a la lujosa residencia que hasta pocos días antes ocupaba el embajador español en La Habana.


La “noticia” encontró amplio eco en redes sociales y otras publicaciones sin que nadie se asegurara de su veracidad. Un recorrido por la urbanización en la que se ubica el inmueble hubiera permitido comprobar que lo dicho era falso: la vivienda sigue perteneciendo al representante de Madrid en la isla y la salida del anterior embajador se debía simplemente al proceso de relevos que se emplea en servicios diplomáticos de todo el mundo.


Pero Ciber Cuba había conseguido incrementar el número de sus lectores y cuestionar la imagen de las autoridades, objetivo último de su línea editorial. La facilidad con que lo hizo parte de una circunstancia notoriamente pública: los lujos que disfrutan las familias de los principales dirigentes y empresarios del país.


Un ejemplo que lo evidencia es la familia del primer secretario del Partido Comunista. Si bien la historia sobre su nieto era un bulo, la idea en la que se basó no resulta descabellada. De hecho, en el propio reparto Cubanacán, en una vivienda similar a la señalada en el artículo, vive la sexóloga Mariela Castro Espín, la hija más mediática de Raúl Castro. En promedio, las mansiones de esa barriada del oeste de La Habana –en la que antes de 1959 residían muchas de las familias más adineradas de la isla– superan los 600 metros cuadrados y se ubican en parcelas en las que menudean las piscinas y canchas de tenis.


Por el contrario, para el cubano común la vivienda se mantiene como un problema virtualmente insoluble. Durante los últimos años el maquillaje de las cifras oficiales ha hecho descender la proporción de los inmuebles “en regular y mal estado” desde casi 70 por ciento del fondo habitacional a poco menos de 40 por ciento, pero no ha conseguido evitar el reconocimiento de que harían falta alrededor de 660 mil nuevas viviendas para satisfacer las necesidades acumuladas a lo largo de décadas.


Un plan anunciado a comienzos de noviembre por el presidente Miguel Díaz-Canel pretende cambiar tan adverso panorama contando con la “producción local de materiales y otras reservas insuficientemente aprovechadas”, mas la situación económica de La Habana pone entre signos de interrogación sus posibilidades de éxito (datos de organismos internacionales ubican a Cuba entre los países del continente con menores consumos per cápita de cemento y acero, por ejemplo, y las perspectivas no anticipan un escenario más favorable).


Cualquiera sea el caso, ni la intención ni la realidad apuntan a que las edificaciones proyectadas vayan a semejarse a las lujosas propiedades de urbanizaciones como Cubanacán, desde las que parten cada mañana miles de autos hacia las oficinas donde se decide el rumbo de la nación.


Los privilegios de sus habitantes no se limitan a un techo de mejores condiciones o a disponer de vehículos propios (lujo sumamente valioso debido a la endémica crisis del transporte público). La cúpula dirigente también tiene acceso a opciones de mayor calidad en cuanto a recreación, alimentación o incluso atención médica. Como un símbolo, el más avanzado centro hospitalario del país, el Cimeq (el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas), se levantó en el corazón del también exclusivo reparto Siboney, colindante con Cubanacán. Entre sus pacientes se han contado Hugo Chávez, y Fidel y Raúl Castro. Mientras en sus instalaciones se suceden los más avanzados artilugios tecnológicos, en los hospitales de provincia siguen utilizándose jeringuillas de vidrio y las listas de espera quirúrgica se extienden por meses o hasta años.


HIJO DE PAPÁ.

Una norma no escrita pero férrea impide a la prensa estatal hablar de tal orden de cosas. Sólo en una ocasión, en noviembre de 2015, un periódico de circulación local, Tribuna de La Habana, se atrevió a publicar una críptica alusión a las interminables y costosas vacaciones de Antonio “Tony” Castro, uno de los hijos de Fidel.


Poco antes se había conocido que durante una de sus estancias en un lujoso resort de la costa turca del Egeo, sus guardaespaldas habían golpeado a un paparazzi que intentaba fotografiarlo. Por aquellas semanas el presidente Erdogan preparaba una visita a Cuba, y las autoridades de Ankara se apresuraron a echar tierra sobre el asunto, pero el rotativo cometió la imprudencia de llevar a imprenta el comentario de marras. En él se hablaba satíricamente de un supuesto Gulliver júnior y sus viajes por el mundo. “Navegar en la flota de papá es un privilegio hereditario”, ironizaba el autor del texto, al retratar un personaje casi idéntico a Tony Castro, pero con otro nombre: un playboy que a lo largo de la última década ha tenido bajo su control los destinos del deporte nacional, el béisbol. Más allá de sus pretendidos o reales méritos, cabría preguntarse si –de no haber contado con su apellido– le habría sido tan fácil agenciarse el puesto de médico del equipo nacional de ese deporte, y luego la presidencia de su federación en Cuba y la vicetitularidad de la Confederación Mundial. Todo ello sin perder oportunidad de asistir a las fiestas de cuanta celebridad veranea en la isla y convertirse –en 2013– en el campeón nacional de golf.

EL PARTIDO.

Una de las máximas del discurso oficial cubano proclama que “la continuidad de la revolución está asegurada por las nuevas generaciones y la unidad del pueblo”. La frase, sólo con ligeras variaciones, es repetida como un mantra por dirigentes y campañas de comunicación.


Sin embargo, los hechos dibujan un país mucho más diverso y complejo que el que por décadas siguió el liderazgo de Fidel Castro. Su muestra más significativa se presenta dentro del Partido Comunista. Aunque sus órganos directivos preservan como un secreto de Estado los detalles de su funcionamiento, a ojos vistas un problema de fondo pone en peligro su vitalidad actual y futura: cada día menos “cubanos de a pie” aceptan militar en sus filas.


El de “cubano de a pie” es un término que motiva escozor entre la ortodoxia gobernante debido a su constante empleo por parte de agrupaciones disidentes; sin embargo, pocas figuras semánticas permiten contraponer de forma tan absoluta las dos visiones de país que coexisten en la isla: de una parte, los triunfadores (vinculados al entramado estatal o al emergente sector privado); de la otra, la masa. Mientras los primeros se movilizan en autos propios o del gobierno, los segundos penan por llegar a sus destinos empleando los más disímiles medios de transporte. Un abismo separa al satisfecho conductor de su compatriota que espera su transporte bajo el sol junto a cualquier avenida o carretera vecinal. Y el gobierno no pretende ni puede cerrarlo.


“La gente está cansada”, confiesa a Brecha un ex oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que luego de más de treinta años de servicio activo, y de misiones internacionalistas en Etiopía y Angola, se ve obligado a depender de la ayuda de un hijo emigrado para llegar a fin de mes. Toda su vida adulta militó en el partido. Por mucho tiempo tal condición fue uno de sus mayores orgullos, pero las decepciones lo condujeron a la tarde en que entregó “el carné” como colofón de una discusión con funcionarios llegados a su núcleo (agrupación básica de la formación política) para “exigir” de los ciudadanos “mayor compromiso y enfrentamiento con lo ‘mal hecho’”. Con lo “mal hecho” se referían a comportamientos ilegales de los ciudadanos como, por ejemplo, comprar en el mercado negro. “Siguiendo su lógica, debíamos combatir a medio mundo, pero ninguno se preocupaba por que las calles de nuestro barrio llevaran años sin alumbrado y llenas de baches, o de que los precios suban todos los días como una espiral sin fin. No me sorprende que en tantos núcleos zonales los jubilados nos estemos dando de baja en masa y que sean tan pocos los jóvenes que quieran convertirse en militantes.”


A semejanza de lo ocurrido en la Unión Soviética durante sus últimas décadas de existencia, desde hace años en Cuba el partido y su rama juvenil (Unión de Jóvenes Comunistas) han tenido que nutrir su membresía con funcionarios de la administración pública y el sector empresarial. Para muchos, el carné rojo constituye un impulso fundamental en sus carreras en los ámbitos del Estado. Poniéndolo en los términos de un joven directivo del Ministerio de Comercio Interior, “ser del partido implica ser ‘confiable’, y ser confiable es la premisa para ocupar cualquier cargo”. Cabría agregar que un militante con tal grado de confiabilidad difícilmente será un militante cuestionador.

DIVERSIDADES.

Una vanguardia política anquilosada y un gobierno lastrado por la corrupción y la burocracia resaltan entre las causas de la disminución del “fervor revolucionario” que en otras épocas se percibía en la isla. Además, las nuevas reivindicaciones de derechos (como aquellos de la comunidad Lgbt) y las nuevas circunstancias económicas –con su carga de desigualdades– llevan años contribuyendo a una heterogeneidad social que comienza a reclamar cauces políticos.


Así lo resaltaba en una entrevista reciente Ricardo Torres, doctor en ciencias económicas y subdirector del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana. “La diversidad de Cuba en todos los ámbitos tiene que estar presente en la representación del Estado y del gobierno, y no solamente a nivel de los representantes, sino en la toma de decisiones. Nuestro sistema político tiene que aspirar a representar esa diversidad. Si se queda al margen, corremos el riesgo de que esa enajenación aumente y se solidifique.”
Sobre la necesidad de una representación política de la diversidad existe un gran consenso en sectores intelectuales cubanos. Algunos, como Mirtha Arely del Río, doctora en ciencias jurídicas y profesora titular de la Universidad Central de Las Villas, alertan que no basta con crear espacios formales “para canalizar la participación del pueblo en los asuntos del Estado”. En contraposición con la práctica cotidiana, la investigadora consideraba algunos meses atrás –en un artículo para la revista Cuba Socialista, la publicación teórica del Comité Central del Partido Comunista de Cuba– que el ejercicio de la ciudadanía no debe asumirse “como un mero fin (…) esto puede llevarnos a dar por democráticas formas o modos de participación que en realidad no lo son, como cuando nos concentramos más en las cifras, en el número de participantes o de asistentes y no en la calidad de la participación, o cuando se da por democrático un proceso en el que los ciudadanos sólo intervinieron para dar su aprobación respecto a decisiones ya tomadas o incluso ejecutadas”.


Las circunstancias en las que se dio el recién concluido debate sobre la reforma constitucional parecieran destinadas a corroborar su tesis. A poco de iniciarse, el joven profesor universitario cubano José Raúl Gallego, doctorando en la Universidad Iberoamericana de México, alertó sobre las dificultades que enfrentaría la campaña de discusión popular sobre el anteproyecto de la reforma debido a factores como la premura con que se pretendía desarrollarla, la incapacidad de sus organizadores para motivar el interés de la ciudadanía, o la falta de confianza de esta última en la utilidad o conveniencia de sus intervenciones. “En medio de este panorama, preguntémonos con franqueza: ¿cuán numerosa será la cantidad de personas que sacrificarán parte de su tiempo para realizar un estudio concienzudo del anteproyecto y llegar a esas reuniones con planteamientos meditados?”


Luego de concluido el proceso, las autoridades publicaron estadísticas aparentemente halagüeñas, pero que para los cubanos no pasan de un lugar común. En primer lugar, porque los altos índices de asistencia en las cerca de 135 mil asambleas celebradas en todo el país estaban garantizados; la inmensa mayoría tuvieron lugar en centros de trabajo y estudio, en los que la participación se consideraba poco menos que obligatoria. En segundo lugar, porque cada encuentro contó en promedio con 11 intervenciones. Discusiones pobres a la luz de la cantidad de artículos (224) del texto que el discurso oficial lleva meses presentando como “decisivo para el futuro del país”.

SOBREVIVIR A FIDEL CASTRO.


En la oriental ciudad de Santiago de Cuba, en el cementerio de Santa Ifigenia, reposan las cenizas de Fidel Castro. Movido por una singular interpretación de la modestia, el comandante en jefe decidió que su tumba se ubicara junto a la del héroe nacional José Martí, el paradigma humano y político de mayor relevancia en el imaginario de la nación. Poco después del entierro de Fidel, Raúl Castro completó la remodelación del camposanto trasladando hasta allí los restos de los próceres independentistas Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales, padre y madre de la patria, respectivamente.


Cada día, cientos de personas visitan el lugar. La mayoría de los extranjeros lo hace como parte de recorridos turísticos que han convertido Santa Ifigenia en una atracción más de la llamada “capital del Caribe”. Los cubanos, en tanto, casi siempre llegan en visitas organizadas por centros de trabajo o estudiantiles, o diversas organizaciones sociales.
Desde su muerte, los homenajes a Fidel Castro se han convertido en lugar común para la ortodoxia revolucionaria. A su iniciativa se han atribuido todos los logros de los últimos 60 años. Un ejemplo reciente de ello fue cuando el primer vicepresidente del país, Salvador Valdés Mesa, semanas atrás, convocó a consultar los escritos del comandante “en busca de todas las respuestas que necesitamos para rescatar la ganadería”.


Las implicaciones del predominio de la figura de Fidel en la política actual ha sido un tema debatido en círculos de la izquierda cubana disidente en los últimos años. “No es posible hacer un extracto de millones de rostros y sintetizarlos en uno solo; millones de nombres no pueden diluirse en cinco letras”, argumentaba por ejemplo un año atrás la periodista Mónica Rivero, en un artículo colgado en Internet por Late, una revista progresista de jóvenes periodistas latinoamericanos. “La unipersonalidad de estas décadas ha sido trágica para la isla de la revolución. Y no lo es menos el hecho de que ahora se enarbole una bandera de continuidad que se abraza al pasado como si se colgara del futuro”, afirmó.
A tanto tiempo de aquel 1 de enero que la colocó en el centro de los grandes acontecimientos mundiales, la Cuba de 2019 intenta encontrarse entre infinidad de retos e interrogantes. Por entonces, el propio Fidel Castro se apresuró a disipar las esperanzas de quienes creían que luego del triunfo todo sería más fácil, también a aclarar que la revolución no podría ser jamás la obra de un solo hombre.

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Sábado, 28 Julio 2018 07:17

Parque jurásico

Parque jurásico

Hace poco el senado uruguayo votó por unanimidad una resolución de condena a la represión sangrienta que sufre Nicaragua. El Frente Amplio, que cobija a la izquierda de distintos matices, el Partido Nacional y el Partido Colorado, de derecha y centro derecha, y los socialdemócratas, liberales, socialcristianos, todos concurrieron en reclamar a Ortega el cese inmediato de la violencia contra el pueblo nicaragüense.


Durante el debate, el ex presidente José Mujica, al referirse a los cerca de 350 muertos de la masacre continuada, dijo unas palabras que suenan ejemplares: “Me siento mal, porque conozco gente tan vieja como yo, porque recuerdo nombres y compañeros que dejaron la vida en Nicaragua, peleando por un sueño… y siento que algo que fue un sueño cae en autocracia… quienes ayer fueron revolucionarios, perdieron el sentido en la vida. Hay momentos en que hay que decir ‘me voy’”.


Son palabras ejemplares, porque representan lo que siempre he creído son los fundamentos éticos de la izquierda, basados en ideales permanentes más que en ideologías que se quedan mirando hacia el pasado. Una postura similar la han asumido partidos y personalidades de izquierda en España, Chile, Argentina, México, que rechazan el fácil y trasnochado expediente de justificar la violencia del régimen de Ortega echando las culpas al imperialismo yanqui, según la cartilla.


Es lo que ha hecho el Foro de Sao Paulo, reunido en La Habana, al emitir una declaración en la que, con pasmoso cinismo, se rechaza “el injerencismo e intervencionismo extranjero del gobierno de Estados Unidos a través de sus agencias en Nicaragua, organizando y dirigiendo a la ultraderecha local para aplicar una vez más su conocida fórmula del mal llamado golpe suave para el derrocamiento de gobiernos que no responden a sus intereses, así como la actuación parcializada de los organismos internacionales subordinados a los designios del imperialismo, como es el caso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)”.


Hay que leer en voz alta a estos señores reunidos en La Habana la declaración de Podemos emitida en Madrid: Reclamamos la investigación y el esclarecimiento de todos los hechos sucedidos durante las movilizaciones, incluyendo la rendición de cuentas ante los tribunales por parte de las autoridades policiales y políticas que se hallen responsables de las violaciones de los derechos humanos cometidas.
A un discurso trasnochado lo acompaña siempre un lenguaje obsoleto. ¿Esta del Foro de Sao Paulo es la izquierda, o lo es la que representa el pensamiento humanista de José Mujica? Aquella pesada diatriba nada tiene que ver con la realidad de Nicaragua. Es la retórica hueca, lejana a todo contacto con la verdad, que se quedó perdida en las elucubraciones de una ideología fosilizada. En el parque jurásico no hay pensamiento crítico.


El canciller Arreaza de Venezuela, quien venía de La Habana de participar en el Foro de Sao Paulo, se presentó vestido con una camisa rojo encendido en la plaza donde esta dictadura celebraba el 39 aniversario de la revolución que derrocó a la otra dictadura, la de Somoza, con un alentador mensaje: Si el pueblo bolivariano, los revolucionarios de Venezuela, tuviésemos que venir a Nicaragua a defender la soberanía y la independencia nicaragüense, a ofrendar nuestra sangre por Nicaragua, nos iríamos como Sandino, a la montaña de la Nueva Segovia.


Es decir, el ofrecimiento de una intervención militar para apoyar la represión, que se volvería entonces más dura de lo que ya es. Y vendrían no a defender a Sandino, sino a pelear a balazos contra sus ideales.


El oficio ético de la izquierda fue siempre estar del lado de los más pobres y humildes, con sentimiento y sensibilidad, como lo hace Mujica. En cambio, el coro burocrático jurásico termina justificando crímenes. Defender el régimen de Ortega como de izquierda es sólo defender su alineamiento dentro de lo que queda del Alba, tras el fin de la edad de oro del petróleo venezolano gratis y el golpe mortal que le ha dado, también desde una posición ética, el presidente Lenin Moreno, de Ecuador.


No puedo imaginar a un ultraderechista aliado del imperialismo yanqui más atípico que Alvarito Conrado, el niño de 15 años, estudiante de secundaria, que corría a llevar agua a unos muchachos desarmados que defendían una barricada en las cercanías de la Universidad Nacional de Ingeniería, y le dispararon un tiro en el cuello con un arma de guerra.


Fue cerca del mediodía del viernes 20 de abril, muy al inicio de las protestas que ya duran tres meses. Lo llevaron, herido de muerte, al hospital Cruz Azul, del Seguro Social, y como había órdenes superiores de no dar asistencia médica al enemigo, se negaron a atenderlo. Murió desangrado.


Alvarito es hoy un icono. Está en los muros, en los pósteres, con su cálida sonrisa inocente y sus grandes lentes. Un niño agente del imperialismo, conspirador de la ultraderecha local, empeñado en derrocar a un gobierno democrático de izquierda. La izquierda jurásica.


Masatepe, julio 2018
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Miércoles, 15 Noviembre 2017 06:47

La diversidad en movimiento

La diversidad en movimiento

Días atrás, en un encuentro de geografía agraria en Curitiba (Brasil), tuvimos la oportunidad de conocer los cambios que se están procesando dentro de los movimientos sociales, en los principales colectivos latinoamericanos.


Mujeres sin tierra relataron cómo en los asentamientos de reforma agraria ligados al MST, se están formando colectivos de mujeres y de jóvenes LGBT. Aunque el activismo femenino en ese movimiento no es algo nuevo, la amplitud de la organización de las mujeres muestra una nueva tendencia. En casi todos los movimientos las direcciones tienden a ser masculinas, aunque en las bases la presencia de las mujeres sea mayoritaria.


En cuanto al colectivo LGBT dentro del MST, se trata de una novedad significativa en una organización campesina. A principios de noviembre hubo una reunión de unas 80 personas de varios estados del país en el marco de la Escuela Nacional Florestán Fernandes, para debatir sobre lucha de clases y diversidad sexual (goo.gl/b33vD5).
Según la página del movimiento, se trata de trabajar para que los asentamientos y campamentos “sean espacios de libertad de expresión y de vivencia de la sexualidad como parte integral del proyecto de sociedad socialista”. Destaca también que en el movimiento comenzó como una auto-organización de los sujetos LGBT, que luego fue articulada por el conjunto del movimiento.


En otros movimientos latinoamericanos puede constatarse la emergencia de sujetos nuevos, entre los que destacan las mujeres y los colectivos por la diversidad de opciones sexuales, así como negros, indígenas e integrantes de los más diversos pueblos originarios, como pescadores, recolectores y pueblos de tierras bajas, entre otros.
Deben destacarse dos aspectos. El primero es que los nuevos sujetos surgen en el seno de movimientos que tienen más de tres décadas, donde la presencia hegemónica de los varones ha sido la norma. Las más de las veces, estos movimientos tienden a replegarse en las instituciones y dejan de ser espacios de transformación de las personas y de la realidad, cuestiones que caminan de la mano.


La segunda es que la presencia de diversidades puede formar parte de un crecimiento interior del movimiento, como expresaron algunas compañeras en Curitiba. Se trata de abrir las puertas a la expresión y organización de sujetos diversos que no sólo no coliden con los sujetos tradicionales sino que enriquecen, en este caso, la identidad campesina.


En períodos anteriores, los hijos de los campesinos tendían a salir del campo para instalarse en las ciudades. Era la forma de poder realizar estudios que les permitieran un ascenso social, además de conseguir cierta autonomía como individuos, lejos de los prejuicios de sus padres y vecinos. Iniciativas como las que comentamos, pueden contribuir a reforzar la ligazón de los campesinos jóvenes con los movimientos y con la tierra, ya que expresan sus deseos y sueños en los mismos lugares donde nacieron.
La organización de nuevos colectivos al interior de los movimientos, puede contribuir a reforzar la lucha por la reforma agraria, a crear sujetos más heterogéneos y, por lo tanto, más sólidos. Hasta hace poco tiempo, digamos en los años de la hegemonía patriarcal, se pensaba que la homogeneidad (y su hermana la unidad) eran la clave de la solidez de la lucha revolucionaria.


Nada más errado. Como señalan los zapatistas, la unidad puede convertirse en forma de dominación fascista, ya que al aplastar la heterogeneidad se someten las diferencias a un proyecto uniformador que no hace más que reforzar la dominación. Por el contrario, la diversidad nos hace más fuertes como colectivos, al multiplicar y enriquecer las relaciones humanas en el interior de las organizaciones, lo que las hace más resistentes.


Nada de esto se consigue sin contradicciones y sin superar obstáculos internos, anclados en la inercia organizacional que tiende a frenar los cambios. Por todo esto, resulta necesario destacar los desarrollos que se están produciendo en el seno de los movimientos porque, siendo la herramienta principal de la transformación del mundo, que renueven su filo anti-sistémico es una buena noticia para compartir.

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Viernes, 19 Mayo 2017 07:57

La nueva derecha

La nueva derecha

La derecha alternativa estadounidense (que apuntaló el ascenso de Donald Trump) y la derecha patriótica o identitaria europea (representada por los partidarios del Brexit en Reino Unido, por Marine Le Pen en Francia y por Geert Wilders en Holanda, entre otros) conforman una corriente renovadora dentro del panorama de la derecha política.

 

Gobiernos de derecha.


Sus ideas, en cambio, no son tan nuevas, en tanto tienen su origen en fuentes ya clásicas, como el pensamiento de Oswald Spengler, Ernst Jünger, Carl Schmitt, Martin Heidegger o Alain de Benoist. En Uruguay ese movimiento no tiene nombre ni estructura, ni tampoco, presumiblemente, mayor futuro político, aunque algunas de sus ideas circulan, muchas veces como si fueran originales o novedosas y llegan a tener una cierta incidencia incluso entre quienes no se autoidentifican como conservadores.

La nueva derecha toma distancia del consenso liberal posterior a la caída del muro de Berlín y se presenta a sí misma como contraria al sistema dominante, al gran capital y al mundo de la especulación financiera, a los poderes establecidos y a los organismos trasnacionales. En tanto y en cuanto se presenta como antiliberal –y en efecto lo es–, se parece en algunos puntos a la izquierda. También se parece al fascismo, si vamos al caso. Y muchos de sus referentes intelectuales provienen de allí.

La nueva derecha es identitaria: si aborrece las identidades posmodernas (con las que coquetea la nueva izquierda) es porque añora las identidades premodernas, aquellas que encuentran su anclaje en la lengua, la religión, la sangre y la tierra. Los teóricos en que se apoya comparten genéricamente la idea de que todo empezó a ir mal en Occidente cuando la modernidad minó las bases de sustentación de esas identidades tradicionales.

Un sentido de comunidad, un sentimiento de arraigo y un sentido de trascendencia son los principales componentes de esas identidades.

La acción disolvente de la modernidad habría devenido, desde este punto de vista, en una forma extrema de nihilismo: una negación de los puntos de vista tradicionales acerca del hombre, la religión, la sociedad, la existencia y la cultura. Ese nihilismo es, entonces, tanto antropológico (la negación de cualquier idea de naturaleza humana), como religioso (la exclusión de cualquier forma de trascendencia), social (la negación de la idea de comunidad y la afirmación radical del individuo), existencial (la negación de cualquier idea de arraigo) y cultural (la negación de toda autoridad política o intelectual afirmada en la tradición).

La nueva derecha sostiene que hoy los intereses del capital financiero convergen con las tendencias nihilistas de la modernidad (reivindicadas por la nueva izquierda): poco a poco se ha ido configurado un pensamiento único que es hoy el sentido común en que se apoya el sistema. Desde este punto de vista, la nueva izquierda es parte orgánica del statu quo. Las identidades posmodernas son fluidas, inestables, dictadas por el mercado. El capitalismo financiero y el nihilismo antropológico se dan la mano: uno oferta identidades en el mercado global y el otro las compra.

Nihilismo es una palabra bonita pero demodé, así que la nueva derecha usa otras expresiones para hablar de este fenómeno: el imperio de lo políticamente correcto, el feminismo radical, la ideología de género, el marxismo cultural, el progresismo, etcétera.

Este movimiento es políticamente fuerte allí donde existe algo parecido a un pasado glorioso que reivindicar, aunque sea en parte o totalmente ficticio, y donde una vuelta atrás tiene algún sentido al menos en términos retóricos. La nueva derecha añora un mundo perdido de roles sociales y de propósitos bien definidos, de formas de vida robustamente significativas. Se trata esencialmente de una concepción que mira hacia el pasado y no hacia el futuro: hacia un tiempo que fue mejor... para unos pocos. Porque para la inmensa mayoría el pasado no tuvo nada de glorioso ni de admirable: pestes, guerras, hambre, esclavitud, caciquismo, racismo, machismo ocupan la mayor parte de la historia de la humanidad.

La nueva derecha identitaria es en realidad bastante vieja: se remonta a la reacción romántica y aristocrática contra la Ilustración; solamente es nueva frente a la derecha tecnocrática que terminó imponiéndose tras el fin de la Guerra Fría. Para la derecha identitaria, patriótica, el liberalismo es una ideología del sistema: disuelve alegremente los lazos tradicionales que conforman las identidades locales, fuente última de significación de la vida individual y colectiva. Ha transformado el mundo en un lugar desprovisto de sentido, donde solamente circulan las mercancías. La respuesta es volver a abrevar en las viejas fuentes del significado; las viejas fuentes de trascendencia.

La base filosófica de la nueva derecha es, pues, la idea de que hay un conjunto de fuentes prepolíticas de donde emana el sentido de las cosas y de la propia existencia, y que es en esas fuentes donde está el anclaje de cualquier política que no esté destinada al fracaso y al hundimiento irremediables.

Por supuesto que la nueva derecha no crece en apoyos populares porque el presunto avance de la insignificancia, el sinsentido creciente de la existencia, preocupe a la mayor parte de la gente, sino porque la deslocalización fabril hace perder puestos de trabajo, porque la inmigración tracciona a la baja los salarios, y cosas por el estilo. Pero, en este contexto, la nueva derecha ofrece una narrativa global, un marco de comprensión del mundo que no se limita meramente a prometer más puestos de trabajo o mejores salarios. Eso, una narrativa global, era algo que la izquierda tradicional ofrecía y que la nueva izquierda en alguna medida todavía ofrece, aunque, quizás, su discurso se haya atomizado en narrativas fragmentarias y dé la impresión de no constituir ya una concepción global del mundo. Habría que ver si una concepción totalizadora del mundo es algo todavía deseable o no, pero ese es otro problema. En cualquier caso, la nueva derecha tiene una concepción del mundo. Y una concepción del mundo es siempre algo retóricamente atractivo, aunque sea falsa.

Desde luego que la crítica a la modernidad no ha sido transitada solamente por el pensamiento conservador. Pero la izquierda, que tradicionalmente ha asumido los ideales de la Ilustración, ha tendido a considerar ese proyecto más bien como inacabado, antes que como fracasado o nocivo o pernicioso. En cualquier caso, volver a las viejas buenas épocas en que un conjunto de significados densos llenaban nuestras vidas seguramente no es la apuesta política que la izquierda mayoritariamente haya hecho nunca. En este sentido, la nueva derecha sólo superficialmente puede coincidir con la izquierda. Sobre todo en América Latina, donde no parece que podamos tener, de manera razonable, añoranzas de un pasado mejor, ni siquiera de un pasado ficticio.

La nueva derecha probablemente nunca deje de ser un fenómeno cultural eminentemente europeo (y, en alguna medida, también estadounidense) que difícilmente llegue a permear la política latinoamericana. Sin embargo, la idea de que nuestros problemas en algún sentido son de identidad no es ajena a los diagnósticos que con frecuencia se hacen en esta parte del mundo. Cabría preguntarse hasta dónde esos diagnósticos tienen su origen en problemas genuinos y hasta dónde no son más bien una especie de reflejo mimético de algunas tendencias intelectuales y políticas de la metrópolis, que al transportarse a nuestras realidades suenan un poco extrañas.

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La renovación del Partido de los Trabajadores en Brasil

Después de largos procesos de discusión entre las múltiplas tendencias internas al partido, el Partido de los Trabajadores (PT) llegó finalmente a tener dos candidaturas a su presidencia. Son los nombres de la nueva generación de dirigentes, de los más activos en la lucha en contra del golpe y en la oposición al gobierno de Michel Temer.

Los dos nombres presentados a la militancia del PT son los de dos jóvenes senadores: Gleisi Hoffman y Lindbergh Farias. Ambos defienden posiciones similares: el planteamiento de que el PT vuelva a centrar sus acciones a partir de las bases de los movimientos populares, y que tenga una posición combativa respecto al gobierno surgido del golpe. Los dos proponen un balance en la actuación del PT para que parta de los extraordinarios resultados positivos logrados a lo largo de los dos gobiernos, a la vez de la autocrítica y la búsqueda de formas de superación de graves problemas no resueltas.

Entre estos están la democratización de los medios de comunicación y la superación de los tropiezos de algunos miembros del partido, como consecuencia de la adopción de los métodos de financiamientos privado de las campañas electorales. Lo que concienció que la imagen del PT cambiara la ética en la política del partido para conseguir una imagen de partido que se deja involucrar en casos de corrupción.

Ambos han sido proyectados en la vida política durante los gobiernos del PT, ambos senadores, una por Paraná, otro por Rio de Janeiro, ambos están procesados en alguno de los procesos con los que se intenta criminalizar la acción política del PT.

La crisis del PT será uno de los temas del Congreso del partido, que se realizará en los dias 1, 2 y 3 de junio. Pero hay una conciencia de que el futuro de PT, así como el de Brasil, depende del futuro de Lula. Caso será candidato y, en ese caso, tendrá todas las posibilidades de ganar y volver a ser presidente de Brasil. Entonces el partido tendrá la perspectivas de superar, en la practica, los errores que ha cometido. De lo contrario, los balances que se hagan servirán para cambiar las formas de acción del partido, pero sin recuperar la capacidad de volver a trasformar el país.

¿Que diferencia hay entre los dos candidatos? Muy poca en las posiciones políticas, al punto de que Lula, ha convencido a Gleisi para que saliera candidata, consciente de que es la mejor posibilidad para dirigir el PT en estas circunstancias. Creía que con su nombre lanzado, Lindbergh retiraría su candidatura. Lo llamó para intentar convencerlo de que le apoyara, pero no lo logro.

En el estilo si hay diferencias entre los dos. Lindbergh se caracteriza por un estilo más individual, mientras Gleisi tiene formas mas colectivas de actuar, una de las razones que probablemente ha llevado Lula a preferirla. En un momento en que el PT requiere direcciones colectivas, necesita la movilizacion de toda su militancia para superar su crisis.

El PT sigue siendo, de lejos, el partido de mayor adhesión, de mayor prestigio y el que tiene más militantes. Pero indudablemente perdió mucho de su influencia, así como el conjunto de la izquierda, incluyendo a los movimientos sociales. La izquierda brasileña en su conjunto, incluyendo partidos y movimientos sociales, no está dividida, sino que tiene posiciones muy similares. No hay temas que la dividan centralmente, pero tiene menor capacidad de influencia que hace algunos años. La derecha, con su ofensiva política e ideológica, ha logrado aislar, en gran medida, a la izquierda de los grandes sectores de la masa.

Lo único que rompe ese aislamiento es la popularidad de Lula, fenómeno que no solo se mantiene, sino que se extiende,en la medida en que el gobierno de Temer desarrolla políticas intensamente antipopulares. De esta forma elimina los derechos de la ciudadanía, así como que provoca recesión y desempleo en gran escala. Si logra ser candidato – y hay movimientos en la misma política tradicional que se pronuncian de que no hay derecho de sacarlo de la disputa electoral -, gana. Si no, lanza algún otro nombre del PT, al cual le pueda trasferir todo el caudal de prestigio que Lula tiene.

Mientras tanto, el PT presenta a dos nombres de dirigentes jovenes, de gran prestigio, que deben desarrollar debates de alto nível sobre el futuro del pais y del PT, en los próximos meses, hasta el Congreso del partido. Antes incluso del Congreso, debe ser presentada la precandidatura de Lula, como otra forma de garantizar su candidatura, con elaboración de lo que debe ser su nueva plataforma para Brasil. Los que daban el PT y Lula como cadáveres políticos, se han equivocado una vez mas.

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Miren Etxezarreta: "Crear partidos nuevos supone volver a lo viejo"

La Catedrática de Economía Aplicada reflexiona sobre el momento económico, político y social. Precursora de la antiglobalización, activista anticapitalista, Etxezarreta advierte de que “el problema de quienes han elaborado a partir del 15M es que han entrado en la dinámica del capitalismo que queremos cambiar”.

 

Muchas veces ha contado que se hizo economista para descubrir por qué había ricos y pobres. Aunque la Catedrática de Economía Aplicada confiese hoy con socarronería que nunca lo consiguió. “He empezado a comprenderlo ahora, ochenta años después. En todas las épocas ha habido ricos y pobres, la historia del ser humano es una historia de explotación, y en la etapa actual el explotador es el sistema capitalista. En el capitalismo se encuentra pues ese porqué”.

Y no es trivial la broma de Miren Etxezarreta (Ordizia, 1936), doctora en la London School of Economics, profesora en las universidades del País Vasco o Sussex, Catedrática Emérita de la Autónoma de Barcelona y referente de economistas, activistas y de muchos movimientos de izquierda y antiglobalización. Aunque a ella, modesta, le cueste reconocerse en el perfil: “¡No, hombre, tanto no!”, exclama.


Hija de un casero nacionalista, amamantada por una republicana, dice que haber nacido el año en que estalló la Guerra Civil nada tiene que ver con su trayectoria de reflexión, investigación y pelea. “En mi juventud fui muy religiosa y no sé si lo fui porque me preocupaban los demás o si fue la religión la que me llevó a rebelarme contra la injusticia”. Eso, y la “genética geográfica” de las mujeres de su Guipúzcoa natal “que no aceptan pasivamente lo que les llega”.

No lo consintió Miren cuando se fue ocho años a Inglaterra a especializarse en la Economía Agraria de la que nació ‘El caserío vasco’. Ni cuando a su vuelta, a unos meses para que se iniciara el Proceso de Burgos, la despidieron de la Universidad de Bilbao por considerarla una agitadora estudiantil. Tampoco cuando se trasladó a Barcelona y fue precursora de los movimientos antiglobalización de los 90 con las campañas contra el Banco Mundial y el FMI o, más tarde, en la Plataforma contra el Forum 2004. Mucho menos cuando fundó, para estudiar las consecuencias sociales de la ortodoxia económica, el Seminario de economía critica Taifa, que según la definición con la que nos recibe su web es “la reunión de personas de mala vida o poco juicio”.

Sensatez le sobra a la estudiosa que a sus ochenta años sigue en su particular contienda que nada tiene que ver con la política... o los políticos. “¿Qué cómo se me quedó el cuerpo cuando volvió a ser investido Rajoy?”, responde una cuestión con otra pregunta. “Mi actitud no va a cambiar se ponga quien se ponga. No mandan los políticos, hay poderes fácticos mucho más importantes detrás. Y no podemos olvidar que el neoliberalismo en España lo introdujo el PSOE. Lo que yo quiero es una sociedad distinta y no tengo la esperanza de que eso venga de arriba a abajo”.


Profesora en EEUU, Canadá, México, Francia, Chile, Argentina, la intelectual pasó algunas temporadas en la Nicaragua sandinista y con Chavez en Venezuela. Luego, algo entiende de revoluciones Extezarreta, escéptica en torno al papel de los partidos. “Los partidos políticos son instituciones de una época pasada del capitalismo. En España, el 15M supuso un soplo de aire fresco para cambiar muchas cosas y, sobre todo, en la forma de cambiarlas. Hay que innovar en las maneras de hacer política y de transformar la sociedad. Crear partidos nuevos no supone otra cosa que volver a lo viejo, a las formas de los siglos XIX y XX, y a la dinámica del capitalismo que queremos cambiar. El problema de quienes han elaborado a partir del 15M es que se han dirigido a fórmulas antiguas”, explica.

La catedrática advierte de que es prioritaria una labor teórica que pasa por entender las nuevas formas de hacer política y el desarrollo de la conciencia de clase. “Y va a ser muy difícil, porque ya no tenemos una clase trabajadora unitaria, comprensiva, homogénea. El mundo laboral está en descomposición por la presión tremenda del capitalismo, que es muy hábil. Al que han deformado la cabeza desde joven para que se convierta en un emprendedor, nunca tendrá conciencia de clase por mucha hambre que pase. El problema es conseguir que esa clase descompuesta en distintas formas vuelva a sentir conciencia. Tenemos una construcción teórica ingente por hacer para avanzar en la construcción púlbica”.

Además de sobre el caserío y ‘La Economía Agraria’, la discípula de Marx o Rosa Luxemburgo también teorizó sobre ‘La reestructuración del capitalismo en España’, ‘La vulnerabilidad de los modelos neoliberales’ o ‘La Globalización capitalista’. Ya jubilada –y sonríe con el participio- ha tratado de desmontar los tenebrosos argumentos del poder político y económico en torno al futuro de las pensiones en ‘Qué pensiones, qué futuro’.

“Creo que el mensaje de que no hay dinero para las pensiones es una absoluta falsedad, una falacia. Las pensiones son una parte del gasto social del país que ha de cubrirse con el producto social, pero tenemos un sistema que ha decidido –y es una decisión política e ideológica- que las prestaciones se paguen con las cotizaciones de los trabajadores. Se trata de un trasvase de clase generacional, que no es obligatorio. Si no llega con las cotizaciones se puede buscar el dinero en otro sitio, por ejemplo los impuestos”, propone Etxezarreta.

“Si cada gasto ha de pagarlo quien esté vinculado con él, el ejercito deberían pagarlo capitanes y coroneles, la monarquía deberían pagarla los monárquicos, ¿no?”. Y se hace la reflexiva otra pregunta: “¿No nos estamos endeudando para salvar a los bancos o, mejor dicho, a los banqueros? ¿Por qué no nos endeudamos para salvar a los viejiños entre los que me incluyo?”, y vuelve a reír con su adjetivo.

Viejiña o no, el cerebro lozano y privilegiado de la jubilada no para de trabajar. Activista -como cuando se sentó durante el 15M frente a las puertas del Parlament de Catalunya- sigue estudiando la sociedad desde paradigmas críticos, en especial del marxismo, con los jóvenes que la rodean en el Seminario de Economía Crítica Taifa. Para ellos tiene Etxezarreta un mensaje de esperanza: “Ningún sistema es eterno. La historia tiene más años que el capitalismo. Hubo formas de organización social anteriores y habrá formas posteriores. El capitalismo no es eterno. ¿Cuándo y cómo finalizará? No lo sé”.

Sí sabe cómo le gustaría que fuera: “Convertido en un sistema humanista, justo, armónico, en el que las personas vivamos en cooperación”. Y aunque reconoce la dificultad y el riesgo de que acabe convertido en una “distopía cruel, dura y cada vez más injusta”, considera que es factible. A eso ha dedicado Miren Etxezarreta su vida. “A eso y a dos nietos preciosos” concluye la octogenaria, que pide expresamente que su entrevista termine con el “optimismo controlado” de la siguiente frase: “Nunca en la historia del capitalismo había habido tantos pequeños grupos de gente tratando de vivir de una forma distinta. Son multitud de florecitas con una minoría de fuerza -no me hago ilusiones- pero, si somos capaces de desarrollarlas, este tipo de iniciativas pronto se convertirán en una importante vía hacia la transformación social”.

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Bancarrota del proyecto histórico capitalista

Uno de los mitos más populares sobre el capitalismo gira alrededor de su capacidad para generar crecimiento económico de manera continua. De aquí se derivan consecuencias importantes en materia de niveles de vida y bienestar, por no mencionar la leyenda de que el capitalismo es el mejor amigo de la democracia y la libertad. Pero, ¿es cierto que el capitalismo está asociado al crecimiento sin fin?


Se ha sugerido que la economía mundial está adentrándose en una fase de estancamiento que podría prolongarse varios años. La combinación de fuerzas que conspira para que este letargo económico se profundice y se extienda en el tiempo son poderosas y afectan a todos los grandes centros de dinamismo económico. Además son de muy variada índole y eso hace difícil encontrar un remedio que las pueda contrarrestar.


Entre estas fuerzas se pueden enumerar las siguientes tres. Primero, el proceso deflacionario que hoy afecta a los centros económicos más importantes del mundo (Estados Unidos, Europa y China). Segundo, la expansión del sector financiero y su hegemonía sobre la economía mundial. Y, tercero, la profunda desigualdad económica que hoy sigue intensificándose. Estas tres fuerzas se encuentran íntimamente vinculadas, aunque no son los únicos factores capaces de contrarrestar las fuerzas endógenas que favorecen el crecimiento.


La primera está relacionada con el des-endeudamiento y responde a una combinación de factores macroeconómicos. No se trata de un fenómeno coyuntural, como algunos podrían creer. El crecimiento económico en las últimas dos décadas en los centros de la economía mundial estuvo sostenido por el endeudamiento y episodios de rápido crecimiento en los precios de muchos activos (burbujas). El ajuste que sigue cuando revientan esas burbujas conduce al desapalancamiento y frena el crecimiento. Por eso en los centros de dinamismo económico mundial la deuda del sector privado sigue siendo un factor fundamental para entender el mediocre ritmo de crecimiento económico. Hoy el endeudamiento del sector privado (familias y empresas) en China y Estados Unidos alcanza 207 y 198 por ciento del PIB, respectivamente. La pérdida de dinamismo en China se pudo frenar ligeramente entre 2012 y 2014 gracias a medidas que permiten más endeudamiento pero a la larga la medicina podría agravar la enfermedad.


Quizás algunos pueden ver en la deflación un fenómeno coyuntural, pero lo cierto es que el festín de endeudamiento de familias y empresas fue tan profundo que las cicatrices serán difíciles de borrar. El ejemplo de Japón en los últimos 20 años demuestra que el proceso de des-endeudamiento puede frenar el crecimiento de manera significativa durante muchos años. El debate sobre si Estados Unidos podría recaer en una recesión en 2016 está alimentado por este tipo de problemas.


En una economía capitalista es normal que el capital fluya hacia los sectores de mayor rentabilidad. Sin embargo, cuando la economía real mantiene bajas tasas de rentabilidad y los capitales emigran hacia el sector financiero para buscar ganancias en la especulación, el resultado es una reducción en la tasa de crecimiento. No es coincidencia que las tasas de crecimiento en las economías más importantes del mundo conservaron su tendencia hacia la mediocridad al mismo tiempo que el sector financiero mantuvo su expansión. Pero el sector financiero puede ser refugio seguro solamente durante un lapso de tiempo corto. La volatilidad y la incertidumbre son los compañeros inseparables de las inversiones en la especulación y los arbitrajes. La mejor muestra es la sacudida en el mercado bursátil de todo el mundo, comenzando con el colapso de las bolsas en China.


Finalmente la desigualdad económica sigue siendo un lastre para la economía mundial. Los datos del grupo Credit Suisse indican que hoy el uno por ciento de la población mundial es poseedora de más de la mitad de la riqueza (y 10 por ciento superior es dueño de 88 por ciento de la riqueza mundial). Mientras los salarios reales se mantienen sin recuperarse, la demanda agregada sigue comportándose de manera tímida. El crecimiento del salario real en las principales economías del mundo lleva ya muchos años estancado. Hoy el desendeudamiento y los bajos salarios deprimen la demanda agregada y enturbian el panorama y las expectativas de los inversionistas.


El crecimiento en el capitalismo mundial no se anuncia como un proceso fácil para los próximos años. ¿Podría detenerse la expansión económica? La pregunta se antoja difícil de responder, pero una cosa es cierta: sin crecimiento el capitalismo mundial entrará en una crisis profunda.


Sin una oleada de innovaciones análoga a las primeras dos revoluciones industriales es difícil que el capitalismo global pueda reiniciar un proceso expansivo similar al del periodo 1850-1950. Esas oleadas de innovaciones abrieron nuevos espacios de rentabilidad y propiciaron aumentos notables en la productividad del trabajo. Hoy que el pronóstico en materia de cambio técnico no es prometedor, los nubarrones macroeconómicos y ambientales se multiplican.


Twitter: @anadaloficial

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Domingo, 08 Noviembre 2015 06:29

Democratizar la democracia

Democratizar la democracia

En el marco de la globalización económica, el sistema democrático se enfrenta a una paradoja: los ciudadanos se desinteresan de la política, como lo demuestra la subida de la abstención en muchas elecciones. Pero, por otra parte, esos mismos ciudadanos desean controlar mejor la acción pública y participar más en la elaboración de proyectos que les conciernen directamente. ¿Cómo conciliar estas dos tendencias?


Por primera vez hay en el planeta más sistemas democráticos y más alternancias democráticas de gobierno que nunca. Hace 40 años, cuando la transición en España, había apenas unas 30 democracias. Actualmente, el número de países democráticos –en distintas fases de consolidación– es superior, según la ONU, a 85. O sea que la democracia se ha convertido en el sistema de gobierno con mayor legitimidad en el mundo global. Sin embargo, nunca estuvimos tan descontentos con la democracia. Los síntomas de este malestar son cada día más visibles. El número de posibles electores que deciden no votar es cada vez mayor. En una encuesta realizada por Gallup Internacional en 60 países democráticos, sólo uno de cada 10 encuestados pensaba que el gobierno de su país obedecía la voluntad del pueblo.


En muchos Estados democráticos se observa también el (re)surgimiento de partidos de tradición antiparlamentaria, en su mayoría de derecha populista o de extrema derecha. Países de indiscutible tradición democrática –Suiza, Dinamarca, Finlandia– están hoy gobernados por (o gracias al apoyo de) partidos de extrema derecha, que cuestionan la legitimidad del funcionamiento democrático actual. Pero también muchos simples ciudadanos, brutalmente golpeados por la crisis (véase, en España, el movimiento 15-M), cuestionan la sumisión del sistema democrático a los nuevos megapoderes financieros y mediáticos. Existe, pues, un rechazo respecto del funcionamiento actual de la democracia. La confianza en los representantes políticos y en los partidos se está erosionando. El sistema representativo parece incapaz de dar respuesta a las nuevas exigencias políticas. Y un sector importante de la población ya no se contenta con la emisión de su voto cada tantos años, sino que quiere participación.


En esta situación resulta cada vez más difícil llevar a cabo reformas o tomar decisiones políticas de cierto alcance. Los intereses de poderosos lobbies o grupos de presión, las campañas mediáticas, pero también la defensa de legítimos derechos adquiridos por determinados grupos de ciudadanos, dificultan los cambios. La política ya no se atreve a tocar ciertos temas y, si lo hace, tiene a veces que enfrentar resistencias fuertes; en muchos casos debe dar marcha atrás.


La mayoría de los ciudadanos están convencidos de que la democracia es la mejor fórmula de gobierno existente pero, por otro lado, en mayoría también, desconfían de sus representantes políticos y de los partidos. Recordemos lo que decía nuestro amigo José Saramago: Es verdad que podemos votar. Es verdad que podemos, por delegación de la partícula de soberanía que se nos reconoce como ciudadanos con voto y normalmente a través de un partido, escoger a nuestros representantes en el Parlamento. Es cierto, enfin, que de la relevancia numérica de tales representaciones y de las combinaciones políticas que la necesidad de una mayoría impone, siempre resultará un gobierno. Todo esto es cierto, pero es igualmente cierto que la posibilidad de acción democrática comienza y acaba ahí. El elector podrá quitar del poder a un gobierno que no le agrade y poner otro en su lugar, pero su voto no ha tenido, no tiene y nunca tendrá un efecto visible sobre la única fuerza real que gobierna el mundo, y por lo tanto su país y su persona: me refiero, obviamente, al poder económico, en particular a la parte del mismo, siempre en aumento, regida por las empresas multinacionales de acuerdo con estrategias de dominio que nada tienen que ver con aquel bien común al que, por definición, aspira la democracia.


O sea, estamos frente a una paradoja dramática: nunca tuvimos tanta democracia, pero tampoco nunca hubo tanta desafección y tanta desconfianza frente a la democracia representativa. Entre las causas de esa desafección podríamos citar las 10 siguientes : 1) Demasiadas desigualdades (ricos cada vez más ricos, pobres más pobres). 2) Crisis del Estado y de lo público, atacados por las teorías neoliberales adictas al Estado mínimo. 3) Carencia de una sólida cultura democrática. 4) Nefasto efecto de los casos de corrupción de políticos (tan frecuentes en España). 5) Dificultades en la relación entre los partidos y el resto de la sociedad civil. 6) Subordinación de la actividad política a los poderes fácticos (mediáticos, económicos, financieros). 7) Sumisión de los gobiernos a las decisiones de organizaciones supranacionales (y no democráticas) como el Banco Central Europeo, el G-20, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OCDE, la OMC, etcétera. 8) Incremento de los enfrentamientos entre la sociedad civil y los gobiernos. 9) Discriminaciones o exclusiones hacia categorías sociales o de género (migrantes, homosexuales, sin papeles, mujeres, gitanos, musulmanes, etcétera). 10) Dominación ideológica de grupos mediáticos que asumen el rol de oposición y defienden sus intereses y no los de los ciudadanos.


En muchos países, el crecimiento macroeconómico no se traduce en mejoras en el nivel de vida de la población humilde. Lo cual crea malestar microsocial. Existe un dato alarmante: una investigación realizada en América Latina por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reveló que 45 por ciento de latinoamericanos decían preferir someterse a una dictadura que les garantizase empleo y salario suficiente, a vivir en una democracia que no los sacara de la miseria...
Lo cual significa que muchos de los desafíos para la democracia vienen de la pobreza y de la desigualdad. Tocamos ahí el núcleo fundacional del pensamiento democrático moderno. Jean Jacques Rousseau decía, en El Contrato Social, que el Estado social será ventajoso para los seres humanos sólo cuando todos posean algo, y ninguno tenga demasiado.


Por otra parte, en el marco de la globalización neoliberal, el Estado pierde capacidad reguladora sobre un mercado que, a su vez, deja de ser nacional. Las empresas trasnacionales y los mercados financieros dejan de necesitar al Estado como soporte. De esta manera, lo característico hoy es el debilitamiento de los Estados. La era de los Estados nacionales y, sobre todo, la era del Estado democrático culminó con la aparición de realidades políticas como los partidos de masas, la cultura de masas y el convencimiento colectivo de que los súbditos dejaban de ser súbditos (a los cuales se ordena) para convertirse en ciudadanos (a los cuales hay que convencer).


Hoy, el Estado nacional cede parte de sus poderes a instancias supranacionales (por ejemplo, la Unión Europea) y también a instancias subnacionales (en España, las autonomías) dado que globalización y descentralización se dan, universalmente, como dos procesos coetáneos. La globalización vuelve a la democracia menos relevante, pues cada día son menos las decisiones importantes que se toman dentro del ámbito de los Estados nacionales. La democracia realmente existente vive de ese modo un conjunto de transformaciones que la sitúan muy lejos de sus tres modelos matrices: la reforma parlamentaria británica de 1689, la revolución americana de 1776 y la revolución francesa de 1789. El elector deja de ser un ciudadano (que hay que convencer) para convertirse en un consumidor (al cual hay que seducir). En este panorama cultural, el ejercicio de la democracia representativa deja de ser una actividad llena de sentido para convertirse, a ojos de los ciudadanos, en un espectáculo interpretado por una casta ajena, en el que no participa realmente.


Tenemos así una doble transformación. Por un lado, la globalización ha disminuido el peso del Estado nacional y la relevancia de la vida política democrática. Y, por otro lado, la transformación cultural que lleva a la tele-video-política ha erosionado la relación entre los ciudadanos y la cosa pública.


Podemos decir que estamos, pues, en una situación en la que los instrumentos de la democracia forjados durante dos siglos dejan de ser eficaces. Y aunque parece que asistimos al triunfo generalizado de la democracia, más bien asistimos al ocaso de sus éxitos. Porque prevalece una marcada exclusión de la mayoría de la población respecto a la toma de decisiones sobre los asuntos públicos. De manera que el consenso se reduce a minorías (la casta) no representativas de la pluralidad de intereses de una sociedad.


Así ha emergido la exigencia de una democracia directa y de la participación ciudadana en la gestión pública, que pueden verse como las dos caras de la democracia participativa. Después de América Latina, Europa vive hoy un debate entre democracia representativa y democracia participativa. La principal expresión de la democracia participativa es la participación ciudadana, un proceso mediante el cual el ciudadano se suma, en forma individual o colectiva, a la toma de decisiones, al control y la ejecución de las decisiones en los asuntos públicos.


La sociedad civil y algunos movimientos sociales estiman que los partidos son los causantes principales de la desafección ciudadana frente a la democracia. Es un debate, en nuestra opinión, estéril: no hay democracia sin partidos, y los males de los partidos son, en parte, los mismos que aquejan a otros sectores de la sociedad. Pero los partidos deben asumir que ellos solos ya no son suficientes para hacer democracia. Tienen que reconstruir su legitimidad con base en transparencia y democracia interna. Y admitir que a la gente ya no le basta con meter un voto en las urnas cada cuatro o cinco años... Los ciudadanos ya no aceptan ver su rol en el debate público limitado a eso.


Las constituciones de Venezuela (1999), Ecuador (2008) y Bolivia (2009), entre las más avanzadas del mundo en esta materia, hablan de democracia participativa y ya no de democracia representativa. Porque se proponen, en efecto, de democratizar la democracia. Aunque, en general, hay consenso en torno a la necesidad de conservar la democracia representativa, aparece ahora evidente la necesidad de fortalecer, dentro de ella, los mecanismos de participación, para tratar de superar el divorcio entre política y ciudadanía.


Recordemos que la introducción de mecanismos de democracia directa (la iniciativa legislativa popular y la consulta popular mediante plebiscito o referéndum) no debilita la democracia representativa. Lo demuestra el hecho de que esos mecanismos existen, por ejemplo, en Suiza, Italia, Estados Unidos y cada vez más en la Unión Europea. Existe también el mandato revocatorio que sólo se ha establecido, a escala nacional, en Venezuela (incluso para el Presidente de la República). Venezuela es el único país del mundo en el que se ha efectuado, en 2005, una consulta popular para revocar el mandato presidencial. Ganada, por cierto, por el presidente Hugo Chávez. Pero la revocatoria local sí existe para instancias subnacionales (regionales, municipales) en otros Estados latinoamericanos: Argentina, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, etcétera.


En fin, lo que debe quedar claro es que nuestras democracias necesitan nuevos pactos sociales y constitucionales (urgencia, en España, de una nueva Constitución federal) para construir democracias de ciudadanos –y no sólo democracias electorales– en la que no puede haber exclusiones. Además, el modelo representativo no ha dado respuestas satisfactorias a temas tan actuales como los problemas del medio ambiente, las amenazas contra la biodiversidad, el recalentamiento global, el desempleo, el envejecimiento demográfico de las sociedades europeas, la cibervigilancia masiva, las migraciones, la marginación y la pobreza del mundo.


Si la democracia sigue siendo el modelo que mejor promueve el debate y el diálogo como mecanismos de resolución de los conflictos sociales, el sistema representativo impide una participación real y eficiente de la ciudadanía. Resulta evidente, por consiguiente, que la defensa del bien común a largo plazo sólo es posible con –y no contra– los movimientos sociales y los ciudadanos. De ahí la urgencia de democratizar la democracia.

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"El sistema capitalista deja margen suficiente para la renovación"

Durante los años noventa se puso de moda el Consenso de Washington, una síntesis de las opiniones que compartían los gurúes económicos más influyentes de Washington, en particular los del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Gobierno estadounidense. El Consenso prescribía las medidas que debían tomar los gobiernos para que sus economías prosperaran. Muchos países adoptaron la fórmula (o, al menos, anunciaron que seguirían esa dieta): libre comercio e inversiones, prudencia fiscal, privatizaciones, etcétera. Pero llegaron las crisis financieras: México, Rusia, Brasil, Tailandia y muchas otras. ¿El culpable? el Consenso de Washington. Así, los mismos políticos que antes lo encomiaban se transformaron en feroces críticos. Años después, la crisis económica de 2008 contribuyó a desprestigiar aún más cualquier idea emanada de Washington (o aprobada por Washington). Además, en este mundo lleno de fracturas políticas, los consensos se han convertido en una especie en peligro de extinción.


Sin embargo, al prepararme para entrevistar a Christine Lagarde, quien fue ministra de Economía de Francia y quien desde 2011 dirige el Fondo Monetario Internacional (FMI), me di cuenta de que ha aparecido un nuevo consenso, no en relación a las políticas económicas a seguir sino con respecto a ella: el Consenso sobre Lagarde. Christine Lagarde, de 59 años, es "inteligente", "competente", "encantadora", "dura", "buena gestora", "honrada", "ambiciosa", "elegante", "atractiva". Estas son algunas de las cualidades que suelen emplear para describirla otros líderes económicos, políticos, periodistas, conocidos y colegas. "Resplandece", dijo el profesor francés Dominique Moisi. El nombre de Lagarde aparece también de forma habitual en las listas de los que tienen más poder en el mundo, y forma, junto con Angela Merkel y Janet Yellen --gobernadora de la Reserva Federal de Estados Unidos-- el trío de mujeres más poderosas del planeta.


Me cito con Lagarde en su despacho, en Washington. Está acompañada por tres miembros de su equipo (que no pronunciarán una sola palabra en todo el tiempo) y empieza por ofrecerme un dátil. Con su vestido rojo y pendientes a juego, puede que no resplandezca, pero desde luego su rojo contrasta con los colores grises de rigor en las oficinas del poder en Washington.

 

Le leo la lista de atributos que suelen aplicársele y le pregunto si está de acuerdo con el Consenso sobre Lagarde. "No estoy segura con lo de 'ambiciosa'", se apresura a contestar. "Bueno... mire dónde está", le digo, mientras recuerdo --aunque no lo menciono-- la feroz campaña que hizo con distintos países, desde China hasta Brasil y desde Rusia hasta Japón, con el fin de obtener los votos necesarios para ser nombrada directora gerente del FMI. "Si soy inteligente o atractiva, son otros quienes deben decirlo, pero mi reacción a que me llamen ambiciosa se debe a que me parece sorprendente y totalmente equivocado", insiste. Cree que la ambición no ha tenido mucho que ver con su brillante trayectoria tanto en el sector privado como en el público, en dos continentes, como abogada y como política. Los puestos de responsabilidad han sido una constante en su vida. Sin embargo, dice que no se siente poderosa. "Ojalá", añade, "porque, si lo fuera, podría reducir el desempleo, crear las condiciones para el crecimiento, introducir más sentido común en unas salas con demasiada testosterona y demasiados egos... Son cosas que me encantaría hacer pero no puedo".


La recuperación de la economía mundial


¿Ha entrado el mundo en un largo periodo de crecimiento lento, lo que los economistas llaman estancamiento secular? Lagarde dice que prefiere el término "nueva mediocridad" para describir la situación. Explica que en los dos últimos años, y este año también, la economía mundial ha crecido a un promedio del 3,5%, exactamente el mismo ritmo al cual creció en promedio en los últimos 20 años. Es decir, que la situación actual no es muy diferente a lo que ha sido la norma en dos décadas. Lo que ha cambiado, advierte Lagarde con preocupación, es la naturaleza de ese crecimiento. "No está creando los puestos de trabajo necesarios y la insuficiente creación de empleo se distribuye de una forma que no responde a las necesidades. Tampoco está estimulando la productividad, y lo sorprendente es que los países emergentes, que podrían estar creciendo mucho más aceleradamente, no lo están haciendo".


Cuando le pregunto si este crecimiento insuficiente tiene algo que ver con los programas de austeridad adoptados en muchos países tras la crisis de 2008, Lagarde responde que, a su juicio, el debate entre austeridad y crecimiento es falso. "No se excluyen entre sí. Es posible tener disciplina fiscal y un crecimiento fuerte", asegura. El pragmatismo, que le hace conciliar posturas que otros consideran irreconciliables y evitar posiciones rígidas, dogmas y prejuicios ideológicos, son otras de las cualidades que nutren el Consenso sobre Lagarde.


Es la misma actitud que mantiene cuando habla de las desigualdades económicas, un asunto que no solía ser prioritario para el FMI. Christine Lagarde le ha dedicado mucha más atención y está especialmente interesada en las consecuencias que tienen para las mujeres las políticas que recomienda el Fondo. Thomas Piketty, el famoso economista francés, opina que el aumento de las desigualdades económicas se debe a fuerzas muy arraigadas en el sistema capitalista. ¿Está ella de acuerdo? Lagarde evita refutar directamente el argumento de Piketty y dice: "Creo que el sistema capitalista deja margen suficiente para la innovación y doy gran valor a las fuerzas de los mercados, pero en un entorno normativo que proporcione a los gobiernos las herramientas necesarias para reaccionar ante las desigualdades". Se suele decir que la tecnología, el comercio internacional, el sistema financiero y las políticas gubernamentales son los principales motores de la desigualdad. ¿Cuál de estos factores considera que es más culpable? "La tecnología", replica, "pero también el mundo de las finanzas, donde se concentran recursos inmensos en manos de un pequeño grupo. Y también añadiría la cultura. Sobre todo, cuando la cultura limita las oportunidades de las mujeres. Y la corrupción, por supuesto".


El mundo de las finanzas y el comportamiento de los financieros son temas que le irritan. En una ocasión fui testigo de su impaciencia con los banqueros en Davos, la reunión anual de dirigentes empresariales y gubernamentales. En aquel entonces era ministra de Economía de Francia, y la crisis financiera mundial estaba en su peor momento. Varios de los principales banqueros mundiales tomaron la palabra para felicitarla por lo bien que lo estaba haciendo. Lagarde les interrumpió con brusquedad y les dijo que dejaran de felicitarla, que se dedicaran a hacer bien su trabajo y empezaran a conceder préstamos otra vez. Era necesario que el crédito empezara a fluir para estimular la economía, pero los bancos, reacios a asumir riesgos en un ambiente de tanta incertidumbre, habían dejado de prestar dinero, con lo que habían empeorado la situación. Cuando ahora menciono esta anécdota, ella asiente y se ríe: "Sí, ya lo sé. Aquel día no me gane muchos amigos que digamos".
¿Le preocupa que las cargas y costes de la crisis financiera hayan recaído desproporcionadamente sobre los pobres y la clase media y mucho menos sobre los banqueros y financieros que tomaron muchas de las decisiones causantes del problema? "Sí, me preocupa mucho", responde, "y por eso hemos trabajado para cambiar la situación. Antes, cuando un banco entraba en dificultades y necesitaba un rescate, este se hacía con dinero de los contribuyentes. Ahora hemos creado un sistema que hace recaer los costes sobre los accionistas de las instituciones financieras que sufren esas dificultades".


¿Es ahora más seguro el sistema financiero mundial? "Sí; hoy, los gobiernos tienen las bases legales, la competencia y la autoridad para actuar de forma más eficaz". ¿Le preocupa la elevadísima concentración de activos financieros en unas cuantas instituciones de gran tamaño? "Sí, por dos razones. Cuando era una joven abogada, me formé en derecho de la competencia y aprendí que la concentración limita las posibilidades de competir, y que eso es malo. Mi segunda preocupación es que, después de haber ocupado puestos de dirección, pienso que las organizaciones demasiado grandes y complejas se vuelven difíciles de gestionar y, si no se tiene cuidado, poco transparentes".


Crisis en la zona euro


¿El proyecto europeo tiene fallos estructurales? ¿Puede ser estable un continente con una moneda única para distintos países con economías aún demasiado fragmentadas, cada uno con sus normativas y sus propias políticas fiscales? "Lo que describe usted es el pasado", asegura, "porque, desde la crisis financiera, Europa ha progresado enormemente y ha abordado muchos problemas de los que menciona; el resultado es que el proyecto europeo es hoy más sólido que nunca".


Es posible, le digo, pero la verdad es que muchos europeos, al leer esta entrevista, se preguntarán: '¿En qué mundo vive esta señora?' Muchos están sin trabajo, su red de protección social ha desaparecido o está amenazada, el futuro de sus hijos no es optimista, las desigualdades son cada vez mayores, las tensiones sociales van en aumento. ¿Cómo puede pedir a esa población frustrada y preocupada que se sienta satisfecha con las reformas de las que habla?


"Lo sé. Estoy hablando del proyecto europeo, no de los avances. El proyecto europeo está más consolidado, es más fuerte y cuenta con mejores defensas. ¿Eso significa que han mejorado las condiciones para el crecimiento y la prosperidad? Todavía no. Pero se ha trabajado mucho en las áreas monetaria y fiscal. Y hay mucho avance en esto. Todavía queda mucho por hacer en materia de reformas estructurales, sobre todo respecto a las inversiones en infraestructuras. Estas dos palancas --las reformas estructurales y la inversión en infraestructuras-- son absolutamente necesarias para estimular el crecimiento, pero los responsables políticos no las han utilizado todo lo que debieran".


¿Qué opina de Alemania? En el pasado, Lagarde no ha disimulado su frustración con Angela Merkel y su negativa a tomar medidas más agresivas para estimular las economías europeas. ¿Esa resistencia forma parte de la ideología de Merkel?, pregunto. Después de una larga pausa reflexiva, Lagarde explica que no está segura de que sea algo ideológico, sino, más bien, "una mentalidad muy común entre los contribuyentes alemanes". Enumera todas las ventajas que ha obtenido Alemania de Europa --desde el euro hasta la más libre circulación de la mano de obra-- y dice que todos esos factores han impulsado su economía, basada en las exportaciones. Se apresura a destacar que está habiendo cambios que le parecen positivos: los salarios han subido en Alemania, y eso quiere decir que los costes laborales de sus exportaciones están a un nivel más similar a los del resto de Europa. También aprueba que Alemania esté poniendo en marcha ambiciosos programas de inversiones en infraestructuras. Hasta ahora, las inversiones públicas alemanas han sido muy inferiores a las de otros países europeos.

 

Lagarde, los hombres y las mujeres


Lagarde ha hablado mucho sobre la necesidad de situar a más mujeres en puestos de poder y, en general, crear más oportunidades para ellas. También ha dejado clara su decepción por el hecho de que, de los 24 miembros de la junta de gobernadores del FMI, 23 sean hombres. "No puedo corregirlo, porque les nombran sus respectivos gobiernos, pero me alegro de que en los puestos directivos del Fondo ahora haya muchas mujeres", dice.


Para Lagarde, designar a mujeres para puestos de responsabilidad no es solo cuestión de justicia. Está convencida de que las mujeres tienden a gestionar el poder mejor que los hombres. Y nunca le ha dado miedo decirlo en público. Le leo algunas declaraciones que ha hecho al respecto: las mujeres son más incluyentes al gestionar y tienden más a crear consensos, son mejores líderes en tiempos de crisis, administran mejor los riesgos, compaginan mejor diferentes tareas, prestan más atención al detalle y, al mismo tiempo, tienen una visión más global de la vida. Asimismo ha dicho que, por el contrario, los hombres tienen el obstáculo de unos egos inmensos y demasiada testosterona.


¿No es esa una postura sexista?, le pregunto.


"No, es la realidad", contesta sin pestañear. "Es algo que he visto con mis propios ojos durante mi vida profesional, cuando he sido abogada, gerente de una gran institución internacional, ministra de Economía y directora del FMI. Trato de animar a otros a que pongan a prueba a las mujeres y les ofrezcan la oportunidad de mandar, porque pueden hacerlo, y bien".


Lagarde se ha mostrado también muy partidaria de la idea de "ir hacia adelante", de que las mujeres busquen activamente oportunidades, presionen para tener más opciones y luchen para conseguir mejores condiciones de trabajo. "Creo que las mujeres, a veces, somos nuestro peor enemigo, en el sentido de que no tenemos en nosotras mismas la confianza que suelen tener los hombres. Es frecuente que empecemos una frase diciendo "Siento decirle que...", o "¿Puedo decir algo?" Fíjese --es muy interesante-- en que los hombres, en general, no lo hacen. Dicen lo que quieren decir. Piensan que eso es lo que se espera de ellos. Mientras que las mujeres tratan de persuadir, de demostrar sus argumentos. En ese sentido, yo animo a mis colegas femeninas a tener la seguridad suficiente para lanzarse".


Existe otro debate en el que ella también ha intervenido, le digo, sobre si las mujeres pueden "tenerlo todo". ¿Pueden tener una carrera profesional de éxito, pasar mucho tiempo en el trabajo y, al mismo tiempo, atender una familia y llevar a cabo todo lo que supone tener hijos y un hogar? "No necesariamente", responde Lagarde, que se ha casado y divorciado dos veces y tiene dos hijos ya adultos. "Es muy difícil compaginar todas esas cosas. Y no somos perfectas. A veces, tenemos que poder administrar nuestro tiempo y nuestras expectativas, suponiendo que tengamos la confianza necesaria, y estar dispuestas a tardar un poco más, a hacer las cosas en otro orden. Pero no creo que por eso debamos renunciar a salir al mundo y llevar a cabo todo lo que somos capaces de hacer".


Para terminar, le pregunto su opinión ante el hecho de que sus tres últimos predecesores en el cargo de director del FMI eran hombres europeos y los tres abandonaron el puesto antes de completar su mandato. Horst Kohler renunció antes de tiempo para ser presidente de Alemania, cargo del que después se vio obligado a dimitir, Rodrigo Rato se marchó a España para trabajar en el sector financiero y hoy tiene que defenderse de acusaciones legales por su gestión en Bankia y Dominique Strauss-Kahn se fue vergonzosamente, en medio de un escándalo sexual. ¿Qué piensa ella de todo esto? ¿Ve aquí un patrón? Christine Lagarde hace una pausa, me mira con fría intensidad y en tono decidido me dice: "Tengo la intención de llegar hasta el final de mi mandato".


Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

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