Belém de Para, Brasil, 26 de enero. La crisis en los medios de comunicación es también la crisis de los medios de comunicación, dijo hoy el periodista Ignacio Ramonet. Su intervención abrió la mesa de debate dedicada a la crisis de los medios y los medios en la crisis realizada en el Foro Mundial de Media Libre realizado en la Universidad Federal de Para (UFPA).

El foro sobre medios informativos forma parte de las actividades paralelas realizadas en el contexto del octavo Foro Social Mundial (FSM), que el día de mañana se inaugurará formalmente. El FSM es un encuentro anual de altermundistas en el que los asistentes intercambian puntos de vista y comparten estrategias en la lucha contra el neoliberalismo y por un mundo distinto. El día de hoy se efectuaron, además, coloquios alternativos sobre salud, educación, jueces y teología y liberación.

En el foro sobre medios independientes participaron, entre otros, el director de la agencia informativa brasileña Carta Maior, Joaquim Palahres; la periodista del diario argentino Página 12, Sandra Russo; el uruguayo Joaquín Constanzo, de IPS; el analista Bernardo Kucinski, y el editor del periódico digital Rebelión, Pascual Serrano. El público estuvo integrado en su mayoría por jóvenes.

El foro, además de estudiar la forma en la que los medios de comunicación analizan la crisis económica actual, debatió sobre la crisis de éstos, los avances que hay en el terreno de otra comunicación en los países donde existen gobiernos progresistas, la posibilidad de generar modelos alternativos al periodismo de mercado, el papel de las nuevas tecnologías y cómo ampliar los medios de comunicación alternativos.

Al analizar la relación existente entre crisis global y crisis de los medios Ramonet, advirtió que “el desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del Muro de Berlín.” Según él, los grandes grupos mediáticos se han debilitado por la crisis y todos los grandes periódicos sufren por ella: el Chicago Tribune está en quiebra y El País y Le Monde pasan verdaderos apuros.

Para el autor de La crisis del siglo –su más reciente libro– estas penurias se originan en la apuesta que los grandes grupos mediáticos hicieron en favor del poder financiero. Su decisión de endeudarse y convertirse en consorcios planetarios, así como de privilegiar en su funcionamiento los mecanismos financieros por sobre los contenidos informativos, han puesto a estas empresas de comunicación en grandes dificultades. Añadió que entre las causas de esta crisis se encuentra, también, el papel jugado por Internet.

Recuento de las crisis

Diversos panelistas abordaron la necesidad abandonar la idea de que los medios alternativos deben de ser necesariamente marginales. La única forma de marcar la agenda informativa –consideró el analista Marcos Dantas– es contar con los recursos económicos para hacer de los medios independientes opciones reales. Y ello, dijo, sólo puede provenir de políticas públicas que canalicen los impuestos que se pagan en favor de los medios democráticos y populares. Ese dinero, advirtió, es de los ciudadanos, no de los políticos.

Pascual Serrano hizo un detallado recuento de las diferentes crisis que afectan a los medios, entre otras, la de mediación, propiciada por el divorcio existente entre el modelo comunicativo imperante y el interés de los ciudadanos. La de credibilidad, expresada en la falta de confianza del ciudadano común hacia lo que los medios dicen. La de autoridad, provocada por el alud informativo de Internet que no pasa por los grandes medios. Y, finalmente, la de objetividad y contexto: las grandes cadenas informativas no permiten que se entienda realmente por qué sucede lo que sucede.

Varios ponentes insistieron en la necesidad de hacer un periodismo realmente profesional, en que alternativo no sea sinónimo de mal hecho. El director de la agencia IPS, Jorge Constanzo, reivindicó la elaboración de contenidos y el uso de herramientas de calidad. Para dar la batalla en la cancha grande, aseveró, se necesita mucho más que buena voluntad.

Sandra Russo alertó sobre el daño que hace al periodismo crítico el uso de lugares comunes. Son –dijo la columnista argentina– frases muertas. Señaló que era necesario recuperar el lenguaje, generando una comunicación atrevida, evadiendo el discurso panfletario y volcado en sí mismo, tan caro a quienes promueven posiciones políticas progresistas.

Joaquim Palhares realizó un balance de ocho años de vida del Foro Social Mundial. En el marco de un nuevo contexto político en América Latina, resaltó, entre otros aspectos, la enorme cantidad de esfuerzos informativos que no existían entonces y que hoy son una realidad, y los avances en diversas legislaciones nacionales. Analizó el papel desempeñado por Internet en la construcción de la red y en la ruptura del control de la comunicación por parte de los grandes consorcios mediáticos.

El foro mostró que, en el terreno de la comunicación, atravesamos una época en la que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Una era en la que, sin embargo, es más viable la consigna de “otra información es posible”.

Luis Hernández Navarro (Enviado)
 

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Viernes, 23 Enero 2009 08:52

Desde el jardín

Los primeros dos días de gobierno de Barack Obama ilustran los márgenes de acción, y también los límites, del sistema presidencial norteamericano dentro de la lógica capitalista que lo engloba. Obama arrancó hiperkinético, como muchos presidentes. Con una series de medidas, contactos y nombramientos, marcó las prioridades inmediatas de su primera etapa en el gobierno, un programa radicalmente distinto al de su predecesor George Bush.

No sólo cerró Guantánamo, sino que ordenó sin vueltas terminar con la tortura y las cárceles secretas. Para que no queden dudas, ordenó desconocer todas las órdenes y recomendaciones emanadas del Departamento de Justicia desde el 2001. Al explicar su decisión, dijo que en el combate del terrorismo su país no podía abandonar sus principios ni el respeto a los derechos humanos, que esos principios no podían dejarse de lado por la llegada de tiempos duros. Así, de un plumazo, dio vuelta la política de derechos humanos de su predecesor.

De la misma manera, en sólo cuarenta y ocho horas dio vuelta la política norteamericana en los principales focos de conflicto. Primero llamó a la plana mayor y le ordenó que acelere el retiro de Irak. Después llamó por teléfono a Abbas y Olmert, aparentemente en ese orden, para dar comienzo a su diplomacia “cara a cara” o, al menos, teléfono a teléfono. Después nombró al negociador de la paz de Iranda su delegado en Medio Oriente y al negociador de la paz en los Balcanes como delegado para Pakistán y Afganistán. O sea, antes que militares y funcionarios mandó a negociadores civiles con probada aptitud y voluntad para alcanzar acuerdos duraderos en lugares complicados.

También de un plumazo Obama cambió, en el primer día de su gobierno, la política hostil de la administración Bush hacia el derecho a la información pública. Con una orden ejecutiva, Obama eliminó el veto que la administración Bush le había concedido a presidentes, ex presidentes, vicepresidentes y ex vicepresidentes sobre la publicidad de documentos de la Casa Blanca. Con otra orden ejecutiva Obama revirtió una instrucción del gobierno anterior que alentaba a las oficinas estatales a demorar y desalentar la entrega de información, y ordenaba a los empleados públicos a ser “abiertos, transparentes y que se involucren con la comunidad.”

Otra reforma que los expertos en el tema calificaron de sin precedentes se dio en la relación con los lobbies. Para cumplir con su promesa de “cambiar la manera en que las cosas se hacen en Washington”, Obama puso en práctica un sistema de control más férreo que ningún otro presidente. Bajo el gobierno de Bush un ex funcionario debía esperar un año para hacer lobby en el área de su especialidad. Ahora deberá esperar hasta el final de la presidencia de Obama, o sea hasta ocho años.

Todo eso y algunas cosas más logró el presidente en apenas dos días, surfeando una ola de apoyo popular. También logró, y no es un dato menor retener el uso de su Blackberry, después de una disputa con el Servicio Secreto, que se oponía a su uso por razones de seguridad. La victoria del presidente que simboliza la llegada de la era de Internet le permite romper el cerco informativo de la Casa Blanca para comunicarse con un pequeño grupo de amigos y asesores, y con los millones de simpatizantes que participan de los espacios multimedia: el sitio oficial barackobama.com y el sitio personalizado mybarackobama.com.

También mandó una clara señal de cambio de las políticas de género de su predecesor al escribir una carta en el 36 aniversario de Rowe v. Wade, el histórico fallo que protege el derecho al aborto. En la carta prometió defender, sin medias tintas, “defender el derecho de la mujer a elegir”. El gobierno de Bush había interrumpido el financiamiento a instituciones similares en todo el mundo.

Mientras tanto, los anuncios económicos brillaron por su ausencia. Apenas se registraron declaraciones del secretario del Tesoro diciendo que el paquete de ayuda económica será reestructurado para “reorientar” la ayuda hacia a las empresas y “limitar” la ayuda a los bancos. Pero la realidad mostraba otra cosa. Apenas el viernes pasado Obama había dejado pasar el megarrescate de Bush para el Bank of America y ya se habla de la estatización del Citi. El equipo económico de Obama negocia con los líderes del Congreso el desembolso de la segunda mitad del paquete de rescate financiero que aprobó el Congreso sobre el final de la presidencia de Bush. Todavía no hay acuerdo.

Tampoco hubo anuncios rimbombantes sobre una economía real hundida en una recesión sin precedentes. El paquete de reactivación abrochado con la conducción demócrata: recorte impositivo para los pobres y la clase media, subsidios para la industria de energía alternativa, alivio para los deudores hipotecarios y alguna cosa más. Pero el proyecto de ley todavía no pasó por la Mesa de Entradas del Capitolio. Hay que pulir detalles.

Tanto en este tema como en el financiero Obama ha reconocido de hecho que no puede avanzar sin el Congreso, donde otros intereses y factores de poder necesariamente entran en puja.

Así planteó el juego Obama en las primeras horas de su gobierno. Marcó la agenda y avanzó, disimulando sus limitaciones. Bajo la lupa de un mundo que espera, o festeja, porque Estados Unidos cambió, un poquito o un montón, pero para mejor, porque nadie quiere que vuelva Bush.
En dos días Obama pintó la casa color arco iris y limpió el jardín. Los inquilinos están contentos, los vecinos también. Faltan los arreglos de fondo. Y si el techo no se toca, toda la estructura puede colapsar.

 Por Santiago O’Donnell
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La Revolución Cubana está próxima a su medio siglo. Teorizar desde cualquier ángulo sobre ella se vuelve un ejercicio difícil pero apasionante. El proyecto político y social cubano, me atrevo a decir que gatea todavía, busca situarse en un mundo áspero y contradictorio. Con enemigos poderosos y grandes amigos en todo el mundo. Cuba sigue su camino. Mas en su andar, importantes pensadores desde las más extremas y moderadas posiciones opinan sobre ella. Aurelio Alonso, actual subdirector de la revista Casa de Las Américas es uno de ellos. Sobre un críptico laberinto hurga en los intersticios de los grandes retos que hoy enfrenta nuestra nación, 50 años después de haber escogido un destino diferente. Este sociólogo y reconocido pensador intenta darnos algunas claves de la Cuba actual.

¿Qué sintió Aurelio Alonso como pensador y persona cuando supo que se derrumbó el campo socialista y la URSS?
-Para mí -como para casi todo el mundo- fue algo totalmente inesperado y sorpresivo, pero si en algún lugar del mundo ha habido una comprensión racional del derrumbe y no una comprensión por claudicación fue en Cuba, porque nosotros sabemos que en algunos países de ese campo, como Polonia y Hungría, se había desarrollado ya una proyección reformista muy fuerte hacia una economía de mercado.

"En los años 60 el proyecto cubano trató de desarrollarse con una cierta autonomía, lo cual no pudo realizar con éxito, y tuvo que adherirse al CAME
y alinearse al sistema soviético. Pero ya el Che Guevara casi había pronosticado el derrumbe del sistema socialista, algo que en general se veía muy difícil y poco probable. Yo pienso incluso hoy que el sistema podia haberse reformado desde adentro sin haberse desestructurado.

"Para nosotros la caída en lo económico fue una catástrofe y en lo politico provocó una crisis de paradigma. Se había asumido el criterio que ese sería
nuestro modelo de desarrollo, y de repente se desmorona, motivo por el cual muchos pensaron que aquí también iba a caer el socialismo. No obstante, para los dirigentes cubanos se retuvo con claridad la opción de resistir por todos los medios este embate. Que esto era necesario y posible a la vez."

¿En algún momento usted pensó que aquí también se caería el socialismo?
-Sí, yo siempre pensé que podía caerse, como pienso que todavía puede caerse. Si algo demostró el campo socialista fue que la irreversibilidad del sistema no era una ley inviolable. Esa falsa idea de que habíamos llegado a una sociedad superior y que no era reversible fue totalmente errónea. Esto lo asume Fidel en el 2005 en un discurso -que resultó alarmante y sorpresivo porque nunca él había reconocido posibilidades al fracaso- cuando habla que
nuestro socialismo podíamos destruirlo nosotros mismos, y menciona la corrupción. Yo hablaría de mucho más que de la corrupción, hablaría de burocracia, de inmovilismo y de la rutinización de nuestro sistema.

"Pienso que la destrucción del sistema siempre es posible y hay que salvarlo todos los días, rehacerlo todos los días, perfeccionarlo todos los días,
incluso lo que no se haga hoy puede ser un lastre para el mañana. Este ha sido un problema serio del socialismo cubano: que ha estado entrampado desde afuera por un bloqueo externo pero también desde adentro por una cuota de incertidumbre muy alta."

Usted, en una entrevista para el periódico mexicano La Jornada, habla de reinventar el socialismo. ¿Qué significa para Aurelio Alonso reinventar el socialismo en Cuba?
-La primera vez que yo usé esta palabra fue en Chile en el año 2003, cuando digo que el futuro del mundo debe ser socialista pero que había que reinventarlo, no solamente en Cuba sino también los proyectos de socialismo que nacen hoy en América Latina en el marco de sociedades que están intentando cambios radicales y revolucionarios, como lo son Venezuela, Bolivia y ahora el caso de Ecuador.

"Estos son países que tienen que reinventar, no pueden asumir ningún esquema anterior, ni el modelo soviético ni el actual modelo chino que es muy controversial debido al alto compromiso alcanzado con el mercado en esa sociedad, lo cual ha generado mucha incertidumbre en determinados sectores, en cuanto al rumbo futuro. Para encauzar esas experiencias socialistas de hoy hay que pensar en reinventar. Se ha vuelto un verbo clave.

"Nuestro socialismo también hay que reinventarlo, mirando críticamente a la experiencia del sistema en el siglo XX. Por ejemplo en el plano económico debemos decir que de una economía que está muy estatizada debemos llegar a una economía más flexible donde el Estado no pierda su poder económico. Es decir, ni el control integral del aparato económico nacional, ni su protagonismo empresario, como inversor principal, en sectores que resulten clave. Pero que deje espacios a otras formas de propiedad, como pueden ser formas de propiedad cooperativa, y también una mayor presencia de la economía familiar. Y ni siquiera excluir la posibilidad de otras en las cuales ni hayamos pensado. Los esquemas atentan contra la imaginación.
"Todo esto debe implementarse con un balance donde ninguna de las formas no socializadas o menos socializadas imponga una norma de mercado a las más socializadas. Buscar una configuración que provea eficiencia, pero no en los términos cuantitativos de la economía de mercado, sino con una concepción nueva de la eficiencia, orientada a hacer sustentable al sistema en su conjunto.

"Ahora, ¿qué camino habría que tomar? ¿Qué tiempo puede demorar? ¿Cómo se puede hacer? Esas son preguntas más concretas que requieren respuestas más concretas. Y respuestas más concretas implican el manejo de muchas variantes que no están a mi alcance. Pero no tengo duda en cuanto a la necesidad de romper la identificación de lo estatal con lo socializado o socialista.

Habría mucha más tela por donde cortar, por supuesto."

¿No hay una idea implícita también en ese término de fracaso?
-Claro que sí. Hay dos cosas: está el significado del fracaso del modelo anterior y está no perder de vista también los aportes reales de aquel modelo. Empezando por la Unión Soviética, que de un imperio más feudal aun que capitalista, sostenido por el mujik (el campesino), se convirtió en menos de medio siglo en la segunda potencia mundial. No todo fue fracaso en aquella economía, de la cual pueden extraerse experiencias importantes, siempre teniendo en cuenta que el conjunto del modelo no se sostuvo, ni en lo económico ni en lo político. En lo político porque el socialismo, que es el único régimen mundial donde la sustentabilidad depende de la democracia, no ha sido capaz de crearla.

"El capitalismo puede vivir sin democracia, fíjate que donde primero se implanta el modelo neoliberal en América Latina es en el régimen de Pinochet, el capitalismo usa los mecanismos de institucionalización política que le son convenientes y rentables en cada lugar sin ningún escrúpulo. E incluso aplica patrones autoritarios, y a veces de corte fascista, al amparo de esa institucionalidad que llama democrática por sostenerse en regímenes electorales y de alternacia gubernamental.

"Al capitalismo no le interesa crear una verdadera democracia, pero al socialismo sí, y eso fue lo que faltó en Moscú, donde si hubiera habido un verdadero poder popular, el gobierno soviético hubiera podido asumir un esquema de reformas mucho más radical encaminado a sostener el sistema socialista. No radical en renunciar al mismo. Todo eso falló porque no había un poder popular, el pueblo no tenía ningún poder, desde un nivel comunitario hasta los más altos niveles estatales, en la toma dedecisiones."

¿Cuáles son entonces los problemas del proyecto democrático cubano?
-Creo que debemos partir de reconocer que hemos armado un proyecto demasiado estatizado, muy burocratizado con un nivel muy limitado de participación popular en los sistemas de decisiones de todo orden. Esto puede definir a grandes rasgos el problema, pero que tiene muchas expresiones puntuales e institucionales. Por ejemplo existe un sistema de poder popular donde la Asamblea Nacional –que electoralmente es muy democrática, pero los elegidos tiene un poder muy limitado para tomar cualquier decisión- se reúne solo dos veces al año y vota cosas que ya han sido tramitadas. Esas votaciones unánimes te dan la medida de lo insustancial de su gestión.

¿Habría que refundar entonces la democracia cubana actual?
-«Refundar» no es la palabra, refundar significa volver a fundar, un diseño distinto, liquidando todo lo anterior. Yo creo que hay que transformarlo críticamente, tener una posición más crítica por parte de los actores políticos, en todos los niveles, de poder hacia la organización del poder.

  El papel del partido a mi juicio debería ser transformado: el partido no puede dirigir al Estado, es el pueblo el que debe dirigir al Estado. Martí usaba unas palabras que siempre me han impresionado, él hablaba de un partido para formar la república no para dirigir la república, para Martí el partido debe tener un papel más ético, más de vanguardia.

"Esto nos lleva al análisis de que son dos cosas distintas un partido-vanguardia y un partido-poder. Si nos montamos en una estructura de poder ya estamos rebasando el papel de la vanguardia; y si nuestro propósito es articular la garantía, la reproducción y el perfeccionamiento de la vanguardia dentro del proyecto, nuestra aspiración no puede traducirse en el ejercicio del poder, ya se refiera a administrar con eficiencia, o cualquier dispositivo que releve al pueblo de la responsabilidad de las decisiones.

"No son ideas antagónicas, pero tampoco coincidentes, incluso pueden contraponerse en algunas cosas porque ejercer el poder crea intereses corporativos, entonces quieres estar en el Partido para poder ejercer el poder. Es toda una dinámica de intereses y compromisos de acuerdo al papel que juegan las instituciones."

¿Cree usted en la superación de una férrea mentalidad de plaza sitiada sin subestimar nunca la inteligencia del enemigo?
-Eso es muy difícil. Para superar esa mentalidad de plaza en estado de sitio debe dejar de existir el estado de sitio real. Esta mentalidad de plaza sitiada se crea porque somos una verdadera plaza sitiada. Los últimos 15 años son la prueba más clara de ello: cómo los Estados Unidos han cambiado toda su política hacia el antiguo campo socialista excepto hacia Cuba. Y comienzan el hostigamiento hacia esos regímenes latinoamericanos que se aproximan o siguen proyecciones antiimperialistas, afines a las de Cuba.

"La política de cerco existe y el centro principal se está desplazando hacia Venezuela. Este país es, más que Cuba, objeto previsible de una possible invasión, por los intereses norteamericanos allí, puesto que Venezuela es uno de los suministradores más de petróleo a los Estados Unidos, y esta asentada geográficamente sobre las segundas reservas de petróleo más grandes del mundo."

En varios de sus artículos sobre la sociedad cubana y el impacto de la crisis de los 90 usted dice que Cuba tiene una crisis de inserción debido al mundo al cual se enfrenta. ¿Ha logrado el país insertarse en la dinámica global contemporánea a la vez que protege su modelo?
-Yo hablo sobre la crisis de inserción que provocó la caída del llamado «campo socialista», porque hasta el año 1989 Cuba no padecía esta crisis debido a su inserción dentro de un sistema internacional. La inserción siempre ha sido un problema para nuestro país, los primeros años de la revolución fueron de ruptura y búsqueda de un camino independiente de inserción en el mercado mundial, el cual no logramos. Ya entonces se pueden identificar los elementos propios de una primera crisis de inserción hasta que Cuba opta por ingresar al CAME y obtiene una asociación internacional articulada, orgánica y estable. También una nueva situación de dependencia.

"Este sistema (el del CAME) no llegó a dominar una porción suficientemente elevada de la economía mundial. Además se montó sobre un equívoco, puesto que no llegó a ser un sistema distinto, en términos de mercado, al sistema capitalista dominante, es decir, al mercado mundial, sino es una forma de integrarse desde una perspectiva colectiva a la economía mundial.

"Cuba vive a partir de ahí un momento económico provechoso, aunque nos volvimos también más azucareros, más dependientes de un mercado cautivo con pocas posibilidades de salirnos de ese sistema. En la época actual hemos ido logrando una inserción policéntrica, ya que no dependemos de ningún centro en particular. Me atrevería a caracterizar la articulación económica internacional a partir de tres contrapartes: Venezuela, China y algunos países desarrollados."

¿Cómo ve Aurelio Alonso el socialismo del siglo XXI que Chávez nos propone?
-Esa es una teorización. Confieso que yo también he usado ese término, pero lo cierto es que no se sabe todavía cuál es, o cuales serán los socialismos de este siglo porque solo han pasado siete años. Yo creo que hay una correlación de fuerzas que demuestra condiciones favorables, como nunca hasta nuestros días, para reiniciar una búsqueda del socialismo en América Latina. Por ahí viene el verbo «reinventar», y como todavía habrá mucho que reinventar, le hago un cierto rechazo a que alguien venga a estratificar modelos como si tuvieran la verdad en la mano.

"Nosotros no podemos ponernos a construir modelos en abstracto, tampoco significa que no podamos teorizar pero debemos hacerlo de manera progresiva. Las condiciones de los países que vayan a construir ese socialismo saliendo de profundas complicaciones de dependencia neoliberal como son los países latinoamericanos, deben ser sobre la base de una serie de pasos, de construcciones distintas a una sociedad como la cubana de economía muy estatizada. Quizás los objetivos sean similares pero los puntos de partida, los caminos, las estrategias tienen que ser distintas.

"Incluso nosotros no debiéramos ver, a ultranza, como un pecado capital, privatizar. Venezuela parte, de hecho, de una sociedad hiperprivatizada, y no creo que los procesos nacionalizadores que se hagan necesarios puedan orientarse a la desprivatización masiva. También existen condiciones diferentes para los países que parten con una cantidad enorme de recursos materiales, naturales y los que no. Nunca van a ser iguales tampoco las condiciones en que pueda triunfar un proyecto socialista en un país capitalista desarrollado, necesariamente serán condiciones diferentes. El dilema no está en teorizar o no teorizar, sino en si construimos modelos o no construimos modelos, a partir incluso de experiencias evaluadas como exitosas."

¿Hasta qué punto le hizo daño a nuestra economía copiar el modelo soviético y adoptar una excesiva centralización?
-Eso es muy difícil de decir. Habría que preguntarse también hasta que punto la economía hubiera subsistido si no adopta el modelo soviético. No se trataba solamente de acogerse a un modelo sino de adaptarse a las exigencias de un conjunto de países para poder insertarse. La cuestión no era «si no te adaptas al modelo no te ayudamos», era «si no te adaptas no tienes manera de insertarte».

"Este modelo le hizo daño y le hizo bien al país, porque nos permitió salir de la crisis de principios de los 70 y a partir de ahí obtuvimos una dinámica de desarrollo estable. Uno de los grandes daños fue en el aspecto financiero, pues había que buscar en el resto del mercado fuentes de financiamiento no contempladas en el CAME, y nos acogimos al flujo de la corriente crediticia en eurodólares que ofrecía el mundo desarrollado en esos años. Como es sabido, esto generó un proceso de endeudamiento que desbordó la capacidad de pago del país en divisa convertible.

"También habría que considerar que nuestras políticas de inserción han estado ligadas a instrumentos jurídicos y no a una dinámica mercantil. Se montaban fábricas que después no funcionaban o funcionaban a muy baja capacidad por no hacerse las previsiones pertinentes. Fíjate que la crisis de la economía cubana no empieza en realidad con la caída del campo socialista, empieza con la carencia de recursos financieros para saldar los cumplimientos de la deuda externa en divisa convertible en los primeros años de los 80.

"En el año 1985, Cuba tiene que decirle a los acreedores occidentales capitalistas que no puede pagar y para poder acceder a nuevos préstamos los acreedores le exigen al país una fuerte reducción del gasto público y un programa de privatización que priorizara la eficiencia económica por encima de los gastos sociales. Una versión de las «políticas de ajuste» del FMI y el Banco Mundial, características de las ataduras de la dependencia neoliberal. Cuba no acepta y declara la moratoria de la deuda.

"Los créditos capitalistas significaban alrededor del 16% de la entrada de divisas al país, pero ese 16% afectaba al 35% de la economía cubana. Los convenios con los países del CAME se basaban en lo que esos países te podían dar, que no coincidía siempre con lo que se necesitaba; en tanto, los créditos capitalistas significaban la entrada de divisas al país para buscar ofertas de acuerdo con tus necesidades. La moratoria de la deuda con los acreedores occidentales trajo como consecuencia que el nivel de dependencia de Cuba al CAME se elevara de aproximadamente un 65% hasta cerca de un 90% en 1989."

¿Qué cambios estructurales más urgentes necesita la economía cubana para un despegue de sus fuerzas productivas?
-En primer lugar debemos enrumbar la mirada hacia la subsistencia. Siempre hemos rechazado aplicar un modelo de subsistencia, pero los principales gastos del país siguen siendo los combustibles y los alimentos. Nunca se podrá llegar a la total suficiencia, pero no se puede depender en 50 o 60% de importaciones en esos rubros. En este país hay mucha tierra sin cultivar.

Está la famosa anécdota de Raúl de que solo veía marabú en su viaje a Camaguey. Evidentemente hay un problema estructural que requiere un cambio estructural.

"Hay un 30% de los productores agrícolas que hoy garantizan más del 60% de la producción de alimentos, y estos son los productores privados y las cooperativas con mayor autonomía en sus decisiones. Son los menos atenazados por los suministros del Estado, por el compromiso de entrega al Estado, por la elección de sus cultivos por parte del Estado, por los precios que impone el Estado. Yo no soy un experto en esos temas pero sí hay mucha gente que ha escrito sobre eso y tiene sus puntos de vista.

"Creo que habría que ponerle un poco más de atención a los críticas. Hay que generar cambios en la agricultura que garanticen un mayor autoabastecimiento. Yo pienso que el socialismo del siglo XX fue tan estatista de vocación en todas partes, que hoy nos cuesta adoptar otras formas de propiedad como la cooperada y la privada."

¿Considera la negación del mercado como la negación del desarrollo?
-Mira, el mercado no es el capital pero el capital sí hizo al mercado. Las economías de mercado avanzan hasta que el capital se cae. Debe buscarse la desconexión entre mercado y capital y a su vez el mecanismo de reducción del peso específico del mercado como dispositivo de conducción de la economía.

Yo no creo en el «socialismo de mercado». Tú no puedes dirigir la economía socialista mediante el mercado. La economía socialista debe estar dirigida de manera global por una institucionalidad social representativa de los intereses de la población y que domine al mercado.

"Al mercado hay que acudir para armar una lógica de eficiencia sin comprometer el proyecto social. Una eficiencia no dictaminada por las leyes del mercado sino por una lógica montada en los intereses superiores de la sociedad, dentro de la cual el mercado provea también, con sus mecanismos, aseguramientos armónicos con el interés global del proyecto. El mercado de que hablo no puede convertirse en una concesión al interés privado en detrimento del interés social, sino subordinarse a él."

Desde que Raúl asumió la presidencia del país se habla de cambios, básicamente. ¿Cómo pudiéramos diferenciar la personalidad de Raúl con la de Fidel?
-Fidel es el estadista más brillante del siglo XX. Ha sido el jefe de Estado que ha demostrado la mayor capacidad para resolver la subsistencia social en las condiciones más adversas posibles y mantener un consenso para el sistema. Las revoluciones generan personalidades: ahora mismo, en Ecuador nadie sabía quien era Correa hasta hace dos años y este ha adquirido una talla de estadista impresionante. Raúl no es Fidel. Creo que Raúl tiene condición de estadista, como la tuvo el Che, y Dorticós y Carlos Rafael Rodríguez. Es una opinión muy personal. Diría incluso que Raúl aventaja en algunos aspectos a Fidel, yo creo que Raúl es mejor administrador, y mucha gente lo cree en Cuba. Él tuvo un peso decisivo en muchas de las reformas que se implementaron en los años 90 y que sirvieron para contener el desplome de la economía cubana.

¿Cuán cerca o cuán lejos está el final del laberinto cubano tras la caída del Muro?
-No se sabe dónde está el final del laberinto, ni siquiera la salida del laberinto está todavía clara. La salida ha tenido un proceso de reinserción que le debe mucho a la política de resistencia, pero también a los cambios que se están produciendo en América Latina y a la crisis del sistema imperialista. Estamos en una época de grandes incertidumbres, no podríamos precisar aun los caminos de esos proyectos y cómo van a enfrentarse al imperialismo. Un imperialismo que nos gusta calificar de agonizante pero que, incluso en su agonía, no se quedará de brazos cruzados. Seguramente van a repetirse las agresiones armadas, las cruzadas, las invasiones.

"Por lo tanto el principal aliado que van a tener los pueblos de la América Latina será la resistencia de los invadidos. En cuanto a Cuba debemos pensar que la situación de plaza sitiada puede durar 100 años más. El sitio es un componente real de nuestro laberinto."

Por Waldo Fernández Cuenca
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El Pentágono gastará este año menos dinero en armamento tradicional, pero aumentará el gasto en nuevas tecnologías para combatir la insurgencia en Irak y Afganistán y aumentará el personal del ejército de tierra y del cuerpo de marines. Así lo ha anunciado el secretario de Defensa de EE UU, Robert Gates, que ayer dibujó las nuevas prioridades presupuestarias de su departamento, que suponen un cambio con respecto a la estrategia seguida en los últimos años por la administración de George W. Bush, según publican hoy medios estadounidenses.

El presupuesto total del Pentágono aumenta un 4% para 2009, hasta el medio billón de dólares (373.000 millones de euros), pero incluye nuevas prioridades de gasto. Según el presupuesto revelado ayer por Gates, habrá más dinero para luchar contra el terrorismo en Irak y Afganistán, mientras que se gasta menos en métodos tradicionales de defensa contra países como China y Rusia, según publica el diario The New York Times.

Así, Gates anunció recortes en los programas de defensa antimisiles, en el proyecto Futuros Sistemas de Combate del ejército y en la construcción de buques para la Armada. En las nuevas cuentas, se elimina una polémica partida destinada a la construcción de un helicóptero para el presidente y otra para un nuevo sistema de comunicación por satélite. Se pospone, además, el desarrollo de un nuevo bombardero y se recorta a cuatro aparatos el pedido de nuevos cazas F-22.

Sin embargo, el Pentágono planea aumentar las plantillas del ejército y el cuerpo de marines y se frena la reducción de personal en la Armada y la Fuerza Aérea. Estos aumentos de efectivos costarán 11.000 millones adicionales. Además, se dota con 2.000 millones extra las partidas para equipamiento de inteligencia y vigilancia, con nuevos encargos de aviones no tripulados Predator y Reaper, vehículos dirigidos por control remoto así como más gasto en fuerzas especiales y entrenamiento de fuerzas militares extranjeras.

Por su parte, el diario The Washington Post subraya que Gates pretende reducir el porcentaje de personal de empresas privadas que trabaja para el Pentágono. Según sus cifras, tras el 11-S, el porcentaje de personal privado aumentó hasta constituir un 39% de la fuerza de trabajo del Pentágono. Gates pretende que ese porcentaje vuelva al 26% que tenía antes de los atentados y, para ello, sustituirá al personal privado por funcionarios. Según el diario capitalino, serían necesarios hasta 13.000 funcionarios en el próximo año y hasta 39.000 en los próximos cinco, una gran parte de ellos destinados al área de adquisición de armas.

No obstante, todos estos planes tendrán que obtener la aprobación del Congreso.
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¿Es posible que formas organizativas como los sindicatos recuperen el liderazgo que les compete dentro del conjunto social? La pregunta no es nueva. Está presente desde mediados de los 90 del siglo XX en distintos escenarios sociales, cuando la fase de acumulación capitalista –que hizo agua en lo económico en 2008– potenció y concretó profundas transformaciones en el mundo del trabajo.

Sin duda. Luego de representar en Colombia un soporte fundamental en la integración social y en la propia creación de un mercado interno, tras 60 años de reconocimiento, inclusión y en no pocos casos de instrumento de cooptación/enfriamiento de la rebeldía obrera, los sindicatos perdieron en gran medida su potencial. No es para menos. El mundo del trabajo nacional, atrofiado o atípico de acuerdo con las características de las experiencias europea y norteamericana, lo hacen prescindible para el establecimiento. Nuevas formas de control han nacido, y el mercado nacional ya está constituido, pero, además, la insignificancia de lo sindical con respecto al conjunto de la masa laboral permite hacerlo a un lado.

Sin embargo, aunque menguado, sobrevive. Trabajadores de diversa especialidad se esfuerzan por conservar sus formas organizativas con independencia de lo oficial y lo patronal, y otros, así sean relativamente pocos, bregan por reconstituir las formas que les permita disputar con el patrón unas mejores condiciones laborales, preocupados, además, por recoger dentro de sus esfuerzos el conjunto social.

Ese esfuerzo cae muchas veces en lo repetitivo (gremialerismo) y tradicional (economicismo), o lo ya gastado (mítines y formas de protesta sin fuerza de hecho), lo cual les deja a la patronal y al gobierno de turno todo el espacio de maniobra para descalificarlos. No sin razón, pues, sin reparar en las transformaciones culturales y económicas que vive la sociedad, repiten propuestas, formas de comunicación y mecanismos de organización que no están a la altura del presente y de las expectativas de aquellos con los cuales desean tender un puente de comunicación y acción.

Por ejemplo, en sus relaciones con el conjunto social no dan cuenta de la inmensa masa de trabajadores, ahora en su gran mayoría desempleados o sobrevivientes con “trabajo propio” o de trabajadores “informales”, es decir, vía rebusque diario, sin vinculación formal alguna con un patrón, sin seguridad social, sin derechos.

Hay desconexión de diverso tipo y modalidad. Pero los sindicalizados, en procura de una necesaria relación propositiva con el conjunto social, tampoco ponen en marcha experiencias piloto de integración-acción entre unos y otros, es decir, iniciativas colectivas de clase por y para una sociedad de justicia y bienestar.

Signos de avance

Un poco en este sentido se avanzó en la última negociación del salario mínimo, cuando las centrales enfatizaron en un debate que se preocupa más por el conjunto social que por definir el menguado incremento que ‘favorece’ máximo a unos dos o cuatro millones de trabajadores. Pero también, incluso, cuando enfatizaron en un alza real, que tome en consideración la inflación que afecta a los pobres, y no aquella que de manera ponderada afectó a todo el país.

Con total certeza reclamaron ante las argumentaciones de los patronos y del propio gobierno (¿acaso son diferentes?), y desnudaron su mezquindad, hoy amparada en la crisis global que ven venir pero que todavía no los afecta de manera ostensible.

Son avances importantes y profundizables por el lado de discutir ante toda la sociedad las circunstancias de vida y precariedad que sobrellevan millones de colombianos, la forma y características que deben revestir el trabajo y su remuneración, pero también la forma y las dinámicas que han de comportar los sindicatos en esta etapa del capitalismo. Para lograr ese debate, para entablar esa sintonía nacional, sus líderes, desde un diseño de sociedad necesaria y posible, deben poner en marcha unas amplias y persistentes campañas que los unan con el conjunto social, neutralizando cuando menos el discurso oficial, que se atreve incluso a criminalizar esta mínima organización social.

Con este propósito, tratando de avanzar en aquello que hemos caracterizado como societatos, llamamos al cambio, poniendo en consideración incluso una iniciativa hacia la patronal que procure mejores condiciones de trabajo y de vida para quienes laboran en las empresas que acepten el reto planteado, beneficios que de igual manera le llegarán por otros conductos al conjunto social.

Certificar respeto a los Derechos Humanos y al medio ambiente

Preocupadas por su imagen ante la sociedad, el conjunto de empresas busca en todo momento certificaciones de calidad. Y lo consiguen. Instituciones de uno u otro orden les avalan la calidad de sus productos o servicios, y con los ISO 9000. 9001, y otros, alardean. Pero ninguna institución les certifica su calidad total en derechos humanos y en aquellas empresas que tienen que ver con el medio ambiente, en su respeto y protección.

Espacio abierto y dispuesto. La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) o aquellas otras centrales existentes, así como sindicatos u otras organizaciones que ganen liderazgo, le pueden proponer a la patronal ese reto: pongan en veeduría el verdadero respeto a los derechos humanos que ustedes procuran y dicen garantizar, así como la protección y el cumplimiento con los parámetros necesarios para que el medio ambiente no se deteriore aún más.

Reto grande para la patronal. Muy seguramente, temerosa, lo despreciará. No importa. Incluso sin su aval se puede realizar, así tenga apenas un peso y un significado moral, un sello de calidad simbólico. Una interventoría que tenga claro en todo momento que las condiciones de vida y la seguridad de quienes trabajan en la fabricación de cada uno de los productos, así como su calidad, al igual que los servicios que se ofrecen al público en general (como responsbilidad social ante la población, los consumidores), no son negociables. Un seguimiento que permita establecer la atención que en verdad la patronal le presta a la seguridad laboral, a las políticas de salud ocupacional, a la estabilidad de los trabajadores. Se trata de un ejercicio que demanda conseguir –si de verdad queremos que tenga un impacto real– el aval de una organización nacional o internacional de amplio reconocimiento en el sector. Actuar de tal manera que se impida, con el simple argumento de la parcialidad, el desconocimiento de la importancia y la veracidad de lo investigado.

Es decir, poner en marcha una alianza de lo sindical con organizaciones y movimientos sociales que tengan como centro de acción los derechos humanos y el medio ambiente. He ahí el reto. Salir del estrecho mundo reivindicativo, particular y gremial, para insertarse en el amplio espectro social con propuestas que involucren al conjunto de la ciudadanía. Esta iniciativa, para su concreción, demandará de los propios sindicalistas unos conocimientos y el manejo adecuado de los temas de los derechos humanos (más allá de la violación del derecho a la vida) y del medio ambiente (mucho más allá de lo básico o elemental). Pero que a la vez les exigirá a los activistas de los derechos humanos y del medio ambiente el manejo del mundo del trabajo. Una alianza para romper fronteras, con la cual y de la cual muy seguramente surgirán nuevas pistas para la reconstrucción de lo social y lo político, en una perspectiva de nueva sociedad.

Calificación de la empresa


Aquí un ejemplo de algunos de los ítems que pueden hacer parte de una evaluación o seguimiento de una empresa, para determinar su calidad y su respeto a los derechos labores, que en este caso son parte del ítem de derechos humanos. Se pueden indicar otras muchas preguntas sobre derechos humanos y confeccionar una planilla para el caso del respeto por el medio ambiente. En todo caso, entiéndase esta planilla como un simple ejemplo.


Publicado enEdición 142