Suele decirse que los dictadores están solos. No es el caso del presidente de Siria, Bachar el Asad. Su familia parece haber aprovechado la revuelta popular y el riesgo de una caída del régimen para asumir poderes extraordinarios y convertir la presidencia en un asunto colectivo. Rami Makhlouf, multimillonario primo de Bachar, afirma que las decisiones políticas se toman "de forma conjunta" dentro de la familia, y que la familia "está dispuesta a luchar hasta el fin".

La diplomacia estadounidense solía comparar a Hafez el Asad, que dirigió Siria desde 1971 hasta su muerte, en 2000, con Vito Corleone, El Padrino, porque a diferencia de su vecino Sadam Husein no mataba por crueldad y en sus crímenes políticos no había nada personal, "solo negocios".

Flynt Leverett, un veterano dirigente de la CIA y del Departamento de Estado que se especializó en Siria y dejó la Administración en 2003, por discrepancias con George W. Bush, retoma ahora la comparación con la saga mafiosa: como en el caso de los Corleone, dice, la muerte del patriarca y del primogénito dejaron el régimen en manos del hijo destinado a estudiar y a vivir al margen de las armas; como en el caso de los Corleone, el sucesor quiso reformar el régimen-negocio para hacerlo legal y viable; como ocurre en El Padrino con Michael Corleone, las presiones internas y externas acaban haciendo del sucesor educado y reformista, Bachar el Asad, un tipo aún más duro y violento que el patriarca.

Queda la duda de si Bachar el Asad, que heredó la presidencia solo porque su hermano mayor Basil murió en accidente de coche y porque el hermano menor, Maher, fue descartado por su carácter violento e inestable, ha llegado a asumir realmente el poder. El presidente no es visto en público desde el 30 de marzo, cuando pronunció un discurso ante la Asamblea, y es el clan familiar el que aparece en la prensa siria para defender al régimen. Una noticia difundida por diarios británicos y no confirmada, según la cual la esposa y los hijos del mandatario habrían huido a Reino Unido, ha contribuido a fomentar la incertidumbre sobre la posición de El Asad.

Desde el principio de su mandato, Bachar se ha dedicado a prometer reformas y a explicar luego (en privado) que no puede realizarlas por las presiones de la vieja guardia. La vieja guardia, sin embargo, ya no existe. El viejo Hafez el Asad se encargó de acabar con ella antes de morir: envió a su propio hermano, Rifaat, al exilio en España, y sustituyó a los jefes de la muhabarat (servicios secretos) por gente de la generación de Bachar. Bachar, por su parte, envió al exilio en 2005 al vicepresidente Abdul Khaddam, último vestigio del golpe de Estado de 1970.

La élite de hoy no es la vieja guardia, sino la clase conocida como aulad al sultah, literalmente "los niños de la autoridad". Son hijos de la vieja guardia, como el presidente, y mantienen estrechas conexiones con la familia presidencial. Algunos de esos niños han hecho fortuna gracias a la corrupción, pero no han cometido grandes crímenes y pueden permitirse gestos aperturistas. Es el caso de Firas Tlas, presidente del Grupo MAS (siglas árabes de En Nombre de Siria), hijo de Mustafá Tlas, ministro de Defensa durante 30 años, y actual suministrador en exclusiva de productos cárnicos para el Ejército. La mayoría de los niños, sin embargo, rechazan cualquier reforma real porque acabaría conduciéndoles a la cárcel o a la horca. Como dice Rami Makhlouf, "si cae uno, caemos todos".

Rami Makhlouf, de 41 años, es el líder indiscutido de los aulad al sultah. El pasado fin de semana tomó la insólita decisión de conceder una entrevista a The New York Times, publicada ayer, en la que asumió el papel de portavoz del régimen y afirmó que las grandes decisiones, como la de reprimir a sangre y fuego la revuelta, no las tomaba el presidente, sino "la familia", "de forma conjunta".

Hafez el Asad se casó con Anisa Makhlouf y desde entonces el clan de la primera dama asumió un enorme poder. Rami Makhlouf es la prueba. No solo domina el Banco Inmobiliario, de propiedad estatal, y posee a través de Syriatel el monopolio de las telecomunicaciones (resultado de una privatización a dedo dentro de la familia); los pocos empresarios extranjeros que se aventuran a invertir en Siria coinciden en que es imposible hacer nada sin pagar un porcentaje a Makhlouf. Rami fue el mejor amigo de infancia de Bachar el Asad. El hermano de Rami, Hafez, es el jefe efectivo del Directorio General de Seguridad y máximo responsable de la muhabarat en Damasco.

Para completar el círculo, los Makhlouf son el nexo entre los dos miembros de la familia que se llevan mal: Maher el Asad, hermano menor del presidente, jefe de la Guardia Republicana y jefe de la Cuarta División Blindada (además de socio encubierto de Rami Makhlouf en múltiples negocios), y Asef Shawqat, casado con Bushra el Asad, hermana mayor del presidente, y jefe efectivo del Ejército. En 1999, durante una discusión, Maher el Asad disparó contra su cuñado Asef. Siguen enemistados, pero la crisis y la amistad con los Makhlouf les han unido. Maher ha asumido la dirección militar de la represión, y el especialista Flynt Leverett, como la mayoría de los analistas, cree que junto a Rami Makhlouf constituye la voz dominante en la familia. Lo cual parece relegar al presidente Bachar el Asad a una posición de debilidad

Por ENRIC GONZÁLEZ - Jerusalén - 12/05/2011
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Miércoles, 11 Mayo 2011 07:04

Bahrein derroca a su propio pueblo

El 14 de marzo de 2011 se recordará como el nefasto día en que la Casa de Saud lanzó –con el total apoyo de EEUU- una salvaje contrarrevolución diseñada para aplastar el capítulo del Golfo de la gran revuelta árabe de 2011. (Véase “The US/Saudi Libya deal, Asia Times Online, 2 de abril de 2011) [*].

Esa fue la fecha en que las tropas saudíes, junto a un número simbólico de soldados de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), invadieron Bahrein, en teoría a petición de la dinastía sunní gobernante de los Al-Jalifa, para “ayudar” a aplastar las protestas que a favor de la democracia recorrían todo el país.

El rumor que circula por Riad es que el rey saudí Abdullah no está gobernando en absoluto estos días la (desagradable) Casa de los Saud. Que quien está esencialmente al frente y actuando es el Príncipe Nayef. El siniestro Nayef, de 77 años, hermanastro de Abdullah, es el segundo viceprimer ministro de Arabia Saudí, además de haber sido ministro del interior durante al menos 36 años. El primer viceprimer ministro –y designado sucesor al trono- es el príncipe heredero Sultan, un octogenario que ha sido ministro de defensa durante 48 años.

Si Sultan muriera y le siguiera de inmediato Abdullah –una clara posibilidad-, Nayef, el inquisidor-en-jefe, con un curriculum vitae estelar a la hora de lanzar disidentes a pudrirse a la cárcel, censurar a la prensa y considerar que ni las mujeres ni la minoría chií tienen derecho alguno, sería el siguiente rey saudí. Eso solo sirve para demostrar que la contrarrevolución de la Casa de los Saud no ha hecho más que empezar.

¡Rómpeles la cabeza, nadie está observando!

Mientras tanto, en Bahrein, la agencia estatal de noticias BNA ha anunciado: “A partir del 1 de junio de 2011, se levantará el estado de seguridad nacional por todo Bahrein”. Eso responde a un decreto del rey Hamad al-Jalifa, quien demuestra ser, a pesar de él mismo, un admirador del escritor inglés George Orwell, ya que califica al estado de emergencia de “estado de seguridad nacional”.

La “seguridad nacional” se refiere en este caso a que el estado haya arrasado hasta los cimientos –con toda la colaboración saudí- unas veinte mezquitas chiíes; que haya demolido hogares, así como la Rotonda de la Perla, el símbolo de las masivas protestas; y toda una serie de palizas y encarcelamiento de cientos de manifestantes. Nayef, el mejor colega de la Casa de Saud en Manama, ha conseguido ser el primer ministro en Bahrein del jeque Jalifa ibn Salman al-Jalifa, de 75 años, quien lleva en ese cómodo puesto no menos de 40 años, un record mundial.

En la práctica, lo que está sucediendo en Bahrein es que una monarquía está intentando deshacerse de su pueblo. Las tácticas parecen sacadas directamente del manual de castigos colectivos aplicado por los estadounidenses en Faluya en 2004 y por los israelíes en Gaza durante las últimas décadas. Sucede que la oposición a los al-Jalifa está integrada por la absoluta mayoría de la población de Bahrein, y no sólo por los chiíes, como el gobierno no para de repetir.

Al menos 24 doctores y 23 enfermeras bahreiníes van a ser procesados ante un tribunal militar acusados de complot para derrocar el régimen por la fuerza. Lo que realmente hicieron fue atender a los manifestantes que habían sido duramente golpeados por la policía y el ejército. Según Médicos por los Derechos Humanos, estos doctores y enfermeras resultan muy subversivos porque tienen pruebas de que la policía y el ejército se comportaron como bestias.

El atronador silencio de los medios de comunicación dominantes occidentales sirve para mostrar la forma en que Washington y las capitales europeas son cómplices del trabajo sucio de la Casa de Saud/Al-Jalifa. Uno puede imaginarse la indignación si esto sucediera en Siria: una resolución de Naciones Unidas que facilitara el cambio de régimen llegaría con más velocidad que un Nespresso.

Human Rights Watch (HRW) ha tenido al menos la decencia de publicar un informe. Su director adjunto para Oriente Medio, Joe Store, demasiado diplomáticamente, ha subrayado lo obvio: “Los objetivos de esta feroz ofensiva a escala total parecen ser los de intimidar a todo el mundo para que se guarde silencio”.

¡Que traigan los gases lacrimógenos!

El domingo 1 de mayo, el día del bombazo Osama bin Laden, Matar Ibrahim Ali Matar –uno de los 18 miembros del partido al-Wifaq que dimitió del parlamento en señal de protesta- fue secuestrado por hombres enmascarados tras haber sido convocado a una falsa reunión; un portavoz del gobierno dijo después que “se le había llamado para una investigación”. Lo mismo le sucedió el mismo día a otro ex parlamentario del Wifaq, Yawad Fairuz, cuya casa rodearon treinta hombres enmascarados.

También se va a procesar en tribunales especiales (fiscales militares, un juez militar y dos civiles) a veintiún miembros de la oposición, incluido el disidente chií Hasan Mushaimaa, líder del grupo de la oposición Haq, que había pedido el derrocamiento de la monarquía, e Ibrahim Sharif, el líder sunní del grupo laico Wad que pedía una monarquía constitucional.

La acusación presentada es: “Intento de derrocar el gobierno mediante la fuerza en cooperación con una organización terrorista que trabaja para un gobierno extranjero”, es decir, Irán. A otras siete personas, se las está juzgando en ausencia. Los activistas por los derechos humanos subrayan que pueden sentenciarles a pena de muerte.

Luego tenemos el nuevo deporte de la Casa de Saud/al-Jalifa llamado “a arrasar la mezquita”. Se han destruido al menos 27 mezquitas y decenas de edificios religiosos, incluida la mezquita de Amir Mohammed Braighi, de 400 años de antigüedad. El ministro de justicia y asuntos islámicos, el Sheij Jalid bin Ali bin Abdullah al-Jalifa, ha afirmado: “Esas no son mezquitas. Son edificios ilegales”.

Ese fue ya el colmo de los al-Jalifa tras destruir prácticamente el sistema sanitario bahreiní (dirigido esencialmente por chiíes); despedir a mil funcionarios públicos chiíes, cancelando sus pensiones; encarcelar a decenas de estudiantes y profesores que habían participado en las protestas; golpear y arrestar a periodistas y clausurar el único periódico de la oposición.

Como parte del acuerdo saudí/estadounidense, Bahrein –y, por extensión, la Casa de Saud-, puede acabar yéndose de rositas, con todo tipo de alabanzas para los al-Jalifa por albergar a la Quinta Flota de la Marina de EEUU. Ni sanciones de las Naciones Unidas, ni siquiera una palmadita en la muñeca; sin zona de exclusión aérea o terrestre mediante resolución de las Naciones Unidas; sin armas a los “rebeldes”; sin bombardeos de la OTAN; sin ardientes deseos de cambio de régimen como en Libia; sin diplomacia Tomahawk y, desde luego, sin asesinatos extrajudiciales.

Al menos por el momento, las enormes inversiones anglo-estadounidenses en Bahrein están “protegidas”; para los mercaderes de la muerte británicos que venden granadas de mano, cargas de demolición, botes de humo y bombas de aturdimiento para la maquinaria represora de los al-Jalifa, el negocio no puede sino prosperar.


Por Pepe Escobar*
Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

N. de la T.:

[*] Véase en Rebelión.org la traducción del referido artículo en:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=125605

*Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..
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El régimen sirio sigue empeñado en ahogar a sangre y fuego las revueltas democráticas que exigen desde hace mes y medio el fin de la dictadura. Los tanques enviados por el Gobierno de Bachar El Asad a la ciudad de Homs, la tercera del país árabe, han abierto fuego a primera hora de esta mañana contra el barrio residencial de Bab Amro, según informa Reuters citando a un activista de derechos humanos. "Homs está siendo sacudida por las explosiones provocadas por proyectiles de tanque y ametralladoras", ha narrado Najati Tayrara.

En otro de los escenarios de las protestas, la ciudad portuaria de Banias, las fuerzas y cuerpos de seguridad han liberado en las últimas horas a más de 300 personas arrestadas durante las múltiples manifestaciones que han tenido lugar en ese enclave, informa la cadena árabe Al Arabiya. Las liberaciones han sido confirmadas por grupos opositores y se producen después de que el Ejército diera por restaurados los servicios básicos y reducido el riesgo de nuevos choques. "Muchos de los liberados han sido golpeados con dureza y sometidos a insultos y vejaciones", ha denunciado Rami Abdelrahman, director del Observatorio sirio para los Derechos Humanos.

El agua, la electricidad y las telecomunicaciones han vuelto a Banias, pero los tanques permanecen desplegados en las principales avenidas, según ha podido constatar el observatorio. Doscientas personas, entre ellas varios líderes de la revuelta, han sido encarceladas, según ha denunciado este organismo.

La asesora del presidente sirio y a la postre portavoz del régimen, Bouthaina Shaaban, ha defendido la actuación de las fuerzas de seguridad ante el desafío que en su opinión representan los "militantes armados" que han manipulado "las demandas legítimas de los ciudadanos" y que no son más que "una combinación de fundamentalistas, extremistas y contrabandistas".

"Creo que ya hemos superado el momento más peligroso. Espero que estemos presenciando el final de esta historia", ha explicado Shaaban a un corresponsal de The New York Times, uno de los escasos periodistas occidentales que ha sido autorizado a visitar el país durante unas horas. El resto de la prensa internacional sigue vetada.

Mientras, la comunidad internacional continúa con su presión sobre Siria. Después de que la UE sancionara ayer a 13 miembros del régimen, entre elllos el hermano y mano derecha del presidente El Asad, en castigo por la represión, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha reclamado hoy el fin de los arrestos masivos de manifestantes antigubernamentales y que el presidente sirio escuche las peticiones de reforma y libertad. Ban Ki-moon, en una comparecencia en Ginebra, ha exigido que se permita la entrada de funcionarios de Naciones Unidas en Deraa y en otras ciudades rebeldes para evaluar la situación y calibrar las necesidades de la población.

"Pido al presidente Asad que atienda los llamamientos de su pueblo que reclama reformas y libertad y desista de perpetrar arrestos masivos de manifestantes pacíficos y que coopere con las organizaciones de derechos humanos".

EL PAÍS / REUTERS | Madrid / Ammán 11/05/2011
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Un día después de causar una nueva matanza entre su población, el régimen sirio continúa su asedio contra los focos de protestas antigubernamentales. Esta mañana, el Ejército se ha desplegado en varias zonas del país, y ha irrumpido con tanques en los barrios suníes de la ciudad costera de Banias, uno de los centros de las manifestaciones contra el presidente, Bachar el Asad. El régimen, que actúa como una dictadura acorralada, no solo masacra e intimida a los ciudadanos, sino que intenta descabezar cualquier posibilidad de alternativa democrática. EE UU ha respondido a esta nueva ola de intimidaciones amenazando al régimen sirio con "medidas adicionales" a menos que cese el uso de la violencia y las detenciones contra manifestantes.

El presidente de la Comisión Siria de Derechos Humanos, Walid Safur, ha explicado al canal de televisión catarí Al Yazira que "las fuerzas de seguridad entraron en algunas zonas de Banias, lo que da a esta acción un carácter sectario". Safur no ha especificado en qué parte de la ciudad de 50.000 habitantes, situada al sur de Latakia, habían irrumpido las fuerzas del orden, pero otras fuentes opositores citadas por Reuters han apuntado que se trata de los barrios suníes, focos del descontento. La mayoría de la población siria pertenece a esta rama del islam, pero el régimen, incluida la famila de El Asad y los altos cargos militares y de las fuerzas de seguridad, está copado por la minoría alauí (una rama del chiísmo).

Residentes de Banias han informado de que se escuchan fuertes sonidos de disparos, y que se divisan buques de la Armada en la zona costera. "Los barrios suníes y mixtos están totalmente cercados ahora", ha dicho un activista que no ha querido facilitar su nombre. Las manifestaciones en esta ciudad han sido constantes desde que las primeras protestas que pedían libertades políticas y el fin de la corrupción surgieran en Deraa hace siete semanas. La mayoría de los barrios suníes han estado bajo control de los manifestantes desde que el pasado día 10, milicias leales a El Asad abrieran fuego contra los vecinos desde coches en marcha. Ayer, miles de personas, según activistas locales, marcharon con ramos de olivo y banderas sirias al grito de "el pueblo exige la caída del régimen", popularizado en las revueltas de Túnez y Egipto, en un nuevo viernes de la ira.

El régimen de El Asad ha calificado Banias como "centro del terrorismo salafista", una rama ultraconservadora del sunismo, y ha acusado a los manifestantes de formar parte de una conspiración extranjera para crear tensiones sectarias. Los líderes cívicos de la localidad negaron estas acusaciones, y han acusado al régimen de intentar fomentar el miedo entre la población alauí.

"Medidas adicionales"

El cerco en Banias se produce pocas horas después de que EE UU amenazara al régimen sirio con "medidas adicionales". El presidente estadounidense, Barack Obama, ya firmó el pasado 29 de abril una orden ejecutiva que impone sanciones contra entidades y personalidades del Gobierno sirio. Ayer el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, insistió en que el Gobierno de Damasco "continúa siguiendo la pauta de su aliado iraní al recurrir a la fuerza bruta y las violaciones flagrantes de los derechos humanos para suprimir las protestas pacíficas". De persistir en esa actitud, "EE UU y sus socios internacionales adoptarán pasos adicionales", dijo Carney.

El portavoz concluyó que ha quedado claro que la campaña de seguridad del Gobierno sirio "ni restablecerá la estabilidad ni detendrá las demandas de cambio en Siria", y que la represión no satisface las exigencias de cambio de la población.

En esta misma línea, la Unión Europea acordó sancionar a 13 personalidades sirias por la violenta represión de las protestas. Aunque no se revelaron los nombres, fuentes diplomáticas indicaron que el listado no incluye ni al presidente ni al ministro de Defensa, informa desde Bruselas Ricardo M. de Rituerto.

Observadores internacionales

El conflicto sirio, en el que según Amnistía Internacional han muerto ya más de 550 personas (es imposible comprobar las cifras porque la prensa tiene prohibido actuar en el país), podría adquirir una dimensión internacional con la entrada de equipos de Naciones Unidas destinados a comprobar la situación humanitaria. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió el jueves que se dejara actuar a esos equipos y ayer anunció haber obtenido la autorización de Damasco. El Gobierno permaneció en silencio. El ingreso de observadores internacionales supondría un hito en un país tradicionalmente opaco al escrutinio de las organizaciones internacionales.

Tras la devastación de Deraa, ocupada por las tropas de Maher el Asad, hermano del presidente, ayer fueron Homs y Hama las ciudades donde las fuerzas de seguridad se emplearon con más violencia contra los manifestantes que desafiaron al régimen en un nuevo viernes de protestas. En Homs, rodeada de tanques, miles de manifestantes trataron de ocupar el centro urbano y fueron dispersados a tiros. Murieron 10 personas, según informó Ammar Qurabi, director de la Organización para los Derechos Humanos en Siria. En Hama las víctimas mortales fueron seis. Al menos 21 personas fallecieron ayer en distintas localidades por la represión, cifras que podrían ascender porque el caos en las calles y los cortes de comunicaciones hacían muy difíciles los recuentos.

En Deraa apenas hubo ayer protestas debido a la enorme presencia militar, reforzada con blindados y helicópteros. Al menos 60 personas murieron durante las pasadas dos semanas en la ciudad, un núcleo agrícola y empobrecido cercano a la frontera con Jordania. En Damasco se formó una pequeña manifestación en el barrio céntrico de Midan que fue rápidamente disuelta con gases y cargas policiales.

AGENCIAS - Ammán / Washington - 07/05/2011

 

 

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En las calles de Damasco, decenas de miles de carteles advierten: Ansioso o calmado, debes obedecer la ley. Pero los retratos del presidente Bashar Assad y de su padre Hafez han sido descolgados, nada menos que por la policía de seguridad, para que no inflamen a los sirios.

Por las noches, en el aeropuerto de Damasco hay ladrones armados con garrotes de goma con punta de acero, y en las terminales los policías exigen a los pasajeros que declaren si llevan iPods o laptops. En la aldea de Hala, en las afueras de Deraa, pobladores musulmanes dijeron a sus vecinos cristianos que se unieran a las manifestaciones contra el régimen… o se fueran.

Tales son los relatos que provienen de la oscuridad de Siria.

Y son ciertos. Los sirios que llegan a Líbano traen los detalles más específicos de lo que ocurre dentro de su país: soldados de la quinta brigada combaten a las unidades armadas de la cuarta brigada de Maher Assad en Deraa; matanzas al azar en los alrededores de Damasco por las cada vez mayores bandas armadas de la Shabiha (la mafia) de las montañas alawitas; acumulación en masa de alimentos. Una mujer acaba de dejar a su madre en la capital con 10 kilos de pasta, 10 de arroz, cinco de azúcar y caja tras caja de agua embotellada.

En Deraa –rodeada y sin electricidad, agua ni víveres–, el precio del pan se ha elevado 500 por ciento y por las noches los hombres meten comida de contrabando a la ciudad desde los campos.

Homicidios, lo que aterra

Pero lo que aterra a la gente son los asesinatos. ¿Son cometidos por la Shabiha de la ciudad portuaria de Lattakia –creada por la familia Assad en la década de 1970 para controlar el contrabando y las redes de protección–, o por la policía secreta para sembrar un pánico que sofoque una rebelión contra Assad? ¿O por los criminales que medran entre la anarquía? Tres hombres que cargaban costales de verduras en las afueras de Damasco durante la noche fueron confrontados por hombres armados la semana pasada. Se negaron a detenerse y fueron ejecutados.

El gobierno sirio llama a las minorías –cristianos y kurdos– a mantenerse leales a las autoridades; en Siria las minorías siempre han estado seguras, y muchas se han mantenido al margen de las protestas. Pero en la aldea de Hala las tiendas cristianas están cerradas porque sus propietarios enfrentan exigencias sectarias de que se unan a la rebelión contra Assad.

En un intento por librar a Siria de la influencia extranjera, el ministerio de Educación ha ordenado a varias escuelas poner fin a la enseñanza del inglés, incluso prohibiendo que los alumnos lleven en el uniforme nombres de escuelas en inglés o francés. Hasta el jardín de niños al que asisten los dos hijos menores del presidente ha sido sujeto a las prohibiciones.

Desde luego, hay signos luminosos, entre ellos los de hombres y mujeres valerosos que usan la Internet y Facebook para mantener el flujo de información desde Siria. The Independent puede revelar que se ha creado un sistema de comités en las ciudades de Siria, integrado por lo regular por entre 10 y 12 amigos que llevan años de conocerse y de confiar unos en otros. Cada uno enlista a 10 de sus amigos, y cada uno de éstos convence a otros 10 de proporcionar información e imágenes. Muchos se pusieron en contacto vía los cibernautas de Beirut –de los cuales muchos son sirios– y por tanto los círculos de confianza se han extendido al precio del husmeo de la policía secreta que ha sido parte de la vida en Siria durante cuatro décadas.

Por lo tanto, ahora existen –tan sólo en Damasco– la coordinación de Douma, la coordinación de al-Maydan (el centro de la ciudad), la coordinación de Daraya, la coordinación de Harasta y otras. Algunas tratan de penetrar en la policía secreta mujabarat y poner a los brutales policías a colaborar con ellos con la esperanza de que al llegar a su fin el régimen de Assad –si tal cosa ocurre– no se vean sujetos a los procesos judiciales y las represalias que vendrán. Un bloguero de Beirut dice que varios policías se han declarado a favor del levantamiento, pero no confían en ellos porque pudiera ser una trampa para descubrir la identidad de quienes están detrás de los comités.

Sin embargo, los sirios en Líbano afirman que los agentes de seguridad de su país –a menudo designados por corruptelas, más que por cualquier aptitud técnica o de detectives– sencillamente no entienden la tecnología que se usa en su contra. Un oficial de seguridad sirio puso tres mensajes en Facebook. El primero decía: Dios, Siria y Bashar Assad, o nada. El segundo, Es hora de declarar la guerra por Alá. El tercero anunciaba: El legado de Dios en la Tierra es una república islámica.

Es obvio que el tonto apoyaba a Bashar, pero quería atemorizar a la gente dando a entender que los islamitas se apoderarían de Siria si Assad se va, comenta uno de los blogueros de Beirut. ¡Pero no se daba cuenta de que podíamos detectar de inmediato que todos provenían de la misma página de Facebook! Ese mismo hombre de Beirut fue interrogado por la policía de seguridad siria hace varias semanas. Me interrogó un oficial de alto rango, pero ni siquiera sabía lo que era Google.

Muchos sirios que envían información al exterior se preocupan de que las exageraciones y rumores dañen la credibilidad de sus reportes. Por esta razón tratan de evitar los despachos que no se pueden verificar, por ejemplo que dos francotiradores iraníes han llegado para ayudar a la policía de seguridad, o que un hombre fue interrogado por dos iraníes. (Un amigo sospecha que los policías venían del norte y hablaban en kurdo, que el detenido identificó erróneamente como iraní.)

Más serio –y cierto– es el reporte de que Jaled Sid Mohand, periodista argelino que trabaja para France Culture y Le Monde, fue arrestado en Damasco el 9 de abril y ha desaparecido en una prisión de seguridad. Un detenido liberado afirma que lo vio en la sección de seguridad 255, en la calle Bagdad de la capital, algunos días después, pero esta historia podría no ser correcta. Los diplomáticos no han podido ver al periodista desaparecido.

También hay versiones de que dos jóvenes europeas que trabajan en una embajada fueron arrestadas y amordazadas cuando salían de una fiesta a las 3 de la mañana hace varios días, y sólo las soltaron después de interrogarlas durante varias horas. Eso significa que ya no hay inmunidad para extranjeros, comentó este jueves un ciudadano sirio. Escuchamos que también a un estadunidense lo sacaron de su casa y lo interrogaron unos hombres armados.

Un informe particularmente intrigante –porque existen muchos testigos aparentes de este episodio– es que tropas de la cuarta brigada siria en Deraa botaron docenas de armas en la plaza principal de la ciudad, frente a la mezquita de Omar, y dijeron a los civiles que podían tomarlas para defenderse. Sospechando que la intención era que acudieran a las manifestaciones con ellas para que luego les dispararan bajo el argumento de que son terroristas, los ciudadanos las llevaron a la base militar más cercana y las devolvieron a los soldados.

Sin embargo, continúan los rumores sobre deserciones, e incluso sobre divisiones en la quinta brigada en Deraa, cuyo comandante, según se pudo confirmar, es el general Mohamed Saleh Rifai. De acuerdo con sirios que llegan a Líbano, las autopistas son usadas por cientos de camiones militares repletos, aunque las calles de muchas ciudades –incluida Damasco– están casi desiertas de noche. Las tiendas cierran temprano, con frecuencia se escuchan disparos, y por la noche los puestos de revisión son manejados por hombres armados vestidos de civil. Oscuridad, sin duda.

Por Robert Fisk
The Independent

Traducción: Jorge Anaya
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El régimen sirio de Bachar el Asad se aferra a la violencia como única respuesta a las multitudinarias protestas que reclaman desde hace un mes democracia y el fin de una dictadura que se prolonga casi medio siglo. Después de reprimir el pasado fin de semana sin piedad a los opositores en todas las ciudades donde ha prendido la mecha de la revolución, provocando un elevado número de muertos aún sin cuantificar, las autoridades de Damasco han redoblado su ofensiva y han sacado a las calles de las ciudades rebeldes al Ejército, la policía y a las temidas brigadas de los shabiha, sicarios civiles a sueldo del régimen. Todo con un único objetivo: sembrar el terror entre la población.

El primer movimiento se ha producido de madrugada. Cientos de soldados, arropados por blindados, han aprovechado la oscuridad de la noche para adentrarse en la ciudad de Deraa, al sur de Siria y epicentro de las protestas contra el régimen de El Asad. En este lugar, escenario de una feroz represión que causó decenas de muertos la pasada semana, se han escuchado tiroteos, según testigos citados por la cadena catarí Al Yazira. Activistas opositores aseguran que por el momento hay cinco muertos y decenas de heridos.

"Las tropas han entrado en la ciudad, acompañadas de tanques y vehículos armados", ha relatado Abdullah Al-Harriri, un activista, a la agencia AFP. "Los hombres están disparando en todas direcciones parapetados tras los blindados", ha explicado. "Se ha cortado la luz y las comunicaciones por teléfono son virtualmente imposibles", ha dicho.

Ocho tanques y dos vehículos armados se han desplegado en las últimas horas en el casco histórico de Deraa, según testigos, que han añadido que los cadáveres han empezado a amontonarse en las calles próximas a la mezquita de Omari. Estos testigos han explicado que los francotiradores se han encaramado a las azoteas de los edificios gubernamentales, desde donde cubren el avance de los soldados a pie, que han efectuado disparos contra varias casas justo después de las oraciones de la mañana. "La gente se esconde en el interior de sus casas. He visto dos cuerpos cerca de la mezquita pero nadie ha podido acercarse a ellos para sacarlos de allí", ha explicado un testigo.

Ante la gravedad de los acontecimientos en Deraa, el régimen ha decidido a media mañana sellar la frontera con Jordania, situada a escasos kilómetros de la ciudad. La noticia la han confirmado fuentes diplomáticas, que han explicado que los dos principales pasos fronterizos, Deraa y Nassib , han sido cerrados al tráfico.

Pistoleros imponen su ley en Damasco

En paralelo a esta incursión del Ejército, la policía y los matones a la orden de El Asad han entrado a primer hora en el barrio de Douma, uno de los focos del alzamiento popular en el centro de Damasco, y han comenzado a disparar indiscriminadamente contra civiles vinculados a grupos de defensa de los derechos humanos. Además, han detenido a decenas de activistas.

"Hay heridos y decenas de detenidos. Las fuerzas de seguridad están repitiendo el mismo comportamiento en todos los escenarios de la protesta. Quieren aplastar la revolución usando una brutalidad extrema", ha denunciado un opositor desde Damasco. Este mismo activista ha asegurado que las comunicaciones con el distrito de Douma han sido cortadas, según le ha podido decir una persona que pudo escapar del barrio antes de que comenzaran los enfrentamientos.

Grupos de derechos humanos aseguran que más de 350 personas han muerto desde que comenzaran las protestas hace cuatro semanas. Y un tercio de esas muertes han tenido lugar en los tres últimos días en los que la represión del régimen se ha disparado.

Una de las líderes de los movimientos pro democracia, Suhair al-Atassi, ha denunciado hoy la "salvaje guerra diseñada para aniquilar a los demócratas sirios". "Las intenciones de Asad son claras desde que el pasado 30 de marzo anunció en un discurso que estaba "preparado para la guerra". Yo sigo en mi casa del barrio de Dummar, en Damasco. Venid y arrestadme", ha asegurado, desafiante.

Intelectuales sirios contra la represión

La brutalidad y el ensañamiento del régimen han sido contestados este lunes por un amplio grupo de intelectuales que han condenado enérgicamente la violencia en su país. Se trata de un total de 102 escritores y exiliados de diversos sectores de la sociedad siria que han firmado un documento que repudia la represión.

"Hemos roto la barrera del miedo para hacer una declaración clara y concisa. Condenamos la violencia y las prácticas opresivas del régimen sirio contra los manifestantes, al tiempo que lloramos por los mártires del levantamiento". Entre los firmantes del texto están personalidades destacadas como el expreso político Loay Hussein; las escritoras Samar Yazbek y Hala Mohammad; Souad Jarrous, corresponsal del diario panárabe al-Sharq al-Awsat, el escritor y expreso político Yassin al-Haj Saleh y el director de cine Mohammad Ali al-Attassi.

13 muertos en Jableh

El domingo, la violencia política dejó un saldo de al menos trece muertos en la ciudad costera de Jableh. Todos murieron por los disparos de las fuerzas de seguridad y de los milicianos leales al presidente en el curso de una redada. Los pistoleros a sueldo del dictador se desplegaron en el barrio suní de la ciudad, donde el día anterior cientos de manifestantes habian reclamado democracia.

La jornada de violencia comenzó ya de madrugada con redadas de la policía secreta en Damasco. Según informaron activistas por los Derechos Humanos, operativos de seguridad de incógnito y armados con rifles de asalto entraron en varias casas del suburbio de Harasta poco después de medianoche, arrestando a varios activistas de la zona.

Miles de sirios volvieron a salir el domingo a la calle para participar en los funerales de los manifestantes abatidos por las fuerzas de seguridad, actos que de nuevo se han convertido en protestas en las que se ha exigido la "caída del régimen" .

Las protestas se han concentrado en la ciudad de Nawa, en el suroeste del país. "Larga vida a Siria. ¡Abajo Bachar!", coreaban los congregados en la marcha. "¡Vete, vete!. El pueblo quiere la caída del régimen", gritaban citando la ya famosa consigna empleada en Túnez, Egipto o Libia.

Reacciones internacionales

La Alta Representante de Política Exterior y de Seguridad Común de la UE, Catherine Ashton, ha condenado el uso de la fuerza contra los manifestantes y ha tildado el mismo de "espantoso e intolerable".

"Solicito al Gobierno sirio que lleve a cabo profundas reformas políticas, comenzando por el respeto a los derechos y libertades fundamentales y que se ciña a la ley", ha señalado Ashton. "Este proceso sólo es posible si se pone fin de manera inmediata a toda forma de violencia represiva", ha agregado.

El Ministerio de Exteriores británico ha pedido a sus ciudadanos residentes en Siria que abandonen el país y recomienda que se cancelen todos los viajes que pudieran tener previstos a la república árabe.

En la misma línea, el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación desaconseja a los ciudadanos españoles realizar cualquier viaje a Siria y "en todo caso, se reitera la necesidad de evitar la zona sur del país".

EL PAÍS / AGENCIAS - Madrid / Damasco - 25/04/2011
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La caza continúa en Siria. Fuentes de grupos activistas informan de que la policía secreta ha entrado en casas del suburbio damasceno de Harasta poco después de la medianoche y ha arrestando a varias personas relacionadas con las protestas de los últimos días. Una prueba más de que el presidente Bachar el Asad ya solo aspira a infundir terror. Esfumadas las promesas de una reforma en la que ni el propio régimen cree, ahora es cuestión de acumular cadáveres hasta vaciar las calles de manifestantes. El viernes fue una jornada sangrienta, con al menos 80 muertos, tal vez más de 100. Ayer se contaron otros 12 como mínimo. La dimisión de dos diputados hasta ahora fieles a El Asad, avergonzados por la brutalidad de la policía en todo el país, demostró que las protestas empezaban a erosionar el régimen más monolítico e impenetrable de Oriente Próximo.

El mecanismo acción-represión-acción, con el que contaban los organizadores de las manifestaciones, funcionó de forma inexorable. El viernes hubo marchas multitudinarias, las más numerosas desde el inicio de la revuelta, y las fuerzas de seguridad y los shabiha, los sicarios civiles del régimen, dispararon de forma indiscriminada ráfagas de metralleta. La enorme cifra de víctimas enfureció aún más a la gente, que ayer acudió por millares a los funerales. Y hubo una nueva matanza, que reafirmó la convicción popular de que no era posible seguir soportando un Gobierno atrincherado en la crueldad.

Izraa, un suburbio de Damasco, se sumó a las "ciudades mártires" de la revuelta. Según testigos presenciales que difundieron su relato de los hechos y abundantes filmaciones a través de Internet, el viernes hubo decenas de muertos. Por la noche, grupos de activistas formaron cadenas humanas en torno a un hospital para evitar que la policía se llevara a los heridos. Al menos dos francotiradores apostados en la azotea de la sede del partido Baaz, próxima al centro médico, hostigaron con disparos a los activistas. Ya el sábado, cuando los fallecidos de la víspera eran trasladados al cementerio, las fuerzas del régimen volvieron a lanzar ráfagas contra las comitivas y se vivieron escenas dantescas, con ataúdes volcados por el suelo y gente parapetada tras ellos.

Homs, cuyos comercios secundaban desde el miércoles una huelga general contra el Gobierno y cuyas calles permanecían tomadas por las fuerzas de seguridad y los shabiha, y Deraa, la ciudad del sur donde nació la revuelta a mediados de marzo, fueron los otros dos grandes focos de las protestas. En Deraa, el corresponsal de la televisión catarí Al Yazira, obligado a trabajar en el anonimato para evitar la detención, informó de que la ciudad estaba sumida en el caos. "Hay disparos por todas partes, todo el mundo parece ir armado", dijo. Eso podría indicar que al menos en esa zona la revuelta dejaba de ser pacífica. Resultaba imposible comprobarlo, dada la prohibición de periodistas en el país.

Los dos diputados dimisionarios, Nasser Hariri y Jalil Rifai, representaban precisamente al distrito de Deraa en la Asamblea Popular, un presunto Parlamento que solo sirve para aplaudir y en el que la mayoría de los miembros es directamente designada por el Baaz, el partido único.

"Si no puedo proteger los pechos de mi gente frente a estas agresiones traidoras, no tiene sentido que permanezca en la Asamblea", declaró Hariri a Al Yazira. El gesto de Hariri y Rifai fue, además de altamente simbólico, insólito: nunca nadie en el régimen de los Asad, primero el padre, Hafez, y luego el hijo, Bachar, ha podido dimitir y permanecer en Siria. La dimisión equivale a una traición y se paga con el exilio o la muerte.

También dimitió un muftí -una autoridad religiosa, designada por el Gobierno- en Deraa, Rezq Abdulrahman Abazeid, en señal de protesta por la matanza de manifestantes, informa Reuters.

Pese a la creciente cifra de muertos, más de 300 en un mes, y a la pujanza de las protestas, el régimen disponía aún de tiempo y margen para resistir. Había conseguido hasta el momento que Damasco, capital del país y bastión gubernamental, permaneciera tranquila. Lo mismo ocurría en Alepo. Los viajeros que llegaban ayer a mediodía a Beirut en autobús regular desde ambas ciudades describían una situación "completamente normal". Tampoco habían percibido un control especial en la frontera. De forma significativa, nadie quiso dar su nombre. "No queremos problemas", dijo un joven libanés, cristiano, quien añadió sin embargo que sabía por sus familiares sirios que ocurrían "cosas" y que la gente estaba "nerviosa". Otros dos hombres, de nacionalidad siria, repitieron la versión oficial, según la cual "bandas de extremistas islámicos quieren desestabilizar Siria".

La agencia oficial de noticias, Sana, siguió asegurando durante las dos jornadas sangrientas que "grupos de civiles armados" habían disparado contra otros grupos de civiles y que la policía se limitaba a intentar frenar las refriegas con gases lacrimógenos y cañones de agua. La agencia Sana contabilizó solo 10 muertos.

La actual situación podría prolongarse durante tiempo, dado que ni Estados Unidos ni la Unión Europea mostraban el menor interés en intervenir. En Washington y las cancillerías europeas se temía que una implosión del régimen de Bachar el Asad no trajera mayores libertades, sino algo parecido al Líbano de hace tres décadas o al Irak del presente. Incluso Israel, en teoría el peor enemigo regional de Siria, prefería que El Asad se mantuviera en la presidencia.

Siria es un mosaico de sectas religiosas con viejas cuentas por saldar, en especial con la minoría alauí que compone la élite del Gobierno y del partido Baaz (el propio Asad es alauí), y numerosos diplomáticos estiman que la alternativa más probable al terror sería una guerra civil a múltiples bandas, que podría derramarse sobre sus numerosos vecinos: Turquía, Jordania, Irak, Israel y Líbano. Ya empezaban a percibirse efectos de contagio en Líbano: en la ciudad norteña de Trípoli, suní y conservadora, miles de personas (incluyendo las fuerzas policiales) se manifestaron en los dos últimos días contra Bachar el Asad. Hezbolá, el poderoso partido-milicia chií financiado por Irán a través de Siria, organizó en otros lugares actos de apoyo a El Asad.

El Gobierno de Damasco volvió a acusar a Arabia Saudí (principal potencia del islam suní y gran enemigo musulmán de Irán, la gran potencia chií) de financiar y alentar las revueltas.

Por ENRIC GONZÁLEZ | Beirut 24/04/2011
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Domingo, 24 Abril 2011 06:55

Yemen se acerca a un cambio de política

Después de tres meses de protestas, el presidente de Yemen, Ali Abdala Saleh, aceptó un plan para dejar el poder. A cambio, conseguirá inmunidad para él y sus altos funcionarios. El partido del gobierno informó a través de su portavoz, Tariq Shami, que aceptaba la propuesta del Consejo de Cooperación para los Estados Arabes del Golfo que estipula que Saleh renuncie en un plazo de un mes, según informó la cadena Al Jazeera.

El plan exige la conformación de un gobierno de transición liderado por los opositores y prevé la realización de elecciones en un plazo de dos meses. El poder que ejerce Saleh desde hace 32 años recaería en la transición de un mes entre la renuncia y las elecciones en su vicepresidente Abd Rabbo Mansur Hadi.

El portavoz gubernamental dijo que el presidente aceptó la propuesta, pero planteó la condición de que la oposición debe aprobar primero el acuerdo. Y, como para echar un poco de confusión al asunto, agregó que el traspaso de mando podría llevar un tiempo. “La transición del poder en Yemen tomará algún tiempo. Necesita un acuerdo entre los poderes nacionales y la oposición al mismo tiempo. Esto ocurrirá en un plazo de 60 días si tenemos un acuerdo”, dijo Shami a la cadena árabe.

Poco antes, la oposición parlamentaria yemení anunció que aceptaba la propuesta, excepto una medida que prevé la formación, con su participación, de un gobierno de unión nacional. “La iniciativa es positiva y la aceptamos con excepción de la formación de un gobierno de unión nacional porque rechazamos servir bajo la autoridad de Saleh y de prestar juramento ante él”, dijo el portavoz de la oposición, Mohamed Gahtan. Sin embargo, Tariq Shami confió en que los opositores comenzarían las negociaciones.

Para salir de la crisis política, el Consejo de Cooperación del Golfo propuso la creación de un gobierno de unidad, con un traspaso de las prerrogativas del jefe de Estado al vicepresidente, así como el fin de las manifestaciones, que han subido en intensidad en las últimas semanas.

La Casa Blanca celebró que el partido en el poder en Yemen y la oposición aceptaran el plan para superar la crisis .“Aplaudimos los anuncios del gobierno yemení y de la oposición de que aceptaron la iniciativa del CCG (Consejo de Cooperación del Golfo) para resolver la crisis de una forma pacífica y ordenada”, señaló el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, en un comunicado.

Pero las contradicciones continuaron. Ayer mismo, Saleh acusó a la oposición de llevar al país al borde de la guerra civil, en una jornada en la que los manifestantes volvieron a tomar las calles para pedir su renuncia. En un discurso retransmitido por televisión, dijo que la coalición “quiere causar un derramamiento de sangre y empujar al país a la guerra civil, lo que no interesa ni a Yemen ni a la región”.

La situación en este país, que tiene una estructura social tribal y un estilo de político acorde, es cada vez más caótica. Si bien la huelga general de ayer tuvo un acatamiento desigual, tres meses después de que empezaran las protestas el país está paralizado, los ministerios no funcionan y empieza a haber problemas de abastecimiento graves. En la ciudad portuaria de Adén, la población respondió a los llamamientos a la desobediencia civil con numerosos comercios cerrados y el paro del transporte público. Residentes en las provincias de Abyan y Lahj se sumaron por primera vez a las manifestaciones.

Muchos analistas consideran que el presidente Saleh ha perdido a gran velocidad el control de Yemen mientras prosiguen las protestas. La acción represora de las fuerzas del orden ya ha provocado más de un centenar de muertes, sin resultados políticos aparentes. Además de los reclamos de apertura política que recorren Medio Oriente, Yemen enfrenta un movimiento secesionista en el sur –que fue por años una república independiente–, una rebelión chiíta en el norte y un resurgimiento de Al Qaida.
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Tres días después de la renuncia de Hosni Mubarak a su larga dictadura en Egipto, el pueblo de Bahrein, pequeño Estado del Golfo, se lanzó masivamente a las calles en Manama, capital del país, y se congregó en la Plaza de la Perla, su versión de la plaza egipcia de Tahrir. Bahrein ha sido gobernado por la misma familia, la dinastía de Khalifa, desde la década de 1780, hace más de doscientos veinte años. Con las manifestaciones, los bahreiníes no reclamaban el fin de la monarquía, sino una mayor representación en su gobierno.

A un mes del levantamiento, Arabia Saudí envió fuerzas militares y policiales a través del puente de más de 25 km que une el territorio continental saudí con la isla de Bahrein. Desde ese momento, se reprime cada vez con más fuerza y violencia a los manifestantes, la prensa y las organizaciones de derechos humanos.

Una valiente joven activista bahreiní a favor de la democracia, Zainab al-Khawaja, ha visto la brutalidad de cerca. Para su horror, fue testigo de cómo su padre, Abdulhadi al-Khawaja, un destacado activista por los derechos humanos, fue golpeado y arrestado. Desde Manama, describió así lo sucedido:

"Fuerzas de seguridad atacaron mi casa. Llegaron sin previo aviso. Derribaron la puerta del edificio, derribaron la puerta de nuestro apartamento y directamente atacaron a mi padre, sin explicar los motivos de su arresto ni darle oportunidad de hablar. Arrastraron a mi padre por las escaleras y lo golpearon frente a mí. Lo golpearon hasta que quedó inconsciente. Lo último que le oí decir fue que no podía respirar. Cuando traté de intervenir, cuando intenté decirles 'Por favor, dejen de pegarle. Irá con ustedes voluntariamente. No necesitan golpearlo así.' Básicamente me dijeron que cerrara la boca, me tomaron y me arrastraron escaleras arriba hasta el apartamento. Cuando volví a salir, el único rastro que había de mi padre era su sangre en la escalera."

La organización de derechos humanos Human Rights Watch ha reclamado la inmediata liberación de Al-Khawaja. El esposo y el cuñado de Zainab también fueron arrestados. Zainab publica en Twitter como "angryarabiya" y en protesta por las detenciones inició una huelga de hambre a base de líquidos únicamente. También escribió una carta al Presidente Barack Obama en la que dice: "Si algo le pasa a mi padre, a mi esposo, a mi tío, a mi cuñado o a mí, lo declaro a usted tan responsable como al régimen de Al Khalifa. Su apoyo a esta monarquía hace que su gobierno sea cómplice de sus crímenes. Todavía albergo la esperanza de que usted se de cuenta de que la libertad y los derechos humanos significan lo mismo para una persona bahreiní que para una persona estadounidense."

En el discurso de condena al gobierno de Gadafi, Obama justificó los recientes ataques militares a Libia con estas palabras: "Asesinaron a personas inocentes. Atacaron hospitales y ambulancias. Arrestaron, violaron y asesinaron a periodistas." Ahora sucede lo mismo en Bahrein pero Obama no tiene nada que decir.

Igual que en los levantamientos de Egipto y Túnez, el sentir es nacionalista y no religioso. El país es en un 70% chií pero gobernado por una minoría suní. Sin embargo, una de las principales consignas presentes en las protestas ha sido "Ni chií, ni suní, bahreiní." Esto desacredita el argumento que esgrime el gobierno bahreiní acerca de que el actual régimen es la mejor defensa contra la creciente influencia de Irán, un país chií, en el rico en petróleo Golfo Pérsico. Súmese a esto el papel estratégico de Bahrein: es allí donde se encuentra la base de la Quinta Flota naval estadounidense encargada de proteger los "intereses estadounidenses" así como el Estrecho de Ormuz y el Canal de Suez y de brindar apoyo en la guerra de Irak y Afganistán. ¿No se encuentra también entre los intereses estadounidenses apoyar la democracia y no a los déspotas?

Nabeel Rajab es el presidente del Centro por los Derechos Humanos de Bahrein, organización que fue dirigida por el recientemente secuestrado Abdulhadi al-Khawaja. Rajab podría enfrentar un juicio militar por publicar la fotografía de un manifestante que murió mientras permanecía detenido. Rajab me dijo: "Cientos de personas están presas y son torturadas por ejercer su libertad de expresión. Y todo por venganza, porque un día, hace un mes, casi la mitad de la población de Bahrein se volcó a las calles a exigir democracia y respeto por los derechos humanos."

Rajab observó que la democracia en Bahrein podría implicar la lucha por la democracia en las vecinas dictaduras del Golfo Pérsico, especialmente en Arabia Saudí. Por eso la mayoría de los gobiernos regionales tienen interés en que se ponga fin a las protestas. Arabia Saudí está bien posicionada para la tarea ya que es la reciente beneficiaria del mayor acuerdo de venta de armas en la historia de Estados Unidos. A pesar de las amenazas, Rajab fue firme: "Mientras respire, mientras viva, voy a seguir haciendo. Creo en el cambio. Creo en la democracia. Creo en los derechos humanos. Estoy dispuesto a dar mi vida. Estoy dispuesto a dar lo que sea para alcanzar esta meta." 

Por Amy Goodman
Democracy Now!

Traducido por Fernanda Gerpe y Democracy Now!
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Al menos 23 personas murieron en una nueva jornada de protestas que se desarrollaron en varias ciudades de Siria, y principalmente en sur del país, en la localidad de Derá, donde por tercer viernes consecutivo millares de manifestantes salieron a las calles para exigir reformas políticas radicales, y donde se registraron todas las muertes.
 
Según algunos testigos, las protestas comenzaron justo después de la plegaria del mediodía en las mezquitas. Al acabar la oración, millares de feligreses salieron a las calles gritando consignas contra el régimen y también proclamas religiosas. Según los testigos, las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los manifestantes causando las muertes.
 
El Gobierno, sin embargo, dijo en un primer momento que entre los muertos había un policía y un empleado sanitario que conducía una ambulancia. Fuentes oficiales acusaron a "matones" armados sin identificar de abrir fuego contra los manifestantes, y descartaron que los disparos provinieran de las fuerzas de seguridad.
 
Entrada la noche, la televisión siria anunció que los "matones" habían matado a 19 policías en la ciudad de Derá. No es la primera vez que las autoridades de Damasco señalan a estos "criminales" como responsables de los incidentes.
Versión oficial
 
Algunos medios árabes han indicado que los "matones" son extranjeros, con nacionalidades libanesa, saudí, argelina, iraquí y de otros países árabes, así como de EEUU. Decenas de estos criminales habrían sido detenidos, según algunas informaciones publicadas en los medios árabes, aunque el gobierno sirio no ha sido más específico al respecto.
 
La televisión estatal mostró la imagen de un hombre encapuchado que según la emisora disparaba indiscriminadamente contra los manifestantes y contra las fuerzas de seguridad con el fin de instigar más violencia entre los dos grupos. Algunos testigos dijeron haber visto en los tejados a francotiradores vestidos de civil, algo que ya ha ocurrido en otras ocasiones y que el Gobierno sirio no ha aclarado.
 
El número de víctimas en Derá fue muy elevado. En el hospital principal no había camas suficientes para atender a todos los heridos. Muchos de ellos descansaban en el suelo y otros fueron conducidos a las mezquitas más próximas o a sus propios domicilios.
 
Derá, una población con más de 300.000 habitantes, ha sido la ciudad más activa en las protestas que se iniciaron a mediados de marzo, y que posteriormente se extendieron a otras ciudades. Ayer, los manifestantes destrozaron una escultura de Basil al Asad, hermano del presidente Bashar al Asad, quien falleció en un accidente de automóvil hace 17 años y que todo el mundo consideraba el heredero natural de Hafez al Asad.
 
Ayer también hubo manifestaciones en ciudades como Damasco, Duma, Latakia, Banyas, Qamishli, que está en el Kurdistán, Homs y Alepo, entre otras. En la localidad de Duma, que está pegada a la capital, miles de personas se concentraron tras la plegaria del mediodía, pero las fuerzas de seguridad no llegaron a intervenir. Las autoridades interrumpieron las comunicaciones telefónicas entre Duma y el resto del país, aunque al final de la jornada no hubo que registrar ningún muerto.
 
Medidas insuficientes
 
Tras lo ocurrido en la jornada de ayer, la situación en Siria entra en una fase más delicada. El Gobierno no ha conseguido detener las protestas a pesar de que a mediados de semana se anunciaron las primeras medidas reformistas, unas medidas que se han visto como concesiones a los sectores islamistas suníes.
 
Entre las concesiones figura el cierre del único casino que hay en Siria, ya que el islam prohíbe el juego. Asad se encuentra en una situación en la que debe optar por aplastar las protestas por la fuerza o negociar con la oposición reformas significativas. 

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN JERUSALÉN. CORRESPONSAL 08/04/2011 20:38 
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